Fanfic El Mejor

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Hola muchachos. Bueno, esto iba a ser un OS pero mientras que lo iba haciendo me di cuenta que daba para algo más. Así que lo voy a convertir en un FF. Los capítulos no serán muy largos y la historia quizá, al completo, no supere los ocho capítulos. Pero quería subirla y saber un poco la opinión general. Por supuesto no olvidaré mi otro fic, el cual ya expliqué en su respectivo tema porque me iba atrasar.

Aviso a algunos amigos: anothertamer-x12 greatdragon D Digimon_Numeritos J.M. A Acero_la12 ElohimEditor OverLord_Gabriel The Luigi

Pido disculpas si se me pasa alguien. Pero todos podéis pasar a leer la historia, claro :D

No me enrollo más. Dejo el primer capítulo.

_______________________________

Capítulo 1: Adrenalina

Impmon trepó por un árbol hasta llegar a la cima y después observó el Digimundo. Hacía años que había dejado atrás a sus compañeros humanos y aunque había ganado unos amigos, no se sentía del todo satisfecho. Ya nada era igual y él necesitaba un poco de acción. Había logrado volver a digievolucionar y cuando iba con la moto por los lugares notaba una corriente eléctrica por todo el cuerpo que le devolvía a la vida. Pero no era suficiente. No lo era. Él quería más. Él quería luchar, sentirse poderoso, volver a ser el de antes. No matando, ni asesinando y mucho menos traicionando a sus camaradas, pero añoraba alguna batalla por entretenimiento, sin necesidad de absorber los datos del otro.

Suspiró recordando los momentos en que luchaba contra aquella masa rosada que trataba de destruir toda la Tierra. Si bien se regañaba por pensar en esas cosas y encima desear volver atrás, otra parte de él anhelaba proteger a los suyos y pelear hasta que su cuerpo ya no le respondiera.

Finalmente decidió bajar del árbol. No tenía ni idea porque había querido subir. Quizá por la sensación de sentirse en las alturas y tener el temor de caer por no tener cuidado; quizá porque se aburría y no tenía ni idea de qué hacer para calmar esas ganas de tirar una llama de sus dedos; o quizá porque le habían llegado rumores de que había una zona escondida donde se producían combate entre digimon por diversión. Si, efectivamente, lo último era lo que más le motivaba.

Hacía unos días, mientras que hablaba con Renamon, ambos divisaron a dos Devimon parloteando sobre unas batallas clandestinas. Impmon sabía que la zorra amarilla trataba de proteger el Digmundo a su manera, por lo que ella no tardó en acercarse e interrogar a los dos digimon oscuros con sus tácticas de lucha. No tardó en sacar información valiosa, pero no la suficiente para descubrir dónde se encontraba el lugar. Pues esos Devimon, como ellos, sólo habían oído murmullos de otras bocas y también buscaban la zona exacta. Impmon no intervino en la pela, sabía que Renamon podía sola contra esos dos, pero también porque una parte de él le interesó conocer esa noticia.

Así pues, tras descubrir algunos detalles, comenzó su búsqueda. Preguntando a los digimon que se escondían o buscaban pelea. Y se divirtió, porque varios le retaban a un combate si quería que respondieran a sus preguntas. Al verle pequeño y descuidado, todos creían que podrían derrotarle con suma facilidad, pero entonces él evolucionaba a su etapa mayor y con unos cuantos ataques lograba lo que pretendía: saber ubicaciones y más rumores sobre aquellas batallas clandestinas.

Y supo que estaba cerca cuando, una noche, el grito de varios digimon le despertó de su tranquilo sueño. Había llegado el momento. Gracias a la información que había obtenido, conocía como se debían hacer las cosas. Llegaba, señalaba al digimon que quisiera y entonces entraban en mitad de un círculo, donde cuando sonaba una campana, una muralla se levantaba. No podían escapar ni rendirse, la lucha se mantenía hasta que uno de los dos no pudiera levantarse. Otra regla importante era que estaba prohibido acabar con la vida del contrincante.

Entonces así lo hizo. Cambió a Beelzemon —sin las alas— y sacó sus dos pistolas. Cuando entró, nadie le prestó atención. En el medio, dos digimon combatían entre ellos. Ambos parecían ya muy cansados pero no detenían los puños y sus ataques cada vez eran más fieros. Finalmente, el más grande cayó al suelo, con los ojos cerrados, y el adversario puso un pie sobre su cabeza y alzó los brazos, proclamando su victoria ante todos los espectadores. El demonio miró a todos los digimon con ojo crítico, pensando cuál sería el más complicado de derrotar. Unos segundos después, y para que los demás le prestaran atención, disparó un par de tiros que lograron hacer agujeros en las paredes de unas tiendas de campaña que estaban puestas alrededor.

No tardaron en ir a por él varios, enfadados. Sobre todo los que habían estado descansado en las tiendas. Beelzemon los esquivó con insultante facilidad y dio patadas por doquier para acabar con el trabajo rápido. Cuando finalizó la contienda, los presentes parecían mucho más interesados en él. El Demonio se deslizó hasta mitad de la habitación y pidió un combate contra el mejor luchador que tuvieran.

¡Todos somos buenos, idiota! —exclamó uno, y pronto todos los demás rugieron, confirmando lo dicho.

Beelzemon mostró una sonrisa presumida y señaló a los caídos de antes con sus armas. Ni siquiera podían moverse.

¿Cómo esos? —inquirió.

Esos —respondió uno, que de repente había apareció delante de él, justo donde se debía luchar— son los que caen vencidos y descansan para la revancha. Por tanto, no eran nada comparados con los que todavía tenemos todas las energías.

El Demonio no contestó. La campana sonó y las murallas empezaron a alzarse en torno a él. Pronto, se vio rodeado de ellas y, al mirar arriba, notó como la única forma de salir sería volando. Eso, claro, si el otro digimon no trataba de cogerlo antes de que lo hiciera. Pero no era su pensamiento. Había ido allí para disfrutar de las peleas.

Su adversario movía los pies con agilidad y velocidad. Beelzemon imaginó enseguida que se trataría de un digimon rápido, que atacaría deprisa pero sus golpes no tendrían fuerza para acabar con él. Mientras que el otro no sacara sus armas, él tampoco lo haría. Guardó las pistolas y puso los puños por encima del pecho.

Vuestros nombres —pidió un Vikemon que estaba arriba del todo. Llevaba una tabla de madera en una mano y una pluma grande en la otra.

Beelzemon negó.

¿Para qué debo decirlo? —masculló.

Todos tenemos un nombre, puede no ser el de verdad, pero es el que elegimos para contar las victorias y derrotas que obtenemos aquí.

Apemon —se presentó su contrincante, sin despegar la vista de él.

¿Quién es el primero? —quiso saber Beelzemon.

Tendrás que descubrirlo, eso si consigues superar sus cien victorias consecutivas —soltó una carcajada.

Se quedó callado imaginando como sería pelear contra aquel digimon. El que tenía enfrente ni siquiera podría hacerle cosquillas. Y ahora que lo veía mejor, estaba seguro que no podría aguantar mucho. Sería su reto personal llegar hasta cima, y la recompensa, tener una batalla digna de él.

No tenemos todo el día —insistió Vikemon—. Dinos tu nombre.

Muy bien. Soy: El Mejor.

Y pronto la zona se contagió de risas y más risas. Vikemon alzó la voz para pedir silencio y escribió lo que Beelzemon había elegido. Pero antes de dejar que la batalla empezara, chasqueó los dedos.

No aguantarás mucho, demonio. Y jamás ganarás a La Suprema.

¿La Suprema? —repitió.

Pero Vikemon no respondió y no le dio tiempo a hacer nuevas preguntas. El Apemon saltó de muralla en muralla y fue directo a por él con una patada. Beelzemon abrió los ojos, sorprendido, pero tenía buenos reflejos y sólo recibió un rasguño. Tenía un corte en la frente: nada serio. Se giró para recibir otro golpe del Mono y ésta vez le cogió del tobillo antes de que llegara. Dio un giro y lo lanzó.

Sin embargo, no todo iba a ser tan sencillo como él había imaginado. El Apemon hizo una voltereta para caer bien y volvió a la carga, pero esta vez cogió el hueso arma que llevaba en la espalda. El Demonio ni siquiera pudo esquivarlo, recibió el golpe en la cara y le hizo trastabillar hacia atrás, dándose contra la muralla. Desorientado, buscó a tientas sus pistolas, pero tenía la vista demasiado borrosa y aunque apuntaba al otro digimon, éste se movía rápido y no le daba tiempo a que sus balas acertaran.

<<Estúpido>> se dijo Beelzemon, sacudiendo la cabeza <<Esto no es un juego. Demuestra de lo que eres capaz>>

Dejó que el Apemon creyera que tenía el combate ganado, recibiendo golpes de puños y del hueso por todo el cuerpo. Apenas le hacían daño, por lo que no tuvo que esperar mucho para recobrar la consciencia y darle con la culata de una de las pistolas. Como el golpe había sido en la mano, el Mono tuvo que soltar el arma y sujetarse la muñeca del daño. Hizo una mueca pero se recuperó pronto y atacó de nuevo con las energías renovadas. Beelzemon se sorprendió de aquello, y comprendió que las reglas no le dejarían rendirse ni escapar, que tampoco podría hacerse el débil o el desmayado: tenía que ganar, que derrotarle. Y, para ello, tenía que usar toda su fuerza para machacarlo cuanto antes.

<<Estoy perdiendo mucho tiempo con este tipo>>

¿Qué te pasa, “El Mejor? ¿No puedes contra un novato? —escuchó decir a alguien de fuera.

Los presumidos son los más débiles. Ya sabía yo que sería un inútil —decía otro.

Cabreado por esos comentarios, no lo pensó dos veces.

Te vas a la mierda ahora, Apemon —dijo, apuntándole con sus dos armas—. Pues aquí acaba todo.

El contrincante se río.

No estás a la altura de estos combates —escupió.

Lo estaré. ¡Doble Impacto!

Como la intención de Beelzemon no era matarlo, las balas impactaron en los hombros y en las rodillas. El Apemon exclamó un grito de dolor y se desplomó en el suelo, rodeado de datos. El Demonio miró hacia otro lado, rememorando recuerdos. Había una parte de él que estallaba de felicidad, mientras que la otra deseaba salir corriendo. Soltó un gruñido de decepción consigo mismo por comportarse de esa manera.

<<Tengo que arreglar este asunto>> comprendió.


______________________________
La historia se basará en el Impmon que conocemos de Tamer, como habréis podido averigua al leer el capítulo. Tratará de un conflicto entre sus ganas de pelear y los recuerdos del pasado por las muertes que ocasionó.

Nos vemos.
 
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Me gusta, Impmon es uno de mis personajes favoritos de Tamers y estare pendiente de como iran los tiros.

PD:No se porque, pero tengo la sensacion de que esa "La Suprema" es Renamon.
 

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M Manu1313 Sí, Impmon también es uno de mis personajes favoritos. Y la Suprema saqué el nombre de un juego, pero será parte del misterio de la historia. Por otro lado, Renamon y los demás digimon sí aparecerán para aconsejar a Impmon.
 

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Lo había leído ya, pero hasta ahorita pude comentar. Ya extrañaba poder leerte mi estimada Soncarmela Soncarmela pero por la escuela (porque ya este año si todo sale bien soy ingeniero ñ.ñ) no he podido ni leer libros que me faltan ni mucho menos escribir... NADA x___X en fin dejo los dramas y comento:

Tengo curiosidad de cómo hubiera sido esta historia un OS, sin embargo tiene un buen sabor de FF, sea largo o corto no importa, tuvo un buen inicio y siendo que usas a Ipmon como protagonista con cuestiones existenciales del cómo era y el cómo es ahora, pinta para algo bastante interesante. Espero más que nada, tener tiempo para leer el próximo capi aunque veo que no has podido actualizar. De cualquier modo avísame cuando este el próximo capítulo ñ_ñ

Saludos.
 

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Taichi Yagami Taichi Yagami Echaba en falta tus dramas, no hay problema (?) El primer capítulo es una introducción a la vida que tendrá ahora Impmon, así que tampoco se puede decir mucho, ya para los próximos empezaremos a conocer más el lugar -porque no sólo son batallas- y sentimientos del personaje. Y actualizaré dentro de poco.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Leída la historia, no hay cosas malas a remarcar, así que pasaremos a la historia.

Beelzebumon tendrá un rol duro, eso se sabe. Se tendrá que controlar para no matar, ya que esto le trae recuerdos del pasado - Leomon, please -.
Me gustará ver el rol de los demás buenos (Guilmon, Terriermon, Renamon y posiblemente, Cyberdramon) con respecto a sus peleas “ilegales".
Vikemon será uno de los rivales finales. Y creo que será interesante ver a “La Suprema".
 

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A Acero_la12 Bueno, lo de que será por las muertes está en la historia, así que... obvio (?) No te preocupes, esos personajes saldrán, no como protagonistas, pero sí importantes secundarios. Y Vikemon es el como el árbitro, no lo veremos peleando contra él.
 

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Capítulo 2: El Zarrio

El Demonio escuchó unas palabras de Vikemon y entonces las murallas que le rodeaban desaparecieron debajo del suelo. Dos NeoDevimon cogieron al Apemon de los brazos y los llevaron hasta una tienda de campaña, donde, al parecer, uno de ellos se encargaba de sanar las heridas y hacerle recobrar los datos perdidos. Vikemon se acercó a Beelzemon mientras que apuntaba algo en la tabla de madera.

Bueno… “El Mejor”, es tu momento de cambiarte el apodo para seguir con las batallas. A menos que quieras continuar con éste, pero realmente se me hace un nombre para aquellos que caerán pronto.

Vale. Pero no me importa lo que piensen respecto al nombre.

¿Por qué no Beelzemon? La mayoría se pone el suyo propio.

¿Beelzemon “El Mejor”? —dijo—. Déjalo como estaba.

El Vikemon se encogió de hombros.

Como quieras. Tus motivos tendrás para eso. Por cierto, tengo la sensación que no conoces suficiente las reglas o que vas a necesitar que alguien te informe de todo lo que se cuece por aquí.

Más o menos —reconoció.

Te asignaré un guía para que te explique —se colocó las manos entre la boca—. ¡MachGaogamon! ¡MachGaogamon!

Ante ellos apareció un digimon alto, fuerte, con unos propulsores en la espalda y una especie de armadura robótica. Saludó poniendo la mano en la frente y bajando el brazo rápidamente. Dedicó unos segundos a mirar a Beelzemon de arriba abajo y luego mostró una sonrisa amable.

Tú eres el que acaba de ganar, ¿eh? Tu modo de lucha libre es algo pobre pero tienes buen manejo en las armas. Soy MachGaogamon, pero puedes decirme Gao.

Le tendió la mano para estrecharla pero Beelzemon no hizo ademán de acercar el brazo. Gao soltó una carcajada y se encogió de hombros al entender que no iba a responder el saludo.

Estarás agotado después del combate. ¿Qué te parece venir conmigo a tomar algo? Así te explico algunas cosas interesantes y te puedo dar consejos. Además, tengo curiosidad por descubrir cuál es tu razón para pelear. Todos tenemos uno —añadió.

¿Qué te hace pensar que te lo voy a decir?

Bueno —interrumpió Vikemon, colocando sus grandes manos en los hombros de Beelzemon y Gao—, te lo encargo, MachGaogamon.

Muy bien —aceptó él.

El Demonio abrió la boca para protestar, pero se calló al pensar que no estaría mal conocer un poco las zonas de ese lugar y qué tipo de digimon podría llegar a encontrar. Además, tenía curiosidad por el nombre “La Suprema”. Aunque tuviera un problema a la hora de pelear por recordarle el pasado, a él le gustaba la acción y no podía permitir que sentimientos negativos le bloquearan.

Gao le condujo hacia unas calles oscuras. No se podía ver nada cuanto más se adentraban en ellas. Beelzemon sí llegaba a escuchar sus propias pisadas como si fueran eco y no tardó en deducir que estaban caminando por una extensa cueva que tenía varios pasillos. Una vez se acostumbró, se percató de que parecía un laberinto. Seguramente, de haber ido solo, ahora estaría dando vueltas sin encontrar la salida. Sin embargo, Gao iba decidido girando y entrando por pasillos que no tenían señales ni letreros que señalaran donde iban.

No fue hasta varios minutos más tarde que vieron un poco de luz. Beelzemon suspiró, agradecido. Le estaba empezando a cansar ese ambiente silencioso, donde tenía la sensación que digimon de pequeña etapa se deslizaban por las paredes y los observaban con atención, a punto de atacarlos. No obstante, no sucedió nada. No le tocó luchar de nuevo —una parte de él lo hubiera querido, para evitar quedarse solo con sus pensamientos — y Gao a veces hacía comentarios graciosos, que, para el Demonio, no tenían sentido, y tampoco le hicieron reír.

Cuando salieron, Beelzemon se tapó los ojos por la iluminación del lugar. Había troncos de árboles gigantes que tenían bolas cristalizadas en la punta y emitían una potente luz que, para aquellos que iban por primera vez, no podían evitar sentir calor por todo el cuerpo. A parte de eso, el sitio no era muy grande, pero sí lo bastante para que cupieran más de doscientos digimon. Beelzemon observó cómo había bares casi por todas partes, algún hostal para descansar y un carro que vendía comida ambulante.

Bienvenido al “Zarrio” —dijo Gao.

El rostro de Beelzemon no expresó nada, así que Gao carraspeó y continuó hablando:

Aquí es donde todos los combatientes vienen después de haber presenciado una pelea, o también los que han sido testigos del dolor en sus datos —río por el chiste. Beelzemon siguió igual—. En fin. Si vas a participar a partir de ahora, este lugar será como tu protección. Los laberintos dentro de la cueva crearon para confundir a aquellos que tratan de buscarnos, y ninguno logra alcanzarnos. Antes de que lo consigan, bueno…, te puedes imaginar qué hacen los guardias.

Beelzemon miró hacia arriba.

Subterráneo —murmuró.

El padre de mi padre tenía un diario que contaba cómo habían comenzado a construir este lugar bajo suelo —asintió—. Estamos muy orgullosos del Zarrio.

Quizá Gao esperaba que el Demonio le preguntara más sobre el tema, pero no fue así. El digimon azul se encogió de hombros y le dio una palmada en la espalda para que le siguiera. Entre calles y más digimon que se amontonaban, Beelzemon tuvo la sensación de agobio, de querer salir volando. Pero no tenía ni idea de cómo regresar por la cueva: se perdería.

Gao se detuvo delante de un bar llamado “Los Más Cachondos”, con un letrero grande que brillaba y sus colores, rojo y azul, se intercambiaban para iluminarlo.

Me encanta este bar —comentó Gao—. Es de los más tranquilos y hay juegos entretenidos mientras que disfrutas de una refrescante bebida. Vamos —instó.

Aunque el nombre del bar no tenía sentido con lo que acababa de decir su guía, Beelzemon comprobó que tenía razón. Había pocos digimon en las mesas, pero eran de los calmados que hablaban en voz baja y jugaban a las cartas, riendo un poco de vez en cuando y pidiendo más bebida. No molestaban ni golpeaban a otros para divertirse como sucedía en otros. El Demonio se sentó en uno de los taburetes cerca de la barra, y Gao se sentó a su lado para tenerlo vigilado.

Un BlackWarGarurumon que limpiaba un vaso se acercó a ellos. Beelzemon casi pensó que los iba a mandar fuera, pero entonces río y apretó la mano de Gao.

Me alegro de volver a verte, compañero —saludó. Luego echó una mirada rápida en Beelzemon—. Veo que te toca hacer de niñero esta noche. Soy Black.

¿Cómo debo presentarme?

¿A qué te refieres? —preguntó Gao.

El nombre que elegí para los combates o el que suelo usar con mis… amigos.

Aquí no importa tu nombre —interrumpió Black—, si eres importante y te haces un hueco en los combates, tu apodo llegará pronto al Zarrio. Supongo que hoy debió ser tu primer combate. Por ahora, siéntete afortunado de haber tenido la oportunidad de entrar aquí, no todos los que pelean lo tienen, sólo los que parecen que van a triunfar. Aunque muchas veces el idiota de Vikemon falla con sus impresiones.

Black… —le riñó Gao, para que se callara.

El lobo negro se encogió de hombros como si sus comentarios fueran algo de lo más normal. Y lo era, hasta cierto punto, pues solía repetirlo con otros digimon que venían de la misma forma que Beelzemon.

¿Qué vais a tomar?

Un Fordga, por favor —contestó Gao.

Beelzemon no estaba acostumbrado a ir a un bar del Digimundo, mucho menos conocía las bebidas que servían. Tragó saliva y miró las otras mesas para comprobar los líquidos que brillaban en los vasos, pero eso no le ayudaría a descubrir el nombre.

Lo mismo —dijo finalmente.

Marchando dos Forgda —gritó Black.

<<Puedo aprovechar este momento para interrogarle. Aunque debo tener cuidado, nunca se sabe cuando intentarán atacarme por la espalda>>

Cuando llegaron las bebidas, Beelzemon frunció el ceño. El líquido era amarillo y el olor le sonaba a alguna fruta. Miró de reojo a Gao, que se tomaba todo de un golpe. Poco a poco, lo cogió y se llevó el vaso a los labios. Dio un pequeño trago y abrió los ojos: estaba bueno. Sabía bien. Y lo que era más extraño: no se trataba de alcohol. Como había imaginado con la primera impresión, tenía la sensación de tomar un zumo de limón.

Es la primera vez que lo tomas, ¿verdad?

Beelzemon meditó si debía mentirle. Optó por no hacerlo.

Sí.

Que el lugar sea tranquilo y no vengan muchos digimon es porque no sirven bebidas alcohólicas. Un borracho no tardaría en crear problemas. Pero tienen unos zumos y refrescos deliciosos.

Tiene sentido —asintió.

Esta vez no dudó en beber con más ganas. Gao sonrió de comprobar que estaba consiguiendo que el Beelzemon confiara un poco en el lugar. Y tendría que hacerlo si quería continuar con las peleas y subir podios para combatir contra el digimon que se encontraba en la cima.

¿Por qué “Los Más Cachondos”?

Sarcasmo —contestó Black, que regresaba con otros dos vasos.

Beelzemon acarició el vaso con el dedo.

¿Y por qué no lo llamáis zumo de limón?

Ponerle nombres a las bebidas, aunque sean zumos, hace más interesante el producto.

Alguien más entro al bar y entregó a Gao unas cuantas hojas. Él lo agradeció con un movimiento de la cabeza y se fijó por completo en lo escrito. El Demonio se mantuvo en silencio e intrigado por los datos que habría en esas hojas. Había podido leer algunos nombres, y no pudo evitar observar el suyo. El camarero se inclinó un poco y después alzó las cejas.

¿De verdad harán algo así? —comentó.

Por la mirada que le echó Gao a Black, Beelzemon supuso que era una información que no debían saber muchos.

¿Qué pasa? —curioseó Beelzemon, terminando el segundo vaso de zumo.

Su guía se rascó las orejas.

Son los combates de mañana —respondió finalmente.

¿Y contra quién pelearé?

Sorpresa. Lo mantenemos en secreto para sorprender a los contrincantes, para que así no puedan adivinar puntos débiles.

¿No puedo saber ni siquiera su apodo?

Gao sonrió y levantó el dedo para pedir otro refresco.

No. No deberías, en realidad.

El Demonio asintió, a pesar de no estar del todo conforme. Tampoco podía quejarse. Acababa de llegar a un mundo nuevo donde las batallas y la reputación eran dos cosas muy importantes. Además, supuso que él también se cabrería si alguien conociera sus desventajas. Por mucho que deseara luchar, comprendió que lo correcto sería hacerlo en el acto, pensando en ese preciso instante cómo moverse y actuar, sin necesidad de crear estrategias para vencer. De todas formas, tenía mucha curiosidad por otros temas.

¿Quién es: La Suprema?

Es la campeona desde hace seis meses y nadie ha conseguido arrebatarle el título todavía.

Eso no es lo que quería saber. ¿De quién se trata? ¿Qué clase de digimon es?

Gao frunció el ceño. Por alguna razón, no entendía porque aquel digimon estaba tan interesado. Fue entonces cuando Beelzemon se percató de un pequeño detalle.

Espera, espera… ¿Seis meses? ¿Y quién fue el anterior?

Se trataba de un Arkadimon con muy malos humos. Pero entonces ella apareció y dijo que quería poner nuevas normas. Te puedes imaginar las risas que nos echamos… Y, tras eso, y combate y combate, demostró que no se trataba de una dama en peligro. Luchó sin descansado y nos hizo ver que no hacía falta matar al adversario para declarar la victoria. Así es como llegó hasta las cien victorias consecutivas y se enfrentó a Arkadimon. Al ganar, habló de las nuevas reglas, y que si alguien no las aceptaba, podía marcharse porque ya no tenía sentido que estuviera aquí. Y hasta ahora el Zarrio y la zona están mucho más tranquilos, pero no hemos dejado de pelear y ser más fuertes —respiró hondo—. Muchos agradecemos el cambio y otros insisten en querer echarla.

Beelzemon escuchó con atención algunas descripciones de las batallas que La Suprema había realizado ante presencia de espectadores, pues a partir de entonces prefería combatir en salas privadas y después sacada el cuerpo inconsciente del rival hacia fuera, para demostrar la victoria, y, como siempre, que no era necesario destruirlo por completo.

De todas formas, no estamos aquí para hablar de ella. Mucho menos cuando apenas acabas de tener tu primer combate. Debes descansar para mañana. Ahora te diré las reglas exactas y lo que debes hacer a partir de ahora para continuar con la labor de subir podios.

Gao dejó las hojas boca abajo en la barra.

La primera, y de las más importantes, es que no está permitido hablar del lugar. Nunca. Ni siquiera aunque a otros le hayan llegado rumores y esté curioseando. Sé de digimon que no han tenido remedio porque se han visto amenazados por otros más poderosos, pero, por lo que veo en ti, eres lo suficientemente orgulloso para guardar el secreto. Si alguno de nosotros se entera que has contado detalles sobre el Zarrio o los combates, iremos a por ti.

Sus palabras eran directas y se notaba que lo harían en serio. Beelzemon asintió, casi sonriendo, imaginando que sería muy sencillo buscar pelea soltando unos chivatazos.

La segunda es que no está permitido agredir a alguien que ha luchado en el mismo día. Pues eso haría de ti un cobarde. Sí podemos retar a alguien y hacerlo llamativo, pero está prohibido atacar por la espalda y que si te unes a un grupo, decidir golpear a alguien si sois más numerosos. Un combate uno contra uno es correcto y se respeta, pero lo contrario se castiga con la prisión.

Las demás normas eran un poco más sencillas. Beelzemon ya conocía las de no acabar con nadie, y Gao lo repitió varias veces, como si fuera algo que debían grabarse en la mente. Después de eso entendió que La Suprema se había encargado de mejorar la vida de los supervivientes, otorgándoles casas y algunos trabajos. Había digimon que se ocupaban de entrenar a los bebés que nacían en el Zarrio, para enseñarlos el modo de vida, para que aprendieran desde pequeños que debían crecer fuertes y sanos para convertirse en digimon poderosos que se encargarían de luchar y tener reputación.

Mañana te contaré un poco más —terminó Gao.

Saco una especie de tarjeta oscura y se la entregó a Beelzemon. En ella estaba su apodo, lo cual le sorprendió, y un dibujo de su rostro. Cerca del nombre había unos números escritos de color plateado.

Muestra eso en el hostal y te dejarán dormir en una habitación —explicó.

Vale.

Gao río un poco.

¿Qué? —inquirió.

Aposté con Vikemon que no me darías las gracias al terminar la charla. Y no me equivocaba.

¿Por qué iba a agradecerte nada? —espetó—. Es tu trabajo, ¿no?

No importa —se encogió de hombros.

Se marchó del bar sin dar ninguna explicación. No estaba de humor para tener que disculparse por algo que, en realidad, no quería. Por otro lado, su mente no dejaba de preguntarse qué le había pasado en el combate de esa noche. La sensación de querer vomitar por ver algunos datos volando por los aires del contrincante no se le iba de la cabeza, y la sensación de que volvería a convertirse en el mismo ser maligno de antaño le hacía temblar todo el cuerpo. Suspiró y dejó esos pensamientos de lado, para así poder dormir tranquilo.

Cuando llegó al hostal, hizo una mueca. No era muy elegante y tampoco es que estuviera del todo limpio, pero por lo menos no dormiría en el suelo. Mostró la tarjeta al digimon que estaba detrás del recibidor y éste le entregó una llave plateada, con unos signos inscritos en la punta. Beelzemon asintió y subió las escaleras hasta que encontró la puerta que conduciría a su habitación. No se paró a escuchar los murmullos de otro digimon que era obvio estaban conversando sobre él. De haber querido, podría haberlos derrotado sacando una sola arma, pero no quería armar jaleo.

La habitación era diminuta. A Beelzemon le costaba incluso entrar. Tenía una cama y un armario empotrado, poco más. Una ventana en la izquierda con forma de círculo que tenía una cortina suave y verde que era la única decoración de la sala. El Demonio se encogió de hombros, tampoco necesitaba algo más grande. Dejó tirada la llave debajo de la almohada y se tumbó. Al mirar el techo, le vino la idea de charlar con Renamon para calmar un poco sus preocupaciones en las batallas. Ella podría ayudarle. Aunque una parte no estaba del todo segura de contarle lo que sucedía, entendía que debía hacerlo para poder continuar luchando con total libertad. Evidentemente no se atrevería a chivarse sobre el lugar, por lo que sería más sencillo pensar en una mentira. Le daría tiempo a ir hasta donde se encontrara su amiga y después llegar al combate.

Gracias a ello consiguió conciliar el sueño y, en cuanto cerró los ojos, el mundo del descanso lo atrapó.


M Manu1313 Taichi Yagami Taichi Yagami A Acero_la12
 

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Se explica de El Zarrio y lo buena que es la Suprema. En resumidas cuentas: capítulo para mostrar sub-tramas, un poco de Mach Gaogamon, como se manejan los combates y nada más.
Tengo mi interés en ver la etapa de ese Arkadimon. Y lamento que Vikemon no luche, porque es fuerte.

Saludos.
 

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A Acero_la12 Era muy necesario explicar el Zarrio porque será donde vivirá Beelzemon a partir de ahora. En el OS quizá era un escrito más corto pero también importante. Además de explicar algunas cosas sobre las batallas, por supuesto. Que ese Vikemon no luche no significa que otro sí lo haga xD
 

Digital Hazard
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Paso por fín a comentar ahira que tengo tiempo.

La historia me gusta. No había leído ningún relato de digimon ambientado en un lugar de batallas clandestinas (me recueda a Yugioh 5Ds jajaja) La elección de los personajes me parece muy adecuada y tu narrativa es excelente como siempre.

Mis pegas: una redundancia en el primer capítulo (has puesto dos no tardó en frases muy seguidas) y que renamon derrotara tan fácilmente a loa devimon... se me hizo poco creíble. Renamon en tamer era simplemente la ama, pero devimon siendo uno de los enemigos de adventure... Yo hubiera escogido otro digimon o al menos narrado la batalla para darle mayor verosimilitud. Soy quisquilloso lo sé.

Además ya tengo mi teoría sobre la suprema.
La suprema es Bellstarmon y es ella el motivo del OS
 

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Capítulo 3: Confusión


Al día siguiente despertó al escuchar unos golpes en la puerta. Impmon —que tras descansar había vuelvo a su estado normal para no gastar energías— se frotó los ojos y se levantó de la cama. Tuvo que pegar un salto para coger el pomo de la puerta y echarlo hacia abajo. Al abrir, una BlackGatomon le ofreció una bandeja con alimentos frescos. No le comentó nada ni saludó, después de hacer su cometido, se marchó por las escaleras. Impmon prefirió aquello antes que tener una conversación incómoda con alguien que ni siquiera conocía.

Terminó de comer y recogió la llave. Todavía era temprano y podría irse sin llamar mucho la atención. Depositó la bandeja en el recibidor, sin tener mucha idea de donde dejarla, y abandonó el hostal. No se le escapó varias miradas a su espalda cuando cerró la puerta y caminó por las silenciosas calles a esa hora: estarían todos dormidos o con resaca en sus casas. Se tapó la boca para bostezar y caminó hasta un lugar alejado. Cerró los ojos para recordar un poco el laberinto y entonces los abrió de golpe.

<<No me… ¡No puedo irme!>> entendió de pronto.

Era imposible que cruzara esa cueva sin MachGaogamon o alguno que también conociera los pasillos laberínticos para salir. Digievolucionó e hizo aparecer la moto para buscar al digimon. Pero quizá se había ido del Zarrio en la noche, sin decirle nada. Quizá no podía marcharse y le tocaba quedarse en aquel lugar hasta que terminara las batallas. ¿Era eso posible? No… Si tenían la regla de no contar sobre el lugar significaba que muchos podrían estar en otras partes antes de que sucediera el enfrenamiento.

<<Agh… Maldita sea. Piensa, piensa… ¿Qué podría hacer para llamar la atención y que alguien me contará cómo salir de aquí? Si me meto en problemas asustaré a los digimon y ni siquiera se me acercarán…>>

¡Oye!

Beelzemon se giró al escuchar ese grito. A lo lejos vio un NeoDevimon acercarse a él. Cuando lo tuvo cerca, recordó que se trataba de uno que había atendido a Apemon después del combate.

¿Qué pasa? —preguntó Beelzemon.

Ayer lo hiciste muy bien —alabó—. Pero es raro encontrar a un novato caminando solo por aquí. ¿Te has perdido? ¿Dónde está tu guía?

Beelzemon no sabía cómo responder a eso. La primera pregunta era fácil: sí, no sabía exactamente como irse de ese lugar. Pero no tenía ni idea de que su guía tenía que estar con él todo el rato.

No lo sé —contestó con sinceridad—. En realidad, lo estaba buscando. Necesito salir del Zarrio para hacer algo importante.

Aún no conoces la cueva —dedujo.

Obvio —resopló.

NeoDevimon se rascó la nariz sin dejar de mirar al Demonio a los ojos.

Bueno, ¿quién es tu guía? ¿Quién te lo asignó?

MachGaogamon. Y Vikemon.

No comprendía del todo porque le estaban haciendo ese interrogatorio. Miró a un lado a otro para ver si había otros digimon cerca, pero las calles estaban vacías. Puso los ojos en blanco. Le iba a tocar ser amable para que ese “médico” le ayudara.

¿Podrías tú sacarme de aquí?

Podría —asintió, casi con arrogancia—, pero esta noche tienes combate, ¿cierto? Y una vez entras, no puedes abandonar.

No estoy abandonando —replicó—. Simplemente debo hacer algo y luego regresaré antes de que me toque pelear. Esto no es una prisión, no tengo la obligación de quedarme dentro a que pasen las horas como un idiota.

Bien. Creo que has pasado la prueba.

Beelzemon frunció el ceño todavía más.

¿Qué…?

—Te ayudaré. Sígueme —dijo sin dejarle terminar.

Aunque no confiaba del todo en ese digimon, sí sabía que si hacía falta pelear contra él lo haría sin dudarlo. No le daba miedo caminar detrás de él para poder salir de allí, pero si lo que quería era emboscarle, siempre podía sorprenderlo con la evolución que le había permitido ayudar a sus amigos. Por lo que cuando NeoDevimon entró a la cueva, Beelzemon lo hizo también.

Comprobó que esta vez no se sintió tan angustiado, empezaba a encontrar la cueva cálida. Pero sí oyó el ronquido de los guardias y algunos ojos entre la oscuridad. La caminata se le hizo más corta y NeoDevimon no dijo nada durante todo el trayecto.

Cuando ya vieron una pequeña luz a lo lejos, NeoDevimon señaló.

Sigue por aquí y saldrás enseguida.

Vale.

Beelzemon corrió hacia delante y montó en la moto para empezar la búsqueda de Renamon. El aire en ese bosque era más puro y le hacía sentir más vivo que en el Zarrio. Tal vez para los combatientes era su vida, pero para alguien que había estado fuera siempre, la zona agobiaba. Por lo que pensó que todos los días iría por la cueva para aprender el camino sin necesidad de un guía —no quería la ayuda de nadie— y finalmente podría marcharse del Zarrio cuando le diera la gana.

Encontró a Terriermon y Guilmon cuidando de unos digimon bebés. Tras una conversación de preguntarse qué hacían y cómo estaban, le dijeron el paradero de Renamon y el Demonio lo agradeció. Con ellos se comportaba de forma muy distinta, pero no podía evitarlo. Llegó a un lago donde observó como la zorra amarilla tocaba el agua con los dedos. Renamon movió las orejas al escuchar el ruido del vehículo.

Beelzemon —saludó ella, sin girarse.

El aludido sonrió y bajó de la moto. Se conocían lo suficiente todos para descubrir de quién se trataba sin ni siquiera mirarse.

Hola —dijo él.

Beelzemon se acercó hasta donde estaba ella y se sentó a su lado. No sabía muy bien como comenzar la charla que le interesaba. Ni cómo conseguir que no se diera cuenta de su nuevo secreto. Pero como Renamon no empezó a hablar, él tampoco lo hizo y se dedicó a mirarla. Como de costumbre, estaba tranquila, pero seguramente estaría alerta a cualquier peligro inminente.

¿Sucede algo, Beelzemon? Además, ¿por qué estás en esa forma? ¿Te han atacado?

No exactamente —murmuró—. Estoy cómodo así.

Entiendo. ¿Necesitas algo de mí?

Me gustaría contarte algo y que me aconsejaras —soltó sin más.

Pensó que lo mejor sería ser directo, porque si fuera con acertijos Renamon podría adivinar que estaba escondiendo algo más entre sus miedos. La digimon asintió y dejó de acariciar el agua. Su rostro estaba serio, indicando que Beelzemon podía comenzar cuando quisiera a contarle su problema.

Es algo que noté hace poco —comenzó el Demonio—. Cada vez que peleo, tengo sentimientos encontrados. Por una parte, deseo seguir luchando y demostrar que soy poderoso. Pero una parte de mí me golpea la mente con la idea de volver hacer daño o de matar por algún accidente…

Por lo de Leomon —interrumpió ella, impasible.

—admitió.

No le sorprendía que ella le conociera tanto como para descubrir las palabras antes de decirlas. Pero lo prefería, así tenía que hablar menos.

No es necesario luchar si no quieres —comentó.

Pero deseo hacerlo. No quiero que un problema como ése me bloquee a la hora de proteger a alguien. No lo voy a permitir…

Si estás tan seguro, no sé porque has venido a saber mi opinión.

Beelzemon se frotó las manos.

Porque quiero que me digas que puedo hacer para continuar con mi vida sin pensar continuamente en los daños que provoqué.

No podemos cambiar el pasado. Pero podemos mejorar el presente y el futuro cambiando. Tú lo hiciste, y no debes arrepentirte de ello. Incluso la chica humana te perdonó. Lo que tienes que lograr es perdonarte tú mismo. Mataste a Leomon, eso es un hecho, pero te odias por eso y eso dice mucho de ti —se levantó—. A veces tampoco me gusta pelear pero otras no tengo elección. Por eso siempre tengo en mente que si ataco a alguien es para proteger a la gente que… que aprecio.

Renamon pasó por su lado y le colocó una mano en el hombro.

¿Te estás metiendo en problemas, Beelzemon?

Meditó la respuesta que debía darle. Pues aunque el lugar donde ocurrían las batallas era aceptado por ambos contrincantes, que se mantuviera en secreto dejaba claro que era algo no admitido por el Digimundo. Imaginó que ella no comprendería sus sentimientos respecto a tener que luchar para sentirse bien. Y era contradictorio, pues había ido hasta allí para buscar una explicación a su repentino dolor antes de atacar a alguien.

No. No es eso.

La zorra amarilla asintió, complacida. Beelzemon no pudo evitar mirarla a la espera de que le dijera algo más, algo que le ayudara.

En el Digimundo siempre hay digimon que desean pelear, ya sea para divertirse o demostrar cualquier cosa. Sinceramente, ambas razones me parecen estúpidas. Pero después de haber convivido con Rika y hacerme amigos de vosotros, entiendo el por qué nosotros luchamos cuando nos enfrentamos a un peligro: por la protección de nuestros seres queridos. Sólo de pensar que pueden hacerles daño te da las fuerzas necesarias para levantarte y plantarles cara.

Pero Beelzemon no había querido entrar los combates clandestinos para proteger a alguien. De todas formas, comprendió lo que Renamon le estaba explicando.

Entiendo.

El Demonio se dio cuenta que no podía perder más tiempo conversando, por muy cómodo que se encontrara con la compañía de Renamon. Inclinó la cabeza e hizo aparecer su vehículo. Cuando estaba a punto de arrancar, la digimon habló:

No sé qué estarás haciendo, pero sea lo que sea, ten cuidado. Y si no quieres pelear, aunque te lo pida el cuerpo, es mejor que te quedes quieto y reflexiones. A mí me ayuda.

Beelzemon miró hacia otro lado.

Gracias —murmuró.

No las quiero —respondió.

El Demonio no pudo evitar soltar una carcajada.

Por eso a ti sí te las doy.

Renamon se le quedó mirando, curiosa. Pero él no dejó que hiciera alguna pregunta, arrancó la moto y desapareció de su vista segundos más tarde.
 

The Overcoat
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Que puedo decir Soncarmela Soncarmela es primera vez que leo un fic tuyo, pobre de mi no haberme percatado que tenías en el foro fics publicados, y debo decir que la sorpresa es grata, mucho muy grata.

Tu narrativa me encanto, es ligera, explicativa, concisa y, para que rime, precisa. Te detienes frente a lo que ha de ser explicado para poder dar un ambiente claro a tu historia, pero mantienes un ritmo ligeramente rápido de modo que sea cómodo para el lector el avanzar por tu historia sin que éste se abutague de información que en muchos casos puedo reducir la comprensión o enredar. Lo anterior es realmente para destacar, no siempre se logra una economía del lenguaje tal, que deje satisfecho al lector antes de sin herramientas para enfrentar el escrito.

Ahora por la trama, me doy cuenta que Beelzebumon es uno de tus preferidos, pero el no "encabronarce" con el personaje y no darle un universo que a ti "te de la gana", habla de un intento bastante criteriozo en el uso del mismo, darle un universo conocido es darle un pasado con errores y triunfos que no manejas antojadizamente, cosa que le encanta hacer a aquellos que hacen historias con pj preferidos. Por otro lado el trato de los demás personajes concernientes a la trama encuentro que han sido bien incluidos.

Para finalizar debo confesar, me sorprendió que Renamon sea amiga de Impmon y a la vez no, como que era preciso ese tipo de amistad dadas sus cualidades. Ahora yo igual tengo mi teoría respecto a La Suprema, pero no diré nada, espero poder refutarla más adelante. Muchas gracias por tan grata lectura.
 
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D Digimon_Numeritos Me alegro que te haya gustado. Sobre lo de Renamon... pues nada que decir, imagino que la puse más poderosa de lo que en realidad es, fallo mío. Y no te diré quién es La Suprema, evidentemente. Quedará en la sorpresa hasta los capítulos finales.

H Horace Owl ¡Menudo comentario de halagos! Realmente me queda mucho por aprender, pero has dado en el clavo; me gusta ir directa al grano para no aburrir mucho al lector, sin embargo, hay partes donde se necesita profundizar más para que, de la misma manera, la persona que me esté leyendo entienda a donde quiero llegar. Y sí, Beelzemon (Impmon) es un personaje que por su carácter y pasado siempre me atrajo mucho a la hora de querer escribir sobre él. Lo cierto es que me agrada la amistad que tienen esos dos, porque parece que son amigos, pero nunca llega a ser. Es confuso, no obstante, ambos se comprenden y sus personalidades van bien entre ellos para escribir charlas como ésta.

Un saludo.
 
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