Rol Libre お誕生日おめでとう、アマジャ | Público

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Morpheus's Dream ♚
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Registro: Amayah Nomura.
Nombre del RL: Feliz cumpleaños, Amayah.
Descripción del RL: El 07 de febrero la familia Nomura pasa por la academia Rengō para felicitar a la chiquilla, llenándola de cariño ese día y alertando a sus posibles compañeros del evento.
Modalidad: Público.


~***~

Una vez al año Amayah despertaba con una sonrisa. No importaba lo duros que habían sido los días anteriores o si amanecía con sueño, sonreía. Cada año.

Lo primero que percibió fue la caricia de una de las enredaderas que caían del techo; era el saludo de su madre, parecía que continuaba a pesar de la distancia. Tras abrir los ojos y acariciar a la planta de vuelta, la chica se levantó para llevar a cabo su rutina mañanera, todavía sonriendo. Era un día de clases normal, por lo que se preparó sin demora para cumplir con el horario, mismo que aconteció sin sorpresas debido a que nadie (o al menos casi nadie) sabía qué tenía de especial… todavía.


—¡Maya!

Al menos esperó hasta que las clases finalizaron, lo que era decir mucho de su paciencia al ser alguien que iba tan apresurado por la vida.
Yamil la cargó tomándola por las rodillas y la aludida no tuvo de otra que aferrarse a sus hombros para no caer por accidente, a pesar de que el muchacho estaba siendo absurdamente cuidadoso y mucho más lento, MUCHO más lento, que de costumbre. Giró alrededor con ella mientras le cantaba una canción de cumpleaños que ella en realidad no entendía porque no lo hacía en japonés, pero de igual manera disfrutó del detalle.

—Me siento muy muy honrado de poder ser parte de tu vida y encontrarme contigo en este momento ¡para ser capaz de festejar tu cumpleaños!

Amayah rio, divertida y un poco mareada. Sólo tuvo que tocarle el hombro un par de veces para que supiera que ya había sido suficiente y podía dejarla en el suelo, cosa que hizo con una radiante sonrisa.

—Es sólo un cumpleaños, Yael —trató de restarle importancia, sin éxito.
—¡No, Maya, no es sólo un cumpleaños! ¡Es el tuyo, y el número dieciséis por encima de todo!
—¿Qué tiene de especial el número?
—Sabes que mis padres no son originarios de Japón... En sus tierras las chicas realizaban grandes fiestas a los quince o por los “dulces dieciséis”. A mí personalmente me han celebrado todos los cumpleaños, tengo muy poco de japonés en ese sentido —
bromeó con una sonrisa—. ¿A ti no?
—Sí, pero- —
balbuceó.
—¡No se diga más! —la interrumpió—. ¡Tendrás la mejor fiesta improvisada de cumpleaños que nadie pueda desear!
—¿Improvisada? —
la joven Nomura rio con diversión—. ¿No tienes nada planeado?
—¡No dudes de mí! —
Yamil se quejó con falso tono desolado, llevándose una mano al pecho—. ¡Y vamos! Tienes que cambiarte.
—¿Por qué? ¿A dónde vamos?
—¡¿Cómo crees que voy a decirte?! —
expresó con indignación. La risa de la chica le recordó lo mucho que valía todo aquel teatro.
—Está bien, pero al menos debo saber si saldremos de la academia, porque en ese caso tendría que ponerme una yukata.
—No va a ser necesario —
negó—, nos quedaremos en Rengō.


**

—Nos quedaremos en Rengō porque es muy tarde para tratar de invitarte a otro sitio y ya todo está en marcha —pensó el velocista con algo de incomodidad.

A Cohen le hubiera encantado sacar a Maya de paseo por algún fabuloso lugar de Nagoya, pero antes de que pudiera darse cuenta se vio envuelto en un proyecto un poco más grande del cual terminó perdiendo el control, no le quedó de otra más que resignarse a cumplir con un papel que, siendo honesto, no disfrutaba del todo. Aun así, se recordó, lo hacía por ella y eso era lo más importante.

Literalmente para él, Amayah tardaría una eternidad arreglándose, sin embargo, eso no era malo ya que todavía debía llevar a cabo algunas gestiones. Entre ellas estaba hablar con cierta persona... Pasó rápidamente por su habitación para ducharse y cambiarse, sustituyendo su uniforme por el
mejor conjunto de ropa que tenía en su armario. Luego decidió recorrer todas las instalaciones de la academia con la intención de encontrarle, pero para su suerte lo halló en el primer lugar por el que pasó: echado en uno de los sofás de la sala común, con un libro entre sus manos. No era un material de clases, aunque lo parecía por la cantidad de notas añadidas; podía ver que se trataba de lectura ligera.

—¿Esa es la letra de Amayah? —se cuestionó, arrugando suavemente la nariz al descubrir que no estaba equivocado—. Lalbay.

El sorprendido árabe dio un salto en el mueble antes de sentarse para observar a su interlocutor. La voz le era desagradablemente familiar. Justo antes de ver al japonés recordó a quién le pertenecía y no pudo evitar la fugaz mueca que se apropió de su rostro. ¿Para qué el amiguito de su ángel lo buscaba y por qué estaba vestido de esa manera?

—¿Sucede algo? —se vio en la necesidad de preguntar, extrañado porque Flash no hubiese hablado todavía al recordar con desagrado cómo funcionaba su quirk.
—Sí —empezó a ser comunicativo al fin, luego de varios segundos de tenso silencio—, sucede que hoy es el cumpleaños de Maya y como ustedes se han amigado creí que te gustaría saberlo.

Rashidi se puso de pie. La palabra ‘amigado’ y el tono con el que fue dicho por el castaño produjo que se desafiaran con la mirada. Cualquiera que se tomase la molestia de observar por unos segundos al extranjero cuando la mencionada chica se encontraba cerca podía concluir que no estaba buscando una simple amistad, Yael era insoportablemente consciente de eso, pero eso no significaba que tuviera que dejarle las cosas fáciles al interesado. No si podía evitarlo.

El japonés sonrió con inocencia.


—Le daremos una sorpresa en su lugar favorito del patio —señaló con el pulgar la dirección en la que se encontraba—, es-
—Sé dónde es —
el egipcio le interrumpió con gesto serio, cruzándose de brazos.
—¡Por supuesto! —Yael mantuvo la sonrisa y tuvo el celular en la mano en un segundo, viendo que tenía un mensaje nuevo pero que seguía a tiempo—. Puedes pasarte entre treinta minutos y una hora —ya estaba de nuevo el celular en el bolsillo, y aunque su expresión permaneció afable, su tono se volvió condescendiente—, o más tarde si quieres. Sospecho que nos quedaremos por ahí un rato.
—Ahí estaré —
frunció los labios.
—¡Genial! Sé lo feliz que hará eso a Maya.

Rashidi no dejó pasar el hecho de que el velocista parecía estar presumiendo de cuánto la conocía, lo que era una espina muy molesta sabiendo que ambos la conocieron más o menos al mismo tiempo. Incluso verlo alejarse a una velocidad normal fue un fastidio, ¿cómo se atrevía a arruinarle la mejor de las lecturas?

Yamil se sintió satisfecho por un lado y muy irritado por el otro. Había necesitado de toda su paciencia para caminar tan despacio sólo para confirmar el momento en el que el extranjero dejaba de estar a la vista en la sala común, lo último que necesitaba era un retraso. Para el momento siguiente se encontraba apoyándose en la pared junto a la puerta de la habitación de Amayah; no sabía cuánto tiempo tendría que esperar, por lo que hizo una parada rápida en su habitación para tomar el juego que la chica le obsequió en Navidad, le había ayudado mucho a mantener la atención en clases... o a no perder la paciencia cuando debía ser paciente con personas lentas.

Fueron largos minutos para el castaño, pero en realidad no pasaron tantos. La puerta se abrió y ni siquiera había llegado a verla cuando en sus manos ya no tenía nada y el objeto se encontraba seguro y de vuelta en su habitación. Yael apoyó una mano en la pared junto a la puerta para tener una actitud casual, pero su mano resbaló al finalmente verla. Amayah se calzó botines negros de los que sobresalían un par de largas medias semi transparentes del mismo color que se perdían en el bajo de la falda tableada, también negra, siendo el único toque colorido la blusa de seda roja sin hombros, con cuello y mangas de campana; recogía un lado de su cabello con un broche de rosa roja y sonreía con timidez. Y vaya que la timidez no formaba parte de ese estilo.


—Estás... espectacular, Maya —logró decir el muchacho cuando encontró las palabras.
—Gracias, Yael. Tú también te ves muy bien.


El aludido rio con suavidad, sosteniéndose la chaqueta. Nunca iba a confesar en voz alta que escogió el rojo de forma muy consciente porque sabía que era el color favorito de su amiga. Abrió un poco los brazos.

—¿Puedo abrazarte?


La joven Nomura rio con diversión.

—Sí.


Y redujo la distancia para rodearle el cuello con los brazos y presionarlo con cariño. Yael hacía exactamente lo mismo con ella por la cintura, apoyando una mano en su espalda; aun teniéndola entre sus brazos no podía creer que al fin lo había conseguido, nunca antes le había costado tanto llegar al tacto con otra persona, era del tipo que necesitaba el contacto físico para expresarse y consideraba que todo el tiempo empleado hasta ese momento había valido la pena.

—Voy a abrazarte mucho hoy —le advirtió, a lo que ella rio de nuevo.
—Está bien.

Lazy Lazy

**

El lugar favorito de Amayah era un espacio apartado del patio (apartado probablemente porque la mayoría de los estudiantes eran demasiado perezosos como para llegar tan lejos) que contaba con una mesa de picnic debajo de un gran árbol. Cuando estaba florecido la sombra que proyectaba era tanta que lograba cubrir la mesa en su totalidad, durante el invierno el sol no era muy fuerte y se podía disfrutar igual. La mesa se encontraba seca, sin rastro de nieve a pesar de que todo su alrededor estaba cubierto, vistiendo un mantel rojo y dorado, y en los asientos había algunos cojines a juego; sobre la mesa un par de pequeñas cajas de regalo y una bolsita dorada junto a ellas.

—¿Qué es eso? —preguntó la azabache con tono divertido.
—No sé de qué hablas~ —silbó su acompañante.

Con una sonrisa, Yahra se acercó para tomar una tras otra las cajas, sin abrirlas. Sabía a quiénes le pertenecían por la decoración externa: clara y simple, y sabía lo que había dentro: más libros, y dónde ponerlos. La bolsa, en cambio, era una novedad y-

—No, no, no, no, no —Yael se le acercó, quitándole la bolsita y alejándola—. Nada de saber cuáles son los regalos antes de la hora de abrirlos.
—¿De qué son las semillas?
—¡Maya! —se quejó y ella volvió a reír.
—Lo siento, no puedo evitarlo... ¿Dónde están Markus y Rowan?
—Fueron a buscar algo~.

Amayah abrió un poco los ojos y miró a un sonriente Yael antes de darse vuelta. Bell vestía una preciosa yukata roja con flores doradas, pero ya no era Bell la que se encontraba frente a ella sino Jes... y le sonreía. Tras ella podía ver a Haru con un tono más apagado de rojo y Riku sacudía un brazo sin dejar de caminar, con un vivo kimono dorado. Sus padres iban a juego entre el rojo y el dorado, y junto a ellos iban los gemelos, con tonos mucho más suaves. Usar el o los colores favoritos del cumpleañero era una manera de la familia Nomura de otorgar apoyo y ayudar con la relajación mental.

—¡Qué calurosa es esta cosa! —se quejó su mejor amiga, sacándose el obi para descubrir que su yukata apenas y estaba fijada, probablemente sólo lo suficiente como para llegar hasta allí. Lo que significaba que Jes había escogido lo que tenía debajo: un corto vestido de fiesta rojo, dorado y negro con mangas de campana.
—¡Jes! —no pudo evitar emocionarse y se acercó para abrazarla—. ¡Estás usando un vestido!
—Sí, sí, no lo hagas una novedad que me lo puedo quitar.

Y justo entonces los Nomura empezaron a cantar. Todavía les faltaban cientos de metros para llegar hasta el árbol bajo el que solía acomodarse Amayah, lo que sólo significaba una cosa: todo el mundo iba a enterarse. Luego de que Jesbell la soltara, dejándole el espacio libre a la familia, Maya se cubrió el rostro con las manos. Si los estudiantes no se habían fijado en la extravagante y bella familia, entonces la canción definitivamente les llamaría la atención.

—¡Mayita! —Harumi no tuvo ningún inconveniente con su yukata, nada le impidió correr hacia la menor para envolverla en un abrazo. A la aludida no le sorprendió que su vestimenta tuviera un corte en una de sus piernas que le facilitara el movimiento.
—No importaba si te ibas a Nagoya o a Centroamérica, no te ibas a deshacer de nosotros —el kimono de Riku estaba bastante suelto, por lo que el muchacho seguramente tuvo un viaje bastante cómodo al mismo tiempo que obtenía miradas. Cuando estuvo al alcance de su hermanita se aguantó las quejas porque ella le cubriera el pecho casi desnudo, acomodándole correctamente la prenda.
—Nunca querría deshacerme de ustedes —confesó.

El único momento en el que sus hermanos no peleaban era cuando tocaba el abrazo grupal en su cumpleaños. Su padre no tuvo ningún inconveniente en rodearlos a los tres con sus brazos, y luego de que Vivaldi dejara una cesta sobre la mesa, tirando de los gemelos, de Jess y de Yamil, cerró el abrazo.

—Esto significa que ya eres parte de la familia —le susurró Amayah a su compañero de clases.
—¿Sí? —la miró, internamente esperanzado.
—¡Por supuesto! —le contestó su mejor amiga—. Todos los amigos de Maya son bienvenidos~.

Yael frunció el ceño porque la de ojos rojos lo decía con intención. Cuando Jesbell dejó a su amiga a merced de su familia, se acercó a él, estirándole una mano.

—Yamil, asumo.
—Puedes llamarme Yael —se la estrechó con suavidad—. Tú eres Jesbell.
—Michiko para ti —alzó una comisura, entretenida al verlo desconcertado.
—¡L-lo siento! No quería-

La chica rompió las distancias sin soltarle la mano, mirándolo directamente a los ojos con un rastro de superioridad en los suyos.

—Ella es
mi mejor amiga —declaró, usando un tono desafiante y amenazador que contrastaba mucho con la sonrisita en sus labios. El castaño, comprendiendo la situación, sonrió.
—Ella es
mi mejor amiga también.
—¿Estás seguro? —
arqueó una ceja—. Visten a juego.

Cohen apenas retrocedió un milímetro, sonrojándose al verse atrapado, dándole más terreno a su aparente enemiga al dudar. Ésta, por supuesto, lo notó al instante, sonriendo ampliamente.

—Veamos cuánto duras en este juego, Yael.

Jesbell no le dio oportunidad de retractarse sobre la forma de tratarle y él se encontraba en evidente desventaja.


—¿Qué me trajeron~? —preguntó alegremente Amayah mientras se acercaba a la mesa luego de disolver el abrazo. La cesta estaba decorada con una guirnalda que contenía los trazos que llevaban su nombre, otro regalo.
—Ya sabes la respuesta —respondió del mismo modo su padre, acompañándola para ayudar a sacar los platos.
—Cariño, ¿quiénes son tus compañeros de clase para invitarlos? —cuestionó su madre.
—Ehm, pues...

La aludida prefirió ignorar todos los ojos que les observaban. Tal vez sus compañeros de clase más osados terminarían acercándose por su cuenta.

Algunos pequeños obsequios se sumaron a los anteriores, pero el resto de la mesa se llenó con una variedad de platos caseros que, evidentemente, eran los favoritos de la festejada. Algunos dulces, el té que más le gustaba... siendo suficiente para satisfacer a toda una clase de jóvenes hambrientos.
 
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Something that remains
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Aquel día Sumire había salido justo después de clases junto a Kaito para comprar algunas cosas que usualmente debía tener a la mano, como por ejemplo pañales desechables, toallitas húmedas, leche en polvo y algunas otras comidas para bebé. Si bien el pequeño Dazai estaba aprendiendo a ir al baño, todavía se encontraba teniendo accidentes, por lo que aun necesitarían la ayuda de los pañales antes de depender completamente de la bacinica. Luego de realizar sus respectivas compras, la adolescente y el pequeño regresaron a la academia donde vieron entrar a un grupo de personas que lucían kimonos de colores rojo y dorado, aquello hizo que la joven de Osaka se preguntara si había olvidado una fecha importante dentro de los días festivos de Japón, sin embargo, hizo memoria y no se le ocurrió nada, por lo que vio aún más extraño ese suceso.

De regreso en la residencia, Dazai se topó con Arai, quien le ayudó con sus bolsas de compra mientras la seguía a su habitación.

— Vi un grupo de personas entrar, — comentaba la de ojos café acomodando a Kai en sus brazos. — ¿Sabes algo sobre eso?

— Ah, sí, vi a Rashidi ir a su habitación hace un momento, lucía bastante apurado — respondía el castaño mirando hacia el techo. — Creo que estaba diciendo algo sobre el cumpleaños de un ángel o algo así.

— ¿El cumpleaños de un ángel? Tal vez sea algo referente a su religión o algo así — mencionó Sumire inclinando la cabeza a un lado. — Lalbay-san es de Egipto, ¿no?

— Algo así he oído, pero no estoy seguro — decía Hayato encogiéndose en hombros. — De todas formas, ¿en ese sitio creen en ángeles y esas cosas?

Una vez que el chico de doble nacionalidad dejo al par de nativos de Osaka en su habitación, la chica Dazai le agradeció debidamente su ayuda antes de entrar y cerrar la puerta tras de sí. A continuación, la castaña dejo al niño en el suelo para que caminara junto a ella hasta la pequeña mesa en medio de la habitación donde dejaría las compras. Mientras Sumire ordenaba sus cosas, escuchó lo que parecía ser un alboroto en el patio, por lo que se acercó a ver.

Justo debajo de un frondoso árbol en la parte más alejada del patio, la castaña pudo observar a un grupo de personas reunidas en una mesa de madera que se usaba mayormente para picnics. Dazai reconoció al grupo como el que había visto llegar hacia un par de minutos, justo antes que ella, también se percató que dos de los que participaban de esa reunión se trataba de un par de compañeros de clases, los cuales eran Nomura y Cohen.

— Ah, ella debe ser el ángel del que Lalbay-san estaba hablando más temprano — dijo Sumire asintiendo en respuesta. — Oh, rayos, ¿es su cumpleaños?

Aunque la chica de ojos café hubiese querido tomar su tableta para ver el perfil de su compañera para conocer su fecha de nacimiento, había bloqueado su cuenta desde hacía mucho tiempo, por lo que no era factible ese medio para obtener una respuesta. Se preguntó si debía bajar a felicitarla, pero luego pensó que no tenía un obsequio para darle, además de ello, no tenía un kimono o ropa acorde con la ocasión.

— Supongo que iré después a dejarle algo en la puerta de su habitación — suspiró Dazai dando un paso lejos de la ventana. — Me alegro que se la está pasando bien con esas personas.

— Sumi — llamó Kai a su tía, quien se giró a verlo entretenido con el juego que había recibido también de su santa secreto. — Mira, mira.

— Ven, pequeño, vamos a bajar y preparar algo de comer — decía la castaña colocándose de cuclillas para ver a su familiar a la cara. — Si no te da sueño, podemos volver al centro de la ciudad para comprar un regalo de cumpleaños para Nomura-san.

— ¿Mura? — Preguntó el niño dejando de jugar para ver a la adolescente que sonreía.

— Vamos — dijo Sumire extendiendo las manos para ayudar a Kai a ponerse de pie.

[…]

Caminando pausadamente, la castaña iba en compañía de su pequeño familiar, quien hacía su mejor esfuerzo para seguirle el paso. La chica Dazai lo estaba haciendo caminar por los pasillos de la residencia ya que quería que Kaito aprendiera a moverse mejor y no dependiera mucho de ir en brazos, por su parte, el joven niño de Osaka se tambaleaba de un lado a otro pero igual parecía estar divirtiéndose ante esa pequeña posibilidad de libertad que le estaban ofreciendo.

En la cocina, Sumire preparó algunos sándwiches sencillos acompañados de algunas papas fritas que habían sobrado del día anterior, por lo que solo tuvo que recalentarlas en el microondas. Mientras la chica se encargaba de armar sus platos de comida, alguien entró a la cocina.

— Disculpe — habló una voz masculina que sobresaltó a la castaña y se giró rápidamente a verlo. — Lo siento, no quise asustarte.

— Esta bien, — negó con la cabeza la chica dándose cuenta que se trataba de uno de los invitados de Amayah. — ¿Qué desea, señor…?

—Nomura Terrence, soy el orgulloso padre de Nomura Amayah — se presentaba el mayor que vestía kimono.

— Dazai Sumire… y él es Kaito — respondió la de ojos café haciendo una pequeña reverencia. — Yo soy compañera de su hija.

— Oh, ¿por qué no sales al patio a celebrar junto a nosotros? — Preguntó el hombre fornido inclinando la cabeza hacia un lado. — Mientras más invitados, mejor, y mi hija estaría muy feliz de ver a sus compañeros reunidos compartiendo con ella.

— Yo no tengo un regalo para Nomura-san, así que estaba pensando en comer algo antes de salir a comprar un obsequio — comentaba Sumire en tanto Kai se escondía justo detrás de ella. — No quisiera ser la única que no pueda darle algo en su día.

— Entiendo — asentía Nomura Padre ante el argumento de la joven. — Entonces supongo que nos veremos más tarde, Dazai-san.

— Ah, si — dijo la nativa de Osaka bajando la mirada.

— ¡Es cierto!, vine por una bandeja que hace falta allá afuera — mencionaba el mayor golpeando su mano con su puño. — ¿Podrías indicarme si hay alguna por aquí?

— Si, un momento — respondió la chica mirando hacia las alacenas y recordando donde habían algunas bandejas, ya que las había utilizado durante el mes de diciembre. — Tenga — dijo luego de buscar y sacar una bandeja amplia.

— Gracias — agradeció el hombre.

Luego de cumplir su cometido, Terrence salió del lugar despidiéndose de ambos Dazai. Cuando el mayor ya no estuvo allí, Sumire suspiró pesadamente mientras se recostaba en la encimera y Kai salía de entre sus piernas.

— Bueno, ahora no tenemos excusas para no ir — comentó la chica mirando al techo.

[…]

Tras comer su almuerzo, el dúo de Osaka salió nuevamente a la ciudad en busca de un obsequio para su compañera, Amayah. Aunque no tenía mucho dinero, todas las cosas que veía le hacía querer comprarlas, después de todo, la chica de cabellera oscura y ojos dorados era alguien a quien le lucía cualquier cosa y hacia que se viera bien.

— Ya decía papá, “a las niñas bonitas le luce cualquier cosa” — hablaba Sumire suspirando nuevamente. — Pero, no podemos comprar cualquier cosa, Kai, ten eso en mente cuando vayas a regalarle algo a tu chica.

— Eso — señaló el más joven de los Dazai una vitrina frente a la cual iban pasando. — Bonito.

— Pues sí, es muy bonito — asentía la castaña detallando los accesorios tras el vidrio. — Su cabello es largo, así que esos colores resaltarían… y el bonus es que tiene los colores que portaban sus familiares cuando llegaron. Bien hecho, Kai.

Después de haber decidido, la adolescente y el niño entraron a la tienda para comprar el accesorio de la vitrina, por fortuna tenía un precio accesible y el vendedor le hizo el favor de envolver la caja con un papel gris brillante y un lazo blanco. Al salir de regreso a la calle, la chica de ojos café se apresuró con su sobrino en brazos para volver a la academia dado que tenía que prepararse para ir a la fiesta.

[…]

Sumire se vistió con un par de leggins oscuros, botas altas y una blusa gris suelta sin mangas, mientras que luego le colocó unas bragas blue jean con una camiseta roja a Kai. Durante un momento la castaña se miró al espejo, comparándose con los hermosos kimonos que desfilaban en el patio justo en ese momento, llegó a pensar que solo iría y dejaría el regalo para luego volver a subir, pero luego consideró que eso sería muy descortés por su parte. Indudablemente iba a sentirse incomoda, a pesar de ello, Dazai respiró profundo y tomó su obsequio, no dejaría que su propia mente impidiera que realizara esa entrega.

— Listos o no, allá vamos, Kai — sonrió la mayor al bebé que jugaba con los botones de sus bragas.

Con el regalo envuelto en una de sus manos y su pequeño sobrino en el brazo contrario, la chica de Osaka bajó hasta el patio para unirse al festejo.


***
LadyAzulina LadyAzulina Happy Birthday to Maya~
 
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Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
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Era un día demasiado especial como para que la presencia del velocista y su impertinente tono le molestaran, a si que el de piel tostada lo dejó pasar, inhalando y exhalando para alejar la tensión de su cuerpo. Cerró los ojos y suspiró, alzando el cerrado libro en su mano dominante y sonriendo totalmente ilusionado.

Mi ángel cumple años el siete de febrero —susurró, alegre. Al menos algo había que agradecerle al chico flash, de no ser por él, tal vez se hubiera enterado muy tarde del cumpleaños de su amada.

Si lo que decía el velocista era cierto -y no dudaba que lo fuera-, entonces el muchacho de mechón rojo tenía poco tiempo para: salir, comprar el regalo de Amayah y volver a tiempo para asistir a la celebración. Debía moverse si quería asistir al cumpleaños de su amor aún no correspondido. Caminó con prisa por el lobby, susurrando inconscientemente lo que sucedía en esa fecha. La tenue voz del hijo de Egipto llamó la atención de más de un estudiante, entre esos: su compañera de clases, Sumire Dazai.

Para cuando llegó a su habitación, el moreno soltó todo sobre la cama y se dirigió a su guardarropas con la intención de tomar el primer yukata que estuviera a su alcance. Se quitó todo lo que llevaba consigo y, con una rapidez inusual, Rashidi terminó de colocarse la bata morada con rojo que había tomado. Recogió su billetera y se despidió de su negro felino antes de salir por la puerta.

Rashidi podía pasar por loco o neurótico en esos momentos, todos los presentes en los pasillos de la residencia que tuvieran la dicha de ver al muchacho se imaginaron que algo malo le estaba sucediendo… un pensamiento bastante alejado de la realidad. La pseudo desesperación de Lalbay se debía única y exclusivamente al hecho de que no sabía qué obsequiarle al amor de su vida, era una pregunta sin respuesta que se repetía una y otra vez.
Rah… cálmate… sabrás qué regalarle cuando llegues al distrito comercial… repitió cual mantra para relajar sus nervios por lo menos un poco pues comenzaba a sentir las miradas del resto de los alumnos de Rengō. Cruzó el lobby con rapidez, imitando el andar de un cascanueces y cuando llegó a la puerta, dos siluetas conocidas le cortaron el paso abruptamente.

¡Eh! Rah, te andabamos buscando —exclamó el mayor de los Honō con su típica sonrisa.
Sí, nos pareció extraño que olvidaras nuestro partido amistoso de tres contra… ¿pasa algo?Taishi observó extrañado a su amigo. Parecía un poco (por no decir demasiado) apurado, tanto que su rostro no pudo ocultar la frustración.
Sí... sólo estoy con algo de prisa.
¿Por qué? —Eishi no parecía entenderlo del todo bien, ¿qué era más importante que ellos?
¿Estás bien, bro? —A diferencia de su hermano, el moreno de pelo blanco sí se preocupó un poco por la expresión inusual del árabe.
Tai, Ei… no puedo hablar… —Tras eso, Rashidi se abrió paso entre ambos mientras volvía a acelerar el ritmo de sus pisadas—. Maya… cumpleaños… regalo… —fueron las palabras que lograron escuchar los Honō antes de que su mejor amigo desapareciera por la salida de la academia.

La dupla albina se miró un momento. Entendían el motivo del estado de Rashidi, pero no discernian el por qué se hallaba tan desesperado. Aún así, decidieron dejarlo estar para pasar a un asunto más importante:

¿Lo sabías? —Cuestionó el moreno.
No —respondió, alzando los hombros y tomando el celular en su bolsillo—. Me parece extraño que Riv no me dijera nada —inquirió mientras le escribía a la recién nombrada si sabía algo del tema en cuestión.

Taishi miró a su hermano unos segundos antes de alejarse, odiaba cuando Eishi se abstraía de todo y de todos cuando iniciaba una conversación con la persona que consideraba como su perdición. Caminó tranquilamente por los pasillos del recinto, pensando en lo agradable que sería visitar a su compañera de clases para poder felicitarla por su nuevo año de vida; tal vez la cumpleañera y él no eran los más cercanos del salón pero no estaba de más que se acercara para desearle un feliz cumple años a la susodicha. Con eso en mente, Honō menor se dirigió a su habitación con la intención de tomar una ducha.

[...]

El viaje en taxi de la escuela al distrito comercial fue un completo suplicio para el hijo de Egipto, los veinte minutos que tardó el buen chofer en dejarlo frente a su destino fueron como dos eternas y tortuosas horas, tiempo en el cual no pudo ni siquiera pensar claramente lo que buscaría y compraría como obsequio para el amor de su vida. El conductor tuvo mucho para sorprenderse cuando observó y sintió el pago en el rostro, ¿aquel chico realmente acababa de arrojarle el dinero a la cara mientras salía desesperado del auto? A pesar de todo, cómo se podía culpar a ese chico de tal acción, si parecía estar a nada de sufrir un ataque de histeria.

Rashidi Lalbay trotaba apartando y disculpándose con la gente que se hallaba en su camino, echaba su vista hacia cada lado y, con una velocidad inhumana, analizaba la vitrina de cada local con la intención de encontrar algo que le dijese
ESE, ESE ES EL REGALO DE MAYA, pero desgraciadamente nada le convencía y ni siquiera se acercaba a lo que él tenía en mente como el regalo perfecto porque no sabía lo que era un regalo de cumpleaños perfecto. Comenzaba a desesperarse.

¿Un dulce de esa panadería? Sólo le duraría unos minutos y no sabes qué postres le gustan. ¿Un libro? ¿De nuevo, Rah? Puedes pensar en algo mejor. ¿Qué tal una linda blusa? ¿Qué ahora eres su tío? ¡Piensa Rah! Debe ser algo que sepas que le guste y que tenga un significado especial para ella.

La voz en su cabeza se detuvo a la par que sus pies se frenaban frente a una bonita bisutería que, sorprendentemente, era la única tienda con decoraciones del día de los enamorados. ¿Acaso los dioses le estaban dando una señal? ¿Realmente encontraría el regalo de Maya en un establecimiento como ese? Amayah no transmitía un aire como las chicas a las que les gustaba la joyería en demasía más bien, era todo lo contrario; Nomura era una chica sumamente sencilla y los pocos accesorios que utilizaba eran hermosos pero bastante normales a comparación de los collares, pulseras y zarcillos exhibidos detrás del cristal, los cuales parecían ser de la más alta calidad del mercado. Seguía con dudas, ¿realmente encontraría el regalo de su amada en una joyería de lujo? No lo sabía del todo, pero aún así abrió la puerta de cristal para entrar.
Los dioses me detuvieron acá por una razón fue lo que se dijo como consuelo tras cerrar el portal detrás suyo y detallar con impactante sorpresa el interior de la tienda. El muchacho no supo cómo describrir aquel lujoso y tranquilo lugar, nunca en su vida había visto tantas جوهرة ثمينة reunidas en una tienda, no había vitrina alguna que no estuviera repleta de accesorios finos y hermosos. La sorpresa se transformó en incomodidad, pues nuevamente se preguntó si ese tipo de cosas eran del agrado de su amada. Tragó fuerte y se dio media vuelta, tendría que seguir buscando.

¡Espera! —La suave voz de una mujer le detuvo en el acto. Al voltearse se encontró con la silueta de una bella dama de ojos color rosa chicle, de largo y bien cuidado cabello negro el cual se hallaba adornado con dos inusuales broches con forma de alas de mariposa. Sus facciones eran bellas, pero su semblante alarmado y preocupado hacía un contraste bastante curioso—. Lo siento, estaba en la parte de atrás y no oí la campana de la puerta —exclamó, acercándose al estudiante—. Mi nombre es, Mitsuri ¿En qué puedo servirte? —La cercanía que tuvo y el tono amable que empleó fueron suficientes para sonrojar al muchacho, quien tuvo que echarse para atrás un poco por la vergüenza.
No, yo… vine a ver nada más.
¿Sólo por eso? —Cuestionó sonriente la mujer frente suyo—. Parece que realmente vienes a hacer otra cosa.
No, bueno… —Rashidi suspiró y llevó una mano a su nuca para rascarse lentamente—. La verdad es que vengo a comprar un regalo para alguien que me gusta.
¡Oh! Un enamorado —el chillido de la vendedora le dibujó una mueca en el rostro—, qué lindo que quieras regalarle algo a tu novia… pero… el día de San Valentín es en una semana, querido.

El sonrojo en el rostro del moreno se intensificó aún más.

N-no es mi novia… aún… —susurró con claro bochorno.
¡¿Qué?!... Oh, entiendo, están en proceso de.
Algo así… —volvió a susurrar, recordando los pocos pero inolvidables momentos que había pasado junto a la chica—. ¡Pero esa no es la razón! Ella está de cumpleaños y… necesito un regalo para ella.
Oh… ¡Chico! Haber empezado por ahí —la dependienta rió divertida, amén del sonrojo avergonzado del aspirante a héroe.

La alegre mujer se dio la media vuelta, indicándole con un ademán que le siguiera hasta una de las vitrinas situada en el fondo de la tienda. La de adornos de mariposa pasó por detrás del aparador e inmediatamente lo abrió para luego sacar una cajita brillante.

Wow… son… bonitas —exclamó el imán humano tras observar los objetos de valor.
Sí, seguro que a tu chica le encantaría verse con alguna.
La verdad… —Rashidi posó sus ojos con intriga por las esmeraldas, los rubíes y los zafiros—. Es que no, no veo a Maya portando ninguno de estos… son preciosos pero no lo veo.

La mujer quedó impresionada… ¿cómo a una chica no le gustaría una joya tan preciosa? Entendía y respetaba a las mujeres que no le gustaba ese tipo de accesorios tan extravagantes… pero es que esas prendas eran sumamente hermosas, cualquiera mataría por tener algo como eso. Con todo, la vendedora suspiró mentalmente, pasando a otra vitrina. Seguro encontrarían algo para la cumpleañera, ¿verdad?

Lo siento… no creo encontrar algo que le guste acá, preferiría regalarle algo mucho más… sencillo —ni el tono suave de Rah pudo relajar la tensión que sintió Mitsuri tras escucharle.

¡¿Sencillo?! Ese muchacho tenía que estar bromeando, ¿acaso no veía que estaba en una zona altamente cara? No iba a encontrar sencillez en un lugar como ese. Suspiró mentalmente por segunda vez. Además, por qué carajo no lo había dicho antes, de haberlo hecho en un principio ni siquiera hubiera intentado mostrarle los accesorios. ¿Cómo recuperaría esos minutos desperdiciados? Fácil, le mostraría las cadenas y pendientes de la tienda, quizá ahí encontraría algo que le convenciera de una buena vez por todas.

Esto es lo más "sencillo" que tengo —suspiró la mujer de largo cabello negro.

La mueca de incertidumbre volvió a aparecer en el semblante de Rah, produciendo un tic nervioso en el ojo derecho de la comerciante. Era inaudito y hasta rayaba en lo absurdo el cuidado del muchacho por aquel obsequio. Quizás podría ser ignorante y una completa ajena a la relación de ellos, pero…

Lalbay posó su mano en una fina cadena dorada, decorada únicamente con un corazón en forma de rubí y con los bordes dorados, parecía poder ajustarse para usarse como una pulsera. Era precioso, sin duda y seguramente a Maya le gustaría. Sin embargo, la indesición volvió a aparecer en el rostro y pensamiento del árabe, tanto así que hasta llegó a cuestionar a los dioses antiguos por haberlo llevado a un sitio tan glamuroso como ese. Suspiró y echó la mirada a un lado como si estuviera buscando algo que le hiciera recuperar la fé que perdió en la decisión del panteón ancestral. Sus dorados orbes miraban las estanterías, “buscaba” entre todas esa joyas algo que a su ángel le…

¡Ese! —Gritó con los ojos bien abiertos y apuntando con su índice izquierdo al objeto que se hallaba detrás de ella. Asustada, Mitsuri volteó, impresionandose en el proceso por el objeto que señalaba el chico.
¿Estás seguro? Es solo un…
No importa, lo quiero, es perfecto para ella —respondió con una sonrisa y semblante tan alegre, que Mitsuri no tuvo de otra más que entregarle lo que pedía.

[...]

Taishi Honō caminaba entre el pasto y la delgada nieve del patio de la academia, vistiendo de una manera bastante semiformal. La razón de su presencia en aquel tranquilo lugar era bastante obvia; como joven intelectual que era, Tai supuso que la celebración del cumpleaños de su compañera de clases se llevaría acabo en un lugar lo suficientemente grande y tranquilo como para festejar en familia, y el jardín de Rengō era el lugar ideal para eso.

No tardó en escuchar el festivo bullicio que le indicó lo bien encaminado que iba, por lo que escuchaba, parecía haber un buen ambiente. Cuando llegó, los presentes tardaron en darse cuenta de su presencia por estar sacando todas las cosas que habían preparado para la celebración, pero cuando lo hicieron, no despegaron su atención del pintoresco joven de piel tostada.

Amayah evidentemente era la más sorprendida, pues si bien conocía al chico por ser parte de su clase, nunca antes había entablado conversación alguna con él. No sabía nada de él más allá del hecho de que era el hermano gemelo del desagradable Eishi Honō. Verlo presentarse tan caballerosamente ante todos fue tan extraño, que la cumpleañera no tardó en levantar sus defensas y activar sus alarmas cuando lo vio acercarse con una sonrisa.

Feliz cumpleaños, Nomura.
Gracias, Honō —replicó con la misma cordialidad que él.
Luces muy bonita —exclamó naturalmente y sin ninguna mala intención el de ojos azules. Con todo, Amayah arrugó la nariz.

Las vibraciones que percibía del chico humo eran sinceras y no ocultaban ningún sentimiento extraño a diferencia de su hermano mayor. Sus expresiones y la forma en la que le miraba transmitían un aura que contrastaba enormemente con las del otro Honō, a pesar de que no parecía tener ninguna intención oculta, Amayah no bajó la guardia y siguió atenta a cualquier cambio en las ondas del chico.

¿Cómo te enteraste que era mi cumpleaños, Honō? —Preguntó, curiosa por la respuesta.
Cuando esté acá junto a ti, sabrás la respuesta a esa pregunta —exclamó, sonriente. Amayah quedó con más dudas luego de aquella respuesta tan confusa.

Taishi no hizo otra cosa más que reír divertido por la expresión de su compañera, quien inmediatamente hizo un mohín de disgusto. Honō iba a terminar con ese juego y resolver sus dudas pero una silueta detrás de Maya le dejó sin habla. Al verla, su mente viajó a ese charla que tuvo con su hermano semanas atrás.

El mayor de los gemelos parecía embobado, casi idiotizado, como si su mente hubiera viajado a otro lado y dejara su cuerpo tirado en aquel sofá.

¿Hermano?
Era preciosa —susurró para sí mismo.
¿Quién? ¿Rivka?
Tch… no… digo… —Eishi frunció el ceño y revolvió su cabello con fuerza—. No la conoces.
Oh~ ¿y de quién se trata? —La curiosidad comenzó a percibirse en el tono del moreno.
¿Sabes quién es Amayah Nomura?

¿Saber quién era Amayah Nomura? ¿En serio su hermano estaba preguntando eso? ¡Claro que sabía quién era! Después de todo, su único amigo en el aula no paraba de comentarles lo hermosa que era. Que le preguntara eso era realmente estúpido.

Sí, Ei, claro que la conozco —rodó los ojos—. Rah no para de hablar de ella, pero qué, ¿se la quieres quitar? ¿Desde cuándo te volviste tan bastardo?
¡No idiota! Amayah la conoce, es una amiga suya, las vi hablando cuando regresamos a la academia y es… ¡dioses! Tai, no tiene comparación.
Hmm… tendría que verla por mis propios ojos —pensó el de piel morena antes de volver a centrarse en el libro que tenía entre manos.

Al momento de volver a la realidad, Taishi tuvo mucho para sorprenderse pues su gemelo tenía razón respecto a la amiga de Amayah. Esos hermosos ojos de un intenso rojo y ese rostro tan perfectamente delineado y fino, por un momento sintió todo su interior revolverse por ver a aquella estudiante de secundaria acercarse animadamente para hablarle.

¡Hola! —Taishi por unos escasos segundos se sintió ido luego de escuchar a la amiga de Amayah—. Tú debes ser uno de los compañeros de Maya, mucho gusto, mi nombres es Michiko Jesbell.

Por primera vez en su vida, Taishi percibió lo que era estar un poco fuera de si por la presencia de una chica. Jesbell era ridículamente preciosa y ella tenía ese *no sé qué* que le hizo perderse. Con que así se siente, pensó mientras la imagen del árabe se proyectaba fugazmente en su cabeza. Con todo, Honō menor logró controlarse un poco y guardar las apariencias para evitar alguna clase de malentendido.

Michiko Jesbell —repitió en un susurro—. Tienes un precioso nombre —exclamó con seguridad y de manera atrevida, logrando que Amayah acentuara un poco el gesto de disgusto—. Efectivamente, soy un compañero de Nomura y el placer es todo mio, mi nombre es Honō Taishi, pero puedes llamarme como mejor te parezca —concluyó haciendo una reverencia.

Tras esa pequeña presentación, Jesbell salió de escena con una linda sonrisa para ir a ayudar a la madre de su mejor amiga con los obsequios.

Taishi no despegó su vista de la figura de Michiko.

No te atrevas —fue lo que escuchó segundos antes de mirar a la cumpleañera, quien tenía el ceño ligeramente fruncido.
¿A qué?
Esa mirada, la conozco —quizá Bell no lo habría notado por la vibra del momento, pero Maya sí se dio cuenta que, tras las palabras cordiales del muchacho, se hallaban ocultas intenciones que, si bien no eran iguales a las que percibía de Eishi, no hacían más que aumentar la sensación de precaución—. Tú y tu hermano la comparten.

El tono acusador de Amayah y sus gestos faciales le hicieron comprender la situación mientras maldecía mentalmente al idiota de su hermano. Era una costumbre que no se podía evitar, un patrón que se repetía una y otra vez gracias al comportamiento del mayor de los Honō. Debía aclararlo antes de generar un malentendido más grande del que debería.

Disculpa Amayah —exclamó antes de mirarle tranquilamente—, creo que estás malinterprentando por completo la situación, y creeme, lo comprendo.
¿Qué cosa?
Piensas que soy como mi hermano —le sonrió—, pero la realidad es otra y para serte sincero, no tienes nada de qué temer.
Tengo mis dudas —exclamó, relajando los hombros un poco gracias a la sinceridad en las vibraciones del muchacho, aún así, no iba a dejarle el camino a su mejor amiga tan fácil. Taishi rió suavemente.
Y lo respeto. Pero te repito, no soy como él.
Seguiré teniendo mis dudas… —susurró antes de irse a la mesa para ayudar.

Tras eso, Sumire Dazai apareció junto con Kai en brazos. Terrence la reconoció al instante y por supuesto, se acercó para ayudarla con el regalo de su hija. La muchacha se presentó junto con el infante, de la misma forma cordial que Tai. Como eran los únicos compañeros de Amayah dispuestos a compartir, los Nomura les ofrecieron quedarse junto a ellos con la condición de traer una silla aparte para poder sentarse en la mesa. Los dos estudiantes aceptaron sin reparo y fueron en busca de los dos asientos.

A pesar de todo, Maya parecía bastante alegre de poder convivir de esa manera tan amena con sus seres queridos. Para cuando sus compañeros volvieron, todos se hallaban cómodos en la mesa. Amayah tomó lugar en un extremo, acompañada de Yael a su izquierda y de Bell a su derecha, su hermano se sentó al lado del velocista. Del otro extremo de la mesa, se encontraban Terrence, Vivaldi y Harumi. Rowan y Markus se situaron a cada lado de la mesa. Taishi decidió entonces tomar asiento al lado de Jesbell, pues tenía intenciones de charlar un poco más con ella. Sumire decidió sentarse al lado de la hermana mayor de Maya.

A pesar de haber dos personas totalmente ajenas a la familia, la atmósfera seguía siendo igual de alegre. Los Nomura habían encontrado la manera de poner en contexto a los amigos de la cumpleañera y los mismos lograron adaptarse a la convivencia, aportando sus propias experiencias y opiniones a los diferentes temas de conversación. Lamentablemente, la presencia de Sumire en el cumpleaños de la menor de la familia se vio interrumpido por el pequeño Kai; gracias a todo el movimiento que tuvieron en el transcurso del día, el infante se quedó dormido en los brazos de su amada tía. Vivaldi, como buena y atenta madre que era, no tardó en sugerirle a la estudiante que lo mejor sería llevarlo a la habitación pues le sería incómodo a ella celebrar y mantener al pequeño totalmente dormido, además, no había ningún problema que fuera la primera en levantarse de la mesa, después de todo, lo importante había sido ese período de tiempo que compartió con la familia de su amiga. Amayah no pareció tener ningún problema con el asunto, pues compartía la opinión de su madre con creces. Sumire se disculpó innecesariamente y luego se marchó, dejando el asiento que ella misma trajo totalmente libre.

Sin embargo, aquella silla junto a Harumi no duraría mucho tiempo vacía.

Los dorados de Amayah se posaron en la figura del muchacho que había llegado a la celebración e inconscientemente sonrió agradecida. El de piel morena
vestía una camisa roja abierta y arremangada, debajo de ella poseía una franela negra que hacía juego con su jean oscuro y zapatillas blancas. En sus manos se podía observar una pequeña caja, envuelta en papel de regalo rojo y un lazo dorado, justo los colores favoritos de su angel. Taishi miró a la cumpleañera y sonrió, por fin había llegado.

El semblante relajado del recién llegado contrastaba enormemente con la forma en la que sostenía el obsequio de Nomura. Los presentes posaron su vista en el muchacho, empeorando la situación un poco. Ver a toda la familia reunida y que se hallaran esperando por su presentación le hacía sentirse… indescriptiblemente nervioso, aún así, debía hacerlo aunque fuera demasiado pronto.

Soy… ahm… Rashidi Lalbay, un compañero de clases de ángel… —rápidamente las mejillas del moreno se sonrojaron, había dicho el apodo de la chica como si nada, enfrente de toda la familia. Tenía que corregirlo— . Digo, Amayah.

Fue en ese entonces que el muchacho pudo sentir como la alegría pasaba a ser tensión en cuestión de segundos. Quizá había sido el ambiente o tal vez eran los nervios, el punto era que no se sentía cómodo a pesar de ver la sonrisa divertida en el rostro de Harumi y sentir la mirada interesada de Vivaldi sobre él; Terrence, Jes y Riku se encontraban serios y silentes. Amayah por su parte, animaba mentalmente a su compañero pues podía notar el nerviosismo que recorría cada célula de su cuerpo.

Se sentía extraño, los músculos de sus hombros se pusieron rígidos por la tensión de la atmósfera. La caja del regalo en sus manos parecía estar hecha de un material bastante resistente, pues el árabe aplicaba una fuerza considerable. Su garganta se secó quitándo de raíz toda capacidad para hablar. Sentía de manera ignorante que la razón de todo ese sentimiento se debía al error que cometió al presentarse con su nombre primero en vez de su apellido, ¿pensarían que estaba siendo un grosero? Tal vez debería aclararlo para alejar la pesadez. Su vista pasó a Maya y por unos segundos, recuperó un poco la confianza en sí mismo. No podía pedir ayuda, pues era una situación que debía superar a su manera. Relajó un poco las manos y suspiró, regresando su vista a los padres de su ángel.

Lo siento, sé que debería presentarme por mi apellido primero… aún no me acostumbro a las tradiciones de Japón a pesar de llevar un año viviendo acá —tras eso, volvió a posar su mirada en Amayah, quien le sonreía amén del disgusto de sus mejores amigos.

La tensión se despejó cuando Vivaldi y Harumi se presentaron, seguidos del resto. Fue la mayor de los hermanos Nomura la que le sugirió al hijo de Egipto que tomara asiento a su lado. Rah caminó con verguenza y, cuando estuvo a punto de sentarse, se dio cuenta que aún tenía el regalo de su amada entre sus manos. El chico regresó sobre sus pasos y le entregó el regalo a la chica de sus sueños.

No lo abras ahora, ángel —le comentó, sin saber que el contenido ya había sido descubierto—. Por cierto… te ves preciosa como siempre —susurró para que la familia no le escuchara.

El sonrojo fue visible para todos los presentes y la mayoría (por no decir todos) no pudieron comprender lo que le sucedía a la hermosa sensora. Después de todo, ellos no sabían lo que ella sí.

La cadena ajustable y el accesorio en forma de alas habían sido un gran detalle, como también aquel broche de rubí en forma de corazon con borde de oro. Sin embargo, lo que realmente le había llegado a la menor de los Nomura había sido el halago y el mensaje escrito en aquel pequeño papel escondido entre los objetos.

Porque los ángeles tan bellos como tú necesitan alas para poder volar.

LadyAzulina LadyAzulina Feliz cumple al ángel más precioso c:
RocioJ RocioJ dele ps, escriba
Relikt Relikt
 
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