Oneshot Navidad en familia

Con mucho calor, pero siempre fresco~
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~Navidad en Familia~​

Estaba amaneciendo en la Isla File. El césped estaba cubierto por una espesa capa de nieve de casi un metro. Los ocho digimons dormían plácidamente en la casa que habían improvisado en las últimas semanas. Estaba hecha con materiales completamente naturales, bastante humilde, pero para esos digimons era perfecta. Palmon se despertó cuando el Sol le dio en la cara. Se desperezó unos momentos y se levantó de la cómoda cama de hojas en la que hasta hace unos momentos se encontraba soñando, deambulando por el reino de Morfeo. Tardó unos segundos en despertar por completo y aclarar su mente, pasar totalmente del sueño a la vigila.

Entonces recordó qué día era.

Se levantó y se acercó a un pequeño nido de paja, donde Biyomon dormía acurrucada, como cualquier ave. Si bien era pequeño y a simple vista no parecía ser muy cómodo, para Biyomon era un perfecto lugar de descanso.

— ¡Biyomon, Biyomon! ¡Despierta!—la llamaba, mientras la sacudía levemente. El ave rosada solo ocultó su cabeza debajo de una de sus alas. Estaba muy cansada.

—Sora, déjame dormir cinco minutos más.

—Biyomon, ¡hoy es noche buena!—
dijo Palmon, mientras se acercaba a Tentomon y comenzaba a moverlo, al igual que lo había hecho con Biyomon, con intención de despertarlo.

Gatomon, quien estaba acurrucada en una pequeña cama solo un poco más grande que ella, se despertó y rascó suavemente sus orejas. Agumon y Gabumon se encontraban durmiendo cada uno en una cama hecha de madera y un colchón. Los dos también fueron despertados por los movimientos de Palmon. La pequeña digimon planta estaba sumamente ansiosa.

Al oír “noche buena”, Patamon también salió de su sueño —donde se encontraba con TK— y se desperezó rápidamente al igual que Gomamon, quien estaba durmiendo en una cama como la de Agumon.

— ¡Si! ¡Hoy es noche buena!— celebró Patamon, mientras volaba en círculos por la habitación. Gomamon lo miraba sonriente; también estaba feliz de que fuera noche buena.

Todos terminaron de levantarse, salieron de la habitación donde dormían regularmente y fueron a una gran sala, en la cual se encontraba una mesa exageradamente larga, considerando que normalmente solo ellos ocho comían allí. Era una mesa como para, como mínimo, veinte digimons. Agumon y Gabumon se acercaron a unas cajas que había en un rincón del salón. El digimon cuya línea evolutiva estaba relacionada con los lobos sacó ocho platos y los colocó en la mesa. Agumon, por su parte, tomó una bandeja y colocó en ella varios pescados. Luego, puso la bandeja en el centro de la mesa. Los ocho digimons se sentaron, y cada uno tomó un par de pescados y los colocó en su plato.

— ¡Provecho!— dijeron todos al unísono, justo antes de comenzar a comer. El pescado realmente era delicioso. Todos los comieron con gusto. Excepto Gomamon, que miraba su pescado con cierta nostalgia y tristeza. Palmon lo notó.

— ¿Qué sucede Gomamon? No has probado tu pescado— Gomamon la miró con una cara de disgusto.

— ¿Cómo esperan que los peces confíen en mí si tengo su olor en mi boca?— preguntó el pequeño rookie marino.

—Los peces son la fuente de alimento de muchos de los digimons como nosotros. Saben que es parte de un proceso natural. Sin ellos, muchos digimons no tendrían de dónde alimentarse y terminarían muriendo. Es la cadena alimenticia— explicó Gatomon, mientras continuaba comiendo su pescado.

—Es cierto, no tiene nada de malo—dijo Palmon, apoyando el argumento de Gatomon.

Gomamon se resignó, y lentamente comenzó a comer su pescado. Era delicioso.

Luego de un rato, cuando Agumon terminó de comer su tercera ronda, todos salieron de la casa. Había nevado mucho en la noche. No hacía frío, sin embargo. Mientras Patamon, Gomamon y Palmon corrieron rápidamente para iniciar una guerra de nieve, los demás se quedaron observando la casa. Se dieron cuenta de que le faltaba… algo.

—Mmm… No la notan algo… ¿Vacía?— preguntó Tentomon.

—Hay algo que nos falta… ¿Pero qué?— cuestionó Gatomon, pensativa. Era obvio que habían olvidado algo, pero no eran capaces de decir qué.

Estuvieron pensando unos momentos, hasta que los cinco se dieron cuenta de qué se habían olvidado.

— ¡El árbol!— dijeron al mismo tiempo.

— ¡Y la decoración!— agregó Biyomon.

—No tenemos mucho tiempo, los demás llegarán pronto— dijo Gabumon, aumentando el nerviosismo del ambiente.

—Tranquilos, lo lograremos— intentó tranquilizar Gatomon, aunque ella también estaba un poco nerviosa.

—Pero tenemos que conseguir un pino, decorarlo, y además aún no juntamos la comida— se lamentó el digimon ave.

—Debemos dividirnos las tareas—sugirió de nuevo Tentomon.

—Buena idea. Tentomon y yo traeremos el árbol— aseguró Gatomon, mirando al digimon compañero de Izzy, el cual asintió sonriente.

—Gomamon y yo buscaremos la comida— se ofreció Agumon.

—Biyomon, tú podrías quedarte a preparar todo y esperar a que lleguen los invitados junto a Palmon— sugirió su felina amiga. El ave digital sonrió; estaba de acuerdo.

—Y Patamon y yo buscaremos cosas para decorar el árbol— dijo Gabumon. Todos asintieron. En ese preciso momento, una bola de nieve golpeó la cabeza de Gatomon, quien se volteó ligeramente furiosa. Patamon y Gomamon estaban riéndose. Sin embargo, cuando una bola de nieve impactó en la cara de Gomamon, enviándolo tres metros hacia atrás y enterrándolo en la nieve, las risas cesaron. Gatomon sonrió satisfecha de su disparo.

—De acuerdo, ¡no hay tiempo que perder!— dijo Agumon, mientras desenterraba a Gomamon y se lo llevaba arrastrado mientras recuperaba la consciencia.

—Patamon, acompáñame por favor—pidió Gabumon, mientras caminaba en dirección al bosque.

— ¿A dónde vamos?— preguntó, mientras volaba al lado del digimon que vestía la piel.

Todos comenzaron con sus tareas.

//////Gatomon y Tentomon\\\\\\

Los dos encontraron un buen árbol, cuya forma, color y altura era simplemente perfecta. Habían estado varios minutos buscando uno, y ese definitivamente era el indicado. Cumplía a la perfección con la imagen mental que los dos tenían del árbol de navidad que necesitaban.

— ¡Electro Shock!— Tentomon lanzó un pequeño rayo hacia la base del árbol, dañándolo seriamente.

— ¡Golpe de Gato!— Con un golpe en la parte afectada por el ataque de Tentomon, Gatomon derribó el árbol. Luego, haciendo uso de su extraordinaria fuerza, Gatomon comenzó a arrastrar el árbol de regreso a casa, con Tentomon volando a su lado.

//////Agumon y Gomamon\\\\\\

—Te entiendo, pero tenemos que llevar por lo menos una ración de pescado— reiteró Agumon. Gomamon miró el arrollo con tristeza.

—De acuerdo, tú junta los pescados, yo iré por las frutas— accedió mientras se daba vuelta e iba en busca de las frutas.

No tardó en encontrar un lugar con muchos árboles que en sus copas tenían todo tipo de frutas. Con mucha —y me refiero a MUCHA— dificultad comenzó a trepar por el árbol, aferrándose a él con sus garras. Una vez en la copa, abrió una bolsa que traía consigo, y comenzó a depositar allí todos los frutos que estaban a su alcance. Debía llenarla a más no poder; ese día tendrían muchos invitados.

Luego de unos minutos, su bolsa estaba llena. Desgraciadamente, era tan pesada que la frágil rama donde Gomamon se apoyaba cedió finalmente. Cayó al suelo desde una atura considerable y la bolsa, que no tenía menos de ocho kilogramos de fruta, cayó sobre él. No tardó mucho tiempo en reincorporarse, y cuando lo hubo hecho, oyó que Agumon lo llamaba.

— ¡Gomamon, ven rápido, mira esto!— Gomamon se apresuró, y cuando llegó donde su amigo, se sorprendió.

//////Gabumon y Patamon\\\\\\​


Gabumon tenía sus brazos cargados con las cosas encontradas que creían servirían para adornar el árbol. Varias piedras brillantes, unos cables con pequeñas esferas de colores, y también una mochila que encontró abandonada, con su interior llena de frascos esféricos de todos colores, sin nada dentro. Llegaron entonces a un pequeño lago, que por milagro no estaba congelado. Patamon vio un Betamon que estaba flotando en medio de las aguas y se acercó a él.

—Disculpa, estamos buscando objetos decorativos, ¿has visto algo que sirva para decorar?— preguntó. Betamon pensó durante unos momentos, y luego recordó algo.

—Espérame un momento, creo que hay algo.

El digimon se sumergió en el agua. Unos minutos después emergió de nuevo y le mostró a Patamon una gran perla, que emitía un tenue, casi imperceptible resplandor:

—Esta perla está aquí desde hace mucho tiempo, y nunca supe darle una utilidad. Es muy hermosa, pero sinceramente nunca me llamó la atención. Espero que pueda servirles— Patamon la tomó con gusto.

— ¡Muchísimas gracias!— agradeció, mientras volaba en dirección a la orilla.

— ¡Feliz Navidad!— le deseó Betamon.

— ¡Feliz Navidad para ti también!—respondió Patamon, quien estaba por mostrarle a Gabumon el excelente adorno que había conseguido.


M o m e n t o s D e s p u é s​



Gatomon y Tentomon llegaron a la casa. Para su sorpresa, la mesa ya estaba afuera, con todas las sillas acomodadas, al igual que los tenedores y cuchillos. Además, a pocos metros de la mesa, había una pequeña circunferencia trazada con piedras, donde iría el árbol de Navidad. Había también en la puerta una corona navideña. Biyomon y Palmon estaban terminando de arreglar la mesa y quitando el exceso de nieve en los alrededores, para que no fuera incómodo a la hora de ir a sentarse.

—Wuau. Es perfecto— reconoció Tentomon. Biyomon y Palmon notaron entonces la presencia de los recién llegados.

—Biyomon, Tentomon, llegaron. Rápido, hay que colocar el árbol.

Gatomon recostó el árbol en el suelo, y Palmon utilizó su técnica especial, la hiedra venenosa, para comenzar a levantarlo. Tentomon, Biyomon y Gatomon ayudaron empujando desde abajo.

Pocos minutos después, Gabumon y Patamon llegaron. Traían consigo todo tipo de objetos. Colocaron las piedras brillantes y los cables con coloridas esferas en el árbol, dándole un gran brillo. De la mochila sacaron todos los frascos, y a Gatomon se le ocurrió que Tentomon los llenara con sus rayos. Luego de un largo y difícil proceso, en donde varios frascos fueron destruidos, tenían esferas de colores que brillaban intensamente y en las cuales se podía apreciar el movimiento de la electricidad en su interior. Mientras algunas de ellas se encargaron de darle al árbol de navidad una mejor apariencia, otras sirvieron para iluminar la mesa.

Finalmente, Patamon les mostró la gran perla que Betamon les había regalado. Decidieron que esa perla debía ser el adorno de la punta del árbol. Y así fue. Comenzó a anochecer, y el árbol brillaba increíblemente, como un faro indicándoles a todos que la navidad estaba por llegar.

—Se ve muy lindo— opinó Patamon.

—Sí, es muy brillante— reconoció Tentomon.

— ¿Dónde se habrán metido Agumon y Gomamon?— preguntó Biyomon.

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Casi una hora había pasado, y todos sus amigos ya estaban allí. Asistieron Meramon —quien además creó pequeñas fogatas para calefaccionar el ambiente—, Frigimon, Mojyamon, Andromon, Elecmon —que inmediatamente comenzó a jugar con Patamon—, Unimon, Monzaemon —quien trajo consigo una misteriosa bolsa— Centarumon y hasta el viejo Gennai. Todos comenzaron a hablar sobre lo que había pasado en esos cuatro meses desde que los niños elegidos habían vuelto a su mundo. Solo estaban esperando a Gomamon y Agumon, quienes debían traer la comida.

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—Tardamos mucho, pero se sorprenderán cuando vean lo que conseguimos— dijo con una sonrisa Agumon, mientras junto a Gomamon arrastraban un pez que tenía dos veces el tamaño de Agumon. Capturarlo habría sido imposible si un Seadramon no les hubiera ayudado.

Continuaron arrastrándolo colina arriba. Estaba anocheciendo, y hacía mucho frío. Cuando finalmente alcanzaron la cima de la colina, lograron ver su casa, completamente iluminada, con el árbol y todos sentados en la mesa. Estaban por continuar, pero escucharon el típico ruido que hacen las ramas al ser consumidas por el fuego. Por curiosidad, dejaron el pescado en el suelo y caminaron hasta llegar a la fuente de ese ruido. En una cueva cercana, lograron ver de espaldas a Ogremon, quien estaba sentado mirando una pequeña hoguera, con su garrote a un lado. Por la forma en la que temblaba, se podía deducir que tenía frío. Era realmente una escena bastante triste, considerando que estaban en víspera de Navidad.

Agumon y Gomamon se miraron, y fueron directo hacia donde estaba Ogremon, quien no se dio cuenta que tenía a dos invitados no esperados en su cueva.

—Hola Ogremon— saludó Agumon.

— ¿Eh? ¿Qué? —dijo un sorprendido Ogremon, mientras se levantaba, tomaba su garrote y se volteaba. En cuanto vio a los dos digimons que tenía frente a él bajó un poco la guardia—. Oh, son ustedes. ¿Qué creen que hacen aquí? ¡Este es mi territorio! ¡Lárguense!— Ogremon intentaba mantener la imagen de villano que quería, aunque en el fondo deseara con todo su corazón tener compañía.

—Ogremon, ¿por qué estás solo? Hoy es noche buena— Gomamon preguntó exactamente lo que Ogremon no quería responder.

— ¿Hoy es noche buena? Creí que… Creí que era la próxima semana—mintió, aunque su cara de tristeza evidenciaba su verdad. Por suerte para Ogremon, Agumon y Gomamon no eran muy buenos descifrando las expresiones de la gente.

— ¿No sabías que hoy es noche buena? Eso explica todo. Ya me parecía extraño que no estuvieras con tus amigos— dijo Agumon. Ogremon desvió la mirada al suelo, y con un suspiro, añadió:

—Yo… yo no tengo amigos.


Agumon y Gomamon se miraron. Ogremon se dejó caer al suelo, y abrazó sus rodillas, por el frío y también por un reflejo, un acto automático del cuerpo con el cual pretendía darse a sí mismo el cariño que quería recibir de otros. Los dos digimons se sentaron también, para oír el resto de la historia:

—A decir verdad, jamás he tenido un amigo. Nunca pude disfrutar la Navidad junto a otros digimons. Siempre estuve solo, junto a mi garrote. Lo más cercano que he logrado tener a un amigo fue Leomon, y él… Él murió en la batalla contra MetalEtemon— se sinceró, mientras intentaba que una lágrima no cayera por su rostro al recordar el trágico hecho sucedido hace tan poco. Agumon y Gomamon se miraron y entendieron qué debían hacer.

—Pues en ese caso ven con nosotros. Pasarías tu primera navidad en familia— le sugirió Agumon.

— ¿F-Familia?— dijo Ogremon, sin entender completamente a qué se refería Agumon.

—Así es. Familia. Somos una pequeña familia, y nuestros amigos también forman parte de ella… Tú formas parte de ella— explicó Gomamon.

—Pero… No, no puedo ir con ustedes —se negó Ogremon, mientras se levantaba con su garrote en mano—. ¡Yo soy un virus! Un digimon malvado… No pertenezco a su familia— si bien intentaba sonar serio, la tristeza se notaba en su tono de voz.

—Claro que si, nos ayudaste contra los Dark Masters.

—Eso no fue nada, lo hice por mis propios motivos—
se justificó, volteando a ver a otro lado. En ese momento, su estómago sonó, producto de tantas horas de ayuno.

—Tienes mucha hambre, ¿no?—preguntó Agumon.

—Pues… No he comido muy bien estos últimos días. La nieve hace que me sea más difícil moverme, y no me permite cazar con efectividad—reconoció.

—Pues… Tendremos un increíble festín de pescado y frutas. Hay suficiente para todos— le ofreció Agumon. Ogremon lo pensó durante unos momentos, y luego tomó una decisión.

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Todos, incluso Andromon, estaban riendo por una historia contada por Elecmon. Una curiosa anécdota sobre el nacimiento de un bebé en la Ciudad del Inicio. En ese momento, acabando con las risas, Gennai se levantó, con su copa de vino —que él mismo llevó— en una mano. Todos hicieron silencio para escuchar las palabras del sabio monje.

— ¿Alguno de ustedes sabe cómo inició el festejo de la Navidad?—preguntó, casi retóricamente. Todos se quedaron en silencio, y uno a uno fueron negándolo. Les sorprendía festejar una fiesta sin saber exactamente por qué lo hacían.

— ¿Cómo inició?— preguntó finalmente Frigimon. Gennai se mantuvo en silencio unos momentos.

—No lo sé, esperaba que alguno de ustedes lo supiera para decírmelo—admitió Gennai, causando que todos se cayeran de la silla por la decepción/sorpresa, y luego comenzaran a reír, haciendo que el monje se sonrojara levemente, aunque tal vez era producto del vino. En ese momento, Agumon y Gomamon llegaron, y junto a ellos, también llegó Ogremon. Todos los miraron.

—Volvimos, ¡y tenemos la comida!—informó Gomamon.

—Ya era hora, tengo mucha hambre—dijo Elecmon.

— ¿Trajeron aceite orgánico? —preguntó Andromon; Agumon negó con la cabeza—. Otra reunión donde no hay comida para Andromon— se lamentó el digimon androide mientras bajaba la cabeza, y Monzaemon ponía su mano en su hombro.

—Por cierto, miren quien se nos unió —dijo Gomamon, señalando a Ogremon, quien traía consigo el gran pescado, y las dos bolsas con frutas y pescados más pequeños—. Estaba solo en una cueva. Nunca ha pasado la Navidad con sus amigos. ¿Verdad que es bienvenido a cenar con nosotros?

— ¡Por supuesto!—
dijeron todos al mismo tiempo. Eso le dio a Ogremon la confianza que necesitaba.

— ¡Pues entonces vamos a comer este delicioso pescado! Mi boca ya no puede soportar la tentación.

Todos rieron y así dio comienzo el banquete.

Todos ellos en el pasado habían tenido sus cruces, pero siempre habían sabido seguir adelante y concentrarse en lo importante: la amistad. La amistad y la unión que esos digimons tenían eran suficientes como para olvidar cualquier pelea y perdonar cualquier error. Mas esta historia aún no termina. Falta el atractivo de la Navidad hacia los jóvenes, y lo que vuelve a esa noche muy divertida y llena de alegría; así es, los regalos.

—Les traje obsequios a todos —dijo Monzaemon, mientras de la bolsa que traía consigo comenzó a sacar juguetes, muchos juguetes y demás artefactos que a todos les gustaron—. Recuerden, los juguetes solo quieren jugar. Si juegan con ellos y los tratan bien, nunca se aburrirán de su compañía.

Lamentablemente, no había contado con que Ogremon iría, por lo que se quedó sin un obsequio para él.

—Lo siento mucho, no sabía que vendrías. Si quieres puedo llevarte a la Ciudad de los Juguetes para que elijas el que tú quieras— dijo muy apenado.

—No, descuida. No estaba en mis planes recibir obsequio alguno. Normalmente, en Navidad yo solo recibía algún animal que Leomon cazaba para mí. El sabía que se me dificulta cazar cuando hay nieve, por lo que siempre me regalaba algo para poder comer— la tristeza volvió a Ogremon. Al escuchar la palabra Leomon, Elecmon recordó algo.

— ¡Oh, es cierto! Ogremon, yo tengo un obsequio para ti.

Elecmon entró a la casa de los digimons elegidos. Allí había guardado algo especial. Cuando salió, tenía en sus manos un digihuevo naranja, con aros amarillos:

—Hace unos días este digihuevo llegó a la Ciudad del Inicio. Intenté dártelo pero no logré encontrarte. Lo traje porque tuve el presentimiento de que te vería— se acercó y le dio el digihuevo a Ogremon, quien no entendió el porqué de ese obsequio en particular.

— ¿Un digihuevo? ¿Estás regalándome un hijo? Debo admitir que no esperaba esto, no estoy preparado para ser padre.

—No estoy regalándote un hijo. Estoy regalándote el digihuevo de Leomon.


Ogremon quedó perplejo. Pareció haber recibido un ataque de Frigimon, dado que permaneció congelado en su lugar durante varios segundos. Su mente intentaba asimilar lo que Elecmon acababa de informarle. Cuando finalmente habló, su voz sonó débil, entrecortada, sin poder articular muy bien lo que decía:

— ¿Este es el digihuevo de Leomon?

—Así es. Si lo cuidas, en unos días nacerá, y en menos de un año Leomon estará de nuevo con nosotros. Además, como sus datos no fueron purificados puesto que era un digimon del bien, no perderá la memoria. Él te recordará—
le explicó. Ogremon no logró contener una traicionera lágrima de felicidad, y abrazó felizmente su obsequio.

—Esta… Esta es la mejor navidad. Muchas gracias… amigos. ¡Feliz Navidad!

Ese día, Ogremon aprendió que no estaba tan solo como él creía. Tenía muchos amigos que lo querían, aunque fuera un villano por naturaleza. Cuando Gennai dio el anuncio de que ya era medianoche, todos brindaron por una nueva navidad. Pidieron los tradicionales deseos de navidad, en general pidiendo por la salud de sus amigos y por volver a encontrarse con los Elegidos.

Todos permanecieron despiertos la noche entera, hablando con sus amigos, comiendo y disfrutando. Todos, excepto Ogremon, deseaban que ese momento nunca acabara. Ogremon deseaba que el tiempo pasara rápido, para poder estar lo antes posible de nuevo con su eterno rival, ¿y para qué ocultarlo?, su mejor amigo​
 

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