Actividad [Maiku & Kira]

Mr. Nobody
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¡Navidad! ¡Oh, blanca navidad! Una fiesta que en el Digimundo comenzó a ganar fama desde las sucesivas apariciones de humanos a lo largo de su historia, aprendiendo no solo las tradiciones materiales, sino que también los valores que tras dicha festividad se promovían. Así, las distintas aldeas, urbes e inclusive palacios que yacían en los más antónimos paisajes de aquella dimensión, se ponían de acuerdo en el mes de Diciembre para poder vestirse de dorado, rojo y verde. Calles, cabañas, pasillos, habitaciones e incluso cuevas eran adornadas con guirnaldas acordes a la época, cuyas hojas esmeralda eran entrelazadas con enormes cables de luces, las que titilaban al son del villancico favorito de su dueño. Grandes, medianos y pequeños; los pinos se erguían en diferentes hogares, guarnecidos por esferas de plástico o porcelana, enormes cintas con diseños coloridos y más de alguno con figuras de Starmon en la cúspide del árbol. Aureolas, figuras de Santa, disfraces de renos y más. Sí, definitivamente el ambiente próspero y de fraternidad había calado tan hondo en la cultura de los seres digitales, que a veces llegaban a olvidar que su origen era humano y no algo propio de sus raíces.

Quedaba tan solo un día para noche buena y las pocas tiendas existentes ya se encontraban vacías, el comercio no daba abasto con la cantidad de digimon en búsqueda de regalos para sus seres queridos, por lo que muchas veces debían recurrir a manualidades o encontrar objetos valiosos en las más alocadas de las expediciones. Lamentablemente para muchos, la tarea de encontrar el presente perfecto nunca era fácil, sobre todo si tenías que pensar en lo que querían muchos y no unos cuantos. Tal era el problema de un hada que volaba a gran velocidad sobre unos prados cubiertos de nieve y escarcha, enfocando la vista en los rededores, con la esperanza de divisar algo que regalar a uno de sus amigos. Fairymon era la más emocionada por la navidad, especialmente porque involucraba compartir tiempo de calidad con sus compañeros Juttoushi y, obvio, porque adoraba organizar eventos donde todos la halagaran. Sonrió para sí misma imaginando al representante del fuego y la luz discutiendo por ella, bajo el contexto de una competencia por ver quién había hecho el mejor regalo, mientras que Ranamon se moría de la envidia. Distraída por sus ensoñaciones, no divisó un árbol frente a ella, estrellándose violentamente y dejando que una capa nívea cayera sobre ella.

No otra vez —se quejó, reincorporándose, a medida que se quitaba la nieve de su cabello— ¿dónde se supone que estoy?

Observó con atención el entorno, cayendo en cuenta que su distracción la llevó a entrar dentro de un bosque al que nunca había ido antes, uno en que los árboles eran lo suficientemente altos como para obstaculizarla en pleno vuelo. Caminó en una dirección azarosa, con la esperanza de encontrar algún indicio de su ubicación, pero solo encontró troncos gigantescos y mucha nevada. Entonces decidió batir rápidamente sus alas para agarrar altura y, con cuidad, se desplazó por el aire en la que creía la dirección por la que había arribado. Para su sorpresa, pronto terminó encontrándose con un enorme monte a cuya base eran perceptibles un montón de cuevas. Hizo el ademán de dar la vuelta hasta que un destello llamó su atención.

¿Qué es esto? —Entró lentamente hacia una de las cavernas, inhalando aire exageradamente en una muestra de asombro, a la vez que llevaba sus manos a la boca— ¡Esto es! —Se acercó cuidadosa al objeto, tomándolo con delicadeza— ¡Una piedra preciosa!

Hipnotizada por la hermosura del mineral, el hada pasó por alto que en el fondo del túnel una figura se desplazaba lenta y viscosamente entre las piedras, observándola con cautela. La representante del viento no tardó en exclamar que ese era el regalo que le faltaba, pues había conseguido algo para todos, menos para su archienemiga en el título de la guerrera más hermosa. Seguramente con semejante rubí podría hacer un hermoso collar o brazalete, lo que seguramente dejaría anonadada a la sirena y, con un poco de suerte, la haría admitir que Fairymon era la mejor a la hora de hacer regalos navideños. Asintió emocionadamente ante sus conjeturas fantásticas y, en cuestión de un soplido, desapareció del lugar. Entre las sombras se asomó un ojo curioso, inhalando, cual pervertido, el aroma dejado por la Juttoushi tras su visita.

El palacio en que residían actualmente los Diez Guerreros era hermoso, cortesía de Ancient Volcamon, cuya manipulación sobre la tierra sirvió para levantar semejante edificación rocosa. Obviamente, la misma se encontraba adornada de pies a cabeza y, desde fuera, era posible divisar el empeño con el que los ex espíritus buscaban consagrar la noche buena.

Dentro, en el salón principal, Agnimon prendía la chimenea mientras que Arbormon adornaba el pino con extrañas figuras de madera. En efecto, el representante del bosque había agarrado la afición de tallar a sus compañeros en sus distintas formas evolutivas, así como el kanji que representaba a cada cual, lo que resultaba en un árbol bastante peculiar. Bajo aquel era posible apreciar un montón de paquetes envueltos con hojas, papeles de colores o bolsas selladas, cada una con garabatos que indicaban para quien eran dirigidos. Además, en la misma habitación era posible identificar un enorme comedor, cuyos cubiertos de plata y platos de la más fina porcelana ya se encontraban puestos para la noche siguiente. Wisemon se había encargado de conseguir la loza más refinada para la cena que planeaban tener luego de intercambiar regalos. Por su parte, representantes de la luz y la oscuridad fueron encomendados con la tarea de comprar los ingredientes para la comida, cuya cocinera sería Ranamon, con ayuda del oso gélido y el duende narigón. Todos parecían tener una tarea, incluso Blitzmon, quien se encargaría de lavar las vasijas luego de la comida con ayuda del guerrero ígneo y el hada rosada.

Fairymon adoptó su modo bestia para apresurar el paso y entrar por la ventana de la torreta que hacía veces de su pieza, generando todo un escándalo al mover muebles y cortinas por la velocidad, anunciando a todos en el palacio de su llegada. No tardó en correr a buscar a Grottomon para que la ayudara a volver su descubrimiento en una hermosa pieza de joyería.

No puedo esperar a ver la cara de todos mañana —murmuró para sí misma, contentísima—. Seguramente todos se enterarán de la felicidad que traje a mis compañeros con mis presentes, quizás me nombren Ms. Claus del año.

Una de las cosas curiosas en la navidad digital, era que muchos grupos y familias de digimon competían por celebrar de la manera más simbólica la fiesta. Uno de estos eran los Diez Guerreros Legendarios, generalmente impulsados por las órdenes de las féminas del grupo, buscando opacar la santidad emanada por los Tres Ángeles y, principalmente, la diversión que siempre parecían tener los del Olimpo. Aunque no todo se quedaba en los famosos, también era común ver dragones de la familia “Dramon” competir con los “Greymon” o, incluso, ver razas enteras ambiciosas con la idea de ganar fama con su festejo. Al menos ese era el caso de la mayoría, pues en los recónditos más oscuros y abandonados del Digmundo aún persistían algunos incapaces de sentir la emoción navideña. En efecto, mientras algunos se vanagloriaban de sus enormes castillos o viviendas decoradas con ornamentos excéntricos, otros se refugiaban en los calmados brazos de la oscuridad y celebraban a su propia manera.

Húmedo, fétido, viscoso, asqueroso. No había mejores palabras para describir el hogar de aquellos seres, cuya existencia redundaba en lanzar mierda a sus homólogos digitales, literalmente. Gelatinosos, babosos y de un verde que recordaba a las secreciones nasales, los Numemon corrían de un lado para otro entre un montón de basura, llevando sobre sí un montón de dulces y golosinas. A diferencia de muchos otros digimon, aquellos pequeños olorosos habían entendido la navidad como la fiesta de la glotonería, donde se escabullían en las diversas ciudades o aldeas para robar panes de pascual, casas de jengibre, galletas navideñas, bastones de dulce, chocolates con forma de Santa y más. Sin embargo, eso no era lo peor, sino que cada noche buena juntaban todos sus botines y formaban una pila de comida chatarra, la que su líder lamía con su técnica especial para formar una verdadera montaña de azúcar. En el fondo, esperaban a que la comida se pudriera, le surgieran hongos y, a causa del ataque de Gold Numemon, se uniera en un enorme pino de chatarra que adornaban con excrementos rosáceos. Obviamente, ellos no eran famosos por sus impresionantes formas de celebrar la época, sino todo lo contrario.

Ese año, con todo, su líder se encontraba bastante deprimido. Recientemente había sido rechazado por la hermosa Ophanimon, volviéndose la centésima fémina ese año que lo mandaba a volar cuando este buscaba invitarlas a salir. Por lo mismo, la preocupación de los mocos parlantes crecía y crecía, ya que temían que no pudieran realizar su ritual putrefacto como todos los años y, eso señores, significaba que no tendrían qué comer para año nuevo.

Pobre líder —comentó uno de los caquita—, debe ser duro fallar tantas veces en el amor.

Yo no entiendo por qué lo sigue intentando —gruñó otro con voz más chillona—. Nuestra felicidad radica en volver este mundo un basural, no en buscar una pareja.

Lo sé, pero el jefe fantasea mucho con la leyenda de la niña del gorro vaquero.

¿Esa que fue capaz de ser amiga de Sukamon y Chuumon?

Exacto, aquella que capaz de apreciarnos por lo que somos: digimon.

Esos son cuentos de hadas —bufó—. Ni siquiera los Demon Lords nos aguantan y eso es mucho decir.

Igual me gustaría hacer algo por el jefe.

Justo para entonces arribó su compañero, embriagado por la dulzura de los aromas que poseía Fairymon, escandalizándose al oír la conversación. Inmediatamente buscó defender a su líder, buscando hacer entrar en razón a los demás sobre la importancia del amor de una doncella digital, claramente embelesado por su reciente encuentro. Reticentes, las babas cuestionaron al recién llegado hasta que este les compartió el motivo de su idealismo romántico, intentando graficar la hermosura de la Juttoushi comparándola con un enorme pedazo de excremento rosado y fresquito. La audiencia no tardó en cautivarse, distorsionando el uniforme de la guerrera en una montaña de diarrea mal oliente, o bueno, para ellos perfume. Suspiraron en conjunto, sonrojados y mirando el horizonte.

¡Esperen! ¡Eso es!

¿Qué cosa?

Tengo una idea para volver esta navidad la mejor de todas —relamió su enorme hocico—. Mañana seremos Santa Claus.
Kira Kira
 

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Me he reído mucho con la primera parte. Y me encanta que usen personajes tan mediocres para arruinar una Navidad. Aunque simplemente montando en globo y tirando su "comida" ya tendrían un perfecto plan. A ver qué harán estos digimon tan peculiares.
 

New Legend
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Cortito pero genial. Y además los guerreros son uno de mis grupos favoritos. Es un curioso enfoque de la Navidad y lo de la competencia suena divertido. Me gustó mucho tu forma de escribir, las descrpciones se hicieron amenas y las personalidades de Ranamon y Fairymon me llamaron la atención.
Estoy deseando ver como acaba esto ¡Suerte!
 

× Little Star ×
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Asdfg, no sabía que participarían pero me sacó una sonrisa y emocionó cuando abrí el foro y vi su tema ~ ♡ Me recordó al Especial :')
Me encantó esta parte y los Numemon son tan tuyos que no me sorprende los usaras para la Navidad pero si me da bastante curiosidad el como la arruinarán, que viniendo de ustedes dos será genial y diferente uvu ~
¡Ya quiero ver la parte de Mami Kira! ♡
Éxito ~​
 
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Speed Star
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Maiku & Kira


~ Merry Xmas ~
or so...
Finalmente la Noche Buena había llegado y todo parecía estar listo para comenzar con las celebraciones decembrinas en el palacio de los Guerreros Legendarios. La mesa estaba puesta y servida, luciendo la elegante cristalería que Mercuremon había conseguido para dicha ocasión tan especial, el representante de metal caminaba a paso lento y minucioso alrededor de la mesa, cuidando que todo estuviese impecable y en orden para cuando la cena diera inicio. Se detuvo frente a un conjunto de platos y delicadamente acomodó un tenedor que estaba ligeramente movido, pero para él estaba totalmente fuera de lugar. Grottomon observó de cerca las acciones de su homólogo y enarcó una ceja.

¿Pero qué diantres haces? —preguntó el pequeño duende con una voz rasposa. El siempre refinado guerrero del acero perfiló una sonrisa sobre el espejo que le servía de rostro.

La vajilla estaba desacomodada, aunque seguramente fuiste tú con tus dedos de salchicha el que hizo este desorden —apuntó con suficiencia, ganándose un gruñido por parte del enano, a quien no le faltó mucho para tomar uno de sus Grotto Hammer para apalear al sabelotodo egocéntrico. Mas en cuanto notó que la reencarnación de AncientWisemon volvía a mover una cuchara que estaba un poco desorientada, desistió completamente. — ¿Lo ves?

Tú tienes un problema, un SERIO problema, niño bonito —y refunfuñando el enano narizón se alejó de él, antes de perder la cabeza por las exageraciones de su homólogo.

Mercuremon continuó vigilando que su elegante loza y toda la apariencia de la mesa en general siguieran excelsas hasta el momento de la cena, el cual no debía de tardar mucho pues los demás se estaban encargando de tareas varias para que todo quedara listo y en forma. En la cocina se encontraban lis representantes del fuego, la madera y el hielo, finalizando los últimos preparativos de la cena. Agnimon se encargaba de calentar todo, divirtiéndose en el proceso mientras ocasionalmente jugaba un poco con la comida, libre de recibir reprimendas po parte del hada y del guerrero de luz, pues estos no se encontraban cerca en ese momento y serían los primeros en replicar acerca de su comportamiento infantil y para nada cuidadoso.

Arbormon se encargaba de rebanar algunos vegetales para agregarlos posteriormente a algún tipo de ensalada que seguramente prepararía más tarde. Y, como todo un cadete, Chackmon administraba y vigilaba que todos los platillos que finalmente estuvieran listos se encontraran en óptimas condiciones para su traslado y consumo. Aunque claro, el oso polar también ayudaba haciendo uso de su elemento, enfriando la sidra y cualquier otra bebida festiva que tuviera que estar helada para servirla.

Recuerden comer frutas y verduras para un sano crecimiento, ¿ya les he dicho yo que la zanahoria es buena para la vista? —el representante de la madera continuó hablando y hablando, según él conversando con sus dos acompañantes en la cocina, pero el par simplemente se miró, evitando soltar alguna carcajada ante los comentarios de siempre de Arbormon.

¿Puedo darle con Romeo, señor? —preguntó a modo de juego el oso de hielo, haciendo un ademán de dispararle al tronco parlante con su arma imaginaria.

Agnimon se negó entre risas, pues aunque le divertiría ver a un Troiamon bañado en nieve, temía que la cocina explotara por las rencillas de ese par y luego tendría que lidiar con los gritos de Fairymon... no, definitivamente quería seguirla pasando bien. Hablando de ella, ¿dónde estaría metida? Ni ella ni la rana estaban por ahí, por lo que el descendiente de AncientGreymon esperaba que ninguna se estuviera agarrando de las greñas con la otra.

Vamos Chackmon, mejor vayamos destapando la sidra —señaló el de armadura carmesí. — Dicen que los que cocinan se llevan la mejor parte... ¡así que a darle!

¿De dónde sacaste esa forma de hablar?

Uh... no sé, ¿qué no siempre he hablado así? —el guerrero del hielo negó con la cabeza. Agni simplemente se encogió de hombros y le restó importancia, según él así se expresaba él, aunque no recordara que alguna vez compartió cuerpo con un niño humano, mismo que posiblemente le "heredó" modismos suyos con el tiempo que su aventura duró.

En otra parte del recinto en donde los Juttoushi tendrían su cena navideña, se encontraban dos presencias que recién habían regresado al palacio, cada uno con una caja entre sus manos, mismas que depositaron sobre una barra que daba a la sala común. Ambos abrieron sus respectivas cajas y miraron su contenido, dedicándose miradas silenciosas e inquisitivas. Se les había dado una instrucción sencilla y clara a ese par, iban a ser los encargados de conseguir el mejor postre del mundo digital para la cena, no importaba el sabor, solo que fuera el mejor y más delicioso. Sin embargo, aparentemente Wolfmon y Löwemon habían tomado caminos distintos al momento de realizar esa compra y por ende, terminaron comprando dos postres por separado.

Usaremos el mío, nadie puede resistirse al chocolate oscuro y este pastel lo tiene todo —profirió el guerrero de la oscuridad, deleitándose con el enorme pastel bañado en chocolate negro derretido y trozos del mismo mezclados en su interior. Dicho postre iba acompañado de tres grosellas negras en la superficie y un trozo de cacao a modo de decoración.

¿De qué hablas? El que yo compré no tiene comparación —señaló el guerrero de la luz, moviendo un poco la caja para que su contraparte viera el postre. — Un cheesecake con cubierta de chocolate blanco y menta, con mermelada de frambuesa en su interior y pétalos de lavanda —el postre blanco que Wolfmon sostenía también se veía apetitoso, pero Sphinxmon no iba a cambiar de parecer por lo esplendoroso del postre de su homólogo.

Esto es más navideño —mencionó.

Este tiene mayor variedad —acotó el otro.

Pero no posee el elemento sorpresa —dijo el guerrero oscuro con un aura de misterio en su voz.

¿Cuál sorpresa?

Te dije que es sorpresa —insistió, y así colocó su pastel en medio de la barra, demandando que ese fuera el postre que usarían en la velada.

No empieces —dijo el representante de la luz con severidad, empujando sutilmente el pastel de Löwemon para colocar su cheesecake en su lugar. — Blanco

Negro

Sabor dulce

Sabor amargo

Frío

Caliente

A medida que llevaban a cabo su enfrentamiento verbal, ambos quitaban y ponían los postres de la barra con fiereza, buscando opacar al otro. Aunque en ningún momento perdían su porte tranquilo y sereno, además de la seriedad en sus voces, cosa que únicamente aquellos dos podían lograr aún si el lugar a su alrededor se incendiaba. Los guerreros de la luz y la oscuridad se miraron fijamente, buscando amedrentar al otro pero nada de eso ocurría. La silenciosa disputa fue interrumpida por el vibrar de las alas de alguien que se acercaba al lugar, más precisamente al árbol de Navidad a un costado de ellos.

Se comienzan a parecer más a un matrimonio, qué bonito~ —Blitzmon arribó al lugar, cargando consigo varios regalos que prontó depositó a los pies del pino. Wolfmon y Löwemon dejaron de verse para mirar al recién llegado guerrero del trueno. — Al rato yo pido cuidar a los niños y que me llamen Tío B.

¿Tío B? —dijeron al unísono.

Tío Blitz, jojo —el escarabajo humanoide efectuó un intento de pose "cool", descolocando un poco a los otros guerreros, quienes se miraron sin decir nada. Tal vez por pena ajena al bicho, o por haber sido emparejados directamente por el representante del trueno.

Blitzmon se fue de ahí volando rumbo a la cocina, en tanto Garurumon como Sphinxmon iniciaron una sigilosa carrera hacia la mesa donde cenarían, apresurando más el paso cuando el otro hacía lo mismo y viceversa. Al final llegaron hasta la mesa y colocaron rápidamente ambos pasteles, al mismo tiempo y sobre el mismo sitio. Ojalá los postres se pudieran mezclar y así tendría lo mejor de ambos, pero ya que no podrían hacer algo dejaron las piezas de dulce en la mesa y se fueron, adentrándose a la cocina justo para ver cómo el guerrero del fuego jugaba con unas piezas de lo que parecía ser pollo, cual malabares. Al ver que los representantes de la luz y la oscuridad hacían acto de presencia en la cocina, Agnimon se detuvo y escondió los pedazos de pollo detrás de su espalda, mienras Wolfmon le reprochaba con la mirada. Sin embargo, no hubo mucho tiempo de regaños pues dos voces, o más bien gritos, femeninos comenzaron a alzarse por lo largo y ancho del palacio, desubicando y asustando un poco a los Juttoushi masculinos.

¡Bruja endemoniada, devuélveme eso! —Fairymon salió volando desde uno de los pasillos a toda prisa, agitando con fuerza sus alas mientras perseguía a la representante de agua, quien presumía un brazalete de rubíes alrededor de su escamoso brazo.

¡Nada, hadita de pacotilla! Quien se lo encuentra se lo queda —Ranamon se mofó, soltando una molesta carcajada vanagloriándose de la misma nada. El hada infló los mofletes y apresuró el vuelo, lo mismo hizo la mujer acuática, quien corrió lo más rápido que pudo al ver que la descendiente de Irismon estaba decidida alcanzarla y quitarle el brazalete que portaba. Los varones se asomaron desde la cocina e incluso Mercuremon y Grottomon dejaron a un lado sus discusiones para ver qué relajo sucedía por ahí. Pero era Blitzmon el que fungió de porrista, como si estuviera viendo una pelea entre dos fieras.

¡Vamos Fairymon, alcánzala! ¡Dale con tus caderas, venga, venga! —animó el Juttoushi azul desde las alturas, volando por encima de las féminas mientras apoyaba a la guerrera del viento. Ranamon, en su molestia, arrojó un torrente de agua al escarabajo, quien lo esquivó con facilidad y empezó a torear a la mujer azul, causando que su enojo incrementara más. — ¡Ooooooooolé!

¡Tú no te metas, bicho!

La rana se ha enojado, la bella Fairymon está por alcanzarla, da un giro, vira a la derecha y... ¡ouch! ¡Ha sido un touchdown! —exclamó Blitzmon como si se tratara de un comentarista de deportes. Sobre el suelo yacían ambas mujeres, después de que Fairymon tackleara a su homóloga, debatiéndose en una lucha por quedarse con aquel lujoso accesorio hecho a partir de la piedra preciosa encontrada por el hada de viento un día atrás y que el guerrero de la tierra se había encargado de forjarla hasta darle la forma que ahora poseía. Fue entonces que Grottomon se acercó a Blitz.

Dude, no deberías hacerlas enojar más... ya ves cómo se ponen —dijo un cascarrabias enano, cruzándose de brazos.

Pfft aguafiestas, las peleas de mujeres son lo mejor y más si son en lodo.

Aquí no hay lodo.

Encárgate de eso entonces.

No —gruñó y se alejó del lugar, a ese paso nunca comenzarían a cenar ni abrirían los regalos ni nada; aunque Grottomon no era precisamente el más animado con esa tradición humana, él sólo quería engullir los alimentos. Así que el pequeño duende fue a sentarse a su asiento correspondiente, el cual traía grabado sobre su respaldo el símbolo de la tierra, al igual que el resto de las elegantes sillas.

Fue entonces que Agnimon y Wolfmon decidieron intervenir, el primero separando al hada de la rana y el segundo encargándose de quitarle el brazalete a Ranamon, y fue tan rápido al hacerlo que la mujer ni cuenta se dio hasta que osó volverlo a presumir frente a la otra fémina. Cuando las cosas se hubieron calmado, el guerrero de la luz le hizo entrega del objeto escarlata a la guerrera del viento, quien le sonrió ampliamente y se colgó de su cuello, hecho que descolocó un poco al de armadura roja, quien hervía por dentro y por fuera al ver que Wolfmon se había llevado todo el crédito. Como quiera, Arbormon y Löwemon se encargaron de llamar a todos a la mesa, a medida que traían los deliciosos platillos desde la cocina y los depositaban sobre la larga mesa en la cual se sentarían a cenar. Una vez todos estuvieron en sus asientos, con Ranamon muy pero muy lejos de Fairymon, el Juttoushi de la madera decidió hablar y decir algunas palabras. Pero en cuanto el resto escuchó un “No olvidemos agradecer a nuestro señor... “, todos lo interceptaron con gesticulaciones molestas, ignorándolo y procediendo a tomar sus alimentos y así comenzar la cena de Navidad, por fin.

Todo iba de maravilla, el pavo que estaba como centro de mesa (el cual esperemos no haya sido un Cockatrimon o un Delumon en su vida pasada) estaba reluciente y bastante apetitoso a la vista, rodeado de diversos platillos como ensaladas dulces, puré de papá y algunas pastas para acompañar, además de los dos postres. Comenzaron a servirse y a intercambiar palabras entre ellos a medida que comían y degustaban la sidra, el ponche y el resto de bebidas que se habían tomado la molestia de adquirir. Mercuremon mostraba unos modales impecables sobre la mesa, contrastando enormemente con la manera de comer de Grottomon a su lado, cual bestia hambrienta y poco educada. Arbormon también poseía uno que otro modal sobre la mesa, aunque era molesto que cada que comiera diera un dato curioso acerca del alimento en cuestión, causando que Chackmon por poco le lanzara una avalancha de nieve si no se contenía. Blitzmon animaba a todos cantando algunos clásicos navideños que comenzaban a tocar en la radio que ahora escuchaban, Ranamon claramente comía a regañadientes mientras fulminaba con su mirada roja a Fairymon, la cual se encontraba en medio de Wolfmon y Agnimon, y reía traviesamente por cualquier cosa que le dijeran. Löwemon miraba en silencio y con curiosidad a todos, analizando sus modos de comer y de socializar entre ellos, todo un verdadero stalker a la sombra de sus compañeros.

“¡Fuera bombaaaaas!”

Se escuchó a su alrededor, o mejor dicho, desde el techo del palacio. Ni bien los Warrior Ten alzaron sus miradas, varios cuerpos verdosos y babosos comenzaron a caer sobre ellos, aplastando la comida que segundos antes disfrutaban y cayendo encima de todos los alimentos que con esmero habían estado preparando toda la tarde. Varios trozos y residuos de comida llegaron a mancharlos, a todos con excepción del egocéntrico representante del acero, quien con un simple movimiento del espejo que portaba en el brazo se protegió de aquella porquería y continuó comiendo, como si nada estuviera pasando a su alrededor.

¿¡De dónde han salido estas pestes!? —gritó un fúrico Grottomon, haciendo uso de su mazo para intentar aplastar a las pequeñas mierdas verdes que ahora caminaban sobre su comida y bebían de su copa. Una más cayó sobre su enorme nariz, causándole un espanto y haciendo que, por el susto, retrocediera y cayera de espaldas, situación que otros Numemon aprovecharon para lanzársele encima y cubrirlo completamente. — ¡Auxilio, tengo mierda en todo el cuerpo! ¡Mercuremon! —el enano gritó pidiendo la ayuda del guerrero del acero, quien aún comía tranquilamente, valiéndole un cacahuete los problemas de sus compañeros. Lo único que hizo fue tomar una servilleta y tirársela al pobre Grottomon.

Pues límpiate, sucio —pronunció con toda la calma del mundo. Like a sir, Mercuremon usaba su Generous Mirror para reflejar a los Numemon y hacer que no se le acercaran a él.

¿Cómo es que lograron entrar? —demandó saber Agnimon, poniéndose de pie y tirando su asiento del coraje. Había muchísimos verdecillos por ahí, ensuciándolo todo y dejando más mierda rosada a su paso, lo cual le quitó al instante las ganas de seguir comiendo a todos. En ese momento, Blitzmon había tomado un pedazo de pan bastante largo y con el comenzaba a intentar golpear a los Numemon, cual juego de arcade donde los topos se escondían en sus agujeros.

No huyan malditos, para que pueda pegarles —siguió golpeando con el pan, hasta que de pronto uno de los moluscos verdosos llamó su atención. — ¿Qué demo... —antes de que pudiera quitarse, el Numemon eructó un gas bastante maloliente y apestoso, causando que el pobre guerrero del trueno quedase tendido sobre el suelo, casi al borde del colapso.

El jefecito necesita pasar una muy, muy, muy recontra feliz Navidad —indicó uno de ellos, uno que poseía un tamaño ligeramente mayor a sus homólogos olorosos. Ese Numemon estaba vestido con un gorro rojo y apenas se lo habían notado, pero lo que era más extraño era el pequeño bolso vacío que llevaba sobre la espalda. — Le hace falta amor y hemos venido aquí por su regalo.

¿Su regalo? —preguntó Wolfmon, cortando con su sable las mierdas rosadas que le arrojaban. En tanto, Ranamon estaba histérica, subida al borde de su silla mientras con disparos de agua intentaba alejar a los Numemon de ella y su bello y pulcro cuerpo.

Así es —dijo con su voz chillona, y se arrastró por la mesa, babeando más los alimentos y dejando rastros de más... mierda. Llegó justo a donde quería y se detuvo enfrente de uno de los Juttoushi. — Y ese regalo eres tú, preciosa. ¡Oh, hermosa guerrera del viento! —exclamó, casi con el par de ojos a punto de desorbitarse por la emoción -y jadeos- del Numemon. Fairymon vio que se refería a ella y puso una cara de espanto, retrocediendo unos cuantos pasos mientras era escoltada por ambos caballeros de armaduras carmesí y blanca.

¿Y planean llevarme... en eso? —preguntó en un tono entre incrédula y asustada, mientras señalaba el bolso que el Numemon líder de ese séquito cargaba.

Sí, ¿por qué no? Tu delgado, fino y antojable cuerpecito puede caber aquí —se relamió la boca, causando un escalofrío no solo en la fémina, sino en varios de los otros guerreros.

¡Un momento! —fue Ranamon la que habló esta vez, parándose cual diva sobre el respaldo de su asiento. Su expresión se veía indignada, casi como si estuviera ofendida por algo. — ¿Y por qué no me llevan a mí? —era obvio, más que sentirse asqueada por las babitas estaba molesta porque a ella no la buscaban ni la llamaban hermosa como al hada. ¿Era posible tanta envidia en aquella guerrera?

¡Si, si, llévatela, llévatela! —exclamó Blitz, aún tendido sobre el suelo y apenas recuperando la consciencia mientras intentaba elevar una mano hacia la mesa, cual muerto viviente.

¿A ti? —el Numemon arqueó una ceja, mirando de pies a cabeza a la mujer acuática que se posaba arrogantemente y con ambas manos en las caderas frente a él. — Ugh, a menos que quiera que mi jefecito tenga pesadillas, tú serías mi primera opción.

¡Pero qué hijo de...

Es de mala educación maldecir en la mesa, Rana —comentó Arbormon de la nada, incrementando aún más la furia de la guerrera del agua.

¡Cállate ya, maldito tronco!

Mi nombre es Arbormon —dicho esto, se ganó una nube repleta de agua sobre su cabeza, de inmediato comenzó a bañarlo con su lluvia. Esto, lejos de molestarlo, fue un revitalizante para todos sus sentidos.

Ehem... ¿en qué estaba? —carraspeó la mierda verde vestida de Santa. — Oh si, ¡a por ella mis valientes!

Una vez dada la orden de captura, los demás Numemon dejaron de hacer lo que fuera que estuvieran haciendo y se abalanzaron sobre Fairymon, con la clara intención de rodearla, toquetearla de paso y así llevársela con ellos. Fueron Wolfmon y Agnimon los valerosos caballeros que se interpusieron en sus caminos y protegieron al hada; sin embargo, eran demasiados babosos verdes que terminaron siendo agobiados por el número y de paso, se ganaron un par de lamidas en sus rostros a causa de haber querido defender a la guerrera del viento. Por más rectos y valientes que fueran, a los dos les causó un asco tremendo e inolvidable el haber sentido las húmedas y pegajosas lenguas de los Numemon acariciar su piel. De pronto, una lluvia de excrementos rosados comenzaron a volar de esquina a esquina, obligando a los Guerreros Legendarios a cubrirse del ataque mierdero de las pequeñas heces. Chackmon se encargaba de arrojar bolas de nieve desde Romeo, tratando de interceptar la mayor cantidad de pasteles posibles para salvarse a él y a sus compañeros, pero la cantidad era simplemente sobrenatural.

En medio de todo el escándalo y mientras todos intentaban refugiarse, fue Löwemon el que tropezó con la mesa, haciendo que la comida sobre ésta saliera volando en todas las direcciones habidas y por haber, incluso el pesado pavo voló alto, muy alto. Mercuremon soltó un chillido de diva al ver que la lujosa y ostentosa vajilla de porcelana también volaba por los aires y se lanzó a su rescate. ¿Qué importaban los demás y aquellas mierdas? ¡Esas reliquias eran más importantes para él! Y mientras esto ocurría de un lado, el guerrero de la oscuridad desvió su atención solo para ver cómo ambos pasteles se elevaban en sincronía y caían en picada nuevamente, haciendo que su corazón, como el de la luz, se pararan de pronto. Sus preciados postres estaban a punto de ser historia y tanto esfuerzo habría sido para nada. Todos intentaron detener aquellos azucarados alimentos (menos Grottomon que yacía muerto en el suelo, Mercuremon que andaba en otros asuntos.... y obviamente Ranamon) cuando notaron que se dirigían directamente hacia el cuerpo del representante del viento, que había quedado atónita ante lo que sus ojos tras el vistor veían.

Todo ocurrió en cámara lenta, incluso para los Numemon, quienes contemplaban con espanto cómo la delicada, limpia y radiante figura de su musa quedaba hecha añicos cuando los pasteles cayeron sobre ella, bañándola por completo de sus distintos ingredientes. Todo se detuvo al instante en el que Fairymon quedó manchada de pies a cabeza por chocolate, frutillas y más cosas pegajosas. El silencio sepulcral que se había formado les haría escuchar incluso un alfiler caer, pero de pronto ese mutismo fue irrumpido bruscamente por una sonora y estridente risa burlesca por parte de Ranamon, quien regresaba a su asiento para reírse sin reparos de la situación de su rival de toda la vida. Se veía tan... mal, tan sucia y apestosa, pues sin querer cuando todo se detuvo varias mierdas rosadas también cayeron sobre ella. Y en cambio, ella se encontraba limpia y excelsa, sin una mancha de comida en su cuerpo o ropa. Incluso el brazalete que le había quitado estaba cubierto de betún blanco, quitándole toda la belleza que momentos atrás Ranamon llegó a envidiar.

¡Te ves asombrosamente mal, querida! —y siguió riéndose, señalándola con un dedo mientras intentaba agarrar un poco de aire en medio de tanta carcajada. Muchos desearon que la rana se ahogara en sus propias risas, pero ninguno se atrevió a retarla o siquiera hacer que se callara. — Ahí tienen a su hermosa hada de pacotilla, vamos, llévensela.

¿Uh? ¿De qué hablas? —el Numemon arqueó una ceja. — Pero si se ve fantástica, ¡está cubierta de nuestra mierda! ¡Al jefecito le fascinará esto!

¡¿QUÉ, QUÉ?! —la rana estaba que no se la creía.

Sin embargo, cuando Fairymon escuchó aquellas palabras y, debido a que se encontraba con la cabeza baja, alzó levemente su mirada, topándose de inmediato con su reflejo plasmado en uno de los espejos de Mercuremon, quien se dedicaba a recoger las piezas rotas de la loza. Ahí vio lo fea que se veía, estaba irreconocible y si, también apestaba. No tardó mucho tiempo para que la guerrera largara un sollozo al verse reflejada de esa forma, llevándose ambas manos al rostro en señal de vergüenza. El resto no pudo soportarlo más, ver a su preciada amiga en ese estado tan deplorable, sobretodo cuando había sido la más animada y feliz por organizar la cena navideña en la que todos habían cooperado de un modo u otro. Fue tanto el coraje y la impotencia, que los guerreros del fuego, luz, trueno, hielo y oscuridad evolucionaron a sus formas bestia, cubriendo gran parte del palacio por el tamaño de algunos y aplastando a unas cuantas mierdecillas sin reparo alguno. Ahora no les importaba mancharse por los ataques fétidos de los Numemon, estaban realmente molestos. De ese modo se encargaron de ahuyentar a los pequeños Digimon, quienes salieron como ratas por las ventanas del castillo.

El único que se quedó atrás fue el Santa Numemon, quien no se iría hasta haberle conseguido a la pareja perfecta para su jefe, no iba a dejarlo sin una hembra una Navidad más, no otra vez. Se preparó nuevamente para eructar y así repeler de nuevo a sus contrincantes, cuando un brazo se estiró de la nada, tomó el hediondo cuerpo del Numemon y lo lanzó por la ventana que daba directamente hacia un precipicio. Todos miraron al autor de semejante obra, topándose con un irritado Arbormon, que retraía sus brazos tranquilamente.

Es de mala educación eructar en la mesa, ¿no lo he repetido varias veces? —musitó, limpiándose las manos de la viscosa baba que le había quedado como residuo. Los Hybrid evolucionados volvieron a sus formas humanas en ese instante y suspiraron, por lo menos al fin Troiamon hacía algo de utilidad, para variar.

Finalmente las caquitas verdes se habían ido, pero ahora el lugar era un completo desastre, con la cena y los alimentos arruinados y una desconsolada Fairymon que lo único que deseaba era desaparecer en ese preciso instante. Batió sus alas y salió del gran comedor en medio de sollozos rumbo a su habitación, tirando a su paso el brazalete de rubíes que con tanta dicha y felicidad había portado al inicio de la celebración. Agnimon lo recogió y miró con pesar por donde el hada se había retirado. El resto se dedicó a recoger la comida tirada y a voltear nuevamente la mesa para acomodarla en su lugar, Mercuremon seguía en lo suyo, buscando las últimas piezas de su carísima vajilla. Ranamon cruzó una pierna sobre la otra y bufó, sentada en su lugar de siempre y mirando a todos con mala cara.

Todo esto es culpa de Fairymon —acusó con recelo, meciendo sus piernas sobre el descansa brazo de la silla. — Por eso yo me merezco sus regalos y ese brazalete —chilló de la emoción con tan solo pensarlo.

Lo que tú te mereces es carbón.

Del más oscuro de esta tierra.

Dijeron Wolfmon y Löwemon consecutivamente, sus tonos severos y fríos llegaron a asustar levemente a la mujer de agua, quien los miró consternada, para después esbozar una mueca de berrinche ante sus palabras. Se levantó y sin decir más caminó de regreso a su habitación, ya no había nada que hacer esa noche, así que mejor iría a admirarse al espejo. Todos se miraron en un gesto mudo, la cena no había salido como lo habían planeado y ahora se habían quedado sin alimento, sin bebida y sin lo más importante: el espíritu más festivo, inocente y alegre entre ellos. Aquella que les hacía reír, que los incitaba a probar cosas nuevas y divertirse como en los viejos tiempos. Mas esa felicidad contagiosa los había abandonado en vísperas de Navidad, ya ninguno tenía deseos o ganas de abrir o entregar regalos, para ellos la festividad había quedado arruinada, todo gracias a los sucios y perversos deseos de un grupo de Numemon salidos de la mismísima nada.

Nadie se dijo nada y solamente se dedicaron a limpiar el desastre que había quedado en el palacio, dejando todo lo sucio en la cocina para limpiarlo cuando volvieran a tener los ánimos de antes. Blitzmon fue el encargado de apagar las luces del árbol, cubriendo con la sombra de la noche los regalos que probablemente nunca serian entregados. Comenzaron a retirarse a sus aposentos en silencio, cabizbajos porque su velada había quedado arruinada y creían que no habría algo en el mundo que hiciera sonreír de nuevo a Fairymon en mucho tiempo. Sus ilusiones acerca de la Navidad habían sido quebradas y ahora todos sufrían por ello. Una vez todos se retiraron, olvidaron un pequeño detalle atrás: Grottomon aún no había despertado y se había quedado tendido en el piso, nockeado por el abuso fétido que sufrió a manos de las mierdecillas verdes. Seguramente pronto despertaría, llevándose una desagradable sorpresa al ver que todo había terminado bastante mal.

Nadie obtuvo la Navidad que deseaba esa noche: Los Guerreros Legendarios no tuvieron su cena navideña, mientras que los Numemon no habían podido darle el regalo perfecto a su jefe. Ni siquiera Ranamon sacaba algo de provecho de ello, quizás sus burlas en contra del hada seguirían por bastante tiempo, pero nunca podría cambiar una realidad irremediable y que la perseguiría hasta el fin de sus días: Fairymon era la chica más hermosa del reino y ni un montón de pastel o excremento podría opacar algún día la belleza que la Juttoushi del agua no poseía, ni en el exterior ni mucho menos en el interior.
M Maiku <3
 

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Pero si se ve fantástica, ¡está cubierta de nuestra mierda!
Jajajajaja. Ay, no pude parar de reír con varias frases de los Numemon.

Pues fue una historia muy divertida. No hubo ningún momento de seriedad, desde el principio ya se estaban haciendo bromas los guerreros. Sin lugar a dudas me quedo cuando aparecieron los pequeños monstruos verdes. Y la fiesta pasó a ser...un salón de mierda, sin ofender xD Y la rivalidad de las dos femeninas del grupo será para toda la vida, pero fue otra de las mejores cosas.

¡Suerte!

 

New Legend
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Me encantó el contraste de personalidades entre Grottomon y Mercuremon, o entre Wolfmon y Lowemon. En realidad, lo que me gusta es el desarrollo de las personalidades de todos los personajes. No se les pudo ver demasiado en la serie, así que supongo que cada uno fue creando sus expectativas.
Mi parte favorita: El pasotismo de Mercuremon. Me lo imagino después en su cuarto, buscando una forma de arreglar su vajilla (imposible, pero la espernza no se pierde).
Me encantó, en serio. Divertidísmo.
 

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Me leí ambas partes.

La parte de Maiku: Debo admitir que me gustó su narración muy bien equilibrada y hasta melodiosa. Yo soy fan de este tipo de narraciones y por eso mismo vale la pena mencionarlo en este fic. La trama en si es simple girando alrededor de los 10 guerreros legendarios tratando de celebrar su primera navidad. Aunque
Fairymon parece ser la protagonista que abre la historia. Y me agrada que incluyeras una historia paralela de los Numemons y que no solo aparecieran y ya.
Nada que agregar, muy bien escrito.

Antes me continuar debo recalcar un error que me hace dudar que tan bien sincronizados están ambos escritores...

La parte de Kira: Su narración no es igual a la de Maiku pero la diferencia no es abismal, esta muy bien escrito. En cuanto a la comedia nada de que quejarme, todo muy gracioso y se aseguraron de darles al menos un poco de protagonismo a cada guerrero.

Pero hay algo que me hace dudar de un posible error o malentendido, en la parte de Maiku Fairymon encuentra la piedra preciosa para fabricar un brazalete y regalársela a Ranamon para jactarse de ser la mejor miss claus del año.XD
Pero en la parte de Kira modificó la trama para que la joya fuera en realidad para la misma Fairymon y que Ranamon se la quitara.

Considerando que la joya resultó ser muy importante en la segunda parte de la trama siendo bastante mencionada me sorprende un poco. No sé si es una falla de comunicación o una falla de escritura o sencillamente a Kira la venció el subjetivismo.XD Algo me dice que le gusta mucho Fairymon y le cae mal Ranamon por como las manejó en la trama de esta mitad.

La narración es genial en ambas partes (de hecho esta historia esta entre mis favoritas de este concurso) y es por eso que le aconsejó a Kira que no se deje vencer por su subjetivismo.Xd se supone que se calificará la sincronización entre ambos compañeros y podría afectarles que se cambiara la segunda trama más importante (la de la joya) después de la de los Numemons en este fic, solo porque no le agradó la idea de que Fairymon le regalara eso a Ranamon (cosa que guste o no, ya estableció Maiku)

No lo tomen a mal por favor, ya dije que su forma de escribir me encanta.:D Les deseo suerte.
 

Digital Hazard
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La primera parte me pareció breve (sobre todo comparada con la nuestra) pero intensa. Al igual que Soncarmela, pienso que los Numemon son ideales para estropear la navidad. Eso sí, ví una cosa que me descuadró un poco:
Wisemon se había encargado de conseguir
Técnicamente, Wisemon no es un guerrero legendario: Sólo AncientWisemon, Mercurimon y Spehyrotmon lo son. Supongo que querrías poner al 1 o al 2.

Al leer la segunda parte, noté también el cambio en la labor de la joya en la historia, aunque no me importó mucho realmente. Me reí bastante con los numemon.

En general, y valorando en conjunto, vuestra narración es excelente y está muy bien enfocado, al igual que los personajes estan muy bien elegidos. El guiño a Frontier con la disputa entre las chicas me gustó. Concuerdo con los comentarios de mis compis.

Muy buena suertepara el concurso!
 

Speed Star
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D digimon263 lo que sucede, sobre lo de Wisemon (y supongo Maiku también se guió así) es que tomamos como referencia algo de las fichas de los Juttoushi en DW, las cuales dicen que solo entre los guerreros se conocen por Greymon, Garurumon, Irismon, Beetmon, etc., quitando el Ancient de sus nombres. No se refería al Wisemon "normal" sino hacia referencia a su nombre original. Aunque claro, nosotros sabíamos esto, pero debe ser confuso para los lectores si no se especifica bien este aspecto.

Igual, gracias por tus comentarios digimon numeritos~ y buena suerte a ustedes también.
 
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