Fanfic Especial de Noche de Brujas: It-mon

¿Les gustaría que se siguiese la historia?


  • Total de votantes
    6

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
Registrado
31 Ago 2010
Mensajes
2,254
Calificación de reacciones
503
Puntos
900
Buenas noches a todos: como no tenemos moderador y no hay concursos ni nada, decidí subir un pequeño Fic acorde a la temporada. Capaz no sea tan original dada las"tendencias" actuales, pero espero que les guste. Por el momento será un OS, pero dependiendo de mis energías y disponibilidad, capaz lo haga un chiqui más largo para homenajear esta semana.

Disfrútenlo:


PRÓLOGO

“Cuando los digimon son pequeños, tienen todo el futuro por delante, y varios caminos reservados por el destino: pueden vivir gran parte de su vida siendo jóvenes e inocentes; pueden optar por entrenar, evolucionar y volverse más fuertes; pueden acabar siendo presa de digimon más grandes que ellos y serviles de alimento para su propio crecimiento…

O... simplemente desaparecen... y son olvidados.”


______________________________​



Un barquito de plástico



La lluvia caía con fuerza en el pequeño pueblo de Aramillo, en una zona templada del continente Server, lejos del mar, cubierta de una frondosa vegetación y pequeñas colinas. Las calles del pueblo se hallaban desiertas a medida que el viento y la lluvia señoreaban el día e impedían que sus habitantes realizasen sus actividades fuera de sus casas.

En una de aquellas pequeñas casas blancas de tejado de pizarra, un Gaomon sufría de un ataque de tos a causa de su resfriado, consecuencia de aquel clima otoñal tan violento, mientras su “hermano” Gabumon se aburría sentado en un sofá.

— Gaomon, me aburro. ¿Puedo ir a jugar con ese barco de juguete que me regalaste?
— ¿Con esta lluvia, Gabumon? Mejor juguemos cartas o parchís. O espera a… -estornudo- a que… deje de llover. Te mojarás toda la piel.
— Moriré de aburrimiento antes de que eso pase. ¡Vamos!
— Estoy muy… -Gaomon comenzó a toser ininterrumpidamente por veinte segundos- enfermo; necesito un té. Ve tú si… -la tos nuevamente volvió, seguido de dos estornudos- quieres, pero ten cuidado.
— De acuerdo, gracias.
— Habrá algo para comer para cuando vuelvas.

Gabumon abandonó corriendo la sala en busca de su barco para después salir de la casa. A pesar de la intermitente lluvia y las ocasionales ráfagas de viento, se aventuró al exterior sin importar que su piel se empape; sin nadie en las calles, las tenía totalmente para él. Paralelos a las calles había canalones de desagüe normalmente secos, pero que ahora bullían de abundante agua de lluvia como pequeños ríos de fuerte corriente que Gabumon aprovecharía para mover su pequeño barco, de casco rojo, cabina blanca y paletas negras, tenía dentro de sí un mecanismo de engranajes que se movían al girar las paletas: por ese motivo quería aprovechar el agua corriente del canalón y verlo funcionar como un barco de verdad.

Colocó el pequeño barco sobre al superficie del agua y las paletas comenzaron a moverse a causa de la corriente; Gabumon lo siguió a saltos a través de la acera húmeda paralela al canalón. Los chapoteos de sus pisadas sobre el agua eran el único sonido aparte del fuerte viento y la lluvia que caía: de reojo apenas se dio cuenta de que todas las casas estaban con las cortinas extendidas, resguardando su intimidad. Nadie observaba el exterior… o casi nadie.


En una de las pequeñas casas, una Swanmon cargaba té en una tetera frente a la ventana de su sala de estar que daba a la calle, y vio a lo lejos al pequeño Gabumon corriendo tras un pedazo de plástico que se lo llevaba la corriente. ¿Qué hacía ahí? Se preguntaba ¿No sabe que es peligroso correr junto al desagüe? Estaba por gritarle al pequeño travieso para que regrese a su casa cuando olió algo que se quemaba ¡Las galletas! Exclamó, y fue corriendo a la cocina a rescatarlas para su té de la tarde con Babamon.

Babamon por su parte, y pese a la lluvia, se preparaba para salir a la casa de su vecina Swanmon; cuando estaba por salir, se dio cuenta que le faltaba algo. -¡Mi paraguas! ¿Dónde lo habré metido?- Se preguntó -Mi vejez juega en mi contra-. Y fue a buscarlo.

Si hubiera salido justo en ese momento, se hubiera topado con un pequeño Gabumon corriendo por la acera enfrente de su casa.


______________________________​


Gabumon se divertía tanto siguiendo con su barco que acabó distrayéndose y darse un tope con un poste de luz; tras ponerse de pie lo perdió de vista y siguió la corriente sin saber a donde llevaba el canalón. El agua acabó dirigiéndolo a una bifurcación que llevaba a un rincón más deshabitado del pueblo, que lucía más como un pequeño parque: a lo lejos, vía una pequeña mancha blanca que contrastaba con el verde de la vegetación y el gris del sueño embarrado… y entre los arbustos, lo que creyó era algo rojo y brillante, flotando.

Corrió hacia su barco hasta llegar a una alcantarilla circular con tapa de reja donde el agua caía, pero su barco permaneció allí, como esperándolo. A pocos pasos de alcanzarlo, se detuvo: frente a él había alguien tras los arbustos: alguien grande y con brillantes ojos rojos.

Al principio se paralizó de miedo: podría ser un digimon salvaje en busca de una presa, y lo primero que se le vino a la mente era un Devidramon hambriento. Cuando la figura salió de su escondite, se tranquilizó; no era algo temible sino todo lo contrario: un Monzaemon común y corriente con un manojo de globos de varios colores en su mano derecha, un collarín de tela blanca a lo largo del cuello y una pajarita roja sobre el pecho.

— Hola, Gabumon. -preguntó el oso de peluche amarillo en tono alegre-
— Ho... hola.
— ¿Es ese tu barco? -preguntó, señalando con su mano izquierda- Es muy bonito.
— Si, lo es. -respondió tímido y aún inseguro al momento de recogerlo sin apartar su mirada del oso- Me… lo regaló mi hermano Gaomon.
— Oh… ¿Y dónde está?
— En casa; está enfermo: por eso no vino a jugar conmigo.
— Qué pena… -respondió afligido- Es triste que alguien tan bueno como tu hermano no pueda divertirse contigo. -desvió momentáneamente su mirada a la derecha- Un globo podría animarlo un poco, ¿No quieres uno también, Gabumon?
— Pe… pero…
— ¿No lo quieres? Puedes escoger los colores que quieras con toda libertad, amiguito.
— No… no debería: no es correcto aceptar regalos de extraños.
— Muy cierto: eres un niño muy obediente. -asintió el oso- Así que para resolverlo, nos presentaremos formalmente: Gabumon, yo soy Monzaemon, el alcalde de la Ciudad del Juguete; Monzaemon, te presento a Gabumon, el dueño del barco maravilloso. Ya nos hemos presentado y por tanto no somos desconocidos. ¿No crees?
— Su… supongo. -Gabumon se prestaba a tomar dos de los globos, pero una voz de su consciencia le decía que se alejara, ¿Por qué? Si eran tan lindos y Monzaemon era muy amable- Entonces… ¿Puedo tomar dos globos?
— ¡Sí! Y si los cuidas bien, podrás llevarlos como entrada a mi Ciudad del Juguete, donde tú y tu hermano se divertirán con los dulces, juegos y sorpresas hasta flotar de la emoción.
— ¿Y hay más digimon?
— Oh, si… Muchos más. Y todos flotan de felicidad, Gabumon. Todos flotan…

Gabumon obvió lo último que dijo; capaz por haberse distraído con los globos de brillantes colores que tenía enfrente, o por la lluvia y el viento que continuaban agitando el ambiente. Esa vocecita que le decía, casi imploraba, que corriera de allí y se refugiara en su casa, se difuminaba cada vez más hasta hacerse inaudible mientras aquellos globos coloridos captaban todos sus sentidos, haciéndolo olvidar el aroma de la lluvia, la tierra y la vegetación húmeda, reemplazados por el dulce olor de golosinas, bocadillos fritos, música de feria, risa de niños ¿De dónde venía eso? ¿Era real?

Apenas tomó dos de los globos, sintió como los cordeles de éstos se enrollaban a su brazo, apretando tan fuertemente que éste comenzó a sangrar: Gabumon comenzó a gritar de horror al sentir que podría acabar perdiéndolo; por segundos se olvidó de que Monzaemon estaba allí, pero no tardó en volver a verlo como observaba atento, sin inmutarse, y hasta parecía estar disfrutándolo.

El globo azul comenzó a inflarse cada vez más hasta que el cordel de por sí desapareció, quedando Gabumon atrapado dentro del globo, llorando y gritando sin parar con las fuerzas que le quedaban y con el brazo izquierdo sangrando a borbotones, manchando por completo su piel. Desde el interior del globo observaba como Monzaemon se quedaba allí quieto, mirándolo fijamente, ya no como el tierno oso de peluche de antes, sino con una miraba mucho más aterradora que la de cualquier Devidramon salvaje que haya visto antes: sus ojos rojos brillaban intensamente, y de su vientre surgía una especie de cicatriz que lucía como una cremallera que se abría… pero los dientes de la misma eran eso precisamente: dientes, y sumamente afilados que se abrían y cerraban constantemente como la de una bestia hambrienta. En los pocos segundos que pudo ver esa especie de “boca” lo suficientemente abierta, creyó ver una luz anaranjada.

Debió haber escuchado a su conciencia antes: ahora era tarde.

— Todos flotan, Gabumon… -dijo esta vez el sonriente Monzaemon con una voz rasposa, casi gutural, bestial y siniestra, que definitivamente, el pequeño digimon ya no creía que fuese lo que aparentaba ser- Y tú también flotarás.

El globo azul descendió hasta la tapa de la alcantarilla, atravesándola sin problemas pese a la reja, y que el globo era mucho más grande que la abertura: antes de desaparecer en la oscuridad del desagüe, Gabumon lanzó un último grito de ayuda a su hermano Gaomon, un grito que fue ahogado por el fuerte viento y la lluvia torrencial.

La lluvia se encargaría también de borrar el charco de sangre dejado por Gabumon, escurriéndola por la alcantarilla, quedando sólo el pequeño barco de plástico como único testigo, pero ni este se quedaría por mucho tiempo: segundos después de que Gabumon desapareciera, “algo” levantó la tapa de la alcantarilla y tomó el barco para llevárselo por el desagüe.


______________________________​


No muy lejos de allí, mientras Gaomon creía haber oído algo extraño afuera sin prestarle mucha atención, Babamon ya había encontrado su paraguas y había acudido a la reunión de té de su amiga y vecina Swanmon, quien la recibí gustosamente.

— Que lluvia tan terrible. -dijo la anciana mientras le pasaba su paraguas a Swanmon, quien la colocó en un jarrón junto a la puerta- Espero que amaine pronto.
— Yo también lo espero; es muy peligroso salir con este clima. A veces me pregunto por qué te animaste a venir.
— ¿Y perderme el té de la tarde con mi amiga? ¡Bah!
— Entonces, pasa, amiga, pas… -Swanmon se quedó callada; Babamon la miró extrañada, parecía petrificada- ba… Ba…
— ¿Qué te pasa, querida?
— Mira, allá…

Babamon volteó detrás en la dirección que apuntaba su amiga con su ala, y al descubrir el motivo de su reacción, pudo comprenderlo: a lo lejos, sobre las copas de los árboles, flotaba un solitario globo rojo con un cordel. A pesar del fuerte viento y de la lluvia, el globo permanecía inmóvil, inmutable, como si el clima no lo afectara en lo más mínimo.

— Mejor entremos. -dijo bruscamente Babamon tras dar la espalda a aquella visión- Afuera está horrible.
— S... Sí, tienes razón. -contestó la ave plateada tras cerrar la puerta- Estaba oyendo la radio antes de que llegaras, ¿Quieres oírla conmigo mientras tomamos el té?
— Por supuesto.

Pasó una hora hasta que la lluvia hubiera amainado de manera que Babamon pudiera irse sin mayores peligros de vuelta a su casa: al momento de despedirse, ella y Swanmon vieron a lo lejos a un Gaomon caminando bajo la lluvia con un paraguas amarillo como si buscara a alguien. La digimon ave por un momento estuvo por llamarle la atención, pero a los pocos segundos se abstuvo, ¿Por qué? Ta vez no era el momento.

Cuando regresó a la comodidad de su hogar, en la radio pasaron una noticia importante: Los Demon Lord habían escapado para conquistar el Digimundo, y los Caballeros Reales se disponían a detenerlos.


______________________________​


Gaomon siguió buscando a Gabumon aquella tarde hasta horas de la noche, y al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, pero no lo volvió a ver jamás.

Nunca lo hallará, pues él ahora estaba aquí flotando conmigo; todos flotan…

Y tú también flotarás…


 
Última edición:

Digimon Tamer/Pokemon Trainer/Tensaigakure Shinobi
Registrado
28 Mar 2009
Mensajes
10,501
Calificación de reacciones
2,751
Puntos
1,550
Hermoso. Recuerdo cuando me comentaste la idea en FB y veo que cambio bastante respecto al cast xD decidiste usar digimon en lugar de a los humanos.
 

Jandie

Nagini
Registrado
12 Jul 2017
Mensajes
2,810
Calificación de reacciones
1,372
Puntos
950
No manches que si estuvo buenísimo especialmente me llamo la atención la mencion de IT, es una pena que no hubiera moderador aqui creo que esta historia hubiese ganado.
Al final Gabumon quedará en el olvido y como una anécdota...
 
Registrado
6 May 2010
Mensajes
1,013
Calificación de reacciones
254
Puntos
500
Por suerte fue un capitulo corto y pude leerlo rapido.
Se nota que It te obsesionó recientemente.XD La verdad no conozco esta peli asi que me basare solo por lo que lei.

Me gustó la manera en que lo redactaste. Fue muy interesante el argumento de "todos flotan" que encajó bien con Monzaemon.
Lo que si me sorprendió fue que siendo tan propenso a poner fondos de musica en tus otros fics, no lo hayas hecho en este, pense que pondrias un fondo a la mitad o al final, pero eso no le resta calidad a este Oneshot. O quiza sea algo mas extenso.

Parece que ya todos se olvidaron de las festividades en este subforo de fics. En fin. Al menos alguien todavia tiene espiritu festivo.XD

Saludos.
 
  • Me gusta
Reacciones: ElohimEditor

alexandermon

Templario escritor, con poco temple para escribir.
Registrado
2 Sep 2012
Mensajes
154
Calificación de reacciones
65
Puntos
300
Simple, entretenido, haciendo referencia a una de las icónicas escenas de las películas de miedo, y muy bien adaptado el digimon y como se vería de colocarle el rol de Pennywise.

Buen aporte para la temporada. ¡Está muy bueno Elohim!


PD: Dada que es una adaptación, yo diría que se quede como OS. Adaptar todo el argumento requeriría el pensar muchos personajes, sus roles en el fic, y como adaptar el terror de It al digimundo, que pensándolo bien, podría hacerse y funcionar. Pero creo que el impacto es mejor si solo lo dejamos en este capítulo, cobre la idea general muy bien. A menos que creas que el siguiente puede ser incluso mejor...
 
  • Me gusta
Reacciones: ElohimEditor

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
Registrado
31 Ago 2010
Mensajes
2,254
Calificación de reacciones
503
Puntos
900
Buenas noches a todos: como conmemoración a la Noche de Brujas (perdonen la demora), decidí subir otro cap de esta historia. Si bien no es del todo lineal, está claramente relacionado con el primero. Antes que nada, me quiero disculpar por no actualizar nada -pero NADA- en este tiempo: he estado muy ocupado con mi trabajo, mis cursos y últimamente paso por un problema familiar que ocupa parte de mi tiempo.

Cito a:

Luigi,
Nagini
J.M.
alexandermon

Y cualquier otro lector interesado.



Sin nada más que decir, disfrútenlo:



Lluvia


Un verdadero diluvio se cernía allá fuera: gruesas gotas transparentes se deslizaban lentamente sobre las ventanas empañándolas; afuera, la cortina de agua difuminaba completamente las formas, haciéndolas imposibles de identificar, y desdibujando el horizonte, fusionándolo con el cielo grisáceo y cubierto de nubes cuyo contenido parecía que no dejarìan de desagotar. Era una de esas tardes lluviosas que a primera vista, invitaba a quedarse en casa, a resguardarse junto a la chimenea, bajo unas cobijas, o simplemente a tomar una taza de té o chocolate caliente; estos sencillos lujos sin embargo, no estaban disponibles para un Caballero Real.

Dynasmon hacía su ronda de vigilancia por los pasillos periféricos del Castillo Kernel, cuyas ventanas permitían una perfecta vista de aquel magistral fenómeno meteorológico, pero sus ojos rojizos permanecían fijos en el camino, distantes e indiferentes. Sus lentos y constantes pasos se mantenían apartados de las ventanas, donde las gotas de agua acompañadas de una fría brisa, lograban ingresar gracias a que alguno de sus compañeros o algún descuidado Knightmon dejó abierta alguna de ellas para ventilar naturalmente aquellos ahora sombríos pasillos. Dynasmon suspiró, asintiendo en silencio mientras se formulaba a quienes recriminar tan pequeño descuido.

En su recorrido acabó topándose con un viejo conocido, recostado contra la pared y de brazos cruzados, con una mirada vacía enclavada hacia la ventana, observando la lluvia. Lo conocía prácticamente desde que nacieron y compartieron toda su vida juntos en compañía de sus demás compañeros. Solía ser alegre y optimista, siempre con una sonrisa y algún que otro comentario cargado de ironía en la manga.

Ahora, tras verlo allí apoyándose en la pared, no lo reconocía: frio, distante….

— Buenas tardes, UlforceV-dramon.
— ¿Huh? -los ojos de Ulforce se desviaron ligeramente para ver a su camarada; ni siquiera giro la cabeza para mirarlo de frente- Ah. Hola, Dynasmon. Haces tu ronda, supongo.
— Sí. -Dynasmon mantuvo silencio unos segundos antes de continuar- Ehm… ¿Estás bien?
— ¿Por qué lo dices?
— Es que… estás aquí… sólo. Viendo la lluvia.
— No encontraba nada mejor que hacer. -contestó sin mirar a su amigo- Los demás o están en sus habitaciones o en el Salón de Recreo.
— Esta lluvia es muy intensa, ¿Verdad? Además, no hemos tenido ninguna batalla importante en años.
— Así es. -entonces fue Ulforce quien mantuvo silencio un momento para después continuar- He oído que esta lluvia cae en casi todo el Digimundo. ¿No te parece curioso?
— Espero que al Señor Yggdrasil no se le pase por la cabeza causar un Diluvio Universal.
— Lo dudo.

Dynasmon desvió su mirada hacia la ventana, y observó la lluvia que caía sin cesar; a primera vista no tenía nada de inusual. De vez en cuando llovía en el Castillo Kernel. ¿Pero que caiga semejante lluvia de manera constante y en casi todo el Digimundo? ¿No era eso algo bastante anormal? ¿Algo que obligue a Yggdrasil a hacer investigar a los Caballeros Reales en caso de tratarse de algún digimon maligno u otra amenaza? ¿Por qué UlforceV-dramon lo tomaba tan a la ligera? O mejor aún… ¿Qué pasaba con él ese día?

Entonces se enfocó en la lluvia que caía. Había algo en ella que lo intrigaba, lo incomodaba… Una repentina brisa cargada de minúsculas gotitas se hizo presente y lo hizo retroceder unos metros, sorprendiéndolo.

— ¡Esos malditos Knightmon! -gruñó el Wyvern- ¿Que no saben cerrar las ventanas en días de lluvia? Parece que a esos enanos les gusta limpiar.
— Cuesta creer que antes los enanos éramos nosotros, ¿No, Dynasmon?
— Si… tienes razón. -Dynasmon recordó breves pasajes de su infancia- Yggdrasil les encargó cuidarnos cuando éramos niños; después cuando crecimos, acabamos dándoles órdenes nosotros. Nunca lo había pensado.
— Eras un niño muy travieso, “velita”
— ¡No me digas así! -gruñó el Wyvern, aunque sin enojarse demasiado; a su amigo Ulforce se lo podía perdonar usar ese apodo con él- Odio recordar cuando era débil.
— Y el motivo de que le tengas miedo al agua.

Esa pregunta caló como una corriente gélida por la espalda de Dynasmon. No es que estuviese mintiendo del todo, pero era algo que trataba de ocultar en todo momento pues era sumamente vergonzoso. Tampoco era que lo demostrara demasiado, pero esa astilla de incomodidad, de desconfianza, de… miedo. Estaba allí.

Por supuesto, había una explicación razonable para ello.

— Sabes que cuando era un Candlemon, debía de tener mucho cuidado con mi llama o moriría. Detestaba esa debilidad mía, que impedía poder hacer tantas cosas con ustedes. Una limitación odiosa que por fin he superado.
— ¿Será…? -Ulforce por vez primera, miró brevemente a Dynasmon cara a cara, y permaneció así por un par de segundos hasta volver la vista hacia la ventana-
— Amigo, ¿Estás bien? Me preocupas: no te ves como siempre. Ven; caminemos un rato. Y si quieres decirme algo, te escucharé.
— Gracias. Pero quisiera estar solo un momento.
— De acuerdo. Hablaremos después.

El Wyvern siguió con su ronda, al principio sin sacar la mirada de UlforceV-dramon, y después volviéndola al camino. ¿Qué pasaba con él ese día? Algo no andaba bien. Y no sólo era UlforceV-dramon: esa lluvia ahora le parecía demasiado anormal, incesante e intensa. Sin darse cuenta, el silencio acabó dominando el pasillo, sólo interrumpido por el constante caer de la lluvia, el golpeteo de las gotitas contra la ventana y el ruido del agua fluyendo por los desagües del exterior.

Volvió a voltear hacia la ventana y mirar el exterior: una impenetrable cortina de agua difuminaba cualquier definición de paisaje. Un campo con grandes manchones verdosos de fondo, seguramente árboles o arbustos, un cielo completamente gris. Y allá en una colina solitaria, un gran árbol bajo el cual estaba… ¿Qué?

Sus ojos enfocaron con más ímpetu a lo que había captado su atención: una especie de manchón amarillento con toques blancos. Apenas percibió una manchita roja en el medio y… otras dos más pequeñas. ¿Tenía una cabeza con ojos? Había algo junto a esa mancha amarilla, a su alrededor: algo rojo.

¿Era alguna clase de digimon? ¿Quién estaría afuera con semejante lluvia?

“¿Por qué le temes al agua, Dynasmon?”


______________________________​


— ¡Ay, no! Olvidé mi juguete. Debí de dejarlo en la laguna.
— ¿Por qué no le dices a algún Knightmon que vaya a buscarlo, Candlemon?
— No, V-mon. Se enojarán conmigo; mejor voy a buscarlo yo. ¿Me acompañas?
— Eh, no. Voy a cubrir tu ausencia.
— Está bien. No me tardo.


______________________________​


Debo de estar viendo cosas. -se dijo- Nadie querría estar allí afuera con tanta lluvia.


______________________________​


Candlemon se adentró al bosque siguiendo el sendero que llevaba a la laguna donde habían ido a pasar la mañana; como era un camino bastante frecuentado, estaba libre de maleza, musgo o piedras que estorbaran en el camino, por lo que resultaba más que conveniente, ya que el digimon se desplazaba dando saltitos con su único pie.

A pesar de ser mediodía, el espesor de las copas de los árboles bloqueaba el sol ubicado en el cenit, dotándolo de un ambiente más sombrío de lo normal; eso también explicaba la poca o nula brisa de la tarde. Pero a medida que se adentraba más y más, sentía que algo no andaba bien: el sendero solía ser bastante corto, mas en esa ocasión lo sentía mucho más extenso. Así también, no se oía ruido alguno: el chirrido de las cigarras, el cantar de los pájaros, el aletear de los insectos. Había un silencio tan profundo e inquietante que Candlemon juraba poder oír el crujido de las hojas al caer sobre el suelo. La naturaleza entera había enmudecido, y el joven digimon no sabía por qué.

Candlemon…


______________________________​


Dynasmon…

El Caballero Real sufrió un ligero sobresalto al escuchar su nombre. ¿Quién lo estaba llamando? No sonaba a nadie conocido, y los Knightmon solían ser bastante callados. Creyó que provenía desde afuera, pero con semejante lluvia sería imposible; no es que a un digimon lo afecte la lluvia, pero no se imaginaba a nadie afuera con semejante diluvio.

Por mera formalidad, volteó hacia las ventanas y despejar sus dudas.

Entonces lo vio.


______________________________​


Candlemon pensó que podría tratarse de V-mon, o de alguno de sus compañeros; incluso de alguno de los Knightmon al percatarse que se había separado del grupo. Pero la voz que lo llamaba sonaba bastante diferente a cualquiera que conociera.

O capaz, de los nervios que pasaba y la ansiedad por encontrar el dichoso juguete que había olvidado, oía voces en su cabeza que parecían reales.

Eso debía ser.

— ¡La laguna! Por fin.

Un espejo de agua de modesto tamaño, bordeado de una modesta playa de arena fina y césped, y rodeado del espeso bosque, le daba la bienvenida. Allí los rayos del sol daban con plenitud sobre el agua convirtiendo la laguna en un auténtico reflector. Candlemon no quiso perder tiempo en contemplar uno de sus lugares de recreo y fue directo a donde habían estado horas atrás.

Cuando le faltaban aproximadamente veinte metros para llegar, vio algo que le llamó la atención. Sobre un pequeño tómbolo de arena que no recordaba antes, estaba su juguete olvidado: un par de dados de colores que le habían regalado en su último cumpleaños; cuando los lanzaba y daba en pares, se encendían unas luces. Candlemon lo usaba junto a sus amigos para los juegos de mesa o meramente para pasar el rato.

Y sobre ellos, flotaba el objeto más insólito de todos.

Un globo rojo.


______________________________​


¿Qué hace ese globo allí?

Dynasmon quedó perplejo cuando lo vio allí afuera, a menos de un metro de la ventana: todo rojo y con la forma de la cabeza de un oso de peluche sonriente. Normalmente, el viento y la lluvia lo hubieran arrastrado consigo, haciéndolo revolotear en el aire, y golpeándolo con sus intermitentes gotas, llevándolo más y más lejos. Pero el globo estaba allí, inmóvil, indiferente a los elementos, flotando.

¿A alguno de sus compañeros se le había ocurrido hacer una fiesta, decorado el Salón de Eventos y uno de los globos se escapó por la ventana hasta llegar a él? Era la única teoría razonable que se le venía a la cabeza, pero había más argumentos en contra que a favor: era un globo de diseño demasiado infantil para una fiesta de adultos con más de diez mil años de edad; el recorrido que tenía que hacer el globo era algo complicado como para que llegara solo, y más con semejante clima; sus compañeros no eran de los que hacían fiestas, y menos de temática tan… inmadura. Y a eso se le sumaba el anómalo comportamiento del globo respecto al mundo exterior.

Volvió a darle un vistazo, ya estando él al borde de la ventana abierta, que dejaba entrar una suave cortinilla de lluvia. Era mediano, poco más pequeño que su cabeza, tenía la forma de la cabeza de un Monzaemon como el que gobernaba la Ciudad del Juguete. Algunas gotas de agua corrían sobre su curva superficie en señal de estar expuesto a la lluvia, pero asumió que debería de estar más húmedo que eso.

¿Quieres un globo, Dynasmon? Todos flotan…

Y sin embargo, había algo más. Algo en ese globo le resultaba extrañamente… familiar, como si ya lo hubiera visto antes. ¿Había visitado antes la Ciudad del Juguete? Posiblemente: en MUY raras ocasiones, Yggdrasil los obligaba a hacer labores sociales, y en una que otra ocasión, habían ido a la Ciudad del Juguete para conocer a los niños digimon. Y cuando era niño, hace más de diez milenios, la había visitado junto a sus amigos en compañía de los Knightmon; el Monzaemon no era el mismo, pero seguro era antepasado del actual.

De todos modos, era imposible que el globo haya hecho el inmenso recorrido entre la Ciudad del Juguete y el Castillo Kernel por sí solo, y más con esta lluvia; y Monzaemon no tenía razones para venir aquí.

Ten… tómalo. Sabes que lo quieres, Dynasmon.

Abrió la ventana lo más que pudo, dejando entrar aún más lluvia y viento al interior: minúsculas gotitas salpicaban su rostro. La ventana era lo suficientemente grande para sacar su brazo, pero no el resto de su cuerpo -no a menos que destroce la ventana y la pared-, así que lo estiró lo más que pudo para poder tomarlo. El globo permanecía allí inmóvil, indiferente a todo, como si lo estuviese esperando.

Tómalo: Es tuyo.

Abrió la ventana lo más que pudo, dejando entrar aún más lluvia y viento al interior: minúsculas gotitas salpicaban su rostro. La ventana era lo suficientemente grande para sacar su brazo, pero no el resto de su cuerpo -no a menos que destroce la ventana y la pared-, así que lo estiró lo más que pudo para poder tomarlo. El globo permanecía allí inmóvil, indiferente a todo, como si lo estuviese esperando.

Sus dedos estaban a pocos centímetros del cordel blanco: casi podía tocarlo. Un poco más y lo tomaba y…


______________________________​


Todo ocurrió demasiado rápido apenas tomó el globo: el agua se levantó como una masa amorfa, lo encerró en una burbuja y lo arrastró a la laguna. Candlemon se vio repentinamente rodeado de agua, aprisionado en una burbuja de consistencia vítrea, y de la que se filtraba lenta pero inexorablemente el agua de la laguna a cuyo fondo su acuática prisión parecía hundirse. El digimon vela no paraba de gritar, golpear la burbuja y pedir auxilio a quien sea que estuviera cerca.

El agua la cubría su único pie y no paraba de entrar más: dentro de poco, quedaría cubierto por completo, su llama se apagaría y moriría sin remedio. Miró al fondo de la laguna, y se sorprendió de lo profunda que parecía ser. ¿Acaso no era una laguna de menos de tres metros de profundidad? Veía hacia abajo y creía estar cayendo al fondo del océano profundo y oscuro.

Entonces vio algo en medio del agua: dos luceros rojizos deslizándose con la elegancia, velocidad y voracidad de una criatura marina desconocida cuyo cuerpo no podía distinguir por la oscuridad. No tardó en darse cuenta de la verdadera naturaleza de aquella criatura acechadora: apenas la veía porque su cuerpo, o bien se camuflaba con el agua… o era el agua misma.

La criatura se abalanzó sobre la prisión de Candlemon y mordió la burbuja con sus enormes y afilados dientes de apariencia vítrea, semejante al hielo. La burbuja, como si de vidrio se tratara, comenzó a presentar fisuras por las que entraba el agua lenta e inexorablemente. La desesperación de Candlemon ante lo que parecía su inminente muerte se incrementaba cada segundo; la criatura acuática volvió a atacar, ocasionando más fisuras. Del fondo del agua ascendían cientos de pequeñas burbujas de aire, que al tocar aquella prisión acuática del digimon de fuego, éste juraba oír voces como de niños: una mezcla espeluznante de risas burlonas, cantos infantiles y llantos desgarradores que lo dejaban horrorizado.

Todos flotamos aquí abajo, Candlemon.
¡¿QUIÉNES SON?! ¡¡POR FAVOR DÉJENME VIVIR!!
Queremos conocerte…
¡¡AUXILIO!! ¡¡YGGDRASIL!!
Todos flotamos aquí abajo…


______________________________​


Y cuando tú estés aquí conmigo, VELITA… Tú también flotarás.

No sabía lo que le había pasado, pero Dynasmon sufrió un sobresalto tal que acabó cayéndose de espaldas contra una puerta, frotándose las sienes, cubriéndose los ojos y gritando horrorizado de algo que no llegaba a definir bien. Momentáneamente no llegaba a sentirse el mismo; se veía y sentía pequeño, frágil, indefenso, desorientado, y por sobre todo, aterrado. Era confuso para él definir si seguía dentro del Castillo Kernel de los Caballeros Reales, o en otro sitio: uno que llevaba años sin visitar, pero que instintivamente, trataba de evitar.

Ahora sabía, o más bien creía, el POR QUÉ.

Había demasiada oscuridad, y era imposible distinguir nada. Excepto por una figura pequeña, aparentemente tan confundida y asustada como él. Y que conocía perfectamente.

Por primera vez, tal vez en toda su vida, Dynasmon sentía una conmoción tal que estaba al borde de las lágrimas.

— ¿Quién… ¿Quién eres tú?
— Y…yo… yo soy… Dynasmon.
— ¿Dynasmon? -alzo la vista el pequeño digimon- ¿Y quién eres?
— Yo… yo soy… Yo soy tú.

Ahora que tenía a Candlemon de frente, que al parecer lucía tan impresionado como debía de estar él mismo, Dynasmon se percató de cuanto había crecido en los últimos diez mil años: ante él, había alguien tan frágil, tan débil, tan… risible si se podía decir; todo lo que Dynasmon no era. Él era grande, fuerte, respetado por sus compañeros, temido por sus enemigos.

Cuánto había cambiado…

— ¿Yo soy tú? ¿Yo seré alguien fuerte?
— Cl… Claro, lo serás. -le contestó; Dynasmon no creía el hecho de que incluso él dudaba de sus palabras- Yo soy la prueba.
— ¿Entonces, lo podrás derrotar?
— ¿A quién te refieres?
— ¿No lo recuerdas? Al que casi me ahogó, al que se burló muy cruel de mí. -Candlemon acabó abrazando la pierna de Dynasmon- ¿Es que no lo recuerdas?
— Yo… yo… Creo que…
— Tengo que cuidarme. Ti... ti... tienes que cuidarte.
— ¿Pero de quién? -Dynasmon no se resintió y se puso de rodillas apara abrazarlo y hacerlo sentir seguro- Yo te protegeré.
— Juega con nosotros, nos tortura, nos caza. Siempre lo hizo; siempre lo hace; siempre lo hará.
— ¿A quién te refieres?
— Eso.


______________________________​


Cuando abrió los ojos, tuvo una visión anacrónica; inicialmente y por breves instantes, vio a un V-mon visiblemente preocupado que esbozó una sonrisa al verlo despertar; esa escena pasó como un relámpago, y dio lugar a un UlforceV-dramon visiblemente atónito y… ¿Indignado quizás?

— ¿Qué haces ahí?

Desviando un poco la mirada hacia su amigo, observó hacia la ventana: seguía abierta, afuera seguía lloviendo, y el globo rojo ya no estaba allí.

El Caballero Azul se puso frente a él, lanzándole una mirada más seria de la que recordaba. No le gustaba ser ignorado

— U… UlforceV-dramon. Yo… yo me.
— Parece que sufriste un susto. -Dynasmon se sintió avergonzado; mostrar temor era algo que despreciaba- Oí tus gritos a lo lejos. ¿Acaso viste algo?
— Eh… No, no vi nada. Sólo… recordé algo.
— ¿Qué fue lo que recordaste? -Dynasmon al oír aquella pregunta, se preguntaba si Ulforce lo hacía por mera amabilidad, una formalidad, o por algún tipo de curiosidad-
— Algo desagradable; no es relevante. Descuida.
— Bien. -asintió, extendiendo su mano para ayudarlo a levantarse; Dynasmon aceptó la ayuda y se puso de pie sin problema- Entonces no perdamos tiempo; hay trabajo por hacer.
— UlforceV-dramon.
— ¿Sí?

Por el tono de voz, era claro que Ulforce se estaba impacientando ligeramente; si bien Dynasmon era su amigo, hacer esperar a Yggdrasil no era nada recomendable. Por su parte, el Wyvern no sabía si preguntarle al Caballeo Azul o dejar el asunto de lado. ¿Lo tildaría de loco, de irresponsable? Tenía que saberlo.

— ¿Recuerdas esa laguna a la que íbamos cuando éramos niños?
— Si, la recuerdo. Está en las tierras del castillo, a varios kilómetros de aquí; los Knightmon nos llevaban allí a jugar antes de almorzar en nuestros paseos semanales. Lo pasábamos muy bien. ¿A qué va la pregunta?
— Tú mencionaste el motivo de que le tenía… miedo al agua.
— Tienes. -corrigió Ulforce automáticamente; el Wyvern lanzó un bufido, pero no le reclamó a su amigo que lo tilde de miedoso. Al menos no por ahora- Sí, creo que lo mencioné.
— Creo… creo que recordé por qué. Tú me encontraste en la orilla, ¿No es así?
— Nos preocupamos de que te demoraras tanto, así que fui a buscarte. Me asusté al verte desmayado en la orilla, y aparentemente mojado; corrí de inmediato a buscar ayuda con uno de los Knightmon, y volvimos a socorrerte.
— ¿Estaba empapado?
— Pero tu llama seguía ardiendo como si nada; eso nos sorprendió y alegró a la vez. Cuando recobraste la conciencia, gritaste como loco diciendo algo de un monstruo o algo así.
Entonces… no fue un sueño. Fue real…
— Claro que acabamos creyendo que simplemente viste algún digimon muy grande y te asustaste. Es normal: éramos muy pequeños entonces. Y ahora que lo pienso, nunca encontramos el juguete que fuiste a buscar.

¿Habrá sido un digimon como decía su amigo? Dynasmon estaba seguro que Ulforce lo decía con toda sinceridad, pues no hallaba otra explicación. Pero algo dentro suyo le decía que había algo más complejo detrás de todo el asunto. Tal vez el más grave era… ¿Por qué no lo recordaba… hasta ahora?

— Dijiste que había trabajo. ¿Ha sucedido algo?
— Los Demon Lords han escapado; el Señor Yggdrasil nos ha ordenado buscarlos para encerrarlos en el Área Oscura. Pero primero quiere que nos reunamos con él para recibir instrucciones.
— Entonces vamos. No podemos dejar que esos malditos disfruten de una libertad que no merecen.
— Dynasmon.
— ¿Si, Ulforce?
— Cierra esa puerta, por favor.

Dicho esto, de una manera sumamente fría y dándole la espalda, UlforceV-dramon dejo a su amigo solo para no hacer esperar a su Señor. Dynasmon seguía sin entender qué estaba pasando con su amigo ese día; ni siquiera podía comprender qué había pasado con él minutos atrás. ¿Había sido un sueño? ¿Una alucinación? ¿Un recuerdo? ¿O las tres cosas?

Cuando se disponía a cerrar aquella puerta que inconscientemente había abierto, Dynasmon le dio un rápido vistazo, sólo para dar tres pasos hacia atrás: desde el pasillo, el interior de la habitación estaba oscuro, aparentemente ordenado pero lleno de polvo, como si no lo hubiesen abierto en años. Claramente era la habitación de alguien, a juzgar por la cama y el escritorio a la vista. ¿De quién?

Sobre el dintel de la puerta estaba la respuesta; no sólo sobre la pertenencia de esa habitación, sino de una de sus intrigas personales de ese día. Cubierto de polvo y apenas legible, una placa de bronce yacía atornillada por la pared.

MAGNAMON

¿Cómo pudo haberlo olvidado?

— Oh, amigo… Es por eso que actuabas de manera tan extraña; lo siento tanto.

Dynasmon le dio un último vistazo a la placa y siguió el camino de su amigo. No volvió a voltear para verla, ni a la ventana. Eran cosas que no importaban ahora; no cuando los Demon Lords acechaban.


______________________________​


Luego de recibir las instrucciones de Yggdrasil, los Caballeros Reales salieron en grupos de a dos para investigar el paradero de los Demon Lords. Craniummon, como guardia personal de Yggdrasil, se quedó junto a su Señor para asistirlo en todo lo que pudiese necesitar, y servir de comunicador entre él y sus compañeros.

Dynasmon decidió acompañar a UlforceV-dramon en la patrulla: por un lado porque era su amigo, y habían trabajado justos en varias ocasiones, y siempre con buenos resultados; su gran fuerza física y la extrema velocidad del Caballero Azul habían una excelente combinación. Y por otro lado, tenía la irresistible tentación de hacerle más preguntas, y más con lo que acababa de descubrir.

La lluvia continuaba cayendo intensamente, y los dos Caballeros acababan de salir del castillo para iniciar su búsqueda; el violento clima no era impedimento para ellos.

— UlforceV-dramon.
— Que pasa, Dynasmon.
— Ya sé por qué actúas diferente. -puso su mano sobre el hombro de su amigo- Lo lamento mucho.
— Yo… -el Caballero Azul giró levemente la cabeza a un lado- Ya lo superé; descuida. Es sólo que…
— Se cumplirán treinta años, UlforceV-dramon. Ha sido duro para todos.
— No sé si eso sea cierto. -contestó él, casi como un gruñido a lo bajo- A veces creo, que sólo yo le doy la importancia que se merece.
— Eso no…
— Nadie me ayudó a buscarlo; nadie. Ni siquiera tú.

Por unos instantes, la mirada que Ulforce arrojaba irradiaba una amalgama de emociones que iban desde la tristeza a la rabia reprimida. Nunca en su vida, Dynasmon lo había visto así antes; aunque era justificable: después de todo, se trataba de su hermano. Esto debió de notarlo su amigo, pues de inmediato relajó la mirada.

¿Quieres un globo, Dynasmon? Todos flotan…

Dynasmon volteó rápida y automáticamente hacia el castillo: se podía ver la ventana abierta frente a la habitación de Magnamon: no había nadie, pero notó que a menos de un metro de la ventana el suelo se mostraba algo revuelto, como si algo hubiese salido del suelo recientemente. Nuevamente, volteó levemente la cabeza hacia delante.

Entonces lo vio: a lo lejos, un globo rojo con la forma de la cabeza de Monzaemon revoloteando entre la lluvia, ascendiendo, alejándose; incluso juraba que aquel globo le había guiñado un ojo. Dynasmon quería gritar, pero estaba paralizado, casi en estado de shock: apenas vio esa pieza de plástico volando, un flash de recuerdos de más de diez mil años pasó por su mente. Y todos eran aterradores: tantas cosas que no recordaba, y en menos de un segundo, sintió que no sólo regresaban a su memoria, sino que las había revivido todas a la vez.

— ¡Dynasmon!
— ¿Huh? -miró una y otra vez a sus alrededores; no había nada más que lluvia y su compañero con cara de impaciencia y preocupación- Perdona; sabes que el agua… me incomoda.
— Lo sé, y lo siento por ti, pero tenemos otras prioridades. Mejor nos damos prisa.
— Entendido.


______________________________​


Bajo la sombra de un árbol, una figura observaba a ambos Caballeros con suma curiosidad y condescendencia. En su mano derecha tenía un manojo de globos, y en la otra una pieza de carne tan amarilla como su cuerpo, cubierta de diminutas manchitas negras semejantes a pequeños pedazos de Cosmos, y acabada en un sangriento muñón con hueso. Su boca mostraba la misma sustancia que compartía color con su corbatín, y sus collarines blancos mostraban manchas del carmesí líquido.

Su boca esbozó una sonrisa de mejilla a mejilla tras dar una mordida a su reciente presa y dedicarles a los Caballeros una mirada propia de un leopardo acechando a una indefensa gacela.

Tarde o temprano, Dynasmon, tú y tus amigos también flotarán allí abajo. Flotarán... conmigo.



______________________________
Espero que hayan tenido una buena Noche de Brujas. Saludos a todos!
 
Última edición:
Registrado
6 May 2010
Mensajes
1,013
Calificación de reacciones
254
Puntos
500
Pues supongo que soy el primero en responder.

No estoy seguro que tan ligado esta éste capítulo al anterior porque en el otro los personajes eran digimons niños y nada de eso aparece en este otro.

O sea Itmon se llevó a Magnamon o algo así? Y que raro que un Candlemon sobreviviera y no se aclara como lo hizo.
Y de paso casi se lleva a un adulto Dynasmon.XD

Estuvo entretenido. Además hace meses que no me conecto al foro.
 

alexandermon

Templario escritor, con poco temple para escribir.
Registrado
2 Sep 2012
Mensajes
154
Calificación de reacciones
65
Puntos
300
Veo que te pusiste el desafío y decidiste ver si el segundo podía ser incluso mejor que el primero. No decepcionaste.

Creo que aprovechaste el hecho de que, gracias a tus historias de ''Yo deseo'', conocemos a los Royal Knights de una manera muy distinta al cannon, lo que hace que sus actitudes nos parezcan mas familiares y podamos identificar con ellos. Aprovechando ese recurso, los usaste como adaptación para las versiones adultas en las películas de IT. Lo que no estoy seguro es si prefieres adaptar la versión original o la nueva que salió, después de todo, cada una tiene sus puntos fuertes y desventajas.
Yendo al capítulo, una muy buena adaptación como la anterior y entretenido de leer.

Da gusto ver que aun estas activo! La vida de trabajo y estudios nos deja en peligro de perder para siempre la chispa!
 
  • Me gusta
Reacciones: ElohimEditor

Comentarios por Facebook