Fanfic Golden Bittersweet Liberty -FINAL-

O-O¬ Baton pass!!
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La academia Longheart, ubicada en Inglaterra, era una de las academias más prestigiadas del mundo, una escuela que contaba con secundaria y preparatoria, enfocada en encontrar a jóvenes prodigios en distintos campos formativos, ayudarles en su crecimiento y presentarlos a la sociedad como uno de sus tantos egresados distinguidos. Era una de las rivales de la Step Fast School en cuanto a formación acádemica, pero, la mayor diferencia era el estatus que necesitaban tener los estudiantes para poder ingresar a dicho instituto, es decir, poder económico, ya que, la mayoría de los presentes no eran únicamente alumnos destacados, sus familias tenían suficiente dinero como para pagar las costosas colegiaturas, después de todo, “el prestigio” tenía su valor. En esa academia, la vida de tres jovencitas daría un punto y aparte en las decisiones futuras, más allá de la visión de su casa de estudios, decidirían, que había algo más allá que la gloria, familia, influencia y la riqueza, que la actitud y voluntad, era aquello que te podía hacer encontrar lo que tanto ansiabas, entre ello, el amor.

Una mañana en esa academia, era el primer día para una ingresada a segundo año, que había sido cambiada a esa academia por su madre, que quería tenerla bajo sus cuidados, ya que su esposo solía viajar mucho por el mismo trabajo que ella tenía, chef profesional. Como recién llegaba a la escuela, su madre no había tenido tiempo de comprarle un uniforme, por lo que, para pasar desapercibida dentro del edificio y no le llamaran la atención, pidió prestado uno de los vestidos de las sirvientas y así pudiese andar sin que le dijeran que no podía estar ahí. Era tanto el quehacer de su madre, que estaba terminando de ayudarle a vestirse en la cocina, aprovechando que no había nadie aún al ser las seis de la mañana.


- ¿Segura que puedo vestir así?
- Preguntó la joven de cabello azul teñido como su madre, de peculiares ojos color carmín rosado, quien le terminaba de acomodar el moño. - ¿Me puedo quedar con el vestido después? -

- Lo usarás mientras te compro el uniforme, me dieron la dirección de los sastres que trabajan para la escuela, ya en la tarde te llevaré a que te tomen medidas, lo prometo. -


- Pero tú no cumples tus promesas, de seguro te vas a quedar a limpiar la cocina aunque tengas asistentes, como siempre.
- Dijo la joven con un dedo en sus labios, sintiendo un leve jalón de orejas de su mamá.

- Por eso no me gusta que ayudes a tu papá cuando cocina, te dice cosas de mí que no son ciertas. -


- Claro que no, mi papá te ama como a nadie en el mundo, aunque seas una obsesionada con la limpieza y que a veces exageras la presentación de tus platillos y pierdes minutos valiosos para la entrega del mismo. -


- Buen día en que decidí casarme con otro chef. -
Suspiró la mujer quien sonrió a su hija, empezando a recoger su cabello con una malla. - Recuerda, Lune, puedes conocer el campus mientras trabajo, no te metas a tu salón, presentarte sin el uniforme es peor que faltar. -

- Ya lo sé, mamá, me has dicho las reglas siete veces en la noche, tres ahorita ¿En verdad era necesario cambiarme de secundaria? -


- Lo era, tu papá estará muy ocupado en Estados Unidos y no puedo dejarles a tus abuelos que estén cuidándote, menos cuando tienes tus ocurrencias. -


- Mamá, me ofende que pienses mal de mí.
- Habló Lune con una sonrisa y una elegancia típica de una doncella francesa al tapar su boca al reír.

- ¿Crees que se me olvida el día en que al barrer en tu cuarto encontré esas iguanas? -


- Tú me dijiste que no podía tener gatos, perros o aves en casa, por todo lo que sueltan, no me dijiste nada sobre reptiles, además, son muy bonitas, te juro que, de grande, tendré algunas serpientes, su reptar es muy elegante y el brillo de sus ojos es hipnótico. -


- Lune, si quieres ser una chef, debes de aprender a ser más disciplinada, empezando por hacerle más caso a tu madre. -


- ¿Pero acaso no te hice caso? No era algún gato, perro o ave. -
Contestó Lune nuevamente con su dedo entre sus labios, haciendo suspirar a su madre.

- Mejor sal a conocer un poco, estaré ocupada en la cocina, cualquier cosa, ven a preguntarme, los celulares están prohibidos. -


- Bueno… -


- Y deja ahí. -


- ¿De qué hablas?
- Dijo la jovencita mientras su madre sacaba de su bolso unos jugos de cajita.

- Esto es para el desayuno de los estudiantes. -


- ¿Y no soy una estudiante? -


- Ok, llévate solo uno, nada más. -

- Gracias. -


Lune salió por la puerta trasera de la cocina, miró hacía un lado, hacía otro, para después, soltar una risita antes de abrir su sombrilla, ya que su mamá no había descubierto que llevaba al menos cinco cajitas de jugo escondidas en su bolso. Mientras caminaba por las árboleras, sacó un jugo de uva para beberlo, sintiendo ese rico placer de beber de su pajilla aquel dulce néctar, sin dudas, no había nada mejor que los jugos de cajita, pensaba ella, pero, la mañana era mejor de lo esperada, ya que se topaba con un cartel que señalaba un zoológico, y como no había nada que hacer, ver animales era algo que para el corazón de la francesa era irresistible.

Al acercarse a los corrales y jaulas donde estaban distintos animales de granja, Lune notó que no estaba sola, alguien más estaba ahí, sirviéndole agua a los conejos y comida a las gallinas, una hermosa joven rubia, de ojos color índigo, que, por su uniforme y apariencia, era obvio que estaba en la preparatoria. La francesa se quedó maravillada con esa rubia, su mamá no lo sabía, pero, Lune entendió que era lesbiana desde hacía un año atrás, y esa chica le parecía tan bella, sobre todo, por ser la primera que conocía que tuviera un color de ojos tan inusual como los de ella.



- Bonjour. -


- ¿Qué quieres? -




- Mmm… ¿No entiendes francés? Sólo te daba los buenos días.
- Sonrió Lune a la rubia que dejaba la cubeta en el suelo y le miraba con cierta molestia.

- Lo sé, nos dan francés, pero no le veo nada de bueno estar alimentando a estas bestias tan temprano. -


- Sí no te gustan los animales ¿Por qué los cuidas? -
Preguntó la francesa tratando de mostrar su mejor sonrisa y simpatía.

- Me castigaron por tirarle mi plato de comida a la mesera. -


- Oh… -



Un nudo en la garganta nació en Lune, quien llevó su mano levemente a la boca, no le agradaba escuchar que alguien desperdiciaba comida, menos, cuando sabía que la chef en jefe de la academia era su madre, una prestigiada chef reconocida en toda Europa. La jovencita suspiró y trató de mantener la calma y su sonrisa, seguro, debía haber una razón para que hiciera eso.


- ¿Por qué lo hiciste? La chef de la academia es muy buena. -


- Lo hice porque me dio la gana.
- Contestó la rubia haciendo que Lune sintiera un escalofrío por la respuesta. - No me gusta el pescado. -

- Simple, pudiste pedir otro platillo, no era necesario tirarlo. -

- Fue porque se lo dije a la estúpida mesera y aún así me trajo un filete de pescado. -

- Trata de entenderlo, el trabajo de mesera y de chef es muy difícil, son muchos pedidos al mismo tiempo y… -


- ¿Me estás sermoneando?
- Dijo la mayor parándose frente a Lune con esa cara de molestia y manos dentro de su chaqueta. - ¿Una sirvienta me quiere hablar a mí de comportamiento? Ubica tu posición, idiota. -

- Lo siento, estás confundida, soy una estudiante, apenas llegué y no tengo uniforme, pero, aunque fuese una sirvienta, tirar la comida sólo por que no te gusta, es una falta de respeto a todos, desde el pescador hasta la mesera, yo creo que debes de disculparte por lo que hiciste. -


- ¿Disculparme? ¿Con una mesera? Parece que la academia ya deja entrar a cualquiera. -


- No soy cualquiera. -
Sonrió Lune sintiendo que estaba en su límite, en verdad esa chica era insoportable. - Soy Lune Faure~Dumont, seré la mejor chef del mundo, te lo juro. -

- Ese apellido ¿Eres hija de la cocinera? -


- Chef, por favor. -


- Jajaja ¿La hija de la cocinera me quiere hablar de modales? Sin dudas, eres tan chistosa, jaja, te juro que tienes más madera de comediante que de cocinera, jaja. -



La risa de esa joven era molesta, Lune nunca pensó que una chica tan bonita podía ser tan grosera, tan burlesca, pero, no podía quedarse así, no, cuando se burlaba de su madre, a quien tanto admiraba.


- Nos vemos, mocosa, gracias por la risa, jaja.
- Reía la joven dándole una palmada en la espalda a Lune caminando hacia las arboledas.

- Disculpa ¿Cómo te llamas? -

- Qué te importa. -


- De una u otra forma, sabré tu nombre. -


- ¿Acaso me estás amenazando? -


- No, solamente te hago una promesa, algún día, seré la mejor chef del mundo y te juro, que te haré comer de mis platillos... Así, como tus palabras. -
Contestó Lune con una sonrisa y una mirada algo sádica, viendo como la rubia le daba la espalda y se iba.


Mientras la chica se iba, Lune se quedó pensativa, sentía su corazón latir agitado, se había enojado en verdad con esa tipa, pero, no dejaba de parecerle una chica muy guapa, era injusto, la belleza no debería ser sinónimo de vulgaridad.


- Mmm… Tal vez, debí ofrecerle un juguito y eso le hacía ser menos pedante.
- Pensó Lune sacando una cajita de jugo de fresa, metiendo la pajilla en el agujerito. - ¿O no, conejitos? -


Unas horas más tarde, en las horas del almuerzo, una jovencita hindú, desayunaba sin dejar de ver a sus amigas, una chica alta de cabello negro y una castaña de estatura promedio, que se abrazaban de una manera más que amistosa y dulce, cualquiera diría que eran muy buenas amigas, no era raro al ser compañeras de habitación, pero, había algo más que solamente la morena sabía.



- Chicas ¿No piensan desayunar? -


- Es que no me decido que ¿Qué quieres desayunar, Pam? -


- Lo que tú quieras, Bety. -


- ¿Puede ser una ensalada cesar y cubitos de pollo? -


- Suena perfecto. -
Habló Pam al oído de Bety, que se sonrojaba por el gesto.

- Chicas, no hagan eso en público, van a pensar mal de ustedes. -


- Lo siento, es que, me encanta el aroma de Bety. -


- Raanee tiene razón, sabes que no deben de descubrir que somos novias, o nos podrían expulsar. -
Susurró la castaña mientras se separaban.

- Gracias por guardar nuestro secreto. -


- De nada, ustedes también guardan mi secreto, aunque lo suyo es más grave. -


- ¿Grave? -


- Ya saben, es un pecado.
- Susurró Raanee a sus amigas que se reían un poco por el comentario.

- Lo dices como si el amor fuese lo peor del mundo. -


- No, no el amor, ya saben, entre chicas. -


- Agradecemos que te preocupes por nuestras almas, pero, no nos pasará nada malo. -


- Piensa, crees que sí el amor entre personas del mismo sexo fuese malo, ¿Dios hubiera creado corazones que se enamoren de sus similares? -


- Bueno, no lo sé, saben que mi religión es distinta y… -


-Que mala, te estás burlando de Raanee ¿Verdad? -


- Claro que no.
- Río Bety mientras todas prestaban atención a las bocinas de la academia.

- “Cassandra Farah, se te solicita en la dirección, Cassandra Farah de tercero A de secundaria, se te solicita en la dirección. “-


- De nuevo, la princesa noruega se metió en problemas. -


- ¿Princesa noruega? -


- ¿No has escuchado de ella? Es una chica nueva, llegó hace una semana, dicen que es una princesa de verdad. -


- Escuché que la familia Farah tiene sangre cercana al rey de Noruega, ellos vienen siendo como una familia secundaria. -


- Pero nomás tiene el nombre y sangre de princesa, desde que llegó, se ha metido en problemas. -


- ¿Acaso es una chica problemática? -


- Se ha negado a usar el uniforme, tuvo un pleito con el equipo de natación porque las humilló en el primer día, es un genio para la piscina, parece que dijo muchas cosas, entre ellas, que estando aquí no iba a ser la mejor, menos compitiendo con aficionadas, la capitana quiso golpearla y ¿Qué crees? -


- ¿Qué? -


- ¡La noqueó de un golpe en la cara! La capitana de tercero de preparatoria, cayó de un golpe por una chica de tercero de secundaria. -


- ¡Por Vishnu! Suena a ser una chica terrible.
- Dijo Raanee llevando sus manos a la boca, espantada.

- Nadie se le ha querido acercar, hasta los hombres le tienen miedo a pesar de que dicen que es muy guapa. -


- Pensar que es tan distinta a la otra princesa de la academia. -


- ¿Otra? ¿Hay otra? -


- Esa eres tú, Raanee, todas saben que la familia Jygyassu es la realeza actual de Kaphurtala, lo vimos en la clase de Historia y Genealogía, muchos chicos quisieran casarse contigo por eso. -


- No lo sabía, aunque, eso explica muchas cosas, como que mis papás tengan tantos sirvientes. -
Hablaba la hindú pensando en que se la pasaba más tiempo en la computadora en sus vacaciones que conociendo de su familia.

- Como sea, de algo es seguro, las princesas no son como nos cuentan, una es una buscapleitos y la otra es una nerd. -


- Sí ¡Bety, no soy una nerd! -


- Jajaja, te ves tan linda cuando te alteras. -


- Oye, me vas a poner celosa. -


- Tranquila, que sólo tengo ojos para ti. -



Raanee se quedó pensativa por el tema de la “princesa”, le era extraño que una chica pudiese ser tan ruda o que se comportara de esa manera, se suponía que todas en la academia sabían de modales y de reglas ¿Estaba loca esa chica? ¿Por qué hacer lo que todos sabían que estaba mal? Sin dudas, no tenía que acercarse a esa estudiante, no sí quería sobrevivir en los dormitorios.

En la noche, como siempre pasaba, Raanee aprovechaba que aún no tenía compañera de dormitorio y que sus amigas mantenían su secreto, para salirse del dormitorio con un celular, laptop, comida chatarra y otras cosas que tenía ocultas. Para alguien adicta a la tecnología y al ocio, era difícil permanecer desconectada del mundo, por lo que, a escondidas, subía a la azotea y aprovechaba sus conocimientos para entrar a la red que usaban en la sala de computo, así como varios repetidores que instaló, para poder conectarse.




- Listo, listo, listo ¡Entramos! -
Susurró en un tono fuerte la hindú, colocándose sus audífonos para escuchar algo de música.


La morena no se percató de que alguien más subía a la azotea, ya que la música no le dejó escuchar el momento en que se abrió y cerró la puerta. Los ojos ámbar de la chica que subió se posaron fijamente en aquella chica que vestía con ropas tan llamativas, con medias a rayas, minifalda tableada y una playera verde, con un cabello tan largo como su cuerpo, pero, lo que más le atrapaba, era su singular belleza, era la chica más hermosa que había visto, fue lo que pensó la rubia, que sentía como si el tiempo se había congelado alrededor de ellas.




- Tú… ¿Qué haces aquí? ¿Me escuchas? -



La hindú no escuchaba por estar atenta a su música, hasta que notó que alguien agitaba su mano en la parte baja de la azotea, quedando sorprendida al ser descubierta, pero, lo que le sorprendió más, era la mirada fría de esa chica, que, al mismo tiempo, le hacía sentir algo tranquila, como si supiera que no la iba a delatar.


- Ho… Hola.
- Titubeó Raanee al quitarse los auriculares y esconderse un poco entre las cisternas. - Nada, no hago nada. -

- Préstamelo. -


- ¿Qué? -


- Tu celular o lo que traías, pensé que no estaban permitidos. -

- No lo están… - Dijo la hindú mirando con cierto miedo a la chica que estiró su mano.

- ¿Qué esperas? -


- ¡Ya voy, ya voy! -



Raanee bajó con cuidado para darle su celular a la chica, que le miró fijamente, sin dudas, esa morena era más bella de cerca, aunque, por los zapatos podía deducir que estaba en secundaria igual que ella, su cuerpo estaba muy bien desarrollado, sumado a su rostro exótico, le captaba la atención a la rubia.


- Te… Te lo presto un rato.
- Susurró Raanee dando un brinco al ser observada por esos ojos fríos color ámbar. - ¡O puedes quedártelo, si te gusta! -

- Lo usaré un rato… ¿Cómo te llamas? -


- ¿Yo? -


- Quiero saber tu nombre, por sí se te ocurre acusarme de venir aquí. -


- ¡Yo no haría eso! Aunque sé que esta mal, delatarte a ti sería delatarme a mí.
- Dijo la hindú con sus manos en el pecho. - Me… Me llamo Raanee Jigyassu. -

- Ok… Raanee. -


- ¿Y tú? ¿Cómo te llamas? -


- Yo… Me llamo Cassandra. -
Contestó la rubia dándole la espalda, antes de subirse a las cisternas.

- De casualidad eres ¿Cassandra… Farah? -


- No repitas mi apellido, lo odio. -



Raanee sintió miedo, verdadero miedo, la chica de la que hablaron sus amigas, aquella que decían que había golpeado a una de preparatoria, la chica mala de la academia, estaba ahí, a solas con ella ¿Y si pensaba hacerle algo malo? Raanee no sabía que hacer, solamente, subió para estar cerca de sus cosas, temiendo que quisiera quitárselas, pero, había algo raro en esa rubia, sus ojos, aunque lucían fríos mientras veía el celular, tenían algo, era una mirada distante, solitaria, una mirada que conocía porque, le recordaba a la manera en que se miraba en el espejo. Al parecer, esa noche, sería distinta, Raanee no se esperaba lo que esa velada iba a conocer y vivir, al lado de Cassandra.







¿Qué le deparará a estas jovencitas?
Y así empieza esta historia :3 que relata desde mi punto de vista, como inició la vida amorosa de tres chicas que participaron en un Rol llamado "REUNIÓN". nwn/ Con permiso de
Kissu y de Ion Alue , uso sus personajes, espero que sean de su agrado, mil disculpas por la tardanza, quería darme más tiempo por otros fics que tenía pendientes :3 y sentirme seguro y satisfecho de lo que tenía planeado para esta historia.
El nombre del fic es por esto: Golden Bittersweet Liberty, Golden por Cassandra, Bittersweet por Lune (El personaje de Ion Alue) y Liberty por Raanee. owo Golden en referencia a tanto el estatus que le daban de "princesa" a Cassy por su familia así como su destino de brillar por su cuenta, Bittersweet por las situaciones agridulces que vivió Lune para lograr ser una chef gourmet y encontrar el amor <3 y por último, Liberty, hablando sobre la aceptación de Raanee de ser lesbiana y cómo tomarlo al venir de una familia y una cultura tan conservadora. Además de que las iniciales hacen guiño a Gays, Bisexuales, Lesbianas owo.
 
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NOTE 2




Era aún noche, mientras las dos jovencitas estaban en la azotea, Raanee usaba su laptop sin dejar de observar a Cassandra, que estaba recargada en uno de las cisternas, revisando el celular, desde que se lo había pedido a la hindú no habían cruzado palabras, pero, la noruega pensó que al menos, debía agradecerle a ella ese pequeño escape virtual. La rubia platinada se acercó a la morena, extendiendo su mano para darle el celular, viendo una extraña reacción, como si ella se cubriera.


- ¡No me pegues! -
Gritó Raanee cubriendo su rostro, asomando uno de sus ojos, viendo el celular.

- ¿Qué no te pegue? Sólo te devuelvo el celular. -


- Perdón… -


- ¿Por qué dijiste eso? -


- Es que, escuché que le pegaste a la capitana de natación y que eras una buscapleitos.
- Dijo Raanee mientras Cassandra soltó un suspiro y se sentó al lado de la hindú.

- Así es, le pegué, pero, veo que son buenas para inventar chismes aquí. -


- ¿Chismes? -


- Yo no le pegaría a alguien, excepto, en defensa propia. -
Contestó Cassandra mirando a la hindú. - Esa tipa me jaló el cabello cuando estaba yendo al vestidor, no soportó perder ni que le dijera sus verdades. -

- Yo no escuché eso. -


- Los chismes son chismes hasta que se digan la verdad, por eso, no me gusta andar en chismes. -


- Disculpa… -
Susurró la morena agachando un poco el rostro. - Tampoco me gustan los chismes, es que, mis amigas lo dijeron con mucha seguridad y… -

- Es normal, a muchas personas les gusta que a otros les pasen cosas malas o hablen mal de ellas, como si eso les hiciera sentirse más cómodas con su patética vida. -

- No son malas, ellas me contaron lo que otras le contaron. -

- Dejemos ese tema ¿Sí? -



Raanee se sentó recta, con sus manos sobre las rodillas, estaba en verdad avergonzada, había tenido prejuicios hacia esa chica que, aunque tenía una mirada que le intimidaba, parecía ser buena persona, además, de pensar muy distinto a las demás, si había algo que le agradaba de las personas, era su inteligencia, pues, como leyó hace mucho: “La tristeza es causada por la inteligencia, cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas.” En pocas palabras, aunque se hizo de amigas al llegar a la escuela, no dejaba de sentirse sola, así como se sentía en su casa, Raanee siempre mostró grandes dotes para la informática a temprana edad, pero, para una niña pasando a adolescencia, ese tipo de temas eran incompatibles para las típicas charlas de esa etapa social.


- ¿Y qué haces aquí? -


- Está prohibido usar el celular y las laptops fuera del aula de computo o del horario para llamadas familiares, así que, me las arreglé para poder tener internet sin ser detectada, a esta hora. -
Comentó Raanee sorprendiendo a Cassandra por el comentario. - Tengo varias personas en la escuela que me ayudaron a instalar mi red y me consiguen botanas y refresco. -

- ¿Me dices que eres una delincuente cibernética y extorsionas gente en esta escuela? -

- ¡Claro que no! Suena muy feo cuando lo dices así. -

- Pero, es eso. -

- Técnicamente, sí. - Contestó la hindú mientras miraba bien a Cassandra al tenerla de cerca, sin dudas, era una chica muy bonita. - ¿No le contarás a nadie? -

- No lo haré, pero a cambio, necesito un favor. -


- ¿Un favor? -


- ¿Puedes conseguirme un celular para mí? No me importa el modelo, mientras pueda entrar a internet, estaré bien. -

- Si me das un par de días, puedo conseguirlo. -

- Genial, acaba de empezar el mundial de natación y no puedo perdérmelo. -
Dijo la noruega sintiéndose animada por el comentario, notando que Raanee se mostraba algo avergonzada. - ¿Qué tienes? -

- Nada. -


- Habla. -


- Es que, no sé nadar.
- Suspiró la morena mirando tímidamente a Cassandra. - una décima de las calificaciones en esta escuela dependen de educación física y deportes, soy pésima en eso, ni siquiera me gusta caminar, pero tengo que venir hasta aquí por el internet. -


Cassandra quedó un rato pensando, no podía creer las palabras de esa chica, veía toda su silueta y era demasiado curvilínea como para alguien que no hiciera nada de actividad física y que tenía a su lado un montón de bolsas de comida chatarra y refrescos, esas piernas y esa cintura no podían pertenecerle, fue un arranque de curiosidad y cierto celo, que hizo que ella empujara al piso a la hindú, quien se sonrojó al tener sus manos atrapadas con la fuerte mano de Cassandra y teniéndola encima.


- ¿Qué haces? -


- No… No puedes ser real.
- Dijo la noruega subiendo la blusa de la hindú quien se puso aún más roja de la cara al tener sus pechos grandes para su edad a la vista de Cassandra que igual mostró algo de sonrojo. - ¿Por qué no traes sostén? -

- ¡Ca…!Cassy! -

- ¿Cómo puedes tener esta figura si veo que comes pura porquería y no haces nada de ejercicio? -


- ¡Son mis genes! !Y no traigo porque quería andar cómoda! ¡Cassy, mis pechos!
- Gritó Raanee haciendo que reaccionara la europea, pues seguía mirando los senos desnudos y el vientre de la hindú, bajando su blusa.

- Perdón… ¿Cassy? -


- ¡Perdón! No somos amigas y lo dije sin querer. -


- Está bien… Es la primera vez que me llaman así.
- Habló Cassandra mientras veía como Raanee se apartaba un poco acomodando sus prendas. - Y perdón, es que, tienes un cuerpo muy bien marcado… -

- Gracias… -


- Oye… ¿Qué tal si te enseño a nadar? -
Dijo la noruega tratando de cambiar el tema.

- ¿En serio? -


- Me harás el favor de conseguirme un celular, favor con favor se paga ¿O no? -

- Pero ¿Cómo me puedes enseñar? Me daría mucha vergüenza que sepan que no sé nadar. -


Cassandra pensó en una solución para poder enseñarle a esa hindú, mirando fijamente a su rostro, sintiendo unas palpitaciones en su corazón, por lo que, decidió voltear a otro lado para concentrarse. Raanee no lo sabía, mejor dicho, nadie lo sabía a excepción de sus padres, ella era lesbiana, lo aceptó desde el año pasado, entendía que no tenía gusto por los hombres y tenía predilección por las mujeres, siendo uno de los tantos motivos del porque su madre la mandó a una escuela de elite. Era ese tipo de corazón especial, que le hacía sentir atracción por la morena, no le agradaban las chicas inseguras y descuidadas, no obstante, algo tenía Raanee que parecía darle una excepción, no era solamente su belleza exótica, sino, su sencillez, algo tan raro como un diamante rosa en esos días.


- Dijiste que podías conseguir lo que ocuparas ¿O no? ¿Crees poder conseguir las llaves de la alberca? -


- Creo que sí. -


- Entonces, consíguelas para mañana, nos veremos por la noche ¿Qué te parece? -


- Noche… ¡La hora! -
Gritó Raanee viendo la hora en su celular, empezando a guardar todo en un bolso. - ¡Tenemos que irnos, rápido! -

- ¿Por qué? -


- Faltan quince para las doce, a la media noche, pasa el velador por la azotea, si nos encuentra aquí, nos expulsarán. -


- Rayos. -


La noruega ayudó a la hindú a esconder todo en su bolso, para bajar rápido de la azotea, hasta que ambas llegaron a un pasillo y se quedaron mirando una a la otra.


- ¿Por qué me sigues? -


- Yo no te sigo, mi dormitorio está por aquí. -


- ¡Ahí está! -
Susurró en tono alto la rubia al ver la luz de la lampara, tomando la mano de Raanee para jalarla y correr rápidamente, hasta llegar a su dormitorio, entrando de golpe.


Ambas trataban de recuperar el aliento por haber corrido, con mucho cuidado de no hacer ruido, Cassandra puso seguro en la puerta, caminando hacía atrás lentamente empujando poco a poco a Raanee, mientras veían como pasaba por el pasillo la luz de la lampara de mano del velador.


- Faltó poco. -


- Si… Oh, estamos en mi cuarto. -


- No, es el mío. -


- No, te juro que es el mío. -
Dijo Raanee encendiendo la luz, mientras Cassandra se agachaba para sacar su maleta de debajo de una de las camas.

- ¿Eres mi compañera de cuarto? -



Ambas hablaron al mismo tiempo, impactadas por el suceso, Raanee había estado fuera de su habitación toda la tarde, solamente entró a su habitación para cambiarse e irse al techo, como Cassandra ocultó sus cosas, no se pudo dar cuenta que a la noruega la habían asignado como su compañera. La noche parecía no parar de sorprender a las dos.

En otro lado de Inglaterra, en un departamento cerca de la escuela, una jovencita vestida en camisón rosa pastel, revisaba el álbum escolar del año pasado, buscando el nombre de la joven con la que tuvo ese roce por la mañana, aunque ya era noche, el sueño se le había quitado al estar pensando en ella, sin poder perder la idea de que no tenía sentido que una chica tan linda fuese tan perra.


- Te encontré… Natasha Plates… Segundo A, así que, estás ahora en el grupo de Tercero A de bachiller.
- Pensó Lune cerrando el álbum y tallando sus labios con un dedo índice. - Pensar que es la alumna con el mejor promedio a nivel distrito, sin dudas, la inteligencia y la belleza parece que no van con la educación. -


La peliazul apagó la lampara de lectura, para luego, recostarse en su cama, colocando un brazo sobre su frente, al recordar a esa chica, no era como si estuviera enamorada, aunque, a Lune le gustaban las cosas románticas, no creía que su primer enamoramiento fuese de alguien así, más bien, era el trago amargo que le hizo pasar, el deseo de demostrarle que se equivocaba, más, cuando se río de su comentario, para ella, decir que quería ser la mejor chef así como la mejor repostera no era una broma.


- No puedo dormir… Ya son dos motivos porque demostrarte que te equivocas, Natasha… -
Pensaba la ojirrosa dándose vuelta en la cama. - Me pregunto sí tendrá novio… No, Lune, no pierdas la cabeza, recuerda la historia que te contó papá, la historia de la rana. -


Lune se acostó mirando el techo de su habitación, recordando aquel cuento con tal de distraerse y poder conciliar el sueño.


- Una rana pasaba por las vías del tren, en eso, iba pasando el tren, ella brincó para salvarse, pero le cortó la cola, la pobre rana regresó por su cola y al hacerlo, pasó otra rueda y le cortó la cabeza ¿Moraleja? Nunca pierdas la cabeza por una cola. -
Se contaba así misma Lune en su mente, tapando su rostro con la almohada. - No seas la rana, Lune, no seas la rana. -

 
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¿Con quién está emparentada?


LOL Son compañeras de cuarto y no se han enterado.
Ella es pariente de Ann, la novia de JT, owo del fanfic Flores en tu colchón, :d tal vez ubiques más a Violeta y Auroa, la pareja lesbiana que atormentó a Anthony y luego hicieron una linda familia y un trío matrimonial =3, de las Plates es que desciende Fiorella Plates. Un rato más trataré de poner conti, depende como me sienta nwn.
 

تالف و مكسور تماما
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Ella es pariente de Ann, la novia de JT, owo del fanfic Flores en tu colchón, :d tal vez ubiques más a Violeta y Auroa, la pareja lesbiana que atormentó a Anthony y luego hicieron una linda familia y un trío matrimonial =3, de las Plates es que desciende Fiorella Plates. Un rato más trataré de poner conti, depende como me sienta nwn.
Sí ubico a los Plates jaja, sólo quería saber de quién era la pariente más cercana =P
 

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NOTE 3







Las dos chicas estaban mirándose mutuamente, una en cada cama, estaban sorprendidas por ser compañeras de dormitorio, Raanee siempre había pedido no tener compañeras ya que se sentía más cómoda a solas, ya que atravesaba un gran desarrollo físico y le avergonzaba poco eso, mientras que, por ordenes de su madre, Cassandra fue acomodada en la habitación de una estudiante responsable y ejemplar, por lo que, la noruega no sabía que fue su madre quien le estaba acercando a esa hindú.


- Es… Esta es mi cama. -


- ¿Qué dices? -


- ¡Si la quieres te la doy!
- Dijo Raanee tapándose con una almohada, mientras la mirada de Cassandra se fruncia.

- ¿Aún sigues pensando que soy una salvaje? -


- Lo siento… -


- Puedes quedarte con esa, prefiero la cama más cercana a la ventana. -


- Gracias.
- Sonrió la hindú abrazando la almohada, al parecer, estaba contenta con quedarse con su cama.

- ¿Y? … -

- ¿Qué cosa? -


- Creo que seremos compañeras. -


- Sí. -


- ¿A qué hora te bañas? -


- ¿Por qué quieres saberlo? -
Preguntó la morena mientras Cassandra recordaba su cuerpo debajo de esas ropas, sacudiendo un poco su cabeza.

- Para acomodar las horas, yo suelo bañarme por la mañana y después de hacer ejercicio. -

- Yo a esta hora… -


- Entonces, sobre la comida y el aseo, yo… -


- ¿No hay problema si… Lo haces tú? -
Sonrió Raanee haciendo que Cassandra levantara una ceja. - Yo te pagaría. -

- ¿Me … Pagarías? -


- Sí, también, si compras la comida, yo te puedo dar el dinero y…-


- Espera un segundo, no me digas que le pagas a otros para que vayan de compras por ti. -


- Es que, las bolsas de compras son muy pesadas. -


- ¿Quién cocina y hace el aseo? -


- Le pago a la conserje para que lo haga, sé que la organización dice que cada estudiante debe hacerse cargo de su dormitorio, pero, limpiar y cocinar es tan cansado. -


- Eres una jodida inútil. -


- ¿Qué? -


- ¿ACASO NO HACES NADA POR TU CUENTA? -


- Cassy, no me grites.
- Habló Raanee con sus ojos llorosos, mientras la noruega rascaba su cabello de la desesperación.

- Nada de seguirle pagando a otros, vamos a hacerlo juntas. -


- ¿Qué? Pero no me gusta, me canso y… -


- Nada de que no me gusta, las reglas van a cambiar aquí, no puedo creer que tengas ese cuerpo con lo poco que haces, ha este paso, estarás gorda. -


- No creo, en realidad, no subo de peso, me dicen mis doctores que tengo un metabolismo asombroso. -
Sonrió la hindú recibiendo un almohadazo de Cassandra. - ¿Por qué me pegas? -

- No es divertido que recalques eso a quienes nos esforzamos por tener una buena condición. -


- Perdón, Cassy… ¡Perdón, te llamo así y no somos nada! -


- Ya… Es algo agradable, tener un diminutivo. -


- Ok… Cassy, me voy a bañar. -



Raanee se levantó para dirigirse al baño, dejando a la europea mirando todo a su alrededor, tratando de no querer ir a espiar a su compañera, sería algo atrevido, aunque, la hindú no parecía ser muy perspicaz, podría verlo como algo normal, después de todo, eran chicas, pero, Cassandra quería ver de nuevo el cuerpo desnudo de ella, le había atraído aquella belleza exótica de piel tostada, que parecía desafiar la lógica, un cuerpo tan proporcionado en una chica de catorce años, era un manjar para sus ojos. Cassy trató de no estar pensando en el cuerpo de su compañera, por lo que revisó debajo de la cama, notando que había algo más que su mochila, había una pequeña hielera, al sacarla y abrirla, se dio cuenta que era cerveza, Raanee tenía oculta varias latas de cerveza, sin dudas, esa hindú era toda una sorpresa.


- Raanee ¿De quién es la cerveza? -
Preguntó Cassandra golpeando la puerta del baño, escuchando la regadera en el fondo.

- No hables tan fuerte, se supone que es contra las reglas meter bebidas alcohólicas. -


- ¿Son tuyas? -


- Sí, no es como si tomara diario, a veces, tomo una, o dos. -


- Ya veo… Me empiezas a agradar más.
- Dijo la noruega abriendo una lata, dándole un gran trago, tosiendo un poco. - ¡Genial! -

- ¿También tomas? -


- Un poco, trato de no tomar mucho, luego me pongo algo idiota… O sería mejor decir que tomo de más y empiezo a vomitar.
- Susurró Cassandra mientras tomaba la cerveza.


Cassandra siguió tomando lata tras lata, notando que ya habían pasado varios minutos desde que Raanee entró a bañarse, era raro que una persona tardara tanto bañándose, incluso siendo una mujer, por lo que empezó a tocar la puerta, preocupada por que le hubiese pasado algo, aunque, el alcohol empezaba a afectarle y tenía que sujetarse de la perrilla para no caer.


- Ey… Raanee… ¿Estás bien? -


- Si… Es que, se me olvidó meter mi ropa interior. -


- ¿Y? -


- ¿Y si me ves desnuda de nuevo? -


- Somos mujeres, no es nada raro. -


- Sí lo es, hace rato, me mirabas como si fueses un hombre. -


- Es normal, es que me gustan las mujeres, y la verdad, estás muy buena. -
Dijo Cassandra algo atolondrada por la cerveza.

- ¿Qué? -

- Lo que dije, estás muy buena. -


- Lo otro.
- Habló Raanee asomando su rostro húmedo por la puerta, viendo que Cassandra tenía la cara roja por el alcohol.

- Que soy lesbiana. -



Hubo un silencio entre las dos, Raanee no sabía que decir, había escuchado sobre “ellas”, después de todo, sus amigas lo eran, pero, siempre consideró que no era normal, que era algo que no era debido, no obstante, que esa noruega lo dijera como si nada, la tomó por sorpresa.


- Eres… Les… -


- Si, lo soy ¿Te molesta? -


- No, mis amigas lo son… Pero… -


- ¿Pero qué? -


- Es que… Es incómodo, Cassy, si te gustan las mujeres, es como si estuviera con un chico compartiendo dormitorio ¿O no? -


- Claro que no, además, no es como si fuese una depravada que quisiera comerte las tetas, no digo que no lo haré, pero me sé controlar.
- Hablaba Cassandra tambaleando un poco.

- ¡Cassy, cuidado! -



Raanee salió de la habitación abrazando a la noruega antes de que se golpeara con la pared, quedando desnuda frente a ella. Los ojos de ambas chicas se encontraron, fue cuando la hindú reaccionó al sentir las manos de Cassy recorriendo su cuerpo, siendo una de sus manos la que sujetaba su nuca, acercándola a su boca.


- Cassy… -


- Me gustas, Raanee… Eres tan linda…
- Susurró Cassandra mientras la acercaba a sus labios, notando como estaba intimidada por su mirada, provocando que sonriera. - ¿Acaso me tienes miedo? -

- Yo… -


- Es dura la perra soledad, empiezo a pensar que ya no hay más, sin ti ya no hay más.
- Murmuró la noruega provocando que la voluntad de Raanee se estremeciera.

- Cassy… ¿Qué dices? ¿Por qué me dices algo de poesía en estos momentos? -


- Para saber si no eras una mentira. -


- ¿Una mentira? -


- No eres como las demás, eres tú, solamente tú, eres mía. -


- Cas… -



Raanee cerró los ojos al sentir el tacto de sus labios con los de Cassandra, quien lentamente rodeaba su cintura y tomaba una de sus manos, besándola con mucha ternura, aunque el alcohol la había desinhibido, era cierto su atracción, la hindú era la chica más bella que vio en esa academia, era sensual a su corta edad, pero, lo que más le agradaba, era esa sensación de calma que tenía a su lado, en esas pocas horas, le hizo sentirse libre, ajena a todo ese mundo de falsedad, hipocresía y mentira, donde todas las chicas actuaban como las “señoritas” de la nueva era, Raanee era tan autentica, que su boca sabía a libertad, a aire fresco. Mientras las manos de la noruega recorrían su cuerpo, la mente de la asiática estaba confundida, su primer beso era con otra chica, pero, era un beso tan cariñoso, tan sutil, que lo estaba disfrutando, era una extraña sensación, como si su juicio le dijera que la detuviera, pero su corazón y cuerpo se entregaran sin dudas, cuando lograba tener control de sí misma, bastaba abrir un poco los ojos y ver la mirada tan penetrante de Cassandra, para terminar doblegándose nuevamente.

Bastó un poco de tiempo para que Cassandra tuviera en la cama a Raanee, quedando encima de ella, fue un instante en que ella se levantó un poco, cruzando su mirada con la de la hindú, notando que ambas estaban algo extrañas por la situación.


- Cassy… Estás borracha. -


- Tal vez…
- Rio la noruega mientras veía los nervios de Raanee, quien tapaba tímidamente sus pechos. - Nunca he sido buena tomando, seguro, piensas que soy una idiota, queriendo tener sexo contigo y apenas nos conocimos. -

- No, no… Bueno, un poco… -


- ¿Ves? -


- Pero… También soy una idiota ¿O no? -
Dijo Raanee haciendo que Cassandra abriera por completo sus ojos. - Debería de gritar, empujarte ¿Algo así o no? Pero, no lo hago. -

- Quizá, en el fondo, también eres lesbiana. -

- No lo sé… Nunca me había gustado alguien, o me había besado alguien. -

- Podemos comprobarlo. -
Susurró Cassandra acariciando las mejillas de la hindú, que tenía sus ojos vibrantes y húmedos.

-Cassy… Yo le prometí a mis papás no tener sexo con nadie, más que con la persona que compartiría mi vida. -


- ¿Acaso eres una monja? -


- No, no lo soy. -


- ¿Quieres probar o no? -


- No lo sé… Si te digo que no ¿Te enojas? -


- Ya me estoy enojando, te tengo desnuda, nos acabamos de besar y me siento mareada, tomé cinco latas de cerveza y notó tus pezones duros, creo que ya sabes que pasará. -


- ¡Perdón! -


- ¡Ya! Las reglas las pondré yo.
- Dijo Cassy sujetando el rostro de Raanee, quien le miraba nerviosa. - Eres mía ¿Entendiste? Pase lo que pase, serás mía. -

- Cassy… -


Cassandra empezó a besar los labios de Raanee suavemente, viendo como cerraba los ojos, poco a poco, bajó sus besos por su cuerpo, hasta llegar a sus grandes senos, escuchando sus suspiros, el sonido de la gloria. Cassy no sabía si era la cerveza o el deseo por el cuerpo de esa chica, pero, quería tocarla, hacerla suya, era lo más real, lo más sincero que había conocido en esa academia, que anhelaba impregnarse de ella, aferrarse a ella, aunque esto, iba en contra de su promesa propia, nunca enamorarse, nunca relacionarse, no atarse a nada o nadie, pronto sabría, que aquella noche, marcaría un antes y después en su vida.






:d Y por eso no deben de tomar [email protected] xd, luego se transforman.
 

La noche brillara ~~~ lalala <3
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Me esta gustando mucho es interesante y muy divertida y agradable.
La historia de la rana por alguna cada vez que la recuerdo no se porqué pero me da risa XD.
La cerveza si que es un buen tónico de la sinceridad para Casandra jajaja pero me preguntó que pasara después con Raanee tomando en cuenta su personalidad, esperó el proximo cap. :3
 

O-O¬ Baton pass!!
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Me esta gustando mucho es interesante y muy divertida y agradable.
La historia de la rana por alguna cada vez que la recuerdo no se porqué pero me da risa XD.
La cerveza si que es un buen tónico de la sinceridad para Casandra jajaja pero me preguntó que pasara después con Raanee tomando en cuenta su personalidad, esperó el proximo cap. :3
De hecho, terminé el fic :d pero tengo que publicar lo que falta, quiero ponerme al corriente en toda esta semana.
 

O-O¬ Baton pass!!
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:3 Seguimos, este fic lo terminé en Marzo, es como un regalo para Kissu y Ion Alue así como créditos a ellas porque usé personajes que ellas crearon para una actividad nwn/.
PD: QAQ El coloreado actual es caca, saben que me gusta identificar los textos de mis personajes por colores, más que por cómodidad, u3u es como una particularidad de mis fics.


NOTE 3



La mañana traía consigo al Sol, que pegaba al rostro de una rubia platinada, que lentamente abría sus ojos, sentía una calidez al lado de su cuerpo y algo de dolor de cabeza, recordando que tomó demasiado anoche para su poca tolerancia al alcohol. Al levantarse un poco, se sorprendió al ver que, a su lado, estaba su compañera de cuarto, desnuda, fue cuando recordó, había tenido sexo con ella. Cassandra se presionó la cabeza por el malestar y por la memoria, le era bastante incomodo pensar que había tenido relaciones con una chica que acaba de conocer, no era igual que haber probado el sexo con algunas de sus amigas y compañeras que tuvo en la otra escuela, quería tomarse más serias las cosas, así como su meta en la vida, y cosas así no le ayudaban a demostrar madurez.
La noruega se levantó y cubrió con una sabana el cuerpo desnudo de Raanee, metiéndose al baño para tratar de despertarse por completo. Colocó sus manos en la pared mientras recordaba la manera en como la besó, la tocó, cuanto disfrutó de hacer el amor con esa hermosa hindú, sobre todo, la mirada dulce con la que la recibía en cada toque de su cuerpo virgen. El problema no era sí lo disfrutó o no, claro que fue fantástico, el dilema era que decirle o como platicarlo con la morena ¿Y si pensaba mal de ella? ¿Si lo tomaba como un abuso o lo comentaba a alguien más? Lo que fuese, tenía que decirlo pronto.
Cassy salió del baño, secando su cabello y vestida con un boxer femenino y un corpiño, mirando que Raanee estaba sentada en la cama, abrazando una almohada y mirándole fijamente, sus ojos mostraban un brillo muy raro, así, como una mirada embelesada, una mirada que nunca había visto en alguien hacía ella.


- Buenos días. -

- Buenos días, Cassy… - Respondió Raanee, toda sonrojada, mientras abrazaba la almohada. - Lo de anoche… -

- Sobre lo de anoche. -

- Me… Me gustó mucho. -

- A mí también… -

- No… No sé que decir, era mi primera vez… -

- Oye, Raanee. - Habló Cassandra sentándose al lado de la hindú, tomando su mano. - No quiero que te sientas presionada por esto, es normal tener curiosidad por el sexo ¿Entiendes? -

- Sí, lo entiendo… No… Nunca pensé que mi primera vez seria con otra chica ¿Eso me hace lesbiana? -

- No lo sé, eso solamente lo sabes tú. -

- Ok… Cassy… ¿Somos… -

- Por ahora, compañeras de cuarto ¿Si? - Sonrió un poco la noruega dándole palmadas suaves en la cabeza de la hindú. - Vamos, me dirás que eres tan anticuada que por tener sexo conmigo ya no podrás casarte o ya somos novias. -

- Yo… -

- ¿No es broma? -

- Es que, si mis papás se enteran ¡Me van a matar! -

- Nadie se va a enterar de nada, te lo juro. -

- ¿Me lo juras, Cassy? -

- Te lo juro. - Dijo la noruega sintiendo el abrazo repentino de la hindú, acariciándole el cabello. - Si se enteran, además de molestarme con lo de ser de la realeza, dirán que soy una promiscua. -

- Cassy… Me… Me hiciste tuya ¿Por qué te gusto? -


Cassandra no se esperaba esa pregunta, obvio que le gustaba, Raanee era una chica muy hermosa, tanto en rostro como en cuerpo, dejaba atrás a la mayoría de las chicas del colegio, pero, sobre todo, esa personalidad tan asustadiza, delicada, mezclada con su mente relajada y tan sincera, eran lo que le captó la atención a ella. Pensaba en que decirle, los ojos curiosos y tímidos de la hindú señalaban que esa respuesta significaba todo para ella, sería cruel por su parte romperle el corazón a alguien que, de un segundo a otro, se convirtió en su escape de esa estirada escuela, pero, era demasiado pronto para decirle algo así, irónico cuando horas antes lamía de sus zonas más intimas y le hablaba de maneras tan obscenas.

- Ya, levántate, prepararé algo para desayunar. -

- Contéstame, por favor. -

- Sí… Lo hice porque me gustaste. -

- Cassy… - Susurró Raanee con la cara roja, haciendo preocupar a la holandesa por responder eso.

- No me mires así, es incómodo. -

- Perdón. -

- Dejémoslo así ¿Ok? Lo de anoche pasó y lo disfrutamos, pero es otro día, recuerda que esta noche te enseñaré a nadar. -

- ¿En serio me enseñaras? -

- Tú sólo consigue las llaves, yo me encargo de lo demás, ahora ¿Qué te gustaría desayunar? -

- ¡Me gustaría unos waffles con mucha mermelada, chocolate y mantequilla! También un licuado con chocolate y avellanas y… -

Cassandra le dio un almohadazo a Raanee, quien se asustó al ver la cara intimidante de la noruega, que le miraba fijamente.


- ¿Por qué me pegas, Cassy? -

- Por glotona ¿Qué mierda de desayuno es ese? Te estás echando casi dos mil calorías. -

- Pero es que me gusta desayunar cosas dulces. -

- Nada de eso, te prepararé un omelet de champiñones y un jugo verde, que te urge, seguro tus intestinos son un desastre. -

- Pero, pero… -

-Pero nada, te dije, las reglas cambian, aquí mando yo. -

- ¿Al menos puedo tomar jugo? -

- Jugo verde. -

- Pero sabe horrible ¿Puedes ponerle azúcar? -

- Raanee. -

- Cassyyyy. -

Cassandra soltó una sonrisa, la cara que ponía era de chiste, pero, era por su bien, no iba a permitir que su compañera de cuarto tuviese una dieta tan insana, menos, cuando quería agradecerle por rescatarla de ese aburrimiento que sentía al llegar, poco comprendía, que en el fondo, algo nacía e iba creciendo lentamente en su corazón, una semilla que germinaría y le haría tomar decisiones ya fuese con la mente o con los sentimientos.
Lune se preparaba para empezar el día, aun no tenia su uniforme, por lo que decidió aprovechar su ropa de sirvienta, para ayudarle a su mamá en el comedor de la escuela, más que para matar el tiempo, buscaba aprender más de su madre, una de las mejores cocineras y reposteras del mundo, que, al trabajar en esa academia, era común preparar platillos gourmet que en cualquier restaurant de cinco estrellas sería servido.

- Hija, tengo mucha gente aquí en la cocina ¿Puedes ayudarme como mesera? -

- Está bien mamá, aunque, soy de más ayuda frente a la estufa, que presentando la comida. -

- Ya te he dicho, debes de mejorar también en ello, algunas veces, te llamarán para felicitarte por tu trabajo o para preguntar como le diste tanto sabor a tu platillo. -

- Lo sé, mamá, muchas veces me lo has dicho. -

- Pero pareces no recordarlo. -

- ¡Mesa cinco, cuatro personas! - Habló uno de los asistentes mientras la madre arreglaba el cuello del vestido de su hija.

- Lune, ve a tomar el pedido. -

- Ya voy. -

La peliazul caminó de la manera más elegante, con una sonrisa relajada y amigable, que tuvo que mantener lo más que pudo con todas sus fuerzas al ver que en la mesa, estaba Natasha con quienes parecían ser sus amigas. Quiso retirarse al no tener un plan para atacarla, pero, no podía hacerlo, quería mostrar que era una profesional y que sus palabras no le habían hecho efecto, por lo que se decidió a atenderla.

- Bonjour ¿Puedo tomar su pedido? -

- Oh, eres tú. -

- Que linda, pareces una muñeca. -

- Merci. - Sonrió Lune por el halago, mientras notaba que la chica no le prestaba atención al ver al exterior.

- ¿Qué van ordenar, chicas? -

- Yo quiero un croissant de salmón ahumado. -

- Para mí, lomo de cerdo a la naranja ¿Y tú, Naty? -

- Lo que sea. -

- ¿Todavía sigues molesta por él? -

- Dejen de joder, lo que sea es bueno. -

- Juju, me huele a pelea de novios. - Pensó Lune con una sonrisa, por un lado, que tuviera novio le causaba cierto celo, pero, que se peleara, le daba buenos indicios.

- Para beber, quiero un jugo de moras. -

- A mi me traes un café prensado. -

- ¿Para su amiga? - Preguntó la ojirroja haciendo que Natasha volteara a verla, con unos ojos de indiferencia.

- Un vaso de agua. -

- Un rato más traigo su pedido. -

Lune caminó más a prisa, con cierta emoción, era el momento perfecto, si preparaba un platillo delicioso que levantara el animo de ella, podría ser suficiente para que ella le diera una disculpa por las palabras del otro día, ahora, tenía un reto a superar, convencer a su madre de que le permitiera cocinar.

- Mamá. -

- ¿Ya tomaste la orden? -

- Sí. - Dijo la joven dándole la nota, mientras miraba que el brillo de los ojos de su hija era peculiar, sumado a un tenue sonrojo en su piel pálida.

- ¿Necesitas algo? -

- ¿Puedo ayudarte a preparar un platillo? Una chica dijo que cualquier cosa era buena, quiero sorprenderla. -

- Mmm… -

La madre sospechaba algo, su hija no era de querer sorprender en especifico a alguien, era muy animada, sin dudas, pero, había algo más, lo podía notar en su mirada, eran unos ojos que podría ella llamar, enamorados. La chef decidió asomarse un poco para ver que clase de chica era la que había causado esa impresión en Lune, tomando la nota del pedido para comparar, notando que esa rubia que miraba a las afueras, mientras sus amigas platicaban, podría ser quien no tuvo preocupación por pedir algo. La cocinera pensaba rápidamente, pues el servir era algo de tiempo medido, era algo extraño, pero, no improbable, ya había notado que su hija tenía cierta fijación hacía las mujeres, creía que era admiración por la belleza, no obstante, nunca tuvo novio, supo de qué desairó a decenas de chicos en su escuela anterior y ahora que lo analizaba más, ya tenía sentido las revistas eróticas del conejo entre otras en el cuarto de su hija y que culpó a su esposo de esconderlas en el cuarto de Lune.

- Solamente su platillo. -

- Merci. -

- ¿Qué esperas? Recoge tu cabello y pone a cocinar. -

- ¡Si! -

La señora miraba como su hija empezaba a cocinar alegremente, era tan distinto a su alegría habitual, tenía un ahínco por querer sorprender a esa muchacha universitaria, que no notaba algún error en su proceso. Era claro, iba a tener que platicarlo en la noche, quizá, su hija ocultaba algo en su corazón que no había tenido la confianza de decirle, tal vez, Lune era lesbiana.
Lune hizo todo su esfuerzo por preparar unos jugosos medallones de filete asado, con setas salteadas y hierbas, dándole la mejor presentación posible a su platillo, mismo que decidió llevar cubierto para sorprenderla al momento de llevarla. La madre, curiosa por el animo de su hija, se asomó un poco para ver el resultado, queriendo saber si sus sospechas no eran más que eso, sospechas.

- Aquí están sus platillos, para ti, te traje esto. - Dijo Luna destapando el platillo. - Medallón de filete asado, con setas salteadas y hierbas, acompañado de un poco de vino. -

- ¡Guau! ¡Se ve rico! -

- ¿Puedo probar un poco, Naty? -

- Lo siento, es para ella. - Rio Lune con una risa simpática, mientras la chica levantaba una ceja.

- ¿No le escupiste a mi plato o sí? -

- Claro que no, yo no soy de las que desperdicia la comida. -

La chica supo que eso iba para ella, por lo que quería contestarle, pero, decidió que no ganaría nada, ni quitarse la molestia por haber visto a su novio besándose con otra chica, queja que la traía así, ya que no le contestaba los mensajes para que diera la cara. Natasha al final, jaló el plato en la mesa para acercarlo, tenía hambre y, aunque sabía que tuvo su discusión con esa chiquilla, el hambre podía más, además, en verdad se veía delicioso.
Natasha dio el primer bocado, colocando su mano debajo de mentón para no tirar nada, fue cuando se sorprendió, sin dudas, estaba sabroso, la suavidad del corte, el sabor, las especias, el aroma, era un platillo que fácilmente podría probar en un restaurante de Francia. Lune se apartó para regresar a servir a otras mesas, sin que pudiera ocultar la enorme sonrisa de satisfacción por ver como esa chica estaba encantada con su platillo, pero esa sonrisa fue suficiente para que su madre lo notara, su hija estaba enamorada de una mujer.
Cuando Lune regresó a recoger los platos, la chica miraba su celular, notando en el reflejo del mismo, la presencia de la peliazul, que parecía estar esperando algo, por lo que decidió voltearse, dándose cuenta también que sus amigas ya estaban en la puerta, esperando.

- ¡Naty, ya vámonos, ya casi es hora de entrar! -

- ¿Y bien? -

- Bien ¿Qué? -

- El platillo. - Preguntó Lune atenta a lo que ella dijera.

- En verdad, fue muy bueno, tu madre a veces sorprende. -

- Lo tomaré como una disculpa, pero, no lo cocinó mi mamá, fui yo. - Sonrió la ojirroja con dedo en sus labios.

- ¿Tú cocinaste esto? -

- Oui, lo preparé especialmente para ti. -

- Ya veo… -

La chica se paró y caminó sin dejar de mirar su celular, dejando a Lune de pie frente a la mesa, algo confundida ¿Qué fue eso? Pensó, ni una felicitación, un gracias, un abrazo, un beso sorpresivo, un “Cocina para mí por siempre”, algo por el estilo de esas novelas románticas que decían que se llega al corazón de un hombre por el estómago, aunque en ese caso, era una mujer. La mamá se acercó rápido a su hija, tocando su hombro para hacerla reaccionar, viendo la cariñosa mirada de su madre mirándole.

- ¿Por qué no le preguntas si puedes cocinar para ella de nuevo? -

- ¿No debería ser el cliente quien tiene el derecho a pedir un chef en especial? -

- Pero a veces el cliente no sabe lo que quiere. - Sonrió la madre animando a Lune a salir detrás de Natasha, alcanzándola.

- Disculpa. -

- ¿Qué quieres? -

- ¿Te gustaría probar de mis platillos? Otra vez. -

Natasha miraba por su hombro a Lune, no tenía intenciones de entablar la amistad con una mocosa, menos, cuando se dieron de palabras en el zoológico escolar, tampoco iba a dejar caer su orgullo de decirle que tenía toda la madera para ser una gran chef, no obstante, su estómago le decía que no había problema en ceder un poco, después de todo, tener un trato especial en el comedor la hacía sentir más VIP de lo que ya era.

- Haz lo que quieras. -

Lune sonrió al recibir esa respuesta, caminando de regreso al comedor escolar, sin poder ocultar a alegría de ello, era una batalla ganada en su primera guerra del amor.



 

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NOTE 4


Era noche en la academia, pero, parecía haber algo de movimiento en el edificio donde estaba la alberca olímpica. Aunque estaba a oscuras, la luz fluorescente de los flotadores bastaba para poder nadar a ocultas de todos, cosa que había planeado Cassandra para poder enseñar a Raanee, quien le apenaba ser descubierta. Con ayuda de las llaves que la hindú consiguió, entraron sin olvidar asegurarse de que nadie las viera, cuando la morena trató de encender las luces, la noruega la detuvo y le dijo que no con la cabeza, tomando su mano para dirigirse a los vestidores.


- No podemos encender las luces de la alberca, eso nos delataría. - Dijo Cassandra entrando al vestidor y cerrando, para luego, encender las luces. - Solamente las de aquí podemos encenderlas gracias a ese muro que está fuera. -

- Es que no veo bien en la noche. -

- Yo te estaré cuidando. -

- Bueno… Pero ¿No me soltarás al enseñarme a nadar? -

- ¿Quién me crees? Anda, vístete. -


Cassandra se fue a su casillero, abriéndolo y sacando uno de sus trajes de baño, los cuales estaban impecables por el cuidado que tenía la noruega de siempre tener todo en orden. Tras ponerse su traje de baño de corte olímpico y recoger bien su cabello, se concentró en como enseñarle a Raanee a nadar, ya que, si era demasiado intensa en palabras, seguro la iba a asustar, pero, si era muy amable, no iba a tomarla en serio. Cassy sacudió su cabeza y talló su rostro con sus manos, se preocupaba demasiado por lo que pensara ella, habían quedado en que eran solo amigas, a pesar de que a la primera noche de conocerse intercambiaron más que un beso, pero, parecía que su cabeza y su corazón la estaban confundiendo más y más.


- ¿Estás lista? -

- ¡No, aún no! Ugh… -

- ¿Qué tienes? - Preguntó Cassy asomándose por el costado del vestidor, sorprendiéndose al ver que Raanee tenía la cara roja del esfuerzo al tratar de meter su tetamen en el traje de baño. - ¡Espera! ¡Vas a dejar flojo el traje! -

- ¡Cassy, no me queda! -

- Claro que no te queda, mierda, tendré que comprarte uno después. - Dijo la noruega rascándose la cabeza, haciendo que Raanee pusiera una cara encantada.

- ¿Me vas a regalar algo? ¿A mí? -


Cassandra se sonrojó un poco por el comentario y por la cara tan feliz que mostraba la hindú, nunca le había regalado algo a una chica, pero, disfrutaba de las reacciones tan naturales de Raanee. La mente de la europea empezó a imaginarse que tipo de traje de baño le luciría a esa chica tan bella, de curvas tan sensuales, pensando en un traje de baño de espalda desnuda en color blanco, que resaltara su preciosa piel, con un corte pull-up en el contorno de los pechos, levantándolos para lucirlos más.


- Si… Pero, si lo hago, quiero que lo uses. -

- Está bien… - Contestó Raanee con una gran sonrisa mientras sujetaba el traje de baño debajo de sus senos.

- Déjame ayudarte. -

Cassy se colocó detrás de Raanee, sujetando con cuidado los senos de la hindú, escuchando un suave suspiro, que hacia que la noruega se perdiera en su voz, los labios de Cassandra se acercaron lentamente a su cuello, mientras sus dedos recorrían las aureolas de su presa, quien vibraba al sentir ese trato delicado hacia su cuerpo.

- Cassy…-


La rubia no decía nada, solamente miraba con unos ojos penetrantes e intimidantes a la hindú, que, al verle por su hombro, cerró los ojos al sentir como la desmoronaba con ese mirar. Cassandra sabía que Raanee le pertenecía, la noche anterior lo dejó claro, era toda suya, podía apretar su teta y deslizar su mano peligrosamente hasta acariciar su clítoris, notando como sus temblores se desencadenaban hasta soltar un gemido, sonido que le decía a la noruega, que estaba lista. No esperó más, dio la vuelta a la morena para prenderse a sus pechos, devorándolos con un hambre voraz, mientras sus manos bajaban el ajustado traje hasta desnudarla para que sus dedos juguetearan con el cuerpo de la hindú, la deseaba, pero era un deseo mayor que el sexual, era un deseo total de tenerla a su lado, su mirada, su voz, sus pensamientos, su calor, su sinceridad, su verdad, era como un espejismo de mujer que no creyó conocer, que ahora, disfrutaba a granel.

Raanee solamente cerraba sus ojos y se dejaba llevar, las manos y boca de Cassandra se deleitaban con ella, sin mostrar alguna queja, se sentía perdida entre sus brazos, su fuerza, su aroma, su autoridad, Cassandra representaba todo lo que admiraba en una chica, inteligencia, madurez, fuerza, confianza, belleza, fue cuando la hindú se iba haciendo a la idea de una cosa, algo que debió aceptar la noche anterior, le gustaba otra chica, pero, no cualquier chica, le gustaba ella, solamente ella.

No había palabras, solamente miradas, una depredadora y una presa, vainilla y chocolate en los tonos de piel, dominio y sumisión, un romance que no tenía nada que ver con lo momentáneo, las uñas de Raanee clavándose en la espalda de Cassandra se aferraban a ella como pidiendo que no la soltara, así era ese deseo, sentimientos de pertenencia, de dualidad, de pertenencia, de estar completas.

Para cuando terminaron de jugar al amor, Raanee descansaba entre los brazos de Cassandra, quien la cubría con unas toallas, sin dejar de besar esos dulces labios, seguramente, azucarados por tanto chocolate y caramelo que consumía. No cruzaban palabras todavía, las miradas decían todo, Cassandra se lo decía con sus ojos color ámbar, que era de ella y de nadie más, era su joya hindú, así como Raanee le respondía con su titubeante mirar, soy tuya, entregándose sin algo que decir.


- Cassy… ¿Íbamos a nadar o no? -

- La noche es larga. - Respondió Cassandra frotando la mejilla de Raanee, quien le miraba sonrojada.

- Cassy… ¿Va a ser todas las noches así? -

- ¿Todas las noches? -

- Siempre… ¿Tendremos sexo? ¿Te gusta tener sexo conmigo? -

- No es sólo sexo… Bueno, en verdad, me encantas… - Hablaba la noruega tratando de explicarse, mientras frotaba la espalda de la hindú y evitaba su mirada. - Es como cuando hay una oferta en un bar, que, aunque no puedes tomar mucho, tomas hasta vomitar para aprovecharlo. -

- ¿Soy una oferta para ti? -

- No, lo que te quiero decir es que, lo disfruto tanto, que no quiero dejar de hacerlo. -

- Entonces… Es solo sexo. -

- ¿Crees que sólo tengo sexo porque tienes un cuerpo sexy y cara bonita?- Exclamó Cassandra molesta a Raanee, notando la mirada intensa de la noruega. - Lo hago porque me gustaste ¿Entendido? No soy una cualquiera que se acuesta a la primera sólo por capricho o gusto, lo hice porque en verdad me gustaste desde que te vi en el tejado. -

- Cassy… -

- No vuelvas a decir ni se te ocurra pensar que hago esto sólo por algo tan estúpido y vanidoso como tu físico, eso va demás. -

- Ca… Cassy… -

- Eres la única con la que he podido hablar bien en esta escuela de mierda, la única que no me ve como si fuese de oro, como si se creyeran lo de que soy de la realeza, que no ha sido hipócrita al saludarme, llámame estúpida porque apenas nos conocemos desde ayer, pero, es la verdad. -

- Cassy… Yo… -

- Y ya no digas nada, que me harás enojar. - Dijo la noruega abrazando a Raanee, quien limpiaba sus lágrimas por las palabras que le había dicho. - Maldición, parezco una estúpida diciendo cosas tan cursis. -

- A… A mi me gustó que las dijeras. -


La rubia sonrió un poco, no lo bastante para que Raanee alcanzara a mirarla, porque, sería estúpido, era totalmente estúpido ¿Por qué estaba haciendo eso? El sexo con Raanee sin duras era genial, pero, iba más allá de eso, su compañía, su mirada, sus reacciones, eran tan naturales, que la maravillaban, si había algo que Cassandra siempre quería ver en las personas, era ser genuinas, hasta la fecha, solamente encontró a alguien así, ese alguien, era a quien tenía entre sus brazos.
Pasaban los días y la madre de Lune veía como su hija se paseaba más y más en la cocina, corría al salir de clases para llegar a los comedores, para empezar a preparar aquellos platillos llenos de esfuerzo y afecto para aquella rubia que siempre se sentaba hasta la mesa del rincón. La madre lo notaba, había algo más que diversión para su pequeña, esos ojos brillantes, su gran sonrisa más sincera que nunca, su agitación, la sospecha estaba, pero, tenía que asegurarla.

Una noche, tras su baño nocturno, Lune se alistaba para dormir, ya con su camisón rosa pastel y una serpiente de peluche que siempre traía a quien llamaba Jade. Mientras se miraba en su tocador, su mamá entró y tomó un cepillo, para peinar su cabello, provocando una risa en la peliazul, ya que disfrutaba cuando tenían esos ratos de madre e hija.

- Has estado muy activa estos días, hija. -

- La escuela es preciosa, mamá, he disfrutado los días aquí, hasta he hecho amigas. -

- Me alegra eso, me preocupaba que te sintieras triste por estar lejos de Francia. -

- Un poco, pero, si pienso ser una chef gourmet, tengo que acostumbrarme a viajar. - Rio Lune mientras su madre la peinaba.

- Aunque, yo creo que esas sonrisas que muestras son por otra cosa ¿O no? -

- No lo sé, jiji. -

- ¿Podrá ser esa universitaria a la que atiendes como una reina? -

- No sé de que hablas. -

- Lune, soy tu madre, no tienes que ocultarme las cosas. - Habló cariñosamente la madre mientras veía a su hija en el espejo. - He notado como la ves, no me puedes engañar. -

- Solamente quiero enseñarle una lección. -

- ¿Lección? ¿De qué? -

- Mm… No lo recuerdo. -Susurró Lune con un dedo en sus labios al darse cuenta que en verdad, no recordaba porque empezó el interés en Natasha.

- Eso es porque has estado más preocupada en darle una gran atención. -


La madre le dio vuelta a su hija para que quedara de frente, sentándose en la orilla de la cama para tomarle las manos, sonriéndole al ver la mirada curiosa de su hija, que, aunque fuese muy lista, tenía sus ratos de despiste, cuando estaba tan concentrada en algo, era como si lo demás se perdiera en el tiempo y espacio.
- Lune… Dime ¿Desde cuando lo supiste? -

- ¿Saber qué? - Sonrió Lune mientras su madre se reía por ver como evitaba el tema.

- Hija… ¿Te gustan las mujeres? -

Lune mostró una risa nerviosa y un sonrojo, no esperaba que su madre lo descubriera, aunque si sabía que, cuando se tratara el tema, ella sería muy directa, era algo que su mamá siempre tenía, ir directo al punto y tratar de platicarlo, motivo por cual siempre regañaba a su papá, que era algo infantil y solía soltar uno que otro pretexto o mentira.


- ¿Cómo lo supiste? - Preguntó Lune algo apenada, apretando las manos de su madre.

- No tienes que avergonzarte, tu tía Eloise lo es ¿No la recuerdas? -

- Creo recordarla. -

- No la recuerdas, siempre te la pasas en la cocina o probando postres y adivinando sus ingredientes. - Rio la mamá jugando con las manos de su hija. - Mi prima Eloise es como tú, su corazón está apuntando hacia las mujeres. -

- ¿No estás molesta? -

- Sí, pero, conmigo, por no darme cuenta antes. - Hablaba la mujer acariciando la mejilla de su hija. - Lune, no quiero que tengas miedo de decirme lo que sientes. -

- Perdóname por no decírtelo antes, es que, no sé, escuché que a muchas personas no les agradan los hombres de la palabra H y las chicas de la palabra L. -

- Cierto, pero, yo no soy así, ni tu papá, ambos tenemos amistades y familia que lo son… -

- Aún no me lo has dicho ¿Cómo lo supiste? - Preguntó Lune con un dedo en sus labios, mostrando curiosidad.

- No me has presentado ningún chico ni hablas de ellos, hablas más de chicas conmigo que otra cosa, notaba que veías más a las chicas y lo mimosa que eres con tus primas, en tu cuarto tienes muchas fotos de modelos, pensé que eran chicas que admirabas, como artistas o modelos, entendí que las revistas y películas de tono rojo no eran de tu papá. -

- Sobre eso, puedo explicarlo, es mera curiosidad biológica. - Contestó Lune con una sonrisa y rostro de intelectual.

- De eso, ya hablaremos luego jovencita… Hija ¿Te gusta esa chica? -

- Mm… Como de gustar, gustar, no lo sé. -

- ¿Cómo que no lo sabes? -

- Nunca me ha gustado alguien o he tenido algo con alguien, bueno, he besado a algunas amigas, pero, porque nos gustaba hacerlo. -

- ¿Sólo besos? -

- Claro que sólo besos, soy una niña buena. - Dijo la ojirroja sacando la lengua tiernamente.

- Yo creo que si te gusta. -

- ¿En serio? -

- No te había visto tan feliz, tan motivada, tu cocina ha mejorado, tu animo también, tus ojos siempre están brillando cuando ella llega, es como si tu mundo girara alrededor de su mesa y su presencia. -

- Bueno, no es para tanto. -

- Lune, le reservas la mesa a ella. -

- Es que, si está sucia, seguro que no querrá sentarse ahí. -

- ¿Ves? -


Lune empezó a reírse por el tino de su mamá, fue cuando lo reflexionó, era verdad, siempre que veía a Natasha, estaba feliz, no sólo por ver a esa bella chica de preparatoria todos los días, era su voz, su mirada, su aire de tristeza escondida en su rostro de diva, era un platillo que quería probar. Era sencillo, pero, desconocido para Lune, le había robado los días, era su primer enamoramiento, se había enamorado a primera vez, aunque, parte de su mente seguía con la idea de enseñarle una lección a Natasha, parecía que su motivación era más del lado positivo al negativo.

- Creo que me gusta un poquito, jiji. - Rio Lune algo apenada mientras su madre sonreía al verla así.

- ¿Un poco? -

- Me gusta mucho, pero ¿Por qué estaba enojada con ella? Mmm… ¡Ya recordé! -

- ¿Si? -

- Ella se burló de mí, por ser hija de la “cocinera”, yo le había reclamado porque tiró la comida de una de las meseras cuando no le gustó. -

- Oh, ya recordé, Enriquetta le sirvió de muy mal modo, la chica le pidió que retirara su plato y ella le dijo que era justo como lo pidió, pero, Enriquetta le sirvió el plato equivocado y no supo hasta después. -

- Entonces… -

- Enriquetta le respondió de forma muy grosera a esa joven, que terminó molestándose y tirándole la comida antes de irse. -

- Eso significa. -

- Aunque estuvo mal, no fue del todo la culpa de ella, le tuve que descontar a Enriquetta ese día, pudo haberle respondido de otra manera sin llegar a decirle cosas tan vulgares como la palabra P consentida o la palabra golfo en femenino. -

- Oh, por dios ¿Enriquetta dijo eso? - Habló Lune sorprendida, tapando su boca, pues esa mesera era muy seria.

- Así es. -

- Mm… Eso me pone en un predicamento. -

- ¿Si? ¿Puedo saber? -

- Creo que le debo una disculpa… Bueno, también ella me debe una disculpa, pero yo debo de dársela antes, la juzgué sin saber que había pasado y no pregunté por no ser una entrometida. -

- ¿Y qué piensas hacer? -

- Mmm… - Pensaba la jovencita cruzando sus brazos, volteando a ver a su mamá. - No sé, solamente se me ocurre hacerle una cena especial y disculparme, pero, podría tomarlo como una declaración. -

- Has leído demasiadas novelas románticas, hija, no todos pensarían eso. -

-¿No? -

- Pero es una buena idea, sirve que la conoces mejor y me platicas más de ella. - Rio la madre mientras Lune se ruborizaba.

- ¡Mamá! -

- ¿Qué? Tal vez no me has presentado algún novio, no me molesta si me presentas una novia, aunque, esa chica se ve muy grande para ti. -

- Disculpa mi querida madre, pero, tu eres seis años más grandes que papá. -

- Deja de recordármelo, me haces sentir una asaltacunas. -

-¿Y no lo eres? -

Las dos empezaron a reírse, abrazándose con ese amor familiar que tanto disfrutaba Lune recibir de su madre. La francesita se sentía feliz, nunca pensó que su madre fuese tan comprensiva con ese tema, quizá, por haber escuchado de tantas malas experiencias le hizo olvidar por un momento, que si algo tenía su mamá, era un gran corazón y una mente muy amplia, por algo, era su único modelo a seguir.






 

O-O¬ Baton pass!!
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Los días para Cassandra y Raanee parecían avanzar tranquilos, era normal verlas siempre juntas, para sorpresa de toda la academia, las dos princesas eran grandes amigas, la princesa de hielo y la hindú, como les apodaban por sus rasgos, parecían estar atadas al ir a todos lados la una con la otra. Poco comprendían la visión que cada una tenía sobre su compañera de cuarto, había un romance entre amistad que ninguna de las dos se atrevía a mencionar, tal vez, por miedo a que lo que vivían juntas perdiese ese especial encanto, después de todo, para Raanee, Cassy era la primera persona por la que sentía un afecto tan grande, tanta admiración por su porte, por su orgullo, por su inteligencia, así, como atracción por su belleza, esa belleza de rostro penetrante y amenazante que, aunque le intimidaba, le causaba una sensación de que la veía con cariño en el fondo de esa frialdad. Para Cassandra, Raanee era ese aire fresco, esa pureza, esa verdad, la hindú no era capaz de mentir, de actuar, de fingir, era ella misma, siempre, lo veía en sus preciosos ojos, lo escuchaba en su voz, lo probaba en su piel, era suya y ella se lo recordaba cada instante que compartía a su lado, fuese o no algo sexual.
Cassandra no supo en qué momento, mejor dicho, si lo sabía, desde que la vio en el techo, quedó flechada por Raanee, esa encantadora joven que le hacía feliz al despertar y tenerla entre sus brazos, al tener esa mirada perdida hacía ella, por más que odiara sus hábitos de vida, no podía negar que quería compartir más tiempo a su lado. Amor, esa palabra que tanto desconocía Cassy y se veía reflejado en la morena, amor, su primer amor, pero, no lo decía, porque dudaba “forzadamente” de que las cosas podrían seguir como siempre, si se atrevía a preguntarle algo como ¿Quieres ser mi novia? Quizá, agregarle el compromiso a la ecuación de amor que estaba viviendo, le daría como resultado un tremendo error.


- Cassy… Cassy… -

- ¿Eh? - Reaccionó la holandesa al escuchar la voz de Raanee.


Cassy volvía en si tras pensar en todo eso, sobre si atreverse o no a decirle a Raanee lo que estaba sintiendo por ella, solamente pensarlo era estúpido ¿Amor a primera vista? Sonaba tan idiota, tan infantil y tan de “princesa” que le daba asco imaginarlo, pero, era lo más lógico tras lo que sentía por la hindú. Era tanta su concentración en ese tema, que se había olvidado que habían quedado de almorzar entre los arbustos, a modo de picnic, para evitar que las observaran las demás que intrigaban sobre la amistad de las dos nobles de la academia.


- ¿Te pasa algo? -

- No… No es nada… - Suspiró la noruega comiendo de su sándwich light, mirando a Raanee que parecía tener cara de molestia. - ¿No tienes hambre? -

- Es que… Son puras verduras y puré. -

- Justo lo que tu cuerpo necesita, comes demasiadas grasas y azúcares, ocupas más fibra y vitaminas en tu cuerpo. -

- Pero el puré tiene cascara, Cassy. -

- La cascara de la papa es la que contiene mayor cantidad de fibra. -

- Pero Cassyyyyy. -

- Pero nada, no eres una niña, Raanee, ponte a comer, ahora. - Ordenó Cassandra mientras la hindú lloriqueaba un poco y empezaba a comer, provocándole una sonrisa por su obediencia. - ¿Está rico o no? -

- No… Digo, sí, sabe rico. -

- Es por tu bien, de a poco, verás que te sentirás mejor. -

- Sí tú lo dices… Al menos le hubieras puesto sal. -

- ¿Dijiste algo? -

- ¡Nada! -

- Oye… Raanee ¿Tienes algo que hacer la siguiente semana? En específico, el día martes a las nueve de la mañana. -

- Creo que tengo la hora libre, si, la tengo. - Dijo Raanee mirando su agenda en el celular.

- Perfecto… Habrá una competencia a nivel de zona escolar en la academia y… Quería saber si puedes ir a verme. -

- ¿Yo? -

- Es que… Eres mi única amiga. - Habló Cassandra algo apenada por dar esa confesión. - Hablo con algunas chicas de mi salón, pero, es distinto a lo que hay entre tú y yo, ellas son mis compañeras y tú… -

- ¿Lo que hay entre tú y yo? -

- Si, ya sabes… ¡No me hagas repetirlo! ¿Irás o no? -

- ¡Si, iré! - Contestó Raanee abrazando con fuerza a Cassandra por sorpresa, por lo que había dicho. - Te juro que no faltaré. -

- Gracias… Y deja de tirar la comida. -

- ¿Cómo lo supiste? -

- No veo tu tupper delante de mí. - Habló Cassy mientras Raanee se apresuraba a tirar las verduras aprovechando el abrazo. - No te preocupes, traje otro, sabía que ibas a intentar algo así. -

- Pero Cassyyy…-

- Pero nada. -Rio la noruega al escuchar esa queja tan infantil, de esa preciosa joven que tanto la tenía de buen humor.


En los comedores, una peliazul paseaba entre las mesas, con esa gran sonrisa enamorada, esa sonrisa surgida de ver a Natasha en esa mesa de siempre, hasta el fondo, mirando hacia las arboleras. Su relación, si es que podía llamarla así, parecía haber mejorado, al menos, ya no tenían mal trato, era algo más sencillo, de cocinera a cliente, no importaba que no profundizara, Lune estaba feliz. Tras servir los primeros platillos, sacó su cuadernillo de notas, caminó contoneando sus caderas inconscientemente como aquellas meseras de películas románticas de Francia que tanto le gustaban, parándose frente a la rubia, que seguía mirando a la nada.


- Buenos días ¿Qué vas a querer para desayunar en esta linda mañana? - Preguntó Lune con una sonrisa amigable, mientras Natasha volteaba lentamente a verla.

- Podría ser algo dulce. -

- Mm… Ya sé que te traeré. -

- Hola ¿Puedo sentarme? -


Lune volteó a ver el origen de esa voz masculina, mirando a un joven alto, guapo, de buen vestir, por la manera en que reaccionó Natasha, se imaginó quien podría ser, solamente pensarlo, provocó que Lune tuviera que ocultar su rabia con una sonrisa falsa, aunque podía notarse en su mirada asesina hacia ese chico.

- ¿Qué quieres? -

- Quiero arreglar lo nuestro, no puedes seguir molesta conmigo todo el tiempo. -

- ¿No puedo? ¡Me engañaste! - Alzó la voz un poco Natasha tratando de no atraer la atención, mirando con coraje al chico. - Te estuviste besando con esa tipa y todavía me echaste la culpa a mí de que pasara. -

- Puedo explicarlo. -

- ¿Explicar qué? Fui a encararla y me salió con que ella y tú tenían de novios desde hace dos años, yo de estúpida creyendo que tenías actividades extra por la tarde, pero era para verte con ella. -

- Cálmate, mira, ella solamente es algo pasajero, para pasar el rato, en cambio tú, eres de familia distinguida y… -

- ¿Eso te importa? ¿Mi apellido? Me das asco. -

- Vamos, Natasha, sabes que no hay ningún como yo en todo el campus, podría salir con cualquier chica que quiera, pero, quiero salir contigo. -

- ¿Por qué no te largas de una vez? -

- Trata de calmarte y pensar bien las cosas, piensa de lo que te pierdes. -


Lune no soportaba la presencia de ese tipo tan tóxico, tan pretencioso y engreído, molestando a su cliente VIP, su lado sádico le pedía a gritos ponerlo en su lugar, por lo que simuló agacharse para recoger su pañuelo, aprovechando para dejar caer un poco de jugo frente a los zapatos, levantándose y asegurándose de que nadie la viera. La francesita caminó rápidamente para traerle un té a Natasha, tratando de evitar alterarse al escuchar la discusión, pero, todo iba a cambiar de un segundo a otro.


- Disculpa, está caliente. - Dijo Lune al querer servir el té.

- Lo sien… ¡Woa! -


El grito del tipo aquel se escuchó por todo el comedor, al pisar hacía atrás, el vitral mojado fue lo bastante resbaloso para que cayera fuertemente, con las piernas abiertas, con tanta fuerza que rompió sus pantalones. La risa de todos los presentes, fotos y vídeos hicieron acto de presencia, el chico apenas podía ponerse de pie al estar cubriendo la rasgadura del pantalón, con la cereza sobre el pastel de mostrar sus glúteos desnudos, el joven no usaba ropa interior y ahora toda la comunidad estudiantil lo sabría, no le quedó de otra más que salir corriendo, mientras era perseguido por los demás que querían tener lujo de detalle de lo que sería la burla por varios días. Lune pensó que se le había pasado la mano, pero, escuchó algo inesperado, la risa de Natasha, una risa encantadora, dulce, amigable, verla reír le hizo olvidar que había hecho una maldad, que, aunque, se lo merecía, no dejaba de serlo.


- Oye… Gracias. -

- ¿Gracias? -

- Sabes de que hablo. - Dijo Natasha guiñándole el ojo a Lune, haciéndole saber que vio que había hecho. - ¿Cómo era que te llamabas? -

- Lune… Lune Faure~Dumont. -

- Gracias, Lune. -


Lune volteó tapando su rostro con la bandeja, estaba totalmente roja, no solamente le había soltado un guiño y una sonrisa, la llamó por su nombre y le había agradecido, sin dudas, era una propina grata y muy especial.
La tarde se dejaba caer en la academia, las clases terminaban, pero, parecía que aún había uno que otro estudiante haciendo actividades extra por gusto propio, algunos más, como el caso de Natasha, simplemente salían a pasear para despejar la mente y no estar dando explicaciones en los dormitorios, pues ya todos estaban enterados de su ruptura. Ya no le importaba él que dirían, pero, era molesto estar escuchando pregunta tras pregunta, además, no quería tener problemas con sus amigas por un idiota, así que esperaría a que bajara un poco el chisme y podría platicarlo con mayor comodidad. Aunque, había un hecho que hacía que todo eso fuese llevado de una mejor manera, el bochorno que pasó él en el comedor, era bastante grande y ruidoso como para superar lo de su quiebre, hasta incluso se escuchaba de que quería cambiar de escuela, al menos, sabría la humillación que ella sintió cuando lo vio besando a otra chica.
Natasha pasaba cerca del comedor, rodeándolo para buscar las arboledas donde solía ponerse a leer o a revisar su celular a escondidas de todos, notando que había algo de ruido en la cocina, aun no era la hora de que llevaran la cena a los dormitorios, por lo que le llamó la atención, asomándose un poco por la ventanilla de la puerta de servicio, viendo en el fondo, la figura de una joven con cabello rizado y peliazul.


- Mmm… Creo que con un poco más de comino. - Hablaba Lune mientras probaba de su platillo y miraba su celular con una gran sonrisa. - ¿Te gusta así? -

- ¿Con quien hablará? -

- Me encanta verte comiendo a bocados, por eso, cortaré en trocitos el jamón ¿Qué te parece? … Si me miras así me pondré nerviosa. - Reía Lune tomando el celular para besarlo y abrazarlo. - Me pregunto si es cierto que el amor llega primero por el estómago, aunque, mamá me dijo que eso aplicaba en los hombres. -

- No te ilusiones tanto, los hombres son unos idiotas. -


Lune sintió que la temperatura bajó a niveles polares, no había puesto seguro a la puerta y Natasha había entrado como si nada, con esa mirada color índigo y esa presencia tan grande, que deseaba que la tragara la tierra, estaba tan asustada por verla sin esperarla, que su pulgar no respondía para quitar la foto que tenía de ella.


- Buenas tardes, Natasha, no… No esperaba que anduvieras por aquí, jiji. - Reía Lune tratando de actuar mientras sus manos parecían entumecidas y no respondían. - ¡Apágate, apágate! -

- Solamente paseaba… Perdón si te interrumpo, quería agradecerte lo de la mañana otra vez y… Creo que te interrumpí. -

- Un poco, jiji, pero, no te preocupes, solamente se me ocurrió, cierras al salir. -

- Mmm… Parece que estás ocultando algo. - Dijo la rubia llevando sus manos a la cintura, acercándose a Lune quien quería llorar de los nervios, sonriendo para mantener su fachada.

- Seguro que estás algo ocupada, nomás ando practicando, quiero ser una chef tan grande como tu mamá. -

- Para mí, cocinas mejor que tu mamá. -

- ¿En serio? - Preguntó sorprendida la francesa, viendo como Natasha sonreía, ya que, por el descuido, pudo quitarle el celular. - ¡Devuélvemelo! -

- También quiero ayudarte, déjame ver quien es el afortunado y te diré si es un patán o no. -

- ¡Por favor, no veas! -

- ¿No me crees? En un segundo puedo mandarles un mensaje a mis amigas y me dirán si te gusta un chico bien o … ¿Yo? -

Hubo un silencio entre las dos, Lune quería morirse, la rubia miraba fijamente el celular manchado con el labial rosa pastel de la francesa, tras haber besado la foto que estaba en su pantalla y que tomó a ocultas de la modelo, eso lo sabía bien Natasha, porque, la persona de la foto, era ella. Natasha trataba de hilar las ideas, Lune estaba cocinando muy contenta, hablaba de manera melosa hacia la foto, la besaba, la abrazaba como si fuese una chica romántica y enamoradiza, el detalle estaba en que eso solamente daba como resultado una cosa, esa chica de secundaria, sentía atracción por ella.


- Ten. - Dijo Natasha devolviéndole el celular a Lune, quien lo abrazó y agachó la cabeza, aguantando las ganas de llorar. - ¿Es en serio? -

- Oui. -

- Desde cuándo. -

- Creo que… Desde que te vi en el zoológico. -


Natasha no sabía que decir, había escuchado de muchas chicas que eran lesbianas en la academia, pero, era un simple rumor, no obstante, ahí estaba Lune, esa chica de aspecto de señorita de etiqueta, de enigmáticos ojos carmesí, tan raros como sus ojos índigos, casi a punto de llorar por ser descubierta. Ahora iba entendiendo todas sus atenciones, sus miradas, sus sonrisas, sus detalles, desde la manera en que cocinaba hasta como adornaba su mesa favorita, nunca había conocido que alguien fuese tan dedicada y minuciosa con la persona que le gustaba, no en algo real, eso era más de novelas cursis y películas románticas. Por un lado, se sentía halagada de que, una chica tan linda que cualquier chico quisiera tener como su novia, la prefiriera a ella sobre cualquier hombre o mujer, era un bono para su gran ego, pero, estaba sin palabras, en ningún momento le tocó esa situación.
Justo en el instante que la rubia tenía algunas palabras que soltar de su boca, notó un suave llanto que provenía de aquella jovencita que ocultaba su rostro, estaba asustada, estaba triste, estaba llorando sin siquiera saber una respuesta ¿Acaso le dolía ser descubierta? Fue cuando lo pensó, la academia, siendo tan conversadora, no veía bien a los amores distintos a lo tradicional, tal vez, ella creía que reaccionaría así, que, seguro la rechazaría cruelmente por su preferencia.


- Perdón… -

- No… No tiene nada de malo. - Dijo Natasha abrazando a Lune de manera cariñosa.

Lune abrió sus ojos por completo al sentir como su cuerpo era envuelto entre los brazos de esa joven mayor, sintiendo su calidez mientras una de sus manos le acariciaba el cabello con mucha ternura. Era un suceso mágico, como en sus sueños, ser abrazada por Natasha era tan maravilloso, que creía que seguramente era eso, un sueño y no quería despertar.


- No sé que decir, creí que me odiabas por lo que pasó el otro día. - Hablaba Natasha mientras la abrazaba. - Andaba de malas por mi exnovio que, me desquitaba con todos, aunque me burlé de ti, ahí estuviste atendiéndome con tu sonrisa… Quisiera ser como tú, sonreír, aunque las cosas estén feas. -

- Me… Me gustas mucho. -

- No puedo corresponderte, Lune. - Dijo la rubia sin soltar a la peliazul, quien apretaba sus puños al escuchar esa respuesta, por lo que, en algo inocente, buscó que más decir. - No ahora, acabo de terminar un noviazgo de tres años, no me siento lista para salir con alguien más. -

- No… ¿No ahora? ¿Es decir? -

- No lo sé, solamente, no ahora. -

- No… No ahora. - Sonrió Lune limpiando sus lágrimas, abrazando con fuerza a Natasha, quien suspiró al verla de mejor humor. - ¡Me esforzaré para el momento en que te sientas lista! -


Natasha sonrió al verla sonreír así, Lune tenía una sonrisa hermosa, deslumbrante, era una jovencita maravillosa, que parecía que llegaría a lograr su sueño de ser una gran chef, ya que, su cocina tenía un toque que su madre no tenía, amor, un amor desbordante en cada platillo. Quien lograrse tenerla a su lado, fuese hombre o mujer, sería dichoso.



 

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El día estaba listo para el mayor reto que tendría Cassandra hasta la fecha, era la competencia a nivel zona de natación, en la cual, competiría en la mayoría de las pruebas, además, era la primera vez que le apoyaría alguien que ella pidió que lo hiciera, Raanee estaba ahí, en las gradas, con una gran sonrisa por ver a su amiga pasando a la presentación de los equipos escolares que se enfrentarían. Cassy miraba su puño, estaba decidida a triunfar, a demostrar que no estaba equivocada, que su futuro estaba dentro del agua, que nació para ser la mejor, y un evento así, alejado de los encuentros infantiles, sería un gran salto.

- Ya verás, madre. - Pensaba Cassandra descubriendo su rostro al quitarse la capucha. - Ganaré todo, sin dudas, ganaré todo, seré la mejor. -

El evento empezó, teniendo una gran asistencia, después de todo, todas las escuelas querían hacerse de renombre fuese cual fuese la competencia. Cassandra sabía que no era la favorita, a pesar de ser la mejor de su equipo, había muchas competidoras de buen nivel, universitarias que ya habían participado años atrás, pero, conocía bien sus límites, sabía que podía superarlas, su única rival en ese momento era su propia marca personal en cada reto.
Encuentro tras encuentro, la gente más y más se sorprendía de lo que veía, la sirena noruega se estaba dando a conocer, el nombre de Cassandra Farah se iba viendo en el primer puesto de cada competencia, de manera consecutiva, era inaudito, era como si fuese una con el agua, velocidad, consistencia, elegancia, dejaba a las demás competidoras como unas aficionadas. Raanee estaba impactada, más, al no dejar de escuchar a las personas hablar de su amiga, entre ellas, docentes de otras escuelas, no entendían como habían dejado escapar a esa chica por su temperamento o la presión de su madre, estaba robándose el torneo. A pesar de todo esto, de que parecía ser el día de Cassandra, su rostro parecía molesto, en ningún momento sonreía, aunque sus compañeras celebraban y aplaudían sus victorias, su cara era de seriedad y frialdad total, más que de costumbre, incluso, podría decirse que estaba furiosa, y más se notaba cuando miraba los marcadores que le hacían chitar sus dientes.
El torneo terminó y la gente aplaudía con gran fuerza por la demostración que vieron, una estrella acababa de marcar su nombre y seguramente, no tardaría en propagarse por el mundo lo que los marcadores habían arrojado, ya que, esa jovencita de quince años, estuvo a milésimas de romper varios récords mundiales ¿Qué sería de aquí a unos años más? No obstante, la cara de Cassandra seguía igual, incluso, al recibir las medallas, no parecía contenta, para la mayoría, no les parecía algo importante, desde que entró al edificio, tenía esa cara fría, creían que era el rostro de alguien enfocado a ganar, pero, iba más allá.
Raanee quería felicitarla, nunca había visto un encuentro deportivo en vivo, pero, verla a ella, verla ganar así, le llenaba de alegría, por eso admiraba tanto a Cassandra, porque no dejaba de esforzarse, porque siempre quería ser la mejor, esa fuerza de voluntad era algo que admiraba y amaba, ese era el detalle que la hindú parecía negarse, se había enamorado de Cassy, era como si en la mente de esa genio aquella palabra no existiera en su amplio vocabulario, pero, lo sentía, quería estar al lado de ella.
La hindú llegó lo más rápido que pudo a los vestidores, esperando a que Cassy saliera, ya que, no se sentía cómoda hablando entre tanta gente, una tras una fue saliendo, pero, la estrella del evento no aparecía. Raanee estaba confusa, tal vez, no paraba de platicar con sus compañeras de equipo, pero, ella no era así, no era de conversar con las demás. Al momento en que salió la última, con todos sus nervios, la morena se acercó a esa chica, quien le miró con curiosidad.


- Eres la amiga de ella. -

- ¿Y Cassy? Perdón, Cassandra, no le gusta que le diga así frente a las demás. - Dijo Raanee algo avergonzada, mientras la chica cruzaba la mirada con otra compañera.

- Ella está frente a su casillero, desde que llegamos, se quedó parada ahí sin decir nada. -

- ¿Qué? -

- Tal vez está impactada por lo que hizo, después de todo, es la hermanita menor de todas ¿O no? -

- No le digas así, capaz de que se enoja y nos vuelve a gritar. -

- Pero es normal, es la más chica del club. -

- Eso no quita que es la mejor. - Suspiró la chica sonriendo. - No me puedo quejar, es la mejor compañera que podemos tener en el equipo de relevos. -

- Vamos, entra, ya no hay nadie, tal vez tú la pongas de buen humor. -


Raanee entró a los vestidores, queriendo brincar y decirle felicidades a Cassandra, pero, el brinco lo dio por susto, al escuchar golpes contra los casilleros, pensó que algo malo pasó, superando su miedo, se asomó, viendo a Cassy golpeando su casillero, totalmente furiosa.


- ¡MIERDA, MIERDA, MALDITA SEA! - Gritaba Cassandra golpeando su casillero, tomando su mochila para arrogarla sin dirección alguna. - ¡ERES UNA ÍNUTIL! -

- ¿Qué tienes, Cassy? -

- ¿QUÉ HACES AQUÍ? -

- Venía a felici… Tarte. - Titubeaba Raanee al ver los ojos de Cassy llenos de coraje y con lágrimas. - ¿Qué te sucede? -

- ¿Cómo que qué me sucede? ¡FUI UN ASCO AHÍ AFUERA! -

-¿De qué hablas? Ganaste todo. -

- ¿Y DE QUE ME SIRVE ESO? ¡PUDE ROMPER TODOS LOS RECORDS FRENTE A TODA LA GENTE! ¡DEMOSTRAR QUE SOY LA MEJOR! - Gritó la noruega golpeando de nuevo el casillero, con sus manos temblorosas. - ¡ME CONFIÉ, DEBÍ DE PRACTICAR MÁS, DEBÍ DE DEJAR DE PERDER TIEMPO! -

- No digas eso, Cassy, hoy ganaste todo, para la próxima, te irá mejor. -

- ¡NO ME HABLES DE UNA PROXIMA COMO SI FUESE TAN FÁCIL! -

- Cassy… Pero, sé que te irá mejor. -

- ¡CÁLLATE! - Gritó Cassandra asustando a Raanee, quien caminó hacía atrás golpeando en un casillero. - ¡QUE VAS A SABER DE ESFORZARTE POR ALGO SI NUNCA TE HAS ESFORZADO POR NADA!-


La furia de Cassandra se detuvo en menos de un segundo, unas lágrimas fueron el agua que calmó su fuego, esos ojos castaños que tanto quería, estaban llorando, Raanee, estaba llorando, temblando. Cuando extendió su mano tratando de alcanzarla, ella salió corriendo, dejando a la rubia con el rostro triste, tallando su hombro y sintiéndose mal al verse en el espejo de aquel casillero de enfrente, con la misma cara que alguna vez le mostró su madre cuando la regañaba. Cassandra lo entendió, el motivo del porque ella lloró, cometió lo peor que puedes hacerle a una persona que te quiere, que nunca te ha hecho nada malo y se ha portado tan bien contigo aun con poco tiempo de conocidas, le gritó, no sólo eso, la humilló, la minimizó, lastimó a la única persona sincera en su mundo.


- … Eres… Una estúpida. - Pensó Cassandra sin poder aguantar más las ganas de llorar.


Su dolor era real, más real que no cumplir con sus sueños, con su meta de llegar lo más alto lo más pronto posible, ese dolor era intenso, desgarrador, solamente recordar el rostro de miedo, de llanto, el daño que le hizo a Raanee, lo que tanto odiaba de su madre, lo había replicado, no era tan distinta, era tan orgullosa, que lastimaba. Tras cambiarse y tomar todo el valor posible, decidió ir a buscarla, conociéndola, solamente había un lugar donde la encontraría, dirigiéndose a la terraza donde solían esconderse, seguro estaría entre las cisternas, donde habría sombra suficiente y escondía uno que otro bocadillo. Al llegar ahí, pudo escuchar el leve sollozo de la voz de Raanee, pasó saliva y caminó hacia ella, viéndola detrás de una cisterna, abrazando sus piernas mientras lloraba.

- Raanee… -

Cassandra no sabía que decir, solamente, se acercó a ella, se arrodilló detrás de su cuerpo y la abrazó, con tanta fuerza, como nunca había abrazado a alguien, colocando su mejilla sobre su nuca, mientras se esforzaba por no ponerse a llorar también.


- Perdóname… No quería gritarte… - Hablaba Cassandra mientras Raanee se daba la vuelta, quedando acurrucada en sus brazos. - Perdóname, tal vez… Soy muy exigente, tal vez soy como mi padre, muy orgullosa, o como mi madre que nunca está satisfecha… No, no es así, no se trata de que tal vez lo sea, lo soy, soy orgullosa, no me satisface ganar, soy perfeccionista, pero al mismo tiempo, soy estúpida… -

- No… Tienes razón, yo no me esfuerzo por nada, soy inútil. -

- No digas eso, no lo eres. - Susurraba Cassandra levantando el rostro de Raanee, limpiando sus lágrimas con los pulgares. - Eres maravillosa, por eso es que me gustas. -

- Te… ¿Te gusto? -

- Me gustas… - Habló la noruega besando la boca de la hindú suavemente, para luego, acurrucarla en su pecho. - Te prometo que no te volveré a gritar así… No quiero ser como ellos… -

- Cassy… -


Raanee no dijo nada más, la cara de Cassy lo decía todo, era una cara triste, preocupada, adolorida, muy distinta a su mirada fuerte e intensa de siempre, en verdad, estaba arrepentida, solamente, cerró los ojos y se relajó, disfrutando de estar entre sus brazos, sintiendo una gran calidez en su pecho, al haber escuchado esas palabras de Cassandra, por fin se había dado cuenta, se había enamorado de su amiga.
Pasaban las mañanas y parecía que todo había quedado atrás, Raanee seguía feliz y eso era lo que le importaba a Cassandra, pero, el gusanito de la preocupación seguía en su cabeza, aun pensaba en los récords que pudo haber superado, que sabía que podía romperlos si se dedicaba en cuerpo y alma a ello, no obstante, no podía entrenar a todas horas como quisiera, ya que, sentía el deseo de dedicar su tiempo para esa hindú que tanto adoraba. Era un gran dilema, esa bella morena siempre estaba ocupando su corazón, su presencia le provocaba una sensación de calma y felicidad que no había sentido nunca, pero, interfería en la euforia y determinación que le daba la natación, nunca pensó que tener una relación podía afectar tanto a sus días, fue ahí que lo pensó ¿Una relación? Ciertamente, lo que hacían, su interacción, el afecto, el sexo, todo era lo que un noviazgo haría normalmente, pero no eran novias ¿O sí? ¿Qué pasaría si pasaban a eso? ¿Qué si al ser novias todo cambiaría? ¿Podía ser más complicado que ese momento?
Aunque el Sol ya había entrado por la ventana esa mañana, los ojos de Cassy ya estaban abiertos desde una hora atrás, pensando en todo eso que le ponía en dudas ¿Qué era Raanee para ella? La quería, sin dudas, la quería, era la chica más maravillosa que conocía, la consideraba perfecta aun con sus deficiencias de malos hábitos y lo consentida que parecía ser desde su hogar. Volteó a verla, aún dormida, tan bella y tan dulce, era un libro abierto, con una franqueza que le hacía creer que era un espejismo, que no podía existir una chica cuyo corazón y palabras estuviesen de acuerdo, tan humilde y tan sencilla, todo lo contrario, al mundo que les rodeaba lleno de presunción y avaricia, eso era Raanee, pero ¿En realidad era solamente eso? ¿Alguien a quien admiraba y quería? Ella lo sabía, pero lo esquivaba, lo negaba, lo ocultaba, estaba más que enamorada de Raanee, no obstante, tenía miedo, el amor, era lo peor que podía pasar, eso lo creía al ver como todas las personas enamoradas sacrificaban todo para estar con su pareja, olvidando sus sueños o convirtiéndose en uno más del montón. ¿Qué pasaría si le decía a Raanee que la amaba? ¿Qué pasaría si le pedía que fuese su novia? ¿Podría ser que ella sacrificara su sueño con tal de estar a su lado? Además, había un detalle más ¿Qué sueños tenía ella? Que sí tenía sus propios planes y ella podría estar interfiriendo en ellos.


- Mm… Cassy… - Susurró Raanee aun dormida, moviendo su mano, la cual tomó Cassy y besó sonriendo al ver que incluso en sueños era vista.

- Aquí estoy… -

- Cassy… - Bostezó mientras abría los ojos lentamente, despertando de golpe. - ¡Cassy, las clases! -

- Tonta, es sábado. -

- Perdón, a veces pierdo la noción del tiempo. -

- Eso pasa porque pasas toda la noche con tu celular, te dije que estás arriesgándote mucho a usarlo en el cuarto. -

- Lo hago porque sé que estás al pendiente de que nadie entre. - Sonrió la hindú haciendo sonreír un poco a Cassandra, que cambió a su habitual rostro serio.

- ¿Estás diciéndome que es mi culpa que seas así? -

- No, claro que no Cassy. -

- Disculpa, tú ya eras una floja, comelona y ociosa cuando te conocí. -

- Pero Cassyyy… Ya ni como dulces o frituras. -

- Eso es porque no te dejo, no me imagino que pasaría si no estuvieras conmigo, seguro ya pesarías unos cien kilos y tendrían que llevarte rodando a clases. - Habló Cassandra presionando la mejilla de Cassy. - Vamos, haremos un poco de ejercicio antes de desayunar. -

- ¿Qué? Pero sí dijiste que es sábado. -

- ¿Y? Necesitas ponerle músculos a tu cuerpo, no puedes depender de la genética para evadir cuidar tu salud. -

- Es que, mi mamá no veo que haga ejercicio y eso, y en verdad, envidio su cuerpo, aunque ella dice que al crecer me veré como ella. -

- ¿Tú? ¿Envidiar su cuerpo? Pero sí el tuyo es perfecto. -

- Eso dice mi mamá, pero, en verdad, deberías conocerla. -

- No, gracias, con mi madre tengo. -

- ¿Tu madre? -

- Igual ¿Quién querría tener su cuerpo? No me ayudaría tener tantas curvas para la natación. - Dijo Cassy cruzando sus brazos, recordando la belleza de su madre y su pasatiempo de modelo. - ¡Maldita sea, la detesto! -

- ¿Por qué detestas a tu mamá? -


Cassandra suspiró al escuchar la pregunta y ver a Raanee levantándose y batallando en acomodar sus grandes pechos dentro de su playera, sin dudas, le encantaba ver por las mañanas a esa hindú en pantaletas y esa playera tan ajustada, pero, en ese momento, no se concentraba del todo en esa belleza por el recuerdo de su madre.

- Olvídalo. -

- Quiero saberlo, Cassy. - Habló Raanee mostrando una cara de verdadera curiosidad, mientras buscaba su listón para el cabello. - Tú no eres de las que guarda rencor, me dices que el rencor no te deja pensar claramente, entonces ¿Por qué tendrías que odiarla? -

- ¡No la odio, no tan fuerte, pues!... Rayos. -

- Perdón. -

- Es… Solamente, no pensamos igual ¿Sí? -


Cassandra se sentó en el borde de la cama, la morena se acercó y se sentó a su lado, mirándole fijamente con esos brillantes ojos que le encantaban a la noruega, volvió a soltar un suspiro y mostró una mirada algo incómoda, solamente recordar los roces continuos que tuvo con su mamá, le reforzaban más y más la idea de cumplir sus metas, para demostrarle que ella estaba equivocada.


- Mi madre es una mujer complicada… Me tuvo muy joven. -

- Mi mamá también me tuvo joven. -

- Podría fácil ser mi hermana, es lo que más detesto, quiere comportarse como una adulta cuando no lo hizo cuando debía ¿Qué me puede enseñar ella de los modales y reglas de la vida cuando me tuvo a los trece años? -

- Espera ¿A los trece? ¿Tu mamá tiene veintisiete años? -

- ¡Si! ¿Ves que suena ridículo? Cómo ella va a venir a decirme como debe de ser una mujer de la familia Farah, querer presumirme de porte, clase, etiqueta y más porquería burguesa, cuando fue una mocosa cuando me tuvo, cómo se puede poner en plan de decirme que ser lesbiana es malo cuando ella se revolcó con mi papá ¡Siendo una mocosa! -

- ¡Cassy! No deberías hablar así, es tu mamá. -

- ¡Sé que es mi mamá, pero no puedo evitarlo! - Suspiró Cassandra, mirando furiosa hacia el suelo. - Detesto que quiera reflejar conmigo lo que ella no pudo hacer, no es mi culpa que le fallara a mis abuelos, que no me venga a decir que yo estoy mal cuando no tiene la autoridad moral para decírmelo. -

- Pero… Aún así, es tu mamá. -


Cassandra vio la cara de Raanee con unos ojos tenuemente tristes, al parecer, no entendía porque se ponía así, después de todo, conociendo a su madre, rechazaría que tuviera interés amoroso en ella, así como sus abuelos, que eran algo racistas y no tolerarían su amistad con alguien de color, pero ¿Aún así ella se preocupaba por esa mujer tras contarle todo lo negativo?


- Cassy, tu mamá, aunque te tuvo joven, ha sido una buena madre ¿No crees? Te ha permitido estudiar donde quieres, haces el deporte que te gusta y no te obliga a algo que no quieras ¿O sí? - Hablaba Raanee mirando fijamente a la noruega. - Yo sé que mi papá espera a que pronto sea desposada por algún chico rico de Nueva Delhi, aunque no quiero hacerlo, tampoco podría decirle que lo odio y… -

- ¡No! -

La noruega gritó de repente, mostrando una mirada llena de furia, en cuestión de segundos, abrazó con fuerza a la hindú, quien estaba impactada por ese gesto de afecto tan fuerte que estaba recibiendo de ella.


- ¡Tú no puedes casarte con nadie, mucho menos, con un imbécil ricachón! ¡Eres mía! ¿Entendiste? -

- Cassy… -

- ¡No eres de nadie más, eres mía, mía! Mía… - Susurraba Cassy tras gritar, teniendo en sus brazos a Raanee, pensando en que lo que temía, lo había confirmado, no quería perderla. - Te amo… Raanee. -

 

O-O¬ Baton pass!!
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NOTA FINAL - LUNE-



Los días en la academia seguían llenos de alegría para Lune, que siempre paseaba por el comedor con su sonrisa de ángel, siempre esperando a ver llegar a la chica de sus sueños y servirle un platillo lleno de amor en aquella mesa que le reservaba como una estrella de rock o una artista famosa. Su madre notó que el ánimo y la concentración de su hija había crecido, aunque fuese sólo por estar detrás de esa joven, su cocina y repostería mejoraron, así como sus calificaciones, en su mente soñadora, parecía idealizar una vida amorosa al lado de ella con sólo demostrar ser la mejor candidata a ocupar su corazón. A pesar de todo ese ánimo, la madre presentía que esa joven le ocultaba algo a Lune, no era algo malo, quizá, era sólo su amor de madre que la tenía preocupada, pero, tenía que cerciorarse.

- Espero te guste, yo misma recogí y molí los frutos rojos para este té, lo endulcé con miel de abeja y un poco de jugo de uva para darle un sabor especial. - Comentaba Lune al servirle el té a Natasha.

- Huele bien. -

- Lune, la hora. -

- ¿La hora? ¡Mi clase de costura! Perdón, tengo que irme. - Habló la peliazul, caminando rápidamente hacia el cuarto de servicio, dejando a la madre frente a esa rubia, quien le miró con expectativa.

- Buenos días. -

- Buenos días. -

- ¿Puedo sentarme? -

- Adelante. -


La joven se le quedaba mirando a esa señora de treinta y pico de años, se notaba que era la madre de Lune, su rostro era muy similar, aunque, con un toque de madurez, unos ojos color entre rojizo y rosa muy peculiar, así como un tinte de cabello azulado, quizá, por diversión de verse como su hija. La mirada de la mujer sobre ella era algo incomoda, quizá, pensaba algo mal de ella o la típica situación de pensar que era mala influencia para Lune, de secundaria, el juntarse con una chica cinco años mayor.


- Gracias. -

- ¿De nada? … ¿Por qué me agradece? -

- Lune me contó lo de ese día. - Dijo la señora directamente, mientras Natasha tomaba la taza y volteaba a otro lado. - Gracias, por no herir su corazón. -

- No tiene que agradecerme, yo… No supe que más decir, es algo raro… Si lo hice, fue porque ella se ha portado muy atenta conmigo, es todo. -

- Es una linda niña, muy cariñosa, aunque a veces puede ser una diablilla cuando algo le molesta, me recuerda a mí. - Río la mujer mientras Natasha recordaba lo ocurrido en el comedor con su exnovio. - Una vez, su papá no le compró un oso de peluche que le gustó, la traviesa le cambió la pasta de dientes por crema acida y la crema para afeitar por crema batida, y no supimos en que momento cosió las botas de los pantalones de mi esposo, la pobre estuvo llorando mientras la obligué a descoserlas. -

- Suena a alguien que no quieres molestar. -

- Yo creo que le gusta llamar la atención ¿O no lo hizo contigo? -

- Tal vez… -

- En verdad, gracias, por respetar los sentimientos de mi hija. -

- No puedo aceptarlos, pero, tampoco puedo lastimarla, no cuando ella me hace reír. - Sonrió Natasha para luego quitarse la sonrisa.

- ¿Hay algo que no quieres decirle? -

- Mm… Es triste, al menos, para Lune. - Hablaba la joven mirando por la ventana. - Mis padres irán a New York el mes que viene, por cuestiones de trabajo, estarán allá al menos cinco años… Y quieren que me vaya con ellos, allá terminaría mis estudios. -

- Oh… -


La madre se quedó en silencio, parecía que la joven no estaba del todo de acuerdo de irse, quizá por Lune o quizá por otras cosas, lo que fuese, no estaba contenta, pero, como mamá, sabía que la decisión para sus padres no era fácil y no siempre tomaban en cuenta la opinión de sus hijos. La señora suspiró y mostró una sonrisa tratando de no verse afectada al saber que su hija estaría triste, pensando bien en que decirle a Natasha.


- A veces, los padres hacemos cosas pensando que son lo mejor para nuestros hijos, te aseguro que no lo hicieron con mala intención. -

- Lo sé, es sólo que… Me sentía a gusto aquí, con todas mis amigas y… Ella. -

- Ella es fuerte, sé que lo entenderá, además, no es como si le romperás el corazón ¿O no? - Dijo la madre mientras Natasha volteaba a verla fijamente. - Es una soñadora, sería mucho pedir ¿Qué la dejes seguir soñando? -

- ¿Me pide que le diga a su hija que me espere? -

- No que te espere, que, aun seguirán comunicándose, como amigas, que le deseas lo mejor, que ella sienta que aun forma parte de tu vida. -

- Lo pensaré… -

- Gracias, y perdona si me meto mucho en esto. -

- No se preocupe, me recuerda a mi mamá. - Sonrió Naty haciendo que la mujer se riera al ser comprendida, retirándose a la cocina.


Natasha no entendía bien su preocupación, era cierto que Lune había sido atenta con ella todo este tiempo y su forma de ser le relajaba tras su noviazgo terminado, pero, no era el amor que buscaba la jovencita, no obstante, le preocupaba bastante como tomaría su partida, quizá, dejarla seguir soñando, sería una buena opción.

Los corazones de Natasha y Lune no eran los únicos que estaban por vivir un cambio, parecía que la vida les tenía deparada una prueba enorme, prueba que llegaba en forma de una carta en el casillero de Cassandra. No era normal que se usaran cartas escritas en una época tan avanzada, pero, sabía bien que había una escuela de elite que solía guardar las formalidades del siglo pasado, el sello azul de esa carta le hacía temblar sus manos, era algo impactante, algo que creía que no pasaría tan pronto, volteaba para todos lados preocupada por que fuese una broma, pero, la despegar el sello y abrirlo, lo primero que hizo fue buscar el holograma que demostraba la autenticidad de ese documento. Tras leerlo, unas lágrimas de alegría rodaron por las mejillas de Cassy, estaba siendo invitada al campus de Australia de la Step Fast School, para el equipo de natación, su sueño se acercaba más y más, pero, el rostro de alguien llegó a su mente, apretó la carta suavemente al recordar quien la esperaba en su cuarto.

- ¿Por qué? ¿Por qué ahora? -

La noche era fresca, bastante como para que alguien se resfriara, pero, un abrigo y un jugo de naranja en cajita era suficiente protección para Lune, quien esperaba en la puerta de su casa, ella le había mandado un mensaje de urgente, era raro que Natasha le mandara un mensaje, mejor dicho, nunca lo había hecho, le dio su número por si se le antojaba probar algún platillo en especial, le dijera, pero, parecía ser algo muy importante para pedirle verse justo en la noche. La peliazul se encontraba algo nerviosa, más, al notar que su madre asomaba su rostro por detrás de la ventana, escondida con la cortina, no disimulaba nada su interés por ver que pasaba, no era como si fuese a ser algo malo, quizá, era alguna sugerencia para la cocina ¿O qué si se le iba a declarar? Era demasiado fantasioso, no obstante, Lune era una soñadora y no perdía nada en hacerlo. Tras acabarse su jugo, suspiró pensando que la chica no llegaría, aunque era temprano, estaba desesperada, quería verla y averiguar para que la citó.


- Buenas noches. -

- Buenas noches, Natasha. - Comentó Lune sonriendo al ver a la chica de sus sueños acercándose, quien se mostraba algo preocupada. - ¿Te pasó algo? -

- No… No es nada. -

- Si gustas, podemos pasar y te puedo preparar algo. -

- No sé… Me sentiría incomoda con ella viendo. - Dijo Naty mientras las dos volteaban a la ventana.

- Mamá es algo fisgona, es cómo si pensara mal de mí. -

- ¿Le has dado razones? -

- Tal vez unas revistas. - Rio Lune haciendo que la rubia riera tras romper un poco el hielo. - ¿Qué querías decirme? -

- Lune… Esta noche, será la última vez que nos veamos. -


Lune sintió que una bomba estalla en su corazón, Natasha arrojó esas palabras tan serias sin pensarlo, que no le dio tiempo de digerirlo a esa jovencita, al darse cuenta que estaba por perder su estabilidad al ver sus ojos temblorosos, tuvo que sacudir la cabeza para poder arreglarlo antes de arruinar lo que debía ser una despedida amigable.


- Por un tiempo, no significa que no nos veamos. - Corrigió Natasha mientras Lune trataba de no llorar.

- ¿Cómo? -

- Mis papás se irán a Nueva York, por algunos años, cuestiones de trabajo… Y quieren que me vaya con ellos. -

- Ya veo… -

- No me agrada la idea de moverme, no cuando ya me había acostumbrado a este lugar. -

- Y sí. - Rio Lune forzadamente con esa risita de niña elegante. - Seguro que te sientes mal al dejar a tus amigas. -

- No mucho… -

- Pero eres muy popular, tienes muchas amigas. -

- No a toda persona que te hable bonito le puedes decir amiga. - Comentó la rubia metiendo sus manos a su bolsillo, mirando fijamente a Lune. - Tú eres lo más cercano a alguien que podría llamar amiga. -

- ¿Hablas en serio? -

- Si. -

- ¿En serio? ¿En serio? - Preguntaba Lune emocionada por esas palabras, que, por un instante, le daban esperanzas.

- Tan en serio, como ser la única a quien le he dicho que me iré, con quien me estoy despidiendo. -


La peliazul agachó el rostro al recordar que se trataba de una despedida, no era nada lindo, no lo era, era bello haberse enamorado por primera vez, pero, más doloroso era un primer adiós, al menos, fue su amiga, eso pensaba para darse ánimos, no obstante, estaba al borde de llorar como una niña, correr a los brazos de mamá y preguntarle mil veces porque dolía tanto enamorarse, porque tenía que ser así. Natasha notó ese esfuerzo tremendo que estaba haciendo Lune con tal de no desquebrajarse, que decidió hacer un detalle para ella, un recuerdo, que tal vez, no significaría mucho, pero al menos, serviría para mantener esa llama de esperanza, esa alma soñadora y enamorada del amor que esa chiquilla parecía tener dentro de sí. Lentamente, Natasha sujetó las mejillas de Lune, levantando su rostro, y con toda la ternura de su corazón, le brindó un suave roce de labios, un beso de a piquito, acompañado de una sonrisa amigable, no sabía porque lo hacía, no era lesbiana o bisexual, al menos eso pensaba, más, sentía el deseo de hacerlo, de hacerle saber que pudo tocar un poco sus sentimientos.


- ¿No dijiste que serías la mejor chef del mundo? No creo que la mejor se deprima por un hasta luego. -

- No… Claro que no. - Río Lune estando toda roja, tallándose los ojos al pensar que era como un sueño, como magia. - Te juro que cuando vuelvas a verme, seré la mejor chef del mundo. -

- Eso ya lo veremos… Y no es como si no estemos comunicadas, llevo tu número. -

- Así es. -


Lune tomó la cajita de jugo de su bolsillo y sacó un marcador que siempre traía para cualquier emergencia, anotando la fecha, tomó la mano de Natasha y le miro fijamente, con una sonrisa y unos ojos brillantes.


- Es una promesa ¿Sí? Cuando nos volvamos a ver, seré la mejor chef del mundo, te dije que te haría tragar tus palabras y lo haré, esta cajita será la prueba de esa promesa. -

- Esa es la actitud. - Sonrió Natasha abrazando con fuerza a Lune, quien correspondió el abrazo y cerró los ojos por esa señal de afecto.


Fueron unos segundos, unos segundos que en la mente de Lune se convertían en horas, no quería separarse, no quería soltarla, su primer amor, estaba alejándose la chica que la tuvo pensativa desde que la conoció, y ahora estaría al otro lado del mundo, añoraba con su mente de niña romántica, que el destino no fuese cruel de alejarlas para nunca volverse a ver. No pasó más de un minuto cuando la vio partir en un taxi que pidió, que empezó a llorar, soportando más el dolor tras la salida de su madre de la casa para abrazarla y calmar su tristeza, sin dudas, era triste el primer adiós.

El sonido del agua al llenar una taza hizo traer de vuelta a Lune, cerró la llave y se dio unas suaves bofetadas en las mejillas, de nuevo, había recordado a Natasha, tal vez, al descubrir que las chicas que habían rentado el salón de eventos eran exestudiantes de la academia donde ellas se conocieron, eso la hizo salirse totalmente de su papel de chef y tornarse esa chica soñadora que ocultaba ante los demás. Hacía tiempo que no hablaba con ella, años, mejor dicho, lo último que supo es que se había hecho economista y trabajaría para la empresa de su familia, seguro, tenía una vida dichosa. Más pensaba en ella y más se daba cuenta, que la extrañaba, tal vez, esa mesera linda a quien le coqueteaba, le atraía por tener un color de ojos similar al de Natasha, quizá, tenía que pensar bien las cosas, no era como si estar con ella le quitara de su mente aquel bello recuerdo.


- Lune, llegó una chica preguntando si había servicio. -

- Está reservado, lo sabes. - Dijo Lune lavando un poco su cara, estando pensativa. - ¿Qué habrá sido de ti? -

- Eso le dije, pero ella insistió en que quería probar la comida de la mejor chef del mundo, además, me dijo que te diera esto. -

- ¿Qué cosa? -


Los ojos de Lune brillaron al ver dentro de un portarretrato, una caja de cartón con una fecha escrita, era como si la persona que la guardó ahí se asegurara de que se mantuviera intacto, la asistente le entregó aquella pieza, así como una carta, la cual, abrió rápidamente para averiguar que no se trataba de un sueño, de una fantasía.


- “Lo siento por no escribirte ni hablarte antes, me robaron mi celular hace tiempo y no pude encontrar tu número nuevamente, me dio pena tratar de conseguirlo, pensé que ibas a creer que lo olvidé, fui algo tonta ¿No Crees? Cuando intenté llamarte de nuevo, te habías hecho muy famosa, demasiado diría yo, para que tu agente diga que no tienes tiempo para atenderme, dime ¿Tienes tiempo para demostrarme que eres la mejor chef del mundo y sorprenderme como lo hiciste antes?”-


Lune rápido salió de la cocina, viendo hacía todos lados, en la entrada del local, estaba una rubia de ojos color índigo, con un vestido elegante de color carmín, sin dudas, era una belleza de mujer, misma que le miraba y le sonreía. Era infantil, era tonto, era cursí, no importaba, era feliz, feliz, de volver a verla, tanto como para caminar rápidamente a ella, para abrazarla, sin importarle que había sido de su vida, si estaba con alguien, si seguía viéndola como amiga, solamente, quería abrazarla una vez más.


- ¡Natasha! -

- ¿Es esa la manera de recibirme de la mejor chef del mundo? - Comentó la mujer al abrazar a Lune, quien ocultaba sus ojos lagrimosos en su pecho, susurrándole al oido. - Perdóname por tardar tanto en verte. -

- Natasha, yo… -

- Esta vez, no me iré, no hasta confirmar que eres la mejor del mundo, aunque eso signifique comer diario tus platillos. -


La peliazul sonrió, sonrió como nunca, quizá era un sueño, quizá un truco de magia, algo maravilloso, un milagro, sin importar lo que fuese el motivo de ese reencuentro, lo iba a tomar y comer a bocaditos de segundo para disfrutarlo más, porque, de nada servía ser la mejor chef del mundo, si no tenía al paladar más exigente satisfecho, su corazón.
 
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:3 Y hasta aquí llega este fic x3 que disfruté mucho de escribir.



NOTE FINAL - CASSY -





El sonido de la estufa despertaba la mente de Cassandra, que con cuidado sacó lo que cocinaba dentro del horno, para luego, seguir con la cena especial que quería darle a Raanee, esa linda hindú con la que compartía habitación y tanto adoraba. No había un motivo especial para hacerlo, mejor dicho, no quería darle esa razón, lo había, era algo que tenía a la noruega preocupada y confundida desde días atrás, todo por esa carta que recibió, una invitación a la mejor escuela de natación del mundo, el campus de la Step Fast en Australia, donde siempre soñó ir.

- Raanee ¿Puedes cambiarle de canal? Iban a pasar un reportaje sobre las mejores playas de Latinoamérica. -

- Pero Cassy, van a pasar por televisión Mi pobre Angelito diez. -

- ¿Lo recuerdas? Los miércoles son… -

- Las noches de televisión de Cassy. - Contestó Raanee suspirando, metiendo su mano en el organizador de controles, sacando el sobre. - ¿Y esto? -

- Sigo escuchando el canal. -


Cassandra se rio un poco al pensar que Raanee se estaba resistiendo a sus reglas, era lindo verla pelear tiernamente, como defendía su vida sedentaria, así como el tono y como alargaba ligeramente “y” cuando le decía su típico “Pero Cassy”, era algo a lo que se había acostumbrado y disfrutaba de escuchar diariamente, por cosas así, era que pensaba en su viaje ¿Por qué se sentía así? Era una sensación de tristeza, de abandono, quien presumía de no tener ningún vinculo emocional que la detuviera de cumplir sus metas, ahora, dudaba sobre irse, todo, por ella.


- Cassy… ¿Y esto? ¿Te vas a ir? -

- ¿De qué ha… -


La cara de la noruega fue de impacto al ver el rostro de Raanee con mucha tristeza, en sus manos, estaba la invitación que había recibido ¡Estúpida! Pensó, por estar preocupada en como sorprenderla con una cena especial, se le olvidó guardar ese maldito trozo de papel, ya no podía ocultarle a la hindú sobre esa carta.


- ¿Te vas? -

- Yo… -

- ¿No es genial? - Dijo la morena sonriendo algo forzada. - ¡Es tu sueño, tú me dijiste que querías entrar a esa academia! -

- ¿En serio? -

- ¿Acaso no estás feliz? -

- Sí, claro que lo estoy… - Hablaba Cassandra tallando su hombro con el brazo izquierdo, evitando mirarla. - Es mi… Sueño. -

- Cassy… -

- Igual, no necesito ir ¿O sí? Creo que podría convertirme en la mejor del mundo, en cualquier lado, además, es el campus de Australia, todos saben que el mejor campus es él de Japón. -

- Pero, tú querías ir al campus de Australia, hay están de profesoras las mejores del mundo. -

- Ya, no es para tanto. -

- Pero, Cassy. -

- ¡Ya! ¿Podemos dejar eso? Tengo que terminar de cenar. -

- Oye ¿Qué tie… - Preguntó Raanee tomando del brazo a la noruega antes de que se fuera a la cocina, viendo algo inesperado. - Estas… ¿Llorando? -


Cassandra tenía el rostro lleno de lágrimas, quien siempre se mostraba como alguien fuerte y orgullosa, estaba llorando, Raanee no sabía que decir, ni siquiera sabía que le pasaba a la noruega, fue como si una punzada en su corazón le dijera, que esa carta era la razón de su acongojo.


- Cassy… ¿Por qué lloras? -

- Porque soy una idiota. - Dijo la noruega riéndose mientras limpiaba sus lágrimas. - Estoy emocionada, es todo. -

- No eres así, es… ¿Es por mi culpa? -


Raanee fue directa con Cassandra, así como siempre fue ella, no mentía, no fingía, no daba rodeos, esa era una virtud que amaba Cassy de ella, “amaba”, esa era el punto clave de todo esto, el dolor en el pecho de las dos, esa atmósfera de tristeza al pensar en que se separarían, era a raíz de ese sentimiento desconocido y que no sabían manejar.


- ¿Es por mí? -

- No… Es … Si… -

- Cassy… -

- ¿Acaso no es obvio? - Rio Cassandra nuevamente fingiendo estar bien. - ¿Qué va a ser de ti si me voy? Volverás a comer porquería, estarás encerrada en el cuarto en vez de hacer ejercicio conmigo, no iremos a nadar cada vez que podamos ni nos escaparemos al tejado por las noches ¿Quién te dará calor por las noches si no… -

- Cassy… -

- No me mires así…No lo hagas… -

- Yo… -

- Que no lo ha… - Susurró la rubia sin poder soportar más, abrazando con fuerza a Raanee, llorando. - ¡No quiero, no quiero! No puedo irme así, no cuando… Cuando por fin quiero a alguien, cuando disfruto estar con alguien. -

- Pero… Yo no quiero que dejes tu sueño por mí… Es tu sueño… -

- ¿De qué me sirve si no estás conmigo? - Gritó Cassy abrazando más fuerte a Raanee, quien correspondía el abrazo y lloraba al no aguantar más tiempo.

- ¿Cómo crees que me siento? No quiero que por mi culpa no logres lo que quieres, así no eres tú. -

- Raanee. -

- La Cassy que quiero, no se rinde, no llora, no dice que no quiere hacerlo, así no es la chica que admiro. - Habló la hindú limpiando sus lagrimas y su nariz, mientras la europea le miraba fijamente. - Tú me dijiste que debía de buscar tener una meta en la vida, tú la tienes ya, no la pierdas, no por mi culpa. -

- Raanee. -

- No porque te vayas, dejaremos de ser amigas ¿Verdad? -

- Así es… - Susurró Cassandra, cambiando su rostro por esa mirada seria que la caracterizaba. - Las cosas, no cambiarán. -


Cassandra tomó el rostro de Raanee, prendiéndose a su boca, dándole el beso más fuerte de todos, con todo el amor que sentía por ella y que no se atrevía a decirle, para no alterar aún, más sus corazones.


- ¡Ni se te ocurra salir con alguien sin decirmelo, menos hacer esa estúpidez que tu padre quiere! ¡Eres mía, mía! -

- Cassy… ¿Acaso… Me estás pidiendo… -

- No te hagas ideas, yo… Yo no dejaría que alguien que no te merece, esté a tu lado. - Respondió Cassandra ocultando su sonrojo, dándose la vuelta. - Tal vez, tome la invitación. -

- ¡Cassy! -

- Dejemos ese tema ¿Sí? O se echará a perder la cena. -


Cassandra fue a la cocina, tallando más sus ojos y buscando recuperar su aliento, su corazón latía a mil por hora, era como si él le dijera que Raanee era la chica más maravillosa que podía conocer, tan así, que ella tuvo que intervenir en su mente hecha un desorden, y empujarla a seguir sus sueños, no obstante, ahora había algo más, un sueño más que tenía que cumplir, cuando llegase el momento, volvería a buscarla, para demostrarle, que la decisión que ella impulsó en el momento preciso, no había sido echado a saco roto.


- Cassy… Cassy… -

- Oh… Perdón. - Habló la noruega, regresando al presente.


La noruega sonreía al ver a Raanee entre sus brazos en aquel cuarto de hotel, donde había sido su reencuentro, volver a tocarla, a besarla, escuchar su voz y sus quejas, su naturalidad, aunque siquiera teniendo esos hábitos tan malos, no dejaba de ser aquella chica de la cual se enamoró y no podía olvidarle.


- ¿Qué pasa? -

- Nada… Me alegra de volver a verte. -

- También yo… - Sonrió Raanee acurrucándose en los brazos de Cassandra, quien la cubrió en la sabana. - ¿Sabías que la chef también estuvo en nuestra escuela? -

- ¿En serio? -

- Sí, no lo sabía, fue por una exestudiante como nosotras que lo supe, ella quería darle una sorpresa para su reencuentro y confesarle que no pudo olvidarla ¿No es eso romántico? -

- Raanee. -

- ¿Qué? -

- Te amo, siempre te amé. -

- ¡Cassy! - Reaccionó la hindú con un hipo repentino, sonrojándose por completo y buscando esconder su rostro. - Yo… ¡Yo también! ¿Por qué dijiste eso de repente? -

- Sabes como soy, siempre compitiendo, no iba a dejar que esas dos fuesen más románticas que nosotras ¿O sí? -



Tras ese comentario, ambas rieron antes de volver a acercar sus labios, recordando, que en algún momento de su juventud, se enamoraron, pero la inexperiencia del amor, no les hizo darse cuenta en su tiempo, no obstante, sus corazones se persiguieron hasta volverse a unir, formando, ese vinculo que Cassandra comprendió, que era el mayor premio que podía obtener en la vida, el amor de esa hindú.


 

تالف و مكسور تماما
Moderador
Me gustó especialmente la historia de Lune. El final fue tan bello, con una dosis adecuada de drama ;w;
Y sobre Cassy y Raanee me gustó la parte en la que Cassy explota por el tiempo que hizo y, obvio, el final :3

Me gustan las separaciones y reencuentros jaja.
 
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