Original Fic (FF. OC.) Locura con los programas (Comedia)

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Que grande esa ArGatomon, pero hay que admitirlo, es una masoquista de primera XDXDXDXD.
Etiquetaste mal a Luigi Yagami (es Luigi, no Luis).
Y bueno, no se, puede que sea lo de la Adivina, pero Cody me cae de la patada. Aunque si quieres, dále un punto mío a TK, que ni aparece.
 
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Quiero tener un esposo que tenga poder en algún territorio, que los demás le obedezcan, que sea bueno en la cama, que sea guapo, fuerte y valiente. Y que me pegue también, que me pegue cuando vea que miro a otros digimon, así me demostrará sus celos, que me pegue cuando lo necesita. ¡Qué tenga poder sobre mí!
Y decian que en mi fic, Ranamon era sadomasoquista a comparacion con esta gata, se queda corta. Y de paso se quiere violar a Gallatmon, hija de su !$#"%!&$!#"

Dracomon es burlesco, valiente y muy bueno en la cama, pero sólo tiene poder entre las mujeres, y eso no me gusta. Patamon es… es un amigo gay con el que puedes relajar tensión sexual y hablar de tus problemas.
La pura verdad (al menos en tu fic XD)
 

PataGato Fan #1
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A parte de él habrá otro. Ah, y que nadie se espere que sea Black.
Mientras no sea Patamon todo bien. Ya Patamon tiene suficiente con lo de ser alcoholico. Ademas el esta muy enamorado de Gatomon y no tendría sentido que se tomara todas esas molestias de planear y conseguir aliados solo para que resulte que es gay o.o

Yo le voy mas hacia Hawkmon, digo solo hay que ver como se la pasa con el espejo y su forma de comportarse en este fic si que tira para que resulte que el es gay XD
 

Soncarmela

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Les traigo aquí lo que viene a ser la penúltima parte de las vidas del grupo de Gallantmon. Me quedan todavía algunas, pero por lo menos puedo traer estas dos y media. Puesto que la de Matt no la terminé – entenderéis por qué al finalizar el capítulo -, ya que hubo un desprovisto para el gurrero carmesí. Por otro lado, espero que estas vidas os hagan reír y sigan pareciendo igual de estúpidas y divertidas que las anteriores.

Esta semana estoy plena de exámenes y la próxima también, por eso he pensado cortar esta mitad del capítulo y actualizarla. Cuando tenga vacaciones de Fallas y Pascua, me pondré a escribir e intentaré adelantar lo máximo posible. Ya que pongo ahora este capítulo, escribiré Batallas en la Tierra – con suerte, ese fic lo tengo más ordenado y es menos complicado; será que la comedia no es mi punto fuerte -, y pondré el siguiente capítulo pronto.

No tengo nada más que decir. Contesté a los comentarios hace una semana, creo, por tanto está todo dicho. Disfruten del capítulo, amigos.

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Capítulo 8: Dos pasos para llegar a la idiotez (Parte 2/4) Grupo de Gallantmon, (Kari, Argatomon y sorpresa de Matt)​



Kari no tardó entrar a la habitación. Quería escapar de Yolei, que estaba enfadada por lo que había sucedido con Yolei, y sobre todo, no quería estar delante de Matt, puesto que éste seguía intentado mantener una relación íntima con su muñeca. Le daba nauseas. Y no sólo a ella, también al resto de sus compañeros, pero ninguno quería decirle a Matt lo que pensaban al respecto, porque ya se lo habían dejado claro, y repetirlo de nuevo sería una pérdida de tiempo. Sin embargo, el que de verdad estaba harto de esa situación, era Gabumon, que desde que llegó a ese mundo habría imaginado que podría estar con su compañero humano, y ahora comprobaba, que no sería así, ya que Matt prefería besarse con una muñeca de plástico antes de prestar atención a sus amigos reales.

Gallantmon la saludó con un movimiento de la cabeza y le pidió que se sentara en el sofá. Kari así lo hizo, tras observar la sala con atención.

—Bueno, Kari, me gustaría hacer esto rápido —dijo el digimon, escribiendo su nombre en la libreta—. Si quieres que te sea sincero, estoy algo cansado. Si las siguientes vidas van a ser como la de Gabumon o como la de Yolei, creo que no podré aguantarlo más. Me estáis empezando a dar miedo. No sois normales.
—Nadie es normal —contestó la chica, encogiéndose de hombro.
—Sí, claro, nadie es perfecto, pero vosotros vais más allá de eso —aseguró—. Cuando me hablaron de los elegidos, pensé que… que seríais diferentes. Pero estaba completamente equivocado. Aunque sólo estoy entrenando a este grupo, sé lo que pasa en los otros, ya que los jefes nos reunimos todas las noches para hablar de lo que sucede cada día. Y por eso te digo que ninguno de vosotros parece venir de la Tierra.
—Gallantmon, he entrado aquí para hablar de mi vida, no de lo que piensas de nosotros en general —observó Kari, sin alzar la voz—. Pero si quieres hablar de mis amigos, prefiero hacerlo bajo otro punto de vista.

El guerrero carmesí no supo a qué se refería la muchacha, pero se había sorprendido con lo dicho antes. Desde que empezó con ese grupo, había visto en Kari una chica sencilla, débil y que no se metía en problemas. Después de hablar con sus amigos en el bar, había descubierto que en realidad le gustaba bastante la diversión y que en un futuro tardaría en tener una pareja formal porque, al parecer, primero le gustaba probar entre todos los amigos de su hermano y los suyos propios.

Pensó en ello. La vida de Kari atrasada no sería tan interesante como el futuro, sin embargo, no podría preguntarle a ella sobre eso, puesto que no sabría contestar. A lo mejor sí, pero el guerrero dudaba. Según había descubierto, el hermano de la chica se había sorprendido al saber cómo era su hermana en realidad, pero ella no había dado indicios de ser de esa manera, al menos por ahora. Gallantmon la había escuchado susurrar que buscada un príncipe azul, como una chica tonta que sueña con los cuentos.

Era por eso que, cada vez que intentaba evocar a Kari cinco años después, no podía verla como una zorra que no le importaba lo que pensaran los demás, pero que utilizaba a los hombres para después evaluarlos con sus amigas. Decidió que lo mejor sería hacer preguntas directas, hablar con ella, en vez de pedirle que le contara un poco de vida, porque sabía que no encontraría nada extraño en su vida cotidiana. Al menos que le hablara de Tai, pero aquello era trabajo de Apollomon

—Mmm… ¿Quieres que hablemos de los príncipes de los cuentos?

Aquella pregunta le hizo volver a la realidad.

—¿Perdón? —Frunció el ceño—. ¿Qué tema sería ese para hablar? —Negó con la cabeza—. No, estamos aquí para saber un poco más sobre ti. Sé que vosotros me vais a hacer preguntas muy íntimas de mi vida, pero no por ello voy a hacer lo mismo. Sin embargo… no voy a pedirte lo mismo que a los dos anteriores, porque contigo quiero hacer otra cosa.
—¿De qué estás hablando? No tengo ni idea de qué has hecho con Gabumon y Yolei.
—Ah, cierto; parece que esos dos no quieren hablar de lo que charlaron conmigo —lo meditó durante unos segundos—. Eso significa que su historia les afectó de alguna manera. En fin… Estamos aquí para hablar sobre ti. Adelante, ¿quieres decirme algo que no te guste de tu vida?
—Mi vida es perfecta. Mi hermano puede ser algo pesado…
—¿En qué sentido? —interrumpió el guerrero carmesí, señalando con el bolígrafo.
—No deja que me acerque a ningún chico. Aunque luego es el primero que quiere hablar de chicos conmigo —se calló durante unos segundos—. Yo creo que es homosexual.
—¿En qué te basas para decir eso? Que hable de chicos contigo puede significar que quiere saber qué tipo de hombre buscas, para así… eliminarlo —río.
—Puede ser. Pero también descarga imágenes de chicos en internet y me las enseña, para después preguntarme que pienso de cada uno, que me parecen sus cuerpos, su rostro, sus brazos, entre otras cosas.
—¿Y cuándo comenzó a preguntarte eso? —curioseó Gallantmon, cada vez más extrañado.
—Desde que encontró mi diario y leyó la parte de chicos —contestó, divertida—. Su cara era un poema.
—¿No te cabreó que lo estuviera leyendo sin tu consentimiento?
—En realidad, me daba lo mismo. Porque el diario estaba a la vista de cualquiera. Pero mis padres no les interesaba, sin embargo, Tai siempre quería cogerlo. Claro está, yo, para crearle más ansiedad, nunca le dejaba. Un día, dejé el diario, “accidentalmente”, en la habitación de mi hermano y me fui de la casa durante dos horas; sabía que él llegaría del entrenamiento de fútbol en treinta minutos. Y bueno, después volví.
—¿Cómo reaccionó tu hermano? —se interesó.
—Pues… —evocó la charla que tuvo con su hermano ese día.

Kari cerró la puerta de la casa con la pierna, par que sonara. Quería ser escuchada. No tardó en notar como la puerta de la habitación de su hermano estaba entreabierta —ella la había dejado cerrada antes de marcharse—, y que dentro de ella se escuchaba algunos susurros: alguien estaba leyendo; su hermano tenía la costumbre de alzar la voz cuando leía algo. Aquello molestaba cuando estaba alrededor de gente que estudiaba o veía la televisión, aunque en esos momentos a Kari le gustó saber que lo estaba leyendo.

—¿Tai…? —llamó, entrando en la habitación.

Cuando su hermano la escuchó, le tiró el diario. Kari lo cogió al vuelvo, aguantándose la risa. Se llevó las manos detrás y sonrió de manera dulce, tratando de apaciguar a la bestia que estaría despertándose poco a poco en el corazón de su hermano mayor.

—¡Hikari Yagami! —Bramó, acercándose a ella y señalándola con un dedo—. Dime ahora mismo que lo escrito en ese diario lo has hecho adrede para hacerme enfadar.
—¿De qué fecha estás hablando exactamente, Tai? —preguntó ella, ojeando su diario—. Porque creo que sólo lo último fue para que lo leyeras hoy.
—¿Qué? ¿Sólo lo que decía: “y ahora quiero ver una película subida de tono” era para que lo leyera? —Respiró hondo—. De acuerdo, me quedo un poco más tranquilo con eso.
—Ah, entonces me voy.

Tai tardó un poco en volver a la carga. Antes de que Kari saliera por completo de su habitación, la cogió del brazo, y con la otra mano que tenía libre, volvió a recoger el diario.

—No, no, te quedas aquí. Tienes muchas explicaciones que darme.
—¡Hermano, ya soy mayorcita! —protestó ella.
—¡¡Todo lo que hay escrito aquí no debería ser de una niña como tú!! —replicó él, pasando de hojas rápidamente—. No me puedo creer que mi hermana sea así… De verdad… hubiera deseado que fueras una chica corriente, más allá de ser una elegida y tener un compañero digimon, que fuera al colegio sin… sin fijarse en chicos tan… pronto.
—Tai, tengo dieciséis años —dijo ella, bostezando de aburrimiento—. Ya no soy una niña.
—¡Sigues siendo mi hermana pequeña! Y puedo aceptar que te fijes en un chico… ¡En un chico! ¿Pero en todos? Es que no tienes ni buen gusto.
—Ah, ¿pero qué tú también te has fijado en ellos y sabes cómo son físicamente? —Abrió los ojos al máximo—. Hermano… No me esperaba esto de ti…
—¡Ni se te ocurra decir esa estupidez, jovencita! Tu hermano es muy macho, que lo sepas.
—Y dale, que no soy una cría —bufó.
—Mientras que vivas bajo este techo, serás menor que yo… y tendrás que aceptar mis órdenes. ¡Una de ellas es que dejes de pensar en todos esos chicos!
—¿Estás escuchando lo qué dices? ¡Pareces papá cuando habla contigo!
—Pues ahora me doy cuenta que tiene toda la razón. Y cállate, que quiero encontrar la parte que más me ha sorprendido y aterrado a la vez.
—Mmm… ¿No debería estar yo enfadada de que leyeras mi diario? —murmuró.
—¡Silencio!

Kari se acomodó en la cama, a sabiendas que su hermano tardaría un buen rato en encontrar la hoja indicaba. Estaba segura de la cual se refería, y estaba bien escondida, puesto que el comentario que habría interesado a Tai, sólo salía un momento, y en mitad de uno de las páginas. Y no era por insultar a su hermano mayor, pero era un poco lento leyendo, ya fuera una revista, un mensaje mandado por un amigo, o las noticias que salían en televisión. Lo peor era escucharle leer en voz alta.

La chica tuvo que escuchar la mitad de su diario en palabras de su hermano. Seguía sin sentir enfado por el hecho de que Tai la estuviera reteniendo para exigirle explicaciones sobre su diario, cuando era algo íntimo que ella había escrito para que nadie le echara un vistazo, y sin embargo, ahí estaba su hermano, ojeando sin ningún pudor, y encima delante de sus narices. Si lo pensaba, era de lo más estúpido.

—¡Aquí está! —Exclamó su hermano, triunfante, como si hubiera encontrado un país—. Léelo, vamos, hazme irritar de nuevo.
—Si me pasas el diario, por favor… —Tai se lo entregó—. Veamos… —comenzó a leer—: “Yolei ha comenzado a hablar ella sola. Mira a un árbol y le cuenta que soñó la noche anterior. Al principio me asustaba de su comportamiento, pero ahora, hasta lo encuentro normal. A veces la envidio, porque yo no puedo hablar de lo que me interesa de verdad con nadie, mientras que ella, coge el estuche y le susurra en la cremallera como si fuera su oreja” —se calló—. ¿Esto era lo que quería que leyera? No sabía que te enfadara que pusiera cosas de mis amigas.
—Ya sé que Yolei es rara, lo demuestra cada vez que está en casa y grita cuando pongo nata de bote en el plato. Según ella estoy expulsando su sangre… —se interrumpió—. ¡No me cambies de tema! Continúa leyendo, hasta que termines la página.
—Vale, vale —volvió su mirada a las palabras escrita en su diario—. “El otro día, mientras que Yolei y yo estábamos sentadas en el banco del recreo, se acercaron Davis y TK. Hablaban de un partido de fútbol, y Yolei, como muy a menudo, le decía cosas a su mochila. Creo que incluso la beso, no estoy segura. Aunque le ha puesto el nombre de Jeremy, por lo que debe ser una mochila masculina para ella. Nadie quería charlar conmigo, por lo que me entretuve observando a los chicos. Había tres en un árbol, escondiéndose del sol. No sé de qué hablaban, ni que iban a hacer más adelante, pero… por primera vez, me interesaron…”
—¡Conozco a esos chicos! —interrumpió su hermano, enfadado—. ¡Tienen cuatro años más que tú! Y encima eso no es lo peor, no es lo peor… —casi lloró—. ¿Qué he hecho yo para merecer esto, Hikari?
—¿Puedes dejar de hablar como papá? ¿Puedes déjame leer? ¿Puedes dejar de interrumpirme a cada rato? ¿Puedes dejarme vivir como yo quiera?
—¡Si vivir como tú quieres es perjudicable, pues no, no te dejaré! —declaró él.
—Pero si no he hecho nada —replicó Kari, cansada.
—¡Lo has pensado, que es mucho peor!
—¡Bueno, basta ya, tú sales todos los fines de semana a una discoteca y no digo nada! —Cogió el diario con fuerza—. Y déjame leer. Ya que quieres hablar de lo que viene ahora, pues hablemos. No tengo ninguna vergüenza de lo que pensé ese día y… de lo que sigo pensando.
—Mi hermanita… Mi hermana pequeña —Tai se limpió una lágrima indiscreta—. Debí educarte mejor… Lee, por favor…
—Ay, Tai, que melodramático eres —suspiró—. A ver… por donde me he quedado —apuntó con la yema de los dedos la última palabra que había leído y prosiguió con la lectura—: “Lo extraño, es que no me interesó su físico, ni su rostro, ni nada que se vea directamente. Lo que de verdad me imaginé, fue como sería cada uno en la cama, quién lo haría mejor, y después me sentí mal, porque si descubría eso, no podría comentarlo con nadie. ¿De qué me sirve entonces? Tendría que esperar unos años, para crecer, hacerme más guapa y así evaluar a los hombres sexualmente… Ya sé… ¡Me dedicaré a ello! ¿Hay algún trabajo de esto? No sé, aunque tal a algunas mujeres les interese. Incluso podría escribir sobre ello. Claro está, como experiencia propia. ¡Pienso acostarme con todos los hombres del mundo!

El muchacho lloró y después se desmayó. Tuvo suerte caer hacia atrás, en la cama. Kari no pudo aguantarse la risa.


—Así que… eso fue lo que asustó tanto a tu hermano —murmuró Gallantmon, cuando la elegida finalizó.
—Exacto. Y no sé por qué se puso así —bostezó—. Después de todo, no iba a ser la misma chica de siempre.
—Eso es seguro, pero he leído el historial de cada uno, y tu cambio… ha sido el más radical de todo —escribió en la libreta—. Y, en fin, no sé qué pensar. Eso de que de repente te fijaras en los chicos de esa manera tan… tan extraña. ¿Has tenido novio alguna vez?
—No.
—¿Y ya estás pensando en ir a la cama con todos los hombres?
—Sí. Yo no lo veo tan raro. Ya te lo he explicado: quiero escribir sobre mis experiencias. Así las mujeres lo tendrán más sencillo a la hora de elegir.
—Mmm… No todas las mujeres se van con un hombre por eso… —murmuró.
—Ah… ¿Sakuyamon es de esas? —Río—. Eso quiere decir que no eres muy bueno en la cama.
—¡No he querido decir eso! —exclamó, herido en su orgullo masculino—. Bueno, creo que hemos terminado. No sé cómo tratar tu problema.
—Yo no lo veo como ningún problema, es algo que acepto; y además me gusta.
—Pero si no has tenido novio, no has podido acostarte con alguno todavía.
—No, no lo he hecho, pero estoy completamente segura de que me gustara —sonrió con picardía—. Lo que no sé es con quien empezaré. Aunque sí tengo algún objetivo.
—¿Cuáles objetivos?
—Ah… Pues los que están cerca de mí. Son los más sencillos, ¿no? Creo que Davis será el primero. Lo que me voy a reír cuando escriba de esa experiencia —se río de sí misma—. En fin. ¿Hemos terminado?
—Sí… Se podía decir que sí. Aunque tú digas que te gusta pensar de esa manera y que lo aceptas, creo que debo tomar medidas al respecto. No soy psicólogo, ni terapeuta, ni psiquiatra, pero sé que pensar así no es normal. Por lo que hablaré con Apollomon; alguien debe trataros… volveros normal.
—Bueno, haz lo que quieras, ¿puedo marcharme? Tengo mucho que pensar sobre TK.
—¿TK? —Repitió el guerrero carmesí—. ¿No era Davis?
—¡Claro! Davis será el primero, pero cuando TK se entere de ello, querrá hacerlo también, sobre todo cuando le diga que quiero comparar. Aunque sea TK, algo más maduro, lo hará. Porque a los hombres les encanta ser superiores al resto en ese sentido. ¿O acaso es mentira?
—Mmm… supongo que no —admitió Gallantmon, de mala gana.
—Bien, bien, mi plan de comparar a todos los elegidos masculinos va en marcha. En cuanto nos vayamos de este lugar, comenzaré —sonrió—. Ni siquiera mi hermano, tan fuerte, podrá soportar lo que leerá en mi diario los próximos años.
—Me aterras, Kari —murmuró—. Hemos terminado. Puedes marcharte.

La chica se levantó, asintiendo.

—¡Y dile al próximo que pase! —pidió.
—¿A quién le toca? —preguntó Kari.
—A la hermana gemela amarilla de tu gata —contestó.
—De acuerdo. Ahora se lo digo.

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Cuando la elegida de la luz se fue, Gallantmon se quedó pensativo. Había escrito toda la charla en la libreta, y sin embargo, no tenía la necesidad de poner su propio comentario. Por ahora, todo aquello le estaba pareciendo surrealista. Esos chicos eran los niños elegidos, esos niños habían salvado el digimundo de la oscuridad, y ahora, esos niños, estaban descontrolados, al igual que sus compañeros digimon, como había descubierto después de hablar con Gabumon.

Respiró hondo. No sabía que pensar de todo eso. ¿Cómo era posible que Hikari Yagami, la elegida de la luz, tuviera esos pensamientos respecto al sexo? Sabía que las hormonas estaban presentas en esa edad, pero eran más potentes en los hombres, o eso había pensado, hasta hablar con la muchacha. No podía ser que, con solo ver a tres chicos, se diera cuenta de lo que quería hacer en un futuro.

La adivina ya le había dicho a Tai como sería su hermano en unos años, pero no le había contado nada de lo que pensaba su hermana. ¿Sería Gallantmon el indicado para hacérselo saber? ¿Y de qué serviría? De todas formas, Kari ya había dejado claro que quería seguir siendo así, que quería escribir y tal vez, incluso, se lo publicaran. Tai leería ese libro y seguramente se volvería loco, o se maltrataría a sí mismo pensando que había hecho algo mal con su hermana pequeña.

—Jamás lo hubiera imaginado —murmuró Gallantmon—. Una chica tan… normal. Que se unió al resto de los elegidos después de descubrir que tenía un compañero digimon. ¿Tanto pueden cambiar las cosas? Aunque… —suspiró—, aquí ninguno es normal. Me he dado cuenta demasiado tarde. Sin duda, a Black no le debe importar, se burlaría de todos. Tal vez debería hacer lo mismo —infló las mejillas, era una manera de relajarse—. Pero no puedo… ¡Agh…! ¿Por qué no puedo ser malo? Me pasa siempre, es conocer a una persona y llevarme bien con ella, o al menos intentarlo. En cambio, al principio, me burlé de ellos. Sí, lo recuerdo —negó con la cabeza—. De acuerdo, tengo que hablar con mi amigo Black. Debe enseñarme a ser malvado. Y ahora… —se dio ánimos a sí mismo—, prepárate Gallantmon, viene otra que ve a los hombres sólo para el acto sexual.

La puerta de la sala se abrió lentamente. Gallantmon escribió su nombre rápidamente en la libreta. Bajó un poco la mirada y descubrió a la gata amarilla, caminando hacia el sofá con paso lento y decidido. Parecía que de verdad quería hablar sobre su vida, o eso fue lo que pensó el guerrero carmesí. Recordaba el miedo que había tenido Gabumon antes de abrir la boca, y como Yolei le había advertido de que no fue su culpa. Antes de comenzar, ambos habían querido callarse, y sin embargo, Kari y esta gata, no parecían asustadas, al menos no a simple vista.

—Buenas, gatita —saludó Gallantmon, amablemente—. ¿Estás preparada?
—Si me haces alguna pregunta demasiado íntima, o que no me guste, recibirás un arañazo —dijo ella, dando un salto para llegar al sofá—. Y si me gusta… entonces digievolucionaré y te lo agradeceré. Si te portas bien conmigo, serás recompensando, guerrero —la gata sonrió de forma coqueta, enseñando sus garras—. Estoy preparada.
—Eh… yo… ¿POR QUÉ? —casi suplicó saberlo—. Ya va una mujer que quiere violarme —pensó—. Otra más sería mi perdición.
—Sakuyamon no está enamorada de ti —contestó la gata—, y sin embargo, está deseando acostarse contigo. Por algo será. Es por ello que me ha entrado curiosidad. Y, bueno, creo que soy más hermosa que esa digimon… sobre todo en mi forma de ángel. Dracomon y Patamon se quedaron babeando al verme.
—¿Acaso te acuestas con todos los digimon? —indagó.
—No. Sólo aquellos que tienen buena popularidad. Quiero tener un esposo que tenga poder en algún territorio, que los demás le obedezcan, que sea bueno en la cama, que sea guapo, fuerte y valiente. Y que me pegue también, que me pegue cuando vea que miro a otros digimon, así me demostrará sus celos, que me pegue cuando lo necesita. ¡Qué tenga poder sobre mí! —Se relamió una garra—. Dracomon es burlesco, valiente y muy bueno en la cama, pero sólo tiene poder entre las mujeres, y eso no me gusta. Patamon es… es un amigo gay con el que puedes relajar tensión sexual y hablar de tus problemas. Como ves, necesito tener otro hombre en mi mira que sea capaz de darme todo lo que quiero. Sé cómo eres, te he observado, no cumples todos los requisitos, pero eres nuestro jefe, y eso me pone.

Gallantmon tragó saliva, nervioso. Se había quedado sin palabras. Ahora no veía tan extraño lo de una chica humana. ¿Cómo iba a hablar con esa gata sin resultar herido o acosado? Se le habían quitado las ganas de hacerle preguntas a ArGatomon. De todas maneras, acababa de comprobar cómo era esa gata amarilla, no necesitaba saber nada más. Sin embargo, no podía echarla tan pronto, eso molestaría a los demás.

Suspiró. Tenía problemas.

—¿Comenzamos, Gallantmon? —Preguntó la gata, arañando el sofá—. Debo decir que no soy muy paciente.
—Dime como era tu vida antes de llegar aquí —pidió el guerrero, sin saber que decir.
—Esa pregunta ni me gusta ni me desagrada —comentó la gata—. Bien… Veamos… ¿Por dónde puedo comenzar?
—Por donde a ti te apetezca.
—Oh, eso suena bien. Me encanta… —ronroneó—. Aunque prefiero que me ordenes lo que quieres que te cuente —se encogió de hombros—. Bueno, ya he dicho antes que no eres el hombre perfecto.
—No me sentiré afectado —contestó Gallantmon

No sabía cómo sentirse después de escuchar los halagos o los insultos de esa gatita. Bajo esa ternura y esa cara bonita, se escondía una mujer digimon única, que le gustaba que la pegaran y le dieran orden, porque, de alguna manera, eso la hacía sentir viva, además de ver a su hombre como alguien fuerte. Gallantmon pensó que todo eso era una locura, pero prefirió guardarse su opinión.

—Cuando cumplí dieciocho me fui de casa. Estaba cansada de mis padres.
—¿Qué pasaba con ellos?
—Eran demasiado felices, y eso no es posible. Seguramente se engañaban. Esas palabras de amor no eran normales. Llevaban juntos diez años, no podían sentir lo mismo que la primera vez. El amor no dura para siempre. Por lo que harta de aquella estupidez, me marché, para buscar un trabajo y vivir sola.
—Espera, espera —la cortó Gallantmon, parando de escribir—. ¿Cómo es posible que le tengas tanto asco al amor, si tus padres se amaban de verdad? Algo tuviste que haber pasado para no querer ver esos actos de ternura entre tus padres —la miró—. ¿Hay algo que quieras contarme, ArGatomon? Esto no se lo diré a nadie, ni siquiera lo escribiré.
—No tengo nada que decir sobre eso, Gallantmon —dijo ella—. Y me acabas de enfadar. Y te advertí antes de lo que haría si esto pasaba.
—¿Qué quieres decir…? —interrogó, olvidándose por completo de lo de antes.

De pronto, la gata dio un salto, se posó en la mesa donde Gallantmon dejaba a cada rato la libreta, y le lanzó un arañazo. El guerrero no tuvo la oportunidad de esquivar el ataque de ArGatomon, puesto que ella había sido demasiado rápido y él estaba desconcentrado, intentado ayudarla. Por lo que recibió el arañazo en toda la cara y pronto, demasiado pronto para su gusto, comenzó a sentir el dolor. Con suerte, no había llegado a tocarle los ojos, la herida acababa de marcarse en su mejilla izquierda.

ArGatomon dio otro salto para volver a su sitio, se puso a alerta, preparada por si Gallantmon quería contratacar por lo que acababa de hacer, y deseaba que lo hiciera; deseaba que el guerrero hiciera aparecer su lanza e intentara atacarla. Pero no ocurrió nada de eso. Gallantmon se puso la mano en la cara, evitando que la gata viera el arañazo y la sangre que se esparramaba por la mejilla, y empezó a respirar, para intentar tranquilizarse. Al rato, volvió a la normalidad, y apuntó algo en la libreta.

—Ya veo que cumples tus promesas —dijo el guerrero carmesí—. Por lo que será mejor que no deje que hagas la otra.

Se levantó de la silla. ArGatomon se quedó en su sitio, atenta a los movimientos del otro digimon. No tenía ni idea de que estaba planeando Gallantmon, pero no fue capaz de preguntarle. Tenía la sensación de que esa vez le haría daño y lo esperaba de verdad. Sin embargo, fue otra cosa la que le hizo chillar cuando el guerrero carmesí apretó un botón invisible de la pared.

De repente, la pared que estaba detrás del sofá se movió, se transformó en cuatro cuerdas, y deslizándose por el aire, llegaron hasta donde se encontraba ArGatomon. La ataron las manos y las piernas, haciéndose un círculo, y apretaron un poco para que la gata no pudiera soltarse. ArGatomon chilló, trato de arrancarse la pared, pero no pudo, aunque hubiera podido destrozar eso de un solo golpe, esa pared no era corriente.

—En cuanto me sueltes, iré a por ti, Gallantmon. Después de todo… esto me encanta —sonrió; Gallantmon abrió los ojos, alucinados—. Esta noche nos vamos a divertir. En cuanto termine la pelea que tengo contra mi hermana gemela, iré a tu habitación. Tengo buen olfato, y cada persona tiene un olor distinto.
—Lo que me faltaba —pensó Gallantmon—; de nuevo tendré pesadillas. No, nada de eso, esta noche pongo trampas en mi habitación. Por todas partes.
—Bueno, guerrero, ¿continuamos? —preguntó la gata amarilla, sonriendo enigmáticamente.

Gallantmon se quedó callado. Quería decir que no, quería que se fuera, quería tranquilidad. Pero no quería que Black se burlara de él después. Se llegó a imaginar lo que le diría:

—Jajaja, una mujer ha podido contigo. Si es al final esa Justimona va a tener razón: ¡eres marica! Si hubiera sido yo, me habría temido tanto que no le habrían entrado ganas de desearme. Tenlo por seguro, amigo marica ¡Nadie puede contra un guerrero dragón! —seguramente, tras eso, se acercaría a él—. ¿Entonces es cierto, te gustan los digimon, eh? ¿Quieres qué te presente a mis amigos más femeninos, eh?


Infló las mejillas como antes, intentado tranquilizarse. Se negaba a pasar por las burlas de Black, y ahora que Apollomon tenía esa personalidad, seguramente haría lo mismo que el dragón oscuro. Era irónico, puesto que él y Black eran los que normalmente se reían del Apollomon bueno y tranquilo que veía a los niños elegidos como algo más que simples y locos humanos.

—Sigamos con tu vida —asintió Gallantmon, decidido a terminar con esa charla—. ¿Qué sucedió después de qué te marcharas de casa? ¿Trabajaste en algo?
—Encontré un buen trabajo, la verdad. Fue uno de los mejores, puesto que pagaban bastante bien. Algunas veces detestaba hacer las “misiones”, pero otras era de lo mejorcito. Todavía recuerdo a ese Leomon…
—¿Perdón? ¿Eras prostituta? ¿Pero qué compañeros tienen Arturo y Nahila?
—Eh, eh, cuidado con eso, yo no soy de esas. Me dieron la posibilidad de trabajar en ello, pero yo no vendo mi cuerpo por tan poco dinero —Gallantmon no supo que decir—. Por eso seguí buscando… y en fin, me gustó más ese. Era una mezcla de todo.
—Explícate mejor —pidió.
—Digamos que soy una interrogadora —contestó, pensando en su pasado—. No te puedo decir el nombre de mi jefe, porque me mataría, aunque escuché que le mataron. Da igual. Yo me encargaba de ir hasta donde el jefe me decía. Si debía interrogar a un digimon, porque este tenía datos importantes, entonces debía sonsacarle. Y déjame decirte, que los digimon son más cooperativos después de cansarse, ¿me entiendes?
—Creo que sí… —murmuó—. Agh… Los digimon hemos cambiado mucho. No somos los mismos desde que los humanos entraron al digimundo. ¡Nos han convertido en ellos! —pensó, entre enfadado y sorprendido.
—Esa táctica era efectiva. Normalmente, los hombres digimon a los que debía interrogar, eran gente importante. Gente que planeaba algún ataque contra mi jefe, para robarle el territorio, o que tenía más popularidad. Si era lo segundo, no tenía que sonsacarle nada, debía acabar con su vida.
—¿Así qué te volviste una especie de sicario?
—Ajá —confirmó—. Y fui una de las mejores en la empresa, ¿sabes? Sé dónde debo atacar para acabar con la vida del digimon al acto. Pero claro, para terminar con alguien, primero debe estar calmado, desconcentrado, y no debe intuir en ningún momento que quieren matarle. Por eso debía acostarme con ellos primero. Era un ritual. Coqueteaba, me invitaba a su casa y ahí finalizaba el trabajo… o descubría todos sus secretos. Lo que me pidieran que hiciese —se encogió de hombros—. Me acostumbré a ese estilo de vida.
—¿Hasta cuándo estuviste trabajando en ello? —preguntó Gallantmon.
—Mmm… —se quedó un rato pensativa—. Dos años después de conocer a Nahila. ¡Ah! Tenía un día libre y lo dediqué en salir a comer en la playa. De repente, una niña se dio un porrazo en la arena. Recuerdo que me reí a más no poder, y que la chica me amenazó. Claro está, no me dio ningún miedo, era una simple humana, no podría hacer nada contra mí… —tembló—. Pero entonces me atrapó y empezó a torturarme, sin pedirme nada a cambio, lo hizo sólo para divertirse —suspiró—. Lo pasé fatal, pero después de decirle en que trabajaba, para intentar darle miedo, nos dimos cuenta de que éramos parecidas.
—¿NAHILA EN LA TIERRA TRABAJA TAMBIÉN EN ESO? —indagó, nervioso.
—¿Qué? Claro que no. ¡Es una cría! Me refiero a que somos iguales en eso de interrogar. Bueno, ya te lo contará ella cuando entre aquí. Y entonces descubrirás por qué sabe tantas formas de torturar. En fin, déjame terminar —respiró hondo—. Todos los días venía al digimundo para pasarlo conmigo, y entonces, apareció un artefacto de esos… el objeto este…
—El digivice —le ayudó el guerrero.
—Eso —asintió—. Como me había enterado un poco de qué iba eso, le expliqué que ahora era una niña elegida, pero como unos estúpidos ya habían finalizado el trabajo, no hacía falta que hiciéramos nada. Aunque bueno… fue único cuando me hizo digievolucionar a un ángel. ¡Todos los digimon me miraban! Ya ni siquiera hacía falta que me acostara con ellos, babeaban en cuanto me acercaba. Pero había dejado esa táctica en cuanto conocí a Nahila, ya que ella empezó a enseñarme las técnicas de tortura. A partir de ese momento, en cuanto enseñaba mis garras, todos temían. Lo malo es que pronto me conocieron, mi fama de asesina se supo por todo el digimundo, y mi jefe me echó. Y esa es mi historia, Gallantmon.

El guerrero carmesí escribió en la libreta. No sabía cómo iba a impactar esa historia en sus compañeros del bar, pero estaba seguro, que ArGatomon, junto a Nahila, serían una elegida y digimon que Black querría para su grupo. De todas maneras, Apollomon ya había dejado claro que no habría cambiazos, y era una lástima, comprobó Gallantmon, puesto que había deseado tener un grupo tranquilo y normal, lo más normal que pudiera, teniendo en cuenta a Matt, Kari y ahora también Gabumon.

—No sé qué decirte, ArGatomon —admitió el guerrero—. Te doy las gracias por contarme tu vida, pero me acabas de decir que dejaste ese trabajo y además te hiciste amiga de una humana. Creo que has cambiado para bien.
—Ah, pero yo quiero conseguir otro trabajo igual al anterior —río—. En cuanto digievolucioné a mi última etapa, iré a buscar uno igual, o incluso podría hacer mi propia empresa. Quiero irme pronto de este lugar y aprender más técnicas de Nahila. ¡Esa humana es increíble!
—Mmm… —bajó la cabeza—. No puedo hacer nada —pensó, abatido—. No quieren cambiar, se aceptan tal y como son. No soy el indicado para arreglar sus problemas, no, hablaré con Apollomon. En cuanto terminemos con esos molestos robots, ayudaremos a los digimon, y no nos quedará otro remedio que ayudar también a sus compañeros.
—¿Gallantmon? ¿Puedo irme ya? —Se puso en pie—. Tengo que hablar con Dracomon.
—¿Pero tú sabes qué está haciendo ese digimon con vosotras?
—Claro que lo sé —sonrió con malicia—. Lo mismo que hago yo con él: utilizarlo cuando me interesa, y de paso, cabrear a esa gata blanca. Es un juego entretenido.
—Bueno, puedes irte. Dile a Matt que pase.
—Creo que está ocupado con su muñeca, tal vez tarde un poco en venir —río—. Y luego me dicen a mí loca. Ese humano nos gana a todos.
—En eso le doy la razón —pensó el guerrero carmesí, recordando cómo se había puesto Matt al saber que su muñeca de plástico habría podido engañarle con otro.

Gallantmon esperó hasta que la gata amarilla se fue, y entonces escribió un último comentario en su historia: “Sicario e interrogadora a sueldo, tener cuidado con ella” “Respetarla y no hacerla enfadar ni gustarla, mejor callarse cuando esté cerca de ella”

________________________________​

Cada vez estaba más alucinado. Los digimon se habían convertido en una especie de humanos. Algunos tomaban drogas y preferían hacer fiestas, otros vendían este producto, como el anciano Gennai, que había aportado tanto al digimundo, ahora los humanos no estaban centrados. Los niños elegidos ni siquiera se percataban de lo que hacían sus compañeros, y por otro lado, a nadie le importaba que esto estuviera sucediendo. Los digimon empezaban a acostumbrarse a ese estilo de vida, y eso era lo peor.

Se dio cuenta entonces, de que la pared se había movido sola al terminar la charla, no había hecho falta que él apretara un botón ni nada. Entonces, el dolor le volvió. Entrecerró los ojos y posó una mano en la mejilla herida. Esa gata le había dañado de verdad, no había sido un arañazo corriente. Él, que era un superior y uno de los más fuertes guerreros, había tenido miedo de una gata. No quería pensar que pasaría cuando entrara Nahila a la habitación.

Los minutos pasaban, y el elegido de la amistad no entraba a la sala. A Gallantmon se le conocía por ser un digimon paciente, pero él había escuchado lo que le había dicho la gata, y temía que de verdad estuviera sucediendo. Había llegado a no creérselo, porque no era posible que, delante de todos sus compañeros, hiciera algo romántico con la muñeca. Debería darle vergüenza presentar su amor por alguien que no tiene sentimientos, ni corazón ni nada, pero estaba claro que a Matt eso ya le daba igual.

Salió de la sala. Esperaba no volver a ver una lucha entre Nahla y Yolei —esas dos eran peligrosas—, o a Kari, hablando de sus fantasías con sus amigos. Pero, para su sorpresa, en la habitación, sólo se encontraba Matt, como había dicho la gata, con su muñeca, y… completamente desnudo.

—¡Por el amor de…! —Se tapó la vista—. ¡¡HUMANO, TÁPATE TUS PARTES PÚBICAS Y ENTRA AHORA MISMO A LA SALA!! —Se acercó a él, siempre con los ojos tapados, y teniendo mucho cuidado, consiguió cogerle del pelo—. ¡¡TÚ Y YO VAMOS A TENER UNA CHARLA, HUMANO REPELENTE!! ¡¡MALDITO CHALADO!! ¡¡CADA VEZ COMPRENDO MÁS A BLACK CUANDO QUIERE MATAR A SUS PUPILOS, QUIERO CASTRARTE, IDIOTA!! ¡¡TAL VEZ ASÍ TERMINARÍA CON TU TONTERÍA!!

Matt no abrió la boca en ningún momento. Los demás se pararon en la puerta de la cocina —allí habían estado todos, jugando al parchís—, para observar lo que sucedía. El rubio tenía la boca tapada por la otra mano de Gallantmon, y con la otra, mientras, le vestía como podía. Todos se dieron cuenta, que el elegido de la amistad, sólo estaba preocupado por coger de nuevo a Zoe, la muñeca, no le importaba en absoluto el escándalo que estaba produciendo, que estaba desnudo y que, para su mala suerte, Gallantmon se había enfadado de verdad.

De una patada, hizo que el muchacho entrara —los chicos se quedaron incrédulos cuando la puerta se abrió sola; aunque deberían estar acostumbrados, puesto que ese lugar parecía tener vida propia—, y después cogió a la muñeca, puesto que ya escuchaba los gritos del rubio pidiendo que le devolvieran a su novia. Sabía que no podría hablar con él si dejaba a Zoe fuera, y de todas formas, la quería dentro. Tenía un plan para terminar con toda esa tontería de sentimientos hacia una muñeca de plástico.

—¿Creéis que de verdad Gallantmon castrará a ese rubio? —Preguntó Nahila—. Si es así, yo le puedo recomendar una forma de hacerlo… lentamente.
—A mí ya me da igual lo que le haga —dijo entonces Gabumon—. No se merece mi protección.
—Eso quiere decir… que si le torturo para divertirme, ¿no te interpondrás?
—No… No lo sé… ¿Por qué me hicieron de perro fiel? ¡¡RAYOS!!
—Compañero, tampoco tienes que seguir así siempre. Cada uno puede cambiar si quieres, es tu decisión continuar siendo un amigo de esta manera. Míranos a nosotros —dijo Hawkmon, señalando a Yolei—. Ya casi ni hablamos… Ella ha cambiado, yo he cambiado, ahora somos distintos, ¿y qué? ¡AHORA SOMOS LOS MEJORES AMIGOS! No nos hacemos ningún caso, y sin embargo, no nos importa.
—Hawkmon, será mejor que te calles. No eres el mejor ejemplo. Te has vuelto un narcisista desde que Yolei cambió de ser valiente y extrovertida, a loca de manicomio. ¿Y sabes por qué te miras al espejo? Porque necesitas a alguien para hablar, y lo haces porque sólo te tienes a ti mismo.
—Yo… Yo… ¡¡ESO ES MENTIRA!!

Se metió en el baño, y pronto escucharon como se duchaba. A penas habían pasado diez minutos desde que se metió en la bañera por última vez. Después se peinaría, se pondría cremas para no envejecer, y leche por todo el cuerpo para sentirse mejor. En resumen, les esperaba esperar un olor a colonia por toda la sala en cuanto Hawkmon saliera.

________________________________​

Cuando Gallantmon entró a la habitación, tuvo que alzar la muñeca, puesto que Matt se había lanzado a por él para quitársela. El digimon intentaba no dañar al humano, pero era difícil, teniendo en cuenta que el chico trataba de todas las maneras posibles arrancarle a Zoe de la mano.

—¡Niño, no intentes escalar! —Movió la pierna para deshacerse de Matt—. ¿Pero tú te estás viendo? ¡ESTÁS TOTALMENTE CHIFLADO! —le cogió del cuello de la camisa para levantarlo—. Vamos hablar muy seriamente tú y yo —advirtió—. Venga, al sofá. ¿Te estarás quieto o tengo que atarte?
—¡Es mi chica! ¡Dame a mi novia!
—¡¡ES UNA MUÑECA, IDIOTA!! —le plantó en el suelo para después acercarle a la muñeca. Matt la agarró y estiró hacia atrás, aunque la fuerza de Gallantmon era mayor—. ¿No te das cuenta? ¡Es una muñeca de plástico!
—Me da lo mismo —replicó el muchacho, soltándose después de confirmar que era imposible recuperarla de esa manera—. Yo la quiero.
—No, no la quieres; no puedes sentir nada por ella —se puso serio de pronto—. Matt, no puedes sentir sentimientos hacia una muñeca. ¿Por qué intentas negarte el placer de amar a una persona humana? ¿Por qué insistes en estar sólo con una muñeca? ¡Por favor! Incluso te pones a hacerlo delante de todos tus amigos… ¡¡NO TIENES NI VERGÜENZA!! Y eso es por culpa de que esta muñeca no es una humana y por tanto no habla. Las mujeres tienen más cabeza. Si hubiera sido una chica normal, habría rechazado la invitación de acostarte contigo en una habitación donde hay más gente.
—Sigue sin importarme, siguen sin importarme, sigue sin importarme —canturreó, poniéndose las manos en las orejas, para no escuchar al digimon guerrero.

Gallantmon negó con la cabeza. Ese chico le ponía de los nervios. Sin hacer ningún caso a sus tonterías, se sentó en el sillón y sacó la libreta. Puso a la muñeca en el suelo, al lado de su asiento, y observó al muchacho. Matt tenía la vista fija en su novia.

—Me parece que sí tendremos que hacer las cosas por las malas —comentó, suspirando—. En fin…

Hizo aparecer su lanza y la alargó hasta que llegó a un punto de la pared. El botón escondido fue pulsado y cinco segundos después, las paredes ya hacían su trabajo. Matt quedó alucinado cuando tomaron forma de cuerdas y fueron a por él. Lo agarraron de las piernas y los brazos, rodeándole y atándose en círculo, luego le llevaron hasta el sofá, donde le taparon la boca hasta que Gallantmon comenzara con la charla.

—Matt, Matt, Matt —se golpeó en la frente con el bolígrafo—. ¿Cómo has acabado así?

Las cuerdas de la boca se echaron hacia atrás, preparadas para volver a sumirle en el silencio si era necesario.

—No sé a qué te refieres —contestó el chico, y Gallantmon supo que hablaba en serio.
—¿Por qué te sentiste atraído por una muñeca? ¡Pensé que saliste con Sora! ¡Tenías a muchas chicas bebiendo de tu mano!
—Bah, chicas humanas, bah —negó con la cabeza—. Ninguna es como Zoe.
—Tienes razón en eso… ¡por qué Zoe no tiene sentimientos, no tiene corazón y no es una persona! Es una muñeca. ¿No entiendes eso? Me da lo mismo si crees que te habla: no es cierto. Otro como Yolei…
—Eh, Eh, Yolei le habla a objetos y yo a una chica…
—… de plástico —completó el guerrero, mirándole a los ojos—. Y eso es igual de anormal que lo de la chica de lentes.
—Zoe habla de verdad. ¡Se parece a una humana! —se reveló Matt.
—Pero no es una humana, Matt. ¿De verdad crees que una chica real estaría todo el día con la boca de esa manera? ¡Esta muñeca es para los pervertidos o los hombres que se sienten sumamente solos! Sin embargo, tú eres un chico joven. Aún tienes la oportunidad de cambiar y buscarte una novia… que no sea una muñeca ni un disfraz de princesa.
—Lo del disfraz de princesa es por si no venden más como Zoe —dijo Matt, excusándose—. Sería mi última alternativa.
—¡Ves, imbécil, tú mismo has dicho que si la dejan de vender! Las chicas normales no se venden, se consiguen a base de esfuerzos y coqueteos.
—Bueno… no estoy completamente de acuerdo contigo en eso: hay mujeres que venden su cuerpo.
—Pero eso es otra cosa —hizo notar Gallantmon—. No se regalan como muñecas para la diversión de un hombre hasta que… que la pincha por algún incidente —cerró los ojos—. Creo que nos estamos yendo del tema principal. ¿Admites que Zoe es una muñeca?
—Yo siempre digo que es una muñeca —respondió—. Pero es una muñeca distinta a las demás. Sabe hablar, tiene sentimientos y me comprende mejor que nadie. Llámalo magia, si quieres, pero Zoe no es como el resto. Es una muñeca de verdad. Ey, ¿no lo fue Pinocho? ¡Y este se convirtió en un niño de verdad después!
—¡Estúpido! ¡Idiota! ¡Imbécil! ¡Tonto! —se dijo otras palabrotas mentalmente—. ¡No me compares una muñeca para la perversión a un cuento infantil que nada es verdad!
—Agh… Nadie me comprende —miró a su muñeca—. Sólo tú, mi amor.

Gallantmon cerró la boca. No sabía qué hacer con Matt. ¿De qué le serviría decirle que la muñeca era eso: una simple muñeca? Por mucho que lo intentara, el chico lo negaría. Parecía que había entrado a su propio mundo, donde sólo Zoe estaba presente. No había nadie más. Nadie sería capaz de hacerle comprender. Y mientras, él, se hacía la víctima, cuando los demás trataban de ayudarle diciéndole la verdad. ¿Qué la verdad dolía? Tal vez. Pero debían hacer cualquier cosa para que Matt volviera a ser el chico de antes.

Eso era lo que se proponía el guerrero carmesí. Aunque no estaba en su mano hacerle cambiar, sino hacerle entender la realidad. Por otro lado, no se sentía con ganas de hablar con una chica con esos ideales. Pensó que podía traer a Nahila, pero ella no haría mucho más que torturarle, y esa no era la manera de que aceptara que su muñeca no hablaba ni tenía sentimientos. Pero había algo que andaba por la mente de Gallantmon desde que comenzó la charla con los niños elegidos de su grupo y sus compañeros digimon.

Aquello era que no podía ser normal que todos tuvieran una locura. Que Yolei escuchara hablar a sus osos de peluche era muy extraño, y que, además, Matt le pasara lo mismo con una muñeca de plástico. No podía ser una simple casualidad. Pensó en todo ello y decidió que hablaría con los otros dos más tarde, esa noche, mientras que bebían y compartían la vida de los otros niños.

—¿Hola? ¿Hola? —Matt observó a Gallantmon, preocupado—. ¿Estás? ¡Tierra llamando a digimon!
—Anda, toma —le lanzó la muñeca.

Matt no pudo atraparla, pero hizo lo imposible para colocarla a su lado con movimientos de la cabeza. Sonrió como un idiota y se apoyó en el cuerpo de la muñeca. Después ronroneo como si fuera un gato. Pero entonces sonó como si un globo explotara y Matt abrió los ojos, asustado y con dolor en la cabeza: la explosión había sido muy cerca de su oreja.

Gallantmon y el elegido de la amistad observaron los trozos de plástico que habitaban en la sala. El digimon carmesí sonrió, orgulloso de haber destrozado a esa muñeca de una vez por todas.

—¿Qué…? ¿Qué…? —Sollozó Matt, incrédulo—. ¡¡¡ZOOOOOOOOOOOOEEEEEEEEEEEEE!!!

Sin embargo, la cosa no terminó ahí. Aunque el chico comenzó a llorar, Gallantmon no podía mirar a otra cosa que los trozos esparcidos. Habría jurado que uno de ellos se movió, apenas fue un momento, y supuso que se debía al aire que entraba por alguna parte. Porque no podía ser que algo roto —y más siendo algo de plástico—, se moviera como si le doliera haber muerto. Pero pasó y Gallantmon tuvo que callar hasta que vio a la muñeca viva —si se podía decir así—, delante de sus ojos.

Primero los trozos levitaron. Matt dejó de llorar y los observó, entre inquieto y fascinado. Luego se juntaron entre ellos, como si fuera un puzzle. Tardaron un poco en ponerse cada uno en su sitio y finalmente la muñeca se construyó de nuevo.

—No está nada bien lo que me has hecho, digimon.

Gallantmon quedó en shock al ver como la boca de la muñeca se movía y decía esas palabras.

—Zoe… —susurró Matt, emocionado.
—Por fin podremos estar juntos, cariñín.

Y tras eso, el guerrero carmesí cayó al suelo.

________________________________​

Lo dejo aquí para que dé suspense. Digamos que lo de la muñeca de Matt tiene una explicación que no tiene nada que ver con el lugar donde se encuentran. Me refiero a que después de ver como las salas tienen vida propia tras pulsar un movimiento, todos pensaréis que la muñeca ha cobrado vida debido a ello. Pero no, porque si hubiera sido así, Gallantmon no se había sorprendido tanto. Lo dejaré como un enigma XD

No pondré ninguna pregunta porque me las guardo al terminar este grupo. Sólo decidme vuestra opinión.

Un saludo. Hasta la próxima.

PD: Llamo por aquí a los lectores, ya que tengo algo mal el internet y es más sencillo.
[MENTION=374652]Luigi Yagami[/MENTION] [MENTION=96869]Lord Patamon[/MENTION] [MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] [MENTION=464316]J.M.[/MENTION] [MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION] [MENTION=1021791]Hikari Motomiya[/MENTION]
 

PataGato Fan #1
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Vaya ArGatomon y Dracomon son tal para cual, un par de malditos que solo juegan con los sentimientos de los demas.

Ahora mas que nunca apoyo a Patamon para que conquiste a Gatomon, no importa si yo le tengo que pagar la terapia en alcoholicos anonimos, pero el tiene que ganar al final el amor de Gatomon. Gatomon si esta asi es porque ArGatomon la ha estado haciendo pelear y porque Dracomon la engatuzó con su acto barato de galan.

*escribiendo y reuniendo mas evidencia* definitivamente todo esto puede servirme para defender a mi cliente ^^

Y al parecer la muñeca de Matt no estaba del todo inanimada o.o
 
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De acuerdo, lo de Matt fue fumadisimo. No, no digo nada porque no quiero que se spoileen con mi comentario.
Sobre Kari y ArGatomon: simplemente perras. Una es más puta que la mamá de Ken; y la otra es una masoquista.
Sobre Nahlia: Me sigue cayendó para la mierda. No te voy a negar, pero esta sabiendo torturar siendo una chica :rolleyes:
 
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Bien, ahora paso a comentar.

La verdad la sesión de Argatomon fue algo que no esperaba, parece que solía ser una especie rara de asesina seductora a sueldo o algo así.XD Esta felina si está medio torcida, la verdad creí que solo era una aprovechadora sexual pero parece que realmente está medio demente. Al menos se pudo saber que no está realmente loca por Dracomon, ahora solo falta saber que piensa realmente Gatomon. Aunque sea como sea la verdad, parece que Patamon estará fuera de eso.

No comprendo porque Gallantmon es tan paciente y porque trata de ayudar a personas tan irritantes, o sea, más allá del hecho de que estos elegidos deben salvar al digimundo parece que el caballero de verdad se preocupa por estos mocosos enfermos, cosa que no puedo comprender.

Kari... bueno, creo ya me imaginaba algo así.XD Increiblemente me parece más enferma que Yolei.XD No creo que Tai logre evitar que la calenturienta de su hermana comience por malos pasos. Aunque obviamente si tuviéramos que darle el premio al chiflado más grande de este fic sin duda se lo lleva Matt y su perturbadora muñeca parlante.
Parece que Gallantmon se llevó una sorpresa al ver como la muñeca no solo se reconstruyó sino que encima le habló, ya no sé ni que pensar.XD

Esperaré esperando tu explicación para esa escena, me puedo imaginar muchas cosas pero de seguro será una sorpresa.XD
 
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Ok, lamento la demora en comentar el capitulo, pero he estado con mucho trabajo. n.n

Sin mas que decir a comentar.

La sesion de ArGatomon fue extraña, esta gata me cae mal y su actitud asusto a Gallatmon, pero ahora resulta que antes de ser una compañera digimon, fue una asesina serial y entre otras cosas.

. Aunque sea como sea la verdad, parece que Patamon estará fuera de eso.
Esa patata no tiene oportunidad con Gatomon. XD

caballero de verdad se preocupa por estos mocosos enfermos, cosa que no puedo comprender.
Te apoyo, no logro entender tampoco, este Gallatmon, tenemos que hacerlo un Martir.

Vamos con Kari, esta chica pues es una calenturienta, por decirlo asi, esta chica esta mas loca que nada, ¡TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO! Y para acabarla empezara con Davis, pobrecito no se merece eso. Pero esta chica me enfemerma a penas a los 16 y ya pensando en eso, a esa edad yo pensaba solo en la escuela y ser niña buena :) (Nadie se la creyó XD)

Y por ultimo el mas gracioso y perturbador de todos, Matt. Este chico pues... ¡ESTA LOCO! Pero una que me dio mucha risa y perturbación fue esta:

Salió de la sala. Esperaba no volver a ver una lucha entre Nahla y Yolei —esas dos eran peligrosas—, o a Kari, hablando de sus fantasías con sus amigos. Pero, para su sorpresa, en la habitación, sólo se encontraba Matt, como había dicho la gata, con su muñeca, y… completamente desnudo.

—¡Por el amor de…! —Se tapó la vista—. ¡¡HUMANO, TÁPATE TUS PARTES PÚBICAS Y ENTRA AHORA MISMO A LA SALA!! —Se acercó a él, siempre con los ojos tapados, y teniendo mucho cuidado, consiguió cogerle del pelo—. ¡¡TÚ Y YO VAMOS A TENER UNA CHARLA, HUMANO REPELENTE!! ¡¡MALDITO CHALADO!! ¡¡CADA VEZ COMPRENDO MÁS A BLACK CUANDO QUIERE MATAR A SUS PUPILOS, QUIERO CASTRARTE, IDIOTA!! ¡¡TAL VEZ ASÍ TERMINARÍA CON TU TONTERÍA!!
Bueno nada mas que decir, que espero ver el proximo capitulo. n.n
 

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Sorry por la deomora: En fin, vayamos al cap:



Kar es una calenturienta de primera, que usa (O usará, más bien) a los hombres como... juguetes sexuales: Es la versión humana y femenina de ArGatomon, y esta también resultó ser una zorra sadomasoquista, y me encantó al descripción de sus amantes:

Dracomon es burlesco, valiente y muy bueno en la cama, pero sólo tiene poder entre las mujeres, y eso no me gusta. Patamon es… es un amigo gay con el que puedes relajar tensión sexual y hablar de tus problemas. Como ves, necesito tener otro hombre en mi mira que sea capaz de darme todo lo que quiero. Sé cómo eres, te he observado, no cumples todos los requisitos, pero eres nuestro jefe, y eso me pone.
XD

Y Matt... este cayó tan bajo al quedar prendado a una muñeca... que aparentemente estaba viva :*_*: ¿O será otro truco de Dracomon? Lo que si sé, es que siento pena por Gallantmon; tarde o temprano va a necesitar terapia.


Esperaré el sgte cap; nos vemos =D
 

Soncarmela

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Pues después de tanto tiempo, aquí les traigo un nuevo capítulo. Como muchas estaban echando de menos a los otros dos grupos, esta parte está dedicada a los grupos de Black y Apollomon, para que veáis lo que pasa. Ahora que Gallantmon está inconsciente debido a la sorpresa de ver a una muñeca hablar, su grupo no saldrá mucho, excepto por lo que harán para llamar la atención. En fin… no contesto a los comentarios, pero lo haré cuánto disponga de un poco de tiempo.

Sin más demora, les dejo el capítulo: que lo disfruten.


________________________________

Capítulo 8: Dos pasos para llegar a la idiotez (Parte 2/4) Grupo de Black y Apollomon, (2/2) (Lo que sucede mientras Gallantmon está desmayado…)

Tras desayunar —mejor dicho almorzar, debido a la hora que se había despertado su maestro—, el grupo de Black se había instalado de nuevo en su habitación. El dragón les acababa de comunicar que tenía que decirles algo, pero que no recordaba que era, y que no podía contactar con Apollomon, no sabía el motivo y tampoco con Gallantmon, por lo que debían esperar hasta que le viniera de nueva a la cabeza. De todas maneras, los niños elegidos notaron que estaba cansado, y que por eso no les obligaba hacer nada molesto, ya que eso era lo que más divertía a Black.

Black estaba sentado en la cama de Arturo —así que el muchacho había cogido una silla de la cocina para acomodarse en la habitación—, y se sacaba restos del almuerzo con un duro palillo que le habían otorgado los mayordomos —constituidos por unos Andromon de color rojo—, para que su “señor” se sintiera a gusto con todas las comodidades de aquel extraño lugar.

—Eh, mariposón… —llamó Black.

Ninguno supo a quién se refería. Sin embargo, los tres chicos del grupo se sintieron muy ofendidos. Black lanzó el palillo en el suelo y se recostó en la cama.

—¿No me has oído, mariposón? —Alzó una mano—. ¿Cómo está el marginado?
—¿Te vas a dedicar a llamarnos a todos a partir de un mote? —murmuró Mimi, recordando los gusanos que había tenido que comerse antes por culpa de Black.
—Sigo pensando uno para ti, uno que no sea un insulto pero que te moleste de todas maneras —contestó su maestro, esbozando una amplia sonrisa en su rostro—. ¿Alguno tiene alguna idea? ¿Tú no, mariposón? Con lo mal que os lleváis, seguro ya has pensado en uno.

Aquello alertó a Arturo. Izzy y Joe no eran de pelear con ninguno del grupo, así que ahora quedaba claro a quién se había referido desde el principio. El muchacho abrió los ojos al máximo, cabreado. Pero Black ya había demostrado varias veces que tenía mayor fuerza, y por otro lado, no quería beberse otro batido de gusanos.

—¡Yo no soy homosexual! —exclamó el chico.
—Y yo no te he denominado de esa manera —objetó el digimon—. De ser un capullo has pasado a ser un mariposón. Cuando comenzaste a coger el vaso del desayuno, te vi pluma y por he decidido llamarte de esa manera. Pero claro que no eres maricón —se incorporó un poco—. Si lo fueras, no querrías acostarte con la depravada.
—¿Qué…? —musitó Mimi.
—Me gustan las mujeres, pero por nada del mundo me acostaría con ella —replicó el chico—. Y no por eso soy homosexual.
—¡Claro que no te acostarías conmigo, porque yo te rechazaría de inmediato!
—Eh, eh —Black alzó la voz—. Antes de que comencéis a discutir, quiero deciros que me duele la cabeza. Si queréis pelearos, mejor iros a una habitación a parte y os reconciliáis. Pero, por favor, por favor, con protección. No quiero un bebé llorando —sacó algo del bolsillo—. ¿Pequeña, mediana, grande? —siguió pasando—. Creo que este te vendrá bien.

Ante la cara incrédula del resto, Black le lanzó a Arturo un preservativo de talla mini—pequeña. El chico se puso todo rojo y Mimi no pudo aguantarse la risa.

—He visto tus manos —explicó Black—. Así que he supuesto que los demás serían demasiado para ti…
—¡¡No soporto más!! —Gritó Arturo, tirando lo que le había dado Black al suelo—. ¡Todos vosotros me está insultando siempre! Me maltratáis —dijo, mirando a Mimi—. Me insultáis —esta vez observó a Black—. ¡Y me humilláis!

El muchacho quería que a los que había mencionado se sintieran mal por lo que habían hecho desde que comenzó aquella aventura, pero lo que hicieron estos a continuación les sorprendió. Black se acercó a él y le cogió del cuello de la camisa para levantarle hacia arriba, algo que se había vuelto una costumbre entre ellos.

El dragón acercó su rostro al del chico.

—Acostúmbrate, mariposón —dijo, amenazante—. Porque a los demás les tolero un poco ya que les conozco, y porque un buen amigo mío les tiene estima, pero este amigo no te conoce a ti, al menos no lo suficiente como para tenerte cariño si mueres. Por lo que ten cuidado… —sonrió—. Tienes suerte de que ya no tengo ganas de matar a niños humanos. Hubo una época en que… —le soltó—, me divertía mucho asustando a chicos de tu edad. Ah… recuerdo esas camas mojadas. Que buenos tiempos…
—Pensé que habías sido un vago toda tu vida —dijo Izzy, hablando por primera vez.
—¡Claro! Pero a veces tenía que mover los brazos, y después de ver tanto tiempo a los niños elegidos, cogí asco a los humanos de esa edad. Así que le pedía a la araña que me dejara irme por las noches a las habitaciones de algunos y hacía mi trabajo —se río—. Ay, ay… Hubo uno que se quedó colgando de la lámpara.
—Me recuerda a la película de dibujos animados de Monstruos S.A —comentó Joe—. Había tanta suciedad… Eran unos cerdos.
—No sé qué película es esa, pero lo que a mí me gustaba es ver como esos niños iban al psicólogo y contaban que habían visto a una especie de dragón humanoide, que comía delante de ellos, que se ponía hablar de cuentos de miedo… —contó con los dedos—. Cada uno me describía de una manera —de repente se quedó callado—. ¡Ah! Por fin recuerdo lo que debía hacer hoy.

Los chicos no entendieron nada, y mucho menos cuando Black salió corriendo de la habitación y vino dos minutos después. Además de que les había interesado descubrir un poco de la vida de este misterioso dragón, puesto que al que conocieron tiempo atrás, había sido un simple clon. Traía en una mano como tres libretas y en la otra diez bolígrafos de color negro. Dejó en la cama dos de las libretas y abrió una de ellas, en la que escribió su nombre.

—No me digas que te vas a poner a escribir un diario delante de todos nosotros —murmuró Mimi—. Sabes que vamos a leerlo aunque nos lo impidas.
—No, idiotas —contestó Black—. No es eso. Además, por supuesto que no podríais leerlo. Os quitaría los ojos para quedarme tranquilo —cerró la libreta—. ¿Cómo es qué Sora no ha hablado en ningún momento?
—Es que no está —respondió Izzy.
—¿Cómo qué no está?
—Antes de irnos, ella dijo que iba un momento al lavabo, que la esperábamos. Y advirtió de que si nos íbamos, caería sobre nosotros su enojo. Además, dudo mucho que sepa como regresar aquí, este lugar es como un laberinto —contestó de nuevo el pelirrojo, hablando con total tranquilidad.
—Oh… ¿En serio me volví a olvidar de ella? —Black río, nervioso—. Saben… creo que me iré durante unos días.
—Que tranquilidad sin los dos —suspiró Arturo, sonriendo.
—¡¡¡¡BLACKWARGREYMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONNNNNN!!!!
—Mierda, nos encontró —masculló Arturo—. ¡Eh! ¡No escapes! —gritó al ver como Black ya estaba dispuesto a destrozar la pared para marcharse de la habitación.

La puerta de la habitación se volvió a abrir, pero esta vez con violencia y cayó al suelo. Los chicos se giraron para encontrarse con su compañera, aunque no estaba seguros si se trataba de la misma Sora de siempre —a pesar de que habían conocido su furia—, no parecía la sonriente maltratadora que acostumbraba a dar miedo por las mañanas. Sin embargo, esta chica tenía quemaduras en los brazos y en las piernas, arañazos en la cara y las manos en forma de puño. Tenía atemorizados a todos, aunque ella sólo miraba al digimon que se escondía detrás de sus pupilos.

Cuando Sora dio un paso hacia delante, vieron también a Biyomon detrás de ella. Parecía igual o más cabreada que su compañera. Algunas de sus plumas caían al suelo cada vez que caminaba y su rostro, normalmente amable y de confianza, daba escalofríos. Ambas se detuvieron y sisearon un nombre:

—BlackWarGreymon…

El dragón sonrió, intranquilo, y se situó en el medio de sus alumnos. Por mucho que intentaba parece calmado, sus manos en movimientos continuos y sus piernas nerviosas, le delataban. Además de que no había hablado en ningún momento, y sabiendo cómo era él, no había duda de que tenía algo de miedo.

—¿Sora, qué te ha pasado, amiga? —preguntó Mimi.
—Te mataremos… —amenazó Biyomon.
—Sí, sí, lo haremos —decretó la pelirroja.
—De acuerdo, puedes intentar matarme, pero primero dime que he hecho para que te enfades tanto.
—¿A parte de olvidarte de mí? —masculló la chica, enojada.
—Bueno, eso no sería un motivo justificado para acabar con mi vida, aunque sigo diciendo que no lo conseguirías. ¿Qué podrías hacerme daño? Sí, eso puede ser —se encogió de hombros—. Pero no entiendo cómo es que tienes señales de haber peleado contra alguien.
—¡Porque esos idiotas de Andromon me tomaron por una intrusa! ¡Era como estar en Arabia, no estás acompañada por un hombre y ya te quieren arrestar! —Pegó el suelo con el pie—. ¡Y por eso tuve que pelear con ellos!
—¿Hubo algo más?
—¿Quieres más motivos, BlackWarGreymon? Porque cada vez me están entrando más ganas de golpearte con mis puños.
—Seguro pasó algo más… —insistió él—. A ti te encantan las luchas. Un par de azotes a esos digimon te habrá resultado hasta gustoso para desahogar la furia por haberte olvidado en esa sala.
—Cuando… Cuando salí del lavabo para irnos, pulsé sin querer un botón que estaba escondido en la pared —respiró hondo—. El techo de la sala desapareció y comenzaron a aparecer multitud de ratas que caían encima de mí. Ha sido asqueroso… —Mimi tuvo una náusea—. Ese es el principal motivo por el que voy a machacarte, Black. Por no habernos avisado de esas trampas horripilantes.
—Oye, oye, ni siquiera yo soy capaz de memorizar todos los botones que están en las paredes —se defendió el digimon, levantando las manos—. Aunque debo admitir que ese en concreto sí lo sabía, ya que quería ponerlo en práctica con vosotros. Es una lástima que sólo tú hayas tenido que verlo, pero no te preocupes, si te hace sentir mejor, vamos ahora mismo y se lo hago a tus compañeros.
—Vale, luego iremos, ahora acabo contigo.
—¡Sí, Sora, mucho ánimo! —exclamó Arturo, poniéndose encima de la cama.

La pelirroja no tardó en abalanzarse contra Black. Este, por su parte, no quería dañar a su alumna favorita, y por eso sólo esquivaba sus golpes e intentaba huir, sin embargo, siempre se encontraba a Biyomon delante de la puerta de salida, impidiéndole escapar d la habitación. Así que por una cosa u otra, no le quedó otro remedio que coger a Sora del brazo y alzarla como había hecho con Arturo antes. No le agrada tener a la chica cogida de esa manera, pero se podía decir que le habían obligado.

—¡Se valiente y lucha contra mí! —espetó ella, consiguiendo darle un guantazo en la cara.
—¡Ay! —Black se frotó la parte dolorida con la mano que tenía libre—. Para ser una humana, pega fuerte —pensó—. ¡Espera! Escúchame, ¿vale? —Sora volvió a golpearle—. ¡Estate quieta de una vez! —Masculló y provocó un pequeño temblor en la sala—. ¿Qué? ¿Tranquila por fin?
—Suéltame —dijo, cabreada—. Está claro que no piensas pelear contra mí en serio —se cruzó de brazos—. Maldita sociedad machista.
—Eh, eh, que yo no peleo contra ti porque seas una mujer —replicó Black, dejándola en el suelo—. Es porque sé perfectamente que soy más fuerte, puesto que soy un digimon. Hay que estar muy mal de la cabeza para querer luchar contra mí. Y eso tampoco me pararía a la hora de mataros, ya que sois insoportables, pero como eres mi alumna favorita, te pasaré por alto que me hayas amenazado. Eso sí —añadió—. La próxima vez que me golpees mi rostro… no te lo perdonaré —acercó sus dramón killer a la mejilla de Sora—. ¿Está claro? Y esto va para todos. No toleraré que nadie hiera mi hermoso cuerpo atlético que no se deteriora a pesar de no hacer ningún ejercicio físico. Para que luego digan que estar tirado en el sofá es malo.

Nadie hizo ningún comentario. De pronto algo que estaba en la muñeca de Black comenzó a sonar. El dragón se puso serio de repente, y pulsó un botón.

—¿Gallantmon? —los chicos se pusieron entorno a su maestro, atentos. Nunca habían visto que Black hablara con sus compañeros, aunque sí habían descubierto que los ponían a caldo en el restaurante que vieron al llegar a ese extraño lugar.
—¿Hay alguien ahí? ¿Hola? ¿Hola? ¿Hola? —Del objeto que tenía Black cerca de la boca, empezaron a escucharse voces conocidas—. Calla, Yolei, así no vamos a oír a nadie. ¡Si te pones a regañarnos a cada rato, claro que no escucharemos a nadie! Que pesada eres, Kari, es por eso que te pongo el cuchillo en el cuello, para que no abras la boca. ¡Ya vale! —ladró una tercera voz, femenina, que los hizo callar a todos—. Me estoy cansando de vosotros, voy a comenzar a poner en práctica mis más terroríficas torturas.
—¡Oh, la maravillosa Nahila! —dijo Black, demasiado contento para sorpresa de sus alumnos.
—¿Habéis oído eso? —Siguió hablando la misma voz—. Parece que hay alguien detrás de este aparato. Y me conoce…
—Es que a las locas se les conoce más que a los normales —dijo una voz masculina.
—¡Agh… no me tientes, no me tientes, que por tu culpa hemos tenido que llamar a los otros dos jefes! ¿Pero cómo puede estar esa cosa viva?
—¡Esa cosa tiene nombre! ¡Zoe es una persona, como todos nosotros!

Black no habló a partir de ese momento y los que estaban alrededor de él tampoco. La otra línea comenzó a discutir. Por un lado estaba Nahila, la cual el dragón alababa a cada rato por lo que decía, cosa que hacía enfadar a sus alumnos y todavía más a Sora, que había creído que ella era la favorita de su maestro; y también se escuchaba a una chica llorando y a otra, que supieron que era Yolei, hablando con un chico el cuál no tenía nombre. En ese aspecto, Black se sintió mejor: su grupo no parecía el peor de todos.

Decidió poner fin a aquella locura:

—Habéis llamado por algo, ¿verdad? —interrumpió—. ¿Ha pasado algo?
—¡Claro que ha pasado algo! —Contestó Matt—. Déjame hablar a mí, soy el más coherente de este grupo.
—Desde que “despertó” tu novia de plástico, te haces el machote, ¿eh? ¡Por favor! Si eres el primero en ponerte a llorar con la tortura de fuego. Eres el que menos ha aguantado desde que comencé a escribir mis experiencias con los que soportan mis… juegos.
—Cada vez me gusta más esta chica —murmuró Black—. ¡Chicos! Chicos —los llamó de nuevo—. Bueno, ¿me podéis decir que sucede?
—Pues, verás… —empezó Nahila.
—¡Que Gallantmon se ha desmayado! —Respondió Kari—. El pobre no lo ha podido soportar.
—Bah, ese es un sentimental —bufó Black—. Seguro que vio un poco de sangre y se cayó al suelo. Si es por esa tontería, mejor no utilicéis ese aparato. A ver si pedís una Pizza y tenemos que pagarla nosotros.
—¿Se puede pedir una pizza?
—¡Matt, no preguntes idioteces! —bramó Nahila.
—Es cierto, Black —insistió Kari—. La novia de Matt, la de plástico… habla. Sólo que ahora se ha vuelto tímida de repente.
—Porque no le gusta hablar delante de desconocidos —protestó el elegido de la amistad, retomando la palabra.
—¿Acaso estáis todos mal de la cabeza? ¿Ahora os imagináis que una muñeca erótica de plástico os habla? —Black negó con la cabeza—. En serio, pasadme a Nahila, no me creo nada de lo que diga el resto.
—¡No es una muñeca erótica, es mi chica, respétala!
—¿Alguien podría meterle una manzana en la boca? —pidió el dragón, aburrido de escuchar a ese elegido.

De nuevo tuvieron que detener la charla, ya que todos se quedaron callados cuando Nahila pidió silencio. Black no podía dejar de maravillarse por lo que esa chica conseguía. Se quedó esperando a escuchar gritos o algo parecido, pero sólo se oía el celo y como alguien trataba de articular palabras.

—Bien, ya no molestará más —dijo Nahila, retomando la conversación—. Y los demás tampoco interrumpirán, les he atado en sus respectivas camas.
—¡Espléndido! ¡Espléndido! —alabó Black, aplaudiendo.
—¡No deberías apoyarla a que haga ese tipo de cosas! —protestó Mimi.
—Mi prima es la mejor —replicó Arturo—. Todo lo que hace es alucinante. Jamás verás que alguien la haya denunciado, porque toda la ciudad la teme.
—Perfecta, esta chica es perfecta —asintió Black.
—De acuerdo. Es verdad que Gallantmon se ha desmayado. Y tienes razón conque es un sentimental, un sensible y un tanto estúpido, pero creo que tiene un buen motivo para haberse quedado inconsciente al ver resucitar una muñeca de plástico que hasta ahora había sido eso, una muñeca —la chica paró un momento para tomar aire—. Como debemos continuar con las charlas de nuestras vidas, hemos tenido que llamar a los otros jefes. Ha sido una suerte encontrar este aparato, que no se ha roto cuando nuestro maestro se ha caído al suelo. En fin, que no quiero enrollarme más. ¿Vas a venir o llamo al otro? Ya me han dicho que eres un total pasota.
—¡Ah! ¡Me conoces! Me siento halagado.
—No me lo puedo creer… —murmuró Sora.
—Entonces ¿qué? —Preguntó Nahila— ¿Vendrás?
—¡Por supuesto! Hasta ahora Apollomon no me había dejado ir a la habitación del grupo de Gallantmon, pero esto es una urgencia. Ahora mismo voy. Me encantaría llevarte a mis alumnos… ya que se merecen una buena tortura, pero eso haría que Apollomon se enfadara, y no es el mejor momento para hacerle cabrear. Ahora mismo voy, preciosa.
—Alucinamos —dijeron todos los niños elegidos al unísono al escuchar la última palabra de su maestro.

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Apollomon miró al sol, inquieto. Todavía les quedaba unos minutos a esos niños elegidos. A excepción de Davis, que no era capaz de moverse, el resto ya no se podían ver desde ese lugar del mar. El jefe de ese grupo caminaba de un sitio a otro, sin poder hacer nada más. Había dado el tiempo justo para no aburrirse, pero ni siquiera de esa manera era capaz de esperar. Y eso de tener que observar a un niño elegido todo el rato, le molestaba, puesto que quería que todos hubieran salido nadando hacia delante.

Respiró hondo. Davis no dejaba de preguntarse dónde se encontraba el anterior Apollomon, el pacífico, bueno y paciente de Apollomon. Aquel que había soportado sus tonterías hasta límites extremos, aquel que los defendía de cualquier insulto aunque en realidad fuera cierto. Por eso no le entraba en la cabeza que hubiera cambiado tanto. ¿De verdad el auténtico Apollomon era así? ¿En serio se volvía tan amable con una simple pastilla? ¿Acaso todos en ese lugar se comportaban de manera distinta gracias a pastillas creadas en el digimundo?

—Espero darme una buena comilona —dijo entonces Apollomon, tratando de conversar con Davis para que el tiempo pasara más deprisa—. Como sea Cody el último, me voy a quedar con hambre, y que no esté saciado no es una buena noticia para vosotros.
—Pero habías dicho que sólo te comerías a uno…
—Bueno, el pasado es pasado, ¿no? —Sonrió Apollomon—. Y si lo miramos de esta manera, podíamos decir que tengo mucha razón. Después de todo, vosotros, cuando erais niños, no os comportabais de esta forma tan infantil. ¡Si es que es normal que quiera tragaros, así no hablaréis nunca jamás!
—¡No puedes matarnos a ninguno! Somos humanos, los digimon dejasteis de molestarnos hace mucho tiempo —insistió Davis, tratando de encontrar señales de su antiguo maestro amistoso.
—Un humano menos no se notará —contestó Apollomon—. Os reproducís muy rápido. Mañana habrá un millón de nacimientos.
—¡Soy un niño elegido!
—Bah, cada año los digimon aceptan a un nuevo compañero para criarse con el cariño de un humano —Apollomon meneó la mano—. Prueba de ello son Arturo y Nahila. Arturo recogió su digivice, pero no tenía ni idea de quién era su digimon. Tras buscar, encontramos a dos que podían serlo, y ya fue él quien eligió.
—Yo estuve presente, y no eligió exactamente, pues…
—¡Cállate! —bramó el digimon, consiguiendo que el agua ardiera—. Aún no había finalizado de hablar. ¡Ten más respeto, idiota! —Entrecerró los ojos—. Y Nahila entró al digimundo y conoció ArGatomon. Al igual que esos dos se hicieron niños elegidos de repente, sucederá con otros de tu misma especie.
—Eh… Eh… ¡Gennai se enfadará!
—Ese viejo cascarrabias hace mucho tiempo que no mete las narices dónde no le llaman, y aunque conoce el paradero de este lugar, no es de acercarse. Según sé, está metido en otros problemas —se encogió de hombros—. Creo que consiguió trabajo en algo. Por lo que ya no está interesado en los niños elegidos. ¿Tienes otra excusa o puede comenzar a buscar mi almuerzo? Tengo hambre y queda un minuto.
—¡¡No quiero morir!! —exclamó Davis y se puso a llorar.
—Agh… sois todos unos estúpidos. ¡Claro que tú no vas a morir! No todavía, al menos. ¿Por qué en cuánto escucháis que os van a matar, no oís lo siguiente? Os escandalizáis enseguida. Así no llegaréis a nada —empezó a caminar—. Puede que cuando termine el entrenamiento, sólo quede uno vivo, ya que los demás estarán en mi estómago, pero este último, será el mejor de todos —le guiñó un ojo—. Tú no serás, eso tenlo por seguro.

Dejando a Davis humillado y sin ganas de discutir, Apollomon pasó por su lado y comenzó su busca del elegido más idiota. El muchacho se quedó de rodillas en el mar, sin saber muy bien que hacer. Las lágrimas ya habían cesado, pero seguía sin poder creerse que todo eso le pasara a él.

—Apollomon me ha engañado —se dijo a sí mismo—. Me va a matar a mí en cuánto regrese con los demás.

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Tai y TK llegaron a la orilla agotados. Habían dado una vuelta entera para que Apollomon no les viera. Ahora querían abandonar esa sala —que era una especie de playa—, y marcharse hasta encontrar a uno de los jefes —si podían elegir, querían que fuera Gallantmon—, para contarles que no podían seguir siendo los alumnos de ese maestro psicópata. Y aunque tenían la certeza de que no llegarían a tiempo para impedir que Apollomon se comiera a alguno de sus compañeros, por lo menos podrían salvarle ellos y a los otros dos que quedaran.

Al tocar la arena, sintieron la tranquilidad. No sólo por no ver a nadie alrededor —tampoco a sus digimon—, sino porque tenían la sensación de que Apollomon se encontraba muy lejos de su alcance. Su primer paso sería encontrar una puerta escondida y correr, a pesar de estar cansados tras nadar tan deprisa.

—Tai, debemos irnos cuanto antes.
—Ya lo sé —contestó el elegido del valor—. Estoy observando las paredes. Esto no es tan fácil como lo habíamos planeado mientras que veníamos. Y encima tú no me dejabas pensar.
—Es que… no sé, me parece que Apollomon nos dio la clave para sobrevivir. Sin embargo, nosotros salimos corriendo como si esa fuera la solución.
—¡Era la única solución! ¡Ese loco quiere comernos!
—¡Pero sólo va a comerse a uno! Y si sólo es uno, debe haber una regla para que los demás se salven, ¿no?
—Tal vez era llegar a la orilla —supuso Tai—. Si es así, ya hemos ganado la vida.
—No recuerdo nada de eso —murmuró.
—Oh, vamos, ninguno de nosotros hemos escuchado sus palabras, así que es imposible que las recuerdes. Venga, levántate; ante la duda, será mejor marcharnos de aquí.

TK se puso recto y siguió a Tai. En esos momentos, era el elegido del valor quién tenía más esperanza de encontrar esa puerta. Cada dos por tres, TK se giraba por si acaso Apollomon venía volando o corriendo y se lo comía a él primero. Además de que estaba detrás, por lo que sería más fácil cogerlo a él antes que a Tai.

—Eh, Tai… —le llamó—. Deja que yo busque, tengo mejor vista.
—No. La encontraré yo —replicó el otro.
—¡Pero te cansarás antes! —Caminó más deprisa y se situó delante de Tai—. Descansa un poco, yo me dedico ahora a buscar esa puerta escondida.
—He dicho que no —le cogió del brazo y lo obligó a ponerse detrás—. Tengo más edad que tú y por tanto debo cuidar de ti.
—¡Mentira! ¡No te interesa nadie, sólo te importas tú mismo! ¡Tú quieres que Apollomon me coma!
—¡Y tú igual, por eso quieres dejarme atrás!

Los dos empezaron a pelearse. En menos de cinco minutos tuvieron que cerrar los ojos, ya que les había entrado arena dentro. Pero ni siquiera de esa manera dejaron de darse golpes. Los dos pensaban igual: querían que uno se quedara inconsciente para poder escapar y así que Apollomon se lo comiera a él. Era una lucha en que el egoísmo predominaba más que nada, porque no se odiaban, no tenían por qué pelearse, pero era sobrevivir, y eso les daba fuerzas a ambos.

Entonces se vieron levitando en el aire. Seguían sin poder abrir los ojos, pero si notaban que el fresco de la playa había sido sustituido por un calor sofocante que emanaba de un cuerpo, puesto que sí sentían que era una mano lo que les tenía cogidos por la camisa. Tardaron un rato en darse cuenta de quién se trataba, ya que se habían quedado paralizados por el miedo.

—La arena tiene unos finos hilos, que cuando los pisas, se rompen pero no os dais cuenta de que estaban ahí —explicó Apollomon, soltándolos—. No soy idiota, supe desde el principio que alguno de mis alumnos se le ocurriría la brillante idea de marcharse de este lugar. Pero es que jamás encontraréis la Puerta Escondida, ya que sólo los jefes, y sus mayordomos, lo sabemos con certeza. Y muchas veces nos olvidamos. Por eso llevamos un mapa que nadie debe saber dónde los tenemos —se rascó la barbilla—. Dejando al lado una información valiosa… ¡Muy bien, os habéis librado! Incluso más que Davis.

Tai y TK se frotaron los ojos, sin entender muy bien que acababa de suceder. Cuando por fin puedo mirar, observaron a Apollomon para tratar de descubrir si les estaba engañando. Podía ser que de repente se pusieran muy felices por estar vivos, y se los tragara a los dos de un solo bocado.

—¿Cómo es eso? ¡Hemos hecho trampas, hemos querido escapar!

Al escuchar eso, Tai saltó encima de TK y comenzó a oprimirle el cuello rodeándole con un solo brazo. Después levantó la cara y miró a Apollomon sonriendo nerviosamente.

—¡Es una broma! —aclaró—. ¿Eres idiota o qué? —habló bajito, dándole un codazo en el estómago.
—En realidad, me da lo mismo —se encogió de hombros—. Jamás hubierais podido salir de aquí, aunque lo intentarais. De todas maneras, yo cumplo mi palabra, por lo que no os mataré. Igualmente, vais a venir conmigo y así le hacéis compañía a Davis.

Los volvió a coger y empezó a volar, y de nuevo se adentraron en el mar. Tai y TK seguían sin sentirse seguros, sobre todo después de haber comprobado en lo que se había convertido su maestro.

Minutos después, Davis veía como Apollomon traía a dos de sus amigos. Y tuvo una sensación extraña dentro de él: la primera es que estaba deseando ver como Apollomon se tragaba a alguno de ellos, y la otra, es que hubiera preferido que viniera Cody. Jamás olvidaría esa tarta con el ingrediente secreto. Sin ningún tacto, Apollomon lanzó a los dos humanos al agua, y como esta no era muy profunda, ambos chicos se dieron contra la arena. Cuando su rostro salió al exterior, estaba lleno de pequeñas heridas y en la frente tenían pegados conchas y algún que otro caracol.

—Tomad —dijo Apollomon, entregándoles una caja de tiritas—. Si tengo que haceros daño, prefiero hacerlo yo mismo en una sala vacía.
—¡Pero si esto lo has hecho tú tirándonos si ningún cuidado! —protestó Tai, quitándose la arena de la cara.
—No, no; soy un psicópata. No me puedo permitir que lloréis por lanzaros al agua. No, tengo otros mejores planes para todos vosotros —sonrió—. Lo de Nahila son chorradas comparado con mis perfectos crímenes.

Ninguno se atrevió a decir nada más. Apollomon rio ante su silencio.

—Bien, vamos a ver quién morirá de Ken y Cody. Haced apuestas por mí, ¿de acuerdo? —Les pasó una nota y tres bolígrafos—. Romped la hoja en tres partes y apuntad en cada una el nombre del que pensáis que va a morir. Me encantan los juegos y me cabrearía mucho que no me hicieran caso unos mocosos. ¿Ha quedado claro?

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Ken y Cody eran los que más lejos se encontraban de Apollomon y sus tres compañeros. Estos, al contrario de Tai y TK, habían pensado en encontrar la salida en el final de la playa. Habían optado por encontrar el punto final de ese lugar imaginario. Y puesto que la sala era una especie de playa, seguramente no tenía final, sino, que tal vez, y era su esperanza, pasarían a una sala distinta y podrían escapar del psicópata que estaría buscándolos ahora.

Sin embargo, los chicos comenzaban a sentir el agotamiento, y pronto tuvieron que parar. Les ardía los brazos y los ojos los tenían rojos. A parte de tener la garganta seca y el cuerpo helado. Algo había pasado, puesto que el sol había desaparecido del cielo y por su parte había aparecido la luna.

—Esto lo ha hecho a propósito —musitó Ken, abrazándose a sí mismo para darse calor—. Si no nos encuentra o nosotros vamos a otra sala, moriremos congelados.
—Yo no pienso morir… —contestó Cody y sacó una navaja del bolsillo.
—¿Qué…? ¡Cuidado, Ken, tenemos a un chiflado que preparó tarta con mierda! —Ken negó con la cabeza—. Tranquilo, digimon emperador, seguro que el cuchillo es para otra cosa. ¿Piensas pescar pescados? Me gusta el sushi. ¡Idiota…!
—A mí no me gusta el sushi —dijo Cody, abriendo la navaja lentamente.
—Pues que pena; está buenísimo. Mi familia y yo vamos todos los fines de semana… eh… —Cody se acercó a él con el cuchillo hacia delante—. ¿Acaba de saltar un pez detrás de mí y quieres clavarle el cuchillo? Si es así, espera a que me haga… —tuvo que saltar para esquivarlo—. Pero ¿qué haces? ¡Te lo he dicho, su intención no es pescar!

En un rápido movimiento, Cody cogió el brazo de Ken y lo puso detrás, en su espalda, consiguiendo un gemido de dolor por parte de su compañero. Ken se sorprendió de la fuerza de Cody y también por su velocidad: jamás hubiera imaginado a un Cody así, y mucho menos peleando. Sabía que entrenaba Kendo, pero de ahí a inmovilizarle. Además de que saber que tenía una navaja en la mano libre no le tranquilizaba en absoluto.

—Pero, Cody, ¿tú y yo no somos amigos? —Sollozó Ken—. ¡No llores delante de tu enemigo, estúpido! ¡Sé hombre por una vez en tu vida! Vamos, Cody, recuerda todos los momentos que hemos pasado juntos.
—Antes de venir a este lugar… No, no recuerdo ninguno.
—Hemos pasado por una experiencia homosexual juntos, y también hemos bailado desnudos contra el enemigo robot; eso nos ha tenido que unir para siempre. ¡Somos el equipo perfecto, ni siquiera TK, con el que compartes la DNA digievolución, ha pasado tanto contigo!
—Yo no tengo nada contra ti, Ken, pero si tengo que elegir entre tu vida y la mía, está clara cuál va a ser mi decisión —se encogió de hombros—. Y como eres mi amigo, te mataré rápido. ¿Prefieres que te corte el cuello o te clave el cuchillo en el corazón?
—¡Primero dime por qué lo haces! Esto no tiene ningún sentido. Se supone que tenemos que huir de Apollomon, ¿no?
—Te lo explicaré, no te preocupes —antes de decir nada más, le puso el cuchillo entre el cuello—. Verás… mientras que nadábamos y te contestaba a todo afirmativamente, he maquinado un plan para salir con vida. Apollomon dijo que no soportaba a cinco chicos. ¡Y eso es lo que quiero solucionar! Si te mato a ti, ya no tendrá por qué comer a otro y así me salvaré. Aunque si quieres, y es tú último deseo, mataré al resto y así verás que no lo hago por el hecho de ser tú, te ha tocado morir por estar más cerca.
—Eh… ¿Y dónde encontraste la navaja? —preguntó Ken, tratando de alargar el momento lo máximo posible.
—La traje de mi casa. Siempre la llevo conmigo —se quedó un momento callado—. He cambio bastante desde que nos fuimos del digimundo. He cambio el kendo y la tranquilidad, por un trabajo de espía. Reconozco que pertenecer a una mafia de menores no es lo correcto, pero quería ponerle algo de sentido a mi vida, y al verme la cara en el espejo, me dije: ¡es el trabajo perfecto para mí! —Comenzó a hacerle un pequeño corte en el cuello—. Me cansé de tanta charla. ¿Quieres qué mate a los demás o pides otra cosa antes de morir?
—¡¡¡NO QUIERO MORIR, TENGO MUCHAS COSAS QUÉ HACER ANTES DE IRME AL OTRO MUNDO!!! ¡Compórtate como un hombre y demuestra un poco de orgullo!
—Tranquilo… —sonó entonces una tercera—. No morirás… Al menos no en manos de ese pequeñajo.

En rápidos movimientos que no podían ser seguidos por ojos humanos, Apollomon le arrebató la navaja a Cody, la guardó en el bolsillo del chico y los cogió a los dos de la cara hasta ponerlos delante de él. Cody no mostró ningún miedo, sólo se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, fastidiado de que le chafaran el plan. Ni siquiera temía que Apollomon se lo comiera. Ken, por su parte, no podía parar de gritar y llorar: los nervios y el susto de morir en manos de su amigo, habían mellado en él y ahora no podía estarse quieto.

Sin embargo, Apollomon sólo centraba su atención en Cody.

—Vaya, eres increíble —dijo, maravillado—. Y pensar que tres de los niños elegidos tenéis tendencias asesinas. Antes erais unos pequeños niños que queríais el bien para un mundo desconocido. Ahora cada uno tiene una personalidad distinta que puede dañar a los demás —asintió con la cabeza—. Tendrían que contratar a unos nuevos elegidos para mataros a vosotros. ¡Sois un peligro, queréis mataros entre vosotros!
—Oye, que es él quien ha querido asesinarme —respondió Ken, dejando de llorar.
—No, te equivocas, yo no dejaría que me mataran —replicó Cody—. Los mataría antes de que me tocaran. No puedo morir hasta cumplir mi contrato de tres años con la mafia de menores.
—Lo siento, Ken —interrumpió Apollomon—. Pero te voy a comer a ti.
—¿¿QUÉ?? ¿¿POR QUÉ??
—Bueno, es verdad que ambos estabais en la misma línea, pero Cody es mucho más interesante, y cómo después tengo que escuchar vuestras vidas, prefiero oír la suya que a ti con esa doble personalidad tan chillona.
—¡Eso no es justo!
—Tienes razón. Antes miraba lo justo y lo injusto por encima de cualquier cosa, pero ahora que he cambiado, que he vuelto a ser el mismo, eso me da igual —sonrió—. Soy un psicópata, un lunático, un digimon que le encanta meter los datos de los digimon derrotados en botellas y venderlos a los débiles para que digievolucionen. Pocas veces he tenido la oportunidad de jugar con unos humanos y no pienso desaprovecharla ahora que tengo a cinco chicos a mi mando.

Ken se quedó con la boca abierta, y ni siquiera su doble personalidad quiso decir algo. Por una vez, ambos estaban en completo silencio. Apollomon, comprobando que ninguno tenía algo más que añadir a esa conversación. Cogió a los chicos de la camisa y emprendió vuelo.

No tardaron en divisar a los tres muchachos que parecían divertirse haciendo aviones de papel. Apollomon frunció el ceño, sintiéndose algo humillado: ¿en serio habían pasado de él y se había dedicado a jugar con el papel que él les había dado para que apuntaran el nombre del que iba a comerse? Pensaba que su mirada y sus palaras tranquilizantes aterrorizaban a cualquiera, pero estos chicos, o eran muy valientes o unos completos idiotas.

Aterrizó con cuidado y soltó a ambos muchachos. Los dos se levantaron del suelo. Cody comenzó a quitarse la arena de las rodillas, y Ken se encerró en sí mismo y comenzó a susurrar cosas inteligibles.

—Dadme las notas: ahora mismo —adelantó su mano.

TK, Tai y Davis buscaron en sus bolsillos una pequeña parte de la hoja que les había entregado Apollomon. Era diminuta; había utilizado lo demás para divertirse mientras que Apollomon iba a por el resto. Además de que saber que no iban a morir les alegraba inmensamente.

—Veamos… —Apollomon observó la primera nota—. Dios, que caligrafía, ahora entiendo porque los maestros os ponen ceros aunque las respuestas sean correctas. ¡Escribís fatal! —Entrecerró los ojos—. Aquí pone… Ken. Bien, a ver la siguiente —tiró la que tenía antes al agua—. Puff… esto es imposible de leer. Aunque teniendo en cuenta que hay cuatro nombres, doy por sentado que es de Davis, que aún os tiene rencor por vuestras venganzas —los cuatro chicos miraron a Davis, furiosos, aunque este les enseñó el dedo del medio, cabreado también—. Y el último pone: Ken, también. ¿Cómo es qué nadie piensa que va a morir Cody? Quitando lo que ha escrito Davis.
—A Cody nunca le pasa nada —contestó TK—. No es de hablar mucho y menos de meterse en problemas. Eso sí, desde que está aquí ha cambiado y…
—Está claro que no conocéis al pequeño… mafiosillo —río Apollomon, poniendo una de sus manos sobre la cabeza de Cody—. Este podría mataros sin que le temblara el pulso.
—Pero ¿qué dices? Anda, anda, Apollomon, que no nos vas a engañar con eso.
—Bueno, como queráis —se encogió de hombros. Luego cogió a Ken de la cintura con una sola mano y lo levantó—. Comenzaré por la cabeza y así no sentirás dolor.

Los cuatro elegidos restantes se quedaron callados. Davis, TK y Tai se quedaron sorprendidos, porque habían llegado a pensar que lo de comerlos era una broma de Apollomon para asustarlos. Pero ver la cabeza de Ken tan cerca de la boca de Apollomon confirmaba lo imposible. Ahora se daban cuenta cuanto había cambiado su maestro.

—¡¡WORMMON!! ¡¡WORMMON!! ¡¡WORMMON!! ¡Siempre supe que ese gusano era un completo inútil! —exclamó la personalidad de Digimon emperador, acallando los sollozos de Ken.
—Ahora que lo pienso —escuchó Ken, aunque apenas estaba atento a los demás chicos— no hemos visto a ningún digimon cuándo estábamos en la arena. Bueno, creo que oí a Agumon eructar y Armadillomon roncar, pero faltaban tres…
—Es verdad, Tai. ¿Dónde está Patamon? Le conozco, debería estar chillando, pidiendo bebida. Bueno, da igual, a lo mejor se comió la arena pensando que era bebida —se encogió de hombros—. Cada día está peor.
—¿Cómo qué Veemon no estaba? ¡Tiene que protegerme de este chiflado!
—¡¡¡SILENCIO!!! No me dejáis comer tranquilo —les hizo callar Apollomon, tirándoles pequeñas bola de fuego que acabaron en el agua.

Los chicos callaron al acto. Ken, mientras, intentaba cerrar los ojos para no observar los dientes afilados que constituían la boca grande de ese digimon. Pero los mantenía abiertos y veía como su muerte estaba muy próxima, cada vez más cerca. Y entonces, logrando un susto por parte de los niños elegidos, algo que estaba en la muñeca de Apollomon comenzó a sonar y el digimon se detuvo en seco cuándo ya tenía la cabeza de Ken dentro de su boca.

—¡No me dejan en paz! —Vociferó Apollomon, tirando a Ken sobre sus amigos—. ¿Quién llama ahora? —pulsó un botón que estaba en su muñeca y comenzaron a escucharse algunas voces.
—¿Para qué llamáis, idiotas? Ya viene Blackwargreymon, no necesitamos al otro jefe.
—Cuántos más mejor —contestó, esta vez, una voz masculina, que Tai y TK reconocieron como la de Matt—. Además… quiero presentarle a mi novia a mi hermano.

TK se encogió de hombros, dando a entender que no tenía ni idea de quién se trataba. Pero Tai se enfadó muchísimo.

—¡Es el único chico de ese grupo! —recordó—. ¡Cómo esté con mi hermana, serás hijo único, Takeru!
—También puede estar con Yolei o con esa chica nueva… —dijo TK, levantando las manos en pose defensiva.
—Claro, claro, Matt se habrá enamorado de la loca. ¡Yolei no puede dejar de repetir lo primero que dice al despertarse!
—Créeme, mi hermano se enamoraría de chicas más raras —suspiró TK, recordando la muñeca que había encontrado en la cama de Matt y que jamás le había contado para que este no se sintiera mal—. Algún día tendré que hablar con él por su atracción a… —comprobó cómo todos le miraban—. Bueno —sonrió—. ¿Quién está llamando?

Apollomon se centró en el brazalete que tenía en la muñeca y escucharon atentamente. No tenía muchas ganas de saber de quiénes se trataban, pero ya que le habían interrumpido el almuerzo haría un esfuerzo para solucionar el problema que tenía Gallantmon, ya que el número era de él.

—¡Déjame hablar con mi hermano, arpía!
—Mira, me da lo mismo que tú muñeca esté viva y que ahora pueda hablar y moverse, mis torturas podrían dañarla con facilidad —se escuchó una especie de siseo—. ¡Y ahora, dame eso, será mejor que hable yo con el otro jefe!
—Nadie te hizo jefa —replicó Matt—. ¡El jefe es Gallantmon!
—¡¡POR TU CULPA SE HA DESMAYADO, IDIOTA!! —exclamó la voz femenina, irritada.
—Creo que voy a colgar —dijo Apollomon.
—¡¡No!! ¡¡No!! —Otra voz, la de Kari esta vez, alertó a Tai y a Apollomon—. Lo mejor sería que viniera también. Gallantmon siempre dice que Apollomon es el más tranquilo —se escuchó una risotada por parte del digimon, aunque Kari y los de la otra línea no lo notaron—, por lo que sería adecuado que él viera lo que ha pasado.
—Bueno, si tú lo dices —respondió Nahila, y comenzó a hablar—. ¿Eres Apollomon, verdad? Pues verás, Gallantmon ha quedado inconsciente después de escuchar hablar a una muñeca de plástico, y aunque hemos llamado también a Black, decidimos contártelo a ti. Sin embargo, este estúpido varón, está tan contento con su nueva pareja, que parece flotar y no enterarse de la realidad —se escucharon algunas palabrotas—. ¿Puedo matarle?
—Claro; hazlo —contestó Apollomon.
—¡Matt, huye! —gritó TK. Apollomon le tapó la boca enseguida.
—¿En serio? ¿Puedo? ¡Muchas gracias! Primero te pienso torturar… ¿Apollomon, vas a venir?
—Por supuesto, no pienso perderme a la muñeca que ha hecho desmayarse a Gallantmon. Y así, tal vez, me encuentre con la zorra de Sakuyamon…
—Te esperamos —dijo Nahila y cortó la llamada.
—Os habéis librado —murmuró Apollomon, mirando a sus alumnos.

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Patamon, Veemon y Wormmon había logrado salir de ese lugar extraño, todo gracias al mapa que la papa naranja llevaba. Porque se habían dado cuenta que era una especie de laberinto imposible de descubrir que había detrás de todas esas puertas. Con suerte, ahora ya estaban fuera, y veían el digimundo que tanto habían añorado.

—Bien… ahora ya podemos ver cuál es la puerta que nos lleva a ese lugar —dijo Veemon, mirando hacia atrás.

Él, junto a los otros dos, se quedaron con la boca abierta. El lugar había desaparecido, no había nada que revelase que estaba ahí, y sin embargo, al adelantar una mano, notaban el pomo de una puerta.

—Esto es… muy raro —comentó Wormmon.
—Bueno, a mí ahora me da lo mismo —contestó Patamon, echando a volar—. No me interesa saber nada de ese lugar, ni tampoco si es peligroso para nuestro digimundo. Ahora quiero encontrar la aldea y hacerles saber cómo es Dracomon.
—Pero, Patamon, tenemos que descubrir qué es esto —insistió Wormmon.
—¡Mira, ahora lo que quiero es encontrar un bar y beberme un buen trago de alcohol! Ahí dentro estaba vigilado, pero ahora soy libre, y voy a desmadrarme como nunca lo he hecho. Después de emborracharme, o sea, al día siguiente, y si no tengo jaqueca, iremos a buscar al aldea.
—Y eso que estabas tan interesado… —murmuró Wormmon, cabreado—. Jamás llegaremos al punto de destino.

Ninguno se había percatado de que Veemon caminaba hacia adelante como un autómata. Pero finalmente, tratando de saber qué opinaba el digimon azul, le vieron un poco más lejos, y se acercaron enseguida a él.

—Pero ¿a ti qué te pasa? —preguntó Wormmon.
—Mirad… —susurró Veemon, señalando hacia al frente.

Los tres digimon centraron la vista en punto hacia delante, y se encontraron con algo que les interesaba bastante. En la izquierda, había un bar de alterne, donde dos Renamon repartían besos a los que pasaban. En el medio, un bar, con el nombre de: Jabalí errante. Y por último, en la derecha, un casino.

—¡Mujeres! —exclamó Veemon, echando a correr.
—¡Bebida! —gritó de alegría Patamon, volando al bar.
—¡Dinero! ¡Dinero! —saltó Wormmon, caminando hacia la derecha.

________________________________​


Y así termina el capítulo. En el próximo veremos los que les pasa a esos tres. ¿Creen que llegaran a completar su plan? No tengo ninguna pregunta en general, ya que me las guardo para cuándo termina todas las charlas del grupo de Gallantmon, así que les dejo vía libre para comentar. Ahora comenzaré a escribir el capítulo de BELT.

Un saludo y hasta la próxima.
 
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Black sigue igual que siempre, despreocupado por todo, quizá no trate de matar a nadie pero es obvio que no le importa si alguien se muere. Me sorprende que Sora tenga fuerza como para darle un golpe a Black y que si le duela.

Arturo no debería tentar su suerte, no está en posición de amenazar a nadie, considerando que su digimon está quien sabe donde.XD

Me hizo reír la llamada de Nahila y los demás a Apollomon para informarle que Gallantmon está inconsciente.XD

No esperaba el comportamiento de Cody. Parece que los locos siempre suelen ser los más callados.XD Ese niño traicionaría a todos con tal de salvarse a sí mismo, creo que hasta me cayó un poco bien.XD
Ya dijiste que ibas a matar a uno y de verdad pensé que hoy veríamos morir a Ken, pero se salvó por poco, pero eso no significa que después si vaya a morir.XD

Creo que la alianza entre Patamon, Veemon y Wormmon tendrá que esperar, ahora están demasiado ocupados.XD
 
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Esa alianza de Patamon, Veemon y Wormmon no durará más. Cada uno tiene sus intereses. Me pregunto que hará Wormmon cuando se entere que Apollomon se comerá a Ken.
Mi duda sigue siendo en si se lo va a comer. Y ahora Cody nos salio una especie de mafioso XD
Después me cuesta entender como Sora le pudo hacer daño a Black. Sigo pensando que eso fue algo fumado.

En fin, nos vemos luego. Este capítulo lo leí apenas me dijiste, pero me olvide de comentar.
 
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