Trama [NnM] Tenkei: Xin-Zho | Mini Evento

Ninshuu

Gran abuelo
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―Debo reconocer, Sayuri-san, que el desarrollo del festival ha superado mis expectativas ―concedió el líder de Nami no Sato, alzando su bebida como si propusiera un brindis. Cuando sonreía, su largo bigote canoso trazaba un gracioso arco horizontal.
―Permítame estar de acuerdo con Okane-dono ―dijo el representante de la Nube, imitando el gesto.

El veterano Okane lideraba la Aldea de las Olas desde hacía varios años, y fue uno de los principales promotores de que las Olas se hubiera erigido como un lugar neutral y amable para formar lazos entre las comunidades ninja que así lo deseasen. Secretamente, había decidido retirarse y lo anunciaría a la conclusión del festival.

―Gracias, Okane-dono, Warheit-san, pero el mérito no es solo mío, sino de los organizadores ―repuso con diplomacia, demasiada. Solo su educación superaba su narcicismo―. ¿Qué opina usted, Kametsubo-san?

El aludido la miró con ojos saltones. El representante de la Niebla era alguien sigiloso y discreto, que pretendía hablar lo justo. Se sentía fuera de la pecera en esos eventos sociales y ese era el principal motivo de su silencio. Era irónico porque la primera impresión que daba era muy distinta, debido a su cabello rojizo y alborotado, sus ojos bien abiertos y su semblante tranquilo. Todo lo contrario a Warheit, cuyos rasgos nórdicos, cabello plateado y mirada apagada, hacían contraste con su jovialidad; él sí estaba en su onda.

―Pienso igual ―dijo el kirigakurense, inclinando la cabeza reverencialmente.

Los cuatro presentes disfrutaban de exquisitos platillos en una de las habitaciones privadas de la Academia Internacional. Durante horas, cada quien por su lado disfrutó de las áreas habilitadas para la celebración, pero desde hacía media hora convivían allí para charlas de temas protocolares, e incluso, temas a tratar entre las villas mencionadas y Nami.

―Es hora de la cena ―anunció Sayuri, poniéndose de pie. Su kimono de colores se extendió liso como era―. Por favor, acompáñenme a la Playa Miyakoyima.

El recorrido fue muy corto. La costa estaba justo frente a las instalaciones de la Academia. Estaba anocheciendo y la temperatura era más baja entonces, especialmente cerca del mar. Pero todo estaba fríamente calculado (you see what I did there?): los encargados del protocolo habían encendido fogatas alrededor de la playa, además de instalar una larga fila de tiendas ambulantes que parecían grandes cajones con ruedas, con una ventana que daba al interior y un vendedor para servir los platos que cada cual ofreciera.

Los asistentes se estaban movilizando casi en hordas hacia la zona, y los más avispados se apresuraron en alcanzar los puestos de comida antes de que se hicieran largas filas. El único puesto abandonado, frío y solitario fue el destinado a ofrecer todo tipo de ensaladas, porque, convengamos… nadie va a un festival a comer matas con condimento (salvo que sean del mar). La encargada de éste último estaba llorando desconsolada pero a nadie le importó.


El tiempo se dejó ir sin freno y la luna se plantó frente al mar, tan monumental que daba la impresión de haberse asomado para presenciar mejor la celebración. El mar era ya casi tan oscuro como un abismo con destellos plateados, pero ¿quién tenía ganas de dormir? La mayoría estaba con el estómago lleno y tomaron asiento formando círculos alrededor de las fogatas para compartir (había “círculos” de historias de terror y viejas leyendas ninja, entre otros).

―¡Miren! ―exclamó una estudiante, apuntando al cielo―. ¡Lluvia de estrellas!

Un coro de “oooh’s” sobrepasó el sonido del romper de las olas. La observación de la aspirante a kunoichi se regó como la pólvora y pronto la totalidad de los asistentes se encontraba apreciando el espectáculo. Había una cantidad incalculable de destellos en el cielo, como una constelación al desnudo, alrededor de la cual se formó un halo de tonalidades púrpuras y azul neón. Quien hubiera tenido la fortuna de ver estrellas fugaces debía admitir que aquello era mil veces más impresionante.

―Es una señal de que los dioses nos bendicen ―dijo alguien, y varios estuvieron de acuerdo con efusividad. Para otros este fue un comentario tonto.
―O una coincidencia ―repuso alguien más, ganándose risas sardónicas en apoyo y un buen puñado de miradas disgustadas.

Al cabo de un rato, cuando ya la mayoría había olvidado el fenómeno, algunas miradas seguían fijas siguiendo las estrellas, las cuales parecían estar fijas en su lugar, solo que… Midori Inuzuka se rio de sí misma por tener esa idea, apostó a que se trataba de una ilusión visual, pero una inspección adicional le produjo un tamborileo en el corazón.

La sensei retrocedió un par de pasos, con el rostro desencajado. Acudió a Tenshi, a quien zarandeó suavemente del hombro para que oyera sus sospechas. El joven rio con incredulidad, haciendo un ademán con la mano.

―Es tu imaginación, Midori ―dijo con rotundidad―. Están muy lejos y es muy fácil confundirse.
―Tenshi, por favor, míralas bien. Hazlo por unos segundos, un minuto tal vez, pero hazlo ―pidió Inuzuka con ojos suplicantes, provocando que el chuunin suspirara.
―De acuerdo. Si eso te tranquilizará…

Pero Kaguya varón sintió la misma punzada cardíaca que su compañera cuando se percató de lo mismo que ella. Ambos intercambiaron miradas muy serias.

―¿Te diste cuenta?
―Es solo nuestra imaginación. Estoy sugestionado ―razonó Tenshi, llevándose una mano al mentón―. Claro que es eso.
―Cada vez son más grandes.
―No.
―Cada vez se hacen más grandes más rápido.
―Midori…
―Las estrellas fugaces a veces caen en la superficie terrestre. ¿Qué tal si…?
―Aún si fuera el caso, las probabilidades de que caigan cerca de aquí son prácticamente nulas.
―Pues yo las veo venir justo hacia acá.
―¡No puedes calcular eso! ―rebatió Kaguya, soltando un resoplido. La fémina se mordió el labio inferior, sin despegar su visión de las estrellas destellantes―. Sé que no te divierten estos eventos, a lo mejor eso hace que tu mente te esté jugando una mala pasada.
―Dios mío, ¡son más grandes!
―Ya te dije que ―Un vistazo al cielo nocturno le robó el aliento―. ¡Sayuri-san!

La constelación creciente había adquirido una tonalidad rojo fuego, lo cual terminó por convencer al chuunin de que el peligro era real. Ambos dieron vueltas sobre su propio eje tratando de ubicar a la directora, esfuerzo en el que perdieron un valioso minuto. Sayuri estaba detrás de las multitudes que no se habían juntado en las fogatas, junto a Okane y los representantes de la Nube y la Niebla.

Ella percibió el semblante desesperado de los sensei y se excusó con los diplomáticos para atenderles. Tenshi le explicó la situación en un tono revolucionado, y cuando ella pidió que hablara más despacio, incluso él tuvo problemas para mantener la compostura.

―Lo que dices no tiene sentido ―dijo la directora, pero su actitud cambió apenas distinguió las estrellas, que se vislumbraban varias veces más grandes que al principio y con una inapelable aura de furia―. Las probabilidades de que…
―Es imposible calcular el área de colisión, pero sé que será cerca de aquí ―aseguró Midori―. Necesitamos prepararnos. Podemos instruir al resto de sensei para que realicen jutsus de barrera. Los invitados pueden refugiarse en la Academia.
―Con discreción ―indicó Sayuri―. Las probabilidades son casi nulas.

No obstante, tal discreción sería imposible. Algunos asistentes también se habían percatado del alarmante tamaño de los puntos rojos, que conformaban parte de un horizonte que parecía cada vez más cercano e inevitable. Era como si literalmente alguien hubiera realizado varios disparos desde otro lado de la galaxia justo hacia la playa. Así las cosas, los gritos y las actitudes espantadas no se hicieron esperar.

―Si no los matan los meteoritos lo harán los derrumbes ―argumentó el sensei Hisao, informado de la situación, cuando le pidieron guiar a los invitados al interior de la Academia.
―No tenemos una opción mejor ―lamentó Akiyama.

Las multitudes estaban retirándose hacia las instalaciones designadas; el principal obstáculo eran unas amplísimas escaleras donde varios tropezaron y cayeron, provocando un cuello de botella que clones de sombras de los sensei se esmeraban por deshacer. Los profesores reales se ubicaron en la costa, con el oleaje acariciando sus tobillos. A la de tres realizaron una larga cadena de sellos de manos y ubicaron sus manos en la arena, produciendo una semicúpula traslúcida que empezó a extenderse a la diestra y siniestra de la playa y a una altura tal que podría cubrir el edificio principal a sus espaldas.

La mayoría había logrado acceder a la Academia cuando, sin tiempo para que el Kekkai conjunto abrazara por completo la zona, la constelación rojiza se agigantó a una velocidad exponencial tal que el más escéptico abandonó sus dudas respecto a que serían impactados.

El primer asteroide quebró la barrera como una tortilla y cayó sobre el puesto de ensaladas. Nada que lamentar. El impacto produjo un golpe sordo de altos decibeles y una onda expansiva que tumbó a los sensei. Dos más se precipitaron en el patio trasero de la Academia, dejando una estela de humo que se elevó en el cielo nocturno. Si había un Dios a quien rezarle, ese era el momento, porque otro de los monstruos espaciales se ensañó con el área donde se refugiaban las multitudes.

Sin tiempo, sin piedad, sin últimas palabras, otro asteroide silenció una plétora de voces para siempre al estrellarse contra las escalinatas, que quedaron hechas puré color sangre. Los golpes cayeron unos tras otros como martillazos, cruzando la barrera no ya como una tortilla sino como niebla. Sayuri y los representantes de la Nube y el Agua lograron salvarse en el último momento gracias a sus reflejos, pero el viejo Okane no tuvo la misma suerte. La Aldea de las Olas necesitaría un nuevo líder.

Entre la nube de polvo, hollín y retazos de fuego procreados por la estela de las piedras se escuchaba, a duras penas, el lamento de aquellos que se desgarraban la garganta pidiendo ayuda por tener algún miembro o la mitad de sus cuerpos atrapados, con algún ser querido en brazos al que se le escapaba la vida. Era una escena que no hacía falta verla para sentir escalofrío; el sonido poco a poco suplantó el devastador silencio que inundara a todos por la conmoción. Y de golpe todo se convirtió en ruido.

Eventualmente, la lluvia de meteoritos cesó, dejando tras de sí una ola de destrucción. Sayuri se puso en pie torpemente, con su kimono arruinado, y su cabello en igual o peor estado, enmarañado y sucio. La directora giró sobre sus propios talones, desorientada, sobreponiéndose al shock para exclamar:

―¡Todos los ninja, estudiantes, realicen la evaluación del accidente! ¡Asistan a los heridos!

Y entonces podría decirse que se dio el festival por concluido.




Así empezamos esta MT que, por supuesto, tratará asuntos importantes para todo NG. Los participantes que aparecerán abajo fueron los únicos que lograron completar lo que se dijese para poder hacerlo. Los que no pudieron conseguirlo o no quisieron darle una oportunidad al rol libre, no hay problema, podrán participar en otra ocasión. La única excepción que habrá será la de aquellos que nada más hicieron un post pero que solamente podrán participar de esta etapa (de esta breve parte por estar en el festival).

¿Qué les toca a los usuarios ahora? Redactar sus impresiones. ¿Cómo vivieron la situación? ¡Vamos, muéstrennos! ¿Cuál es el estado de sus personajes? Ninguno de ustedes murió, pero: ¿se hirieron? ¿Casi les cae algo encima? ¿Vieron personas morir? Sean creativos.

-Mínimo de palabras: 300.
-Cada vez que hagas un post con la condición anterior, tendrás derecho a lanzar un dado de 10 caras; eso será equivalente a la cantidad de experiencia que irás acumulando para tus STATS.
-Máximo de post para esta etapa: 5.
-¿Pueden socializar entre ustedes? Sí.
-Tienen hasta el miércoles (mañana) en la tarde para escribir al respecto y aprovechar el bonus.

Participantes fijos:

Verwest Verwest
Reira Reira
Nya Nya
Yuudai Yuudai
Hayden the dark king Hayden the dark king
Chisuka-Kun Chisuka-Kun
Bishamon Bishamon

Solo por esta etapa:
Angelo.
Lazy
 

Tejedora de sueños ᴥ
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La noche comenzaba a refrescar y todos se estaban cómodos ante las fogatas, menos Lovetta… que lo encontró demasiado sofocante. Se alejó hasta la linde del bosque, desde donde observaba todo el alboroto, y, para su sorpresa, Liahme y Satoru la acompañaron. Comentaban lo que se habían divertido en el festival o lo mucho que les había fastidiado asistir mientras comían. Los chicos comenzaron a escuchar un coro de “oooh’s” y buscaron lo que veían todos. Era una lluvia de estrellas.

¡Pidan un deseo! —exclamó emocionada, Lovetta.

Guardaron silencio mientras el espectáculo nocturno se desarrolló, un silencio roto por el barullo de las aves.

¿Qué pasa?

La Inuzuka observó a Shira que mostraba signos de nerviosismo y levantó el rostro para encontrar que las aves que allí descansaban estaban inquietas y alzaban el vuelo. Se alejaban. Escapaban.

¡Tenemos que irnos!

Tsume se levantó movida por la urgencia de Shirayuki, sus amigos se levantaron junto a ella; y al momento comenzaron a ver un revuelo entre los demás ocupantes de la playa. Comenzaban a correr hacia ellos. Hacia el camino de la academia.

—¡Ustedes! ¡Apresúrense!

Los chicos se aprestaron a seguir las indicaciones, cada uno a su manera, y se separaron sin darse cuenta. Lovetta se giró en busca de Shirayuki, pero su cuadrúpeda compañera no la seguía. El terror la paralizó, apenas sentía los empujones de las personas a su alrededor que corrían enloquecidas en busca de refugio.

Aquí estás —Unos brazos la levantaron y la sacaron del gentío, se alejaron a contracorriente—, Shira está con Yoru…

Tsume reconoció la voz de Mure, quien corría con ella en brazos. Se alejaban a gran velocidad de la academia y se perdían en el bosque.

¡No! ¡Espera! —Lovetta comenzó a luchar contra el agarre de su superior cuando el terror por Shira pasó—. ¡Adonde me llevas! ¡Mis amigos van por allá!

Nada de lo que hacía era suficiente.

Lo siento, no podemos ir hacia allí.

Lovetta solo dejó de luchar cuando vio a Yoru, el pastor belga de Mure, cargando a Shirayuki y corriendo junto a ellos. La niña aún no comprendía el por qué de tanta conmoción. Se estaban divirtiendo, pedían deseos a las estrellas fugaces… pero ahora sentía terror, se sentía insegura y todo empeoró cuando sintieron el primer impacto. La presión del viento los empujó y luego el ruido asaltó sus oídos. Mure cubrió como pudo a Lovetta y a Yoru, y en cuanto pudo colocó una mano en el suelo para levantar una cúpula de tierra sobre ellos, pero hubo otro impacto, esta vez más cerca que el anterior.

Todo a su alrededor tembló. La cúpula imperfecta los protegió… en su gran parte, pero no pudo evitar que los humanos perdieran el conocimiento.
 
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Tejedora de sueños ᴥ
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Al principio todo fue oscuridad, el suelo no dejaba de temblar, las ramas caían, los árboles caían… la tierra se desmoronaba sobre nosotros. Luego fue un profundo silencio, aterrador. Los olores me salvaron del silencio, Yoru estaba cerca… y Tsume y Mure. El sonido acompasado de sus corazones acompañó a sus olores familiares.

Están inconscientes.

El gruñido, malhumorado, de Yoru me movió a la acción. Tsume. Me levanté y en pocas zancadas llegué a donde me indicaba su olor que estaba. Restregué mi hocico contra su mejilla sin atreverme a hacer ningún sonido que denotara mi angustia al ver que no respondía a mi caricia. Yoru tenía razón, estaba inconsciente.

Hay sangre.

Era un olor que quería ignorar, pero había sangre, mucha sangre.

Ambos sangran.

Di una vuelta por el pequeño espacio que nos tenía aprisionados, todo era roca. Algunos trozos habían caído sobre nosotros, pero se sentía una ligera brisa. No estábamos encerrados por completo. Yoru había comenzado a reanimar a Mure, intentaba lo mismo que había hecho momentos antes con Lovetta.

Hay que buscar ayuda.

Los ojillos de Yoru se fijaron en mí y luego en el muro caído. Algo me decía que sabía exactamente donde estaba.

Tú ve por ayuda, yo me quedaré —Antes de que pudiera mostrar mi disgusto ante la idea, agregó—. Solo tú cabes por ahí…

No tuve más remedio que aceptar. Observé un instante a Lovetta y salí por el pequeño agujero antes de que pudiera arrepentirme.

El bosque era un caos de sonidos. Una cacofonía de las criaturas que no habían logrado escapar de lo que sea que había pasado. Ante mis ojos apareció un rastro dorado rodeado de granate. Eran los olores de Lovetta y Mure; junto a un patrón blanco y negro que nos correspondían a Yoru y a mí. Corrí siguiendo la línea que marcaban los colores en el fondo gris y no tardé en llegar a la playa.

Una vorágine de quejidos, sangre, lloriqueos, cosas quemadas… asaltó mis sentidos. Por lo que veía, la academia estaba destrozada, los restos se desparramaban aquí o allí y se confundían con cuerpos regados, que respondían o no. Todos allí necesitaban ayuda, ¿a quién iba a recurrir yo?
 

All I aspire is in your eyes forever to live
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En algún punto del festival, cuando el sol todavía se encontraba jugando con los colores en el cielo, Liv había arrastrado a Eyra hacia la playa para obligarla a darse un chapuzón con todo y vestimenta. Cualquiera que conociera a Weiss sabría que odiaba muchísimo hacer ese tipo de cosas con una ropa poco adecuada porque podría arruinarse o, algo más simple: no le gustaba sentirse pesada. ¿Pero podía sentirse peor de lo que ya estaba? Desde que apareciera, tras culminar la misión con Khalf, tuvo la intención de unirse a su familia para socializar un poco y disfrutar del ambiente… sin embargo, todavía encontrarse con Dorjen, con quien no había podido hablar ni media palabra a solas desde que se asentaran en Nami, verle ser un Yuki cualquiera… era una punzada emocional y mental. Su cabeza le repetía que debía volverse aún más fría sobre los sentimientos de esa clase, que no hacían más que entorpecer a la razón; su corazón dolía un tanto, pues era una adolescente inexperta en el tema del amor, que nunca había puesto sus ojos en otros niños.

A veces Eyra se fijaba mucho en su hermana porque a Kaia no parecía importarle para nada esos temas sociales ligados al afecto. Parecía que se vivía bastante bien o mejor cuando no se estaba enamorado. En cambio, Liv también solía mirar a su melliza y pensar que aquella tenía mucha suerte por ser alguien agraciada en varios aspectos. Era muy atractiva y no solo en físico; su talento estaba ahí… sinónimo de admiración. Ella solamente era una buscapleitos sin remedio a la que medio mundo llamaba bestia; la otra mitad la querían tal cual era.

Kaia sabía que su hermana estaba discutiéndole, solo que se encontró más emocionante prestarle atención al firmamento. Ese cielo sí se podía disfrutar a diferencia del que cubría a la Niebla. El agua no picaba tanto como allá y de vez en cuando se podían sentir pececitos nadar por las piernas. Ella yacía flotando y al no percibir los regaños de su fratría, la ubicó con la mirada. Eyra se había puesto a admirar los colores de arriba.

―Seguir peleándote no le ayudará a mi vestido ―Isa iba curveando los labios―. Igual, gracias. ―Bajó los hombros y soltó un suspiro. ―Pero no siempre podrás protegerme de pasarla mal, Liv.
―Cállate, boba ―para cuando su fratría le buscara con sus orbes, la de cabellera más oscura había retomado su antiguo foco de visión―. Siempre estaré ahí para ti. No dejaré que ningún niño estúpido, miertero, se aproveche.
―Tengo tu misma edad… ―miró cómo flotaba el vuelo de su vestido―. No me hagas ver como si fuese la persona más débil solo porque siento ciertas cosas ―acercó la diestra al pecho; en seguida cubrió el dije de su colgante―, incómodas.
―Debe ser horrible sentir esas cosas.
―¿No te ha gustado nadie? ―Kaia se compuso e hizo una mueca de asco con sonido incluido.
―¿Cómo me puede gustar alguien si todos los niños son basura? Todos quieren una sola cosa y sabemos qué es… hijos de puta ―murmuró lo último casi inentendible.
―Me pregunto si Torsten…
―Seguro que sí ―recordó la forma en la que se dirigía a Yukiko horas más tempranas; la buena fortuna fue que ella no parecía mostrarse interesada en seguirle la corriente en su asqueroso coqueteo. Eyra la secundó como si no tuviese más remedio. ―Es normal en nuestro clan. ―Otro detalle que se sumaba a la lista de características que hacían que Liv repudiara con más fuerza a los frígidos de la Niebla. De solo pensar en el acto, la enérgica kunoichi se abrazó. ―Y según Khalf, parece que Torsten y Lofn tienen algo que ver.

De la nada cualquier sentimiento intruso que apretujara su corazón y la hiciera sentir muy rara, un poco perturbada, desapareció con la llegada del semblante falsamente repuesto de Eyra. Kaia le dio una vuelta a sus pupilas. Sin pensarlo echó un brazo por detrás del cuello de su hermana y con un fuerte e intencional grito divertido le indicó que caminaran fuera del agua, porque sus dedos empezaban a arrugarse.

Weiss escurrió su cabello en lo que emitía un quejido por culpa de la traviesa arena entre su prenda. Hacia ellas se dirigió Sven, quien se hallase con Yaric o, mejor dicho, haciéndole el mal tercio con un par de chicas. A Kaia le resultó extraño que el chuunin no anduviese de pillo con otras tantas, empero encontró su posible respuesta desde que notara cómo él miraba a su melliza. Eyra lo ignoraba por completo.

―¡Auch! ¿Qué carajo Kaia! ―Se giró para verle la espalda porque después de propinarle un codazo que le regresara a la Tierra, optó por dirigirse a su residencia para cambiarse de ropa. Por un mísero instante, Ezra reparó el peculiar detalle de cómo se ciñó la yukata húmeda al cuerpo de Yuki Miyazaki. Prácticamente nunca era posible ver el desarrollo de la anatomía de Liv, por lo que no perdió el chance de admirar cuánto pudiese. El pensamiento que le llegó fue bastante extraño, tanto que sintió escalofrío.
―Deja de mirar a mi hermana de ese modo. ―¡Sorpresa! Snowflake se le apareció de repente a escasos metros atrás, logrando que Ezra se sobresaltara mucho más que antes.
―Yo… yo no la estaba viendo así. ―Díjole mientras hacía las comillas con sus dedos. ―Qué mierda; Kaia no me gusta. ―Se detuvo a pensar si era un buen momento para dar un gran paso que podría perjudicar su amistad con Frost.
―Pervertido.

Eyra cruzó por su lado rumbo al mismo destino de la otra genin. A las dos no les llevó tiempo volver a cambiarse ya con más libertad: un pantalón corto con una blusa y una polera; se habrán de imaginar quién se puso qué. En lo que retomaban el trayecto hacia el centro del festival, Kaia iba escribiendo un corto mensaje para Karin preguntándole a dónde se había metido. La música del ambiente había dado un giro interesante, lo que invitaba a cualquiera a adoptar un estado fiestero.

―He recibido un mensaje de Khalf. ―Liv empezó a contar hasta diez en su cabeza. ―Me ha dicho que irán a cenar lejos de las fogatas.
―¿Es su modo maricón de invitarte?
―Lo ha puesto claro. ―Le mostró el aparato. ―Igual le diré que será en otro momento.
―¿Te quedarás conmigo? Y con la garlopa emo y su… ¿prima?
―Sí y mientras aparecen iré por la cena. Ve escogiendo un buen sitio para pasar el rato.

Kaia percibió una extrema calidez de parte de su familiar tan impropia que le produjo una sensación contrariada. ¿Por qué no podía mostrarse muy contenta con la decisión de su hermana? ¿Acaso le resultó falsa la intención de la peligris? No, porque Eyra era bastante firme con sus decisiones e independiente. Los labios de Liv se separaron lo necesario para responder lo último que escuchase de la otra fémina…

Lo que siguió rato después fue puro ruido sin sentido que su pequeño y pesado corazón no podía asimilar.



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Cuando todos corrieron de un lado a otro, poseídos por el pánico, impulsados por el deseo de mantenerse con vida, Dorjie se quedó de pie en el mismo lugar con su mirada perdida entre las cajas con ruedas que ofrecían comida. Era ahí en donde observase por última ocasión a su hermana adquiriendo otra orden de Takoyaki y acompañada por un séquito de niñas Yuki. Pensó en acercárseles, aguarles el momento con una mariconería premeditada y sumamente exagerada que detonara comentarios tipo «en verdad no tienes remedio, maricón de mierda». Hubiese sido tan divertido, de no ser porque el universo y las estrellas habían encontrado unas repentinas ganas de explotarles en la cara y caérseles encima. Qué gran mierda. Se sentía tan pequeño en esos instantes, como una hormiga.

―¡Hazte a un lado, estúpido! ―le gritó quien empujó su hombro con la intención de abrirse camino hacia el refugio que armaban los sensei. Pese a que algunos trozos de escarcha quedaron prendados de su ropa, Torsten apenas apercibió el impacto. Su mirada seguía rebotando por todas partes en busca de la mini copia de Polaris.

Avanzó y gritó como si no hubiese un mañana el nombre de Layla, en realidad no habría mañana. Remaba a contracorriente entre el mar de estudiantes cuando de pronto alguien le sujetó del brazo.

―El refugio es por el otro lado, larcho ―le dijo Lofn arrastrándole sin mucho efecto. Si en determinado momento sus talones se barrieron hacia atrás fue porque Khalf Jr le ciñó desde el otro brazo y comenzó a hacer lo mismo.
―¡Apresúrate, hijo de puta!
―Suéltenme ―forcejeó intentando escapar de sus compinches―, ¡voy a encontrar a Layla!
―¡Si nos quedamos aquí vamos a morir, menudo imbécil!

La sentencia de Khalf debía estar cargada de alguna clase de conjuro, porque a continuación todas las personas en un radio de diez metros comenzaron a dispersarse, excepto el trío de frígidos. Dorjen lo vio venir: una explosión cercana ocasionó que la estructura del diminuto edificio junto a ellos se inclinara como imitando a la Torre en Kaminari no Pisa (¿). Las ventanas sucumbieron, había polvo y cristal entremezclado en el ambiente, la desleal tierra tembló haciéndoles perder el equilibrio y entonces los hijos del invierno cayeron pesadamente de bruces al suelo, y sobre ellos una enorme placa de piedra, acero, mármol, cualquier material y concreto.
 
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Ahora eran un trío de garlopos hormigas hijos de hormigas putas atrapadas de la cintura hacia abajo. Torsten se preguntaba si es que había perdido las piernas. Su frecuencia cardíaca estaba enloquecida y la epinefrina corriendo por sus vasos sanguíneos debía indicarle cómo actuar ante tal situación de riesgo, pero lo único que podía hacer es seguir coreando el nombre de su hermana.

Fueron solo un par de segundos con sensación interminable, hasta que unos ramales de color oscuro se movilizaron por debajo de lo que le mantenía tieso y le liberaron partiendo la placa en cientos de pedazos. Con ello Khalf y Lofn también recuperaron el aliento.

―Corran a refugiarse ―les ordenó Hisao con la cara de piedra más nefasta que pudo poner. Los frígidos salieron huyendo excepto uno.
―Layla ―señaló Dorjie mientras cubría sus adoloridas rodillas con frío hielo, confirmando que sus piernas seguían ahí y aún eran funcionales―, está perdida ―dio un paso al frente.
―¡Torsten! ―Cara de Piedra furioso le tomó de los cabellos de la nuca, lo alzó del piso y lo volteó como si se tratase de un endeble muñeco de juguete. Temió un poco, si no lo asesinaba la lluvia de estrellas, por desobediencia lo haría su sensei―. Ella está a salvo, corre a refugiarte ―le soltó, pero no sin antes propinarle un rudo empujón.

Gran Marica miró hacia atrás mientras se alejaba y se reagrupaba con Khalf, Lofn y demás estudiantes. En el rostro horripilante y fétido de Kakuzu, no había ni un ápice de inseguridad que le hiciera sospechar que estaba mintiendo, ¿por qué habría de hacerlo? Cuando la figura de este desapareció con una cortina de humo, volvió su vista al frente: los gritos desesperados y lamentos ante la baja sensible de compañeros de clases no tan afortunados como él le ocasionaron un nudo en la garganta. Esperaba que sus primos, sus primas, Karin, la amiga de Karin, Yukiko y Eyra estuviesen bien.
 
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Reira

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—Que no es por aquí donde lo viste — dijo la azabache cuando por enésima vez fue arrastrada por su prima.
—Se que lo vi por acá, recuerdo ese puto puesto de algodón de azúcar — su mirada se posó sobre el puesto mencionado, la paciencia se le estaba agotando, estaba cansada y estresada.
—Que no, fue por el otro lado. Además hay muchos carros de algodón de azúcar para que te guíes solo de ese.

La genin refunfuñó porque sabía que su familiar estaba en lo correcto y lo que estaba buscando posiblemente se hallaba por donde Abbi le decía. Dejó salir su aura lo más que pudo para demostrar su resignación, sin embargo no lo hizo más cuando recordó que a su lado se hallaba una 'congelada' Kasuki. La hija de Issei solo se sacudió sus ropas para quitar el kilo de escarcha que cubría su cuerpo.

Podría decir que le estaba prestando atención a lo que la peli negro le decía, pues era un tema interesante sobre su tía en Kumo, pero desde que había entrado al festival solo miraba familias ridículas tomándose fotos como si fueran la familia perfecta, porque eso no existía. También llegó a ver unas cuantas parejas que se veían putamente melosos, solo que a simple vista parecían más grande que ella y Eadric... O por lo menos más grandes que ella, haciéndola sentir incómoda, porque la diferencia de edades entre los dos Yuki era relativamente notoria para aquellos que les conocía.

—Putas garlopas mierteras... — murmuró al recordar las fans de los músicos, en concreto a una chica que parecía mayor que ellos, misma que le llegó a preguntar si el guitarrista le cambiaba los pañales. Claro que el rostro de la fan salió con un ojo morado de las instalaciones del clan Yuki.
—Ven, creo que ya recuerdo por donde es. Ojalá que comprándole esa tontería al garlopo de tu novio te calme el mal genio que tienes.

Karin abrió su boca para burlarse de su prima al escuchar la palabra típica de su clan, sin embargo un fuerte impacto les dio por su costado izquierdo. Ninguna de las dos féminas tuvo tiempo de asimilar lo que había pasado, más sus manos que estaban unidas desde antes, buscaron seguir así.
 
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Después de que Eyra se marchara hacia los puestos ubicados en la playa, el brillo de unas cuantas estrellas logró que Isa no terminara de completar los pasos que le faltaban para continuar con lo que debía hacer. Enseguida quiso encontrar otros puntos tintineantes en el cielo para comparar, porque esos que se iluminaban con gran intensidad no los había visto nunca. De boca de personas que cruzaron por su lado supo que podrían ser estrellas fugaces, y alguien añadió la típica frase de “pide un deseo, rápido”. Ridículo.

Una parte de ella sintió ganas de ceder a la creencia popular sobre los místicos asteroides. Tal vez si hubiese pedido algo, las cosas serían distintas en el presente. Kaia había salido expelida por la fuerza de una onda causada por el choque de las piedras extraterrestres contra el suelo, a saber a cuánta distancia. A eso le acompañó una ola de calor abrasadora y nauseabunda, capaz de anular su propia habilidad para mantenerse fresca. Fue como si una gigantesca mano invisible hubiera barrido un ancho tramo.

La chica chocó contra alguna pared que se hiciere añicos no solo por la forma estrepitosa de encontrarse con ella. Sobre su cuerpo tenía mucho polvo; estaba oscuro y no podía responder con soltura. Si estaba despierta era un milagro aunque todo le daba vueltas. En sus oídos se entrometió un pitido abrumador que cooperaba con la desorientación. Y de repente otro estruendo iluminó con apabullante consecuencia, provocando que el suelo crujiera. ¿Qué estaba sucediendo? Si pensar fuera en verdad gratuito, su cabeza se hubiese inundado rápidamente de posibilidades al respecto pero solamente flotaban allí ideas sueltas, extremistas, desesperantes que le disparaban la angustia a cualquiera y limitaban el raciocinio, requisito para armar un plan de acción ante el peligro.

Liv apoyó una mano en lo que sea que le permitiera impulsarse para ponerse en pie pero no podía sacar fuerzas; sus extremidades temblaban y dolían como si tuviese diez mil agujas clavadas en zonas estratégicas, destinadas a causar muchísimo dolor. Ahora podía entender cómo se debían sentir las víctimas de su padre. De sus orbes azules descendieron dos lágrimas. Consideró gritar y no para pedir ayuda; era más grande el shock que el afán de salir viva de aquella trampa. Sin embargo, no muy lejos de allí, escuchó una serie de pasos apresurados acompañados por voces que al mezclarse resultaban inentendibles. Una vez más intentó apoyarse de sus manos, ahora aplicando fuerza en las rodillas entre gruñidos que solamente añadían más dolor a su ser.

Sus mejillas se empaparon por el llanto tras cada segundo de intento, lágrimas involuntarias. Tenía que lograr salir de ahí para encontrar a sus hermanos porque Weiss y Yaric estaban por ahí… y no concebía la idea de perder a ninguno, por más veces que le haya deseado la muerte al garlopo miertero de su familiar. A pesar de estar cubierta por tierra, polvo y sangre, Isa consiguió exponerse lo necesario para que otros le vieran o tan siquiera poder respirar aire. Lo segundo de plano era difícil; la temperatura había aumentado tan drásticamente que los pulmones se le incendiarían.

Alguien la agarró de los hombros y con evidente preocupación la movió de adelante hacia atrás para espabilarla. Kaia no paraba de llorar por más que su cara no demostrase desasosiego.

-M-mi hermana… qué… qué está pasando. -Se dio la oportunidad de mirar a su alrededor, descubriendo el desolador panorama de lo que alguna vez fue un sitio lleno de algarabía.
-Ven, te llevaré con otras personas.
-No, ¡No! -Le gritó, de repente sintiéndose muy furiosa. -Tengo que encontrar a mi familia.
-Seguro están en ese lugar.

No podía evitar ser cargada y llevada a la fuerza a quién sabe dónde por más que reclamara por sus seres queridos. En todo el trayecto se mantuvo observando aquel punto en dónde se alzara con más ímpetu la cortina de humo muy oscuro; hacia donde corrían los que podían en busca de heridos… por allí que se encontraba la playa. El dolor en su corazón era muchísimo más fuerte que el de su piel abierta por las múltiples heridas.

 

Reira

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El Fuerte dolor en su cabeza le hizo abrir los ojos de golpe, pero por el polvo que caía sobre su rostro tuvo que volver a cerrarlos. No tenía ni puta idea de lo que estaba pasando y porque le dolía todo el cuerpo, pues hasta donde recordaba estaba caminando con Abbi cuando… Intentó moverse, pero no pudo; una gran cantidad de arena aprisionaba gran parte de su anatomía.

—Arena… — ¿por qué arena si ellas no estuvieron cerca a la playa? — ¿Qué mierda pasó?

Su cuerpo se encontraba abajo de un gran bloque de concreto, mismo que con cualquier movimiento en falso podría caer del carro de un puesto de dangos que le sostenía. A lo lejos escuchó que alguien daba órdenes de rescate y ayuda a los heridos, por lo que supuso que el estado en el que se encontraba se debía a algo o alguien. Se arrastró cual gusano con mucho cuidado, tratando de usar sus poderes gélidos sobre lo que en un principio creyó era arena; escombros pulverizados cubrían el suelo a todo lo que sus rosados ojos podía apreciar.

—Abbi… ugh — recordó que su prima estaba junto a ella, tenía que encontrarla y asegurarse que estuviera bien, pero al intentar pararse el dolor en su costado izquierdo fue asquerosamente doloroso. A la altura de sus costillas hacia su abdomen tenía un gran morado y sentía que sus costillas estaban echas mierda, pues con tan solo un leve movimiento sentía un dolor que nunca en sus 13 años había experimentado. Además de la punzada en la cabeza, misma que no dejaba de derramar sangre y manchar parte de su rostro hasta llegar a su pecho.

Se sentía como una completa inútil, pues no podía moverse ni un céntimo porque el dolor era impresionante, tanto que las lágrimas se camuflan con la sangre que bañaba su rostro. Quería pararse e ir a buscar a su familiar y amigos, pero no podía y esa sensación de impotencia y no servir para nada le hacía sentir peor que una caca. Al fin y al cabo en el clan les inculcaron que ellos no se podían permitir sentir dolor. Sin embargo eso superaba todo lo que llegaron a practicar con los frígidos.

—¡Por aquí, hay una chica que necesita ayuda!

Niji trató de buscar a esa chica, pensando que posiblemente podría ser Pidge, pero no, la única persona a la que pudieron referirse era a ella. Y no podía permitir que se la llevaran en camilla a algún lugar sin saber el estado su fratria. Pero en lo que pensaba en como escabullirse ya la estaban tomando de los hombros y piernas para subirla sobre una tabla.

—sueltenme hijos de… mierdaaa. — el golpe en su trasero hizo que todo el resto de su cuerpo, sobretodo el lastimado nublara su vista y todo empezara a silenciarse y verse en cámara lenta.

—Yo me encargo de llevarla.
—Creo que necesita ayuda urgente , al parecer esta que se desmaya.
—¿Creen que no se esa mierda? Porque la conozco se que no les dejará que la vuelvan a tocar.

Sabia que conocía esa voz, pero su conciencia estaba reaccionando al dolor, por lo que poco a poco se estaba quedando dormida. Tan solo esperaba que quien fuera que estuviera ahí con ella, se le iluminara el foco y buscara la hija de Iz.

—Abbi…
—Ella está bien, también te estaba buscando. Ahora levanta ese culo y vámonos de aquí rápido.

Su cuerpo se enfrió de inmediato, por lo que pudo determinar que era alguien de su clan que le ayudaba a levantarse, aplicaban frío en su costado a tal punto que no sentía ese lado de su cuerpo; mejor así.
 
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«Demonios…», ese fue su primer pensamiento al recuperar el conocimiento. Casi con dulzura, apartó el húmedo hocico de su compañero de su rostro. Sentía que la cabeza le iba a reventar y la boca le sabía a tierra… y no era para menos, al parecer había estampado su cara en el suelo. Cuando comenzó a incorporarse sintió que todos sus huesos crujían y no era solo por la vejez, con una mano tocó su frente y siseó al hacer contacto con su piel. «Demonios…», repitió al sentir la sangre que corría de su frente. Entre el olor intenso de la sangre, la arcilla, el musgo… y lo desubicado que se sentía, el cerebro de Mure no podía procesar la situación. «¿Qué estaba…?». La pregunta se congeló en su mente a medio formar pues de inmediato recordó que trataba de proteger a Lovetta… ¿y dónde estaba? Mure comenzó a palpar el suelo como pordiosero ciego, la sentía cerca, muy cerca de la acumulación de sangre.

Yoru —murmuró, sin dejar de buscar y sin acercarse un ápice.

Aquí está.

Escuchó el gruñido a su izquierda. Usando las manos para guiarse, Mure gateo hasta allí. ¿Cómo había llegado tan lejos? Él recordaba tenerla cerca. Con la punta de los dedos alcanzó su brazo, su piel al tacto estaba demasiado caliente, como si tuviera fiebre. No era una buena señal para alguien que apenas sudaba.

Tsu…

La voz se le quebró cuando, por fin, sus ojos y su cerebro se colocaron en la misma frecuencia y le permitieron ver con relativa claridad. Lovetta estaba inconsciente. Pequeños cortes y cardenales se repartían por todo su rostro y brazos. No parecía ser nada grave, pero no era exactamente lo que estaba observando. La mirada de Mure se posaba en su pierna derecha que parecía atrapada en la barrera que había levantado y en donde se acumulaba la mayor parte de la sangre que se respiraba en aquel reducido espacio.

Olvidándose de sus posibles heridas -menores en su mayoría-, Mure hizo una evaluación rápida de las partes visibles de la niña. No había nada roto ni quebrado. Solo golpes y cortes, que seguro se habría hecho mientras la llevaba a cuestas a través del bosque. Utilizando el mínimo de chakra deshizo la barrera de tierra y nada lo preparó para la visión de la pequeña extremidad destrozada bajo el peso de un tronco caído. Sin pensarlo dos veces, Mure destrozó el tronco que apresaba la pierna de un puñetazo nada delicado y comprobó, horrorizado, la gravedad de la lesión.

Se dispuso al menos a detener la hemorragia con sus conocimientos de jutsus médicos, pero algo lo detuvo. Vio como Lovetta le observaba con sus ojos abiertos como platos, todo su rostro era una señal de alarma; en cámara lenta observó como sus rasgos se rompían en un agudo grito que expresaba todo el dolor que estaba sintiendo.
 
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Corría sin rumbo tratando de encontrar a alguien conocido o alguien que me prestara atención. Ninguna de las dos cosas parecía posible. En medio de tanta destrucción… ¿quién iba a ayudarme? Los pocos que se encontraban en condiciones se distribuían en equipos de búsqueda y rescate, todos estaban demasiado ocupados para prestarle atención a un pequeño cachorro manchado de sangre. Lo peor es que no daba con las pocas personas que podrían reconocerme. En medio del caos un aroma detuvo mi carrera e hice lo único que se me ocurrió.

Aullé y esperé por una respuesta.

Un lobo blanco no tardó en encontrarme acompañado de su compañera. Ambos eran Inuzuka. Me expliqué en pocas palabras y accedieron a acompañarme. El bosque estaba silencioso mientras avanzábamos, pero un grito atronador rompió la calma. La sangre se heló en mis venas al escuchar un sonido tan ajeno en una voz tan conocida.

¡No!

El quejido me alentó a correr más rápido. Nunca un sonido semejante había escapado de la garganta de Tsume.

* * *​

El alarido cesó en cuanto Mure detuvo el sangrado. Todo el cuerpo de la niña se relajó y cayó en un «sueño pronfundo». Aquello era más tensión de lo que su pequeño cuerpo podía soportar. El hombre no se dejó amilanar por la situación. Tomó a Lovetta en brazos y corrió de vuelta a la academia, en donde probablemente podrían hacer más por ella de lo que él había logrado.

Yoru y Mure no tardaron en encontrarse con Shira y la ayuda que esta había encontrado. Midori Inuzuka se sorprendió al ver al hombre tambaleante con gran parte del torso ensangrentado, el cabello despeinado y lleno de mugre… cargando a una pequeña inconsciente. La pequeña loba profirió un largo quejido por su querida amiga.

Yo puedo… —La joven maestra, al salir de su asombro, avanzó unos pasos con los brazos extendidos para liberar al herido del peso de la niña, pero se detuvo en cuanto vio que el hombre la miraba con fiereza y apretaba a Lovetta contra sí.

El grupo reanudó la marcha, esta vez con la maestra a la cabeza, y fueron directo a un pequeño refugio en donde se encontraban heridos de gravedad.
 

The eyes never lie, chico...
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Satoru estaba fascinado por el momento, contemplando lo que parecían ser estrellas fugaces en compañía de dos muchachas que como por obra de gracia aparecieron en su vida de estudiante, para menguar así el estrés de la academia. Cuando vio la lluvia de estrellas, sintió como si algo se recogiera en su interior y se enterneciera con tanta belleza, sumado a los hermosos contrastes del manto nocturno. Era la primera vez que veía tal espectáculo.

—¡Pidan un deseo! —Escuchó exclamar el muchacho a la Inuzuka.

Pedir un deseo... Si fuese real, si pudiera inmortalizar Satoru sus anhelos con sólo cerrar los ojos ante una estrella fugaz, no pensaría mucho en que deseo pediría. Estaba claro. Salió de su casa en la tarde imaginando que sería un festival aburrido o sin muchas cosas que le llamaran la atención, pero el desenlace fue distinto. Si pudiera pedir un deseo, estaba claro cual era.

—Que no se acabara este instante... —Murmuró para sí mismo el Idara, cerrando con fuerzas sus ojos.

Claramente se arrepentiría de sus palabras.

Mientras tenía sus ojos cerrados, pudo sentir como la piel de sus ojos se tornaba roja, como cuando uno cierra los ojos de día. Extraño era, puesto que claramente era de noche y la iluminación, a pesar de las bellas estrellas, no era tan fogosa. En algún momento, entre sus pensamientos, había escuchado a Tsume pedirles que se levantasen. Estaba asustada y bastante agitada. Cuando se volteó, luego de mirar a la Inuzuka se dio cuenta de la realidad: ese bello instante íntimo se había convertido en una dantesca escena apocalíptica.

De pronto, su memoria evocó un fugaz recuerdo.

— ¿Qué es la muerte? —Se preguntaba un pequeño Satoru en los primeros días de la academia. Estaba aprendiendo el ciclo de la vida, y el rol que cumplen los humanos dentro de la cadena. Había intentado levantar la mano, pero por alguna razón que no entendía, algo en su cuerpo se lo reprimía. Quería saber cómo la gente la describía, puesto que cada vez que escuchaba la palabra de la boca de un adulto, parecía como su semblante se tornaba opaco.
 
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The eyes never lie, chico...
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Claramente fue incapaz de formular la pregunta y la clase siguió su curso normal.

Satoru llegó a casa y le preguntó a su madre. Aquella fue incapaz de responder de lleno, sólo buscaba evasivas para no ser tan cruel a la hora de hablar del fin de la vida.

—Es cuando te duermes y no despiertas nunca más.

Podrá sonar a los oídos de un adulto como una explicación apta para todo público, pero definitivamente deja un agujero bastante importante en la mente de los niños. ¿Dormir y no despertar nunca? Eso... ¡Era terrible! Su madre no fue capaz de explicarle bajo que contexto ocurre la muerte, y para Satoru, por el resto de su vida hasta que aprendió lo que significaba "matar" a una persona, entendió que la muerte no era algo que podía llegar cualquier momento que uno estuviera durmiendo. Porque para Satoru y su ingenuo entendimiento, la muerte era claramente algo que tenía que ver con dormir, por lo cual podía suceder en cualquier momento. ¿Cómo descansar sabiendo que un día podría no despertar jamás? El insomnio le comió varias jornadas al Idara, hasta que un día simplemente lo olvidó y pudo volver a dormir en paz.

Pero ahora... ahora lo había entendido. Los niños huyendo, griteríos e incluso algunos cadáveres con rocas extraterrestres empalados en el suelo, sin duda le explicó todo. Satoru no había visto a sus compañeras huir, pero ya sabía que no estaban ahí. Satoru estaba ahí, impasible y clavado al suelo observando como aquel momento de belleza se había tornado de caos absoluto. No podía gesticular, siquiera mover un tendón de su cuerpo. No lo entendía. La muerte había llegado para varios de sus conocidos y no precisamente en un sueño mortal, como le había explicado su madre. Alguien algún día, mucho tiempo después, le explicó que la muerte no llegaba así como así, que hay gente que incluso sabe que va a morir pronto... pero... ¿Por qué nadie le dijo a esos niños que morirían? ¿Por qué no saber, para evitarlo? ¡¿Y cómo mierda decir que no llega así como así, si de la nada muchas vidas se extirparon de la tierra?! Satoru estaba enfadado, pero tenía tanto miedo que dicha mezcla le hacía incapaz de pensar con claridad.
 

The eyes never lie, chico...
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—Tsume... —Se volteó a mirar a la Inuzuka que ya no estaba— Nova... —La morena tampoco se hallaba en su sitio.

Al parecer había venido gente a recoger al resto del desastre, pero Satoru estaba demasiado absorto en su mente para darse cuenta. El chico finalmente se pudo mover, pero no hizo más que esconderse. Miraba el cielo, esas bellas estrellas fugaces ahora caían e impactaban en la tierra. Cada impacto era terrible, provocaba un enorme estruendo y una mortal onda expansiva, por lo que el chico había tenido suerte aún de no ser polvo de estrellas. Las figuras de sus compañeros que ya no despertarían más, parecían venir desde la playa. Había que huir al lado contrario.

No bastó mucho rato para darse cuenta que estaba corriendo. Ya ni siquiera era dueño de sus propios movimientos, parecía que su cuerpo actuaba por sí solo en un modo de superviviencia. Por desgracia, los impactos eran cada vez más cerca y la lentitud de Satoru no cooperaba con el momento, en absoluto. Los impactos comenzaron a besarle los pies. Bueno, ¿qué importaba realmente? Nunca estuvo tan conforme con su vida. Quizás, morir ahí sería su destino... Sí, la muerte... al fin, la había visto a los ojos, al fin descifraba su significado, al fin la entendía... Satoru detuvo la marcha, cerró sus ojos y la abrazó.

Para Naomi Adler, profesora particular de artes de Satoru Idara, no fue complicado disfrazarse e infiltrarse en la academia. Por suerte al fin había concluido su incesable búsqueda: Satoru.
— ¡S-Sato!

Un presentimiento oscuro le recorrió la espina la última vez que vio al peliazul, por ello sabía que tendría que mantenerlo vigilado por su bien. La mujer, con una destreza inequívoca del cuerpo físico en sí mismo, acudió al rescate del muchacho, quien ya no se hallaba consciente debido al duelo psicológico que había tenido hace instantes.
 

Ninshuu

Gran abuelo
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POST TRAMA

El caos se esparció por la aldea con tanta rapidez que fue casi imposible detectar el verdadero alcance de los daños causados por el súbito impacto de los meteoros. Llamas, escombros, llantos, preocupación e incertidumbre empezaban a rodear el aire nocturno de la villa, todo mientras que densas nubes de humo negro se alzaban hacia los cielos desde diferentes puntos afectados. Los más preparados iban de un lado a otro, saltando de techo en techo, buscando heridos o personas en necesidad de asistencia, la situación ameritaba que todo el mundo pusiese de su parte y diese el máximo esfuerzo para minimizar la tragedia. ¿Muertos? Por supuesto que había, pero no necesariamente causados por el impacto de la roca contra el kekkai o demás estructuras, sino por daños colaterales de derrumbes, fuegos y estampidas de gente alterada y asustada.

La directora de la Academia apenas podía entender lo que sucedía, su festival había salido tan bien y ahora las Olas estaba envuelta en un completo desastre que no parecía estar cerca de terminar en ningún momento pronto. Varios chuunin y jounin estaban cerca de la mujer, buscando información e indicaciones sobre lo que tendrían que hacer a continuación. La respuesta inicial fue simple, evacuar y generar un punto alejado del caos donde se pudiese armar un centro de atención a víctimas y un centro de control para asesorar de cerca la situación, las consecuencias de la misma y los siguientes pasos a tomar.

Inmediatamente, los de más alto rango pusieron manos a la obra y empezaron a hacer lo que mejor sabían hacer. Algunos movieron derrumbes, otros controlaron a las masas, varios se enfocaron en encontrar y organizar a los menos experimentados y unos pocos, muy importantes en un momento como ese, se quedaron reunidos con Sayuri y los demás altos rangos para afinar detalles y empezar la difusión de información esencial.

Todo iba de maravilla... hasta que el terremoto empezó.

Un simple cambio en el viento, un extraño olor a cobre, una presión en el pecho y otros detalles aparentemente insignificantes vinieron antes del brusco movimiento telúrico, pero nadie les prestó mucha atención. La impresión vino primero, el entendimiento del peligro después. La fuerza fue descomunal, muchos cayeron a sus pies en cuestión de instantes y no pudieron pararse durante casi toda la duración del sacudón. Fue imponente, brutal inclusive, ciertamente generó muchísimos más daños, pues el sonido de colapsos y destrozos se hizo presente durante los casi 45 segundos que duró su aparición.

- ¿¡Que mierda está pasando en esta mierda de villa!? ¡Mierda! - Gritó Idara, furiosa y confundida.
- ¡Tenemos que irnos a un lugar seguro, Directora! - Uno de los miembros del consejo escolar, y reputado ninja de Kirigakure, se acercó a ella con una mirada preocupada, pero con determinación a sacarla de ahí independientemente de su terquedad. - ¡Ya dimos instrucciones para que se enviase un mensaje general a la población desde un punto seguro!
- ¡Que alguien del clan Yamana...!

Por primera vez en mucho tiempo, la histriónica mujer se calló, pues a lo lejos, entre el mar del horizonte, se empezó a ver algo más extraño y preocupante que la aldea en llamas. Un sol azul, esa era la mejor manera de describirlo. Un orbe brillante, potente con su luminiscencia, que desde el agua hacía parecer que la noche estaba a punto de terminar gracias al surgimiento de un nuevo astro azulado. Cualquiera que viese tal cosa iba a quedar embobado un par de segundos, ¿y cómo no verlo? El brillo era intenso, incluso pulsaba y se apreciaba a la perfección desde kilómetros de distancia. Era como si el mar hubiese abierto un agujero en sí para recibir con gentileza a tal cosa.

- ¿Estoy loca o todos ven la luz en el mar? - Preguntó la directora.
- Yo lo veo. - dijo un Inuzuka.
- Yo también. - El buen TK se manifestó antes de correr, como si algo hubiese pasado por su cabeza con la mayor urgencia posible.
- Yo veo dos olas. - una chica dijo, con la voz temblorosa.
- ¿Ah? - Los demás se cuestionaron al unísono, moviendo sus ojos por el paisaje, intentando ubicar algo.

Y en efecto, ahí estaban, a una distancia considerable del sol azul, de cada lado, estaban emergiendo y tomando fuerza dos impresionantes olas que sin duda alguna iban camino a Nami. No se necesitó decir nada, los ninja corrieron a sus posiciones y prepararon todo lo que necesitaban en caso de un maremoto. Ya habían tenido entrenamiento en relación a asuntos como ese debido a que el país en el que estaban era bastante propenso a tener incidentes de ese tipo. Una línea de defensa se organizó en la costa donde las olas iban a impactar, todos los ninjas capaces de invocar criaturas mayores a nivel 2 estaban presentes, formando sellos y llamando al campo de batalla a sus Kuchiyose más imponentes. Necesitaban fuerza y presencia para detener una catástrofe natural como esa, y mientras más estuviesen de su lado, mejor.

- ¡Kuchiyose no Jutsu! - El gritó conjunto de una decena de shinobi resonó entre el caos de la villa.

Dos perros, un oso, una araña, una tortuga, tres mapaches, una babosa y una sanguijuela de tamaño descomunal aparecieron en medio del agua, posicionándose lo más juntos posible para detener el fuerte oleaje que venía directo hacia ellos. La pared animal era admirable, no muchas veces se veía tal cosa como método de protección contra desastres naturales, pero ¿qué se puede decir? Desde hace muchos años los ninja de todas las naciones habían desarrollado protocolos menos convencionales y mucho más efectivos.

Impacto.

Sonrisas y aplausos varios llovieron sobre los invocadores que consiguieron detener los tsunami, pero esas celebraciones se vieron silenciadas poco a poco cuando los 10 animales gigantes parecieron quedarse congelados tras el golpe. Estaban empapados, sí, pero ahora estaban tiesos, extrañamente paralizados en poses ciertamente dolorosas. Los que gozaban de rostro podían incluso transmitir incomodidad, confusión y miedo con sus ojos. Algo malo estaba pasando, era obvio. Inmediatamente, como si fuesen electrocutados, los Kuchiyose se retorcieron, gimiendo y chillando de dolor en lo que parecía ser un baile de titanes sincopado y lleno de agonía. ¡Era espantoso!

Desaparición.

Sólo el sol azul del horizonte quedó en el paisaje. En una simple humarada se desvanecieron los animales, dejando perplejos y perturbados a todos los presentes. ¿Qué había pasado? ¿La ola fue tan fuerte como para desvanecer a las invocaciones? ¿Había algo tras ese extraño comportamiento de antes? Las preguntas se acumulaban y las pulsación de la luz relajante parecía ir en aumento. Pocos se daban cuenta de que en decenas de lugares de la villa había pequeños restos de meteoros que emitían el mismo inocente y hermoso brillo...

Atención... atención... atención...

La mente de todo ser humano vivo se vio invadida por una voz femenina, seria y estimulante. Era una transmisión telepática.

Residentes, estudiantes, shinobi... Nami no Sato se encuentra bajo estado de emergencia...

Se ha establecido un punto de acogida para los heridos en el distrito Shinozure... repito... se ha establecido un punto de acogida para los heridos en el distrito Shinozure...

Se solicita la presencia de todos los ninja, independiente de su rango, en el cuartel provisional que se ha establecido en el distrito Minori... repito... se solicita la presencia de todos los ninja, independiente de su rango, en el cuartel provisional que se ha establecido en el distrito Minori...


Ambos lugares estaban uno al lado de otro, pero tenía sentido que el mensaje indicase la diferencia de ambos espacios. Las cosas debían ser muy serias para que se usara este tipo de comunicación. La noche apenas empezaba y aún quedaban mil cosas por solucionar antes de que el día llegase, pero al menos ya había indicaciones que seguir, indicaciones que iban a afectar a todo el mundo de una forma u otra.

Todos los shinobi que empezaron a llegar al Cuartel Provisional fueron recibidos con una enorme lista donde se veían sus nombres junto con los de otros ninja, algunos conocidos y otros no. Desde estudiantes hasta ANBU, la lista englobaba a todo el mundo con aptitudes necesarias para ayudar a la población en ese momento de crisis.

Pero... ¿qué tanto podían hacer para arreglar ese desastre?



OBJETIVO: "ayudar, guiar, proteger a cuantas personas vean en dificultad; llevándolas/enviándolas al puesto de atención que aparece en el post".

-Cada personaje recibirá asistencia médica para que puedan unirse al equipo de rescate.
-Aunque estén en equipos, podrán usar NPCs personales.
-Las secuelas naturales no han cesado.
-Eventualmente habrá intervención por parte de los GM, quienes usarían a un sensei para lo propio.
-Se va a mantener el bonus de los dados en esta etapa también. Será la última con esta dinámica; aprovéchenla.
-Máximo de post de 300 palabras (mínimo) para poder aprovechar el bonus: 6 (individual).
-Esta etapa durará hasta hasta el domingo en la tarde o todo el día del mismo.

Los equipos quedan conformados de esta manera:

A: Bishamon Bishamon Reira Reira Yuudai Yuudai Hayden the dark king Hayden the dark king

B: Verwest Verwest Chisuka-Kun Chisuka-Kun Nya Nya
 

All I aspire is in your eyes forever to live
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Kaia había sido llevada hacia algún lugar ahora irreconocible por ella, inundado de gente que corría de un sitio a otro mientras vociferaban cosas que no era capaz de procesar. Quien la dejara allí se tuvo que marchar y ni siquiera pudo darle las gracias, pues su mente estaba ocupada con la imagen de su familia todavía perdida. Como pudo apoyó sus pies del suelo y al instante en que su cuerpo dejara caer su peso, los huesos parecieron crujirle. Fue incapaz de aguantar los sonidos quejumbrosos, el tambaleo que le siguió después y su casi encuentro con el suelo… de no haber sido por la intromisión del brazo de alguien que de inmediato embriagara sus nasales con un aroma fresco que siempre lograba sobresalir entre los peores olores.

―Yaric. ―El aludido la acobijó muy fuerte entre sus brazos y sin pensárselo demasiado, Liv se aferró a su ropa como si hubiese pasado un siglo de no verle. Sus lágrimas ya no brotaban sin su consentimiento. Mientras más pretendió cubrirla para que ya no se sintiera sola, más parecía temblar; incluso él, quien llegó a pensar lo peor.
―Enana de mierda, ¿dónde te habías metido? El puto mundo se nos vino encima y si no te encontraba me iba a cargar a todos estos hijos de puta. ―Liv no respondió enseguida porque de repente le entraron unas ganas de reír. Ese era su hermano bocón; de verdad estaba con ella, por fin. Frost le sujetó de la cabeza para que pudiera mirarle a la cara, para exigirle que dejara de llorar. No obstante, la kunoichi solo pudo separar sus labios; las múltiples heridas en su rostro, la sangre cubriéndole la cara, uno de los brazos… toda la vestimenta hecha girones; si no tuviera los ojos de ese color tan intenso, hasta ellos se hubiesen perdido en el negro hollín que bañase su dermis. ―¡Qué dónde carajos estabas!
―Yaric, contrólate. ―Desde atrás apareció una mano que tocara el hombro mejorcito de Yuki Miyazaki hombre. Kaia lo ubicó: era Ezra, todo lastimado por igual.
―Estaba con Eyra ―volvió la vista hacia su fratría―. No sé dónde está… ―su pecho volvió a dolerle con fuerza. Los varones se ahorraron las palabras, presos por el mar de pensamientos negativos auspiciados por un rededor desesperanzador. La gente continuaba gritando por ayuda o de dolor y cada vez eran más voces coreando lo mismo. Pero ninguna era de Weiss.
―Mierda.

Yaric descendió la temperatura a propósito para ayudar a la genin, ayudarse a él a agarrar más fuerza y así iniciar la búsqueda de su otra hermana. Empero su propia aura gélida no le serviría de mucho. Con un pie malo no se podía llegar lejos; a saber cuántos huesos rotos tenía por dentro, pero de que le dolía el abdomen era seguro. Era en situaciones como estas en las que las prácticas Yuki surtían efecto: el shinobi jodido hacía tripas corazón para ignorar todo lo que le aquejara y debía transformarse en una máquina, enfocada en sus objetivos. Así que por más que le insistiesen Kaia y Sven de que no hiciese locuras, Matarife rechazó sus muestras de preocupación.

―¡¡Eyra!! ―Gritó tan fuerte como pudiera. ―¡¡Eyra!! ―El que estuviese cerca terminaba mirándole con pena, desconcierto, nervios… probablemente la mayoría de los presentes no tenían idea de quién era esa muchacha o tal vez sí, por sus raíces. En ese momento todos eran importantes y hasta por el más desconocido se podían derramar un par de lágrimas. ―¡¡Maldita sea, Eyra, dónde putas estás!!
―No está por aquí… ―pronunció Kaia muy bajo, aunque el otro Yuki le escuchara perfecto. Sven apretó un puño, luego sus dientes; sintiendo un empuje enorme desde su interior, dio otros pasos más lejos de sus conocidos para gritar lo mismo que su mejor amigo.
―¡¡Eyra!!
―¡¡Eyra!! ―Levantó la voz también; Isa no se iba a quedar atrás en la búsqueda de su melliza.
 

Reira

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Y no, estaba equivocada al pensar que quien le ayudaba a trasladarse al puesto de emergencia era Eadric o algún otro Yuki. Era ella quien por inercia mantenía frío su cuerpo para adormecerlo. Pues el calor que emanaba el ambiente y el cuerpo que la transportaba le estaba volviendo loca, sin contar el dolor de cabeza que martillar sin cesar. Kenta quien la cargaba en brazos se abría camino entre todo el alboroto, agradeciendo al cielo que la genin ya se dejaba llevar 'tranquilamente' pues había forcejeando cuando la alzara.

Los gritos, llamados de auxilio, la confusión por lo ocurrido era lo único que se vivía después al impacto. Niji solo podía concentrarse en mantenerse despierta pero su deber y enseñanza a su labor se lo impedía, se recrimina que no debería recibir la ayuda que estaba teniendo, pues otros la pudieran estar tomando.
-Déjame aquí, ya estoy mejor - dijo levantando su cabeza del hombro de Kenta.
-Por una mierda, ya te dije que no. No hasta que te atienda un médico.
-Hay otras personas que necesitan ayuda, yo no...
El mayor dejó de prestarle atención a lo que decía su amiga, le importaba un rábano lo que dijera, si de verdad estaba bien que lo determinara un médico. Y así fue, al pasar de unos minutos llegaron al lugar destino para la atención de heridos.
-sus costillas están bien, no hay factura alguna, solo recibió un fuerte impacto en su costado, no debe cargar cosas pesadas mientras se recupera... - lo dijo a modo de sugerencia, pues sabía que al no ser algo muuuy grave debía darle pase para salir - También su golpe en la cabeza es superficial.
-No me venga con maricadas, ella estaba a punto de desmayarse cuando la encontré - enojado comentó Terumi, no comprendía que en el estado en el que estaba Rioko le dieran de alta, solo porque necesitaban ninjas para ir a cubrir más terreno afectado. - que descanse un momento, luego ya podrá seguir con sus deberes.
El médico, que al parecer estaba en sus prácticas y no pasaba de sus 18 años se giró y marchó antes que Fire le siguiera reprochando. En eso, Karin se levantó, pues no podía aguantar más que la trataran como una niña, como si ella no fuera una kunoichi entrenada y capaz de aguantar cualquier dolor; al fin de cuentas era una Yuki.
-Ya déjame en paz, estoy bien y puedo ir a ayudar a los otros - dijo levantándose de su improvisada cama, sin embargo el dolor en su costado se lo impidió, para fortuna del mayor -. ¿Dónde mierda dices que está la enana de Abbi? -
-Nos encontramos cerca de donde estabas, dijo que iría a buscarte, pero luego tembló tan duro que la verdad no sé si...
-¡Qué mierda estás diciendo¡ ¿La dejaste sola y ahora no sabes dónde...? - no pudo terminar la pregunta, pues la palabra temblor le resonó en su cabeza. ¿Cuándo había temblado que ella no se dio por enterada? -. Tengo que ir a buscarla, YA.


Casi que no xD
 

Tejedora de sueños ᴥ
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El mensaje telepático había sido claro. La serie de eventos desafortunados de la que Nami era protagonista había puesto la isla en estado de emergencia y todo aquel que siguiera de una pieza debía ayudar. Mure no estaba seguro de querer hacerlo, por orden de la líder del clan debía permanecer junto a Lovetta, pero si la isla se caía a pedazos la chiquilla no tendría un lugar seguro en el que reponerse. A regañadientes abandonó a la niña que tantos quebraderos de cabeza le había causado en un catre del refugio al cuidado de Shira, que no se apartaría de su lado y partió al remedo de Cuartel Provisional junto a Yoru.

La persona que lo recibió lo miró con recelo. Mure era consciente de que aparentaba estar en mal estado considerando toda la sangre que llevaba encima, pero la mayor parte no le pertenecía y la sangre seca en su frente había frenado la hemorragia… fuera de eso solo se sentía agotado emocionalmente. Nada fuera de lo normal.

La misión era sencilla. Debía socorrer a todo el que necesitara su ayuda y juzgando por la situación, debía ayudar a todo el mundo. «Demonios… cómo me gustaría una cajetilla ahora…». El hombre cubierto de sangre le hizo una seña a su ninken y ambos salieron a toda prisa del lugar. Lo difícil sería decidir por dónde empezar. ¿La playa? ¿La academia? Eran los lugares más castigados, deberían buscar sobrevivientes, pero los alrededores también se veían afectados.

Tú decide —dijo a Yoru, irritado.

Mure no paraba de pensar que quien sea que había lanzado el ataque debió esperar a que los niños se fueran, porque eso debía ser… un ataque. No creía que la isla estuviera tan llena de maldad como para merecer perderse en el fondo marino. El gruñido de Yoru detuvo el tren de pensamientos de Mure. Era tiempo de dejar de divagar y centrarse en el ahora.
 
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Chisuka-Kun

Gensō no ishi
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Subaru lo tenia claro desde el momento en que los desastres naturales llegaron a Nami no Kuni, que las deidades de allí arriba se habían enojado y mandaron sus asteroides en miniatura para asesinarlos o en otras palabras asustarlos para que dejen de joder con algo.

Se tomo con tranquilidad la orden mental dada por su Mandataria, lo único que lo enojaba era que no conocía a los dos inútiles que tenia por compañero. Mentalmente supuso que serian de Kirigakure por sus nombres tan raros.

— Dios... si es que existes... porque demonios me dejaste con dos bolsas de carne como yo... —

Su hermana y otros miembros del Clan habían partido a sus respectivos puestos. Ya que estaba cerca de la playa donde cayeron esas piedras del cielo como les decían los mas pequeños o los mas analfabetas, iría a ayudar a los mas necesitados con su "armoniosa" y "generosa" ayuda. Si alguien notara el sarcasmo de las palabras que Subaru habia pensado, seguro lo miraría con un odio que a el no le importaría es mas le daría gracia las formas de asesinarlo que ellos pensarían.

— Terminemos con esto antes de que yo mismo me arrepienta de todo esto... Ojala los que me tocaron como compañeros sean decentes en su trabajo y no sean un estorbo como algunos shinobis de Kumogakure que no merecen serlo... —

Dio la vuelta en dirección a la unión entre la tierra y el vasto océano. Solo se escuchaban llantos y gritos de auxilio de algunas familias atrapadas. Lagrimas por sus seres caídos como por aquellos que estaban en las ultimas, sin duda fue un "gran cierre" del festival cultural.
Asimismo, Subaru se imaginaba que hubiera pasado si el estuviese en esa situación de desesperación, como saldrían de cosas como estas. ¿Seguiría vivo? Dejo de darle vueltas a su ya paranoico cerebro, cuando comenzó a transportar en su espalda a personas ancianas que estaban lastimados en algunas extremidad como sus piernas. Estos solo le agradecían lo obvio, pero solo era porque le dijeron que debía hacerlo, no porque quisiera.
 

Reira

You've forgotten about us.
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No podía negar que no le dolía, porque si, y dolía como el demonio, solo que no como cuando despertó abajo de esos escombros. En verdad que lo que fuera que le hicieron en ese lugar le ayudó, solo algo. Sin embargo, el desespero de saber el estado de su familiar le alentaba a seguir.

Bien podría decir que su intención era ayudar a los que estaban frente a ella mal heridos, pero lo que realmente estaba haciendo era buscar la pequeña cara pálida y expresivos ojos grises de la estudiante. Pues no quería ni imaginarse lo que podría llegar a decirle a su tía si no la encontraba... Y al pensar en ella también pensó en los que estaban fuera de esa asquerosa isla. ¿Ya estarían enterados de lo sucedido? ¿Estarían en camino? Hasta llegó a pensar algo asquerosamente repugnante, que ni escribirlo sería lo correcto, pero solo esperaba que los que más amaba estuvieran bien.
-Kenta... - el eludido quien acababa de dar un gran salto para llegar a Karin, respondió con un sonido en su garganta, pues el humo y polvo ya empezaba a hacer efecto -¿Como es que tu no tienes ni un rasguño?
El muchacho se río entre dientes, razón por la que la katon le lanzara una pelota de hielo que se fue derritiendo a medida que se acercaba a él; Niji odiaba que hiciera eso, Kenta se ganó un tremendo improperio.
-En realidad tengo más de uno - dijo quitándose la camisa, mostrándole la espalda tremendamente lastimada, algunos rasguños merecían sutura o quedarían unas feas cicatrices.
-Te hiciste revisar esa porquería? Das asco.
-¿Te preocupas por mi?
La pregunta fue tan sugerente que el pie de la genin resbaló gracias a un mal paso que dio en una losa. Ese maldito idiota care perro garlopo miertero sabia 'ponerla nerviosa'. Y cuando el idiota esquivó un gran proyectil de concreto, pudieron escuchar a lo lejos que llamaban a una persona conocida para ellos, aparte, muy cerca un grito de desespero.
Los dos de clanes opuestos se miraron, no sabían si era la respuesta al llamado que hacían o era otra persona solicitando ayuda al oírles.
-Iré a ver, no te alejes mucho. - Karin aasintió.Sabía que las únicas personas que estarían llamando a Eyra eran Liv y el hijoeputa de Yaric.
-Como digas, mamá - mencionó a la advertencia del mayor. - Kenta, no te olvides de Abbi.
Y con eso cada uno se fue en direcciones contrarias, esperando que los Yuki Miyazaki le vieran mientras levantaba sus brazos llamándolos.
@Bislisto 🙄
 
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