Original Fic Songfic M/M Frío de invierno

Red Wyne

Let's drink wine

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19 Oct 2019
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Hola, soy Wyne, el panda rojo, es mi primera vez aquí así que espero les guste mi trabajo, siéntanse libres de quedarse tanto como les plazca :3

Han pasado algunas horas desde que ha comenzado el día y, sin embargo, no he podido pegar los ojos en toda la madrugada. Los recuerdos, aquello que creía eran hermosas fotografías que las personas guardan en su mente, me han fallado. Con la mirada fija al techo, una sensación familiar sale de mis cuencas y se escurre hacía los lados, se oculta entre mi pelaje oscuro y llega al borde del colchón. Desaparecen. Uno a uno, los recuerdos de lo que fue, salen de mí y me destruyen a su paso, me dejan, cada vez, con menos ganas de comenzar el día.
- Al parecer no ha salido bien, ¿no es así? – digo, esperando que alguien más conteste. Esperando que la culpa y el dolor en realidad, no sean míos. Quizá, si alguien respondiese a mi pregunta, podría significar que todo este tiempo, solo he estado escuchando la trágica historia de alguien más que, tal vez, por la forma en que la contaba, la hubiese hecho mía en el fondo. Pero no es así. Estas lágrimas me pertenecen, este dolor me pertenece y no puedo compartirlo con nadie más. Nadie más podría abrazar de esta forma la culpa como lo hago yo.
Me levanto, con un dolor en el estómago, pues las contracciones de mi llanto han sido casi tan duras como para haberme roto los huesos y desgarrarme los músculos. Casi ha pasado un año… no, ya pronto será un año, hace más de un año…
- ¡Maldita sea! -Grito con el desgarro de una vida en mis palabras que, entrecortadas por un gesto de asco y odio, odio y asco hacía mí mismo, salen solo para hacerme sentir más miserable que hace unos minutos, miserable porque, por mucho que lo desee y me aferre a ello, no podré cambiar lo que ha sido, lo que pudo ser y lo que nunca será. Por mucho que intente, mis piernas no logran obedecerme, mis brazos, han decidido quedar atrapados entre la decisión de moverse y no hacerlo, mis ojos buscan de un lado a otro algo que me haga dejar de sentir así. Por mucho que intente, caigo al suelo donde un poco de luz de afuera logra colarse hasta posarse sobre mi rostro.
Comienzo por quedarme finalmente dormido, lo mejor que puedo hacer ahora, lo único que puedo hacer ahora. Con el rostro aun húmedo, patético y el alma hecha pedazos, una vez más, me quedo dormido esperando que, al despertar, el sol haya decidido no levantarse, la luna ilumine mi habitación y me dé la sensación de que nadie puede ver la miseria que cargo conmigo porque, las cosas más lindas brillan a la luz de la luna, ¿no es verdad? Quizá la noche oculte mis heridas y me haga sentir que estoy completo, que aquellos fragmentos que he perdido, en realidad nunca se desprendieron de mí, quizá la noche logre hacer que me ame de nuevo. Y así, el suelo comienza a abrirse en un mar de emociones, me hundo en la tristeza y dolor, odio y asco, culpa y rencor… cansancio. Estoy cansado.
Tenía tanto tiempo sintiéndome de la misma manera, por un tiempo acepté que este mar que me rodeaba era mi único refugio. Que, al salir de este, no habría nadie ahí. Acepté que esa persona era yo, que así era como seguiría siendo, el mar me abrazaría y con eso, no existiría el frío a mi alrededor. Me dejé abrazar por ese lugar, aquellas manos recorrieron mi cuerpo sin dejar ningún sitio descubierto. Me conocía tan bien y, aun así, no me dejaba ser completamente parte de él. Aun me ataba una cadena al exterior, el miedo. El miedo me hacía sentir que, aun en lo profundo del abismo, seguía siendo diferente, que aún estado rodeado de otra naturaleza, podía conservar la mía intacta, muy dentro de mí, donde el frío no pudiese alcanzarla. Pero, poco a poco, fue invadiéndome, entraba por cualquier grieta que aparecía en mí, me consumió. Si bien, nunca me hizo parte de ese mundo, tampoco desaprovechó mi presencia, consumió todo en mí y se adueñó de mi vida, me tragó en su oscuridad y me escupió cuando de mí quedaba nada. Así, tendido en el suelo, le perdí, cuando caí al suelo, le perdí para siempre.
- ¿Te encuentras bien? –pregunta una voz que parecía la mezcla de dos personas hablando.
Abro los ojos de golpe, exaltado, pues aquella voz resuena aun en mi cabeza. Con las pocas fuerzas que pude recobrar del sueño me apoyo sobre mis piernas que aun duelen de cansancio. Esa voz, parecía que alguien la había susurrado directo a mis oídos, pues en mi mente puedo seguir una estela por donde el sonido había ido. El camino que se traza me llevaba, en mi mente, a través de una serie de fotografías, todas con un momento preciso de mi vida. Sabía a donde iba a llevarme esto, me aterra, no quiero verlo nuevamente, no así, ¿por qué ahora? Cerrar los ojos no sirve de nada, puedo verlo, escucharlo y de alguna forma, sentirlo, aquel dolor, aquella angustia llena todo mi ser.
Entonces, la escucho de nuevo, aquella voz viene del otro lado de la puerta de entrada, tomó unos momentos para reconocer quien es, mi amigo Louis. Sólo es él, una sola voz ahora.
Alcanzo torpemente el picaporte de la puerta y me detengo pues, sé más que nadie que la reacción que me espera de quien del otro lado se encuentra, será menos que agradable, pero quizá sea mejor enfrentarlo ahora a esperar que mi castigo sea aún más severo.
- H-hey, Louis. Y la respuesta se hace presente.
- ¡¿Se puede saber qué diablos pasa contigo?! –el sonido de la puerta que se azota de golpe por la fuerza de Louis me hace cerrar los ojos y llevarme ambas manos a las orejas–. ¡Han sido dos días que nadie ha sabido una mierda de ti! ¡Dos días hombre! ¿Qué tienes que decir a eso? Todos en el trabajo nos preguntábamos que había sido de ti.
Puedo sentirlo, aun con la mirada en el suelo, puedo sentir como Louis se transforma en un revoltillo de emociones, ira, preocupación, alivio, también puedo ver como todo ese pelo que lo cubre se eriza. Incluso un lobo como él puede ser leído fácilmente.
- Lo sé… lo siento, no me he sentido muy bien, es todo –no puedo verlo a los ojos con una mentira saliendo de mis labios, no es simplemente eso, mi mundo se ha caído y está vez, no me siento capaz de hacer algo siquiera por sostener lo poco que ha quedado, si es que de eso ha quedado algo.
- No me vengas con eso, te conozco de hace tiempo Sam, no trates de engañarme, será mejor que me digas que ha pasado.
No puedo hacerlo, él se ha preocupado por mi lo suficiente como para venir a mi casa y hacerme volver a abrir los ojos, no puedo decirle… se de lo que puede ser capaz de hacer y ahora, no quiero lidiar con la mirada de todos sobre mí. Estar de nuevo bajo el farol del mundo, atado a las voces que me sujetan a lo más bajo que hay en mí alma rota “¿Por qué no has hecho nada?”¿Cómo iba a saberlo?“¡Debiste darte cuenta!” - ¿Cómo iba a darme cuenta tras esa fachada? – “Ha sido todo culpa tuya” – ¡No es así, se equivocan¡- “Todo ha sido culpa tuya y no puedes hacer nada al respecto” Por favor, deténganse… por favor, haz que todo pare...
De vuelta en mí, estoy temblando, mis manos crean una barrera entre mi vista y el suelo y busco en ellas algún refugio que me haga salir de aquella cárcel en mi mente, donde cumplo la condena de mis recuerdos y mis pensamientos son verdugos que a castigo, me azotan con preguntas donde la respuesta, es mi sangre que, al recorrer mi cuerpo dejan marcado el camino de mis errores, uno a uno sobre mi cuerpo, esta vez, mis lagrimas no podrán borrarlos, esta es mi condena.
- Aquella vez… Debí hacer algo, ¿verdad?
- ¿A qué viene eso ahora?
- Lo siento, olvídalo.
Suavemente el viento comienza a recorrer mi cuerpo y hace que mi pelaje se erice, hace poco tiempo que comenzó el inverno y los primeros indicios de que la nieve cubra todo de nuevo aparecen en el aire. Al igual que hace un año, está frío, solo que está vez estoy consciente de ello, está vez puedo sentir el frío en mi cuerpo y esa es señal suficiente para darse cuenta del tiempo que pasa. Siendo un jaguar melánico, el frío ya es un poco duro para mí.
Puedo recordar como cada año, cuando comenzaba el frío, tú podías sentirlo desde mucho antes. Recuerdo como como tu aspecto cambiaba al igual que las estaciones, tu pelaje marrón en verano y como este se transformaba con la llegada del invierno, la nieve cubría todo y al parecer a ti te gustaba imitarlo. Un armiño de las montañas que apenas podía reconocerse por la punta de su cola que siempre permanecía de color negro
Imaginar lo doloroso que debía ser para ti tener que ocultar tus sentimientos ante mí, cuán destrozado debías estar y, aun así, soportar el peso de mi indiferencia, imaginar que, poco a poco tu sonrisa fue desvaneciéndose hasta volverse doloroso, me hace pensar si el darme cuenta de ello ahora, pueda hacer que te encuentres más tranquilo. Quizá algún día puedas perdonarme, quizá, algún día pueda perdonarme.
El tiempo se ha ido, como de costumbre, Louis solo vino a recordarme que debía cumplir con mis obligaciones, al final se ha marchado no sin antes darme una razón para volver al trabajo:
Más vale que estés ahí antes de que llegue, hay algo que debo darte antes de que los demás lleguen y si lo hago ahora, por seguro mañana te harás el loco para no venir al trabajo”.
Es extraño que un regaño me haga sentir un poco importante, al final, para bien o para mal, rondar en la cabeza de alguien significa que no he desaparecido por completo. El tiempo se ha ido, como de costumbre y yo ni cuenta me he dado de ello, el comer, ducharme o mantener mi vida en orden han dejado de tener sentido, hacerlo o no realmente ha dejado de importarme. Por ahora, volver a mi habitación me haría sentir como un fracasado, aunque no hacerlo me convertiría en un cobarde, así que decido dormir en el sofá que pocas veces he usado. Comienzo por quedarme dormido y esta vez no estoy flotando en la inmensidad del océano, ahora el frío se ha colado por mi piel, se ha posado junto a mi alma y me hace llevar mis rodillas hasta mi pecho. Comienzo por quedarme dormido y esta vez, por cuenta propia.
A la mañana siguiente, no puedo recordar lo que he soñado, pero siento que me ha caído de maravilla, tomo un par de rebanadas de pan y preparo un poco de café, son pasadas las once así que me da tiempo para tomar un baño. Al salir de casa faltan al menos cuarenta minutos para llegar al restaurante donde trabajo por lo que me tomo el tiempo para pensar en que tendrá pensado Louis darme que valga la pena salir de casa. Ese pensamiento va de un lado a otro y por muchas posibilidades que pueda crear en mi cabeza, no consigo convencerme de algo concreto, quizá solo ha dicho eso para hacerme ir a trabajar.
- No importa canto tiempo haya pasado –me digo a mí mismo en voz baja–. No importa cuánto tiempo vaya a pasar, estoy seguro de que este sentimiento no me dejará por completo nunca y, quizá, esto sea lo que merezco por todo lo que te hice.
Llegar mucho antes de comenzar el turno se ha vuelto para mí, una opción que me evita el contacto con las demás personas, estoy seguro de que es algo que me beneficia tanto a mis compañeros como a mí y como prometió, Louis está esperando en la entrada, tiene la mirada despreocupada, como si fuera un hecho que me vería ahí después de haberme ordenado que me presentara.
- Bien, aquí me tienes, ¿qué es lo que tienes para mí?
- Buenos días, para empezar –dice en un tono soberbio a pesar de que ya ha pasado de medio día.
- Buen día, encargado de cocina Louis –digo con un poco de sarcasmo–. Bien, ¿qué pasa? No me has hecho venir con una excusa falsa como esa, ¿o sí?
- Lo siento –la rapidez con la responde me sorprende un poco–. Lo que voy a darte, quizá no sea algo bueno, pero es una promesa que debo cumplir, te hice venir aquí justo antes que los demás, porque sé, que sea el significado de lo que te daré, no será del todo agradable para ti, por eso, perdóname.
- Habla ya hombre.
- Una carta… de Theo
Debió ser mi expresión al extender su mano con un sobre con su letra en él, o quizá, el que mi cuerpo haya comenzado a tambalearse, pudo haber sido cualquier cosa, pero jamás imaginé que Louis hiciera algo así. Sus brazos me rodean sin importar que los míos estuvieran presos, su abrazo se siente áspero por sus brazos descubiertos, pero a la vez tan reconfortante que apenas puedo darme cuenta de lo que pasa alrededor de mí, Theo, me vuelto ajeno al resto del mundo que apenas puedo escuchar un susurro “Lo siento”, la voz de Louis suena rota y a la vez, perfecta y yo no puedo mantenerme más tiempo de pie.
“Una carta… de Theo” … imposible, ¿por qué justo ahora? Pero, sobre todo, cómo. Louis tenía razón, tan solo haber pronunciado esas palabras me ha hecho perder el poco control que tenía sobre mi cuerpo, maldición Louis, podrías habérmelo dicho ayer en casa.
- Lo siento, Sam, en verdad lo siento –Louis no deja de abrazarme, por el contrario, parece que a cada palabra que pronuncia, aplica más fuerza, como si quisiera evitar que caiga al suelo–. Hace más de un año, le prometí a Theo que te daría esto, por supuesto no lo he abierto y eso fue antes de… ya sabes.
Ni siquiera él puede pronunciar esas palabras, me pregunto si aún le afectará o solo quiere ser cuidadoso con lo que dice frente a mí. De todas formas, el que no me vea a los ojos directamente, me hace pensar que incluso alguien como Louis puede tener problemas manteniéndose en pie. Tal vez incluso, haberse lanzado sobre mí ha sido para no caer sobre sí mismo, en este momento, la persona que ha decidido rodearme con sus brazos es alguien a quien desconozco totalmente y eso, me aterra un poco y me reconforta, pues significa que no soy el único que sufre. Quiero abrazarlo en respuesta, para que al menos de esa forma entienda que todo este tiempo no he sido más que un mentiroso.
- No ocurre nada, –de nuevo mintiendo–. No hay nada que podamos hacer, ¿verdad?
- Sam…
La mirada de Louis, sé que debe pensar que debería dejar evadir lo que ha ocurrido, incluso si sigo poniendo muros alrededor de mí, incluso si me esfuerzo por evitar que las personas descubran mis verdaderos sentimientos, Louis puede ver a través de mí y leerme con tanta facilidad que incluso llega a molestarme. Soy un idiota, Louis, la persona más fuerte que conozco, me ha mostrado una parte de él que desconocía y, aun así, sigo siendo haciendo como si no me importara en lo absoluto.
- Lo siento, pero, debo irme, no tengo ganas de trabajar hoy.
- Sam, espera, ¿hasta cuándo dejarás de escapar?
- No lo hago, solo está vez estoy avisando que no puedo trabajar hoy.
- ¿Crees que puedes hacer como si nada hubiera pasado? No sé lo que haya dentro de la carta, pero al menos deja de lado tu estúpida arrogancia y léela y haz algo de lo que no hiciste antes. Algún día te encontrarás al final del camino Sam, y entonces, dejarás de huir.
- Quizá ya he llegado al final, en fin, sea lo que sea, no lo necesito ahora.
El fin del camino, he estado en el fin de mi camino desde mucho antes, solo que esta vez puedo darme cuenta de eso, desde mucho antes, he sentido que estado caminando sobre el borde de un acantilado, he mirado al abismo y he visto mi alma en lo más profundo de él. En realidad, no mentía, no tengo ánimos de trabajar hoy, solo quiero dar un paseo, quizá el último, por ahora quiero estar sólo, contigo.

Sé que todo esto es culpa mía, es por eso que, no importa el tiempo que haya pasado, el dolor que siento es tan profundo como si la herida estuviese abierta todavía, incluso pareciera que se ha hecho más profunda. Hace un año, no estaba del todo bien conmigo mismo, la misma sensación de estar al final de todo hizo que comenzara a preguntarme si realmente valía la pena estar donde estaba. Me volví frío, ausente de todo y nada me alcanzaba, ni si quiera los sentimientos de mis compañeros de trabajo, me volví un completo idiota, y por causa de ello, perdí mi puesto como jefe de cocina, perdí a mis amigos y lo peor que pude haber hecho, lastimé profundamente a quien más me amaba, la única persona que, aun cuando había abierto una brecha entre ambos, seguía estando ahí, al otro lado, esperando a que volviera. En ese momento no pude darme cuenta del daño que le hacía, me había acostumbrado tanto a su presencia que creía que siempre sería así, que no importara cuanto tiempo pasara, siempre estaría conmigo. No pude protegerlo y al final, se cansó. Hace un año que la persona que más amaba decidió dejarme e irse a un lugar donde no podré encontrarlo, hace un año que Theo decidió morir y no pude hacer nada para evitarlo. Hace un año que cargo con el hecho de haber lastimado tanto a alguien que lo lleve a tomar una decisión terrible.
Estoy tan perdido en mis pensamientos que sin darme cuenta he llegado al parque donde solíamos reunirnos Theo y yo, incluso mi cuerpo aún siente la inercia de ir hacía donde cree que te encontrará, pero tú ya no está aquí. He estado evadiendo todos los lugares a los que solíamos ir y aquí estoy, donde las hojas de los árboles caían alrededor de ti, vaya que soy idiota. Siento caer un par de lágrimas de mis ojos, estoy llorando tan tranquilamente que cualquiera pensaría que para mi es el momento más feliz de mi vida, aunque en realidad, estoy más roto que la noche anterior, y de la nada, me hago polvo, el suave llanto que comenzó, se ha vuelto un río.
- ¿Por qué… por qué ahora? –susurro para mí.
No importa cuanto quiera escapar, de alguna manera siempre logras volver a mi mente, desde ese día no me he sentido tranquilo. ¿Tanto daño te hice acaso? –Por supuesto que sí–. Theo… sin importar cuanto corra o me oculte, siempre veo tu silueta disolverse justo detrás de mi espalda, cómo las hojas que han caído y son llevadas por el viento hasta el cielo, donde el azul se confunde con sus colores. Desde ese día, tu silueta se disuelve y las hojas se convierten en suaves copos de nieve, caen lentamente y cuando me doy cuenta, ya ha comenzado a hacer frío. Me quedé en el invierno, Theo, desde el día que decidiste morir, para mí siempre es invierno.
Soy un cobarde, porque incluso tú decidiste dejarlo todo, y yo sigo atrapado aquí, en el invierno que ha crecido en mí, Theo…
Estoy tan ensimismado en la imagen que se crea con las hojas de los árboles y tu recuerdo que no noto la presencia de alguien detrás de mí hasta que su voz rompe el silencio y me lleva de vuelta al mundo real.
- Hola, Sam.
Vuelvo mis ojos hacia él, sus ojos tan calmados e inescrutables reflejan lo propio de los felinos, rodeados de un espeso pelaje color negro que, por lo seguro se extiende en color por todo su cuerpo, si fuera de noche seguro me habría llevado un susto incluso si nos parecemos en ese aspecto.
- … ¿tú? … tu eres, el sujeto de aquel día, ¿no es así?

 

Sidereum Bam

Just don´t be mad... Okay?

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Ahhhh pobre Sam :c me da ganas de darle un abrazo, mmm espero que pueda llegar a sentirse mejor :c me gustó mucho como describiste sus sentimientos. Hermoso capitulo uu
 
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