Historia La la Land Machine

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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Descripción: Tras finalizar la academia y obtener el rango genin, Kaia y su familia emprenden un viaje hacia el país del Rayo por motivos "no muy claros" que sus padres no terminan de contarles a ella y a sus hermanos. Lo que conocen hasta la fecha es que tienen encomendada una misión especial relacionada a la investigación sobre unos Yuki desertores, entrenar en las tundras del norte, y una visita a los Uzumaki relacionados a la madre de Kaia, mismos que le ayudarán (sin saberlo por ninguna de las partes involucradas), a conocer una cualidad de sí misma... en consecuencia a descubrir un secreto familiar.

Objetivos:
-Participar en el entrenamiento sobre sus habilidades y consecuentes desbloqueo de sus técnicas familiares.
-Asistir al encuentro con los Uzumaki y ver que le depara dicha reunión.
-Reflexionar sobre su postura respecto al clan Yuki.

Notas:
-Pueden surgir otros eventos en medio de esta historia.
-He invitado a Verwest Verwest para hacer uso de un NPC, pero solo postearía de querer y poder. Lo aviso para que quede constancia.
-La historia sera llevada a cabo en modo flashback antes de recibir el mandato de ir a Nami.

Para que puedan entender la historia, necesito recapitular un par de cosas; y si no logran comprenderla, me importará una mierda.


Todo comenzó tras la ceremonia de graduación para obtener el rango genin. Mi primera bandana y lo que me convertía en ninja de manera oficial. Era la única que faltaba por lograrlo, porque mi pequeño Ty no contaba. Era solo un bebé de tres años. Sigue siéndolo.

Justamente y gracias a una misión planeada por uno de mis estúpidos profesores, Dorjen y yo resolvimos nuestras diferencias. Tratamos de ponernos en el lugar del otro, aunque mantuvimos bien intactas nuestras creencias y preferencias; su mami, la puta bruja mayor, jamás me caería bien y jamás podría considerarla mi líder. Algo que Big Mac sabía y que de alguna manera adquirió una repentina capacidad de obviar ese detalle. Era tan maricón que puedo casi apostar que cree que algún día cambiaré de parecer.

Antes de nuestra enemistad, nos dimos cuenta de que podíamos congeniar sin dificultad. Nunca nos habíamos tratado más allá de lo básico, apenas yo sabía de su existencia gracias a mis hermanos pero… Torsten era un cero a la izquierda. Luego sucedió lo que nos separara; no me importó haber puesto en peligro nuestra amistad, tampoco estar a un paso de la muerte. Ese día no tuve miedo, no en ese instante en el que pude haber sido perfectamente hecha mierda por la hija de puta de Fiora. Frente a los ojos de otros inútiles del clan; frente a los ojos de mis hermanos, de Karin, de Torsten… de papá.

Ese mismo día a solas en mi cuarto recordé la escena y sentí rabia. Recordé cómo la bruja manipulaba al maricón de su hijo, besándole en la puta boca, qué asco. ¡Nadie me creyó! También lloré porque sentí miedo. Si mi mamá no hubiese llegado a tiempo, no estuviera escribiendo esto ahora. Mi madre es la mejor.

Todo eso hizo que Eyra reforzara sus lazos con las hijas de Fiora y se acercara más a Dorj. Yo dejé de ser reconocida como Yuki, también Eadric y Cedric. Ambos me habían ayudado. Yaric participó igual, pero el mal parido nació con cualidades típicas del clan de mierda al que le debemos nuestros poderes.

Eadric consiguió que Karin le aceptara como novio. Milagro. Esto sucedió poco antes de marcharnos de la Niebla. Eyra y Torsten iniciaron una especie de juego peligroso del que nadie podía tener conocimiento. Le regaló un tonto collar que nunca se quita. Yaric se enojó muchísimo con Eadric porque ya no tendría a nadie que le hiciera el favor de llevarle niñas a sus pies. Y Cedric continuaba siendo el mejor de mis hermanos aunque mi querido papi le despreciara. A veces Einarr se pasaba de hijo e’ puta con él y no se daba cuenta de que entre todos sus engendros, Cedric podría ser el primero de nosotros que le limpie las nalgas cuando llegue a viejo. Papá a veces era ciego.

Recuerdo que el día de la ceremonia para convertirnos en genin, Torsten marica me saludó con un abrazo súper maricón que casi me asfixia. Papá lo vio y le exigió que me soltara. Fue tan emocionante que le pedí a Big Mac que me abrazara más fuerte. A pesar de todo, esto nunca lo diría, pero fue agradable… no como el olor apestoso a cilantro de Khalf puto.

La bruja de Fiora quiso humillarme en el almuerzo de celebración pero soy tan fabulosa que entre las dos, soy más perra (en buen plan). No necesito su puto reconocimiento para saber quién soy. Algún día sí que le demostraré que se ha equivocado conmigo y lo lamentará. Por otro lado, la cafetería se volvió un disparate gracias a una guerra de comida. Karin y Eadric tuvieron que defender su asqueroso amor; Eyra y Dorj... no dejaron de actuar extraño. Tyer se divirtió, Yaric quiso hacer de las suyas y Cedric siempre tratando de impedir el caos.

Lo mejor de todo fue ver a papá y a mamá juntos, asistiendo a la graduación. No me esperaba verlo pero ahí estaba. Creo que soy su favorita.


―¿Y se puede saber con exactitud hacia dónde vamos y para qué?
―¿No escuchaste, tarado estúpido?
―Yaric…
―Sabemos que vamos al Rayo, imbécil.
―Eadric.
―Pero no sabemos para qué, no basta con saber que se trata de una misión especial. ―En ese momento se hallaba afinando unas cuantas cuerdas de una guitarra que no usaba hacía mucho. Pensó que cargarla le serviría de distracción para no tener que perder la cabeza gracias a que solamente tenía la imagen de Karin en ella; de su novia y del grupo enorme de garlopos que podrían aventársele como buitres.
―Tranquilos, todos ―bastaba una mirada firme para que sus hijos bajaran unos puntos su intensidad―. Les voy a explicar pero no hagan tanto escándalo, no quiero que Einarr se enfade con todos ustedes.
―Siempre vive enojado, mamá ―prácticamente todos le dieron la razón al guitarrista adolescente, incluso Eyra al bajar la mirada.
―Solo hagan lo que les digo ―alguno soltó un bufido―. Hay varias razones por las que estamos haciendo esto; la primera de todas es porque Einarr tiene un encargo muy importante, cortesía de Fiora y ―intercaló su mirada entre sus hijos varones―, ustedes forman parte de eso.
―Pero no somos partes del clan ―Eadric se señaló junto al trillizo de cabello dual―. Esa vieja nos echó porque desafiamos su autoridad y porque somos pelirrojos ―esbozó una sonrisa, insinuando que le daba orgullo ser distinto al canon Yuki―. Más por eso último. Qué patética.
―No hables así de tía Fiora.
―¿Y tú de cuál puto lado estás? ―Frostie y Weiss se retuvieron la mirada por un largo instante.
―Solo trato de darle un voto de confianza a la decisión de nuestra tía.
―¡Esa puta vieja no es mi tía!
―¡Es nuestra! ―Ahora encaró a su melliza, quien tuviese la frente ligeramente arrugada.
―Bájale a tu fanatismo, princesita ―Yaric le rodeó a la altura del cuello de improviso―. Porque si estas en este barco, estas de nuestro mismo puto lado.
―No molesten a su hermana ―Eyra logró zafarse del peligris evidenciando cierto fastidio. Con esa misma aura pesada se ubicó al lado de Chihiro, lo que los demás (menos Cedric), atribuyeron como que buscaba el amparo de la mamá gallina―. Yo sigo agradecida con que les haya echado del clan ―su hija peligris la observó con dejo confuso―, aunque me temo que será algo temporal… de todos modos es su deber cumplir con ciertas cosas de la familia, tanto de mi clan como del clan de su padre, ¿vale? ―Que la miraran le bastaba para saber que aquel mandato había quedado claro. ―Cuando lleguemos a nuestro destino sabrán con exactitud lo que harán.
―¿Y nosotras qué? ―Liv se cruzó de brazos. ―No vinimos de porristas, ¿cierto? Porque qué asco.
―No, Liv ―la adulta sonrió―. También asistiremos a una ceremonia, es un evento tradicional del clan Uzumaki, de la tribu a la que pertenece mi padre.
―Mamá… qué aburrido.
―Ni siquiera sabes qué pasará…

Alguien al otro lado de la puerta pegó un par de toques, seguido de darles el aviso de que la cena estaba disponible en el comedor. Los primeros en marcharse fueron los varones Yuki Miyazaki, quienes perfectamente conocían el camino y no porque llevaran casi dos días en altamar; aquel navío pertenecía al equipo que lideraba Kazuto, el abuelo de los más jóvenes. Viajar en un barco de algún familiar resultaba muchísimo más conveniente en distintos aspectos: monetario y por discreción. Una carga menos para los de rango Meijin.

―No quiero que vuelvan a enemistarse por el mismo tema ni ningún otro.
―No nos enemistamos, solo que yo no puedo tragarme eso de que… ¡ugh! ―Isa rodó los ojos antes de girar en su eje y marcharse fuera del camarote.
―No te preocupes, madre ―Eyra se puso de pie con cierto toque elegante. Arregló su ropa y descendió su temperatura lo suficiente para mantener su piel no tan brillosa. De repente una de sus muñecas se sintió tibia y el contraste entre frío y calor le provocó un corto chispazo emocional.

Habanero soltó la extremidad de su hija con calma desde que obtuviera de regreso su atención.

―Yo sé que no es agradable que tus hermanos sean duros contigo por lo que has decidido defender y creer ―Weiss unió sus manos a la altura del vuelo de su vestido―. Pero quiero que sepas que ser tan firme en esas cosas, siendo tan joven, es algo admirable.
―¿De verdad no te importa que la defienda?
―No soy quién para impedírtelo, aunque sea tu mamá. ―Se rascó un poco la cabeza como acto reflejo. ―Creo que hay cosas en las que no puedo meterme todo el tiempo. Y eventualmente, te diga lo que te diga, tú elegirás un camino ―la peligris volvió a reclinar sus piernas, esta vez frente a la pelirroja que le trajese a la vida―. Eso fue justo lo que yo hice.
―¿Cómo?
―Algún día te contaré mi historia ―suavemente acarició la parte baja de una de las mejillas de su hija―. Lo único que te puedo decir es que sería hipócrita si te impidiera seguir las creencias del clan Yuki… si es lo que en verdad quieres.
―Todavía no lo tengo muy claro. ―Respiró hondo, suspirando después. ―Solo no quiero fallarle a tía Fiora, tampoco a ti.
―A mí no me fallarías nunca, es la diferencia ―dejo sus dedos debajo del mentón de la más joven. Hiiro se deleitó mirándole los ojos de colores que parecían luchar entre sí; quién podría dominar. Más allá de eso, eran lindos y peculiares―. ¿Y cómo quedaste con su hijo? ―La expresión de la genin varió drásticamente. En seguida guio sus ojos al piso y con sus manos empezó a jugar con la tela de su ropa.
―¿Cuál hijo, mamá? Si te refieres a Torsten Dorj, pues… ¿tuvimos que quedar de alguna forma?
―¿Acaso tiene más hijos? ―Miyazaki levantó una ceja.
―Eivor y Layla.
―Hombres…
―No lo sé… ―a esas alturas sus pómulos yacían tintados de un bonito color rosa que contrastaba perfecto con su tono de piel.
―Yo sé que sientes cosas por Torsten Dorj ―pronunciar el nombre de Yuki niño le resultaba gracioso a la adulta y vergonzoso a la menor, lo que aprovechara Chihiro―. Pero…
―Pero, ¿de verdad sería un problema? Digo… si yo y él… ¡Qué plopus! ―Su madre iba a responder, hasta que―: tú y mi padre se unieron, y eso sí que ha resultado ser un gran problema. ―Chihiro le regaló una mirada suspicaz. ―En términos de reglamento de clan. Ustedes lo han desafiado ―susurró―. Si Torsten y yo llegáramos a tener una relación, no debería ser algo que desafíe las leyes del clan ―y su hija no se equivocaba. Habanero tenía conocimiento del límite insaciable que podrían llegar a tener los Yuki respecto a sus relaciones íntimas; por lo que recordó los rostros de Sadao y Ruura.
―Eyra.
―Solo son hipótesis, no es como si preguntara en serio…
―Eyra, si tú y Torsten llegaran a tener algo en algún futuro ―los ojos de la grisácea empezaron a tintinear―, no estarían desafiando al clan ―era evidente la luz que había adquirido en cuestión de nada―, sino a Einarr ―y en nada el brillo se esfumó.

No era un secreto para nadie lo que le generaba el azabache a Tye; y no había persona en la Tierra que le sacara de la cabeza que Dorjen no era un Yuki puro como lo vendía su hermana. Era un tipo de instinto que de muy poco le valía, salvo para generarle aversión contra el genin, y que no le dejaría tranquilo hasta no hallar la manera y las pruebas de demostrar lo que su instinto le decía.

Habanero le permitió a su hija marcharse y no dejó de seguirla en silencio hasta que cerrara la puerta. Ni un minuto después estiró un poco su cuerpo antes de ponerse de pie y hacer lo que fuese a hacer; un aroma bastante conocido y agradable perfumó el ambiente. De repente empezó hacer más frío, lo que la motivara a guiar sus ojos hacia el corto pasillo que uniera tres divisiones internas (o sea los cuartos).

―¿Qué haces escondido? ¿Estabas espiando?
―No ―dio varios pasos hacia la estancia sin dejar de mirar la pared o la puerta de su habitación―, solo admiraba el puto y vejete estilo, Cabezona.
―Ni siquiera sabes cuál es. ―Tye la observó y esta le sonrió con cierta graciosidad.
―Tienes razón, me vale una mierda ―el gesto de la pelirroja se volvió más suave―. Pero te escuché mencionar mi nombre y el del puto maricón de… ¿cómo se llama? El hijo de la gran puta ese ―Chihiro hizo una mueca de resignación―. ¿Qué tengo que ver yo con ese bastardo?
―Creo que escuchaste mal ―Ters entrecerró su ojo―. Y si lo mencioné tal vez no fue por algún asunto importante.

Levantó los hombros como su última respuesta aunque supiese que Yuki no se lo creería del todo. Si estaba espiando, probablemente se habría dado cuenta de que con quien hablaba era con Eyra, y de decir alguna cosa que pudiera tergiversarla, podría convertirse en un problema para la de mechones grises. Era mejor llevar la fiesta tranquila con Tye.

Adherido a una pared se encontraba un teléfono que Chihiro usara para hacer varias peticiones que su marido no pudo escuchar y que tampoco pasó por alto. Al darse la vuelta lo encontró sentado con los brazos apoyados de sus piernas y su típica expresión, con la que pretendía escudriñarle el alma. La kunoichi díjole que no tenía ganas de salir a comer fuera de la habitación; por ello pidió que le llevaran algo hacia allá.

―¿Dónde está el engendro número ―movió los dedos para hacer cuentas, sacándole una corta risilla a la pelirroja―, mierda. No me da una mano para contarlos, ¿por qué carajos no te cuidaste?
―¿Yo? Pudiste hacerlo tú también ―se cruzó de brazos.
―Un noventa y ocho por ciento, Cabezona, no es suficiente.
―Ridículo, ya es trece años tarde.
―¿Me estás diciendo viejo? Puedo ser un puto abuelo ya… ―aquello le salió como si fuese una reflexión, casi en susurro. Había abierto su único orbe más de la cuenta.
―No quiero arruinar tu espíritu de juventud, pero… ―iba avanzando hacia él―, no tienes derecho a reclamarles nada a tus hijos.
―Yo no tuve ningún engendro a mis quince.
―Qué sepas.
―Con las putas siempre me protegí ―y apareció un gesto confianzudo―. Siempre supe coger sin preocupaciones; y es lo mismo que deben hacer esos garlopos mierteros. No me importa si son asquerosamente promiscuos ―Hiiro le recriminó con la mirada―, mientras no se pasen de imbéciles cometiendo errores. Pero solamente ellos, no quiero que las engendras sean tocadas por nadie, ¿quedó claro?
―Pero yo estuve contigo cuando tenía…
―¿Quedó claro? ―Repitió con un tono más sombrío y voz más grave. ―No quiero que ningún maricón hijo de puta las toque. Además, que estuvieras conmigo a los diez no cuenta. Era yo.
―¿A los diez?
―Ni parecías mujer, tuviste suerte.
―Claro… ―Einarr volvió a sonreírle con arrogancia y demasiada confianza―. Te recuerdo que yo estuve primero con…
―Cállate.

Tye se había movido tan rápido que la sorpresa en ella no pudo ser disimulada. La había atajado al encerrarla entre su cuerpo y el sillón que ocupara, poniendo las manos sobre cada mango. No pasaron dos minutos cuando Habanero empezara a reír queriendo amenizar; en cuanto pudo le agarró con suavidad del rostro, casi pidiéndole con la mirada que se relajara porque solo quería molestarle un poquito. Empero el fastidio no se alejaba de aquella cara y el frío que emanara Ters iba en aumento.

―Deberías decirles lo que piensas sobre eso ―para entonces la Meijin había bajado las manos―. Estoy segura que Kaia te haría caso. Te ama. ―Por su expresión supo que a Yuki se le atoró algo en la garganta que como siempre se terminó por tragar. Se separó de la fémina e incluso evitaba confrontar sus ojos púrpura, o más bien lo que no quería era que le viera el rostro. En el fondo sabía que huir no serviría de nada porque Miyazaki ya le conocía bastante. ―¿Tye? Aunque no lo creas, el hecho de que no quieras que tus hijas estén con nadie aún es una manera de demostrar que…

Él mantuvo su mano izquierda empuñada todo el tiempo hasta que el sonido de la puerta rompiera la conversación. No siempre se sentía agradecido por las interrupciones, pero aquel momento se añadía a la lista de la buena fortuna. Le provocaba una serie de sentimientos molestos abordar esos temas porque ni idea de cómo tratarlos. Esa palabrita maricona, “amor”, no se hallaba codificada en su ser. Y era irónico… desde su lugar observó a su mujer recibir ciertas cosas y por la cantidad de comida supuso que la compartiría con él. Al final el afortunado era otro…

―No te preocupes, no hay nada caliente ―y por alguna razón volvió a sentirse confiado y con el ego restaurado.
―Muy bien, escuálida, comeré contigo si tanto insistes.
―Por favor ―le hizo una seña para que tomara asiento a su frente―. Qué honor.
―Nada de asquerosas cursilerías.
―Vale ―con gracilidad tomó un rollo de sushi para llevarlo a su boca, sin dejar de mirar al grisáceo de manera sugerente. Le mordió a la mitad y masticó sin prisa ni muy despacio. Esbozó una sonrisa coqueta.
―¿Por qué no estamos aprovechando la puta soledad? ―Díjole tirando a un lado la servilleta de tela.

Einarr se puso en pie, yendo directo a tomar a su pareja así fuese sobre su hombro para arrastrarla a un lugar mucho más privado. De por sí Hiiro no podía poner resistencia pese a pedirle entre risas que no deberían; sería inútil.
 

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―Oye abuelito ―su voz de niña buena era fingida―, ¿de qué va esa ceremonia a la que iremos? Suena muy, muy, muy aburrida.
―¿Tendremos que ir nosotros también?
―Así es, Cedric ―por un lado se escuchó a Liv burlarse por el bufido de Yaric―. Es importante para nuestra rama que todos los que cuentan con nuestra sangre, así sea la mitad, participe. ―Kazuto acomodó su cuerpo para poder echarle un vistazo a Tyer a la cara. ―El único que no tiene que participar es este chiquitín.
―Ya me está oliendo a que es similar a la puta locura que hacen en el clan Yuki ―el mayor levantó sus ojos hacia el resto de sus nietos―. ¿Tendremos que… ―al sentir la mano de Kazan sobre su brazo supuso que le estaba pidiendo no completar la frase. Probablemente el más viejo no tenía idea de aquel proceso y no era algo que les correspondiera averiguar, tampoco divulgarlo. Eadric echó su espalda hacia atrás.
―Bueno, no considero esto una locura ―apenas sonrió―, es solo un tipo de bautizo de purificación.
―Yaric será el más difícil de purificar.

El comentario de Kaia provocó risas colectivas, incluidas las del hermano más pequeño sin entender lo que habían dicho. El aludido pegó una palmada sobre la mesa mascullando uno que otro despectivo, actuando como si en verdad le importara.

―A todos los que pasan por este proceso se les otorga una marca, un tatuaje… como este ―les mostró el que tuviese a lo largo de su brazo derecho hasta sus dedos―. Es lo que nos permite realizar ciertas técnicas ligadas al fuuinjutsu.
―Me he dado cuenta de que nuestra madre también posee una marca, en su abdomen ―todos le dieron la razón a Eyra―. Aunque ella puede ocultarla.
―Lo recomendable es ocultarla; es la manera en la que protegemos lo más esencial de nuestra tribu.
―Qué mierda… ―se pronunciaba Frost―. Está bueno eso de tener un miertero tatuaje y así, pero ¿no podemos pertenecer a un puto clan que no tenga alguna mierda de esas? Es muy tedioso.
―Es normal que esto sea así, Yaric ―el peligris dejó caer su cabeza sobre la mesa―. Los clanes antiguos tienen sus rituales.
―Unos más injustos que otros.
―Kaia… ―enseguida miró a su melliza, encontrándola con el ceño un tanto fruncido.
―Cada clan sabe lo que hace, aunque nos parezca injusto, fastidioso o innecesario…
―Estoy de acuerdo ―sí, así pensaba Weiss.
―No me sorprende ―díjole Liv con evidente ironía.
―No empiecen, par de garlopas.
―Mejor me voy.

Supo que dejaría atrás a los demás mientras murmuraban por su reaccionar, pero prefería mil veces alejarse de su hermana para enfriar su mente. Kaia no tardó nada en descender su temperatura corporal aprovechando que la brisa marina potenciaría el efecto. Su bendita habilidad era de las pocas cosas que sentía que podía presumir de su clan, del clan de su queridísimo padre. Liv alzó su mano dominante a la altura de su pecho, con la palma a la vista; a diferencia de tiempo atrás, ahora podía recrear un grupo de copos sin dificultad. Eran perfectos, detallados y hermosos. No obstante les aplastó con la intención de volverlos trizas, olvidándose de que aunque se destruyesen podrían lastimarla. Por el pequeño orificio de su empuñadura corrió un hilo de sangre que empezó a gotear desde que se hallase con el borde de la extremidad. Lo mejor fue que no le dolió, no como para demostrar angustia… mas sí enojo.

¿Cómo podría algo tan bello causar tanto daño?

Abrió la mano para dejar que los residuos manchados cayesen al suelo o que el viento se los llevara por ahí. Ni bien salía de un pensamiento incómodo para que apareciese otro a molestarla: la ceremonia de purificación le recordaba bastante lo que tuvo que hacer para Fiora y el concejo Yuki; sonaba a que si no resultabas ser digno, podría sucederte algo muy malo… lo asociaba al infortunio del bebé que se le murió en los brazos. ¿Qué culpa tenía de haber sido procreado y de no haber tenido el kekkei genkai? ¿Sus padres estaban de acuerdo con eso? ¿Se habrán enojado, entristecido o les daría lo mismo? ¿La odiarían por no haberle salvado la vida? Ni siquiera podía hacer nada al respecto.

《Cada clan sabe lo que hace》

Vamos, que alguien le explicara el beneficio de matar bebés que no portaban con poderes de hielo. ¡Eran personas! Que pudieron haber desterrado y dadas por olvidadas, pero no. A los inservibles había que dejarlos afuera de la jugada en su totalidad.

―Aquí está mi enérgica nieta ―escuchar a Kazuto espantó todos los recuerdos de aquel día. Isa trató de ocultar su mano lastimada―. ¿Todo en orden? Estabas bastante pensativa.
―Me asusté un poquito.
―Como kunoichi no puedes estar con la guardia totalmente baja.
―No hace mucho me gradué ―colocó una mano sobre su cadera.
―Eso es un título que no dirá si de verdad estás cualificada como ninja ―se ubicó a su lado, apoyándose de la baranda―. Si haces todo lo que te piden en cada prueba, será un disparate conseguir cada rango. Lo que realmente dirá si te mereces estar donde estás, es tu día a día ―ciertamente antes de iniciar el examen les dijeron cuál era el objetivo y qué debían tomar en cuenta durante el proceso―. Nadie se vuelve importante solo teniendo una bandana de distinto color.
―Creo que tienes razón.
―Serás una grandiosa ninja ―la despeinó un poco haciéndola refunfuñar―. No te cierres a la posibilidad de aprender de cada familia; cada una tiene su valor. Oh, mira ―Yuki Miyazaki guio sus ojos solo un instante hacia el punto que señalaba su emisor, pues regresó su vista hacia la silueta de su abuelo mientras lo último que le dijese revoloteaba en su cabeza―. Ya estamos llegando a tierra.


 
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Otros barcos se hallaban atracados en aquel muelle bastante sencillo, si se le comparaba al moderno de Kirigakure. Liv no se sintió emocionada, tampoco abrumada por no saber qué sucedería en su pronta aventura. De todos modos no prestaba suficiente atención a lo que sea que balbuceara su abuelo o lo que le brindara el panorama, porque su mente yacía en otra parte, no en algún lugar en concreto, no pensando en alguien. Una de las varias frases que le dijese el mayor revoloteaba en su cabeza, lo que hiciere que en voz baja pronunciara una gran pregunta: 《Qué se puede aprender de una familia que no te quiere》. Se dio cuenta de que Kazuto no la escuchó porque le había dicho que fuese por sus cosas.

Sin ni siquiera haber descendido del todo por la rampa de desembarque, pudieron apreciar la música del sitio más próximo. Supusieron que en aquel lugar se estaba llevando una fiesta bastante animada, en la que de vez en cuando la gente soltaba un grito a coro. A más de un Yuki Miyazaki le dio curiosidad ir a ver qué hacían exactamente, pero Chihiro fue tajante al romper con los deseos de sus hijos. Al menos podían jugar a las adivinanzas con lo poco que apreciaban con la vista y el oído; entre tanto y tanto fueron denotando que varias personas no les quitaban la mirada de encima, y el juego se transformó en una sesión de espionaje discreto y desconcertante.

―Yo también sé jugar a no pestañar primero. ―Yaric curveó los labios con pizca de diversión maliciosa, dedicándosela a una jovencita de largos cabellos rojos con puntas enroladas. ―Está bien buena la puta, ¿no? ―Les susurraba a sus hermanos trillizos.
―No está mal ―secundó Eadric―. Pero deja de comértela con la mirada, ¿quieres? No vayas a cagarla.
―Ni siquiera sabemos qué mierda tenemos que hacer ―volvió a mirar en dirección a la mujercilla, quien de repente pasó a estar acompañada.
―Yaric, no vinimos a hacer tonterías y la primera está a casi nada de ser cobrada. ―Le bastó un cortísimo vistazo para darse cuenta de que el coqueteo de su hermano peligris motivó a esa otra persona a querer llegar hasta ellos. ―Atentos… ―susurró para ellos.

Ninguno giró el cuello, tampoco dejaron de caminar ni aceleraron el paso. El trio chuunin atinó con no perder la compostura sin dejar de estar al pendiente de aquel que cortaba la distancia cada vez más. Las luces de los comercios ayudaba bastante a distinguir las sombras del rededor, algo de lo que se aprovecharan Eadric y Cedric; mientras que Yaric confiaba en su instinto. Él iba en el centro. Desde que percibiera un aura pesada a pocos metros de distancia, su temperatura descendió. Y gracias a la brisa marina no pasó desapercibida por el resto de los protagonistas. En uno, dos, tres segundos los trillizos materializaron púas entre sus dedos empuñados para jamás usarlas gracias a la repentina intromisión de Kazuto.

―Pepo, hace mucho que no te veía ―sus nietos varones y adolescentes (¿?) fruncieron el ceño. En seguida viraron, encontrándose al aludido bastante cerca de Yaric. Este dio varios pasos hacia atrás sin bajar la guardia.
―No sabía que ya estabas de regreso.
―Todavía no lo estoy ―casi discretamente invitó a los trillizos a seguir al resto de su familia, misma que se adentraba en lo que pintaba ser un hotel de paso―. Ha sido un placer.
―Lo mismo digo. ―Escupió a un lado, sin la intención de dejar de luchar contra la amenaza que representara la mirada de Frost. El joven shinobi no le cayó en gracia en lo absoluto y si pretendía pasarse algo de tiempo por esos lares, lo tendría bajo vigilancia. Odiaría que se acercara a lo que le pertenecía.

Por cortesía de los propietarios del hospedaje y porque eran muy buenos amigos de Kazuto, a los Yuki Miyazaki se les facilitaron las mejores habitaciones. Los dueños, una pareja de esposos de tercera edad, no querían que tuviesen una mala experiencia ni impresión de su modesto negocio; era acogedor y para no ser de lujo tenía muchas cosas positivas como camas cómodas, espacio suficiente para no sentirse tan enlatados (no estaban en el mismo cuarto todos), comida, tecnología… Desde que Eadric lo supiera intentó comunicarse con Karin pero la distancia entre países era tan larga que no lo lograría. Con dejo de fastidio aventó su celular sobre la cama que hubo elegido.

En su misma habitación se quedarían sus fratrias trillizas. En la del lado derecho yacían Kaia y Eyra; al frente el resto de la familia feliz. Justo a esa última habitación se había acercado una persona que no estuvo con ellos durante el trayecto. Hiiro observó por un instante a Tye, después otorgándole el permiso para entrar… sin embargo, ambos Meijin tardaron medio segundo en reaccionar al ver que lo que hubo pasado a su cuarto fue un sobre por debajo de la puerta.

―Esto debe ser para ti. ―Einarr levantó una ceja. Con un movimiento de su mano izquierda, casi impetuoso, concedió a su pareja abrir el fino paquete. Adentro había muchas hojas con letras pequeñas, de esas que mataban el gusto por la lectura de alguien no tan diestro. Había fotografías tomadas a la distancia con evidente discreción; los captados tenían facciones típicas del clan gélido al que perteneciera Ters. También había un pequeño mapa con varios puntos marcados. ―Imagino que esto es suficiente.
―Todavía es muy pronto para decirlo pero, hasta ahora tu querida familia ―suavizó el tono para sonar falso al decir las dos últimas palabras―, no me ha decepcionado. Si la información es correcta, esos hijos de pu… ―Habanero levantó su mano derecha a la altura de su pecho. Un ademán fue suficiente para pedirle que cuidara el léxico porque Tyer estaba con ellos. El pequeño podría estar no en medio de los dos, pero tampoco les constaba que estaría absorto. Ice T gruñó.
―¿Qué harás?
―Me adelantaré. No puedo dejar que los imbéciles ―arrastró los dientes en un susurro―, se escapen.
―Einarr… ―ese tono al mencionar su nombre no le era desconocido, así que antes de que la fémina completara su discurso la detuvo.

El dedo índice izquierdo del frígido yacía sobre los labios sonrosados de Habanero. No ejerció presión, tampoco fue tan invasivo como para molestar. Ella lo había entendido desde hacía rato por lo que bajó un poco la cabeza, solamente que no se daba tan fácil por vencida respecto al querer convencerlo de que ir a solas a ciertos asuntos podría ser más peligroso de lo normal. Sin embargo, se le olvidaba lo más importante: si algo no le gustaba a Ters era que Chihiro apartara su vista de la suya. Por esa razón él le tomó de la barbilla para que volviera a verle; apretó su piel sin hacerle daño y pareció sonreír con cierta mofa.

―Te quiero para mí, Dulce Habanero ―las mejillas de la aludida se encendieron―. No voy a exponerte porque sí.
―Ir solo es bastante suicida.
―¿Y? Si muero pues ni modo ―Hiiro alejó la mano de su esposo al palmotearla. ―Me encargaré en el puto infierno del hijo de puta que lo haga.
―Qué ridículo.

Tye soltó una corta risilla divertida que enervara la sangre de la pelirroja. ¿Cómo podía bromear así? ¿Por qué lo hacía tan siquiera? A veces le daban ganas de golpearlo tan fuerte que el cerebro se le removiera, a ver si con eso lograba practicarle una lobotomía exprés. Pero luego él se encargaba de arreglarlo de forma estúpida que igual la hacía enojar, esta vez consigo misma por ser tan débil. Einarr la había tomado de la cintura, desde atrás. No hizo que volteara; él se acercó y rozó su rostro contra el de ella. Se sintió cálido y muy frío gracias a las partes metálicas. Luego estaba su aroma fresco y natural a menta. Maldito Tye.

―Cuando termine la ceremonia iré a buscarte ―la temperatura continuaba en descenso.
―¿Te vas a ensuciar las manos? ―Le sujetó una, dirigiéndola más cerca de su pecho, bien abierta. Como la mano del grisáceo estaba detrás, este cruzó los dedos entre los de ella para añadir énfasis a su pregunta. Su dermis era suave, limpia… esas lindas y delicadas manos le hacían sentir bastante bien. Han tocado y hecho cosas que no cualquiera tuviera el privilegio de realizar. Por eso la idea de ver a su mujer con las manos sucias, con olor a sangre de traidores, le provocaba cierto ruido. Para ensuciarse las manos estaba él, porque a Tye no le importaba nada a la hora de matar.
―Si es necesario ―se dio la vuelta, dándole la cara.
―He venido hasta acá para eso… y no me iré sin saber qué mierda están tramando los garlopos traidores. ―Le habló cerca del rostro. ―Menos sin asesinarles, por hijos de puta. Será divertido ―confesó tratando de sonreír con honestidad.
―No me voy a interponer. Te apoyaré.

Hacía rato que venía haciéndolo… desde que decidiera vivir a su lado a sabiendas de cómo era el shinobi y su peculiar y muy compleja familia; irónicamente nada nuevo para Chihiro. Ters se alejó para agarrar parte de sus pertenencias, colocándose encima una gabardina tan negra que ayudaba a que su único ojo a la vista resplandeciese por su color. Sus armas predilectas yacían puestas en zonas estratégicas de su cuerpo, y por supuesto no podían faltar los guantes. Estos solamente dejaban dos dedos a la vista por asuntos prácticos; ninguno era el mayor.

Si Tyer no hubiese estado cerca de sus objetos personales, probablemente no le hubiera echado un vistazo. El niño llevaba unos minutos observándole también y sin pensarlo, un impulso bien intruso le hizo extender su mano izquierda hacia su hijo. Esperaba una respuesta inmediata que no llegaba al tiempo en que su exquisita y corta paciencia demandaba, por lo que inevitablemente se sintió frustrado. Dirigió una mirada dura y un gruñido al menor poco antes de intentar retirar su siniestra, pues el infante al final cedió al gesto. Sobre la palma más grande yacía una mucho más pequeña.

―Todavía tengo chance, larcho… ―dijo muy bajo. Hiiro no pudo escucharlo―, engendro.
―Quiero ir, papá.
―Sigues siendo un enano de mi… ―el peso de la presencia de su pareja le hizo chasquear la lengua―. Shuck. Aún no puedes, garlopo.
―¡Ya soy grande!
―Pero te quedarás conmigo ―por primera vez en mucho tiempo, el niño rechazó la oferta de su madre, repitiendo varias veces sus febriles deseos de acompañar al adulto. Entre los shinobi hubo una despedida silenciosa a través del encuentro de sus miradas. Desde que Ters cruzara el umbral, Habanero percibió cómo su pequeño hijo se acongojó y refugió en su regazo, acto que le llevase a rodearlo con fuerza para demostrarle todo su afecto.


Verwest Verwest pa que lea (?)
 
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