Rol Libre Honō's Birthday | Eishi & Taishi Honō

Lazy

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Registro: Eishi & Taishi Honō.
Nombre del RL: Honō's Birthday.
Descripción: 8 de Marzo, fecha de cumpleaños de los gemelos más disfuncionales de todo Rengō. Estás cordialmente invitado a celebrar con Eishi y Taishi en el lobby de la residencia a las 3 de la tarde. No faltes que estará divertido.
Modalidad: Público.
 

Lazy

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Para ese par, las horas de clases fueron como un castigo eterno, se sentían afixiados y de alguna manera el dúo de albinos logró encontrar su forma de mantenerse distraido. Eishi miraba a su novia de arriba abajo y Taishi miraba el brillante cielo azul desde la ventaba que se hallaba cerrada a su lado. Parecía un día completamente normal y lo sería si tan solo no fuera el cumpleaños de aquella dupla de hermanos tan disfuncional.

Uno pensaría que como hermanos gemelos, los dos estarían alegres de compartir su día especial juntos como la familia que eran pero hace mucho que ambos decidieron insconscientemente celebrar la fecha a su manera. Desde que tuvieron la libertad que poseían ahora, los Honō llegaron a un acuerdo no pautado de festejar por separado y esa regla sólo se rompería si los dos querían pasar el día tranquilamente junto al otro. Sin embargo, su cumpleaños número diecisiete no era de esos que compartirían. Taishi tenía planes, planes que hasta ese entonces no estaba del todo seguro sí cumpliría y Eishi ya había hablado con Rah para hacer una pequeña reunión en el lobby del conjunto residencial de primer año.

Psst… Tai… psst…
¿Qué pasa, Rah? —Honō menor dejó de prestarle atención a las nubes para poder darsela a su amigo.
¿Estás seguro de no querer estar en la “fiesta” después de clases? —No era la primera vez que el árabe hacía la pregunta y tampoco era la primera vez que el moreno de ascendiencia hawaiiana le explicaba el asunto, por lo que en ese momento decidió suspirar, sonreírle a su amigo y luego negar con la cabeza—. Pero… es tu cumpleaños y el de tu hermano, estarán Rivka, Agatha…
¿Maya? —Rah abrió los ojos como platos, hasta ese momento no se había tomado la molestia de pensar en su ángel y en si iría al cumpleaños de uno de sus mejores amigos; después de todo, lo que había escuchado de parte del mayor de los Honō es que Nomura no le tenía una buena apreciación.
E-ese no es el punto.
Rah… tranquilo, ya tengo planes. No te preocupes por mi, luego podemos pasar tiempo los tres y celebrarlo como quieres.
Es que me parece un poco… raro que…
¡Lalbay, Honō! ¿Tienen algo que compartir con la clase? —La voz de la profesora de física tensó a los recién nombrados, como también hizo que los chicos ajenos al asunto voltearan a ver lo que sucedía con la dupla de morenos, quienes inmediatamente se irguieron y se disculparon con el resto de la clase.
Dejémoslo así, ¿te parece? —susurró, recibiendo un vale por parte de su amigo.

Para cuando la clase terminó, tanto Eishi como Taishi salieron disparados de sus asientos con dirección a los dormitorios, debían cambiarse para poder estar presentables para sus actividades. Los dos se cambiaron a la misma velocidad y salieron de sus habitaciones al mismo tiempo, típico de los gemelos.

¿Qué harás hoy? ¿Por qué tanto secretismo? —Eishi caminaba a su lado, analizando aquel yukata corto de color blanco con negro que llevaba su homólogo.
Te diré cuando regrese —respondió sin dejar de caminar hacia la salida de la institución—. ¿Y tú qué? ¿Saldrás con Rivka luego de la fiesta que le pediste a Rashidi?
No lo sé, depende de ella, supongo que querrá hacer algo luego. Ahora está un poco molesta porque ella también quería participar en la decoración de su novio.
Hmm~ ¿Novio?
¡Cállate!

Con eso, la charla llegó a su fin. Los dos se separaron en el instante en que llegaron a la sala principal de la residencia. El mayor se quedó sentado en uno de los sofá y el menor salió con dirección a la estación de trenes.

A Eishi no le pareció extraño, pero sí curioso el hecho de que su gemelo tuviera tanto recelo a decirle lo que haría en ese día. Aunque con sólo mirarlo y olerlo pudo descubrir que planeaba salir con una chica, ¿quién? Esa era la pregunta del millón y la cual esperaba fuera respondida en el momento en que Tai volviera. Rodó los ojos, restándole importancia al asunto. Ahora había algo a lo que prestarle más importancia, su cumpleaños.

Rashidi, como buen amigo que era, se encargó de decorar y equipar el salón principal con las cosas que le había pedido: luces, comida y la estación de música. Esperaba a que la gente llegara, en especial su chica y su mejor amigo árabe. De repente, sus ojos fueron tapados a la vez que una fragancia dulce le inundaba las fosas nasales.

Adivina quién soy~ —su tono risueño y divertido le hizo esbozar una sonrisa al cumpleañero.
Mi hermosa princesa.
¡Exacto! —Lovelace le destapó los ojos y lo abrazo del cuello para tenerlo cerca y así poder frotar su mejilla con la ajena—. ¿Qué comes que adivinas, Ei?
No lo sé.
Feliz cumpleaños, daddy~ —tras eso, Rivka comenzó a besarle el rostro a su querido novio, para concluir en los labios del chico. Eishi la tomó de la cabeza para intensificar un poco el asunto, disfrutar de la calidad y el sabor de la boca de su amada. Sin embargo, la emoción del momento y el calor hizo que la chica de cabello rosa se inclinara más de lo debido, logrando así pasar por encima del espaldar del sofá. Rivka parpadeó un par de veces al darse cuenta que su cabeza quedó en la pierna derecha de su chico y luego rió divertida. Eishi acarició su mejilla con cariño.
¿Y qué te parece? —Preguntó el albino, refiriéndose a la decoración del lugar.

Lovelace pasó sus zafiros por el lugar y, tras analizar, le sonrió.

Neh… pudo haber sido mejor, ¡si me hubieras dicho desde un principio!
Ya lo expliqué antes —suspiró con fastidio.
¡No me importa! Ei, soy tu novia y sabes que me hubiera encantado hacer algo así para tu cumpleaños.

Para no continuar con la disputa, Eishi se inclinó para besarla con la misma pasión que el beso anterior, importándole poco o nada la presencia de los invitados recién llegados. Entre esos Rashidi, quien decidió interrumpir a los "tortolos".

Taishi se hallaba sentado en el tren bala, esperando con sus audífonos puestos a que el vehículo arribara en la ciudad de Tokyo. El viaje no fue pesado ni mucho menos aburrido debido al debate interno que tuvo el muchacho sobre si lo que hacía estaba bien o mal, si sería lo correcto para dar un paso adelante con lo que esperaba lograr con la mejor amiga de Nomura. Pensaba en que, tal vez, era demasiado a pesar de que era lo que quería, creía que si lo hacía se hallaría con una piedra mucho más empinada de lo que deseaba… sin embargo, Honō menor…

Al carajo —susurró mientras la melodía llegaba a su clímax y sonreía—. Es mi cumpleaños y, desde hace mucho tiempo, he hecho lo que se me ha venido en gana sin molestar a nadie. Esto no será diferente.

Tras ese pensamiento, la confianza del moreno se fortaleció más de lo que ya estaba.

El alta voz se escuchó y Taishi se dispuso a guardar sus audífonos en el bolsillo de su pantalon para luego levantarse y caminar con dirección a la salida del tren.

Una vez fuera de la estación, el moreno decidió tomar un taxi para llegar a la escuela secundaria de la chica, creía que era la opción más rápida. Aún le quedaba algo de tiempo para llegar a justo en el último timbre de la escuela, agradecía que todos los colegios de japón concluyeran sus actividades en la tarde. Como ya había mandado dos regalos a la hermosa chica, Taishi ya conocía la dirección por lo que no necesitó de su celular para guiar al hombre.

¿Nervios? No, ¿ansiedad? Menos, Taishi no sentía nada más allá de una fuerte emoción y alegría, no todos los días cumplia años y no todos los días podía pasar el día con una muchacha tan intrigantemente hermosa como Jesbell Michiko, aunque dependía totalmente de ella el pasar un rato juntos. Aún así, Taishi se conformaba con verla e intercambiar un par de palabras con ella, era como un regalo de él para él y obviamente lo iba a disfrutar.

Cuando llegaro y el taxista le indicó el montó al muchacho, el hombre no tuvo tiempo de reaccionar pues Honō menor se bajó del auto y le pagó deslizando su dedo por la pantalla del celular, todo con una prisa sumamente inusual en él. El conductor se extrañó en demasía y más al ver que el chico abonó muchísimo más de lo que la tarifa exigía.

¡Eh! Chico te…
Tómelo como propina —vociferó con prisa mientras se dirigía a los estudiantes que comenzaban a salir de la academia.
¿Pro-propina? —Su sorpresa era evidente, pero si el chico lo decía…

No era para nada extraño que la multitud se le quedara mirando, sobretodo las chicas que encontraban en él a un joven sumamente apuesto. Sin embargo, a Taishi no le importaba en lo más mínimo aquellas miradas y comentarios hacia su persona, su atención estaba puesta en solo una persona y ella no se encontraba entre esa muchedumbre de estudiantes. Tai comenzaba a fastidiarse un poco, todas las chicas que salían por el arco y ninguna era ella… estaba a nada de sacar su mal genio hasta que…

¿Nos vemos mañana, Jes?
Claro.

Fue en ese momento que el fastidio se alejó por completo, ella estanba de espaldas a él por lo que, cuando se acercó y le llamó por su nombre, Jesbell se llevó una sorpresa que no esperaba.


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Jesbell.

La mencionada se detuvo, como paralizada. Taishi no podía saber que los segundos sin moverse se debían al hecho de que intentaba recordar dónde había escuchado su voz antes, sin mucho éxito. Se le hacía familiar, pero no tanto como para tener el recuerdo fresco en su memoria, lo que provocaba que la chica se preguntara "¿Quién es el dueño de esa voz suave y relajada pero gruesa?". Para conocer la respuesta, la chica tuvo que girarse, sufriendo de emociones dispares al descubrir al moreno peliblanco.

Mientras las chismosas y calenturientas estudiantes de su escuela juntaban fuerza para avergonzarse a sí mismas, la joven Michiko le dedicaba al emocionado Honō la visión directa de su rostro inexpresivo. Muchos sentimientos disputaban en su interior por hacerse con el control, pero al final el que ganó fue...


—¿Qué estás haciendo aquí?

La desconfianza de Jes.

—¿Cómo me encontraste?
—Sí, bueno...


El moreno soltó una risa nerviosa, echando su cabello hacia atrás. Ese acto enloqueció a todas las testigos. Las tres más vivarachas se atrevieron a plantarse entre el visitante y la visitada, siendo la líder del grupito la que planeaba acaparar más atención.

—Hola, guapo~ —estiró una mano para tratar de tocarle el pecho, pero él retrocedió—. Me causa curiosidad lo que un apuesto chico como tú busca en una escuela tan humilde como ésta —llevó la mano en un movimiento aparentemente natural a un mechón de su propio cabello para jugar con él de forma coqueta, ignorando que él vigilaba con mucho interés cómo una de sus seguidoras empujaba más allá a Jesbell, esperando que se perdiera por ahí y las dejara en paz.

Jes trastabilló, el empujón fue tan fuerte y repentino que terminó girando y cayendo sobre sus rodillas. Apretó los puños,
"voy a pegarles a estas malditas", pero luego de unos segundos los relajó con un suspiro, Bell solía enfrentarse a la mayoría de las situaciones estresantes para evitar algún llamado de atención, algo que probablemente conseguiría su compañera con sus métodos.

—Entonces te iluminaré con todo el gusto del mundo —comunicó, sonriéndole ampliamente, cosa que le gustó a la muchacha—. Yo vine hasta aquí sólo por una razón —rodeó al trío hasta encontrarse de frente a la joven que le interesaba. Jesbell había preferido ignorar lo que sucedía a sus espaldas, sentada sobre sus talones recogía en la parte trasera de su cabeza dos mechones de su cabello, notando al muchacho cuando plantó una rodilla en el suelo, alzando la vista para verlo. Los zafiros de Taishi se quedaron en algo bastante importante que lo enmudeció un par de segundos más: colgando de una cadena de plata del cuello de Michiko estaba aquel anillo por el que tanto le costó decidirse, con un detalle de enramado que hacía parecer que la pieza sujetaba una gema azul brillante. Su sonrisa se volvió sincera al tiempo que estiraba una mano—. Vine por ti, Jesbell. ¿Me darías el gusto de acompañarme el día de hoy?

Los rubíes observaron la mano, muy consciente de la cantidad de ojos que ahora se clavaban en ella. Cualquiera que fuera su respuesta, sufriría de las consecuencias; tal vez no ese día, pero sí los siguientes. ¿Por qué no darles entonces una razón válida para eso?

—Sí —la tomó—, por supuesto.

**

"¿Qué demonios hiciste, Bell?". Jes se llevó las manos a la cabeza, completamente molesta. "Ni siquiera sé por dónde empezar. ¿Ahora seremos víctimas de bullying por un chico?"
"No"
, Bell estiró un poco los brazos, alzando un dedo. "Nosotras no-"

"¿Y aceptar su invitación? ¿Qué diablos te pasa? Amayah no le diría nada a nadie. ¡Eso es acoso!"
"¡Ni siquiera sabes lo que quiere! Podríamos darle el beneficio de la duda."
"¿Por qué demonios haríamos eso?"

"Porque-"

Taishi se encontraba un poco confundido, pero claramente fascinado por el arrebato que parecía tomar lugar en la preciosa chica a su lado. ¿Discutía consigo misma o le pasaba algo más?

—¿Hay algún problema, Jesbell?

La aludida se sobresaltó y rio nerviosamente, bajando las manos por un mechón de su cabello, enredando los dedos en él con la intención de mantenerlos quietos.

—Sí... —jadeó suavemente, alzando las manos para sacudirlas un poco en dirección al muchacho—. ¡Quiero decir, no! ¡No hay ningún problema!

Recogió los brazos mientras lo observaba reírse. ¿Por qué se estaba sintiendo avergonzada?

"Porque está justo al lado nuestro, Jes."

Bell bajó la mirada, rehuyendo de los ojos zafiro.

—¿Qué haces aquí, Taishi? —jugó con la punta de un mechón. Una cosa era tratar con un chico que nunca más volverías a ver en la fiesta de cumpleaños de tu mejor amiga, otra muy diferente era volverlo a ver.
—¡Oh! Pues, bueno... —se llevó una mano a la nuca—. Hoy es mi cumpleaños —la información sorprendió un poco a la chica, lo suficiente como para que lo mirara— y quería hacer algo que me gustara, por eso vine a verte.
"Ugh"
. Jes rodó los ojos.
—¿A mí?... Pero ¿por qué?
—Me divertí mucho hablando contigo el mes pasado, estaba deseando repetirlo —
su tono bajó por unos segundos, luego la miró—. Disculpa mi atrevimiento, no sabía cómo más hacer para verte...
"Eso seguro."


Honō fue testigo de dos expresiones diferentes en un escaso período de tiempo. El precioso rostro de Jesbell se mostró totalmente indiferente, rodando los ojos a un costado mientras exhalaba con fastidio, lo que ocasionó que el moreno sufriera algo muy parecido al pánico; pero inmediatamente después los orbes rubíes volvieron a él más suaves, con una pequeña sonrisa aflorando de aquellos labios de los que salió un casi imperceptible suspiro que se atrevería a catalogar como divertido, eso recompuso su calma. Aunque tenía una duda: ¿sería ella... bipolar?

—Entonces, ¿qué quieres hacer? —le preguntó, manteniendo la sonrisa.
—Lo que quería hacer ya lo estoy haciendo —confesó, sin poder evitar sonreírle de vuelta—. ¿Qué quieres hacer tú? Aceptaré lo que quieras.
—¿Lo que yo quiera? —su sonrisa se ensanchó y alzó la mirada al cielo, meciéndose levemente adelante y hacia atrás mientras pensaba.

Cuando una idea vino a su mente regresó la vista al muchacho. Sus ojos rojos brillaban entre divertidos y desafiantes, y había levantado mucho más una de las comisuras de su boca. Taishi tal vez debería dudar de sus palabras en ese instante, pero todo lo que pensó fue que iba a divertirse bastante ese día.


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Los ojos de Taishi pasaban de un lado al otro visualizando el complejo llamado Daikeien Amusement Park, impresionandose en el proceso por la cantidad de atracciones que se hallaban en el lugar: máquinas de juegos, mesas de billar y, la atracción más destacable, una pista con go karts de ruedas lo suficientemente larga como para que los participantes puedan sentirse como si estuvieran participando en un derbi de carreras.

Hacía un tiempo atrás, Honō había escuchado hablar a sus amigos de la primaria de un sitio como ese, en el que podían pasar un agradable rato entre amigos compitiendo en carreras y jugando al billar, pero hasta entonces el moreno no tuvo ningún tipo de interés en participar en una actividad tan agotadora como una salida de ese calibre, el agotamiento físico en ese entonces le aterraba. Sin embargo, las cosas cambian y ese pensamiento se esfumó apenas observó la maravillosa sonrisa de su acompañante, quien casualmente compartía la etiqueta de “primera vez” con él.

Al igual que el cumpleañero, Michiko escuchó a sus compañeros de clases hablar de un sitio entretenido en el que podía divertirse jugando a las carreras, desde ese entonces siempre tuvo la ilusion de visitar el lugar y pasar un agradable momento, pero jamás se presentó la oportunidad. Sus ojos brillaban de emoción, aquel parque temático prometía mucho más de lo que había escuchado en las historias de sus compañeros de clases. Decidirse por la primera atracción que usarían fue sumamente sencillo, pues de todas, la pista de carreras era la que más le llamó la atención en ese momento. Llevada más por la emoción que por el raciocinio, la hermosa azabache tomó la muñeca del peliblanco y lo guió hasta el lugar dónde podían alquilar los cochecitos para la carrera.

Su tacto se sentía indescriptiblemente bien y, aunque sabía que en algún momento debía soltarlo, Taishi esperaba que no lo hiciera.

Cuando llegaron a la taquilla donde se ingresaba el dinero para participar, Taishi se apresuró en introducir su tarjeta para pagar el monto de una carrera para dos mientras Jesbel se encargaba de tomar los tickets que necesitaban para entregarselos al encargado de la atracción.

Qué suerte tienen, son los primeros en llegar —exclamó el chico que vestía un atuendo chistoso de colores rojos y negro mientras tomaba los boletos y los rompía para luego abrirles el paso hacia la pista—, parece que hoy el resto de chicos que han venido se están concentrando en las maquinitas de juegos.

Taishi sonrió ante aquel hecho para luego mirar a Jesbell. Una carrera sólo para los dos, justo lo que necesitaba.

¡Bien! —El alegre encargado de traje y gorra roja se detuvo antes entregarle a los competidores sus respectivos cascos—. Antes de que comiencen, deben saber las siguientes instrucciones y reglas.

Dicho eso, el empleado del parque deslizó su dedo en una pulsera para que acto seguido, saliera un pantalla holográfica en donde se podían observar reglas y normas de seguridad. El muchacho se dispuso a explicar cada uno de los puntos expuestos, esperando que la dupla de jóvenes los tomara en cuenta. ¿Qué pensaría aquel hombre si supiera que ninguno de los dos le prestaba atención? Seguramente estaría sumamente preocupado, pero cómo culparlos, si ese discurso sonaba muy aburrido y ambos sólo querían correr en la pista. Para cuando terminó, el hombre preguntó si tenían alguna duda y si habían entendido, recibiendo de parte de Honō un “no” y un “claro” como respuesta, el de traje sonrió.

Bueno, iré a tomar mi lugar, escojan su auto y luego comenzará la carrera —tras eso, el chico se fue hasta su puesto en una cabina.

Tai se colocó el casco co rapidez y luego observó a su querida cita de cumpleaños.

¿Quieres que te ayude con el casco, preciosa?

Ante la pregunta, Michiko sonrió coqueta y se acercó a él sin decir nada, ella no era tonta sabía lo que quería Honō en ese momento, por lo que decidió dárselo sólo que de una manera un tanto extraña. Dejó el casco rojo en las manos del muchacho y se inclinó un poco, con las manos entrelazadas detrás de su espalda y los ojos cerrados.

Estoy esperando, Taishi.

Honō sonrió por la cercanía, si él era obvio entonces ella era una señal de luces por la noche en medio de una carretera totalmente vacía. Su sonrisa no se borró y, sin ninguna intención de apresurar su acción, le colocó el casco. Sin embargo, Tai decidió acercarse a su oido y comentarle.

¿Realmente quieres jugar conmigo? —susurró en su oido antes de soplarselo despacio para después alejarse con su habitual sonrisa.
¿Por qué crees que estoy jugando contigo? —La inocencia de las palabras y su sonrisa, más el divertido conteneo de lado a lado le hacían ver como la chica más adorable de la zona. Tai simplemente negó antes de caminar con dirección a la pista.

Dentro del circuito, los dos pudieron observar varios autos de diferentes tamaños colores y formas, aunque ninguno llegó llamar la atención de la fémina como aquel lindo cochecito de color rosado con franjas blancas como decoración. Se acercó a él dando un par de saltos y luego metió sus pies en el interior antes de alisar su falta para luego sentarse y tomar el volante. Tai sonrió cuando ésta le hizo un ademán con la mano para que escogiera el suyo.

Entonces... —Tai miró cómo los encargados retiraban el resto de autos, pues al parecer no habría nadie más que ellos en la pista, era perfecto en teoría pues las tres vueltas que les asignaron se convertirían en una competencia entre ellos, algo que necesitaba el muchacho—. ¿Una carrera, preciosa?

El brillo en los rubíes y la sonrisa que se formó en el rostro ajeno fue único y una clara afirmación de que ella, aceptaba la propuesta. Cuando sonó el pitido para prepararse y el semáforo holográfico marcó la luz verde, Honō y Michiko apretaron el acelerador de sus respectivos coches.

Para Taishi fue un total placer escuchar la risa divertida y los gritos de emoción de su compañera tras pisar con fuerza el acelerador y mover el volante hacia a un lado, ni el suave rugido de los moteres de ambos carritos de carreras fue suficiente para que Taishi pudiera dejar “deleitarse” con aquella hermosa voz. La exaltación de Jesbell no tardó en contagiarsele al moreno, realmente conducir esas cosas era divertido. La brisa, la velocidad y la vibraciones del coche al pasar una curva realmente se sentía sumamente bien, ahora entendía a todos sus compañeros de clases.

Miró hacia atrás luego de desacelerar para tomar bien una curva y fue ahí que pudo notar la sonrisa emocionada de Jesbell, quien rápidamente aceleró para pasarle y dejarlo atrás en esa curvatura.

En un principio, la bella Michiko estaba teniendo problemas con su auto; era la primera vez que tomaba el volante de uno y, aunque todo fuera mucho más sencillo que un carro real, Bell no lograba acostumbrarse del todo. Es por eso que necesitó de ayuda interna para comprender un poco mejor el funcionamiento del cochecito.

Ahora ella se encontraba en la delantera.

Alcanzame si puedes, Taishi —exclamó la muchacha mientras echaba su vista hacia atrás para verle ahí, pisándole los talones antes de entrar al primer tunel de la pista.
¿Me estás retando? —El eco resonó en las paredes del oscuro conducto a la par que las luces de los autos se encendían por la falta de luz, el local sí que se esforzaba en hacer la experiencia lo más real posible.
Sólo estoy viendo que eres muy lento —gritó la chica luego de salir del largo pasillo techado y echar el auto hacia la derecha para tomar la parte interna de otra curva—, y que yo estoy… —sus ojos se abrieron como platos cuando el moreno se colocó a su lado luego de pasar la curva.
¿De primera? —Le sonrió a la par que clavaba los zafiros en sus rubíes—. Te veo en la meta preciosa —le guiñó el ojo previo a dejarla detrás para que viera su espalda.


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Maya abandonó la residencia femenina, saliendo a la sala común. No le sorprendía toda la parafernalia que se veía, en realidad era lo que había estado esperando encontrar después de todos los cuchicheos matutinos respecto a la festividad a la que no fue propiamente invitada. Tampoco era que le interesara asistir. El más agradable de los Honō se hallaba ausente, lo que dejaba al más detestable de ellos. Hablando de él… Eishi se levantó del sofá para sabrá sólo él qué hacer a continuación, pero se detuvo por un instante al su mirada cruzarse con los dorados de Amayah. Lo que escuchaba de ella siempre eran cosas buenas, un tanto exageradas si venían de los labios de su mejor amigo, en lo absoluto parecidas a la expresión que le pintaba en el rostro. La azabache alzó ligeramente la barbilla antes de cortar la comunicación visual, dirigiéndose a la salida del edificio. Por alguna razón, Eishi tragó grueso.

—¡Oh, es Maya! —Rivka también se había levantado y notado a su amiga—. ¡La invitaré!
—No —
el albino fue rápido en tomarla de la mano—. Está bien así.
—Oh, bueno.
Me odia.


• • •

“¡No puedo dejarlo ganar! ¡Se supone que esto iba a ser fácil!”
“Es fácil. Sólo lo haré una vez más, así que presta atención.”


La mirada divertida de Bell fue reemplazada por la seriedad de Jes. No le interesaba en lo absoluto quién ganara, pero si su compañera no guardaba silencio iba a aparecer -en el momento que fuera- con migraña. Y no permitiría que eso pasara. Si Taishi era un conductor mediocre como Bell, entonces sería fácil superarle. Los carritos tenían dos velocidades: la normal y la rápida. Lo único que había que hacer era saber cuándo usar cada una.

“Pierdes tiempo reduciendo tu velocidad”, comenzó como si fuera el ejercicio más natural del mundo. “No tengas miedo de pisar a fondo, no te vas a matar. Si mantienes el máximo de velocidad”, el carrito rosa no tardó en rebasar al del muchacho y Jes lo miró mientras pasaba por su lado, “vas a adelantar. Sólo debes cambiar las tornas en las curvas.”

Como demostración, Jes levantó el pie del acelerador al tiempo que cambiaba a la velocidad normal y pisaba paulatinamente el freno, girando el volante. Se alejaba del lado donde la curva era menor para tener un movimiento más fluido y natural con el lado opuesto, de la curva amplia. Tras superado, pasaba el pie al acelerador y lo pisaba luego de cambiar nuevamente la velocidad. Las luces del carrito se encendieron al sumirse en un túnel con cuatro curvas seguidas. Como si le estuviera haciendo un favor, Jes las superó en silencio. Al salir a la luz lo rompió.

“¿Entendido?”

“Creo que- Creo que s-”
“Te lo dejo a ti.”

El cambio de una a otra era notorio para un ojo que prestara la suficiente atención. Jes estuvo todo el tiempo relajada, con las manos sueltas, una sobre el volante y otra sobre la palanca de cambio, usando un pie para cada pedal, sin importar que nunca antes hubiera estado manejando un vehículo, lo que demostraba que una de las dos sí prestó atención a las indicaciones del empleado. Pero Bell… la tensión en su espalda la hacía inclinarse al frente y quería tomar el volante con ambas manos, recordándose que sólo podría hacer eso cuando tuviera el camino despejado.

“Aunque… puedo probar…”
—¡¿Todo bien, preciosa?!


Sonrió.

—¡¿Preocupándote por mí?!~
—¡Estuviste callada un rato!


Rio suavemente, divertida. La emoción burbujeaba en su cuerpo. Levantó el pie del acelerador, bajó el cambio y pisó el freno, llevando ambas manos al volante para girarlo. Taishi y ella intercambiaron miradas. Él era algo arriesgado, acercándose tanto al lado corto de la curva. En los ojos azules había algo… En los ojos rojos brillaba… Llevó una mano al cambio para subirlo, intercambiando el trabajo de sus pies. Bell le dedicó una sonrisa.

—Deberías preocuparte por ti~.

Le tiró un beso antes de que la velocidad la moviera nuevamente al primer puesto. Sin embargo, no importaba quién llegara primero en la primera vuelta de una carrera, lo que importaba era quién llegaba primero en la última vuelta.


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Lo que ocurrió entre el beso y el resto de la carrera pasó absolutamente rápido y natural para él y aunque intentaba tratar de recordar lo ocurrido antes de cruzar la meta y bajarse del auto, no podía gracias a la escena que se presentaba frente suyo: Jesbell, la hermosa chica de impactantes rubíes se levantó despacio del cochecito y, al salir de él, se desabrochó y quitó el casco logrando que su cabello se viera liberado por completo, sin embargo, sus onduladas hebras tenían que alborotarse un poco para deshacerse del peinado obtenido por el uso del protector. Lo revolvió con una mano y luego lo agitó para dejar todo ese mar negro de pelo en su espalda, fue ahí cuando Honō menor quedó enmudecido, pues la escena terminó con ella mirándolo directo a los ojos para después sonreírle.

Muchas mujeres le habían dedicado esa mirada, muchas interesadas le sonrieron de esa misma forma pero ninguna le había logrado desarmar como Michiko lo hizo en ese momento. Su corazón se detuvo y el aliento se le escapó, pero no le duró mucho pues su cita ahora se le acercaba con esa bella sonrisa. Debía comportarse o él perdería el “juego” que siempre había mantenido frente a las chicas.

¿Te divertiste? —Preguntó, aunque no necesitara respuesta pues su expresión jovial lo decía todo.
¡Pues claro! —Contestó aún más alegre, pero luego llevó su dedo índice hasta su barbilla, imitando una pose pensativa—. Aunque, ¿qué me gané luego de dejarte comiendo polvo?
¿Quieres un trofeo? —Enarcó una ceja y sonrió.
Sí. Después de todo, gané la carrera Taishi.
¿Puede ser lo que sea? —Le sonrió, acercándose lo suficiente como para que ella tuviera que alzar un poco la mirada para verle la sonrisa pícara del cumpleañero.
Depende de a qué te refieras con eso~ —batió las pestañas en un gesto coqueto.
Quizá sea algo que nos guste a ambos.

¿Realmente estaba pasando? Su cumpleaños cada vez se iba poniendo mejor y ese momento en que ella le colocó las manos en los hombros fue como el clímax del día. Pensaba que su regalo de cumpleaños sería pasar el día con ella, pero besarla se había convertido en su regalo del día. Posó su diestra en la cintura de ella y luego la apegó un poco. No sabía por qué, pero su corazón ahora latía a millón, como si fuera la primera vez que besara a una chica. ¿Podría hacerlo? Obvio, sólo debía inclinarse un poco y juntar sus labios en un suave beso que quedaría en su memoria como el mejor de todos. Ella seguía sonriéndole de manera sugerente, como sí le incitara a que lo hiciera de una buena vez por todas y así iba a hacer.

Él se fue acercando poco a poco a la par que entrecerraba sus ojos con la esperanza de que ella hiciera lo mismo. No obstante, un suspiro de asombro y un movimiento brusco por parte de ella le quitaron el encanto al momento para reemplazarlo por una sorpresa insuperable. Ella le había tomado del brazo para jalarlo y dejarlo a su lado mientras que apuntaba con uno de sus dedos a una chica corriente, lo importante no era ella si no lo que llevaba en sus manos: un batido de fresa enorme.

¡Quiero uno, Taishi!
¿Q-qué cosa? —Todo pasaba tan rápido, podía decirse que se sentía un poco contrariado.
El batido de fresa, Tai.

Ahí lo vio y su gozo se fue a un pozo, pero decidió dejarlo estar quizá no era momento para eso, pero algún día obtendría aquel dulce beso.

¿Sólo quieres el batido o… quieres algo más?
Bueno, podríamos comer algo de acá.
Seguro.

Seguir las indicaciones de los letreros con un tierno logo de hamburguesa fue suficiente para guiar a los dos estudiantes de secundaria quienes pudieron observar la cantidad de puestos de comida de aquella pequeña feria; hamburguesas, pizzas, sushi, hot dogs, comida china, ramen, era un lugar perfecto para perder el apetito y, aunque hubiera gente, no eran demasiadas personas como para que ambos tuvieran que hacer fila para pedir lo que comerían. Sin embargo, la menuda chica sólo buscaba un puesto y ese era el de los batidos. Taishi se percató de eso y decidió unirse a la búsqueda del puesto al que encontraron y apuntaron al mismo tiempo.

¡Vamos! Podrían acabarse, Tai —lo jaló del brazo con todas sus fuerzas para llevarlo hasta el puesto de batidos.

Escoger no fue nada dificl, ella ya había pensado el sabor mucho antes de siquiera llegar a la feria. Cuando los compraron y se los entregaron, Michiko no aguardó ni un segundo para llevarse la pajilla a la boca. Un sonido gutural y agradable se pudo escuchar de parte de ella, dando a entender que el sabor dulce de su bebida rosa era el mejor de todos. Tras eso, Taishi le pidió que escogiera lo que comerían.

¡Hamburguesas!

Una vez sentados, los dos se dedicaron a acomodar los platos sobre la mesa y las bandejas hacia un lado. Es mucha comida grasosa y de segunda categoría, pensó el quisquilloso de Taishi tras hacer una imperceptible mueca de disgusto; al igual que cualquier otro niño rico, Honō menor cumplía con el cliché de no estar acostumbrado a la comida rápida y, viniendo de una familia de chef profesionales, obviamente sentiría cierto desagrado hacia ese tipo de alimento. No obstante, Tai no podía hacerse el “señorito” frente a la chica frente a él por el mero hecho de que el sitio lo escogió ella para su cumpleaños, ¿se imaginan la desilusión de su preciosa cita si mostraba una cara de disgusto? Tragó fuerte y llevó una de sus papas fritas a su boca, llevándose una agradable sorpresa de por medio.

¡Mm! Nada mal.
Sí, están deliciosas —contestó con una agradable sonrisa la chica antes de llevarse la pajilla de su batido de fresa a la boca y sorber.
¿Sabes? Ya que no nos conocemos tanto, ¿qué tal una ronda de preguntas?
¿Y si no quiero responder a una de tus preguntas? —Le batió las pestañas a la par que empleaba su tono coqueto.
Pues… el que no responda pierde una papa frita —le sonrió, no podía negar que no le encantaba cuando hacía eso.
Bueno, suena bien para mi, Taishi.
¿Quieres empezar tú con las preguntas?
¿Yo? Bueno... ¿Estás pasando un buen cumpleaños?
Estoy pasando el mejor de los cumpleaños gracias a ti, preciosa —le sonrió tranquilamente mientras echaba los condimentos a un lado de sus papas fritas—. Aunque eso es trampa, sabías la respuesta a esa pregunta —como respuesta, ella sacudió la cabeza negando lo que decía para después volver a su preciada bebida—. ¿Tú esperabas pasar un día así, con un amigo de tu mejor amiga?
Honestamente, no esperaba volver a verte~.
Yo si tenía muchas ganas de verte —llevó una de sus papas a su boca—. Tu turno, preciosa. Pregunta lo que quieras.
¿Por qué éste es tu mejor cumpleaños? Has pasado… ¿cuántos? —subió los ojos como si estuviera pensando y luego los bajó—. ¿Dieciséis? —como no hizo ni un gesto siguió con la cuenta—. ¿Diecisiete? —La cual no duró mucho porque el moreno asintió cuando nombró ese número—. Esos son muchos cumpleaños —él rió, razón no le faltaba para decir eso.
Puede ser, pero ninguno de los anteriores estuviste ahí para estar a mi lado.

Bell río con suavidad, sus mejillas sonrojándose suavemente mientras evitaba su mirada tomando la hamburguesa para darle otra mordida. Un poco recuperada y sin dejar de masticar, lo miró, alzando las cejas, esperando su pregunta.

¡Oh! Lo siento —rió por su descuido—. ¿Te hubiera gustado concretar tu premio por ganar la carrera?

Se tomó todo el tiempo y más del necesario para masticar y tragar aquella porción de la hamburguesa, manteniéndole la mirada y una coqueta sonrisa en los labios. Tras eso, envolvió lentamente los dedos de mano alrededor de la boca de su vaso.

¿Qué te dice que mi premio no se ha concretado? —saboreó cada palabra y lo miró entre las pestañas al hablar.

Y ahí, con ese gesto Tai quedó nuevamente paralizado. No sabía qué responder o cómo responder así que fue el primero en perder.

Después de todo —continuó con evidente placer, moviendo la pajilla de su batido con delicadeza—, aquí tengo mi bebida, ¿no? —batió las pestañas, completamente entretenida, mientras llevaba los labios a la pajilla para beber un sorbo.

La miró retirar una de sus papas del plato de plástico.

Bueno... ¿te sientes a gusto conmigo?

Rio con suavidad. Si su completa forma de ser no le respondía eso, no sabía cómo ponerlo más claro. Disfrutó de la papa y se limpió con la boca los dedos usados.

Creí que era evidente, Taishi~. Pero si es cierta necesidad de confirmación~, sí. Me siento muy a gusto. No puedo divertirme si no estoy a gusto.

Su sonrisa se amplió notoriamente antes de saborear su hamburguesa ahora tibia. El ego se le había subido un poco, esperaba que el juego siguiera así de divertido. Por su parte, Bell se recostó del asiento con una pequeña sonrisa, jugando levemente con el vaso mientras sus ojos recorrían a su acompañante. Honō Taishi tenía sex appeal; era agradable a la vista, a los oídos, al olfato, a la compañía. A simple vista, todo un partido. ¿Era tan perfecto como parecía?

¿Por qué esas preguntas te parecen tan importantes como para hacerlas en la primera cita?~ ¿Tienes miedo de algo?~
¿Miedo? Para nada preciosa, sólo quería que me subieras el ego nada más —le guiñó el ojo antes de darle una probada a su batido de naranja—. ¿Te hubiera gustado besarme?

La fémina alzó una ceja, sin expresar nada en su rostro, mientras le estiraba una de sus papas. Como si fuera a tenerla tan fácil.

Por el ego, ¿hmm?
¡Oh! No me malinterpretes, ¿sí? A mi me hubiera encantado besarte, me encantas Jesbell —tomó la papa y la saboreó tranquilamente.
¿Besas a todas las chicas en la primera cita?
No, claro que no —expresó con sinceridad antes de reír—. Sólo digo que me hubiera gustado, no todos los días tengo una cita con la chica más hermosa que he visto. ¿Te molesta que lo diga?

Bell desvió la mirada, jugando con la pajilla dentro del batido mientras miraba alrededor. Ya no se sentía tan especial. ¿El desánimo se le notaría en la cara? Se enderezó, tomando la hamburguesa para terminarla; debía hacerlo tarde o temprano de todas formas.

Tai suspiró, su silencio y su forma de evitarle la mirada lo decía todo.

Dije lo del ego porque se siente bien verte sonreír, Jesbell. Normalmente no soy quien busca a las chicas y aquí me tienes, yendo a tu escuela para invitarte a salir el día de mi cumpleaños. Me hubiera gustado besarte, ¡por los dioses! Eres preciosa y me… —quiso continuar pero sus palabras se vieron cortadas en el acto gracias a la chica.

La chica tomó el vaso para alejarlo un poco, dejándolo en la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria. Su mirada ya no era ilusionada ni lo opuesto, no parecía tragarse sus palabras y la diversión en ella no era agradable, más bien se sentía burlona. Al menos sólo dijo siete palabras:

Por los dioses —se mofó, mirándolo—, tú no me conoces.

Cualquier chico en su posición se hubiera asustado, quizá hasta molestado por el tono irónico y los gestos bruscos de la chica, sin embargo, Taishi no era cualquiera. Él simplemente tomó la papa que le correspondía y la dejó en su plato para después sonreírle.

Tienes razón, no te conozco y tú tampoco me conoces a mi, creo que por eso estamos acá haciéndonos preguntas y robándonos papas, ¿no? Lamento si dije algo que no sonó para nada bien, no fue mi intención, me gustas y me siento muy bien a tu lado, preciosa. No quise incomodarte en ningún sentido, todo lo que he dicho ha sido la verdad… —Rascó su nuca para luego mirar a otro lado pensando que tal vez él mismo había arruinado su propio regalo de cumpleaños—. Hablo en serio cuando digo que me gusta verte sonreír y cuando digo que me has dado el mejor cumpleaños de mi vida.


LadyAzulina LadyAzulina
 
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“Cuánta elocuencia”. Jes rodó los ojos, pero luego… Bell desvió la mirada, tratando de mantener al mínimo la sonrisa. Sus mejillas se colorearon levemente y para ocultarlo apoyó una de ellas en su mano. ¡Estaba tratando de enojarse con él, no podía sonreír como boba! Regresó la mirada a la mesa, llevando la mano a la pajilla para remover lo que quedaba de su batido. No le agradaba ser una más de las chicas, sin embargo, si él decía la verdad acerca de no ir tras ellas… ¡Era su cumpleaños, maldita sea! No debería hacérselo pasar mal, después de todo, ya sabía lo que era pasarlo mal y no se lo deseaba a nadie… mucho menos a él. Y acerca de lo otro…

Ahí estaba otra vez, esa irresistible mirada rojiza. Jesbell lo observaba a través de las pestañas y en esta ocasión no tenía ni el menor de los indicios para averiguar qué significaba su expresión. Pero lo miraba, y le gustaba, y hubiera preferido que no bajara de nuevo sus preciosos ojos, aunque fuese para ubicar su bebida e inclinarse a darle un sorbo. Era imposible que adivinara lo que ella se preguntaba.


“¿Cómo puede gustarte alguien en tan poco tiempo?”
—Uhm… Todavía hay papas…
—Podemos seguir con las preguntas en otro momento.


Bell le sonrió con suavidad, pero Taishi no se sintió en lo absoluto aliviado. Más bien creía que lo había arruinado. Ella decidió comer el resto de sus papas y acabar su batido sin decir algo más, entretenida -o con la intención de distraerse- observando alrededor, y él no tuvo de otra que imitarla. Cuando terminaron, el moreno la observó recogerlo todo sin importar que el local tuviera un personal de limpieza para ello. Se mantuvo sentada el tiempo suficiente como para dejar reposar un poco la comida, levantándose apenas pudo para echar en el contenedor de basura lo que correspondía, regresando a los locales de comida lo que era reusable. Taishi la alcanzó en su camino de vuelta con la intención de evitarle la caminata innecesaria.

—Una chica solidaria —comentó y ella se detuvo frente a él, sosteniéndose las manos tras la espalda para mecerse sobre sus pies, sonriéndole con suavidad—. Y muy adorable… —pensó, mordiéndose el labio mientras se deleitaba, observándola. Señaló con la barbilla tras ella—. ¿Qué fue eso?
—¿Qué? —
detuvo el movimiento, con una expresión de no creerse la pregunta—. ¿Tu madre nunca te dijo que debías ayudar a los demás?
—¿Eso te enseñaron? —
sonrió.
—Esa gente trabaja mucho para todo el mundo, Taishi, lo que menos puedo hacer es ayudarlos un poco al no darle trabajo conmigo~.
—Pero qué bonita~ —
extendió una mano para acariciarle por debajo de la barbilla con un dedo y la chica le correspondió el gesto cerrando los ojos, inclinando ligeramente la cabeza y emitiendo un sonido que lo paralizó por completo. ¿E-Eso fue un ronroneo?

La respiración se le escapó en un suspiro. Se sintió incapaz de mover el dedo. ¿Qué era ese ardor en su pecho? Lo había estado percibiendo antes, pero no a ese grado ni con tanta intensidad. Era muy caliente, podía arrasarlo por completo desde adentro, aunque al mismo tiempo… era demasiado bueno como para querer que terminara. Fue a una velocidad pasmosa que Bell abrió los ojos para mirarlo, batiendo lentamente las pestañas con una mueca casi divertida. La magnitud del calor empezó a disminuir desde entonces, permitiéndole respirar con normalidad y recuperar la movilidad.

—¿Qué pasa, Taishi? —alzó las comisuras en una encantadora sonrisa.

El aludido abrió la boca para contestar, pero vergonzosamente no le salían las palabras. Sacudió ligeramente la cabeza y levantó los hombros en un intento de decirle que no pasaba nada. A ella le bastó. Se enderezó, viendo él entonces la posibilidad de bajar el brazo, y volvió a mecerse, de lado a lado.


—Vi algo que me gustó. ¿Podemos ir por eso?~
—C-Cl- Por supuesto —
asintió—. Sólo-

Ni siquiera lo dejó terminar. Bell le tomó de la mano y empezó a caminar, tirando de él en la dirección en la que había visto aquello que le llamó tanto la atención. No era necesario que estuviera cerca si el lugar hacía aparecer imágenes holográficas cada cierto tiempo de sus juegos o premios, por lo que la chica sólo tuvo que fijarse de la ubicación para arrastrar a su acompañante al corazón de Daikeien, donde se encontraban los videojuegos retro y las máquinas con garras. Taishi la vio detenerse por escasos segundos frente a cada una del último tipo, observando los peluches que habían en su interior hasta que pareció encontrarlo, soltándolo.

—¡Aquí está! —su rostro brilló—. Taishi~ —lo miró con emoción antes de presionar un dedo contra el cristal, señalando—, ¡quiero uno de esos!

Jugador: Honō Taishi.
Oponente: La Garra.
Objetivo:
Peluche adorable.

El duelo comienza… ¡ahora!

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Los ojos de Taishi se abrieron de par en par, ¿quería que jugara a la garra para conseguir esa… cosa con forma de helado? La miró un poco incrédulo pero luego de que la vio hacerle un gesto con los ojos mientras sonreía, Honō menor supo que era en serio. Se acercó a los botones y la palanca. Si recordaba bien, esas máquinas eran un infierno por su manejo de los controles, una trampa para las personas como él sin mucha experiencia. Sin embargo, había oído de parte su hermano hacía un tiempo atrás que a esas máquinas sólo se les debía tener paciencia y casualmente, Taishi Honō era bien conocido por ser paciente hasta la médula.

Las lucecitas y los sonidos del aparato le indicaron que ya podía comenzar, pero el moreno humeante decidió mover un poco la palanca y presionar los botones para saber qué hacía cada uno y, tras entender, dio inicio a su labor: conseguir el regalo de su preciada cita.

Jesbell veía con ilusión la dedicación con la que el cumpleañero realizaba sus movimientos y, en cierta forma le enterneció un poco, nunca antes había visto tanto empeño por parte de una persona hacia algo que ella quería. Se sentía bien, muy bien, que alguien demostrara que le gustaba de esa forma, aunque a Jes no le agradara del todo la idea.

El gruñido que soltó Taishi en su primer intento la trajo de vuelta a la realidad. Sonrió, lo menos que podía hacer -además de esperar con tanto fervor su pequeño peluche- era animarlo, así que eso fue lo que hizo, se acercó a él y comenzó a dedicarle un par de palabras de aliento mientras observaba como el chico de ojos azules lograba controlar la máquina con más soltura después de cada intento. Cada que se acercaba al peluche o lo dejaba cerca del agujero, a Bell se le ensanchaba la sonrisa o soltaba un pequeño chillido de emoción para después soltar un
¡Ah! Casí. Vamos, Tai totalmente entusiasmada; sabía que en algún momento él lo lograría.

Taishi se arremangó la camisa como un significado de total concentración, ya estaba más que acostumbrado a los controles y nada, ni siquiera los dioses de Rashidi le impedirían conseguir aquel afelpado y tierno Narval helado. Movió la palanca a la derecha y luego hacia él para que quedara en la posición perfecta, justo arriba del peluche multicolor. Abrió la pinza con un botón y luego dejó que el mecanismo dejara caer la garra sobre el regalo de Bell, quien contuvo la respiración al ver cómo el albino daba todo de sí.

La pinza sostuvo el peluche y tanto Michiko como Honō mantuvieron un silencio sepulcral digno de momento tenso de película, pensaban que si hacían algún ruido o movimiento en falso ambos perderían la buena vibra de ese instante. Tai exhaló despacio e hizo lo que debía hacer: alzar la garra y luego moverla hacia el pequeño hueco. La tensión incrementaba por cada segundo que pasaba, el mecanismo de aquel juego de arcade parecía haberse ralentizado con la intención de ponerlos ansiosos e incómodos, si Taishi no fuera una persona paciente y no estuviera acompañado con aquella bella chica, seguramente habría pateado la máquina con frustración. ¿Acaso no se deba cuenta que estaba haciendo esperar a la chica más hermosa de la jodida tierra? Frunció ligeramente el ceño, pero lo relajó a los segundos cuando el mecanismo dejó de moverse en el instante que llegó a posarse por encima del agujero. Fue en ese instante que Honō no se pensó dos veces el presionar el botón rojo de la máquina para que soltara el regalo de su chica especial.

El narval con cono de galleta cayó y pronto llegó a la bandeja donde se depositaban los premios de aquel juego, al mismo tiempo, la máquina comenzó a tocar una pegajosa melodía de victoria. Taishi miró a Jesbell e inmediatamente metió la mano para tomar el peluche.

Aquí tienes, preciosa. Perdona la demora, no soy muy bueno con éstas cosas —le sonrió tranquilo mientras extendía la mano con el peluche.

Bell no cabía en su emoción, él lo había conseguido para ella y…

¡Ah! ¡Gracias, gracias, gracias!

Ella no sabía qué hacer en ese momento más allá de tomar el lindo peluche para abrazarlo con fuerza contra su pecho.

Su sonrisa y los pequeños saltos que daba le hacían ver como la chica más tierna y preciosa que jamás hubiera tenido el placer de conocer. Él también había ganado algo, su preciosa sonrisa.

Te ves hermosa, ¿lo sabes no? —El comentario bastó para reemplazar la emoción por vergüenza, emoción que obligó a Jesbell a desviar un poco la mirada de él. El cumplido la tomó por sorpresa, aunque pudo recomponerse un poco después de unos segundos. Taishi le sonrió y ella le correspondió con una un poco más grande—. Aunque me causa curiosidad lo que es esa cosa.
Es un narval, Tai~ —contestó en un tono risueño.
No parece, realmente veo más un helado que un narval —ella volvió a reír a la par que caminaba sin rumbo alguno.
Es un narval con helado y su nombre es Pinkkaku, Taishi —al decir su nombre la abrazó con cariño, al moreno le pareció una escena absolutamente tierna.

Ambos paseaban por las instalaciones del lugar mientras charlaban de lo divertido que había sido conseguir a la pequeña Pinkkaku. Los dos parecían entretenidos contando sus puntos de vista hasta que de repente Jesbell posó su mirada rojiza en una zona del parque, más concretamente en el área de las mesas de pool de Daikeien; al hacerlo, su aura alegre se trastornó por completo en una un poco más seria y firme.

Jesbell miró las mesas y, al ver una totalmente desocupada, sus ojos brillaron.

Toma esto —exclamó, previo a estamparle a Pinkkaku en el pecho y comenzar a caminar con dirección a la mesa. La fuerza que empleó y el tono neutro con el que habló le hizo entender a Taishi que tal vez la chica risueña había “tomado un descanso” para darle pase libre a la personalidad seria. Honō menor dejó al peluche en un sitio en el que pudieran observarle sin problema y luego tomó su propio palo. Pagó la tarifa por la bola blanca y luego la dejó en su lugar.

¿Sabes jugar? —Cuestionó mientras la veía tomar un taco con una de sus manos. Jesbell no dijo nada, en cambio decidió sonreírle de manera desafiante.

Para el moreno fue más que suficiente aquel gesto. Se inclinó sobre la mesa de madera y, cuando estuvo en la posición, golpeó con fuerza la bola blanca, rompiendo en pedazos la formación en triángulo del resto bolas y dejándolas esparcidas por toda la mesa.

El aspirante a héroe le sonrió a su querida cita y le indicó que era su turno. Jesbell simplemente se acomodó y comenzó a jugar.


[...]

El moreno de ojos ambarinos caminaba un poco apurado, echando la mirada de un lado en busca de su precioso ángel. Obviamente, su anda iba direccionado a un solo lugar: el patio de la academia. Siempre que quería verla la hallaba ahí, por lo que probablemente lo haría en ese lugar… y así fue.

Ella se encontraba sentada sobre la mesa de picnic, la cual estaba siendo ocupada por un par de libros.

¿Haciendo tarea, Ángel? —La recién nombrada volteó a verlo, si bien ya había sentido su presencia, la chica se sorprendió al verlo sentarse a su lado. El latido en su pecho se aceleró un poco.
R-Rah… —la mirada de ella y de él se unieron en una sola, sin embargo, Nomura decidió cortarla—. S-sí, quiero desocuparme antes de que sea la hora de cenar.
¡Oh! Entiendo —Le sonrió.

Se quedaron un rato en silencio y ella se sintió un poco más ahogada de lo usual porque él no paraba de mirarle con esa sonrisa ilusionada que, extrañamente, le hacía sentir un agradable calor en su pecho.

¿Te falta mucho?
Acabo de empezar —susurró a la par que reunía todas sus fuerzas para concentrarse en lo que debía escribir sobre su cuaderno, ¿por qué era tan difícil centrarse en algo cuando él estaba cerca? Además ¿qué hacía él ahí si se supone que era el cumpleaños de uno de sus mejores amigos? Le miró, la respuesta era obvia pero… ¿por qué?—. Rah… ¿no estabas en…?
No es tan divertido si no estás, Ángel —y en ese momento apareció el sonrojo—. Sé que no te agrada del todo Eishi, ¡Dioses! Hasta él lo sabe —rió—, pero creí que tal vez podrías disfrutarlo si estabas conmigo.

Tras eso. Amayah bajó la mirada. Con eso dicho y puesto sobre la mesa, ¿cómo podía decirle que no sin que pensara que lo rechazaba? ¿Podía hacerle entender que ese tipo de ambientes no eran lo suyo? Los nervios de la situación la atacaron y Rah se dio cuenta.

Está bien, Ángel, quizá podamos disfrutar de algo un poco más privado —tras eso dicho, le sonrió y se levantó de la mesa.


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