Original Fic Mirada de Ángel -FINAL-

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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Hay situaciones que uno no comprende cómo pasan, pero pasan, así le pasó a Daphne. Su vida era feliz, aunque cualquiera podría pensar lo contrario, ya que su estilo de vida era algo fuera de tono para la mayoría, por ser dueña de un club nocturno de cierta picaresca por lo que podía pasar ahí. Para una mujer pasado los treinta, pero sin tocar los cuarenta, cualquier otra cosa sería más digna que poseer un lugar donde exuberantes mujeres bailaban sensualmente para deleitar a los presentes, donde la lujuria y la bebida abundaban como flores por el campo. Aunque había días buenos, casi siempre, eran aburridos, había mucho dinero fluyendo ya que su local era uno de “etiqueta”, pero, no dejaban de ser simples, sin emociones, poco a poco, perdía sentido lo que le motivó a abrir ese sitio.

Daphne, antes de tener su negocio, fue una bailarina, como todas las demás chicas, vivió un infierno al trabajar para hombres, tan descarados y majaderos, pero todo era para mantener a su hija que tuvo sin planearlo a sus catorce años. La pasaba tan mal que decidió abrir su propio negocio con todo lo ahorrado, donde otras como ella, pudieran trabajar con mayor gusto, con mayor confianza, con mayor respeto, vendían erotismo, no sus cuerpos, era la mentalidad que le pasaba a todas sus trabajadoras. Desde la cocina hasta las guaruras, todo el local era manejado por mujeres, dándole un toque único a ese sitio, donde Daphne era la reina, pero, como toda reina, a veces, la guerra le llamaría a la casa.

Fue una noche de lluvia, más cercano a la madrugada, que antes de cerrar, alguien llamó a la puerta trasera de servicio de su club, donde la lluvia dejó ver a alguien que se cubría con capucha, pedía un poco de comida. Daphne, como siempre, no le negó el bocado a alguien, ella en algún tiempo vivió la pobreza, además, iría en contra de los principios que le enseñaba a su hija de veinte años, que cuando alguien necesitara de su ayuda, si uno podía ayudar, no lo negara. La voz de quien se escondía en esas ropas andrajosas eran los de una joven, por sus pálidas manos manchadas, se podía ver que había sido golpeada más de una vez, eso hizo que la mujer sintiera ganas de preguntarle quien la lastimó para ir a cobrarse por ella, pero, prefirió dejarla tranquila y que si, ella quería, hablaría.

Daphne la hizo pasar a la cocina, le indicó donde lavarse las manos y pidió a una de sus cocineras que antes de irse, le hiciera el favor de servirle un poco del estofado que sobró y un poco de jugo para la pobre chica. La cocinera le insistió que tuviera cuidado, que no confiara en desconocidas, pero, Daphne no era una mujer débil, había aprendido a defenderse en las calles y en las clases de kickboxing que le daban sus trabajadoras de seguridad privada, así que no tenía por qué temer.

La chica empezó a comer lentamente, mientras Daphne sacaba un cigarrillo para fumar y con un pañuelo secaba su cuerpo mojado por la lluvia, sin dejar de mirar que detrás de la capucha, había unos bellos ojos brillantes de color avellana, tan preciosos, que daban a entender que esa chica, aún tras las fachas, era linda.



- ¿Te gusta? Tal vez está un poco frío, si quieres, puedo calentarlo. -


- No… Está bien… Puedo… ¿Dormir aquí en la cocina? Sólo será una noche, por favor. -


- ¿No tienes ningún lugar donde quedarte? -

- No… Me escapé de casa hace unos días y ... No tengo a donde ir y se me acabó el dinero que traía. - Dijo la chica mientras Daphne le quitaba con cuidado la capucha, sorprendiéndose al ver que no sólo era una joven de bello rostro, sino que, seguro tendría la edad de su hija.

- ¿Por qué te escapaste de tu casa? -


- Mis… Mis papás descubrieron que… Algo malo en mí, me golpearon y me dijeron hasta de que me iba a morir.
- Susurró la chica mientras Daphne le acariciaba sus ojos rojos, ya que seguro había llorado a más no poder.

- Válgame dios, pero ¿Qué puede ser tan malo para que te golpearan? ¿No tienes a nadie a quién acudir? -


- Tengo a mis abuelos, pero, de seguro mis papás ya les habrán contado lo que pasó y ellos ni van a querer verme… -


- ¿Y amigas? -


- Tengo, pero… No quiero meterlas en problemas.
- Murmuró la joven mientras Daphne no paraba de mirarle a sus ojos preciosos, no podía creer que tan bella chica estuviera sufriendo.

- Puedo dejarte pasar una noche aquí, pero, tienes que decirme, porqué huiste de casa, sino, no podré ayudarte. -


- Yo… Soy lesbiana. -


- Pero, eso no es malo, muchas de mis trabajadoras lo son. -


- Es que… Mi… Mi papá es muy... Ya sabe, cerrado, mi mamá siempre le da la razón… No le agradó mucho que digamos, eso, que lo sea. -


- Ya veo…
- Dijo Daphne acariciando la mano de esa chica, quien comía poco a poco, notando su debilidad. - Por ahora, termina de comer, te diré donde pasarás la noche y te prestaré algo de ropa, una chica no debe de andar con una gabardina mojada tan fea. -

- Fue lo único que alcancé a tomar al salir, sólo…. Quería salir de ahí. -



Daphne reflejaba a su hija en esa chica, seguro no pasaba de los veinte años, le daba coraje que, por algo como las preferencias de ella, la hubieran maltratado al punto de llevarla a escapar de su casa. Tras recoger su plato, Daphne guío a esa joven a las duchas que tenía, le buscó algo de ropa, pensando que no había mucho de donde elegir que fuese “normal”, la mayoría de la ropa que tenía eran prendas íntimas o muy reveladoras, eligiendo una ropa interior de encaje color rosa pastel y al no encontrar más, una camisa blanca de las chicas de seguridad privada. Cuando la mujer llegó a los vestidores, se sorprendió al verla, la belleza de esa joven era singular, a pesar de los moretes ya casi desvanecidos que tenía en sus brazos, vientre y manos, su cuerpo y su rostro eran de lo más bello, tan preciosa que no podía creer que la hubiera encontrado en la puerta trasera.


- No es mucho, pero, al menos es mejor que esa gabardina. -
Dijo Daphne mirando a esa chica que terminaba de secarse y tomaba las ropas tímidamente, sin dejar de observar a su salvadora.

- Muchas gracias… Ah… Señora…-

- Daphne, así me llamo ¿Y tú? -


- Nereida, pero, mis amigas me dicen Nere. -


- Muy bien, Nere, te dejaré dormir en una de las habitaciones que tengo, mañana te ayudaré a buscar otro lugar ¿Si? -


- Gracias, señora Daphne… Le juro que le devolveré el favor. -


- Ya, no te preocupes por eso, yo sé lo feo que es salir de tu casa sin rumbo, tenía menos años que tú cuando me embazaré de mi hija, no tenía a donde ir, y así como tú, no tuve más que tocar una puerta, para mi fortuna, una señora mayor muy amablemente me extendió la mano, así como yo lo hago ahora, gracias a esa señora que me dio una cama y una cena, que me ofreció un hogar, pude salir adelante, y ahora, ella es mi adorada abuela. -
Sonrió la mujer contagiando la sonrisa a Nereida. - y mi hija la adora, cada vez que podemos vamos a visitarla. -

- Suena una persona muy linda. -


- Sí que lo es… Por ahora, duerme todo lo que puedas, lo necesitas. -



Daphne cerró con llave la puerta, indicándole antes a Nereida donde estaba el baño, el agua y todo lo necesario en esas habitaciones. La mujer no pudo dormir del todo, estaba preocupada por esa joven, que le recordaba sus primeros días cuando fue corrida de su casa, sin nadie que le diera la mano, por lo que, se levantó más temprano que de costumbre para ir a verla, no por desconfiar de ella, sino, para saber cómo se encontraba. Sus miedos estaban infundados, al llegar, Nereida dormía tranquilamente en una de las habitaciones que tenía para cuando sus trabajadoras se quedaban horas extra, se veía tan linda al dormir, que prefirió no molestarla.

La mujer se dirigió a su oficina y tomó su teléfono para hablarle a alguien sobre la situación, y saber si alguien estaría buscando a esa joven. Por varios minutos, Daphne le explicó con lujo de detalles las cosas a Antoine, su mejor amigo y padre de su hija, abogado dentro de la Fiscalía de la ciudad y apoyo para cualquier situación de su establecimiento, siempre que había cosas así, él estaba para asistir.


- Pues no, no hay ninguna solicitud de búsqueda, nada, lo siento Daphne, pero, creo que la chica tiene razón, si sus padres la maltrataron por ser homosexual, no dudes que ni les preocupe saber de ella. -


- Malnacidos ¿Cómo pueden hacerle eso a su hija? Y yo pensé que mis padres eran escoria, lo de ellos, es peor, atreverse a golpearla.
- Refunfuñaba la mujer mientras tomaba de su café. - Si ella me dice sus nombres ¿Crees que pueda ella demandarlos por maltrato? Con tu ayuda, claro. -

- Dudo que quiera decírtelos, sí ella escapó, es porque no quiere saber de ellos, quiere alejarse de quienes la lastimaron, además, si le ocultó eso a sus padres es por miedo de ser juzgada, lo mejor que te puedo recomendar, es platicar con ella y ver hasta donde puedes ayudarla, nada más. -


- Mmm… Que coraje me da no poder hacer nada. -


- Ya hiciste mucho por ella al dejarla pasar la noche ahí, sabes lo peligroso que es la ciudad por la noche. -


- Lo sé… Gracias Tony, en verdad. -


- Sí me entero de algo, te aviso ¿Ok? -


- Ok… Y dile a tu hija que me llame, ayer no supe si llegó a tu casa. -


- Sí, aquí está y sigue dormida, no hagas corajes que te harás más vieja, ya tienes unas ojeras horribles. -


- A una mujer no sé le dice eso, menos a la madre de tu hija. -


- Perdón…. Oye, Daphne ¿Te gustaría ir a almorzar conmigo? Sarah ha bajado de promedio y deberíamos de platicar sobre… -


- Tony, no, no es necesario, yo platicaré con ella. -


- Vamos, no seas así, dame una oportunidad, ella me ha dicho que no te ha conocido ninguna pareja, no has salido con nadie más desde lo nuestro, eso significa que… -


- No significa nada, sólo que mi prioridad fue y sigue siendo mi hija, nada más.
- Contestó Daphne tomando una bocanada de su cigarro para responder. - tuviste tu oportunidad hace veinte años, cuando fui a tu casa y frente a tus padres, me desconociste. -

- Daph, tenía quince años, no estaba preparado para ser papá. -


- Ni yo para ser madre a los catorce y eso no me detuvo… Estoy agradecida que la reconocieras después y que la procures, pero, eso no significa que te perdono lo que me hiciste y lo que le hiciste a nuestra hija, así que, ya no insistas por favor. -


- Está bien… Pero, sí tan sólo, hay una chance. -


- Sigue insistiendo y en verdad me molestaré contigo. -


- Lo siento… -


- Perdón… Mira, Tony, te entiendo, éramos unos niños tontos al querer jugar a ser grandes cuando lo hicimos, pero, ya no lo somos, por el bien de Sarah, llevémonos bien, sin fingir que por eso nos queremos, somos solamente dos padres preocupados por su hija y dos buenos amigos ¿Ok? -


- Ok… ¿Y qué tal cenar? -


- Tony. -


- Ok, ok, pararé por hoy, pero de que siga insistiendo, sabes que… -



Daphne colgó y suspiró, sonriendo al pensar en que aquel chico que amó, no dejaba de ser un necio, tan necio como cuando le insistió tener relaciones con obvias consecuencias. No sentía odio por él, la vida le había enseñado a no guardar rencores y seguir luchando por su hija, cuando se reencontró con él, su hija ya tenía once años, pensó que lo mejor para ella era convivir con su padre, para demostrarle a él y a su hija, que era lo suficientemente madura para superar el pasado.

Mientras la mujer fumaba y tomaba su café, una joven castaña entraba a la oficina, cruzando su mirada con la de ella, de día, esa chica se veía más bella de lo que ya era, aún no entendía como tan linda joven había sido maltratada de esa forma por sus padres.


- Señora Daphne, tendí la cama y sequé mi ropa un poco en la secadora como me explicó, en un rato más, me iré. -


- Vamos, no tienes que irte tan rápido. -
Dijo Daphne de manera amigable a Nereida, quien agachó un poco su rostro.

- Discúlpeme, escuché un poco esa llamada, usted tiene una hija a quien cuidar, de seguro yo le quito su tiempo y… -


- No te hagas menos, por favor, de todo corazón, te pido que te quedes, hasta que pueda ayudarte a conseguir un mejor lugar.
- Habló la mujer parándose para acercarse a la joven, mirándola desde una altura algo mayor por la diferencia de estatura, donde la madura superaba con algunos centímetros a ella. - ¿No traes papeles contigo? ¿Estás estudiando o algo? -

- Estoy en la universidad del Norte, podría pedir copias de mis documentos en la oficina, pero, no abren los fines de semana. -


- Ya veo, entonces, quédate aquí mientras consigues esos documentos, ya que los tengas, te ayudaré a buscar un trabajo de medio tiempo y un lugar donde puedas quedarte. -


- Muchas gracias, señora.
- Dijo Nereida abrazando a Daphne, quien sintió mucha calidez en ese abrazo sincero, al cual correspondió envolviendo en sus brazos a la chica.

- Ya, no me llames señora que no soy tan vieja, llámame Daphne. -


- Gracias… -


- Ahora, espérame en el cuarto, te fueron a llevar el desayuno hace un instante, iré a ver algunas audiciones y seguimos platicando ¿Ok? -


- Sí. -



Al pasar de unos minutos, Nereida estaba curiosa porque no veía a quien le rescató en la peor noche de su vida, con mucho cuidado, salió en dirección a la puerta donde vio que había entrado esa señora, abrió la puerta y se sorprendió, ya que pudo ver que estaba detrás de un club nocturno, y ahí estaba Daphne. Al lado de esa mujer, estaban varias chicas que parecían tomar apuntes, frente a ese grupo, una hermosa joven bailaba de manera sensual sobre una pista y alrededor de un tubo de pole dance, al principio, pensó que había entrado a un burdel, pero, no parecía así, el lugar se veía tan elegante y tan presentable, que daba otra idea, era un club nocturno, de los tantos que alguna vez visitó con sus amigos y amigas de la universidad.


- ¿Qué le parece, jefa? -


- Mmm… Me parece muy buena, pero, quiero algo más, bailarinas de pole dance ya tenemos de sobra, necesitamos algo con chispa, que haga brillar la pista. -


- Y ocuparemos una mesera de medio tiempo, Miriam me llamó para decirme que se quebró el pie anoche al llegar a su departamento. -


- Con lo difícil que es tener meseras de confianza, ya viste que esa tal Laura que contratamos el mes pasado, se llevó el frasco de las propinas. -


- Esa puta, fácil se llevó dos mil dólares para repartirnos, tan buena noche que tuvimos esa vez. -


- Señora… Digo, Daphne ¿Ocupa ayuda? -



Las chicas voltearon sorprendiéndose por la linda joven que se asomaba por la puerta, Daphne se paró y caminó hacia ella pensando en que tendría una mala idea de lo que vio.


- Tranquila, no es lo que tú crees, este es un club nocturno, nada más allá, todas las chicas aquí están por su propia voluntad y bailan por gusto o por diversión. -


- Está bien, justo, pensé algo así, por qué esa chica parecía divertirse y echarle ganas. -

- Me alegra que tengas la mente abierta. - Sonrió Daphne mientras Nereida se sonrojaba.

- La verdad, ya había ido a algunos clubes así, ya sabe, con algunas amigas. -


- Así que saliste una chica muy curiosa… -

- ¿Puedo intentarlo? -

- ¿Intentar qué? -

- Eso, bailar ahí, estuve en ballet por varios años y llevaba dos años practicando pole dance con mis amigas. -

- Oye, Nere, sé que crees que tienes una deuda conmigo, pero no es necesario, mira, tengo una vacante como mesera, si quieres, puedo darte ese trabajo y así sacas un poco de dinero para ti ¿Qué tal? -

- Por favor, sólo déjeme intentarlo. - Dijo Nereida mirando con dulzura a esa mujer. - esa chica, se veía, tan sexy y a la vez, tan segura de sí misma, tan libre, yo lo hacía por ser un ejercicio de moda, pero, ella lo tomaba tan en serio, que, quería ver si podía hacerlo tan bien como ella. -

- ¡Vamos jefa, deje que lo haga, esa chica es hermosa! -


- ¿Estás segura? -


- Muy segura. -


- Si quiere le sirvo un trago para que agarre confianza.
- Contestó la teñida de platino a quien llamaban Charlie, corriendo a una de las barras para servir una cerveza. - Cortesía de la casa, preciosa. -



- Bueno... Un trago me relajará un poco... Gracias. -



Daphne dudó un poco, pero, la cara de esa joven le recordó a la mirada que veía en el espejo cuando era una chica de quince años que tenía una bebé de un año, una mirada de decisión, de probarse a sí misma, que podía seguir adelante y ser libre. No le quedó de otra, más que dejarle intentarlo, no perdía nada, igual, le ayudaba a despejar su mente de lo que le pasó.


- Charlie, dale un atuendo acorde a su cuerpo. -


- Ya voy jefa, con ese cuerpo, cualquiera le quedaría bien. -

- Gracias, te sigo ¿Charlie? -

- Es Carlota, pero prefiero que me digan Charlie, suena mejor jaja. -


- Sí, mucho mejor.
- Rio tiernamente Nereida, sorprendiendo a la mujer por esa risa tan dulce, por lo menos, parecía sentirse cómoda con las demás del local.


La dueña del club volvió a su silla y anotó en una hoja blanca el nombre de Nereida, empezó a morder su lapicera mientras esperaba a que saliera, tenía curiosidad de verla, de ver qué tipo de baile haría alguien que daba la idea de timidez en su esencia. La mujer dejó caer la lapicera de su boca, sorprendida al ver a esa joven de casi la edad de su hija, dejando ver su cuerpo en unas prendas que simulaban una sacerdotisa oriental muy coqueta.



- ¿Cómo me veo? -


- Luces, perfecta. -
Dijo Daphne reaccionando y tomando su lapicera para tronar sus dedos. - ¡Música! Sólo relájate y haz lo mejor que puedas, no te sientas presionada, es sólo una prueba. -

- Ok… Disculpe, puedo pedir ¿Una canción? -


- ¿Una canción? -


- Sí, es mi favorita… Relax, de Mika. -


- ¿La tenemos? -


- Sí, es una que escucha su hija cuando nos visita. -
Contestó Rebecca, su otra asistente, viendo la indicación de la dueña que daba vuelta a su dedo para decir que la cambiaran, yendo a su posición de DJ. - ¿Lista para bailar? !Vamos a empezar el show! -



La melodía empezó lentamente, fue cuando Daphne se dio cuenta de la joya que había caído en su negocio. Nereida cerró los ojos, moviendo sus caderas y cabeza al ritmo de la música, abriéndolos y sonriendo al empezar a bailar, los movimientos de ella no eran vulgares, ni torpes, ni forzados, se movía con tanta armonía, que comprobaba sus años de practicar ballet y su tiempo practicando el arte del tubo, era una sorpresa, aquella chica temblorosa de anoche, brillaba en el escenario de una forma extraordinaria, no sólo era erotismo, era arte, su danza era tan elegante, que parecía un hada jugando alrededor de una flor. Cuando terminó la canción y Nereida cerraba con un Split, todas se pusieron de pie para aplaudirle y brincar eufóricas, excepto Daphne que era sacudida por sus trabajadoras.


- ¡Jefa! ¿Dónde la consiguió? ¡Baila tan bien como usted hace años! -


- Sí, es… Perfecta. -


- ¿Lo hice bien? -
Dijo Nereida recuperando su aliento, sin dejar de sonreír.

- Lo hiciste, perfecto. -


- ¡Gracias! -


La sonrisa de esa joven le hizo sentir una gran calidez en el pecho de Daphne, era como haber encontrado una semilla entre el barro, la cual renacía en una vibrante orquídea. La mujer, había recibido unas joyas en sus manos, sin saber, que el precio de esa piedra preciosa no sería solamente cotizado por ella.






Así empezamos esta nueva historia, u3u tengo pensado escribir un capítulo de esta historia al menos una vez por semana, uwu/ trataré de cumplir esto para no saturarme con tantos fics. =3 Tengo contemplado que tenga unos ocho a diez episodios, nwn espero sea de su agrado.
 
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تالف و مكسور تماما
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Empezó muy bien. Cabe mencionar que también hice ballet y pole dance jaja <3 ¡Y me encanta ver chicas practicando pole!
Grato inicio :3
 

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Sigamos con esta historia n3n.



II




Una bella joven de ojos verdes y ropas de moda, se acercaban al local de Daphne, la chica, parecía despreocupada por ir a ese rumbo a horas cercanas al mediodía, tal vez, porque era la hija de esa mujer a quien tanto admiraba por su dedicación a ella.



- Si… Si papá, voy a platicar con ella, pero dudo que acepte salir contigo, sabes cómo es… Sí, yo sé que quieres intentarlo, ya se lo he dicho muchas veces, pero es terca. -
Hablaba la chica por teléfono antes de entrar al edificio. - Chao, ya tengo que colgar, sí me escucha platicando contigo, va a sospechar que te estoy ayudando y le prometí no meterme en eso… Te amo, papá, adiós… -


La ojiverde entró al local, saludando a las trabajadoras que ya la conocían, caminando en dirección a su madre que estaba de pie, mirando a una chica que ella desconocía, bailando como nunca vio a nadie bailar, excepto su mamá, esa chica sin dudas sabía bailar como si se tratase de un arte, como una serpiente erótica deslizándose sobre una rama de la selva, tan seductora y peligrosa como nada más. Sarah volvió en sí al recordar que iba por su madre, sin dejar de echarle miradas a esa hermosa castaña.


- Mamá, creí que no contratabas menores de edad. -


- Ella tiene tu edad, no te preocupes.
- Contestó la mujer quien daba una bocanada a su cigarro. - ¿Cómo te fue con Tony? -

- Fue bien, es divertido pasar los fines de semana con él, aunque, podríamos pasarla mejor los tres juntos, como familia. -


- Somos familia, Sarah, pero sabes que … -


- Sí, ya sé, papá es tu amigo, sólo eso.
- Suspiró la joven al ver que su madre no cambiaría de opinión, para luego, ver a esa chica. - ¿Y la nueva?-

- Es una chica que conocí el fin de semana, estará trabajando un tiempo conmigo. -

- En verdad que es buena, me recuerda a cuando era niña y te veía bailar. -

- Todas dicen eso, pero, es cierto, Nereida es muy buena.
- Habló la mujer con una sonrisa que le hizo sentir algo raro a Sarah, su madre veía a esa hija con una mirada que podría decirse, maternal, aunque podría tomarse como algo más.

- Mamá, voy a agarrar la laptop de la oficina, ocupo hacer una tarea, se me olvidó la mía con papá y es dar otra vuelta sólo por ella. -


- Agarrala...Hablando de tareas, ya vi que saliste de nuevo repitiendo una materia. -

- Ay no, ya te fue con el chisme papá. -

- Te lo dije, si reprobabas una materia, olvídate de que te suelte el coche. -


- ¡Pero mamá! ¿Cómo iré a la universidad? -


- En bicicleta o en colectivo, tú decides. -


- ¿Qué? ¿Yo? ¿En bicicleta? ¿Me ves cara de una niña o de un anciano? ¿ Y qué dirán mis amigas? Sí todas me decían que me veía cool en el deportivo que tienes. -
Hablaba la joven dolida por la decisión de su madre, quien la ignoraba al aplaudirle a su bailarina, quien corrió hacia ella con una gran sonrisa.

- Bien hecho, Nere, sin dudas naciste para brillar. -


- Muchas gracias señora Daphne, no sé si esté lista para presentarme en el escenario, las demás lo hacen mejor que yo. -


- No es cierto Nere, todas hablan de ti, dicen que tú harás que mucha gente quiera venir al local, y eso significa más money, money, money, no te preocupes que aquí no somos como en las películas que hasta se matan por acaparar la atención, todas estamos en un equipo y si a una le va bien, a todas nos va bien. -


- Gracias Charlie. -


- Mamá… La laptop. -

- Oh, sí, cierto, ve a mi oficina. - Dijo la madre haciendo que Sarah frunciera una ceja por el trato. - Oye, Nere ¿Puedo pedirte un favor? -

- ¿Un favor? -


- Si te parece ¿Podrías ayudar a mi hija con sus estudios? Vi las calificaciones que me trajiste ayer, no esperaba que fueses una estudiante destacada. -


- No es para tanto, señora, intento hacer mi mejor esfuerzo para ganarme una beca. -


- No te menosprecies, tienes calificaciones perfectas, me gustaría que ayudes a mi hija con la materia de Economía, te puedo pagar un extra por ello. -


- Señora Daphne, me apena que quiera pagarme por eso, lo haré sin que me dé un centavo, ya ha hecho mucho con dejarme quedar estos días en sus dormitorios, le juro que pronto encontraré donde quedarme para que ya no le cause problemas. -
Hablaba tímidamente Nereida, provocando que Sarah alzara más su ceja.

- Mamá, no necesito ayuda de una de tus muñecas, puedo arreglármela solas. -


- ¿Muñeca? -


- Sarah, discúlpate con Nereida y con las demás.
- Reclamó la madre mostrándose en verdad molesta por eso, cosa que sorprendió a la hija ya que era raro verla de ese humor.

- Perdón, se me salió sin pensarlo, perdón chicas. -


- Tranquis, es normal estar molesta, yo tengo tres materias a repetir y pues ya vez, trato de andar relajada. -


- Charlie ¿TRES MATERIAS? ¿Qué rayos haces aquí, niña? Deja lo que estés haciendo y vete a estudiar. -


- Oiga, jefa, no es necesario. -


- Nada que no es necesario, les he dicho todo el tiempo chicas, no pueden encerrar su mente a estas cuatro paredes. -
Hablaba Daphne para todas sus trabajadoras que volteaban a verla. - siempre deben de buscar superarse, este es su segundo hogar, y como una madre, espero que todas vuelen y logren sus sueños. -

- ¡Si, jefa! -


- Ya escuchaste, Charlie, deja las cosas por favor y estudia. -


- Ya que. -


- Oye, Charlie, puedo ayudarte también.
- Dijo Nereida mirando a la bartender. - no sé qué estés estudiando, pero, puedo tratar de ayudarte. -

- ¿En serio? ¡Ay, eres un amor, Nere! -


- Hagan lo que quieran. -



Sarah se apartó del grupo para ir hacia la oficina de su madre, haciendo pensar a Nereida que le molestaba su presencia, pero, la mano de Charlie sobre su hombro le hizo sentirse más tranquila, así qué, se dirigieron al mismo lugar. Al entra, Sarah estaba en el escritorio de su madre, abriendo la laptop para ver el temario que tendría que estudiar para el examen extraordinario, mientras Charlie y Nereida se acercaron a una mesa, la mayor de las tres, sacó una Tablet que guardaba en la oficina y mostró a la castaña las asignaturas a repetir.


- Mmm… Matemáticas general, Alimentación y Vida, Humanidades, son materias que también curso. -


- ¿En serio? Genial, entonces, podrás ayudarme. -


- Aunque estoy en los primeros módulos, creo que sí puedo ayudarte, no esperaba que estudiaras Artes plásticas. -


- Quisiera lograr lo que mi prima que se quedó en Italia, en pocos años se hizo famosa con sus obras y es feliz con ese bombón maduro que tiene como esposa. -


- ¿Tu prima está casada con una chica? -
Preguntó Nereida contenta por esa confesión.

- Sí, su esposa le gana por doce años, pero si la vieras, es un manjar,, se pasa los años entre las piernas, Claire es una mujer hermosa y muy agradable, quizá, si vamos de vacaciones este año a Italia, te la presento. -


- Gracias, pero no tengo mucho dinero para ir de vacaciones. -


- No te preocupes, la jefa siempre hace un ahorro de lo que sale cada día y al final del año, con ese ahorro nos lleva a todas de vacaciones. -


- ¿En serio? -


- Mamá es muy generosa, pero, no te hagas ilusiones, dijiste que buscaría donde quedarte ¿O no? -
Señaló Sarah mirando fijamente a Nereida, quien agachó un poco su rostro.

- Es cierto… La señora Daphne ya ha hecho bastante por mí… -


- Ey, Sarah, te pasas, Nere ya es como de la familia. -


- Pero es la verdad, esa chica no va a durar mucho aquí ¿O no? Sólo quería quedar bien con mi mamá para salir de un apuro, de seguro en unos días más ya no la volveremos a ver, sabes cuantos malagradecidos hay en esta vida. -


- Perdón… Yo… Nos vemos luego. -
Susurró Nere corriendo hacía los dormitorios, dejando a Charlie con la molestia de ver a esa chica llorar, volteando molesta hacia Sarah.

- ¿Qué coño te pasa? ¿Por qué hiciste eso, Sarah? -


- ¿Yo? No sé de qué hablas. -


- ¿Qué tanto gritan? -


- ¡Jefa, Sarah hizo llorar a Nere! -


- ¿Qué hiciste qué? ¿Qué rayos te pasa?
- Reclamó la mujer a su hija, quien golpeó la mesa molesta.

- ¿Por qué te pones a defenderla? Yo soy tu hija, se ve que esa chica es una interesada, nadie puede portarse tan amigable y sin esperar algo a cambio, en un descuido, ella te va a robar como la otra idiota que se llevó las propinas. -


- Sarah, no sales esta semana. -


- ¿Qué? Pero si ya me habías dado per… -


- Que no ¿Entendido? Rayos, a veces, eres tan necia como tu padre… Vete a la casa, allá hablaremos -
Recalcó Daphne caminando rápidamente hacía Nereida.


Sarah se quedó furiosa, su madre le había dado la espalda, estaba defendiendo a esa chica que ella veía como un estorbo, su querida mamá estaba actuando más como madre para esa joven que para su hija. Charlie quiso golpear a Sarah por su actuar, aunque fuera hija de su jefa, no podía tolerar que trataran así a la nueva integrante del equipo, menos, por lo que ella trataba de dejar en su hogar.


- Sarah, te pasaste y mucho está vez. -


- Va, ni creas que le dolió, a esa chica se le nota lo interesada y falsa que es. -


- Te equivocas, no sabes cuánto te equivocas. -
Habló Charlie mostrándole una cara triste a la ojiverde, quien estaba a punto de escuchar la historia de Nereida.


Daphne abrió la puerta de los dormitorios lentamente, viendo a la castaña llorando, abrazada de una almohada, le partía el alma ver a esa inocente chica sufriendo de esa manera, todo, por culpa de su tempestiva hija. La mujer se sentó en el borde de la cama, por el movimiento, Nere volteó, sintiendo las manos de esa señora limpiándole las lágrimas.


- Perdona a mi hija, es una consentida y a veces no entiende que debe de tratar mejor a las personas.
-

- Ella tiene razón, he abusado mucho de su amabilidad y…
- Hablaba Nereida, siendo interrumpida por el pulgar de Daphne que se posó en sus labios.

- No vuelvas a decir eso, que me dolerá, eres una buena chica, Nere, yo nunca pensaría de ti eso, por algún motivo, llegaste hasta mí, por eso, me nació cuidar de ti y ayudarte, como alguna vez lo hizo la abuela por mí. -


- Señora… -


- Ya te dije que me digas Daphne.
- Rio la mujer haciendo sonreír a la chica, a quien acurrucó en sus brazos y frotó su suave cabello. - no vuelvas a pensar que te aprovechas de nuestra hospitalidad, porque harías que todas nos pongamos tristes, somos una familia, entre todas nos apoyamos, ese es el sentimiento que comparto y promuevo en este edificio. -

- Gracias… -


Daphne disfrutaba de sentir la suave piel de Nereida entre sus brazos, su calidez, pensando, que una chica así era demasiado noble para la vida, rechazada por sus padres, temerosa de lo que el mundo dirá, era tan similar a ella cuando escapó de su casa. En la mujer, le nacía ese sentimiento de cuidarla, de proteger a esa rosa que encontró en su jardín, poco entendía, que la emoción que nacía en su corazón, era distinto a lo maternal.
Pasada la media hora, la mujer llegó a su casa, pensando de qué forma iba a regañar a su hija, la sorpresa cayó cuando vio que su hija, estaba en el sofá, llorando. Su instinto de madre le hizo acercarse rápidamente, viendo como los ojos verdes de su hija, heredados de su padre, le miraban con pena y vergüenza, y sin esperar, la abrazó con fuerza, ocultando su cara.

- ¿Qué tienes, Sarah? -


- Perdóname, mamá, yo no lo sabía.
- Susurró la hija ocultando su cara. - Charlie me contó lo que le pasó a esa chica. -

- Ya… No lo sabías hija, pero, hiciste mal en juzgarla sin conocerla. -


- Perdón… Sólo, no me gustan las chicas así, la otra, la que te robó, se comportaba así de amable y fue toda una puta. -


- Sarah ¿Qué he dicho de usar esa palabra? -


- Perdón, se me fue…
- Habló Sarah mirando a su madre con suma vergüenza. - ¿Ahora qué haré? Esa chica ha de pensar que soy de lo peor. -

- Habla con ella, Nereida se fue llorando pensando en qué lo que tú le dijiste era cierto, pero, ella tiene que saber que no es así. -


- Ok… Pero… ¿Es cierto, mamá? ¿Qué sus padres la golpearon y corrieron de su casa por ser lesbiana? ¿Hay padres que le hagan eso a sus hijos? -


- Lo hay…
- Suspiró la mujer acurrucando a su hija en sus brazos. - recuerda que mis padres me corrieron cuando quedé embarazada de ti, para mí, sólo tienes una abuela y sólo tengo una madre de verdad, y esa, es la abuela. -

- Que horror… -


- Por ahora, quita esa cara, ya luego te disculparás con Nere. -


- Está bien… -


- Vamos, voy a preparar el almuerzo, ponte cómoda mientras cocino. -


- Sí, mamá. -



Sarah estaba contenta de ver a su madre como siempre lo fue para ella, su inspiración, una mujer que luchaba todos los días y siempre buscaba ayudar a los demás, por eso, sentía mal lo que hizo, porque esa chica sufría y la trató como una basura. Mientras se cambiaba, volvió a pensar en esa joven que bailaba con tanta gracia en el escenario, se veía tan bella, tan feliz, como si el baile le hiciera despejar la tristeza que vivía, fue cuando la ojiverde, mordió sus labios por la frustración, ella sabía que no fue sólo por la desconfianza, se sintió algo opacada por su brillo, como si su madre sólo la viera ella, pero, ahora no entendía, por qué no podía dejar de pensar en ella.







o3o Empieza la discordia.
 

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III




Limpiar, estudiar, cocinar, practicar, descansar, ya era una rutina que empezaba a disfrutar Nereida en ese edificio que se había vuelto su nuevo hogar. Sentía tanta alegría de ser despedida con afecto al irse a la universidad, y ser recibida de la misma manera por las chicas del negocio, esa calidez que sin dudas era similar al de una familia más que a un trabajo. Aunque intentó buscar un nuevo lugar en donde quedarse, las demás insistieron en que se quedara, actuando como hermanas mayores que protegían a la más chica, fue tanta la insistencia, incluida la de Daphne, que terminó cediendo, ya que la preocupación de ellas le hacía sentirse estimada como nunca lo había sentido.

Era feliz, por primera vez en mucho tiempo, se sentía feliz, había pasado solamente una semana, pero era como si fuesen meses de alegría, se sentía aceptada, querida, mimada, sabía que todas esas sonrisas que le arrojaban sus compañeras eran sonrisas sinceras que le acariciaban el corazón.

Una mañana del sábado que no tenía clases, decidió usarlo para hacer repaso de sus notas de la semana, estando en su habitación con una taza de café con un aroma agradable a vainilla, sin saber que tendría una visita inesperada que le cambiaría el día.

Sarah, la hija de la dueña de ese local, asomaba su cabeza por el pasillo de los dormitorios, sin saber cómo acercarse, pero, quería disculparse con Nereida por la rabieta de la semana anterior, algo que no la había dejado dormir durante días. La ojiverde se animó al final a entrar a su habitación, olvidando tocar la puerta, sorprendiendo a la castaña que estaba solamente con unas bragas blancas y una playera sin mangas que usaba como pijama. Aunque ambas eran mujeres, Sarah sintió algo de pena por ver a esa chica semidesnuda, volteando hacía otro lado, era raro que actuara así, pero, sin dudas, Nereida le parecía una chica muy bella, tal vez, era solo eso.


- Perdón, no sabía que seguías durmiendo. -


- No, disculpa, sólo estaba estudiando. -
Dijo Nereida recogiendo sus libretas y sentándose sobre la cama, mirando con algo de pena a Sarah. - Buenos días. -

- Buenos días… Nereida. -


- Oye… Perdón por el otro día, no debí tomarlo tan personal. -


- No, no es tu culpa, fui yo quien reaccionó así. -
Contestó Sarah sentándose en el borde de la cama, tratando de no ver el cuerpo de esa joven curvilínea. - Perdón… Soy algo desconfiada con la gente nueva. -

- Lo entiendo, también yo lo sería con alguien que llega a este lugar y me preocuparía por mi… -


Hubo un breve silencio, Nereida sólo agachó su rostro y mordió sus labios, ni siquiera podía pensar en que alguna vez dejaría de ver con buenos ojos a su madre, pero, ese silencio lo decía todo, no podía estimarla cuando ella permitió aquel maltrato hacia su persona. Sarah notó ese cambio súbito, por lo que trató de cambiar el tema rápidamente.


- No desconfió de ti por algo en especial, sólo… Hace unos meses, hubo una chica que era muy amigable con todas, era como la mejor amiga del trabajo, siempre pensamos en que era alguien dulce, no esperábamos que, en un descuido, se robara más de dos mil dólares que las chicas juntaron ese día, nunca habían obtenido las meseras tanta propina en un solo viernes… Fue algo que puso triste a todas, en especial, a mi mamá, porque ella le abrió las puertas de este establecimiento a ella con toda la confianza. -


- Escuché algo, pero no sabía eso, que a todas las engañó de esa forma. -


- No les gusta mucho platicarlo a las demás, ya que aún les duele, pero, al menos, te tienen a ti, me han dicho que, gracias a ti, mucha gente ha empezado a venir. -


- Es demasiado decir eso.
- Rio algo apenada la castaña mientras dejaba de cubrirse con la almohada al sentirse más en confianza. - vienen porque este lugar es agradable. -

- Es un lugar divertido y tranquilo, mis amigas no creían que de chica andaba aquí y veía a las bailarinas y todo, aunque mi mamá me regañaba, no tenía con quien dejarme porque la abuela vive en la ciudad vecina. -


- ¿En serio? -


- Si… Este es como mi segundo hogar, por eso, reaccioné así, te pido me disculpes…-
Hablaba Sarah mirando fijamente a Nereida. - Charlie me contó lo que te pasó. -

- Oh…-


- Me da tanta rabia, que tuvieras que irte de casa sólo por ser así… ¿En verdad no quieres denunciar a tus padres? Lo que te hicieron no tiene nombre. -


- No es necesario, sólo… Quiero que ellos estén bien. -

- ¿Aunque eso signifique ya no verlos o que reciban el castigo que se merecen? -

- Ya no importa.
- Sonrió Nereida algo triste al pensar en sus padres, apretando sus puños sobre sus muslos. - Seguro ellos ni quieren saber de mí. -

- Está bien, no insistiré. -


Sarah se subió a la cama, sentándose y descansando su espalda en la pared, suspirando al sacar de su bolso una cajetilla de cigarros, ofreciéndole uno a Sarah quien lo rechazó amablemente.


- Gracias. -


- Te lo pierdes.
- Dijo la joven encendiendo un cigarro para fumarlo, sonriéndole a la castaña. - No le digas a mi madre, si pregunta, tu fumaste en el cuarto. -

- Pero así yo quedaría mal. -


- Exacto, se supone que lo estoy dejando.
- Rio Sarah haciendo reír un poco a Nere, logrando hacerle sentir mejor. - ¿Qué piensas hacer después de todo esto? -

- No lo sé… Quiero terminar mi carrera, buscar un buen trabajo, luego una casa, lo normal... Buscar de alguna manera pagarle a tu madre lo que ha hecho por mí. -


- Conociéndola, te dirá que no te preocupes por eso y que primero debes de lograr lo que tú quieres. -


- Suena a algo que diría ella… ¿Siempre ha sido así? -


- Desde que lo recuerdo, siempre ha sido así. -
Suspiró Sarah al fumar, mirando a la castaña. - mi madre ha sido mi ejemplo a seguir, nunca se ha rendido, ni ha querido depender de alguien más para superarse, aunque ya debería de darse rato para disfrutar que tiene todo esto. -

- ¿Disfrutar? -


- Ya sabes, del amor… Mi mamá no se ha dado la oportunidad de amar desde que papá la negó frente a sus padres cuando ella estuvo embarazada, se ha hecho desconfiada de los hombres. -


- De los hombres… -


- Sí, papá la adora y sé que la sigue amando, en verdad está apenado por lo que pasó, pero mi mamá cuando dice no es no, creo que nunca aceptará perdonarlo, es una lástima, mi mamá es muy guapa y sigue siendo joven, debería de pensar en su felicidad. -


- ¿Tú lo perdonaste? -
Preguntó Nere por curiosidad.

- Mmm… Al principio, no quería ni hablarle, pero, ella me insistió en que platicara con él, que el problema que ambos tenían no tenía que caer en mí, la verdad, es un hombre genial, muy buena onda, me divierte pasar los días con él y me ha tratado como su hija, él está como mi madre, nunca quiso formar una familia pues siguió enamorado de mi mamá y su sentimiento de culpa no le permitió darse una vida feliz. -


- Que complicado la han tenido ellos. -


- Sí… Pero, también tú la has pasado mal… Disculpa, no quería volver a decirlo. -


- Está bien… Sabes… Pensar en que tu mamá y papá volvieron a hablarse aún con lo que pasó, me da un poco de esperanza, de volver a poder abrazar a mis padres y que ellos me digan que todo estará bien. -


- ¿Ya intentaste al menos hablarles por teléfono? -


- Lo hice, pero… Cambiaron el número de teléfono, o tal vez no funciona, me dice la señal que el teléfono está fuera de servicio. -
Contestó Sarah cerrando un poco los ojos al pensar en qué tipo de personas negarían a ese punto a su hija.

- Seguro no funciona. -


- Sarah… ¿Le gusta algo en especial a tu mamá? -

- Pues, es algo especial ¿Por qué la pregunta? -

- Es que… Charlie me comentó que al medio día me darán mi primer sueldo y quería regalarle algo, pero, me da pena preguntarle que le gusta, creo que sería muy obvia ¿O no?
- Dijo Nereida algo sonrojada, sorprendiendo a Sarah por ese lindo rostro marcado en ella que le hacía ver tan angelical.

- Le gustan la sidra, en especial, las Visconti, aunque se dedican al vino, tienen una sidra de edición especial que le encanta. -


- Eso suena a mucho dinero. -


- Le gustan los ópalos, en especial, los ópalos de fuego, me regaló uno cuando cumplí quince años y aún lo conservo. -


- No creo que me alcance con lo que me paguen, ni sé cuánto me van a pagar.
- Habló la joven suspirando mientras Sarah sonreía al ver como ella le tomaba tanta importancia a un regalo, animándose a tomarle la mano para calmarla.

- Lo que le compres a mamá, ella lo tomará como un regalo valioso. -


- Gracias… -


- Bien… Ya hice lo que venía a hacer.
- Expresó Sarah estirando sus manos al levantarse, apagó su cigarro y lo aventó por la ventana, sin dejar de mirar a Nereida, que aún seguía en esas ropas tan reveladoras. - oye… No te molestaría ¿Ayudarme a repasar mis materias? -

- ¿No te molesta si te ayudó? -


- No, la verdad, sí soy mala en algunas cosas y me sorprendieron tus calificaciones, eres toda una matadita. -


- No lo soy, sólo, intento salir adelante y obtener una beca para seguir estudiando. -


- Y yo preocupándome por el Iphone XX.
- Pensaba Sarah riéndose al pensar que era una chica ejemplar. - Nos vemos, y si ocupas algo, con confianza, pregúntame, Nereida. -

- Puedes llamarme Nere. -


- Está bien, Nere. -



Al mediodía, Nereida recibió su salario, su primer sueldo del cual se sentía orgullosa, aunque no esperaba tanto y pensó que había un error, pero Charlie le insistió en que así estaba bien. Luego de eso, la joven decidió arreglarse y salir al centro, aprovechando el agradable clima, para poder comprar un obsequio para esa mujer que le acogió cuando más lo necesitaba. Pasó de tienda en tienda, mirando los aparadores y pensando en que sería perfecto para ella, ahora que lo pensaba mejor, no se había dado la tarea de conocerla mejor.

La chica había recorrido varias calles sin convencerse de que comprar, sentándose al final en una banca en medio de un centro comercial al cual llegó. Sacó su botella de agua, tomando un poco y pensando en que podría darle, algo que fuese tan significativo como para decir “Gracias”. Nere alzó su vista, recordando esa noche cuando Daphne le extendió la mano, parecía un ángel con ojos adormilados, pero, aún con esas ojeras en sus ojos, sin dudas, era una mujer tan bella, tan elegante, con un aire de calidez que nunca pensó encontrar en alguien. Nereida llevó sus manos al pecho, apretándolo un poco al sentir un latido agitado en su corazón, sólo pensar en su salvadora le hacía tener una emoción dentro de su ser, y eso crecía al recordar la sensación de estar entre sus brazos cuando le dio ánimos. Fue cuando lo pensó claramente, Daphne, era el tipo de chica que siempre quiso tener como pareja, pero, había un detalle, ella era una señora joven, que tenía una hija de su edad, tal vez, esa sensación era por el aprecio que sentía por su asistencia.

Nereida volvió a buscar un regalo para Daphne, pero, esta vez estaba más complicado, miraba a las vitrinas, y se imaginaba acompañada de ella, mirando juntas en las tiendas, siendo jalada por su mano para buscar algo más. Las mejillas de la castaña se coloraron, parecía una tonta, fantasear con una cita con ella, era descabellado, además, había escuchado a su hija, ella no le había abierto corazón a cualquier hombre, así que no pensaba en el amor. Fue cuando esas palabras resonaron en su cabeza, “A ningún hombre”, eso significaba, que ella nunca pensó en intentarlo con una mujer. La castaña sacudió su cabeza, estaba fantaseando demasiado, era afecto, sólo eso, afecto hacía Daphne.

Al final, Nereida regresó al local con un pequeño regalo, se había decidido por una pulsera de plata con ópalo de fuego incrustado. La joven corrió rápido al dormitorio para esconder el regalo, siendo sorprendida por Daphne, que estaba en una de las mesas del local, tomando algo de vino.


- ¿Qué tanto escondes que te vas corriendo, Nere?
- Preguntó Daphne con una sonrisa algo roja por el alcohol.

- Nada, era… Es… Un regalo. -


- ¿Un regalo? -


- Para usted.
- Dijo Daphne acercándose tímidamente a la mujer para entregárselo, que, al abrirlo, se sorprendió. - espero le guste, no me alcanzó para más. -

- Nere… No debías. -


- Sólo quería darle algo por todo lo que ha hecho para mí. -


- ¿Te quedó dinero? -


- Suficiente para mi transporte.
- Contestó la joven sonrojándose al ver como esa mujer se paraba y le tomaba de los hombros, por su mirada, era clara que le había pegado el vino.

- ¿No entiendes que no puedes darte lujos así? No debiste. -


- Perdóneme. -


- No, no estoy enojada contigo, Nere, yo te llevaré a clases, así te guardes lo poco que te queda. -
Habló Daphne abrazando a la joven, acariciando su cabello mientras ella le correspondía el abrazo y cerraba los ojos al sentir su aroma a mujer madura. - No quiero que pienses que me debes algo, que tienes un compromiso conmigo. -

- Sólo quería regalarle algo. -

- Está bien pensar así, pero, no quiero que lo vuelvas a hacer, lo más que necesitas hacer es pensar en ti, en tu futuro, en lo que tú necesitas, en salir adelante. -

- Lo siento. -


- No vas a sufrir otra vez, te lo juro, pero, no quiero que por eso pienses que me debes algo. -
Hablaba la mujer, retirándose un poco para acariciar la mejilla de Nere y verla a los ojos, provocándole un mayor sonrojo. - no quiero volver a ver tu rostro llorando, porque me desbaratas. -

- Señora Daphne… -


- Disculpa… Tomé más de lo debido, hay veces que estoy tan relajada que empiezo a tomar y tomar y… Pero eso no importa… Sólo, me has hecho recordar porque creé este lugar, porque existe como tal. -


- Lo entiendo…
- Susurró Nereida estando agitada y sonrojada, pero feliz. - Si gusta, la dejo tomando a solas. -

- Será lo mejor, a veces, digo y hago cosas de las cuales no me hago responsable, a veces, sólo digo lo que siento. -


- Lo que siente. -


- Gracias por el regalo, en verdad, es hermosa.
- Habló Daphne mirando la pulsera, dándole un beso a la joya, haciendo que Nere sintiera una vibración en su pecho. - Es algo que apreciaré mucho. -

- Me alegra que le guste… Yo… Tengo que seguir estudiando. -

- Por cierto... Nere, trata de hablar un poco más conmigo, no tengas miedo de decir lo que sientes, lo que sientas, yo lo entenderé. -

- Está bien, me esforzaré por abrirme más a usted. -


- Y dejemos eso de usted, para ti, soy Daphne.
- Sonrió la mujer con cierta coquetería en su sonrisa que le hizo temblar.

Nereida lentamente se retiró al sentirse nerviosa por esas palabras, dejando a la mujer bebiendo, dejándola disfrutar su rato libre. Al entrar a su cuarto, su pecho se agitó, la mirada que Daphne le dio, sus palabras, su aroma, su calor, había sido tan cercano, tan penetrante en su corazón, que le estaba dando vueltas en su cabeza, más al recordar que ella le dijo que al estar algo tomada, decía lo que sentía. Toda la tarde restante, Nere no supo que hacer, estaba tan ansiosa al recordar ese abrazo repentino, esa mirada y esa caricia en su mejilla, que poco a poco, llegó la noche y con ella, su calvario.

Ya era noche en su habitación, la almohada que abrazaba no bastaba para lo que sentía, sentía frío, pero, dormir solamente con pantaletas y una playera sin mangas le era cómodo. Intentaba dormir, pero no podía, en su mente, le venía la imagen de esa bella mujer madura, abrazándola, tocándola, besándola. Despacio, una de sus manos iba deslizándose por su vientre, hasta el rincón más íntimo de su ser, cerró los ojos, imaginando como serían los besos de ella, como serían sus caricias, como consentiría esa mujer sus veinte años sin amor con su cuerpo. Sus senos salieron de su blusa en cuestión de segundos, los apretaba, pellizcaba sus pezones, mientras sus dedos hacían lo suyo con su vagina, mordía sus labios sin abrir los ojos, disfrutando de imaginar a Daphne devorándola, entregándose totalmente a ella, y sin poder más, empezó a gemir, estaba tan inmersa al masturbarse, que no se percató que alguien se había quedado en el negocio hasta muy tarde.

Daphne, siguió tomando en el establecimiento, hasta que se percató que ya era bastante noche como para ir a su casa, le mandó un mensaje a su hija de que se quedaría en los dormitorios, guardando las botellas antes de irse a dormir. Mientras se dirigía a una de las habitaciones, escuchó algo que le llamó la atención, poco a poco, se acercó al pasillo notando que provenía del cuarto de Nereida. La mujer, pensó que tal vez, ella estaba llorando, por el alcohol y la preocupación, sacó su llave maestra y abrió con cuidado la puerta procurando no molestarla, quedando impactada con lo que alcanzaba a ver con esa leve abertura.

Frente a los ojos de la mujer, una joven estaba complaciendo su curvilíneo cuerpo, entregada a sus manos, con unos gemidos tan suaves que parecían un pequeño llanto, su piel lucia brillante con el sudor que enmarcaba su figura, tan bella, que le hizo sentir un escozor en su entrepierna. Daphne cerró la puerta y se dirigió al dormitorio más cercano, pensando en que no debió entrar así y ver a Nereida en un momento tan privado.

Por más que intentó dormir, la mujer no pudo conciliar el sueño, no dejaba de pensar en el cuerpo de Daphne, en su rostro sonrosado mientras dejaba a la vista su sensual y juvenil cuerpo desnudo, que seguro nunca había sido tocado por el tipo de persona que ella era. Lentamente, el alcohol y la libido fueron los dominantes sobre el cuerpo de Daphne, que, imitando a la chica, empezó a tocarse, ya se había masturbado varias veces, incluso con el uso de juguetes, pero, nunca se había sentido tan caliente, le había excitado ver a esa preciosa jovencita deleitándose con caricias. Ya no sabía que pensar, no sabía, si a la mañana siguiente, la vería con los mismos ojos.







:3 manos juguetonas.
 

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IV



Pasaron los días, y parecía que todo iba en calma, Nereida bailaba de vez en cuando en el escenario, pero, sorpresivamente, Daphne le insistió en que trabajara de mesera, era algo que no comprendía la joven, no obstante, le debía tanto a esa señora, que terminó cediendo. A pesar de ese cambio, de vez en cuando, se ausentaba alguna bailarina y ella con gusto tomaba su lugar, confundiéndose más porque la dueña del bar parecía mirarla con un raro sonrojo, mismo que le causaba un aumento en sus latidos.

Nereida se sentía feliz en lo que era su nuevo hogar, no obstante, se esforzaba por salir adelante, se lo había prometido a todas, por lo que todo su tiempo libre se lo dedicaba al estudio, además de apoyar a Sarah y Charlie con los propios. Nere era una joven estudiosa y con buena capacidad para memorizar las cosas, pero, eso no le parecía bien a Sarah, que pensaba que demasiado de algo siempre era malo, nunca supo si salía con amigas o algo más, más allá de comprar sus productos de higiene personal. Desde que ellas platicaron, la ojiverde empezó a llevarse de mejor manera con ella, al punto de disfrutar su compañía, era una chica dulce, que poco a poco superaba su timidez, era de ese tipo de amigas tan amables que una no entendía como lograba soportar el grupo de locas que tenía el bar. Fue cuando, en un arrebato de alegría, logró convencer de salir y dejar un rato los libros, para llevarla a un centro comercial y cambiar por ese día su rutina.


- ¿Quieres comprar algo en especial? -
Preguntaba Nere a Sarah quien no le soltaba la mano, la cual estaba aterciopelada por los guantes que usaba en conjunto a su ropa elegante.

- Para mí, nada, vamos a ayudarte con tu guardarropa. -


- ¿Mi guardarropa? Pero yo no tengo mucho dinero, acabo de comprar unos libros que ocupaba. -


- Por eso traje esto.
- Dijo Sarah sacando la lengua tiernamente, parándose y sacando de su bolso una tarjeta de crédito. - Papá nos regalará mucha ropa este día. -

- No está bien que gastes de más el dinero de tu papá. -


- No te preocupes, a él basta y le sobra, además, no he gastado en este mes así que mi tarjeta está limpia, ven, que vamos a cambiar la ropa que traes por algo más bonito. -


- Pero… Me gusta esta ropa, es linda… Y fue tu madre quien me la regaló. -
Contestó Nereida con un tenue sonrojo en su rostro, haciendo que Sarah llevara una de sus manos a la boca al pensar, que se veía tan linda al apenarse.

- Bueno… No estoy diciendo que la tires, después de todo, mi madre te regaló ropa que ya no usa porque ella se preocupa por ti. -



Sarah llevó a la joven a varias tiendas, eligiendo ropa que, a su pensamiento, se verían perfectas en ella, más cuando Nereida tenía un cuerpo tan bien proporcionado que le causaba algo de envidia. Pasaron de tienda en tienda, desde lencería hasta zapatos, riéndose siempre por la cara que ponía Nere al ver los precios, pensando que era demasiado para ella, era tan humilde, tan dada a darse menos, que sentía que era alguien de quien siempre estar cuidando, era como sí el trato que recibió de su familia le diera poca confianza como persona, que la hacía creer desmerecedora de atención.

Saliendo en dirección de regreso al bar, Sarah iba contenta al ver que Nereida se la había pasado bien, así como le ayudaba un par de manos extra para llevar más bolsas de compras hacia el coche que sacó sin permiso de su madre, aprovechando que ella estaba dormida por el desvelo de la noche anterior.


- Bien, no te olvides de que, si algo no te gusta o te agrada, puedes cambiarlo trayendo tu ticket de compra. -


- Gracias, Sarah, te juro que te lo pagaré pronto todo. -


- Ya, hace gracia la primera vez, pero cansa que lo digas todo el tiempo.
- Dijo Sarah subiendo sus gafas negras a la cabeza, para ver fijamente a Nereida. - en verdad, quería regalarte esto, como disculpa por lo del otro día. -

- Pero es demasiado... A veces, pienso que me dan más de lo que merezco. -


- Nunca es demasiado para una chica, ya que lleguemos nos probaremos la ropa con más calma ¿Te parece?
- Contestó la ojiverde tomando una de las manos de Nere. - Y nunca digas que no lo mereces, eres parte de la familia, y aunque no lo creas, eres mi amiga. -

- ¿En serio soy tu amiga? -

- Si, tan sólo piénsalo, he estado mandando al carajo a mis otras amigas por pasar más tiempo contigo. -

- ¿No pensarán mal de ti? -


- Qué piensen lo que quieran, bien que luego quieren que salgamos porque yo si tengo licencia de manejo y esas perdedoras no. -


-Bueno... Espero no causarte problemas… Sarah ¿Sabes porque tu mamá no me ha hablado? -


- No, ni me había fijado en eso. -


- No sé si está enojada conmigo, pero, parece evitarme, tal vez, empieza a cansarse de mí. -


- A veces está cargada de trabajo, tal vez es eso, déjame preguntarle luego para saber que le pasa, y no digas eso, si ella es quien más se preocupa por tí. -


- Muchas gracias, y tienes razón, perdón por pensar mal de ella. -


- Hola amor ¿No quieren que las llevemos a algún lado? -



Un trio de chicos, de los típicos engreídos que buscaban a lindas chicas en cada sitio que fueran, se acercaron a ellas, Nereida se colocó detrás de Sarah al sentirse nerviosa, mientras que la ojiverde mostraba su rostro algo molesto ya que no le gustaba tratar a ese tipo de idiotas, menos, cuando tenía una amiga como Nere.


- Oye, preciosa, no te había visto por este centro comercial ¿Eres de fuera?
- Preguntó uno tocando el hombro de Nereida, a lo que Sarah respondió retirándole la mano.

- No la vuelvas a tocar ¿Entendiste? -


- No es para que te enojes preciosa, o se te arrugará tu carita ¿Te han dicho que tienes unos ojos hermosos?
- Habló uno de los chicos acercando su mano a Sarah, quien soltó las bolsas de una mano y respondió con un puñetazo hacia su vientre, sacándole el aire. - ¡Pe…perra! ¿Qué mierda te pasa, puta? -

- Ni si te ocurra ponerme la mano encima. -


- Puta mocosa, se ve que te haces del rogar, pero ya verás cuando… -
Hablaba el tercer chico, cuando quedó asustado al ver que, del bolso, la ojiverde sacaba una taser. - Jaja, Disculpa, las confundimos con otras, vámonos rápido chicos. -

- Malditas pendejas. -



Los chicos se fueron corriendo gritando tontería y media, Sarah suspiró al ver que se había retirado lo suficiente, abrió la cajuela y empezó a guardar las bolsas, notando que Nereida le mostraba una cara de sorpresa.


- ¿Qué? -


- ¿No les tuviste miedo? Yo no supe que hacer... Perdóname. -


- No te preocupes, mis amigas y yo solemos soportar muchos de esos idiotas, le pedí a las de seguridad que me enseñaran un poco de defensa personal junto a mi mamá, además, mi papá me regaló la pistola de choques para más cuidado.
- Contó Sarah cerrando la cajuela, sin dejar de sonreírle a Nereida. - Y no podía tener miedo cuando estabas conmigo, no iba a dejar que alguien te tocara. -

- Gracias, Sarah, en verdad, eres tan atenta conmigo... Yo, nunca tuve a una amiga como tú, ahora que lo pienso, sólo se juntaban conmigo para que les ayudara con las tareas. -


- Esas no eran amigas, eran unas perras, pero no te preocupes, que yo nunca te haría eso.
- Sonrió Sarah animando a la castaña.- sube, que ya no ha de tardar mi mamá en despertar y primero debo de dejar el carro en la casa y de ahí tomamos taxi. -


El plan de Sarah fue hecho a la perfección, logrando dejar el coche sin despertar a su madre y tomando un taxi para llegar rápido al negocio, corriendo hasta la habitación de Nereida, para que las chicas no le contaran a Daphne que había tenido compras compulsivas otra vez. La ojiverde siempre se sorprendía del cuarto de la castaña, aunque era pequeño, siempre estaba bien arreglado, con un aroma agradable, quizá por las flores que ella cuidaba en la ventana, muy distinto al alboroto que tenían las demás en las habitaciones que usaban de emergencia. Sarah se sentó en la cama, sonriéndole a Nere, quien le miraba fijamente.


- ¿Y qué esperas? Vamos a probarnos la ropa, me da curiosidad como se te verá el vestido que tanto querías. -


- Es que, nunca había usado un vestido así.
- Dijo la joven sacando de la bolsa, un vestido corto, escotado de la espalda, con la parte superior de un color rosa suave y la falda de tul color rosa pastel. - Vi una así en una película y siempre quise usar uno. -


Nereida empezó a desvestirse lentamente, haciendo que los ojos se Sarah se clavaran fijamente en su cuerpo, la había visto bailar con ropas pequeñas en el escenario, pero, verla con su ropa interior blanca con un pequeño moño en el área intima, le parecía más llamativo y excitante que lo otro. Las curvas de esa chica eran muy llamativas, con una cintura delineada, unas piernas atractivas y una piel clara y suave, con esa cara angelical, podría hacer voltear a cualquier hombre, e incluso, a cualquier mujer. Poco a poco, empezó a probarse el vestido, llegando hasta el contorno de sus pechos, notando que no subía más, Sarah se río por el obvio detalle y se paró, colocándose por detrás.


- Ocupas quitarte el sostén, este vestido ya trae protectores.
- Dijo Sarah mientras Nereida se quitaba el sostén. - Déjame ayudarte a acomodarlo. -


La castaña sintió un chispazo al sentir las manos de Sarah, aterciopeladas por los guantes que traía, tocando sus grandes atributos, esa simple caricia estimuló sus pezones rosados al punto de morder sus labios para no suspirar, ya que esas manos parecían no querer retirarse de su cuerpo. Nereida se asomó por el hombro, temblorosa por tal roce de manos, notando que la cara de Sarah estaba igual que ella, ambas estaban sonrojadas por esa situación inesperada.


- Sarah… -


- Tus senos… Son tan suaves…
- Susurró la ojiverde acariciándolos suavemente, quien inconscientemente, empezó a quitarse los guantes para tocarlos mejor. - pensé que eran grandes, pero, sin tu sostén, puedo notar que lo son más de lo que pensaba. -


Sarah amasaba suavemente el busto de Nere, notando como ella tapaba su boca tímidamente, sonrojándose más y más, al parecer, sus senos eran muy sensibles y reaccionaban al poco estímulo que recibieran. La ojiverde no entendía que estaba haciendo, estaba acariciando los pechos de otra chica y disfrutaba de ver su reacción, ese rostro le hacía ver aún más bella a su amiga, y fue más allá su atrevimiento, al tocar por encima de sus dedos sus pezones, haciéndole dar un leve brinco.


- Sarah… -


- Eres… Tan linda, Nere.
- Susurraba Sarah empezando a excitarse, estaba tocando a otra chica y le empezaba a gustar.

- Tus dedos… Tus dedos... Están tocando... -


- Perdón, no puedo retirarlos.
- Murmuró Sarah sintiendo la respiración caliente de Nereida al voltear por su hombro.


La joven lamió sus labios al ver el rostro tan dulce y erótico de Nereida, nunca le había atraído una chica, nunca le pasó por la mente excitarse por ver o tocar una chica, y de repente, estaba jugueteando con los pechos de esa lindura, y su boca le pedía a gritos besarla. El deseo pudo más, y lentamente, Sarah acerco sus labios a los de Nere, besándola suavemente, mientras ella sólo cerraba sus ojos y soltaba sus manos, dejando caer su vestido al suelo. Sarah estaba enviciada, la boca de Nereida era dulce, su lengua se incrustaba entre sus labios mientras su mano apretaba su seno y la otra acariciaba su vientre, era tan excitante besar y tocar a una chica, era un éxtasis que nunca había experimentado, y que fuera esa linda y dulce amiga que recién había hecho, esa joven a quien le había agarrado cariño, le estaba causando euforia. El límite fue pasado cuando la mano de la ojiverde se posó por encima de la braga de la castaña, acariciándole suavemente, notando que ya había humedad en la tela, fue cuando la mano de Nereida le sujetó, deteniendo el momento y cruzando sus miradas sonrojadas y agitadas por el hombro.


- Sarah… Tú… -


- Perdón… No sé qué pasó. -
Dijo la joven rodeando la cintura de Nereida, quien le miraba apenada y con los ojos vibrantes.

- No pensé que… También te gustarán las chicas. -


- No me gustan… Mejor, te dejo que te cambies a solas. -


- Espera… No le digas a nadie, por favor. -
Susurró Nere poniéndose de frente a Sarah, quien le miraba fijamente a los ojos. - sí tu mamá sabe que tú y yo nos… -

- Shh… No lo sabrá, y perdóname, no quería incomodarte. -


- No… No es eso… Sólo… Me… Me gustó mucho.
- Murmuró Nere tratando de esconder su cara, sorprendiendo a Sarah por sus palabras.


Sarah salió lentamente de la habitación, suspirando y sacando un cigarro para calmar sus ansias, acababa de besar a una chica y tocarla íntimamente, peor aún, lo había disfrutado, había disfrutado mucho de tener a Nereida entre sus manos. La ojiverde decidió regresar a su casa rápidamente, y como si fuese una chiquilla, lo consultó con su almohada, gritando y gritando, pensando que Neireda creería algo malo de ella, pero, la cara y la voz de la chica le hizo entender que también lo disfrutó ¿Acaso le gustaba Nereida? ¿Nereida se sentía atraída a ella? No le gustaban las mujeres, o eso creía, pero ¿Qué si en verdad sólo sentía atracción por su amiga? No sabía que pasaba, pensaba y pensaba hasta que quedó dormida, cuando fue despertada por los gritos de su madre para que bajara a cenar.


- Te quedaste bien dormida ¿Acaso anduviste de fiesta?
- Dijo la madre mientras servía la cena.

- No, sólo, necesitaba dormir. -


- Un rato más me iré al bar, si vas a salir, no llegues tan noche. -


- Sobre eso… Me gustaría acompañarte. -


- ¿En serio?
- Preguntó Daphne sentándose frente a su hija quien le miraba extrañamente. - ¿Te pasó algo? -

- No es nada, sólo, quiero relajarme un poco y me divierto con las chicas de allá. -


- Ok, pero nada de sacarles platica a cada rato que tienen que trabajar. -


- Mamá… Si me gustarán las chicas ¿Te enojarías? -
Preguntó sin pensarlo Sarah, reaccionando después. - Olvida la pregunta. -

- ¿Acaso te gustan las chicas? -


- No, no es eso, sólo… He estado pensando mucho en Nere, en lo que le pasó. -


- Nere… -
Susurró la madre recordando su cuerpo desnudo, tratando de pensar en el tema de su hija. - no me enojaría, eres mi hija y respetaría quien eres y lo que sientas. -

- Gracias, mamá… Oye, ella me preguntó porque has estado distanciada de ella, que parece que la evitas. -

- Mmm… No, no es nada, sólo, he estado cargada de trabajo, tengo que cambiar de surtidores porque quien estaba a cargo se cambió a otra sede y el nuevo encargado es un pendejo ¿Creerías que no fingió en querer ligar conmigo? -

- No me sorprende mamá, siempre atraes a idiotas. -


- Como tu papá. -


- Ey, le diré eso. -
Río la hija mientras su madre le acompañaba en las risas.


Pasada la hora, Sarah estaba en el bar de su madre, sin dejar de mirar a Nereida quien servía en algunas mesas. La joven no lograba entender que había pasado en el cuarto de su amiga, ese arrebato de deseo repentino que surgió hacía ella, tal vez, en verdad le gustaba Nereida, pero, era extraño, no sentía gusto por otra chica. Nere, de igual forma, estaba pensativa en lo ocurrido, su corazón se ponía nervioso al pensar en Daphne, pero, su cuerpo se agitaba al ser observada a Sarah, lo que pasó en su cuarto le hizo sentirse confundida, y entre más lo pensaba, más se daba a la idea de una cosa, Sarah era una chica hermosa, agradable, algo ruda, pero sin malas intenciones, además, aunque fue su primer beso de forma no planeada, le había agradado, en verdad, disfrutó de ser besada por ella y estar entre sus brazos. Quizá, le gustaba la hija de la mujer que la protegía.






:3 Parece que Nere ya se está inclinando por alguien.
 

تالف و مكسور تماما
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¿Dices que no va rápido? Pero si Sarah ya hasta la toqueteó xD
No lo sé, no lo sé. No se me hace natural tocar a otra persona nada más así, llevado por un "impulso".
 

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¿Dices que no va rápido? Pero si Sarah ya hasta la toqueteó xD
No lo sé, no lo sé. No se me hace natural tocar a otra persona nada más así, llevado por un "impulso".
XD Sarah es pero no lo sabe jaja.
:d Intento bajarle el ritmo pero me emociono jaja. Y pues más que impulso, :d repito lo de arriba, se quiere comer a Nere pero no lo sabe.

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