Rol Libre +18 Honeymoon fades | Eishi Honō & Rivka Lovelace

Alex's little princess ♚
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Registro: Eishi Honō Rivka lovelace
Nombre del RL: Honeymoon fades.
Descripción: Desde hacía un tiempo Rivka estuvo esperando la llegada del “día especial”, solo para poder revelar los preparativos de meses... que esperaba que terminen en una salida inolvidable.
Modalidad: Privado.
 

Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
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Sus ojos azulados pasaban de acá para allá mirando a las felices parejas salir de Rengō con sus bobas sonrisas y sus iluminados rostros, era un poco escandaloso lo que hacía ese día en las mentes de esos “enamorados”. En cierto modo le parecía absurdo e insólito, pero eso ya no era asunto suyo. Ahora sólo quería que su hermosa cita del día apareciera de una buena vez; ya eran pasadas las 5:15 y todavía Rivka no había hecho acto de presencia. Los chocolates que ella le hizo se acabaron hace bastante tiempo y el frío de febrero comenzaba a incomodarlo un poco a pesar de que estuviera usando su poder para calentarse, además ¿por qué le había pedido que llevara una pequeña maleta con mudas de ropa y un traje de baño? ¿Qué estaba planeando su querida pelirrosa? Y más importante, ¿por qué le decía una maldita hora si ella no la iba a respetar? Todo el asunto era demasiado extraño y le comenzaba a enojar el hecho de que no se apareciera. Antes, cuando le entregó los chocolates y le preguntó si harían algo, le dijo que todavía tenía algunas golosinas por entregar y si se estaba tardando tanto significaba una sola maldita cosa: el asqueroso de Alexis. Pensar en que los dos estuvieran pasando juntos el día de San Valentín le hacia hervir la sangre a niveles insospechados, el calor aumentaba paulatinamente gracias a su imaginación. No era secreto para nadie que tanto Denali como Honō se odiaban a muerte y, que de ser posible, los dos se matarían a puñetazos y llamaradas. No le gustaba para nada Alexis y tampoco le gustaba tener ese sentimiento tan agotador, ¿acaso ese pelirrojo no podía entender que Rivka era suya? Rodó los ojos mientras pensaba en eso.

¡Ei! —La voz de Lovelace fue lo que necesitó para relajar un poco los músculos tensos de sus manos. Al voltearla, pudo verla vestir un hermoso yukata rosado con decoraciones azules. En su mano derecha se hallaba una cartera más o menos grande en la que seguramente se hallaban sus cosas. Su bello cabello iba de acá para allá por la prisa que llevaba, intensificando la belleza de la dama, quien le sonreía grande.
Al fin llegas, babe —exclamó serio, cruzándose de brazos al verla. Lovelace se acercó a su mejilla para plantarle un sonoro beso que esperaba funcionase para quitarle aquel humor de perro.
¡Lo siento! —Juntó sus manos—. El tiempo se me fue…
¿En qué?
Bueeeeeeno… —Rivka se debatía internamente contarle a su pareja lo que le retrasó, ¿cómo contarle de la manera más bonita que se había retrasado por culpa de su mejor amigo? Le parecía tan absurdo, tan inmaduro y carente de sentido el problema entre ellos dos, aún así decidió ser lo más suave posible con lo que diría; llevó sus manos -con cartera incluida- hacia atrás para comenzar a balancearse de un lado al otro—. Verás, Alexis y yo…
Ya no me tienes que decir nada.
¡Oh! ¡Vamos, Ei! No me mires así —le señaló con el dedo y luego volvió a acercarse a su mejilla—. Además, no puedes enojarte conmigo —el tono de voz de la pelirrosa pasó a ser uno un poco más tierno e infantil, Eishi seguía cruzado de brazos—. No en éste día y más porque sabes que al que quiero mucho muchote es a ti Eishi.

Tras eso, ella jaló el rostro ajeno y le plantó un dulce beso que fue suficiente para calmar la histeria del albino, quien no dudó ni un segundo en tomarla de la cintura para apegarla a él. Cuando se separaron, él le sonrió.

Más te vale —Rivka sonrió y asintió efusivamente—. Ahora… nos vamos a…
¡La estación de trenes!
¿Por qué la estación de trenes?
Porque vamos a tomar un tren, tontito —dicho eso, Rivka le tomó la mano a su Valentín y lo jaló para que la siguiera.

No importaba cuántas veces lo intentara, Rivka no le decía nada al respecto de lo que harían, ya bastante había revelado con decirle que pasarían el fin de semana juntos no iba a decirle más nada al respecto, además le parecía sumamente divertido que su novio comenzara a teorizar lo que harían como si fuera un niño pequeño, su niño pequeño. Se aferró a su brazo y cerró los ojos para poder descansar un poco de todo ese mar de dulce que consumió junto a su mejor amigo mientras el taxista hacía todo lo posible por llegar pronto a la estación de trenes. Había mucha gente en las calles de la bella y tradicional ciudad.

Cuando llegaron, ambos pudieron comprobar con sus azulados ojos la cantidad masiva de parejas que se hallaban yendo y viniendo. Eishi se sintió nuevamente incómodo, pero decidió alejar todos esos pensamientos cuando Lovelace volvió a tomarlo de la mano para dirigirse al interior de la estanción de trenes, después de todo no había tiempo que perder y menos en chicas bonitas.

¿Nagashima? —Ahora el asunto pasaba a extrañarlo aún más. Su amante compraba boletos para ir al otro lado de la isla y aún no lo decía el motivo, pensó en la posibilidad de que lo secuestraría, pero conociéndola, eso era un esfuerzo que ni valía la pena pensar. Se acercó a ella por detrás, tomándola de la cintura y acercando sus labios al delicado cuello de la pelirrosa—. ¿Eso no está un poco lejos, babe? —Cuestionó tras sentirla estremecerse entre sus manos.
Mm… sí, lo es, Ei… —Riv se volteó para llevar sus manos al pecho de su amado novio—. Ahí está nuestro destino, el cual oooooobviamente tendrás que esperar para verlo, bonito —concluyó con una suave risa.
Aún tenemos una hora, ¿qué quieres hacer mientras?
¡Oh! Podríamos usar los cupones que nos dieron por ser la pareja más fabulosa de la academia —aquel comentario hizo reír al albino y a la copiona le encantó escucharle—. ¿Qué dices? Podemos comer unas ricas donas de San Valentín.
¿No has comido suficiente dulce ya?
Eeeehhh… —Rivka rodó los ojos de un lado a otro, buscándo sin resultado alguno algo para distraer a su chico favorito—. No comí tantos.
¿Segura? No queremos que toda esa grasa se vaya a otros lados —la imitadora frunció el ceño.
¿Me estás diciendo gorda?
¿No?
Más te vale, Honō.
¿Por qué te lo diría? —Enarcó una ceja para luego sonreír seductoramente—. Además, si lo estuvieras, conozco un buen plan de ejercicios que nos ayudaría a ambos.
Muy chistoso, Honō —las mejillas de Rivka contrataban con aquel ceño ligeramente fruncido que empleó para aparentar que estaba molesta.

El albino sonrió y luego tomó la mano de la chica para ir al pequeño local de donas.

Krispy Kreme era una franquicia americana dedicada a la producción de donas, su tradición en fechas como aquellas era lanzar una serie de donas y bebidas que hicieran juego con la tradición y San Valentín obviamente tenía su propias donas. Ese año el restaurante había lanzado tres donas en forma de corazón y un batido: Fondant Strawberry, Fondant Chocolate, Fondant Banana Chocolate y Orange Chocolate. Todo se veía delicioso ante los ojos de la pelirrosa, para el peliblanco era otra historia.

El paladar del albino tembló cuando vio a Rivka entregar el cupón para las tres donas especiales. Como hijo de dos maestros de la cocina con restaurantes poseedores de estrellas Michelin, Eishi estaba acostumbrado a comer alimentos finos recién preparados, que su querida amante quisiera probar los premios de un… establecimiento familiar era apuñalarle las papilas gustativas. Con todo, Honō decidió darle una oportunidad sólo porque estaba junto a la hermosa pelirrosa. Tomó la bandeja con sus manos y se dirigió a una mesa que su chica tomó en una de las esquinas del local. Su sonrisa era amplia, casi igual a la de un niño. La dona de fresa le había hecho ojitos desde que la vio en el menú holográfico, Eishi tomó la de caramelo sin mucho entusiasmo y, cuando se la metió en la boca, se llevó una grata sorpresa. Esperaba encontrarse con un sabor demasiado dulce como para considerarlo “pasable” pero la verdad es que el chocolate, el relleno de caramelo e incluso el pan dulce estaban perfectamente balanceados en sabores.

Nada mal, ¿qué tal la tuya?
¡Deliciosa! La fresa y el chocolate siempre saben perfectos y más cuando lo compartes con tu chico especial —le guiñó el ojo para después darle un sorbo al agua con gas que compraron.
Aunque tus chocolates estuvieron mucho mejor.
¡Obviamente! Los hice yo.

Eishi sonrió y continuó comiendo la dona de caramelo, la verdad es que se sentía bien estando así con una chica como Rivka. Realmente no era a lo que estaba acostumbrado en un día como ese y tampoco es que fuera de los que planeara hacer algo especial en ese tipo de fechas, pero no podía negar que el misterio con el que Lovelace estaba llevando el asunto le intrigaba y, en cierta forma, le emocionaba y más porque la preciosa sonrisa en el rostro de su chica le encantaba. Aún así, Eishi esperaba acostarse con ella en ese viaje, pues la abstinencia impuesta por la muchacha lo estaba matando paulatinamente, si no lograba por lo menos obtener un pequeño trabajo oral… entonces Honō tendría que hacer algo que a Rivka le desgarraría el corazón. Suspiró y mordió el último bocado de su rico postre, pensar en salir con otra era normal en él pero por alguna extraña e inexplicable razón no se veía haciendolo, no se veía lastimando de esa manera a la preciosa pelirrosa, pensar en hacerle algo como eso le desgastaba mentalmente y le desganaba.

¿Pasa algo, bonito?
¿Mm? —Miró a su chica, se veía algo preocupada y todo por haberse perdido en sus pensamientos.
¡Oh! Nada, Riv —exclamó sonriéndole—. Sólo pensaba en que me fastidia no saber para donde vamos —la susodicha infló las mejillas, no creía que su novio le estuviera siendo sincero pero tampoco podía asegurar nada.
¡Tienes que ser un poco más paciente, Ei!

¿Paciencia? Curioso que lo dijera, aquella actitud era lo que más le sobraba en esos momentos. Cuando intentó preguntarle la razón de los trajes de baño, una voz femenina y suave resonó por toda la estación informando que el viaje de Nagoya a Nagashima saldría en unos cinco minutos. Rivka miró a Eishi y tomó la dona que faltaba junto a las botellas de agua gaseosa, para después pedir una bolsa plástica con la que llevar las cosas, tenían prisa así que la última dona sería devorada en otro momento. Por su parte, Eishi tomó el equipaje de ambos y fue directo a la entrada del local, abrió la puerta y la mantuvo así con su espalda mientras esperaba a que la copiona le alcanzara con la bolsa en manos.

Les quedaba poco tiempo para alcanzar el tren bala, por lo que tuvieron que apresurar el paso y sortear a más de una persona para alcanzar aquel veloz vehículo. Para fortuna de la pareja de éste rol libre, las puertas eléctricas del tren de color blanco seguían abiertas y los encargados todavía recibían los pasajes con su habitual sonrisa. La vela humana caminó hasta la zona vip y entregó los billetes para que la bella encargada les diera permiso de entrar y cuando entraron, los dos sintieron un agradable alivio, eso de estar corriendo por los transitados pasillos de la terminal era mucho más agotador que los entrenamientos físicos que le imponía la academia a sus preciados alumnos. Con las respiraciones calmadas y los nervios fuera de sus sistemas, la pareja de prospectos a héroes caminó por el amplio pasillo del vagón con el fin de encontrar sus asientos y así poder instalarse mientras esperaban por la partida del tren. Tomaron asiento y evidentemente Rivka se colocó el que tenía más cerca la ventana, no la necesitaba gracias a la presencia del albino pero ella quería el mejor asiento para sí, se quitó las zapatillas y luego subió sus esbeltas y cuidadas piernas hasta posarlas sobre las de Honō, quien llevó inconscientemente su mano para acariciarlas despacio mientras le observaba. La sonrisa en el bello rostro de la pelirrosa no se hizo esperar, amaba cuando Eishi le dedicaba ese tipo de gestos y por supuesto, a él también le gustaba tocarla y sentir la suavidad de su piel, subió un poco su mano hasta que la perdió de vista entre las telas de la yukata y, cuando llegó al muslo de su chica, lo apretó con ligera fuerza.

¡Ei! —Rivka llevó sus manos hasta donde le habían apretado el muslo—. ¿Estás loco? Hay mucha gente… —Aunque le mostrará a Eishi un rostro avergonzado y se negara a ser tocada en ese sitio, la verdad es que le había gustado la acción repentina del muchacho, apenas lo sintió su mente le hizo maquinar algún que otro agradable escenario, sin embargo, debía mantener la compostura un poco.

Honō sonrió y alejó despacio su mano.

Prefiero que sea en un sitio privado, bonito.
Está bien, pero me la pusiste muy fácil, princesa —le guiñó antes de volver a las caricias tranquilas sobre sus piernas.

No pasó mucho para que el viaje iniciara y la sonrisa en el rostro de la pelirrosa se ampliara por la emoción, tan sólo debía esperar unos treinta minutos para llegar a Nagashima y así poder disfrutar del plan que había formado hacía unas semanas atrás. Imaginarse el fin de semana junto a su amado en un lugar como el que había encontrado… no tenía ni siquiera una forma de describir cómo le hacía sentir todo el asunto. ¿Por qué el tren no podía ser más rápido?

Para cuando dejaron los terrenos de Nagoya, ambos se fueron a los baños para poder cambiarse las yukata, pues no querían parecer unos locos en la ciudad. El primero en salir fue el peliblanco y su vestimenta consistía en un jean negro rasgado y ajustado, una franela blanca y unas zapatillas deportivas de color gris que hacían juego con sus prendas, era un chico normal que llamaba la atención de las feminas por su atractivo físico. Lovelace salió del baño con su yukata recogido y colgando de uno de sus brazos, la chica vestía una elegante falda con estampado de tartán marrón la cual le hacía relucir sus largas y finas piernas. La camisa negra de cuello alto y mangas de poeta hacían un perfecto juego con las botas altas del mismo color, además claro de darle un plus a su estilo refinado. Honō la miró y sonrió, dándole paso para que se sentara y colocara sus piernas de nuevo encima de las suyas.

¿No estás vistiendo un poco elegante?
O quizá vos estás poco elegante, Ei —exclamó, sacanco la lengua al mismo tiempo que le guiñaba un ojo. Sonaba entretenida y bastante alegre, por lo que Eishi también rió con naturalidad.
Puede ser, para mi es un día más.
¡Pero no lo es! Estás conmigo. Además, ¿por qué no estarlo? Es nuestro primer San Valentín juntos —sus sonrisa reluciente demostraba que realmente se estaba tomando en serio el asunto—. Eso me hace querer preguntarte, ¿cómo fueron tus anteriores catorce de Febrero?

Eishi la miró con sorpresa y duda, esa pregunta tenía tantas respuestas equivocadas para ella que por un segundo sintió que lo había hecho apropósito. Sin embargo, el gesto de enredar su dedo en uno de sus largos mechones rosa le hizo entender que lo preguntaba por mera curiosidad.

¿Quieres que te mienta o te sea sincero? —Le sonrió, acariciándo las rodillas desnudas de su amada compañera.
¡Sincero! Por fi, prometo no molestarme.
Bueno —suspiró—. Los San Valentín me los pasaba con una chica en un hotel.

No estaba segura si era por la cantidad absurda de chocolate que había comido ultimamente, por el movimiento constante del tren o por la horrible imagen de pensar a Eishi con otra, pero repentinamente le habían entrado ganas de vomitar, rezaba para que las donas se quedasen dentro de su estómago. Todo el asunto le sentaba mal pero en cierta forma era bueno saber la costumbre de su chico…

D-de todas formas —la voz le temblaba un poco por las emociones en su estómago, pero ella sabía que debía tranquilizarse para poder demostrarle a él... no, al mundo entero, que ella era mil veces mejor que todas esas perras—, lo que tengo planeado para nosotros es mucho mejor que todos esos desabridos San Valentines.
¿Desabridos? —Eishi rió pero luego afiló la mirada con total intención, logrando que la piel de Rivka se erizara un poco. Lentamente se le fue acercándo, quitando el posa manos para estar un poco más cómodo—. Quiere decir que tú planeas algo —tras eso, unió sus labios en un beso despacio y apasionado.

La diseñadora correspondió el beso y llevó una mano a la nuca del millanorio peliblanco, aún se sentía extraña pero no podía negar que aquel rico beso le ayudaba un poco a relajar la ansiedad.

Sin más, el viaje pasó literalmente volando, los dos tomaron sus cosas y salieron del vehículo ferroviario agradeciendo a los encargados por el excelente servicio.

Vamos, tenemos un taxi que tomar.

La emoción de la pelirrosa se le desbordaba por los poros y su bella sonrisa no se desvaneció en ningún momento del viaje en taxi. Para cuando bajaron, Eishi pudo notar un camino de rosas rojas y blancas el cual tuvieron que seguir para llegar a un gran arco. En él se podía ver la despampanante parafernalia del Día de los Enamorados y un gran mensaje que decía “Bienvenidos al Nagashima Resort”.

Honō miró a su chica y luego silbó impresionado, Lovelace se aferró a uno de sus brazos.

Asi que un resort, ¿cómo…?
¿Recuerdas esa charla que tuvimos cuando me diste tu tarjeta por primera vez~?
Oh… ¡OOOOHHH!

No recordaba el lugar en el que pasó, pero si las palabras que ambos se dedicaron al momento que ocurrió. La tarjeta negra pasó a ser de Riv tras un juego en el que salió victoriosa gracias a sus habilidades para quitarle cosas a su chico mientras éste se hallaba distraido besándola, no obstante, aquella oportunidad era la que necesitaba la copiona para pedirle un pequeeeeeeeño favor.

Babe… ehm… ¿qué quieres comprar? —No le pareció extraño que su querida amante, estaba más que acostumbrado a que usaran su dinero para compras, pero aún así preguntó porque necesitaba llevar un pequeño control.
¡Cosas! Conía en mi, Ei~
Lo hago, sólo no vayas a comprar un hotel, ¿ok? —Bromeó, lo grando que la mujer frente a él llevera la tarjeta a su barbilla para tomar una pose pensativa.
Mm… —le miró curiosa—. ¿Qué tanto puedo gastar?
Lo equivalante a quinientos mil dólares —ese era el límite que le había impuesto a todas sus anteriores parejas, le parecía suficiente pues nunca se llegaba a dicha cifra. Rivka se impresionó.
¡¿En qué gastaría tanto?! —Como respuesta Eishi levantó los hombros.
Es tu límite.

Ella lo sabía, pero que se le dijera de esa forma le hizo sentir un poco… incómoda, incluso pensó que lo hacía como un mero trámite.

… Tranquilo —murmuró—, no pensaba gastar tanto. Eso es mucho más dinero del que vi en toda mi existencia.
¿Babe?
¿Mm?
¿Por qué ese tono tan... desganado?
¿Desganado? —Parpadeó para luego negar efusivamente. Su estómago dolía un poco gracias a la incomodidad; aunque fuese a usarla para planear algo en pareja—. Sólo… no esperaba que fueses... —se detuvo unos segundos—. A confiar tanto en mi.
¿Qué tiene? —Cuestionó, enarcando una ceja. ¿Tan raro era?
… Es muy lindo —ahora sonaba ligeramente avergonzada, el plástico negro pasó a ser un juguete en sus manos—. Confías en mi, pero también confías en que no voy a dejarte pobre para toda la eternidad —ante ese comentario, Eishi soltó una carcajada.
No podrías dejarme pobre ni aunque lo intentes con todas tus fuerzas, princesa —tras eso, Eishi la tomó de la cintura y le besó con cariño, ella rió con suavidad antes de corresponderle. El beso duró poco—. Eres mi chica, confío en mi chica. Si te sobra algo, compra lo que gustes.
Es divertido que creas que voy a derrochar tu dinero, Ei… pero eso no va a pasar~.
¿Cómo?
No voy a gastar mucho —la sonrisa y el tono fueron suficientes para hacer entender al chico que su ánimo se había recuperado—, sólo la quiero para algo específico… voy a devolvertela apenas termine —tras eso, le guiñó el ojo y volvió a besarlo.

No recordaba más, aquella charla había ocurrido hacía bastante.

Asi que… un fin de semana.
¿Sí? Sólo nosotros dos, no hay nada mejor que pasar un fin de semana con tu chica especial, ¿no?
Tienes razón, princesa —le sonrió y luego la tomó de la cintura para unir sus labios nuevamente.


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