Quest D Jungle Boy - Rox Knight & Zubamon

Lightning
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"Jungle Boy”
- NPC involucrado: -
- Sinopsis: Recientemente se ha observado a un Koemon que anda molestando a los habitantes de la ciudad disparándoles con su resortera. Es sólo cuestión de tiempo para que alguien salga lastimado, por lo que debemos encontrarlo y detenerlo
- Escenario: Ciudad
- Objetivos:
  • Encontrar a Koemon y detenerlo
- Notas
  • Koemon es muy bueno escalando árboles y huyendo
Tamer: Rox Knight
Digivice: Adventure

Quest D:
Mínimo de posts: 3
Plazo: 7 días.
Paga máxima: 150 Bits.
Máximo de puntos de stats: 1.
En caso de activo:
Máximo de puntos del sistema de fama: 1.
Máximo de Blast Gauge: 15%


Soncarmela Soncarmela pecosa del mal, adelante :3
 

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¿De qué trata la misión de esta vez? —preguntó Zubamon, más feliz que de costumbre.
Y era normal, porque después de varias Quest en compañía de otros Tamer y sus digimon, finalmente estarían los dos solos para completar la labor. Rox observó el sobre con la información y lo leyó rápidamente para darle un resumen a su amigo:
Un Koemon, que preguntaré ahora sobre su aspecto, se dedica a molestar a las personas que pasean por la ciudad con su resortera. Parece que por ahora nadie ha salido herido, pero igualmente han puesto una queja, ya que no pueden pasar tranquilamente por ahí.
De los que ha molestado, ¿ninguno le ha dado su merecido todavía? —se sorprendió el dragón dorado, confuso. Si un digimon les hubiera cortado el camino a él y su princesa, en vez de poner una queja para que otro se ocupara del problema, él mismo habría atacado sin pensárselo dos veces.
Rox buscó por la hoja para comprobar si había algo más escrito y negó con la cabeza.
He de suponer que no —respondió finalmente—, pero si le preguntamos a la recepcionista, es probable que nos pueda dar el nombre de alguien que se quejó, así podremos averiguar un poco más.
Era una mañana tranquila en la Central de Tamers, por lo que Knight no tenía problema en ir de un sitio a otro. Normalmente le molestaba el ruido y las charlas entre distintas personas que tardaban mucho en elegir una misión. Ya empezaba a conocerse mejor las instalaciones, por eso no tardó nada en entregarle el sobre a la mujer.
¿Nos podría proporcionar información de las personas que solicitaron la ayuda?
La trabajadora tecleó y esperó a que la pantalla le mostrara algo. Rox se cruzó de brazos y Zubamon se dedicó a echar malas miradas a los que se quedaban contemplando las peculiares vestimentas de la Amateur.
Mmm... —murmuró la recepcionista, subiéndose las gafas para leer mejor—, la verdad es que no han querido dar sus ubicaciones, salvo una chica que no le importó. ¿Lo quieres igualmente?
Si es tan amable.
Ahora mismo. Aunque es curioso —mencionó de pronto, moviendo el ratón para que los datos de esa chica salieran en el papel impreso—, hay un total de diez quejas y esa es la razón de que finalmente la solicitud de Quest se realizara, pero ninguno ha salido realmente herido. Supongo que el temor principal es ese, que las bromas y molestias pasen a un hueso roto.
Rox anotó esos detalles en su mente y le agradeció a la señora los servicios prestados. Ahora que ya tenían una idea de por dónde empezar, regresaron a las calles de la ciudad, tratando de buscar la ubicación de la víctima. A pesar de que se sabía la ruta exacta para llegar a la Centra de Tamers, para el resto de lugares todavía era una novata. Y Zubamon tampoco era de mucha ayuda, puesto que le habían usado como peón y no vio mucho mundo. Ambos -aunque principalmente la humana- tuvieron que preguntar a los ciudadanos que residían ahí. Por suerte, la información dada tenía un detalle extra: al lado de una frutería. Gracias a eso, se guiaron mejor al avistar dicho establecimiento.
Debe ser aquí —dijo la muchacha al leer el nombre de la calle. Arriba había un letrero con el número que tenía en la hoja, no podía haber más dudas.



Claire. Claire.

pecosa del mal, adelante :3
¿Y esta fama que me he ganado de la nada? D:
 

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Llamó a la puerta y se echó hacia atrás, a la espera de que la recibieran. Al cabo de unos segundos, escucharon el sonido de una respiración, unos pasos alejándose y luego nada.
¿Nos han ignorado? —preguntó Zubamon en voz alta, molesto.
Existe la posibilidad —Bajó la mirada para volver a leer la calle, creyendo que quizá había cometido un error. Pero no, era la que tenían delante.
Lo volvió a intentar, esta vez con un poco más de éxito. Alguien se acercó hasta la puerta y soltó un grito:
¡No nos interesa ropa rara, gracias! ¡Estamos muy bien con la del mercadillo!
¡La ropa de mi señora es perfecta! ¡Y no estamos aquí para vender nada! —protestó rápidamente Zubamon, casi pegándose a la puerta para que le escucharan.
Mi compañero dice la verdad, hemos venido hasta aquí para conversar sobre el incidente de Koemon. La Central de Tamers nos proporcionó su ubicación para poder realizar unas preguntas. ¿Sería tan amable de abrir? No os molestaremos más de lo necesario —aseguró la muchacha.
Al fin consiguieron que les dejaran entrar. Una chica de la edad de Rox, quizá dos años menos, se presentó con el nombre de Aurora. Su ropa era muy diferente, portando una camiseta a la moda, falda corta y unos enormes tacones, pero lo que más llamó la atención de la Amateur fue su rostro, totalmente maquillado. Arriba, cerca de los hombros, avistaron un digimon volador: similar a un murciélago, pero con una enorme cabeza y una sonrisa maliciosa que dejaba entrever dos dientecillos afilados.
¿Qué más queréis saber? —preguntó en tono apresurado Aurora, como si no quisiera perder mucho tiempo con ellos— Ya le contamos todo lo que sabíamos a la recepcionista, que imagino lo incluyó en el sobre que llevas encima —señaló con la cabeza a las manos de Knight.
Sí, todos mencionan que son sorprendidos mientras que caminan por la ciudad, pero como comprenderá, este lugar es enorme y no sería fácil encontrarlo. ¿Me puede confirmar dónde fue atacada?
¿Y cómo es posible que tú no defendieras a tu Tamer? —preguntó por su parte el dragón dorado.
¿Aaaaah? —Habló en esa ocasión DemiDevimon, plantándose frente a frente con Zubamon. Sus garras rojas brillaban con intensidad— ¿Me estás llamando débil o cobarde, eh?
Sí, todo eso.
¡¿Cómo te atreves?! —El oscuro movió las alas más rápido y con fuerza— ¡Ese Koemon huyó en cuanto tuve intención de ir tras él, de otra forma, ya se le habrían quitado las ganas de continuar con sus juegos! ¡El condenado es muy rápido escalando árboles! Y tú —Le dio un cabezazo, aunque para su mala suerte, acabó más herido él que el propio Zubamon—, ¿acaso buscas pelea?
No —cortó Rox de inmediato, alargando un brazo para evitar un enfrentamiento—, como he dicho al principio, sólo queremos información.
Pues ya la tienes —declaró la Tamer del murciélago—. Y ahora estoy esperando a un invitado, haced vuestro trabajo y dejadme en paz.
Antes de cerrar, DemiDevimon le sacó la lengua a Zubamon. La espada hubiera saltado para darle un arañazo de no ser porque Rox se lo impidió; su cometido no era mantener una disputa con esa Tamer y su digimon, a pesar de su poco respeto hacia ellos. Se dieron la vuelta y emprendieron la marcha por las calles de la ciudad.
La dama habrá sido muy irrespetuosa, pero nos ha dado la pista definitiva para hallar a Koemon —dijo Rox después de caminar un rato. Lo había estado pensando hasta ese momento. Zubamon se le quedó mirando a la espera de que añadiera algo más—. Ese digimon tiene un plan: ataca por sorpresa y luego desaparece si nota que tienen intenciones agresivas. Eso significa que no le agrada pelear, prefiere huir y buscar a otra víctima a la que asustar. Imagino que es la razón de que nadie haya salido todavía herido, porque tampoco busca mayores problemas, pero claro, la posibilidad de que se equivoque y lastime, existe. Y ahí es donde entramos nosotros.
¿Entonces vamos a amenazarle para que no continúe con sus actos? —La emoción de pelear y demostrar que era útil brillaba en los ojos de la criatura.
Dudo que sea necesario llegar a esos extremos —Al contemplar el rostro de Rox, su compañero supo de inmediato que tenía un plan en mente—. Ven, Zubamon, sé perfectamente cómo debemos atajar el asunto.
Claire. Claire. Justo en el kokoro (?)

 

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La charla con Aurora le había dado la pista que le faltaba a Rox. Hasta entonces, sabía que debían encontrar a Koemon y detener sus ataques sorpresa, pero claro, ellos no podían adivinar por dónde aparecería. Sin embargo, ahora sí sabía la forma de hacerlo: árboles. Si caminando por la ciudad avistaban un lugar con varios troncos a su alrededor, las probabilidades de atrapar al culpable aumentaban. Además, era la hora de comer y pocos Tamers -por no decir ninguno- se veían por las calles. Ellos eran los únicos que seguían sin visitar un restaurante para alimentarse.
<<Primero hay que completar el trabajo>> se dijo la muchacha, frotándose las manos.
Zubamon y ella no tardaron en hallar un sitio perfecto con esa descripción: uno de los parques pequeños de la ciudad. Había otro más en el centro, pero ese estaba rodeado de edificios, por lo que quedaba descartado. No obstante, el que encontraron en un rincón, con solamente un tobogán y unos caballitos, era el idóneo, puesto que muchos árboles creían unos al lado de otros. También se debía pasar por ahí para llegar al supermercado, lo que le daba al tirador muchas víctimas.
Pero no se acercaron demasiado, habría sido evidente que iban a atraparlo si entraban como si nada al parque y echaban un vistazo. Rox no era una niña ni tenía un cuerpo de poca altura para aparentarlo, Koemon no se hubiera creído que visitaban el parque para pasar el rato jugando. Y ni siquiera había bancos donde sentarse. No, definitivamente no era la mejor idea. Por eso mismo dieron una vuelta entera, para que el trayecto pareciese el contrario, queriendo dar la sensación que era muy tarde y deseaban llegar a un supermercado para comprar algo.
El chimpancé no hizo acto de presencia, pero sí una roca que viajó a una gran velocidad. Como estaban preparados, Zubamon se interpuso y recibió la broma en toda la cara.
Reacciona de forma natural —le había recomendado Rox minutos antes—. Alármate y mira en todas direcciones, sin fijarte del todo en los árboles. Hazle creer que no sabemos dónde está.
Así actuó el digimon dorado. Contempló las calles y luego el parque, mirando muy de reojo las copas de los árboles para ver si detectaba algo. Como ambos se habían quedado inmóviles, Koemon regresó a la carga y, en esta ocasión, atacó con dos rocas. Zubamon levantó una garra para protegerse, pero la segunda le impactó en los hombros. Poco a poco, se estaba poniendo más furioso. Y como no echaban a correr ni entraban al parque del todo, el tirador disfrutaba e insistía en molestarlos.
El dragón estuvo a punto abalanzarse hasta uno de los árboles, mas Rox le paró con una mirada severa. Sólo debían esperar un poco más y moverse lentamente.
Esa vez, fue Rox quien dio un paso hacia delante, ladeando la cabeza y colocando su mejor cara de confusión. El ataque dio de pleno en el suelo, muy cerca de su pie, como si se tratara de una advertencia. Zubamon gruñó de tal manera que fuera escuchado, pero eso no sirvió para que el tipo bestia lo dejara estar, al revés, cambió de nuevo el objetivo y le lanzó tres rocas de distintos tamaños.
¿Estás bien? —quiso asegurarse la Amateur, empezando a preocuparse.
Esto no es nada, señora, puedo aguantar muchas rocas más —respondió Zubamon, arañando la tierra con su pata. En cuanto le diera el aviso, saldría disparado.
Rox asintió, conforme, y avanzó otro paso más, acercándose un poco al parque. Ya casi podía rozar el primer caballito de juguete. El tiro chocó esta vez en el ojo del animal de madera. Zubamon iba por otro lado, soportando el daño. Lo siguiente fue lo más sencillo, al estar cada vez más cerca de los árboles, ambos empezaban a detectar movimientos en los troncos. Y era lo que habían estado esperando, porque en cuanto supieron dónde se hallaba, el dragón dorado arremetió con su espada afilada. Tal y como Knight previó, el culpable saltó hacia una rama para esquivar la embestida, pero su compañero nunca tuvo intención de atacar al más próximo. Terminó por chocar justo donde Koemon se sujetaba, haciéndole temblar y perder el equilibrio.
El salvaje emitió un chillido de espanto cuando sus cuartos traseros impactaron contra tierra. Trató de llevarse la mano a la espalda para coger el tirachinas, pero Rox ya se lo había quitado y Zubamon le amenazaba con el filo de su espada muy cerca del cuello. Koemon no se atrevió ni a tragar salida.
Yo... Yo no quiero pelear... —murmuró el verdoso, sollozando— ¡No quiero pelear! ¡No quiero que me hagan daño!
¿Pensabas continuar atacando a diestro y siniestro sin recibir un castigo a cambio? —Knight dio una vuelta para posicionarse al lado de su compañero— No tienes aspecto de ser un digimon agresivo, ¿por qué realizar estos actos?
Koemon se mantuvo en silencio. Lo único destacable de él eran las pequeñas lágrimas que asomaban por sus ojos y caían lentamente por las mejillas.
¡Responde de una vez, cobarde! —bramó el dragón dorado.
No podemos permitir que prosigas atacando a la gente, ¿comprendes? —La voz de la chica era más suave pero autoritaria.
¡Yo... Yo sólo que-quería mejorar mi puntería! —exclamó finalmente, rompiendo a llorar. Parecía un niño de cuatro años malcriado, pero ahora le habían negado su diversión y no era capaz de dar un argumento válido. Rox le dio unos segundos para que se calmara, hasta le indicó a su amigo que se echara un poco hacia atrás para que no le agobiara con su presencia. Todavía tardó un poco en volver a ser el mismo. Sorbió por la nariz y se limpió las lágrimas con las manos— Yo... Yo quería objetos en movimiento, pero nadie quería jugar conmigo. Por eso... Por eso vi la oportunidad de practicar con los humanos y digimon que cruzaban la calle o entraban al parque. Sé que no era lo correcto, pero en ningún momento tuve intención de atacar a la cara. Y evitaba las peleas siempre, por eso escapaba rápidamente —Su respiración era cada vez más regular—. No... No sé qué más queréis que os cuente... —añadió al ver que no decían nada.
Más te vale no estar mintiendo —le advirtió Zubamon, todavía alerta.
Comprendo —habló la Amateur, agachándose para que Koemon pudiera mirarla a la cara. Tenía la resortera en las manos y los ojos rojos del salvaje no tardaron en fijarse en ello—. Ciertamente, tus acciones han dado problemas a los transeúntes. Y eso es algo que no se puede cambiar —El aludido temió lo peor—. Pero, a mi juicio, podemos llegar a un acuerdo.
—¿Un acuerdo?
Dado que no me han facilitado los datos de las personas que se han quejado, no puedo llevarte yo misma a que te disculpes. Pero imagino que reconocerás sus rostros si te encuentras con alguno por la ciudad, así que si un día los vuelves a ver, quiero que me prometas que pedirás perdón. A cambio —le mostró una sonrisa amigable para que dejara de estar tan nervioso—, hablaré con la Central de Tamers para que busquen una escuela de tiradores, así podrás practicar tu puntería sin dañar a nadie. Incluso te permitirán participar en campeonatos —adelantó los brazos y abrió las manos para darle a entender que podía coger su arma si así lo deseaba—. ¿Cuál es tu respuesta? ¿Hay trato?
Koemon cogió la resortera y Zubamon se preparó para pelear, por si acaso el Child cambiaba de opinión y atacaba a la fémina. Pero todo lo contrario a la imaginación del desconfiado, pues en vez de reaccionar de forma agresiva, agachó la cabeza.
Muchísimas gracias. Sí, lo haré, me patearé toda la ciudad en busca de mis víctimas. ¡Lo prometo! Pero... ¿Cuándo? ¿Cuándo me dejarán unirme a las clases de tirachinas? ¿Y cuándo entraré a un concurso? ¿Cuándo podré...?
Con cada pregunta, el chimpancé tiraba del pantalón de la humana para llamar su atención y, al mismo tiempo, Aegis lo fulminaba con la mirada por dignarse a tocar a su señora.
Claire. Claire. Listo

 
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