Historia Trabajo C El rescate (Parte II) [Adam]

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El rescate (Parte II)
Descripción: Adam Roark continúa en sus esfuerzos por rescatar a Violeta, la señorita aroma. Pero algunos obstáculos se han interpuesto en su objetivo, uno de ellos, se manifiesta en un hábil entrenador con cabellos de oro.

- Mínimo de post por persona: 5 en solo, 2 c/u en party, 1 c/u en party con 4 o más integrantes.
- Puntaje de aprobación mínimo: 60/100.
  • Paga Máxima: 1000 Pks
  • Shard Rubí x2: puntaje igual o superior a 80
  • Shard Esmeralda x1: puntaje igual o superior a 95
  • Niveles:
  • Nivel 1-10: 1 a 4 niveles.
  • Nivel 11-35: De 1 a 3 niveles.
  • Nivel 36 a más: De 1 a 2 niveles (como máximo).
  • Plazo para Completarla: 14 días.
  • +1 PA para los pokémon (si el evaluador cree que lo merecen)

Equipo: Quilava, Vibrava, Bagon, Sandile, Gyarados.
Ficha: [Link]

Mr-Alduin Mr-Alduin adelante, puedes comenzar, que te diviertas!
 
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Los hechos que serán relatados, son la continuación de los eventos escritos en el El Rescate

"¡ Escucha su Rugido! ¡Nada será igual para ti a partir de ahora! "


Jaimie West hace su entrada.

Uno más de los hijos de la poderosa familia West. De buen vestir y buen gastar. Jaimie no somete sus actos a decisiones o dudas. Solamente actúa, sin pensar, ni vacilar. Viviendo la vida al límite, sin importarle nada más que su nombre y su orgullo. Un hombre nacido con la fortuna atada a sus manos, y que no dudará en acabar con aquel que se interponga entre él y algo que considere como suyo.

Jaimie West es el segundo obstáculo que Adam Roark afronta en el rescate de su amiga Violeta.

“¿Qué es lo que ha pasado aquí?”

La pregunta la ejecuta Jaimie cuando, incrédulo, observa la escena que transcurre en la orilla de un gran río. Ahí, frente a él se encuentra su hermano menor, Brandon. Su pokémon, Verano, un Rockruff, yace junto a él, debilitado. A Jaimie le cuesta creerlo, “un West ha sido derrotado”.

Brandon advierte la presencia de Jaimie. Su cara lavada por las lágrimas de la derrota observan a su hermano mayor, y sin pensarlo se levanta, al tiempo que regresa a su pokémon de vuelta a su ball, antes de correr junto a su hermano.


  • ¡Jaimie, Jaimie, Jaimie! ¡Ese campesino me hizo esto!— Exclama — ¡Me ha hecho trampas! ¡Jugó sucio! ¡Lastimó a Verano! ¡ Y…
Una sonrisa de incredulidad permanece en el rostro de un Jaimie, quien no mueve un solo musculo para recibir a su hermano, a pesar de su estado, solo la realidad ronda en su mente, la cual, lo golpea como nunca nadie lo ha hecho; “un West ha sido derrotado”, “un West ha sido derrotado”.

Jaimie da un paso atrás, evitando de esa forma que su hermano se le acerque.


  • ¿Qué… sucedió? —Jaimie pregunta, conociendo de antemano la respuesta: Brandon ha sido derrotado y ha dejado mal el nombre de la familia West, su familia. La familia de la que él tanto se enorgullece.
  • Yo… Yo…
Brandon no sabe qué decir ¿Qué puede decir? ¿Qué perdió ante un campesino? ¿Qué su pokémon fue humillado por un Vibraba patético y un Bagon cobarde? ¿Qué los ojos de un campesino lo intimidaron? El menor de los West mira a los ojos de su hermano y nota en él algo que hasta ahora, jamás ha visto: Su hermano se encuentra enojado, ¿lo recordaba alguna vez enojado? Una palabra fuerte para Jaimie West, un hombre que nunca deja de sonreír y burlarse, pues no había tenido razón para enojarse. Hasta ahora.

  • ¿Jaimie…?
Jaimie ignora los sollozos de Brandon. En vez de eso, dirige su atención hacia el joven que se encuentra en la orilla del rio. Es un joven delgado, de piel morena y de ojos, en sus adentros, de un carmín singular. Viste un poncho color café, y porta una cicatriz en su párpado derecho. A su lado, un Quilava malherido le acompaña, con unos ojos y una mirada idénticas. Junto a ellos también está la Lurantis de Violeta, Luna, misma Lurantis por la cual, Brandon acabaría en ese lado del bosque. “Derrotado”. La palabra ronda nuevamente en el pensamiento del rubio.

  • ¿Jaimie? ¡Jaimie te estoy hablando! ¡Jaimie! ¡Jaimie! ¡Jaimie!
Jaimie vuelve su atención hacia su hermano. Sus ojos fríos y rasgados se enfocan en un Brandon maltratado, que se da cuenta de su atrevimiento, e inmediatamente para con sus gritos. Brandon se da cuenta de que Jaimie está enojado. Nunca lo había visto enojado.

  • ¡¿Tú perdiste contra ese chico?!
La voz de Jaimie se oye dura y afilada, igual que una espada que lentamente penetra en el vientre del niño de once años, quien apenas y advierte que está temblando.

  • Yo… yo… — Balbucea.
  • Vine aquí esperando cualquier cosa ¡Esperando a que no hicieras algo que me dejara en problemas con Robb! ¿Y qué es lo que encuentro? ¡Algo peor! A ti, siendo humillado por un campesino ¡¿Sabes acaso lo que eso significa para nuestra familia?! ¿¡Te has dado cuenta de lo que has hecho, niño!?
  • ¡Pero Jaimie, yo…, él… él…!
  • ¡Has silencio, Brandon! ¡Sobran tus excusas ante lo evidente!
El menor de los West se queda sin palabras, al tiempo que algo dentro de él empieza a apagarse. Siempre había sido educado para dejar en alto el nombre de su familia. Los West eran una familia poderosa, así le había enseñado su hermano mayor, Robb, “porque así estaba escrito por el destino”. No obstante, su derrota rompía con tal paradigma, y ahora los West iban a ser vistos como una familia débil que puede ser derrotada por un simple entrenador. Generaciones de vencedores, campeones y líderes habían sido tiradas a la basura, y todo gracias a un campesino moreno, un campesino con ojos rojos. Brandon lo sabe, y por eso, agacha la cabeza, y las lágrimas vuelven a correr, al tiempo que Jaimie dice en una voz, lo suficientemente alta como para que Adam Roark la escuche.

  • ¡Has decepcionado a nuestro padre, a Robb; a nuestra familia! ¡No mereces ser llamado un West! ¡ Eres un…
De pronto, Jaimie es interrumpido por una voz. Una voz grave que dice “¡Basta!” El rubio alza la cabeza y nuevamente observa al campesino con ojos rojos.

  • No interrumpas, campesino… —Jaimie responde, con una voz teatral, sofisticada —. Esto es un asunto que no te concierne.
  • ¡¿Qué clase de persona agrede de esa manera a su propio hermano?! ¡Por el creador! ¡Es solo un niño!
La sonrisa afilada de Jaimie regresa a su rostro. Sabe que puede tratar con Brandon después, y poco le importa lo que Robb le haga como consecuencia de su hermano menor. Total, la humillación de ser derrotado, de que su nombre de West sea ultrajado por un campesino como el que está viendo ahora, lo considera como algo más prioritario. Ya no le interesa la misión que le encomendó su padre, ya no importa Robert, tampoco Violeta, ni Dany, ni mucho menos Brandon. Lo que importa es devolverle la limpieza y orgullo a su nombre. Un West no puede ser derrotado. Jamás.

  • Lo que haga o no haga con mi hermano, no es tu problema, campesino.
  • Me disculpo por eso —. Responde Adam —. Puede que un asunto familiar no me incumba, pero sí me incumben las injusticias, y juro por los dioses ¡Que no permitiré que trates a ese niño de esa manera enfrente de mí!
Sonriente, Jaimie hace a Brandon a un lado, y camina hacia el joven que alzó su voz contra él. Un campesino desafiándole. La ofensa a su familia cada vez se hace más grande.

  • ¿Cómo te atreves a levantarme la voz de esa manera? ¿Tienes acaso una idea de quién soy? —. Una pokeball dorada aparece en las manos de Jaimie — ¿Sabes acaso lo que podría hacerte justo ahora, a ti y a ese pokémon tuyo? — Pregunta, al tiempo que señala a un Quilava que apenas y puede sostenerse en pie.
Adam respira hondo y después contesta:

  • Solo sé, que al igual que Brandon y Robert, eres uno de los hermanos de Violeta…
Jaimie responde con una sonrisa y una carcajada leve al comentario de Adam.

  • Violeta… —dice —. Ya veo —, realiza una pausa —, tú eres el que desafió a Robert, ¿verdad? El que se supone que está muerto, que interesante. Después de todo, Robert no hizo bien su trabajo. No puedo esperar a ver la cara de Padre cuando se entere. En verdad que estoy rodeado de inútiles. Muy bien, veo que tendré que encargarme de ti... ah… ¿Cuál es tu nombre?
Adam ve a su alrededor. Observa a Quilava, a Luna. Tienta sus pokeball; la de Vibraba, Sandile, la de Bagon, la de Gyarados. Entonces se da cuenta de que todo está en su contra; el tiempo para rescatar a violeta, y sus opciones ante aquel entrenador de cabellos rubios, quien denota una fuerza tremenda. A pesar de esto, Adam Roark siempre enfrenta las injusticias, y tiene planeado no doblegarse frente a sus adversarios, aun cuando tuviera todas las de perder.

  • Soy Adam Roark, de ciudad Kalek… —Contesta.
De ese modo, Adam Roark da inicio a su nueva contienda.



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  • Quilava… —. El pokémon de fuego alza las orejas. Su entrenador es el que habla —. En cuanto te dé la orden, escaparás junto con Luna… —.La voz de Adam es baja, y suave.

Es el único plan que en ese momento, Adam Roark tiene en su cabeza. Su desafío fue premeditado, él lo sabe, pero ¿Qué otra opción tenía? No iba a quedarse cruzado de brazos mientras alguien se aprovechaba de un semejante ¡De un niño! ¿Era lo correcto? Así lo pensó, y por ese motivo abrió su boca ¿Qué si era premeditado? Así fue, pero tenía que hacerlo, su ética lo obligaba.

Adam fue educado para evitar sus impulsos, pero su viaje junto a sus pokémon lo someten cada vez más a contradecir los paradigmas que le han sido inculcados, cometiendo errores que poco a poco complican más, incluso hasta sus propias creencias; creencias, que hasta el momento, eran la espina dorsal, dentro de la razón que predomina en el entrenador.

La divagación termina cuando la voz de Jaimie West vuelve a escucharse:

  • Adam… —suspira —. En mi vida he conocido a muchos Adam. Uno más tonto y débil que el anterior. En fin…, no te veo en condiciones de abrir la boca, y sin embargo lo haces —ríe —. Espero que me equivoque.
Los ojos azules del rubio se enfocan en el entrenador, que a su vez se sobresalta, y esto hace sonreír a Jaimie. El West se da cuenta de que su contendiente no son más que palabras, y nada más.0

  • ¿Pero, qué pasa? —pregunta, al tiempo que sonríe; una sonrisa burlona —. ¿A dónde se te fue el ímpetu, chico? ¿No me digas que ya te quedaste sin ánimos de luchar? ¿Acaso usaste a todos tus pokémon, y estos están débiles? ¿O acaso tiemblas al pensar en lo que te haré? No me sorprende, tomando en cuenta que, a pesar de haberle pasado por encima a mi querido hermano, de seguro que te esforzaste.
Adam respira hondo. Se da cuenta de que está atrapado ¿Así termina todo? Se pregunta ¿Jamás recuperaría a Violeta? ¿Iba a morir en aquel bosque, sin que sus padres, se enteren? Y sus pokémon ¿Qué va a quedar para ellos? Sus amigos, sus queridos amigos; la razón de su viaje. Adam no quiere darse por vencido, no así, ¿pero qué opciones le quedan? Quilava está mal herido, tambien Vibrava, hasta Bagon. Sandile es solo un bebé…, solo le queda….

Los ojos de Adam se abren, las pupilas se dilatan. El miedo se abre paso. En verdad le queda esa opción, y vaya opción, pero el miedo se lo impide. “Aún no está listo”, “No todavía”.

En ese momento Roark ve a Quilava y a la Lurantis, esta tiembla como nunca ha visto el entrenador a un ser vivo temblar. Él sabe que no tiene opción, por sus pokémon, sus amigos. Ellos valen cualquier sacrificio. Adam se decide y va a por la pokeball que representa su única opción.

Pero en el momento en que su mano intenta tomar la pokeball, su brazo se detiene, tiembla, casi tanto como el cuerpo de luna. Adam Roark está sometido a una fuerte tensión, como nunca antes, salvo el día en que su cicatriz nació. El miedo le derrota, como pocas veces lo ha hecho.

Jaimie West observa al entrenador. Las reacciones de este le hacen ver, que lo que en un principio se había visto como un desafío, no es más que solo simple palabrería ¿Cómo pudo perder Brandon contra alguien así?

  • Vaya… —la voz de Jaimie se escucha decepcionada —. No puedo creer que tiembles en cuanto me acerco ¿Tanto te intimido? ¿Acaso sufres de algún trastorno que te hace decir cosas que no debes para después arrepentirte? Pero tienes que saber que haremos caso omiso, mi querido Rugido y yo, más te vale estar preparado.
Adam Roark sabe lo que le espera, no obstante, se niega a que su amigo sufra su mismo destino. Puede que no tenga el valor para tomar la única opción, pero si lo tiene para ordenar a su Quilava que se aleje. Sin embargo, el pokémon de fuego está herido, y aunque escape, no durara mucho antes de Que Jaimie y su pokémon, que aún no se ha revelado, los atrapen. Otra opción inútil, concluye el entrenador, así que de nuevo Roark intenta tomar la pokeball, pero de se repite el temblor, como si un campo magnético le impidiera llegar a la ball que contiene a su pokémon más peligroso ¿Vale la pena? Se pregunta. Adam no quiere en su conciencia cosas que sean producto de una criatura violenta y descontrolada que no diferencie entre una batalla y la destrucción en su expresión más pura, es eso lo que le detiene de actuar, acabando de esa forma con la paciencia de su oponente.

  • No… ¡No puedo! —expresa Adam Roark. Puede que en ciudad Feather haya podido controlarlo, pero él aún le teme a su pokémon, a su única opción. Lo del gimnasio fue suerte nada más —. No puedo hacerlo… —. Su mente y su temple se desvanecen.
Entonces ocurre: Todo se hace oscuro, y solamente se escucha un zumbido en medio de las tinieblas que inundan una mente colapsada y al límite .

Adam queda en el más profundo silencio, ante la mirada atónita de los dos pokémon que están a su lado, y del hombre de cabellos rubios y aretes en las orejas. Este último se da cuenta de lo que ocurre: ganó la batalla sin haber ordenado un solo ataque. No es la forma en la que esperaba ganar. Fastidiado, Jaimie se acerca al entrenador. Quilava se interpone e intenta atacar, pero está muy débil, y el rubio lo aparta de una patada. El pokémon queda a un lado, encogiéndose de dolor, mientras Luna lo atiende, al tiempo que es mirada por el entrenador.

  • Pokémon patéticos —afirma.
Mientras habla, Jaimie West toma a un Adam paralizado y sumiso por el cuello. El entrenador no se opone, está en shock. El rubio mira a su hermano, esté observa desde lejos, aun afectado por las palabras de su hermano.

  • ¿Contra esto fue con lo que perdieron Verano y tú? —Pregunta — ¡¿Es una broma?! ¡Cuando Robb y padre se enteren…!
Jaimie se contiene, sabe que no vale la pena alterarse, así que vuelve a sonreir. Mira a un Adam cuyo rostro luce perdido, desbocado. El West nunca ha tenido una victoria tan fácil, en toda su vida.

  • Es increíble que un niño como tu haya incomodado a Robert, y derrotado a Brandon ¿Sería molesto el preguntar cómo lo hiciste? —Realiza una pausa, y al no advertir respuesta prosigue —. Ya veo que no me darás respuesta alguna. Es una pena…
Como ya se dijo, Jaimie West no vacila cuando toma una decisión, solo hace lo que tiene que hacer. Ese campesino se burló de él al desafiar a su familia, debe recibir un castigo ejemplar, piensa. El mensaje a todo aquel que se tope en el camino de un West debe ser claro, para que así sepan la clase y el poder de la familia a la que se enfrentan.

Quilava y Luna ven como Adam es arrojado al agua del rio, con el resto de sus amigos pokémon junto a él, todos perdiéndose en el oscuro del fondo, arrastrados por la corriente, o al menos eso piensan, pues lo que ocurre después, es algo que ninguno de los presentes, iba a poder olvidar por el resto de sus vidas.


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El roce con el césped le irrita la piel. El sol la molesta, y sin embargo, no tiene voluntad ni deseos de moverse.

Violeta West se pregunta ¿Qué hizo para merecer lo que le está pasando ahora?

Una brisa débil sopla y su cabello ondulado revela su rostro, un rostro blanco, algo curtido por el sol, pero blanco al fin. El viento invade su cuerpo y lo relaja, igual que si bebiera agua en una tarde en medio del desierto. Sus ojos perdidos observan el brillo cristalino del río, el cielo despejado, la orilla con árboles verdes y el esmeralda de la hierba en donde se encuentra acostada, atada de pies y manos. El roce con las cuerdas la hacen reaccionar, haciendo que su escape de la realidad fracase.

“Que lamentable” piensa, “tenía tanto por ver. Tanto que disfrutar; los colores, las flores, ¡oh, mis flores! Ya no podré estar con ellas. Mi sueño de conocerle, de verle, una vez al menos…”. Violeta se detiene, incluso en sus adentros evita mencionarlo a él, el motivo de su escape, la razón de su viaje. “Y mi Luna, mi querida Luna, ¿qué será de ella?”

Las lágrimas brotan como resultado de recordar sus deseos frustrados. A la señorita aroma no le queda nada. En cuanto el helicóptero llegue, la llevaran de vuelta a su casa, a la horrible casa; a la prisión de mármol y caoba en donde la casarán a la fuerza, con alguien a quien no ama, a alguien que ni siquiera conoce. Las sogas le impiden enjugarse el rostro. Para ella es horrible saber que su familia solo la ve como una moneda de cambio ¿Es que el martirio de pertenecer a una familia cruel no acabaría? ¿Siempre le perseguiría hasta el final de sus días? ¿No la dejarían ser libre jamás? ¿De disfrutar de las flores, vivir su sueño, qué daño podía hacer eso? ¡¿Es malo soñar?! Parece que para su familia si lo es.

La joven se encuentra destrozada. No obstante, algo de calma le alivia en medio de la tormenta. Y es que todas estas calamidades son suyas y de nadie más. No haya otro involucrado en todo este embrollo causado por su bochornosa familia. No hay heridos, nadie más corre peligro. Su Luna, y, lo susurra, “Adam”, el chico de los ojos rojos, está vivo, a salvo. Tal vez huye, se aleja de los problemas, quizá Brandon le hizo huir, con Luna. Tal vez él le dé a su pokémon lo que ella no pudo; es válido soñar.

Sus pensamientos se ven interrumpidos de pronto por una voz:


  • Despertaste…
Violeta se sobresalta. La voz grabe y masculina de Robert West, su hermano, su captor. Ella alza la vista y lo ve. Su rostro cuadrado la observa por lo alto. Su enorme cuerpo, capaz de cubrir, incluso la luz del sol, se flexiona, dejándose caer en la hierba. El viento sopla y mueve sus cabellos, negros cual ébano, sus ojos se ven cansados, fijos en el correr del rio.

  • Debo admitir que, no esperaba que esto se complicara, Violeta. Nunca pensé que, opondrías resistencia, hasta el punto en que me vería en la molesta, y poco honorable, opción de amordazarte. Dime algo, ¿en serio creías que escaparías de mi padre, de nuestro padre? ¿No pensaste, siquiera por un segundo, que el enviaría a por ti?
Violeta, se da la vuelta. Al menos podía ser grosera, con aquel que la está destruyendo. Su hermano prosigue al no obtener respuesta alguna.

  • Eres una de los hijos mayores, pudiste haber sido algo más que solo una niña consentida. En vez de eso, te quisiste volver rebelde. No, no, no, muy mal hermana. La voluntad de los West es inquebrantable, como una torre que se levanta ante la tormenta dispuesta a resistirla, así somos los West, nadie nos derrumba, hasta la más nefasta de las tormentas cede ante nosotros. El mundo es nuestro, y tú lo sabes mejor que yo ¿Y pretendiste evitar dicha torre?
La florista no contesta. Pero entre las risas de su hermano, se da cuenta de que tiene razón, es inútil tratar de escapar. Solo queda resignarse, nada más que resignarse. No se puede vencer a un West, eso lo decía su padre, y parece que es verdad. De pronto, algo comienza a apagarse en Violeta. De nada sirve luchar, reflexiona, si de milagro consigue escapar, su padre no dejará de buscarla, así era él, implacable y determinado a conseguir lo que quiera ¿Por qué o para qué resistir? De nada sirve, los West son una torre, y ella, un simple Caterpie que desafía a dicha torre; está claro quién será el vencedor.

Todo parece finiquitarse en el subconsciente de la vendedora de flores, pero su hermano Robert aun habla. Su dialogo no termina, y acaba por influir en la decisión de Violeta West, de una derrotada Violeta West, que advierte en las palabras del joven un atisbo de esperanza, pequeño, pero motivador. El aliento vuelve a ella a medida que escucha:


  • Tú amigo el ojos rojos y su pokémon siguen vivos, creo que me veo obligado a decírtelo. Y por lo visto, planean venir a buscarte —ríe —. Brandon fue a por él, pero a juzgar por su demora, tal parece que fue derrotado. No voy a radicalizar mi orgullo como lo hacen Jaimie o Robb, pero no he de negar que el que ese mocoso haya sido acabado por un entrenador tan miserable en verdad es insultante. Por suerte, Jaimie ya fue a encargarse —ríe por segunda ocasión —. Y aunque Brandon pierda, el esfuerzo que requerirá tu amigo para vencerlo habrá sido aplastante, de eso estoy seguro.
Robert se yergue. Su enorme cuerpo esta de frente hacia el rio, como una estatua condenada eternamente a hacerle guardia. Su voz sigue escuchándose.

  • Jaimie y Rugido lo harán pedazos. No me veré obligado a volver a usar a Tormenta. Tu amigo se convertirá en abono para el bosque ¿Qué te parece eso, querida Violeta? Condenaste a un hombre a morir.
Violeta recuerda entonces a Jaimie: Gallardo, guapo, pero con una personalidad vomitiva. Era cruel, Violeta lo recuerda, vanidoso, pero un excelente entrenador pokémon. Rugido, su compañero era considerado por ella como una espada andante, capaz de cortar y derretir todo lo que tocase. Sin embargo, de ser cierto, y Adam estaba luchando contra sus hermanos, sacrificándose por ella, por su amistad ¿Está mal depositarle algo de confianza? ¿Puede Violeta confiar en Adam, un chico al que lleva poco tiempo sin conocer? El recuerdo de la primera vez que lo vio, en la pantalla de tv, sus ojos rojos como la sangre. La florista siente un escalofrió, pero al mismo tiempo, la llama de una esperanza leve se enciende en ella.

Adam era un demonio de ojos rojos, ella lo vio. El miedo que él fue capaz de generar en los ciudadanos de ciudad Feather ¿ Podía causarlo en sus hermanos? Por la manera en que Robert habla cada vez que lo recuerda así parece. Violeta no es tonta, se ha dado cuenta. Robert le teme a Adam, a su desafío. Los West no están habituados a los desafíos, pues nunca ocurren. Tienen que ser algo nuevo para ellos, por eso los reciben de la forma menos esperada posible: Con miedo.

“Adam puede vencerlos, algo dentro de mí lo asegura. Él no es un entrenador ordinario, tengo que intentarlo, debo confiar en él.”

Una chispa de determinación brota, pero Violeta sabe que Adam no podrá solo, al menos eso piensa. El viene a por ella, y ella puede facilitarle su llegada ¿Pero cómo? Se pregunta. Inmediatamente, la joven percibe que su cuerpo ya no tiembla, ni siquiera siente el roce de la hierba sobre su cuerpo. Su valor ha vuelto, y lo va a aprovechar. Violeta no es una damisela que deba ser rescatada, tampoco una princesa obligada a casarse. Es una mujer, una mujer que tomó su decisión, una mujer que quiere ser libre, pero para eso debe reencontrarse con Adam, escapar juntos. Era hora de pensar.

“Piensa Violeta, piensa”

Entonces ocurre.


  • Quiero que me sueltes, Robert —dice.
Su hermano se da la vuelta, sonriente.

  • ¿Soltarte? —inquiere —. ¿Es una broma, querida hermana?
  • No lo es…, Suéltame ahora…
  • ¿Por qué iba a hacerlo?
  • Porque no tengo pensado escapar, hermano.
La respuesta toma al gigantesco hombre por sorpresa.

  • Tienes razón, Robert, de nada sirve pretender ocultar el sol con un dedo. Si escapo me buscarás, y me encontrarás, ¿por qué lo intentaría?
  • No me tomes por un tonto, hermana, ¿qué pretendes?
Robert no se fía de Violeta. El cambio de opinión por parte de su hermana le hace desconfiar. Ya una vez pretendió ser rebelde, y no le iba a dar una segunda oportunidad. Sim embargo, su hermana insiste:

  • Lo que me dijiste, es verdad. No se puede huir de la realidad. No niego que mi ser se sigue oponiendo a la idea de casarme por la fuerza y así renunciar a mis sueños. Pero la realidad es que aunque quiera eso, aunque lo desee con todas mis fuerzas. Por más que huya, siempre seré perseguida, por ti, por Jaimie, por Robb, o por Dany, no importa, siempre me encontraran, entonces ¿de qué sirve? Tú dímelo.
Una corriente de aire sopla a medida que Violeta habla, al tiempo que Robert evoca otra de sus rudas sonrisas, mismas que son correspondidas por un gesto de derrota en el rostro de violeta.

  • Tú lo entiendes mejor que yo —declara la florista —. Así que no veo razón alguna de que me tengas atada…
Robert se mantiene firme en su decisión. Desconfía rotundamente en su hermana.

  • No voy a soltarte, hermana —contesta—. Ya fuiste impredecible una vez, no dejaré que vuelvas a hacerlo.
  • Solo quiero relajar mis muñecas y mis tobillos, ¿es mucho pedir?
  • No juguemos este juego de la víctima, Violeta.
  • Es la verdad, mírame si quieres. Mis muñecas están arañadas, mi vestido sucio, y mis tobillos maltratados, ¿en serio quieres llevarme así ante Padre?
El ceño de Robert se frunce. Violeta tiene razón, además, existe el riesgo de que su hermana enloquezca y se auto flagele. Su cuerpo vale mucho y está seguro de que su futuro esposo no querrá a una pareja con el cuerpo marcado. El West no solo debe llevarla de vuelta, además tiene que cuidarla, o de lo contrario, tendría que rendir cuentas a su padre.

  • Solo quiero tener mis manos sueltas y mis tobillos, Robert. No soy una esclava.
La petición le molesta al hombre vestido de negro, cuya mirada no se retira de los ojos verdes de la florista.

  • Robert, por favor…
Finalmente, Robert suelta el cuerpo de Violeta.

  • Más te vale no hacer nada imprudente —le ordena Robert —. O haré que Tormenta actúe.
Violeta recoge sus rodillas y se queda sentada, con los brazos abrazando sus piernas, encogida en sí misma.

  • Solo quiero sentirme libre —susurra.
Robert la escucha, pero le resta importancia, pues algo inadvertido ocurre en el momento en que se da la vuelta para observar en la dirección en donde se supone, se encuentran Brandon y Jaimie, sus hermanos. Enormes nubes negras brotan de la nada y empiezan a cubrir el cielo, como si un dios desconocido por el entrenador pokémon hubiese decidido que la tarde soleada tenía que desaparecer para dar paso a un temporal de lluvia, una lluvia fría y pesada que trae consigo, malos presagios e incertidumbre. La sorpresa invade los rostros, tanto el de Violeta como el de Robert, era la lluvia más inesperada que habían vivido hasta ahora, al menos Robert así lo piensa.

  • ¿Una lluvia? —murmura Robert —. ¿De dónde ha salido esta lluvia? Es como si…
El entrenador no termina su frase, pues es interrumpido por un rayo enceguecedor, y un trueno, tan violento, que haría temblar a la misma tierra. Robert West no supo lo que sentía, tampoco como describirlo. Es la primera vez en mucho tiempo que siente miedo. Está seguro de que la lluvia, esa lluvia maldita, no era algo normal, y lo mismo piensa Violeta, pues, para la vendedora de flores, la lluvia es idéntica a la que presenció el día en el que conoció a Adam Roark, y así, sin quererlo sonríe, al tiempo en que piensa cómo puede librarse de su injusta condena.


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  • No puedo creerlo —expresa Jaimie West, con la vista aun en el agua —. Es que me cuesta creerlo: Que un niño como este nos haya dado tantos problemas… —suspira —. Padre nos reprenderá a todos por esto…
Jaimie West nunca había dicho unas palabras tan apresuradas, en toda su vida.

En el fondo del rio, el cuerpo inconsciente de Adam es arrastrado por la lenta pero fuerte corriente. El agua empieza a entrar en los pulmones del entrenador, al tiempo que un blanco inunda su mente. “Ya no queda nada”, piensa. “Fallé”. Su cuerpo poco a poco cae en la inconsciencia mientras el agua lo arrastra al olvido. Sin embargo, la vida le depara muchas cosas al originario de ciudad Kalek. Este no es el fin para él, no es su destino acabar así, y esto se manifiesta como una pokeball, una ball roja y blanca, que se desprende de su cinturón. La fuerza que el objeto encierra le dice al rio que no se llevará a ese joven; que su final no será en este lugar. La pokeball se abre, y una atmósfera de ira y violencia cambian drásticamente el rio, y a quienes vivieron sus vidas en sus bosques ese día.

Ni Jaimie West, ni su hermano, Brandon. Ni siquiera el malherido Quilava, y su acompañante, la Lurantis que responde al nombre de Luna, advirtieron lo que iba a pasar.

  • ¡¿Pero qué…!? ¡¿Qué diablos está pasando?!
En la orilla, a metros del rubio, surge un enorme remolino que cubre gran parte de la anchura del rio. El torbellino, rápido y abrupto es violento y tan aterrador, que sorprende al mismo entrenador de ropas rojas, este da unos pasos atrás y observa la escena. Nunca ha visto nada igual.

  • El rio… ¿qué le pasa al rio?
  • ¡Hermano! — Brandon se encuentra aterrado.
  • ¡No te acerques, niño! ¡Si algo te pasa, el que pagará las consecuencias seré yo!
Jaimie pretende decir algo más, pero entonces el remolino se detiene, y una explosión, acompañada de un rugido ensordecedor, eleva el agua del rio metros, y metros por encima del cuerpo del West, quien por su parte, es empujado hacia atrás por el efecto del agua que rebosa la orilla. Nuevamente, una criatura desconocida vuelve a rugir, y Jaimie, por primera vez en su vida experimenta algo cercano al miedo.

Solo Quilava y Luna, quienes se ponían a salvo, pudieron verlo claramente. Se trataba de Gyarados. El enorme pokémon de agua, que se levanta erguido, y con la mirada encendida de un rojo intenso, entre las agitadas aguas del rio, al tiempo que una brisa vertiginosa comienza a sacudir los árboles cercanos. Razón tuvieron los pokémon que los habitaban al huir*, ya que Gyarados, con las cicatrices adornándole el cuerpo, con sus mirada roja, y sus colmillos largos y blancos, era la viva imagen de un demonio dispuesto a destruir todo aquello que se le encontrase a su paso.

Los hermanos West le observan asombrados. Hace mucho tiempo que no veían un Gyarados, y menos uno tan violento como ese. El agua del rio aún se sacude, al igual que el viento ante su mera presencia. No es un pokémon ordinario, y los hermanos lo saben, pues él les causa emociones que nunca antes han sentido, como la inseguridad, la incertidumbre, el miedo…

Esto no es posible… —susurra Jaimie —. No… no. Los Gyarados no frecuentan estos lugares, y menos uno como ese….

Gyarados ruge, un rugido violento y estruendoso, cual trueno de tormenta. El pokémon no quita los ojos del rubio, ojos rojos e intensos, los cuales, Jaimie no puede dejar de ver. Solo una persona en el mundo lo intimidó como lo hace ese pokémon ahora; ese alguien era su padre.

“¿Cómo puede causarle esto un pokémon?” Se pregunta, “¡Es inaudito!”. El rubio percibe anormalidad en la criatura. Sigue preguntándose cómo llegó ahí, ¿por qué tiene esos ojos? Tan infernales, tan abrumadores, tan… tan rojos.

Y entonces Jaimie lo recuerda: esos ojos los ha visto en otra parte, pero estaba tan ocupado presumiendo de sí mismo que no los advirtió.


  • ¡No puede ser! —exclama — ¡Es imposible!
  • ¡No puede ser cierto! —. Brandon se oculta detrás de uno de los árboles, al tiempo que, el también mira los ojos del pokémon — ¡Son sus ojos! ¡Sus ojos! ¡Maldición, esto no es posible!
Jaimie West, por primera vez en su vida siente que su cuerpo tiembla, casi tanto como el de su hermano de once años, cuando ve como el pokémon gira la cabeza a la izquierda, y un cuerpo cae sobre la hierba enlodada por el agua del rio. Es el cuerpo del entrenador que responde al nombre de Adam. La visión altera aún más al West, quien enseguida advierte el origen del pokémon azul.

La criatura pertenece al campesino, a aquel a quien él arrojara al rio.


  • ¡Cómo diablos! ¡¿Cómo puede un pokémon como ese pertenecer a un niño tan debil?! ¡Miserable! ¡Esto no es cierto! —Realiza una pausa, al tiempo que la ira breve le provee la suficiente valentía como para levantarse — ¡Brandon! —. El niño observa a su hermano mirarle — ¡¿Fue con esa criatura con la que los derrotó?! ¡¿Por qué no me advertiste?!
Brandon está tan estupefacto que ni siquiera puede responder. Solo su silencio es el que le da señales a Jaimie: Su hermano nunca se enfrentó al Gyarados.

  • Entonces… tú no luchaste contra ese pokémon —. Jaimie West observa al entrenador, que en ese momento empieza a arquearse y a toser agua, volviendo en sí. — ¡No solo te derrotó, sino que además se contuvo de usar a una criatura cómo esa! Ya veo porque Robert se siente alterado por este campesino. Él no es un entrenador ordinario…
En ese momento, en medio de los jadeos de enojo producidos por el Gyarados, jadeos que inclusive, afectan la elevación del rio, Adam reacciona, arqueándose, tosiendo el agua que se aloja en el interior de su cuerpo. Jaimie lo observa con desprecio, arrepintiéndose de haberlo subestimado, de haberle perdonado. Debió haberlo acabado en el momento, en lugar de arrojarlo al río.

  • ¿Sigo... sigo con vida? —. La voz del entrenador apenas y se oye, en medio de la tos y los jadeos —. pero…
Levanta la vista, ve a Quilava a lo lejos, y a una Luna que yace, aterrada detrás de él. Adam gira la cabeza en la dirección hacia donde mira de forma expectante su pokémon de tipo fuego, y en seguida se percata de la presencia de Gyarados. Un Gyarados que se yergue detrás de él, como una torre del homenaje, impuesta ahí para protegerlo. El entrenador exclama el nombre de su pokémon.

  • Así que todo este tiempo había un Gyarados en tu equipo…
Adam baja la vista y observa que Jaimie está frente a él, con sus ropas mojadas, y con un apenas visible temblor en el cuerpo. Ese era el efecto del Gyarados.

  • ¡Menuda sorpresa me ocultaste, niño! —el rubio exclama —. Incluso para nosotros, los West, un Gyarados es señal de problemas, ¿y qué se puede esperar de una criatura capaz de arrasar con pueblos enteros? De un monstruo como…
  • Gyarados no es un monstruo… —Adam interrumpe.
  • ¿Ah, no? ¿Entonces por qué te abstuviste de usarlo? —pregunta —. Sí. antes de arrojarte al agua noté que temías, por supuesto pensé que me temías a mí, pero la realidad es otra, me equivoqué , estabas conteniéndote de usar a tu pokémon, porque no puedes controlar un poder como ese; el poder de un monstruo.
Gyarados vuelve a rugir.

  • Tal vez le tema, no te mentiré, pero Gyarados es el pokémon que me salvó, ¡así que no dejaré que hables así de él!
  • ¿Y qué es lo que harás, campesino? ¿Vas a luchar? ¿Con un Gyarados al que no controlas? —Jaimie se ríe —. Admito que en un principio me preocupé, pero ahora que veo la realidad, vuelvo a ser yo, Tu Gyarados no es más que una criatura incontrolable, no muy distinta de un pokémon salvaje. Será fácil vencerla si uso a Rugido, después de todo, no existe un pokémon salvaje que pueda vencernos.
Jaimie ríe eufórico a medida que pronuncia sus palabras, sin darse cuenta de que estas tienen un efecto en su oyente. Y es que Adam comienza a experimentar una sensación inusual dentro de él, producto de las ofensas causadas por el entrenador de cabello rubio. Sí, puede que Gyarados sea violento, agresivo y a difícil de controlar, pero es su amigo. Adam aun siente que su amigo Magikarp está dentro de él, y no va a permitir que lo insulten. Como muy pocas veces en sus diecisiete años de vida, Adam Roark experimenta el deseo de cobrarse las ofensas a su pokémon, y esto le causa ira, una ira que expresa a través de sus ojos.

  • ¡Gyarados no es un pokémon salvaje! —grita — ¡Tampoco es un monstruo! ¡Deja de hablar así de él!
Sonriente, Jaimie detiene las carcajadas para observar a su contendiente, y no puede creer lo que ve. A pesar de la ropa empapada, y su cabello desalineado, los ojos de quien es para él nada más que un campesino, se han transformado, de una mirada triste y sin esperanza, a una furiosa e intensa. Una mirada roja y sanguinaria, idéntica a la del Gyarados que se encuentra detrás de él. Para Jaimie, ver esos ojos era igual que ver el fuego del infierno mismo. No puede evitar que su respiración se acelere.

  • ¡Jaimie, ten cuidado! —advierte Brandon, pues él también nota el cambio en los ojos de Adam.
  • ¡Callate! —ordena Jaimie, al tiempo que vuelve a extraer la pokeball dorada de su bolsillo — ¡Rugido y yo lo venceremos, eso puedo asegurártelo! ¡En cuanto a ti!— se dirige a Adam — ¡Más vale que te prepares, campesino! ¡Tú Gyarados no simboliza a las pesadillas, mi pokémon sí!
El entrenador hace caso omiso a los comentarios de Jaimie, pues está ocupado despojándose de su capa, y con la atención centrada en su pokémon de agua, quien a su vez no quita la vista del rubio, esperando la orden para atacar, la orden de su entrenador, a quien a pesar de todo, muy en el fondo, los vestigios de Magikarp aun respetan.

  • ¿Cuento contigo, Gyarados? —pregunta el entrenador.
El pokémon responde con un rugido ensordecedor que sacude el bosque.

  • Entonces hagámoslo, como en el gimnasio de Denisse* ¡Adelante Gyarados!
El pokémon ruge otra vez, y una lluvia invade el campo de batalla, acompañada de truenos y relámpagos; relámpagos que enceguecen y truenos que aturden. Se trata del ataque de Danza Lluvia.

Un Jaimie alterado, contesta entre carcajadas:


  • Esto es… ¿Lluvia? ¡Ja! ¡La gran entrada de tu pokémon no me intimidara ¿me escuchas?! ¡Esta tormenta no es nada para un West y su pokémon, especialmente para el pokémon de Jaimie West! ¡Sal ahora, Rugido!
El rubio arroja la pokeball dorada, y una criatura de gran tamaño, imponente, con ojos dorados, invade el campo. Un aura de color amarilla ilumina su cuerpo, un cuerpo majestuoso y soberbio.

  • ¡Escucha su Rugido! ¡Nada será igual para ti a partir de ahora! —exclama Jaimie entre risas.


* Batalla contra Denisse Helmont.

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En medio de las risas del West, Adam y Gyarados observan al pokémon que aparece. Vaya si era imponente: Luce un par de ojos dorados que fulminan al pokémon de agua, y una abundante melena roja y oro rodea su cuello. Dos colmillos brillantes emergen de entre su boca, una boca que sonríe petulante cuando su poseedor mira a sus rivales. Su aspecto felino denota elegancia y majestuosidad, pero al mismo tiempo, una atmosfera oscura brota desde él, señalando que no es una criatura ordinaria.

  • ¿Qué te parece mi Rugido?
Jaimie West levanta ambos brazos, cual presentador, demostrando el orgullo que siente por su compañero, enviando además, a la nada el temor que la mera aparición de Gyarados le ocasionó.

Adam no responde a la pregunta, manteniéndose en silencio. Su Gyarados, en cambio, libera un rugido de sus fauces, un rugido que pretende alterar al imponente pokémon, quien ni siquiera se inmuta por la enorme criatura a la que va a enfrentar, en vez de eso, simplemente sonríe. Sus ojos dorados le conceden un aire de divinidad que el nativo de ciudad Kalek advierte.

“Es una criatura poderosa”. Piensa, en el instante en que extrae su pokedex. El entrenador emite una leve sorpresa, cuando a pesar del agua el artilugio no ha dejado de funcionar:

“Pyroar, el Pokémon regio. La melena de Pyroar está hecha de fuego y se vuelve más grande cuando está alterado”.

  • Un pokémon de tipo fuego… —susurra
Adam advierte que al pokémon, por muy extraño que pareciese, no le afecta la lluvia invocada por Gyarados, al contrario, ninguna hebra de su voluminoso pelaje parece ceder ante el agua. Más increíble aun, cada gota que cae sobre su cuerpo se evapora. Roark se da cuenta de que el cuerpo de la criatura está tan caliente que ni el agua de la tormenta puede afectarle. Se alegra de no subestimarlo.

La voz de Jaimie vuelve a hacer eco en medio de la, ahora, tarde tormentosa.

  • Sí, es un pokémon de fuego —asegura —. Pero no creas que esta tormenta leve, o el pokémon que usas le intimidan solo porque tienen sus orígenes en el agua.
  • No hace falta que lo menciones… —responde Adam.
Jaimie nota que su oponente luce un semblante muy diferente al de minutos atrás, pues se percibe una notoria seriedad proveniente desde él, además de sus ojos, los cuales, brillan intensamente, cual rubies ante el sol. El rubio sonríe cuando percibe la familiaridad de aquella visión.

  • Es curioso —asegura —. Cuando Brandon y yo seguíamos a Robert, hicimos una parada en ciudad Feather; bonita vista, lindas mujeres…, aunque lo que más me llamó la atención fue su alto grado de superstición, pues hablaban de que un demonio invadió la ciudad con su enorme pokémon, destruyendo el gimnasio pokémon* y acabando a la mitad de la ciudad.
Adam no puede evitar arquear levemente sus labios.

  • Por supuesto, no son más que rumores —prosigue Jaimie —. Aunque he de admitir que los ciudadanos quedaron bastante impresionados por ese “demonio”, al que por cierto, llamaban “El Demonio de Ojos Rojos”* —sonríe —. Y ahora apareces tú, interponiéndote en los planes de mi familia con tus… ojos rojos. Muy interesante, a decir verdad…
El entrenador del Gyarados no emite respuesta alguna, y esto, en cierto modo, comienza a producir incomodidad en Jaimie.

  • Cómo sea, Rugido — se dirige al pokémon de ojos dorados. Este asiente —. Enséñale el verdadero poder de un West.
El pokémon sonríe y de manera tardía contesta al bramido de Gyarados de la misma manera. Es un sonido aterrador y estruendoso, capaz de escucharse en cada rincón del bosque. Adam advierte como un brillo dorado es emitido por el cuerpo del pokémon, cuya presencia, altera incluso a Quilava y a Luna, quienes se encuentran refugiados a lo lejos, bajo la copa de un frondoso árbol.

  • ¿Tu pokémon solo rugirá? —interroga Adam.
  • Oh, por supuesto que no, campesino —responde Jaimie.
  • De acuerdo, en ese caso ¡Gyarados!
El pokémon se arroja con una velocidad anormal para su tamaño, y de inmediato se coloca enfrente del Pyroar.

  • ¡Usa Acua Cola!
El pokémon de agua arremete a su oponente con la cola, una cola cubierta por un brillo azulado que embiste en un costado del Pyroar. Rugido es arrojado por el aire, pero para sorpresa del entrenador de ojos rojos, este desciende pesadamente sobre sus cuatro patas, como si nunca hubiese sido atacado.

  • ¡Imposible! —exclama el entrenador — ¡Se supone que es un ataque de tipo agua que se ha hecho más fuerte con la lluvia!
Las risas de Jaimie inundan el ambiente tormentoso

  • ¡Tienes razón, si! Tu ataque de agua hubiese sido letal de no ser por el Rugido de Guerra de Rugido.
  • ¿Rugido de guerra?
  • Así es… —ríe Jaimie —. En el momento en que Rugido rugió, el ataque de tu Gyarados, tanto especial como físico comenzó a descender ¡Poco a poco, sus dos tipos de ataque se irán abajo, hasta el punto en que no podrá causar ni el más pequeño de los rasguños!
  • Esto no es verdad… —. El ceño de Adam se frunce.
Gyarados y Rugido se observan el uno al otro. La mirada de ira del pokémon de agua, y la sonrisa afilada del tipo fuego contrastan majestuosamente. Es un enfrentamiento de titanes.

  • ¡Ahora es tu turno, Rugido! —grita Jaime.
  • ¡Acabalo, hermano! —clama de lo lejos Brandon West — ¡Destrúyelos!
Rugido atiende a las órdenes y se lanza sobre el pokémon de Adam.

  • ¡Usa colmillo rayo!
Las fauces del pokémon se cierran en el cuello de su oponente, y Adam observa como su compañero es rodeado por un brillo blanco amarillento que centellea en medio de la tormenta. El pokémon de agua emite un grito de dolor y retrocede en cuanto el Pyroar se aparta de él.

  • ¡Gyarados! —.Adam corre hacia su pokémon. Un enorme pokémon que apenas y puede moverse.
Entre las risas de Jaimie, y la extravagancia de Rugido, Gyarados se encuentra herido, con chispas de electricidad aun emitiéndose de su cuerpo, hasta el punto en que ni Adam es capaz de tocarlo.

  • ¡Gyarados, no! —Adam observa, preocupado ¿Es este el final? Se pregunta.
  • ¡Al final tu Gyarados solo es un mal chiste! —añade Jaimie entre risas — ¡Rugido solo necesitó de un golpe para acabar con él! ¡Es vergonzoso! ¡Un pokémon patético que no merece ni el aire que está respirando!
Más adelante, Jaimie lamentará haber dicho esas palabras.

De súbito, la enorme cola de Gyarados se arroja como Látigo sobre un Pyroar que la recibe en uno de sus costados. El pokémon de fuego retrocede, con la sonrisa aun inerte en su rostro. Gyarados por su parte, jadea, aquejado por el dolor intenso que le produce el efecto secundario del Colmillo Rayo; la parálisis. Al tiempo que intenta erguirse imponente en el campo de batalla, haciéndole saber a su contendiente que aún puede pelear.

Un Jaimie West petulante, observa, al tiempo que ríe de forma desaforada.

  • ¡¿Es un chiste?! ¡Aun después del Colmillo Rayo de Rugido ¿Pretenden seguir luchando?! ¡Aun no lo han entendido ¿Verdad?! ¡Gyarados ya no cuenta con un ataque que afecte a mi Rugido! ¡Es el final para tu…!
Jaimie no termina el discurso de victoria, ya que en ese momento, su pokémon se desploma. Un dolor intenso surge de entre sus costillas, y le cuesta contenerlo. Tanto al pokémon, como a su entrenador les cuesta creer que el ataque de Gyarados, de ese patético Gyarados, le haya causado un daño tan grave, hasta el punto en que su movilidad se comprometa.

  • ¡No puede ser! —clama el West —. Se supone que mi Rugido tiene la defensa más fuerte, ¿Cómo es posible que la Acua Cola de tu Gyarados le haya dado?
El rubio alza la vista y le cuesta creer lo que ve: Al Gyarados con unos ojos tan brillantes como los del entrenador que se encuentra junto a él. Jaimie no puede evitar sentirse…, le cuesta admitirlo: Sentirse Intimidado.

  • Gyarados también disminuye el ataque de su oponente gracias a su intimidación natural. Es por eso que pudo levantarse y atacar... —confiesa —. En cuanto a su ataque…, no subestimes el poder del pokémon que pudo vencer al equipo entero de una líder de gimnasio…*
Jaimie ve a los ojos de Adam, y empieza a notar que su brillo aumenta con cada segundo de batalla que pasa. Son ojos intimidantes, se da cuenta de ello, y es imposible para el no admitirlo.

  • ¡Miserable, niño! —insulta el West —. Tú y tu pokémon no son más que seres débiles y patéticos, condenados a una vida aburrida y destinada al olvido¡¿Quiénes se creen cómo para desafiarme a mí y a mi pokémon?! ¡Patéticos…!
  • ¡Cállate!
  • ¿Qué me calle? ¡¿Cómo te atreves a interrumpirme?!
Gyarados ruge, siendo su rugido contestado de la misma forma por el Pyroar, en el instante que Adam responde a su contendiente:

  • ¡No permitiré que vuelvas a decir que mis pokémon son patéticos! — contesta el entrenador de piel morena — ¡No dejaré que lo hagas! ¡Mis pokémon han estado junto a mí en este viaje! ¡Me han acompañado en muchas ocasiones! ¡Y por los dioses! ¡Que no me hare responsable de lo que ocurra si vuelves a decir una cosa más de ellos! ¡¿Me oyes?!
Ya no es el mismo joven de hace unos minutos. Ni siquiera es el mismo que se enfrentó a Brandon y a su Rockruff, Verano; el niño, desde su escondite así lo advierte. Era como si el Gyarados influyera sobre él en una misteriosa forma desconocida para los West. Incluso el Quilava herido y la Lurantis asustada lo advierten. Solo Jaimie desconoce el cambio, limitándose solamente al muchacho asustado de momentos atrás; al joven en shock que él lanzara al rio.

Jaimie deja de cavilar, no es momento para reflexionar, su pokémon fue dañado, nunca ha sido dañado por otros que no sean sus hermanos mayores; él sabe que ya no hay espacio para contenciones, así que rápidamente le ordena a su pokémon que se levante.

  • ¡Elévate, Rugido, esto no es nada para ti! ¡Levántate ahora!
Ambas criaturas se ponen una frente a otra, heridas, pero a la espera de órdenes, dispuestas a continuar con la lucha, a pesar del daño que recibieron. La disputa para ellos no ha acabado.


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** La dama de los aromas
* Batalla del gimnasio de ciudad Feather

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