La Verdad Sobre IEPCOM 2: La Rebelión de Los Oprimidos

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Capítulo XVIII:

La Mano Derecha


“Narrador Testigo”

Alden Van Slyke se encontraba viviendo en una mansión muy lujosa mientras se llevaban a cabo las cosas que él deseaba cumplir en ése momento: hacer que su hija mayor regresara a Santa Leah y encargarse de que asesinaran a Troy antes de que supiera toda la verdad. Fitzpatrick ya le había informado que Irina- la mejor de sus sicarios- había aceptado la tarea y eso era algo que a él lo reconfortaba, pues sabía que ésa chica podría acabar con el chico de forma sencilla, según la opinión de su socio.

—¿Qué le dijo al idiota del policía, señor? — le preguntó un hombre joven, con algo de curiosidad.

—Que todo va viento en popa, Marcus— respondió él, sonriente—. Ya se inició la persecución para encontrar al chico.

—Y sacarlo del camino de una vez por todas— culminó el joven—. ¿Ésos socios suyos aun creen que usted va a cumplir su promesa?

Ése joven era el único que conocía sus planes en verdad, porque era su mano derecha y Van Slyke le tenía mucha confianza, pues era eficiente y muy obediente. Su discreción era una de sus mayores virtudes y eso era lo que buscaba su jefe en una persona: que supiera guardar secretos, además de su lealtad, lo cual era indiscutible en su caso, porque le debía mucho a ése hombre.

—Y pensar que estuviste tan cerca de acabar con él— comentó Van Slyke—. Hace tres años, antes de que huyera del “criadero”.

—La verdad es que de no ser por uno de los sicarios de sus socios ya me hubiese encargado de él— respondió Marcus.

—Porque siempre vas a defender a la mujer de tu vida— replicó su jefe.

—La insultó y eso es algo que no puedo tolerar, jefe— fue lo que dijo el joven—. Ella es muy importante para mí.

—Y es por eso que nunca he confiado en ellos— dijo Van Slyke—. Harán lo que a mí me plazca y al final, cuando ya no los necesite, me desharé de ambos.

—O mejor dicho, yo me encargaré de enviarlos al más allá— dijo el [email protected], sonriente.

—Pero es mejor que nadie se entere de eso— le advirtió el hombre—, pues si eso ocurre, olvídate de que te ayudaré en tu obsesión de buscar a la chica que amas… Y por cierto, ¿qué es lo que te gusta de ella?

Marcus sacó una fotografía de su bolsillo, en la que aparecía retratada una chica de ojos azules y cabello rubio natural, que se veía muy feliz, pues sonreía ampliamente, además de notarse que era una persona muy amable. Ése retrato era de cuando era apenas una adolescente, antes de que ocurrieran todas las desgracias de su vida, que él mismo causó.

—Ella es la mejor persona que he conocido— fue lo que Marcus argumentó—. Por eso la amo.

—Dudo que ella te corresponda— fue lo que dijo su jefe—. Le disparaste y casi muere, todo porque estás enamorado de ella. ¿Pero qué pasará cuando la encuentres?

—Lo que creo que haré será llevármela de donde esté y matar al que se interponga en mi camino— respondió el joven—. Todo para que estemos juntos.

—Entonces ten suerte con eso— dijo Van Slyke—, pero no me involucres, ¿eh?

—Tranquilo señor, no lo haré— dijo Marcus—. Sería muy arriesgado para mí.

—Pero si eso llega a ocurrir, pagarás las consecuencias— recalcó su jefe.

—¿Cómo cuáles? — preguntó el joven, desafiante.

—Como el que todo el mundo se entere de que tú fuiste el que propuso la idea de acabar con IEPCOM, porque era la empresa de tu padre y lo odias— respondió el hombre, serio.

—¡No repita eso! No quiero pensar en eso por el momento— replicó Marcus, mientras miraba la fotografía de esa chica—, hay cosas más importantes que eso para mí.

Después de eso, Alden se marchó de la sala en donde ellos se encontraban, porque no soportaba ver a una persona dar o demostrar afecto de ninguna forma. No era porque no fuese alguien cariñoso, pues con Nolee era el más atento de los padres, sino porque él no quería que nadie lo viera como una persona débil.

Continuará...
 
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Capítulo XIX:

Poniéndose al Corriente

“Narrador Testigo”

Garrett se encontraba buscando alguna forma de saber lo que hacía Van Slyke, algo que tuviese que ver con sus socios, por lo que revisaba los archivos de la base de datos de la Policía Central. Él sabía que si buscaba de forma adecuada y no se daba por vencido, podía dar con la ubicación de ése hombre.

Mientras lo hacía, vio que se abría una conversación en el sistema y activó su programa, para que no llegaran a darse cuenta de lo que iba a hacer. Se trataba de Fitzpatrick y de Jhonson, que se estaban poniendo al corriente de lo que estaba ocurriendo con el jefe de su organización.

—Justo lo que necesitaba— dijo el hacker, para luego dejar que hablaran:

—Karen, ¿cómo va todo por allá?

—Todo bien, no hay nada nuevo— respondió ella, seria.

—¡Qué amable eres!— exclamó él—. Al menos salúdame, soy tu ex-esposo.

—Prefiero llamarte socio— dijo Karen—. ¿Y cómo va todo con el asunto que tienes con el jefe?

—Irina está a cargo de encontrarlo y asesinarlo— dijo él—. Espero que lo haga pronto.

—¡Sí!— exclamó Garrett, contento—. Yo sabía que no iba a ser tan fácil matar a Troy.

—Ya deberías olvidar lo que él hizo, Jacob— dijo ella—. No es bueno que tomes la justicia por propia mano.

—Pero no es cosa mía— respondió él—, fue el jefe, que quiere que muera antes de que logre dar con él o con su hija mayor. Yo sólo le dije que dispusiera de Irina.

Lo que dijo sorprendió un poco a Garrett, porque él aun no sabía que Troy tuviese hermanos, sin embargo, no dejó de escuchar lo que decían ésas personas:

—Es verdad, el jefe está obsesionado con eso, al igual que tú— replicó la mujer, seria.

—No hablemos de eso— dijo él—. Aprovecho para decirte que coloqué vigilancia en casa del jefe.

—¿Vas a espiarlo?— le preguntó ella.

—Es necesario, debemos estar al pendiente de lo que hace y de sus planes— respondió él—. Activé el sistema hace un momento, justo antes de hablar contigo.

—¿Eso era todo lo que tenías que decirme?— preguntó la mujer—. Si no te molesta, debo volver a mi trabajo.

—Adiós, Karen— dijo el hombre, para luego cortar la corta conversación que habían tenido.

En ése momento, Garrett comenzó a buscar la conexión de la que había hablado Fitzpatrick, era muy importante que él diera con ése lugar. Monitorear a Van Slyke era un logro muy grande para todo el grupo, eso haría que Megan se sintiera mucho mejor, porque todo ése asunto parecía estar afectándolos a todos, pero más a ella.

Tardó un poco, pero al final pudo encontrar la conexión a las cámaras de vigilancia que el policía había colocado en la casa de su jefe y la vinculó a una de sus computadoras, para poder estar al pendiente de él. Sin embargo, después de eso, comenzó a buscar información sobre la hija mayor de Van Slyke, pues era la hermana de Troy y esa era una de las cosas que deseaba informarle a sus compañeros, además de lo que descubrió.

—¿Qué estás haciendo, amor?— le preguntó Cloe, que acababa de llegar al sótano.

—Haciendo mi trabajo— respondió él, sonriente.

—Tu madre dice que vayas a cenar— dijo ella.

—Dile que ya voy— dijo él.

Cloe se fue de allí rápidamente, para avisarle a la madre de su novio lo que él le había dicho. Al hacerlo, lo único que hizo la mujer fue decir, en voz alta:

—¡Garrett, ven a cenar ahora mismo!

El hacker se levantó lo más pronto que pudo y salió de ése sótano a toda prisa, porque sabía que si desobedecía a su madre, estaba perdido. Ella era una mujer amable, pero muy estricta, por lo que siempre estaba con cara de pocos amigos y la gente creía que era una amargada.

—¡Ya estoy aquí, ya llegué!— exclamó él, cansado y un poco asustado por lo que había dicho antes.

Megan y Stuart, que estaban en la mesa, no lograron evitar reír ante la llegada y el sobresalto de su amigo, lo que hizo que él les dijera:

—No es gracioso, muchachos.

—Para mí si lo es— comentó Stuart, que seguía riéndose.

—¿Alguna novedad?— le preguntó Megan.

—¡No van a hablar de nada, es hora de cenar!— exclamó la madre de Garrett, muy seria.

—Ella tiene razón— dijo Jonathan, sereno—. Esperen a que terminemos la cena.

Después de eso, Cloe y la madre de Garrett sirvieron la cena a todos los que estaban allí, pero vieron que Sadako no estaba en casa, por lo que la mujer se preguntó:

—¿Y ahora dónde estará esa niña? ¡Siempre hace lo mismo y llega tardísimo!

Continuará...
 

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