Rol Libre ¡Feliz cumpleaños a mi! | Rivka Lovelace

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“Definitivamente va a ser un día genial~”, eso fue lo que la pelirosa pensó mientras el sol golpeaba suavemente contra su cara y Max se removía un poco, buscando una caricia.

—Si Maxi, se que ya es hora… —Bosteza mientras estira la mano para acariciar su blanco y suave pelaje —Buenos días a vos también, bola de pelos. ¡Espero que hayas recordado que es un día especial y me debes un regalo!

El animal la miró y ladeó suavemente la cabeza a uno de los lados antes de pasar la lengua por la mejilla de su dueña.

—¡Agg no, Maxi! —Pasa la mano por su cara, con la intención de secarse —Esas no son maneras de saludar… ¿Dónde están tus modales, bestia?

El samoyedo la miró mientras ella se levantaba, tirando las sabanas por ahí. Mimi los observaba desde el otro lado de la habitación, junto a su recipiente de agua. Se tomó unos segundos antes de correr hacia la humana para frotar el lomo contra su pierna, a modo de saludo.

—Esos si son buenos días, Miren~ —Revuelve el cabello de la perra, moviendo sus orejas casi con violencia, pero parecía gustarle —Ahora, vamos a darles el desayuno así puedo prepararme, bolitas.

Riv caminó hacia uno de los gabinetes altos para sacar la bolsa de alimento y tiró un poco en los comederos de sus mascotas antes de volver a guardarla.

Los últimos días habían estado bastante bien, pero los primeros en esa habitación fueron una tortura. Había sufrido de dolor de espalda gracias al futón, su ropa no entraba en todo el espacio asignado que tenía y los perros no estaban nada acostumbrados al tatami. El buda había sido escondido en un cajón, junto con el altar extraño que se encontraba al otro lado, siendo cambiados por fotos de ella y sus amiguitos peludos o cosas que podía exponer como decoración. Lo único que había dejado fue el cacharrito para encender los inciensos, aunque no se había dado tiempo de prender uno todavía.

Pasó a abrir las “ventanas” antes de dirigirse al baño, el ofuro si que era de su agrado. Disfrutó del agua hirviendo mientras usaba sus lociones y cremas. Lavó su cabello con agua fría para después usar aceite, con la intención de hidratar su piel. Tomó algo de ropa interior de su cajón antes de pegar una mascarilla coreana en su cara y empezar a secar su cabello. Las hebras rosadas pasaron de ser completamente lacias a tener un poco mas de ondas y tiró su cabeza hacia adelante para batir un poco las raíces con sus dedos, generando un poco mas de volumen. Se deshizo de la mascarilla y enjuagó su cara. Una vez que eso estuviese listo podía pasar a la ropa, pero tenía que ordenar.

Dejó el extractor encendido en el baño para poder ir a acomodar su cama y barrer un poco. Desempolvó ligeramente los muebles y después sí se dirigió a los cajones de ropa.


Día especial es igual a vestimenta especial… ¿Qué debería de usar? Está helando fuera, nada de vestidos… eso me deja pocas opciones peeeeero… ¡abrigo grande!

Tomó un gran abrigo de peluche blanco desde una de las perchas y sonrió con gusto, ahora solo tenía que encontrar que mas usar. Terminó tomando jeans claros, botas marrones y una blusa algo ligera, con la espalda descubierta. Si no iba a sacarse el abrigo fuera no habría ningún problema. Dejó el abrigo a un lado mientras se ponía unos pendientes y se maquillaba con tranquilidad.

Una vez lista abrochó el abrigo, se miró una ultima vez al espejo y salió, directo a la habitación de su vago amigo, con la compañía de sus animales. Para su sorpresa, Alexander ya no dormía y tenía algo preparado para que los dos pudiesen desayunar juntos. No le costó mucho tiempo desearle que tuviese un estupendo día, entregándole también los regalos: Globos tan brillantes como sus ojos, una corona que puso inmediatamente sobre su cabeza y unos lindos pendientes que, seguramente, su hermana lo había ayudado a elegir… a regañadientes.

Tuvo que esperar a que el pelirrojo se abrigue para poder salir y pasear a Mimi y Max por la academia. Ella llevaba la brillante correa rosa de Mimi mientras Alexis llevaba la azul de Max. Todavía tenía los globos con ella y parecía feliz de llamar un poco la atención de los demás. No había gente por el patio llevando globos o coronas muy seguido, ¿verdad?

Las bolitas de pelo parecían encantadas con la nieve, era su época del año favorita, como la de Riv. Iban casi de un lado al otro mientras los humanos intercambiaban palabras, pensando que podían hacer mas tarde. Riv estaba bastante metida en la conversación hasta que lo vio. No había forma posible de confundir a Eishi entre toda la poca gente que se animaba a salir con la nieve. Riv no sabía si era por la gabardina negra, el abrigo rojo, su cabello o porque simplemente le interesaba muchísimo… además, siempre estaba con Rah y él si que era aún más inconfundible.

Le dejó la correa y los globos a Alexis antes de apurarse un poco para llegar a donde hablaban los chicos. Rashidi le estaba dando la espalda, pero se giró al notar que su amigo ya no estaba prestando mucha atención a la conversación que compartían, sino que miraba hacia detrás de él. Riv se paró frente a ellos mientras el hijo de Egipto iba al lado del albino.

—Buenos días, Ei ~ —Sonríe para él y levanta suavemente la mano derecha a modo de saludo antes de correr la vista a el moreno — שלום, Ravioli.


—Hola, preciosura. ¿Qué te tr-

Eishi ya estaba por acercarse a la recién llegada pero su acompañante lo interrumpió inmediatamente.

—Rashidi y… ¿Por qué se supone que traes eso en la cabeza? —Rah no pudo evitar señalar la corona con un dedo mientras levantaba una ceja.

—¡Qué bueno que lo notas, rayadito! Porque hoy es el cumpleaños de la persona mas maravillosa del universo~ —Riv apoya todo su peso en la pierna izquierda, trabando suavemente su cadera mientras tira su cabello hacia atrás, de forma dramática.

—Pero estas confundida, lindura. Hoy no es mi cumpleaños… —La pelirrosa mira a su pretendiente antes de enderezarse ligeramente.

—Bien, fair enought… la persona femenina mas maravillosa del universo. ¿Mejor, corazoncito? —La pelirosa le guiña un ojo y él no puede evitar levantar una comisura.

—¿De Amayah? ¿Cómo se supone que no me enteré antes? —Rah sonaba sorprendida y Riv no sabia si era broma o no.

—¿Quién se supone que es Amayah? Y no, Ravioli —La chica bufa con fastidio, cruzándose de brazos —Hablo de mí. Así que… a no ser que quieran que sus cabezas rueden como si del siglo 18 se tratase, me deben un regalo.

Lovelace unió las manos tras su espalda y sonrió grande, cerrando los ojos. Eishi juraba que podría comerla ahora mismo, sin importarle los espectadores… pero la chica esperaba una respuesta.







Eso es todo lo que tengo, dueño de Ravioli(? Lazy Lazy
 
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Ese día parecía ser como cualquier otro: tranquilo, sin mucho que hacer y totalmente aburrido. Desde que el ciclo escolar inició, pocas cosas animaban en demasía al primogénito de la familia Honō, la monotonía de las clases y el estudio lo hacían sentir un aburrimiento tal que el muchacho buscaba distraerse con cualquier cosa, y por cosa uno podría referirse a su mejor amigo, Rashidi Lalbay. El árabe se convirtió en una parte vital de su entretenimiento diario, no había día alguno en el que Eishi no estuviera a su lado para charlar de cualquier tema o realizar alguna actividad que lo mantuviera “activo”, claro todo bajo el respeto hacia lo que quisiera hacer su amigo del lejano y caluroso oriente medio. Era un poco extraño y podría rayar en lo enfermizo, pero si el de ojos dorados no había hecho algún reclamo o queja, entonces no existía problema alguno entre ambos.

No era secreto para nadie cercano a él. Eishi era un sujeto que precisaba atención y qué mejor atención podría tener aparte de la de su mejor amigo, si apenas podía salir a la ciudad para poder socializar. Mantener un negocio y estudiar era lo peor del mundo.

Podía decirse que Eishi comenzaba a hartarse del ambiente aburrido de la escuela, sin embargo, todo ese sentimiento de hartazgo y monotonía desapareció cuando tuvo un mejor acercamiento hacia uno de sus “objetivos” de su curso, Rivka Lovelace. De todas las chicas del salón, la pelirrosa era la que más le había llamado la atención pues la aspirante a héroe contaba con las cualidades que a Eishi le encantaban: hermosa, sexy y con aura tan extravagante como fina, no existía duda alguna de que era su tipo de chica.

Es por esa sencilla razón que el muchacho se sintió extasiado cuando la observó acercarse por detrás de su mejor amigo. Sus ojos azulados se clavaron en ella y en ellos se podía observar un estado de hipnosis equiparable al del amante de los shawarmas cuando posaba su mirada en la figura de Amayah Nomura. Rivka estaba… indescriptiblemente bella, abrumadoramente coqueta ¡Maldita sea! No tenía punto de comparación. La deseaba con vehemencia.

Cuando Rashidi terminó de hablar y la fémina les informó sobre la importancia de aquella fecha, la parte pícara y sinvergüenza del cerebro de Eishi se encendió y una idea apareció al momento en que la chica frente a él cerraba los ojos a la par que dejaba sus manos en su espalda. Se veía indefensa -aunque de indefensa no tenía un ápice- y aquello sólo animaba más al muchacho, lo alentaba a realizar lo que por días le había rondado su cabeza.

Así que es tu cumpleaños, ¿no? —Eishi miraba ávido los finos y tersos labios de la chica.
Ajá —la sonrisa en el rostro de Riv se ensanchó tras escuchar la voz interesada de Honō, maquinaba alegremente en lo que haría el apuesto albino para sorprenderla… y vaya que lo haría.

Desde que Eishi y Rivka interactuaron por primera vez en la clase de lógica, el muchacho de hebras plata no tuvo otra cosa en mente que no fuera saborear esos labios que, en ese entonces, parecían pedir un poco de su atención.

Se acercó a la hermosa cumpleañera y sonrió pícaramente antes de realizar lo que tanto había esperado.

Rivka abrió los ojos de golpe, tensandose unos segundos antes de asimilar lo que estaba sucediendo. La sorpresa, la mano en su desnuda espalda, el cúmulo de sensaciones… todos esos factores hacían que pudiera reaccionar, y es que ¿qué podía hacer si el chico que le atraía le besaba tan apasionadamente frente a tanta gente? No lo sabía, pero sí sabía que el gesto comenzaba a agradarle y mucho. Sus manos, que antes se habían alzado con sorpresa, ahora se posaban sobre el pecho ajeno, para subir paulatinamente hasta el cuello y cabello del japonés, quien se animó un poco tras sentir como la de largas coletas le seguía el ritmo y acariciaba con cariño sus hebras.

Rashidi miraba todo con un asombro tan grande, ¿cómo habían terminado las cosas así? ¿Por qué Rivka lo aceptaba tan fácilmente? ¿Su amigo tendría testículos de acero o es que era en serio cuando mencionaba que no le tenía vergüenza a nada? Esas y muchas preguntas más se formaron en su cabeza, sin embargo, las respuestas nunca llegarian pues la pena se apoderó de él tras mirar como el beso se intensificaba a tal grado que su rostro se transformó a uno de total desconcierto. ¿Qué carajo pasaba con esos dos?

Eeehhh… —Rashidi entendió que su presencia ahí sobraba, así que decidió -inteligentemente- dejarlos solos—. عيد مولد سعيد Rivka —dicho eso, se marchó.

La forma tan descarada con la que ambos se devoraban la boca sólo los animaba aún más. Rivka subió su esbelta pierna hasta la cintura del chico, para luego pasarla por detrás de él con la intención de acercarlo aún más a ella. Aquello hizo sonreír internamente al muchacho, quien pasó la mano libre por todo el muslo de la del abrigo peludo, deteniéndose en el glúteo redondo y firme de la susodicha. Ninguno de los dos quería que *su* momento acabara, lo disfrutaban con tanto fervor. Lamentablemente, los pulmones de ambos comenzaron a suplicar por la falta de aire, por lo que no tuvieron de otra más que separarse.

Eishi no tardó en sonreír mientras le miraba directamente a los ojos.

Feliz cumpleaños, Rivka —a pesar de tener la respiración un poco agitada y el pulso alborotado, la vela atrevida le guiñó el ojo como si lo que hubiera pasado segundos antes fuera algo de todos los días.
Qué inesperado —sonrió la de corona.
¿No te gusto, hermosa? Porque podemos repetirlo hasta que te termine gustando —su sonrisa denotaba que realmente hablaba en serio.

Lovelace rió divertida.

¿Cómo sabes que no me gustó, Ei~? —su tono “inocente” y la forma con la que se mordía los labios… que le siguiera el juego sólo hacía que las ganas volvieran con mucha más fuerza.



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Riv definitivamente no entendía nada. ¿Cómo se suponía que habían llagado a eso? Se había acercado solo para bromear un poco con sus compañeros y el chico que le gustaba la estaba besando, sin más… sin avisar. No es que se quejase ni mucho menos, mas bien le encantaba de sobremanera.

La mano en su espalda le pareció encantadora, pero que pegase los labios con los suyos si la tomo completamente por sorpresa. Las mariposas en su estómago no tardaron en hacerse presentes y, teniendo en cuanta que el primogénito de los Honō la volvía loca, no iba a negarse. Enredar los dedos en su cabello y rodearlo con una pierna solo buenos señales para que notase que le gustaba y no quería que se separase de ella ni un solo centímetro, pero tuvo que pasar.

Apenas se alejó un poco de ella, pero Riv no podía pensar con mucha claridad a estas alturas. Estaba segura de que su otro compañero de clase de había alejado en algún momento, pero lo desconocía. Que el peliblanco la felicite por su cumpleaños la sacó un poco del embobamiento, devolviéndola a la realidad.

—¿No te gustó, hermosa? Porque podemos repetirlo hasta que te termine gustando.

La pelirosa estaba mas que segura de que su pretendiente, si es que todavía se podía llamar así, hablaba en serio. Realmente le causó gracia… ¿Cómo iba a dudar de ello? ¡Si hasta lo había disfrutado con ganas!

—¿Cómo sabes que no me gustó, Ei~? —Usó ese tono inocente que empleaba solo con los chicos, por alguna razón había comprendido con los años que a ellos les gustaba. Volvió a morder su labio inferior con suavidad y sonrió mentalmente al notar el deseo de su acompañante —Podríamos repetirlo tantas veces como quieras, pero resulta que hoy tengo un día muuuy ocupado —Tiró su cabello suelto hacia atrás de forma dramática, solo para jugar un poco más con él. Riv supo que Eishi lo había comprendido por como sonrió a continuación.

—Oh, ¿sí? —El peliblanco extendió la mano izquierda para acariciar el costado de la chica con suavidad, por debajo del abrigo. La vio sonreír, todavía mordiéndose el labio. ¿Cómo esperaba que él aguantase tal tortura? Tenía que ser fuerte… más o menos —¿Y no crees poder hacer un tiempo para mi en tu agenda hoy? Podríamos salir en la tarde, quizás tomar algo y terminar de cerrar un poco más este… asunto.

Lovelace sintió una vez más el aliento de Eishi contra su cara y su estómago casi da un vuelco. Ambos mantuvieron la mirada pegada en los ojos del otro. Se sentían tensos, pero no el tipo de “tenso incómodo”, más bien “tenso de necesidad”. Quizás por eso Rah se había ido, ¿no?

—Bueno, querido… estaríamos teniendo un problema con eso —El chico sintió que la pequeña volvía a su tono de broma, no sabía que esperar —Porque, a no ser que pongas un anillo en este dedo —Riv puso la mano izquierda entre ambos y movió el anular con suavidad —no voy a poder acompañarte a ninguna parte. Entenderás que soy una chica de bien y solo busco cosas serias —Ella rió con delicadeza y el chico casi pudo sentirse en el cielo.

—Oh… siento mucho haber sido tan desconsiderado y poco atento —No iba a perder la oportunidad de pegarla más a él, así que lo hizo. Sonrió satisfecho cuando la chica entre sus brazos soltó un pequeño gemido de sorpresa —Pero no debes de preocuparte por eso, preciosa. Tu mano va a estar llena de anillos antes de que te des cuenta… Voy a esperarte a las cuatro en la entrada y espero verte ahí —Seguirle la broma había valido la pena, solo por como Rivka contestó con una gran sonrisa.

—No me atrevería a faltar, Ei~ —Canturreó con suavidad y solo tuvo que estirarse un poco para darle un pequeño beso en los labios antes de guiñarle un ojo y alejarse —Nos vemos más tarde, bonito.

Ella lo saludó con la mano mientras se alejaba, para volver junto con Alexis y sus mascotas. Eishi la siguió con la mirada y frunció visiblemente el ceño cuando notó que se acercaba a otro chico, ¿Quién se supone que es ese? Iban a tener una charla larga sobre ello después, quizás.

Rivi tomó la correa de Mimi mientras su pelirrojo amigo la miraba con atención, casi con severidad.

—¿Desde cuando se supone que tenés un novio? Y peor aún, ¿Desde cuando se supone que no lo sé? —El mayor caminaba a su lado y no parecía nada contento, así que Riv tuvo que mirarlo.

—No es mi novio, Alex. Solo es… el chico que me gusta. No es nada del otro mundo, ¡lo haces con las chicas también!


La pelirosa bufó con suavidad y Denali pudo entender un poco su frustración, pero él entendía completamente como se comportaban los chicos… estaba sumamente seguro de conocer a los de ese tipo, porque él era uno de esos y no le gustaba para nada que su vecina tuviese tratos con alguien así.

—Que yo lo haga no significa que v- —Alexis bufó con suavidad también y llevó una mano al puente de su nariz. No tuvo necesidad de tener esta charla con su hermanita antes porque se llevaban del asco, pero en algún momento iba a deber tenerla con Riv… hoy no iba a ser el día. Era su cumpleaños y podía perdonárselo una vez —Solo ten mucho cuidado.

—¿Y crees que no lo tengo siempre? Tengo bastante tiempo estando sola como para saber cómo cuidarme, Lex. No vengas ahora con esas cosas…


La menor sonó enojada y él no se atrevió a volver a tocar el tema, parecía algo sensible de lo que nunca habían hablado antes. Ambos prefirieron ignorarlo y volver a sus charlas tontas y normales, era lo mejor para los dos.

Almorzaron juntos fuera, en un pequeño restaurante de yakisoba que aceptaba entrar con mascotas. Riv se abstuvo de hablar con Alexis sobre Eishi y Denali no volvió a preguntar. La acompañó de nuevo a su habitación después de comer esos deliciosos fideos y pasó a ver a sus amigos, pero algo lo mantenía muy intranquilo.

Lovelace se ocupó de atender a sus mascotas, peinarlos y secarles el cabello antes de ir a su armario. Iba a volver a salir a la ciudad y no podía quedarse con el kimono “simple” que traía ahora mismo, tenía que ser uno especial… lo suficientemente especial como para impresionar a alguien como Eishi. Rebuscó y dejó sus favoritos sobre la cama, la disyuntiva era de vida o muerte para ella, no podía tomarla a la ligera. En ese momento echó mucho en falta tener una amiga con quien consultar cosas tan mundanas como las prendas para una cita.

No pudo ponerse de acuerdo con ella misma para saber cuál llevar hoy, así que se puso a arreglar su cabello para no perder el tiempo. Lo recogió con delicadeza, teniendo cuidado en cada pequeño detalle. Probó frente al espejo los accesorios para cabello que iban con las prendas tradicionales que seguían sobre el futón y suspiró, había tomado su decisión.

Prendió el moño azul y rojo al lado izquierdo de su cabeza, junto con un pompón blanco al lado derecho. Se embarcó en la difícil tarea de enrollarse en su kimono de seda favorito. Ella misma había ahorrado cada centavo para comprarlo, y no fue precisamente su adquisición más económica, pero había valido completamente la pena. Agregó a ello un tapado de piel blanca, por el frío y guardó algunas tonterías en su pequeño bolso; Llaves, su celular, dinero y un brillo labial… tenía la sensación de que iba a necesitar algunos retoques más tarde.

Sonrió con gusto al mirarse en el espejo y se roció unas gotas de perfume tras las orejas antes de mirar la hora. Iba temprano, pero no le veía nada de malo. Saludo a sus mascotas antes de salir y suspiró con suavidad… ya sentía el cosquilleo en el estómago, de nuevo.



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La sonrisa victoriosa de Eishi no se borró en ningún momento del día, ni siquiera por el hecho de que su mejor amigo le había abandonado en todo lo que restó de día. ¿Qué importaba perder un poco de tiempo caritativo con su mejor amigo si dentro de unos minutos saldría con una de las chicas más sexys y hermosas de su curso? ¿Qué importaba si iba a pasar un agradable e íntimo momento con Rivka?

Antes de salir a esperar a su cita, Eishi se dedicó a refrescarse con una ducha caliente y a prepararse. Como iban a salir, Honō había escogido el yukata que más le gustaba y, evidentemente, el más caro de todo su armario. La tela negra con bordes azules hacían el contraste perfecto con su piel lívida y sus grandes ojos azules, se miró en el espejo un par de veces para verificar que todo estuviera en orden y luego salió de la habitación con la intención de esperar a la hermosa cumpleañera en la entrada de la academia. Aunque no tenía ningún inconveniente con esperarla, Eishi deseaba no tener que hacerlo por mucho tiempo pues anhelaba fervientemente el poder pasar tiempo con ella… además el taxi que pidió para ese día ya había llegado y no era buena idea hacerlo esperar.

Para su fortuna, Rivka apareció a los diez minutos y, como era de esperarse, su sola presencia le deslumbró. El yukata y los accesorios que había escogido con mucho cuidado lograron embelesarlo de tal forma que la sorpresa encontró hogar en el rostro del usuario de llamas azules, sus ojos no se despegaron ni un segundo de Lovelace quien se ruborizó un poco por la atención que estaba recibiendo por parte de Honō. Se sentía bastante bien que la persona que le atraía tuviera ese tipo de reacciones, las mariposas volvieron a hacer estragos en su estómago ¿realmente podría ser capaz de mantener las apariencias en la cita? No lo sabía, pero debía intentarlo.

Y yo creí que venía temprano —sonrió divertida—. ¿Llevas aquí parado desde que nos vimos esta mañana? —Esperaba que aquella broma fuera suficiente como para desviar un poco la atención del chico… cosa que no pasó, pues la sonrisa seductora de Eishi había empeorado la situación.
No, Riv —exclamó, posando sus ojos en los finos labios que ahora deseaba probar—, pero soy un caballero y no quería hacerte esperar.
¿Ah si? ¿Te hice esperar mucho, Ei~?
No —comentó acercándose un poco para tomarla por la cintura. Quería tenerla cerca y aquella fragancia que desprendía de la piel de su chica no ayudaba a apaciguar su deseo— y no tengo problema en esperar todo el tiempo del mundo por ti, princesa —finalizó, intentando acercarse para poder besarla por segunda vez en el día.

Casi podía saborear de nuevo esos tersos labios que le encantaron…

Lo siento, bonito pero si me besas como hace unas horas, seguro no saldremos a nuestra cita —exclamó Rivka, posando su índice en los labios del muchacho. Lovelace no sabía con exactitud de dónde había logrado sacar el valor y la disposición para detenerlo a medio camino del beso. Lo deseaba sí, y mucho, pero lo que decía era algo totalmente cierto: si él la besaba seguramente se perderían en el acto y no saldrían de la academia nunca.

Por su parte, Eishi lo vio como una especie de “desafío” por parte de su amante y eso le hizo esbozar una sonrisa satisfecha, le encantaban ese tipo de juegos.

Supongo que tienes razón, princesa.
Obvio, siempre la tengo —sonrió ampliamente antes de tomar la mano de su albino, quien sintió un ligero espasmo por lo frías que estaban las manos de la copiona—, ¿nos vamos?
Seguro, tengo algo especial para ti.

Los zafiros de Riv brillaron, emocionada por lo que había escuchado hace unos segundos, ¿qué más tenía para ella?

Eishi le guiñó el ojo antes de abrirle la puerta del taxi a la cumpleañera. Cuando los dos estuvieron dentro, el albino le explicó al taxista hacia dónde quería que los llevara. El hombre asintió antes de comenzar a conducir, tanto él como Rivka se sintieron un poco descolocados por la dirección que Honō había mencionado, ¿qué tanto dinero tiene este chico? Se preguntó el hombre mientras conducía.

El viaje fue bastante agradable para ambos, las charlas que mantuvieron en el camino habían servido para conocerse un poco mejor los dos. Ambos veían en el otro a una persona con la que podrían pasar momentos bastante interesantes y entretenidos, incluso al sujeto que conducía le pareció que ambos tenían una química bastante impresionante, de esas que ya no se veían. Por desgracia, la conversación se vio interrumpida en el instante en el que el hombre mencionó que ya habían llegado a su destino: la zona más cara de la ciudad de Nagoya.

Muchas gracias —exclamaron ambos antes de pagarle al hombre y salir del auto negro.

Rivka se dio un momento para detallar con sus ojos el lugar al cual su cita la había traído. Las tiendas de ropa, los restaurantes y todo en aquella pequeña parte de la ciudad emitía un aura altamente capitalista y elegante. No obstante, Eishi no le dio el tiempo suficiente para que pudiera detallar el lugar en el que se hallaban.

Ei, ¿a dónde me llevas?

El susodicho no dijo nada, prefirió mostrarle que arruinarle la sorpresa. Cruzaron una esquina y luego entraron a una tienda que dejó impresionada a la chica de cabello rosa. Las joyas que vio en esa joyería eran simplemente hermosas, únicas y altamente costosas.

—Ei qué…
—Calla, princesa —le sonrió galantemente mientras le tomaba de la cintura—. ¿Creías que el beso de esta mañana sería tu único regalo de cumpleaños? —Acarició la espalda de su chica con cariño—. Es tu día especial, así que mereces muchas cosas, Rivka —la susodicha no podía dejar de mirar aquellos orbes azulados—. Además, dijiste que debía poner un anillo en este bello dedo —con su mano libre le tomó la zurda y acarició con sus yemas el anular ajeno—, así que… pongamos uno en serio —concluyó besando su mejilla antes de apartarse para poder escoger el anillo que le daría a su chica.

No iba a escatimar en gastos, pero tampoco se iba a dejar llevar por escoger la joya más grande, si iba a darle un regalo a ella entonces tomaría el que seguramente le quedaría a la perfección. Rivka tardó un poco en procesar lo que sucedía y, cuando lo hizo, se dio cuenta que Eishi ya tenía el anillo entre sus manos. Cuando lo vio, suspiró encantada.

Feliz cumpleaños, princesa —exclamó, colocando el anillo en el dedo de su chica.



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La pelirosa estaba sin palabras. Miró el nuevo anillo que adornaba su dedo y jugó suavemente con él, acomodándolo. ¿Por qué eso estaba pasando? Se lo había estado tomando a broma, pero recién caía en la realidad y notaba que todo era cierto, su broma se convirtió en un hecho y eso la dejaba completamente confundida. Riv creyó que Eishi había entendido que solo tonteaba un poco con él… ¿Por qué su compañero de clase gastaba tanto dinero y esfuerzo en ella? Sí, sabía que le gustaba y lo entendía a la perfección, porque el sentimiento era mutuo, pero… ¿qué sentido tenía la gran confianza que se formó entre ambos en solo unos segundos? Y ¿cómo podía Hono sentirse tan cómodo con ella como para regalarle algo tan exuberante en la primera cita? Algo hacía que una sirena sonase en el fondo de su conciencia, como avisándole que debería de estar alerta.

El peliblanco mantuvo la mirada en su cita mientras ésta mantenía la cabeza baja, mirando su regalo. ¿No le había gustado? ¿El anillo no había sido suficiente? Se sentía ligeramente fuera de lugar y preocupado, ¿qué estaría pasando por su cabecita?... Tendría que sacarla de sus pensamientos y averiguarlo, ¿no? Llevó la mano derecha hacia el hombro de la chica y un simple “Riv” fue suficiente para que ella levantase la vista hacia él, sonriendo ligeramente.

—Es hermoso, Ei… pero sabes que no lo decía en serio, ¿verdad? —Lovelace notó cómo los hombros de la vela se relajaron ligeramente y lo vio asentir.

—Lo sé, pero es tu cumpleaños y la verdad es que no me impo- —paró de hablar cuando ella sonrió aún más, eso lo distrajo.

—De todas formas, Ei, ya es demasiado tarde para devolverlo… solo mira lo precioso que se me ve —estiró la mano izquierda hacia adelante y la movió delicadamente para que los diamantes en la pieza brillasen. Trataba de relajar el ambiente con algunas de sus dramatizaciones, como cuando debía tocar un tema serio que no le interesaba demasiado.

—Nunca estuvo en los planes y, sí princesa… se te ve hermoso —Se inclinó ligeramente hacia ella con la intención de besar sus delicados labios, pero a último momento ella corrió la cara para que solo los apretase contra su mejilla… ¿Se estaba haciendo la difícil ahora? Eso le gustaba, así que sonrió. Ambos podían jugar a eso.

—Muchas gracias, Ei… me gusta —Apenas lo murmuró mientras pasaba la mano derecha suavemente por su pecho, como acariciándolo. Eishi tuvo que enderezarse ligeramente para no volver a caer en la tentación de intentar besarla.

—Y recién empezamos, lindura. Vamos, tenemos una reservación…

Hono colocó una mano sobre la espalda baja de la chica mientras salían de la joyería y Riv no preguntó nada, ya intuía que no valía la pena.

Ambos caminaron por la exclusiva zona de Nagoya station, rodeados de rascacielos y centros comerciales con las marcas internacionales más reconocidas del mundo. Todas las personas del lugar llevaban sus mejores yukatas y hasta el aire que se respiraba en el lugar se sentía limpio y refinado.

La guió con tranquilidad al edificio más alto de toda la ciudad, el Midland Square. El gigante de cristal contenía numerosos cafés, boutiques y tiendas de lujo, costosos restaurantes de cocina japonesa o internacional y hasta un cine.

Eishi recorrió la planta baja del lugar como si la conociese de memoria y se pararon justo delante de unos de los ascensores para esperar que llegase por ellos. Las puertas se abrieron y, apenas eso pasó, subieron para que el albino presionase el botón “B1F”. Ese era el primer momento de calma y paz que había entre ambos desde que salieron de la academia. Solo estaban parados uno junto al otro mientras la caja mecánica hacía su trabajo. Sus respiraciones estaban calmadas pero por dentro vivían experiencias un tanto complejas… eran sensaciones nuevas para ambos.

Riv estiró ligeramente su meñique para rozarlo con el de Eishi y esperó. Se sentía asustada de que no la aceptase, pero solo eran unas “estúpidas manos”. El chico pasó la mirada a ella con una pequeña sonrisa dibujada en los labios y tomó su mano de lleno, entrelazando uno a uno sus dedos para terminar acariciándole suavemente el dorso. Para él no era más que una simple tontería, un paso más que lo llevaría a obtener lo que verdaderamente quería de ella ese día, mientras que para la chica significó casi todo un mundo. Le sonrió a Hono antes de bajar ligeramente la cabeza y fruncir el ceño. Era la primera vez que alguien agarraba su mano así y el gesto la estaba derritiendo por dentro. ¿Eso le gustaba? Por supuesto, pero también la asustaba… y mucho. Tuvo que levantar la vista cuando el ascensor avisó de la llegada al piso elegido y ambos se movieron hacia uno de los locales: Salón de Mon Cher.

Ella pudo reconocerlo de alguna de las revistas a las que estaba suscripta en Japón, era una cadena de tiendas de té, muy ambientadas en la idea distorsionada y romántica que solían tener los japoneses de París… Era delicioso, según las reseñas, y asquerosamente caro, según el cartel en la entrada que les daba la bienvenida.

Lo primero que pudieron ver al entrar era un gran mostrador para exponer las delicatessen que vendían. Un gran candelabro blanco hacia llevar la vista hacia arriba, pero terminaba siendo un poco opacado por los estampados de damasco y el mobiliario de estilo Luis XV.

Uno de los meseros, completamente trajeado de negro, se acercó hacia ambos y Eishi solo tuvo que pronunciar su nombre para que éste asintiese y los llevase a una de las mesas de mármol. El estudiante corrió la silla de Rivka para que esta pudiese sentarse cómodamente y la acercó a la mesa para poder ocupar el espacio frente a ella. La pelirosa se tomó unos segundos para admirar el lugar. Entre la agarrada de manos anterior y lo elegante que la hacía sentir el local ella estaba más que impresionada.

—Es un lugar lo suficientemente bonito como para traerte, ¿verdad, princesa? —La observó, al mismo tiempo que levantaba una comisura de los labios.

—Sumamente bonito, Ei… si sabía que ibas a traerme a este lugar te hubiese besado antes —Rio con suavidad mientras acomodaba un mechón de su rosado cabello.

—Bueno, quizá si me besas de nuevo luego podamos pactar otra cita, primor~.

La mirada seductora que le regaló a Riv hizo que esta última se sonrojase ligeramente con una expresión divertida.

—Todas las que quieras, Ei…

Cuando el menú llegó apenas unos minutos después ambos se medio enfrascaron en él. Había tantas opciones que Rivka no iba a ponerse de acuerdo ni con ella misma. Eishi pudo notar su descontento desde el otro lado de la lujosa mesa.

—¿Qué pasa, preciosa? ¿Por qué tan contrariada? —Dejó la carta sobre la superficie y estiró la mano por sobre la mesa para rozar los dedos con los de ella, llamando su atención.

—Ei, es que… —Bufó, ligeramente frustrada —No creo poder elegir, todo se ve y suena demasiado delicioso… no quiero perderme de nada —Bajó ligeramente las cejas y formó un pequeño puchero infantil. Hono creyó que podía morir en ese momento y sería feliz.

—Pero eso no es nada complicado, Riv… uno de todo va a estar perfecto, solo preocúpate por el té.

Encontrarse a él mismo sonriéndole con suavidad a la chica lo sacó un poco de onda en su interior… ¿desde cuándo hacía esto? Fuese lo que fuese había convencido a Riv ya que ésta asintió antes de volver la vista a las hojas, más decidida. Cinco minutos después ambos expresaron sus deseos al mesero y éste retiró los menús antes de alejarse.

Riv apoyó su codo izquierdo sobre la mesa para posicionar la barbilla suavemente en su mano, mirando al albino, completamente pacífica. No estaba aburrida ni mucho menos, más bien… fascinada.

Ambos se perdieron entre charlas tontas de colores favoritos o música y películas hasta que llegaron con su merienda: té de durazno blanco y fresa, una bandeja llena de pastelería y gelato y, para terminar, un expositor de tres pisos con miniaturas de más postres.

—Oh, Ei… todo se ve sumamente delicioso~ —Tomó una fresa para llevarla directo a su boca y la mordió con suavidad, sin despegar la mirada de su acompañante. Relamió sus labios antes de masticar con gusto y sonreír.

—Deberías dejar de provocarme así, lindura —Se removió ligeramente en la silla con una sonrisa. Agarró la tetera para servir en la taza de ambos para poder empezar a disfrutar los postres.

—No sé de qué hablas, Ei~ —Batió las pestañas suavemente para él, de manera inocente. Eishi casi se queda sin aliento —¡Oh! Estaría bien empezar a conocernos un poco más, ¿no? —Ante el asentimiento del peliblanco siguió hablando —Entonces debes de saber que tengo dos samoyedos… se llaman Miren journe y Maximus, ¿te gustan los perritos, Ei?

—¿Perros? Tuve muchos cuando era niño… pero no es algo que disfrute del todo, aunque les puedo tomar cariño.

—Estoy segurísima de que sí. Ambos son super adorables y cariñosos… Podríamos sacarlos a pasear juntos alguna vez, así empiezas a llevarte bien con ellos también~ .

—Y… ¿vivías con alguien más en Tokio?
—Mantuvo la mirada en ella mientras llevaba un pequeño trozo de roll cake a su boca.

—De hecho, no —Riv negó con suavidad —Siempre fuimos solo nosotros tres, pero no me gusta mucho hablar de ello… ¿Y vos?

—Oh, está bien… No te preocupes —Negó ligeramente. Tuvo que esperar a tragar para poder contestarle —Y yo sí… mis padres y mi hermano.

—No sabía que tenías uno, eso debe de ser entretenido —Le sonrió mientras llevaba la taza a sus labios.

—Bueno, algo así… —Revolvió suavemente su té, pensando en su gemelo —Y… ¿quién era el pelirrojo con el que estabas hoy?

Ante la pregunta Riv se enderezó un poco en su asiento y levantó una comisura, parecía ligeramente divertida.

—¿Por qué preguntas? ¿Acaso estás celoso, Hono?~ —Subió una de sus perfiladas cejas mientras canturreaba.

—No, ¿qué te hace creer eso? —Eishi pasó la seria mirada hacia ella —Solo me llamó la atención cómo me miró luego de nuestro beso.

Que él pareciese hablar en serio sobre el tema solo lograba que Riv se sintiese más divertida.

—Solo es Alexander, somos muy buenos amigos. Nos conocemos hace poco más de un año y somos vecinos. Suele ayudarme mucho a cuidar de Mimi y Max.

—Hmm… si vos lo decís
—No estaba realmente muy conforme con la respuesta y enterarse de ello no lo dejaba más tranquilo que antes, se notaba a leguas.

—Si te hace sentir mejor, a él tampoco le agradas mucho —El peliblanco frunció el ceño y ella rio con suavidad, tirando la cabeza ligeramente hacia atrás —Pero tranquilo, solo debes agradarme a mí.

—Mh… y, ¿te agrado, preciosura? —Ahora parecía mucho más interesado y había vuelto a sacar su sonrisa seductora.

—Oh, haces mucho más que agradarme, Ei~, pero ese ya es otro tema —Lo señaló con el tenedor antes de seguir disfrutando de la fina pastelería.

Cuando ya pocas cosas quedaban en las bandejas y la tetera estaba casi vacía ella volvió a la posición inicial.

—Entonces, ¿cómo se supone que sos tan asquerosamente rico, Hono? —Levantó suavemente una ceja, sonriendo. La pregunta no era malintencionada, más bien le generaba curiosidad.

Eishi verdaderamente no esperaba esa pregunta, pero tampoco le sorprendía demasiado. Le daba pie a sacar a pasear su lado presumido un rato y eso le agradaba, para renovar el aire.

—Herencia familiar, negocios… ¿Me creerías si te digo que soy dueño de microempresas? Puedo administrarlas mientras estudio, idea de mi padre —Le sonrió tranquilamente, como si no fuera nada extraño que un estudiante tuviese en manos el destino de cantidades inmensurables de personas.

Riv lo miró casi como si no entendiese de que hablaba. La había dejado ligeramente confundida y no pudo evitar fruncir suavemente el ceño. Suponía qué el albino venía de buena familia por como se movía y su forma de comportarse, pero que tuviese que “trabajar” para ello también le parecía extraño… Por un segundo se le pasó por la cabeza que estaba intentando comprarla.

—¿Creerte? ¡Por supuesto! Acabas de gastar miles de yenes en una chica a la que apenas conoces, —Se autoseñaló, todavía sin creerlo del todo —pero no vas a ganarme solo con dinero, Ei —Negó con suavidad. Usó su tono de broma, pero entre ello se escondía la verdad.

Eishi colocó los brazos sobre la mesa para inclinarse un poco más hacia ella, con la intención de observarla mejor. Los separaba solo la mesa, pero desde donde estaba pudo oler su perfume: dulce, con algo de jazmines. No pudo evitar sonreír.

—Creí que te había ganado con mi encanto, princesa —La miró directo a los ojos y ella sintió la garganta seca unos segundos antes de contestar.

“Keep it cool, Riv”. Rio con suavidad y cerró los ojos al mismo tiempo que tiraba la cabeza ligeramente hacia atrás.

—Lamento mucho ser la que comunique las malas noticias, Ei —llevó una mano a su pecho para agregarle un poco más de drama al asunto —Voy a romperte el cuento, pero falta muuucho para que eso pase, bonito.

El chico la miró con atención, inclinándose más hacia ella si se podía.

—Oh, ¿sí? ¿Y qué debo hacer para que eso suceda, Rivka?

Lovelace tomó aire mentalmente, estaba lista para dejarlo caer. No iba a dejar que sus inseguridades comiesen su cabeza, iba a dejarlo claro ahora. No estaba muy segura de ser directa con el tema o no. Eishi le gustaba, y le gustaba mucho, pero eso no quitaba que Alex tuviese razón… Se veía como ese tipo de chico que solo buscaban chicas para una cosa y Riv estaba completamente a favor de ello, pero quería saberlo. No podía entregar sus sentimientos a cualquiera y ya suficiente tenía con sentir las mariposas en el estómago.

—¿Para empezar? Tengo que ser la única chica de tus ojos, Ei~ —Le sonrió de forma coqueta al mismo tiempo que ladeaba ligeramente la cabeza.

—Bueno, —rio divertido gracias a las acciones de su chica —Eres en estos momentos la chica de mis ojos, Riv~ .

—Ese es exactamente el punto, Ei… debo de serlo siempre —Asintió con suavidad antes de bromear —Ya te dije que soy una chica de bien. El anillo está hecho, —Levantó la mano izquierda para darle más énfasis a la frase —pero también necesito tu compromiso —Le guiñó el ojo al chico.

Eishi tuvo que recalcular mentalmente, ¿por qué Rivka planteaba eso en ese preciso instante? No tenía mucho sentido… ¿de qué hablaba? La chica lo confundió.

—Oh... ¿no piensas que soy un hombre comprometido a lo que me gusta? —Colocó la mano como soporte de su cabeza, mirándola con intensidad. Ella mantuvo la vista en él sin problema.

—No es eso, Eishi. Si estás interesado en que sigamos teniendo citas yo no voy a andar jugando por ahí —Por primera vez en toda la tarde sonó seria. Era un topic importante para ella y para sus sentimientos —¿Planeas solo jugar un rato conmigo?

—Princesa, ¿por qué jugaría con vos? —Enarcó una ceja, perturbado por el repentino cambio que había dado la conversación.

—No está mal si es así, no me negaría a ello… solo quiero saberlo, Ei —Dejó de jugar con el mechón de su cabello instantáneamente —Si queres jugar, juguemos… pero si no es el caso, entonces deberíamos de ir en serio.

Eishi suspiró con suavidad.

—No voy a jugar con vos, Riv. No es como yo hago las cosas con la chica que me encanta, vales cada segundo que paso con vos —Mantuvo la mirada en ella mientras estiraba la mano hacia la de Lovelace por sobre la mesa.

Riv examinó su cara con la vista, buscando por cualquier pista que delatase la mentira del albino, pero no encontró nada. Frunció suavemente los labios y juntó la mano con la de su cita, presionándola con suavidad.

No podía sentirse completamente segura todavía, pero la charla había dejado ligeramente más tranquila. La idea de haber aclarado un poco las cosas con su pretendiente la relajaban. Se sentía con los ánimos para volver a bromear un poco más con él. Tenía que volver rápido a temas que la hacían sentir más cómoda.

—Y, una cosa más… Tenes que estar dispuesto a apretar mi cuello fuerte —Mantuvo la expresión seria.

—¿Cómo? —Eishi abrió los ojos por la sorpresa. No entendía como Rivka cambiaba tan rápido de tema sin que se le moviese un solo cabello.

—Me gusta mucho y también es importante que estemos en la misma página, ¿no? —Levantó suavemente los hombros, como si no fuese nada.

Eishi se sintió un poco fuera de tono, aunque sabía a lo que se refería.

—¿Acaso te referís al sexo?~ .

—¿A qué otra cosa podría referirme, Ei? No te pediría que me maltrates solo por amor al arte
—Lo miró con una expresión ligeramente divertida. Eishi ahora lo entendía: no tenía ningún pudor al hablar de cosas que la mayoría reconocería como vergonzosas o íntimas, pero se cohibía muchísimo al hablar de cuestiones más profundas o sobre sus sentimientos.

La sonrisa del muchacho se acentuó más cuando la escuchó hablando abiertamente de ese tema.

—Es curioso, princesa. No pareces del estilo de chica que se haya acostado con alguien antes.

—Oh, ¿no?
—Bajó la vista a sus manos para pasar las largas uñas por la suya —Y, ¿qué te hace pensar eso, Ei? —Volvió la mirada a él por entre las pestañas, mientras mordía suavemente su labio inferior.

—No lo sé —Se deleitó al sentir cémo lo tocaba, con clara intención —No lo pensé antes… Contame, ¿qué tan fuerte te gusta?

—Oh, sí... estoy segurísima de que no lo pensaste antes, Ei~ —Puso los ojos en blanco mientras mantenía una pequeña sonrisa —¿No lo pensaste cuando masajeaste mi trasero hoy temprano? —Batió las pestañas suavemente para él antes de jugar con sus dedos —Y no voy a contarte eso, vas a tener que descubrirlo vos solito... en algún momento —Le guiñó un ojo y él no pudo evitar reír divertido.

—Riv, ¿querés terminar acá y sentir lo que imaginé cuando apreté tu perfecto trasero?

—Ei ~
—Sonrió ligeramente, divertida —creo que es una propuesta bastante indecente para una primera cita... ¿no crees?

—Lo dice la chica que quiere que la ahorque —El albino le sonrió también —¿no crees que sería divertido?

—En ningún momento negué que pudiese sonar divertido —Levantó una de las comisuras de sus labios Convénceme, Hono.


Lazy Lazy








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Lazy

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Convenceme, Honō. Eishi sonrió pícaramente, por fin dejarían de lado todas esas babosadas sentimentalistas, el albino estaba comenzando a cansarse de todo ese asunto del cariño y la dedicación, para esos temas estaba el idiota de su gemelo. El cuerpo sexy de Rivka y la erótica imaginación del albino era lo único que evitaba el aburrimiento del muchacho, el tan solo imaginar lo que haría con ella en un par de minutos… Miró a su amante y le dedicó una mirada tan interesada como seductora. Riv sonrió, usando su mano como soporte.

¿Sabes? Me encantaría hacer un montón de cosas —se afincó en el borde de la mesa para que su tono seductor se escuchara con mucha más claridad—. Empezando por quitarte ese hermoso yukata para poder posar mis manos en tu lindo y redondo trasero —dijo sin despegar sus azulados e intensos ojos de los zafiros de Riv, la cual sonrió y rodó los ojos divertida.
Suenas casi desesperado, Ei~ ¡Qué adorable! Pero la verdad es que no hace falta que me quites la ropa para tomar mi trasero.

Tras escucharla, el flamante muchacho afiló la mirada y sonrió gustoso, ¿aquello había sido una invitación? Si era así, entonces no tenía razones para contenerse. Desde un punto de vista ajeno a la situación, Eishi Honō parecía un depredador ávido, deseoso por clavar sus garras y dientes en su apetitosa presa.

Tengo muchas ganas de ahorcar ese hermoso cuello mientras te arrincono y beso esos suaves labios que tanto me gustan.

Escucharlo decir esas palabras logró borrar la sonrisa risueña de la hermosa muchacha. Las mejillas le ardían y no tuvo de otra más que bajar la mirada por el sonrojo, presionando sus piernas juntas. Hasta ese momento sólo estuvo jugando un poco con él, pero ese comentario había llegado directo a la zona baja de su abdomen. Aclaró suavemente su garganta antes de levantar la vista hacia el albino.

Honō, ¿acaso no ves que estamos en un lugar público?
¿Eso no lo hace más interesante? —exclamó, confiado y colocando su barbilla en la palma levantada de su brazo derecho—. Imagina lo agradable que sería besarte mientras te tomo de los muslos, apretándolos con fuerza.

Riv tuvo que acomodarse un poco en la silla, enderezandose. Mantuvo silencio, jugando un poco con sus dedos. Su comentario la avergonzó, la idea le gustaba... pero ¿ahora? ¿Tan rápido? Creía que podrían tener un poco más de tiempo…

¿O crees que deberíamos llevarlo a un sitio un poco más privado?
Tranquila Rivka, tranquila ¡Tienes que mantener la compostura! ¡¿Qué te pasa?! ¡Es sólo un chico! No vas a dejar que te ponga en este estado, puedes con él… ¿verdad? —Pensó, tratando de mantener la compostura frente al chico frente suyo. Carraspeó un poco la voz y le miró—. Creo que sería lo mínimo que podrías hacer, Eishi —estiró una pierna por debajo de la mesa para acariciar suavemente la del chico, con suma suavidad.

El gesto fue una clara señal para él.

¿Quieres ir a la academia o quizá a algo un poco más cercano como un hotel?
… Tiene que estar bromeando, ¡¿Sólo le interesa mi culo?!. Sorpréndeme, Honō —sonrió con suavidad aunque la idea no le encantara del todo… ¿dónde se estaba metiendo?
Oh no, eso lo dejaré en tus manos —le sonrió interesado a la par que tomaba con suavidad la extremidad ajena que aún se rozaba con su pierna.

Rivka asintió y tragó suavemente, necesitaba un poco de aire para poder asimilar mejor todo lo que sucedía.

Vamos a un lugar cercano, así podremos caminar un poco y tomar algo de aire, ¿te parece?

La sonrisa victoriosa de Eishi fue algo que Rivka nunca antes había visto en el semblante de uno de sus pretendientes y eso fue razón suficiente para que se activaran sus alarmas. Su cabeza creaba dudas y cada una le advertía enormemente del peligro que corría si seguía por ese camino. No obstante, sus inseguridades se lograron filtrar a través de sus gestos y el albino, preocupado por aquella incomodidad, decidió tomar la mano de Rivka para entrelazar sus dedos.

¿Pasa algo, princesa?

Su corazón retumbó, ¿le decía? ¿Era el momento indicado para decirle a Eishi que temía enormemente por su corazón? ¿Cómo le explicaba que la idea de acostarse con él para que después desapareciese le aterraba enormemente? Tenía la oportunidad perfecta, no obstante, decidió no decir nada y buscar una excusa para protegerse.

¿Por qué preguntas? Sólo pensaba en mis bebés, llevan mucho tiempo solos…

Definitivamente no fue su comentario más inteligente y para intentar ocultarlo movió el pie más cerca de la entrepierna del chico, con la intención de distraerlo. Entrecerró los ojos antes de pasar su celular por aparato que tenía la cuenta de todo lo que habían consumido.

Te noto temerosa, Riv.
No se de qué estás hablando, Ei~ —acarició la mano del chico con suavidad para después jugar con sus dedos, todo con el fin de cambiar un poco de tema y relajar un poco la tensión del ambiente— ¿Sabes? Muero por un beso… —Alzó su rostro para observar a su chico.
¿Sólo eso? —Preguntó, sonriéndole confiadamente.
Mmm… —El albino casi pudo escuchar el suave ronroneo de la pelirrosa—. No lo sé.

Honō se levantó del cómodo asiento sin soltar la mano de su amante, rodeando la mesa por un costado para llegar a estar más cerca de Lovelace, tras eso, le dedicó una mirada interesada y… ¿cariñosa?

La verdad es que yo también quiero besarte, ¿nos vamos?
Por supuesto, Ei~ —se levantó con cuidado y alisó suavemente su yukata antes de pasar la mirada a él con una sonrisa.

A continuación, Eishi la tomó por detrás de su cintura para poder pegarla a ella y así poder hacer lo que tanto deseaba, besarla. No le importó que hubieran personas en el café observándoles con sorpresa. Ella sonrió suavemente contra sus labios antes de abrazarlo por el cuello, con la intención de pegar sus pechos. Para cuando terminaron de besarse, los mesoneros se encargaron de despacharlos con la gentileza que se le caracterizaba.

¿Ves, Eishi? —Rio con suavidad mientras se abrazaba suavemente a su brazo—. Me haces quedar como una indecente.
Claro, como si tú no lo hubieras deseado —besó su frente mientras tomaba el ascensor, deseoso de ir a un hotel para poder hacer lo que tanto quería.
Debo de admitir que es toooodo tu culpa —levantó una comisura, divertida.
¿Qué cosa es mi culpa?
Que yo tenga tantas ganas de besarte.
Explícame cómo eso es mi culpa —exclamó sonriente mientras bajaba del ascensor junto a ella.
Oh, Ei~ pero si eso es muy simple de ver... estas buenisimo —le sonrió grande y sin dejar de caminar por la transitada e iluminada calle.

Eishi sonrió, no podía negar que aquel cumplido dicho por semejante chica le subió el ego hasta la luna.

Yo opino lo mismo de ti, Riv.
Lo tengo muy claro, lindura. Sino no hubiésemos salido hoy~.
Oh, ¿piensas que sólo estoy interesado en tu físico? —comentó con un tono falso de comedia, sabiendo muy en el fondo que debía cuidar sus palabras y jugar un poco con la situación.
Sé que es muy fácil que los chicos se interesen en mi físico... y por eso mismo no voy a dejártelo tan fácil, Honō.
Bueno, qué te hace pensar que soy como el resto —le sonrió, a pesar de que se sentía un poco presionado.
Bueno, que te guste como me veo no excluye que pueda interesarte mi personalidad —rió con suavidad. No iba a asegurar que su forma de ser le interesaba, porque estaba casi segura de que no era así.
La verdad es que quiero conocerte bien —le comentó usando su tono seductor de nuevo y arrinconándola contra la entrada de un callejón vacío—, babe~.

El Dulce apodo la hizo sonreír al mismo tiempo que sus piernas temblaron con suavidad... maldición, ya estaba jodida.

Qué Bueno que nada nos lo impide, Ei... —llevó las manos suavemente a su pecho, mirándolo por entre las pestañas e inhalando con intensidad la colonia del muchacho.

La vela pasó su mano por la mejilla ajena y la acarició con dulzura antes de que su otra mano se posara muy cerca de su muslo derecho.

Vamos, Eishi... todos sabemos que queres hacerlo —tomó la muñeca del chico para llevarla directo a su nalga antes de sonreírle ligeramente.
Riv... —le sonrió antes de apretarlo con fuerza y comenzar a devorarle el cuello—, hay un hotel de lujo cerca... pero si haces esto no creo que pueda soportarlo.
Bonito... —Rió tontamente antes de llevar una mano a su cabello, para enredar ahí los dedos—. Vas a tener que soportarlo, porque no pienso dar más puestas en escena en la vía pública~ —lo alejó con suavidad por el pecho mientras mordía su labio inferior con suavidad.
Me parece bien —le tomó la mano de nuevo—, continuemos.

La copiona jugó con los dedos de su acompañante durante todo el camino, pero eso no ayudó a relajar el nudo en su estómago. Apenas entraron a la recepción del hotel, Rivka pudo observar un lobby tan lujoso que no pudo sorprenderse. Eishi pagó la habitación y volvió por la chica.

Piso seis, habitación nueve.

Lovelace asintió nerviosa y divertida a la vez previo a tomar el elevador que los llevaría al piso asignado por la recepcionista. La puertas metálicas se abrieron y ambos comenzaron a caminar por el hermoso pasillo blanco. Al llegar a la puerta, bastó con pasar una tarjeta llave por el lector para que pudieran entrar a la habitación. Rivka miró todo a su alrededor con curiosidad. Pareció relajarse al notar que era más de estilo occidental... al menos tenía una cama de verdad.

Lindo —comentó Eishi al observar la habitación.
Mucho, aunque no podíamos esperar menos con ese lobby… —Su corazón latía con fuerza, ¿aún tendría tiempo de escapar?
Sí... —Rápidamente le tomó de la cintura y la apegó a él con brusquedad.

La chica en sus brazos soltó una pequeña queja y lo miró con los ojos bien abiertos, la había tomado completamente por sorpresa.

Babe... —Repartió varios besos por el rostro de su chica, concluyendo su acción en el cuello perfumado de Rivka.
¿Mh~? —Volvió a enredar los dedos en su cabello y ladeó la cabeza para darle más espacio.

Honō no respondió por la concentración que tenía en el suave y perfumado cuello de Lovelace, a su vez, el llameante albino se centraba en desamarrar la cinta del yukata rosa.

Uh uh~ —llevó las manos a las suyas para entrelazarlas—. Tranquilo... nadie nos apura, Ei.

El chico bufó, lamiendo con suavidad. Tenía razón, nadie los apuraba a disfrutar del momento, sin embargo, Eishi estaba tan deseoso. Por su parte, Riv soltó un pequeño sonido de gusto al sentir la lengua de Eishi contra su cuello, no pudo evitar pegarse más a él. ¿Cómo iba a pararlo si ella también lo quería? No lo sabía, pero tuvo para regocijarse cuando sintió la lengua de su cita pasar por su clavícula, dejando un rastro de su cálida saliva en su piel.

Como no podía desvestirla todavía, Honō se dio a la tarea de levantarla por los muslos y pegar la espalda de su amante contra la pared.

Estúpido yukata —se quejó entre gruñido después de no poder rodearlo con las piernas gracias a la prenda.
¡Je! ¿Quieres que te ayude, babe~? —Exclamó satisfecho mientras le miraba desde la altura de sus pechos.
Sinceramente preferiría que te calles y me beses, Honō —exclamó, inflando las mejillas. Levantó uno de los lados de la pesada tela para dejar su pierna al descubierto y poder lograr su cometido, no iba a darle el gusto.

Sonrió gustoso de escucharla y le besó con mucha más pasión que en la mañana, iba a divertirse y de eso no cabía duda alguna.

La fémina llevó las manos directo a sus mejillas mientras le correspondía el beso, logrando removerse lo suficiente como para rodearlo con la otra pierna, pero el movimiento seguro no había hecho otra cosa más que animar al muchacho, quien mordió suavemente el pecho de su chica por encima de la ropa como respuesta.

Uhh... Rivka, creí que yo era el impaciente —exclamó emocionado mientras comenzaba a menear su cintura hacia adelante.
Lo siento, Ei —gimió con suavidad, bajando una mano a su abdomen para qué dejase de moverse—. Solo quería tenerte un poco más cerca... mucho más cerca.
Eso es jugar conmigo, Riv —dicho eso, Eishi irguió su pecho, tomó su mano y comenzó a besarla, todo sin dejar de usar su mirada penetrante en ella.

Los ojos de la cumpleañera se abrieron como platos y sus labios se fueron despegando paulatinamente por la sorpresa, el gesto la había dejado sin aliento. Rivka pensó por un segundo que Eishi sabía lo que hacía y su pensamiento se vio reforzado tras sentir nuevamente el vaivén lento de las caderas del chico. Lo único que pudo hacer fue llevar la mano a la mejilla del albino para poder atraerlo y así juntar sus frentes. Honō e imitó y acarició con dulzura su mejilla sonrojada antes de besarla con pasión, gesto que Rivka correspondió mordiéndo el labio inferior con suavidad.

Fue entonces cuando Eishi decidió tomar la mano de su compañera para dejarla en el bulto que tenía en la entrepierna, ignorante de la reacción que esa acción había generado en la chica. La copiona siguió el beso con normalidad y frotó su mano con suavidad contra él, pero sus pensamientos solo iban y venían entre lo que había hablado con Alexis y lo que realmente quería.

¿Podemos movernos a la cama, Eishi? —Murmuró contra sus labios antes de apretar su entrepierna con suavidad, para llamar un poco más su atención logrando como consecuencia que Honō suspirara.
Claro, princesa —la cargó con el mismo cuidado con la que la dejó en la cómoda cama. Al dejarla reposar, Eishi se quitó las mangas de su yukata para tener un poco más de movilidad, dejando su pecho totalmente desnudo.

Desde que se deshizo de la mitad de su ropa no pudo despegar la mirada de su abdomen. Rivka llevó una mano hacia él casi hipnotizada, con la única intención de sentir la piel contra la yema de sus dedos.

Honō rió divertido al observarla y sentir la fría pero suave mano de su chica.

¿Te gusta lo que ves?
Guarda silencio, Honō. Puedo ver tu ego desde acá abajo —expresó, rodando los ojos con un deje de fastidio y copiando su quirk con la intención distraerlo sobre lo embelesada que estaba gracias a su abdomen tonificado.
Qué linda llama azul haces, Riv. Me encantas —al escucharlo, Lovelace no tuvo de otra más que sonreír suavemente.
¿De qué hablas, tonto?... me alegra encantarte, pero tu tiempo arriba acaba de terminarse —le sonrió antes de llevar las manos a sus hombros y girar sobre la cama para dejarlo debajo de ella.
¡Wow! —La forma en la que le hizo cambiar le gustó, por lo que sonrió sin reparo al tenerla sobre él.
Y tienes permitido tocar, pero no te pases —le guiñó al mismo tiempo que tiró su cabello sobre el hombro—, porque yo estoy al mando.
¿Ah sí? Entonces enséñame qué puedes hacer?
Claramente tengo permiso para todo, así que te aguantas —se inclinó hacia él para pasar la lengua suavemente sobre sus labios antes de moverse para succionar en el lado izquierdo de su cuello.
Ah... Riv... —Lovelace sintió cómo se le erizaba la piel al muchacho mientras que éste posaba sus manos en sus glúteos.

La susodicha apenas levantó un poco la cabeza para mirarlo unos segundos antes de volver a su cuello. Mordió, succionó y besó todo el camino hacia su pecho, sin perder la oportunidad de acariciar su costado... o más bien rasguñarlo. Complacido, Eishi no perdió el tiempo y metió sus manos por debajo de la yukata rosada"

Ch ch, Eishi~ —alejó sus manos con suavidad, sonriendo un poco contra su piel—, eso es sobrepasarse.
¡No jodas!... ¿Entonces? ¿Qué puedo hacer, princesa?
Mantener las manos dónde quieras y los labios ocupados —unió sus labios una vez más antes de bajar las manos por su abdomen, dejándolas justo al final de éste.
Donde quiera, ¿eh? —pensó, colocando sus manos en el pecho de su chica.

El gemido suave que soltó la pelirrosa contra sus labios fue como música para sus oídos, animado y deseoso por volver a escucharla, Eishi Honō se dedicó a apretar los senos de su amante con una intensidad excitante. Quizás Quizás no era la primera vez que hacía ese tipo de cosas, pero sí era la primera vez que se sentía tan... extasiado. Cuando sintió el agarre de la chica sobre su miembro erecto, sonrió complacido. Tal vez Rivka podría seguir nerviosa, pero no podía ignorar el placer que le generaba tener las firmes manos del muchacho sobre ella.

Riv... —suspiró, sintiendo ese calor tan agradable que le provocaba el tacto.
Ei... más fuerte —las palabras salieron de su boca más rápido de lo que pudo pensarlas. Sabía que si lo tenía exactamente como quería no iba a poder negarse, pero había perdido el hilo de sus pensamientos hacia un tiempo.
¿Así? —Apretó con fuerzas sus dos senos— ¿O así? —Los giró un poco, aplicando la misma cantidad de fuerza que la primera vez. Quería escuchar ese ronroneo de nuevo, como también quería escucharla decir su nombre.
Mmh~ —cerró los ojos antes de gemir—. Así, Ei —lo presionó también en respuesta.

Ambos parecía disfrutar la intimidad del momento, el placer que se generaban mutuamente con cada roce, beso y palabra que se dedicaban. Rivka llevó las manos al cabello plateado de Eishi mientras rozaba su pelvis contra la de él, suspirando de placer en el oído ajeno. Por su parte, Honō posó sus palmas en la cadera de la chica e imitó el ritmo con el que su amante se meneaba.

Ei… —Suspiró, sabía que si no se detenía no habría forma de echarse para atrás. Se detuvo en seco previo a erguir su torso para poder mirar al hombre debajo de ella.
¿Riv?
Yo... —acarició la mejilla de Honō con suavidad—. Se va a hacer tarde, deberíamos volver… —Anonadado por lo que escuchaba, Eishi preguntó:
¿No quieres seguir? Puedo llamar a alguien para que nos lleve.
Yo... no —negó ligeramente—. Si te doy todo lo que quieres ahora, ¿dónde está lo divertido? Vas a tener que aguantarte, Ei~ —concluyó, besando su mejilla con suavidad antes de levantarse con cuidado.

La cara de Eishi era un poema, ¿en serio le iba a dejar con el pene erecto? No podía creerlo…

No pongas esa cara, tenemos que irnos, bonito.

El usuario de llamas suspiró, no valía la pena hablarlo ni mucho menos discutirlo, después de todo, era el cumpleaños de la princesa. Sabía que si se ponía quisquilloso, la perdería. La miró y se acomodó sus ropajes para luego tomarle la mano con cariño. Aunque no estaba contento del todo, Honō no podía negar que esa sonrisa en el semblante de la pelirrosa le transmitió una calidez que, si bien no era la misma que el coito le producía, le hacía sentir bastante bien.

¿Vamos, Ei? —Preguntó, apoyando la cabeza en su brazo, jugando suavemente con sus dedos.
Sí, vamos... —respondió, abriendo la puerta de la habitación—. ¿Puedo decirte algo?
¡Oh! Por supuesto —pasó toda su atención a él.
Sigo queriendo hacertelo —le miró antes de besarla con pasión.

La acción de Eishi fue suficiente como para que Rivka perdiera la noción de todo el espacio, ¿acaso no había sido suficiente ya? Pensó, centrándose en los labios de su querido albino y subiendo una mano desde su pecho hasta su mejilla, apegándose a él. Sabía que tenía que aguantar, pero su entrepierna ardía cada vez más con cada segundo que pasaba. Sintió cómo Honō intensificaba aún más el beso. Estaba perdiendo el ligero control que había ganado tras detener a su compañero de clase en la habitación, las piernas le temblaban haciendo el quedarse de pie como toda una hazaña; por suerte, Honō la sostuvo de la cintura cuando sintió que sus labios se separaban por unos míseros milímetros.

Realmente necesitaba tomar algo de aire, pero no estaba dispuesta a terminar con el beso, amaba como sus lenguas danzaban salvajemente. Tenía la ligera impresión de que Eishi se controlaba demasiado para no terminar de desnudarla ahí en el pasillo. Cuando ya no pudo respirar se alejó ligeramente de él. Ni siquiera pudo mantener los ojos bien abiertos, pero el albino alcanzó a distinguir que ya no eran tan azul brillante como siempre, se habían oscurecido algunos tonos. Su respiración se había agotado completamente y la sangre fue directamente a sus mejillas... de un segundo a otro estaba muriendo de calor.

¿Estás bien, babe~? —No hubo respuesta de la chica, por lo que decidió acercársele para ver si realmente se hallaba bien.

Tuvo mucho para sorprenderse, pues Rivka tiró de su ropa para volver a besarlo con necesidad, sintió como arrugaba el tejido en sus manos para pegarlo más a ella al mismo tiempo que recorría todo el interior de su boca con la lengua. Los dos se tomaron el tiempo necesario para saborear cada centímetro de la boca del otro. Toda la piel de la chica se había erizado y su cabeza daba vueltas, pero poco parecía importarle pues no parecía querer alejarse ni un mísero centímetro… la boca del albino sabía muy bien.

La saliva chorreaba de entre sus bocas, chorreaba y recorría sus cuellos hasta empapar los bordes de sus telas y aún así, parecía no importarles. Eishi se deleitaba con las acciones de su chica, siendo sinceros, nunca antes había sentido tan grado de éxtasis... le encantaba, Rivka le encantaba...

La pelirrosa se alejó finalmente de él al escuchar que alguien venía por el pasillo. Llevó una mano a la comisura de sus labios para poder limpiar un poco la saliva, aunque no sirviese de mucho. Mantuvo una pequeña sonrisa de gusto mientras lo observaba, satisfecha con haberlo dejado aún más excitado.

Riv... ahh... ¿qué...? —Apenas y podía pensar.
Sabes demasiado bien, Ei... no pude resistirme tanto —apenas murmuró mientras acomodaba la yukata con cuidado.

Tras eso, Lovelace y Honō no se dijeron nada hasta que estuvieron más tranquilos en el taxi camino a la academia y no porque no quisieran, sino porque ambos pensaban en cómo ocurrieron los acontecimientos de esa tarde.

Para cuando llegaron al edificio que les correspondía. Ambos se despidieron con la promesa de volver a salir y pasar un buen rato como ese día.


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