La primera navidad

選ばれし子供
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La primera navidad
最初のクリスマス

2002年12月19日
19 de diciembre de 2002
[FONT=Arial, sans-serif]—De modo que el plan para destruir las Piedras Sagradas ha fracasado —dijo un hombre alto, pálido, vestido de violeta y con una larga cortina de cabellos negros, después de escuchar la explicación de sus subordinados—. No me sorprende, la verdad. Me preguntaba cuánto tardarían las Bestias Sagradas en aparecer. Lo bueno es que seis de las siete piedras han caído. Eso disminuirá el poder de las Bestias y nos dará vía libre para actuar, por un tiempo. Pero tenemos que ser raudos.
Se puso de pie y miró un calendario que colgaba de la pared.
—Navidad será el momento propicio —dijo—. Quiero que para esa fecha hayan construido agujas de control en las más grandes capitales de este mundo. También quiero que abran puertas al Digimundo. Les será fácil hacerlo, ahora que el equilibrio está roto. Los Elegidos no podrán trasladarse a todas las capitales lo suficientemente rápido. Y mientras ellos pierden el tiempo con eso, nosotros pondremos en marcha la segunda fase del plan.
—¿Navidad? —preguntó un hombre vestido enteramente de azul—. ¿Qué es Navidad?
La mujer no hizo expresión alguna. El hombre pálido, por su parte, hizo un gesto con la mano.
—No importa. Basta que sepas que faltan seis días. Ya tiene sus órdenes. A cumplirlas.
Dicho eso, el hombre se retiró. El otro, el vestido de azul, se giró hacia la mujer.
—Oye, Archnemon, ¿qué es la Navidad?
—No sé. No me importa. Ni debería importarte a ti. Tenemos trabajo que hacer. ¡A trabajar!
—Sí, señora —dijo Mummymon, pero en el fondo de su corazón siguió perturbándolo la duda.

2002年12月23日
23 de diciembre de 2002

El Digimundo se hundía en su característico crepúsculo rosado, cuando el ataque combinado de los Digimon adultos de los Niños Elegidos redujeron a polvo el último conjunto de agujas de control que perturbaban el equilibrio. Terminado ese postrero esfuerzo, los Digimon involucionaron a sus etapas infantiles y se dispusieron a relajarse después del trabajo bien hecho. Patamon, Tailmon, Armadimon, Hawkmon y V-mon estaban en grupo, junto a sus compañeros; pero Ken y Wormon se habían rezagado, y conversaban entre ellos en susurros, mientras el niño jugueteaba con algo que llevaba en el bolsillo.
Al percatarse de eso, Daisuke se separó del grupo, se encaminó hacia la pareja solitaria y les preguntó qué estaban haciendo. Eso bastó para mermar ligeramente la vergüenza de Ken, quien confesó que su madre iba a hacer una fiesta navideña en su casa y que quería invitarlos. Takeru, Hikari, Daisuke y Miyako aceptaron sin reticencias, y mientras Ken se acercaba para intentar convencer a Iori (la relación entre ellos siempre había sido tensa) Hawkmon preguntó.
—¿Qué es Navidad?
—Bueno, navidad es… —comenzó Daisuke, pero vaciló por un momento, incapaz de explicar algo que esperaba que todo el mundo diera por sobreentendido.
—Navidad es una celebración que se hace todos los años —comenzó Miyako.
—¿Y qué se celebra?
—Se celebra el nacimiento de un carpintero, que a la vez era un dios —dijo Daisuke.
—¿Un dios carpintero? —preguntó Patamon—. ¡Qué extraño!
—¿Por qué te sorprende? —preguntó Daisuke— Tú evolucionas en un ángel; los ángeles vienen de esa religión.
Patamon parecía más confundido. Quería hacer más preguntas, pero Takeru lo cortó.
—No importa mucho de dónde viene. Lo importante es que es una excusa para celebrar, hacer regalos y pasarlo bien con tus amigos y familiares.
—¿Y habrá comida? —preguntó V-mon.
—¡Por supuesto! —respondió Wormon—. La hará la mamá de Ken. Será deliciosa.

Entre tanto, en Australia, Archnemon y Mummymon ejecutaban las órdenes que les habían asignado. Ya habían diseminado agujas de control en las capitales más importantes del mundo, y solo les faltaba esta para completar su labor. El calor era insoportable, pero aquí y allá se veían algunos pinos extrañamente cubiertos de nieve.
—Este mundo es extraño —dijo Archnemon—. ¿Qué hace un pino nevado en un lugar tan caluroso? ¿Y por que hay gente tan abrigada con este clima?
—Son árboles de Navidad. Y los hombres barbudos vestidos de rojo están disfrazados de Santa Claus. Es un viejo que viene a repartir regalos en estas fechas. ¿No investigaste sobre la navidad?
—¡El jefe dijo que no era importante! ¡No deberías perder tu tiempo con eso!
—Pero es bastante interesante. En Japón, los humanos van a comer a un lugar que se llama KFC. Dicen que es delicioso. Y luego van a lugares que se llaman “love hotel”. No sé qué son, pero leí que son muy placenteros. Si no te molesta, cuando terminemos el trabajo, podríamos festejar como los humanos. ¿Te gustaría?
Archnemon sentía algo de curiosidad.

2002年12月24日
24 de diciembre de 2002

Agumon, Gabumon, Piyomon, Tentomon, Gomamon y Palmon estaban entusiasmados. Les habían dicho que podrían pasar unos cuantos días con sus compañeros, como regalo de Navidad. El concepto de navidad aún no era del todo claro para ellos, pero no les importaba, siempre y cuando sirviera de excusa para reencontrarse con sus amigos. Incluso Palmon podría reencontrarse con Mimi. Para ello, tuvieron que caminar mucho por el Continente Server hasta encontrar un monitor que conectara el Digimundo con Estados Unidos, pero lo consiguieron. Y así, para el 24 de diciembre, todos los Niños Elegidos se reunieron con sus camaradas, con la intención de pasar la mejor navidad de sus vidas.
Pero su enemigo tenía otros planes.

A las ocho de la noche, alguien tocó el timbre de la residencia Ichijouji. Cuando la señora abrió la puerta se encontró con cinco niños, cada uno de los cuales tenía un peluche en brazos. Los hizo pasar, con una grata sensación de alegría. Desde la muerte de Osamu, Ken se había ensimismado hasta el punto del hermetismo pleno, y solo en los últimos meses (luego de su desaparición y ulterior regreso) se había abierto un poco a los demás.
Mientras los chicos jugaban a las cartas, los Digimon comían y conversaban entre ellos.
—Ustedes tienen suerte, Tailmon, Patamon —comenzó Chibimon, entre bocado y bocado—. Seguro que han pasado muchas navidades con sus compañeros.
—Te equivocas —replicó la gata—. Nosotros fuimos creados con el propósito de cumplir una misión. Una vez terminada, nos separaron de nuestros compañeros. No nos reunieron sino hasta principios de este año.
—Ya veo —dijo Poromon—. Nosotros, en cambio, estuvimos dormidos debajo de nuestros Digimentals casi todo el tiempo. No recuerdo nada antes de que Miyako levantara el Digimental del amor.
—Yo tampoco —confirmó Upamon.
—Yo sí —dijo Chibimon para sorpresa de todos—. Creo recordar a otro humano, un chico de cabello en punta… pero no estoy seguro.
—Ryo —susurró Minomon.
—¿Qué? —preguntó alguno de los demás.
—Nada. Solo estaba pensando en voz alta.
—¿Y qué nos dices de ti, Minomon? ¿Has pasado alguna navidad con Ken? Tú no estuviste separado tres años de tu compañero ni encerrado bajo una roca, ¿verdad?
—No. Conocí a Ken tras la batalla contra Diabolomon. Pero en nuestra primera aventura juntos él… —recordó a Millenniumon y la herida de Ken en el cuello, y luego el viaje al Mar de las Tinieblas, y se le ensombreció el rostro—. No quiero hablar de eso.
Y mientras escuchaba estas palabras, se oyó la risa de su compañero: un sonido diáfano, natural, libre de congojas y sufrimientos, algo que creía que no volvería a escuchar desde que el pequeño Ken se convirtiera en el Kaiser.
“¡Qué bonita es la navidad!” pensó.
En ese momento, la madre de Ken entró en el cuarto y dijo que Taichi Yagami estaba al teléfono y quería hablar con Hikari.

Arachnemon y Mummymon estaban en el centro de Odaiba. Habían ido al KFC por curiosidad, y justo cuando salían del restaurante habían recibido la orden de su jefe para poner en marcha el operativo. Ahora estaban de pie, viendo a la gente correr, escuchando los gritos, las sirenas de policía, de bomberos y de ambulancias, oliendo las humaredas de los incendios. Al cabo de un rato, vieron pasar a LighDramon, y comprendieron que el caos no dudaría mucho. No importaba; cientos de puertas se habían abierto simultáneamente, y aquellas escenas se estarían replicando en diferentes lugares del mundo: los Digimon estarían destruyéndolo todo; además, los ataques solo tenían un objetivo distractorio, mientras se ejecutaba la segunda fase de la misión.
—¿Y ahora qué haremos? —preguntó Mummymon—. Todavía faltan unas horas para que termine la Navidad.
—No lo sé —respondió Archnemon, a quien el pollo frito le había gustado bastante, aunque no iba a admitirlo—. ¿Qué más hacen los humanos en estas fechas?
—Según lo que he oído por ahí, muchos pasan la noche en love hotels. No sé qué hacen allí. He leído algunas cosas, pero me resultaron confusas. ¿Crees que deberíamos ir?
—No creo que haya problema. Hemos cumplido todas las órdenes y no podremos empezar con la fase dos hasta mañana, cuando los Elegidos se hayan ido de Japón.
Así pues, ambos Digimon se encaminaron hacia ese lugar desconocido llamado Love Hotel. El primero que encontraron era espléndido y grande, pero su precio excedía por mucho la modesta suma que su jefe les había asignado (que ya de por sí se había visto mermada por el pollo); de manera que tuvieron que conformarse con uno de mala muerte, pequeño y para nada acogedor, que les permitió conservar unas pocas monedas de cambio.
La habitación era vieja, apretada y roñosa; la cama crujía, y frente a ellos no había más que una pequeña televisión; del otro lado de las paredes angostas se escuchaban gritos y gemidos. Ambos Digimon se miraron, sin saber qué hacer.
—¿Por qué harán tanto ruido? —preguntó la momia.
—No sé. Y no quiero averiguarlo. ¿Qué se supone que debemos hacer aquí?
—Ni idea, la verdad.
—Menos mal que habías averiguado. Lo bueno es que tenemos televisión. Podremos ver cómo van los Digimon sueltos en el mundo.
Se dirigió al aparato e intentó encenderlo sin éxito.
—Mira —dijo su compañero—. Tiene una rendija. A lo mejor funcione con dinero —agregó, mientras depositaba una moneda de 500 yenes.
Inmediatamente después, la tele se encendió. Pero no mostró imágenes de canales de noticias. Archnemon al principio pareció confundida, pero pronto aunó las imágenes con los gritos que se escuchaban a través de las paredes y se giró hacia el Digimon vestido de azul, fruncida la cara en cólera:
—Mummymon… ¡ERES UN DEGENERADO! —gritó; luego le cruzó la cara de un golpe y, en el momento mismo en que daban las doce de la noche, se fue, dejando a la momia sin entender qué había sucedido.

2002年12月25日
25 de diciembre

El ajetreo se había calmado, al menos temporalmente. En ese momento, Wormon regresaba a casa en brazos de Ken. Había sido la primera navidad para todos los Digimon del grupo, incluso para los más veteranos. Estaba seguro de que todos ellos la recordarían por siempre, pero él tenía un motivo extra para recordar. Esa noche, mientras todos se preparaban a dormir, él se quedó taciturno, rememorando su historia con Ken: su primer encuentro, el viaje con Ryo, la batalla contra Milleniumon, el corte de Ken en el cuello, la sangre, las intensas horas de angustia, el regreso de Ken, con la personalidad cambiada, el viaje al mar de la oscuridad, el cambio de forma de su digivice, la conversión en el Kaiser, las torturas, las agujas de control, la búsqueda de datos para hacer al Digimon perfecto, la charla con Devimon, el tacto frío de las lágrimas de Ken mientras Wormon se desintegraba en sus brazos, el viaje a la ciudad del comienzo, la nueva vida, la evolución, la solitaria búsqueda de una redención improbable, la amistad de Daisuke, la fusión… y finalmente esa risa, que no escuchaba desde hacía años.
El concepto de navidad no era del todo claro en la cabeza del pequeño Digimon insecto, pero esa noche durió con na sensación de felicidad como casi no había conocido desde que tenía memoria.
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¡Al fin pude leerlo! Recuerdo haber visto el tema y me dije que lo leería, pero después Dz cayó, es reconfortante leerlo al fin​
Me gustó mucho que manejaras la perspectiva de los héroes y "villanos" en Navidad, junto con la forma que tenían los digimon de intentar comprender lo que era, lo que llevó a divertidas situaciones​
Oh, y el guiño a Ryo, lo amé, y aunque lo leí fuera de temporada, por un momento me llegó la atmósfera navideña ☆​
 
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