Misión D Mercado de Influencias l Emily Uzumaki

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Misión:
Mercado de influencias (D)

La situación es sencilla en apariencia y aquí les va: existe una flor que es usada para muchas cosas que van desde la decoración hasta la salud. La misma es muy demandada por los pobladores nativos y ciertos turistas que creen en sus múltiples capacidades. Sucede que se ha recibido la petición de tres partes que requieren la dichosa flor y que, por alguna razón, la única tienda que la posee se ha negado a venderla e incluso negado a regalarla porque sí.

Objetivos:
-Convencer al poseedor de la flor que se la facilite a ustedes, sea regalada o vendida. Contarán con dinero para su compra en caso de acceder.
-Decidir a cuál de los solicitantes entregarle la flor.

Notas:
Los solicitantes presentaron sus respectivas situaciones:
1. La necesita para preparar un remedio que ayudará a la mujer de la relación (es una pareja), a embarazarse. Ya han intentado otros métodos pero ninguno ha dado en el clavo.
2. Un chef la requiere para preparar uno de los mejores y más exóticos platillos del país y de ese modo no perder su restaurante, debe convencer a unas personas de que vale la pena mantener el local y él necesita ingresos.
3. A unos científicos les hace falta la flor para culminar con la elaboración de su elíxir de la inmortalidad. Estas personas tienen algo de fama y hasta ahora, sus inventos han tenido éxito.

Ficha: Emily Uzumaki
 

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La cantidad de dinero que le habían facilitado a la pequeña estudiante era de locos. ¡1000 Ryus! Con ese dinero, podía comprarse 3 jutsus o un arma excepcional , forjada por los más experimentados y reconocidos herreros. Razón por la cuál le chocaba muchísimo el rango de la misión. Que sí, la mortalidad de la misma era prácticamente 0, pero manipular tanto dinero era algo que la ponía de los nervios. Ella llevaba meses haciendo misiones, y ni de cerca se había acercado siquiera a la mitad de aquella exhorbitante cantidad. Eso le hacía reflexionar acerca del gran valor que tenía aquella flor. Tras llegar al pueblito junto a la academia, fue directamente hacia la tienda donde vendían la rosa. Ella iba mentalizada de que sería algo difícil de lograr. Pero al ponerse a pensar en la magnitud y objetivos de las 3 solicitudes , se daba cuenta que debía conseguir a como diera lugar que le vendieran esa planta.

Entró al lugar. Era un local bastante rústico. Lleno de verde y colores, tales como una gran variedad de plantas y rosas. Al entrar, la instante supo cuál era la flor que estaba buscando. Era un modelo de la naturaleza que jamás había visto. Era de petalos rojos y redondos, con puntas de oro. Incluso, le daba la sensación de que tenía un tenue brillo, brillo que era imposible de apreciar por la inclemente luz del sol que se colaba a a través de las amplias ventanas presentes.

El dueño del lugar no tardó nada en darse cuenta que la morena miraba la rosa, por lo que no tardó en reaccionar.

- Esa no está a la venta - aclaró, sin pensárselo dos veces. -Hay muchos otros hermosos especímenes, eres libre de revisar cuál te gusta más -
- ¿Si no está a la venta por qué está a la vista de todos? -
Se preguntó en voz alta. El florista tardó en responder.
- Pues... -
- ¿Es hermosísima, cierto? -
Comentó Emily, mientras miraba la embriagante belleza de la flor.
- En eso tienes toda la razón -
- Lo cierto es que no sé nada de plantas. Usted que sabe el verdadero valor de esta en particular, debe ser muy difícil para usted venderla. Supongo... -
concluyó la estudiante.
- Diste justo en el clavo -
- La verdad es una pena -
- ¿Por qué? -
- O sea, es que hay gente que en serio necesita de esta amiguita. Entiendo de que sea única en su tipo, pero dejarla marchitarse aquí sin haberle dado uso es muy triste -
Uzumaki sentía que lo tenía. Que el hombre estaba a punto de ceder en venderle aquella flor.

- No te la pienso vender - Emily se enojó de una.
- Crétino - Dijo en voz alta, sin escrúpulos.
-
Así menos te la voy a vender -
- Es que en serio la necesito. ¿Qué tan rara puede ser que no la quiere vender? -
- Eso no es asunto tuyo -
- ¿Ah, no? -
Emily sabía que no tenía que ir por ese camino. Debía ser más inteligente. Hizo una mirada general de nuevo en aquel hombre, y rápidamente encontró un distintivo que decía "gerente" en su gafete. Esa era su debilidad. -¿Por cuánto anda el precio de estar flor? -
- Generalmente vale de 200 a 300 Ryus. Pero como te digo, no te la pienso vender -
- ¿De veras?, ¿Qué diría su jefe si le dice que rechazó venderla a alguien que le ofrecía el triple o incluso el quintuple de su valor bruto? un rendimiento del 500% es algo muy interesante para alguien que lleve un negocio. ¿Acaso la comida se compra sola? -
Dijo, con mucho sarcasmo y un sesgo de crueldad en sus palabras. - Sería una lástima que regresara cuando esa flor ya esté muerta, y le diga que por burro usted no quiso venderla por 1000 Ryus - aquellas palabras las decía mientras sacudía el fajo de billetes frente a su propio rostro. Los ojos del hombre seguía el dinero como un can seguiría un juguete o un filete de carne de su amo.

Pasó un rato.


-¡Gracias, vuelva pronto! - Le dijo el hombre a Emily.
- Fue un placer hacer negocios con usted - dijo la morena con una sonrisa falsa de oreja a oreja. Llevaba la flor en su mano derecha.
 
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Acto facto, la morena nuevamente sacó el pergamino donde tenía las instrucciones de la segunda parte de la misión. Debía escoger entre una pareja, un chef y algunos científicos que tenían un ambicioso proyecto. Lo cierto es que era una decisión en definitiva muy difícil de tomar. Que de hecho, para aquella pequeñuela le resultaba algo imposible. Sabía a ciencia cierta que por su falta de acertividad sería incapaz de negarse una vez tuviera a la persona enfrente de ella, por lo que decidió que debía escoger a cualquier de los 3 e ir a por esa persona para darle la flor.

Estaba bastante desonrientada e indecisa, a tal punto llegó que, para no complicarse la vida, sacó un dado que usaba para juegos de mesa y estrategia. 1 y 2 la pareja, 3 y 4 el chef y 5 y 6 los científicos. Hizo una única tirada, resultando finalmente en el 2. Por lo que debía entregarle a flor a la pareja.

Se puso a investigar e indagar en la dirección de aquel par, y fue directamente hacia allí. No obstante, su impresión no fue nada grata al encontrarse con una cara conocida en el lugar. No era ni nada más ni nada menos que Ricardo, quién manejaba la compañía de una atractiva pelirroja de 18 años. Efectivamente, no era la novia con la que supuestamente se había reconciliado. ¡Le había sido infiel! Al ver aquella escena, Emily nada más pudo sentir un profundo asco por aquel par de personas, pero especialmente por el chico, que le había visto la cara de tonta a Sofía (Y Emily, quién para su conveniencia, estaba omitiendo los claros problemas que esta chica tenía).

Saltó esa parte y ejecutó un segundo lanzamiento de dados, resultando esta vez en el chef.

Al llegar al lugar sintió un delicioso aroma, el cuál provenía lógicamente de la cocina. Fragancia que se escapaba y seducía a través de una pequeña ventanilla, cuidadosamente abierta para que cumpliera su función de acariciar el olfato de los clientes que fueran entrando. En aquella ocasión particular, resultó, pues la tripa le rugió a la aspirante a genin y decidió que comería ahí. Aún llevaba la flor consigo, pero la tenía guardada en su estuche ninja, por lo que era imposible ver la planta a simple viste. Razón por la cuál se llevó una ingrata sorpresa.


-¿Puedo ordenar? - Preguntó Emily, tras unos 15 minutos que no le atendían. Frente a ella se plantó un hombre con plante con fachas de chef, traje blanco y el típico sombrero blanco que se esperaría ver en una película para niños. La edad tiraba a los 40 años desde arriba.
-Ahorita no tengo tiempo para niñatas. Debo atender a los comensales -
- ¿Perdone? -
Había activado a la Emily cascarrabias.
-
Lo que escuchaste mocosa, vete de aquí. De todas formas mi comida no es para que una niña la deguste -
- Para empezar, no soy una mocosa soy una ninja. Así que quiero un poco de respeto de parte de usted -
- Solo vete, niña -
- Me iré. Y me llevaré la rosa de oro, cretino -
dijo, revelando la flor que tenía en su estuche ninja. La cara del chef cambió completamente, y supo al instante que literamente la había cagado.
- ¡¿De donde sacaste eso?! - Le preguntó afligido.
-
Pues yo fui a comprarla a la tienda para usted, pero ya vio cómo me trató. Hay otras dos solicitudes para esta rosa, así que para lo que a mí respecta ya perdió - Uzumaki se levantó del asiento en ademán extremadamente dramático, sabiendo que obtendría algo haciendo ese show. Sabía que en ese momento ella estaba en una situación de poder, y lo iba a aprovechar. Emily pensó durante un largo rato, mientras tenía a aquel señor practicamente lamiendole sus botas rosadas, sabiendo que el destino de su carrera dependía de una bichita de 14 años que acababa de menospreciar. La kunoichi se lo pensó varias veces antes. Colocó su mano en su barbilla en son de pensar los términos y condiciones de la rendición, hasta que finalmente tuvo una revelación. Justa y simple.

- Deme un almuerzo, rico. Y gratis, y se la doy -
- Vaya, está bien... -
le respondió el hombre. Recuperando poco a poco la compostura y con un cambio de actitud radical respecto a antes.

Y así se hizo.

Tras almorzar, Emily se retiró triunfante que había almorzado un comida gourmet sin gastar ni un solo centavo e, incluso, convenció al hombre que le firmara un reporte en el que afirmaba un trato extremadamente cordial y ejemplar para los altos mandos. Para ganar puntos de cara al examen genin que se avecinaba.
 

Gran abuelo
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Resultó interesante ver la continuidad entre la misión anterior y esta, y cómo el conocimiento previo redujo las opciones para completarla. Como buena estratega, Emily manipuló la situación del cocinero de manera que ella también obtuviera algún tipo de beneficio. Sin embargo, decir que "...podrías comprar 3 jutsus..." le resta profundidad y realismo al mencionar algo propio del sistema, que in rol, se viviría de manera diferente. Con esto quiero decir: los usuarios compramos los jutsus, los personajes aprenderían el jutsu adquirido -aunque en la mayoría de los casos no sea necesario mencionar que x personaje hizo un entrenamiento para aprender x jutsu-.

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