Oneshot [EXP] Digimon Gamers

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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31 Ago 2010
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Antes que nada, este OS es sólo un experimento que tiene la posibilidad de extenderse, pero por ahora, que sea un OS, ¿OK? XD. Ando con mucha inspiración que debo canalizar. y si, es un X-Over con Reboot, más que nada conceptos que me atrajeron bastante, pero con algunos retoques.


En fin, espero que les agrade:




GAME START



WARNING: INCOMING GAME. WARNING: INCOMING GAME.




Lo recuerdo como si fuera ayer…

Ese fue el primer día en que aparecieron. Todos en el Digimundo lo recuerdan con cierta extrañeza, mezclada con sobresalto… y por supuesto, rabia. El fenómeno, que se manifestó en el cielo –que se tornó púrpura sobre un pequeño pueblo en medio de un frondoso bosque del continente WWW donde apenas amanecía, causó tanto asombro en sus habitantes, que pocos huyeron de ahí al verlo… mas cuando parecía estar cerniéndose sobre sus vidas, algunos reaccionaron deprisa y huyeron lejos de su alcance. El acontecimiento fue tan extraño que los mismísimos Caballeros Reales, máximos protectores de la Red, y héroes de muchos digimon, acudieron al sitio a investigar… que en términos más simples, sería: hacer lo que sea por averiguar qué rayos estaba pasando.

Y como los Caballeros Reales iban a una misión, no podía faltar yo, pese a no formar parte del Círculo. Veía a Alphamon y Omegamon, liderando el escuadrón y discutiendo sobre el fenómeno junto a Gallantmon; a Lordknightmon, como siempre, quejándose de todo al son que Duftmon –menudo estratega tenemos-, su gran amigo; Craniummon cavilando sobre lo que deberían hacer; Dynasmon tronándose los dedos hasta producir un sonido desagradable –se cree tan rudo el grandote-; Examon y Sleipmon hablando entre ellos, y por supuesto, a mis primos mayores Magnamon y UlforceV-dramon llevándome a rastras. –cosa que en esta ocasión me gustaba-

- Sigo preguntándome por qué trajeron a su primito ustedes dos.
- Bueno, “rosita” -contestó Magnamon, en mi defensa- Es de nuestra familia, nuestro amigo, y es buen peleador.
- Es un novato. –me señaló el homosexual-
- Es disciplinado. –atacó Ulforce, mi primo del medio-
- No es un Caballero Real; sólo es un fracasado.
-Óyeme tu, amante de las rosas… -le señalé mi dedo del medio- A ver si te atreves a…
- Mitra, cálmate –me estiró Ulforce del hombro- Sabes que Lordknightmon solo te provoca. Tranquilo: no dejaremos que te pase nada, ¿Verdad, Magna?
- Claro que no; tú déjanoslo a nosotros.
- ¿No voy a pelear?
- Mejor será que bajes al pueblo y ayudes a evacuar, mientras nosotros nos hacemos cargo. –comencé a dudar- Es una orden, Mitra.

No tuve más remedio que aceptar. Puede que sean mis primos, pero siguen siendo Caballeros Reales, mis superiores, y cuando dan órdenes, las dan, y yo debo obedecerlas: bajé al pueblo y reuní a varios digimon para evacuarlo de inmediato, en caso que se presente algún combate. Vale decir que muchos me confundieron con Magnamon, pero tuve que aclararlo.


Ustedes se preguntarán quien o que soy yo, y por qué me llaman Mitra… Bueno, mi historia es sencilla: yo también soy un Magnamon, de piel azul, armadura dorada, cinco dedos en las manos; ya saben. Lo único que me diferenciaba de mi primo mayor -además de ser él un integrante de los Caballeros- es que yo era cinco centímetros más alto que el, cosa que lo hacía enojar, y a Ulforce y a mí nos mataba de risa. Igual lo respetábamos, ya que pese a lo regañón que podía ser por su complejo de estatura, era muy amable y buen amigo; Ulforce es menos serio, mas jocoso, y es tres años menor que Magna, y uno mayor que yo.

Ya se imaginarán lo molesto que Magnamon se ponía en ocasiones al verme a mí con mis 1,81 mts. de altura, a Ulforce con 3,05 mts, y él, con solo 1,76 mts.: el más bajito de los Caballeros. Nosotros los gigantes, y él un petizo.

Y aun así, mis primos eran fuertes, y de gran nobleza. Supongo que por eso fue él y no yo quien entró en la Orden: no soy alguien muy fuerte, no me agradan mucho las peleas, y soy más como Ulforce: de divertirse y tomarse las cosas a la ligera. A pesar de no haber entrado, Magna y Ulforce valoraron mi esfuerzo durante el entrenamiento, y pidieron a los demás Caballeros que me permitan quedarme con ellos a modo de cadete… Increíblemente, aceptaron, desde entonces he sido medianamente aceptado, o bien, amonestado por algunos, como ese petulante homosexual narcisista.

¿De dónde saqué el nombre Mitra? Eso fue para evitar confusiones al nombrar al Magnamon de la Orden, y yo. Ulforce, que tenía por pasatiempo investigar sobre culturas humanas, encontró el nombre perfecto para mí: el de una deidad solar persa, -y también hindú y posteriormente romano- derivada del Zoroastrismo, un dios muy popular llamado Mithra… Eh... ¿Era apropiado para mí? No sé, pero la otra opción era Magnus, y no me gustaba por sonar a nombre de viejo, así que me quedé con Mitra.


Varias Floramon me suplicaban que las ayudara con algunos de sus productos de venta –unas flores… que original- pero les dije que era de vida o muerte salir del pueblo. Obedecieron, menos mal. Con mi hábil oído, pude oír la conversación de los Caballeros: Omegamon cargaba su Cañón Garuru por cualquier cosa. Menuda investigación científica.

Del cielo púrpura, el cual brillaba con destellos como los de relámpagos, se formó una especie de vórtice, a modo de embudo, y en el interior de dicho embudo, se podían ver pequeñas explosiones. Finalmente, estas cesaron, y lo que vino después aun me deja sin aliento: un cubo, un gigantesco cubo de energía color púrpura –tenía 200 mts de lado, aproximadamente-, descendiendo lentamente del hoyo en el cielo. Continuamente, sonaba esa voz computarizada que rezaba lo mismo: “Advertencia: Juego en Camino”. ¿Bromeaba? ¿”Eso” era un juego? ¿Qué clase de juego? ¿En verdad teníamos que tener miedo de eso? Casi me mato de risa por eso.


Vi el cielo, ya desde las afueras del pueblo, a Omegamon disparando su Cañon Garuru contra esa cosa –ese cañón podía destruir cordilleras enteras- ; sorprendentemente, no tuvo efecto. Los demás Caballeros, incluido Alphamon, atacaron con sus técnicas a distancia: ninguna tuvo efecto alguno, ni para frenar su descenso. Dynasmon entonces fue a uno de sus costados para golpearlo con fuerza bruta, pero apenas lo tocó, sintió una descarga y salió volando. Era inevitable a mi parecer: ese cubo bajaría. En ese momento, vi lo que parecía ser una pequeña silueta oscura apareciendo de la nada frente a los Caballeros, y teniendo una breve conversación con ellos. Entonces, mis primos bajaron junto a mí a la velocidad del rayo.

- ¿Rescataste a todos, Mitra?
- No, Magnamon; algunos son muy testarudos y se niegan a salir.
- Maldición –espetó el- Ni hablar; ya es demasiado tarde. –dijo al comprobar que el cubo estaba por tocar la superficie-
- Vi que apareció un sujeto, Ulforce ¿Quién es?
- Es un humano: dice que quiere jugar un juego con nosotros.
- ¿Un humano? ¿Jugar? Suena algo extraño… ¿Será peligroso?
- ¡JA! –rió mi primo gigante- ¡Solo es un joven humano que quiere jugar con nosotros: tú no te alteres!
- Los humanos no son malos, pero tampoco son cosa seria. –completó mi primo Magna- Nosotros jugaremos con él, y después te contamos todo; tú solo mantén a los aldeanos fuera del alcance del cubo.
- Eh… Está bien. ¡Sólo tengan cuidado! –les grité apenas se alzaron al vuelo-
- Es sólo un juego: no nos matará. -dijeron ellos, mofándose- Nos vemos, primo.

Es sólo un juego… Si: era sólo un juego. Me gustaría decir que tuve un mal presentimiento de todo esto al momento de despedirme de mis primos, pero les estaría mintiendo: estaba completamente seguro que esto no pasaría a mayores, quedaría como una anécdota graciosa y todos lo recordaríamos entre sorbo y sorbo de bebida espumosa…

Acompañé a los aldeanos a las afueras del pueblo y me encargué de mantenerlos calmados ante la situación; junto con ellos, vi como el cubo gigante aterrizaba, engulléndose al humano, a los Caballeros Reales y a más de la mitad del pequeño poblado tras esos muros de luz púrpura. Todos nos preguntábamos lo mismo: ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué hay ahí dentro?


______________________________



Los Caballeros Reales aparecieron en un escenario muy distinto al de ese pequeño pueblo: estaban dentro de una gran ciudad en un día nublado, específicamente hablando, junto a una carretera. No había señales del humano por ningún lado, ni de nadie más. Si había otros digimon adentro, ¿Dónde estaban? Algo que les llamó la atención, era que el paisaje se veía infinito, sin límites, y también que cada uno de ellos tenía un extraño medallón en su armadura: un círculo blanco y negro con un rombo.


- Bien, humano, ¿Dónde estás? –preguntó Omegamon, sin mostrarse impaciente- ¿En qué consiste este desafío?
- Es un cobarde –masculló Lordknightmon- Los humanos no son nada ante nosotros.
- ¿Eso crees tú, rosita? –dijo una voz que se oía por todas partes- ¿Así que no somos nada, eh? Pruébamelo.
- Escucha; no queremos problemas con los humanos –intervino Sleipmon- Solo dinos que quieres.
- Juguemos un juego…
- ¡No estamos para niñerías!
- No tienen alternativa, Duftmon: alguien debe ganar, o nadie saldrá de aquí. Y no intenten algo estúpido. Solo sigan las reglas del juego y traten de ganar. Cada uno tiene un ícono en su armadura: presiónenlo y digan Reboot, y comenzará el juego.

La voz se esfumó, y dejó a los Caballeros en el absoluto silencio, ¿Qué harían? ¿Escapar? Alphamon lo intentó con sus ataques, pero era inútil: no tenían poderes. ¿Qué estaba pasando?

- Algo me dice que ese humano tiene razón en que no podremos escapar.
- ¿Por no tener poderes, Omegamon? ¡Eso es más que evidente!
- No, Gallantmon: este mundo, “juego”, o lo que sea, es un tipo de hiperespacio con límites poco definidos. Afuera este cubo cubre cuatro manzanas; adentro tiene una gran ciudad. ¿Me explico?
- No tenemos de otra… Debemos obedecer las reglas del juego. –colocando la mano sobre el icono- ¡¡Reboot!!
- ¡¡Ulforce, no!!

UlforceV-dramon quedó cubierto en un aura verde, que cambió su apariencia a la de un… ¿Automóvil deportivo de carreras color azul cielo con blanco y toques dorados? Era lo más extraño que habían visto los Caballeros; apenas lo notó, “Ulforce” comenzó a quejarse, y posteriormente a recibir burlas. Sin embargo, Alphamon vio las cosas con seriedad: debían hacer lo mismo que Ulforce.

- Hagámoslo.
- ¿Qué?
- Ganaremos este juego, Omegamon; después ajustaremos cuentas con el humano. No importa la humillación ¿Entendieron?
- ¡Sí, señor!
- ¡¡REBOOT!!

Cada uno de los caballeros se convirtió en un automóvil con una pintura acorde a la de su armadura y un diseño acorde a su estilo: casi por instinto, fueron a la línea de partida para iniciar la carrera. Al menos ya sabían lo que debían hacer: uno de ellos debía ganarle al humano, ¿Pero dónde estaba este?

No tardó en aparecer en la pista un automóvil deportivo y muy tuneado color verde brillante, bastante amenazador: debía de ser él. Los doce automóviles se enfilaron frente al punto de partida, donde un semáforo poco apoco cambiaba sus luces de rojas a ámbar… Cuando faltaba para iniciar la carrera, la voz del humano volvió a hablar.

- Comienza el juego.



______________________________​



Pasaron casi quince minutos –que me parecieron casi una hora- desde que el cubo aterrizó sobre el pueblo y “capturó” a los Caballeros Reales y a algunos digimon que se quedaron en el pueblo. Me di cuenta que cuando el cubo se hallaba sobre el suelo, se mostraba opaco, de apariencia casi sólida, como si estuviera hecho de piedra, o como un niño dijo a mi lado, “como un cubo inmenso de gelatina de uva”. Yo reí con esa comparación, porque era verdad.

Los digimon del pueblo miraban impacientes el cubo, esperando que desapareciera para volver retomar sus vidas normales. Muchos me hacían preguntas acerca de lo que pasaba, si ya acabaría, y claro: que rayos era esa cosa. Me limité a decir que todo estaba bajo control; capaz lo hice tantas veces como para creérmelo yo mismo, ya que la situación era demasiado inusual.

Un Guilmon me estiró del brazo, haciéndome desviar la mirada hacia una casa que estaba semicubierta por el cubo. En una de las ventanas, un Koromon daba saltos nerviosos por llamar la atención; de seguro acababa de despertarse y estaba asustado. De inmediato fui a socorrerlo, pese a verme obligado a romper la ventana de su pequeña casa y sacarlo de ahí. Apenas lo tuve entre mis brazos, comenzó a gritar desesperado.

- ¡Señor, señor: mi niñera aún está ahí!
- ¿En que parte de la casa?
- ¡En la sal, al otro lado de la casa! ¡Debió de quedarse dormida!
- Espera, dices… ¿Al otro lado de…? –desvié mi mirada hacia el vano de la puerta, donde se veía claramente aquella barrera de energía- Está dentro del c…
- ¡Señor! ¿Va a estar bien?
- Sí; todo va a estar bien; tranquilo.

A Koromon lo tranquilizó, pero a mí no tanto; ¿Y si me equivocaba? ¿Que podría pasar con los que estaban dentro? No quise quedarme a averiguarlo, y menos tan cerca de ese cubo, así que abandoné la casa en compañía del Koromon y del Guilmon que me estaba esperando afuera, a prudente distancia.

Nos alejamos unos pasos más hasta que vi que el cubo estaba reaccionando a algo: comenzó a iluminarse en un tono fosforescente y acompañado de descargas eléctricas superficiales. Los niños permanecieron detrás de mí en todo momento; ante cualquier cosa que pudiera pasar, yo estaría para protegerlos.


Entonces lo oí… Esa voz, ese mensaje…


GAME OVER, THE USER WINS… GAME OVER, THE USER WINS.


La voz computarizada volvió a hablar, mientras el cubo se alargaba hacia lo alto, para entrar nuevamente por un vórtice oscuro surgido en el firmamento. Lo hizo a tal velocidad que se veía muy irreal. Una vez que hubiera sido “absorbido”, el cielo regresó a la normalidad, pero el suelo…

- ¿Que… demonios?

Estaba impactado por lo que veía: el cubo no se había dejado sin dejar huella: muy por el contrario, había dejado una clara evidencia de que había pasado algo ahí. Todos los aldeanos se habían agolpado junto a mí para ver si lo que sus ojos le mostraban era cierto… Y lamento decir que era cierto: el cubo había dejado un profundo hueco cuadrangular en el suelo cuyos muros parecían haberse fundido a elevada temperatura, sin dejar ninguna construcción intacta, o rastros de vida como algún árbol reseco: lucía como si el cubo hubiera arrancado una porción cuadrangular del Digimundo y llevándosela consigo. O…

No había nada, ni nadie… ¿Dónde estaban los aldeanos que quedaron atrapados, como la niñera del Koromon? ¿Dónde estaban los Caballeros Reales, entre ellos mis primos? ¿Y el supuesto humano?

- ¡Señor Magnamon!
- Ya te dije que me llamo Mitra, Guilmon.
- Sí, señor, ¡Pero mire! ¿Que son esas cosas?
- ¿Huh? ¿De qué...? ¿Qué demonios son esas cosas?


Apenas las noté, pero como casi todo en el hoyo era gris, era difícil ignorar a aquellas pequeñas criaturas semejantes a sanguijuelas, debido a sus vivos colores. Las criaturas se arrastraban a diferentes velocidades en el fondo del pozo, y algunas incluso ya lo subían para llegar a la superficie. ¿De dónde habían salido esas cosas? ¿Y los digimon? Respecto al humano; allí estaba el, sobre una plataforma flotante y con una vestimenta oscura que le cubría las extremidades; de cabello castaño oscuro y complexión atlética, mas no muy corpulenta. Posiblemente rondaba los 20 años de edad o más; observaba el paisaje como si fuera algo natural.

Decidí bajar a interrogarlo acerca de lo que había ocurrido, pero tenía el presentimiento que este personaje no traía nada bueno, por lo que fui prudente; los aldeanos se quedarían al borde del pozo, expectantes de lo que podría pasar.

- ¿Tú eres el humano que vino a este mundo?
- Ajá… Y tú eres un Magnamon, ¿No es verdad? Creí que solo había uno, el de los Caballeros Reales.
- Hay muchos que no son parte de la Orden, ¿Quién eres? ¿Qué pasó aquí?
- Solo jugaba un juego; es todo. Ustedes los digimon prometen mucho, pero decepcionan aún más. –y rió con soberbia- Los Caballeros Reales… los digimon más fuertes, ¡JA! ¡Qué vergüenza!
- ¡¡¿¿Qué les hiciste??!! ¡¡¿¿Y a los aldeanos??!!
- Yo gané el juego, y ellos perdieron. Y por ello… afrontaron las consecuencias.
- ¿Dónde están? ¡Exijo que me lo digas!
- ¡¡JAJAJAJA!! ¡¿Tú me EXIGES?! ¿Y quien te crees tú para exigirme algo a mí? ¿Sólo por ser un “poderoso” digimon crees tener autoridad? No hay duda que haces mala fama a tu especie.
- No lo volveré a repetir –gruñí- Donde… están…
- ¿Acaso no los ves?

¿A qué se refería ese muchacho? No había ningún digimon dentro de ese pozo, que se hallaba claramente despejado a causa de ese cubo. Solo estábamos él, yo y… esas… sanguijuelas… NO, no podía ser posible. Es decir… era una locura. ¿Ese sujeto jugaba conmigo? Le gustan los juegos; podría estar jugando conmigo ahora. Pero no lo hacía, mas sonreía descaradamente al ver mis reacciones de incredulidad: mis sentimientos de frustración por no aceptar la realidad le eran sumamente divertidos, jocosos e hilarantes. No necesitaba reírse a carcajadas para demostrarlo: esa sonrisa era evidencia suficiente.

Caí de rodillas contra ese suelo vitrificado, golpeándolo con los puños incontables veces hasta que me sangraran los nudillos; contenía las lágrimas lo más que podía, pero me era imposible. Y más aún cuando vi a dos de esas sanguijuelas acercarse a mí: una era azul cielo con toques blancos; la otra amarilla con rayas azules. Traté de tocarlas, pero me causaron dolor al rozarlas.

- ¿Mag… Magnamon…? ¿UlforceV-dramon…?
- Los Nulls son muy interesantes, ¿No crees?
- ¿Nulls?
- Son derivados de los Cubos de Juego: cualquier ser vivo que queda atrapado en un cubo de juego ganado por el usuario, queda reducido a un Null. Sus datos son casi anulados, o más bien involucionados por decir así. A este proceso se lo llama: Nulificación. ¿Verdad que es interesante?
- Todos los digimon atrapados… ¡¿Se convirtieron en estos nulls por ganar ese juego?! ¡Dime como regresarlos a la normalidad!
- ¿Para qué? –dijo el a son de burla- Es una pérdida de tiempo: no hay ninguna forma de revertir el proceso. Todos los digimon que quedaron atrapados vivirán el resto de sus vidas como Nulls, incluidos esos torpes caballeros.
- ¡¡ERES UN DESGRACIADO ASESINO: LO VAS A PAGAR CARO, HUMANO!!

No me interesaba si lo hacía pedazos en un milisegundo, estaba invadido por la rabia por la pérdida de vidas inocentes, entre ellas, las de mis primos, mi familia, mis mejores amigos. ¡Y todo por un estúpido juego! Normalmente los Caballeros Reales no atacarían a un ser tan débil, pero… ¡Al Diablo! Yo no soy un Caballero Real.

Lo hubiera envestido hasta despedazarlo, de no ser por un campo de fuerza tan potente que me hizo rebotar contra el mismo y estrellar en ese suelo vitrificado, produciendo un pequeño cráter. Apenas pude volver a levantarme, me percaté de un brazalete especial en su muñeca derecha: de ahí venia su campo de fuerza. Me apresuré al no creer que podría estar protegido: nunca volvería a cometer ese error.

- ¿Sorprendido? –me dijo en la cara; había parecido ante mí en pocos segundos gracias a su plataforma flotante- De seguro, ya que nos consideran a nosotros los humanos como seres inferiores... ¡Pues ya sabes que somos bastante listos!
- Arg…Arg… Maldi... ¿Qué es lo... que harás?
- Mis amigos y yo… hemos decidido convertir el Digimundo en nuestro campo de juegos. La vida es muy estresante para nosotros, ¿Sabes? Y hallamos en el Digimundo la mejor manera de “desahogarnos”
- ¿Tus amigos? –consternado- ¿O sea que...?
- En fin; ya me debo ir. –y comenzó a elevarse- Tengo cosas que hacer en el Mundo Real… Y ni se te ocurra intentar seguirme, Magnamon; no vale la pena.
- Mitra… me llamo Mitra… -le respondió cabizbajo, pero con una gran ira contenida- Si quieres hacer enemigos en este mundo, al menos podrías darnos tu nombre.
- ¿Enemigos? Pff… Ustedes no son más que sprites inútiles y desechables… Mi nombre no es relevante, pero si tanto lo deseas… puedes llamarme. “El Usuario”
- ¿No es algo genérico?
- Llámame entonces… BlackKnight.

El joven simplemente desapareció en un portal de luz que el mismo había creado con su brazalete; traté de seguirlo, pero el portal me lo impidió mediante una barrera de energía. Se había escapado: el asesino de decenas de digimon, incluidos los Caballeros Reales, y de mis primos, había escapado. No sabía qué hacer en ese momento: tenía tanta rabia acumulada que podría haber destruido lo que sea y a quien sea. ¿Yo un cadete de los Caballeros Reales? Me sentía la mayor basura del mundo: no había podido salvar a todos los aldeanos, no había podido derrotar a ese humano, y ni siquiera evitar que escapara. ¿Así actúa un Caballero Real? No, no lo hace. Capaz me culpaba demasiado en ese entonces: las circunstancias habían jugado en mi contra, en contra de todos aquella vez. Sólo que en ese momento, yo no lo sabía, y mi impotencia me carcomía la consciencia.

Apenas y sentí la mano de Guilmon estirando de mi brazo para sacarme de mi trance, o más bien estado de shock; me sorprendí al verlo, pero recordé que eran bueno excavando la tierra. El Koromon no estaba con él; de seguro lo dejó con alguien.

- Señor Mitra, señor… ¿Qué pasó? ¿Y nuestras casas? ¿Qué pasó de la gente que estaba aquí?
- …
- ¿Señor, señor?
- ¡¡NO ME DIGAS SEÑOR!!le grité; simplemente ya no me pude controlar. Guilmon retrocedió con mucho temor, y con lágrimas en los ojos: no lo culparía; nunca le había gritado a alguien así, y menos a un niño. Me había sobrepasado- Lo… lo siento.
- ¿Dije algo malo? ¡Perdóneme!
- No… no fuiste tú… Lo... siento...
- ¿Qué dijo?
- Debo irme, ¡Lo siento!

Ni me molesté en dar explicaciones a Guilmon y a los demás aldeanos simplemente despegué y me marché a toda velocidad hacia el castillo de los Caballeros Reales, donde ahora sólo estarían los Knightmon, algunos Grademon y los Gladimon. Creí que el viaje me tranquilizaría un poco de la gran pérdida, que comenzaría a menguar mi rabia… Pero fue todo lo contrario; en el camino me encontré con la evidencia de que el humano tenía razón en algo: no era el único que había descargado esos cubos de juego. Hallé varias marcas de los cubos con las mismas características de desolación como rastro de su llegada; incluso vi uno en el suelo, para poco después oír el mensaje poco emotivo de: “Game Over. The User wins”, y posteriormente dejar un sector cuadrado destruido donde antes era un valle fluvial. Eso significaba que si el usuario –o sea, los humanos- ganaban los juegos, un sector del Digimundo sería dañado, y los digimon atrapados sería destruidos. ¿Cuántos de estos cubos habían bajado? ¿Cuantos fueron ganados por nosotros? Solo Yggdrasil, con suerte, me podría aclarar mis dudas.


El Castillo de los Caballeros estaba construido –extrañamente- sobre un gigantesco árbol de fresno que surgía de una gran montaña. Nuestro “castillo del árbol” que tenía un cómico pintoresquismo, ya que a Yggdrasil le pasó el gusto por los castillos de cristal… Ni modo. Llegué al castillo, y los Knightmon, y Gladimon corrieron a preguntarme que pasó con los demás caballeros; costó explicarles que habían sido derrotados... y costó más aún que me creyeran. No quise alargar la discusión, y fui directamente al grano, o más bien, con Yggdrasil.

Hice la reverencia correspondiente antes de dirigirme ante él, posteriormente le relaté lo sucedido en el pueblo.

- Señor Yggdrasil. Tenemos serios problemas.
- Así parece ser, Mitra. Mis intentos por analizar el fenómeno con minuciosidad han fallado. Pese a los numerosos avistamientos.
- He visto rastros de varios Cubos de Juego, mi Señor. ¿Cuantos ha contabilizado usted?
- Cien Cubos de Juego.
- ¿CIEN? –exclamé alarmado; no podía creer que tantos- ¡¿Pero cómo?!
- El que tú fuiste a investigar con los Caballeros fue el primero; posteriormente, detecté otros 99 Cubos de Juego siendo descargados al Digimundo. Mis intentos por evitarlo fueron infructuosos.
- Y… cuantos… -comencé a titubear; ya que haría una pregunta cuya respuesta me temía- ¿Cuántos juegos ganaron los digimon?
- Cero.

Estaba incrédulo: ¿Ningún juego fue ganado por los digimon? De Cien cubos de Juego, ¿Ninguno? Ni siquiera el juego donde los Caballeros habían ido a parar. Era una locura, ¿Qué clase de ataque era ese? ¿Cuánta destrucción habían causado esos cubos por todo el Digimundo? ¿Cuántas pérdidas de vidas inocentes, o más bien, involucionadas a esas sanguijuelas coloridas de poca inteligencia, había en total? De seguro el Digimundo estaría plagado de esas cosas muy pronto. Mi única esperanza, o más bien, la de todos, es la de que Yggdrasil lograra revertir ese proceso de “Nulificación”, para regresar a todos a la normalidad.

¿Qué pensaba yo sobre los humanos al respecto? Como dije antes, a mi primo Ulforce le fascinaban las mitologías humanas, y a Magnamon le encantaba el arte. Raro, pero es cierto. Sleipmon los vigilaba cada tanto, y aseguraba que no eran malos en realidad; que éramos casi iguales. Lordknightmon se hacía el superior, pero eso lo hace hasta con los Grademon que podrían patearle su plano trasero. Había oído que algunos digimon habían ido al Mundo Real en busca de un compañero humano –los tamers- para hacerse amigos de ellos, acelerar su evolución, o simplemente por curiosidad. Yggdrasil toleraba estas “incursiones” por considerarlas de interés científico y sociológico, pero albergaba sus dudas. Yo por mi parte, no tenía una mala perspectiva hacia la humanidad: ni los odiaba, ni los amaba: rescataba cosas buenas… Hasta ese día, que juro por mi alma, deseaba cobrar venganza con todos los humanos. Sin excepción.

- Creo que este “ataque” sería considerado, bajo términos humanos, como un acto de terrorismo.
- ¿Señor?
- Fue un ataque sorpresa que tomó desprevenido a todo el Digimundo, incluyéndome. Contabilizo muchas víctimas entre los digimon, que superan los 5000. He analizado los sectores dañados, y he llegado a la conclusión que son reparables, pero me tomará tiempo: será un esfuerzo que consumirá parte de mi energía. Sin embargo… mi análisis preliminar sobre esas criaturas nuevas…
- Los Nulls.
- Sí; lamento decirte que no he podido hallar un programa capaz de revertir el proceso de “Nulificación”; ni siquiera el Árbol de la Vida de la Ciudad del Inicio puede reparar sus datos. Pero he podido detectar señales provenientes de los Nulls, y he sido capaz de identificar a los digimon que fueron previamente.
- ¿Ha identificado a…?
- Si, y soy capaz de teletransportarlos hasta aquí en un contenedor especial para estudiarlos más a fondo. –no me sentía de ánimos para volver a ver a esas cosas, e Yggdrasil lo notó- Sé que te será doloroso verlos así, Mitra, pero no podemos perderlos.

Asentí poco convencido a las palabras de Yggdrasil; admiro que trate de hacerme sentir mejor, y sea tan comprensivo conmigo pese a ser un simple cadete, pero acababa de perder a mi familia y amigos, y verlos convertidos en unas sanguijuelas coloridas de poca inteligencia. Eso de por si es algo traumático y difícil de lo que recuperarse. Yggdrasil hizo aparecer un contenedor transparente especial, que se hallaba vacío, pero en pocos segundos, se llenó con 11 nulls teletransportados, de colores brillantes, produciendo sonidos chillones y moviéndose de aquí para allá dentro de ese espacio reducido, como ratas en laboratorio: esos eran los otrora orgullosos Caballeros Reales… Un null era negro y líneas doradas; otro era azul, naranja y con rayas blancas; uno era color malva y blanco; otro rosa y amarillo; había uno rojo con rayas blancas y otro blanco con rayas rojas; uno totalmente púrpura oscuro; otro era blanco y negro; otro color fucsia y azul… Y por supuesto, estaban esos dos que ya sabía sus identidades de antes.

Me daba tanta pena verlos reducidos así, a seres tan… ¿Primitivos sería adecuado? No tenía otro término; fue en ese instante que derramé mi última lágrima por ellos. Estaba viendo a mis primos, a mi familia… ¿Debía tomarlos ya por muertos?

- ¡Señor Mitra, señor! –un Grademon entró de golpe, en compañía de otros: creo que eran casi todos los del castillo. Normalmente, los Caballeros lo hubieran reprendido por interrumpir una sesión con Yggdrasil, pero no estábamos en una situación normal. Ah, y odio que me llamen “señor”: prácticamente soy su igual en rango- ¡Solicitamos su permiso y el del Señor Yggdrasil para hacer una incursión al Mundo de los Humanos!
- ¿Con que fines? –preguntó Yggdrasil, muy serio- No quiero iniciar una guerra sin sentido; sin importar la gravedad del ataque, no debemos tomar medidas apresuradas.
- Tampoco podemos estar seguros que todos los humanos sean responsables de dicho ataque. -agregué yo: Quería creer en eso, en verdad- Debemos ser cautelosos.
- Lo sabemos; por eso solo iremos a investigar y recabar información.
- De acuerdo –asintió Yggdrasil, otorgándoles permiso y abriendo un portal al Mundo Real- Vayan con cuidado.
- ¡Sí, Señor!

Los Grademon desaparecieron en el portal con suma rapidez, a cumplir con su misión. De inmediato, Yggdrasil desplegó varias pantallas holográficas para seguirlos de cerca en su incursión a través del espacio que dividía a los dos mundos. Un Grademon se comunicó informándonos que estaban cerca de atravesar la barrera, cuando algo interrumpió su comunicación: al principio, hubo solo estática, después, ese mismo Grademon informaba sobre una extraña barrera incandescente que apareció cuando uno de ellos se estrelló contra la misma. Simplemente había aparecido de la nada.

Ordené que todos regresaran cuanto antes, cosa que al Grademon le pareció buena idea, pero no pudieron. Lo último que oí fue que gritaban de terror, exclamando que la barrera incandescente los atraía a la misma. Ninguno regresó al Digimundo.

- Los Grademon… han…
- Esto no es bueno, Mitra: esa barrera incandescente no debería de estar allí. Debí de haberla detectado, pero no: apareció de repente. No lo puedo creer.
- ¿Cómo dice?
- ¡Hola, hola: amiguitos digimon! –sonó una de las pantallas, con una imagen que reconoció pronto- ¿Cómo han estado?
- BlackKnight…

Era su imagen, que pronto apareció en todas las pantallas holográficas del castillo, y sin que yo lo sepa, apareció en cada pantalla a lo largo y ancho del Digimundo. Su figura sería pronto reconocida como el de nuestro atacante.

- ¡Maldito asesino! ¡Te voy a…!
- “Si están oyendo esta grabación, significa que no hicieron caso de mis advertencias e intentaron ir al Mundo Real. Gran error, como pudieron averiguar”
- Rayos; es una grabación. Me siento como un idiota. –sacudiéndome la cabeza- Espera, ¿Qué ha dicho?
- Escuchemos, Mitra –dijo Yggdrasil- No puedo bloquear su señal.
- “También significa que mi experimento fue un éxito: he podido descargar un Cubo de Juego en el Digimundo. De tener éxito, mis amigos harían lo mismo”
- ¡¿Experimento?! ¿El juego donde los Caballeros perdieron fue…?
- “Ustedes los digimon, cayendo en sus instintos de pelea, han ignorado una severa advertencia, y por lo tanto, algunos resultaron víctimas del Muro de Fuego”
- ¿¿Muro de Fuego?? -me dije- ¿Esa barrera incandescente era…?
- “Todo digimon que intente ir al Mundo Real, se estrellará con el Muro de Fuego, y será destruido hasta el último bit de su existencia, sin posibilidades de revivir”
- Maldición… -mascullé- Los Grademon.
- “Estoy seguro que muchos de ustedes ya fueron testigos de nuestros juegos, y que muchos de sus congéneres los disfrutaron. Mis amigos y yo previmos que intentarían escapar, o tomar tontas represalias en caso de perderlos, así que instalamos el Muro de Fuego que separará los dos mundos. Nada ni nadie puede salir del Digimundo: nada.”
- De haberlo sabido, nosotros…
- Mitra; espera que termine.
- “Sepan que buscamos divertirnos con ustedes, así como algunos de ustedes se divirtieron con nosotros. Los juegos aparecerán en cualquier momento, sin importar la hora, ni el número: son bienvenidos a participar, pero se libren o no de ellos, deberán afrontar las consecuencias”
- Ganar o Morir… -susurré- ¿Esas son tus reglas?
- “No crean que somos la mayoría de los humanos: somos sólo un reducido grupo que conoce la existencia de su mundo, y ha decidido darle un buen uso. No buscamos represalias contra gente inocente en nuestro mundo”
- Maldito hipócrita.
- “Pero no significa que seamos pocos: los integrantes de nuestro grupo son numerosos, esparcidos por todo el mundo, de todas las edades, y todos compartimos cosas en común. Entre ellas… nuestro amor por los juegos. Y recuerden: independientemente, pueden conocernos como: "El Usuario” “Que empiecen los juegos”

Esa fue toda la transmisión de “BlackKnight”, con una singular despedida, que me sonó a declaración de guerra: los juegos definitivamente no cesarían, no podríamos ir al Mundo Real, y estaríamos obligados a permitir que un reducido grupo de humanos use nuestro mundo como sitio de ocio, matando a digimon inocentes y dañando nuestro mundo.

Capaz si los Caballeros Reales estuvieran aquí, podrían ser de ayuda, pero reducidos a meros nulls, no servirían de nada; tampoco podíamos traer a uno o varios humanos bien intencionados –que sé deben existir- con un compañero digimon para que nos ayuden, gracias a ese Muro de Fuego; Yggdrasil estaría investigando sobre esos Cubos, reparando las zonas dañadas y buscando una solución para el Muro de Fuego y la Nulificación. Estaría sumamente ocupado. ¿A quién recurríamos entonces? Solo quedaba una opción: nosotros mismos.

Sonaba a locura, pero era la única salida. Si nosotros mismos, los digimon “comunes y corrientes”, entrábamos a los juegos, y derrotábamos a los usuarios, nuestro mundo estaría a salvo. Sería riesgoso, claro, pero teníamos que hacerlo. Me disponía a decirle a Yggdrasil mi idea, cuando este me interrumpió: algo estaba pasando.

- Señor Yggdrasil, ¿Qué sucede?
- Detecto una gran cantidad de información que busca accesar al Digimundo. Proviene de… ¿El Ciberespacio?
- ¿Cómo? ¿No es del Mundo Real?
- No podré retenerla… Prepárate.


ATTENTION: INCOMING FILE…




Salí fuera del castillo para ver el posible fenómeno que implicaba semejante mensaje de esa voz neutra y computarizada. En el cenit apareció un hoyo como el de los cubos de juego, pero en lugar de tornarse púrpura, el cielo se tornó dorado. De inmediato, chispas doradas a modo de brillantina me envolvieron como un roció luminoso; pero no solo a mí, sino a los Gladimon y Knightmon que hacían de guardias, y como posteriormente me enteré, a cada digimon del Digimundo.

Al cesar esa “ducha”, el cielo regresó a la normalidad. No me sentí diferente en ningún sentido: mi aspecto era el mismo, no sentía más poder, ni mayor inteligencia. ¿Entonces que fue todo ese espectáculo de brillantina? Me volví hacia la puerta para regresar junto a Yggdrasil e informarle sobre lo sucedido, cuando noté algo en los guardias: tenían un extraño símbolo, medalla o ícono en sus armaduras. Me fijé en mí mismo una vez más, y hallé ese mismo ícono en mi peto; sólo que el mio era dorado y negro. Un círculo con un rombo.


¿Qué era eso? Descubrí que podía quitármelo, así que lo hice y se lo di a Yggdrasil para que lo analizara.

- Es extraño: no parece ser viral, pero tiene una especie de registro muy detallado de tus datos. Es como tu identificador.
- ¿Pero de qué?
- Creo que… indica que eres de este sistema… Cuando llegaron esos datos, recibí mucha información. Ahora sé que cuando alguien entra a un juego, debe oprimir dos veces este icono y decir: REBOOT: de esta forma, el portador del icono recibirá información sobre el juego directamente en su cerebro.
- Señor Yggdrasil; si me lo permite, quisiera formar un grupo de digimon que se especialicen en derrotar a los usuarios en los juegos. Así podríamos proteger el Digimundo, mientras usted se encarga de restaurar a los digimon caídos y las áreas dañadas.
- Mitra: es mucha responsabilidad, y no tienes ninguna experiencia.
- He entrenado al lado de los Caballeros Reales, aprendido técnicas de combate, estrategias, ciertas aptitudes de liderazgo. Sé que no soy muy bueno en el campo de batalla, ni el más fuerte o inteligente, y probablemente no seré un buen líder. Pero Señor: no tenemos a nadie más. Por favor.
- Muy bien: como no tenemos opción, serás tú el que busque y reclute a los digimon indicados para luchar en los juegos; prestaré el castillo como base de operaciones si lo deseas. Te deseo mucha suerte, Mitra: a ti y a tu futuro grupo de reclutas. ¿Cómo se llamarán?
- Seremos… los Digimon Gamers.

Nombre tonto: lo sé, pero no se me ocurría otro, y la verdad me sonaba perfecto. De todos modos, el nombre era lo de menos. Lo difícil era buscar digimon fuertes, inteligentes y decididos a entrar a los juegos y vencer a los usuarios. ¿Dónde empezaría? Los Gladimon y Knightmon se habían acobardado al ver a los Caballeros Reales reducidos a nulls, y al oír de la aniquilación de casi todos los Grademon. Perfecto… tendré que buscar en otro lado.

WARNING: INCOMING GAME. WARNING: INCOMING GAME.

Una de las pantallas hizo sonar la alarma, y repitió ese temible mensaje.

- Oh, no… ¿Otro? ¡Señor Yggdrasil!
- Sólo he detectado un Cubo de Juego: descenderá al sur del continente WWW, en la región de Dragon Roar, cerca de un pueblo llamado Agni Kai. Te teletransportaré a esas coordenadas.
- Gracias, Señor.



______________________________​



Y así fue como todo comenzó, pero no como acabó: para eso falta mucho aun. He reunido a un numeroso grupo de digimon dispuestos a luchar contra los usuarios aliados a “BlackKnight” e impedir que dañe nuestro mundo. No soy del todo su líder, ya que aprendemos juntos: a luchar, a sobrevivir. Y me enorgullece decir dos cosas: progresamos, y somos amigos.

Mi nombre es Mitra, un Magnamon promedio. ¿Mi formato? : Guardián. ¿Mi función? : Proteger, Servir y Defender… a nuestro mundo, sus habitantes, a mis nuevos amigos… de sus enemigos. Sabemos que los usuarios viven en el Mundo Real, y que descargan los juegos por placer. No sabemos si lograremos detenerlos… pero lo intentaremos. ¡¡REBOOT!!



______________________________​



En una habitación de una casa en las afueras de Houston, Texas, los libros de informática, física avanzada, química, biología, electrónica y filosofía cubrían un gran escritorio y llenaban varios estantes. La única luz disponible provenía de una lámpara de lectura, y de la pantalla de una computadora, la cual, despedía sus rayos hacia las retinas de un joven de pelo castaño oscuro, vestido con ropas ligeras y una bebida en la mano. Sus dedos tecleaban a gran velocidad, en compañía ocasional del clic del mouse. Era natural: su salón de chat estaba muy concurrido.

- Afrodita90: Así que funcionó, ¿Eh, BlackKnight?
- BlackKnight: Si, preciosa: fue un éxito. ¿Acaso no jugaste?
- Afrodita90: Estaba ocupada; después me bajaré un juego.
- ChaosGod: Amigo, acabo de ganar un juego con nuestro nuevo programa: está genial.
- BlackKnight: Me alegro, viejo. Te dije que funcionaría.
- ChaosGod: ¿Esos digimon saben jugar?
- MadamEris: Oí que esos “Caballeros Reales” eran los digimon más fuertes del Digimundo. ¿No causaron problemas?
- BlackKnight: ¡JA! Son unos inútiles: no saben jugar nada. UlforceV-dramon se pasaba de listo con su turbo; Lordknightmon se fue al carajo en la primera vuelta; la mitad de ellos se perdió con las curvas cerradas. Sólo Omegamon mostraba algo de decencia, pero lo pasé por mucho al muy idiota. Si los Caballeros Reales no saben lidiar con un simple juego de carreras…
- MadamEris: Entonces los digimon son basura. Si no saben jugar un juego, morirán como moscas.
- BlackKnight: ¡Seguro! Pero si mueren rápido, no será divertido
- ElCarnicero: Disculpen por interrumpirlos, pero… ¿Qué pasará si los digimon logran traspasar el Muro de Fuego? ¿O si algún tamer va al Digimundo?
- ChaosGod: Viejo; eso no pasará: nos encargamos de hacer esa barrera completamente impenetrable. Ninguna digibasura lo atravesará.
- ElCarnicero: No me culpen por ser precavido… Hey: tenemos más de 145 miembros en el grupo, y aumentando. O sea que tendremos muchos jugadores en el Digimundo. Solo espero que no le fuerce al programa.
- MadamEris: Los juegos que ofrecemos son muy buenos. Y después de hoy, nuestro sitio será muy popular.
- BlackKnight: Eso espero, MadamEris. Y a ElCarnicero, nos aseguraremos que el programa siga funcionando.
- MenethrilKiller: ¿Y si los digimon aprenden a combatir en los juegos?
- ChaosGod: El socio BlackKnight y yo nos encargamos de ese asunto. Nosotros jugaremos los juegos limpiamente, pero fuera del juego, pues…
- Afrodita90: ¿Que hicieron?
- BlackKnight: Digamos que envié un pequeño regalito a los digimon con el primer juego. Debe de estar en el Digimundo ahora: tardará en crecer, pero nada lo detendrá, y para cuando Yggdrasil lo detecte, será tarde.
- MadamEris: ¿Un virus?
- ChaosGod: Exacto: de hecho, hemos enviado 20 virus al Digimundo, que tardarán en desarrollarse, y su función será evitar que los digimon entren a los juegos. Así, no nos molestarán.
- BlackKnight: Todos formamos parte de este grupo por nuestro amor a los juegos. Pero también porque…
- Afrodita90: Odiamos a los digimon…
- ChaosGod: Por lo que son
- ElCarnicero: Por lo que hicieron.
- BlackKnight: Nosotros, los Game Masters, somos los amos del Digimundo.


QUE EMPIECEN LOS JUEGOS…


______________________________​


Mi nombre real... es irrelevante ¿Mi formato? : Usuario, humano. ¿Mi función? : ser uno de los líderes de los Game Masters, máximos defensores del Mundo Real. Defendemos nuestro mundo de esas amenazas digitales indeseables: Los digimon.

Las Guerras de los Juegos... han comenzado.


¿FIN?




Nota:

- Aqui el link de Reebot Wiki, para recordar la serie: The ReBoot Wiki - ReBoot, Gigabyte, TV Show, and more

- Game Cube: Game Cube - The ReBoot Wiki - ReBoot, Gigabyte, TV Show, and more
- Nulls: Null - The ReBoot Wiki - ReBoot, Gigabyte, TV Show, and more
- Icons: Icon - The ReBoot Wiki - ReBoot, Gigabyte, TV Show, and more

Y un video para hacer memoria:


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OverLord_Gabriel

Cerca de terminar mi carrera.
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Leyendo este fic, me acorde de lo mucho que me gustaba esta serie y cuando la veia en Discovery Kids (hasta que el canal se fue a la basura). Mi personaje favorito era Hexadecimal.
Supiste mezclar bien Reboot y Digimon, y se nota que el digimundo no esta preparado para esta amenaza. Realmente es una buena historia y valdria la pena hacerla mas larga. No es por sonar mal, pero este grupo que hizo los juegos y ataco al digimundo pare un grupo de fanaticos de los juegos, inadaptados y sin vida, que desquitan su frustración y aficion a los juegos contra los pobres digimon. No me gusta sonar como alguien que se basa en los estereotipos, pero me dio esa impresion.

Buen fic (aun debo ponerme al dia con los otros)
 
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Una historia algo extraña. No te negaré que no me gustaron las actitudes de los humanos. Muy prepotentes todos. Y please, esos nicks... ¡Mi nick es un nick de verdad! XD
 
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Nostalgia al leer este fic recuerdo que vi varias temporadas y el final de una de ellas dejan que el usuario gané para que se reinicie la ciudad, los personajes y el final más triste de temporada después de que pierde su ojo derecho se va con el juego y luego regresan el, su "amiga" y el perro que buena serie
 

Soncarmela

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Yo no he visto esa serie jamás, por lo que no pueo decir mucho de ella. Aunque la trama del fic me ha gustado. Creo que los juegos no serán todos de coches - cosa que podrías haber explicado un poco como perdían cada uno, la carrera en sí fue un misterio -, y habrá más alternativas. Seguramente intente bajarme la serie XD, enserio, me ha dado intriga saber como es.

Bueno... Es original crear un OC, que no es exactamente un OC, pero que creo que podemos catalogar así, que es igual a Magnamon pero un poco más alto. Ese detalle me dio risa. Algo que noto es que detestas al caballero real rosita, en todos tus fics lo dejas fatal XD.

Y los humanos... Vaya, aquí los odio. Que lancen esos cubos en el digimundo sólo para divertirse es una vergüenza para su raza, aunque no incluyo a todos. Según el "nick" de cada uno, he podido adivinar si eran chico o chica, y otros "nick" eran extraños y parecían aclarar la personalidad de cada humano. Como por ejemplo:
Este tipo me parece que va a ser el más insensible, por así decirlo. Sus "juegos" serán los de guerra.

A mí sí me gustaría que lo continuaras - cuando tengas tiempo -, porque me ha gustad y me ha parecido interesante.

Nos vemos.
 
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