Rol [FC] LA RESISTENCIA DIGIMON 2° Parte (3 años)

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Lo último que vio el peligris fue a Gaiomon con una leve sonrisa casi imperceptible y a su compañero lanzarse firmemente a su ayuda así como a madison lanzarse a continuación, mientras él se introducía en la oscuridad y en ese momento una sensación de nerviosismo lo recorrió, parecía como si entrara en algo espeso, sin calor pero a laves sin frio, varias punzadas pasaron por su pecho y el chico cerro los ojos por el dolor, después de las punzadas los abrió pues sentía emoción, frustración además de diversas emociones, respiraba con un poco de dificultad, en ese momento que decidió mirar el lugar, noto que el lugar era callado, sin ecos con una oscuridad abrazadora y fiera, estaba tranquilo y nervioso a la vez, apenas lograba ver a escasos metros sombras que él esperaba que fueran arboles




Se mantuvo alerta mientras se levantaba, apoyo sus manos en el suelo y una sensación similar a la de tocar tierra fue a su mente, ya era más que obvio el chico estaba en un bosque, o algo similar, muchos pensamientos revoloteaban en su mente, que había pasado con los demás, donde estaba su compañero, madison se lanzó? o solo fue una ilusión de su mente, se encontraba la chica bien?, porque Gaiomon lo había lanzado?.......-Gaiomon…- murmuro el chico con rencor- ese bastardo pagaría esa estupidez- dijo para sus adentros sin embargo no era momento de dejar que la ira se apoderara de él, después de todo no estaba en un lugar seguro, saco su digivice para ver si podría localizar a los otros, pero solo consiguió que el aire se pusiera más denso, en ese momento recordó, el ya no tenía emblema, lo que quería decir que estaba más que expuesto a la corrupción, un escalofrió recorrió su cuerpo cuando escucho una voz familiar, esa maldita voz que lo había estado atormentando tiempo atrás y había dejado de atormentarlo regresaba

-De regreso, estamos de regreso!!! -la voz parecía retumbar en el bosque pero era en la mente del chico donde se encontraba- Casa!!! Casa!!! Al fin!!!! AL FIN!!!

Kazehaya comenzó a sentirse nervioso pues eso ultimo lo escucho tras él, giro rápidamente pero solo vio oscuridad a larga distancia y unas siluetas parecidas a arboles

-Que pasa chico?, no estas feliz? pero si estamos en casa!!!!




El peli plata comenzó a caminar a una dirección que hasta el desconocía, un temor muy grande comenzaba a circular por el esa voz, ya no parecía estar dentro del el, acelero el paso cada vez más rápido, escucho una ricilla muy aguda incluso para una mujer, tal vez la de un niño... seguía en sus pensamientos mientras comenzó a escuchar pasos, pasos que estaban tras él, un miedo enorme lo estaba inundando y comenzó a correr, eso no tenía sentido, el siempre había podido con eso, mantenía su mente fría incluso en los momentos más fuertes o al menos eso era lo que el trataba, pero esta vez, esta vez era diferente, algo impedía que estuviera cuerdo, comenzó a agitarse debido al cansancio y a lo difícil que era respirar, cada vez era más difícil, vio algo parecido a una salida y continuo corriendo hasta allí, sin embargo los pasos seguían tras el así como esa risa

-No huyas, solo quiero charlar -dijo la voz esta vez tras el

El chico estaba a escasos metros de llegar a donde parecía terminaba esa espesura pero un dolor en el estómago lo detuvo, no solo era eso, además un olor pútrido hizo que este regurgitara, sus ojos comenzaron a tornearse rojo sangre y comenzaron a brillar intensamente

-Ya a comenzado -escucho el chico mientras se retorcía de dolor- pronto seré libre de nuevo

el peligris se puso poco a poco de rodillas tambaleándose por el dolor para después ponerse de pie, y seguir avanzando, el dolor arreciaba cada vez más y sus pasos se hacían cada vez más pesados, algunas lágrimas salieron de sus ojos inyectados en sangre, pero seguía avanzando solo para ver que a continuación de ese bosque solo había una playa de arena negra así como un mar de igual color, una gran punzada hizo caer de nuevo al chico mientras un aura comenzaba a brotar del pero esta parecía desprenderse del hasta formar una figura




El dolor atenuó poco a poco solo para que el chico pudiera ver a ese extraño ser frente a el

-Buenas lunas señorito, le estoy muy agradecido por haberme nutrido con toda esa corrupción de hace tiempo, además obviamente de haberme servido de transporte hasta ahora- hizo una leve reverencia más que nada para burlarse el peli plata que trataba de ponerse de pie a pesar de lo difícil que le estaba resultando respirar

-Quien d-d-demonios eres -dijo el peli plata mientras su respiración era agitada así como lastimosa mientras se incorporaba

-Simplemente soy y no soy, soy un ser de la dark área simples datos que se negaron a formar una estúpida roca o un árbol, soy un simple renegado que ahora tiene forma y gracias a ti muchas más cosas, así que descuida tu muerte será rápida -algo parecido a una sonrisa se pintó en el rostro del ser amorfo, pero fue en ese instante que un destello blanco apareció y se postro frente a Kazehaya, era slayerdramon, que al parecer lo había estado buscando todo el tiempo

-kaze, te encuentras bien? -dijo el ser al chico

-He estado mejor -al parecer un poco de confianza había regresado al el tras ver a su compañero pero un temor inquietante aún estaba presente

-hay pero que encantadooooooor!!! -dijo el ser mientras chocaba una vez las manos para dejarlas juntas- supongo que tendré que hacerme cargo también de tu compañero, una buena oportunidad para probar mis nuevas habilidades jejeje -la masa amorfa comenzó a tomar la misma forma de slayerdramon




-Pero que demo.... -el minamoto miro atentamente como ese ser parecía una especie de doppelganger del mundo digital mientras slayerdramon tomaba una posición defensiva

-Bien pues invitados míos, comencemos con esta encantadora fiesta -comento el ser en forma de slayerdramon mientras adoptaba una postura de combate y una espada se comenzaba a formar en sus manos
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Estoy cansado, con sueño y enfermo -.- comprendan por que el post esta jodido (siempre lo estan)
 

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Una Oscura Esperanza.
Parte 2.

Escuchó algo derrapar y giró el rostro, tenía al demonio frente a ella. Su impotente hacha se levantó evitando su camino. El filo descendió a una velocidad que solo fueron captados por los reflejos de la rubia. Miró lo cerca que estaba, habría muerto de no haber esquivado. Un segundo ataque la tenía como destino, se levantó arrastrándose y volvió a correr. Su respiración se terminaba y sintió nuevamente esa sensación de ahogarse, ahogarse en la pesada oscuridad a su alrededor. Se recordó así misma que no podía caer. Tenía que levantarse todas las veces necesarias, había gente que quería ver, que quizá la esperaba y que ella quería proteger. Tenía que volver para hacer recordar a los demás de lo que se trata la Esperanza. Un relampaguear la hizo voltear. Su enemigo ya no estaba, se detuvo y miró a su alrededor, buscaba la más mínima señal de esa construcción, si eso era una duplica de la Dark Area estaba casi segura que funcionaría. Un retumbar salió sobre ella reclamando ese lugar como suyo. Del aire la enorme parca caía disparada. Akari se movió, pero no fue lo suficientemente rápido.

¡Mirada Mortal!. — Ese ataque fue acompañado por su salvación. En un movimiento rápido la elegida ya estaba fuera del alcance de su atacante.

¡Bersek!. — Akari quedó en silencio. ¿Habían regresado?. Duskmon la dejó en tierra.


¡¿Qué están haciendo?! ¡Deberían estar protegiendo a los demás!

En ningún momento te nombramos capitán o jefa de nosotros, rubiecita. — Boltmon se miraba unos metros más lejos, aguantando los ataques de su enemigo—. Boltmon insistió, date prisa y busca lo que quieres, él tiene Esperanza en ti. — Se dio la vuelta—. Y yo también, no nos decepciones, Akari. — Lo vio dispararse e impulsándose con las copas de los árboles para llegar a ese demonio. Nuevamente aquel fuego carmín salió de su boca, pero había algo diferente, no solo se notaba carmín. Se percató muy tarde del negro entre ese color.

¡Alto, Boltmon, Duskmon! ¡Aléjense!. — Ambos miraron a la aludida e intentaron esquivar. Quizá el mismo grito fue una distracción similar a cuando una madre desvía toda su atención a su hijo con un solo grito o quejido. De esa misma manera, ambos cayeron. Akari se movilizó al punto donde ambos caían. Entre el fuego iban esas criaturas.

Los gritos aterradores salieron de las bocas de ambos, eran ahogados por las sonrisas carmín y detestables de esas bestias. Sus ojos se abrieron totalmente al ver como Boltmon perdía una de sus extremidades que inmediatamente se convertía en digicore. Nuevamente su corazón se detuvo. Duskmon ya tenía una pierna menos pero aguantaba el dolor, miró a la rubia mientras era consumido por la oscuridad. No miro desprecio hacia ella como esperaba, ni odio, sus ojos reflejaron un sentimiento de temor. Cambió a uno calmado y neutro, sintió toda la confianza de ese digimon en ella, toda la confianza a esa viva esperanza en ella.

Saca a todos de aquí, elegida. — La voz de Boltmon llegó a sus oídos. Sus ojos se tornaron cristalinos—. Devuelve la Esperanza a sus pequeños corazones. Recuerda que nosotros también necesitamos esperanza.

Y tráenos de nuevo, rubiecita, tienes el poder sagrado en tus venas.

Su digicore no se esparció, aquellas bestias lo devoraron y frente a sus ojos se desvaneció. Sus orbes se llenaron de lágrimas. Se sintió pequeña y débil, se había prometido el no hacerlo de nuevo. No, ella no era débil, pero si pequeña, no importa cuánto hubiera madurado con todo lo que había pasado, su corazón latía de forma infantil, nuevamente se negó, no era infantil, latía por la esperanza que guardaba adentro, la esperanza que mantuvieron en ella aun al borde de la muerte.

Las criaturas de tiniebla se levantaron en forma de frenesí y salieron proyectadas a ella. La elegida apretó sus puños, impotente y con el llanto a flor de piel, sus gotas de rocío nacientes de sus ojos bailaban en sus mejillas. Todos morían, una y otra vez lo hacían.

Basta… — Su susurró llegó a los oídos de las criaturas que se detuvieron—. Basta…. ¡Basta!. — Su voz resonó en los rincones de ese lugar.


La oscuridad se detuvo e incluso la parca azul quedó quieta. Lucemon había esquivado con éxito y el mago se detuvo antes de atacar nuevamente. Reconoció esa voz, sus sirvientes eran inservibles, no habían conseguido acabar con una simple humana. Sus ojos se abrieron y se maldijo, un rayo de luz bajó de lo alto de su mundo y se dirigió al Este de donde ellos se encontraban. Imaginó lo peor, miró al ángel a poco de desfallecer. Tenía que terminar todo antes de que las cosas se complicaran para él, y la elegida sin su digimon no era nada. Sonrió. Su sonrisa se evaporó al sentir algo desprenderse de él. Su poder disminuyó de golpe y con ello su demonio desapareció. Wisemon miró al emblema alejarse. Estiró las manos para alcanzarlo, pero este salió despedido. Había regresado una etapa.

Akari miró aquella luz caer, era cálida y reconfortante, la había rodeado. Levantó la mirada, era cilíndrico hasta la parte superior donde ella podía ver un cielo, un cielo que no era el mismo de ese lugar. Vio un centellar en lo alto, algo brillaba y caía a la par, la velocidad con la que bajaba le dio la impresión de que la golpearía, cubrió su cabeza con sus antebrazos evitando el impactó. Al no sentirlo abrió lento sus ojos. Se sorprendió al ver ante ella el objeto que pertenecía al elegido del apellido nocturno. El emblema de la Esperanza levitaba dentro de su etiqueta esperando ser tomado, ella dudó. ¿Era posible?, no le pertenecía, era el artefacto sagrado de Yuto. Se negó a tomarlo.

Adelante. — Esa voz se le hizo familiar. Ante ella apareció un holograma, desfigurado y borroso—. Es tuyo, Akari, ya no puedo usarlo.

¿Qué dices?. Tú eres el dueño. — La figura sonrió, negó y comenzó a dispersarse. Akari quedó dudosa, con la mente en blanco y confundida. El emblema quedó levitando, debería actuar rápido, tenía el permiso, pero se negaba a tomarlo.

Lucemon morirá. — Ese par de palabras le bastaron. Tomó el artículo. Cerró sus ojos, a través de sus dedos una onda de luz se expandió.

Akai Shougeki

LucemonShinkaPiddomon

Shinka


El ser angelical se posó ante sus ojos. Wisemon sonrió, aún tenía oportunidad contra un Campeón. Piddomon se mantuvo sin moverse esperando el ataque del nigromante. Ahora conocía sus ataques. El suelo tembló y con ello su alrededor se difuminó. Las nubes se tornaron negras, más de cómo se encontraban y el cielo gruñó estrepitoso. El hechicero mantuvo la burla en su sonrisa, seguían en su campo de batalla. Las piedras alrededor del ángel se levantaron y amenazaron con estrellarse contra él. Se cerraron alrededor, él ángel desapareció. Giró su vista buscando su blanco. Un golpe arremetió en su espalda obligándolo a caer, no por el ataque, sino por la sorpresa del mismo. El terreno se volvió abrupto por el choque de Wisemon. La furia surcó su mirada y se elevó guiado por ese mismo odio, no se permitiría el caer. Una caterva de plumas rodeadas de fuego dieron directo al Perfeccionado quien se cubrió. ¿Cómo demonios…?. Escuchó una respiración y bajó la vista, varios metros abajo visualizó a la rubia que respiraba con dificultad intentando recuperar el aire perdido a bocanadas. En su cuello iba su artefacto perdido. Ella era su blanco.

¡Tornado de Apollo!. — Nuevamente se había distraído y regresó en sí cuando sintió las quemaduras del Campeón. Se sacudió eliminando las llamas en sus ropas y miró al ángel adelante. No planeaba perder. Cerró sus ojos y a su par las piedras aparecieron en sus manos agrandando su tamaño. Él ángel no era su blanco.

¡Nirvana Eternal!.

¡Piddomon!. — La energía sagrada salió despedida del colgante en su cuello.


PiddomonCho ShinkaLordHolyAngemon
Cho Shinka


LordHolyAngemon Modo ChenjiMagnaAngemon
Modo Chenji

MagnaAngemon. —Akari permaneció mirando a él ángel en el aire, no se veía como antes, se mantenía puro. El cambio de modo fue lo que llamó su atención. Miró el emblema y dudó. ¿Así tuvo que haber sido siempre?.

¿Crees que me asusta angelucho? ¡Dialo…!

¡Desterrador de Almas!. — El torbellino de luces impactó contra el mago quien miró aquellas que fueron sus heridas, tenía heridas aun cuando antes se había protegido. Se maldijo, subestimo a ese par—. Puedes rendirte, Wisemon. — La voz solemne del ángel se escuchó. En lugar de una respuesta carcajeó.

¿Rendirme? ¡Jamás!.

Me estás dando mucha lata, Wisemon. ¡Puerta del Destino!.


Los ojos de la rubia se quedaron fijos en la puerta que comenzó a succionar su alrededor. Wisemon se resistía. Sus orbes se abrieron totalmente, miró un digiegg y su crecimiento, el crecimiento de un digimon que había nacido en soledad, esperando a un alguien que jamás llegó. El protagonista era el mismo nigromante que estaba a poco de ser absorbido y a su vez desaparecido.

Cierta empatía dominó el interior de Akari, dulcemente sintió esa viva Esperanza de Wisemon al ser un bebé, la Fe de que su querido humano vendría a buscarlo lo mantenía de pie día a día. Nunca llegó. Su cálido sentimiento se congeló y en su lugar llegó la desesperación y el odio, el odio por el mundo que se lo había arrebatado y por aquel sustituto que no fue a reclamarlo, a hacerlo compañía ni darle el cariño que él se merecía o el papel que tenía que representar. Lucemon era su sustituto y ella el reemplazo de Hikaru.

¡Alto, MagnaAngemon!. — Ese par de palabras obligaron al ángel a bajar la mirada—. ¡Detente! ¡Detén la Puerta del Destino!. — MagnaAngemon chasqueó la lengua y de mala gana obedeció. Wisemon miró a la rubia con duda. — Wisemon no quiere terminar de esta manera. ¿Verdad?. — Lo miró.

¿Tú qué sabes, Takaishi?. — Descendió un poco. Magna se adelantó y le evitó el paso.

Ese sería un deseo de Hikaru, el que tú tuvieras una buena vida. — Habló por inercia, ni ella misma entendió por qué y se quedó con la duda en la mente. En el suelo un cuadro amarillo se reveló y otro seguido de este con la figura similar a un par de peldaños. Dudó unos momentos. Wisemon se quedó congelado—. Lamento mucho no venir a buscarte. — Subió ambos y otro par apareció, esa secuencia siguió mientras ella subía. — No sabía de tu existencia, Wisemon, tampoco de la de Hikaru, no tenía idea, perdóname. — Se detuvo, el escalón amarillo semitransparente tomó la iniciativa y comenzó a elevarse. Akari se sobresaltó y estando a punto de caer MagnaAngemon se acercó hasta ella.

¿Crees que pidiendo perdón todo se solucionará?. — Wisemon se acercó, ese sentimiento negativo aún estaba incrustado en su mirada—. ¿Crees que con eso toda la soledad se compensará?. ¡No tienes idea, Takaishi!.

Quizá no sentí lo que tú, pero sí tengo idea de lo que pasaste. Wisemon, no podrás traer a Hikaru, lo que pides es mucho y el mundo no está regido de esa manera.

El mundo se rige como uno quiere que lo haga, traeré a Hikaru con mi magia y tú serás solo un fragmento de él.

—¡Eso no es posible! Ten en cuenta la realidad, podrás traer el cuerpo, pero nunca tendrás a aquel que sería tu elegido. ¡Por favor, Wisemon, tampoco tú crees totalmente en eso!. ¡¿Crees que a Hikaru le gustaría verte con estos absurdos pensamientos e intenciones?!.

¡Calla!. — Su mano se elevó. MagnaAngemon la detuvo a una velocidad que ni él mismo creyó.

Sabes bien que tiene razón. — Habló el ángel—. Terminar con Akari no te dará a Hikaru.

Tienes miedo de que todo por lo que luchaste haya sido en vano. ¿Verdad?. Luchaste de la forma equivocada, guiándote por la oscuridad. ¿Quieres una segunda oportunidad?.

No conoceré a Hikaru aunque me la des. ¿Qué chiste tiene entonces?.

¿No te gustaría vivir como a él le hubiera gustado?. No sabía de él, no lo conocí, pero tampoco creo que le gustaría verte en tan mal estado, Wisemon. ¿Quieres ir a casa?.

¡Esta es mi casa!. — Su mente cerrada le negó creer en sus palabras, en las palabras que él sabía eran verídicas. Se abalanzó a la rubia. Una esfera dorada la rodeó y la jaló inmediatamente al suelo, eso no lo detuvo y la siguió. Akari tocó el piso. Le faltaba poco y sonrió, todo lo que ella le dijo eran palabras vacías. Se detuvo de golpe al sentir algo atravesándolo, en su pecho un arma se había enterrado. Giró la vista y vio aquel odioso casco. Tenía clavada a Excalibur. Takaishi se quedó en silencio mirando al mago, este la observó con un sentimiento clave en sus ojos—. Deja esa lastima. — Akari cayó en cuenta de ello y desvió la vista. Lo observaba de la forma que no le gustaba la vieran a ella.

MagnaAngemon retiró su espada y fue a lado de su elegida. Su mirada aún de rencor atravesó los ojos de ella, no todo podía ser color de rosa, las cosas no terminaban de esa forma, no desde que puso un pie en el Digimundo y de allí a la Dark Area. La herida con la que el mago contaba se abrió más y con ello las partículas de código se desprendían desapareciendo. Llevó la vista a la elegida y ella se sintió culpable. En verdad, era un digimon que nació solo, con un propósito vacío.

Todo estará bien. — Sonrió, intentó transmitirle un poco de calidez en esos últimos instantes. Sus palabras tocaron algún punto clave o eso ella pensó. Una leve sonrisa surco esos invisibles labios del mago antes de desvanecerse e internamente se alegró. Pero pronto recordó, los digimon en ese mundo no renacían. MagnaAngemon descendió y se paró junto a ella.

¿Por qué?. Wisemon ha muerto y este mundo sigue de pie. — Su cuestionamiento llamó su atención y elevó la vista para alcanzar a verlo, era mucho más grande ahora. MagnaAngemon analizaba la situación con cuidado. Diferente a él su elegida solo tenía una cosa en mente.

Vamos a buscar a aquellos que están en él faro, Boltmon y Duskmon lo llevaron a ese lugar, deben estar asustados, después saldremos de aquí. — El ángel se notó confundido al no reconocer ninguno de ambos digimon. Akari se movilizó a la dirección por donde había llegado—. Perdón, los conocí aquí, cuando escalaba el muro los Evilmon me “secuestraron” para llevarme ante ellos, solo eran digimon con miedo, pero Esperanza. El faro conecta con la Dark Area, deberíamos ser capaces de salir por ese lugar.

No creo que la Zona Oscura sea el mejor lugar ahora, Akari.

—No creo que tengas una mejor idea. — Su voz se notó un tanto fría, él ángel buscó ignorarlo y la siguió—. Me pregunto, ¿Qué pruebas se habrían enfrentado a Hikaru?. ¿Qué hubiera sido diferente?.

No pienses en eso, él hubiera no existe.

Vale.

Su caminar era silencioso y aunque quizá ella no era capaz de notarlo una barrera se empezaba a levantar. MagnaAngemon tenía dos respuestas, no se percataba o era quien levantaba la barrera y simplemente prefería creer en la primera. Aunque ahora se mantenía en una etapa Ultra correcta no se sentía cómodo con ella. Un retumbar cruzó sus tímpanos y sus miradas fueron directo al Faro, desde la parte más alta comenzó a desaparecer. Su interior se contrajo, allí estaban los digimon que el otro par protegió. Un sonido infantil llamó su atención. Ella desvió la vista y alcanzó a ver una silueta que se movía. Su digimon se adelantó a protegerla. Esa dimensión seguía siendo un misterio.

¿Quién está allí?. — Akari se adelantó a su digimon y se acercó. Magna la detuvo colocándose frente a ella.

No sabemos qué es lo que queda aquí.

Lo siento. — Una suave voz salió entre las rocas, a sus espaldas el paisaje no era el mismo, en su lugar podía visualizarse un pasillo—. Mi hermana no es buena presentándose, mi nombre es Sistermon, fuimos mandadas para recibirlos. — MagnaAngemon se relajó, no emitían esa aura negra que todo el lugar transmitía. La entidad tenía una figura femenina que le trajo a una monja a la mente, ropas de color negro y blanco, pero en la cabeza su sombrero era aquello que llamaba su atención. A su espalda podía distinguir a alguien oculto. Los ojos temerosos y las mejillas sonrojadas la hicieron sentir una sensación de ternura que no la restringió de sonreír.

¿Sistermon?. — Akari dio un paro al frente.

Son digimon buenos, puedes confiar en ellas. — La elegida asintió con aire ausente. Justo bajo sus pies una onda expansiva se abrió paso y su alrededor se tornó blanco tras una secuencia de colores diferentes. La menor de los digimon.

Por aquí. — Comenzó a caminar la mayor.

Espera, ¿Qué pasó con los digimon en el faro? ¿Qué pasará con todos aquellos que murieron en este mundo?.

Tus preguntas serán respondidas cuando lleguemos.

¿Dónde?.

Con la persona que te espera. — Dulzura fue la palabra para describir la voz. La hermana menor había hablado con un tono amable y tranquilo. Era similar a la mayor a diferencia de los colores blanco y rosado.

Eso no me respondió mucho. — Comenzó a caminar siguiéndolas.

Su alrededor tomó la figura de un lugar apacible y cómodo, las ventanas a sus costados mostraban un paisaje donde la paz reinaba, pero no daba indicios de ser un lugar que alguno de los dos conociera, no notaba puertas a sus costados, solo era un pasillo que parecía extenderse sin un final, o ese se era el pensamiento vago de Takaishi. Sintió casi l misma calidez que en su hogar, casi. Una enorme puerta se levantó, Akari se había perdido tanto que no se percató cuando esta apareció. Sus figuras en la madera llamaron su atención, no era una puerta normal, de hecho, tenía casi seguro que ese no era un lugar normal. Ambas hermanas se encargaron de abrir las puertas. Del otro lado un par de entidades podían notarse. MagnaAngemon recibió un ataque de información a su mente y reconoció al dueño de esos pensamientos y a su par los nombres de los digimon a unos metros suyos.

Sistermon, bienvenidas. Llegaron antes de lo que indico Shakamon. — Una mueca se formó en el ángel. Ya sospechaba algo de ese digimon—. Es tarde ya, vallan a entrenar con Huckmon, yo iré a verlos más tarde. — Sonrió.

Akari se dio cuenta de cierta dosis de liderazgo en su voz. Ambas hermanas asintieron y salieron de la habitación. El digimon nombrado Huckmon les dio una última mirada a ambos. No evitó que el rostro de ese digimon le recordara a Greymon y que de ese rostro se fuera directo a quien tenía el apellido Malade, por enlace su mente fue a Alex, ambos elegidos que tomaron tiempo en su vida para dejar algo en el lugar de su muerte. Sonrió débilmente. El sonido de una gota al caer la sobresaltó internamente. ¿Lágrimas?. Claro, habían llorado por ella, pero esa lágrima era de una persona en específico. Kenji.

Una nostalgia la azotó cual látigo sin piedad al sentimiento que ella resguardaba con recelo en su interior. Entonces lo recordó, sus sentimientos, sin querer o desearlo algo dentro de ella le punzó. Su compañero se percató, pero igual que antes solo cayó. El espectador observaba con curiosidad los gestos de la rubia y cruzó ambos brazos, una sonrisa atravesó sus labios, era la primera humana que conocería luego de mucho tiempo, a pesar de que los digimon compartían los sentimientos de los humanos había cosas que ellos no comprendían totalmente, o que hacían pero no eran buenos aconsejando.

Nuevas imágenes llegaron a su mente. Evangeline miraba diferentes cosas, diferentes personas y por medio de ella era capaz de saber el estado de los demás. Entonces lo vio, a su primo en un mal estado y temió por él. Tenía que moverse rápido y aún le faltaba averiguar donde estaba su digiegg. Aquel colgante en su cuello era únicamente prestado. Su preocupación aumentó.

Sea bien recibida, elegida. — Su voz la regreso al mundo, sus ojos fueron directo al digimon, no lo reconocía—. Por petición de Shakamon sea bienvenida a mí humilde morada, realmente espero que mis aposentos sean de su gusto.

Gracias, pero… ¿Quién eres tú?.

Soy Gankuumon, — Por inercia la elegida giró el rostro a su compañero buscando una respuesta más extensa.

Es un Royal Knight, el encargado del entrenamiento de Huckmon, prospecto a entrar a esa misma liga. — El aludido lo miró con cierta molestia, ante sus ojos sabía demasiado—. Me lo dijo Shakamon, por si te lo preguntas.

Lo imaginaba. — Levantó ambos hombros al aire mostrando desinterés.

Dime. ¿Dónde están los digimon que murieron en la Dimensión delos Espíritus?. — El digimon se notó extrañado por la pregunta, como si la elegida en realidad desconociera todo, se percató en sus ojos rosados que en verdad no lo sabía, entonces comprendió las palabras del sacerdote digimon.

Esa es una respuesta que solo Shakamon sabría responderte con certeza. Lo lamento. — Ella no dijo nada, su silencio lo dijo todo, estaba preocupada y a su vez molesta con ese digimon que ahora que había salido no iba a darle la cara—. Bueno, ¿Gustan comer algo o dormir? Entrenar si lo quieren, aunque no se los recomiendo en su estado actual, creo que comer algo ligero y descansar sería la mejor alternativa, aunque sinceramente no tengo idea de cómo piensan los humanos. — Su voz sonó despreocupada y camino a uno de los costados donde se veía una salida.

Gankuumon. — El digimon se giró—. Lamento rechazar tu oferta, pero tenemos que irnos, tenemos que…

¿Ir con sus compañeros?. No ha pasado mucho tiempo desde su caída, no les quitará nada quedarse aquí para recuperar sus fuerzas. — Akari negó y esto atrajo su atención.

Todos se encuentran en malas condiciones, en verdad es muy importante que regrese, quiero intentar ayudarlos, quedarme a descansar no es opción, además… tengo a una persona enferma. — Su primo cruzó su mente, su estado, tenía que irse.

Takaishi, escuche por favor, debe descansar. ¿No ve sus heridas?. — El digimon se acercó y notó su deplorable estado—. Y aunque su compañero no lo admite su fuerza es reducida, ser un digimon vacuna en un lugar oscuro hace que el peso de una batalla sea el doble. — Akari lo sabía, conocía que su compañero se encontraba mal, pero fue algo que había ignorado apropósito, se asustó de ese pensamiento. Ella asintió.

Creo que entonces aceptaré tu oferta. — Se rindió. El Royal Knight asintió.

Sistermon les mostrará su habitación. Descansen todo lo que puedan y tengan buen provecho en sus alimentos. — Se despidió y se perdió por una de las puertas. Akari miró a su digimon.

¿Planeas quedarte de esa forma?.

No sé si sea seguro abandonar la evolución tomando en cuenta que no tenemos digivice. — Akari bajó la vista al emblema, lo tomó y lo elevó.

Confía en esto entonces, de alguna forma lo consiguió una vez, puede volver a hacerlo, anda, que si Gankuumon tiene razón necesitas recuperar fuerzas. — Él asintió, y de la misma forma que momentos atrás se iluminó y la forma de un pequeño ángel mitad dragón apareció. Se acercó a su compañera, esta le sonrió y comenzó a caminar a la puerta donde visualizó a Sistermon de color blanco. Cupimon se quedó allí unos momentos, no era la reacción que él esperaba. Ese sentimiento inundo a Akari quien se dio la vuelta y regresó por el digimon levitando, lo tomó en brazos y volvió a andar—. Perdona, Cupi. Creo que estoy cansada.

Su habitación era extensa y sin querer el lugar donde durmió en la Dark Area cruzó su mente, el cuarto que pertenecía a Lucemon Falldown Mode en el imponente castillo, pero, a diferencia de ese lugar este no compartía el estilo gótico, contrario a ello transmitía una calidades de un hogar. Cupimon había caído rendido en brazos de Morfeo y ahora descansaba pasivo en sus brazos. Su elegida lo miró y se preguntó cuándo habría sido la última vez que lo hizo desde su muerte, seguramente en ese sueño descansaría por todo el tiempo perdido además de la fuerza usada en las anteriores batallas. Por un instante no creyó que en verdad ese suceso hubiera terminado. Se dirigió a la cama y lo depositó con dulzura en ella. Sistermon se movió en la habitación acomodando pequeños detalles.

Sistermon. — Habló llamando su atención. Ella se giró y clavó sus ojos azabaches en Akari quien terminaba de arropar a su pequeño digimon—. ¿Ustedes tienen una opinión similar a Shakamon acerca de nosotros, los elegidos?.

Cada digimon tiene una opinión diferente, elegida y cada elegido es llamado de una forma diferente conforme a sus acciones y decisiones que han influenciado a nuestro mundo. — Llamado de una forma diferente. Akari se sobresaltó ante aquello, sus decisiones no eran las mejores, pero buscaban remediar sus errores, sin embargo, eso no lo sabían los digimon—. Generalizar lo que cada uno cree no es correcto. — Esas palabras no habían respondido del todo lo que ella dijo, por lo que entendió eso era un no.

Yo no lo creo así. — La hermana menor salió a relucir detrás de la puerta—. Yo creo que si están aquí es porque son capaces de traer paz a nosotros y cuentan con la fuerza para hacerlo. Después de la tormenta, viene la calma. — Las palabras de la más pequeña reconfortaron a la Takaishi, sí, aún había Esperanza. Akari le sonrió agradeciendo su sinceridad y se sentó al borde de la cama.

Gracias por responder.

No hay de que, puede tomar un baño si lo desea, encontrará todo lo que desee en el ropero. — Se sorprendió por ello, luego recordó que Shakamon avisó de su llegada. Eso también la avivó a continuar, de alguna forma ese digimon sagrado creía en que ellos saldrían de ese lugar y llegarían a donde ella estaba sentada en ese instante—. Si se le ofrece algo estaremos donde Huckmon. — La rubia asintió y ambas se retiraron.

La portadora de la Esperanzase incorporó y se aventuró a ver dentro del ropero, se sorprendió levemente al percatarse que estaba repleto con prendas que ella conocía, ropa que alguna vez utilizó, que tenía en su armario e incluso aquella que planeaba comprar mientras vivía en Italia. Se sorprendió al ver un conjunto que había escogido en compañía de Kurogane en una de sus visitas a ese sitio, no lo compró sin embargo el pelinegro fue insistente en esa ocasión. Sonrió con dulzura pero lo pasó, no veía muy conveniente el usar ropa demasiado alegre. Se detuvo y quedó mirando el conjunto. ¿Cómo Shakamon sabría de eso?.

De la misma forma en la cual sé que es lo que piensas ahora. — Akari se giró buscando la procedencia de la voz, en un corto tiempo se percató que venía de dentro de su cabeza, eso comenzó a chocarla, una y otra vez era lo mismo, la diferencia era que en esa ocasión sabía de quien se trataba—. Debo felicitarte por tu perseverancia en el mundo de Wisemon, realmente esperaba mucho menos y fue algo que no estuvo tan mal.

Tan es la palabra clave. — Susurró—. Gracias, pero realmente quien hizo más trabajo fue Lucemon. — Respondió mentalmente.

No desvalores tu trabajo, tu información sufrió daños. ¿Te lastimaste?.

No husmes en mi información, es raro. Son cosas superficiales, nada que no se quite solo. — Había olvidado totalmente el detalle de sus heridas, incluyendo su rodilla que comenzó a arder tan pronto recordó que la tenía. Se preguntó que otras heridas habría tenido e igual que la primera su cuerpo comenzó a doler. En otro punto bañado en un color blanco podía verse a una silueta que tenía frente a él una pantalla holográfica.

No todas son heridas superficiales. Tu información aun es modificable, no tardará en pasar a un estado permanente. ¿Quieres que modifique los errores?. — Ella meditó unos momentos—. No necesitas cicatrices para recordar lo que hiciste. — Ella suspiro con cierto cansancio, pasó a un estado en el cual no entendía lo que él digimon le decía, estaba muy cansada para pensar y cada momento que pasaba estaba más cerca de desvanecerse—. ¿Takaishi?.

Dime. — Respondió un tanto sobresaltada. Se sintió como si estuviera en su aula y hubiera caído en un sueño durante alguna clase, en ese momento Shakamon jugaba el papel del maestro. Sus mejillas se ruborizaron por ese hecho. Su alrededor se tornó turbio. Lo último que escucho fue a ese digimon pronunciando su apellido una y otra vez. Una segunda voz habló pronunciando su nombre, sabía de quien era pero a la vez lo ignoraba.

Sintió la calidez del Dios matutino, tenía mucho tiempo que no sentía esa sensación abrasadora. Intentó abrir sus ojos, pero sus parpados eran demasiado pesados. Su cabeza sentía un retumbar y aunque deseaba levantarse su cuerpo se lo negaba. Cruda; esa palabra sería la que la gente manejaría en su mundo al ver como se encontraba, sin embargo no había estado ni cerca del alcohol. Chasqueó la lengua y luego de luchar contra sí misma sus suaves pozos se abrieron. Se incorporó sentándose sobre el material acolchonado e intentó escanear su alrededor, se le hizo imposible. Llevó su mano a su cabeza y masajeó levemente sus sienes. ¿Cuánto habría dormido?. Respiró despacio y dejó esa pregunta a un lado.

Se inclinó hacia atrás hasta que su cuerpo tocara nuevamente la almohada y se relajó. Observó el techo que cubría la cama y de allí llevó su vista alrededor. Si hubiera estado en su mundo nunca habría tenido la oportunidad de dormir en una habitación con ese aire de palacio tan extraño. Un rechinar llamó su atención y giró el rostro incorporándose de golpe, aquella hermana que la recibió anteriormente abrió sus ojos con la mirada iluminada. Salió de la habitación con la Velocidad como palabra clave en ambos pies.

¡Por fin despertó!. — Esa oración le afirmó que llevaba más de un día dormida. Se sobresaltó por el tiempo, no podía ser demasiado. ¿Verdad?. Por la puerta de la habitación se pudo distinguir tres siluetas, ambas hermanas y quien imaginó era su compañero. Una cuarta y más grande se levantaba a sus espaldas, tenía una idea de quien era. Al revelarse no era la persona que pensaba.

¿Te sientes mejor?. — Sistermon Noir fue la dueña de las palabras. Akari asintió por un reflejo, realmente se sentía mucho mejor. Recordó las palabras de lo que para ella fue una noche anterior y se destapó. Ya no tenía las cicatrices ni ningún indicio de dolor por las heridas. Su conclusión fue Shakamon la había sanado arreglando su información, aun se preguntaba cómo es que eso era posible.

¿Cuánto tiempo dormí?.

Tres días. — Ella misma no se lo creyó y volteó su mirar para recibir un asentimiento por parte de su digimon. Regresó su vista al frente. Había dormido demasiado. ¿Por qué?. ¿Tanta energía había perdido? —. Deberías tomar un baño. — Sugirió aquel digimon que le recordaba tanto a Greymon. — Tu olor es malo. — Akari se ofendió y lo fulminó con la mirada, supuso que el digimon buscó decirlo con el mayor tacto posible, sin embargo no lo había conseguido—. Sin ofender. — Agregó. La elegida suspiró.

Tomaré tu consejo, Huckmon, gracias. — Le sonrió.

¿Se le ofrece algo más?. — Habló Sistermon Blanc, la joven negó. Tras una corta despedida los tres se retiraron. Akari sintió nuevamente esa extraña mirada de Huckmon. Quizá olía muy mal. Ese pensamiento extraño la hizo reír, hacía tiempo que no pensaba en cosas tan absurdas. Quedó mirando su rodilla y sonrió levemente, se tomaba las cosas demasiado en serio. Cupimon la miraba con cierta extrañeza.

No puedo creer que dormí tanto, es demasiado tiempo.

Estaba preocupado. Pensaba que ya no despertarías. — Cupimon voló hasta su cama quedando de pie. Akari acarició suavemente su cabeza y negó.

Soy inmortal. — Bromeó. Cupimon continuaba con esa mirada de duda en su rostro—. ¿Sabes algo de Shakamon?. — Su compañero de vida se elevó y fue a la que era la mesita de noche, retiró lo que parecía ser de espaldas algún tipo de celular. Regresó con ella y soltó el dispositivo en la cama.

Dijo que era para ti, que sabrías que hacer y cómo usarlo. — El digimon se sentó junto a ella. Takaishi tomó el dispositivo inmediatamente y comenzó a husmear en los botones que aparecían en la pantalla. Se detuvo ante un icono familiar, un correo. Apretó el botón en la pantalla táctil. Se sobresaltó cuando una pantalla 3-D se desprendió. Distinguió la figura.

Takaishi, seguro te preguntas porque no te digo las cosas personalmente, creo que has aprendido bien. Seré claro, ahora solo cuentas con el Emblema y tus opciones de evolución son limitadas, recuerda que usaste una de ellas en esa dimensión, al no tener tu digivice el poder de tu digimon también cuenta con un límite, por ello, modérate. Lo que tienes en tus manos no es un digivice, es algo que apenas roza la función de un comunicador, es un prototipo. — Cupimon se acercó a ver al aludido dispositivo en manos de la rubia, Akari hizo un gesto similar—. Tiene otras funciones, sin embargo ninguna que alcance el nivel de los digivice sagrados, ya que no cuentas con un digiegg este dispositivo te dará la oportunidad de encontrarlo por medio de un localizador, Gankuumon te dejará a salvo. He incluido algo en la opción baúl, procura revisarlo, lo que hagas con ello es tu decisión. — Su figura desapareció.

No me gustan sus juegos. — Cupimon se quejó, por su parte la chica había encontrado dicha opción en la pantalla. Tocó con suavidad y esta reaccionó, analizó la imagen. No comprendió. Deslizó su dedo y cambió la ilustración.

Este es… Boltmon. — Con el mismo asombró se inclinó y volvió a hacer el gesto anterior. Uno a uno los digihuevos aparecían tardó en percatarse que en la esquina inferior derecha estaba la imagen de quien fue en vida. Se detuvo ante la imagen de un huevo de color negruzco. Era Duskmon. Continuó viajando entre las imágenes hasta toparse con otra, Wisemon. Sonrió levemente, todos tendrían una segunda oportunidad. El querubín se acercó curioso. Llevó sus ojos a su elegida—. Nos vamos hoy, Cupi. — Se levantó de la cama a una velocidad que no reconocía, resbaló. Algo la sujeto, pero no vio a nadie. Su mano estaba aferrada al pilar de la cama. Debió ser por eso.

Se dirigió a la única puerta de la habitación la cual dedujo era el baño. Giró la perilla y del otro cuarto se encontró con una ducha grande con cancel de cristal y en paralelo una tina. Sus azulejos eran la mitad blancos y la otra mitad azules con pequeños cuadros de colores en medio que dividían el baño a la perfección. Sonrió por el buen gusto que tenían sus habitantes de ese imponente castillo. Ingresó y abrió las llaves que respondían a la ducha, quería darse prisa, ahora tenía algo que hacer y deseaba regresar pronto a su grupo. Dejó correr el agua hasta que la entibió a una temperatura que su piel soportaría. Miró su reflejo en el espejo que adornaba la habitación. Estaba sucia, despeinada y recordó la última vez que entró a una ducha, una noche antes de combatir contra el D-Reaper.

El agua era cálida y se sintió reconfortada por esa sensación, momentos antes en la cama sus manos y pies estaban congelados. Miró por medio del cristal el baño, nuevamente pensó en las ventajas que tenía estar en ese mundo, sin embargo, traía muchas otras cosas que pedía a cambio. No demoró mucho en terminar. Cerró las llaves y colocó aquellas toallas blancas en su cuerpo. Una en su cabeza y la otra la enrolló en su cuerpo. Limpió el vapor del espejo y se dio un último vistazo. Se sentía mucho mejor ahora. Se giró pero se detuvo en seco. Esa marca de nacimiento permanecía en su hombro. La Esperanza. Desde que ella vio la luz fue escogida. Recordó a su fallecido hermano. No, su hermano fue el escogido. Quizá ella solo era un reemplazo, pero por su padre y su hermano intentaría llevar todo sobre sus hombros. Abrió la puerta y distinguió a aquel pequeño ángel sobre la cama. Él querubín se sobresaltó y giró el rostro con un leve sonrojo.

¡¿Qué crees que haces?!.

Vamos, Cupimon, cuando eras un bebe nos bañábamos juntos. — La rubia sonrió, su compañero en cambio no regresó la mirada, pero los recuerdos de la infancia lo reconfortaron. Había pasado mucho tiempo desde aquel entonces en el cual nació y conoció por primero vez a su elegida.

¿Qué harás exactamente?.

No puedo hacer nada sin mi digiegg, el Emblema es momentáneo, tengo que recuperar lo que es mío.

Bien, te espero abajo, Noir y Blanc avisaron que prepararon un desayuno. Date prisa. — Sus pequeñas alas se extendieron y se dirigió a la puerta.

Me daré prisa, por favor desayuna primero. — Su receptor asintió. Tenía hambre, y de eso ella se dio cuenta, de lo contrario no habría accedido.

En pocos minutos la rubia ya estaba cruzando los pasillos a donde ella creía estaba la sala principal. Suspiró, sentía que ya caminaba mucho. Como siempre, en construcciones donde conectaban muchos pasillos, se terminaba perdiendo. Ahora vestía un pantalón de mezclilla entubado donde estaba colocado aquel dispositivo, un par de botas color café que llegaban un poco más debajo de su rodilla eran las dueñas de sus pies, de la cintura hacía arriba una blusa de color blanca de tirantes y en su cuello lo único que colgaba era el emblema. Abrió una de las mesas que dieron directo al comedor, su extensión cubría casi toda la habitación a su largo, le dio curiosidad ese hecho, un comedor tan grande para un grupo tan reducido de habitantes. Su querubín no estaba. Había un plato servido, por un instante dudo, de no ser por aquel mensaje en papel se habría negado a comerlo.

Se sorprendió al ver ese desayuno tan al estilo japonés que su madre solía hacer en las mañanas familiares y una sonrisa se escapó de sus labios. Por esos recuerdos fue que ahora no deseaba cubrir su marca de nacimiento. Concluyó en menos tiempo de lo que esperaba, se sentía satisfecha principalmente porque aquella sazón era muy similar al de su mamá. Se incorporó y retomó su andar por los pasillos buscando a su compañero, miró de soslayo una ventana y lo distinguió afuera. Sistermon, la menor, jugaba con él animadamente. Sonrió al verse reflejada en esa digimon hace años. Parpadeó, al abrir nuevamente sus ojos estaba bajo el marco de la puerta principal. Se giró sobresaltada buscando una explicación, hasta hace poco estaba unos ventanas a su izquierda.

Lo siento, tardabas mucho. — Llevó su vista a su izquierda—. Veo que Lilamon pegó su suave fragancia en ti. — Azotó su mano en la cabeza de la rubia, extrañamente no le causó algún dolor, sin embargo el comentario le pareció una ofensa.

Esta mañana apestaba a Ogremon. —Habló un recién llegado sin una pizca de mentira en su voz. Akari pegó un brinco al verlo junto a ella, olfateando de forma exagerada—. Ahora huele bien.

Huckmon, eres grotescamente honesto ¡Grotescamente! Esos comentarios no les gustarán a las digimon. — Sinceró la Takaishi acompañando su acción con ademanes de regaño—. Te quedarás sin novia. — Afirmó y le dio la espalda con un puchero en sus labios. Gankuumon soltó una carcajada grave que profanó los oídos de los presentes.

La elegida ve tu futuro. — El Royal Knight palmeó a su compañero quien le mostró una sonrisa caníbal, mostrando gran parte de sus dientes, principalmente aquellos colmillos filosos.

También iba para ti, Gankuumon. — Lo miró y la risa del Caballero se cortó. Ahora Huckmon fue el que se burló.

No te burles de tu maestro. — Azotó su mano con fuerza en la cabeza del digimon dragón quien soltó un quejido. Esta acción hizo reír a la Takaishi. Ambos digimon giraron la vista en la elegida que tres días antes tenía un aspecto que daba lastima, ahora se notaba mejorada. El dueño del mostacho aclaró su voz llamando la atención de la rubia—. Supongo que vas a partir ahora, Cupimon me lo dijo hace rato. Gryphonmon será su transporte a la ubicación de los elegidos.

Podemos llegar a pie. — El RK sonrió y negó acompañando esto con el movimiento de su índice

Estamos varios pies sobre el nivel del mar, si quieren irse por su cuenta pueden, pero según mis conocimientos los humanos no saben volar. — Se sorprendió por no haberse dado cuenta que esos aposentos estaban en el aire, comprendió como es que en aquel lugar aún el paisaje se notaba puro y bello, no tenía contacto con el caos en tierra.

No era necesario el sarcasmo. — Refunfuñó. Cupido versión Digimon llegó huyendo de la menor hermana, tras ella iba la mayor, esta aun jugaba pero el ángel se notaba agotado ante aquellos juegos. Aceleró el vuelo y se acercó hasta donde estaba el trío. Su respiración era cortante y descansó sobre la cabeza de la Takaishi—. Te notas cansado.

Sistermon no tiene un botón de apagado. ¿Cómo quieres que este?. — Miró a Gankuumon quien no lo vio con la misma sonrisa que tenía hace poco con la rubia, esta de golpe había cambiado. No le importó. Era cosa de enemistad entre línea evolutivas, no era la primera vez—. No es por impaciente, pero ¿Tienes el transporte que mencionaste?.

Desde hace un buen rato. — Zanjó. Gankuumon dio la vuelta y levantó la palma sin importancia—. Buen viaje. — Como la primera vez que lo vio el digimon desapareció por la puerta principal del castillo. Huckmon también otorgó una mirada de desagrado hacia el querubín. Cupimon se asqueó. Tenía conocimiento de que el apenas retirado no tenía mucho tiempo que había sido ascendido a Royal Knight y el Greymon grisáceo ni siquiera era uno y lo observaban de esa forma tan repugnante. Medió sonrió ante la idea de que llegaran a enterarse de que alguna vez en el pasado peleó codo a codo junto con el principio y fin de su imponente liga, esa escena lo regocijaba y su ego le pedía a gritos ir y reclamar su lugar ante ese caballero como el líder Demon Lord que tanto lo representaba, el dueño del Orgullo.

¿Entonces nos vamos?. — Su voz desvió sus pensamientos y solamente asintió. Gryphonmon descendió de una torre alta de la construcción. En unos minutos el digimon se encontraba cruzando el cielo descendiendo lentamente cada cierto tiempo evitando el lastimar a la humana sobre su lomo. Akari sintió algo vibrar a la altura de su cintura. Desprendió aquel comunicador de su pantalón y alcanzó a ver un punto dorado. Deslizó su dedo suavemente sobre la pantalla. La imagen se amplió y entonces se sobresaltó—. Gryphonmon, puedes dejarnos aquí.

Gankuumon dijo que los dejara donde están los otros elegidos, si no le agradan las alturas no falta demasiado tiempo.

Se lo que dijo, pero tengo que bajar aquí, por favor. — El digimon lo miró sobre el rabillo del ojo y negó. Él había recibido una orden específica que no planeaba romper. Akari se percató de ello. Miró la altura que aún faltaba para descender—. Tengo que cumplir algo importante, bájame aquí. — La voz tomó un giro diferente rozando el tono de superioridad que representaba a su digimon.

Ya déjala ir, no quieres que se te ponga al brinco. Se ve capaz de arrojarse al vacío. — La elegida giró el rostro con sorpresa. Quedó en silencio al ver que su cola fue la dueña de las palabras. No tenía ojos y no veía una nariz, lo único que mostraba era una amplia sonrisa que dejaba a relucir su hilera de dientes.

Gankuumon…

Sí, sí, Gankuumon, bla, bla, bla. Tendrá su razón para querer bajarse antes, debe estar vinculado con tu mala forma de volar. — Cupimon medió sonrió ante ese comentario, el digimon quimera no lo pasó por alto. Negó como respuesta. Takaishi se sintió incomoda, sí, deseaba volver, pero también era consciente de que no podía volver sin su digiegg, de lo contrario sería igual que no estar y se convertiría en un estorbo.

Bien. Como gustes. — Zanjó. En un movimiento suave se deslizó del lomo y comenzó a caer con su digimon en brazos.

Te lo dije. — Bufó.

Gryphonmon se inclinó a su izquierda para ir por la elegida, estaban aún muy separados del suelo y una caída de esa altura traería un mal desenlace. Se sorprendió así mismo por el acto irresponsable de la rubia y se lamentó por negarse tanto. Comenzó a descender en picada, sin embargo el viento estaba en su contra. La vio sonreír y se confundió.

LucemonShinkaPiddomon

Shinka

Piddomon aferró a su elegida a sus brazos y se alejó al Oeste de su destino. Akari giró el rostro alcanzando a ver al digimon que se alejaba. Elevó la vista mirando al digimon de casco.

Se te ha dado por hacer cosas imprudentes. — Regañó. Su ángel tenía un tono grave en su voz, profundo, pero no como aquella voz que escuchó cuando era Lucemon Magna Mode. La chica sonrió.

No se habría rendido de no hacerlo, aunque sinceramente creía que terminaría en el suelo. — Miró la etiqueta y a su vez al Emblema—. Supongo que al volver a la tierra deberé agradecerle.

Tomó aire. Le agradaba sentirse viva de nuevo. Giró el rostro a un costado. Unos enormes ojos la miraban y ella sintió un escalofrió. Parpadeó. Entonces ya había desaparecido. La silueta se le hizo similar. Temió por un par de personas que sabía estaban en el castillo. Negó con la cabeza. Debía ser solo una mala broma de su vista. Sin embargo, ese mal presentimiento se aferró a ella.​
 

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pequeña contribución
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Los elegidos avanzaban por la zona oscura, sin tomarle mucha importancia a la sensación de sentirse observados, eso o era preferible pensar que estaban solos rodeados de la oscuridad, todo en aquel lugar era confusión, oscuridad y silencio, no podían asegurar que no caminaran en círculos o donde estaba la entrada, ni mucho menos la salida.
Sumado al desconcierto que podría causar estar en un lugar totalmente oscuro, el ambiente era pesado para los elegidos, principalmente para los que no estaban tan familiarizados con la oscuridad.

-Caminamos sin tener un destino fijo- pensó de forma graciosa Carmina, todo había sucedió muy rápido para ella, desde que se sumergieron al área oscura no dejaba de repasar los últimos acontecimientos.

Para ella, la muerte de Malade tuvo un doble significado, por un lado se sentía perdida en el mundo y por otro no quería ver más perdidas en el grupo, había tenido suficiente con ver el cadáver de Hyu, la muerte momentánea de gabumon, la muerte de Akari, y por ultimo Mictlan, todo había cambiado y ya no eran un grupo numeroso, cada vez el número de elegidos descendía ya fuera por muerte o por decisión propia.

A pesar de ello todos seguían caminando hacia un nuevo combate, muchos no tenían idea de si las cosas iban bien o mal, pero seguían avanzando era la única forma de encontrar lo que buscaban, o al menos eso creían en su corazones había confusiones que hacía todo más difícil para los elegidos, no solo tenían que caminar sin rumbo, también tenían que despegar dudas.

La pelirroja observo a Antoine caminando pensativo, había algo familiar en él, pero no podía identificarlo en su totalidad, la poca interacción que tenía desde su llegada hacía pensar más sobre el origen de aquel elegido que sobre la persona quien era realmente, al seguir caminando llegaron a una zona que parecía ser un lugar un poco más amplio al resto del camino.

-Descansemos un poco- comento Darian mirando a los demás que lo miraron con cierta negativa

-No sabemos qué pasaría si nos quedamos en un solo punto, por algunos minutos- respondió Brendan fríamente- si quieres descansar adelante, hazlo para siempre.

-No puedes decirle algo así a un compañero-Antoine respondió de inmediato- ¿Por qué no hacemos un consenso para saber qué opina la mayoría?

-Te diré algo novato- Maquiabel se acercó a él y lo golpeo en el estómago – No estamos para hacer consensos, tenemos que hacer lo correcto en este momento.

-Brendan tiene razón así que levántate si no quieres que te dejemos solo- Esta vez fue Bonnefoy la que hablo, mientras Angemon sostenía al castaño que asentía serio comprendiendo la situación.

-Valla que los ex del régimen son rudos- comentaba en tono de broma William.

Ante ese comentario algunos se rieron, otros solo sonrieron ante eso, realmente hacia falta un poco de humor ante la situación. El único que no mostró alguna expresión sobre aquel hecho fue Kenji , que tenían su mente nublada por otras ideas en ese momento.

-Bueno continuemos- comento Tsuki con un poco más de animo.

El camino hacia el centro de la zona oscura cada vez era mas corto y todos los elegidos tendrían que estar al pendiente todo el tiempo, no sabían cuando y como podrían salir enemigos en aquel lugar.
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Algo al azar, si hay problema edito
 

Automaton
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Respiraba con tranquilidad y movía las manos hacia delante y atrás con cierta paz, girándose cuando lo creía conveniente y guiando al grupo. Al caminar rascaba el suelo con las garras sacando unos pequeños guijarros, que sonaban cuando Kenji los pisaba al caminar a su lado. Gaiomon ladeó un poco la cabeza y miró al chico, quien observaba al suelo con el ceño un poco fruncido.

¿Sí? —preguntó con calma, descifrando en el rostro de Kenji un interés escondido y una futura pregunta. El chico se sobresaltó y carraspeó.

Pensaba en lo que dijiste —dijo, con cierta vacilación. Le desconcertaba que Gaiomon no sólo le prestase atención, si no que incluso además le instara a hablar. Gaiomon despegó una de sus grandes manos del pomo de un sable y la giró, apremiando a Kenji—; lo de luz y ruido.

El dragón ladeó más la cabeza y entrecerró los ojos, hasta que recordó lo que dijo. Volvió a reposar su mano sobre el pomo y suspiró.

Todos saben que acá existen espectros de lo que antes fue cada entidad que habitó el Digimundo, incluyendo alguna sombra mía —ante el desconcierto de Kenji, se encogió de hombros—. Ya he muerto dos veces, algo de mí debió bajar hasta aquí.

¿Y son poderosas?

No. Hay pocas cosas que habitan en el Área Oscura y por sí solas son peligrosas, las puedes contar hasta con los dedos de la mano —abrió la palma, pero tardó segundos en cerrarla rápidamente en un puño. A Kenji no se le escapó su mirada dubitativa.

¿Son peligrosas? Digo, ¿muy peligrosas?

Gaiomon no dijo nada. Sólo asintió levemente con la cabeza. Kenji se sintió intranquilo por esa inseguridad del dragón y metió sus manos en los bolsillos, de pronto sintiendo una corriente helada; el resto parecía no darse cuenta de ellos y continuaban con sus charlas. Incluso rieron por una gracia de William.

Sigo sin relacionar todo eso con la luz y el ruido.

Ah. Bueno, como todo animal indefenso se asustan con facilidad con cosas que no ven a menudo. Luz —señaló a su alrededor— y ruido. O al menos el ruido de una explosión.

Kenji miró en torno a sí mismo, prestando atención a todos los detalles, mientras Gaiomon lo observaba con interés y cierta paciencia. Hasta ese momento no se había dado cuenta que el silencio, fuera del ruido que hacían los humanos y sus compañeros, era total.

Odio este lugar —lapidó Kenji, subiéndose el cierre de la chaqueta.

Yo no tanto, es buen campo de caza —sonrió Gaiomon con sorna—. Pero ustedes lo detestan: por eso tienen que bajar y dar un golpe certero, gedan tsuki. Para quitarse la molestia —cerró los ojos. Los abrió tras un momento y miró a Kenji, tras escucharlo tropezar—. ¿Te altera escuchar “golpe directo”? —Kenji asintió un poco—. ¿Y "ceniza"?

No importa si eres pequeño, titánico o de ese tamaño: siempre eres el mismo imbécil.

Gaiomon volvió a reír con suavidad y mordacidad.

Al menos riendo se olvidaba de su miedo, ese frío que devoraba sus brazos y le impedía sentir las piernas y el suelo que pisaba.
 

Yo soy solo un Mic
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Tres años en activo, nadie puede presumir de eso en este foro, podrán venir muchos diciendo 2° temporada o parte, pero pocos podrán decir tener tres años en activo, el colectivo hoy cumple años, ante un incierto panorama ante esta nueva “edad”, la pregunta y la opción de llegar hasta el final o dejar muerto el proyecto es de los que hacemos esto.
Tres años han pasado desde aquel 9 de mayo del 2010 cuando este proyecto nació, por eso quiero agradecer a todos los que han formado o conformaron parte de él en algún momento, en especial a Yue por haber creado el tema original en el cual nos unimos y empezamos esto.
Quiero agradecer a cada uno de ustedes por dar su talento a este proyecto y alimentarlo con su imaginación y su trabajo, sugerencias e ideas y repito un colectivo no es colectivo sin la suma de ideas y de voluntades en un proyecto por eso
GRACIAS POR QUE SIN USTEDES, ESTO NO SERIA POSIBLE.​
Enserio TODOS los que escriben aquí son los que iniciaron y han llevado esta parte hasta ahora.

PD: esperan sorpresas próximamente.

Bien ahora pasemos a cambiar un poco el argumento, sin afectar la idea principal, poniendo las bases de dos ideas a desarrollar mas adelante.
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Mientras los elegidos caminaban por la zona oscura, lejos en el resguardo más profundo del mundo digital, Yggdrassil en su forma de esfera luminosa estaba junto a dos siluetas frente a ella/él

-Deberán permanecer ahí por algún tiempo- dijo el ente digital al tiempo que ambas siluetas asentían y desaparecian al instante -en tanto a ti

El ente levitaba hacia atrás, cuando de la nada apareció un ser cubierto de una capa, dejando imposibilitado conocer su identidad

-Vine por lo que es mío- dijo aquel cuerpo con voz blanca

-lamento decirte que no esta lo que buscas en este lugar- El dios digital respondió tranquilo sin miedo

-¿Donde esta?-Pregunto de nuevo el ser

-Donde estará el hermano seguramente

-¿Realmente esta en aquel lugar?

-Eso tu lo deberias de saber, no yo

- Si estoy aquí, no es por deseo de ayudarte, sino para obtener aquel mundo que mi padre alguna vez deseo - contestó aquel ser mientras se retiraba del lugar- que eso quede claro- dijo antes de salir

-Bueno al menos estará de nuestro lado, por ahora- dijo Yggdrassil al tiempo que envolvía de luz el lugar donde se encontraba, para después dejar un gran espacio vacío...

Afuera del lugar, el ser con capa y capucha medito por un momento, volteo hacia atrás, para después volver la cara, a través de la capucha dejando a la vista un mechón de cabello blanco

-Un hermano será encontrado, en un monasterio , originario de sangre noble de un elegido muy viejo, su ruido será grande como su corazón; por eso pedirá ser llevado al poder del hermano sobreviviente

Dijo en voz suave mientras caminaba lentamente, hacia el lugar donde se preparaba un escenario próximo a cumplirse.

En tanto en la zona oscura los elegidos observaban varias sombras rodeandolos , pero así había sido todo el viaje, lleno de claroscuros por lo cual a estas alturas nada sorprendía realmente , a pesar de haber caminando todavía no llegaban al último tramo, pero una sombra empezaba a tomar forma tras de ellos....
 
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He leído tantas veces comentarios por parte de usuarios ajenos al colectivo que esto ya lleva demasiado tiempo, pero yo ni quiero opinar. ¿Dices que nos unimos? ¿Dónde está eso a estas alturas que no lo veo?

Ah si, ya decía hoy (bueno, ayer...) que algo se me estaba pasando, y creo que era esto. ¿3 años? Vaya que muchas cosas han pasado, curiosamente no me pongo nostálgica. Felicidades muchachos, sigamos con el gran trabajo hasta hoy, y recuerden estarlo reviviendo antes de que cumpla 3 meses inactivo o blairs/vengie nos lo cierran. De ahí en más, un saludo.
 

Automaton
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cumpla 3 meses inactivo o blairs/vengie nos lo cierran.
Son dos meses, y podría ser que deliberadamente a mí se me pase de largo en caso que ocurra ese tiempo jujuju ~

Hng.
3 años.
Dios mío, debemos terminar esto.

Posteen ;_;
 

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Una Oscura Esperanza.
Parte 3. 1/2
Final.

Akari.

Dime.

La Dark Area no esta bien, colapsa. — Habló. La aludida bajó la mirada, su compañero leyó sus ojos—. Sí, ellos ya van en camino.

La mirada de la rubia se llenó de duda, no podía ayudar casi de nada y solamente estorbaría, si de verdad quería ayudar tendría que moverse y encontrar aquello que le faltaba. Un brillo fue soltado de aquello que iba en su mano, apunto al norte, acompañando a la luz un pitido nuevo saltó de golpe la joven observó la pantalla del mapa en 3D. Sus compañeros estaban en el lugar donde debían de estar. Por unos momentos quiso ir en aquella dirección y ayudar de la forma por la cuál era capaz en esos instantes, pero no era suficiente. Negó levemente. No camino, corría al punto donde la luz le indicaba.

Se detuvo de golpe, sintió un retumbar en las palmas de sus pies, punzante como una herida, sin embargo le hormigueaba y eso le daba una mezcla extraña de dolor y placer al efecto similar a la sensación de las cosquillas, pero la reacción contraria evitaba que esa sensación la hiciera reír. Su respiración intransigente la obligaba a tomar bocanadas de aire y aun así sentía que no le bastaban esos esfuerzos para conseguir llenar sus pulmones, había estado perdiendo tiempo y era consiente que la Dark Area desbordándose era mucho peor a como la recordaba. Miró los objetos que iban en sus manos, para ese instante la luz desprendida había desaparecido, buscó señales en su comunicador, no había nada e incluso la pantalla permanecía apagada.

¿Se descompuso?. — Akari negó. Lucemon escaneó su alrededor, no había nada, exceptuando el paisaje de árboles y vegetación no notaba alguna señal de vida ajena a ellos dos.

No puede estar descompuesto, Shakamon no habría puesto en mis manos algo que acabaría por descomponerse rápido. — Se dio cuenta de la seguridad de sus palabras. Era un digimon sagrado y si daba ese aire protector y cálido, sin embargo no lo conocía, no confiaba totalmente en él y su convicción se le hizo sumamente extraña.

Es un prototipo.

No lo haría. — Afirmó. Lucemon la miró de soslayo, nuevamente no sabía que pasaba por la mente de su elegida pero esta vez prefirió ignorarlo.

Entonces lo descompusiste. — Medio sonrió. Akari giró su vista, ofendida.

Gracias por tu confianza en mí, eh, no soy mala con las cosas electrónicas. — Refunfuñó, pero la mirada relajada de su digimon la reconfortó. Lucemon se notaba cambiado y en cierta forma le agradaba. Elevó su mirada. Sus ojos fallaron, o eso creyó, el escenario se movía en forma de onda, no era el calor, de eso estaba segura pues el cielo se tornaba nublado—. Todo está empeorado, la Zona Oscura comienza a aparecer.

Seguro ya han llegado, los elegidos son Data y algunos digimon Vacuna independientemente de lo que allí se encuentra si algo entra otra cosa también saldrá. — Observó el cielo, su seriedad lo dominó.

¿Puedes pararlo?. — Akari caminó adelante al escenario turbio pero se percató de la negación de su digimon.

No en mi condición. Como Falldown o Satan Mode sería diferente. — Esas palabras la hicieron pensar.

¿Prefieres una evolución virus?. — Se giró, desprendiendo toda la atención de su anterior blanco. Su digimon no respondió. Un silencio incomodo se levantó y los susurros del viento fueron capaces de ser captados por sus oídos. Su elegida regresó su mirada a donde antes se había acercado, prefirió no insistir, quizá la respuesta tampoco sería de su gusto—. Lucemon. — Habló y acercó su mano a ese extrañó lugar—. Esto es como el campo de protección de Piximon. — Su ángel sujeto su muñeca y evitó que la tocara. Su mirada ahora era fría y la rubia sufrió un escalofrío extraño, deseó creer que solo era a causa de la sutil presencia de la Oscuridad.

No sigas haciendo imprudencias.

Quien no arriesga, no gana. — Citó. Su querubín no se notaba feliz con esa respuesta—. Sé que no es nada malo, confía en mí. — Suspiró y entonces soltó su mano de mala gana, su elegida se lo agradeció con la mirada. Acercó su mano a la barrera y sin un rastro de duda tocó la superficie, era diferente al aire cortante y dulce, este se sentía extrañamente gelatinoso. Ingresó más su mano y la vio desaparecer, la atrajo a ella, seguía completa. — Estoy bien. — Aclaró a su digimon, quien se notaba preocupado. No preguntó, caminó directo al otro lado de esa tela invisible. Lucemon imitó el acto a una velocidad mayor.

Del otro lado podía verse un grupo de frondosos árboles y diferentes al montón de ramas afuera estos incluso contaban con un brillo singular en sus hojas, pero no tenían fruto, su alrededor ahora transmitía el calor que ella reconoció del Digimundo de su infancia. Giró la mirada, el paisaje oscuro aún podía verse y en un parpadear este había cambiado, estaban en otro punto.

Te dije que era como el Castillo de Piximon, seguro con todo esto ella mantiene alta su defensa. — Akari volvió a caminar, Lucemon en cambio tardó unos segundos, era consciente de que en algún momento debería decir el paradero de esa hada. Un pitido llamó su atención. La rubia bajó la vista al dispositivo quien emitió una luz—. Por aquí. — Igual que antes sus pasos fueron en dirección a ese punto. Lo visualizó al frente y sonrió.

¡Cañón de Flores!. — El proyectil se dirigió directo a la rubia. Un campo invisible se levantó frente a este evitando el conecto del proyectil. Akari solo mantuvo su mirada fija, ahora tenía a Lucemon delante de ella con la palma firme al frente de no haber tenido a su digimon cerca el disparo le habría dado de lleno—. ¡Ustedes! ¿Qué hacen aquí?.

Lillymon debe ser la nueva cuidadora de la Ciudad del Inicio. — Lucemon se giró a ver a la rubia quien asintió. La digimon hada se acercó con la defensa en alto. Su contrincante regresó la vista al hada y esta se detuvo—. No venimos a hacer daño. ¿No han visto un Digiegg con la insignia de la Esperanza?.

—¿Digiegg?. ¿Son de la Resistencia?.

Equilibrio. — Corrigió. Akari se acercó—. Soy Akari Takaishi y este es…

Lucemon, sabemos de él, de ambos, las presentaciones no son necesarias. — Lillymon dio la vuelta y comenzó a volar al sentido contrario, el movimiento de su mano les pidió la siguieran—. Una disculpa, por su compañero pensé que se trataban del Régimen y un ataque de su ejército es lo que menos se necesita ahora.

Las cosas cambiaron ahora, el Régimen no es una fracción de temer.

Sí, en el pasado hace un año dijeron lo mismo y regresaron causando estragos. Brendan Maquiabel fue el principal causante, seguidamente otra miembro, Ashley Wolfgang. Así es como se llaman, ¿Verdad?. — Giró la mirada a ver a la elegida, sintió una mirada de desagrado de su parte.

No, estas en un error, ninguno de los elegidos desearon causar estragos. — Lillymon dejó de avanzar y observó a la rubia, esta mantenía el rostro abajo—. Las cosas cambiaron desde el primer momento en que cada uno puso un pie en el Digimundo, ir acusando a Ashley o a Brendan de cosas del pasado es meramente estúpido. Todos nosotros, hacemos nuestro mejor esfuerzo y ellos el doble para remediar sus errores. No los acuses, Lillymon. — Elevó la mirada. Una sonrisa surcaba sus labios, pequeña y sincera. Regresó su mirada al dispositivo, la llevó al frente y volvió a andar.

—Terminamos desviados del tema, buscamos un Digiegg, el de la Esperanza.

Aquí están muchos digihuevos, pero no hemos visto ningún digiegg.

¡Lucemon!. ¡Hayaku!. — Su voz lo guio hasta donde ella estaba. Al frente podía verse una figurilla, la misma insignia de la Esperanza estaba plasmada en ella, en la imagen de cristal, ella misma se corrigió, parecía más porcelana o diamante—. No es el Digiegg, solo es el símbolo de la Esperanza. — Pronunció. Tal como ella su digimon observó la imagen detenidamente unos segundos.

Este es el centro de la Ciudad del Inicio, ese símbolo es el que mantiene el mecanismo del sistema de defensa en funcionamiento. — El hada digital no tardo en alcanzarlos—. Piximon dejó uno antes de irse. No se ha requerido una defensa muy grande, el campo es suficiente, sin embargo, ante un ataque a mayor grado este se activaría de una forma diferente.

¿Cómo? . — Sus celestes la vieron fijo. Su receptora negó.

Tampoco lo mencionó. — Akari suspiró.

Terminamos perdiendo tiempo, deberíamos alcanzar a los demás ahora. — Escuchó sus palabras pero no respondió, en su mente solo retumbaba una pregunta. ¿Dónde estaba su Digiegg?. Bajó la vista y miró el Emblema, ese solo era prestado y no sabía por cuanto tiempo funcionaría. Shakamon dijo que funcionaría ese aparato para encontrar su objeto sagrado, pero solo los había dirigido a la Ciudad del Inicio—. ¿Akari?.

Una explosión arremetió con crueldad en sus tímpanos. Lillymon fue la primera en dispararse en dicha dirección. Akari miró a su digimon y asintió. Lucemon tomó la delantera. Frenó de golpe esquivando, el aire a su alrededor sufrió el efecto, giró su rostro buscando a su protegida. Takaishi se tiró al suelo cubriendo sus oídos y sobre ella ese misil se disparó. Fue capaz de sentir esa ventisca que le causó un escalofrió, imaginó que esas personas que peleaban en guerra y que estaban plasmados en sus libros de Historia sentían ese mismo sentimiento en batalla.

Se incorporó y fue capaz de ver al dueño del ataque. Un MetalTyrannomon apuntaba firmemente en la dirección de los árboles sagrados contenedores de la nueva vida. Akari sintió miedo al ver el sadismo en la mirada de esos colosos, se percató que era mucho más grande a uno que recordara anteriormente su comportamiento se notaba extraño, la nueva Oscuridad debería haber traído ese efecto en los digimon. Escuchó un rugir a sus espaldas y tuvo miedo de voltear.

¡Láser Nuclear!. — Aquel rayo negro fue disparado. Sus pozos rosados lo vieron acercarse.

—¡Patada del Sol Creciente!. — Esta segunda onda de energía amarilla colisiono contra el rayo evitando que llegara a la elegida. Lillymon tenía la mirada clavada en ese oponente. Lucemon estaba ocupado con el primero que estaba unos metros alejado de ellos. Un sonido la alertó y se sobresaltó. Giró su mirada al símbolo de cristal. Escuchaba esa alarma en su mente. Ató los cabos rápido, ella era el sistema de defensa que otorgo Piximon. La luz sobre ella se oscureció y levantó la vista. Un dinosaurio caería sobre ella.

Digimon EVO

Lucemon … Shinka … Piddomon.

MetalTyrannomon azotó y observó sus pies buscando a su presa aplastada. No había nada. Elevó sus ojos contraídos y miró a un ángel de fuego que dejaba a la rubia a salvo. Con esa misma velocidad una oleada de plumas en llamas lo atacó. La rubia bajó la mirada al Emblema, una opción menos de evolución había sido usada. Lillymon sobrevoló justo encima de ella estrellándose contra uno de los árboles. Escuchó unos llantos y alcanzó a ver unos rostros asustados entre los arbustos. Otros más sonaban en la lejanía. Olvido que allí estaban los bebes. Se dirigió a donde estaba el hada ahora inconsciente, un grupo de esos digimon bebe se acercaron al alrededor de quien era su nana. La mecían. No reaccionaba. La rubia miró la escena con un sentimiento de ternura en ella. MetalTyrannomon se acercó amenazante. Sus pazos pesados la alertaron. Dio la vuelta mirando al imponente dinosaurio. Piddomon miró de reojo a su elegida, no podía ir a ayudarla, el segundo lo mantenía ocupado. Una burbuja salió a su espalda y así otras más. Akari miró a los bebes atacar desde donde se encontraban. Pequeños e indefensos a comparación del monstruo ante ellos.

Tienen Esperanza. — Escuchó.

¡Pluma de Fuego!. — En el último instante Piddomon atacó al segundo Metal y de la misma forma él fue disparado contra el suelo. Su oponente se divertía con él.

¿Se te hace familiar?. — Sus pupilas se abrieron y una escena cruzó su mente. Era ella, hace unos años, peleaba contra un T-Rex, pero no era MetalTyrannomon, era DarkTyrannomon y su mismo ángel le hacía frente en ese mismo lugar. Sin querer asintió. Captó a Lillymon regresando a batalla.

¡Collar de Flores!. — Lo rodeó, pero no pasó nada y no lo comprendía. Debía haber funcionado. La rubia no pasó eso de largo.

En ese entonces peleaste no por ti, por los digimon bebe. — Habló esa voz, pudo distinguir que era masculina—. ¿Por qué peleas ahora?.

¡Tornado de Apollo!. — La llamarada fue disparada pero, para su mala suerte, no dio en su blanco contrario a eso incendió uno de los árboles cercanos.

—¡Giga Destructor II!

Te perdiste a ti misma. — Sin esperarlo una garra ya estaba ante ella. Sus orbes se abrieron, esa voz tenía razón—. Aun no lo entiendes. — La voz se escuchó decepcionada y transmitió el sentimiento a la chica quien sintió un bajón de ánimo. Parpadeó y su escenario mutó. Ahora Piddomon estaba herido en el suelo, la garra ya no estaba y supuso que su digimon la habría protegido. Lillymon estaba aún de pie, pero su condición no era la mejor. El par de digimon se notaban tranquilos con una pequeña dosis de cansancio en sus miradas, sin embargo no perdían ese impulso de destrucción.

Piddomon. — Susurró. Corrió hasta donde él estaba y se inclinó a un ángel inconsciente—. ¿Piddomon?. — Se había distraído, se distrajo lo suficiente como para dejarlo pelear solo. Lo había dejado solo. Bajó la vista. Sabía que se había perdido, pero no lo había entendido. Un láser negro iba a su dirección. La rubia se giró y lo encaró. Un brillo se disparó del collar en su cuello. Un campo de fuerza dorado se levantó ante ella, reconoció esa reacción de la vez en la que Tsuki se defendió en aquel enfrentamiento con Yuto. Piddomon despertó y se incorporó despacio, miro a la Takaishi quien mantenía la mirada en el colgante. — Lo siento, Piddomon. — Algo se posó en su cabeza y elevó la vista. Una sonrisa estaba plasmada en los labios del ángel y su mano acariciaba su cabeza. Esa sensación no la sentía hace mucho. Se sintió como una niña pequeña. Se sorprendió por el tiempo pasado, a pesar de que hace años Akari fue la primera persona que vio Puttimon conforme evolucionaba a Lucemon sentía cierto aislamiento extraño. En ese instante se sintió diferente, conectada con su ángel de fuego ante ella y le agradó.

No te preocupes. — Regresó su vista al frente y bajó la mano de su cabeza—. ¿Puedo evolucionar?. — Por inercia asintió con una seguridad que desconoció.

Piddomon … Cho Shinka … LordHolyAngemon

LordHolyAngemon … Modo Chenji … MagnaAngemon

¡Desterrador de Almas!. — La secuencia de flechas fue disparada.

La mente de la chica revivió la pelea de su infancia. MagnaAngemon era lo suficientemente rápido para esquivar y contratacar a ambos colosos, era fuerte, en todo ese tiempo se había hecho mucho más fuerte, sin embargo, no era suficiente para los dinosaurios, no entendió por qué. Excalibur penetró a uno de ellos y su información se dispersó, giró la vista verificando la seguridad de la rubia, se distrajo. MetalTyrannomon arremetió contra él y azotó en el ahora terreno abrupto. Intentó incorporarse, lo pisó, se percató, estaba inconsciente. El corazón de Akari se detuvo. Su recuerdo regresó, eso mismo había pasado.

¡Levantate, MagnaAngemon! ¡MagnaAngemon!. — Su sonora voz atravesó los rincones de esa pequeña ciudad. Los pequeños bebes guardaron silencio y el eco rebotó de regreso hasta ella. El comunicador en su bolsillo soltó un sonido agudo y aquel cristal en el centro de la Ciudad reaccionó al sonido. Una luz resultante del ángel retiró a su oponente quien rápidamente retrocedió.

¡Puerta del Destino!. — Igual que un torbellino aquella puerta absorbía la energía oscura que sentía, poco a poco MetalTyrannomon terminó aferrado del borde de esa puerta. Rugía con tal brutalidad que en el pasado la habría intimidado. Akari miró como aquel digimon luchaba por salir. Desvió la vista a un costado y su enemigo fue absorbido. Su ángel descendió y la miró—. ¿Estás bien?.

Sí, gracias, MagnaAngemon. — El aludido asintió—. ¿Estás bien, Lillymon?. — El hada asintió, juntaba a los bebes que se habían dispersado. Sintió algo rozarla, dos pequeños digimon se mantenían a sus pies. Los reconoció. Paomon y Jyarimon. Se puso a su altura y los tomó en brazos. Le recordaron a su primo. Sonrió leve a la par en la cual las miradas de los demás llegaban a su mente. Había estado mucho tiempo fuera de casa, del núcleo de los demás. Lillymon estaba frente a ella esperando para recibir a ambos infantes. La rubia sonrió y se los entregó.

¿Encontraron lo que buscaban?. — Ella negó.

Pero, creo que ahora entiendo este sistema de defensa y también fue de ayuda venir.

Lo hizo con toda la intención de que acudiéramos en caso de que algo malo pasara. — MagnaAngemon suspiró—. Supongo que lo gane al protegerlo una vez.

Es algo bueno, aquí inició todo, para ti y para mí. — Le sonrió—. Lillymon, tengo unos digihuevos. ¿Puedo dejarlos a tú cuidado?.

Claro. — El hada la observó extrañada, no era común que un grupo de huevos aparecieran lejos de ese lugar—. Puedes dejarlos en las cunas.


La chica asintió, sabía eso, Elecmon alguna vez lo mencionó. Se detuvo frente al que era el lugar mencionado. Había muchos digitamas, sin embargo, sentía que aún faltaban muchos más. Sacó aquel comunicador y se dispuso a soltar a los huevos, con un fulgor uno a uno fueron apareciendo. Caminó entre ellos y estaban cercanos unos entre otros. Los que contaban a los digimon elegidos estaban en otro punto y ella se detuvo frente a ellos. Los más importantes para ella eran esos, sin embargo los demás no se quedaron sin su apreció.

Una vez que llegan aquí no importa lo que hicieron en vida, tienes otra oportunidad. — Su voz llamó su atención. Lillymon era la dueña de las palabras—. Aquí todos son iguales.

Borrón y cuenta nueva. — Se puso en cuclillas y acarició un par de ellos. Duskmon y Boltmon y finalmente a quien fue AncientWisemon—. Te dije que todo estaría bien. — Se incorporó y miró a su compañero—. Tenemos que irnos, MagnaAngemon o nos llevaran mucha ventaja. — Su compañero asintió. — Este lugar continuara seguro, ante cualquier cosa nosotros llegaremos. — Lillymon sonrió y asintió. Su digimon la tomó en brazos y se elevó. Nuevamente la suavidad de esa tela invisible los acarició y con eso salieron de la Ciudad. Akari se sintió reconfortada, temía que esa Ciudad de los Comienzos hubiera terminado aniquilada a causa de todo lo que había estado pasando y su seguridad la hizo sentir mejor—. Quiero ir a ver a Shinji. ¿Podemos hacer una parada?.

Él ángel asintió. Giró con cierto toque de brusquedad en dirección al Castillo donde ella antes se hospedaba en compañía de su familia, sí, los elegidos y los digimon eran su familia. El aire en su rostro enfrió sus mejillas, pero era un sentimiento que le encantaba. MagnaAngemon sintió la presencia de uno de los elegidos en las habitaciones. Akari era sabedora de que el pelinegro estaba enfermo, pero desconocía a que grado. Su ángel se detuvo en la ventana que daba a su habitación. Akari entró sin hacer ruido, lo que menos quería era una conmoción porque un “fantasma” rondara el castillo.


Lo miró inconsciente en la habitación y sin pedirlo la imagen de sus padres le pasaron la mente, en esa misma posición, graves, al borde de morir. La rubia se acercó hasta su primo y retiró de su rostro los cabellos que cubrían parte de él. Sus parpados sellados y las ojeras bajó ellos le causaron miedo. Miedo a perderlo. Mictlan se había ido, nada le aseguraba que Shinji no lo haría. Los últimos momentos no había estado con él por la diferencia de fracciones e incluso esa rivalidad los había terminado lastimando. Quería remediar todo eso, pero no podía hacerlo con un helado o una invitación al cine como disculpa. Todo era diferente y mucho más serio. Recordó. Estaba en coma y no había un tiempo establecido que dijera cuando despertaría o si lo haría.

Shin, quiero que despiertes. Tienes que despertar o dejarás sola a tu prima y a tu hermana loca. — Sonrió—. Cuando despiertes saldremos por un helado, procuraré ir a visitarte a Japón tan pronto regresemos, no, iré a verte. Sé que puedes escucharme, siempre lo haces. — Tomó aire—. Tengo algo de miedo, no encuentro mi Digiegg y eso me molesta, tampoco puedo hacer mucho con el Emblema prestado de Yuto y Kenji, bueno, Kenji es algo de lo que te hablaré cuando despiertes, también temo porque no despiertes, pero eres fuerte y seguro lo harás, creo en ello. — Tomó un lapicero y como cuando eran niños y jugaban a hacerse tatuajes dibujó algo que esperaba él mirara al despertar, en su brazo, su símbolo, la Esperanza—. Te quiero, Shin, regresa a casa. — Besó su frente.

De la misma forma en la cual entró salió. MagnaAngemon cruzaba el cielo. Ahora estaba purificado, no podía abrir la puerta a su libre albedrio, tenía que seguir las reglas y buscar la entrada. Su velocidad cruzando el cielo no dejaba de ser sorprendente, pero no iba a un nivel en el que sabía la frágil criatura en sus brazos podría lastimarse. Estuvieron volando a ese ritmo acelerado durante un tiempo largo, más de unos simples veinte minutos, se detuvo ante un abismo negro y miró a su compañera. La bajó al suelo con todo el cuidado y observó el abismo. Akari se inclinó levemente al frente, no le veía un final.

¿Quieres entrar?. — Cuestionó, no él, ella—. Eres vacuna, podemos esperarlos aquí si gustas.

Vamos a entrar. — Akari asintió—. Pero no podré volar, tenemos que saltar.

Se ve demasiado profundo. ¿Tendrá final?.

Cayeron por aquí, eso es seguro, si aún se sienten sus presencias están vivos, debe tener final.

Bien. — Retrocedió y se afirmó al suelo, tomaría vuelo para caer. MagnaAngemon pasó su mano por su cintura y la levantó. La afirmó a él y entonces saltó.

Una corriente de viento helado fue lo primero que recibió en el rostro, sus cabellos se revoloteaban con la caída, poco a poco esa corriente de aire pasó a detenerse conforme llegaba al suelo, en su lugar una sensación de pesadez terminaba por apoderarse de ambos. Escuchó un quejido y levantó la vista, él ángel de armadura no se notaba tranquilo ante aquella situación, pero para ella se le hacía más cómodo tenerlo como un Vacuna, aunque no se percatara, internamente tenía cierto odio por los Virus, sin querer ese pensamiento cruzó su mente y su penumbra alrededor lo reafirmó.

Sintió como estaba en tierra firme, solo se dio cuenta cuando MagnaAngemon la movió levemente. Akari tocó el suelo de ese lugar, la penumbra estaba a su alrededor y por primera vez sintió una sensación pesada en el aire, se sorprendió, antes no la había sentido, supuso que se debía por la evolución correcta de Lucemon o igualmente esa Oscuridad era mucho más densa a la que estaba acostumbrada.

¿Están muy lejos?.

Para nuestra ubicación actual, sí. — Akari soltó un suspiro pesado. Miró a MagnaAngemon, agradecía que no se notara cansado pues de estarlo en una pelea no aguantaría lo suficiente y no sabía si en la oscuridad el emblema podría funcionar.

Entonces andando, que tenemos mucho por recorrer, sin contar que cada paso nuestro son tres suyos.

Su compañero asintió. Comenzaron a moverse entre la oscuridad del lugar, cada pisada suya alejaba una onda de oscuridad tornó a su pierna, pero la misma, curiosa, se enredaba en su pie. Había calculado varios metros, eso creía, los suficientes como para afirmar que se habían adentrado de lleno a la Zona Oscura. Escuchó un sonido, una risilla que la hizo voltear la mirada. MagnaAngemon tenía la vista en esa misma dirección, también la había escuchado. La risa se repitió con más fuerza. Akari negó, todo tenía que ver con la oscuridad torno a ella, con ese pensamiento devolvió la vista al frente.

¡Magna…! — Llamó, pero sus palabras fueron ahogadas.

Sintió un extraño dolor en su estómago, una contracción que la obligó a abrazar su vientre, le recordó vagamente a un cólico e incluso ese dolor era mayor. El retumbar viajaba por medio de sus nervios hasta llevar a sus pies, se colocó en cuclillas y sus ojos se cerraron acompañados por una mueca de dolor en sus labios. Su ángel se acercó y envuelto en una luz regresó a su etapa rockie, lo ignoró y se acercó totalmente a la rubia colocando ambas manos suyas en sus hombros.

¡Akari! ¿Qué te duele?. — Ella no respondió, quedó abatida, en cierta forma, ante el dolor que se extendía por medio de sus nervios. Una risilla alcanzó a escucharse nuevamente. Diferente a la primera vez abordó en sus oídos y permaneció rebotando dentro de su mente. Sus manos cambiaron de lugar a donde un nuevo dolor se había presentado, su cabeza, donde ahora sentía un retumbar.

Se bienvenida, Akari. — Esa voz llamó su atención obligando la a levantar la vista. MagnaAngemon se posicionó frente a la rubia brindándole su protección. La silueta no se distinguía, se mantenía de pie sobre un borde en las paredes del lugar, la misma oscuridad le evitaba saber quien era o que era, pero, su voz en cambio le dio todas las pistas para adivinar, el eco de las risas disminuyó pero no se apagó totalmente—. ¿Estás con bien?.

La entidad saltó, dado que la altura no era demasiada cayó de pie, a su vez un pequeño digimon lo acompañó. MagnaAngemon se relajó al reconocer a la persona ante ellos. Este se acercó y extendió la mano a la joven. Akari suspiró de alivio y la tomó para levantarse. Las voces habían callado totalmente. MagnaAngemon se quedó mirando fijo al chico por unos instantes.

¿No estás asustado?. — Él negó.

Ya hemos tenido muchas sorpresas. ¿No?. — Ella no refutó nada en contra, tenía razón—. ¿Cómo es que regresaste?.

Ni yo lo comprendo. — Miró de soslayo al ángel a su par, este se había quedado en silencio con la vista clavada en el chico ante ella—. ¿Magna?. — Cuestionó sin completar el nombre de su digimon. Él volvió en si y llevo su mirar a la elegida. — ¿Qué tienes?.

Nada, debe ser toda esta oscuridad abrumadora. — Sus palabras sin embargo despertaron una pequeña alarma en la mente de la chica.

Debemos movernos, todos están más adelante. — Habló. Este comenzó a andar a la par de su dragón.

Dime, Kaze. ¿Qué hacías aquí?. — Se regañó internamente, era algo importante que segundos antes había pasado por alto. El aludido la miró de soslayo con esa mirada propia de él.

Al caer me perdí, había vagado por lugares donde no debí y terminé dando vueltas.


Akari no expresó nada, su voz tranquila y su mirar propios del chico de cabello plateado no le daba razones de sospechar al menos no las necesarias. MagnaAngemon no había creído ni media palabra pero no podía hablar para transmitirle ese pensamiento a la rubia, sin embargo Takaishi ya tenía sus propias dudas. Por mucho que le diera vueltas no le encontraba nada malo, aunque tampoco estaba en todas sus capacidades para objetar algo, la espesura del aire comenzaba a marear la, leve, pero lo sentía.

Desvió la vista por un instante, un ardor había azotado su pie y la había obligado a reducir el paso por cuestión de segundos. Fue un vistazo fugaz, pero lo suficientemente preciso como para darse cuenta de algo en toda esa oscuridad. No tenían sombra. Ella se detuvo. MagnaAngemon lo hizo a su vez. Kazehaya se dio cuenta de eso y se detuvo. Suspiro con cierta pesadez y elevó los hombros al aire con desinterés. Una mueca pasó a dibujarse en sus labios.

No tiene caso ya. Inteligente, eh. — Se giro totalmente.

El Dracomon que hacía de su compañero se dispersó dejando una leve aurora negra en su lugar que poco a poco desapareció. Aquel que hacia de Kazehaya tomó a la oscuridad por figura. Bajo sus pies esa misma onda salió disparada a la chica, ella no cerró sus ojos pero se sorprendió al notar que no le pasó nada. Entendió inmediatamente el movimiento que ese hombre tendría. Giró la vista lo más rápido que pudo. Con la forma clara de manos esa penumbra se aferró al ángel impidiendo su movimiento. El era un vacuna en un lugar donde la oscuridad reinaba, no podía moverse absolutamente por nada.

Sí bien, MagnaAngemon era un ser sumamente poderoso había algo que le evitaba llegar a su total potencial y no era precisamente la oscuridad. Sus ojos bajo aquel casco se movieron a donde estaban los rosados de Akari intentando transmitir un mensaje que jamás llegó.

¡Tu!. — Regresó la mirada a ese ser amorfo pero todo movimiento suyo fue detenido. “—¿Por qué?. —“ Ese era el único pensamiento que rebotaba en su mente. Intentaba mover su mano y le fue inútil. Aquella entidad retomó la figura de Kazehaya y se acercó con pasos cortos.

¿Es que no me recuerdas?. — Medio sonrió—. De no haber sido por ti y ese chico Maquiabel yo jamás habría nacido. ¡Debo agradecerles! ¿Y qué mejor que devorándolos?. — Sus ojos quedaron fijos en el colgante en el cuello de ella. Dudó unos instantes, lo quería, pero sin importar nada jamás podría tomarlo así y lo sabía. Sonrió levemente con esa malicia que representaba a ese tipo de criaturas—. Hermoso emblema. — Halagó.


Sentía partes de su cuerpo arder, algo la picaba con la fuerza suficiente como para quejarse. Sentía rasguños y leves mordeduras pero a su alrededor no había absolutamente nada. Su vista comenzó a hacerse borrosa. El brillo en sus ojos se apagó aún contra su voluntad. Sus pozos perdieron visibilidad y fueron absorbidos por la total penumbra, solo entonces dejo de sentir dolor.
De golpe sus ojos se abrieron, estaba de pie. Sintió un fuerte mareo que le causó náuseas y la obligó a caer sobre sus rodillas. No conseguía respirar y llevó ambas manos a su cuello. Se sintió desesperada. Su boca se abría y cerraba buscando el aire que le faltaba. Escuchó un chasquido y entonces lo consiguió. Sus dos manos se apoyaron en el suelo y a su vez comenzaba a nivelar su respiración. Estaba asustada. No comprendía realmente que pasaba y su mente daba vueltas aumentando esas contenidas arcadas. Escuchó risas y levantó la vista. De golpe las gotas de lluvia cayeron sobre ella, no se había percatado que estaba lloviendo. Giró su cuello repetidas veces buscando a un ángel en los alrededores.

Su vista aún no regresaba totalmente y su escenario aún era demasiado borroso lo que le impedía notablemente encontrar a MagnaAngemon. Luchó por incorporarse y cayó dos veces a la tierra a su alrededor. Parecía que sus pies no le respondían de forma correcta. El tercer intento fue su vencida y con suerte se levantó. Miro a esa misma silueta frente a ella alejada a unos cuantos metros. Ella llevó la mano a su bolsillo donde el objeto otorgado por Shakamon debería encontrarse, sin embargo ya no estaba como tampoco lo estaba el emblema.

No servirá que lo busques. — La miró.

¿Dónde está MagnaAngemon?. — La mirada de él fue directa a una carpa. Una carpa de circo que estaba alejada. En un parpadear había terminado cerca de ellos. La entidad con apariencia de Kazehaya comenzó a moverse.

¿No piensas entrar?. Te perderás el espectáculo. Hoy tenemos ángel en llamas. — Medió sonrió y entró. Akari tampoco perdió el tiempo. Se detuvo en la entrada. Odiaba los circos. Sin embargo entró al lugar pisando los talones de ese Kazehaya.


La luz se encendió de golpe y con ella la música se desencadenó. Los malabaristas iban de extremo a extremo del escenario moviéndose con gracia. En el aire los voladores dejaban en claro que las alturas les pertenecían. Miró a un domador contra un gran y feroz león. Escuchó extraños sonidos y volteó a ver a sus espaldas, había una enorme multitud de digimon todos ellos sin un rostro pero nada de eso le importaba, solamente buscaba al digimon que la acompañaba. Los payasos salieron y danzaron a su alrededor con cierta torpeza. La luz se apagó de golpe y un reflector dejó ver a una sola persona: el presentador.

¡Sean bienvenidos, señoras y señores a este espectáculo!. — Se quitó su sombrero con cierta cortesía que fue cambiada cuando un conejo saltó del sombrero a la par de las clásicas cartas de póker. Por arte de magia bailaron a su alrededor—. ¡Espero que estén preparados para este magnífico acto! — A sus pies el humo lo hizo desaparecer mientras sus cartas formaban un remolino alrededor.— Hoy tenemos con nosotros a una invitada. Una elegida de la esperanza. — Ese último par de palabras sonó más bien ronco.

Escuchó risas a su alrededor y la música alegre había cambiado. Un nuevo reflector se encendió sobre ella, en ese instante Akari se había convertido en el espectáculo. A su alrededor los payasos bailaban dando vuelta una y otra vez tomados de las manos. Sus rostros ahora mostraban terror. Los espectadores reían y aplaudían al ritmo de la nueva música. Akari buscaba escapar de esa horda de payasos a su alrededor, no importa donde fuera, le evitaban la salida, eso comenzaba a darle terror, ella le tenía miedo a los circos y principalmente a aquellos payasos. En el cielo un trapecista cayó y se estrelló contra el suelo causando el sonido de los huesos al romperse. Ella retrocedió exclamando un grito agudo. Dio la vuelta y chocó contra un traje alegre. Un payaso. Buscó su rostro, la mirada triste que había visto antes ya no estaba pintada, en su lugar un rostro monstruoso se mostró. A un costado un león devorada al domador y en compañía de él un mimo disfrutaba el banquete humano. Un payaso le saltó encima con la boca abierta mostrando su fila de dientes. Nuevamente el corazón de la rubia se congeló con esa imagen frente a ella.


Sus piernas comenzaban a quemarle, por pura suerte había conseguido escapar, pero por más que corría no conseguía salir de ese lugar. Su respiración se le terminaba y entonces se ocultaba pero siempre escuchaba esas risas burlonas llenas de malicia de sus cazadores. Salió de la carpa, y consiguió escapar de aquel lugar adentrándose en lo que parecía ser un bosque espeso. Se ocultó y guardó completo silencio.

Tienes un emblema curioso. ¿Verdad?. — Esa voz llamó su atención y dirigió su mirar en la dirección donde provenía. Estaba adelante, aun con la clara figura de Kazehaya—. ¿Te haz preguntado el por qué lo tienes?. Llevas en ti las Esperanzas de todos, absolutamente de todos. — Dio dos pasos desprendiendo su peso del tronco— Esperanzas buenas y malas, pensamientos únicos, sueños de diversa índole.

¿Qué quieres?.

¿Querer?. Um. Quiero que conozcan de verdad en sus emblemas, no esa farsa que conocieron en el Digimundo. El verdadero sabor de la verdad, del porque TU tienes esperanzas en juego. ¿No te haz preguntado que pasa con todas las personas cuando tu caes tan bajo como lo haz hecho últimamente?. — Akari quedó en silencio—. Claro, eso mismo que piensas es lo que siempre ocurre. Arrastras a los demás contigo.

Me estoy levantando. — Lo desafió con la mirada.

¿Y crees que eso basta?. Claro que no. Existen Esperanzas que son crueles, hay Esperanzas de muerte pero te rehúsas a escucharlas, eso no es bueno.

¿Esperanzas de...?.

Claro que existen. Puedes oírlas. ¿Verdad?. — La mente de Akari se llenó de pensamientos, no de ella ni de sus compañeros, sino de Digimon que se encontraban sufriendo en ese mismo momento—. ¿Por qué debes tener tu ese emblema?. — El tono de voz cambio de un instante a otro. El que tenía ante sus ojos no era Kazehaya—. ¿Nadie más en el mundo tiene Esperanzas o sueños por cumplir en todo el mundo?. Conozco a personas que harían un mejor trabajo incluso dentro del grupo. Ashley lo haría mejor. — Que esa voz lo pronunciara de esa manera le hizo sentir un estruendo que rebotó en su interior.

Estás jugando sucio, cosa. — Bajó su mirar. Se incorporó quitando el peso de su cuerpo del árbol y dio un paso—. Usando la apariencia de Kenji.

¿Qué te hace pensar que esos no son sus verdaderos pensamientos?. — Nuevamente el tono de voz había cambiado y con ello la apariencia.

¿Lucemon?.

Después de todo, estoy hecho por Oscuridad, en este lugar donde la penumbra predomina. ¿Crees que no puedo saber los pensamientos ocultos de los demás?.

¡Deja de jugar sucio!. — Su grito se extendió pero aquella cosa desapareció.

Mi Esperanza principal, es que se fundan con la nada. — Escuchó aquel susurro.


Un mareó la obligó a caer al suelo, levantó la vista, estaba afuera del circo pero aun cerca de su perímetro. Escuchó aquellas sonrisas sarnosas. Miró un automóvil y sin pesar entró en él. Allí no había nada, estaba totalmente vacío y oscuro, dudo y cerró la puerta, era un tráiler de carga que justamente en su enorme remolque no traía nada. Su poca respiración se estabilizaba en esos cortos instantes. Aquella cosa oscura no estaba jugando y ella lo comprendió en ese punto. MagnaAngemon tampoco estaba y eso la hacía sentir más indefensa de lo normal. Se adentró un poco más. Quedó en silencio al escuchar sonidos afuera. Tentando las cosas a su alrededor encontró unas cajas y se ocultó tras ellas. La puerta se abrió, con un rechinar sombrío. Alguien había entrado y avanzaba despacio. Ella no era capaz de ver nada, no sabía que tan segura estaba. Tocó sin hacer ruido en su alrededor, sintió un artefacto cilíndrico, parecía ser una lámpara.

Los sonidos se detuvieron y ella suspiro más tranquila. El sonido del aire cercano de una inhalación la hizo aguantar su respiración. Nuevamente ese vil sonido desapareció. Encendió su lámpara. Ante ella el payaso la miraba, con una sonrisa caníbal que la hizo gritar, buscó levantarse. Quería escapar. Se incorporó con una gran velocidad pero ese payaso tomó su tobillo. A sus espaldas había uno más que la tomó de los hombros y la levantó. Ella pataleó, buscó defenderse, pero sus golpes no les causaban daño a sus enemigos. El primer payaso sacó la bota de la chica y lamió su pierna. Le divertía jugar con su propia comida. Ella se crispó con una sensación de asco y miedo. Se sentía indefensa. Apretó sus puños, no era alguien indefensa. Tomó vuelo y pateó al payaso que la había lamido el golpe arremetió contra él causando aturdirlo, pero aún estaba en garras de un segundo. Este la afirmó a él sujetándola de la cintura y con fuerza sobre humana sujeto su brazo encajando sus dientes en su muñeca. Sintió cada colmillo entrar y gritó mucho más fuerte a como pudo haber gritado antes.

Un sonido espectral llegó a sus oídos. La oscuridad a su alrededor aumentó y de su mismo cuerpo salieron un grupo de sombras, sonrisas llenas de malicias y brutalidad fueron las que dominaron el lugar. Ella las reconoció, temió porque la atacaran, pero las cosas fueron diferentes pues se abalanzaron contra aquellos monstruos con rostro pintado. El payaso la soltó y azotó en el suelo. Miró su muñeca desangrarse y la cubrió con su mano que aún estaba estable, había mordido en una vena.

Miró su alrededor, pero no fue capaz de ver nada. Las sombras que salieron despedidas atacaron a los payasos y le dieron la opción de escapar de ese lugar de carga. Ella miró la salida y salió. Su mano ardía de una forma que no explicaba y sentía su líquido carmín escapar por los espacios abiertos de sus dedos. Se quedó callada al ver que estaba de nuevo en esa carpa. No podía escapar. Un sonido la hizo girar, más de esas cosas estaban allí, el circo completo con miradas sombrías.

Estas son unas de las Esperanzas que dejaste olvidadas. — La miró y medio sonrió. Akari retrocedió con el horror en la mirada. Miró más tras ella.

Las dagas bailarinas fueron de extremo a extremo del escenario teniéndola a ella como blanco. Esquivaba como podía de la forma en la que sus piernas se lo permitieran. Esas eran las malas Esperanzas, ahora lo comprendía. Una de las dagas rozó su brazo. Aquellas cosas, aquella sombra, todo eso existía porque no había un nivel de fuerzas entre ellos, no eran Esperanzas crueles. Rozó su mejilla y ardió. Los cabos se ataban en su mente poco a poco y con ello los malabaristas se movían a diestro y siniestro con mayor velocidad. Una rozó su pierna y la obligó a caer. Elevó la vista mirando a aquellas cosas que la rodeaban. Tenía miedo, pero debería escapar.

Cuando creyó que allí todo podría terminar se equivocó. Notó, sin un solo deje de duda, que alguien se abría paso sobre los demás. Tenía una forma femenina, reconoció la figura. Evangeline Vale. Su mente se plasmó dudas. ¿Cómo?. ¿Por qué?. Y de golpe recordó que fue ella quien sacó ese programa de la Zona Binaria y que con su regreso ella había vuelto a su lugar de procedencia, la base de datos.

¿Eres feliz?. — Esa pregunta la obligó a parpadear confundida. ¿Qué hacía allí ella?. Akari no respondió pero aprovechó para ponerse de pie, aquella pelinegra sonrió.


Los ojos de la pelinegra se inflamaron hasta que fuera de sus orbitales colgaron. Las criaturas se acercaron a esa figura que comenzaba a mutar y su tamaño se duplico, dos extremidades adicionales brotaron de sus pezones, los culés explosionaron en un charco pudento de sangre oscura, parte de la cual mancho el rostro de la rubia. Costillas perforando el torax, sangre escurriendo de nariz y oídos. La transformación continúo frente a ella. Paralizada, no sabía cómo reaccionar, estaba asqueada y en estado de shock, las náuseas la invadieron mientras sus puros orbes eran testigos de aquella atrocidad. Su mente estaba a punto de colapsar y ella lo sabía perfectamente. ¿Qué demonios ocurría con esa cosa?.

Parecen estar muy molestas. — Escuchó, era esa voz similar a la del chico del viento. Eran aquellas cosas. Estaba en la Dark Area, posiblemente algunos de aquellos crudos deseos de los humanos habían llegado hasta esas esperanzas perdidas y les había dado esa forma . Sin contar que la misma fuerza en ese sitio había superado la habitual.

Un bramido de esa criatura la espabilo, y su instinto movilizó sus temblorosas piernas que intentaban hacerse paso por sobre los angostos pasillos entre los asientos. Cada pasillo parecía eterno. No podía voltear; no quería voltear, no sabía si podría reponerse si volvía a ver aquello. Sus pies comenzaron a salpicar algo, bajo la mirada y luego lo lamento. El suelo era compuesto de cadáveres, sangre y órganos bañaban aquel siniestro decorado. Gritos y susurros, todos de agonía rezumbaban en el aposento; risas, sollozos, un verdadero loquero. Mientras un aliento pútrido recorría su espina y cuello, su mente solo intentaba escapar a otro lugar, cualquier lugar, menos ese. ¿Acaso era algo que se merecía por no cumplir con su papel de elegida?.

Aterrada, sintió el frió puñal rosar y marcar su espalda, el dolor solo le dio más adrenalina. Corrió más aprisa derrumbado “cosas” a su paso, no sabía que eran, unas viscosas otras escabrosas, pero su frágil mente ya no soportaba ver más corrupción. Sintió a su atacante alejarse, y se metió en lo que por su tacto parecía un armario de los camarotes de aquellos actores. Dentro soltó finalmente su llanto, acurrucada entre lo que fuera que allí estaba, deseando. Al poco rato su deseo se convirtió en espera, se sentía muy desgastada tanto física como psicológicamente para continuar; lo había hecho bien, cualquier otro habría colapsado mucho antes, pero de algún modo ella soporto. Si esa cosa abría la puerta y la encontraba se prometió no abrir los ojos y esperar un rápido desenlace. Ya no faltaba mucho, la sentía acercarse; olía ese pútrido hedor mezclado con la pesadez del aire impregnar lentamente su escondite. Tomo aire y lo contuvo por unos instantes.

Lucemon. Kenji. Tsuki. Madi. Kuro. Sakura. — Susurró. Esas personas fueron aquellas que dominaron su pensamiento de pies a cabeza. En ese punto olvidó poco a poco lo que ocurría a su alrededor. Terminaría en ese extraño lugar, sola y sin que ellos se enteraran que había conseguido regresar.


No estás sola. — Aquella voz le hizo levantar la vista. Lo miró, la clara imagen de Lucemon—. Yo siempre voy a estar contigo.

Lucemon...

Todos. — Escuchó una voz que sonaba a la par con otra. Tsuki y Kenji. Poco a poco las demás aparecieron.

No estamos solos. — Habló abriendo sus orbes en nueva esperanza. En otro lugar, lejano o cercano, su compañero la estaba escuchando, parte de él se materializó cerca suyo.

Las puertas del que pensó serian su sepulcro finalmente cedieron a la fuerza de aquella siniestra presencia. De pie ella la esperaba, su miedo se había esfumado. Temió, era algo que no podía ignorar tan fácil, pero su valentía lo había superado.

Disculpa, Evangeline, pero que fea te haz puesto. — Bromeó. Un gruñido de aquella cosa lo acompañó con su acción de abalanzarse a su presa.

A espalda de la rubia una entidad se levantaba solemne, rubio, grande y prepotente. Bajo ella esas sombras oscuras surgieron nuevamente. Atacando a aquella quimera que buscaba acabarla. Se quedó en silencio mientras los bramidos agonizantes de esa criatura cruzaban sus tímpanos. Ella no parecía inmutarse. Finalmente solo quedaba un charco oscuro y mal oliente frente a Akari.

El escenario que había comenzado a disolverse en el color del fuego negro terminó por desaparecer parecía que su excursión en aquella “casa del terror” había concluido al fin, pero aún faltaba el creador. Ante ella estaba aquella silueta, en ese punto no tenía una figura clara pero se mantenía de pie, se notó levemente anonadado. A espaldas de la chica apareció no MagnaAngemon, sino Lucemon, siempre había estado a su lado, pero sus palabras no llegaban a la chica por ningún medio. Takaishi se giró con notable molestia. Sujetaba su brazo lo que le reducía el mantenerse estable. Sintió el aire oscuro entrar a sus pulmones, pero no le lastimó ni un poco.

Akari. ¿Estás bien?. — Él ángel se acercó a ella y la ayudó a mantenerse de pie. Su mirada fue directo a aquella cosa frente a ellos. Apretó sus dientes.

Me sorprendes. — La miró—. Dominaste las Esperanzas Crueles. — Medio sonrió, una sonrisa fingida.

¿Esperanzas Crueles?. No son del todo crueles, estás son Esperanzas Oscuras, esperanzas de los digimon que no era capaz de ver. — Pronunció—. Ahora me doy cuenta que una parte de mi comenzó a odiar a los virus y a todos aquellos que conseguían una evolución similar.— Recordó la muerte de sus padres y cuando estuvo a punto de golpear a Lucemon, el como trato a Boltmon y Duskmon, esos fueron los eventos principales, pero habían otros más pequeños que se fueron acumulando hasta que el vaso se derramó—. Pude escucharlas gracias a ti, los discrimine y creí que ellos no merecían el brillo que jamás debe perderse, creía que ellos debían ir por sus propios medios y luchar con desesperanza. — Elevó la vista, su rosado se notaba más vivo que antes. — Pero, todos esos digimon desesperados, los que viven de buena manera y los que no e igualmente los humanos, absolutamente todos necesitan la Luz de la Esperanza.


Aquella oscuridad que parecía estar a favor de esa criatura se revoloteó, unas incluso escaparon a otro lugar. Un brillo salió despedido de la roca donde había ocultando aquel dispositivo y el emblema, ellos regresaron a aquella que parecía ser la dueña. No, Akari era la dueña. Lo que no esperaron fue el brillo singular que apareció varios kilómetros alejados de ellos. Creo un brillo que parecía tocar el cielo y descender a mayor velocidad. La mano de Akari irradió con una tonalidad dorada, aquel rayo que tocaba el cielo la rodeó.

Felicidades. — Pronunció. Aquella voz era la de Duskmon. Lo que habían dentro de aquel arillo sagrado era ni más ni menos que su preciado Digiegg—. No hagas tonterías, niña. — Con esas palabras la voz se terminó por desvanecer. El prototipo otorgado por Shakamon salió de su bolsillo y envuelto en esa misma luz cambio de forma a un d-arc con tonalidad negra a excepción del circulo, correa y botones que eran de un amarillo claro son algo escrito alrededor con el lenguaje Digimundo. El digiegg se hizo pequeño y entró a ese digivice e igualmente el colgante parecía haber reaccionado.

¡Esto no tenía que haber...!.— Aquella figura se alarmó y retrocedió tanteando el terreno con su pie.

Lucemon. — Volteó a verlo. Él ángel asintió. Un punzar de una de sus heridas la hizo sentirse más viva de lo que ya se sentía. Anteriormente tuvo duda de sí sus acciones eran o no correctas, de sí aquella evolución estaría bien empleada, ahora sabía que una evolución aún oscura, era buena—. Ojo por ojo. — Lo miró.

Lucemon ... Warp Shinka ... Lucemon Falldown Mode.

La figura de aquel hombre fornido se mostraba imponente tras la rubia. Su altura era mayor a la que tenía cuando había alcanzado esa evolución por primera vez y sus alas, que se extendieron creando una ventisca igualmente eran mayores. Aquel ser amorfo retrocedió ciertamente confundido. Se compuso y dejó la mirada adelante. Su fuerza aumentaba debido a que su fuente de alimento crecía.

Lucemon no esperó un solo segundo más, no iba a perdonar por ningún motivo los momentos que obligó a pasar a la Takaishi. Se disparó por sobre ella levantando una gran cantidad de polvo y se dirigió a su presa. Un campo negro apareció ante esta obligando a Falldown a detenerse.

Están cometiendo el grave error de subestimarme. — Lucemon sonrió de lado. Antes de que esa criatura pudiera alardear de algo más elevó su palma apuntando directo a él—. No importa...

Sus palabras no fueron concluidas. Un rayo negro como la noche atravesó aquella protección y lo atacó. Su hombro desapareció y en ese lugar el mismo humo negro comenzó a disolverse. Esa entidad con forma de Minamoto soltó un quejido fantasmal. Retrocedió con pasos torpes y miró directo al ángel-caído. Falldown sonrió con clara alegría. La oscuridad intentó tomar otra figura. Lucemon comprendió muy rápido que aquella cosa no era como las criaturas de pesadilla que habitaban normalmente aquel lugar, era diferente, tenía cierto extraño pensamiento e igualmente su poder no podía surgir únicamente de ese sitio, había alguien más involucrado y la única persona en su pensamiento era una.

Antes de que cualquier figura fuera tomada por él el Rey Demonio ya había soltado una ráfaga de sus alas lo suficientemente fuerte como para dispararlo a un montón de rocas unos metros alejados. Se bañó por un oscuro pensamiento y alzó el vuelo en dicha dirección donde sin darle tiempo de recuperarse atestó en su contra una serie de continuos golpes.

Akari se había mantenido cerca siguiendo el combate. Sujetaba aún su muñeca herida que había dejado de sangrar o así ella lo creía y esta misma mantenía el digivice en su palma. Lucemon se separó de aquella figura que estaba en el suelo, ese ser no podía transformarse en ese momento y eso lo confundió. ¿Sería la presencia de un Demon Lord la que se lo evitaba?. No, era la presencia de ESE demonio lo que se lo evitaba. Gruñó al sentir que su preciada fuente de energía había disminuido.

La rubia sintió su visión perderse por cortos instantes y sus pies se movieron adelante y atrás en un intento por mantener el equilibrio, esos momentos bastaron para llamar la atención de Falldown y eso mismo para que esa criatura se escabullera. Lucemon regresó al punto donde estaba la chica a una increíble velocidad y la sujeto antes de que cayera. Era increíblemente grande pues Akari cabía perfectamente en solo una de sus palmas. Su visión regresó segundos después y voltearon a ver al digimon que la mantenía de pie.

Escapó. — Pronunció para incorporarse.

Se perfectamente donde va. — La miró. La mayoría de sus heridas eran cortes no muy profundos, pero la de su muñeca era lo contrario—. Deberíamos...

Vamos tras él, tengo un presentimiento, debe estar vinculado a Kazehaya. — Se movió dos pasos y volteó a verlo—. ¿Qué esperas?. — No negaba que estaba preocupado por esa chiquilla rubia que tanta lata le daba, pero, sino pudiera con las cosas no se movería.

Lucemon la levantó con su palma y con una velocidad descomunal siguió a aquella cosa. Admitía claramente que se sentía vivo y mejorado. La oscuridad a su alrededor lo alimentaba y por primera vez no le daba ese deseo ocioso de comer, no, estaba satisfecho con el poder que esa niña le daba. Medio sonrió y su palma se cerró lentamente aferrando con mayor firmeza a Takaishi. Cerca de su camino sintió las presencias de los demás. Llevó su vista a ese punto y solo una mirada se cruzó con la suya. GranDracmon había sido el único que parecía haber sentido esa fuerza oscura que tanto reconocía, una extraña forma se formó en los labios del vampiro que el demonio no consiguió observar por la velocidad en la que iba y el corto instante en el que cruzaron miradas, de algo si pudo darse cuenta, no era la misma presencia que conoció anteriormente.

No tuvo tiempo de analizar con más precisión pues su destino no estaba lejano. Akari sintió nuevamente aquella sensación de mareo, no era por la oscuridad, lo tenía claro, miró su brazo. ¿Habría perdido mucha sangre?. No lo sabía, pero cuanta fuera no la mataría. Regresó la vista adelante y en la distancia fue capaz de ver a la pelivino.

Crescemon escuchó el sonido del viento siendo cortado y volteó a la dirección que su oído le indicaba. Se colocó ante su elegida al ver a aquella silueta a esa velocidad. Madison se afirmó al suelo, tenía muy en claro que no era el momento de dudar. La diosa se relajó pero su mente se confundió. Lucemon redujo su velocidad y se detuvo frente a ese par a petición de la chica. La mirada de Crescemon fue directo a su elegida quien ya había dado tres pasos delante de ella. Lucemon bajó a la rubia con cuidado, aún estaba lastimada.


Los ojos de la chica aún no podían almacenar que la figura frente a ella era real. Crescemon no se acercó a atacarla, pero tampoco bajó la guardia, sabía que en ese lugar podían pasar cosas malas y extrañas, entre ellas visiones oscuras. Claramente el digimon mega no la convencía del todo. Inoue abrió su boca repetidas veces intentando decir algo, nada era claro.

Hola, Madi.

¿A...Akari?. — Tartamudeó. Madison no creía lo que veía, no era capaz de aceptarlo, no, ella la vio morir, la vio.. desaparecer. Claro, la vio desaparecer, no vio un cuerpo. Una viva luz se encendió en su interior. Akari sonrió leve, era capaz de ver ese extraño brillo. Asintió ante las palabras de esa chica y se acercó.

La que viste y calza. — Pronunció unas palabras que originalmente no eran suyas y ensancho su sonrisa mientras se detenía. Los ojos de la portadora de la Bondad se llenaron de lágrimas y no dudó un solo segundo en acortar la distancia entre ambas y abrazarla. Akari dio un paso atrás siendo apretada, sintió un punzar en sus heridas, pero lo que menos quería era retirar a esa chica.

¡Estás con vida!. — Exclamó, entre llantos. La rubia se sintió acogida por esas palabras. Sentía que el abrazo de la chica era más y más fuerte. Madison se aferraba con toda la fuerza que encontraba, no, no tenía la menor intención de soltarla y perder a su amiga de nuevo—. Creí... creí.. que estabas muerta. Nosotros te vimos.. te vimos... — Sus palabras no podían ser completas, sus hipidos se lo impedían. Crescemon se relajó y miró aquella escena. — Tsuki tenía razón, no estabas muerta. — Pronunció totalmente. Akari guardó silencio un instante, la francesa sabía que ella no había muerto. Había una persona que confiaba en que ella había estado viva y eso la reconfortó.

Lamento preocuparte. — Pronunció correspondiendo el abrazo con su brazo que se encontraba en buen estado.

¿Dónde estabas?. — Se separó y la miró fijo, solo entonces se percató que eso en su rostro no era lodo—. Tienes sangre, sangre en el rostro... — Akari llevó su izquierda a este y tocó, ya estaba seca, recordó donde la había obtenido y sufrió un escalofrío—. ¿Estás bien?.

Ya todo está bien. — Le sonrió. Lucemon dio un paso y el sonido llamó la atención de la pelivino, en ese punto había sido ignorado por Madison quien retrocedió un paso al verlo, era diferente a como lo recordaba. La rubia volteó a verlo—. No te preocupes, todo está bien. — Madison regresó la vista en la rubia. Su brazo, como su rostro y su pierna tenían marcas de sangre, sus prendas igual pero la que sobresaltó su preocupación fue la muñeca. ¿Dónde había estado ella?. Se acercó a cuestionar eso pero la chica llevó la mirada con brusquedad a otro punto.

Kazehaya. — Esas fueron las palabras que salieron de sus labios y que activaron la alerta en el interior de Madison—. Rápido, Lucemon. — Ella fue recogida por el ángel-caído que a su vez tomó a Madison, Crescemon, en cambio, saltó al hombro del Rey Demonio y se sujetó de él. En cuestión de segundos se encontraban atravesando el cielo oscuro a un lugar que la pelivino no conocía y menos entendía.

¿Qué ocurre?. — Fueron las palabras que su voz fueron capaces de pronunciar. Akari tenía la vista adelante.

Se lo está comiendo. — Pronunció. Unas voces en su cabeza se lo dijeron. Ahora, de alguna manera, las escuchaba claramente.

¡¿A Kaze?!. — La rubia asintió. Volteó a verla y miró la clara preocupación en sus ojos que aun tenían rastro de lágrimas.

Esto es en parte mi culpa, Madi. Lo siento. — Ella no entendía. Tampoco Crescemon que era capaz de escuchar claramente lo que ambas hablaban. ¿Acaso ella había puesto en esa situación a Kazehaya?—. Mía y de Brendan. — Bajó su mirar. Los ojos de Inoue se terminaron por abrir y peor aún su mente menos comprendió. Regresó la vista adelante y lo miró, lo que más le aterraba. El Mar de las Tinieblas.

Akari. — Lucemon llamó la atención de la rubia quien igualmente elevó el rostro al frente.

Bajó a ambas chicas en la playa alejadas lo suficiente del Mar Oscuro. Las olas se agitaban violentamente y una esfera negra era capaz de verse en el Mar, era grande y estaba muy alejada de la orilla. Dentro de ella podían verse chispazos de algún enfrentamiento posiblemente. Madison sintió su corazón acelerarse al ver a aquella cosa frente a sus ojos, a aquella agua que le había traído tantas pesadillas. Retrocedió un paso y luego se afirmó. Se había prometido vencer esos miedos, pero entonces.. ¿Por qué temblaba?.

Kazehaya está adentro. — Falldown fue quien se atrevió a hablar. Takaishi tenía una sospecha, pero no dijo nada. Madison sintió una corriente de adrenalina y avanzó hacía el mar, no quería dejarlo solo. Crescemon la siguió pero Lucemon les evitó el paso—. No. — Zanjó. Madison se giró con cierta violencia y miró a la rubia quien caminaba con pasos cortos hasta donde ella estaba.

¡Dile que me deje pasar!. — Exclamó. La chica negó.

Quien debería intervenir, soy yo, pero esa es la batalla de Kaze. — Llevó la vista al mar donde aquella esfera negra estaba, la mitad de ella estaba sumergida y la otra mitad fuera, podía darse cuenta que no era cúpula pues las olas al menearse dejaban ver el otro lado.

¡Somos todos un equipo! ¡Tenemos que ayudarnos!. — Se acercó. Quería a su amiga, en serio lo hacía, pero no podía entender aquella acción.

Tenemos que esperar, si él no lo termina, nadie lo hará y eventualmente morirá. — Las palabras eran serias de su parte y le sonaron totalmente creíbles, sabía perfectamente que habían batallas que debían lidiarse solas. Akari le sonrió—. Confía en Kaze. Ten esperanza, Madi.

Falldown llevó su mirar a la esfera y a su vez lo hizo Akari. Madison se tardó un poco más. Esperar, no le gustaba. Los pocos minutos le parecían horas donde más se desesperaba y preocupaba. ¿En verdad no podía hacer nada más?.

Aquella esfera reventó en un sinfín de fragmentos que terminaron por desaparecer. Miraron a una silueta acercarse, se notaba pequeña pero poco a poco tomaba forma. Lucemon no movió un solo dedo. “—Es él—.” Madison escuchó claras las palabras del Demon Lord. El peliplata se acercaba con dificultad a pasos cortos y pausados, llevaba algo en sus brazos. La chica no dudó un solo instante en correr a donde él se acercaba y a su vez lo hizo Akari y Crescemon.

La mente de Madison la obligó a detenerse justo donde las olas se acercaban, Crescemon se detuvo a su vez, la chica iba a dar otro paso que su conejita le evitó. La oscuridad era más densa y problemática ahora que todo se había desbordado temía por lo que aquella cosa le habría podido hacer. Lucemon se acercó con poco interés, junto a la Inoue corrió Akari, la rubia había notado claramente que el chico estaba a poco de desvanecerse y no tuvo intenciones de detenerse. Sus pies entraron al agua y sintió como la calaba, sin embargo siguió avanzando. Madison se giró al demonio.

¡Lucemon ella ha...!.

No importa. — La interrumpió y volteó a verla—. La domina ahora. El valiente vive hasta que el cobarde quiere. — Había escuchado esa frase en el pasado cuando él era un Puttimon y su elegida lo había protegido de un perro loco. Madison miró el agua y se decidió a entrar, elevó su pierna—. No hagas eso. — Exclamó, ella se detuvo—. El agua no ha perdido su efecto oscuro, incluso ahora es mucho más fuerte.

Pero haz dicho que...

Dije que Akari lo dominaba. — Miró de regreso adelante. La rubia estaba a poco de llegar a donde estaba el peliplata, el agua ya llegaba a su vientre—. No que el Mar Oscuro hubiera dejado de ser poderoso.

Kazehaya la vio acercarse, iba lento porque en ese punto el agua oponía resistencia, suponía que estaba muriendo y que esa ex-compañera suya le daba la bienvenida a ese nuevo mundo. El pequeño digimon en sus brazos iba inconsciente y a él poco le faltaba para también estarlo. Su visión terminó por ser borrosa y finalmente se dejó caer hacía adelante. Akari lo sostuvo evitando que su rostro se hundiera en el agua, por suerte Kazehaya jamás soltó a su digimon o no imaginaba que habría pasado.

¿Kaze?. — Cuestionó. El aludido estaba dormido. Suspiró aliviada, no estaba muerto. Con dificultad regresó a la orilla hasta donde las olas ya no lo tocaban. Crescemon tomó al digimon y lo retiró de sus brazos.

¡Kaze!. — La pelivino estaba aterrada, lo decía su mirada lo estaba por el bienestar del chico. Se acercó presurosa a él y con ayuda de Akari lo acomodó en sus piernas. Tenía heridas torno a su cuerpo, heridas hechas por un arma filosa. Su rostro tenía sangre—. ¿Qué le pasó?. — Sus ojos nuevamente se habían llenado de lagrimas, no entendía nada y eso la frustraba.

La respiración de Kazehaya estaba entrecortada y su estado era deplorable, desgraciadamente daba pocos indicios de salir de esa, no podría sin la atención médica adecuada. Akari se incorporó y tomó agua del mismo mar negro, la acercó al rostro de Kazehaya para limpiar la sangre. Madison inmediatamente lo retiró.

¿Qué haces?.

Limpiarlo. — Parpadeó, confundida.

¿Con esa agua impura?. — Cuestionó nuevamente. Akari miró su palma, el agua comenzaba a calarse por sus dedos.

Ya es pura. — Se la mostró.

¿Qué estás...?. — Sus ojos lo captaron. La oscuridad tornó a la mano de ella, anteriormente no la había visto o no había sido capaz de hacerlo, pero al ser la Bondad estaba directamente vinculada con ese lugar—. Tu mano...

Son Esperanzas. — Respondió y le sonrió. Claramente la rubia había perdido la cabeza, esas cosas eran oscuridad, oscuridad pura y cruel—. No todo es lo que parece, Madi. — Pareció leerle el pensamiento. Dejó caer el agua y esta retomó su extraño color original.

Debemos irnos. — Pronunció Falldown. Madison volteó a verlo con cierta molestia.

Kaze no puede pelear de esta manera. — Takaishi negó mientras se incorporaba.

Vamos a casa. — No comprendió, en verdad no comprendía, quizá realmente esa chica no era Akari sino una lunática.

Momentos después se dio cuenta. Estaban frente a una enorme construcción. Habían viajado en Lucemon y llegado a ese sitio, no habrían ido pero era necesario por el estado del peliplata, además, de que claramente a la japonesa a su lado le faltaba poco tiempo para caer rendida, se asombró por la resistencia que había puesto hasta ese punto pero no fue suficiente como para evitar que ella se diera cuenta de como se encontraba. Se perdió en su pensamiento y no se percató cuando la chica la esperaba en la enorme puerta. Era del tamaño de Lucemon e incluso mucho más grande imaginó que aquel era el lugar donde se refugiaban esas criaturas.

¿Vienes?. — La llamó—. Es un lugar seguro. — Pronunció. Madison asintió y entraron. Lucemon Falldown volvió a ser un querubín con forma de niño.

El lugar era grande, exageradamente grande y ella se sentía sumamente pequeña. Takaishi continuaba invitándola a subir y luego a entrar a una habitación donde acomodaron al Minamoto. Fue Madison quien se había encargado de limpiar a Kazehaya y sus heridas. Akari le había dicho que se iba a poner bien porque no siempre la oscuridad era mala y Kazehaya tenía de ambas, se había quedado sola con él.

Akari estaba en el baño. Retiró la blusa manga larga y miró la herida de su muñeca. Se veía desastrosa y llegó a la conclusión de que a aquella vestía le gustaba la sangre. Suspiró, en el espejo frente a ella miró sus heridas en su rostro. Tenía una cortada en su mejilla derecha, dos más pequeñas en la izquierda y manchas del monstruoso ser del que mutó Evangeline.

Entró en cuenta del que Digivice en su bolsillo se había sumergido en el agua y lo sacó para verlo. Se notaba en perfectas condiciones, oprimió un botón y notó que efectivamente todo funcionaba bien. Suspiró aliviada y miró su pierna, allí tenía otra herida y sentía una más en su brazo derecho pero se alegro de que ninguna de ellas llegara a manchar aquella que era su marca de nacimiento. Habían más cortadas pequeñas en el izquierdo y una le vibró a un costado del estomago. Quería limpiarlas pero no había mucho tiempo. Lucemon había tomado la forma de un ser más pequeño y estaba dormido entre las toallas del baño. Sonrió al verlo con suma dulzura y se acercó a cubrirlo con otra toalla.

No lo pensó realmente, no quería siquiera pensar nada y tomó un baño rápido donde sus constantes quejidos salían a causa del agua caliente en sus heridas aun abiertas, pero sabía igual que podrían infectarse sino se lavaban. Salió de la misma forma que entró y se vistió con un pantalón de mezclilla de un color azul cielo, una playera similar a la que usaba de color blanco pero esta era de color amarillo y entre toda la ropa se detuvo en una de ellas.

Era una chaqueta negra con capucha y con lo que parecía ser felpa en el gorro de color blanco, no fue la forma lo que llamó su atención, sino el logo que se mantenía a un costado del pecho. Era un símbolo, la esperanza, se mantenían ambos, el digiegg y el emblema juntos. Recordó esa prenda de otro sitio. En el pasado cuando Piximon les obsequio unas similares en su castillo, el modelo era igual, pero aquel símbolo cambiaba para todos. Sonrió envuelta en recuerdos y se la puso encima. En sus pies, haciendo juego con el color se puso unos convers de tonalidad amarillo claro. Cortó parte de otra playera y la envolvió en su mordida de payaso donde se veían claros los orificios, eso no creía que llegara a borrarse, no totalmente al menos.​
 

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Una Oscura Esperanza.
Parte 3. 2/2
Final.

Habían pasado cuarenta minutos desde que llegaron, era mucho menos de lo que ella esperaba y se sorprendió. Descendió las escaleras y volvió a subir con cosas en sus manos. Entró a una habitación. Madison estaba sentada en la cama mirando fijo al peliplata, la respiración de él se había nivelado y eso la había tranquilizado enormemente.

¿Quieres tomar un baño?. — Madison negó. Akari se acercó hasta ella y tomó asiento a su lado. Le entregó uno de los frutos que habían tenido almacenados en la cocina—. ¿Hambre? Yo acabo de comer. — No le dijo nada, solo lo tomó y miró el alimento. Crescemon miraba firme a la rubia sin bajar la mirada, quizá desconfiaba. La rubia iba a incorporarse, las palabras de su amiga la detuvieron.

Necesito me digas que pasó. — Akari quedó en silencio. Sí, eso era lo mejor.

Aquella criatura que lo dejó así apareció cuando Kaze estuvo a punto de morir en el momento en que Brendan y yo lo atacamos en la base de la Resistencia. Se aprovechó de su condición,de su cualidad y defecto y entró a su cuerpo, fue gracias a él que Kaze se mantenía con vida, pero, cuando se recuperó por completo ese ser comenzó a devorarlo aprovechándose de la Corrupción. — Empezó.

Pero él no estaba...

No siempre es muy obvia. Cuando yo llegué a la Dark Area tenía la forma de Kazehaya, de no ser porque no tenía sombra quizá habría caído en su juego, al menos, la parte principal peleaba con él, de lo contrario Falldown no le habría ganado tan fácilmente, las fuerzas oscuras son fuertes, lo sabes. Esa cosa manejo mi entorno y me dejo como me viste, cuando regresé en sí y lo enfrentamos perdió el poder de transformarse, quizá Kaze le dio buena pelea y entonces escapó, luego te encontramos y pasó lo que ya sabes. — Se tiró hacía atrás. La cama era grande por lo que no lo lastimó—. Igualmente, pagué parte de lo que hice, bueno, Lucemon debilitó esa parte que se había desprendido del principal, espero que haya ayudado aunque sea un poco. — Volteó a ver al chico inconsciente—. Aunque igual, gracias a él superé otras cosas y entendí otras más. — Levantó su mano y miró en donde la había envuelto, en ese punto sentía aún el vivo ardor y el como aquellos colmillos atravesaban su piel—. Pero no creo ese haya sido su plan original.

Entonces... ¿Todo terminó?. — Akari volteó a verla y le sonrió, eso le bastó—. Akari.

Dime.

¿Por qué el Mar no te hizo nada?. — Sus ojos se clavaron en los de ella. Takaishi se quedó sin palabras y la miró fijamente—. Entraste en el para sacarlo y no te hizo daño. ¿Por qué?.

Lo habría hecho. — Pronunció—. Creo que la evolución de Lucemon tuvo mucho que ver. No sé tampoco, apenas estoy entendiendo esto.

¿Qué cosa?.

Lo de las Esperanzas oscuras. — La miró. Madison pareció no comprender nuevamente—. Cometí el error de pensar que solo habían deseos positivos y anhelos por igual y pensé que los digimon y personas malas no tenían o tuvieron buenas esperanzas, ese pensamiento me llevó a caer y seguidamente a odiar, sin querer mi corrupción sin motivo siempre tuvo un motivo que yo misma había creado, en este lugar existen algunos deseos positivos, pero igual negativos, todos hablan a la vez y piden sin parar, yo debo mantener un equilibrio, no soy Yggdrasil para cumplir sus peticiones, pero si puedo dar la luz de la esperanza a quien lo pida y no solamente a quien crea que la merezca. —Madi iba a aventurarse a preguntar de nuevo, pero un quejido llamó su atención. Era el digimon que parecía comenzar a moverse. Kazehaya ya se escuchaba dormir, totalmente tranquilo de todo. Inoue se acercó al pequeño dinosaurio.

Dracomon. ¿Te encuentras bien?. — El digimon tenía la mano en su cabeza y miró su alrededor.

¿Dónde estoy?.

En el hogar de los Demon Lord.

¡¿Qué?!.

—¡Hey! No es tan malo como lo pintan. — Akari se sentó y se acercó gateando hasta el pequeño digimon verde acercando de más su rostro al suyo y defendiendo aquel que quizá era su hogar, él miró confundido a la elegida que le sonrió—. Bienvenido, Dracomon.

¿Akari?. ¿Estás viva?.

Vivita y coleando. — Se alejó nuevamente—. ¿Te sientes mejor?. — El dinosaurio asintió sin entender. Miró a Madison y esta asintió.

Está bien, ha vuelto. — Habló Inoue—. Pero Dracomon... — Akari se levantó de un brinco de la cama y se estiró.

No creo que sea bueno que lo cuestiones ahora, Madi. — Giró la vista para verla—. Ya luego puedes preguntarle a Kaze personalmente, ahora tenemos que irnos ya, hemos perdido un poco de tiempo y los demás no deben estar muy lejos del destino.

¿Qué haremos con Kaze?. — Dracomon miró a la rubia.

De eso no te preocupes, Draco. Falldown puede llevarlo en su palma, ahora Lucemon es más grande a como lo recordaba, te lo digo, te lo digo, es impresionante. — Akari sonreía con sus palabras, parecía sentirse orgullosa de eso y claro que lo estaba, sí bien le faltaba por comprender pero se sentía muy bien. El digiegg estaba en su digivice y ahora entendía porque el emblema estaba en su cuello, este se mantenía con un brillo singular y se veía perfecto desde cualquier punto, brillaba incluso en ese lugar sin luz. Madison prestó atención en su muñeca, aún después de como estaba, sonreía con toda esta euforia—. ¿Nos vamos?.

¿No Cupimon estaba dormido?. — Inoue se levantó y la miró.

Acaba de despertar y ya viene para acá.

Antes de que cualquiera hubiera tenido tiempo de atacarlos en ese lugar los elegidos ya estaban rumbo a los otros. Falldown iba a una velocidad considerable con el chico que iba en su mano. Dracomon iba en su otra palma con Akari y Crescemon llevaba a Madison. Akari miraba a Kazehaya desde la mano derecha de él. Lucemon no se preocupaba porque sus manos fueran ocupadas pues sabía perfectamente que nadie los atacaría en ese punto. Minamoto se revolvió entre la manta que habían traído con ellos, abrió lento sus ojos y Dracomon pegó un salto para llegar hasta él. Akari en la otra palma lo saludó meneando la mano.

¡Kaze!. — Dracomon gritó con una felicidad interna enorme. Akari se acercó a la orilla de la mano sujetándose de ella. Kazehaya la miró.

¿Estoy muerto?.

Esperaba más un: ¿Akari?. A esa pregunta. — Le sonrió—. No Kaze, estás con vida.

¿Cómo?.

No hay mucho tiempo para explicaciones. Luego te lo diré.

Estaba en lo correcto. Adelante los distinguió. A todos los demás. Por un momento sintió nauseas y quiso vomitar, eran nervios, feos nervios. ¿Realmente cómo daría la cara ante todos los demás?. Quizá solo debía dejar que las cosas se movieran solas y de esa manera decidirse a hablar o callar o dejar que se la comieran con la mirada, no, por Yggdrasil, en ese punto era tímida.

La sombra que parecía tomar forma se dispersó de golpe. El sonido del viento siendo cortado les hizo voltear sus rostros. El grupo se veía un tanto separado, así parecía ante los ojos de la chica, y, en muy pocos veía ese brillo singular, sabía, por las voces, que esa extraña habilidad solo funciona donde la oscuridad era densa a más no poder. Tsuki reconoció inmediatamente al digimon aún en la distancia y a pesar de la frialdad en su mirada algo adentro reventó como confeti. GranDracmon sabía quien era por lo que no tuvo que voltear. Gaiomon no prestó el menor interés en lo que ocurría y volvió a caminar. Kenji se quedó unos momentos a observar. Ashley guardó silencio junto con William con el cual mantenía una conversación. Brendan, incluso, se detuvo a la par de Piedmon y Antonie.

Falldown descendió y conforme lo hacía Akari sintió un frío que le atravesaba sus huesos. Frío que desapareció de la misma forma como desaparecieron las cortadas que sentía eran hechas por el Mar Oscuro. Akari había sujetado el cierre de la chamarra pero no tuvo la necesidad de cerrarla. Crescemon le había ganado y Madison bajó antes de ella. Falldown tocó el suelo soltando una notoria cantidad de polvo a su alrededor, debido a su altura tuvo que bajar el brazo para que Kazehaya bajara primero siendo ayudado por Madison y Dracomon.

Miren quien llegó. — Aquel comentario fue soltado por Piedmon quien miró al coloso.

La otra mano de Lucemon descendió, si bien varios ojos estaban fijos en ella. MetalGarurumon había sentido momentos antes el retornó de esa cualidad pero creyó se trataría de alguna ilusión. Finalmente de esa gran mano una rubia saltó cayendo de pie, la cortada aún estaba fresca por lo que falseó y fue sujetada por Lucemon. Sonrió nerviosamente y vio a los demás. Se miraron entre sí, quitaron la vista y otros guardaron silencio anonadados. Carmina volteó a ver a Tsuki, notó una leve media sonrisa y la pelirroja comprendió que la elegida de la pureza siempre tuvo razón. William volteó a ver a Ashley buscando una respuesta creíble, ella no la tenía. Brendan guardó silencio en la misma situación que Voudelier, todos allí la habían visto morir.

Akari se acercó unos cuantos pasos al grupo. En su espalda el gran Falldown Mode sonreía complacido.

Regresamos. — Pronunció.

Pero sí es la chica del bosque. — Antonie se acercó a observarla mejor. Brendan miró a dicho chico. ¿La conocía?. Akari volteó a ver al dueño de la voz y le sonrió.​

-viene a revivir el tema antes del diez-

[MENTION=1022549]Automata[/MENTION] , [MENTION=502959]Fayette[/MENTION] , [MENTION=265737]Zhèngyì[/MENTION] , [MENTION=425579]Mictlan[/MENTION] , [MENTION=53682]Kira.[/MENTION] , [MENTION=456048]Venganza[/MENTION] , [MENTION=511552]Kaimiyu[/MENTION] , [MENTION=429011]Maiku[/MENTION]

Y ni idea de quien falte D: No creí decir esto, la verdad xD Ya el Sr. Umbra -Diox, siglos sin decirlo xD- y Maleid sabían más o menos porqué no lo escribía, sin embargo...
¡Escriban, jo~er! D: Si no lo hacen por ustedes haganlo por esta pobre alma que tiene ilusiones de que se termine ;_; -comosilehicierancasoxd-

PD: Sí llegan a haber partes raras es porqueeeee aparecía constantemente en la reproducción aleatoria "Hijo de Hombre" "Ciclo sinfín" "Nadaremos" -<3-y "Dame tu aire" entonces como que me cortaban la inspiración e3e y la hija de su mamá tardaba en venir de nuevo D:<!
PDD: Esto nació por pura cosa de que me ganaron un post que no podía escribir y que cuando iba a la mitad ya habían escrito e.e dhsjfbvjsdhbf y me proyecte para terminar este por fin luego de sigloooos! D:
PDDD: Posteen o Vengie los viola(?) okno :x ya me dijo que soy agresiva Dx
PDDDD: Los quiero, bonitos~ <33
 

Your lips, your eyes, 니 머리 허리 다리 모두 다 ~
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La muchacha se balanceaba a penas perceptiblemente, de un lado a otro, sobre el hombro derecho del digimon, quien respiraba con tal tranquilidad que cualquiera que lo notase inmediatamente le causaría escalofríos. La marcha no era muy apretada pero tampoco caminaban lentamente.
Tsuki suspiro al mismo tiempo que GranDracmon miro hacia su flanco derecho, sintió la respiración del digimon cosquillearle en la piel descubierta, no se asusto ni provocó ninguna reacción de rechazo contra su compañero, sin embargo miro a la dirección donde el vampiro parecía mirar. Identificó a duras penas unas sombras que sonreían psicópatas, acechando, arrastrándose hacia ellos. Las bocas de la cintura del digimon gruñeron, aunque a impresión de Tsuki aparentaba a un suave ronroneo, que lo noto por el ligero vibrar de su cuerpo, las sombras torcieron esa sonrisa en una mueca de terror y retrocedieron a una distancia prudente. El rey de los vampiros sonrió mostrando sus perfectos colmillos, sabiéndose poderoso y temido.
La francesa miro de soslayo a los tamer y sus compañeros digitales cerca de cada uno habían sombras poco visibles, iguales a las que Drac había espantado, por decirlo de alguna manera ya que sólo se habían alejado un poco. Aquellas cosas algo sólo se hallaban a unos pasos de ellos. Frunció el ceño, "¿acaso ninguno lo notaba?" fue la pregunta que se formó en su mente y miro con disimulo a cada uno, todos parecían sufrir de incomodidad pero no miraban a esas sombras, se preguntó si sería miedo pero al examinar con cuidado descubrió que no era eso cuando sus orbes se posaron en el samurai que lideraba la marcha, noto que él si los veía y con simplemente moverse los espantaba. Examinó fugazmente a Sawamura, él iba a unos centímetros de su digimon y quizás por eso esos seres no se habían acercado tanto como sucedía con los demás, creyó la francesa.
Una fuerte punzada en la cabeza la azoto, sólo atino a sujetarse del cuerno que ostentaba la cabeza del digimon, el cual vibro con suavidad, quizás preocupado. Tsuki acaricio la mejilla del vampiro cuando el dolor repentinamente desapareció.
Reanudó su tarea de examinar esos seres invisibles y está vez mirando sin disimulo a los tamers y digimon sin embargo ninguno lo noto pues estaban enfrascados en un sólo pensamiento, resistir a esa gran oscuridad y estar alerta, pero quizás la presión de ese ambiente inhibía los más finos sentidos. La pelinegra advirtió que los emblemas brillaban tenuemente purificando un poco el ambiente alrededor de su portador, entre mayor era el resplandor, menor era la distancias de esas cosas y a su vez mayor mal estar sentían tanto humano como digimon. La francesa suspiró nuevamente, mirando hacia el frente donde el digimon de la sinceridad abría un camino, estuvo unos segundos perdida en la nada, sintiendo la cálida respiración del vampiro y las suaves charlas, casi cuchicheos, de los demás, estuvo así unos minutos hasta que se digno a mirar su emblema, oscuro y rasgado. No sintió pena, ni lastima, sólo una respuesta llego a ella; era igual a esos seres. Corrupta y sin luz propia. Ellos intentaban acercarse a ella no para ahogar su brillo como lo hacían con los demás, sino para que se les uniera a ellos, era un hecho simple; los seres corruptos, envidiosos de la luz, debían ahogarla y destruirla porque ambos no podían coexistir en un mismo lugar, mientras los dos estén juntos ninguno podría triunfar, ni la luz, ni la oscuridad.
Mordió su labio y se tapó con la pañoleta roja su emblema.

- Negarlo no servirá - Escuchó esa vocecita molesta y burlona en su mente y chequeo la lengua, había creído que ya no estaba.

Se volteo nuevamente hacia los demás, para seguir viendo a esas cosas sonrientes. Observo como salían de la oscuridad como cucarachas y raptaban hasta algún humano o digimon, temían acercarse y al mismo tiempo lo deseaban. Miró insistentemente a un grupo de ellas, fue cuestión de segundos para que ellas en perfecta coordinación la miraran. Tsuki no se asusto, ni siquiera un ápice de miedo hubo en su ser, sin embargo el miedo que ella carecía lo tenían esas sombras que torcieron su sonrisa en una mueca de pavor, justo como lo habían hecho con GDracmon y ella pudo experimentar el mismo sentimiento saberse superior, por eso sonrió altiva mientras veía a esas pequeñas cucarachas retroceder unos pasos. El horror y la ambición se mezclaban en los seres que pertenecían a la bruma del Dark Area.
Sintió que una mirada se clavaba en ella y corrió sus orbes hacia donde provenía. Unos ojos color miel la recibieron con una sonrisa, internamente se estremeció pero exteriormente no mostró emoción. Brendan la siguió mirando insistentemente con una media sonrisa, como de apoyo, a Tsuki se le revolvió el estómago y un sólo pensamiento atesto su mente; "la creía débil, pensaba que estaba padeciendo lo mismo que él y no notaba cuan superior era."
Simplemente le mostró un gesto altanero y se volteo.

- ¿Qué le sucede? -Preguntó el arlequín mirando a su tamer. Brendan escogió sus hombros.

- No sé. -Dijo apreciando la espalda de la chica. - Esta rara desde hace rato. -Murmuro algo pensativo. -Quizás sea el ambiente.

Pese a las distancias la morena escuchó perfectamente la conversación, se volteo y sonrió alzando una ceja, como demostrando que era más fuerte que él.

- La verdad no creo que le afecte el ambiente. -Murmuro Piedmon, la examinó por unos minutos cuando la chica se devolvió hacia el frente.

Todo se vio interrumpido por un extraño suceso, el primero en reaccionar fue JumboGamemon que con un certero ataque derribo el primer peligro, se quedaron quietos, alertas seguros de que algo vendría por ellos y ese algo no se hizo esperar por mucho tiempo. Un sonido apabullante como el caminar sincronizado de miles de insectos llego hasta los oídos de todos. Tsuki miro a los demás de soslayo desde las alturas vio en ellos una mueca de pánico, se desconcertó por unos momentos, ella no sentía miedo, ni estaba asustada, notaba que no habían sentimientos, simplemente sentía vacía y algo confundida, respiro con semblante tranquilo, no duró mucho pues una punzada dio de lleno en su cabeza, su vista se nublo y lo único que pudo hacer es sujetarse de Dracmon mientras el sonido repiqueteante aumentaba, al sentirla el digimon, que parecía perdido en la nada, volvió en sí torció su rostro hacia su tamer, ella no pudo responderle el gesto porque a medida que el sonido aumentaba, las puntadas en su cerebro también, lo que sea que fuere no ayudaba. GranDracmon la tomo entre sus manos, acunándola y la envolvió con sus alas acercándola a su pecho de tal manera que el sonido mermara un poco para ella. Tsuki a duras penas pudo ignorar el dolor y miro con un ojo, las imperceptibles sombras no estaban más era sólo niebla y otras de mayor contextura sonreían con amagues de abalanzarse hacia ellos, vio al samurai erguido como desafiante. Las bocas de Dracmon se relamieron los colmillos y entre tanto caos gruñeron, extasiadas. La ojiazul cerró los ojos con fuerza al sentir un dolor que le quito el aire, nublándole más la mirada. Sólo unos minutos duro, una explosión hizo que su cerebro retumbara y luego el silencio se extendió. Con la calma el dolor dejó de ser han insoportable, palmeo a Dracmon y este volvió a su posición original colocándola nuevamente en su hombro, como si nada hubiera pasado.
Tsuki sintió su vista algo cansada pero el dolor se apaciguó, vio a todos recuperarse, entonces atribuyó sus males al pequeño incidente, pero no volvió a ver a las pequeñas sombras simplemente niebla, las únicas sombras eran la del costado del camino, se preguntó si había desvariado porque quizás, y sólo quizás, aquello siempre había sido niebla.
La marcha se reanudo con el mismo ritmo sin grandes contratiempos, salvo uno que otro temblor, pero nada de mayor relevancia.
La pelinegra se jugueteo con sus piernas mirándolas, blancas como porcelana, tenían algunas rapaduras y moretones, nada grave, todo producto de sus aventuras, de la nada se quedo quieta por largo rato en la misma posición, simplemente pensando. Extraños pensamientos se aglutinaban en su mente, uno tras otro, los comprendía y al mismo tiempo no. Su cuerpo se volvía a sentir ligero, el dolor de cabeza paso a un tercer plano, incluso ese hueco y confusión desaparecían, se sentía contrariada entre aquellos pensamientos, todo le sucedía interiormente, pero exteriormente su semblante se mantenía intacto, seria mirando hacia delante.
Paso un buen rato hasta que Darían cansado de tanta pesadez del ambiente pidió un descanso, Tsuki miró de soslayo la situación. Brendan tomó la posta como el líder, no de una manera muy amable. Un intercambio de palabras entre los elegidos y un golpe directo para Antoine. Lo cierto era que todos estaban cansados, querían finiquitar el asunto en el Dark Area lo más pronto posible, descansar para muchos significaba permanece más tiempo en aquel horroroso lugar y no iban a recuperar energías, lo más probable era que las perdieran, por eso Carmina estuvo de acuerdo con Brendan, pero fue William quien metió un bocadillo en la situación para distender ese ambiente tenso.
A penas se volteo un poco para ver a los demás y como un acto impropio de ella habló.

- Bueno, continuemos. –Dijo con el mismo suave tono de voz de la antigua Tsuki.

Rápidamente cayó en cuenta de lo que había hecho, se volteo mirando al frente, mordiéndose el labio, su bipolaridad había salido a la luz. No quería ser ni amiga, ni amigable con ellos, porque al final todos la traicionarían, como lo había hecho Brendan Maquiabel y muchas otras personas. Se recrimino una y otra vez, ignoro las charlas venideras, llamándose al silencio y a ver quien ganaba en esa puja que se libraba dentro de sí, ella misma estaba entre la niebla.
Brendan sonrió de ver nuevamente, aunque sea por un breve instante a la Tsuki que él conocía.
Siguieron como siempre con su marcha, algo lenta. La francesa harta de tener la cabeza tan revuelta de pensamientos miró las sombras ellas sonreían como las otras, se volvió a preguntar si estaba loca pero rápidamente dispersó esos pensamientos, su mente era un hilo enredado para seguir enredándolo. Los pozos celestes apuntaron a la cara de su digimon, con solo estirar el brazo podría tocar sus cuernos ligeramente doblados, parecían huesos de verdad, toco su rugosidad y luego dejo de hacerlo porque quizás era algo desubicado para el rey de los vampiros, contemplo a su digimon y se sorprendió de verlo sonriente. El digimon rubio aparentaba observar el flanco izquierdo con una sonrisa, curiosa oteo en la misma dirección y por unos instantes creyó ver a un digimon conocido, GranDracmon pareció seguir el vuelo de ese digimon que iba a una velocidad impresionante. La sonrisa no se borró, su tamer lo vio por largos minutos y torció la boca no entendiendo a qué ser le sonreía, tampoco le preguntó. Sin embargo no le tomó mucho tiempo averiguarlo.
Desde su costado derecho, muchos minutos después de aquel hecho que nadie parecía haber notado, apareció Lucemon FM. Su corazón se acelero, mientras veía como se acercaban, si Lucemon volvía era porque había encontrado en los confines del mundo a Akari y la traía con él, sin evitarlo medio sonrió, aunque mantuvo ciertas distancias con los demás. Se sentía feliz.

- ¿Ves? –Dijo esa voz molesta.- No confiaron en tus palabras, eso no son amigos, ni siquiera camaradas. - Tsuki siguió con su media sonrisa, ignorando su mente, pero halló razón en esas palabras y le dolió de cierta manera.

Los vio bajar a Kazehaya y Madison, quienes estaban perdidos, cierto alivio la invadió y esa parte que se peleaba con la vieja Tsuki se molesto por esa reacción. Aunque quisiera negarlo, había formado lazos con los demás, pero no confiaba en los lazos que los demás establecían con ella.

- Regresamos. –Dijo la suave voz de la japonesa.

- Pero sí es la chica del bosque.- Comentó casual Antoine. Comentario que ocasionó que más de una mirada curiosa se posara en él, que las ignoró por saciar su curiosidad. Akari simplemente le sonrió.

Los ojos celestes se dirigieron hacia Lucemon Falldown Mode que sonreía orgulloso, algo de ternura pululo en su corazón y lo demostró simplemente con su media sonrisa hacia el Lord Demon.

- Hasta los confines del mundo, ¿verdad? –Habló vagamente la francesa, su tono solo se notaba el sentimiento de orgullo, uno símil al de Lucemon, pero que no se equiparaba.

- Algo así. –Respondió el digimon, devolviéndole la sonrisa.

- Te felicito. –Finalizo la charla, no se oía como si realmente sintiera lo que decía, pero eso no ofendió a los portadores de la esperanza, solo hicieron que se preocuparan. La vieron voltearse sabiendo que solo se enfrascaría en el camino.

- Tenías razón, siempre la tuviste Tsu. –Dijo Madison algo cautelosa. La francesa volteo y alzó las cejas en un gesto de “lo sé”. La pelivino suspiro. - ¿No vas a saludar a Akari? ¿Abrazarla? ¿Algo? –Indagó algo exasperada por la actitud, Akari se acerco a ella y le tomo la mano, para que se tranquilizara.

- No hay necesidad. –Zanjó nuevamente.

- Si que la hay. –Intervino extrañamente el pelinegro inglés. – Estoy seguro que de nosotros fuiste quien más la extraño y quien más se preocupo, porque sabías que estaba viva. No entiendo que te sucede pero te conozco y no eres así. –Dijo Brendan mirando la espalda de la francesa. Kenji miró hacia ellos.

Tsuki suspiró, se balanceo hacia delante. Dracmon como si leyera la mente de la tamer puso su mano y la bajo al suelo. La chica miró al muchacho y rió como si le hubieran contado algo muy gracioso.

- ¿Qué me conoces? –Preguntó riéndose. - ¿Vos? –Indagó mofándose. El ambiente se volvió aun más tenso cuando Tsuki dejo de reír. – Es verdad me conoces tan bien. –Canturreo las últimas palabras con enojo, y un ápice de odio incrustado en su voz, la mirada de ella se volvió gélida con solo mirar a Maquiabel.

El muchacho no supo que era lo que sucedía, realmente se sintió desconcertado y profundamente herido, él, aunque no pudiera decirlo a los cuatro vientos, la amaba y no entendía el por qué de su comportamiento ni tampoco la razón de esa respuesta cargada de veneno. Solo pudo fruncir el ceño, apretar los puños y abstenerse de decir algo, porque por primera vez tenía miedo de herir a alguien, alguien que realmente le importaba. Sin embargo BlackRousse por más que se hiriera a sí misma lo haría sangrar a Brendan, lo haría pagar por su traición y por jugar con ella, él era el mismo tipo de persona que aquellas que la había herido infinidad de veces.

Tsuki se giró con toda la intención de volver con su digimon pero algo la retuvo y fue los brazos de Akari, que la envolvieron firmemente. No se movió, ni correspondió el gesto, tampoco lo rechazo, simplemente se quedó estática en ese lugar, sintiendo el calor de la chica. Las pestañas se curvaron hacia abajo y los orbes celestes miraron el improvisado vendaje de la muñeca de Takaishi. Ella había pasado por mucho, realmente por mucho y de cierta manera Tsuki lo sabía, parte de si quería abrazarla y darle la bienvenida, pero otra, una mucho más poderosa, exigía mantener distancia y no dejarse confundir por actos.

- Te extrañe. –Atinó a decir la japonesa, con algo de timidez. –Gracias por no perder la esperanza. –Dijo con suavidad y cariño cargado en la voz. Tsuki negó con suavidad sin dejar de observar con cierta pena los brazos de la japonesa. Sólo Lucemon lo notó.

- Solo confíe en lo que nos dijiste. – Murmuró con voz fría y se quiso morder la lengua. Tras ella Akari sonrió, la Tsuki dulce y que se preocupaba por los demás aun estaba ahí y confiaba, tenía la esperanza de poder devolverla con ellos.

- Eso es tener esperanza, Tsuki. –Dijo con cariño. Por un instante creyó que la piel de la pelinegra estaba más caliente de lo que era habitual, pero se negó y procuró no divagar en tonteras.

- Si eso queres creer. – Respondió, tomando el brazo sano de la chica y la obligo, sin lastimarla, a que la soltase de ese abrazo. No se volvió en ningún momento y no pronuncio palabra, simplemente se sentó en el hombro de GranDracmon, ignorando a todos y hundiéndose en sus pensamientos.

Akari la miró con pena, no entendía que cosa la había hecho cambiar tanto en su ausencia pero quería que volviera la otra Tsuki, se decidió a de alguna manera ayudarla, apoyarla, como la francesa lo había hecho.


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Bueno es todo lo que se me ocurrió y sí, hice como un recuento de todo lo que paso desde la visión de Tsuki, realmente muy bien no sabía qué escribir. Cualquier cosa respecto a esta Tsuki malula pueden preguntarme, emm nada más creo, espero les haya gustado(?) y si no, no habrá dulces. - Se va a dormir-.
PD: Lo bueno de este post es que no habían muchos diálogos por lo que pude editar rápido lol.
 

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Ceniza.

La palabra le había quedado rondando a Kenji, y no solamente por las connotaciones emocionales del apócope en particular que para su tranquilo desagrado le resultaba tan cautivador; la buscó con la mirada un momento, tan corto que nadie lo notó pero le bastó para satisfacer por el rato esa necesidad masoquista de tentarse por lo que ya había renunciado. Sus ojos, de todas formas, se deslizaron por el resto del grupo hacia la otra rubia que había llegado recientemente. Probablemente él fue el único que no le dirigió palabra alguna, aunque sí compartió una pequeña sonrisa; no tenía el valor de adelantarse y saludarla. No todavía.

Otra de sus pisadas le recordó la anterior línea de pensamiento: estaban sobre ceniza. Gris, crujiente y con un aroma a madera seca, pero también como algo bastante avejentado. En silencio se inclinó y pasó sus dedos por la superficie, que resultó ser frágil y gruesa a la vez. Cuando levantó la cabeza se enontró con Gaiomon mirándolo atentamente.

¿De qué es esta ceniza? —indagó el chico tras su momento de silencio y sorpresa.

Gaiomon parecía querer responder, pero luego dudó y siguió su marcha. Kenji no retrocedió, dándose cuenta que el dragón no había pasado de él porque sí. Se sumó a la marcha de Gaiomon, al extraño ritmo que este llevaba. Hace mucho rato que el samurái había dejado de guiar el grupo de alguna forma u otra, y los que llevaban la batuta eran Brendan y Piedmon; aún así, de vez en cuando el dragón, de alguna forma u otra, terminaba enderezándolos a su gusto. Kenji no sabía qué pensar sobre ello.

Miró el suelo mientras se acercaba más hacia el digimon. Lo único que podía ver de él entre toda esa pesada oscuridad y el aire sofocante eran esas delgadas luces de su cuerpo, que titilaban rítmicamente junto con la respiración del guerrero. Al llegar a su lado, no se contuvo de la frustración que tenía acumulada y lo jaló de la tela del pantalón.

Gaiomon se dio vuelta bruscamente y empujó a Kenji, aunque antes de que el chico cayera lo agarró de la camisa con sus grandes garras y lo levantó.

No vuelvas a hacer eso —gruñó, sacudiéndolo levemente.

Lo dejó caer y siguió caminando, haciendo como que nada había sucedido. Kenji se levantó en silencio y limpió la ceniza de sus pantalones, y tan sólo le bastó mover un poco la cabeza para darse cuenta de que muchos del grupo lo estaban mirando, incluyendo a Tsuki. Herido en su orgullo, Kenji arremetió nuevamente contra Gaiomon y adoptó una táctica menos agresiva. Se plantó delante de él, impidiéndole avanzar. El dragón ladeó la cabeza.

¿De qué es la ceniza? —repitió, lo suficientemente fuerte como para que todos lo escucharan, cosa que funcionó ya que aún tenía su atención.

Gaiomon los miró momentáneamente y carraspeó, fijándose con sus fríos y pesados ojos dorados en su maltrecho tamer, en su único ojo visible de color ámbar. El dragón raspó el suelo con una garra y suspiró.

¿Recuerdas la catedral?

Kenji inspiró profundamente. Recordabamente esa sombría iglesia: tenía un estilo marcadamente gótico, con dos cruceros y un amplio coro según lo que logró apreciar cuando estuvo cerca, y aunque no alcanzó a contar la cantidad de torres sí tenía en mente la más alta de todas, coronada por una gruesa cruz negra. Evitaba pensar en ella, porque desde el momento que él y DEX-Dorughoramon la vieron presintieron el mal que habitaba en su interior: una maldad que haría ver a Gulfmon como un becerro recién nacido contra un toro gigantesco.

Sí.

Hubo muchos intentos de hacer algo que funcionara como ella.

Dicho eso, pasó junto a Kenji y siguió su camino. Lentamente todos hicieron lo mismo, aunque a un ritmo lento; a pesar de que él quedó atrás, no tenían intención de abandonarlo. La última en pasar junto a él fue Akari, quien le sonrió tratando de infundirle ánimos.

Pero no funcionó. Él estaba aterrado, preguntándose qué era lo que vivía dentro de una estructura que no era nada más que otro intento de encerrarlo, y que fue la única vez en que no ardió hasta los cimientos.



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El grupo de elegidos seguía su marcha, fatigados y bastante estresados, tal vez el único incentivo para seguir caminando era el miedo de quedarse atrás del grupo a merced de todos los horrores que allí habitaban, Brendan lideraba de momento la marcha, sus mirada se perdía en esa inmensa oscuridad, veía aquellas sombras fugaces que a veces se cruzaban en el camino, o aquellos brillantes orbes observándole desde lo lejos, incluso a algunas montañas levantarse y reptar lejos de su vista con sus 6 grotescas y gigantes patas de araña, era todo un espectáculo del horror, silencioso y mortal

-oye Brendan, creo que nos estamos acercando ya bastante al origen de todo esto- comento piedmon mientras caminaba a la par de su tamer
-¿enserio? ¿Alguna razón para pensar en eso?- pregunto sin mucho interés el inglés mientras mantenía su vista al frente

-bueno… ese abismo de por allá tenia ojos del tamaño de un auto, creo que es una señal de que nos estamos acercando a nuestro destino o yo me estoy volviendo loco y estoy viendo cosas que no, o tal vez son ambas, no estoy seguro- respondió el arlequín con una sonrisa un tanto divertida, el área oscura parecía no afectarle en absoluto, al contrario, al parecer ver todas esas criaturas de pesadilla acechar a los elegidos divertida bastante al payaso

Aun así todo ese show de la locura estaba siendo ignorado totalmente por Maquiabel, si sentía temor por todo lo que podría haber adelante, aunque sentía más temor por lo que le sucedía a aquella chica pelinegra que venía montada en el rey vampiro varios metros atrás, sus palabras lo habían quebrado por dentro, destrozado como nunca nadie había hecho eso con él, pero su orgullo no le dejaría demostrarlo, no le dejaría ver a nadie el mal rato que estaba pasando, siguió con su camino por un rato, volteo para atrás y observo Tsuki mirando la nada, ignorándole, Brendan decidió mirar hacia otro lado, intentando despejar su mente un momento, darle vueltas al asunto solo lo estaba empeorando, dirigió su vista hacia Akari, ella había regresado hace algún rato junto con Kazehaya y Madison, por un momento dejo la cabeza del grupo y se dirigió hacia la elegida de la esperanza

-Me alegra ver que no estas muerta- dijo el pelinegro un poco brusco- perdón si sonó un tanto agresivo, no encontré una mejor forma de…expresarme
-descuida, a mí también me alegra no estar muerta- sonrió la chica
-y dime, me he estado preguntando, ¿cómo fue que regresaste de las tierras de los muertos?- pregunto Maquiabel, con bastante curiosidad

-es una historia larga, digamos que paso un poco de todo, incluso arregle algunas cosas que nosotros causamos-Brendan arqueo la ceja ante la respuesta
-¿nosotros?- se cuestionó con intriga y con un poco de molestia
-jaja, no es nada- desvió el tema la chica
-está bien, supongo, en fin eso es irrelevante en estos momentos- finalizo Brendan regresando a su posición- contamos contigo y lucemon, su fuerza será de gran ayuda

-espera- alcanzo a decir la rubia
-¿ocurre algo?- pregunto el pelinegro calmadamente como era usual
-¿Qué tan mal está la situación?- la voz de la chica sonaba firme y seria, Brendan sonrió levemente
- en este punto ni siquiera yo lo sé-comenzó- pero puedo decirte “el peor escenario posible”
-¿y cuál es ese?

-pongámoslo de esta forma, el digimundo no es el único mundo que está en problemas, supongo que no es necesario que te explique el por qué ¿verdad?-la chica guardo silencio, en el fondo todos sabían eso, y eso solo confirmo un poco más sus sospechas, el chico se despidió y volvió al frente del grupo, sumido en sus pensamientos, y aunque el sabía que “salvar al mundo” era más importante, no podía evitar preocuparse más por la chica francesa de ojos azules



RELLENO 030
 

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Tan pronto la ceniza apareció a su alrededor Lucemon colocó a Takaishi sobre su hombro, el nuevo escenario no le gustaba en lo más mínimo, incluso para él; un Rey Demonio se le hacía incómodo aún más luego de las palabras del Samurái del cual no confiaba plenamente. Su vista viajaba de cuando en cuando a su alrededor notando los movimientos creados por la misma penumbra, se revolvían cada cierto tiempo, ansiosas o incluso desesperadas. Falldown Mode las ignoraba.

Akari observaba con curiosidad aquellas partículas en el aire que viajaban a la dirección que les indicaba el viento. La rubia no se sentía sofocada con su alrededor ni tampoco intimidada, no sabía realmente por qué pero así eran las cosas quizá Lucemon tenía mucho que ver, no le daba vueltas al asunto, el emblema en su cuello se mantenía puro al igual que el digiegg en su dispositivo; no necesitaba saber nada más. Extendió su mano a una de aquel trozo de ceniza que se acercaba hasta ella.

«No, no lo toques, es algo malo.»​

Alejó su mano tras aquella advertencia y notó que Lucemon la observaba de soslayó. Parecía ser que observaba con curiosidad las acciones de su elegida, Akari le sonrió y volvió la vista al frente. Falldown Mode tardó segundos antes de devolver la mirada adelante.

Ambos iban atrás de todos cuidando las espaldas. Desde ese lugar podía ver claramente a Tsuki que caminaba sin prestar la más mínima atención a los demás pero los miraba luego de un rato de reojo, no tenía mucha idea de lo que había ocurrido, pero iba a apoyar a la francesa a toda costa. Al frente estaba Brendan liderando el grupo a la par de Piedmon, se preguntó internamente como habían repercutido las cosas en él; era una persona con sentimientos después de todo. Más atrás Ashley a la par de William, la primera ganó su atención, estaba bien y eso la reconfortaba pero no evitaba sentir una extraña sensación que ella misma ignoraba. Finalmente su atención fue directa a aquel japonés compañero de Gaiomon, el digimon iba adelante y Kenji atrás con un mirar ausente.

Me preocupan. — Pronunció mirando a Sawamura.

¿Recuerdas que existen peleas que deben librarse solo?. — Akari miró su vendaje improvisado y asintió, la marca que quedaría en su muñeca se lo recordaría para toda la vida—. Ellos tienen una ahora. — La rubia lo observó desde el hombro del ángel caído.

Eso no evita que me preocupe. — Llevó sus ojos en dirección a donde ella los apuntaba fijos y sin chistar, a diferencia de ella él se enfocó en el digimon. La mirada de Akari se lo dijo todo. La tomó con su palma y la depositó en el suelo entonces siguió avanzando, no temía por la seguridad de su compañera, sabía perfectamente que estaría con bien.

Aún con dudas en su cabeza se acercó a pasos cortos hasta aquel chico de cabellos grises.

«No, no te acerques.».​

Esas voces la detuvieron pocos pasos de estar cerca de él. Afirmó su andar nuevamente ignorando las repetidas voces que sonaban una y otra vez. Solo quería decirle un par de palabras, cortas, sinceras, sencillas y a pesar de que tenía ese pensamiento las voces no cesaban. Dio una zancada y quedó a su par, lo notó, se sobresaltó, su mirada incluso era muy diferente a la que ella misma recordaba. Gaiomon la observó sobre el rabillo del ojo. Sintió un escalofrío que la recorrió completa y fue en ese instante que se quedó muda. Era Doru, pero, a la vez ese no era Doru.

Kenji. — Habló, pero no obtuvo la más mínima respuesta. La chica llevó ambas manos tras su espalda y continuo caminando de una forma tan tranquila ignorando totalmente la penumbra a su alrededor. Sonrió mirando hacia arriba y luego bajó la vista—. Gracias. — Pronunció con un tono de voz suave. Notó al ámbar del chico viajar por un segundo a ella y regresar adelante fue un segundo que la hizo ampliar su pequeña sonrisa. Estuvo a punto de marcharse.

¿Por qué?. — Lo escuchó pronunciar de forma seca y cortante. Le dolió, claro que si lo hizo pero lo ignoró.

Todo. — Miró adelante—. Absolutamente todo. — Volteó a verlo y le sonrió, no podía reconfortarlo, lo sabía perfectamente pero no iba a dejar de intentarlo. Kenji volvió la vista al frente. Takaishi metió la mano en aquella chaqueta y sacó lo único que llevaba justamente pensando en aquel joven de ojos ambarinos, una fruta. Lo deslizó por el bolsillo de la prenda de él y retiró la mano—. Todo estará bien. — Pronunció.

«Gaiomon.»​

Volteó a ver a dicho digimon. No confiaba en ella, realmente no parecía confiar en nadie. Akari se puso a la par del samurái. Lucemon se alertó y se acercó al trío a pasos cortos. La elegida únicamente elevaba el rostro mirando directo a su cabeza. Las espadas, la figura, Akari no evitaba que le infringiera un indescriptible temor y tembló aún contra su voluntad. Sin embargo, sin importar la figura para ella siempre iba a ser Doru. Eso se lo había dicho la primera vez que evolucionó a Alphamon. Igualmente le sonrió.

Akari. — Lucemon se colocó cerca de ella y ésta asintió. Con una sonrisa como alejamiento volvió a la protección de su Demon Lord.

La rubia subió al hombro nuevamente con ayuda de Lucemon y suspiró con pesadez. Las cosas estaban peor a como las imaginaba, estaban mucho peor. Tomó el emblema de su cuello y lo miró, aún reluciente en la oscuridad. Volvió a guardarla. Una vibración viajó por su cuerpo, una mala vibración que la hizo dar un respingo corto que poco a poco desvaneció. Su alrededor se hacía más denso.

Lucemon. — Llamó.

Lo sé, también lo siento.

«Cuidado.»​

No podía dormir e.e Hace días que quiero escribir algo fome(?)
 

Lightning
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Veía a la rubia caminar y sonreír mientras intercambiaba unas palabras con Kazehaya y sonrió ampliamente.

-¿En qué piensas? – pregunto Luna que iba en sus brazos.

-Es increíble Lunamon, es como si hubiera resucitado – respondió en voz baja, los ojos le brillaban, sus esperanzas estaban renovadas, en su corazón brotaba una felicidad indescriptible, esto sin duda le enseñaba una importante lección: Todo tiene solución, y en este caso, al parecer incluso hasta la muerte. Akari estaba allí, viva, y también lo estaba su confianza en que todo es posible, si tú lo deseas.

Esas palabras resonaron en su mente “si tú lo deseas”. Y era cierto, en el Digimundo había aprendido tanto y había logrado tantas cosas que sentía su luz brillar más que nunca y aunque estaba en el fondo de la mismísima área oscura, no temía. Recordó las palabras de Lucemon, cuando se consiguió con Akari y la rubia salvo al Minamoto del agua del mar oscuro, “ella puede dominarlo” dijo el, Y aunque no le permitió entrar al agua, lo cierto es que si no le temía ya lo tenía dominado, Akari ya no le temía a aquello, y la peli vino percibió que si ella lo deseaba, no temería, y así lo dominaría. Tomo aire rápido y lo soltó con entusiasmo, quería llegar a donde estaba ese enemigo y mostrarle su fortaleza, mostrarle que los elegidos estaban allí para vencerlo y que ella y sus compañeros, humanos y digimon, vencerían.

Miro al frente y los vio, “sus compañeros”, caminaban sin hablar y lo único que se escuchaba era el leve murmullo de uno que otro, sintió la pesadez de ellos, y recordó sus situaciones, no todos tenían las emociones renovadas como ella, eso la entristeció un poco, y deseo encontrar una manera de ayudarlos. Sabía que un discurso no los ayudaría…

-¿Qué puedo hacer? –musito. Lunamon escucho su breve frase pero no pregunto nada. Sabía que hablaba consigo misma. Inoue continuo con su dialogo interno, mientras los observaba a uno por uno.

-Ashley acaba de volver, y creo que aún se siente culpable por lo que sucedió, no la culpo de nada, sé de primera mano que la corrupción puede llevarnos a hacer cosas terribles, -bajo la vista y vio a Gabumon caminar a la lado de la neoyorquina – Gabumon también renació, estoy segura que cuando Ashley vio de nuevo a Gabumon se sintió igual que yo al ver volver de la muerte a Akari –sonrió- Seguro sus convicciones están fuertes ahora, aunque le cueste mostrarlo, pero sé que no hay nada más importante en este mundo para ella que Gabumon –se sintió feliz de poder entender un poco a Ashley, aunque fueran solo suposiciones de ella, pero si algo podía unirla a ella con Ashley Wolfgang, definitivamente era la alegría de ver a un ser querido regresar a la vida.

Vio al rubio inglés, pero nada le paso por la mente acerca de él, estaba tan sonriente y se veía tan confiado que parecía ser el único sin ningún problema –Supongo que será de ayuda al momento de infundir los ánimos –siguió con su examen y la mirada la clavo al chico nuevo – Antoine –hizo una mueca con el rostro como tratando de recordar algo, cuando cruzo miradas con él en el borde del precipicio, tuvo la sensación de ya conocerlo -¿Dónde lo he visto antes? Hasta me parece que hubiera hablado con él. –un relampagueo en sus pensamientos le mostro al chico sonriendo alegremente – Estoy segura de que… -en ese momento el joven volteo y noto la mirada inquisitiva de la peli vino, y por vergüenza ella volteo a otro lado rápidamente, Antoine solo volvió a mirar al frente y medio sonrió levemente.

-Pasando al siguiente, Kenji, es un tonto- pensó instintivamente al recordar la vez que él le dio una bofetada, la peli vino bufo mientras fruncía el ceño, pero poco a poco fue suavizando la expresión –tal vez en ese momento me lo merecía, estaba histérica por lo Alex y Mollie…, aun así creo que no fue la mejor manera –miro al suelo y volvió a mirar al peligris que caminaba detrás de su samurái, -Sin embargo, algo ha cambiado en él, solía ser más impulsivo, se nota apagado, no lo sé, es una persona difícil de entender, o simplemente, yo no lo entiendo. –Suspiro y miro a Brendan- A el mucho menos lo entiendo, -frunció los labios desconcertada- y a estas dos –miro a la Voudelier que caminaba al lado de la Lombardi, la peliverde miro hacia un lado de soslayo y atrapo a la Inoue mirándola, solo le hizo un gesto de burla y miro al frente con arrogancia, la peli vino frunció el ceño- Ya te las cobrare, princesita, no sé qué sucedió entre ella y Alex, pero si él no está aquí, es por su culpa, Alex es demasiado bueno para esa arpía –la miro con cierto desdén celoso, caprichoso e infantil- Anyway, espero que Alex este bien y vuelva pronto.

-¿Quién falta? –miro por encima de su hombro, allá al final de todos, a varios metros caminaba una inmensa bestia, alzo la vista y le observo el rostro, algo de aquel digimon le causaba desconfianza, pero justo arriba en el lomo estaba la chica de los ojos azul claro como cielo –Tsuki – pronuncio su nombre y se sintió tan lejos de ella, cuando Akari murió ella había sido su principal fuente de consuelo –Siempre fuiste una chispa fulgurante, desde que te conocí, eras luz, pero ahora, -noto en sus ojos cierta dureza algo intimidante- no sé cuándo dejamos de ser tan buenas amigas, me concentre tanto en mi misma que no me preocupe por ella, Tsuki, lo siento mucho –la pelinegra miro abajo desde donde estaba y cruzo la mirada con la peli vino, pero inexpresiva, solo volvió la vista al frente. Lo cierto es que Madison no pudo descifrar si la había mirado a ella o si la francesa solo había mirado hacia abajo por casualidad.

Madison volvió la vista abajo, cada paso que daba la confundía mas, -Ojala pudiera ayudar- se lamentó –ojala pudiera –en ese momento volvió su mirada al colgante en su pecho – Bondad, ¿Acaso aún no sé qué es la bondad? Si, lo sé, entonces porque no sé qué hacer. –En ese instante detuvo su marcha y clavo una mirada seria al suelo, estaba harta de tanto caminar. Sin pensarlo mucho, corrió hacia los que estaban delante, llego justo para ver como Gaiomon tenía un breve enfrentamiento con Kenji, al parecer se le había ocurrido lo mismo que a ella, detenerlo, y preguntarle a donde rayos los llevaba, pero el samurái solo se limitó a dar una breve e inentendible explicación, dejando a Kenji callado de nuevo, la Inoue frunció el ceño al ver al samurái seguir con su marcha así que imito la acción anterior del japonés, corrió al frente del digimon que por segunda vez era detenido y abrió ambos brazos para detenerlo. Gaiomon se detuvo serio y la observo de pies a cabeza gruñendo, le molestaba ser detenido de nuevo.

-De acuerdo amigo, nos dirás a donde vamos y cuanto más nos tomara llegar allá –ordeno de forma tajante al digimon, todos la miraron, algunos aburridos y otros interesados después de tanto silencio. Algunas miradas se posaron en el samurái.

-Apártate o terminaras en dos – amenazo apretando un poco su espada. Todos miraron a Madison.

-¡No! –contesto después de unos cuantos segundos, el samurái no dudo en empuñar su espada velozmente, solo se escuchó el grito del tamer.

-¡No lo hagas! –no era que le preocupara la japonesa, pero sabía bien que su compañero era capaz de hacer lo que había dicho. Un leve brillo detuvo su grito y a continuación Lekismon se erguía frente a Gaiomon.

Todos se alarmaron, lo que menos querían era más enfrentamientos entre elegidos. Brendan se apresuró a detener aquello.

-¿Qué diablos crees que haces? Detén a Lekismon. –impero molesto. La Inoue solo lo ignoro haciéndole perder la paciencia, por lo que la tomo del brazo con cierta brusquedad.

-¿Y tú que crees que haces? –intervino Kazehaya haciéndolo que el inglés soltara a la peli vino.

-Nos está haciendo perder el tiempo y no lo permitiré – dijo amargado Brendan.

-Y yo no permitiré que la lastimes –contesto el Minamoto.

Ambos se miraron de forma desafiante, pero finalmente alguien decidió detener aquello.

-Ya basta – todos miraron a la Wolfgang –será mejor que dejen de comportarse como niñatos y no comiencen una pelea – camino hasta al lado de Madison, mientas se colocaba la mano en la cintura y fruncía el ceño, cierto aire de la antigua Ashley, la líder, la voz, se hizo notar. La neoyorquina miro a Kenji de soslayo y luego a Gaiomon. – Lo cierto es que también estoy harta de caminar, y creo que sería justo que nos dijeras al menos cuanto tiempo mas durara esto.

Kenji trago algo grueso e intercambio miradas con Gaiomon que solo ignoro el comentario de la rubia, guardo su arma y se hizo a un lado, camino varios metros y allí se detuvo, a esperar.

Ashley bufo, Madison inflo los mofletes molesta, y Kazehaya y Brendan solo se ignoraron.

-Entonces ¿a dónde demonios vamos? – se cruzó de brazos furiosa Carmina, también quería que el dragón respondiera, lo cierto es que todos querían saber lo que Madison había preguntado, pero ninguno jamás se hubiera atrevido a retar al samurái. Una voz suave se escuchó diciendo unas palabras desconocidas para algunos.

-Akuma no sokutsu – Todos dirigieron la vista a la recién llegada, Akari. Nadie entendió la frase a excepción de un par de ellos, que entendían perfectamente el idioma.

-¿Qué significa eso? – pregunto Jessica.

-Nido de los demonios –contesto Takara serio.

-¿Y tú como lo sabes? –volvió a preguntar la castaña.

-Es japonés –contesto Kazehaya. Ellos eran japoneses, Takara, Kazehaya, Akari, Madison Y Kenji

-¿Y que es ese nido de los demonios? –Pregunto Antoine- Suena… espeluznante.

-Pandemonio – contesto Akari- Un lugar terrible donde las almas de los digimon condenados arden en las llamas infernarles por toda la eternidad, allí está el castillo. Aquella palabra hizo sonar la campana para algunos, especialmente para Ashley, ¿sería el castillo en el que ella una vez estuvo con Gulfmon?

-¿El castillo del enemigo? – volvió a preguntar el joven.

-Así es, allí es a donde nos dirigimos – contesto El ex líder del régimen- se supone que está en el centro del área Oscura, se volteo para observar a sus alrededores- si mis cálculos no me fallan ya debemos estar muy cerca.

-¿Cómo estas tan seguro? – pregunto Minamoto. El inglés solo lo miro, y antes de contestar alguien más hablo, era Lucemon.

-En el área oscura hay cuatro regiones: El bosque malvado; muchos digimon oscuros viven ahí, cuando venía volando con Akari lo pude ver a lo lejos, ya lo hemos pasado; luego viene el Hueco de la basura; esta en la región oriental –señalo a un costado- allí fueron sellados digimon extremadamente malignos.

Todos miraron a donde señalaba el ángel caído, algo sorprendidos. – ¿Y cuáles son las otras dos? –pregunto Madison

-Demonzubare –volvió a decir Akari.

-Valle de los demonios –repitió Kazehaya, traduciendo la frase en su idioma nativo.

-Un inmenso valle oscuro – contesto Lucemon mientras fruncía el ceño- lleno de tinieblas… seres demoniacos alrededor, -todos miraron a su alrededor, se daban cuenta por la descripción del digimon que estaban allí, en medio de aquel valle - el hogar del rey demonio, Ogudumon. Se desconoce dónde está ese digimon en estos momentos.

-¿El rey demonio? Quieres decir que un enemigo muy fuerte puede estar rondándonos y estamos en medio de su patio- pregunto Mollie con seriedad. Haciendo que todos los demás se pusieran en guardia.

-Hay que tener mucho cuidado – murmuro Darían.

-Luego está el Nido de los demonios – fue Brendan quien termino la explicación. – el núcleo, el corazón, del Área Oscura, en el medio de ese lugar está el castillo de GrandDracmon, el digimon bestia demonio, -algunos miraron hacia atrás ¿no era ese le compañero de Tsuki?- rey de los digimon vampiro, su poder es mayor que el de incluso los siete Demon Lord, se dice que posee un cuerpo inmortal y es el único que sabe detalles de cómo se Originó el Área oscuro. – termino Brendan muy serio.

Todos guardaron silencio asimilando aquello ¿cómo podrían vencer a ese monstruo? Tsuki que yacía en las alturas escuchaba atentamente, sería interesante encontrarse con el par de su compañero.


Justo en ese momento una punzada volvió a su cabeza, se llevó la mano a la cien y volvió a escuchar aquel zumbido, miro rápido a los lados. Sentía que la acechaban pero esa profunda niebla sobre ellos no la dejaban ver nada, la francesa se desesperó.
-¿Quiénes son? –grito y todos la miraron rápido, se sorprendieron al verla ordenar un ataque a su digimon y como este disparaba un extraño fuego oscuro hacia arriba disipando la niebla. Así todos lo vieron, aquel cielo negro estaba repleto, repleto de millones y millones de pequeños digimon. El zumbido de sus repetidos aleteos era ensordecedor y taladraba en la cabeza, los digimon elegidos se pusieron en posición de ataque, de inmediato, incluso Gaiomon.

-¿Qué son? – pregunto el Sawamura.

-Vilemon – respondió Brendan- estos deben ser sus territorios.

-Son demasiados ¿qué haremos? – pregunto el inglés rubio mientras se ponía las manos en las orejas

-Huir –grito Ashley. En las manos de todos brilló el digivice, los digimon tomaron sus formas, los que podían volar, volaban, los que podían correr, corrían, llevando a sus tamer y a quien pudieran. Los Vilemon no tardaron en emprender una persecución contra los elegidos, y los digimon se defendían lanzando ataque cuando alguno se le acercaba lo suficiente, los Vilemon, no eran seres fuertes, pero el gran número de ellos, era de temer.

Un par de ellos logro acercarse a Metal Garurumon y con una risita traviesa osaron lanzar un ataque a Ashley, el lobo no tardo en lanzar un rayo congelante haciéndolos desaparecer al instante. Gaiomon enfrentaba a algunos con su espada y tan pronto como podía corría, repitió la acción una y otra vez.

Y los mismo hacían los demás, Angemon que llevaba en brazos a Antoine, se detenía para lanzar un ataque, eliminar a unos cuantos y luego continuar su vuelo. Lekismon dejaba a Madison en tierra para lanzar un ataque y luego la volvía a tomar para avanzar a saltos veloces. Reppamon lanzaba ataques de fuego desde su boca y continuaba su carrera con Darían y Takara a la espalda y Kamemon protegiendo a ratos la retaguardia. Kyubimon seguía el mismo patrón de ataques y era protegida en ocasiones por Floramon que iba a sus espaldas junto con Jessica y Mollie.

-pueden creer que no recuerdo las digievoluciones de los otros digimon D:?-

Anyway, continuaron así por un rato y ya los digimon comenzaban a perder terreno.

-Son demasiados – dijo Ashley mientras miraba atrás y cambiaba la mirada al frente. Fue entonces cuando vio algo al frente, a lo lejos, su expresión cambio a una combinación de sorpresa y seriedad. Tsuki que iba a lo alto también lo vio.

-¿Eso es? … -su expresión era de incredulidad. Los elegidos habían llegado al corazón del área oscura.
 

Speed Star
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Estaba harta de tanto caminar y ver que cada quién iba ensimismado en sus propias ensoñaciones. ¿Era que los sucesos recientes no les devolvían algo de alegría? No pedía risas, pero sí algo del antiguo grupo de Elegidos que ella una vez conoció, y apreció.

La ceniza apareció, cayendo como una fina y gris nevada sobre ellos. Alzó la mirada un poco. Aún con el panorama negro rodeándolos, podía percibir los detalles y el olor que aquellos residuos traían consigo. Levantó una de sus palmas y dejó que en ella se depositaran fragmentos de ceniza, la contempló con una mirada impasible por varios segundos, sin dejar de caminar. Metalgarurumon notaba las acciones de su acompañante, pero permanecía mudo, de vez en cuando viéndola de reojo, a ella y a sus flemáticas reacciones. Lo cierto era que aún le preocupaba. Comprendía que el ambiente nunca más sería el más favorable para la chica, no después de lo que había vivido. Se mantuvo alerta, y al mismo tiempo vigilaba al resto, depositando mayor atención en dos entidades.

Sawamura había volteado a verla de reojo y por breves instantes, pero nadie ahí lo notó, ni ella misma. Ashley continuaba abstraída, mirando la ceniza en su mano. Catedral, aquella lejana palabra hizo que izara sus orbes. Ni siquiera supo quién la había pronunciado, sólo sabía que alguien la nombraba. Sacudió sus manos y regresó su atención al frente. El par de la amistad no iba al frente, ni en medio, ambos habían decidido mantenerse un tanto alejados de todos, en la retaguardia. Aunque aquello había sido más bien una decisión silenciosa de la rubia.

Fue entonces que recién reparó en el cambio de mando que se había dado, pues ya no era el samurái quien guiaba al grupo, sino Brendan. Contempló cómo Takaishi se acercaba al inglés y tenían una breve conversación, no supo de qué hablaron y tampoco le importaría averiguarlo; pero sí distinguió que, por un efímero momento, se sintió feliz viendo a Akari viva. Ella, a diferencia de los demás, no había presenciado la escena de su muerte, porque en aquél momento la muerte de Gabumon también se llevó a cabo. Nadie lo sabía, ni siquiera su compañero, pero hubo un tiempo en que Ashley había llevado consigo cierta culpa al enterarse de su deceso, era algo que se había guardado. Y no, no era una culpa intrínseca a la última batalla, era por lo que había sucedido en el castillo con ella y Kenji. Ahogó un suspiro, haciendo que el cyborg volteara a verla, extrañado.

¿Estás bien?

Wolfgang se limitó a asentir sin hablar. Tenía todo un disturbio de emociones en su interior, ya ni siquiera prestaba la debida atención a su entorno o a los otros, porque un nudo había aparecido en su garganta. Sentía que, si le respondía a Gabu, su sola voz le haría ver que su Elegida no la estaba pasando bien. Levantó su mirada una vez más, virándola a un costado del grupo, hasta seguir los pasos del portador de la honestidad. ¿Qué era esa sensación? Quizás tristeza, pero también ardía y corroía su pecho, ¿entonces era enojo? Sus zafiros se crisparon, al punto de temblar. Era extraño, porque dentro de todo no tenía ni sentía la necesidad o el apuro de llorar, al menos no por eso. Honestamente su desatención hacia ella al haber regresado le dolía, pero también le provocaba un coraje que lastimaba. ¿Por qué la había ignorado? ¿Por qué no le hablaba? Sí lo que quería era hacerse de ojos ciegos a lo ocurrido y a su situación, no iba a permitírselo. Y tampoco iba a esperarlo, su actual paciencia y temple no daba para eso. Ashley estuvo a punto de caminar hasta el frente de las filas, pero alguien más se le adelantó.

Vio desfilar a Inoue frente a sus ojos hasta llegar junto a Sawamura. Todos enseguida habían detenido su andar. Madison se había plantado frente a Gaiomon y extendía sus brazos, sin tregua de dejarlo pasar hasta que respondiera a su pregunta. Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido e inesperado, que sólo notó cómo Brendan y Kazehaya se movían, encarando o protegiendo a la japonesa. Y de pronto la tranquilidad y silencio que habían llevado por tanto tiempo, se había convertido en un desafío de miradas y en el foco central de los demás. Metalgarurumon dio un ligero empujoncito con su morro al brazo de la estadounidense. La rubia cenizo deslizó sus zafiros hasta toparse con el carmín del lobo, quien le miraba seriamente, incitándole en un gesto mudo que se acercara. No había otro que mejor la alentara en esos tiempos, como su Digimon.

Ya basta. — las miradas de todos se clavaron en la neoyorquina, quién pese a su mirada seria, no pudo evitar más que sentir cierta ansiedad. Más el roce del cuerpo de Gabu junto a ella volvió a alentarla. — Será mejor que dejen de comportarse como unos críos y no comiencen una pelea. — caminó por en medio del grupo y se colocó a un lado de Madison. Endureció la mirada cuando logró ver a todos de frente. Algunos no pudieron pasar por alto cierto aire familiar que emanaba de ella, pero aún no era suficiente. — Lo cierto es que también estoy harta de caminar, y creo que sería justo que nos dijeras, al menos, cuánto tiempo más durará esto. — pronunció, mirando específicamente a Kenji, pero más a Gaiomon.

Lo siguiente que ocurrió lo vio venir. El samurái envainaba su arma, la ignoraba olímpicamente y la pasaba de largo, hasta alejarse para esperar a que reanudaran el viaje. Su palpitar se aceleró bruscamente, y no dejó de mirar la espalda de Gaiomon. Metalgarurumon vio todo desde lejos, pero prefirió no intervenir, porque Ash sabría manejarse a sí misma en esa situación. Suspiró decepcionado. Por suerte, Carmina había roto aquél nuevo silencio que se había formado entre ellos, formulando casi lo mismo que la Elegida anterior. Ésta vez si hubo respuestas, encabezadas por la Elegida de la Esperanza. Sin más que hacer, Ashley regresó a su lugar junto al cyborg.

No vale la pena, Ashley. — susurró, dejando que la chica se recargara cómodamente contra uno de sus flancos. La observó, buscándola con la mirada, pero ella veía al suelo, removiendo algo de la ceniza bajo sus pies.

Entonces no debí intentarlo. — mencionó desairada, siguiendo con su aburrida actividad. Metalgarurumon torció sus labios y agachó la mirada. — Es sólo un Digimon. — soltó de pronto. El lobo metálico parpadeó un par de veces y volteó a verla intrigado; aunque tenía la ligera sospecha de saber de quién hablaba. Entonces notó que los orbes de la chica estaban entornados y acerados, y veían hacia el suelo tapizado de ceniza. — Uno más. ¿Por qué le temen?

Finalmente comprendió y le dio toda la razón, asintiendo en un gruñido. Wolfgang se cruzó de brazos, alzó el rostro y largó un suspiro. Se dedicó a observar los trozos de ceniza que caían desde aquella bóveda negra y con ello, inesperadamente, se tranquilizó y sus nervios estremecidos se calmaron. Imbécil, ¿por qué él no estaba ahí con ella? Hasta ahora se daba cuenta de lo importante que su presencia era, tan tranquilizadora y relajante, porque aún molesta, él podía cambiar el panorama para ella en cuestión de segundos. Escuchó que el grupo aún seguía hablando, decían unas palabras en japonés, entendibles para la rubia.

Un lugar terrible en donde las almas de los Digimon condenados arden en las llamas infernales por toda la eternidad, ahí está el castillo. — escuchó decir a Akari. Eso la hizo despertar.

Súbitamente se le heló la piel y por momentos sintió que la respiración se le iba. ¿Hablaban en enserio? ¿Hacia eso se dirigían? Su pulso comenzó a acelerarse, así que se despegó de inmediato del flanco de Metalgarurumon, y retrocedió algunos pasos. Alzó ambas manos frente a su cuerpo, éstas vibraban levemente y Ash no pudo contener una expresión de asombro en su semblante. Era una reacción involuntaria que su propio cuerpo había tenido al oír la explicación de la rubia. No podía, no quería ir a ese lugar. ¿Y sí su alma seguía vagando por ahí? ¿Y sí la encontraba de nuevo y las cosas volvían a cambiar? Estar ahí abajo ya de por si era todo un reto para su persona, pero aventurarse en las llamas del mismísimo infierno no era algo que ella contemplaba. Aunque estaba segura que no podía tratarse del castillo de Gulfmon, ya que éste se había hundido en un lugar desconocido de la Dark Area cuando su poder colapsó. Entonces un recuerdo azotó sus pensamientos bruscamente.

¡Maldición! — bramó con ira el carnero, sacudiéndose estrepitosamente, lo que obligó a la chica a salir de sus cavilaciones y sujetarse con fuerza de su pelaje. Ash preguntó por lo que sucedía, pero Gulfmon no le respondió. Se mantenía gruñendo y mostrando sus colmillos, pero la portadora de la amistad no entendía la razón. — Ese bastardo... — bufó guturalmente entre dientes.

¿Ahora qué te pasa? — se asomó por el lomo del demonio, intentando ver qué era lo que había agitado a Gulfmon de esa manera. Pero no veía nada al frente, sólo un vacío negro, al que la cabra no podía ingresar.

Nada. — sus ojos almendrados color carmín estaban dilatados, mirando fijamente al frente, en donde a simple vista no parecía haber nada.

¿A quién llamabas bastardo?

A nadie.

¡Gulfmon! ¡Tampoco soy estúpida! — no pudo contenerse más y terminó gritando fúrica. Retó a la bestia con la mirada, provocando que por fin el coloso volteara a verla girando su cuello. — Nada y nadie no son respuestas que particularmente me gusten, y menos viniendo de ti idiota. — Gulfmon gruñó levemente, pero la rubia lo ignoró. — ¿Me vas a decir a dónde demonios íbamos?

En primera, no vuelvas a llamarme así. — advirtió irritado, pero sólo recibió una mirada desinteresada por parte de aquellos ojos azules. — Segundo, eres todo menos estúpida...

Haré como si eso fuera un cumplido.

Y en tercera... — volvió a girar su cabeza y señaló al frente. — quería ver si podía llegar ahí, pero otra vez no pude. — mencionó resignado.

¿Otra vez?

Si. Anoche, mientras te divertías, estuve tratando de llegar a ese lugar. — la rubia trepó hasta el hombro de Gulfmon y depositó sus orbes al frente. — Pero alguien parece no quererme de visita. — Ashley arqueó una ceja y rió para sus adentros: ¿quién querría a esa cosa como invitado? Exceptuándola a ella, nadie. — ¿Alcanzas a ver? — aún si el lugar era nuboso y mucho más oscuro que cualquier otra parte de la Dark Area, con el paso de los minutos Ashley logró visualizar algo. Una estructura. Era grande y demasiado tétrica para su gusto. Pero más o menos se dio una idea de que era.

¿Es una iglesia? — preguntó sorprendida, el titán asintió mientras volvía a desplegar sus alas.

Si Ashley, ésa era la catedral. Se dijo para sí misma. Retrocedió mucho más y con preocupación Metalgarurumon la siguió con la mirada. Vagamente escuchó las explicaciones que Lucemon daba al grupo a lo lejos, pues ella estaba absorta en otros asuntos que le inquietaban más, tanto así que la voz del lobo no llegaba a ella. Nunca supo bien quién era aquella entidad que mantuvo a Gulfmon lejos de esos dominios por tanto tiempo, no hasta el momento en que Maquiabel continuó la explicación del ángel. GranDracmon habitaba en la catedral, era él quien le prohibió al carnero su entrada al dichoso Nido de los Demonios.

¿Y qué tenía que ver uno con el otro en esa historia? Inconscientemente la americana elevó su vista al colosal demonio que les acompañaba en esa travesía. Sería el homónimo del compañero de Blackrousse y, según entendía, el verdadero Rey de los Vampiros. Al ver la silueta del gigantesco Digimon sobre ellos, su mente vagó rápidamente hacia otro de sus recuerdos y entonces su mirar por fin se serenó. Ashley se quedó mirando al GranDracmon de Tsuki por varios minutos con un semblante serio, propio de ella. Recordó unos vitrales. Evocó esas imágenes en su mente que conmemoraban la caída de uno de los titanes, o eso le dieron a entender cuando las vio plasmadas en el castillo de Gulfmon. Eran cuatro, si mal no recordaba, y Mephismon estaba incluido. El cuadro era macabro, pero en aquél entonces a Wolfgang le había causado cierta fascinación observarlo, ahora no sabría qué pensar, sólo que sin duda alguna hablaba de esas tres bestias. ¿Cómo no lo vio venir antes? Iba a indicarle a su compañero que se acercaran al resto, pero un dolor la detuvo.

¿Ashley?

Antes de que pudiera contestarle, el dolor incrementó, causando que la rubia cenizo se aferrara del lomo de su lobo. El tormento provenía nuevamente de su abdomen, ahí volvía a ocurrir tal como la última ocasión. Se llevó una mano a su estómago, mientras con la otra se sostenía de la armadura azul de Gabu. Cada vez que eso pasaba el pesar parecía incrementar, casi al punto de volverlo insoportable. Metalgarurumon lo había notado antes, pero había preferido callar; ahora que volvía a ocurrir, no iba a pasarlo una segunda vez.

Ash, ¿qué es lo que te sucede? — habló con gravedad, aunque eso no quitaba que estuviera sumamente turbado por las repentinas reacciones y los dolores que le daban a cada rato. Wolfgang izó la cabeza, asegurándose que ninguno de los presentes se había percatado de ella, ni volteaban a verla. Metalgarurumon notó esto y endureció sus orbes rojos. — ¿Por qué no quieres que ellos sepan?

Porque no sé qué es. — respondió en un tono violento y rápido, pero hasta Gabu percibió que lo había dicho con cierto temor y desesperación. — No es la primera vez que pasa.

Yo lo sé, te he visto. — la estadounidense se dirigió a él. Su rostro estaba afligido, tal vez por el dolor y la angustia de no saber qué era eso. Otra punzada en su abdomen hizo que agachara la cabeza hasta recargarla sobre la espalda de Metalgarurumon. Éste entornó su mirada, ¿su Elegida estaría enferma? Pero pocas veces la había visto enfermarse, no había motivo alguno para que ahora lo estuviera. O tal vez tanto estrés del momento, aunque sería la primera vez que Ashley se ponía mal por algo así. — Deberías contarle a alguien, ellos quizás puedan...

No. — demandó seriamente. — Ya se está pasando, siempre se va. — inhaló algo del pesado aire que los rodeaba y exhaló, viendo que el dolor volvía a desaparecer. Pasaron unos minutos y aparentemente Ash ya volvía a respirar con tranquilidad. — Además, al parecer todos tienen aún sus propios problemas. — agregó al cabo de unos segundos.

Y la decepción de Metalgarurumon venía vinculada a eso, el ver cómo cada quien se preocupaba por sí mismos. Suponían ser amigos, más que solo un equipo, y no actuaban como tal. Ni siquiera con Kenji, el cual obviamente estaba mal, parecían tener un mínimo de atención o preocupación, solamente había visto ese atisbo de interés en Akari. Si a lo que le temían era a su Digimon, entonces sí que iban por mal camino. Aunque reconocía el esfuerzo que había hecho Madison minutos atrás, al dar el primer paso en encarar a Gaiomon aún sabiendo de las malas reacciones de éste. Ojalá todos tuvieran esa valentía como ella, se dijo a sí mismo. Valor. Un ligero nudo se formó en su garganta, uno muy amargo. Ashley, por su parte, ya no había vuelto a hablar, de nuevo su mirada estaba oculta.

Sería tentador. — susurró con cierta quietud, y lentamente alzó la mirada de nuevo hacia el gigantesco vampiro. Metalgarurumon no entendió ni una sola palabra de lo que había dicho, pero ciertamente el que su atención estuviera fijada en el Digimon de la Pureza no le agradaba. O estaba desvariando, o muy en el fondo así lo deseaba. Dos entidades presentes se alzaban sobre ellos como si fueran seres omnipotentes e intocables, además del hecho de que se divertían asustando a humanos y Digimon por igual. Estaba cansada de eso y recién salía a flote. Si tan sólo Él estuviera ahí...

Ashley. — alzó la voz, sin gritar y gruñó enseguida. Aprovechando que la chica seguía recargada en su costado, dio un brusco empujón, el cual hizo que la rubia se apartara de él y saliera de sus cavilaciones sin sentido.

¿Qué? — le miró, sorprendida.

¿Qué acabas de decir? — le retó, dando un paso al frente y fijando sus orbes tintas en las azules de ella. Entonces Ash reconoció lo que había salido de sus labios y quedó boquiabierta, llevándose una mano al rostro y después a su frente, removiendo algunos mechones de cabello que habían caído.

Discúlpame Gabu, no quise decir eso. — se mordió el labio inferior. Metalgarurumon vio con claridad lo confundida que de pronto su compañera se notaba. Relajó su semblante y se acercó a ella, para colocar su morro sobre el hombro de ella. — Te lo digo, no te alejes de mí. — alzó ambas manos y acarició el cuello de su lobo. — Por favor.

Nunca más, Ash. — murmuró suavemente y se despegó de la caricia. — Sé lo difícil que resulta ser.

La miró a los ojos, tratando de transmitirle esa comprensión y ese apoyo que le daba, porque aún en lo más profundo de las tinieblas, él no la abandonaría. Podría descuidarse a sí mismo con tal de estar junto a ella, en las buenas y en las malas, inclusive desde que fue un Digitama estuvo a su lado. Ashley reprimió sus ganas de llorar. Si lo era, era difícil y demasiado; pero no iba a volver a huir. Tal vez las culpas y remordimientos la perseguirían por el resto de sus días, acechándola hasta en sus más profundas pesadillas, pero aún estaba ahí, de pie y lista para encarar a la bestia del castillo. Todos ellos podían lograrlo si se mantenían juntos, unidos como lo habían hecho al morir Akari y al irse ella.

Su plática interna se vio irrumpida por la exclamación de Tsuki, seguido de unos constantes zumbidos insoportables e interminables que venían de todos lados. Pronto un millar de Vilemon los tenían rodeados y así comenzó la persecución. Huir fue la primera opción que vino a la mente de la neoyorquina, si se quedaban a enfrentarlos gastarían energía valiosa, por lo que debían buscar un pronto refugio cuanto antes. Varios Digimon evolucionaron y cargaron a sus Elegidos para comenzar a evadir los ataques de los pequeños y quisquillosos murciélagos, que más de una vez atentaban con acercarse de más para lastimar a los humanos. Aunque pronto, y frente a los ojos de quiénes encabezaban la carrera, una estructura apareció frente a ellos, elevándose hacia un cielo oscuro sin fin. Ashley notó que Tsuki también había percibido aquello y fue la primera en adelantarse, volando junto a GranDracmon al corazón de la Zona Oscura. Metalgarurumon le siguió el rastro y así sucesivamente los demás Digimon.

¿Se quedaron atrás? — preguntó Takara, sobre el lomo de Quilinmon acompañado de Powell. El menor volteó hacia atrás, con un gesto de espanto.

¿Los perdimos?

No pueden acercarse. — por último, Gaiomon arribó, reuniéndose con el grupo a la par que el peligris. — Temen hacerlo. — musitó seriamente, aunque lo cierto era que le divertía ver las muecas de horror que los Vilemon habían tenido al notar la presencia del monumento. Los Elegidos intercambiaron miradas consternadas, ¿ellos no deberían temer también?

Ya llegamos. — informó Akari, quien hasta el momento no había hecho más que contemplar la enorme figura de la catedral frente a ellos.

Todos, sin excepción, hicieron lo mismo. Elevaron sus miradas a lo alto de la oscura edificación que se erguía majestuosa y tétricamente sobre ellos. El aire lúgubre del lugar alertó a algunos, otros más estaban absortos en examinar cada detalle de la dichosa catedral. Para ser una estructura con una función sagrada era completamente escalofriante y siniestra, especialmente para aquellos que no la habían visto antes. Por primera vez Ashley pudo observarla a detalle, y así era como la recordaba de aquél día, cubierta por nubarrones grises que dificultaban la visibilidad y acompañada de un ambiente mucho más pesado que antes.

Al no ver la presencia de alguna puerta, comenzaron a rodear la iglesia, caminando alrededor de ella en busca de una. Al parecer estarían a salvo de cualquier ataque de los Vilemon o cualquier otra entidad que quisiera hacerse de ellos, así que por ahora podían estar medio tranquilos. Siguieron su caminata e, inesperadamente, el japonés había quedado a pocos metros de la rubia en aquella nueva formación. Antes no había tenido oportunidad, pero ahora lo haría, así el samurái estuviera tan cerca de él. Ya lo había formulado en su mente, fuera más pequeño o más grande, no dejaba de ser un Digimon, el compañero de Kenji. Con la mirada le indicó a Metalgarurumon que iría hasta él y éste asintió, sin quitarle un ojo de encima a la rubia cuando esta se alejó.

Cuando Ash llegó hasta el chico no dijo nada, ni lo tocó, simplemente caminó a la par que él. Aunque sabía, por el movimiento de sus ojos, que Kenji ya había reparado en su presencia, y posiblemente Gaiomon también.

Y dime, ¿cómo estás Kenji? — inició la plática. Su timbre fue suave y tranquilo, sin ninguna pizca de brusquedad o enojo. El japonés tembló al escuchar su nombre ser pronunciado por la rubia, pero lo disimuló. Tenía tiempo de no escucharla llamarlo por su nombre. Ash aguardó en silencio su respuesta. Pero Sawamura no podía sino contestar con el único tono que en esos momentos le salía del corazón hacia ella.

Estoy bien. — era tajante con su respuesta a la rubia. Pero Wolfgang no estaba ahí para ceder.

Muchos saben que no lo estás, y yo me incluyo. — comentó con más serenidad que antes y volteó a verlo, buscando sus ámbares. Quería verlos, deseaba encontrarse con ellos en una forma que fuera como antes, que le evocara ese mismo sentimiento de contento por estar a su lado. Cuando por fin sus miradas se encontraron, Ash hizo todo lo posible por transmitirle, sin palabras, que estaba preocupada. No podía decirle todo lo que sentía abiertamente en ese instante, porque no era el momento ni ligar para hablarlo, pero al menos esperaba que lo entendiera. Escuchó un resoplido a su lado y levantó sus zafiros. — ¿Por qué no se lo dices Gaiomon? Dile que tú también sabes que está mal, los dos lo están.

Lo siguiente soltó algunos quejidos de sorpresa en los presentes. El Digimon samurái había reaccionado con violencia y brusquedad, desenfundando por incontable ocasión su espada. Había apartado con su propio cuerpo a Kenji y se había abalanzado al frente, posándose frente a Ashley. Sin embargo, en un impulso voluntario, alguien había logrado alejar a la rubia cenizo del frente de aquél dragón. El grupo volvió a detenerse. Para cuando la conmoción se calmó, Ashley notó que un brazo la tenía rodeada por la cintura. Lo recorrió con su mirada hasta que dio con Voudelier a su lado, sosteniéndola firmemente y salvándola de un posible ataque imprevisto del samurái. Ashley miró a los ojos a William, quien sin duda cargaba con una expresión de susto por tal reacción de parte de uno de los Digimon que se suponía era de los suyos. La americana asintió seriamente, haciendo que el inglés la fuera soltando lentamente ante la silenciosa orden de la chica.

Ahí hubo algo que la hizo reaccionar y, paulatinamente, despertar. ¿Qué estaba haciendo ahí? Hasta podía reconocerlo sin pensarlo demasiado. No estaba actuando como la Ashley real. Temía constantemente, temblaba por cosas sin sentido y se sentía nerviosa cada que veía a los ojos a cualquier Elegido. ¿Por qué? ¿Desde cuándo las cosas habían cambiado tanto? De ese modo no se había ganado la inconsciente admiración y aprecio de algunos, ellos no querían a la frágil y miedosa Ash, querían...

Ashley Wolfgang del antiguo Régimen, ¿no? — habló una voz en su mente. La reconoció como la suya, con la que ya había tenido muchas conversaciones en el pasado. — Esa no eres tú. — zanjó secamente. — ¿Qué esperas para reaccionar, Ash-ley?

Sonrió levemente y su media sonrisa fue percibida por unos pocos, entre ellos Metalgarurumon. Lentamente dirigió su atención de nuevo a Gaiomon, quien seguía posado entre ella y el peligris. Lo único a lo que temía en ese momento era a que alguien saliera lastimado o muriera, a perder otra vez a Gabumon. Esos sí eran temores reales y palpables. Y por las acciones corruptas de otros no iba a permitir que se hicieran realidad. Muchos Elegidos ya se habían ido, otros habían muerto, y nada de eso iba a ser en vano. Desvió su interés del dragón, hasta fijarlo nuevamente en Kenji. Sus zafiros destellaban cierto vigor y frialdad, aquella propia de Wolfgang y que había dejado atrás. Pero, era cierto, a Ash le agradaba ser así, se sentía cómoda siendo cómo era. ¿Por qué habría tenido que cambiar? Por miedo a que la oscuridad volviera, pero aún si lo hacía, había alguien velando por ella.

Controla a Doru, Sawamura. — pronunció seriamente, sin reparar en que había nombrado aquél apodo intencionalmente. Kenji parpadeó un par de veces antes de hablar.

No se llama Doru. — sentenció, con cierta incertidumbre en su voz.

Entonces tráelo de vuelta.

Dicho esto Ashley continuó por el camino que iban recorriendo minutos atrás. Pasó de largo por Brendan, quien de nuevo iba encabezando al grupo y se perdió de vista. Nadie la siguió, aún estaban sobresaltados por lo que acababa de ocurrir. Metalgarurumon tampoco hizo ademanes de perseguirla y volteó la mirada cuando varios voltearon a verlo. La verdad es que no quería tener ningún contacto visual con ninguno de ellos hasta que se dieran cuenta de las cosas. Y respecto a Ash, alguien ya se había encargado de seguirla, dejando a un consternado Cyberdramon atrás.

¡Ashley, espera! — gritó Will, corriendo para alcanzar los veloces pasos de la chica. Vislumbró que la neoyorquina ya había dado con la puerta frontal de la catedral y se había quedado ahí parada, pero no esperaba a nadie. — Ashley, no puedes andar aquí sola.

¿No es lo mismo que estar con ellos? — preguntó, aún de espaldas a él. Voudelier acortó las distancias entre ambos y se detuvo ante tal cuestión. — Te pregunto, William, ¿no es igual? — el rubio no supo qué responder, pues también había reparado en ese detalle, pero su carácter positivo y jovial le había impedido darse cuenta de ello.

Pero los preocuparás. — la rubia soltó un intento de risa escéptico. ¿Los Elegidos? ¿Preocuparse por algo más que no fuera ellos mismos? Ver para creer, recitó en sus adentros. William por fin se acercó lo suficiente hasta quedar lado a lado de ella. Con asombro, notó que la chica veía sus manos y estas temblaban, al parecer intentaba calmar esa reacción. — ¿Te pasa algo? Estás temblando por...

No, no es por miedo Will. — se adelantó a las suposiciones del inglés. — Es impotencia. — mencionó, con un nudo en la garganta producto de cierto coraje interno que se estaba guardando.

¿Por Sawamura? — indagó, algo resentido por lo que acababa de suceder. Sólo había logrado apartarla de esa bestia, pero ni siquiera tuvo el valor para plantarle cara al chico o a su compañero. Se sintió aliviado cuando vio negar a la rubia con la cabeza. — ¿Entonces? — insistió, deseoso de conocer los asuntos que perturbaban y hacían rabiar de tal modo a Ashley. Porque si, él era uno de los que más se preocupaban por ella. Acercó su mano, con la intención de posarla sobre el hombro de la elegida, pero...

No me toques. — ordenó inmediatamente y con rudeza. William respingó y de inmediato alejó su mano de ella. Cuando sus temblores se calmaron, recién reparó en el tono en el que le había hablado al inglés. Volteó a verlo, un tanto apenada por ello. — Lo siento Will. No fue intencional. — aseguró cabizbaja. Él no tenía la culpa de nada, de echo, le debía muchas cosas. Al verla así William sonrió y, esperando que no reaccionara con violencia, se acercó más, encerrándola en un cálido provisto por él.

Sólo quiero que sepas que nadie te culpa de nada, Ash. — susurró con la chica entre sus brazos. Wolfgang, antes que poder reaccionar ante eso, se quedó completamente atónita y por sobretodo conmovida por el gesto del inglés. Will era más alto que ella, así que su rostro daba contra el pecho del rubio. Sus orbes se cristalizaron, adquiriendo una composición vidriosa, pero reprimió sus ganas de dejarse llevar por la emoción. Nadie, desde que había regresado, había tenido ese gesto con ella, nadie la había abrazado ni dicho tales palabras, nadie que fuese humano como ella. Intentó levantar su rostro al del chico, sin apartarse del abrazo y cuando lo hizo, se encontró con unos brillantes y puros zafiros observándola. — Me alegra tenerte de vuelta.

Ash se perdió en esa ventana azul por varios segundos. Sentía una calidez en su interior y por fuera, producto de los brazos que la tenían presa al cuerpo del británico. No entendía porqué era William el que estaba ahí con ella y no alguien más. Porqué no estaba él ahí. Pero, de algún modo, estaba bien, porque se sentía bien y Ashley no podía negar que el abrazo no le gustaba. Quizás era por la falta de tacto con otra persona en tanto tiempo, pero en ese momento no podía comprenderlo a la perfección. Desvió su mirada y carraspeó un poco, Will la fue soltando poco a poco, aunque no fuese lo que él hubiera deseado, al menos no tan pronto.

Gracias William. — murmuró, retrocediendo unos pasos de él. — Lo necesitaba. — admitió.

Todos lo necesitamos en ocasiones. — volvió a sonreír, aún pese a que tenía a la chica frente a sus ojos completamente confundida. Seguramente habían sido pocas las personas que habían tenido esa especie de atenciones en su vida y por eso no había mucha reacción de su parte al no saber cómo actuar. — ¿Estás mejor? — observó sus manos, ya se habían normalizado, así que se aventuró a tomar una con la suya. Pero de inmediato Ashley la quitó. — Paso por paso, Will. — se dijo a sí mismo.

Si. — confesó y soltó un suspiro, viendo de nuevo la colosal puerta que se levantaba frente a ellos. — Agradezco tu compañía, por cierto.

Los demás no tardan en alcanzarnos. — la rubia cenizo resopló, para nada emocionada de que el resto les diera alcance. Si la situación llegaba a darse, tendría que poner en su lugar a quien fuera y a quien sea que amenazara la integridad de los Elegidos. Pero si tan solo tuviera esa fuerza a su lado para impulsarle.







Mándalos al carajo, Wolfy. Como tu mejor sabes hacerlo. — una voz masculina se escuchó a lo lejos.

Ashley abrió los ojos de par en par, al mismo tiempo que quedaba boquiabierta, su asombro no iba a ser contenido al reconocer al dueño de aquella familiar y nostálgica voz. William también se sorprendió de escucharlo, porque ni él ni nadie tenía idea de que él también estuviera allá abajo, en el corazón de las tinieblas. Pese a que su semblante también era de asombro, sus labios evocaban una amplia sonrisa que no quiso ocultar. Ambos recorrieron con sus miradas azules el origen de aquellas palabras. Una luz rosada venía aproximándose a ellos, saliendo de una de las esquinas de las paredes exteriores de la catedral. La esfera traslúcida apareció frente a ellos, trayendo en su interior a un sonriente morocho, que caminaba despacio hacia ambos. Ash lo miró, aún patidifusa por lo que sus ojos veían y que no podían creer. Dio un paso adelante y luego otro, caminando con la misma lentitud que el otro, tratando de convencerse de que aquello era real. El joven se detuvo de repente y esperó. La Elegida de la Amistad también se detuvo, al darse cuenta que lo que estaba viviendo era verdadero. Cerró los ojos y esbozó una ligera sonrisa. Él era increíble.

Vuelve a dejarme así, idiota. — soltó en un aire amenazante, pero dentro de todo placentero.

El moreno dejó atrás la burbuja que lo mantenía protegido cuando Ashley corrió a reunirse con él, tras decir las únicas palabras que a su acelerado corazón le habían nacido soltar. Su amigo, su mejor amigo había regresado y ahí estaba de nuevo, junto a ella. Llegó hasta él y lo rodeó con ambos brazos sin chistar, ni pensar en que el resto ya había llegado ahí y presenciaban el reencuentro. No le importaba, nada en el mundo le importaba más que tener a su Alex de vuelta. Ashley lo rodeó por el cuello, descansando su cabeza sobre el hombro del morocho, mientras él la abrazaba por la espalda y tenía su rostro en el hombro contrario de la chica. Ash oprimió con más fuerza a Knightley contra ella, le había parecido una eternidad el tiempo que habían estado separados, no quería alejarlo de nuevo. Recordó todo lo que vivió con él al llegar al Digimundo, el mal trato que llegó a darle y el apoyo que él siempre prestó hacia ella, incluso defendiéndola de acusaciones que terminaron siendo acertadas. Pero el pasado ahí estaba y no podría borrarlo, aunque esperaba que su fuerte amistad perdonara todo con el tiempo.

Un ligero sollozo se escuchó por parte de la rubia, que indudablemente quería reprimirlo, más no lo lograba debido al mar de emociones que tenía por dentro. Alexander percibió esto y posó una de sus manos sobre la cabeza de la chica, acariciando sus delgados cabellos cenizos. Con eso intentaba calmarla, porque no era del día a día ver que Ashley se quebrara de tal forma. Fue entonces que la rubia ahogó todos esos quejidos para poder hablar.

Perdón. — susurró al oído cercano del neoyorquino. — Perdóname por todo, Alex. — volvió a decir, alzando un poco la voz, aunque no era suficiente para que alguien más la escuchara, solo él. Alex, quien alguna vez estuvo desilusionado por las acciones de su amiga, comprendió que sus palabras eran sinceras, que de verdad lo sentía y que buscaba desesperadamente su perdón, más que el de cualquier otro.

Te perdono, Ash. — susurró de la misma forma. Cualquier golpe, cualquier insulto o acción que ella hubiese hecho contra él en el pasado se quedaba ahí, en el pasado del cual Wolfgang tendría que aprender, sino es que ya lo había hecho. Aunque nunca se imaginó que su mejor amiga se sincerara de aquella forma tan limpia, por ello el momento lo conmovía de sobremanera. Él también había pasado por muchas cosas en su tiempo de soledad y esas vivencias, atroces, tristes o felices, le habían mostrado un sin fin de enseñanzas.

Por su parte, Ashley sintió un alivio en su interior, haciendo que involuntariamente soltara un suspiro. Abrazó aún más a Alex, por fin estaban juntos, al fin el grupo estaba completo con los Elegidos que quedaban en esa lucha. Y, podía decir, que ella también lo estaba. Un suave y tierno sonido llegó a sus oídos, haciendo que abriera los ojos. Al abrirlos se topó con una mirada verde observándola con una sonrisa. Un pequeño ser rosado y alado estaba a espaldas del morocho. Ashley se apartó del abrazo y miró perpleja al desconocido Digimon, para después fijarse en Alex.

¿Quién es?

Es Betamon. — mencionó con una sonrisa. Ashley parpadeó varias veces, incrédula.

No, enserio. — insistió. Porque no podía ser posible que del gigantesco MegaSeadramon que había visto, hubiera pasado a ser...eso rosado.

Es enserio Ashley. — bufó el moreno, cruzándose de brazos al ver que su amiga había adquirido cierto escepticismo hacia el pequeño MarineAngemon. Viendo la seriedad con la que Knightley había hablado, Ash prefirió no decir nada. Mejor que se quedara así antes de que la chica soltara algún comentario sarcástico contra el Digimon.

Iba a alejarse más de Alexander para regresar su vista hacia el resto, pero algo se lo había impedido. Cuando bajó la mirada para ver que la retenía, notó que ambos emblemas se habían entrelazado con las cadenas del otro. Miraron esto sorprendidos y algo intrigados, ¿tendría algún significado oculto por ahí? Imposible saberlo en ese momento, lo único cierto es que la Luz y la Amistad emitían un ligero y resplandeciente brillo del interior de cada etiqueta. Voltearon a verse y se sonrieron. Y por la nueva luz del emblema de Alex, Ashley comprendió que su amigo ya había logrado entender plenamente el significado de la cresta que le había sido otorgada meses atrás. Estaba contenta por ese logro y orgullosa de ver el crecimiento de su mejor amigo, aún en su ausencia. El momento fue interrumpido por Voudelier, quien llegó y plantó ambas manos en los hombros del par.

Gracias por no abandonarnos, dude. — pronunció el rubio con su usual alegría. Knightley chasqueó la lengua y soltó una ligera risilla.

Necesitaba ese tiempo a solas Will, ya sabes. — dijo alzando ambos hombros. El inglés asintió, sin decir más y volteó a ver a Ash.

Te prometí que volvería, ¿no? — Ashley suspiró y apartó su hombro del contacto de William, haciendo que éste por poco trastabillara. Sin embargo, el semblante de la rubia ya se veía más vivo y renovado.

Y justo a tiempo. — mencionó y desvió su mirada al moreno. — You'll be by my side?

As always.

Metalgarurumon y Cyberdramon se acercaron al mismo tiempo al trío, reuniéndose con sus respectivos Elegidos. Gabu notó la presencia de MarineAngemon, pero por su aroma y su esencia supo de inmediato que se trataba del viejo Betamon, aunque su nueva forma le causaba cierta intriga. Alexander se vio a sí mismo rodeado de su mejor amiga y amigo, y notó lo perfecto que se veía aquél cuadro. Las cosas no podían estar mejor para ellos, aunque caso contrario eran los demás Elegidos que ya se habían acercado al encuentro. Rostros felices, sorprendidos e indiferentes podían visualizarse en los semblantes de todos, pero su atención fue atraída más por cierta británica en el grupo que por cualquier otro.

Los quince Elegidos y sus Digimon estaban al fin reunidos en un solo lugar, frente a las puertas de la inmensa catedral que se alzaba sobre el núcleo de la Dark Area, en el Nido de los Demonios.

En el conteo creo que me faltó Shinji, pero ya ni sé en dónde está Dx
[MENTION=510445]Blue.[/MENTION]
[MENTION=437448]Lady Rawr[/MENTION]
[MENTION=474883]~Sutta~[/MENTION]
[MENTION=396759]Kirari[/MENTION]
[MENTION=456048]Venganza[/MENTION]
[MENTION=471741]*Black Moon*[/MENTION]
[MENTION=502959]Fayette[/MENTION]
[MENTION=265737]Zhèngyì[/MENTION]
[MENTION=429011]Maiku[/MENTION]
[MENTION=460040]Fawfulman[/MENTION]
[MENTION=1022549]Automata[/MENTION]
[MENTION=405924]Dark Sorrow[/MENTION]
[MENTION=511552]Kaimiyu[/MENTION]
[MENTION=425579]Mictlan[/MENTION]
[MENTION=1000989]CJDarkSoulRebornCJ[/MENTION]

Pues eso, por favor, posteen c: yo he vuelto para seguirle hasta el fin del mundo (?
 

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Espabiló en un corto instante o al menos esa fue la impresión que había tenido casi como si lo hubieran empujado. Akari lo observó desde lo alto del hombro de Falldown, aún no entendía porque pero tenía la más remota idea de que antes lo había visto en algún lugar en algún momento. Todos habían adelantado el paso directo al enorme destino frente a ellos, ese chico en cambio se había quedado de pie casi temblando, quizá tenía miedo, por lo que había escuchado y no le habían explicado además de que ese alrededor suyo tan turbio. Akari se dejó caer de la protección del ángel y se acercó a cortos pasos al chico. Falldown se detuvo volteando la vista atrás.

Hey. — Tocó su hombro. Este se sobresaltó dando un respingo, miró a la rubia y sonrió, una clara sonrisa fingida—Antoine, no tienes que temer, las cosas no son tan malas como se ven.

No tengo miedo. — Mintió, con esa clara sonrisa.

Umm, Lucemon es un demonio, sí la oscuridad lo domina podría matarte. Además todo lo que nos rodea es oscuridad pura, oscuridad con pensamiento capaz de lastimar. — Llevó la vista adelante a aquel Demon Lord que arqueó la ceja ante su primer comentario. Miró de soslayo a Antoine que borró su sonrisa, debía admitir que intimidaba con ese físico y su mirar. Akari soltó una risilla—. ¿No qué no tenías miedo?. — El aludido guardó silencio—. No temas, si lo haces caerás, entre mayor miedo tengas más te va a dominar.

¿Tú no tienes miedo?.

¿Ahora?, No, antes lo tuve. — Miró su muñeca—. En cualquier caso no te quedes atrás. — Regresó a lado del Demon Lord—. Por cierto, gracias por guardar el secreto. — Le sonrió.

Lo que encontró al alcanzar a los demás no le sorprendió ni remotamente. Gaiomon blandiendo sus armas a Ashley y William siendo quien la salvó de un ataque seguro. Lucemon como la rubia y posiblemente BlackRousse y su Rey Vampiro no mostraron mucha expresión ante dicho evento, no era porque Takaishi no se preocupara, pero claro que lo hacía, pero, era un algo donde interferir estaba prohibido por el propio bien de esa persona.

Controla a Doru, Sawamura. — pronunció seriamente, sin reparar en que había nombrado aquél apodo intencionalmente. Kenji parpadeó un par de veces antes de hablar.

No se llama Doru. — sentenció, con cierta incertidumbre en su voz.

Entonces tráelo de vuelta.
Akari soltó una media sonrisa, claro, no le sorprendía que justamente de todos los elegidos Ashley se diera cuenta aun levemente de que ese digimon con sables siempre sería Doru.

Doru es y será Doru. — Pronunció Akari. Lucemon miraba curioso la escena, admitía dentro de sí que aquella personalidad bestia del digimon se le hacía desconocida y había un algo que no terminaba de agradarle—. ¿Verdad, Lucemon?.

No estoy muy seguro. — Pronunció y volvió a avanzar. Takaishi ladeó la cabeza a un lado mientras lo seguía.—. Akari, hablaba en serio cuando te dije que no te acercaras a Sawamura.

Tú siempre fuiste y serás Lucemon, si me pides abandonar a Kenji y Dorumon es como si te abandonara a ti. — Caminaba o más bien daba zancadas, un paso del Demon Lord equivalían a tres de ella.

No es lo mismo.

Claro que lo es.

Akari se detuvo justo en aquel punto frente a aquel lugar. Sintió un escalofrío sobrenatural pero lo ignoró, no se dejaría llevar. A su costado estaba Brendan y a su lado Piedmon, ambos con las miradas adelante. La rubia cambió ese semblante tranquilo y relajado que había llevado todo el camino. Se percató que el castaño miraba de reojo a Tsuki, cada cierto tiempo lo había hecho en todo el viaje quizá intentando mediar palabras sin mover sus labios. A su izquierda estaba Madison y a lado de la misma Kazehaya. Gaiomon tomó la delantera unos metros frente a ellos y poco a poco los demás se juntaron en el mismo punto, cercanos y a la vez distanciados de la construcción.

Brendan. — Llamó la rubia.

¿Qué cosa?. — La observó de soslayo.

Tengo un mal presentimiento.

Como si esas palabras hubieran sido una invitación o la contraseña para ingresar el rechinar perforó sus oídos de las puertas moverse. Lucemon no dudó un solo instante y jaló a la rubia como una muñeca de trapo, tomándola con su mano y dejándola en su protección, no quería nuevamente perderla. Akari no se quejó y en todo ese movimiento no desprendió la vista de aquel par de puertas. Volvió a temblar contra su voluntad.

«Cuidado.»; Era la segunda vez que las escuchaba pronunciando lo mismo y después desaparecieron intimidadas por aquel que estaba o no adentro.​

Yo y mi deseo de hacer rellenos en la resistencia(?)
 

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—Perfecto y ¿ahora?- Pregunto Carmina al verse frente a las puertas de la gran catedral junto a los demás.

—Podríamos derribarlas- comento Kazehaya que estaba a un lado de Madison.

—Brendan. —Hablo Akari Takaishi, aquella voz llamo la atención de la Bonnefoy que volteo a verla de forma cuidadosa.

—¿Qué cosa?. — La observó un Brendan respondiendo en forma cortes.

—Tengo un mal presentimiento.

Dicho lo último, un rechinar metálico perforó los oídos de los presentes , las grandes puertas estaban abiertas dando paso a una oscuridad dentro de aquel templo .

—El hogar de los demonios Pandemonio- Murmuró Carmina , mientras miraba como Gaiomon entraba junto con Kenji, — Nos meteremos en un lió— Dijo al fin caminando a la par de los demás.

—¿Algo te molesta?—Preguntó el lobo metálico de color oscuro que la acompañaba .

—Sí, y es el hecho de que estamos entrando a la boca del lobo - Respondió de forma tranquila.

—¿No es lo que buscaban desde un inicio?- Una voz de tonalidad un poco aguda, logró interferir aquella conversación .

Era Antoine, el novato cuyo rostro reflejaba temor a todo lo que estaba a lo sucediendo el miedo era evidente en él.

—Antoine si sigues teniendo miedo, serás el primero en morir tenlo por seguro, anteriormente había una posibilidad de cuidarte las espaldas pero ahora no es así - Respondió fríamente Bonnefoy percatándose del temor del castaño -

—Akari ya me lo menciono

—Deberías hacerle caso, esa advertencia fue en serio- Corto Carmina tajante

—Pero tu dijiste que entraremos a la cueva del lobo

—Si lo dije, pero eso no nos detendrá- Carmina con una fría lo observó seriamente —Si deseas quedarte fuera hazlo , porque así serás de gran ayuda , si temes caer en la oscuridad solo nos estorbaras.

La pelirroja siguió su camino dejando atrás al castaño que miro a la catedral y después al resto del grupo.

—¿No fuiste dura con él?- Preguntó Blackmetalgarurumon mientras Carmina cambiaba su semblante a uno serio

—Es la verdad, ya hemos perdido a muchos y no quiero ver a otra persona caer,

—¿A pesar de que todo se esta volviendo una especie de zombieland?-Preguntó el lobo metálico a su elegida

Carmina rió con el último comentario, aunque no usaria el termino zombie con el regreso de ciertos miembros del grupo, realmente no se explicaba el regreso del compañero de Wolfgang y muchos menos se imaginaba ver de nuevo a Takaishi , aunque no lo admitiera a Bonnefoy le daban cierta esperanza de que Malade regresara de alguna manera, pero sabía que era un hecho bastante improbable. Unos pasos detrás de ella la sacaron de sus pensamientos , giró su mirada hacia atrás y observó a Antoine acercarse a ellos .

—¿Dejaste tus temores?

—No, pero puede más mi voluntad de estar a lado de mis amigos o aliados en este caso - Contesto Antoine decidido mientras Bonnefoy asentía con una sonrisa burlona

— Si fuera tu no confiaría tanto en mis camaradas

El castaño quedó atónito ante la repuesta de su compañera que se adentraba en la catedral.

El interior del lugar era enorme, seguramente tendría varias secciones, un gran pasillo conducía a los elegidos a la sala principal , el lugar estaba rodeado de estatuas de digimons demonios entre los cuales Carmina observó las figuras de los compañeros de Tsuki y Akari.



Todos se encontraban en la sala principal , nadie dijo nada y todos volteaban rodeando las paredes del lugar esperando encontrar algún indicio o pista, pero nada no había nada en aquel lugar, o eso parecía ser ... Un ruido hizo que todos los presentes fijaran su mirada en el techo del lugar, si bien la luz del lugar era casi nula, los digimons de mejor visión lograron distinguir dos sombras moverse rápidamente por el lugar.

—Carmina atrás de mi- dijo el compañero metálico de la pelirroja que lo obedeció enseguida, no sin antes darle una orden...

—¡Blackmetalgarurumon , ataque preventivo!- Grito Bonnefoy al tiempo que el lupino oscuro descargaba su arsenal a todas las direcciones donde no estuvieran los elegidos con el fin de hallar a enemigos no visibles por la oscuridad del lugar.

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Un pequeño aporte antes de morir x_x, cualquier cosa edito.
 
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Yo soy solo un Mic
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Una larga caminata en un lugar lleno de tinieblas, era una película de terror, quise decir constantemente mientras observaba a mis demás compañeros, Vilemons por todos lados y zaz llegar al corazón del área oscura ¿no hubiera sido más fácil llegar simplemente arrojándose al vacío? Me pregunté al momento de volver a caminar

Mi nombre Antoine Malade Silvermoon, edad 16 años, ojos azules, pelo color castaño, piel morena clara, 1.73 de altura, hijo menor de una familia desintegrada, mayor habilidad o talento; ninguna, mayor defecto; miedo
-Hey- una mano sobre mi hombro me hizo brincar del susto, en cambio la voz parecía ser más dulce de alguna forma me calmo, pero no del todo...

Seguro ella noto mi sonrisa falsa
- Antoine, no tienes que temer, las cosas no son tan malas como se ven.

Akari Takaishi una bella joven, de pelo color rubio, complexión delgada, estatura media y un brillo atrayente en su mirada, la había visto antes e iba a preguntarle el por que su desaparición , pero una promesa es una promesa .

Miedo, si, exacto eso sentía en esos momentos
—No tengo miedo. —Mentí, con una falsa sonrisa.

—Umm, Lucemon es un demonio, sí la oscuridad lo domina podría matarte. Además todo lo que nos rodea es oscuridad pura, oscuridad con pensamiento capaz de lastimar. —
Ella llevó la vista hacia aquel Demon Lord que arqueó la ceja ante su primer comentario

“Aquel demon Lord me observo y me invadio un a sensación de miedo profundo, me quedaba claro que estaba muerto si ocurría algo malo.”
Akari soltó una risilla

— ¿No qué no tenías miedo? — Guarde silencio, había sido descubierto en mi propia mentira, debo decir que me sentí avergonzado por eso—. No temas, si lo haces caerás, entre mayor miedo tengas más te va a dominar.

—¿Tú no tienes miedo?.- Pregunté sabiendo de antemano su respuesta, ¿de que otra forma ella podría estar ahí?

—¿Ahora?, No, antes lo tuve. — Miró su muñeca—. En cualquier caso no te quedes atrás. — Regresó a lado del Demon Lord—. Por cierto, gracias por guardar el secreto. — Me sonrió.

Yo solo asentí con una sonrisa timida ¿que hacía en esos momentos en aquel lugar? De todos los que viajabamos hacia el objetivo era el menos indicado para estar ahí, quizas debia de regresar, sin saberlo estaba en frente de la puerta, en algún momento quise huir, pero una voz llamó mi atención con sus palabras

—Sí, y es el hecho de que estamos entrando a la boca del lobo -Dijo con cierta molestia Carmina Bonnefoy, pelirroja, de estatura media-baja, complexión delgada, ojos verdes y semblante frío .

—¿No es lo que buscaban desde un inicio?- Pregunte inocentemente yo, sin poder controlar mis temores

—Antoine si sigues teniendo miedo, serás el primero en morir tenlo por seguro, anteriormente había una posibilidad de cuidarte las espaldas pero ahora no es así - Respondió fríamente aquella dureza me hacía darme cuenta que no habia marcha atras...

—Akari ya me lo menciono- Dije tratando de suavizar el tema

—Deberías hacerle caso, esa advertencia fue en serio- Dijo tajante sin hacerme mucho caso, debo decirlo su frialdad me sorprendía

Carmina esta loca definitivamente, me dije a mi mismo
—Pero tu dijiste que entraremos a la cueva del lobo- comente preocupado por lo que había dicho

—Si lo dije, pero eso no nos detendrá. Si deseas quedarte fuera hazlo , porque así serás de gran ayuda , si temes caer en la oscuridad solo nos estorbaras.

Ella no volteo a verme solo continuo caminando dejandome solo en la entrada

-Antoine debemos ir- dijo Angemon con voz seria, solo asentí y camine dentro de la catedral de la zona oscura

—¿Dejaste tus temores?-Me pregunto Bonnefoy friamente

—No, pero puede más mi voluntad de estar a lado de mis amigos o aliados en este caso - Conteste mientras Bonnefoy asentío con una sonrisa burlona.

Enserio tiene serios problemas mentales
— Si fuera tu no confiaría tanto en mis camaradas

Quede atonito con esa repuesta, algo de sus palabras no me hacian sentir seguro.

¿pensaba atacarnos?
No le di importancia nuevamente y camine junto a los demás por el gran pasillo que nos arrojaba a una gran sala.

Un ruido hizo que algunos miráramos hacia arriba y que nuestros compañeros se prepararan para el ataque pero antes de hacer algo...

—¡Blackmetalgarurumon , ataque preventivo!-

Una lluvia de misiles cayeron en el lugar pasando cerca de nosotros, debo decir que durante un gran intervalo de tiempo no pude ver nada, cuando al fin abrí los ojos observe una curiosa escena, digimons de aspecto temible congelados frente a nosotros, al igual que una gran pared de hielo que dividía en dos la sala, en un lado Carmina y Blackmetalgarurumon y del otro el resto de nosotros.

-¿que pretendes hacer Carmina?- Grité al tiempo que el muro de hielo mostraba a imagen de aquella chica observando a un digimon de gran tamaño.

-Marine Devimon- dijo mi compañero al observar el horrible aspecto del digimon al que enfrentaba Carmina

DMA + Digi-Dex + MarineDevimon

-Es de nivel perfeccionado , no debería de causarle problemas a Bonnefoy- Comento Kenji, un joven de pelo semiteñido de azul, complexión media, estatura media-alta, de semblante indefinido en esos momentos, caminando con Gaiomon hacia una “salida”.

-¿esta bien dejarla así?- Preguntó un joven llamado Darian, rubio, de estatura pequeña, hasta donde sé el más joven del grupo.

-Ella lo hizo a propósito- fue la respuesta de Tsuki Blackrousse, de rasgos europeos, mirada perdida como si en ella hubiera más tristeza que alegría por vivir- debemos aprovechar el tiempo que nos esta dando.

Era como si todos estuvieran concentrados en seguir adelante sin importar los sacrificios delante de ellos.

-¿no será mejor que alguien se quede acompañarla?- Pregunté con temor de que algo le pudiera suceder a la francesa de cabello rojizo.

-Ella estará bien descuida- Me respondió William con una sonrisa mientras caminaba hacia la siguiente puerta que estaba cerca de donde nos encontrábamos.

Voltee preocupado un momento antes de ir con los demás , pero la mirada fija de Bonnefoy me hizo comprender que no sería derrotada sencillamente
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Bien dejo mi parte a ver quien postea, espero no haber puesto algo innecesario pero era necesario poner ya algo ¿no creen?
 

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Carmina Bonnefoy había mandado a su compañero digital lanzar una serie de ataques preventivos, con una sola finalidad; quedar a solas con el enemigo con el cual se habían encontrado.

—Eres muy ilusa elegida— dijo el Calamar gigante moviendo sus tentáculos, con gran velocidad el digimon marino atacó al lobo metálico que con ligeros movimientos esquivo cada uno de los embates de su rival.

— Ilusos ¿dices?— Cuestionó Carmina con un tono desafiante e irónico- para pensar que puedes vencernos o se requieren más elegidos para eliminar una basura como tú, realmente debe de ser un indicio de pocas neuronas en el cerebro , o en tu caso pocos bytes.

—Es una pena que no sepan que la zona oscura está dominada por nosotros

—¿hum?— gruñó el lobo metálico ante lo dicho por el digimon rival.

—Mira arriba.

—Blackmetalgarurumon cuidado— Gritó Carmina al percatarse de dos presencias más.

El lupino reaccionó a tiempo esquivando los ataques de los nuevos oponentes , un Pukumon y un skullscorpiomon.

—Me equivoque pensando que solo era un enemigo — Dijo Bonnefoy seria y con cierta pesadez, no creía haber cometido un error tan simple como ese.

—No seas dura contigo misma, de no haberte percatado antes todos nos hubiéramos vistos involucrados en una pelea sin sentido , el verdadero objetivo es el tercer general , no lo olvides.

—Probablemente pero aún así— murmuró Bonnefoy para después decirse a sí misma “soy un desastre”.

—¿A quien debo eliminar primero?—Preguntó el digimon cyborg viendo a sus rivales.

—Si puedes conmigo los dejaremos pasar.

Pukumon el digimon mas pequeño en cuanto a tamaño avanzó hacia el cyborg que lo esquivo con facilidad, para después lanzarle un misil a su rival que lejos de esquivarlo lo golpeó con su puño causando una explosión.

—Así que los rumores de la gran fuerza de los Pukumon son ciertos.

Blackmetalgarurumon volteo mirando al pequeño digimon salir del humo con gran velocidad con la intención de golpearlo , pero el digimon metálico retrocedió, apuntando con su boca preparada su aliento, el ataque hubiera surtido un gran efecto en el rival, de no ser por la intervención de Marinedevimon que con uno de sus tentáculos golpeó al digimon mamífero haciendo que este retrocediera.

—Así que desean ser eliminados juntos- hablo serio Blackmetalgarurumon mientras una cortina de neblina oscura aparecía en el lugar. —Esto es

—Prueba mi veneno—Skullescorpiomon agito su aguijón con rapidez hacia el Lupino que a duras penas logró escapar de la trampa tendida por sus oponentes, por desgracia el lobo resultó herido en una de sus patas por esa acción.

—Vaya parece que no podrán ganar ahora — El insecto gigante hablo al ver la herida de su rival — mi aguijón contiene el veneno mas eficaz de todo, con un solo rasguño el cuerpo de la víctima empezará a verse mas lento hasta acabar muerto, ese será tu destino Blackmetalgarurumon todo por unirte a los elegidos.

—¿Destino dices? — Pregunto el lupino riendo — Nunca he creído en el destino, siempre he seguido hacia adelante por mis propias convicciones.

—¿Blackmetalgarurumon? — Carmina observó a su compañero caminando lentamente hacia los enemigos que tenían enfrente.

—Necios.

Pukumon se lanzaba con gran velocidad al lobo metálico que recibía los golpes sin mucha resistencia, su cuerpo empezaba a manifestar efectos del envenenamiento, los ataques de Pukumon que tenía en su cuerpo una gran defensa por sí sola, los golpes que recibía el digimon cyborg eran cada vez de peores mientras los dos digimon en nivel perfeccionado solo observaban la golpiza, por su parte Carmina observaba en estado de shock por lo que ocurría.

— Me equivoque de nueva cuenta... — se maldecía la pelirroja observando la golpiza que le daban a su compañero digital— ¿cual arrogante soy en realidad?

El lobo metálico salió disparado hacia la pared de hielo, por un fuerte golpe de su rival en nivel mega, el golpe fue lo suficientemente fuerte como para agrietar el muro de hielo sólido que estaba en la mitad del lugar.

—Para terminar con esto.

Pukumon se lanzaba hacia el lobo con un puño dirigido al lobo que permanecía inconsciente, Carmina volteo su mirada para no ver el golpe del rival, pero una brisa helada la hizo reaccionar haciéndola ver hacia su digimon y el agresor. La imagen la dejo sorprendida pero a la vez tranquila, al ver que el lobo tenía congelado el digimon mega dentro de un gran bloque de hielo

—Blackmetalgarurumon —Dijo Carmina con voz suave acercándose a su compañero digital.

—Así que aún tenía fuerza— Skullscorpiomon miro aquello sorprendido — el veneno tendría que haberlo dejado fuera de combate desde hace rato.

—Si me tendría que haber dejado vencido hace tiempos—Blackmetalgarurumon hablaba serio— pero logré congelar una gran cantidad de venenos antes de que siguiera recorriendo mi sistema.

—Aún así el veneno recorre tu cuerpo por lo cual sigues estando expuesto para nuestros ataques, o ¿no has sentido cierta pesadez en ti?

Aunque sonaba una provocación del escorpión, el cuerpo del digimon mega si se veía afectado por el veneno insertado en él, lo cual lo noto su compañera que lo observaba preocupada.

—Blackmetalgarurumon—Carmina veía a su digimon con preocupación.

Los dos digimons en nivel mega se preparaban para lanzar un ataque conjunto, pero una rápida sombra pasó delante de ellos, ambos trataron de moverse pero al dar apenas un paso enfrente los dos seres digitales se desvanecieron en datos, el causante de aquel ataque sorpresa y a espaldas: Blackwargreymon.

—Pensé que no llegaría— dijo el lupino con voz baja.

—Y perderme la diversión, lo malo de esto es que con un ataque simple los elimine, en cambio tu amigo estas en un mal estado, realmente te ves terrible.

—Black Wargreymon creí haber sido muy clara al decirte que te quedaras de guardia en la entrada —La pelirroja hablaba seria y fuerte para después mostrar una sonrisa— pero de cualquier forma, gracias realmente el que llegarás en este momento fue muy oportuno— dijo Carmina mientras tomaba al lupino de la cabeza tratando de que no perdiera la conciencia por el veneno dentro de su cuerpo— Ahora dime ¿ sabes de algún antídoto para el veneno de Skullscorpionmon?

El guerrero dragón vio a su compañero y luego a su elegida.

—Los casos de digimons salvados de veneno son contados, por desgracia el antídoto queda lejos de aquí y tendríamos que retirarnos del área oscura sin perder mucho tiempo.

—Demonios— se dijo la elegida mirando al lupino oscuro convalecer por el veneno— realmente no quisiera dejarlos solos, pero ....

—No creo que tengas que dejar a tus compañeros solos, puedo darte el antídoto si gustas— Una voz se escuchó en el lugar, la elegida de la ambición volteo y observo a una figura humana caminando hacia ella —pero a cambio quiero un favor ...

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Bueno quería poner otras cosas y no dejar el post todo feo y mal escrito en algunas partes pero no hay mucho tiempo hasta donde sé.
[MENTION=425579]Mictlan[/MENTION] espero sepas lo que haces con tus indicaciones
 
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スパークル
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Bueno, en vista de que las múltiples oportunidades que se le dieron a éste colectivo para revivir y volverse activo no han dado frutos me veo en la necesidad de ésto. No hay un avance y si hay suerte se coloca un post cada quince días, en casos normales se posteaba una vez por mes o cada dos meses y pues así no se puede.

Ya se le había avisado al autor, so, cumplo y ya.

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