Quest S Guardia Real [Rox, Matt & Ethan]

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Guardia Real

- NPC involucrado: Bastemon
- Sinopsis: Ha habido un intento de asesinato contra la princesa de Oasis, Bastemon. Se desconoce la identidad de los perpetradores y sus motivos, sin embargo han dejado un mensaje claro de que lo volverán a intentar hasta lograrlo. Permitir que algo de tal magnitud ocurra significaría dejar a toda la ciudad en caos, en especial si los perpetradores resultan ser Tamers, destrozando por completo las relaciones humano-Digimon en esa área del Mundo Digital. Toda Digital Security está trabajando en atrapar a los culpables, sin embargo la princesa no desea causar miedo en su población, por lo que ha prohibido la presencia de policías en su Castillo. Es por esto que la Central ha recurrido a Tamers civiles que actuen como sus escoltas, protegiéndola en todo momento hasta dar con los culpables
- Escenario: Oasis City
- Objetivos:

  • Proteger y escoltar a Bastemon día y noche, tanto dentro como fuera del palacio
  • Investigar al grupo que intenta realizar el asesinato, así como sus motivos e integrantes
  • Desmantelar al grupo y capturar a la mayor cantidad de responsables posibles
- Notas

  • Aunque no lo parezca, Bastemon es una luchadora hábil y de temer. Para que alguien pueda matarla debe poseer al menos la fuerza de un Ultimate
  • Los únicos que tienen permiso de estar en el castillo son ustedes (los guardias) y los súbditos de la princesa, cuidado con infiltrados. Digital Security solo puede patrullar el exterior y las calles cercanas
  • Esta semana hay una serie de actos públicos a los que la princesa insiste en asistir para mantener la creencia de que todo está bien ante sus súbditos. Es durante esos momentos fuera del palacio que se encontrará más vulnerable
  • La división de Digital Security de la ciudad está a su completa disposición, sin embargo no estarán en el palacio. La única razón por la que pueden entrar es si ocurre una emergencia, pero les tomará al menos cinco minutos llegar
  • Tienen permiso de ser tan contundentes con los culpables como sea necesario, sin embargo se necesita capturar a al menos uno con vida para los interrogatorios
  • Ya que no se sabe de los perpetradores, este incidente podría tratarse de cualquier cosa. Desde unos renegados peligrosos hasta un Coup D'etat. Sea lo que sea, estamos seguros que se trata de una organización numerosa y hábil, no de simples novatos o rufianes
Tamer: [Rox Knight], [Ethan Walker] y [Matthew Collins]
Digivice: D-Arc (Rox y Ethan), iC (Matt)
Acompañantes:
Digimon de Contrato (Ethan): [Vritramon] y [Aegiochusmon/Capricornio]
Digimon de Contrato (Ávalon): [Dinohumon] (Matthew) y [Hagurumon] (Rox)

everyday everyday Soncarmela Soncarmela buena suerte, vayan a mi ritmo (?)

MT Asignado (Rox)
 
Última edición:

everyday

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De nueva cuenta su invitado hacía lo que quería: no solo se sentó con las piernas cruzadas, sino que también cogió tantos aperitivos como pudo y los devoraba sin más, utilizando sus manos en lugar de los cubiertos. Suspiró, de nada serviría tratar de corregir semejante comportamiento, sus recomendaciones le entrarían por un oído y le saldrían por el otro, al menos su Digimon, un Funbeemon, parecía mostrarse más atento a las reglas de etiqueta y bebía con calma de su taza de té, utilizando sus dos brazos delanteros para sujetar el recipiente y así poder llevárselo a la boca.

—Debes decirme de dónde traes estos dulces —el Tamer de cabellera pelirroja habló con la boca llena—, son deliciosos~~ —soltó una exclamación de dicha al pasar por fin el bocado.

—Por supuesto, puedo darte una caja entera si lo deseas…

—Eso estaría muy bien, para variar un poco —chasqueó los dedos y esbozó una sonrisa burlona—, después de todo mis hombres y yo nos estamos cansando de trabajar gratis —su semblante se volvió frío.

Se movió incómodo en su asiento, sabía bien a qué iba ese comentario, lo mejor sería no meterse en esos asuntos delicados. Se aclaró la garganta y decidió llevar la conversación a un terreno más seguro.

—¿Lo hiciste tal como pedí, verdad? —se quedó pensativo—, ¿no le mataste, cierto?

El Tamer pelirrojo se quedó en silencio, sus ojos enfocaron un macarrón de tono verdusco en la bandeja ubicada en el centro de la mesa, estiró su mano y le cogió, después le sumergió en su taza de té. Funbeemon miró a su Tamer en completo silencio.

—Seguí tus innecesarias y complejas indicaciones, sí —el pelirrojo susurró aquello, sin embargo, lo decía con un tono molesto—. Pero no sé porque insistes tanto en seguir sus planes —dio un mordisco al postre, frunció el ceño e hizo una mueca de incertidumbre, después siguió mascando y tragó—, solo deberías eliminarla y ya, antes de que las cosas se compliquen.

—N-no, aún no —pegó un salto en su silla, el pelirrojo solo desvió sus ojos hacía él, ni siquiera giró su cabeza, Funbeemon le ignoró al darle otro trago a su bebida—, debes ser paciente.

—¿Estás hablando en serio? —se encogió de hombros y soltó una risita—, si me pones condicionales a mí y a mis chicas no esperes que las cosas resulten bien, más si planeas prolongar esto por mucho tiempo ¿Quieres quitarte a esa gata de encima?, sabes lo que tienes que hacer, déjame hacer las cosas a mi manera~~

—D-de ninguna manera —esa respuesta pareció irritar al humano, pues este frunció el ceño en el acto—. El plan de Aries ha dado buenos resultados hasta ahora como para ignorarlo, además, él me advirtió que debía tener siempre el control de la situación y no dejarte mover libremente.

—¿Sigues teniéndole fe a ese sujeto a pesar de su derrota en Isla File? —bufó de forma exagerada.

—Las predicciones que hizo en ese entonces… todas se han cumplido, incluso muerto concibió un plan expectacular.

—La reina no es una tonta, tomarla desprevenida era nuestra mejor carta, ahora sabe que estamos tras su lindo cuello~~ —canturreó, mientras usaba el resto del macarrón para agitar su té, como si se tratase de una cuchara.

—So-solo sigue con mis indicaciones, ¿de acuerdo? —discutir con ese chico era todo un dolor de cabeza.

—Como quieras… ah… rayos… —abrió los ojos como platos y se quedó viendo fijamente su taza. La galleta se había remojado y después hundido en el líquido caliente.



[. . .]



Bastemon se encontraba delante de un amplio espejo, recostada en un cómodo sillón. Aunque su mirada estaba fija en su reflejo, su mente se hallaba sumergida en lo más profundo de sus pensamientos. Una de sus damas de compañía, una Mikemon, se encontraba cepillando su cabello mientras tarareaba una melodía que, aunque le hubiera prestado atención, sería incapaz de reconocer. Ella no era una Digimon cualquiera, era la “Princesa del Desierto”, quien gobernaba Ciudad Oasis y por ende, toda la extensión abarcada por el Desierto Oasis. Muchos se cuestionaban el motivo de esto, ¿cómo una simple Digimon podía gobernar semejante área?, la razón era obvia: ella controlaba la única fuente de agua permanente a kilómetros a la redonda. Aunque era verdad que existían tribus y aldeas en el interior de ese basto páramo, estas se sostenían por medio de pozos subterráneos u otros oasis, era innegable que todas esas fuentes acuosas terminarían secándose con el tiempo: por ese motivo ningún otro asentamiento de Digimon se había atrevido a alzar su mano contra Bastemon y su pueblo, cualquiera con dos dedos de frente hincaría su rodilla y rendiría pleitesía a la felina para garantizar que, en un momento de crisis, el líquido vital siempre estuviera a su alcance. Todos envidiaban la posición de Bastemon, aunque en esos momentos ella misma desearía estar en sus propios zapatos.

<<—Esto es un caos —incluso su pesar era notorio en la voz de sus pensamientos>>

Los problemas habían empezado hacía ya meses atrás, pero estos se habían agravado recientemente: un grupo de Scorpiomon atacaban constantemente sus transportes provenientes del interior del WWW Continent. Ciudad Oasis desde hacía mucho tiempo dependía del intercambio comercial para sustentarse, no solo para obtener alimentos que eran imposible de obtener en el clima cálido del desierto, sino también requería recursos usados para garantizar salud, construcción y defensa. Los Scorpiomon eran una amenaza que siempre había estado ahí, todo mundo sabía que eran los depredadores por excelencia del territorio, pero nunca jamás les habían dado tantos problemas, además, sus ataques eran extraños, muy bien coordinados y ejecutados, algo que un ser salvaje no conseguiría.

La pérdida de transportes generó toda clase de problemas a la ciudad, desde pérdidas económicas hasta una crisis alimentaria. Si bien la situación seguía siendo preocupante, por fortuna el peligro había pasado, o al menos eso había creído Bastemon. La gota que derramó el vaso fue un evento ocurrido la noche anterior: alguien intentó asesinarla. Eso disparó todas las alertas y obligó al Consejo de la Princesa a crear una sesión extraordinaria; ver a sus consejeros ya era una experiencia que gustaría ahorrarse, pero para su desgracia eso no era todo.

<< —También llamaron a esos sujetos… —suspiró pesadamente >>

Debido a los eventos ocurridos anoche, su guardia personal fue removido de su cargo por ineptitud, por lo tanto, la princesa ahora se encontraba más desprotegida que nunca. La Central de Tamers quiso intervenir y ofrecerle protección, aunque ella se negó al principio, las autoridades humanas y sus consejeros le “obligaron de forma amable” a aceptar a un escuadrón de Tamers como sus nuevos guardaespaldas.

—Mi señora, lamento interrumpirla —la voz de un Tailmon le hizo volver a la realidad. El gato en cuestión entró sin más a la habitación, era su segunda dama de compañía—. Los invitados que estaba esperando han llegado —"Invitados", para Bastemon esa era una palabra demasiado elegante y formal para describirlos—, también es mi deber informarle que el consejo ya está reunido en el salón de juntas.

Bastemon se puso de píe con desgano. Ese día sería largo y tedioso, era gracioso como muchos creían que ella solo se la pasaba acostada en su sillón, comiendo, recibiendo mimos de sus damas de compañía y siendo entretenida por sus sirvientes; la verdad es que ella tenía responsabilidades y trabajo que hacer: debía estar presente en la mayoría de los juicios públicos, debía recibir y escuchar peticiones de sus súbditos, reunirse con su consejero de seguridad para analizar la situación actual y así una larga lista de etcéteras. La verdad es que ella tenía muy poco tiempo para sí misma.

Mikemon y Tailmon flanquearon a la princesa y las tres comenzaron a caminar juntas. La habitación de Bastemon se encontraba en una de las plantas superiores, de modo que tuvieron que caminar por un largo pasillo adoquinado, a ambos lados del camino se hallaban bustos de su figura sobre pedestales. Arribaron a unas amplias escaleras curvas desde donde podía verse con claridad el vestíbulo principal, una sala amplía cuyo principal atractivo eran tres figuras humanoides con aspectos felinos como orejas, garras y cola. A la entrada y siendo vigilados por dos guardias de su misma especie, se encontraban tres humanos, uno de cabellera castaña y dos de tonalidad azabache, además de cuatro Digimon en etapa Child; reconoció al Ryudamon, los dos Zubamon y el Ludomon le parecieron exóticos, pues esas últimas dos especies no llevaban mucho de haber aparecido en el Digimundo y no solían verse en el Desierto Oasis.

—¡Frente a ustedes está la única, la inigualable, la radiante, la invencible, la misericordiosa, la bella, la inteligente, la piadosa, la... —Tailmon le dio un codazo a Mikemon, sospechaba que si la dejaba no terminaría nunca la presentación—, ejem —se aclaró la garganta—, la gloriosa Bastemon!

En cuanto esas palabras fueron pronunciadas las Perfect felinas hincaron una rodilla en el suelo y se llevaron una mano al pecho, los invitados respondieron de forma variada: Ryudamon, uno de los Zubamon, Ludomon y los dos chicos azabaches inclinaron su cabeza en el acto. Uno de los Zubamon pareció sobresaltarse al ver a su Tamer inclinándose y por último el humano de cabellera castaña solo hizo una leve inclinación con su cabeza, como si realmente no le interesara el asunto.

—Es un gusto conocerlos —la princesa dijo aquello con tono mecánico, a estas alturas pronunciar esas palabras ya era como respirar—, pueden levantar la cabeza y les doy permiso de hablar —agitó una de sus garras en un gesto de invitación.

—Este de aquí es el Shogun de California, Ethan Walker —anunció el dragón de armadura negra, poniendo su cabeza en alto, sus palabras estaban repletas de orgullo—. Y yo soy su fiel sirviente, Ryudamon —Bastemon parpadeó, confundida.

—¿Sirviente?, ¿Shogun?, es decir, ¿no son Tamer y Digimon? —Ryu quiso contestar a su pregunta, pero Ethan se adelantó.

—Algo así, no piense en esas cosas su excelencia, es algo personal —movió su mano para restarle importancia al asunto.

—Yo soy Matthew Collins y estos son mis dos compañeros: Excalibur y Prydwen —la Legend Arm espada alzó sus manos al ser mencionado, el escudo solo asintió con torpeza.

—¿Los dos son tus compañeros? —los ojos de la princesa se abrieron de par en par y su cola se agitó en un movimiento que reflejaba intriga—, había escuchado que los humanos solo tenían un solo compañero… que curioso… —Matt soltó una risa nerviosa al ver su espacio personal invadido por la princesa, quien le analizaba de cerca como si se tratase de un bicho raro.

—Esta de aquí es mi señora, Rox Knight —la voz de Aegis resonó en la sala, pues la había alzado más de lo necesario—, yo soy su caballero y guardián, Aegis.

—¿Señora? —Bastemon parpadeó y pasó de analizar a Collins para ahora hacer lo mismo con la fémina del grupo—, juraba que eras un chico…

—No se preocupe por eso, es algo que sucede a menudo —dijo Rox con toda tranquilidad, sin mostrarse incomoda por la presencia de la princesa.

—La Central de Tamers nos ha asignado como sus guardaespaldas —Walker dijo aquello para controlar el cauce de la charla—, vinimos con otros Digimon de nuestra confianza para asistirla —puso mala cara—, pero sus guardias los dejaron afuera.

—¿Otros Digimon? —la princesa juntó sus manos, sus ojos brillaron, lucía exaltada: tal vez aceptar la ayuda de la Central no fue tan mala idea después de todo, esos sujetos no dejaban de impresionarla— Me encantaría conocerlos —Tailmon se aclaró la garganta de forma ruidosa, recordándole que había un itinerario a respetar—, cierto, ahora mismo debo reunirme con mi consejo, tal vez si terminamos temprano haya tiempo para una reunión. Estás son dos de mis damas de compañía: Tailmon y Mikemon —al escuchar sus nombres inclinaron sus cabezas—, si necesitan algo pueden acudir a ellas.

—Entendido, Bastemon-sama.

Las felinas Adult indicaron el camino, ellas iban por delante y debido a su nueva posición se permitió a los Tamer y sus Digimon ir detrás de Bastemon, de otra forma las reglas de etiqueta les obligarían a esperar a que la princesa llegase primero a su destino y después, una vez entrara a la habitación, se les permitiría entonces a ellos transitar por el mismo pasillo que ella; esto era porque nadie podía arruinar la entrada de la regente. Mientras caminaban las damas de compañía explicaron a los guardaespaldas sobre lo que pasaría a continuación: la princesa se reuniría con su consejo para atender los últimos acontecimientos en el reino, esto serviría al mismo tiempo para que ellos comprendieran el contexto actual en el cual se encontraba la ciudad.

El salón donde se reunía el consejo era una habitación circular y en el centro se encontraba una mesa de igual forma. La luz del exterior entraba por grandes ventanales que ocupaban la mayor parte de las paredes, las cuales a su vez estaban hechas de ladrillos amarillentos, mientras que el piso presentaba un adoquinado color marrón. Las decoraciones eran estatuas similares a las del vestíbulo, seres felinos de cuerpo humanoide blandiendo todo tipo de armas.

Sentados a la mesa había tres Digimon: Mistymon, el consejero de seguridad; Meramon, el consejero de economía y Gigasmon, el consejero espiritual. Bastemon los conocía perfectamente, eran Digimon rectos cuya lealtad era incuestionable. Ellos amaban a Ciudad Oasis y darían sus vidas para proteger la urbe, el único problema es que sus charlas eran demasiado formales y aburridas. Los tres hicieron una profunda referencia de respeto a su princesa, después fue evidente la sorpresa en sus rostros ante la presencia humana, no obstante, al parecer pronto concluyeron de quienes se trataban.

—Nos alegra que por fin la Central de Tamers se encuentre con usted, su alteza —Mistymon mostró una sonrisa sincera.

<<—Me obligaron a aceptarla, ¿qué más podía hacer? >>

—Estos humanos y sus Digimon serán mis escoltas a partir de hoy —aclaró por si acaso—, les pido por favor que los traten con el respeto que merecen —sus consejeros asintieron—. Muy bien, comencemos...

El primer tema en la lista y el más importante era la causa por la cual la DS y la Central de Tamers le estaban brindando protección en primer lugar: el intento de asesinato contra su persona. Los avances en la investigación eran pocos y no existían pistas sobre los perpetradores, se dio un breve repaso de los acontecimientos para que los guardaespaldas estuvieran al tanto de lo acontecido: durante la noche pasada, mientras la princesa realizaba un paseo por el jardín interior del palacio, un ser volador apareció de la nada en el aire y disparó un torrente de energía contra Bastemon, sus agudos sentidos le advirtieron de esto y ella pudo esquivarlo. El jardín sufrió grandes daños, pero la princesa salió ilesa. Aunque el invasor del palacio repitió su ataque falló una vez más y se vio obligado a huir, pues en ese instante la seguridad del palacio se movilizó para neutralizarlo.

—¿Son los únicos datos que tienen? —Walker parecía decepcionado.

—Ya que el ataque fue tan repentino y duró tan poco, ninguno de los guardias llegó a tiempo para ver la figura del agresor —Mistymon bajó la mirada, como si la culpa de lo ocurrido fuera enteramente suya—, la única información disponible y en la que confiamos fue la dada por la princesa.

—Solo recuerdo que ese Digimon tenía la capacidad de vuelo y un poderoso ataque —Bastemon suspiró, estaba cansada de decir aquello porque esa pregunta se la hicieron docenas de veces en esas últimas horas—. La posición que escogió para atacar le facilitó que no pudiera identificarlo —se encogió de hombros— y una vez inició su ofensiva le dí prioridad a salvar mi vida —todo mundo se quedaba callado cuando decía eso, ¿quién le reprocharía haber decidido ponerse a salvo en lugar de descubrir la identidad de su agresor? —. Por el momento, dejemos que la Digital Security se encargue enteramente de la investigación —se aclaró la garganta—, ellos se ofrecieron de todas formas a hacerlo, así que deberemos confiar en ellos.

—Pero su alteza, si lo que los humanos dicen es verdad sus agresores volverán a intentarlo, lo mejor sería… —el caballero mágico paró en seco cuando la felina le lanzó una mirada fiera.

—Prefiero que la guardia siga patrullando las calles y asegurando la seguridad de nuestro pueblo que buscando una aguja en un pajar —suspiró—, no sabemos la identidad de quién me atacó y si es lo suficiente listo, que no lo dudo, mantendrá su identidad oculta tanto como le sea posible —guardó un momento de silencio—, además, si las sospechas son ciertas y mi agresor fue el Digimon de un Tamer, entonces de nada servirá buscar a un Digimon con el perfil que he dado, porque esa podría ser solo una de sus tantas formas y bien ahora mismo podría ser un simple Child caminando delante de nuestras narices.

Un silencio se asentó en la sala, los consejeros se movieron incómodos en sus asientos. Bastemon suspiró y se recargó en el respaldo de su silla: a veces se necesitaba abofetear a los demás con la amarga realidad para hacerlos entender que las cosas no eran tan sencillas, confiaba en Mistymon y sus capacidades, pero este asunto estaba fuera de sus posibilidades y las de sus hombres; entendía cómo debería sentirse al depender de terceros, no obstante, ¿qué otra opción tenían?

—Continuemos, ¿cuál es el siguiente punto en la reunión?

—Los ataques a los transportes su alteza —Meramon no parecía muy contento de tener que volverse el centro de atención ahora, mucho menos con semejante tema—. El último convoy también sufrió pérdidas, tres carromatos para ser exactos. Siguen el mismo patrón de siempre: los Scorpiomon los emboscan, destruyen los transportes que pueden y después huyen sin más.

—¿Debemos enviar más guardias para resguardarlos? —preguntó Mistymon.

—¿Y dejar la ciudad desprotegida? —Gigasmon gruñó—. ¿No es obvio lo que se debe hacer?, debemos cazar a esas bestias. Contratemos Tamers de la Central para exterminarlos.

—¡Imposible!, no podemos costearnos eso ahora —masculló el hombre antorcha.

—Bueno, entonces acudamos a su buena voluntad, ¿creen que algunos de ellos nos tenderían la mano si se los pedimos como un favor?, algo así como la Digital Security que está buscando al agresor de su majestad.

—Lo dudo, los Tamers de la Central funcionan bajo una estructura diferente, hasta donde tengo entendido.

—Los Scorpiomon son criaturas salvajes, alguien debe estarlos coordinando —el caballero mágico permaneció pensativo un instante—, algunos de los sobrevivientes mencionaron que un Anomalocarimon se mantenía cerca de ellos, pero no participaba en los ataques. Aunque, su último avistamiento fue hace meses y recientemente no se ha visto una criatura ajena a los salvajes apoyándoles...

Odiaba cuando sucedía aquello: ninguno de sus consejeros se ponía de acuerdo y cada uno buscaba resolver el problema con una solución distinta, o simplemente señalaban los errores de la estrategia propuesta por uno de ellos, pero sin interesarse en proponer una solución. Además, referente a ese problema ya se había intentado todo: se modificaban las rutas seguidas por los convoy, incluso en ocasiones se les dio indicaciones a los conductores de qué camino seguir un instante antes de salir de la ciudad y de alguna forma los Scorpiomon se las arreglaban para ubicarlos y atacarlos por sorpresa; se había enviado guardias en los transportes y aunque esto generó una disminución del número de carromatos dañados, también representó una pérdida importante de vidas; Mistymon había dirigido una expedición para tratar de encontrar el nido de esas bestias y exterminarlas, pero fracasó, al parecer esas criaturas eran seres errantes cuya única motivación era cazar a los transportes.

—He decidido que voy a negociar con ellos —el comentario cayó a los consejeros, quienes miraron atónitos a la princesa—. Si es verdad que hay una criatura inteligente liderándoles, entonces quiero tener contacto con esta y llegar a un acuerdo.

—Su alteza… eso… —Mistymon negó con la cabeza—, piense por un instante, ¿cómo se tomará la gente que negocie con viles ladrones como esos?

—Si eso pondrá fin a la escasez de recursos, no me importa, debo hacer lo que sea necesario por mi gente, aunque ellos no lo comprendan, así que, consejero de seguridad le encargo el asunto —el caballero mágico asintió con cierto pesar— ¿Qué asunto queda?

—Sobre las celebraciones de esta semana, su alteza… —comenzó Gigasmon, jugando de forma nerviosa con sus manos.

—Por supuesto, seguirán en píe —los consejeros intercambiaron miradas.

—Mi señora, mientras el asesino esté libre podría volver a intentar lastimarla —Mistymon volvió a mostrar su rechazo—y estando en las calles es más vulnerable.

—Los rumores ya se han esparcido y la presencia de la DS solo los empeoran —Bastemon se llevó una mano a la frente—, si me encierro en mi palacio, ¿qué creen que dirán mis súbditos?, será una confirmación de que alguien consiguió atravesar las defensas del palacio y tiene el poder de burlarse de todos nosotros mientras deambula en las calles tranquilamente impune —estiró su mano, apuntando a una de las ventanas—. ¿Creen ustedes que ese mensaje traerá paz a mi gente? —ellos guardaron silencio—, las celebraciones se realizarán, ¿algo más?

—Es todo, su alteza —susurró Meramon.

Bastemon se puso de píe. Eso anunciaba que la sesión había terminado.



[. . .]



—Odio la política… —Ethan Walker suspiró pesadamente mientras pegaba su espalda contra la pared y comenzaba a dejarse arrastrar por la gravedad. El grupo de Tamers se hallaba en el pasillo, justo afuera del cuarto de baño donde su alteza se hallaba duchando en compañía de sus damas de compañía.

Fue contactado por Sydney Stanford para tan peculiar misión. Al principio la hubiera descartado, odiaba ser niñero, así se tratará de cuidar a la princesa de una de las ciudades más importantes del Digimundo. No obstante, la situación era muy delicada: la región entera del Desierto Oasis podría caer en caos debido a la inestabilidad política, económica y social originada por el ataque a los transportes que traían y llevaban recursos desde y hacia el resto del continente WWW, faltaban alimentos, los comerciantes perdían su dinero y otros habitantes perdían sus trabajos. El malestar social ya comenzaba a resentirse en las calles, se rumoraba incluso que algunos comenzaban a ver con duda la capacidad de mando de Bastemon, otros advertían que una guerra civil era inminente, el intento de asesinato de la princesa solo vino a arruinar aún más las cosas, fue como una patada a una colmena de abejas ya furiosas ¿Lo peor de todo? Existían indicios de que un Tamer estaba detrás de todo eso, de ser esto cierto y si Bastemon moría a manos de un renegado, aunque fuese un vil malhechor, las relaciones humano-Digimon sufrirían una ruptura total en esa zona, algo que la DS y la Central no podían permitir.

—Todo esto es muy raro —Matthew había permanecido en silencio mirando el techo, todas las miradas se clavaron en él, aunque no se avergonzó porque estaba demasiado sumergido en sus pensamientos como para darse cuenta de esto—, las condiciones en las cuales está la región… esto es algo grande, no se trata de solo un ataque contra la princesa —bajó la mirada, escudriñando la reacción de Ethan.

—Alguien quiere usurpar el trono, ¿tal vez? —Rox tenía una mano en su mentón y su mirada estaba enfocada en una esquina de la habitación—. Poner a un nuevo líder a cargo no es tan sencillo como parece, el pueblo podría rechazarlo y levantarse en armas.

—Entiendo —asintió Ludomon—, si ahora mismo se diera un golpe de estado, la gente rechazaría al nuevo gobernante, por eso primero deben manchar la figura de Bastemon y hacerla ver como una villana o alguien incapaz de gobernar.

—Exacto, Prydwen-dono. Si la figura de autoridad de Bastemon-sama se deteriora, el pueblo mismo anhelará a otro gobernante, alguien más capacitado para estar en el cargo —opinó Ryu.

—Y cuando esa figura aparezca, el pueblo la adorará en lugar de luchar en contra suya —Excalibur se sobresaltó—, ¡esto es peligroso!

Si la mente maestra detrás de este complot ya había intentado asesinar a Bastemon, significaba que este ya consideraba el terreno propicio para su jugada, es decir, el nuevo gobernante ya debía tener la suficiente fuerza y respaldo para garantizar su estadía en el trono. De ser esto verdad, Bastemon era solo una pieza que estorbaba en el tablero…

Soncarmela Soncarmela
 
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Soncarmela

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Para Rox, que era la primera vez que la solicitaban para una misión de ese rango, la emoción palpitaba en su interior. Trabajar en una A ya fue para ella una experiencia inolvidable, se esforzó al máximo para no cometer ningún error. Ahora comprobaba que el fruto de su entrenamiento y disciplina daba resultados: como caballero, era un enorme logro que los demás la consideraran capaz de proteger a una princesa del desierto, a la “Diosa” del Oasis. No dudó ni un segundo cuando la Central acudió a los miembros de Ávalon para que ayudaran a un Tamer Commander. Y alli estaban ahora, como guardaespaldas, junto a varios Digimon que lamentablemente tenían que esperar afuera. Las presentaciones entre todos fueron breves, pero lo suficientemente informativas para que se conocieran y supieran que podrían organizarse correctamente. Hagurumon de por sí era centrado, pero Dinohumon le ganó en seriedad. Ninguno empleó muchas palabras. Vritramon fue mucho más simpático y alegre, con un gesto amable en todo momento y la garra detrás de la cabeza, feliz de compartir ese día con Ethan y nuevos humanos. Capricornio de igual manera se comportó cortés y educado, estrechando la mano de Matt y Rox y enarcando una ceja cuando Aegis le dedicó una mirada de advertencia. Segundos más tarde, al escucharle hablar y proclamar a los cuatro vientos su devoción hacia su señora, comprendió que esa impresión se debía a que era un Digimon sobreprotector y terriblemente celoso. Ryudamon incluso creyó que esa fémina provenía de la nobleza. Ethan no presumió de su nivel y, de hecho, le agradó la actitud de ella: mientras no dieran problemas, harían buenas migas. El dorado, sin embargo, también se sentía un poco nervioso, aunque jamás lo admitiría en voz alta. ¡Al fin tomaban en serio a su señora! ¿Por qué habían tardado un año entero en darse cuenta de que sus cualidades superaban con creces la de cualquier Tamer del Digimundo? Ni siquiera se exaltó cuando tuvo delante a un muchacho que, por lo que susurró Collins, pronto alcanzaría el título más alto. Nadie importaba más que Knight...
Nadie...
Sí entendió que una princesa requiriera de guardaespaldas capacitados y preparados para la misión. Aunque no podía comparar a esa gata con su señora, él, un Escudo y Espada al servicio de una persona brillante, aceptaba y comprendía que otros siguieran los pasos de un ejemplo a seguir. Por esa misma razón no se molestó tanto con la actitud del resto de felinos del castillo: él se comportaría exactamente igual si alguien pisara los territorios de su Tamer. No obstante, eso no quitaba que rechazara absolutamente que Rox hincara la rodilla. ¿Acaso dos Reinas no merecían el mismo trato? ¿Por qué la otra no correspondía al gesto humilde y se arrodillaba ante la humana? Esos pensamientos vagaban en la cabeza de Aegis, en vez de darle vueltas al asunto del golpe de estado.
Mientras que Bastemon atendía sus obligaciones en su hogar, los chicos fueron conducidos a sus respectivas habitaciones, todas ellas muy juntas y en un piso inferior de la princesa Los del género masculino tendrían una sala para ambos, con camas separadas y dos baños con todo lo que necesitaran. Rox, por su parte, se despidió de ellas al ser la única que tendría una estancia para ella sola; eso sí, con la compañía de su Digimon. Los ojos de la muchacha se llevaron una enorme sorpresa cuando ingresó en su cuarto. La garganta se le secó y tuvo que ponerse agua del mueble más cercano. Era... demasiado extravagante. Se quitó el gorro y permitió que Kyubey vagara por los rincones. El enorme colchón del medio estaba decorado con suaves sábanas, una almohada cómoda con dibujos de gatos y un dulce a un lado, envuelto en papel que tenía forma de una calabaza. Gozaba de vistas espectaculares gracias a una pequeña terraza que contaba con un sillón y una mesa de cristal con fruta encima. Al lado de la cama, una estantería de madera dividía los tablones con distintos libros y revistas, la mayoría de ellas contaban la historia de la ciudad y la importancia de Bastemon en ella. Rox anotó mentalmente que esa noche le daría un vistazo para empaparse de información sobre el lugar y sus habitantes. Finalmente, otra puerta daba al aseo, el cual poseía una bañera con el tamaño de tres humanas de la misma altura que la Expert, un espejo de cuerpo entero, otro pegado a la pared del lavabo de sólo cara y dos cajones donde se guardaban toallas y distintos japones. Zubamon y la joven se quedaron sin palabras.
Al fin te tratan como se merece, señora —dijo el Child cuando recuperó la compostura. Cogió el dulce de la cama y lo abrió para olisquearlo. Incluso en esas circunstancias repletas de lujos, no se fiaba de que algo tuviera veneno. Lentamente, le dio un mordisco.
La muchacha esbozó una sonrisa y se colocó un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja. Después, salió de la habitación y se encontró con una de las damas de la señora del castillo. No podía dejar que las ganas de tomarse una ducha en esa bañera le hicieran olvidar sus prioridades.
¿Podrían traerme pluma y papel? —pidió con amabilidad, no queriendo abusar de la hospitalidad.
Enseguida.
(. . .)
Vritramon se golpeaba los hombros con los dedos al compás de una música que sólo escuchaba dentro de su mente. Tenía la sensación de que llevaban esperando horas, sentados o permaneciendo de pie en el jardín de los alrededores del castillo, y con la atenta mirada de unos guardias felinos (Leomon) que no se fiaban del todo de unos enviados de la Central. Que, encima, les hubieran cuestionado sus aptitudes para proteger a la princesa hacía que estuvieran de mal humor. Hagurumon respiró hondo y trató de mentalizarse, pero cuando el Digimon de fuego decidió que el movimiento no le bastaba y dio paso a canturrear, ya no fue capaz de aguantarse callado.
¿Sería posible que te quedaras quietecito y calladito? —Las ruedas de sus costados giraban a una gran velocidad, delatando su mal genio— Estamos en medio de una misión importante.
Ey, tranquilo —calmó Aegiochusmon, abriendo las manos en señal de paz—, no está haciendo nada malo. Vamos a llevarnos bien.
Ah, creo que habéis malentendido la situación. Os lo aclaro —Hagurumon carraspeó—. No es necesario ser amigos para completar una misión, sólo aceptar unas pequeñas reglas que hagan la convivencia más... sencilla.
De acuerdo, de acuerdo —Vritramon sonrió y le restó gravedad al asunto—. Si te molesta la música, puedes decírmelo y ya no lo hago.
Dinohumon entrecerró los ojos y se mantuvo en silencio con los brazos cruzados.
No fue hasta más tarde que las puertas de la entrada se abrieron. Tailmon salió a los jardines y los llamó desde las baldosas del edificio, meneando la cola para que se dieran prisa. Las criaturas entraron de una en una, con el Digimon de fuego teniendo que agacharse un poco al ser el más alto de los cuatro.
Se reunieron con los Tamers y la princesa en una sala diferente a donde charló con los consejeros, más ambientada a la comodidad de Bastemon. Lucía como una estancia para recibir invitados y que pudieran relajarse mientras conservaban tranquilamente de asuntos triviales. Enfocaron la vista en la gata, a la espera de que ella indicara con la mano que podían tomar asiento también. Así lo hizo y ellos se acomodaron lo mejor posible. Ethan alargó el brazo y cogió un sándwich de los muchos que había en la mesa; Rox y Matt actuaban más tímidos. A excepción del DigiGnome, que hacía sonidos raros al masticar el pan de molde.
A partir de hoy estaremos siempre juntos —empezó la princesa del desierto, como debía ser ante la diferencia de estatus—. Por lo que hablaremos de lo que tengo pensado hacer para el día siguiente. La ceremonia ocurrirá en la noche y tendremos toda la mañana y tarde para prepararnos. Consiste en pocas palabras en agradecer al Oasis por su fuente constante de vida. Es como una procesión donde caminaré desde el castillo hasta el agua, portando un cuenco hecho con la mitad de un coco. Es precioso —agregó, recordando los de años pasados. Tailmon y Mikemon asintieron, dándole la razón—. El paseo no lo haré sola, según avance, los aldeanos irán detrás mío y los fuegos artificiales brillarán en el cielo, junto a una música que sonará en los alrededores para avisar de mi llegada. Para finalizar, me sumergiré en el Oasis y entregaré la ofrenda.
¿Entrará sola al agua? —preguntó el Commander, dándole vueltas al último trozo de comida en sus dedos.
Así es.
No es buena idea.
Es la tradición —refutó una de las gatas, atizando el suelo con su cola—. Sería una ofensa que alguien más se adentrara en las fuentes. Sólo la gloriosa Bastemon tiene el permiso y el deber de hacerlo.
Entiendo vuestra preocupación, pero no os alarméis —continuó la dama del desierto—. Se hará una vigilancia extrema desde bien temprano.
Pero nadie va a meterse en el agua para verificar que haya alguien dentro, ¿verdad? —Quien realizó dicha cuestión en esa ocasión fue Hagurumon, atento a los detalles.
¡Por supuesto que no! —Nuevamente, una de las felinas intervino en la conversación— ¡Sería un ultraje! ¡Una traición! Nadie del desierto osaría...
Los villanos rompen reglas —dijo Rox, sacando de la nada varias hojas, las mismas que le habían entregado—. He estado investigando por mi parte el castillo y preguntando a los guardias y sus ayudantes. Algunos me han dado más información que otros. He apuntado nombres, entradas, terrazas, ventanas y horarios —Matt parpadeó. ¿Acaso no se había pasado ni un segundo en la habitación?—. Es posible que alguno de ellos orqueste un plan para asesinarla, por lo que recomiendo que nos separemos en dos grupos mañana. Uno que la proteja y otra que tienda una trampa en la fuente.
¿De verdad creéis que uno de mis hombres sería capaz de traicionarme? —Bastemon negó con la cabeza, escéptica— Sólo habéis estado presentes en una charla, yo los conozco de hace muchísimo tiempo, os aseguro de que ninguno atentaría contra mi vida.
No... No podemos descartar ninguna opción... —murmuró Matt, frotándose los dedos.
La gata soltó un suspiro y se llevó una mano a la frente. Tenía tantos problemas que ya no podía pensar con claridad. Entre el ataque a los carromatos de comida y el intento de asesinato hacia su persona, lo único que le quedaba era confiar en sus consejeros y los amigos/damas más cercanas, porque de otro modo, se volvería loca. Incluso debía aceptar la ayuda extra de unos Tamers completamente desconocidos. Y aunque admitía que parecían competentes en su trabajo, que se sentaran en sus sillones y declararan que miembros importantes podrían traicionarla como si nada... No era fácil de asimilar.
De acuerdo —accedió finalmente—. Supongamos que hay un peligro en cada esquina y una trampa en la fuente. ¿Qué proponéis?
Antes de adelantarnos al enemigo, requiero de unas respuestas más concretas —Rox bajó una hoja y fijó la vista en la segunda—. ¿Cuánto dura el recorrido? ¿Hay mucho ruido? ¿Qué tan grande es el cuenco?
Cerca de dos horas, se puede alargar si me toca ir más despacio. El ruido depende de la música, los fuegos artificiales y los chillidos de los demás. Sí... Suele ser ruidoso —confirmó, evocando a unos Etemon que se emocionaron demasiado y le dedicaron una canción, el pueblo del desierto lo festejó a la grande, adoraban el estruendo y bailar—. Y es un coco normal y corriente, el cual cortan, le dibujan unos signos para que quede bonito y se le coloca una vela dentro. Hay que tener muchísimo cuidado para que la llama no se apague, por eso nunca me desplazo deprisa. Sería una decepción para mi gente.
¿Podrías pedir que con la otra mitad hicieran exactamente lo mismo? —solicitó Ryudamon, con una idea en mente.
No habría problema, pero... ¿para qué?
Creo que sé por dónde vas —sonrió Ethan, echándose hacia delante—. Si el enemigo nos quiere tender una trampa, hay que devolvérsela. Esperan encontrar a la soberana y eso le daremos... pero una falsa —chasqueó los dedos y buscó entre el Keychain para sacar una especie de espejo. Entonces se fijó en el cristal y, lentamente, su cuerpo fue adoptando la figura de la propia Bastemon, con todo lujo de detalles, incluso la ropa que llevaba en esos instantes. Mikemon y Tailmon abrieron la boca con asombro, especialmente porque incluso poseía la cola de un gato— ¿Idéntico, verdad?
Yo lo haré, maestro —se ofreció Ryudamon, agachando la cabeza—. Es peligroso que usted entre, yo tendré mejores reflejos si alguien decide atacarme —El Tamer regresó a la normalidad y asintió.
Procuraré entonces que nadie se percate de vosotros —concedió la Perfect—. Sé a quiénes acudir para que los aldeanos estén disfrutando de la ceremonia y de la música también. Hablaré con el MetalMamemon encargado de los fuegos artificiales, cuanto más grandes y ruidosos, mejor.
Ya sólo queda decidir los dos grupos —Knight intentó tener todo en mente para apuntarlo después en su cuarto. Aegis no emitía palabra alguno, pero estaba totalmente absorto cuando su señora hablaba—. Uno que escolte y otro que tome un camino diferente a la procesión para alcanzar la fuente y poner en marcha el plan. ¿Alguno de ustedes tiene preferencia por una cosa u otra?
Escolta —contestó el engranaje. Si la trampa fallaba, él se ocuparía de mantener bien protegida a la princesa. Con su evolución, ganaría un buen tamaño.
Escolta —secundó Capricornio.
Plan —optó Dinohumon. Tras escuchar lo del ruido y la cantidad de Digimon y probablemente personas que habría en la ceremonia, deseaba estar alejado de aquello lo máximo posible.
Así, uno a uno, terminaron por elegir los bandos. Matt, junto a sus dos compañeros, Hagurumon y Aegiochusmon ocuparían el puesto de escoltas; Rox, Aegis, Ethan, Ryu, Vritramon y Dinohumon pasarían a la acción. Bastemon agradeció por lo rápido que actuaban, a pesar de que apenas llevaban unas horas en el castillo, y dio por concluida la estrategia, llamando a los cocineros para que prepararan los platos favoritos de los invitados. Si bien la cena era modesta, porque los carros con alimentos no traían lo necesario en esos días, todos se llenaron y marcharon a la cama con los estómagos llenos, que era lo importante. Antes de que Rox cerrara la puerta, Ethan se le acercó e intercambiaron los códigos de los D-Terminal: estar conectados sería crucial si pensaban dividirse en más de una ocasión. Tailmon guio a los cuatro Digimon a estancias más grandes acorde a sus tamaños (por suerte el engranaje no ocupaba demasiado)
(. . .)
Eran las cinco de la mañana cuando el timbre del castillo sonó dos veces. A Rox no le despertó, porque se había despertado una hora antes para encender la lámpara del escritorio y escribir sobre la estrategia, apuntando aquello que no recordó antes de irse a dormir. Aegis, sin embargo, sí se incorporó bruscamente y señaló con su cabeza/espada a todas direcciones, calmándose cuando la muchacha lo saludó con una apacible sonrisa. En el caso de Ethan, Ryudamon tuvo que zarandearlo para que abriera los ojos, mientras que Matt sintió las garras emocionadas de Zubamon en su espalda. Para sorpresa de Hagurumon, Vritramon fue de los primeros en salir por la puerta (les había tocado compartir cuarto), porque estaba encantado de pasar a la acción de una vez por todas, ignorando u olvidándose de que hasta la noche realmente no ocurriría lo pensado.
Los preparativos daban comienzo.
El castillo se llenó en cuestión de minutos de varios trabajadores: un Karatenmon especializado en cortar los cocos de las ceremonias, con una precisión y velocidad envidiables para cualquier espadachín que se apreciara. Excalibur, Aegis y Ryudamon observaron con curiosidad sus movimientos y tajos al aire, calentando el golpe final para cuando le trajeran la respetada ofrenda. Por la mente de los tres cruzó la oportunidad de retarle a un duelo, pues aunque lucía fuerte, daba la sensación de que se había pasado toda su vida entrenando únicamente para ese momento, en vez de para una auténtica pelea. Dinohumon ni siquiera le prestó atención, se limitó a reflexionar en los jardines, oculto entre estatuas para que nadie le molestara. Dos Fangmon expertos en moda, que se convertían en la modelo para probar en ellos mismos la vestimenta que mejor le quedaba. Según ellos, cuando ya decidían unas ropas, nada les hacía cambiar de parecer. Para Bastemon eran perfectos: no le pedían que posara y podía ocuparse de otras obligaciones mientras que ellos trabajaban.
Un famoso Ebidramon, chef por excelencia, apareció también por allí, conocido por sus exquisitos platos de pescado, tanto frito como crudo, y el cual accedió a participar gratis siempre y cuando le dejaran cocinar metido en una bañera. Los cocineros del castillo lo recibieron con los brazos abiertos y pregunta, muchas preguntas. No todos los días tenían el placer de conocer al más grande de su gremio, y eran conscientes de que su señora adoraba los peces: debían aprender de él.
Tal y como prometió la felina del desierto, un grupo musical de Etemon también se presentó, muy contentos y emocionados de que acudieran a ellos. Sus canciones eran... peculiares y llamativas, aunque tenían unos cuantos fans repartidos por el Digimundo, tampoco lograban alcanzar los oídos de más gente, por lo que nunca se hubieran imaginado que serían convocados para un momento tan importante. El sudor les caía por las mejillas debido a los nervios. Bastemon se dirigió a ellos personalmente y los dejó con un gesto de incredulidad, porque creían que tendrían que tocar y cantar una letra calmada, llena de sentimiento, y en vez de eso...
Quiero escuchar vuestro vozarrón. Tocad algo que haga mover el cuerpo.
Como usted ordene, señora —Los tres al unisono realizaron una reverencia.
Escribiremos una letra exclusiva para la ceremonia de hoy, con música a tope —le prometió el líder, dibujando una amplia sonrisa en sus labios. Desde detrás de las gafas oscuras, los ojos le brillaban intensamente.
Otros tantos Digimon colocaron una larga alfombra roja que servía para indicar el paso de la princesa. Empezaba en las escaleras de la entrada del castillo y finalizaba cerca de la fuente. Sólo Bastemon podía tocarla al inicio, los demás estarían a cada lado -sus escoltas- y los aldeanos esperarían a que ella se alejara para ir justamente detrás. Los habitantes del desierto llevarían consigo velas para iluminar el recorrido. A la mitad, MetalMamemon arañaría el suelo y encendería todos los fuegos artificiales para que el cielo brillara y estallara en luces y colores que dejarían a los demás con la boca abierta. Uno de sus ayudantes, CatchMamemon, incluso arrojaría cohetes desde sus manos para que el otro disparara su cañón. La procesión sería una de las más recordadas de todos los tiempos. No podía existir error alguno.
Y, por supuesto, la princesa debía sobrevivir.
En un momento dado, dejaron a Hagurumon, Dinohumon, Vritramon y Capricornio en el castillo y los humanos se reunieron en la entrada principal. Ethan echó un vistazo a los alrededores y soltó un comentario:
Es curioso como ayer se quejaban de que faltaban recursos y alimentos, pero hoy están preparando una ceremonia a lo grande. El consejero de la economía habrá hecho malabares para conseguir todo esto —Meramon estornudó encima de los documentos en su oficina, quemando los papeles y sintiendo su interior contraerse debido a ello. Temblando de enfado, se levantó de su asiento y buscó otras hojas para reescribir lo que acababa de perder—. La hipocresía de los ricos. Siempre hay para lo menos necesario.
Los que ostentan un cargo deben dar la imagen de tranquilidad y paz —respondió Rox sin titubear. Matt miró nervioso a los otros trabajadores y guardias: no quería que llamaran la atención insultando directa o indirectamente a su princesa—. Si su pueblo adora este tipo de festejos, lo más adecuado es dárselo y que se entretengan, y luego buscar un modo de que el alimento no falte en su mesa. Gracias al coloquio de ayer, somos conscientes de que el problema principal radica en el ataque a los carromatos, si detenemos al o los culpables, se solucionaría y estas ceremonias no tendrían una repercusión mayor en los recursos.
Si nuestras teorías son ciertas —agregó Ludomon con suavidad—, entonces todo está relacionado. Buscan destronar a la princesa. Ella tiene razón en que si se queda encerrada, reinará el desconcierto y será todavía peor.
¡Protegeremos a la princesa! ¡Os doy mi palabra! —prometió Excalibur, muy metido en su papel de escolta.
Disculpen —Los chicos se hicieron a un lado al escuchar a unos Tailmon. Iban cargados con sillas y dos Leomon atrás sacaban mesa plegables.
Oí en el almacén que habían invitado a Ebidramon para que cocinara para todos —avisó Matt ante los ojos confundidos de sus aliados—. La princesa sí piensa en sus aldeanos.
Finalmente empezaron la caminata a un lado de la alfombra. A mitad del trayecto, se dividieron porque ambos grupos tendrían que realizar actos diferentes en la noche. Matt se despidió de Ethan y Rox y continuó observando a los edificios y su gente, advirtiendo que la mayoría lucía muy animada y emocionada por lo que ocurriría; otros, sin embargo, no les agradaba la idea de que Bastemon tuviera tanto apoyo y defendía a una segunda fuerza política que hasta ahora no se había mencionado en el castillo: Nefertimon. Excalibur trató de averiguar más ante el interés de su Tamer, pero los comentarios se silenciaron al ver pasar las mesas y sillas. En la otra parte de la ciudad, la Expert y el Commander verificaron que la ruta les permitiera tomar atajos y alcanzar la fuente de agua lo más rápido posible. Ryudamon, sin transformarse todavía, se asomó y confirmó que, por ahora, todo se hallaba en perfectas condiciones. Sin sorpresas inesperadas. Para regresar más deprisa y que nadie notara su ausencia, el dragón samurái evolucionó y los transportó en su forma de Ginryumon hasta la entrada nuevamente.
El resto del día transcurrió con normalidad. Mikemon proclamó que la princesa debía prepararse todavía y que por eso no podía presentarse a la hora de la comida, por lo que fueron los guardaespaldas quienes se vieron rodeados de gentío y olor a pescado frito o crudo. Tras el primer plato, se brindó por Bastemon, por Ciudad Oasis y por la Fuente de la Vida que cada día les otorgaba el líquido vital que tanto requerían. Nadie se atrevió a mencionar un error de la princesa y tampoco se comentó nada relacionado con el intento de asesinato. El pueblo lucía feliz, calmado y llenos de ansia por lo que se avecinaba.
<<La ignorancia da la felicidad>> pensó Hagurumon desde su puesto.
Después de la comida, otros ayudantes se encargaron de recoger las mesas, las sillas, los platos y cualquier cosa que pudiera ensuciar las calles, ya que estas debían quedar impolutas para el momento mágico de la noche. Rox se ofreció a echar una mano, pero los felinos se lo negaron completamente: ella tenía que resguardar a la princesa, no molestarse en coger cubiertos o espinas tiradas en el suelo.
Las horas pasaron y una campana advirtió que era la hora indicada. Las puertas del castillo se abrieron de par en par, los guardias enviados por Mistymon se presentaron, hincaron la rodilla y voltearon para dar inicio la escolta, en compañía de Matt, Excalibur, Prydwen, Hagurumon y Aegiochusmon. Se detuvieron cuando los pasos de Bastemon resonaron. Los habitantes y todos los empleados realizaron una reverencia en cuanto la princesa hizo acto de presencia, iluminando la ciudad con su hermosa figura. Iba ataviada con el mejor vestido posible, de los colores del cielo azulado. Las joyas permanecían en los brazos, garras, cola y piernas, pero la corona había sido sustituida por una más modesta y elegante, una donde habían grabado el dibujo de un río en calma. Los ojos se enfocaron en el coco que portaba con mucha delicadeza en la palma de sus manos: la vela encendida radiaba calidez y representaba el valor y la gratitud. La noble esperó unos segundos y entonces dio un paso hacia delante, luego otro y así hasta que sus pies tocaron la alfombra.
Al principio, el silencio se sobrepuso a cualquier otro sonido, pero en cuanto la princesa avanzó un poco más y los primeros habitantes cercanos la siguieron desde atrás, la música y los chillidos no tardaron en hacerse eco. Habían montado unos altavoces a lo largo de la calle y encima de los edificios, de tal forma que los cables no molestaran en la ceremonia. Etemon deslizó los dedos por las cuerdas de su guitarra y la vibración hizo temblar levemente el suelo. Intercambió una mirada con sus compañeros músicos y los tres esbozaron una sonrisa. El cantante acercó los labios al micrófono y abrió la boca, dejando salir una frase sencilla pero repleta de sentimiento “Fuente de vida... aquí te tenemos
Con la música y la emoción en todo lo alto, el grupo que debía colocar la trampa se escabulleron de la fila sin llamar la atención. Matt sintió un mensaje en el D-Terminal de su bolsillo y supo, de ese modo, que los otros ya se habían marchado. Respiró hondo y se aproximó un poco más a sus Digimon, apretando el dispositivo digital por si en cualquier momento tenía que pasarlos a la siguiente etapa. Vritramon agradeció que los aldeanos se hubieran presentado sin excepción en la celebración, puesto que no tenían que esconderse como en la mañana. Corrieron más deprisa y acabaron en el lugar en cuestión de minutos, pero sin alzar la voz ni articular palabra alguna. A simple vista, no hallaron peligro alguno: el agua se hallaba sin movimientos, en absoluta calma, y el D-Arc no advertía de amenaza. De todas formas, no podían irse sin más. Ethan le pasó el espejo a Ryudamon y todos contuvieron el aliento cuando el Digimon se concentró en la imagen de la princesa, adoptando nuevamente su figura como si se tratara de la verdadera.
Rox sacó del Keychain la parte del coco que habían guardado para la ocasión y se la entregó, sintiéndose un poco extraña de tener justo delante a Bastemon. Meneó la cabeza y se recordó que la auténtica continuaba en la procesión, tomándose el tiempo necesario para que ellos ejecutaran un plan sin fisuras. A lo lejos, escucharon de pronto el aviso de que los fuegos artificiales no tardarían en iluminar el cielo... Y con ello, el enorme estruendo. Si había alguien -que dudaban- que se hubiera quedado en casa para intentar descansar, le sería imposible entre la música y después los ruidosos cohetes. Kyubey se sujetó con fuerza al gorro de la muchacha y contempló con curiosidad el agua cristalina.
Y entonces Ryudamon se bañó hasta la cintura. Reprimió un gesto de frío y se sumergió un poco más. Los muchachos, Dinohumon y Vritramon se mantuvieron inmóviles, como estatuas, desde detrás de los edificios.
Silencio. Nada ocurrió.
El agua se removió como si acabara de recibir una sacudida. Los fuegos artificiales estallaron e iluminaron el cielo oscuro de ruido y colores hermosos. Ryudamon emergió de un salto y avisó con la mirada de que un enemigo andaba cerca. Ethan se apresuró a deslizar la carta “Shining Evolution” por el lector, rodeando a su compañero de luz y energía; Rox lo imitó. Para cuando una cola amenazó desde dentro, Vritramon ya estaba atento y disparó desde los cañones de sus brazos. Aunque las balas no abrieron ninguna herida, bastó para que el monstruo de los mares saliera y se revelara, mostrando a una larga serpiente blanca: Plesiomon.
Tú... —bramó el Ultimate, fijándose en Grademon.
¡Sí, nos adelantamos a tu trampa! —exclamó Wolfmon desde un costado, alejado de la posición de los humanos para que el salvaje no decidiera atacarlos— ¡A la próxima da la cara directamente!
A Plesiomon se le acabó la paciencia enseguida y emitió un poderoso sonido que, curiosamente, enterró las ganas de peleaR de Grademon y Aegis. Los dos se sintieron torpes y sin ser capaces de contraatacar, pero aquello sirvió como despiste para que Dinohumon y Vitramon entraran de lleno en el combate. Desde el aire, el guerrero dragón se soltó del agarre de su aliado y salió escopeteado con sus armas, girando y cortando la espalda de la serpiente en un tajo limpio y certero. Pero a esta le dio lo mismo el dolor y utilizó su cola para atrapar al humanoide, apretando y dirigiéndolo hasta su boca para darle un mordisco. El Digimon de fuego se lo impidió él mismo, rodeándose de fuego y lanzándose como un cohete, golpeando de lleno en la parte derecha de su cuello.
¡Sois unos mosquitos muy molestos! —Sujetando todavía a Dinohumon, que no paraba de trazar cortes con las hojas de sus brazos, lo arrojó hasta su compañero, logrando que ambos aterrizaran en el suelo de mala manera— ¡Y ahora os aniquilaré! —Abrió la boca, exponiendo una hilera de dientes afilados y se preparó para emplear una técnica atroz— ¡Auch!
Antes de que lo completara, dos poderosos ataques a distancia le impactaron a lo largo de su cuerpo. Sus orbes se deslizaron de un lado a otro hasta ubicar a los culpables: un Knightmon desde el cielo y un Grademon cerca de un edificio portando un peligroso cañón: el de Imperialdramon. Era tan pesado que incluso el espadachín había tenido que hincar una rodilla en tierra y apoyar el arma en la pared, lo cual provocó que el tiro sólo lo rozara. Sin embargo, el corte producido por el mandoble del caballero fue otra historia: le abrió una fea línea en la cola.
Dinohumon y Vritramon se incorporaron y señalaron a su rival. Plesiomon comprendió que si cada uno tomaba una posición diferente, sus ondas supersónicas no alcanzarían a todos, lo que sí o sí haría que tuviera que esquivar o soportar la embestida de otros dos. En vez de ponerse nervioso, se preparó para pasar a la ofensiva, ignorando olímpicamente lo que podría suceder si continuaba de esa manera. Pero la ayuda no tardó en venir: su cuerpo se recubrió de una capa de metal dorado que conocía bastante bien. Esbozó una sonrisa y agradeció que los demás no fueran de niveles más altos. Para cuando Rox y Ethan se percataron de ello, fue demasiado tarde: El Positron Laser se reflejó y se dividió, borrando las balas de fuego y el tajo de energía del caballero. La potencia explotó en el cielo y se llevó también a Knightmon, que no sufrió grandes daños por la resistente armadura que poseía, pero sí lo dejó fuera de combate.
¡Aegis-dono!
¡No vengas! —Lo detuvo con un grito. Era suficiente humillación haber caído con un ataque, aunque este fuera uno de los efectos más potentes de las cartas. No quería que un casi desconocido se preocupara y encima lo protegiera— ¡Estoy bien!
Tiene una Tamer —comprendió Rox, tratando de mantener lo calma—. Yo la buscaré —decidió, recibiendo un asentimiento por parte de Ethan.
Muy bien. Derrotaremos a ese Digimon marino enseguida. ¡Ryu!
Grademon evolucionó y tomó la figura de un dragón humanoide con armadura y afiladas hojas en cada mano. Ya no había más tiempo para calentar. Pegó un salto y arremetió sin técnicas de distancia, al menos hasta que el efecto de la carta del enemigo desapareciera. Plesiomon lo interceptó con sus aletas y esquivó los cortes, pero la herida en la cola no le permitía moverse con la misma agilidad de siempre. Dinohumon rechinó los dientes y fue en busca de Aegis para que no estuviera en medio del fuego cruzado, mientras que el Digimon de fuego sobrevoló la fuente de vida y aportó ayuda con sus garras.
Rox encontró a una chica rubia en el mismo momento que esta tenía intención de colocar una carga de Digisoul en el iC, pero al darse cuenta de que no estaba sola, cambió de opinión y escupió a un lado. Era de una estatura muy inferior a la caballero, mas eso no evitó que la mirara con odio y burla, como si en cualquier momento pudiera romper la distancia entre ambas y propinarle un puñetazo en la cara. Sus ojos verdes se clavaron en la espada de madera, lo cual no representó peligro alguno al no estar afilada. Pero cuando sus movimientos se tornaron evidentes y la Expert corrió para detener un apoyo extra a su criatura digital, otra persona apareció y cogió de la cintura a la criminal.
Nos largamos —escuchó Knight. Era una voz femenina.
En mitad del enfrentamiento, donde Plesiomon ya no era capaz de luchar contra tres adversarios de distintos niveles, herido y cansado, otro Digimon apareció y reunió energía en su cuerpo, liberando una poderosa descarga de rayos que obligó a todos a echarse hacia atrás y esquivar la combinación de agua más electricidad. La serpiente marina desapareció de su vista y se convirtió en un simple Gomamon que era recogido por una memoria de Devimon, que se evaporó en cuanto acató y cumplió la orden dada, entregando al Child al enorme insecto volador: Atlur Kabuterimon.
Gaioumon se propuso ir a por ellos, pero entonces los fuegos artificiales cesaron su actividad, el ruido se minimizó y la figura del enemigo se hizo difusa en el cielo: ya no podían continuar con aquello si querían dar la imagen de que en la ciudad sólo reinaba la tranquilidad.
Kyubey se ocupó de sanar lentamente a Aegis, ahora como Zubamon, pero lo mejor fue guardarlo en el Digimon Storing Device para que se recuperara y nadie se percatara de que, de repente, se le veía herido y le costaba caminar. Un rato más tarde, la procesión llegó hasta ellos. A Matt le hubiera gustado preguntar al contemplar la situación, con Dinohumon sujetándose el brazo a lo lejos y Vritramon en condiciones similares, mas sabía que no era el momento propicio para ello.
La ceremonia, al menos, concluyó sin complicaciones. Bastemon se sumergió, entregó el coco simbólico y salió del agua como una princesa que pensaba en su gente y en el Oasis, empapada y triunfante.



Cartas usadas:
- Shining Evolution (Rox y Ethan)
- Positron Laser (Ethan)

- Chrondigizoit Metal Body (Chica rubia del iC)
- Memoria de Devimon (Otra chica desconocida)

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El sol se encontraba en el punto más alto cuando la mayor parte de la población de Oasis City se congregó en una de las salidas de la ciudad. Ahí, sobre las arenas del desierto se encontraban tres grandes estructuras, barcazas de madera de algunos seis metros de alto por otros diez de largo. Aquellos peculiares transportes eran llamados “Barcos de arena” y tal como su nombre lo sugería, servían para moverse a través del mar de dunas. En cada vehículo, los encargados de brindar empuje era una docena de Tortamon.

La ceremonia que se llevaría a cabo ese día sería el “agradecimiento al desierto”, pues para los habitantes de Ciudad Oasis el despiadado páramo era tan importante como el oasis en el centro de la urbe, después de todo, era este terreno tan extremo el cuál mantenía a raya a toda aquella amenaza extranjera. Al mismo tiempo, la ceremonia buscaba apaciguar la ira del desierto y mantenerlo de buen humor, de lo contrario fuertes tormentas podrían manifestarte.

Como el oasis y el desierto eran entes contrarios, pues uno era fuente de vida mientras el otro lo era de muerte, las ceremonias también se realizaban en momentos distintos para respetar la identidad de cada uno, por esta razón al oasis se le agradecía durante la noche y al desierto durante el día. Por supuesto, esto tenía sus problemas y es que no cualquiera podría adentrarse al Desierto Oasis y soportar su abrasador calor, por esta razón eran utilizados los barcos de arena como transportes y estos a su vez solo llevarían a un grupo selecto de habitantes de la ciudad.

Antes de que el primer pasajero subiera a los barcos, los miembros de la guardia registraron a fondo cada uno de los transportes, siempre teniendo a uno de los Tamers como supervisor. Antaño, se sabía de antemano cuál de los transportes sería abordado por la princesa, pues este era decorado y acondicionado para su uso, en esta ocasión esto se descartó por completo. Si había alguien interesado en sabotear el barco de la princesa tendría difícil adivinar en qué barco viajaría Bastemon, pues para comenzar esta decisión ni siquiera aún había sido tomada. Y aunque esta información hubiera sido filtrada, o en su defecto, los asesinos hubieran predicho este movimiento de la princesa y sus guardianes, entonces tendrían que haber saboteado todos y cada uno de los transportes, cosa que hubiera resultado imposible, pues estos habían permanecido en estricta vigilancia desde el día anterior.

Si bien lo ideal habría sido que cada uno de los Tamers viajará en uno de los barcos, su prioridad era la vida de la princesa, por mucho que esto generase opiniones varias al respecto, así que Rox, Ethan y Matt abordaron el barco de la reina manteniéndose cerca de ella, mientras que Dinohumon, Hagurumon y Aegischusmon fueron dejados libres en el barco como agentes incógnitos. Vritramon en cambio se unió a un grupo de Birdramon, a los cuales se les encargó la tarea de vigilar desde los aires.

—Esto… es asombroso… —Matt estaba asomado por una de las ventanas de la habitación, observando la escena que tenían delante. Kyubey estaba también sobre su cabeza, agitando sus brazos y soltando peculiares chillidos de emoción.

Se encontraban en la recamara más alta del bote, la habitación del capitán del navío, esta gozaba de una vista sublime del desierto, delante de ellos se extendía un enorme océano hecho de fina arena. Las dunas simulaban las violentas olas del mar, las cuales, si bien estaban estáticas, repentinas corrientes de aire creaban la ilusión de movimiento cuando las capas superficiales de polvo eran arrastradas.

—¿Hmm? —Bastemon ladeó la cabeza, interesada por las palabras del canadiense—. ¿En el mundo de los humanos no existen barcos de arena? —la pregunta, hecha desde la inocencia, provocó sorpresa al azabache.

—No, su alteza —contestó Rox con toda tranquilidad—, vehículos como este… son impensables en nuestro mundo —asintió tras meditar un poco—, para empezar, los humanos no tenemos monturas tan resistentes como esas —se giró hacia adelante, clavando la mirada en los Tortamon que se movían ágilmente delante del barco, estos ni parecían mostrar signo alguno de cansancio.

—Sin olvidar que hay poco interés en moverse a través de los desiertos —Ethan suspiró.

Bastemon escuchó con atención y asintió con parcimonía. Le resultaba intrigante qué tan diferentes eran el Digimundo y el mundo humano. Debido a su posición, rara vez tenía la oportunidad de charlar tranquilamente con humanos, pues por lo regular siempre había un estricto itinerario que respetar y cualquier minuto desperdiciado charlando de temas triviales podría hacerle llegar tarde a otra reunión, lo cual a su vez podría generar el desagrado de un comerciante importante, el líder sindical de algún gremio, o bien, podría ser tomado como una ofensa si se trataba de algún noble o emisario de otra ciudad. Se podría decir que, en aquel momento, Bastemon tenía más tiempo libre del que nunca había gozado en los últimos meses.

—Su majestad —la voz de Tailmon hizo a todos mirar hacía la puerta—, tiene invitados que desean verla.

El rostro de Bastemon se volvió serio, esta repentina acción no pasó por alto por ninguno de los Tamers. La felina se encaminó hacía un elaborado sillón en la habitación, este fungía como sustituto de trono, y se dejó caer sobre este con tal pesadez que el mueble soltó un quejido audible tras recibir su peso.

—Adelante, les permito la entrada.

Tailmon asintió y abrió la puerta de par en par. Dos Digimon se adentraron en la estancia. El primero se trataba de un león bípedo con una singular armadura, una sonrisa confiada estaba dibujada en su rostro, la cual permitía ver un par de sus colmillos, su andar demostraba fuerza y energía, su mirada estaba fija en la figura de la princesa; se trataba de un GrappuLeomon. El segundo visitante se movía con tal cuidado que daba la impresión de ser un bailarín, cada paso parecía ser cuidadosamente calculado, él fue el único que miró a los guardianes de la reina e hizo una inclinación de cabeza a modo de saludo; él era un Noblepumpkmon.

—¡Mi señora, ni siquiera el sol reflejado en las arenas del Desierto Oasis luce tan radiante como usted el día de hoy! —el león hizo una reverencia al estar a tan solo un par de metros delante de la aludida, Ethan sintió ganas de vomitar por tan deplorable actuación—, le agradezco mucho haber sido considerado para acompañarle al corazón del desierto.

—Igualmente agradezco el gesto, mi señora —Noblepumkmon se retiró su sombrero y realizó una elaborada inclinación de cabeza, cual actor de teatro tras finalizar su puesta en escena—. Ver su rostro y escuchar su voz es siempre una dicha.

—Gracias a ustedes por venir, es grato tenerlos aquí —a estas alturas, los Tamers ya podían identificar cuando la princesa saludaba a alguien con verdadera alegría y cuando lo hacía solo por algún tipo de compromiso; este último era el caso con esos dos Digimon—, espero que el viaje esté siendo de su agrado.

—Por supuesto que sí, mi señora, podría ir sobre un montón de basura y aun así me sentiría agradecido por estar acompañándole —Bastemon desvió la mirada de forma disimulada al escuchar el comentario del león, al parecer este se percató del mismo decidiendo parar en el acto y aclararse la garganta— y bien, mi señora, ¿no nos presentará ante la muchedumbre? —Aegis dio un paso al frente y fulminó con la mirada al Perfect, la mano de Rox se apresuró a sujetarlo por el hombro y detenerlo justo en la posición en la que estaba.

—Ah, es verdad —Bastemon levantó su garra—. Este de aquí es Leonidas, es el líder del gremio constructor de nuestra bella ciudad, todo monumento y edificio relevante en Ciudad Oasis ha sido ideado y construido por él y sus hombres —el león, sin ver a los guardianes de la reina, esbozó una sonrisa triunfal—. Noblepumpkmon en cambio es un conde que nos visita desde tierras distantes, al principio solo deseaba realizar tratos comerciales con nuestros mercantes, pero tras los ataques a nuestros transportes, él nos ha brindado su apoyo para combatir la escasez de alimentos a través de donaciones.

—¿En serio? —Excalibur parpadeó—, que gran corazón tiene para compartir con los necesitados.

—No cualquiera haría eso —asintió Ryudamon.

—¿Y eso no afecta sus negocios? —Ludomon ladeó la cabeza, aún sin comprender la operación—, es decir, está regalando comida sin recibir nada a cambio, ¿cierto?

—Oh, yo lo veo como una inversión —el de cabeza de calabaza sonrió—. Ayudar a las personas siempre te abre las puertas a nuevas oportunidades, solo debes saber cuándo y cómo aprovecharlas —explicó.

—Entonces no es altruista del todo… —masculló Aegis.

—Ah, no me malentiendas. Ayudar a los necesitados es mi pasión —el Ultimate se llevó una mano al pecho—, pero si puedo conseguir un beneficio a cambio es aún mejor —chasqueó los dedos—, después de todo para ayudar a los que menos tienes primero debe sobrarte algo, quien tiene en abundancia puede obsequiar en abundancia.

—En… eso tiene razón, Aegis —el vigésimo susurró esto a su similar, el compañero de Rox solo puso mala cara.

Knight reparó que GrappuLeomon lanzó una mirada fulminante a Noblepumkmon mientras este daba su explicación a los Childs y, aunque un instante se recompuso y adoptó una pose erguida y neutral, aún podía percibir cierto deje de molestia en su cuerpo, ¿es que acaso esos dos Digimon eran alguna especie de rivales? Ambos digitales se desarrollaban en rubros económicos distintos, uno era constructor y el otro comerciante, ¿sería que alguno de ellos estaba tratando de incursionar en terreno ajeno y eso producía el malestar en Leonidas?

—Su alteza, ¿me haría el gran honor de acompañarme al tejado para así maravillarnos de las vistas? —preguntó Leonidas mientras estiraba su mano, ofreciéndosela a Bastemon.

—Bueno, primero debería consultar mi itinerario —dijo la princesa, mirando a Tailmon y Mikemon—, como sabe, estos eventos sociales son muy demandantes y debo complacer a todos mis invitados…

—De hecho, está libre por el momento, su alteza —Mikemon dijo aquello alzando la cabeza con orgullo, sin embargo, pronto sintió la mirada fulminante no solo de la otra dama de compañía, sino también de la princesa—. ¿Dije… algo malo?

—Creo entonces que nada me impediría aceptar su invitación —se obligó a decir la regente—, sin embargo, Leonidas, espero no le incomode la presencia de mis guardaespaldas.

—Ah, no se preocupe alteza, es fácil ignorar a los sirvientes, uno se acostumbra con el tiempo a verlos como mera decoración de fondo —hizo un ademán para restarle importancia. Se apresuró a ayudar a la princesa a ponerse de píe.

—Conde, sería agradable si se nos uniera también —antes de dar siquiera un paso, Bastemon le dijo aquello a su otro invitado, este inclinó su cabeza en respuesta.

—Muchas gracias por la consideración princesa, acepto con gusto.

Rox volvió a ver esa molestia en el rostro de Leonidas, comprendiendo entonces lo que estaba sucediendo: esos dos estaban en un duelo singular, uno donde el ganador buscaba ganarse el corazón de la princesa. Lo peor de todo es que al parecer Bastemon estaba consciente de esta disputa, por esta razón estaba usando esa rivalidad para escudarse y arruinar, sin llegar a ser descortés, cualquier plan del Perfect donde estuviesen a solar, o bien, él pudiera avanzar su “relación” con ella.



[. . .]





La princesa, junto a sus sirvientes y sus dos peculiares invitados se encontraban ahora en el tejado del barco. Este era el punto más alto en todo el transporte y ahí solo había unos barrotes que separaban a los pasajeros del vacío. Desde ahí las vistas del desierto eran hermosas, panorámicas, el único problema por supuesto eran los cálidos rayos del sol que te golpeaban de forma directa. Mientras Bastemon se encontraba charlando con GrappuLeomon y Noblepumkmon, los enviados de la central se mantuvieron un par de metros a distancia por petición de la felina. Rox se vio en la necesidad de sujetar en brazos a Kyubey como si de un peluche se tratase, pues de dejarlo volando libre cabía la posibilidad de que el barco le dejase atrás.

—¿Estás diciendo que son un triángulo amoroso? —Walker arqueó una ceja al escuchar las conclusiones a las cuales Rox había llegado.

—Ahora que lo mencionas, también noté cierto malestar en Leonidas cada vez que el conde hablaba—Collins escudriñó con cuidado a los dos aludidos.

—Noblepumkmon tiene intereses comerciales, siguiendo esta lógica, Leonidas también debe buscar algún beneficio al estar cerca de la princesa —concluyó Prydwen—, solo que el primero es transparente con sus acciones mientras que el segundo no.

—Tal vez eso es lo que le incomoda a Leonidas —dijo Knight tras meditarlo un poco— y le hace sentir en cierta desventaja…

—Si eso es verdad, ¿deberíamos sospechar de ellos? —preguntó Ryu.

La respuesta del samurái generó un incómodo silencio. Tras frustar el segundo intento de asesinato de la reina, los enviados de la Central creyeron ingenuamente que podrían arrojar algo de luz sobre todo ese asunto, pero la verdad es que en lugar de conseguir respuestas solo se toparon de frente con muchas interrogantes más. Los responsables del ataque en el oasis habían sido dos Tamers. Una de ellas, la compañera de Plesiomon, debía poseer al menos el rango Elite por simple lógica, mientras tanto el segundo debía ser, por lo menos, un Expert. La participación de humanos ya generaba una incómoda tensión, ¿quiénes eran esos sujetos y por qué estaban tratando de matar a la princesa?, ¿estaban actuando por su cuenta o habían sido contratados?, ¿en verdad se estaba gestando un golpe de estado?, ¿quién era la mente maestra que estaba moviendo las piezas en el tablero?

Estaban dando pasos en un terreno peligroso e iban completamente a ciegas. Ahora mismo nadie ahí podía dar una respuesta a Ryudamon, porque no la tenían. Leonidas y el conde podían ser solo otro par de problemas que alguien le estaba lanzando a la princesa para llevarla al límite, ¿cómo reaccionaría el pueblo de ciudad oasis si Bastemon maltrataba al conde que les daba alimentos cuando ella no podía garantizarlos?, ¿qué opinarían los agremiados y sus familias si la adorada princesa era descortés con el mayor constructor de la urbe? Esos dos podían ser solo dos piezas más de un elaborado juego… dos piezas de dominó que solo estaban ahí, esperando su momento para caer junto a otras más en una reacción en cadena.



[. . .]



Cuando el Scorpiomon se atrevió a levantar su cabeza, Lord le azotó con uno de sus listones dorados. La criatura contuvo un chillido y después agachó su cabeza hasta volverla a hundir en la arena. Delante suyo había por lo menos unos quince de aquellas abominaciones, según había escuchado eran considerados los cazadores por excelencia de aquel territorio. Saber esto le hacía sentir cierto orgullo, pues en teoría en ese momento él se encontraba sobre el ente más fuerte de la cadena alimenticia del Desierto Oasis. El sónido de pasos hicieron que LordKnightmon apartara su mirada y girase hacía un lado.

Algo se acercaba, pero costaba bien identificarlo: parecía tratarse de dos montículos de arena con vida propia, pues este se estaba moviendo hasta su ubicación. Cualquiera se hubiera alarmado, incluso uno se preguntaría si eso era obra de un espejismo, pero Lord sabía bien de qué se trataba. Al cabo de un instante, una chica rubia de facciones severas y un Tentomon aparecieron justo donde estaban los montones de arena móviles; alcanzó a ver cómo la chica guardaba un Change Mirror en un Keychain.

—¡Buu! —soltó el Tentomon mientras agitaba sus brazos al aire y soltaba una carcajada, al ver que LordKnightmon no reaccionaba de ninguna forma ladeó la cabeza—, ¿es qué eres un amargado o algo así? —preguntó con toda confianza, como si no hubiera un abismo de nivel entre ambos.

—¿Dónde está el objetivo? —el Ultimate se limitó a preguntarle aquello a la mujer rubia.

—Se acercan, son tres barcos en total —explicó. Se apartó en ese momento un par de mechones largos que cubrían su rostro—. Se acercan por el sur —apuntó en la dirección—, llegaran aquí en unos diez minutos —la Tamer se quedó callada y después paseó la mirada por el lugar.

Solo porque ella sabía lo que se ocultaba ahí abajo, pudo distinguir extrañas formas debajo de la arena, de no ser por esto, ni siquiera una Tamer de su Rango habría sido capaz de advertir la amenaza que yacía bajo sus pies. Ella sonrió complacida.

—Me sorprende lo bien que los has manejado, Lord.

—Ese Anomalocarimon…, ¿cómo es que se llamaba?, ¿Escorpio? —negó con la cabeza, restándole importancia al asunto—, hizo un excelente trabajo domesticándolos, pero una bestia amaestrada capaz de hacer trucos no es suficiente, necesita disciplina y eso es lo que les dí —permaneció un instante pensativo—, ¿y tú hermana?

—Estaba demasiado… exaltada, por su fallo de anoche —frunció el ceño, como si no quisiera tocar el tema—. GPS le prohibió salir hasta que se calmase, así que me encargaré de todo aquí.

—Ya veo, entonces tampoco participará GPS… Ese contratista suyo es un cobarde al tenerlo atado de esa manera…

—Es demasiado cuidadoso, pero supongo que tiene algo de razón —esbozó una sonrisa—, a veces los métodos de GPS son poco ortodoxos y ese sujeto se preocupa demasiado por la ciudad…

—Tanya, veo el polvo —la voz de Tentomon hizo que la rubia y el Ultimate se giraran.

—Bien, será mejor adoptar posiciones antes de que sus escoltas aéreas tengan posibilidad de vernos —la rubia miró a Lord—, espero que tus “bestias disciplinadas” cumplan con su parte, Lock On no te contrató para perder el tiempo.

—Quedarás maravillada, Tanya —dijo con orgullo el Ultimate—, te lo garantizo.

LordKnightmon estiró uno de sus brazos y cogió uno de sus listones solo para hacerlo resonar en el aire como si se tratase de un látigo: de inmediato las figuras ocultas bajo la arena comenzaron a moverse en conjunto, tal y como habían sido entrenadas. La mirada de Tanya se afiló: poco importaba que Bastemon tuviese ojos en el cielo, cuando sus queridos barcos de arena llegasen al lugar indicado serían arrasados uno por uno, junto a los desdichados invitados que trajo consigo. Por supuesto, ella y Tentomon darían el golpe de gracia y acabarían con la vida de la regente.

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Soncarmela Soncarmela
 

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Varios de ellos estaban sufriendo por las altas temperaturas, sobre todo al estar fuera en compañía de la princesa y sus dos... pretendientes. Rox soportaba lo mejor que podía, pues no deseaba dar la imagen de defensas bajas en esas circunstancias, estando como guardaespaldas de alguien tan importante. Aegis y Excalibur lo pasaban el doble de mal debido a sus armaduras y el color de sus cuerpos, junto a Ludomon y el pequeño Kyubey. La emoción del transporte en esos barcos de arena cambió radicalmente por culpa de ello. Mientras tanto, en la barandilla, Leonidas y el elegante sujeto calabaza charlaban con Bastemon. Sus frases se podrían considerar triviales, pero sin lugar a dudas, cada uno quería avanzar en su amistad con ella poco a poco, comiendo terreno a su rival. En los otros dos barcos, los guardias de Mistymon, Wizarmon y FlaWizarmon vigilaban con atención el paisaje y el movimiento de los Tortamon. Vritramon se dejó guiar por los pájaros de fuego al no conocer tan bien el territorio, pero prefería aquello que estar de pie sin hacer absolutamente nada. Dinohumon y Hagurumon se mantenían en silencio; el primero porque no era de conversar y el segundo porque no pensaba cometer ningún error en la misión. Alcanzar su destino y que la Digimon gatuna cumpliera la ceremonia era todo lo que podía pedir en ese día. Aegiochusmon mostró su carácter afable a un par de criaturas, nobles todos ellos, que gracias a su presencia no se murieron de aburrimiento. Obviamente, jamás dirían algo así en voz alta, dado que sería un insulto al Oasis.
Mi señora, no dude en invitarme siempre que le plazca, incluso si estoy extremadamente ocupado, me encargaré de que mis pupilos continúen con el trabajo duro —dijo el Perfect con orgullo, recordando nuevamente que su deber como Consejero de la Construcción estaba presente en cada conversación—. De hecho, quería mencionarle que estaba revisando la estructura del castillo el otro día, y se me ocurrieron algunas ideas para reforzar las paredes...
No será necesario, Leonidas —interrumpió suavemente, tratando de no sonar borde—. Ahora mismo debemos centrarnos en las calles y las casas de los convecinos de la ciudad. El alimento escasea, no gastemos en un castillo que sigue en perfecto estado. Te lo agradezco, de verdad.
Es una lástima que su gente esté en esas condiciones, majestad —murmuró la calabaza, serio—. Hablaré con mis allegados para ver si estamos en condiciones de enviar un nuevo...
No, no, no, no puedo abusar de tu amabilidad. Lo que haces ya es más que suficiente.
Tener una buena relación con Noble Pumpmon y GrappuLeomon era de vital importancia para la princesa. La ciudad del desierto no existiría sin el león, y sin las ayudas del Ultimate habrían terminado en la pobreza definitiva. Lo menos que podía hacer era ser cordial y esbozar una sonrisa amigable cuando se dirigían a ella. Su mano se deslizó por la barandilla cuando el constructor hizo ademán de posar por accidente sus dedos encima de los de la gata. A Matt no se le escapó el detalle y se aclaró la garganta, mirando hacia otro lado: no quería ser curioso. Ethan bostezó.
Los minutos transcurrían con normalidad. El viaje permanecía al mismo ritmo, con los Tortamon avanzando sin detenerse en ningún momento. Estaba claro que habían sido entrenados para cargar con los barcos y los Digimon o personas que hubiera encima. Fue por esta misma razón que ante una mala sacudida, los humanos y los guardias se pusieron en alerta de inmediato. Noble Pumpmon reaccionó deprisa y recogió a la princesa por la cintura para alejarla de las vistas, mientras que Leonidas abrió los ojos al máximo y tragó saliva.
Y no era para menos.
Porque de la nada, los tres Digimon Adult al unisono chillaron de dolor y se desplomaron en la arena. Los invitados nobles se sujetaron a la barra más próxima y temblaron de miedo. Los humanos no se lo pensaron: actuaron e hicieron evolucionar a sus compañeros. A lo mejor no era nada, existía la posibilidad de que los Tortamon se hubieran pinchado con algo enterrado, pero después de lo ocurrido en la ceremonia de la fuente de vida, no iban a probar suerte con el azar. Wolfmon, Ginryumon, Zubaeagermon y TiaLudomon formaron un círculo alrededor de sus Tamers y de la princesa.
El ataque se ejecutó a continuación. Las colas emergieron desde las arenas y se clavaron en el barco, apretando y tirando, rompiéndolo y trazando cortes. Mistymon desenvainó su espada de fuego y sus aliados levantaron barreras de sus respectivos elementos para proteger el vehículo donde se hallaban. El consejero observó con aprensión el lugar de la princesa: los guardaespaldas interceptaron la ofensiva de los salvajes y no permitieron que nada impactara en Bastemon. Una de las amenazas salió por completo y asomó la cara, gruñendo y enseñando los dientes. Rox lo reconoció en cuestión de segundos: hacía poco había tenido que enfrentarse a ellos. Los ojos de Aegis reflejaron el mismo sentimiento, aunque él no tuvo la oportunidad de luchar contra los insectos porque la serpiente y el dragón se encargaron. Kyubey se abrazó al cabello de la castaña.
Aquí están... —murmuró la gata con cierto resentimiento. Esas criaturas eran las causantes de que sus aldeanos no tuvieran alimento de sobra que llevarse a la boca.
Abajo, en el camarote, las damas de la princesa esquivaron por los pelos más colas que aparecían desde todos los lados. Intentaron llegar a las puertas para conocer el estado de su alteza, pero no les quedó más remedio que continuar allí. Los muebles no tuvieron la misma suerte.
Otra sacudida. Bastemon estuvo a punto de tropezar y caer, pero su acompañante calabaza presumió de reflejos y la agarró por la cintura, evitando la catástrofe. GrappuLeomon ni siquiera fue consciente de ese detalle, el cuerpo le tembló violentamente, los ojos casi se le salieron de las cuencas y la cara se le puso blanca del miedo. Ignoró a la princesa y corrió para colocarse entre dos de los Digimon, sintiéndose seguro. Rox y Matt parpadearon, mas se guardaron sus propios comentarios, especialmente porque no eran de los que juzgaban a nadie. Sí era cierto que su primera impresión sufrió un ligero cambio ante ese comportamiento. Ethan, por su parte, olvidó la formación y silbó para llamar la atención de su camarada. Sin dar explicaciones, se montó en el dragón samurái y ambos abandonaron el barco levitando.
¡Eh! —masculló Aegis, incrédulo— ¡¿Dónde se supone que se va?! ¿Se ha acobardado o qué?
De...debe haber una razón detrás... —contestó Collins, nervioso. El Commander jamás los dejaría atrás de ese modo—. Sí, será una emergencia.
Hay que reforzar la defensa —dijo Knight sin alterarse. Los tiburones del desierto se unieron desde cada esquina para romper de una vez por todas el vehículo. La muchacha y su amigo de Ávalon intercambiaron una mirada cómplice.
¡Digisoul Charge!
El Elite se rodeó de energía y la traspasó a sus Digimon, los cuales alcanzaron la etapa Perfect. Shining Evolution se activó y dio lugar a un caballero dorado y plateado. En medio del caos, una enorme bestia robótica aplastó el suelo del desierto y rugió: Machinedramon se había cansado de los chillidos histéricos de los nobles. Entre él y Dynasmon, dado que Dinohumon también había decidido pasar a la acción, salvaron a los desconocidos y se aglomeraron alrededor del barco de la princesa para ayudar en su protección. Dos de los vehículos ya estaban totalmente inservibles: lo único que quedaba eran los Tortamon, con tantos cortes y pinchazos en las patas que eran incapaces de incorporarse. Noble Pumpmon besó la mano de Bastemon y la dejó al cuidado de los humanos y sus compañeros; entonces, a pesar del peligro, se introdujo en los camarotes en busca de las damas de su querida majestad.
¡Nos dividiremos en dos grupos! —Rox puso orden entre tanto grito. Los escoltas y los Digimon acompañantes se ponían delante para recibir o neutralizar la ofensiva del enemigo. Pero no soportarían mucho más tiempo con el estado del barco— ¡Nos subiremos todos a Machinedramon! ¡Duramon, Dynasmon, Mistymon, Wizarmon y Fla Wizarmon, abridnos camino para que nadie salga herido! ¡El resto, coged a la princesa, los nobles y a los humanos!
Vritramon y los Birdramon tuvieron la intención de descender para dar apoyo aéreo, no obstante, antes de que su plan se llevara a cabo, un golpe los impresionó desde el costado. Herakle Kabuterimon meneó su cuerno y empujó a dos de los pájaros de fuego: su fuerza fue devastadora y los dejó noqueados. El híbrido se detuvo a duras penas y se dio la vuelta, sintiendo la enorme sombra del insecto encima suya. Recuperó el equilibrio y se dedicó a disparar desde los cañones de sus brazos. Al final, Dynasmon le cedió a Prydwen la labor de cargar con aquellos que no podían volar o escalar, y se abalanzó hacia el cielo para luchar personalmente con la nueva amenaza.
Duramon, Mistymon, sus aliados y Aegiochusmon sirvieron de distracción abajo, pero también era una estrategia de doble filo, porque en ese territorio, con las piernas bañadas de arena y con los tiburones desplazándose rápidamente de un lado a otro, recibían más daño que al contrario. Los salvajes demostraron coordinación y precisión. Nunca se confundían al atacar, cuando uno aparecía desde el frente, su camarada lo hacía por la derecha. Por el contrario, los guardaespaldas y el consejero no poseían el mismo orden. Mientras que el espadachín místico y los hechiceros sí trabajaban como un equipo, el vigésimo y Capricornio preferían ser más independientes, lo que provocaba que en varias ocasiones chocaran entre sí y les dieran la oportunidad perfecta a los Scorpiomon para conectar sus filos.
Bastemon ahogó una exclamación de susto cuando el barco donde se hallaban Noble Pumpmon y las otras gatas se descompuso en mil pedazos, pero casi automáticamente una explosión abrió un agujero. Mikemon y Tailmon treparon por este y le tendieron los brazos al Ultimate, que presentaba heridas por los hombros. Él mismo se había encargado de invocar una pequeña tarta de calabaza para crear una salida. Aegis descendió y funcionó como transporte para trasladarlos hasta los hombros del camarada máquina.
Yo no puedo realizar movimientos bruscos —advirtió Machinedramon, totalmente inmóvil como una estatua. Era consciente que sus ataques, tanto de los cañones como de las garras, provocarían daños colaterales a sus aliados, a parte de que no podía dejar a la princesa y al resto en las arenas, sería un suicidio con esos tiburones—. Tenéis que eliminar a los Scorpiomon, es la única manera de que lleguemos a nuestro destino. ¡¿Ah?! —exclamó de pronto, sintiendo un pinchazo en la pata derecha— ¡Están tratando de subir!
Knightmon entregó a los Digimon y se desplazó lo más veloz que pudo hasta las patas: no porque le preocupara el Ultimate, dado que él debería poder defenderse por sí mismo, pero su señora estaba bajo su cuidado, procurando que los demás se sujetaran bien, olvidando como siempre su propio bienestar. Y eso significa que él debía esforzarse al máximo para que ningún enemigo la tocara. Blandió su enorme arma y cortó la cola de los dos que habían osado salir de las arenas para molestar; los Perfect gimieron de dolor y regresaron al suelo, ocultándose con una fea herida de la que no se recuperarían. El caballero esperó unos segundos, vigilando atentamente, por si acaso se les ocurría regresar a por más.
(. . .)


¿Maestro...?
Si en la ceremonia del otro día atacaron unas chicas, esta vez no será diferente —explicó para apartar la confusión en el tono del Digimon—. Ir a por ellas es lo más rápido. Al ser sólo nosotros, no llamaremos tanto la atención.
Ethan buscó la carta correspondiente e hizo evolucionar todavía más al dragón. Gaioumon lo agarró con cuidado y ambos terminaron de confirmar las sospechas del humano: un LordKnightmon, alejado del campo de batalla, enviaba al penúltimo de los Scorpiomon con un latigazo, mientras que esperaba pacientemente encima de otro. Su aspecto radiaba elegancia y superioridad. La arena no ensuciaba su llamativa armadura rosada.
Terminemos con esto rápido —dijo el Tamer, señalando con la cabeza en dirección de los Digimon.
El Ultimate asintió y lo posó en el suelo con delicadeza. Entonces, aprovechando el silencio y que todavía no sabían de ellos, saltó y cruzó sus espadas, lanzando una onda de energía que cortó por la mitad al insecto, convirtiéndolo automáticamente en un Digitama. Con el caballero no hubo tanta suerte, pues emitió una risa y lo eludió con gracia, realizando una voltereta y aterrizando con una especie de reverencia.
¿En serio creíais que no os había visto? —Su voz era suave, casi cantarina. Se dio la vuelta y se cruzó de brazos.
¿Dónde está tu Tamer? —demandó saber el dragón humanoide, directo.
Tampoco es como que me estuviera escondiendo —continuó, sacando una flor y oliéndola como si fuera el mejor momento para ello. Ignoró olímpicamente la pregunta de su contrincante—. Tenía pensado unirme ahora mismo, pero al saber que recibiría visita, me he preparado de antemano. Disfrutemos del combate.
Alzó el brazo y, con ello, sus cuchillas doradas emergieron de las arenas, atrapando las piernas y brazos de Gaioumon. Los lazos apretaron sus muñecas y le obligaron a soltar las espadas. Cada intento de desatarse le producía más cortes. LordKnightmon sonrió y se acercó lentamente, paso a paso, teniendo que levantar las piernas por culpa del desierto. El calor le molestaba como a los demás, pero nunca rechazaría una pelea contra alguien de su mismo nivel, sobre todo si se le presentaba la oportunidad de lucirse. Adelantó el brazo y acarició los brazos de su enemigo con la flor. El dragón gruñó a modo de respuesta.
Antes de que el caballero rosado decidiera pasar a las torturas, la memoria de un Duramon se manifestó y giró como una peonza para cortar los lazos que aprisionaban al Digimon. Aquello también sirvió para que el salvaje se viera obligado a retroceder. Gaioumon recogió sus armas y apuntó con ellas a su rival: el rastro de arena manchó levemente la empuñadora y sus dedos.
Y ahora es cuando tu Tamer hace una aparición triunfal —Dicho y hecho. Ethan guardó el cartucho de la memoria y se aproximó a su compañero. Podría haber continuado observando el enfrentamiento desde el D-Arc, y dándole indicaciones con gracias al Sound Linker, pero después de comprobar que ese Digimon tenía controlada la situación, nada les podría asegurar que contaba con ataques ocultos que incluso podrían herir al humano—. Un placer. Mi nombre ya te lo habrá dicho cualquier aparato que portes encima, por lo que... ¿Proseguimos?
Yo estoy aquí. ¿Dónde está tu Tamer? —repitió el castaño, sin inmutarse.
¿Por qué iba a responder esa pregunta? —Abrió los brazos a cada lado— ¡Venid a por mí! ¡Luchemos hasta que uno de los dos no pueda más! ¿Y quién sabe? A lo mejor para entonces, todos tus amigos han caído bajo los pinchos de mis queridas mascotas —El comentario no logró el efecto deseado.
Muy bien. Te he dado la oportunidad de responder, que conste —Cansado de tanta charla que no llegaba a nada, Walker sacó una carta de su colección: Musha Damashi.
(. . .)

Dynasmon maniobró en el aire y esquivó las fuertes tenazas de Herakle Kabuterimon. Hasta ahora, habían intentado ascender todavía más para golpear la cabeza del insecto, pero siempre que lo hacían, este tomaba la misma decisión. Fue Vritramon quien comprendió su reacción, porque esperó a que estuviera entretenido con su aliado y otros Birdramon para sorprender desde un costado. Los ojos azules de una mujer rubia se clavaron en él, sin asustarse, simplemente evaluando la reciente amenaza. Susurró unas palabras que el Digimon de fuego no escuchó, pero que reaccionaron en el bicho dorado; batió las alas y movió las patas para quitarse a los demás, entonces se colocó en una posición defensiva, protegiendo correctamente a su Tamer e inició a reunir energía en su cuerno principal.
¡No le dejéis cargar el ataque! —gritó Vritramon lo más fuerte que le permitió su garganta.
Arremetieron al mismo tiempo para empujarlo a golpes, tanto con una ofensiva física como con técnicas a distancia; el Digimon respondió gracias a su Tamer, se rodeó de una intensa luz, potente y cegadora. El fuego de las alas de Birdramon quemaron tanto al enemigo como al aliado al soltar su ataque en esas circunstancias, al igual que las balas del híbrido, que perforaron las alas de las aves y también impactaron en la espalda de Dynasmon. No obstante, el ataque de este último fue el peor, porque el dragón que había invocado con toda su energía estalló y se llevó a todos consigo. El rayo eléctrico de Herakle Kabuterimon se envió a tierra, con menor cantidad de fuerza, pero imparable...
O no tan imparable.
RaijiLudomon y Knightmon lo interceptaron con sus propios escudos, justo por encima de Machinedramon, quien levantó sus enormes brazos para defender también a los que tenía bajo su protección. Todos, sin excepción, se abrazaron a lo que tenían más cerca para no caerse. El dúo de tanques los salvó, a cambio de que las chispas recorrieran sus cuerpos y los paralizara ligeramente.
Los Birdramon aterrizaron en la cabeza del Digimon máquina, varios de ellos se transformaron en huevos, otros bajaron las cabezas en señal de derrota. Vritramon fue recogido por el enorme Virus y Dynasmon permaneció en el cielo, negándose a rendirse, mientras que su enemigo también presentaba quemaduras y otras heridas.
Rox, que Knightmon ayude en la batalla aérea —dijo Matt, cerrando los ojos y llamando, por última vez, al Digisoul que hervía en su corazón.
La muchacha entendió el plan que tenía en mente. Le comunicó a su compañero que cambiara de objetivo y se concentrara en la amenaza de los cielos, al menos cuando se recuperara de la parálisis momentánea. Prydwen, por su parte, apareció como un peso pesado en las arenas, quemando lo que sus pies tocaban y buscando con su IA a los tiburones del desierto.
No conseguimos dañar a los Scorpiomon... —se quejó Mistymon, clavando la espada en el fuego para crear un círculo de llamas.
Si pudiéramos crear una estrategia que les obligara a salir de... —Bryweludramon abrió la boca levemente— ¡Excalibur! ¡Ve con Matt y pídele justo lo que te voy a decir!
¡Voy!
Que el vigésimo se marchará fue un error para ellos. Los insectos percibieron que faltaba alguien y empezaron a ser más agresivos, coordinándose y apareciendo más deprisa. Mistymon fue capaz de conectar su espada en el pecho de uno, quemándolo vivo casi al instante, pero los familiares de este se las apañaron para atravesar la magia de los hechiceros. Bastó un cruce de sus tenazas para que la expresión de sus rostros se borrara, dando lugar al nacimiento de un Digitama. El consejero enfureció y se arrojó, trazando un tajo que hirió de gravedad. Se giró y se topó con Aegiochusmon sujetando a otro, empleando electricidad para impedir que se enterrara nuevamente. No lo pensó demasiado y desencadenó una buena estocada. ¿Ya no solamente lo bajaban de rango como guardaespaldas? ¿Ahora también sus pupilos morían a manos de unos salvajes? No... Aquello era demasiado. Nadie más se convertiría en huevo en su presencia. El odio le hubiera conducido al mismo destino de no ser porque Prydwen y Durandamon se metieron en medio para bloquear los pinchos.
La ayuda no tardará en venir —dijo Excalibur, serio.
A lo lejos, cerca de las patas de Machinedramon, Gause y Fay fingieron como sillas para dejar a Rox y Matt encima de la arena. Los chicos metieron las tarjetas de Scorpiomon en la ranura de los dispositivos y entregaron una orden directa y sencilla: “atacad a los otros Digimon para que salgan”. El arma viviente, Capricornio, Mistymon y Bryweludramon se juntaron, espalda contra espalda, con cuidado de no lastimarse al tocar a Durandamon o la fortaleza ígnea, pero sin dejar hueco a que los sorprendieran en el centro. Notaron como las arenas se movían, al principio despacio y luego más deprisa.
Una cabeza asomó. Después otra. Así consecutivamente hasta salir todas, incluso se empezaron a dar mordiscos entre ellos, sin saber quién o quiénes eran los falsos. Probablemente las memorias ya habían recibido un corte y desaparecido, pero eso los salvajes no lo sabían. Podrían haber tenido un adiestramiento, mas seguían siendo monstruos nulos en inteligencia. Durandamon se deslizó y giro brazos y piernas, ejecutando patadas y tajos, desmembrando a los insectos: cola, tenazas, cuernos... Si el filo conectaba, no había modo de que aguantaran. Aegiochusmon se encargó de apoyar y proteger al consejero, consciente de que ya se hallaba cansado, herido y no pensaba con claridad. Prydwen levitó con el fuego y los fue quemando poco a poco.
(. . .)

Knightmon agitó su mandoble y envió cortes de energía en la distancia. Dynasmon mantenía al insecto entretenido con sus idas y venidas, golpeando con sus garras y tratando de esquivar los ataques pesados de los cuernos. Todo se basaba en que no repitiera su técnica especial. El tener una humana encima le impedía realizar maniobras bruscas, lo que, en cierto modo, les entregó mucha ventaja. Sin embargo, también se percataron de que el Digimon recibía medicinas mágicamente desde un dispositivo de la chica; si tan sólo se hubieran podido acercar hasta la Tamer... Pero era imposible, Herakle Kabuterimon siempre ascendía y usaba su cuerpo para que nadie amenazara a la rubia.
El vuelo de Aegis tampoco era el más veloz. Podía avanzar y le costaba detenerse, por lo que prefirió quedarse quieto y lanzar ataques hasta que el otro decidiera cambiar de posición. Sus manos se cerraron entorno a la empuñadora, entrecerró los ojos y fijó la vista en el estómago. Concentró el poder y efectuó una voltereta entera para mandar el tajo. El insecto era demasiado grande para obviar aquello.
Están acabando con todos... —observó Tanya con una mano en la barbilla y otra sujetando unos prismáticos. Varios Digitamas reposaban en la arena alrededor de los combatientes. Desde allí podía contar un total de diez Scorpiomon eliminados.
¿Nos retiramos? —Su voz estaba teñida de cansancio y dolor.
LordKnightmon también debe estar ocupado allá... —soltó un suspiro—. Sí, será lo más apropiado. Hablaré con GPS y le comentaré que necesitamos otro plan.
Herakle Kabuterimon meneó las alas y expulsó una niebla densa que hizo cobrar vida a Digimon invisibles en mitad del cielo. Aegis parpadeó y se topó cara a cara con criaturas que, en teoría, no deberían estar allí, mucho menos volando. Las figuras de los esclavistas, Adult todos ellos, se volvieron cada vez más reales, riéndose de él. Incluso sintió un latigazo en la espalda, a pesar de que Vegiemon se hallaba delante. El miedo, en esta ocasión, no se apoderó de él.
¡¡No!! —vociferó, liberando su enojo— ¡Ya no soy el mismo de antes!
Knightmon se abalanzó como un loco al frente y cargó con todo el peso de su espada, la cual fue detenida para su asombro. ¿Cómo? ¿Cómo era posible? No le entraba en la cabeza que ese Digimon y sus dianas lograran detener un ataque como aquel. Tendrían que haberse cortado con el mínimo contacto. Su fuerza... su fuerza debía ser muy superior. Y entonces una patada le impactó en el pecho y lo mandó a varios metros de distancia. Ni siquiera pudo responder al siguiente ataque, un zarpazo que provino desde arriba. Unas marcas de uñas se grabó en su guantelete derecho. El siguiente sí lo detuvo con su escudo y contraatacó con este mismo, empujando y preguntándose, escéptico, qué clase de modificación poseía ese Digimon. Ya fuera con puños o mandoble, tenía la extraña sensación de que realmente no le daba a su adversario. Al cabo de unos segundos, las imágenes se tornaron borrosas, y en vez de enfrentarse a los villanos, golpeó a un confundido Dynasmon.
¿Aegis...? —murmuró el dragón, mirando a izquierda y derecha, buscando a unos supuestos enemigos.
¡¿Dónde está el bicho?! —recordó de pronto, sin encontrarlo. Apretó el puño— ¡Ha escapado! ¡Maldita sea!
(. . .)


Gaioumon se valió de la destreza y la velocidad obtenido para no darle tregua al caballero rosado. Sus Kikurin eran precisas y directas, conectando una y otra vez en el escudo de su adversario, y cortando los lazos dorados que le amenazaban desde atrás los costados. Al haber superado la trampa -con ayuda de su Tamer-, sus movimientos ya eran más ágiles, y su maestría como espadachín le permitió poner contra las cuerdas a LordKnightmon. Sin embargo, debía admitir que no le llevaba tanta ventaja, y que en cualquier momento, cuando se le terminara el efecto de la carta, tendría que variar su estrategia de ataques rectos. El Royal Knight se agachó para esquivar un tajo y pateó el suelo para mandar arena a la cara de su rival; el dragón humanoide colocó el brazo por delante y protegió sus ojos, pero aquello también le redujo las defensas. El otro lo aprovechó y transformó sus cuchillas en una hermosa espada, fina y rápida, con la que contraatacó. El chirrido de ambos filos al encontrarse en medio del enfrentamiento provocó que Ethan se tapara los oídos.
El Digimon elegante se cansó de ese intercambio de golpes e interceptó una de las Kikurin con su resistente escudo. Lo repelió con un movimiento a la derecha y pasó a la ofensiva con un rodillazo. Gaioumon se negó a dejar que le impactaran en el cuello y retrocedió, realizando una estocada por si tenía suerte y, de paso, también impedía que el otro lo sorprendiera con alguna técnica repentina. LordKnightmon cayó en el suelo con gracia y echó hacia atrás la mano para arremeter con una acometida. El filo de su espada brilló intensamente debido al color y la intensidad del sol. El compañero del humano cerró los párpados por la luz y cruzó sus armas al mismo tiempo, interceptando la embestida. Ninguno daba su brazo a torcer, ninguno retrocedía ni un centímetro. Se analizaron con cuidado, a la espera de que uno cometiera un error fatal. Al estar tan próximos, el dragón chocó su cabeza contra el casco. Ambos sintieron la molestia y optaron por alejarse, guardando distancias.

Por culpa del mareo, tropezaron con el suelo y recuperaron el equilibrio cuando vieron al otro atacar. El centro del escudo se encontró con una de las espadas y explotó instintivamente, levantando polvo y arena. Gaioumon tosió y reprimió un gemido de dolor. Para evitar que lo sorprendieran, meneó los brazos y ejecutó cortes a diestra y siniestra. Oyó un quejido, confirmando que le había dado en alguna parte. Al verse nuevamente, los Ultimates tragaron saliva y recobraron el aliento.
¿Qué te parece si nos alejamos un poco y así nos tomamos esto en serio? —Le propuso el rosado, divertido.
Ni Tamer ni Digimon sabían si era sincero con sus palabras o guardaba un As bajo la manga. Los dedos de Ethan ya tenían un par de cartas para ser usadas al instante.
Una lástima —agregó entonces, encogiéndose de hombros. Walker frunció el ceño al notar una neblina a lo lejos, justo donde había empezado el ataque a la princesa—, tendrá que ser en otra ocasión. Justo cuando iba a ponerse interesante.
¿De qué estás...?
LordKnightmon colocó el escudo sobre la arena y lo hizo estallar con más fuerza que antes. El dragón humanoide abrió los ojos al máximo y se giró para abrazar a su Tamer, casi a cámara lenta, librándole de todo el daño.
Ma... Maestro... Estás bien... —susurró con apenas un hilo de voz. La espalda le quemaba. Ethan se echó hacia atrás y miró con preocupación a su compañero. Gaioumon le devolvió una expresión de felicidad y alivio— Me alegro...
Las piernas le temblaron y cayó de rodillas, con los hombros caídos y los ojos cerrados. El tamaño disminuyó hasta que la figura de Ryudamon se mezcló con el polvo de la arena.
Con más de la mitad de los Scorpiomon muertos y otros que habían escapado, Machinedramon se desplazó por el desierto como una fortaleza andante. Recogieron al Commander y escucharon la versión de los hechos, añadiendo un enemigo más a la lista. Noble Pumpmon se lamentó de no haber podido hacer más, aunque Mikemon y Tailmon le agradecieron en repetidas ocasiones que, sin él, habrían acabado a merced de los tiburones. Leonidas se aclaró la garganta y regresó a ser el mismo de siempre, quejándose de que los materiales de los barcos se tenían que mejorar para que resistieran los ataques de cualquier Digimon. Mistymon prefirió no hablar con nadie, se limitó a tener los Digitamas de los aliados caídos a su alrededor, en silencio, con una expresión de tristeza. Los compañeros digitales se turnaron para descansar en los dispositivos o ser sanados por Kyubey, pero al hada se le acabaron las energías tras curar a los más heridos, por lo que Excalibur, Prydwen, Dinohumon y Vritramon se tuvieron que esperar a llegar al destino. Ethan agradeció la ayuda del pequeño y acarició la cabeza del enano amarillo. Aegis trató de negarse, pero el DigiGnome se puso terco y posó sus alas en su cabeza, negándose a que él fuera uno más: ¡era su mejor amigo! ¡Para él siempre quedaba un rastro de luz...! O quizá no, porque no salió nada de sus manitas, por lo que todo se resumió a una acaricia cargada de cariño. Bastemon apretó la mano de sus guardaespaldas y les confió su vida: al inicio había tenido dudas al respecto, pero ahora se sentía segura a su lado.
La ceremonia del Desierto ha concluido —dijo la princesa cuando los aldeanos la recibieron con aplausos y gritos. Tailmon corrió hasta la casa de transportes para pedir que fueran a buscar a los Tortamon heridos—. Los Digitamas que contempláis no son más que valientes guerreros que dieron la vida por el bien de Ciudad Oasis. Los Scorpiomon fueron una prueba, pero lo importante es que la hemos superado.
Rox observó el rostro feliz de la gente y se preguntó si esa explicación sería suficiente para que ignoraran la muerte de conocidos, amigos... hermanos. ¿De verdad era lo correcto? ¿Pero qué otra opción tenían para que el caos no reinara? Si apelar a la violencia de los salvajes bastaba para que prosiguieran sus vidas como si nada, entonces... Lucir el título de majestad no era fácil para nadie. Matt agachó la cabeza, procurando que sus sentimientos no afloraran en la expresión de sus ojos. ¿Podían llamar victoria a lo de ese día? No tenían información de los enemigos, más allá de que cada vez eran más.
Los Scorpiomon no estaban solos. Contaban con el apoyo de un Herakle Kabuterimon. Así de peligroso es el desierto, vecinos míos —Los aldeanos abrieron la boca con asombro. ¿Qué tan maravillosa era su princesa para vencer a un mismísimo insecto dorado? Pero así era ella, ponía su vida a merced de los salvajes por el bien de ellos—. Seremos recompensados, lo sé. Doy gracias por la fuente de vida. Y doy gracias a todos mis escoltas.




everyday everyday Mañana pongo colores a los diálogos.

Enemiga:
- The Sparkle of Fate!!
Ethan:
- Memoria Duramon
- Carta: Musha Damashi // Shining Evolution
Matt y Rox: Memoria Scorpiomon
Rox: Shining Evolution
 
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everyday

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Los movimientos de Nefertimon X eran propios de un Digimon felino, delicados e hipnóticos, incluso podría decirse que cada uno de ellos estaba fríamente calculado, como si los hubiera estado practicando durante varios días hasta perfeccionarlos. Su armadura también era un deleite a la vista, la superficie de cada pieza metálica había sido limpiada y pulida hasta el punto en que uno podía admirar su propio reflejo si se acercaba lo suficiente, por si esto no fuera poco, el conjunto entero le brindaba un aire intimidante al tipo sagrado, combinando así belleza y letalidad.

La felina alada cruzó la puerta principal, un par de exquisitas sábanas trasparentes, y tras un salto se posó en lo alto de una plataforma, desde ahí podía admirar cada detalle del inmenso salón de su palacio: grandes columnas formaban un intrincado laberinto, todas ellas poseían elaboradas inscripciones, jeroglíficos en Digiemoji, desde su base hasta la punta; grandes calderos de barro se encontraban dispersados por el lugar, dentro ardían grandes hogueras que se encargaban de brindar luz artificial a cada rincón del lugar; la punta del techo, la cual a su vez era también la punta de la pirámide, estaba hecha de cristal puro y además, se encontraba ubicada justo encima del trono de Nefertimon, por lo tanto, ya fuese de día o de noche un halo de luz siempre se encontraba bañando la figura de la tipo sagrado. En ese momento, como era de noche, la figura de la Digimon era iluminada por una cortina de luz plateada, proveniente de una de las lunas que paseaban ahora por el cielo.

Una Harpimon se detuvo a tan solo un par de metros de la plataforma e hizo una inclinación respetuosa a su señora, Nefertimon X hizo entonces una inclinación con su cabeza, siendo esta la señal que le permitía hablar.

—Mi señora, tenemos noticias de GPS.

Al escuchar ese nombre la Armor no pudo evitar sorprenderse. Se movió un poco sobre los cojines en los cuales estaba echada, encontrando por fin una pose cómoda en la cual reposar.

—Espero que sean buenas noticias.

La harpía se quedó un instante en silencio, Nefertimon pudo escuchar como tragaba saliva.

—La ceremonia del desierto ha concluido y el ataque contra la princesa fracasó —aleteó sus manos en deje nervioso—, lamento mucho semejantes noticias, mi señora.

—Tranquila, era de esperarse —sin mirarla, hizo un ademán con una de sus garras para restarle importancia—. Bastemon es una Digimon con una voluntad férrea, sin duda una verdadera adversaria, sería una ingenua si creyera que sería tan fácil de eliminar —las paredes de la pirámide resonaron con una sutil risa que escapó de sus labios—. Pero incluso la más dura roca se erosiona…



[. . .]



Bastemon se talló el rostro con ambos brazos y se recargó contra el respaldo de su silla. Una vez más las condiciones forzaron a la princesa a reunirse con sus consejeros para tratar el nuevo ataque contra su persona, por lo menos, en esta ocasión sus guardaespaldas estaban ahí para brindar un poco de luz a todo el asunto y es que los enviados de la Central habían logrado recabar información valiosa durante el inesperado evento. Sin embargo, la situación no era nada alentadora.

—En resumidas cuentas, ¿lo que tratan de decirme es que los Scorpiomon están apoyando a quienes tratan de asesinarme? —la voz de Bastemon estaba llena de duda.

—Eso es ridículo —Gigasmon negó con la cabeza—. Los Scorpiomon siempre han sido bestias salvajes, sin raciocinio alguno, el desierto los engendró como castigo para aquellos impuros que se atreviesen a viajar en sus dunas —se cruzó de brazos, sonaba tan confiado, como si él mismo hubiera visto dicho acontecimiento—, esos demonios no pueden ser domados, princesa, son solo criaturas que se mueven por instinto.

—Estoy de acuerdo con Gigasmon —comenzó Mistymon, más pronto su ceño se frunció y la confusión era notable en sus ojos—, sin embargo, tras el ataque a los barcos de arena… —negó con la cabeza—, me cuesta mucho creer que fuese una mera casualidad.

—No es necesario pensarlo demasiado, ese Lordknightmon al cual nos enfrentamos Ryu y yo dejó en claro que esos Scorpiomon estaban siguiendo sus órdenes —Ethan afiló su mirada—, si ignoran este suceso solo porque “los Scorpiomon nunca han mostrado inteligencia” —remarcó las comillas usando los dedos de sus manos—, entonces solo están dándole una oportunidad a esos sujetos para seguir utilizándolos en contra de la princesa y de la ciudad.

—¿Pero para qué utilizar a los Scorpiomon? —Meramon parecía haberse perdido algo—, ¿acaso esperan que la princesa viaje en uno de los transportes para sorprenderla?, es una pésima idea, nuestra señora abandona en raras ocasiones el palacio, o la ciudad.

—Los Scorpiomon son los responsables de la inestabilidad social y económica que ahora mismo azota a Ciudad Oasis —los consejeros miraron a Rox extrañados—, pero los enemigos de la princesa no dudaron en usarlos de forma directa contra ella apenas vieron una oportunidad —se llevó una mano al mentón y pensó un instante—, tal y como dice Ethan, a este paso los Scorpiomon podrían ser usados una vez más, de una forma distinta.

—Al parecer los asesinos no se detendrán hasta que consigan lo que desean —Matt bajó la mirada al suelo—, y cada vez emplearán medidas más drásticas —miró a Bastemon—, si permitimos que el enemigo siga manteniendo un arma así a su favor, entonces ellos no dudaran en usarla.

Bastemon cerró los ojos un instante y se concentró en sus pensamientos. Había encargado a Mistymon la tarea de descubrir si alguien manipulaba a los Scorpiomon, pero su consejero de seguridad fue incapaz de proveerle de resultados antes del ataque sorpresa en el desierto, de seguir así, sus agresores podrían encontrar una forma más creativa de utilizar a las bestias del desierto antes de que ellos pudieran siquiera orquestar una contramedida. Ella no tenía miedo de enfrentarse a esas criaturas, de hecho, preferiría mil veces a que su palacio estuviera infestado con esos monstruos, antes de verlas deambular por la ciudad libremente.

—También debe recordar, princesa, que aún no descubrimos cómo es que esos Scorpiomon conocen las rutas de sus transportes —dijo Ethan, tras aquello la habitación se sumió en un incómodo silencio. Los consejeros se movieron incómodos en sus asientos e intercambiaron miradas entre ellos—. Es posible que alguien esté espiándola.

—¿Y qué proponen entonces que haga? —Bastemon suspiró.

—Déjenos enviar a nuestros amigos con uno de sus transportes, princesa —pidió Matt—, ellos se encargarán de derrotar a los Scorpiomon que quedan y así sus rutas comerciales se libraran de ellas.

—¡E-eso es impensable! —Meramon se puso de píe—. Pri-princesa cuando esto se sepa en las calles…

—Aceptar la ayuda de extraños solo le dará la razón a ella… —gruñó Gigasmon.

—¿Ella? —Aegis ladeó la cabeza—, ¿de quién hablan?

Como ninguno de los ahí presentes parecía estar de ánimos para hablar del asunto, Mistymon se acomodó en su asiento y decidió explicarlo.

—Ciudad Oasis siempre ha estado gobernada por la princesa Bastemon, pero no es de extrañarse que tras el paso del tiempo rivales políticos se alcen ya sea por la simpatía que generan en la población, o bien, porque tienen aspiraciones de llegar al poder —suspiró—. La mayoría de esas figuras han desaparecido de la misma forma que han salido a cuadro —levantó el dedo índice—, a excepción de una.

—Nefertimon —el Hybrid de la tierra y fulminó con la mirada el centro de la mesa—. Esa odiosa Digimon cree que solo por tener una abundante riqueza tiene madera para ser una líder, ¡incluso adquirió el anticuerpo X en un intento para verse más bella! —resopló por la nariz—, ella quiere sentarse en el trono de la ciudad solo por capricho.

—Vamos Gigasmon, deja tu orgullo a un lado —Meramon suspiró con pesadez—, la verdad es que, aunque ella tiene su temperamento, ha ayudado mucho a la ciudad —explicó a los de la Central—. Su riqueza es la segunda más grande en la ciudad, realiza grandes actos de caridad de forma pública, varios negocios le pertenecen y hay comerciantes que le rinden cuentas, muchos le consideran como una apta candidata para ocupar el trono si Bastemon llegase a faltar un día.

—La cuestión aquí es que, desde que la crisis de los transportes comenzó, muchos han comenzado a ver a Nefertimon con esperanza —continuó Mistymon— y aunque no lo digan de forma pública, varios nobles ya le han ofrecido su lealtad, en el hipotético caso de que ocupe el trono...

—¿Y por qué no fuimos informados de esto en la primera reunión que tuvimos? —demandó saber Walker, obtuvo su respuesta casi al instante: los tres consejeros se giraron para ver a Bastemon.

—Conozco a Nefertimon y aunque coincido con Gigasmon, ella no caería tan bajo —la princesa suspiró con pesadez—, ella sería incapaz de… —frunció el ceño— asesinarme solo para quitarme del trono.

—Tal vez está subestimándola, princesa —dijo Knight.

—¡Debemos interrogarla en el acto! —Excalibur levantó una de sus garras.

—¡Impensable! —Meramon volvió a sufrir un ataque de nervios—, ¿saben lo que provocaría que Bastemon acuse sin prueba alguna a Nefertimon?

—Ella es una noble de la ciudad, con apoyo de comerciantes y otros grupos sociales… —Rox meditó aquello un momento—, si la princesa le confronta todos creerán que trata de manchar su figura de forma ilegitima, una pantalla de humo para ocultar sus fracasos recientes…

—Eso… solo terminaría ayudando aún más a Nefertimon… —Matt comprendió a donde trataba de llegar Meramon.

Estaban en un callejón sin salida. Sin importar la decisión que tomase Bastemon su figura como líder se desmoronaría, claro, unas opciones lo harían más rápido que otras. De ser este el caso, Bastemon debía realizar su siguiente movimiento con astucia e inteligencia.

—He tomado mi decisión —el silencio llegó con las palabras de la princesa—. Acepto su sugerencia, Tamers, permitiré que sus amigos escolten a mis transportes —levantó una garra antes de que alguien pudiera interrumpirle—, sin embargo, tengo una sugerencia que hacer a su plan propuesto.



[. . .]



Un carromato se abría paso por las dunas del desierto. Un Lynxmon tiraba del transporte, sus correas se trataban de cadenas debido a su cuerpo ígneo. Un FlaWizardmon fungía como chófer y un Panchomon a su lado le asistía como acompañante, en la parte trasera viajaban otros dos Digimon, protegidos del sol gracias a una pestaña que sobresalía del techo, uno de ellos era Dinohumon y el otro Aegiochusmon. El primero apenas y notaba alguna diferencia en el ambiente, pues al tratarse de un Digimon reptil, podía soportar el calor del desierto con suma facilidad, Aegiochusmon por su parte lo resentía un poco, si bien su forma física estaba basada en la data del tipo dragón, estaba ya acostumbrado al clima de Folder Continent, el cual no tenía comparación alguna con el Oasis Desert. De vez en cuanto la sombra de Vritramon cubría el transporte y es que el Hybrid se mantenía sobrevolando las alturas.

El viaje hasta ahora había sido tranquilo, sin avistamiento alguno de los Scorpiomon. Capricornio había invertido la mayor parte del tiempo charlando con Dinohumon, haciéndole preguntas sobre su vida dentro de una Guild humana, además de interesarse por Isla File, la cual solo había visitado ocasionalmente durante la ocupación de Trece Signos en pueblo Industrial y, como su estancia ahí fue muy corta, apenas y tuvo oportunidad para disfrutar del sitio. El reptil demostraba tener poco interés en conversar, pero el Perfect terminó convenciéndole al ser tan insistente, además, el miembro de Ávalon estaba consciente que aquel viaje podría prolongarse demasiado, necesitaba distraerse con algo.

No hubo advertencia alguna, ni del conductor o siquiera de Vritramon desde el cielo, cuando el ataque comenzó este comenzó de forma espontánea. Primero se levantaron nubes de arena, como si estallidos hubieran acontecido, acto seguido las figuras de tres Scorpiomon se hicieron obvias. El primero en reaccionar fue Aegiochusmon, tomando su flauta ejecutó de inmediato su Attract Echo, su melodía no sería capaz de inducir un sueño profundo en sus adversarios, pero al menos daría suficiente tiempo a Vritramon y a Dinohumon para actuar.

—¡Ahora, chófer! —rugió su orden Dinohumon mientras pegaba un salto y enviaba el filo de su arma contra la cabeza de una de aquellas abominaciones óseas.

Flawizardmon asintió y tirando de las correas varias veces obligó a Lynxmon a acelerar el paso. Aegiochusmon saltó del carromato para quedarse en el campo de batalla y evitar que su técnica perdiera efecto por un repentino distanciamiento. Fue en ese entonces el momento del dragón Hybrid: sus cañones giraron y, teniendo a sus blancos reunidos en una sola zona abrió fuego sin reparo alguno; para ese momento el reptil como el caprino pegaron un salto para evitar el Corona Blaster de Vritramon, seguida de una embestida de su Tornado Storm. El único Scorpiomon que quedó en píe fue empalado por una lanza eléctrica de Capricornio.

—Esto no tiene sentido —bufó el Hybrid—, aparecieron de la nada, ¿y cómo supieron que tomaríamos esta ruta?, se supone que solo Ethan y los demás sabían sobre ella.

—Sucedió algo similar en la ceremonia del desierto —Capricornio se quedó pensativo un momento—, los Scorpiomon pueden moverse con facilidad por la arena, lo hacen como si fueran peces en el mar —se encogió de hombros—, seguro aprovechan eso para tender sus emboscadas, pero es imposible que adivinaran la ruta a seguir, a menos que nos estuvieran siguiendo desde que salimos de la ciudad.

—Alguien podría estar espiando a la princesa y dando la información a ese sujeto, Lordknightmon —opinó Dinohumon—, recuerden que los Scorpiomon solo parecen seguir instrucciones, siguen siendo Digimon salvajes.

—Bien, ya cumplimos la primera parte del plan de la princesa —Capricornio suspiró—, es momento de seguir con la siguiente fase…

Los dos humanoides regresaron al carromato, el cual les esperaba varios metros adelante, Vritramon volvió a las alturas y fue así como el viaje fue reanudado… solo que esta vez tomaron una nueva ruta, una que ni siquiera la princesa conocía, pues fue decidida en ese preciso instante. Bastemon ya había previsto que su transporte volvería a ser atacado, sin embargo, en el pasado sus contingentes habían sido o destruidos por completo o se vieron en la penosa necesidad de volver a Ciudad Oasis debido a los daños y heridos, por esta razón la princesa pidió ayuda a los enviados de la Central. Ellos eran guerreros fuertes, ya lo habían mostrado en más de una ocasión, la princesa sabía que podrían rechazar un primer ataque y entonces tender una trampa al enemigo oculto.

Capricornio esbozó una sonrisa, ni siquiera a él se le había ocurrido algo así: si rechazaban un primer ataque manteniendo al transporte intacto y si los Scorpiomon que estaban siguiendo al transporte habían sido derrotados, ¿qué haría el enemigo para evitar el avance del carromato?, ¿cómo le seguirían si ahora estaba moviéndose por una ruta completamente desconocida para ellos? Fácil, se verían forzados a revelar su método de operación, la forma con la cual la información de la ruta era entregada a Lordknightmon, la mente maestra detrás de todas las emboscadas.

Vritramon abrió los ojos de par en par. Había divisado algo con el rabillo de su ojo, al principio pensó que solo era el viento desplazando la arena en la parte alta de las dunas, pero tras un giro repentino pudo ver algo, una silueta alada que, al percatarse de ser descubierta, aterrizó de inmediato intentando ocultarse.

—¡Le he visto! —el Hybrid se detuvo al instante y se giró.

—¡Síguelo y no dejes que se escape! —asintió Capricornio—, nosotros nos encargaremos de cualquier cosa aquí.

El dragón asintió y aleteó con fuerza, yendo directo hacía donde vio la silueta. El Digimon que se había ocultado no tuvo otra alternativa más que abandonar su escondite al divisar al ígneo, ahora yendo hacía su ubicación. Vritramon no reconoció al Digimon: su cuerpo poseía un aire humano, sin embargo, sus extremidades inferiores y superiores concordaban con los de un ave y su rostro parecía ser una representación de una máscara.

El objetivo se desplazó con rapidez e intentó perder a Vritramon a través de las dunas, fracasó: era inútil tratar de perder a un Digimon volador en el desierto, no existía maleza u obstáculos visuales lo suficiente grandes como para confundirlo o distraerlo, una vez el Hybrid clavó su mirada en su figura el Digimon desconocido había perdido ya toda oportunidad de escapar. Sabiendo esto, el Digimon ave apostó todo y puso rumbo a un punto concreto en el mapa: Ciudad Oasis. La mirada de Vritramon se afiló.

El plan de la princesa solo tenía por objetivo conocer cómo el enemigo hacía llegar su información desde la urbe hasta el desierto, Aegiochusmon albergaba la esperanza de que, tras observar a un potencial observador en el desierto pudieran dar con el nido de los Scorpiomon y acabar con todos ellos, y quien sabe, tal vez derrotar a Lordknightmon en el proceso, pero lo que estaba sucediendo frente a los ojos del Hybrid era algo totalmente inesperado.

Sin perder al ave de vista, Vritramon se giró y disparó varias veces al cielo: sus balas estallaron, creando una señal visual que estaba seguro los ocupantes del carromato verían. Aquella era una de las tantas señales que prepararon antes de salir de viaje, su significado era “regresen a la ciudad”.



[. . .]



—Es todo un honor volver a verle, Conde NoblePumkmon—dijo Tailmon—, pero lamento informarle que la princesa Bastemon está ocupada atendiendo una importante reunión con sus consejeros.

—Comprendo, ¿puede decirle que vine a buscarle?, vendré a verle más tarde si mi ajetreado itinerario así me lo permite

—Por supuesto conde, yo le daré su mensaje —dicho esto la gata desapareció tras una gran puerta de doble hoja.



—Así que tú también viniste, pues vas a tener que hacer fila si deseas hablar con ella —aquella repentina voz le hizo sobresaltarse, aunque conocía de quién se trataba—, yo llevo aquí desde la mañana.

Noblepumkmon se giró para ver a Leonidas avanzando por aquel pasillo, este carecía de paredes permitiendo a sus ocupantes admirarse con las vistas de los jardines aledaños, dos hileras de pilares se encargaban de sostener un tejado de forma triangular. El león se recargó sobre uno de los soportes y desvió la mirada hacía un estanque cercano.

—Oh, no me incomodaría esperar todo con tal de ver a la princesa, pero ahora mismo hay varios asuntos que requieren de mi atención y no puedo permitirme quedarme —hizo un ademán para restarle importancia al asunto—, además es comprensible que la princesa esté muy ocupada con las ceremonias, sin mencionar que aún debe estar muy alterada por los eventos del día de ayer —escudriñó con detalle el rostro de Leonidas.

—Fue un verdadero desastre —gruñó—, esos guardaespaldas humanos no están haciendo bien su trabajo, debería correrlos y buscarse a alguien mejor capacitado.

—Pero la princesa no sufrió ni un solo rasguño.

—Aun así no evitaron que los botes fueran dañados y muchos de los asistentes resultaron heridos.

—Bueno, Leonidas, entonces con quien deberías quejarte es con la guardia de la ciudad y no con esos nobles Tamers —se encogió de hombros—, su misión es proteger a la reina, no a los ciudadanos de la ciudad, para eso tenemos a Mistymon, ¿no es así?

Leonidas frunció el ceño, Noblepumkmon esbozó una fugaz sonrisa: el león sabía que estaba en lo correcto, pero esperar que le diera la razón era como creer que el agua de los océanos se volviera dulce.

—Mistymon hizo lo que estuvo en sus manos —el león no daba su brazo a torcer—, tal vez si la princesa hubiera ordenado el exterminio de esas pestes las cosas serían diferentes ahora y no necesitaríamos que un extraño nos diera alimentos —afiló la mirada, el conde captó la indirecta.

—Bueno, querido amigo, eso suena como una queja que deberías hacerle llegar a la princesa, como verás, yo solo aquí soy un simple invitado —desvió la mirada hacia otro lado, con deje de falso dolor—, ¿pero sabes algo?, Ciudad Oasis comienza a gustarme y durante mi estancia he hecho muchos amigos, la gente de aquí es muy amable. No me importaría hacer de este lugar mi residencia.

El león bípedo se cruzó de brazos y apretó sus fauces.

—Pues si necesita de una casa, puede avisarme y con gusto podría encargarme personalmente de diseñársela.

—Sería grandioso —se llevó una mano al pecho—, ¿pero no estará muy ocupado?, he escuchado que trae entre manos un ambicioso proyecto —sus ojos parecieron destellar—, uno sin precedentes en la historia de la ciudad y por ello requiere con urgencia un aumento en la cuota de agua que Bastemon le permite coger del oasis...

El rostro de Leonidas se descompuso, de mostrar molestia pasó a la sorpresa, sin embargo, pronto se recompuso y adoptó una expresión seria.

—¿Quién le dijo eso?

—Lo escuché en las calles, pero usted sabe cómo funcionan los chismes —sonrió—, podría ser solo eso, un rumor.

—Es verdad, las personas se inventan muchas historias, más sobre personas exitosas y trabajadoras como nosotros… por ejemplo, yo he escuchado que usted planea cobrar una comisión por los alimentos que entrega a los ciudadanos.

—Oh vaya, alguien debió correr el rumor para manchar mi nombre… alguien con poca autoestima…

—Sí, podría ser…

Un silencio se formó entre ambos, pero no era uno cualquiera. Era un silencio tenso, como una capa de hielo que comienza a resquebrajarse en silencio bajo los pies de un incauto viajero, era el silencio que sostienen dos espadachines antes de ejecutar un estoque mortal contra su rival, la calma que precede a una tragedia. Ni siquiera los pasos de uno de los guardias fue suficiente para desvanecer la tensión que les rodeaba.

—Conde, su transporte ha llegado.

—Muchas gracias —la calabaza sonrió a la Bastemon que vestía partes de armadura y llevaba consigo una alabarda, luego volvió su atención hacía el león—. Continuaremos con nuestra conversación en otro momento, Leonidas —hizo una reverencia teatral—, los negocios me llaman y lamentablemente solo yo puedo resolverlos.

El león solo hizo una inclinación con su cabeza a modo de despedida, pero no apartó la mirada del Ultimate hasta que desapareció junto al guardia tras dar vuelta en una esquina. Los labios del felino se abrieron un poco revelando sus fauces, después dio un puñetazo al pilastrón donde se había recargado, dejando una marca.

—Ese conde… ese conde… solo vino a dar problemas…

Respiró varias veces y se tranquilizó. Solo debía aguantar un poco más.



[. . .]



GPS disfrutaba de su “picado de hielo”, una de las exquisiteces de la Ciudad Oasis. Se trataba de hielo picado al cual luego se le agregaba un saborizante líquido. Durante su estancia en la ciudad, había probado docenas de ese refrescante postre, pero más pronto que tarde dio con un local donde el sabor de los saborizantes era un verdadero éxtasis para el paladar, motivo por el cual le visitaba varias veces al día en compañía de su compañero, Funbeemon. Fue ahí donde citó a ese individuo.

El joven pelirrojo y líder de “Lock On” estaba terminando su segundo picado de hielo cuando su invitado llegó. Se trataba de un hombre de edad madura, venía solo, si tenía compañero este debió haberlo esperado en algún sitio o viajaba dentro de algún dispositivo. Llevaba una larga túnica y varias de sus facciones estaban bien ocultas debido a una capucha, la vestimenta era muy común de ver en algunos habitantes de la ciudad y era normal verla también en humanos, así que no desentonaba a pesar de la apariencia misteriosa que le brindaba.

—¿Cuál es el avance, capitán? —preguntó el pelirrojo, más interesado en su raspado que en su invitado—, ¿cómo va la búsqueda de esos sucios sujetos que intentan asesinar a tan noble ángel bajado de los cielos? —preguntó con un aire teatral.

—N-no deberías hablar tan a la ligera de eso aquí —le corrigió el hombre—. Alguien podría escucharte.

—¿Y qué con eso? —parpadeó y le miró por primera vez, su rostro estaba llena de inocencia e incredulidad—, nadie sabría de lo que estoy hablando, es más, la princesa ha manejado bastante bien la situación, ¿no es así? —sonrió de oreja a oreja—, hasta ahora ha ocultado todo de una forma u otra: ¿nuestra primera jugada en su contra? Resultó que alguien logró entrar al palacio y robar algo valioso, por eso la Digital Security ahora está en las calles buscando el objeto robado. Nadie se enteró del ataque de Plesiomon, solo algunos asistentes al evento juran que escucharon ruidos extraños durante la ceremonia. Por último, los violentos Scorpiomon salvajes atacaron a la princesa durante su procesión y un extraño escarabajo, venido a saber de dónde, apareció como una “prueba” del mismísimo desierto —suspiró—. Debo decir que es buena para mentir, por eso es una buena líder, así que entonces, ¿cómo va la investigación?

El pelirrojo puso sus codos en la mesa y dejó reposar su mentón sobre sus puños mirando fijamente al encapuchado, quien se movió incómodo en su asiento.

—Bueno, seguimos dando vueltas en círculos… hemos seguido las pistas falsas que has dejado por toda la ciudad.

—Nada de eso —negó con la cabeza—, “las pistas dejadas por esos desalmados” —le corrigió—. Bien, por el momento asegúrate de que todo siga igual, concéntrense en las pistas falsas y aléjense del mercado este —la amenazó con el dedo índice—, ahí es donde venden los dulces que me gustan y no les perdonaría si pasa algo —suspiró—. Y creo que sería todo por hoy.

El encapuchado iba a decir algo más, pero se limitó a asentir y se fue sin más. El pelirrojo afiló la mirada y la clavó en la espalda de ese sujeto mientras se perdía entre la muchedumbre: GPS no podía domar a un organismo como la Digital Security, por ende, solo tuvo que colocarle un collar al capitán de la división. Fue sencillo, el hombre era un policía veterano venido del mundo humano, ya estaba cansado de su puesto y de arriesgar la vida por Digimon que veían a los humanos como invasores, solo tuvo que mostrarle su poder, derrotándole en combate tras estudiarle, luego le tendió una jugosa oferta: a cambio de desviar las investigaciones y mantener a la Digital Security en otra parte de la ciudad cuando él y sus chicas estuvieran ocupadas lidiando con Bastemon, el nuevo líder que tomara control de Ciudad Oasis le pagaría una fuerte suma de dinero, con la cual podría retirarse y vivir tranquilo el resto de sus días. Por supuesto, debían darse prisa, todo caso de corrupción terminaba por revelarse y el capitán podría traicionarlos si las condiciones del juego cambiaban o se veía acorralado.

Los pensamientos de GPS se vieron interrumpidos cuando su comunicador sonó. Lo colocó en su oreja y lo activó.

—Ahh, ya veo, sí, sí —dijo él con tranquilidad—, de acuerdo —colgó.

Funbeemon dejó a un lado su picado de hielo y ladeó la cabeza.

—¿Qué sucede?

—Ah, nada importante —con una cuchara, el pelirrojo movió el hielo de su postre—, una de las Harpimon de Nefertimon volvió a la ciudad y al parecer alguien le siguió.



Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

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¿Qué podemos hacer ahora para ayudar? —preguntó Matt con cierta timidez, observando el reluciente suelo de mármol bajo sus pies.
Después de que Leonidas ingresara al despacho de Bastemon para consultarle un tema importante, los muchachos, sus compañeros y Hagurumon habían tenido que abandonar la habitación, por lo que ahora esperaban a las afueras, en unos cómodos sofás donde, para bien o para mal, eran estrictamente vigilados por las miradas curiosas de dos Leomon que iban de un lado para otro limpiando muebles, suelo, colocando rectos los cuadros en las paredes o atendiendo a los problemas de su señora. Ethan los ignoró y adelantó el brazo para coger una manzana del cuenco del medio, el cual reposaba encima de una mesa con mantel fino y suave al tacto. El mordisco que realizó para llevarse el primer trozo a la boca fue lo único que se escuchó.
Con Capricornio, Vritramon y Dinohumon en la misión del carromato, ellos sólo tenían la responsabilidad de cuidar del bienestar de la princesa, sin embargo, pronto fueron conscientes de que eran muchos para esa tarea, especialmente cuando no daba la sensación de que fuera a salir del castillo o atender otras obligaciones importantes. Protegerla en las ceremonias sí requería del grupo entero, pero ¿ahora? Hagurumon carraspeó y llamó la atención de los presentes. A excepción de Aegis, que se mantenía como una estatua al lado de su señora, devolviendo miradas de advertencia a los empleados del hogar: si bien él no entendía del todo el embrollo político, lo poco que sacó en claro es que no se podía confiar en nadie.
Un movimiento que no se esperan. Eso haremos —dijo el engranaje—. Cuando el constructor finalice la conversación con nuestra estimada alteza, Rox y yo le seguiremos. En silencio. En secreto —puntualizó, recordando varias escenas donde la chica caballero la fastidiaba en misiones de infiltración.
¡¿Por qué mi señora?! —Ante tal alzamiento de voz, Knight colocó una mano en el hombro de su camarada y le pidió calma. Aegis respiró hondo y repitió la pregunta... Con el mismo tono molesto, pero casi susurrando. Sonó a amenaza.
¿Quieres la explicación larga o corta? —Si no fuera porque estaban en medio de una misión y porque la mano de su preciada señora continuaba sobre su armadura, seguramente se le habría lanzado por ser tan engreído— Ethan es bastante conocido. Matt tiene dos Digimon, dicho de otro modo, atrae miradas. Y es más recomendable que ellos permanezcan escoltando a la princesa por si aparece un enemigo. Su poder de destrucción es muy superior al tuyo, Aegis; te guste más o menos.
Tiene razón —Se adelantó la Expert, consciente de que ese último detalle pondría de los nervios a su mejor amigo. Excalibur admiró a su homólogo: aguantó la respiración, bajó los brazos y trató de todos los medios posibles corresponder al gesto templado de su Tamer. En sus ojos no se visualizó lo mismo, pero al menos mantuvo la calma—. Es un honor, de por sí, que me permitan averiguar información por la salud de la princesa. Y cuanto antes descubramos la verdad detrás de los ataques, antes se acabarán.
Es un plan arriesgado —murmuró Ludomon, no muy confiado—. Si GrappuLeomon se percata de que le están siguiendo, se sentirá ofendido.
¿Se escuchó cuando dije “en silencio”? —replicó el Child Virus, haciendo girar sus ruedas.
Necesitamos hacer algo. Y tenemos que hacerlo ya —habló Ethan, terminando de mordisquear el resto de la fruta. Una parte de la piel roja se le quedó clavada entre los dientes. Dejó el hueso sobre la mesa y recargó la espalda en el sofá antes de proseguir. Kyubey se escapó del gorro de la castaña y buscó una pera, mostrando a continuación una expresión rara por el sabor—. Esto no se lo esperarán, ni siquiera la princesa, y los consejeros serían los más sospechosos porque se enteran de todo lo que ocurre aquí. Ya hemos comprobado que contar nuestros planes delante de ellos sólo trae desgracias, es hora de cambiar. No perdemos nada por probar, siempre y cuando no se enteren.
Además —agregó Hagurumon, pensativo—, en caso de que nos vean por la calle, podemos decir que estábamos de guardia. Eso sí —Miró a la única fémina de arriba abajo—, tienes que cambiarte de ropa.
<<¿Cómo... cómo se atreve a insultar los ropajes de mi señora...?>> Dentro de la cabeza de Aegis, otra conversación daba lugar a un enfrentamiento digno de las mejores escenas del Digimundo, donde obviamente salía vencedor y el otro besaba el suelo para pedir disculpas a la castaña.
Rox regresó a su cuarto, subiendo las escaleras y teniendo que cruzar un largo pasillo, y volvió con ellos vistiendo algo diferente, más casual e informal, aunque sin ser del todo femenino. El pelo lo mantenía recogido en una coleta y la espada de madera la seguía ahí donde fuera. Unos pantalones largos y marrones iban a juego con una camiseta negra, y justo detrás, una especie de capa. Excalibur esbozó una amplia sonrisa y Ryudamon, nuevamente, abrió la boca con asombro: al final Aegis decía la verdad, su señora probablemente era la mejor.
La joven esperó fuera del castillo, junto a su armadura andante metido en el Storing Device y el engranaje, cerca de la entrada, y con el DigiGnome atento a cualquier cosa, sin comprender realmente la gravedad de la misión. Al cabo de una hora, el consejero de los constructores se despidió de la princesa, con una brusca reverencia y una expresión que reflejaba angustia y molestia: era más que evidente que su petición había sido rechazada y eso no le agradaba. Ni siquiera se dignó a contestar a los saludos de los Tamers, caminó deprisa hacia la salida, refunfuñando e incluso mencionando a la calabaza de vez en cuando, quejándose de cierto “favoritismo”. Knight y Hagurumon intercambiaron una mirada y empezaron el espionaje.

(. . .)

Matt, Ethan y sus Digimon creían que no tendrían nada que hacer, más allá de recibir buenas noticias de Rox, cuando la figura del conde se manifestó en el castillo. Iba acelerado, pero aun así, se detuvo para brindarles una sonrisa a los guardaespaldas personales de la princesa. Se arregló la vestimenta, se colocó el gorro recto y chasqueó los dedos para crear un ramo de flores con forma de calabaza. Entonces llamó a la puerta suavemente. El Elite de Ávalon tuvo la certeza de que iba a proponerle una cita, pues en cierto modo, le recordó a él cuando quedaba con Elizabeth. De sólo pensarlo, los colores avivaron en sus mejillas. La felina le recibió con cara de cansada, la cual tuvo que cambiar rápidamente para no dar una mala impresión; era duro hablar con tanta gente importante hora tras hora. NoblePumpmon tragó saliva y desveló el regalo detrás de su espalda.
Muchas gracias, conde —dijo ella, con un tono de voz neutral, aceptando el ramo como si fuera un simple objeto.
Mi señora —Pidiendo de antemano su permiso, agarró con muchísima delicadeza su mano y le besó los dedos. Ryudamon, Ludomon y Excalibur se asombraron de que se echara tanto hacia delante para realizar una reverencia, con ese movimiento seguro que la espalda le dolía—. Está tan bella como siempre. Lamento haber tenido que irme antes, pero un asunto requería de mi presencia. Ahora estoy completamente a su disposición.
Sí, Tailmon me mencionó que deseabas hablar conmigo —confirmó, abriendo un poco más la puerta—. Justo ahora estoy disponible, tengo un par de horas libres. ¿Entras y lo discutimos?
Me encantaría, pero si no le parece un atrevimiento, ¿le gustaría que charláramos más tranquilamente en un restaurante? —Los ojos le brillaban con entusiasmo. De tener corazón, palpitaría más fuerte que nunca— He pedido una mesa para no molestar a otros clientes. Es un sitio muy tranquilo, alejado de las calles bulliciosas, y he pedido explícitamente que no haya más gente a nuestro alrededor. Así podrá comer tranquila y nadie nos interrumpirá.
<<Es una cita>> se dijo Matt, cada vez más seguro.
<<Una cita que no puede rechazar>> confirmó Walker.
La princesa se lamentó de haber dicho que tenía su agenda desocupada durante dos horas largas. Si se le ocurría declinar la petición del conde, sería un insulto hacia su persona, y eso conllevaría muchos problemas para la comida de su gente.
Será un placer —contestó finalmente—, mis escoltas y yo te acompañaremos —No tardó en añadir al equipo de humanos y Digimon a la “No Cita”, en un vano intento de que la conquista de la calabaza de alta cuna no fuera a más.
Oh, estoy sumamente agradecido, mi señora, me ha hecho el noble más feliz del Digimundo, que no le quepa duda —A pesar de que no estarían completamente a solas, aquello era un gran paso, puesto que no tendría que compartirla con otro rival amoroso o un consejero curioso. Los Tamers estarían ahí por su seguridad, no para interrumpir cada diálogo proveniente de su persona—. He traído mi carruaje, no permitiré que sus pies se cansen. Hay espacio para todos —concluyó, girándose para invitar por sí mismo a los chicos y sus camaradas digitales.

(. . .)

GrappuLeomon avanzó por las calles del desierto sin detenerse a hablar con nadie, ni siquiera con aquellos que le daban las gracias por sus viviendas. Tenía prisa y no andaba de buen humor, de por sí, ya habían notado que se trataba de un Digimon engreído, a quien se le subió la nobleza, viendo al resto como plebeyos o de baja categoría. A Rox no le agradaba: entendía la jerarquía, pero era de un pensamiento muy diferente. Aquellos con poder, aquellos que permanecían en la escala más alta, tenían que ser un ejemplo, ayudar y transmitir confianza, no petulancia.
El trayecto se desvió en varias ocasiones, lo que extrañó al engranaje. Se alejaron cada vez más de los lugares más abarrotados, y de repente, entre dos casas que lucían vacías, GrappuLeomon se encontró con una figura que ellos conocían bien, dado que lo llevaban viendo, escuchando e incluso luchando juntos casi desde el inicio de la misión: Mistymon. El espadachín de fuego se dio la vuelta al oírlo llegar y escudriñó la expresión de su acompañante.
Te ha dicho que no —adivinó, entrecerrando los ojos.
¡¿Qué le cuesta darme un poco más de agua?! —Y entonces, todo lo que se había callado hasta ese instante, explotó en su interior. El consejero de la guardia le hizo un gesto con la mano para que bajara el tono, y procuró observar a sus alrededores para verificar que no se hallara nadie cerca, aunque ya se había encargado personalmente de que no hubiera vecinos. Esas viviendas llevaban abandonadas desde hacía meses. Rox y Hagurumon se pegaron a las paredes como si quisieran fusionarse con ellas, reprimiendo incluso el sonido de su respiración. El Virus agradeció que la muchacha se tomara en serio ese trabajo. Kyubey se metió totalmente en el papel y escondió el rostro entre sus alas— ¡Encima que lo haría por el bien del pueblo! ¡Proyectos magníficos e interesantes! ¡Una muralla reforzada que no dejará pasar a ningún salvaje ni intruso! ¡No lo entiendo!
Cálmate, ya sabes que Bastemon es muy recelosa con la fuente del Oasis. Esta situación la tiene muy nerviosa y estresada, no quiere malgastar en construcción.
Mis construcciones no malgastan en nada, no son un capricho, son estrictamente necesarias —masculló, furioso—. Y si estamos en esta situación es justamente por culpa de ella, por no escuchar a sus consejeros, por no centrarse más en los asuntos de política, por dar por sentado que siempre permanecerá en ese trono. Pues no, no todo es tan sencillo. Hay que mimar a tus allegados, a aquellos que han estado contigo desde el principio. Y me dice a mí... ¡A mí! —Se apuntó al pecho con los dedos pulgares— ¡El que construyó su castillo desde cero! ¡El que se encargó de preparar a novatos para el gremio! ¡Maldita sea, sin mí no habría vida en esta ciudad! Y encima... —El aire salió expulsado de su nariz, caliente y pesado— encima le hace más caso a ese extranjero que a mí.
Es posible que no te quiera entregar agua a ti porque le esté dando de más a ese vendedor “solidario” de alimentos —Ambos intercambiaron una mirada de entendimiento. Era natural, ese tipo de pensamientos rondaban en la mente de muchos consejeros y otros nobles desde que el conde apareció en sus vidas—. Ya que valora tanto su ayuda, va a requerir más de ella.
GrappuLeomon frunció el ceño. Su silencio fue la señal para que el otro prosiguiera:
Hoy la ruta de los transportes ha sido diferente —De no ser por Hagurumon, Knight se habría asomado más de la cuenta—. Normalmente está programada desde una hora concreta, por lo que es fácil saber por dónde irá, pero hoy ha sido imposible. En mitad de esta, se ha cambiado. Y el carromato ha alcanzado su destino en perfectas condiciones.
Habrán sido esos humanos —Leonidas se frotó la barbilla—. De hecho, creo que faltaban algunos cuando me cité con la princesa.
Debemos tener cuidado y estar alertas —le recordó Mistymon, preocupado. Bajó la mirada y comprobó un reloj que brillaba en su muñequera—. Hablaremos más largo y tendido de esto la próxima vez. Ya te diré la hora y el lugar.
De acuerdo.
Primero se marchó el espadachín de fuego, tomando un camino diferente al del león constructor. Cinco minutos después, el segundo dio la vuelta y en vez de regresar a la ciudad, se marchó por otro lado. Rox no lo pensó dos veces, activó el botón del aparato tecnológico y se preparó para entrar en combate. Zubamon esbozó una sonrisa y abrió y cerró las garras para calentar antes del enfrentamiento, aunque si ese consejero actuaba igual que cuando los Scorpiomon atacaron, entonces no le daría ni para cinco segundos.
¡Los dos, quietos! —ordenó Hagurumon, señalando a ambos con sus ruedas. Tuvo que abalanzarse hacia el frente para detenerlos.
¿No lo has escuchado, Hagurumon? —preguntó con inocencia la chica caballero, sin dejar de observar la espalda lejana del Perfect— Ellos guardan relación con todo esto. Son los culpables. Mistymon volverá mañana y podemos apresarlo, pero con GrappuLeomon no será tan fácil si se encierra en su gremio. Es un golpe de estado.
¡Deja de darle órdenes a mi señora!
Pensad un poco con la cabeza. Ahora tenemos una pista. Una pista que nos puede conducir a una prueba todavía más enorme. ¿De verdad queréis desaprovechar la oportunidad de saber si hay alguien más involucrado en todo esto? —El rostro de Rox dudó. El miembro de Ávalon soltó un suspiro— Ir a por ellos se puede hacer en cualquier momento. Se lo decimos a la princesa, confirmamos nombres y se arregla. Pero si sólo lo hacemos con unos cuantos, otros quedarán libres y repetirán o continuarán con los ataques y trampas. ¿Esa es la solución que buscáis?
No creo que dejarlo libre sea adecuado —protestó de todas maneras. Su instinto de caballero le gritaba que debía actuar por el bien de la ciudad, y que dos traidores continuaran sueltos no aportaba seguridad a la gente, y mucho menos a la princesa. El hada se limitó a poner sus alas alrededor de sus ojos para imitar unos prismáticos, siguiendo la figura de a quien espiaban.
No escapará hoy mismo, humana, y tampoco mañana. Mientras sigan creyendo que avanzamos a ciegas, y que no conocemos realmente sus intenciones, podremos pensar en un plan para apresarlos a todos juntos. Sin que recurran a un contraataque futuro. Y ahora —Su expresión se puso más seria—, ¿perdemos más tiempo o averiguamos quiénes son el resto de cómplices?
Rox admitió, una larga persecución en silencio más tarde, que Hagurumon acertó en no luchar en ese instante. Porque de haber vencido y encarcelado a GrappuLeomon, no hubieran descubierto que la próxima Digimon a la que visitaría sería la rival política de la princesa: Nefertimon X. No la vieron cara a cara, pero desde su posición, contemplaron a Leonidas subiendo las escaleras y adentrándose en la pirámide.

(. . .)

El restaurante se hallaba completamente vacío, a excepción de dos mesas que se ocuparon con la presencia de la felina, el conde, y los humano con sus Digimon, aunque estos últimos a varios metros de distancia para no “molestar” en la íntima y explícitamente profesional conversación de los nobles. NoblePumpmon procuró que nadie se enterara de quiénes iban en el transporte, cerró las cortinas violetas y le transmitió al chófer que no se diera prisa, que los estarían esperando sin importar cuánto tardaran. Al alcanzar su destino, con el vehículo muy próximo a la entrada, Bastemon salió y entró rápidamente, seguida de su acompañante. Los últimos fueron los escoltas.
Ya en el local, el dueño y sus trabajadores se arrodillaron para saludar a la princesa, terminando con un inmenso agradecimiento al conde porque se había encargado de entregar una buena cantidad de alimentos para toda una semana. Las cortinas del restaurante también estaban cerradas, a excepción de las de arriba, para que Bastemon tuviera el placer de disfrutar del paisaje, uno que, obviamente, le era familiar. La ciudad y el desierto se fusionaban para presentar una escena nostálgica y, ahora mismo, triste, puesto que sus vecinos no contaban con la felicidad que ella deseaba para ellos. Soltó un suspiro que no pasó desapercibido por el Ultimate.
¿Se encuentra bien, mi señora? ¿Hay algo que no es de su agrado? —preguntó con amabilidad y cortesía.
Nada de eso. Está todo perfecto —respondió la felina, colocándose en la silla e inspeccionando con asombro el plato de en medio.
Son unas galletas típicas de mi pueblo —dijo NoblePumpmon con orgullo, esbozando una sonrisa feliz—. Adelante, adelante, coja una para usted. Le he dado la receta al chef de este local para que pueda preparar un postre de mi invención.
¿Calabaza?
Calabaza, por supuesto —asintió con una suave risa—. Es usted muy graciosa, alteza, realmente conmueve mi corazón.
Ya veo... ¿Y qué platos son típicos de tu pueblo? —Desvió el tema a lo primero que se ocurrió.
Hubo unos segundos incómodos donde nadie abrió la boca, ni siquiera el conde, aunque esto se debió a que el camarero les trajo los entremeses. Aun así, Ethan percibió que la expresión del Ultimate tuvo un ligero destello al escuchar una frase diferente a la deseada. Comieron con calma, disfrutando de cada bocado y consultando asuntos triviales de Oasis City, sin mencionar nada de lo ocurrido. Los Tamers y sus Digimon trataron de no hacerse notar para no interrumpir en la amena conversación.
¿Le está gustando la comida, mi señora?
Mucho —contestó sinceramente, limpiándose la comisura del labio con un papel fino.
Me alegra saberlo. Entonces, si no voy muy deprisa, ¿podría comentarle la razón de que estemos aquí? —El conde se quitó su sombrero y lo posó sobre la mesa. Bastemon le indicó con una mano que expusiera su problema— Dígame, mi señora, ¿tiene planes de matrimonio?
Matt se atragantó con el agua. Esa distracción valió para que el acompañante de la princesa no descubriera los ojos bien abiertos de ella.
No —habló finalmente, intentando que su voz no delatara los nervios—. El bienestar de mi pueblo es mi prioridad ahora mismo, no hay nada que pueda colarse entre ese principal problema. Cuando estén bien alimentos, cobijados y felices detrás de sus casas, entonces pensaré en otra cosa, la cual probablemente no sea la de casarme.
Mmm, pero la gente de su categoría hace bien al unir intereses, ¿no lo cree? El pueblo gana mucho con un matrimonio.
¿Intereses? —No le gustaba por dónde iba la cosa.
Mi pueblo no es tan grande como su ciudad, mi señora, ni por asomo. Es sólo una pequeña parte del desierto, pero gozamos de alimento abundante, el cual compartimos con usted y su gente porque realmente lo necesitan. Sin embargo —La silla crujió cuando se echó hacia atrás para juntar sus dos manos—, al igual que usted escucha los reclamos de sus aldeanos, los míos empiezan a preocuparse por el bienestar de sí mismos. Se preguntan qué trae de bueno ofrecer tanta ayuda a otro lugar, si nosotros no recibimos algo a cambio. Esos pensamientos cambiarían si vieran que, su conde, su preciado rey, une nupcias con la princesa de la ciudad. Por supuesto, mi señora —Su expresión seria se suavizó un poco—, no deseo obligarla a nada que no quiera, por lo que si mi petición es exagerada, olvidemos este día.
NoblePumpmon —repuso con calma, mirándole a los ojos directamente—, yo no te he pedido ayuda, tú me la ofreciste y lo sigues haciendo, y mis vecinos y yo estaremos sumamente agradecidos toda la vida. Pero no compartimos los mismos sentimientos, sería injusto darle una respuesta afirmativa que no corresponde a lo que de verdad quiero.
Mi señora, sé que sonará muy poco delicado, pero ¿quién está hablando de sentimientos? Es política. Interés. Bienestar del pueblo, justo lo que le preocupa —Adelantó una mano y abrió la palma. De ella apareció un caramelo con la apariencia de una calabaza—. Nuestra unión daría muy buena imagen, tanto a la ciudad como a mi pueblo.
Mi respuesta es no, conde.
Entiendo —agachó la cabeza. Entrecerró los ojos y regresó a la normalidad—. Lamento si mi proposición le ha hecho sentir incómoda, nunca fue mi intención. Continuaré apoyando en la contribución de su ciudad, no le quepa duda, ya que antes que una princesa, es también una amiga. Al menos, para mí.
También le considero un buen amigo, conde, y un preciado aliado. Le prometo que cuando el problema con la comida y los ataques a mi ciudad se solucionen, encontraré la forma de agradecerle su ayuda, y no con unas simples palabras.

(. . .)

Al final del día, el grupo de Tamers y Digimon se reunieron en el despacho de Bastemon. Lucía agotada, a pesar de que hoy no había tenido que estar presente en ninguna ceremonia, pero la charla con Leonidas no fue agradable, y luego la “no cita” con NoblePumpmon le puso demasiado tensa. No había descansado todavía y eso se le notaba en los ojos. Vritramon, Capricornio y Dinohumon compartieron con ellos lo sucedido en el desierto, confirmando que los Scorpiomon repitieron la estrategia para destrozar el transporte, pero que en esa ocasión no lo lograron porque fueron detenidos. Luego decidieron tomar un camino distinto y con eso trajeron a la ciudad los alimentos necesarios para tres días completos. Sin embargo, la alegría de esa noticia enseguida se borró por lo contado por el Hybrid y Rox.
Así que quien vigila los carromatos es un espía de Nefertimon... —murmuró Ethan, asintiendo para sí mismo.
Además tienen a Mistymon chivando los horarios de salida —Ryudamon negó con la cabeza, sin creerse que un valeroso espadachín fuera, en realidad, un traidor.
Y GrappuLeomon tampoco es de fiar —les recordó Knight—. Está muy molesto con usted, alteza, por declinar su proyecto. Si lo pide ahora mismo, iremos a apresar a todos ellos.
La felina no contestó enseguida. Aunque estaba allí, sentada, mirando a los humanos y sintiendo el cómodo calor proveniente de la chimenea, sus pensamientos y mente rondaban lugares más lejanos, sumida en escenas y conversaciones. La primera vez que conoció a Leonidas era apenas un Leomon que trabajaba día y noche para cortar árboles y aprender el oficio, se labró una reputación y terminó evolucionando. Si bien su aspecto era el de un luchador, él nunca entrenó para servir como guardián, eso se lo dejó a Mistymon, un noble consejero que adoraba cuidar de los demás. GrappuLeomon fundó un gremio y, con ellos, empezó un proyecto ambicioso donde alzaba viviendas y un precioso castillo para la princesa que gobernaría. ¿Cómo... cómo era posible que esos dos le hubieran traicionado? ¿Qué había hecho mal?
Y en medio de todo, su rival política: Nefertimon X. ¿Tan bajo había caído para destronarla? ¿Tanto ansiaba el poder que incluso se robaba a sus consejeros? ¿O a lo mejor los había manipulado de alguna forma?
Lo único positivo que sacaba de tanto dolor y traición, era que por fin tenían a los culpables sobre la mesa.



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La pirámide de Nefertimon era un edificio imponente, dejaba en vergüenza a las construcciones aledañas y de no ser por el palacio de la princesa Bastemon seguramente sería la joya de Ciudad Oasis. Alrededor del triangular edificio se encontraba una gran explanada adoquinada, realzando aún más su tamaño. Hileras de palmeras creaban un camino hasta la entrada del recinto, misma que estaba protegida por dos Harpymon. Las féminas aladas intercambiaron miradas de confusión cuando divisaron al grupo de la princesa acercándose, estas pensaron que solo estaban de paso, hasta que comenzaron a subir por las escaleras haciendo evidente su intención de entrar. Realizaron una inclinación respetuosa cuando la felina estuvo a unos metros de distancia, fue un movimiento forzado y mecánico, como quien se ve obligado a seguir un protocolo.

—Princesa, su... visita nos deja sin aliento —dijo una de ellas.

—Si tan solo nos hubiera avisado le habríamos hecho una recepción más acorde a su... —la Armor fue interrumpida por el andar de Bastemon, la felina siguió caminando hacía el interior de la pirámide, la Harpymon aleteó y le alcanzó—. Pri-princesa en estos momentos la señora Nefertimon está ocupada atendiendo a un importante invitado, interrumpirla...

—¿Estás diciendo que este invitado es más importante que la princesa? —La pregunta de Rox provocó molestia en la Armor; se limitó a morderse el labio inferior para disimularlo.

—Además, ya sabemos que Leonidas está aquí —agregó Walker, empeorando la expresión de las guardias emplumadas—, no tiene caso que traten de ocultarlo.

Las Digimon aladas balbucearon un par de excusas, pero ni la regente de la ciudad o sus guardianes le dieron importancia y siguieron avanzando. Un largo pasillo de forma cuadrada les dio la bienvenida apenas se adentraron en el edificio, las dimensiones de este estaban pensadas para que seres de gran tamaño pudiesen moverse entre sus paredes, pero incluso con estas consideraciones un Perfect tendría problemas para maniobrar en ese espacio reducido.

Los Tamers y sus compañeros quedaron anonadados al adentrarse al salón principal: la pirámide estaba hueca por dentro y concentraba todo ese espacio vacío en una sola habitación, era tan espaciosa que con toda facilidad podrían construirse varias casas en ella y aún sobraría espacio. El vacío del lugar era llenado en parte por robustos pilastrones de piedra amarillenta, estos se alargaban como torres y sostenían la estructura en su sitio; desde otra perspectiva, esa sala daba la sensación de tratarse de un bosque techado, donde los pilares eran en realidad los troncos de árboles gigantes debido a su número y cercanía entre ellos.

El sonido de sus pasos hizo eco en las paredes, por esta razón no sorprendieron a las figuras que se hallaban en el centro: sobre una plataforma y recostada entre cómodos cojines se hallaba una tranquila Nefertimon X, aunque su rostro estaba oculto detrás de aquella máscara de expresión inamovible, cualquiera podría imaginarse que en su boca se hallaba una sonrisa de diversión. El importante invitado de la noble era Leonidas, su rostro estaba pálido y sus ojos estaban abiertos de par en par, enfocados en la figura de Bastemon.

—Bastemon, tan impredecible como siempre —Nefertimon era la primera digital en Ciudad Oasis que se dirigía a la felina de una forma tan confianzuda, al punto de rallar en la burla—, ¿no sabes que es de mala educación ingresar a una casa ajena sin anunciarte?

—Todo en el desierto me pertenece —soltó cortante la felina humanoide—, ¿por qué debería anunciarme en mi propia casa? —paseó la mirada por doquier, Nefertimon se tensó—, tú solo eres una guardiana de esta porción de tierra, una administradora, pero no dueña.

—S-su alteza, ¿q-qué hace aquí? —la sonrisa de GrappuLeomon era tan volátil que una mirada severa de la regente bastó para borrársela.

—Te diremos porque estamos aquí —Excalibur levantó la cabeza—, hemos descubierto tu traición, así como la de Mistymon y de Nefertimon X.

—Escuchamos la conversación que tuviste con Mistymon —soltó Rox apenas los labios del león temblaron y amenazaron con abrirse para responder a esa acusación—, el consejero Mistymon te proporcionaba las rutas de los transportes acordadas en las juntas del consejo, por descarte, después tú se las hacías llegar a Nefertimon X.

—Nerfertimon hacía llegar esa información a LordKnightmon en el desierto usando a sus Harpymon, por esa razón una de estas volvió a esta pirámide cuando se vio acorralada —continuó Ryu—. Usando a sus Harpymon, LordKnightmon siempre sabía a donde debía movilizar a sus Scorpiomon.

Leonidas temblaba, en contraste la noble lucía tan tranquila como la superficie de un estanque.

—Te seré honesta, Bastemon. Ansiaba que este día llegase —la felina alada se irguió con cierta pereza y agitó sus alas con parsimonia—, el día en que estuvieras tan insegura de tu posición en el trono como para atentar contra mi reputación —negó con la cabeza—, debes estar desesperada para intentar manchar mi nombre con tales mentiras.

—¡No son mentiras! —Aegis apuntó a la noble con una de sus garras—. ¡Mi señora vio a ese peludo de ahí conspirando en contra de Bastemon!

—Y nuestros amigos descubrieron a tus espías en el desierto y uno de ellos les siguió hasta aquí —Ethan se cruzó de brazos—. La presencia de Leonidas en este solo confirma que nuestras conclusiones fueron acertadas.

—¿Harás caso a un montón de extraños, Bastemon? —Nefertimon X ladeó la cabeza—. Mistymon, Leonidas, yo —aleteó con fuerza—, todos nosotros somos parte del desierto, habitantes de Ciudad Oasis, ¿acaso no lo ves?, estos extranjeros solo quieren dividirnos.

La princesa parpadeó. Repasó las palabras de la Armor y entonces fue incapaz de soltar una risa. Todos los presentes miraron extrañados la inesperada reacción de la regente: aquella expresión estaba lejos de ser una de diversión o júbilo, todo lo contrario, pareciera que se trataba de un mero escape de emociones reprimidas que, al haber sido retenidas por tanto tiempo, escaparon ahora de aquella forma. La risa de la princesa estaba contaminada con incredulidad, con enojo, con dolor… Era la expresión de alguien que ha tocado fondo.

—Es irónico —dijo Bastemon, una vez pudo recuperarse—. Desde que todo esto comenzó, los únicos que me han tendido una mano para ayudarme a mí y a mi pueblo han sido extranjeros —su mirada se afiló—. Primero lo hizo el conde NoblePumkmon y después lo hicieron estos humanos y sus Digimon —alzó su mirada y fulminó primero a Leonidas y después a Nefertimon X—. En lugar de que ustedes, hijos del desierto, ayudaran a esta ciudad, conspiraron en contra de su princesa sin importarles el dolor que pudiesen provocarle al resto de sus habitantes.

El león apretó sus manos. Un gruñido escapó de sus adentros.

—¡¿Que no nos importan?! —Estalló el constructor—. ¡Yo solo pienso en la ciudad y su seguridad!, ¡la muralla es ineficaz, su diseño es arcaico y tiene importantes errores en su estructura!

—Y no olvidemos tu incompetencia —agregó Nefertimon—. Desde que los ataques a los transportes comenzaron fuiste incapaz de dar una solución real, tus decisiones pacifistas solo llevaron a la hambruna, te viste forzada a pedir ayuda a ese extranjero para mantener a la ciudad a flote…

—No puedes culpar a la reina por algo que tú provocaste —espetó Excalibur.

—¿Y qué importa si yo provoqué la crisis de alimentos? —resopló y puso la cabeza en alto, orgullosa—. Este suceso fue algo que pudo ser provocado por cualquiera, incluso por seres salvajes como los Scorpiomon. Hay cientos de Digimon allá afuera que un día podrían organizarse y amenazar nuestra soberanía. Si Bastemon fuese tan buena líder como proclama ser hubiera puesto un alto a todo esto en el acto, pero no lo hizo —clavó su atención en la princesa—. Es demasiado obvio, la situación en Ciudad Oasis escaló hasta este punto por la incapacidad de Bastemon.

Un incómodo silencio se impuso, porque todos ahí lo sabían, Nefertimon X había soltado una verdad, una muy incómoda. Si la noble era sustituida por cualquier otro individuo, un traficante, o el miembro de una Rogue Guild el resultado sería el mismo que tenían enfrente: la situación en la ciudad habría superado la capacidad de respuesta de la gobernante de esas tierras y sacudido los cimientos de su gobierno al punto de casi hacerlo colapsar.

—Si llegué hasta aquí, fue porque todo esto fue necesario para que te dieras cuenta, Bastemon, eres débil y Ciudad Oasis necesita a una nueva líder —Nefertimon X se inclinó hacia adelante—. El gremio de constructores, la mayor parte de los comerciantes y la nobleza de Ciudad Oasis han abierto los ojos, todos ellos me han prometido su apoyo y me lo darán apenas proclame mi deseo de ocupar el trono. Nuestra gente ya sufrió demasiado a tu lado, es momento de que una nueva princesa tome las riendas.

Bastemon cerró los ojos y se sumergió en sus pensamientos. Tal vez Nefertimon estaba en lo correcto. Aunque el método utilizado era uno demasiado cruel, había conseguido probar su punto: ella fue incapaz de proteger a su pueblo, de no ser por la ayuda del conde su pueblo hacía mucho habría muerto de hambre y sin los humanos su vida seguramente habría sido por fin cobrada por los asesinos, no una, si no dos veces…

No. Estaba cayendo en la trampa de Nefertimon, estaba dejando que sus palabras intoxicasen su juicio. La precaria situación en la cual se encontraba Ciudad Oasis no fue fruto de sus malas decisiones, ni de su gobierno, sino de la traición: ella confió en Mystimon para mantener las rutas de transporte en secreto, confió en que Leonidas comprendería la razón por la cual no podía permitirle un incremento en su cuota de agua y también confió en que su rival política actuaría acorde a su estatus social y asistiría a quien lo necesitase desde su posición como noble.

—Yo, Bastemon, princesa del desierto —habló con voz solemne, su voz resonó en las paredes y por un instante pareció que esta ocasionaría el derrumbe de todo el edificio— les ordeno entregarse sin ofrecer resistencia alguna —Leonidas dio un paso atrás, Nefertimon inclinó su cabeza y su rostro se ensombreció—. La ley del desierto será aplicada en ustedes.

Los Tamers sujetaron sus Digivices y sus compañeros dieron un paso hacia adelante.

—Pensé... que había llegado demasiado lejos al aceptar que solo con tu muerte podrías dejar el trono… —Nefertimon X aleteó con fuerza—. Pero me equivoqué ¡Estás demasiado ciega como para darte cuenta, estás condenando a nuestro pueblo!

El aleteo de Nefertimon fue la señal. Los enviados de la central captaron movimiento con su rabillo del ojo, al alzar sus miradas se dieron cuenta de qué era aquello: docenas de Harpymon se asomaban desde lo alto de los pilastrones, estaba listas para lanzarse al ataque. Era imposible que toda esa cantidad de Digimon se hubiera congregado ahí mientras Bastemon y Nefertimon discutían, tendrían que haber usado sus alas para llegar hasta ahí arriba y de haberlo hecho el eco de la pirámide les hubiera advertido a los Tamers de su presencia. Esas Harpymon ya estaban ahí cuando ingresaron al lugar, era la única explicación, pero ¿qué significaba eso?, ¿era una simple casualidad, esas criaturas siempre estaban posicionadas ahí?, ¿o acaso Nefertimon X había predicho sus movimientos…?

—Tú sabías que íbamos a venir… —susurró Bastemon—. No —afiló su mirada—, tú dejaste un rastro y nosotros lo seguimos tal como querías…

Una vez más era evidente la enorme sonrisa al otro lado de la máscara de Nefertimon.

—Me estaba cansando de la ineficacia de esos asesinos, así que tomé cartas en el asunto… —la noble suspiró—. Una vez más, te he superado.

—¡No dejaremos que dañen a Bastemon! —advirtió el samurái.

Los Childs irradiaron una luz de tono dorado, alcanzando así cada uno su siguiente etapa a excepción de Ryudamon, quien en su lomo ahora ondeaba una capa rojiza por efectos del naipe “Hero´s Mantle”. Los Harpymon descendieron en picada, con las filosas garras de sus patas apuntando hacía sus indeseados invitados. La primera oleada fue bloqueada por una muralla gélida invocada por TiaLudomon, aunque solo fue cuestión de tiempo para que esta se resquebraje, aunque esto dio tiempo suficiente al resto del equipo para prepararse: Zubaeagermon lanzó un tajo con su cornamenta para enfrentarse al arma natural del enemigo, luego giro sobre sus talones y envió su cola para rechazar a otras dos harpías, Wolfmon encendió sus sables de luz y con suma maestría comenzó a moverse por el campo de batalla, cortando a diestra y siniestra las figuras aladas que se le acercaban, disparando sus balas de luz desde su cañón a las digitales más distantes cada vez que tenía oportunidad. Ryu se valía de los cañones dotados por el naipe “Mijollnir” para atacar tanto a corta como mediana distancia.

Aquella lucha podría terminar en cuestión de segundos si cada uno de los integrantes de la guardia personal de Bastemon pudiese alcanzar su escalón evolutivo más alto, pero el problema de aquello era el escenario donde estaba transcurriendo la batalla: Gaioumon, Durandamon y Bryweludramon arrasarían con varios pilares con sus movimientos, ya ni mencionar lo que provocarían con sus ataques. Y es que los pilares estaban ahí por una buena razón, destruir un par de ellos tal vez no produciría catástrofe alguna, pero cuando fueran docenas el resultado sería difícil de predecir. Sin duda alguna todo eso fue pensado con sumo detalle por la mente de Nefertimon X, gracias a los fracasos pasados de los asesinos sabía la capacidad de los guardianes de la princesa, así como sus características físicas y potencia de ataque, todo lo que pasó y estaba pasando fue por una razón, por el producto de un plan bien orquestado.

—Rox, no podremos seguirles el paso si seguimos así —el americano se giró hacía la aludida—. Tú eres la única que puede pelear con más libertad, hazlo.

Knight meditó un instante y después asintió con la cabeza. Deslizando la carta “Shining Evolution” hizo a Wolfmon convertirse en Knightmon. Aegis ni se molestó en blandir su gran espada, sino que en su lugar esperó que una lanza idéntica a la sostenida por Craniumon se materializara en su mano. La hizo girar de un lado a otro, manipulándola con destreza y enviándola contra las harpías. Fue cuestión de tiempo para que algunas de las servidoras de Nefertimon resultaran gravemente heridas.

Los humanos retrocedieron junto a la princesa para no verse involucrados en el combate, sin embargo, pronto se vieron en la necesidad de invocar sus propias Digimemory, no solo para apoyar a los Digimon, sino también para protegerse así mismos: Ethan invocó a Meicrackmon VM, Matt a Yukidarumon y Rox a un trío de Eyesmon.

Llegados a este punto el salón del trono de Nefertimon X se había convertido en un verdadero caos. Las Harpymon se elevaban y caían en picada, se ocultaban detrás de los pilastrones, o se cubrían entre ellas para relevar a una compañera cansada. La fémina del equipo trató de dar un revés a esta situación usando “Pegasus Wings” en Kknightmon, pero pronto el grupo de Tamers se daría cuenta que la capacidad de volar se volvía un obstáculo más en aquel sitio, los pilastrones dificultaban la maniobrabilidad entre más alto te elevaras, las asistentes de la noble habían saltado ese impedimento solo a través de constante práctica.

Ethan tuvo que darle una segunda capa de Hackmon a Ryudamon para permitirle seguir el ritmo de la batalla, pues para desgracia de su compañero incluso Ginryumon ocupaba demasiado espacio y sus capacidades de combate solo lucían al estar en el aire. Además, el pequeño dragón mostró tener una mejor capacidad de movimiento a la hora de usar White Wings, aunque solo a la hora de esquivar e impulsarse para asestar cabezazos, una vez llevó equipado el Grey Helmet.

—Estas cosas ya me fastidiaron —Aegis contrajo sus alas, luego las liberó de un solo golpe—. ¡Shooting Star!

La lluvia de proyectiles luminosos ocasionó que las Harpymon rompiesen su formación, lucían como un enjambre de mosquitos el cual ha sido perturbado. Matt comprendió la táctica del compañero de Rox, entonces usó “Sefirot Cristal” en Excalibur y “Seven Heavens” en TiaLudomon. El lugar se llenó de luces y explosiones cuando los tres Digimon ejecutaron sus técnicas al mismo tiempo, pronto nubes de polvo y lluvias de escombros aparecieron por doquier. Leonidas miró horrorizado aquello y Nefertimon se vio obligada a saltar de su trono, antes de que un trozo de pilar, del tamaño de un camión, le aplastara.

Pero no fue suficiente. El batir de docenas de alas desplazaron el polvo y las seguidoras de la noble volvieron a alzarse al combate. La mirada de la chica pelinegra se afiló, tras sumirse en sus pensamientos por un instante llegó a la conclusión de lo que estaba pasando.

—Una batalla de desgaste —dijo sin más—, Nefertimon está lanzando a sus tropas a través de diferentes olas, por eso las guerreras heridas o cansadas son sustituidas por otras que solo se mantienen en la retaguardia. Su plan es cansar a nuestros compañeros y después arremeter usando toda su fuerza.

—Si cansa a nuestros Digimon, de nada serviría evolucionar, aunque pudiéramos —susurró Matt, mirando preocupado al Commander y a la Expert.

—Y sacarla de esta ratonera no es una opción —chasqueó la lengua el americano—, apenas demos media vuelta esa tipa podría escapar usando otra ruta, y si lo hace usará todo lo sucedido a su favor.

Ahora mismo se encontraban contra la espada y la pared. Si la noble no había mentido sobre el apoyo político que tenía en la ciudad, ahora mismo no podían hacer otra cosa más que seguir con el ataque y arrestarla. Dejarla libre no solo haría que los asesinos de la princesa siguieran activos, sino que esa felina con aires de grandeza malversaría el ataque de Bastemon y le haría ver como la villana de la historia, consiguiendo así debilitar aún más la ya frágil imagen de la princesa.

—Esta maldita gata… planeó todo a la perfección —el castaño quiso fulminar a Nefertimon con la mirada, pero esta no figuraba en su campo de visión—. De hecho, lo hizo demasiado bien… —Llegar a esa conclusión le provocó una punzada. Era como si todo eso le recordase a alguien.

Nefertimon X apareció entonces, pero no lo hizo como hasta ahora, reposando en un sitio y observando con obvia soberbia la batalla, como si cada logro de sus soldados hubiese sido gracias a ella. La señora de la pirámide se abalanzó contra TiaLudomon como un tigre, con sus patas delanteras estiradas. Aunque Prydwen consiguió evitar que esas filosas garras se clavasen en su ser, colocando un escudo por delante, la Armor aprovechó la fuerza cinética para enviar todo el peso de su cuerpo contra su adversario, lo cual puso a la fuerza de gravedad a su favor y consiguió derribar al de armadura lobuna.

—¿Así que estos son tus fieles guardianes, Bastemon? —preguntó la noble en tono burlón, mientras soltaba una risa de júbilo. Bajo sus patas Prydwen se agitaba tratando de liberarse, sus escudos soltaban un chirrido insoportable mientras eran atravesados—, mira que tan eficaces resultaron ser…

—¡Es fácil decirlo para alguien que aparece al final del combate! —Knightmon apuntó y envió su lanza contra Nefertimon, esta batió sus alas y se elevó, por lo que su arma dio contra uno de los pilares del fondo.

Nefertimon soltó una risa, sus sirvientes ni siquiera necesitaron de una orden para lanzarse contra quien se atrevió a atacar a su señora: tres de las féminas aladas se lanzaron como torpedos, moviendo sus alas y enviando vientos cortantes en su contra. Rox había preparado el Holy Shield de Gaioumon para una situación así, aunque, si bien su compañero pudo esconderse detrás del escudo, sus enemigos le impidieron moverse al estarle rodeando y buscando una abertura.

—¡Sus actos de traición terminan aquí, Nefertimon! —Ryu, dotado con las Aero Wings esquivó a tantos enemigos como pudo gracias a los veloces movimientos y le plantó cara a la noble—. ¡¡Megaflame!!

Ryu apretó tanto sus fauces y concentró toda su fuerza en aquel ataque, por esta razón, cuando la explosión de llamas aconteció y envolvió su cuerpo no esperó ver a la felina saliendo de esta con notable sencillez. La Armor bufó con molestia, un batido de sus alas proyectó al dragón hacía adelante. Entonces el dragón vio a la felina moviéndose a toda velocidad hacía él, con sus garras listas para rebanarle…

La mirada de Ryudamon se volvió filosa. Un instinto salvaje se despertó en su interior cuando su inconsciente supo del peligro que aquello representaba; uno de los efectos de la carta Hero´s Mantle. Una poderosa descarga viajó dentro de su ser, su pelaje se erizó y su figura se tensó. El poder que sentía corriendo por su cuerpo era ahora por mucho superior al de un Child, o incluso un Adult. Una vez más abrió su boca, justo cuando la distancia entre él y la señora de ese palacio se reducía.

—¡Megaflame!

Un nuevo estallido de llamas apareció, solo que en esta ocasión el aire caliente que salió disparado en todas direcciones pudo sentirse incluso en la distancia. Nefertimon cayó al suelo, mientras intentaba recomponerse, tal vez tratando de salvar un poco de su dignidad en el proceso. Ryudamon por su parte salió proyectado a gran velocidad, trató de usar sus alas para maniobrar, pero terminó estrellándose contra el suelo, rodando de forma aparatosa hasta quedar boca abajo en el suelo, son su mentón pegado al piso. El dragón se sacudió un instante y después se quedó ahí, desplomado, mientras la capa rojiza y las alas se desvanecían.

—¡Enano! —Walker corrió hacia su compañero, preparando su Digivice en caso de requerir alguna de sus funciones para protegerse en el trayecto.

Las Harpymon que rodeaban a Knightmon se unieron para lanzar un solo grito al unisono desde varios flancos. La armadura del caballero resistió el impacto, pero todo su cuerpo comenzó a vibrar debido a las estridentes ondas que chocaban desde varios ángulos, impidiéndole moverse. Las Legend Arm no daban abasto para rechazar a Nefertimon y las damas que le asistían, las Harpymon solo buscaban crear aberturas para que su señora las aprovechase.

Matthew repasó las opciones que tenía para apoyar a sus compañeros, eran pocas o más bien, nulas. Las cartas que tenía a su disposición podrían servir para deshacerse de alguna Harpymon en un combate uno a uno, no donde los enemigos se movían de un lado a otro y donde tantos obstáculos bloqueaban tu movilidad. Fue ahí cuando recordó una peculiar carta, pero si quería usarla y deseaba que esta tuviera efecto uno de sus compañeros debía evolucionar, no una, sino dos veces. Echó una rápida mirada a los alrededores, varios pilares de soporte habían sufrido daños importantes debido al combate, prácticamente se trataban de daños colaterales debido a los ataques esquivados por cualquiera de los dos bandos, en el techo aún no se avistaban señales de que la estructura estuviese cediendo, eso daba al canadiense cierto margen de confianza para actuar.

—¡Prydwen, necesito de tu ayuda! —Collins envió una gran descarga de Digisoul a su Digivice.

TiaLudomon se vio rodeado por un aura de color dorado y carmesí, el proceso de Digievolución había iniciado y su ser comenzaba a transformarse en algo mucho más grande, al punto de barrer con toda estructura que se ponía en su camino. Las Harpymon se lanzaron al ataque, enviando cortes de viento a la nueva entidad que osaba presentarse en el salón. Excalibur recurrió a un último esfuerzo, pegando un salto y ejecutando Vantions para proteger a su compañero, sin comprender muy bien la razón por la cual Matt había optado por cambiar de estrategia y decidir ir de frente sin importarle la integridad del recinto.

Cuando Bryweludramon hizo acto de presencia Nefertimon X y sus aliadas se estremecieron, el enorme dragón armado soltó un rugido que resonó en cada paredes de la pirámide. Matt sonrió, sin querer su compañero había demostrado que su teoría fue acertada: todo sonido se intensificaría ahí adentro debido al gran esñacio vacío. La noble por su parte estaba consternada, ¿es que sus enemigos habían caído ya en la desesperación y estaban dispuestos a morir con tal de derrotarla en el proceso?

—¡Paremos esto ahora! —El canadiense miró una última vez al naipe en su mano, asegurándose de ser este el correcto.

La carta de “Love Serenate” fue deslizada en el lector. Bryweludramon alzó su cabeza y, recurriendo a toda su fuerza de voluntad para vencer aquella extraña pena que le invadió de un momento a otro, comenzó a cantar una canción de letra peculiar, una obra que solo podría catalogarse como "extravagante". Las Harpymon poco a poco comenzaron a desistir de continuar atacando, dejaron de volar y comenzaron a posarse en el suelo, mostrando desencanto y desanimo.

—¿Qué sucede? —demandó saber la noble—. ¿¡Por qué dejaron de atacar!? —rugió la felina—, ¿por qué...?

La noble lo comprendió en ese momento. Su cuerpo se volvía pesado cada vez que pensaba en continuar su lucha, como si aborreciese la simple idea de hacerlo. Si trataba de combatir la sensación, esta solo se volvía más y más intensa al punto de producirle un ligero adormecimiento, por un instante temió que, si insistía demasiado, terminase desplomándose en el suelo inconsciente ¿Acaso aquello era obra del Digimon recién aparecido?, ¿o se trataba todo de esa horrenda canción sin rima y de letra absurda que estaba cantando?

—Me alegra que hayas reconsiderado rendirte, Nefertimon —la voz de la princesa llegó con claridad a los oídos de la felina alada, su cuerpo se estremeció: la princesa caminaba hacia ella, andando entre sus damicelas sin que estas intentasen siquiera atacarla o retenerla—. A diferencia tuya, yo haré las cosas según nuestras reglas y leyes.

Nefertimon soltó un bufido.

—¿Te atreverás a encerrarme?, ¿¡a mí!? —una risita irónica escapó de sus labios—, tal vez tú tienes el respeto y apoyo de esos extraños, pero yo me he ganado el corazón de los habitantes de Ciudad Oasis. Ellos me ven ahora como la nueva monarca, quien los llevará a un mejor y brillante futuro...

Nefertimon se inclinó hacia adelante y extendió sus alas, entonces sus extremidades comenzaron a temblar justo en el preciso momento en que por su mente pasó la idea de saltarle encima a la otra felina y clavar sus garras en su pecho. Bastemon entonces se puso delante de ella, levantó su mano y tras hacerla tomar impulso asestó una bofetada a la noble.

—Tú solo nos engañaste, a todos nosotros, a tu pueblo —susurró Bastemon, decepcionada—. Alguien así no merece sentarse en el trono.



[. . .]



Leonidas había logrado salir de la pirámide aprovechando la caótica batalla, escabulléndose entre los pilastrones más distantes, ocultando su figura detrás de estos y rogando porque ninguno de los Digimon de esos humanos, o los propios Tamers, se dieran cuenta de su escape. Desde el momento que vio a la princesa arribar al lugar supo que todo se vendría abajo: Nefertimon poseía un don para engatusar y deslumbrar con su carisma a las masas, además tenía los recursos para realizar obras de caridad, con los años y a base de esfuerzo, había conseguido hacerse un lugar en los corazones de los habitantes de la ciudad, pero ella no era una peleadora, había cometido un grave error al desafiar a la princesa y a sus nuevos guardianes.

El león necesitaba pensar cuál sería su siguiente paso. Con Nefertimon cautiva perdería a una poderosa aliada y ahora viajaría a la deriva, además, sería cuestión de tiempo para que Bastemon fuese a por su cabeza también. La única opción viable que tenía era pedirle apoyo a Mistymon, después de todo el consejero compartía su preocupación por el bienestar de la ciudad y tal vez el más que nadie sabía de las necesidades de fortificar las murallas, por algo decidió traicionar a la princesa. Si Mistymon conseguía convencer a algunas tropas de unirse a su bando, mientras que él hacía un llamado a sus agremiados, tal vez podrían realizar un golpe de estado, aunque eso sin duda alguna produciría una guerra civil… ¿sería capaz de llegar a tanto?, ¿estaba dispuesto a sacrificar vidas y llevar a la ruina a su amado pueblo solo para quitar a Bastemon del trono? Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando llegó a la explanada.

—Usted debe ser Leonidas, ¿verdad? —un sonriente Aegiochusmon, flaqueado por un Dinohumon y un malhumorado Hagurumon le cortaban el paso—. Nos dieron la orden de neutralizar y arrestar a todo el que intentase entrar o saliera de la pirámide, sobre todo un “león miedoso”, en palabras de la princesa.

El constructor dio un paso atrás y afiló la mirada, el coraje y molestia que estaba experimentando en ese momento se mezclaron con el sabor de la derrota que ya había estado saboreando desde hace un buen rato y aquello produjo una mezcla peligrosa. Sin embargo, cualquier deseo de GrappuLeomon por iniciar un combate se desvaneció al instante, justo cuando un dragón humanoide aterrizó justo detrás suyo.

—No hay necesidad de pelear —Vritramon pronunció esas palabras con cuidado, Leonidas captó la indirecta que trataba de lanzarle: no había forma de que les ganase a los cuatro.



[. . .]



GPS era el líder de la Rogue Guild conocida como “Lock-On”, un nombre que describía bastante bien la especialidad de sus miembros: el asesinato. Pero él también era dueño de aquella reluciente galleta, una obra de arte culinaria conocida como “roca negra”. La movía de un lado a otro con ojos brillosos, como si tratase de descubrir sus secretos: la masa en el centro tenía un color marrón obscuro, casi negruzco, fruto de tres tipos distintos de chocolate, por si no fuera suficiente, poseía una gruesa cobertura de chocolate derretido y trozos de este mismo dulce disperso por la capa más superficial. En efecto, el pelirrojo estaba babeando, ansioso por darle la primera mordida. Pero en lugar de hacerlo se quedó quieto en su sillón, justo cuando una chica de cabellera rubia le clavó una mirada de fastidio. GPS no giró su cabeza hacía ella, solo desvió su mirada.

—Interrumpes un momento mágico, Tanya.

—Capturaron a Nefertimon y a Leonidas, ahora mismo la DS debe estar aprendiendo a Mistymon, por lo que el capitán pudo decirnos —la chica se llevó una mano a la cadera e inclinó su cuerpo—, ¿qué haremos ahora?

Las cejas de GPS colapsaron y un par de arrugas se formaron en su frente.

—Tú no sabes de prioridades, ¿cierto? —le apuntó, desafiante, usando su preciada galleta.





Cartas:
Rox: Shining Evolution, Sacred Spear ~ Claíomh Solais, Holy Shield ~ Aegis
Ethan: Hero´s Mantle x2, Mjollnir, Grey Helmet, Aero Wings
Matt: Seven Heavens, Crystal Sephirot, Love Serenate

Memorias:
Rox: Eyesmon SM
Ethan: Micrackmon VM
Matt: Yukidarumon

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Soncarmela

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La mesa de reuniones se hallaba en silencio. En la habitación se respiraba tensión e inquietud, pero los ojos se clavaban especialmente en la silla que solía ocupar Mistymon, ahora con la espalda de Ethan recargada. Los otros guardaespaldas también estaban allí, al menos los humanos con sus compañeros, pues los Digimon tenían que permanecer fuera. La princesa soltó un suspiro y colocó los codos sobre la madera, juntando después las manos y esperando a que los otros invitados llegaran a la hora indicada. Había sido muy extraño citar únicamente a dos consejeros, pero le dolía mucho más la traición que la realidad de tener que buscar otros nobles capacitados y leales. El único sonido presente era el de Kyubey, que jugaba tranquilamente con un cuadrado de azúcar que había robado disimuladamente en la cocina, mientras que Rox y Aegis se preparaban para continuar con su trabajo de escoltas. Desde dentro del gorro, nadie descubriría lo que comía, sólo que masticaba.
Bastemon levantó levemente la cabeza al escuchar pasos de afuera. En cuestión de segundos, la puerta de la sala se abrió y dejó ver la figura de Gigasmon. El Digimon saludó con la cabeza y se acomodó en su asiento particular, sin preguntar ni reprochar el hecho de que uno de los humanos tuviera la osadía de tomar parte de esa mesa. Después de todo, los Tamers se habían ganado su derecho a ser respetados por su ardua labor de protección, logrando que la alteza del desierto jamás saliera herida de los ataques... Ataques que, por lo que sabían ahora, habían sido orquestados por la rival política, el líder de un gremio famoso de la ciudad y un consejero al que todos, sin excepciones, habían entregado su vida sin dudar.
Es raro que Meramon se retrase —mencionó Gigasmon, deslizando los orbes de un lado a otro. Tanto silencio le producía incomodidad. Normalmente, las reuniones se empezaban pronto en la mañana y aparecían todos los implicados a la misma hora. Pero muchas cosas habían cambiado de un día para otro.
La Princesa no respondió enseguida. Caviló sobre la posibilidad de que el Digimon de fuego fuera un apoyo de los retenidos... Inmediatamente negó con la cabeza. ¿Cómo iba a confiar ahora en sus más cercanos, si su propio consejero, ocupado en velar por su seguridad, aportó su grano de arena para crear caos en la ciudad? Pero tampoco podía estar continuamente pensando que en cualquier momento le clavarían un cuchillo por la espalda. Gigasmon y Meramon jamás le habían dado razones para... Pero Mistymon y Leonidas tampoco. La cabeza le dolía.
Matt se frotó las manos con nerviosismo, intranquilo. No estaba acostumbrado a estar quieto tanto rato. Observó de reojo a su compañera de Guild, asombrándose de su actitud seria y responsable, junto con una porte recta y completamente inmóvil, con los brazos hacia atrás y la mirada atenta a cualquier movimiento de la persona que debía proteger. Aegis imitó a su señora, y Excalibur, divertido y competitivo, acabó exactamente igual. Lucían como parte de los adornos de la habitación: criaturas disecadas que se limitaban a cuidar a la dueña del castillo.
Finalmente, la puerta chirrió por última vez. Meramon estuvo a punto de tropezar y recuperó el equilibrio apoyando el hombro derecho en una estantería. Iba cargado con cajas repletas de hojas y libros, y los humanos se preguntaron de qué material estaría hecha para no quemarse con el contacto del Digimon. Lo dejó todo encima de la mesa de madera y se desplomó en su sitio, levantando el brazo para pedir unos segundos de calma, los cuales utilizó para respirar y aclararse la garganta.
¿Ha sucedido algo, Meramon? —preguntó Bastemon con el ceño fruncido.
Algo... —El consejero de la economía le dio la vuelta a la caja y empezó a sacar hojas y hojas con los dedos, teniendo mucho cuidado de que no se quemaran— ¡Algo! ¡Muchas cosas han pasado, mi señora! ¡Es una locura! ¡Una locura!
Cálmate y explícate —Tenía sus sospechas de a qué se debía la actitud del Digimon, pero prefería no adelantarse.
Mi señora... Antes que nada, déjeme decirle que estoy profundamente decepcionado con el consejero Mistymon, con la noble Nefertimon y el líder de los constructores, GrappuLeomon, y que me encantaría que otros compartieran mi opinión, pero lamentablemente no es así —Expulsó humo caliente por la nariz antes de proseguir—. Muchos dueños de empresas importantes están amenazando con marcharse de la ciudad si no liberamos a Nefertimon. El gremio de constructores también se sienten ofendidos y han detenido todos sus proyectos hasta que se les escuche. El pueblo... El pueblo se niega a aceptar que el jefe de seguridad esté implicado en los cargos que se le culpan. Creen... Creen que está equivocada, cegada, y que... —Se calló. No deseaba agregar más palabras que dañaran la reputación de la Princesa.
¿Y qué más? —insistió ella de todas formas, imperturbable.
Mi señora...
Meramon, dímelo —tajó, con una expresión que no admitía réplica.
Y que todo esto lo hace para no tener que competir contra Nefertimon, porque ella ha demostrado ser una noble mucho más competente que usted para gobernar Oasis. Que la presencia de humanos o extranjeros le está nublando la mente —concluyó, sin saber hacia dónde mirar.
¿Acaso se han olvidado de todas las cosas buenas que ha hecho nuestra Alteza? —Se cabreó Gigasmon— ¿Cómo es posible que se crean antes las palabras de unos traidores? ¡Ellos han sido los causantes de que cada ceremonia se viera manchada por asesinos y accidentes! ¡Ellos son los verdaderos culpables de que la comida no alcance su destino! Agh... ¡Cuántas falacias!
Eso... ¿Eso exigen? —La Princesa se mordió el labio. ¿Entonces todo lo que dijo su rival era cierto? ¿La preferían a ella?
Cuando tienes a alguien tan idealizado, cuesta muchísimo que cambies de parecer —intervino Ethan, recibiendo malas miradas por parte de los consejeros, pero con la atención de una felina—. Imagina que le das un caramelo a un niño. Y al día siguiente dos. Y así cada día que te encuentras con él. Pero un día no puedes. Esto abre dos posibilidades: o te rechaza porque hay personas que enseguida se toman mal los cambios, o le resta importancia y confía en que regresará en el futuro.
Sobre todo en el caso de nobles —asintió Rox, más metida en ese tema—. Se les perdona por comparar sus errores con otros, a ver quién de los demás ha cometido el más grande, en vez de culpar a todos por igual. Usted es la Princesa, es quien gobierna, y quien ha detenido a aquellos que perturbaban la tranquilidad y el alimento de su pueblo. Deles un tiempo y entenderán que era lo correcto.
Haga caso a mi señora, ella es sabia —añadió Aegis, sintiendo la impetuosa necesidad de soltar aquello.
Lo que han escuchado es de oídas —prosiguió Matt—. Y los rumores y cotilleos terminan contando la historia alterada. Lo único que necesitan es ver de nuevo a la Señora del Desierto, poderosa, capaz y trayendo sustento.
Muy bien —habló Bastemon, tratando de sonar calmada. No iba a permitir que las opiniones de unos cuantos la lastimaran—. Comprendo la situación. Los consejeros apresados y la política Nefertimon hicieron muchas cosas buenas por el pueblo, y por eso la gente está agradecida con ellos. Les cuesta asimilar que figuras influyentes y de renombre de la ciudad sean realmente traidores, por lo que es normal que se comporten y digan esas cosas. Es por ello que se les debe mostrar la verdad. Y dejar claro que nada cambiará, que al contrario, todo irá a mejor.
¿Qué planes llevará a cabo, mi señora? —se interesó el consejero espiritual.
La próxima ceremonia se celebrará mañana —Gigasmon abrió los ojos como platos. Aquello significaba que tendría que pasarse toda la tarde y noche para prepararlo, pero no era el momento indicado para pedirle un día extra—. Será la ceremonia de la muralla. Quiero que mi gente sepa que pienso en su bienestar y protección, y que procuraré que siempre estén bien resguardados desde sus viviendas. Con los seguidores de Nefertimon será más complicado, dudo mucho que ese acto les libre del descontento que me profesan, pero al menos enviaré un mensaje directo de que no voy a encerrarme en mi castillo.
Mi señora... —Meramon no quería romper la felicidad repentina de la Princesa, pero necesitaba desesperadamente una respuesta— ¿Qué hacemos con las exigencias empresariales?
Habla con ellos. Intenta convencerlos para que nos den unos días más —pronunció con seguridad. Eso subió los ánimos de ambos consejeros—. Les demostraré que continúo siendo la mejor opción para la ciudad, que nunca he dejado de ser la Princesa que respetan y adoran, y que el Oasis siempre estará mejor bajo mi mando. Y que me encargaré personalmente de estar presente en la interrogación de los apresados cuando la bendición a la muralla concluya. Si lo que buscan son pruebas de su culpabilidad, eso les daré, y de ese modo no tendrán forma de reprochar mis actos. La justicia es igual para todos, no voy a liberar a Nefertimon, Mistymon o GrappuLeomon por su título. Por muy influyentes que hayan sido, ahora son el enemigo.
Princesa, espero que no se ofenda, pero preferiría interrogar yo mismo con Ryu a los capturados —comentó Ethan al escuchar sus intenciones—. Tiene una agenda que completar, deje ese trabajo para nosotros. Lo haremos bien.
Bastemon le dio el visto bueno.
(. . .)


Durante la noche, Bastemon consultó con sus guardaespaldas todas las opciones. Aunque habían arrestado a las mentes maestras, no sabían si el contrato con los asesinos continuaba vigente. Existía la posibilidad de que ellos todavía actuaran, que realizaran un último movimiento. Y por eso los humanos preguntaron cada detalle de la ceremonia, para evitar que la Princesa sufriera otro ataque repentino, pero sin querer llamar la atención de la gente, que ya se encontraban muy alterados con lo sucedido.
Después de pasar tantos días con la felina, los Tamers ya se habían acostumbrado a las mañanas liadas, con Digimon que se desplazaban de un lado a otro, gritos, vigilancia extrema -ahora más que nunca- de Tailmon y Mikemon y olor a sudor por parte del Consejero Gigasmon, que hoy más que nunca, deseaba que todo marchara perfecto. Había llegado al castillo a primera hora, ataviado con un traje hecho a su medida, y con una corbata que le impedía respirar adecuadamente. Metió los dedos por el cuello y la estiró, notando nuevamente la tan ansiada libertad.
A modo de excusa, Bastemon ordenó que también hicieran trajes para los Digimon y los Tamers, alegando que con su evolución se verían más elegantes. Wolfmon, TiaLudomon, Duramon, Ginryumon, Vitramon, Aegiochusmon, Hagurumon y Dinohumon tuvieron que aceptarlo; con algunos costó más que otros, pero no les quedó más remedio, aunque fuera solamente una corbata. Con Excalibur tardaron media hora porque cortaba toda clase de tela, por lo que finalmente optaron por un dibujo en una de las espadas. Aegis se sintió estúpido: ¿cómo se suponía que iba a pelear cómodamente con eso puesto? Hagurumon prefirió guardarse sus comentarios: “La misión, lo hago por la misión” Se repitió, evitando girar las ruedas para no destrozar nada. Y el espadachín verdoso esperó a que nadie observara para arrancarse cualquier prenda, alegando que estaría inspeccionando la ciudad en solitario. El Hybrid de fuego se le unió a pesar de sus quejas; de alguna manera, habían hecho buenas migas, aunque fuera únicamente en los enfrentamientos.
Digital Security se comprometió a vigilar bien las calles. Si bien no eran muchos, al menos harían su trabajo, y por otro lado, Bastemon no había recibido mucha ayuda de los ayudantes de Mistymon. Entre ellos existía una mezcla de escepticismo y vergüenza, fieles a su maestro e incapaces de asimilar la decisión de ella, no veían con buenos ojos que se le mantuviera preso sin que pudiera dar su versión de los hechos. Por otra parte, unos pocos se arrodillaron ante la felina y prometieron entregar la vida si era necesario, queriendo demostrar que no eran iguales al antiguo consejero. Se trataba de una situación peliaguda, pero la Princesa confiaba de todo corazón que no la estuvieran engañando.
El momento llegó y su Alteza abandonó el castillo custodiada, con dos Tailmon detrás y dos Leomon delante; los cuatro formaron un perfecto cuadrado casi impenetrable. Ryu, gracias a su evolución, la protegió desde arriba, flanqueado por Vitramon, que había regresado de acompañar a Dinohumon. En el suelo, a la derecha, Aegis y Hagurumon caminaban muy cerca de Rox, mientras que Matt tomó el lugar a la izquierda, acompañado de Excalibur y Prydwen. Ethan y Capricornio esperaban un poco más atrás, para no dejar ningún hueco sin vigilancia extrema. Gigasmon, por su parte, se apresuró para alcanzar la muralla, saludando a otros nobles que sí optaron por creer en la palabra de Bastemon.
Pero sin lugar a dudas, la ciudad del desierto presentaba una escena muy diferente a la que contemplaron en la primera ceremonia. Los aldeanos lucían serios e incluso sorprendidos, cuchicheaban entre ellos, como si se estuvieran enterando de las noticias en ese instante. Y es que no tener al frente a Mistymon era muy chocante, casi inaudito. El consejero de la seguridad jamás desaparecía cuando Bastemon tenía que salir de su vivienda, permanecía fiel. ¿Y dónde se hallaba GrappuLeomon? Él ayudó a levantar esas murallas, ¿no debería aparecer al lado de su Majestad? Los que sí sabían del asunto, contaban la historia de una forma u otra. Gigasmon carraspeó con fuerza y los mandó a callar con una mirada severa.
Los escalones de piedra brillaban intensamente esa noche. El consejero espiritual se había encargado personalmente de que todo estuviera limpio, contratando tanto trabajadores de la ciudad como él mismo para la labor. Era consciente que no podía malgastar en dinero, sobre todo en esas circunstancias donde nobles de renombre se negaban a continuar apoyando la economía si Nefertimon era mantenida entre barrotes. Bastemon respiró hondo y colocó el primer pie en las escaleras. Sintió un leve mareo, no por enfermedad, más bien porque los nervios afloraron en su estómago. Se forzó a recomponerse y clavó los orbes en la muralla. El dúo de Tailmon intercambió una mirada de lástima al comprobar que la cola de la Princesa se meneaba de un lado a otro, delatando su estado.
Señora —Gigasmon alargó un brazo y abrió la mano para tenderle un micrófono. El Digimon agachó la cabeza en señal de respeto y se retiró al no sentir nada en la palma.
Bastemon tragó saliva y encendió el aparato. Lo llevó lentamente a sus labios y prefirió no echar un vistazo antes de hablar. No quería toparse con rostros enfadados, molestos y acusadores. Ella misma presenció la traición... ¡Y los escuchó! ¡La insultaron cara a cara! Pero las palabras eran solamente palabras.
Hoy, en este mismo instante, bendeciré la muralla para darle nuestro gran agradecimiento por el arduo trabajo que realiza cada día —Se había aprendido el diálogo de memoria. Era imposible equivocarse. No iba a permitirse errar. No ahora. No en esa situación—. Nos brinda seguridad y protección, es parte de la ciudad, igual que nosotros. Y por ello, merece que se le recuerde —Se dio la vuelta y ejecutó una reverencia—. Para que dure en pie mu...
No pudo concluir la frase. De repente, se escuchó una detonación y la muralla del frente estalló en mil pedazos, colapsando. Todo ocurrió demasiado deprisa. Gigasmon se lanzó en picada y trató de proteger con su propio cuerpo a la Princesa, mientras que los Digimon guardaespaldas actuaron mucho más deprisa, con Vitramon disparando para que las rocas fueran más pequeños, TiaLudomon y Duramon colocándose delante e imitando al volador. Los demás reaccionaron y se unieron a la defensa del pueblo, procurando que nadie saliera malherido.
Pero aunque lograron evitar una catástrofe, los chillidos y las carreras no tardaron en aparecer, con la gente asustada, alarmada y esperando lo peor. El polvo se levantó en mitad del lugar, atizando con mala visión, tos y problemas para respirar. Y en medio del jaleo, dos figuras emergieron desde detrás de la muralla rota, una en tierra y otra en el cielo. Un martillo brilló de la nada y salió disparado hacia la Princesa, pero Wolfmon se interpuso con un escudo. Sus ojos se abrieron como platos al escuchar el Pile Bunker crujiendo.
No sabían quiénes eran, pero los Tamers enseguida activaron las evoluciones a la siguiente etapa, mediante la carta Shining Evolution o el Digisoul. A diferencia de cuando lucharon en la pirámide de la política Nefertimon, ahora se encontraban con mucho espacio. Las alas de Vitramon despejaron el polvo y les dio visión a sus camaradas: los enemigos eran un Zudomon y un Atlur Kabuterimon azul... ¿Era una casualidad? No, para nada, el Perfect debía ser el mismo que rescató a Plesiomon durante la ceremonia del Oasis. Rox analizó los datos de ambos y entendió la razón de que el ataque de su martillo hubiera hecho mella en el escudo de un Royal Knight: estaba hecho de Chrome Digizoid.
¡Vaya, vaya! ¡Otra vez vosotros! —exclamó el monstruo marino— ¡Esta vez no tendréis tanta suerte! ¡Pienso acabar con todos!
¡Aegis, Prydwen, proteged a la Princesa! —ordenó Rox, alzando la voz para que sus palabras alcanzaran a los Digimon— ¡Hagurumon, guía a los aldeanos para que no se mezclen entre la pelea! ¡Aléjalos de aquí! Kyubey —El DigiGnome sacó una de sus alas para tocar la mejilla de la chica, dándole a entender que escuchaba—, mantente ahí dentro, ¿de acuerdo? —El gorro se le movió por el asentimiento enérgico.
¡Y nosotros al ataque! —sentenció Ethan, buscando una carta de su colección— ¡Símbolo del Valor!
Esos dos tienen Tamers —murmuró Matt, pensativo—. Deben de estar cerca.
Vamos a buscarlas —propuso Dinohumon, blandiendo su espada larga. Hasta ahora había permanecido en las sombras, pero si tenían que encontrar a los culpables de esa situación, no dudaría en unirse al combate o la persecución.
Rox, quédate aquí —asintió Collins—. Capricornio irá con Ethan y Dinohumon conmigo, de ese modo no estaremos en peligro. Y tú eres la más adecuada para indicar en la ayuda de la evacuación y las estrategias de ataque y defensa.
De acuerdo —La muchacha se llevó una mano al pecho—. Os prometo que ejecutaré todos los planes posibles para que la misión se complete a la perfección.
Zudomon optó por protegerse directamente con el martillo en vez de ocultarse dentro de su caparazón. Esas opciones eran muy cobardes para él. Las chispas estallaban con cada contacto entre su arma y las espadas de Grademon, quien tenía que saltar por pedazos de muralla para alcanzarlo. Atlur Kabuterimon sobrevoló la muralla y preparó el cuerpo para arrojar una descarga eléctrica a la Princesa, pues aunque estuviera escoltada por dos Digimon con escudos, la electricidad la alcanzaría, y entonces aprovecharía el desconcierto para arrojarse en picado. Pero la estrategia que le había dado Tanya se vio interrumpida por unos veloces disparos provenientes de Vitramon. Si aquello no bastaba, también sintió la repentina aparición de unas hojas afiladas doradas a su izquierda. Alejó al volador con sus patas y detuvo el tajo del otro con su cuerno.
Se han separado, ¿verdad? —preguntó una fémina rubia, con el puño en alto y la impaciencia recorriendo cada fibra de su ser.
Correcto —afirmó su hermana, bajando los prismáticos—. Recuerda seguir mis órdenes, aunque eso signifique tener que utilizar cartas diferentes a las habituales. Tu colección de Seadramon no es suficiente para derrotarlos.
Ya conoces mi modo de lucha... ¡No voy a cambiarlo justo ahora! Y Vladimir está acostumbrado a esos efectos precisamente.
¿Quieres obtener el mismo resultado de aquella noche? —Nathasa soltó un bufido— Lord no nos ha podido acompañar, está ocupado. Y el líder confía en nosotras, así que lo haremos tal y como te digo. Es el mejor método. No me lleves la contraria, hermana.
Sí, sí... —Se encogió de hombros— Una pena no poder ver con mis propios ojos la cara que pondrán al descubrir que tienen en frente a un Digimon capaz de evolucionar a distintas líneas evolutivas.
<<Aunque Gomamon casi muere por culpa de eso>> pensó la mayor, guardándose el comentario.
El Digivice Burst y el 01 cumplieron su función al recibir los sentimientos de las propietarias. Casi al instante, la pareja enemiga se rodeó de energía y liberó la última forma. A HerakleKabuterimon lo conocían de antes, ya habían tenido una buena pelea contra él en el desierto, pero con Vikemon se llevaron una sorpresa: ¿no tendría que haber sido Plesiomon? Como si el dúo adivinara sus pensamientos, unieron sus ataques y los enviaron en dirección de todos. Hielo y electricidad recorrieron varios metros de distancia de terreno, congelando las piernas de los Digimon terrestres y obligando a los voladores a aterrizar por las repentinas chispas. Hagurumon se giró y maldijo que los habitantes de la ciudad no se dieran más prisa para regresar a sus casas o reunirse con los de seguridad, en esa situación, era imposible para él evolucionar. Su tamaño no haría más que aumentar el miedo de los residentes.
Pero el tiempo que habían malgastado evolucionando y concentrándose en los luchadores, sirvió para que Bastemon y Gigasmon se resguardaran. Prydwen se quedó junto a ellos, con los Leomon flanqueando y las Tailmon colaborando en la evacuación, pues no podían fiarse de nadie de la ciudad, y Aegis levitó para cargar con todo su peso, armadura y cuerpo contra el contrincante más próximo. Su brazo chocó contra un desconcertado escarabajo dorado, que gracias a ello, cortó las continuas descarga eléctricas. Grademon clavó las espadas en el hielo y cortó para escapar de allí, igual que Duramon. Vitramon ardió en llamas y contraatacó. La misma técnica no funcionaría dos veces seguidas.
Se... Señora, ¿está bien? ¿Tiene alguna herida? ¿Puede caminar? ¿Quiere que la cargue? —preguntó un preocupado Gigasmon, apoyando la espalda de su Majestad en la pared de una casa.
Sí. Sólo... Sólo un poco mareada... —contestó, abriendo y cerrando los párpados repetidas veces. La explosión ocurrió cerca de ella, le dolía la cabeza y los tímpanos.
Ese... Ese desagradecido de Leonidas... —El puño del consejero se cerró con furia— Usted le dio un sentido a su vida. Esta era su casa... Y le ha dado absolutamente igual que la muralla colapsara. Sabía perfectamente dónde se colocaría en esta ceremonia, mi señora... ¿Por qué desea matarla? ¿Por qué? ¡Es caer muy bajo!
¿Para que Nefertimon ocupe el trono, supongo?
¿Se vende al mejor postor? —Negó con la cabeza, indignado— Por mucho que él no esté de acuerdo con sus acciones, mi señora, que haya atacado a la ciudad y destrozado su seguridad, habla muy mal de su persona. Esto no quedará impune.
<<Probablemente iban a usar la explosión y los Tamers contratados para echarles toda la culpa>> pensó Prydwen sin intervenir en la conversación <<La muerte de la Princesa sería un terrible asesinato a manos de Digimon que obedecen órdenes de humanos. Nefertimon alcanzaría su meta y sería adorada al actuar con mano dura en los extranjeros. Pero con el constructor detenido y muchas sospechas en su contra, ¿por qué hacerlo ahora? Hay algo que se nos escapa>>
Los martillos de Vikemon se arrojaban a cualquiera que se atreviera a intentar chocar contra él. El Digimon rugía y liberaba golpes a diestro y siniestro, pero aunque parecía que lo hacía al azar, lo cierto era que siempre acertaba con su acción. No tardaron en confirmar que se trataba de un guerrero aguerrido, curtido en mil batallas bajo esa apariencia, y que debido a la primera vez que lo enfrentaron, como Plesiomon, lo subestimaron. Duramon cruzó sus brazos para protegerse de uno de sus ataques; Aegis resistió y guardó el escudo para emplear su enorme mandoble, tomando una posición ofensiva. Pero para su asombro, y el de Knight también, fue detenido por otra arma similar: la de Zudomon. La sonrisa del vikingo se ensanchó y lo golpeó con todas sus fuerzas, rompiendo por la mitad la espada. Con tres martillos distintos viajando de un lado a otro, atizando por el camino a sus contrincantes, estaba resultando complicado dañar al enemigo. A Rox le costaba adivinar el patrón de su estrategia, dado que su modo de luchar era efectivo e imprevesible a partes iguales.
Fue por esa razón que Excalibur cambió la dirección de sus arremetidas. Todo habría sido mucho más sencillo si contara con su etapa Ultimate, pero era consciente de que Matt se había marchado para recorrer la ciudad y no podía prestar atención, buscando desesperadamente a los Tamers de esos Digimon. Debían ganar tiempo... O derrotarlos combinando poder de equipo. Rodó como una peonza y consiguió atinar un corte en los palos que sostenían los martillos gordos de la espalda. Eso a Vikemon no le gustó; se dio una veloz vuelta y lo lanzó al suelo de un puñetazo, usando la mano libre para interceptar los tajos de Knightmon con sus espadas pequeñas. No emitió sonido alguno a pesar de los cortes en sus dedos.
Grademon se sentía muy limitado en esa pelea. El escarabajo dorado poseía la capacidad de volar, lo cual le obligaba a tratar de llegar a él con saltos, pero si lo hacía con su nuevo tamaño, terminaría por destrozar los techos de las viviendas. Vitramon se ocupó de mantenerlo entretenido, virando en el aire y disparando las pocas veces que tenía la oportunidad, pero con una misión en mente: conseguir que bajara un poco del cielo. Lentamente, fue retrocediendo, girando y procurando que el cuerno no lo alcanzara... Pero aunque al inicio tuvo suerte, al final HerakleKabuterimon adivinó su patrón de movimiento. El Digimon de fuego se golpeó violentamente contra el suelo, con una de sus alas rota y el cuerpo negándose a rodar para esquivar el inminente pisotón.
Gaioumon emergió a su rescate. Cruzó los Kikurin y envió una potente ráfaga de energía que cortó una de las largas garras en pequeños trozos. El gemido de dolor del otro Ultimate resonó por todo el lugar. Fue entonces cuando Vitramon reconoció la figura de Ethan en una esquina, con el pecho subiendo y bajando a un ritmo regular por la respiración agitada.
Capri...Capricornio puede encargarse él solo... —murmuró, apartando la mirada del dispositivo digital— Se acabaron las tonterías.
(. . .)


Tanya fue la primera en percatarse de la presencia de Dinohumon. El dragón humanoide le devolvió la mirada, se detuvo entre los tejados y depositó a Matt en el suelo. No requería de su arma para apresar a unas humanas.
Tenemos que irnos —advirtió la hermana mayor, sacando el aparato de las memorias.
¡Es sólo un Digimon Adult! —replicó Natasha, inundando su puño de una radiante energía azulada— Déjamelo a mí, lo noquearé y utilizaremos al Tamer como rehén.
Luché contra ese Dinohumon, hermana —Su expresión no admitía réplica. Lo más sorprendente de la situación es que no lucía asustada, simplemente constataba un hecho. Ellas no podrían contra la criatura, mas tenían otras opciones—. Puede evolucionar. No lo repetiré dos veces.
¡Maldita sea! —se quejó, realmente molesta. ¿En serio ya contaría dos fracasos en su historial? Gomamon se iba a enfadar todavía más— ¡Ahora que Vladimir se estaba luciendo!
La rubia introdujo la tarjeta del holograma en el lector y activó la memoria de Cyberdramon. El Digimon recibió la simple orden de atacar al enemigo que las amenazaba, y entonces se lanzó con garras y mordiscos, interrumpiendo el avance de Dinohumon. Para cuando Matt se propuso usar algo similar, ya era tarde, las chicas desaparecieron del tejado. Se asomó con cuidado y no las encontró entre los aldeanos aterrorizados.
(. . .)


¡Venga, Natasha! ¡Otra carta! ¡La que quieras! —bramó con energía la criatura de las nieves. Su cualidad no era precisamente tener la lengua guardada— ¡Sois dos inútiles! ¡No tenéis nada que hacer contra mí!
No dejes que sus palabras influyan en ti, Aegis —recomendó Rox desde su posición defensa. Knightmon apretó los puños y asintió, calmándose—. Te daré una nueva arma, ten paciencia.
No se preocupe, señora. Tómese el tiempo que necesite.
Vikemon frunció el ceño: su Tamer no solía tardar tanto. Se encogió de hombros y decidió que si no tenía el apoyo de nadie, entonces iría con todo lo que tenía. En vez de soltar sus martillos para que atacaran ciegamente, se los quitó de la espalda y los sujetó con sus manazas. Ejecutó una vuelta entera y conectó los pinchos en el escudo de Knightmon, pero incluso así, sintió como era empujado en el aire. Duramon bajó los brazos a cada lado de su cuerpo y liberó una poderosa energía del pecho, llamando totalmente la atención del enemigo. La quemadura se quedó marcada y grabada en la hombrera derecha y parte de la piel de su mano.
Los ojos del Ultimate no presenciaron la espada que se ajustó correctamente en los dedos de Knightmon. Y tampoco en el tatuaje que se reflejó en su armadura, convirtiéndolo durante tres minutos en un dragón. Ryugonken se potenció y rugió con fuerza al ser manejada por un usuario de esa categoría. Aegis la alzó y luego la hundió en tierra, abriendo su auténtico poder, y liberando ocho rayos de fuego con forma de dragón, los cuales volaron y rodearon al Digimon de las nieves. Un último ser emergió desde el suelo y se unió al resto de camaradas, culminando con un ataque conjunto del que no se podía escapar. Mordeduras y llamas por doquier, Vikemon aguantó lo más que pudo, gruñó y soltó los martillos para protegerse los dedos, mas nada le evitó que la técnica lo consumiera. Tembló con enojo y se negó a ser derrotado por dos individuos que no le llegaban ni a la suela del zapato. Concentró su energía helada a su alrededor y se preparó para congelarlos cuando fueran a rematarlo.
Y entonces HerakleKabuterimon resplandeció y penetró en los ojos de los guerreros. Todos los presentes tuvieron que bajar la mirada, sin ser consciente que la memoria de un Kuwagamon transportaba a Gomamon, de-evolucionado a petición de su Tamer, y dos féminas rubias. El escarabajo intercambió el peso con el otro insecto y abandonó la ciudad con un veloz aleteo.
Transcurrieron largas horas hasta que la normalidad regresó a las calles. Kyubey pudo ser libre finalmente y voló rápidamente hacia Aegis, transmitiéndole su energía sanadora. Después, con la petición de Rox, hizo lo mismo con el resto de heridos, centrándose especialmente en Vitramon y Duramon, que contaban con una mayor cantidad de heridas. La muralla no se podría reparar de un día para otro, pero debido a la detonación, el pueblo se aglomeró alrededor de la Princesa con orgullo y confianza renovada, gritando su nombre y el del Oasis para agradecer por la figura de su valiente y hermosa alteza. Los rumores cambiaron, dando una versión muy diferente a la principal, donde Leonidas, Mistymon y Nefertimon se volvían, de repente, en el verdadero enemigo. Y un detalle más que la propia Bastemon tuvo que desmentir... Engañando otra vez a sus vecinos y amigos.
No, mi pueblo, GrappuLeomon no confabulaba contra mí junto a otros humanos y sus Digimon —Levantó una mano demandando silencio—. Pido que esos rumores no vayan a más, pues no son ciertos. Lo que hemos presenciado son salvajes que se han visto atraídos por las bajas defensas de la ciudad, quienes han aprovechado la mala construcción. Sin Mistymon y sin Leonidas, es cierto que la protección se ha reducido considerablemente, pero no os alarméis. Yo pondré solución. Lo que ha sucedido hoy es posible que se repita, pues los ataques de salvajes son impredecibles, pero la próxima vez estaremos preparados. Encontraré a gente más capacitada para ese puesto, y constructores que se desvivan por la seguridad de mi gente, para crear una muralla que sí merezca ser bendecida, y de la que nos sentiremos orgullosos con el pasar del tiempo. Y, por supuesto, quiero agradecer a mis guardaespaldas —agregó, señalando con la mano a los Tamers de la Central. Matt tragó saliva y se sonrojó hasta las orejas—, y también a Gigasmon, porque en el mismo instante que la explosión produjo el colapso, ellos prefirieron dar su vida por la mía, y eso es algo que jamás olvidaré.
Se... Señora... —El consejero espiritual desvió la mirada para que no le vieran soltar unas lágrimas de inmensa felicidad.
¡Por la Princesa Bastemon! —gritó un Mikemon de entre el público.
¡Por la Princesa!
¡Larga vida a nuestra Majestad! ¡Viva!
¡Viva! —se unió Gigasmon con la voz ronca.
Su nombre fue lo más repetido ese día.




Cartas:
- Pile Bunker (Rox)
- Símbolo del Valor (Ethan)
- Thor's Hammer (Tamer de Gomamon)
- Ryugonken (Rox)
- XV no Mark (Rox)
- Zekkou Shou (Tamer de Tentomon)
- Shining Evolution (Rox y Ethan)

Memorias:
- Kuwagamon (Tamer de Gomamon)
- Cyberdramon (Tamer de Tentomon)

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Una figura caminó por la sala. Se acercó a un aparato de forma rectangular y presionó un botón. En la pared una pantalla mostró una imagen en azul durante un par de segundos, después una imagen nítida apareció: se trataba de un Mephistomon. Aun cuando ese demonio ya no existía más ver su figura conservada en aquellas cintas le incomodaba.

—Es sencillo —dijo el demonio—, una vez la crisis alimenticia se propague por Ciudad Oasis todos sus habitantes comenzaran a ver con recelo a la princesa, será ahí cuando usted…

Presionó un botón, la imagen se distorsionó ligeramente a medida que la máquina apresuraba la velocidad del video. Había grabado todas y cada una de las sesiones que tuvo con ese individuo, en su momento, solo lo hizo como una medida de seguridad: si él llegaba a caer, liberaría esas cintas para que la Digital Security también se encargasen de darle caza al demonio, así mismo, las utilizó para seguir al píe de la letra sus planes y evitar cometer el más mínimo error. Fue solo cuando supo de su muerte que se sintió aliviado por haber conservado ese material audiovisual, pues fue gracias a este que pudo mantener la situación controlada y adaptarse a los contratiempos que surgieron con la llegada de los guardaespaldas de la reina. Pero ahora mismo, aquel material se había vuelto obsoleto.

Soltó el botón, el demonio pudo volver a hablar con normalidad.

—El primer ataque contra la princesa debe fracasar —dijo el demonio.

—Pe-pero… ¿por qué? —protestó él, por supuesto, se trataba de su voz grabada.

—Porque eso les pondrá en guardia y enviará un mensaje —Mephistomon esbozó una sonrisa, esa grotesca mueca que siempre le hacía sentir escalofríos—, le hará ver a la princesa y a sus allegados que sus recursos son obsoletos, ineficaces contra nosotros. Entonces, recurrirán a los Tamers.

—Si hacen eso…

—No debe preocuparse por eso. Todo forma parte del plan. Cuando la reina muera a manos de GPS y sus seguidores, el caos se extenderá por todo el desierto y la duda germinará en los corazones de toda Ciudad Oasis —extendió sus brazos a ambos lados—, dudas surgirán como “¿los humanos planearon todo esto?”, “¿los guardianes de la princesa formaban parte del complot?” surgirán y la discordia llegará eventualmente, produciendo una ruptura entre humanos y Digimon en toda esta zona.

—¿Y entonces…?

—Entonces su ascensión al trono será más sencilla. Al ser la única figura respetable y querida por los ciudadanos sería lógico verlo tomar el liderazgo, de forma desinteresada y solo deseando buscar retomar el orden, en primera instancia —afiló la mirada—. Después, será usted quien entregue a los asesinos de la princesa, junto a los repugnantes guardias que permitieron su muerte.

—Pero eso significa… GPS y el resto de Lock On… ¿piensa traicionarlos?

Mephistomon bufó por la nariz.

—Por supuesto. Los humanos no son más que simples peones desechables, lo mismo todo Digimon que ha decidido formar un vínculo con ellos. De haber podido, me gustaría haber evitado la inclusión de un grupo de Tamers, pero solo alguien como ellos podía desempeñar el papel que tienen en todo esto, así que no había otra opción.

—Si yo entrego a los asesinos y a los guardias…

—Su popularidad en Ciudad Oasis alcanzará la cúspide, ni siquiera Nefertimon tendría oportunidad de competir contra usted. Será ahí cuando los habitantes le pedirán, no, le rogaran que sea su nuevo gobernante. Usted no tendrá que hacer nada.

Hubo silencio.

—¿Y qué gana usted con todo esto? —Mephistomon sonrió ante la pregunta.

Presionó un botón y el video se detuvo. Suspiró con molestia. Ya no estaba seguro si quería obtener el final que ese demonio le prometió, pero tampoco deseaba dar marcha atrás, no después de los logros que había conseguido con tanto esfuerzo. Debía idear un plan, una forma de llevar todo esto a un buen puerto, pero para hacerlo necesitaría la ayuda de GPS.

Incluso Mephistomon se lo advirtió, la razón por la cual debía tener a ese sujeto atado, la razón por la cual debía limitarlo y tenerlo siempre bajo control. Si le dejaba en libertad lo que pasaría a continuación sería incierto, impredecible y sus efectos podrían ocasionar estragos difíciles de resolver. Pero si soltaba su correa… tal vez obtendría lo que deseaba…


[. . .]

La prisión se encontraba en los túneles subterráneos del palacio. La instalación entera era un laberinto de largos pasadizos donde no había fuente de luz alguna, excepto en las celdas, donde se habían colocado piedras fluorescentes muy especiales. Si un prisionero escapaba de su habitación se vería forzado a avanzar a ciegas, pues si intentaba sustraer las piedras luminosas de sus sitios estas terminarían rompiéndose y, una vez fragmentadas, estos se apagarían por completo. Si la penumbra no era suficiente para hacer desistir a un preso, entonces las múltiples trampas colocadas en sitios específicos se encargarían de detenerle o por lo menos, complicarle aún más el viaje. Por esta razón, Ethan y Ryudamon tuvieron que ser conducidos por aquellos pasillos por un par de guardias, ambos sujetaban antorchas y llevaban consigo un mapa del sitio por si acaso. Ahí abajo era frío y un fuerte aroma a humedad podía sentirse con cada respiro. Los muros, piso y techo estaba hecho de una roca lisa, de color obscuro, el americano se preguntó si se trataba de obsidiana moldeada.

Les tomó un rato llegar a la celda de Grappuleomon. Leonidas tenía dos extraños bloques metálicos recubriendo sus brazos, eso debía imposibilitarle el uso de su principal y más mortífera arma. Sus movimientos también estaban entorpecidos por cadenas robustas y, como si no fuese ya suficiente, varios guardias estaban dispuestos fuera de la celda para garantizar que el Perfect no intentase escapar. Su habitación era un desastre, todos los muebles habían sido reducidos a meros escombros y nadie se tomó la molestia de cambiárselos, Walker estuvo de acuerdo con esa decisión: tal vez sin una cama, o una silla en la cual descansar el león aprendería a valorar y cuidar mejor las pertenencias ajenas. Al león no le hizo gracia ver al americano y al dragón entrar a la celda, mucho menos cuando el humanos les dijo a los guardias que era innecesaria su presencia.

—¿Te gusta tu nueva vivienda? —preguntó Walker con una sonrisa burlona en sus labios—, ¿tú también te encargaste de construirla?

—Yo construí todo en esta ciudad —fue su seca respuesta.

—Entonces ya sabes a quién culpar si te molesta el estilo. Como sea, no vine aquí a tener una charla amistosa contigo, quiero información.

Leonidas frunció el ceño.

—¿Qué clase de información?

—Todo lo relacionado a los ataques contra la princesa, para comenzar —asintió Ryudamon—, ¿quienes son los asesinos y por qué siguen operando?

—¿Y por qué abría de saber algo yo sobre los asesinos? —rugió con fuerza—. ¡Yo no los contraté!

—Conspiraste contra Bastemon, ¿por qué no sabrías nada al respecto? —Walker ladeó la cabeza—, ¿o vas a negar que tú proporcionabas información a Nefertimon sobre las rutas de los transportes?

—Y-yo… —la molestia que había estado exhibiendo hasta ese momento le abandonó, dejando ahora una mera cáscara vacía—. Yo nunca quise que Nefertimon lastimase a Bastemon.

—¿No querías? —el Tamer le fulminó con la mirada—, ¿qué diablos pensaste que iba a pasar entonces si la crisis alimenticia empeoraba?

—Creía que Nefertimon tomaría el control, por supuesto —bufó por la nariz, irritado, como si la respuesta fuese demasiado obvia—. Se suponía que ella quitaría a Bastemon del trono, una vez le reemplazara todo volvería a la normalidad, sin asesinarla.

—¿Cómo pensaba hacer eso? —el samurái estaba confundido—, con Bastemon-sama viva tendría que haber realizado un golpe de estado, lo cual hubiera terminado en una guerra civil —recordó como varios guardias reafirmaron su apoyo a la reina, a pesar de haber sido sirvientes de Mistymon, señal inequívoca de que ahí afuera había personas muy leales a Bastemon.

—Eso no lo sé —dijo Grappuleomon—, pero ella me prometió que los asesinos solo eran una pantalla… un mero truco para intimidarla, yo… en verdad… —bajó la mirada y negó con la cabeza—. Yo solo quería lo mejor para la ciudad.

—Pues quiero que sepas que hiciste todo lo contrario —Leonidas parpadeó y enfocó su atención en Walker: el humano le miraba con pena—, si en verdad te preocupabas por la seguridad de los habitantes de Ciudad Oasis pudiste hacerlo de otra forma. Tal vez no desencadenaste una guerra civil, pero ayudaste a esparcir hambruna y recelo…

—Querías… proteger a los habitantes de los peligros que hay fuera con una muralla reforzada, pero el enemigo ya estaba dentro de la ciudad —susurró Ryu.

Leonidas abrió los ojos de par en par. El dúo de Black Jack se dio media vuelta y los guardias abandonaron la celda. El constructor entonces se dejó caer de rodillas al suelo.

[. . .]

La celda de Nefertimon X no era más ostentosa que la de GrappuLeomon, de hecho, esta tenía una peculiaridad: tenía un techo muy bajo, esto con la única finalidad de evitar que la noble extendiese sus alas, limitando cualquier intento de lanzar un ataque contra los guardias que le custodiaban. De todas formas, la Armor tenía todo en su contra si deseaba salir de la prisión subterránea.

—Parece que por fin obtuviste una habitación que te queda como anillo al dedo, Nefertimon —la felina alada bufó al escuchar el comentario del americano, la puerta de la celda se cerró detrás de la dupla, una vez más ingresaron solos.

—A veces es necesario hacer sacrificios para obtener lo que se desea —fue su respuesta—, solo es cuestión de tiempo, pronto mis seguidores irrumpirán en estos mugrosos pasillos y me sacaran de aquí.

—Suenas demasiado convencida, pero la verdad es que la mayor parte de tus súbditos fueron arrestados junto contigo y todos ellos fueron puestos en libertad cuando juraron servir una vez más a Bastemon —se cruzó de brazos—, sobre los comerciantes y el resto de nobles, si bien hicieron algo de escándalo, después de la última ceremonia se han tranquilizado un poco. Si alguien hubiera querido darte una mano, yo creo que ya habría venido, ¿no lo crees?

Nefertimon se movió incómoda en su sitio.

—Solo esperan el momento oportuno para actuar, eso es todo.

—Mira, ¿por qué no nos facilitas las cosas? —Ethan suspiró—, dinos dónde se esconden los asesinos que contrataste y toda la información que tengas sobre ellos, si lo haces, Bastemon tal vez se apiade de ti y reduzca tu sentencia.

—O al menos podría cambiarle a una celda más grande —meditó Ryu, tras pasear la mirada por el sitio.

—¿Hmm? —la enmascara inclinó la cabeza, su cola se movió de un lado a otro—. Vaya, ¿entonces ellos siguen activos incluso ahora? —aunque lo dijo en voz alta, parecía estar hablando consigo misma, una risa escapó de sus labios—. Interesante, de haberlo sabido antes…

—¿A qué te refieres con eso? —quiso saber el Tamer, la noble inclinó su rostro.

—¿Crees que soy tonta?, tengo información que ustedes necesitan y pienso usarla para salir de esta ratonera. Liberenme y les diré todo lo que sé.

—Conspiraste en contra de tu princesa e intentaste usurpar el trono, espiaste, proporcionaste información a un grupo de asesinos y para colmo trataste de matarnos —Ryu sacudió la cabeza—, no está en posición para negociar.

—Entonces parece que hemos llegado a un callejón sin salida —sonaba satisfecha—, no me harán hablar.

—Yo no me adelantaría a los hechos, de hecho, tengo una nueva oferta para ti —Ethan deslizó una carta por su lector: el Grey Helmet cubrió la cabeza de Ryudamon—. Comienzas a hablar, o mi compañero aquí y yo veremos qué tan resistentes son en realidad los nobles de Ciudad Oasis.

—¿Me amenazas? —la risa de Nefertimon retumbó en las paredes—, ¡me apoyan incontables empresarios y comerciantes de Ciudad Oasis!, ¡tengo más influencia que la mismísima Bastemon!

Una intensa luz inundó el recinto e hizo a Nefertimon retroceder y soltar un quejido. Ethan había invocado un látigo de energía desde la pantalla de su Digivice, mismo que hizo resonar al golpear el suelo, a tan solo un par de metros de la prisionera.

—Yo solo veo a una desesperada y mimada gata delante de nosotros —dijo Walker—, una que cree tener la ciudad en sus manos, cuando en realidad sigue encerrada en una jaula.

Nefertimon iba a hablar una vez más, pero en ese instante Ryudamon abrió su boca y permitió que brasas ardientes saliesen de esta y flotasen en el aire. Se escuchó como las garras de la noble rasgaban el suelo a sus píes.

[. . .]

Los enviados de la Central se reunieron en una terraza, donde la princesa les ofreció una modesta cena mientras se discutía la información recabada en los últimos días. En el centro de la mesa podía verse un plato con abundante fruta, la mayoría de ellas resultó exótica para los humanos. Los Childs devoraban sus porciones y repetían sin más, parecían verdaderas aspiradoras; mientras que Aegis y Prydwen trataban de disimular el hambre que tenían, Ryu y Excalibur daban la impresión de estar participando en un concurso para descubrir quién comía más en el menor tiempo, los Tamers por su parte comían a su ritmo, Bastemon por su parte masticaba su bocado varias veces antes de tragar.

Cuando hubieron comido lo suficiente comenzaron formalmente la reunión y se recapitularon los eventos más importantes. En primer lugar estaba un notorio decremento en los ataques realizados por los Scorpiomon, esto gracias a los dos combates precios que se había tenido contra estos, además, sin Mistymon y Leonidas era evidente que LordKnightmon ya no tenía la capacidad de predecir y planificar sus ataques. Esto había hecho que el flujo de comercio y alimentos comenzase a mejorar, lo cual al mismo tiempo se traducía a una disminución de las preocupaciones de los ciudadanos, quienes comenzaban a ver con mejores ojos a la princesa. En segundo lugar estaban las protestas, aún existían individuos que simpatizaban con Nefertimon, Mistymon o GrappuLeomon, esto sería algo que bien duraría meses, pero al menos ahora la princesa estaba segura que se trataban de grupos aislados, sin mencionar que, como todo había comenzado a mejorar tras la captura de esos tres, muchos habían atado los cabos sueltos y ahora confiaban en la versión dicha por la reina durante la ceremonia de la muralla. Por último estaba la información obtenida por Ethan y Ryudamon tras interrogar a los prisioneros.

—Nefertimon creía estar mejor capacitada para gobernar, Leonidas deseaba incrementar las defensas de la ciudad a toda costa y Mistymon vio signos de debilidad en la princesa que le hicieron dudar de ella —Ryu suspiró—. Cada uno de ellos solo buscaba lo mejor para Ciudad Oasis, desde su perspectiva.

—Aún así, todos ellos fueron engañados —Matt se quedó pensativo un instante—. ¿Dices que alguien se acercó a Nefertimon y le ofreció un trato para ponerla en el poder?

Ethan asintió.

—Tal parece ser que estos individuos fueron sus asesinos, princesa —el americano miró a Bastemon, la felina yacía tranquila, comiendo rodajas de una fruta que recordaba al kiwi—, ellos le pidieron ayuda a Nefertimon para orquestar todo este complot, ella a su vez aprovechó las dudas tanto en Leonidas como en Mistymon para volverlos sus cómplices.

—Leonidas fue seducido por Nefertimon cuando le prometió toda el agua que necesitase del oasis —añadió Ryu—, después él se encargó de avivar las dudas en el consejero de seguridad.

—Una cadena de mentiras —dijo Excalibur con voz apagada.

Aquel grupo misterioso había desencadenado un efecto dominó, escogiendo meticulosamente la primera pieza a golpear, después solo tuvieron que deleitarse con los efectos logrados, los cuales no habían hecho más que incrementarse y alimentarse los unos a los otros: el deseo y desesperación de Nefertimon por ocupar el trono tal vez le hizo presionar a GrappuLeomon para recabar más y más información, a su vez, el constructor discutía con el consejero los errores de la regente con más frecuencia, haciendo que el jefe de guardias viese a su señora como alguien inepta para su cargo.

—¿Pero ahora que los tres implicados en todo esto han desaparecido, cuál es el plan de este misterioso grupo? —Prydwen hizo la pregunta clave en toda aquella discusión—, ¿para qué continuar con sus ataques contra la reina si Nefertimon está encerrada y ahora mismo el pueblo vuelve a la normalidad?

—En efecto. Aunque sacasen a Nefertimon de prisión la opinión de los ciudadanos ha cambiado en los últimos días —Knight atrapó su sombrero, pues en ese momento Kyubey decidió salir de su escondite para buscar otro trozo de fruta—, quienes protestan en las calles es un número muy reducido, no son suficientes para considerarse una amenaza, mucho menos para iniciar una guerra civil.

—Si esas personas deseaban un conflicto a gran escala, debieron iniciarlo justo cuando Nefertimon fue arrestada, cuando aún existía una división en los habitantes —meditó Ryudamon—, ¿entonces qué desean?

—Eliminar a la princesa, siempre han buscado eso —dijo Ethan—. Se nos ha olvidado algo, Bastemon es una de las Digimon más influyentes en esta parte del WWW Continent, algo así como Holy Angemon lo es en Folder —se giró hacía la felina—. Si ella desapareciese de un momento a otro, toda esta región entraría en caos.

—Entonces… ¿todo el complot de Nefertimon ha sido una distracción? —Excalibur preguntó aquello.

—Podría ser así —Ethan frunció el ceño—, por esa razón descartaron a Nefertimon sin más cuando ya no les fue útil.

—Desestabilizar la región podría ser ventajoso para un plan de invasión —opinó Rox, pero al igual que sus compañeros sus palabras poseían un notorio deje de duda—, ¿Ciudad Oasis se encuentra en conflicto bélico con alguna nación cercana?

—El último conflicto serio fue hace demasiado tiempo, tanto que incluso muchos ya lo han olvidado —contestó Bastemon.

—Supongamos que hay una buena razón por la cuál este grupo busca eliminar a la princesa —soltó Excalibur sin más— y usaron el complot de Nefertimon como una distracción, ¿entonces qué sucederá ahora?

—Eso es demasiado obvio —Aegis resopló—, vendrán directo a nosotros.

—No, las ceremonias ya han terminado —Rox recordó que tuvo esa discusión con Gigasmon esa misma mañana— y con esto, sus oportunidades para atacar a la princesa en una situación desventajosa también. Ahora mismo ella no tiene razones para salir a las calles y, aunque las tuviera, nuestros enemigos ya no poseen espías dentro del palacio, aparentemente —se apresuró a añadir.

—Entonces, esto podría prolongarse por mucho tiempo —Ryu suspiró derrotado, se recostó contra el respaldo de su asiento y después estiró el cuello para coger un trozo de fruta de su plato—, Nefertimon tampoco sabe donde se esconden esos sujetos...

—Y ellos se mantendrán ocultos hasta que vean una buena oportunidad para actuar —concluyó Prydwen.

Matthew meditó en esas últimas palabras. Por alguna extraña razón el grupo de asesinos desistieron de atacar a Bastemon en su palacio tras el primer fallo, ¿esto era mera coincidencia o había una razón justificada? ¿Es que acaso los enemigos de Bastemon se sentían más confiados si le atacaban fuera de su territorio?, ¿o es que había algo oculto ahí? ¿En qué coincidían todos los ataques ocurridos en el exterior? Tal vez la verdadera razón era algo más turbio.

—Ellos desean una ejecución pública —soltó sin más el canadiense—. No, ellos… ellos planearon todo esto —el azabache sintió un escalofrío—. El primer intento de asesinato… no fue real… fue simulado —miró a Bastemon, sus ojos se abrieron de par en par—, ellos… fallaron a propósito en esa ocasión…

El silencio se propagó por la habitación, más de uno quedó en shock por las palabras del canadiense.

—Todo para que la Central y la DS le obligaran a tener escoltas, Tamers y Digimon… —continuó Rox.

—Y así se podría culpar a los humanos sin importar su papel en todo esto… —siguió Ethan—, por un lado serían los asesinos, por otro los incompetentes que no pudieron salvar a la princesa.

—Entonces, con mi muerte, toda relación con los humanos se rompería —concluyó Bastemon, frunciendo el ceño—, ¿quién buscaría algo así?

Poco importaba la respuesta. Debían parar aquello. Todas las piezas de dominó ya habían caído, excepto una, la última de ellas.

[. . .]

Todos los consejeros, aunque tenían una habitación designada dentro de las paredes del palacio para su uso personal, poseían sus propias hogares. Gigasmon no era la excepción, de modo que Matthew y sus compañeros tuvieron que cruzar la ciudad entera para poder visitar al consejero espiritual: su casa seguía la misma arquitectura que el resto de las viviendas de Ciudad Oasis, las paredes estaban construidas a partir de ladrillos de barro y la mayoría de las ventanas carecían de cristal, en su lugar estas disponían de puertas de madera para proteger el interior de las inclemencias del clima. Lo más sobresaliente de la vivienda era una pequeña cúpula en su techo, cuya superficie, un tanto agrietada, tenía símbolos pintados en color azul. Fuera de esto, la casa del consejero era demasiado ordinaria y humilde, algo que Bastemon había recalcado cuando les dio indicaciones para llegar a esta.

Cuando llamaron a la puerta, el Perfect les atendió casi al instante.

—Oh, tres de los guardias personales de la reina —hizo una inclinación respetuosa—, ¿a qué debo tan inesperada visita? —abrió más la puerta y les invitó a pasar.

—Hemos venido a entregarle una petición de la princesa —dijo Excalibur, con la cabeza en alto, como si fuera todo un orgullo fungir como simple mensajero.

El heredero de la tierra primero se sorprendió, después asintió con parsimonia y tras escudriñar el exterior de su casa cerró la puerta. Era evidente lo que estaba pasando: sus deberes, aunque fueran considerados por muchos como innecesarios, siempre le obligaban a estar presente en el palacio, por lo tanto Bastemon en persona pudo darle ese mensaje en persona, pero todo parecía indicar que la princesa aún tenía sus sospechas, al igual que sus guardianes, y por esta razón deseaban evitar a toda costa que la información se filtrase, pues era evidente que, si el grupo que trataba de asesinarla disponía de espías, estos estarían distribuidos en la morada de la regente.

—Por favor, tomen asiento —Gigasmon se dio media vuelta y se adentró en su hogar—, ¿desean algo de beber?, hice un estupendo té de hierbas.

—La verdad, solo nos gustaría… —empezó Matt.

—Nunca he probado uno de esos —se adelantó a decir Prydwen, esto fue suficiente para que el de gran nariz esbozara una sonrisa y se encaminara hacía su cocina. Collins se limitó a suspirar, de ser posible le hubiese gustado entrar y salir, después de todo algo podría suceder en el palacio mientras ellos estaban ahí.

La habitación en donde se encontraban, la cual no se trataba de una sala sino más bien de un comedor, contaba con una mesa cuadrada en su centro, atiborrada de varios libros y documentos. Recargadas contra las paredes había libreros rebosantes de cuadernillos, libros y pergaminos, así como toda clase de cachibaches como herramientas, figuras de madera, estatuillas de barro, incluso había objetos del mundo humano.

—Vaya —Matt parpadeó, mientras se acercaba a un Walkie-Talkie de color amarillento opaco, se veía que el aparato había tenido mejores días. Casi de forma mecánica presionó el botón para encenderlo, pero como una parte suya ya había previsto, el dispositivo no funcionó.

—¿Qué es eso, Matt? —preguntó un curioso Excalibur.

—Es una radio, se usa para hablar con personas en la distancia —le explicó.

—Oh, ¿algo así como el Sound-Linker?

—Exacto —asintió, sintiéndose un poco torpe por no recordar la existencia de dicho aparato—. Gigasmon tiene varios objetos que provienen de mi mundo aquí…

—¡Mira, mira, un espejo circular! —sonrió el vigésimo.

—Ese es un Dvd —Collins no pudo evitar sonreír ante semejante ocurrencia.

—¿Y esto qué es?

El vigésimo cogió lo que parecía ser una caja rectangular de color negro, tenía aberturas protegidas por un plástico transparente donde al otro lado podían verse dos cintas perfectamente enrolladas. Matt parpadeó, escudriñando con atención el objeto. Zubamon encontró entonces que en la parte superior del objeto había una pestaña, la cual si tirabas podía levantarse un poco, revelando una tira negruzca que reflejaba la luz del sol.

—Es un videocasette —el canadiense asintió, recordando por fin—, esos fueron usados antes de los dvd —apuntó al objeto en cuestión.

—¿Y qué es esta cosa que tiene dentro?

Matt sintió como la respiración se le iba: su compañero usó una de sus garras para tirar de la cinta, la cual se estiró y después se dividió en dos, pues las garras de la Legend Arm eran tan filosas como cuchillos en la punta. En ese momento arribó Gigasmon, su rostro palideció al ver la escena delante suyo: por fortuna no tiró la bandeja de tazas humeantes que llevaba en sus brazos, en su lugar se apresuró a dejarla sobre la mesa, en un espacio que hizo empujando un par de libros y corrió a tomar el videocasette.

—¡L-lo lamento mucho! —soltó Excalibur al ver la preocupación en el rostro de su anfitrión.

—Tranquilo, tranquilo puede repararse —el Perfect soltó una risa nerviosa. Dejó el videocasette sobre la mesa y después cogió un trozo de cinta adhesiva con la cual pegó las partes dañadas, después usando un lápiz rebobinó la tira de cinta. Ante la mirada de asombro de sus invitados añadió—. Soy un amante de los objetos del mundo humano, colecciono algunos. Este lo obtuve recientemente.

—¿Qué tiene dentro? —Collins preguntó con notoria curiosidad.

—La verdad no lo sé —Gigasmon se rascó la nuca y desvió la mirada—, se supone que se necesita de una máquina para ver su contenido y por desgracia no dispongo de esta —dejó el objeto en una repisa alta, tal vez protegiéndola de la Legend Arm dorada—. Entonces, ¿qué es lo que la princesa necesita de mi? —les entregó una tasa a cada uno.

—Bastemon desea organizar una ceremonia, una fiesta de gala en el palacio —asintió Matt— y necesita de su ayuda para organizarla en la brevedad.

—¿Una fiesta? —Gigasmon parpadeó—, ¿y cuál es el motivo de esta?

[. . .]

Había gran actividad a las afueras de la casa de Noblepumkmon: carretas y carromatos se hallaban estacionados a ambos lados de las calles mientras Pumkmon les llenaban con toda clase de contenedores de madera, jarrones, o incluso sacos, otro vehículos en cambio eran descargados y su contenido era llevado al interior de la residencia. La entrada, aunque se trataba de una puerta doble tan alta como para que un Adult pasase por ella, no daba abasto para el flujo de peones. Rox y Aegis tuvieron que abrirse paso entre toda esa multitud, los cabeza de calabaza le sonreían y le daban los buenos días, a pesar de que Zubamon bramaba molesto solicitando espacio para su señora.

El interior daba una mejor idea de cómo estaba diseñado el edificio: era una casona cuadrada, en el centro del todo se hallaba un amplio jardín rebosante de verdes plantas y rodeándole se encontraban los pasillos principales, estos a su vez daban acceso a las diferentes habitaciones y salones del sitio. El estudio del conde, según el Pumkmon que les instruyó, se encontraba al fondo del todo.

No eran los únicos que desentonaban en ese sitio, dentro había otros Digimon conversando con los Pumkmon: un Flawizardmon parecía estar regateando con uno de los Perfect, a una Babamon se le estaba entregando una caja repleta de frascos y comida básica y un grupo de Armadimon eran escoltados hacía el interior de una sala. Al que Rox no esperaba encontrarse fue al consejero de economía saliendo de la oficina de Noblepukmon, solo que este se alejó tomando un pasillo distinto, motivo por el cual la Tamer solo pudo verlo alejarse.

—¿Tienen cita? —apenas hicieron el ademán de acercarse a la puerta del estudio del conde, un Pumkamon apareció. Les dedicó una sonrisa cálida.

—¿Cita?, mi señora no necesita hacer ninguna cita para hablar con un simple plebeyo —Aegis se cruzó de brazos, Rox le puso una mano en la cabeza para calmarle.

—No, no tenemos cita —le respondió la humana—, pero venimos aquí para entregar un mensaje de la princesa Bastemon.

La calabaza se sorprendió al escuchar esto, pero antes de poder responder una voz del interior se hizo escuchar.

—Déjalos pasar, son amigos míos y de la princesa.

La calabaza asintió, les invitó a pasar estirando su mano y una vez entraron el Perfect cerró la puerta y escucharon como se alejó del lugar. La oficina del conde tenía un aspecto rústico: las paredes, piso y techo estaban tapizadas con tablas de madera de un aspecto rojizo obscuro. Todos los muebles parecían haber sido esculpidos a mano, tallados a partir de un solo tronco, todos eran de un color marrón mucho más claro que el de las paredes. Aunque había un librero, este poseía objetos varios que Knight catalogó como simples recuerdos, o regalos que alguien le dio al conde. La estancia, aunque no poseía ventana alguna, olía a menta y estaba bien iluminada por un candelabro que se mecía de vez en cuando sobre el techo.

Noblepumkmon se puso de píe e hizo una reverencia apenas sus invitados se colocaron delante de su escritorio, les invitó a sentarse con un ademán demasiado teatral, solo la fémina aceptó la invitación, Zubamon se quedó de píe a su lado.

—Pensé por un instante que habían abandonado la ciudad poco después de la captura de Nefertimon, me alegra saber que siguen al lado de la princesa —dijo el conde mientras tomaba asiento.

—Seguiremos con la princesa mientras ella nos necesite —Rox dijo aquello en un susurro.

—Y sé que harán un gran trabajo, como hasta ahora —estiró sus manos, dejándolas reposar sobre su escritorio, luego entrelazó sus dedos—. ¿En qué puedo servirles?, ¿ustedes también vienen a ofrecerme algún trato?

—¿Lo dice por el consejero de comercio? —quiso aprovechar que el Ultimate sacó el tema, de esta forma sonaría menos interesada en el tema.

—Así es. Después de la ceremonia de la muralla las cosas comenzaron a pintar muy bien, la popularidad de la princesa se recuperó y gracias a la reducción de los ataques a los transportes en el desierto la economía mejoró —sonrió—. El consejero Meramon ha aprovechado este gran suspiro de alivio y ha hecho todo lo posible para avivar los comercios, también está buscando nuevos lazos comerciales con el resto del continente. Ahora mismo todos los comerciantes de la ciudad deben estar alabándole por su trabajo.

—Y por lo que vimos, usted no desaprovechó la ocasión —soltó Aegis a modo de queja.

El conde soltó una risita.

—Los tiempos de crisis son los mejores para hacer negocios, ¿no se los dije cuando nos conocimos? —se encogió de hombros—. Yo brindé ayuda a esta ciudad cuando más lo necesitaba, ahora ese favor se me ha sido regresado y con intereses.

Rox asintió, aunque fue un movimiento casi mecánico. En cierta parte estaba de acuerdo con las acciones del conde, después de todo, él solo había estado velando por sus intereses todo este tiempo, aunque por otro lado debió ofrecer una mano a Ciudad Oasis sin esperar nada a cambio, sin embargo, el mundo no funcionaba de esa manera. Si Noblepumkmon hubiese entregado víveres y demás enseres vitales para mantener a la ciudad a flote, tal vez ahora mismo todos esos Pumkmon que trabajaban alegremente para él estarían desempleados, pues el conde habría caído en la bancarrota. Además, él jamás escondió sus intenciones de recibir un beneficio a cambio de ese apoyo humanitario.

—Me alegra saber que su generosidad fue recompensada, conde —Knight no mentía—, esperemos que su negocio siga prosperando.

—Y yo agradezco los buenos deseos, pero vamos, no me dejen con la ansiedad —se acomodó en su silla y se inclinó hacía adelante—, ¿para que me necesita la princesa?

—Para agradecerle públicamente por su apoyo, la princesa Bastemon desea organizarle una fiesta de gala en el palacio. Nos ha enviado a nosotros para hacerle llegar la invitación.

Noblepumkmon, por primera vez desde que le conocieron, se quedó pasmado y sin saber qué decir.

Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

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Bajó la cabeza, cerró los ojos y se concentró en invocar la niebla. Aún no sabía cómo manejar a la perfección esa habilidad, le costaba incluso activarla, pero no pensaba rendirse. Él y su Tamer habían pasado por momentos difíciles, aquello les otorgaría cierta ventaja para cualquier tipo de situaciones, ya fuera escapar o distraer al rival para un ataque sorpresa. Sin embargo, para ello, debía aprender a controlarla. Ese mismo día, en la mañana, tuvo la mala suerte de ponerse nervioso, y en vez de avisar a su aliado, él mismo se mezcló con la ilusión. El resultado fue nefasto. De no ser porque Vladimir jamás se daba por vencido, probablemente habrían muerto contra esos duros salvajes.
El suave viento del bosque le ayudó a relajarse. Las hojas de los árboles tocaban suavemente partes de su cuerpo. Trató de mantenerse inmóvil y sereno para no destrozar más los alrededores. Estar quieto siendo tan grande era complicado. Se había encargado personalmente de expulsar a los habitantes del lugar, algún que otro Digimon que al principio dio problemas, pero que tras probar la medicina del sufrimiento echaron a correr. Meneó la cabeza y apartó esos pensamientos de su mente. ¿Cómo se suponía que iba a expandir la niebla si todavía no se centraba únicamente en ello?
Aún no veo nada —advirtió una voz femenina grave.
El insecto dorado apretó los párpados para no abrirlos. Escucharla ya había hecho que quisiera darle una respuesta, pero el mejor modo de hacerle ver sus progresos, era demostrarle que estaba a punto de conseguirlo. Tras unos minutos de esfuerzo y casi aguantar la respiración, soltó el aire.
No es lo mío, Tanya —dijo al final, observando el cielo desde su posición—. Habría sido mejor absorber los datos de un Digimon con ataques directos. O de distancia pero efectivos.
Tonterías —No lo dijo en voz alta. Ni siquiera lucía molesta. La chica, desde abajo, sentada en una de sus patas y con los brazos cruzados, simplemente hablaba normal—. Es una excusa que te auto impones porque no eres capaz de hacerlo. Si Vladimir pudo hallar una segunda línea evolutiva, tú harás esto. Otra vez —agregó, imperturbable.
A este ritmo nos vamos a quedar aquí toda la noche. ¿Acaso quieres dormir en mitad de la intemperie? ¡Te picarán los mosquitos! ¡Y con la piel tan blanquita que tienes, se te notará! —bromeó, tratando de convencerla.
Que así sea —Había temido que contestaría con algo similar. La conocía bastante bien para saber que sus chistes no funcionaban—. Toda la noche, toda la mañana, y varios días si es necesario. No se repetirá lo de esta mañana. La técnica de Cherrymon es muy útil, mucho más que un ataque potente físico o especial. Un enfrentamiento no se decide siempre con el más fuerte...
Ya, ya, se decide con el más inteligente —interrumpió, ya cansado de oír la misma frase—. De acuerdo, de acuerdo. Pero más te vale invitarme a una buena comilona después de esto.
Continúa.
Al final, con esfuerzo y dedicación, y muchas semanas de entrenamiento, HerakleKabuterimon dominó la técnica. No por completo, porque si quería expandir las ilusiones en un radio grande, tenía que permanecer con los ojos cerrados y casi inmóvil, pero sí cumplía a la hora de escapar o provocar a un único enemigo, o incluso dos al mismo tiempo. Poco a poco, aprendió a avisar del peligro antes de que se avecinara, porque Vladimir no era especialmente inteligente y se dejaba llevar por sus impulsos, atacando a seres invisibles. Esa nueva estrategia les garantizó una buena cantidad de victorias. Hasta para interrogar a las víctimas era útil, porque sus peores pesadillas se solían materializar en frente de ellos, y entonces lloraban y suplicaban, delatando a compañeros o confesando la verdad de una ubicación. El insecto reconoció que su Tamer siempre había tenido razón.
(. . .)

Ethan se desató la corbata en cuanto tuvo ocasión. Sabía que debían ir así vestidos para no llamar la atención, pero aun así, se sentía agobiado. Dejó escapar un suspiro de alivio cuando sintió el cuello más libre. A su lado, Matt comía tranquilamente de la mesa, disfrutando de la gran variedad de alimentos que los cocineros habían preparado para esa gran noche, y dándole de paso a Kyubey, que le acariciaba la cabeza. El DigiGnome estaba acostumbrado a la presencia del muchacho. Rox, por su parte, acompañada fielmente por un Wolfmon con cara de pocos amigos, caminaba de un lado a otro con los brazos hacia atrás, contemplando a los invitados y a Bastemon. Su labor como guardaespaldas estaba por encima de relajarse, sobre todo en horas de trabajo.
Los jardines del palacio lucían más llamativos que nunca. No quedaba ni un solo rincón vacío. Ya fuera con estatuas, mesas, sillas, adornos florales o músicos, el lugar radiaba alegría y movimiento. Los camareros se movían sin parar, ofreciendo canapés, bebidas o atendiendo las llamadas de los nobles. Otros, los más corpulentos, se encargaban de retirar las bandejas enormes de carne para traer luego más. Los Digimon de los humanos se habían desperdigados para vigilar desde todos los ángulos, a excepción de Dinohumon y Vritramon, que en vez de participar activamente en la fiesta, optaron por estar en las calles, alejados de las multitudes y el ruido.
La buena relación entre NoblePumpmon y la Princesa de Oasis se hizo evidente por los regalos de él en la noche, con una calabaza gigante en mitad de los postres, donde al tocar un botón, se abría parte de la máquina y de esta salían distintos dulces de sabores. Aunque eso sólo fue el principio, porque el Ultimate se había vestido con sus mejores ropajes de gala: su traje, normalmente blanco, ahora presentaba colores negros y marrones, y su sombrero iba a juego con sus botines oscuros. Muchas miradas se posaron en él, cuchicheando sobre su comercio y la ayuda, pero concretamente en sus acciones respecto a Bastemon. Lo primero que hizo al llegar fue brindarle una reverencia digna de una reina, para a continuación hincar la rodilla y sacar una pequeña caja que contenía un hermoso collar de oro. La felina parpadeó con asombro, y a pesar de que le hubiera gustado rechazar el regalo, era consciente que eso daría una mala impresión. No estaría bien que después de todo lo que Noble les había apoyado en esa situación, ella se negara a algo tan simple. Así pues, le permitió que le besara los dedos de las manos y se incorporara para colocarle el adorno en el cuello.
Tan hermosa como siempre, mi señora. Y hoy, ahora, más que nunca —piropeó con una coqueta sonrisa. Se había vuelto más atrevido con el encierro de Leonidas.
Te agradezco el obsequio —Le era difícil no percatarse de las miradas curiosas—. Espero que la fiesta sea de tu agrado.
Por supuesto. Jamás se me ocurriría declinar una invitación de usted, ya fuera en estos preciosos jardines o el rincón más inhóspito del desierto. Allí estaré cuando requiera de mis servicios —aseguró con elegancia, sin apartar los ojos de ella, como si el resto del pueblo no tuvieran importancia alguna.
¿Qué te parece la carne? Le han aplicado una salsa de naranja que combina muy bien —Desvió el tema de conversación, pinchando con un tenedor en los filetes.
Salvo ese detalle que aumentó los susurros, algunos buenos y otros más maliciosos, nada en la noche alertó a los presentes. Ludomon estuvo varias horas estudiando a la gente rica de la ciudad, diciéndose una y otra vez que no parecían preocupados por nada, más allá de complacerse con fiestas y cosas caras. Excalibur hablaba animadamente con dos Leomon escoltas, pegados a la entrada del jardín y del palacio; Ryudamon competía con un Mikemon para ver cuál de los dos era capaz de aguantar más picante en la boca, mientras que Aegiochusmon trataba de ser amable y delicado con una Mikemon que no paraba de coquetear con él. Hagurumon, por un momento, se regañó a sí mismo por no haber ido con Dinohumon, pero luego recordó que la idea de soportar las bromas del Digimon de Fuego le sacarían de sus casillas, por lo que se aguantó las escenas vomitivas de la cena, repletas de tonterías y risas.
Meramon bromeaba con los comerciantes y vendedores extranjeros, aunque con menos relevancia que NoblePumpmon. Incluso en fiestas de celebración, el consejero de la moneda nunca paraba con sus intervenciones, en pos de la mejor calidad para la ciudad. Nadie hubiera notado a simple vista que su bebida, a diferencia de los demás, lucía similar al alcohol, pero en realidad era zumo camuflado para que no se le soltara la lengua. El Digimon le echó una mirada de advertencia a Gigasmon para que no estropeara su idea de aprender y recopilar información de ellos.
Empiezo a creer que se han dado cuenta de que es una trampa —mencionó Matt al echar un vistazo al reloj.
No lo gafes —Ethan sorbió del agua con limón—. Es normal que tarden. Siempre atacan cuando menos nos lo esperamos, así que su intención será que pensemos que la cena finalizará como si nada. Será en ese momento exacto cuando decidirán pasar a la acción.
En lo que va de noche, Bastemon ha tenido que hablar con más de diez personas estando alerta, pero es sorprendente como no se le notaba —alagó Ryudamon—. Si hay algún traidor, no tendrá ni idea de nuestras intenciones.
Y mejor no seguir comentando esto —concluyó el más veterano del grupo, terminando el líquido y depositando la cara copa en la mesa de cristal—. Oye, ¿esa chica es igual también en otras misiones? ¿O en tu Guild? —preguntó cambiando de tema. Señaló con el dedo en dirección de Knight.
Es seria y responsable en cualquier labor —asintió Collins—, pero creo que en esta quiere esforzarse más de la cuenta. Y... —Se sonrojó cuando se le cruzó por la mente una palabra en concreto— es más amiga de mi no-novia.
Entiendo. Así somos la mayoría al principio... —Se perdió en sus propios pensamientos al decir aquello—. Luego esta clase de Quests son tu día a día. A ti te pasará pronto, las de nivel bajo te sabrán poco a este ritmo. ¡Eh, con cuidado! —exclamó, teniendo que sujetarse a una silla por la repentina caída de un invitado.
¿Acaso había tomado alcohol?
Pero el otro no se disculpó. Todo lo contrario. Sus ojos se abrieron al máximo y su gesto se transformó en uno de puro terror. De no ser porque Ryudamon andaba cerca, ahora mismo Ethan habría recibido un puñetazo de la criatura. El dragón se interpuso y le hizo trastabillar colocando su cuerpo en sus pies. Incluso en el suelo, empezó a mover las manos y piernas, como si tratara de quitarse algo de encima invisible. Los muchachos fruncieron los ceños al unísono.
La pregunta nunca llegó a hacerse en voz alta, porque si ya dudaban de que algo sucedía, los chillidos y acciones de la gente de alta alcurnia confirmó sus sospechas. El jardín al completo se volvió una guerra entre sus invitados y trabajadores, u otros atacando a las mesas, estatuas y adornos florales. Rox corrió hasta la princesa... O lo que ella creía que era, porque sus brazos sólo rodearon el aire. Por su expresión, Ethan adivinó que estaba viendo algo que no cuadraba con la imagen real.
Wolfmon, en vez de estar junto a su señora, desenvainó los sables y comenzó a luchar cara a cara contra un Leomon escolta, gritando improperios y echándole la culpa de que Knight había resultado herida, pero lo peor fue que se transformó en Knightmon en el enfrentamiento, producto de los sentimientos desesperados de su señora. ¿En qué momento? ¿Acaso alguien había atacado a la chica delante de tantos testigos? El Commander se llevó una mano a los ojos y se los frotó, sólo para temblar levemente al toparse con un enemigo justo delante de sus narices. Esperó, como era habitual, que Ryu le echara una mano rápidamente, igual que había hecho con el noble, pero en esa ocasión su compañero estaba entretenido con otra cosa...
Levantó los brazos y se preparó para recibir el corte del Scorpiomon, porque en esa posición y tan repentinamente sería imposible buscar una tarjeta e incluirla en el lector de memorias. El holograma tardaría demasiado en activarse y recibir una orden. No obstante, la cara filosa del Digimon no le alcanzó la carne, ni los huesos, de hecho, no le produjo ni un rasguño. Fue entonces cuando le vino a la cabeza la posibilidad del engaño. Echó un vistazo hacia atrás y comprobó que Matt golpeaba a ciegas con el puño en Digisoul, como si algo o alguien le hubiera soltado un comentario muy dañino para sí mismo. Y el resto de aliados ejecutaban acciones similares: no pensaban con claridad, sólo actuaban por instinto, llevados por ilusiones que igual traían muerte, terror o tristeza.
Para Rox era el hecho de fracasar en la misión, de no estar a la altura de ese rango. Sus dedos atrapaban la figura de una princesa muerta y un Digitama a la derecha, probablemente el de Aegis. El caballero dorado cambiaba de objetivo como si todos fueran el enemigo, bramando por buscar al auténtico participe de herir a su señora en gravedad, mientras que Matt se echaba la culpa de no haber podido actuar más veloz para darle apoyo a sus amigos. Era una total locura...
Y en medio de todo, Ethan se dio cuenta de que las paredes de los jardines caían ante el peso de un vikingo que ya había visto antes. <<Ellos deben ser los culpables>> asintió, cerrando la mano en puño. Corrió primero hasta Ryudamon y le despertó de la ilusión, susurrándole al oído la verdad de sus ojos. El Child lo verificó al escuchar a su Tamer, parpadeó y se alegró de tenerle a su lado. Inmediatamente, traspasó la correspondiente carta por el dispositivo y lo hizo evolucionar a su última etapa. El samurái, consciente finalmente de sus actos, se deslizó hasta los oponentes y detuvo su avance.
Oh, así que estás lúcido —La sonrisa emocionada de Vikemon fue lo primero que su mirada presenció. El Ultimate blandió las armas y lo señaló—. ¡Mucho mejor! ¡Eso de entrar y aniquilar directamente al objetivo no va mucho conmigo!
Espadas y martillos chocaron entre sí con la arremetida de ambos a la vez. Las chispas resonaron, al igual que las risas del criminal. Gaioumon se agachó en el último momento para esquivar un cabezazo y contraatacó él mismo con una patada, la cual fue interceptada con el duro brazo del Digimon. Aprovechó que el dragón contemplaba a dos nobles luchando para usar la otra mano y propinarle un puñetazo en la cara. A pesar del dolor, le tocó interceptar el siguiente golpe para proteger a dos camareros que discutían entre sí. Era complicado mantener el control en esa clase de situación, con gente a su alrededor, mesas y sillas por doquier, y con la preocupación de que su Tamer saliera ileso entre tanto individuo viviendo una mentira. Vikemon no se aprovechó ni sujetó a un rehén, su vena latía con deseos de un enfrentamiento digno y furioso, sin que pudieran echarle en cara que utilizó trucos. Por eso se propuso conectar sus nudillos nuevamente en la cara de su rival.
Antes de que otro ataque se llevara a cabo, un escudo lo empujó violentamente hacia atrás. Y la intención no era protegerlo, más bien tomar el mismo camino de venganza. Gaioumon se vio obligado a colocar ambas manos con las palmas abiertas para detener la siguiente embestida, pero eso no hizo que Knightmon retrocediera. Tras lo dicho de Ethan, comprendió que todavía no había alcanzado a Aegis, y que eso significaba que él era el enemigo principal del caballero dorado.
¡Eh! ¡No te metas donde no te llaman! —bramó Vladimir, tirando su martillo en dirección del Perfect. El escudo no evitó que el golpe sonoro lo mandara a varios metros de distancia— Esta batalla es entre tú y yo —Apuntó con su dedo a su corazón y luego al del humanoide que tenía en frente.
<<¡Vladimir!>> se quejó HerakleKabuterimon desde los cielos, con los ojos cerrados. El instante de duda afloró en las ilusiones y provocó que Matt y otros invitados recobraran la realidad. El muchacho se puso colorado al sentir que no paraba de conectar sus nudillos con un trozo de tarta que ya sólo era nata desparramada. Walker se alegró de tener a alguien más a su lado y concluyó la labor con Hagurumon, que se cabreó consigo mismo por haber sucumbido al poder de los villanos. El Elite se apresuró a guardar a Excalibur y Prydwen en el iC, hablándoles y resumiendo la situación, calmándolos al instante. Al sacarlos para que intervinieran en la pelea entre amigos y enemigos, los evolucionó con el poder del Digisoul y se acercó a Rox para que la chica dejara de sufrir con mentiras.
Aegiochusmon se ocupó de defender a la princesa de los demás, colocándose delante y noqueando a los nobles sin mayores complicaciones. Se notaba que no entrenaban precisamente para pelear. Sus dotes físicas se basaban en mover los cubiertos para meterse comida de lujo en la comida. El Digimon soportó los arañazos de la felina y la despertó de un calambrazo, recibiéndola con una sonrisa y una bienvenida graciosa.
Para cuando Duramon y TiaLudomon alcanzaron a Ryu y Aegis, el enfrentamiento ya era una locura a tres bandos, pero la escena mejoró con las dos armas vivientes apareciendo para poner orden. Prydwen arrastró a Knightmon con sus propios escudos, en una escena que producía dolor en los oídos por los movimientos de sus golpes. Al final, el Digimon de armadura pesada se hartó y cambió el modo de proceder, intercambiando la protección por su enorme mandoble. Lo alzó en lo alto y descendió para un impacto superior, el cual no llegó a ejecutarse porque las palabras de Rox lo pararon en seco.
Se... Señora... —Las lágrimas brotaron desde detrás del casco, limpiando su mirada y revelando una figura familiar delante.
Es una ilusión... —repitió la muchacha, tragando saliva y sintiéndose mareada. Los pensamientos se mezclaban entre sí, otorgándole una visión errónea de lo que había vivido y de lo que era real. Mas Matt se hallaba a su derecha, con una mano en el hombro para que se diera cuenta de que no tenía un huevo ni una princesa muerta en el suelo. Sus dedos rozaron la nada al tratar de sujetar el supuesto Digitama de su compañero. Y ya, al oír finalmente su voz, confirmó que aquello era una estratagema del enemigo— Un... Un engaño. No batalles con un aliado, es lo que desean. El enemigo es Vikemon, Aegis.
Knightmon y TiaLudomon intercambiaron una mirada cómplice. Dejaron de medirse los escudos y giraron para unirse al resto de amigos.
Hora de marcharse —El insecto cortó automáticamente las ilusiones y juntó todos los brazos para reunir energía eléctrica— ¡Vladimir, cuidado! —advirtió, tanto para él como para las Tamers ocultas. Ya le daba igual que lo señalaran como diana.
¡Todavía no! —Se quejó, disfrutando al máximo del combate, aunque recibiera cortes y golpes en cada parte de su cuerpo— ¡Puedo con...! ¡Tsk!
Las miradas se posaron en la amenaza de los cielos. Con la niebla desapareciendo, la figura de HerakleKabuterimon se hizo presente con claridad. Y ese momento fue crucial para que Vikemon, a reñagadientes, se alejara de los jardines corriendo. Gaioumon fue tras él, dejando la protección de la gente a sus aliados, pero para cuando se preparó para realizar una técnica cruzando sus espadas, se topó con la nada.
Tanya tiró de su hermana, quien guardaba el dispositivo Burst, no sin antes replicar que no era necesario, y se escabulló con la ayuda de una memoria voladora cuando ya abandonaban el lugar. HerakleKabuterimon expulsó la bola eléctrica y se marchó en dirección de la ciudad, a sabiendas que todos se mantendrían atrás para proteger a los nobles, la princesa y sus humanos. Y no se equivocó, porque con la ayuda del Digisoul, que aumentó el ataque de Duramon y la defensa de Prydwen, y el escudo de Sleipmon, lograron que nadie resultara herido.
¡Princesa! ¡Princesa! —No hubo siquiera segundos para descansar. La voz alarmada de un escolta emergió desde las puertas del castillo— ¡Princesa...! —Se ahogó por las prisas y tuvo que toser hasta recuperar el aliento.
¿Qué ocurre? —Bastemon dio varios pasos hasta alcanzar al Tailmon. Trató que su semblante no transmitiera inseguridad y miedo por lo que había vivido segundos atrás. Alguien de su rango no podía permitirse esos lujos. Era un estrés constante. Lo sujetó de los brazos y lo miró a los ojos— ¿Vienes de la ciudad, verdad? Te tocaba turno allí.
Sí... Están... ¡Es-están atacando la ciudad! —Directo y conciso. Y eso bastó para que los Tamers, la felina, los consejeros, los Digimon y la mitad que ya empezaba a recobrar la consciencia, se quedaran petrificados— ¡Son muchos Scorpiomon! ¡Y vienen con un LordKnightmon que no somos capaces de detener! Los amigos de sus guardaespaldas tratan de luchar y evacuar, pero nos hace falta ayuda. ¡Es urgente!
Entonces lo entendieron. Ese ataque casi suicida de dos Digimon, con el apoyo de ilusiones para entretenerlos el mayor tiempo, escapando cuando ya no era necesario prolongar el calvario...
Todo había sido una distracción. La trampa que ellos iniciaron, acabó a favor del enemigo.




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- Digisoul de Matt
Carta: Sacred Shield ~ Niflheimr (Rox)
Memoria: Enemigo
Carta: Shining Evolution (Rox y Ethan)
 
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Algo se escuchó en el aire, de forma instintiva el par de Scorpiomon en la calle alzaron la mirada: en el cielo Vritramon se envolvió en llamas y descendió en picada, embistiendo a sus enemigos quienes solo pudieron soltar un chillido de dolor.

Las calles de Ciudad Oasis habían sido tomadas por aquellas criaturas, al parecer sus amos les permitieron andar libres y desatar así su verdadera naturaleza contra los habitantes de la urbe. Aunque la guardia fue replegada de inmediato esta fue incapaz de contener la invasión, pues el ataque de los salvajes les golpeó como una ola: el único momento en el cual tuvieron una oportunidad real para detener el ataque fue cuando este apenas comenzaba, pues una vez el enemigo ingresó a la ciudad se dispersó, convirtiendo aquello en una serie de combates dispersos.

Y por si no fuera esto ya suficiente, Vritramon y el resto de los aliados de la guardia eran incapaces de mostrar todo su potencial de combate, pues el campo de batalla estaba rodeado de edificios donde todavía quedaban inocentes, el proceso de evacuación solo se había entorpecido debido a la escasez de personal: no había soldados para retener a los invasores y para organizar un desplazamiento de ciudadanos.

Vritramon se sobresaltó al escuchar un sonido, pronto varios Scorpiomon aparecieron: algunos desde las esquinas, otros atravesando las paredes de edificios aledaños. Las exclamaciones de dolor de sus compañeros les habían atraído y antes de que el dragón pudiera darse cuenta, ya estaba rodeado por seis de esas criaturas. Abrió sus alas y expulsó fuego de su ser, no pensaba tirar la toalla tan fácil.

Un silbido resonó en los oídos del Hybrid, después, el gorgoreo agónico de dos de sus oponentes. Al girarse pudo descubrir qué había sido aquello: un Digimon dorado, con espadas en lugar de extremidades había arribado, era Durandamon.

—Perdón por la tardanza, pero el enemigo nos tendió una trampa en el palacio —afiló la mirada—, ¡elévate!

Sin pensarlo dos veces el dragón obedeció, pudiendo eludir el aguijón de uno de los salvajes: furiosos, los cinco restantes Scorpiomon se lanzaron al ataque. Sin su aliado en medio del campo de batalla, Excalibur pudo ejecutar sin temor una de sus técnicas especiales: movió su cuerpo de un lado a otro para que cada cuchilla de su cuerpo trazara un tajo. A los Scorpiomon no les quedó de otra más que ver cómo sus cuerpos eran rebanados a la par que su oponente danzaba entre ellos, para cuando la ofensiva enemiga terminó, sus cuerpos ya no era más que estatuas fragmentadas que se desmoronaban en pedazos.

Desde el aire, Vritramon pudo admirar como Bryweludramon se encargaba a su manera de los invasores: valiéndose de las murallas de Gause y Fay, creaba paredes a ambos extremos de la calle y después, sin temor a alcanzar a inocentes, disparaba llamaradas que calcinaban a los Scorpiomon atrapados en el centro de las avenidas. El Hybrid sonrió, al parecer las limitaciones que les estaban reteniendo a ellos eran indiferentes para las Legend Arm.

—Nosotros nos encargaremos de esto, asistan a la evacuación —le dijo Excalibur quien levitó en el aire, buscando a sus siguientes objetivos.

El heredero del fuego asintió. Encontrar a la avanzada principal de la guardia apenas si le tomó tiempo: estaban reunidos en una plazoleta cercana al oasis, desde ahí concentraban a los refugiados y les enviaban al cuerpo de agua, aquel era el protocolo a seguir en tiempos desesperados. Le resultó sorprendente que, quien estuviera imponiendo orden en el sitio fuera ni más ni menos que Hagurumon.

—Los compañeros de Matt han arribado, me dijeron que ellos se encargarían de mantener ocupados a los Scorpiomon —apenas esas palabras fueron pronunciadas, varios de los guardias de la ciudad suspiraron aliviados.

—Aún así, nos tomará tiempo movilizar a las personas a este ritmo —concluyó el engranaje—, además, Dinohumon sigue peleando en el frente —Vritramon estuvo a punto de sorprenderse por eso, luego recordó que el Adult tenía la capacidad de alcanzar la etapa Ultimate—, y aunque viniese a ayudarnos, poco puede hacer, no es el más indicado para asistir en la evacuación —suspiró—. Supongo que las opciones son pocas —se quedó pensativo, dedicándole una alarga mirada silenciosa a Vritramon, luego a los miembros de la guardia—. Muévanse, necesitaré espacio.



[. . .]



Rox Knight sabía que aquel ataque aparentaba ser uno caótico, pero tal vez en el fondo este solo era una pantalla de humo. Por este motivo, si es que en verdad sus sospechas eran ciertas, debían apresurarse y dar con el maestro titiritero que movía los hilos de aquellas bestias, LordKnigthmon, y evitar a toda costa cualquier oportunidad para ordenar un cambio en el comportamiento de los salvajes.

Mientras Knightmon se desplazaba en las alturas, su Tamer no pudo evitar observar desde su posición privilegiada el campo de batalla: las Legend Arm, junto con Dynasmon, peleaban sin contenerse contra los Scorpiomon, a pocas cuadras de ahí la guardia hacía su mayor esfuerzo para evacuar a los ciudadanos, Vritramon y Machinedramon asistían en el proceso: el primero realizando viajes aéreos veloces, mientras que el segundo podía movilizar a docenas de Digimon entre sus garras.

—Creo que le veo —las palabras de Aegis trajeron de vuelta a Rox a la realidad.

En la punta de la pirámide, que alguna vez perteneció a Nefertimon, se encontraba LordKnightmon admirando con semblante calculador la evolución de la batalla. Por supuesto que no pasó por alto la presencia de los miembros de Ávalon, pero si sintió sorpresa en algún momento no la demostró, incluso optó por ignorarles y seguir en lo suyo. El Perfect, al ser consciente de esto último chasqueó la lengua: cortó el aire y lanzó un proyectil de energía a su adversario. La punta de la pirámide se desvaneció entre una nube de polvo y escombros, mismo que rodaron por las caras del edificio, dando la impresión de tratarse del deslave de un monte.

Aegis tuvo pocos segundos para reaccionar, pero consiguió hacerlo: apenas captó una alteración en la estela de polvo, movió su espada para usar la hoja ancha como si de un escudo se tratase, esto le ayudó a contener una patada del Royal Knight, sin embargo, aunque esquivó el golpe, la fuerza del mismo le sacudió. Él retrocedió por la fuerza del impacto y su señora pronto se precipitó al vacío. En un desesperado movimiento, fue capaz de ponerla a salvo y aterrizar, saliendo ambos ilesos de aquello.

—¿De qué se trata esto? —Lordknightmon sonaba ofendido, sus palabras eran un reproche—. La vez pasada enviaron a un Ultimate para hacerme frente, ¿ahora me envían a un simple Perfect?

—Deberías de sentirte honrado —Aegis adoptó una pose defensiva—, mi señora se ha tomado la molestia de venir a combatirte en persona.



[. . .]



En el palacio, los invitados estaban siendo desplazados hacia los salones subterráneos, el mejor refugio que existía en toda Ciudad Oasis, pues se presumía que tenían la capacidad de soportar un impacto directo de un Ultimate; si este escenario acontecía, tal vez los edificios superiores colapsarían y se volverían meros escombros, pero los salones permanecerían intactos. Por desgracia, el único inconveniente era el número de Digimon que podía albergar en su interior, apenas habría capacidad para recibir a los asistentes de la fiesta, de modo que, si Bastemon hubiese ordenado resguardar al resto de su pueblo, esto habría sido imposible.

—Es su turno de irse, princesa —las palabras de Ethan hicieron a la felina salir de sus pensamientos—, Aegiochusmon se quedará con ustedes para apoyarlos.

La verdad es que Walker temía que un aliado de los asesinos estuviese entre los invitados de la fiesta, sería desventajoso que la princesa fuera llevada a un salón donde un potencial enemigo se encontraba, por esta razón encomendó a Capricornio la tarea de quedarse con ellos, además, los invitados se sentirían más tranquilos al estar acompañados por un Digimon Perfect.

—Si me voy con ellos, podría ponerlos en riesgo —la princesa frunció el ceño—, además mi ciudad me necesita —miró por encima de los muros de su palacio, ahí donde columnas de polvo y humo podían verse.

—Que salga del palacio y se una a la lucha es justo lo que sus enemigos quieren —chasqueó la lengua—, todo su pueblo y la zona entera del Desierto Oasis colapsará si logran su cometido. Piense en los efectos de su muerte.

—Su guardaespaldas tiene razón, princesa —Noblepumkmon se unió a la conversación, posó ambas manos en su bastón—. La gente de Ciudad Oasis no le recriminará nada, aunque la ciudad se perdiese, ellos necesitarán de alguien que les reconforte, que les guie cuando todo esto termine —esbozó una leve sonrisa—, y si usted no estuviese, al final la tragedia solo sería peor.

La felina se quedó en silencio, meditando en las palabras de ambos. Ethan sospechó que la regente se aferraría a ese espíritu salvaje que mostraba en las reuniones y actuaria persiguiendo sus ideales, ignorando las advertencias de los demás, por esa razón ya estaba preparado: solo tendría que buscar a Aegiochusmon y este usaría su técnica para relajar a la princesa, hasta sumirla en un sueño profundo. Una vez despertara se pondría furiosa, pero Walker sabía que ella sería incapaz de castigarle por cumplir con su deber. Pero llegar a esos extremos no fue necesario.

—Gracias por sus palabras y sus consejos —suspiró—, incluso en situaciones como esta necesito de alguien que me haga ver más allá de mi punto de vista... —frunció el ceño.

—Tomar decisiones es difícil, princesa —Ethan se encogió de hombros—, y usted debe elegirlas no solo para usted, sino para todo un pueblo, creo que es válido que tome en consideración la opinión de otras personas…

Bastemon esbozó una sonrisa. Las palabras del Tamer le tranquilizaron y apaciguaron su furioso ego, quien luchaba contra todas sus fuerzas oponerse a las opiniones de Digimon como Nefertimon y Grappuleomon, exigiéndose dar todo de ella y mostrarse fuerte e imponente, tal y como ellos creían que una regente debía ser. Quiso corresponder a tales palabras, pero un sonido, similar a un zumbido metálico, hizo que su pelaje se erizara, no porque le hubiese tomado por sorpresa, sino porque lo reconoció al instante.

De las murallas del palacio una criatura flotante emergió sin más. Una abeja metálica en cuya espalda cargaba con un pesado armamento con forma de colmena y un largo cañón fungía como su aguijón, el cual en ese mismo instante estaba sustrayendo energía del medio y la almacenaba en sus adentros. El proceso de carga terminó y sin más efectuó un disparo.

Todo ocurrió demasiado rápido como para que Ethan tuviese la oportunidad de deslizar una carta especializada en defensa, o incluso descolgase su D-Arc y emplease el escudo del mismo, fue por eso que Ryu tuvo que renunciar a su disfraz y actuar: una simple estatua de Bastemon se transformó en un imponente Gaioumon y, sin perder tiempo, lanzó dos tajos de luz cortante al invasor. Recibir de lleno el Rinkazan de Ryu obligó a la criatura a desviar su ataque, este impactó contra una torre.

—¡Conde, llévese a la princesa al refugio ahora mismo! —La reacción alarmada de Ethan tomó por sorpresa a ambos Digimon, algo definitivamente le molestaba. Sin perder tiempo tomó su D-Arc y buscó un par de cartas.

—D-de acuerdo —el noble ofreció su mano a la felina—, démonos prisa y alejémonos, mi señora.

—Ese Digimon… —Bastemon arrugó la nariz—, ¡ese Digimon fue el que me atacó aquella noche!, tengan cuidado.

—Entonces todo este tiempo se trató de él…

Sí. Ethan y Gaioumon reconocieron a aquella criatura, un Cannonbeemon, y por el cese inmediato de sus ataques sospechaba que él también les recordaba. La aparición en el tejado de un sujeto de cabellera pelirroja y un rostro sonriente terminó por despejar cualquier duda. Aquellos dos eran los sujetos que alguien en Trece Signos decidió contratar para eliminarlos, dos asesinos profesionales. En aquel entonces, el combate entre ambos solo había concluido en un muy forzado empate.

—Pero vaya que si hoy estamos de suerte —dijo el pelirrojo tras llevarse las manos a la cintura—, nuestro único encargo pendiente custodiando a la gatita que debemos eliminar… dos pájaros de un solo tiro.

—Es una lástima que nadie pueda pagarte ya por nuestras cabezas, GPS —Walker escupió—, ya nos encargamos de Trece Signos y haremos lo mismo con ustedes.

—El dinero me tiene sin cuidado —movió su mano en deje desinteresado—, a ustedes dos los mataremos gratis —afiló la mirada y su sonrisa se esfumó—, aunque primero me gustaría deshacerme de esa supuesta princesa.

—Tendrás que añadir otro fracaso a tu lista, porque no te dejaremos acercarte a ella.

El cuerpo de Cannonbeemon destelló al mismo tiempo que lo hizo el D-Arc de GPS. El tosco cyborg pasó a convertirse en una criatura humanoide de figura más estilizada, un guerrero de armadura atigrada y armado con dos espadas cuyas hojas eran en realidad un cúmulo de energía celeste: Tigervespamon. El recién evolucionado aterrizó en el jardín, justo a unos metros de Gaioumon.

—¿Quién les envió a asesinar a la princesa? —preguntó Ryu—, sabemos que no fue Nefertimon.

—Va contra nuestro código revelar el nombre de un cliente —fue la respuesta del guerrero abeja—, además, ¿qué beneficio sacaríamos de darles esa información?

Se hizo el silencio. Aunque no lo pareciese, la batalla ya había dado inicio, solo que esta aún no se manifestaba en un plano físico, todo se estaba desarrollando en las cabezas de los involucrados, en sus mentes.

TigerVespamon se lanzó directo hacía Gaioumon, quien se preparó para recibir el golpe. Todo fue una finta, GPS había deslizado una carta y justo a mitad del trayecto el cuerpo del zángano se aceleró hacía otra dirección, una que le permitió cambiar su ángulo de ataque, yendo ahora por uno de los costados del samurái, pero su ataque rebotó contra una cadena rodeada de fuego azul, mismas que se lanzaron contra el de armadura atigrada, solo para ser repelidas por rápidos tajos de las cuchillas celestes.

Ryu tomó ahora la ofensiva, acortando distancia con su oponente trazó amplios arcos con sus espadas, dejando a su paso trazos de luz cortante que, sumado a las cadenas de la carta Heat Chain, le proporcionaban una defensa desde varios ángulos para contrarrestar la amenaza veloz que representaba su oponente. Fue cuestión de tiempo para que una de las cadenas lograse atrapar una de las extremidades del zángano, apenas Ryu se percató de esto, hizo que el filo de sus Kikurin resplandeciera con una intensa luz y lanzó dos proyectiles contra su oponente. Pero el ataque del samurái no daría contra el cuerpo de TigerVespamon, sino contra una esfera de metal de tono verdusco.

Ryu reconoció qué carta era aquella, “Sephirot Spheres” y sabiendo lo que estaba por suceder retrocedió: una segunda esfera ejecutó el Rinkazan absorbido por la primera, siendo esta técnica usada contra la cadena que mantenía a Tigervespamon cautivó y haciéndole recuperar su libertad.

Las hojas imbuidas en energía de ambos combatientes se encontraron una y otra vez en un intercambio fugaz de tajos, produciendo intensos destellos que obligaban a los humanos a desviar la mirada con tal de no quedar cegados. Ryu lanzó las cadenas ardientes contra su enemigo, en un intento de aprisionarlo, pero este retrocedió y las Heat Chain dieron de lleno contra la superficie de una de las Sephirot Spheres, rebotando sobre su superficie.

Gaioumon unió sus katanas para formar un arco y con este disparó una serie de flechas, para Tigervespamon fue fácil esquivarlas y acto seguido le recordó al samurái que seguía siendo capaz de ejecutar su técnica de Rinkazan con ayuda de sus esferas.

—Llegué a pensar que tendrías nuevos trucos —admitió decepcionado GPS.

—No creía que fueran necesarios sacarlos contigo —Ethan se encogió de hombros.

—Me agrada cuando tienen tanto ego, así es más divertido cuando les vences.

—Ya te ha sucedido, ¿verdad?

Tigervespamon hizo rotar sus esferas, logrando así quitarse de encima a Gaioumon. El samurái clavó en el suelo sus katanas y estiró sus manos para coger la nueva arma que se materializó delante suyo: la Ruga Lance.

—Un arma temible —Tigervespamon hizo zumbar sus alas antes de lanzarse al ataque—, pero una pésima elección para combatirme.

El digital asesino no estaba tratando de intimidar a Ryu, solo estaba siendo sincero y el samurái lo sabía, porque incluso él podría catalogar aquel Card Slash como una equivocación por parte de su maestro, pero él sabía que no lo era. Con la extinción de las Heat Chain, el incremento en la velocidad de su oponente también se perdió, aunque este fue rápidamente recuperado cuando GPS volvió a deslizar el naipe de Hightspeed Plug-in H. Sin embargo, permaneció en su posición y esperó.

GPS observó lo que pasaba en el campo de batalla y, al igual que su homologo, ya sostenía una carta entre sus manos y estaba preparado para usarla, solo que no era una carta cualquiera. GPS se especializaba en el asesinato de Tamers y era infame en el bajo mundo por su método: él estudiaba a detalle a sus objetivos, sus cartas, sus estrategias, todos sus recursos y en base a eso se preparaba a la hora de enfrentarse a ellos. Si bien no viajó a Ciudad Oasis preparado para una confrontación con el americano que logró escabullírsele hacía ya tiempo atrás, si que recordaba el patrón de acción de Walker. Por esa razón sabía cómo pensaba e intuyó lo que vendría a continuación.

<<—Demasiado fácil —concluyó GPS >>

¿Para qué darle a tu Digimon un arma ineficaz contra un Digimon tan veloz y ágil como Tigervespamon?, era evidente, porque haría algo para eliminar esa desventaja. Y solo había una carta capaz de hacerlo y era una de las preferidas de ese chico: el naipe “Lag”, bajo sus efectos, incluso su compañero podría sufrir ante el ataque de la robusta y poco maniobrable Ruga Lance. Es por esa razón que GPS tenía la contramedida perfecta para esa patética estrategia: “Invalidation Plug-in P”.

—¡Ahora, enano! —rugió el castaño, esa fue la señal para GPS, quien deslizó también su carta y seleccionó a Tigervespamon como objetivo.

A partir de ese momento, todos los efectos de cartas en su compañero se eliminarían, sin distinción alguna. Tal vez perdería el efecto recién ganado de Hightspeed-Plug in H, así como las Sephirot Spheres, pero a cambio, Tigervespamon se volvería impermeable a cualquier carta que su oponente intentase utilizar en su contra y, al mismo tiempo, tomarían por sorpresa a sus enemigos.

Ryu apretó el mango de la lanza y se preparó para golpear a su rival, quien a pesar de perder los efectos en su velocidad no había perdido su aceleración. En ese momento, Ryu levantó una barrera a su alrededor, la técnica Hum, misma contra la cual Tigervespamon se estampó de lleno, cual insecto contra el parabrisas de un coche.

—¡¿Qué?! —GPS pesó un sobresalto, Ethan sonrió.

—La primera vez que peleamos nos mostraste tu arma secreta, tu gran habilidad para predecir el uso de mis cartas —frunció el ceño—, ¿en verdad creíste que no usaría eso contra ti si volvíamos a toparnos? —su sonrisa se ensanchó—, ¿qué se siente ser tan predecible, genio?

GPS sufrió de un tic nervioso en su párpado y se mordió el labio inferior.

Gaioumon lanzó entonces el filo de la Ruga Lance contra Tigervespamon. GPS intentó proteger a su compañero de aquel fiero ataque, pero por supuesto, esto no tuvo efecto alguno pues acababa de volver a su Digimon en un ser intocable por cualquier tipo de carta. El zángano logró moverse a tiempo, pero aun así se escuchó un sonido estridente cuando el filo de la lanza logró herirle en uno de los costados.

El zángano buscó retroceder y buscar una distancia segura, Gaioumon decidió ayudarlo, pero empleando su Gaia Reactor: la detonación de energía mando al caballero abejorro a rodar por el suelo, deteniéndose en el suelo y siendo atrapado en el proceso por varias zarzas que reconoció, era la técnica otorgada por el naipe “Thorn Bind Hostage”.

—Creo que ya sabes qué pasará si decides moverte —Ryu apareció al lado de Tigervespamon, le apuntó con el filo de la Ruga Lance, la cual abrió en ese momento y reveló su cañón, el cual ya cargaba energía.

—Ni se te ocurra —dijo Ethan al asesino, a quien ya veía buscando un cartucho de Digimemory—, Ryu solo necesita un segundo para convertir a tu compañero en Digitama y otro para volverte a ti en una mancha rojiza en el suelo, ahórranos tiempo.

GPS parecía a punto de protestar, pero entonces alzó las manos cual vil delincuente tras ser encañonado. Sin embargo, Ethan no pudo ver en su oponente una mueca de fastidio, sino una sonrisa de diversión. Aquello le incomodó más de lo que le gustaría admitir.





[. . .]





Excalibur se movía a toda velocidad entre las calles, cortando a tantos Scorpiomon se encontraba en su camino, su número era cada vez más bajo y mantenerles controlados se estaba volviendo en una tarea simple, además, la evacuación parecía estar avanzando sin complicación alguna, pues la enorme figura de Machinedramon y Vritramon se veían cada vez más lejos. Si las cosas continuaban así, tal vez aquel proceso pronto tendría que ser cancelado.

Fue entonces que, mientras la espada viviente estaba perdida en sus pensamientos, una enorme figura apareció justo al lado de la calle, derrumbando un edificio y alcanzando a golpearle en pleno vuelo. Durandamon giró de forma aparatosa en el aire antes de estrellarse contra la pared de una casa de dos plantas. Alcanzó a ver a Vikemon justo cuando este le disparaba sus dos mazas: consiguió elevarse, solo para ver cómo la edificación entera colapsaba tras recibir el impacto.

—¿Podrías quedarte quieto? —preguntó el vikingo—, me resultaría más sencillo darte.

—Un digno caballero debe ganarse la victoria con esfuerzo —le apuntó con el filo de su espada—, si quieres vencerme, entonces tendrás que pelear con todo —cual proyectil, se lanzó contra su nuevo adversario—, porque no tengo intención alguna de perder.

Vikemon recibió el impacto de las cuchillas del dorado usando sus antebrazos, luego expulsó de su boca una gélida brisa. Durandamon retrocedió, solo para ser alcanzado por las mazas del vikingo, estas tenían la intención de regresar a los cañones en el lomo del Ultimate gélido, pero terminaron en las manos de su portador. Para cuando Excalibur se recompuso, se encontraba en un peculiar intercambio de golpes, donde las pesadas mazas se encontraban una y otra vez con sus cuchillas.

La Legend Arm se estremecía cada vez que rechazaba un ataque de su contrincante, pues sus espadas al ser ligeras poco podían hacer frente al impacto de una maza. Vikemon no pasó por alto esto y una sonrisa apareció en sus labios.

—¿Qué pasa, navaja suiza?, ¿es que no puedes contra mis Mjollnir? —aprovechó una oportunidad y lanzó un cabezazo contra el cuerpo del dorado, enviándole contra el suelo—. No te culpo —hizo chocar sus armas, liberando una lluvia de chispas—, ¡son capaces de resquebrajar el mismísimo permafrost del Digimundo!

Movió sus manos en un arco descendente y dejó que toda su fuerza fluyera en dirección al suelo. Durandamon se impulsó, solo lo suficiente para evitar recibir el impacto de lleno, pero no para salvarse del desastre acontecido un instante después: el piso se resquebrajo y trozos de escombros salieron disparados en todas direcciones.


—¿Por qué no dejas de correr y te rindes de una buena vez?, me ahorraras tiempo. Mira que me costó convencer a Natasha de dejarla fuera de esto para tener un combate mano a mano contigo —bufó, decepcionado.

—Eres mi primer oponente con un arma tan peculiar —admitió Excalibur—, por esa razón he tratado de ser precavido antes de lanzarme con todo. Pero ahora, ya he visto lo que son capaces de hacer.

Vikemon extendió sus manos a sus costados, al instante un viento gélido comenzó a soplar. Las paredes de los edificios, las puertas de madera, el empedrado de las calles, todo comenzó a cubrirse con una fina capa de escarcha a pesar de que se encontraban en el corazón de un desierto. Durandamon parpadeó y comprendiendo el peligro se elevó tanto como pudo: el viento aumentó, nieve y grandes trozos de hielo fueron arrastrados por la tormenta y barriendo con todo a su paso.

—¡Mis Mjollnir son el menor de tus problemas! —Vikemon había recolocado sus mazas en los cañones de su espalda.

Durandamon permaneció en el aire un instante, observando a su coloso contrincante. Sus armas y sus técnicas de hielo serían prácticamente inútiles contra Prydwen, su compañero podría soportar ambos ataques tanto por su armadura como por su peculiar cuerpo ígneo, él por otra parte estaba en aprietos si se exponía a esas gélidas temperaturas o si recibía golpes tan contundentes de lleno: sus espadas podían ser tan filosas como para cortar las armaduras más resistentes, pero eran ligeras y eso significaba que podían ser desviadas y en el peor de los casos, incluso podrían romperse. En pocas palabras, su oponente tenía un excelente par de armas a su lado para defenderse de sus espadas, pero al mismo tiempo, poseían una cualidad que le volvía vulnerable.

Excalibur se elevó un par de metros más y después se dejó caer en picada.

—¡Ya era hora! —dijo en tono burlón Vikemon—, ¡eso, ven para rómpete en pedazos navaja suiza! —contrajo sus brazos y al extenderlos liberó una brisa gélida—. ¡Artic Blizzard!

La tormenta golpeó a Excalibur, pero este continuó descendiendo, cortando a su paso los grandes trozos de hielo que se interponían en su camino. El vikingo frunció el ceño y tras agacharse un poco expulsó sus mazas. Las cadenas chillaron mientras los proyectiles ascendieron a su encuentro contra la Legend Arm y, como si tuvieran voluntad propia, se lanzaron contra su figura. Excalibur logró esquivar con solo disminuir su altitud justo en el momento indicado, dando el Viking Axe enemigo contra un enorme témpano de hielo que se vio reducido a mera escarcha.

Durandamon se precipitó hacía Vikemon, este mostró desconcierto, pero pronto este se esfumó y en su boca apareció una sonrisa de diversión.

—¡Ya te lo dije, tengo más de lo cual deberías preocuparte! —hizo chocar sus puños y rugió: un aura blanca, cual tormenta de invierno, apareció a su alrededor—, ¡Mega Gain Guard!

Durandamon afiló la mirada.

—¡Thron Messer!

La Legend Arm comenzó a moverse a alta velocidad, yendo a por el Vikingo quien había planeado contener los primeros golpes de su rival con su técnica defensiva, para después tomar desprevenida al arma viviente, pero su plan se desvaneció justo cuando el primer tajo de Durandamon le alcanzó: pudo sentirlo, el filo de la cuchilla abriéndose paso por su piel, causándole un dolor que no debió experimentar gracias a su aura defensiva. En el acto, los Mjollnir descendieron de los cielos, el Vikingo les atrapó en plena caída y tras liberar un rugido, mezclando en este su dolor y fastidio, trazo amplios arcos intentando quitarse a aquella mosca dorada molesta de encima. Pero esta vez Excalibur no se retiró como antes, de hecho, ni siquiera se estaba molestando en bloquear sus ataques.

El vigésimo lo comprendió momentos antes: si tu enemigo posee una espada, lo que debes hacer es bloquear su arma y generar una abertura, pero si es una maza, bloquear solo te debilitará y hará romper tu postura de batalla, lo que debes hacer es esquivar y aprovechar los movimientos largos y lentos del adversario. Por eso ahora cada golpe de Vikemon era para Excalibur la posibilidad de acertar un golpe si se enfocaba más en telegrafiar el movimiento y esquivarlo en lugar de pararlo con su arma.

Vikemon retrocedió, convirtió edificios en meras pilas de escombros, rugió y volvió a liberar una tormenta invernal a su alrededor, pero su oponente se negó a retroceder, seguía insistiendo en sus ataques, en sus cortes. Durandamon clavó el filo de su espada en el cuerpo enemigo y mientras ascendía a las alturas fue cortando su cuerpo. Giró en el aire y después cruzó sus espadas delante suyo.

—¡Zwanglanze! —al mover sus brazos y producir fricción entre estas partículas luminosas danzaron a su alrededor y se concentraron en sus armas. Al cortar el aire, dos proyectiles luminosos salieron disparados.

La técnica dio de lleno contra Vikemon, quien se tambaleó y cayó por fin de espaldas contra un edificio, el cual no pudo con el peso del coloso Ultimate y colapsó junto con él.



[. . .]



Como sus compañeros estaban lidiando con los Scorpiomon de las calles a Matthew no le quedó otra opción más que permanecer junto a los guardias de la ciudad y ayudar, como mejor podía, en las labores de evacuación. Hasta ahora, el proceso había sido con relativa calma, los pocos Scorpiomon que lograron llegar hasta ahí fueron contenidos en el acto por los guardias, o Machinedramon; Collins seguía sin creer que el pequeño engrane pudiese transformarse en semejante criatura.

—¿Qué hay de la Digital Security?, ¿dónde están esos sujetos cuando se les necesita? —Escuchó preguntar a un par de Leomon, quienes asistían a un grupo de Ponchomon, los cactus habían insistido en irse cargando cajas repletas de sus pertenencias, pero los guardias consiguieron hacerlos desistir de esa idea.

—Escuche que estaban afuera de la ciudad cuando todo comenzó —respondió el otro felino —, me suenan a excusas para no ayudarnos.

Hasta ese momento se había olvidado de la presencia de ese supuesto grupo el cual tenía como misión velar por la paz y la seguridad en el Digimundo, si bien no había interactuado con ellos en esa larga jornada en Ciudad Oasis, el nombre de la institución había sido mencionada por Bastemon y sus consejeros en más de una ocasión y creyó que realmente estaban tratando de arrojar algo de luz al caso, sin embargo, ahora mismo el canadiense no sabía qué pensar sobre ellos, ¿por qué no hacían acto de aparición en un momento tan crítico como aquél?

El polvo del piso se elevó por obra de una corriente de aire, creando así una cortina de suciedad que obligó a los presentes a cubrirse los rostros.

—¿Una tormenta de arena?, ¿en un momento como este?! —escuchó gritar a alguien. Matt estuvo a punto de afirmar que se trataba de una mala jugada del clima, hasta que escuchó el zumbido. Un estridente zumbido.

Un inmenso escarabajo descendió de los cielos, tan solo un par de metros delante de donde se encontraban. Era ese Digimon, el mismo que había estado presente durante todos los atentados contra la princesa: Heracleskabuterimon. El insecto se limitó a inclinarse y clavar sus tenazas delanteras en el suelo, como si se tratase de un ente cuadrúpedo y apuntó su cuerno hacía ellos. Matt pudo escuchar los gritos y el caos floreciendo a sus espaldas: toda esa calle estaba llena de desplazados que apenas iniciaban su peregrinación hacía la seguridad del oasis, si esa criatura lanzaba un ataque…

Matt buscó un cartucho de Digimemory, pero en sus prisas, dejó caer el lector al suelo antes de siquiera tener la oportunidad de insertarlo. Energía comenzó a concentrarse en la zona central de la cornamenta del escarabajo, rugiendo cual bestia furiosa.

—¡Agáchense! —el pelinegro gritó aquello mientras se giraba, ni siquiera acató su propio consejo.

Fue ahí cuando un muro de fuego azul se elevó justo entre ellos y el enemigo, seguido de una violenta detonación. Matt escuchó con claridad el derrumbe de edificios y el temblor bajo sus pies le hicieron caer sobre sus cuartos traseros, pero el muro flamígero siguió ahí, de píe, solo que sus llamas comenzaban a debilitarse. Por las reacciones de los Leomon, dedujo que solo él comprendió lo acontecido.

—¡Rápido, aléjense! —les pidió, mientras volvía su mirada hacia atrás, ahí donde debía estar el escarabajo.

Bryweludramon rugió mientras corría hacía el escarabajo, usó las flamas en sus alas como propulsores para aumentar aún más su velocidad. Heracleskabuterimon bramó furioso cuando la Legend Arm le hizo chocar contra el muro de llamas azules, invocado previamente por intervención de Fay y Guase. El insecto pronto se recuperó y, contrario a todo pronóstico, utilizó su cuerno para levantar a Bryweludramon y lanzarlo por los aires. Matt vio aquello horrorizado: se necesitaba de una fuerza descomunal para levantar a un Digimon tan gran y pesado como lo era la Legend Arm.

Prydwen hizo lo mejor posible para amortiguar el impacto, usando una vez más las llamas de sus alas, pero aun así levantó una nube de polvo que se propagó por todo el campo de batalla tras aterrizar.



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Rox y Kyubey observaron la situación desde el tejado de una casa, con la muchacha atenta a cada movimiento, y la mano apretando suavemente el dispositivo digital. Confiaba en que sus camaradas se encargarían de la evacuación y de proteger a los aldeanos, aparte de eliminar a los molestos salvajes. Ellos tenían como deber detener al individuo que manejaba a los tiburones del desierto. Sin sus indicaciones, no actuarían tan coordinados, los que les daría una ventaja a los demás para arreglar el problema rápidamente. Apenas se escuchaba ruido allí, dado que la pelea se acontecía en calles más adelante, donde la muchedumbre se había reunido para salvar sus vidas.
El mandoble y el látigo convertido en fijo chocaron antes de que los Digimon volvieran a mirarse mutuamente. El Royal Knight se cruzó de brazos, en una evidente forma de sacar de quicio a su enemigo, pero Knightmon igualmente picó y arremetió con el arma por delante, siendo ágilmente obviado. Con esa posición, danzó alrededor del pesado caballero, quien no cesaba en su intento de cortarlo en dos.
Te voy a contar una cosa —dijo el Ultimate de armadura rosada. Le propinó una palmada en la nuca para llamar su atención—. Antes de evolucionar a esta etapa, era un Knightmon, justo como tú. Sé absolutamente todo lo que puedes hacer, las armas que posees, las técnicas que eres capaz de emplear, lo resistente que es tu armadura o escudo, y por supuesto que la velocidad no es tu punto fuerte.
¡Yo no soy un Knightmon cualquiera! —Su embestida fue esquivada nuevamente— ¡Soy Aegis, el guardaespaldas oficial de la señora Rox!
Acabaré pronto contigo para que me envíen a un adversario más digno de mis capacidades. No me gusta que me subestimen —declaró, abriendo los brazos.
Las cuchillas viajaron automáticamente hasta el caballero dorado y plateado. Aegis guardó su mandoble y lo cambió por el enorme escudo y se protegió lo mejor que pudo, aunque eso no evitó que algún que otro corte se colara por partes que creía tapadas por su armadura. Rechinó los dientes y decidió pasar a la ofensiva, puesto que si continuaba así, le encontraría -o mejor dicho, ya los conocía de sobra- otros puntos débiles que hasta entonces él desconocía. Cargó al frente y se vio cara a cara con LordKnightmon, quien unió sus látigos para corresponder. En una acción casi imprevista, el oponente saltó en el aire y golpeó con una patada a los guanteletes del Perfect, obligándolo a soltar el escudo.
Estiró los espirales y los transformó en una llamativa lanza de doble punta. Aegis nunca lo admitiría, pero tenía razón en que él no se desplazaba a la misma velocidad en el aire. Apenas tuvo tiempo de empuñar las espadas pequeñas antes de recibir a su rival. Sin embargo, al tomar potencia desde arriba, el daño fue superior y las armas también se desplomaron en tierra.
Fue entonces cuando un nuevo arsenal se unió a Knightmon como si formara parte de sí mismo. La espada ancha de doble hoja de BeoWolfmon se acopló perfectamente a sus guantes, junto a un brazo cargado de misiles. Se defendió del siguiente tajo y se lo devolvió todo de una. La imagen de un lobo se fusionó con una buena cantidad de proyectiles y láseres. Si cuerpo a cuerpo no se podía comparar con el Royal Knight, su señora buscaría un modo de que venciera, era consciente de ello.
Su alegría, no obstante, duró un segundo. El Ultimate eludió sin complicaciones, maniobrando en el aire, y cuando ganó distancia giró su cuerpo y las espirales al mismo tiempo para eliminar las técnicas que iban en su dirección. Su silueta era similar a una peonza rodante, nada le hizo daño. Se dispersó por el cielo, estallando lejos de él.
El Perfect interrumpió la cadena de misiles y tomó impulso para lanzarse con toda la potencia posible, agarrando la espada con ambas manos y descendiendo en un brusco movimiento. Tenía la esperanza de que su fuerza detendría las cuchillas girando, lo suficiente para conectar un golpe. Mas tampoco resultó en esa ocasión. Salió disparado hacia atrás, perdiendo el arma y el equilibrio. LordKnightmon se paró voluntariamente y le dedicó una mirada de decepción y molestia: ¿dónde se hallaba el dragón samurái? Aquello sí fue un reto, no lo que tenía ahora.
Diestro en técnicas ofensivas y defensivas... —murmuró Rox, tanto para sí misma como para su compañero, hablándole desde el Sound Linker— Si las armas no funcionan, y es capaz de contrarrestar cualquiera habilidad de lejos, entonces debemos sorprenderle con una estrategia totalmente distinta. Que no se lo espere.
Es... estoy a su disposición, señora... —susurró el caballero, entrecerrando los ojos. ¿Por qué nada alcanzaba a su adversario? Algo fallaba, algo estaba haciendo mal... ¡No iba a humillarse a ojos de su señora! Sintió de pronto un alivio en los cortes provocados anteriormente. La luz de la pantalla se clavó en su espalda y junto a la energía de Kyubey, sanó las heridas— Os lo agradezco. Estoy listo.
En cuanto dijo esas palabras, una onda expansiva le estalló en el peto. LordKnightmon se cansó de esperar y tomó la decisión de divertirse desde la distancia, disparando con su escudo. Apuntó, le colocó una diana en el casco y dejó escapar otra energía de choque. Ya no le pilló desprevenido, lo evitó y zigzagueó hasta posarse a menos de un metro de él. Tanto Aegis como Rox sabían que, probablemente, el Ultimate se esperaba enfrentarse a otra arma, ya fuera espada, lanza, mandoble o incluso hacha, pero no iban a caer en la trampa. Las manos del caballero recibieron unos guantes negros y con un orificio en medio que expulsaba llamas. La sorpresa inicial le sirvió para impactar un puñetazo en el Pile Bunker, abriendo los dedos y clavándolos en la zona superior, terminando con un ataque directo de flechas ardientes. Con la cercanía, fue imposible para el Royal Knight esquivarlo, la cara se le llenó de fuego. Chilló y se separó del Perfect atizándolo con las cuchillas.
Knightmon aguantó los cortes, tanto esos como los anteriores, que se habían abierto por culpa de ese intercambio, y aprovechó la momentánea ceguera de su oponente para reunir energía en el centro de los guantes. Se arrojó y atacó con un poderoso puñetazo... Con la idea de que le diera en la cara y lo borrara del mapa. Pero no, no fue tan sencillo. La criatura rosada mantuvo la vista abierta desde detrás de su escudo, ignorando el dolor, el olor a quemado y el humo. Interpuso el escudo entre los nudillos flamígeros de Aegis y utilizó la mano libre para menear una espiral y rodear el cuello del caballero.
¿Cómo te atreves a herirme? —Sus dedos se movieron ligeramente para apretar más— Aprende cuál es tu lugar, criatura. Ni se te ocurra pensar que puedes ponerte a mi nivel. ¡Eres inferior a mí!
Yo... —Hundió los dedos en la muñeca que sostenía la cadena— Yo... ¡Yo tengo a mi señora!
LordKnightmon, de repente, se notó terriblemente lento, tanto en movimientos como en reflejos. No tardó en relacionar aquello con algún efecto de las cartas de esa muchacha, dado que no era la primera vez que combatía contra un Digimon mascota. Su mente se infló de ira y pensamientos negativos, aumentando su enfado cuando Aegis se deshizo de su agarre con la ayuda del mandoble, el cual no era el más apropiado para ello, pero no tenía otra cosa en esos momentos. Esta perdida de tiempo le costó caro, porque cuando se propuso decapitarlo, el Ultimate interceptó con su escudo la hoja afilada, haciéndolo estallar.
Desde el tejado, Rox y el DigiGnome mantuvieron el aliento. La explosión se llevó por delante a las dos criaturas, en medio de humo y polvo. La muchacha observó, compungida, como su compañero se desplomaba en tierra junto a su enemigo.
¡Aegis! —gritó desde su posición, tratando de sentarse y mirar hacia abajo. La caída no era tan alta al tratarse de una casa. Intercambió una mirada con Kyubey y le pidió que se sujetara bien el gorro, a pesar de que el pequeño era capaz de volar. Saltó y perdió el equilibrio al tocar el suelo, pero eso no la detuvo de apoyarse en una farola— ¡Aegis! —repitió, afilando los ojos para hallar al caballero.
Pero Knightmon no fue el Digimon que vio levantado. Lord mostraba una apariencia horrible, con un brazo descuartizado y datos emergiendo de la zona vacía. Con la mano libre, agarró a Zubamon del cuello, que respiraba agitadamente y apenas podía mantener los ojos abiertos, y lo alzó para moverlo en dirección de la humana.
Antes de matarte... —siseó el Digimon, soltándolo violentamente. Su elegancia y soberbia habían desaparecido junto a su extremidad— te haré escuchar los chillidos de dolor de tu Tamer.

(. . .)


Tanya permaneció con una expresión imperturbable. Había hallado un buen escondite mientras que su compañero luchaba, sentada dentro de una vivienda, alejada del caos principal de los Scorpiomon. A diferencia de su hermana, poseía una personalidad más calmada y analítica, por eso prefería no llamar la atención y mover los hilos desde una posición segura. Apretó el botón del aparato y la pantalla le mostró en vivo lo que el escarabajo observaba, permitiéndole estar allí sin un cuerpo presente. Había dejado sobre la mesa otros artilugios, como cartas, un mapa y hojas donde apuntó la información de los miembros de Ávalon y Ethan. Era consciente que usar en esos instantes la niebla sería prácticamente imposible, por lo que decidió cambiar de estrategia: ofensiva total. Aunque ella era una Tamer que solía emplear estratagemas de ilusiones y trampas, su Digimon optó por un entrenamiento de fuerza, para mezclar inteligencia y poder a partes iguales.
Y funcionaba. Ella siendo la mente y Herakle el músculo. Juntó los dedos y echó la espalda hacia atrás para acomodarse. La silla de madera chirrió ante el peso, pero lo soportó.
Hoy aprenderé algo nuevo —pensó la mujer, curiosa—. Ese Digimon no se ve todos los días.
Los Leomon se unieron al enfrentamiento para apoyar al guardaespaldas de la princesa del desierto. Con un enemigo tan enorme y temible, no se iban a quedar mirando. Prepararon sus puños y al unísono, arrojaron la energía en forma de su cara hacia el insecto. La diana era demasiado grande como fallar, y gracias a ello, llamaron la atención del escarabajo dorado. O al menos eso creyeron, porque el Ultimate no era estúpido. Ignoró las cosquillas que le producían los leones y batió las alas, alzando más polvo y arena. Matt se tapó los ojos y apretó el puño libre: le estaba resultando difícil saber el estado de Prydwen.
Su cornamenta brilló intensamente desde el aire, pero antes de que completara la técnica, Gause y Fay se colocaron en frente, abriendo los escudos y bloqueando al enemigo. Su dueño tuvo el tiempo necesario para incorporarse, produciendo un leve temblor. Entonces utilizó las llamas de sus alas y levitó lentamente, alcanzando a su rival. Los dos se toparon en el cielo, aunque Herakle era mucho más veloz al no tratarse de un castillo protector. Bryweludramon mandó una orden a la inteligencia artificial y cargó hacia el frente sin temor. El escarabajo tuvo intención de esquivarlo alzando todavía más el vuelo, mas le fue imposible. Su cuerno impactó contra un muro de fuego, y al retroceder, le sucedió exactamente lo mismo. Tenía la alternativa de descender, pero eso sólo le daría más ventaja a su oponente.
Notó de pronto que su cuerpo al completo aumentaba de tamaño. Gause y Fay salieron despedidos ante el contacto, mas el propietario incendió el estómago del insecto. Herakle bramó de dolor y lo atizó con su brazo, ahora de doble tamaño, mandándolo hacia atrás con violencia. El edificio de atrás se destrozó en mil pedazos a causa del impacto.
¡Rodeadlo! —pidió Matt ante la escena. Los felinos temblaban ligeramente, sintiéndose terriblemente inútiles contra ese adversario— ¡Aunque vuestros ataques no funcionen, hay otras formas de que sean efectivos! ¡Tengo una idea! —apuntó en cuatro direcciones, formando una especie de cuadrado— Id uno a uno hasta allá y disparad al cielo.
<<Con esto, Machinedramon se dará cuenta de que necesitamos ayuda y sabrá dónde debe disparar>> pensó para sí, tragando saliva. Temía que su amigo no pudiera aguantar la fuerza bruta durante mucho más tiempo.
S... ¡Sí! —Echaron fuera el miedo y asintieron con energía. Pero de no ser porque uno de ellos no cogió a los demás para salir corriendo de inmediato, probablemente continuarían en el sitio, petrificados por el tamaño del titán escarabajo.
El Ultimate volador podía ser contemplado desde todas las direcciones. Levantó lentamente la pata y la bajó hasta Prydwen, propinándole una patada que de no ser por su resistente defensa, habría regresado a su etapa principal. Los escudos inferiores se desplazaron hasta allí y lo protegieron de la siguiente embestida, pero fueron enterrados en la arena. Matt no sabía qué hacer para ayudar: ¿qué carta le serviría? ¿Qué memoria podía frenar la acción de un escarabajo de esa envergadura? El pie resonaba una y otra vez al golpear en la armadura.
Tanya sonrió desde su escondite. Incrustó un naipe en el lector y obró la magia.
Mátalo.
Interrumpió las pisadas y voló unos cuantos metros para apuntar en su objetivo y no salir herido por la onda expansiva. Disminuyó en tamaño con el pasar de los segundos, pero algo nuevo le proporcionó la ventaja: la niebla oscura de Haguro cubrió esa parte de la ciudad. El Elite se frotó los ojos y trató de visualizar correctamente a los Digimon, sin éxito. Podía tratar de adivinar lo que sucedía por el ruido, y especialmente por la energía eléctrica que empezó a reunir el escarabajo en la punta de su cuerno. Herakle procedió tal y como había hecho otras veces; primero se requería de la fuerza insana de convertirse en un ser gigante, y luego de la oscuridad total para rematarlo. Tal y como lo dejó, casi enterrado y con sus escudos destrozados, sospechaba que no se movería del sitio. Era su oportunidad.
Los Leomon no se rindieron. No después de haber estado presentes ante el aguante descomunal de esa muralla andante. A lo mejor no eran capaces de hacer daño al enemigo, pero demostrarían que sabían ser organizados, y estaban dispuestos a salvar el Oasis y a la princesa. Se guiaron por el sonido de las alas, aunque cuando el escarabajo inició la acumulación de descargas, las chispas, al estar tan próximos, revelaron su ubicación. Uno a uno, apuntaron al cielo, echaron hacia atrás los brazos y desplegaron su ráfaga de felinos. Repitieron la cadena de ataques dos veces más.
Perdió la concentración cuando de repente una calabaza proporcional a su cabeza estalló encima, ensuciándole de restos y pitándole los oídos. Aunque la técnica de la memoria no le había rozado, fue una molestia. Matt sólo quería ganar el máximo posible de tiempo. El Ultimate parpadeó y se preguntó qué había sido eso, pero la voz autoritaria de su Tamer le instó a terminar con aquello de una vez por todas.
El aviso alcanzó los ojos de Machinedramon. La niebla y los fogonazos de luz cumplieron su función de advertencia. Apartó a un Scorpiomon con su garra, tirándolo hasta un edificio y agachó la espalda para apuntar con sus cañones. Cargó, esperó unos segundos y liberó el potente rayo.
Al mismo tiempo que el cuerno descendió para aniquilar de un chispazo a Prydwen, HerakleKabuterimon sintió una potente energía traspasar su pecho. Los ojos se le pusieron blancos, la electricidad abandonó su cuerpo y los datos afloraron rápidamente del agujero. La pantalla del aparato tecnológico se apagó junto a la vida de la criatura digital.
Machinedramon... —susurró el chico de Ávalon, soltando un suspiro de alivio.
La sonrisa de la rubia se borró de sus labios.
Ve a buscar a la humana de ese bicho —ordenó el Digimon Cyborg a Vritramon—. Ahora que está muerto, no tardará en escapar de la ciudad.

(. . .)


<<¡Levántate! ¡Lucha! ¡Ve a por él!>> Las garras de Zubamon se arrastraron por la arena, en un vano intento de llegar y alcanzar las pisadas de LordKnightmon. Le dolía cada parte del cuerpo, incluso le costaba abrir la boca para gritar: no le salía la voz. La explosión le estalló demasiado cerca, pero tenía la esperanza de que su rival acabaría similar a él. Sus ojos se clavaron en la espalda del Ultimate, mientras que este se aproximaba a paso firme hasta la muchacha. Si el Child hubiera tenido corazón, ahora estaría parado por el horror que sentía. Quería chillar y abalanzarse, detener sus pasos... ¡Salvar a su señora!
Rox usó la mano para apartar al DigiGnome y ocultarlo detrás de su espalda. Tenía miedo, por supuesto, mas no quería reflejarlo en su mirada. No deseaba darle el placer al oponente de hacer sufrir más a su camarada digital. Desenvainó la espada de madera y la blandió, a la espera de morir luchando, como un buen caballero que jamás se rinde. LordKnightmon recibió el tajo con su brazo, sin inmutarse. Le quitó el arma con una palmada y convirtió el espiral en una hoja de filo afilado. La muchacha, tozuda, retrocedió y golpeó el suelo con un látigo creado a partir del D-Arc. Atizó con él el casco del Royal Knight. Una vez. Luego otra. A la tercera, el Digimon rodeó su muñeca con él y tiró hacia abajo. La humana besó el suelo y se llenó la cara de arena. Kyubey, armándose de valor, se colocó delante de ella, protegiéndola con su cuerpo de bebé.
Pensaba llevarte conmigo —admitió el Ultimate con la voz grave—, me hablaron maravillas de las criaturas mágicas como tú, pero si te vas a poner como un obstáculo... —La espiral brilló con la luz del sol— entonces no me dejas otra opción. ¿Y tú? —Se dirigió directamente a Knight— ¿Rogarás por tu vida?
No —La muchacha sonrió y alzó la cabeza. Le sangraba la nariz y los restos de arena se habían pegado a sus mejillas—. Me marcharé con el honor intacto. Y feliz de haber dado todo de mí para detenerte. Pero por favor —agregó, abrazando al DigiGnome—, no le hagas daño. Y no mates a Aegis, déjale ser libre.
Bonitas palabras. Ve al infierno sabiendo que no voy a cumplirlo.
Elevó el brazo y disfrutó unos segundos del momento. Le hubiera gustado que se resistiera un poco más, que llorara y pataleara, pero esa joven sólo le dedicó una mirada decidida y segura. De no ser porque sus hombros temblaban, había creído que no le tenía miedo. El filo descendió hasta su cara...
¡¡¡NOOOOOOOOO!!!
Antes de que acariciara la nariz de Rox, unos brazos blancos rodearon la cintura de LordKnightmon, atrapándolo y arrastrándolo hasta el cielo. Los ojos de la castaña se abrieron al máximo al contemplar la figura de un dragón humanoide que conocía, pero no bajo la apariencia de su mejor amigo. Zubamon evolucionó poco a poco, con la parte superior adoptando la forma de un Dynasmon cabreado, y la de abajo manteniendo unas piernas doradas.
¡Suéltame, desgraciado! —Le pegó con el codo lo más fuerte que pudo— ¡Súeltame! ¡Acepta tu destino!
Las cuchillas giraron alrededor de LordKnightmon para cortar en mil pedazos a Aegis, pero este lo adivinó con sus reflejos y lo empujó con una patada. La velocidad no era tan alta como antes, cuando poseía dos manos, pero eso no evitaba que fuera peligroso.
¿Me estás diciendo que eras capaz de lograr esa etapa y has preferido combatir contra mí como un mísero Perfect? —acusó con enojo, arremetiendo con un tajo directo. Dynasmon no lo esquivó, esperó y lo sujetó del brazo con sus nuevas garras— ¡Vas a pagar con tu vida!
Has osado amenazar a mi señora... —Su voz, aunque apenas era un suave susurro, heló los datos del Royal Knight rosado— No permitiré que nadie le levante la mano... Ni a ella, ni a Kyubey... Tu castigo es morir.
¡No me hagas reír!
Las cadenas obedecieron a su dueño y contraatacaron. Aegis recibió los cortes en la cara y respondió con un puñetazo cargado de energía desde el centro. Desde la izquierda, derecha, abajo o arriba. Ya no utilizaba espadas, sólo se dejaba guiar por sus instintos. A veces eludía las cuchilladas, otras se dejaba dar para encontrar el punto débil de su oponente, dado que mientras que atacaba, no podía protegerse.
Conocía la sensación que recorría cada fibra de sus datos. Lo había notado la primera vez que cambió y consiguió adoptar la figura de un lobo humanoide, cuando, junto a su señora, visitaron a un maestro muy peculiar que cuidaba de otros Digimon que sufrieron distintos destinos trágicos. Recordaba a la perfección esa batalla entre pupilo y entrenador, los cortes y la hermosa evolución que aunque duró poco, le superó en nivel y fuerza. Con Knightmon fue todavía más intenso, pero no se podía comparar al poder que tenía en esos instantes en la palma de su mano. Tan cerca... Y tan necesaria para proteger a su señora.
LordKnightmon esbozó una sonrisa cuando consiguió atrapar el brazo derecho del dragón. Pero en vez de tirar él hacia atrás, lo hizo Dynasmon, atrayéndolo hacia él, sin inmutarse por el daño. Con la espiral interrumpida, no podría defenderse de la técnica. Utilizó sus garras y partió la cadena, entonces echó el puño hacia atrás y le impactó en el pecho, enviándolo abajo. Antes de que chocara contra el suelo, se rodeó con sus alas e invocó el aura de un dragón azulado que viajó hasta el Royal Knight rosado.
Las llamas del Wyvern borraron el color de su armadura, cerraron la herida del brazo y despidieron al Ultimate. Cuando aterrizo en la arena, ya no era un Digimon, sino un Digitama que no lastimaría ni controlaría a otros.
Señora... —En cuanto Aegis tocó el suelo con sus pies, perdió la forma de Dynasmon y regresó a ser un sencillo pero familiar Zubamon. Los párpados se le cerraron y el cuerpo dejó de obedecerle.
Descansa, Aegis —Rox lo abrazó y le acarició la cabeza—. Te lo mereces.
Kyubey levitó y se posó en el cuello del Child dorado, curando las heridas superficiales y deseando poder hacer más por él.

(. . .)

Vritramon terminó encontrando a las dos hermanas desaparecidas. Con Gomamon inconsciente y Tentomon siendo un huevo, no lograron huir de la ciudad. Fueron rodeadas por dos Mikemon que les arrebataron los lectores y los dispositivos. Algunos Scorpiomon abandonaron el ataque cuando sus homólogos resultaron aplastados, quemados o aniquilados, y sin las órdenes precisas de LordKnightmon, no sabían lo que debían hacer. Ethan y Ryudamon esperaron en los jardines del castillo hasta que sus aliados volvieron, con muchas heridas y cansancio, pero a salvo.
Dile a la princesa que todo se ha solucionado —solicitó el Commander a uno de los Leomon—. Ya puede regresar a la ciudad.
Ahora mismo —asintió el Adult, dándose la vuelta para desaparecer de su vista.
¿Estás seguro de eso? —preguntó GPS con una expresión burlesca en su rostro— Te noto muy convencido de ello. Mejor, mejor, la sorpresa te dejará sin habla.
¿Tanto te cuesta aceptar tu derrota y la de tus camaradas?
Matt y Rox no comprendían del todo lo que estaba sucediendo, habían mantenido unas peleas duras e intensas, lo único que querían era tomar un descanso y que sus compañeros se recuperaran. Pero para Ethan el tema era muy distinto: tenía la sensación de que habían vuelto a caer en otra trampa. ¿Por qué los asesinos se mantenían tan tranquilos? ¿Acaso faltaba alguien más que se encargó de perseguir a su majestad? Negó con la cabeza: incluso si ese era el caso, Capricornio protegería bien a Bastemon. No dudaba de ello.
Una victoria puede no ser nada si pierdes la guerra —mencionó la hermana mayor, posando una mano en el Digitama de Tentomon.
Ya hablaremos más detenidamente con vosotros —sentenció Ethan, cruzándose de brazos. Knight y Collins prefirieron dejar que él actuara como intermediario de todos—. Averiguaremos el nombre de vuestro cliente y lo atraparemos también.
La ciudad es un completo caos, aunque hayáis detenido el ataque —comentó GPS como si nada, silbando—. La mitad de la gente se enfadará con Bastemon porque el constructor no puede arreglar sus casas, la otra mitad se habrá quedado sin trabajo. Ahora ella no puede confiar en nadie, porque incluso sus consejeros la traicionarán tarde o temprano, lo ha vivido en estos días. Y los rivales políticos usarán todo esto a su favor para hacerse con el poder. Así que dime... ¿Habéis ganado? —Se relamió los labios.
¿Por qué tanta seguridad? ¿Por qué le miraba con esos ojos divertidos? ¿Qué realidad se escondía detrás de esas palabras venenosas?




everyday everyday Termina esto ya xD
Cartas usadas:
- Trinitat
- Roland 2 (Zwei)
- Sol Gauntlets
- Lag

Enemigo:
- King Device
- Haguro

Matt:
- Memoria de NoblePumpmon
 
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everyday

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EPILOGO
Los mismos granos de arena.



Una vez más, la presencia de Bastemon fue requerida por sus consejeros. Algo normal, desde la captura de sus atacantes y el destrozo realizado por ellos en la ciudad aquellas reuniones ocurrían de forma diaria, incluso en ocasiones había la necesidad de verse en dos ocasiones un mismo día. Cuando la felina hizo acto de presencia, sus dos consejeros ya presentes en la sala se levantaron de sus sillas e hicieron una profunda reverencia, ella hizo un ademán y en el acto tanto Gigasmon como Meramon volvieron a sus asientos. Bastemon se acomodó en su sitio antes de decir palabra alguna.

—Muy bien, comencemos —asintió—, ¿cómo van las elecciones del nuevo consejero de seguridad?

—Hasta ahora se han presentado cinco candidatos mi señora —explicó Gigasmon—. Estamos revisando que cumplan los requisitos, en un par de días más comenzaran las audiencias con su majestad, así podrá evaluarlos uno por uno con sumo detalle.

La Perfect asintió. En verdad se tomaría su tiempo para examinarlos, la herida dejada por la traición de Mistymon seguía fresca. Sería todo un esfuerzo para ella evitar presionar demasiado al Digimon que se quedase con el puesto, pero haría su mejor esfuerzo, después de todo el error del anterior consejero no debía afectar a su sucesor.

—Así lo haré Gigasmon, por favor, envía una copia de sus perfiles a mis aposentos, las revisaré en la noche —el heredero de la tierra parpadeó, sorprendido, luego asintió—. Dime Meramon, ¿cómo van las reparaciones?

—Gracias a la intervención del conde Noblepumkmon, las negociaciones con el gremio constructor comienzan a tomar forma, así mismo he escuchado que la elección del nuevo líder está por realizarse, eso agilizará aún más las cosas.

—Incluso el conde nos ha ayudado con eso —esbozó una sonrisa.

—Tiene talento para convencer a la gente, por algo es ahora el líder del gremio de comerciantes. Si yo no estuviera aquí, no me sorprendería que le nombrase como su nuevo consejero de economía —se aclaró la garganta y desvió la mirada—. He realizado un mapa con las secciones más dañadas de la ciudad, remarcando los comercios y edificios… —paró al ver la mano levantada de la princesa.

—Se dará prioridad a las viviendas. Los comerciantes dispondrán de un espacio temporal en el nuevo mercado, ubicado en la plazoleta frente a la pirámide de Nefertimon —Meramon asintió—, aun así, también envía una copia del mapa, quiero estar al tanto de los daños en la ciudad, ¿hay otro asunto más?

Los consejeros se miraron entre ellos de manera silenciosa, el ambiente se sintió tenso. Bastemon pudo imaginarse el motivo.

—Sobre el asunto con Digital Security… mi señora… —comenzó con cuidado Gigasmon—. El capitán de la división que operaba en nuestra ciudad ya fue encontrado y apresado.

—La Central de Tamers intervino tal como lo solicitó, sin embargo, la DS está siendo muy insistente en ser ellos quienes se encarguen del asunto.

Bastemon arrugó la nariz y bufó. Cuando todo terminó, la Central de Tamers vertió su molestia en la Digital Security, quien había estado ausente en un momento tan importante como fue el ataque de los Scorpiomon. Tras ejercer la presión suficiente, la propia DS se encargó de realizar una investigación que arrojó a la luz la participación del capitán de la división de Ciudad Oasis con el grupo de asesinos. El sujeto aprovechó la torpeza de las instituciones a la hora de actuar para darse a la fuga, antes de siquiera ser señalado como culpable, por fortuna, debido a la gran presencia de seguridad en la ciudad tras la invasión salir de ella le resultó imposible.

—Citen a los dirigentes de la DS, quiero hablar con ellos en persona —los consejeros se movieron incómodos en sus asientos—, tal vez si lo escuchan de mis palabras comprenderán mejor nuestro repudio.

La regente estuvo a punto de cortar relaciones con la Digital Security, no solo por conocer que semejante institución también podía llegar a presentar corrupción, sino porque les dieron la espalda en un momento tan crítico, el cual podía volver a repetirse en el futuro. No obstante, sus guardaespaldas le hicieron ver que, uno de los objetivos de sus atacantes, era justo romper las relaciones entre ella y los humanos, si actuaba dejándose llevar por su enojo solo estaría cayendo en el juego de esos maleantes.

—¿Qué otro asunto nos queda en la agenda?

—Solo uno su alteza —Gigasmon sonrió, la regente no podía culparlo, debido a la ausencia de Mistymon sus dos restantes consejeros tuvieron que cargar con parte de sus responsabilidades, debía ser todo un respiro hacerte cargo de un asunto en el cual eras especialista.



[. . .]



GPS se hallaba en el calabazo bajo el palacio de Bastemon. A sus captores no les bastó con retirarle su Digivice y todas sus pertenencias, sino que también encerraron a su compañero en otra celda; tal debió ser la impresión causada en esos pobres sujetos como para que estos se tomasen tantas consideraciones. Se entretenía viendo las grietas del techo, imaginándose todo tipo de formas con ellas: hasta ahora había encontrado un patrón que formaba un rostro humano, otro un automóvil deportivo cargado por una grúa y otro un elefante pateando una tortuga, sí, tal era su imaginación. Su actividad recreativa fue interrumpida por un breve intercambio de susurros en el pasillo, cuando se giró hacia la puerta de su celda en lugar de encontrarse con los guardias en ese pasillo pobremente iluminado se topó con un rostro familiar.

—Te tardaste —dijo el pelirrojo mientras se levantaba de su cama—, por un momento pensé que te olvidarías de nuestro trato.

Noblepumkmon suspiró, cansado.

—Debo moverme con cuidado, después de todo ahora tengo mucho más que perder —frunció el ceño—. Tan solo venir aquí me ha costado bastante.

—Déjame adivinar, ¿seguiré aquí? —GPS se aferró a los barrotes e hizo cara de aburrimiento.

—Solo un par de días más. La princesa quiere tu cabeza, por fortuna, la Digital Security y la Central están metidas en un buen embrollo entre ellas, eso me ha dado tiempo para pedir algunos favores —se encogió de hombros—, así que cuando logren escapar todo lucirá como una cadena de desafortunadas coincidencias y no un plan de fuga.

—Parece que estudiar los videos de ese Mephistomon te ayudó en algo —el pelirrojo soltó una risita, el conde gruñó.

—Es simple sentido común, ahora mismo mi imperio comercial está por alzarse, no cometeré desliz alguno y ver como se desmorona por una tontería —suspiró—. Como sea, sabrás cuándo el momento llegue, después de eso, ve al punto de siempre, ahí uno de mis transportes les recogerá y sacará del desierto. Tal y como acordamos.

—Me alegra que esto por fin esté por terminar, fue un trabajo largo, pesado y aburrido~~

El conde se dio un masaje en la sien, incluso en los momentos finales ese sujeto le producía dolor de jaqueca.

—Por cierto, si algún día vuelves a trabajar en esta ciudad o en el desierto, te recomiendo que tengas la consideración de no involucrarte en mis negocios —apoyó ambas manos en su bastón—, sería una desgracia tener que considerarte como un estorbo.

GPS parpadeó, la sonrisa de sus labios se transformó en una ladina.

—Gracias por la advertencia, conde la tendré en consideración —El Uultimate le lanzó una mirada silenciosa, luego dio media vuelta y comenzó a alejarse sin más—. Oiga —el conde se detuvo y se giró—, ¿puedo saber qué sucedió?, tengo entendido que ese sujeto le había prometido el trono de la ciudad, ¿por qué renunció a el y se conformó con simples acuerdos comerciales?

Noblepumkmon le miró extrañado, después suspiró.

—Supongo que ver a Bastemon lidiando con tantos problemas me hizo ver lo exigente que es el puesto —el conde movió su mano en deje desinteresado—, yo soy un comerciante, amo los negocios y los papeleos, y aunque soy la cabecilla de mi pueblo… —negó con la cabeza—. Pasar tanto tiempo con ella me hizo darme cuenta: hay algunos Digimon que nacen para ser líderes y ella es uno de ellos —esbozó una sonrisa nostálgica—. Aries me prometió grandeza para mi gente, pero yo ya la he alcanzado sin necesidad de volverme un rey —se encogió de hombros y batió sus alas—, uno debe saber cuándo retirarse del juego… o de lo contrario… pierdes todo.

GPS parpadeó y vio a su contratista alejarse hasta perderse en las sombras de aquel laberinto subterráneo.



[. . .]



—¿Sabías algo de esto, Capricornio?

Aegiochusmon se encogió de hombros al escuchar la pregunta de Walker.

—Aries tenía su propia agenda, no me sorprende algo como esto, tal vez aún queden rastros de su presencia en el Digimundo —esbozó una sonrisa al ver la cara de molestia de Ethan—. No deberías preocuparte tanto, por mucha discordia que haya sembrado, nada germinará como él lo planeó al ya no estar aquí, este es el ejemplo perfecto.

A Ethan no le hizo gracia saber el nombre del responsable de aquel ataque contra Bastemon: Aries. GPS y el resto de su Guild cantaron como pajaritos cuando Bastemon les amenazó: a menos que alguien cooperara con las investigaciones todos serían ejecutados, si decidían ayudar, solo uno de ellos sería seleccionado para una ejecución pública, pues así lo demanda el pueblo de Ciudad Oasis. Tanto el pelirrojo como las dos féminas dieron la misma historia: un Mephistomon les contactó y encargó un trabajo a largo plazo, pagando por adelantado por el servicio; solo por ese motivo GPS seguía en ciudad Oasis incluso cuando Trece Signos llevaba meses de haberse disuelto, al parecer su código de honor le obligaba a terminar su trabajo, aunque su cliente ya estuviese muerto.

—En vez de carcomerte la cabeza pensando en esas cosas, deberías disfrutar de tus últimos momentos en esta bonita ciudad, ¿no te parece?

Ahí Walker debía darle la razón a su amigo. Cuando fue evidente que el peligro había pasado y con sus atacantes capturados, la princesa decidió disponer de sus guardaespaldas para lanzar un mensaje de tranquilidad a su pueblo, por supuesto, los Tamers siguieron siendo huéspedes de honor en el palacio, solo por si algún imprevisto se presentaba. Si bien existía un lio burocrático entre la Central de Tamers, Bastemon y la Digital Security respecto a un caso de corrupción en esta última agrupación, todo lo demás estaba arribando a buen puerto: la crisis alimenticia y política de Ciudad Oasis comenzaba a desaparecer así que la presencia de los valientes guardaespaldas de Bastemon ya no era necesaria.

—¿Qué creen que nos esté preparando Bastemon-sama? —Escuchó preguntar a Ryu, que junto al resto del equipo se hallaba disfrutando de un desayuno donde abundaba comida hecha a base de calabaza, cortesía del conde.

—¿No es obvio? —Aegis se cruzó de brazos—, una ceremonia donde toda la ciudad se arrodillará ante mi señora y le jurará lealtad —dijo con toda naturalidad.

—Conociendo a la princesa, un gran banquete —opinó Excalibur—, o tal vez otra de esas ceremonias con música y paseos por las calles.

—Es el peor momento para hacer una fiesta —como siempre, Ludomon cortaba de tajo las fantasías de su compañero—, los daños en la ciudad siguen reparándose y la falta de alimentos es algo que aún se está combatiendo.

—¿Tu qué opinas, Rox? —El canadiense vio a su compañera de Guild—, tú eres experta en estos asuntos.

—Por mucho que Bastemon desee agradecernos, es una figura pública y debe cuidar las apariencias —la fémina se pensó un poco su respuesta—, una ceremonia sencilla parece lo mejor —se encogió de hombros—, aunque solo podría ser una simple despedida en sus aposentos —escuchar esto pareció decepcionar a todos los Childs, menos a Ludomon quien ya había sospechado algo así.

—¿Y tú, Ethan? —Collins sonrió ante la llegada del americano, quien había regresado a la mesa.

—Espero que sea nuestra paga —dijo tajante el Commander—, porque hasta ahora nadie nos ha dicho nada sobre eso.

Los Tamers y sus Digimon intercambiaron miradas entre ellos, el americano había tocado un punto importante.



[. . .]



La sala del trono, aunque modesta, tenía su belleza como todo en el palacio de Bastemon: con una forma cuadrada, la estancia tenía espacio suficiente para albergar a cuarenta invitados si estos permanecían de píe, o bien, unos sesenta si se sacrificaba un poco de espacio personal para cada asistente. En las paredes se colgaban exquisitos telares, estos contaban historias antiguas del desierto y el pueblo del Oasis a través de sus dibujos bordados. La luz era provista por pequeñas ventanas ubicadas en el extremo final de cada una de las paredes, carecían de cristal alguno, así que la brisa fresca de los jardines también se colaba junto con los rayos del sol.

Los asistentes eran todos nobles y figuras importantes de la ciudad, así como algunos de los guardias de élite de la princesa, esto último era evidente con solo ver las innecesarias armaduras que llevaban sobre sus cuerpos y las elaboradas alabardas que sostenían en sus manos, las cuales entorpecerían el combate del más diestro guerrero; su función ahí, más que ofrecer seguridad, era la de fungir como adornos vivientes.

Tras seguir una alfombra amarillenta hasta el fondo de la estancia encontrabas una plataforma, para acceder a esta primero se debían subir cinco escalones. En la cima, y recostada sobre un largo sillón, se hallaba la regente de aquellas desérticas tierras, siendo flanqueada en cada extremo por una de sus damas de compañía, Mikemon a la izquierda y Tailmon a la derecha. Los consejeros de la princesa Meramon y Gigasmon se hallaban en el segundo escalón, mientras que el conde Noblepumkmon estaba en el tercero.

Los murmullos se desvanecieron, todos los asistentes adoptaron una pose erguida, incluso Bastemon se puso de píe en ese momento. Todas las miradas se dirigieron hacía las dos puertas de la entrada, estas crujieron al abrirse de par en par. Una voz entonces se alzó con fuerza y retumbó en el salón.

—¡Reciban a los héroes del desierto, a los protectores de Ciudad Oasis y a los fieles sirvientes de nuestra princesa!

Tres humanos, seguidos de cerca por sus fieles compañeros Digimon, entraron entonces a la sala siendo recibidos por ovaciones y aplausos. Cuando llegaron al píe del primer escalón el silencio volvió a reinar en la estancia y todos los ahí presentes inclinaron sus cabezas de forma respetuosa ante los valientes héroes, incluida la princesa Bastemon.



Soncarmela Soncarmela por fin(?)
Tizza Tizza le fin.
 

Reflejo
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Bueno gente, no más excusas, ¡hora de quitarse el oxido! Gracias por esperar como siempre.

Narrativa
Comenzaré expresando lo conforme que estoy con este apartado. Fue una Quest de más de 50000 palabras y aún así los pocos errores de tipeo que llegué a notar apenas se contaron con los dedos de mis manos. Realmente un trabajo impecable por parte de los dos. Demostraron un gran nivel a la hora de narrar situaciones complejas con múltiples personajes, la claridad estuvo siempre presente y en ningún momento llegué a notarlos tediosos o repetitivos.

Ambos [25/25]

Interpretación
Interesante acercamiento adoptaron para esta Quest. No sé centraron tanto en vuestros personajes ni detallaron sus impresiones en profundidad, en su lugar se avocaron a la trama que les competía en ese momento: Ser la Guardia de Bastemon. Esto es algo bueno, porque como dije en Narrativa, considero que fue el factor clave que evitó posibles e innecesarios walltext. Supieron manejar un gran elenco de personajes sin que ninguno fuese opacado y se aprovecharon de pequeños gestos corporales para llenar de personalidad el escrito, incluso Kyubey brilló con su cubito de azúcar xD

El manejo del ambiente también fue sobresaliente, cosa que me permitió tener en claro dónde se encontraban sus personajes en todo momento y que además les permitió planear distintos escenarios para los enfrentamientos venideros. Aquí es cuando digo que no fueron repetitivos, bien hecho, hicieron gran uso de la zona que disponían.

Hubo un par de inconsistencias en este apartado, pero ninguna realmente grave. Primero, la actitud de Mistymon sugería que llevaba un buen tiempo filtrando información que dificultaba la salida de su regente. Pero al principio de la Quest se enfocaron mucho en su punto de vista, cosa que reflejó una impotencia... ¿sincera? por ser incapaz de cumplir correctamente con su labor. Tiene sentido que empezara a conspirar desde el punto que sujetó los Digitamas con tristeza, pero incluso así sentí algo forzado su cambio de bando. Mi recomendación aquí es que eviten indagar mucho en la perspectiva de los posibles sospechosos y se limiten a lo empírico, sus acciones. Un ejemplo de esto bien hecho fue el caso de Pumpkimon, que hasta el momento de la cinta realmente no teníamos razones para desconfiar de él. No cobraré muchos puntos por esto porque considero que es un personaje menor y la historia podría haberse parchado con cambios mínimos.

Ahora, otro detalle menor que noté: Cuando fueron a encarar a Nefertimon en su mansión las Harpymon de la entrada se mostraron muy sorprendidas por la llegada de los Tamers. Esto se contraría con la predicción de la esfinge, quién había preparado una emboscada para vuestros chicos mucho antes de su llegada. Detalles de improvisación imagino, nada grave.

Ambos [23/25]

Realismo
Todos los combates estuvieron muy chulos y dinámicos. La dificultad no faltó y se colocaron un reto a la altura de sus personajes. No obstante, aquí voy a tocar, el que considero yo, el error más grande de la Quest: La importancia del bloqueo económico que estaban generando los Scorpiomon. Me explico, en Digital World, dónde el balance de poder es muy irregular, es prácticamente imposible asediar una ciudad con esas tácticas. Considerando que los Scorpiomon no pueden volar, Bastemon podría haber aprovechado a sus Birdramon para reabastecer la ciudad por vía aérea. La llegada de nuevos Tamers y Digimon tampoco estaba restringida, como vimos con vuestros chicos o la banda de Etemon, así que era realmente sencillo que se contratara un tercer bando para solventar la situación. Noble Pumpmon incluso podría haber compartido la ruta que él estaba usando para congelar este problema, aunque claro, resultó ser el titiritero. El punto es que le dieron demasiada importancia a este asunto y lo usaron para justificar gran parte de la trama, cuando en realidad pudo haberse solucionado con un poco de ingenio.

Otra detalle menor es que me pareció extraño que el incidente de la muralla sirviese para restablecer la popularidad de Bastemon, justo después de que el discurso había hecho hincapié en su simbolismo y que nefastos rumores recorrían las calles. No digo que es imposible, pero creo que tenía tantas probabilidades de salir bien como mal.

Ambos [17/25]

Desarrollo
Habiendo revisado la historia dos veces, puedo afirmar convencido de que esta fue una gran Quest. Los errores que mencioné antes no son nada si los comparamos con vuestra sobresaliente ejecución. Muchas partes las sentí improvisadas, pero creo que supieron manejarse con fluidez para no generar grandes inconsistencias. Lo que es importante, colocaron múltiples enfrentamientos que nos permitieron ver un poco más de los enemigos en cada ocasión. No diría que fueron los más listos o los más eficientes, pero fueron inconvenientemente oportunos contra sus personajes y creo que ahí radica la justificación del rango en sí. Sumémosle a eso que los enemigos contaban con un buen margen de experiencia y habilidades únicas, capaces de poner en jaque incluso a varios de los equipos más imponentes, como el de Matt (según mi), de DW.

La trama favoreció la presencia de Bastemon y Noble Pumpmon, estos NPC eran claves para la historia, así que se agradece que recibieran la importancia que merecían. Sinceramente no soy fan de los regentes que se desviven por su pueblo, son demasiado... colaboradores, pero como dije, colocaron suficientes obstáculos adicionales como para que esto no fuese un problema. También fue un soplo de aire fresco ver villanas como Nefertimon, que era capaz de desmoralizar a su competidora con frías y crudas verdades, o el propio hecho de que Pumpmon pudiese dar marcha atrás por el final, saliéndose con la suya. ¿Y cómo no? Otra trama aprovechada para zanjar asuntos pendientes con Rogue Guilds del pasado, cosa que se agradece ya que sus integrantes o trasfondo no requieren de mucha explicación.

En fin, una vez más quiero felicitarlos por vuestro desempeño. Lograron transmitirme todo el esfuerzo y dedicación que volcaron aquí, espero volver a sentir eso de nuevo.

Ambos [25/25]

Total [90/100] / Quest (S) Aprobada

Ambos +900 bits
Ambos +10 Fama
+1 Evo todos. +2 STR, 2 DEF, 1 VIT Exca. +1 DEF, 3 ATK, 1 VIT Ludo. +2 DEF, 2 VIT, 1 STR Aegis
Blast de Aegis consumido
Contratos actualizados
Escalafón de Fama (Rox) actualizado

Pagas Asignadas​

everyday everyday Soncarmela Soncarmela si algo se me escapó me avisan y lo corregiré a la brevedad.
 
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