Trama [NnM] Tenkei: Xin-Zho | Mini Evento

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La búsqueda tuvo que parar gracias a lo imposible que fue moverse entre la multitud, sobre todo cuando uno más que otro terminaba pegando en zonas sensibles sin afanes de lastimar. Al menos el trio había dado con un espacio menos abarrotado pero impregnado con olor a sangre, tierra y metal.

En el trayecto se habían topado con Karin, quien esperaba noticias de su prima y trataba de no parecer demasiado afectada por la situación. Sus orbes rosados no se enfocaban en un solo punto, y solo cuando giró hacia Liv supo que esta la estaba observando.

―Faltó poco para terminar hechas mierdas, ¿no? ―Rioko movió la cabeza de arriba hacia abajo, al final inclinándola un poco hacia el piso. ―Maldito paraíso miertero.
―No se muevan ―un grupo de ninjas médicos se había acercado para atenderles; ya venía siendo hora, coincidieron en pensamiento.
―Yo estoy bien, no necesito de sus mierdas ahora ―Frost movió su brazo afectado con ímpetu―. Necesito saber dónde está mi hermana, hijos de puta.
―Si nos permites curarte podrás unirte a la búsqueda.
―¡Me siento bien, a la mierda el dolor!
―Yaric, cierra la estúpida boca. ―El chuunin captó a Kaia inmediatamente, percibiendo en su mirada la misma petición que hacían los médicos para que se dejase atender. A la vez otro shinobi le traspasaba chakra médico a ella y a Sven. ―Si Eyra está en problemas, necesitamos estar bien.
―Karin ―todos voltearon ante el llamado, lo que no pasara desapercibido por Kenta. Tampoco obvió el ceño fruncido y la mirada despreciable de Yaric―. Todavía sigo buscando a tu familiar, no desesperes ―colocó una mano sobre el antebrazo de esta apenas por unos segundos porque la genin le apartó.
―Anda, coge con tu amante antes de que se acabe el puto mundo… perra.
―¿Qué te pasa, idiota? ¿Eres imbécil o se te fundieron las pocas neuronas que tenías?

Terumi intentó cortar la distancia que le separara del peligris, de no ser porque hasta los médicos se entrometieron para que le bajaran los humos, pidiéndoles imposibles… más que nada para Yaric; perder la oportunidad de tirarle porquería a su cuñada, más cuando tenía motivos, era un lujo que ni siquiera con la desesperación a tope se permitiría. Por un lado lo hacía para cabrearla, pero por el otro le purgaba que se hiciera la santa mientras su hermano no estaba ahí. Como si no le importase… ni siquiera sabía si estaba bien.

―Lárgate y sigue buscando, yo lo haré de este lado…
―¿Te vas a quedar con el idiota?
―¡Párale, garlopo miertero! ―Liv se puso al lado de su homóloga en rango. ―No pierdes el puto chance nunca.
―¿Ya ves que no soy el único que cree que eres una puta? ―Rioko levantó su dedo mayor hacia él.
―Déjala, todos estamos jodidos y necesitamos ayudarnos. ―Le susurró Sven, ganándose una expresión recriminatoria de parte del grisáceo.
―Que se largue con el asqueroso ese.

Frost movió el brazo que yacía más lastimado a la altura del hombro para comprobar que pudiese moverlo con menos molestia. Desde que pudiera observó a los ninjas que les curaron y pronunció, para que sus conocidos le escucharan, que aquel servicio había sido pésimo porque aunque no sangrara más, el estúpido dolor en su pecho seguía ahí. Kaia opinaba lo mismo, mas le valió un pepino en vista de que podía hacer lo que más deseaba: caminar sin sentir que se destruía a pedazos.

Justo en ese instante escucharon a varios hablar sobre un mismo asunto; rápidamente se dieron cuenta de una extraña luz azul que abarcaba un rango considerable. Provenía de los distintos puntos en los que habían caído los meteoros, al menos los que azotaron el país. Y con estrépito todo el piso inició un baile en exceso desagradable que hiciere que la gente enloqueciese más.

―¡¡Terremoto!!

El suelo se quebró a una velocidad espeluznante; se levantaba en distintas partes y partía a la mitad provocando que cayesen personas o fueran succionadas. Varias estructuras terminaron de colapsar, levantándose una espesa y gran cortina de tierrilla que le nublara la visión a cualquiera. Frost agarró a Kaia de una mano y junto con Ezra buscaron saltar hacia un punto más seguro… que igual no existía, porque todo era un tremendo caos.

―Karin se ha quedado atrás. ―Trató de ubicarla entre tanto barullo revuelto. ―¿Qué no escuchaste? ¡No podemos dejarla! Por Eadric.
―¡Me vale una mierda! ―Con ayuda de sus habilidades recreó una placa para evitar que les cayesen más residuos encima. Apenas solo podían guiarse del instinto si no querían caer en alguna zanja.
―Entonces suéltame. ―Al ver que Isa liberara su mano, Frost exigió una explicación que igual conocía. ―No voy a dejarla atrás.
―Tú no irás a ninguna parte. ―Volvió a tirar de su hermana, esta vez con fuerza agregada, directo a su mejor amigo para que se encargase de ella.

A regaña dientes tomó el mismo sendero que pretendía dejar atrás. Sin el sismo todo parecía que iría fácil desde una perspectiva ingenua que no contemplaba posibles réplicas o lo frágiles que se tornaron las estructuras que, luchando contra la gravedad, se mantuvieron en pie.

En lo que su hermano iba por Rin, quiso aprovechar para moverse por donde a la vista no parecía problemático. Tal vez no solo encontraba alguna pista de Eyra; si podía echarle la mano a otras personas lo haría. Esa era la orden recibida.

La imagen de Torsten apareció de la nada. ¿Estaría bien? Se le ocurrió pensar que ambos podrían estar juntos pero… no podría tener sentido. Eyra no estaba cerca de él cuando sucediese todo. ¿O sí? Isa levantó la vista hacia el azabache al escuchar su nombre acompañada de una cuasi orden; debían alejarse de aquel sitio porque el mar se estaba recogiendo.

―¿Sabes lo que significa esa puta mierda? ¡Vámonos a algún lugar alto!

Así cómo iban a ayudar a los menos capaces de protegerse a sí mismos.

Reira ❄ Reira
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Gran abuelo
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POST TRAMA



―¿Así que Xin-Zho caerá en ese continente al que nunca hemos ido?



Todavía había gente que se encontraba refugiada en sus casas pese a que las paredes les anunciaran que no faltaba mucho para colapsar por los múltiples temblores. Variaban de intensidad con excepción de una cosa: todos eran sinónimo de peligro. En las calles, bajo penumbras o bajo la intensidad de brasas que consumían a su paso, los shinobi luchaban contra sus propios pesares y preocupaciones; había varios que formaron parte de alguna batalla intensa, una cuasi guerra o de plano la misma complejidad bélica… pero nada como aquello que carcomía a todos por no saberse si era obra de la naturaleza, azares del destino o motivado por el hombre.

Con cuidado abrían o rompían las puertas, ventanas, pedazos grandes de cemento, para salvar cuántas vidas se pudiera. Por encima del huidero se pudo apreciar el lamento de una mujer que se negaba a entregar a sus hijos a un ninja que se encontraba en el cielorraso partido; era el único acceso para librarlos de esa trampa, que lastimosamente se estaba convirtiendo en una más grande gracias a la terca fémina. Alguien se acercó queriendo formar parte de la situación en pro de convencer a la señora, aunque debía enterarse primero qué estaba pasando.

―Se niega a salvar a sus hijos.
―¡Me niego a darles a mis hijos, a ustedes los asquerosos ninjas!
―¿Cómo es que tiene tiempo para insultar? ¡No sea terca! ―En medio del dime y direte se hallaban los menores con las emociones quebradas a tope. Estaban todos lastimados, sangrando desde la cabeza, sino por las rodillas y hombros. ―¡Es una orden!
―Prefiero terminar de morirme.
―¡¡Mamá, no!! ¡¡Mamá!!

Por encima de la decisión tomada por la nativa, su hijo más grande levantó un brazo en dirección al shinobi. Sin embargo esta le impidió concretar su acción y la situación quiso colaborar con su causa al bramar la tierra. El ninja no se vio atrapado porque la otra persona logró empujarle hacia atrás, lejos de la posibilidad de verse contra el pavimento de aquella casa que no pudo sostenerse más. No volvieron a escuchar los infantiles y desesperantes gritos.

―¿Así… cómo vamos a ayudarles? ―Estaba pasmado, con el corazón acelerado. ―No es la primera persona que me dice la misma estupidez.
―Hay que continuar ―tocó su hombro con suavidad―. Demostrémosles que pueden confiar en nosotros. ―El ninja le dio la razón, y por curiosidad viró su cara hacia su emisora con ganas de saber quién era porque no le conocía de nada; seguramente era de Kirigakure.

Avanzaron entre los inmuebles afectados quitando rocas, arrastrando personas que no podían caminar y que no podrían llevar al refugio sin más intervención. Como habían recibido las órdenes de Sayuri a través de alguien Yamanaka, optaron por dejar a los más heridos a la vista para que otros se encargasen de hacer lo que hiciera falta.

La chica subió al techo de una casucha por suerte vacía con la intensión de descubrir la procedencia de los halos de luz que de repente iluminaron el ancho oscuro estrellado. Solamente por instante pensó que la noche se veía de verdad hermosa porque las esferas de fuego del firmamento se veían enormes, brillantes. Más claras que nunca. Entonces escuchó lo que estaban gritando a todo pulmón por la calle paralela; una inmensa ola se aproximaba a la costa, que habían intentado detenerla como la anterior, pero los Kuchiyose ni siquiera podían mantenerse en este mundo por más de tres segundos.

Tampoco el Kekkai podía concretarse correctamente, aun así lo intentarían.

―Ha sido una decisión difícil, ¿no? Igual no es raro que haya muertos en el trayecto. De por sí murió mucha gente con el impacto de esas mierdas en estas desafortunadas tierras. ―Sayuri acomodó un flequillo que se le había escapado de la pinza en su pelo. ―Gajes del oficio. Ser ninja nunca ha sido fácil.
―¿Se encuentra… bien? ―Kametsubo no la observó porque solo le bastaba escucharle. ¿Lo recuerdan? El representante del Mizukage en las Olas.
―¿Te han enviado para hacer preguntas estúpidas? ―El comentario le importó muy poco al varón. ―Estoy perfectamente. Si yo no lo estoy, ¿quién si no?
―Mizukage sama no la culpará por esto.
―Ya lo sé.
―Raikage sama sí puede que lo cuestione ―díjole el otro representante que se encontraba al otro lado de Idara―. Pero no se preocupe. Con que haya sobrevivientes no habrá problema con la cantidad…

Sayuri se mordió la lengua. Entendió perfecto que aquel no era el momento para ponerse a refunfuñar con un fantasma, una sombra que tan solo era eso en ese destruido paraíso. No pidió disculpas para girar sobre su eje y taconear con galantería por encima del dolor hacia otro grupo de ninjas para preguntar cómo había resultado la evacuación urgente y la retención del maremoto. La cara le fue cambiando poco a poco a medida los horribles detalles iban apareciendo: la barrera no funcionó y todos los shinobi que podían realizarla quedaron arropados por las aguas. La ola golpeó agresiva la playa y quienes pudieron presenciarla afirmaron que nunca, pero nunca, habían visto algo tan monstruoso como eso.

La academia había logrado quedarse en pie pero con la mitad sumergida. El pronóstico dictaba que arrasaría con todo de tramo a tramo porque de plano era imparable. Todos los shinobi que podían moverse ayudaron a otros, presumiblemente sus seres queridos, a llegar al bunker más antiguo del país… porque no eran idiotas, siendo un territorio visitado por constantes maremotos. ¿Los aldeanos? Por supuesto que la mayoría se ahogó.

Sayuri soltó un pesado suspiro.

―Se muere gente todos los días… ―tocó su pecho con dos dedos e hizo un poco de presión. ―¿Tres días de duelo nacional estará bien? ¿Una semana? ¿Un mes? ―Su receptor no respondió.
―No alcanzarán los días para perdonar… ―Otra persona levantó la voz para que la directora pudiera escucharlo. ―Los poblanos no quieren saber de los ninjas.
―¿Y qué se supone que deban perdonar, querida? ―Caminó hacia la otra mujer para no tener que hablar tan fuerte. ―¿O por qué deberíamos pedir perdón?
―Yo solo le informo ―levantó un poquito los hombros―. Desde el principio no eran receptivos del todo. Con esta situación lo serán menos…
―Deberíamos explicarles por qué ha sucedido esto, Sayuri sama. ―Su informante se entrometió.
―¿Son tan brutos que no saben que fueron unos putos meteoritos caídos del… espacio? No tiene ciencia.
―Sí que la tiene.
―¿Qué? ―Volvió a mirar a la mujer.
―Debemos acercarnos a lo que sea que haya impactado.
―¿Qué carajos están esperando?
―Eso no servirá para probar nada.
―¿Pero tú de que vas! ¿Quién eres?
―Soy…
―Sayuri sama, se han producido más incendios por culpa de… ―la aludida levantó su mano dominante, logrando silenciar al informante de un tajo. Quería que actuaran y que no hablaran tanto porque nada más faltaba que la energía que tuviesen se les fuese por desperdiciar saliva.

Idara le dedicó una mirada cortante a la chica mala vibra antes de marcharse junto a otros dominantes del ninjutsu hacia el bunker.

―Soy Cottonmouth ―susurró.

La fémina guio su vista hacia otro ninja que estuviese a unos cuantos metros suyo. Este hizo lo mismo pero dirigiéndolos hacia otra parte donde también se encontrara un igual. El tercero ubicó a un cuarto y, ¿por qué no? A un quinto, quien mencionara unas cuantas palabras mentalmente pero que no las escucharían todos. Cotton sonrió.

―La profecía se ha cumplido.



Los que podían mantenerse en pie corrían sobre el agua rumbo a los distintos incendios; varios movieron sus manos para concretar los sellos pertinentes, inflaron el pecho y por sus bocas salió un gran chorro de espuma. Otros tocaron el espacio acuoso para levantar dragones de dicho elemento que impactaran contra lo ígneo, sin embargo más de uno terminó por destrozar estructuras que no estaban contempladas en la “buena intención” de ayudar. Al principio no pareció extraño, no obstante que se repitiera varias veces en un corto período de tiempo, haciendo quedar como tontos a sus creadores, era incomprensible.

Lo mismo sucedió con aquellos que pretendieron cortar la electricidad en puntos estratégicos pero terminaron por llevarse toda la poca iluminación que quedase. Nami era un punto oscuro en el mapa. A un grupo que intentó recrear paredes de tierra se les salió totalmente de las manos al levantar estacas que amenazaban con encajarse en todo lo que estuviese en su camino.

No era normal sentir una gran cantidad de energía que viajase de la cabeza a los pies e hiciera que las manos se viesen afectadas por un cosquilleo inusual. Varios shinobi que yacían sobre el agua se hundieron involuntariamente; otros que escalaban por las estructuras verticales generaban cráteres con sus pisadas en exceso cargadas de chakra.

Los hubo también que se quedaban estáticos por la conmoción de no entender qué estaba sucediendo y por qué no podían realizar lo que ya sabían hacer bastante bien. Por ello algunos se quejaron y negaron a formar parte de la ayuda… Esos que pretendieron evitar ser parte de los problemas de repente se convirtieron en víctimas de un temblor anormal que no les permitió vocalizar ni media palabra para gritar que estaban a punto de desfallecer.

A Sayuri no le dejarían de llover las malas noticias.

―Murieron sin más… se les paró el corazón.
―¿Me estás jodiendo?
―Los que estaban cerca de algunas de estas personas dicen que estaban actuando raro. ―La rubia miró hacia los refugiados, mayoría shinobi que lograron llegar a ese otro refugio. ―¿Y si los de Nami nos echaron una maldición?
―No seas ridículo. ―Arrugó un poco la nariz. ―¿Y las malditas piedras extraterrestres qué?
―Hacemos lo posible por llegar a ellas pero es como si el agua de mar tuviese vida propia… y con el descontrol de… ―sintió temor de continuar al ver la expresión dura de su superior―. Seguiremos intentando. Pero permítame decirle que si esto sigue así, morirán muchos ninjas jóvenes y eso es algo que ninguna aldea estaría dispuesta a tolerar.
―¿Y qué sugieres que hagamos?
―Ya lo hemos visto y no es conveniente que los “anormales” ―el representante de Kumo hizo las comillas con los dedos―, se detengan.
―¿Se detengan?
―Sí, si lo hacen morirán.
―Ahora somos títeres… ―pronunció entre dientes la fémina.
―Es un hecho que el ninjutsu se les ha potenciado.
―¿Qué te hace creer eso?
―Pues que en mi aldea no hay ninjas mediocres, supongo que la Niebla tampoco.
―¿Qué deberíamos hacer? ―Volvió a preguntar ella.
―Agotarlos.
―Brillante, ¿tú has visto esto? ―Señaló hacia atrás donde yacían los otros guerreros del ninjutsu imposibilitados de funcionar adecuadamente. ―Qué ciego estas.
―Haz que los médicos utilicen el resto de su chakra sobre aquellos que vale la pena invertirlo… los más sobresalientes entre estudiantes, genin, chuunin… ¿por qué? ―Dio un paso más hacia ella. ―Porque sus reservas de chakra es menor que la de cualquier otro de mayor rango.
―No estarán solos ―agregó Kametsubo―. Y si la academia ha valido la pena, deberían dar la talla.
―Lo planearon todo, ¿no? ―Sayuri intercaló la mirada entre ellos.
―No por nada somos los elegidos por los Kages para estar aquí.
―Amén pues.
―Y una píldora de soldado también podría ayudar, un cuarto… para que los efectos no sean devastadores ―Dijo el de Kiri tan alto como pudiese e Idara miró por última vez al par de varones en su recorrido hacia el cuerpo médico.

La repartición fue rápida, sin pie a ninguna objeción. Mientras todo sucedía, la directora debía pasearse por todos los rincones para cerciorarse de que todos los elementos hiciesen su trabajo. Su mirada recayó primero en aquellos que reponían las heridas internas de un grupo de niños que desprendían un aura fría; lo que fuese superficial tendría que quedarse tal cual porque lo importante era lo que pudiese impedirles mover bien, como en el caso de una niña Inuzuka a la que se le había magullado una pierna. Los shinobi eran como los caballos: sin sus piernas podrían ser sacrificados. Tsume se merecía una oportunidad por su desempeño académico; entre la gente que estuviese a su alrededor estaba la profesora de su mismo clan y Aihara. Un médico tocó la extremidad y de su palma surgió un chakra color azul. Le tomaría una serie de minutos para reponer ese hueso y lo demás que se hubiese rasgado.

―Que estén rotos no significa que sus fuerzas estén en el piso ―mencionó un representante a otro―. El chakra no se pierde así… como la sangre.
―Un ninja se mantiene vivo por esas dos cosas, ¿no? ―El otro esbozó una corta sonrisa. ―Tendrán que aprender a ser emocionalmente fuertes.
―Lo serán. Esto es la realidad… Ichigo. Un día se te mete la arena de una rica playa por tus interiores, y al otro ese mismo mar te quiere explotar las entrañas sin piedad.

La sensei de la promoción de último año se acercó corriendo a Sayuri para indicarle el lugar donde se encontrara aquel niño que pertenecía a su clan. Era otro que necesitaba una intervención más drástica porque no despertaba desde hacía rato; por lo menos respiraba. Junto a él se mantenía otra mujer de cabellera corta a la que Idara adulta nunca había visto. Igual ni preguntó lo básico.

―¿Este enclenque dices que merece ser atendido ahora?
―Satoru se ha esforzado mucho y ha mostrado un cambio notable desde el primer día.
―Tú lo conoces mejor ―Aihara miró a la fémina que no había dicho nada porque esas palabras encajaban más en ella que en su persona; solo lo intuyó―. ¡Aquí, vengan rápido! Despiértenlo a la de ya. Entreguen a todos los designados para esto una píldora soldado y que no se les ocurra, por nada en el mundo, tragársela completa. Tú ―apuntó a un Yamanaka―, transmite la orden en un par de minutos. Que no se quede nadie porque lo que menos quiero es que los aldeanos ineptos de esta porquería de isla, sigan hablando mierda de nosotros. Qué demuestren de qué están hechas sus aldeas.



Indicaciones:

Tendrán que abarcar, los que deban claro, su tratamiento médico. Los que no tengan esta vicisitud simplemente aborden sus impresiones sobre lo sucedido y el mandato dado por Sayuri.

No se trabajará en equipo, por lo que son totalmente libres de ir con quienes deseen, así como de apoyarse con sus NPC’s. Esta vez sí tendrán que dejar las fichas de los que usen en sus post, por favor.

En las próximas horas se les asignará a quién deberán “agotar” con ficha, pero mientras tanto puede ser genérico, y se preguntarán: ¿por qué no simplemente dejan que evoquen sus ataques a diestra y siniestra en… la zona de la destruida playa? Pues cómo podrían hacerlo ahí si es un lugar vulnerable y podrían morir por culpa de alguna ola intrusa y no es la idea.

Podrían aparecer obstáculos repentinos puestos por los GM.

Esta etapa durará varios días. El tope se les avisará por el MP.

Ya no habrá lanzada de dado para la experiencia. Sin embargo son libres de elegir un jutsu de la tienda de su elemento afín o sin elemento (estudiantes y genin) o de su especialidad (genin). Los estudiantes de rango D y los genin D o C. Debe ser genérico. De participar en esta etapa con tres post de 500 palabras como mínimo, podrán conservarlo.

Ficha de Cotton


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Bishamon Bishamon
 

The eyes never lie, chico...
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Luego de la intervención de Sayuri, Satoru y Naomi fueron trasladados a un sitio más ameno para despertar al chico y proceder a entregarle la pastilla. A pesar de que la Idara había ordenado rapidez y urgencia máxima, una vez había abandonado el sitio, los ninjas decidieron tomarse un poco de tiempo a petición de Naomi. Aquel lugar era una vista demasiado cruel para ser lo primero que Satoru vería al despertar.

Satoru estaba sentado en un rincón de una clínica improvisada en un edificio casi en ruinas, donde se atendían a los heridos. El muchacho tenía la mirada perdida, pálido y con las pupilas casi invisibles a simple vista. La gente se movía bastante apresurada, tanto los ninjas médicos como también familiares de víctimas. Satoru estaba junto a un grupo bastante nutrido de niños en su misma condición, cuya complicidad inocente y obligada en un escenario tan dantesco sólo como espectadores, fue una imagen demasiado cruda para su pequeña mente.

—P-pero, ¡¿Cómo nadie lo puede atender?! —Exclamó histérica Naomi, quien lucía como una docente de la academia— ¡Mírenlo, está en un shock post traumático!
—No podemos hacer nada. Si no tiene algún músculo dañado, alguna arteria o un hueso roto, no hay nada en lo que podamos ayudar. Ya cumplimos con despertarlo, lo siento.
—Mierda. —Naomi golpeó la pared con un golpe, a pesar de furioso, contenido. Aún así aparecieron algunas grietas en el sitio.

El médico abandonó el sitio para ir a buscar la pastilla soldado.

Efectivamente habían cumplido con la labor estimada, pero la respuesta de Satoru fue impensada. Naomi estaba convencida de que el muchacho despertaría con su típica actitud curiosa, y decidido a ayudar a los demás. Por desgracia, la maestra de artes no midió que las consecuencias psicológicas serían de otro planeta.

Naomi se acercó a Satoru, teniendo cuidado con no chocar con los apurados médicos. Se agachó para estar a su altura y peinó los humedecidos cabellos que reposaban en la frente del Idara.

—Estás sudando —Naomi le palpó el resto del rostro— Pero estás frío... —Naomi frunció el ceño— demasiado. —La mujer lo abrazó con fuerza y no pudo aguantar el sollozo que deformaba lentamente su rostro.

Satoru, a pesar del cálido abrazo de su maestra, no desdibujó la mirada perdida de su rostro.

—Sato-chan, hijo... —Las lágrimas recorrían el enrojecido rostro de Adler— Eres tan pequeño, tan inocente.. —La mujer lo soltó, pero solo para volver a mirarlo a los ojos y peinar su azulado cabello— Puede que hayas visto cosas... cosas horribles ahí fuera, me imagino. ¡Es demasiado para ti, y para cualquiera! Y-yo, yo también estaría como tú...

Naomi intentaba recuperar a Satoru del limbo mental en el cual se encontraba, pero carecía de un tacto necesario y convincente. Le costaba gesticular un argumento sin ahogarse en lágrimas.

—Pero yo, y-yo... yo aún estoy aquí para ti, Sato, estás vivo y... y no podemos ahogarnos... No podemos ahogarnos en la pena, tenemos que... ¡que salir a la superficie! —Naomi miraba al muchacho que parecía no escuchar absolutamente nada de lo que le decía su maestra. La mujer no podía aguantar ver al chico en ese estado, cuestión que le evocaba una frustración y pena inmensa— Sato... ¿Estás ahí, conmigo? ¿Estás? —Naomi sostuvo del rostro al chico y lo zarandeó con precaución de no marearlo.
—Señora. —El mismo ninja médico con el cual conversó Naomi anteriormente interrumpió la escena.
— ¿E-eh...? —Naomi se dio vuelta, para mirar con sus ojos enronchados al especialista.
—Traigo la medicina. —El médico miró a Satoru, algo desconcertado— t-tengo que dársela.
 
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Satoru, en su mundo, sólo dejaba pasar el tiempo. Oía un pitido que hacía inaudible cualquier expresión del resto, producto del gran impacto acústico de los meteoros. No reconocía ningún rostro, ni siquiera se hallaba consigo mismo presente en dicho lugar. La noción del tiempo y del espacio habían desaparecido para el peliazul, puesto que en su mente solo se repetía en un bucle eterno los cuerpos sin vida, mutilados y ensangrentados de chicos y chicas de su edad.

— ¿Eso lo va a ayudar? —Naomi observó el cuarto de píldora en la mano del médico, para luego ponerse de pie y mirarlo a los ojos— Se que pedí la ayuda de las autoridades, p-pero... —La mujer limpió sus lágrimas con un pañuelo— Satoru no está en c-condiciones de ser... de ser un tonto útil.
—Lo siento. —El médico desvió la mirada tras ser observado directo a los ojos— Son órdenes de arriba. Usted estaba pidiendo ayuda hace unos instantes, y esto es todo lo que podemos hacer con él.
—No estoy dispuesta a ver como drogan a Sato y lo convierten en una máquina.
—Muchas medicinas son drogas, señora.
—Señorita aún. Y la boca te queda donde mismo.
—Insisto, señorita... son ó-órdenes de arriba. Esta puede ser una oportunidad p-para que el chico tenga una promoción reconocida en la academia...
— ¡¿Q-qué academia estás hablando?! —Sen Kao se mostraba bastante frustrada con no poder ayudar de verdad a Sato. Pero también le molestaba el tratamiento que se estaba llevando a cabo con el temas— ¡Está todo bajo el mar! ¿No se dan cuenta, acaso? Mandan a morir a más gente sólo porque aquí no hay protocolos de auxilio y emergencia, y lo peor es que los mandan a morir drogados... ¡Son casi todos niños! Los he visto...Se los efectos de esa mierda que le estás a punto de dar a Sato, ¡y lo peor es que no está en sus cabales para hacer nada! ¿Lo están ayudando sólo porque por sus habilidades es capaz de detener este desastre? ¡¿Pero y a qué costo?! ¡¿Los ayudan sólo por ser ninjas y no por ser humanos?!

Naomi estaba haciendo un escándalo importante, motivo por el cual algunos ninjas médicos del sector tuvieron que acercársele y tratar de calmarla. Algunos opinaban similar a Naomi, por lo cual más que palabras de contención, abundaban esas cómplicas palmadas en la espalda y pequeñas caricias en los hombros.

—Sato... Ahora lo entiendo. Creí que era yo la que te estaba enseñando, pero también tenía algo que aprender de ti... Ahora entiendo lo que me decías sobre la esfera del mundo shinobi. —La mujer estaba en cuclillas, nuevamente hablándole al absorto muchacho— Entiendo tu desagrado al sistema. No estás aquí con nosotros ahora y quieren que te tomes esa cosa y... vayas sin siquiera saber si estarás bien... Es algo demasiado peligroso incluso para mi. —La mujer tenía tantas palabras que soltar, mas la frustración del momento no le permitía ordenar sus ideas— Te estaré cuidando aún de lejos... —Le dedicó un último abrazo antes de ser apartada por los médicos— L-lo siento, Sato... Soy una tonta. Esta vez no p-puedo hacer nada... —La mujer volvió a derramar lágrimas sobre sus mejillas— Sólo espero... Sólo espero que esa cosa te ayude... quizás sea l-lo único.


 
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Karin trató de alcanzar a sus homólogos en clan, pero una gran estructura se atravesó en su camino, haciéndole perder de vista a Kaia y mayores. Sin embargo no se dejó llevar por los nervios; de salto en salto esquivó los escombros que se atravesaban en su camino, empero, entre todo la confusión, desespero y notorio temor al creer que no iba poder salir bien librada, sus pies pisaron en falso y gracias al estruendoso temblor, sus pies le jugaron en falso haciéndola resbalar y por ende, la fuerza de gravedad empezó a hacer lo suyo.


Intentó agarrarse de lo que pudo usando su chakra para aferrarse a cualquier cosa y volver a su equilibrio, pero al contrario, algo se aferró a su muñeca, sujetándola con fuerza y lanzándola sobre su cabeza.

-Ahora corre, puta - La única persona que le llamaba de esa manera, la volvió a tomar de la mano y arrastró, siguiendo el rastro que habían dejado su amigo tras llevarse a Kaia.

Ahora, tanto el más parecido a Einar junto a su hermana, mantenían discutiendo con algunos encargados de mantener el orden en el lugar donde estaban, pues querían salir a buscar a la peli blanca.

-Por el momento no pueden salir, ya les dijimos que si llega algún otro Yuki será reunido con ustedes. - respondió a un improperio de Yaric.
-¿Y si llega inconsciente como sabrán que es una de nosotros? La verdad es que son unos inutiles buenos para nada. Hijos de puta, ya verán si mi hermana...
-Ya cierra la puta boca, idiota - interrumpió Karin desde donde permanecía sentada, sus manos agarraban su cabeza mientras un nervioso y friolento ninja médico limpiaba una herida que está tenía en su espalda; nada grave. -. ¿Acaso no te has fijado que hay una única maldita puerta? Mientras salía basura de boca entraron varios heridos, había una chica con cabello blanco, deberían ir a ver si es Eyra.

Kaia, quien se fijó en lo dicho por su amiga se giró a verle, estaba seria y un poco 'ida', al parecer el silencio que mantenía desde hace unos minutos era por aquello; su atención permanecía a la entrada, quizá esperando ver su familiar y quizá a su amigo. Hizo cara de asco al pensar en el de jutsus ígneos.

-¿Nada de Abbi?
-No... y no podré ir donde los llevan hasta que terminen con esta mierda. - Dijo refiriéndose a lo que hacían en su espalda.

Había muchas personas, tanto shinobis como aldeanos, niños, adultos y viejos. Osease que el calor era insoportable, sobre todo para los gélidos que a medida iban incrementando su aura para sentirse bien, ocasionando que algunos sintieran frescura al acercarse un poco al grupo. Empero, para los integrantes de este clan era molesto porque no les permitía mirar bien los rostros de quien pasaba.

-¿Esa no es tu prima? - preguntó Liv mirando en dirección donde Niji estuvo observando.
-La otra puta - Karin ignoró lo dicho por su querido cuñado, solo quería saber si lo que dijo Kaia podría ser verdad.

En efecto, Abbi estaba siendo recibida por unos jóvenes que al parecer les colaboraban a los médicos. La pelinegro demostraba el dolor en su rostro y más cuando cambió de posición, pues quien la llevara la sostenía de sus hombros. Tampoco podía ver quien le ayudara a llegar hasta ahí pero por lo menos ella se veía 'bien'. Se sacudió de encima las manos del joven médico para ir a buscarla, más este le aseguró que si no terminaba de sanar o por lo menos cerrar la herida no la dejarían avanzar mucho. Rioko no demoró en unirse a Frost en los reclamos para que les dejaran salir del grupo en que los habían reunidos, sin ningún éxito, no hasta que les hubieran curado o cerrado las heridas que tenían, por lo que no tuvo de otra que darle nuevamente la espalda a quien le estará sanando, claro que sin perder de vista a su familiar. Sin embargo, sus labios se separaron un poco al ver una maraña de cabellera blanquecina que se reunía con la azabache, giró un poco su cuerpo para estar al tanto del lugar donde estarían, pues estaba casi segura que conocía a la otra chica que se reunió con Pidge.

-Oye Kaia, ven aquí.
-¿Qué sucede?
-Mira hacía allá, ¿vez a Abbi? - dijo indicándole con su índice.
-¿Qué mierda pasa con esa garlopa...?

Rin estuvo a punto de insultarla, pues si no podía reconocer a quien se hallara junto a la hija de Issei, en definitiva si había recibido algún golpe en la cabeza. ¿O ella era la que estaba mal?

-¿Es o no es?

Bishamon Bishamon
Y no sé dónde anda el Torsten maricón xD
 
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To the middle of my frustrated fears and I swear
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Un terremoto transformó el panorama en una carrera de obstáculos donde la meta era el bunker. Cuando la tierra comenzó a crujir, Torsten saltó lo más alto que pudo y alcanzó un árbol al cual se ciñó empotrando su katana al tronco. Sin embargo, esa sonrisilla estúpida auspiciada por la momentánea satisfacción habría de durar tan sólo cinco segundos, o lo que tardase el enramado en ser tragado por las grietas que adornaban la calle como un montón de arrugas en la cara de una anciana. Saltó hacia su izquierda y aterrizó sobre el techo de un autobús que bailoteaba al ritmo de las placas tectónicas, en su descuido por no utilizar chakra en los pies pudo haber resbalado a un costado de no ser porque Lofn estaba ahí también y le tomó del antebrazo derecho para que ambos intentaran encontrar un equilibrio.

De soslayo, Torsten encontró a Lofn ligeramente sonriendo. Si no cargara con esa sensación de que podrían ser aplastados por otro meteorito o ser tragados por una fisura en cualquier instante, tal actividad pudo haberle parecido también muy divertida. A lo lejos apreció a otros estudiantes que luchaban por sobrevivir al igual que él, algunos no tenían ni una pizca de fortuna. En eso el autobús se inclinó, casi en vertical, logrando que las llantas delanteras quedaran flotando en el aire; es que la parte trasera estaba siendo engullida por el barro.

Los Yuki se lanzaron a otro sitio. La fémina evitó caer en un abismo lanzando un par de hilos ninja como telarañas a una pared que increíblemente seguía de pie, como un fuerte caballo atravesando una tormenta. ¿De qué clase de material estaba hecha? Las apariencias podían ser engañosas, porque con un pequeño tirón de su parte, la pared se rindió y se vino abajo sobre un Torsten que estaba cerca. El genin ubicó rápido otro pedazo de superficie, entonces la tierra debajo de sus pies se hizo polvo imposibilitándole tener un apoyo sobre el cual saltar. Abrió los ojos como platos y contuvo la respiración mientras la sombra sobre él de aquel muro se iba haciendo más grande. Hubiese quedado como un globo desinflado, pero un kunai pasó por enfrente de sus ojos en cámara lenta y explotó cerca de él desintegrando el muro.

—¡¡La puta mierda!! —profirió exasperado mientras se tomaba con ambas manos su pierna derecha. Es que la detonación había sido demasiado cerca y dicha extremidad lucía ahora sin esa parte del pantalón, con la piel expuesta y al rojo vivo— ¡¡Hijo de puta!!
—¡Torsten! ¡Reacciona! —El dolor no le permitía ver que Lofn le había atrapado con sus hilos para que no cayera en una enorme grieta, aunque debido a sus mermadas fuerzas le era difícil continuar sosteniéndole.
—Te salvé la vida, nenaza —le dijo un Khalf burlón que apareciera muy cerca de su carota.
—¡Tu puntería es una mierda! —Yeti le tomó de los brazos y tiró de él trayéndole a suelo firme— ¡Una grandísima mierda!
—Eso lo veremos la próxima vez que apunte a tu puta cabeza, maricón de mierda.
—El terremoto ha terminado —expuso la kunoichi quien obviaba la discusión entre aquellos.
 

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Sin un terremoto jugando a la ruleta rusa con sus vidas, fue mucho más fácil llegar hasta la entrada del bunker. Torsten dejaba de gimotear a causa del dolor que le provocaba arrastrar su pierna herida. Puto Khalf, mil veces hijo de mil putas Khalf. Podía estar seguro de que el genin no había ocasionado la explosión con fines de herirle sino todo lo contrario, ¿cierto? Aunque a veces era tan extraña la manera en la cual resultaban las cosas. Y además, qué molesta era esa risa burlesca que no quitaba de su rostro.

—¡Por acá! ¡Una nenaza necesita ayuda! —gritó Khalf cuando estuvieron dentro del refugio abarrotado. Estaba hecho de metal y muchas personas iban y venían por todas partes— ¡Maricas y niñas primero!
—¡Cállate! —en esos momentos, a Dorjen las bromas acerca de su sexualidad (¿) no le parecía tan graciosas. La sangre que escurría de su extremidad cubría toda su pantorrilla, como si estuviese utilizando calcetas largas de color rojo. Se tumbó sobre un cúmulo de rocas para descansar y junto a él Lofn.
—Será mejor que busques un miertero médico —le dijo la chica—. Cuando estemos en buenas condiciones, podremos salir a ayudar a quienes siguen afuera —Torsten levantó la cabeza para mirarle.

El anunció de Yeti seguramente funcionó porque unos ninja de alto rango se acercaron para atenderles. A Dorj le tomaron con más urgencia para que no siguiera derramando sangre, curaron su pierna y le colocaron un montón de vendajes. Lofn tenía un sinfín de raspones y golpes por todo el cuerpo, también bajas reservas de chakra. Y en cuanto a Khalf, él sólo carecía de humildad, valores morales y delicadeza, pero desafortunadamente eso era algo que un médico no podía arreglar. Al final quien les sanara le otorgó a Torsten una pequeña píldora del tamaño de una legumbre y un par de instrucciones. El trío estaba listo para volver a la acción, no obstante, antes que nada, saltó a mesa de debate qué es lo que era lo más conveniente para todas las partes.

—Mi hermana sigue afuera al igual que todos esos garlopos que no tuvieron suerte —dijo Lofn de brazos cruzados, torciendo su boca.
—Me importa la mitad de la mitad de la mitad de una mierda el destino de esos hijos de puta —Khalf soltó un bostezo despreocupado—. Estamos a salvo aquí ahora.
—No tenemos elección, garlopo —Torsten le propinó un atrevido golpe en la nuca a Khalf que hizo enfurecer más a este—: son órdenes de la loca esa —se refería a la directora de la Academia.

Ambos varones incrementaron sus auras frías mientras intentaban asesinarse con la mirada.

—Saldremos, pero... —abdicó de su lucha con Khalf para recorrer el sitio en busca de chicas con cabellera grisácea. No sería tan difícil localizarles porque ese color no era uno muy peculiar—. Quiero asegurarme de que Layla está bien —balbuceó por lo bajo al avanzar hacia la primera chica que detectó con aquellas características. Lofn siguió sus pasos, pero fue cortada por Yeti a medio camino.
—No me digas que vas a ir tras tu puto novio maricón —arrugó más su entrecejo, si es que era posible.
—Layla no es otro garlopo cualquiera —la kunoichi se abrió paso a la fuerza—, ¿ella tampoco te importa? —Yeti hizo un terrible berrinche convirtiendo sus brazos en enormes mazos de hielo y destruyéndolos contra la pared, antes de sumarse a sus únicos ‘amigos’.

Torsten recordaba que el profesor Kakuzu o más bien uno de sus clones le había afirmado que su hermana estaba a salvo, lo más lógico era creer que la encontraría en ese bunker. Al estar lo suficientemente cerca de la primera fémina en su radar, se dio cuenta de que su rostro y su altura no hacían juego con los de quien estaba buscando. Probablemente ni siquiera era una Yuki puesto que no podía sentir su frialdad ni tampoco captar un aroma especial. Ni siquiera le saludó. Tan sólo una pequeña sonrisilla maricona y la risotada burlona de Khalf al fondo, luego se alejó para seguir con lo suyo. Unos pasos más allá Lofn le señaló con su índice a otra fémina con cabellera igual a la suya y de espaldas, envuelta en un círculo de gente. El hijo de Fiora tuvo un leve presentimiento.

—Es un Yuki —afirmó la kunoichi, pues debajo de aquella chica había un leve charco de hielo. Eso provocó que aceleraran sus pasos.

Debido a que Dorjie era el más apresurado, fue el primero en captar que la desconocida de su clan tampoco tenía la complexión física de su hermana. ¿Quién era entonces? Le tomó de los hombros, le dio la vuelta lento.



 
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Yuki Miyazaki se tomó un par de segundos para detectar a la persona que apuntaba, sin dedo, su amiga. Incluso dio un par de pasos casi apresurados, motivados por el gran deseo de poder encontrar a su melliza… Pero. Karin vio cómo los hombros le descendieron y que había inclinado un tanto la cabeza hacia adelante. Iba a pronunciar su nombre.

―No es ella ―Rioko se acercó totalmente a ella, queriendo mirarle a la cara e intercalar la vista para ver la silueta de aquella peligris―. Mierda, Eyra… ―se cubrió el rostro con visible frustración. Sus manos poseían varios moretones y raspaduras, así como sus brazos.
―¿Entonces quién carajos es?
―Es la pixie de mierda. ―Yaric había rodeado a ambas al colocarles un brazo a la altura del cuello. Su voz y olor lograron que Karin se espantara un tanto, siendo la primera en escabullirse de ese gesto diabólico. ¿Por qué se reía el idiota? Pensó con desagrado. ―La hermanita de Torsten maricón.
―¿Cómo lo sabes? ―La de mechones coloridos volvió a mirar en esa dirección.
―Porque conozco a mi hermana, garlopa.

Frost empezó a caminar hacia allá dejándolas atrás junto con Sven, quien yacía un par de metros retirado, intentando con todas sus fuerzas ubicar a la hermana perdida de su mejor amigo. Odiaba pensar que algo muy grave pudo haberle sucedido a Weiss… que quizás ya no podría volver a verle, que tampoco tendría ninguna oportunidad con ella. De repente echó un improperio a la nada a pesar de que las féminas le estaban viendo; sin decir nada cruzó por el lado de estas, rumbo al mismo punto al que había arribado Yaric.

Liv no apartó sus luceros en todo el rato que llevara Ezra por ahí, lamentando el no saber nada sobre Eyra. Verlo así añadía puntos a su propia tristeza y no entendía muy bien por qué. Sentir una mano de la otra Yuki sobre su hombro izquierdo la motivó a continuar, y lo más cercano que tenían ahora era a Abbi. No le conocían muy bien pero por su parentesco con Rin y porque, en verdad, era una chica agradable, valía la pena cerciorarse de que al menos estuviese fuera de peligro.

―¿Conocen a esta niña? ―Un médico hablaba con los varones protagonistas de este post. Él les señaló a Layla, quien se hallaba viva pero no consciente. Estaba verdaderamente lastimada por diversas zonas; la dermis más frágil quedaba a la vista en uno de sus brazos y en sus piernas tenía grandes manchas moradas. A pesar de lo muy afectada que estuviera, se le podía ver pálida -señal de que hubo protegido su cuerpo con ayuda del aura gélida y natural del clan-, con los labios ligeramente azules.
―No.
―¿Kaia? ―Todos le observaron, cada cual con una expresión de asombro distinta.
―No la conocemos ―díjole al médico viéndole a la cara, con los orbes algo brillosos y el rubor natural de sus pómulos regándosele por toda la cara.
―Vamos a intervenirla y sería bueno que si tiene amigos o algún familiar aquí, sepa su estado.
―Se puede morir…
―Hey ―que Karin le tirara de un brazo antes de que culminara la frase de manera más audible, le ahorró una desaprobación de terceros que no iban a comprender de dónde salía tanto odio. Kaia se soltó de mala gana, aún encarando a su homóloga―. Mira, esa garlopa no me cae bien… pero después de esta mierda y de que me asusté como nunca al pensar que Abbi se había muerto, desearle que se muera no es…
―¿Tú crees que ella sentiría compasión por alguno de nosotros si estuviéramos en su maldito lugar? ―Apretó su mano dominante. ―Siempre nos ha tratado como la mierda, cuando ella ahora es la más mierda de todos. Por mí que se vaya al mismo infierno.
―¿Y Torsten maricón qué? ―Isa tuvo la intención de pronunciar su respuesta, solo que las palabras se les enredaron en la punta de la lengua. Tenía la idea, sabía lo que quería decir… pero algo la retenía en contra de su voluntad, o quizás quería soltar lo primero que se le ocurriese para no reconocer lo que de verdad le provocaba tomar en cuenta a Dorjen. Al final Liv cruzó por su lado para llegar hasta una adolorida Abbigail. Rioko suspiró con fuerza.

Desde ese punto podían observar sin esfuerzo lo que ocurriera con Layla. Quien más le prestara atención fue Kaia, excusándose con que su hermano y el otro chico aceptaron ser del mismo clan que la pequeña copia de Fiora. A Yaric poco le importaba la vida de la estudiante, a Sven solo le interesaba no quedar mal a ojos de su familia en vista de que eran fieles creyentes y seguidores de los principales Yuki del clan. Frost le llamó lambiscón; Ezra apretó los labios en una sonrisa falsa y le dedicó todo lo que pudiera significar el dedo mayor de su mano diestra.

―Tenemos que hacer lo que nos pidieron antes de que la loca esa nos reprenda ―Rin se refirió a Sayuri y al objetivo que debían cumplir. Ella y Kaia pensaron en lo mismo, mas las ganas de no enfrentarse al exterior aumentó con el mar de rumores de algunos.
―Yo me quedaré aquí, a esperarles.
―Pues claro, garlopa ―se dieron una mano, las mismas que se habían sujetado cuando se desatara el siniestro―. Volveremos en una pieza.
―No somos cualquier cosa. ―Añadió Yuki Miyazaki mujer. ―Y si de casualidad ves a mi hermana… ―se detuvo porque el peor de sus temores surgía, cargando su mente con pensamientos negativos, al mencionarla.
―Le diré que se prepare porque sus hermanos le tirarán de las orejas.

Abbi solo quería amenizar un poco el ambiente y lo había logrado desde que viera la boca de Liv formar una sonrisa. Esta asintió; revisó que el pedacito de píldora que tuviese continuara en su bolsillo e inició el recorrido. Karin movió su mano de un lado hacia el otro, también dedicándole una sonrisa.

―Hierba mala nunca muere, menos las que son putas. ―¿Esa era su despedida? Qué se podría esperar de alguien como el señor Bocazas. A la azabache no le dio tiempo de acomodarse en su espacio cuando Yaric se había puesto a su altura y agarrado del mentón con algo de brusquedad. Su fina mano fue a parar encima de la de él como pedida de que la dejase en paz; mas lo que se ganó fue que su piel se volviese de gallina gracias a la baja repentina de temperatura. Abbi cerró los ojos un mísero segundo, para abrirlos de golpe al contacto de su boca con la de Frost. El beso fue cortísimo, no pasó de los labios. ―Solo es un adelanto de lo que puedo hacer y me cobraré, garlopa.

Se alejó y marchó para unirse a Kaia, Sven y Karin.

[…]

Dorjen tragó en seco y no fue el único. En sus adentros sintió la imperiosa necesidad de cortar toda distancia con la persona que estuviera parada frente a él, arroparla con sus brazos y sentir su calor… sí, eso. Quería sentir la calidez de Eyra o la suya propia al contraste de lo que emanara la fémina. Pero no se dejó llevar. Ni ella tampoco. Igual se sentía bastante complacida con volver a ver su sonrisa que tanta mala o buena fama le ha otorgado a Torsten. Aunque estuviera jodido, ese gesto lograba iluminarle el rostro.

―Yo… me preocupé por… por ti, por los demás ―rápidamente quiso encontrar a los otros Yuki, sin éxito―. ¿Dónde están?
―No lo sé, no he podido dar con mis hermanos. ―El sentimiento se tornó compartido y a la misma intensidad. ―¿Y tú? Los demás… ―era curioso que entendiesen a quiénes se referían con “los demás” desde la perspectiva de uno y del otro, claramente admitiendo que existían bandos y que, por más que ellos dos fuesen los neutrales por tener el privilegio de estar aquí o allá, se hacían partícipes intrínsecos dependiendo de la cantidad de familiares/conocidos involucrados.
―Yo estoy con… ―giró lo suficiente para indicarle que casi detrás yacía Lofn y pasos más atrás Khalf. ―Si no fuera por ellos estaría en el puto limbo. Sobre todo gracias a Lofn ―esbozó una media sonrisa.
―Te ha salvado.
―Algo así.
―Entonces debo agradecerle.

La aludida optó por mantenerse a cierta distancia desde que se diera cuenta que se trataba de Eyra. Tenía los brazos cruzados, un pie de puntillas, casi moviéndolo a causa de lo que le estaba provocando la imagen en sus narices. Y para el colmo, Yeti no perdió la oportunidad de añadir más sazón al cocido. Era un experto en cizaña, como la gran mayoría Yuki. Para él no era muy desconocido lo que hubo pasado entre Strings y Weiss; le encantaba considerarles unos “pecadores” de mierda, todo en beneficio de su propia diversión.

―Oiga ―un pequeño niño se acercó a los genin, halando el vuelo del destruido vestido de Eyra―, ¿puede usar su hielo, por favor? En mis padres. ―Los señaló. Era una pareja que yacía tirada en el suelo con muchas heridas profundas. Se notaban por la cantidad de sangre que manchó el vendaje.
―¿Esto es lo que has estado haciendo?
―Sí, ayudo con lo poco que puedo. ―Díjole al niño que iría en seguida. ―No todos aguantan mucho dolor. Y nuestras habilidades son perfectas para esto.
―Deberías venir con… ―Yuki Miyazaki miró hacia otra parte, justo a la silueta de Lofn por encima del hombro de Dorj.
―Parece que quiere matarme. ―Soltó una corta carcajada que para nada tenía que ver con comiquería; Torsten levantó una ceja. ―Tu novia te espera. ―Volvió a mirarlo a los ojos con su habitual temple.


Raving George Verwest Reira ❄ Reira

 
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Abbi gritó lo más alto que pudo un 'aaaasco' para que el Yuki le escuchará. Pues si no hubiera sido por las palabras de este, juraría que había sido su imaginación. Ni en sus más asquerosos sueños se podría imaginar volver a tocar los labios del albino; ni por más bueno que estuviera.

-Abbigail haciendo de las suyas, ¿con este cuantos van que te roban un beso? - dijole alguien desde atrás, haciendo que esta refunfuñara más mientras limpiaba su boca con su mano.
-Contando al refrigerador andante, el imbécil de la misión y tú, tres, idiota.
El aludido se echó a reír, era una risa forzada, pues el momento no ameritaba más diversión de ahí. Abbi se tiró al piso y cubrió su rostro con notoria resignación; ella debía permanecer en ese lugar porque los altos mandos sabían su historial, el no poder hacer jutsus era su gran desventaja. O eso es lo que todos creían, pues en un instante y a su voluntad empezó a enfriar sus mejillas, sintiendo el ardor del frío.
-¿Y Karin?
-Se fue con su pandilla - informó la fémina cruzando sus piernas para mejor comodidad. Miró al varón y puedo observar un notorio cambio de facciones en su rostro.
-Va estar bien, no siempre vas a poder cuidarla. Tampoco es tu obligación.
Terumi quería responderle algo para hacer parecer que el comentario no tenía nada que ver con él. Sin embargo apretó sus labios, caminó hasta quedar frente a la fémina para despeinarle el cabello, ganándose unas cuantas malas palabras de la hija de Issei.
-Si te apuras los alcanzas.
-¿Quien dijo que voy tras ellos?
-¿Yo?
Y entonces, esta vez si se río con gana, la peli negro al parecer aprendió a conocerlo en el corto tiempo que él pasaba en Kumo en misiones. Pero tampoco quería desmentirla. Sabía que debía ir hacer su trabajo, sino sería reprendido por la mujer eufórica pero, ¿quién dijo que no podía terminar rápido?
[...]
El cuarteto no demoró mucho en encontrar algunos jóvenes con características similares al del mensaje, solo que ya estaban siendo 'ayudados' por otros shinobis. Y lo más sorprendente era que no era ningún chiste ni mucho menos exageraciones de la tipa al explicar por qué debían agotar a quienes observaran que actuaran raro.
-¿Y si nos contagiamos? - preguntó Karin con cierto recelo de seguir avanzando.
-Si fuera así no nos hubieran enviado a hacer el puto trabajo, garlopa buena para nada.
-O nos enviaron como conejillo de indias, para ver si...
-Sea lo que sea, hay que cumplir con la labor. Cierren la puta boca y sigamos avanzando para encontrar un anormal - Kaia y Karin asintieron cual niños de academia (?) pues estaba claro que ahí los de mayor experiencia eran los dos mayores.
Siguieron avanzando entre escombros y sobre el agua, usando su chakra o aprovechando ciertos tramos para congelar la superficie, pues en ninguna parte podían encontrar tierra firme. Y mucho menos a quien se supone debían hallar. Empero, un fuerte estallido no muy lejos de ahí les llamó la atención. Sobre todo a Karin, que llegó a reconocer un jutsu que posiblemente se estaba saliendo de control; un Suiton: Mizurappa que destrozó una pared y sus escombros estaban por caer sobre un par de niños.
-Creo que encontré uno - comentó Niji desviándose al lugar que acabara de observar con rapidez, pues el chico que usara la técnica no se había percatado del daño que estaba por provocar. Empero, otra persona llegó primero que Rin, llevándose los mocosos para otro lado y al mismo tiempo le reprendía al descuidado joven.
-La verdad no sé qué pasa, pero me siento más fuerte.
Los Yuki llegaron justo cuando el chico tronaba sus dedos; se sentía ´enérgico’, por lo que creía podía seguir rescatando personas. Empero, fue el trillizo más problemático quien empezara a atacarlo sin razón alguna, siendo Karin quien se fuera tras él para evitar que le hiciera daño.
-¡Idiota, la idea es agotarlos, no matarlos!
-Yo voy por la otra, imagino que también está igual que el puto loco - comentó el azabache atravesándose en el camino de la otra fémina quien pretendía ir a ayudar a quien creyeran era su amigo.
Kaia miró los dos grupitos que se formaron inconscientemente, pero que a la vez estaban muy cerca, decidiendo seguir al amigo de su hermano.

 
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Se sentía ligera, como si flotara. Comenzaba a disfrutar la sensación. Era algo bueno, divertido e interesante.

—¿Tsume?

No quería salir de esa zona de confort, mucho menos volver al dolor de estar despierto.

—¿Tsume? —La voz se volvía más insistente—. ¡Lovetta!

¿Qué? Incluso en su lugar feliz la niña frunció el ceño.

¡No me digas así! —No abrió los ojos al contestar con voz bronca.

Estaba concentrada en los sonidos y los olores; quería ubicarse antes de volver a la realidad. Pero aquello que percibía era demasiado… caótico. Fijó su atención en un quejido.

¿Dónde..? —Abrió un ojo y vio a un lado a la sensei Aihara y al otro se encontraba Shirayuki. Una lucía preocupada, la otra se escuchaba preocupada—. ¿Qué..?

Sus recuerdos eran un torbellino confuso de lluvia de estrellas, gritos, oscuridad y dolor.

—¿Cómo te sientes? —A pesar de su semblante la voz de Aihara se escuchó segura.

Estoy… estoy… —El recuerdo de Mure ante ella observando su pierna con horror la golpeó. En ese entonces la había recorrido un dolor intenso que provenía de su extremidad—. ¡¿Qué me pasó..?!

Se sentó de golpe extendiendo sus manos hacia la pierna derecha. Su rostro expresó incredulidad al verla perfectamente, solo sentía un dolor sordo.

¿Qué está..?

Lovetta posó su mirada confusa sobre las personas que tenía alrededor. Los médicos parecían inquientos.

¿Qué está pasando? —La niña miró a su maestra con el ceño fruncido—. Estábamos en el festival… y después…

La sensei levantó una mano para detenerla y cerró los ojos. La dureza de sus facciones era preocupante. ¿Qué tanto debería decirle?

—El festival se vio interrumpido por la caída de meteoritos… la academia y gran parte del pueblo están destrozadas —El rostro de la niña era de completa confusión—. Aún nos encontramos en estado de emergencia…

Pero —La chica Inuzuka alternó su mirada entre la sensei y los médicos, luego observó a Shirayuki que aún se quejaba mas no parecía tener nada que decir… al final miró más allá de su burbuja en donde pudo ver, por primera vez, los efectos de todo lo que Aihara le había dicho. Varias camillas con heridos se distribuían aquí y allí dejando espacio para que los ninjas médicos hicieran su trabajo… pero no parecían ser suficientes—… ¿Dónde están mis amigos? —preguntó escandalizada, con los ojos fijos en Shira—. ¿Dónde está Mure?

Liah y Sato parecen estar por aquí —le respondió la loba entre quejidos, observando el mar de camillas—. Mure y Yoru…

La niña sintió el dolor y la desolación que llenaban aquel lugar. Debía hacer algo, aunque fuera solo alejarse de allí.

¡Tengo que hacer algo! —Lovetta sacó los pies de la camilla y estaba preparada para levantarse—. ¿Qué puedo hacer?

—No esperaba menos —Aihara asintió—. Aún hay personas tratando de minimizar los daños, pero tenemos un nuevo problema… no pueden detenerse… Tienes que hacer que se agote, cualquier shinobi que encuentres tiene que caer de agotamiento.

—La niña no debería levantarse —Uno de los ninja médicos se aproximó con un gesto de alarma pintado en toda la cara—. Pudimos curar la pierna, pero no debería excederse…

—Entiendo —La sensei observó a Lovetta completamente seria—. Tsume… la herida que tenías era grave, en este punto es tu decisión si quieres ayudar, pero si te sobrepasas existe la probabilidad de… que… pierdas la pierna.

La joven Inuzuka abría y cerraba la boca como si quisiera decir algo, pero de sus labios no salía nada.

Deberíamos quedarnos, tienes que descansar —Shira se colocó a su lado y frotaba su testuz contra su brazo.

¡No! —Nunca en su vida Tsume le había dedicado tal cara de horror a Shirayuki—. Mira como estamos… ¡tenemos que hacer algo! —La niña volvió la mirada a su maestra con determinación—. Voy a hacerlo, ¿solo tenemos que cansarlos?
 

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Sin darse cuenta había provocado una lucha sin tregua. El chico que había encontrado, que no dudaba fuera uno de sus compañeros, presentaba todos los síntomas de los que le habían hablado. Estaba fuera de control y lo único que se le ocurrió para que siguiera gastando chakra fue provocarlo. Lovetta se arrepentía mientras corría entre los restos del pueblo seguida de Shira. Se arrepentía pues la pierna comenzaba a dolerle y Anton era más rápido que ella. Más fuerte, más grande. Lo único que la mantenía lejos de sus acometidas ígneas era la desesperación.

—¡Tienes que dejar de correr!

—No puedo —La chica jadeaba por el esfuerzo—… ¡Va a matarme!

—¡Claro que no lo hará!

Una nueva llamarada azul se acercaba a toda prisa. Tsume y Shira se lanzaron a un costado para esquivarlo. La niña se mordió la lengua, para no gritar, al sentir el mordisco del fuego en su piel. La loba comenzaba a dudar en su palabras.

—Entonces hay que escondernos…

La chica asintió, aterrada. Se quedó en el piso y realizó los sellos para camuflarse entre la tierra. Al verla, la loba se escondió por sus propios medios. El persecutor no tardó en pasar a su lado. Frustrado, al perder su objetivo, lanzó una llamarada al cielo nocturno y escaló una pared para seguir buscando.

—Ya se fue…

Lovetta había escuchado el murmullo de Shira, pero no se atrevía a moverse. El Katon: Endan había causado quemaduras en su pierna ya dolorida.

—Síguelo —Le dijo a Shirayuki, conteniendo un grito—… yo te encontraré…

El cachorro asintió no muy convencida y se dispuso a seguir a Anton. La niña comenzó a moverse en cuanto sintió que su camuflaje se desvanecía. Se levantó con mucho cuidado, mordiéndose la lengua para acallar sus quejidos. No se sentía con ningún derecho a llorar después de ver el estado en el que había quedado la isla. ¿Qué había pasado mientras estuvo inconsciente? ¿De verdad quería saberlo? Negó para apartar los derroteros que seguían sus pensamientos.

Le hubiese encantado estar con Liah y Sato en aquel momento… ¡incluso le gustaría tener a Mure a su lado! De seguro la situación sería más manejable.

Respiró hondo y comenzó a correr tras el rastro de Shira, renqueando de la pierna derecha.

***

Tardó lo suyo en alcanzarlos. Encontró a Shirayuki escondida entre un montón de madera observando con atención al muchacho que, según veía, se limitaba a tocar a algunos sobrevivientes que había encontrado. Las personas parecían revitalizadas luego del breve roce y Antón un poco más agotado. El último individuo le dijo unas palabras, desesperadas, mientras señalaba. Antón asintió, le respondió y salió corriendo hacia el lugar indicado. Shirayuki salió de su escondite y corrió tras de él. Muy, muy lejos los seguía Lovetta.
***
Llegaron casi en fila india a lo que solía ser una pequeña tienda de comestibles. El lugar estaba en ruinas… no muy diferente a todo lo demás. Cuando Lovetta alcanzó a Shira, Anton trataba de subir a lo alto de los escombros usando la técnica de escalar. Maldecía cada vez que sus pies se hundían más de lo necesario en la roca.

—Hay alguien ahí… —Shirayuki no apartaba su vista de lo que quedaba de la tienda.

La mirada de Lovetta se trasladó desde su compañera a Anton y de allí al reguero de concreto.


Cada vez que veo una notificación me da un ataque x.x
 
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Sí, está bien… ahora no… va a matarme.

Lovetta se daba ánimos mientras renqueaba, con prisas, para ayudar a Anton. El chico había logrado entrar por un agujero en la parte alta de los escombros, Tsume seguiría el mismo camino. La chica necesitó de toda su concentración para escalar por el concreto. Saltar y no caer en su pierna dolorida fue toda una misión, pero pudo alcanzar la cima y se le revolvió el estómago al ver por donde debía descender.

—Se supone que la bajada es más fácil… —No pudo evitar quejarse.

Se sentó en el borde de la abertura y se dejó caer a la semioscuridad. No pudo contener un quejido al aterrizar apoyando casi todo su peso en la pierna derecha, pero no iba a llorar… otras personas habían sufrido más que ella, estaba convencida.

Avanzó con los ojos vidriosos guiándose por su olfato. Trataba de ignorar los olores a comida que la rodeaban y se concentraba en algo chamuscado. Un movimiento minúsculo le indicó que había llegado. Un movimiento y una queja.

—¿Quién está ahí?

Lovetta reculó ante la voz casi violenta que escuchó.

—Soy…

—Ah —Anton la interrumpió al reconocerla—… esa niña… ¿Qué quieres?

—Vine a ayudar

Los ojos dorados de la niña comenzaban a adaptarse a la escaza luz. Anton se encontraba acuclillado ante un hombre que acababa de abandonar la inconsciencia. El muchacho le había transmitido un pulso de chakra y se aprestaba a ayudar a levantarlo.

—No necesito tu ayuda —dijo, pasándose uno de los brazos del confuso ser tras el cuello.

Lovetta se apartó del camino y los siguió hasta la empinada pared de salida.

—Sí necesitas mi ayuda —dijo Tsume colocándose al lado contrario—. Juntos podremos subirlo.

Anton asintió a regañadientes y dejó que la chica tomara la delantera. Varios intentos fueron necesarios para que ambos se dieran cuenta de que tenían que buscar otra forma.

—Espera un momento.

El chico se internó en la oscuridad y encontró una gran caja de cartón. Se había aplastado, pero igual servía.

—¿Qué vamos a hacer con eso?

—No hables —El muchacho le indicó al hombre que entrara en la caja—. Tú jalas y yo empujo —dijo colocandose en posición.

Lovetta comprendió de inmediato. La caja parecía resistir el tira y jale de los chicos mientras escalaban la pared. A ambos se les dificultaba… una porque apenas podía mantenerse en pie y el otro porque aún se hundía en el concreto, pero entre los dos cubrían sus carencias…

—Solo —La chica comenzaba a ver estrellas y no aquellas que estaban en el firmamento—… un poco más…

Con un último esfuerzo la caja llegó a la cima y el hombre se volcó en la seguridad del techo arruinado en cuanto pudo. Lovetta, entonces, le tendió su mano a Anton, quien aceptó, pero el muchacho se había agotado y sus pies perdían adherencia. La carga era demasiada para Tsume y todo se fue al traste cuando la pierna le falló y ambos cayeron.

***

Shirayuki sentía que había tardado demasiado en encontrar a Mure. En cuanto Lovetta se perdió en el edificio en ruinas la loba salió disparada en su búsqueda. Cuando regresó a la tienda de comestibles, un hombre pegaba gritos desde el techo. Sus rescatistas habían caído y jamás volvieron, gritó. Mure maldijo por… en realidad nadie estaba seguro de cuántas veces había maldecido esa noche. Bajó al hombre del techo y se encargó de los chicos.
 

To the middle of my frustrated fears and I swear
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―Tu novia te espera. ―Eyra volvió a mirarlo a los ojos con su habitual temple.

Torsten enarcó una de sus cejas mientras miraba por encima de su hombro para tomar sentido a lo que dijese la peligris: detrás de él estaba Lofn... Y más atrás encontró a Yukiko, ¡era una alegría saber que la chica estaba bien! Aún más atrás visualizó un grupo de niñas Yuki atendidas por médicos, y alrededor de todo aquello había decenas, cientos de chicas, algunas más atractivas que otras. Entonces, ¿a cuál de todas sus novias se refería Eyra? Se llevó una mano a la barbilla meditando y cuando volvió a cruzar sus ojos con ella, experimentó otra vez esa eléctrica sensación de vigor entremezclado con entusiasmo y un mariposeo en el estómago. Realmente le hacía feliz que Yuki-Miyazaki estuviese en perfectas condiciones. Esbozó una sonrisita maricona y se acercó más a ella.

―Deberías venir con nosotros ―terminó la frase que quiso decir antes y siguió más adelante―. No te dejaré sola, te protegeré hasta que encontremos a tu familia.

Lo último salió tan natural, como si hablase de ir juntos a tomar una misión de más o menos importancia para la academia pero que debía ser cumplida, al fin y al cabo. ¿Eso es lo que ella era para él? Una obligación, porque era su prima, su familia, y no iba a abandonarle sintiendo que le fallaba a los trillizos quienes alguna vez fuesen sus buenos amigos y sobre todo a su prima favorita Kaia. Weiss se echó hacia atrás y aparcó su rostro para no ceder ante un leve rubor en sus mejillas, pero Torsten le tomó de la mano sin intenciones de soltarle y tiró de ella.

―Vayamos a hablar con esas garlopas Yuki ―se refería a las chicas que identificara por la esquina de su ojo. Creyó que quizá alguna de ellas podría darle santo y seña del paradero de su hermana Layla.

Arrastró consigo a Eyra pasando por el lado de Juhyo quien le atizó con una mirada filosa y aumentó su manto gélido (es que sí, que las chicas del clan tenían su modus operandi buller idéntico al de los chicos ¿). El único ganador de la enredosa situación sería Khalf, quien veía todo intentando no mofarse, esperando el momento adecuado para sacar a pasear sus intereses. Cuando los emparentados desaparecieron de vista, sucedió: Yeti cambió la palanca de ‘parking’ y la puso en ‘drive’.

―¿Te sientes amenazada, garlopa?
―En tus putos sueños. Eyra es sólo su prima.
―No te preocupes, al final del día no habrá puta que valga ―se movió lo suficiente para hablar cerca de la cara de Lofn―, porque Torsten es un miertero maricón de mierda. No deberías perder tu tiempo con él.
―¿Qué estás sugiriendo, garlopo? ―la kunoichi le empujó para abrirse paso e ir tras los emparentados.

A la mitad de las niñas del grupillo desconocido del clan frígido se les revolvieron las hormonas (¿) cuando vieron al hijo de la líder aparecer frente a ellas en una sola pieza, peinado intacto, aunque con las ropas un poco desgastadas y sucias. A la otra mitad pues, se les revolvieron más bien los estómagos reparando en que iba tomado de la mano de aquella cuyas pupilas le delataban como una bastarda Yuki, sobre todo a una pequeña que debía tener unos doce años y era idéntica a Lofn. Adivinaron que la de linaje impuro era una de esos mierteros Miyazaki y por consiguiente su prima. Qué puto asco. Como sea, Dorjen les puso de nuevo con los pies en las nubes cuando indagara en sus propias condiciones de salud; una risita digna de un hijo de puta mujeriego Yuki y deseos maricones de pronta recuperación. Antes de que las niñatas perdieran el gélido aliento, la verdadera Lofn carraspeó con molestia entrando en el cuadro de escena con Khalf. Ese simple gesto y su presencia les había hecho enmudecer, Eyra lo encontró curioso.

―¿Han visto a mi hermana Layla? ―Torsten lanzó la pregunta.
―Estaba con nosotras, pero en el puto caos la perdimos de vista ―dijo una niña.
―Yo la vi con el profesor Cara de puta piedra y otros garlopos de la academia ―reveló otra.

Ice-T suspiró aliviado. Que hubiese testigos de que Layla sí estuvo con Kakuzu le dejaba tranquilo porque sabía que el profesor iba a cuidarle. Jugueteó con la pequeña píldora que guardaba en uno de sus bolsillos y luego se retiró con su propio grupo a un espacio del bunker menos ajetreado. Habiendo resuelto sus cuestiones personales podía volcarse de lleno a su rol como shinobi.



Bishamon Bishamon :09:
 
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Juhyo se sentía incómoda al ver que Torsten no quería despegarse de su prima, le arrastraba de un lado a otro y a veces sin su consentimiento como si esta fuese una miertera mascota y temiera fuese a perderse si soltaba su mano por un instante. Pero al mismo tiempo entendía que esa era la naturaleza del chico, tan maricón como una niña no-Yuki, y muestras de afecto parecidas a esa había presenciado muchas hacia Eivor y Layla, aunque el 99% de ellas no correspondidas. Como sea, no dejaba de ser asqueroso.

Y a pesar de que ya no tenía un interés de peso fuera de ese bunker porque su hermana estaba a salvo, dio un paso al frente cuando estuvieron en la salida de dicho sitio dispuesta a acompañar hasta el fin del mundo a Torsten. Maldita masoquista de mierda. Es que por algún motivo desconocido quería seguir siendo testigo de las interacciones de aquellos dos, aunque eso le ocasionaran náuseas. El hijo de Fiora fue el primero en acariciar el exterior, después Eyra, detrás de ellos Lofn y un poco más atrás el garlopo de Khalf. Bonito efecto dominó que hubiese valido la pena examinar si lo que encontraran en su nuevo panorama no hubiese sido más impresionante: los restos de edificios, árboles, pérdidas materiales y pérdidas humanas se hallaban hundidos entre un montón de lagunas dispersas de manera irregular por todo el terreno. Además del de la entrada al bunker, existían otros pequeños islotes por donde se podían parar sin necesidad de utilizar chakra en sus pies. Otro grupillo de genin que salía al mismo tiempo que ellos les explicó brevemente acerca del Tsunami que azotara el país entero de las Olas y la importancia de colaborar en las labores de rescate, pues la mayoría de los civiles perecerían sin la ayuda de los shinobis si es que no habían perecido ya.

El cuarteto corrió como Yisus por encima del agua tomando un camino diferente al del otro grupo para cubrir más área. Iban en dirección contraria de donde debería estar el mar, hacia donde se supone estarían los asentamientos de la villa, pero a medida que avanzaban no podían ver nada más que más islotes y mucha, mucha agua. Continuaron avanzando y cuando Torsten comenzaba a idealizar que sería imposible encontrar una sola persona con vida, se detuvo en seco con Eyra para mirarle a los ojos; una leve sonrisa estúpida antes de desaparecer en una nube de humo ya que alguien le había lanzado un filosísimo kunai justo en la frente.

Únicamente de esa forma los primos despegaron sus manos. Gracias, señor Dios shinobi, pensó Lofn poniendo sus ojos en blanco.

Torsten sustituido por un tronco de madera flotante reapareció cinco metros a la derecha de Khalf, quien gracias a su perspicacia descubriera al atacante justo frente a sus narices pretendiendo con un Henge ser un espantapájaros al tope de los restos de una chimenea de piedras. Con una sola shuriken directo a su rostro, el efecto se deshizo revelando a una menuda chica de cabellera azul y sin afiliación shinobi.

―¿Quién eres, maldita perra? ―preguntó Yeti, obteniendo nula respuesta.

Los frígidos se prepararon para combatir desenfundando armar variopintas, aunque Torsten tardó un poco más en declararse listo debido a que en ese mismo momento, el recuerdo del ninja médico que tratara sus heridas golpeó como un rayo su mente.


―Si llegaran a encontrar enemigos durante las labores de rescate, usen esto ―puso una píldora de super soldado en su palma abierta―. Un cuarto de píldora por persona.
―¿Enemigos? El puto mundo se está acabando y, ¿usted quiere decir que esto es ocasionado por alguien? ―inquirió Strings.
―Es sólo por precaución.

Esa era la ocasión para ‘tomar precaución’, ¿cierto? Con sus colmillos partió la medicina intentando que quedase en cuatro pedazos uniformes, llamó a cada uno de sus compinches y les lanzó uno a cada uno. Cuando se disponía a hacer uso del que le correspondía a él, sintió la fuerte embestida del villano que había saltado sobre sus hombros, propinándole una fuerte patada a la altura del cuello. Su concentración se fue al carajo y con ella el chakra en sus pies haciendo que cayera como un bulto al agua, y la píldora se le escurrió de los dedos.



Bishamon Bishamon
 
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Liv se acercó con pasos apresurados hacia el Yuki restante de su cuarteto, aguardando desde una distancia prudente para captar el momento adecuado y realizar una intromisión; el muchacho había vociferado alguna palabra que le sirviese para ganar la atención de una aturdida y muy molesta Erin Kaguya. No hacía mucho que intentó colocarse encima del agua para continuar con la labor de ayudar a los demás o de por lo menos ir a un lugar donde pudiesen ayudarle a ella, para entender qué carajos estaba pasándole. Que Sven y Kaia estuviesen allí pudo transmitirle algo de alivio, aunque la puya de un no tan buen presentimiento igual no le dejaba tranquila.

―No puedo ponerme en pie por mucho rato sobre el agua. ―Nadó hacia el cielorraso de una vivienda. Los Yuki se dieron cuenta de que al salir puso una mano en su pecho; de repente les lució más sofocada.
―Garlopa, tienes que hacer algún ninjutsu ahora ―le gritaba―. Dispara cualquier mierda, no te detentas.
―No quiero ser un problema… ―apretó los dedos contra la tela de su vestimenta―. Y no me estoy sintiendo muy bien.
―¡Solo ataca, por tu puto bien! ―En medio del pedido de Liv, Ezra chasqueó la lengua y recurrió a una de las mejores cosas que sabe hacer alguien de su clan: provocar.

Inició la carrera nueva vez con el aura gélida más intensa; de ambas manos surgieron proyectiles hyoton que no tardó en enviar hacia Kaguya. Todos directos a puntos conflictivos de su cuerpo si no hacía algo por defenderse. La kunoichi en problemas se valió de un movimiento para extraer un hueso con el que pudiera rebatir, sintiendo un golpe intangible de liberación al momento de recurrir a su chakra y la manifestación del mismo.

Yuki niño aterrizó en el mismo diminuto espacio que la genin objetivo, enseguida atacándole con patadas e intentos de puñetazos con sus manos cubiertas de hielo. Erin pudo retener un par de fintas, mas el chuunin encontró los flancos para hacerle perder el equilibrio; bastaron un par de movimientos en los que involucrase un barrido y el codo. Desde el piso, Kaguya no esperó más para preguntar por qué la estaba atacando si pertenecían al mismo bando. La respuesta que obtuviese fue ver cómo el suelo, que en verdad era un techo, se cubría de hielo.

―Hasta que no te agotes no te dejaremos en paz. ―¿Dejaremos? Por el rabillo del ojo izquierdo se percató de la llegada de otra chica, la que hubo visto hacía rato y que llegara con su “atacante misterioso”. ―Tal vez somos enemigos y venimos a exterminarte.

Kaia secundó la estrategia de Sven en su cabeza; que sonriera confianzuda fue su forma de aprobarla.

―Un enemigo muy estúpido que me pide realizar jutsus porque sí…
―Solo quise probar tu inteligencia.

Cortó el dialogo de tajo al disminuir la distancia otra vez. Ahora que Erin contaba con un hueso como arma, Ezra le imitó recreando un bastón de su kekkei genkai. Iniciaron con un par de estocadas fuertes, más que nada de parte de él. Al llevarla a echarse hacia atrás, fue el momento perfecto para que Kaia se aproximase por detrás y le hiciera tropezar; a media caída, Kaguya encajó su herramienta en el hielo e impulsó su cuerpo para recomponerse; aquel acto le llevó a resbalar, cosa que dominara con relativo éxito desde que consiguiera apropiarse de su equilibrio, y en lo que retrocedía por cosa del suelo pegó un grito de guerra, tirando el proyectil óseo cual alabarda.

Yuki Miyazaki patinó con facilidad e incrementó su velocidad para alcanzarle de frente; su puño derecho estaba listo para encajársele en la cara, empero tal y como se imaginó que sucedería: Erin volvió a recurrir a sus huesos para defenderse. Por un instante creyó que había logrado afectar a la azabache, mas delante de ella solo quedó una loseta con la que Kaia se intercambiara; Yuki Miyazaki se lanzó hacia Erin en un par de pasos, embistiendo a la altura de su espalda baja. La afectada rodó por el piso.

―Tendrás que recurrir a algo más fuerte, garlopa. ―Kaguya sintió en sus manos un gran cosquilleo. Creyó haber escuchado una vocecita en su cabeza que le decía claramente que realizara alguna técnica de más peso… quizá lo que esperaban los Yuki.
 

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-¡Te dije que lo dejes de atacar, maldito imbécil! - gritó la genin junto a Yaric, mismo que embestía contra el confundido muchacho, pues este solo sabía retroceder de escombro en escombro tratando de evitar los ataques del albino.
-El garlopo miertero no quiere contraatacar, lo estoy putamente obligando - respondió con una sonrisa en su rostro.

Hizo un par de sellos con sus manos y Karin previó lo que continuaba.

-!Oye, bueno para nada, si de verdad quieres salir de esta, defiéndete con tu mejor jutsu! - advirtió la de menor rango, pues su querido cuñado al parecer le valía verga las instrucciones que tenía que seguir y por el contrario, estaba buscando su propia diversión.
-¿Qué?
-Mejor cierra la puta boca y ayuda en algo, perr...

Era verdad, ella solo estuvo evitando que el idiota muriera a manos del gélido, puesto que este solo enviaba ataques hyoton o ataques físicos haciendo que se agotara cada vez. El chico ya se estaba poniendo pálido y no era por el frío de su alrededor. Así que sin dejar terminar de hablar a su allegado, y aprovechando que estaba junto a él, puso su mano sobre la boca de Yaric para evitar que sugiera hablando, tomándole por sorpresa y alejándose lo más rápido que pudo; por su propio bien.

-¡Maldita perra!
-¿Sera que me dejas hacer algo a mí también? Con tus quejas de niña fresa no me dejas concentrar, garlopo. - Y como correcaminos salió disparada casi que huyendo del espacio del Yuki Miyazaki. Sabía que le saldría caro lo que había acabado de hacer, pero la oportunidad no se volvería a repetir, así que esta vez fue ella quien realizó sellos de manos mientras exhalaba, dispuesta a soltar el puto jutsu de mierda, empero, un fuerte empujón desde su hombro siniestro le impidió que la técnica se realizara por completo; ahogándose por sentir su garganta caliente. El Hozuki por otro lado, aprovechó para alejarse e ir ayudar a su amiga, pero un montón de estacas de gran tamaño se atravesaron en su camino.

-¿Pueden ponerse de acuerdo? No puedo concentrarme sin saber a quién atacar primero... Rayos, pero qué… - Yaric, quien mostraba cara de asco por saber lo que está por hacer su querida cuñada cambio su expresión al ver que el joven Thor se empezaba a desvanecer sobre el agua congelada.
-Una y mil mierdas.
-Es tu puta culpa si se muere el garlopo - comentó la katon recuperándose de su ahogo - ¡tienes que defenderte hasta que te agotes, es por tu maldito bien!
-No... no les creo nada, lo que quieren hacer es acabar conmigo- respondió casi sin fuerzas, agarrando la ropa de su pecho.
-Estamos siendo malditamente manipulados, y si no haces lo que te dijo la puta, morirás, HIJ...

La hija de Shion aprovechó el momento para volver a hacer el jutsu katon, mismo que fue detenido por un Mizurappa descontrolado y de repente el semblante de Thor mejoró un poco pero no tuvo la oportunidad de decir algo para alardear su repentino buen sentir porque otra cantidad de bolas de fuego siguieron arremetiéndole.

 

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