Oneshot El último en morir - Especial Halloween 2019

Registrado
28 Ene 2010
Mensajes
444
Todavía mantengo ese olor nauseabundo en la nariz.

El calor del fuego, el aire frío y la risa de Mimi a lo lejos.

El olor a pino, a leña quemada y a muerte. Sobre todo a muerte.

El cielo aquella noche estaba más oscuro de lo normal. Las nubes se habían apoderado de él para tapar a las estrellas, y la luna, aunque grande y majestuosa, parecía más apagada de lo común.

En aquel momento, Tai me tocó el hombro.

–Oye, Matt –su aliento a alcohol me taponó la nariz–. Si tuvieras que matar a alguno de nosotros, ¿a quién matarías?

Arrugué la nariz y bajé la mirada hacia la tierra húmeda. ¿A quién mataría? Qué pregunta tan estúpida. No era algo que pudiese responder así como así.

–A ti, por supuesto.

Tai y los demás se rieron ante mi respuesta.

Si tuviese que elegir, probablemente él fuese el primero. El líder, el más lanzado. El primero que saltaba a favor y en contra de todo y el que siempre impulsó a los demás a seguirle. Al fin y al cabo, el que siempre ha sido el primero en todo.

–Pues yo mataría a Joe –se aventuró TK.

–¿A mí por qué?

–Si te dejo con vida, te pondrías histérico y acabaría por matarte a ti también.

Las risas volvieron.

¿Joe? Él sería fácil. Lo más probable es que terminara suicidándose tarde o temprano, o que, como bien decía TK, se pusiera tan histérico que acabaría matándole de todas formas.

Pero poco importa lo que no es real.

Lo cierto es que Joe no se suicidó aquella noche. Tampoco Tai fue el primero en morir, como me hubiese gustado, y TK no mató a Joe.

Lo cierto es que, minutos más tarde, Tai y yo corríamos a través del bosque, aún con la botella de ron entre las manos. Tai se tropezó y yo continué corriendo sin mirarle. La risa descalabrada de aquella criatura me llegó desde atrás y pude sentir cómo el ambiente se volvía más húmedo, más frío. El olor a leña quemada llegaba desde lejos, pero ni rastro del calor del fuego.

–¡Matt!

En ese momento me detuve. La voz de Tai era tan nítida que me obligó a detenerme sin siquiera pensarlo. Por mi mente ya pasaba, entonces, la imagen de Sora echada hacia detrás, con la espalda arqueada y las cuencas de los ojos revertidas. Cualquiera hubiera jurado que esa noche que, ante la luz de la fogata, su rostro mostraba mejor que nunca la calidez de su espíritu.

Pero ya poco importaba. Lo que importaba era que no había podido soportar esa postura, y que todos entonces se habían levantado y habían comenzado a correr despavoridos.

Esa noche es la más confusa y la más nítida de todas las que he vivido nunca, al mismo tiempo. Los detalles que recuerdo son nítidos, pero hay otros momentos que se retuercen en mi mente y me dejan divagando durante horas para intentar recordarlos con exactitud. La luna se paseaba por el cielo con lentitud y tranquilidad, como si estuviese riéndose de nosotros; Tai había terminado bebiéndose la botella entera de ron justo antes de que esta misma se incrustada en su esófago; la pose de Sora ante la fogata; la risa de aquella criatura y los ojos grises que me miraban desde el fondo.

Pero ya no recuerdo dónde estaban TK e Izzy. Sé que Joe se escondió entre unos matorrales, pero que temblaba tanto que era casi imposible no sentir que estaba ahí. Lo que quisiera que fuera aquello, terminó arrastrándolo hacia el interior del bosque mientras él chillaba desesperado y enterraba los dedos en la tierra mojada, dejando largos caminos marcados hasta que desapareció su rastro. Si Kari no acabó en la hoguera, no sé bien lo que fue de ella. El olor de la carne en la brasa resulta realmente apetitoso, aunque no es lo mismo cuando sabes de dónde viene esa carne.

La risa de Mimi llegó desde alguna parte lejana que no quise conocer. No sabía si había bebido demasiado, si aquel porro que le di a probar le había afectado más de la cuenta o si reía por no llorar, pero no quise acercarme a averiguarlo y nunca más supe de ella. Su risa se mitigó tan repentinamente como la diversión aquel 31 de octubre.

Creo recordar que comenzó a llover. El olor a tierra mojada y a pino se intensificó.

Pero eso no importa.

Todavía mantengo ese olor en la nariz, la piel fría y los pies cansados. El olor a carne y a leña quemadas y ese desagradable olor a muerte continúan estando en el ambiente. No he llegado a mirar el cielo esta noche, porque no importa.

Aquella criatura me mira desde el fondo sin moverse. Solo veo sus ojos grises entre oscuridad. Noto la respiración de alguien en mi nuca y mi piel se estremece de arriba abajo. Quiero darme la vuelta, pero no puedo. Creo que, si dejo de mirar esos ojos grises, moriré.

Y yo no quería ser el último en morir.




Sombra&Luz
 
Arriba Pie