Guild Gungnir

"さあ、往こうか"
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Maiku

Mr. Nobody
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Hitomi abandonaba la cafetería con una sonrisa confiada, a pesar de que las cosas no hubieran salido como las tenía planeadas, logró que la rusa aceptara su propuesta y con eso ya estaba más que complacida. Inhaló aire con fuerzas, dejando que sus pulmones se expandieran lo más posible, pera luego botarlo con toda la tranquilidad del mundo. Dentro de todo, estaba algo ansiosa y aún acelerada, la presencia de aquel azabache de mal gusto prendió en ella algunas chispas que pocas veces podían verse, o eso creía. A su lado, Coronamon la observaba con curiosidad y no hizo más que seguirla cuando ella caminó una o dos cuadras a paso lento, con la mente en quién sabe dónde. Se dieron vuelta al escuchar un portazo y ver salir a Hanz con cara de pocos amigos, quien comenzó a caminar en su dirección sin siquiera prestarles atención, parecía estar murmurando cosas inentendibles. Pocos minutos después volvió abrirse la puerta del local, siendo el dragón azul el que salió disparado para alcanzar a su tamer y dejar atrás al resto del grupo, quienes se fueron conversando en la dirección contraria. Ewain miraba de reojo a sus espaldas, atento a las acciones del alemán, pero pronto se perdió cuando dobló por una esquina.

Von Kaulitz apretaba la mandíbula con fuerza y, sin notarlo, se detuvo junto a Mai para patear un bote de basura con todas sus fuerzas, abollándolo en el proceso. Zafiros y rubíes se encontraron incómodamente durante unos segundos. Atisbos de vergüenza hicieron presencia en el rostro del chico, quien simplemente miró hacia otro lado para acentuar su prepotencia característica, asunto que enfureció aún más a Mai. La tensión era tal que podía palparse con la mano, mas fue el temerario acto del leoncito lo que descolocó a los humanos, pues este se montó en el hombro de Hanz con facilidad y comenzó a tantear con su pata la marca que tenía este en el rostro.

Eso es una quemadura extraña.

¿Quemadura? —enarcó una ceja— Eso es un tatuaje, mocoso.

¿Tatuaje? —siguió palpando— ¡Mai, yo quiero uno de esos!

¿Eh? —la joven pestañeó un par de veces y luego sintió algo aferrarse a su pierna— ¿pero qué?

Hermosa —babeó Vee, frotándose contra la chica cariñosamente.

El león se lanzó sobre el otro digimon para rescatar a su tamer, pero terminó carcajeando mientras rodaba por el suelo junto a este producto del impacto. Veemon, en vez que reaccionar de manera violenta, empezó a jugar con su homólogo a las traes. Hitomi suspiró, el botón de encendido de su compañero había sido accionado con aquello y tendría que esperar a que cesara su diversión, o bien, llevarlo contra su voluntad. Zeth se paró junto a ella a observar la escena.

Esto no nos hace amigos ni nada —advirtió—, te aborrezco.

Tampoco me caes, mocosa —respondió—. Pero no molestaré a Vee por tus berrinches.

¿A quién tratas de mocosa?

¿Con quién crees que estoy hablando?

Acercaron sus cabezas sosteniendo posturas amenazantes, aunque la altura del hombre volvía la escena bastante chistosa, pues ella intentaba alcanzarlo manteniéndose en la punta de sus pies y él mantenía su prepotencia pero inconscientemente se agachaba un poco. No fue hasta que la japonesa notó lo cerca que se encontraban, que decidió retirar distancias, lo que menos deseaba era que algún fisgón distribuyera información errónea que llegara a los oídos equivocados. Con eso, obviamente, pensaba en un elegido en particular. Hanz se limitó a mirar sus manos mientras abría y cerraba los puños con violencia.

¿Irán a quests peligrosas?

¿Eh?

Con la guild, pues.

Eso no te interesa —zanjó.

Pues claro que sí.

No, no te incumbe.

Que sí.

¡No!

Terca.

Silencio.

Respóndeme.

Olvídalo.

Zeth frunció el ceño y, liberando un grito de frustación, volvió a patear el bote de basura. Sin embargo, esta vez no se detuvo ahí, sino que también golpeó una pared cercana. La joven lo miró sin cara de sorpresa, bajo su perspectiva, estaba viendo a un animal recurrir a la violencia por no ser capaz de razonar como la gente decente. Entonces, él volvió a insistir, obteniendo la misma respuesta.

Ewain —susurró—, es él quien me importa. No sus aventuritas.

¿Y a mi qué?

¡Maldita mocos—cortó su reacción y respiró—, al menos dime que… los cuidarás —soltó lo último en un tono casi inaudible, mas fue perfectamente escuchado. Hubo otro silencio incómodo en los que zafiros y rubíes volvieron a encontrarse, siendo estos últimos los que analizaban con cierta curiosidad al mandril con el que conversaba—. Si no puedes asegurármelo…

¿Qué harás? —mantuvo el rostro serio, esperando alguna respuesta violenta o una amenaza.

Pues me tendrás en tu guild de infiltrado.

Veemon y Coronamon volvieron justo en ese momento, escuchando únicamente las últimas palabras del alemán. Ambos celebraron, malinterpretando que Mai había aceptado al joven dentro de su grupo, por lo que podrían jugar de nuevo más adelante. Ella no supo cómo reaccionar, o más bien, no pudo ordenar sus insultos y negaciones a tiempo, cosa que aprovechó Hanz para despedirse e irse de allí.

Me ganaré tu respeto, líder —enfatizó lo último con sorna.

¡VETE AL DIABLO!

Alguien debía inaugurar esto (?) Masaru Masaru Takerudark Takerudark Kira Kira Blair Blair
#MardisiónJitanahPatóhs
 

スパークル
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Poco más de una semana había transcurrido desde que oficialmente Gungnir estaba en funcionamiento, sin embargo, la líder del guild seguía sin decidirse sobre aquello que utilizarían para representarse como miembros del grupo. Había hablado con Hardis, el policía le había dado un par de ideas, y aunque ninguna le parecía mala, no le convencían del todo. Finalmente, y tras horas de darle vueltas al asunto, Coronamon fue el que soltó una idea al aire al recordar que su tamer le había contado sobre las placas que usaban los militares.

¿Y si haces unas placas? Ya sabes, como las de la milicia o como sea que se llamaban. — Dijo el felino, encendiendo una bombilla en el cerebro de la pelirroja, quien sonrió y se levantó de la banca en donde se encontraban, el felino saltó a su hombro antes de que Hitomi comenzara a correr por la ciudad, dirigiéndose a algún lado en específico.

Tras unos minutos de carrera llegaron a la zona comercial de File, específicamente a una herrería, y tras explicar al dueño del local lo que quería, pagó y salió de la tienda con un gesto satisfecho. Leyó rápidamente el papel que se le había entregado, mañana podría pasar a recoger el pedido que había hecho.

El tiempo pactado transcurrió, Mai había pedido a sus compañeros de gremio (obviando a Hanz porque “lo había olvidado”) que se juntaran en la plaza central de File, mandó en el mensaje la hora y el lugar específico. Recogió aquello que había mandado a hacer, junto con unas delgadas cadenitas que parecían hechas para collares; guardó todo en unas cajas de no muy gran tamaño (parecidas a las que guardan los anillos de boda) y tras guardarlas en su mochila comenzó a correr, con Coronamon en su hombro, en dirección al punto de encuentro. La alegría era obvia en su rostro, quizá a sus compañeros no les parecería tan bueno como a ella, pero valía la pena intentar.

Al llegar, notó que el único que estaba ahí (diez minutos antes de lo acordado) era Masaki, con una alegría efusiva fue a saludarlo, y no aguantó el impulso de sacar una de las cajas de su mochila, mostrándola al peliverde sin revelar su contenido.

¿No se supone que el hombre es quien debe proponerle matrimonio a la mujer? — Aquella voz chocante hizo que la sonrisa se borrara del rostro de la pelirroja, siendo suplida por un gesto endurecido a medida que giraba su atención hacia el alemán.
¿Qué haces aquí?
Mi chico me avisó de la junta, porque al parecer a alguien se le olvidó hacerlo. — Soltó el europeo, mientras que Ewain se encogía de hombros, realmente no le había comentado sobre la junta con afán de que fuera, lo había hecho accidentalmente.
No lo olvidé. — Tajó ella, y la discusión hubiera seguido de no ser porque la rusa llegó acompañada de Gabumon. Mai volteó su cara con obvia molestia, ignorando las siguientes palabras de Hanz y tratando de concentrarse en lo que iba a hacer en ese instante. — Les agradezco por venir tan puntuales, incluso antes de la hora; los llamé por un motivo, y para no hacerles el cuento largo. Es para entregarles el distintivo de nuestra guild.

¿Distintivo? — Raisa soltó la duda, realmente no quería tener que portar algo llamativo, mucho menos una banda en el brazo o algo por el estilo, no esperaba que tuviera que utilizar algo que hiciera obvio que pertenecía a un grupo como ese.
Sí, estuve pensando en qué era lo mejor, que no fuera muy grande, pero tampoco que estuviéramos sin tener algo que nos represente como Gungnir… Tras algo de tiempo pensándolo, llegué a una conclusión y lo hice. Si no les gusta, son libres de no usarlo y darme opiniones para otra cosa, realmente quería que fuera una sorpresa, pero aceptaría completamente que se negaran e hiciéramos algo que a todos les parezca. — Sin más rodeos, Coronamon le ayudó a la fémina, entregando varias de las cajas a personas distintas a las que Mai entregaba, el alemán fue el único que se quedó sin una. — La lanza de Odín, que nunca falla su objetivo. — Murmuró Hitomi a medida que abría su propia caja, dentro de ella se encontraba un collar, el dije medía aproximadamente siete centímetros de largo y tenía la forma de la lanza ya mencionada. La cadena era color plateado, delgada y de buena calidad.

¿Y el mío? — Von Kaulitz miró con severidad a la líder del grupo.
Gánatelo, dijiste que lo harías.


M Maiku Takerudark Takerudark Masaru Masaru Kira Kira un pequeño rol de guild para empezar, digan si aceptan o no esos distintivos, si no, hay que planear otros (?)... Ya luego de eso convivamos o planeemos cosas de guild xD (como sus objetivos, si irán a raids o cosas así, lo que gusten)​
 

Maiku

Mr. Nobody
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Varios días habían pasado desde la última junta de todos los miembros de Gungnir, en que aparentemente todos aceptaron gustosos la insignia de la guild, a excepción del alemán quien no recibió ni las gracias. El sol estaba en su pleno apogeo, golpeando con fuerza un pueblo muy distinto al que acostumbraban ver los tamers primerizos, especialmente teniendo en cuenta que se encontraba cerca de un precipicio con vista al mar. Star City, a diferencia de su homóloga File, era una pequeña urbe ubicada en Folder que fungía como refugio para humanos y digimon novicios en dicho continente que, como casi todos sabían, radicaba de una peligrosidad mucho más alta que la isla File.

En las periferias del pueblo, cerca del acantilado con vista al océano, un joven se encontraba martillando pedazos de madera que formaban una infraestructura cúbica. Hanz estaba con el torso desnudo y sudaba como nunca, pero al encontrarse concentrado en su labor parecía un samaritano esforzado, agradecido y sexy. A la sombra de un árbol cercano, el dragón azulino lo observaba mientras bebía ocasionalmente de un vaso que contenía un líquido caramelo, seguramente té helado o algo por el estilo. En una de sus últimas aventuras, el azabache había caído en cuenta de algo muy importante y era el hecho de que dentro de ese grupo de niñatos con pretensiones de superhéroes, encontraba una suerte de entretención para el día a día. Lo que su personalidad amarga y negativa no quería aceptar, era que poco a poco estaba sintiéndose más a gusto en el mundo digital gracias a la presencia de personas como Veemon, Ewain, Patamon ¿y por qué no? El resto de su Gungnir. Ahora, si realmente quería ganarse su puesto en aquel grupo, tendría que empezar por ganarse la confianza de la líder. Por eso, había viajado especialmente a Star City a trabajar en la construcción de una cabaña que sirviera como base de operaciones.

¿No quieres que te ayude? —Musitó Veemon, sin recibir respuesta— Me sorprende siquiera que estés en plan de hacer algo así.

Tengo mis razones.

¿Razones? —Sonrió ladino— Así que quieres un lugar para pasar momentos íntimos con Wayne.

No necesito de privacidad para tener momentos íntimos.

¿Qué se supone que significa eso?

Hablando del rey de roma, el escocés arribaba comiendo sugestivamente una paleta de helado, mientras que su patata acompañante fruncía el ceño en dirección al germano. Como siempre, el macho alfa del cuarteto guardó silencio ante los cuestionamientos de Blake, prosiguiendo con sus labores. Sin molestarse en ayudarlo, el par recién llegado tomó asiento junto a Veemon para intercambiar un par de palabras, orientadas principalmente a averiguar qué estaba intentando construir Von Kaulitz en Folder. Era comprensible que Wilson no tuviera idea de lo que pasaba por la mente de Hanz, después de todo, la única razón por la que había llegado a ese lugar fue una nota en su departamento que lo notificaba de un viaje a Star City, cortesía del dragón azulino.

Ewain no ocultó su sorpresa tras escuchar, por los labios de Vee, que el europeo buscaba construir una base de operaciones para la guild en Star City. Casi se atragantó con su paleta y Patamon quedó boquiabierto, siendo incapaz de procesar cómo un asno antipático pudiese ser capaz de hacer algo desinteresado en beneficio de terceros. Inmediatamente en ese momento, comenzó a mandar correos a Mai, Masaki y Raisa desde su D-Terminal, compartiendo las últimas noticias con un deje farandulero que solo el chat escrito podría lograr. Hanz, por su parte, siguió en su actitud de ignorar la sorpresa de medio mundo.

¿Cuándo les dirás que efectivamente quieres que sea un motel?

Silencio, Blitzmon —susurró—. Eso no es lo que quiero.

Claro, neandertal —carcajeó—. Como si pudieras engañarme a mí.

Calla —gruñó.

Solo no pienses cosas eróticas al usar la Spirit Evolution.

Como nadie dijo nada ni siguió nada, me tomé la libertad de iniciar un nuevo rol. Cualquier cosa con las insignias, la ponen en flashback, porque yo no tengo :'c
Blair Blair Masaru Masaru Takerudark Takerudark Kira Kira
 

Esposo Canon de Hoppie
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~Flashback~


La lanza de Odin... —murmuró para sí mismo Ewain. Observó fijamente el objeto que ahora tenía en sus manos, era bastante fino y muy bello. Además, también representaba bien lo que era la guild.

Ninguno se movió, pero fue Ewain el primero que aceptó dicho distintivo. Abrió con delicadeza la cadena de color plata y rodeó su cuello con ella, volviendo a enganchar ambos extremos. Todos los demás se quedaron viendo a sus respectivos distintivos pero ninguno hizo movimiento alguno. El escocés observó detalladamente a todos, específicamente al germano para ver cuál era su reacción al no recibir ningún tipo de presente por la japonesa. Lejos de molestarse, simplemente torció su sonrisa pícara y no le dio importancia alguna al asunto. Pensó en irse a sentar pero no quería perderse de ninguna manera la plática de la guild, así que simplemente permaneció de pie. Por su parte, Ewain jaló un poco a Mai para intentar interceder por el germano, cosa que no salió bien del todo, o eso parecía.

Sé lo que me vas a pedir y la respuesta es no —dijo tajantemente la japonesa al estar de frente al chico, no había pronunciado ninguna palabra y no quería esperar a que empezara la conversación con la petición.

Entiendo que es complicado por cómo es —se excusó un poco Ewain por el comportamiento del alemán, pero no funcionaba ya que la cara de la japonesa seguía siendo la misma—, pero te pido que lo consideres.

¿Y por qué habría de hacerlo? —contestó de la misma manera Mai, seguía sin ceder.

Solamente ves sus defectos. Una persona está llena de virtudes y defectos, tiene habilidades que te aseguro que ninguno de nosotros tenemos —hizo una pequeña pausa, dejándole ver a la pelirroja por dónde iba la conversación ahora—. Y considerando que esto lo has hecho bajo la palabra "balance", intentando reunir gente que pueda cubrir las debilidades de los demás de alguna forma...

Tendré en cuenta lo que me dices —dijo Mai sin dejarle claro a Ewain si era en serio o simplemente se estaba saliendo por la tangente—, pero debe ganarse el lugar.

Dicho esto se dio la media vuelta y volvió a donde todos estaban. Todos, sin excepción, seguía observando la pequeña lanza de Odin. Mai se quedó expectante de la respuesta de cada uno de ellos.

~Fin flashback~
Poco a poco el tiempo pasó mientras el sol se levantaba en el cielo, dejando caer un ardiente clima sobre los habitantes en la playa. El mensaje de Ewain alertó al resto de Gungnir, por lo que rápidamente todos se reunieron en la playa para ver qué era lo que estaba en la mente del alemán. La primera en llegar fue Mai junto con Masaki y sus respectivos Digimon. Tanto Agumon como Coronamon se colocaron junto a Veemon y Patamon, mientras Ewain se levantaba de su lugar y depositaba los restos de su paleta para luego pararse junto a Mai. Incrédula ante lo que veía, cruzó los brazos y frunció el ceño.

¿Y qué intenta hacer? —preguntó Masaki intentando corroborar la información que les había mandado. El escocés repitió lo dicho por el mensaje, haciendo que entendieran un poco menos la actitud del germano. ¿Por qué se comportaba así? ¿Realmente quería ganarse el lugar en la guild?

Parece que sí quiere pertenecer a esto —Ewain metió el ruido en la cabeza de la pelirroja, la cual seguía sin ofrecer una pizca de compasión hacia el alemán.

Justo en ese momento, apareció Raisa junto con Gabumon.


Blair Blair Masaru Masaru M Maiku Kira Kira servidos, sigamos con el rol y hagamos algo interesante <3
 

スパークル
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Mai soltó un suspiro ligeramente fastidiada antes de fijar nuevamente su atención sobre el azabache, por más que Ewain intentara “aligerar” el tema y hacer las cosas más sencillas para su pareja no oficial, la líder del guild parecía no ceder ni un poco. Los brazos de la pelirroja se cruzaron frente a su cuerpo a medida que Raisa se acercaba por un costado, observando con cierta sorpresa contenida lo que el alemán estaba haciendo, luego su atención giró hacia el resto de sus compañeros que estaban ahí simplemente observando el trabajo del europeo.

Entonces era en serio ese mensaje.
Yo espero que sepa que eso no va a comprarme. — Tajó Hitomi, aun medianamente incómoda por el hecho de que tenía al germano semi forzosamente en sus filas, sin embargo y aunque no quisiera aceptarlo algo la hacía contenerse de expulsarlo libremente, quizá la plática que había tenido con él tras fundar Gungnir, o quizá el hecho de saber que realmente Von Kaulitz no era tan fatal como su apariencia de egocéntrico rebelde aparentaba ser. Fuera cual fuera el caso, él seguía allí y a su forma extraña de hacerlo intentaba demostrar algo.
Si me preguntas, yo creo que tiene potencial. — Quien habló fue el hada, que no tardó mucho en “aparecer” detrás de la japonesa, la líder de Gungnir miró por sobre su hombro rápidamente para encontrarse con una sonrisa traviesa en el espíritu.
¿A qué te refieres?
Hay algo que no estás viendo, presta atención. — Replicó la aludida, haciendo un gesto con la cabeza para que Mai regresara sus orbes hacia Hanz, por su parte, Raisa parecía haberse sobresaltado un poco al notar la presencia de Fairymon, su propio espíritu le habló desde el digivice antes de aparecer a su lado.

¿Lo sabías? — La soviética negó, Fairymon saludó con un gesto de su diestra al que estaba a un lado de Nóvikova, y luego apuntó con el pulgar hacia Masaki el cual se mantenía a escasos pasos de Ewain.
¿Qué..? — Finalmente la asiática se percató de aquello que la guerrera intentaba decirle, al prestar un poco más de atención notó a un espíritu sentado frente al europeo, con el cual parecía intercambiar una conversación que para el alemán era aparentemente molesta. — ¿Es…? — Cuando Mai volvió a mirar sobre su hombro buscando al hada notó el rostro de Raisa y a otro espíritu desconocido. — ¿Raisa?
¿Desde cuándo? — Atinó a preguntar la soviética, mirando fijamente a Hitomi.
Hace un par de semanas. — Fairymon sonrió y saludó nuevamente, ésta vez en dirección a Nóvikova, Hitomi intercaló su mirada entre Raisa, Masaki y Hanz; por su parte, Blake parecía no comprender lo que estaba ocurriendo. En silencio, la japonesa regresó su atención hacia el europeo, Coronamon saltó hacia el hombro de ella y la llamó por su nombre un par de veces.
¿Ahora me crees? Quizá no deberías ser tan dura, por algo lo tiene. — Habló nuevamente el hada, Mai se mordió el labio inferior.

Mai, esto es algo grande. — Afirmó el felino, entendiendo muchos pensamientos que surcaban la materia gris de su tamer, el hecho de que Hanz también tuviera el espíritu de uno de los guerreros le hacía considerar la posibilidad de que el aludido en serio se estuviera esforzando por defender un ideal que ella creía era inexistente en la cabeza de Von Kaulitz.
Él dijo que se lo ganaría, cuando lo haga, aceptaré que es miembro de Gungnir. — Finalizó la pelirroja.
Sí que eres terca. — Rió Fairymon, Coronamon le dio la razón. De pronto, algo sacó a la japonesa de sus cavilaciones y pláticas con el felino y la hada, el agarre de Nakai sobre su mano la hizo mirarlo directo a los ojos.
Puede que no sea tan malo. — Fueron las únicas palabras emitidas por el de mayor altura antes de que depositara un beso en la frente de su novia y se alejara en dirección al alemán acompañado de su digimon, Coronamon le hizo un gesto a la chica, Mai se alzó de hombros.
Si quieres ir, sabes que puedes hacerlo. — En cuestión de minutos Masaki y el par de digimon ya se encontraban ayudando a Hanz con la construcción mientras ambas chicas y Ewain observaban a la distancia.


M Maiku Takerudark Takerudark Kira Kira Masaru Masaru alguien siga (?) ya es oficial que Raisa/Mai/Masaki saben de los spirits de los demás (Hanz no los ha visto), xD​
 

Speed Star
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Flashback

Semanas atrás...

Sus ojos ámbar contemplaron en silencio el dije que yacía guardado dentro de aquella pequeña y tan modesta caja que el felino le había entregado. Su mirada cuidadosa examinaba el collar mientras en su mente se iba formando una marea de pensamientos respecto a lo que la pelirroja deseaba transmitirles. Mai había dicho que esa figura se trataba de la Lanza de Odín, el arma que nunca fallaba su objetivo y la cual ahora el grupo llevaba como insignia, un grupo que según palabras de la japonesa había sido formado bajo el pilar del balance. Discretamente escaneó con su mirada a los presentes, ¿qué equilibrio podría existir entre todos ellos? No le constaba totalmente que las palabras de su amiga fueran ciertas, aún dudaba de su veracidad y de si Hitomi había hecho bien en reunirlos a todos.

Raisa sacó el collar de su empaque y lo sostuvo en su diestra, sin duda era un detalle un tanto elegante y por sobre todo discreto, no llamaría la atención y ella no tendría que traerlo fuera todo el tiempo. Pero aún quedaba esa pizca de incertidumbre en ella, llevar ese distintivo significaba cierto compromiso hacia sus compañeros, y hacia Mai especialmente. Era un peso que la rubia no aseguraba poder soportar debido a sus antecedentes personales y sociales, pero en ese momento, en el instante en que la colorada le pidió ser parte de su proyecto, existió una fuerza desconocida que le impidió rechazarla, dar la media vuelta y seguir con sus asuntos. En ningún momento durante su estancia en el Mundo Digital a Nóvikova le había cruzado por su mente el llegar a formar una Guild, no estaba en su naturaleza ni en sus intereses. No obstante, ¿cuáles eran sus intereses? ¿Cuál era su propósito como Tamer en ese mundo? Quizás podría descubrirlo dentro de Gungnir, junto a su inseparable Gabumon y al lado de sus nuevos...compañeros.

Curioso nombre —fueron las únicas palabras de la rubia, a medida que se iba colocando el colgante alrededor del cuello, para finalmente cubrir el dije por debajo de su blusa. Hitomi miró la acción de Raisa, interpretando esto como su aceptación por esa insignia simplemente sonrió, satisfecha de que aquella a quien sería más difícil de convencer finalmente se reconocía como parte de ese grupo y aceptaba su regalo.

El resto, entiéndase por Masaki y Ewain, ya habían aceptado sus dijes momentos antes de que ella hablara, por lo cual no hubo mucho más que agregar. Aunque al final, los dorados ojos de Raisa vagaron hasta depositarse disimuladaente sobre Von Kaulitz, lanzándole una de esas miradas desdeñosas y, para cuando el azabache reparó en la recia mirada clavada en él, la rubia esbozó una ligera sonrisa un tanto altiva. Iba a ser interesante como ese sujeto se las arreglaría para ganarse la confianza y aprobación de Mai. Aunque honestamente, le sorprendía que la japonesa si quiera lo estuviera considerando, por lo cual supuso que el escocés quizás tuvo algo que ver.

Fin del Flashback

[Periferia de Star City]

Ese día había tenido que realizar un inesperado viaje a Star City debido a un mensaje que llegó a su D-Terminal, el cual citaba a todo miembro de Gungnir a reunirse. Creyó en aquello como una mala broma, y aún así salió de la Ciudadela con dirección a la otra ciudad. Al llegar, y corroborar que era cierto lo del mensaje, con la primera en dirigirse fue hacia la pelirroja. Para su completo asombro, la sorpresa que se llevó al notar la presencia de un espíritu acompañando a Mai fue inmensa e incrementó más al advertir lo mismo a un lado de Nakai, aunque supo esconder su conmoción bastante bien.

Una vez el peliverde se alejó y el felino digital le siguió, Gabumon alzó su mirada hacia su Tamer, indicando con sus ojos que también les acompañaría, Raisa no tuvo problema con ello y asintió, viendo como el lobo se alejaba hacia el lugar en donde la construcción se realizaba. Nóvikova emitió un comentario hacia Patamon al verlo cómodamente reposando sobre la cabeza de su Tamer. "Esto comprueba que de patata inútil tienes mucho", fue lo dicho por la rusa en busca de hacer enojar al Digimon. Éste, lejos de responderle algo, infló los mofletes y por mero orgullo voló hacia los demás con la clara intención de ayudar en algo. Esto había dejado a ambas féminas a solas, siendo acompañadas únicamente por la silenciosa presencia de Blake.

¿Qué tanta casualidad puede llegar a existir? —preguntó de pronto la de ojos dorados, mientras permanecía de brazos cruzados a su lado, viendo a los varones trabajar. Hitomi volteó a verla de reojo, captando a la primera lo que su amiga quería decir, mas no dijo nada y aguardó a que la rubia continuara — Cuatro de cinco.

¿Cómo lo obtuviste? —preguntó la japonesa, interesándose en la historia que Raisa tenía para contarle. Los ojos de Mai viajaron a espaldas de la fémina, topándose con la tranquila, pero a su vez tan severa mirada de Wolfmon.

Fue en Holy Angel, encontré un templo —relató la rusa, manteniendo un semblante impávido mientras seguía viendo a lo que fuera que el azabache planeaba construir — O más bien, alguien me llamó a encontrarlo —viró un poco su mirada sobre su hombro, viendo al guerrero a sus espaldas.

Lo mismo nos sucedió, sólo que yo viajé a la Sabana Guardián y ahí hallé el Templo del Viento —explicó la pelirroja, igualmente intercambiando rápidas miradas con el hada, quien continuaba con una sonrisa en sus labios.

De hecho, —recordó — Esteban también estaba en el templo.

Entonces también recibió el mismo llamado —Raisa asintió, corroborando la aseveración de la de ojos rojos — ¿Qué sucedió con él?

Ni idea, me separé de él al entrar —dijo despreocupadamente, ganándose una ceja arqueada y una mirada inquisitiva por parte de su interlocutora. Nóvikova notó esto y por fin volteó a mirarla a los ojos — ¿Qué?

Te separaste de él, de Esteban —ratificó la japonesa, interrogando con sus ojos a la rubia, quien simplemente suspiró antes de mirarla con una tenue sonrisa.

Ya no es el mismo crío del incidente de Ogremon, puede cuidarse por sí solo, Mai.

Tal vez —se encogió de hombros, a sabiendas que posiblemente la mayor tenía razón, pues no por nada el espíritu que habitó aquel templo de luz también le había hecho un llamado al español. Eso sólo significaba que la memoria del Juttoushi había tenido dos posibles candidatos a convertirse en su portador, y al final había sido Raisa la elegida — Estuvo intenso mi viaje dentro del templo —comentó, bajando un poco su mirar.

¿Sucedió algo?

Muchas cosas ocurrieron —aseguró, recordando la experiencia por la que había pasado junto a Coronamon — Pero supongo que a todos nosotros nos ocurrió algo similar...incluso a él —Mai apuntó con su rostro hacia la silueta de Hanz, quien movía un par de objetos pesados de un lado a otro, realmente no parecía importarle mucho la presencia del japonés o de los otros Digimon, hacía como que no estaban ahí. Nóvikova también observó al aludido, endureciendo el entrecejo al instante.

Me enfrenté a Von Kaulitz hace unos días —confesó, tomando por sorpresa tanto a Mai como a Fairymon. La pelirroja la interrogó con la mirada, ¿se estaba refiriendo a...? — Sí, los dos transformados. Y aunque parece acoplarse bien con Blitzmon, yo no entiendo aún qué vio en él, y nuestra batalla sólo justificó más mi posición.

¿Cuál es?

La misma que la tuya —tajó seriamente — Pero no es a mí a quien el idiota debe de impresionar.

No, pero es bueno saber lo que piensas —fue ahora Hitomi quien se cruzó de brazos y suspiró, un tanto abrumada por esa situación en la que había una persona tan deseosa de ganarse su confianza y aceptación, que había recurrido a tal extremo de construir algo para la Guild, y parecía ir totalmente en serio — Ya veremos qué se le ocurre hacer.

Nóvikova hizo un ligero gesto afirmativo y, antes de dirigir sus dorados hacia el frente, los posó fugazmente sobre un Ewain un tanto alejado de ellas, el cual posiblemente había logrado escuchar un poco de su plática, pero no había comprendido del todo bien de que hablaban. La rubia cenizo volteó a ver al lobo y al felino, ayudando a Masaki a pasarle un par de herramientas y materiales para construcción, los cuales posteriormente él le facilitaba a un gruñón Hanz. Fue entonces que, al notar que Nakai ocasionalmente volteaba a ver hacia su ubicación y le veía sonreír ligeramente, giró sus orbes hacia la pelirroja, encontrándose con una situación similar. Mai no era muy buena ocultando ciertas cosas y ahora se encontraba prestando atención especialmente a los movimientos del peliverde, sin darse cuenta de su efímero ensimismamiento. La rusa esbozó una sonrisa ladina y entornó su mirada, sobretodo cuando recordó cierto beso que el japonés le dio antes de alejarse.

Linda relación la que llevan —mencionó de repente, llamando la atención de Mai, aunque ésta no comprendió a la primera que Raisa ya había cambiado de tema — No eres muy buena ocultando esa tonta sonrisilla cada que lo ves —dijo a modo de broma, esto causó que la pelirroja se sobresaltara mientras el hada a su lado soltaba una risa traviesa, habían tomado desprevenida a su portadora y su reacció le causaba gracia. Por otro lado, el guerrero de la luz no entendió muy bien el comentario de su compañera, por lo que se limitó a sólo prestar atención a la curiosa plática de ambas féminas.



Ya, para que no me regañen ni griten ;_; Blair Blair be happy, plática de chicas(?) y momento incómodo para Mai jiji~

Al resto ni los menciono porque no dijeron ni pío en mi post xDDDDD pero ahí siguen trabajando like niggas(?) -menos Ewain y Veemon por flojos-
 

スパークル
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Supongo… — Se limitó a contestar con un sonrojo invadiendo sus pómulos, Raisa no puedo evitar acrecentar aquella sonrisa ladina. — Aunque es algo natural, ¿no? — rió ligeramente, notando la ceja arqueada que había logrado sacarle a la soviética —, es mi novio, Raisa. — Su amiga le clavó los orbes dorados con un gesto que la japonesa no supo interpretar muy bien, el silencio rápidamente se propagó.
¿Desde cuándo?
La noche de brujas, en la mansión de Vamdemon. — Hizo una mueca al recordar lo sucedido. — Sí, no te lo mencioné porque las cosas se pusieron…extrañas.
Igual, no eres buena disimulándolo. — Repitió Raisa, Mai sonrió justo cuando volvía a sonrojarse, desviando por un momento su atención hacia el peliverde.
No estaba intentando. — Aceptó por fin la pelirroja, soltando un ligero suspiro a medida que Fairymon reía de manera juguetona por la situación, Wolfmon seguía en silencio limitándose a escuchar lo que hablaban el par de humanas; Hitomi se acomodó en su sitio, recordando nuevamente y por un efímero momento lo que había pasado en el templo del viento, el hada a su lado posó su mano sobre el hombro de su portadora. — En fin… Cuatro de cinco. — Sonrió la asiática al repetir las palabras de la soviética, efectivamente, cuatro de los cinco miembros actuales de Gungnir poseían uno de esos espíritus legendarios, ¿casualidad? No sabía, realmente lo dudaba, según sus creencias no podía ser una simple cosa de suerte.

Sí… — Se limitó a replicar su compañera, su mente maquinaba muchas cosas, quizá sus dudas internas sobre el asunto del guild que Mai había formado, ¿Era el destino diciéndole que, quizá, Hitomi no estaba tan herrada después de todo con la elección de miembros?

Te dije que mi visita había sido algo…intensa. — Nóvikova la miró de soslayo sin decir nada. — Prácticamente fuiste una de las primeras personas que conocí al llegar aquí, Raisa, y puedo decirte con toda seguridad que eres como una mejor amiga para mí, confío en ti, por eso insistí tanto en que formaras parte de esto conmigo. Y quiero que confíes en mi tanto como yo lo hago contigo, depositaría mi vida en tus manos de ser necesario — las palabras de la pelirroja salieron a flote sin ver a la soviética, sus ojos seguían puestos sobre el grupo de varones y digimon que trabajaban a la distancia, aunque realmente no les estaba prestando atención —, quiero contarte algo que pasó en el templo, quiero que me conozcas un poco más, darte motivos para que confíes en mi tanto como yo lo hago contigo. Si evito mostrar muchas emociones es por algo, supongo que viene desde mi situación familiar. Mi madre dejó a mi padre cuando yo era bebé, tuvieron sus diferencias y además mi mamá tenía un tipo de obsesión con tener un hijo varón, por lo que no fue mucho de su agrado cuando me tuvo a mí en lugar de a un chico — sonrió ligeramente, mirando por sobre su hombro para estudiar efímeramente las facciones de Raisa antes de volver a desviar su mirada — mis creencias sobre el balance también vienen de allí. Habré perdido a mi madre desde joven por cosas fuera de mi control, pero después gané a una madrastra que ha resultado ser un ejemplo a seguir para mí, sin mencionar que mi padre estuvo años encargándose de mí por sí solo y me enseñó muchísimas cosas. En el templo pusieron a prueba mis emociones en base a eso, casi pierdo la confianza de Coronamon pues no le había contado nada, y debo decir que no quiero que me pase algo similar contigo o con Masaki, ni con los demás. — Alargó la palabra a sabiendas de que Ewain seguía allí en silencio, escuchando. — Quizá no es algo sumamente relevante en éste mundo, pero es un asunto de confianza, de que sepas de dónde vengo y por qué soy como soy, si oculto lo que me preocupa es que así crecí, tratando de no cargar a mi papá con asuntos probablemente irrelevantes cuando él tenía que hacerse cargo de mí y de su trabajo que nos tenía viajando por todos lados constantemente. Encontró estabilidad cuando volvió a casarse, soy feliz por ello, había perdido algo muy grande y el mundo decidió recompensarlo de esa manera. — Tomó aire, Nóvikova había alcanzado a percibir cómo su voz había atentado con quebrarse, más la japonesa puso todo de su parte porque eso no sucediera. Raisa vio su expresión, prestó atención a la forma que hablaba y supuso que en el templo aquella experiencia pudo haber sido bastante fuerte para la japonesa si con solo contar vagamente su situación familiar estaba al borde del llanto. El silencio se instaló rápidamente entre ambas mientras que la pelirroja recuperaba un poco la fuerza para decir algo más, ambas observaron con distracción a los que seguían trabajando en lo que sería el nuevo “centro de operaciones” de Gungnir. — Asumo que también hay una historia detrás de tu carácter, no la voy a preguntar, es decisión tuya si lo cuentas o no, pero ahora sabes lo más importante detrás de la mía… Y que confío ciegamente en ti, con más razón lo haré de ahora en adelante, Raisa. — Nuevamente viró su rostro para ver a la otra chica, sonriéndole de una forma tan cálida y sincera que la soviética pudo saber que era completamente cierta, además de saber que sus palabras iban en serio. — Gungnir, la lanza que no falla su objetivo. — Susurró la de cabellos rojizos, paseando sus orbes entre los presentes y terminando el recorrido en Fairymon a su lado, las cosas estaban tomando un rumbo que alegraba a la asiática.



Kira Kira algo de plática ghei y sentimental​
 

Maiku

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Mientras las chicas hablaban de sus cosas, Hanz recibía con cierta incomodidad la ayuda de los recién llegados. Si había alguien con el que no podía comportarse como un completo idiota en esa guild era con el sabelotodo, solo verlo le recordaba aquella vez que fue salvado por Greymon y luego regañado por el joven por su impulsividad. Durante varios minutos lo único que se oyó fue el martilleo del azabache mientras que Nakai se las arreglaba para acomodar unas tablas con la ayuda de Agumon y Gabumon. Sin embargo, la paz en el ambiente laboral nunca era infinita y el leoncito fue el encargado de iniciar el alboroto, saltando brutalmente en la cabeza de Von Kaulitz para invadirlo con un montón de preguntas. Entre ellas por qué estaba sin su remera, por qué tenía un tatuaje en su hombro, por qué era un idiota, de qué parte del mundo humano venía y, sin duda, la que más llamó la atención del azabache: por qué tenía también un Spirit. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que tras Mai y Masaki también habían presencias humanoides escoltándoles, asunto que no pasó desapercibido pata Blitzmon, pues pronto empezó a hacerle bullying a su tamer.

Agnimon no tardó en acercarse a su viejo compañero para conversar con él. Von Kaulitz enarcó una ceja con ese gesto, pues a pesar de que el representante del trueno y del fuego parecían intercambiar palabras con mucha felicidad, no podía evitar percibir un cierto deje de altanería en ambos. Era como si el aventurero de cabellera dorada buscara sobreponerse al fanfarrón en armadura, casi la misma sensación que le provocó su reciente encuentro con cierto boxeador. Rivalidades ancestrales, estupidez de amantes de la lucha, no se podía decir bien. Lo único cierto fue que el suspiro de Nakai fue lo suficientemente audible como para hacer entender a los guerreros que estaban pasándose de la raya. Coronamon, aún así, siguió sentado sobre la cabeza del alemán esperando infantilmente sus respuestas o que alguna cosa en el sitio de la construcción le llamara la atención. Fue entonces cuando se acercó a paso lento Ewain, quien ya no soportaba sentirse como el amigo gay pasivo que compartía silenciosamente con las damiselas, aunque en el fondo le desesperaba no haber entendido por qué se referían a cuatro de cinco a cada rato.

¿En qué te puedo ayudar?

Podrías empezar desnudándote, lo demás lo vemos luego —respondió Hanz con naturalidad, sin dejar de martillar. Blitzmon no pudo evitar soltar una carcajada mientras que su homólogo quedaba confundido, al igual que su portador, quien recién venía notando la familiaridad entre esos dos.

¿Y si mejor te sientas y aprender? —gruñó, quitándole el martillo para corregir unos cuantos clavos mal incrustados— Ni esto puedes hacer bien.

No, lo mío es el taladro.

¡Hanz! —le refunfuñó, colorado.

Esto no es incómodo, para nada —musitó Nakai—, sigan hablando.

Si insistes —bromeó Hanz, pero entonces una revista golpeó su rostro.

¡Ha llegado el héroe a salvar el día! —gritoneó el dragón mientra hacía una pose exagerada, que causó suspiros de resignación en todos menos en el león, quien aplaudió— ¡Cuando un estúpido prepotente arruina el ambiente, será súper Vee quien los salvará a todos!

Súper V-ien —respondió Ewain, jugando con las palabras en el nombre del child—. Comienza cortando estas maderas.

El resto del día fue similar, mientras que las damas se encargaban de compartir y latiguear a sus esclavos, los varones se encargaban de conversar trivialidades con interrupciones de Coronamon o Veemon. Era de las pocas veces, en mucho tiempo, que Hanz se sentía verdaderamente cómodo entre tantas personas y aquello le sacó una sonrisa idiota, una que se esforzó en ocultar, pero que cierto escocés disfrutó al notarlo. Probablemente no terminarían la base de operaciones ese día, pero la infraestructura ya estaba de pie y los muros exteriores también, el verdadero trabajo sería rellenar las paredes, poner el impermeabilizante, acabar los muros interiores y comenzar la decoración exterior como interior. Con todo, si trabajaban juntos, probablemente la terminarían para el fin de la semana. Fuere cual fuere el caso, Zeth frunció el ceño. La idea de que Gungnir le sacara buenos momentos de manera tan espontánea le asustaba, mas pronto sintió la mano de Ewain posarse sobre su hombro y la sonrisa de Nakai agradeciendo el trabajo duro del día. Eso, de alguna manera, le dio cierta tranquilidad.


Blair Blair Kira Kira Takerudark Takerudark Masaru Masaru cierro el rol de la construcción, si quieren retomarlo háganlo con un flashforward para ya tener la base de pie o casi terminada. No se enojen, es para que L Leo... y W Kon-El se pongan de acuerdo con Blair para rolear su invitación e incorporación por acá B) ¡Bienvenidos!​
 

Maiku

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Varias semanas pasaron para que la base de operaciones de la guild estuviera lista. Gracias al esfuerzo de todos, incluyendo los recién invitados a formar parte del grupo, la cabaña frente al mar se volvió un verdadero sueño hecho realidad. Hitomi se hizo cargo de reunir a todos para inaugurar el sitio con motivo de una fecha muy especial, una que secretamente la tenía ansiosa hacía mucho tiempo.

Esa mañana la pelirroja se encontraba en la cocina en compañía de ricitos de oro. Ambas estaban frente al horno vistiendo delantales, de sobra estaba decir que se encontraban sucias de pies a cabeza por sustancias pegajosas y sus cabellos alborotados. Se urgieron cuando comenzó a salir humo desde el aparatejo, abriéndolo de golpe para sacar un recipiente relleno con una sustancia negra y no apetitosa. Un portazo anunció la entrada de Blake, quien sostenía en sus brazos un extintor y no dudó en usarlo para amainar la humareda generada por las féminas de Gungnir. A petición de Mai tanto la rusa como el escocés arribaron temprano ese día para ayudarla con las preparaciones, después de todo, la líder no podía quedarse atrás del idiota fanfarrón a la hora de mostrar su dedicación por el grupo. Para eso la japonesa se había encargado de comprar un sinnúmero de adornos que los seres digitales colocaban en la sala de estar, mientras que los tamers se encargarían de la comida.

No entiendo, seguí la receta a la perfección —se desmoralizó la mujer sobre la pequeña mesa en la cocina, observando su remedo de torta con desilusión.

Te dije que no le echaras tanto polvo de hornear.

Pero no quería que se desinflara, Raisa —infló sus mofletes—. Esto es un desastre.

Déjanos a nosotros la tarta —el joven posó su mano sobre el hombro de Hitomi—. Asumo que tienes mejores cosas que hacer.

S-silencio —sonrojada y con un deje de testarudez, la japonesa se sacó el delantal y retomó unas manualidades sobre la mesa. Aparentemente se encontraba elaborando una especie de carta o postal, aunque a juzgar por los cortes en sus manos, no estaba muy acostumbrada a hacer esas cosas.

Nóvikova no tardó en botar el intento de bizcocho mientras que Wilson limpiaba el horno, cuidando no quemarse, pues el líquido del extintor podría causar un sabor horrendo si lo dejaban allí. Una vez ordenaron todo, cada uno se dedicó a lo suyo. La rubia empezó a romper huevos sobre un montoncito de harina cernida que tenía en un recipiente plástico, para luego empezar a revolver a medida que aplicaba otros ingredientes como manteca, chocolate en polvo, lecha y una pizca de polvos de hornear. Ewain, por otro lado, se dedicó a preparar un glasé a base de azúcar para decorar el pastel. Con un poco de suerte podrían tenerlo listo antes de que llegaran los demás, pues el fracaso anterior les había restado bastante tiempo. Patamon y compañía no demoró en aparecer en la cocina cuando terminaron con su labor, sorprendiéndose con que el plato principal aún no estuviese listo. Sin embargo, la discusión ni siquiera llegó a plantearse, pues James y Esteban se adelantaron un poco en llegar. Confundidos por todo el alboroto, siguieron las órdenes de una japonesa gruñona y ayudaron en colocar distintos platos con botanas varias en el comedor principal de la cabaña, así como poner el hielo la champaña que les pidieron llevar.

Recuerden apagar las luces luego —añadió—. Mientras el imbécil no arruine su parte del trato, todo bien.

Mai —mencionó el americano con cierta timidez— ¿por qué estamos haciendo todo esto?

¡Cierto, no se los comenté porque es sorpresa! —sonrió.

[…]​

Mientras tanto, en Star city cuatro figuras caminaban en silencio por las calles abultadas de peatones y seres digitales de diversas clases. De vez en cuando Masaki enarcaba su ceja en dirección al más alto, esperando que este le explicara por qué lo había llevado a ese lugar, pues según él necesitaba ayuda con algo. Para su desgracia, cada vez que se volteaba a ver a Hanz, este eludía súbitamente sus ojos y suspiraba. De todos los miembros de la guild el alemán no podía creer que esa tarea le fuese encomendada a él, seguramente porque aún no estaba cien por ciento aceptado o algo o simplemente porque a la japonesa le divertía ponerlo en situaciones incómodas. No pasó mucho para que, en sus infinitas vueltas, arribaran a un callejón sin salida por tercera vez en el día. Fue ese el momento en que Nakai comenzó a sospechar que algo tramaba su homólogo. Vee convenció a gritos al otro reptil de iniciar una carrera al carrito de helados que pasó por allí.

¿Qué traes entre manos, Hanz? —soltó de la nada.

Bueno, bueno —suspiró—. Me pillaste, la verdad es que necesito un consejo.

¿Un consejo?

Sí, sobre Ewy —el novio de Mai no pudo evitar sonrojarse y sentirse incómodo. No era un misterio para nadie que esos varones tenían una relación, si es que se podía llamar de esa forma y que resultaba ser todo lo contrario al sentimentalismo que caracterizaba su propio noviazgo. Solo la idea de que Von Kaulitz le pidiera apoyo con algo lo asustaba, quizás qué clase de secreto le contaría. Hanz, al notar esto, sonrió—. No te preocupes, no te contaré nada sexual… aún —esa última precisión ahogó el suspiro de alivio en el de cabellos verdes.

¿De qué se trata?

[…]​

Luego de un par de horas de conversación, el par inició la caminata devuelta a la cabaña un poco apurados, pues se encontraban atrasados. Mai había citado a todos a las seis de la tarde, pero no expresó en lo absoluto la razón y eso solo significaba que era algo serio. Masaki trotó a toda velocidad hacia la puerta del lugar. Las luces estaban apagadas y no había señales de movimiento ¿sería que la junta ya habría terminado? Fue entonces que entró de golpe, asustado por la idea de que había dejado plantada a su novia por primera vez en la vida. Sin embargo, lo que encontró al entrar no fue a la japonesa con un mal rostro, sino todo lo contrario: toda la guild lo recibió felicitándolo mientras prendían las luces y lanzaban confeti por doquier. Hanz entró tras el enano sabelotodo, sonriendo con la imagen de la fiesta sorpresa.

¿Qué es esto?

Tu fiesta de cumpleaños, por supuesto —respondió Hitomi con una sonrisa un tanto tímida para ser ella y, tras acercarse a besar al chico, le susurró algo en el oído a medida que deslizaba en su bolsillo un sobre.

Gracias —Masaki no supo qué más decir. Entonces se volteó a ver al germano que se desentendió de todo con un movimiento de hombros y luego acercó al cumpleañero un pequeño paquete envuelto. Nakai no dudó en abrirlo encontrándose con unos Goggles. Para cuando volteó a ver a Hanz, este ya se había perdido entre los demás presentes.

Happy Birthday a Masaki ~
El rol del amigo secreto tendrá que esperar un poco jiji
Blair Blair Masaru Masaru Kira Kira L Leo... W Kon-El Takerudark Takerudark
 

Esposo Canon de Hoppie
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Todos platicaban contentos con excepción del alemán, quien se había desentendido de todo el asunto desde que había arribado al cuartel general de Gungnir. Masaki no sabía qué decir, estaba realmente contento con la sorpresa, especialmente por ver el gran esfuerzo que su novia había puesto en todo lo que observaba. Pasaron una o dos horas en las cuales todos platicaban amenamente, el japonés se sentía realmente bendecido por estar entre todas las personas con las que había logrado entablar una buena relación, incluyendo al miembro “no oficial” del gremio.

Masaki —se acercó lentamente Ewain hacia el japonés, quien lo miró expectante, el que lo abordara tan directamente no era algo tan regular en el escocés—. Me gustaría darte tu regalo.

Todos callaron inmediatamente por alguna razón, uno de esos momentos incómodos y que coinciden por alguna extraña y bizarra razón. Ewain se dirigió hacia un extremo del sofá donde había dejado una bolsa con sus pertenencias, y entonces sacó una cámara. No obstante, no era una cámara cualquiera, era una de esas cámaras “hípsters” que sacan la foto de manera instantánea. Ya todos se iban dando cuenta por dónde iba la situación, así que se acercaron a Masaki quien fue el centro de la fotografía, todos menos Hanz.

Hanz… —lo miró de manera penetrante y severa el escocés, haciendo que se moviera y se colocara para la foto. Ewain movió unos cuantos botones, observó el ángulo desde la mesa donde puso la cámara y observó si saldría bien. Luego de cerciorarse, apretó por último un botón y dejó el aparato listo para que disparara. Se apresuró a llegar junto al alemán, posó y… ¡flash! la chica del bikini azul, ok no. La intensa luz dejó ciego a todo el mundo por un momento.

Masaki se acostumbró a la luz del lugar de nuevo, fue el primero, así que se acercó rápido por su regalo. Tomó la fotografía recién salida, y cuidando que no se revelara mal, esperó pacientemente a que tomara la forma definitiva de la foto. Todos se acercaron a observar a ver la fotografía, estaban a la expectativa de ver cómo salieron, al menos todos con excepción de Raisa y de Hanz. El japonés, al observarla detalladamente, se empezó a reír un poco, luego la pasó a los demás miembros para que vieran qué era lo que había pasado. Las muecas que los demás compañeros hicieron iban desde alegría hasta enojo. En la foto, en medio, se encontraba Masaki junto con la japonesa pelirroja, tomados de la mano y sonriendo muy felices, pero por otro lado, sus compañeros no estaban tan bien. Hanz se veía que le intentaba meter mano a Ewain, quien a su vez no pudo reprimir su enojo y su cara estaba tan roja que parecía un tomate. Patamon, por su lado, tenía los mofletes inflados al máximo, viendo con desdén al alemán. Coronamon y Agumon se abrazaban de una manera fraternal, inocente y con mucha alegría, como si dos hermanos se tratasen. Gabumon, por su lado, observaba de mala forma a Veemon, quien veía con ojos de lujuria a Raisa. Y por último, la rusa… simplemente los observa a todos… juzgándolos.

Agh —soltó un suspiro el escocés mientras tomaba la fotografía de nuevo—. Lo siento, solamente tengo otra toma, pero te lo recompensaré.

No —se acercó con calma el peliverde y le arrebató la foto—. Esta es perfecta. ¿Para qué es la otra toma?

Para esto —jaló el escocés a la pelirroja y la colocó junto a Masaki, tomó su cámara y disparó el flash. Otra fotografía instantánea salió del aparato y se la tendió al cumpleañero—. Feliz cumpleaños.

Conmovido, simplemente le hizo una reverencia en forma de agradecimiento. Estaba muy feliz y era un buen cumpleaños, no se esperaba esa cantidad de detalles con él.

Y falta el pastel —agregó Ewain justo antes de darse media vuelta y dirigirse a la cocina.

Sí, a Mai le quedó bueno —terminó el plan la rusa. Mai los miró con cierto recelo por no estar diciendo la verdad, pero una mentirilla blanca no mataría a nadie, al menos eso pensaban tanto el escocés como la rusa, más influenciada por el primero que otra cosa.


No agregué ni a L Leo... ni a W Kon-El porque oficialmente no han entrado, no hay rol ni nada. Espero les guste y disculpen por haber tardado Kira Kira Masaru Masaru M Maiku Blair Blair

Ignoren la mentira blanca del final <3 (?)
 

Leo

¿No ves que te voy a matar (con feels)?
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Ok, haciendo el cálculo, este post ocurre después de mi Warrior y el cumpleaños de Masaki, así que no influye en ese aspecto. Pueden ignorarlo para continuar celebrándole (?).

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Luego de media hora ordenando alfabéticamente cada tomo, y diez minutos de guardado cuidadoso, Esteban por fin acabó con la pequeña "biblioteca". Le tomó un par de viajes a la posada, pero finalmente logró llevar casi una centena de libros, revistas y guías varias a las instalaciones de Gungnir, y algo de ayuda de los chicos (y un manual de instrucciones) para construir un estante donde dejarlos. Habían pasado algunos días desde que se volvió miembro oficial del grupo liderado por Mai Hitomi, y contando con un lugar y espacio fijo pensó que sería buena idea usarlo para la conservación de sus fuentes de información.

-No quiero ver más libros en un tiempo-se dijo Belzie, tirado en el suelo, no por el agotamiento físico, sino mental que requirió el trabajo de biblioteca. No solo fue el ordenamiento, también el inventario y clasificación de la cantidad de papelería ahí reunida que le obligó a revidar cada tomo por separado.

-No fue tan malo-refutó el español en su clásico tono neutral, mientras guardaba un par de tomos en su mochila para tener algo que leer.

-Al menos no vamos a tener que cargar con esa mole cada vez que nos mudemos de sitio-agregó Impmon, recordando su última mudanza de vuelta a Star City. Tuvieron que conseguirse cuerdas y amarrar todo para poder llevarlo sin perderse nada.

-Si-mencionó su tamer, dándole otra vez una mirada a aquel estante. De ahora en adelante, formaría parte de la guild, como una fuente de información para sus integrantes. De cierta forma, eso le alegraba: sus libros estarían seguros y seguirían siendo útiles.


-Hey, ¿Ya terminaste?-la voz de Hitomi hizo que el par se diera vuelta. Había aparecido desde la entrada acompañada de Coronamon, quien observó con gusto como todo estaba listo. Esteban asintió con la cabeza antes de regresar a su contemplación, mientras el virus a su lado se levantaba de un salto, parándose lo más derecho posible.

-¡Tenemos todo listo, Lady Mai!-indicó el digimon con el pecho hinchado, como si hubiese logrado algo de importancia. La japonesa suspiró, sonriendo nerviosamente.

-Mai está bien, ya te lo dije-mencionó la chica. Por algún motivo, desde que Esteban aceptó ingresar al gremio Impmon no dejaba de llamarla "Lady" y tratarla con particular respeto.

-De eso nada, Lady Mai, como su caballe... digo, subordinado, merece respeto de mi parte-replicó el virus, conteniendo una sonrisa. Realmente disfrutaba con lo que sea que estuviera haciendo.

-Pero...-la mujer suspiró, dirigiéndole una mirada al albino, quien leía una revista-Esteban, ¿Crees que?...

-Lo más rápido para ti sería resignarte, me parece que no va a parar con eso-
dijo el muchacho, sin apartar la vista de la lectura. Encogiéndose de hombros, Hitomi caminó hacia el chico y tomó asiento a su lado, admirando la nueva "biblioteca" de la guild. Coronamon, aún en la posición que tomó al entrar, miraba al digimon del español con cierto enfado, pues no le gustaba como trataba a su tamer. Éste, al notarse observado, le dirigió al felino una sonrisa burlona, lo cual lo hizo enojar más.


-Gracias por todo esto, por cierto. Estoy segura de que les servirá a todos-comentó la japonesa, dirigiendo su mirada al de ojos rojos, que no los despegaba de su lectura. Éste asintió con la cabeza, sin hacer más movimientos.

-Realmente ya no tenía donde ponerlos, y como ya los leí no me sirven demasiado. Al menos aquí van a ser útiles-comentó el muchacho de vuelta. Mai asintió, para luego observar sus manos frotándose entre sí. Debía reconocer que no entendía bien cómo funcionaba la mente de aquel muchacho.

-Por cierto, los demás fueron a comprar algunas cosas, creo que habrá celebración. Ya sabes, bienvenida y eso-agregó la japonesa buscando conversación, pero recibiendo solo un gesto de aprobación del otro. Un nuevo suspiro mientras desviaba sus ojos a un lado.-"Me pregunto que estará pensando..."

-¿Por qué quisiste que fuera parte de Gungnir?-la voz de Esteban sorprendió a la otra. Al dar la vuelta, se encontró con los ojos carmesí observándola con atención. Menos mal, algo de conversación.


-Bueno, sobre eso-mencionó Mai, desviando la mirada hacia los libros-Hace poco te vi andando por Star City mientras hablabas con tu digimon-dijo, cerrando los ojos mientras sonreía levemente-Lo que vi fue impresionante. Quiero decir-agregó, enfrentando la mirada del otro-Recuerdo la primera vez que nos vimos la noche de Ogremon. Lucías pálido, e Impmon tuvo que hacerte reaccionar varias veces para que pudieras continuar. Pero esa vez en la ciudad lucías completamente diferente. Te veías seguro. Y según veo no fueron ideas mías.


El muchacho simplemente asintió, sin desviar la mirada. Ese súbito interés causó algo de sorpresa a la líder del gremio. Realmente no estaba segura de cómo lidiar con alguien como aquel muchacho.


-C-Como sea-habló la japonesa, recomponiéndose con asombrosa rapidez-¿Qué hay de ti? ¿Por qué aceptaste mi invitación?


Esteban volvió su mirada a los estantes, pensó un poco, y luego volvió la vista hacia su líder, con la expresión "inexpresiva" de siempre.


-Sentí que debía estar cerca-dijo con naturalidad.

-¿Disculpa?-preguntó Mai, sin entender.

-Ese día cuando me enviaste un mensaje al D-Terminal y me ofreciste el puesto en Gungnir. Cuando te vi sentí algo extraño. Como una brisa de verano. Y me dijo que era mejor no alejarme de ti-agregó, aún sin cambiar la expresión, y sin entender el por qué del rubor de las mejillas de su líder. Incluso Coronamon e Impmon, que discutían sobre si era correcto o no llamar a Mai "Lady", se detuvieron de golpe al escuchar las palabras del español.


-¡Hey! Don't mess with her! ¡Tiene novio!-replicó el felino a Esteban.

-¿¡L-Lady Mai tiene novio!?... Digo, ¡No le grites a Esteban! ¡No lo dijo con esa intención!-replicó Belzie por su parte, molesto porque el otro le gritaba a su compañero.

-Uh Mai, ¿Por qué discuten?-preguntó el albino a la japonesa, confundido por la situación. Ya recuperada de la sorpresa por lo extraño de la situación, la otra suspiró, para luego sonreir nerviosamente.

-... Realmente no te diste cuenta de cómo sonó lo que dijiste, ¿Verdad?-preguntó, riendo un poco.


Mientras el par de digimon discutía, y sus tamers trataban de calmarlos, Dos figuras observaban la curiosa escena, cruzados de brazos en el extremo contrario del cuarto. Fairymon reía despacio, mientras Lowemon mantenía los ojos cerrados, tan inexpresivo como siempre.


-Jajaja, realmente te conseguiste uno igualito a ti, ¿No Sphinxmon?-comentó el espíritu del viento, observando a su viejo compañero.

-... No sé de que hablas, Irismon-respondió el de la oscuridad, desviando la mirada.

-Si, como digas-el hada volvió a reir-... Por cierto, eso de "era mejor no alejarme de ti ", ¿Fuiste tú quien se lo dijo?

-Es mejor para él estar en grupo. Además, varios de nosotros están reunidos en esta "guild".

-Oh si, también está tu "hermanito"-
habló una vez más Fairymon-Seguramente te alegrarás de verlo.

-Supongo-
comentó Lowemon, volviendo a cerrar los ojos.



Blair Blair yap, estoy dentro oficialmente. Dejé libros y una escena semishojo de la que Esteban nunca se percató (yeah, ese es su nivel de derpness). Ah, y hubo pequeño hint para futura conversación con el pj de Kira Kira -wink wink-
 
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Maiku

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Días después del cumpleaños de Masaki, la líder de la guild volvió a citar a todos mediante el D-Terminal. Luego de la reciente incorporación de dos miembros nuevos hubo una pequeña fiesta de bienvenida para ambos, que terminó en alguna pelea donde alguno de los protagonistas era el alemán. Ahora, sin embargo, el comunicado de la pelirroja buscaba fortalecer de algún modo los lazos de la guild y no se le ocurrió mejor manera que honrando las fechas que tanto festejaban. Eso quedó en evidencia cuando todos arribaron a la cabaña y apreciaron las decoraciones efectuadas por Mai a principios de mes, el lugar había cambiad completamente desde la última vez que todos estuvieron allí celebrando. Los digimon se pusieron a jugar fuera de la cabaña cuando Hitomi empezó a escribir unas cosas en un papel con todo el tiempo del mundo, salvo por Gabumon y Agumon, ninguno estaba demasiado interesado en la caligrafía de la japonesa. Por lo mismo fue que Doru y Coronamon se encargaron de movilizar al grupo de child para empezar una guerra de bolas de nieve mientras sus tamers se desocupaban. Muy en el fondo, los siete disfrutaban poder compartir en un contexto ajeno a discusiones o peleas con otros entes digitales.

Raisa estaba cruzada de brazos en una esquina observando a su amiga, alternando su atención hacia los demás presentes de vez en cuando. Hanz se encontraba echado en uno de lo sillones del living, claramente escéptico a la idea de la líder, que para ese entonces resultaba bastante obvia para casi todos. Sentado en el suelo, pero junto a él, se encontraba Esteban hundido en un libro de quién sabe qué cosa, ese chico era un verdadero misterio de repente. Por su parte, el príncipe azul de la nipona supervisaba lo que anotaba su novia, sonriendo con la excesiva lentitud que ella tomaba para escribir perfectamente los nombres de cada quien. Ewain y James estaban en el comedor, tomando lo que parecía ser un chocolate caliente, que acompañaban con las galletas de jengibre que trajo la rusa a la base hacía unos días. El silencio era absoluto, más por respeto que por otra cosa, pues era obvio que Mai daría una suerte de discurso cuando finalizara sus labores. Paciente, el grupo esperó hasta que la joven terminó de cortar los papelitos y colocarlos dentro de una bolsa que cerró y agitó violentamente.

Perdonen la demora, las manualidades no son lo mío —se excusó dándole poca importancia a ello y se puso de pie—. Últimamente he estado pensando muchas cosas sobre la guild, especialmente por cierta coincidencia en la mayoría de nosotros que no deja de llamar la atención —todos sonrieron inconscientemente, menos James, quien no entendió a qué aludía la chica—. Somos un grupo diverso y de personalidades distintas, algunos más desagradables que otros, pero quizás eso sea bueno en alguna manera un tanto retorcida.

Me pregunto quién será el desagradable —murmuró Hanz con suficiencia, todos giraron los ojos con el comentario.

Como iba diciendo —aclaró su garganta—. Las señales me han hecho pensar, pero no puedo dejar de darle vueltas a algo muy sencillo y que me molesta —durante un segundo, la atención de todos se enfatizó en ella—. Seremos un grupo, pero aún no somos un equipo. Nos conocemos muy poco los unos a los otros, a veces nos cuesta entendernos y claramente no compartimos el mismo pasado. La verdad no sabemos si volveremos a casa y en cuanto nos concierne es probable que no sea así. Por lo que, quizás, sea bueno dar vuelta la página y comenzar a crear nuevas memorias, momentos y vivencias. Consolidarnos como Gungnir.

Para eso hay que empezar con cosas simples —Nakai tomó la mano de su novia, pues no quería que los más reacios a esos discursos emocionales lo interpretaran como una orden o monólogo—. Hay que afianzar lazos, de alguna manera u otra. Conocernos más, en pocas palabras.

¿Para eso es el sorteo? —James dio un sorbo a su cocoa luego de hacer la pregunta.

Sí, celebraremos la navidad con un amigo secreto.

Genial —ironizó Von Kaulitz.

Ignoren al menopáusico —intervino Raisa—. Creo que es una buena idea —la japonesa le sonrió, consciente de que el apoyo de aquella tamer influía de alguna manera u otra la voluntad de los presentes, inclusive la de Hanz.

Bueno ¿y qué esperamos?

Ewain se acercó a la bolsa y tendió su mano, cerrando los ojos para darle un poco de emoción al juego. Él no sabía bien qué significaba la navidad para los demás, pero le agradaba la idea de que podría compartir con ellos ese año y, en cierta medida, dejar el pasado atrás. Pronto lo siguió el resto, siendo el último en acercarse el grinch del grupo. Hitomi tuvo que tirarle el papelito en la cara para cerrar el sorteo con prisas y sin discusiones infantiles. Enfatizó que la idea sería hacer el reparto de presentes los días anteriores a navidad, asunto que hizo que Nóvikova entrecerrara los ojos por un segundo. Era, quizás, un evento pequeño y de poca importancia. Sin embargo, cada granito de arena resultaba importante en la construcción de un castillo y Mai, por sobre todos, lo sabía a la perfección. Ahora solo era cosa de esperar que todo saliera bien.


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Perdonen la demora, ya saben que a partir del 20 :3​
 

Maiku

Mr. Nobody
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Finalmente el día había llegado, uno que el alemán quiso olvidar apenas la chaparra pelirroja sugirió la idea de unir lazos. Esa mañana no pudo evitar sentir aquel lugar que construyó con sus propias manos como casa ajena; los adornos navideños colgaban por doquier y era posible escuchar de fondo un disco de villancicos que Hitomi se había conseguido para tal evento, algo manifiestamente repulsivo para el chico. Sin embargo, decidió reprimir lo más posible sus impulsos de querer arruinar la navidad para todos los presentes y, en cambio, abandonó el HQ para su trote matutino. Quizás así se despejaría un poco y podría centrarse en la idea que tenía a cabo para la noche de navidad, una que en cierto modo le daba miedo, pero por otro lado lo llenaba de una ansiedad impresionante. Definitivamente querría ver su rostro cuando viera lo que tenía preparado. Hundido en sus pensamientos como estaba, obvió la presencia de otra persona haciendo ejercicio en la playa, al menos hasta que ella lo alcanzó sin graves problemas y, en un atento de burla, sobrepasó al azabache. Hanz enarcó una ceja y sonrió confianzudo, apretando el paso para alcanzar la figura de la joven.

Poco a poco lo que inició como un simple trote para despertar el cuerpo y calentar los músculos, se convirtió en una carrera a toda velocidad en la playa, una que estaba bastante peleada. Ella traía un rostro de concentración impresionante, ya habían alcanzado el borde de la costa y dado la vuelta, por lo que la meta era la cabaña que les servía de base de operaciones. Por su parte, el germano traía un rostro de indiferencia y cierta soberbia, manteniéndose a la altura de su competidora solo para soltar un sprint a toda velocidad en los últimos metros. Pegados, intentando empujar al otro, golpeando sus pies con fuerza en contra de la tierra para dar zancadas veloces y, a la vez, frenar al ritmo del otro para no chocar con la puerta. Todo resultó en un estruendo. El portal se abrió de golpe, ambos cayeron dentro rondando y se pusieron de pie instintivamente, dejando de lado los moretones y raspones generados por la caída. Jadeantes, Mai y Hanz se observaron desafiantes. Antes de que pudieran decir algo, un carraspeo llamó su atención, descolocándolos completamente. Masaki y Ewain los observaban con cierta extrañeza, sosteniendo cada uno unos boles con cereal y leche. Aparentemente ellos recién habían despertado y compartían un par de palabras matutinas.

¿Qué estaban haciendo? —soltó Ewain, al fin, sin dejar de analizar los jadeos de ambos recién llegados y sus cuerpos llenos en sudor. Hitomi frunció el ceño ante la insinuación del escocés, aunque en el fondo él no lo había hecho en ese sentido.

Tú qué crees —dijo Hanz, pero un leve reproche del japonés hizo que detuviera su comentario.

Solo trotábamos —espetó la chica, retirándose a la ducha.

¿Trotando?

Aparentemente tu chica es más ruda que tú —rió Von Kaulitz—, sabelotodo.

No empieces, Hanz —entonces el escocés se retiró con el japonés al comedor, donde siguieron con su conversación, fuera cual fuera.

Unas horas más tarde sonó la puerta de entrada. Raisa arribaba junto a su compañero digital, solo para encontrarse con Agumon, Veemon, Coronamon y Patamon jugando a las escondidas en la cabaña. Según pudo deducir, a la patata inútil le tocaba encontrar a los otros, quienes estaban pésimamente escondidos. Sonrió ladina luego de referirse al compañero del escocés con su clásica esquividad, recalcándole que si no ganaba en ese juego no sería más más que una calabaza tarada. Aquella discusión hizo que Ewain y Mai, quienes estaban en la cocina, salieran a recibir a la rusa. Poco después Hanz y Masaki abandonaron sus respectivos cuartos, el primero para curiosear por qué el alboroto y el segundo para saludar. No fue sorpresa que poco rato después arribara James, era como si el castaño siempre estuviera pegado a la tamer de Gabumon y eso no hacía más que irritar al germano. No tenía mucha afinidad con esa pareja, con una por menopáusica y con el otro por ser demasiado feliz y tranquilo. Sí, Hanz despreciaba y envidiaba a las personas como el norteamericano, por lo que no era de sorprenderse que le resultara complejo tenerlo como compañero de guild.

Esteban apareció de la biblioteca, leyendo un libro. Ni siquiera el par más ácido del grupo fue capaz de mencionar algo con su presencia ¿desde cuándo había estado el español en la base de operaciones? ¿De dónde carajos había salido? ¿Es que era un vampiro o un zombie? Bueno, lo último solo lo pensó Hanz, pues sus explicaciones no eran precisamente las más sensatas y racionales. Transcurridos un par de minutos de silencio, la líder exclamó, celebrando la presencia de todos, secundada por el clásico lema de los seres digitales “Gungnir, Assemble!”. Entonces comenzó el suplicio para los que menos tacto tenían a la hora de compartir, pues Mai empezó a ordenar a todos para que alistaran las cosas. En orden a intercambiar los regalos del amigo secreto, harían un pequeño tentempié e incluso tomarían champaña. Esto último había sido idea de Blake, quien se mostraba secretamente conmovido con la idea de poder compartir instancias tan significativas con personas importantes para él.

James se encargó de rellenar unos posillos con frutos secos y papas fritas, mientras que Nakai lo ayudaba acomodando la mesa, colocando servilletas y algunas salsas. Por su parte, el chico Zombie Pasivo y el Santo Pedobear de las Nieves cortaban unos cuantos vegetales como zanahoria y apio, así como pedazos de pan de pascua para poder tener algo dulce que comer. Increíblemente, Raisa y Hanz habían coincido en preparar un aperitivo adicional a la champaña, discutiendo así cómo era la mejor forma de realizar un mojito, ya que era lo único que podían hacer con las cosas que tenían en casa. Mai simplemente dirigió, como jefa mandona y abusadora que era.

Everything’s ready!! —exclamó Corona, saltando sobre el hombro de su tamer.

Sí, ahora podremos iniciar el intercambio de regalos.

Pero antes de eso, tenemos que dar una sorpresa —dijo Masaki, sonriéndole a su novia—. Estuvimos intercambiando mensajes en el D-Terminal y, esto…

Decidimos que era más especial si todos entregábamos un regalo a ustedes —expresó Ewain, señalando a los seres digitales, que estaban sentados en un rincón junto al árbol navideño. Todos rieron, a su manera, ante la reacción de los pequeños. Raisa fue a buscar dentro de su habitación una caja, obviamente ninguno de los monstruitos fisgonearía en sus cosas, por lo que estos no pudieron ocultar su asombro, ni siquiera el lobo que era el más recatado de todos. Entonces cada uno de los humanos se acercó al paquete y sacó un objeto de ella, parándose en una suerte de línea horizontal frente a los digimon, invitándoles a que se acercaran a ellos. Cuales niñatos con ganas de ir al baño, cada uno de los seres digitales se acercó a su compañero respectivo, quienes se agacharon para quedar a su altura y colocar alrededor de sus cuellos una medalla. Cada una traía un listón azul, del que colgaba un pequeño disco bañado en oro con el mensaje “Héroe de Gungnir” y una reseña personalizada tras las mismas.

Apenas Mai colocó el objeto alrededor del cuello del leoncito, este leyó el mensaje grabado por su tamer y soltó un par de lágrimas para luego abalanzarse sobre ella. Hitomi simplemente rió mientras devolvía el gesto. Agumon sonrió con cierto deje rosáceo en lo que parecían ser sus pómulos, sintiéndose halagado por lo escrito por Masaki y aceptó gustoso el cariño que este le dio en su cabeza como muestra de cariño. Patamon fue, sin duda, el más escandaloso de todos. Lloró a gritos, abrazando al escocés mientras restregaba su rostro con el del otro, pues incluso le conmovía el detalle de que su medalla estuviera hecha a su medida para que no le quedara colgando y le estorbara, por no tener cuello. Ewain solo sonrió, su compañero a veces podía ser un verdadero crío, pero era sincero y eso le agradaba. James y Dorumon se sonrieron mutuamente, el dragón saltó inquietamente en círculos antes de acercar su morro al cuerpo del estadounidense, buscando representar una especie de abrazo como agradecimiento. El diablito digital, por otro lado, tuvo que reprimir su excesiva emoción cuando notó en su tamer el mismo rostro de siempre. Sin embargo, Esteban se esforzó y le tendió la mano a su compañero, quien la estrujó gustoso y luego se abalanzó sobre él brevemente, pues debía cuidar su imagen de hombre frente a Lady Mai. Gabumon no supo qué decir, expresando una mueca de agradecimiento sincero que, en otras circunstancias, quizás hubiera quebrado a su tamer. Raisa y el lobo compartieron un fuerte abrazo, el uno para el otro significaban tanto, que el hecho de que el sentimiento fuera recíproco era algo que conmovía sus corazones todos los días. Finalmente, Vee abrió sus ojos de par en par, sorprendido con lo que le habían dedicado.

“Gracias por ser mi mejor amigo y el peor wingman de la historia” —susurró para sí mismo, extrañamente emocionado con esas palabras. Sintió como sus ojos se humedecían, era la primera vez que el alemán se refería a él con esas palabras, pues ignoraba los acontecimientos del templo del trueno—. Hanz… yo.

¿Qué? —lo golpeó en el hombro— Los hombres no lloran.

Los superhéroes tampoco —respondió, devolviéndole el golpe a su tamer y luego compartieron una leve risa.

A su turno, los seres digitales se miraron entre ellos y decidieron abandonar el HQ. Aparentemente ellos también tramaban algo para sus compañeros, pero eso era algo que seguramente los humanos descubrirían más tarde. Ninguno supo si tener miedo o simplemente sentirse a gusto con la salida de los child, pero pronto retomaron la junta y Masaki fue quien descorchó el espumante, sirviéndole una copa a todos los presentes.

Por Gungnir —fue lo único que dijo Mai al alzar la copa, expresión que repitieron los presentes antes de brindar y darle un sorbo al trago. Aparentemente, la pelirroja se guardaría los discursos para la verdadera fiesta navideña que tendrían días más tarde.

Ahora el intercambio —expresó James ante el silencio que se formó, debido a su tranquilidad natural no sonó como alguna muestra de ansiedad ni nada, por lo que todos asintieron— ¿Quién parte? —aquella frase era una de las más endemoniadas en semejante clase de eventos, pero para sorpresa de todos un chistido irritante adelantó al voluntario. Von Kaulitz se acercó sin ninguna clase de amabilidad, tendiéndole al norteamericano una bolsa y mirando hacia otro lado— ¿Para mi? —Hanz asintió molesto, esa clase de cosas se le hacían estúpidas y ahora se sentía como todo un imbécil, asunto que le sacó sonrisas a más de un presente. Sin embargo, Denway aceptó gustoso el presente y lo abrió, encontrándose con un Digimon Keychain, un Cinturón Multi-usos y una carta: Aero Wings. Sonrió y observó al azabache— Muchas gracias, Hanz.

Sí, sí… lo que sea —se cruzó de brazos y se retiró a su asiento, a beber más champán.


¡Empieza el intercambio!
Dejé abierto para que, quien quiera, pueda poner el plan de los digimon para sus tamers luego del amigo secreto.
No quise poner nada de la tienda, porque los regalos personalizados tamer-digimon se los dejo a ustedes, personalmente lo postearé en SoC.
Merry XXXmas ♥

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PD: Siéntanse libres de personalizar su mensaje en la medalla. Debe ser breve por realismo (?) o sino reprueban la quest /kicked​
 
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スパークル
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Tras el encuentro que había tenido con Claire, Mai se encontraba ligeramente tensa, algo más de lo que podía esconder a sabiendas de que pronto, muy seguramente, Shouko uniría las piezas que habían quedado lanzadas por ahí aunque Reeds hubiese asegurado que no le diría todo con exactitud. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el súbito acercamiento de dos criaturas, Z’ev aterrizó sobre su cabeza y Coronamon se lanzó a su hombro desde atrás, ambos parecían alegres porque al fin estaba la navidad a la vuelta de la esquina, ese día precisamente era el intercambio de regalos del Guild.

Mai, Mai, ¿Puedo llevar a Z’ev a jugar con los demás? — El infante sonrió mientras se abalanzaba hacia adelante sobre el hombro de su tamer para verle el rostro, la chica sonrió y asintió, asustándose un poco cuando el león se impulsó tanto que cayó hacia adelante, aterrizando, para la tranquilidad de Hitomi, sobre sus piernas y con un intenso ataque de risa. — ¡Vamos Z’ev, juguemos a las escondidas! — El Gnome no dudó en volar hasta la cabeza del child cuando éste se incorporó y saltó hacia el suelo, la japonesa los miró alejarse aún con esa sonrisa en su rostro, gesto el cual desapareció cuando el par salió de la habitación y la pelirroja escondió el rostro detrás de ambas manos.

Tengo que decirles… — Aquella única frase fue un intento de convencerse a sí misma y al mismo tiempo un reproche, si estaban al borde de que la líder del Weekly Tengu fuera a hacer una noticia pública revelándolos a todos era técnicamente su culpa, sin embargo, ignoraba que algunos ya habían revelado por su cuenta los spirits, un par entre una multitud en un coliseo y otro en una situación menos aglomerada, pero de igual forma lo había hecho. Mai respiró hondo al sentir la culpa sobre sus hombros, pero rápidamente un plan se asomó en su materia gris, quizá podía tantear el terreno para ver cómo reaccionaba la multitud y así, en caso de que no fuera algo malo, podría responder uno de los miles de mensajes de Claire que abarrotaban su D-Terminal y darle por fin la noticia que tanto anhelaba. Miró de reojo la pantalla de dicho aparato, Reeds nuevamente había enviado un mensaje, aunque éste era uno amistoso como muchos otros, a pesar de que insistía mucho con el tema del spirit todo indicaba que la reportera y Mai podrían volverse amigas pues congeniaban bien y ahora platicaban constantemente por medio del D-Terminal.

La asiática por fin se levantó de su sitio y se puso ropa cómoda para hacer deporte, si bien tenía unas ganas intensas de nadar, no era la época en la que pudiera quedarse en el mar mucho tiempo puesto que eso seguramente le traería una espantosa hipotermia por lo que se decidió por salir a trotar a la playa.

[…]

Thank you Mai. — Susurró el felino mientras abrazaba con fuerza a su tamer, el escrito en su medalla lo había conmovido, era algo que guardaría como un auténtico tesoro, puesto que eso significaba para él.

“Gracias por ser mi héroe, mi compañero y sobretodo mi mejor amigo.”

[…]

Tras la entrega un tanto arisca del alemán, la japonesa se dispuso a otorgar lo propio. Tomó de la mesa una modesta caja de regalo que había dejado en ella y caminó de vuelta hacia donde estaban todos, dirigiéndose más directamente al español que yacía un tanto alejado mentalmente de la situación. La pelirroja extendió los brazos, acercando la caja al chico.

Feliz navidad Esteban. — Soltó con una cálida sonrisa mientras el español tomaba el paquete, abriéndolo y encontrándose dentro un aparato similar a una laptop pequeña.


Cumplí (?) Kira Kira Masaru Masaru L Leo... M Maiku Takerudark Takerudark W Kon-El
 

Speed Star
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Finalmente ese día había llegado, el día propuesto para realizar el tan esperado intercambio de regalos con motivo de las festividades. Y aunque en un principio la rusa no había congeniado del todo bien con la idea de participar en un amigo secreto, al final terminó haciéndose a la idea de que si lo hacía era por su amiga pelirroja, pues nunca había participado en algo similar. Para llevar a cabo ese intercambio social, Gungnir quedó de reunirse en la cabaña que fungía como base de operaciones para el gremio, siendo Raisa y James los últimos en llegar, pues habían estado atendiendo otros asuntos esa mañana.

Cuando Gabumon recibió su medalla y leyó la inscripción que venía en la parte posterior. No pudo disimular su expresión de profundo agradecimiento y admiración hacia su Tamer, sabía lo difícil, y en ocasiones incómodo, que era para ella externar algo de su sentir, así que al leer aquel mensaje no logró evitar que una cálida sonrisa se dibujara en sus labios a la vez que entrecerraba sus ojos.

"Juntos seremos héroes hasta el final, tú siempre serás mi mejor amigo."

Para que Raisa llegara a nombrarse a si misma con ese título, uno que ya era de conocimiento público que le disgustaba de sobremanera. Sin embargo, había algo implícito en aquellas palabras, algo que el lobo supo reconocer muy bien; no importaba cuantas veces lo negara ni las veces en que ese asunto le fuera indiferente, muy en el fondo esa misma indiferencia radicaba en su generosidad por ayudar y proteger a otros, oculta por una máscara de apatía que usualmente mostraba al mundo. Pero si había algo que Gabumon sabía, era precisamente eso y nunca la obligaría a ostentar un título hasta que se sintiera a gusto con él, cuando lograra aceptarlo. El lobo se acercó a ella y sin recatos la abrazó con fuerza, recibiendo el mismo gesto silencioso pero cálido de su parte.

Una vez todos hubieron finalizado sus muestras de aprecio con sus respectivos Digimon, los monstruitos digitales salieron de la cabaña, tramando quien sabe que cosa para ellos. Y así, sin más, el amigo secreto de Gungnir comenzó; Von Kaulitz fue el iniciador del intercambio de regalos, sorprendiendo a James con un conjunto de tres obsequios de bastante utilidad. La percursora de todo, Mai, fue la siguiente en tomar su regalo para dárselo a quien le había tocado, en este caso había sido el pequeñp Esteban. Dos de siete ya habían recibido el regalo de su amigo secreto, y ahora la pregunta que rondaba la mente de todos era ¿quién sería el próximo? Nóvikova se mantenía un tanto distante del resto, aunque muy cerca del estadounidense, entre sus manos yacía una taza de café caliente, a la cual soplaba constantemente pars aminorar el calor que emanaba su vapor. Se dio por vencida en sus intentos al notar que la calidez de su bebida no cedía, suspiró molesta y dejó la taza a un lado, ¿para qué posponer lo inevitable? Ninguno parecía querer ser el siguiente en entregar sus regalos, así que ella tendría que tomar ese rol. Y entre más rápido, mejor.

Semanas atrás, cuando recientemente habían hecho el sorteo por ver quién sería su amigo secreto, Raisa y Gabumon salieron al centro comercial de Star City, con la excusa por parte de la rubia de realizar algunas compras navideñas antes de regresar a File, aunque el lupino tenía otros planes en mente. Siguió sin decir mucho a su Tamer, ocasionalmente mirándola a medida que contemplaba los aparadores de distintas tiendas, fingiendo que le interesaba lo que ahí había; aunque sinceramente estaba ahí para perder el tiempo.

Oye... —comenzó en un tono apacible, — deberías aprovechar y comprar el regalo, antes de cualquier otra cosa —sugirió el lobo, consciente de que por las conpras navideñas las cosas podían llegar a agotarse muy pronto. Raisa simplemente chistó y metió ambas manos dentro de su blazer.

Se merece carbón —gruñó, viendo desinteresada unas botas detrás de una vitrina. — Y eso es fácil de conseguir.

Raisa —musitó, reprendiendo a la rusa con su mirada. La aludida lo miró de reojo y luego relajó la mirada, la verdad no hablaba enserio, nunca le regalaría carbón... o sería vista de mala forma por su gremio. Aunque si por ella fuera no le regalaba nada. — Vamos, seguro encontramos algo de utilidad, y que le guste —animó a su Tamer, jalándola de su chamarra para alejarla de los aparadores.

No sé en donde venden juguetes sexuales...

¡Raisa!

Ya, ya, era broma —suspiró, ya a esas alturas era imposible contradecir a su amigo. Giró su mirada dorada, paseándola por los rededores hasta que su vista fue bloqueada por un enorme establecimiento con imágenes de cartas plasmadas en sus paredes y entrada. — ¿Qué tal ahí?

¿Tienda de Cartas? Me parece una excelente idea —comentó el lobo, pues a juzgar por el tamaño del lugar ahí debían de vender cartas nunca antes vistas en File Island o exclusivas del continente. De ese modo jaló a la rubia para apresirar el paso y entrar a la tienda, antes de que la acidez de Raisa la hiciera cambiar de opinión.

La de ojos miel sacó una caja mediana de color azul marino, que perfectamente cabía dentro del bolsillo de su blazer rojo. No perdió tiempo ni dio muchos rodeos e inmediatamente fijó sus penetrantes dorados en el alemán que bebía de su copa de champagne. Sonrió de manera ladina y le arrojó la caja, gritando su nombre antes de tal violenta acción. El azabache tuvo que dejar de beber de inmediato para así poder atrapar el objeto en el aire, todo para que no se le estampara en el rostro, pues si llegó a notar algo fue que la fémina prestó mucha atención a su puntería, haciéndolo a propósito. Muchas miradas sorprendidas se hicieron ver, aquello solo significaba que el amigo secreto de Raisa era Hanz, una casualidad -o infortunio- bastante extraña debido a la relación de ambos. Seguro se trataba del karma que los castigaba por vivir queriendo dejar mal parado al otro. Era eso o una especie de lección intrínseca en aquel regalo de la que probablemente debían aprender.

Y cómprate un lector, así no serás un inútil —tajó la rubia, a medida que tomaba nuevamente la taza con diestra y cruzaba su otro brazo frente a ella. No quiso ni reparar en la expresión del germano, lo que quisiera hacer con ese regalo sería su problema.

Von Kaulitz observó con el ceño arrugado el paquete entre sus manos, volteó a verla de reojo y posteriormente se dedicó a abrir la caja. El contenido de la misma revelaba dos cartas: Long Sword y Ryugonken; además de un pequeño dispositivo blanco con la forma de un celular, era un Visualizador que le permitiría al Tamer ver lo mismo que los ojos de su compañero, una función similar a la que los D-Arc poseían. Hanz no dijo nada en los próximos segundos, hasta que perfiló una sonrisa presuntuosa y elevó sus zafiros hacia la soviética.

Quieres quedar bien ricitos —comentó sin cambiar su sonrisa ladina, — luego yo te compensaré con algo que ni tus Romeos juntos pueden darte —ante tal comentario, Ewain volteó a verlo con ojos asesinos, entendiendo a la perfección ese doble sentido del alemán. Por otra parte, el castaño miró a Hanz sin comprender muy bien sus palabras, y no porque fuera tonto, pero aún no se acostumbraba a las interpretaciones del germano y sus ganas de molestar. Sin embargo, el rostro de la rubia se mantuvo impasible, había entendido las indirectas de Von Kaulitz, pero no quiso caer en su juego, por lo que simplemente sonrió con altivez.

¿Si? Pues inténtalo —le retó sin hacer mucho caso al comentario y prácticamente dándole el avionazo. Acercó la taza de nuevo a sus labios y antes de beber de su contenido agregó, de manera bastante burlesca y sarcástica — Oh y... Feliz Navidad, Chispitas.

Evidentemente se burlaba de él con aquel comentario, sabiendo de antemano lo mucho que él aborrecía la festividad y que fuera justo ella la que le diera esos "buenos" deseos le hacía enrabietar de algún modo. Dejó sus regalos a un lado y continuó bebiendo champagne, en espera del siguiente amigo secreto que saldría a la luz.



Casualidades de la vida :3 M Maiku Blair Blair Masaru Masaru Takerudark Takerudark L Leo... W Kon-El
 

Esposo Canon de Hoppie
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Ewain se levantó un poco molesto por los rayos del sol que entraban por su ventana. La cabaña se encontraba completamente en silencio, algo raro en ese lugar por lo que las sospechas no se hicieron esperar y la curiosidad hizo que se terminara levantando aunque con cara de pocos amigos. Salió del cuarto y se encontró con un Masaki recién despertado y un poco extrañado por la falta de miembros en el cuartel, pero sin darle más importancia de la debida se fue a preparar un pequeño plato con cereal para iniciar bien el día. El escocés le siguió los pasos y justo cuando empezaban a comer, las parejas sentimentales de cada uno atravesaron la puerta de una manera un tanto brusca, haciendo que tanto Ewain como Masaki enarcaran una ceja a manera de pregunta, pero nadie les respondió y optaron por sentarse a platicar un poco.

¿Y ya tienes tu regalo, no? —inició la plática Wilson, Masaki asintió mientras masticaba lentamente el cereal.

Sí, lo compré hace una semana aproximadamente —tomó otra cucharada del desayunó y luego se dirigió a su compañero—. ¿Y tú?

Oh, también lo tengo pero desde hace uno o dos días —esta vez fue Ewain el que tomó una cucharada de su desayuno y tragó despacio—. La verdad es que no me decidía del todo.

[…]

“Gracias por protegerme y ser mi mejor amigo. Juntos hasta el final, siempre.”

Patamon fue el más efusivo y ruidoso de los siete seres digitales que se encontraban en la cabaña. Su rostro fue atacado por el de su compañero y lo restregaba mientras soltaba algunas lágrimas, haciendo que más de uno de sus amigos de Gungnir los volteara a ver con cara de pocos amigos pero que terminó por importarle poco al escocés. Abrazó a su compañero y lo apretujó contra su cuerpo, lo quería demasiado y no le molestaba ni un poco demostrarlo.

[…]

Luego de la entrega un poco extraña entre los miembros de Gungnir, Ewain se levantó de su asiento pues era su turno. Tomó un paquete envuelto con papel navideño del color del cabello del japonés y se lo extendió con una sincera sonrisa. No platicaban mucho, pero definitivamente Masaki se había convertido en un buen amigo para el escocés y realmente apreciaba eso.

Merry Christmas —dijo en uno de los idiomas natales Ewain, el peliverde le devolvió la sonrisa y se dispuso a abrir su regalo.

La cara de asombro del chico no se hizo esperar. Tenía en sus manos un dispositivo con la forma de una laptop pequeña, un DigiWindow, pero también había otro regalo que no esperaba, creyó que solamente recibiría uno. Un llavero rectangular yacía al fondo de la caja, Masaki lo tomó y lo alzó observando detenidamente e intentando averiguar qué era. Le tomó unos cuantos segundos hasta que se dio cuenta que el escocés le había obsequiado también un Digimon Keychain, definitivamente eso le sería útil en las misiones para cargar un poco menos y llevar más cosas sin tener que preocuparse por el peso. Se levantó y en agradecimiento el japonés le dirigió una leve reverencia a Ewain, el cual simplemente se sonrojó un poco y se rascó nervioso la parte trasera de la cabeza, regresando después a su asiento sin decir una palabra.

¿Quién seguía?


Masaru Masaru Blair Blair Kira Kira M Maiku L Leo... W Kon-El
 

"さあ、往こうか"
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Después de recibir su regalo, Masaki colocó la caja a un lado de él y se dispuso a entregar el suyo. Respiró profundo y exhaló para despejar su nerviosismo, ansioso por entregar su regalo al compañero de gremio que le había tocado. Su mirada se posó levemente en Agumon y después, en la medalla que le había otorgado. Aunque era imposible discernirlo a esa distancia, aquella placa tenía en su reverso una inscripción en kanji [相棒] "Aibou". A simple vista parecía ser una simple palabra de amistad, pero para ellos, que habían vivido innumerables experiencias en ese año de conocerse, el término "Aibou" significaba no solo compañerismo, sino la unión que ambos compartían, así como la prueba de valor que habían pasado juntos en el Templo de Fuego. Agnimon había sido el que les había "contagiado" esa palabra últimamente, y era algo que ambos habían adoptado con alegría, como muestra de su trabajo en equipo y su confianza en el otro.

Los demás miembros de Gungnir observaban al japonés esperando que hiciera algo, o se dirigiera a alguien en específico. Él simplemente sacó de su bolsillo un paquete extremadamente delgado y pequeño, pero bien envuelto, que tenía la forma de una carta. Se dirigió hacia su novia, antes de dedicarle una sonrisa y un breve beso mientras se lo entregaba en sus manos.

- Espero que te gusten - Dijo - Estoy seguro que te serán de utilidad.

La pelirroja tomó el paquete y lo abrió con cuidado mientras le agradecía. Su contenido como había sospechado, eran cartas, tres de ellas, apiladas cuidadosamente y de forma que las caratulas dieran hacia afuera, impidiendo ver cuales se trataban hasta que se separaran. La líder de Gungnir lo hizo y las examinó, notando que se trataban de tres que eran parte de la "lista de deseos" que el japonés le había preguntado "casualmente" unos días atrás: Lightning Blade, una carta basada en el ataque y cuerno de Lighdramon. Illusion Mist, una neblina con la capacidad de crear ilusiones, característica de Jureimon. La última, que hacía juego con el Ryugonken que Raisa había obsequiado a Hanz, era su contraparte exacta: Una armadura y cañones pertenecientes a MagnaGarurumon: La "Aviation Unit" que había salido recientemente al mercado. Al ver la expresión de su novia el chico mostró una señal de alivio, feliz de que su regalo hubiese agradado. Ahora solo quedaba esperar al siguiente que entregaría su obsequio.


Casualidades de la vida [2] (?) Blair Blair Kira Kira Takerudark Takerudark M Maiku L Leo... W Kon-El
 

Wally West

Defender of metahumans
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Dorumon observaba con muchísima ilusión la medalla que le había dado su compañero. En el reverso de la misma podía leerse una inscripción, al igual que en la de sus compañeros, una frase personalizada sólo para él de parte de James, un conjunto de palabras que, para otros, podría no tener sentido.


“Por conquistar a la muerte cada vez que lo deseas y mostrar al mundo lo que vales”


Conquistar a la muerte. Dorumon entendió al instante que se refería a su digievolución de la línea Death-X, y como cada vez que se transformaba en aquel monstruo conseguía dominar sus ansias de muerte y destrucción para poder luchar junto a sus compañeros sin herirlos. El pequeño saurio abrazó a su Tamer tanto como su forma animal le permitía, siendo dicha muestra de afecto correspondida al instante. Ambos estarían siempre juntos, mano a mano, superando cualquier dificultad.


Ahora tocaba el amigo invisible. Con una sonrisa, James se acercó a Raisa y le tendió un pequeño paquete, objeto que la rusa cogió con sorpresa. Al abrirlo, dos cartas aparecieron ante sus ojos, un potenciador de evolución y un Metalgarurumon, siendo esta segunda la que realmente sorprendió tanto a Raisa como a Gabumon.


- Bueno… pensé que aunque aún no podéis alcanzar ese nivel, esto os permitiría estar un paso más cerca –sonrió el americano.

- Gracias James –la soviética no pudo evitar sentir un profundo agradecimiento. Puede que las cartas en si no fuesen gran cosa, pero el significado tras ellas era latente. La mano del americano en su hombro le demostró que no necesitaba decir nada más, el agradecimiento era suficiente.

Mas soso no puedo hacerlo XD pero estoy seco Kira Kira

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Leo

¿No ves que te voy a matar (con feels)?
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El virus debía admitir que no esperaba aquel gesto de parte de los tamers. En cuanto recibió aquella medalla el corazón casi le salió disparado del pecho. Más cuando leyó el mensaje que traía grabado en su dorada superficie. Si no fuera porque no se encontraba solo tal vez habría llorado un poco.


"Afamado colega. Superhéroe destacado. Mi mejor amigo"


En cuanto los ojos del diabillo se desviaron de la placa, se encontró con los carmesí de su tamer. Su expresión lucía como siempre, cosa que no lo sorprendía para nada. Sin embargo, y en un gesto inesperado, el albino le tendió la mano, la cual el digimon estrechó casi al instante. Fue entonces que notó un cambio. Esteban sonreía.

Si, diablos, su corazón se derritió.

Antes de darse cuenta ya lo estaba abrazando. El child sintió la mano de su compañero... no, amigo, acariciando torpemente su cabeza. Malditos momentos emocionales, siempre sacaban su lado más infantil.
Pero como buen adepto a la seriedad, Belzie se recompuso, tomando algo de distancia mientras se limpiaba el rostro con un brazo, aunque sin dejar de sonreír por estúpida falta de voluntad. Ese muchacho con el llevaba más de un año viajando de un lado a otro, trabajando, haciendo tonterías, practicado piano y hasta disfrazándose de superhéroes realmente se había convertido en la persona más importante para él.




(...)




No habían palabras. Realmente. Al español le tomó algunos segundos percatarse de la función del aparato que recibió de manos de la líder de Gungnir, pero en cuanto dio con el primer archivo del DigiWindow sus ojos se abrieron de par en par. Si bien no mostraba alguna reacción aparente, estaba fascinado. Toda una biblioteca en la palma de su mano. A Masaki le bastó una mirada para percatarse del "aura de felicidad" que rodeaba a su compañero, y no tardó en señalárselo a su novia, quien pareció satisfecha por haber logrado un buen resultado. Tan genial que hasta se olvidó del motivo de la reunión, por lo que no se percató de las miradas de todos una vez acabaron con los intercambios, aún buscando datos de digimon de nivel perfect.


-Ejem...-la japonesa aclaró la garganta, esperando alguna reacción del muchacho, pero este, como niño con un nuevo juguete, no prestó atención-Esteban, creo que solo quedas tú-volvió a decir, de nuevo sin recibir respuesta.

-Vaya, en realidad le agradó tu obsequio-comentó James, sonriendo nerviosamente.

-Okay, ya me estoy aburriendo-se quejó Hanz, tomando el DigiWindow del chico y arrebatándoselo para llamar su atención-Hey, deja de jugar y entrega tu maldito obsequio, esto ya es lo suficientemente ñoño como para alargarlo-replicó de mal humor.

-Uh-Esteban se vio forzado a alzar la vista en dirección a los otros, para luego arrebatar el aparato de las manos del azabache, fijando su mirada en éste-Si que eres desagradable-dijo, tan inexpresivo como siempre.


Ignorando las réplicas del otro ante aquel "insulto" el albino se levantó con mochila en mano, para luego sentarse junto a Ewain. Luego de buscar por unos momentos, le alcanzó un estuche azulado, suave al tacto.

-Para tí-dijo, volviendo a su exploración con el DigiWindow una vez el escocés tomó la caja. Al abrirla, éste se encontró con lo que parecía un brazalete, igual a los que tenían varios de sus compañeros-Creo que te será útil con tu nuevo compañero-mencionó sin desviar la mirada. Con eso resuelto, el resto de los miembros del gremio comenzaron a conversar entre sí, ya más relajados.

-Es realmente estupendo-mencionó Ewain con una sonrisa, observando al español teclear casi frenéticamente-Muchas gracias.

-¿Puedo preguntar sobre los besos ahora?


La súbita pregunta borró la expresión de felicidad del muchacho.


-... Por favor no.

-De acuerdo... Whoa, ¿Cuántas variedades de Greymon existen? Uhm...

-"¿Cómo se puede tomar todo tan a la ligera?"-se preguntaba el escocés mientras sonreía con nerviosismo, agradeciendo al cielo secretamente porque nadie parecía haber escuchado esa última frase.




Blair Blair Masaru Masaru Kira Kira M Maiku W Kon-El ya, e finito.
Takerudark Takerudark soy el peor santa secreto de la vida, perdóname ;_;
 
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