Misión E Elige una profesión | Arata

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Padre Fundador
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―Y recuerden: si es verde, ¡no lo toquen! ―concluyó alegremente el joven Akimichi, dibujando el símbolo de la paz con sus dedos índice y anular. Regaló una gran sonrisa al salón, y todos rieron porque en uno de sus dientes había un pedazo de caraota. El grandulón fingió demencia pero por dentro se sintió avergonzadísimo.
―Muchas gracias, Grazz ―La profesora aplaudió varias veces y el sonido de sus palmas fue el único que se oiría, además de un pedo misterioso. Ella indicó al alumno con gesto incómodo que volviera a su asiento. Luego juntó las manos en un solo aplauso, consiguiendo despertar a los que dormían en la última fila―. Ahora es el turno de Arata.

Todos giraron sus cuellos en dirección al aludido, quien juzgaría este comportamiento como intimidante. Sin embargo, si Arata se hubiera conocido un poquito más a sí mismo, habría entendido que era solo su imaginación. Sus compañeros esperaban que el peso de sus miradas le hiciera entender que debía conducirse con rapidez, en vista de que todos querían salir a un receso.

El joven Kakuzu se puso en pie, haciendo rechinar su silla en el proceso. Se dirigió mecánicamente a la pizarra, repasando el discurso en su mente. Agradeció mil portar una máscara (con diseño de hierro y una expresión malhumorada), como otras veces en el pasado.

Su experiencia en la profesión simulada fue… poco usual. Se les pidió que escogieran una profesión ajena a la ninja para trabajar en ella durante un día, y él había hecho una elección que consiguió poner los pelos de punta a la profesora (esta era una materia optativa y la mujer era una honorable pero impresionable civil). Ser ayudante en la morgue.

¿Por qué había escogido esto? Arata pensó, haciendo gala de su escaso sentido del humor, que aparecía una o dos veces al año (como un padre ausente), que era mejor lidiar con los muertos que con los vivos. Este era un pensamiento ocurrente, pero no el verdadero motivo.

Tal vez…

Se detuvo delante de la pizarra y dio media vuelta, observando hacia arriba de las cabezas de sus compañeros. Era una estrategia para no hacer contacto visual y que su garganta se cerrara. Entonces empezó a hablar.

Elige una profesión ( E )
Para vivir la experiencia de otras profesiones, se les ha asignado la tarea de elegir trabajar por un día en cualquier otra área a excepción de la ninja. Deberán presentarse en el lugar de trabajo que escojan y mostrar la carta permiso que se les ha facilitado a sus superiores directos. Al final contarán su experiencia en la clase.
Objetivos:
-Vivir la experiencia de otra profesión y hacer lo que te indique tu superior.
Datos Extra:
-El trabajo no puede ser uno que haría un adulto, más bien que ponga en peligro su integridad al ser estudiantes.
-Tampoco se vale algo relacionado a hobbies que tengan; debe ser algo nuevo que quisieran intentar, probar, etc.
 

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―¿Estás seguro de esto? ―preguntó el doctor Min Garara, asomando sus ojos escépticos por encima del papel del permiso. Arata asintió y el doctor suspiró pesadamente. Dejó el documento sobre el escritorio y firmó―. No es una experiencia agradable, niño. Es todo lo contrario. Sé que los ninja deben enfrentarse a la muerte, pero a tu edad…
―Estaré bien ―aseguró el enmascarado. El viejo lo estudió durante unos segundos hasta parecer resignado.
―Ponte una bata y sígueme.

El interior de la morgue era un lugar frío e inoloro, muy distinto a lo que uno esperaría de un lugar donde se almacenaban cadáveres. En ese sentido era similar a un hospital, despidiendo esa amarga sensación de convalecencia, multiplicada a la millonésima porque, bueno… ya estaban todos muertos.

Min anduvo por una sección con gavetas metálicas que cubrían las paredes de ambos costados. Kakuzu conocía lo que había al otro lado incluso antes de que el doctor se lo confirmara. Avanzaba a gran velocidad pese a su edad, mientras daba las explicaciones de rigor.

―No encontrarás malos olores. Todos han sido procesados. Tu trabajo será observar, eso será suficiente. Espero no te impactes si ves en una camilla varios cadáveres, no porque los apilemos, sino porque es difícil unir las partes de un cadáver descuartizado, así que técnicamente… Perdona que lo diga con tanta brusquedad, pero uno se acostumbra a cualquier oficio y ya ve los cadáveres como lechugas.

Arata imaginó un cuerpo mutilado, su propio cuerpo. La idea cruzó su cabeza como un pálpito, provocándole una mueca bajo la máscara. Llevó su mano diestra a su hombro izquierdo y lo sujetó, como si temiera que fuera a desprenderse de un momento a otro. Las suturas… cuidado con las suturas. Sintió que las suturas comenzaban a desanudarse y a moverse bajo las cintas. Pero era solo su imaginación.

―No te quedes atrás ―Min se percató de que su pupilo circunstancial se había frenado en seco en medio del pasillo. Éste sufrió un respingo ante el regaño, despertando de su letargo. Sus piernas se habían detenido sin que el cerebro se los ordenara.
―¿Puedo ver una autopsia? ―inquirió. El doctor rio en tres fuertes carcajadas antes de darse cuenta de que el estudiante hablaba en serio. Su boca se quedó pasmada un par de segundos.
―Por supuesto que no ―Y le dio la espalda para seguir avanzando, pensando que Arata era un bicho raro.​
 

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―Los cadáveres están fríos y huelen a algún químico que suprime olores. Sus ojos permanecen cerrados y es mejor así. Si levantas los párpados, verás ojos vacíos. Puede ser aterrador el hecho de que no parecen mirar el más allá o una vida después de la vida, sino la nada. Como si la muerte fuera el fin ―relató Arata, con una constancia y seguridad que dejó a la mayoría boquiabiertos, y a algunos, completamente aterrados. Eran niños, después de todo. La profesora había estado ejerciendo presión sobre un lápiz desde ambos extremos, absorta, hasta que éste cedió, rompiéndose en dos pedazos. Ella soltó un respingo.

Pero el joven Kakuzu no se conformó con observar algo tan mundano como el proceso de recepción y entrega de cadáveres. Después de mucho insistir, Min le permitió asistir a una autopsia sencilla, de un cadáver “en buen estado”. Nada de cabezas giradas para atrás, muertos a puñaladas o caídas sospechosas de un quinto piso (que dejaban al occiso como una araña con las patas para arriba y la lengua fuera).

Se le permitió ver el proceso con una mujer que falleció en el parto. Su semblante era sereno como el de alguien que duerme en paz, quizá porque había dado a luz exitosamente a su hijo. Madres. Arata suspiró. Cuando comenzó la etapa del bisturí, el estudiante sintió que le abrían su propio estómago. Un mal sabor le invadió la boca. Todo se hizo lejano, la habitación parecía empequeñecer en un gran espacio oscuro como una noche sin estrellas, hasta volverse un punto en el horizonte, una estrella débil y parpadeante.

Era él quien estaba sobre la mesa y era su cuerpo el que sufría las incisiones.

Toleró el proceso en un terrible silencio y cuando terminó, era posible decir que incluso su máscara palideció. El doctor Min le dejó irse antes de tiempo, percibiendo que la experiencia había provocado en Arata las consecuencias que en cualquier persona de su edad (o eso pensó). El estudiante lo hizo sin protesto ni palabra (ni siquiera un gracias), pensativo.


―Nos preparan para enfrentarnos a situaciones de vida o muerte, pero observar la muerte, fría, sin solución…
―Gracias, Arata ―La profesora volvió a aplaudir como hiciera antes con Akimichi. Los demás volvieron a ahorrarse los aplausos, pero por razones distintas. Todos estaban estupefactos (la descripción de la autopsia había sido especialmente escabrosa). Por sus bocas podrían colarse moscas sin que se dieran cuenta, y la baba de algunos goteaba a sus anchas―. ¡Es hora del receso!
―¡Pero profesoraaa! ―chilló una niña de coletas, jalándoselas compulsivamente con ambas manos. Sus párpados temblaban―. ¡Es mi turnooo!
―¡En la siguiente clase!
―¡¡¡P-p-profesora!!! ―insistió la niña, a punto de darse cabezazos contra el pupitre.
―¡La siguiente! ―sentenció la autoridad, exasperada.

Cuando Arata abandonó el aula con destino a su habitación, ignoró el hecho de que, tras las masas de estudiantes que transitaban por el pasillo, alguien observaba.
 

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Lo que más llamó la atención fue que abordaras la tarea dejando la experiencia de Arata como el "recuento" delante de sus compañeros y no que la desarrollaras como lo principal en el tiempo. Ha sido interesante, pero deja de lado el darle más valor al acto que debió ser el principal (el trabajar en un lugar fuera del ámbito ninja). También ha dado un buen toque el final, que inspira a que le darás continuidad (sea porque de verdad son tus planes o sea porque solo quisiste provocar esa sensación).

Perdona el retraso con la recompensa.

20 Ryos y 60 XP. Zim Zim
 
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