Misión D Huevo de oro (D)

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Huevo de oro (D)
Una familia de ancianos tiene una gallina que es muy especial: los huevos que pone son los mejores porque al cocinarlos salen buenísimos (según los que han probado el alimento). La gente del rededor ha creado el rumor de que los huevos de esa gallina son especiales pero solo uno es el que “se dice” es el mejor de todos. Un huevo peculiarmente amarillo y más grande que el resto. Gracias a ese rumor, los ancianos se han visto acosados por personas que quieren obtenerlo porque quizá creen que el huevo es realmente de oro… pues algo tiene. Han solicitado la ayuda del kage para espantar a esas personas para que no regresen por ahí, queriendo hacerle daño a la gallinita.​
Objetivos:​
-Proteger a la gallina y a los ancianos.​
-Espantar a quienes quieran obtener el famoso huevo de oro.​
Notas:​
-No es un huevo de oro en realidad pero hay quienes creen que sí.​
-La gallina no siempre pone ese huevo. Los ancianos solicitaron la ayuda porque “la temporada” para ello ha llegado.​
-Tres personas son las que quieren hacerse con el huevo o la gallina; no son ninjas.​

—Ya casi es tu cumpleaños hermanita. — comentó el menor de la casa peinando su cabello con los dedos, en una actitud despreocupada. El niño ya estaba más grande y sus facciones de niño mimado se iban quedando atrás, por lo que ese simple movimiento con sus manos y pelo le hacían imaginar un montón de garlopas llamándola cuñada en un futuro. Se escalofrió de tan solo pensarlo.
—¿Y qué con eso? Sabes que me dan igual esas fechas — dijo terminando de ajustar sus sandalias.
Ese día había aceptado una misión sencilla para desesterarse un poco de todo el trajín de los entrenamientos de clan y el que mantenía en secreto con Kenta, por todo eso de tener que tolerar el calor de los jutsus katon. No podía seguir aplazando aprender técnicas con ese elemento por más tiempo. Estaba sacrificando su día libre.​
—¿Segura que no eres testigo de Jehová? Oí de esa extraña religión donde les prohíben… o les hacen pensar mal de esas celebraciones, son tan aguafiestas como tú. — el comentario hizo que su hermana arrugara la nariz por el constante acoso de su hermano con el mismo tema; ya llevaba más de una semana insistiéndoles que le dijera qué quería para el día de su cumpleaños.​
—¿Testigo de qué mierda? — respondió tomando el pergamino con la información de la misión, debía marcharse ya si no quería llegar tarde.​
—Testigos de… olvídalo. Lo único que quiero saber es qué quieres de cumpleaños; una gran fiesta, un gran pastel colorido… ¡así como tu cabello!​
—No gracias…​
—Un celular nuevo.​
— No gracias…​
—Unos patines.​
—No gracias…​
—Un caballo.​
—¿Un caballo?​
—Andas bien aburrida desde que llegaste de…​
—Estoy normal, solo que tú acoso me exaspera. Ya me voy, enano, cuida bien la casa y no traigas a nadie.​
—¡¡Nunca lo hago!!​

xDDD​
 
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El ambiente era extrañamente caluroso y no sabía por qué; no veía ninguna chimenea o algo que provocara ese vaho asquerosamente caliente. Karin sin inmutarse dejó salir su aura característica del clan para no exasperarse. Ya que llevaba mucho tiempo esperando en lo que parecía ser la sala de estar; ese rinconcito donde le habían ubicado mientras los dos ancianos se perdieron en la cocina. Abrió el cierre de su suéter para sentirse más a gusto y al girar la cabeza notó que le estaba observando, a lo que abrió la boca para dejar salir una mala expresión pero fue interrumpida por un picoteo justo bajo sus pies, aunque más que un picoteo era como si una lija estuviera pasando por las tablas. Niji miró fijamente el suelo para descubrir que no había sido su imaginación, empero, alguien hizo sentir su presencia tosiendo "delicadamente"

—¿Ahora sí me van a decir de que va tanto secretismo? Estamos perdiendo tiempo en todo...
—Nos disculpamos si la hicimos esperar, niña. Pero debemos asegurarnos que sea usted quien realmente dice.
¿Wtf?
Karin no se la pensó dos veces para levantarse del banco incómodo en el que estuvo los últimos veinte minutos para caminar en dirección al mayor que le había acabado de hablar, este retrocedió y chocó con su esposa que estaba tras él. Los dos mayores temblaron y no fue por el frío que emana de Karin.
—No estuve ahí sentada —señaló con su dedo- por todo este puto tiempo para que me salgan con estas estupideces.
Los ancianos abrieron la boca para replicar pero al sentir que sus respiraciones las podían ver cada vez más se asustaron, miraron a la puerta, ventana y por último el suelo... Rioko confirmó con eso último que sí pasaba algo extraño bajo ella, sin embargo no dejó que aquello quitara la atención sobre ella.
—Se suponía que hoy era mi día de descanso, pero no, estoy aquí en este puto sauna de mierda aguantando el asqueroso calor que sale de no sé dónde porque hay unos garlopos mierteros queriendo robarse una estúpida gallina que no he visto desde que llegué.
—¡No es una estúpida gallina! — chilló la señora saliendo de atrás de su esposo. —Me perdona señorita, pero a kity nadie le llama así.
Se puede decir que en ese instante Yuki por poco y pierde su mal humor al oír aquel nombre, porque se suponía que el animal se llamaba así, ¿no? En todo caso, aquello hizo que la tensión del momento bajara un poco, pero solo un poco.
—Disculpe si la ofendimos, pero la verdad esperábamos a alguien más... — y no sabía cómo decir "experimentado" pues aquella chica de cabello colorido ya les estaba dando miedo. Karin se cruzó de brazos — Alguien un poco mayor, no esperábamos un niño.
—Como sea, ya estoy aquí y no dejaré que le pase algo al costal de plumas. Ahora cuéntame todo sobre los hijos de puta que los están acosado, ¿es verdad eso que pone huevos de oro? — preguntó sacando su chaqueta, en realidad hacía calor ahí dentro.
La señora ya iba a reprenderla por llamarle así a su presida mascota, empero, fue su señor esposo quien le interrumpió pidiéndole a la genin que se sentará -nuevamente- para proporcionarle la información de los malhechores.


Aquella gallina era considerada preciada porque nacían una vez cada cierto tiempo, por lo general una vez cada tres años, pero eso podía variar la temporada, cuidados, clima y tratos por lo que ésta tal kity era el doble de especial porque su huevo de oro era empollado cada año, y no solo ponía uno ni dos, sino hasta tres veces. Kija, el anciano explicó que en los últimos dos años, tiempo que llevaba la emplumada con ellos, tuvieron buenos ingresos por los seis huevos que puso; tres cada año. Y en esta ocasión no era la excepción, ya que iban cuatro en lo que llevaba de temporada. Niji preguntó el motivo por el cual las personas que querían hacerse con ella sabían la cantidad de huevos, por lo que esta vez fue Mizari, la esposa del viejo quien respondiera.
—Ella hace un sonido algo peculiar cuando está poniendo uno de estos huevos, son algo ruidosos, por lo que esos hombres si están cerca la pueden oír.
—¿Supongo que quieren los cuatro huevos? — preguntó Niji tratando de amarrar su cabello en un chongo alto.
—No, estos huevos son los que se venden bien, son un poco más grandes que el común, también son muy ricos, algunos hacen remedios para la fertilidad con ellos, por eso son muy perseguidos. El huevo que creen es de oro es el que ella empolla y es porque…
—Va salir un pollo de ahí, y será otro emplumado “especial” — los dos mayores asintieron —, ¿por eso dicen que es de oro? — recibió otro no por respuesta.
—Este huevo es color amarillito, parece oro opaco y por eso creen que es de oro.

 
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-¿Cuándo fue la última vez se aparecieron por aquí?

-Antes que decidiéramos construir el cuarto de kity - respondió Mizaki orgullosa, Karin por poco y vomita.​
-¿Y eso fue...?​
-Hace dos semanas más o menos.​
-¿Y por qué creen que volverán?​
—Ellos siempre regresan, más ahora que saben que hay más de un huevo.​
—Veamos si entendí — dijo Rin pensativa —, hay cuatro huevos los cuales solo uno de estos es el que ella está empollando porque va salir una mini kity capaz de hacer más huevos de estos, ¿verdad? — Los viejos asintieron. — ¿Y ya tienen comprador?​
La respuesta no llegó porque unos fuertes golpes contra la puerta interrumpieron la charla del trio, la voz airada y autoritaria que exigía ver a Kija llamó la atención de Karin, quien tenía intenciones de ser ella quien abriera la puerta y recibiera con un puño a aquel que llegaba de esa manera. Sin embargo, Mizaki la condujo hasta la cocina, lugar donde se encontraba la entrada al corral de la gallina para que fuera la del clan gélido quien le protegiera desde ahí. Niji trató de rehusarse, pues dijo que podía lidiar con quien fuera que estuviera afuera, sin ningún éxito.​
Podía oí la discusión de quien pidiera la misión con el otro hombre, el cual se oía disgustado porque a él le fue negado el derecho de comprar uno de la huevos. Kija trataba de explicarle que la cantidad que estaba ofreciendo era muy bajo a comparación del resto de compradores. Al fin y al cabo ganaba el mejor postor. Pero fue cuando empezó a dejar de prestar mayor importancia al alegato que se percató que aquella puertecita por la que entró empezaba a abrirse lentamente. No era Mizaki, porque la voz de ella también se la oía afuera, así que pudo intuir que era uno de los ladrones.​
—Vaya teatro armaron…​
Karin se fue casi que a gatas tras la gran viga que se hallaba en la mitad del cuarto; ocultaba a la perfección su cuerpo. Al asomaba su cabeza un poco pudo observar un joven de unos dieciocho años o menos, cuatro ojos y escuálido; quizá por eso no oyó cuando caminó sobre la cocina. Ahí dentro era un poco oscuro y el lugar donde estaba la gallina estaba a las espaldas de Karin, por lo que el tipo debía pasar por donde ella para encontrarla, eso si ella no lo noqueaba antes.​
Desde sus pies envió una franja de hielo que hizo resbalar al muchacho y darse en la cabeza cuando cayó, quedando inconsciente de inmediato; eso había sido rápido, pensó la de cabello colorida. Y sin perder tiempo, buscó algo con que amordazarlo y evitar que al despertar le causara problemas.​
—Garlopo, quédate ahí hasta que esto termine. — Dijo la genin sacudiendo sus manos una vez le dejara sobre un montón de paja, bien amarrado. —Ahora, sigues tú pequeña…​
Desde donde estaba, pudo apreciar que Kija estaba siendo sostenido por el cuello además de amenazado con un cuchillo por un segundo hombre, éste sonreía mientras los dos escuchaban al que Niji suponía era quien llegó todo alebrestado a tocar la puerta. ¿Salía o no? Si lo hacía corría el riesgo que se enojaran y los lastimaran, además que no sabía dónde estaba la esposa del viejo, suponía que estaba con el otro y por eso Kija no se movía en absoluto.​
—…No, ¡por hacerme esperar tanto, no solo me llevaré los huevos, me llevaré a la estúpida gallina también! Sí, eso nos asegurará que…​
—¡Que no es una estúpida gallina!​
Y se escuchó el sonido de una bofetada, Yuki tuvo el impulso de salir y enterarles una estaca de hielo en sus partes. Empero, esperó, pues el tipo que se atrevió pegarle a Mizaki le ordenó a su cómplice que entrará a ver porque Taiki demoraba tanto en salir con ‘la estúpida gallina’. Perfecto, así podía salir de él en su espacio.​
Ocultó su cuerpo tras la puerta, desde ahí podía ver la pequeña portezuela que dirigía al corral. No pasó mucho cuando escuchó los pasos aproximándose a ella, el tipo paso de largo pero no bajó, solo llamó al joven desde arriba creyendo que con eso saldría, pero al observar que no recibía respuesta se giró para salir y fue ahí cuando miró a la ninja. Su primera impresión fue de sorpresa, luego frunció el ceño al caer en cuenta que debía atraparla. Oh no, Karin fue más rápida y propinó un fuerte golpe en su rostro con un sartén que encontró, cabe anotar que este estaba cubierto de su sello característico del clan, por lo los trozos de hielo caían disparados por la pequeña cocina.​
—¿Qué pasa ahí dentro? ¡Taiki! ¡Nao! — Gritó —, salgan de una maldita vez.​
—O si no salen ¿Qué? — preguntó la genin asomándose a la puerta mientras deba vuelta al sartén con el que acababa de golpear al tal Nao. — Me temo que estás solo.​
El tipo soltó a la señora, misma que no dudó en ir a los brazos de su esposo. Éste era alto y un poco regordete, estaba realmente rojo de la rabia que tenía, apretó el cuchillo que tenía en su mano y con un grito salió disparado en dirección a Kija, suponiendo que a causa de él todo su plan se estaba yendo al retrete al contratar ayuda extra. Rioko no dudó en desplazarse por el camino de hielo hasta quedar frente al viejo, justo a tiempo para detener el arma con su kunai.​
El tipo tenía fuerza y Karin tuvo que ayudarse a sostener el arma con su otra mano, además de llevar su pierna izquierda atrás para tener un mejor apoyo. El hombre se dio cuenta de su ventaja y ejerció mayor presión para que su cuchillo se acercara cada vez al hombro de la kunoichi, empero, está empezó a emanar frio a sus manos a tal punto que el kunai y el arma de él también se iba cubriendo de hielo.​
—Maldita mocosa… — musitó queriendo dar el último empujón, pero Karin tiró hacia arriba con todo lo que pudo, logrando que kunai y cuchillo salieran disparados por los aires. La mejilla de la genin empezó a sangran.​
--Hijo de puta… — Karin no esperó a que el tipo reaccionara, pues mandó su cuerpo atrás en una voltereta y de pasó golpeando la quijada del mayor, dejándolo desorientado.​
 

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Cuando su contrincante toco el suelo, fue el viejo que le remató con una patada en la cara, dejándolo más dormido aún. Karin limpió con el dorso de su mano la sangre que brotaba por la leve cortada que hizo una de las armas cuando fueron disparadas hacia arriba. Misaki le ofreció su pañuelo cuando la vio.

-Estoy bien, no se preocupe.
-Si no hubieras llegado a tiempo, este hombre… este hombre hubiera acuchil… - dijo con su voz quebrada, no quería ni mencionar lo que hubiese pasado. –Le agradezco mucho Karin, no sabe cuánto.
Rin suspiró al ver que la señora no pudo evitar empezar a llorar, siendo consolada por los brazos de su esposo, mismo que le decía que no se preocupara más, que ya todo estaría bien porque cada año contratarían a un ninja para que les custodie en la temporada, además que la amaba mucho y no permitiría que nada malo les pasara. ‘’Ascoooo’’ pensó la pobre genin al presenciar todo ese dramón y ridiculez, como si ella no tuviera novio donde también se decían de vez en cuando cursilerías. Mismo novio con el cual no hablaba desde antes de ella irse a la puta isla del terror, mismo que solo le mensajeaba para hacerle saber que estaba bien.
-Al diablo, me voy ya. - A lo lejos pudo ver que se acercaban unos ninjas de mayor rango, por lo que les pediría el favor de acompañarla para llevar a los malhechores hasta las autoridades, ya que ninguno había huido.
-Espere por favor – Dijo Kija antes que se marcharan, entró a toda marcha a su casa. Cuando regresó llevaba en sus manos uno de los huevos de kity, agarró las manos de la kunoichi y lo deposito con mucho cuidado en las pequeñas manos de Yuki. –No le permito que se niegue a aceptarlo, por favor tómelo como un agradecimiento a lo que hizo por nosotros.
-Ni que fuera a hacerlo, viejo – comentó tomando el obsequio con delicadeza, si de verdad costaban todo lo que decía, podía venderlo y así podría reunir la cantidad de ryus que necesitaba para ir a visitar a quien la engendró. –Si me necesitan para el otro año, soy Karin Yuki.
-¡Claro que sí señorita!
Karin agitó su mano libre para despedirse, luego agarró las cuerdas que sujetaban las de Taki tras su espalda, no sin antes darle un zape en la cabeza. El chico gritó del dolor pues el golpe que le dio Karin fue en el mismo lugar cuando chocó contra el suelo.
-Qué maricón, garlopo.
 
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