Kotetsu Zahon | Tye x Hiiro

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Scatter you in art forms, admire the whore
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Se busca: Kotetsu Zahon



Especializado en el control de los fluidos y el combate cuerpo a cuerpo, pero se centra más que todo en la agilidad. Empleando las destrezas del Taijutsu y su velocidad, realiza movimientos rápidos, contundentes y silenciosos, centrándose en el asesinato sigiloso de un asesino. Sus armas principales son el agua con la que baña sus armas o extremidades para defenderse y a la vez “atravesar” la carne de sus adversarios, dejando el líquido ser absorbido por la piel y permitiendo destruir las células desde dentro.

Localización: Tierras de Kirigakure no Sato y sus alrededores.


Estadísticas:

Ninjutsu: 7
Taijutsu: 12
Genjutsu: 4
Medicina: 4
Chakra: 7
Velocidad: 9
Fuerza: 7
Elementos: Suiton | Hasta Genin.
Especialidad: Taijutsu | Hasta Genin.

Recompensa Máxima: 200 Ryo’s | 2 PR

Hiiro Miyazaki -- Sistema - Compendio de fichas | Página 3 - Naruto World | Foros Dz
Einarr Yuki -- Sistema - Compendio de fichas | Página 5 - Naruto World | Foros Dz


Pizza. Pero pizza de verdad, bien grasosa. Einarrhabia tomado la última tajada sin avisar a sus familiares. Y después de hacerlo, se preguntaba quién sería el primer listillo que se diera cuenta. ¿Sadao? ¿Khalf? Quizá Ruura... No. La hermana Yuki. Fiora, aparecida como un fantasma en la esquina de la habitación, le miraba con un gesto indolente. Al varón le molestaba porque con esos ojos saltones y espantosos encima de él, era imposible comer con tranquilidad. ¿Qué había de interesante en su forma de masticar?

¿Te gusta verme comer? —habló con la boca llena. Lo hacía para molestar a su hermana, pero a ella no pareció importarle.
Tengo una misión especial que tal vez te interese.
¿Qué es lo que quieres?
Que me enseñes a usar Chidori —el chuunin escupió la comida para reír a carcajadas.
¡Qué graciosa! —se limpió la boca con su antebrazo y solo entonces Fiora reaccionó, levantando un poco su nariz respingona— . Patéticamente graciosa, niña rata.
Estoy hablando en serio.
Yo también. Escucha —en un abrir y cerrar de ojos, el peligris se posicionó junto a la mujer del mismo color de cabello— : deja de joderme.
Léela, tonto.

Ters recibió un pedazo de pergamino de parte de la mujer y de muy mala gana lo abrió para leerlo. Sus manos sucias lo mancharon de inmediato, pero no lo notó por estar tan concentrado leyendo las estrofas. La misión consistía en atrapar a un criminal de poco renombre, nivel genin. Lo interesante era que debía ir acompañado de una kunoichi proveniente de la aldea de Nube. ¿Cuántos shinobis del género femenino solían venir a la Niebla para realizar misiones especiales? La anciana Mizukage tenía predilección por uno en específico. Tye lo sabía. El estómago se le revolvió un poco, pero era efecto de la comida chatarra, se dijo a sí mismo. Al despegar su vista del papel, encogió los ojos para atizar a su hermana adoptiva.

Todos sabemos lo que sucede cada vez que tenemos que colaborar con gente de Kumogakure...
Cállate —interrumpió Tye.
¿Trato hecho? —preguntó Fiora. Pecho Frío apenas despegó sus labios para pronunciar palabras, cuando de pronto, el hermano mayor de la familia entró a la cocina dando un sonoro portazo. Los otros frígidos voltearon a verle.
Pero, ¿qué?... —Khalf descubrió los rastros de pepperoni que quedaban en el rostro del otro chuunin— ¡HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA! —gritó, encolerizado.

Einarr huyó de su hogar corriendo a gran velocidad antes de que la batalla por la pizza con su pariente diese comienzo. Los cabellos grisáceos se pegaban a su frente y los edificios a su alrededor eran como manchas borrosas y húmedas, puesto que la lluvia, si bien en Kirigakure era una característica representativa, aquel día en particular caía en enormes gotas y con tal fuerza quecasi dolía en la piel. Por suerte, él era un Yuki, y su corteza de hielo le protegía tanto de agravios físicos como de sentimentales (¿) gay.

Al llegar hasta la salida sur de la aldea, pensó que quizás debió haber hecho una parada por la torre de la Mizukage para solicitar más información, ya que lo único que sabía era que el buscado criminal asesinaba a civiles y shinobis de bajo rango a las afueras de la aldea más emblemática en Mizu no Kuni. Siguió avanzando y cuando se hubo adentrado a territorios salvajes, se sintió tan perdido como un judío dentro de una iglesia católica. ¿Por dónde debía comenzar? Escupió hacia su izquierda provocando ondas gravitatorias en un charco cualquiera, luego hizo sellos con una mano y apoyó la otra sobre el piso. Tras una cortina de humo, Bourbon apareció aullando con ferocidad.

Escoges los mejores días, estúpido —se quejó la invocación, corriendo a resguardarse debajo de un árbol típico de la Niebla. Claramente le disgustaban los días lluviosos. Su pelaje blanquecino no tardó más de tres minutos en mojarse por completo. Enseguida se removió, agitando todo su cuerpo como un reloj despertador para sacarse el agua de encima— . ¿Qué quieres?
Cierra el hocico —ordenó Tye mientras subía al lomo del can para montarle. Usando su manriki le sometió con algo de fuerza y luego le indicó que marchara más hacia el sur— . Nos encontraremos con alguien antes de empezar con el trabajo de mierda.

Con justa razón, antes de hacer cualquier cosa debía reunirse con su colaborador. Y la identidad de este último, Einarr tenía un presentimiento de que se trataba de Chihiro Miyazaki. Tenía que ser ella, después de todo esas visitas una vez al mes para ‘intimar’ se estaban volviendo habituales, y ya había pasado un mes desde la última ocasión. Sacó su Shinobi-Galaxy S7 del bolsillo, abrió la conversación con dicha persona y luego escribió un corto mensaje. Al final sus dedos, empero, no tuvieron el valor de presionar la tecla enviar.

Súbitamente, Tye gruñó molesto consigo mismo idealizando el drama maricón de mierda que estaba montando. Gritó al aire y Bourbón gritó con él porque en ese intervalo había halado las cadenas de su hocico con mucha fuerza.

Minutos después, llegaron hasta un pequeño poblado al sur-este de Kirigakure no sato, en ese lugar, la hermana Yuki había pactado reunirse con el shinobi de la Nube. Por tanto Ters estaba a punto de descubrir si sus sospechas eran ciertas o si tan solo su cabeza daba vueltas como un chiquillo púbero en vano.

Esa escuálida debe estar aquí —el shinobi bajó de su invocación y caminó rápido por la calle más ancha de la villa, la cual contaba con no más de treinta edificios erigidos a su alrededor. Lo más lógico era que Miyazaki estuviese resguardada dentro de uno de ellos, puesto que seguía lloviendo.

Movido tan solo por un vago presentimiento, Ice-T se dirigió a la pequeña taberna del pueblo. Como si de un vaquero se tratase, ató a su ‘caballo’ con el manriki a un parapeto de madera. Bourbón profirió una sarta de insultos al tiempo que Tye se despedía de él, inclinando su sombrero imaginario y riendo de manera burlona. Enseguida entró a dicho local y casi de inmediato se llevó una leve sorpresa: Chihiro estaba ahí, pero lo que ocasionó que su pecho se contrajera perdiendo el aire fue el hecho de descubrirle semidesnuda sobre una tarima, bailando mientras una horda de hombres se conglomeraban a su alrededor como zombies hambrientos, intentando alcanzarle.

De repente, alguien había encendido el aire acondicionado; los presentes se sintieron como dentro de un congelador y algunos volvieron a sus asientos, otros corrieron a tomar las gabardinas que habían dejado colgadas en los percheros de la entrada. El shinobi le dirigió una mirada dura a cada uno de ellos.

¿Qué haces aquí? —Hiiro se había percatado de la introducción esperpéntica del Yuki al primer momento en el cual sus labios se partían poco debido el frío. Con un gran salto y sin perder su graciosidad, abandonó el escenario y caminó luego con sus manos puestas a cada lado de sus caderas para llegar hasta el hombre. Ambos se miraron y la mujer se preguntó en su mente qué es lo que hacía él ahí. Nadie conocía su ubicación, salvo su compañero de misión. Y había sido informada antes de partir de que tal compañero era una chica. Se supone que haría mancuerna en la misión con otro shinobi, pensó— Se supone que...
No pretendas estar sorprendida. Sé que viniste a verme.
¿De qué estás hablando?
Te advierto, maldita cabezona, que tendrás que atenderme a mi primero —Einarr se acercó más a ella y le tomó de su muñeca izquierda, congelándola un poco. Estaba haciendo un paupérrimo trabajo para suprimir la molestia que gobernaba sus sentidos— . Me importan una mierda esos perros hambrientos.
No hables así de ellos, son mis fans —la fémina intentó soltarse, pero el varón le arrastró hasta llegar a la parte trasera del local para que nadie pudiese verles. Desafortunadamente, en ese pequeño patio lleno de barriles viejos, sucios y vacíos, descansaba un hombre mayor bastante ebrio. Este apenas se levantó al escuchar el ajetreo, más no consiguió ver nada porque de inmediato volvió a su letargo patrocinado por una tercia de senbon de hielo en el cuello— ¡Suéltame!

Entonces el shinobi le soltó, no obstante, lo hizo con tal fuerza que la kunoichi terminó estrellándose de espaldas contra la pared. Tye lo había hecho de manera concientizada para poder acorralarle luego con su cuerpo. Seguía tan furioso que no le importó lastimar a Miyazaki un poco: tomó con su diestra la quijada de la joven para levantarla y verle directo a los ojos, mientras con su otra mano agarró su trasero provocando que sus pelvis chocasen.

Vamos a hacerlo aquí y ahora —pronunció entre dientes, con un aliento tan fresco que hizo que Hiiro cerrara un poco sus ojos.

El hombre hizo intentos por arrancarle la parte inferior del traje. Tendría que haber sido fácil, pues después de todo aquel show dentro del local ya sólo le restaban un par de prendas y retazos. Pero Ters olvidaba que la de la Nube era más que una simple actriz o cantante con una cara bonita de frente a la galería. Habanero puso resistencia y ambos forcejearon hasta que el hombre decidió usar de nuevo sus poderes, exhalando una corriente de aire más fría que la anterior, la cual hizo que Miyazaki quedara paralizada tan solo un segundo. Ese tiempo fue suficiente para que el chuunin cumpliese su cometido y también para sacarse su propia camisa.

Si tantas ganas tienes, ¿por qué nunca vas a verme? —Habanero no la pasaba bien porque le preocupaba que alguien más saliera de la taberna y pudiese verles, aunque tampoco la pasaba mal porque su cuerpo reaccionaba de manera automática al contacto con su amante.
Cierra la boca, no quiero que hables —bramó Tye.

Y súbitamente, decidió que tampoco quería que la fémina le mirase, pues desde que se había desprendido de la parte superior de su atuendo, la pelirroja no apartaba sus ojos de esa mancha negra que nacía en su espalda y que crecía hasta cubrir una ligera parte de su pecho -ya que el de Kiri aún no conseguía controlar enteramente las cualidades de su marca maldita-. Einarr tomó a Hiiro de los hombros y le obligó a darse media vuelta contra la pared, pero ella se opuso usando su propia fuerza. Por un efímero momento, la jounin temió que el de menor rango no respetase su voluntad y se atreviera a hacer cosas sin su consentimiento...

Detente.
No.
¡Detente!
¡Cállate, maldita sea!

De pronto, algo hizo crack en el ambiente. Un montón de botellas de vidrio rompiéndose dentro de la taberna. Gritos, alaridos, llamadas de auxilio. La mujer podía escucharlos claramente y sabía que el varón podía escucharlos también, aunque hiciera oídos sordos por concentrarse en arrancar las partes restantes de su atuendo. Chihiro cargó su puño izquierdo en un santiamén con una cantidad inmensurable de chakra, después le propinó a Ters un fuerte golpe que le mandó a volar muy lejos.

Apenas cubriéndose con la camisa que había tirado el frígido, la kunoichi corrió a descubrir lo que estaba sucediendo en el local: la mayoría del público había huido despavorido y solo quedaban tres de ellos en medio del lugar, convalecientes en el piso y sobre un enorme charco de agua. Hiiro corrió a socorrer a uno.

¿Qué sucedió?
N-nos atacaron —la pelirroja alzó una de sus cejas; tal afirmación ya era bastante obvia, pero no interrumpió al hombre que intentaba proseguir— . Un niño. Intentamos expulsarlo del bar —debido a que no se permitía el acceso a menores— , pero nos atacó.
¿Un niño?
—repuso otro— , con filos de agua.

La última revelación fue suficiente para que la de la Nube se ajustara sus zapatos, peinase su cabellera y saliera corriendo en busca del desdichado criminal. Abandonó a los heridos, después de todo no podía hacer nada por ellos -no sabía nada sobre remedios médicos-, y abandonó la taberna en la cual se hubo presentado antes. Sentía especial molestia porque las personas atacadas estuvieron en ese lugar, a esa hora precisamente para verle.
Bajando las escaleras del pórtico, tropezó apenas con una cadena metálica tirada sobre el piso. Esa cadena pertenecía a... ¿Tye?

¡Escuálida! —escuchó la voz del susodicho tan viva que era imposible que estuviese solo en su cabeza.




Bishamon Mimikyu hi :56:
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Cual imán, la voz de Ters hizo que la fémina protagonista alzara la mirada en dirección a la suya, aunque en el proceso no pudiera evitar repasar más que sus intensos ojos; Dios bendiga el privilegio de la vista. Por más atractivo que le resultara el muchacho a “la distancia”, no fue de mucha ayuda para él verla sonreír de forma burlona porque sabía que lo hacía por la mejilla roja que le dejó con el golpe. Con graciosidad y delicadeza, Habanero se agachó para recoger el manriki. Fue una lástima para el frígido que en el proceso no se le viera la ropa interior.

Ninguno llegó hacia el otro al momento de encontrarse en un punto medio. Einarr no disimuló ni un gramo su patanería al ver a la mujercita con su camisa y cómo esta se le ceñía al cuerpo por la lluvia; bastó un empujón leve, quizás dos para que él la tomara en serio, pues en lo que él se deleitaba siendo un pervertido ella le explicaba lo que vio en el interior del bar.

—Tenemos que encontrarlo.
—¿Tenemos? Si yo vine por una cosa y sabes bien qué
—su mano fue atajada por la de ella al ser agarrada cuando iba directo a su pecho—. ¿Qué crees que haces, cabezona?
—No sé lo que habrá pasado en Kirigakure pero es obvio que eres mi compañero de misión
—Ty bufó—. Así que pongámonos serios.
—Si yo voy muy en serio, escuálida
—con su mano libre la tomó tan rápido de la espalda baja que sin problema ni resistencia la apegó a su torso alzándola un poquito; Hiiro apretó sus dientes, ¿acaso no le molestaba tener parte de la cadena entre ellos? Porque sí dolía—. Ahora quítate mi camisa y continuemos donde nos quedamos, tonta.
—Suéltame, no es tiempo para jugar
—Ice T intentó besarla pero la de Kumo se resistió y evadió cada uno de sus intentos haciéndole sentir encolerizado—; Aparte hueles a grasa, déjame —el último beso terminó sobre una mejilla y sin pensarlo demasiado Ters abrió su boca para morderla—. ¡Einarrrrrr!
—Tú eres la grasienta aquí —la miraba mientras sonreía con maldad; le gustaba ver sus ojos llorosos por el dolor—. Tienes puesta la camisa que usé para limpiarme la deliciosa suciedad de un pedazo de pizza —Hiiro intentó zafarse—, y qué decir de mi grasosa boca y mis dientes llenos de comida.
—Suficiente…
—Con lo mucho que te gusta que te bese, maldita escuálida
—en cuanto pudo le propinó un beso apretado, así como sentía su arma que ya le empezaba a molestar—. Puta —soltó al evidenciar lo que le había hecho el manriki sobre su torso por el tiempo que duró ahí.
—Eres despreciable —con el brazo se limpió los labios mas al pasarlo por su nariz se dio cuenta de que efectivamente olía a peperoni—. ¡Te odio!

Por impulso lanzó las cadenas hacia el dueño de las mismas queriendo pegarle, a ver si de esa forma dejaba de reír como un idiota por haberle hecho lo que le hizo; era repugnante. En segundos optó por ignorar al peligris por su sanidad mental y enfocarse en la búsqueda de ese niño que sí tenía problemas de la cabeza. Para el caso no le importó la sarta de improperios lanzadas por el hijo de Ruura, si de por sí sus macabras risas formaban parte de sus despectivos.

A unas cuantas viviendas del bar, Habanero encontró a una persona dentro de lo que parecía ser una pequeña sastrería. Que abriera la puerta hizo que una campanilla sonara; justo cuando iba a cerrarse, Pecho Frío la detuvo bajo refunfuños. Quien estuviera dentro se encontró raro que la fémina estuviera cubierta solo con una camisa (que le llegara al cuarto de sus muslos) y sandalias, empero al ver a Yuki en sus fachas recreó toda una historia sobre los dos.

—Necesitamos un médico —no quería pensar en sus suposiciones, aun así fue inevitable ampliar más la historia con ese detalle—. Es urgente, señor.
—Seremos humildes pero tenemos farmacia
—los ninjas arquearon una ceja—, está a tres...
—¿De qué habla?
—Yo ya tengo condón, viejo metiche
—y Vendetta se sonrojó como un tomate; ahora todo tenía sentido...

Tras una mirada rápida de reproche hacia su compañero de travesía y travesuras, recíproca cabía decir, la jounin recobró la compostura seria insistiendo en su petición por las razones dadas a continuación. El rostro del hombre se tornó de terror y con estrépito se puso de pie, aparte de que las manos empezaron a temblarle, también su voz; Ters susurró una palabrota al tiempo que rodara sus ojos. Lo que el señor trataba de decirles era que no era la primera fechoría que cometía el “niño” psicópata. Claro, tenía un tiempo sin pasar nada extraño en el pueblo. Ese dato sirvió para que los ninjas dedujeran que el interruptor de su intimación era residente de la zona.

Una llamada telefónica al curandero del pueblo fue suficiente para que éste se dirigiera al bar.

—¿Puede hablarnos más sobre él?
—Solo Einarr entrecerró sus ojos con atisbos perezosos.
—C-claro —tan solo fue un instante, pero fue visible la incertidumbre del hombre sobre si debía invitarlos a pasar al interior de su negocio por varias razones: primero, no sabía quiénes eran y en esas fachas todo se volvía realmente confuso; segundo, estaban empapados y su piso de madera podría verse afectado (así como su mercancía y utensilios). Chihiro captó el punto dos, sabía lo horroroso que era que vestimenta trabajada se viera dañada por imprudencias, como la que estaba a punto de cometer Pecho Frío tan solo por joda. En un santiamén tuvo que agarrarle la mano antes de que tocara un maniquí. —Tomen, pueden secarse con esto —de un cajón sacó una toalla.
—Gracias —Apenas alcanzándola, Einarr bajó la temperatura de forma súbita sin llegar a grados precisamente mortales para alguien como la pelirroja; todas las gotas de lluvia se volvieron pedacitos de hielo que solo debía retirar al sacudirse. El cabello de Hiiro quedó suspendido, como si luchara contra la gravedad—. Maldito…

Y como ella era más bajita, los residuos de hielo cayeron sobre su cabeza. ¡Cuánto se divertía Yuki en momentos así!

—No necesito el calor asqueroso de ese pedazo de tela —los ninjas eran muy raros, pensó el sastre—. ¿Qué nos ve, viejo metiche? —El aludido respingó. La mirada y toda el aura que desprendía Ters no era la mejor para brindar conforte a alguien que sentía temor. Para el caso lo empeoraba. —¿Va a hablar o… —ni siquiera completó un paso cuando el señor alzara sus manos a la altura de su pecho.
—S-sí, sí —para sentirse un poquito más tranquilo enfocó su vista en la púrpura de Habanero—. Su nombre es Kotetsu… es huérfano. Los rumores dicen que él fue quien matara a sus padres —tragó en seco—, y que lo hizo sin usar ningún arma porque nunca encontraron alguna.
—Ya sabemos esa parte de la historia del maricón
—no era cierto, con excepción de que no usaba armas para atacar porque lo ponía el pergamino de búsqueda. Además la de Kumo lo constató entre la gente que pudo hablarle en el último lugar afectado—. Queremos saber por qué mierda lo hace o dónde podríamos dar con ese hijo de puta.
—M-más respeto, jovencito
—Ice alzó la barbilla, dedicándole una mirada altiva al más adulto.
—¿No que su mami está muerta? —Ni esperó una respuesta. —Es un hijo de putisísima puta.
—Ya, Tye
—el varón tiró de su brazo al sentir el agarre de la jounin—. ¿Quién podría brindarnos más información? Lo atraparemos de una buena vez.
—¿Pa-para eso vinieron hasta acá? Yo pensé que…
—Ice gruñó—. Es que… —“por error” miró a Hiiro de arriba hacia abajo, pues de no haberlo hecho el gélido no lo hubiera agarrado del cuello de su ropa. Entre las peticiones de la kunoichi para que lo soltara y el llanto del pobre hombre resonaban las duras palabras castigadoras del peligris por andar mirando lo que no debía y de esa forma. El sello en su espalda volvió a activarse, desprendiendo manchas oscuras que alcanzaron parte de su pecho y brazo izquierdo. Vendetta enmudeció unos segundos; esas marcas las había visto hacía rato pero nunca desde que surgieran de un diminuto sello que parecía un tatuaje.
—¡¡Tye!! —Usando la ayuda de Ka pudo ejercer la fuerza necesaria para separarlo de su víctima—. ¡¡Detente!!
—¡Cállate!

El sonido de un manoplazo retumbó en el pequeño local. Después de verse libre, el hombre había buscado la forma de protegerse de Pecho Frío mas desde donde estaba pudo ver lo que sucediera quedando lo que le seguía a atónito… y no era el único: Chihiro abrió sus ojos de más. De repente hizo un súbito silencio auspiciado por la incredulidad misma sobre si siempre sí Einarr se había atrevido a bofetearla. Era la primera vez que sentía el peso de su mano gélida de esa manera, sobre su pómulo, asimismo sería la última porque se encargaría muy bien de hacérselo saber después del puñetazo que le pegó a la altura del estómago. El dueño del local terminó de convencerse sobre los poderes de esos dos.

Tye cayó de bruces sobre un charco con restos de cristal sobre su cuerpo producto de haberse llevado la puerta de encuentro. Con dolor y molestia se compuso a medias. Su respiración yacía entrecortada gracias al sello que de alguna forma le hacía sentir agitado. Con el dorso de su mano izquierda se limpió el hilillo de sangre que saliera por una de las esquinas de su boca. Sin dudas, había sido un buen gancho cargado de chakra por parte de la extranjera, quien saliera del local y parado con sus piernas separadas y manos en la cadera. Yuki la miró como si le recriminara; Miyazaki invocó un hacha, usándola para amagar al cuasi albino.

—No dudaré en cortarte la puta mano si lo intentas de nuevo. —Ters mascullaba todos los insultos que podría dispararle en su cabeza, empero su gesto se transformó en uno que fácilmente podría ser confundido con jocosidad ácida gracias a su sonrisa. Afrentoso al fin y al cabo, acercó su nariz al filo del hacha apuntando con su mirada la de la músico.
—Todo es tu puta culpa —Hiiro alzó una ceja—. Si no anduvieras de ofrecida —no pudo completar lo que diría por la patada que le pegó la aludida en el pecho regresándolo al suelo.

No valía la pena seguirle el juego cuando tenía cosas más importantes que hacer. Pero más allá de ignorarlo para darle prioridad a la búsqueda del homicida, las palabras de Ice lograron despertarle un sentimiento molesto que se erradicó en su pecho. A la distancia escuchó la voz de su peor es nada y por impulso se echó a correr para mantenerse lejos. La lluvia no le permitía ver bien; no podía visualizar con claridad los distintivos de algunas casuchas o los kanji que repararan en el nombre de algún local. Sería complicado continuar la investigación así.

Hiiro se detuvo en medio de un ancho sendero acorazado a los lados por inmuebles no precisamente bien cuidados. Había uno en especial que lucía abandonado por las ventanas rotas y la madera más oscura que el resto de casuchas del rededor. Desde el segundo piso de la propiedad en cuestión una persona observaba el exterior, en especial a la de cabellera llamativa que entre el aguacero podría destacar sin problema.

—¡¡Cabezona!!

De vuelta, Chihiro emprendió la retirada antes de que Ice pudiera alcanzarla; bajo la atención del silente espectador, Habanero saltó al tejado de alguna estructura y si no hubiese sido por su sentido de audición, esquivar la jabalina de hielo que recreara Tye para pararla hubiese sido imposible. Ella miró hacia atrás y abajo, viendo un más “tranquilo” muchacho (con su típica expresión). Había llegado rápido gracias a su rampa de mismo elemento que la vara.

Vendetta chistó.

—Déjame en paz, Tye.
—No seas ridícula.


Cómo lo detestaba en ese momento. Sin embargo, sus sentimientos le jugaron en contra al sentir que sea lo que fuera la sombra que se hallaba detrás de Einarr pudiera hacerle algo; que sin llamarlo por su nombre para que evadiera el ataque que recibiría infraganti, lanzó su hacha con fuerza para sorpresa del peligris. Por supuesto que el hijo de Ruura maldijo al pensar que sería el blanco de la pelirroja… percepción que cambió al escuchar el alarido de alguien detrás de sí.

El hacha le pasó tan rápido por encima del hombro solo para ir a parar en el brazo derecho del niño psicópata.

—TÁ DABAS MARAR… —susurró audible para Ters aunque lo escribiera en mayúscula.


Raving George Verwest :04::04::04::04::04::57:
 
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Tye vio la pequeña hacha de mano venir hacia él. Por un segundo pensó que la escuálida estaba intentando llevar la ‘relación’ entre ellos a un nuevo nivel, uno en el que, seguramente, imperarían los golpes y ataques a muerte. Sin embargo, eso cambió cuando su asombrosa (¿) capacidad de precisión a una distancia más corta le hizo saber que el arma de orígenes nórdicos iba en realidad hacia otra cosa. El frígido la observó de reojo girando y pasando por encima de su hombro, después un sonido seco le indicó que había impactado con algo. Su brazo derecho se humedeció con un montón de gotas que no eran de lluvia.

TÁ DABAS MARAR…

Gritó alguien detrás de él. Einarr creyó que se trataba de algún mutante o maricón de mierda porque su clamar tan pavoroso como un animal de granja, apenas era comprensible. Se giró un poco para verle cara a cara y descubrió a un niñato con el antebrazo ensangrentado. Para más sorpresa, se había sacado el hacha incrustada en su propia carne y ahora la asía con peligrosidad. El chuunin se echó hacia atrás justo a tiempo, evitando que le partiesen la cara en dos partes. Tal atentado hizo que se disparara su furia. Sacando el tantó de su obi, fue tras el menor y lo convirtió en su presa. Una pequeña persecución dio comienzo: los shinobis aliados corrieron tras escurridizo criminal, quien no se veía cómodo –tal vez por su estilo de combate- peleando cuerpo a cuerpo. Muy pronto se vio acorralado sobre el tejado de un edificio multinivel, pues sus persecutores hacían patente su superioridad en rango.

Hiiro y Tye se posicionaron a cada lado de quien debían capturar y se mantuvieron estáticos, cautos antes de hacer el primer movimiento.

Recuerda que su elemento es el agua —dijo Hiiro justo antes de que el menor se decidiera a forjarse una salida del lado en el que se encontraba el otro varón— , no dejes que te bañe o si no...
¡Ya lo sé! —gruñó Tye— ¡No soy analfabeta, escuálida! —La mujer sonrió con cierta ironía recordando la peculiar ortografía del frígido.

Kotetsu se volteó hacia el frígido y saltó lo más alto que pudo. Casi estático en el aire, golpeó con su puño libre su propio pecho, luego abrió su boca de manera extraña, como si fuese a escupir de ella un balón de soccer dos veces más grande de lo normal. Parecía que sus labios eran tan elásticos como la goma. El de Kiri observó la grotesca gesta antes de echarse a rodar por el piso para no recibir de lleno la enorme burbuja de agua que escupía el criminal. Dicho ataque ocasionó una enorme grieta en el techo.

Sin perder más tiempo, Miyazaki terminó una cadena de sellos manuales que sirvió para levantar un pequeño muro de barro fresco. Con ello creyó que podría atrapar entre la tierra a Kotetsu en su aterrizaje. No obstante, el menor fue más ágil y también más rápido: antes de caer, utilizó un doble salto que le ayudó a desplazarse hacia atrás y tomar distancia. Entonces Tye fue a él y se enfrascó en una pelea directa. A ojos de la de la Nube, Zahon resultó ser casi tan rápido como su compañero de Kiri. Aunque los informes decían que el criminal era de rango genin, tal vez podría equipararse en habilidades y adiestramiento a un chuunin de poca experiencia.

Einarr dio un salto inverso con giros hacia atrás, aterrizando sobre un tejado más bajito de otra vivienda. En cuanto se recompuso, vio el arma punzocortante arrojada hacia él, pero el niñato no tenía mejor puntería que la ‘escuálida’ o inclusive que él mismo. A Tye le bastó con sólo girar su torso desnudo para evitar sufrir daños, aunque eso llevó a que el hacha impactara en contra de un tanque detrás de él. Enseguida, el sonido de gas desperdigándose alertó a los shinobis.

¡Es flamable! —gritó con urgencia Miyazaki, reconociendo la simbología del color del tanque. Todos comprendieron que, si no hacían algo, habría una explosión muy pronto.
¿Lo es? —el frígido sonrió de lado y se emocionó ante la idea de ver una inusual explosión bajo los torrenciales de lluvia.

Aunque, por otro lado, si había gente debajo de ellos saldría afectada, lo cual le acarrearía problemas. Lo primero que se le ocurrió fue congelar la sustancia en estado gaseoso, así que extendió las palmas de sus manos al frente y emitió un aura incolora, casi invisible y tan fresca que convirtió el gas primero en líquido y luego en sólido. La masa sin forma regular cayó por efecto de la gravedad sobre el tejado, y lo siguiente en la mente de Tye fue que podría utilizar esa misma masa para prepararle una especie de bomba a su adversario. Pero Kotetsu ya no estaba... la conmoción había resultado muy conveniente para el criminal, quien había emprendido su huida. Y además, el tanque que seguía abierto era enorme; el gas seguía esparciéndose por todas partes. Para poder controlarlo, Einarr tendría que congelar todo en un radio de unos quince metros.

Al mismo tiempo, Hiiro se encontraba al nivel de la calle corriendo muy rápido, repasando con su vista las ventanas de los edificios aledaños en busca de personas. Con ayuda de sus sentidos bien alerta, consiguió detectar y luego evacuar a todos los habitantes del edificio: tres adultos, una señora de edad avanzada y dos niños, cuando de pronto ¡boom! Una pequeña columna de fuego y humo se elevó hasta los cielos ignorando el factor climático que gobernaba aquel día. Miyazaki se lamentó en su mente porque no había visto al de Kiri salir del rango del siniestro. Un sentimiento que no podía descifrar oprimió su pecho, generándole una ligera inquietud. Sintió impulsos de correr hasta los restos del lugar en llamas; dio un paso al frente, pero luego se contuvo. Pensando en ello, el peligris había sobrevivido antes a situaciones peores que aquella: en la guerra contra los samuráis, en la guerra entre Kirigakure y Tensai, en otras misiones conjuntas...

Un segundo después, la silueta de Einarr emergió de los escombros como una especie de golem a escala humana. Caminaba con cierta pesadez, parecía que su piel se había convertido en roca. Pero al emitir un leve destello debido al reflejo de la luz, se reveló que en realidad su piel era de hielo. Caminó unos cuantos metros para alejarse del calor y después se recargó de manera lateral en un pilar que sostenía a otro edificio. Profirió algunos de sus típicos insultos y enseguida Miyazaki apareció a su lado.

¡Hijo de las mil putas! —vociferó. Habanero lo percibió agitado e imaginó cuanto debía disgustarle semejante panorama infernal al manipulador de elementos fríos— ¡Esa sabandija detonó la explosión!
¿En dónde está?
Si lo supiera, no estaría perdiendo el tiempo contigo —Tye se recompuso, con lo cual su piel fue regresando a su estado normal. Esto a su vez reveló algunas secuelas de la explosión en su cuerpo, como por ejemplo una enorme quemadura en su antebrazo derecho. Aunque no parecía dolerle mucho.
Estás herido —señaló Hiiro con naturalidad. Después de todo, no había nada extraño en ello, ya que cualquier impedimento en el estado de forma de su compañero podría afectar el rendimiento en la misión. No obstante, Einarr se desencajó un poco.
Deja las mariconadas —pronunció lento antes de echarse hacia atrás. De no haberlo hecho la mujer hubiese tocado su piel, lo cual le generaba cierta repulsión. Miyazaki quedó con su mano extendida en el aire, comprendiendo que al varón le disgustaban las muestras de afecto, pero además sintiéndose ligeramente ofendida por el rechazo. Quiso maquillarlo, pero no pudo evitar caminar detrás de él para recriminarle.
Ahora va a ser que es peligroso que te toque.
Claro que es altamente peligroso cuando eres una ofrecida y has tocado a miles de imbéciles —masculló Tye dándole la espalda, aunque por su tono se adivinaba que estaba sonriendo con cinismo— . Ya te lo dije.
Pues nunca te he oido quejarte sobre eso con las putas de tu barrio.
¿Has aceptado que eres una pu... —se giró de repente y no pudo terminar de hablar debido al fuerte golpe que Hiiro le propinó en el pecho con su puño cargado en chakra.

Ters impactó en contra de un muro metros más adelante y rio casi a carcajadas tan solo después de recuperar el aire en sus pulmones. Apoyó las manos sobre la misma pared y se despegó para mirar a la kunoichi de pies a cabeza: le gustaba Miyazaki, sería estúpido negarlo después de tantos encuentros íntimos. Sin embargo, aquel día por primera vez desde que le conocía había descubierto una palabra mágica para hacerle enojar: ‘ofrecida’. Y ahora también ‘puta’. Las reacciones que provocaban en ella esos dos adjetivos eran algo que estaba disfrutando muchísimo -irónicamente, puesto que sólo había obtenido golpes gracias a ello-; no podía discernir entre si le gustaba más hacerle molestar o si le gustaba más hacer yasabenqué. Einarr miró a la pelirroja en ese estado que no había visto antes, y en cierta manera se sintió dueño del control, inclusive también alguien superior.

Dime algo, cabezona —dijo él después de despegar por entero su cuerpo de la fisura que había ocasionado en el muro— : ¿te molesta más que te llame puta o que me acueste con las putas del barrio? —y ¿cómo sabía Hiiro sobre sus 'prácticas' con las cortesanas el barrio Yuki? ¿Cómo sabía siquiera que contaban con un prostíbulo exclusivo de dicho lugar? Se encogió de hombros mientras continuaba sonriendo.
No te creas tan importante, Tye. No me importa lo que hagas y a ti tampoco debería importarte lo que yo haga, así que no puedes llamarme 'ofrecida'.
Me importa una mierda lo que hagas —ambos quedaron de frente y se miraron a los ojos; era como si nada más existiera alrededor. Pero no podía ser nada más alejado de la realidad: había una pequeña multitud, las personas que Habanero había rescatado del incendio, y estas les miraban como si estuviesen presenciando alguna clase de espectáculo bastante entretenido. Algunos inclusive reían divertidos— ¡¿Qué mierda están viendo, banda de maricones?!
Vamos a capturar a ese criminal.
¿Y después? —el peligris alzó una de sus cejas y luego se relamió los labios. A Habanero le pareció desagradable porque con toda aquella discusión, ella ya no tenía ganas de estar con el patán en potencia en el cual podía convertirse Ters. Rodó sus ojos y luego dio media vuelta.
¿Cómo vamos a encontrarlo? —mirando apenas por encima de su hombro, descubrió que el de Kiri tenía algo que le pertenecía a ella— ¡Oye! ¡Mi hacha!
¿Tu hacha? Puse mi trasero frígido en el fuego hace un momento por culpa de esta mierda. ¡Ahora es mi hacha! —bramó.
¡Devuélvemela!

Tye levantó lo más alto que pudo dicho objeto en su mano izquierda, aprovechándose de que en estatura él le sacaba al menos unos treinta centímetros a Miyazaki. Además de graciosa, Yuki pensaba que la kunoichi se veía también atractiva, pues al pararse de puntillas para intentar alcanzar el arma, su prenda de ropa -el suéter que le hubiese quitado al varón- se le levantaba dejando ver un poco más de la cuenta sus torneadas piernas. Se estiró otro poco, deseando que Hiiro hiciera lo mismo para poder ver aún más, no obstante, ella no cayó en la trampa. En lugar de ello, le propinó un leve empujón y luego le arrebató otra arma que cargaba en su cinturón ninja.

Entonces me quedaré con esto —dijo la mujer, mirando lo que sea que le hubiese arrebatado a Tye. La verdad es que no estaba segura de cómo utilizar aquella arma y tampoco había visto al hombre utilizarla antes: a simple vista, era tan sólo una vara muy ligera de medio metro de largo y media pulgada de ancho, además de hueca.
Como sea. Odio esa mierda inútil.

El ojiazul hizo malabares con el hacha: la hizo girar en el aire para atraparla con su otra mano y luego la trajo muy cerca de su rostro para poder olerla. La sangre de Kotetsu en la hoja ya no estaba tan fresca, sin embargo, confiaba en que alguien con un olfato más ‘refinado’ pudiese hacer algo al respecto. Hizo sellos de mano y a continuación, invocó a su compañero canino más fiel. Bourbon apareció emitiendo un sonoro aullido que ahuyentó al público espectador, después corrió a resguardarse bajo el lecho de un pórtico ya que seguía lloviendo, aunque con menos intensidad.

Niñato estúpido —saludó ‘efusivamente’ el perro rango B.
Si no te callas, te cortaré la maldita cola —el shinobi correspondía de la misma manera tales sentimientos— . Quiero que busques a un maricón que habla como retrasado de mierda...




Bishamon Mimikyu tss, estafaron a Hiiro con el arma :56:
 

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
—Creo que ya lo encontré.

Solo Hiiro entendió a qué se refería Bour con eso, ya que al frígido le tomó unos segundos captar que se estaba refiriendo a él en una banal intentona por querer ser gracioso; aunque lo fue. La risilla disimulada de la pelirroja lo confirmó.

—Pedazo de mierda, no estoy para chistes horribles —su mirada que expresaba enfado se clavó en la de su invocación—. Una más y te desangras aquí mismo.
—Ten cuidado Bour
—animal y humano miraron a la fémina; hasta ese momento, el can no había reparado en la pieza que le faltaba a su amo y que llevaba Miyazaki puesta—. Parece que tiene la regla.
—Cierra la boca
—consideró llamarla por algún despectivo pero algo hizo clic en su cabeza: hacía unos minutos que Habanero no respondió su pregunta sobre qué pasaría después de que atraparan al ñato… eso no era una buena señal; así que debía cuidar su juego de palabras por un rato—. Y tú, huele esto y encuentra al maricón, ¡ya!

En lo que el canino hacía su trabajo de captar el aroma de Kotetsu, Hiiro aprovechó para acercarse a las personas que pudo salvar de la explosión y que ahora se resguardaban dentro de otras viviendas o locales que prestaron cobijo. Quizás alguno de ellos pudiera decirle alguna otra cosa sobre el niño psicópata. Sin embargo, lo que más consiguió fueron miradas perturbadoras de uno que otro hombre… “cierto”, pensó. Recordó que solo llevaba puesto un suéter y que el mundo estaba tan podrido que ni en medio de una calamidad los hombres dejaban de pensar con el pene. Para más inri, varias mujeres se sintieron ofendidas porque esa era una forma de desprestigiar al sexo femenino (en su sentido más arcaico).

—Bueno, ya, no es lo que ustedes están pensando, ¿vale? —Díjoles con evidente molestia. —Estoy tratando de salvarles el trasero de un malcriado que lo único que hace es asesinar a los demás.
—Que Kotetsu haga eso no es nuevo.
—Eso ya lo sé
—quitó de su rostro unos cuantos mechones que se pegaron por la lluvia—. Pero, ¿por qué lo hace?
—No tenemos idea.
—Es porque no puede hablar claro
—los murmullos empezaron a conglomerarse en la habitación de aquella tiendita—. Sus papás nunca lo quisieron porque nació con problemas, no puede hablar bien. No es un niño normal como los demás.
—¿Solo por eso mata?
—Algunos se encogieron de hombros.
—Hace un tiempo tratamos de ayudarle pero desapareció y ahora que regresó es como si quisiera vengarse…
—¿De qué o por qué?
—De que una niña bien chula como tú lo rechazara por no saber hablar
—aquel hombre se había movido tan rápido que la jounin apenas pudo dar dos pasos hacia atrás para alejarse de él. Por muy poco conseguía agarrarla del mentón si no hubiese sido porque su mirada morbosa contrastó para mal con la afilada de Ters.
—¡Qué le pasa, viejo inmundo! —Justo se había percatado de la presencia del shinobi al sentir el descenso de la temperatura muy cerca.

Einarr no tenía idea de lo que su compañera de misión estaba haciendo, empero le quedó bastante claro que aquel tipejo intentaba hacer de las suyas; qué conveniente y qué desgracia al mismo tiempo. Más de uno dentro del cuarto mostró temor. Así, ninguno buscaría revelar nada más. Igual su facha no la estaba ayudando tampoco; sin decir nada más, la músico se dio la vuelta pasando de Tye, regresando a la llovizna. Antes de ir más lejos, sintió su brazo derecho más pesado de lo normal gracias al apretón del peligris sobre él, pero Chihiro tiró tan fuerte que impidió que la mano del frígido se afianzara en su extremidad.

—Deja de ser maricona —la pelirroja hizo ademan de responderle mas las palabras no salieron por más que las tuviera en la cabeza—. ¿Por qué te afecta tanto, eh?
—¿De qué me hablas? No te entiendo.
—Ters entrecerró sus ojos con picardía. —¿A dónde está Bour?
—Vendrá a avisarnos cuando encuentre al bobalicón de mierda
—en cuanto hiciera silencio, avanzó varios pasos hacia Miyazaki—. Es más propicio saber dónde se está escondiendo el mariconcito imbécil. Me las va a pagar… —lo decía por su brazo que ni se inmutaba en mirar. Lo que sí disfrutaba mirar sin problema eran las piernas níveas de la kunoichi, como si aquello fuese el placebo perfecto para dejar de sentir las punzadas ardientes de la herida. Además estaba la enmarcación, ligera, de sus caderas y su busto; luego podía deleitarse con la expresión de la muchacha. Pareciera que había pasado un rato considerable en lo que Yuki se alimentaba visualmente, no obstante la realidad era que ni un minuto y medio había transcurrido—. ¿Ves que si tengo razón, cabezona? —Hiiro endureció su rostro. Ni siquiera intentó quitar su vista de la azul de Ice cuando éste se acercara otro poco. —Si no fueras una ofrecida no anduvieras vestida así —cómo le encantaba el peligro al amante de los inviernos—. Ya ni las putas del barrio.
—¿Ahora debo tener un código de vestimenta para que las personas dejen de ser tan retrasadas?
—Einarr levantó sus hombros manteniendo la burla. —Si estoy como estoy es porque me da la gana.
—Porque eres una ofrecida.
—Mejor cállate.
—Ofrecida… ¿qué vas a hacer, eh? ¿Me vas a golpear, ofrecida?
—Pudiera hacerlo; de hecho, lo pensó. Su puño dominante se tensó cuando lo apretara para usarle con esa intención que aclamaba Ters. —¿Vas a llorar, ofrecida? No puedes contra mí, Dulce Habanero —confiado, terminó por acercarse tanto a la taijutsuka que ya no quedaba ningún espacio personal.

Otra vez aquella sensación de que nada existía alrededor se proliferó cual disparo. Pecho Frío no retuvo las ganas de llevar ambas manos abiertas hasta la cabeza de su víctima. De esa manera atajó el cabello que caía a cada lado del rostro de la ninja, descubriendo lo bien que se veía así… con esa facción enojada y sus mejillas enrojecidas (no por la vergüenza). Era natural. ¿Por qué Vendetta no hacía nada para zafarse del patán? Hasta Yuki se lo preguntó. Por parte de Chihiro, lo que sucedía era que debía luchar contra sus demonios para no terminar destruyendo a Ice T por su inmensa bocota estúpida y su bajo nivel intelectual. Ella tenía la culpa después de todo. Era su culpa haberle dado tanta entrada al frígido que de vez en cuando deseaba poder golpearse a modo de reprimenda, por haberse dejado llevar por una apariencia bonita… aunque si fuera por eso, tipos muchos más guapos se habían cruzado en su camino. Entonces no necesitaba a Ters, pero por qué no hacía nada.

—Hace poco dijiste que no te tocara porque era una ofrecida, ¿qué pasó?
—Hasta que hablas, cabezona
—sonrió con sorna—. Me dio la gana de tocarte, ¿no puedo? Bah, qué te pregunto si eres una ofrecida —rio maliciosamente.
—Sí… tócame donde otros me han tocado ya —de sus mejillas paseó sus manos por los brazos de la pelirroja—, aunque jamás me harás sentir lo que otros sí han logrado —y Tye se detuvo de golpe. ¿Qué estaba diciendo la escuálida? La cara que tenía de fascinante atrevimiento se transformó en lo más habitual en él. Al principio se desencajó, pero fue veloz al disfrazarlo con un enmarcado enojo que también se manifestó en el apretón de sus manos contra los brazos de la muchacha. —Me estás lastimando…
—Te reto a que repitas esa mierda que dijiste
—pronunció entre dientes; interesante, pensó Habanero, ahora el cabreado era él. Ya era hora de que se cambiaran los papeles en el jueguito macabro que iniciara el frígido.
—Déjame —imitó su manera de hablar. La extranjera sabía que jugar de esa forma con Ters era peligroso, pues sus poderes tenían mayor efecto si se estaba tan cerca como lo estaba. También estaban esas marcas que surgían de vez en cuando. Casualmente, las mismas aparecían siempre que él se enfadaba como un energúmeno y todavía no le constaba para qué servían o por qué afloraban más allá de responder a los sentimientos negativos del peligris. Por tercera vez insistió en que la dejara libre.
—Más te vale no decir algo como eso otra vez, escuálida.
—¿Me estás amenazando?
—La lluvia, el aura fresca y el hielo que Einarr estaba empleando en su tacto hacían mella en la músico, aun así esbozó una provocadora sonrisa. —Porque no me da miedo repetírtelo si tanto deseas escuchar —su aliento era visible, tanto como sus ganas de que su amante explotara.

El hijo de Ruura tuvo suficiente y con ímpetu empujó a la jounin casi haciéndola caer de no ser porque recuperara el equilibrio. La verdad era que no quería escuchar porque no sabía de qué sería capaz tras tanta estupidez. Por su parte, Hiiro quiso mostrarse bastante complacida por lo que había generado en él y en otras circunstancias estuviera hasta riéndose a carcajadas por esa patética actitud, empero lo que hizo no surgió por amor a la joda o porque quisiera verlo con los estribos por el suelo. En el fondo se sentía… ¿mal? ¿Tonta? Era impropio de ella, cosa que podía asegurar sin problema.

—Estúpida… —Einarr escupió por lo bajo cual pensamiento en voz alta; su mirada delatora y el movimiento de sus labios permitieron que la aludida se diera cuenta que había dicho algo respecto a ella. Ahora la herida del brazo sí molestaba con cojones… —maldita mierda —se miró con fastidio. Era probable que estuviera descargándose con las consecuencias de otra situación, pues así de evitativo era él.

Al alzar su mirada no encontró a Chihiro donde yacía. Casi con impaciencia movió su cabeza en distintas direcciones junto al danzar de sus pupilas, mas lo que alcanzó a ver a metros de distancia fue la silueta de su perro que regresaba para refugiarse debajo del mismo techo de antes. Casi que a propósito, Bourbon esperó a que Ty se acercara para sacudirse.

—Perro de mierda.
—Hoy estás especialmente cariñoso, maricón
—Ters gruñó, esquivando su mirada hacia la nada.
—¿Encontraste al retrasado mental?
—Qué pregunta tan tonta…
—Llévame con ese pedazo de estiércol andante
—importándole muy poco que Bour se quejara, el ninja subió a su lomo y tiró de los pelos simulando que montaba un caballo; inevitablemente el can preguntó por la kunoichi mas su invocador ignoró olímpicamente esa pregunta—. Le voy a cortar la lengua.
—Hueles a sangre
—Ice frunció el ceño—. Estás sangrando.
—¿Qué me crees niña, maricón?
—Entre las quejas del humano, donde hubo tirado del pelaje blanco del animal, se escucharon los gruñidos de Bour. No obstante pudo sentirlo con la mezcla de lluvia con su líquido vital. Al no tratarse la herida y después de tantos movimientos bruscos por más que le doliera, la misma volvió a emanar sangre. Ters se lo encontró extraño porque se suponía que la había cubierto con una ligera capa de hielo… eso solo podía significar una cosa y eso le sacaba de quicio: se había derretido. ¿Cómo? ¿Por qué? No le constaba. —Espera. —El perro se detuvo. —Necesito curarme esta porquería…
—El niñato se escapará si dejas que pase más tiempo.
—Mierda.
—Entre sus cosas había encontrado una morfina. Eso podría ayudarle a sobrellevar el dolor en lo que quedaba de encargo; grotesco, punchó su brazo a la altura de la herida… rápidamente experimentó una grata sensación.

[…]

Habanero se había esfumado aprovechando que Yuki no le prestaba demasiada atención. Presurosa se dirigió hacia el sitio donde estuvieran sus cosas, las pocas que llevó por si ocurrían imprevistos como el que estaba viviendo; una artista no podía salir sin estar preparada. Su típica vestimenta ninja yacía doblada sobre la cama, enseguida se sacó el suéter del de Kiri quedándose desnuda salvo por su intimidad. Sin haberlo notado, duró casi un minuto completo mirando la prenda, justo donde estaba el símbolo del clan helado. Hiiro apretó la ropa, escurriéndose un poco del agua que había absorbido entre sus dedos y en cuanto pudo la entró dentro de una bolsa plástica para después guardarla dentro de su equipaje. Estaba molesta.

[…]

Kotetsu gimoteaba mientras alguien más terminaba de curar la herida de su brazo sin aplicar chakra. En aquel pueblo las cosas no funcionaban como en aldeas más grandes o por lo menos reconocidas, por eso gozaban de costumbres antiguas y algo cerradas para el tiempo actual. Luego de ajustar el vendaje, el muchachito sicario miró a la cara a quien le ayudase. Esta persona se sentó en una silla de espaldar alto frente a una cálida fogata. La humedad de la madera hacía que el frío se concentrase en la habitación y hacía un buen rato que las lluvias solo disminuían la intensidad pero no paraban.

—astavasta may sarca da marar hay —su tono de voz era suave—. Dafanatavamanta asas parsanas daban marar.
—SAN FAARTAS
—aspiró los mocos que se acumularon en su nariz—. PARA SÁ QAA DABA HASARLA…
—Sá... para san parsanas qaa rampan la paz, Katatsa
—El muchacho asintió varias veces. —Asá cama matasta a las dal bar par andar da pacadaras, marbasas, rastraras...
—DABAN MARAR…
—repetía una y otra vez; lo curioso era que en su mente solo visualizaba a Pecho Frío.
—Tan caadada.
—VAY A MATARLAS.


Bajo la llovizna, Sin filo se movilizó fuera de la vivienda que ocupara a saber con quién. Se trataba de una mujer de entrada edad que no parecía de las viejas que se metían con las demás personas por cuestiones de su edad, no obstante dejaba evidenciada una cosa: era la causante de que Zahon fuese quien era.

Casi llegando a la casa donde Bour percibió el aroma al principio, se detuvo repentino para indicar que el niñato se había movido de lugar. Todavía seguía su rastro, así que corrió a toda prisa para alcanzarle de una buena vez.

Por otra parte, Vendetta también se dirigía al encuentro con Kotetsu. Para dar más rápido con él, se desplazaba abiertamente por los tejados de cada estructura. Y a lo lejos algo atrajo su atención: el sonido de un gruñido muy característico de un gran animal.

Bourbon se había valido de su cualidad única para paralizar lo necesario al psicópata cuando este iba de lleno contra él y Ice T. Eso le sirvió al frígido para activar el Resshuken y emprender una marejada de golpes y puntapiés que no dieron respiro al antagonista; a Einarr le venía muy bien desquitarse de esa forma porque le ayudaba a sentirse menos cargado emocionalmente. Al final estampó contra un poste de tendido eléctrico a Zahon. Éste escupió sangre. Queriendo rematar, Pecho Frío tomó de su cinturón el hacha de la que se adueñó y de un tajo horizontal quiso cercenarle la cabeza al crio. Sin embargo, con tan solo desearlo, dos cuchillas acuáticas formadas por las gotas de lluvia (agrupadas) realizaron un corte en equis en la espalda desnuda del chuunin. La finta del hacha no pudo ser completada correctamente y los segundos en los que Ters sintiese el calentón del corte fueron útiles para que Kotetsu buscara la manera de apuñalear por delante al victimario.

Sin embargo, lo que sea que creara el usuario acuático fue destruido con el embate de una cerbatana. El menor abrió sus ojos más de la cuenta al ver a la kunoichi entre él y el otro varón, esta vez cubierta por un sobretodo con capucha que apenas sí dejaba ver parte de su rostro, flequillos, pantalón y botas. Hiiro no tenía idea para qué o cómo se usaba la famosa fukiya pero si con eso podría golpear, qué importaba no saber.

En cuanto pudo pegó una patada a la altura de su mentón, enviando por los aires a Zahon para proceder con el Shishi Rendan. Supuso que las heridas que le provocó Tye serían suficientes para detenerle, empero ambos protagonistas subestimaban las aptitudes del criminal. Cuando Hiiro apareció detrás de él, pudo sentir su presencia y justo antes de poder ser encerrado entre sus delgados brazos, hizo que gotas de lluvia volviesen a transformarse en armas; desde abajo, Yuki vociferó el nombre de su compañera a modo de advertencia; enseguida, Habanero cambió el plan al verle con su hacha en mano (al peligris) a punto de lanzarla. Hizo sellos de mano al tiempo que Zahon movilizaba sus cuchillas, apenas con la fémina rodeándole con sus extremidades superiores. Chihiro activó el Raiton: Hokai Fīrudo.

Sabía que Ters podía fallar el lanzamiento por culpa de sus heridas y por ello, aunque saliese lastimada por las navajas líquidas que rasgaron parte de su vestimenta hasta lastimar su piel, recreó un campo imantado en pos de provocar un falso positivo: el arma supondría ir detrás de ella pero al tener al criminal al frente acabó clavada entre el pecho del varón más pequeño; antes de que llegara, tan solo unos segundos, ella había apartado sus brazos de su torso. No obstante, ni el ahora agonizante asesino ni la artista librarían el golpe de la caída… o eso creyó la pelirroja hasta que Bourbon pudo apararla.

Ice había caído sobre sus rodillas por la enorme molestia en su espalda. No podía moverse del todo bien y de hacerlo se resentiría tanto que no pararía de maldecir. A unos cinco metros había caído el niño psicópata. El hacha se encajó un poco más en su pecho al encuentro con el suelo.

—Hijo de puta.
—Gracias, Bour
—para poder hablar retiró el tapabocas; ver su traje afectado la hizo chistar. Ni siquiera las raspaduras dolían tanto como eso.
—¿Puedo comérmelo? —Sin esperar respuesta tiró del varón occiso de una pierna, haciendo que el filo del arma incrustada rasgara más su piel hasta quedar libre. Se lo merecía después de haber soportado tanto por parte de su malévolo dueño.

En ese lapsus, la mirada de la trilliza se cruzó con la del pedante. En eso, Einarr trastabilló por el dolor y por inercia la jounin se sintió motivada a llegar hasta él. Otra vez respondía a sus emociones como una estúpida, se dijo en su interior y para su sorpresa, Yuki no renegó la ayuda aunque no le agradaba en lo absoluto que ella le viera en esas condiciones deplorables.

—Ven.
—Estoy bien, escuálida.
—Cierra la boca
—aplicó un tono de voz autoritario; los dos pudieron llegar hasta debajo de un porche. —No creo que haya sido profundo, por suerte —había posado su mano derecha sobre la espalda del frígido y rozado con sus dedos su dermis, cerca de las heridas. Pero no fue el aura del dolor que le hiciera sentir algo que no podía nombrar, que sí le hacía sentir asqueroso sin poder controlar lo que predominara por encima de esa sensación. De su portarmas extrajo una botellita de alcohol con la que tenía la intención de curar el brazo de Ters.
—Te dije que no era nada, Cabezona… ¡puta madre! —Eso tuvo que sentirlo quisiera o no; en menos de un segundo había soltado tantos improperios entre reales e inventados. Si hubiera querido que Ty no la pasara tan mal, le hubiera inyectado una morfina pero imperaba más su deseo de hacerle sufrir un poco—. ¡Déjame en paz, maldita sea!
—No.
—A continuación empezó a vendar a la altura de la cortadura, rodeando parte de su pecho. —¿Qué quieres, llegar mutilado a Kirigakure?
—¡No seas exagerada, estúpida! He sobrevivido a cosas peores que esa mierda.
—Y sí, era cierto; aparte en su torso ya tenía viejas cicatrices. Sin embargo, la músico se hizo la sorda.
—Tu brazo.
—No.
—Que lo subas
—lo había hecho ella a regañadientes del varón—. Tú eres el cabezón aquí. Yo debería ser quien te llame así…
—Tonta
—adrede movió su brazo con la intención de interrumpir lo que hacía la de Kumo—. Ya deja de ser tan maricona. —Chihiro se mofó, pese a que detrás de su risilla había dejo de molestia.
—Falta muy poco para que deje de serlo.
—¿Ah sí?
—Sonrió de lado. Bourbon avanzaba en dirección a ellos y como el animal que era percibía que algo no estaba del todo bien.
—Esta será la última vez que nos veamos, Tye.
—¿Qué mierda dices?
—pronunció incrédulo, aun con el gesto burlón.
—Que ya no nos volveremos a ver.

Einarr continuaba sin creer lo que escuchaba porque se tomó varios segundos entre muecas llenas de ironía y burla antes de caer en cuenta que lo que le decía la pelirroja iba en serio. Lo supo porque su mirada intensa y firme no temblaba ante la suya. Entre los dos volvió a desvanecerse el rededor, quedando solo ambos bajo la total atención de uno y el otro.

—Parece que no hemos terminado todavía —declaró Bour al ver en medio de la calle a una persona que quedó atónita al ver la sangre adherida al suelo, cerca de los shinobi.

Tye y Hiiro ni siquiera escucharon al can.


Raving George Verwest :58:
Ya que puse que otra persona estaba detrás de la actitud de Kotetsu, hay que atraparla o algo (?) y entender por qué le manipulaba. Puedes culminar :56:
 

Scatter you in art forms, admire the whore
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Los shinobis creyeron que la tarea se encontraba terminada después de haber abatido al rebuscado criminal. Pero si no hubiesen estado tan ensimismados con sus miradas puestas el uno sobre el otro, habrían escuchado al can declarar exactamente lo contrario.

Que ya no nos volveremos a ver.

La sentencia giró en la cabeza del frígido incontables ocasiones antes de sacar conclusiones extremas: ¿es que la escuálida tenía planeado morir? O quizá mudarse de planeta. ¿A qué mierda exacta se refería? Einarr estrujó sus ojos con sus manos hechas puños y luego continuó visualizando a Miyazaki.

¿Estas terminando conmigo? —Pronunció con una media sonrisa— Eso es tan triste. Creo que moriré de puto corazón roto —se llevó una mano al pecho, a la altura del citado órgano y luego fingió alguna clase de espasmo, como si estuviese experimentando un infarto. A Hiiro le molestó porque era claro que lo hacía en forma de mofa. Sus risas no cesaban.
Lo digo en serio, Tye.
Yo también —de repente, Einarr le tomó del brazo y la trajo hacia sí con fuerza. Los talones de Hiiro resbalaron por la tierra mojada cuando quiso impedirlo, pero fue inútil— . Basta de mariqueras, he esperado demasiado tiempo.
Esto es lo único que te importa —le recriminó la mujer a la cara.
¿A qué vienen tus malditas quejas ahora? —bramó el hombre, y su aliento refrescó las mejillas de la fémina, quien cerró sus ojos por un leve segundo— ¿Qué mierda esperas que haga?
Si te lo digo, ¿lo harás? ¿Harías lo que sea por poder tocarme?

De poco en poco, Einarr le fue soltando de su agarre. Siempre había tenido problemas para comprender a las personas, más aún a las de género femenino. No obstante, después de tantos encuentros entre él y ella, sabía que no había necesidad de actuar de manera distinta porque todo se había convertido casi una rutina. El frígido saciaba sus ansias físicas con la fémina; y la fémina, pues... Einarr no sabía el qué, casi tampoco le importaba, pero entendía que ella también se mostraba complacida al término de cada uno de esos encuentros. Era como un ciclo completo del cual ambos sacaban tajo y que se repetía en cada ocasión, pero aquella en particular Chihiro actuaba de una manera muy extraña.

Tye se plantó, levantó su rostro y peinó sus cabellos hacia atrás, antes de articular unas palabras:

No haré ni una mierda —se cruzó de brazos y habló con firmeza.

Hiiro ni siquiera reaccionó, quizás ya esperaba aquél tipo de respuesta. La mujer tan solo giró media vuelta, despidiéndose con una sutil mirada para luego avanzar unos pasos, pero lo que apareció al instante frente a sí cortó lo que hubiese sido una salida triunfal, digna de su estatus en la farándula: debajo de la lluvia en donde el charco de sangre se esparcía hasta volverse de un color salmón, casi rosa, yacía una mujer vestida con un impermeable amarillo de pies a cabeza y con una sombrilla, contemplando el cuerpo sin vida de Kotetsu. Por la proximidad entre ellos, Miyazaki dedujo que debía tratarse de algún familiar o amigo cercano puesto que la misteriosa fémina sostenía la mano inerte del criminal entre la suya. Al acercarse un poco, descubrió que inclusive se encontraba sollozando. Bour, a un par de metros, gruñía porque intuía que su comida le sería arrebatada más pronto que tarde.

¿Kotetsu es... —inquirió Miyazaki, aunque no pudo terminar ya que le costaba trabajo encontrar la manera más prudente de dirigirse a alguien que experimentaba dolor, dolor por la muerte de una persona que ella había asesinado— ¿usted conoce a Kotetsu?
Lo mataste... —dijo por lo bajo la mujer. Al menos eso fue lo que Hiiro creyó escuchar, pero cuando ella repitió sus palabras en voz más alta se llevó una sorpresa— ¡LA MATASTA!

Hiiro abrió sus ojos con amplitud mientras su cerebro redoblaba esfuerzos, atando cabos para entender lo que estaba sucediendo. En eso, la desconocida se puso en pie y abrió su gabardina de plástico, como si extendiese sus alas para desplegar un conjunto de artilugios ninja que lanzó hacia todas partes. Los objetos explotaron y la mayoría de ellos resultaron ser bombas de humo y bombas somníferas. Una densa neblina de color gris muy oscuro se esparció en el ambiente, haciendo que los shinobis y la invocación cayeran de rodillas y tosieran con fuerza. La del País del Rayo mordió su propio labio y rasgó con sus uñas sus piernas. Con seguridad, el dolor le impediría caer dormida en aquel momento de emergencia. Al mismo tiempo, pensó tan rápido como pudo en algún jutsu entre su arsenal para restaurar las condiciones naturales del oxígeno, pero alguien detrás de ella fue más rápido.

¡Fuuton: Daitoppa! —gritó Einarr, dando paso a una ventisca tan fuerte que dobló algunos árboles en derredor. Al finalizar sus acciones, encontraron que el cuerpo del criminal había desaparecido. Y el más afectado parecía ser Bourbon, tanto por la ausencia de su comida como por los efectos del somnífero.
¿E-en dónde está? —Preguntó el perro que se hallaba echado sobre el piso, casi inmóvil, sin importarle el fango que ensuciaba su pelaje impecablemente blanquecino. Desde hacía rato se había rendido a las condiciones del clima; su lomo era la parte que estaba más mojada de entre todo su cuerpo.
Eso debería preguntarte yo a ti, ¡inútil! —Contestó su amo entre tosidos— ¡Rastréalo!
No puedo olerlo... —fue lo último que dijo antes de que su voz se desvaneciera lento y con ella sus sentidos. La invocación cayó dormida y Einarr gruñó más molesto que nunca.
¡Despierta! ¡Asquerosa bola de pelos!
No pudieron haber ido lejos —dijo Miyazaki, reincorporándose para señalar una pequeña canaleta sobre la tierra húmeda. Al parecer el cadáver del criminal había sido jalado hacia otra parte, dejando ese rastro. La sospechosa debía ser un shinobi de muy bajo rango, casi una civil, puesto que tales acciones solo eran equiparables a las de un novato.

Einarr y Hiiro sabían que la cabeza de Kotetsu tenía un precio, y necesitaban recuperarla para poder entregarla a las autoridades y dar por concluida la misión. De otra manera, ninguno de ellos se hubiese preocupado por el robo de un cuerpo frío, inerte y sin gracia estética -que Zahon era bajito, con cabello como de paja y con una cara llena de granos tal cual adolescente. Jodidamente feo, además de que no sabía hablar correcto-. El frígido aún no podía creer cómo una vieja señora, aparentemente inofensiva, les había hecho caer una treta sucia justo frente a sus narices. Dejando sus diferencias personales de lado, los shinobis se embarcaron rápidamente en otra búsqueda.

En un principio siguieron ese rastro inocente por la zona más profunda del bosque. El varón todavía sentía un poco los efectos del somnífero, pero pudo pretender que se encontraba en óptimas condiciones para que su compañera no le percibiera vulnerable. Conforme avanzaban, la luz del día se iba esfumando para sumirles en una terrible oscuridad. Además la canaleta por la cual presumiblemente había sido arrastrado Zahon, se iba deshaciendo en el fango. A cada paso que daban, la incertidumbre se iba apoderando de ellos. Einarr encendió su mano izquierda en un Kaminari Ko y se detuvo junto a Chihiro en medio de un claro rodeado de árboles que crecían por encima de sus cabezas, formando una cúpula de ramas frescas.

¿En dónde diablos está? —dijo Tye con su voz más ronca y luego sacó su nueva hacha del cinturón. Miyazaki sacó su nueva fukiya y se posicionó espalda con espalda del frígido. Juntos giraron lento sobre sus propios talones para obtener una vista panorámica del lugar.

De repente, porque todas las escenas de acción suceden casi siempre sin ninguna clase de anticipación, un ‘clic’ rompió el silencio y tras de sí, una cadenilla de explosiones; una tras de otra con apenas fracciones de segundo de diferencia. Aquello era absurdo, pensaba Tye, pues los efímeros efectos de otra lluvia de bombas explosivas no podrían herirles: Chihiro se había protegido muy rápido aplicando sobre ella los frutos del sello de la cobra, mientras Einarr usaban sus brazos convertidos en gruesos escudos de resistente hielo. Fue cuestión de tiempo para que el ataque sobre ellos terminara; todo a su alrededor era como un camino minado, con múltiples baches. Los arbustos alrededor habían volado por los cielos.

Sal de tu escondite, maldita sabandija —ordenó Einarr, aunque jamás creyó que sus palabras lograrían un efecto inmediato. La mujer que hubiese robado a Kotetsu apareció detrás del tronco de un árbol y se movió con lentitud, con sus manos levantadas en el aire.
Na quara marar cama Katatsa —la susodicha seguía sollozando. ¿Es que la muerte de Zahon en verdad le había afectado tanto?
¿Por qué mierda te has llevado el cuerpo de ese maricón? ¡Contesta!
Ál as ma haja —entre su extraño dialecto y sus quejidos, se volvía complicado descifrar lo que estaba pronunciando. Chihiro fue la única capaz de traducirlo después de comprender que esas personas tenían un extraño problema de salud y no podían pronunciar todas las vocales— , ál sala quaráa sar acaptada, ál quaráa sar an háraa da Daas. Na maracá amarar.
Recoge tu maldita lengua y trata de hablar como una persona normal, ¡estúpida! ¡Malparida! —Gritó Tye furioso. En realidad estaba frustrado porque no comprendía nada.
Kotetsu cometió errores por los cuales tenía que pagar —Hiiro ignoró el gesto del hombre y avanzó hacia la otra mujer— . Si no quieres morir, debes entenderlo. Entréganos el cuerpo de Kotetsu y te dejaremos marchar.
Katatsa actaaba an nambra da Daas —las manos de la extraña temblaron. Con ese movimiento, el peligris pudo detectar algo que brillaba entre esos dedos.

Gracias a que su Kaminari Ko seguía activo y también gracias a su meticulosa mirada, se reveló un hilillo que bajaba por el torso de la mujer, por sus caderas y sus piernas hasta llegar al piso y perderse en la tierra. Einarr miró de inmediato hacia todas partes queriendo encontrar qué significaba aquello.

Entrégate.
Camplará la taraa da Katatsa —dijo la extraña justo antes de tirar sus brazos hacia atrás, como si halase algo que para Miyazaki resultó invisible. No así para el frígido, quien consiguió detectar las redes de hilo ninja que conectaban un entramado bien tejido sobre sus cabezas. Este entramado, a su vez, estaba conectado con cientos de estacas o seenbons de escala gigante que descendió en un abrir y cerrar de ojos sobre ellos.

Tras un grito de guerra, Tye apagó la luz y se lanzó con su hacha, su tantó y todo su cuerpo hacia el frente, a combatir contra el peligro. Girando sobre el terreno y moviendo sus brazos como un abanico, consiguió abatir una gran cantidad de objetos puntiagudos que había previamente ralentizado al descender muy rápido la temperatura en el ambiente. Aquellos fuera de su alcance y que cayeron de lleno hasta el piso para hundirse sobre la tierra cubierta de nieve, se encontraban forrados de una gruesa capa de escarcha.

Habanero, desde la otra esquina, se levantaba después de haber caído y resbalado metros lejos a causa de la pista de hielo en todo su alrededor. Su semblante era serio, puesto que no había resbalado por gracia de sus propios pasos despistados, sino por un fuerte empujón propinado de manera repentina por el peligris. A pesar de todo, no se encontraba molesta. Desde una perspectiva general, lo que había hecho su compañero de misión era sacarle del rango de peligro para ponerle a salvo cuando no había contemplado a tiempo la amenaza sobre su cabeza... ¿Eso es lo que había hecho, cierto?

Eres un maldito estorbo —espetó Tye para Hiiro, lo cual despejó las dudas de esta última— . Y también una inútil —el shinobi torció su cuello con lo cual crujieron sus huesos, después escupió hacia uno de sus costados.
¿Estás seguro de eso? —La kunoichi agachó la mirada: ahora sí se encontraba molesta. En su interior quiso achacar la culpa a las palabras del chuunin, tan frías como su elemento característico. Le trastornaban un poco. Pero en el fondo sabía que ese malestar residía más bien en sí misma por permitirse experimentar una nueva decepción de parte del frígido. Qué tonta había sido en pensar que Einarr podría preocuparse por ella...

De pronto, una mano frente a ella le sacó de sus pensamientos. Esa piel con falta de coloramiento, tan pálida. Esos dedos larguchos y huesudos que correspondían su complexión alta y delgada. Einarr no se atrevía a mirarle a los ojos, pero le tendía su extremidad en un intento de apaciguar las aguas turbias con Miyazaki. No sabía de qué otra manera hacerlo, pues palabras en tono de disculpa jamás podrían salir de su boca. Luego de largos segundos y de mala gana, la mujer decidió no rechazar el gesto: tomó su mano y se puso de pie. Aunque aún habiéndose reincorporado, el varón se resistió a soltarle, lo cual enturbió de vuelta las cosas.

Suéltame.
No. Se acabó: esa hija de perra está muerta —afirmó Tye, que luego señaló con su mirada a la madre de Kotetsu junto al propio Kotetsu del otro lado del campo, inmóviles y con una decena de estacas insertadas por todo sus cuerpos. El último acto de la criminal había sido suicida. Los shinobis forcejearon un poco, el varón tenía claras intenciones de abusar de la fémina, hasta que esta misma afianzó su fukiya y la batió para propinarle con ella un golpe en la cara al frígido. Él la soltó solo para sobar su mejilla que ahora lucía roja, marcada por una línea vertical que iba desde su pómulo derecho hasta su cien de ese mismo lado. De inmediato gritó molesto— ¡Maldita escuálida! ¡¿Qué p-p-puta mierda te sucede?! —hizo énfasis en la palabra que comienza con ‘P’(¿).
Soy un estorbo, ¿o no? —la pelirroja se llevó las manos a sus caderas, pero en lugar de caminar y avanzar hacia Tye como solía hacerlo cada que se encontraba de aquél humor, retrocedió un par de pasos— . Entonces no tendrás problema en terminar la misión solo.
¿De qué hablas, estúpida? ¡Explícate!
Estoy harta. Adiós, Tye.

Sin pronunciar nada más, la músico retrocedió otros pasos, cada vez más rápido uno del otro hasta conseguir perderse en la negrura del bosque y dejando atrás a un desconcertado Einarr que no dejaba de gritar su nombre. También insultos. Mientras pensaba en una excusa o en una manera no tan maricona de salir corriendo detrás de ella, el peligris idealizó que no podría dejar abandonado el cuerpo de Zahon a su suerte; los aullidos y bramidos de animales salvajes a la redonda anunciaban que se encargarían de la carne sin vida tan pronto el shinobi les brindase la oportunidad. Enseguida pensó en utilizar un clon de sombra, pero ¿acaso no sería demasiado? ¿Por qué le importaba el actuar tan extraño de Miyazaki? Y aquellas palabras...

Que ya no nos volveremos a ver.

¡Maldita estúpida, ofrecida, cabezona! —gritó una vez más, descargando su frustración a patadas en contra del cadáver de Kotetsu. Ese que no debía mallugar tanto porque si los forenses no eran capaces de reconocer su identidad, se quedaría no sólo sin encuentro sexual, sino también sin recompensa.



Bishamon Mimikyu por fin :33:
 

Kari Walker

Into you
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Hola :56:

Raving George Verwest Bishamon C. Underwood

Por fin leí su drama (?). Todo estuvo interesante, desde el conflicto entre Hiiro y Tye y cómo esa situación fue ocurriendo paralelamente con la caza de Kotetsu. El combate fue entretenido, no fue muy fácil por tratarse de un genin versus una jounin y un chuuninsucho, le dieron al chamaco la dificultad que se representaba en el cartel, respecto a sus habilidades especiales. En cuanto a trama, pues ya mencioné todo el aspecto de sus personajes pero profundizaron más en ello que en la propia historia de Kotetsu y su madre, menos en esta última, porque por lo menos a Zahon le dieron algo más de explicación de su actuar. Con la madre se entiende que adoraba a su hijo y lo veía como un Dios y tal, pero hubiera sido bueno ahondar un poquito más en ella o también en el padecimiento que ambos presentaban, así fuese algo usado como comedia principalmente. Por otro lado les aconsejo que tengan más cuidado cuando haya lluvia y pongan perros a rastrear, pues la lluvia borra los aromas (lo corroboré ahorita en la serie del papá de Boruto, cuando el papá de Sarada y el de Boruto pelean y el papá de Sarada se va. Pakkun le menciona a Kakashi que no puede rastrear al papá de Sarada por tanta lluvia). Durante su encargo la intensidad de la lluvia fluctuó y eso también influye, pero igual hago el comentario porque las dos emplearon ese método (Bishamon ahondó más). En fin, en general este Se Busca fue bueno, con detalles mínimos; lograron su cometido e hicieron una buena batalla, que era lo más importante.

Pagas:

Tye: 190 Ryo's
Chihiro: 125 Ryo's (paga automática).

(No les toca PR por progresividad).

Kiri: 100 Ryo's
Kumo: 100 Ryo's

100 Ryo's para Chie como mi paga.

.Wolfe Ruxxandra asignen pls
 
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