Misión D Guardería Canina | Kurohane

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I'm Morpheus, owner of a dream
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Guardería canina (D)

En el clan Inuzuka existe una zona especializada en animales en general, tipo una veterinaria, donde los ninjas y aldeanos civiles pueden llevar a sus mascotas para ser atendidas. Por esta ocasión, han permitido la participación de futuros genin que quieran colaborar brindando servicio de cuidado a perros especialmente del clan. Sí, los Inuzuka serán sus clientes por un día.

Objetivos:
-Brindar los cuidados básicos a los canes (alimentar, peinar, bañar, jugar...).
-Evitar cualquier incidente, sobre todo con los cachorros.

Notas:
-Habrá perros con capacidad del habla (adultos) que pudieran ser los más difíciles de atender. Descuida, no te morderán porque llevarán puesto un bozal.
-Igual tendrás la supervición de algún miembro del clan.
-Sí habrá intervención de uno de los sensei en cualquier momento de la tarea.
 

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Fue bastante impresionante ver a Kurohane tan desesperado por ser elegido para el encargo especial del día, bueno, no era tan sorprendente después de todo. La tarea iba de ser un ayudante en la casa de los Inuzuka, más específicamente, en la guardería canina. Para ser lo más imparcial posible, el alumno que se encargaría de la tarea fue elegido al azar mediante un de tin marin y fue una gran casualidad que el escogido fuera el usuario de sombras.

El entusiasmo de encontrarse en una veterinaria de los Inuzuka, hacía enternecer los corazones de los médicos presentes, sobre todo el de Tsume, quién se hallaba algo alegre que el ayudante asignado por la academia no fuera otro más que el niño al cual había ayudado con la información de los nuevo ingreso. Con el poco tiempo que pudo pasar con el muchacho, la chica pudo notar lo que sentía hacía los canes. ¡Vamos! Si no fuera así, Hamnes (su animal acompañante) no habría estado alegre todo el día, quizás el chico si tenía mano para el cuidado de los animales.

Al principio sus tareas eran muy sencillas: bañar, cepillar y alimentar a los cachorros que les pertenecían a los miembros del clan más jóvenes. A pesar de sentirse bien cuidando de los más pequeños, Nara no podía dejar de sentir un poco de decepción; esperaba que lo pusieran a cargo de los más grandes y feroces, no de los más delicados y pequeños.

¿Todo bien, Kuro? —Cuestionó la mujer bestia luego de notar que el estudiante se había distraído a tal punto que el pequeño cachorro comenzó a morderle los dedos con delicadeza.
¿Eh? Sí, es solo que esperaba ver a algunos como Hamnes —expresó sinceramente tras comenzar a acariciarle las orejas al golden que estaba mordiéndole los dedos como si su vida dependiera de ello.
No creo que estés listo para eso. Es decir, Hamnes es un perro bastante social, pero hay algunos del clan que son bastante…
¿Serios, malhumorados, agresivos? Eso no importa, yo puedo con ellos.
Estoy segura que sí, pero son bastante difíciles. No dejan que extraños se acerquen, solo dejan acercarse a los Inuzuka.
Entonces ven conmigo —Tsume suspiró ante la terquedad del joven.
Ven, te mostraré algo.

Dairoku sonrió triunfal, parecía que si insistencia había tenido frutos. La rubia tomó las llaves y abrió una habitación de cuidados intensivos. Al entrar, encendió la luz y lo primero que vio Nara fue algo bastante hermoso. En el centro de la sala se hallaba una mesa de metal y en ella, estaba una Husky con una gran panza. Era obvio el estado en el que se encontraba la perra, pero aún así, Tsume se vio en la obligación de señalar lo obvio. El usuario de sombras estaba paralizado por lo que sus ojos veían, sino hubiera sido por el empujón de Garra, Kuro no se habría acercado a la mesa.

Los pasos del bastardo lograron despertar a la can y con un par de gruñidos, Kuro se detuvo por haber captado el mensaje.

Kiara, compórtate. Es amigo mío.
Sabes que no me gustan los extraños, Tsume.

No sabía qué era más impresionante. Que Kiara hablara o que estuviera en cinta, o quizás ambas.

Es solo un niño, el niño que mantuvo a Hamnes en un estado alegre el viernes. Tiene buena mano para los animales.
Pff eso no me tranquiliza nada, todos pueden mantener a Hamnes feliz.
Deja de ser tan testaruda —suplicó al acercarse y acariciarla por detrás de las orejas. La can suspiró.
Vale, solo porque eres tú —exclamó algo cansada por la palabrería—. Niño, ven.

Nara pegó un pequeño brincó y se acercó de golpe a la mesa. Acto seguido, Kiara dejó que el muchacho pudiera colocar la mano en su vientre. Si Kakuzu o Tenshi estuvieran presentes, seguramente se estarían preguntando si aquel bastardo era el mismo que tantos problemas les había causado los días pasados. Sentir la vida que crecía en Kiara dejó a Dairoku en un estado total de ensimismamiento. La única palabra que pasaba sobre su cabeza era…

Hermoso…
Lo es —Tsume parecía aún más enternecida por la cara de Kuro.

Con las caricias, Kiara comenzó a relajarse un poco y, de cierta forma, comprendió a lo que se refería Tsume con que el muchacho tenía buena mano para los animales. No obstante, al relajarse tanto, Kiara sintió que algo no estaba bien y decidió alertar a la chica bestia.

 

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Kiara había entrado en labor de parto de una manera inusual. Las caricias del muchacho la habían relajado tanto que, de una manera inexplicable para el escritor de esta vaina, la fuente se rompió. Cuatro cachorros venían en camino y Kurohane estaba paralizado de pies a cabeza, ¿realmente sería testigo del acto más hermoso en la tierra? Los nervios lo invadieron tanto que dejó de escuchar lo que Tsume le pedía. No fue hasta que Kiara le mordió la mano que el chico volvió en sí.

¡Trae toallas y agua caliente! ¡Rápido! —La orden fue acatada al instante, sin embargo, el encontrar la toallas limpias se le complicó un poco al chico.

Esperar a que los cachorros salieran no tardó mucho, quizás unos quince minutos. Nara ayudó a limpiarlos y a colocarlos cerca de Kiara, quien se hallaba exhausta por todo el esfuerzo que había realizado para que sus pequeños pudieran venir al mundo. Presenciar aquello había sido algo fuera de este mundo. La euforia, el susto, la tensión; todo estaba haciendo mella en el pequeño cuerpo de Kurohane. Aunque fuera en menor medida, necesitaba echarse un poco para asimilar todo lo que había presenciado. Tsume, se sentó a su lado y le revolvió la cabellera con una sonrisa dibujada en su rostro.

¿Qué tal fue? No, no, ¿cómo te sientes? —Garra parecía estar igual de emocionada que el bastardo de malhumor. El balbuceo de Kuro estuvo por un periodo de cinco segundos, hasta que la chica le puso la mano en la boca y pidió que respirara—. Ahora, ¿cómo te sientes?
Me siento… feliz. Presencié algo bastante bonito.
Lo sé, ¿no? —le volvió a sacudir el cabello y luego se levantó—. Aunque aún no hemos terminado, tienes que seguir atendiendo a los cachorros.

No era necesario expresar con palabras la respuesta de Kuro. Jugar con los pequeños le llenó un poco más el alma.

Cuando la hora en la que Kakuzu había llegado a la veterinaria de los Inuzuka para recoger a Kuro, se encontró con la agradable sorpresa de verlo acurrucado entre los cachorros. Al preguntarle a Garra sobre el comportamiento del niño, ésta solo le dijo que estaba haciendo un excelente trabajo con el pequeño, cosa que no entendió el de suturas. Cuando pidió más explicaciones, quedó sorprendido por lo que sus oídos escuchaban.

¿No pateó a los recién nacidos? ¿No insultó a la madre por tardar tanto en el parto? ¿No te escupió el ojo?
No, no y eso es asqueroso, pero no. Kurohane en serio tiene un buen corazón.
No creería eso ni aunque me pagaras millones de Ryo’s —dijo con algo de gracia, la joven bestia solo se encogió de hombros, lo que había visto ese día era la imagen que tenía del manipulador de sombras.

Tal vez Nara, sólo mostraba su lado amable y comprensivo con los animales. En fin, carepene no despertó al chico con una patada. Prefirió evitarse la molestia de tener que estar aguantando insultos, por lo que lo levantó con sus hilos y lo colocó en su espalda para llevarlo a la academia. Cuando despertara, le diría que había hecho un excelente trabajo en la guardería y bueno, que ahora le diría enfermera Nara para molestarlo.

 
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