Crossover ...Memorias (Naruto/DXD)

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Muy buenos días, tardes o noches. Este es un fanfic el cual he comenzado a escribir hace varios años, el cual originalmente publiqué (y publico) en una famosísima página para Fanfics, así que puede que ya lo hayas leído allí.

Para los que no lo hicieron, espero que lo disfruten. Actualmente sólo voy por el capítulo 13, de hecho ahora mismo estoy terminando el 14.
Sin más preambulos dejo el principio, espero les agrade. Si les gusta pueden dejar algún comentario o critica, será un placer leerlos.


...Memorias

Capítulo 1, El Inicio de todo:



No me había dado cuenta en ese entonces, pero, la paz que tanto había buscado a lo largo de mi vida, la paz que tanto anhelaba, la paz que tanto deseaba, era la misma que faltaba dentro de mi corazón y de mi alma. Mi corazón no estaba en paz. Mi alma no estaba en paz.
Yo no estaba en paz. No estaba en paz conmigo mismo, no estaba en paz con mi propio corazón, tantos sentimientos oscuros estaban librando una caótica guerra dentro de mí, una guerra que en ese momento no me había percatado, una guerra que perdía poco a poco.


Las personas tienen una manera muy sencilla de representar a la muerte, y muy a menudo se preguntan ¿Cómo se siente morir? Sin embargo, las personas no se dan cuenta que en realidad, lo que importa es preguntarse ¿Qué se siente estar vivo? ¿Qué es el estar vivo? ¿Cómo se representa? ¿El haber nacido ya me hace vivir? ¿De verdad estoy viviendo?...
.
.
.



En algún lugar del Reino Unido:

Frio, un frio otoñal cubría la oscura ciudad a altas horas de la noche.

Las gotas de la lluvia refrescaban la vieja ciudad, el ruido del agua cayendo inundaba el ambiente, pero no era lo único que se escuchaba.
*Tap Tap Tap Tap Tap*
Rápidas pisadas de una niña pequeña, que desesperada corría, bajo la lluvia otoñal que parecía que nunca iba a cesar.
Sus pies desnudos y sucios con polvo y barro, además de sus prendas de ropa desgastadas, rotas y mojadas, daban fe de que la niña llevaba un buen rato corriendo.
Sus ojos celestes denotaban cansancio, una mirada sumamente desesperada.
Llevaba bajo sus brazos un enorme libro, al parecer muy viejo, de tapa marrón y con unas letras de algún idioma inscriptas en él.

— ¡Que no escape! ¡Los altos mandos de la sede pidieron que pague el robo del sagrado libro con su vida!. — Gritó un hombre encapuchado detrás de la niña, con varios sujetos también encapuchados a su alrededor, corriendo, al parecer intentando atrapar a la niña.
La niña desesperada trataba, si era posible, correr más rápido de lo que ya lo hacía.
Un haz de luz verde iluminó la oscura calle donde la niña corría.

— ¡Ugh! —

La niña se había caído. Suavemente y con muchísimo miedo se tocó la pierna. Un gritó escapó de sus labios cuando observó su mano, manchada con un líquido espeso, y rojo.
Le habían lastimado la pierna con un hechizo. Trató de levantarse pero fue inútil.
Estaba agotada, ya nada valía la pena, la habían atrapado.
Levantó la vista y casi por acto de reflejo, apretujó el viejo libro contra su pecho.
Los encapuchados la habían alcanzado.
— ¡Por fín has cedido! Sucia traidora. — Dijo uno de los encapuchados, golpeando a la niña fuertemente en el rostro, causándole un corte sobre su mejilla que rápidamente comenzó a expulsar sangre.
Pronto el rostro de la niña estaba cubierto por sangre.
Ella lloraba, lloraba en silencio.
Rogaba en su cabeza por piedad, pero muy en el fondo sabía que todo había terminado.
— Adelante mátala, no tenemos tiempo que perder. — Dijo otro.
— Pagarás tu rebeldía y el robo del libro con tu vida. — Invocando un círculo mágico con su mano frente a la niña.
Cerrando los ojos, llorosa, aterrada. Tanto esfuerzo invertido para nada.
Tristemente esperaba que el hechizo que estaba conjurando uno de los encapuchados delante de ella haga contacto con su cuerpo.
Tristemente esperaba su final.
Esperaba su muerte.
Su prematura e injusta muerte.
Pero por mucho que esperó el abrazo frio que brindaba la muerte, este nunca llegó.
Abrió los ojos temerosa.
Sus ojos celestes visualizaron los cuerpos de los encapuchados en el suelo, que yacían inconscientes.
La niña sorprendida no creía lo que veía.
Muy asustada al sentir de repente el contacto de una suave mano en su hombro derecho.
Desapareciendo en un destello amarillo.
Asustada observó perpleja como la vista había cambiado.
Se encontraba frente a una chimenea, con la leña ardiendo por el fuego.
En la sala de una muy acogedora casa.
Intentó levantarse, Gimiendo por el dolor de su resentida herida.
Fastidiada se resignó a observar la sala, aunque la sangre en su rostro se lo impedía un poco.
Una mesa con varios sofás detrás de ella, frente a la chimenea.
Una televisión a un costado de la sala, al lado de un desayunador que dividía la sala de la cocina.
Rápidamente se acordó.
Buscó a sus alrededores el libro de tapa marrón.
No se encontraba por ningún lado.
Bruscamente unas suaves manos la levantaron y la depositaron en un amplio y cómodo sofá.
Una silueta con una capucha roja que impedía que se le viera el rostro.
Mentiría si dijera que no estaba asustada.
Asustada y sorprendida.
La silueta tomó la pierna de la niña.
Envolviéndola en un aura de un color verde muy suave, que salía de las manos de la silueta desconocida.
Sanando la herida que tenía la rubia al instante.
Vendando su pierna.
— ¿Me dejarás curarte esa herida en el rostro? — Preguntó la figura misteriosa, hablando por primera vez.
Ella se quedó sorprendida sin mover ni un solo músculo.
Entonces la persona misteriosa actuó en consecuencia, curándole el rostro con la misma aura verdosa que emanaba de sus cálidas manos.
— Para mañana estarás al cien por cien. — Habló, retirando sus manos del rostro de la jovencita.
La niña se mantuvo callada, observando sorprendida su pierna.
Pasando su mano por donde anteriormente tenía una herida en su rostro.
Tocando lo que parecía ser una cicatriz.
El dolor casi había desaparecido por completo.
No solo la había salvado, sino que también le había curado sus heridas.
—¿P-Por qué me ayuda? — Habló por primera vez, con su voz frágil, y algo temerosa.
— No es muy respetuoso preguntarle algo a un desconocido, por lo menos no sin presentarse antes ¿No crees? — Dijo el encapuchado revelando su rostro, con una media sonrisa en él.
Sus cabellos rubios y brillantes, sus ojos celestes profundos, como si de un océano se tratasen.
No aparentaba tener más de 20 años.
—D-disculpe mi irrespetuosidad, pero es que me sorprende que un desconocido me haya salvado. — perdiendo un poco del nerviosismo que cargaba.
— Y a mí me sorprende que una niña tan pequeña hable de una manera tan correcta— Riendo a lo último, colgando la capa roja que hasta ese momento estaba usando en un perchero al lado de una puerta.
— ¡No soy una niña pequeña! Dentro de unos meses cumpliré doce! —
— ¡bueno, bueno! No quería herir tus sentimientos— Riendo divertido. — ¿Cómo te llamas pequeña? —
— Me llamo Le Fay, Le Fay Pendragon.—
— ¿Eres de la famosa casa Pendragon? — Le preguntó
—…Así es… Soy la hija de los jefes de la casa Pendragon —
—No deberías soltar tal información tan a la ligera, no sabes quién soy ¿Qué tal si soy un tipo malo? —
— ¡Usted no es malo! — Exclamó — Si lo fuera, no me habría salvado, ni me hubiera ayudado con mi herida. Confío en usted. — Exclamó con una sonrisa la niña.
— ¡Vaya! Pero que inteligente y respetuosa es la hija de la casa Pendragon — Riendo. — Bueno Le Fay, yo me llamo Naruto, Naruto Uzumaki — Presentándose.
— ¡! — Quedándose completamente sorprendida, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
Naruto Uzumaki, ese nombre lo conocía bien, muy bien.
En todas las culturas y civilizaciones siempre hay personas que destacan más que otras, quedando en la historia, destacando en algo más que los otros.
Ese era el caso de Naruto Uzumaki.
Ella, al venir de una familia humana que pertenecía al mundo mágico, tuvo la "suerte", por llamarlo de alguna manera, de conocer el nombre, y en parte la historia, de este sujeto.
Aunque la historia de este sujeto era casi desconocida para el mundo. Las personas del mundo humano corriente no tenían ni idea quien era.
Pero en el mundo mágico, casi todos conocían su persona, era un mito en el mundo mágico en el cual había personas que creían en él y otras que no.
El ser humano más poderoso de todos los tiempos.
Por eso Naruto Uzumaki era conocido, la historia lo describía como el humano más fuerte, aquel que pudo, no solo hacerle frente, sino también derrotar a un Dios, aunque esto le había costado su propia vida.
Pero, de nuevo, había muy poca información sobre Naruto Uzumaki, no se sabía casi nada de él.
Pero había rumores que decían que él no había muerto, sino que se había ocultado, había desaparecido.
Ella había buscado por muchísimo tiempo información de él, pero, jamás en su vida habría pensado que Naruto Uzumaki la hubiera salvado de la muerte.
— ¡Y-yo lo conozco! — Articuló la chica después de un rato, volviendo del shock. — ¡Q-quiero decir... Yo he leído sobre usted! —
— ¿Me conoces? —
— ¡S-sí! ¡U-usted es todo un mito de dónde vengo! ¡E-el humano más fuerte de todos! ¡A-aquel que le hizo frente a un Dios! ¡U-usted es un héroe! ¡U-u-una leyenda! —
— Suficiente Le Fay Pendragon —
— ¡P-pero, de verdad! —
— No me agrada hablar de eso…— Dijo él, notando la pequeña como el tono de su voz cambiaba…
— No lo entiendo…. ¿P-por qué me salvó? —
— ¿Y por qué no habría de hacerlo? No iba a dejar que unos magos mataran a una niña, no importa lo que sea que hayas hecho ni sus motivos, de ninguna manera iba a dejar que te asesinasen, pero ¿Por qué te perseguían? — Preguntó el rubio sereno.
— Muchísimas gracias Naruto-sama — Sonrío agradecida, pero pronto esa sonrisa se borró de su rostro. — E-Ellos me perseguían porque…. Yo…. Entré en varios conflictos con mis padres…. Mi forma de pensar les traía muchos problemas…. Nuestras formas de actuar y pensar eran muy diferentes y…—
— ¿Y abandonaste tu hogar? —
— Así es, discutimos muy fuerte esta vez… Dijeron que si seguía así iba a… ser igual de problemática que mi hermano —
— ¿Arthur Pendragon? —
— ¡¿Lo conoce?! —
— Lo conozco de nombre nada más, jamás nos hemos visto. —
— Ah…. Sí, dijeron que no querían que fuera como él, eso me molesto mucho, entonces decidí escapar, del Golden Dawn, de mi casa, de mis padres…— Haciendo una pausa — Pero… Antes de irme, robé un libro de Hechizos muy avanzados de la biblioteca del Golden Dawn, por eso me perseguían… Ese libro era muy importante, por eso me querían muerta…—
— ¿Ese libro que hurtaste es este? — sacando de un bolsillo un gordo y viejo libro de tapa marrón, lanzándolo a los pies de la joven.
— ¡S-si! — Sorprendida y emocionada — ¿¡Me lo dará así sin más?! — Preguntó incrédula.
—Ignoro él porqué te robaste este libro, ni se la importancia del mismo. — Dijo el joven serio. — Pero si estuviste dispuesta a tanto para tenerlo, es porque debe de ser importante, al menos para ti —
— ¡Gracias ,gracias, gracias! — Levantándose, abrazando al rubio de la cintura.
— ¡Vaya! ¡Desde que comenzamos a hablar que no paras de darme las gracias! — Dijo divertido.
— ¡Le estaré eternamente agradecida….! ¡Naruto-sama! — Dijo la niña sonriente, con sus ojos llena de alegría.
— No es necesario que me llames así — Sonriendo. — ¿Tienes algún lugar al dónde ir? ¿Alguien con quien puedas comunicarte? — Pregunto el rubio.
—E-etto. Hay alguien al que me gustaría ver pero, no sé dónde está ni cómo contactarlo. — Dijo algo apenada.
— ¿Se trata de Arthur? —
— Así es…. Se marchó de casa hace unos años, y yo… quería verlo otra vez —
— Ya veo ¿No tienes ninguna idea de donde podría estar? —
—S-si, creo tenerla — Dijo la rubia. — El se marchó de casa para buscar las excalibur, no sé si ha oído alguna vez hablar de ellas. — Pregunto la niña.
—Si, la famosa espada sacra excalibur. — Serio — Actualmente se encuentra dividida en 7 fragmentos, y varios de estos están desaparecidos desde hace ya muchos años. —
—Así es, mi hermano está en busca de ellas. —
—Ya veo, y tú crees que si encuentras las excalibur entonces encontrarás a tu hermano Arthur ¿No es así? — Preguntó el rubio.
—Así es, Naruto-sama…— Dijo la rubia algo apenada, mirando al suelo.
—Desafortunadamente nadie sabe dónde están los fragmentos perdidos de Excalibur.—
—….—
—Lo lamento Le Fay, pero no creo poder ayudarte a buscar las excalibur. — Observando como la niña se entristecía y miraba al suelo. — Pero... Si podría ayudarte a buscar a tu hermano. — Dijo con una muy cálida, fresca y sincera sonrisa.
—¡¿D-de verdad?! — Preguntó la niña muy emocionada, sintiendo una inmensa alegría al ver la sonrisa de su salvador de cabello rubio.
— Por supuesto, pareces muy decidida con querer encontrarlo, te ayudaré en lo que pueda. —
—Usted es muy bueno conmigo, ¡Naruto-sama!. —
— Solo hago lo mismo que haría cualquiera por una pequeña niña que necesita ayuda. — Dijo recordando algo. — Le Fay ¿De verdad que no puedes regresar con tu familia? Creo que deberías de volver. —
— ¡No! ¡N-no puedo volver! He discutido muy fuertemente con mis padres. D-dijeron que m-mi hermano y yo éramos dos ovejas negras que manchaban el honor del apellido Pendragon— Con los ojos llorosos y la garganta tomada, a punto de romper en llanto.
—No digas más, lo entiendo. — Dijo seriamente el muchacho de ojos celestes. —Puedes quedarte aquí si gustas —
— ¿D-de verdad? N-no q-quiero serle una molestia, Naruto-sama. — Dijo apenada.
— No eres ninguna molestia Le Fay. Aunque estoy aquí sólo de pasada, pero puedes quedarte por el momento, el tiempo que te sea necesario. — Sonriendo levemente.
—Naruto-sama, creo que no me alcanzará la vida para devolverle todo lo que hizo por mí hoy. — Dijo la niña muy feliz, con sus ojos vidriosos.
— Déjate de bromas, no me debes nada pequeña. — Dijo el joven rubio ingresando en la cocina, — Solo te pido que me digas qué es lo que se te apetece para cenar, es tarde, pero creo poder prepararte algo. — Sonriendo.
—¡Oh Naruto-sama, usted es el mejor! — Exclamó la niña, con una enorme sonrisa en su rostro, después de todo, se sentía feliz…

En ese momento no caí en cuenta de todo lo que había sucedido ese día, de todo lo que había hecho, de todas las consecuencias que traerían mis acciones…
Había discutido con mis padres, me había revelado, estaba desertando mi familia para nunca más formar parte de ella.
Hurté uno de los libros más importantes de la biblioteca del Golden Dawn, me declaré en rebeldía.
Hui y traté de ocultarme por las calles de Inglaterra, pero era en vano, yo sabía muy bien que me encontrarían.
Y la realidad es que, pude morir en cualquier momento, ellos me encontraron muy rápidamente, y solamente jugaron conmigo un rato, si no lo hubieran hecho, de seguro me hubieran matado mucho antes que él hubiera llegado…
Él...
Mi salvador.
Naruto Uzumaki…
¿De verdad era él? Eso era lo que inconscientemente me preguntaba.
Físicamente parecía él, era similar a como lo describían… Pero, no se veía demasiado fuerte.
Tampoco tenía mucho sentido el haberlo encontrado de esa forma…
Él era un mito, un verdadero mito.
De él se sabía poco y nada, algunos decían que estaba vivo, pero que se ocultaba.
Sí ese era el caso, entonces ¿Por qué yo lo había encontrado tan rápido?
Bueno, aunque en realidad él me había encontrado a mí.
Tenía muchísimas preguntas que hacerle, y también muchas que hacerme a mí.
¿De verdad era quién decía ser?
¿Qué era lo que hacía allí?
¿Por qué me había rescatado?
¿De verdad me iba a ayudar a encontrar a mi hermano?
¿Alguna vez lo iba a volver a ver?
Aunque claro está que en ese momento ninguna de esas preguntas pasaba por mi cabeza.
Estaba un poco confundida en ese entonces, pero de igual manera tomé una decisión, una decisión que pese había tomado esa noche sin darme cuenta, tardé bastante tiempo en aceptarla.

Una decisión que, hasta el día de hoy, agradezco todo el tiempo el haberla tomado…


Tres Meses más tarde:

—Deberías dejar descansar ese libro un rato. —
—¡Naruto-sama! ¡No me asuste así! — Exclamó ella, cerrando el viejo libro que estaba leyendo sentada en uno de los sillones de la sala.
— Lo lamento— Dijo riendo levemente. — Pensé que sabías que estaba aquí. — Caminando por la sala, sentándose en uno de los sillones, frente a la joven.
— Estaba muy sumida en la lectura, por eso — Dejando el viejo libro sobre la mesa.
—Le Fay…. ¿Acaso estuviste leyendo todo este tiempo mientras yo no estaba? — Preguntó el rubio.
—….—
— ¡Le Fay! ¡Me he marchado desde el mediodía! — Dijo el rubio incrédulo.
—N-no…— Apenada.
— ¿Uh? —
—N-no e-estuve leyendo t-todo este tiempo. —
—Ah, ¿No? — Preguntó curioso.
— He t-tenido q-que parar p-para ir al baño. — Mirando al suelo. —A-además…. M-me h-hice un s-sándwich. — Dijo muy avergonzada.
—….—
—Técnicamente no h-he e-estado l-leyendo todo e-el día. —
—Le Fay…. — Levantándose, caminando hasta estar junto a ella, acariciando los mechones rubios de su cabello con su suave mano. — Ya te he dicho varias veces — Acariciando su cabeza. — Que tienes que descansar tu mente. —
—P-pero…—
—No te hace nada bien estar leyendo todo el día ese complicado libro. —
—….—
— Desde hace ya varias semanas que no te despegas de ese libro. — Sentándose junto a ella. — ¿Puedo saber el motivo? — Mirándola fijamente a los ojos.
La niña se ruborizó.
Sentía, no solo sus mejillas, sino también su frente, arder, como si tuviera fiebre.
Todo porque el joven la miraba con esos ojos celestes.
Tan profundos y grandes como un océano.
Tan hermosos y coloridos como el mismísimo cielo.
Pero ella podía observar que, a veces, esos mismos ojos estaban tan carentes de sentimientos, tan vacíos.
Era solo por pequeños momentos, pero ella podía notar como ese hombre llevaba tras de él tanta tristeza, tanta soledad….
Y ella lo entendía, podía llegar a imaginarse el porqué.
Por lo menos desde que se enteró sobre quién era ese hombre en realidad.
—Y-yo. .. —
La niña por fín pudo hablar.
— Y-yo n-no q-quiero ser un estorbo p-para usted. —
—…Le Fay…—
—Y-yo s-sé que usted tiene asuntos de suma importancia. N-no quiero que usted tenga que preocuparse por una pequeña niña que usted está cuidando sin ningún motivo. —
—….—
—Y-yo quiero serle útil, q-quiero servirle, serle de utilidad. — Dijo algo apenada.
El joven sonrío y, para sorpresa y vergüenza de la rubia, la abrazó con mucha ternura.
— Le Fay, Pequeña…. Deja de decir esas cosas. — Acariciando fraternalmente su espalda. — Por más que lo pienses, hagas lo que hagas, digas lo que digas, tu jamás serás un estorbo para mí. —
Esas palabras arrancaron algunas lágrimas de los ojos de la joven.
—P-pero…—
— Es más, aunque no lo creas, sí que me ayudas. —
— ¡!— La niña se sorprendió muchísimo con lo que el rubio había dicho. — P-pero y-yo solo estoy estorbando, quedándome aquí…. Causándole preocupaciones…— Triste.
— Eso no es cierto. — Hablo el rubio. — Sí que me ayudas. Me haces compañía, y eso es mucho más que suficiente. —
La niña, incrédula, estaba completamente sorprendida con lo que el rubio había dicho.
— ¿C-compañía? — Preguntó
—Así es, te quedas aquí, charlas conmigo, es como si no estuviera solo, alegras un poco este lugar con tu presencia Le Fay. Por eso yo quiero darte las gracias. —
— ¡N-Naruto-sama! N-no… No tiene por qué… —
— Le Fay… Sé que te dije que cuando volviera entrenaríamos pero…se me hizo algo tarde. — Apenado — ¿Podríamos dejar el entrenamiento para mañana a primera hora? —
—Claro que sí Naruto-sama— Contestó con una sonrisa.
—Mucho mejor. — Sonriendo. — ¿Qué se te apetece de cenar? —
—Mmmm… ¿Ratatouille? — Dudó.
—Genial. — Entrando en la cocina, poniéndose un delantal de color naranja, sacando varios utencillos de cocina. — Dame una hora y media y lo tendré listo— Contestó con una sonrisa.
—Naruto-sama. — Dijo entrando en la cocina, poniéndose un delantal más pequeño de color celeste. — ¡Déjeme ayudarlo! — Sacando varios ingredientes de los armarios, bajo la atenta y cariñosa mirada del rubio, que la observaba sonriente…


Estaba encantadísima, no podía creer lo que estaba viviendo, después de tanto tiempo pasándola mal con mi familia, por fin me sentía bien, me sentía feliz.
Ya no me preocupaba mucho por lo que podría estar sucediendo en mi antiguo hogar.
No los odiaba, tampoco les guardaba rencor, bueno, a lo mejor en ese tiempo sí, pero era pequeña, y sabía los miedos y preocupaciones que ellos tenían por culpa de mi hermano y mía.
Mi hermano… Arthur.
Lo extrañaba, pero, no estaba tan desesperada por encontrarlo como antes lo estaba.
No me molestaba para nada mi nueva vida, es más, me encantaba…
Todo gracias a Naruto-sama…
Mi salvador.
Ya no me importaba mucho si él era o no quién decía ser, ello ya no importaba para nada.
Es más, hasta le creía, creía en él un cien por ciento.
Por primera vez alguien me prestaba atención de verdad.
Me fascinaba completamente.
Aunque él tenía muchísimas cosas de las cuales preocuparse, cosas de las cuales yo no estaba muy al tanto, no en ese momento.
A veces se iba durante todo el día y regresaba tarde.
Pero, pese a eso, él me daba toda su atención. Se preocupaba por mí, me cuidaba, me hacía reir.
Yo lo intentaba ayudar en todo lo que podía, era como su asistente.
Y digo "como" porque no lo era totalmente, aunque eso era lo que más quería, serle útil.
Le pedía todos los días para que me entrenara, que me contara qué era lo que hacía durante el día, hasta que un día aceptó.
A veces tenía miedo, sabía que él estaba ahí de pasada, y pronto se iría.
Seguro me llevaría, pero igual a veces dudaba…
Aunque luego mis dudas se disiparon, y para gusto mío, seguía siendo su "pequeña asistente"
Pronto nos mudamos a Italia, ya que tenía algo muy importante que hacer allí.
Comenzamos con mi entrenamiento, era muy difícil seguirle el paso, pero yo lo hacía lo mejor que podía.
Comencé a estudiar y aprender sobre diferentes cosas, desde los diferentes mundos y facciones hasta economía, quería serle útil.
Comencé a acostumbrarme a que él pusiera toda su atención en mí, eso me hacía feliz.
Aunque en ese momento no me había dado cuenta, la realidad era que….
Lo adoraba.
Lo adoraba a él, adoraba la vida nueva en la cual me había metido.
Adoraba su forma de ser, adoraba todo.
Pero, pronto pasamos a ser más que él y yo.
Varios se unieron a nuestra "pequeña familia" Por decirlo de alguna manera, por ponerle un nombre a lo que sea que eramos.
La primera fue una joven como yo, en circunstancias bastante peculiares.
Al principio estaba celosa, Naruto-sama había desviado un poco su atención para ella.
Pero luego la acepté, y me di cuenta que sentirme así era muy egoísta de mi parte.
Y con los años, me di cuenta que una de las mejores cosas que me pudo pasar fue el conocer a todas esas personas.
En ese viaje a Italia, además, conocimos a alguien que, hoy por hoy, es una de mis mejores amigas…
.
.
.
.
.
— Le Fay ¿Ya estás lista? — Escuché detrás de mí.
— ¡Oh, sí si! Disculpa la tardanza — Contesté, caminando hasta la entrada de la habitación, saludando a mi amiga de cabello azul.
— Debemos apurarnos, Naruto y los demás ya están listos ¿Por qué te tardabas? — Dijo mirándome a los ojos, con esa mirada tan curiosa que tenía.
— Estaba… Recordando viejos tiempos. — Le confesé— Estaba algo nerviosa, así que me puse a leer mi diario…—
Entonces de la nada sentí como alguien me abrazaba, llenándome de un sentimiento bastante reconfortante, mientras mis nervios desaparecían poco a poco, pero de igual manera seguía sorprendida.
— ¿Xenovia? ¿Por qué hiciste eso? — Le pregunté a mi peculiar amiga.
— Dijiste que estabas nerviosa… Así que actué como de seguro Naruto hubiera actuado en mi lugar… ¿Lo hice mal? — Algo preocupada.
— ¡N-no! ¡Para nada! Solo que me tomaste por sorpresa ¿Nos vamos? —
— Claro, ya es la hora. — Caminando delante de mí.
— Xenovia…— Susurré, llamando su atención.
— ¿Qué sucede Le Fay? —
— De verdad…. Me alegro en haberte conocido….— Le confesé…
— Yo también me alegro de haberte conocido Fay, pero… ¿A qué viene eso? —
— Oh… A nada, a nada, olvídalo…— Le sonreí. — Sólo estaba pensando en otra cosa, creo que circunstancias como esta me ponen algo melancólica... — Cerrando la puerta que estaba detrás de mí. — Vamos, no perdamos más tiempo, de seguro nos están esperando. —
— Sí, así es ¡Estoy ansiosa! ¡Ya quiero estar en el campo de batalla! — Me dijo mi amiga, corriendo por los pasillos, adelantándose mucho más, dejándome a mí atrás.
— Sí, definitivamente no me arrepiento de todo esto…— Dije con una sonrisa, siguiendo a mi compañera, a mi mejor amiga….

 
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Buenas, adjunto capítulo dos.

...Memorias
Capítulo N°2: "El anillo y la Seiken"

Si algún día te pusieras a ver Tops sobre las ciudades más atractivas del mundo, date por seguro que la ciudad de Nápoles figuraría en ellos.

¿Qué tenía de especial esa hermosa ciudad? Prácticamente todo.

Pese a tener una economía algo débil, y sus habitantes ser en una gran cantidad gente de recursos bajos, eso no quitaba que esta bellísima ciudad era rica en muchos otros aspectos.

Tenía historia, cultura, entretenimiento, gastronomía, paisajes hermosos, una geografía excepcional y además de eso, una etimología por demás de interesante.

Pero, lo más impactante y llamativo que tenía la ciudad de Nápoles era la gran influencia que la religión tenía sobre ella.

En su apogeo esta ciudad fue bautizada como "La ciudad de las Quinientas cúpulas", apodo que se ganó debido a la cantidad de Iglesias que la ciudad poseía.

Y no era tampoco un secreto el que la ciudad de Nápoles era la sede más grande e influyente de la Iglesia Católica, claro, después del vaticano.

Y ese era otro tema para hablar, la Iglesia Católica.

Durante muchísimo tiempo fue (Y hoy en día también lo es) la iglesia más influyente e importante del mundo.

La que tenía más seguidores a lo largo del globo, la que más poder tenía, la más aceptada.

Y gracias a la obra de Dios, la que más personas había "Salvado".

Pero, esta obra divina, a lo largo de los años también ha tenido muchísimas manchas negras en su historia.

Aunque no nos confundamos, estas manchas negras no eran culpa de la religión, ni tampoco de Dios, no, la culpa la tenían los que "obraban" en teoría por Dios, los humanos.

Racismo, censura, intolerancia, guerras estúpidas, genocidios, abuso de poder, engaños, y muchísimas atrocidades inimaginables manchaban la historia, no solo de la Iglesia Católica, sino también de la religión.

Y muy a pesar de todo, hoy en día, la religión seguía manchando su propia historia con más atrocidades…

.

.

.

.

El viento caluroso de Nápoles soplaba con calma esa noche, en ese lugar.

Una ciudadela antigua, aislada. Específicamente en uno de los baluartes que esta tenia, indicando claramente que había sido construida sabiendo que recibiría ataques.

— ¿Te enteraste lo que anda pasando? — Le preguntó a su compañero de guardia, paseando por la calle que se encontraba al lado de dicho baluarte.

—…De algo me he enterado. — Le contestó, caminando junto a él. Mirándolo apenas de reojo, mientras se encontraba alerta.

— No es muy difícil de razonar…. La hostilidad se huele en el aire… Escuché que la mitad de nuestro ejército ya cruzó la frontera…. La guerra pronto comenzará —

— Eso es lo que se anda diciendo... ¿Sabes si irán por Alemania? —

— ¿Alemania? ¿Estás demente? La guerra es con los Ortodoxos, no con los Protestantes —

—…Claro, tienes razón, fue una estupidez lo que dije — Se disculpó, alejándose unos pasos de su compañero. — En parte me alivia, tengo varios colegas en las filas de los Protestantes —

—…— Guardó silencio.

— ¿Llevarán la Excalibur? —

— No… Su portador ha traicionado a la causa, se ha marchado con el fragmento de Excalibur…—

— Ya veo... —

— Un completo hijo de perra si me lo preguntas...—

— ¡Ha! — Rio — Para dejarnos así, claramente lo es... Me pregunto cuánto tardarán en enviarnos al campo de batalla… —

— ¡¿Y dejar la ciudadela sola?! Valper quiere a una fracción del ejército aquí para que lo escoltemos mientras continúa sus experimentos… ¿Qué te pasa? Tú mismo fuiste el que me informó sobre la orden de Valper ¿Lo olvidas? —

—…—

— ¿Qué rayos te pasa Euchario? Toda la guardia de hoy has estado comportándote muy extraño… Además… Tu voz suena muy diferente…— Como si se estuviera percatando de algo

Comenzando a caminar lentamente hacia su compañero de guardia, con su espada en mano.

Saltando nervioso en el lugar, mirando a su compañero verlo amenazadoramente.

— Tú no eres Euchario ¿Verdad? ¿Quién eres? — Apuntándole al pecho con la espada…

— Yo… — Mirando a su compañero, con su rostro cubierto por la capucha de su uniforme y la oscuridad de la noche.

Viendo como un fuerte y potente rayo impactaba en la espalda de su compañero de guardia.

Observándolo caer al suelo, inconsciente, con la espalda echando humo debido a la importante quemadura que tenía en su espalda.

— Parece que tiene problemas — Dijo una dulce voz, apareciendo por uno de los callejones que daba a la pequeña calle donde se encontraban.

— No hacía falta atacarlo —

— Ya lo había descubierto, no valía la pena seguir con el juego —

— Lo tenía controlado Le Fay... Si lo ven estaremos en problemas —

— ¡No se queje tanto! Además, necesitaba su uniforme — Contestó, poniéndose la capa blanca del guardia caído.

— ¿Cómo está el perímetro? —

— No parece haber muchos guardias, y cuando venía hacia aquí he bajado a algunos —

— Tal como él dijo… Al parecer medio ejército está cruzando la frontera, se dirigen a Rusia. —

— Oh, Así que le pudo sacar información — Sonriente — ¿Atacarán la iglesia Ortodoxa? —

— Eso parece… Pero, el único portador de Excalibur que tenían los ha traicionado y se ha marchado con la espada —

—…Ya veo…— Suspirando — Al parecer no era un soldado muy fiel que digamos... Dejando eso de lado... ¿Qué no es eso un suicidio? Mandar a la mitad del ejército en contra de la Iglesia Ortodoxa, sin el portador de Excalibur… es muy extraño —

—…Eso no es todo… Parece que los que se quedaron aquí no solo defienden la ciudadela… Parece que están protegiendo a Valper, aquí hay algo raro… Mencionó algo de algún experimento…—

— ¿Valper? ¿El general no va a la guerra? Eso no tiene sentido…— Pensando — Algo grande está pasando Naruto-sama… Deberíamos actuar rápido —

— Lo sé Le Fay… La ciudadela es muy grande… Tardaríamos mucho tiempo en revisarla toda… Y puede que Valper ni siquiera esté aquí… Necesitamos información, sobre Valper, y lo que quiera que esté haciendo —

— No se preocupe Naruto-sama — Sonriendo ampliamente. — ¡Déjemelo a mí! —

.

Caminando por las calles de la ciudadela, junto a su compañero, ambos vigilando

— ¡Esto de ser un maldito soldado cualquiera me harta! —

— No deberías decir esas cosas…—

— ¡Es frustrante! Tener que quedarnos aquí… Mientras todos están yendo hacia el este… ¡Quiero formar parte de la guerra! ¡Quiero poder! —

— Cálmate Dante… Deberías confiar más en el obispo Valper —

— No me vengas con esa Valerio, si no confiara en el obispo Valper no estaría aquí en primer lugar —

— Poder… Fama… Riquezas… —

— Solo espero que sus experimentos salgan bien lo más antes posible ¡De verdad quiero participar el ataque! — Exclamó ansioso, cayendo un segundo después al suelo, desmayado.

— ¿¡Dante?! — Exclamó su compañero, asustado, antes de caer al suelo inconsciente, junto a su camarada.

— Parecen tener bastante información — Dijo una joven, apareciendo detrás de ellos, con una sonrisa.

Agachándose a la altura de los guardias desmayados, posando sus manos en las cabezas de los guardias.

Sonriendo levemente, poniéndose de pie.

— Definitivamente esta información si le será útil para Naruto-sama — Exclamó

— ¿¡Eh!? ¿¡Quién rayos eres tú!? ¡Está prohibido rondar por aquí! — Escuchó detrás de ella.

Volteándose, viendo una docena de guardias de la ciudadela a unos metros de donde se encontraba.

Analizando al instante de verlos la situación.

"Son bastantes… Todos espadachines…" Echándole un vistazo a la escena "La calle es muy angosta y las paredes no muy altas… Si hiciera un hechizo de área de seguro alertaría a más guardias…"

Agachándose, posando las palmas de sus manos en los adoquines que conformaban la calle, iluminándola con la luz de un sello mágico verde.

Invocando un bastón de madera bastante intimidante

"Sí, creo que no tengo otra opción"

Dándose la vuelta, comenzando a correr sin mirar hacia atrás.

— ¡Oye! ¡Vuelve aquí! — Le gritó uno de los guardias, comenzando a correr detrás de ella.

— ¡Lo lamento! ¡Pero no puedo hacer eso! — Contestó la joven de manera educada, sin dejar de correr.

— ¡Maldita mocosa! —

— ¡Jefe! ¿¡Qué haremos!? — Preguntó un guardia siguiéndolo de cerca, junto con todo su grupo.

— ¡Pues seguirla idiota! ¡Es solo una niña perdida que quiere jugar a las atrapadas! ¡No escaparás niñita! — Le gritó.

"Perfecto, mordieron el anzuelo" Doblando hacia la derecha en la primera oportunidad que tuvo, sin para ni un segundo.

"¿¡Donde rayos estará usted, Naruto-sama!?" Volteándose, viendo como los guardias de a poco comenzaban a acortar distancia.

Doblando nuevamente en una de las calles.

Conjurando un hechizo, congelando la esquina donde había doblado.

Corriendo un par de metros más por la calle.

Escuchando un enorme estruendo y varios quejidos detrás de ella.

Sonriendo divertida, deteniéndose nuevamente.

— ¿Se encuentran bien? — Preguntó la maga con tono inocente, mirando como los guardias se levantaban a duras penas.

— ¡Cierra la boca mocosa! —

—No tiene porqué ser tan grosero…—

— ¡Ya deja de jugar! ¡Dinos qué es lo que haces aquí! —

— No creo que sea algo oportuno contestarle esa pregunta, guardia-san — Dándose la vuelta, comenzando a correr nuevamente.

— ¡Atrápenla! — Gritó, mientras tanto él como su pelotón perseguían a la joven.

"Sí conjuré bien el hechizo, Naruto-sama debería de estar por aquí" Doblando a la izquierda a la primera oportunidad.

Chocando bruscamente contra alguien.

Cayendo al suelo, sobándose la cabeza adolorida.

— ¡Ouch! ¡Eso me dolió! — Exclamó.

— ¿Le Fay? ¿Por qué corres? ¡A mí también me dolió!—

— ¡Naruto-sama! — Exaltada — ¡Lo estaba buscando! —

— ¡Aquí está! — Escuchó detrás de ella, recordando el por qué corría.

— ¿¡Quién eres tú!? —

— Le Fay ¿¡Te estaban persiguiendo!? —

— ¡No hay tiempo! — Tomando al rubio de la mano, comenzando a correr, arrastrándolo con ella.

— ¡Oye! ¡Yo puedo correr por mí cuenta! —

— ¡Qué no escapen! — Escucharon detrás de ellos.

— ¿¡Como hiciste para que te persigan tantos?! —

— ¡No fue mi culpa! — Exclamó — Me encontraron cuando les revisaba las mentes a dos guardias, y pelear no era una opción, por suerte pude encontrarlo rápidamente — Moviendo su bastón mientras corría, haciendo que unas cajas detrás de ellos impactaran contra algunos de los guardias que los perseguían

— ¿Pudiste sacarles información? — Preguntó el rubio.

— Sí, y muy buena información... Naruto-sama… — Mirando hacia atrás, viendo cómo todavía más guardias los perseguían — debemos apresurarnos y dirigirnos a la base tecnológica de esta ciudadela cuanto antes —

— Ya ¿Y para dónde es? —

— Está hacia el norte, un poco lejos de aquí — Doblando en un callejón algo angosto.

— ¿El norte dices? — Tomando a la rubia del brazo, desapareciendo instantáneamente en un destello amarillo, dejando el callejón completamente vacío.

— Por si acaso había marcado las cuatro puntas de la ciudadela — Reapareciendo ambos en el techo de un edificio.

— Bien hecho Naruto-sama — Sonriendo, caminando hasta la cornisa, mirando con atención todos los edificios.

Llevándose ambas manos a la cabeza, con los ojos cerrados concentrándose.

Abriéndolos luego de unos segundos, con su siempre expresión alegre.

— Allí es el edificio de Tecnología — Señalando un edificio al final de la calle.

— ¿Valper estará allí? —

— No, Valper-dono no está en esta ciudadela, pero por lo que sé allí está la información que necesitamos sobre los planes de Valper-dono…—

— Ya veo… — Mirando hacia la calle, viendo como decenas de guardias caminaban por ella.

— El panorama está complicado, si no actuamos rápido pronto vendrán más soldados. Pero ¿Cómo entraremos? — Pensando

— Parece ser que hay algunas personas dentro de aquel edificio, pero son unos pocos… El verdadero problema son los que están afuera, además de los que vendrán si llamamos la atención…. — Reflexionó la maga rubia. — Necesitamos una distracción... —

— Ugh… — Suspiró el rubio algo enfadado — Entiendo a lo que quieres llegar —

— ¿Naruto-sama? ¿A qué se refiere?—

— Ya te dije Le Fay, entendí tu plan — Tronándose los nudillos. — Tú entra por la ventana. —

— ¿M-mi plan? — Ladeando la cabeza, confundida.

Trazando un sello con sus manos, generando varios clones de él mismo. — Solo date prisa ahí dentro. — Saltando del techo del edificio en donde se encontraban, cayendo junto con sus clones en el medio de la calle.

Corriendo entre medio de todos los confundidos guardias, noqueando a cualquiera que se cruzara en su camino.

— Naruto-sama…. Yo no planeé nada de esto…. — Suspiró derrotada, viendo como el rubio ya estaba enfrascado en una batalla contra los soldados de la iglesia Católica.

Moviéndose ágilmente entre el reciente formado campo de batalla.

Esquivando una mortal estocada que casi lo corta desde su espalda.

Pateando el tobillo del sujeto que lo atacó por la espalda, derribándolo.

— ¡Asesínenlo! — Gritó uno de los soldados, batiendo contra él con su espada.

Tratando desesperadamente de cortar un mínimo pedazo de piel del rubio, fallando ampliamente.

Tomando distancia del espadachín.

Entrando bruscamente al edificio.

— ¡Le Fay! ¡Apúrate! — Gritó el rubio, comenzando a esquivar estocadas de dos soldados que lo atacaban en conjunto.

— ¡Eso intento Naruto-sama! ¡Tranquilícese! —

— ¡No es tan fácil! ¿Sabes? — Sacando un kunai corto del bolsillo de su pantalón, bloqueando los ataques que los varios soldados que estaban allí le propinaban.

Saltando en el aire, esquivando una fuerte barrida de pierna.

Dándole un rodillazo en el rostro a uno de los soldados de la iglesia.

Tocando el suelo con los pies.

Agachándose al instante, esquivando un corte horizontal que casi lo divide en dos.

Golpeando al sujeto con el mango del kunai, dejándolo aturdido en el suelo.

Visualizando la escena.

Con todos los soldados en el suelo.

Recorriendo el edificio, viendo varias computadoras y objetos extraños en la planta baja.

Subiendo las escaleras, buscando a la maga.

Encontrándola en una habitación llena de bibliotecas, cajas y demás.

— ¿Ya has encontrado lo que buscábamos? — Preguntó, entrando en la habitación.

Visualizando varios documentos y papeles sobre la mesa que estaba en el medio del cuarto.

— Estoy en eso — Contestó la rubia maga, agachada, buscando desesperada entre las cajas que había allí.

Tomando los papeles de la mesa, leyéndolos atentamente.

La evolución semanal del ex portador de la espada sagrada, ese era el título que figuraba en el informe.

El comportamiento del sujeto, su evolución.

Sus puntos fuertes.

Sus puntos débiles.

El entrenamiento que seguía.

Y hasta una observación personal de su mentor.

"Muy poderoso. De comportamiento errático, mirada lunática. Arisco con sus compañeros, desubicado, muy mal hablado. Desarrollando una enorme afinidad con la Excálibur en cuestión, a la vez que aflora una Locura en potencia"…

— ¡Ughhh! ¡Esto no está funcionando! — La voz de la maga lo sacó de su concentración.

Viéndola pararse en el medio de la habitación, con sus ojos cerrados, y sus manos apoyadas en sus sienes.

Caminando hasta la ventana de la habitación, Viendo hacia afuera.

Percatándose de la horda de soldados que se dirigían al edificio, corriendo por el inicio de la calle.

— ¡Le Fay! ¡Rápido! — Exclamó el rubio, algo nervioso.

— ¡Silencio Naruto-sama! ¡Necesito concentración! — Lo calló, concentrándose lo máximo que su capacidad mental le permitía.

Sin registrar lo que pasaba afuera.

Recordando, asimilando, tratando de recuperar por un leve momento la memoria fotográfica de los recuerdos que había tomado de los soldados.

Sonriendo levemente al sentir el golpe de una caja caer en la mesa de la habitación.

Dirigiéndose rápidamente hacia la caja.

Abriéndola.

Sacando de ella dos dossiers con varios papeles dentro de ellos.

— ¡Los tengo! — Exclamó contenta avisándole al rubio mayor.

Que sin dudarlo tomó con agilidad a la rubia de la cintura, desapareciendo ambos del habitación y de la ciudadela, justo antes que la puerta de ese edificio volara en mil pedazos…

— ¡Cielos Le Fay! ¡De verdad me puse nervioso! — Exclamó el rubio, apareciendo en la sala de un acogedor y hogareño apartamento, soltando a la rubia.

— ¡Lo lamento Naruto-sama! ¡No era mi intención tardar tanto! —

— No te preocupes… Al final todo salió más que bien, ningún herido de gravedad, ningún muerto y además evadimos todas las batallas que pudimos, buen trabajo Le Fay. —

— Muchas gracias Naruto-sama — Agradeció sonriente, dejando los dossiers en la mesa.

Con mirada seria el rubio tomo uno, comenzando a leer detalladamente toda la información y todos los datos que el mismo tenía.

Una completa atrocidad…

—…Es mucho peor de lo que imaginaba…—

— ¿Qué sugiere que hagamos Naruto-sama? Con todos estos datos podríamos atacar y destruir los planes de Valper-dono. — Sugirió.

— No… Ya no debemos meternos en esto Le Fay — Comentó, sorprendiendo a la rubia… — Creo que lo mejor sería alertar al cielo sobre esto… Sobre todo lo que está pasando…—

— ¿Sugiere que el cielo no sabe nada de esto? —

— Esto es obra de los humanos Le Fay… El cielo siempre trata de darles distancia, que actúen a su manera, siempre siguiendo la obra del señor, de eso se trata el libre albedrío — Haciendo una pausa —…Pero esto supera absolutamente todo…—

— Ya veo… Creo que tiene razón Naruto-sama…—

— Solo espero que no sea demasiado tarde…—

—….—

— Pero, Naruto-sama…—

— ¿Uh? —

— ¿Qué haremos con el otro asunto? — Mirando el otro dossier en la mesa.

— ¿Eh? ¿Qué otro asunto?... —

.

.

.

Socorro….

¿Hay alguien ahí?

Auxilio… Por favor, alguien… Ayúdeme.

Me duele mucho mi cuerpo…

Mi cuerpo quema…

Estoy hambrienta, no he comido nada en días…

¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Acaso me he portado mal?

No soy mala… Lo juro.

No me gusta herir a la gente. De verdad.

No lo hago apropósito, yo, por más que quiera….

No puedo controlarlo….

Me gustaría tener amigos, no sentirme sola.

Pero he estado sola desde el principio…

Todos se van, yo los lastimo a todos.

Me tienen miedo.

Siempre ha sido así.

Pero… Creo que este es el final…

Me duele todo mi cuerpo, me siento débil.

Tengo hambre, frío.

Tengo miedo.

¿Acaso voy a morir?

No quiero morir… Aunque…

No veo con claridad…

Solo veo azul… Lo único que veo es el color azul.

Creo que me morí… Pero… No sentí nada…

¿De casualidad estoy en el cielo?

El cielo se ve muy bonito…


.

.

.

— ¡Huh! — Suspiró desesperada al despertar, incorporándose rápidamente.

Notando una cálida frazada que la cubría.

Estaba sobre una cama.

Asustada observó el lugar donde se encontraba, intentando vanamente reconocerlo.

Una gran y cómoda cama, donde ella hasta ese entonces se encontraba, aparentemente, descansando.

Una gran alfombra cubría el piso de la habitación.

Una televisión justo en frente de la cama, varios cuadros adornaban las paredes del cuarto.

La luz se encontraba apagada, pero la habitación era alumbrada por la poca luz que entraba del gran ventanal de la misma, al parecer estaba nublado, pero era de día.

La niña se calmó un poco, al parecer alguien la había traído hasta aquí.

Era una pequeña y cómoda habitación, bastante hogareña y acogedora.

—Vaya ¿Ya te sientes mejor? —

Asustada y sorprendida se sobresaltó, la voz la había asustado.

Se volteó y pudo ver a una joven sentada en una silla al costado de su cama.

¿En qué momento apareció?

—….—

—Mmmm. — La joven se levantó de su asiento y caminó hacia el borde de la cama.

Colocando su mano derecha sobre la frente de la niña.

—¡N-no! — Susurró la niña, hablando por primera vez, asustada. Intentando alejarse del tacto.

— ¡Que suerte! — La oyó exclamar, asustándola aun más — Ya no tienes fiebre —

— ¿Q-qué? ¿N-no te lastimé? ¿Pero cómo? —

— ¿Lastimarme? — Riendo un poco. — No, para nada. — Confundiéndola — Menos mal, sí que me costó bajarte la fiebre

— ¿Fiebre? — Preguntó curiosa.

— Sí, fiebre ¿Qué no sabes qué es la fiebre? — Viendo como la joven negaba. — Es cuando te sube la temperatura y te sientes débil — Notando que la chica seguía sin entender mucho el concepto —…Como decirlo... La fiebre es... Cuando tienes mucho calor y te sientes muy muy muy cansada. —

— Oh… Sí… Yo me sentía así… — Haciendo una pausa… — T-tú… tú me tocaste…— Susurró.

— Sí… ¿Acaso me propasé de confianza? — haciendo una reverencia. — ¡De verdad lo siento mucho! —

— N-no… Pero… Cuando me tocan, lastimo a la gente…—

— Oh… No te preocupes por eso… No volverá a pasar… ¿Cómo te llamas? — Le preguntó.

—…Mi nombre es Xenovia… ¿Y el tuyo? —

— Mucho gusto Xenovia, mi nombre es Le Fay —

— Le Fay... ¿Quién eres? — Preguntó, ladeando la cabeza. — Nunca te había visto en mi vida... ¿Es esto un sueño? —

— No Xenovia, esto no es un sueño, y acabamos de conocernos — Largando una leve risa — Quien soy... que curiosa pregunta... — Pensando unos segundos. — Solía ser una heredera de una casa muy importante... Pero ya no lo soy... —

— Le Fay… ¿Cómo llegué aquí? —

— Oh…. Mi amo te trajo hasta aquí…—

— ¿Tu amo? —

— S-sí… ¡Pero! ¡Por favor! ¡No le digas que lo he llamado así! No me deja decirle de esa manera…—

— E-está bien —

— Xenovia ¿Tienes hambre? — Oyendo como el estómago de la chica rugía…

— S-si…—

— No te avergüences — Sonriendo. — Ven conmigo, te daré de comer unas buenas Bangers acompañadas de Mash que yo misma preparé — Ayudándola a levantarse de la cama

— ¡¿Unas qué?! —

— Salchichas con puré de patatas… Lo siento — Se disculpó con una sonrisa nerviosa — A veces me olvidó que ya no estoy en Inglaterra… —

— ¿Eres de allí? —

— Así es — Guiándola al comedor del apartamento.

Notando como un riquísimo olor inundaba el ambiente.

Viendo un curioso y apetecible plato de comida se encontraba sobre la mesa…

Caminando hacia una de las ventanas del apartamento, viendo hacia fuera.

Notando como la oscuridad de la noche decoraba el cielo…

— ¿Dónde estamos? —

— Seguimos en Nápoles… Eres de aquí ¿Verdad? —

— Así es…. —

— Disculpame si mi acento no es el mejor, el italiano es un idioma dificil para mí...—

— No, está bien, puedo entenderte —

— Será mejor que te sientes y comas algo Xenovia. Naruto-sama vendrá mañana temprano, hoy solo seremos tú y yo Xenovia —

— ¿N-naruto-sama? —

— Sí, Naruto-sama fue quien te rescató… —

— Ya veo…— Sentándose en la mesa, junto con la rubia.

Comenzando a comer la comida que la rubia le había preparado.

Saltando de alegría internamente al probarla…

Era como tocar el cielo con las manos.

Desesperada comenzó a comer mucho más rápido, casi devorándose hasta el par de cubiertos.

— Me alegra que te guste — Sonrió Le Fay, contenta.

— ¡Es la mejor comida que he probado en mi vida! —

— Me alagas — riendo feliz, haciendo una pausa…— Creí que estarías hambrienta…—

— Y-yo… — Deprimiéndose un poco.

— No tienes por qué decirme nada… Naruto-sama me contó sobre tu situación… Tranquilízate, todo estará mejor — Sonriendo serenamente.

— Y-yo… De verdad me siento mejor…—

— Y de verdad me alegra oír eso Xenovia — Sonriéndole.

Entonces ambas se dispusieron a comer en silencio.

—…Le Fay…— Susurró

— ¿Qué sucede Xenovia? —

— Tú… Ustedes… No me harán malo… ¿Verdad? — Preguntó, asustada.

— Xenovia… Naruto-sama y yo jamás te haríamos nada malo, sino Naruto-sama nunca te hubiera traído —

—…Ya veo… Gracias… —

— No hay de qué Xenovia — Sonriéndole, mientras ambas terminaban de cenar, juntas.

— No me gusta que te levantes tan temprano Fay — Se quejó el rubio, colocando agua en la tetera eléctrica.

— Escuché ruidos y me asusté, lo siento. — Se disculpó la dulce y educada rubia.

— No es nada Fay… ¿Cómo te ha ido con nuestra inquilina? — Le preguntó, sacando de un armario tres saquitos de té y tres tazas.

— Fue más difícil de lo que creía… Tenía una fiebre muy alta, varios órganos deteriorados y una leve desnutrición… —

— Me lo imaginaba… Fue más de lo que pudo soportar… —

— Naruto-sama… ¿Dónde la encontró? —

— En los suburbios de esta ciudad —

— ¿Aquí? ¿De verdad? —

— Así es, no fue muy difícil encontrarla… No logro entender cómo es que los de la iglesia nunca sintieron su poder…—

— ¿Está seguro que ella es la portadora de una espada sacra? —

— Así es, y no de cualquier espada sacra…—

— ¿A qué se refiere? —

— Le Fay ¿No sentiste su aura? Derrocha energía sacra… Esa niña es la portadora de Durandal…—

— ¡¿Durandal?! En la información aclaraban que no sabían que Seiken podría estar en Italia… Pero de ahí a que esa niña sea la portadora de Durandal…—

— Esa niña tiene tu misma edad Le Fay —

— ¡Naruto-sama! —

— ¿Qué? Es la verdad —

— ¡Eso no tiene nada que ver!... —

— …Cuando la encontré… Prácticamente que no podía tocarla… Había algo en ella que impedía cualquier contacto físico… Y eso era esto…— Enseñando en su mano un anillo.

— Eso es… —

— Su contrato material con Durandal… La prueba física de que ella es la portadora… El solo sostenerlo me quema la palma de la mano… Parece que está enojada…—

— Y Durandal está en otra dimensión ¿No es así? —

— Exacto, Durandal está en su propia dimensión, y no saldrá a menos que la podamos llamar…— Mirando el anillo

— ¿Se lo devolverá? No creo que sea conveniente…—

— Claro que se lo devolveré… Le Fay, no se mucho sobre estas cosas, pero… Durandal la ha elegido, no habrá nadie que pueda legítimamente blandir a Durandal que no sea ella…— Haciendo una pausa.

Entrando ambos en un silencio algo incómodo.

— Que conveniente — Exclamó en voz alta, confundiendo a la rubia. — Pasa, no es correcto que escuches conversaciones ajenas —

Viendo hacia la puerta de la habitación.

Como una joven de cabello azul se asomaba a través de la puerta, algo cohibida y asustada.

Caminando hasta donde estaba ella, posando una mano sobre su cabeza.

— ¿Cómo te encuentras Xenovia? —

—…— Alejandose del tacto del hombre, algo aterrada, sin verlo a los ojos.

— No te asustes… No te haré nada malo —

—… ¿Tú eres el que me rescató? —

— Así es, mi nombre es Naruto, mucho gusto de paso —

—…Naruto… Ella me habló muy bien de ti…— Señalando a la Pendragon con una mirada neutra — Ella te nombró como Naruto-sama…— Haciendo que la rubia se muriera de vergüenza, arrancando una risa en el rubio.

— ¡Me alegro que me tengan en buena estima! — Riendo — Sí, ella me llama de esa manera… Aunque no por eso tú tienes que hacerlo también —

— ¿Por qué me salvaste? —

— ¿Por qué no lo habría hecho? Te estabas muriendo, estabas en un terrible estado… No iba a dejarte ahí tirada, fue una suerte el haberte encontrado justo a tiempo…—

— Yo… Me siento mucho mejor… —

— Me alegro por eso… Aunque deberías agradecérselo a Le Fay, ella fue la que te trató…—

— Ya me lo ha agradecido Naruto-sama—

— Bien entonces…— Haciendo una pausa… — Creo que esto es tuyo…— Mostrándole el anillo a la Peli azul, que se aterró al verlo…

— ¡N-no! N-no lo quiero… Quédatelo… arrójalo en algún lado... — Susurró.

— Xenovia… Has escuchado nuestra conversación ¿No es así? — Viendo como la joven asentía — ¿Qué sabes de este anillo? —

—…Me Lástima… Lástima a los demás… Me duele el llevarlo… Siempre me lo quise quitar…—

— ¿Y no podías? —

— No… Era como si estuviera pegado a mí…—

— Eso es porque te ha elegido Xenovia…—

— ¿Elegido?... —

— Así es Xenovia. Este anillo te ha elegido para que seas su dueña… Es tu deber tenerlo, y usarlo. —

—… ¿Usarlo? ¿Para qué? —

— Para hacer el bien…—

— ¡N-no! N-no se puede hacer el bien con eso… Sólo lastima... lastima y aterra a las personas... —

— Eso es porque no sabes usarlo Xenovia, ni tampoco sabes lo que es, ni lo que significa el portar este anillo… Serás el blanco de muchísimas personas Xenovia… Personas poderosas, y malas…—

— Pero…—

— Xenovia… Deja que Le Fay y yo te ayudemos con esto… Y te prometo que nunca más este anillo te lastimará, ni a ti ni a otros… Bueno, por lo menos a los que no se lo merezcan…—

— ¿Me quedaré a vivir aquí? ¿Con ustedes?... —

— Eso ya lo decidirás con el tiempo Xenovia… —

— Parecen buenas personas…—

— La realidad es que Le Fay y yo somos unos desconocidos para ti… Pero como están las cosas, el entrenarte es una obligación…—

—…No creo ser buena… Soy muy torpe y estúpida… A lo mejor soy solo una pérdida de tiempo…—

— A lo mejor estás en lo correcto, a lo mejor estás equivocada… Sólo lo sabremos si lo intentamos, Xenovia-san — Habló por primera vez Le Fay.

— Le Fay… Ustedes… De verdad son muy buenos conmigo… — Haciendo una pausa —…Lo intentaré…—

— ¡De verdad me alega oír eso! — Exclamó Naruto, contento — Pero… Se ha hecho algo tarde… Deberíamos desayunar —

— Deme diez minutos Naruto-sama, y tendré el desayuno listo —

— No, de eso nada — interrumpiéndola — Deja que lo haga yo Le Fay, mereces un descanso — Caminando hacia la cocina

— ¡Muchas gracias Naruto-sama! — Exclamó la rubia, muy contenta

—…¿Puedo ayudarte? — Preguntó la peliazul, detrás del rubio.

— ¿Sabes cocinar? —

— No… Pero podría intentarlo… No se ve muy difícil…— Susurró, poniendo algo nervioso al rubio, que sin percatarse muy bien en ese momento, sabía perfectamente lo que iba a suceder en esa cocina….
 
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Bueno ps ya lo había bia leído do pero quiero leer los siguientes capis, espero y sigas así si hermano.. :41::41:
 
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Capítulo 3!

provecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, ni tampoco habilidades ya registradas me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear este fanfic amateur.

Además, debido al lenguaje, palabras utilizadas, expresiones, y los varios géneros literarios que caracterizan esta historia, lo siguiente debe ser considerado apta para mayores de 16 años. Leer lo siguiente bajo la responsabilidad propia de cada uno

Memorias:

Capítulo 3: Encargos, reuniones y problemas:


— Concéntrate Xenovia, sé que puedes lograrlo…— Dijo suavemente, alentando a la peliazul.

Sin obtener respuesta alguna.

Mirando con suma atención como la Seiken estaba sentada en posición de loto, con sus manos entrelazadas y la cabeza gacha.

Sin inmutarse aun cuando varias gotas de sudor caían de su frente, mojando sus manos.

Esforzándose lo más que podía.

— Sí no lo sientes entonces todo esto será en vano, Xenovia. —

Apretando suavemente el anillo que tenía en el dedo corazón de su mano derecha.

Siendo atentamente observada por el rubio, que estaba parado con los brazos cruzados apoyado sobre la corteza de uno de los pocos árboles que había en aquel terreno, sin quitar la vista de la peliazul.

"No lo lograré" Fue lo que ella le dijo repetidas veces, pero sin embargo ahí estaba, intentándolo de la mejor manera posible.

Y, aunque ella no se tuviera fe, la realidad es que el rubio tenía muchísimas esperanzas en ella.

Ya hace un par de semanas que lo estaba intentado, desde que comenzaron con su entrenamiento. La peliazul decía que no sentía ningún avance en ello, pero estaba muy equivocada.

Había un cambio, había un avance.

Naruto lo había sentido, de hecho, se sentía claramente en el aire.

Como el aura sacra aumentaba.

Como el ambiente se llenaba de poder sacro.

Se palpaba en el aire, se respiraba…

Sabía que ella lo lograría, sabía que la despertaría.

A la espada que le pertenecía.

A la legendaria espada sagrada forjada por el mismísimo Dios de la biblia.

Durandal ...

La caprichosa y poderosa Durandal.

Eso era, una espada muy caprichosa.

No era un misterio que las espadas sagradas tenían conciencia propia, pero si era un enorme secreto el saber cómo tratar con una.

Entenderlas era un enorme misterio.

Y el entender a Durandal era el trabajo de Xenovia, en el futuro debería entenderla, cooperar con ella, luchar con ella, convivir con ella…

Pero sobretodo, debían defenderse mutuamente, espada y portadora…

Para todo el mundo la espada Durandal seguía perdida, extraviada, oculta en algún lugar del mundo.

Pero eso no era así…

Le había ocultado hasta al mismísimo cielo que se había encontrado con la portadora de Durandal.

Y en cuanto se supiera que Xenovia era una seiken, de seguro bastantes problemas le caerían encima…

Los del cielo le preguntarían el por qué lo había ocultado, todas las Iglesias obligarían a Xenovia, como Seiken de Durandal, a trabajar para su causa.

Bueno, no todas las iglesias, pero ese era un tema aparte, y también un problema aparte.

¿Cómo se había resuelto el conflicto de la Iglesia Católica?

Estaba seguro que Michael, Gabrielle y el concilio divino habían intervenido, de hecho él mismo les había informado sobre los planes de la iglesia Católica, y de Valper Galilei…

Era muy estúpido de pensar, que algo tan grande esté sucediendo en las propias narices del cielo, y que estos nunca se dieran cuenta…

— ¡Ugh! — Se quejó la peliazul, sacando de sus pensamientos al rubio.

Sacándole una enorme sonrisa cuando vio la situación.

Observando como una grieta se abría justo en frente de ella.

Dejando caer una enorme y pesada espada al suelo.

Incrustándose directamente en él.

— ¡¿L-Lo l-logré?! — Preguntó la peliazul incrédula, perdiendo toda concentración que tenía, observando la espada de arriba abajo, fascinada.

— Eso parece — Aún con la sonrisa, acercándose a la peliazul y a la susodicha espada. — Enhorabuena Xenovia, has podido invocar a Durandal — Mirando a la espada de cerca. — Es la primera vez que la veo, es bastante diferente a las Excalibur que conocí—

— ¿S-se supone que seré capaz de blandir esta espada? — Preguntó curiosa, acercándose a Durandal. — Es enorme…—

— Ciertamente, es muy grande — Parándose al lado de la espada. — Mide casi lo mismo que yo — Riendo nervioso.

Levantándose del suelo, tocando la fina y brillante hoja de la espada — Jamás me hubiera imaginado que el anillo guardaba semejante espada…—

— Supongo que es bastante difícil de imaginar para alguien que no esté vinculado con este tipo de cosas…—

—….—

—…Xenovia… ¿Cómo se sientes? —

—… Bien… Se siente extraño el tocarla… Es como…—

— ¿Cómo si pudieras sentir su poder? — Agregó, al tiempo que la peliazul asentía levemente, en silencio — Eso es normal, después de todo eres su portadora. — Viendo como la peliazul tocaba embobada la hoja de la espada. — ¿Por qué no pruebas sosteniéndola? —

— ¿S-sostenerla? — Mirando a la espada. — Es enorme, es incluso más grande que yo… ¿Crees que podré levantarla? —

— Xenovia, es tu espada, no creo que haya problema alguno con que intentes. —

Asintiendo la peliazul colocó ambas manos en la empuñadura dorada de la espada.

Suspirando profundamente.

Sorprendiéndose enormemente cuando, al ejercer un poco de fuerza, la espada se levantó normalmente, como si nada.

— Es liviana ¿No? Al haber sido elegida por Durandal debería serte sencillo el poder levantarla, aunque talvez te pese un poco debido a la inexperiencia. —

— E-es… No es para nada pesada…— Contestó, calmada.

Comenzando a blandir a Durandal, cortando el aire con la finísima hoja de la enorme espada.

Con movimientos algo torpes y lentos, teniendo bastante cuidado de no lastimarse ella misma con el enorme tamaño de la espada sagrada.

— Vaya…— Susurró

— ¿Lo hago mal? —

— No... Me sorprende que sepas qué hacer con una espada, aun cuando nunca has blandido ninguna…—

— Son movimientos que vi en un programa de televisión hace mucho… Pensé que debía copiarlo…— Cortando lenta y suavemente el aire con su espada Sacra.

— Me alegro que hayas podido invocar a Durandal — Sonriendo — Pero este es sólo el principio Xenovia, todavía quedan muchísimas cosas por hacer —

— ¿…Tú me enseñaras como blandirla? — Preguntó, poniéndole fin a sus movimientos.

— Sí y no…— Contestó, confundiendo a la peliazul, que ladeó la cabeza. — Puedo enseñarte la teoría y luchar contra ti en peleas de práctica, pero sólo eso… — Viendo como la peliazul se apenaba un poco. — Yo utilizo armas extremadamente cortas Xenovia. Jamás en mi vida he blandido una espada, y mucho menos una tan grande como Durandal. —

— Entiendo… ¿Cuándo comenzaré a entrenar? —

— Bueno, no deberíamos apresurarnos con ello, podríamos tomarnos nuestro tiempo…— Siendo interrumpido, viendo como delante de él aparecía un círculo mágico con aura verdosa.

Visualizando la imagen de la maga rubia siendo emitida por el círculo mágico.

"¡Naruto-sama!" Exclamó la maga rubia.

— Le Fay ¿Qué sucede? —

"¡Debe venir pronto! ¡Ha llegado una carta hoy!"

— ¿Una carta?—

"¡Así es!" Exclamó preocupada "¡Y-yo… Yo no quería leerla! ¡P-pero! ¡S-sin querer leí el remitente y me preocupé!"

— Ya Le Fay… Tranquilizate — La calmó el rubio — Dime ¿Quién la envía? —

"A-A…."

— ¿Qué? —

"A-asgard…." Susurró, dejando al rubio sin palabras…

Seriamente tomó el papel nuevamente.

Revisándolo por completo, tratando de no perderse ningún detalle.

Revisando la firma mágica.

Sintiendo el poder divino en ella.

Leyéndola nuevamente.

Una letra bastante descuidada, escrita en un inglés bastante antiguo.

Con algunas partes escritas en el legítimo idioma Asgardiano.

Suspirando pesadamente se tiró hacia atrás en su silla.

Dejándose caer.

— ¿Y bien…? — Preguntó la maga rubia frente a él, con la peliazul a su lado.

— ¿Y bien? — Preguntó él, algo confundido.

— ¿…Era legítima?... — Algo asustada.

— ¿Qué? — Confundido — ¡Ah! ¡S-sí sí! Es una carta enviada de Asgard — Contestó, como si estuviera reaccionando.

— ¿Naruto-sama? — Ladeando la cabeza, confundida — ¿Se siente bien? —

— Sí si… Más que bien — Contestó riendo nervioso, rascándose la cabeza. — Gracias por avisarme Le Fay, en efecto, es una carta enviada desde Asgard —

— ¿Asgard? ¿Qué es eso? — Preguntó la Peliazul, confundida.

— ¡¿No sabes qué es Asgard?! — Sorprendida, viendo como la Seiken negaba con la cabeza, como si fuera lo más normal del mundo. — ¡Asgard es la ciudad donde habitan los dioses nórdicos! ¡Es toda una leyenda! ¡La Utopía más grande e importante de la historia y el mundo! ¡La ciudad más hermosa que puede haber! Bueno… Eso dicen los libros…—

— Es mentira — Sentenció Xenovia, restándole importancia a todo lo que había dicho la rubia.

— ¡¿Cómo osas decir eso?! —

— La ciudad más hermosa es Milán — Contestó.

— ¡¿M-milán?! — Tartamudeó, incrédula.

— Sí… ¿Alguna vez has estado en Milán? — Preguntó — Yo sí… Una vez, cuando era pequeña… Los edificios de allí son enormes… Las basílicas son hermosas… Hay mucho césped, los trenes son lindos, la pizza deliciosa y las calles algo angostas ¡Es perfecta! ¡Incluso tienen estatuas de personas montando a caballos! ¡Es alucinante! — Con los ojos brillantes y una sonrisa en su rostro.

— ¡P-P-pero..! A-asgard…—

— Ya dejen de pelear — Interrumpió el rubio. — En efecto, Asgard es donde viven los dioses nórdicos y las valquirias principalmente. —

— Pero ¿Quién envía la carta? —

— Oh, la carta la envió Odín. —

— ¡¿El Dios nórdico Odin?! ¡¿El padre de todos?! —

— Le Fay ¿Qué estás sorda? — Preguntó Xenovia, con su típica expresión.

— ¡N-no! ¡P-pero! ¿Q-qué quería el padre de todos? —

— ¿Odín? Quería encargarme un pedido… Y que también ya que estaba me pasara a saludar, que hace mucho no me veía y que quería saber algo de mí —

— ¿El Dios Odín te conoce? Wow… Eres como una celebridad —

— ¡Xenovia! ¡E-esto es serio! ¡N-no juegues con estas cosas!—

— ¿Jugar? Es la verdad… Naruto es como una celebridad…—

— No soy ninguna celebridad Xenovia — Riendo divertido.

— ¿Y qué es lo que Odin-sama le encargó? — Preguntó Le Fay curiosa.

— Lágrimas de Phoenix —

— Oh… ¿Y cómo piensa obtenerlas? —

— Pues de la única manera que se puede Le Fay, yendo personalmente a buscarlas…—

— ¿Podrá entrar al Inframundo legalmente y sin llamar la atención? Y además ¿Los de la casa Phoenix le permitirán acceder a las lágrimas del Phoenix? —

— Le Fay, serías una buena periodista…—

— ¡Xenovia! — Avergonzada — ¡No te burles de mí! —

— Pero era un cumplido…— susurró la peliazul.

— Oh… En ese caso… Muchas gracias. — Apenada.

— No sería Legal ni ilegal, es difícil de explicar… Y sí, estoy seguro que no me harán problema. Debería contactarme hoy mismo con la casa Phoenix, Odín me pidió que se las llevara lo antes posible. — Haciendo una pausa. — Anda a saber qué es lo que estará sucediendo en Asgard…— Suspirando, perdiéndose en sus propios pensamientos.

— Naruto-sama…. ¿Hay problemas en Asgard? —

— ¿Qué? — Volviendo en sí. — N-no no, no te preocupes, estoy seguro que no será nada. — Sonriendo. — Cierto — Mirando a la peliazul. — Lo lamento Xenovia, pero pospondremos tu entrenamiento por una semana…—

— Lo entiendo… No hay problema — Contestó la italiana, ida de la conversación.

— Lo había olvidado ¿Cómo les está yendo en el entrenamiento? — Preguntó la rubia.

— ¡Muy bien! Hoy Xenovia logró invocar a Durandal por primera vez — Exclamó Naruto contento.

— ¿¡De verdad!? — acercándose a la peliazul, tomando sus manos. — ¡Eso es asombroso Xenovia! ¡Felicidades! —

— ¿Qué? Oh… Gracias Fay…—

— ¡¿Cómo es?! —

— ¿Qué cosa? —

— ¡¿Cómo es Durandal?! —

— Oh… Pues… Es grande…. Y azul… — Susurró, haciendo una pausa. — Yo… Yo no me siento bien, iré a descansar. — Dijo, totalmente ida, marchándose de la sala a paso rápido.

— ¿Qué le sucede a Xenovia? —

— No tengo ni la menor idea — Confesó el rubio.

— ¿Te quedarás ahí parada todo el día? ¿O tienes pensado decirme algo? — Habló sentado desde el borde de la cama, terminando de colocarse las botas.

Caminando a paso lento, parándose junto al rubio, con la cabeza gacha.

Suspirando fuertemente antes de hablar.

— ¿Te marcharás al inframundo ahora? —

— Así es —

—…Le Fay me contó qué era el inframundo —

— ¿En serio? Qué bien — Sin prestarle mucha atención, batallando con su bota derecha.

— Allí es donde viven los Demonios…—

— Exacto —

— …Y los Phoenix también son demonios…—

— Así es, una de las legendarias casas de demonios más respetadas e idolatradas. —

— Los demonios son malos…— Susurró.

- Xenovia ... -

— Naruto… No vayas… Es peligroso…—

— Xenovia, ya he ido decenas de veces al inframundo, incluso tengo varios amigos y conocidos allá —

— Estás yendo al mismísimo infierno…—

— Xenovia. — Incorporándose, posando una mano en su cabello, acariciándolo. — Sí el inframundo fuera tan peligroso como dices, entonces no iría. — La calmó. — Estás confundida, el infierno y el inframundo son dos cosas diferentes… Además. No todos los demonios son malos, ni así mismo todos los demonios son buenos… Los hay buenos y malos, como cualquier raza…— Acariciándola tranquilizadoramente. — A donde iré yo es un lugar confiable, con demonios amigables, ya conozco a algunos miembros del clan Phoenix y son buena gente, créeme —

— E-está bien — Susurró, al tiempo que el rubio le besaba dulcemente la coronilla de la cabeza.

— Cielos — Separándose de ella, mirándola de arriba a abajo. — No me había fijado en cuanto habías crecido. — Algo sorprendido. — ¿Hace cuanto estás aquí, con nosotros? ¿Cuatro? ¿Cinco meses? — Preguntó.

— Maso menos…— Algo avergonzada.

— Y sin embargo haz crecido muchísimo, hasta creo que ya alcanzas a Le Fay…—

— No es para tanto… Fue solo un estirón…—

— Sí, pero de todas maneras, Le Fay te lleva un año de diferencia… Y que ya la hayas alcanzado en altura… A veces olvido que el tiempo pasa…— Susurró.

Entrando ambos en un, no tan incómodo, silencio, que pronto la peliazul se encargó de romper.

— Naruto…—

— ¿Qué sucede Xenovia? —

— ¿Me dejarías… Acompañarte al inframundo? — Sorprendiendo completamente al rubio.

— ¡¿Qué?! —

— Sí me dejarías acompañarte al inframundo… —

— ¿De verdad quieres ir? —

— Sí… Para asegurarme de que no te hagan nada…—

— Ya te dije que no sucederá absolutamente nada. De verdad. No hace falta que te fuerces a ir por eso. Yo estaré bien…—

— ¡N-no! Yo soy… S-seré tu espada algún día… Es mí deber como tal acompañarte a cualquier lugar que me parezca peligroso y defenderte si es necesario…—

— No me gusta que digas eso… —

— Además, siento curiosidad por ver como es el inframundo… Me gustaría ver a un Demonio, saber cómo son… Como viven… —

— Bueno. — Suspirando. — Supongo que no habrá problema alguno si alguien mas viene conmigo…—

— ¡Muchísimas gracias! —

—Sólo… Avisémosle a Le Fay antes de salir…—

— ¿Es correcto que una Seiken visite el inframundo? — Preguntó la maga.

— Le Fay, no pasará nada, iremos por poco tiempo, y dudo que se percaten sobre la situación de Xenovia… Mañana a más tardar estaremos devuelta. —

— Entiendo… Cuídense y suerte — Saludó la rubia.

— Hasta luego Le Fay — Saludando a la rubia maga.

— Hasta luego Xenovia — Con una sonrisa.

Aferrándose al brazo del muchacho rubio.

Cerrando los ojos.

Desapareciendo ambos en un brilloso destello amarillo.

.

.

.

.

.

Abriendo los ojos, algo asustada.

Mirando al rubio que estaba a su lado a la cara.

— Todavía no te acostumbras a viajar de esta manera ¿No es así? —

Asintiendo suavemente.

— Y bien... ¿Qué te parece el inframundo? — Le contestó, mirando al frente.

Imitando al rubio.

Sorprendiéndose enormemente al ver donde se encontraban.

Observando el majestuoso cielo color verdoso que se imponía bien alto, como si fuera inalcanzable.

Mirando a su alrededor.

Sintiéndose muy pequeña al notar el tamaño de las torres que los rodeaban, como si estuvieran en un legendario castillo.

Cada una con una flama ardiendo en la punta, que parecían nunca apagarse.

Sintiéndose a gusto con el lugar.

La preciosa calle adoquinada en la que se encontraban parados.

Caminando unos pocos pasos.

Quedando justo en frente de la legendaria estatua de la mansión Phoenix.

Allí, imponente, único, se encontraba parado, con las alas abiertas.

La perfecta estatua de un Fénix, rodeada de llamas que ardían y ardían sin detenerse, como si estuvieran denotando el porte y la clase del animal.

— A los demonios en general les gusta hacer las cosas bastante llamativas — Aclaró el rubio, riendo.

—…El inframundo…— Susurró la peliazul.

— Así es ¿Era lo que esperabas? —

— Para nada… Es… Sorprendente…—

— Aunque este en realidad no es el inframundo en sí, esta es solo la mansión Phoenix. — Aclaró.

— Eso es correcto. — Escucharon, detrás de ellos.

Volteándose, sintiéndose intimidada por el hombre que les había hablado.

Su aura la intimidaba.

Alto, de cabellos rubios y ojos azul oscuro, vestido con prendas bastante ostentosas, como si fuera el rey de un reino fantástico.

Estaba segura, esa persona era un demonio, y uno bastante importante.

— Agradecería que la próxima vez que vengas no te aparezcas de la nada en el medio del patio de mi hogar…—

— Es la forma más rápida que tengo de venir aquí…—

— Ugh, entiendo… Ha pasado tiempo, Naruto —

— Muchísimo tiempo, haz cambiado, casi no te reconozco, Ruval— Saludó el rubio.

— Al principio me costó creer que vendrías, pero era tu sello el que estaba en la nota que me entregó tu invocación… Todo fue muy rápido. —

— Así es, lamento haber hecho todo tan repentino. —

— No hay problema… ¿Has traído una escolta? — Preguntó el Phoenix, dirigiéndose a la peliazul.

— Oh, ella es Xenovia, quería acompañarme así que la traje —

— Ya veo, mucho gusto Xenovia, mi nombre es Ruval Phoenix — Se presentó, dándole la mano a la italiana.

— Mucho gusto — Aceptando el saludo.

— Será mejor que entremos — Caminando tranquilamente, abriendo la puerta de la mansión, caminando por el gran pasillo, siendo seguido por el rubio, y detrás de él la peliazul, asombrándose con cada cosa que veía de la mansión.

Entrando en la sala principal de la mansión.

Donde una Maid les indicó donde sentarse.

Sentándose en unos sillones, quedando Ruval sentado frente a sus invitados.

— Akane, trae algo de té por favor. — Pidió a la Maid, que asintió antes de salir de la habitación.

— Me sorprende no ver a Lord o a Lady Phoenix por aquí. —

— Mis padres no están aquí, están de visita en territorio Vapula… Créeme, si estuvieran aquí te estarían reprochando por aparecerte de esa manera…—

— Ni que fuera para tanto…—

— Aparecerse en el inframundo sin reportarse es un delito… —

— Era la única forma de entrar sin llamar la atención…—

— Pero eres bien recibido aquí, las familias de los Maou te aprecian… Estoy seguro que estarán muy felices por verte otra vez —

—…—

— ¿Has pensado en mudarte aquí? —

— ¿De verdad estás preguntando eso? —

— ¿Qué? ¿Tan loco suena? —

— Un humano viviendo en el inframundo... —

— No eres un humano común… Las familias de los Maou te aprecian mucho… Además, has ayudado muchísimo al inframundo…—

— Encuentro muy inútil el estar discutiendo esto…— desviando la mirada.

— Lo entiendo… Cambiemos de tema si gustas…—

— ¿Cómo han estado las cosas por aquí? —

— Bastante bien… La popularidad de los nuevos maou aumentó drásticamente… Y poco a poco la gente comienza a aceptar a los demonios reencarnados… Por el momento las cosas marchan bien, aunque todavía hay una gran cantidad de personas que se oponen al nuevo régimen de los Maou…—

— Es entendible… Un cambio no se produce en unos cuantos años —

— Opino lo mismo — Sonriendo — ¿Y a ti? ¿Cómo te está yendo? —

— Hasta ahora bien, tratando de no meterme en muchos problemas, y bien acompañado. — Sonriendo.

— Eso ya lo puedo ver — refiriéndose a la peliazul, observándola con una sonrisa.

— No quiero ser grosero ni mucho menos… Pero ¿Podríamos ir directo al grano? Lamentablemente tengo cosas que hacer — Pidió el Uzumaki.

— Como quieras — Poniéndose de pie, siendo imitado por sus invitados. — Acompáñenme — Siendo seguido por los dos humanos.

Atravesando el hermoso y majestuoso jardín de la mansión Phoenix.

— Debo decirte que me sorprendió muchísimo que contactaras con nosotros, y más me sorprendió el motivo de ello — Habló el Phoenix, rompiendo el silencio de ese momento.

— ¿Por qué? ¿Qué no es común que alguien solicite lágrimas de Phoenix? —

— Claro que es común. — Aclaró — Lo que no me pareció común es que tú las solicitaras… ¿En qué andas? —

— ¿Yo? En nada raro — Haciendo una pausa. — No lo malinterpretes, las lágrimas no son para mí —

— ¿No? ¿Entonces para quién serán? — Preguntó curioso.

— El viejo Odín me pidió que le llevara algunas dosis…—

— ¡¿El Dios Odín?! ¿El padre de todos? No tenía ni idea que tuvieras relación con Odín —

— Sí, sé que es algo difícil de creer… Hasta yo a veces creo que es algo bastante raro… Un Dios manteniendo una relación amistosa con un mortal…—

— Oh, no creas que eso es raro, es algo bastante normal si te pones a releer y a revisar la historia de los Dioses, sobre todo la de los nórdicos, solo que el saberlo me tomó por sorpresa…— Riendo nervioso. — Pero… ¿Por qué el padre de todos querría lágrimas del Phoenix? ¿Y por qué te mandaría a ti? —

— Por comodidad supongo… Y la verdad que no tengo ni idea… Eso mismo me lo estaba preguntando yo… Creo que hay algún problema en Asgard, para que Odín solicite lágrimas del Phoenix…—

— Espero que, si algo sucede, que no pase a mayores…— Deteniéndose frente a una enorme puerta de metal, como si fuera la puerta de una bóveda.

— ¿Afecta algo a la transacción el hecho de que sepas para qué y para quién daré uso de las lágrimas? — Preguntó el rubio.

— ¿Eh? No, para nada… Por protocolo nosotros nunca preguntamos para qué se usarán las lágrimas, más que nada por una cuestión de privacidad — Sonriendo.

— Muchas gracias por todo, Ruval — Le agradeció con una sonrisa.

— No hay nada que agradecer — Poniendo una serie de números en el panel que estaba junto a la puerta, logrando abrirla.

— Pero entenderás que formalmente deberemos hacer algunos trámites antes de la transacción ¿Correcto? — Invitándolo a pasar a la resguardada habitación.

— Entiendo perfectamente — Asintiendo. — Xenovia — Dirigiéndose a la peliazul. — ¿Podrías quedarte aquí afuera sola? Te prometo que serán solo unos minutos —

— Seguro — Asintiendo calmada — No será ningún problema. — Viendo como el Uzumaki entraba en la bóveda, al segundo que la puerta se cerraba frente a ella.

Dándose la vuelta.

Tratando de digerir todo lo que había pasado desde que llegó al inframundo.

Con tan solo aparecerse y abrir los ojos el inframundo ya la había dejado boquiabierta.

El cielo verdoso, imponente en el cielo, luciendo como si fuera interminable, inalcanzable.

La altura y confección de los edificios.

Las llamas que ardían y ardían sin siquiera parecer disminuir ni un segundo.

La majestuosidad del lugar

La clase de los demonios.

Bueno, aunque solo había visto dos… Y una era un sirviente.

Además que no había entendido siquiera un diez por ciento de todo lo que el demonio de cabello rubio había estado hablando con Naruto.

Pero, por las ropas que llevaba, y la cantidad de palabras raras que había utilizado para hablar con Naruto, estaba segura que era alguien con clase.

Estaba contenta.

Había estado equivocada toda su vida.

El inframundo no era un lugar horrible, todo lo contrario… Era majestuoso.

Aunque todavía tenía varias preguntas en su cabeza que la tenían intrigada.

¿De qué era lo que estaban hablando Naruto y el demonio?

Lo único que había entendido con claridad era la palabra "Peligro"

¿Significa algo?

¿Acaso estaban en peligro?

Pero luego, la forma de actuar del demonio y de Naruto la había tranquilizado… Al parecer, si había peligro, no los mantenía preocupados.

Y la última duda que tenía…

¿Eran todos los demonios como el que ella había conocido?

¿Eran todos los demonios buenas personas?

— ¿Qué rayos haces aquí, chiquilla? — Escuchó, desconcentrándose, saliendo de su hilo de pensamientos.

Observando atemorizada como un símbolo de color amarilla se dibujaba en el suelo, delante de ella.

Viendo salir de él a dos demonios, con un aura y porte bastante intimidante.

Una bastante pequeña de estatura, aparentemente uno o dos años menor que ella, pero con un porte y una clase dignos de una princesa.

El otro mucho más alto de ella, aparentando unos veinte años, bastante parecido de cara a la pequeña, pero con un aire de superioridad, vestido como si fuera alguna especie de matón juvenil.

Caminando con un paso decidido hasta pararse frente a ella.

— ¿Estas sorda? — Acuclillándose hasta estar a su altura, mirándola a los ojos — ¿Qué rayos haces aquí? —

— Y-yo... — Asustándose por la mirada y aura del demonio.

— ¡Responde! —

— Y-yo... E-estoy esperando a alguien… E-está ahí dentro… A-acompañado de un d-demonio…—

— Ya veo… — mirándola de arriba a abajo a la peliazul

— ¿Eres una humana? — Preguntó la pequeña rubia que había llegado junto al demonio. — ¿Qué hace una simple humana en nuestra mansión? —

— Tal parece que Ruval está haciendo negociaciones a espaldas de todos los miembros de la casa Phoenix, hermanita —

— ¿Ruval-oniisama? No entiendo... ¿Tu acompañante también es un humano? —

— A-así es…— Contestó la peliazul, cohibida.

— La legendaria casa Phoenix haciendo transacciones con unos sucios humanos… No, no sólo eso, sino que Ruval hasta los deja pisar nuestra mansión con sus asquerosos pies…— Siseó el mayor, completamente asqueado.

— ¡No somos sucios humanos! ¡No tienes el derecho de llamarnos así! — Exclamó la peliazul, haciéndole frente al demonio, sorprendiendo a ambos, viendo directamente al rubio con una mirada llena de enojo, sin titubear ni un segundo.

— ¡Pero que valiente! — Exclamó, riendo. — Levantarle la voz a un demonio aún cuando eres una sucia y estúpida humana…—

— ¡Ya te dije que no me llames así! — Levantando la mano, tratando de golpear al demonio.

Chillando cuando el Phoenix la tomó y apretó del brazo.

Quejándose de dolor.

— No solo osas levantarme la voz… Sino que también intentas golpearme…— Siseó el demonio, perdiendo la paciencia. — Además pretendes ser más que una sucia y patética humana… Entonces dime, mocosa ¿Quién eres? ¿Eres más que una inmunda humana? — Sosteniéndola del brazo, mirándola fijamente a los ojos.

—Y-yo…— Cabizbaja

— ¿Qué sucede? ¿Qué acaso toda la osadía que tenías se ha esfumado? —

— Raiser-oniisama… No creo que te vaya a contestar algo…—

— Eso parece — Riendo burlonamente — ¿Qué acaso el gato te comió la lengua? —

Sorprendiéndose enormemente.

Comenzando a sentir un intenso calor en la mano que sostenía el brazo de la peliazul.

— Y-yo…— Tartamudeó, levantando la vista, enfurecida. — ¡Y-yo soy la espada de Naruto! ¡Y-yo soy su aprendiz! — Exclamó furiosa.

Comenzando a liberar aura sacra.

Quemando el brazo del demonio.

Forzándolo a soltarla.

— ¡Maldita! — Exclamó incorporándose.

Tomando su brazo derecho, gritando de dolor.

— ¡Raiser-oniisama! — chilló la rubia, tratando de ayudar a su hermano, fracasando en el intento.

— ¡No necesito tu ayuda Ravel! — Exclamó rabioso, curando su herida en el brazo con su propio poder.

Observando furioso a la peliazul a los ojos.

Notandola nuevamente asustada…

Calmándose antes de hablar. — ¿Energía sacra? Tenías razón — Riendo nuevamente — Al parecer no eres solo una simple humana… — Acercándose a ella. — Ese sujeto que nombraste… Naruto… ¿Es el que está allí adentro? —

—…—

— Ya veo…— Acariciando con una mano su mejilla, suavemente. — No lo conozco… Pero por el nombre apuesto a que de seguro es un total estúpido — Haciendo enojar a la peliazul, que tenía los ojos cerrados y temblaba un poco debido al contacto de su mejilla con los dedos del demonio.

— ¡N-no hables de él así! —

— Oh… Lo defiendes bastante…— Sonriendo diabólicamente — Pero… ¿Por qué no te unes a mi nobleza? Podrías ser mí propia aprendiz…—

— ¡J-Ja-más! —

— ¿Por qué no? — Acariciando el único mechón verdoso de su cabello…— Eres bastante bonita… Además que cuentas con energía sacra… Y serías la primera humana de mi nobleza…— Le explicó. — Al principio me servirás en pocas cosas… Pero cuando crezcas ya me podrás servir a tiempo completo…— Susurró, sonriendo diabólicamente. — Te daré fama, poder, y la dicha de servirme a mí, al demonio Phoenix más fuerte de la historia. —

— ¡N-no quiero! —

— No sabes lo que te estás perdiendo — Acariciando su mejilla izquierda con su pulgar.

— ¡Ya deja de tocarme! — apartando la mano del demonio de su rostro con fuerza.

— ¿No? Bueno… Supongo que será más divertido si te obtengo a la fuerza. —

— ¿Raiser? ¿Ravel? ¿Qué hacen aquí? — Escucharon detrás de la peliazul.

— ¿Xenovia? ¿Qué haces en el suelo? —

— ¡Naruto! — Exclamó la peliazul, incorporándose, abrazando al rubio de la cintura.

— ¿Eres Renoit? Vaya, haz cambiado un poco…— Mirando de arriba abajo al rubio que estaba frente a él.

— No, Renoit está de viaje por el mundo humano… Él es mi hermano menor Raiser, y ella nuestra pequeña hermana Ravel. — Los presentó.

— Vaya, confundirme con mi nerd y tonto hermano mayor, que estupidez. — Siseó — Aunque no me esperaba nada menos de un sucio e incompetente humano como tú…— Agregó, enfadando al rubio.

— Raiser, cuida tus palabras. —

— ¿Oh? ¿Y tú lo defiendes? Qué manera de caer bajo…—

— ¿Qué es lo que hacen aquí? —

— Akane nos dijo que visitantes habían acudido aquí transportándose sin ser detectados… Así que decidimos venir y ver qu- — Siendo interrumpida por el rubio mayor.

— Decidimos venir y ver qué era lo que sucedía aquí… ¿Y qué nos encontramos? A nuestro hermano mayor, al mismísimo Ruval Phoenix entregándole las famosas lágrimas del Phoenix a un simple humano. —

— Cuida tus palabras, Raiser. — Amenazó Ruval. — Yo soy el herederode la casa Phoenix. Y como tal tengo el derecho de entregarle las lágrimas del Phoenix a quien yo crea correcto. —

— ¡Ese es tu error! — Exclamó Raiser. — ¡Tú no has heredaro nada todavía! Y si sigues entregando lágrimas del Phoenix a humanos patéticos como este, lo único que haces es manchar el apellido de esta familia. — Sentenció.

— Parece que te gusta insultar y despreciar a los demás — Habló el Uzumaki, dando un paso al frente, serio, aun siendo abrazado por la peliazul — Espero que también tengas la capacidad de resguardar las cosas que dices una vez que salen de tu boca. — Mirándolo fijamente.

— ¿Acaso te hice enfadar con lo que dije? — Se burló. — Debes estar loco para hacerme frente a mí, humano. —

— No te confundas, estoy muy pero muy cuerdo, mucho más cuerdo que tú. —

— ¡Haha! No puedo creer que te atrevas a contestarme, los humanos de ahora sí que son irrespetuosos. — Mirando al Uzumaki de arriba abajo. — Tú eres Naruto ¿No es así? —

— Así es. —

— Ya veo… Ella habló bastante bien de ti, dijo que era tu aprendiz — Mirando a la peliazul.

— ¿Y qué si lo es? — acariciando la cabeza de la italiana. — ¿Qué le has hecho? — Notando que la seiken estaba algo asustada.

— ¿Yo? Absolutamente nada, sólo charlamos un rato — Riendo — Es más, ella fue la que me lastimó a mí con su energía sacra…— Sobándose el brazo.

— De seguro te lo merecías. — Mirando duramente al demonio.

— Ya me está hartando tu actitud, enano. — Devolviéndole la mirada. — ¿Qué es? ¿Una exorcista? —

— No te incumbe. —

— Sea lo que sea la quiero. —

— ¿Qué rayos estás diciendo? —

— Lo que oíste enano. La quiero en mi nobleza. —

— Raiser-oniisama… No creo que eso te convenga…—

— Qué lástima, de ninguna manera dejaré que se una a tu estúpida nobleza. —

— En ningún momento te lo pregunté, quiero a esa niña humana en mi nobleza, y absolutamente nadie me priva de lo que quiero. Sí no me la das por las buenas entonces la tomaré por las malas. —

— ¡Jamás me iré contigo! — Le gritó la peliazul, enojada y asustada.

— Raiser. Ya tranquilízate. — Trató de calmar la situación Ruval.

— Esto no te incumbe Ruval. Esto es entre ese estúpido humano y yo. — Sentenció.

— Tú de verdad estás demente, eres un desquiciado. — abrazando a la peliazul.

— Vuelve a faltarme el respeto aunque sea una sola vez y te juró que te calcinaré hasta que seas cenizas, estúpido humano. — Lo retó.

— A que no te atreves. — Retrucó.

— Hmm. — Gruñó, observando a la peliazul. — Te reto a un duelo por ella, humano. —

— Raiser-oniisama, no creo que estos humanos merezcan ver el poder de un Phoenix. —

— Ravel, este estúpido humano no me tomará ni un segundo. — Mirándolo de arriba abajo. — Vamos. ¿Que no eras valiente? Pelea conmigo escoria, si yo gano me quedo con la mocosa. —

— Raiser-oniisama, ten piedad con este humano…—

— ¿Y qué obtengo yo si gano? — Preguntó el rubio.

— ¿De verdad crees que tienes alguna oportunidad de ganarme? — Se burló.

— Raiser, ya termina con esta estupidez. — Habló Ruval

— Está bien, acepto. — Declaró el rubio.

— ¡¿Qué?! —

— Vaya… Eres más estúpido de lo que creí. —

— Suelo ser pacífico, no me gusta pelear por cosas que no tienen sentido… Pero… Lo lograste. — Dando un paso en frente. — De verdad que me sacaste de quicio, aun si no gano nada por pelear, de verdad que quiero patearte el trasero. —

Mirando al heredero Phoenix. — No te enojas si barro el suelo con tu hermano… ¿No? —

— De verdad que me va a encantar cerrar esa enorme y sucia bocota que tienes, humano patético. — Siseó el Phoenix

— Esta situación se me ha ido de las manos…— Susurró Ruval, frustrado.

— ¿De verdad vas a enfrentarte a ese Demonio? — Le preguntó la peliazul a su mentor, asustada, abrazada a él, en el centro de los terrenos vacíos que pertenecían a la familia Phoenix.

— Así es Xenovia. — Afirmó. — Pero no te preocupes, nada malo ocurrirá. —

— No quiero irme con él, quiero quedarme contigo… Ese demonio es alguien horrible…—

— Pienso lo mismo que tú Xenovia… Tranquilízate, no hay forma de que pierda esta batalla, sino jamás habría accedido a este duelo. — acariciando la cabeza de la peliazul.

— Disculpen…— Escucharon tras de ellos.

Volteándose, visualizando a una pequeña niña rubia vestida con un precioso vestido de verano rosa.

— Oh, Tú eres la hermana menor de Ruval… Ravel ¿Cierto? —

— Sí, así es. Mucho gusto — Haciendo una leve reverencia

— Igualmente, mi nombre es Naruto — Se presentó. — ¿Qué es lo que se te ofrece? —

— Bueno… Venía a sugerirte que te rindieras. —

— ¡¿Qué?! — Sorprendiendo a los dos humanos.

— Verás… No hay ninguna posibilidad de que le ganes a un Phoenix… Además, mi hermano es algo enojón y testarudo… Lo más probable es que se pase contigo y te mate a la primera… No conozco a ningún humano, pero tú pareces uno bueno… Por eso, te recomiendo que te rindas. —

— Vaya — Riendo levemente. — Agradezco muchísimo tu sugerencia, Ravel Phoenix, pero la verdad es que no tengo ninguna intención de rendirme, ni tampoco tengo ninguna intención de perder ante tu hermano mayor. —

— Te matará… Mi hermano no sabe controlar su poder, suele excederse más de la cuenta… Lo más seguro es que termines muerto. —

— Agradezco que te preocupes por mí, pequeña Phoenix, pero no soy tan débil como crees, se cuidarme solo. Deberías preocuparte por tu hermano mayor ¿No crees? —

— Raiser-oniisama estará bien, es un Phoenix. No hay manera que un humano como tú pueda lastimar a un Phoenix, mucho menos derrotarlo…—

— No me subestimes tanto, pequeña Ravel Phoenix…— Sonrió el rubio.

Comenzando a caminar, dejando a las dos jóvenes detrás.

Adelantándose, caminando varios pasos.

Deteniéndose en el medio del campo.

Con el verde césped bajo sus pies, y el majestuoso cielo del inframundo sobre su cabeza.

Levantando la vista.

Observando detenidamente al rubio Phoenix, unos metros delante de él.

— Sí que eres estúpido para terminar aceptando... —

— ¿Y perderme una gran oportunidad para patearte el trasero y hacer que te tragues tus palabras? Jamás. — Exclamó.

— Perderás esta batalla en un santiamén humano, y luego tu pequeña aprendiz pasará a servirme a mí, de verdad que me va a encantar hacerte sufrir por abrir esa enorme bocota tuya demás. — Mirando al rubio con superioridad

Viéndolo prepararse para la batalla.

— He puesto una barrera mágica en toda esta área… Así que siéntanse libres de pelear tranquilamente sin destruir nada ni llamar la atención… Pero traten de no pasarse…— Avisó Ruval, actuando como el supervisor del combate, con la joven peliazul y su hermana menor a sus costados.

— ¡Aprovecha ahora humano tonto! ¡Esta es tu última oportunidad para rendirte! —

— Qué curioso — Sonrió el rubio. — Estaba justamente por decirte lo mismo. — Molestando al Phoenix.

Observándose el uno al otro detenidamente.

Sin titubear ni parpadear ni una sola vez.

Uno con una leve sonrisa en el rostro.

El otro con una expresión de asco.

Sin dejar de mirarse.

— ¿Qué no atacarás? Te estoy dando la oportunidad, humano inmundo. — Siseó el Phoenix.

— Esperaba a que tú lo hicieras. — Respondió, aun sonriendo.

Poniendo al Phoenix con los pelos en punta.

— Esa sonrisa tuya ya me está dando asco…— Siseó. — ¡Te la sacaré a golpes! — abalanzándose a toda velocidad contra el Uzumaki.

Apareciendo en un pestañeo en frente de él, lanzándole un veloz puñetazo al rostro.

Siendo esquivado hábil y tranquilamente por el rubio de ojos celestes.

Sorprendido intentó golpear al rubio con el antebrazo.

Gruñendo cuando este lo esquivó, agachando la cabeza.

Quejándose cuando sintió la pierna del chico golpear con su estómago.

Retrocediendo varios metros.

Abalanzándose nuevamente contra él.

Lanzándole decenas de golpes y patadas al Uzumaki.

Siendo todos contrarrestados a duras penas por el rubio.

Sonriendo diabólicamente, encontrando una apertura en la defensa del humano.

Pateándolo a la altura de las costillas.

Logrando que pierda su sincronización.

Barriendo las piernas del Uzumaki de una patada.

Desestabilizándolo.

Sorprendiéndose enormemente cuando el Uzumaki, apoyando la palma de su mano en el suelo como punto de apoyo, saltó hacia arriba, incorporándose.

Golpeando duramente al Phoenix con un cabezazo ascendente, mandándolo a volar.

Viendo como giraba en el aire.

Desplegando un par de alas hechas de fuego desde su espalda.

Logrando estabilizarse mientras volaba.

—Vaya, debo darte crédito, eres algo "fuerte" para ser un humano, pudiste seguir mis movimientos... — Le habló el Phoenix, rompiendo la secuencia. — Aunque ya lo intuía… El hecho que estés aquí en el inframundo, y el hecho que mi hermano mayor te respete…—

— ¿Cómo planeas calcinarme si sigues hablando estupideces en vez de pelear? — Sonriendole

— ¡No juegues conmigo! Inmundo humano... Suficiente que te doy algo de ventaja al no usar mis poderes…—

— Jamás te pedí que me dieras ventaja… Es más, usa tus estúpidas llamas ¿Qué no estabas orgulloso del poder de los Phoenix? —

— ¡Haha! — Riendo como un desquiciado — ¡Tú debes ser el más lunático de los de tu raza! — Sonriendo diabólicamente. — ¡Muy bien! ¡Me das tanto asco que lo haré! Solo para ver tu cara suplicando piedad. — Relamiéndose los labios.

— ¿De verdad le está pidiendo a mi hermano que use sus llamas? Ese

humano debe estar demente… —

— Naruto no está demente… Estoy segura que ganará —

— ¿Huh? — Extrañada. — ¿Qué no estabas aterrada? Hasta hace unos momentos decías que ese humano iba a perder… Además, no hay forma de que ese humano sobreviva al poder de Raiser-oniisama. —

— Ravel, no lo subestimes tanto —

— ¡P-Pero Hermano! —

— ¿Crees que alguien apostaría algo tan importante en una batalla sabiendo que va a perder? — Mirando a la peliazul. — Lamento todo lo que mi hermano menor te hizo pasar Xenovia-san, espero que no nos tomes odio por sus acciones…—

— No pasa nada señor demonio — Sonriendole levemente.

— Sí te soy sincero… Creo fervientemente que no hay manera en la que Naruto-san pierda… Mi hermano suele ser muy impulsivo… Espero que esta batalla sirva para algo…—

— ¡R-ruval-niisama! ¿T-tanta confianza le tienen a ese hombre? No hay forma que un humano pueda hacerle frente a un demonio de clase alta…—

— Te aseguro que te sorprenderás, hermanita. — Sonriendole.

Confundida.

Mirando nuevamente al campo de batalla, con una mirada bastante curiosa.

— ¡Más vale que no mueras! — Formando una poderosa ráfaga de fuego en sus manos.

Arrojándola a donde estaba el rubio.

Tranquilo, sin titubear.

Moviéndose velozmente hacia atrás.

Esquivando el ataque de fuego del demonio.

— ¿Eso es todo lo que harás? ¡Bien, me divertiré muchísimo contigo! — Riendo a carcajadas — ¡Llanto del Phoenix! —

Formando dos círculos mágicos en sus manos.

Bombardeando al rubio con decenas de bolas de fuego.

Retrocediendo nuevamente.

Deteniéndose, en cuclillas.

Trazando varios sellos con ambas manos.

Apoyando firmemente las palmas de sus manos en el suelo.

Levantando una enorme pared, emergiendo del suelo, como si fuera un enorme trozo de tierra.

Resistiendo firmemente las cientos de bolas de fuego que el demonio había lanzado.

Actuando de escudo, protegiendo al Uzumaki, dejándolo ileso.

— ¡Ha! — Rio el Phoenix…— Parece que al final tenías algún que otro truco debajo de la manga… Pero eso no te alcanzará. — confiado.

Sorprendiéndose al ver saltar el muro de tierra al rubio, junto con otros dos exactamente iguales a él.

— ¿Qué? ¿Ilusiones de ti mismo? Eso no funcionará conmigo, enano — riendo.

Corriendo por el medio del campo, junto con sus dos copias a sus lados.

Saltando muy alto.

Alcanzando la altura donde volaba.

Lanzándole un puñetazo que el demonio logró esquivar.

Tomándolo de la espalda.

Arrojándolo por el aire.

— ¡Qué estrategia más estúpida! ¡Revelar al verdadero de esa manera! — generando una gran llama entre sus manos.

Arrojándola por el aire.

Impactando de lleno en el rubio, quemándole toda la espalda

Sorprendiéndose enormemente cuando este desapareció en una nube blanca de humo.

— ¡¿Pero qué?! — Quejándose de la patada en la espalda que había recibido.

Volteándose dificultosamente, tratando de recuperarse.

Recibiendo un enorme mazazo en la cabeza.

Saliendo disparado en dirección al suelo

Incorporándose en el trayecto, aterrizando de pie.

Solo para ver como el rubio corría en dirección a él, con el brazo extendido, con una bola de energía celeste en la palma de su mano, siendo seguido por su clon, que rodeaba la bola de energía con sus propias manos.

Estrellándola directamente en el torso del demonio.

— ¡UGH! — Gritó de dolor.

Siendo mandado a volar por el poder del impacto.

Saliendo disparado decenas de metros.

Levantando una nube gigante de polvo.

— Creo que me pasé…— Deshaciendo la copia que estaba junto a él.

Tratando de ver a donde había ido a parar el Phoenix a través de la nube de polvo.

Resultando prácticamente imposible.

Sorprendiéndose enormemente con piel de gallina.

Sintiendo un inmenso poder demoníaco muy cerca de él.

Visualizando entre el humo una enorme bola de fuego.

Quemando la tierra y todo a su paso.

Esquivándola a duras penas.

Recibiendo un topetazo en el medio del pecho.

Siendo despedido hacia atrás, con Raiser en su forma parcial de fuego, cargando contra el torso del rubio.

Llevándoselo consigo.

Gruñendo furioso cuando el rubio volvió a desaparecer en una nube blanca de humo.

Viéndose rodeado nuevamente por el rubio, y cinco copias más de él.

Esquivando una patada alta de una de las copias

Propinándole un poderosísimo puñetazo a la altura del estómago, haciéndolo esfumarse en una nube blanca.

Tomando en la corrida de la cabeza a dos copias más.

Estrellándolas a ambas grotescamente en el suelo.

Liberando de sus manos una fuerte llamarada, calcinando sus cabezas.

Cogiendo al vuelo a uno de la pierna, lanzándolo por los aires.

Invocando dos círculos mágicos.

Lanzando dos llamaradas con forma de pájaro a los dos que quedaban, haciendo que desaparezcan.

Gruñendo nuevamente, molesto.

Tratando de ver entre la nube de humo, buscando al rubio.

Agachándose, esquivando al rubio, que nuevamente trató de embestirlo con una bola de energía.

Cayendo a un par de metros del demonio.

Incorporándose nuevamente, saltando, tratando de embocarle una patada en la cabeza.

Siendo tomado por el aire.

Repitiendo la acción con su pierna libre.

Fallando nuevamente.

Generando una bola celeste de energía en ambas manos.

— ¡Doble Rasengan! — Exclamó.

Forzando al demonio a liberar el agarre de sus piernas.

Retrocediendo, esquivando la técnica.

Invocando un círculo mágico.

Liberando una intensa llama de sus manos.

Sonriendo diabólicamente cuando esta impactó en el Uzumaki.

Viéndolo desaparecer en una nube de humo, por millonésima vez.

Rugiendo furioso.

Liberando toda su ira.

Dejando salir una gran cantidad de su poder.

Con su aura ejerciendo como si fuera una enorme ola expansiva.

Disipando todo el humo que había en el campo de batalla.

Visualizandolo, buscando al rubio desesperadamente.

Sucio por el polvo.

Con sus ropas rotas y su torso descubierto, Con una herida algo significativa a la altura del estómago, que le sangraba, y que sorpresivamente, pese a ser un miembro de la casa Phoenix, no se curaba.

— ¡Ya muéstrate, escoria! — Gritó.

Escuchando pasos que se acercaban a él.

Viendo al rubio mostrarse serenamente.

— ¡Es aburrido que mandes a tus malditas copias! ¡Pelea por tu cuenta, cobarde! —

Sin obtener respuesta alguna.

Rechinando los dientes de la ira.

Resintiéndose sorpresivamente de la herida en el estómago.

Percatándose que aún seguía allí

— ¡¿Por qué no se va?! ¡Se supone que soy un Phoenix! ¡Nada ni nadie puede herirme! —

— Es sencillo…— Hablando por primera vez, extendiendo la palma de su mano, formando una esfera de energía celeste. — Mi fuente de poder es el chakra, un tipo de energía, un derivado de energía espiritual… — Haciendo una pausa— Energía positiva… No tan pura como la energía sacra, pero positiva igual... —

—…Ya veo…— Tratando de sonar calmado.

- Ríndete. -

— ¡¿Qué?! —

— Que te rindas… No me hay forma que me puedas vencer… Sólo te lastimarás —

— ¡¿Quién te crees que eres para hablarme así?! — Estalló. — ¡¿Te crees mucho por haberme herido?! ¡Te haré recordar tu lugar, estúpido humano! — Liberando poder demoníaco. — ¡Ya no jugaré contigo! ¡Te mataré en un santiamén! ¡No interesa si mis poderes no pueden sanar los golpes que me haces! ¡Mi energía es infinita! ¡Mi poder inigualable!—

— Yo te di la oportunidad… Bueno, si tú vas con todo entonces lo correcto sería prepararme…— Cerrando los ojos, respirando profundamente.

Observando al Uzumaki con ira.

Sorprendiéndose enormemente cuando abrió los ojos.

Mirando directamente a ellos.

Observando sobretodo su ojo derecho.

Sin poder creer el drástico cambio que había tenido.

Viendo directamente al iris de este.

Notando el color rojo sangre que había adquirido, con su pupila adornada con tres manchas negras, quedando este en el centro.

Con su otro ojo de color azul, sin sufrir ningún cambio.

Como si sufriera un extraño caso de heterocromía.

— Con esto podré ver fácilmente tus movimientos… No tiene caso que lo intentes…—

— ¡Esa actitud tuya ya me está hartando! — Rugió. — ¡Muere! —

Apareciendo frente a él.

Lanzándole una patada.

Viendo como el rubio la esquivaba tranquilamente.

Poseído por la ira.

Arrebatando contra el rubio, lanzándole golpes y patadas lo más rápido que podía.

Siendo todos esquivados por el Uzumaki, que se movía tranquilo, sereno, como si pudiera ver los movimientos antes de que el Phoenix los ejecute.

Forzando al Uzumaki a retroceder debido a la cantidad de golpes, fallando todos.

Gruñendo cuando el rubio le tomó del brazo

Rompiendo el agarre.

Separándose unos metros.

Convocando un enorme círculo mágico sobre Naruto.

Invocando de él un enorme torrente de fuego.

Incinerando todo lo que había debajo del círculo mágico.

Sonriendo diabólicamente cuando vio el cuerpo del Uzumaki en el suelo, completamente quemado, con humo saliendo sobre su espalda.

— ¡haha! —Rio desquiciadamente — ¡Inmundo humano! ¡Me hubiera encantado oírte gritar del dolor! —Acercándose a él con una sonrisa.

Pateando fuertemente el cuerpo quemado.

Sorprendiéndose enormemente cuando este se desvaneció lentamente, desapareciendo en el aire, como si se tratara de un fantasma.

— ¡¿Pero qué?! —

Mirando para todos lados, buscando al Uzumaki.

Encontrándolo, parado a unos metros, sin inmutarse.

Apareciendo frente a él. Golpeándolo fuertemente en el rostro.

Viéndolo nuevamente esfumarse en el aire.

Sin explosión, sin nube de humo.

Desvaneciéndose en el aire.

— ¡Déjate de juegos! — Rugió a todo pulmón.

Notando nuevamente al rubio, parado frente a él.

Con esa expresión tranquila que tenía.

Con ese rostro que él ya comenzaba a odiar con todo su corazón.

Corriendo hacia él.

Invocando más llamas, a punto de calcinarlo.

Deteniéndose en el último segundo.

Viendo como la imagen frente a él había cambiado.

Estando parado frente a él mismo.

Con las mismas ropas, en el mismo estado, con la misma herida…

Gritando de ira atacó a la copia de él con el fuego.

Enfureciéndose cuando tres imágenes más de él aparecieron delante de él.

Extinguiéndolas con su fuego del Phoenix.

Comenzando a reír, completamente ido.

Cayendo de rodillas.

Notando como su campo de visión estaba completo por copias de él mismo.

Incorporándose.

Corriendo entre ellas, con su rostro dominado por la locura.

Extinguiendo cada copia de él mismo que veía.

Estallando en una llamarada de fuego.

Quemando todo lo que se encontraba a su alcance.

Quedando el solo en el campo de batalla.

Cayendo al suelo, inconsciente.

Con una leve sonrisa, disipando la ilusión.

Caminando lentamente a donde estaba el Phoenix.

Tirado en el suelo, desmayado.

Cargándolo dificultosamente sobre su hombro, debido a las dimensiones del Phoenix y a su propia estatura.

Sobándose bruscamente con la palma de su mano su ojo derecho.

Algo adolorido, y cansado.

Notando como la barrera que cubría el campo de batalla se disipaba.

— ¡Naruto! — Escuchó a lo lejos.

Siendo abrazado por la cintura por una peliazul.

— ¡Eso fue increíble! ¡Tenías razón! —

— ¿Lo ves? ¡Te dije que debías confiar en mí! — Acariciándole la cabeza, con una sonrisa.

Viendo como se acercaba la menor Phoenix corriendo preocupada, seguida de su hermano mayor.

— ¡Raiser-oniisama! — Gritó, preocupada, acercándose a ellos. — ¡¿Qué le hiciste?! ¡Casi se vuelve loco! ¡Incluso se atacaba a él mismo! —

— Estaba bajo los efectos de una ilusión, descuida, se recuperará pronto. —

— ¡¿Cómo lo hiciste?! ¡N-no lo puedo creer! ¡M-mi hermano derrotado por un humano! —

— Por eso te dije que me tuvieras confianza. — Sonriéndole, mirándolo a los ojos, confundiendo a la pequeña Phoenix.

— Fue una buena batalla… Nuevamente me disculpo por la actitud de mi hermano… Espero que este incidente lo haga rever sus actitudes…—

— No te preocupes, todo olvidado —Sonriéndole, entregándole al Phoenix…

— ¿Se quedan a cenar? Véanlo como un pago por las acciones de mi hermano…—

— Agradecemos la habitación, pero será mejor marcharnos ahora… Estoy algo cansado, y hay alguien esperándonos en casa, será para la próxima…— Rechazó cortésmente.

— Oh, entiendo… Será hasta la próxima entonces…—

— ¿Qué? ¡N-no se pueden ir! ¿Qué pasará con Raiser-oniisama? T-tienes que contarnos cómo fue que lo venció y…—

— Ravel, ya déjalos. —

— ¡P-pero hermano! ¡E-esto es único! ¡U-un humano venció a Raiser-oniisama! —

— Suena algo ofensivo cuando dices humano de esa manera. — Dijo la peliazul.

— ¡L-lo lamento! ¡Y-yo! — Sonrojada…

— Muchas gracias por todo…— Habló el Uzumaki. — Nosotros ya nos vamos, gracias de nuevo por las lágrimas del Phoenix. — Tomando a la peliazul de la cintura. — ¡Hasta luego! — Desapareciendo en un destello amarillo.

Dejando a los tres hermanos Phoenix solos, en el medio de los terrenos vacíos de su propia familia.

Será mejor que llevemos a Raiser a su habitación… Debe descansar y curar sus heridas. — Habló Ruval, dándose la vuelta, cargando a su hermano menor sobre su hombro.

Siendo seguido por su pequeña hermana menor.

Incrédula, confundida curiosa.

Maquinando su cabeza.

Sin poder creer lo que había ocurrido.

Lo que había presenciado.

La derrota de su hermano mayor a manos de ese sujeto llamado Naruto…

La derrota de un Phoenix ante un humano…
 
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Capítulo 4!


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Capítulo 4: Chantajes… Y más problemas:

—Deme un poco de tiempo, va a ser algo complicado… — Exclamó, preocupada, sentada en el sillón de la sala, con un libro negro abierto sobre su falda, leyéndolo a toda prisa.

— No hace falta que te estreses con eso… Ya estoy acostumbrado, de veras. — Sentado frente a ella, cansado, Sobándose el rostro en la zona de su ojo derecho, adolorido.

— ¡No diga eso! Lo ayudaré siempre que pueda, se lo prometí. — Sentenció, decidida, cambiando de página en página casi de manera desesperada, buscando en cada rincón de información que el libro poseía.

— Y lo aprecio mucho Le Fay, pero creo que esta vez no hay manera de que puedas ayudarme… Deberías irte a dormir, ya es muy tarde… Esta desvelada se está yendo bastante al extremo…—

— De ninguna manera. No sabremos si puedo o no puedo ayudarlo a menos que revisemos cada posibilidad… ¡Y no me mande a dormir! ¡No soy una niña! — Chilló, enfadada

— ¡Bueno bueno! — Riendo, divertido.

— ¿Qué le causa tanta gracia? —

— Te ves muy tierna cuando te intentas hacer la enfadada — Sonrió levemente, bostezando.

— ¡Naruto-sama! — Chilló, inflando los mofletes, sonrojada. — ¡N-no se burle de mí! — Ocultando su sonrojo con el libro, continuando con la lectura.

— ¿Lo ves? Extremadamente tierna — Rio.

— ¡¿Cómo puede comportarse de esa manera en una situación como esta?! —

— Ya te dije que no es para tanto…—

— ¡E-está por quedarse ciego! — Exclamó, con los ojos algos llorosos, muy molesta por la actitud del rubio.

— ¡No exageres de esa manera! No estoy ni cerca de quedarme ciego — Se quejó

— ¡U-usted mismo lo dijo! "Cada vez que uso ese poder mi visión disminuye" ¡Esas fueron sus palabras! —

— ¡N-no es así! — Trató de calmarla… — Es verdad que mi visión disminuye, pero solamente cuando uso ese poder en su forma final… Es difícil de explicar, pero la versión que usé es la más básica, jamás me causará una ceguera…—

— ¡A-aunque eso sea así! No me gusta que use ese poder… ¡Además, todavía queda el tema de sus pesadillas! —

— Oh… En eso sí que ya no me queda ningún argumento… — Confesó, riendo nervioso

— ¡¿Lo ve?! A veces me saca de quicio Naruto-sama… Disminuyendo de esa manera un problema bastante grave…—

— Sé que es algo grave Le Fay… Tal vez más grave de lo que creo que es… ¿Pero qué quieres que haga? Supongo que ya me acostumbré a tenerlas… —

—… ¿Hace cuánto las tiene? — Preguntó, preocupada.

— No lo sé… Hace muchísimo tiempo Fay, sinceramente no lo recuerdo…— Sobándose la cabeza, algo adolorido.

— Hace mucho tiempo… Y yo me vengo a enterar ahora… ¡Inconcebible! ¡Me lo hubiera dicho cuanto antes! ¡Lo hubiera ayudado! —

— No quería preocuparte con mis asuntos… Ni a ti ni a Xenovia…— Haciendo una pausa.

Comenzando a reír, divertido.

— ¿Y ahora de qué se ríe? —

— No puedo recordar hace cuánto es que tengo pesadillas…. Estoy hecho todo un viejo — Sonrió.

— Increíble… Sencillamente increíble… No logro entenderlo ¿Cómo es que lo hace? ¿Cómo puede comportarse así aun teniendo un problema como ese? Naruto-sama… Usted prácticamente no puede dormir… Vive teniendo pesadillas… Y aun así se comporta de esta manera… Riéndose del asunto… Restándole total importancia… No logro…—

— Le Fay… Luego de vivir tanto y pasar por tantas desgracias y problemas, uno se termina dando cuenta que… A veces, la mejor forma de afrontar esos problemas y desgracias es con una sonrisa… Reírse del problema, afrontarlo de la mejor manera posible, porque si no ese problema termina siendo un calvario, y al final toda la situación y el problema te terminan venciendo, derrotando…— Le explicó.

De la forma más serena y tranquila que le pudiese haber salido.

Dejando por un momento sin palabras a la joven maga rubia.

— Lo dice como si de verdad fuera un viejo…— Susurró

— ¿Y qué soy entonces Le Fay? Es verdad que hay muchísimas razas que viven miles de años, y yo no estoy ni cerca de los mil… Pero yo soy un humano, y los humanos no viven más de cien años, eso sí tienen muchísima suerte… — Confesó.

Entrando en un profundo silencio.

Silencio que incomodaba a ambos.

Sin tener idea de cómo salir de ese ambiente.

— Me voy a preparar un café — Habló, levantándose del sillón. — ¿Quieres algo? — Le preguntó.

— Oh, un té negro con leche si no es mucha molestia — le pidió, sonriendo levemente.

Caminando hasta la cocina, poniendo a calentar el agua en el fuego.

Preparando las tazas sobre la mesada.

Sorprendiéndose enormemente al ver a través de la ventana.

Notando como el sol comenzaba a salir, alzándose en el horizonte.

— Le Fay… ¿Podrías fijarte la hora? — Le pidió, algo confundido

— Las Seis treinta. — Contestó ella, desde la sala.

— S-sí que se nos fue el tiempo — Terminando de preparar el desayuno

Entrando en la sala, dándole el té a la maga inglesa.

— Deberías irte a dormir, ya es de mañana…—

Caminando hasta uno de los muebles de la sala.

Abriendo el cajón de este, sacando una pastilla.

Llevándosela a la boca, tomando un largo trago de café tras esto.

Suspirando pesadamente.

—Y usted debería dejar de auto medicarse tanto… Y también de tomar tanto café, le hará mal. — Se quejó la rubia.

— Es solo una aspirina — Afirmó. — Y no. Nunca es suficiente café. —

— ¿Todavía le duele la cabeza? —

— Un poco, dentro de un rato se me pasará. —

— ¿Era necesario usar ese poder? — Preguntó nuevamente.

— Siéndote sincero, sí. — Afirmó. — Era la única manera de derrotarlo de manera rápida, y también era la forma más segura… —

— Pero le terminó causando dolores de cabeza…—

— Así es. —

— Y dolores en la vista…—

— También —

— Y además agravó su problema al dormir —

— Eso sí que no es verdad. —

— Aun así, no entiendo que fue lo "seguro"… —

— ¿Tengo heridas físicas letales? No ¿Raiser Phoenix terminó con alguna herida física letal? Tampoco. —

— Un Phoenix jamás podría tener alguna herida física de gravedad, se curan al instante… —

— A menos que se lo ataque con alguna técnica o ataque que conste de energía positiva. — Formando una esfera de energía en la palma de su mano izquierda. — ¿Oh? ¡Mira! ¡Energía positiva concentrada! — Siendo sarcástico.

— ¡Y-ya! ¡N-no se burle de mí! — se quejó, inflando los mofletes.

— No es que me burle. — Deshaciendo el rasengan. — Solo lo digo para que veas que en realidad la situación no fue tan grave como piensas…—

— De haber estado yo con usted de seguro nada de eso hubiera ocurrido. —

— Eso no lo puedes saber con exactitud…—

— Por lo menos hubiera estado más tranquila de haber estado ahí…— siseó…

— ¿Qué? ¿Acaso estas celosa porque llevé a Xenovia conmigo y no a ti? — Preguntó, sonriendo divertido. Notando como la joven inglesa se sonrojaba, a la vez que comenzaba a ponerse nerviosa.

— ¡N-no! ¡J-jamás estaría celosa de eso! S-se lo que significaba para Xenovia ir al inframundo… Y también entiendo que en realidad ella jamás estuvo en peligro… que usted lo tenía todo controlado…—

— ¿Entonces? —

— M-me hubiera gustado verlo en acción… Pateando el trasero del heredero Phoenix…— Confeso en un susurro, algo apenada.

— Eso es lo más cercano a una grosería que te he oído decir desde que te conozco — Sonrió, apenando más a la rubia. — Lamento el no haberte invitado… Pero como no dijiste nada cuando te avisé que Xenovia vendría conmigo… Pensé que a lo mejor no querías ir. —

— ¡N-no tiene que disculparse Naruto-sama! ¡L-lo entiendo a la perfección! — exclamó la rubia, negando con los brazos estrepitosamente.

— No hagan tanto ruido…— dijo la peliazul entrando a la sala de sorpresa, vistiendo todavía el piyama, que consistía en un short de tela celeste y una camiseta blanca lisa.

Caminando pesadamente, con la mirada cansada, como si estuviera sonámbula — La mitad de mi cerebro todavía sigue dormido…— Confesó, bostezando ampliamente, sobándose los ojos.

— ¿Xenovia? ¿Qué haces despierta tan temprano? — Preguntó el rubio, sorprendiéndose de ver a la italiana despierta.

— ¿Eh? ¿Qué hora es? — Preguntó, todavía algo dormida.

— Buenos días Xenovia-san — Saludó la maga con una sonrisa. —…Casi son las siete…— Le informó.

— ¡¿Qu-qué?! N-no pensé que fuera tan temprano… —

— Hay una taza de café sobre la mesada para ti, la preparé por si te levantabas — le ofreció el rubio.

— Muchas gracias. — Todavía algo dormida, yendo hacia la cocina, tomando la dichosa taza.

Volviendo a la sala, dándole un sorbo al café.

— ¿Problemas para conciliar el sueño? —

— Sí…— Bebiendo el café. — El frío hizo que me despertara… Y con ustedes gritando fue imposible volverme a dormir…— Confesó, como si nada.

— Ups, supongo que debimos ser más discretos… —

— ¡L-lo lamento Xenovia! ¡N-no era nuestra intención despertarte! — Se disculpó, apenada.

— No te preocupes Le Fay. — La tranquilizó. — Supongo que hoy tendré que dormir la siesta. — Bostezando nuevamente, estirando los brazos.

— Creo que no serás la única que dormirá siesta… — afirmó el rubio, observando a la maga inglesa.

— Hable por usted… Yo estaré ocupada. Ya he encontrado el hechizo que buscaba, solo tendré que cambiarle la configuración mágica y listo… Podre ayudarlo con su problema. —

— ¿Problema? — Preguntó la italiana, curiosa.

— Naruto-sama tiene pesadillas todos los días. — Exclamó, duramente.

— ¿Todos los días? Eso es horrible…— Susurró la peliazul, algo sorprendida.

— No son todos los días… Y no es tan horrible cómo crees... — Suavizando el tema. — Aprecio muchísimo tu ayuda Le Fay, pero hoy no podrá ser. Hoy tú y yo saldremos de viaje, tendrás que dejarlo para otro día… —

— ¿Q-qué? —

— Xenovia, lamentablemente esta vez no podré llevarte…—

— No hay problema. Por cierto… ¿A dónde irán? — Preguntó curiosa, sobándose un ojo.

— Iremos a Asgard. — Afirmó.

— ¿¡Qué!? — Exclamó la maga, dejando caer el libro de sus manos.

— Que tú y yo iremos a Asgard — Mirando la expresión que la maga tenía en su rostro, sin poder entenderla. — ¿Qué? ¿Dije algo malo?... —

.

.

.

— ¿De verdad que no te molesta el quedarte aquí? — Preguntó nuevamente, observando a la peliazul, ambos sentados en los sillones de la hogareña sala.

— Para nada, Le Fay también se quedó sola cuando fuimos al Inframundo… Aunque será la primera vez que me quede sola…— Susurró al final.

— Oh, de eso nada. — Le habló — No te quedarás aquí sola. Alguien vendrá a hacerte compañía. — Sonriéndole

— ¿Qué? ¿De verdad? —

— Así es — Le contestó, desviando toda su atención cuando la maga rubia entró en la habitación.

Vistiendo con una falda a tubo gris, junto con una camisa blanca y un pañuelo rojo que caía sobre su pecho, y una capa azul que caía desde sus hombros a lo largo de su espalda.

— Oh ya estás despierta — Sonriendo.

— En realidad nunca me dormí — devolviéndole la sonrisa, algo nerviosa.

Mirándola con una leve desaprobación.

Percatándose de la ropa que llevaba puesta.

— Le Fay… ¿Así irás vestida? —

— Sí. ¿Qué? ¿Me veo mal? — Dando una vuelta en el lugar, mirándose de arriba abajo.

— N-no, para nada —

— Pareces una de esas mujeres ejecutivas que aparecen en la tele. — Agregó Xenovia, mirándola fascinada.

— Oh… G-gracias Xenovia. — Contestó alegre, con un leve sonrojo. — Estuve toda la tarde pensando en qué iba a ponerme… — Confesó. — Hoy ejerceré públicamente de lo que soy… La asistente personal de Naruto-sama… Además quería causar un buen impacto ante el Dios Odín y las personas que veremos…— Agregó, algo apenada.

— Bueno… Si eso es lo que quieres…— Contestó el rubio, no muy convencido del todo.

— Oh…— Mirando al rubio de arriba a abajo. — ¿Todavía no se ha preparado? Santo cielo Naruto-sama, apresúrese ¿O a qué hora quiere que nos vayamos? — Lo regañó.

— Le Fay… Así es como iré vestido. — Contesto como si nada.

— No estará hablando enserio… — Incrédula, revisándolo nuevamente.

Vestido con unos pantalones de mezclilla negros, que le quedaban apenas por encima de los talones, entallados.

Junto con una remera naranja lisa difuminada y unas zapatillas rojas, algo gastadas...

Básicamente vestido como se vestía generalmente, completamente de entre casa.

— De hecho sí. — Levantándose. — ¿Me queda mal? ¿O acaso está sucia? — Revisándose a sí mismo.

— N-no es eso Naruto-sama… Es que… Pensé que a lo mejor iría vestido, ya sabe, más formal… —

— No me pondré un traje para ir a visitar al viejo Odín. —

— Lo sé, pero… ¿Una camisa? —

— No. —

— ¿Zapatos siquiera? —

— Tampoco. —

— Bueno... — Acercándose al rubio. — Por lo menos déjeme peinarle el jopo — Acariciando bruscamente la cabellera del chico, tratando de peinarlo correctamente hacia el otro costado. — O mejor aún ¿No quiere que se lo corte? —

— Le Fay…— Separándola de él. — Termínala ya. — Algo molesto.

— Bueno…—

— Yo pienso que te ves bien. — Dijo Xenovia, acostada en el sillón.

— Muchas gracias Xenovia. — Sonriéndole.

— ¡P-pero! Y-yo nunca dije q- —Suspirando, derrotada. — No importa — Recuperando la sonrisa — ¿Ya nos vamos? —

— Sí, en cuanto llegue quien le hará compañía a Xenovia esta noche nos vamos. —

— ¿Qué? ¿Xenovia no se quedará sola? —

— ¿De verdad me crees tan irresponsable? — Preguntó.

Ofendiéndose cuando la rubia se quedó en silencio, dándole a entender su respuesta…

— No. — Suspiró. — Alguien vendrá a hacerle compañía. —

Siendo interrumpido por un pequeño estruendo justo en el medio de la sala.

Acompañado de una cortina de humo blanco, disipándose tras unos segundos.

Dejando en su lugar una figura bastante intimidante.

Parado en cuatro patas, con un porte digno de respeto, nuevamente, muy intimidante.

A simple vista parecido a un perro, o hasta inclusive un lobo, pero no, era diferente.

Un animal, si eso es lo que era, bastante único.

Con un pelaje peculiar, de color blanco grisáceo en su mayoría, con unas líneas verdes agua denotándose a los costados de su lomo, y el mismo color verde sobresaliendo justo al final de su peluda cola, como si fuera una llama verde al final de esta.

Y además de todo lo ya mencionado, una línea de ese color verde suave yacía sobre la mitad de su rostro, como si fuera una cicatriz que iba de manera perpendicular, justo sobre su ojo izquierdo.

Abriendo los ojos por primera vez, dejando ver sus intimidantes ojos.

El animal era, en todo el significado de la palabra, extraordinario.

— Justo a tiempo. — Con una sonrisa, rompiendo el silencio. — De seguro que te quedas escuchando en silencio, esperando el momento justo para entrar y sorprendernos, sino no lo entiendo. — Agregó, en tono burlón.

— Eso quisieras…— Habló el animal, con una voz femenina, algo suave.

Caminando tranquilamente por la sala, hasta citarse en el medio de esta.

Emanando un aura que, en cualquier otra situación o circunstancia, intimidaría a cualquiera.

— Buenas tardes Pakkura-sama — Saludó Le Fay sonriente, haciendo una leve reverencia.

— Buenas tardes Le Fay. — Contestó, educadamente.

— ¡Pakkura! — Exclamó la peliazul, corriendo contenta hasta donde estaba el "animal".

— ¡Oh! Hola Xenovia — Saludó, un poco más alegre, con lo que parecía ser una sonrisa en su rostro.

Arrodillándose, quedando a la altura de Pakkura.

Comenzando a acariciarle la cabeza, como si fuera una mascota cualquiera.

Logrando que se perdiera toda la atmosfera de "seriedad" que rodeaba a la animal.

— ¡N-no me acaricies como si fuera un estúpido perro! — Exclamó, algo enfadada, pero disfrutando de las caricias de la italiana.

Siendo completamente ignorada por la peliazul.

— Este…— habló el rubio, llamándole la atención — Muchas gracias por venir, Pakkura. —

— N- no tienes que agradecerlo — Habló, con su tranquila voz, algo dificultosa por las caricias que le estaba haciendo la peliazul, mirando al rubio con su fina mirada y sus ojos amarillos. — ¿Ya se irán? —

— Así es… Lamento el tener que pedirte esto a ti, pero creo que a los otros no les gustaría el tener que…—

— ¿El tener qué hacer de niñera? — Adivinó.

— Lo dijiste tú. — Riendo levemente.

— No me molesta para nada, Xe-Xenovia me cae muy bien. — Mirando como la peliazul la acariciaba. — Mándale mis saludos a Odín. —

— Está bien. — Sonrió. — Puedes acostarte en los sillones si lo deseas. —

— Pensaba hacerlo de todos modos…— Como sí nada.

— Dejé comida en la nevera por si tienen hambre — Ignorando el comentario. — Hasta luego Xenovia. — La saludó.

— Hasta luego Naruto, Le Fay. — Se despidió, sin prestarles mucha atención, acariciando ahora el lomo de su niñera.

— Hasta luego Xenovia, Pakkura-sama. — Se despidió Le Fay, haciendo una última reverencia.

Siendo tomada por la cintura por el Uzumaki.

Desapareciendo ambos en un destello amarillo.

22:00: En algún lugar de la región Nórdica:

Apareciendo ambos completamente de la nada, rompiendo con la paz del lugar.

Girando curiosa la maga se despegó del rubio, visualizando curiosa el lugar donde estaban.

Sobre la orilla de lo que parecía un rio.

Rodeado por una cadena montañosa, con el color verde de la fauna destacando en ella.

Bajo la oscuridad y el misterio que la noche otorgaba.

— Naruto-sama… ¿Dónde se supone que estamos? —

Girándose, enfrentando al Uzumaki.

— Nos encontramos parados en el Fiordo de Geinranger — Exclamó. — Sabes dónde queda, ¿Cierto? —

— Así es… Pero ¿Por qué estamos aquí? Creí que iríamos a Asgard…—

— Claro que iremos a Asgard, pero es imposible viajar a Asgard sin antes pasar por aquí… Bueno, al menos legalmente…— Susurró lo último, confundiendo a la maga rubia. — Como sea… Me pregunto dónde estará nuestra escolta… Y también quién será…—

— ¿E-escolta? — Repitió, más confundida que antes…

— Por fin han llegado…— Habló una voz sobre ellos.

Visualizando la figura de una mujer, flotando en el aire.

Envuelta en un aura totalmente divina… Esbozando poder, emanando poder y respeto de ella.

Descendiendo levemente, aterrizando parada junto a ellos.

Vestida con ropajes por demás ostentosos, como si fuera de clase divina.

De cabello castaño oscuro y piel blanca como la nieve, de rasgos asiáticos, algo baja de estatura.

— Un placer verla de nuevo su santidad. — Saludó el rubio.

— El placer es mío también Naruto-kun. — Le devolvió el saludo la mujer asiática, con una enorme sonrisa.

Mirando a la rubia curiosa. — Oh, veo que has traído una acompañante Naruto-kun. — Sonrió.

— Sí, espero que no haya ningún inconveniente, le había prometido que podía acompañarme…—

— Por supuesto que no hay ningún problema Naruto-kun — Exclamó la mujer. — Sí es amiga tuya entonces es alguien de confiar — Sonriendo ampliamente.

— N-Naruto-sama ¿Quién es ella? — Preguntó la rubia, confundida.

— Se me ha pasado presentarlas — Acariciándose la nuca, nervioso. — Le Fay, esta mujer que ves aquí es Freya, la diosa del amor y la fertilidad, la mujer más hermosa de toda Asgard. —

— Naruto-kun, me halagas — Sonrió la legendaria diosa, algo sonrojada, poniendo al rubio un poco nervioso.

— ¡S-su santidad! ¡L-le ruego que me perdone! — Exclamó la maga rubia, arrodillándose, haciendo un sinfín de exageradas reverencias, con la cabeza gacha. — ¡N-no q-quería faltarle el respeto así! ¡E-es un placer! —

— Vaya, pero que niña tan educada. — Sonrió Freya. — El placer es mío joven Le Fay. Les ruego que no me llamen de esa manera ¡Me hacen sentir más vieja de lo que ya soy! —

— No era la intención hacerla sentir así Freya-sama. —

— Era solo una broma Naruto-kun — Sonriendo. — Bueno, basta de charla, será mejor que nos vayamos. — Adelantandose un par de pasos.

Quedando frente al río, bajo la oscuridad de la noche.

Levantando ambos brazos hacia adelante.

Comenzando a recitar lo que parecía ser alguna especie de conjuro, en un idioma desconocido para la maga.

Terminando de recitar el hechizo.

Sintiendo una gran vibración en el agua.

Apareciendo frente a ellos y al pie de la orilla, lo que se suponía que era un arcoíris, pero más ancho, y lo que sorprendió más a la rubia, tangible.

— N-Naruto-sama… ¿Qué es eso? —

— Le Fay… ¿Por qué te crees que está región es llamada la región nórdica? — Le preguntó, sin esperar su respuesta. — Es porque, para llegar a Asgard primero se tiene que pasar por aquí. Le Fay, lo que está frente a ti es el legendario Bifrost. —

— el puente que une Asgard con nuestro mundo… Increíble…— Exclamó la rubia, anonadada.

— Exacto, esta es el principio del Bifrost. — Habló Freya. — Esta es la puerta hacia la tierra Nórdica. — Sonriente.

Comenzando a caminar a través del arcoíris.

Caminando unos metros, llegando a su punto más alto.

Abriendo una garganta dimensional justo en frente de ella.

— Por favor pasen primero. — Pidió la diosa amablemente.

Notando como el rubio Uzumaki comenzaba a caminar, siguiéndolo bien de cerca.

Pisando tras de él el legendario arcoíris.

Sorprendiéndose gratamente al ver lo tangible y cálido que este era.

Caminando con una sonrisa, observando el paisaje desde el arcoíris.

Llegando hasta donde estaba la garganta dimensional que la diosa había abierto.

Dudando bastante al verla directamente.

Tomando valor, saltando en ella luego de que el rubio ya lo hubiera hecho…

Aterrizando bruscamente del otro lado, tambaleándose.

Siendo sujeta fuertemente por el rubio, impidiendo que se cayera.

— Ara ara, ten cuidado. — Habló Freya detrás de ellos, aterrizando elegantemente.

Notando por primera vez la superficie donde estaban parados.

Justo sobre el Bifrost, tal parecía que esta era su continuación.

Observando anonadada el lugar donde se encontraban.

Completamente infinito, bañado de una extensa gama de colores.

Pareciera como si todo ese inmenso espacio fuera intocable, inalcanzable.

Era un océano, un océano repleto de olas de colores, y ellos estaban dentro de él.

No, era como estar flotando en toda la extensión de la aurora boreal, con toda su gama de colores.

Era un espectáculo a la vista, extremadamente hermoso, era arte, arte natural, una obra maestra hecha por el universo.

— N-Naruto-sama… Esto es…—

— Esto, en toda su inmensidad, es la grieta dimensional Le Fay. — Habló el rubio, también observando con un brillo en los ojos la bellísima vista.

Sus palabras habían confirmado sus pensamientos.

La grieta dimensional.

La inmensa e infinita grieta dimensional.

El espacio que dividía todas las dimensiones.

Volviendo en sí cuando la Diosa y el rubio comenzaron a caminar a través del arcoíris.

Siguiéndolos de cerca, simulando no estar sorprendida o nerviosa.

Tratando de escuchar atentamente lo que conversaban.

— Traten de no salirse del camino. — Habló la diosa. — Sería algo complicado el rescatarlos una vez que caen en la grieta. — Explicó, con su natural sonrisa.

— Si hubiéramos venido a mi manera todo habría sido mucho más rápido… Y seguro…—

— Ya sabes cómo reaccionaría Frigg-sama si te aparecieras de la nada en Asgard…— Argumentó Freya. — Además ¡Lo dices como si este método no fuera seguro! —

— "Si te caes en la grieta dimensional nunca jamás podrás ser rescatado, y te volverás uno con el infinito, para formar parte de la grieta dimensional, hasta el final de los tiempos…" — Recitó Naruto, molestando un poco a la Diosa, y asustando a la maga rubia.

— ¡E-eso lo dicen solo para asustar humanos! ¡El puente Brifrost es más que seguro! ¡A-además, el último accidente que ocurrió fue hace casi dos siglos! — Exclamó, molesta.

— Dos siglos… Como si fuera poco…— Susurró por lo bajo.

— D-disculpen… ¿Cómo funciona este puente? — Preguntó la maga, más a Naruto que a Freya.

— Verás joven Le Fay… — Habló Freya, logrando que la maga se ponga algo nerviosa. — Este puente funciona únicamente con el poder de Odín-sama. No, digamos que este puente está hecho a base de la energía de él… Está vigente desde que Odín-sama comenzó a gobernar Asgard…—

— Hace muchísimo, muchísimo tiempo…— agregó por lo bajo el rubio, siendo escuchado por la Diosa, arrancándole una tierna risita.

— Pero…— Habló la maga, todavía algo cohibida. — ¿Cómo es que podemos caminar firmemente sobre él? Tenía entendido que en la grieta dimensional no existe la gravedad…—

— Vaya, sí que eres estudiosa — Sonriéndole. — En efecto, la gravedad en la grieta dimensional no existe. — Afirmó. — El puente funciona como un imán, pero con la única diferencia que este es de energía…—

— Atrae fuentes de energía…— Dedujo.

— Exactamente. — Sonrió. — Vale resaltar que, si alguien que no tiene ni un solo gramo de energía, de cualquier tipo, entonces flotará y se desintegrará en la grieta dimensional. — Terminó. — Vaya, eres muy inteligente, joven Le Fay —

— ¡M-muchas gracias por el cumplido Freya-sama! — Agradeció la rubia, muy sonrojada.

— Muy bien. — Exclamó, deteniéndose en el lugar, parada todavía en él puente Bifrost.

— ¿Ya hemos llegado? Al fin… — se quejó el Uzumaki.

— No se queje Naruto-sama, el viaje ha sido bastante rápido. — Lo retó la rubia, mas desinhibida.

— La joven Le Fay tiene razón, te volverás viejo más antes si te vives quejando. — Agregó la Diosa, sonriente.

Abriendo nuevamente una grieta dimensional.

Señalando al par de rubios que pasaran a través de ella.

Dando un paso dentro de ella luego de que el rubio pasara.

Sin saltar, para no repetir el error de hacía unos minutos.

Apareciendo del otro lado de pie sobre una superficie, aterrizando sobre ella con gracia.

Abriendo los ojos enormemente al ver lo que tenía frente a ella.

Allí estaba.

Asgard.

La tierra de los dioses nórdicos.

La ciudad más hermosa que podía existir.

La utopía perfecta.

Casi se le salían los ojos al verla, su corazón le latía fuerte.

Viéndola desde arriba, parada sobre el Bifrost.

Imponente, casi perfecta, con sus enormes edificios en el centro de ella, con decenas y decenas de personas caminando sus transitadas calles, perfectamente limpias.

Era una perfección en todo su esplendor.

La completa definición de "intercambio cultural"

Varias personas, casi todas de razas diferentes, interactuando entre sí.

Algo que generalmente parecía imposible, en ese momento lo realizaban como si fuera lo más normal del mundo.

Como si fuera cosa de todos los días, no, debía ser cosa de todos los días.

Centrando su atención en el horizonte.

Viendo como en él se podían observar otros planetas, no, los famosos mundos del Yggdrasil.

También, a lo lejos, podía visualizar varios castillos, casi perdidos entre las nubes, enormes, lujosos, imponentes, como toda la ciudad en su totalidad.

— Ahora sí, ya hemos llegado…— Habló la diosa Freya, aterrizando en el Bifrost.

Al mismo tiempo que un Ave, similar a un águila, se acercaba al puente.

Dejando caer lo que parecía ser una carta sobre la Diosa, marchándose al instante.

Viendo ambos como la diosa comenzaba a leer la carta.

— ¿Qué sucede? ¿Hay problemas? — Preguntó el rubio, serio.

La rubia al segundo se percataba que estaba preocupado, su voz lo delataba, lo conocía bastante bien…

— No, para nada — Contestó la Diosa al terminar de leer la nota en el papel, con su típica sonrisa. — Trabajo, eso es todo. — envolviendo la nota. — Lamento mucho el decirles que mi trabajo como escolta termina aquí. — Algo triste. — Frigg-sama me necesita ahora mismo. —

— Oh, no te preocupes… Podemos ir al palacio de Odín por nuestra cuenta. — la calmó.

— Bueno, que tengan mucha suerte. — Despidiéndose del par rubio comenzando a elevarse en él aire. — Sí todo sale bien entonces mañana iré a visitarlos, fue un gusto volver a verte Naruto-kun, y un gusto también el haberte conocido, joven Le Fay. — Les sonrió.

Comenzando a alejarse del puente.

Despidiéndose de la diosa con el brazo en alto.

— Se me ha olvidado el decirle que nos marcharemos hoy mismo…— Notando como la rubia no lo estaba escuchando.

Colocando su mano sobre el hombro de esta.

— Sorprendente ¿No? Yo reaccioné exactamente igual la primera vez que la ví. —

— Es… Es perfecta — Susurró, comenzando a salir del trance.

— Casi que se puede respirar la grandeza que le precede a esta ciudad — Agregó, viendo como la rubia asentía al comentario de él.

— ¿Ves el castillo de allá? — Señalándole a su altura el edificio, si es que podía decirse así, más grande de la ciudad.

Viendo como la rubia volvía a asentir en silencio.

— Allí es donde iremos, ese es el castillo donde vive Odín junto con su esposa, la diosa Frigg. — le explicó.

— ¿Y cómo llegaremos a hasta allá? Parece estar demasiado lejos… —

— Pues, como viajamos a todos lados Le Fay. — Dijo sin más.

Tomando a la rubia de la cintura, tomándola desprevenida.

Desapareciendo del puente, sin dejar rastros de su presencia.

Apareciendo luego de unas milésimas de segundo en lo que parecía ser una terraza.

Separándose del rubio.

Visualizando el ambiente.

Viéndose parada sobre un enorme balcón, conectado directamente con el resto de la mansión, de forma redonda.

Notando que el balcón en donde estaba no tenía ninguna barandilla o muro bajo, sino que estaba completamente abierto.

Volteándose.

Sintiéndose apresada por un enorme aura.

Un aura "divina"…

Al parecer era verdad, el Dios Odín se encontraba dentro de ese edificio…

El legendario palacio.

El Valaskjalf.

Sintiéndose algo pesada, dando unos pasos hacia atrás por puro acto reflejo.

Notando la cálida mano del Uzumaki sobre su hombro.

— Es su Aura ¿No es así? —

— E-es bastante intimidante…— algo cohibida.

— Yo me sentí igual la primera vez — Confesó. — Pero verás que una vez que lo conoces esa sensación desaparece. — Sonriéndole.

Tranquilizándola fácilmente.

Entrando en el palacio.

Caminando por su magnífico suelo, hecho de plata pura, como todo el castillo en sí…

Todo parecía un sueño.

Estaba soñando despierta.

Jamás se hubiera imaginado, ni en un millón de años, que algún día visitaría Asgard, y mucho menos se hubiera imaginado que hasta iba a conocer a los Dioses principales…

Hace un rato había conocido a la mismísima Diosa Freya… La diosa de la belleza de la belleza y del amor…

Y ahora mismo estaba por conocer al mismísimo Odín.

Al padre de todos…

Definitivamente estaba soñando despierta…

No, en realidad estaba viviendo una vida de ensueño.

Y todo gracias a una sola persona…

Uzumaki Naruto.

No, Naruto-sama, como a ella le gustaba llamarlo…

Más tarde debería agradecerle todo, absolutamente todo lo que él había hecho por ella, aunque le tomara toda la vida…

Pero, ese no era el momento para ponerse a pensar en cosas como esas.

El viaje a Asgard, y las sorpresas que se le estaban presentando en él, todavía no habían acabado…

— ¡Naruto-dono! — Escucharon, unos metros delante de ellos.

— Oh, buenos días — Saludando a la chica, dirigiéndose a la rubia. — Le Fay, ella es Rossweisse, ella es la valquiria que está a cargo de la escolta y protección de Odín. — Presentándosela. — Rossweisse, ella es Le Fay, mi asistente. — Sonriendo, guiñándole un ojo en secreto a la rubia.

— Es un placer Rossweisse-sama. — Tratando de sonar natural, haciendo una elegante reverencia.

— M-me cuesta creer que de verdad se acuerde mi nombre. — Dijo la peliblanca, sonriendo nerviosa, con un leve sonrojo.

Percatándose de la rubia, mirándola de arriba a abajo — ¿Una humana? — No muy convencida. — Naruto-dono ¿Odín-sama sabía que usted vendría acompañado? —

— Claro que lo sabía. — Habló el viejo detrás de ella.

Adelantándose, dando unos leves pasos.

Ayudándose con su bastón.

Parándose frente al rubio, que le llevaba una cabeza de altura.

Talvez porque este estaba encorvado, debido a sus problemas en la espalda, traídos a él por su edad.

Mirando al rubio a los ojos, que le devolvía la misma mirada.

Una completamente seria.

Rompiendo con esa mirada luego de unos segundos.

Sonriendo felizmente.

— ¡Sí que te has tardado mocoso! — Exclamó el viejo, revolviéndole el cabello afectivamente. — ¡Me alegra verte de nuevo por aquí! — Riendo alegre.

— Yo también me alegro de verlo, Odín-sama — Respondió el rubio, con una sonrisa.

Viendo como el viejo caminaba unos pasos, hasta pararse frente a la maga inglesa.

Que dicho sea de paso estaba estática en el lugar, sonrojada, bastante nerviosa.

Agachándose, lo poco que su espalda le permitía, hasta poder ver a la rubia frente a frente.

— Tú nombre es Le Fay ¿Cierto pequeña? — Preguntó el viejo, hablando suavemente.

— A-a-así es… ¡U-un e-enorme placer conocerlo, O-Odín-sama! — Tartamudeó como pudo, haciendo una exagerada y profunda reverencia.

— ¡Vaya! ¡Pero que niña más educada! — Exclamó sonriente, debido a la actitud de la rubia. — Me has quitado las palabras de la boca — riendo. — El gusto es mío, pequeña Le Fay… Pero no deberías inclinarte de esa forma… —

— Sí tengo que hacerlo… N-no me gustaría faltarle el respeto Odín-sama…—

— ¿Cuántos años tienes, joven Le Fay? —

— C-catorce —

— Oh, y sin embargo tan educada, respetuosa, amable… Y fuerte — Sonriéndole, sorprendiendo con esto último a la rubia. —Pude sentir tu poder cuando caminabas por el arcoíris… Estas dotada de poder mágico… Dime ¿Eres asistente de este desastre de aquí? — Señalando al rubio con la cabeza.

— A-así es. — Contestó, riendo un poco por el comentario del Dios.

— Debe ser algo difícil, lo conozco, de seguro debe hacerte varios problemas. — Enfadando al rubio, sacándole otra risita a la maga. — Pero, con tus aptitudes y poder, estoy seguro que debes hacer un buen trabajo — Sonriéndole, alejándose de la rubia.

Suspirando pesadamente, dejando que todos sus nervios se fueran en ese suspiro.

Acababa de conocer al Dios Nórdico Odín.

No, lo correcto era decir que hasta había tenido un intercambio de palabras con él.

No lo podía procesar, no lo podía creer.

Y, aunque su aspecto no fue el que se imaginaba, su aura y presencia sí lo eran, si no es que eran hasta más intimidantes…

Ahora entendía porque el Uzumaki le decía esas cosas cuando le hablaba de él…

Su apariencia no era lo que ella se imaginaba…

Estaba algo avejentado, se notaba que la edad había trabajado algo en él, y al parecer las historias eran ciertas, su ojo izquierdo lo tenía cubierto por un parche…

Pero pese a estar avejentado, el Dios Odín parecía amigable, sociable y al parecer le gustaba hacer comentarios y bromas…

Jamás se lo hubiera imaginado de esa forma, pero, no por eso le desagradaba.

Al contrario, podía decir que el Dios Odín le caía muy bien, demasiado bien…

— ¡Pero vamos! ¡No nos quedemos aquí parados como si fuéramos estatuas! — Comenzando a caminar. — ¡Vengan! ¡Pasen! — Siendo seguido por la valquiria, y detrás de ella sus invitados.

— Pero Odín-sama ¿Es correcto que una niña vea él- —

— Si sigues con esa actitud mandona y despectiva entonces morirás virgen chiquilla. — La interrumpió Odín.

— ¡Odín-sama! — Golpeándolo fuertemente en la cabeza, sonrojada.

— ¡Ouch! — Tomándose la cabeza adolorido. — ¡¿Ves?! ¡Si sigues con esa actitud entonces tu glorioso Naruto-dono nunca te! — Siendo interrumpido, y golpeado, nuevamente por la valquiria.

— ¡N-no lo escuche Naruto-dono! — Extremadamente sonrojada. — ¡Odín-sama no sabe lo que está diciendo! —

— Vaya — Observando la escena, riendo divertido. — Ciertas cosas jamás cambiarán…—

— Ni que lo digas. — Sobándose la cabeza nuevamente. — Viven golpeándome, si no es ella entonces es mi enojona esposa. — Se quejó.

— Será porque se lo merece…— Agregó Rossweisse, por lo bajo.

Deteniéndose todos.

Llegando a lo que parecía ser el final del camino.

La enorme sala se ampliaba, decorada como si fuera un castillo de películas fantasiosas.

Pero no, era mucho más importante que un castillo de alguna película, mucho más elegante, y sobre todo, real…

Un enorme trono en el medio de la sala.

El legendario trono de Odín, el Hiloskjalf.

Caminando tranquilamente el viejo se sentó en el trono, soltando el bastón, que estático se quedó parado, quieto en el lugar.

Con la valquiria posicionándose a su derecha, estoica, parada junto al trono.

— Creo que será mejor que se sienten. — Dijo el Dios.

Chasqueando los dedos.

Haciendo que aparezcan dos lujosísimos y hermosos sillones.

El rubio sentándose en uno de ellos.

La maga rubia quedándose a un costado de él, imitando a la peliblanca.

— ¡Vamos pequeña Le Fay! ¡Toma asiento! ¡Sientete como en casa! —

— Odín-sama… No quiero faltarle el respeto ni ofenderlo… —

— ¡Me ofenderé si no tomas asiento! ¡Eres mi invitada pequeña! ¡ Y si eres amiga de Naruto entonces eres alguien de total confianza! — Le dijo el Dios, haciéndola sonreír.

Obedeciendo al Dios, tomando asiento junto al rubio.

Viendo como el Dios volvía a chasquear los dedos.

Haciendo aparecer, flotando frente a ellos, unas copas con un líquido amarillento.

— Es Hidromiel, pruébala, si no te gusta avísame — Le dijo a la rubia.

Tomando la copa, sonriendo ante sentir el gusto de la bebida.

— Me sorprende que el lugar esté tan vacío…— Habló el rubio, observando panorámicamente el lugar

Notando que estaba totalmente desierto.

— Es que hay muchísimo trabajo… — Contestó el viejo. — Pero, al menos tenemos algo de intimidad. — Sonrió al final.

Notando como la rubia maga tenía su mirada fija en su extravagante barba.

Que dicho sea de paso estaba totalmente estirada, flotando sobre el suelo gracias al poder del Dios, evitando que tocara el suelo.

Haciendo contacto visual con la rubia, que avergonzada desvió la mirada al instante, apenada.

— Creo que está algo intimidada por tu barba — Dijo el Uzumaki, riendo divertido.

— ¡Oh joven Le Fay! ¡No te avergüences! El rubio tonto que está al lado tuyo también se fijó en mi barba la primera vez que nos conocimos, ¡no dejaba de preguntarme sobre ella! — Agregó, sonriendo.

— ¿H-hace c-cuanto que se la deja? — Preguntó la maga curiosa, abochornada, sin hacer contacto visual del todo con el Dios.

— Hoho, Naruto también preguntó lo mismo la primera vez. — Rio, acariciándose la barba, recordando — Comencé a dejármela el día que me volví sabio…— Explicó. — El mismo día que perdí esto. — Sacándose el parche, mostrándole la órbita, de donde se suponía debía estar su ojo izquierdo, cerrada, con una leve cicatriz a lo largo de ella.

Sonriendo cuando vio la atención que la rubia le prestaba.

— ¡Odín-sama! ¡Deje de traumar a Le Fay-san! — lo regañó la valquiria.

— ¡No la estoy traumando! — Contestó el Dios, algo ofendido. — ¡Ya hasta te pareces a mi esposa! —

— ¡No hable mal de Frigg-sama cuando ella no está presente! — regañándolo nuevamente.

— ¿Dónde está la señora Frigg?— Preguntó el rubio. — Se me hace extraño no verla por aquí…—

— ¿Ma? Ella está trabajando ahora… ¿Puedes creerlo? Toda una vida intentando alejarla del trabajo y de las tareas y vengo a fallar en la vejez… De seguro debe pensar que soy un mal esposo…— Se dijo, algo triste.

— Odín-sama, yo no pienso que su esposa crea que usted es un mal marido…— Lo consoló Le Fay.

— Gracias pequeña. — Sonriendo levemente.

Dándole un enorme trago al hidromiel, terminándoselo de un tirón.

— Sí…— Suspirando pesadamente. — Ma está allá afuera lidiando con un problema, y de seguro yo tendré que ir con ella dentro de unos minutos…—

— Debe ser un problema bastante grande… Para que requiera al mismísimo Dios Odín y a su esposa Frigga…—

— Y que lo digas…— Dijo Odín, algo cansado, rompiendo con su actitud carismática y divertida, dejando denotar cansancio y preocupación. — ¡Es Loki! ¡Ya no sé qué hacer con ese chiquillo! — Confesó, frustrado.

— ¿Te ha causado problemas? — Preguntó el rubio.

— ¡Es un dolor de cabeza! — Exclamó. — ¡No lo vemos desde hace casi un año! ¡Y ahora Heimdall me dice que no ha visto a Fenrir en semanas! —

— ¿Fenrir ha escapado? —

— No lo sabemos todavía, es prácticamente imposible escapar del País de la niebla sin ser visto. Pero ese lobo está dotado de poder y sabiduría divina… Yo personalmente tengo la esperanza de que todo esto sea sólo una terrible coincidencia… — Susurró, siendo interrumpido por el chillar de un ave.

Notando todos los presentes como, lo que parecía ser un águila, se dirigía a toda velocidad hacia el trono de Odín, entrando desde el balcón, pasando por la larga sala, llegando hasta el trono del Dios.

Dejando caer la nota que llevaba en el pico.

Chillando al ver como la nota caía a un par de metros del trono del viejo.

Marchándose rápidamente de allí.

— ¡Ave de pacotilla! — Gruñó el Dios ya levantado, tratando de agarrar vanamente el pergamino, siendo impedido por los dolores punzantes de su espalda. — Rossweisse, ayúdame por favor chiquilla. — Pidió cortésmente el Dios.

— ¡Claro que sí Odin-sama! — Recogiendo la nota, entregándosela al Dios.

Frunciendo más el ceño a medida que leía la nota.

— ¡Por mis propias barbas! — Exclamó, algo frustrado.

— ¿Algo malo? —

— Ma me dice que por si acaso lleve a Sleipnir… Le había prometido que no lo involucraría en más problemas…— Guardando la carta. — ¿Tienes las lágrimas del Phoenix que te pedí? — Le preguntó el barbudo Dios, tomando en el aire el frasco que el rubio le había lanzado, guardándolo entre sus ropas.

— Me imaginaba que para algo como esto lo ibas a utilizar…—

— Son sólo por precaución… ¿Te han causado problema alguno por ir a buscarlas? —

— No, para nada — Le contestó.

— Me alegro, muchísimas gracias Naruto. No sabes cuanto tiempo me has ahorrado al traérmelas. — Sonriéndole. — Lamento mucho decir esto, pero tengo que irme… El deber me llama. — Dijo el Dios, algo apenado.

— No te preocupes viejo, no pensábamos quedarnos mucho tiempo más… Tengo cosas que atender… — Dijo el rubio, poniéndose de pie, siendo imitado por la Pendragon.

— Oh ¿Andas metido en algo? —

— No es eso… Es que mi otra "aprendiz" está en casa sola ahora, y es algo pequeña, no me gusta que pase mucho tiempo allí sola…— Explicó.

— Entiendo, pero que tutor más responsable resultaste ser. — Bromeó. — Las circunstancias no fueron claramente las mejores… Pero aun así sí que me gustó volver a verte mocoso, y fue un placer el conocerte pequeña Le Fay. — Dijo Odín, con una sonrisa.

— Fue bueno reunirnos de nuevo…—

— El placer fue mío Odín-sama —

— En cuanto todo este problema termine los invitaré a cenar personalmente aquí a mi morada, y a pasar una o dos semanas aquí en Asgard, y también podrán traer a la otra niña de la que hablas. — Dijo el barbudo, bastante amigable, sonriente.

— Nos encantaría, esperaremos la invitación con ansias — Devolviéndole la sonrisa.

— Odín-sama… No deberíamos hacer esperar a Frigg-sama… — Le recordó la albina.

— Tienes razón… Vamonos ahora o Ma se enfadará... — Apoyándose en su viejo bastón.

Invocando un sello de tele transportación bajo los pies de él y de su escolta.

— Será mejor que nos vayamos… Hasta luego Naruto, hasta luego joven Le Fay… — Los saludó el Dios.

— Nos veremos luego, Naruto-dono, Le Fay-san —

— Un placer conocerlos — Haciendo una ultima reverencia.

— Hasta pronto, muchísima suerte. — Los saludó el Uzumaki.

Viéndolos desaparecer en el círculo mágico.

Dejando el palacio vacío, sin contar al par rubio.

— ¿Y? ¿Qué te ha parecido este viaje? — Le preguntó, sonriendo levemente.

— Fue la mejor experiencia de mi vida…— Soltó la rubia en un susurro.

— Me alegro que te haya gustado, estabas algo nerviosa al principio. — Acercándose a ella. — Será mejor que nos vayamos antes de que comience a sonar la alarma… — Sujetándola de la cintura.

— ¿Alarma? —

— Así es… Cuando no hay ningún Dios en el palacio pero sí hay alguna presencia entonces una alarma se activa. — Le explicó.

— Ya veo… ¿No le preocupa el saber cómo le irá a Odín-sama y a los demás resolviendo su problema? — curiosa.

— Confío en que sabrán que hacer… Después de todo, son los dioses nórdicos de los que estamos hablando…— Tranquilizando a la rubia. — Me preocupa el no saber cómo habrá quedado mi casa sólo con Xenovia y Pakkura dentro…— Confesó, arrancándole una risita a la rubia.

Desapareciendo ambos en un destello amarillo, dejando ahora sí, el palacio completamente vacío.

Apareciéndose en la cocina de su hogar.

Notando que todas las luces de la casa estaban prendidas.

Pero no oía a la peliazul ni a Pakkura.

Sintiendo más de una presencia en la sala de su casa.

Saliendo disparado hacia la sala, seguido de su fiel maga rubia.

Entrando en ella, preocupadísimo.

Sorprendiéndose enormemente al ver las dos presencias que estaban en ella, además de la italiana y su invocación.

— Oh, por fin has llegado, Naruto-kun— Lo saludó la matriarca Phoenix, sentada en el sillón de su casa, con su pequeña hija a su lado, mirándolo fijamente…

.

.

.

— Llegaron hace una hora… No las quise dejar pasar, pero la mayor dijo que te conocía, y Xenovia me confirmó que conocía a la más pequeña. — le explicó Pakkura, con su tranquila voz.

— Entiendo… ¿La han pasado bien? ¿Sin ningún problema? — Cambiando de tema.

— Sí, nos hemos divertido bastante juntas —

— Me alegra que se lleven bien…—

— ¿Y a ustedes? ¿Cómo les fue en Asgard? —

— Bien… Nos vinimos antes porque el viejo tenía algunos problemas de los cuales encargarse… —

— Y ahora tú estás en su misma posición… — Agregó Pakkura, algo sarcástica.

— Maso menos… ¿Te han dicho siquiera qué es lo que hacen aquí? —

— Se los pregunté ni bien llegaron… Su aparición repentina me sorprendió bastante… — Confesó. — Dijeron que venían solamente a visitar, les dije que no estabas que volverías dentro de unas horas… Pero insistieron en quedarse…—

— No te preocupes — La calmó. — Hiciste un buen trabajo, gracias por cuidar de Xenovia. —

— No hay de qué, mantenme al tanto si es que algo sucede… — Preparandose para marcharse.

— Eso haré, hasta pronto. — Se despidió.

Viendo desaparecer a la invocación en una pequeña nube de humo blanco.

— ¿Tiene idea del por qué está Lady Phoenix con su hija aquí? — Preguntó la maga rubia, detrás de él.

— No, para nada. — Confesó, volteándose. — Pero no debe ser por nada malo, tranquilízate… ¿Y Xenovia? —

— Se fue ha marchado a dormir hace unos momentos… —

— Ya veo, tu deberías hacer lo mismo — Le recriminó. — Ya es muy tarde, y debes estar cansada por el viaje de hoy… —

— ¡P-pero! ¡N-Naruto-sama! —

— Sin peros. — Caminando hasta la entrada de la cocina, parándose al lado de ella. — No te preocupes, de seguro no debe ser nada, yo conozco a los Phoenix. — La calmó, poniendo una mano en su cabeza. — Ahora ve a dormir, no quiero que te vuelvas a desvelar. —

Marchándose rumbo a la sala de estar, dejando tras de sí a la rubia.

Entrando en ella.

Mirando curioso a sus dos invitadas.

Viendo como degustaban el té que él les había ofrecido, con total calma y elegante gracia.

Dejando la taza sobre un mueble, la Phoenix mayor se dispuso a hablar.

— Curiosa invocación la que tienes, hasta nos trató como si ella fuera la anfitriona de la casa… —

— Sí, Pakkura suele ser muy educada y atenta…— Dijo, sin entender muy bien a qué quería llegar la rubia.

— Nos dijo que estabas ocupado fuera de casa… Que volverías dentro de un rato… — Haciendo una pausa. — Dime… ¿Cómo te ha ido en Asgard? ¿Le han servido al Padre de todos las lágrimas del Fénix que le llevaste? — Preguntó, con su tranquila actitud, sorprendiendo al rubio con la guardia baja.

— Vaya… A usted no se le escapa nada Lady Phoenix… Supongo que por eso está aquí… —

— ¿Qué? ¿No podemos venir a visitar con mi hija a un viejo conocido de la familia Phoenix? —

— Que la matriarca de la familia Phoenix venga al mundo humano con su pequeña hija solamente para visitar a un simple humano… es algo extraño… —

— Yo no lo veo tan extraño… Además… Tú no eres un simple humano, Naruto-kun… — Viendo como el rubio se quedaba callado, decidiendo continuar. — No has respondido mis preguntas Naruto-kun…—

— Y usted no ha aclarado todas mis dudas, Lady Phoenix. — Siguiéndole el juego — En Asgard me ha ido bastante bien, por suerte. Y en cuanto a lo otro, creo que se lo tendrá que preguntar a Odín-sama en persona, por desgracia hemos tenido que volver lo antes posible…—

— Esa forma de ser que tienes… Tan misteriosa y enigmática…. Son un tanto atrayentes… — Incomodando un poco al Uzumaki. — En realidad eso no me interesaba en lo más mínimo, sólo sentía curiosidad por saber qué era lo que responderías, es todo. — Confesó.

Molestando un poco al Uzumaki.

— Ya veo… ¿Entonces cuál es la razón de tenerla de visita, Lady Phoenix? —

— Me han llegado a mis oídos el rumor de que has visitado mi mansión hace un par de días, y al parecer has tenido un altercado con el menor de mis hijos… —

— Ah, así que es eso… ¿Viene a regañarme por luchar contra su hijo? —

— Así que no lo niegas… — Sonrió la matriarca Phoenix, algo satisfecha. — No, todo lo contrario, vengo a darte las gracias Naruto-kun. —

— Sus palabras me sorprendieron mucho Lady Phoenix… No me lo esperaba…— Confesó.

— Oh, créetelo. Mis hijos me han contado todo el altercado — Mirando a su hija, sonriendo de manera cómplice. —

Confundiendo todavía más al rubio.

— Quiero disculparme por la actitud de mi hijo, sé que puede ser muy odioso… Pero, desde que se enfrentó a ti que no sale de su habitación… — Confesó. — Al parecer el hecho de que lo hayas humillado lo ha afectado…—

— Lady Phoenix, no se deje engañar…. No lo he humillado ni mucho menos… —

— Le has hecho creer que estaba por encima de ti y luego lo derrotaste fácilmente con una técnica ilusoria. — Habló Ravel Phoenix por primera vez. — Lo has humillado en todo el significado de la palabra. —

—…—

— Como te dije antes…— Siguió la matriarca Phoenix. — Mis hijos me han contado todo, incluyendo él porqué se originó todo este problema…—

— ¿A qué se refiere? — Preguntó el Uzumaki, molesto ante tanto misterio.

— Era la niña que estaba aquí junto con tu invocación antes de que tu llegaras… ¿No es así? —

— ¡! —

— Mi hijo la quería en su nobleza… Te retó a un duelo para obtenerla… Duelo que tú ganaste…— Susurró…

— Vaya al grano… — Musitó.

— ¿Por qué tanta hostilidad en tus palabras Naruto-kun? — Haciendo una pausa — Como iba diciendo… Tú ganaste ese duelo limpiamente… Pero ¿Qué es lo que has ganado por ello? Si mi hijo ganaba entonces él se quedaba con esa pequeña humana como premio… — Explicó. — Entonces… ¿Cuál fue el premio que tú recibiste por ganarle a mi hijo? —

— La satisfacción por haberle pateado el trasero. —

— Oh, eso puede ser también un buen premio. — Rio la matriarca Phoenix. — Pero no creo que sea un premio acorde al duelo…—

— Entonces… ¿Básicamente está aquí para ofrecerme un "premio" por haber derrotado a su hijo? No creo que eso tenga mucho sentido…— Confesó.

— Exactamente esa es la razón por la cual estoy aquí hoy. —

— Ya… ¿Y cuál sería ese premio que usted me ofrece? — Preguntó, algo serio.

— Vamos, que de seguro ya lo intuías…— Mirando a la pequeña Ravel. — El premio por haber derrotado a mí hijo es ella, mi hija menor Ravel Phoenix. — Exclamó con una sonrisa.

— De ninguna manera. — Soltó sin más, serio, decidido.

— El hecho de que te niegues casi al instante nos ofende Naruto-kun. — Algo ofendida. — Quieras o no mi hija es lo que te ganaste por derrotar a Raiser en ese duelo. —

— ¡Ella ni siquiera era parte de la apuesta! —

— Jamás acataron qué era lo que recibirías si ganabas… —

— ¡Exactamente por eso! ¡Usted no puede venir aquí y decirme que me he ganado a su hija! ¡¿En qué cabeza cabe?! — Exclamó, enfadado.

— El duelo era por la pequeña humana que está a tu cargo… Ravel casi tiene la misma edad que ella, además forma parte de la nobleza de mi hijo Raiser, ¡Debes tomarla! ¡Es lo justo! —

— Lady Phoenix, con todo respeto, olvídese del protocolo. — Calmándose levemente. — No aceptaré a su hija, olvídese de eso. — Sentenció. — Piense en otra cosa. —

— ¿Piensas que hago esto por simple protocolo? ¡De verdad quiero que aceptes a mi hijo! ¡Ya discutimos esto! ¡Mi familia y yo queremos que aceptes a Ravel! —

— ¿¡Cómo pueden decidir el destino de una pequeña por ella misma?! — Comenzando a salirse de sus casillas.

— ¿Acaso crees que no se lo hemos consultado? — Habló tranquilamente, como si nada, comenzando a ganar terreno en la discusión.

Sorprendido ante la declaración de la matriarca Phoenix.

Observando a su hija fijamente.

Viéndola calmada, serena, con una mirada tranquila, cruzando miradas con el Uzumaki.

— ¡N-no puedo aceptarla! ¡No es éticamente correcto! ¡N-no es moral! —

— Claro que puedes aceptarla, y lo harás. — Exclamó la Phoenix, seria. — Aunque tenga que amenazarte. —

— ¡¿Q-qué?! —

— Ya me oíste… — Sonriendo perversamente. — Mi hijo me ha dicho que te estabas ocultando de las familias de los Maou ¿No es así? —

— ¡! —

— Puede que Ruval haya dicho que mantendría tu visita al inframundo en secreto… Pero yo no he acordado nada, Naruto-kun. — Siseó, gozando al comenzar a tener al rubio donde quería…

— No se atrevería… —

— No sabes de lo que soy capaz Naruto-kun — Rio burlona. — Es simple. Te haces cargo de la tutoría de Ravel aquí en el mundo humano y la mantienes bajo tu ala, y yo por mi parte accederé a quedarme callada… Es un trato justo… —

— ¿Cómo puede hacer algo como eso…? —

— Soy una demonio Naruto-kun, está en mi sangre. — Le explicó.

Viendo como el rubio trataba vanamente de retrucar la situación.

Sonriendo satisfactoriamente cuando este simplemente optó por quedarse callado, sin nada más que decir…

Poniéndose de pie, lista para marcharse triunfante.

— Entonces, será mejor que los deje solos… Para que puedan conocerse. — Exclamó, con la sonrisa todavía vigente en su rostro. — Nos veremos pronto Naruto-kun. — Se despidió. — Hasta luego Ravel, cuídate mucho hija. —

— Hasta luego madre. — Se despidió la rubia menor, haciendo una reverencia en el lugar.

— ¡E-espere! — Exclamó el rubio saliendo de su trance, tratando de impedir que la matriarca Phoenix se marchara.

Viéndola desaparecer en su propio fuego del Phoenix.

Yéndose del lugar.

Dejando en la sala a un confundidísimo rubio y a su hija más pequeña, completamente calmada pese a la situación.

Con la cabeza gacha, molesto y confundido, demasiado confundido...

Tratando de tragarse la furia que tenía.

— Naruto-sama…— Habló Ravel, con su voz tranquila.

Sacando de su trance al rubio…

— Mañana temprano iremos al inframundo y aclararemos por completo este tema… No era mi intención ponerte en esta encrucijada…—

— Naruto-sama… No malinterprete las cosas… — Susurró. — Madre tenía razón… Estaba consciente que esto sucedería….Yo accedí completamente a esto, y no me molesta para nada…— Confesó tranquilamente, sin titubear ni un segundo.

Dejando, nuevamente, sin palabras al rubio…

— ¿Podría decirme dónde están él cuarto de invitados y el baño? Me gustaría asentarme y dormir… Estoy algo cansada…—

— N-no te preocupes… Puedes usar mi habitación, t-tiene su propio baño privado… Está al final del pasillo, yo dormiré en el sofá. — Le indicó. Señalándole donde era la habitación que ella usaría.

Viendo como la joven marchaba tranquila hacia su habitación.

Dejándolo solo en aquella sala.

Completamente perdido, sin saber qué era lo que lo había golpeado.

Llévandose las manos a la cabeza, despeinando su propio cabello, pensativo.

Tratando de digerir qué rayos era lo que había pasado…

Lo acababan de amenazar en su propia casa.

Lo habían chantajeado completamente, y el no pudo hace nada. Le acababan de asignar la tutoría de una demonio de clase alta. A partir de ese día él se convertía en el tutor de Ravel Phoenix…
 
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Capítulo 5!

Aprovecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, ni tampoco habilidades ya registradas me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear este fanfic amateur.

Además, debido al lenguaje, palabras utilizadas, expresiones, y los varios géneros literarios que caracterizan esta historia, lo siguiente debe ser considerado apta para mayores de 16 años. Leer lo siguiente bajo la responsabilidad propia de cada uno


Memorias…

Capítulo 5: Guerra en el invierno Europeo. Parte Uno:


.

.

.

.

Saliendo de la bañera, bostezando pesadamente.

Tomando la toalla de su respectivo toallero, valga la redundancia.

Distraído terminó de secarse el cuerpo con la toalla.

Mirándose al espejo, examinando su cara con una expresión algo aburrida.

Notando como las ojeras comenzaban a desaparecer de su rostro.

Haciendo una nota mental, recordándose a sí mismo el volver a agradecerle a la joven maga por su ayuda.

Tomando sus prendas de vestir, comenzando a colocárselas.

Secándose el pelo, ya vestido, peinándoselo improvisadamente hacia un costado, de manera despreocupada.

Dejando la toalla que había usado en el toallero de metal personalizado, que tenía su propio nombre en él.

Dándole un vistazo a los otros tres toalleros de metal que estaban junto al de él.

Leyendo atentamente los nombres.

Deteniendo la mirada en uno de ellos.

El de letras color rosa.

El que tenía inscripto "Ravel Phoenix"

Volviendo al hilo de pensamientos en el que estaba desde hace varios días…

Suspirando pesadamente.

Ravel Phoenix…

La famosa demonio de clase alta Ravel Phoenix…

La demonio de la cual él, desde hace un par de meses, se había vuelto tutor…

Algo completamente increíble, si se lo preguntaban a él.

Todavía rondaba en su cabeza el recuerdo del día en el que ella se volvió su tercera inquilina…

Cuatro largos meses habían pasado… Y sin embargo lo recordaba como si fuera ayer.

Lady Phoenix se había aparecido de la nada en su casa, junto con su hija…

Pidiendo, no, prácticamente ordenando que su hija se quedara con él…

De manera que, por lo menos para él, era por demás extraña.

Lo había timado, chantajeado…

Aunque él se permitía pensar que en realidad no había sido así… Sino que él había accedido por su propia cuenta.

Así al menos su pequeño orgullo no salía tan mal parado…

Retomando su propio hilo de pensamientos.

"A primera hora de mañana iremos al inframundo y continuaremos con esta discusión" Fue lo que le había dicho a Ravel Phoenix cuando se quedaron solos aquel día.

Y ahí estaban, cuatro meses después, y en todo ese tiempo no habían pisado el inframundo ni una sola vez.

Aunque Ravel le había dicho que ella misma había opinado sobre el quedarse a vivir con él…

Pese a que sus padres la estaban utilizando como un simple premio jamás se lo había reprochado…

Y no parecía que le molestase toda esa situación

Es más, parecía encantada con todo eso.´

El estar viviendo con ellos, en el mundo humano…

Aunque al principio las cosas no fueron tan bien como ellos pensaban

Sobre todo los primeros días, aquellos momentos fueron extremadamente difíciles, para todos.

Le Fay no parecía entender mucho lo que sucedía, pero dentro de todo aceptaba a la demonio en la casa, conviviendo con ellos.

Xenovia le reprochó toda una semana entera cuando se enteró que ella se quedaría a vivir con ellos…

Al principio todavía le tenía mucho rencor… era completamente hostil…

Y la Phoenix reaccionaba bastante mal al aura sacra que la peliazul emanaba, le temía un poco…

Pero, ahora que el tiempo había pasado ya se habían acostumbrado la una a la otra…

Ya no se trataban hostilmente, ahora podían estar en un cuarto solas, y entablaban conversaciones sin pelearse.

Casi que hasta podía decirse que eran algo cercanas…

Ravel por su parte se encontró con una vida completamente diferente a la que estaba acostumbrada, le costó mucho adaptarse…

No Podía creer que ellos mismos se tenían que cocinar, o limpiar…

Se pasaba repitiendo que la casa era bastante pequeña y humilde…

Tampoco entendía como era que funcionaba el lavarropas…

O por qué el baño no contaba con una tina de baño, o un Jacuzzi… Al principio le costó entender cómo funcionaba la regadera…

Tampoco se acostumbraba a tener que hacer absolutamente todo por su cuenta… Extrañaba los sirvientes.

Se encontró cn un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada. Pero pese a todas esas diferencias de igual manera puso todo su empeño y optimismo en ello, en aprender y acostumbrarse…

Pero ahora ya se había acostumbrado a todo lo anterior, ya vivía comúnmente…

Se la notaba muy feliz…

Ella definitivamente no parecía tener ningún problema, estaba a gusto…

Y eso lo dejaba a sólo a él…

Al parecer el problema tenía que ver con él…

No le caía mal Ravel Phoenix, para nada.

Al principio faltaba confianza, era todo bastante mecánico.

Pero ahora todo había cambiado completamente…

La tensión había desaparecido, ahora se tenían confianza.

Incluso ella lo llamaba Naruto-sama…

E intentaba copiar a Le Fay, ayudándolo en todo lo posible… Actuando como si fuera una segunda "asistente"…

Todo ese tipo de cosas lo hacían pensar y preguntarse…

¿En realidad había algún problema con que Ravel Phoenix estuviera viviendo con ellos?

.

.

.

— Xenovia-san ¿Podrías pasarme la mermelada? —

Sentado en la mesa redonda, todavía pensativo, distante, sin haber tocado nada del desayuno, escuchando atento la "charla" que sus inquilinas tenían en ese momento.

— No seas holgazana, levántate y agárrala tú — Se quejó la peli azul.

Entristeciendo la mirada un poco.

— Aquí tienes Ravel — Sonriéndole, ofreciéndole el frasco de mermelada.

— Muchísimas gracias Le Fay-san — Tomando la mermelada, devolviéndole la sonrisa.

Untando la mermelada en su tostada, comenzando a desayunar.

Dándole un sorbo a su té, levantando la mirada.

Notando, junto a la maga rubia, lo distante y distraído que estaba el Uzumaki.

— Naruto-sama ¿Sucede algo? — Preguntó la maga, algo preocupada.

— ¿Uh? — Saliendo de sus pensamientos.

— ¿Está todo bien? —

— ¿Qué? ¡Oh! S-si sí… — Reaccionando, riendo nervioso.

— ¿Seguro? —

— ¡Por supuesto! — tratando de actuar con naturalidad, bebiendo un sorbo de café de golpe.

— Lo noto algo raro… ¿No sucede nada? —

— ¡N-no! ¡Para nada! Sólo estaba pensando en algo… —

— ¿En qué? ¿Hay problemas? Sí es así entonces podría ayudar…—

— No Le Fay…. Nimiedades… No te preocupes. — tratando de tranquilizarla.

— Aun así no me convence… —

— Yo le creo… — Habló la italiana, metiéndose en la conversación, de sopetón. — ¿Hoy entrenaremos? — Preguntó, algo ansiosa, sosteniendo una tostada con su boca, mordiendo la punta.

— Por supuesto Xenovia, más te vale que puedas mantener el ritmo esta vez — le dijo, incitándola agrede.

— ¡Claro que podré! ¡No me subestimes! — energética, con el entusiasmo que la caracterizaba, devorando la tostada de un mordisco.

— Ya lo veremos… — Sonriendo levemente. — Ravel ¿Quieres venir a entrenar con nosotros? — Le preguntó, algo tosco.

— ¿I-ir con ustedes? ¿De verdad? — Preguntó, con la mirada llena de ilusión.

— Claro, no sería la primera vez… — Algo incómodo — No te molesta ¿Verdad Xenovia? —

— No… ¡De todas maneras quería ver el poder destructivo de Durandal frente a un demonio! — Exclamó, más extrovertida que de costumbre.

— ¡X-Xenovia-San! — Exclamó, asustadísima.

Sonriendo alegre, viendo la semejante relación que ambas tenían.

Cualquiera que conocía a Xenovia se daba cuenta que en realidad ella estimaba a la demonio.

No parecía, pero en realidad se llevaban extremadamente bien.

Deshaciendo la sonrisa, bajando la vista, observando fijamente el líquido dentro de la taza.

Volviendo al ligero enigma que tenía desde que se había levantado…

¿Cuál era el problema con que Ravel Phoenix viviera con ellos?

Pareciera que en realidad el solo estaba buscando alguno, por alguna estúpida razón…

— Naruto-sama… — Escuchó.

Levantando la vista.

Llevándose una sorpresa al ver a la Phoenix sonriéndole, con un casi indetectable sonrojo en sus mejillas.

Con el brazo extendido.

Ofreciéndole una tostada untada con mermelada que ella misma había preparado.

Desapareciendo el deje de sorpresa que tenía en el rostro.

Sonriéndole ampliamente a la rubia Phoenix.

Tomando la tostada, agradeciéndole el buen gesto que había tenido.

Dándole un buen bocado.

Regañándose internamente por haber pensado esas nimiedades durante toda esa mañana.

En realidad no había problema alguno con Ravel Phoenix.

Ella era totalmente encantadora.

De verdad que había sido un idiota.

Preocupándose por una estupidez que no tenía sentido alguno ni razón.

Cuando en realidad tenía muchos más problemas para preocuparse.

Problemas que, más temprano que tarde, comenzaban a acumularse.

Y, a su vez, comenzaban a empeorar cada vez más y más…

.

.

.

Suspirando profundamente, retirando las manos de su rostro, algo encorvado.

Dejando ver una mirada por demás seria…

Sentado en el sillón de la sala de su hogar.

Enderezándose contra el respaldo.

Con la mente fría.

Sin quitarle la vista de encima a su huésped, sentado también en un sillón individual, justo frente a él.

— Sí que vives en un lind- —

— ¿Cómo mierda conseguiste encontrarme? — Lo interrumpió, tajante, denotando que le faltaba muchísima paciencia.

— Vaya, creía que usted era alguien calmado, ¡Y pensar que ahora hasta dice groserías! — Burlándose — parece estar algo nervioso, Naruto-dono… — Dijo, con claro sarcasmo.

— Limítate a contestar lo que te pregunté. —

— ¿Por qué tanta hostilidad Naruto-dono? ¿Tanta desconfianza hacia un débil humano como yo? — Sonriendo con ese típico gesto burlón que lo caracterizaba, ese gesto que comenzaba a hartar al Uzumaki. — Solo soy un simple humano al que le gustaría seguir sus pasos. — Ampliando la sonrisa.

Notando como el rubio ni se inmutaba ante todo lo que le había dicho, volviendo a hablar.

— Tenemos un par de contactos Naruto-dono… Contactos que cada tanto nos brindan información. —

— ¿Qué clase de contactos? —

— No son de su incumbencia Naruto-dono. —

— Ya… y les has pedido que te dijeran donde vivo, entiendo… Ahora dime ¿A qué rayos has venido? —

— ¿Qué? ¿Uno no puede pasar a saludar como amigo? —

— Tú no eres mi amigo, ni estás cerca de serlo, Apenas te conozco, ni siquiera me se tu nombre. —

— Vaya, y yo que pensé que usted me conocía más que bien, ¡Pensaba que a esta altura ya éramos muy íntimos! — Dijo, burlón, casi pasando por alto todo lo que el rubio había dicho.

— Repito: ¿A qué rayos has venido? —

— Venía a ofrecerle nuevamente a que sea nuestro líder Naruto-dono… —

— Pierdes tu tiempo. — Le dijo, sin más, ya harto de su presencia.

— No sea tan hostil Naruto-dono… De verdad nos gustaría que nos dirija, mis amigos saben de usted… Saben que usted es el humano más fuerte, que es una leyenda… Su poder podría servirnos muchísimo en nuestra causa… —

— Tú y tus amigos me tienen en muy buena estima… ¿Y cuál es su causa? —

— No la podrá saber al menos que acepte dirigirnos —

— ...—

— Es una lástima que se niegue… Usted y yo somos parecidos… — Argumentó. — Ambos sabemos reconocer el talento… Y nos gusta mantenerlo cerca de nosotros. —

— Qué comparación más pobre… —

— Sí quiere…— Continuó lo más tranquilo, ignorando el comentario del rubio. — Hasta podría unirse junto con la bruja y la Seiken. —

— ¡! —

— Oh… ¿Era un secreto? — Notando la sorpresa del rubio. — No se preocupe, no la delataremos… Suponemos que no habrá problema porque es una humana… Aunque, habrá problemas con la demonio… No nos gusta trabajar con otras especies… —

— Vaya, sí que me tienes vigilado… —

— Nos gusta tener vigilado a nuestro héroe. — Agregó, riendo divertido. — Debo decir que me sorprendió un poco el que se convirtiera el tutor de una sucia demonio…—

— Sí eso es todo vete. — Dijo, sin más.

— Oh, no quería dañar sus sentimientos… — Se burló por centésima vez.

— Vete. — Repitió, alzando la voz.

— Sí usted lo dice. — Poniéndose de pie. — Aunque es una lástima. — Estirando los brazos de forma exagerada. — Tenemos una misión dentro de poco, nos hubiera encantado que nos acompañara y dirigiera…—

— ¿Una misión? —

— Oh, ahora sí tengo su atención. — Rio burlón. — ¿Le interesa lo que hacemos? —Molestándolo aún más si se podía.

— No me la digas si no quieres, no es que me interese…—

— Digamos que los murciélagos tienen un secreto muy bien escondido… Un secreto que me interesa muchísimo poseer, y aprovecharé a los mugrosos pulguientos para hacerme con él. — Exclamó.

— …. —

Viendo al muchacho dar unos pasos, parándose a la altura de la puerta de salida.

— Oye…— Le habló

— ¿Sí? —

— La próxima vez que vengas sin avisar te mataré. — Le dijo, sin más.

— ¿Me está amenazando? — haciéndose el dolido.

— Considéralo una advertencia. —

— ¡Vaya! — Riendo burlonamente.

Estirando su brazo derecho.

Haciendo el gesto de un arma con su mano.

Apuntándola, riendo divertido. — No creo que sea capaz de ello. — Sonriendo de lado.

Simulando dispararle con ella.

Sorprendiendo al rubio.

Desapareciendo del lugar segundos después, gracias a un círculo mágico.

Dejando al rubio completamente sorprendido durante varios segundos.

Golpeando el respaldo del sillón con fuerza.

Apretujando su puño de igual manera.

Fuera de quicio.

Tranquilizándose de a poco.

— No está bueno escuchar conversaciones ajenas. — Exclamó en voz alta.

— No está bueno invitar a desconocidos a casa. — Le retrucó la rubia. Asomando la cabeza desde su habitación.

Entrando a la sala desde el pasillo, donde hasta hace unos minutos había estado escondida.

— Creí que estarías fuera hoy… —

— Y yo creí que estaría entrenando a Xenovia y a Ravel-san. — Parándose junto al rubio, aún sentado en el sillón.

— Jamás pensé que llegaría el día en el que me respondieras algo de esa forma. — Sonriendo levemente.

— No intente cambiar de tema Naruto-sama... —

— ¿Ves? A veces me pregunto qué rayos fue lo que sucedió con la pequeña rubia angelical que encontré aquel día…—

— Algún día tenía que crecer Naruto-sama — Le sonrió cálidamente, observando al rubio sonreírle con un deje de melancolía en su mirada.

Entrando en un profundo silencio.

Estando varios segundos sin decir ni una palabra.

— ¿Cómo te fue con tus padres? —

— Bien…—

— ¿Se alegraron al verte? —

— Claro que sí, estaban felices de verme… Bueno, a su manera… — Dijo, algo cohibida.

— Dales tiempo, de seguro te han extrañado lo suyo.—

— Oh ¡S-sí! E-eso lo sé. — Sonrojándose

— No pensé que vendrías tan temprano…— Le habló.

— La diferencia horaria Naruto-sama —

— Aun así, creí que pensabas quedarte a dormir allí… Pasar al menos una semana con ellos…—

— No, me he desacostumbrado bastante de la encantadora Wembley… Ya no es lo mismo — Bromeó. — Además, mi sexto sentido me convenció de que lo mantuviera vigilado, pensé que había problemas. —

— No creo que fuera necesario…—

— Créame, con lo raro que estaba actuando, y con lo que acaba de pasar aquí, solo lo ha confirmado aún más…—

— ¿Tan así? —

— Hace varios días que está más colgado que de costumbre… Sobretodo hoy en el desayuno…Usted suele desviar las preguntas que le hacemos con otra pregunta… Y el hecho de que dejara a Xenovia y a Ravel-san entrenando con uno de sus clones…—

— ¿Tan obvio soy?… Debo parecer un libro abierto…—

— Prefiero pensar que en realidad lo conozco demasiado bien… —

— Oh sí, puede que sea eso… — Sonriéndole cálidamente.

— ¿Me contará qué es lo que sucede? —

— Ugh…— Suspirando pesadamente, golpeando sus muslos con las palmas de sus manos. — Supongo que no tengo otra opción, Ya no puedo ocultarte las cosas como hacía antes… Qué fastidio — se quejó derrotado.

— Oh, así que confiesa haberme ocultado cosas… — Dijo, simulando un enfado.

— ¡Dios santo! ¡¿Por qué crecen?! — Estirando los brazos y levantando la cabeza, haciendo una plegaria al cielo, siguiéndole el juego a la rubia.

Sacándole una tierna carcajada.

— Me alegra que ya no me trate como una niña — Sonriendo.

— Estaría muy equivocado si todavía lo hiciera. — Confesó. — Bueno, ¿Qué es lo que quieres saber? —

— Absolutamente todo. —

— Ya… Por donde arrancar…—

— ¿Por el principio? —

— Hoy estás muy chistosa… Bueno… — Comenzando. — El sujeto que vino recién…—

— ¿De hace cuanto lo conoce? — Yendo al grano.

— Hará un mes… Se presentó en un entrenamiento con Xenovia… Dijo ser un "fan"

— ¿Un fan? Eso es extraño… Su actitud era peculiar… —

— De esa misma manera reaccioné yo. No le creí ni por un segundo. —

— ¿Cree que sea una amenaza? parece un humano común y corriente. —

— Las apariencias engañan Le Fay…—

— Mhmm — Pensativa. — Su rostro me parecía familiar…. —

— Eso porque de seguro habrás visto su foto en algún informe que mando Pakkura. — Soltó sin más, con una sonrisa juguetona

— ¡E-eso es! ¡Y-yo n-no! — Roja de la vergüenza

— ¿Qué? ¿´Pensabas que no lo sabía? No me chupo el dedo niñita…— Cómo si nada. — Tranquilízate, si nunca te lo reproché es porque de verdad no me molesta. —

— P-pero… Sí su rostro estaba en los informes que Pakkura-sama le envió, eso significa. —

— Sí, ese tipo pertenece a la brigada del Khaos. — Confesó.

— ¿¡Qué!? ¿¡U-un miembro de la brigada presentándose de esa manera!?—

— Tan extraño como suene, pero es la realidad… — Haciendo una pausa. —… Me dijo que tenía de aliados a un grupito de humanos… Desde que se presentó que me viene ofreciendo unirme a ellos… Que me vuelva su mentor… Pero nunca me los ha presentado. —

— Oculta ser de la brigada del Khaos… —

— Exacto… Según él solo es un débil humano que quiere "seguir mis pasos", jamás nombro a la brigada del Khaos… —

— Y espera que usted le crea siquiera algo de lo que le dice… —

— No pienses eso Le Fay, él sabe perfectamente que no le creo absolutamente nada… él ya está al tanto de que yo lo he investigado, hoy me lo ha dejado más que claro… —

— ¿Y sin embargo tiene las agallas para presentarse en territorio enemigo como si nada? ¿Tanta confianza se tiene? —

— Le Fay… Eso es lo que más me preocupa… —

— ¡! — Sorprendiendo a la rubia.

— ¿Qué es lo que recuerdas del informe que me trajo Pakkura? —

—…Para ser sincera solo recuerdo su rostro, nada más. —

Abriendo la palma de la mano, con el brazo levemente extendido.

Haciendo aparecer un dossier transparente en ella.

Entregándoselo a la rubia, que curiosa lo abrió.

Reviendo la foto del sujeto que hasta hace un rato había estado allí.

Llevándose una sorpresa al leer el nombre.

— ¡C-Cao Cao! — Exclamó, leyendo su nombre.

— Exacto, es el descendente del Héroe chino… Y no solo eso… También sabemos que es el portador de una Longinus… Pero no podemos decir con certeza de cual. —

— ¡U-una Longinus! —

— ¿Sabes lo que son? —

— Los artefactos más poderosos jamás hechos por el Dios Bíblico, creados a partir de una falla en el sistema de Sacred Gears… No vivo bajo una piedra, Naruto-sama… — Gruñó.

— No era para que te ofendieras — Rascándose la nuca, riendo nervioso.

— Un descendiente de un héroe… Que además porta un artefacto divino… —

— Peligroso ¿No? —

— Usted podría derrotarlo sin ningún problema. —

— Yo no estaría tan seguro… —

— ¿¡Cómo puede dudar de eso?! —

— Le Fay, estamos hablando de un artefacto divino creado para asesinar Dioses… Aunque no sepamos cual porta en específico, eso sigue siendo un problema. —

— ¡Usted ya tiene experiencia peleando contra Dioses!—

— Le Fay…—

— ¡P-pero es la verdad! ¡U-usted podría! — Notando como el rubio endurecía la mirada, entendiendo el mensaje. — L-lo siento…—

— Aunque… — Ignorando a la rubia. — Depende la Longinus que tenga las chances aumentaran o disminuirán… Pero supongo que podré controlarlo. —

— ¿Tan seguro está de que tendrá que enfrentarlo? —

— Completamente seguro… Es parte de la brigada, es bastante poderoso y su aura e intenciones son malignas, puedo sentirlo… — Confesó. — Me vigila, nos vigila, sabe que he arruinado varios planes de la brigada antes… —

— Sabía que Xenovia es una Seiken… De seguro alguien debe de estar espiando a Xenovia y a Ravel-san en este momento…—

— Es lo más probable… Aunque no están en peligro alguno por ahora…—

— ¿Qué es lo que planea hacer Naruto-sama? —

— Bueno… Habló sobre una misión… — Pensativo. — Quería que lo acompañara, obviamente era sarcasmo… Pero habló en clave al final… Acaso… — Perdiéndose en sus pensamientos.

— Naruto-sama…—

— Le Fay. — Reaccionando. — ¿Podrías ayudarme con algo luego? —

— Claro Naruto-sama, pero ¿En qué? —

— Necesito tu ayuda para resolver algo… Algo grande, de seguro sea un enorme fastidio… Pero no será hoy, aun me falta algo de información… Ya sabes, unir los cabos sueltos… —

— Haré todo lo que esté a mi alcance para serle útil. — Sonriéndole cálidamente.

— Me alegra oír eso. — Devolviéndole la sonrisa. — ¿Me ayudas a preparar la cena? Xenovia y Ravel llegarán dentro de poco. Además, me gustaría que me contaras con detalles la visita a casa de tus padres. — Con una sonrisa cálida.

— Eso… será un placer. — Más que contenta, dirigiéndose a la cocina, junto al rubio, comenzándole a relatar su rápida visita a Wembley.

Su rápida visita a la casa de sus padres…

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3:00 A.M:


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Despertándose de repente, completamente exaltado.

Incorporándose de un sopetón, sentado en su cama.

Con gotas de sudor recorriendo todo su cuerpo, sobretodo su rostro.

Respirando arrítmicamente.

Llevándose una mano a su pecho, sintiendo su corazón latir a toda velocidad.

Desesperado, dejando que una sucesión de confusas imágenes bombardearan su cabeza.

Recordando la viva imagen de un par de ojos… recordando una aterradora mirada, extremadamente salvaje.

Ojos que lo miraban como si buscaran devorarlo.

¿Sus pesadillas habían regresado?

Eso parecía, pero esta había sido completamente diferente.

No, en realidad no podía recordar con vividez qué era lo que había soñado.

Sacudiendo la cabeza bruscamente, tratando de alejar las confusas imágenes mentales que lo atormentaban.

Tocando con sus desnudos pies la fría madera del suelo de su habitación.

Caminando a través de ella, iluminado solamente por la tenue luz de la noche.

Sintiendo un intenso ardor por todo su cuerpo.

Dando vueltas dentro de ella, tratando de calmarse, tratando de no pensar en ese dolor, ni en las imágenes dentro de su cabeza.

Fallando estrepitosamente en ello, sintiéndose cada vez peor.

Sin poder evitar la imagen de una mirada totalmente desconocida para él abordar su cabeza.

Sintiéndose nervioso, ansioso, desesperado.

Observado.

Se sentía completamente observado.

Perseguido, como si decenas de miradas lo estuvieran observando a escondidas.

Miradas feroces, miradas de bestias, ocultas en la oscuridad…

Revisando cada rincón de su habitación, abriendo cada cajón, cada minúsculo compartimiento.

Con su propia piel totalmente erizada.

Con miles de escalofríos recorriendo su espalda, envolviéndolo en un abrazo totalmente helado.

Jugando una pulseada con su propia cordura, tratando de no perder, tratando de no perderla.

Saliendo disparado de la habitación.

Tratando de escapar del martirio mental por el cual estaba pasando.

Atravesando el pasillo donde estaban las habitaciones de las chicas.

Toda la casa completamente en silencio.

Prácticamente corriendo, desesperado, llegando a la cocina.

Apoyándose pesadamente en la mesada.

Tratando de calmarse.

Intentando frenar con el inminente ataque de pánico que estaba teniendo.

Bebiendo de manera desesperada agua directamente del grifo.

Lavándose la cara.

Apoyando ambas manos a los costados del fregadero.

Con la cabeza gacha, tratando de controlar su agitada respiración.

Volviendo a fallar enormemente.

— ¡! —

Sintiendo su corazón detenerse por un instante.

Comenzado a sudar excesivamente, con las gotas de sudor recorriendo todo su rostro, cayendo en el fregadero.

Sintiéndose cada vez más y más pesado.

Sosteniéndose sobre sus brazos con fuerza, tratando de no caer desplomado sobre la mesada.

Con su corazón latiendo cada vez más y más rápido, como si estuviera por salírsele disparado de su propio pecho en cualquier momento.

Volteando su cuerpo dificultosamente, luchando contra su propio peso.

Viéndola de frente, examinándola de arriba a abajo.

De baja estatura.

Su piel pálida como la luna.

Completamente vestida de negro.

Observándolo retorcerse sin siquiera inmutarse.

Comenzando a recuperar la cordura.

Tomando nuevamente el control de su cuerpo y sus acciones.

Intentando vanamente ejecutar un sello con sus manos.

— ¿Quieres enfrentarte a mí? — Con su neutra voz.

Dando un paso al frente.

Haciendo que el rubio caiga sobre su rodilla.

Tratando vanamente ponerse de pie, gruñendo entre dientes.

— Tienes las agallas para siquiera pensar en hacerme frente… —

— ¡Cierra tu sucia boca! — Exclamó, colérico. Preso de su aura.

— Tenía entendido que eras un tipo pacífico. —

— ¡¿Y dejar que les hagas daño sin pelear?! —

— Sí te refieres a las demás humanas que duermen aquí, no les haré daño…—

— ¿¡Por qué debería creerte!? — Intentando nuevamente levantarse, luchando con todas sus fuerzas.

— No me interesan en lo más mínimo… — Notando como seguía forcejeando. — Deja de intentarlo, no podrás hacerme frente, mi aura te detiene. —

— ¡No me tomes por débil! ¡Ademas, aunque no pueda hacerte frente, te usaré para descargar mi ira en ti! —

— Oh, así que tienes sentimientos negativos habitando en tu interior… Eres como la mayoría de los humanos… — Algo decepcionada.

— ¡Jamás en tu inmortal existencia trates de compararme con nadie, Ouroboros! — Mencionando su nombre por primera vez.

La mismisima diosa dragón Ouroboros…

— Aunque me reconociste desde el principio, pudiste sentir mi presencia… Y soportas mi aura sin desmayarte… —

— ¡No me interesa nada de lo que digas! —

— Y… Sin pasar por alto tu poder o la historia que llevas contigo… En tus ojos y en tu actitud se nota algo que te diferencia del resto… —

— ¡Deja de adularme maldita sea! ¡Me tienes a tu merced, ¿no?! ¡Mátame de una vez!—

— Aunque lo pidas no lo haré, no estoy aquí para efectuar algo tan banal como eso… No tengo ninguna razón para matarte…—

— ¡¿Entonces para qué estás aquí?! ¡¿Cao Cao te ha pedido que vengas?! ¿¡Él te ha dicho dónde estaba?!—

— No actúo a consecuencia de él, y no, yo ya lo sabía… De hecho yo fui quien le informó de donde estabas… —

— ¿¡Por qué se lo dijiste!? ¡¿C-Cómo es que lo sabías?! —

— No fue difícil encontrarte… El humano me dijo que le gustaría que formaras parte de la brigada… No me pareció mala idea, desde entonces comencé a observarte…—

— ¡Pues déjame decirte que esa fue una terrible idea! —

— ¿Por qué eres tan hostil? Ya te he dicho, no he venido a hacerte daño —

Dejando de forcejear.

— ¿Me dirás siquiera para qué has venido? — intentado calmarse.

— Tengo curiosidad sobre ti. — Reiteró, sorprendiendo al rubio.

Observándolo de arriba abajo, con un deje de curiosidad en sus ojos

—…—

— Se de tu pasado… Sé lo que eres… Un shinobi. —

— Te pido por favor que no vuelvas a mencionar jamás esa palabra en mi presencia. — Susurró, entre dientes, sumido en una total cólera, tratando de suprimirla lo máximo posible.

— Pese a estar lleno de ira en este momento de igual manera pides por favor… Curioso… Eres diferente, Uzumaki Naruto. —

— Se me ha hecho costumbre escuchar eso, hasta ya comienzo a creérmelo… — Haciendo un breve silencio. — ¡Desde que llegaste que solo balbuceas cosas sin sentido! ¿¡Siquiera algo de lo que dices es verdad!? ¡Eres el Dios dragón Ouroboros maldita sea! ¡Lider de la Brigada del Khaos! ¡Se supone que soy un enemigo para ustedes! —

— El que hayas arruinado los planes de los demás miembros no te convierte en mi enemigo… Sólo tengo un enemigo, y ese no eres tú… —

— ¿Entonces a qué viniste? —

— Quería verte más de cerca… Interactuar contigo, solo eso… Pero debo decirte que nuestro pequeño encuentro ha terminado, Uzumaki Naruto. — Sentenció.

Preparándose para irse.

— ¡E-espera! — intentando levantarse, fallando nuevamente. — ¡¿P-por qué?! ¡¿P-por qué despierto la curiosidad de todos?! ¡No soy tan interesante como ustedes creen maldición! ¡No soy diferente en nada! — Le gritó, frustrado.

— Te aseguro que sí, eres mucho más diferente e interesante de lo que pareces… Además… — Comenzando a ser envuelta en un espiral de fuego. — He venido porque él me lo pidió… Estuve aquí hoy porque él quería conocerte con urgencia, pidió para verte… —

— ¡¿A quién te refieres?! —

— Esta no será la última vez que nos veamos Uzumaki Naruto, volveré a visitarte pronto…— Sentenció, desapareciendo envuelta en llamas.

Dejando al rubio solo en la escena.

Arrodillado en el suelo de su cocina.

Temblando levemente.

Liberado ya del radio de alcance del aura de Ouroboros.

Vomitando algunos jugos gástricos, mezclados con su propia sangre.

Sudando. Respirando agitado.

Totalmente descompuesto.

El aura de poder de Ouroboros le había afectado terriblemente.

Dándole un ataque de pánico tremendo.

Casi llevándolo a la irremediable locura.

Dejándolo solo en la cocina, desplomado, medio moribundo.

Preguntándose en su cabeza si todo lo que habia vivido esa noche era real.

Las chicas no habían aparecido, lo más probable es que estuvieran desmayadas…

El aura de un Dios.

Le traía horribles recuerdos.

El aura de Ouroboros había despertado un trauma en él.

Un trauma que tal vez tenía desde ya hace tiempo…

¿Acaso el aura y el poder de un Dios podía hacerle tan mal psíquicamente?

¿Acaso recordar esa aura lo hacía tan vulnerable?

Con esas y muchas más preguntas en la cabeza, terminantemente cayó dormido, inconciente.

Bostezando enormemente, como si se tratara de un oso.

Estirándose, sentado en el sillón de la biblioteca, frente al escritorio, en una improvisada oficina.

Tratando enormemente de poner toda su atención en los múltiples papeles que habían esparcidos a lo largo del escritorio.

Intentando de igual manera el alejar cualquier pensamiento de lo que le había estado pasando los últimos días…

El encuentro con Ouroboros.

El enorme ataque de pánico que le había provocado el sentir su imponente aura.

Los sueños, las imágenes mentales que bombardeaban su cabeza cuando intentaba dormir.

Y, eventualmente, los múltiples problemas para descansar que le estaban provocando…

De nuevo donde había empezado…

Estaba cansado, había tenido problemas para dormir, y, desgraciadamente, no era bueno ocultándolo…

— Sí que se ve cansado Naruto-sama… ¿No quiere irse a dormir? — Le habló Le Fay, parada frente al escritorio, ayudándolo en ese momento.

— No Le Fay… Esto es demasiado importante como para dejarlo para después… —

— Eso lo entiendo, pero… ¿No ha dormido bien últimamente, no es así? —

— Me he estado desvelando con esto. — Le mintió.

Aparentemente nadie se había dado cuenta de la "visita" de Ouroboros noches atrás, y él no tenía pensado cambiar eso.

— Ya…— Cambiando de tema. — Pakkura-sama sí que ha podido conseguir mucha información…—

— No ha sido solo ella, Mafura también ha ayudado… Esos dos sí que son los mejores cuando de espionaje se trata — Afirmó.

— ¿Cuándo atacarán? —

— Esperarán al plerinurio de fin de mes… —

— Dentro de dos días…—

— Exactamente…— Afirmó. — Será bastante difícil… Todavía no he podido resolver qué es lo que haré… Ni Cómo lo haré. —

— Haremos. — Corrigió.

— ¿Eh? —

— Yo también iré. — Afirmó, seria.

— Oh, si, claro. Lo siento. — Se disculpó, riendo nervioso.

— ¿No podemos pedir audiencia y explicarles lo que sucede? —

— Eso es imposible. — Sentenció. — Los vampiros jamás aceptaran una reunión con humanos… Mucho menos una para mañana… Además, de seguro deben estar más que felices con esta situación…—

— ¿Felices por entrar en una guerra entre razas? —

— Ninguno de los dos bandos lo ven como una guerra entre razas… Esto más bien es una disputa de casas, una guerra de apellidos, la casa Weerwolf quiere demostrar que es la casa más dominante, no sólo entre los licántropos, sino de entre todas las razas antiguas…—

— La casa de licántropos Weerwolf se medirá ante la casa de vampiros Vladi… ¿Eso significa que no pedirán ayuda a ninguna otra casa? —

— No… Pakkura ha espiado a los Varclarc, geográficamente son los licántropos más cercanos a la Ciudadela de los Vladi, pero al parecer esa disputa no les interesa lo más mínimo. —

— Entonces tampoco recibirán ayuda de la Brigada del Khaos…—

— No… Aunque de ellos si podemos dar por hecho que de seguro se aprovecharán de toda esta situación. —

— Cao Cao… —

— La vez que vino lo expresó en código, pero era muy sencillo de entender… Quiere el secreto de la casa Vladi… Quiere a su "arma" secreta…—

— El pequeño Gasper Vladi…— Tomando la hoja con su información del escritorio. — Hijo del actual líder de la casa Vladi, de sangre mestiza, un dhampiro… — Leyó.

— Al parecer el pequeño, además de tener un poder vampírico que sobrepasa la alta estipulada también cuenta con un Sacred Gear… Una muy poderosa...—

— Se encuentra aislado… completamente apartado… Tiene prohibido pasearse por la ciudadela… —

— Así es, lo tienen aislado en una torre, la más alta de la ciudadela de los Vladi, conectada directamente con el castillo de la familia real…—

— Aparte de lidiar con la discriminación por su estatus de mestizo, también lo mantienen aislado de su sociedad por ser un "peligro"… Son desagradables… No tienen perdón…—

— Ciertamente lo son, pero eso no importa ahora… — Haciendo una pausa. — Mi deber… Nuestro deber es sacar al pequeño Gasper de allí con vida, sano y salvo. —

— No parece algo muy difícil. —

— Créeme, lo será… Cao Cao seguro se aparecerá, junto con su grupo, y no tenemos ni idea de cuantos son ni qué tan fuertes pueden llegar a ser… Además… Los Weerwolf de seguro clamarán por la cabeza del niño, por la de él y por la de toda su familia… —

— Aun así, debemos ir y sacar al pequeño Vladi de allí, no creo que se merezca nada malo… —

— Eso está más que claro… Pero todavía no logro resolver cómo lo sacaremos de allí sin llamar la atención… Ni tampoco a donde llevar al chico para qué esté cien por ciento a salvo…—

— Pues yo creo que tendremos que mudarnos a un lugar un poco más grande… — Sonriendo nerviosa.

— ¡¿Qué?! ¡No! — Exclamó. — ¡De ninguna manera! — Se negó rotundamente.

— ¡N-Naruto-sama! — Le reprochó.

— ¡Ya es mucho! ¡Ya tengo suficiente con ustedes tres! —

— ¡Sea buena gente! —

— ¡A esta altura ya no estoy para ser niñero! ¡Le Fay! ¡¿Cuantos años tendrá ese niño?! ¡¿Diez?! ¡¿Once?! —

— ¡Eso no tiene nada que ver! ¡Cuando usted me conoció tenía apenas once años! —

— ¡E-era diferente! ¡P-por ese momento eras la única! ¡Con él ya serían cuatro! ¡N-no sé si daré abasto con tanta gente! — Se defendió.

— ¡Naruto-sama! ¡Usted es un insensible y…

*Toc Toc Toc*

Siendo interrumpidos por los toquidos a la puerta.

Ladeando ambos la cabeza confundidos.

— Con permiso Naruto-sama — Escucharon del otro lado.

Viendo como tras la puerta aparecía la figuraba de Ravel, entrando en la habitación.

Cargando con ella una bandeja con dos tazas humeantes.

— Creí que estarían trabajando en algo importante… Así que pensé en prepararles algo para beber…— Algo nerviosa.

Dejando la bandeja sobre el escritorio.

Alcanzándoles a cada uno una taza.

— Té negro para Le Fay-san y un café para Naruto-sama… Sepan disculpar si no me han salido bien… No estoy muy familiarizada aun con este tipo de cosas…— Jugando con sus dedos.

— Ravel, está fantástico. — Degustando el café.

— Muchísimas gracias Ravel-san — Agradeció la rubia, sonriente.

— M-me alegro que sea de su agrado. — sonrojada, sonriente.

Visualizando los papeles sobre el escritorio.

— ¿Qué era lo que veían? — Revisando los papeles. — Los oí discutir hace unos momentos… ¿Quién es él? — Tomando entre sus manos la foto de Gasper Vladi.

— N-no es nadie en especial — Mintió el rubio.

— Ravel-san, ese es el futuro miembro de esta "familia" — Dijo la inglesa con una sonrisa, ignorando el comentario del rubio. — Vendrá a vivir con nosotros dentro de poco…—

— Oh… ¿De verdad?... — Mirando la foto curiosa. —Oh, es un vam- —

— ¿Qué hacen todos aquí? — habló la peli azul, entrando en el cuarto tan campante como siempre, interrumpiendo a la Phoenix. — ¿Están jugando a algo? He oído sus gritos hace poco… ¿Qué discutían? —

— Xenovia… ¿Qué te parecería si te dijera que un pequeño niño vendrá a vivir con nosotros dentro de poco? — Le dijo la maga, abrazándola, sonriéndole.

— ¿Un pequeño niño?... Le Fay… ¿Estás embarazada? — Preguntó, mirándola curiosa.

— ¡¿Q-QUÉ?! ¡N-NO! ¡X-XENOVIA! — Completamente roja, apenada, tapando su rostro..

— Oh… Ya entiendo… ¿Ravel Está embarazada? —

— ¡X-Xenovia-san! ¡Y-yo no!... ¡T-tu osas…! — Tartamudeó la Phoenix.

— Ah… Ya entendí…. ¿Entonces yo estoy embarazada? —

— ¡NADIE ESTA EMBARAZADA MALDITA SEA! — exclamó el rubio, harto de esa discusión.

— ¿¡Por qué dices algo como eso Xenovia!? —

— No lo sé… Fue lo primero que se me ocurrió cuando dijiste que un niño vendría…— Explicó.

— ¿Tienes idea de donde vienen los bebés? — Le preguntó.

— No, para nada. ¿Podrías decirme de dónde vienen? —

— M-más tarde te lo digo…— sonrojada, todavía algo avergonzada.

— ¿Qué es lo que hacen aquí? — Caminando hasta el escritorio, arrebatándole la foto a Ravel de las manos. — ¿Quién es él? — Observando la foto atentamente. — Parece como si no hubiera tomado sol nunca en su vida…—

— Es porque es un vampiro Xenovia. —

— ¿Un vampiro? —

— Así es. Él era al que me refería cuando te dije que un niño vendría a vivir con nosotros… Cuando iniciaste todo ese disparate…—

— Oh… Lamento la confusión… ¿Vendrá a vivir con nosotros? Eso sería genial… Nunca he visto un vampiro. — Con brillo en los ojos.

— ¿No? Qué raro, no son muy difíciles de encontrar… De hecho, uno de los peones de mi hermano mayor es un vampiro…—

— ¿De veras? Wow… ¿Qué es un peón? —

— ¿¡Q-qué!? ¿¡N-no sabes lo que es un peón!? — Sorprendida.

— Ravel… Xenovia no viene del mundo sobrenatural…Hay algunas cosas que todavía no las sabe… —

— Naruto… ¿Puedo hacer de ese niño mi peón? — Rogó, entusiasmada.

— ¡X-Xenovia! ¡E-eso es cosa de demonios! —

— ¡D-dejen de hacerse ilusiones! — Exclamó. — ¡Nadie más vendrá a esta casa! —

— Oh…Pero yo quería que un vampiro fuera mi peón…— Decepcionada.

— ¡N-Naruto-sama! ¡Insensible! —

— No entiendo… ¿Qué es lo que sucede con ese niño?... — Dijo la Phoenix, tomando los papeles del escritorio.

Leyéndolos atentamente.

— Oh… ¡Es Gasper Vladi…! — Exclamó. — ¿Hay problemas con la casa Vladi? —

— No precisamente con la casa Vladi… ¿Lo conoces? — Preguntó la inglesa.

— A él personalmente no… Pero su casa y la mía tienen una pequeña alianza, sólo por las lágrimas del Phoenix…. Si necesitan algo respecto a su casa podría ayudar… —

— Tu ayuda nos podría servir Ravel-san… — Sonriéndole.

— No creo que sea correcto que te envuelvas con esto…— Le dijo el rubio.

— ¡Naruto-sama! —

— ¿Hay problemas? — Preguntó la italiana.

— … —

— Naruto-sama, cuénteles, no vale la pena ocultar nada. —

— Tal vez le pueda servir de algo… —

— Qué remedio…— Suspiró, perdiendo la discusión. — Los Vladi se preparan para una Guerra… Una disputa de casas, entre Hombres lobo y vampiros… —

— ¿Hombres lobo? Wow… Tal como en las películas…—

— ¡Xenovia! ¡Concéntrate! —

— ¿Se puede saber que casa en específico? Porque creía que los Vladi se llevaban bien con los licántropos de Rumania… — Preguntó la Phoenix, notando experiencia en ese asunto.

— Vaya Ravel… Sí que estás informada sobre todo esto… Me sorprendes. — La aduló el rubio.

— B-bueno… S-siempre he recibido clases sobre r-razas y el mundo mágico… — Susurró apenada.

— Los Weerwolf… Ellos son los que planean atacar la ciudadela. —

— Ya veo… ¿Y cuál es el problema? ¿Acaso tiene pensado intervenir por los Vladi? No creo que estén muy a gusto con ello…—

— Intervenir sí… Pero no específicamente por los Vladi…— Confundiendo al a rubia. — ¿Qué sabes del pequeño Gasper? —

— "El hijo maldito de la casa Vladi"…Al menos así me lo presentaron… Odiado por ser mestizo, temido y aislado por portar una sacred gear, y ser mucho más poderoso que los miembros de su familia… Dicen que tiene un poder increíble, que no puede controlar, ni siquiera los miembros de su familia lo pueden controlar, que está fuera de control…—

— Exacto… "La temida arma secreta de los vampiros"… Llegado el momento planean utilizar sus poderes como si fuera un arma…— Explicó. — El problema es, que los vampiros no son los únicos que planean utilizarlo de ese modo… —

— ¿Los Weerwolf? —

— No, los Weerwolf quieren su cabeza, no su poder… Me refiero a la Brigada del Khaos…—

— Los terroristas…— Afirmó.

— Recuerdo ese nombre…. Más de una vez me dijiste que debería de cuidarme de ellos…—

— Así es Xenovia… Bueno, la cuestión es que ellos planean llevarse al pequeño Vladi en el medio de la trifulca, y utilizar su poder a conveniencia…. Transformarlo es su propia arma de uso y disfrute…—

—…— La peli azul no emuló palabra alguna, entristeciendo apenas la mirada.

— ¿Cómo lo descubrió? ¿Está cien por ciento seguro de eso Naruto-sama? —

— No interesa como lo sabemos, es algo bastante largo y complejo… Lo que importa es que sí, lo sabemos, y es cien por ciento seguro que planean interferir…—

— Usar a un pequeño niño de arma… Eso es algo terrible…— Susurró Xenovia.

— ¿Qué es lo que planean hacer? —

— A grandes rasgos, simplemente infiltrarnos en la ciudadela, sacar al pequeño Vladi de allí y largarnos tan rápido como podamos…— Explicó la inglesa

— Suena sencillo si lo dices de esa manera, Le Fay… —

— Entiendo, y luego traer al pequeño Gasper aquí…—

— Exactamente…—

— ¿¡Qué!? ¡No! — Se quejó el Uzumaki-

— Ya veo… Yo también quiero ir…— Pidió la Phoenix.

— Cuenten conmigo, yo también iré. —

— No habrá problema con eso —

— ¡Claro que habrá problema con eso! ¡Jamás lo permitiría! — Irritado. — ¡Oigan! ¿Me están escuchando? —

— Deberían de llevarse bastante abrigo… Hace mucho frío en Rumania. —

— Tienes razón, no lo había pensado... Me pregunto si el clima será parecido al de Italia… —

— ¡Dejen de ignorarme! — Gritó, interrumpiendo a ambas, llamando su atención. — ¡Con Le Fay es suficiente! ¡De ninguna manera dejaré que me acompañen! Tus padres me matarán Ravel. Y tú no estás lista para algo como esto Xenovia…—

— ¡Claro que estoy preparada! ¡Vengo entrenando desde hace meses! ¡Tú mismo me lo dijiste, estaba evolucionando a pasos agigantados! —

— Se lo que dije… Pero esto es diferente…—

— ¡Es mi momento! ¡La idea de participar en una batalla de verdad hace que mi corazón se retuerza de la emoción!… Además… Quiero ayudar a ese pequeño Vampiro…—

— Xenovia, aunque no lo parezca, será demasiado peligroso…—

— Eso no interesa, ya estamos listas, ya no somos unas niñas… Bueno, Ravel tal vez sí lo sea…—

— ¡X-Xenovia-san! ¡Recuerda que sólo eres un año más grande que yo!— Enfadada, con las mejillas rojas. — Yo también iré. —

— Ravel... Tus padres me matarán si se enteran…—

— Ellos no tienen nada que ver en esto… Además, no me subestime Naruto-sama, puede que sea la más pequeña de las tres… Pero soy una demonio de clase alta, soy una miembro de la casa Phoenix. No importa qué me hagan, jamás podrán hacerme daño… —

—…— Dejando al rubio sin palabras.

— Entonces está más que decidido, iremos los cuatro. —

— Así parece. —

— ¡Oye! Que todavía no digo que sí…—

— Oh… ¿Todavía le queda algún argumento válido? — Preguntó la maga, mirando al Uzumaki, junto con la italiana y la demonio.

— Sólo… Déjenme pensarlo…— Dijo, desviando la mirada.

.

.

.

.

.

…Rumania.

El frío y viejo País de Rumania.

El país que dividía Europa Central con Europa del Suroeste.

Ni muy grande ni muy pequeño, ni muy rico ni muy pobre.

Entre los Ciento noventa y tres países que existían en el mundo humano, Rumania era tan solo uno más de ello.

Sin muchas atracciones turísticas, de clima frío, con algún que otro paisaje hermoso, la realidad era que se trataba de un país que pasaba desapercibido ante los ojos del humano promedio.

Pero, para los pertenecientes al mundo sobrenatural, o los que estaban interesados en él, Rumania era un país lleno de Historia.

El país en la que vivieron el primer Hombre Lobo y el primer Vampiro históricamente conocidos.

El país que le dio su nombre y su historia al famoso y legendario mar negro.

El país que contaba con las regiones más históricas en las cuales el mundo sobrenatural y el mundo humano se unieron, donde colisionaron.

Bueno, todo eso sería la respuesta que daría Le Fay si le preguntaran acerca de Rumania.

Pensativo trató de centrarse nuevamente en lo que estaba pensando antes.

Suspirando profundamente por la boca.

Viendo el aire salir de su boca congelarse repentinamente.

Volviendo a preguntarse ¿Cómo es que había llegado a esa situación?

Batallando con el intenso frío de los largos y profundos inviernos que transcurrían en Europa Central.

Más precisamente batallando con el frío del invierno de Transilvania.

La antigua y famosa ciudad Transilvania…

Capital por excelencia del mundo de los vampiros.

Ciudad que alojaba probablemente la más famosa casa de Vampiros…

La casa de vampiros Vladi.

Exactamente donde se encontraba en esos momentos.

Dentro de su ciudadela, sobre el techo de un edificio, manteniéndose oculto.

Visualizando desde allí toda el área que comprendía la ciudadela, estudiándola.

Hasta ahí todo bien, no había nada fuera de lo normal en ello.

Era la misión que tenía, y hasta ahora todo transcurría como debía ser desde un principio.

Pero…

— ¡Achu! — Estornudo la Phoenix, tapándose inmediatamente la boca con ambas manos, fallando en la orden de no hacer ruido.

— ¿Tienes frío? Pensé que al dominar el fuego el frío no te afectaría…— Dijo la peli azul, extrañada.

— ¡C-claro que no me afecta! ¡D-de seguro alguien debe estar hablando de mí! ¡S-sí, eso es! — Titiritando al hablar, sonando poco creíble.

Abrazándose a sí misma, afectada por las bajas temperaturas.

— ¡Hagan silencio! — Susurró la maga rubia, retándolas.

Observando la ciudadela, contando la cantidad de vampiros que encontraba rondando por las calles.

…Sí, esa era su situación. Escondido en el techo de un edificio, en territorio de la casa Vladi, junto con tres chicas adolescentes, y para colmo una era un demonio…

Lo descabellado que sonaría eso si se lo contara a algún humano promedio…

Recordando cómo era que había accedido a eso.

Recordando como hace 24 horas exactas había exclamado su famosa frase "Déjenme pensarlo".

A lo largo de los meses esa frase había cambiado de significado…

Hasta el mismo sabía que esa frase en realidad ahora significaba "Sí, aceptaré"

Regañándose a sí mismo por eso.

¿Qué tan blando se había vuelto?

Sí, esa era la expresión correcta para él.

Se había ablandado.

Antes de ninguna manera hubiera dejado que lo acompañaran en esa misión.

Y sin embargo ahí estaba, junto con Ravel, Xenovia y Le Fay…

Aunque no las había obligado, ellas se lo habían pedido.

Además que le habían dejado en claro que ya no eran unas niñas, y que sabían defenderse…

Le Fay se había graduado de la academia de magos del Golden Dawn con tan solo Nueve años… Era, históricamente, la persona más joven en graduarse de esa academia.

Xenovia era la Seiken de la mismisima espada sacra Durandal, y él mismo le había enseñado personalmente todo lo que él sabía respecto a espadas y defensa personal… Podía decir con seguridad que Xenovia era su Discípula, y había aprendido más que bien…

De Ravel desgraciadamente no podía decir mucho, la conocía hace relativamente poco, y al principio no todo había sido color de rosas… Pero habían entrenado varias veces, y ella se notaba bastante segura de si misma, sabía perfectamente lo que hacía… Y era una demonio de clase alta, hija de Lord y Lady Phoenix, cualquiera que la subestimara estaría muy equivocado…

Pero… ¿Estaba bien que las haya traído?

— Naruto-sama… ¿Qué haremos? — Preguntó la maga.

— ¿hmm? Sí… No, espera ¿Qué? — Volviendo de sus pensamientos.

— Naruto-sama… Preste atención…—

— Sí, lo siento… Estaba desvariando… ¿Cómo están las calles? —

— Bastante concurridas por vampiros… Están más que alerta, de seguro todos sabrán cómo defenderse, están esperando a los licántropos…— Informó la rubia Phoenix.

— Ya veo, supongo que lo mejor que podemos hacer es actuar a escondidas… —

— ¿Por qué no los enfrentamos? — Preguntó la peli azul.

— Xenovia-san ¿Qué no me escuchas cuando hablo? — Se quejó Ravel.

— A decir la verdad no…— Como si nada. — Suelo ignorar la mitad de las cosas que dices…—

— ¡X-Xenovia-san! —

— Lo siento, es que sueles hablar mucho…— Se disculó

— No, no podemos… Son muchos, y pelear contra ellos sería algo muy innecesario, ellos no son nuestros enemigos. —

— Supongo que tienes razón… Qué lástima, de verdad quería pelear hoy…—

— No lo des por descartado…— Sin mirarla a los ojos, observando un imponente edificio a lo lejos, al lado de un inmenso castillo.

El edificio más alto de la ciudadela.

El lugar donde tenían aislado al pequeño Gasper Vladi, el heredero de la casa Vladi…

— ¿Qué tan lejos estamos? —

— Calculo que unos seis… siete kilómetros… — Dijo la maga.

— Y transportarnos allí no es una opción…—

— ¿Por qué?— Preguntó Xenovia.

— Los vampiros pueden sentír la energía muy fácilmente, se darían cuenta al segundo… Además que su visión y olfato es demasiado agudo…—

— Wow… Me siento como una ignorante al lado de ustedes tres…—

— Tal vez no estás tan errada al sentir eso…—

— ¡Ravel-san! ¡No seas mala con Xenovia!. —

— L-lo siento, se me ha escapado…— Se disculpó.

— ¡Hagan silencio! — las retó él Uzumaki. — ¿Qué hora es? —

— Las once veinte…—

— Ya… Será mejor que no perdamos él tiempo, de seguro atacarán cuando la luna alcance su punto máximo... — Explicó Naruto.

Saltando del edificio, corriendo por un callejón bastante oscuro, seguido de las tres muchachas, ocultos, tratando en todo momento por no ser vistos ni escuchados…

Actuando con total cautela, tenían todavía un rato hasta medianoche, pero no debían confiarse… Los de la Brigada podían intervenir en cualquier momento, y el cuándo lo harían todavía era un completo misterio…

.

.

.

Ciudadela de la Casa vampírica Vladi: 11:45 P.M.

.

.

Subiendo las escaleras, dirigiéndose a la cima del edificio, corriendo a toda prisa.

Siendo seguido de cerca por las tres adolescentes.

Llegando al final de las escaleras.

Entrando en el edificio, visualizando un pasillo bastante amplio, junto con un corredor al final de este.

— Le Fay…—

— Ya lo he analizado Naruto-sama. — Se adelantó. — La habitación donde se encuentra Gasper Vladi está por aquél corredor, justo al final de este…No hay vampiros cerca, al menos no en este piso. —

— Perfecto. — Sonriendo. — Ustedes dos quédense aquí, Le Fay, tu acompáñame, de seguro necesitaré tu ayuda para retirar los sellos. — Indicó.

— Será un placer Naruto-sama — Corriendo a través del enorme pasillo, siguiendo de cerca al Uzumaki.

Dejando atrás a la Seiken y a la demonio…

— Ughm, no es justo… Yo también podría ayudar de alguna manera…—

— Esto es triste…—

— ¿Qué nos dejen atrás? Ya lo creo…—

— No, que tampoco haya alguien con quien luchar en esta sala…— Entristecida.

— Eso es… Algo extraño…— Caminando hasta la ventana más cercana a ella.

Viendo a través del vidrio.

Visualizando la luna. Intuyendo que de seguro ya era media noche, debido al tamaño de la luna.

Posando su vista en la enorme entrada a la ciudadela.

Viéndola arder en llamas, con ingentes cantidades de humo cubriendo la ciudad.

Los vampiros luchando contra lobos gigantes… Los famosos hombres-lobo.

Al parecer el ataque había comenzado…

La famosa guerra se hacía presente.

— ¡Xenovia, ven a ver esto! —

— ¿Qué sucede? —

— ¡E-el ataque a comenzado! ¡Los hombres-lobo invaden la ciudadela! —

— ¡¿Quién demonios son ustedes?! — Escucharon ambas, desde el final del pasillo.

Viendo como varios tipos de piel pálida las observaban hostilmente…

— ¡Están del lado de los Licantropos ¿No es así?!—

— ¡Nos descubrieron! — Exclamó la Phoenix, juntándose con la italiana.

Estáticas en el medio del lugar.

— ¡Oigan! ¿¡Ustedes les permitieron entrar!? — Escucharon detrás de ellas.

Desde las escaleras, donde más vampiros hacían acto de presencia.

— Xenovia… ¿Qué es lo que vamos a hacer? — Preguntó la Phoenix, algo preocupada, junto a la peliazul.

Viéndose completamente rodeadas por vampiros.

— ¿Qué vamos a hacer? Lo que he estado queriendo hacer desde que llegamos aquí… — Estirando su brazo.

Invocando a Durandal.

Sacándola de su dimensión personal, empuñándola.

— Luchar. — Terminó de decir, corriendo con Durandal en la mano hacia los vampiros.

Blandiendo la espada con mucho entusiasmo.

Sin dar marcha atrás a la pelea que tenía por delante.

Una posible batalla se le había presentado, y por nada, absolutamente nada del mundo la iba a dejar pasar.

Era un hecho, la misión en la Ciudadela de los Vladi oficialmente había comenzado…
 
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muy bueno el capitulo
naruto tiene el trauma de la lucha contra kaguya o es de otro dios
ophis tendrá iteres romatico en naruto
las otras casa del inframudo saben que raven
las chicas serán muy celosas a que cualquier chica se acerque a naruto
 
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publiqué el 5 y como un estúpido me olvidé de publicar la continuación, disculpen! jejeje

Capítulo 6!


Aprovecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, ni tampoco habilidades ya registradas me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear este fanfic amateur.

Además, debido al lenguaje, palabras utilizadas, expresiones, y los varios géneros literarios que caracterizan esta historia, lo siguiente debe ser considerado apta para mayores de 16 años. Leer lo siguiente bajo la responsabilidad propia de cada uno


Memorias…



Capítulo 6: Guerra en el invierno Europeo: Parte II:

.

.

.

— Xenovia… ¿Qué es lo que vamos a hacer? — Preguntó la Phoenix, algo preocupada, junto a la peli azul.

Viéndose completamente rodeadas por vampiros.

— ¿Qué vamos a hacer? Lo que he estado queriendo hacer desde que llegamos aquí… — Estirando su brazo.

Invocando a Durandal.

Sacándola de su dimensión personal, empuñándola.

— Luchar. — Terminó de decir, corriendo con Durandal en la mano hacia los vampiros.

Blandiendo la espada con mucho entusiasmo.

— ¡Protejan al sangre impura! ¡No dejen a ninguna con vida! — Exclamó uno de los guardias.

Dirigiéndose hacia los que estaban en las escaleras.

Saltando sobre los vampiros.

Blandiendo su espada en el aire. Cortando verticalmente al vampiro que había hablado.

Aterrizando con los pies sobre el suelo, agachándose en el lugar, esquivando una patada alta de uno de los vampiros.

Rebanándole la pierna con su enorme espada.

— ¡Mocosa insolente! — Gritó el más cercano a ella.

Juntando sus manos, intentando invocar un hechizo.

Cayendo al suelo, completamente calcinado, quejándose a horrores, gritando del dolor.

— ¡No me gusta que me ignoren! — Chilló la Phoenix, cubriendo a la italiana.

— Muchas gracias Ravel —

— ¡Idiota! ¡Avísame cuando pienses hacer una estupidez como esa! — Le recriminó.

Corriendo en dirección a la peli azul.

Viéndola asesinar a sangre fría a los dos vampiros que quedaban.

Pegándose a ella.

— ¡No dejen que escapen! — Gritó uno de los vampiros, en la otra punta de la enorme habitación.

Estirando los brazos en dirección a las dos jóvenes, siendo imitado por sus camaradas.

Convocando tras de ellos una intensa ola de oscuridad, completamente negra.

Lanzándoselas a ambas.

— ¡Xenovia! — Chilló, asustada.

Viendo como la italiana blandía la espada frente a ella.

Liberando una atrofiante aura sacra desde la hoja de la espada.

Siendo arrojada como si fuera una enorme ola.

Chocando contra la magia vampírica, arrastrándola de regreso como si nada.

Llevándose consigo a los vampiros, impactando sobre el techo, derrumbándose estrepitosamente, dejando la habitación en ruinas…

— ¡Xenovia! ¡Te has pasado un continente! — Viendo el desastre que había provocado.

— No creo que sea para tanto…—

— ¡Derrumbaste medio techo! ¡Dime como pasaremos hacia donde están Le Fay-san y Naruto-sama! —

— Podríamos pasar por la fuerza, Abriéndonos camino entre los escombros…— Sugirió

— ¡Eso no funcionará! ¡Con lo bruta que eres y lo inestable que está este lugar, de seguro termina tirando todo el edificio abajo! —

— Oh… tienes razón…—

— ¡Las cosas se han complicado mucho más de lo que deberían! — Exclamó, frustrada, caminando hacia un agujero libre que había en la pared, parándose justo frente a él.

Viendo la ciudad sumida en un caos, con varios sectores comenzando a arder en llamas…

Una guerra entre dos casas, eso era lo que sucedía en las calles de esa ciudadela.

— ¡Hey! — Se quejó, sintiéndose tironeada del brazo. — ¡Xenovia! ¡¿Qué rayos estás haciendo?! —

— No hay tiempo, de seguro vendrán aquí dentro de poco. — Comenzando a correr, arrastrando a la Phoenix del brazo. — Debemos encontrar otro camino que nos lleve con Le Fay y Naruto. — Corriendo por las escaleras.

— ¡Xenovia! ¡E-espera! ¡Idiota! — Gritó, con el eco de su voz retumbando cuesta abajo.

Abandonando ambas la habitación, que en ese momento ya se encontraba semi destruída.

— Puedes hacerlo sin ningún problema ¿Cierto? — Le preguntó.

— No me subestime, Naruto-sama…—

— No te subestimaba, pero tal vez necesites mi ayuda para algo…—

— Concentración, eso es lo que necesito… — Señalando lo obvio.

— Ya, no hacía falta que fueras tan dura…— Gruñó, molesto.

Viendo a la rubia sentada en el suelo, con varias líneas mágicas dibujadas delante de ella, justo frente a una misteriosa puerta.

Un enorme circuito mágico, eso es lo que era…

Uno que, lo que a un mago promedio le hubiera tomado una media hora, o más, la pequeña inglesa había terminado en tan solo unos cinco minutos.

— No se enfade, solo estaba jugando — Se disculpó.

— ¡N-no estoy enfadado! ¿Qué te hace pensar eso? —

— Ay Naruto-sama, a veces parece un niño…—

— ¡¿Y eso qué tiene que ver?! —

— Ugh…— Suspiró, derrotada. — Nada Naruto-sama, déjelo así, esta conversación es algo extraña. — Levantándose del suelo, sacudiéndose el polvo de la falda de su pollera.

— Tienes razón…— No muy convencido. — ¿Ya lo terminaste? —

— Así es ¿Tan extraño le parece? —

— No… — Observando el complicado circuito mágico frente a él. — Sí que te ha quedado bien… Eres brillante Le Fay. —

— Me alegra muchísimo oír eso, no me gusta que me subestime… De verdad que quiero serle útil…—

— Jamás lo haría Le Fay, y créeme, eres muy útil. — Sonriéndole cariñosamente.

Devolviéndole la sonrisa, estirando los brazos.

Comenzando a recitar un extenso conjuro.

Llenando el circuito con su propia energía mágica, comenzando a brillar.

Sonriendo satisfactoriamente al ver el circuito mágico actuar perfectamente.

Rompiendo todos los sellos que bloqueaban la enorme y antigua puerta.

Desapareciendo sin dejar rastro alguno.

— Camino libre Naruto-sama, buena suerte…—

— Muy buen trabajo Le Fay ¿No quieres entrar conmigo? —

—Claro. — Sonriéndole.

— Solo…— Abriendo la puerta.

Mirando hacia el interior de la habitación.

— Procura estar muy atenta…—

.

.

.

Dando un paso al frente.

Cerrando la puerta tras de sí, con su fiel maga rubia a su lado.

Dándole un vistazo a la habitación, bueno, más bien intentándolo…

Completamente a oscuras, con dos simples ventanas en la pared del fondo, por donde entraba una muy tenue luz.

Las llamas de la ciudadela…

Al parecer los licántropos ya habían comenzado con su invasión.

Sacudiendo la cabeza, concentrándose.

Caminando, adentrándose en la oscuridad que dominaba esa habitación.

Dando cada paso con suma alerta, atento a todo lo que podía llegar a pasar.

Había alguien, además de ellos dos, dentro de esa habitación.

Podía sentir su presencia, su poder lo delataba…

Un vampiro… El vampiro Gasper Vladi, el hijo heredero de la casa Vladi…

— Naruto-sama…— Susurró la maga, observando fijamente un sillón ubicado cerca de una televisión, casi contra la pared.

— Entiendo… Mantente alejada…—

Caminando unos pasos hacia el sillón.

— Gasper Vladi. ¿Estás aquí? — Exclamó, en voz alta, serio.

Sin obtener respuesta alguna.

— Retiro lo que dije…. Gasper Vladi, sé que estás aquí. — Autoritario. — Por favor muéstrate, queremos hablar contigo. — Obteniendo el silencio nuevamente como respuesta.

Suspirando pesadamente, tragando saliva.

Posando una mano sobre el respaldo del sillón.

Corriéndolo apenas unos centímetros, viendo detrás de él..

Visualizando la figura de un pequeño niño, sentado en posición fetal.

Temblando, completamente asustado.

Emanando un aura muy fría, la característica aura que tenían los vampiros.

No había duda alguna, ese chico era Gasper Vladi.

— Oye… ¿Estás asustado? — Preguntó, algo cuidadoso al hablar.

Tratando de tocar el hombro del chico con la palma de su mano.

Cerrando involuntariamente los ojos de repente.

Abriéndolos nuevamente.

Completamente desorientado, perdido.

— ¡N-Naruto-sama! —

Reaccionando, parpadeando varias veces.

Notando como su mano había quedado apoyada en el aire.

Sin señales del pequeño vampiro.

Sorprendiéndose enormemente.

¿Tan rápido se había movido?

Observando cada rincón del lugar, más que confundido, buscando al dhampiro con la mirada por toda la habitación.

— ¡N-Naruto-sama! — Lo volvió a llamar Le Fay, algo asustada. Señalando con su mano un lugar de la habitación.

Un rincón, justo al lado de una de las ventanas, para ser más específico, donde se hallaba el pequeño Vladi.

No había duda, se había movido de lugar en menos de una milésima de segundo.

¿Tan excepcional era su velocidad?

— ¡Oye! ¡Tranquilo! ¡No hemos venido a hacerte daño! — Exclamó, acercándose precipitadamente al Vladi.

Perdiendo por segunda vez consecutiva la orientación.

Como si estuviera totalmente estático.

Perdiendo la noción del tiempo.

Reaccionando, nuevamente, por segunda vez.

Escuchando el ruido de varios muebles y objetos caer en el suelo, al mismo tiempo que él reaccionaba.

Girando completamente sorprendido, viendo cómo, temblando estáticamente, el rubio Vladi yacía sentado en posición fetal, justo en la otra punta de la habitación, con varios jarrones y otros objetos esparcidos sobre el suelo de la habitación, completamente rotos.

— Ha destrozado la habitación con tan solo moverse…. Y se ha desplazado de una forma tan rápida que ni siquiera hemos podido verlo con claridad… — Dijo la rubia, muy pensativa.

Comenzando a analizar la confusa, situación.

Se movía a velocidades inalcanzables, sin siquiera ser visto al hacerlo… ¿Era eso posible?

Las dos veces que había intentado hacer contacto con él, el niño se había desplazado a la velocidad de la luz…

Las dos veces él había perdido prácticamente la conciencia.

Además que el sonido de los objetos cayendo se oyó en el mismo momento que el reaccionó…

Todo la situación le hacía pensar que en realidad había algo detrás de eso, que no era una "velocidad divina", sino que era otra cosa.

Si fuera velocidad divina, entonces ¿Por qué él niño seguía allí? Podía haber escapado desde un primer momento…

— Creo que…—

— Puede detener el tiempo, lo sé… —

— Sí que eres rápida…—

— Todas las pistas daban a eso…— Explicó, caminando en dirección hacia el rubio. — Es eso, ¿No? Puedes detener el tiempo a tu voluntad... Es por eso que te tienen aquí encerrado ¿No es así? Te temen porque no puedes controlarlo…— Dijo, tratando de hablar lo más suave posible, sonando compasiva, con la mirada algo apenada.

Notando como el rubio dejaba de temblar por unos momentos…

— M-mátenme…— Susurró, hablando por primera vez.

— ¿Q-qué? — Preguntó el Uzumaki, sorprendido.

— Son licántropos ¿No es así? Vienen por mi cabeza, creen que soy una amenaza… Como todos… —

— Gasper Vladi…—

— S-Saben mi nombre, y-y t-toda mi situación…N-no los culparé por hacerlo… Los entiendo… U-ustedes lo han visto, n-no lo puedo controlar, soy una amenaza…—

— No hemos venido para hacer eso, pequeño Gasper…—

— ¿N-no? ¿¡E-entonces me v-van a usar!? —

— Jamás pensaríamos hacer algo como eso. —

— ¡N-no mientan! ¡M-mi propia familia planea usarme cuando crezca! ¡Aun si ni siquiera yo mismo puedo controlar mi poder, e-ellos planean usarme! —

— No somos como ellos. —

— ¡M-mientes! — Exclamó, comenzando a descontrolar su poder. — ¡No los conozco, jamás en la vida nos hemos visto! — Haciendo levitar los escombros que había en el suelo. — Y sin embargo saben a la perfección qué es lo que soy…— Liberando inconcientemente su poder

— Sí, hemos estado averiguando sobre ti, y sí… Sabemos que tu familia te tiene miedo…. Que cree que eres un monstruo…— Notando que el vampiro no se calmaba — Pero… No hemos venido a matarte… Ni tampoco queremos usarte…—

— ¿A qué vienen entonces? —

— Queremos sacarte de aquí, pequeño Gasper, podríamos ofrecerte una vida mejor… al menos mejor que esto…—

— ¿Por qué debería de creerles? Sólo son unos desconocidos, n-nadie daría nada por mí…—

— No conoces a nadie de fuera de la ciudadela ¿Cierto?...Tu vida se reduce a tan solo estas cuatro paredes…. Encerrado día y noche, temido, despreciado… Ella tiene razón, a lo mejor podríamos ofrecerte algo diferente, fuera de estas cuatro paredes, fuera de los cuatro muros de esta ciudadela… —

— ¿P-por qué lo harían? ¿P-por qué l-le ofrecen eso a un monstruo como yo? —

— Porque podemos… Allá afuera, justo en este momento, hay una ciudadela llena de hombres lobo que claman por tu cabeza… Tu familia te detesta, te tiene miedo, solo te ven como un monstruo, como un arma para usar y desechar, y créeme, no son los únicos que piensan eso… Varias personas van por tu sacred gear, por tu poder… Tu poder en malas manos puede ser letal… Pero nosotros no queremos que eso pase. — Explicó. — Planeamos sacarte de aquí, sano y salvo, evitar que alguien malvado te use para su propio gusto y disfrute… Pero, yo puedo ayudarte a controlar tu poder sin ningún problema… Podemos ayudarte Gasper Vladi, queremos ayudarte…—

— M-mientes…—

— A esta altura…. ¿Qué ganaría con mentirte? —

— N-no pueden ayudarme… Y-Yo… n-no puedo controlarlo… Nadie puede, tu tampoco… L-lo que llevo dentro… El monstruo que soy…—

— Gasper-kun…—

— No eres un monstruo. Y ya te he dicho que no miento, claro que puedo controlar tu poder, tal vez no al cien por cien, pero sí lo suficiente para que lleves una vida normal, fuera de aquí…—

— N-no, no puedes…—

— Sí que eres terco — A tono de broma — Reside en tus ojos… ¿Cierto? —

— ¿C-c-cómo lo sabes…?—

— Ya te dijimos, tenemos información sobre ti…—

—…—

— No nos has dado la cara desde que comenzamos a hablar… Pero creo recordar que tus ojos eran rojos, extremadamente rojos…—

— M-mis ojos… E-están malditos…—

— Es un muy curioso color… No creo que estén malditos…—

— S-sí, sí lo están… Y-yo lo estoy… S-soy una desgracia…—

— Ya basta de decir esas tonterias. —

— ¡N-Naruto-sama! E-el tacto—

— N-no son tonterías…—

— ¡Claro que lo son! Hemos venido hasta aquí para darte una oportunidad Gasper Vladi… Te dejamos bien en claro cuáles eran nuestros motivos e intenciones, y sin embargo sigues repitiendo esa sarta de idioteces, rebajándote a ti mismo como si fueras escoria…—

— ¡C-callate! ¡N-no digas eso! —

— ¡Muestrame tus ojos ahora mismo! ¡Así podré ayudarte de una vez! — Exclamó enfadado el rubio, comenzando a acercarse al vampiro.

— ¡N-no! ¡Vayanse! ¡L-les terminaré haciendo daño! — Gritó, tratando de alejarlo.

— ¡N-Naruto-sama! —

Forcejeando por un segundo.

Tomando al rubio de la barbilla, obligándolo a verlo a los ojos.

Chocando sus miradas, vista a vista, frente a frente.

Los ojos rojos del vampiro, mirando directamente la mirada azul del Uzumaki.

Observando completamente consternado su ojo izquierdo, que se suponía debiera ser de color azul, teñido de color rojo, como la sangre, como los ojos de él...

Con un patrón negro en él por demás raro y único, pero rojo en sí.

— ¡T-tu ojo! —

— Sí, lo sé ¿Qué te parece? Al parecer nuestros ojos son bastante extraños…—

— ¡¿H-heterocromía?! —

— ¡¿Hetero qué?! —

— Una enfermedad Naruto-sama… Ojos de diferentes colores…—

— Oh… —

— ¡¿C-cómo es posible que tu ojo tenga esa apariencia?! —

— Es una larga historia… Te la contaré cuando salgamos de aquí.—

— ¡N-no se vale! ¡A mí jamás me ha contado la historia entera! —

— Le Fay, no empieces…—

— ¿M-me sacarán de aquí? —

— ¡¿Qué rayos es lo que te he estado diciendo desde que llegamos aquí?! — Le gritó el rubio, algo irritado, asustando al muchacho, notando como este retrocedía.

— ¡Naruto-sama! ¡¿Qué no lo entiende?! ¡Si se altera entonces su poder se descontrola! ¡No sea un idiota! —

— No puedes pedirme algo que no podré cambiar Le Fay — Bromeando levemente — ¿Te crees que no me había percatado de eso? Lo he deducido desde que llegamos…— Acercándose lentamente al muchacho, tranquilamente. — Solo me aseguraba de algo…— Agachándose, quedando a la altura del muchacho.

Sudoroso, algo nervioso, tratando de calmarse desesperadamente, con los ojos cerrados.

— Oye, puedes abrir los ojos. —

— ¡S-si lo hago yo! —

— ¿Pararás el tiempo? Entiendo que estés asustado, pero mira que alterarte por un simple grito…—

— ¡N-no me gusta que me griten! —

— Créeme, a nadie le gusta — Bromeó. — Puedes abrir los ojos, te prometo que nada ocurrirá — Le prometió.

Algo acongojado, todavía un poco desconfiado.

Abriendo los ojos lentamente, temeroso.

Topándose con el rostro del rubio, justo a una pulgada del suyo.

— ¡Boo! — Asustándolo.

— ¡Hmm! — Chilló

— ¡Naruto-sama! ¡Deje de comportarse así! —

— Gracias por recordarme mi nombre a cada minuto, Le Fay, contigo jamás se me olvidará…—

— ¡No se comporte como un imbécil! ¡Deje de asustar al pobre Vladi! —

— ¡Eres un brabucón! —

— Sí, soy todo lo que quieras… Pero usen sus cabezas… ¿Cuántas veces asusté a Gasper? —

— Dos…—

— ¿Cuántas veces su poder se descontroló? Ninguna. —

— ¡! —

— Te dije que sí podría…— Agachándose nuevamente, acariciando la cabeza del pequeño.

— ¿¡P-pero cómo!? —

— Un mago jamás revelaría sus secretos… —

— Entonces es seguro…—

— Claro que lo es. — Mirando al rubio, levantándolo del suelo. — No nos hemos presentado correctamente, mi nombre es Naruto Uzumaki. —

— Le Fay Pendragon —

— U-un placer… —

— Entonces ¿Nos vamos? —

— P-pero, y-yo…—

— Ven con nosotros pequeño Gasper… No te lastimaremos, te prometemos protección…—

— G-gracias…—

— Gracias a ti por confiar en nosotros…—

¡BOOM!

Sintiendo un temblor en todo el edificio, sacudiendo la habitación.

— ¿¡Q-qué f-fue eso!? —

— Todo el edificio se ha sacudido…—

— Naruto-sama… Xenovia y Ravel deben estar en problemas…—

— Puede que estés en lo correcto… Me alegro por Xenovia. —

— ¿Se alegra porque están en problemas? —

— Me alegro porque al fin se le ha presentado una oportunidad de combatir. —

— Sí que le tiene muchísima fe…—

— Fe le tengo… — Tomando de sorpresa al pequeño Vladi, cargándolo brutamente sobre su espalda. — Pero no dije que le tuviera tanta... — Comenzando a correr, saliendo de la habitación. — Será mejor que lleguemos rápido — Corriendo a toda velocidad, siendo seguido de cerca por su fiel maga rubia…

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— Así que esto fue lo que causó aquel temblor…— Visualizando la escena, viendo el pasillo completamente obstruido, y la mitad del techo abierto.

— ¡Esto es terrible! Xenovia y Ravel se encuentran del otro lado —

— Se encontraban…— Corrigió. — Analiza los residuos mágicos…. —

Asintiendo, haciéndole caso. Conjurando un aura verde en sus manos.

Creciendo, esparciéndose por toda el área donde se encontraban los escombros.

— Energía vampírica…— Analizó. — Y aura sacra, bastantes cantidades de aura sacra…—

— Entonces ese sería el diagnostico — Bromeó. — Xenovia pasó por aquí…—

— Se podría haber contenido…— Se quejó. — ¿Qué haremos ahora Naruto-sama? No podremos pasar a la fuerza… Tiraríamos abajo todo el techo. —

— Xenovia y Ravel de seguro habrán pensado en lo mismo… Deben ya de estar en la ciudadela… Gasper ¿Hay alguna forma segura de salir de este lugar? —

— D-del otro lado hay unas escaleras, justo al final de aquél corredor. — Señaló. — Están conectadas directamente con él castillo de mi familia…—

— Es una opción, pero no es segura… A esta altura de seguro ya deben de estar luchando en ese castillo…—

— ¿Y qué tal el techo? Podríamos simplemente pasar por él y llegar a la ciudadela. —

— Quedaríamos en medio de un fuego cruzado. —

— Como si fuéramos tan débiles… Podríamos cargarnos a cualquiera… —

— Yo no estaría tan seguro, mocosa…—

— ¡! —

— Y el primer pulgoso hace presencia…—

— Qué buen sentido del humor que tienes, hasta tu propia presencia ya es un chiste…— Siseó, burlón. — ¿Qué tenemos aquí? Dos mugrosos humanos y un arma sangre sucia… Que peculiar reunión. —

— ¿Quién eres tú? —

— Vaya, me duele que no sepas quién soy, mocosa…—

— Ten cuidado Le Fay… Ese sujeto es Lycan Weerwolf… —

— El patriarca del clan Weerwolf…—

— Exacto, no es alguien con el que puedas tomártela muy a la ligera…—

—Oh, al menos uno me da algo de crédito…— Mirándolo de arriba a abajo. — Tú debes ser ese humano del que tanto hablan… ¿Uzumaki Naruto? Corrígeme si no era así tu nombre, es que los de tu raza no me interesan en lo más mínimo…—

— Vaya, la gente tiene razón cuando dicen que soy famoso…—

— Sí, eres muy famoso… Por meter tu hocico donde no te llaman. — Dijo, irritado, mostrando sus colmillos. — Denme al sangre impura, y les prometo que los asesinaré al instante, sin dolor, bueno, casi. —

— Es una oferta muy buena… Pero temo que la declinaremos. — Serio. — Gasper Vladi se irá con nosotros, y punto final. —

— Te ves muy confiado… ¿Crees que te dejaré que te lo lleves sin pelear? Te asesinaré, los asesinaré y me lo llevaré. —

— Ugh… Pensé que tal vez podríamos evitar esto…—

— ¿Qué? ¿Me tienes miedo? —

— Ni en un millón de años. — Sonrió levemente, algo confiado. — Le Fay… Llévate a Gasper, vayan a buscar a Ravel y a Xenovia…—

— Pero… Naruto-sama, yo también quería luchar…—

— No des eso por descartado. — Le aconsejó. — Guarda ese espíritu para cuando llegue la brigada… Mientras tanto ubica a las chicas, y procura de que no hagan nada osado... —

— Bueno, sí usted lo dice…— Asentando cabeza. — Gasper, ven conmigo.— Subiéndolo a su espalda. — ¿Podrías guiarme? —

— ¿Q-quieres q-que vayamos por el castillo? —

— ¿Es la manera más rápida? — Viéndolo asentir. — Entonces sí, será la mejor opción... —

— Vayan, yo estaré con ustedes en cinco minutos.—

— Suerte, Naruto-sama — Sonriente, comenzando a correr por la gran sala, pasando a un lado del Licantropo, perdiéndose de vista al doblar en uno de los corredores.

— Creí que se lo impedirías. —

— No hace falta, para cuando llegue a la ciudadela mis camaradas ya la habrán destrozado en miles de pedazos y habrán capturado al sangre sucia. — Explicó. — Se deprimirá un poco cuando le diga que ya nos hemos encargado de sus dos hermanos… Yo mientras tanto haré mi parte, destrozándote a ti, espero que me dures más que unos segundos... —

— Créeme. — Preparándose para luchar. — Tú serás el que no dure, te acabaré en un santiamén. —

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— ¡Xenovia! ¡Idiota! ¡Suéltame! — Se quejó, tratando de zafarse del agarre.

— No hay tiempo — Bajando apresurada por las escaleras, llegando al final. Comenzando a correr por un callejón, algo alejado de la ciudadela, jalando a la rubia del brazo. — Debemos encontrar otra forma de llegar a Le Fay y a Naruto. —

— ¡Lo sé, pero puedo correr por mi cuenta! —

— Oh… — Deteniéndose bruscamente, observando a la rubia de arriba a abajo, con su característico semblante curioso. — ¿De verdad? Ese vestido parece algo incómodo…—

— ¡Idiota! — Zafándose bruscamente, sacudiéndose el polvo de su vestido. — ¡Al menos me visto y actuó como una verdadera dama! — Mirando la camiseta sin mangas negra y el pantalón rojo opaco que la italiana vestía.

Percatándose de algo.

Caminando lentamente hacia ella, tomándola de la camiseta, resaltando una parte.

Completamente húmeda por sangre enemiga…

— Se te ha manchado toda… —

— Supongo que fui muy brusca — Se regañó. — La lavaré cuando lleguemos a casa —

— Xenovia… ¿Estás bien? —

— Eso supongo — Mirándose a sí misma, revisando todo su cuerpo. — No me han dañado. —

— No me refiero a eso…— Calmando su mirada. — ¿Está todo bien? —

— Claro que lo está, ¿Por qué no lo estaría? —

— Xenovia… Acabamos de asesinar personas, tu más que yo… Creí que tal vez te sentirías mal por eso…—

— Para nada… — Sentenció, sorprendiendo un poco a la rubia. — Estamos en el campo de batalla, es matar o morir… Naruto fue quien me lo explicó. —

— Supongo que tienes razón…— Cambiando de tema. — ¿Qué es lo que haremos? — Mirando su entorno. — Estamos lejos del centro de esta ciudadela…—

— Ravel, tu eres la más inteligente de las dos, tu deberías decidir qué es lo que haremos…—

— Okay…— Algo confundida, viendo a lo lejos el castillo de la familia Vladi. — Es demasiado grande, su muralla hasta parece interminable… — Algo sorprendida. — La otra entrada debe estar a unos diez minutos…— Pensativa.

— ¿Qué no tienes alas? ¿Por qué no nos llevas volando? —

— ¿Estás loca? Llamaríamos muchísimo la atención… Además, no podría llevarte, de seguro debes estar muy pesada. — Dijo, burlonamente.

— ¿Me estás diciendo gorda? — Algo dolida, ofendida. — Hago ejercicio todos los días, entreno… ¡Me mantengo en forma! ¡De seguro estás poniendo esa excusa porque en realidad no tienes la fuerza para cargar con alguien, debilucha! —

— ¿A quién le dices debilucha? ¡Soy una Phoenix! ¡Una demonio de clase alta! ¡No le temo a nada, puedo hacerle frente a lo que sea! — Con aire de superioridad.

— Claro, tienes razón… De seguro es por eso que te quedaste estática como un potus cuando esos vampiros nos atacaron, eres una miedosa. —

— ¡¿A quién le llamas miedosa?! ¡No actúes cómo si fueras una chica madura o valiente! ¡A-ademas-!—

— ¡A-ayuda!

— ¡! —

— ¡S-socorro! ¡Necesitamos ayuda! ¡M-mis hijos! ¡Piedad por favor! — Escucharon, a lo lejos.

— ¿¡Escuchaste eso!? — Dijo la italiana. Alerta, lista para lo que sea. — Alguien necesita ayuda — Exclamó, decidida, empuñando a Durandal, comenzando a correr en dirección a la voz que pedía auxilio.

— ¡Xenovia! — Gritó la Phoenix, histérica. — ¡Vuelve aquí! ¡Todavía no he terminado contigo! — Corriendo, siguiendo a la peli azul.

Perdiéndose en uno de los callejones, dirigiéndose inconcientemente al centro de la ciudadela.

— ¡Te convertiré en mi propio hueso para mascar personal! — Exclamó, lanzándose hacia el rubio por los aires, con sus afiladas y enormes garras preparadas, listas para desgarrar.

— ¡Entonces admites ser un perro pulgoso! — Tomándolo al caer, sujetándolo de sus antebrazos, evitando las garras.

Girando sobre su eje, lanzando al licántropo con fuerza.

Generando una minúscula ventana de unos pocos segundos, haciendo un sello con sus manos.

Creando cinco copias exactas de él.

Atacando al licántropo junto a todas ellas.

— El que hagas más copias de ti no cambia lo inevitable. — Sentenció.

Estabilizándose en el aire, aterrizando en cuatro patas sobre el suelo.

Con la postura y la ferocidad de un verdadero animal salvaje.

Corriendo ferozmente contra el "ejercito" de Uzumakis.

Pasando por el medio de dos de ellos, a toda velocidad.

Saltando sobre un tercero, cortándolo mortalmente con sus afiladas garras, degollándolo.

Gruñendo disgustado al verlo desaparecer.

Esquivando un golpe traicionero, agachándose en el lugar.

Bloqueando un golpe del mismo, torciéndole el brazo, quebrándoselo a sangre fría, arrojándolo al suelo.

Agachándose una vez más.

Estirando sus dos brazos, cortando a dos clones más, apuñalándonos en el pecho.

Incorporándose rápidamente, bloqueando varios golpes del rubio.

Peleando cuerpo a cuerpo contra él, contrarrestando tranquila y sincronizádamente todos sus golpes.

Comenzando a atacar por su cuenta, obligándolo a retroceder cada vez más.

Tomando provecho de una abertura en su defensa.

Clavando sus garras en un costado de su torso, hundiéndolas profundamente, disfrutándolo.

Gruñendo nuevamente al ver a su víctima desaparecer.

— ¡! — Sintiendo un escalofrío intenso recorrer toda su espalda.

Alertándolo del peligro.

Inclinando la mitad de su cuerpo hacia un costado, estirando su brazo.

Cerrándolo contra su cuerpo a una velocidad impresionante.

Sonriendo confiado al ver el brazo del Uzumaki apresado entre su cuerpo y su brazo.

Con una esfera de poder azul en la palma de su mano.

— ¿Un ataque a traición? Eso sí que es deshonroso… — Girando sobre sí mismo.

Golpeando al rubio a la altura del rostro, con sus afiladas garras completamente estiradas.

Esquivando el ataque al último segundo.

Tomando distancia del Licántropo, alejándose varios metros.

Suspirando, con la mirada seria.

Llevando la mano a una de sus mejillas.

Limpiando el rastro de sangre que había en ella.

— Fallé. — Dijo en voz alta, dejando su brazo en descanso, con las gotas de sangre del Uzumaki que había en sus garras cayendo al suelo, ensuciándolo. — Ya te dije chico, no puedes evitar lo inevitable… Sólo estás retrasando lo obvio… —

— No hables de más cuando todavía no me has asesinado. —

— Lo hubiera hecho, si pelearas como un verdadero hombre y dejaras de mandar copias a luchar por ti…—

Moviendo sus brazos rápidamente, tratando de hacer un sello de manos.

— ¡No creas que te dejaré! —

Siendo impedido por el Weerwolf, agachándose e inclinándose hacia atrás en el lugar, apoyándose en ambas manos, lanzándole una patada.

Bloqueándola, tomando al Uzumaki de la pierna.

Intentando azotarlo bruscamente contra el suelo.

Aferrándose a la espalda del hombre lobo, zafándose del agarre en la pierna.

Impulsándose desde su espalda, saltando de ella, desestabilizándolo, haciendo un sello de manos en el aire.

Creando dos clones de sí mismo, tomando nuevamente distancia de él.

Incorporándose, con sus ojos llenos de instinto asesino.

Saltando rápidamente, apuñalando al par de rubios a sangre fría, deshaciéndolos al instante.

Cargando como una bala directamente contra el rubio.

Lanzándole un zarpazo a la altura de su cuello.

Desviando el ataque a las justas con su antebrazo, pateando al Weerwolf en el estómago, quedando debajo de él.

Esquivando otro zarpazo, corriendo la cabeza.

Pateándolo con su otra pierna, repitiendo el proceso varias veces.

Impulsándose, golpeando al licántropo en el rostro.

Aprovechando el tiempo muerto que tenía.

Alejándose del hombre lobo.

Suspirando pesadamente, cerrando sus ojos.

— Bastante bien…— Levantándose, sobándose el costado del labio. — Saliste ileso, y hasta conseguiste golpearme… Pero esta vez no tendrás tanta suerte… — Agregó, observando al rubio, quien se encontraba estático en el lugar. — ¡¿Pero qué!? — Exclamó.

Completamente sorprendido al ver a los ojos del rubio cuando este los abrió…

Con sus ojos con un brillo natural, junto con una extraña pigmentación roja adornando el alrededor de sus cuencas...

— Quién lo hubiera dicho…— Todavía algo sorprendido. — Un usuario de Senjutsu… ¿Qué eres? ¿Un humano mitad Yokai? —

— Algo así… Es bastante difícil de explicar, y no lo entenderías. — Habló por primera vez, bastante más confiado.

— ¡Haha! ¡Ahora sí! — Exclamó, emocionado. — Ahora sí podemos considerar esto una batalla! ¡Un verdadero uno contra uno! Gracias por dejarme honrar la tradición de mi gente… Victoria, o muerte en el campo de batalla ¡Ahora iré con todo, Naruto Uzumaki! — exclamó, emocionado.

Cambiando su postura, parándose en cuatro patas.

Adoptando un pelaje negro como la noche, cubriéndole todo el cuerpo, cambiando sus piernas y brazos a verdaderas patas de un animal.

Creciendo, obteniendo una mirada azul oscura, llena de determinación.

— ¡Auuu! — Aulló a la luna, ya transformado en un enorme lobo de dos metros de largo. — Ahora sí, ¡Más vale que estés preparado Uzumaki! ¡Voy a por ti! —

— Ya estoy más que preparado. — Dijo, completamente seguro de sus palabras. — ¿Qué es lo que estás esperando? Ven de una vez… — Sin titubear ni un solo momento cuando la enorme bestia se lanzó hacia él.

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— ¡Xenovia! ¡Cuidado! — Gritó la pequeña, corriendo en dirección a su amiga peli azul, conjurando el fuego del Phoenix, lanzándolo a quemarropa.

Acabando con uno de los hombres lobo que intentaban matar a la italiana, cubriéndole la espalda.

Corriendo nuevamente, pegándose a ella.

Viendo como detrás de su amiga se escondía una mujer mayor, vampiresa, junto con dos pequeños niños.

— Gracias de nuevo, Ravel. —

— No me agradezcas, ya terminaremos lo nuestro luego…— Bufó, algo enfadada.

— ¡Muchísimas gracias! ¡N-nos han salvado la vida! —

— No hay de qué ¿Ustedes estaban solos aquí? — Preguntó la seiken sin mirar atrás, en guardia, esperando por el enemigo.

— A-así es, mi esposo pertenece a la guardia real, se ha marchado de urgencia hace un rato. N-nosotros tratábamos de llegar al refugio de guerra… —

— Entiendo… ¿Queda muy lejos de aquí? —

— D-debajo del cuartel general… Queríamos entrar allí por los túneles bajo la ciudadela. —

— ¡Entonces vayan! — Exclamó la italiana, blandiendo su espada, defendiéndose de los enormes lobos que la atacaban. — ¡Ravel, acompañalos! — Lanzando un corte cruzado, hiriendo a uno a la altura del estómago. — Yo los detendré de momento. —

— Díganme por donde es y los acompañaré. —

— ¡N-no es necesario! Podremos llegar por nuestra cuenta. M-mejor quédate aquí y ayuda a tu amiga. —

— No es que seamos tan amigas… — Gruñó. — O que en realidad necesite mi ayuda... Pero supongo que tienes razón. — Contestó. — Ahora váyanse ¡Rápido! —

— ¡M-muchas gracias por todo! — Exclamó, tomando a los dos niños de la mano.

Comenzando a correr, perdiéndose de vista al entrar en un pequeño edificio.

— ¡Tu, cabeza hueca! — Exhalando profundamente, lanzándole una bocanada de fuego a un lobo mientras saltaba en el aire, quemándolo sin piedad. — ¡Creí que el plan era juntarse con Naruto-sama y Le Fay-san! —

— ¡Pues parece que hubo un cambio de última hora! — Luchando contra más lobos.

— ¡Hace un rato hemos luchado contra vampiros y ahora peleamos contra los licántropos! ¡Esto no tiene sentido! — Lanzando bolas de fuego a diestra y siniestra

— ¡Claro que lo tiene! —

— ¡Pues entonces explícame de qué bando estamos! ¿Somos los buenos o los malos? —

— Ravel — Bloqueando dos zarpazos con su espada, desviando un garrazo, apuñalando al lobo, asesinándolo. — Creo que esta vez no hay ni buenos ni malos…— Retirando la espada, dejando al cuerpo del hombre lobo caer en el medio de la tierra, yaciendo sin vida…

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Corriendo a toda prisa, sin mirar atrás, llevando al heredero Vladi sobre sus hombros, tratando de salir de aquél castillo.

— ¡La mocosa lleva al sangre sucia! ¡No dejen que escapen! Asesínenla a la primera oportunidad. — Gritaba uno de los hombres lobo, seguido de su manada.

Persiguiendo a la maga por todo el castillo.

— Solo hay hombres lobo en esta zona del castillo…. Al parecer la familia de Gasper está perdiendo esta guerra y por mucho…— Susurró para sus adentros.

— Sentimos tu olor mocosa… ¡No hay forma de que escapes de este castillo con vida! — Gritaba por los pasillos, tratando de asustarla, tratando de encontrarla…

Sin prestarles atención. Comenzando a jadear, ya un poco cansada de tanto recorrido.

Deteniéndose en un tramo, justo al final del pasillo, donde este terminaba y se abrían dos ramas laterales

— Gasper-san ¿Por dónde queda la salida más rápida a la ciudadela? — Viendo los dos caminos posibles.

— T-te la has pasado hace un rato… L-lo siento, tendrás que volver hacia atrás…—

— ¡¿Qué?! ¡Me hubieras avisado! —

— ¡Perdóname! — Se disculpó, aterrado. — T-tenía mucho miedo, no podía hablar… ¡Sus gritos me asustaban mucho!—

— No te preocupes, yo te defenderé, no te tocaran ni un pelo… — Evaluando sus opciones. — Ellos tienen razón, puede sentir nuestros olores característicos y nuestras auras… Supongo que no hay manera alguna de perderlos…— Razonando. — Gasper, bájate y quédate bien pegado a mí, no te separes ni por un segundo. — Bajándolo de sus hombros.

— ¡¿Qué?! ¡¿P-pelearás t-tú sola contra ellos?! —

— Así es. — Notando su cara llena de temor. — No te preocupes, soy mucho más fuerte de lo que parezco… — Tranquilizándolo con su maternal sonrisa. — Tu solo quédate cerca de mí ¿Podrás hacerlo? —

— P-pero… E-ellos…—

— Gasper… Por favor, confía en mí. — Le pidió.

— E-está bien…—

— Ahora prepárate. — Parándose, caminando unos pasos al frente, totalmente en guardia. — Ya están aquí. —

Divisando el final del pasillo.

— ¡Asesinen a la mocosa y llévense al sangre sucia! —

Viendo como una decena de hombres lobo se abalanzaban contra ellos.

Ya totalmente lista para la batalla.

— ¡Repellere! — Estirando los brazos.

Invocando una poderosa e invisible barrera frente a ella.

Sonriendo levemente al ver a todos los lobos chocar bruscamente contra ella, enviándolos decenas de metros atrás.

Retrocediendo, tomando distancia, siendo imitada por Gasper, detrás de ella.

— ¡Frostbolt! — Exclamó, lanzando un hechizo de hielo de sus manos.

Congelando de manera instantánea en el lugar a dos hombres lobo que se habían abalanzado contra ellos.

— ¡Es una maga! ¡Ataquenla todos juntos! ¡No le den margen para que active sus hechizos! —

— ¡L-le fay-chan! —

— Gasper, retrocede. —

— ¡P-pero! —

— ¡No hay tiempo! ¡Hazme caso! ¡Confía en mí! —

Asintiendo, con los ojos llorosos, aterrado, alejándose varios metros de la chica.

Viendo como una decena de licántropos comenzaba a rodearla.

— Ya te tenemos mocosa… — Habló el líder.

— Bien…— Suspiró, calmada. — Esto será muy rápido. —

Liberando su poder, rodeándose a sí misma con una poderosísima aura púrpura.

— ¡Asesinenla ahora! —

— ¡Arcanum Creptas! —

Liberando el aura violeta en una enorme onda expansiva.

Afectando a todos los hombres lobo que la rodeaban, dejando a todos ellos en el suelo, derrotados.

— L-le Fay-san… ¿C-como hiciste eso? —

— No hay tiempo. — Corriendo, tomando al rubio del brazo. — No están muertos, solo desmayados. — Cargando al Vladi nuevamente sobre sus hombros. — En un rato despertarán, debemos irnos cuanto antes. —

Comenzando a correr nuevamente por donde había llegado.

— ¿Por dónde podemos bajar a la ciudadela? — Preguntó, sin dejar de correr.

— Justo en aquél corredor. — Señaló. — Justo a la vuelta están las escaleras, llevan directo a la calle principal de la ciudadela. —

— Perfecto, no hay más tiempo que perd- —

¡BOOM!

— ¡¿Pero qué?! —

¡BOOM!

Perdiendo el equilibrio ante un enorme temblor en el castillo, producto del segundo estruendo que escucharon.

— ¿Estás bien Gasper? —

— S-sí…E-el segundo estruendo vino del castillo…—

— Al parecer Naruto-sama se ha puesto a pelear en serio… — Evaluando por segunda vez las opciones que tenía. — El primer estruendo vino de la ciudadela, de seguro Xenovia y Ravel están involucradas…—

— ¿Q-qué es lo que harás? —

— De verdad que me encantaría ayudar a Naruto-sama… — Dudó, todavía debatiendo. — Pero el estará bien, no creo que alguien pueda verdaderamente hacerle daño. — Afirmó. — Debemos ir a la ciudadela. Gasper, por favor, ayúdame a encontrarlas lo antes posibles. — Retomando viaje.

— S-sí — contestó. — H-haré lo que pueda…—

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— ¡Ahora si peleas enserio! — En cuatro patas, tomando impulso.

Saltando a una gran altura, preparando sus garras para zarpar al rubio.

Lanzando al aire un codazo derecho, completamente bañado en una energía blanquecina.

Agachando la parte superior de su cuerpo en el aire, esquivando la onda por muy poco.

Cortando algunos cabellos del pelaje del licántropo, como si se tratara de una espada invisible, extremadamente filosa.

Cayendo dificultosamente en el suelo, embistiendo la pierna derecha del muchacho, tratando de mutilarla.

Saltando en el último segundo, como si nada, esquivando el ataque, usando de punto de apoyo el hombro del licántropo, saltando sobre él con mucha elegancia.

Estirando el brazo con la palma extendida, a cierta distancia del rostro del Weerwolf.

— ¡Auu! — Aulló el hombre lobo a causa del dolor.

Cortándole profundamente la mejilla con la energía que se encontraba en sus brazos.

Golpeando al lobo con su brazo libre en la mejilla, a puño limpio.

Mandándolo a volar varios metros, impactando sonoramente contra la pared más gruesa del castillo.

¡Boom!

Generando un leve temblor en todo el castillo.

— Creo que esta vez me he pasado…— Susurró para sí mismo, observando el cráter que había en la pared.

Viendo como el Weerwolf a duras penas se zafaba de él, apenas tambaleando al ponerse de pie sobre sus patas traseras.

— Vaya… Esta batalla está casi imposible para mí… — Limpiándose la sangre de la mejilla. — El corte en aquella oportunidad… Estando tan cerca Fallaste a propósito, ¿Cierto? —

— No tanto como crees…—

— No tienes por qué mentirme muchacho, aunque no lo creas sé admitir cuando alguien es más fuerte que yo…. Y tu me estás sacando la mierda a patadas… —

— ¿…Te rendirás? —

— Ni en un millón de años. —Escupiendo sangre al suelo. — El patriarca del clan Weerwolf huyendo de una batalla con la cola entre las patas… Suena extremadamente ridículo… Lucharé hasta el final. — Revelando sus garras afiladas. — Sí el destino decide que esta sea mi última batalla, pues que así sea. — Mostrando sus afilados dientes. — Moriré más que feliz, honrando la tradición de mi familia, muriendo en el campo de batalla. —

— Tu espíritu es inquebrantable, Lycan Weerwolf. —

— Cierra la boca, recuerda que tu y yo somos enemigos. ¡No necesito tus adulaciones, Uzumaki! — Lanzándose contra el chico, agarrándolo con la guardia baja.

Abalanzándose sobre él, tirándolo en el suelo.

Abriendo ampliamente sus fauces, buscando morderle la yugular, siendo impedido por las manos del rubio.

Luchando con ambas manos, impidiendo que el enorme hombre lobo cerrara sus fauces.

— ¡Agh! — Gritó, gimiendo adolorido cuando este le mordió el dorso de la mano.

Aprovechando el espacio creado, liberando sus garras, tratando de zarpar al rubio.

Contrayendo el antebrazo en un acto reflejo, cubriéndose con él, atajando el zarpazo en toda esa zona, sin recibir daño alguno.

Golpeando al Weerwolf varias veces en el rostro con su brazo libre, obligando a apartarse a un costado.

Contrayendo las piernas, levantándose rápidamente en un kip up.

Agachándose al momento, evitando otro zarpazo del lobo.

Arrojándole un golpe a la zona media, siendo esquivado hábilmente.

Intentando varias veces asestarle un golpe, fallando en todas.

Lanzándole una patada alta al rostro, siendo tomada en el aire como si nada.

Intentándolo con la otra, repitiendo el resultado.

Quedando invertido, de cabeza, sostenido por el licántropo.

Golpeando a Lycan detrás de su rodilla con el codo, obligándolo a encogerse en el lugar, apoyado en su otra rodilla.

Zafándose del agarre, saltando en el aire, cayendo con un porte admirable, lanzando un codazo al aire, frente a él.

Apuñalando muy superficialmente el pecho del Weerwolf con la energía del Senjutsu, utilizándola como un arma blanca, repitiendo el proceso.

Esquivando sorpresivamente el segundo ataque, desviando su torso en el último segundo. Arañando el hombro del rubio, con su sangre bañando levemente sus garras.

Zarpando con su otra garra el hombro intacto del rubio, siendo impedido nuevamente por el antebrazo de este, usándolo como escudo.

Lanzándole otro garrazo, siendo tomadas ambas garras por los brazos del rubio, iniciando un forcejeo.

Terminando la riña con un fuerte cabezazo, zafándose esta vez él del agarre, tirándole un tarascón a la altura de la yugular, cogiéndolo desprevenido.

Inclinandose hacia atrás, esquivando el tarascón, apoyando sus manos en el suelo, tirándole una patada doble al estómago, mandándolo a volar bruscamente contra el techo.

Incorporándose, tomando control de su cuerpo en el aire, apoyando sus patas traseras en el techo, usándolo de base, como si fuera el suelo.

Lanzándose a sí mismo como si fuera un misíl, con las garras en guardia, en dirección al Uzumaki.

Alzando el codo en un autor reflejo en el último segundo, cubriéndose con él, cargado de Senjutsu, desviando la vista.

— ¡Cough! — Exclamó el hombre lobo en un aullido de dolor algo reprimido.

Apenas sorprendiéndose al escucharlo, notando como el cuerpo del licántropo comenzaba a pesar más de lo normal.

Incrustado parcialmente en la cuchilla de senjutsu que emergía de su antebrazo.

Cancelando la energía al instante, tomando al licántropo entre sus brazos al momento que caía.

Apoyándolo en el suelo, con la mirada seria.

Notando como el Weerwolf regresaba a su forma humana, con litros de sangre saliendo de su estómago.

— Has peleado bien…—

— C-cierra la boca niño *Cough* N-ni siquiera me conoces…—

— No quería que esto terminara así. — Se excusó.

— C-créeme cuando te digo que y-yo sí quería que todo terminara así. —

—…—

— N-no pongas esa cara de marrano mocoso… Tú eras de l-los buenos y yo de los malos. —

— Aun así, esta batalla fue demasiado estúpida… —

— D-dices eso, pero pudiste haberme asesinado desde el primer momento…—

—…—

— D-de todas maneras… — Dificultándosele mucho el hablar por la pérdida de sangre. —G-gracias por l-la pelea… N-no hay honor más grande para un Weerwolf que morir en batalla, peleando por nuestro apellido… Mi lucha ha terminado… — Susurró a lo último, antes de dejar caer su cabeza en peso muerto, con sus ojos totalmente abiertos.

Había dejado de respirar.

La batalla del líder de los Weerwolf, Lycan Weerwolf, había terminado.

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— L-Le Fay-chan… — Llamó el vampiro, abrazado a la espalda de la rubia, todavía corriendo por las escaleras.

— ¿Qué sucede Gasper-san? —

— E-ese señor Naruto… ¿C-cómo es en realidad? ¡M-me refiero! — Poniéndose algo nervioso. — Es alguien bueno… ¿No es así? —

— Para empezar nunca le digas Señor, prefiere que sólo lo llamen Naruto — Riendo levemente. — Verás… Puede que sea algo infantil a veces… Pero Naruto-sama probablemente sea la persona más amable que alguna vez he conocido… Fíjate que hasta ha decidido invadir una ciudadela que está a mitad de una guerra solamente para rescatarte a ti, e impedir que algo malo te suceda…—

—…E-entiendo…— Algo cohibido. — Y-yo ¿Viviré con ustedes? —

— Siéndote sincera… Al principio Naruto-sama no quería eso, argumentaba que ya había bastantes personas viviendo en la casa…— Confesó. — Y estuve todo este tiempo pensando en alguna manera de persuadir a Naruto-sama…— Sin notar como la mirada del rubio entristecía levemente. — Pero estoy segura que a esta altura Naruto-sama ya se ha hecho la idea de que te quedes con nosotros… Y de seguro ya lo habrá decidido… Claro, si eso es lo que tú quieres…—

—Y-yo…— Balbuceó. — Creo que sí…— Soltó en un susurró casi inaudible.

— Prepárate Gasper. — Sin escuchar lo que el rubio había dicho. — Por fin salimos de ese interminable castillo. —Llegando al final de las escaleras,

Corriendo por sobre la alfombra violeta de la planta baja, llegando a las enormes puertas del castillo, abriéndolas.

Llegando luego de tantas vueltas a la ciudadela.

Deteniéndose un segundo para observarla atentamente.

Viendo a esta misma cubierta en llamas, con las calles cubiertas por sangre.

— Vaya… De verdad ha pasado una enorme batalla por esta ciudadela…— Completamente sorprendida.

Recuperando la concentración, comenzando nuevamente a correr.

— Gasper, estate atento. Necesito que me digas si sientes algún rastro de energía sacra o demoníaca. —

— C-claro, haré lo que pueda. —

— Bien, mientras tanto seguiré por a- —

— ¡Idiota! ¡Ese era mío! — Escuchó, a un par de calles de distancia.

— ¿Ravel? —

— Lo siento, se me ha pasado un poco la mano… —

— ¡Xenovia! — Gritó de alegría.

Dirigiéndose a toda prisa por donde había escuchado las voces.

Adentrándose en lo que parecía ser una calle principal.

Divisando en la mitad de esta a una cabellera rubia y a otra peliazul, para no perder la costumbre, discutiendo entre ellas.

— ¡No tienes por qué destruir nada! — Le gritó.

— ¡Ya te dije que no puedo controlarlo del todo! ¡No me grites así! —

— ¡Tú también me estás gritando! —

— ¡No es cierto! —

— ¡Sí es cierto! —

— ¡Que no! —

— ¡Que sí! —

— ¡Chicas! — Exclamó la inglesa, corriendo hasta ellas.

— ¿Le Fay-san? —

— ¿Le Fay? —

— ¡Me alegro de encontrarlas! — Abrazando a ambas.

— ¿Cómo nos encontraste? —

— Gasper me ha ayudado a salir del castillo. — Bajandolo de su espalda. — Gasper. Ella es Xenovia, y la más pequeña se llama Ravel. — Presentándoselas.

— Mucho gusto Gasper Vladi-san — Haciendo una reverencia ante el pequeño.

— ¡Wow! ¿Tu eres un vampiro? — Acercando su rostro al del muchacho.

— ¡Geek! — Gimió asustado, cerrando sus ojos.

— ¿No te gustaría ser mi peón? ¡Prometo cuidarte bien! —

— ¡X-xenovia! ¡No lo asustes! —

— Lo siento…— Se disculpó.

— ¡Idiota! ¡Ya te dijimos que eso es cosa de demonios! —

— ¡Te dije que no me gritaras! —

— ¡Obligame! —

— ¡Ya dejen de pelear! ¡Asustan al pobre Gasper! — Las regañó.

— Lo sentimos Le Fay/Le Fay-san — Se disculparon ambas.

— Ya…— Divisando los cadáveres de licántropo que había en el suelo. — ¿Todos estos los han matado ustedes? —

— Así eso. —

— En mi defensa yo ni siquiera quería estar aquí…—

— Pero bien que me seguiste…—

— ¡C-calla! —

— Yo esforzándome para no matar a nadie y ustedes… Bueno, no importa supongo — Cambiando de tema. — Ahora que las encontré, debemos irnos con Naruto-sama. —

— ¿Dónde se encuen- —

*BOOM*

Escucharon un estruendo desde el castillo

— Supongo que eso responde a tu pregunta…—

— S-sí —

— Bien. — Cargando al rubio nuevamente en sus espaldas. — Síganme el ritmo. — Comenzando a correr por décima vez en el día, esta vez seguida por la Phoenix y la Seiken…

.

.

.

.

Moviendo el cadáver, colocándolo boca arriba, viéndolo con respeto a través de su seria y determinante mirada.

— Has luchado bien, Lycan Weerwolf. — Exclamó, en voz alta.

Cerrandole los ojos al cuerpo del licántropo, haciendo parecer que sólo estaba dormido.

Mostrándole respeto aun cuando este ya estaba muerto.

Poniéndose de pie, a un lado del cadáver

Quedándose en silencio, honrándolo por unos minutos.

"¡Cuidado, arriba!" Escuchó en su cabeza.

Sintiendo el peligro darle un gélido abrazo en la espalda.

Dando un salto hacia atrás con su increíble y casi inalcanzable.

¡Boom!

Sintiendo como todo el castillo se tambaleaba de un lado para el otro.

Levantando polvo por todo el lugar, viendo dificultosamente como varias partes del techo se caían.

Estirando y moviendo los brazos con fuerza, despejando el polvo.

Divisando una enorme lanza clavada en el suelo, donde segundos antes estaba parado él…

Prestándole atención a la lanza, de la misma altura que la espada de Xenovia, hecha de metal, con una punta más que afilada.

Completamente bañada en energía sacra.

— ¡Que reflejos los tuyos! — Exclamó desde el techo, lanzándose al campo de batalla, parándose al lado de la lanza, desenterrándola del suelo. — Te veías tan vulnerable que por un momento pensé que te daría, es una lástima… — Blandiendo la lanza, haciéndola girar con maestría, alternando de manos, con una sonrisa en su rostro.

— Ya me estaba preguntando dónde estabas… —

— También es bueno verte, Naruto-kun. — Saludándolo, girando la cabeza, observando el cadáver de Lycan con cierto asco. — Sí que lo derrotaste rápido, estoy impresionado… Aunque no hacía falta mostrarle tanto respeto a un monstruo como él. —

— Yo le muestro respeto a quien yo crea que se lo merezca, Cao Cao…—

— ¡Te sabes mi nombre, qué emoción! — Burlonamente. — Dime donde se encuentra el mocoso Vladi. —

— De seguro sabes muy bien dónde está. —

— Puede que sí, pero también sé que apenas llegue a por él tú interferirás, así que he decidido adelantar las cosas — Apuntándolo con la lanza. — Adelante, muéstrame el poder que tanto te hizo famoso. —

— La última vez que te ví te dije que no juegues conmigo o te asesinaría…—

— Recuerdo muy bien ese momento… — Sonriendo. — No estoy jugando Naruto-kun, he venido aquí para que me muestres tus poderes. — Poniéndose en guardia. — ¡Pero si no quieres hacerlo por las buenas supongo que tendré que obligarte! — Lanzándose contra el rubio.

— ¡! —

Completamente desprevenido, desviando su cuerpo unos milímetros, esquivando una mortal estocada.

Dejando que la lanza se clave contra la pared.

— Nuevamente, tu velocidad y tus reflejos son impresionantes —

— True Longinus… La lanza sagrada hecha por el Dios bíblico…—

— Una pasada ¿No lo crees? Una estocada certera puede asesinar hasta al Dios más fuerte… Tendrás que tener mucho cuidado, Uzumaki…— Riendo burlonamente.

Sorprendiéndose de un segundo a otro, viendo al rubio desaparecer en un destello amarillo en cuestión de milésimas de segundo.

Girando su cabeza de repente, viendo al rubio parado en un par de metros de él.

— Esa técnica… ¿Tele transportación? —

— Velocidad instantánea. — Corrigió.

— Curioso, no la habías usado contra el licántropo. —

— Hubiera sido injusto. — Trazando un sello de manos, generando un clon de sombras.

Tomando el cadáver del Weerwolf entre brazos, alejándolo, depósitandolo en el suelo a varios metros alejado de ambos.

— Vaya…— Mirando la situación con cierto asco.

— A lo mejor su gente querrá el cadáver. — Explicó.

— El hecho que seas tan respetuoso con un monstruo que intentó matarte me irrita horrores. — Se quejó. — Más vale que me sigas el ritmo Naruto-kun ¡Te haré bailar! — De nuevo al ataque con su increíble velocidad.

Lanzándole una estocada frontal al Uzumaki.

Tirando su cuerpo hacia atrás, esquivándola.

Pateandole la pantorrilla al héroe chino, bloqueándola con la parte baja de su lanza.

Viendo la oportunidad, elevándose un poco, tirándole un golpe al rostro.

Sorprendido, viendo como el cuerpo de la lanza se alargaba mágicamente, impactando fuertemente su puño contra el cuerpo de esta.

Desapareciendo de la vista del lancero, apareciendo rápidamente detrás de él.

Con un rasengan en su mano izquierda, atácandolo por la espalda.

Cambiando la lanza de mano, desviando la punta hacia atrás, estirándola mágicamente, buscando apuñalar al rubio.

Deshaciendo el rasengan, esquivando el ataque con increíble agilidad, apoyando su mano abierta en el suelo, pateándole fuertemente la mano que sostenía la lanza, desequilibrándolo, rompiendo con la defensa frontal.

Pateandole el rostro con la pierna libre, tomándolo del tobillo, derribándolo contra el suelo.

Dando un impulso, saltando en el aire, creando un rasengan en ambas manos.

Tomando la lanza del suelo sin perder tiempo alguno, estirándola, agarrándola horizontalmente con ambas manos.

Impactando ambos rasengan en el cuerpo de la lanza.

Defendiéndose con ella del ataque doble.

Deshaciendo nuevamente los rasengan, apoyándose esta vez en la lanza, saltando alto, aterrizando de pie en el suelo, con cierta elegancia.

— Vaya — Levantándose de un Kip up. — Buen estilo…— Limpiandose la sangre del labio con un dedo. — Tus ojos volvieron a estar normales ¿No usarás Senjutsu conmigo? —

— No lo necesito. —

— Pero si necesitas de otras habilidades. —

—…—

— Como sea ¡Te hare arrepentir de esa decisión! — Blandiendo la lanza en el aire.

Desplegando de ella una enorme ola de energía sacra con forma de ave.

Lanzándosela al Uzumaki, volando a una velocidad suprema.

Trazando varios sellos de mano, posando las manos en el suelo.

Emergiendo delante de él una gran pared de tierra.

¡Boom!

Protegiéndola del ataque de la lanza, destruyendo la mitad de la pared de tierra.

Saltando sobre ella, sorprendiendo al rubio.

Estirando la punta de la lanza, buscando apuñalarlo.

Moviendose torpemente, escapando a duras penas.

Retrayendo y volviendo a alargar la lanza, buscando nuevamente apuñalarlo, fallando por segunda vez.

Repitiendo la misma acción una y otra vez, obteniendo el mismo resultado.

— ¡Te arrastras como una cucaracha! — Retrayendo la lanza por ultima vez, blandiéndola en el aire, atacándolo con otra ave hecha de energía sacra.

Todavía echado en el suelo, trazando sellos de mano distintos a los anteriores.

Exhalando un enorme vendaval de la boca, frenando el ave de lleno, re direccionándola, lanzándosela devuelta al héroe chino.

Sorprendido, viendo su propio ataque volverse en su contra, cortándolo con el filo de su lanza, partiéndolo en dos.

Explotando en el oscuro cielo que cubría la ciudadela.

Sin perder tiempo, lanzándose al suelo, intentando apuñalar al rubio.

Poniéndose de pie de un salto, trazando un simple sello de manos.

Concentrando chakra en ambos antebrazos, transformando la naturaleza del chakra a viento, como si fueran dos cuchillas que salían directamente de sus antebrazos.

Acortando distancia, buscando golpear al oriental en la boca del estómago con el puño, intentando apuñalarlo.

Defendiéndose con la lanza, empujándolo con la fuerza del impacto, haciéndolo retroceder unos pasos.

Pasando de defender a atacar.

Corriendo a toda velocidad, pasando por detrás del rubio quien todavía no estaba del todo preparado.

Golpeándolo con el cuerpo de la lanza en la pantorrilla.

Encogiéndose, llevando una rodilla al suelo.

Aprovechando, golpeándolo fuertemente en el cuello.

Bloqueando el ataque con la "cuchilla" de viento de su brazo izquierdo.

Iniciando una lucha de fuerzas.

Empujando fuertemente la lanza, obligando al rubio a estar de rodillas.

Encogiéndola de repente, rompiendo el agarre.

Alargándola nuevamente.

Cortando al rubio en el hombro.

Encogiéndola, cortándolo nuevamente en el regreso.

— ¡Ugh! — Gimió levemente por el dolor.

Saltando hacia atrás.

Cruzando los brazos en X, protegiéndose de la enorme embestida de Cao Cao.

Atacándolo con la lanza, tirándole una tormenta de estocadas.

Esquivando todas a duras penas, con una coordinación que rozaba la perfección.

Retrocediendo con un juego de piernas que denotaba experiencia.

Sin perder la seriedad de su rostro ni un segundo, sin mostrar nerviosismo.

Encontrando un hueco en la defensa del rubio.

Golpeándolo duramente con el mango de su lanza, a la altura del estómago.

Dejándolo sin aire por un momento, encorvándose levemente.

Aturdiéndolo brutamente de un golpe con el cuerpo de su lanza en el costado de la cabeza.

Barriéndole la pierna lateralmente, derribándolo en el suelo.

Buscando apuñalarlo con su lanza, poniendo nuevamente sus brazos en X, atajando el ataque.

Ejerciendo mucha más presión, rompiendo con su defensa.

Intentando nuevamente apuñalarlo, esta vez totalmente desprotegido.

Viéndolo desaparecer en un destello amarillo, como si fuera un rayo.

Bufando levemente, con una leve sonrisa en el rostro.

Volteando, encontrándolo con la vista parado, a un lado del cuerpo del licántropo.

— Estuviste a esto Naruto-kun — Mostrándole con los dedos. — Tal parece que mis cualidades físicas son mucho mayores a las tuyas, deberías tener cuidado. — Riendo, bastante confiado.

Tomándose el hombro derecho, manchándose la mano de sangre.

Lastimado, con una herida abierta, con sus ropas manchadas por la sangre.

Evidenciando en su rostro una ligera mueca de dolor que no podía disimular.

— Duele mucho ¿No es así? — Se burló. — La lanza del destino… Se dice que esta lanza es capaz de asesinar a cualquier Dios, no importa el poder que tenga… Te advertí que tuvieras cuidado. —

—…—

— Al parecer te comieron la lengua los ratones…—

— Ugh — Suspiró, algo resignado.

Cerrando los ojos por un momento, volviéndolos a abrir.

— ¡Wooow! ¡El gran Naruto Uzumaki por fin usará sus ases bajo la manga! — Observando directamente el ojo derecho del rubio, completamente rojo, con un extraño patrón negro en él. — He oído algo de ese ojo especial tuyo ¿Cómo se llama? —

— No te interesa en lo más mínimo. —

— ¡Cielos! ¡Que maleante! Hace un momento no estabas tan ancho como ahora… —

— Créeme, me confié demasiado, fue solo un error, no volverá a pasar. — Endureciendo la mirada, preparándose para atacar.

— Oh, bueno… — Dando un giro en el lugar, encorvándose un poco, entrando en posición de batalla, incitándolo a atacar con su mano. — En ese caso ataca, demuéstrame que solo fue suerte, Naruto-kun. — Dijo, burlón, a punto de reiniciar la pelea

.

.

.

— ¡Cielos! ¡Los pasillos de este castillo son como un laberinto! — Se quejó la Phoenix, con la mirada apuntando al techo.

— Ravel tiene razón, es como si estuviéramos dando vueltas. —

— Sé que puede parecerlo, pero estoy segura que nos estamos acercando. — Las calmó la inglesa, no tan segura como parecía estarlo. — Gasper ¿Puedes decirnos con exactitud dónde se encuentra?—

— N-no estoy familiarizado con su aura, l-lo siento. —

— No hace falta que te disculpes pequeño Gasper — Sonriendole maternalmente.

¡Boom!

Se escuchó una explosión, algo lejos de donde se encontraban.

— Ese de seguro debió ser Naruto-sama —

— ¡Rápido! ¡Era por aquí! — Exclamó Xenovia.

Blandiendo su espada, lanzando una ola de energía sacra a una de las paredes del pasillo, tirándola abajo.

— ¡Xenovia! ¡No destruyas propiedad ajena! — La reprendió la Pendragon, pasando por el hueco en la pared, siguiendo a la peli azul.

— Debo admitir, esa fue una muy buena idea Xenovia — La apoyó la Phoenix.

¡Boom!

¡Boom!

¡Boom!

¡Boom!

Tirando abajo cada pared que veía, abriéndose paso, siendo seguida por el par de rubias, acortando camino de manera eficaz.

¡Boom!

Entrando en una habitación gigante, de techo alto, con dos ventanales enormes en una de las paredes.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes ahora? — Preguntó la Phoenix, observando a la peli azul seria, mirando a través de la pared.

— No estamos solos…—

— La brigada…— Dijo Le Fay, a un lado de las otras dos, mirando fijamente a los otros tres individuos.

— Los estábamos esperando — Exclamó la única mujer entre los tres. Físicamente hermosa, de cabello rubio, al parecer de la misma edad que Le Fay. Junto a un grandulón musculoso de dos metros de alto, y un sujeto de cabello blanco, con un aura bastante misteriosa.

— ¿Quiénes son ustedes? —

— ¡Vaya, que modales los míos! — Llevándose una mano al rostro. — Mi nombre es Jeanne, un placer conocerlas, Maga-chan, Seiken-chan, demonio-chan — Haciendo una exagerada reverencia.

— Jeanne, deja de jugar. — La retó el de pelo blanco. — Tú. — Señalando a Le Fay con la punta de su espada. — Lo haré rápido y sencillo. Entrégame al mocoso Vladi ahora mismo. — Ordenó, autoritario.

— Ni en un millón de años… —

— Oh ¿Escuchaste Siegfried? Al parecer la niña tiene agallas. — Se burló el grandote de los tres.

— Ya verás quien tiene agallas — Exclamó la peli azul, empuñando a Durandal, lanzándose contra el

— ¡Xenovia, espera! — Le gritó la Pendragon, preocupada.

¡Chin!

Se escuchó el eco de un chillido muy agudo por toda la habitación.

— No tan rápido Seiken. — Habló el peli blanco, frente a ella, empuñando su espada, chocando filo contra filo, enfrentados. — Tú vas contra mí. — Rompiendo el choque, alejándose varios metros.

— Que así sea. — Siguiéndolo, con la mirada decidida, lista para la batalla.

— Parece que Siegfried ha encontrado una Seiken con la que entretenerse… —

— ¡Oye, grandulón! — Lo llamó la Phoenix.

Arrojándole un as de fuego en el rostro.

— ¡Ugh! ¡Maldita mocosa! — Agarrandose el rostro, quejándose del dolor.

— ¡Ravel! ¿Qué haces? —

— Adelantándome a los hechos. — Contestó, seria. — Este parece resistente, me lo llevo. — Alejándose. — Te prometo que no me dura ni diez minutos — Más que segura de sí misma.

— ¡Oye, regresa aquí mocosa! —

Siguiéndola, saliendo de la escena.

Dejando solo al par de rubias y al heredero Vladi.

— ¿Tienes espíritu alguno para pelear niñita? ¿O me entregarás al vampiro-kun sin quejas? —

— Ya les dije. — Dejando al pequeño en el suelo. — Ni en un millón de años. —

— L-Le F-Fay, t-tengo miedo. —

— No te preocupes Gasper, esto terminará rápido. — Acariciándole la cabeza, haciéndolo a un lado. — Tu solo observa. — Poniéndose de pie, decidida.

Con mucha determinación en su mirada, elevando los brazos frente a ella.

— ¡Nabu! — Exclamó, generando una enorme corriente de aire.

— ¡P-pero qué! — Siendo absorbida dentro de esta, mandándola a estrellar contra la pared contraria de la habitación.

— A ti te toca bailar conmigo, querida. — Con chispas saliendo de sus ojos, lista para la batalla.

.

.

Saltando bien alto, aterrizando con gracia en el suelo.

Ubicando a la peli azul con la mirada.

Recibiendo de lleno el impacto de la Seiken con su propia espada, sosteniéndola con ambas manos.

— Tus ataques sí que son fuertes. — Resistiendo como podía, Retrocediendo algunos centímetros en el lugar debido a la fuerza del choque.

Rompiendo con este, esquivando fácilmente un corte lateral de la seiken.

Evadiendo casi al instante un corte nuevo, esta vez vertical, moviéndose a un lado.

Algo molesta, blandiendo la espada decenas de veces, tratando desesperadamente de alguna manera cortar al peliblanco con su enorme espada.

Fallando ampliamente en cada intento que daba.

Frustrándose más y más.

Dando un enorme salto, blandiendo su espada en un poderosísimo corte descendente.

Impactando llanamente contra el suelo, generando un enorme cráter en el lugar.

— Cielos… Durandal, la espada sacra más destructiva…. No la llaman de esa forma por nada. —

— Un ataque…— Murmuró la pelizul, desenterrando su espada del suelo. — Solo necesito darte una sola vez, y estarás muerto…—

— Eso es cierto. — Cubriéndose de otro corte lateral de la peli azul, sosteniendo su espada verticalmente, con una sola mano. — Pero… ¿Y si no logras darme ni una sola mísera vez…? —

.

.

— ¡Diablos niña! — Intentando golpearla desesperadamente.

Saltando elegantemente, esquivando el golpe por mucho.

Incrustando su enorme puño en la pared.

— ¡Quédate quieta así puedo golpearte! —

— Cielos, eres incluso más bruto que Xenovia. — Lanzándole dos pequeñas bolas de fuego.

Impactando de lleno ambas en el enorme trasero del sujeto.

— ¡Ah, caliente! — Se quejó, despegando su brazo de la pared, sobándose la retaguardia adolorido. — ¡Eso me dolió!—

Notando como el tipo solo presentaba unas leves quemaduras.

— Diantres… Tantos ataques y ninguno parece afectarle de verdad… Es como si estuviera hecho de acero…— Se dijo a sí misma.

Desconcentrándose por un segundo.

— ¡Te tengo! — Gritó.

Impactándole un derechazo en uno de sus pequeños brazos.

¡Boom!

Generando una pequeña explosión al contacto, levantando humo.

Disipándose luego de unos segundos.

— No pararé hasta verte desangrarte en el suelo. — Dijo, lamiéndose los labios, riendo como un sicótico al ver el brazo de la niña, lleno de quemaduras y sangre.

Completamente inutilizado.

— ¡Ey! ¡Grandulón sin sesos! — Lo insultó, más que molesta.

— ¿Eh? — Confundido.

— ¡Arruinaste mi vestido favorito! — Rabiada, con los ojos vidriosos.

Viendo como la tira de su vestido se había cortado, revelando parte de su sostén.

Envolviendo su brazo en llamas, regenerándose por completo en un santiamén.

— ¡¿Qué?! ¡¿Pero cómo rayos?! ¡Tú! —

— Prepárate. — Estirando sus brazos al cielo, invocando cientos de aves hechas de fuego detrás de ella. — No pararé hasta tenerte de rodillas, suplicando piedad. — Siseó, como si fuera una asesina serial…

.

.

.

— ¡Sin tus hechizos baratos no eres nada! — Bramó, furiosa, tratando de acercarse a la maga.

— ¡Frostbolt! — Exclamó, congelando los pies de la espadachín, dejándola plantada en el lugar. — ¡Blizzard! — Invocando un enorme circulo mágico sobre Jeanne.

Congelando el ambiente.

— Lo dices como si fuera algo fácil…—

Saliendo de él enorme bloques de hielo, cayendo como si de granizo se trataran.

— D-diablos ¡Maldita bruja! — Cortando los bloques arduamente con el filo de su espada sagrada.

Saliendo lastimada por el impacto de algunos más pequeños.

Creando una gran espada sacra en su mano libre, utilizándola como si fuera un paraguas.

Destrozando el hielo que la apresaba con la otra.

Saliendo del rango de alcance del hechizo, tomando una enorme bocanada de aire.

— ¡No te escaparás tan fácilmente! — Invocando otro círculo mágico sobre ella, esta vez mucho más grande. — ¡Igneus imber! —

Saliendo cientos y cientos de bolas de fuego de él.

Agobiando enormemente a la espadachín.

— ¡Se supone que debe decir el conjuro primero! ¡¿Cómo rayos es que lo hace?! — Aterrada, cubriéndose con ambas espadas, usándolas de escudo.

— ¡De este no podrás escapar! ¡Solar Incussus! —

Invocando un circulo mágico debajo de Jeanne, de un metro y medio de ancho.

Tardando varios segundos en hacer efecto.

Sin siquiera notar el circulo mágico.

Emergiendo de él un impresionante rayo solar, como si viniera directamente desde el sol.

Quemando todo a su paso, levantando una gran cortina de humo, extendiéndose por toda la sala.

— Vaya, no te andas con rodeos niña, menos mal que llegué a tiempo... — Exclamó el peliblanco, unos metros alejada de ella, con la rubia reposando sobre su hombro, con toda la pierna hecha un fuego, largando humo. — Un segundo más y estaría carbonizada… —

— ¿Ahora tu serás el que pelee contra mí? —

— Lamentablemente no…— Viendo hacia la otra punta de la habitación.

Como Ravel agobiaba a su enemigo persiguiéndolo con varias aves de fuego, esquivándolas como podía.

— ¡Oye, Heracles! —

— ¿Qué sucede? — Poniéndose en guardia, atajando los ataques de fuego que quedaban con sus brazos, sin recibir casi daño alguno.

— Jeanne ha caído. — Logrando que el hombre de dos metros volteara a verlo. — Además George me ha llamado, al parecer su tarea está hecha, debemos avisarle a Cao Cao. —

— Qué lástima… Me hubiera gustado quedarme a jugar un rato más. — Viendo a la Phoenix, que lo observaba con odio en sus ojos.

Dirigiéndose a donde estaba el peliblanco.

— Será mejor que vayamos ahora, la cabeza dura de Jeanne está muy herida. — Desapareciendo del lugar, llevando consigo a la rubia, seguido de Heracles.

Dejando en la habitación al trio rubio y a la italiana.

— Gasper ¿Te encuentras bien? — Le preguntó, preocupada, revisando al niño.

— L-Le Fay-san… ¡E-eso fue increíble! — Exclamó, con brillo en sus ojos.

— Muchas gracias.— Algo avergonzada, volteándose, mirando a la rubia. — ¿Cómo te ha ido a ti? — Preguntó la Pendragon al juntarse con la Phoenix.

— ¡Muy mal! ¡Ese grandulón sin cerebro me ha roto mí vestido! —

— Bueno, al menos no te ha hecho daño…— Volteando la vista hacia otro lado. — ¡¿Xenovia?! ¿Qué te ha pasado? — Preocupada.

Viendo como la italiana respiraba agitada, extenuada, con sus ropas hechas un desastre, toda polvorienta.

— ¡R-rápido! — Arrastrando su espada, tratando de calmar su respiración. — ¡Debemos seguirlos! — Destrozando la pared con su espada, con muchísima ira.

Pasando a través del hueco, frustrada, siguiendo lo más rápido que podía a los tres sujetos.

— ¡X-Xenovia! ¡Vuelve aquí! —

— ¡Ey, no me dejen atrás! — Viendo hacia el costado, percatándose del pequeño vampiro. — ¡Le Fay-san! ¡Te has olvidado a Gasper! — Cargándolo sobre sus pequeños hombros.

Desplegando sus alas del Phoenix, volando a gran velocidad.

Dejando atrás la habitación, completamente vacía.

.

.

.

— ¡I-increíble! — Exclamó, sorprendido, con la mitad de su armadura destrozada. — ¡Puedes leer todos mis movimientos, te anticipas ampliamente a cada paso que hago! — Viendo al Uzumaki, de frente, con su mirada de Poker, concentrándose en el ojo derecho del Rubio. — Es como si fueras alguien completamente diferente…—

— Te he dicho que no me gusta que me adulen. — Dando un paso hacia adelante, estirando los brazos hacia abajo, creando un rasengan en cada mano.

— ¡Cielos, que malhumorado! — Empuñando su lanza, desviando con ella los dos rasengan que el rubio le había lanzado.

— ¿Por qué me avisaste con anterioridad de tus planes? — Le preguntó, creando otros dos rasengan en sus manos.

Adelantándose otro paso.

— Solo quería verte en acción… Saber de lo que eras capaz. — Cortando con su lanza las dos esferas de energía, impactando a lo lejos, en la ciudadela. — Y gracias a eso me di cuenta que en realidad tú y yo de verdad somos muy parecidos…— Riendo divertido.

— Déjate de estupideces. — Creando nuevamente dos rasengan, esta vez más grandes.

— Sin embargo… Has sido capaz de meterte en esta ciudadela cuando está en medio de una trifulca, secuestrar al heredero más poderoso, asesinar al jefe de la casa Weerwolf como si nada… Dime, ¿En qué te diferencias de mí? — Metiéndose en su cabeza.

— ¡Deja de compararme contigo! — Cabreado, lanzándole los dos rasengan a quemarropa — Yo no lo usaré, yo lo protegeré, jamás lo veré como si fuera un arma en vez de una persona. Lo mantendré alejado de gente como tú. —

— ¡Vaya, suenas como todo un héroe! Justificando tus actos con tus intenciones… Pero eso no quita el hecho que te hayas llevado a un niño por la fuerza… o que hayas asesinado al líder de uno de los mayores clanes de Licántropos que existen, tus intenciones no te vuelven diferente a mí…— Sentenció.

Cabreando por completo al rubio.

Mirándolo con odio en sus ojos, uniendo los dos rasengan en uno, mucho más grande que los anteriores.

Sosteniéndolo con una sola mano sobre su cabeza, cambiando su naturaleza a viento.

— Además…— Viendo sonriente como el rubio le lanzaba su ataque. — ¿Quién dice que yo no trato bien a los míos? — Sonriendo ampliamente.

— ¡! —

Saltando sobre Cao Cao ágilmente, con más velocidad que una gacela.

Empuñando una de sus espadas, llevando en su hombro a su aliada rubia.

Cortando con el filo de su espada el espacio frente él.

Creando una enorme garganta, usándola de protección.

Absorbiendo limpiamente el ataque del rubio, alejando el peligro.

— ¿Se encuentra bien, Cao Cao-sama? —

— Así es. — Sonriéndole. — Buen trabajo Siegfried, atento como siempre.—

— A su servicio, Cao Cao-sama. — Haciendo una ligera reverencia.

— ¡Naruto-sama! — Le gritó Le Fay, del otro lado de la habitación, junto a Xenovia, Ravel y Gasper.

— ¡Buen trabajo! ¡Ahora quédense allí y no interfieran! — Les ordenó, sin perder de vista al héroe chino.

— Cao Cao-sama. — Habló Heracles, a su derecha. — ¿Ese de ahí es el sujeto del que tanto nos habla? —

— Así es, pero no te precipites Heracles, ya lo enfrentaras…— Le prometió. — ¿Qué es lo que hacen aquí tan rápido? —

— Jeanne fue herida de gravedad, tuvimos que acudir a usted. — Le explicó. — Además, George se ha comunicado conmigo, al parecer ha cumplido su tarea satisfactoriamente…—

— Entiendo…— Examinando a la rubia, quien se encontraba a esa altura inconciente. — En ese caso será mejor que nos marchemos. — Asintiéndole al espadachín.

Abriendo una garganta en el espacio con el filo de su espada, listos para marcharse.

— ¡No! — Gritó la italiana, llena de ira. — ¡Que no se vayan! —

— ¡Xenovia! — Autoritario. — ¡Quédate donde estás, no interfieras! — Le ordenó.

Viendo al grandulón y al espadachín marcharse por la grieta.

— Puedes quedarte con el vampiro si gustas, ya no lo necesito, ¡Me he conseguido alguien mucho mejor! — Exclamó de la emoción. — ¡Más vale que te prepares! — Estirando el brazo, haciendo el gesto de un arma con su mano, simulando dispararla. — ¡La próxima vez todo será muy diferente! — Riendo diabólicamente, entrando en la garganta, cerrándose tras él.

Desapareciendo del lugar.

.

.

.

Encorvado sobre el lavadero de ropas, en su propia casa.

De noche, alumbrado solamente por la luz de la luna, quien imponente todavía alumbraba las últimas horas de oscuridad antes del amanecer.

Serio, concentrado, lavando la camiseta de la peli azul, tratando con mucho esfuerzo de deshacer la mancha de sangre que tenía en ella.

— Xenovia y Ravel ya están durmiendo. — Habló la maga detrás de él, a la altura de la puerta.

— ¿Cómo estaban? —

— Ravel bien… Xenovia todavía estaba algo enfadada. —

— Lo imagino. — Tallando la prenda con más fuerza— Sí que detesta perder. —

— Ninguna parecía afectada por haber asesinado personas… Ni siquiera Xenovia, que fue la que más mató…—

— ¿Qué esperabas? Llevo entrenándola siglos para eso…— Bromeó, algo afectado por ello. — ¿Cómo está Gasper? —

— Muy bien, durmiendo en su habitación, como usted lo ordenó… Ya le he preparado el sofá. —

— Muchas gracias Le Fay. — Sin voltear a verla. — Y muy buen trabajo hoy… Todo fue un éxito. —

— Me alegra que todo haya salido de esa forma, Naruto-sama —

—….—

— ¿Cómo fue qué logró inutilizar el poder de Gasper? —

— Era tan sencillo como meterlo en una ilusión…— Explicó como si nada.

— ¡! —

— Jamás podrá detener el tiempo si lo que observa en realidad no es cien por ciento real…—

— ¿Cuándo? —

— En su habitación cuando lo encontramos, la primera vez que nos vimos frente a frente…—

— Y-ya veo…—

—….—

—…—

—…Naruto-sama…— Volvió a llamarlo.

— ¿Qué sucede? — Tallando todavía la prenda.

— Lo de hoy… Todo lo que sucedió…. No ha terminado, ¿cierto? —

— ¡! —

Dejando de lado lo que estaba haciendo, volteando la cabeza, observándola directamente a los ojos. — No Le Fay…— Le confesó. — De hecho siento… Que lo que sea que esté tejiendo entre manos… Recién está comenzando…—
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200
muy bueno el capitulo
naruto tiene el trauma de la lucha contra kaguya o es de otro dios
ophis tendrá iteres romatico en naruto
las otras casa del inframudo saben que raven
las chicas serán muy celosas a que cualquier chica se acerque a naruto
Hola! gracias por leer mi historia, lo aprecio mucho.

En cuanto a tus preguntas, responderé las que pueda:
A) Sí sí, el trauma es con Kaguya
B) No, no planeo eso con Ophis
C) Eso es un misterio, lo lamento pero no lo puedo responder :cccc
Saludos!
 
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Capítulo 7!


Aprovecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, ni tampoco habilidades ya registradas me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear este fanfic amateur.

Además, debido al lenguaje, palabras utilizadas, expresiones, y los varios géneros literarios que caracterizan esta historia, lo siguiente debe ser considerado apta para mayores de 16 años. Leer lo siguiente bajo la responsabilidad propia de cada uno


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…Memorias

Capítulo 7: Caminos por separado.

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Elegimos la vida que queremos vivir.

Probablemente, en mi más humilde opinión, la frase más estúpida jamás esbozada por el ser humano.

Una frase insulsa y completamente vacía que las personas se dicen a sí mismas cuando las cosas están saliendo extremadamente mal.

Una frase que usan cuando intentan, directa o indirectamente, darle una razón a las cosas, un simple "¿Por qué?".

Se convencen estúpidamente que las cosas malas que suceden en su vida pasan por las malas decisiones y acciones que ellos mismos optan por tomar.

Pero, a veces las cosas no son tan simples de cambiar.

Aquel que nace con alguna enfermedad incurable, por ejemplo ¿Tiene alguna forma de cambiar su situación? ¿Su situación se debe a alguna mala decisión que él o ella haya tomado anteriormente en su vida…?

La realidad es dura, la vida en general lo es, pero mucho más duro es darse cuenta de cómo eran las cosas verdaderamente cuando toda tu vida sostenías fervientemente que lo que pensabas que era de una manera, o que de hecho, podía ser de otra manera si tan solo dabas todo de ti para cambiarlo, en realidad no era tan fácil de hacerlo… Cuando te das cuenta que todo lo que creías, todo lo que sostenías, todo lo que defendías, en realidad era muy diferente a lo que tú esperabas…

Toda mi vida creí que el destino no era un camino marcado, sino que era un sendero a elección, un sendero que tú mismo construías, con tus acciones, tus decisiones, y mucho más importante que lo anterior, tus intenciones…

Siempre peleé por lo que me parecía correcto, por lo que le hacía bien a la mayoría, por lo que "estaba" bien.

Sostenía, en mi cabeza hueca de adolescente, que aunque fuera la persona más débil del mundo, si me esforzaba y creía ciega y plenamente en mis intenciones y en mis principios, entonces podría cambiar mi destino, no, construirlo como yo quería.

Pero entonces algo ocurrió.

Algo que tal vez en ese momento no me había afectado tanto como debería haberlo hecho.

Pero ese algo era tan importante como la vida misma.

Una profecía me fue entregada.

Una profecía que revelaba el destino del mundo entero y el de su gran héroe, el de su salvador.

Mi propio destino.

"Llegado el momento un muchacho nacerá de entre todos humanos de las cuatro naciones, un muchacho excepcional, con una bondad inigualable y una determinación inquebrantable. Será infravalorado y hecho a un lado, pero surgirá más fuerte que nunca gracias a el amor que se le fue negado durante toda su vida. Una vez haya crecido el noble muchacho demostrará su poder y su valor ante todo el mundo, batallando contra sus propios demonios, derrotándolos, logrando el equilibro perfecto dentro de su ser, apaciguando la guerra interna entre la luz y la oscuridad que hay en su corazón. Cuando ese momento llegue, el muchacho deberá sacrificarse por su gente, por su sueño. Deberá entregar su corazón para que todos puedan vivir con la paz que él mismo ha logrado en su interior, cuando el momento sea el indicado, pase lo que pase, él le mostrará la paz a toda su gente…"

Probablemente, si hubiera recibido esa noticia con la mentalidad y experiencia que tengo en este momento, hubiera reaccionado completamente diferente a aquella vez.

Por aquel momento, como dije antes, no le había dado la importancia que debiera.

La profecía era tan clara como el agua, yo debía sacrificarme por mi gente.

Yo debía morir por lo que tanto anhelaba, debía morir para que todos alcancen la paz, para que puedan vivir en paz.

En ese tiempo, al ser tan solo un estúpido niño creí que podría romper mi camino ya trazado, mi destino ya marcado.

Me había puesto en la cabeza que lo dejaría todo por alcanzar la paz, le daría la paz a mi pueblo, pero no iba a morir en el proceso, me había convencido a mí mismo que esa no era una opción, porque todavía quedaba una cosa en mi vida, además de lograr la paz, que me faltaba conseguir.

Pero todo salió completamente al revés…

La paz momentáneamente se alcanzó, aunque desafortunadamente el tiempo que duró no fue demasiado.

Y, más desafortunadamente aun, la cantidad de vidas que se sacrificaron para lograr ese fugaz momento de paz, no lo habían valido ni lo más mínimo.

Como dije, todo había salido completamente al revés.

Yo todavía estaba vivo.

El supuesto "héroe" o "salvador" todavía seguía vivo, y todo el que alguna vez había luchado contra él ya no lo estaba...

Había burlado por completo mi destino.

Y ahí me encontraba yo, vagando solo por el mundo, sin poder envejecer, sin poder estar con mis camaradas, con mis amigos, con mi familia, con la gente que de verdad amaba.

Solo me quedaban recuerdos.

Memorias…

Tenía que vivir con las memorias por el resto de mi vida, y eso me generaba un miedo terrible.

No miedo a tener que recordad, no lo malinterpretes, sino miedo a olvidar.

El miedo que yo tenía era el olvidarme de las cosas, olvidarme de mi lucha, de mis amigos, de mi pueblo, de mi gente…

Todo, absolutamente todo, había salido completamente diferente a lo que debía ser.

Y te preguntarás: Si yo pude burlar mi propio destino desencadenando todo en un final trágico, entonces ¿Por qué todavía seguía pensando que el destino era un camino ya trazado, que no se puede cambiar?

Muy sencillo.

Porque, a medida que los años pasaban, comencé a darme cuenta que, todo lo que ya me había tocado vivir aquella vez, lenta pero firmemente, comenzaba a volver a ocurrir.

Y, más lamentablemente aun, me di cuenta de ello tarde, demasiado tarde…

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Abriendo los ojos sin titubear, parado en el medio de la nada.

A simple vista podía verse cierta tranquilidad en su persona, sus gestos, sus movimientos.

Se lo veía tranquilo, con bastante calma.

Pero en realidad calma era lo que más le faltaba.

Visualizando el terreno alrededor, tratando de poder ubicarse.

El ambiente obscuro, la vista significativamente obstruida.

El suelo hecho de adoquín donde se encontraba de pie, las altas paredes del lugar, verdes, opacas, casi grises, tan sucias como el suelo.

Se acordaba perfectamente de aquél lugar.

Su vida había sido marcada por aquél sombrío espacio.

Rompiendo con su propia promesa de "nunca regresar", adentrándose en la enorme jaula de barrotes rojos que se encontraba al fondo de aquél lugar.

Caminando a paso lento y decidido, con una mirada tan dura que podría petrificar a cualquiera que se dignara a verlo a los ojos.

Pasando por la puerta de la jaula.

Deteniéndose en el lugar, cerrando los ojos.

Abriéndolos, con la marca naranja propia del senjutsu adornando sus ojos, como si fuera maquillaje.

Separando los brazos de su cuerpo, manteniéndolos estirados.

Generando dos variaciones de Rasengan en ambas manos.

Girando velozmente, adoptando la forma de una cuchilla extremadamente filosa.

Aumentando el tamaño de ambas, siendo por completo más grandes que él.

Alumbrando apenas la enorme jaula con la luz blanca de sus dos técnicas.

Lanzándose como un proyectil al interior de la jaula, adentrándose en ella como si fuera una gacela.

Haciendo alarde de una velocidad que rozaba la divinidad.

*BOOM*

Impactando ambos ataques contra la enorme pared.

Derrumbándola por completo.

Gruñendo levemente, viendo hacia la obscuridad de la jaula.

Notando como una gigantesca sombra resaltaba entre toda la obscuridad de aquella jaula.

Su objetivo desde un principio.

[Veo que por fin has acudido a mi llamado.] Le habló.

Con voz profunda e imponente, desde las sombras, intimidándolo.

Tratando de ignorar aquella voz, con ira en sus ojos.

Incorporándose, manteniéndose erguido.

Generando otros dos rasen-shuriken más.

Aumentando el tamaño de ambos considerablemente, superando a los dos anteriores.

Desapareciendo una vez más en un destello amarillo, similar a un rayo.

Localizando a su objetivo, golpeándolo con uno de sus ataques.

Notando como este se había escabullido, derribando otra pared, causando un enorme temblor.

Desapareciendo nuevamente, utilizando el factor sorpresa.

Apareciendo frente a la enorme silueta.

Sintiendo en la oscuridad como esta lo atacaba fuertemente, mandándolo a volar por los aires de un "latigazo", golpeándolo con una de sus enormes extremidades.

*BOOM*

Impactando el rasen-shuriken en el suelo, generando un enorme cráter en él.

Destrozando más de la mitad del suelo de la jaula.

Poniéndose de pie sobre el enorme cráter.

Con sus ropas bastante sucias, respirando arrítmicamente.

Viendo hacia la enorme sombra en la oscuridad, poco a poco era más visible.

[Deberías dejar de hacer eso, estás haciéndote daño a ti mismo, estás dañando tu propio inconsciente.]

— Cierra la maldita boca. — Escupió, sin más, completamente furioso.

Haciendo aparecer más de una docena de copias de sí mismo en el lugar, todos parados en fila.

Generando todo el "ejército" de rubios una esfera de energía azul en la palma de sus manos.

Agrandando el tamaño considerablemente.

Abalanzándose contra la enorme sombra, todos a la vez, sin dudar ni un segundo.

Moviendo una de sus extremidades, golpeando a todos sus atacantes con esta, haciéndolos desaparecer.

Apareciendo detrás de la sombra como si se tratara de un rayo, con un rasen-shuriken en su mano izquierda.

Impactando contra la enorme espalda de la sombra, notando una piel por demás dura.

Desestabilizándola, trastabillando torpemente.

*BOOM*

Cayendo contra una de las paredes, derrumbándola por completo.

Aterrizando en el suelo.

Con la mirada todavía seria, más calmado, algo agitado.

— Muestra tu apariencia, cobarde. — Alzando su brazo en el aire.

Iluminando mágicamente el lúgubre lugar.

— ¡! — Sorprendiéndose enormemente al ver a su invasor.

Enorme, increíblemente enorme, de casi cien metros de alto, tanto sus dientes como su piel y escamas rojas le daban un aire de poder increíble y mucha ferocidad.

Un dragón, un enorme e intimidante dragón, y no uno cualquiera, era uno que a leguas se notaba lo poderoso que era.

Su presencia lo había descolocado por completo.

Pero lo que más le había llamado la atención eran sus ojos.

Ese par de ojos verdes, serios, intimidantes, los recordaba más que bien.

Venía soñando desde casi dos meses con esos ojos, como si lo observaran a cada minuto, en cada lugar…

Y ahora entendía perfectamente el porqué.

Recuperando la seriedad que lo caracterizaba, trazando varios sellos de manos.

[Veo que mi apariencia no te ha intimidado ni siquiera un poco…]

— No eres el primero de tu tamaño con el que me enfrento. — Confesó, acumulando chakra en su antebrazo, creando una enorme cuchilla con él.

[Pierdes tu tiempo, joven Naruto, no puedes hacerme daño]

— Jamás te di permiso para que digas mi nombre. — Con ira en sus ojos, gruñendo entre dientes.

Lanzándose contra el intruso, alcanzándolo en una micro milésima de segundo.

Buscando cortarle el rostro.

Gruñendo enojado cuando este esquivó el ataque ágilmente, pese a su tamaño descomunal.

Apoyándose en sus patas traseras.

Usando sus preciosas y gigantes alas como escudo, ubicándolas delante de él.

Cubriéndose del ejército de rubios que intentaban herirlo, todos atacándolo con un enorme rasengan en la mano.

Retrocediendo varios metros hacia atrás debido a la presión, encontrándose con la pared detrás de él.

Sorprendiéndose al ver a varios clones del rubio sujetarlo de sus patas traseras, intentando derribarlo.

Perdiendo el equilibrio por segunda vez

*BOOM*

Cayendo pesadamente sobre la pared, destruyéndola por completo.

Planchado de lleno en el suelo, intentando levantarse.

[¡!]

Sorprendido, viendo como varios sellos supresores caían del techo, como si fueran enormes estacas.

Inmovilizándolo, atrapándole el cuello, las patas e incluso las alas.

Aterrizando en el pecho del enorme dragón, suspirando pesadamente.

Respirando todavía arrítmicamente, con sus ropas llenas de polvo.

[Jamás pensé que un humano pudiera reducirme de esta manera…]

Ignorándolo, caminando a paso lento, posicionándose sobre su cabeza.

— Podrías liberarte en cualquier momento, incluso quemarme vivo con tu aliento de fuego…—

[…]

— ¿Qué demonios haces aquí? — Sin titubear.

[...]

— No estoy para juegos. — Sin ninguna gota de paciencia en su ser. — ¿Qué demonios haces aquí? — Repitió.

[...]

— Te ha comido la lengua el ratón, bien… — Furioso.

[...]

— Así que debo interpretar que Ophis Orouboros se refería a ti cuando me visitó aquella vez…—

[Derrochas sensatez…]

— Ella fue quien te trajo ¿No es así?—

[...]

— ¿Por qué? —

[Yo se lo pedí…]

— ¿Por qué? — Repitió al instante.

[Motivos míos…]

— Dime la verdadera respuesta. —

[Tendrás que conformarte con esa respuesta por ahora…]

— ¿Por qué demonios estuviste llamándome todo este tiempo? — Enojado, ya sin nada de paciencia.

[Quería hablar contigo…]

— ¿Y para qué? —

[Motivos míos…] Repitió, hartando al Uzumaki.

— Ya. — Exclamó, harto, saltando de la cabeza del dragón.

Aterrizando en el suelo de la enorme jaula, caminando a paso lento, comenzando a hablar mientras caminaba.

— Jamás volverás a irrumpir mis sueños… Ni tampoco volverás a hablarme telepáticamente. — Serio.

[Así que la vez que lo hice me escuchaste…]

Deteniéndose en la puerta de la enorme jaula, con la mirada un poco gacha.

Amagando a voltearse hacia el dragón.

Alzando uno de sus brazos.

Moviendo su mano ascendentemente.

Liberando al enorme dragón de todos los sellos opresores que le había colocado, devolviéndole la movilidad.

[Gracias por eso joven Naruto.]

— Te dije que no me llamaras por mi nombre, no te lo permito. — Levantando la vista. — Y no te acostumbres a nada de esto… Encontraré la forma de sacarte de mi cuerpo, cueste lo que cueste. — Sentenció, marchándose del lugar.

Dejando al dragón solo, dentro de esa oscura jaula.

[Uzumaki Naruto…] Poniéndose de pie. [Acabas de demostrarme que he estado en lo correcto contigo…]

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8:00 A.M la hora que marcaba el hogareño reloj de pared de aquella cocina.

Elegantemente terminaba de emplatar la última tanda del desayuno que había preparado.

Bacon con huevos revueltos y rodajas de tomate fritas, un plato típico de su país. Algo "simple" se había dicho a sí misma.

Oliéndolo con una sonrisa en su rostro, muy feliz con lo que había preparado, llevó los últimos dos platos que había preparado a la mesa familiar del comedor de la casa.

Cinco platos, todos todavía calientes, reposaban sobre la larga mesa.

Muy satisfecha se sentó en su asiento, con la sonrisa decorando su hermoso rostro.

Con su mirada sumida en la puerta del comedor, muy atenta a esta.

Esperando que alguien entrara por aquella puerta, cosa que estaba por ocurrir.

La rutina, la hermosa rutina de las mañanas estaba por comenzar.

— ¡Le Fay, huele delicioso! — Exclamaba la peliazul, entrando primera en el comedor, con la cara cansada y sobándose pesadamente uno de sus ojos.

— ¡Xenovia! ¡No seas irrespetuosa, primero debes dar los buenos días! — La regañaba la pequeña Phoenix, entrando casi a la par con la italiana, retándola desde el comienzo del día.

— Yo saludo como quiero enana —

— ¡¿Cómo me llamaste, cabeza de pitufo?! —

— ¡Pitufo serás tú! ¡Enana de porquería! —

— N-no griten tanto, todavía ando medio dormido… — Se quejó el pequeño Gasper, entrando en el comedor.

Pasando por el medio de las dos chicas, ignorando su riña mañanera, sentándose en su lugar, sin molestar a nadie.

— ¡Ustedes dos, dejen de pelear! — Las retó la inglesa. — Y buenos días Gasper-kun —

— Buenos días Le Fay-oneesama — Sonriéndole contento.

Devolviéndole la sonrisa, siendo acompañados en la mesa por la italiana y la Phoenix.

Pero todavía sin comenzar a desayunar.

— ¿Naruto-oniisama no se ha despertado aun? — Preguntó Gasper.

— Debe de haberse quedado dormido… —Mirando hacia la puerta.

— Eso es algo raro en él… — Acotó la Phoenix.

— Aun así, desayunen, si se enfría su desayuno se lo calentaré más tarde. — Dispuso la inglesa, observando todavía a la puerta.

Le parecía extraño, el rubio siempre era el primero en levantarse, y además el que preparaba el desayuno.

Pero esa mañana no había aparecido.

Ella como siempre se había levantado para ofrecerle ayuda, pero se llevó una curiosa sorpresa al no verlo despierto en la cocina.

Pese a que era algo bastante rebuscado, su sexto sentido femenino le indicaba que algo le sucedía a su preciado Naruto-sama, dudando si ir o no despertarlo.

Pero toda duda se fue cuando lo vio pasar por aquella puerta, aunque verlo no la tranquilizó ni un poco, mucho menos oírlo.

— Buenos días. — Saludó, desganado, con cierta rabia tanto en su semblante como en sus palabras.

— Buenos días Naruto/-sama — Lo saludaron los otros cuatro, una con cierta preocupación.

Sentándose en su lugar, con la cabeza gacha, sin hacer mucho ruido, pensativo, sin dejar de jugar con la comida de su plato, como si fuera un niño de cinco años.

— Me ha parecido muy extraño no encontrarlo hoy en la cocina — Habló la inglesa. — ¿Ha dormido bien? —

— Para nada. — Seco, sin verla a los ojos.

— ¿Pesadillas otra vez? —

— Algo así. —

—Tal vez mi hechizo esté perdiendo poder… —

— No tiene nada que ver. —

— ¿Ah no? — Curiosa. — ¿Entonces qué será? —

— Nada Le Fay, no importa. — Intentando zanjar el tema.

— Insisto qu- —

— Le Fay, déjalo ya. — Sentenció el rubio como ultimátum, intimidando a todos en la mesa.

Volviendo cada uno a su propio plato, desayunando en silencio.

— N-Naruto-niisama, y-yo también he tenido una pesadilla hoy — Habló el dhampiro, algo cohibido.

— ¿De verdad? — Poniendo toda su atención en el pequeño rubio, como si nunca haya estado de mal humor. — ¿Qué soñaste? —

— ¡A-ajos! ¡P-por todas partes! ¡Cientos de ellos! ¡Fue horrible! — Con los ojos llorosos, abrazándose a sí mismo.

— ¡Cielos! — Riendo levemente. — Ese si que es un mal sueño — Sonriendo por unos momentos.

Volviendo rápidamente a su semblante de póker, divisando su plato, jugando con la comida.

— ¿Ya se ha enfriado? — Preguntó la maga, siempre atenta. — Si quiere puedo calentarlo un poco. —

— No Le Fay, no será necesario. —

— O si desea puedo prepararle otra cosa. —

— ¡Que no! — Exclamó, algo alterado. — Deja de insistir Le Fay, fastidias. —

— L-lo lamento. — Dolida, terminando de comer, con la mirada llorosa.

Siguiendo con lo suyo, sin percatarse de lo mal que le había contestado a la inglesa.

— Naruto — Habló Xenovia, desinhibida como siempre. — ¿Hoy iremos a entrenar? —

— No, hoy no. Tengo cosas que hacer, lo siento. — Nuevamente sin dejar de jugar con su comida.

— Ya… Lo entiendo. — Algo desilusionada.

— ¡Haha! ¡Te han dejado plantada! — Se burló la Phoenix en voz alta.

— ¡Plantada estarás tu! ¡Tienes la misma altura que la araucaria que está en la entrada de casa! — Retrucó la peli azul, causando ciertas risitas en la inglesa y en el dhampiro por su peculiar comentario.

— ¡S-serás! — Titubeó la rubia. — ¡Yo tendré la altura de una planta, pero tu tienes el cerebro de un elefante! ¡Y hasta hueles como uno! —

— ¡Mira quién habla, loro de feria! —

— ¡¿Cómo me llamaste?! — Levantándose en el lugar, mirando furiosa a la peli azul, con los ojos llorosos. — ¡Repítelo si tienes agallas! —

— ¡¿Qué estás sorda?! ¡Te he llamado loro de feria! — Imitando a la Phoenix.

— ¡Ahora sí! ¡La mato, la mato! —

— ¡Basta las dos! — Gritó el Uzumaki, hastiado, en el medio de la batalla. — ¡¿Qué no pueden comportarse decentemente por lo menos diez minutos?! ¡Solo eso pido, son insoportables! — Confesó, harto de todo.

—…—

Dejando de mirar al plato, levantando la vista, observando a las tres chicas y al dhampiro.

Notando la incomodidad y la tristeza en sus ojos.

Cayendo en cuenta sobre cómo había reaccionado y todo lo que había dicho.

Sintiendo como la culpa lo comenzaba a carcomer internamente.

Levantándose de su asiento de sopetón, llamando la atención de todos.

— Me iré a la biblioteca. — Dijo torpemente. — Gracias por el desayuno Le Fay, les pido por favor que no me molesten en todo el día, estaré ocupado. — Preparándose para salir del comedor. — Y… Lo siento. — Se disculpó antes de salir por aquella puerta.

— L-lo arruiné. — Susurró la Phoenix, llorosa. — No debí haberte dicho eso Xenovia, lo siento… —

— Está bien Ravel, no debí haberte contestado de esa forma…— Mirando su plato, con amargura en su mirada.

— ¿Q-qué le pasa a Naruto-niisama? — Mirando A La rubia, dolido, preocupado. — ¡¿F-fue por algo que dije?! — Aterrado.

— ¡N-no Gasper-kun! ¡Para nada! Naruto-sama solo…—.Mirando hacia la puerta. —…No tengo ni idea de lo que le pasa…—

.

.

.

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— Ugh…— Resopló cansado, inclinándose sentado sobre su vieja y cómoda silla de caoba.

Con la vista fija en el alto techo de aquella habitación, su santuario, su "oficina", comúnmente apodada como "La Biblioteca".

Llamada así por las repisas de la sala, llenas y llenas de información.

Algunas traídas por libros de Le Fay, otras traídas por su propia vivencia y experiencia, las repisas de la sala tenían muchísimas piezas de información.

Información, probablemente el recurso más importante que el ser vivo común necesita para vivir, para existir.

Y probablemente también el recurso más infravalorado de todos.

Sentándose correctamente en su asiento prosiguió a acomodar su escritorio.

Los pergaminos que habían en él, varios, decenas de ellos, casi todos basando su información en lo mismo.

Dragones.

Los míticos y legendarios dragones.

Las bestias más extraordinarias que podían jamás haber existido.

Toda una leyenda para los humanos promedio.

Toda una amenaza para los seres del mundo sobrenatural.

Ese día se dio cuenta de algo curioso.

Comenzaba a detestar los dragones.

Puede que tuviera muchísimas razones, o tal vez ninguna, pero eso era lo que él sentía.

Tomando con su mano uno de los tantos pergaminos.

Frunciendo el ceño, molestándose al leer su título.

"Longinus, las reliquias divinas del Dios de la Biblia"

Estrujando aquel pergamino, haciéndolo a un lado.

Sobando su rostro, su cabello con ambas manos, desesperado.

Divisando el reloj, 16:30 la hora que marcaba.

Su nuevo record.

Normalmente era Le Fay la que pasaba todo el día allí dentro, leyendo, informándose.

Pero esta vez había sido él, desde las ocho de la mañana, ni siquiera había almorzado.

Desviando sus pensamientos en aquella amable y dulce rubia inglesa que vivía con él.

La quería, la quería mucho.

A todos los quería, inclusive a Gasper, quien era con el que menos tiempo llevaba conviviendo.

Ninguno de ellos se merecía el mal trato que les había demostrado en la mañana, debía disculparse.

La culpa lo mataba, el sentirse culpable.

"¡Pero demonios!" Se gritó a sí mismo "¡Todo esto viene siendo un desastre!"

Y así lo era, todo en su vida comenzaba a tornarse desastroso.

Un dragón.

Un jodido dragón.

Y no uno cualquiera, uno de los más famosos y respetados en la historia del mundo.

Ahora comenzaba a tener sentido.

Por eso la Diosa del Infinito lo había visitado hace tiempo.

Lo había convertido en el portador de un dragón contra su propia voluntad..

No, era mucho peor que eso, mucho más importante que eso.

Mucho más importante que solo "el portador de un dragón"…

— Naruto-sama…— Susurró la voz de Le Fay detrás de la puerta, abriéndola lentamente.

Interrumpiendo de repente los pensamientos del rubio, tomándolo por sorpresa.

Viéndola entrar en la habitación, acompañada por una peli azul y una rubia.

Los cuatro con miradas tristes en sus rostros, con sus auras emanando preocupación.

— Hey… Fay, Xen, Ravel…— Sonriéndoles levemente, nervioso, buscando las palabras adecuadas.

— Naruto-sama… Sentimos interrumpirlo. — Habló la pequeña Phoenix, tratando de sonar tranquila. — Nos preocupamos mucho por usted… Desde hace días… Y sobre todo hoy…—

— Siento… Sentimos haber arruinado el desayuno hoy con nuestras peleas. — La interrumpió Xenovia de sopetón, como si se estuviera sacando un peso de encima. — No queríamos molestarte, sabemos que debes de tener muchísimos inconvenientes con los que lidiar… —

— Yo… Chicas… — Balbuceó, desencajado. — Aunque tenga cosas con las que lidiar… No justifica nada, disculpen por haberles gritado hoy, no fue correcto…— Posando su vista en la inglesa. — Y a ti también… Perdóname Fay, me arrepiento muchísimo por cómo te traté hoy. — Sincerándose.

— No hace falta que se disculpe Naruto-sama, lo entiendo… Y la verdad es que nunca podría enojarme de verdad con usted…— Agregó, dando un paso al frente. — Ni nunca podré dejar de preocuparme por usted como lo hago. — Sonriendo levemente. — Últimamente ha tenido problemas, y grandes…— Caminando hasta el escritorio. — Su accionar es diferente… Su aura también es diferente, muy diferente… Muy… Inestable. —

— ¡! — Tensándose al oir las últimas palabras, sin que pasara desapercibido por la rubia.

— ¿Qué ha estado leyendo toda esta tarde? — Indagando, pasando sus manos por el escritorio.

Tomando uno de los tantos pergaminos que se encontraban sobre la fina madera.

Reconociendo la letra del Uzumaki al leer el título, alzando una ceja, encontrando bastante extraña la situación.

— "Jerarquía Draconiana"… ¿Relee algo que usted mismo escribió? Curioso…—

— No soy perfecto Le Fay, me olvido algunas cosas… Sólo repasaba. —

— ¿Y por qué tendría que hacerlo? — Habló la Phoenix, imitando a la inglesa, acercándose a esta, tomando entre sus manos otro pergamino, leyendo el título en voz alta. — "Sellos extractores: El arte de purgar" ¿Eh? — Exclamó extrañada. — ¿ Y qué tiene que ver eso con lo que sea que esté estudiando? — Indagó esta vez la Phoenix.

— Sí, pero primero díganos qué es lo que en realidad está "repasando" — Explíquenos eso Naruto-sama. — De manera imperativa.

— No es nada. — Simulando calma. — Solo leía temas aleatorios para despejar mi cabeza. — Mintió, denotando un nerviosismo casi imperceptible, pero no para la pequeña maga. — Les pido por favor que se vayan, estoy ocupado. — Tratando de sonar convincente.

— No. — Se negó la inglesa, contra todo pronóstico. — No hasta que nos diga qué es lo que buscaba entre todo esto. — Sin dejar de leer el pergamino que tenía en su poder.

— ¡Ya te dije que nada! — Perdiendo los estribos por un momento. — Dame eso — Tratando de arrebatarle el pergamino, siendo impedido por ella. — ¡Le Fay! — Sorprendido y molesto con la nueva actitud que estaba demostrando.

— "Sacred Gears: Su extracción y sus terribles consecuencias"… — Leyó en voz alta Xenovia, como si nada, a un costado del escritorio, con un pergamino algo diferente a los demás, causando cierta incomodidad en el ambiente. — Tenía entendido que si a un portador se le extraía su sacred gear este fallecía en el acto… ¿Por qué lees esto? Me resulta un tanto aterrador…— Exclamó, como si fuera lo más normal del mundo.

Entrando en un profundo silencio.

Maquinando su cabeza a todo lo que daba.

Tratando de entender la situación tratando de descubrir lo que el Uzumaki ocultaba.

Comenzando a atar cabos, sorprendiéndose enormemente con la posible respuesta a sus dudas.

— Naruto-sama… ¿Está planeando algo? — Preguntó la Phoenix, con cierto temor al hablar.

Viéndolo caminar nervioso hasta la puerta de la biblioteca, dándoles la espalda. — No planeo nada… Ya les he dicho todo. — Con voz seria, comenzando a incrementar su aura sin ninguna razón.

— Una extracción. — Susurró la inglesa. — Planea extraer una Sacred Gear, no… Una Longinus… — Dijo en voz alta, confirmando lo que decía.

— ¡! —

— ¡N-Naruto-sama! ¡E-eso es…! — Sin poder creer lo que había escuchado.

— N-no sabes lo que dices Le Fay…— Incrementando su aura inconcientemente cada vez más y más, completamente helado por la declaración de la rubia.

— ¡Miente! ¡Sabe que lo he descubierto! —

— ¡No es así! — Rugió, volteándose hacia la maga rubia, con su aura por los cielos, viéndola fijamente a los ojos, con un brillo salvaje en su mirada que nunca había estado allí, cosa que no pasó desapercibida por la rubia.

— N-Naruto-sama…— Balbuceó, encogiéndose ante aquellos feroces ojos.

— Saldré. — Dijo, sin más. — Regresaré tarde, no me esperen para cenar. —

Tratando de objetar, bloqueada por el aura y mirada que el rubio le había mostrado.

Viéndolo desaparecer en un destello amarillo, quedando las tres solas en aquella habitación.

Tropezándose, cayendo sentada al suelo.

— ¡Le Fay! — Trató de ayudarla Ravel, siendo impedido por esta.

— N-No p-puede ser. — Balbuceó, aterrada, incrédula.

Ahora entendía todo, y el entenderlo la aterraba, le causaba muchísimo pavor.

— ¿Qué le sucede a Naruto? — Preguntó la peli azul, preocupada.

— E-Él…— Sin poder soltar palabra alguna, digiriendo el horrible y confuso secreto que había descubierto.

— ¡¿Le Fay?! ¿Qué está sucediendo? —

— E-el… N-Naruto-sama es…—

De alguna alocada manera, él era el portador…

.

.

.

Apareciendo completamente de la nada, sin que nadie se diera cuenta de ello.

Suspirando pesadamente, dejando que todas sus preocupaciones se fueran en aquel suspiro.

Cerrando los ojos, dejando que una corriente fría de viento impacte de lleno contra él.

Sentándose casi al borde de aquel famoso y hermosísimo acantilado en el que se encontraba.

Bajo el nublado cielo de la conocida Isla Esmeralda, con las olas de su costa impactando contra la base del acantilado.

Componiendo así el hermoso paisaje que el estaba disfrutando.

Sumergido en sus pensamientos, con la mirada perdida en el horizonte.

Respirando profundamente, tratando de calmar la ira que tenía en su interior.

Intentando, a su vez, justificar esa ira, cosa que no era muy difícil.

Acababa de descubrir que era el portador de un Longinus.

Y por más descabellado, estúpido, trillado o loco que sonara eso, no se lo podía quitar de la cabeza.

"Un dragón legendario ¡un maldito dragón legendario!" Se gritó a sí mismo, en su cabeza.

El ser considerado como el segundo más fuerte de entre todos los seres vivos lo había vuelto un portador de Sacred Gear.

Ophis Orobouros le había jugado una muy mala pasada.

El irrumpir en su casa aquella noche tan de la nada.

El hecho que haya soñado semanas y semanas con esos ojos verdes que lo miraban como si fuera un trozo de carne.

El porqué su aura había cambiado tanto en tanta semanas.

Su comportamiento errático…

Todo, absolutamente todo tenía sentido.

Pero aun así todavía tenía muchísimas dudas.

¿Por qué? ¿Por qué a él? ¿Cuáles eran sus motivos?

Quería saberlo, lo necesitaba, debía saberlo.

Y pese a todo lo anterior, todavía había muchas cosas que lo preocupaban, a tal punto de quitarle el sueño.

Se había confiado, no, descuidado muchísimo.

Sabía que Le Fay había descubierto su situación, la conocía, y ella lo conocía a él, demasiado bien.

Además, había pasado tiempo desde la última vez que supo sobre la Brigada, más precisamente sobre los héroes.

Y, casi como por arte de magia, una conocida voz lo sacó de sus pensamientos.

— ¡Por fin! ¡La rata sale de su escondite! —

— ¡!—

Moviendo su cabeza por puro instinto, esquivando por los pelos una mortal estocada.

Rodando por el suelo, incorporándose en un santiamén.

Inclinando su torso hacia atrás, esquivando una nueva estocada.

— ¡Tus increíbles reflejos no dejan de sorprenderme! — Exclamó su atacante, entusiasmado, alargando el cuerpo de su lanza a gran velocidad, tomando desprevenido al rubio.

Llevando sus rodillas al suelo, inclinando su cuerpo casi hasta sus talones, esquivando gimnásticamente aquella mortal estocada.

Saltando por sobre el rubio con un hábil juego de piernas, retrayendo apenas la lanza, buscando apuñalar al rubio.

Tomando el cuerpo de aquella lanza en el aire, desviando el ataque, incrustándola en el suelo.

Quejándose de dolor al sentir el contacto de su mano con el cuerpo de la lanza.

Incorporándose de un Kip up, en guardia, visualizando a su atacante, todavía con la lanza incrustada en la tierra.

— ¡Ignis Enim! — Escuchó tras él, a lo que parecían ser unos pocos centímetros de distancia.

Desapareciendo en un destello amarillo.

¡BOOM!

Apareciendo a la altura del mar, deslizándose por el agua, de pie sobre ella.

Con la vista firme en el borde de aquel acantilado, donde un segundo antes había estado parado, completamente destruido por alguna magia.

Notando como una espesa Neblina blancuzca inundaba el ambiente.

Cambiando el entorno, volviéndolo más pesado, distinto…

Observando nuevamente el borde del acantilado, esta vez completamente sano, intacto.

— ¡Tan veloz como siempre! — Escuchó una voz burlona de aquel lugar, visualizando a Cao cao una vez el humo se disipo. — ¡Vaya, hasta caminas por el agua! Sumado a tu icónica bondad y tu amabilidad… ¡Se podría decir que eres la reencarnación de Jesucristo! — Burlón

— ¿Qué demonios haces tú aquí? ¿Qué rayos es esta neblina? — Ignorando su comentario. Serio, tratando de sonar lo más calmado posible.

— Un mago nunca revela sus secretos — Sonriendo confiado. — No hables de esa manera, ahuyentaras a mis camaradas. — Alzando los brazos en cruz.

Al tiempo que dos sujetos se paraban a ambos lados de él.

Viendo a ambos.

Uno más alto que el héroe chino, con ropas similares a las de este.

El otro bajo, de unos doce años aproximadamente, con una expresión más que sería en el rostro.

— ¿Amiguitos nuevos? Aquel parece demasiado joven ¿No lo crees? — Señalando al más pequeño.

— Leonardo y George, los dos miembros de la facción que te faltaban conocer, y probablemente los más poderosos después de mí. —

— Eso no me interesa en lo más mínimo. — En pose de batalla. — No debiste mostrarte así Cao Cao, te me has regalado. — Sacando de quien sabe dónde un Kunai de filo corto.

— ¿Regalarme? Que no se te olvide quien de los dos era el perseguido… Además, las cosas no saldrán como la última vez. — Sonriendo ampliamente. — ¡Jamás podrías contra la Elite de la raza humana, Naruto-kun! —

— ¿La Elite? ¿Quién, ustedes?— Riendo levemente — Déjate de juegos Cao Cao, has venido en un mal momento, estoy de muy mal humor. —

— Nosotros tres somos la Elite de la facción de los héroes Naruto-kun. — Ignorando su comentario— ¡No, somos miembros de la Elite del mundo entero! Tenemos algo que nos diferencia muy bien del resto... Y pondremos a todas las razas en cuenta de nosotros… Por fin el mundo se inclinará ante nosotros… —

— Un increíble ego, eso es lo que te diferencia del resto… —

— ¡Ni se te ocurra interrumpir a Cao Cao-sama! — Rugió el mayor de ellos, defendiendo al peli negro.

— Está bien George, no te precipites. — Calmando a su lacayo— Hace rato preguntaste que era la neblina que rodea este lugar… — Cerrando su puño en el aire, simulando atrapar la neblina. — Es un poder curioso… Como habrás notado, en este momento nos encontramos en una dimensión diferente a la de la tierra… En una dimensión creada por George, para ser exactos. —

— ¡! — Abriendo los ojos, sorprendido.

— Y como bien sabrás, no existe ninguna magia capaz de crear una dimensión tan grande como esta… — Llevándose una mano a la barbilla. — Por lo que me pregunto… ¿En realidad exista alguna magia, poder u artefacto podría crear una dimensión tan grande como esta en tan poco tiempo y por si sola? —

— ¡Imposible! — Observando fijamente a George — Dimension Lost… — Apretando sus dientes, conteniendo la ira.

— ¡Exacto! — Aplaudiendo alegremente. — ¡Veo que has hecho los deberes! — Sonriendo burlón. — Como te he dicho antes, nosotros tres tenemos algo que nos diferencia del resto de la Facción de los héroes… —

— Longinus… A falta de una tres… Genial. — Exclamó en voz alta, sarcásticamente. — ¿Y cuál es la Longinus de aquel niñito? —

Lanzándose de aquel acantilado, cayendo elegantemente sobre el agua.

Notando sorprendido como el héroe chino evitaba el agua, levitando sobre ella.

— No tienes por qué saberlo Naruto-kun… Digamos que Leonardo es… Nuestra arma secreta. —

— ¿Qué demonios es lo que tramas Cao Cao? —

— ¿Qué no es obvio? — Blandiendo su lanza confiado. — Estoy aquí para matarte Naruto-kun, creí que eso estaba más que claro… — Sonriéndole.

— ¿Lucharás tú sólo? — Empuñando el Kunai, bañando su filo de chakra.

— ¡Claro que sí! ¡No seas un creído! ¡Yo solo puedo contigo perfectamente! —

— Será una lástima que los súbditos vean caer a su ídolo dorado… Esto será incluso más rápido que la última vez. — Alargando el filo del kunai con su chakra.

— ¡Alto el caballo Napoleón, que la última vez no me derrotaste!... Además… — Inclinando su cuerpo hacia adelante. — No soy el mismo tipo con el que te enfrentaste en primera estancia, Naruto-kun…— Desapareciendo de su vista.

— ¡! —

Apareciendo tras él, apuñalándolo profundamente a la altura del corazón.

Esfumándose en una nube de humo blanca, sorprendiendo al lancero.

Dándose la vuelta, teniendo al rubio de frente, corriendo hacia él, con un enorme rasengan en su mano.

Girando la lanza hábilmente entre sus manos, usando el cuerpo de esta como defensa frontal.

Impactando de lleno contra la defensa del peli negro.

Retrocediendo varios metros a causa del impacto.

Saltando sobre el héroe chino, buscando golpearlo de una patada descendente.

Esquivando la patada, atravesando al rubio con su lanza.

Esfumándose en su cara, sonriendo levemente.

Viéndose rodeado de un ejército de clones rubios.

Agachando el cuerpo hábilmente, esquivando un poderoso rasengan.

Saltando sobre aquel ejército, apuñalando a dos sin titubear.

Girando la lanza en un espectacular juego de manos.

Sumergiendo la punta de la lanza con furia dentro del agua.

Liberando su aura, generando una enorme ola expansiva de aura sacra.

Expandiéndose más y más, disipando a todos los clones al mínimo contacto con la poderosa ola expansiva.

Observando atento todo el lugar, tratando de visualizar al rubio.

— ¡! —

Sintiendo el agua revolverse bajo sus pies, agarrándolo completamente desprevenido.

Emergiendo del agua, golpeando al peli negro fuertemente en la barbilla, elevándolo decenas de metros.

Elevándose de un salto, siguiéndolo de cerca.

Girando sobre el cielo, incorporándose firme, literalmente, contra todo pronóstico, flotando en el aire como si nada.

Atajando un ataque de kunai del rubio con su enorme lanza.

Bloqueando y esquivando decenas y decenas de ataques del rubio.

Intentando patearlo en el rostro, viéndose impedido por el cuerpo de la lanza.

Tomando impulso de esta, girando varias veces sobre el aire, cayendo elegantemente de pie, sobre el agua.

Viendo al héroe chino levitar en el aire, levemente sorprendido.

— Tu velocidad, fuerza y tiempo de reacción siguen siendo lo mismo… Lo único que cambia es que ahora puedes volar…—

— ¡No seas aguafiestas! Solo estoy calentando Naruto-kun… ¡Déjame divertirme un poco más! —

Apareciendo tras él, golpeándole el cuello con su lanza, barriéndole la pierna izquierda, desestabilizándolo.

Despatarrándose por un segundo, suspendido en el aire, volteando su cuerpo, agarrándose de la pierna del Héroe chino.

Creando un rasengan en su mano libre, atacando el pecho del peli negro.

Bloqueando el ataque con su lanza, golpeando al rubio en el brazo, obligándolo a romper el agarre.

Pateándolo fuertemente en el pecho, mandándolo a volar un par metros.

Blandiendo la lanza en el espacio frente a él, liberando una pesadísima ola de aura sacra.

Lanzándola contra el rubio.

Saltando muy alto en el lugar, esquivando aquel ataque.

Trazando un sello de manos, invocando un clon de sombra, creando este dos rasengan en ambas manos.

Tomándolo del brazo, girando varias veces en el aire con él, arrojándolo como si fuera un proyectil contra Cao Cao.

Blandiendo la lanza, cortando al clon en dos, esfumándose en el aire.

Sacando del bolsillo de su pantalón varios Kunai, arrojándole dos al héroe chino, lanzando tardíamente un tercero.

Posando su lanza horizontalmente, bloqueando los dos primeros.

Envolviéndose en un rayo amarillo, llegando a la posición del tercer kunai en media milésima de segundo.

Tomando el cuerpo de la lanza con ambas manos, impulsándose, pateando fuertemente con ambas piernas el rostro del peli negro, mandándolo a volar por los aires.

Sin perder tiempo alguno, creando un rasengan en su mano izquierda, aumentando su tamaño considerablemente, adoptando el tamaño del cuerpo del Uzumaki.

Corriendo por el agua como si esta fuera simple tierra, siguiendo de cerca al héroe chino.

Tomando su lanza en el aire, dirigiendo su filo hacia el rubio, alargándola rápidamente.

Esquivando la lanza a duras penas, saltando sobre esta.

Desviándola un poco, retrayéndola todavía más rápido.

— ¡Ugh! — Se quejó de dolor al sentir el filo de la lanza cortar su tobillo en el camino.

Perdiendo la concentración por tan solo un segundo.

Golpeando al rubio a la altura de las costillas con el cuerpo de su lanza, doblándolo por completo.

Pateándolo fuertemente en la cabeza, mandándolo a volar de lleno contra el agua, sumergiéndose directamente en esta.

Perdiéndolo de vista.

*¡Splash!*

Saliendo disparado desde dentro del agua, aterrizando como si nada sobre ella.

Mirando seriamente al peli negro, escondiendo una leve mueca de dolor en su rostro.

Tomándose la mano izquierda, adolorido, dándole un vistazo.

Viendo como la palma de esta estaba algo ennegrecida, como si estuviera quemada.

— ¡Ugh! — Resintiéndose un poco del dolor en uno de sus tobillos, doblándose apenas.

— ¡Oh, con que al fin te percatas! — Sonriendo complacido — El aura sacra de mi lanza del destino ha aumentado mucho, muchísimo de la última vez que nos enfrentamos… Con tan solo un toque al cuerpo de esta y ya te ha dañado la mano… ¡Por suerte estoy manteniendo su aura en el nivel más bajo posible! No quiero que esto termine tan pronto… Todavía tengo varias cosas que mostrarte…—

— Solo fue un descuido, no te confíes, no volverá a ocurrir…—

— Oh, ¿Qué todavía no lo entiendes Naruto-kun? — Sonriéndole. — Esto es un simple juego de niños para mí Naruto-kun… Mi poder ha alcanzado facultades divinas… Es hora de que veas la verdad ¡Te he superado! —

— Deliras…—

— Eso es lo que tu crees….—

— Te derrotaría en cinco segundos si estuviera utilizando el Senjutsu. —

— ¡Pero vamos! ¡Utilízalo ahora! ¡Incluso utiliza ese ojo extraño que tienes! ¡Necesitaras todo ese y más para siquiera igualarme Naruto-kun!... —

— Te has vuelto completamente loco Cao cao — Confiado. — No necesito nada de ello para vencerte a ti…—

— ¡Hahahaha! — Riendo como un desquiciado. — ¡Tu terquedad es algo que me irrita horrores! ¡Pues si lo quieres así entonces que sea así! — Exclamó, lleno de emoción.

Sumergiendo la punta de la lanza en el agua, comenzando a liberar ingentes cantidades de aura sacra por todo el lugar.

Generando un enorme torbellino donde estaba él parado, levantando muchísimas olas.

— ¡Pero qu-! — Cubriéndose la cara con ambos brazos, sin poder bien al héroe chino, completamente sorprendido por la cantidad de aura sacra que este estaba liberando.

— ¡Lo verás! ¡Por fin lo verás! ¡Prepárate Naruto-kun! — Comenzando a levantar un huracán en aquel lugar. — Te aseguro que el poder que te mostraré no lo has visto en ningún otro lugar. —

[¡Balance Breaker!]

— ¡NO! —

[Polar Night Longinus Chakra Valdine]

Envolviéndose en un enorme y brilloso haz de luz que lo cubrió por completo como si fuera una cascada, comenzando a generar un temblor en toda la dimensión.

Tratando de visualizar al héroe chino, siendo impedido por el bestial vendaval que este estaba levantando, retrocediendo involuntariamente varios metros.

Calmando lentamente ese desastre.

— ¡Hahahaha! — Riendo, completamente sacado.

Dejando de cubrir su rostro con sus brazos, posando la vista en el héroe chino.

— ¡! — Sorprendido hasta más no poder.

Su armadura ahora teñida de un color blanco angelical.

La true Longinus con un tamaño y un aspecto más que intimidante.

El aura divina que rodeaba al peli negro, asemejándolo a un dios.

Y, lo que más le sorprendía y le aterraba de todo...

— Así que todo lo que dicen de ese Balance Breaker es cierto... — Incorporándose, tratando de sonar calmado.

Sin quitar su vista de los siete orbes que rodeaban la nueva imagen del peli negro, todos iguales, moviéndose alrededor de Cao Cao, como si tuvieran vida propia.

— ¡Veo que no te dejas dominar por el miedo, admirable! — Sonriendo como un desquiciado. — Shippo, los siete tesoros… — Tornándose un poco más serio. — Prepárate Naruto-kun…— Acercando uno de los orbes a su altura. — Esta vez…— Tocándolo apenas. — No tendré piedad. —

— ¡! —

Tele transportándose, apareciendo detrás del rubio.

Atravesándolo horrorosamente con su lanza, empalándolo como si fuera una brocheta.

Sin inmutarse cuando este se esfumó en una nube de humo.

Sintiendo como de debajo de él lo tomaban de ambas piernas, impidiendo que se pudiera mover.

Saltando por el aire, con un enorme rasen-shuriken en la mano, lanzándose contra el héroe.

Sosteniendo la lanza con una mano, como si nada, golpeando con el cuerpo de la lanza el enorme ataque del rubio, arrebatándoselo de la mano, desviándolo.

Agarrando a la pasada al rubio del brazo con su mano libre, arrojándolo brutalmente por los aires.

Tocando nuevamente uno de los orbes, comenzando de la mismisima nada a volar.

Sin perder ni un segundo, volando a una gran velocidad, alcanzando en un abrir y cerrar de ojos al rubio.

Atravesándolo sin titubear a la altura del corazón con su poderosa lanza.

Gestando una leve mueca cuando este desapareció en una nube de humo.

Volteándose sin ninguna prisa, bloqueando calmadamente con el cuerpo de su lanza la embestida del rubio.

Mirándolo algo aburrido a los ojos.

— Oh… — Observando la pigmentación naranja alrededor de los ojos del rubio, y el iris de uno de los ojos ahora de color rojo. — Necesitarás mucho más que eso. —

Ejerciendo presión a más no poder, con sus dos antebrazos llenos de chakra de naturaleza viento, formando dos cuchillas en sus brazos, tratando de romper la defensa del peli negro, quien sin ejercer ni un gramo de fuerza ganaba aquella riña.

Rompiendo aquel choque, buscando empalar al rubio por el estómago.

Haciendo abuso de su increíble agilidad, desviando la lanza de una patada, tratando de golpear al peli negro con su antebrazo.

Tomando su brazo como si nada, acercando uno de los orbes, tocando al rubio en la espalda.

— ¡¿Q-qué rayos?! — Apareciendo de la nada en la cima de aquel acantilado.

— ¡! — Sin tener tiempo para nada, bloqueando a duras penas una fuerte embestida del héroe chino con sus brazos.

Arrojando su lanza bien alto en el aire, lanzándole al rubio una serie de rápidos y poderosos golpes.

Bloqueando todos casi mecánicamente, sin poder devolver siquiera uno.

Viendo una leve apertura, buscando contraatacar, tirando una patada rápida a las costillas del pelinegro.

Defendiéndose, agarrándole la pierna con una mano, dándole un fuerte codazo en ella, casi rompiéndola.

— ¡Ugh! — Gimiendo de dolor, levantando la vista un segundo.

Viendo como la lanza caía rápidamente en su dirección.

Lanzándole golpes al héroe chino, moviéndose algo nervioso, buscando zafarse.

Sin poder conseguirlo.

Siendo atravesado por la lanza, generando una imagen completamente horrorosa.

Tiñendo todo el lugar de rojo con su espesa sangre.

Cayendo desplomado en el suelo, con la sangre que no paraba de salir de su cuerpo.

— ¿¡Qué!? — Sorprendiéndose enormemente al ver esfumarse al rubio en una nube de humo.

Apareciendo tras el héroe chino, cogiéndolo desprevenido, con dos rasengan de gran tamaño.

— ¡Ugh! — Recibiendo el doble impacto por la espalda, saliendo disparado decenas de metros.

Estabilizándose rápidamente, viendo al rubio correr en su dirección, con un gigantesco rasen shuriken en mano, arrojándoselo.

Recuperando la calma, posicionando uno de los orbes delante de él.

Recibiendo este completamente el impacto, atajándolo como si nada.

Agrandando la forma del rasen shuriken.

Arrojándolo de regreso al rubio, con muchísima más velocidad.

Viendo su propio ataque volverse en su contra, preparado para esquivarlo.

— ¡No lo harás! — Tele transportándose detrás de él. — ¡Eres mío! — A punto de empalarlo.

Viéndose acorralado por su técnica y el peli negro, sin salida alguna.

— ¡Fukansen: Susanoo! — Liberando ingentes cantidades de su chakra, envolviéndose en él.

Tomando la forma de una muy peculiar caja torácica, sirviendo de escudo, protegiéndolo del ataque de Cao Cao.

— ¿Qu-? —

*BOOM*

Viendo como el rubio, protegido por aquella caja torácica recibía de lleno el impacto del rasen shuriken.

Sin recibir ningún tipo de daño.

Deshaciendo aquella defensa.

Tomando Un par de pasos de distancia.

— ¡Susanoo: Amu! — Trazando un sello de mano.

Generando un enorme brazo esquelético de color celeste, apareciendo de la nada.

Tomando abruptamente al héroe chino con ella, apresándolo.

'Estirando ambos brazos, creando un rasengan en cada mano.

— ¡Daburu Rasen shuriken! — Aumentando abruptamente el tamaño de ambos, cambiando su naturaleza.

Lanzándoselos al apresado peli negro, buscando terminar con aquella batalla.

Haciendo Contacto con uno de los orbes, tele transportándose instantáneamente, liberándose fácilmente, esquivando el mortal ataque.

*BOOM*

Apareciendo detrás del rubio nuevamente, desprevenido.

Golpeándolo en la pierna con el cuerpo de la lanza, obligándolo a quedar con la rodilla gacha.

Apuntándole con la punta de la lanza directamente a la cabeza, buscando la muerte instantánea.

*CLANC*

Encontrándose nuevamente con aquella caja torácica, protegiendo al rubio.

Levemente frustrado, buscando poder dañar al rubio.

Atacando una y otra vez con la lanza a aquella extraña defensa, buscando destrozarla de una vez por todas.

Fallando ampliamente en su cometido.

Enfadado, retrocediendo decenas de metros.

Alineando frente a él uno de los tantos orbes que lo rodeaban.

— ¡todo termina aquí, Naruto-kun! — Girando su lanza entre sus manos, habilidosamente. — ¡Muere de una vez! — Golpeando aquel orbe con la punta de su lanza. — ¡Ratana: Balinayaka! —

Cargándose completamente de energía sacra

Liberando un enorme interminable haz de energía sacro-divina, increíble, bestialmente poderoso.

*BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM*

Impactando de lleno contra el Uzumaki.

Siguiendo de largo, atravesando limpiamente el gran acantilado de aquella dimensión artificial.

Generando un trascendente temblor en toda la dimensión, levantando una cortina muy densa de polvo y humo.

Sonriente, muy fatigado y con todas sus ropas maltrechas y sucias.

Esperando paciente a que aquella cortina de humo se levantara.

—… ¡Ha!... La cantidad de trucos bajo la manga que tienes es impresionante… — Respirando arrítmicamente, observando fijamente al rubio cuando aquella cortina de humo se disipó.

Igual o más cansado de lo que el héroe chino se encontraba, algo encorvado, con la mirada muy seria.

Envuelto dentro de un enorme y terrorífico espíritu hecho de su chakra, utilizándolo de defensa principal, vistiendo una armadura de ronnin, de aura intimidante, con su cuerpo espiritual quemado por aquel poderosísimo ataque del héroe chino.

— Has sobrevivido de lleno a mi técnica más poderosa de todas… ¿Cómo demonios puedes invocar semejante espectro? —Perdiendo de vista al enorme ronnin para centrarse en el rubio, observándolo directamente a los ojos.

Viendo precisamente el ojo derecho del Uzumaki, notando el extraño patrón negro que había adquirido.

Observando la gran cantidad de sangre que este estaba "llorando" por aquel ojo…

Fulminando al peli negro con la mirada.

Dando un paso al frente, comenzando a caminar lentamente hacia el peli negro, moviéndose junto aquel espectro de ronnin.

Tropezándose levemente a causa del dolor, llevándose la mano al ojo derecho.

Deshaciendo el enorme espectro de ronnin.

— Ya veo…— Riendo secamente. — Me sorprendería muchísimo si todavía pudieras continuar. — Respirando entrecortadamente, fatigado. — Tan sólo es la segunda vez que uso el Balance Breaker… Estaba seguro que era suficiente para asesinarte, pero fallé. Me hubiera gustado poder enseñarte todos los poderes de los Ratana… — Algo decepcionado.

— Yo seré el que asesine al otro, Cao Cao. — Preparado para seguir con la batalla.

Viendo como casi instantáneamente llegaban George y Leonardo, posicionándose a los lados de Cao Cao, listos para defenderlo.

— Muévete un solo centímetro y tendremos que eliminarte. — Amenazó George.

— Ese gran espectro…— Ignorando la presencia de los otros dos, mirando fijamente al rubio. — Pudiste invocarlo gracias a ese ojo… ¿Cierto? —

—…—

— Con que sí…— Sin recibir respuesta alguna.

— Cao Cao-sama, esta dimensión ha recibido muchísimo daño, se encuentra muy inestable, desaparecerá en cualquier momento. — Explicó George. — Será mejor que nos apresuremos y lo asesinemos cuanto antes. —

— No hace falta. — Lo frenó. — No tiene gracia. Mi Balance Breaker está por terminar, además de que estoy agotado… Lo mejor será desistir por hoy. —

— No dejaré que te vayas Cao Cao. —

— Deberías hacerlo. — Lo interrumpió. — Somos tres contra uno Naruto-kun, desiste tú también. — Viendo como Georg abría una garganta dimensional. — He terminado de medir nuestras fuerzas, y la verdad que no eres nada fuera de este mundo Naruto-kun. — Sonriendo complacido. — Ese ojo tuyo me ha llamado la atención, estoy muy interesado en él. — Admitió. —Cuando te asesine tomaré posesión de él, espero que no te moleste. —

— La próxima vez que te vea te cortaré la lengua. —

— Vaya… Que rudo. — Burlón, listo para irse. — ¡Oh! ¡Casi lo olvido!... Los miembros de la brigada se han enterado de nuestros fraternales encuentros…— Burlón. — Me han estado presionando e insistiendo Día y noche para que les dijera tu paradero… Me siento algo apenado por eso…—

— ¡¿Qué demonios insinúas?! —

— Insinúo que…— Sonriendo ampliamente. — Si yo fuera tú, no dejaría la casa sola tanto tiempo… A lo mejor cuando regreses tengas un par de visitas…—

— ¡! —

.

.

.

Apareciendo en el patio de su casa con el cuerpo todavía hecho trizas.

Agitadísimo, muy preocupado.

Viendo como tanto el patio y la casa se encontraban en la misma situación.

Devoradas por el fuego.

*BOOM* *BOOM* *BOOM* *BOOM*

Levantando la vista, viendo como una horda de demonios, magos, y hasta angeles caídos, bombardeaban su casa con cientos y cientos de hechizos y ataques.

Sin poder ver ni un segundo más aquella terrorífica escena.

Saliendo de ese caos para entrar posiblemente en uno peor, adentrándose en la casa.

Desesperado, buscando con la mirada a las chicas y a Gasper.

— ¡Le Fay! ¿¡Donde demonios están!? — Revisando en cada habitación, siendo dificultado por el enorme temblor que producía cada hechizo impactando contra el edificio.

Agarrándose del marco de la puerta de la habitación del rubio para no caer, divisando , en el fondo de la habitación, justo debajo del marco de la puerta del baño, tres cabelleras rubias y una azul.

Abrazados, pegados mutuamente, todos temblando, temerosos.

— ¡Chicos! — Gritó, llamándoles la atención, muy preocupado.

— ¡Naruto! — Gritó la peliazul en respuesta, siendo la primera en visualizrlo, corriendo hacia él, temblando, seguida al instante por el trio rubio.

— ¡Naruto-nii-sama!— Abrazándolo de la pierna con todas sus fuerzas, lloroso.

— ¡Gasper! ¡¿Están todos bien?! —

*BOOM*

— ¡Naruto-sama! ¡Tengo miedo! — Escondiendo su rostro en el cuerpo del Uzumaki.

— ¡Tranquilízate Ravel, todo estará bien! —

*BOOOOOM*

Sacudiendo todo el edificio, al borde de venirse por completo abajo.

— ¡Debemos irnos ahora mismo, péguense a mí! —

— ¡No! ¡Nuestras cosas! ¡Lo destruirán todo, tenemos que defendernos! —

— ¡Xenovia, nos matarán a todos si nos quedamos tan solo un segundo más, hay cientos de enemigos allá afuera! —

*BOOOOOOOOOOOOM*

Recibiendo un hechizo que impactó con el techo de la casa, derribándolo por completo, dejando expuesto el interior de la casa.

— ¡Nos vamos ahora mismo! — Pegando a los cuatro adolescentes a su cuerpo, desapareciendo todos en un destello amarillo, un segundo antes que un enorme hechizo impactara contra aquel terreno, destruyendo lo poco que quedaba de aquel edificio.

— ¡Demonios! —Desplomándose en el suelo de una deshabitada casa.

Respirando aceleradamente, con la mirada al techo, acompañado de otros cuatro individuos.

Incorporándose en el lugar, tomando una gran bocanada de aire.

— ¿Están todos bien? — Volvió a preguntar, simulando una increíble calma —Aquí estaremos a salvo —

— ¡Naruto-nii/sama! — Gritaron la demonio y el vampiro, arrojándose contra él. — ¡Tenía mucho miedo Naruto-niisama, creí que iba a morir! — Enterrando su cabeza en el pecho de este.

— ¡No pudimos hacer nada! — Lloriqueando. — ¡Muchísimas gracias por rescatarnos! —

— No me des las gracias… Lamento haber llegado tarde…— Acariciando la cabeza de ambos.

— Naruto… Nuestras cosas… Nuestro hogar…— Susurró la italiana.

— No te preocupes por nada de ello Xenovia… Esas cosas van y vienen — La consoló.

— Tu rostro… — Mirándolo detenidamente. — Tienes sangre… Tus ropas están destruídas, tienes heridas por todos lados… ¿Qué te ha sucedido? —

— Bueno…— Haciendo un leve silencio, desviando la mirada. — Digamos que tuve una tarde muy movida… Estaré bien, trataré de estarlo…— Mirando a la maga inglesa, preocupado.

Sentada en un rincón de aquella desamueblada habitación, abrazada a sus rodillas, temblando, con la mirada completamente perdida.

— Le Fay… — Observándola fijamente a los ojos.

Devolviéndole la mirada sin siquiera inmutarse.

Manteniendo ese choque de miradas por varios segundos más.

Frunciendo la vista, comenzando a derramar varias lagrimas.

Levantándose, corriendo desesperada hacia el Uzumaki, abalanzándose sobre él, derribándolo en el suelo.

Comenzando a llorar desconsoladamente sobre él.

— Fay… Tranquilízate…—

— ¡F-fue todo muy rápido!...— Exclamó entrecortada —¡Y-yo estaba leyendo en la biblioteca, estaba muy concentrada, p-para cuando sentí su presencia ya era demasiado tarde! — Llorando aun más. — L-lograron anular nuestros poderes con un hechizo de área… Fui una idiota, no debí bajar la guardia… Si tan solo no hubiera estado encerrada en la biblioteca... ¡Todo es culpa mía!— Deshagoandose en el pecho del rubio.

— Sh… Ya está Fay, no es tu culpa… Ya estamos a salvo…—

— ¡¿Qué es lo que está sucediendo?! ¡¿Por qué ha estado actuando extraño estos días?! ¡¿Por qué siento su aura diferente!? ¡¿Por qué usted está en este estado?! ¡¿Contra quién ha peleado?! ¡¿Por qué nos atacaron hoy?! ¡¿Cómo nos han encontrado?!

— Son muchas cosas Fay…—

— ¡Deje de ocultarnos todo Naruto-sama!... Por favor diganos qué es lo que está pasando…—

— Lo haré Le Fay… Prometo explicarles todo…— Cedió. — Sólo… Descansemos un poco…—

.

.

.

.

Abriendo los ojos, dándole un profundo vistazo a su alrededor.

Las paredes verdes y opacas, el adoquín donde se encontraba parado.

Todo era muy, muy nostálgico.

Y pensar que hace mucho se había hecho así mismo la promesa de nunca volver.

Esta era la segunda vez que visitaba aquel lugar en menos de cuarenta y ocho horas.

Lamentablemente aquella promesa ya se había ido al diablo, por más que le duela.

Sacudiendo su cabeza, centrándose, dejando de divagar.

Dando un paso al frente, caminando hacia la puerta de aquella enorme e intimidante jaula.

Sin pensarlo dos veces, adentrándose en esta.

Levantando uno de sus brazos, alumbrando aquel lúgubre lugar.

Observando hacia el fondo de la jaula.

Viendo en el fondo de esta al enorme e invasivo dragón, acostado perezosamente, como si fuera el animal, la criatura más mansa del universo.

Una imagen de por sí extraordinariamente maravillosa.

Caminando lentamente hacia donde él se encontraba, sin hacer mucho ruido.

Sintiéndose pequeño al estar parado de aquella criatura, buscando nerviosamente una manera de comenzar aquella conversación.

—…Hey… —

Abriendo uno de sus grandes y verdosos ojos, observando al Uzumaki fijamente.

— ¿…Todo el día durmiendo? —

[Maso menos… No es que tenga muchas cosas para hacer…] Sorprendiendo al rubio con aquella respuesta.

— Ya veo…—

[¿Has encontrado la manera?]

— ¿Qué? —

[Sí has encontrado la manera de sacarme de tu cuerpo…]

— Ah… No, todas las maneras que leí de extraer Longinus el portador muere… Aunque no investigué mucho… —

[¿Has desistido de esa idea?]

—…Sí. — Confesó. — Así es…—

[Ya veo… Gracias por eso joven Naruto]

— Llámame Naruto, no hace falta formalidades…—

[Entiendo… Debo de tener entendido que tú ya sabes quién soy… ¿No es así?]

— Sekiryutuei… El dragón emperador rojo…—

[Mí nombre es Ddraig, no me molestaría que me llamaras así.] Confesó. [¿Sabes absolutamente todo lo que conlleva ser mí portador?]

— Yo no soy tu portador… Yo soy tu huésped. — Corrigió. — Y sí, lo sé… Muchísimos líos, problemas y enemigos, que generalmente se camuflan en fama, poder y otras nimiedades… Por eso estoy tan cabreado con tenerte dentro mío… — Confesó.

[Veo que eres muy sincero Naruto] Riendo levemente. [Déjame decirte que tu reacción al verme fue muy peculiar… Por lo general se aterran al verme, o se obsesionan demasiado…. Tu hiciste todo lo contrario…]

— Lamento el haberte atacado de esa manera, no estuvo bien…—

[No te preocupes, fue una reacción un tanto, diferente…]

— Ya…—

[¿Para qué has venido?]

— Necesito que me aclares un par de cuestiones. —

[No te diré el porqué le pedí a Ophis que me trasladara a tu cuerpo.]

—… ¿Siquiera me dirás cómo es que lo hicieron? No sabía que un sacred gear podía elegir su siguiente portador…—

[Es algo que las sacred Gears que tienen una entidad dentro son capaces de hacer… Pero los dragones pasamos de la raza humana, no nos interesa. Nunca me había visto en necesidad de elegir a alguno de mis portadores…]

— Pero esta vez sí te viste en necesidad…—

[Sí, ciertamente si.]

— ¿Y no me dirás el por qué? ¿El por qué yo? —

[No, no te lo diré, al menos no por ahora, cuando el tiempo se dé te lo diré, y aclararé todas tus dudas sobre ello.]

—…—

[ Lamento qu-]

— No. — Lo interrumpió. — Es tu decisión, la respeto. —

[…Gracias] Simulando una sonrisa.

— Lo único…— Susurró. — Necesito que me aclares una cosa, algo sobre tu poder…—

[Sí tu duda es sobre si te lo prestaré, entonces claro que s-]

— No quiero ni una pizca de tu poder. — Sonando algo rudo. — No lo necesito. —

[Y-yo… Entiendo.]

— Es otra cosa… ¿Puedes explicarme cómo actúa tu aura, el aura del dragón? —

[Oh… ¿Ya te ha comenzado a causar problemas?]

— Muchísimos…— Suspiró. —Y cada vez peores…—

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Caminando de un lado a otro, nervioso, bajo la tenue luz de la luna iluminándolo a él y a sus acciones en aquella sala.

Sentándose unas cien veces antes de decidirse quedarse de pie.

Tomando el que creía que era la cuarta, o tal vez quinta, taza de café.

— Deberías Tranquilizarte un poco chico…— Habló una voz desde la oscuridad.

— ¡Mafura! Al fin regresas. —

— Te ves mal Naruto-san…— Observándolo superficialmente, notando los cortes, raspones y múltiples moretones que tenía en todo su cuerpo. — ¿Qué te ha ocurrido? —

— Cao Cao… fue terrible, ha podido despertar el Balance Breaker… Tuve que usar el Susanoo para defenderme, si no lo hubiera hecho estaría muerto… —

— Ese mocoso… Si sigue así se convertirá en todo un problema. —

— Mafura… — Observándolo directamente a los ojos. — Ya se ha convertido en un problema, y en uno muy grande… Además entre su gente está el portador de la Dimension Lost… Y otro portador de Longinus, aunque no me ha dicho cual…—

— ¿Por descarte? —

— Incinerate Anthem está en posesión de los magos, Canis Lycaon tengo entendido que se encuentra con los ángeles caídos, Zenith tempest está con los ángeles, tiene a True Longinus y a Dimension Lost… Quedan demasiadas variantes…—

— Debes descartar también la Boosted Gear…—

—….—

— ¿Has logrado contactarte con el dragón?—

— Ddraig. — Corrigió. — Sí, me ha aclarado mis dudas sobre el aura del dragón. —

— ¿Y cuál es tu reseña? —

— Que es todo lo peligrosa que creía y aún más. — Confesó, amargado. — Esto no da para más Mafura… ¿Tienes su ubicación? —

— Está en el mismo lugar que siempre… ¿Lo harás ahora? —

— Si no lo hago ahora entonces no lo haré nunca. —

— Ellas te quieren chico… Te estiman. —

— Y yo a ellas, pero las cosas, como están, ya no dan para más… Si se quedan conmigo lo único que conseguirán será que las maten. —

— No tiene por qué ser así Naruto-san… —

— Han destrozado nuestra casa Mafura… Cao Cao me ha encontrado muy fácilmente… Y hasta ha demostrado que puede vencerme… No las expondré a la muerte, ni a ellas ni a nadie. —

— Naruto-san…— Sin saber qué decir. — ¿Qué harás con el pequeño vampiro? Ha llegado hace poco, pero parece que también te estima mucho…—

— Se quedará un tiempo más conmigo, su familia lo odia, no tiene a nadie, ningún lugar sería seguro para él… —

—…—

Entrando en un silencio algo incómodo.

Tomando fuerzas, encarando para la salida de aquella sala, con dirección hacia los dormitorios de las chicas.

— Naruto-san… — Lo llamó.

— ¿Qué sucede? —

— Te arrepentirás muchísimo de esto…— Soltó sin más, antes de marcharse de aquel lugar, dejando al Uzumaki sólo.

Estaba en lo correcto, la idea no le gustaba para nada, pero no era cuestión de si le gustaba o no, era cuestión de hacer lo correcto.

El estar cerca de él era un peligro.

Él era un peligro… Su nombre y su no buscada fama lo eran, y sumándole ahora el aura del dragón emperador rojo… Era una bomba de tiempo.

Las cosas poco a poco iban desenredándose, y él intuía, él sabía que todo terminaría en un inminente desastre.

Por eso llevaría a cabo ese plan que venía planeando, valga la redundancia, hace bastante tiempo.

Lamentablemente, ni Gasper ni las chicas podían seguir viviendo más con él.

El famoso "Dream Team", como ellos lo llamaban a modo de broma, se iba a separar.

Ese día, las tres jóvenes y él, tomarían caminos completamente separados…

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ostia que buen capitulo
naruto aun tiene el chakra de los 9 biju y del sabio de los 6 caminos
espero que naruto mate al puto de cao cao y si equipo y que los mate con mucho dolor
espero que naruto no deje a las chicas que se de cuenta en el ultimo momento
 

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