Misterioso La Ciudad [Menmerrie & Ryner]

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La ciudad

Más allá de la casa hay un mundo que explorar y justo a la derecha, cruzando el puente, se encuentra la ciudad, repleta de tiendas y casas donde otros pokémon conviven felizmente.

Niveles a ganar: 1
Objetos: -
Niveles de salvajes: -

Objetivo: Explorar la ciudad
Entrenador/Pokémon: Menmerrie & Ryner.
- Por cada capítulo completado: 300 Pks
- Por cada capítulo completado: +1 Baya Aranja

LadyAzulina LadyAzulina Todo tuyo, disfruta el juego (?)​
 

♚ Queen of Mean ♚

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Un caballero no decía mentiras, por lo que no iba a negar que las horas de espera hasta volver a verla le parecieron eternas. Durmió, porque si quería cumplir con la agenda con la que esperaba sorprenderla, debía estar descansado, pero eso no implicaba que hubiera sido fácil. Dejarla no fue fácil. Alejarse no fue fácil. Si no fuera por Pikep, creía que incluso habría acampado frente a su puerta, la compañía del carpintero forzándolo a dar un paso a la vez en la dirección contraria a la que quería estar.

Pero el nuevo día al fin llegó. La mañana encantando con sus tonos claros, y el Riolu no encontró excusa alguna con la que mantenerse lejos más tiempo. Para el momento en el que terminó de clarear, ya se encontraba fuera de la nueva casita de su damita. Podía estar perdida. Podía estar confundida. Podía no recordar. Pero tenía un lugar, un espacio al cual volver, algo que llamar suyo. Él mismo comprendía cuánto eso significaba cuando no tenías nada.

Se erizó por completo cuando un pensamiento extraño e incoherente lo asaltó, evitando que le prestara atención al resto de cosas que le pasaban por la cabeza.
“¿Se estaba comportando como un acosador?”. Inhaló profundamente y se golpeó la cara con las patas, manteniéndose consciente. “Por supuesto que no”, se respondió, al borde de un inesperado pánico. Un comportamiento como ese podía manchar su reputación. “Sólo estás confirmando que se encuentra bien, fuiste testigo de lo difícil que fue para ella el día anterior”. Asintió para sí mismo, tenía bastante lógica. Era un genio. ¿Por qué dudaría de su persona?

Porque le importaba. La fantasmita, su damita, le importaba. Mucho. Demasiado. Inexplicablemente.

Unas risitas lo trajeron de vuelta de su ensimismamiento y tras descubrir a un Bellsprout y un Snubbull echándole un vistazo mientras pasaban de largo a su espalda en dirección al bosque, se dio cuenta de que estaba dejando pasar más tiempo del necesario con sus rodeos. Ya había esperado suficiente. Si quería empezar el día como se lo planteó la noche anterior, era hora de ver a su damita. Al fin.


—¿Menmerrie? —llamó antes de atreverse a apartar las mitades de la hoja que servía de puerta—. Buenos días, espero no haber-

El sistema del habla sufrió un cortocircuito en su cerebro al encontrar la casa vacía. ¿A dónde pudo haberse ido? ¿Por qué se iría? ¿Cómo iba a encontrarla ahora? Sabía que era muy difícil seguir el rastro de un fantasma. Estaba perdido. Se sentía perdido. Enfermo. Mareado. ¿Y ahora qué haría? ¿Qué se suponía que hiciera?

Una risita entretenida le devolvió el alma al cuerpo y alzó la cabeza, siguiendo el sonido de la voz.


—Hola, Ryner. Buenos días.

El corazón le dio un vuelco al escuchar su nombre de sus labios, era la primera vez que lo decía, ¿verdad? Se sentía atontado. Pero el golpe llegó con fuerza cuando la vio, medio transparentada por la luz del sol que se colaba por la pequeña ventana y le daba de lleno al descender del techo, con las enredaderas y las flores en ellas rodeándola y brillando gracias a la iluminación solar, que también le otorgaba un brillo indescriptible a sus coloridos ojos. Una presencia de ensueño con un tipo de pesadilla, por supuesto. Si no supiera que era una Misdreavus, creería que se trataba de un ángel.

No se llegó a dar cuenta del momento en el que alcanzó su altura hasta que inclinó la cabeza como si estuviera analizándolo.


—¿Todo bien?

Espabiló. Tenía que espabilar. ¿Por qué le estaba doliendo tanto el pecho?

—¡Sí! Sí, lo estoy, muchas gracias por preguntar. ¿Y tú? ¿Dormiste bien?
—¡De maravilla~! —
juntó los mechones que le servían de brazos debajo de su cabeza, inclinándola al lado contrario—. Me siento muy descansada.
—Qué alegría —
no pudo evitar sonreír.

Pero por dentro estaba empezando a aterrarse.
”Por Giratina”, pensó. ”Hacía mucho tiempo que no me daba esto, y menos con tanta fuerza”. Al menos sabía lo que era, no era un tonto pensando que se estaba enfermando. ”Me gusta Menmerrie”, admitió para sí mismo, no del todo a gusto o aliviado con el descubrimiento. Definitivamente tenía una debilidad con las damiselas en apuros.
 

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Todo seguía igual cuando despertó a la mañana. Ella, en el cuerpo de una Pokémon fantasma. Pero por alguna razón no se sintió tan destrozada como cuando despertó en el claro. En realidad, no era tan malo. No tenía piernas, pero flotaba. No tenía manos, pero contaba con… esos extraños mechones de pelo. No sabía qué extrañaba de las manos, aun así, consideraba que no se acostumbraría pronto a verse las puntas del pelo en su lugar.

Las flores olían de maravilla y el sol se sentía cálido, auguraba un buen día. Y no podía esperar por ver de nuevo al chacal. Y al carpintero. ¿Qué harían ese día? ¿Cuál sería el siguiente paso?

—¿La ciudad? —preguntó en voz alta, observando poco de esta desde el lado contrario del puente.

No habían hecho nada más complejo que salir de su nueva casa y seguir el sendero a la derecha. Desde la puerta era capaz de ver el puente, pero ahora que estaba más cerca podía ver más, mucho más. Casas parecidas a la suya, pero en mejor estado y con hojas sólo de decoración en el techo o en el interior de las ventanas. ¿Quiénes vivirían ahí? ¿Podría ir a averiguar?


—¿Te interesa? —escuchó al chacal y se obligó a apartar la mirada de la ciudad para alzarla a él a su lado. Sabía que sus ojos estaban agrandados, pero lo confirmó con su expresión.
—Mucho —susurró.

Él rio.


—Vamos, entonces.

No tenía que decírselo dos veces. La fantasmita prácticamente desapareció de su lado. Sobrevoló el puente y apoyó los mechones en el mostrador de la tienda más cercana, la de los Hermanos Kecleon. Agitó uno y sonrió ampliamente.

—¡Hola!
—¡Bienvenida, señorita! ¿Le gustaría comprar algo-?


Salió volando antes de que Ryner consiguiera alcanzarla, pasando por delante de tres casas y atravesando de largo la plaza hasta el siguiente local.

—Lo siento mucho, está muy entusiasmada —explicó el chacal.
—¡No se preocupe por eso!
—¿Le gustaría comprar algo de nuestra tienda? —
intentó el hermano.
—No en este momento, muchas gracias.

Las noticias viajaban rápido en una comunidad tan pequeña. Cuando Ryner quiso seguirle el paso a su damita descubrió una variedad de Pokémon cortándole el paso. Un par de puertas abiertas, alguien asomándose a una ventana, dos especies cuchicheando con una cerca de por medio, otros juntándose al otro lado del sendero. Acababan de llegar y ya estaban hablando de la fantasma. Entendía que no era un tipo muy común, que eran contados los que visitaban y que no tenían muy buena fama, pero eso era exagerar.

—¿No tienes monedas? Tranquila, eso se puede arreglar —a la felina no le importaba el tipo de sus clientes, sólo hacer su trabajo, y se podía decir que había hipnotizado a la chiquilla con su voz refinada y exquisita—. A cambio de una garantía te puedo prestar algunas monedas hasta que consigas las tuyas. Cuando me regreses la cantidad, te devuelvo tu objeto y aquí estaré para guardar tus ahorros —sonrió ampliamente—. Me sirve cualquier cosa que valores, como una de esas cuentas en tu cuello…

Estiró una pata para tocarla, pero el Riolu llegó a tiempo para alejar a la fantasmita de sus garras.

—Muchas gracias, Felicity. Mi amiga no abrirá una cuenta en este momento.

La Persian ronroneó, viendo junto al chacal cómo se iba volando de nuevo.

—¿Me permites retirar unas cuantas monedas de mi cuenta?
—Por supuesto, guapo —
la felina atravesó la puerta a sus espaldas para buscar la caja en cuestión mientras Ryner se apoyaba en el mostrador, perdiendo de vista a su amiga por la cantidad de Pokémon que tomaban un puesto tras su trayecto para curiosear.

Todo era tan nuevo y, de alguna manera, tan familiar para Menmerrie. Tiendas, casas, bancos. Sabía cuáles eran sus funciones y a la vez le parecían tan peculiares. ¿Por qué los camaleones vendían objetos? ¿Para qué la puma quería monedas? ¿Por qué necesitaban usar monedas? Era muy curioso, aunque se sentía incapaz de identificar la razón por la que lo creía.


—Hey, pequeña.

No se sobresaltó ante la nueva voz, alzando la mirada para ver a la canguro del otro lado del mostrador. No llevaba ninguna cría en el marsupio, por lo que no tenía que preocuparse al apoyarse en la barra.

—Ese es un lindo collar el que llevas ahí —bajó la mirada, llevando los mechones a las cuencas alrededor de su cuello—. ¿No quieres dejarlo en un lugar en el que va a estar protegido? No vayan a robártelo…

Lo que decía tenía sentido, pero algo le preocupaba al respecto. ¿Era sobre la canguro, sobre su collar o sobre el hecho de que alguien querría robarlo? No estaba segura.

—¡Jaja! No desconfíes de mí, es mi trabajo. Me gusta cuidar los objetos que los Pokémon no quieren perder. Y si yo fuera tú, no querría perder ese hermoso collar.

La fantasma volvió a bajar la mirada a su accesorio. Le creía, y no por lo que decía. Pero había algo que la hacía sentir incómoda con la idea de sacarse su collar.

—Muchas gracias por preocuparse, Mama Kang, pero yo estoy aquí para protegerla.

Menmerrie alzó la cabeza para descubrir al Riolu junto a ella. ¿Cuándo llegó ahí? ¿Por qué tardó tanto? ¿Decía en serio lo de protegerla? Entendía que lo hiciera el día anterior, con lo mal que estaba su memoria y todo eso, pero ahora se encontraba más o menos segura. Ella no quería alejarlo, pero viendo a los Pokémon que vivían en la ciudad, las familias, seguramente tenía un mejor lugar en el que estar.

—De acuerdo, Ryner, pero yo me ofrecí —alzó las patas, enderezándose.
—Por supuesto, Mama Kang. ¿Cree que Kanghest Junior podría traerme mi bufanda?
—Por supuesto que sí, tesoro —
la canguro se giró a la puerta a sus espaldas, aún con la cálida sonrisa que le dedicó al chacal—. ¡JUNIOR! LA BUFANDA DEL CABALLERO, INMEDIATAMENTE.

No se movió, pero los ojos de Menmerrie se expandieron hasta los límites por lo sorpresivo que fue escuchar esa voz portentosa. Ryner sonrió con diversión, apreciando el hecho de que no salió corriendo ni se escondió detrás de él. Tal vez era inconscientemente consciente de que se encontraba a salvo en la ciudad.
 

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—¡FANTASMA!

… Hasta entonces.

—¡No eres bienvenido aquí!

Ryner frunció los labios. Se había esperado una especie de revuelta, pero no que hubiesen Pokémon que realmente pudieran ocasionarle problemas. De seguro era la temporada alta en el Dojo de Makuhita, era la única razón por la que Pokémon evolucionados, especialmente del tipo lucha, estuvieran en la ciudad… buscando pelea.

—Machoke —alzó las patas en actitud aplacadora, pero algo más que el inmenso músculo a escasa distancia lo hizo callar. Su damita. Seguía a su lado y tenía un extraño brillo en su mirada.
—¿Por qué? —cuestionó con calma.

¿Por qué?…


—¡¿Por qué?!

Sabía que el fortachón era incapaz de hacerle un rasguño a la fantasmita, a comparación consigo mismo, y también sabía que el Machoke sabía que ella sí podía hacerle daño. Por lo que no entendía la razón por la que estaba buscando una pelea que no conseguiría ganar. En cualquier caso, de todas maneras, se le hizo imposible no plantarse en medio y alzar las patas en son de paz.

—Machoke, ella no es culpable de nada —abogó señalándola—. Anda conmigo, perdió la memoria. Sólo quería que conociera la ciudad, nos iremos inmediatamente.

El gigante chasqueó la lengua y enderezó los hombros, mirándolos desde arriba. Pasó con repugnancia de la fantasmita para mirar a su compañero.

—Odio a los de su tipo.
—Lo entiendo —
asintió.
—No quiero volver a verla.
—De acuerdo.


Dedicándole otra mirada de odio, el Machoke golpeó el aire antes de perderse por el sendero que llevaba al dojo. Ryner exhaló profundamente, no le hubiera gustado intentarlo, pero era consciente de que por ella se habría metido en una pelea con ese mastodonte. Tomó como un obsequio los grandes ojos coloridos que lo observaban, asomándose desde un costado.

—Por casualidad, ¿no sabes volverte invisible?

Menmerrie sólo sonrió y nunca conseguiría saber por qué. Ella entendió que de esa manera tendrían la oportunidad de pasear sin que nadie les molestara, y le había gustado la idea.

—Nunca me han hecho gracia esos clientes de Makuhita —comentó Mama Kang, quien fue testigo de todo el intercambio.
—Bueno, de alguna manera se tiene que ganar la vida —respondió el Riolu simplemente.

Ni siquiera se habían acostumbrado al silencio dejado tras del Machoke, bueno, tanto silencio como podía serlo con los vecinos murmurando y chismoseando, cuando una figura saltarina llamó la atención de Menmerrie del otro lado del mostrador.


—¡Bufanda! ¡Bufanda!

Era la cría de Mama Kang, sosteniendo en alto una raída bufanda roja. La gran Pokémon la tomó, dándole una cariñosa caricia en la cabeza a su hijo antes de ofrecérsela a Ryner.

—Bien hecho, tesoro.
—Muchas gracias, Junior. Te presento a mi amiga, Menmerrie.
—¿Cherrie? —
el pequeño canguro apoyó las patas delanteras en el mostrador, impulsándose para poder ver porque el mueble era más alto que él, sólo sus ojos superando la madera—. Es usted muy bonita, señorita.

La fantasmita rio levemente, haciéndolos sonreír a los tres. Muy a pesar de su tipo, parecía tener todo el encanto de un hada.

—Estás aprendiendo muy bien, Junior —el chacal deslizó una moneda hasta las diminutas manos del cangurito, quien dejó de sostenerse al mostrador para tomarla con una gran sonrisa.
—¡Muchísimas gracias, Ryner!
—Vamos, Junior, te quiero más honrado y menos galán —
con un golpecito en la cabeza, Mama Kang lo empujó de nuevo al interior de la casa.
—Gracias por sus servicios —Ryner se inclinó en una reverencia para despedirse de la mayor, empezando a retroceder con la fantasmita yendo a su lado por inercia.
—Es un placer, cariño. ¡Cuídate mucho! Y tú también, dulzura~. ¡Vuelvan pronto!

La sonrisa fue lo último que le dedicó el tipo lucha antes de empezar a prestarle atención al camino que recorría.

—Es muy dulce —murmuró Menmerrie, repentinamente al lado contrario de él, por lo que el Riolu tuvo que girarse al otro lado para sonreírle en acuerdo.
—Es así de maternal con casi todo el mundo.
—Eso es lindo.
—Sí.


Ignorando que se encontraba prácticamente a mitad de la plaza, a la vista de todos los residentes, Ryner se detuvo, provocando que su damita se detuviera con él sin darse cuenta. No perdió un segundo y le rodeó el cuello, el collar de cuentas rojas, con su bufanda, anudándola gentil y suavemente, asegurándose de cubrirlas todas.

—¡Oh! —la fantasmita se alzó unos centímetros antes de volver a descender—. Todo el mundo quería mi collar. ¿Por qué?
—Bueno, para empezar, no están tan acostumbrados como yo a ver tipos fantasmas porque no salen mucho de la ciudad y ellos muy raramente vienen, pero salta a la vista que es lo más importante que tienes. Y lo es, Menmerrie —
la miró a los ojos a pesar de saberse débil a su mirada.
—¿Por qué?

A diferencia del momento anterior en el que hizo la misma pregunta, en esta ocasión lo abrumó la ternura, la belleza inocente que la bañaba con sus grandes ojos llenos de curiosidad y la cabeza levemente inclinada. Incluso el vistazo de su preciada bufanda alrededor de su cuello le agregaba tal efecto que lo hacía sentir cálido por dentro. Se sentía bien y mal al mismo tiempo por estar sintiendo eso.

Deseaba más que nada responderle, pero tantos ojos y oídos en ellos lo ponía nervioso. Tuvo que haber pensado en eso antes de abrir la boca.


—Te lo contaré luego —murmuró rápidamente, retomando su camino—. ¿Tienes hambre?
—¡Oh, sí!


Como todos en la ciudad, no solo Machoke, parecían sentirse incómodos con la presencia de la fantasmita, Ryner se esforzó en hacer que su parada en la tienda de los hermanos Kecleon fuera corta. Se hizo con un par de manzanas y guio a la damita al norte de la plaza, al lugar más tranquilo que conocía. El estanque.

Agradecía a Arceus que el pez gato no se encontrara al final del camino de piedras, en el centro del estanque, porque así podrían respirar y tener un poco de privacidad. Al querer ofrecerle su manzana, descubrió maravillado el deleite de Menmerrie al ver la gran cascada y sus acompañantes gemelas y decidió que podía esperar un rato más.


~***~

Ya terminé, Soncarmela Soncarmela 💙
 
LadyAzulina LadyAzulina

Ah... Hace poco jugué a Pokémon Misterioso y con tu pequeña historia me has transportado nuevamente a su ciudad, con sus característicos y peculiares vecinos, sus tiendas y rincones... Me ha gustado mucho. He disfrutado leyendo esto. Me río con los pensamientos de Riolu, tan caballeros como galán al mismo tiempo. Cuidado que el sale un rival con Junior (?) También que metas toques de racismo. Adoré la personalidad de Persian y como Mamá Khan es estricta con su retoño. Fue como toda una madre cuando se giró para gritar a los cuatro vientos que acatara su orden (?)

En fin, que ha sido nostálgico leer algo de Misterioso. Espero tener el placer de continuar de cerca la trama de ambos.


Recompensas:
- Por cada capítulo completado: 300 Pks
- Por cada capítulo completado: +1 Baya Aranja
- +1 nivel para Damita y Chacal (?)
 

♚ Queen of Mean ♚

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Por el momento tengo intenciones de continuar 💙

A ver si me acuerdo de cómo hacía esto:
Misdreavus:
Nivel: 5 + 1 -> 6
Stats: 24
- PS: 18 + 4 -> 22
- Ataque: 13 + 2 -> 15
- Defensa: 21 + 5 -> 26
- At. Especial: 18 + 3 -> 21
- Def. Especial: 25 + 5 -> 30
- Velocidad: 25 + 5 -> 30

Riolu:
Nivel: 5 + 1 -> 6
Stats: 15
- PS: 18 + 5 -> 23
- Ataque: 14 + 2 -> 16
- Defensa: 17 + 4 -> 21
- At. Especial: 4
- Def. Especial: 4
- Velocidad: 18 + 4 -> 22
 
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