Rengō Clase Heroísmo básico: Acondicionamiento físico | Amayah Nomura & Rivka Lovelace

Alex's little princess ♚
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Registro: Amayah y Rivka
Clase: Héroismo básico
Mención: Acondicionamiento Físico
Descripción de la clase: La clase en el dojo impartida por Gale Rowan Sabedra solo busca delimitar la resistencia con la que cuentan inicialmente sus alumnos. Para tal finalidad los adolescentes van a someterse a tres disciplinas diferentes para medir su velocidad, fuerza y destreza. Acompañamos a las chicas mientras corren distancias, empujan objetos y esquivan obstaculos con el simple objetivo de ¡SOBREVIVIR A LAS PRUEBAS MORTALES! (?


LadyAzulina LadyAzulina ¡Podemos empezar! ^^
 

Morpheus's Dream ♚
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Los estudiantes de Primer Grado se encontraban sentados a un costado del dojo a petición de Sabedra; en el lugar no habían muchas cosas, sólo varios muebles de los que podían deducir su uso para la clase tras la explicación del profesor.

—Hoy solamente veré lo que son capaces de hacer, para personalizar las siguientes clases de acuerdo a lo que deben mejorar. La prueba física que harán es la misma que conocen de sus años de primaria: correrán lo más rápido que puedan, veremos hasta dónde llega su fuerza y sortearán obstáculos. Nada del otro mundo, por lo que no deben ponerse ansiosos. Pero por supuesto... en mis clases no pueden usar sus quirks si son físicos.

Las ventanas del dojo se encontraban cerradas a cal y canto, con las luces del techo lo suficientemente brillantes como para ver cada esquina del mismo sin dificultad, pero aún eso parecía molestarle al sensei debido a que llevaba puestas sus gafas oscuras mientras observaba los apuntes en su tableta.

—Ahora es el turno de… Rivka y Amayah.
—Ugh…


Para Rivka, la idea de tener que hacer ejercicio físico la espantaba. Su cuerpo sudado -de la manera que no le gustaba-, su nula resistencia, el posterior dolor en sus músculos, las posibles migrañas, y lo que era peor… ¡su cabello vuelto un desastre! Al menos tenía el consuelo de que visto desde otros ojos seguía siendo e incluso se volvía más atrayente y sexy, a pesar de la asquerosidad de uniforme que se veía obligada a llevar. Pero… no era suficiente.

—¡No puedo creer que esté usando la bazofia más horrible que he tenido la desgracia de ponerme desde que tengo uso de razón frente a mi Ei! Tal vez pueda ayudarlos a rediseñar este trapo —recriminó en su cabeza.

Amayah, por otro lado… Desde que tomó la decisión de seguir el camino de héroe aceptó cualquier actividad que tuviera que realizar para aprender a desenvolverse en ese medio, consciente de que la academia tenía intereses en común en cuanto a sus debilidades: volverlas fortalezas, ya fueran mentales o físicas, por lo que la tarea a continuación no le producía ningún efecto negativo… todavía. En su lugar, tenía cuestiones más importantes que descubrir:


—¿Cómo el profesor escoge a las parejas? —se encontraba tranquila gracias a que ya conocía a la persona con la que le tocaba entrenarse—. ¿Será por el género, por la estatura o el peso?

Sabedra era conocido por ser un profesor muy excéntrico, por lo que sería difícil si no imposible adivinar las razones detrás de su método de selección. Ambas chicas dejaron de lado sus introspecciones cuando alcanzaron al presunto vampiro, una disfrutando más que la otra ser el centro de atención.

—Bien. Diríjanse a aquella esquina —señaló la que se encontraba en diagonal a su posición— y… —cuando regresaron el rostro para mirarlo las dos se sorprendieron de que el maestro se encontrase a pocos metros de la esquina misma—… una se colocará en posición primero y luego la otra. Registraré sus tiempos de manera individual.

Sabedra, ya acomodado, se giró para mirarlas, siendo visible por encima de las gafas la elegante ceja arqueada.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué todavía no están listas?

El sobresalto las invadió y se apresuraron a llegar al punto en cuestión. Se miraron por unos segundos antes de que Amayah se adelantara para hacer unos pocos estiramientos, ya habían entrado en calor todos juntos cuando el profesor les enseñó la forma correcta de estirar al comienzo de la clase. A Rivka no le molestaba retrasar un poco más el comienzo de su suplicio.

Maya apoyó una rodilla en el suelo y estiró lo máximo su otra pierna, apoyándose en las manos. Su cabello, recogido en una coleta, rebasó el hombro y le hizo cosquillas en el cuello; se encontraba demasiado tensa percibiendo las ondas de su profesor como para hacer el mínimo movimiento y apartarlo, ignorándolo a sabiendas de que apenas se moviera dejaría de preocuparle. A diferencia de sus otros vestuarios, el deportivo le causaba más incomodidad por lo ajustado que debía estar; era incapaz de cubrir un poco más su cuerpo y de esa manera la prominente curvatura de su pecho era inevitablemente llamativa. No le avergonzaba su cuerpo, le avergonzaba ser consciente de cómo otros la miraban.

La azabache sacudió un poco la cabeza.


—No es momento de pensar en eso —se recordó.

Ante el menor indicio de un cambio de posición en Sabedra, Amayah abandonó la primera postura para pasar a la siguiente, estirando la pierna flexionada, lista para salir corriendo en el momento preciso.

Ni siquiera pensó. Algunos decían que era más fácil así porque los pensamientos solían distraerte y reducían tu velocidad. No se molestó en pensar que la distancia parecía haberse duplicado apenas lanzó el primer paso porque era consciente (casi de forma inconsciente por su habilidad) que continuaba siendo la misma que antes. No le dedicó ni el mínimo espacio al hecho de que sus compañeros la estaban observando. Procuró concentrarse en su respiración, eso le ayudaría a no sentirse tan cansada tras haber implementado toda su energía a tratar de hacer el menor tiempo posible. ¿Funcionaba? Bueno… todavía no le cogía el truco.


—Buen trabajo, Amayah —le comentó el profesor y la chica se sintió orgullosa a pesar de que sentía una punzada en sus costillas y le costaba un poco respirar.

Sonrió y enderezó la espalda para inhalar profundamente. Quizá no manejaba a la perfección el truco de la respiración mientras corría, pero sí sabía cómo ayudar a su cuerpo a relajarse más rápido. Después de todo, sólo tenía unos segundos de descanso entre que Rivka llegara a su lado y pasaran al próximo ejercicio, lo mejor que podía hacer era aprovecharlos.


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Alex's little princess ♚
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—¡Lovelace!

La mimetista abrió bien sus ojos azules y pasó la mirada hacia quien pronunció su nombre. La firme llamada de atención de su ardiente y espeluznante profesor la sacó rápidamente de sus pensamientos, como si la hubiese bajado de la copa de un árbol sólo con un hondazo. Recuperó por completo el hilo de lo que pasaba a su alrededor al notar a sus compañeros y cómo Amayah se acercaba hacia el profesor, luciendo bastante fresca. ¿Su compañera ya había terminado?

Rivka recordó vagamente sólo apoyarse contra uno de los cajones piramidales de salto mientras jugaba con el final de su larga coleta, enrulándola aún más en uno de sus finos dedos. Se había abstraído completamente del entrenamiento mientras miraba a su peliblanco favorito, quien hablaba con su mejor amigo. Ni siquiera había escuchado al presunto vampiro darle la señal de inicio a Amayah… precisamente por eso se encontró tan perdida en un principio.

—Ya es tu turno, acomódate.

La pelirrosa no tuvo más que asentir y antes de acomodar los pies en los tacos de salida se ocupó de recoger su ondulado cabello, con la leve esperanza de que no le molestase al correr. Apoyó la punta de los dedos detras de la línea y procuró que sus pies estuvieran bien acomodados en los tacos antes de usar la rodilla derecha como apoyo. No era muy fan de la posición, pero sabía que al menos uno de sus compañeros la estaba disfrutando en demasía.

Tomó aire profundamente y levantó la cadera por encima de los hombros al escuchar el “Lista”. Mantuvo la respiración hasta escuchar el último aviso y se impulsó hacia adelante con la ayuda de los tacos, saliendo en una posición casi perfecta.

La distancia no le pareció realmente lejana, había tenido que correr a Max por un trecho más largo que ese, lo que siempre le molestó fue esforzarse. Las primeras zancadas fueron simples, sus piernas se movieron solas y tuvo esa sensación de ni siquiera tocar el suelo… el problema fue mantener el ritmo. Si bien la llegada estaba cerca no acostumbraba a realizar tal actividad y eso pasaba factura a su respiración.


“Izquierda, derecha. Izquierda, derecha… ¡¿cómo se supone que la gente repite tal estupidez por un tiempo tan prolongado?! Cada vez se siento más lejos, por todos los dioses. ESTÚPIDA CLASE, ESTÚPIDO PROFESOR, ESTÚPIDO DEPORTE”.

Pudo sentir cómo el moño se deshizo y la coleta pegó suavemente contra su cuello al momento de pisar la línea imaginaria de meta, bufó. Su pecho subía y bajaba con rapidez mientras inhalaba por su nariz y despedía el aire por la boca. Era todo un hecho, ODIABA tener que apurarse.

—…No está mal, Am-Rivka.

Gale anotó el tiempo en su tableta antes de volver la mirada a ambas, que ya estaban una junto a la otra.

En sólo unos minutos el dojo había cambiado por completo. Dos líneas con objetos se encontraban acomodadas frente a ellas, una para cada quien. Sabedra se paró al inicio de ambas, todavía con la tableta.

—Vamos a pasar a la prueba de fuerza. Los objetos que tienen son cajas con diferentes pesos, solo deben de intentar moverlas hasta el banderín rojo, hay tres metros entre cada uno pero sólo llévenlo hasta el más cercano. Voy a cronometrar el tiempo individual por caja, así que esperen a que les dé el visto bueno para seguir con la próxima, ¿se entendió? ¿Cuál de las dos quiere empezar?

Si Nomura había pasado primero en la anterior le parecía justo postularse voluntariamente a sufrir primero la tortura china… ¿o debía de decir japonesa?

—Supongo que yo. —Riv levantó una de sus manos, sin sonar verdaderamente entusiasmada.

Dudaba poder hacer mucho con sus debiluchos brazos de fideo, pero no tenía de otra… sólo podía ir hacia adelante. De todas formas… ¿qué tan pesadas podían estar?


—Bien, cualquier técnica que tengas para mover los pesos está perfecto, utiliza todo tu cuerpo si es necesario. Acomódate.


Ella caminó tranquilamente hacia el primer objeto y apoyó firmemente las manos contra la madera. Ésta no pasaba la altura de su cadera, con lo cual se encorvó para estar más cómoda y esperó al llamado.

Las primeras tres se movieron con absoluta facilidad y ni un solo cabello se le había movido de lugar. Rivka estaba segura de que en ellas no había más de 10 kilos. La dificultad empezó ahora. La cuarta logró que tuviese que realizar un poco de fuerza, le hizo recordar al librero que tenía en casa.

—Ahora sí empezamos. Realmente lo anterior era sólo para calentar. Recuerda, no te fuerces demasiado.

La chica asintió antes de pararse frente a la próxima caja. Ésta ya llegaba a la altura de su pecho y apenas al apoyar las manos pudo notar que no estaba tan vacía como las anteriores. Cuando escuchó a su profesor trató de empujar como anteriormente, pero no funcionó. Trabó los brazos y cuadró los hombros para empezar a mover la gran caja. Llevarla al banderín fue casi un infierno, volvía a estar agitada y ligeramente roja por el esfuerzo.

—No estuvo mal, pero creo que esa va a ser tu última, Rivka.

Gale sólo obtuvo un pequeño bufido como respuesta y miró a la chica acomodarse antes de volver a dejarla empujar. La sexta caja era toda una monstruosidad, pasaba un poco la estatura de la chica y ni siquiera podría abrazarla por completo si quisiese.
Si bien se había acomodado como para la caja anterior, su gigantesca amiga no se movió un solo centímetro. Instantáneamente frunció el ceño,
“¡¿qué demonios tiene esta caja, sacos de cemento?!”

El comentario del profesor la había dejado bastante picada y no iba a permitir que creyese que era una completa blandita, aunque verdaderamente lo fuese. Apoyó la espalda entera contra la caja e hizo fuerza hacia atrás. El peso de su cuerpo combinado con la solidez que le proveían las zapatillas contra el suelo la ayudaron a avanzar. Sus mejillas se tintaron completamente de rojo y sonó de rabia por el inmensurable esfuerzo.
Escuchar a Vlad decirle que había llegado al estúpido banderín la hizo suspirar de alivio, eso significaba que era hora de ver sufrir a su compañera. Deslizó lentamente la espalda contra la madera para terminar sentada en el piso del dojo, completamente rendida.

—Dije que no debías de esforzarte, pero buen trabajo.

Lovelace apenas asintió mientras cerraba los ojos y bufó con suavidad al recordar que su ardiente profesor todavía no la iba a dejar morir en paz… ya soñaba con ese buen merecido baño de burbujas.



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—Bien, ahora es tu turno, Amayah.

La aludida asintió. Había observado a su compañera mientras hacía el ejercicio y tenía más o menos una idea de cómo le iría. Estiró -todavía más- los brazos, acercándose a la primera caja, aunque sabía que con esa no necesitaría el calentamiento. Maya se colocó en un extremo y esperó el aviso para tirar de la caja hacia el banderín, siendo tan rápida como Rivka para despachar las dos cajas siguientes. El peso de éstas y su contenido -pudo comprobarlo al percibir su interior- iba en aumento, porque al acercarse a la cuarta caja tuvo que empezar a emplear los músculos de sus brazos y piernas.

Le era un poco incómoda la posición, porque la caja apenas superaba la altura de su cintura. Podía hacer como la pelirrosa e inclinarse, pero ya sabía que la postura no era de su agrado, y empujar con las manos presionadas sobre la caja iba a retrasar por mucho la velocidad a la que se movía, así que continuó tirando del extremo de la caja aunque tuviera que hacer más esfuerzo. La arrastró con cierta dificultad hasta el banderín, principalmente porque no estaba acostumbrada a realizar esa clase de tareas. Con la siguiente sí imitó a su amiga; como la caja llegaba hasta su pecho, Amayah podía flexionar sin problema los brazos, sin embargo… ¡pesaba demasiado! Al menos al principio. No sabía cómo, pero tras los primeros pasos, empujar aquel gran obstáculo se hizo un poco, sólo un poco, más sencillo. No fue capaz de tirar de ella hasta que la caja estuviera completamente del otro lado del banderín, se detuvo inmediatamente al alcanzarlo con el extremo opuesto.

Empezaba a sentirse sofocada, su respiración se había acelerado y percibía ciertas quejas provenientes de los músculos en sus costados. Se pasó la manga por la frente para recoger el sudor, no era muy fanática de él, antes de llevar una mano a su pecho para realizar un corto y rápido ejercicio de respiración que la aliviaría aunque fuera un poco. Apreció los segundos extra que le otorgó el profesor al hacer como si todavía estuviera introduciendo la información, pero no podía aprovecharse. Se acercó a la última caja que tuvo Rivka, sabiendo de antemano que no lograría moverla. Apoyó las manos en ella y empujó. Hizo fuerza en sus pies. Controló su respiración. Para la azabache pasaron incontables minutos, pero el resto sólo la vio intentarlo por unos segundos antes de enderezarse y suspirar.


—Esa no la moveré —concluyó con voz trémula.

Sabedra asintió, tomando los apuntes pertinentes. La joven Nomura volvió a los ejercicios de respiración, puesto a que necesitaría regresar a la calma lo más pronto posible para continuar con los ejercicios; según lo que el maestro dijo al comienzo, aún les faltaba sortear obstáculos. Tras su aviso, Rivka y ella se alejaron del centro del salón para que el presunto vampiro hiciera los cambios pertinentes: el suelo “succionó” las cajas y las reemplazó con una pista de dos carriles con, como pudo percibir mediante las vibraciones, una cinta corrediza parecida a la de las caminadoras, por lo que pudo suponer que los obstáculos aparecerían estando en marcha y que, al ser dos carriles, lo harían a la vez. Suspiró profundamente. Quizá Rivka tuvo tiempo para recuperarse mientras ella jugaba con las cajas, pero…


—Me avisan cuando estén listas —comentó el hombre, sorprendiéndola.

Para Rivka, aquellas palabras sonaron a cielo, sobre todo porque todavía seguía sintiendo el infierno en sus pulmones. No obstante advirtió el peligro cuando, después de sólo unos míseros segundos, la masoquista de Amayah iba estirándose hacia la pista. ¡¿Era que acaso no tenía algo de sentido común?! ¡¿Cómo podía seguir tan fresca?! ¡Debía sacarle sus secretos!


—¡Demonios! —masculló en voz baja, levantándose con pereza.

Ambas se colocaron en posición, cada una sobre una cinta, y a Vladimir no tuvieron que decirle nada, pues las encendió unos segundos después. Empezaron despacio, las chicas fueron caminando y, tras cubrir cien metros, apareció el primer obstáculo: una valla. Maya aún no tenía suficiente impulso y no contaba con ninguna confianza como para saltar por encima de ella, por lo que prefirió ir de rodillas y continuar disminuyendo su tamaño hasta pasar por debajo, volviendo a levantarse después. Apenas lo había superado cuando percibió que la cinta iba más rápido, la velocidad aumentaba paulatinamente.

Su quirk era una gran ventaja ya que le permitía prever lo que venía. Si un bloque obstaculizaba su izquierda, se inclinaba a la derecha; si era a la derecha, iba por la izquierda. ¿Una caja ocupaba todo el ancho de la cinta? Se mentalizaba para rodar sobre ella y caer del otro lado. Para el momento en el que el objeto era visible, ya la joven Nomura sabía qué debía hacer al respecto. Lo único que podía caerle en contra era la velocidad de la cinta, pero al llegar cierto punto se mantuvo constante; sabía cómo respirar cuando debía mantener un solo ritmo, por lo que de todas las actividades esa fue su favorita.

Tal vez tuvo tiempo para pensar en la injusta ventaja que llevaba. Tal vez podría trabajar en eso. Reducir el radio de su quirk para que lo que venga sea una sorpresa también para ella. Trabajar la vista, su velocidad de reacción. Su destreza. Lograba reaccionar a tiempo a la gran mayoría de cosas gracias a su quirk, y no se sentía mal al respecto, pero tal vez podría afinar algunas cosas limitando su percepción. Tal vez…


El último obstáculo a primera vista parecía infranqueable, sin embargo, gracias a que podía percibir lo que era en realidad, Maya fue capaz de pasar entre las dos columnas de cajas y moverse a la izquierda para evitar la que se encontraba en el medio un par de pasos más atrás que las demás. Y ni siquiera tuvo que pensarlo. Su cinta lentamente empezó a detenerse, lo que Amayah aprovechó para echar un vistazo a su compañera. Rivka se había quedado atrás, a comparación suya, debido a algunos obstáculos. Su cinta iba a un ritmo más lento al que estuvo la suya. Al parecer la velocidad aumentaba si superabas el obstáculo… era un dato muy curioso para tener en cuenta.


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El tiempo inicial en el que sólo tuvieron una pequeña caminata le dio a Riv unos minutos para calmar su respiración, aunque todavía sentía los músculos de las piernas un poco adoloridos.

La actividad le pareció un poco extraña hasta que tuvo la primera valla a la vista. Se lo replanteó unos segundos antes de saltarla por los pelos, la punta de su pie izquierdo tocó la parte superior al pasar y eso llevó a que perdiese un poco el equilibrio, teniendo que tomarse unos segundos para estirar los brazos desesperadamente y estabilizarse.

Los obstáculos estaban lo suficientemente fáciles como para superarlos, pero el cansancio que se había llevado gracias a las cajas y su obstinación no la ayudaban para nada. Sintió cómo una gota de caliente sudor bajó por su espalda y maldijo mentalmente… esa no era la forma en la que le gustaba transpirar.
Gracias al desgaste físico su cerebro tardaba un poco más de tiempo en procesar la información del ambiente y, aunque sus extremidades inferiores la llevaban hacia adelante por inercia, la parte superior de su cuerpo empezaba a percibirse pesada.

Las carreras con sus mascotas no la habían preparado para una jornada tan “extensa” de ejercicio y pudo notar que se estaba quedando atrás en relación a su compañera pelinegra. La pelirrosa estaba demasiado cansada como para pensar, pero una queja cruzó por su cabeza.

“Maldición, todo esto se ve mucho más simple en los videos de Beat Saber, debería de haberle echado más horas.”

En el proceso chocó torpemente con algunos objetos y se atrasó gracias al gran tronco, sus piernas ya no respondían como antes. No se animó a saltar la siguiente valla, así que se agachó para gatear y al llegar las cajas finales superó las primeras con “facilidad”.
Cuando se corrió hacia su derecha para poder pasar la torre central su cara se iluminó al notar que no había otro obstáculo. La emoción la distrajo de concentrarse en cómo se movía y tropezó de la forma más tonta posible: con su otro pie.

La secuencia sucedió en completa cámara lenta para ella. El chillido de sorpresa que soltó, su esfuerzo por estirar los brazos con la intención de no caer con su cara primero y el suelo “acercándose a ella” de manera amenazante. Por el rabillo del ojo notó que Nomura, quien seguía en su cinta esperándola, se inclinó para intentar tomarla. El profesor hizo un ademán de acercarse y más de uno de sus compañeros tuvieron la misma intención.
Estando a escasos centímetros no pudo hacer más que esperar por el golpe y pedirles a todos los olvidados dioses que no la dejasen morir… era demasiado joven para eso, pero el impacto jamás llegó, lo que le hizo abrir los ojos con confusión.

Yael la miró con preocupación y Amayah se acercó para preguntarle si todo estaba bien mientras el moreno la dejaba suavemente recostada en la cinta. Vlad se unió al resto de ellos con la tableta en la mano y presenció el asentimiento de la mimetista ante la corta interrogación.

—Precisamente por eso pedí que no se excedieran. Intenta descansar lo suficiente hoy, Lovelace… —Gale dirigió su afilada mirada hacia Amayah antes de volver a hablar. —Nomura, ¿acompañarías a tu compañera a la enfermería?

Yahra asintió ante el pedido para después proceder a ayudar a Rivka a levantarse y ambas caminaron en dirección a la salida, al ritmo de las débiles piernas de la accidentada. La clase terminó para ambas, pero para los demás era sólo el comienzo.




Eso es todo, Nya Nya
 
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