Original Fic LEGACY (FINAL)

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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RECOMENDACIÓN: ANTES DE LEER ESTE FIC, LEE TODA LAS PARTES EN ESTE ORDEN:

Crónicas de Regalea nwn/


Eternal: La saga de Prika :3 https://forosdz.com/temas/eternal-cap-27-final.107602/

Edenechoes: La saga de Euridice :3 https://forosdz.com/temas/edenechoes-final.111604/

Heaven: La saga de Ankhara :3 https://forosdz.com/temas/heaven-final-ronda-final-30-vicios.119831/

Inferno: La saga de Gaile :3 https://forosdz.com/temas/inferno-final.131144/

Sacrimony: La saga de Skyli :3 https://forosdz.com/temas/sacrimony-final.137772/

Oblivion: La saga de Iris :3 https://forosdz.com/temas/oblivion-final.142381/


REGALEA: Imperio creado por Magna, la ciudad principal lleva su nombre y está ubicada al Sur del continente, en una isla unida a él por medio de un estrecho. Muy semejante a lo que fue la gran metrópolis romana.

VOBODNIL: Reino que antes era libre, que era conformado por las tierras del Norte y Este. Conocido por sus grandes bosques.

GEGLACEED: Reino al Oeste del continente, el territorio más frío lleno de bosques de pinos.

ROSU PAMANT: Reino central, se unió a Geglaceed y formaron por un largo tiempo el gran reino de Cetatea. Actualmente se le conoce como Urs Maxima.

SCHWARZWALD: Reino oscuro que existe en las sombras, es un pasaje para las almas en pena el cual está a cargo de Seele.

ALFHEIM: Reino de la luz, la representación del paraíso donde las almas puras descansan.

ELEMENTOS: Seres divinos que representan los poderes de la naturaleza. De mentalidad egocéntrica y vanidosa, fueron exterminados por Magna, quien asumió la responsabilidad de mantener el equilibrio mágico del mundo, siendo la que tomó el lugar como mayor deidad.

ETERNA: Humano que, por castigo de los elementos, maldición o nacimiento, pierde su mortalidad, convirtiéndose en seres inmortales. Sus características principales son las alas mágicas que emergen de su espalda, sus ojos dorados y que no pueden envejecer, su edad queda estancada al momento de hacerse eternas. No pueden morir, no reciben daño de armas humanas a excepción de armas hechas con oricalco u oro, los únicos metales que son dañinos para ellas. Su fuerza no es mayor a la de un humano, depende de la propia eterna la capacidad en la que su poder aumentar al convertirse en eterna.

ETERNA ORIGINAL: La primera eterna, conocida por ser la más fuerte al ser una humana que fue creada por los elementos para que sirviera de recipiente mágico para ellos. Al revelarse, fue convertida en eterna. Su poder se puede tomar como lo más cercano a divino, su característica principal son sus alas doradas. Actualmente, la única confirmada es Magna.

GUARDIAN ESPIRITUAL: Título dado a personas de gran capacidad física y voluntad para proteger a los pueblos de cualquier enemigo de naturaleza oscura. En el principio de los tiempos, no se les permitía agredir a humanos, actualmente, tienen esa libertad siempre y cuando el motivo lo pida.

SER OSCURO: Ser con orígenes relacionados a la magia con afinidad de la oscuridad, o nacido dentro de Schwarzwald. Tienen la capacidad de poder entrar a dicho reino sin sufrir la presión por la magia oscura. Al no ser seres que siguen las reglas del tiempo, obtienen la categoría de eterno, pero a diferencia de ellos, pueden ser heridos por cualquier arma de acero y plata.

MAGIA: Esencia que mueve a la naturaleza, antes custodiada por los elementos, al desaparecer ellos, Magna y las demás eternas han estabilizado la magia presente en el mundo.

HERALDO DE LA MUERTE: Cargo que la reina oscura, Seele, da a un ser oscuro para hacerse cargo de la recolección de las almas de las personas en pena.

SERAFÍN: Humano elegido por los elementos para ser traído de la muerte, con una misión en mente. Este humano fue dotado con las virtudes de un eterno, pero estaba atada su existencia al cumplimiento de su misión. Sus características son similares a un eterno, pero sin cambiar el tono de sus ojos y un aura divina que es capaz de erradicar la magia oscura. El único existente es Norwell.

ALBINA: Nombre que se le dio a Ankhara, nacida de un serafin y de la eterna dueña del reino oscuro. Tiene todas las virtudes de un serafín y un ser oscuro, su característica principal es su cabello blanco, piel albina, ojos rojos y alas con plumas que parecen cristales de color rosa.

LOBA ALBINA: Categoría única en la que una entra Agelus. Nacida de un lobo oscuro con la sangre de una albina en sus venas. Con las características de un animal albino como aparecen en la naturaleza. Su poder mágico es muy alto, pero no posee control sobre él.

HÍBRIDAS
LOBO: Son seres nacidos de una eterna con un lobo, son seres inmortales con fuerza, agilidad y sentidos aumentados por su sangre de lobo. Su principal característica es que parecen chicas normales con orejas y colas de lobo. No pierden sus orejas humanas, pero estás quedan como un órgano residual y estético.

ORICALCO: Metal místico, de los pocos que pueden causar un daño físico grave a las eternas junto al oro. La producción de oricalco está regulada por el imperio y solamente se le da un arma de dicho material a las guardianas que son dignas de ellas.



Iniciamos esta historia, la saga de Schmerz.




Urs Maxima, la urbe más central del continente e imperio de Regalea, tierra prospera y pacifica que había sido gobernada y guiada por un grupo de seres eternos, quienes las personas tenían en su corazón y creencia como sus deidades. De la misma sangre de esas deidades, nació una joven albina, quien creció en esa ciudad como una joven más. A pesar de ser princesa, lo que menos querían mostrar sus padres, una bestia eterna y una humana convertida a eterna, era que su hija fuese consentida por su origen, no obstante, la propia gente era quien llenaba de guirnaldas y obsequios, ya que Agelus, como fue llamada, recordaba mucho a su bella y tierna reina, Ankhara, además, la unión de sus padres fue recibido por todo el continente como señal de buen augurio. Pasaron dieciséis primaveras, edad en la cual sabían que el crecimiento de Agelus se detendría por su condición de inmortalidad, convirtiéndose en una hermosa señorita, que todos admiraban por su nobleza, moral y simpatía.

Cada mañana, Agelus buscaba ayudar a su madre, la gobernadora de Urs Maxima, quien, a pesar de su nombramiento, gustaba de trabajar en el mercado local, por más que su esposo le insistía en que no era necesario, a todos le provocaba risa que la pequeña Elphis siempre era quien tenía la última palabra. Ambas mujeres no lo hacían por el dinero, sino, por ayudar a su gente, apoyaban a los ancianos a cargar y acomodar cosas en sus puestos, revisaban inventarios, aconsejaban sobre los productos y solucionaban problemas. De esa manera, madre e hija eran reconocidas por su gran cercanía a los pueblerinos, similar a la relación que la reina y abuela de la princesa, mantenía con los ciudadanos de la capital. Uno de esos tantos días, Elphis terminaba de limpiar el puesto de comida que tenía en el reino, un pequeño local que le había pedido a Lykos que tuvieran, donde, sin costo alguno, se le sirviera alimento a quienes trabajaban en el mercado y no tenían tiempo para buscar comida, y como siempre, su hija le ayudaba, pero esa vez, no tardó en caerse del agotamiento.


- Hija ¿Estás bien?
- Preguntó Elphis viendo a su hija en el suelo, notando que uno de sus ojos azules se tornaba rojo. - mmm… mejor descansa. -

- Estoy bien mamá, solo pisé mal. -




- Tu ojo.
- Señaló la madre a su hija, quien se paró y se vio en el espejo, suspirando al ser descubierta.- No has logrado controlar tu magia por completo, tu papá dijo que no te esforzarás demasiado. -

- Pero estoy bien, puedo controlarme. -


- Agelus, siéntate por favor, que seas tan fuerte como tu papá no es para que andes ayudando a levantar las piedras de una nueva casa. -


- Pero si yo puedo hacerlo, nadie arriesgaría su vida. -


- Lo sé hija, eres igual a tu papá, pero entiende, eres una albina tan pura como tu abuela, la emperatriz nos dijo antes de descansar, que debes de aprender a controlar tu fuerza por el riesgo que es para ti. -


- Lo sé. -
Dijo Agelus agachando un poco su rostro, viendo como su madre de baja estatura se paraba frente a ella, abrazándola.

- Quita esa carita, no quería hacerte sentir mal ¿Qué tal si vas a pasear un poco y yo terminó? -


- ¿Me prometes que no levantaras nada pesado? Papá también me ha encargado que debo de cuidarte. -


- Hmm… Tu papá, sabe que preocuparse demás por una señorita como yo no es bien visto, me hace pensar que me ve aún como la niña que conoció hace más de veinticinco años. -


- Mami, es que luces muy pequeña aún. -


- Fue el sacrificio que tuve que hacer cuando te di a luz, mi tiempo se detuvo antes que el tuyo.
- Sonrió la madre soltando a su hija. - anda, es más, lleva un poco de pan para ella, conociéndola, no ha ni cenado. -

- ¡Es cierto! Un poco de pan, un poco de queso, podría llevarme un poco de estofado ¿Y si le llevo a mis maestras? -


- No creo que estén, Lykos citó a las dos a una reunión, creo que piensan hacer un acueducto para llevar agua a unas aldeas emergentes. -


- La profesora Cinthya y su esposa siempre están preocupadas por el pueblo, las admiro tanto. -


- Pero hay alguien a quien admiras más ¿O no?
- Sonrió Elphis al ver como su hija sonreía algo colorada.


Agelus tomó una cesta, guardó la comida, tomó una sombrilla y caminó rápidamente, saludando a toda persona que se le cruzaba, pues era reconocida por todos fácilmente, no solo su belleza era radiante, su piel pálida y su cabello tan blanco como las nubes era irrepetible, solamente la misma reina tenía esas características, además, por su albinismo, siempre portaba una sombrilla por las mañanas pues con poco Sol se le enrojecía la piel. La princesa iba contenta hacia el puesto de reconocimiento, un punto estratégico donde guardias imperiales y guardias espirituales estaban a la espera de indicaciones y acto. La albina entró, sonrió al ver a una bella mujer de rostro sereno, sentada en una silla que resaltaba su jerarquía militar. Su cuerpo estaba marcado por el entrenamiento, esa rubia era famosa por ser la más fuerte de las guardias imperiales, una joven que, siendo huérfana, fue entrenada por Cielica y Ceres, actuales guardianes espirituales de la capital. Stark, como se llamaba esa caballero, era reconocida en todo el imperio como una guerrera de principios, fiel a la reina, a las guardianas que la criaron y veía como sus propias madres, y en especial, a la princesa, a quien se le encargó su cuidado desde que era una niña.



- Buenos días, capitana, le traje algo de comer. -


- Gracias, princesa, pero no era necesario que lo trajera, pudo mandar a alguien. -
Dijo Stark sonriendo al ver a esa linda albina frente a ella, poniéndose de pie, siendo algo más alta que ella, acariciándole un hombro con la confianza que había entre las dos. - ese ojo rojo ¿Otra vez perdió el control de su magia? -

- ¡Claro que no! Mi mamá es quien dijo que descansara, controlar mi magia es fácil, pero mantener el color de mis ojos no, es tener que estar pensando todo el día en mantenerlos azules. -


- ¿Y por qué no se los deja de su color natural? Sus ojos rojos son muy bellos.
- Habló la guerrera mientras limpiaba una mesa y Agelus se sentaba moviendo sus pies algo inquieta.

- Gracias, pero mi padre dijo que debo de aprender a controlarme con cosas básicas… Quisiera que mis maestras me enseñen algo más, tal vez, si me hago más fuerte rápido, no solo le demostraría a mis papás que ya estoy estable, me nombrarían guardiana y podría trabajar a su mando. -


- Aún falta tiempo para eso, pero… ¿En verdad eso desea? -


- Capitana ¿Va a insistir en eso? -


- Lo insistiré toda la vida.
- Habló la rubia mientras servía algo de comida para las dos. - usted es la princesa de Urs Maxima, no tiene por qué convertirse en una guardiana, no es necesario demostrar algo. -

- Mi tía Ceres también era una princesa y se hizo una guardiana ¿O no? Y no quiero demostrar nada, solo quiero ayudar más, la gente de la ciudad se ha portado tan gentil conmigo y mi mamá, que quiero devolvérselo. -


- Se lo devuelve a todos siempre que nos sonríe, su sonrisa motiva a todos a trabajar más
. - Sonrío Stark haciendo que Agelus se sonrojara por el comentario de la mujer que más admiraba.

- No diga cosas que me apenen tanto. -


- Disculpe mi atrevimiento. -



Antes de empezar a comer, una soldado llegó y empezó a susurrarle algo a la capitana, por el rostro de la guardiana, Agelus supo que era algo grave, así que aprovechó su fino oído a raíz de su sangre de lobo para escuchar el mensaje.


- No puede ser, es el tercer artículo robado en lo que va de la semana.
- Susurró la capitana a su soldado.

- Sí, pero por fin tenemos idea de quien fue, nuestro compañero dijo que antes de quedar noqueado, pudo arrebatarle su capa al agresor, es una joven, de no más de dieciocho años, delgada, con una armadura de oricalco. -


- La armadura de oricalco fue el primer artículo robado, tiene que ser la misma persona. -


- Otra cosa, algo que nos llamó la atención, dijo que esa chica tenía un ojo rojo, como él de la princesa. -


- Eso es imposible.
- Respondió Stark mientras la soldado se rascaba la cabeza.

- También lo creo, capitana, tal vez, nuestro soldado la hirió y no se dio cuenta. -


- Gracias por el informe… Nuevas órdenes, mantengan las antorchas encendidas en hospitales, la biblioteca central y los museos, un escuadrón en cada lugar, usen flechas pirotécnicas, si llegan a necesitar apoyo, lancen una al aire, dales un color a cada escuadrón para que se distingan. -


- Entendido. -



La soldado se fue mientras Agelus se quedaba pensativa, cosa que le hizo ver a la capitana que había escuchado. Stark se acercó y acarició el cabello blanco de la princesa, haciendo que ella reaccionara.


- No debe de escuchar platicas ajenas, princesa. -


- Perdóneme, es que me dio curiosidad ¿Volvieron a robar? -


- Sí, es el tercer artículo robado, primero una armadura de oricalco que perteneció a la líder Urya, luego una cadena de picas de plata y oricalco, regalo de Vobodnil a la reina, ahora, robaron un libro de la academia. -


- Mi profesora se va a molestar, no le gusta que le toquen sus libros. -


- Así es, la guardiana Iris no puede enterarse, sino, esto se complicará con lo impulsiva que es.
- Comentó Stark quien tapó con sus dedos la boca de Agelus. - Antes de que me lo pida, no, usted debe de estar en su casa esta noche, no puedo permitir que la princesa se involucre en un asunto judicial. -

- Pero capitana, por la noche puedo usar mis sentidos y habilidades al cien, sabe que mi olfato y oído son mejores que los de mi padre. -


- Lo sé, sé lo virtuosa que es, pero, no dejaré que nuestra princesa se involucre en el caso de un simple ladrón. -
Contestó Stark haciendo que Agelus inflara sus mejillas un poco. - por hacer berrinches no cambiará mi decisión. -

- Es muy sobreprotectora ¿Sabe? Se comporta como mi tía Ceres con mi tía Zefir. -


- Eso es, por qué protejo a lo que más quiero. -
Dijo la capitana con una ligera sonrisa, haciendo que Agelus se pusiera roja y tapara su rostro con su largo cabello. - Bien, no desperdiciemos la comida que trajiste. -


En la comida, la plática entre ellas se aligeró. Agelus admiraba a la capitana Stark desde que era niña, admiración que creció a un tierno amor de quinceañera, veía en esa rubia el reflejo de lo que quería ser, una guerrera al servicio de su gente, sin miedo, sin dudas, con el corazón y mente firmes para el pueblo. Poco sabía la princesa que Stark pasaba por un sentimiento similar, ella, quien protegió a Agelus desde que tenía seis años, le tomó cariño como una hermana menor, cariño que cambió por un amor profundo hacia esa linda princesa, no obstante, de su posición y su fama, sentía que aún no era digna de ella, además, sentía que querer esa sonrisa que iluminaba a todo el pueblo para sí misma, sería de lo más egoísta.

La noche llegó en la ciudad, y como ordenó la guardiana, la protección a puntos estratégicos había aumentado, pero no lo suficiente para que una princesa, con su vestido negro que señalaba que era una prospecta a guardiana, escapara del castillo. Agelus aprovechaba su sigilo canino para escabullirse entre las calles, hasta que sintió como alguien le abrazó por detrás y le tapó la boca.


- No grite, princesa… ¿Qué está haciendo fuera de su cuarto?
- Preguntó Stark dándole vuelta mientras Agelus se calmaba por el susto y trataba de mostrarse serena, como su apreciada capitana.



- Me asustó, capitana, solo quería ayudar ¿Y que hace por este callejón? -


- La cuidé desde niña ¿Cree que no recuerdo sus rutas de escape? -

- ¿Me va a regresar a mi cuarto? -

- Me encantaría hacerlo, pero, sería molestar a sus padres. -
Dijo la capitana haciendo sonreír a la princesa. - Pero nada de hacer lo que usted quiera, estará bajo mis órdenes. -

- ¡Encantada! Digo, sí capitana. -



Agelus siguió a Stark, paseando por las calles oscuras de la ciudad. Los ojos rojos de la princesa le permitían ver cómodamente por la noche, a diferencia de la mañana cuya luz blanca le lastimaba su sensible vista. Pasaron por varios puntos, saludando a cada colega, hasta que llegaron a la biblioteca central, que estaba dentro de las instalaciones de la escuela de la ciudad. La capitana sacó de un bolso un recipiente con un corcho, abriéndolo para servir un poco de café para cada una. Agelus tomó la taza y sintió como la caballero le atrapaba sus manos para soplarle suavemente el café, provocando una risa de pena en ella.


- Gracias.
- Respondió Agelus tomando del café. - parece que esta noche será tranquila. -

- No hay que confiarnos, el otro día atacó en medio del cambio de guardia, parece ser alguien que ha estado al tanto de cómo es nuestra organización. -



Las dos tomaron el café tranquilamente, hacía algo de frío y Stark envolvió a la princesa con su capa, haciéndole muy feliz al estar tan pegada a esa mujer de veintisiete años. La escena era de lo más dulce para Agelus, tomando café bajo la luz de las estrellas, al lado de la capitana que tanto admiraba. Su momento ideal fue detenido por el estruendo de una ventana quebrándose, ambas se miraron y empezaron a guardar las tazas, alguien había irrumpido en la biblioteca.

Las dos guerreras entraron a la biblioteca, era fácil para Stark, ya que tenía a su disposición la llave al ser la capitana de la guardia imperial. Corrieron en dirección a la ventana rota, cerca de ahí, estaba una sala donde se guardaban distintos pergaminos que Iris y Cinthya habían traducido del viejo lenguaje del imperio, era posible que uno de esos pergaminos fuese el nuevo blanco. Entraron a la sala, logrando divisar una sombra, Agelus creó un haz de luz en su mano para iluminar todo el salón, y por el brillo de metal negro, supieron que era una armadura de oricalco. Sin dudas era una chica joven, un poco mayor que Agelus, de un cuerpo que se nota que estaba entrenado, de cabello rubio platinado y lo más sorprendente, un ojo rojo acompañado de su ojo azul.


- ¿Quién es ella? -




- Tú…
- Murmuró la joven sacando la cadena de plata y oricalco que había robado, lanzando un ataque sobre Agelus, quien fue cubierta por Stark.

- Princesa, quédese atrás. -


- Capitana, mis profesoras y mi padre no me enseñaron a pelear para esconderme. -


- ¡Qué se quede atrás! ¡Es una orden!
- Reclamó la guardiana mientras seguía cubriendo los latigazos.


Stark sacó su espada y se acercó lentamente a la joven, hasta que pudo detener su cadena y empujarla contra la pared.

- Eres buena, pero no te enseñaron que una cadena no sirve estando tan cerca del oponente. -


- Mierda. -
Chitó la joven quien, al verse acorralada, lanzó una navaja a una antorcha, provocando un incendio.


La capitana y la princesa usaron su magia para detener las llamas, dándole la oportunidad a la ladrona de escapar por la ventana. Agelus se asomó por la ventana, viendo cómo se alejaba muy rápido, notando que había una mancha de sangre en un vidrio quebrado, tocándola con un dedo para oler ese líquido. Quien fuese esa chica, sin dudas, pregonaba ser un problema que podía crecer a gravedad.






¿Quién es esa extraña chica? ¿Por qué tiene un ojo rojo?
¿Logrará Agelus su sueño de estar al lado de la capitana que tanto aprecia?


LEGACY, ha iniciado.
 
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تالف و مكسور تماما
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Ha comenzado muy bien. Agelus ya es toda una señorita y hasta tiene un interés romántico (correspondido y todo, aunque no lo sepa muy bien jaja). Me pregunto por qué esa chica roba pergaminos~
 

I-AM-ROSY!!

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Ha comenzado muy bien. Agelus ya es toda una señorita y hasta tiene un interés romántico (correspondido y todo, aunque no lo sepa muy bien jaja). Me pregunto por qué esa chica roba pergaminos~
:d ¿Por qué será Kissu? xd
=3 Sip, Agelus es toda una señorita (palabra de su madre adorable x3) y Stark es muy atenta a ella, veremos luego como fluye su relación.
>A< Falta mucho para lo más intenso de la historia jaja.
 

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nwn Seguimos.



2 - El largo viaje.




El salón principal del castillo de Urs Maxima estaba ocupado por una reunión de emergencia, una emergencia que era repetida frecuentemente, la princesa había hecho de las suyas nuevamente al escaparse por las noches a jugar a ser la justiciera. Su padre, el gobernador Lykos, se tallaba las sienes al escuchar lo que pasó por la noche anterior, mientras su esposa le tomaba del brazo para calmarlo. Ya era normal que Agelus se saliera a escondidas para querer ayudar a los guardias a proteger la ciudad, pero ahora era distinto, estuvo en riesgo de ser herida de verdad, ya que la agresora tenía armas de oricalco, de los pocos materiales que pueden herir de gravedad a un eterno. La capitana estaba arrodillada frente a Lykos y las dos guardianes espirituales de la ciudad, Iris y Cinthya, pidiendo disculpas por no haberla regresado a su habitación, pero bien sabían que Stark no le podía decir que no a la princesa, ya que conocían bien su gusto por ella.


- Y eso fue todo lo que ocurrió. -


- Hijita, eso fue muy peligroso, por eso no queremos que salgas por la noche. -


- Perdón, mami, pero yo quería ayudar. -


- Esta ladrona, es algo que debemos de tomar en cuenta muy en serio.
- Dijo Lykos volteando a ver a Iris. - ¿Ya sabes que robó de la biblioteca? -

- Fue un pergamino que hablaba sobre la reencarnación, algo que investigó la emperatriz. -


- Mmm… Iris, Cynthia, dejen lo del acueducto para otro día, quiero que ayuden a la capitana en esto. -


- ¿Cree que sea necesario solicitar apoyo de la señorita Orion y sus hermanas? -


- No es necesario, además, no me gustaría molestarlas cuando ellas ya se retiraron del servicio.
- Sonrió el joven gobernador. - y hacerlo sería como hacerle pensar a ellas que ustedes no pueden. -

- ¡Claro que podemos con esto! -


- Entonces, yo puedo ayudar, reconozco su aroma y… -


- No, no lo harás.
- Habló Lykos mirando enojado a su hija. - no quiero que te metas, hija, esto no es un juego. -

- Papá… -


- ¡Lykos, quita esa cara!
- Gritó Elphis jalando las mejillas de su esposo haciéndole reír a todas. - nadie te cree que te enojas, por más que hagas esas caras. -

- Elphis, trato de ser un padre severo con ella por la falta que cometió. -


- Hum, sino mal recuerdo, yo me enamoré de un lobito cuando era una niña, que se escapaba de su casa para ir a jugar al bosque juntos. -


- No digas eso frente a ellas. -
Susurró apenado Lykos mientras Elphis se sentaba en sus piernas de brazos cruzados e inflando sus mejillas.

- ¿Por qué no? Quieres regañar feo a nuestra hija cuando tú y yo sabemos que es igualita a ti. -


- Amor, no es el momento ¿Podemos esperar a la habitación? -


- Ji..jiji… -
Rio Elphis sorprendiendo a su esposo. - adoro verte así de apenado, ay Lykos, no cambias. -

- Elphis ¿Lo hiciste a propósito? -


- No me gusta verte esa cara de lobo malo, no te va, es cierto que Agelus salió de la casa, pero no lo hizo para mal.
- Habló la pequeña sujetando las mejillas de Lykos. - no la regañes, ella solo quiere ayudar a los demás, demostrar cuánto vale, así como lo hiciste tú hace tiempo. -

- Elphis. -


- Lykos. -
Susurró Elphis con sus ojitos brillando, sintiendo como su esposo rodeaba su cintura y sujetaba su nuca, acercando su pequeño cuerpo a él para besarse.

- ¡Mami, papá! -


- ¡Perdón, se nos olvidaba que están aquí! -
Exclamó la madre acomodando sus ropas. - ¡Lykos, no puedo creerlo, no puedes controlarte! -

- ¿Qué? Pero si también tu… -


- A una señorita no se levantan falsos. -


- Gobernador, no me gusta interrumpir su alegría con su esposa, pero, deme órdenes. -


- Bien, amor ¿Puedes traerme ese mapa? -
Señaló Lykos mientras su esposa bajaba y corría hacía su estante de mapas.

- Papá ¿En verdad no me dejarás ayudar? -


- Esto es grave, no quiero que te involucres, aún eres una aprendiz y tus maestras estarían preocupadas cuidándote al mismo tiempo que trabajando. -


- Pero.. -


- ¡Ya sé! ¿Y si le das esa misión especial? -


- ¿Misión especial? -


- Sí, esa misión especial.
- Dijo Elphis guiñándole el ojo a Lykos haciéndole entender su juego. - la de los poblados a cargo de esas dos. -

- ¡Cierto, esa misión especial! -



Lykos extendió el mapa en la mesa, acercándose todas las chicas a ver a plenitud la extensión de Urs Maxima. El joven sacó del cajón de su escritorio dos fichas de madera roja, colocándolas en unos puntos cercanos al área correspondiente de la ciudad, y con unas fichas de distintos colores empezó a armar un bosquejo de su plan.


- Bien, Iris, te voy a encargar la puerta Norte, sino te molesta, quiero que te conviertas en loba, necesitamos estar alertas. -


- No hay problema, llevaré a mi escuadrón de inmediato. -

- Stark, te encargo la puerta Sur. -

- Entendido, gobernador. -


- Cinthya, te encargo la puerta Oeste.
- Señaló Lykos colocando una ficha roja en ese punto.

- Entendido. -


- Yo estaré en la puerta Este, posicionaremos los escuadrones restantes de esta manera, resguardar los puntos más importantes es una pérdida de tiempo, dejamos espacios en blanco para que ella se mueva con facilidad, lo que haremos es evitar la entrada de cualquier sospechosa con sus características. -


- ¿Y yo? ¿Yo que haré, papá? ¿Cuidaré el castillo? -
Preguntó Agelus con una sonrisa al estar emocionada por el plan.

- Tú, acompaña a mami, te va a alistar algo de ropa y mandaré a arreglar un carruaje. -


- ¿Un carruaje? ¿Me estás sacando de la ciudad? -


- Sí, pero es por una misión muy importante.
- Habló el padre señalando en el mapa los primeros puntos que puso. - estos poblados están a cargo de dos guardianas, se llaman Sonning y Rosig, pero por alguna razón, ellas han empezado una disputa entre los dos y no han hecho lo que se les pidió, unificar esos poblados para erigir un mercado local y un almacén que les sirva a ambos para su crecimiento. -

-Es una misión diplomática, pero… eso es… -


- Algo que debe de hacer una princesa. -



Agelus volteó a ver a Stark, inflando sus mejillas por lo que dijo su querida capitana, y más por la sonrisa que mostraba la rubia pues se sentía a gusto al saber que la princesa no arriesgaría su vida de nuevo. Agelus no sabía, pero sus padres ya sospechaban desde antes que esas miradas entre las dos no era mera amistad, incluso, Stark ya una vez le había preguntado a los padres de la princesa que sería necesario demostrar para que concedieran el permiso de cortejar a su hija, cosa que solo le respondieron que era decisión de la princesa si aceptar o no dicho cortejo. Stark no fue muy lista en ese momento, pues les dejo claro a Lykos y Elphis que lo preguntaba por ella misma.


- Pero papá, yo quiero ayudar a la ciudad y… -


- Hija, cumpliendo está misión ayudarás a la ciudad como no crees. -
Dijo Elphis tomando las manos de su hija más alta que ella. - ese mercado externo ayudará a que fluya de mejor manera los productos de Urs máxima hacia Geglaceed, lo que quiere tu padre es que esa área crezca como un punto comercial para ambas ciudades. -

- Solo puedes lograrlo tú, hija, por eso te dejo esta misión de gran importancia. -


- ¿Solo yo?
- Pensó Agelus empezando a sonreír, pues sus padres a propósito le levantaban el ego para animarla. - Tienen razón, solo yo puedo hacerlo. -

- Entonces vamos alistando tu ropa. -



La princesa se retiró del salón tomada de la mano de su madre, haciendo sonreír y suspirar a Lykos al saber que su hija había caído en el juego de ambos. La realidad no era distinta a lo que le dijeron, era cierto que había disputa entre ambas guardianas, pero no estaba interviniendo demasiado en el crecimiento de esos poblados, solamente buscaba alejar a su hija del asunto de la ladrona de la ciudad. Stark sonreía también por la decisión del gobernador, pero esa sonrisa cambió a uno de preocupación, por lo que no quiso esperar y se puso frente a él, arrodillándose sin que él lo esperara.


- Gobernador, le pido permiso para que pueda acompañar a la princesa a su viaje. -


- ¿Acompañarla? Te acabo de dar una comisión, Stark. -


- Lo sé, pero también debe de tomar en cuenta que la princesa necesitará seguridad y … -


- Capitana Stark, conoce a mi hija mejor que nadie, usted la cuidó desde que era una niña y sabe que ella puede defenderse sola, no necesita que la acompañes. -


- Lo sé, gobernador. -
Insistió Stark apretando su puño al recibir la negativa. - Pero ella es todavía una señorita, no podemos ponerla en riesgo de esa manera. -

- Stark, no necesitas ser tan formal, solo dile al gobernador que te preocupa que la princesa vaya sola por qué temes que alguien más esté detrás de ella. -


- ¡Iris! -
Contestó la rubia toda roja de la cara haciendo reír a Iris y Cinthya.

- Sé cuánto quieres a mi hija, pero no puedes dejar que esos sentimientos te hagan olvidar tus obligaciones, si mando a Agelus a resolver ese asunto, es por lo mismo, por su seguridad, además, ustedes tres la han entrenado muy bien ¿Van a desconfiar de su discípula? -


- Claro que no, gobernador, disculpe a Stark, por favor. -


- No hay problema. -
Suspiró Lykos sentándose y rascándose la mejilla. - ¿Y pueden llamarme solo Lykos? Son mis amigas y no me siento cómodo cuando me llaman así. -

- Es por qué eres el gobernador de esta ciudad, Lykos. -


- Pero al menos en confianza, aquí en el salón. -


- Su esposa tiene razón, es demasiado humilde para ser gobernador. -
Sonrió Cinthya relajándose por el permiso. - por eso la gente lo estima. -


En la habitación de la princesa, Agelus y su madre se bañaban en el agua caliente. Elphis lavaba con mucho cuidado el cabello blanco de su hija pues por su color era fácil de mancharse, luego humectaba su cuerpo con la misma mezcla que usaba su abuela Ankhara para proteger su piel delicada. Agelus disfrutaba de esas duchas con su querida madre, a pesar de que ya era una jovencita, sentía esos momentos muy gratos pues ella era su mejor amiga y confidente. Tras bañarse, la princesa empezó a vestirse con ayuda de su mamá, usando un vestido blanco con un sello dorado bordado en el centro, señal de su posición como princesa de Urs Maxima. Elphis se subió a la cama para poder peinarla y colocar bien su moño, mientras su hija se veía al espejo sonriendo al verse tan linda.


- Te ves tan linda, hija. -


- No tanto como tú, mami.
- Rio Agelus mientras Elphis terminaba de peinarla y se bajaba para ponerse a su lado.

- Nunca pensé que ibas a crecer tanto, ya tenía miedo de qué crecieras tanto como tu padre. -


- No por favor, luego me golpearía la frente como él con cada puerta. -
Dijo la hija haciendo reír a su mamá. -

- Sí, pobre de tu padre, tuvimos que mandar a alzar los marcos de todas las puertas del castillo para que no sufriera más. -


- Mami… Crees… ¿Qué le parezca linda así? -


- Ella siempre te verá linda. -
Sonrió la madre al saber a quien se refería.

- Me esforzaré en terminar pronto esta misión, para volver y ayudarles. -


- Hija, por favor, no insistas en eso, aun eres una aprendiz de guardián, si sigues así, tu papá no te dará el sello ni el nombramiento de guardiana. -


- Está bien…
- Habló la joven agachando su cara, sintiendo las manitas de su madre en sus mejillas.

- Quita esa cara, algún día serás una guardiana, pero no debes de apresurar las cosas ¿Si? -



Agelus sonrió y abrazó a su madre, pues era la persona que más le tenía confianza de decir sus sentimientos y qué sabía que apoyaba su sueño de ser guardiana, contrario a su padre que pensaba que a veces era demasiado estricto con ella.

Ya era algo tarde, cuando la princesa iba al lado de su madre hacia su carruaje, sorprendiéndose al ver a Stark con una armadura azul, señal de que iba en plan de mensajera. La princesa sujetó su vestido para correr hacia la capitana, sonriéndose mutuamente al verse.


- Capitana ¿Va a algún lado? -


- Sí, yo seré su chófer y guardiana durante su viaje. -


- ¿Es en serio?
- Preguntó la princesa llena de alegría, volteando a ver a su mamá que estaba algo confundida.

- Yo no sabía que sería ella. -


- Le rogué…
-Calló Stark y corrigió al estar a punto de comentar la verdad. - su padre, el gobernador, consideró que era necesario que estuviera bajo mi cuidado. -

- Mi papá... Cuando regrese le agradeceré. -


- Cuida mucho de mi hija, por favor. -


- Lo haré, gobernadora. -


- Cuídate hija, vas bajo el cuidado de la capitana, sé obediente y no te metas en problemas. -


- Adiós, mami. -
Dijo Agelus abrazando a su madre antes de subir al carruaje con ayuda de Stark.


El carruaje empezó su viaje el cual llegaría a su destino en la madrugada. La princesa y la guardiana no sabían, que aquel pueblo lejano, era el hogar de aquella ladrona que estaban buscando, quizá el destino estaba invitando a los problemas.








E inicia el viaje de Agelus :3/
 

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3. - TU BRAZO ES SOLO EL LAZO ENTRE LA GLORIA Y LA TRAICIÓN






El poblado de Araxia era un pueblo en crecimiento, que iba al alza tras la unión de dos aldeas y la construcción de un pequeño mercado, mismo que el gobernador deseaba convertir en un mercado regional que sirviera de puente entre Urs Maxima y Geglaceed. Quien tenía esa misión era su hija, Agelus, quien, acompañada de la capitana de las guardianas imperiales, llegaba a dicho sitio.

Las personas se acercaron a darle la bienvenida a la princesa albina, con aplausos y flores, Agelus agradeció a todos, con una sonrisa y un abrazo, soportando el Sol que le quemaba la piel por su albinismo, hasta que por viva voz de su princesa, nació la orden de que volvieran a sus actividades, para poder tratar el asunto del mercado regional. La princesa no notó entre la muchedumbre, una joven de cabello corto y parche, que le había estado mirando atentamente y desapareció tras el alboroto.

Agelus caminó hacia la casa central, aquella que servía como un cabildo mientras se construía un ayuntamiento, notando que dicha casa estaba dividida en dos por una serie de bardas de madera, con dos banderas de regimiento, una roja y otra amarilla. Lo que le dijo su padre era totalmente cierto, parecía haber disputas por el orden de la zona.


- Tenga cuidado con sus palabras, princesa, esas dos chicas son muy fáciles de provocar. -


- ¿Las conoces bien? -


- Eran mis compañeras en la academia, aunque eran más chicas que yo, las dos eran muy buenas guerreras.
- Explicaba Stark mientras encaminaba a la princesa hacia una de las entradas.



- Sonning y Rosing, rubia y pelirroja, una especialista en pelea con lanzas y una en el uso de dagas y el arco, muy buenas guardianas, tan fuertes como yo, pero muy temperamentales, de ellas dos, no se deje fiar por la cara de ángel de Rosing, nunca me fie de ella al cien por ciento, Sonning es más confiable, pero no es muy ortodoxa en sus acciones. -


- Si son así ¿Por qué mi padre las mandaría a este sitio? -


- Por ese motivo, había muchas revueltas en este poblado, gracias a ellas se calmaron, pero no entiendo por qué están peleando de nuevo. -


- Es fácil, Sonning no entiende que el crédito por controlar la zona es de las dos, ella quiere llevarse la gloria. -
Dijo una pelirroja de vestimentas muy llamativas. - Años sin vernos, Stark, sigues usando una armadura fea como siempre. -

- Es la armadura imperial, no pienso usar una armadura o bandera personal como ustedes. -


- ¡Stark! ¡Y esta chica tan linda! ¿Es tu esposa?
- Preguntó emocionada Rosing tomando de las manos a Agelus que se puso roja por el comentario.

- Disculpe, no, no soy su esposa, yo… -


- ¡Rosing! ¡Contrólate! Estás frente a la princesa de Urs Maxima, Agelus. -


- ¿La princesa? ¡Perdone! -
Exclamó la pelirroja soltando las manos de la albina para arrodillarse. - perdone la imprudencia, princesa, había escuchado que usted era la chica más bella del reino, pero nunca pensé que fuese tanto para hacerme reaccionar así. -

- Tranquila, teniente Rosing, tampoco la conocía hasta este momento, mi padre me mandó para solucionar el problema que hay entre usted y su compañera. -


- ¿Compañera? Ella no es mi compañera, es una chica que me ha complicado todo aquí, cree que todo debe de hacerse a su modo. -


- Pensé que ustedes eran mejores amigas. -


- Éramos, pero es difícil cuando no da ni una pauta para platicar y solucionar las cosas. -


- Entonces ella es el problema, tendré que platicar con ella. -
Dijo Agelus mientras veía como la pelirroja le observaba atentamente.

- Pero princesa, no tiene que preocuparse por ir a verla ahora, pase con gusto al cabildo, prepararé la mejor habitación para usted. -


- No es por preocupación, hay un asunto muy importante en la ciudad y quisiera regresar en cuanto antes. -


- No se preocupe, usted es la princesa, de eso se encargará la guardia.
- Habló Rosing empujando suavemente de los hombros a Agelus para hacerla pasar. - Pase, con confianza. -

- Bueno, el viaje fue largo y el Sol está muy fuerte, no estaría mal que me recueste un poco, además, necesito humectar mi piel. -


- Con gusto ordeno que lleven su equipaje, no se preocupe.
- Hablaba la pelirroja sin dejar de ver el vaivén de la princesa, que no sabía que su lado de loba le hacía mover muy coqueta sus caderas.

- ¿Qué estás pensando? Venimos a un asunto de estado. -


- Ya, no te alteres, siempre has sido muy hermética Stark, por eso es que esa chica nunca te hará caso… ¿Sorprendida? Si se te nota a leguas, tú no eres de jugar a ser una guardaespaldas, no has bajado la guardia en ningún segundo al estar con ella, pero, estoy segura que solo por ser la princesa es que no te animas a decirle lo que sientes. -

- Nunca has dejado de ser una entrometida. -

- Me gusta informarme y estar atenta de todo, solo eso. -


- Ni se te ocurra tocarla ¿Entendido? -


- ¿Estás pensando mal de mí? Solo quiero recibir a la princesa como ella se merece. -


- Más vale que sea así. -


- No me estés hablando así, Stark. -
Respondió Rosing apuntándole con una de sus dagas al cuello. - no estoy de buen humor como para tolerarte, ver a esa belleza en este lugar es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, solo haré que la princesa se relaje, que se divierta, seguro se la pasa aburrida contigo, quien sabe, ya entradas en confianza, puede pasar cualquier cosa. -

- Eres una zorra detrás de esa cara amigable. -


- Lo siento, pero tengo a una princesa que recibir. -



Rosing se dio la vuelta para entrar al cabildo, haciendo que Stark chitara sus dientes, pensó que esos chismes de que Rosing gustaba de buscar doncellas de pueblo en pueblo eran solo eso, chismes, al parecer, era algo serio, y más cuando su blanco era la mismísima Agelus.

Tras un rato de descanso, la princesa decidió darse un baño y alistarse para ir a ver a la otra guardiana, para saber su versión de la historia, empezando a desvestirse lentamente, pensando en que esa chica parecía muy amable, pero, al parecer, no le agradaba a la capitana, así que debía de estar atenta por ello. La princesa no sabía que por un agujero en la pared, su cuerpo desnudo era observado desde el cuarto de la teniente, quien se deleitaba la vista al ver el cuerpo juvenil de Agelus, con unos senos muy bien puestos en su delgado ser, cuyos pezones color blanco aperlado eran atrayentes, unas piernas y caderas coronadas por unos glúteos firmes y parados en una curva coqueta, más llamativo aún era su intimidad, pequeña, tan blanca como toda su piel, con unos cuantos vellos que apenas se podían ver por el color que tenían. Rosing se imaginaba que esa virginal princesa tendría la piel muy suave, la más suave de todas, que su sabor sería el más dulce, y su boca sería casi un tesoro, sin dudas, Agelus era un manjar digno de las historias que se contaban de su belleza.


Luego de bañarse, Agelus caminó de la mano de Stark hacia la otra casa que estaba como cabildo, aunque Rosing insistió en detenerla, Stark abusó de su autoridad como capitana de las guardianas para ordenarle callar, cosa que luego tendría sus consecuencias. Al entrar a la otra casa, parecía que ya la esperaban pues estaba un gran comedor con platillos elegantes a su disposición, Agelus mordió sus labios tapándolos con su mano, poniéndose roja pues su gula de loba le invitaba a salir y comer todo, pero como decía su querida madre, era una señorita y debía portarse como tal.


- ¿Pasa algo, princesa? -
Preguntó Stark sujetándola de los hombros.

- Es que… Es mucha comida con la que nos reciben. -


- Si, es demasiada comida le diré a Sonning que exageró en la bienvenida. -


- No es exagerado cuando es para nuestra princesa.
- Dijo la rubia con una sonrisa amigable. - Ha pasado mucho tiempo, Stark. -

- Hola, Sonning. -

- Princesa, su belleza no era solo un mito. - Sonrió Sonning tomando la mano de Agelus para besarla, mientras quedaban impactadas por un rugido intenso y el sonrojo de la princesa.

- ¡Disculpen! ¿Podría comer un poco a solas? -


- Jiji, seguro tiene mucha hambre, Stark era muy estricta con las raciones, no puedo creer que incluso a usted le pida medirse. -


- Yo nunca le haría eso a la princesa… Princesa ¿En verdad se muere de hambre?
- Preguntó Stark mientras Agelus volteaba a otro lado apenada.

- Es que… Cuando veo demasiada comida, mi… Mi instinto animal sale a la luz, por eso, no quisiera que me vieran en mi estado salvaje. -


- ¿Estado salvaje? -


- Sonning, la princesa es una loba albina. -


- Capitana, no le di permiso de revelarlo. -
Señaló Agelus mirando apenada a la capitana.

- Discúlpeme. -


- Una loba ¿Eh?
- Pensó la rubia sin dejar de mirar a esa bella jovencita, para luego sonreírle. - entonces ¿Qué le parece si nos espera en mi oficina y elijo un poco de comida para usted? Así al tener porciones más pequeñas, su apetito no se desata. -

- Muchas gracias, teniente. -



Sonning señaló la dirección de su despacho viendo a Agelus dirigirse hacia su salón, dejando a la teniente y a la capitana a solas. Ambas se miraron y sonrieron, tomándose la mano en señal de confianza y respeto como militares.


- Ponme al corriente ¿Por qué el cabildo está dividido en dos secciones?
- Preguntó Stark viendo suspirar a la rubia.

- Es esa idiota, puso de pretexto que quería quedar bien con el gobernador y tener el reconocimiento de calmar la zona, pero el motivo del por qué le dije eso fue por qué el único crédito que tiene ella es haberse metido con una pueblerina a mis espaldas. -

- Bueno, es un acto reprobable para una guardiana y que amerita una sanción, no puede involucrarse amorosamente con un hombre o una mujer sin que esto signifique un compromiso. -


- Ese es el problema. -
Señaló la rubia mirando enojada a la capitana. - estábamos comprometidas y le pareció gracioso hacerlo, hasta tuvo el descaro de decirme que si quería acompañarlas cuando las encontré en la cama. -

- Lo siento… Pensar que tu prometida, una guardiana imperial haga algo tan cínico, como capitana, tramitaré una carta al gobernador para solicitar su cese de actividades. -


- No, causaría más problemas, tiene a muchos soldados de su parte, la mitad del pelotón de este puesto la siguen. -


- ¿Y qué piensas hacer? -


- Espero me ayudes a convencer a la princesa de que me eleve el rango, tú como capitana general de las tropas imperiales, si me conviertes de teniente a una coronel, los demás soldados no dudarán en seguirme. -


- Es algo difícil, ese nombramiento solo lo puede dar el gobernador, no la princesa. -


- Pero podría ser solo honorifico, que ella lo haga frente a la plaza. -


- No sé.
- Dijo Stark cruzando sus brazos. - los demás podrían tomarlo como que ella tenía razón y que solamente buscabas el beneficio propio… Tuve que dejar mi sello imperial por qué venía solamente como protección a la princesa, así que no puedo ni tengo influencia militar en este momento, si me involucro, podría considerarse desacato. -

- Hay otra manera en que podrían tomarme como una persona con una jerarquía superior a ella. -


- ¿Cuál? -


Sonning miró para todos lados, sonriendo a Stark quien le miraba confundida, cerró la puerta de la sala para que nadie pudiera escucharlas, acercándose de nuevo a la capitana general de Urs Maxima, pues su plan era algo de mucho tacto.


- Pensaba en que, si una teniente como yo, lograba desposar a la princesa, mi estatus pasaría a ser parte de la realeza, así, sus soldados no me rechazarían y podría terminar todos los planes que se tienen para Araxia. -


- Sonning, ni se te ocurra.
- Dijo Stark mirando enojada a su excompañera. - ¿Piensas usar a la princesa para tus planes? -

- No es usarla, la verdad, es la chica más linda que he visto, más que jugar con ella, sería la mayor condecoración que pudiera recibir, desposar a quien es llamada la princesa blanca. -

- Rosing tenía razón, lo estás haciendo todo por mérito propio. -

- No es cierto, solo hago lo que se debe de hacer por nuestro pueblo.
- Habló la rubia mostrando ese rostro sereno que le caracterizaba. - Ya veo… ¿Por qué no lo noté? No te molesta que quiera a la princesa para mis planes, te pone celosa que me guste por qué a ti te atrae ¿Cierto? -

- Lo que siento por la princesa es respeto y aprecio como su fiel sierva. -


- No cambias, siempre escudándote con esta fea armadura, hablando de normas, honor y valor, pero nunca has sido capaz de enfrentar tus emociones. -


- No me importa que me digas lo que quieras, aléjate de Agelus o sino. -


- ¿De Agelus?
- Sonrió Sonning llevando su mano a la boca de forma infantil, viendo como Stark se sonrojaba enojada. - ¿Tanta confianza tienes para llamar a la princesa por su nombre? Muy mal, capitana, usted no tiene ese derecho a menos que tuviese un compromiso con ella ¿O no? -

- Resolveremos esto, sea con el consentimiento de las dos o no, así las alejaré de ustedes dos. -


- Tú lo dijiste, no tienes jurisprudencia en esta tierra, solo eres una guardaespaldas más, por lo que concierne, yo tengo más autoridad militar aquí que tú, se buena o si no, te mandaré a dormir a los establos. -



Stark apretó sus puños y se alejó para acompañar a la princesa, mientras Sonning pensaba que, aunque en sus planes, la princesa jugaba un papel muy importante, sin dudas, era una chica preciosa, que cualquier hombre o mujer quisiera tener a su lado, sería el botín perfecto para devolverle la tristeza y coraje pasado por el engaño de Rosing ¿Qué mejor manera de mofarse de su exnovia al darle la noticia de que estaría comprometida con la chica más bella de Urs Maxima?

Lejos del cabildo, en las orillas del pueblo, el cementerio recibía la visita de esa joven de extraños ropajes similares a los del teatro o el circo. La chica del parche, entró a un mausoleo, asegurándose de que nadie la viera al cerrar, llegando hasta un féretro lleno de rosas, y dentro de ella, una hermosa joven de cabello rizado de color rojo, parecía dormir profundamente. Ojalá fuese solo eso, dormir, Gavrail, como se llamaba su visitante, sabía que no era así, ya que su mejor amiga y la chica que más amaba en el mundo, yacía muerta desde hace meses.

Eden, así se llamó esa difunta, su amiga desde tenía memoria, ambas de dos familias que trabajaban en un teatro ambulante. Tenían todo lo que podían querer al recorrer juntas el continente, pero, todo cambió cuando ella enfermó, los médicos dijeron que era el mal de la máscara roja, esa enfermedad que la hizo toser sangre y agotarla hasta dejarla encamada. Sus padres, sus amigos, la abandonaron a su suerte, por temer que podían ser contagiados, solo Gavrail la acompañó y cuidó hasta sus últimos instantes, sufriendo al verla morir sin poder hacer algo. Ella rogó y rogó a las eternas, imploró por qué alguna escuchara sus suplicas y sanara a Eden, pero nadie llegó a sus ruegos. Sus deidades le fallaron, pero, alguien le había dado la esperanza de traer de vuelta a su amiga, la misma persona que le enseñó como preservar el cuerpo de Eden.




- Eden… La maestra dijo que ya está muy cerca de poder traerte de vuelta.
- Hablaba la joven al lado del cadáver. - solo falta un detalle, pero no te preocupes, no me arriesgaré de nuevo en la ciudad, pues lo que ocupo llegó al pueblo. -


La joven se puso de pie, sonriendo al ver como la chica con una apariencia de una dama durmiendo, Gavrail sujetó sus mejillas y se acercó a sus labios, besándolos, esos labios fríos y sin vida, que anhelaba poder besarlos cuando tuvieran el calor de vuelta.


- No sé para que la necesita, pero la maestra me pidió a la princesa, sé que hacerlo me convertirá en enemiga de todo el continente, no me importa, si con ella vuelves a mi lado. -



Gavrail acariciaba lentamente la mejilla de Eden, empezando a desvestirla nuevamente, besando su cuerpo. Su maestra había asegurado que su cuerpo siguiera intacto, sano, pero, solo faltaba lo más importante, el alma de su amada amiga. A pesar de su esperanza, la ladrona no podía controlar sus deseos por ella, no, cuando nunca le confesó sus sentimientos, por lo que aprovechaba la soledad del sepulcro, para explorar el cuerpo de Eden y poder desatar sus sentimientos, aunque siempre terminaba en llanto al ver que ella no respondía. Ojalá, su sueño por regresarla a la vida, logre cumplirse con el plan de su maestra.








¿Podrá Stark mantener alejadas a esas dos tenientes?
¿Quien es esa maestra que menciona Gavrail? ¿Logrará su sueño de revivir a Eden?
Que linda Agelus :3 evitar comportarse como un lobo por qué siempre debe de portarse como una linda señorita, xd tal como le dijo su mamá.
 
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4. - CUANDO DEL BOSQUE EL ODIO SE HA APODERADO.



Agelus pasó toda la mañana paseando por el pueblo, conociendo la gente, las labores y la convivencia de los pobladores, dándose cuenta que el problema de las tenientes era muy aparte, cosa que le facilitaría su trabajo. Aunque la pequeña loba no lo notaba, las dos tenientes la seguían muy de cerca, cada una tenía en mente acercarse lo más que pudieran a esa bella jovencita, no importaba que le llevaran diez años, sin dudas, su posición social, así como su belleza era un premio mayor que ganarse, pero para fortuna de la princesa, la capitana general no se apartaba de ella, ya que conocía bien las intenciones de sus excompañeras.

Tras llegar el mediodía, la princesa descansaba debajo de un gran árbol, teniendo un pequeño picnic en compañía de Stark y las tenientes, que no paraban de mirar a la princesa, quien pensaba que se habían comportado bien y quizá su disputa podía solucionarse rápido.


- Este pueblo es muy tranquilo, me gustaría que siguiera así. -


- Con gusto mantendré el pueblo así, princesa, es mi deber como teniente asegurarme que nuestro imperio progrese. -


- No se preocupe por las palabras de Rosing, quien se encargará de ello seré yo, ya que soy quien ha estado a cargo de la administración del poblado. -


- No me gustaría que sigan discutiendo por quién lo hará, solo háganlo.
- Dijo la princesa sintiendo como Stark le limpiaba la boca con un pañuelo haciéndola sonrojar. - Capitana, no era necesario. -

- Perdóneme el atrevimiento. -


- ¿Qué le parece que para que se asegure que todo irá bien se queda un tiempo aquí? -


- No es necesario, creo que, si podemos arreglar la situación del crédito por su desempeño en este sitio, no tengo por qué quedarme más de la cuenta
. - Sonrió Agelus mientras le quitaba el pañuelo a Stark para limpiar su boca. - me aseguraré de que ambas sean reconocidas y recompensadas por igual por mi padre. -

- Agradecemos su atención, princesa, pero segura está cansada de lo escandalosa que es la ciudadela, después de todo, sus orejas son muy sensibles al ruido al ser una loba ¿O no? Este pueblo es perfecto para que tome unas vacaciones. -


- Son algo insistentes, jeje.
- Rio algo apenada la princesa por sentirse presionada por ambas.

- Chicas, la princesa no va a quedarse cuando ustedes quieran, tenemos cosas que hacer en la ciudad. -


- ¿Si? -


- Claro que sí ¿No estaba interesada en el caso de la ladrona? -


- ¿Me dejará apoyar en ese asunto?
- Preguntó emocionada la albina sin saber que Stark lo hacía con tal de sacarla pronto del pueblo.

- ¿Ladrona? -


- Es una ladrona que ha estado robando artículos mágicos de la capital. -


- ¿Será la misma? -


- ¿La misma? -


- Un poco de la pelea que tenemos ella y yo fue por qué a Rosing le robaron unas cadenas de oricalco, pensé que seguro las había vendido para sus caprichos. -


- Pero luego a ella le robaron un libro de sellos de detección, que la profesora Ceres le regaló. -


- Significa que esa ladrona ha estado aquí. -


- ¿Hace cuánto fueron los robos? -


- Hace dos meses. -



Stark se quedó pensativa recordando todos los robos realizados, se puso de pie y llevó su mano al mentón mientras pensaba, siendo seguida por Agelus que le llamó la atención el suceso.


- ¿Qué piensa, capitana? -


- No se han presentado incidentes en los alrededores de Urs Maxima, que esa ladrona robara aquí, me hace pensar que es posible que sea oriunda de aquí. -


- ¿Está segura? -


- Princesa ¿Podría usar su olfato? Usted dijo que conoce el aroma de esa ladrona ¿Cierto? -

- Puedo intentarlo, trato de no usarlo en la mañana cuando las flores sueltan tanto aroma y hay tantos animales diurnos. -


Agelus cerró sus ojos y concentró su sentido del olfato, Rosing y Sonning se acercaron por la curiosidad de ver a la princesa usando sus dotes de lobo. La princesa abrió sus ojos de repente, mostrándose agitada, volteó hacia Stark quien notó esa cara de sorpresa.


- ¡Está aquí!
- Gritó Agelus y señaló hacia una dirección dentro del bosque- ¡Como a quinientos pies de distancia! -


Las tenientes y la general sacaron sus espadas, se miraron entendiendo que cualquier cosa a platicar estaba de lado, corriendo las tres hacia la dirección señalada por la princesa. A una distancia de unos doscientos metros, Gavrail veía desde la cima de un árbol con ayuda de un catalejo, molestándose al haber sido descubierta, pero era su oportunidad, Agelus estaba sola debajo de las sombras del árbol, sabía que era riesgoso atacarla por la noche, no obstante, la princesa sufría por la luz del Sol así que era el mejor momento para intentar secuestrarla. La ladrona bajó rápidamente y tronando sus dedos, activo un laberinto de sellos para detener el avance de las guerreras, tomando una vía contraria a la de donde ellas venían, dirigiéndose hacia la princesa.

Stark y las tenientes intentaron atravesar por el bosque, notaron como había una barrera mágica que parecía guiarlas en todas direcciones, Stark tocó el suelo e hizo un conjuro rompiendo parte de ella mientras la rubia y la pelirroja imitaron su acción para deshacerlo. Una corazonada le hizo pensar a la capitana que esto era una distracción ¿Por qué perder el tiempo haciendo una barrera si podía usarlo para alejarse más y ocultar su rastro?


- Chicas, esperen, esto es raro ¿No creen?. -


- ¿Por qué esperar? La princesa dijo que estaba después de estos árboles.
- Dijo Rosing rompiendo otro sello, fue cuando reaccionó Stark.

- ¡La princesa! ¡La dejamos sola! -


- Pero ella sabe defenderse ¿O no? -


- La princesa no tiene mucha fuerza en las horas del Sol por su albinismo.
- Aclaró Stark guardando su espada para correr de regreso.


Agelus esperaba a las tres guerreras estando debajo de un árbol, el día estaba nublado por la mañana por lo que tuvo la confianza de no salir con su sombrilla, ir sin él con tanto Sol presente. La loba albina suspiró al pensar que sin su ayuda habían perdido el rastro de la ladrona, pero su olfato le hizo reaccionar y volteó a todos lados al detectar el aroma de esa joven, logrando esquivar un dardo con ayuda de sus reflejos. La princesa siguió esquivando, sin darse cuenta que uno de los dardos lograba clavarse en uno de sus muslos, fue cuando su cuerpo se sintió flojo casi al instante, sosteniéndose con sus manos para no caer por completo al suelo.


- ¿Qué me pasa? -


- La maestra atinó muy bien a la toxina que me dio.
- Habló la ladrona bajando de un árbol, guardando una pequeña ballesta automática que traía.

- ¿Toxina? Yo… No puedo ser vencida por un veneno. -

- No es un veneno como tal, ella me dijo que es un potente somnífero, suficiente para poner a dormir a un lobo adulto, siendo que tú aun eres una chiquilla, sabrás que el efecto será más fuerte. -


- Tú… Eres la ladrona de la ciudad. -


- Me alegra que me recuerdes, loba. -


- Te vamos a detener. -


- Tus amigas apenas se han de haber dado cuenta que era una distracción lo que les dejé entre los árboles, para cuando regresen, tú y yo ya estaremos lejos. -


- No estés tan segura, la capitana vendrá por mí. -


- Nadie vendrá por ti, nadie viene por uno cuando más se le necesita. -
Habló Gavrail en un tono nostálgico, al escuchar la fe de esa joven princesa.


La princesa intentaba ponerse de pie, pero le era imposible, su vista empezaba a nublarse y su cuerpo no respondía. La atacante sujetó sus manos llevándolas a su espalda para esposarla con esposas de oricalco, antes de perder el conocimiento, Agelus mordió su labio hasta sangrar y escupió al suelo sin que su captora lo viera, quedando dormida pocos segundos después. Agelus había sido atrapada.

La capitana y las tenientes llegaron, encontrándose con nadie, la princesa había desaparecido. Stark clavó su espada a la tierra llena de coraje, por querer detener a la criminal dejó de lado que debía de proteger a Agelus, era claro que esa ladrona había ido directo por ella.


- ¡MALDICIÓN! - Gritó Stark pateando la tierra levantándola con todo y césped.

- Vamos, quizá regresó al cabildo. -


- No creo que la princesa se moviera, ella no parece ser de las que se esconden. -


- Maldita sea… ¡MALDITA SEA! -


- Cálmate Stark, tenemos que pensar a donde pudo llevársela o qué dirección tomó. -


- ¿Cómo quieres que me calme? Vine como su protectora y se la llevaron frente a mí. -
Reclamó la capitana mirando al suelo buscando alguna pista, agachándose al ver los dardos.

- Conozco esos dardos. -


- ¿Los conoces? -


- Suelen usarlos mucho entre los cazadores de la región, usan una pequeña ballesta, del largo de un pie, puedes meterle varias municiones, no causan una herida profunda, sino que suelen tener algún somnífero para poder atrapar a los animales sin tener que perseguirlos. -


- Ya veo… Solo así podría haberla atrapado.
- Dijo la guerrera notando una mancha de sangre en el suelo. - Princesa. -

- Esa sangre… ¿Habrá herido de gravedad a la princesa? -


- No, es muy poca, incluso podría ser por un piquete dardo. -


- Lo tengo. -



Stark sacó de uno de sus bolsillos un pequeño frasco con un polvo negro, lo abrió y vertió sobre la sangre fresca, notando como el polvo empezaba a flotar lentamente a pocos centímetros del suelo, dejando sorprendidas a las tenientes.


- ¿Qué clase de magia es esa? -


- Es magia de rastreo, me lo enseñó una de las guardianas espirituales, ese polvo es mineral de imán encantado, sigue el rastro de la sangre de una persona, entre más única la sangre, más eficiente es el rastreo. -


- Y la princesa es una loba albina, entiendo por qué te enseñaron a hacerlo. -


- Vamos, no tenemos tiempo que perder, sigamos el rastro. -


- ¿Qué dices, Sonning? ¿Quién salve a la princesa se llenará de gloria?
-Preguntó la pelirroja haciendo que Stark frunciera su mirada hacia ella. - es una broma. -

- Déjate de bromas Rosing, si no recuperamos a la princesa, no tendremos ninguna gloria que presumir. -


Las tres guerreras corrieron siguiendo ese polvo mágico que las guiaba hacía otra dirección del bosque. Stark estaba llena de rabia, su descuido le había costado el secuestro de la princesa, no solamente era un fallo como capitana de las guardias imperiales, era una falla a su devoción y amor por Agelus, por situaciones así, era cuando sentía que no era digna de ella.






OAO !A RESCATAR A AGELUS! ¿Quién será esa dichosa maestra?
 

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5. - EL INEXPUGNABLE OCASO DEL LABERINTO DE LA RAZÓN



Agelus abría sus ojos, sintiendo su cuerpo pesado por efecto del sedante, notó que estaba encadenada a un pilar de piedra, por el aroma fresco del ambiente y ver sus ojos rojos reflejados en un vidrío, se dio cuenta que era de noche, ya que sus ojos se manifestaban así cuando la luz del Sol había caído. Volteó para todos lados, mirando un féretro de madera negra, del cual, salía una joven de cuerpo delgado, desnuda, dándose cuenta que, dentro de ese ataúd, había una pelirroja que parecía estar muerta, la princesa lo sabía pues sus sentidos de loba le hacían saberlo.

Gavrail miraba con coraje a la princesa, después de todo, ella era descendiente de las eternas que la traicionaron, que no salvaron a Eden de su destino. La chica empezó a vestirse mientras Agelus intentaba romper las cadenas, pero era inútil, no solo no tenía fuerzas, eran de oricalco, un material que los eternos no podían quebrar con facilidad, menos una eterna que apenas podía controlar su poder.

La captora se acercó a Agelus, quien le miraba con ira, no soportó esa mirada encima de ella, pues la ofendida era Gavrail por tener que traer consigo a esa chica que representaba todo lo que odiaba, por lo que soltó una bofetada en su rostro que solamente le dejó la mejilla roja.


- No sabes cómo te odio, odio a todos los de tu raza. -


- Te crees muy valiente por qué me tienes encadenada, suéltame y veremos si puedes hacer algo contra mí. -


- No soy estúpida, la maestra me dijo de que eres capaz, loba blanca de Urs Maxima, Agelus, nieta de Ankhara, reina albina. -


- Veo que me conoces muy bien. -


- Tenia que conocer a mi presa, después de todo, eres una bestia disfrazada de humano, tal como tu padre. -

- ¡No te atrevas a hablar de mi padre, maldita! - Gritó Agelus enseñando sus colmillos de loba, mientras Gavrail le volvía a dar una bofetada haciéndole escupir sangre.

- No sé de qué servirás para los planes de la maestra, pero, si con ello logra revivir a Eden, no me importa hacerme enemiga de todo el imperio. -


- ¿Quién es esa maestra de la que hablas? ¿Por qué robas esos artículos? Esa armadura, esas cadenas, su magia es demasiado para una humana, tu vida se irá consumiendo rápidamente si no tienes la preparación y control sobre la magia. -

- No ocupo un sermón de una bestia, estoy consciente de ello, por eso la maestra me prestó un poco de su poder. -

Gavrail reveló lo que escondía en su parche, mostrando un ojo rojo con un brillo menor al de los ojos de Agelus o Anhara. La joven ajustó más fuerte las cadenas de Agelus y regresó al féretro para cerrarlo, eso hizo sospechar a la loba de que ese ataúd era muy importante para ella, por lo que buscó averiguarlo.


- Contesta ¿Quién es tu maestra? ¿Quién es esa chica? -


- No ocupas preguntar por la maestra, pronto la conocerás… -
Dijo Gavrail sentándose al lado del ataúd. - y ella, es Eden, a quien ustedes le deben una disculpa por dejarla morir. -

- ¿Nosotras? -


- Eden enfermó, yo les imploré día y noche, rogué por su vida, ofrecía la mía, en ningún momento respondieron a mi llamado… Murió por qué ustedes no la salvaron, la reina Ankhara le falló a mi amiga. -


- No es culpa de mi abuela tiene asuntos más importantes que tratar y… -


- ¿Me estás diciendo que la vida de Eden no valía nada? -


- No estoy diciendo eso, muchas personas pasan por cosas difíciles y les es más fácil digerirlo al culpar a otros. -
Hablaba Agelus tratando de apaciguar a esa joven que lucía muy molesta con su familia. - mi abuela tiene que encargarse de proteger las cuatro grandes urbes, Geglaceed, Urs Maxima, Vobodnil y la capital, Regalea, tiene que asegurarse de que no les falte nada, que los pueblos sean prósperos por sí mismos para que no intenten invadir o pelear con otros, sería difícil para ella responder al llamado de una sola persona. -

- Eso no cambia el hecho de que un puñado de trigo y tierra le fue más importante a ellas que Eden, pero eso ya no importa, pronto, ella regresará de la muerte y nos alejaremos de esta tierra podrida por ustedes. -


- Pero… Traer de la vida a una persona está prohibido, solamente mi bisabuela Seele sabía la forma de hacerlo y le contó a mi abuela que era algo que tenía un gran coste. -


- Patrañas. -



Gavrail tomó una piedra para arrojársela al vientre de Agelus, haciéndola retorcer de dolor y escupir sangre, mientras la captora le miraba con desprecio. Se acercó a ella jalándole su blanco cabello, para empezar a golpear su vientre con su guante puntiagudo, provocando su boca y nariz empezara a liberar sangre por el daño interno que recibía, así como las perforaciones por los picos de oricalco de aquel guante.
Agelus agachó su cara, bañando su vestido de sangre, Gavrail le jaló el cabello para levantarle la cara nuevamente, mirando con coraje a la princesa.


- Ustedes son unas egoístas, saben el secreto para evitar la muerte, si en verdad quisieran salvarnos de sufrir, deberían de compartirlo con todos. -


- Un humano no es capaz de comprenderlo, revivir a alguien no es simplemente traerlo de regreso.-


- No tomaré en cuenta las palabras de una bestia. -



La joven dejó sola a Agelus frente a ese ataúd, saliendo para colocar más trampas mientras aquella maestra que tanto mencionaba aparecía. La joven princesa se dio cuenta que esa chica estaba adoctrinada e idolatraba a esa tal maestra, le había ofrecido traer de vuelta a esa doncella pelirroja, que le importaba poco poner en riesgo su propia vida. Más y más quería saber quién era esa supuesta maestra, para que quería esos artículos y por qué le mentía a esa ladrona sobre traer a la vida a esa difunta.

A lo lejos, Stark seguía el polvo de imán que flotaba por la magia usada, Sonning y Rosing le seguían el paso, pensando en que por lo menos debían dejar de lado su disputa, ya que la seguridad de la princesa representaba la tarea más importante que les había tocado realizar, y habían fracasado las tres juntas. Sonning se quedó un poco atrás cuidando la retaguardia, momento que Rosing aprovechó para adelantarse y acercarse a Stark, que parecía no querer dirigirle la palabra a nadie, pues sentía que el secuestro de Agelus era su culpa.


- Stark, en verdad se nota que quieres mucho a esa princesa, pero no por eso debes de culparte de cada cosa que le llegue a pasar. -


- Soy la capitana de las guardianas imperiales, no confundas lealtad y servicio con sentimientos. -


- Más bien, te escudas con tu lealtad para no aceptar que la amas ¿Verdad? -


- No pienso discutir eso con una mujer que metió a otra en la cama estando comprometida. -


- ¿Te contó eso ella?
- Suspiró la pelirroja mirando por su hombro a Sonning que evitó cruzar miradas con ella. - Esa idiota. -

- No puedo creerlo, había escuchado que te enredabas con chicas de cada pueblo que visitabas, pero hacerle eso a ella, a tu prometida. -


- No fue como ella dice, es cierto, tuve mis quereres con varias chicas, pero, en verdad, quería estar casada con Sonning, pensé que éramos la una para la otra, pero, era demasiado seria y fría en la intimidad, pensé que le faltaba algo de experiencia y quise sorprenderla. -


- ¿Metiéndote con otra en su casa? -


- ¡No! Iba a sorprenderla con un trío, busqué a la chica más bonita del pueblo, una que ella me dijo que también le había parecido guapa, en cuanto llegó, le dije que era una sorpresa y que se acercara a la cama, ella no reaccionó como esperaba y salió llorando. -
Suspiró nuevamente Rosing mostrando una cara algo arrepentida. - tal vez me excedí, debí de ser más paciente con Sonning, después de todo, en verdad me gustaba la idea de estar a su lado. -


Stark notó que Rosing, a pesar de las apariencias, en el fondo, aún sentía amor por su compañera, pero era claro que las dos eran demasiado orgullosas para querer aceptar que cada una a su manera, tuvo la culpa, así como que ninguna de las dos trato de resolver el problema, simplemente, se dieron la espalda y empezaron una guerra de dimes y diretes que empezó a afectar a todos los soldados a su servicio.


- Stark, si seguimos caminando por aquí, llegaremos al viejo panteón.
- Hablaba Sonning encendiendo una llama mágica en sus manos para iluminar más el camino. - debemos de tener cuidado. -

- Ese panteón lo cerraron por qué hubo una jovencita que se enfermó de algo muy extraño, temían que fuese infeccioso así que prohibieron las visitas a él. -


- ¿La princesa estará bien? -


- Dudo que sea peligroso, tal parece que alguien se la ha pasado visitando ese lugar. -


Las tres caballeros entraron lentamente al panteón prohibido, siendo iluminados con su magia, Stark ordenó apagar las luces mágicas y con su cabeza pidió a Rosing que lanzara algunas de sus dagas adelante, al hacerlo, varias detonaciones empezaron a iniciarse alrededor de la entrada del panteón, esa chica previno su llegada.


- Sigue lanzando las dagas, Rosing. -


- ¡Ya vi los sellos!
- Gritó Sonning rompiendo los puntos donde estaban los conjuros que activaban las trampas.

- ¡Chicas, detrás de mí! -



Rosing y Sonning se colocaron detrás de Stark, quien cubrió a todas con su capa de pelaje de lobo oscuro, uno que era entregado a las capitanas y guardianas espirituales, hechos del pelaje que mudaba el rey de las bestias, Raviel. Stark avanzó protegiendo a sus compañeras del fuego, logrando entrar al mausoleo enorme, donde vieron a la princesa encadenada y con sangre en su rostro y ropas.


- ¡Princesa! -


- ¡Capitana, detrás de ustedes!
- Gritó la princesa haciendo que las tres se separaran al escuchar el sonido de cadenas golpeándose.


Las tres lograron esquivar la cadena de oricalco de Gavrail, quien estaba lista para pelear, Sonning y Rosing se miraron, sabían que esto ya no era por orgullo o gloria, tenían que salvar a Agelus a toda costa, y esa chica parecía tener toda la intención de matar por cumplir su cometido.


- Yo, Stark, capitana general de la guardia imperial de Urs Maxima, te condeno a muerte por secuestrar a Agelus, princesa de… -


- Stark, no es tiempo para formalidades, esa tipa quiere matarnos.
- Dijo Sonning regresando un golpe de la cadena con su espada. - ve por la princesa, Rosing y yo detendremos a esta lunática. -

- Sonning tiene razón, nosotras nos encargamos de esta mocosa. -


Stark corrió hacia Agelus, buscando quitarle las cadenas, mientras Rosing y Sonning esquivaban la larga cadena con picos de Gavrail, que hacía lo mismo al evitar las dagas que la pelirroja le lanzaba y los espadazos de la rubia. Tras terminar de liberarla, Stark cargó en sus brazos a la princesa, quien respiraba agitada por sus heridas.


- Princesa, la sacaremos de aquí. -


- Esa chica, alguien la está usando Stark, le juró revivir a la chica de allá.
- Señaló con su dedo Agelus hacia el féretro.

- ¡Princesa, es imposible que hagan algo así! -


- Lo sé, pero ella está cegada. -


- ¡Cállense, la maestra traerá de vuelta a Eden! -
Gritó Gavrail lanzando su ataque.

- ¡Chicas! ¡Ese ataúd se está abriendo! -



Todas voltearon al ver como se caía la tapa del ataúd, los ojos de Gavrail brillaron al ver como de él emergía el cuerpo desnudo de su difunta amiga, quien en sus manos sostenía dos largas espadas en sus manos. El movimiento de Eden era inhumano, impactando más a las presentes por ver como empezaba a flotar como si fuese una marioneta, sin previo aviso, lanzó esas espadas contra las chicas, que las esquivaron y como se devolvían a su mano por unos hilos casi invisibles.


- ¡Eden, regresaste! ¡La maestra cumplió su promesa!
- Gritó de emoción la ladrona sin notar que algo extraño le pasaba a esa chica. - ¡Es cierto, luego platicamos, matemos a estas idiotas! -

- Sonning, tengo miedo, esa chica… ¿Está viva? Su cuerpo... Parece de goma. -


- Es imposible Rosing.
- Dijo la rubia colocándose al lado de su compañera. - la chica que fue enterrada aquí, no tenía un cuerpo al cual volver. -

- Pero ¿Quién es ella entonces?-


- El cuerpo de esa joven fue incinerado, sus cenizas fueron guardadas en una urna y enterradas bajo cinco pisos de tierra encantada, para evitar que cualquier clase de mal fuese liberado. -


- Eso significa… -


- Cualquier cosa que sea ese cadáver, no es humano. -







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- Es imposible Rosing. - Dijo la rubia colocándose al lado de su compañera. - la chica que fue enterrada aquí, no tenía un cuerpo al cual volver. -

- Pero ¿Quién es ella entonces?-


- El cuerpo de esa joven fue incinerado, sus cenizas fueron guardadas en una urna y enterradas bajo cinco pisos de tierra encantada, para evitar que cualquier clase de mal fuese liberado. -


- Eso significa… -


- Cualquier cosa que sea ese cadáver, no es humano. -
Qué pinche miedo.

Ahhh, esto está muy emocionante.
 

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6. - LA LEYENDA DE UN PESAR QUE EN TRAGEDIA TERMINÓ Y CON SANGRE SE ESCRIBIÓ.





La pelea seguía y ahora había dos rivales a quienes enfrentar, aquella ladrona y esa extraña chica que desconocían su procedencia. Stark cargaba en un brazo a Agelus que se lamentaba por estar mal herida y no poder ayudar, y con un solo brazo, la capitana lograba detener las espadas que iban y venían de las manos de ese cadáver flotante. Al otro lado de ese mausoleo, Rosing y Sonning peleaban a muerte contra Gavrail, cuya arma era complicada de manejar para las tenientes, debido a que no le dejaba puntos ciegos a la defensa.

Agelus no quiso quedarse atrás al ver como las tres guerreras peleaban para salir libres de esa peliaguda situación, por lo que, concentrando su magia en la mano, creó una corriente de viento manteniendo a raya las espadas de aquella muñeca, dándole la oportunidad a Stark de encajar su espada en el pecho de aquel ser.


- ¡Lo hizo! -


- ¡No, Eden! -
Gritó Gavrail quien intentó acercarse a ella, pero las dos tenientes la detuvieron. - ¡Apártense de mi camino! -

- ¡Capitana, aléjese de ella! -



Stark confió en los sentidos de la princesa, brincando hacía atrás sin soltarla de sus brazos, sorprendida al ver que aquella mujer pelirroja seguía moviéndose, a pesar de que esa espada le había dejado un agujero en su pecho. Agelus olfateó el interior de ese cuerpo, tapando su nariz al notar el aroma a sangre coagulada, cosa imposible pues aquella chica no estaba ni viva ni muerta, fue cuando notó otro aroma, entendiendo que era esa cosa.


- ¡Si, la maestra tenía razón, ya no morirás Eden, no volverás a sufrir! -
Gritaba emocionada Gavrail al ver como su amada se ponía de pie, sin que ella entendiera que ese ser no era Eden.

- Capitana, ella… Huele a arcilla y sangre, me da nauseas, esa cosa tiene sangre de esa chica, es como si se moviera por su sangre. -


- Entonces teníamos razón, es algún tipo de magia negra. -


- ¿Qué haremos entonces Stark? -


- Si es lo que pienso, solo se detendrá cuando ella muera. -
Susurró Stark a la princesa quien estaba sorprendida por la sugerencia.

- No, no debería de ser así, debe de haber otra solución, estoy segura que ella no es mala. -


- Lo siento, pero, se convirtió en nuestra enemiga en cuanto le dejó estas heridas. -


Agelus volvió a usar su magia concentrándose en magia de hielo tratando de retener lo más que pudiera a ese cuerpo extraño, pensando que así le daría tiempo para planear algo que no llevara a matar a esa chica, no era su culpa, era esa tal maestra la que estaba detrás de todo, pero la princesa no entendía que Stark no la escucharía, su coraje hacia la captora y su molestia por su secuestro no se saciaría hasta verla muerta.

Gavrail se mostró motivada al ver que Eden seguía de pie, por lo que su ataque se intensificó contra las tenientes. Rosing estaba batallando al defenderse con sus dagas, por lo que la agresora vio un punto ciego, golpeando con su cadena de oricalco unas rocas detrás de Rosing, quien se confió y no se percató de que ese golpe había proyectado restos de roca hacia su cuerpo, golpeando la parte posterior de una de sus piernas, dejando una gran herida que la tiró al suelo.


- ¡Muere! -



Rosing vio su muerte venir al tener la pierna rota, cerró los ojos pensando que así acababa todo, pero al segundo, escuchó el golpe del metal, mirando que la rubia se había metido en el camino y sujetó la cadena con su mano, aguantando el dolor de sentir una de las púas atravesando su palma, Gavrail jaló la cadena hacía atrás, pero Sonning sujetó con su otra mano la cadena atravesando su otra mano, sorprendiendo a la pelirroja al ver la intensidad con la que ella estaba defendiéndola.


- ¿Puedes moverte? -


- Mi pierna está rota… Sonning, suéltala, te voy a estorbar. -


- ¡Cállate, no pienso dejarte morir! -
Gritó la rubia sujetando con firmeza las cadenas, bañándolas con su sangre. -¡Stark, hazlo! -

- ¡No, capitana, no lo haga! -



Agelus mantuvo detenida aquella muñeca con su magia de hielo, por lo que Stark aprovechó y corrió hacia la espalda de Gavrail, que intentó defenderse, pero Sonning sujetó con firmeza las cadenas aguantando el dolor de las perforaciones, y en menos de un segundo, el silencio llegó a ese mausoleo. Agelus tapó su rostro, aunque eso no evitó que viera la escena, la capitana de las guardianas había atravesado su espada con punta de oricalco en la espalda de Gavrail, destrozando su corazón al instante. Los escasos segundos de la joven que le quedaron, fueron gastados en una sonrisa y sus manos estirándose hacia quien veía como Eden, cayendo su cabeza floja al perder la vida. Los gritos de la princesa hicieron que las tres guerreras se sintieran apenadas por el resultado, ellas estaban habituadas a tener que acabar con la vida de personas que fueran riesgosas para el imperio, pero, para Agelus, era la primera vez que veía a alguien morir en el campo de batalla, peor aún, alguien de su edad.

El cuerpo de Gavrail cayó al suelo, al mismo tiempo, la que supuestamente era Eden, empezó a desintegrarse, despedazándose en pedazos de arcilla y un charco de sangre, revelando que no era más que una muñeca hecha de magia negra, aquella que solamente una bruja podría conocer. Rosing se arrastró hasta una roca descansando, Sonning se sentó a su lado, siendo ayudada por la pelirroja que le quitó las púas de metal en sus manos, tomándolas y mirándola con preocupación por sus heridas.


- Princesa, déjeme curar sus heridas. -


- No, ve con ellas, estaré bien. -


- Pero usted. -


- Es una orden. -
Susurró Agelus sosteniéndose de un pilar, mientras Stark se separó para ayudar a tratar las heridas de sus compañeras.


Agelus sentía nauseas por el aroma de sangre, esa chica murió en vano, su deseo por devolverle la vida a su amiga fue efímero, nunca hubiera logrado su sueño, pero, lo que más le provocaba nauseas, era saber que alguien la había usado, ni siquiera supo su nombre, y sentía una tremenda tristeza por no haber evitado su muerte. La pena de la princesa se fue en el mismo instante que un gran temblor se hizo presente, haciendo que las chicas se quedaran congeladas por lo inesperado de la situación.


- ¡Stark, ese temblor se sintió en dirección del pueblo! -


- Rápido, debemos curarnos, mi gente está ahí. -
Dijo Sonning mientras Rosing usaba su magia sobre sus manos perforadas.

- Princesa, salga de aquí, no podemos seguir arriesgándola. -



Mientras Stark limpiaba las heridas de sus compañeras y Rosing usaba su magia de sanación para cerrar la herida de Sonning, Agelus notó un aroma extraño en el área, había alguien más en ese mausoleo, esa sensación se acompañó de un hormigueo en su espalda al sentir a una persona detrás de ella. Agelus miró por su hombro, viendo a una persona con capucha gris, que le susurró aprovechando el gran sentido del oído que la albina tenía, así solo escuchara ella.


- La maestra dice que la espera en la costa norte, solamente usted, princesa, sino va, el próximo temblor será en la ciudad. -


- ¿Cómo que el próximo? -



Agelus volteó presionando su vientre herido, notando que ya no estaba ni esa persona ni su aroma, sacudió su cabeza y decidió acercarse a las tres guerreras, que poco a poco se iban recuperando de la batalla. La princesa pensó si decirles lo que escuchó, pero recordó la advertencia, si esa tal “maestra” provocó el temblor que sintieron, era alguien de cuidado, y no quería volver a ver a alguien morir, no cuando se sentía culpable de la muerte de esa chica a quien no pudo ayudar de ninguna manera.


- ¿Cómo las sientes? -


- Mejor…-
Dijo Sonning mostrando algo de dolor en sus ojos al abrir y cerrar las manos.

- Eres una idiota ¿Cómo se te ocurrió sujetar esa cadena? -


- No iba a dejar que te mueras, no sin haber arreglado nuestros problemas.
- Contestó la rubia haciendo que Rosing se pusiera roja por el comentario. - ¿Y tú pierna? -

- Creo que ocuparé tablas. -


- El hueso se quebró, tenemos que volver al pueblo con una curandera, para unir el hueso… No podrás hacer mucho por unos meses. -


- Es mejor eso a estar muerta…. Stark, atiende a la princesa, ella sufrió más heridas que nosotras. -


- No es necesario, mi sanación es rápida… Capitana ¿Por qué lo hizo? -


- No tenía otra opción. -


- La tenía capitana, la teniente Sonning le había detenido su arma, usted pudo dejarla inconsciente, pudo someterla, pudo hacer cualquier cosa y no … No hacer eso. -


Las tenientes miraron a Stark quien parecía ignorar las palabras de la princesa, concentrada en curar las heridas de su compañera. La capitana se paró y volteó hacía la loba blanca, mirando en su rostro una gran tristeza, por ese rostro es que ella siempre deseó mantenerla al margen de esto, su corazón era demasiado noble para arrebatarle la vida a alguien, por más que quisiera ser una guerrera, no tenía la voluntad como tal.


- Al momento en que ella se atrevió a secuestrarla y golpearla, fue declarada culpable de traición a Urs Maxima y condenada a muerte. -


- Pero… ¿Por qué? -


- Por qué así es el campo de batalla, princesa… ¿Aún desea ser guardiana?
- Preguntó en un tono de regaño, haciendo que Agelus agachara su rostro. - en el campo de batalla, no hay tiempo para sentir compasión, esa chica no sabemos que planeaba hacer, por qué robó esos artículos y que hizo con los que faltan, ni quienes le ayudaban, solo sabíamos que la hirió e intentó matarnos, con eso basta para saber que era nuestra enemiga. -

- No seas tan dura con la princesa, Stark, esto fue nuestra culpa, nosotras nos descuidamos y la dejamos sola. -


Stark no dijo nada, solamente cargó en su espalda a Rosing, para salir del mausoleo, Sonning la siguió hasta la salida. Las tres guerreras esperaron a que la princesa saliera, pero vieron que, al llegar a la entrada de aquel cementerio, corrió hacia el interior, empezando a quitarle la armadura y la cadena de oricalco a la difunta, lanzándolas hacía fuera del mausoleo. La albina empezó a quitarse el vestido y su ropa interior con dificultad quedando desnuda para sorpresa de las tres. La general y las tenientes fueron testigos de algo que no habían visto nunca, la transformación de la princesa en una loba blanca enorme, cuyo pelaje brillaba por la luna. Agelus metió su hocico sacando con cuidado el cuerpo de Gavrail con sus fauces, caminó hacia un lado del cementerio donde parecía no haber sido tocado, para empezar a escarbar rápidamente. Al cavar lo suficiente, dejó el cuerpo de aquella chica, para volver a enterrarla.

Agelus volvió a su forma humana respirando agitada por el cansancio, pues sus heridas aún estaban abiertas, tomó la armadura y la cadena de oricalco en sus brazos para llevárselas, pensando en que al menos esa chica descansaría en el mismo sitio que su amiga. La princesa cerró los ojos un instante al sentir como una capa gruesa cubría su cuerpo y su vestimenta le era entregada.


- No era necesario que lo hiciera, ella era una criminal. -


- No… Ella no era una criminal, fue solo un peón de alguien que solamente quería jugar con ella, no merecía morir así, con su corazón lleno de esperanzas. -


- Es demasiado noble, después de todo, es la digna princesa de Urs Maxima, pero… No tiene el coraje para ser una guardiana, espero lo entienda con esto. -
Dijo Stark sujetando los hombros de Agelus quien empezó a ponerse su ropa interior y vestido.


Las cuatro mujeres regresaron hacía el pueblo, Stark cargaba en sus hombros a la princesa que había quedado agotada por su transformación, mientras que Sonning cargaba a Rosing, a pesar de que sus manos le seguían doliendo, la preocupación que tenía por la pelirroja le había aguantarlo. Al llegar a una colina que daba la vista de todo el pueblo, quedaron sorprendidas al ver los destrozos del terremoto, varias casas se habían desplomado, entre los edificios, el lado del cabildo perteneciente a la rubia estaba caído, esperaban con toda la fe que no hubiera números negros, mismos que parecía que iban a saber si había o no al ver a un guerrero acercándose a las chicas.


- Informe, soldado. -


- Teniente, más de veinte edificios desplomados, hasta el momento tenemos más de cincuenta heridos, pero ninguna víctima fatal. -


- Que bueno. -
Suspiró Agelus feliz al saber que no había fallecidos.

- Soldado, ordene a todos que se encarguen de limpiar los escombros y lleven a todos los heridos al cabildo para ser atendidos. -


- Y diga a los de mi servicio que doy la misma orden.
- Sonrió Rosing a Sonning quien le devolvió la sonrisa. - que hay una tregua, lo que importa es ayudar a nuestra gente. -

- ¿Puede llevar esto a mi carruaje por favor? -


- Lo que ordene, princesa. -
Contestó el soldado tomando las piezas de oricalco.


Varias guerreras llegaron para ayudar a las dos tenientes y ser cargadas en camillas hasta el cabildo, con sus pulgares arriba, le daban el permiso a Stark de encargarse de todo, empezando a ordenar a los soldados por grupos y calles a atender. Mientras todo esto ocurría, Agelus estaba inmersa en sus pensamientos, esa tal maestra era la causante de ese temblor, quien usó a esa chica y jugó con sus sentimientos, quien fuese, tenía que ser detenida, pero, tenía que haber otra manera que no fuera apuntarle con una espada, a como dé lugar, tenía que encontrarse con ella, no solo para que diera la cara por lo que le hizo a la ladrona, sino, para evitar que causara un daño a la ciudad. Agelus le demostraría a su amada capitana, que podía solucionar las cosas sin que hubiera sangre de por medio.

- No supe tu nombre, pero, espero que puedas encontrarte en Alfheim ( El reino de la luz) con tu amiga.
- Pensaba la princesa al ver la Luna. - sé que no eras mala, en tu aroma, no había oscuridad, te juro que haré justicia, haré que quien jugó con tus esperanzas se arrepienta de lo que hizo... Descansa en paz... Y perdóname... Al final, también te fallé. -







uwu Gavrail murió sin que supieran su nombre QwQ ni cumplir su sueño.
¿Quién es esa tal maestra? ¿Por qué jugó con Gavrail?
¿Agelus seguirá su sueño de ser guardiana con lo que pasó?
PD: Glosario actualizado en el primer post.
 
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Y nomás no apareció la maestra owo
Supongo que Agelus se la cruzará en el siguiente capítulo (eso o mueren muchos y ella no podría dejar que eso ocurriera).
 

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7. - ME ARROPASTE EN TU CALOR Y ENTENDÍ QUE TENDRÍA FRÍO SIN TI.



La noche caía después del temblor ocurrido en ese poblado, para fortuna de todos, no había bajas de vida, y aquel suceso ayudó a que la gente se uniera y la disputa entre las tenientes llegara a una tregua, sin esperarlo, la misión de Agelus parecía haberse cumplido.

En el cabildo, Sonning cuidaba de Rosing quien estaba recostada en la cama, con unas tablas y vendas en la pierna que se le fracturó. La pelirroja veía las manos vendadas de la rubia, recordando como la protegió sin pensarlo, así, como las memorias que tenía cuando salían juntas, aquella teniente que fue su mejor amiga desde el colegio militar y se convirtió en la mujer que más amó. Rosing se mantenía en silencio, no sabía que decirle, pero, sabía que debía darle al menos un agradecimiento, después de todo, esa pelea las había dejado a ambas fuera de servicio por un tiempo.


- ¿Cuántos días te dieron? -


- Me dijo la curandera que necesitaré un mes, las heridas de oricalco tardan mucho en sanar. -
Hablaba la rubia mientras trataba de cortar una manzana para Rosing. - me siento inútil, ni siquiera puedo sostener un cuchillo o una cuchara. -

- Dímelo a mí, me dijeron que ocupo dos meses para que se recupere por completo mi pierna, el hueso quedó destrozado, con la sanación que me hicieron se regenerará más rápido, pero tampoco de forma milagrosa. -


- Preferible eso a que ya no estuvieras frente a mí. -



Rosing sonrió por las palabras de la rubia, qué mostró una dulce sonrisa, aunque tenían su orgullo, ambas se querían aún, las dos habían soñado una vida juntas, una vida de ensueño, pero, por una u otra razón, cada una cometió errores que quebrantó una linda relación.


- Sonning… Gracias por salvarme. -


- Era mi deber, como compañera de armas y como …
- Iba a hablar más la rubia, pero su boca se selló al no saber que más comentar.

- ¿Amiga? -


- No somos amigas… No puedo verte como tal desde que juré amarte al pedir tu mano. -


- Yo tampoco… Perdóname, lo eché todo a perder. -


- No, no es así, fui yo quien lo arruinó. -
Dijo Sonning mirando a la pelirroja. - tal vez, me enfrasqué mucho en el trabajo, quería lograr la gloria, ser reconocida en todo el continente, tanto, que me olvidé de qué importaba más compartir esa gloria contigo, entiendo que hayas buscado amor en otra parte. -

- No, fui yo quien pensó que no disfrutabas a mi lado, tuve la tonta idea de creer que quizá teniendo una aventura entre las dos, arriesgándonos más en la intimidad, podrías sentirte satisfecha conmigo. -


- No era que no lo disfrutara, solo… Eras mi primera pareja, no estaba segura si hacía las cosas bien, creía que solo con seguirte bastaba para que te sintieras bien. -



Las dos se rieron un poco al darse cuenta que las dos tuvieron sus dudas y tonterías en su relación, les había cegado su orgullo, el atravesar la muerte de esa manera les hizo comprender que habían desperdiciado tiempo en buscar excusas antes que entender lo que había pasado entre las dos.


- ¿Crees que es tarde para nosotras? -


- Eso no lo sé ¿Tú lo crees? -


- Yo… No he estado con nadie desde que ocurrió eso, nunca quise estar con alguien más al ver como lloraste. -
Confesó Rosing agachando un poco su rostro. - cuando llegó la princesa, creí que, si veías que andaba interesada en ella, en alguien tan linda, te sentirías celosa. -

- Eso mismo pensé yo. -


-No quiero volver a pensar así, en qué busque causarte mal, cuando lo único que quisiera es que voltearas a verme de nuevo como lo hacías antes. -


Sonning tomó la mano de Rosing, quien sonrió por el gesto, la rubia acercó su rostro al de la pelirroja, besando sus labios lentamente, separándose de ellos para compartirle una dulce sonrisa. Sonning entendió que no había dejado de amarla, estar a punto de perderla le hizo recapacitar sobre sus sentimientos, de igual forma que Rosing sintió la culpa y el arrepentimiento de no decirle lo que sentía a ella al estar cerca de la muerte.


- Te parece, que cuando pueda ponerme de pie de nuevo… ¿Lo intentemos de nuevo? -


- No necesitamos esperar tanto ¿O sí? -
Sonrió Sonning sin soltar la mano de Rosing, quien le acarició por encima de las vendas.

- ¡Chicas! ¿No han visto a la princesa? -



Las dos voltearon al ver como Stark entraba de golpe a la habitación, respirando agitada, las chicas se miraron extrañadas, pues no habían visto en toda la tarde a la princesa, pensando que estuvo todo el tiempo junto a la capitana.


- No, no la hemos visto desde el almuerzo. -


- Había dicho que estaría ayudándote con el reparto de víveres. -


- Ella dijo que vendría a ver como seguían.
- Dijo Stark golpeando el marco de la puerta. - ¿Dónde estará? -

- Tal vez ande por ahí, recuerda que quería ayudar con la reconstrucción de las casas. -


- Ya pregunté a todos, nadie la ha visto desde el mediodía, pensé que estaría en su cuarto resguardándose del Sol, pero no está. -


- ¿Y si usas un hechizo de rastreo? Así como lo hiciste ayer. -


- Ya lo intenté y no funcionó, solo significaría una cosa, ella no está cerca. -


- ¿Y si usas un cuarzo? Escuché que se puede usar para rastrear a alguien usando un mapa ¿O no? -


- No tengo a la mano sangre de la princesa, sino, lo intentaría. -


- ¡Lo tengo! -



Sonning salió corriendo hacía el cuarto donde estuvo la princesa, regresando con el vestido ensangrentado de Agelus, que rápidamente lo tomó Stark.


- Lo conservé para pedirle a los sastres que lo lavaran e intentaran reponer. -

- Con esto bastará. - Dijo la capitana sacando un trozo de cuarzo y tallándolo en las ropas ensangrentadas. -


Stark colocó el pedazo de cuarzo sobre un mapa que puso en la mesa, donde las tres vieron cómo empezó a dar pequeños brincos en dirección al norte, girando cerca de la costa de las tierras altas. La capitana pensó que, si la princesa fue ahí, tuvo que ser una razón de gran peso, tan grande como para no tener la confianza de contarle que estaba pasando, algo raro en ella, pues siempre esa princesa buscaba quedar bien con la capitana.


- La princesa estaba actuando raro desde que volvimos del cementerio. -


- ¿Y si sabe algo y no quiso decirnos? -


- Tengo que ir tras ella, no sabemos quién fue la mente maestra detrás de todo esto, es probable que iba tras la princesa y logró apartarla de nosotras. -


- Vamos. -


- No, ustedes deben de descansar, conmigo es suficiente.
- Ordenó Stark mientras las tenientes se miraron.

- Stark, agarra mi corcel, es el más rápido de la región, si partes ahora tras ella, llegarás a la costa al mediodía de la mañana. -


- Gracias. -


La capitana salió corriendo en dirección a los establos, dejando pensativa a las tenientes respecto al paradero y motivación de la princesa albina. Las tres no sabían que, de camino hacia la costa del norte, una enorme loba blanca corría a toda prisa, con una bolsa colgando en sus fauces donde llevaba un cambio de ropa para cuando volviera a su forma humana. Agelus corría preocupada por qué esa tal maestra provocara de nuevo algún caos en la ciudad, no sabía si en verdad ella lo hizo, pero no podía quedarse dudando todo el tiempo.

El alba llegaba y Agelus lograba llegar a la costa tras correr sin parar desde la tarde hasta la noche del día anterior, estando agotada. Se escondió tras unas rocas para volver a su forma humana y buscó en su bolsa su ropa, apenándose al darse cuenta que su sostén había salido volando y solamente tenía unas pantaletas blancas y un vestido celeste. No le quedó de otra más que ponerse lo que traía, poniéndose algo roja al sentir la tela acariciando sus pezones, ya que su piel era demasiado sensible incluso al tacto de la ropa. Al terminar de abrocharse los botones delanteros de su vestido, notó el aroma de esa persona que le susurró al oído el día anterior, asomándose por encima de la roca, mirando como un pequeño bote llegaba a la costa. De ese bote, bajó una persona que escondía su apariencia con una enorme túnica con capucha, esa persona, volteó hacia la princesa, caminó hacia ella y con una voz serena de mujer, empezó a hablar.


- Suba al bote, no tarda en salir el Sol y la maestra no quiere que sufra quemaduras, sabe bien lo sensible que es su cuerpo por la mañana. -


- ¿Dónde está tu maestra? -


- La espera en su hogar, suba, para que partamos pronto.
- Habló aquella encapuchada.


La princesa se mantenía en guardia, pero sus ojos estaban entrecerrándose, víctima del cansancio y el desvelo, la mujer lo notó y señaló con su dedo índice el interior del camarote, sorprendiendo a la princesa al ver una gran cama blanca, que por el aroma que tenía, parecía estar hecha de plumas de cisne. Agelus desconfió un poco de esa mujer, no obstante, su sueño era mucho mayor, pensó que sí quería hacerle daño, ya lo hubiera hecho, después de todo, estaban solas y ella estaba muy cansada, así que caminó hacia la cama, cayendo dormida profundamente.

El viaje de Agelus empezaba mientras ella dormía, el bote lentamente se acercaba hacia una pequeña isla, en la cual, encontraría a una inesperada enemiga, alguien que tenía tiempo conocer en persona a esa linda princesa albina, así, como causar grandes estragos al pueblo de todo el continente, aquellas personas que le fallaron alguna vez y que serían el blanco de su furia, venganza y desprecio hacia la raza humana.






QAQ No Agelus, no vayas solita!!
 

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8. - PLAGA DE ESTA JODIDA SOCIEDAD, EN LA ESPERANZA ESCUDÁNDOSE Y LA ILUSIÓN CHUPANDO.




Agelus despertó al escuchar el bote encallar, la misteriosa persona le ayudó a ponerse de pie y bajar del navío, sorprendiendo a la princesa albina al ver que, en esa pequeña isla, se erigía un castillo, no tan grande como el de Urs Maxima, pero si imponente por el mínimo espacio de tierra que había ahí. Al avanzar, aquella mujer se quitó la capucha que escondía su rostro, descubriendo a una joven de cabello corto y de cara linda, de una mirada seria, la loba le calculó unos veinte años, pero mantenía el rostro de una persona adulta por las pocas emociones que mostraba. La princesa le siguió el paso mientras iban en dirección al castillo, acercándose a esa chica.


- ¿Puedo saber tu nombre? -


- No es importante. -

- Me gustaría saberlo, no has dicho nada desde que me trajiste ¿Cómo es la maestra? -

- Ya sabrá a su tiempo, princesa. -


- Al menos dime tu nombre ¿Si? Para saber cómo dirigirme a ti. -
Preguntó Agelus mirando tiernamente a la joven, que le miraba fijamente y se paró.

- Patsi. -


- Es un nombre muy lindo, muy alegre. -


- Gracias, pero, su significado no es lindo, significa, atrapada.
- Contestó la joven volviendo a la marcha siendo seguida por la princesa.


Las dos entraron a ese castillo, sorprendiéndose la princesa por lo elegante que se veía en su interior, no entendía como siendo un lugar tan lejano había tanto lujo dentro del mismo. Patsi ofreció el paso primero a Agelus, quien entró a la sala principal, quedando impactada por el aroma a rosas y la belleza que emanaba esa joven frente a ella que le sonreía mientras estiraba sus brazos.



- Te tardaste en traerla, Patsi. -


- Perdóneme, maestra, aceptaré el castigo que me dé.
- Dijo la joven haciendo una reverencia.

- Lleva a la princesa al sofá frente al mío. -


- Entendido. -


La joven castaña guío a Agelus hasta un sofá individual, viendo frente a ella como esa bella joven se sentaba de costado, estando Patsi a su lado como una fiel guardiana. La loba sentía su corazón palpitar, no solo el aroma de esa chica era encantador, su belleza era incomparable, no había visto a una chica tan bella, era una albina con un cabello ligeramente dorado, de rostro angelical, su cuerpo simplemente era tan llamativo para la albina que incluso sentía palpitaciones donde nunca antes sintió, haciendo que volteara a otros lados al empezar a excitarse, más al ver como esa joven le sonreía.


- Hace tiempo que quería conocerte, Agelus. -


- ¿Tú eres a quien llaman la maestra? No… No sabía que había otra albina a parte de mi abuela y yo. -


- Solo somos nosotras tres, te lo aseguro, y solo me dicen así mis siervas, puedes llamarme por mi nombre, Schmerz. -
Sonrió la joven sin dejar de mirar fijamente a Agelus que no entendía por qué esa exaltación. - me fue difícil sacarte de esa ciudad, estás demasiado protegida a pesar de ser inmortal como yo. -

- ¿Eres… Una eterna? -


- Cierto, así les llaman ustedes. -


- Schmerz, dijiste que querías conocerme ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Y por qué jugaste con esa chica? -


- ¿Esa chica? Oh… Te refieres a Gavrail… Solo quería divertirme. -
Contestó Schmerz recargando su mejilla en una mano, sin dejar de sonreír. - es estúpido como los humanos se tragan cada cuento, fue divertido ver hasta dónde podía llegar por esa muñeca que hice para que se sintiera feliz. -

- ¿Por diversión? ¿Le diste falsas esperanzas por diversión? ¡Por tu culpa ella murió! -



La loba se paró frente a Schmerz, mirándole molesta, Patsi sacó su espada, pero la albina le pidió guardarla. Schmerz se paró demostrando a Agelus que su altura rivalizaba con la capitana Stark, cruzó sus brazos y como si fuese un juego, su sonrisa no se borraba.


- Le di esperanzas, pero por esas esperanzas ella siguió luchando, yo no la obligué a nada, y no me culpes, que yo no la maté, fue esa capitana a quien tanto estimas. -
habló la joven mirando fijamente a Agelus. - típico de los humanos, todo lo resuelven con violencia, ni siquiera te hizo caso a ti, que eres una princesa, pobre de ti, queriendo salvar a Gavrail cuando esa mujer la condenó a muerte solo por querer revivir a su amada. -

- Tú… ¿Lo viste todo? -


-Te lo dije, quería divertirme, pero, en especial, quería enseñarte una lección. -


- ¿Una lección? ¿A mí? -


- Enseñarte que los humanos no valen la pena, son una escoria, nosotras como eternas no tenemos obligación hacia ellos, ellos son quienes deben de implorar piedad a nosotras, por lo que somos capaces de hacer ¿O viste alguno de esos aldeanos orando a tu familia para ayudarles? Claro que no, solamente pensaban en sí mismos, en vez de pensar qué falta habrán cometido para ser castigados. -


- Entonces… Es cierto, tú causaste ese temblor. -

- Puedes hacer muchas cosas cuando conoces por completo los alcances de tu poder, y a diferencia de ti, he tenido mucho tiempo libre y nadie que me reprima para conocerlos. -


Agelus apretaba sus puños pensando que esa belleza escondía a una chica perversa, ese menosprecio a las personas comunes era extraño, hablaba de ellos como si le hubieran hecho daño, quizá, si descubría el motivo, podría llegar a cambiar su forma de pensar. Solo tener eso en mente, hizo que la loba blanca sonriera, cosa que notó Schmerz, quien empezó a reírse de una manera dulce.


- Eres tan linda, Agelus, tan inocente ¿Crees que vas a hacerme cambiar de parecer? ¿Qué de repente harás que mi negro corazón se limpie con tus palabras y ame a los humanos como ustedes?
- Reía Schmerz viendo como la cara de Agelus cambiaba al ser descubierta. - esa humanidad, esa humildad en ti, es tan lindo de ti, pero, los humanos no se merecen tu preocupación, tu misericordia, solo existen para hacer el mal, para dañar todo lo bello que se les ofrece en vida, me da lástima que te esfuerces en querer ayudarlos, cuando no lo merecen. -

- Pero eres una eterna como nosotras, debemos de guiar a los humanos para que su vida sea pacífica y… -


- Disculpa ¿Debemos? Nadie escribió esa regla, esa fue decisión de tus antepasados, no mía. -



La princesa se quedó callada al ver a esa albina sonriendo sin alterarse por el tema, como si le divirtiera las suplicas de ella para que dejara de pensar en el desprecio hacia el hombre. Schmerz se acomodó en el sofá, haciendo que Agelus tratara de no mirarla al dejar a la vista sus preciosas y blancas piernas y su exuberante busto que apenas era cubierto por su vestido. Fue cuando ella le dijo algo que no esperaba escuchar:



- Pero no puedes hacer eso, no debemos de ser así, egoistas¿Por qué odias a las personas? ¿Qué te hicieron para que pienses así? -


- ¿Por qué no? ¿Acaso solo ellos tienen derecho a ser egoístas? Por ese egoísmo y perversión en sus corazones es que los odio.
- Dijo la albina poniéndose de pie para estirar de nuevo sus brazos. - Iré al grano, me perteneces. -

- ¿Te pertenezco? No entiendo. -


- Te vi hace unos años, y decidí que iba a rescatarte de toda esa suciedad que te rodea, ya de tus padres depende que ellos hayan querido vivir para su pueblo, pero, tú no estás obligada a nada con ellos, aquí, podrás ser feliz, sin preocuparte por esos malditos que poco les importa el bienestar de nosotras con tal de que vean sus caprichos concebidos. -


- Pero nadie me obliga a nada, yo quiero ser guardiana para ayudarlos, para proteger a mi gente. -


- ¿Protegerla de quién? ¿De ellos mismos? No hay dragones, no hay seres oscuros, no hay más espectros, no hay nada, el mundo caótico que alguna vez existió fue purificado ¿Y para qué? Para que entre ellos mismos se maten por un puñado de tierra. -


- De… Los ladrones y extorsionadores. -


- No, no es así Agelus, ellos tienen nombre. -
Reclamó Schmerz quien se acercó a Agelus, acariciándole la mejilla mientras ella levantaba su mirada. - son humanos contra humanos, estás defendiendo a esos monstruos de ellos mismos, no tiene nada de lógica, solo deja que se maten entre ellos. -

- Pero eso es injusto, si nosotras tenemos el poder, y podemos hacer que ellos prosperen y… -


- Que linda eres, tan recta, tan justa, tan tú.
- Le hablaba la albina a la loba acariciando sus mejillas con ambas manos, mientras ella sentía su cuerpo vibrar por ver su rostro angelical. - solo pensar cuanto estás dispuesta a soportar por esos engendros, me dan ganas de llorar ¿Crees poder soportar ver tanta muerte a tu alrededor? ¿Te parece bien que tú seas testigo de todas sus masacres solo por qué no pueden aceptar que su vida es corta y la desperdician en sus caprichos? -

- No, no es así, las personas son buenas, mi mamá fue humana, y ella es la mujer más buena que conozco. -


- Tu madre es un caso especial, ella nació con el derecho de ser inmortal, enamorarse de tu padre sin importar su origen, ser capaz de ponerse en contra de la voluntad y leyes del hombre y de las eternas, es una mujer de admirar, y alguien a quien deberías de imitar, hacer lo que tú quieres y lo que amas solo por qué te nace hacerlo, no por qué te sientas obligada. -


- No… -



Agelus logró separarse de las manos de Schmerz, quien disfrutaba de como la princesa se resistía a sus palabras, por más bella y dulce que fuera la voz que ella tenía, esa chica no haría que cayera en su juego, la loba quería demostrarle que su voluntad podía más, aunque no entendía que eso le divertía a Schmerz.


- Seré una guardiana imperial, lograré serlo, y por eso, no puedo fallarle a mi pueblo ahora, te pido que no les causes más daño, cualquier cosa que quieras hacerle a ellos, yo lo recibiré, y si no podemos llegar a arreglarlo pacíficamente, estoy dispuesta a pelear.
- Dijo Agelus sorprendiéndose al sentir como en un segundo Schmerz llevó sus brazos a su espalda, sonriéndole juguetona.

- ¿Pelear? Agelus, eres una niña aún ¿Cuántos años de tus dieciséis has peleado? Desde que tuve diez años, estuve dispuesta a matar y lo he hecho, no quieras hacerte la valiente, solamente harás que te lastime. -


- No les hagas nada a mi pueblo, por favor, si tienes coraje contra las personas, descárgate conmigo. -



Schmerz se reía tiernamente por los comentarios de esa princesa, le divertía tanto su mentalidad de mártir, de sacrificio por el bien de su gente, tanto que le empezaba a molestar, a dar asco, pensar que tan dulce chica perdiera su tiempo y esfuerzo en quienes no la merecían, así que decidió ser más directa.


- ¿Estás dispuesta a todo por tu pueblo? ¿Por tu ciudad? -


- Ya te lo dije, no puedo fallarles. -


- Entonces… A cambio de dejar en paz a tu pueblo, serás mi mascota.
- Le susurró Schmerz a Agelus en los labios, antes de besarla.


Agelus quedó congelada, su primer beso, aquél que siempre reservó para la capitana, le era arrebatado por Schmerz, que le sujetaba con fuerza sus brazos con una mano y con la otra le sujetaba la nuca para no apartarla. Agelus no sabía, que ella estaba a punto de poner a prueba su voluntad y el amor que sentía por Stark.





CHANCHANCHAN!!! OAO
Agelus entró a la boca del lobo (ironía siendo ella la lobita xd)
¿Por qué Schmerz odia a los humanos? ¿Qué le hará a Agelus? OAO
 

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Ya en el siguiente capítulo sabrás más de Schmerz. Como dice ella, Agelus ha vivido sobre protegida, vive un mundo de ensueño y no sabe lo cruel que puede ser la humanidad

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