+18 Original Fic Oneshot M/M Esclavo

Tom Grimm

Sir

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5 Sep 2013
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El amanecer lo sorprendió despierto como tantas otras veces.
No podía pensar correctamente. Tau Mbale estaba demasiado preocupado para dormir y demasiado cansado para levantarse. Decidió salir de la cama a pesar de todo. Su vejiga estaba llena y necesitaba vaciarla.
El orinal estaba igual de lleno que él y aún faltaban algunas horas para que los sirvientes vinieran a vaciarlo.
Salió de su habitación y se dirigió apresurado a la de los gemelos. Talib y Taliba tenían la costumbre de dormir hasta el mediodía, si no hacia ruido podría usar su bacinica sin que se dieran cuenta.
Empujó la pesada puerta de madera oscura con toda la suavidad que pudo de modo que los goznes de hierro que la sostenían rechinaran lo menos posible. La habitación estaba a oscuras. Las gruesas cortinas doradas que cubrían las ventanas impedían el paso de total la luz de la mañana. Le tomo un momento a sus ojos de león ajustarse. Vio a su hermano y a su hermana durmiendo profundamente. Se aproximó a la cama de Talib que era la más cercana y vio que su orinal también estaba lleno y con cosas flotando. Tau agradeció que la oscuridad no le permitía distinguir bien que era aunque lo sospechaba. Afortunadamente el orinal de Taliba estaba intacto. Decidió llevárselo para no tener que hacer aguas en ese lugar. No veía del todo bien y no quería que la alfombra que cubría el frío piso de piedra negra se manchara si no lograba atinar el chorro. Se agacho para buscar la bacinica debajo de la cama de Taliba cuando creyó ver una sombra. Se incorporó y rápidamente examinó la habitación. Con un sonoro ronquido vio a Talib rodar de lado y seguir durmiendo. El sueño le había jugado una mala pasada.
Volvió a su habitación con el mismo sigilo con el que la había abandonado y cerró la puerta tras de si. Se disponía a orinar cuando de su nariz le avisó que algo no andaba bien. Su recámara estaba más iluminada que la de los gemelos. Instintivamente buscó el mango de su espada en el cinturón pero recién salía de la cama y estaba desnudo. Alguien estaba con él. Podía olerlo. Un olor familiar, como el de los gemelos pero no era ninguno de ellos había algo más.
—¡Muestrate!— ordenó
Desde detrás de una de las cortinas apareció un gatito. Pequeño, apenas de la mitad del tamaño de Tau. Y negro como la piedra del castillo.
—¿Quién eres?¿Qué haces en mi habitación?
—N-no deje que me lleven. Por favor Su Majestad— el gatito cayó de rodillas sollozando. Cuando Tau se acercó pudo ver los signos del maltrato. Tenía heridas por todo el cuerpo, le faltaba un pedazo de oreja. Tenía un collar tan ajustado que había lastimado su cuello. Tau se preguntaba si podría respirar bien con el. Una correa de cuero cocido se enganchaba al collar con un pesado herraje.
Tau lo observó un momento sin poder creer lo que veía.
—¿Quién te hizo esto?.
La única respuesta del gatito fue desviar la mirada hacia el piso y comenzar a temblar.
—Los gemelos…— sururró Tau
—Hablaré con ellos
—NO! Por favor no. Esclavo no debe hablar de esto. Esclavo no debe contarle a nadie. Esclavo no debe ser virto. Esclavo no existe…— sollozó mientras se agarraba la cola. Solo entonces Tau notó que era más corta de lo normal. La herida en la punta aún no había sanado del todo.
—No permitiré estas atrocidades en mi reino
—NOOOOooo!
El gato se aferró a su pierna. Tau intento liberarse sin éxito. El gato era pequeño pero se agarraba con todas sus fuerzas y finalmente ambos cayeron. Forcejearon en el piso hasta que el león quedo encima. Con un gruñido instintivo lo miró amenazante. Los ojos del gatito le respondieron con terror. Pero no hacia el. La idea de que lo retornara a sus hermanos parecía aterrarlo más que cualquier cosa que Tau pudiera hacerle.
Fué entonces cuando lo sintió. Una fragancia intoxicante que llenaba su nariz. Emanaba del cuerpo del gatito. Tau estaba seguro de que no estaba ahí antes. O tal vez sí. No podía pensar claramente. Un calor inexplicable invadió su cuerpo. Su miembro estaba duro y goteando pre sobre el pelaje del pequeño gato.
El gatito intentó liberarse pero Tau no controlaba su cuerpo que reaccionaba por si mismo.
Lo aferró por el cuello tapándole la boca con su brazo y el pequeño gimió.
—Eres mío ahora si haces un sonido más primero te voy a sofocar y después voy a cogerte. De cualquier forma va a pasar. «¿Qué acabo de decir?»
Estuvo en silencio un momento. El oxigeno en sus pulmones iba agotándose cuando finalmente asintió débilmente mientras dejaba de luchar.
Tau apoyó su miembro entre las nalgas del gatito. Casi llega al orgasmo solo con el roce pero pudo contenerse. Aflojó un poco el brazo para que su víctima pudiera respirar y pudo sentir como temblaba. La verga de Tau hinchada y latiendo chorreaba pre sobre el pequeño culo del gatito deseoso de ser penetrado. Al tocarlo con su glande el gatito gimió sorprendido y Tau supo que no había vuelta atrás. Le apretó la garganta con su brazo para que no gritara y empezó a entrar.
El oyito era diminuto y se resistía a la gorda verga del león, pero a Tau no le importó. Empujó fuerte hasta sentir que sus bolas chocaban contra el culo de pequeño gato que se resistía inútilmente debajo de un cuerpo del doble de su tamaño. A medida que entraba mas y mas dentro del gatito sentía como el estrecho esfínter se cerraba en un intento desesperado por mantenerlo fuera pero eso solo hacía que Tau se excitara más y más. Los gemidos ahogados por el agarre del león llenaban la habitación.
Tau involuntariamente busco el pene de su pequeño esclavo sexual y lo encontró duro como piedra. El muy putito estaba siendo violado por un león del doble de su tamaño y estaba tan firme como él. El gatito gimió y cerró los ojos avergonzado. Pero su culo le dijo a Tau lo que necesitaba saber.
Sacó su grueso miembro casi hasta la punta y con un gruñido lo volvió a meter salvajemente hasta el fondo. Otra vez y otra mas. Con cada embestida apretaba y aflojaba su brazo al azar para oir los gemidos, y sollozos que soltaba el pequeño gato. Y con cada embestida el pre lubricaba más y más el pequeño agujero haciendo que se moviera más fácil, sin embargo no lo hacía mas suelto. Ese culito apretaba con una fuerza que era casi dolorosa. Tau gruñía y gemía con cada embestida.
Con su mano libre aferro el pene del gato. Lo hallo caliente y pulsante. Sabía que estaba cerca. Tau quería que se viniera mientas lo cogía, quería su cuerpo lo traicionara y que viera cuanto estaba disfrutando ser vejado por un león.
Lo aferro de la nuca con sus dientes y volvió a taparle la boca con su brazo. Pudo sentir como luchaba por zafarse para respirar. El culo del gatito le ordeñaba la verga con cada movimiento. Tau sintió como el momento se acercaba y su caliente semen comenzaba a juntarse en su próstata listo para ser disparado. Entonces ocurrió. El culo que era apretado comenzó a latir y estrangular la verga del león a medida que el gatito vaciaba sus bolitas en la fría piedra negra del piso. El espeso semen caliente cubrío la mano de Tau. Instintivamente la llevó a su boca y la lamió. Eso, combinado con el apretón pulsante que sentía fue lo más que el cuerpo del león pudo aguantar y comenzó a llenar el culo del gatito con su leche caliente. Chorro tras chorro parecía que nunca iba a terminar. Finalmente se detuvo y ambos quedaron inmóviles y jadeando en el piso mientras la luz de la mañana llenaba la habitación.
Su vejiga le recordó el motivo por el que fue a la habitación de los gemelos en primer lugar.
Comenzó a retirarse pero sintió un apretón. El culito que antes luchaba desesperadamente por expulsarlo ahora se resistía a dejarlo ir.
Decidió no aguantar más y se dejo ir. El gatito gimió al sentir como su pancita se llenaba con la orina caliente y abundante que se mezclaba con el semen de león en su interior.
Tau durmió hasta tarde ese día y al menos por unas horas todas sus preocupaciones habían desaparecido.
 
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