Oneshot Flechas, encanto y amor.

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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Venus, diosa del amor, se encontraba en sus aposentos, descansando en los cielos. Su belleza y presencia eran tales, que no podía bajar a la Tierra, ya que su mera cercanía volvería locos a los hombres y generaría desdicha para las mujeres. Para sus misiones del amor, Venus tuvo a dos hijas, Himenea, diosa del matrimonio, y Cupido, encargada del deseo amoroso y los lazos del destino. Himenea, siendo la mayor de las hijas, hacía un gran papel al unir a las parejas con las cadenas del matrimonio, que solamente encadenaban a los que aceptaban compartir su vida con la persona indicada, por su lado, Cupido, era algo torpe en su desempeño, enamorando parejas que no eran compactibles o causando confusiones entre parejas ya casadas. Himenea se enojaba cada vez que su hermanita complicaba su trabajo, pero, su madre, le pedía paciencia, ya que, a diferencia del matrimonio, el amor era inesperado y sin un plan previo a ello. Pero todo esto, cambiaría en un día muy especial.



Cupido, caminaba llena de angustia hacia la habitación de su madre, acompañada de sus amigos, los cisnes, que graznaban canticos buscando animar a la pequeña, pero no funcionaba, sus ojos azules estaban apenados y temblorosos por su error, un error que podía costarle la confianza de su madre y hermana. La rubia entró a su habitación, mirando que su hermana aparecía en un portal divino antes que ella, seguro le diría lo que hizo a su madre antes que ella.




- Himenea, perdón, estornudé cuando iba a lanzar mi flecha y… -


- No pongas pretextos, cometiste un grave error, con esto, seguro mi madre no rechazará lo que le dije. - Habló una bella joven alada de cabello celeste y ojos azules.


- ¿Qué cosa no rechazaré? -




Frente a las dos hermanas, una preciosa mujer de cuerpo perfecto y dos pares de alas, aparecía ante ellas. La piel intima de esa mujer eran cubiertas por seda de color violeta, misma que recogía su largo cabello. Himenea y Cupido se arrodillaron ante su madre, quien caminó hasta el borde de su trono, mirando atentamente a sus hijas.


- ¿Qué hiciste ahora, hija? -


- Mamá… Yo… -


- Querida madre, Cupido cometió el mayor de los errores, pido que tome a consideración, quitarle sus alas y dejarla en casa como una diosa menor. -


- No, por favor, mamá, sé que cometí un error, pero pienso remediarlo. -


- Sabes que no se puede remediar, cuando los humanos se enamoran, sólo el tiempo puede decidir si se siguen amando o no. -

- ¿Puedo saber cuál es el mayor error que pudo cometer? -

- Lo peor, le lanzó una flecha a una chica justo al momento que estaba en el mercado, tomando la mano de una joven tendera. -


- ¡Te dije que estornudé! Fue sin querer. -


- Mmm… Cupido ¿Enamoraste a una chica de otra chica? -


- Fue sin querer, querida madre, estaba apuntándole para dispararle mi flecha cuando se cruzara con un joven mozo, pero, uno de mis gansos sacudió sus plumas y me provocó un estornudo, le juro que no era mi intención. -


- Esto si es sorpresivo.
- Dijo la mujer tomando una manzana de su frutero. - nunca había pasado que una mujer se enamorara de otra. -

- ¿Escuchaste? Hasta mi madre sabe que cometiste un error, ella lo dijo, las reglas del matrimonio son claras, hombre y mujer, mujer y hombre, nada más. -


- Que fue sin querer. -


- Exijo que le quites sus alas. -


- ¿Por qué tendría que hacerlo?
- Contestó Venus al comer la manzana. - no veo en donde hizo mal. -

- Pero madre, una mujer no puede amar a otra, es en contra del matrimonio. -


- Lo dijiste, va en contra de tu trabajo, pero, a Cupido le encomendé unir a los corazones enamorados y que están destinados a estar juntos, no fue fruto del azar lo que pasó, aunque suene extraño, tal vez, esas chicas estaban destinadas a amarse. -


- Pero no es posible, una mujer no puede amar a otra, además, usted le encargó también el deseo amoroso ¿Qué pasará cuando quieran unirse en el coito? No pueden consumar su amor como usted dictó. -


- No lo sé, en verdad, no sé qué pensar, por un lado, el amor es un sentimiento que decidí que no tuviera cara, edad ni raza, por lo que no puedo decir que es imposible amar y consumar el amor. -


- ¿Pero ¿Cómo estás segura? Esto nunca ha pasado. -


- Entonces, como diosa del amor, tengo que averiguarlo. -
Respondió Venus, quien miró fijamente a sus hijas, en especial, a Cupido. - Cupido, sígueme. -

- Sí, madre. -



La pequeña diosa caminó detrás de su madre, que se puso frente a la cama. Cupido miraba atenta a su alta y preciosa madre, quien le sonrió mientras acariciaba sus hombros, la mujer, jugaba con los listones del vestido de su hija, que se puso roja al notar como los ojos de la deidad mayor le empezaba a marear por enamoramiento.


- Cupido, quítate la ropa. -


- Está bien.
- Dijo Cupido empezando a desvestirse por orden de su madre, tapando sus minúsculos senos, quedando sólo con sus pantaletas blancas y sus zapatillas. - ¿Así? -

- Así… Tenemos que averiguar, si de mujer a mujer, se puede consumar el amor. -



Venus sujetó el rostro de su pequeña hija, se agachó un poco y besó sus labios rosados, provocando que los ojos de su hija se adormilaran por la esencia del amor que Venus liberaba. Los brazos de Cupido se aflojaron, dejando de cubrir su cuerpo, al mismo tiempo que su madre la acostaba en la cama, sin parar de besar a su hija, cuyos labios eran inesperadamente dulces, nunca pensó que la piel de su retoño fuese tan suave, por lo que no pudo evitar acariciarla lentamente.


- Madre… -


- Tranquila, esto es para saber sí cometiste o no un error, mi pequeña Cupido.
- Susurró la madre a su hija, a quien hizo estremecer al meter su mano en su braga, tocando su vagina virgen.

- Madre… -



Venus seguía devorando la boca de su hija, quien se perdía por el aroma del amor de su madre, lentamente, sus labios pasaron a sus pezones, los cuales degustó al mismo tiempo que sus dedos acariciaban la vagina infantil de la menor, incrustando con cuidado un dedo. Era tanto el aroma de amor y deseo en la habitación, que Himenea, diosa del matrimonio, empezó a excitarse, sus pezones estaban duros y se notaban a través de sus ropas, su zona intima palpitaba y humedecía, sentía su mirada nublarse, y sin poder controlarse, se sentó en el sillón frente a la cama y sus manos se dirigieron al interior de sus prendas, empezando a masturbarse al ver a su madre teniendo coito con su hermana menor. Venus, al ser la diosa del amor, idealizaba en su mente, que tipo de acción realizar con el cuerpo de otra mujer, de qué forma, una chica podía complacer a otra a la cual amara y deseara. En un momento, bajó sus labios hasta el triángulo íntimo de Cupido, quien le miraba perdidamente enamorada, separó sus piernas y empezó a degustar de ella, haciéndola gemir y arquearse de placer, sujetándose de las sabanas, Himenea no pudo más y sacó sus senos de tu blusa, apretándolos y pellizcando sus pezones, mientras dos dedos se incrustaban en su vagina rápidamente. La madre notó como su hija mayor estaba perdida en el deseo, por lo que, con su mirada, le ordenó unirse al momento, la diosa del matrimonio olvidó su ley de hombre y mujer, acercándose a su familia, para sujetar el rostro de su hermanita, prendiéndose en su boca.

En un instante, las piernas de Venus y Himenea se cruzaban, teniendo un vaivén para rozar sus vulvas, algo que la diosa mayor tomó como lo más placentero que había experimentado, mientras que Cupido, cabalgaba la boca traviesa de su hermana mayor, mientras estaba prendida de una de las tetas de su madre, quien la amamantaba como si fuese aún una bebé. Las hermanas, olvidaron metas como deidades y parentesco, al estar alimentando la una a la otra con sus mieles, mientras su madre les ensartaba sus largos y delgados dedos en sus anos vírgenes, haciéndoles gemir más fuerte por el placer. Sin saber del tiempo, momento, sin preocuparles que esos gansos fuesen testigos, las tres diosas conocieron lo que era el amor entre mujeres, aquello que tanto preocupaba a la diosa del matrimonio y tenía confundida a la diosa del deseo amoroso, mismas que estaban prendida en un beso apasionado, disfrutando de la lengua de la otra mientras abrían sus piernas para que su madre las masturbara y lamiera sus labios íntimos bañados de miel.

Para cuando acabó la aventura, ambas deidades dormían sobre el pecho de su madre, quien besaba una por una a sus hijas, explorando sus bocas con su lengua al disfrutar de su saliva frutal, arrimándolas más a ella con sus fuertes brazos.


- Himenea ¿Aún crees que el matrimonio sólo puede ser entre hombres y mujeres? -


- No sé qué pensar, pero, le pido una disculpa a mi hermana. -


- ¿A mí?
- Preguntó Cupido quien se recostaba en el gran busto de su madre.

- No… No fue un error, entre mujeres, también se puede amar. -


- ¿Entonces no me equivoque? -


- Claro que no, hija… Ahora, deben de salir a seguir trabajando.
- Dijo la madre con una sonrisa.

- Querida madre, yo… ¿No te molesta si me vengo a dormir contigo por las noches? -


- Yo también ¿No te molesta, madre? -


- No es una molestia, aunque, no creo que quieran venir a dormir ¿Verdad?
- Habló Venus notando como sus hijas le miraban enamoradas, se habían enamorado de su madre, la diosa del amor. - Vamos, el matrimonio y el enamoramiento no se dan solos, salgan a trabajar. -

- ¿Podemos quedarnos un ratito más? -


- Está bien, un rato más. -



Las hijas abrazaron fuerte a su madre, cubriéndose con sus largas alas blancas. Venus, les había hecho comprender a sus hijas, que el amor no tiene una forma, ni una ley, ni un decreto, pero a un alto costo, sus hijas se habían enamorado de ellas. No podía hacer nada, pues como diosa del amor sabía, que solamente el tiempo y el destino podían decidir ahora que pasaría con esos sentimientos.











Kissu Kissu El parecido de Mitsuki y Venus XD es mera coincidencia.
 
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