Oneshot En un día de verano

تالف و مكسور تماما
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Estaba tonteando (en realidad estaba trabajando lol) y salió esto.




¡Qué aburrido!

¿Qué cosa?

Todo.

No todo puede ser aburrido.

Pues este momento entonces.

Yo no me siento aburrida y vivo exactamente en el mismo momento que tú.

La chica que había hablado primero volteó hacia su compañera. Puso quizá un poco más de atención de la necesaria en la piel que sobresalía del breve bikini.

No podemos vivir “exactamente en el mismo momento” —respondió por fin—. Es una imposibilidad física.

Qué cosas dices, claro que no lo es. Estamos aquí tú y yo, ahorita y aquí. Estoy segura de que incluso tenemos sensaciones físicas similares, por ejemplo, calor.

Eso era algo que no podía negar. Hacía calor.

Hace calor.

Si lo de vivir en el mismo momento es una imposibilidad física, entonces también que haga calor lo es, ¿no es verdad? ¿No dices tú eso de que sólo percibimos nuestro entorno porque estamos dentro de este cuerpo y que fuera de él nada de esto existe realmente? No hay tiempo, no sentimos calor, esas cosas.

Bueno sí. Pero da la casualidad de que queramos o no, estamos dentro de un cuerpo y el cuerpo dice que hace calor. Aunque es un asunto de percepción, también es una realidad (para el cuerpo).

Para este cuerpo, ¿no? Bueno, estos cuerpos —hizo un gesto rápido para señalarse y señalar a su amiga—. Aun así, no es una realidad como tal porque a otra persona, quizá a una que viva en una zona mucho más cálida, podría no parecerle que hace calor, incluso podría percibir que hace más bien fresco.

En lugar de responder inmediatamente, se tomó un momento para pensar. Lo que decía era cierto, claro, aunque no quería darle la razón. Si lo hacía, durante el resto del día tendría ese aire arrogante que la molestaba. Además, sabía que se estaba burlando un poco.

¿Te hice enojar?

No.

¿En serio?

De verdad.

Se acercó a ella que, en efecto, no estaba enojada, estaba más bien enfurruñada. Su piel desnuda entró en contacto con la delgada tela de su vestido de playa y eso la obligó a tragar saliva (y, por qué no decirlo, también a olvidar un poco su enfurruñamiento).

¿Sigues pensando que esto es aburrido?

Lentamente, con premeditación, se colocó sobre ella y no le quedó más remedio que recostarse por completo en el pasto.

Nos van a ver —murmuró, ya con los labios de su compañera muy cerca de su cara.

No importa. Además, la cerca es alta.

Igual pueden vernos, los de la casa de atrás tienen un segundo piso y…

La besó y no pudo continuar. Ya no estaba ni enojada ni preocupada ni nada. Sólo podía pensar en el beso y en cómo su amiga se movía casi imperceptiblemente sobre ella.

Vaya, qué calor —dijo cuando dejó de besarla—. Voy por un vaso de limonada, te traeré uno.

Pasmada, tuvo tiempo de ver cómo se puso de pie grácilmente y se encaminó hacia la cocina. Siempre hacía eso y, pensándolo bien, era peor que su actitud arrogante.

Qué cliché eres —susurró.

De cualquier forma, sí se le antojaba la limonada.
 
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