Fragmentos (romance /post canon)

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¡Hola! Perdón por ser un miembro tan inactivo... Pero este ya es mi último año de facultad, razón por la que me tengo que esforzar más.

Bueno, hoy quiero hacer algo que nunca hice al iniciar un fic: dedicárselo a alguien. ¡¡¡¡Isa-chan te dedico este fic como regalo de cumpleaños!!!! ¡Espero que te guste! OwO

Antes que inicien con la lectura quiero aclarar algo... Sip, el fic fue pensado para que cada una de las partes esté escondida en spoilers (agradezcan la idea a Rayuela de Cortázar, ya que se me ocurrió que podría hacerse algo como esto para dar el efecto de juego de "elija su propia historia" en el mundo virtual...). Al igual que en Rayuela hay una "Tabla de instrucciones" para leerlo, por favor síganla ¿sí?

¡Ahora sí, espero que disfruten de este fic!

FRAGMENTOS

Tabla de instrucciones

El lector de este fanfic debe iniciar en el Spoiler que dice “Inicio” y, a partir de él elegir qué secuencia quiere leer:
1. La de arriba estará narrada en primera persona y estará narrada desde la focalización de Tea, quien habrá decidido aceptar la propuesta de la academia, razón por la que viaja a Nueva York.
2. La abajo será narrada desde tres focalizaciones diferentes, pero externas a Tea, quien habrá decidido no aceptar la oferta y se queda en Ciudad Dominó.
3. La secuencia IV es un final extra que debe leerse solamente si ya se leyeron los finales de las secuencias número III.
Cualquiera sea la opción elegida, la historia será la misma, aunque con un desarrollo diferente.
¡Disfruten!



Todos tienen sueños, y todos quieren que sus sueños se cumplan. El problema es cuando fallan o finalmente se alcanzan, porque la persona debe comenzar a buscar otro sueño que la mantenga viva… Y por eso es que todos necesitamos soñar…”, esas habían sido las palabras con las que los despidieron los profesores al terminar la escuela. Claro que en momento preciso en que despedían a sus estudiantes no conocían las aspiraciones de cada uno de ellos, ni qué tan alto apuntaban todos. Sobre todo una joven de cabello castaño que fue a la ceremonia con una carta que le había llegado esa misma mañana. ¡La habían aceptado en la academia! ¡Bailaría en Broadway! O eso esperaba… más o menos. La decisión no estaba tomada aún; todavía no respondía la carta y no sabía si hacerlo o no. La emocionaba saberse lo suficientemente buena como para ser aceptada, pero la retenía el tener que dejar toda una vida a sus espaldas… Ya lo había hablado con sus padres –de los cuales su padre estaba en contra–, ahora tenía que hacerlo con sus amigos…
A la salida de la ceremonia, la muchacha fue con los chicos a celebrar. Esperó a que se calmaran y entonces…

–¡Fui aceptada en Broadway!

Lo gritó a mitad de la comida, sin relación con lo que conversaban los muchachos, sin importarle de qué rayos hablaban. Ni siquiera los había estado escuchando. Había cerrado los ojos para decirlo, y, al abrirlos, notó que todos se la quedaron mirando, asombrados y petrificados en su lugar. Si hubiera prestado atención… hubiera notado que hablaban sobre pasar el verano juntos antes de tener que tomar caminos diferentes y asistir a la universidad… Nunca imaginaron qué tan separados iban a estar hasta ese instante.

–¡F-felicidades! ¿No es lo que siempre quisiste? –Yugi fue el primero en hablar, tenía que decir algo, romper el hielo que se había formado entre todos los presentes. Fue cuando notó que Tea estaba llorando al mismo tiempo que asentía para responder a su pregunta–. ¿Por qué estás llorando? Deberías estar feliz…
–¡Es que no sé qué hacer!
–Dijiste que soñabas con…
–¡Sé lo que dije, Yugi! –lo interrumpió–. Pero ahora que se volvió realidad, que sé que tengo lo que se requiere para ingresar… Dejar Japón, dejar a mis padres, dejarlos a ustedes… Yo…
–Él querría que fueras –fue el turno de Joey de tomar la palabra, y todos entendieron de qué, o mejor dicho de quién, hablaba.
–Es cierto. Te apoyaba al cien por ciento en todo lo que hacías –comentó Tristán, justo antes de recibir una patada bajo la mesa en la que estaban sentados, ese había sido Ryou sin duda, ya que lo miraba de mala manera advirtiéndole que no dijera tonterías enfrente de ella–. Bueno, NOS apoyaba al cien por ciento en todo lo que hacíamos.
–Exacto, y es por eso que nosotros también estaremos ahí para ti, Tea –concluyó el albino.

La muchacha solo se sentía más y más confundida. Ya no sabía qué hacer o decir… Fue cuando notó que había una persona que se había quedado callada todo el tiempo cuando los demás comenzaron a animarla. Sí, sabía que también sería duro para él, después de todo habían sido amigos desde la primaria, y por un largo tiempo tuvo sentimientos hacia ella. Bueno, hasta hace unos años. Ahora no tenía interés en nadie, aunque todos lo molestaran con Rebeca, ella sabía que la rubia era muy joven y que tendrían que esperar hasta que él estuviera a mitad de la carrera universitaria y ella ya tuviera una edad más cercana a la adultez. Sin embargo, que se quedara mudo durante este tipo de pláticas no era común en él. Nunca lo fue.

–Yugi ¿por qué te quedas callado? –preguntó la chica, con esperanzas de que dijera algo que la hiciera tomar una decisión de la que no se arrepintiera.
–Porque no sé qué decirte, Tea. Durante años yo dependí más de ustedes que ustedes de mí, relación análoga a la que establecí con Atem… De no ser por él creo que hoy no sería capaz de ser independiente, y es por eso que… –calló un momento para repensar lo que estaba a punto de decir. La miró a los ojos en ese instante–. Tea, yo no puedo decirte qué debes, o no debes, hacer. Tampoco puedo decirte si él opinaría diferente de los chicos, porque no soy él. Nunca lo fui. Por eso, solo repetiré lo que siempre nos aconsejó a la hora de tomar una decisión difícil: “sigue a tu corazón”. La verdad es que no puedo decirte otra cosa, salvo que, no importa qué decisión tomes, si crees que es lo mejor para ti, tienes mi apoyo.

Suponía una respuesta de ese estilo.
Suspiró y miró por la ventana, sabiendo muy bien que tenía que tomar la decisión esa misma noche. De otra forma, perdería el vuelo del día siguiente…

Debí suponer todo lo que dirían los chicos, después de todo les estaba preguntando sobre MI futuro, no el de ellos. ¿Qué esperaba que hicieran? ¿Quería me ataran al asiento y me forzaran a quedarme? Sí, claro… Pero debo admitir que volver a escuchar el consejo del faraón me animó un poco; es como si una parte de él se hubiera quedado con nosotros. Aunque desearía que él se hubiera quedado, sobre todo en momentos como este… Fue muy duro despedirme de mis padres, espero que me perdonen en algún momento. Ojalá que todo salga bien cuando no esté, ya que tampoco estaré para hablar con los chicos y ver cómo les va en la universidad. Apenas si podremos hablar cuando llegue a Nueva York.
Por otro lado, podría, simplemente, tomar mi equipaje y regresar a casa. ¿Qué importa el boleto de avión? No estoy obligada a asistir a esa academia, además que hay muy buenas escuelas de baile en Dominó. No son Broadway, claro, pero tampoco son malas. ¡Ay! ¿¡Qué hago!? No puedo quedarme sentada en este aeropuerto para siempre, y el avión saldrá en unos minutos, si no me decido pronto me arrepentiré de lo que sea que pase por el resto de mi vida. ¿¡Qué hago!? ¿¡Qué hago!? ¡No! ¡No puedo arrepentirme ahora! ¡Ya lo decidí anoche! ¡Voy a asistir a esa academia! ¡Voy a probarme a mí misma! ¡Tengo que hacerlo! ¡Tengo que saber que valgo la pena, que todos esos años de sufrimiento con esa profesora de baile y con trabajos de medio tiempo no fueron para nada! ¡Tengo que ver por mí misma mi nombre seleccionado para participar en una obra!

Pasajeros con destino a Nueva York, favor de abordar por la plataforma…

No puedo desistir ahora. Me lo prometí a mí misma, y voy a cumplir.

–Bailaré en Broadway, lo haré, no importa lo que me cueste. Subiré al escenario…

Bueno, ahora sí no hay vuelta atrás. Adiós amigos…
Cuando volví a casa, el abuelito me esperaba con un súper almuerzo para celebrar que por fin me gradué. Incluso me dolió el estómago por todo lo que comí. Pero nada me quitaba de la cabeza las palabras de Tea, ya que se veía muy angustiada cuando me preguntó qué debía hacer… Me hubiera gustado poder decirle algo más, pero no podía pensar en nada, salvo en la frase de Atem. “Ay… A veces desearía que no te hubieras ido…”, pensé mientras terminaba una galleta y miraba mi chocolate caliente, “Apesto dando consejos”. Entonces recordé algo, razón por la que salí del comedor y corrí a mi habitación, cosa que le llamó la atención a mi abuelo, pero sé que en el fondo entiende mis acciones.
Ya en mi cuarto busqué la caja de mis cartas de duelo, es decir, la caja que en algún momento fue del Rompecabezas. Era una de las pocas cosas que pude conservar de aquellos tiempos, además de unas cuantas fotografías del viaje a Egipto y recortes de diarios de los torneos a los que fuimos. “Lo logré, Atem, lo logré. El año que viene estaré en la universidad. Planeo estudiar Historia, qué sorpresa ¿no? Cuando estaba en la ceremonia me daba pena que no estuvieras ahí, después de todo, tuviste que soportar algunos de mis años de secundaria conmigo”, reí por lo bajo al recordar un momento en particular, “, además así podría disculparme por la vez que te obligué a asistir en mi lugar en el primer período para que pudiera rendir el examen del segundo, todo porque tenía algo de fiebre. Sé que tú querías que descansara en casa, igual que mi abuelo, y que no estabas feliz porque te obligué a ir. No me hablaste por el resto del día esa vez. Ah… Te extraño, faraón”.
Escuché el timbre, y al abuelo que estaba en el baño, así que fui a ver quién era. Bajé las escaleras y corrí a la puerta mientras anunciaba que ya iba.

–¿Tea? ¿Qué pasa?
–Decidí que no voy a ir a Nueva York, apliqué para una academia aquí cerca.

Debo admitir que me quedé estático. Si conozco a Tea como creo conocerla, no era posible que no aceptara una solicitud de Broadway; no después de todo por lo que pasó para conseguirla, las lecciones de danza desde los cinco años, los trabajos de medio tiempo, el esconder esos trabajos a las autoridades de la escuela… ¿Iba a tirar todo por la borda? ¿Por qué? La invité a pasar para que me explicara por qué estaba renunciando a todo cuanto había soñado durante años, y mientras ella se fue a sentar en el sofá, yo fui a buscar algo de tomar a la cocina. Además necesitaba pensar cómo tratar este tema con ella. “Atem, ahora sí que te extraño… Tú sabrías manejar algo como esto…”, pensé mientras regresaba con una gaseosa y un par de vasos. Una vez cómodos, le pregunté de frente por qué renunció a Broadway, algo por lo que había luchado con todas sus fuerzas.

–Lo pensé mejor –aunque dijera eso, aún no podía entenderlo–. Yugi, durante años soñé con ir allá y bailar en un escenario para ser reconocida por todo el mundo –sonrió al decirlo, pero inmediatamente dejó de mirarme a mí y comenzó a mirar el vaso que sostenía entre sus manos–. ¿Sabes? Incluso se lo comenté al faraón el día que lo obligaste a pasear conmigo.
–Yo no lo obligué, él podría haber vuelto a cambiar lugares conmigo si lo hubiera querido –la interrumpí pretendiendo sentirme ofendido, solo para bromear un poco. Lo cierto es que, aunque Atem hubiera querido cambiar lugares otra vez, no lo hubiera dejado. Sabía que necesitaba hablar con alguien, y si no quería hacerlo conmigo, bueno, Tea era la amiga más cercana que teníamos…–. Pero no entiendo qué tiene que ver que se lo hayas dicho a Atem con esto. Él también era amigo tuyo, no es raro que le hayas comentado que querías bailar en Broadway…
–Lo sé… Pero a lo que voy, Yugi, es que… ¿Con qué propósito bailaría en un escenario lleno de personas, si sé que no estarán todos mis seres queridos para darme su apoyo? –ah, ahora veo adónde va con esto–. Mira, esta tarde te lo dije, se los dije a todos: tengo miedo de dejar todo lo que conozco y a todos los que quiero atrás. Si voy, sé que mis padres no podrán ir a verme actuar, ustedes estarán ocupados con sus respectivas carreras universitarias y Atem… Bueno. Él no puede venir a verme ¿o sí? Así que mañana no voy a subir al avión. Rechazaré la oferta y me quedaré aquí.
–¿Estás completamente segura de lo que haces? –ella asintió, pero…–. Bueno, si eso es lo que decidiste desde el fondo de tu corazón y, además, crees que es lo mejor para ti… Cuenta conmigo.

Bueno, con eso solucionado –espero–, brindamos por nuestra graduación y luego ella se fue a su casa. El abuelo, en cuanto salió del baño y bajó las escaleras, me preguntó qué le ocurría a Tea, razón por la que le comenté todo lo que se dijo ese día. Luego le ayudé con la cena, aunque con la mente en otra parte… “Espero que Tea esté bien. Realmente necesitaría saber qué hacer en momentos como ese…”, pensaba mientras trataba de no rebanarme los dedos con el cuchillo con el que picaba la carne. Fue cuando el abuelo me dijo que fuera a tomar un baño, que él terminaría la cena.
Me quedé dormido en la bañera. El haber tenido que dar consejos sin saber qué hacer me había dejado exhausto y con un gran nivel de estrés… Realmente necesitaba un baño caliente.
Pero como dije, me dormí y, por tanto, tuve un sueño en el que volvía a la ceremonia de graduación. Todos estábamos ahí y esperábamos que nos llamaran para darnos nuestros diplomas, justo cuando me llaman a mí. Subí al escenario para tomar el diploma y estrechar la mano del rector, mas, cuando miré a los demás estudiantes y a los padres que estaban en el lugar… había alguien que vestía de manera muy diferente y su color de piel resaltaba de entre la audiencia. Era Atem… No podía creerlo. Al bajar del escenario él fue a encontrarse conmigo.
Estaba vestido como faraón, pero llevaba la cabeza cubierta con una capucha del color de su capa, violeta oscuro. Se la quitó y me felicitó sonriéndome.

–¿Entonces… viniste a mi graduación?
–¿Venir? Yugi, jamás me fui. Mientras tú y los demás me recuerden, yo estoy con ustedes. Y estoy feliz de ver que están bien.
–No todos… Tea te extraña mucho. Bueno, también yo, pero con ella es diferente –la cara del faraón me demostró que lo sabía, que sabía de la decisión de Tea–. Estabas enterado ¿cierto?
–Sí –reconoció suspirando–. Renunció a Broadway…
–No soy bueno dando consejos, y cuando ella me pidió uno, yo… ¡me congelé! ¡No supe qué decir! Terminé…
–…repitiendo lo que yo siempre les decía. Hiciste bien, Yugi. Ella tiene que tomar sus propias decisiones, de otra forma, dejaría de ser ella… –sabía que diría eso. Ay, Atem… Te conozco demasiado bien–. Ahora, debo irme.
–¿¡Qué!? ¿¡Tan pronto!? –rio al escuchar mi queja. Debió parecerle infantil…
–Sí. Solo vine a felicitarte por tu graduación, pero ahora yo tengo que volver con mi familia y tú tienes que despertarte.
–Supongo que tienes razón… ¿Te volveremos a ver?
–Yugi… Yo estoy en el lugar al que todos debemos llegar algún día, claro que nos veremos de nuevo, pero… Bueno, espero que no sea muy pronto –bromeó conmigo, e incluso rió un poco–. Hasta entonces, amigo. Saluda al abuelo y a los demás de mi parte ¿sí? Y a Tea, dile que aunque no pueda verme ni oírme, yo nunca los dejé y que siempre los estoy vigilando.
–Lo haré. Hasta entonces, Atem.

Cuando me desperté me sentía extrañamente feliz. Sabía que Atem estaba bien, y ya sabía qué decirle a Tea.
Algo me decía que todo iba a mejorar a partir de ese momento.

Todas las mañanas es la misma rutina con mi compañera de cuarto. Tina adora asustarme en las mañanas para despertarme, y luego se mete en el baño cuando estoy duchándome. Sé que no debería quejarme, que es una buena chica y que es una de las pocas amigas que he podido hacer en este lugar, pero así y todo hay días en los que me vuelve loca, y este es uno de ellos. ¿¡Qué rayos hacía revisando mis correos!? ¿¡Qué esperaba encontrar!? Ay… Para empeorar las cosas… me duelen las piernas. El ensayo de hoy fue particularmente largo, pero mientras todo salga bien en el estreno, no me quejaré. ¡Cierto! ¡Tengo que decirles a los chicos que seré la protagonista de El cascanueces! ¡Incluso podrían venir a ver la obra! Los extraño tanto… Me pregunto cómo les estará yendo en la universidad; de Ryou y Yugi no tengo dudas, pero de Joey y Tristán… bueno…
¿Eh? ¿Recibí un e-mail de Yugi esta mañana? Cierto, allá era de noche, tonta.

Tea:
No sé cómo decirte esto, tal vez te alegre o tal vez no, no lo sé; sin embargo, eres parte del grupo y tienes que saberlo. Ishizu y Marik llamaron hace unos días –sí, también tardé en decidirme sobre hablarte al respecto, perdón por eso–, sonaban muy alterados por alguna razón y también parecía que estaban escondiendo algo… Como sea, a mitad de la conversación, alguien en la casa de los Ishtar pidió hablar conmigo y, como era de esperarse, le pasaron el teléfono a dicha persona. Tea, era el faraón. Atem regresó al mundo de los vivos, tuvo que hacerlo. Dijo que una parte de él no podía descansar en paz porque se había relacionado con nosotros en un nivel demasiado profundo como para no terminar atado a este mundo otra vez. Me dijo que no pensaba regresar, pese a que le dolía estar lejos de nosotros, que iba a quedarse allí, en la otra vida, esperando a que nosotros nos reuniéramos con él, pero que al final se le dio la oportunidad de volver y terminar su vida de manera natural. También me comentó que había algunos cabos sueltos de nuestras propias aventuras, razón por la que terminó de convencerse y regresó.
En este momento está en Egipto con los hermanos Ishtar, atando los cabos sueltos de los que me habló –al parecer nos quedaron criaturas sueltas en este mundo, Marik me lo confirmó luego, antes de despedirnos–. Los chicos y yo ya tomamos una decisión: iremos a El Cairo a reunirnos con el faraón y ayudarle con los monstruos. Ojalá decidas ir también, sé que se alegrará mucho de verte porque se escuchaba muy feliz de enterarse que estás estudiando danza en Nueva York.
Espero que vayas.
Tu amigo, Yugi.


¿Atem…? ¿De regreso…? No… ¡No puede ser cierto! ¡Yugi! ¿¡Por qué rayos estás haciéndome esto a dos semanas del estreno!? ¡Atem está muerto! ¡No puede regresar! Yo… Yo…

Yugi:
No iré con ustedes. No puedo creerlo, realmente no puedo. Fue muy duro dejarlo ir, me tomó estos tres años terminar de entender que lo que hicimos fue por su bien, que él pertenece allí, que tiene que estar donde su familia esté. Además tengo un estreno en dos semanas y yo soy la protagonista. No voy a renunciar a ese papel. No tienes idea de lo que pasé para conseguirlo.
No me sorprendería que me odiaras después de este mensaje, pero no me harás cambiar de parecer. Lo siento, y de verdad quiero creerte… pero simplemente no puedo.
Espero que me perdones y que entiendas.
Tea.


Enviar.
Está hecho. No iré…
Si es cierto que Atem volvió… Que me perdone…

–¿Tea? –parece que Tina volvió de su cita con su novio Andrew–. ¿Por qué estás llorando? ¿Pasó algo malo?
–No es nada, no pasó nada.

Ni pasará.
Comenzaba a sentirse el frío, pues se acercaba el invierno. Los chicos ya estaban en sus segundos años de universidad, Tea, por su parte, había progresado mucho y pronto estaría en una obra seria. Esa noche iban a reunirse para mirar una película y hablar sobre sus vidas. Hacía ya un mes que no se veían, salvo por Yugi, Ryou y Tea, los dos primeros por estar haciendo la Licenciatura en Historia en la misma universidad, y la chica seguía viéndose con ellos porque la academia donde estudiaba danza estaba en el camino que recorría el pequeño de ojos violetas para regresar a casa, razón por la que a veces regresaban juntos. Así fue, precisamente, como él se enteró que su querida amiga salió durante unos días con un chico de su clase, hasta que descubrió que la estaba usando para darle celos a otra chica…
Yugi, ahora de diecinueve años, preparaba la sala de estar para la llegada de los chicos cuando sonó el timbre. Joey había llegado antes con los aperitivos, avisándole que en cualquier instante llegaría Tristán con las bebidas. El dueño de casa lo hizo pasar mientras le daba las gracias. “Está más alto otra vez…”, pensó el rubio al ver que Yugi ya le llegaba –casi– al pecho. En cualquier momento tendría la altura del faraón. Rio divertido ante esa idea, preguntándose si Atem no estaría haciendo una de las suyas para ayudar a su mejor amigo con su complejo de altura.

–Yugi, ¿dónde están los platos? –escuchó la voz de su amigo surgiendo por la puerta de la cocina, mientras él terminaba de mover el sofá.
–En el gabinete de arriba. Joey, ¿Ryou vendrá?
–Dijo que sí ¿o no?

El timbre sonó otra vez. “Tristán”, pensó el dueño de casa mientras iba a abrir la puerta, solo para encontrarse con Tea y Ryou que se encontraron en el camino.

–¡Pasen! ¡Ryou, viniste!
–¡Sí! –respondió sonriente–. ¡Y traje dulces!
–Genial, Joey trajo papas, chips y sándwiches. Tristán traerá las bebidas, y yo estoy esperando al repartidor de pizza.
–Suena como una gran fiesta –comentó la chica con una sonrisa.
–Lo será en cuanto llegue Tristán…

La chica dejó su abrigo y su bufanda en el perchero junto a la puerta, mientras que el albino luchaba con el cierre de su campera, el cual se atoró… otra vez. Fue cuando Tea vio que el abuelo había colgado el diploma de Yugi, y junto a él… una foto de Ciudad Batallas donde quien salía en la foto era Atem. Debajo de ambos marcos, una fotografía de Yugi con sus padres y el abuelo. “Me pregunto si habrán venido a felicitarlo por su graduación…”, pensó mirando las fotos, “Entiendo que trabajen lejos, pero es su hijo, su único hijo… Incluso el faraón se molestó en venir a felicitarlo”, pensó con una sonrisa mirando la foto del torneo. Luego fue a ayudar con el resto de los preparativos.
Joey y Yugi estaban vaciando las bolsas de papas fritas en unos platos, mientras Ryou acomodaba los sándwiches y los chips en otros, así que Tea comenzó a acomodar los dulces en otro plato, cuando sonó el timbre nuevamente. El joven de ojos violetas tomó su billetera, por si era el repartidor, y salió de la cocina. Y sí, era el repartidor, que llegó al mismo tiempo que Tristán. Ya con todo listo, ¡era hora de comenzar la función!
Estaban sentados en unos almohadones que Yugi había colocado en el suelo, mirando una película de terror que más que miedo daba risa, al mismo tiempo que comían la pizza y todo lo demás que trajeron. A lo largo de la velada, incluso regresó el abuelo que había estado con un amigo durante todo el día. El anciano tomó unas porciones de pizza, un plato, un vaso con agua y subió a su habitación deseándoles buenas noches a los muchachos. Por un momento, todos se sintieron como adolescentes normales, una sensación que habían olvidado hacía mucho tiempo atrás, cuando el faraón pasó a ser parte de sus vidas. Ese pensamiento deprimió un poco a Tea y a Yugi, pues lo pensaron al mismo tiempo. En cierta forma, ellos no estaban tan interesados en ser normales, como en el hecho de que perdieron a un amigo… Aunque, ambos sabían sobre el sueño que Yugi había tenido, lo cual los reconfortaba un poco.
Entonces llegó el clímax de la película, donde el fantasma acorralaba a los ocupantes de la casa. La música de fondo era capaz de crisparle los nervios a cualquiera, razón por la que los cinco chicos estaban prácticamente abrazados esperando a que pasara lo que tuviera que pasar, alguna aparición, las cosas moviéndose solas, o lo que fuera… Y en el exacto momento en que la protagonista del filme estaba por comenzar a gritar, sonó el teléfono, provocando que fueran los muchachos quienes gritaran, hasta que entendieron que alguien llamaba a los Muto. Yugi se zafó del abrazo y corrió hacia el teléfono.

–Hola, Yugi Muto al habla. ¿Quién…? ¿¡Marik!? ¿¡Enserio eres tú!? Chicos, por favor paren la película, no puedo escuchar muy bien –pidió alejando el auricular de su oreja y mirando a los muchachos. Joey se apoderó del control remoto y detuvo la reproducción–. ¿Cómo has estado? No te has comunicado con nosotros desde… ¿Eh? Sí, están todos aquí, estábamos mirando una película ¿por qué pre-…? ¿Qué? ¿A qué te refieres con eso? Pero… ¿Es posible? E-está bien… –miró a los chicos por sobre su hombro y esperó un momento, hasta que escuchó que el auricular del otro teléfono cambiaba de mano–. ¿Hola?

Lo que alcanzaron a ver los chicos fue que el auricular se le resbaló de la mano. Cuando Tea vio esto, se puso de pie, alertando al joven quien rápidamente se agachó a recoger el objeto. Retomó la conversación aún de rodillas, temeroso que de ponerse en pie, volviera a caerse.

–¿¡Hola!? ¡Sí, sí! ¡Estoy bien! ¡L-lo siento, es que me sorprendí y solté el teléfono por accidente! ¡Me alegra escucharte! ¿Qué? ¡S-sí, claro! ¡Por supuesto que no hay problema! ¡Lo arreglaré de alguna manera, es decir, tal vez Kaiba pueda ayudar! ¡Sí! ¡Nos vemos! Y… Me alegra que volvieras… Les diré a los demás.

Colgaron. Yugi tenía lágrimas en los ojos, sin terminar de creer lo que acababa de suceder.
Se puso de pie y miró a sus amigos, quienes estaban preocupado. Entonces…

–A-Atem volvió al mundo de los vivos… Nos espera en Egipto.

¡Casa llena! ¡Qué nervios! ¡AAAAAH! ¡Ojalá los chicos estuvieran aquí! Pero… Después de cómo los traté me sorprendería que siquiera me saludaran. Yugi ya ni siquiera me escribe para preguntarme cómo estoy, tampoco responde a mis disculpas… No debí ser tan dura con él, sobre todo porque se notaba que le costó mucho trabajo darme la noticia. Claro. Él sabía que yo tenía sentimientos por Atem, por supuesto que no sabía cómo decírmelo, y apuesto que también lo consultó con los demás antes de enviarme el mensaje. Debí ser más amable. Lo lamento mucho, Yugi…

–¡Muy bien! ¡Todo el mundo a sus lugares! ¡Empieza la función! ¡Tea, vamos! ¡Te quiero en tu lugar ahora mismo!
–Sí, señorita Leboi.
–Una cosa más –¿qué quiere ahora? Siempre se mostró tan insoportable en los ensayos que nunca creí llegar a la función. ¿Cuál es su problema conmigo?–. Tea, decidí que tú serías Clara por la destreza que mostrabas en las audiciones y en los ensayos, pero desde hace dos semanas has cometido errores de principiante. No quiero presionarte, pero si cometes un solo error en esta obra, te juro que no volverás a pisar mi escenario ¿entendiste?
–No se preocupe, no me equivocaré. Es que… he estado metida en problemas personales y…
–Sí, sí, como sea. Escucha, muchas bailarinas talentosas se han desperdiciado por culpa de los muchachos –para ella todo lo que sale mal siempre está relacionado con chicos ¿no?… Apuesto a que su novio la abandonó en algún momento–, tu amiga Tina, por ejemplo. Talentosa, hermosa y ágil, y lo deja todo por culpa de su novio a unos días del estreno.
–Iba a casarse…
–¿Y a mí qué? Si vas a ser una bailarina, mejor que lo seas de tiempo completo ¿entiendes? Ahora a tu lugar.

¡Rayos! ¿¡Cuál es su problema!? ¡Bruja solterona! ¡Hablando de hacerme poner nerviosa!
Se está alzando el telón. Bien, cálmate, Tea; cálmate ahora. El principio es simple, no tienes que preocuparte por ello, son pasos fáciles que practicas todos los días. Luego cambias de lugar con quien tienes al lado, así, muy bien, ahora… Relájate. Sabes qué hacer, solo olvídate de todo lo demás. Olvídate de ¡Ah! El escenario estaba mojado, maldición. Arriba, Tea, la función debe continuar. ¡Ay! ¡Mi tobillo! ¡Me lastimé!
Está bien, está bien. Termina esta escena. Puedes hacerlo, solo no demuestres que duele, no dejes de sonreír. No dejes de sonreír… No dejes de sonreír… No dejes… No. No llores. No llores, aunque duela. Sigue. No pares. Esto es lo que quisiste toda tu vida, esto es por lo que luchaste por tanto tiempo. Esto es… Esto es…
¡No! ¿¡A quién quiero engañar!? ¡Esto no es lo que yo quería! ¡Mi sueño era bailar en Broadway sabiendo que mis amigos, familiares y demás seres queridos se encontraban entre el público! ¡Aquí solo hay gente desconocida, mi amiga de Nueva York fue despedida porque anunció que iba a casarse, mi instructora es una solterona amargada y me lastimé el tobillo! ¡Ya basta! ¡Sí, sí! ¡Sorpréndanse todo lo que quieran! “¡La bailarina principal cayó al suelo llorando, qué escándalo!” ¡No me interesa lo que digan ustedes! ¡No me interesa lo que diga ninguno de ustedes! ¡Si tengo que bailar en estas condiciones, no quiero bailar!
Ya sé, ya sé. Me voy del escenario, solo ayúdenme a levantarme. Así. Gracias… UGH, qué cara tiene la señorita Leboi.

–Llévenla a su camerino. Algo me dice que ya no volverá a bailar aquí.

Tiene razón. ¿Pero qué me importa? Por un minuto estuve ahí arriba. Tenía las luces de los reflectores en mí. Ahora solo tengo que sanar y volver a casa, reencontrarme con mis padres y pedir perdón a mis amigos. M… Podría llevarles algún recuerdo de Broadway. Sí, debería hacerlo.
¿Eh? ¿Alguien toca?

–Está abierto.

¡Los chicos! ¿¡Estaban aquí!? ¡¡No puedo creerlo!! ¡Mis amigos! ¡Mis queridos amigos vinieron a verme!

–¡Chicos! ¿¡Qué están haciendo aquí!?
–¿Bromeas? Dijiste que tenías un estreno hoy ¿recuerdas? –Tristán tiene razón, se los dije, pero no tenía idea que vendrían solo por eso…
–¿Qué te pasó en el tobillo? ¿Te lastimaste? Te caíste muy feo allá atrás…
–Sí, Joey, me torcí. El escenario estaba mojado y… Bueno, no importa. A fin de cuentas este sueño mío se volvió una pesadilla así que…
–Lamentamos oír eso… Sabemos lo mucho que soñabas con esto.

Bueno, no todos los sueños se vuelven realidad.
Yugi, ¿por qué no te acercas? ¿Sigues molesto?

–Yugi, respecto al mensaje que te mandé entonces, yo…
–No importa, en serio. Supuse que te molestarías conmigo. No me enojé, ni nada, estoy bien –por lo menos me sonríe, eso es algo…–. Chicos, creo que deberíamos irnos.
–¿Qué? No. Vamos, apenas entraron. Pidan un café y charlemos un rato.
–No es con nosotros con quien tienes que hablar, Tea –de acuerdo esa sonrisa por parte de Yugi no me deja tranquila–. Vamos, muchachos. Estaremos en Estados Unidos por un mes, así que recupérate y muéstranos la Gran Manzana antes de irnos ¿sí?
–Eh… Claro, ¿por qué no?

¿Adónde van? No me dejen… Uh… Sola otra vez. Odio estar aquí. ¿Tocan otra vez? ¿Regresaron?

–Pase.

¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No puede ser! Pero tiene que ser, claro, si no es que me golpeé la cabeza y estoy alucinando… Pero no. ¡Está aquí!

–Hola, Tea.
–¡Atem! ¡Yo… yo… no sabía…! ¡No creía que…! –lo que le dije a Yugi. Oh, no. Seguro que le dijo lo que yo le dije a él–. Perdón. Debió impresionarte que no fuera a verte en Egipto… No quería creer que…
–Está bien, supuse que fue un gran impacto para ti. Por cierto –rosas. El faraón me compró rosas. ¡No te sonrojes, Tea! ¡Mantén la cabeza en su lugar! Muy tarde…–. Esperaba dártelas por tu éxito. Lamento mucho tu caída y espero que no dejes de bailar por esto.
–Está bien, en realidad ya no me importa tanto. Aunque hayan sido unos minutos, bailé en Broadway.
–Y me alegra haber podido presenciarlos. Naciste para bailar, Tea, lamento que haya durado tan poco.
–Y a mí me alegra escucharte decir eso –¡no tienes idea de cuánto me alegra, faraón! ¡No tienes idea! ¡Más aún ver que sonríes tan abiertamente conmigo!
–Mejor te dejo descansar –¡no! ¡No te vayas!–, y en cuanto te recuperes podrás mostrarnos la ciudad, y… aunque suene egoísta, me gustaría terminar de ver tu danza alguna vez.
–¿Interpretar para ti? ¡Seguro! ¡Amaría bailar para ti! –un segundo… ¿¡Qué acabo de decir!? ¡¡Ah!! ¡Él también se sonrojó! ¡Di algo, Tea! ¡Rápido!

No se me ocurre nada… ¡AAAAAAAAH! ¡ÁBRELE LA PUERTA Y ESPERA QUE OLVIDE LO QUE ACABAS DE DECIR!

–E-espero que disfrutes tu estadía en Nueva York… Supongo que no estás acostumbrado a la nieve, así que…
–Amaría verte bailar otra vez –¿¡enserio!? ¿¡Esto realmente está pasando!?–. Si estás libre ahora ¿quieres ir a comer algo?
–¿Bromeas? Soy bailarina ahora, ¡claro que quiero! ¡Muero de hambre! Pero… Tendrás que ayudarme a caminar, tú sabes, por mi tobillo.
–De acuerdo. Dame tu mano, te ayudo.

Si estoy soñando, nadie se atreva a despertarme.
Cuando desperté estaba afiebrado y no recordaba cómo había logrado cruzar, ni dónde estaba siquiera. Pero unos días más tarde, cuando finalmente recuperé la consciencia, me encontré en la casa de los Ishtar, con Odeón atendiéndome. Con dolor y mucho esfuerzo, logré sentarme. Todo se veía borroso y mis oídos hacían un ruido insoportable. Tardé unos días en recuperarme completamente, fue cuando encontré que Marik estaba llamando a casa de Yugi y pedí poder hablar con él un momento. Ese chico… Me hizo preocupar cuando escuché un golpe al otro lado de la línea, seguramente soltó el teléfono. Aunque… sigo preocupado. Sé que dijo que arreglaría los problemas sobre mi pasaporte a través de los contactos de Kaiba, pero conociendo a ese tipo sé que no querrá hacerlo gratis.

–No deben tardar, el vuelo que tomaron aterriza al mediodía –me dijo Marik mientras revisaba su reloj pulsera.
–Estoy preocupado… Tal vez fue una mala idea que ellos vinieran…
–Pero tú no puedes irte ¿recuerdas? No tienes pasaporte, ni documentos, ni nada que certifique que existes… Oh… –creo que mi mirada le dijo todo. Es decir, sé que no tengo nada de eso porque yo no debería existir–. Perdón por el comentario.
–Está bien, solo quiero terminar con esto y dejar que todos sigan con su vida.
–¿Enserio crees que…?
–Los chicos se graduaron, cada uno siguió su propio camino y, hasta donde sé, a muchos les costó desprenderse de la pregunta “¿qué querría el faraón?”… Mi lugar aquí ya no existe, Marik.

Era cierto y tenía que mantener esa idea fija en mi mente: mi lugar en este mundo ya no existía. Debía irme tan pronto como terminara con mis “asuntos pendientes”. “¿Quién fue el imbécil que escribió ese libro?”, recuerdo que pensé al acordarme de la imagen del libro de hechizos que permitió toda la locura de los juegos de las sombras en primer lugar. Hubiera hecho que esa persona alimentara a los cocodrilos de haberla conocido en aquel entonces; de esa forma, tal vez, ahora no tendría que ser yo quien limpiara el desastre subsiguiente. O al menos en eso estaba pensando cuando Marik me dijo que vio a los muchachos en la distancia, razón por la que me concentré en intentar buscarlos. Había mucha gente en el aeropuerto, así que intenté concentrarme un poco más.
Fue cuando los vi, equipaje en mano, buscándonos también. Debo admitirlo, me congelé al verlos después de casi tres años, pero… unos segundos más tarde vi que seguían siendo los chicos, así que le indiqué a mi acompañante que los había visto y comenzamos a hacerles señas hasta que nos localizaron. Supe que lo hicieron porque Yugi sonrió y los demás… bueno, Joey y Tristán soltaron su equipaje de mano, provocando que las valijas se abrieran y quedara expuesto el contenido, que en el caso de Joey era su ropa interior. Eso produjo que Tea lo golpeara, mientras ella se sonrojaba exigiéndole que recogiera su equipaje. “Sí, siguen siendo los mismos…”, pensé divertido ante la escena. Luego comencé a caminar hacia ellos, y Yugi hizo lo mismo, aun queriendo convencerse de que yo era real. Finalmente, estábamos frente a frente otra vez. “Está más alto…”, alcancé a pensar al ver que estábamos casi a la misma altura, justo antes de que soltara, él también, sus maletas y me recibiera con un abrazo. Tardé en reaccionar, pues, si bien conviví con estas personas, por mi estilo de vida previo, no estoy acostumbrado a un trato tan informal y espontáneo.

–Bienvenido, faraón –saludó.
–Hola, pero… Muchachos, yo ya no soy “faraón”… Por favor, llámenme por mi nombre.
–Como quieras, Atem –comentó Joey.
–Atem, faraón, espíritu… ¡Lo que sea! ¡Sigues siendo tú! ¿¡Cómo has estado!? –lo siguiente que supe es que Joey y Tristán nos estaban estrangulando tanto a mí como a Yugi…
–Eh… ¿Chicos? ¡No podemos respirar! –se alcanzó a escuchar la voz de Yugi. Yo no podía hablar, no tanto por la emoción, como por los brazos de Joey que estaban alrededor de mi cuello…
–Joey, Tristán; Atem apenas regresó y ustedes ya intentan matarlo. Por favor, déjenlos respirar que también están asfixiando a Yugi.
–¡Oh, vamos, Tea! ¡Sabemos que tú también quieres abrazar a nuestro viejo amigo! ¿No es así? –comentó Joey, logrando que Tea… ¿se sonrojara?–. ¿Ves que sí?
–Al menos, si yo lo abrazo, soy una mujer; Yugi pasa por su hermano gemelo, razón por la que podría ser una reunión familiar… ¿Tu excusa para abrazar a otro hombre…?

Y Tea gana la contienda, gracias a lo cual, Yugi y yo podemos volver a respirar.
Me daba gusto ver que no mucho había cambiado entre ellos, debía admitir que estaba un poco preocupado al respecto. Luego de esa “pequeña escena” decidieron saludar a Marik quien rápidamente levantó las manos diciendo que estaba bien sin necesidad de abrazos. Noté que Ryou no estaba con ellos y me explicaron que no pudo viajar por problemas personales de último minuto, pero que había comprado el pasaje. Lamenté mucho escuchar eso…
Minutos más tarde, almorzando entre todos, les comenté que había regresado porque habían quedado cabos sueltos en mi última estadía en el mundo de los vivos, que había, todavía, muchos epicentros de magia peligrosa, probablemente relacionada con los Artículos y con los juegos de las sombras. Que había pedido regresar para erradicar las posibles amenazas y evitar otra catástrofe como las anteriores. También admití que, pese a habérseme concedido mi petición, no se me otorgó el Rompecabezas, razón por la que mi magia era un tanto más limitada que en el pasado. Dije que invocar monstruos no sería problema, pero que tendrían que ser monstruos con un lazo muy fuerte para conmigo… De otra forma, toda mi energía tendría que enfocarse en una sola criatura, y, además, no podría ser una criatura de gran nivel. Los muchachos se miraron entre sí, sorprendidos.

–¿Estás diciendo que no acabamos con toda esa cosa de la magia como habíamos pensado? –preguntó Joey, tomando una buena porción de su plato, antes de ponérselo en la boca.
–Me temo que no… Y Joey, yo comería más despacio si fuera tú porque la comida de Medio Oriente –inmediatamente, mi amigo estaba tomando agua antes de que yo pudiera terminar mi oración–… suele ser picante.
–No te preocupes, hizo lo mismo hace unos meses en un restaurante hindú que acaban de abrir cerca de su facultad… –me advirtió Tristán, quien aparentemente estuvo presente en ese incidente.
–¿¡Y cómo esperabas que supiera que condimentaban tanto la comida!?
–Joey… Ese restaurante tiene un chile pintado en el cartel de la entrada… (N/A: como dato de color, en Argentina no le decimos “chile” sino “ají” y, debido a lo picante que es, vulgarmente se lo conoce como “ají puta parió” XD)
–Volviendo al mundo adulto, ¿cuánto tiempo te quedarás esta vez? –preguntó Tea, quien estaba sentada frente a mí.
–No lo sé. Tal vez meses, tal vez años…
–Explica –pidió Yugi.
–Pues… El problema es que, para regresar, debía aceptar una condición: debo quedarme aquí hasta el fin de mi vida natural. Por eso no puedo decirles cuánto…
–¡Espera! ¿¡Te puedes quedar!? –Tea me asustó, ya que se levantó del asiento de un salto y golpeó la mesa con las manos. Solo atiné a asentir–. ¿¡Por qué no te dejaron quedarte antes!? ¡Podían hacerlo!
–Podían, pero no era mi destino, Tea. Yo no sabía que aún quedaban peligros relacionados con…
–¡Aun así! ¿¡No sabían cuánto íbamos a sufrir por culpa de tu partida!? ¿¡O lo sabían y te llevaron igual!?
–¡Espera, eso fue completamente diferente, Tea! ¡Yo me fui por mi cuenta!
–¡Pero…!
–¡Tea, era un espíritu! ¡Morí hace cinco mil años, no tenía cuerpo ni motivos para quedarme aquí!
–¿Y qué tal nosotros…? –me cerró la boca. Podía admitirlo.

Pero lo que más me dolió fue ver que salía del local llorando. Sin darme cuenta, a lo largo de la disputa también había ido poniéndome de pie. Ahora estaba en la misma posición en la que estaba ella. “¿Qué acaba de pasar?”, pensé mientras me sentaba. No entendía por qué me molesté tanto, ni por qué a ella, de entre todos los muchachos, le costaba tanto aceptar mi partida de hace tres años… Escuché a Yugi suspirar.

–Lamento que hayas tenido que ver eso. No es la primera vez que le pasa… –disculpó a nuestra amiga, sin mirarme a los ojos. Extrañamente avergonzado.
–Nunca la había visto así.
–¿Sabes? Todos lloramos tu partida durante varios días, pero cuando todos nos sobrepusimos y seguimos adelante, cuando nos dimos cuenta de que tú no nos dejaste para hacernos miserables sino para dejarnos el camino libre y poder hacer nuestras vidas… Ella no pudo. Incluso sus calificaciones de último año no fueron tan buenas como las de los anteriores. No eran malas, pero no eran… pues… las que ella solía tener –comentó Tristán, poniéndome al tanto de lo que había pasado, de lo que me había perdido.
–E-esperen. Tea era cuadro de honor, recuerdo eso. ¿Quieren decirme que perdió esa mención en último año?
–No la perdió, pero estuvo a punto de… –comentó Joey–. Viejo, eras un genio, enserio, pero también un imbécil. Perdón que te lo diga de esa forma…
–No me ofendería, si supiera de qué hablas.
–Le gustas a Tea, de eso está hablando. Le has gustado desde que la salvaste de aquél pervertido en primer año… –Yugi completó la parte de información que me faltaba… bueno… que siempre me faltó, puesto que nunca supe los sentimientos que ella tenía por mí.
–¿Y-yo? ¿Están seguros de lo que están diciendo? ¡Porque la están poniendo en una posición comprometida! –para esa altura estaba sonrojado. Cuando era faraón, no ignoraba que muchas nobles hubieran dado lo que fuera por ser mis concubinas, pero siguiendo el ejemplo de mi padre, no les presté atención, esperando por la única mujer que sería digna de vivir conmigo y de ser mi esposa. Pero… ¿Tea? ¡No podía imaginarla en una situación similar! ¡De hecho, cada célula de mi cuerpo me gritaba que no lo hiciera, y mi cerebro solo podía poner estática antes de poner la imagen de mi amiga en semejante posición! ¿¡Desde cuándo sabían ellos de sus sentimientos!? ¿¡Por qué Yugi nunca me dijo nada al respecto!?
–Tal vez, pero ya era hora de que abrieras los ojos y olieras las rosas –dijo Joey, jugando con su comida. Por sus caras, me resultaba evidente que todos ellos dudaron mucho sobre si decirme o no la verdad.

Oculté mi rostro entre mis brazos cruzados sobre la mesa. Simplemente, me resultaba indigerible; no podía con esa noticia. Lo peor era que, ahora que lo sabía, tenía que encararla y decirle lo que yo pensaba al respecto… Entonces caí en la cuenta de algo: ¡que yo no tenía idea de qué pensaba al respecto, porque nunca lo había pensado antes, al límite de haberme resultado una idea imposible de concebir! ¡Creía que, por ser un espíritu, era evidente que nadie se fijaría en mí! ¿¡Cómo rayos fue que no noté esto!?

–¿Puedo decirte algo? –Yugi al habla… otra vez.
–¿Qué? –no me molesté en mirarlo a la cara. Además, la mía estaba ardiendo y sabía que no era porque tuviera fiebre…
–Un pequeño consejo de un amigo mío, muy inteligente: sigue a tu corazón –no pude evitar reír. ¿Quién diría que llegaría el día donde él me diera ese consejo a mí? Levanté el rostro para mirarlo.
–Tu amigo era un tipo listo.
–Definitivamente. ¿Y sabes otra cosa? También sabía salir bien parado de situaciones complicadas, así que… creo que su consejo funciona, yo qué sé –levantó las manos y se encogió de hombros. Reí levemente. Nunca creí ver ese día, pero me alegraba haberlo hecho. Yugi ya era completamente independiente de mí.
–Voy a hablar con ella.

Tea, para mi sorpresa, no estaba muy lejos del local. De hecho, este estaba cerca de una plaza, y ella estaba sentada en el borde de la fuente, mirando la nada. Todavía sonrojada, por lo que supuse que acababa de notar lo que acababa de suceder entre nosotros. Hasta ese momento, no había notado que su cabello estaba un poco más largo de lo que recordaba. “¿Qué es lo que yo siento por ella? ¿La veo como mi amiga o…?”, entonces vi que había unos chicos que miraban a Tea de reojo y que se estaban aproximando peligrosamente a la fuente. Me apresuré a afirmar mi presencia sentándome junto a ella, demostrándoles que conocía a esta persona, la cual no venía sola. Tea no huyó al verme, ni al encontrarme sentado junto a ella. Parecía que también quería aclarar las cosas; de hecho, se disculpó por la pelea… “Bueno, debo admitir que no puedo verla como solía ver a Mana”, pensé mirando su perfil, ya que se negaba a verme de frente, “Tal vez…”, pensé en todos los momentos que pasé con ella, en cada una de las ocasiones en las que la salvé, en las risas que compartimos, en lo fácil que era hablar con ella y la confianza que le mostraba (incluso más que a Yugi, la persona más cercana a mí en aquel entonces). Entonces… recordé lo feliz que me había hecho el recibir el cartucho. El único objeto que ella me dio a mí, no a Yugi. “Soy un idiota… ¿Cómo no lo noté antes?”, pensé. Pero, en realidad, sabía la respuesta: Fue por mi condición. Yo era un espíritu sin pasado, no podía ofrecerle nada, ni siquiera mis recuerdos, porque no los tenía. Tea merecía más… y mejor…
Pero… ahora que estaba vivo, yo ¿tenía el derecho de pedir algo como esto? ¿Podía aspirar a una relación? De todas formas, debía admitir que la posibilidad de lastimar a Tea, mi más querida amiga, me asustaba. Ella siempre estuvo cuando la necesité, ¿qué tal si, al final, no soy lo que esperaba? “Que sea su decisión, entonces”, esa fue mi conclusión. Si ella me quería a pesar de todo, sería suyo. Al fin y al cabo, acababa de darme cuenta de lo mucho que la amaba… El problema… Era decirlo en voz alta, sobre todo después de toda una vida de portar una máscara de diplomático…

–Tea, no te preocupes por la discusión que tuvimos. No estoy molesto.
–¿De verdad? Porque… Bueno… Creo que exageré un poco las cosas –rio nerviosamente al decirlo–. Es decir, sé que tenías que irte, que era lo mejor para ti y que no podías hacer nada al respecto. Y, pensándolo un poco, es verdad que te habrías quedado de saber que aún quedaban peligros aquí. Por eso, me siento muy mal de haberte gritado… en público… en un restaurante lleno de personas…
–El noventa por ciento de los presentes no hablaban tu idioma, así que eso no importa. Como mucho, nos avergonzamos juntos al ponernos de pie y gritarnos el uno al otro –rio más calmada al ver que yo también podía bromear al respecto.
–¡Cielos! ¡Me alegra tanto que no estés molesto! ¡No sabes lo mal que me sentí al pensar que nuestra pelea pudo llegar a ser grave!
–Tea, las peleas siempre se presentan a lo largo de la vida en las relaciones entre personas. Pero, si son superfluas, se aceptan las diferencias y se sigue adelante. Como ahora –ahora o nunca.
–Tengo que decirte algo –nunca… El destino no estaba de mi lado esa tarde…–: dije “no” a Broadway… –sonreí.
–Lo sé. Visité a Yugi esa noche, me lo comentó. De hecho, iba a ir a verte a ti también porque me dijo que estabas muy triste, pero no pude entrar en tus sueños esa noche. Volví a intentar otras noches, pero siempre me rechazabas… –se sonrojó cuando se lo comenté. De hecho, entró en pánico.
–Ah… –risilla nerviosa–. M-me pregunto p-por qué no podrías…
–¿Tea…? –mi tono grave siempre de daba acceso a este tipo de información difícil, iba a probar suerte con ella, otra vez–. ¿Qué no me estás diciendo? –además de lo que me acababa de enterar.

Suspiró. Al parecer le daba vergüenza…

–¿Intentaste hablar conmigo hace dos años? –asentí–. Es probable que no pudieras acceder porque… Bueno… Acepté a salir con un chico durante un mes, porque creí que era una buena persona y sabía que tú querrías que yo fuera feliz –no se equivocaba en eso último, aunque ahora… debo admitir que me hizo apretar los puños saber sobre ese “otro sujeto”–. Era divertido conversar con él y era muy amable conmigo…
–¿Pero? –supuse que debía haber un “pero” en alguna parte, si hablaba de esta relación en pasado.
–Pero solo estaba usándome para que su ex volviera con él. Era una chica a la que yo no le caía bien, así que supuso que si se mostraba conmigo ella le pediría volver. Y como le dio resultado, simplemente rompió conmigo por e-mail explicándomelo todo… Por algún motivo no me dolió tanto, aunque sí fue un golpe bajo a mi orgullo –podía imaginarlo… Aunque no podía imaginar a Tea con un tipo como ese… Pensé que ella sabía distinguir mejor a las personas–. Debo admitir que era un gran actor para hacerme creer su fachada de buen samaritano… –rio con tono irónico–. Vaya, buenas decisiones que he tomado en tu ausencia ¿eh? Todo un modelo sobre cómo no hay que actuar en la vida.
–No digas eso de ti misma.
–¿Y qué quieres que diga? Dejé que un idiota me engatusara y, para colmo, renuncié al mayor sueño de mi vida. Ahora estoy atrapada en un agujero, ¿qué se supone que haga?
–Trepar hasta la salida –respondí tranquilamente, hasta ese momento, no noté lo mucho que ella necesitaba alguien que la aconsejara–. Si renunciaste a un sueño, busca otro que te mantenga viva. ¿No crees que es la mejor opción?

Me sonrió cálidamente, antes de poner su mano sobre la mía que estaba en el borde de la fuente. Me sonrojé porque ella nunca había sido así conmigo, nunca había buscado el contacto físico de forma tan abierta. Me dio la razón y se recostó en mi hombro mientras me decía que le alegraba mucho que yo estuviera de regreso. El saber que podía contar conmigo otra vez la tranquilizaba. Entonces sentí que se separaba de mí, mientras que la mano que había cubierto la mía se encaminaba a mi pecho y tomaba un pequeño objeto entre sus dedos. El cartucho. La miré sin entender a qué venía su sorpresa.

–¿Todavía… lo tienes…?

Sonreí con ternura ante su expresión.

–Tea… Te dije que nunca me lo quitaría ¿recuerdas? Ya van tres años y sigo firme en mi palabra –cubrí su mano con las mías–. Y seguiré. Después de todo, se lo prometí a alguien a quien quiero mucho –se sonrojó al escuchar eso, luego me miró divertida.
–Cuidado con lo que dices, faraón, no vayas a darme la idea equivocada… –coqueteó conmigo, aunque en broma. Pues bien. Yo quería demostrarle que yo iba enserio.
–¿No eres tú quien ha estado tratando de dármela, ocultando tus verdaderos sentimientos por mí?
–¿¡C-cómo…!? –estaba completamente sonrojada. Nunca la había visto así, por lo que supe que los chicos dijeron la verdad. Ella estaba enamorada de mí, y yo nunca lo noté. Miré su mano, aún atrapada entre las mías.
–¿Importa? Tú me lo estabas ocultando… ¿Por qué?
–… Tenía miedo de que me rechazaras. Eres tan maduro y seguro de ti mismo y yo… Bueno. Comparada contigo soy una niña.
–¿Crees que así es como te veo? ¿Una niña? ¡Tea, por favor! ¡Si te viera de ese modo nunca te hubiera dicho todo lo que te confié en todos estos años! ¡Por favor! ¡No eres una niña! ¡Eres más madura que cualquiera que haya conocido de tu edad!
–No es difícil, mi competencia son Joey y Tristán, ¿recuerdas? –coloqué una de mis manos en su mejilla y me acerqué a ella.
–Sabes de qué hablo. Y tienes que considerar que cuando digo “cualquiera que haya conocido”, mi vida previa a ustedes está implicada.
–¿Qué? ¿Compito contra Mana? –parecía aturdida. No esperaba nada de lo que le estaba diciendo.
–No compites contra nadie. Ya te lo dije. Para mí… no tienes competencia, y yo… –casi podía escuchar los latidos de mi corazón. No estaba seguro de seguir. “No… No puedo detenerme ahora, sabía cuando empecé esto que era a todo o nada”, pensé antes de encararla definitivamente. Ya era la hora de la verdad–. Tea, yo quiero ser tu nuevo sueño… si me aceptas, claro.

Ninguno de nosotros parecía reaccionar ante mis palabras. El sol terminó de ponerse mientras esperábamos que uno de nosotros rompiera el silencio, razón por la que estábamos casi a oscuras, de no ser por las luces de la calle. Pero ninguno decía nada… Entonces sentí lágrimas que caían en la mano que había dejado sosteniendo la de Tea. Ella estaba llorando. La miré sin poder creerlo… Yo la había hecho llorar, la solté y busqué alejarme, pero en cuanto vio mis intenciones, me retuvo poniéndose frente a mí y abrazándome con fuerza.

–No lloro porque me hayas lastimado, sino porque estoy muy feliz… –no podía creer esas palabras. ¿Ella estaba feliz… por mi confesión…?–. Esperé muchos años para escuchar que me dijeras algo así…
–No tenía nada que ofrecerte antes. No era más que un fantasma sin pasado… ¿Por qué yo?
–Tal vez porque eras la única persona que mostraba tanta confianza y cercanía conmigo, porque eras el único que me miraba a los ojos y me decía que esperaba algo grande de mí. Atem –de alguna forma, me gustaba cómo sonaba mi nombre en sus labios–, tú siempre fuiste uno de mis sueños… Solo que, ahora, sí se puede realizar.

Se separó de mí mientras lo decía, solo para colocar sus manos en mi cuello… para buscar mis labios con los suyos. Y yo… ¿qué otra cosa podía hacer que corresponder a los sentimientos de mi reina?

El sol iluminaba la mayor parte de la habitación, incluyendo la cama de sábanas blancas, las cuales protegían a una figura dormida entre ellas. El hombre que yacía en el lecho se veía felizmente dormido, cuando sintió un peso extra en el colchón y un roce suave en su mejilla. Sabía que se trataba de su esposa, así que no dijo nada y fingió seguir dormido. Pudo escuchar que reía y sintió que le colocaba las manos en los hombros y lo sacudía ligeramente para despabilarlo.

–Hora de despertar, mi faraón… –susurró en su oído. Él sonrió y, abriendo los ojos, se recostó sobre su espalda para poder verla a los ojos.
–Sabes que hoy es mi día libre, ¿no es así, Tea?
–Sí, pero no es excusa para que duermas hasta el mediodía; además ya hice el desayuno.

Él simplemente levantó su mano derecha y comenzó a jugar con los, ahora, largos mechones de cabello que Tea había dejado sueltos esa mañana, mientras ella le sonreía, hasta que entendió el mensaje y le dio un beso en los labios. Luego, terminó recostada junto a él. Sin duda sabía ser convincente. Había sido lo mismo desde que se casaron: él siempre podía lograr lo que quisiera de ella porque conocía todos sus puntos débiles… De acuerdo, ella también conocía los de él y también hacía uso de ello. “Voy a sacarlo de la cama… de un modo u otro…”, pensó mientras lo abrazaba con fuerza, mientras él, simplemente disfrutaba del contacto, hasta que cierta presión sobre su abdomen le recordó que había otra persona más a la que tenía que saludar en las mañanas. Tea, primero se confundió cuando Atem se separó de ella, pero luego vio cual era la razón cuando lo vio besando su pequeño estómago, o, como ella lo llamaba algunas veces, “el actual dormitorio de su pequeño hijo de dos meses”.
El antiguo faraón se había emocionado mucho cuando ella le dio la noticia. “Me costó un poco darme cuenta… Qué bueno que no hice nada que pudiera afectar al bebé en ese lapso de tiempo”, pensó al recordar que notó que sus recientes malestares habían sido los síntomas que se presentan en el embarazo, apenas, tres semanas después de… bueno… “traerlo al mundo”. Atem, varias veces, tenía que tranquilizarla ya que, siendo el primer pequeño que ella concebía, se ponía nerviosa por nada y él –también bastante nervioso al respecto, sobre todo por la presión de ser un futuro buen padre– tenía que lidiar con el natural nerviosismo de su mujer hasta que todo volvía a la normalidad. Los días en que iban a hacer los estudios eran un caso muy especial…
Una vez que saludó a sus dos personas favoritas en el mundo, Atem, simplemente, volvió a recostarse; solo que esta vez utilizó el hombro de su esposa a modo de almohada, acorralándola entre sus brazos.

–Enserio, tienes que levantarte y desayunar algo –insistió.
–Cinco minutos más…
–Oye… Necesito mi cuerpo –rio ella.
–Lo sé. Pero me gusta tenerte cerca… –ella le colocó una mano en su vientre–. De acuerdo, tenerlos cerca…
–Atem… Te recuerdo que Yugi vendrá a la tarde. Por favor…
–De acuerdo, ya me levanto –se sentó y le dio un beso en la mejilla–, mi reina –le dijo al oído antes de salir de la cama e ir en dirección al baño, gracias a lo cual, Tea pudo verlo con los pantalones negros con los que él solía dormir, además de ver el reflejo del cartucho que se balanceaba sobre su pecho.

La mujer se levantó también y fue hacia la cocina para servir el desayuno y llevarlo al comedor, cuando, segundos después, encontró las manos de Atem pasando algo alrededor de su cuello.

–Casi lo olvido, este es el regalo que te debo desde ayer por tu cumpleaños… Lo siento, te dormiste antes que te lo diera.

Tea miró qué acababa de darle, solo para encontrar un cartucho, muy parecido al del faraón, pero de oro… Lo tomó y lo miró más de cerca para ver que también tenía algo escrito. “Seguramente mi nombre…”, pensó con una sonrisa. Entonces miró el reverso que también estaba escrito, pero no en egipcio sino en su idioma: “Mantenme cerca de tu corazón, como yo te tengo a ti, y nunca me alejes de ti. Te amo”.
Ella se dio vuelta y lo abrazó con todas sus fuerzas, mientras le daba un intenso beso en los labios.

¡Eso es todo!

Perdón por la forma intrincada en que se me ocurrió presentarlo... Je je... Pero, enserio, espero que les haya gustado. E, Isa, espero que hayas disfrutado de tu cumpleaños, que la hayas pasado muy bien, y que te guste el regalo... (Perdón, pensé en dibujar algo pero mi mente se quedó en blanco... así que...)

Bueno, espero verlos pronto... See ya! Muchos besos!

Ya me voy...
Ya me fui...
...
 
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waaahhh..! LO AMOO SHERE!! :banana:
muchas gracias por hacer esto para mi cumpleaños, realmente es hermoso y muuuuy largo y asdf extrañaba muchisimo tu escritura y la manera en que representas a este par!! :*0*:
 
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