Original Fic OCEÁNICA: Rata Blanca (8)

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!
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O-O- Y se viene la continuación de esta historia!



La mañana llegaba a una isla llena de bellas y fuertes mujeres, con ello el despertar de la única chica de ese lugar cuya piel era tan blanca como la leche, de una larga cabellera castaña y una estatura baja comparada a la habitual estatura de más de seis pies que poseían las guerreras locales. Rata Blanca, como fue llamada por su esposa y el nombre que adoptó al aceptar vivir en la isla, observaba el rostro de la líder de la aldea, se veía tan bella cuando dormía, pero sus ojos se abrieron y la miró con esa mirada que le causaba tantos nervios y flaquezas.



— Buenos días.



— Buenos días.



— Quedamos de ir a ver como seguía la ampliación del muelle.


— Si… Pero podemos esperar un rato más para ir — Dijo la líder con esa mirada que le hacía saber bien a Rata que pensaba.


— ¿En serio?


— Es una buena manera de recibir esta linda mañana.



— A veces me haces creer que sólo piensas en tener sexo conmigo.


— No es cierto, también en hacerte sonrojar.



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Una ceja de Rata Blanca se levantó y sus mejillas se coloraron, siempre era así con su esposa, Tifón Rojo parecía estar todos los días hambrienta de besarla, manosearla, cargarla, abrazarla y llevarla a la cama, por lo que tenía que hacer un esfuerzo diario para no caer en su mirada, aunque era duro pues cinco de siete días de la semana lograba su meta.



— Ya, lo prometiste — Contestó Rata Blanca levantándose mientras la líder se rascaba la mejilla al ver que esa mañana sería uno de esos dos días de no cariño matutino.


— Está bien, aunque no entiendo mucho lo de tener una de esas casas que dices.



— Posada, es verdad que no está permitido que algún hombre toque la isla, pero tú me dijiste que con el permiso debido desde los límites del mar establecidos, otras mujeres pueden visitar la isla manteniéndose en la playa, si ponemos una posada, podemos darles un buen recibimiento que hable bien de nosotras y ganar un poco al cobrar unas monedas por la estadía.



— Te ves tan linda cuando hablas de monedas y negocios.



— En que momento me fui a enamorar de ti — Pensó la pálida al no animarse a ver a su esposa por el sonrojo de ser halagada por cualquier cosa.


— ¿Nos metemos a bañar?


— Está bien, pero nada de empezar a andar tocando de más ¿Si?



— Mmm.



— Tifón, hablo en serio… Espera a la noche.



— Si, a la noche — Sonrió la líder haciendo suspirar a su esposa al ver con que la convencía.


Después de un baño y ponerse sus ropas, Rata Blanca y Tifón Rojo se fueron al comedor real donde les esperaba la consejera real, Corazón de Ébano, que ordenaba a las meseras que acomodaran la comida para las tres.



— Buenos días su Excelencia, buenos días Rata Blanca.



— Buenos días.



— Buenos días Ébano ¿Haz visto a mi hija? — Preguntó Rata Blanca mientras Ébano hacía una señal hacía afuera —. Tiene bastante energía desde temprano.


— Así era su Excelencia cuando era niña.



— Mamá, mamá, hice un nuevo logro — Dijo una pequeña morena que era la estampa de Tifón Rojo, misma que corrió para abrazar a su madre de piel blanca.


— ¿Ya desayunaste que andas jugando tan temprano?



— No.


— ¿Qué te he dicho de comer primero y jugar luego?



— Pero mamá Tifón me dice que una guerrera puede durar días sin comer mientras entrena o caza.


— Mamá Tifón dice muchas cosas pero no todas debes de hacerlas — Habló Rata mirando como si regañara a su esposa que la observaba como si no tuviera culpa de algo.


— ¿Qué logro hiciste Primavera Blanca?


— Levanté un tronco de cinco pies.



— Justo la estatura de tu madre — Sonrió la líder acariciando la cabeza de su hija —. A tu edad pude levantar uno de seis así que sé que pronto lo lograrás.


— Me invitaron a ir de cacería ¿Puedo?



— Primavera Blanca, recuerda que primero debes de estudiar y no sabes usar el arco ni la lanza todavía.


— Pero no ocupo — Dijo la niña sacando de entre sus ropas una bolsa con unas cuantas piedras —. Mamá Tifón me dijo que a mi edad cazaba cerdos salvajes con piedras y mano limpia.


— Tifón ¿Puedes dejar de contarle de tus hazañas a nuestra hija?



— Es cierto, de niña era la única capaz de enfrentarse hasta a los leones de montaña sólo con una pequeña navaja y unas cuantas rocas.



— No me ayudas, Ébano… Ya, desayunemos mientras pienso si dejarte ir o no a cazar.



— Yo la puedo acompañar si eso te preocupa — Habló Corazón de Ébano teniendo la atención de Rata Blanca —. Que sea la consejera real no me hace olvidar que es mi sobrina.


— Gracias.




Tras desayunar, la pareja real salió del palacio caminando hacía la playa donde estaba la ampliación del muelle, todo con ideas de Rata Blanca en plan de apoyar el sueño de Tifón Rojo. Un muelle grande para recibir embarcaciones comerciantes, un mercado anexo y una posada, lo suficiente para poder realizar negociaciones con el continente, brindando a la isla principal y la isla del retiro un mejor control y entrada de recursos, obviamente manteniendo la promesa de solamente recibir mujeres como dictaba la tradición de la cultura local.


“Ha pasado un año desde que Tifón Rojo propuso su idea de retiro, aunque algunas mostraron algo de inconformidad por crear un nuevo muelle y recibir algunas embarcaciones, pude explicarles que de que manera se respetaría la tradición, cualquier comerciante que quisiera negociar tendría que usar a una intermediaria, eso terminó por convencerlas.
Las cosas van viento en popa, sé que vendrá un gran crecimiento para la isla, confío en ello, aunque me gustaría que Tifón Rojo se tomara más en serio todo lo que conlleva la dirección de todo. Me he percatado que es muy distraída cuando estoy yo presente, todo el tiempo está mirándome y no se concentra, a veces es mejor que me quede en casa porque sé que no escuchará a nadie o dejará todo a cargo de las demás, incluso siento que el puesto de líder lo tengo yo pues todas me preguntan que hacer o como hacerlo. No lo sé, he llegado a pensar que lo hace a propósito porque a cada rato me dice que le gusta verme dirigiendo a su gente.”


— ¿Qué escribes?



— Nada — Dijo Rata Blanca guardando su diario mientras la líder la miraba fijamente.


— Si tienes algo.



— No vas a dejar de mirarme así hasta que te lo diga ¿Cierto?



— Así es.



— No puedo evitar sentirme algo triste — Habló la pálida al caminar al lado de esa mujer alta —. Sé que nuestra hija tiene la sangre de las isleñas, pero me cuesta trabajo ver que apenas tiene cinco años y ya es tan independiente.


— Es lo normal.



— Si… En esta isla es lo normal.



— Rata Blanca, te preocupa que nuestra hija crece y ya no necesita de tus cuidados ¿O no? — Comentó la líder sonriendo al ver un sonrojo en su esposa.


— Si, pensé que estaría lista pero no puedo digerirlo.



— Que maternal eres Rata Blanca.


— No tienes que decirlo en voz alta.



— Sé como solucionarlo.



— ¿En serio?



— Si — Sonrió de nuevo la líder parándose al mismo tiempo que Rata Blanca —. Tengamos otra hija.


— No.



— Pero extrañas cuidar a nuestra hija, teniendo una bebé de nuevo tus instintos maternales podrán ser satisfechos.



— No se trata de mis instintos maternales… Y suena algo ofensivo que lo digas de esa manera pero no es eso, lo digo porque cuando dices tengamos te refieres a mi y te lo he dicho todo el tiempo, si vamos a tener otra hija quiero que tú seas la embarazada, no es justo que quieras que yo atraviese de nuevo eso.



— Pero la tradición es la tradición, Rata Blanca.


— Siempre usas la tradición cuando te conviene — Dijo Rata Blanca sintiendo escalofríos por esa mirada de la líder que tanto le estremecía —. ¡No me mires así, ya te dije que no!


— Mmm.



— Ya, hay que apresurarnos.


— Está bien… Pero insisto en que tus problemas de tus instintos maternales se resolverían teniendo otra hija.


— Por Regalea, no sé como es que ella terminó enamorándome — Pensaba la pálida evitando mirarla pues estaba sonrojada —. No Rata, no la mires a los ojos, cuando te mira así siempre terminas cediendo.


Mientras la pareja real se acercaba a la playa, en las aguas que aún estaban fuera del territorio de las isleñas, un barco mercante se mantenía a la expectativa de la respuesta de una paloma mensajera. Tras el arribo del ave, uno de los marineros caminó rápidamente hacia el camarote del capitán, una bella joven de apariencia refinada que desayunaba tranquilamente.


— Capitana, capitana ¿Puedo pasar?



— Strog, te he dicho que me digas duquesa por favor — Dijo la joven mientras comía de su platillo.


— Se le ha permitido visitar la isla, ay no lo sé capitana.


— Duquesa.



— Perdón, duquesa, a mi me da miedo ese lugar, he escuchado que matan y despellejan a todos los hombres que se acercan ahí y que una sola de las mujeres de esa isla puede derrotar a veinte soldados imperiales.


— Son sólo leyendas y no sé de que te preocupas si tú mismo lo dijiste, hombres, en este barco no hay ninguno.



— Ay… Duquesa que cruel es con nosotros.



— Déjame desayunar tranquila y ve preparando un bote para mi, iré a la dichosa isla bendecida por las eternas, me pregunto que tesoros hay ahí — Sonrió la rubia al imaginarse lo fácil que podría ser ganarse a unas cuantas isleñas sin saber que se encontraría ahí.







O-O- Y se viene una chica nueva a la isla!!


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O-O- SIGAMOS!!

- 2 -



Un gran barco acompañado de otros cuatro de tamaño medio se acercaron a los límites entre el mar y el territorio marino de las isleñas, izaron su bandera con una condecoración de la isla para avisar que habían pedido permiso a la representante en el continente, tras izar la bandera de bienvenida para que llegaran, un pequeño bote se desmontó del barco navegando hacia el muelle que seguía bajo ampliación.


— Me sorprenden, esperaba ver a un grupo de salvajes pero sus construcciones y como está fortificado desde los acantilados hasta las playas es de admirar, nada mal.



— Capitana, mejor nos regresamos ¿Ya vio esas rocas? — Señaló el marinero algunas rocas en medio del mar donde estaban encadenados los esqueletos de alguna pobre alma.


— Algo hicieron para que acabaran así, y ya te dije que me llames duquesa.



— ¡Pero Duquesa!



— Strog, está bien que seas así pero eres el más cobarde de mis sirvientes, si sigues así Malik nunca te hará caso.


— ¡Ay no diga eso, tanto que hemos avanzado!



— Entonces compórtate y déjate de tonterías, igual soy la única que puede pisar la isla.




Desde la playa, la líder y Rata Blanca veían el bote acercarse, le sorprendió a la pálida que en el bote venía una chica que por sus ropas parecía ser una noble, probablemente de alguna de las ciudades cercanas a los principales puertos del Sur. La extranjera empezó a sospechar sobre los visitantes, no eran piratas eso era claro, pero tampoco parecían ser mercantes pues sus barcos consistían en fragatas, barcos de apoyo y protección.


— ¿Qué nadie piensa darme la bienvenida? — Dijo la chica al ser asistida por Strog para descender, quien dio un brinco hacía atrás al ver que varias mujeres se acercaban con lanzas en mano — Esperen, él ya se va.


— Capitana, le dije que era una mala idea.



— Que me digas duquesa y vete de aquí antes de que acabes como los tipos de las rocas.


— ¡Ya me voy!



El hombre rápidamente empujó el bote de regreso dejando a esa bella joven rubia con un par de maletas en plena playa. La duquesa quedó sorprendida al darse cuenta que las historias eran ciertas, sólo había mujeres delante de ella, chicas de piel color chocolate y con una altura descomunal, hasta la que se veía más chica era más alta que su persona. Por la forma en que la miraban, ella sospechó que estaban maravilladas con su presencia, quizá nunca habían visto a una chica tan hermosa y tan elegante, seguro ese grupo de isleñas sería fácil de controlar.



— Buenos días, parece que se quedaron sorprendidas al verme, pero no se preocupen, vengo en son de paz.



— No es por eso, no entienden como alguien puede usar tanta ropa con el calor que hace — Dijo una chica pálida que salió de detrás de algunas de esas mujeres altas.


— Oh, que bueno que hay otra persona civilizada por aquí, así será más fácil tratar con ellas ¿Eres una interprete? ¿Puedes decirles que lleven mis maletas a la mejor vivienda de la isla?



— Yo no soy una intérprete y no sé quien eres pero así no funcionan las cosas aquí.



— ¿Disculpa? Soy la duquesa Milena de las praderas de Sothills, dudo que no sepas de mi.



— Rata Blanca ¿Es conocida tuya? — Preguntó la líder al ver como hablaban esas dos chicas.


— No, nunca escuché de ella.



— ¿Puedes hablar nuestro idioma?



— ¿Acaso creías que esta isla estaría llena de salvajes?



— Si, tengo entendido que nadie del continente ha pisado esta isla por lo que creía que no estaban educadas.



— Te sorprenderías — Contestó Rata Blanca notando que esa chica se le quedaba mirando fijamente — ¿Qué?


— Si no eres una interprete ¿Quién eres? Debes de ser el continente, lo digo por tu piel.


— ¿Cómo se atreve a preguntar quien es a la mujer de su Excelencia?


— ¡Cuélguenla!



— ¿Qué? — Reaccionó la joven asustada al ver que algunas mujeres alzaban sus lanzas.


— ¡Oigan, nada de colgar gente! Y tú, eso pasa por presentarte así, esto es un puerto mercante, no un lugar para pasear, así que tomas tus maletas y las llevas a la posada.



— ¿Yo? ¿Me ves cara de que yo pueda? … Espera ¿Te llamaron mujer de su Excelencia?



— No sólo es mi mujer, tenemos una hija.



— ¿Qué?



— Necesitamos mejorar la recepción y diplomacia de este lugar — Pensó Rata al tapar su cara por la manera tan caótica de recibir a esa chica.



El grupo se dirigió hasta la posada frente a la playa, la duquesa estaba impactada por lo elegante que se veía el interior del edificio a pesar de estar en medio de la nada, pero lo que más la tenía así era lo que acababa de escuchar ¿Mujer de otra mujer? ¿Hija? ¿Líder? Había muchas cosas que saber de ese lugar pero sin dudas, la mujer alta de larga melena plateada parecía ser la persona más importante de la isla.


— Tomen asiento mientras les preparan algo de comida ¿Algo en especial su Excelencia? — Preguntó una de las asistentes mientras la líder decía que no con la cabeza.


— A Rata Blanca podrían traerle jugo de naranja, seguro está sedienta.


— ¿Cómo lo sabes?


— Sé que no soportas estar mucho tiempo bajo el Sol — Sonrió la líder provocando un sonrojo en su esposa.


— Gracias.


— ¿Hola? ¿Acaso soy un fantasma?



— ¿Qué es un fantasma?



— Es el espíritu de un difunto que deambula en la tierra.



— ¿Existen?



— No creo, es más un cuento para asustar a las personas para que no salgan de noche — Hablaba Rata Blanca con Tifón Rojo provocando que la visitante se sintiera algo molesta.


— Disculpen, creo que no se están dando cuenta de la visita tan importante que tienen.


— ¿Eres importante?



— ¿Qué?


— Su Excelencia, déjeme hablar con ella por favor.



— Te ves tan linda cuando quieres negociar — Sonrió la morena recibiendo de nuevo una mirada fulminante de Rata Blanca.


— Siempre dices eso con todo lo que hago… En fin, no he escuchado nunca sobre tus tierras.


— ¿Cómo que no lo sabes? Llevamos cinco años creciendo y nos hemos hecho de renombre en toda la costa del Sur.


— Eso lo explica todo.


— ¿Si?



— Rata Blanca llegó a la isla cuando tenía trece primaveras, lleva ocho años viviendo aquí.



— ¿Llegaste? — Preguntó la duquesa mirando fijamente a Rata quien no parecía contenta que la observara así.


— Un naufragio, pero eso no importa ahora, lo que importa es saber que quieres y pedirte de favor que retires a tu flota una milla más, los hombres no son recibidos en la isla ni sus cercanías.


— Por ellos no te preocupes, mi tripulación son solo desviados.



— ¿Desviados?



— Es una forma despectiva para llamarle así a los hombres que aman a otros hombres.



— ¿Y eso es malo?



— Claro que es malo, nadie los recibe ni respeta, mi mejor amigo y asistente fue marginado por su familia así que se me ocurrió la brillante idea de hacer una flota y una pequeña ciudad donde ellos puedan sentirse respetados y valorados.



— En pocas palabras, te aprovechaste de su situación para tener una gran flota bajo tu mando.



La duquesa sonrió al escuchar las palabras de esa chica pálida, era bastante lista como para ignorarla, se notaba que no era de la isla pues todas las demás actuaban de una forma muy prudente pero ella era directa y calculadora, debía saber en verdad que hacía ahí y como dirigirse a quien llamaban su Excelencia, de ella dependía si el viaje o no valía algo.



— Su Excelencia ¿Cierto? Bajo mi cargo hay una flota de diez fragatas más mi barco insignia, con ayuda de mis marineros nos encargamos de proteger a grupos comerciantes y puertos por una módica cantidad de plata u oro.


— Venden seguridad.



— Más que vender diría que es un ganar ganar, nosotros les brindamos seguridad al navegar y protegerlos de piratas y me ayudan a que mi pequeña ciudad crezca y prospere.



— No creo que necesitemos ese tipo de servicios.


— Me estoy dirigiendo hacía su Excelencia — Dijo la duquesa mientras la líder acariciaba la cabeza de su esposa.


— Todos los negocios y tratos con extranjeros están a cargo de Rata Blanca, tienes que dirigirte a ella.


— Así que sí eres una asistente.



— No es mi asistente, es mi esposa, creo que ya lo había dicho.




Milena se sorprendió por ese dato, era lo más probable que podría pasar si era una isla donde sólo habitaban mujeres, pero la forma tan natural en como lo comentaron fue sorpresiva, en especial sabiendo que la líder de la aldea se emparejó con una chica de fuera que no negaba que era bastante bonita, pero no lucía para nada dentro del arquetipo de las isleñas.


— ¿Te molesta negociar conmigo?



— No, nada es que me sorprende que sean una isla llenas de desviadas.



— Te pido que no vuelvas a decir esa palabra frente a nosotras, esa ofensa no existe aquí pero yo si la entiendo.


— Mis disculpas — Dijo Milena tratando de retomar la charla. — Entonces, me dirigiré hacía ti…. ¿Y tú eres?


— Ella es Rata Blanca, es mi esposa.



— Déjame presentarme.


— ¿Rata Blanca? ¿Es broma?


— Vuelves a burlarte del nombre que me dio ella y yo misma te cortaré la cabeza — Habló Rata Blanca haciendo que Milena dejara de reírse —. No creo que saquemos beneficios de tu oferta.


— Pero si no has escuchado mi precio, no es mucho ¿Qué les parece un cofre de dos pies llenos de monedas de plata por mes?



La duquesa sabía que era bastante lo que pedía, así empezaba sus negocios y luego empezaba a mover los hilos para que saliera ganando tanto plata como favores, no estaría mal ganarse un trocito de tierra en esa isla, lucía como un lugar perfecto para vacacionar o esconder tesoros siendo que nadie se atrevía a navegar por aguas cercanas.



— Es demasiado.



— ¿En verdad piensas eso? — Dijo la líder siendo observada por ambas chicas de piel blanca —. Sacamos por semana cinco de esos cofres.


— Espera… ¿Cinco cofres?



— Hay plata y oro de sobra en la isla, fue Rata Blanca quien nos explicó una forma más eficiente de extraerlo y como negociar con ella para conseguir alimentos, pieles y otras materias que carecemos aquí, es muy lista.



— No es que sea lista, también podrías hacerlo tú si te concentraras en algo más que en mi… Volviendo al tema, un cofre de dos pies me parece demasiado, no presentaste ninguna carta de referencia de los puertos del Sur, ni tus títulos de nobleza, simplemente no podemos confiar en negociar con una desconocida ¿Me estás escuchando?



Cinco cofres, cinco cofres por semana, Milena no dejaba de pensar en ese abrumador dato, en esa isla sacaban por mes más plata que toda la región Sur, las cosas cambiaban así, no podía perder negocios con esa isla por culpa de esa chica, tampoco podría pedir ayuda externa a anteriores negociantes pues si se enteraban de lo que había en la isla, nobles con más fuerza económica y militar le ganarían ese descubrimiento. Si a la líder le parecía poco un cofre de plata, seguro podría darle más, el detalle era su compañera, esa chica paliducha que era bastante astuta como un zorro.



— Perdón, sólo pensaba que tienes razón, si me dan unos cuantos días para ordenar a mi flota regresar a mi ciudad por todos los documentos que tengo, para poder llegar a un acuerdo.



— Me parece bien ¿O no Rata Blanca?



— Al menos así tendremos una idea de si han tenido tratos previos y que tan real es su ducado — Dijo Rata Blanca parándose al mismo tiempo que la líder, notando que a esa chica le molestó ese comentario —. Entonces, nos veremos cuando tengas todo listo.


— Oh, disculpa no dije que me iba a ir, dije que mi flota será la que los traiga.



— ¿Qué?



— Me encantaría quedarme y conocer más de la isla, para así saber que necesidades puede brindarle mi flota y el mercado de mi ciudad — Hablaba Milena levantándose para acercarse a la líder y abrazarla del brazo —. Su Excelencia ¿Podría enseñarme la aldea?


— ¿Qué estás haciendo?



— Sólo le pido un favor a su Excelencia, no tienes que enojarte así.



— Puedes quedarte en la posada, pero no te puedo permitir entrar a la aldea y te dije que los negocios los tienes que hacer con Rata Blanca.



— Oh, que mal… Bueno, igual otro día puede mostrarme bien la playa ¿O no? — Dijo esa chica acariciando el hombro de la líder provocando que Rata Blanca se sintiera celosa.


— Que te la muestre otra persona, Rata Blanca ¿Nos vamos?



— Si.



La líder se apartó de la duquesa para cargar a Rata Blanca y llevársela, esa rubia sonreía de forma burlesca a la castaña que la miraba por los costados de su esposa con unos ojos furiosos, era la primera vez que Rata se sentía molesta porque alguien se acercara a la líder, pues podía oler las intenciones de esa joven.



— Mmm… Creo que todo es tan claro, hacerme amiga de la líder de esta isla me daría las puertas abiertas a toda la riqueza del lugar, igual puedo jugar un poco — Pensaba Milena lamiendo sus labios.





O-O- Rata está sintiendo perturbaciones en la isla jaja.
 

I-AM-ROSY!!

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Leí el capítulo 1 y pobre Rata jaja. Capaz que la líder la convence de tener otra hija.

La nueva tiene un aire a Peach, por cierto.
-O-O Algo, la chica nueva se cree de la realeza pero no lo es (al menos no de sangre)
O-O- Adoro a Rata, es tan guapa jaja y me encanta que su lógica no es lógica en la isla jaja.
PD: En varias ocasiones la líder dirá que Rata Blanca anda de mal humor o de modo por no satisfacer sus instintos maternales jaja. O-O-
 

I-AM-ROSY!!

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Eso es como la gente que dice que una mujer está de malas porque está menstruando lol
-O-O Si jajaja, por algo Rata muchas veces dice que son algo machistas en la isla pero ellas desconocen ese término jaja, igual la líder no lo dice con malas intenciones pues ella lo entiende así, ve que Rata está triste porque su hija crece más rápido de lo que esperaba y ya no comparten el mismo tiempo que antes ni necesita de sus cuidados, lo entiende como que su esposa tiene instintos maternales muy grandes y dentro de su forma de pensar dio una buena sugerencia jaja, aunque Rata no lo ve así porque quien se embarazara es ella, no la líder.
 

I-AM-ROSY!!

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- 3 -



La noche caía en la isla y una joven madre de piel pálida mantenía una cara de pocos amigos, resaltaba demasiado su enojo en el comedor y las demás pensaban en si preguntarle o no que había pasado, nunca la habían visto así y eso que solía tener pequeños corajes a causa de la líder y sus trucos para siempre terminar quedándose en casa con su esposa.



— Rata Blanca, no haz probado bocado.



— Hasta Primavera Blanca te ganó a comer y ya se fue a la cama a dormir — Dijo Corazón de Ébano mirando los ojos de muerte que tenía la pálida.


— No tengo mucha hambre.



— Creo que tiene problemas porque sus instintos maternales no están siendo satisfechos.



— No son mis instintos maternales — Contestó Rata sonrojándose por ese comentario haciendo sonreír a su esposa.


— Si, esa es la cara que me gusta ver en ti.



— Estás loca.


— ¿Qué te pasa Rata Blanca? No eres de rechazar la comida.



— Es esa tal marquesa que llegó a la posada, Milena — Explicaba Rata Blanca decidiendo comer para no preocupar más a la líder —. Anduvo ofreciéndose a mi esposa.


— ¿Ofrecerse?



— Creo que significa cortejar en el continente.



— Pues no me ofreció el cadáver de algún león isleño o un tiburón de costa, alguna prueba de fuerza para decir que era un cortejo.



— Se me olvida que el cortejo aquí está fuera de lógica — Pensó la castaña soltando un suspiro.


La líder y Corazón de Ébano se miraron entre si, no comprendían bien que le pasaba a Rata Blanca pues no era algo que se viera en la isla, eran muy respetuosas respecto a las parejas de cada quien y todo se definía siempre por la fuerza, el único caso que se salió de la regla y solamente al principio fue la relación entre la líder y Rata Blanca, pero eran más por las características de la pálida que por otros motivos.


— Rata Blanca, no tienes que preocuparte por eso, todas en la isla estamos seguras que su Excelencia no tiene ojos para nadie más.



— Eso lo sé mejor que nadie, pero no me gustó que esa chica se le acercara.


— Tal vez estás celosa, es la segunda chica de piel blanca que pisa la isla, piensas que la líder se fijará en ella.



— No me fijo en su piel.


— Yo amo a Rata Blanca, no me interesa nadie más — Dijo la líder con una sonrisa haciendo sonrojar a su esposa —. Además, no tienes que preocuparte, nadie es más blanca que tú.


— Eso es cierto Rata Blanca, tu piel es pálida, tan blanca como la leche.



— Repito, no tiene nada que ver con mi color de piel.



— Si te molesta tanto la podemos sacar de la isla.


— No, tal vez sólo me estoy haciendo ideas.



— Que linda.



— ¿Qué cosa? — Preguntó Rata Blanca viendo como su esposa sonreía.


— Es lindo cuando quieres defender tu lugar como mi esposa.


— Es verdad, no debo de preocuparme cuando te conozco muy bien… ¿Y podrías dejar de frotar tu pie en mi muslo?



— Ya es noche, lo prometiste.



— Por Regalea, en serio que sólo piensas en eso.



— También en.


— Ya, ya… Ya lo sé — Susurró Rata Blanca sonrojándose por completo.


— Bueno, paso a retirarme que ya es hora de ver a mi nieta y darles su espacio.


— Gracias por comprenderlo Corazón de Ébano.


— Sé cuanto ama a Rata Blanca y disfruta de estar a solas con ella.



— Y tú le das cuerda — Suspiró Rata Blanca para luego mirar fijamente a Ébano —. Le dices a Luna Nueva que si la puedo ver mañana por la tarde, quería pedirle consejos sobre Primavera Blanca.


— Está bien, descansen.



Corazón de Ébano se retiró del comedor dejando a la pareja real terminar de cenar, Rata Blanca trataba de tomarse su tiempo pero ese pie travieso de la líder al final llegaba a un punto donde no podía evitar reaccionar y como siempre pasaba, la hacía cumplir su promesa de tener sexo en la noche y como también frecuentemente ocurría, la pálida tenía que morder las almohadas por el placer que sentía por lo apasionada que era su esposa con ella, después de todo, desde los doce años exploró su cuerpo y sabía bien como estimularla y manejarla a su antojo en la cama.
En la posada construida en la costa, una joven que vestía un camisón de seda se servía una botella de vino mientras admiraba la vista que tenía desde su habitación, sin dudas esa isla era un lugar paradisíaco, lleno de recursos y bastante civilizado comparado a la idea que tenía de las isleñas, ser la primera en establecer relaciones económicas a gran escala con ese lugar sería la puerta a obtener la vida que siempre deseó pues aunque era una duquesa, su ciudad no era ni la sombra de las ciudades medianas del Sur.


— Por lo que pude informarme con las chicas que están trabajando en la playa, parece que esta isla se rige por la ley de la más fuerte, sólo hay mujeres pero cualquiera de ellas, incluso las más jovencitas podrían derrotar al menos a diez de los mejores soldados de Regalia — Pensaba Milena mientras tomaba de su copa y veía sus notas.


La más fuerte y apta es a quien llaman su Excelencia, eso lo tenía muy bien puntuado, la forma en que es tratada y como gobierna se asemejaba mucho a los reyes, su autoridad es absoluta, pero no parece ser alguien que le tuviera interés a las riquezas, en realidad a nadie de la isla, se preocupaba más por la alimentación, protección y crecimiento de su pueblo.
Milena guardó su libreta en el cajonero al lado de la cama y se acostó pensando en que tesoros podría haber dentro de la isla, si con lo visto en la playa bastó para dejarla sorprendida, todo el tiempo pensaba que las eternas y sus bendiciones eran sólo cuentos, pero empezaba a creer al ver que tan benditas eran esas mujeres por todo lo que poseían en ese trozo de tierra en medio del océano.


— ¿Se puede? — Dijo alguien detrás de la puerta —. Le traigo la cena.


— Muchas gracias.



Una mujer alta y morena entró para dejar la comida en una mesa de la habitación, Milena quiso aprovechar la presencia de esa persona así que decidió ser un poco más abierta en sus preguntas.


— Disculpa ¿En serio la palabra de Su Excelencia es ley aquí?


— Si, su Excelencia es la que se encarga de que todo tenga orden en nuestra isla, quien nos ayuda a crecer, ser más fuertes y honorables.



— Si la líder me invitara a entrar a ver el pueblo ¿Alguien me lo prohibiría? — Preguntó Milena notando que esa chica la miraba con algo de enojo por el atrevimiento.


— Aunque estuviéramos todas en contra, nadie te lo prohibiría, pero dudo que lo logres, la única persona no nacida en la isla que ha logrado eso ha sido Rata Blanca y ella se ganó su lugar como una amazona por mérito propio, si quieres que las demás te tengamos respeto tienes que hacer lo mismo.



— Mmm, puedes irte y gracias por la cena.



La mujer se retiró dejando pensativa a Milena, era evidente que no todas eran calmadas como la líder, incluso le sorprendía que ella lo fuera al ser alguien que parecía ser bastante serena y amigable, pero dijo justo lo que quería escuchar, definitivamente ocupaba acercarse más a esa gobernante.


— Si me hago más cercana a la líder de la isla, no sólo podría llegar a conocer más a fondo el lugar, incluso podría obtener favores — Pensaba la joven recordando el detalle más relevante —. Todas las mujeres en este sitio son desviadas, mmm… Nunca me ha interesado una mujer pero no vendría a mal usar mis encantos con ella, el problema es esa paliducha, es muy astuta… No importa, si hablamos de astucia nadie puede equipararme… Aunque me quedó duda ¿Cómo es que dice tener una hija de ella?



La mañana llegó y Milena caminaba hacía la playa con un traje de baño rosa, sombrero y su bolsa de playa, una última moda que se estaba dando entre las mujeres de clase para disfrutar de bañarse en el agua marina, la duquesa buscaba averiguar más sobre lo que ocurría en esa isla y como sacar provecho de todo antes de que trajeran los documentos que ordenó a su tripulación. Mientras paseaba por la arena, pudo notar que a la distancia había una niña que le recordaba bastante a la líder la aldea, esa pequeña estaba pescando en el muelle, los niños eran más fáciles de tratar así que no venía a mal sacarle información.


— Buenos días pequeña.


— Blanca.



— Oh, si mi piel es blanca — Sonrió Milena sentándose al lado de esa niña.


— Pero la piel de mi mamá es más blanca.


— ¿Tu mamá? Mmm… Pero la única chica del continente en esta isla además de mi es la enana paliducha.



— Si, mamá es muy baja de estatura para su edad, pero es muy fuerte.



— ¿Eres hija de la paliducha?



— Si.



— ¿Y tu padre?



— ¿Padre? — Respondió la niña estando confundida pero sonrió al recordar lo que le explicó su madre sobre que era un padre —. Creo que mi padre es mi madre Tifón, perdón no debo de decirle así fuera de casa, debo decirle su Excelencia.


Milena estaba en shock, no podía creer lo que escuchaba ¿Cómo era posible que esa niña tuviera a dos madres? Sin dudas era hija de la líder, era idéntica a ella pero también era hija ¿De Rata Blanca?








O-O- Ni te enteres Milena o te darán ñañaras jaja.
 

I-AM-ROSY!!

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Rata está claramente celosa (y algo más, pero en algunas instancias los celos son más divertidos).



Que se entere, que se entere xD
O-O- Es linda que se ponga celosa jaja, lo gracioso es que no duda de la líder, sino que no le gusta que se le acerquen jaja, salió un pelin posesiva jaja.
O-O- Pobre Milena, jaja.
PD: O-O- ya medio sabes para donde va esto así que irónicamente Rata y Milena terminarán siendo amigas jaja, no buenas pero amigas (Coff coff, Milena tendencias loliconeras)
 
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O-O- CONTINUAMOS!!!



-4-



La niña se levantó de golpe y corrió a los brazos de Rata Blanca que era seguida por la líder, la castaña miraba con sospecha que esa chica estuviera platicando con su hija pero por la mirada de su pequeña no parecía haber pasado nada malo.



— ¿Tifón?


— ¡Mamá!


— Sabes que no debes de salir sin desayunar.


— Escuché que apareció un tiburón costero y quiero pescarlo, mamá Tifón me dijo que a mi edad atrapó tres.


— No tienes que intentar hacer las mismas hazañas que tu madre, ella tenía mucho tiempo libre para andar haciendo cada locura — Dijo Rata Blanca al cargar a su hija —. Buenos días Milena.


— Buenos días, que linda hija tienes.


— Gracias.


— Se lo decía a su Excelencia — Contestó Milena provocando que Rata frunciera su mirada.


— Es linda porque lo heredó de su madre, Rata Blanca es la más bella de la isla.


— ¿Cómo puede heredarlo de ella si tú eres su madre?


— Ambas lo somos.


— Pero eso es imposible, son mujeres.


— No te gustaría saberlo, créeme — Dijo Rata Blanca mientras la rubia estaba confundida.


— Bueno, eso no importa, su Excelencia ¿Podemos ir a la playa? Me encantaría llevarme mejor con usted, por el bien de nuestra futura relación de negocios.


— No tengo nada más que hacer.


— ¡Perfecto!


— ¿Vamos Rata Blanca? Disfrutemos de la playa — Habló la líder quien cargó por sorpresa a su esposa con todo y su hija — Me llamó la atención sus prendas, parece ropa interior.


— Es un traje de baño, es como ropa interior para bañarse.


— ¿Y por qué te bañarías con ropa?


— Hay personas que tienen pudor… Cosa que no entenderías — Dijo Rata Blanca mientras la líder la miraba fijamente.


— Quiero que uses uno.


— ¿Qué? No quiero.


— Yo quiero verte usando uno mamá.


— Por Regalea, tenías que tener sangre de tu madre.



Milena se quedó congelada, la líder la ignoró por completo y se enfocó solo en esa chica paliducha, sentía que su ego había sido golpeado ¿Cómo podía prestarle más atención a esa chica flaca, bajita y más pálida que la luna teniendo frente a ella a quien ganó tres años consecutivos la condecoración de la más bella de la costa Sur?
La familia real llegó a la playa y como siempre pasaba, los ojos de la líder estaban clavados en su esposa que se había puesto un traje de baño aunque en realidad no era muy distinta a la lencería que usaba en casa, sólo le agregó un short pues no quería que su esposa tomara cualquier pretexto para empezar a tocar y su sombrero para cubrirse del Sol de la mañana. Detrás de ellas estaba Milena que se esforzó en elegir un traje de baño que impusiera tanto belleza como elegancia, pero no parecía tener efecto en nadie pues todas las chicas de la isla seguían trabajando en el muelle y la líder miraba a Rata Blanca tal cual un felino tras su presa.



— No me veas así — Habló Rata Blanca cruzando sus brazos al sentirse nerviosa pues esos ojos de la líder avisaban sus intenciones.



— Te ves preciosa.


— Siempre dices lo mismo y no es como si fuera un cambio de ropa muy grande.


— Y te quedan lindas esas sandalias altas.


— Si las uso es porque sin ellas me quedo más baja de lo que ya soy y me empezarás a decir que te gusta lo bajita que soy.


— Me conoces bien — Sonrió la líder provocando que su esposa soltara un suspiro y luego sonriera un poco.


— Claro que te conozco bien, eres mi esposa y no dejas de decirme esas cosas.


— Lo digo porque te amo.


— ¿Qué tal me veo su Excelencia? — Dijo la rubia parándose al lado de Rata Blanca queriendo lucirse.


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Milena se metía en la charla entre la pareja para lucir su cuerpo, aunque tenía cinco años menos que Rata Blanca, su figura era bastante desarrollada sobretodo en el apartado del busto, que aunque Rata Blanca ya estaba acostumbrada a ver senos grandes en la isla, le incomodaba verlos en alguien que perteneciera al continente así como ella.




— ¿Y bien?


— Mmm…


— La dejé sin palabras — Pensó Milena mientras la líder la miraba para luego voltear hacía su esposa — ¿Qué?


— Me gusta como se te ve el sombrero.


— Es el que siempre uso cuando vengo a la playa.


— Igual me gusta — Sonrió la líder provocando un sonrojo en Rata Blanca.


— Ya, vamos a nadar un poco antes de que suba el Sol.


— Es cierto.


— ¿Está prohibido estar en la playa a esa hora o por qué el apresure?


— Rata Blanca no puede estar mucho tiempo bajo el Sol — Explicó Tifón Rojo mientras la pálida seguía de brazos cruzados mirando con sospecha a la duquesa que a cada momento sacaba plática a su esposa —. Es bastante pálida y con poco tiempo en el Sol se quema su piel.


— ¿No usas una crema protectora?


— No ¿Qué es eso?


— Espera.



Aunque no le caía bien esa paliducha, la mente de negociadora de Milena no iba a dejar pasar una gran oportunidad de negocios, así que corrió por su bolso para ir por uno de sus tantos productos que negociaba enfocado para el mercado femenino y nadie de piel clara, en especial alguien como Rata Blanca se negaría a usar algo así.



— Es lo último en cosméticos en la costa Sur — Presumía la duquesa mostrando una botella de cristal amarilla para dársela a la líder —. Es una crema que untas en tu piel para soportar el Sol y no quemarte.



— No había escuchado de él, bueno no es como si estuviera informada de lo que pasaba en el continente desde hace ocho años.


— Soy una de las principales negociantes de cosméticos del Sur, si lo negociamos podría asegurarte una dotación de estas botellas.


— No pierdes el tiempo — Dijo Rata al ver como esa chica se notaba que era hábil para los negocios.


— Rata Blanca lo pensará.


— No tengo que pensarlo pues sólo sería beneficioso para mi.


— No importa — Sonrió la líder acariciando los hombros de su esposa —. Con esta crema podrás pasar más tiempo conmigo en la playa.


— Sabía que iba a ser algo por el estilo.


— Vamos debajo de la sombrilla para ponerte.


— Pero nada de tocar de más ¿Entendido? — Habló la pálida viendo como la líder la miraba fijamente —. Y no, nada de mirarme así, no voy a caer.


— Mamá ¿Puedo jugar en la playa?


— Ve, yo le untaré crema a mamá Rata Blanca.


— No te metas al agua sola hi… ¡Ey, que nada de tocar de más! — Dijo Rata al sentir como la líder la cargaba en sus brazos y aprovechaba para agarrarle el trasero.


— Otra vez… Me dejó sola.


La líder se llevó a su esposa cargando en sus brazos apresurándose a llevarla hacía una sombrilla cerca del muelle dejando a Milena con una sensación de humillación ¿Cómo era posible que esa chica tuviera tanta atención de esa mujer? No es como si tuviera gusto por las mujeres, Milena no era una desviada como se refería a las personas con gustos por los propios, pero siempre fue reconocida por su belleza entre hombres y mujeres, deseada por muchos y envidiada por todas, a sus quince años era una musa para cantantes y pintores de su ciudad no obstante ahí estaba una paliducha y flaca castaña que tenía encantada a la que sería la reina del lugar.
¿Qué rayos pasaba en la cabeza de la líder de la isla? Es lo que se preguntaba Milena, desde que llegó a la isla es como si no estuviera presente, la ignoraba o le daba vueltas a las cosas y siempre terminaba enfocándose a la llamada Rata Blanca, para alguien que siempre fue el centro de atención y todos se ponían a sus pies simplemente era innaceptable.


— ¿Jugamos?


Milena volteó hacía la voz de la niña que le habló, era la hija de la líder, no pudo evitar sonreír al pensar que esa niña era la única que parecía mostrarle atención en ese lugar. La rubia se acomodó frente a ella y le acarició la cabeza pensando que también podía ganarse puntos llevándose bien con esa pequeña, después de todo la líder podría ver que era alguien de fiar.







-O-O Pobre Milena jaja, la líder solo tiene ojos para Rata Blanca y es como si nadie más existiera para ella jaja.
 
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