Prueba La especialidad "más querida" | Medicina

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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
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Aquel día parecía que no vería el sol durante las primeras horas de la mañana. Después del desayuno, los estudiantes se encaminaron hacia el salón de clases entre parloteos de lo que posiblemente les pondrían a hacer. Cada quien tomó asiento donde acostumbraba, salvo por un par en particular que deliberadamente se sintió con afanes de reñir por lo que, por la regla de quien llegara primero se lo quedaba, eran sus asientos desde el día uno. Había cada cosa en el grupo y nunca faltaba el escándalo por casos nimios. Muy pronto las amenazas con los kunai no se hicieron esperar, hasta que un brazo de arena se enganchara del antebrazo de cada pupilo involucrado.

―Déjenlos caer. ―Los estudiantes intentaron defender la causa que les motivara a extraer el arma cuando estaba prohibido recurrir a ellas en medio de la clase o sin una razón verdaderamente justificada. No obstante, emitieron un sonido quejumbroso desde que Aihara ejerciera presión en el agarre. El metal resonó al encuentro con el piso. ―Sería lamentable que dañen su record cuando ya están llegando a la meta. ―A muchos les llamó la atención ese detalle: ‘la meta’. Los más interesados ubicaron un calendario de tamaño considerable en el que se había marcado el último día de asistencia… ¡faltaba muy poco para el examen! El murmullo colectivo evidenció los síntomas emocionales que les provocara, entre felicidad, nervios, preocupación…

Con la situación de la butaca bajo control, a pesar de que los implicados se regalasen miradas de odio que decían que tarde o temprano resolverían el asunto a golpes, la sensei pidió silencio para proceder con el tema del día: “la medicina”. Una especialidad querida… muy rara vez la favorita en primera instancia, pero siempre útil y preciada como conocimiento de segunda mano.

―Usualmente los ninjas médicos son dejados en la retaguardia, resguardados, porque sin ellos no se podría concretar una victoria más contundente. Si estos ninjas se quedasen marginados, solamente atendiendo casos en hospitales o de servicio social más interno de cada país, moriría mucha gente en el campo de batalla… el triple o incluso más de los que podrían fallecer. ―Abordar la función del médico desde el proceder en una guerra era fundamental para entender el valor de esos especialistas, generalmente subestimados y minimizados a cumplir su más clara labor; podría sonar desagradable en vista de que desde hacía un tiempo se venía vendiendo la imagen de “no a las batallas bélicas”, y esforzado para que las nuevas generaciones no viesen las mismas como el método para resolver conflictos; pero la realidad era que todo shinobi, en algún momento, se habría de enfrentar a ciertas cosas recurriendo a peleas. Querer anularlo sería perder parte de lo esencial de ser un ninja. No te convertías en uno para solamente mostrar al mundo la bandana en tu frente con la insignia de tu aldea; te convertías en uno para luchar por distintas causas. ―Y no solo el ninja médico tiene el deber de curar y evitar el deceso de las personas. También existen aquellos que aprovechan su conocimiento sobre el cuerpo, que pueden volverse muy letales. Aunque no lo parezca, la medicina tiene muchas salidas. ―La chuunin empezó a caminar entre las columnas de asientos. ―Pero, la verdad es que no siempre contaremos con estas personas habilidosas en nuestros equipos; por eso es prudente siempre andar con algún botiquín y tener un poco de conocimiento básico sobre cómo atender ciertos problemas con ayuda del medio ambiente... para la prueba de hoy mezclaremos el chakra con lo natural ―unió sus manos al hablar―. Trabajarán en equipo. Cada uno recibirá una pequeña lista de utensilios que deben conseguir, entre ellos hay una fruta tropical que tenga propiedades medicinales. Como verán, no propone ninguna en concreto… tendrán que investigar. El remedio que preparen tendrán que culminarlo con un pulso de chakra y dárselo a tomar a un paciente especial. ¿Funcionará o no? Ya veremos. ―Aihara miró el reloj de la pared. ―Tendrán hasta el mediodía para venir aquí y poner a prueba su creación.



Indicaciones:
》》Lo que dice la lista que recibirán es lo siguiente: agua, fruta tropical con propiedades médicas (deben mencionarla en los post), cualquier otro utensilio que requiera su preparación.

》》La infusión que hagan deberán explicarla. Queda de ustedes cómo abordarlo. Y el "paciente" se ha de tratar de algún animal kuchiyose que requiera ayuda.

》》Mínimo dos post cada uno.

》》La estadística en medicina es importante para esta prueba. Si tienes un 4 o más en ese stat, deberás lanzar un dado de 8 caras y de salirte los números 3 y 6 significa que la infusión fallará en su cometido. Si tienes de 3 para abajo en ese stat, de salir número impar significará que fallará.

-Para lanzar dados solo tienen que hacer un post previo o utilizar uno que ya hicieren en este mismo tema, darle a “editar” y luego a la opción correspondiente. 1 Dado de 8 Caras.

》》Solamente una persona de cada dueto lanzará el dado.

》》Fallar inrol no significa que la prueba ha fallado también. Igual queda de cada dueto intentarlo cuanto desee.

》》La prueba tendrá 10 días (hasta el 17). De cumplirla en los primeros 7 días, podrán recibir recompensa extra.


Los duetos quedarán así:

Shulman & Hathaway
Haydenwolf Hayden the dark king & Nya Nya
Yuudai Yuudai & Zim Zim
LadyAzulina LadyAzulina & S Sahrel
 
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The eyes never lie, chico...
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Satoru estaba inmerso en el pizarrón, donde se enlistaba los miembros de cada grupo. El muchacho buscaba con detenimiento su nombre, navegando entre el mar de caracteres que formaban la identificación de cada uno de sus compañeros. De pronto, un grupo en particular le llamó la atención, puesto que se componía de tres integrantes. Allí fue donde finalmente encontró su nombre, acompañado por una vieja compañera suya, y otro muchacho que no conocía. Satoru arrugó el origami que había construido mientras escuchaba a su profesora, a la par que buscaba con la mirada a la morena.

—N-nova-san... —Murmuró para sí mismo mientras forzaba la vista para encontrar a la muchacha, inmiscuyéndose en el bosque de siluetas que se movía a diestra y siniestra— ... y Arata-san.

Los chicos y chicas del salón estaban en constante movimiento, buscando a sus compañeros de equipo. Por esta razón, el constante vaivén de sombras y personas le hacía difícil al Idara encontrar a la Nara. El muchacho se encontraba sentado al fondo, como siempre.

Por otro lado, Nova estaba clavada en su asiento a la altura de la mitad del salón, pero girando la cabeza a todas las direcciones. Creía saber donde estaba sentado Satoru, pero le interesaba encontrar al otro muchacho. Se puso de pie, apoyándose con sus manos en el pupitre, puesto que la cantidad de gente que se movía si dificultaba bastante la búsqueda.

— ¿Quién es? —Se preguntaba a sí misma— Arata...

Arata ni siquiera intentaba buscar a sus compañeros. Estaba en las mesas de adelante, las más cercanas a la profesora. Guardaba su rostro oculto bajo la capucha de su vestimenta, con la mirada absorta en las suturas de sus brazos. Se repetía el nombre de sus compañeros varias veces en su cabeza, e incluso llegaba a agobiarse por la necesidad de tener que trabajar en equipo, pero... Es ese el destino que le tocó a un shinobi como él. Si quería seguir el sendero del ninja para hallar la solución a sus problemas cardíacos, debía de cumplir con estos requisitos colaterales.

Cuando ya la mayoría de los estudiantes se habían agrupado, era evidente que las únicas tres personas que seguían en sus pupitres compartían el mismo grupo. Satoru pudo ver la morena figura de su ya conocida compañera, además de la silueta misteriosa de un chico al principio del salón. El peliazul se dirigió hacia su compañera, con una leve sonrisa.

—N-nova-san. —Satoru puso una mano en el hombro de la chica, que aún no se enteraba que el Idara estaba detrás suyo.
— ¡Ay! —La morena dio un leve salto, habiéndose asustado— Ah, ya te e-estabas tardando... —Rio nerviosa la muchacha, fingiendo que nada había pasado— Ya sabía yo donde estabas...
— ¿Ah sí? ¡G-genial, eres asombrosa! —El ingenuo Satoru se sorprendió— Y, ¿A-acaso sabes donde está Arata-san?
—Pues claro. —Nova guardó silencio, con una sonrisa— ¿Tú no? —Rio, nuevamente nerviosa— ¿Por qué estoy fingiendo? —Pensó, extrañada de sí misma
—S-sí, creo que es él. —Satoru señaló a la silueta del joven Kakuzu.

Ambos muchachos se dirigieron hacia el enmascarado chico que, apenas sintió que se dirigían hacia él, escondió las suturas de sus brazos con las mangas de su prenda. Llevaba una máscara de quien fue alguna vez un gobernante shinobi de ojos escarlata.

—Tú eres Arata, ¿no? —Inquirió la muchacha, frente al joven— Yo soy Liahme, pero puedes llamarme Nova.
—H-hola, Nova. —Si bien no se podía discernir con claridad dónde estaba mirando el joven Kakuzu, sí se podía adivinar que no tenía la vista fija en ninguno de los dos— Y tú... ¿S-satoru?

Satoru sólo asintió.

—E-espero que nos llevemos bien, A-arata-san. —Sonrió el Idara con timidez.
—Parecen dibujados con el mismo lápiz... —Pensó Nova.

Tras las presentaciones, los tres salieron del salón para poder conversar sobre la tarea. Ni Satoru ni Nova parecían muy extrañados por el uso de máscara del chico, ambos parecían entender que tenía un motivo para ello. Eran lo suficientemente conscientes para no preguntarle y evocar un momento incómodo.

—Parece que nuestro sujeto tuvo problemas con una invocación. —Reveló Nova, luego de salir de aula a encontrarse con sus compañeros— Eso me dijo la sensei.

Satoru y Arata habían pasado el lapso de ausencia de la morena en un completo silencio incómodo. Por lo general, la gente es la que conduce a Satoru en los temas de conversación, pero esta vez debido a la similitud de personalidad de ambos, la comunicación fue nula.

— ¡A-ah! ¿Qué c-clase de problemas? —Preguntó el Idara, aliviado de que la morena regresara y rompiera el hielo.
—Quemaduras. —Respondió la muchacha, observando al peliazul mientras se reincorporaba.
— ¿Quemaduras?... —repitió por lo bajo Arata— ¿D-de primer o segundo grado? —Intentó gesticular con claridad, puesto que la voz se le escuchaba un poco difusa al pasar por la máscara.
—A-ah, no lo sé. Creo que eso lo deberíamos de evaluar nosotros cuando veamos al paciente. Por el momento nos podemos hacer una idea de como tratar las quemaduras, aunque... —Nova se largó en un silencio intenso a pensar e intentar recordar aquella fugaz imagen que, por un momento, pasó por su cabeza.
—No tengo idea... —suspiró resignado Satoru— No se me da p-para nada b-bien ese tipo de conocimiento.
—Tranquilo, Sato.

Arata se dio cuenta rápidamente de que Nova le había llamado de una forma por la cual no se había presentado. Es decir, existía la posibilidad de que ambos ya se conocieran, teniendo así sentido la fluidez de su comunicación, en comparación con la de él mismo y el Idara. Aquel detalle sólo le causó un poco más de ansiedad social a Arata, puesto que era un extraño entre dos conocidos.

—Creo tener una idea. Hay algunas frutas y flores que tienen propiedades analgésicas y que alivian ardores.
—V-vale. Mi madre cuando se quemaba con algo, c-creo que usaba algo lla-llamado aloe vera.
—Aloe Vera. Me suena. —Repitió Arata.
—Sí, pero no crece en estos lados, Satoru. Tu madre debe haber usado algún tipo de gel con extractos de aloe vera, y dadas las características de la misión, creo que debemos de buscar algo nosotros mismos. Algo silvestre. —De pronto, un chispazo recorrió la espina dorsal de la muchacha— ¡Lo tengo! Cuando uno se quema, es normal escuchar que hay que hidratar la zona. Es eso lo que hacen productos como el gel de aloe vera.
— ¿Ah s-sí? ¿L-lo hace?

Nova asintió, sabiendo que tenía algo grande entre manos. Una idea interesante.

—Entonces lo normal es pensar que los mejores productos para hidratar, son los que más agua tienen. Hay frutas que, por ejemplo, son casi pura agua. —La morena sonrió, confiada en lo que estaba diciendo— Alguna de esas debe servir.
— ¡Sorprendente, Nova-san! —Exclamó Satoru, convencido por las palabras de la chica.
—Tiene bastante sentido. —Pensó Arata, mientras pensaba qué fruta podría servir.
—Tengo muchas ideas en la mente sobre que fruta puede ser, pero debemos de ser minuciosos.
—S-sí... escoger la mejor. —Añadió el Kakuzu.
—Yo me encargo de averiguar cual es la que mejor sirve para el caso.

Ambos chicos asintieron. Ahora solo quedaba pensar en como preparar la infusión.
 
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Morpheus's Dream ♚
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Liahme Nara.

La aludida se sorprendió, pues no hacía mucho había ido a hablar con su sensei, misma que la mandó a llamar con otro estudiante que tuvo cerca. Ahora, de regreso en el salón, Aihara le comentaba a la menor que debía dejar su grupo con el recién conocido Arata y su ya conocido compañero Satoru para aliarse a un nuevo chico, que se agregó a las clases hacía poco tiempo.

Está bien, Nova, pensó la morena mientras se sacudía la ropa, este tipo de cosas también suceden en el mundo real shinobi. No son sólo los administradores molestando a unos niños que ya se encontraban bastante bien entre ellos. Se acercó al único chico que quedaba en el salón, que era visiblemente menor y sólo lograba que Lihm se preguntara si había llegado varios años tarde a la academia porque todos eran mucho más pequeños que ella. Se parecía a Arata por el hecho de las costuras, aunque no sería raro que fueran del mismo clan.

—Hola, soy Liahme Nara —se presentó con calma, notando los azules que eran los ojos del niño—, haremos equipo para esta prueba… Supongo que tienes la información sobre el kuchiyose que trataremos.
—Sí, hola… —
él tuvo que alzar un poco la cabeza para mirarla—. Yo soy Kazuma Kakuzu, y sí… Estaba pensando reunir algunas plantas para hacer una infusión que le ayude con el dolor, pero no sé muy bien cómo deberíamos tratar su herida.
—¿Está herido? —
parpadeó la chiquilla.
—Sí, tiene una infección en una pata y-…
—¡No se diga más! Vamos a buscar esas hierbas.


El títere se quedó de una pieza viendo la energía que movía a Nova, pero no tardó en reaccionar para ir a su ritmo. En el camino ella tomó una cesta para los dos mientras dentro de su cabeza no dejaba de buscar las mejores combinaciones para lo poco que su compañero había dicho. Trataba de ubicar los lugares de la isla en donde las plantas podrían encontrarse. Y tarde se dio cuenta, apenas saliendo de la academia, que debía hablar, compartir en voz alta sus ideas.

—Podemos usar muchas plantas para elaborar una infusión —miró a Kazuma sin dejar de caminar—: la chamaemelum nobile, la mentha spicata, el allium sativum, el zingiber officinale, la papaver rhoeas y los oxycoccus. El santalum album sirve para desinfectar heridas —alzó un dedo, señalando a nada en particular—, y podríamos hacer una pasta con la salvia, la passiflora incarnata, el agave, el anethum graveolens o la calendula officinalis para cubrir el área afectada. Todavía no sé cuál fruta podríamos usar, pero podemos echar un vistazo mientras buscamos las plantas y decidir sobre la marcha, ¿no crees?
—S-sí, por supuesto —
murmuró el menor, un tanto sobrepasado por la efusión, pero no tuvo miedo en decir lo siguiente:—, aunque no tengo idea de nada de lo que acabas de decir. ¿Cuáles plantas has mencionado?
—¡Oh, lo siento! Te las presentaré. Podemos empezar por aquí…


Liahme tenía la idea de ir por partes, porque su cabeza en ese momento se encontraba en modo lista. Primero querría buscar las plantas para la infusión y después centrarse en las que usarían para la pasta, dar con la fruta sería como un bonus en aquella aventura medicinal. Justo le había presentado la manzanilla al niño de bonitos ojos azules cuando descubrió que hacía algo que, en realidad, le gustaba: le pedía perdón a la vida a la que le estaba dando fin, agradeciéndoles por ser parte de un objetivo benéfico para el kuchiyose. Aunque no compartía esos actos, Nova se acomodó a su lado para esperar a que terminara, respetando abiertamente su creencia y compartiéndola silenciosamente antes de arrancar las plantas.

S Sahrel
 
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Padre Fundador
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Desde que Nova les abandonara, el dueto se sumió en un denso silencio. Satoru estaba decepcionado y bastante consternado, cabizbajo mientras andaban. Arata se sentía entre aliviado y preocupado por la separación, pues el precio a pagar por dejar de ser el “tercero agregado”, era ese angustioso silencio.

Se detuvieron frente a la costa. Las olas rompían en un relajante vaivén.

Arata percibió la necesidad de ser él quien rompiera el hielo, en vista de que el pequeño Idara continuaba en un estado de aturdimiento, con la mirada perdida en la nada.

―¿Qué es rojo y se guarda en un refrigerador?
―P-pues… ¿tomate?
―Un órgano.

Satoru parpadeó, perplejo, incapaz de comprender la respuesta al acertijo. Decidió no preguntar. Arata le miró de reojo (la máscara ayudaba) dándose así cuenta de que el rompe-hielo había fracasado, y que si Satoru albergaba alguna duda acerca de que el chico-suturas era un bicho raro, ahora estaba seguro. Esto le hizo sentir miserable.

―No hay frutas aquí ―deslizó Sato.
―¿Por qué nos dirigiste aquí entonces? ―dijo en voz muy baja, obligando al más joven a descifrar el mensaje.
―Y-yo te estaba siguiendo ―confesó en un tono apenado, desviando la mirada al mar. Kakuzu, patidifuso, hizo lo mismo.
―Sandías ―El pequeño Idara le escuchó con atención―. Son frutas grandes, con un porcentaje alto de agua, como describió N-nova-san. Hay puestos de sandías en el pueblo más cercano.
―P-podría funcionar ―admitió, jugando con sus manos.
―¿Tienes… eh… dinero? ―Sato asintió―. Bien.

La conversación murió allí, para alivio mutuo, pues se estaba tornando insoportablemente incómoda. Para ninguno de los dos parecía ser una experiencia grata, y Kakuzu sentía que cada palabra adicional era un clavo más a su propia tumba social. Le habría gustado saber lo que pensara Satoru.

De todos modos, emprendieron el viaje hacia el pueblo.

Yuudai Yuudai
 

Angel de Alas Negras
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Una oración por los vivos. Una por los muertos. Y una por el ciclo que ambos cumplen en la eterna vida. Kazuma abrió los ojos después exhalar lentamente y pudo notar la mira de su compañera fija en el. Parecía maravillada por aquella muestra de respeto hacia la naturaleza que el joven mostró en ese momento y decidió esperar a que terminara. El muchacho con mucho cuidado tomó la planta de raíz pero solo decidió tomar unas cuantas hojas.


- Con esto será suficiente - dijo al mirar a Nova que sonrió débilmente - No hace falta tomar su raíz si no es necesario.
- Si, tienes razón.
- Y, ¿cómo era que se llamaba esta planta? - Kakuzu enseño una sonrisa que contrastaba totalmente con su apariencia. La primera alegre y sincera. La segunda, tétrica. Nova pareció no percatarse de la última.
- Eso es Santalum Album, también conocida como sándalo. Eso nos permitirá desinfectar la herida. Ahora debemos ir a por el resto.


Continuaron internándose en el bosque buscando el resto de plantas. El camino poco a poco fue tornándose mas empinado, mas arboles comenzaron a rodearlos pero aun así la mucha demostró su gran conocimiento en plantas al reconocerlas por el camino. En cada parada Kazuma se inclinaba y comenzaba sus oraciones, y la chica lo miraba fijamente, Era la primera vez que conocía a alguien con tanto respeto por lo natural que se tomaba el tiempo para dedicarles un rezo, e incluso hablarles como si de personas de tratasen. Cada vez que tomaban alguna planta el muchacho preguntaba sobre su uso, y Liahme no dudaba en responderle. Ella de vez en cuando se extendía en sus explicaciones y Kazu parecía disfrutar de eso. No por las plantas en sí, sino por el poder conversar con alguien de su edad sin importar su apariencia.


- Bien, esto ya es casi todo. Solo nos falta la fruta para infección, y por lo que sé solo crecen cerca de ese lugar - la morena señaló hacia arriba de la colina, a unos 50 metros de ellos, se encontraba un gran árbol gigante. Kazuma se maravilló en su grandeza y pensó en la gran cantidad de años que ese árbol debía tener. El diámetro del tronco parecía ser de unos 5 metros de espesor, y su altura quizás de 30. Al acercarse pudieron notar que pequeños bultos entre naranja y verdes sobresalían de entre varias ramas, casi tapados completamente por hojas. Eso era. Su último ingrediente para la infusión que debían preparar y salvar al Kuchiyose.





LadyAzulina LadyAzulina
Lanza el dado tu que tienes 4 puntos en medicina. =D
 

Morpheus's Dream ♚
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La caminata hasta el árbol sobre la colina no les tomó mucho tiempo, y en el camino optaron por discutir sobre quién escalaría el árbol por la fruta. Kazuma consideraba que Liahme había aportado bastante a la tarea, por lo que creía que él podría hacer ese último esfuerzo; Nova no tenía problemas con seguir esforzándose, pero iba a dejarlo a él obtener la fruta. Luego se repartirían los siguientes procesos para llevar a cabo la última parte del trabajo.

La morena sostuvo la canasta mientras observaba al Kakuzu concentrar el chakra en sus pies para caminar por el tronco del árbol, manteniéndose a un costado para observar su ascenso.

—La cáscara de la carica papaya es muy buena para tratar las heridas, en combinación con las otras plantas curará la infección y ayudará con la cicatrización.

La pequeña Nara sabía que su compañero debía mantener su atención en la labor que realizaba, simplemente sintió que debía decir aquellas palabras en voz alta. Kazuma le caía muy bien, era la primera persona en la academia con la que podía compartir los conocimientos que poseía y recordarlos, darles un buen uso, aprovecharlos. Se sentía cómoda, le gustaba la sensación. Le causaba curiosidad el por qué había tardado tanto en unirse a ellos en la academia.

—¿L-Liahme? —apenas lo escuchó como un susurro tras varios minutos.
—¿Uhm? —alzó la mirada, descubriéndolo entre las primeras ramas con frutas en una postura que parecía extraña por el punto de vista, pues estaba acuclillado sosteniendo una de ellas.
—¿Sólo necesitamos una?
—Sí, incluso nos sobrará. Podemos hacer un batido más tarde con el resto, si te apetece.


El títere rió con suavidad, casi parecía que la chica lo estaba invitando a pasar más tiempo juntos luego de terminar con la prueba. Sacudió la cabeza para olvidarse de esa idea, seguía en las alturas e incluso era probable que hubiera malentendido el mensaje. Después de sus tradicionales rezos, tiró de la fruta y le pidió a su compañera que la atrapara más abajo, mientras tanto él debía concentrarse en volver a bajar.

No había necesidad alguna de remarcar que el jutsu le costó varios intentos, aún cerca de la base Kazuma tuvo que levantarse un par de veces del suelo, y tras superar la altura en la que podría hacerse daño prefirió no pensar en qué pasaría si caía, manteniendo el chakra en su lugar para terminar con éxito. Durante su descenso, Lihm estuvo pasando el tiempo dividiendo el contenido de la cesta en dos partes: lo que usarían para la infusión de un lado y lo que usarían para la pasta del otro.


—¿Estás bien? —le preguntó la chiquilla cuando se unió a ella.
—Sí —asintió con suavidad.
—Podrías preparar la infusión y yo encargarme de la pasta, necesitaremos un poco de agua caliente. Vayamos a las cocinas de la cafetería.
—Está bien.


El par de estudiantes se dirigió entonces a su nuevo destino, con Nova hablando tal vez de más sobre cómo se encargaría de lo que le tocaba. Al arribar estuvo muy atenta de lo que el Kazuku hacía, ya que debía tratar con cosas calientes, sintiéndose de nuevo como una niñera por la simpleza de que él era menor que ella -como había pasado con Satoru y Lovetta; quizá tenía que haberle dado la tarea más sencilla, pero la infusión fue idea de él y le parecía más justo de esa manera. Suspiró, calmándose, de todas formas sabía que lo harían bien. Tras liberar a la fruta de una parte de su cáscara, le dio a probar un poco al títere con el fin de convencerlo para que hicieran un batido más tarde, centrándose mientras saboreaba en mezclar las plantas y que la pasta quedara lo suficientemente cremosa como para combinar con la cáscara de la fruta.

—Esto está casi listo para ver al kuchiyose… Por cierto, ¿de qué animal se trata?


S Sahrel
 

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¿Fubuki?

Lovetta se dirigía hacia un chico peliblanco que había visto, pero con quien nunca había tratado. El muchacho primero vio a la pequeña loba blanca, a la altura de sus ojos y luego, más arriba, a la persona que la llevaba en brazos. La chica le mostraba una sonrisa radiante, muy diferente a la expresión del cánido.

Trabajaremos juntos hoy.

Fue lo único que dijo la Inuzuka antes de que se levantara. Ambos se dirigieron hacia la sensei para que les entregara su lista y con ella en mano, salieron del aula.

¿Qué dice? —Lovetta, como siempre invadiendo espacios personales, se asomó sobre el brazo del Uchiha para ver la lista mientras el chico leía en voz alta y casi tartamudeante.

Debemos… debemos tratar a un pequeño —Hizo una pausa para leer—… tití pigmeo…

¿Tiqué?

Es un monito… —Gruñó Shirayuki sobresaltando al Fubuki.

Es… es un primate pequeño.

Tsume le miró, asombrada.

Oh… —canturreó—. ¿Y qué dice que tiene?

Para entonces los chicos habían llegado a la entrada de la academia.

Dice… dice que tiene una reacción alérgica… —Fubuki releyó rápidamente, en silencio, los detalles de la herida—… áreas sin pelo y enrojecidas… mucha picazón…

No reveló detalles escabrosos…

¡Espera! —Lovetta se detuvo en seco antes de atravesar la academia—. ¿Y qué se supone que usaremos para tratar eso?

Ignoró el ruido, exasperado, de Shirayuki y miró, alarmada, a su nuevo compañero. Prácticamente no lo conocía, no sabía como trabajaba, y estaba «programada» para seguir el plan de Nova, pero ella no estaba allí. Bueno, sí estaba, pero no contaba con su compañía.

Pues… podemos pasar por la biblioteca y revisar algunos libros…

Recuerdo que una vez me dijiste que no te ayudara… así que, eso parece una buena idea…

Ignorando, de nuevo, a Shira, Lovetta asintió. Sí. Irían a la biblioteca y revisarían un par de libros. Luego sabrían que hacer y qué buscar.

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Dios Lobo de la Oscuridad y Luz
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Desde allí Shirou está ahora atado a tener una compañera con la que tiene que trabajar por el resto de lo que dure esta clase sobre la medicina. No iba a ser sencillo pero sería de mala gana trabajar con ella regañadientes, tenía que aprender a aceptar a las personas sin importar como sean aunque eso implique invadir su espacio personal, no obstante su pequeño monologo interno le es interrumpido por su compañera.

― Fubuki, mira, ya llegamos.

― Eh, ¿Qué? ―En efecto el pequeño monologo de su mente fue interrumpido notando que se encontraban en frente del edificio bibliotecario―, b-bien vamos a entrar Lovetta-san.

― Decido entonces, vamos adentro no te quedes atrás Fubuki.

― Y-ya voy y recuerda no hacer ruido o la encargada nos llamara la atención por molestar a la otra gente de la biblioteca

― Si, si

― Deberías hacerle caso Lovetta, él ya ha estado antes en una biblioteca ―Fue la loba blanca en brazos de la Inuzuka la que hablo reprendiendo un poco a su dueña

― Bueno si lo dices así Shira

Eso le habría parecido extraño a Uchiha si no hubiera escuchado de alguien de su clan que los del clan Inuzuka pueden hablar con los perros y hasta llegar a entenderlos. Aunque otra cosa que tenía que admitir era que en el solo ver al pequeño canido blanco de Lovetta, le daban ganas de acariciarlo pero le daba cosa que lo quisiera morder por ser un desconocido― A-andando no hay que desperdiciar el tiempo que tenemos.

Con solo asentirle a Shirou ambos entraron en el establecimiento, como Fubuki ya ha tenido experiencia previa de acudir a un sitio como este él fue quien se encargó de buscar los libros referentes a las medicinas para las cuales tratar la urticaria, para no sobrecargarse mucho busco al menos unos 6 libros que dejo caer en la mesa, Lovetta solamente estaba sentada mirando curiosa que es lo que hacía pero la curiosidad llego al límite cuando el peliblanco le paso tres libros.

― El contenido de estos libros nos puede ayudar para nuestra tarea, decidí que sería más simple buscar si nos dividimos el trabajo de recopilar información. Por tanto yo me ocupare de buscar en el contenido de estos tres libros a mi disposición y tú harás lo mismo con aquellos que he puesto a la tuya, por mínimo que sea algún detalle que encuentres acerca de tratar la urticaria, no dudes en decírmelo.

― Eh, eh pues si claro no dudare en decirte lo que pueda que encuentre

― No dudes en decirle sobre lo que encuentres Tsume ―dijo su fiel amiga Shirayuki echada debajo de la mesa

― Claro que lo hare Shira, no dejare que se me escape ningun detalle

Una vez más el peliblanco la noto hablando con su compañera canina a lo que el simplemente sonrió suavemente al abrir un libro para comenzar a buscar información útil que les pueda servir aunque para su monologo interno el Uchiha piensa en lo bien que se llevan su compañera Lovetta y Shirayuki― Parece tener una buena conexión con su ninken, es una buena chica aunque tiene mucha energía sin embargo también tiene mucha curiosidad por las cosas, ¿aunque creo que tendré que ver cómo me acostumbro a que invada mi espacio personal? Bueno ese el menor de mis problemas ―pensó el para si mismo con su mente totalmente metida en el mundo del libro leyendo cada palabra escrita en las páginas.

Nya Nya
 

The eyes never lie, chico...
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—Órgano... —Se repitió Satoru varias veces mientras caminaba, no había entendido... ¿cómo guardas un piano rojo en el refri?

Pero espera. ¿Había pensado en el tipo correcto de órganos? A ver, de nuevo. Órganos, rojo y se guarda en el refri. ¡Coño, pero que estupidez! Satoru no pudo evitar soltar una leve risa, tratando de camuflarla en su semblante silencioso para no parecer un desquiciado. ¿Cómo había sido tan imbécil para pensar en pianos, en vez de los órganos del cuerpo? No sabía que le causaba más extrañamiento, la bizarra broma del chico, o su soberana estupidez. Arata miraba de reojo al chico, preguntándose que mierda le pasaba.

—O-oye, mira... —Arata, intentando gesticular tras la máscara, señaló un enorme cartel pegado en la mitad de una pared.

¡Ven al gran festival primaveral DE LA SANDÍA!
Quinto año consecutivo donde celebramos las maravillas de la sandía.
¡Ven y celebra tu sandía con vino, con cerveza, con chicha, con cognac, con harina, sin harina (...)!

El resto del panfleto era la dirección y la hora. El festival había comenzado hace 3 horas.

Arata y Satoru se miraron consternados. No entendían bajo que concepto un colectivo de gente se juntaba a celebrar a la sandía. Pero vamos, eso no era lo importante: tenían que conseguir una antes de que...

—Se acabaron, lo siento. —Una señora de edad desarmaba su humilde puesto en una feria que ya había perdido por completo el norte. Habían varios borrachos exigiendo más sandía, asustando a los niños con sus movimientos y gestos extraños, y también pidiendo dinero para seguir con la fiesta en otro lado— No queda en ningún sitio. ¡Se tomaron toda la sandía con todos los tipos de alcohol imaginables! Ay de mí... Que bueno que dejé esa monstruosidad hace veinte años. ¿Ustedes beben, niños? Tampoco le vendemos sandía a menores en estas fechas. ¡Hay gente que la usa hasta como pipa para fumar droga!

—Esto es a-absurdo. —Arata se apartó del sitio, seguido inmediatamente por Satoru y dejando a la pobre señora hablando sola.
—Sí... —Satoru suspiró abatido— E-es como si se burlaran... d-de nosotros...

Lo que ambos no sabían, es que un joven con extraños harapos y un semblante propio del bajo mundo, les observaba desde un callejón. Algo de ellos le había llamado la atención, y lo conseguiría a toda costa con su sandía.
Zim Zim
 
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Padre Fundador
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Los estudiantes dieron la vuelta y comenzaron a andar por la calle, cabizbajos. Tal vez el sensei había escogido ese día para la prueba porque sabía que coincidiría con el festival. ¿Se burlaba también de ellos? Ahora solo gozaban del tiempo suficiente para establecer una opción B, y eso si echaban a correr. Frutas, frutas, frutas, pensaba Arata, ofuscado. ¿Qué otra fruta serviría? Satoru se lamentaba para sus adentros por la ausencia de Nova, quien seguramente habría dado con la solución.

Recordó el acertijo del refrigerador y los órganos. Imaginó a Arata abriendo uno y extrayendo un corazón palpitante y sanguinolento del mismo. Negó con la cabeza para despejar esas ideas, pues carecían de sentido, ¿verdad? Pero el apellido de Arata era Kakuzu y él había llegado a escuchar rumores sobre ese Clan. Le era imposible recordarlos, pero tenía la sensación de que no dejaban bien parada la reputación de los Kakuzu.

―¿Alguna idea? ―susurró Arata en un hilillo, dejando a Satoru con un deje confuso en el rostro. Repitió en un tono audible―. Alguna idea, que si tienes alguna idea.
―M-manzanas.
―Muy pequeñas y densas ―Idara emitió un suspiro―. Calabazas.
―No crecen aquí… ―El enmascarado chistó, e Idara volvió a suspirar.

Un vistazo bastó a Kakuzu para reafirmar que Satoru parecía ver más allá de los transeúntes y de los edificios, más allá de la atmósfera, más lejos que el Byakugan, pero era solo el efecto de ver la nada.

―¡Niños! ―exclamó una voz a sus espaldas, captando su atención.

El hombre de harapos se les adelantó para cortarles el paso, sosteniendo una sandía como si fuera un bebé. Su cuerpo era tan delgado que los filos de sus huesos sobresalían de sus articulaciones y sus pómulos. Dio a los estudiantes la impresión de que su dieta se basaba exclusivamente en sandías.

―Sé que necesitan una sandía y pues aquí está ―dijo, sonriente, extendiéndoles la fruta. Sonrió de oreja a oreja, pero tras su gesto había una malicia que pronto descubrirían―. Mi nombre es Wong, debí presentarme primero. ¿Y bien? ¿Sí la necesitan? ―Acercó aún más el preciado tesoro hacia ellos.

Ambos estudiantes intercambiaron miradas (bueno, Idara solo vio una máscara intimidante), en un estado de mutis, en una competencia férrea que consistía en forzar al otro a tomar la palabra. Esta vez el más joven fue el ganador, básicamente porque incluso alguien tan retraído como Arata se habría sentido avergonzado de “dejar” el liderazgo a un niño.

―A-aceptamos. Gracias ―Pero cuando Kakuzu se dispuso a tomar la sandía, Wong la alejó y rio codiciosamente.
―No es tan fácil, niño. ¿Cuál es tu nombre? ―Arata se lo dijo―. Arata, propongo un intercambio. Mi sandía por tu máscara.

Oír esto produjo en el aludido un estado de shock que Satoru logró percibir aunque no pudiera verle el rostro. Los segundos transcurrieron sin que Kakuzu lograra articular palabra; sus labios se movían pero de ellos solo surgía un repetitivo y balbuceante “a-a-a-a”.

―¿Puedes darle tu máscara? ―preguntó simplemente el pequeño artista a su compañero, quien sufrió un espasmo.
―No ―dijo en un tono muy seco, cortante―. No puedo.
―P-pero… ―balbuceó Satoru.
―Entiendo que no quieras desprenderte de ella, niño ―dijo Wong. Claro que no comprendía en absoluto―. ¿Eres coleccionista como yo? ―Al menos esto era cierto y Arata asintió mecánicamente―. ¡Ya veo! Es evidente que tu máscara vale más que una sandía, pero sé que la necesitan ―Antes de que alguno pudiera preguntarle cómo lo sabía, continuó―. ¡Miren sus caras! Ustedes mismos se delatan. Sé que son estudiantes de la Academia y puedo apostar a que necesitan la sandía para una prueba. Están en horario de clases y de otro modo no les dejarían abandonar la Academia. ¿Es así? ―Su silencio habló por ellos―. ¡Es mi día de suerte!

Kakuzu comenzaba a ejercer cierta presión sobre sus propios puños que los otros dos ignoraba. Wong estaba muy ocupado con su perorata y Satoru estaba aturdido por lo absurdo de la situación.

―Soy un coleccionista, pero no de máscaras. Es un asunto incidental… Soy un amante de los asesinos en serie, de los psicópatas, de los criminales famosos. Y esa, mi estimado Arata ―Trató de ponerle una mano en el hombro pero el estudiante evadió como un gato mojado―, es una máscara de ¡Toshio Uchiha! El mayor criminal en la historia del País de las Olas.
―¿Q-qué? ―musitó Idara, mirando a su compañero como quien pide una confirmación.
―Está muy bien hecha. Niño, ¿no sabías la historia? ―Se dirigía a Satoru―. Toshio Uchiha asesinó a nuestro gran Feudal Kutsebu Namiade hace años y así se convirtió en un ninja renegado. ¡Fue un golpe duro para el país! Por fortuna, a la muerte de Kutsebu-sama, en paz descanse, asumió el cargo su hijo, el aún más grande Feudal Tenma Namiade ―Hizo una pausa para tomar aire―. Esa máscara será una gran adición a mi colección. ¿Y bien? ¿Qué dices? ¿Aceptas?

Pero Arata, que prefería mil veces fallar en la prueba antes que dejar su rostro al descubierto (o dar explicaciones), se negó con la caeza. No obstante, el joven Idara tenía otras prioridades y jamás entendería por qué su compañero demostraba esa actitud tan defensiva. Era solo una máscara, ¿verdad?

Yuudai Yuudai
 

The eyes never lie, chico...
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Era sólo una máscara... De un asesino serial... Satoru no comprendía la fascinación de Arata con un personaje tan deleznable que quita la vida del resto. Irguió su postura y refunfuñó su progresivo desagrado con la situación. Chistó, ganándose la atención de los ambos presentes. Eran esos momentos donde la situación no le agradaba a Satoru, y en momentos así, el chico olvida cualquier ápice de timidez.

—No quiere darte la máscara. —Refunfuñó el muchacho, intentando sacar la personalidad que guardaba dentro suyo.
— ¿E-eh? —Arata rompió la rigidez con la cual se mantenía, para mostrarse (aunque no visiblemente) extrañado por el comportamiento del Idara.
— ¿Qué pasa, niño? Es lo más justo. Ustedes tienen algo que yo busco, y yo algo que ustedes buscan. Y me parece que... —Wong, arrogantemente, llevó sus brazos detrás de su nuca, para sonreír de forma altanera— ustedes lo necesitan con mayor urgencia que yo. Así que... última vez que les ofrezco este trueque.
— ¡Una sandía no vale lo mismo que su máscara! —Exclamó Satoru, señalando el rostro del muchacho— Tú mismo estás diciendo que está muy bien hecha para ser una máscara, ¿y nos ofreces solo una sandía?

Para Satoru, en un comienzo, el trato era perfecto. A decir verdad, con sus ojos de artista no podía juzgar si la careta estaba bien o mal hecha, principalmente porque no le llamó la atención en lo absoluto. No es como que cosas así no atraigan la atención del Idara, pero una máscara de un humano no es un diseño muy creativo. Lo que motivó la férrea defensa repentina del peliazul fue la estricta negativa de Arata, parecía realmente importarle la máscara y, por el motivo que fuese, Satoru valoraba inmensamente la apreciación hacia un objeto artístico. Una sandía podía valer lo mismo que una máscara que para Arata no significase nada, pero ya con tener el valor agregado de su aprecio, el valor cambiaba considerablemente.

—No deja de ser una máscara, no es un objeto tan valioso. —Volvió a sonreír Wong.

Arata cerró sus puños con fuerza. Se sentía entre la espada y la pared, pero valoraba la defensa del chico. Le daba un poco de pena decirle que sería mejor buscar otra fruta, aunque el porcentaje de éxito fuese leve.

— ¿Tienes algo más? —Satoru se cruzó los brazos.
— ¿Q-qué? —Arata frunció el ceño levemente. ¿Algo más? Ya había dejado bastante claro que no negociaría.
—Bueno bueno, solo harapos y cosas sin valor.... —Wong miró algo avergonzado a Satoru, quien mantenía una semblante seria y bastante agresiva— Vale, seré un poco más flexible. No sólo hoy se celebraba el día de la sandía, sino que también el día del melón con vino. Aunque dudo que quieran ustedes un trago, tengo un melón bastante pequeño que no pude vender, pero...—Wong lanzó una mirada furtiva al callejón donde había observado a los chicos— Lo tengo en otro lado. Lo iré a buscar.
—Iremos contigo. —Satoru se adelantó, siendo detenido por Arata.
— ¿Q-qué haces? T-te dije que no negociaré la máscara... —le susurró el Kakuzu.

Pero Satoru no le dijo nada. Arata estaba algo nervioso, pero tampoco estaba dispuesto a luchar con su compañero. De todos modos, parecía que Satoru entendía de alguna manera el valor de la máscara, así que no estaba tan dispuesto a negociar como lo parecía... vamos, ¿confiar en un extraño? La verdad, Sato no parecía un mal chico. De hecho, se asemejaba mucho a él mismo. Decidió seguirlo algo nervioso por la situación.

—Aquí está, es todo lo que puedo darte a cambio de la máscara, además de la sandía. Huélelo, la mejor forma de medir la calidad de un melón es con su olor. —Wong le lanzó el melón a Satoru.

Los tres ahora estaban un callejón algo apartado. No habían ni siquiera borrachos, sólo cáscaras de sandía desperdigadas por el suelo.

— ¿M-melón? —Satoru olisqueó la fruta— H-huele bien.

El vigor del muchacho se agotaba como la estamina de un deportista de triatlón tras horas de competir.

— ¿Y bien? Creo yo que es un buen trato. ¿Qué dices, joven Arata?

Antes de que siquiera el Kakuzu pudiera gesticular, en la piel de Satoru se comenzaron a dibujar bastantes líneas, como si conformaran segmentos. Poco a poco de aquellos segmentos empezaron a emerger hojas y hojas de papel.

—L-lo siento m-mucho, W-wong-san. Necesitamos l-la sandía.

Las hojas se dispararon en dirección a Wong, pero hacia ningún punto vital. Le rasgaron los harapos y provocaron alguna herida superficial. La idea de Satoru era acorralarlo, para que soltase la sandía.

— ¡Cabrón! —Wong intentó arremeter contra el muchacho, pero un ataque frontal era demasiado arriesgado. Podría cortarse con cualquiera de esos papeles, puesto que parecían nunca acabarse— Mierda... —Recogió un trozo de vidrio del suelo y lo lanzó.

—Satoru, c-cuidado. —De los dedos de Arata emerguieron unos hilos que rápidamente agarraron el trozo de vidrio. Arata no lo devolvió, sino que lo dejó a un lado.

Satoru, sin perder el tiempo, sacó de su cinturón una kunai de papel.

—Espera. —Murmuró Arata. El joven envolvió la kunai de papel con sus hilos disimuladamente.

—¡Me las van a pagar, cabrones! —Por cada paso que daba, Satoru hacía que emerguieran hojas de su cuerpo. El filo era suficiente como para provocar una herida importante, así que Wong se tomaba las cosas con calma, pero...

Satoru de pronto lanzó la kunai. Su fuerza era menguada, la velocidad tampoco era destacable así que fue sencillo para Wong esquivarle. Arata, sin embargo, parecía hacer extraños movimientos con sus dedos, como si estuviera dirigiendo una orquesta.

— ¿Q-qué haces? ¡Eh, la k-kun...! —Wong no terminó de articular debido a un fuerte golpe en la nuca. Arata había manipulado el movimiento de la kunai gracias a sus hilos para que, con un par de vueltas, adquiriera una buena cantidad de fuerza cinética para dar un buen golpe. Aquella apertura fue suficiente para que los chicos se acercaran lo más rápido posible a golpearlo entre ambos, apra dejarlo inconsciente.

—Esto está m-muy mal, pero...
— ¿Robar? —Completó Arata la oración
—Ajá... P-pero era la única f-forma. Es tu máscara, A-arata-san. Es parte d-de ti. —Satoru sonrió de la forma más sincera que pudo y, aunque no pudiera verlo, Arata se enterneció y le devolvió la sonrisa tras su máscara— V-vámonos...

Los chicos se fueron urgidos, turnándose para cargar la sandía.


Zim Zim
 

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En el camino de regreso, los estudiantes se detuvieron frente a un río. Satoru creó un sólido bol de papel con varias capas, lo suficiente resistente para albergar agua sin deshacerse como un azucarillo. Arata estaba sorprendido del manejo que poseía su compañero sobre sus habilidades familiares a su edad, superior al suyo propio. Pensó que su padre se habría avergonzado de aquella situación y batió la cabeza en sentido horizontal varias veces para despejar ese mal augurio. Satoru lo miró, extrañado.

―¿Pasa a-algo?
―Estoy bien.

Sin más dilaciones, Kakuzu sostuvo la sandía con una mano y con la otra empuñó un kunai, con el que empezó a retirar la corteza. Satoru colocó el bol debajo de la fruta para aprovechar todo el interior. Sin embargo, no fue tan fácil como pinchar un globo y que el agua cayera, sino que la pulpa tenía una consistencia más o menos sólida que debían triturar de alguna forma. Se lamentaron de no haber comprado un exprimidor en el pueblo; volver no era una opción pues el tiempo apremiaba.

Arata, mientras observaba la pulpa amarilla con puntitos negros entre sus manos, tuvo una idea. Le provocó un pelín de angustia cardíaca, menos que antes, pero angustia en fin.

―Sé cómo hacerlo ―Se refería a exprimir la sandía―. Cierra los ojos, p-por favor.

Idara parpadeó varias veces, buscando una explicación en los orificios oculares de la máscara. Kakuzu estaba seguro de que su compañero había visto sus suturas antes, en el callejón, pero era muy distinto emplearlas en una situación de emergencia que en el momento actual. No tuvo que repetir la petición porque el pequeño artista pareció comprender y dejó firmemente sellados sus párpados.

El coleccionista de máscaras guardó el kunai que antes usara y agarró la sandía con ambas manos, y de las cintas en sus muñecas, emergieron (rompiéndolas) sendas marañas de hilos que se lanzaron cual agujas de cocer sobre la pulpa, desmenuzándola por dentro. Parecían gusanos delgados y largos moviéndose a gran velocidad, y los trozos deshechos de pulpa caían y caían sobre el bol con agua, disolviéndose en el líquido, que adquirió una tonalidad amarillenta.

Cuando hubo terminado, las suturas se retrajeron dentro de su cuerpo y sus manos estaban empapadas en restos de pulpa y semillas. A su indicación, Satoru reabrió los ojos y dejó escapar un “oh” apenas audible.

―¿Hiciste l-lo mismo que en el callejón? ―preguntó el menor con asombro, cosa que lejos de elogiar a su compañero, le provocó la misma ansiedad que trataba de despejar. Arata asintió con lentitud, con el humor de un alma en pena―. Fue…
―Debemos apresurarnos ―cortó, con el mismo tono severo que tratara a Wong antes, dejando a Idara con la palabra en la boca y gran consternación.

El resto del recorrido fue en un comprometido silencio, habida cuenta de que Kakuzu deseaba volver a su habitación y perderse allí un par de semanas, e Idara comenzaba a entender que para el mayor, había un tema en específico que hacía cambiar su forma de ser.

El salón de clases estaba vacío salvo por la presencia de Aihara y varios Kuchiyose lastimados. La sensei contuvo la risa cuando vio venir a Satoru sosteniendo el bol como si estuviera preparado para un ritual. Les indicó cuál era animal al que deberían tratar: un pug anciano de ojos hermosos, irresistibles, un hociquito que provocaba besarlo y una pata herida con una quemadura, por fortuna, superficial.

―¿Q-qué hacemos? ―preguntó Idara. Quiso decir cómo, para ser precisos.
―Creo que… solo hay que utilizar esto como ungüento ―Señaló la mezcla de agua con pulpa― y aplicar chakra.
―¿Aplicar? ―repitió.
―No soy m-médico ―dijo en un tono muy bajito―. Pero sé que gracias al chakra se acelera el efecto del ungüento ―Esto lo dijo con una seguridad impropia, que corrigió con otro comentario―. En teoría.
―Hay que i-intentarlo. Tú ―pidió el artista.

Ante la atenta mirada de Aihara, Arata recubrió la pata herida con la pulpa humedecida, provocando al can un espasmo. Lo siguiente que hizo fue aplicar chakra mientras se concentraba en “pedir” (no había una palabra mejor, tal vez rezar) para que surgiera alguna propiedad médica.

Yuudai Yuudai Voy con el dado.
 

Padre Fundador
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El chakra que manó de las manos de Arata adquirió una tonalidad verdosa, lo cual les pareció positivo (asociaban el verde con propiedades médicas). Los segundos transcurrieron sin que nada sucediera, y el ancestral pug observó a los estudiantes con los ojos de un anciano desesperanzado. Kakuzu se encogió de hombros, resignado, y se dispuso a abandonar el intento cuando…

―¡E-espera! ―exclamó Satoru, poniendo sus manos sobre las del enmascarado para evitar que levantara las suyas propias del can. Kakuzu sintió que su espacio privado había sido invadido, y las manos del artista estaban peligrosamente cerca de sus suturas (escondidas en las cintas)―. Se e-está recuperando.
―¿De veras?

Lo que decía Satoru era cierto. La herida del animal empezaba a encogerse, la piel se estaba regenerando e incluso distinguieron que el pelaje volvía a la vida en la zona lastimada. El pug esbozó lo más parecido a una sonrisa arrugada, soltando la lengua fuera. Aihara se les acercó con ambas manos sobre sus caderas.

―Lo han logrado al primer intento, qué fortuna ―dijo, dedicándoles una sonrisa satisfecha.

Arata también sonrió bajo su máscara. Por un momento olvidó todo el asunto del espacio personal, cosa que ya no importaba porque el pequeño Idara había recompuesto la distancia. El pug le lamió las manos provocándole un escalofrío.

―Fue div-vertido, Arata-san.
―Lo fue ―concedió él, sobándose las manos―. Gracias, s-supongo ―Esto último lo dijo en un tono inaudible, y ya que Idara era incapaz de verle los labios, no se percató de que Arata tratara de decir algo en absoluto. Entonces no hubo tiempo de repetirlo pues varios estudiantes ruidosos se adentraron en el salón de clases, provocando que la atención del dúo quedara dispersa.

Arata no dejó de contemplar sus cintas durante el resto de la clase.


Bishamon Bishamon Yuudai Yuudai LISTO! Yuudai y yo reclamamos nuestra merecida y perfecta recompensa, ya que hemos completado la prueba en el lapso de una semana.
 

Angel de Alas Negras
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Kazuma poco a poco fue removiendo la cascara de la fruta para poder usarla en la infusión que debían preparar. Observó a su compañera a un metro a su derecha, la cual no quitaba la mirada de encima de la cocina, pensando en que alguien tan joven (solo dos años menor) debería trabajar con fuego, y a la vez le preguntaba - Por cierto, ¿de qué animal se trata? - El Kakuzu recordó que hasta ahora no le había contado a su compañera sobre el animal que debían tratar, el cual su sensei le había comunicado solo a el por llegar tarde, y no a su compañera quizás por descuido.

- Ah, si, lo había olvidado. Es una Ninneko llamada Suzume. Fue herida en una misión. - Miro lo que Nova preparaba y se dio cuenta que estaba por terminar la pasta a aplicar. Se veía grumosa y los distintos tonos de verde de la gran variada cantidad de plantas se notaban entre el espeso ungüento. - Eso es lo único que se. Creo que tal vez debieron habernos dado mas detalles, ¿no crees?
- Pues, de hecho si, creo que eso debieron hacer - ahora se notaba como la comunicación entre ambos fluía de manera mas jovial que formal. Ya la confianza entre ambos había aumentado un poco después de trabajar juntos, aunque no al nivel de llamarse "amigos", para el chico el tratarse así significaba que lo eran.​
Encendió la cocina con extrema facilidad con solo presionar un botón. Al parece la preocupación de Liahme era por su instinto maternal (?) a hacia otros niños. El de ojos azules tomó una olla y la llenó de agua, y pasó a colocarla en el fuego. Enseguida tomó la fruta, y procedió a tirarla en el agua pero fue detenido por un grito de su compañera - ¡Espera! - dijo la chica - La fruta es para el batido, es decir lo que nos vamos a beber nosotros - Kazu la miró sorprendido, y luego volteó la mirada hacia la cascara. - Si, - continuó la Nara - Eso es lo que debemos hervir - Kazuma las hecho en el agua y espero a que hirviera, no sin antes echarle un poco de azúcar. No sabía si a los Ninnekos le gustaba lo dulce, pero si a el le encantaba, pues a los gatos también. Esperó a que hirviera por 5 minutos y pasaron a verterlo en una tacita. Era hora de esperar a que se enfriase un poco para dárselo al Kuchiyose y aplicarle la pasta hecha por Nova.​

Rayos. Te toca LadyAzulina LadyAzulina
 

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No le gustaba pisar una biblioteca por una razón muy específica. Era aburrido, era muy aburrido. Luego de hojear el primero de los libros y entender… absolutamente nada, Lovetta se dedicó a mirar con mucha atención las casi inexistentes ilustraciones que encontraba cada muchas páginas. De vez en cuando observaba a Fubuki, esperanzada. Estaba segura de que él encontraría lo que buscaban y podrían abandonar aquel silencioso lugar.

¿Todavía estás buscando?

La niña respingó al escuchar el gruñido de Shira a su costado. Más que una pregunta era una acusación.

Todavía —bisbiseó, mirando de reojo al Uchiha por si la pillaba en falta, pero estaba tan absorto en su lectura que no había espacio para nada más en su mundo—… de todos modos… ¿en qué debería fijarme..? Esto está lleno de nombres extraños…

Shira inclinó la cabeza e hizo un ruidito sinónimo de desaprobación.

El conocimiento también es poder —La pequeña loba se aupó a la mesa y se colocó cerca del libro abierto—. La urticaria es una afección de la piel o dermis…

Tsume volvió al índice y releyó la lista hasta dar con algo parecido a lo que Shira le decía. Luego hojeó hasta la página marcada y, como había hecho hasta entonces, revisó los títulos e ilustraciones. Por alguna razón una de las páginas le hizo recordar lo que tenía el paciente «…una reacción alérgica… picazón».

Aquí dice que una mezcla de sábila y malva sirven para la picazón…

Solo fue un susurro inseguro, pero su voz atravesó la burbuja en la que estaba sumido Fubuki.

¿Sábila y malva? —preguntó, sacando la nariz de su libro, sorprendiendo a Lovetta.

La chiquilla asintió, antes de seguir hablando.

También hay algo sobre la zarzaparrilla, el diente de león y barbas de maíz, pero es es para hacer una infusión…

No te serviría para la alergia —La loba interrumpió a la niña que asintió a su comentario dejando al chico con curiosidad.

¿Qué..?

Que no serviría para la alergia —repitió, Tsume.

En ese caso —Fubuki cerró energicamente el libro—… ya sabemos que tenemos que buscar.


Haydenwolf Hayden the dark king
 

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Los dos chiquillos y el cachorro se dirigieron al herbario de la academia con una idea de lo que debían hacer. El herbario albergaba todos los ejemplares existentes en la isla así como otros espécimenes extraños y necesarios. La pequeña selva estaba perfectamente delimitada y marcada. No había pérdida, pero para una persona que no conocía de plantas o no se pasaba la mayor parte del día allí era difícil ubicarse.

—Creo que deberíamos separarnos.

Lovetta asintió y a punto estuvo de salir corriendo.

Recuérdame que estamos buscando…

—Malva y sábila —respondieron el chico y el cachorro a la vez.

La chica volvió a asentir y salió corriendo junto a Shira, leyendo los pequeños letreros con los nombres de las hierbas y plantas a los que pasaba por el lado.

* * *
Minutos después los chicos se reunieron en la entrada. Fubuki tenía entre los dedos un matojo de hojas rugosas, Lovetta tenía una penca de sábila. Ambos asintieron al verse y, a la carrera, se dirigieron a la cafetería. Tomaron prestado de la cocina el mortero y un pequeño recipiente para colocar la mezcla cuando se hubiera convertido en una masa pastosa.

—¿Estamos listos?

Estamos listos.

Lovetta, con ayuda de una cuchara, vació el contenido del mortero en otro recipiente y estuvo a punto de salir corriendo, pero el Uchiha la detuvo.

—¡Falta el puso de chakra!

El chico intentó transmitirle chakra al emplasto, pero no lo logró y la impaciencia de Tsume no ayudaba.

Podemos hacerlo por el camino —le dijo, comenzando a correr—. Vamos.

Los chicos corrieron de vuelta al aula, como si estuvieran cortos de tiempo, y al entrar descubrieron que en varias mesas se encontraban los conejillos de indias que usarían para aquella clase. No tardaron mucho en descubrir al pequeño primate que necesitaba ayuda. La pobre criatura se rascaba una pierna con insistencia.

Hola —Lovetta se acercó al kuchiyose con gesto exagerado—. No te preocupes, ya te ayudaremos…

La chica rebosó una paleta que había tomado de la cocina en el último momento y se acercaba a la pierna sin pelo del tití, pero se detuvo al último minuto.

¡Tú hazlo! —dejó en manos de Fubuki el recipiente y la paleta y dio un paso atrás.

El muchacho se sintió turbado por un momento, pero al instante tomó la paleta y cubrió la zona afectada con una buena carga de crema de sábila y malva. Los chicos esperaron a que pasara algo que les avisara que la mezcla había funcionado, que el primate dejara de querer rascarse, que las picadas desaparecieran… pero lo que pasó fue todo lo contrario. Las manchas se extendieron por el resto de la pierna y el tití comenzó a rascarse, desesperado.

¿Qué paso?

Lovetta observaba al tití sin comprender y Fubuki miraba la mezcla como si allí estuviera la respuesta a la pregunta.
 

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Obviamente la mezcla no había funcionado, pero ninguno se esperaba que en lugar de mejorar la situación empeorara. Lovetta observaba al monito espantada, pero algo le llamó la atención.

—¿La lengua del monito tiene que ser de ese color?

Fubuki salió de la contemplación de la mezcla en sus manos y miró a Lovetta, más confundido aún.

—¿Tiene un color diferente? —La chica asintió a la pregunta hecha por Shirayuki—. ¿De qué color?

—Tiene la lengua azul…

—¿Tiene la lengua azul? —Fubuki miró al monito, alarmado.

Su compañera tenía razón. El tití tenía la lengua azul, pero… ¿era normal? Nadie parecía saberlo.

—Tsume, escuchame —La chica miró a su amiga con atención—. No resolverán nada aquí mirando… no había muchos detalles sobre el paciente, pero había una pista…

—¿Qué pista?

El joven Uchiha observaba el intercambio. Se sentía ajeno, fuera de lugar.

—Tenían que usar una fruta y en el libro había una mezcla para hacer una infusión…

La chica dedicó unos minutos a pensar en la mezcla a la que se refería Shira.

—La… zarzaparilla, diente de león y barba de maíz…

Dijo los nombres insegura, pero la loba asintió.

—¿Crees que funcione?

—No sabremos hasta intentarlo.

Fubuki se encontraba completamente perdido, pero Lovetta lo puso al día mientras lo arrastraba de vuelta al herbolario. Buscaron apresurados lo que necesitaban. Corrieron a la cocina con un ramillete de zarzaparrilla, raíz de diente de león y barba de maíz. Se movieron en la cocina como un vendaval. Fubuki atrapó una tetera, mientras Lovetta sacaba el jugo a las zarzas… mezclaron todo en la tetera y esperaron a que comenzara a hervir.

—¿Deberíamos colarlo?

Fubuki asintió y buscó un colador que colocó sobre frasco que usarían para llevar la infusión. La bebida llenaba el frasco con su bonito color rojizo, aunque su olor no era tan apetecible. Antes de que se le olvidara, Lovetta se encargó de transmitirle un pulso de chakra a la bebida.

Cuando el trío volvió con su paciente les faltaba el aliento. Sirvieron la bebida al tití en una pequeña tapa de plástico y esperaron lo mejor.
 

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
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Lamentando el retraso pero aquí estamos. Es una lástima que algunos tuviesen percances para realizar esta prueba; igual todos los que postearon recibirán su recompensa:

100 XP para todos.

Solo Yuudai y Zim lo hicieron en el tiempo de la condición especial, por tanto tienen el chance de elegir entre: +50 XP o 1 punto de stat en medicina, que se otorgaría después de añadir los 100 puntos naturales (la cuenta acumulada quedaría en 0, porque sería como subir de nivel).

En este mismo tema dejen sus actualizaciones sobre los stats (de querer realizarla).

Zim Zim
Nya Nya
S Sahrel
LadyAzulina LadyAzulina
Yuudai Yuudai
 
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