Original Fic OBLIVION -FINAL-

I-AM-ROSY!!

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RECOMENDACIÓN: ANTES DE LEER ESTE FIC, LEE TODA LAS PARTES EN ESTE ORDEN:

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Ahora empezamos con OBLIVION: La saga de Iris

Dejo este glosario nwn para recordar algunos aspectos de esta historia.


REGALEA:
Imperio creado por Magna, la ciudad principal lleva su nombre y está ubicada al Sur del continente, en una isla unida a él por medio de un estrecho. Muy semejante a lo que fue la gran metrópolis romana.

VOBODNIL:
Reino que antes era libre, que era conformado por las tierras del Norte y Este. Conocido por sus grandes bosques.

GEGLACEED
: Reino al Oeste del continente, el territorio más frío lleno de bosques de pinos.

ROSU PAMANT:
Reino central, se unió a Geglaceed y formaron por un largo tiempo el gran reino de Cetatea. Actualmente se le conoce como Urs Maxima.

SCHWARZWALD:
Reino oscuro que existe en las sombras, es un pasaje para las almas en pena el cual está a cargo de Seele.

ELEMENTOS:
Seres divinos que representan los poderes de la naturaleza. De mentalidad egocéntrica y vanidosa, fueron exterminados por Magna, quien asumió la responsabilidad de mantener el equilibrio mágico del mundo, siendo la que tomó el lugar como mayor deidad.

ETERNA:
Humano que, por castigo de los elementos, maldición o nacimiento, pierde su mortalidad, convirtiéndose en seres inmortales. Sus características principales son las alas mágicas que emergen de su espalda, sus ojos dorados y que no pueden envejecer, su edad queda estancada al momento de hacerse eternas. No pueden morir, no reciben daño de armas humanas a excepción de armas hechas con oricalco u oro, los únicos metales que son dañinos para ellas. Su fuerza no es mayor a la de un humano, depende de la propia eterna la capacidad en la que su poder aumentar al convertirse en eterna.

ETERNA ORIGINAL:
La primera eterna, conocida por ser la más fuerte al ser una humana que fue creada por los elementos para que sirviera de recipiente mágico para ellos. Al revelarse, fue convertida en eterna. Su poder se puede tomar como lo más cercano a divino, su característica principal son sus alas doradas. Actualmente, la única confirmada es Magna.

GUARDIAN ESPIRITUAL:
Título dado a personas de gran capacidad física y voluntad para proteger a los pueblos de cualquier enemigo de naturaleza oscura. En el principio de los tiempos, no se les permitía agredir a humanos, actualmente, tienen esa libertad siempre y cuando el motivo lo pida.

SER OSCURO:
Ser con orígenes relacionados a la magia con afinidad de la oscuridad, o nacido dentro de Schwarzwald. Tienen la capacidad de poder entrar a dicho reino sin sufrir la presión por la magia oscura. Al no ser seres que siguen las reglas del tiempo, obtienen la categoría de eterno, pero a diferencia de ellos, pueden ser heridos por cualquier arma de acero y plata.

MAGIA:
Esencia que mueve a la naturaleza, antes custodiada por los elementos, al desaparecer ellos, Magna y las demás eternas han estabilizado la magia presente en el mundo.

HERALDO DE LA MUERTE:
Cargo que la reina oscura, Seele, da a un ser oscuro para hacerse cargo de la recolección de las almas de las personas en pena.

SERAFÍN:
Humano elegido por los elementos para ser traído de la muerte, con una misión en mente. Este humano fue dotado con las virtudes de un eterno, pero estaba atada su existencia al cumplimiento de su misión. Sus características son similares a un eterno, pero sin cambiar el tono de sus ojos y un aura divina que es capaz de erradicar la magia oscura. El único existente es Norwell.

ALBINA:
Nombre que se le dio a Ankhara, nacida de un serafin y de la eterna dueña del reino oscuro. Tiene todas las virtudes de un serafín y un ser oscuro, su característica principal es su cabello blanco, piel albina, ojos rojos y alas con plumas que parecen cristales de color rosa.

HÍBRIDAS
LOBO
: Son seres nacidos de una eterna con un lobo, son seres inmortales con fuerza, agilidad y sentidos aumentados por su sangre de lobo. Su principal característica es que parecen chicas normales con orejas y colas de lobo. No pierden sus orejas humanas, pero estás quedan como un órgano residual y estético.




Años pasaron y la calma regresaba al continente. En poco tiempo, la emperatriz logró unir los pueblos de todo el continente y crear una sola gran nación que dividió en sectores, siendo la más importante la propia Regalea. Vobodnil tomaba las tierras del Norte y Este, siendo resguardada por Gaile, Junno y Beatrice tomaron posesión del cuidado de las tierras de Geglaceed al Oeste, y lo que antes fue llamado Cetatea, cambió al nombre de Urs Maxima, creándose una gran ciudad en el centro del continente que funcionaba como una capital para los territorios en la isla mayor del continente, que quedó bajo cuidado de Orión y sus hermanas, Dheneb y Altair.

Por quince años, todo funcionó de maravilla, al ver esa situación, la emperatriz decidió que era tiempo para que todas las eternas descansarán otra vez, dejando a cargo del reino a su sobrina, Ankhara, y a su esposa, Sol. Seele y Norwell por fin decidieron descansar, al ver la insistencia de Urya por hacer su labor de heraldo de la muerte, siendo asistida por Raviel, quedando la nueva generación con la responsabilidad de mantener el progreso de toda Regalea. La revelación para el pueblo fue mayor, pues antes de que la emperatriz descansara y tras quince años de ocultarlas, reveló a Skyli, Lykos y a su hermana, Anthea, las nuevas guardianas de Regalea, hijos de Ankhara y de Urya. La leyenda que inventó fue que esas niñas nacieron por la bendición del pueblo que, al ansiar prosperidad, esas niñas y el lobo enorme nacieron para representar una nueva época de prosperidad para todos, de ahí que nacieran con rasgos de lobo, los que fueron los guardianes originales de la tierra. Ankhara temía que no fueran bien recibidas, pero para sorpresa de ella, la gente recibió con cariño a las chicas y a Lykos, tratándolas como lo que eran, sus guardianas, la pequeña reina podría gobernar sin preocupaciones.

Cinco años pasaron de eso, y el reino siguió creciendo en prosperidad, la gente amaba a su pequeña reina, Ankhara, a quien veían como un ángel con sus bellas alas de cristal rosado, su aspecto infantil y sonrisa dulce, aunque era muda, su adorada esposa Sol, siempre le interpretaba a su pueblo las palabras de aliento de ella hacía todos, alegrándoles el corazón. Ankhara era una reina muy cercana a su gente, solía visitar escuelas y hospitales, jugar con niños en cada parque al que iba, era consentida por los ancianos y mujeres que, con todo el respeto, la veían como su líder y como una niña adorable. Mientras ella atendía todo eso, las más jóvenes de las eternas se la pasaban cuidando los alrededores de la isla, pero en su tiempo libre, se dedicaban a lo que más gustaban hacer, amarse.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Una pradera verde era el campo de juego de dos hermosas jovencitas que poseían una peculiaridad. Mientras ellas corrían desnudas al jugar a atraparse, sus orejas y colas se agitaban, partes de su cuerpo heredadas de su padre que era un lobo. La más alta, que era la rubia, alcanzó a la otra, de cabello negro, atrapándola de la cintura para tirarla al césped, empezando a reírse las dos, mientras movían sus colas por la alegría, dándose pequeños besos y lamidas en sus labios y narices mezclados con el rubor de sus mejillas.


- Me ganaste otra vez. -


- Es por qué te distraes mucho, hermanita. -


- ¿Cómo te concentras cuando andamos desnudas? -


- Fácil, por qué sé que, si te atrapo, pasará esto. -
Sonrió Skyli lamiendo lentamente el cuello de su hermana, cruzando sus dedos con los de ella, viendo como su hermana menor cerraba los ojos.

- Mmm… hermana… nos pueden ver. -


- Esta pradera es nuestra, mi madre tiene prohibido que cualquiera se acerque aquí, puedo comerte a gusto.


- Ustedes no cambian… Skyli ¿Por qué no dejas de estar encima de tu hermana? -
Dijo una voz emergiendo de un portal oscuro, dejando ver que era una joven alta, de piel algo grisácea, largo cabello negro y mirada algo fría, con una armadura negra y una oz de calaveras.

- Por qué a mi hermanita le gusta ser mi hembra, yo soy el macho de la relación. -


- Pero tú no tienes pe… Perdón, siempre tenemos la misma discusión, se nota que eres hija de él, no sabes cómo compadezco que mi hija te sea devota. -


- ¡Mamá! ¿Qué te trae por aquí?
- Habló emocionada Anthea corriendo para abrazar a su mamá, moviendo su cola.

- Perdón por no visitarlas, el trabajo de heraldo nos tiene ocupados a tu padre y a mí… Niñas, las ocupamos, tenemos una misión para ustedes. -


- ¿No pueden las demás? -
Preguntó Skyli poniéndose su vestido y ayudando a Anthea a vestirse.

- Sabes que las únicas guardianas de Regalea son ustedes junto a su hermano, pero él es solo un niño. -


- ¿Un niño? Lykos es más fuerte que papá. -


- Sí, pero es un miedoso, solo quiere estar pegado a su madre, no perdamos tiempo.
- Habló Urya abriendo un portal oscuro con su oz.


Las jovencitas lobeznas y la heraldo de la muerte aparecieron en la sala imperial, donde la pequeña Ankhara estaba frente a ellas en el gran trono, luciendo tan linda como siempre con un vestido blanco que camuflaba su piel y su cabello, saliendo a relucir sus brillantes ojos rojos, tomando su mano derecha, estaba Sol, con una armadura roja, y al otro costado, Lykos, su enorme lobo hijo, estaba recostado.


- ¡Mamá! -


- “Hija”
- Dijo Ankhara con su mente mientras Skyli corría a ella para abrazarla. - “Tenía días sin verte”. -

- Perdóname, estaba jugando con Anthea. -


- ¿Y a mí nadie me piensa saludar? -


- ¡Papá!
-Gritó Anthea viendo que, al otro lado de la sala, estaba un gran lobo de pelaje intensamente negro como ella, al verlo, Skyli y ella salieron corriendo a abrazarlo.

- ¡Papá! Hace mucho que no te vemos. -


- Ha pasado solo un año, sabes que el trabajo de recolectar almas no es fácil. -
Hablaba el lobo a sus hijas mientras las dos apenas podían abrazar su gran cuello. - se han puesto preciosas, hijas, son unas bellas lobas, tan bonitas que… -

- Raviel ¿Qué te dije sobre ver a tus hijas con negras intenciones? Tendrán sangre de lobo, pero fueron criadas como humanas, nada de querer copular con ellas. -


- A veces pienso que tienes celos, no te preocupes Urya, el corazón de esta bestia te pertenece. -


- Tu corazón, pero no tu pene, no creas que te he perdonado que te atreviste a hacerlo eso a la emperatriz. -


- No me arrepiento. -


- Mamá Sol ¿Por qué nos hablaron? -


- Niñas, hay una distorsión de magia en el Urs Maxima, queremos que vayan a averiguar que está ocurriendo. -


- ¿No es de la jurisdicción de la tía Orión y sus hermanas? -


- Lo es, pero ellas no son capaces de detectar la magia, el olfato que ustedes tienen es único, es mejor que nuestra capacidad de percibir la magia. -


- “Es de extrema importancia, hija, tu abuela fue la que puso los sellos de Urs Maxima, pero ella está descansando, no podemos arriesgarnos a poner un sello nuevo sino sabemos qué tipo de magia está usándose para distorsionar la barrera que tiene.” -


- ¿Para qué sirve esa barrera? -


- Es una barrera para purificar el aire, la contaminación del centro del continente era el más alto, por eso la reina oscura puso esa barrera, así la gente podría respirar aire fresco mientras el sello seguiría purificando el aire, faltan cinco años más para que termine la purificación completa, por eso no podemos dejar que el sello caiga. -


- ¿Por qué no le hablan a la abuela? Extraño que esté jugando con mi vientre y me rasque detrás de las orejas. -


- “No puedo hijo, les prometí a tu abuela y tus tías que yo podía atender los problemas del imperio”.
- Dijo Ankhara a su hijo para voltear a las lobas. - “No irán solas, llevarán a una joven que quiere ser una guardiana espiritual. “-

- ¿Una joven? Madre, nosotras corremos muy rápido, llevar a una humana nos atrasará. -


- Es una orden, niñas, esta jovencita ha demostrado tener una gran capacidad para el combate cuerpo a cuerpo, y fue detectada desde niña como una prodigio de la escritura imperial, la letra que usaban Magna y Seele para sus conjuros, así que la necesitarán. -


- Ni modo, alguien nos hará mal tercio. -


- Perdóneme si piensa que soy inútil, princesa, pero le demostraré que soy de fiar.
- Dijo una joven de cabello rubio dorado con ojos color ámbar y vestimenta militar.



- No me refiero a confianza, sino que así Anthea no se dejará querer si alguien está cerca. -


- ¡Hermana! -


- Ella es Cinthya Mornie, una regaleana que es de las pocas de nuestra ciudad que han logrado egresar de la escuela de esgrima que fundaron Beatrice y Junno, y es una de las egresadas más jóvenes, apenas cumplió dieciséis y ya es una espadachina elite. -


- Gracias por confiarme la misión, reina, le aseguro que no estorbaré a su hija y cumpliremos formidablemente con ello. -
Habló la joven arrodillándose frente a Ankhara y acomodando sus lentes.

- “Ya tienen un carruaje listo, salgan en cuanto antes, hija, cuídense mucho por favor.” -


- Está bien mamá, te amo.
- Dijo Skyli acercándose a su pequeña madre para besarle en los labios como despedida, así como a Sol en la mejilla.


Las jóvenes se despidieron de su familia, así como Cinthya de Sol, al ser la líder de las guardianas en ese momento. Al retirarse las chicas y ver que estaban a solas en la sala, pues Sol no permitía el ingreso de los demás cuando había una junta imperial, Raviel se acercó a la pequeña reina, quien se puso roja al verlo y más al sentir como la olfateaba.


- Cachorra blanca, te extraño mucho ¿Podemos tener un momento juntos? Si es que estas dos mujeres que me miran con rabia detrás de mí nos dejan. -


- ¡Raviel, deja en paz a Ankhara! No puedes hacerle lo que tú quieras cuando quieras. -


- Lobo idiota ¿Podrías actuar como si no estuviera yo presente? -


- Papá, a mamá le incomoda que estés cerca de ella, le das miedo. -

- No es miedo hijo, ella actúa así por qué la pongo nerviosa. -

- “Yo… Solo… Ya sabes, no lo hagas adentro de mí, mi mamá dijo que ya no debo de tener más hijos”.
- Respondió Ankhara tiernamente dejando sorprendidas a las demás, parándose y caminando hacia su habitación, siendo seguida por Raviel.

- Ankhara, no tienes que hacerlo. -


- “Yo… soy… soy también su pareja, Sol, por las leyes de su raza, y… quiero que mis hijas vean que me llevo bien con su papá.” -


- Ankhara… -


- Hay veces que preferiría que recuperara su memoria, la anterior no hubiera sido tan permisiva con él, seguro le hubiera roto la nariz si lo intentaba nuevamente. -


- Lo sé, pero amo a esta Ankhara, es tan dulce y tierna, que no quiero dejarla sola…
- Respondió Sol caminando hacia el cuarto empezando a desvestirse.

- Bueno… ya que estamos así. -



Las tres eternas entraron a la habitación ya en ropas ligeras, esperando saciar el deseo de aquel animal, durante ese tiempo, Sol y Urya habían tenido sus momentos de intimidad, pero solo era por curiosidad de estar con su mejor amiga, pues ambas sabían que sus corazones estaban flechados por alguien más.

En Urs Maxima, una jovencita de no más de quince años trabajaba en su habitación con paredes llenas de hojas con textos extraños, un lenguaje perdido que seguro nadie más se preocupaba por entender. Iris, como se llamaba la jovencita de ojos azules, había escuchado la leyenda de las fundadoras de esa ciudad en el orfanatorio donde fue criada y vivía todavía, historias que le cautivaron y ansiaba conocer más. La curiosidad de ella le llevó a curiosear entre toda la ciudad, encontrando viejos documentos y libros los cuales estudiaba, para poder averiguar algo, si la magia era solo cuestión de las diosas de sus leyendas, o una persona común podía usarla. Sin saberlo, esa chica había empezado a despertar en ella un aura mágica, propia de las personas que eran afines a un tipo de magia, ella es quien estaba causando la distorsión al jugar con la lengua que usaban Seele y Magna.



- Esto significa… colmillos… hora de la noche… -
Pensaba la chica traduciendo una hoja, notando que de su pluma de ave una luz azul empezaba a emerger. - ¿Y esto? -


Frente a ella, varios seres de luz emergían de los dibujos, como si su tinta cobrara vida, y de pronto, esa luz la cegó, al abrir los ojos, esas luces pequeñas seguían revoloteando alrededor de ella, haciendo que se parara y se viera al espejo, sorprendiéndose.


- ¿Qué? Pero… ¡Tengo orejas y cola! ¡Manos peludas! ¡Y bigotes! -
Hablaba la chica mirándose al espejo, notando que la cola y orejas se podían mover. - espera… ¿Y mis orejas normales? ¡Aquí están! Pero escucho con las de arriba… Puede que al salirme estas las otras quedaron como órganos residuales, sorprendente… espera… ¡MAGIA, HICE MAGIA! -


La chiquilla empezó a leer más textos y traducirlos viendo como las luces alrededor de ella aumentaban y se movían con mayor vida, estaba tan contenta que agarró un puñado de hojas y su abrigo y salió corriendo de la emoción, sin notar que se suponía que era de mañana, pero por algún motivo las calles se estaban oscureciendo, solamente iluminadas por esas luces que ella creaba.


- ¡SI, HICE MAGIA! ¡HICE MAGIA! ¡Si se lo enseño a la guardiana de la ciudad, me dejará ir a la academia de Regalea! -




Iris estaba emocionada, sin saber que lo que había hecho, estaba alterando la estabilidad de la magia en su ciudad, la barrera cedería en cualquier momento.





Y empezamos esta nueva saga, ahora con la hija de Ankhara, Skyli (Significa perro :d en griego)

Y su hermana menor, Anthea, hija de Urya. (Anthea significa flor :3 en griego)


Hijas del mismo padre, u3u enamoradas la una de la otra ¿Qué rayos está provocando Iris?
 
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Pues de Urya ya sabías, digo, es la pareja romántica de él, Sol, pues ella lo dijo, no le gusta dejar a solas a Ankhara con él, además, Sol y Urya se han hecho muy buenas "amigas". =3 En el siguiente capítulo agrego a las demás chicas de esta historia.
¿Qué opinas de saber que Anthea y Skyli se la pasan desnudas corriendo por el bosque dándose amor? XD
 

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- 2 -


Una caverna cercana al castillo de Regalea era visitada por una peculiar rubia de brillantes ojos azules, cuyas alas y apariencia recordaban mucho a la emperatriz de aquel imperio, pero, algo era distinto en ella, un par de orejas y cola de un blanco dorado que salían de su cuerpo. Aquella joven guardó sus dagas tras haber estado peleando, corriendo al interior donde Magna, le recibió con una sonrisa y un gran abrazo para esa chiquilla.




- ¡Mamá, misión cumplida!
- Dijo la chica abrazando a su madre y frotando su mejilla en el pecho de ella quien le frotaba su cabello y reía al ver como movía su colita de lobo. - me deshice de esa manada de cerdos salvajes del pueblo de las colinas de cal. -

- Bien hecho hija, no dejas de demostrarme día con día por qué eres la guardiana en jefe, tu madre Preyvice seguro estará complacida de saber en su momento lo que has hecho en su lugar. -


- Perdón, que pena.
- Habló la joven separándose de su madre para arrodillarse, sintiendo como ella le tomaba las manos para ponerla de pie. - me has dicho que no me comporte así, como lo hacen mis hermanas. -

- Puedes hacerlo siempre y cuando no sea frente al pueblo, hija, recuerda que eres la princesa de Regalea, guardiana espiritual líder del imperio, cuando tu tía Ankhara desee descansar, tú tomarás su lugar. -


- ¿No crees que ya es hora de qué todas se enteren que no entraste en hibernación y qué tenemos una hija?
- Habló con su mente un enorme lobo entrando a la cueva, haciendo reaccionar a la jovencita quien corrió a abrazarlo.

- Tú sabes que debemos de mantenerla en secreto, ella tiene que estar cuidando de sus hermanas y asegurándose que Ankhara no tengas tantas presiones en el continente. -


- ¡Papá, no sabía que habías salido de Schwarzwald! -


- Sabes que Urya me deja salir cada tercer mes a visitar a la familia, pero esta vez, hay un pendiente que tus hermanas trataran de resolver.
- Contaba el lobo sintiendo como su hija le rascaba su vientre y le abrazaba el cuello. - Hola, mi preciosa Magna. -

- ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames por mi nombre? Soy la emperatriz para ti, maldito pulgoso. -


- Mamá ¿Por qué no te llevas bien con papá? Cuando me pides que observe a mis tías, veo que ellas lo tratan muy bien.
- Preguntó con un tono curioso la lobita, haciendo que Magna cruzaba sus manos y frunciera sus cejas.

- ¿Le dices tú o le digo yo? -


- Ni te atrevas, solo, no congeniamos ¿Si? -


- Pero amas a papá ¿Cierto? Tú me has dicho que mi nacimiento te hizo muy feliz, eso significa que mi concepción es algo que ustedes tomaron de manera seria y sentimental ¿Verdad? -


- Por Regalea. -
Pensó Magna presionando sus sienes pues la curiosidad animal de su hija a veces le causaba incomodidades, teniendo que mentirle. - Sí, amo a tu papá, hija, amo mucho a este grande, pulgoso y negro lobo. -

- Lo sabía, eres una mujer muy fuerte y no te es fácil mostrarle tus sentimientos a él que es una bestia, pero sé que, en el fondo, somos una familia muy unida. -

- ¿Solo viniste a amargarme en mi escondite, Raviel? -

- No, quería contarles sobre la misión que harán mis hijas, me gustaría que Ceres les ayudara, creo que es algo grave y ellas no están listas para este tipo de pruebas. -


- ¿Y qué esperabas, papá?
- Reclamó Ceres a su padre cruzando las manos con un tono molesto. - mis hermanas no comprenden que son unas princesas, no tienen que andar corriendo desnudas por la pradera y copulando entre ellas cada vez que se pueda, mi tía Sol y mi tía Urya no se toman en serio sus clases de etiqueta ni el entrenamiento militar. -

- Eso pasa por qué fueron criadas cercas de tu padre, hija mía, les insistí que me dejarán educarlas, pero no, esté maldito tiene a todas encantado y con moverles la cola les convenció de que también les criaría bajo las leyes de su especie, imagínate, si te hubiera dejado cerca de él, andarías por el lodo y comiendo ardillas. -

- ¡Qué horror! Yo no soy una bárbara. -

- Vamos, pulgoso ¿Qué está pasando en el castillo? -



Raviel empezó a explicarle a ambas rubias la misión de Skyli y Anthea, preocupando un poco a Ceres pues sabía que sus hermanas eran algo despistadas, ya que todos los días se la pasaban más tiempo jugando que puliendo sus habilidades, Magna lo notó así que, con una sonrisa y una sacudida en sus orejas, le hizo saber algo.


- Ve con ellas, sé cuánto te preocupan tus hermanas. -


- Gracias mamá. -


- Ellas apenas se irán, si sales corriendo, las alcanzarás. -


- No ocupo correr, papá, nadie vuela más rápido que yo, puedo irme mañana temprano y aun así las alcanzaría. -
Respondió Ceres abrazando a su madre quien le besó su frente. - tengo que despedirme de ella, sabes que si no lo hago se preocupará mucho. -

- Te tiene encantada esa campesina, Ceres. -


- Sí, ella es mi tesoro… Con ella entendí lo que significa desear proteger el amor de nuestro imperio, nuestro mundo, por qué ella es mi mundo. -
Sonrió la lobita mientras su madre le correspondía de la misma manera, hasta que respingó al sentir una nariz húmeda debajo de su falda. - ¡Papá! ¿Qué haces? -

-Te has convertido en una hermosa loba, hija mía, tu aroma es tan parecido al de tu madre, así como tu piel suave y acaramelada. -


- ¡Raviel! ¡Te lo prohibí desde que ella era una niña! Nada de estar mirando a tu hija de esa manera, por más que insistas que es la ley de la naturaleza, que el instinto de tu especie, ella es nuestra hija, compórtate. -


- Ahora si le llamas nuestra hija ¿O no? Siempre quieres desconocerme como su padre. -


- Vete hija, antes de que me veas arrancarle la cola a este pulgoso. -

- Adiós, y quiéranse mucho, por favor, no me gusta verlos pelear. - Habló Ceres extendiendo sus alas de un color dorado transparente, dejando a Magna al lado de Raviel, quien empezó a olfatear debajo de la falda de la emperatriz.

- ¿No puedes controlarte ni con tu hija? ¿Solo piensas en aparearte? -


- Soy el rey de los lobos negros, es mi deber como rey mantener nuestra especie… Tu aroma es exquisito, Magna, ver a nuestra hija, como la loba más fuerte que jamás ha existido, me hace saber el potencial que tienes tú y ella para brindarle a mi raza una generación que asegure la permanencia de nosotros. -


- Deja de pensar en Ceres como otra mujer más, sino fuera porque Ankhara te tiene cariño, ya te hubiera matado ¡Y deja de olfatearme!
- Gritó Magna sonrojándose al sentir la nariz húmeda de esa bestia frotando su braga, jalándole las orejas. - ¡Contrólate! Eres pareja de Urya, deberías de serle fiel. -

- Magna, ver a mi hija me provocó mucho, no sabes cómo deseo darle otro hermano. -

- Maldita sea contigo. - Exclamó la emperatriz empezando a aflojar sus ropas y caminando a un área más profunda de la cueva, mirando por la espalda al animal. - sabes que solo lo hago para que te descargues conmigo, pero promete que dejarás de ver a tu propia hija como si me vieras a mí. -

- Eres tan celosa, pero lo entiendo, como emperatriz, quieres que sea lobo de solo una hembra, de ti. -


- En verdad tienes una mente muy retorcida. -
Dijo Magna sintiendo como el animal se le echó encima, empezando a frotarse con él mientras ella solo cerraba los ojos y pensaba. - Animal estúpido, eres tan fácil de manipular, no sabes cuánto asco me da ofrecerte mi cuerpo, pero lo hago por Ceres… Además, me tomé preocupaciones, por más que lo intentes, no volverás a preñarme, animal enfermo. -


En un bosque a las orillas de Regalea, la joven loba dorada descendía, escondiendo sus alas y cargando en sus brazos una cesta de víveres, entre ellas, el más suave y dulce pan, entre ellos, roles de canela, los favoritos de la chica a quien visitaba. Ceres caminó hasta llegar a un claro, donde estaba una hermosa damisela con un llamativo vestido blanco, con una trenza que llegaba casi al suelo y un candente cuerpo acompañado del rostro más angelical que alguna vez vio, coronado con dos brillantes y profundos ojos color zafiro, de ahí su nombre, Zefir.



- Hola. -


- ¡Ceres! -
Exclamó la chiquilla corriendo hacia ella para abrazarla con fuerza, sonriendo con un lindo sonrojo al verla de cerca. - pensé que no vendrías esta noche. -

- Sabes que estoy muy ocupada, pero no me olvido de ti, mi querida Zefir. -


- Lo sé. -
Dijo la castaña agachando su rostro un poco por la pena, tomando una de las cestas para ayudarle. - eres el espíritu guardián de este bosque, tienes que estar cuidando de que todo esté bien. -

- Así es, pero no me olvido de mi protegida a quien tanto adoro. -


- Ceres, no digas eso, solo soy una campesina, no deberías de tener tanto aprecio por mí. -
Habló apenada Zefir mientras Ceres levantaba su rostro con ambas manos para robarle un beso en los labios, haciendo que ella se pusiera más roja y cerrara los ojos.

- Eres tan dulce, te he dicho que no hay nada más valioso en este bosque, en todo el continente, que tú, por eso cuido con más gusto este lugar, para que nadie invada este pequeño pedazo de tierra que aprecias tanto. -

- Gracias… Sabes que mi hermana y yo no tenemos nada más, solo esta posada y la huerta, sé qué haces mucho por mí, al traerme víveres y hacer que mi huerto tenga vida, pero yo no te he dado nada y…-


- Shh..-
Susurró la princesa dorada rodeando la nuca de Zefir quien le miraba perdidamente sin dejar de sonrojarse. - no seas tímida, me das mucho, después de todo, te dije que eras mi mujer ¿O no? -

- Pero… solo soy una campe…-


- Shh… Sh… No te hagas menos, mi linda Zefir, eres mucho más que eso, tu corazón y mente son puros, no lo digo por ser divina, sino, por qué es la verdad, tú sola has hecho mucho por este bosque, he visto cómo has curado las heridas de mis amigos, alimentado a los que puedes, representas la bondad de este lugar, por eso es que te quiero tanto. -


- Ceres… -


- Además, no me puedes decir que no eres mi mujer, cuando ya te he poseído como mía varias noches. -
Le susurraba la princesa mordiéndole la oreja mientras la joven dejaba caer la cesta, con sus ojos cerrados mientras la loba rodeaba su cintura y su nuca. - tengo algo importante que hacer, saldré unos días… Pero, antes de irme, te haré mía, haré que tu piel recuerde cuanto te amo, que de tu boca suspires cuánto me amas a mí. -

- Espera… Las cosas… -



Ceres le sonrió con cierta coquetería a la castaña y chasqueó sus dedos, a los segundos, unos lobos pequeños de color castaño salieron del bosque, cargando las cestas para llevarlas a la pequeña casa de la campesina, y la loba princesa, sin esperar más, cargó en sus brazos a Zefir para dirigirse directo a la cama. En un puñado de segundos, las ropas habían desaparecido, y los gemidos de la castaña se escuchaban aun cuando ella tapaba su boca al sentir sus grandes pechos ser devorados por la fiera que tenía en frente, Zefir sabía que ella le pertenecía a Ceres, desde que se encontraron nadando juntas por casualidad en un río cercano, ambas sabían que estaban destinadas, y sin temor, se le entregaba cada vez que ella le solicitaba. Ceres, al estar excitada, mostraba una extraña situación, su clítoris se engrandecía tanto simulando un pequeño pene erecto, con el cual, disfrutaba de estimular y penetrar suavemente a esa jovencita, pues el placer de ambas les hacía estallar en suspiros y gemidos.

A la mañana, Ceres empezaba a vestirse, dejando en la mesa del lado de la cama, una nota y unas flores para Zefir, quien dormía desnuda cubierta por una sabana, el plan era volver a más no tardar dos días para seguir amándola más. La princesa loba salió de la casa, siendo recibida por varios lobos castaños, pequeños, que le dejaban frente a ella pescados, conejos y flores, haciéndole reír por qué ellos le cortejaban de una manera muy linda.


- Lo siento, saben que los quiero mucho por cuidar de este bosque mientras no estoy.
- Dijo Ceres recogiendo unas flores y acariciándoles la oreja a todos. - no, no es por qué ustedes sean lobos del bosque y yo sea hija de un lobo oscuro, no soy como mi papá que los ve como una especie inferior, solo, no me gustan los lobos, solo las mujeres, espero lo entiendan. -

- *Aullido suave* -


- No, perdonen. -
Rio Ceres al escuchar a ese primo lejano. - no creo que me gusten, en serio, son muy lindos todos ustedes, pero no soy como mis hermanas, quisiera tener una vida lo más parecida a la de mi madre. -

- *Aullido un poco enojado* -


- No, no rechazo que soy hija de un lobo, si lo hiciera, ni siquiera les hablaría, solo, no puedo proteger a mi pueblo, en especial, a Zefir, si dejo que mi instinto domine mi juicio… Cuiden del bosque mientras no estoy, por favor, si huelen a una persona que tenga el aroma semejante a ella, déjenla pasar, quizá sea su hermana... ¿Cómo será ella? Zefir me dijo que tenía años de no verla, ojalá haya logrado su sueño de ser guardiana. -


- *Aullido de súplica* -


- En serio, no puedo… mmm… Tal vez, conozco a una mujer que podría jugar con ustedes, su cuerpo es pequeño así que les sería más cómodo montarla, es de piel muy suave y es toda una extravagancia, es una albina con apariencia de una niña. -


- *Aullido alegre* -


- No sé cuándo podría traerla, pero lo intentaré. -



Ceres echó vuelo sonriendo al imaginar que estaba ofreciendo a la propia reina Ankhara para el deleite de sus amigos lobos, pero era una manera de mantenerlos distraídos de ella, pues sabía que era muy atractiva para ellos.
Cerca del bosque, admirando las luces cambiantes del amanecer, una guapa joven de vestido negro y larga coleta castaña, sonreía al pensar que estaba cada vez más cerca de sus tierras, y en especial, de cierta persona.

- Pronto te veré, mi querida Zefir. -


>A< ENTRAN A ESCENA, Ceres (se pronuncia Kers) :d y las hermanas Zefir y Cielica.



7w7 Mira que ricuras.
 
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Conociendo mejor a las chicas :d


3



La tarde se dejaba ver mientras un carruaje tirado por dos caballos viajaba hacia Ars Maxima, en su interior, una joven de cabello rubio dorado de ropas elegantes, escribía en un cuadernillo algunos datos respecto a sus acompañantes, quienes le llamaban mucho la atención. Esas acompañantes eran hijas de dos de las eternas del reino, líderes de su nación, aunque su apariencia era algo distinta, ya que de sus cuerpos sobresalían dos orejas y colas de apariencia canina, de lobo en específico, por lo que su mente de científica le daba pautas para estudiarlas. Mientras los caballos corrían siendo guiados por las chicas lobo que mantenían su ritmo, la chiquilla miraba una a la otra, siendo notada por Skyli, quien sujetó de la cintura a su hermana para lanzarla al asiento del chofer, brincando ella para sentarse al lado de las dos.


- ¿Qué tanto escribes? Mmm… Cinthya ¿Cierto? -


- Así es, solo son datos, nunca había estado tan cerca de las princesas de nuestro imperio, son especímenes muy llamativos. -


- ¿Especímenes? -

- Oye, somos tus princesas, no debes de llamarnos de una manera que nos haga sentir como que nos ves como animales. -

- Irónico. -
Rio la joven soldado mientras Skyli fruncía una ceja. - perdón, mis disculpas, pero en verdad, tengo interés en conocer más de ustedes. -

- ¿Qué has escrito? -


- Pues no mucho, parece que su resistencia es superior a la de los humanos y por mucho, veo que pueden correr más rápido que los caballos elite del reino, pueden brincar muy alto y por como la princesa Skyli lanzó ese enorme tronco que estorbaba nuestro camino, se ve que son muy fuertes.
- Hablaba Cinthya acomodando sus lentes. - era una niña aun cuando la emperatriz y las demás eternas decidieron entrar en su descanso eterno, por lo qué no pude ver que tan fuertes eran, y la reina Ankhara y la guardiana Sol no suelen mostrar mucho de su poder, así que ustedes son lo más cercano que he estado a conocer el verdadero potencial de las personas que han mantenido nuestro imperio prostero durante milenios. -

- ¿Por qué tanto el interés en conocernos a fondo? -


- Por qué deseo convertirme en guardiana espiritual, para ello, debo de conocer a las personas que guían nuestro pueblo, su fuerza, sus virtudes y la visión que tinene de nuestro pueblo, poder lograr una empatía hacía lo que ustedes, sentirme parte de ustedes. -


- Es algo rara está chica, hermana. -


- No creo, diría que solo es curiosa. -
Dijo Skyli moviendo sus orejas, algo que llamó la atención de la chica de gafas.

- ¿Esas orejas en verdad son de utilidad? -


- ¿Estas? Sí, con ellas escuchamos.
- Habló la loba blanca acomodando su cabello para mostrar sus orejas humanas. - en cambio, estás solo están de adorno, son un rezago de nuestra herencia humana. -

- Ya veo, eso es un buen dato… ¿Todo lo físico en ustedes es humano excepto las orejas y la cola? -


- Creo que sí, nuestro cuerpo es él de una chica normal, excepto por la herencia de nuestro padre. -


- ¿¿Padre? -


- Shh, Anthea, mamá dijo que estaba prohibido decirlo. -


- ¿Prohibido qué? -


- Mira, Cinthya, si cuentas lo que te diré, tendré que matarte ¿Entendido? -


- Claro.
- Respondió Cinthya pasando saliva al ver como Skyli le mostraba sus filosas garras.

- La historia de nuestro nacimiento es parte mito y parte mentira, sí, somos algo así como parte de una maravillosa selección natural, pero dista mucho de que nacimos por arte de magia, fuimos concebidos por el amor que existe entre nuestro padre y nuestras madres. -


- ¿Padre? -


- Nuestro padre es Raviel, el rey de los lobos oscuros de Schwarzwald. -


- Nunca escuché de él. -


-Es por qué su existencia va más allá de la comprensión humana. -
Exageraba a propósito Skyli para confundir a la joven. - él eligió a nuestras madres como sus compañeras y les brindó la dicha de ser madres. -

- ¿Es decir? ¿La reina Ankhara y la heraldo Urya? ¿Con un lobo? -


- Un gran y fuerte lobo, nuestro padre es el rey de las bestias, de ahí que nosotras heredáramos parte de su grandeza. -


- No sé si sentirme perturbada o sorprendida.
- Habló Cinthya mirando su libreta sin saber si anotar o no lo qué le habían dicho.

- Si te confiamos esto, es por qué dices que vas a convertirte en guardiana, así que tenlo por seguro que lo sabrías tarde o temprano. -


- Lo entiendo, y gracias por confiar en mí. -
Respondió la guerrera acomodando sus gafas y guardando su cuadernillo, sin dejar de apretar sus rodillas.

- Estás muy ansiosa. -


- Es la primera vez que viajo a Ars Maxima, cuando fui a Geglaceed, tomamos el camino de la costa, así que no atravesamos la ciudad ¿Es cierto que es tan grande como Regalea? -


- Creo que es más grande, mi mamá nos llevó cuando éramos niñas, sus casas son muy bonitas, hay hileras de ellas que no parecen acabar, el agua corre por todas las fuentes públicas brindando de agua pura a quien lo necesite, tienen muchas escuelas, hospitales y varias universidades, muchos dicen que es más importante que la capital del imperio, pero yo creo que eageran. -


- Sí, me agrada más nuestra casa, hay más pasto y bosques donde jugar. -


- Así es, Anthea, caminar por los adoquines y duros empedrados no es para nada comodo comparado a la suave tierra y a la hierba entre los dedos. -


- ¿En verdad prefieren eso? -


- Sí, nos gusta más estar descalzas y disfrutar de la sensación de la tierra en los pies, cuando jugamos, no hay mejor sensación que recorrer el pasto a gran velocidad y el sonido de las pisadas en ella. -


- Ya veo. -
Pensó ,Cinthya sacando su cuaderno anotando algo. - Las princesas tienen tendencias más próximas a lo animal que a lo humano. -

- ¿Cuánto tardaremos en llegar, hermana? -


- A este ritmo, lo más probable es que lleguemos pasado mañana, los caballos parecen estar cansados y ya está anocheciendo, aunque nosotras podamos seguir sin problemas, traemos a esta chica. -


- Perdón si hago sentir que atraso su paso. -


- Da igual, parte de nuestra misión parece que es cuidarte, estoy pensando en que quizá mi mamá Sol nos ordenó cuidarte de ti para ponernos a prueba. -


- ¿Ponerlas a prueba? ¿De qué? -


-Dice que llegará un momento en que ellas también descansen, y nosotras seguiríamos, tenemos que estar listas cuando nos toque gobernar. -


- Pero a mi hermana ni a mi nos interesa ser reinas, quisiéramos poder estar tranquilas, jugando en el bosque todo el tiempo. -



Cinthya se quedó callada al escuchar esa confesión, anotando en su libreta que esas dos princesas lobas eran algo despreocupaas, pero lo entendía, era duro saber que de un día a otro, la responsabilidad de tan grande imperio, este en sus manos.la guerrera vio como Anthea empezó a mirar con un rostro extraño a Skyli, quien solo le sonrió y tronó sus dedos deteniendo al carruaje, algo habían decidido entre miradas que no comprendió.

- Descansaremos aquí, hay una cueva cercana. -


- ¿Cómo lo sabes? -


- Puedo oler el aroma de moho de caverna cerca. -
Dijo Skylli bajándose del carruaje, para sujetar las riendas de los caballos y guiarlos.

- Espérame, hermana. -


- Eres una asustadiza, no pienso alejarme de ti.
- Rio Skyli rodeando la cintura de su hermana quien se recostaba en su hombro.

- Ustedes si que son apegadas.-


- Claro, ella es mi hembra. -


- ¿Hembra? -


- Si, somos pareja. -


- Pero si ella es tu hermana, bueno, comprendo que las eternas siempre se han amado entre ellas, pero, ustedes al ser distintas, creí que serían también distintas en eso. -


- ¿En eso? -


- Sí, ya saben ¿No tienen interés alguno de tener una pareja varón? -



Las dos lobas escucharon esa afirmación, empezando a reírse de Cinthya quien se ruborizó al pensar que había quedado como una tonta ante esa pregunta, Skyli abrazó a su hermana y le robó un beso frente a Cinthya, poniéndola más roja por ese gesto.


- No necesito a nadie más, amo a Anthea, a mi hermanita, y estaremos juntas para siempre. -


- Hermana yo también te amo. -


- Si gustas, puede tomar apuntes y ver que tanto nos queremos. -
Dijo Skyli parando su cola de lobo mientras llevaba a su hermana a lo más oscuro de la cueva.

- Perdón, pero mi investigación no va a aspectos tan íntimos de ustedes. -


- Lo que digas, señorita investigadora. -
Rio Skyli perdiéndose junto a Anthea al entrar a la penumbra total.


Cinthya encendió una fogata y empezó a cocinar un poco de comida para ella, pensando en sí esas lobas gustarían de su misma comida, se atrevió a asomarse, y tras murmurar unas palabras y tocar sus lentes, estos le permitieron ser capaz de observar entre la oscuridad, apenándose al ver que en el fondo de esa caverna, Skyli y Anthea estaban desnudas, y por su postura y sonido, era claro lo que hacían, cada una estaba lamiendo la vagina de la otra de una manera hambrienta, poseídas. La rubia sintió un escalofrío en su cuerpo por la sola imagen, corriendo de vuelta a donde estaba la fogata. Trataba de borrarse esa imagen, pero era demasiado fuerte, y sin poder controlarlo, metió su mano dentro de su pantalón y tapó su boca con su mano, estaba masturbándose, solo al recordar lo que vio, le causaba excitación ¿Acaso le había provocado ver a dos mujeres teniendo relaciones? Por lo que estudió en la escuela, sabía cómo era el coito por reproducción, pero, nunca le aclararon como era el sexo entre mujeres, a pesar de que sus maestras Beatrice y Junno eran esposas, o tenía curiosidad de preguntarles, pues no tenía interés por el mismo sexo, no obstante, lo que vio esa noche, le había calentado.




7w7 Oye zi, mira que lobitas tan despreocupadas.
 

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4


A orillas de la ciudadela de Ars Maxima, un carruaje jalado por dos caballos se iba acercando a su destino. Cinthya revisaba su bitácora de viaje, tratando de olvidar aquella visión que tuvo de las princesas lobeznas, por su parte, Anthea y Skyli habían bajado del carruaje, corriendo y jugando mientras recorrían el camino.


- ¿No quieres jugar con nosotras?
- Preguntó Anthea al sujetarse del carruaje para ver a Cinthya.

- No, gracias, venimos a una misión, jugar haría que pierda la concentración de lo que venimos a hacer. -


- Déjala Anthea, igual no podría jugar con nosotras, se nota que es frágil. -


- ¿Disculpa? Fui la mejor espadachina de mi clase, la profesora Bea me condecoró como su mejor aprendiz, después de su esposa Junno, yo soy quien sigue como su sucesora. -


- Eso no quita que seas frágil.
- Dijo Skyli sacándole la lengua.

- A veces creo que no son dignas del título de princesas. -


- No nos importa el título, solo queremos divertirnos. -


- Hermana, mira.
- Señaló Anthea al ver una figura humana a lo lejos.

- Sniff.. Sniff… nadie me creyó, sniff, sniff, y hasta trataron de bañarme con jabón para perros. -



A no más de cincuenta metros, se veía una chica de baja altura, largo cabello negro, de gafas, por sus ropas, parecía una aprendiz o estudiante de las tantas academias de Ars Maxima, por el bolso y estampa en su blusa, daba a entender que pertenecía al refugio de huérfanos de la ciudad, una serie de casas hogar que la emperatriz fundó, donde los niños podían crecer y ser educados en un espacio lleno de armonía, salud y bienestar, Cinthya lo sabía bien, pues ella vivió en el refugio de Regalea. Lo peculiar de esa jovencita no era su procedencia, sino, que sus manos y pies mostraban mucho pelo y formas caninas, una cola esponjada y unas orejas de lobo emergían de su cuerpo, unos pequeños bigotes complementaban su físico.


- ¿Puedes olerlo?-


- Sí, huele a magia del bosque. -


- Pensé que ustedes eran las únicas hijas de ese tal Raviel. -

- Así es, somos las únicas. - Dijo Skyli corriendo hacia ella. - ¡Ey, ven aquí! -

- ¿Qué? Es imposible ¡Esa chica también tiene orejas! -


- ¡Ven aquí, impostora! -


- ¿Impostora? -
Se preguntó Iris empezando a asustarse al ver la mirada molesta de esa chica blanca. - ¡Mejor me voy! -


Iris empezó a correr en cuatro patas como si fuese un animal, alejándose rápidamente de Skyli, por lo que ella corrió de esa manera para alcanzarla. La ojiazul entró al bosque tratando de huir sin tirar lo que traía en su morral, no sabía que pasaba, pero esa chica se veía molesta con ella. mientras corría y corría, llegó a un pequeño claro, en el cual, sin previo aviso, otra joven de orejas y cola de lobo la embistió tirándola al suelo, teniendo que levantarse rápidamente.


- ¿Por qué me pegas? -


- Eres una imitadora, mi padre no tuvo más hijas, no debería de haber más híbridas. -


- ¿Tu padre? -
Preguntó Iris asustada mientras la otra chica llegaba.

- Tú no eres una loba, podemos olerlo, eres una humana ¿Quién te enseñó magia? La magia está prohibida fuera de la academia de Regalea. -


- ¿Ustedes también usaron magia para transformarse? ¿Cómo hacen para que sus pies y manos sean normales? -


- Ese aroma… ¿Hechizos arcanos? -


- Hermana ¿No se supone que solo la abuela Seele y la emperatriz saben hechizos arcanos? -


- Creo que encontramos la fuente de la alteración del sello. -
Habló Skyli acercándose a Iris. - ven aquí. -

- ¡No! Me están viendo feo, si intentan hacerme algo, las voy a rasguñar. -


- ¡Atrápala! -



Anthea intentó atrapar a Iris, pero solo jaló su chaqueta, ella siguió esquivando a gran velocidad para sorpresa de las lobas. Entre las hermanas, trataron de detenerla, pero Iris era demasiado esquiva, al parecer, esa magia había subido sus sentidos al máximo.


- ¿Ocupan ayuda? -
Preguntó Cinthya quien llegó agotada por correr.

- ¡Atrapa a esta niña! -


- ¡No soy una niña, ya casi cumplo quince años! -


- Es pan comido. -
Dijo la castaña quien conjuró unas palabras lanzando un aire frio hacia los pies de Iris.

- ¿Eso es magia? ¡Ya entendí, vienen de Regalea! ¿Cómo era? ¿Cómo era? -



Iris empezó a recordar las frases que usó para generar esos espectros de luz, pronunciándolas sin usar su voz, sorprendiendo a todas al ver como emergían extrañas figuras de luz que reducían el frío lanzado por Cinthya, logrando zafar sus pies para seguir corriendo.


- ¡No puede ser! ¿Cómo pudo hacer eso? -


- Magia arcana de la naturaleza, solo mi abuela y la emperatriz la conocen, solo ellas usan esa magia. -
Habló Skyli apretando sus puños. - está niña está haciendo algo que no debe, no puedes olerla, pero despide demasiada magia, tanto como si fuese mi tía Demine. -

- Entonces, ella es la fuente de la alteración ¿O no? -


- Sí, sí no sabe controlar su poder mágico, ella puede romper el sello. -



Entre las tres corrieron para atrapar a Iris, quien no paraba de esquivar a las lobas y detener los ataques mágicos de Cinthya con ayuda de esos seres diminutos de distintos colores. Las tres aventureras no sabían que, desde los cielos, alguien observaba todo lo que ocurría, chocando su palma en su frente al ver como esa chiquilla ponía en ridículo a sus hermanas y a quien se autonombraba la mejor espadachina de su generación.

Parecía de risa ver como Iris brincaba por encima de las lobas como si estuviesen jugando, como Cinthya se revolvía y no sabía a qué lado voltear por la velocidad de esa jovencita, era tan vergonzoso que Ceres no pudo más y bajó empicada, sujetando la cabeza de Iris y azotándola contra el suelo, dejándola noqueada.

Skyli y Anthea se quedaron congeladas, la chica no solo era muy parecida a la emperatriz, tenía sus alas doradas, aunque eran de una tonalidad transparente, unos bellos ojos azules como el cielo y lo más peculiar de todo, unas orejas y cola de lobo de tonalidad rubio claro.


- No puedo creerlo ¿Está mocosa las tenía en jaque?
- Dijo la loba dorada sacudiendo su bella cabellera rubia.

- ¿Quién eres tú? ¿Por qué hueles a papá? -


- Es imposible, ese aroma. -
Hablaba Skyli mientras Anthea y ella empezaban a olfatear por todos lados a Ceres quien suspiraba por verlas comportarse así, respingando al sentir como Skyli le olfateó debajo de su falda pasando su nariz y labios por encima de sus pantaletas blancas.

- ¿Qué rayos haces, Skyli? -


- En verdad, tienes el aroma de papá y de la emperatriz. -


- Eso es por qué ellos son mis padres. -
Reclamó Ceres jalándole las orejas a sus hermanas fisgonas. - Y no vuelvan a olfatear debajo de mi falda, se comportan como papá. -

- ¿Tus papás? -


- Así es, mi nombre es Ceres, primera princesa en la línea sucesora, guardiana imperial en jefe, hija de Magna, emperatriz de Regalea y de Raviel, rey de los lobos. -


- ¿Eres nuestra hermana? -


- Sí, soy su hermana y princesa mayor. -
Habló Ceres mostrando un pañuelo con el emblema imperial y su nombre escrito en dorado.

- Es como nuestro sello, Skyli. -


- ¡Princesa, mil disculpas!
- Dijo Cinthya arrodillándose y ofreciendo su espada ante Ceres, quien tocó el arma en señal de aceptación. - No sabía de su existencia, pero si ellas reconocen su parecido familiar y tiene ese emblema, sin dudas, usted es la digna hija de la emperatriz, diosa de nuestro imperio, madre de la cultura y la prosperidad. -

- ¿Por qué no te inclinaste ante nosotras? -


- ¿Qué esperaban? Ustedes no se comportan a la altura de sus distinguidas madres.
- Reclamó Cinthya a las lobas. - Tu eres hija de Ankhara, la dulce y adorable reina, ella siempre se portó tan cariñosa con todas en la casa hogar, jugaba con nosotras, nos mimaba mucho, aunque no podía hablar, su mirada nos decía todo para hacernos sentir queridas, fue lo más cercano a una madre que he tenido, y tú, eres hija de Urya, una de las guerreras más fuertes, encargada de guiar a las almas a su descanso eterno, una mujer noble que entregó su vida al servicio de Seele, reina del bosque oscuro y madre de Ankhara. -

- No pensé que pensarás tan bien de nuestras madres. -


- Anthea, no te distraigas del tema ¿Por qué no te conocíamos, Ceres? -


- Por qué por alguna razón mi madre me ha pedido mantenerlo en secreto. -
Contó Ceres colocando su pie encima del cuerpo de Iris y llevando sus manos a la cintura mientras movía su cola y orejas. - nací poco tiempo después que Skyli, así que soy la hermana del medio. -

- ¿En secreto? -


- Sí, he estado cuidándolas todo este tiempo en secreto, aunque ustedes son guardianas de Regalea, son algo, bestias sería la mejor palabra, así que se me confió la protección de nuestro imperio. -


- ¡Hermana! -
Dijo Anthea llena de emoción, abrazándola con fuerza. - ¡Tenemos una hermana, Skyli! -

- Que bien, podremos jugar las tres juntas. -


- Esperen un minuto, ni se les ocurra, no se me antoja andar corriendo desnuda por el bosque y empezar a lamer nuestros cuerpos y oliéndonos el trasero como si estuviésemos todo el tiempo en primavera, como hija de la emperatriz, debo de mantener a elegancia a todo momento. -


- Yip.
- Estornudó Cinthya poniéndose roja al recordar lo que vio en la cueva. - Disculpen, tal vez es por su pelo. -

- Será el de ellas, mi pelaje siempre está brillante y bien suave por qué lavo mi cuerpo con crema de rosas… ¿Y bien? ¿Qué piensan hacer con ella? -


- Matarla. -


- ¡Claro que no! -
Reclamó la espadachina quien cargó en sus brazos a Iris, notando lo ligera que era. - ¿Estará comiendo bien? Pesa muy poco. -

- Bien hecho, sabía que no eras solo palabras, nada como reclamar a una hembra para ti. -


- ¿Cuál reclamar? Yo la tendré en custodia. -
Respondió Cinthya cargando a Iris, dejando a las hermanas platicando con Ceres, quien peleaba con Skyli y Anthea que no paraban de querer olfatear sus pechos y debajo de la falda.


La castaña seguía su camino hacia el carruaje, refunfuñando por la manera tan infantil en que se comportaban las princesas, sino fuera por qué llegó una verdadera princesa, las cosas hubieran sido más ridículas y vergonzosas.


- ¡Vaya princesas! Pobre de la reina Ankhara, tener a una hija tan perezosa, solo se preocupa por jugar y la otra está igual.
- Refunfuñaba Cinthya sujetando bien en sus brazos a la inconsciente. - que se van a comparar con la princesa Ceres, ella sí es digna de su título, tan elegante y se ve que le preocupa su legado. -


Al llegar al carruaje, Cinthya recostó a Iris, su coraje se le había pasado y ahora veía a la chica, viéndola de cerca, tenía una cara muy bonita, su cuerpo no era el más desarrollado, pero tampoco pasaba desapercibida pues se notaba que estaba creciendo. La curiosidad de la joven le hizo pensar, que podía aprovechar a esa prisionera para saciar su investigación, después de todo, en ese momento, era una loba, con más características que las otras, pero loba al fin y al cabo. Cinthya empezó a tocar con cuidado a Iris, tratando de no despertarla, tenía una piel muy suave al tacto y su cuerpo, desabrochó su blusa mirando unos pequeños y blanditos senos, el típico tamaño de una preadolescente, coronados por unos pezones rosados del tamaño de una cereza. “Al menos, físicamente seguía luciendo como una chica” Pensó la espadachina que, tras pasar saliva, subió la falda de Iris, mirando su braga de color celeste, la cual, deslizó poco a poco, es solo curiosidad por saber más de esa clase de magia, pensaba ella, sorprendiéndose al ver esa vagina casi infantil, rosada, sin rastro de vello púbico, la cual, estuvo a punto de tocar, hasta que escuchó un estornudo.


- Se suponía que la tendrías en custodia, no que al primer momento a solas disfrutarías de su cuerpo. -


- ¡No estoy haciendo eso! -
Gritó toda roja la castaña acomodando las ropas de Iris. - solamente estaba estudiándola, saber si la magia afectó otras partes de su cuerpo o si su cola y orejas están realmente adheridas a ella. -

- ¿Y eso que tiene que ver con estar tocando sus pechos y quitándole sus pantaletas? -


- Te lo dije hermana, esa chica es una depravada, te juro que anoche nos estaba espiando.
- Susurraba Anthea escondiéndose detrás de Skyli mientras Cinthya se molestaba por el señalamiento.

- No soy una pervertida, ustedes son las que no se controlan, no pude dormir por qué toda la noche no dejaban de aullar y gemir, son una vergüenza para sus madres. -


- Hasta ella se los dice.
- Suspiró Ceres mientras sacudía las orejas de sus hermanas. - bien, lleven a esta niña a Regalea, manténganla sujetada con cadenas de oricalco hasta que lleguen al imperio, no sabemos qué tan fuerte sea en verdad y es mejor no arriesgarse. -

- ¿No piensas venir con nosotras? -


- Lo siento, creo que, por el momento, está todo resuelto, pero me presentaré pronto en palacio.
- Habló la loba rubia. - además, tengo que regresar, le prometí a alguien que la vería pronto. -

- ¿Tienes pareja? ¿Lobo o loba? -


- Humana.
- Sonrió Ceres a sus hermanas, abrazándolas. - me dio mucho gusto que nos conociéramos al fin, pero ya habrá otra oportunidad de hablar más. -


Ceres alzó sus alas y se despidió de sus hermanas, que quedaron emocionadas al saber que tenían una hermana, mientras Cinthya tenía en sus brazos a esa chiquilla que las puso a correr, quitándole los lentes para limpiar su rostro y jugar con esos bigotes que tenía.


- Creo que la intenta marcar como hembra. -


- Sí, mira como juega con sus bigotes, se parece a tu mamá cuando juega con papá.
- Decía Skyli a su hermana quien se ruborizaba por el gesto.

- Que atrevida, papá dice que solo se deja acariciar los bigotes con mamá y tu mamá. -


- ¡No piensen mal de mi! -






OAO ¿QUÉ SECRETOS GUARDA IRIS? ¿SKYLI Y ANTHEA DEJARAN DE OLFATEAR DEBAJO DE LAS FALDAS? ¿FUE MERA CURIOSIDAD CIENTIFICA LA DE CINTHYA?
 

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Zefir estaba barriendo la entrada de su casa, su mente estaba ida, pensativa, por la situación atravesada la noche pasada, su amada hermana había regresado, pero en un giro de los acontecimientos, ella le hizo algo que no sabía cómo tomar y explicárselo a Ceres, pues temía que eso le molestara al punto de no volverla a ver.

La noche pasada, su hermana Cielica, volvió tras tres años ausentes, ella es su único familiar con vida, ya que sus padres habían sido asesinados en un viaje en caravana a las áreas del centro del continente. Su hermana mayor fue quien la llevó a ese sitio tan alejado del mundo, para protegerla, jurándole volver convertida en una guardiana espiritual, alguien tan fuerte y con tanto poder que la cuidaría a todo momento. Cuando ella volvió, la recibió con tantos abrazos y besos como pudo, y pensó en preparar la más exquisita cena como bienvenida, pero al parecer, no conocía bien los sentimientos de su hermana mayor del todo.


- Ya verás que te gustará, he mejorado mucho en la cocina. -
Hablaba emocionada la hermana menor mientras la mayor se sentaba al borde de la cama, viéndola cocinar.

- Seguro que sí, siempre se te dio más lo hogareño que a mí. -


- No pienses así, yo quisiera ser tan fuerte como tú. -
Respondió Zefir sin parar de cocinar.


Cielica estaba contenta por volver, quería ver a su hermanita, quien se había convertido en una preciosa joven, más bella de lo que recordaba, desde niñas habían sido muy unidas, y siempre tuvo la sensación de que pasarían juntas toda la vida, que esa inocente chica a la cual el mundo podría devorarla con su corrupción, sería protegida por su propio caballero, por su hermana. Mientras la veía cocinar, revisó todo cerca de la cama, al estar algo impaciente, y al abrir un cajón, su sonrisa cambió por un rostro molesto. Decenas de cartas, rosas secas aplastadas suavemente para guardarlas, tomó una, luego otra, eran cartas de amor, y por lo íntimo de lo que decían, era claro que su hermana era reciproca a esa persona.


- Ya casi está la cena. -
Dijo Zefir quedándose helada al ver como su hermana miraba una de las cartas de Ceres. - Hermana. -

- Zefir, te dejé claro que no te acercaras a nadie, que no le dieras la bienvenida a nadie ¿Quién es esta persona y por qué te deja estas cartas de amor? -


- Yo… Iba a explicártelo, hermana, pero no sabía cómo lo tomarías, Ceres es alguien especial, pero te juro, que mis sentimientos hacia ella son reales, por eso le confié mi… -


- ¿Ceres? ¿Otra chica? ¿Dónde está? -


- No está aquí, es un espíritu de bosque, te juro que iba a explicártelo.
- Decía la hermana menor mirando con rostro de pena a su hermana mayor, quien le miraba con coraje.

- No existen ningún espíritu de bosque aquí, lo sé, por qué soy una guardiana espiritual… Espera… ¿Le confiaste tu cuerpo? -


- … -

- Quítate la ropa- -

- Hermana…-


- Quítatela.
- Ordenó Cielica a su hermana menor, quien se quitó la ropa rápidamente al no querer molestar a su hermana, tapando su grandes senos con sus brazos, teniendo el rostro todo rojo al sentir las manos de ella acariciando su desnudez. - no puedo creerlo, toda tu piel, esta esencia de magia, tu pureza… Entregada a sabe quién persona. -

- Perdóname, Cielica. -


- No es tu culpa, eres tan dulce e inocente, tan confiada, que seguro esa maldita se aprovechó de ello para tocarte y desvirgarte.
- Hablaba la mayor, mientras acariciaba el cuerpo de su hermana y besaba sus hombros. - no permitiré que ese monstruo vuelva a tocarte, yo me encargaré de limpiar tu cuerpo. -


Zefir sintió algo extraño con las caricias de su hermana, por lo que trató de apartarse, pero ella usó su fuerza para someterla, lanzándola contra la cama, y en un acto inesperado, su hermana mayor empezó a devorar su boca con un beso ardiente, mientras sus manos seguían recorriendo todo su cuerpo. Esa noche, Cielica, en un arranque de celos y coraje, había abusado de su hermana menor, misma que en su mente sin odio o desprecio, podía comprender la gravedad del acto, sintiendo culpa por lo que había pasado.

La jovencita siguió barriendo, hasta que un pisoteo entre la hierba le hizo saber quién venía, sonrió al ver la figura de Ceres saliendo del bosque, pero luego, agachó su rostro al pensar que todo iría mal, pues si las palabras de su hermana eran ciertas, ella no era un espíritu. Ceres notó pronto lo decaído de la chica que amaba, por lo que corrió rápidamente para abrazarla.


- Zefir ¿Pasó algo? -
Preguntó Ceres deteniéndose con los ojos estrellados al notar ese aroma extraño por su cuerpo. - ¿Quién te hizo esto? -

- No es nada… Ceres ¿No eres un espíritu del bosque? ¿Verdad que lo eres? Que cuidas de este bosque junto a esos lobos que te obedecen. -

- Mi querida Zefir. - Murmuraba la eterna viendo los ojos llorosos de ella, notando que le habían plantado la duda, fue cuando sintió un gran coraje por qué no solo habían abusado de Zefir, alguien la quería poner en su contra.

- Así que tú eres el dichoso espíritu del bosque, no luces más que como una bestia disfrazada de chica. -


- ¿Quién eres tú? Ese aroma… Zefir ¿Ella es tu hermana? -


- Sí… ¿Verdad que eres un espíritu de bosque? ¿Qué no me mentiste? -


- Maldita ¿Cómo pudiste hacerle eso?
- Gritó Ceres colocando a Zefir detrás de ella, para luego, enseñar los colmillos y erizó los cabellos de sus orejas y cola.

- Eres tú quien debes de preguntarte eso, mi dulce hermana fue engañada por ti, imitar la imagen de las princesas de Regalea para embaucarla y hacerte de ella, eres un monstruo muy perverso. -


- ¿Me dices monstruo cuando le hiciste eso? Alguien te va a enseñar algo de respeto, te atreviste tocar a mi mujer ¡A MI MUJER! -


- Hermana, abre bien los ojos, mataré frente a ti a esta bestia que se aprovechó de ti, recobraré tu honor. -


- No, por favor. -
Titubeaba Zefir al ver que estaban a punto de pelearse la chica que quería tanto y su hermana idolatrada.


Ceres trató de calmarse, concentrándose para que su sangre de lobo no la dominara, suspiró y cambió su rostro por una sonrisa y recobró su compostura elegante. Colocó una mano sobre la empuñadura de una de sus dagas y con la otra señaló a Cielica, de manera retante.


- Tú, me la pagarás, tuviste el mayor de los atrevimientos, te enseñaré tu lugar y tendrás que recompensar el pecado que llevarás con vergüenza. -


- Maldita.
- Pensó Cielica lanzándose contra Ceres con su espada.


Zefir tapó sus ojos pensando lo peor, pero no hubo ningún grito o llanto, descubrió su vista y quedó sorprendida, su hermana estaba abanicando su espada sin poder tocar a Ceres quien parecía bailar alrededor de ella, ni siquiera intentaba lastimarla.


- Eres muy buena, pero, no dejas de ser una simple humana.
- Se reía Ceres, esquivando un golpe en especial, notando que pasó cerca de ella y rasgó su blusa dejando a la vista una parte de sus blancos senos.

- Deja de esquivar y pelea. -


- ¿Eso quieres? Pobre tonta, no conoces tu lugar. -



Cielica lanzó otra vez un golpe contra Ceres, quien soló esquivó y alzó su mano rápidamente, rasgando el vestido de su contrincante y dejando que sus grandes pechos quedarán desnudos, y por reacción natural, ella los cubrió.


- ¿Qué te ocurre? ¿Por qué te cubres? Una verdadera guardiana espiritual, pierde debilidades tan tontas como el pudor, por eso, es que perdiste.
- Dijo Ceres quedando frente a Cielica, asestándole una bofetada que la tiró al suelo.

- ¡Hermana! -



Zefir corrió a socorrer a su hermana, quien estaba impactada, tres años estudiando y siendo condecorada como una guardiana espiritual, la mejor de su generación, humillada por esa chica bestia con un solo manotazo, su orgullo estaba quebrado, y lo peor, su honor ¿Cómo podía decir que iba a proteger a su hermana menor cuando fue vencida tan fácil?


- Zefir, perdóname, tu hermana tiene razón, no soy un espíritu de bosque.
- Habló Ceres apenada, mientras las hermanas la veían, quedando estupefactas al ser testigos de cómo ella desplegaba unas grandes alas doradas y translucidas, que brillaban por la luz de la mañana. - Mi nombre es Ceres, primera princesa en la sucesión de Regalea y guardiana imperial, hija de Magna, emperatriz de Regalea e hija de Raviel, rey de los lobos oscuros de Schwarzwald. -

- ¿Eres una princesa? -

- Perdóname, no quería contártelo aún, es un secreto que yo exista, incluso para mis hermanas les era desconocida mi presencia en este mundo. -

- Mientes, solo hay dos princesas lobeznas, tú no puedes ser una. -


- ¿Segura? -
Dijo la rubia lanzando su sello familiar y su sello como líder de las guardianas frente a Cielica. - Muchacha estúpida, te atreviste alzar tu espada en contra de mí, de tu líder inmediato y máxima autoridad. -

- Ceres, digo, princesa ¿Cómo puede preocuparse por alguien como yo? ¿Por qué estar con alguien que le causa problemas? -


- Eso es por qué te amo, Zefir. -
Sonrió la loba colocando sus manos en la cintura al ver como Cielica se arrodillaba frente a ella sin dejar de cubrir sus pechos.

- Perdóneme, princesa… No sabía. -


- Cállate, no sabes cuan furiosa estoy, no solo te atreviste a apuntar tu sable contra mí, tocaste a Zefir, a la chica que elegí como mi mujer ¿Cómo piensas pagar esa ofensa? ¿Crees que bastará con un perdón? -


- Yo… -


- Perdona a mi hermana, por favor, princesa, ella no… -

- Zefir, mi linda Zefir, puedes seguir llamándome Ceres. - Dijo la loba dorada acariciándole la mejilla. - tu hermana como guardiana espiritual, debe de asumir las consecuencias de lo que hizo. -

- Así es… Yo… CIelica, guardiana espiritual de Vobodnil… -



Titubeaba Cielica por no saber qué decir, amaba a su hermana, no se arrepentía de lo que hizo pues siempre deseó tener en sus brazos a Zefir de una manera más allá de la sangre, pero que ella fuera elegida como pareja de la próxima emperatriz la ponía en grandes aprietos, no solo perdería su rango, sería alejada de ella, encarcelada, tenía que pensar bien las palabras con las que respondería, las cuales, le permitirían mantenerse aún cerca de Zefir.


- Le ofrezco mi cuerpo, mi integridad, a cambio del perdón.
- Habló Cielica apenada, cerrando los ojos sin poder ver que la cola de Ceres se alzó de sorpresa.

- No, hermana, no tienes que hacerlo. -


- Sh, tranquila Zefir… Ponte de pie. -



Ordenó la loba viendo a la hermana mayor, era más alta que ella, tenía un rostro muy bello y sensual, contrario al rostro dócil de la menor, y su cuerpo era una exquisitez en la extensión de la palabra, ambas hermanas eran muy bellas, y sin pensarlo, la sangre de su padre fluyó rápidamente por sus venas, pues lamió sus labios al imaginar que sería un gusto tener a las dos.


- Por tu aroma, sé que eres virgen… Está bien, aceptaré, pero primero, arrodíllate frente a Zefir y besale los pies, pídele perdón por lo que hiciste. -


- Por favor, Ceres, no… -


- Zefir, confía en mí, te explicaré todo pronto, pero, tu hermana tiene que disculparse por lo que te hizo. -


- Yo…
- Murmuró Cielica arrodillándose frente a su hermana, besando sus pies. - perdóname. -

- Así está mejor, y bien ¿Hay algo de comer? Tenemos muchas cosas que contarnos y más le vale a tu hermana ser directa -



Las hermanas caminaron hacia el interior de la casa, algo pensativas pues sus vidas estaban bailando en la mano de la princesa mayor, sin saber que ella, desde atrás de ellas, se deleitaba con el vaivén de sus caderas y pensando que, amaba mucho a Zefir, pero, su hermana era una belleza, cobrarse su ofensa con su cuerpo no parecía una mala idea, y recordó, si su madre tuvo a cuatro mujeres para ella y su padre tres ¿Por qué ella no podía tener a dos?





7w7 Ceres no va con rodeos, o se le respeta o se le respeta!!
 

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Jajajaja, pues sí

Esto igual es tan de Raviel xDD

xDDD Ceres quiere seguir su ejemplo en serio
:d Te lo dije, actúa como una princesa digna de ser la hija de Magna, pero se nota que su sangre de loba la provoca a la tentación, además 7w7 pues están buenísimas las hermanas, difícil tentación y más cuando Cielica le ofreció su cuerpo.
 

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o3o Cheguimos


6





En el camino por medio del estrecho que unía al continente y a la isla de Regalea, un carruaje llevaba a cuatro jovencitas, dos chicas lobo, una caballero y una pequeña chica de ojos azules y orejas y colas falsas de lobo, con unos bigotes muy llamativos. Mientras viajaban, había un raro silencio, les extrañaba la situación de Iris, quien había manejado magia prohibida, antigua y parecía no tener control de ella.


- ¿Dónde aprendiste a usar esa magia? -


- Yo aprendí por mi cuenta, he leído todo libro viejo que he podido desde que lo recuerdo, quiero ser una maga, leí que en el imperio casi no hay, son menos de diez las magas que existen. -


- Es por qué está prohibido para los humanos simples, la emperatriz, Demine, Ledwin, Seele, Preyvice, Sol, Gaile son las únicas que tienen el título de maga, hay otras personas que pueden usar magia, pero no al nivel de un mago, la magia de ellas puede alterar la naturaleza de las cosas. -


- Aunque parece que tú también puedes.
- Dijo Skyli mirando fijamente a Iris, empezando a olfatearla de nuevo. - tu aroma es muy fuerte. -

- Oye, me bañaron antes de salirme de la ciudad. -


- No se refiere a tu aroma físico, a tu aroma mágico, despides tanta magia como la maestra Demine. -


- ¿Eso es bueno? -


- No, debe de haber un balance en la magia, nuestra emperatriz siempre se esforzó por mantener un balance en el flujo de la magia del mundo, si algo la altera, cosas malas pueden pasar. -


- No entiendo nada. -


- Deja te explico. -
Habló Cynthia sacando su cuaderno y esbozando un dibujo. - la magia en este mundo es como la corriente de un río, que sigue un curso fijo, toda la magia debe de fluir en una sola dirección y al mismo nivel, así, el cauce de ese río se mantiene, si de repente aparece una piedra en ese río o se genera otra corriente, se altera el curso de este río y causa daños por que el flujo de magia se dispersa y se descontrola, creando inundaciones, sequías, torrentes, destrucción. -

- Entonces, la magia debe de tener un control, mantenerse estable. -

- Así es, por qué no tienes control de tu magia, estás alterando un sello de protección mágico de Urs Maxima, eres esa corriente que va por otro lado del río que empieza a alterar el entorno por donde corre. -

- No sabía que la magia podía ser tan mala. -


- Por eso está prohibida, para ser tan lista como para leer esos libros, se te van las cosas muy fácil. -


- Aunque, si lograras controlar tu magia, podrían considerar que te eleven a la categoría de maga ¿No creen?
- Dijo con cierta emoción la rubia sin dejar de mirar a Iris. - me sorprende que haya nacido una humana capaz de usar magia arcana y de la naturaleza, me sentiría halagada de poder conocer más de ti y si se da la oportunidad, aprender juntas un poco más sobre los textos arcanos. -

- Sería genial, hay mucho más que quiero aprender, empezando por saber cómo quitarme esto del cuerpo. - Expresó Iris mirando sus manos de loba y moviendo sus orejas. - me siento rara con ellas, como un fenómeno. -


- ¿Fenómeno? ¿Dices que ser una loba te hace fenómeno? -


- No, no quise decir eso. -
Respondió nerviosa la ojiazul al ver los ojos furiosos de Skyli.

- Aunque, sería lindo si se queda así ¿O no? Skyli, seríamos cuatro lobas en total. -


- Es cierto, podríamos jugar entre las cuatro. -


- ¡No! Ni se les ocurra, ella es aún una niña, esos juegos quédenselos entre su especie. -
Reclamó Cynthia abrazando a Iris para protegerla.

- Se nos olvidaba que ya la marcaste. -


- Que lastima. -


- Yo no marqué a nadie, le contaré a la reina lo mal que se portan y lo mal que dejan su imagen. -



Mientras se acercaban a la llanura del norte de la isla, otro carruaje viajaba en dirección a tomar el camino principal hacia la ciudad, siendo guiado por un par de caballos bien entrenados. Dentro del carruaje, una loba eterna de orejas y cola dorada, sonreía al ver el camino de regreso a casa, moviendo sus orejas y cola, sin soltar la mano de Zefir, quien se sonrojaba por qué su hermana no le apartaba los ojos de encima.


- ¿Cómo se conocieron? -


- Yo estaba bañándome en el río, cuando ella de repente apareció y me dijo que era peligroso que una chica tan linda como yo estuviera sola.
- Contó con mucha ilusión la campesina, con unas mejillas rojas y enamoradas. - desde ese día, ella me ha protegido y amado, me dijo que yo era su mayor tesoro y el alma del bosque. -

- Y lo es, Zefir, sin que nadie se lo pidiera, curaba de animales heridos, los alimentaba y cuidaba hasta su recuperación, trataba árboles que estaban infectados, sus habilidades de herbolaria y conocimiento de la naturaleza no eran desperdiciados en los humanos, sino, en el bosque que le había dado la bienvenida cuando decidió vivir ahí. -


-- Solo hice lo que mi hermana me dijo que nosotras como habitantes del bosque, debíamos cuidarlo. -


- Entonces también te mereces esa distinción, Cielica. -
Sonrió Ceres haciendo que la mayor esquivara su mirada al sentirse intimidada y nerviosa por ella. - No seas así, Zefir y tú serán mis mujeres, tratemos de llevarnos bien, no quiero tener que hacerte cumplir tus obligaciones como mi concubina de la manera que lo haría mi padre. -

- ¿Concubina? Yo nunca ofrecí eso. -


- Dijiste que tu cuerpo era mío, y no creas que con una vez perdonaré que hayas forzado a Zefir a estar contigo. -
Reclamó Ceres cambiando su rostro por uno furioso, que causó pánico en Cielica. - no estoy jugando, sino fuera por qué Zefir te adora y si no sintiera deseos sexuales por ti, te hubiera matado sin dudarlo. -

- Ceres… -


- Es la verdad Zefir, puedes enojarte conmigo por pensar así, pero no estoy feliz con lo que te hizo, acepté su oferta para darle una oportunidad de redimir su falta, no solo a mí que soy la princesa de este imperio, también a ti, que te falló. -
Señaló la rubia mirando con enojo a Cielica quién solo agachó su rostro al saber que decía la verdad. - así que, se una buena chica y guarda silencio, no hables de qué no serás mi mujer, no tienes otra opción, o sí quieres resistirte, podemos parar el carruaje e intentar vencerme, aunque te diré de una vez, iría con la intención de matarte por atreverte a alzarte contra mí cuando te di la oportunidad de vivir. -



Cielica agachó el rostro, aguantando las ganas de llorar al sentir como la mano de esa chica loba le acariciaba el rostro con gentileza y dominio, odiaba a esa princesa, no solo tenía el corazón y cuerpo de su amada hermana, no podía hacer nada contra eso, y peor aún, sus sentidos flaqueaban por ella, como si su esencia de bestia le causara pánico y al mismo tiempo agitación, temía que fuese aquello que contaron en la academia de Regalea, la marca de la bestia, ser marcada espiritual, sexual y mentalmente por un ser oscuro, como un tipo de maldición, eso significaba solo una cosa, en la sangre de Ceres, había rastros de ella, solo así podría explicar que la loba dorada le causara pavor y nerviosismo entrelazados.

El carruaje siguió avanzando, y por casualidad, se toparon con otro carruaje con adornos imperiales, quedando cercanos. Por la ventana de su propio carruaje, Anthea saludó a Ceres, alegre por volver a su hermana, dejando sorprendidas a Zefir y Cielica al ver a más chicas lobos.


- Hermana, pensamos que te veríamos en el imperio. -


- Ocurrió algo inesperado, así que decidí viajar en carruaje para traer a mis mujeres y no dejarlas a solas en nuestro hogar.
- Rio Ceres haciendo que las hermanas se ruborizaran por el comentario.

- Ceres ¿Quiénes son ellas? -


- La de pelo blanco y la de pelo negro son mis hermanas, como lo hacen notar sus orejas y colas, la otra que parece loba como nosotras no tengo ni la menor idea, pero es el objetivo de mi misión, esa que te dije que tenía que hacer, la chica de lentes, no lo sé, creo que era una aprendiz de guardiana. -


- Que bien, la princesa recuerda quien soy. -
Dijo con emoción Cynthia al ser reconocida, reaccionando al ver una cara conocida. - ¿Cielica? -

- Hola Cynthia, pensé que aún seguías en Geglaceed. -


- ¿Se conocen? -


- Si, Cielica es la única aprendiz que tuvo la profesora Beatrice que llamó una prodigio, yo estaba como aprendiz mientras ella estaba como una instructora a la par de la profesora Justine. -


- No exageres, nunca pude vencer a la profesora Beatrice. -


- Cuentan que solo la emperatriz, el heraldo Norwell, las guardianas Preyvice y Urya podrían vencerla en un duelo de espadas. -


- Eso es por qué todavía no me conocen.
- Dijo con orgullo Ceres acomodando su cabello detrás de los hombros. - solamente mi madre me ha podido vencer, aunque no me he batido contra mi tío, me dice mi madre que él todavía es más fuerte. -

- Eso me gustaría verlo, princesa. -


- ¿Sabías que ella también era princesa de Regalea? -


- Apenas lo supe. -


- Hermana ¿Crees que pudieras vencer al guerrero legendario?
- preguntó Anthea curiosa por las historias de espadas.

- ¿Al bisabuelo? No creo, mi madre me dice que él era tan fuerte que ni siquiera junto a mi madre Preyvice podían siquiera tocarlo. -


- Escuché que él solo se encargó de erradicar a los dragones, y qué murió peleando contra el dragón más grande de todos, uno que superaba el tamaño del castillo de Geglaceed. -


- ¿Hubo dragones? -


- ¿Tan grande era?-
Dijo Cynthia sorprendida por esa historia.

- Sí, murieron sin darse tregua al pelear cerca de un volcán, al norte de Urs Maxima están sus restos, podrán ver al más grande guerrero de esta tierra enfrentando a la mayor calamidad de todos los tiempos. -


- Espera… ¿No son estatuas? -
Cuestionó Cielica mientras miraba la empuñadura de su espada que tenía una gema roja. - en un retiro espiritual, la profesora Junno nos llevó a un sitio donde estaba la estatua de un hombre, el más grande que haya visto, podría decirse que se sentía su grandeza por lo alto y fuerte que lucía, se veía sonriente antes de golpear con su espada rota a un enorme monstruo alado, con las fauces y garras más mortíferas que había visto…. La profesora nos dijo que era la evidencia del más grande espadachín, que algún día, una de nosotras podía intentar llegar a él, que había una espada de leyenda en las tierras de Vobodnil, que solamente alguien digno de portarla podría alzarla, y quien lo hiciera, cargaría con el mundo en sus hombros. -

-No es una leyenda, el bisabuelo en verdad existió, fue el hombre más fuerte de todos los tiempos, su fuerza y voluntad eran tal que doblegaban a los eternos, mi madre me contó que incluso él contaba historias de peleas contra dragones, eternos, heraldos, serafines, su espada fue llevaba por mi tío Norwell a las tierras de Vobodnil, enterrándola, solo él ha sido el único que ha podido sujetarla.


- ¿Y por qué no se la queda? -


- Ya escuchaste, quien tenga esa espada tendrá la responsabilidad de cumplir con el papel que tuvo Aravan, mi tío ya tiene muchas responsabilidades, y no creo que alguien en su sano juicio quiera tener tan gran responsabilidad. -


- Significa que… Si logro levantar esa espada ¿Sería la guerrera más fuerte de todas? -


- Si y no, no se habla de fuerza física, sino, de fortaleza del corazón, alguien cuya nobleza y aprecio por la vida de los demás, por el deseo de hacer lo correcto sean tan grandes, que trascienda lo que llamamos como heroísmo. -


- Suena maravilloso toda la historia del imperio que no conozco. -


- No te preocupes, tendremos mucho tiempo para que te lo relate, mi querida Zefir.
- Sonrió Ceres besándole la nariz a la castaña y abrazándola. - después de las nupcias, claro. -

- ¿Nupcias? -


- ¿Crees que te traje conmigo solo por qué quería que conocieras mi tierra? Claro que no, le pediré a mi tía, la reina, que brinde por nuestros votos, felicidades, Cielica y Zefir del bosque de los sauces rojos, ustedes tendrán el orgullo de ser llamadas, esposas de Ceres, princesa mayor de Regalea. -


- No puede ser…-


- Espera… Ceres… No sé que decir. -
Habló Zefir toda roja por la confesión de Ceres de sus intenciones, al parecer, su amada loba estaba decidida a dejarle claro a su hermana y a ella que le pertenecían.






7w7 Ceres va en serio.
¿Cielica se quedará así? OAO!!!
¿Podrá recuperarse Iris antes de que las hermanas quieran "jugar" con ella? :d ¿Podrá Cynthia protegerla sin andar de mañosa disque investigándola?
 
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7



En el castillo de Regalea, dentro del salón real, Ankhara se sorprendía no solo por el origen de la alteración de la magia de Urs Maxima, también, al saber que Raviel había tenido una hija más y con la mismísima emperatriz, algo inesperado para todas las presentes.


- Así que, querida tía, yo, Ceres, hija de Magna, le pido que acepte mis votos de matrimonio con ellas dos, Cielica y Zefir del bosque de los sauces rojos. - Hablaba la rubia estando de rodillas mostrando respeto a su tía.


- ¿Puedes explicarnos esto, Raviel? -


- “Pensé que solo nos tenías a nosotras.”
- Dijo Ankhara con sus dedos, haciendo reír un poco a Sol y Urya pues actuaba con cierto celo la niña reina.

- Lo que tengo con Magna es algo distinto, no se preocupen, mujeres, mi amor está con ustedes. -


- Si claro, lobo morboso. -
Habló Urya jalándole las orejas al enorme lobo.

- La reina… estoy frente a la reina. -


- Es tan linda, parece una niña, hermana. -


- ¿Así que son las mujeres de mi hija? Son muy bellas, y tienen un aroma…
- Dijo Raviel caminando hacia las hermanas que se echaron para atrás al sentirse intimidadas, pero algo ocurrió.


Un pisotón de Ceres hizo temblar el castillo, dejando a Sol y Urya congeladas por lo que esa jovencita hizo. La rubia miró con coraje y odio a su padre, señalándolo con su dedo índice haciendo que incluso él temiera de su propia hija.


- Ni se te ocurra olfatearlas, no te les acerques, eres mi padre, pero entre lobos reconocemos las intenciones, sí te atreves a querer tocar a una de ellas, te juro que te mataré, a diferencia de mi madre, yo no estoy bromeando.
-Habló Ceres mostrando un rostro intensamente furioso.

- Lo siento hija, no haré nada, solo quería saludarlas.


- Bueno, si esa es la intención. -
Sonrió la loba dorada relajándose y acomodando su cabello.- salúdalas, solo eso. -

- ¿Él es tu papá? -


- No puedo creer que la emperatriz hubiese decidido tener una relación con un lobo.
- Hablaba sorprendida Cielica mientras las dos tocaban las orejas del gran lobo.

- Magna lo niega, pero me ama. -


- Te amo un cacahuate.
- Dijo una voz que salía de una puerta, volteando todos a ver a la mismísima emperatriz presentándose ante todos.

- ¡Mamá! -


- ¿Mamá? ¿Ella es… la emperatriz? Es bellísima.
- Susurró Zefir sorprendida por la b elleza de la madre de Ceres, quien retraía sus alas doradas.

- ¿Cómo les ha ido, niñas?
-

- “Tía”-
Respondió con alegría Ankhara moviendo sus dedos rápidamente, corriendo para abrazarla.

- Me alegra verte, Ankhara, te ha dado muchos problemas este lobo idiota ¿Cierto? Hola niñas, ¿No quieren saludar a su tía? -


- Tía. -



La familia se acercó para abrazar a la emperatriz, aquella que erigió el imperio y lo mantuvo en su auge durante miles de años. Magna creía que ya era tiempo de dejarse ver, más que nada, por qué sintió la magia que distorsionaba la ciudad central, aquella niña con rastros de lobo a quien miró, pero por ahora, quería conocer a las que su hija designaba como parejas. Magna se separó de todas y se acercó a su hija, quien se paró frente a ella, para después, soltarle una bofetada.


- Ceres. -


- ¿Cuántas veces te he dicho que controles tu fuerza? -
Reclamó Magna mientras su hija agachaba su rostro apenada. - Tienes más fuerza que yo, diría que ni siquiera tu tío Norwell podría compararse a tu fuerza física, tal vez, seas tan fuerte como tu bisabuelo, no puedes ir amenazando y haciendo temblar la tierra cuando quieras. -

- Perdóname, mamá. -


- Y no amenaces de muerte a tu padre, sabes que es muy importante para el reino. -


- Que linda, mi querida Magna no se atreve a decir que soy importante para ella. -


- ¡Tú cállate, solo nos causas problemas!
- Gritó la emperatriz sonrojada y molesta por el comentario. - Luego seguimos las pláticas familiares, tengo dos asuntos que tratar ¿Cuál de las chicas es a quien amas, hija? -

- Ella, ven, acércate, Zefir, ella es mi madre. -


- Encantada, yo… mi nombre…
- Titubeó nerviosa Zefir, sorprendida al sentir como la emperatriz le abrazaba con mucha calidez.

- Relájate, no tienes que intentar ser formal… Eres una chica muy linda, mi hija me contó mucho de ti y por tu mirada, sé que eres todo lo que dijo ella. -


- Gracias.
- Respondió con sonrojo la joven mientras Magna la soltaba y miraba a la otra. - por el parecido, diría que es tu hermana ¿O no? -

- Mi nombre es Cielica, hermana mayor de Zefir, guardiana espiritual de Vobodnil. -


- Ponte de pie. -



Cielica se paró haciendo sonreír a Magna al notar la gran altura de la joven, similar a la altura de Preyvice, volteó a ver a su hija mientras ella reía tapando su boca.


- Me agrada esta chica, me recuerda a tu mamá Preyvice. -


- Yo no le veo parecido. -


- No en lo físico, hija, dale un tiempo más, esa máscara de caballero esconderá lo que es en el fondo. -
Dijo Magna tocando los hombros de Cielica. - te encargo a mi hija, es algo juguetona y se toma demasiado en serio ser la próxima gobernante del imperio, por eso, necesitará alguien que la ayude a bajar de su nube, confió en que tú lo serás. -

- Acaso usted… -


- Así es, también te acepto como su mujer ¿Eso temías o no? Tu rostro mostraba dudas, nervios, pude notar que querías aprobación de mi parte. -


- Sí, pero… No esa clase de aprobación.
-Dijo apenada Cielica sonrojándose, haciendo reír a Magna. - creo que se confundió, emperatriz. -

- Sin duda, eres tan linda como Preyvice, quiero saber cuánto tiempo resistirás a portarte así al estar con mi hija. -


- “¿Ceres va a tener dos esposas? “
- Preguntó Ankhara con sus dedos a Sol.

- Parece que sí, creo que se nota de quien es hija. -


- Ahora ¿Qué haremos contigo, señorita? -



Magna colocó sus manos en la cintura mientras miraba a Iris, quien estaba asombrada por la presencia de la emperatriz, agachando sus orejas y erizándole los bigotes. Pronto sabría Iris cual sería su destino.





OAO ¿QUÉ LE PASARÁ A IRIS?
 
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