Rol Libre Más allá del Chocolate

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Registro: Klaus Alcott & Luthica Harwick
Nombre del RL: Más allá del Chocolate
Descripción del RL: El sol comienza a ocultarse en aquel día 14 de Febrero. Con ambos Vigilantes satisfechos después de haber derrotado a otra Miss Heart y haberla recolectado queda la pregunta, ¿qué harán ahora? ¿Volverá Luthica a su callejón con sus periódicos?, y tal vez más importante, ¿quién se quedará con el dinero? (?)
Modalidad: Privado.

Creo que así está bien (?)
Shiory Vamoh a llenar el vacío en la historia~
 

-계산이 좀 느리니?-
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Las eternas luces de la ciudad de Tokio brillaban más intensamente de lo usual, con agregados tonos de rojo que se difuminaban junto a las demás en el no tan oscuro lienzo de la noche, junto a los cuales parecían estar pintados los problemáticos jóvenes. Ahora que se habían logrado alejar bastante de todo el alboroto causado la pequeña feria, los Vigilantes iban flotando lentamente por el cielo ya sin sus máscaras.

A pesar del cansancio, Luthica no podía contener la gran sonrisa que tomaba cada vez más lugar en sus labios y sus cristalinos ojos verdes parecían reflejar aquellas luces como si de un espejo se tratase. De hecho, para Klaus también era su primera vez viendo un panorama así de la ciudad a pesar de que llevaba viviendo muchos años en Tokio, realmente era encantador ver las miles de lejanas ventanas con luces que se veían pequeñitas desde esa altura.

¡Mira!— Galaxy se emocionó aún más al ver pasar un avión a lo lejos, agitando la mano de la que iba tomada de su compañero—. ¿No es todo tan lindo?
— De hecho
— le sonrió, al fin sintiendo cierta paz en su pecho.

Así pasaron unos minutos más, hasta que el de cabellos negros decidió que ya convenía bajar, porque si alguien los veía podrían llamar la atención y atraer problemas para ellos.

El lugar donde habían llegado era una zona residencial, por lo que no habían muchas personas en las calles y todo parecía estar tranquilo. Cuando aterrizaron la fémina se frotó las mejillas sonrosadas por el viento helado, y se dio cuenta que Klaus ni siquiera traía zapatos y estaba parado con los pies sobre la nieve.

¡Tus zapatos!— indicó ella con cara de preocupación, y comenzó a revolver sus bolsillos.
Ah, ante la emergencia los terminé absorviendo... Al menos con el dinero que hemos recolectado hoy podré conseguirme otros— dijo balanceando un poco la bolsa en la que había metido el dinero de los urnas, lo cual le recordaba que dentro de ese saco también estaba el plástico con el chocolate. ¿Quizás era buen tiempo de salir corriendo con el botín?
Toma, usa esto— Ignorando lo último, lo que estaba ofreciendo Harwick no era nada menos que un par de rectángulos de cartón. Parecía que esperaba a que sustituyan de momento unos zapatos, por lo que Pitch Black se carcajeó encontrando ridícula la idea. En serio, no terminaba de sorprenderse cómo esa muchacha reciclaba tan casualmente pedazos de papel—. Hablo en serio, es horrible el frío.
Pues a mí no me molesta tanto— expresó, exhalando un poco de aliento al aire para ver cómo se formaba una pequeña nube de vapor pasajera—. Además puedo activar mi quirk y caminar absorviendo la nieve en el camino, así no tendré que tocarla.
— Entonces dame algo de calor que yo sí me estoy muriendo
— Tras decir eso, Luthica se acercó hasta enterrar su cara en el pecho del muchacho, logrando que su cuerpo quede pegado al de él. Sobresaltado por la repentina cercanía, Alcott retrocedió tomando distancia. Para para una segunda sorpresa, la persona con el derecho de quejarse parecío no ser él—. ¡Hey! ¿Qué haces?

— ¡Eso es lo que tengo que decir yo!
— vociferó sin entenderla.
Sólo un momento será suficiente...— insitió ella, poniendo una cara que al varón le recordó al de un perrito abandonado. Además, claramente tenía las mejillas y nariz muy rojas. Además que se la notaba tiritando desde hace rato... Pues se notaba que no estaba mintiendo con lo del frío.



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Jola veveh, kuanto tienpo
 
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El rostro suplicante de la muchacha era difícil de ignorar, y la verdad es que la pelinaranja en serio no parecía entender qué había de malo en calentarse un poco en el pecho del muchacho. Klaus se rascó la cabeza mientras miraba alrededor, hasta que finalmente suspiró, cerrando los ojos por un instante.

─ Está bien, pero solo un poco. ─ Indicó el muchacho, que no tuvo tiempo de prepararse para recibir a Luthica, puesto que esta se volvió a pegar a él en cuanto tuvo la afirmativa.

El rostro de la chica volvió a quedar hundido en el pecho de Alcott, que no supo qué hacer con sus manos. La amante del papel periódico era linda, pero no era razón suficiente para ir y abrazarla, aunque tampoco se sentía normal estar con los brazos en el aire por tanto tiempo. Mientras todo aquello pasaba por la mente del pelinegro, una sensación cálida comenzó a extenderse en su pecho de a momentos, para luego enfriarse por intervalos, de a poco sintiéndose cada vez más húmedo. Finalmente, el de iris azules se dio cuenta qué era lo que sentía, y separó un poco a Harwick, tomándola de los hombros.

─ ¡Hey! ─ Se quejó la de iris verdes. ─ ¡Estaba haciendo calorcito!
─ ¡Me estabas mojando la ropa con tu aliento!

Alcott se tocó la ropa y efectivamente, estaba húmeda, producto del aliento condensado de Luthica. Pronto, el calor que había sentido se volvió un frío más intenso que el que venía sintiendo. La muchacha volvió a colocar ojitos de perrito regañado, pero esta vez Klaus solo suspiró.

─ Mira, lo que sea que hagamos para calentarte aquí no va a durar mucho. ─ Explicó el de iris azules. ─ Es mejor que vayas a casa y ahí ya puedas abrigarte bien.
─ Bien, entonces dame mi chocolate y mi parte del dinero. ─
Argumentó la muchacha acercándose a la bolsa que llevaba Klaus y extrayendo primero la de chocolate, que hizo un ruido acuoso al moverla. Seguro era por el frío, pero ya había trozos visibles de chocolate dando vueltas en el interior del plástico. ─ Bien, con esto y los diarios del callejón seguro entro en calor.
─ Espera, ¿callejón? ─
Cuestionó el pelinegro. ─ ¿Te refieres a donde fuimos a buscar tu máscara? ─ Alcott quedó con la boca abierta unos segundos cuando recibió la afirmativa de la muchacha. El de iris azules se había imaginado que la de cabello naranja no estaba viviendo en las mejores condiciones, pero no pensó que aquel callejón donde habían estado unas horas antes era donde la muchacha vivía. ─ No puedes quedarte ahí. ¿Acaso no tienes casa?

Luthica no parecía ser del tipo de personas que hubieran pasado toda su vida en la calle, su apariencia y forma de ser daban cuenta de eso. Ella seguro debía tener un lugar a dónde volver, pero la negativa de la muchacha echó por tierra las suposiciones de Klaus.

─ No, el callejón es donde puedo volver.

Pitch se llevó una mano a la cara, frotándose el puente de la nariz, y justo en ese momento, pequeños copos de nieve comenzaron a caer. Como si la situación de por sí no fuera precaria para Luthica tal y como estaba.

─ ¡Ah! Será mejor que me apresure en volver. Voy a tener que asegurarme que el techo de cartón resista bien la nieve. ─ Exclamó Harwick, echándose la bolsa al hombro.
─ ¡Espera! ─ La detuvo Klaus, extendiendo una mano. ─ Está bien… mira, quédate conmigo un par de días en lo que consigues un verdadero lugar donde vivir, ¿sí? ─ Indicó el pelinegro, quitándole la bolsa a Harwick para llevarla él. ─ No es mucho, pero tengo un calefactor y puedes dormir en el sof-
─ ¡Gracias, gracias, gracias! ¡En serio, gracias, Abelardo! ─
Interrumpió la de iris verdes, lanzándose a abrazar a Klaus, casi tirándolo al suelo por poco. Súbitamente, la muchacha pareció recordar algo, por lo que se separó del muchacho. ─ Esto… podemos ir a buscar unas cosas que dejé en el callejón primero.

Alcott suspiró, pero finalmente accedió. Hace unos segundos la muchacha parecía estarse muriendo de frío, pero ahora tenía energías para ir a buscar cosas antes de finalmente poderse calentar. ¿Debía robar alguna chaqueta para que la muchacha no se resfriara en lo que volvían?

─ Escucha, ve al callejón, yo iré a buscar algo para que te abrigues y te encuentro ahí. ─ Explicó el Vigilante, recibiendo un nuevo abrazo de la muchacha, al que esta vez Klaus respondió dándole unas palmaditas en la cabeza.
─ Ah, que suerte tuve en encontrarte, Rumaldo.
─ Sí, está bien. ─
Replicó Alcott con una inexplicable sonrisa en el rostro.

[***]

Shiory <3
 

-계산이 좀 느리니?-
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¡Oh noooo!─ chilló la fémina que venimos siguiendo desde hace rato en este RL(?), arrodilándose con las manos extendidas hacia el cielo. Lo que tenía tan angustiada a la personaje era que efectivamete, la nieve había hecho su peso junto a la gravedad para derrumbar el fino techo de cartón que protegía por debajo a sus cuadrados de periódicos; pero, más que nada, lo que la destruyó por dentro fue ver que alguien se había llevado toda su dotación de diarios que venía juntando desde hacía dos días─. ¿Cómo pudo pasar esto?

Bastante triste, Luthica se arrastró hasta su pequeña guarida de varias cajas de cartones y faltantes periódicos en el callejón, con la esperanza de encontrar alguna cosa que no haya sido robada(?) de su posesión.

Oye, niña. Creo que no has entendido que este no es tu territorio─ apareció un señor desaliñado con una sonrisa burlona, acompañado de un par de hombres de una higiene igual de precaria─. Te dije que tienes que pagar para poder juntar cosas por aquí.
─ ¿Ustedes se llevaron mis cartones y periódicos?
─ quiso saber ella, cambiando la mirada a una desafiante.
No es del todo correcto, preciosa─ contestó uno de los acompañantes─. De por sí nunca fue tuyo todo ese diario, ji ji.
Aunque me sorprende que aún sigas aquí─ volvió a hablar el primer sujeto─. Se te nota que no eres de este estilo de vida. ¿Acaso eres una niña rica que se ha escapado de casa?
Eso no es asunto suyo─ desafió la pelinaranja, aunque por un momento le surgió el temor que quizás esas personas eran hombres enviados por su padre, sólo que estaban disfrazados.

Oye, no te pongas así, bebé─ se acercó diciendo el tercer sujeto, a la vez que se atrevía a acariciarle un mechón del cabello─. Es tu decisión si quieres volver a casa o no. Aunque quizás podrías primero casarte conmigo y luego irnos a vivir a tu casa, ¿eh? ¿Qué te parece la idea? ja, ja, ja. No me molestaría tener una segunda esposa...

Ante la idea del casamiento, los traumas de la muchacha emergieron de su interior y le paralizaron el cuerpo entero. ¿Casarse? ¡Si justamente había huído de casa para ella elegir con quién hacerlo! Seguía sin saber qué hay que hacer para casarse, pero sabía que no era algo del todo bueno, y que un sujeto tan desagradable como ese quisiera hacerlo con ella le provocaba un rechazo inmesurable. No, no quería. ¡Ni muerta! Sin saber cómo procesar la situación, la respiración de la fémina comenzó a ser más entrecortada y agitada.

A-Aléjese─ logró pronunciar de sus temblorosos labios, pero los tipos parecían disfrutar la situación y sólo se acercaron más., rodeándola
No seas tímida... Vamos a pasarla bien─ dijo uno de ellos, agarrándola de un brazo. Grave error.

Consumida por la desesperación, la joven Harwick activó repentinamente su quirk, emanando una onda expansiva de gravedad que mandó volando a los tres sujetos, quienes se golpearon gravemente contra las paredes de ese reducido callejón. Con la vista y pensamientos nublados, la pobre chica sólo agarró una mochila que tenía escondida en una parte de la pared y salió corriendo de ahí lo más rápido que pudo.

[...]

No sé si ese le quedará bien...─ pensaba en voz alta Pitch, analizando con sus profundos ojos azules algunas prendas en una vidriera. La verdad es que nunca en su vida había dedicado mucho tiempo para comprar (o robar) ropa para sí mismo, y directamente nunca había tenido que hacerlo para una mujer─. ¿Cómo era...?

En un intento de recordar mejor las proporciones de la muchacha, Klaus extendió una mano y la colocó más o menos a la altura de su barbilla, imaginando la estatura de la chica y comparándola con la de la maniquí. Sí, parecía que más o menos podía ser. Y para imaginar sus proporciones, se tocó el pecho y luego formó un aro con ambos brazos por delante suyo... Sólo para darse cuenta de lo que estaba haciendo y sentir bastante vergüenza.

No tengo por qué sentirme un pervertido, tampoco es como si la hubiese abrazado o hecho nada raro─ aseguró para sí mismo cerrando los ojos por la pena, mientras se rascaba la nuca con nerviosismo─. Seguro le va─ Habiendo dicho eso, el muchacho se decidió y después de verificar que no había cámaras ni personas alrededor, apoyó su mano sobre el vidrio de la tienda cerrada, absorviendo una cantidad de vidrio suficiente que le dejó tomar el abrigo del maniquí. Los nuevos zapatos y campera para él mismo ya los había tomado de la tieda para hombres de al lado.

Rápidamente el chico comenzó a correr hacia la dirección en la que encontraría a su compañera. Como había buscado en unas tiendas cercanas, seguro ella no debía estar muy lejos.

Después de unos diez minutos de marcha, el varón logró encontrar el callejón donde había encontrado por primera vez a esa misteriosa chica, pero un mal presentimiento invadió su cabeza cuando vio a los tres sujetos tirados en ese lugar.

¡Luthica!─ llamó el vigilante, esperando que no se haya ido muy lejos. Sin embargo, no obtuvo respuesta alguna─. ¿Qué le hicieron a la chica de los diarios?─ preguntó furioso agarrando con una mano a uno de los hombres, agitándolo en el aire a pesar de estar inconsciente.
E-Esa chica es peligrosa─ respondió cobrando algo de noción.
¡Te pregunté dónde está! ¡Más les vale que no se hayan aprovechado de ella!─ amenazó, pero el tipo pareció volver a perder la consciencia─. Demonios. ¡Luthica!

Realmente preocupado, Alcott arrojó al sujeto al piso y buscó con la mirada las pisadas en la nieve que podrían ser de la mujer. La idea de que podría haberle pasado algo malo a esa chica torpe por dejarla sola en esas horas de la noche lo hacia sentirse terrible. Pero por suerte pronto encontró unas pisadas profundas que aún no se habían tapado con la nieve, lo cual denotaría que habían sido causadas al correr, que se dirigían hacia la calle con bancas donde se habían encontrado por primera vez. Así que el de cabellera no esperó para seguir las pisadas.

Por suerte no tuvo que ir demasiado lejos, puesto que tras unas cuantas cuadras, pudo divisar a una figura sentada hecha bolita en una banca de la plaza, con la cabeza hundida en sus piernas dobladas cerca de su pecho.

¡Luthica!─ llamó el mayor, a lo que la chica levantó la cabeza con los ojos llorosos.
Klaus...─ pronunció ella, aunque pronto se tapó parte de la cara con su cabello─. ¿Qué haces aquí?
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Otra vez, ¿por qué tu preguntas lo que yo debería preguntarte a ti?─ suspiró con algo de alivio notando que no parecía estar especialmente dañada. Aunque... ¿Era su idea o era la primera vez que decía bien su nombre?─. ¿Estás bien?

Ante la pregunta, Galaxy asintió en silencio y no dijo más nada ni se movió, sino que simplemente se quedó mirándolo directo a los ojos. Klaus le sostuvo el contacto visual por unos largos segundos, intentando descifrar lo que ella quería, pero realmente le resultaba difícil saber qué había más allá de esos tristes pero hipnotizantes ojos verdes cristalinos que brillaban bajo la luz de los faroles. Pero un estornudo de la muchacha rompió completamente el momento, y en ese momento el chico se acordó del abrigo que traía para ella y se lo puso sobre los hombros.

Póntelo que te vas a enfermar de verdad─ agregó mirando hacia otro lado para ocultar sus mejillas sonrosadas─. Vamos, no estamos tan lejos de mi casa─ Pero la joven pareció estar pensando en algo, y tras otro momento de silencio, lanzó una pregunta que descolocó bastante al desprevenido beisbolista.
Si me llevas a tu casa... ¿Significa que vas a casarte conmigo?

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─ … ─ Klaus pestañeó un par de veces mirando a Luthica, que no apartó la vista, demostrando total seriedad en su pregunta. ─ ¿Disculpa?
─ Eso, si voy contigo, ¿me casaré contigo? ─
Volvió a interrogar Harwick, confirmando que el muchacho no había escuchado mal.
─ ¿De dónde sacaste eso?
─ Pues, supone que si me caso tengo que ir a vivir con quien me case, entonces…


Luthica se quedó callada, volviendo a bajara la mirada entre sus piernas. Klaus suspiró, entendiendo que aquello era otro malentendido producto de la excentricidad de la muchacha.

─ Mira, es cierto que si te casas con alguien te vas a vivir con esa persona, pero solo porque vivas con alguien no significa que te vayas a casar con esa persona. ─ Explicó el muchacho dándole palmaditas en la espalda a la de cabello naranja.
─ ¿Entonces no nos tenemos que casar? ─ Quiso confirmar Galaxy, con la voz delgada y limpiándose un poco las lágrimas con las mangas.
─ Creo que hasta sería raro cuando recién te conocí hoy.

Luthica se mostró pensativa unos segundos y finalmente asintió mirando a Klaus. La muchacha se paró, poniéndose bien la chaqueta que el pelinegro le había traído, para luego extender los brazos a ambos lados, moviéndolos de arriba abajo.

─ Me queda un poco grande. ─ Dijo Harwick, ahora con una sonrisa en el rostro.
─ Si no la quieres devuélvemela.
─ ¡Vamos a tu casa, Gerardo! ─
Habló fuerte la muchacha, tratando de hacer como si no hubiera escuchado eso último, mientras apuntaba al camino.

[***]

Klaus introdujo la llave en la puerta, abriendo hacia lo que era un lugar bastante oscuro y frío, con un leve brillo que entraba desde lo que parecía ser una ventana. Luthica se asomó a mirar en lo que Alcott extendía su mano para prender la luz, iluminando por lo menos la entrada, donde había unos cuantos pares de zapatos en un estante, del cual el pelinegro sacó unas pantuflas simples, las cuáles usó luego de quitarse el calzado que ya llevaba.

─ ¿Y mis pantuflas? ─ Preguntó Harwick, mirando el pequeño estante.
─ Ah claro, se me olvidó dejarlas afuera esta mañana cuando no sabía que iba a traer a alguien a casa. ─ Habló sarcásticamente el de iris azules, algo que pareció haberse escapado a la chica.
─ Muy mal, Eustacio.
─ Hay unas de invitado por ahí. ─
Indicó el muchacho, solo para recibir un rostro de asco de la de iris verdosos. “¿En serio?, ¿vivías en la calle y te da asco usar unas pantuflas de invitado?” pensó Klaus, pero se guardó el comentario. ─ Mañana te veremos un par entonces. Por ahora tendrás que andar descalza.

La muchacha comenzó a sacarse las zapatillas, viendo cómo Alcott se adentraba en el lugar, prendiendo más luces mientras lo hacía. El departamento tenía un techo bastante alto, probablemente porque había sido pensado para ser usado en parte de bodega. Luego de pasar de la entrada se extendía un amplio espacio que Klaus parecían haber arreglado como un área de estar, con un par de sillones, uno de dos cuerpos y otro de tres, ambos de diferentes materiales y color. Detrás de uno de los sillones había varias cajas que seguían ocupando un buen espacio. Parte de esa área de estar había sido usada por el muchacho para poner una cama que a un lado tenía un closet y al otro un velador. Lo último que componía el espacio era una cocina, separada por un mesón que venía desde el muro, y donde había un par de sillas.

Klaus se dirigió hacia un lado cercano a su cama, donde prendió un calefactor que tenía, para luego ir a cerrar la ventana que había dejado abierta para ventilar el lugar. Luthica por su parte ya se había librado de su calzado y fue dando saltitos por el piso helado hasta llegar al lado del calefactor, junto al cual se puso de cuclillas, comenzando a calentarse. Después de haber pasado los últimos dos días en la calle, estar junto a un calefactor era una des las cosas más reconfortantes que había sentido en su vida, tanto así que, si fuera físicamente posible, se hubiera derretido de la alegría justo ahí.


─ Hey, no te acomodes ahí, deberías irte a bañar si realmente quieres entrar en calor. ─ Indicó Klaus, apuntando a una puerta que conducía al baño.
─ ¡Oh! ¡Sí, me quiero bañar! ─ Exclamó Harwick, que sin consideración alguna comenzó a desnudarse, quedando en un segundo en ropa interior, que también tenía intención de quitarse.
─ ¡Oye! ¡¿Qué piensas que haces?! ─ Alcott fue rápidamente donde la muchacha, deteniéndola y comenzándola a empujar al baño. ─ ¡No te puedes andar desnudando así sin más frente a otros!
─ ¿Eh? ¿Por qué no? ─
Preguntó la de iris verdes con real curiosidad.
─ P-Porque está mal y punto. ─ Replicó Klaus, sonrojado. Ya dejándola en el baño el pelinegro cerró la puerta y suspiró, pensando en qué problema se había metido al traer a la pelinaranja a su hogar. ─ ¿Tienes ropa limpia con que cambiarte?
─ Emm… ─
El silencio de la Vigilante desde el otro lado de la puerta fue suficiente como para que el muchacho supiera la respuesta, por lo que volvió a suspirar, esta vez más compuesto, para luego responderle.
─ Tu báñate y te dejaré una toalla y algo qué ponerte para cuando salgas.
─ ¡Okey!


La voz con eco de la muchacha se escuchó para luego ser reemplazado por un tarareo, y el ruido del agua. Klaus no perdió el tiempo, recogiendo la ropa de su allegada para dejarla en la lavadora en un cesto de ropa sucia. Para luego ir a su closet y buscar la playera más grande que tuviera, unos calcetines y unos pantalones deportivos.

─ Bien, esto debería bastar. ─ Murmuró para sí mismo el Vigilante. ─ Con unas mantas el sillón debería servir para que ella duerma por la noche. ─ Continuó el chico, abriendo la puerta del baño que ya estaba lleno de vapor, dejando la muda sobre el un mueble del que sacó un par de toallas. La ropa interior de Harwick estaba tirada en el piso sin cuidado alguno, por lo que el pelinegro la recogió, volviendo a sonrojarse. ─ En serio, ¿en qué rayos me metí?

[***]


Shiory Dele~
 
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-계산이 좀 느리니?-
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Ese baño fue justo lo que necesitaba─ salió diciendo una aseada Luthica, frotándose un poco la cabeza con la toalla.

Klaus giró la cabeza y se sintió extraño al verla con su ropa que le quedaba holgada y larga, pero le dio el último sorbo a su té antes de levantarse de la mesa de la cocina.

Ahora me iré a bañar yo. Mientras tanto tómate el té que te dejé allí.
─ ¿Pero no vas a secarme el cabello?
─ preguntó la fémina, ganándose otra de esas miradas extrañadas de Klaus.
Puedes hacerlo tú sola─ afirmó antes de entrar con su ropa al baño y cerrar por detrás suyo la puerta.

Sin decir más nada, los ojos verdes buscaron la taza con el humeante té verde que la esperaba. Lo tomó en sus manos y sintió un momento el calor de éste y se dirigió de nuevo hasta el frente del calefactor. Quedándose atontada mirando el brillo rojizo frente a ella, Luthica se puso sobre la cabeza la toalla e intentó secarse mejor el cabello, pero el que estuviese acostumbrada a que ese fuera trabajo de sus cuidadoras, no le hacía muy fácil la tarea. De hecho, se frotó tan fuerte y revoltosamente el cabello que éste terminó bastante enredado.

Pero lo importante para la chica era que se secara para así no resfriarse, por lo que se le ocurrió mejor sentarse de espaldas al calefactor y esperar mientras tomaba su té.

Así pasaron unos minutos hasta que el agua del baño dejó de correr y al rato apareció Acott vestido con su ropa de casa y con una toalla colgada del cuello.

¿Luthica?─ llamó el beisbolista agachándose al lado de la chica que parecía haberse dormido sentada abrazada de sus piernas─. No te duermas aquí.
Mmmmh... yo─ respondió a la vez que casi se caía para un costado cuando la mano del chico le tocó el hombro, por lo que él tuvo que actuar rápido para agarrarla de los hombros.
Oye, despierta─ agitó un poco sin mucho éxito, puesto que la joven Harwick no perecía querer despertar.

Viendo que no tenía mucho efecto lo que hacía, Klaus primero la acomodó en el piso para que su cabeza dejara de estar colgada para un costado de su cuerpo. Pero cuando estaba por retirar su mano de la nuca ajena y alejarse un poco, Luthica inhaló profundamente y lo tomó de ese antebrazo, girando la cabeza de modo que sus labios entraban en contacto con la cara interna de su éste. Ante el extraño cosquilleo que le produjeron esos suaves labios, el de cabellera oscura se detuvo un momento conteniendo la respiración, aunque el aire caliente expulsado de la nariz de la chica no paraba de chocar contra su piel.

Luthica...─ volvió a llamar suavemente con la esperanza de que se haya despertado.
¿Hmm?─ gimió sin fuerzas, pero claramente seguía igual de dormida que hace rato.

Suspirando, Pitch deslizó con cuidado la mano por debajo de la nuca hasta alcanzar el hombro femenino que le quedaba más lejos, y la otra mano la pasó por detrás de las rodillas. Así, la levantó sin mucho esfuerzo y caminó hasta el sofá. Aunque sabía que estaba haciéndole un favor a esa muchacha, cierto sentimiento raro no le dejaba en paz la conciencia. Pues era inevitable sentir el rico olor a shampoo que desprendía el cabello naranja de la chica que era ladeado cada vez que el chico daba un paso, además de que sentía la suave presión de los pechos de ella contra los suyos. Pero intentando ignorar todo eso, la acomodó y tapó bien en el sofá para que pasara una noche tranquila.
 

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El sol comenzó a verse un poco a través de las cortinas de la vivienda de Alcott, y aunque no le diera directamente en la cara, ya era lo suficientemente molesto como para no poder seguir durmiendo. El pelinegro intentó moverse, pero por alguna razón, tanto sus piernas como uno de sus brazos estaban inmovilizados, previniendo que el muchacho pudiera si quiera sentarse en su cama. En un intento de entender qué sucedía, Klaus levantó la cabeza, lo suficiente para explorar los alrededores, viendo así que Luthica no estaba en lel sofá donde la había dejado.
Todas las piezas encajaron en la mente del Vigilante, y al levantar la cubierta de la cama pudo ver cómo la pelinaranja se las había arreglado para no solo meterse en su cama, sino también atrapar uno de sus brazos que usaba de almohada y sus piernas, sobre las cuales tenía una de ella. Por unos instantes el rostro de Klaus se enrojeció al punto que se le pudo haber confundido con un tomate, pero luego de respirar un poco para calmarse el muchacho observó bien a la chica. Lo había comenzado babear y, por dormirse tan rápido luego de bañarse ahora tenía todo el cabello enredado. El cómo o porqué se había metido en su cama era secundario, lo que ahora necesitaba era despertar a la muchacha.
Klaus comenzó a tocar la mejilla de Luthica con uno de sus dedos. Aunque el gesto era para despertarla, no pudo evitar notar lo suave que era la chica, algo que no había percibido el día anterior, que con todo el ajetreo que habían tenido, no era una sorpresa. Harwick comenzó a reírse entre sueños y lo que en un inicio le provocó gracia al de iris azulados, terminó en problemas cuando la muchacha le lanzó una mordida a su dedo, una nada suave.


─ ¡Auch!
─ ¡¿Qué? ¿Cómo?! ─
Harwick se despertó asustada, sin entender qué sucedía y parándose en la cama de Klaus mientras este se caía de espaldas por un lado de esta. A la de iris verdes le tomó unos instantes recordar lo que había pasado el día anterior y dónde estaba en ese momento. Finalmente, una vez que estuvo lo suficientemente despierta y calmada, Luthica vio los pies de Alcott sobre la cama, por lo que se asomó para ver por donde este se había caído, notando que estaba despierto mirando el techo. ─ ¿Qué haces en el suelo, Gerbacio? ¿Te gusta dormir en el suelo?

Klaus miró a la extraña muchacha que lo miraba con sincera curiosidad. Tenía que recordar que, por lo que había visto hasta ahora, ella era así por naturaleza, por lo que luego de suspirar, el pelinegro se levantó y le puso una mano sobre la cabeza a la de cabello naranja, revolviéndole el cabello.

─ ¡Ah, para! ¡Me vas a enredar el pelo! ─ Se quejó Luthica, levantando la mano del muchacho.
─ De por sí ya lo tienes enredado por haberte dormido sin peinártelo, un poco más no le hace daño.

Luego de decir aquello, Alcott se dirigió a la cocina, con la intención de preparar desayuno para ambos. El muchacho revisó su heladera, y luego de ver que solo tenía huevos y jamón, concluyó que ese sería el desayuno de ambos.

─ Hay una peineta en el baño. Deberías peinarte en lo que hago desayuno. ─ La muchacha, ahora sentada en la cama, miró en dirección al baño, para luego ir corriendo a buscar lo que le había indicado su hospedador.

“Supongo que podremos hablar mientras desayunamos.” Pensó el muchacho, sin intuir que su oferta de que Luthica pasara la noche incluía muchas más noches que solo aquella, pero los pensamientos de Alcott se vieron interrumpidos por ruidos que provenían del baño, quejidos cada cierto rato. Después de varios minutos en que los huevos comenzaron a hacerse, el olor consiguió atraer a la pelinaranja, que apareció con el peine atrapado en su cabello y con este último igual de enredado que cuando despertó.
Klaus no tardó en servir un par de platos con su preparación, unos trozos de pan y un par de tazas con café, todo sobre la pequeña mesa que tenía para comer.


─ Ven, siéntate. ─ Indicó el muchacho, moviendo una de las dos sillas que tenía la mesa. Harwick hizo caso y comenzó a comer rápidamente, para luego mirar a su benefactor, que no se había sentado todavía.
─ ¿Tú no vas a comer? ─ Preguntó la Vigilante con la boca llena.
─ Comeré después de arreglar esto. ─ Replicó Klaus, comenzando a desenredar el cabello de la muchacha, luego de haber liberado su peineta.

La muchacha solo sonrió feliz, mientras volvió a concentrarse en la comida.
 
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