Quest C Mantenimiento al Coliseo [Dana Ruikás & Nieves Katsukagi]

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Jijimon, como puedes ver los daños han sido grandes —comentó Leomon mientras paseaba en una de las arenas principales de File City.

Sí, eso veo —meditó un poco antes de contestar—. ¿Entonces quieres personal y dinero para la manutención de esto?

Así es —asintió el león.

Bueno, me puedo encargar de lo económico por el momento pero… —hizo una pequeña pausa mientras se apoyaba un poco más en el bastón que traía en su mano derecha—, el personal tendrás que conseguirlo en la Central de Tamers.

Gracias por su autorización —sonrió el felino. Dicho esto, ambos se retiraron del lugar y Leomon se dirigió a la Central de Tamers, necesitaría una buena cantidad de chicos y chicas para poder levantar el lugar de nuevo y de manera rápida. Serían enviados a alguno de las dos arenas, de manera aleatoria, para que empezaran lo más pronto posible con el pequeño mantenimiento.

"Mantenimiento al Coliseo” (C)

a) NPC que la solicita: -
b) Descripción de la misión: Los coliseos de la Isla File necesitan mantenimiento y se ha requerido ayuda de distintos grupos formados por tamer en las varias locaciones donde tienen algún coliseo. El problema principal es que algunas gradas y arenas están algo dañadas por las peleas que se han estado llevando a cabo desde que iniciaron los combates regulares y se busca tener los coliseos al cien por ciento y en buen estado para así poder dar un excelente sitio de combate en sus distintos establecimientos.
c) Descripción del campo de juego: File Island, depende de en qué área se encuentren.
d) Objetivos a cumplir:

  • Dar mantenimiento al coliseo al que sean enviados.
  • Seguir las instrucciones de quien esté a cargo en el lugar, les pedirán distintas cosas.
  • Tener cuidado con el material que manejen para no hacer más daños a la estructura.
e) Notas:
  • Puede que les pidan cambiar pantallas o instrumentos electrónicos, deben tener cuidado si manejan ello para no lastimarse o dañarlos.
  • Dañar la estructura les baja la paga automáticamente.
  • Quest disponible en modalidad party.


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Mínimo de posts: 3 por persona.
Plazo: 14 días.
Digivice: Adventure [Dana], D-Arc [Nieves]

Soncarmela Soncarmela [Ficha]
Lady Beelze Lady Beelze [Ficha]

Cualquier duda, vía PM por favor.
 

Soncarmela

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Cuando la alarma sonó, Dana pegó un bote en la cama y despertó a BlackAgumon tirándolo al suelo. Se cogió la cabeza con la manos y negó repetidas veces sin creerse que se hubiera vuelto a dormir, como le solía ocurrir cuando realizaba una misión complicada. Y no era para menos, pues hacía pocos días que había ido al entrenamiento de los Kabuterimon, en Tierra Escarabajo, y su cuerpo todavía recordaba lo que habían hecho, otorgándole unas divinas agujetas. El dinosaurio tardó un poco en abrir los ojos y darse cuenta de lo sucedido, pero no recibió la noticia tan mal como su tamer, sino que se levantó del suelo y empezó a hacer la cama mientras que ella se peinaba rápidamente y trataba de lavarse los dientes al mismo tiempo.

¡Por qué siempre me tiene que pasar esto! —gruñó, lanzado el cepillo de dientes al lavabo. Luego dio un giro y guardó el del cabello en el escritorio—. Está bien que aún me quedé dormida, pero confundirme con la hora y ponerla siempre una más tarde... ¿Por qué será?

BlackAgumon preparaba las sábanas para que estuvieran bien colocadas, ya que no le gustaban las cosas mal hechas. Una vez terminó, se dio la vuelta para encarar a Dana, que miraba que vestimenta ponerse para ese día.

¿No será una excusa tuya? —inquirió.

¿Cómo puedes pensar así de tu querida amiga? —masculló, poniendo una cara decepcionada totalmente fingida.

Para empezar —se acercó a ella para quitarle el pantalón que se lo estaba metiendo por el brazo, creyendo que se trataba de una camiseta—, eres muy apresurada, y eso te lleva a realizar acciones que luego no tienes ni idea de qué pensaste al principio —ella soltó otro gruñido al recibir esa respuesta, pero agradeció que le estuviera ayudando con la ropa y continuó vistiéndose—. Y, por otro lado, porque ayer se te olvidó escoger una misión antes de volver a casa, cosa que siempre te recuerdo, pero yo también estaba cansado de la caminata que nos dimos por la ciudad.

¡Oh! Entonces tú tienes parte de culpa.

BlackAgumon prefirió no contestar esa vez. Terminaron de arreglar un poco la habitación antes de marcharse y cerraron con llave, teniendo prisa por llegar a la Central de Tamers y verificar si todavía quedaba una misión libre que pudieran aceptar. Ahora mismo les daba un poco igual de qué podía ser, simplemente no querían perder la rutina de ayudar en la labor del Digimundo.

Al llegar, corrieron al tablón de misiones —otra opción sería preguntar a los trabajadores, pero ya habían visto que todas las peticiones eran colocadas, a menos se pidiera una semana atrás— y sonrieron al comprobar que todavía quedaba una. La leyeron entera y la felicidad cayó al suelo al comprobar que, para hacerla, debían tener a alguien más en su equipo. Dana bajó la cabeza, agotada, y se preguntó a quién podía decirle. No tenía relación con nadie al ser nueva y, a ser verdad, a ella nunca le había gustado mucho pedir ayuda a los demás. A excepción de BlackAgumon, por supuesto. Tenía la costumbre de encargarse ella sola de todos los problemas. Quizá era momento de que cambiara un poco.

Nos tocará esperar a mañana —murmuró Dana, resignándose. BlackAgumon asintió, y levantó una mano para colocarla en la rodilla de su camarada y hacerla sentir mejor, ella sonrió ante el gesto—. ¿Te apetece comer algo o...?

Dana, mira —susurró el dinosaurio, tan bajo que hasta a ella le costó entenderlo.

La muchacha miró de reojo a la chica que acababa de acercarse al tablón, junto a un digimon, y que leía la misión con ojos tranquilos. Se trataba de una joven de pelo azul corto, de una estatura similar a la suya, tal vez un poco más alta. Pero lo que más le sorprendió a Dana es que llevaba puesta una chaqueta, a pesar de no hacer tanto frío.

¿Crees que deberíamos preguntarle? —preguntó Dana.

Ya sabes que me cuesta hablar un poco con otra gente, pero no me molesta su compañía y si quieres hacer esa misión debemos buscar a alguien. Estaré bien, no te preocupes.

Aunque a lo mejor ya tiene a alguien con quien hacerla... —se rascó la frente, pensativa—. Bueno, no importa, me arriesgaré a comentarle a ver qué le parece.

Observaron como la otra chica hacía una mueca también, así que a lo mejor tenían una oportunidad. El digimon de ella, tenía un rastro en la cara elegante, digno y muy cercano a su tamer, tanto que daba la sensación que al acercarse les interrogarían antes. BlackAgumon iba detrás de Dana, aprendiendo como controlar sus nervios. Una vez estaban ya a su lado, la joven de pelo azul levantó el rostro y ahogó una exclamación por la sorpresa.

Hola —saludó Dana primero—. Me llamo Dana Ruikás y he visto que estabas leyendo esa misión...

¿Eres nueva? —interrumpió Ryudamon, colocándose delante de la muchacha.

Dana abrió un poco los ojos. Si sabían que apenas había llegado significaba que esos dos ya tenían tiempo en el Digimundo. Se arrepintió enseguida de haberse acercado, ya que era seguro que tenían a alguien para hacer la petición del mantenimiento.

Se podría decir que sí, no llevamos mucho tiempo pero ya hemos realizado algunas misiones —contestó, orgullosa, y tocó la cabeza de su digimon—. Él es BlackAgumon. Perdonad si os he molestado. ¿Y cuál es tu nombre?

Nieves. Nieves Katsukagi.

Dana adelantó una mano, como solía hacer cuando conocía a una persona —o digimon— y quería obtener una buena impresión. Se dio cuenta que Nieves era un poco tímida, ya que a la hora de responder al gesto, se quedó mirando unos segundos, mas finalmente lo hizo.

¿Tú llevas mucho tiempo aquí? —curioseó Ruikás.

Digamos que nuestra historia es más larga, sí —respondió Ryudamon por ella.

Ya veo... —miró a su compañero, pensando en como preguntarle sobre hacer la misión juntas. Como Nieves no dio indicios de querer añadir algo más, tuvo que armarse de valor y hacerlo ella—. Bueno, hoy nos levantamos tarde y al venir observamos que la única petición que queda es en equipo. ¿Te gustaría que la hiciéramos juntas?

BlackAgumon entendió que la chica no era como su tamer. Quizá la habían asustado al preguntar tan rápido, ya que simplemente se habían dicho los nombres. O tal vez le costaba congeniar con personas desconocidas.

No me parece mal —comentó Nieves.

¡Qué bien! —exclamó Dana, sonriendo—. No te molestaremos, de verdad —inclinó un poco la cabeza.

Nieves correspondió con una tímida sonrisa y asintió lentamente, ojeando a Ryudamon para comprobar qué pensaba él al respecto. Pero el digimon no parecía molesto, nada más tenía curiosidad por el dinosaurio negro. Tenía entendido que los de su especie eran diferentes, y ése se estaba comportamiento muy tranquilo, casi como si se escondiera de su presencia, y aún no había abierto la boca.

Perfecto. ¿Os parece si vamos ya para allá? —quiso saber Dana.

Claro —aceptó Ryudamon.

Hechas las presentaciones, los cuatro se dirigieron al coliseo, un poco más tranquilos por los nervios. BlackAgumon, sin embargo, luchaba consigo mismo para poder hablar, ya que Ryudamon no dejaba de mirarlo, como si lo estuviera evaluando.


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Así que allí estaban. Dos grupos peculiares reunidos bajo un mismo objetivo: echar una mano ese día. Nieves y Ryudamon se habían quedado hasta tarde conversando la noche anterior sobre la carrera que había tenido lugar en Sabana Engrane, y sobre el digimon al cual les había tocado ayudar. La chica lo había encontrado de lo más simpático y agradable. Ryudamon había opinado lo mismo, hasta que el personaje en cuestión se atrevió a besar a su compañera...

—Aprovechado—repetía el dragón con el ceño fruncido, los labios estirados y los brazos cruzados—, le das la mano y te toma el codo.

Su camarada sonreía avergonzada, tratando de restarle importancia. Esa mañana y a causa del desvelo se habían levantado tarde, como no les había ocurrido desde hacía tiempo, aunque también tuvo su beneficio. “No hay mal que por bien no venga” decía el maestro del dragón. El dúo se había topado con el equipo de “Dana y Black Agumon”. Era todo cuanto sabían de ellos, hasta ahora. Mientras el cuarteto caminaba en la dirección apuntada en la nota de trabajo, la peli azul había observado disimuladamente al otro dúo, tratando de descifrar cosas por sí misma antes de preguntar algo obvio. No podía ponerle edad a Dana…era ligeramente más baja, tenía algo que le hacía pensar que era mayor, pero a la vez algo que la hacía más joven, como una niña. No podía decir qué era. Su digimon por otra parte, le parecía de lo más adorable: callado, obediente y hasta tímido. No era novedad que Nieves sintiera debilidad por los Agumon o sus parientes cercanos.

Mientras avanzaban en la dirección de uno de los dos coliseos de Ciudad File se hizo un silencio ligeramente prolongado, pero no incómodo, por suerte. Dana iba moviendo los labios, como cantando algo en silencio o hablando consigo misma, imposible saberlo. Se le veía animada, a diferencia del temple tan impasible de la peli azul.

—Entonces—soltó Ryudamon de pronto e interrumpiendo el silencio—, ¿hace cuánto tiempo estás en File, señorita Ruikás?

La aludida dio un respingo y se volvió a verle. Lo observó un momento antes de sonreír anchamente y sentir que quería soltar una risa. ¡Vaya! Qué digimon tan peculiar para hablar.

—No mucho en realidad—respondió la mayor, feliz de que hubiera conversación—, diría que unas dos semanas o así, aunque hay tanto que hacer por aquí y tantos lugares qué visitar, que el tiempo se pasa volando. Siento que apenas van unos días; todo por aquí es tan llamativo y extraño, sin contar todo el trabajo que hay por delante.

Una sonrisa de extrañeza se dibujó en el rostro estupefacto de Nieves: era como si Dana hubiera estado esperando que alguien iniciara algún tema para ponerse a hablar. Ryudamon sonrió, sorprendido de la facilidad de habla de la otra. Black Agumon sonrió tímidamente aunque para él aquello no era novedad. Solo esperaba que la grandilocuencia de su camarada no espantara a los otros. El dragón acorazado le lanzó sutilmente la pelota a su compañera con una mirada. Esta dio un respingo.

— ¿Y…te ha gustado lo que has visto?—preguntó la joven.

— ¡Uy sí! ¡Es fantástico! Nunca hubiera esperado que existiera un lugar como este: se parece mucho a nuestro hogar en la tierra, pero a la vez tiene cosas tan disparatadas e increíbles que lo vuelven un sitio único. Quiero recorrerlo de arriba abajo y conocer cuánto nos sea posible, ¿verdad, Black?

El aludido asintió con la cabeza animadamente pero sin decir nada. Nieves sonrió aún más de lo tierno que le resultaba.

—No eres del tipo conversador, ¿verdad?—preguntó Ryudamon al virus.

Este dio un ligero respingo y desvió la mirada. Negó lentamente con la cabeza, como sintiéndose acusado.

—Está bien; mi tamer era igual de callada cuando llegamos a este lugar, pero ha hecho progresos desde entonces—dijo, con algo de orgullo—, aunque al principio siempre le cuesta.

La peli azul se avergonzó levemente y miró al cielo. El grupo dobló en una esquina mientras la actividad del mediodía se desarrollaba alrededor: vendedores, transeúntes, vehículos tirados por criaturas, y equipos de tamers y digimon corriendo de un lado a otro en sus tareas. El coliseo se divisaba a solo algunas calles, por lo que el cuarteto apuró el paso.

— ¿Y ustedes cuánto tiempo llevan aquí?—preguntó Ruikás, con ánimos de continuar la conversación.

—Un año y un par de meses más o menos—replicó Nieves. Esto causó gran sorpresa en el otro dúo.

— ¿En serio?—soltó Dana, abriendo expresivamente los ojos y boca— ¡Es un montón de tiempo! ¡Seguro ya han recorrido toda la isla!

—No en detalle, pero sí, hemos recorrido gran parte de ella.

— ¿Han salido a otras regiones?

—Nope…

—Pero lo haremos dentro de poco—
agregó Ryudamon inesperadamente.

Su compañera se volvió a verlo con aire de incredulidad. ¡Ella nunca había acordado una cosa semejante! Su digimon le sonrió divertido, aunque su declaración iba muy en serio. La española se mostró abiertamente emocionada con la idea, mientras que su amigo imaginaba lo que habría en horizontes lejanos.

— ¡Súper!—exclamó, levantando un brazo. Al segundo se percató de su gesto que podía catalogarse de “exagerado” y lo bajó rápidamente con algo de pena—E-es decir…me parece una idea estupenda. Yo espero poder recorrer esta isla y también otra regiones. Tal vez en una de esas nos encontremos también.

Nieves sonrió genuinamente al ver lo simpática y amigable que resultaba aquella joven. Era espontánea y parecía tener un genio ligero, y eso siempre era de agradecer. Si para ella era difícil ser así de cercana con otras personas, más se le dificultaba cuando le tocaba hacer grupos con personas frívolas o demasiado severas. Lo de los grupos le recordó el asunto de las Guild, lo que le hizo perder por un momento la sonrisa: había pasado mucho desde que se había visto la última vez con Light, y aún estaba en pie su propuesta de unirse para iniciar un equipo. No había sabido nada de la peli rosa desde entonces, y le preocupaba que tal vez ya se hubiera unido a otro grupo y ella siguiera esperándole. También había quedado pendiente buscar a Gallagher, pero esa muchacha podía estar ahora mismo de viaje en la luna o escarbando una ruta hacia el fondo de la tierra…

Abajo, Ryudamon percibió su gesto pensativo e imaginó lo que pasaba por su cabeza. La suya propia se puso a trabajar y decidió que estudiaría durante aquel día de trabajo en grupo al otro dúo.

Dentro de pocos minutos llegaron finalmente al coliseo. Tenía un gran cartel colgante que decía: “cerrado por mantenimiento”. Grupos de personas y digimon estaban entrando y saliendo cargando materiales. Dana se mostró emocionada al contrario de Nieves. El trabajo pesado no era lo suyo, pero igualmente haría cuanto le fuera posible para ayudar. El equipo ingresó al lugar en donde fueron detenidos a poco de entrar por un DinoHumon de aire severo.

—Ustedes—dijo, con la mano levantada—; el coliseo está cerrado por reparaciones, no pueden entrar.

—Vinimos para ayudar con el mantenimiento—
replicó Ryudamon respetuosamente—, somos de la central de tamers.

El dinosaurio no se inmutó. Al parecer no eran los únicos tamers que venían a ayudar. El digimon se volteó e indicó a un Leomon que metros más atrás, repartía indicaciones en altavoz. “Es el encargado” dijo, antes de alejarse para continuar con sus labores. El cuarteto caminó hasta el enorme felino, quien se giró al verles acercarse. Black Agumon se agarró de la pierna de su camarada, algo intimidado por el enorme tamaño del otro.

—Buenas tardes, Leomon—dijo el dragón con una inclinación leve de su cabeza—; hemos venido de la central para ayudar con el mantenimiento. ¿Todavía necesitan personal?

—Por supuesto—
replicó el aludido, sonriendo—, nunca faltan manos a la hora de hacer reparaciones en el coliseo. Soy Leomon, el encargado de esta arena. Gracias por venir.

—Es un placer. Ella es mi tamer, Nieves Katsukagi—
la chica saludó con la cabeza y un “buenas tardes”—. Estos son Dana Ruikás y Black Agumon. Yo soy Ryudamon.

Los dos amigos saludaron a la par con un “¡buenas!”, aunque el lagarto oscuro lo hizo en un tono casi imperceptible en comparación con su compañera. Leomon les devolvió el gesto mientras pensaba: eran dos chicas, no podía ponerlas a trabajar con los materiales pesados, por lo que habría que darles otras ocupaciones. Igualmente las tareas de reparación eran tantas que no se quedarían ociosas, eso era seguro. El enorme felino se cruzó de brazos mientras decía:

—Van a comenzar con algo sencillo entonces. Tengo grupos preparando el cemento y la argamasa que usaremos para rellenar grietas y agujeros en las gradas. En la parte de atrás hay un camión en donde están cargadas las herramientas para trabajarlo y aplicarlo; palas, espátulas y demás. Vayan por ellas y distribúyanlas a los grupos para comenzar el llenado.

—Sí, señor—
respondieron los cuatro personajes al unísono.

El grupo echó a caminar en la dirección señalada. Sin embargo y al par de pasos, Leomon detuvo a Ryudamon con un llamado:

—Tú, Ryudamon—dijo, como quien da una orden militar.

El aludido se detuvo, aunque los otros también lo hicieron.

— ¿Sí?

—Tienes cara de poder digievolucionar, ¿me equivoco?—
preguntó el otro, meneando la cola.

Nieves y su compañero se miraron con extrañeza.

—Puedo digievolucionar, sí—respondió el dragón—, ¿por qué lo pregunta?

—A ti voy a ponerte a hacer otra cosa—
sentenció el león.

— ¿Eh?—exclamó Katsukagi, sorprendiéndose— ¿Qué…qué cosa?

—Estamos escasos de digimon adultos para cargar los materiales pesados, y nos va a venir bien algo de peso para ello. Imagino que no te dará problemas—
dijo, con un tono que sonaba más bien como un reto—, ¿verdad?

El dragón frunció el ceño captando su tono, pero no se dejó irritar. Observó a su compañera, quien se mostró en desacuerdo inicialmente con la idea. Luego suspiró, recordándose que habían venido precisamente para prestar ayuda, así que ahora estaba fuera de lugar el negarla. Aceptó y se despidió brevemente de su camarada, quien le recomendó ser cuidadosa para no lastimarse.

—Llévate bien con Dana y Black Agumon—le dijo, antes de voltear para alejarse.

—También cuídate—pidió ella—, no te exijas demasiado.

Él levantó la mano en un gesto que decía “vale”. La peli azul se volvió a su vez y acompañó al otro equipo a la parte trasera del coliseo para iniciar su primera tarea. Dana se atrevió a darle una palmadita en el hombro para intentar cambiarle el semblante algo decaído, aunque sabía de un buen truco escondido en su bolsillo para intentar sonsacarle una sonrisa a la joven.


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Soncarmela Soncarmela disculpa la demora :c
 

Soncarmela

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Nieves se preguntó qué clase de trabajo le tocaría hacer a Ryudamon. No era la primera vez que se separaba de él debido a una misión, pero no podía evitar preocuparse por ello. Cuando soltó un suspiro, Dana volteó a verla y le mostró una alegre sonrisa para que no estuviera tan desanimada. Ruikás ya había comprobado que Nieves era callada, cosa que conocía bastante bien gracias a su compañero. Y si algo se le daba bien era animar a la gente. Si había sido capaz de sonsacarle a BlackAgumon unas palabras el día que se conocieron, aquello no sería más complicado.

Debéis ser muy conocidos después de tanto tiempo por aquí —comentó ella, arreglándose el pelo—. La verdad es que cada vez que veo un tamer con su compañero recorriendo el Digimundo me dan ganas de hacer lo mismo. No obstante, ya he conocido los peligros de andar por los lugares equivocados sin los medios necesarios. Hasta ahora nos hemos dedicado a ayudar en algunas tareas sencillas, pero no veo el día en que me encargue de hacer labores más difíciles.

BlackAgumon abrió la boca para protestar en algunas frases que había hecho Dana, pero tenía un poco de temor a la hora de hacerlo. No quería que pensaran mal de su camarada. Sin embargo, ya había visto que Nieves era muy diferente a Dana, así que se armó de valor y replicó:

Hubo una vez que caíste en una trampa… ¿re… recuerdas? —le costaba un poco hablar, sin dejar de echar algunos vistazos a Nieves. Aunque le sorprendió ver una tímida sonrisa de la recién conocida cada vez que hacía un gesto. Se sonrojó—. Así que no todo ha sido tan fácil como lo pintas.

La joven rió y golpeó la palma de la mano con el puño, dando a entender que era cierto. A Nieves le agradaba aquella personalidad extrovertida, ya que Dana no pensaba mucho y le encantaba hablar de casi cualquier cosa. Si le hacían una pregunta, respondía, sin dudarlo. Era por eso que se sentía identificada con dinosaurio, pero también podía asegurar que no tardaría en cambiar gracias a su compañera.

Supongo que conoces a muchos tamers, ¿no? —Curioseó Dana, caminando más lento para poder charlar con Nieves—. Lo cierto es que al principio tuve un poco de temor de que no pudiéramos hacer la misión porque estarías esperando a alguien —confesó, bajando la cabeza.

Recordó las palabras de Ryudamon, y se dispuso a contestar para no defraudarlo.

No tantos como crees. Y los que sí, están en otras regiones —tragó saliva—. ¿Tú has tenido relación con otros?

Bueno, como ya os hemos comentado, llevamos poco tiempo. Pero la verdad es que sí; hace unos días realizamos una misión con un chico llamado Alejandro. Fue divertido, y aunque tuvimos unos problemas con unos bandidos, al final todo resultó a pedir de boca —BlackAgumon no estaba de acuerdo en ello, y lo hizo saber con un bufido—. Ya sé, ya sé… Me caí… ¡No fue para tanto!

Entre tanta habladuría por parte de Dana el camino se les hizo ameno y divertido, así que el trabajo no estaba siendo tan aburrido como hubieran imaginado. Observaron las herramientas que había en el camión y las repartieron entre las dos humanas y el digimon para ir dándosela a los otros presentes que también contribuirían en el arreglo del coliseo. BlackAgumon se encargaría de llevarlo hasta unos ExVeemon que estaban esperando instrucciones, así que se despidió de su compañera y, con cuatro palas en los hombros, dos en cada uno, se dirigió hasta allí.

Nieves se concentró en no tropezar, por lo que miraba el suelo y tenía mucho cuidado de coger bien las espátulas, mientras que Dana se había acercado a los digimon que se encargaban del cemento. Ella misma instó en querer llevar la carretilla, y su emoción era tanta que no tuvieron otra opción que aceptar su propuesta. Así pues, los Dinohumon se cargaron con palas y señalaron hacia las gradas.

La tamer de BlackAgumon hizo fuerza para ponerse al lado de Nieves y preguntarle cómo lo estaba pasando, ya que notaba que la otra chica era algo callada y parecía que le costaba establecer cualquier tipo de charla.

¿Sabes? Confieso que cuando leí de que se trataba la misión tuve un poco de miedo —sujetó la carretilla con una mano y se rascó la oreja con la otra—. No se me dan muy bien las tareas, sobre todo llevar herramientas importantes o realizar trabajos correctamente. Soy torpe.

La del pelo azul la miró como si no creyera lo que acababa de escuchar. Desde el principio había visto que Dana parecía muy segura con lo que hacía. Dudó un momento antes de responder:

A mí tampoco se me da muy bien —admitió.

Y pronto confirmó que Dana no es que fuera torpe, sino que no se daba cuenta de sus acciones. Al dejar sólo una mano en la carretilla, ésta casi se había volcado. Nieves ahogó una exclamación y tuvo que soltar las espátulas para que evitaran una catástrofe. Los digimon que estaban cerca soltaron un silbido, casi riéndose, pero no hicieron ademán de ayudar. Entre las dos consiguieron que la carretilla volviera a la normalidad.

Lo siento —murmuró Dana, tapándose la cara con ambas manos.

No pasa nada.

Nieves negó con la cabeza, restándole importancia, y se arrodilló para recoger las herramientas. Cuando se levantó, continuaron por el camino, aunque esta vez la más mayor no quitó ninguna mano.

Dejaron la carretilla a un lado y observaron como los Dinohumon hacían el trabajo con maestría. Dejaban claro que no era la primera vez que lo realizaban, había años de experiencia y práctica en sus movimientos. Las muchachas se esforzarían para no crear una mala impresión, aunque no eran tareas que solían hacer, siempre había una forma de mejorar. Y ellas tenían las ganas suficientes para obtener buenos resultados.

Ah, mira —Dana detuvo a Nieves cuando ya iba a repartir las espátulas—. Antes te vi algo triste porque Ryudamon se había ido hacia otro lado, pero me gustaría sacarte una sonrisa —rebuscó entre sus bolsillos hasta que encontró un pequeño libro—. Yo lo leo cada vez que quiero evitar pensar en algo en concreto. Toma —se lo tendió—, puedes tenerlo durante esta misión y leerlo mientras que hacemos algún trabajo que no necesite de las dos manos.

Dana le guiñó un ojo y Nieves aceptó el libro recogiéndolo. Tuvo ganas de ojearlo, pero no era el momento adecuado.

¿De qué es?

Son unos chistes. Yo ya los tengo muy leídos pero son tan, pero tan malos, que terminan por hacerte reír —aseguró.

La peli azul agradeció el gesto con una media sonrisa.

Pongámonos manos a la obra —comentó Dana.

Así pues, no tardaron en correr por todo el coliseo y entregar las espátulas correspondientes a cada miembro que estaba a punto de ponerse a trabajar. Dana escuchó los mandados de Leomon de donde debía llevar la carretilla para que todos pudieran hacer el trabajo sin tener que ir hasta otro lado. Ella se encargó de que nadie se molestara de la puntualidad, y cada vez que veía que alguno se iba a levantar, se deslizaba hasta allá y pedía una disculpa. Nieves, por su parte, oyó como debía usar el cemento y así tapar los agujeros correctamente. Dana se unió a ella cuando el felino la regañó por no estarse quieta y dejó el trabajo que ella hacía a otro digimon.

BlackAgumon regresó minutos más tarde y se colocó al lado de su compañera mientras que atendía a los consejos de los otros trabajadores. Le otorgaron una espátula y empezó con la labor sin hacer ningún comentario. Fue entonces cuando recordó algo:

He visto a Ryudamon, bueno… no era exactamente Ryudamon —trató de no mirar a la otra chica a los ojos para no titubear—. Tenía otra forma, pero supe que era él.

Ginryumon —susurró Nieves.

Sí.

¿Qué te ha dicho? —Curioseó Dana—. Supongo que la conversación no fue muy larga contigo.

Él le dirigió una mirada enfadada, mas se notaba que era fingida y que el comentario de la muchacha le había hecho reír un poco.

Nada importante. Me ha dicho que no está cansado y que su tarea no es tan complicada, que sólo tiene que llevar unos asientos de las gradas para colocar los nuevos. Que está bien.

Sabe que te preocupas por él —dijo Dana, sonriéndole a la peli azul.

Nieves asintió y prosiguió. Aún quedaba mucho que hacer.


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Pasado un rato el trío se quedó sin más herramientas que repartir. Estaban ligeramente cansados de cargar, llevar y recorrer la arena trasladando cosas, pero no era nada serio. Hicieron amago de sentarse para tomar un leve respiro, pero de inmediato un rugido de Leomon les hizo erguirse antes de que pudieran siquiera tocar los asientos.

— ¡Eh, ustedes!—llamó el adulto. Su voz sonaba fuerte pero no con un tono demasiado imperativo— ¡Aún tenemos mucho que hacer!

— ¡Sí, señor!—
replicaron los tres personajes, mirándose entre ellos y lamentando el no haber podido conseguir un minuto de tranquilidad.

Se acercaron rápidamente para volver a recibir instrucciones.

—Es necesario ir a reemplazar los cristales en las casetas de venta de las entradas: muchas están trizadas por los años, y otras por efecto de las peleas. Aun cuando están en la entrada del coliseo, los cristales se parten cuando digimon de tamaños considerables dejan caer su gran peso en la arena—dijo, recordando el incidente de un enorme Okuwamon que en medio de una pelea, dejó caer su gran monstruosidad sobre un oponente y el sismo que sacudió el estadio alcanzó varios de los cristales, incluso de las pantallas, y los dañó.

El león les ordenó ir a buscar guantes de protección en unas cajas altas de madera en donde además de estos había cascos, lentes de protección y otros utensilios de seguridad. Dana se llevó una mano a la sien acatando la orden y salió rápidamente seguida de su compañero oscuro. Nieves estuvo por seguirles, pero al darse la vuelta se detuvo y se volvió a ver al digimon. Este reparó en la joven y se la quedó viendo.

—Disculpe pero… ¿y mi camarada?—quiso saber ella, moviendo nerviosamente sus dedos. Ya empezaba a sentirse incómoda de tener lejos a su compañero y sin siquiera saber cómo le estaba yendo.

—Está afuera, ayudándonos a entrar los sacos con cemento—replicó Leomon, sonriendo al ver la preocupación de la chica.

— ¿Cuándo vendrá a ayudarnos?

—Puede que luego. Todavía tenemos que superar el peor reto—
dijo el digimon, cruzándose de brazos.

Esto hizo que Nieves diera un ligero respingo.

— ¿C-cuál sería ese reto?

El felino se volvió e indicó arriba una pantalla gigante ubicada en el lado sur del estadio. Nieves siguió su dedo y luego se giró cuando el digimon le indicó al norte. Allí había una segunda pantalla, pero tenía una enorme grieta recorriéndola desde una esquina hasta casi el centro de la misma. La chica no tuvo dificultad para captar de qué se trataba.

—Hay que reemplazar esa cosa e instalar otra. Como imaginarás son muy pesadas, por lo que voy a necesitar a todos los digimon con capacidad para evolucionar ayudándome a bajar esa pantalla rota y poner la nueva. No va a ser naaada de fácil—terminó él meneando su larga cola, como si aquello le hiciera gracia.

La muchacha asintió con pesar y se alejó al trote hacia la caja grande en donde Dana le hacía señas para que se acercara. La española seguía con su buen ánimo y ya tenía las manos cubiertas por gruesos guantes de protección. Black Agumon también tenía las suyas cubiertas, pero dos de los dedos de cada guante colgaban sin nada adentro.

— ¿Ocurrió algo?—preguntó Ruikás.

—No es nada…solo quería saber de Ryudamon—respondió la otra, tratando de no sonar tan apagada.

—Seguro estará bien, esforzándose igual que nosotros—dijo la chica sonriendo y metiendo medio cuerpo en la caja, buscando. Se levantó de un movimiento y sacó dos guantes—. ¡Mira! ¡A ver cómo te quedan! ¡Pon tus manos!

Nieves obedeció y Dana le puso los guantes: le quedaban enormes. La mayor rió expresivamente, se los quitó y los arrojó por ahí. Volvió a sumergir medio cuerpo en la caja moviendo las piernas en el aire y sustrajo otro par, estos más pequeños. Repitieron el proceso y las manos de la peli azul quedaron aseguradas.

—Muchas gracias—dijo la japonesa amablemente.

Dana levantó el pulgar y los tres salieron rápidamente en dirección de la entrada del coliseo. Fueron hasta las casetas en donde se vendían las entradas (que eran unas seis) y se encontraron con un grupo de aproximadamente cinco rookies que trabajaban allí. Algunos estaban dentro de las casetas y empujaban los vidrios desde adentro después de haberles quitado la goma selladora. El digimon de afuera lo atrapaba y colocaba el nuevo. Su compañero lo aseguraba con sellante por dentro y luego se hacía por fuera. Fue así como se los explicó el Gabumon que parecía a cargo de aquella zona.

—Cada cabina tiene cuatro cristales—decía el digimon con piel de lobo—, algunos están solo trizados, pero otros tienen agujeros. Hay que ser muy cuidadosos para no cortarse. Los vidrios rotos van en una caja de cartón que irá junto con el resto del material inservible.

—Sí, señor—
decían los personajes al unísono.

El Gabumon los equipó con tubos de sellante y palas en donde recolectar los vidrios rotos, les indicó dónde conseguir los cristales nuevos, y nuevamente les encomendó tener cuidado. Ya un camarada suyo se había hecho un tajo doloroso aún con el guante protegiéndole. Los tres compañeros de trabajo se ubicaron y repartieron la tarea: desde adentro Nieves quitaba con una espátula de punta el sellante viejo, empujaba con suavidad el vidrio y Dana lo atrapaba con ambas manos afuera. Black Agumon recolectaba los trozos que caían y los apartaba mientras las chicas conseguían el cristal nuevo de unas cajas y lo sujetaban en su lugar. Dana no cerró la boca ni un solo momento, contando las cosas que había visto en lo poco que llevaba en File, los momentos lindos que había vivido en Europa, lo callado que era su compañero y el hambre que le estaba dando. Nieves estaba más que impresionada con su facilidad para charlar, mientras que Black Agumon miraba a su camarada de reojo con un gesto que decía “contrólate un poco” que caía en balde. Estuvieron trabajando así tal vez por media hora, hasta que finalmente una Palmon llegó al lugar llamando a todos los trabajadores a reunirse adentro.

— ¡Es hora de comer!—repetía la digimon, emocionada.

Esto fue motivo de alegría para todos los presentes. Eran casi la una de la tarde y varios no habían tenido más que el desayuno muy temprano en la mañana; el trío de personajes como ejemplo. Dana soltó una exclamación y levantó los brazos al aire. Dejó caer los guantes al suelo y antes de que Nieves o Black Agumon terminaran de quitarse los suyos, la chica ya se había perdido al interior del coliseo siguiendo al resto de los digimon y jóvenes que trabajaban allí.

—Parece que sí tenía mucha hambre…—soltó la peli azul un tanto pasmada.

El digimon oscuro fue a decir algo, pero en lugar de eso soltó un suspiro algo apenado y se fue junto a la chica para encontrarse con Dana.

En el centro de la arena se encontraban dos carros de madera transportables atendidos por sus dueños y ayudantes. Ambos habían sido contratados por Leomon y su equipo para llegar a la hora indicada y traer almuerzo a los que participaban de las reparaciones. Uno de los puestos ofrecía ramen, sopa, fideos, arroz, y bolitas de pollo y pescado. El otro se encargaba de todo tipo de bebidas, desde gaseosas hasta jugos naturales y té. Las dos jóvenes se separaron un momento, y mientras el equipo de Dana y Black Agumon conseguía algo de comer entre la masa de digimon pidiendo su plato, Nieves deambuló por el lugar llamando a su camarada.

— ¡Tamer!—escuchó su voz, resonando a su espalda.

Se volvió a ver y GinRyumon apareció flotando acercándose a ella. La joven sonrió y se reunió con su digimon, sosteniendo su gran cabeza entre sus manos. El dragón lucía cansado pero no maltrecho.

— ¡GinRyumon!—soltó ella, aliviada— ¿Estás bien? ¿Te han hecho trabajar mucho?

El digimon bufó y miró al cielo, como implorando paciencia.

—Me han usado como animal de tiro y carga desde que nos separamos—replicó él, brillando por un instante y recuperando su forma previa para recuperar energías—. Aunque no he sido el único: un Growmon y un Garurumon han corrido mi misma suerte. Nos hemos llevado bien—añadió, rascándose la mejilla—. ¿A ustedes cómo les ha ido?

—Bien. Nuestro trabajo no ha sido tan pesado pero igualmente nos hemos cansado un poco y no nos han dejado parar ni un momento.

—Leomon es un jefe estricto pero al menos no es un abusivo. Eh… ¿dónde están Ruikás y Black Agumon?


La chica se volvió y le indicó al dúo: el lagarto oscuro estaba apostado un par de metros más atrás del montón de gente y digimon mirando el revoltijo de brazos alzados, mientras que Dana empujaba intentando conseguir raciones. Los dos amigos se miraron y sonrieron.

—Tiene mucha energía—dijo el rookie animadamente.

—Sí, y también buena predisposición para el trabajo—siguió su compañera—. Se ve que le gusta esforzarse y ayudar a los demás.

—Vi tu cara esta mañana, tamer—
dijo Ryudamon volviéndose a verla—. Algo me dice que has simpatizado con la chica.

La aludida se avergonzó un poco y miró hacia el techo.

—Ni tanto así…me cae bien…

— ¿Y?—
le alentó el otro.

—Y…pues, parece una buena persona…

— ¿Y?


La joven frunció el ceño y estiró los labios.

— ¿A dónde quieres llegar?

El digimon sonrió y movió un poco la cola.

— ¿Por qué no le hablas de las Guild? Es obvio que no tiene una, y si tiene tantos deseos de ayudar como nosotros y las energías para querer hacerlo, creo que sería alguien valioso apoyándonos.

—No lo sé…digo—
soltó ella, mirando en la dirección del dúo—, ¿No es un poco pronto?

—No digo que la invites derechamente a unirse ahora. Háblale sobre el asunto, cuéntale de nuestro propósito y dile que lo piense. Cuando volvamos a vernos puede que ya tenga una decisión, sino, simplemente le damos más tiempo. Si de lleno no le interesa…

— ¡Chicos!—
exclamó la española de pronto y llamando la atención del dúo.

Los amigos se volvieron y vieron a Ruikás entregarle dos cajas de comida para llevar a su compañero de negro. Este las recibió y fue rápidamente donde el otro equipo; se las entregó tímidamente y regresó corriendo donde su camarada, quien salía de entre el mar de digimon y personas con otras dos cajas en las manos y una expresión triunfante. Nieves se encogió de hombros y sonrió.

—Le plantearé el tema—dijo, antes de entregarle su cajita al digimon—pero después de conseguir algo de beber.

Dicho esto la peli azul se dio ánimos, inspiró profundamente y le tocó a ella sumergirse en la marea de sedientos trabajadores que intentaban hacerse de algunos refrescos para esa peculiar hora de descanso.


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Soncarmela Soncarmela ;A;
 

Soncarmela

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Aún no se creían que al fin tuvieran un momento de descanso. Nieves venía con la cara toda roja de haber tenido que pasar por el lado de tantos digimon para conseguir unas cuantas bebidas, mas había salido victoriosa del encuentro, pues se estaban acabando muy rápido. Pasó a BlackAgumon y a Dana lo que parecía zumo de naranja. También había recogido una botella de agua, por lo que la dejó en el suelo por si alguno necesitaba y entregó a su compañero otra bebida, que no llevaba ningún papel que señalara de qué se trataba, pero era un líquido amarillo, por lo que podría ser sabor a limón.

A lo lejos podían comprobar cómo Leomon comía solo pero sus ojos no dejaban de observar el trabajo ya hecho y el que faltaba por hacer. Nieves recordó lo que le tocaría hacer a Ryudamon una vez terminaran y se reflejó en su rostro una tristeza que Dana reconoció enseguida.

¿Pasa algo? —preguntó la española, ya un poco más tranquila. Había estado devorando la comida y por primera vez su boca se mantenía cerrada, bueno, hasta ese momento.

BlackAgumon miró extrañado a Dana y después a Nieves, confundido. Fue Ryudamon el que respondió, deduciendo lo que pasaba:

Nada. Es que luego me mandarán a hacer una labor más dura. No será problema, habrá muchos más que ayudarán. Si fuera el único en quitar esa pantalla sí me asustaría —el dragón sonrió—. Por cierto, creo que Nieves te quería comentar algo.

¿Ah, sí? ¿El qué?

Nieves tuvo que beber para no atragantarse con la comida. Aquello había sido demasiado repentino, aún no estaba segura de querer hablar con Dana sobre el asunto de la guild. ¿Y si la chica no quería? Además, era posible que ya estuviera en una, aunque no mostraba ningún objeto perteneciente de las demás. Tenía que preparar bien lo que iba a decir, así que pensó en otra cosa:

Supongo… supongo que en donde vivías no comías este tipo de cosas. ¿Te gusta?

La española cogió la bola de arroz y le pegó un mordisco. No era la primera vez que lo probaba, ya que desde que había llegado allí era una de las comidas más habituales. A excepción de cuando fue a una misión, que sólo tenían fruta y más fruta.

Tienes razón. Aunque no me canso de esta comida, está deliciosa. Sí lo había comido otras veces en restaurantes pero no es lo mismo —cogió la botella de zumo para dar un sorbo—. Y… la verdad es que me encanta cocinar —confesó—. Por lo que trato de comprar los ingredientes que usaría en mis recetas y así no olvido mi casa, además de que el olor me transporta hasta allá.

Nieves no pudo evitar sonreír ante aquella revelación. Dana movió las manos dando a entender que ya había hablado mucho otra vez.

¡Lo siento! Te debo de estar molestando con tanta habladuría.

Para nada —contestó la chica.

BlackAgumon podía confirmar todo lo dicho por su tamer, y le alegró ver que se estaba relacionando con alguien más. Cosa que nunca hubiera dudado, pero hasta ahora no habían tenido mucha charla con otros humanos y sus digimon.

Siguieron conversando mientras que comían, más bien era Dana la que hablaba, eso sí, ahora lo hacía con más moderación y le otorgaba la palabra a Ryudamon, que le hacía varias preguntas sobre ella y de qué querían hacer en el futuro. De alguna forma, la española sentía que el dragón le estaba dando indirectas a su tamer para decir algo, pero Nieves nada más añadía algunos comentarios a la charla y contestaba con frases cortas.

Un rato más tarde, apareció ante ellas Gabumon, el digimon que les había explicado cómo arreglar las cabinas.

Ya no es necesario que vengáis al trabajo, nos podemos encargar nosotros de las que quedan. Leomon me ha dicho que os mandará hacer otro. Ha sido un placer.

Igualmente —sonrió Dana.

Se dieron cuenta que aquello significaba que no podían perder más tiempo comiendo. Finalizaron rápidamente y tiraron las cajas a la basura, donde un Monodramon estaba gritando que debían ir hasta allí. Antes de ir a buscar a Leomon, Nieves se acercó a Ryudamon, ya que tenían que separarse de nuevo.

Te daré un poco de ayuda.

Dana esperó junto a BlackAgumon mientras que Nieves sacaba su dispositivo digital del bolsillo y buscaba en el otro un par de cartas. Una vez hecho, pasó una por el D-Arc, al mismo tiempo que anunciaba:

Stamina Seed —el dispositivo leyó la carta y un aura rodeó a Ryudamon. A la española le maravillaba cada vez que veía algo similar. Nieves hizo lo mismo con la otra carta—. Super Evolution Plug In S.

Y, de nuevo, Ryudamon cambió de forma. Ginryumon acarició el brazo de Nieves antes de irse, con unas energías renovabas para poder usar todo su esfuerzo en la pantalla. La muchacha regresó junto al dúo de Dana y el dinosaurio negro.

Creo que nunca me cansaré de ver lo que hacen esas cartas —comentó Dana.

La peli azul alzó las cejas ante eso. A ella ya se le hacía muy normal usarlas para aportar ayuda a su compañero. Pero, claro, Dana aún no tenía otros dispositivos. Nieves pensó que la chica no tardaría en obtener uno. Imaginó que si entraba a su guild podrían hablar de muchas cosas que ella quisiera, si tendría dudas se las aclararían… Sin embargo, ahora no era el momento adecuado para decírselo, Leomon terminaría enfadándose si tardaban.

Lo encontraron alrededor de unos cubos de pintura, donde en una bolsa había varios pinceles, rodillos y brochas. No les hacía falta preguntar para adivinar que les tocaría hacer a continuación.

Hace tiempo que no pintamos las paredes del coliseo y están sucias, así que aprovechando que lo estamos arreglando todo, le vamos a dar un nuevo color para que parezca más vivo. El rojo da fuerza, pero no me gusta. Así que usaremos el azul cielo. Ahí tenéis los botes, si se os acaban, podéis decirme para ir a por más. Y allí —señaló la bolsa—, las herramientas que necesitaréis. ¿Alguna duda? Ah, para pintar hasta arriba tenéis una escalera.

Eh… yo soy bastante nerviosa, no dudaría en que me temblara la mano —opinó Dana.

Entonces te puedes encargar de la mitad. Tu compañero parece más tranquilo, que él use los pequeños para las partes más difíciles. Podéis utilizar ésta cinta para tapar los bordes y así evitaréis pintar los interruptores. Recordad limpiad las paredes antes de empezar.

Con agua y jabón… —murmuró Nieves.

Exactamente. En la bolsa también hay esponjas, pero tendréis que encargaros de ir hasta el camión para coger cubos y llenarlos de agua. Creo que no hay nada más que añadir, si necesitáis que os lo explique de nuevo, no dudéis en buscarme. Aunque espero que no sea así y nos ahorremos tiempo —su voz era estricta pero notaron que era sincero cuando decía que podrían ir a pedirle consejos—. Iré a lo de la pantalla, es más urgente.

Se distribuyeron el trabajo para que no fuera tan pesado. BlackAgumon empezó a abrir los botes de pintura y Dana corrió hasta el camión de detrás para conseguir dos cubos y llenarlos de agua, mientras que Nieves pedía jabón. Entre las dos lo llenaron y removieron hasta que dio resultado. Una vez logrado, metieron las esponjas y comenzaron a limpiar las paredes. El dinosaurio, como era un poco más bajo, hacía lo mismo con mucho cuidado en la zona inferior, y Dana se había subido en la escalera, ya que, aunque era nerviosa, le gustaba ese tipo de cosas.

Tardaron más de media hora en limpiar todas las paredes, pero ahora ya estaba preparada para que empezaran a pintar. Colocaron primero la cinta y luego pensaron con cuál herramienta comenzar. BlackAgumon ya sabía lo que le tocaba por lo que cogió el pincel más pequeño y lo metió en el bote, haciendo que se volviera azul. Dana se apropió del rodillo y, con una gran sonrisa en la cara, lo estampó en la pared. Era difícil no saber que estaba animaba por aquel trabajo, aunque ella hubiera admitido que era nerviosa y le saldría mal, se lo estaba tomando muy en serio.

Está quedando genial, ¿eh? —dijo Dana, secándose el sudor de la frente. Volvió a meter el rodillo en el bote.

Nieves tenía también otras cosas en mente pero asintió. Esperaba que su compañero no lo estuviera pasando mal, ya que hacía un rato había escuchado ruidos. Meneó la cabeza y se centró en pintar, ya que era su labor. Ya habían pasado por numerosas misiones y esa era de las menos complicadas. Por lo menos no había peligro de digimon salvajes.

¿Cómo lo llevas, BlackAgumon?

El dinosaurio levantó una mano para indicar que estaba bien y proseguir con su trabajo. Estaba atento a como deslizaba el pincel sin manchar nada, y le estaba quedando perfecto.

Casi sin darse cuenta las horas pasaron. Pero como Dana había hablado un par de veces con largos temas, no se había hecho tan pesado. Las paredes ya estaban pintadas, de arriba abajo, sin dejar ni un solo lado. BlackAgumon respiró hondo y apoyó la cara en el suelo, agotado. Esperaban que no tocara hacer muchas cosas más, por lo que se dirigieron donde Leomon y vieron que estaban a punto de colocar la nueva pantalla gigante.

Entre los digimon evolucionados se encontraba el de Nieves, que tiraba de la polea con todas sus fuerzas. ¿Habían tardado tanto en quitar la primera? Aquello significaba que habían hecho un arduo trabajo. Ginryumon se fijó en que su compañera lo estaba viendo y cambió el rostro a uno un poco más alegre. Entre el esfuerzo de todos consiguieron colocar la pantalla. El dragón volvió a su etapa anterior en cuanto cayó hacia atrás, agotado. Nieves corrió hacia él, preocupada, pero comprobó que no se había lastimado.

Estoy bien, estoy bien, tamer —aseguró Ryudamon—. ¿Le has hablado a Dana sobre la guild?

Nieves abrió un poco la boca, mas no le salieron las palabras.

No lo has hecho —adivinó su camarada.

Se me ha olvidado —confesó—. Estaba preocupaba por lo que te pudiera pasar y luego puse atención a lo que debía hacer… Sé que te dije que lo haría pero se me pasó por la cabeza. De todas formas, tengo mis dudas de que ella quiera aceptar. A lo mejor la asustamos.

Ryudamon observó a Dana y comprobó que la chica se acercaba a otros digimon y les tocaba sin reparar en el peligro. Estaba tan eufórica que no se daba cuenta de nada, pero los otros no se lo tomaron en cuenta y empezaron a reír.

No creo que se asuste —murmuró.

Está bien. Lo haré —prometió Nieves.

Leomon apareció para dar nuevas órdenes. Llevaba consigo una escalera más alta que la que ellas habían usado para pintar.

Tenemos que colocar los cables. ¿Alguien se apunta voluntario?

Una mano humana de una chica con el pelo chocolate fue la primera en alzarse. El felino sonrió, satisfecho. BlackAgumon suspiró, ya que había deseado que no fuera ella la que se presentara; no había remedio con Dana.

Los cables se enchufan según el color, por lo que no te será complicado saber dónde va cuál. Yo ya hice el trabajo de los de abajo —explicó—. Puedes subir cuando quieras, yo sujetaré la escalera.

Eso le dio más seguridad a la muchacha. A pesar del rostro serio de BlackAgumon, Dana era rápida para esos trabajos y se apoyaba bien, por lo que no hubo problema para llegar hasta arriba. Se inclinó hacia delante para empezar atrapar los cables sueltos, y fue lo que más le costó, ya que parecían danzar por el aire. Finalmente empezó a enchufarlos, uno por uno, hasta que levantó el pulgar.

Leomon pulsó el interruptor y la pantalla se encendió. El sonido estaba demasiado alto y Dana le tocó taparse los oídos, molesta. El felino se disculpó y lo apagó. La española se rascó la oreja, con un ojo entrecerrado por el ruido de antes, y bajó. BlackAgumon corrió hasta ella, regañándola por haber soltado la escalera un momento.

No me ha pasado nada —replicó.

Podría haber pasado —insistió el dinosaurio, severo.

¡Tranquilo! —Exclamó ella y se giró hacia Leomon—. ¿Hay algo más que debamos hacer?

Nieves y Ryudamon asintieron, esperando nuevas instrucciones.


Lady Beelze Lady Beelze Te encargas de darle final xD
 

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La peli azul agradeció que su camarada no se hubiera lastimado durante el proceso de bajar la pantalla antigua y subir la nueva, considerando lo grandes que eran. También agradeció que fuera Dana quien se ofreciera a subir tan alto para conectar los cables: no le tenía miedo a la altura pero tampoco se sentía del todo gusto allá arriba. Cuando los cuatro personajes se reunieron para recibir sus nuevas instrucciones, Leomon terminaba de hablar con los encargados de cada sección.

—El trabajo está casi hecho—dijo el felino, satisfecho del buen avance de las reparaciones durante aquella mañana y parte de la tarde—, los grupos que quedan terminarán de ajustar los últimos detalles a los equipos de sonido.

— ¿Ya nos vamos entonces?—
preguntó Ruikás.

—No: quisiera que ayudaran con lo último antes de marcharse. Es fácil.

Los compañeros se miraron preguntándose qué cosa “fácil” podía quedar por hacer después de tanto trabajo duro. Lo descubrieron en breve.

—Bueno…—suspiró Nieves, levantándose después de varios minutos con las rodillas y espalda dobladas—al menos no nos tocó cargar cosas pesadas, ¿verdad?

—Sí: me preocupaba que nos rompiésemos la espalda o algo, hahah~—
rió la mayor de buen ánimo.

Los personajes se encontraban en las afueras del coliseo ayudando a recoger toda la basura, bolsas vacías de concreto, barriendo virutilla, clavos doblados, reuniendo las herramientas que quedaron dispersas, entre muchas otras cosas. A su alrededor había otros grupos de tamer y digimon que trabajaban con ellos, dispuestos a darle fin a ese arduo día de trabajo y poder regresar pronto a casa para echar una siesta reparadora. Ryudamon se encontraba entre los primeros apoyando la idea.

Dana trabajaba canturreando algo a la inversa de su compañero, que lo hacía calladamente y con minuciosidad. Como la mayor no se encontrara charlando como había hecho todo el día, Nieves tuvo tiempo de ordenar sus ideas y darse ánimo para finalmente hablarle sobre el asunto de los grupos. Esperaba no meter la pata.

—Este…Dana…

— ¿Sí?—
soltó la aludida casi de un salto, como animada por la idea de conversar.

— ¿Tú sabes algo sobre las Guild?

La castaña puso gesto de duda y miró a su compañero abajo, quien se detuvo de barrer y la observó a su vez. Se miraron y ambos se encogieron de hombros.

—Pues no; ¿qué cosa son?

En su lado y con las manos protegidas por guantes, Nieves juntó un montón de clavos desechados y los metió en una caja de cartón; levantó la mirada y vio a Ryudamon en frente ayudándole a reunir los objetos. Esperaba una mirada del digimon que le diera ánimos, pero el otro solo sonreía y esperaba que su compañera hiciera el trabajo por sí sola. Ella carraspeó y siguió juntando clavos.

—Bueno, son grupos de tamer y digimon que trabajan juntos.

Dana dio un respingo y levantó su puño, emocionada.

— ¡Yeah! ¡O sea que somos una Guild!

La peli azul casi se cayó de cara al escuchar su inesperada reacción. Dana se avergonzó, imaginando que se había equivocado en algo.

— ¿Qué?—preguntó— ¿Tiene que ser con más personas?

— ¡N-no, no! ¡E-es decir…!—
soltó la otra, tratando de recuperar la compostura—Sí puede ser de pocos o muchos miembros, el caso es que son grupos permanentes, no ocasionales como hicimos nosotras ahora.

— ¡Aaahh!—
exclamó la joven, regresando a barrer polvo de cemento y raspado de pintura del suelo—Vale, no sabía eso. Pues no, no conocía lo de las Guild. ¿Tú perteneces a una, Nieves?

La peli azul se sonrojó un poco y se quedó callada un momento. ¿Debía decir que si o que no? Volvió a levantar la mirada como buscando ayuda, pero Ryudamon solo le hizo un gesto con la cabeza que decía “sigue; tú puedes”. Ella suspiró y retomó la labor.

— ¿Cómo te explico…? No estoy en una pero estoy como…como tratando de formar una.

— ¡¿En serio?! ¡Cielos!—
soltó Ruikás en altavoz— ¡Es genial! ¡Tienes que tener un gran espíritu de liderazgo para iniciar tu propio equipo!

Adelante, la cara de Nieves estaba como una cereza. Por su cabeza pasó por un momento que la otra se estaría riendo. ¿Quién peor que Nieves Katsukagi para hacerlas de “líder”? Después se recordó que Dana apenas le conocía y no era probable que supiera de su falta de seguridad y “liderazgo”, por lo que desechó la idea de una burla. Se levantó y cerró la caja llena de clavos, la que su compañero le ayudó a mover junto al resto de los desechos y escombros.

—En realidad no soy la mejor persona para intentar dirigir un grupo…no era esa exactamente mi idea. Lo que más bien buscaba era…este, ¿Cómo se dice, Ryudamon?

—Estabilidad—
replicó el dragón.

—Sí, eso. Estabilidad. Ya sabes…no tener que andar por la vida buscando a desconocidos para pedirles su ayuda, o no poder hacer misiones en grupo porque bueno…no tienes un grupo “fijo”—la chica se enderezó la espalda y relajó un poco los hombros—. Si tuviésemos una Guild que persigue los mismos motivos de querer ayudar a los digimon y a las personas…

Nieves siguió haciendo un esfuerzo por explicarse, y a pesar de que no le salía del todo claro Dana no tuvo dificultad para comprender a lo que iba. Se volvió hacia ella apoyada en el mango del escobillón, y sonrió ampliamente y con confianza. La peli azul se quedó callada en el acto.

— ¿Me estás invitando a formar parte de tu Guild?—preguntó ella.

—A…a ti y a Black Agumon…—soltó la otra, solo porque sí.

— ¡Claro, parece divertido!—exclamó al española, dejando pasmada a Nieves por su respuesta intempestiva—Black Agumon y yo trataremos de ayudar en todo lo posible. ¿Cuántos son? ¿Se necesita hacer algo en particular? ¿Se necesitan requisitos?—fue preguntando ella, completamente emocionada por la idea.

—Esteee…—titubeó la menor, apenada y mirando a su camarada— ¡n-no tienes que responderme en seguida! Puedes tomarte tu tiempo y pensarlo…

—Ya se lo pensó—
replicó Black Agumon con una sonrisa tímida y conociendo a su compañera.

— ¿E…en serio?

— ¡Por supuesto!—
exclamó Ruikás levantando su puño— ¡Trabajar en equipo, viajar juntos, ayudar a los otros! ¡Independencia!—soltó, emocionándose cada vez más. Se percató de que estaba llamando la atención de los demás voluntarios, por lo que rápidamente bajó su brazo y se tapó la boca, con el rostro teñido de rojo—P-perdón…

Aun con lo extraña que resultaba la escena y la peculiar compañera que se había ganado, totalmente opuesta a la pasividad de la joven, Nieves no pudo evitar reír levemente por la energía de la otra y sus peculiares arrebatos. Ryudamon a su lado sonreía lleno de emoción y orgullo por su camarada, la que se levantó y también con las mejillas algo prendidas, fue y le estiró su mano a la española.

—Pues…muchas gracias por aceptar—dijo con una mezcla de timidez y felicidad—. Eres el primer miembro de este equipo.

Dana soltó otra exclamación emocionada y con más fuerza de la necesaria, estrechó la mano de Nieves entre las suyas y la sacudió de arriba abajo, soltando una cháchara larga sobre lo divertido que sería trabajar juntos, ayudar, viajar, recorrer, aprender, y un largo etcétera. Abajo, Ryudamon observó a Black Agumon, quien puesta su atención en las dos chicas, no se había percatado del otro hasta que vio su mano cerca de él.

—Vamos a esforzarnos nosotros también—dijo el dragón de forma respetuosa a la vez que amena.

El lagarto oscuro se cohibió por un segundo. Miró arriba a su compañera, quien notando el gesto, le indicó con la cabeza que siguiera adelante. El digimon tragó saliva y tímidamente estrechó su garra con la del otro. Ryudamon cerró su mano con énfasis y le sonrió amigablemente. Black Agumon sonrió a su vez esperando que todos pudieran llevarse bien.

— ¡Vale!—exclamó Dana, moviendo su escobillón en el aire— ¡Vamos a terminar pronto con esto para que me cuentes más sobre este nueeevo grupo!

Los tres personajes asintieron, felices y emocionados por la nueva y pequeña “familia” que se formaba a partir de ahora. Se pusieron a trabajar con renovados ánimos y rápidamente, ayudando de buena gana a los demás voluntarios y acelerando el trabajo. Un par de horas después el coliseo comenzaba a cerrar, con sus gradas en buen estado, sus pantallas reflejando el sol de la tarde, oloroso a pintura fresca y listo para recibir nuevamente a los contendientes de File City.


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listo~~ estuvo divertido Soncarmela Soncarmela c:
Takerudark Takerudark ya teníamos pre-planeado lo de unirse al grupo por si acaso (?)
 

Esposo Canon de Hoppie
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Narrativa: No noté muchos errores. Ambas tienen una narrativa bastante buena, digna de desear, sin embargo sí pude observar que ambas llegaron a tener problemas con las comas. Específicamente Soncarmela, tuvo de repente fallos en omisión de palabras o falta de acentos en palabras como “qué” o “cómo”. Una observación que quiero hacerle a ambas, tengan cuidado al escribir porque pueden querer dar a entender algo pero significa otra cosa. Lo digo específicamente por la parte que dice “Casi sin darse cuenta las horas pasaron”. Se habla en plural, entonces yo estaba entendiendo que pasaron más de dos horas, por lo que la evolución de Ryudamon ya debía de haber acabado (con todo y buffs), pero quiero imaginar que se referían a que el tiempo había pasado solamente. Tengan mucho cuidado con esta situación en el futuro, les puede costar mucho en una misión. 23/25.

Interpretación: No tengo objeción en cuanto a la interpretación, lo hicieron bastante bien ambas con los personajes de todos y los Digimon. 25/25.

Realismo: Aquí tengo varias anotaciones. Lo primero es que no me cuadró del todo el tiempo que estuvieron trabajando antes del almuerzo, pues si nos guíamos por la evolución de Ryudamon, fue de una hora más o menos y se me hizo poco trabajo para antes de comer. Tampoco me cuadra mucho el tiempo que tardaron en limpiar las paredes del coliseo, pero porque no especificaron qué parte era, pues pudo ser la parte de la arena, de todas las gradas, etc. Soncarmela, mi queja va también cuando Dana carga la carretilla con cemento. Si bien se le cae luego de que la agarre con una mano, siento que la carga de una manera demasiado sencilla. El cemento pesa, y lo que se le coloca a una carretilla, por lo general, no es poco, así que ten mucho cuidado con eso. Otra situación, que es para ambas, es el hecho de que Ryudamon apareciera como Ginryumon cuando no evolucionó antes de irse con Leomon. Para que un Digimon evolucione sin el uso de un digivice tendrían que hacer uso de la digisoul, y no es el caso, por lo que me sorprende un poco que Lady no lo hiciera evolucionar antes de que se fuera con Leomon. 20/25.

Desarrollo: Me gustó mucho el desarrollo, estuvo muy dinámico todo y no se centraron en unas cuantas tareas, lo cual me agradó mucho. Le dieron buen desarrollo a sus personajes aunque Ryudamon estuviera gran parte ayudando en otro lado, y todo fue de manera natural que no fue tedioso al leer. Las felicito por esta parte. 25/25.

Total: 93/100.
Paga: 280 bits.
Fama/Antifama: +1 a ambas.
EVO: +1 a Ryudamon.

Soncarmela Soncarmela Lady Beelze Lady Beelze, la paga será asignada a la brevedad.

Masaru Blair Blair
 
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