Original Fic [OCFF] Yo Deseo...

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Guau! Interesante! Hace mucho que no comento, me alegra de que continúes activo!

Bien, el capítulo estuvo bastante interesante, hubo muchas explicaciones acerca de Shenglongmon, varias verdades dichas acerca del mundo (¿Tan rápido circula el odio de muchos hacia nuestro presidente que el mundo se entera?) y acerca de los puntos de vista de TK. Me dejas intrigado acerca de quien podría ser ese extraño visitante, ¿acaso podría ser ese Shenglongmon paralelo que es malvado? Sería la opción más lógica ya que no veo que otra criatura podría hacer temblar a un ser al que el tiempo no le afecta.

Leyendo esto recordé la historia y me vino a la mente que haría si tuviera la oportunidad de hacer cumplir cualquier deseo ¿Que pediría? En realidad se me ocurren que la mayoría de los deseos serían un desperdicio y quizás algunos sean interesantes por algún tiempo como obtener la habilidad de viajar a cualquier dimensión con cualquier poder que desee tener; lo que me lleva a la pregunta: Siendo que tu imaginaste toda esta historia y tantas posibilidades ¿Cual sería tu deseo si Shenglongmon te lo cumpliera?

Espero con ansias el siguiente capítulo y espero que tengas inspiración para continuar, todos la necesitamos en cierto punto.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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El capítulo fue largo y tardaste bastante en terminarlo, pero es lógico, debía ser así.

Por lo que veo, Shenlongmon le ocultó algo a Takeru y Patamon, de lo cual es probable se sepa en el siguiente episodio (digo, el nombre del episodio cuenta algo, ¿no?).

Lo curioso es que Takeru pareció listo, aunque terminó cayendo en la manipulación del dragón esmeralda, quien parece siempre salirse con la suya. Patamon, por su parte, nunca tuvo problemas con los deseos xD.

Bonito dato el de la humillación a Bush (esperaba que Saddam pidiese algo mejor; vamos, era el que mandaba en Irák en aquella época, me defraudó); el duelo de artistas (las caras de WTF de Da Vinci y Sanzio seguro eran para verlas una y otra vez xD); y los deseos políticos. Mamita que Shenlongmon realmente dio vuelta el mundo con sus deseos xD.

Dato aparte: Ulforce V-dramon realmente desaprovechó su deseo. No lo sé, me pareció una mierda; podía hacer algo más.

Ah, y las pruebas de los digimon me mataron xD. Dios, ése Qinglongmon SIEMPRE quiere cagar a su primo. Con un familiar así, mejor estar huérfano (?).

¡Saludos!
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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bueno, a comentar...
buen fic, y parece que lo que asusto a shenlongmon ha aparecido..¿quien sera?..
 

"The Heir of Chaos"
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Buenas gente, ¿Cómo les va? Lamento la demora, pero como saben ando ocupado últimamente; ahora encima tengo dos trabajos: lo que es la necesidad, jeje. No saben cuanto deseé poder llegar a este punto de la historia; quise hacerlo lo mejor posible tanto para mi gusto como el suyo propio, y espero haber cumplido. Nuevamente me disculpo si les hago esperar por los capítulos: hago todo lo posible en el tiempo que dispongo.

Leyendo esto recordé la historia y me vino a la mente que haría si tuviera la oportunidad de hacer cumplir cualquier deseo ¿Que pediría? En realidad se me ocurren que la mayoría de los deseos serían un desperdicio y quizás algunos sean interesantes por algún tiempo como obtener la habilidad de viajar a cualquier dimensión con cualquier poder que desee tener; lo que me lleva a la pregunta: Siendo que tu imaginaste toda esta historia y tantas posibilidades ¿Cual sería tu deseo si Shenglongmon te lo cumpliera?
Acabar mis fics XD. Eso, o gobernar el mundo. ¿Quien no lo ha deseado antes? XD

En fin; basta de presentaciones muy formales: invito a <Andrea>, r4pt0r12, Acero_12, alexandermon, Soncarmela, Ildri, Lord Patamon y otros lectores del fic a leer. Esperando sus comentarios , teorías, especulaciones y opiniones ahí abajito, me despido.

Saludox!




Capítulo 13: Laugh Off: Se acabaron las risas. Parte "3"


A pesar de haber pasado ya casi media hora desde que llegó, TK seguía pensativo en medio de la sala de estar del departamento. Se mantenía de pie, con la foto que Patamon había obtenido de su deseo, pero sin darle la importancia debida a lo que podría ser uno de los mayores descubrimientos de la arqueología, por no decir de la religión. ¿Por qué? Algo lo preocupaba en sobremanera.

Miró por la ventana para confirmar que el cielo seguía completamente negro, sin señal del sol, la luna o las estrellas, lo que demostraba que aun había posibilidad de conseguir deseos por parte de Shenglongmon. Shenglongmon era la cuestión.

— TK, me preocupa que estés tan callado. -Patamon voló en dirección a él hasta tenerlo de frente- ¿Qué ocurre?
— Algo va a pasar.
— ¿Qué?
— En todo el tiempo que conocimos a Shenglongmon, sólo lo hemos visto como un sujeto alegre y burlón; algo gruñón, pero alegre a fin de cuentas. Pero hoy… hoy vi dos aspectos de él que a decir verdad no me esperaba. -contestó de manera pensativa mientras recordaba la conversación con el dragón- La primera: nunca lo vi tan molesto; como si de verdad le hubiese tocado un punto muy sensible para él… Y después… parecía como si hubiera visto algo aterrador.
— Es verdad. -asintió el digimon- ¿Pero que podría ser?
— Para que un digimon inmune al tiempo y capaz de alterar la realidad se asuste, debe de ser algo terriblemente peligroso. No se me ocurre… -un pitido interrumpió al Elegido de la Esperanza; era su Terminal D sonando tras recibir un mensaje. Tras leerlo, lo guardó inmediatamente en su bolsillo y buscó su abrigo- Tenemos que irnos, Patamon. Comiste ya algo, ¿Verdad?
— Si, TK ¿Por qué? ¿Qué ocurre?
— Te lo diré en el camino, vamos.

Estaba de salida junto a Patamon cuando la sorprendió su mamá, preguntando a donde iba con tanta prisa.

— Adivinaré: ¿Salvar al mundo de la devastación?
— Eh…
— TK: llevo tres años acostumbrada a que salgas por ahí a luchar con monstruos y demás. Ve y cuídate mucho.
— Gracias, mamá. No tardaremos.

Mientras salía a la calle, sintió que debió haberla abrazado, o algo. No podía explicarlo, pero tenía el presentimiento de que algo muy malo iba a pasar.


______________________________


Cody había avisado a todos sus amigos que había visto a Daemon volando por los cielos de la ciudad como si nada. Era lógico, pues la gente estaba mucho más interesada en los boletos de Shenglongmon que en un demonio dominado por su esposa promiscua. Esa era la mayor preocupación de los Elegidos: que Daemon se hiciera con un boleto y pidiera un deseo. ¿El Dragón Esmeralda se lo concedería? TK sí que la tenía bien clara.

Davis y V-mon habían recibido el mensaje justo cuando estaban empezando a disfrutar del deseo del digimon azul: un “todo lo que puedas comer” en Kentucky Fried Chicken.

— ¡Ay, no! ¿Por qué aparecen los problemas cuando estamos comiendo?
— ¡Goo gue guiego iggg!
— Yo tampoco, V-mon, pero si no vamos, y después el mundo se acaba, no quiero que nos echen la culpa. -tomándolo de la mano- Así que nos vamos.
— ¡¡¡GGIII GOLLIDO GUENTUCHI!!!
— ¡A mí me duele más que a ti!! -sollozaba Davis mientras arrastraba por el suelo a un glotón V-mon que se hartaba de alitas picantes ante la mirada de vergüenza ajena de los dependientes y clientes del local- ¡¡No llores por nosotros, Coronel Sanders!! -exclamaba Davis antes de abandonar el local- ¡¡Volveremos por más!!

En otra parte de la ciudad, Yolei había recogido todas las cosas relacionadas con su “idilio” hacia Blackwargreymon y las colocaba en los contenedores de reciclaje apropiados. Sus poemas, figurillas de arcilla, de chicle reciclado, dibujos y demás, serían transformados en algo verdaderamente útil. Sólo salvó unas cuantas cosas como recordatorio de su estupidez.

— No puedo creer que me haya enamorado de Blackwargreymon. ¡Dios, que tonta soy! Todos mis amigos se habrán burlado de mí.
— Como no tienes idea… -le contestó Hawkmon, quien la ayudaba con la basura- Yolei, ¿Dónde pongo esta figurita de…? ¡Wacala! ¿Esto es chicle masticado?
— Lo hice yo misma.
— ¡¡QUE ASCO!! ¡¡ESTABAS COMPLETAMENTE LOCA!!
— ¡¡YA LO SÉ, HAWKMON; YA LO SÉ!! Quiero deshacerme de este vergonzoso capítulo de mi vida y seguir adelante.
— Estoy orgulloso de ti, Yolei… Pero eso no me ayuda a olvidar que toqué algo que estuvo dentro de tu boca.
— Sólo espero que Blackwargreymon me perdone por lo tonta que fui.
— Estoy seguro que lo hará… D’arcmon es otra his… -en eso, sonó la Terminal D de Yolei, quien se dispuso a leer el mensaje recibido- ¿Sucede algo?
— Cody dice que vio a Daemon cerca de su casa.
— ¡¿Qué querrá ese cornudo?! ¿Otra paliza?
— Imagino que se la darás tú otra vez, ¿Cierto? -la mirada cargada de entusiasmo de Hawkmon bastó para responder esa pregunta- ¡Vamos por ese inútil!

Ken estaba en el estar de su casa, admirando el boleto que había conseguido: no era un boleto de deseo, sino algo totalmente diferente que Shenglongmon le había concedido. Se alegró mucho de saber que su deseo no era del todo imposible, aunque durara tan sólo unas horas, y tuviera que esperar meses para que se cumpliera. La tranquilidad no le duró mucho: su Terminal D sonó, mostrando un claro mensaje: “Daemon está en el Mundo Real; hay que detenerlo”

— Wormmon, tenemos que irnos. Daemon regresó. -al no recibir respuesta, se levantó de su asiento y fue en su búsqueda- Wormmon, Wormm… -acabó encontrándolo en su habitación, con unas tijeras y varias fotos por el suelo- ¡¿Qué estás haciendo?!
— ¡¡Eh, eh… Ken, yo, yo sólo…!!
— ¡Ahórrate las excusas: debemos irnos de inmediato! Daemon está por ahí afuera; después discutiremos SERIAMENTE tu situación.
— Ken…
— ¡Nada de “Ken…” y vamos ya!

Kari, Gatomon y D’arcmon se hallaban en el departamento de la familia Kamiya cuando les llegó el mensaje de Cody. La Elegida de la Luz fue la que más titubeó a la hora de salir, pero las digimon la ayudaron a salir… a los empujoncitos.

— ¿Por qué Daemon regresaría? ¡Si lo derrotamos la última vez!
— Corrección: lo derrotaron Armadillomon y Hawkmon… Porque de ustedes… Ehmm…
— Se entiende, D’arcmon; no hace falta que profundices demasiado. Por cierto, ¿Tú conseguiste un boleto?
— Si... ¿Y tú?
— También, pero…
— No creo que sea momento de hablar de sus deseos, chicas.
— Si, Kari; lo sabemos -
respondieron las digimon, para después acabar ignorándola- ¿Y qué deseaste, Gatomon?
— Un penthouse en Liberty City; no pude resistirme. Entre hacer a Patamon más atractivo y el departamento… la opción más lógica es obvia. -pensó-
— ¿Sobre Trump Avenue? Oh; eso sí que es ambicioso. Yo deseé mi propia cafetería, para tener un negocio propio.
— ¡Qué buen deseo! -exclamó Kari- ¡A que no saben que deseé yo!
— Una dotación infinita de bombillas.
— ¿Cómo supieron?
— Intuición femenina -dijeron ambas-

Cody y Armadillomon, quienes habían sido los que habían visto a Daemon, anteriormente se hallaban en su casa, discutiendo sobre los deseos que habían pedido, cuando, en un momento dado, vio a Daemon surcar los cielos de la ciudad. ¿Qué estará planeando? Pensó, pero la respuesta era demasiado obvia: los boletos.

— ¡No podemos perderlo de vista, Armadillomon!
— ¡Lo sé, Cody, pero es difícil si no puedo volar!
— ¡Es mejor que guardes tus fuerzas para enfrentarlo cara a cara! -añadió el niño; Armadillomon se puso de acuerdo con el- ¡Santo Cielo! ¡¿Y si consigue uno de los boletos?! ¿Shenglongmon le concederá su deseo?
— Seguro lo hará.
— ¡Sería un desastre! ¿Qué crees que pedirá, Armadillomon?
— Matarnos, conquistar el mundo, cubrirlo todo de oscuridad… Ya sabes, Cody: esas estupideces que desean los villanos de nuestro programa.
— Bueno… sí. ¡Con razón debemos detenerlo! ¿Dónde estarán los demás?

Unas calles cerca de donde estaban, UlforceV-dramon y Magnamon se hallaban discutiendo de su efímera visita a Dubai, y de sus experiencias. Valga decir de puras redundancias irrelevantes a la trama.

— ¿¿Cómo pude perder?? -se lamentaba Magnamon de una manera que hacía que su primo menor se esforzara en no reírse- ¡Yo soy un digimon de miles de años, y el un ser humano!
— No: perdiste porque tú eres un digimon… ¡Y el humano era el puto Fidias!
— ¡Pero técnicamente tengo más experiencia que él!
— A ver, dime: ¿Cuántas maravillas del mundo has hecho? ¿Cuánto de tu arte se halla en el Museo Británico? ¿Dónde está tu leyenda?
— No ayudas, primo. No ayudas para nada.
— Ok, ok… Mejor ni menciono lo ocurrido con los otros dos. -Magnamon se encoge de hombros; Ulforce le da unas palmaditas en la espalda- ¡No te desanimes, primito y vamos por algo para comer o algo así!
— ¡No me digas prim…! -en eso, Magnamon ve por la rabadilla del ojo la silueta de Daemon volando entre los edificios- Ulforce… Daemon está aquí.
— ¿Qué querrá ese viejo cornudo cascarrabias por aquí otra vez? Además de malgastar nuestro tiempo cuando deberíamos de ir a comer.
— UlforceV-dramon…
— Sí, sí; ya se: Somos Caballeros Reales, tenemos un deber, blablablá… No me des el discursito de mierda de Alphamon y vamos a patearle el culo al viejo ese, que quiero mi helado.

En la azotea de un edificio cercano, Agumon y Gabumon se hallaban conversando con los primos gárgolas acerca de sus avances en el tratamiento, pero la charla había aburrido en sobremanera a Devidramon, quien no había hallado una mejor forma de distraerse que capturando palomas con sus Ojos Rojos, para después devorarlas una por una como si tratara de simples nuggets.

— Podrías acabar con eso, por favor. -exigió Agumon; Devidramon se limitó a eructar sin remordimiento, escupiendo algunas plumas- Das asco.
— Gracias; y ustedes aburren: estamos a mano.
— Hablamos de sus avances. -añadió Gabumon, manteniéndose serio- No de algo particularmente divertido. Oh, rayos, Agumon: estamos envejeciendo.
— Seh... Antes nos divertíamos con nuestras terapias… Creo que ya no somos los mismos.
— Los psiquiatras más egoístas del Digimundo -se burló Devidramon, llamando la atención de los aludidos- Sólo hablan de sí mismos.
— Ah, verdad… -se lamentó Agumon, avergonzado- ¿En que estábamos? Si, cierto: en cómo les iba. Nos contaste que usaste tu deseo para… “satisfacer tus deseos más profundos”, Gargoylemon.
— Si: lo usé para hacerlo sufrir un buen rato. Jajaja.
— Es “Mbuahaha”, pedazo de inútil. -se burló Devidramon tras darle un tuque en la cabeza a su primo por idiota- Si: me sometió a una tortura con grilletes, látigos y todo… Pero la tortura real fue oírlo fingir de torturador.
— ¡Tú no cooperabas! ¡No te esforzabas en fingir!
— Tu deseo fue una reverenda MIERDA a la que me arrastraste, y a la que fui obligado a cooperar por Shenglongmon. Yo no soy actor… y definitivamente tú tampoco.
— ¡Eres insensible, cruel! ¡Eres malo conmigo! ¡BUAHHH!
— ¿Ven lo que tengo que aguantar desde niño? -se digirió a los digimon terapeutas- ¿Y esperan que algo cambie en él?
— Pues la verdad que tú podrías ser más amable con él, Devidramon.
— ¿Más de lo que he sido con él toda mi vida? ¡Ni hablar! Si soy más bueno con él, acabaré siendo un digimon ángel. Y yo soy feliz siendo una bestia demoníaca; tengo orgullo racial, carajo.
— Olvídalo… -se lamentaron ambos digimon; en eso, Gabumon pilla a Daemon volar a cierta altura de ellos- Agumon, es Daemon.
— ¿Qué? Seguro que Davis y los demás van a ir por él. ¡Tenemos que ayudarlos!

Agumon warp digivolve a… Wargreymon!!
Gabumon warp digivolve a… Metalgarurumon!!

— Ustedes quédense aquí -les ordenó Wargreymon- ; nosotros iremos a ayudar

Luego de que los dos megadigimon se fueran.

— Yo no pienso hacerles caso: vamos, Gargoylemon.
— ¡Pero es Daemon! ¿Qué se supone vamos a hacer allí?
— Ehm… proteger a TK y Davis, cabeza hueca.
— Ah, sí: verdad… -y comenzaron a volar hacia la misma dirección que los megas- ¿Y desde cuando te importa TK? Creí que no lo soportabas.
— Es mi amigo… igual que tú. -Gargoylemon estaba por decir algo, pero su primo lo detuvo- ¡No te me pongas sentimental!

Cerca de allí, Arukenimon y Mummymon caminaban entre la multitud como si nada, hasta que también vieron a Daemon sobrevolando los edificios de la ciudad, seguido de Magnamon y UlforceV-dramon… y después por Wargreymon y Metalgarurumon.

— ¿Qué querrá ese viejo bueno para nada? Esto es muy sospechoso. Debemos seguirlos, Mummymon.
— ¡Ehhh! ¿Por qué, Arukenimon? ¿Qué se supone que haremos allí?
— Ver lo que hacen los bobos. ¡Ven, Mummymon!
— …



Daemon ya se había recuperado casi del todo de sus heridas causadas tras su última batalla, y había venido al Mundo Real con el único propósito de hacer cumplir su venganza. ¿Y qué mejor manera que hacerlo totalmente gratis a través de un deseo? No tendría que esforzarse en lo más mínimo.

A veces las soluciones fáciles eran lo mejor.

— ¡¡Disparo de Plasma!!
— ¡¡Rayo de la Victoria!!
— ¡¿Qué ray…?! -los reflejos de Daemon actúan sumamente rápido al usar su Fulgor del Caos para neutralizar los ataques- ¿Ustedes aquí?
— ¡¡Te arrepentirás de haber venido a este mundo, Daemon!!
— ¡¡Y de haber arruinado la hora de mí helado también!!
— Ulforce… por favor: no te humilles así.
— ¡¡Quiero mi helado, Magnamon!! ¡¡Y este cornudo de mierda me lo impide!!
— Bueno; ya: lo devolvemos con la puta de su esposa y vamos por helado.
— Yo mejor me dedico a mi plan en lugar de seguir oyendo a estos niños…
— ¡¡¡Terra Force!!
— ¡¡Aliento de Lobo Metálico!!

Daemon logró esquivar los ataques de Wargreymon y Metalgarurumon a tiempo, si bien, no le hubieran hecho mucho daño. Ahora el Señor Demonio de la Ira tenía el doble de molestias.

— ¡¿Cómo te atreves a aparecer en un día tan especial en el que todo el mundo busca cumplir sus anhelados sueños?!
— ¡¡Tienes suerte de que hayamos cumplido nuestro deseo, o estaríamos más enojados!!
— ¡¡Eso no te lo perdonaremos!!
— ¡¡Te castigaremos en nombre de…!!
— ¡¡Párenle ya con esa presentación tipo Sailor Moon, doctores de pacotilla!! -les gritó Magnamon al son de sus sacudidas de brazos y piernas, quien estaba junto a Ulforce en la terraza de un edificio, y los megadoctores en la terraza del edificio contiguo- ¡Esto no es una consulta; es una pelea de verdad, cosa que seguro no conocen, ya que sólo pelean con fracasados!
— ¡¡¿¿Que dices, enano??!! -gruñó Wargreymon; las venas de su cuerpo comenzaban a resaltar- ¡¡Esta es nuestra ciudad, nuestra misión, nuestra serie, y somos los protagonistas: ustedes sólo están aquí en calidad de actores invitados!!
— ¡Se la pasaron jodiendo durante la pelea contra los Dark Masters! -completó Metalgarurumon- ¡Holgazanes!
— ¡Oye, no insultes a mi primo, doctor seducción! ¡Además, tiene razón: Daemon no está a su nivel!
— ¿Quieres apostar? -gruñó el lobo cyborg, preparando sus misiles; Wargreymon sacaba a relucir sus Dramon Killer- A ver que tan rudo eres, pitufo.
¿Se supone que debo pelear contra ellos? -se preguntaba Daemon- No: que los idiotas se maten entre si; estoy ocupado.
— ¡¡JA!! ¡Wargreymon; tú no me llegas a los tobillos: puedo derrotarte en un santiamén!
— Cierto… Pero tengo tu expediente psiquiátrico justo aquí -sacando de la nada un folio color caqui con la foto de UlforceV-dramon; la mirada del Guerrero Dragón se tornó sumamente maliciosa mientras lo ojeaba- Donde explica con sumo detalle tus preocupaciones acerca de ciertas “tendencias” propias de tu lejaaaaaaaaaaaana juventud antes de ser un Caballero Real, y de como lo tomaría cierta “personita”.
— ¿De qué habla? -preguntó Magnamon dirigiéndose a su primo; este comenzaba a temblar-
— ¡Wargreymon tramposo! ¡Eso… eso va en contra del juramento hipocrático! ¡Te quitarán tu título si lo haces, maldito infeliz!
— ¡¡Al menos tengo otros tres títulos de los cuales presumir!! ¡¡Y sólo tengo SIETE AÑOS DE VIDA!!
— ¡Y yo mi Masterado en Electrónica!
¡¡¿¿SE PUEDE SABER QUE DEMONIOS ESTÁN HACIENDO, MANGA DE TARADOS??!!

El recién llegado era nada más y nada menos que BlackVictorygreymon con su Tridente Gaia en la mano, y una expresión de furia en el rostro que iba dirigida no sólo a los megadoctores, sino a los dos Caballeros Reales.

— ¡En lo que están discutiendo de estupideces, Daemon se está escapando! ¿Cómo pueden llegar a ser así de irresponsables?
— Es que, BlackV…
— ¡¡SILENCIO, ULFORCEV-DRAMON!! -le gritó súbitamente- ¡Me esperaba un poco más de madurez de su parte! ¡Y ni hablar de ustedes dos, “universitarios”! ¡¡WARGREYMON!!
— ¿¿Si, her…mano…??
— ¡¡¿¿Acaso se te olvida que puedes evolucionar a otro nivel más??!! ¡¡Evolucionen a su segundo nivel para no ser una molestia a Ulforce y Magnamon y acabemos con la copia barata de Satán!!
— ¡¡SI!!

Los seis Niños Elegidos habían logrado reunirse en un solo lugar para poder enfrentarse juntos a Daemon: sus digimon ya estaban preparados para luchar; sólo quedaba encontrarse con el demonio cascarrabias. En eso, llegan Devidramon y Gargoylemon junto a los niños; algunos miran a la gárgola negra con desdén; a otros, no les molesta en lo absoluto.

— ¿Se puedes decir que haces aquí, bestia?
— Vengo a ayudar, chica linterna.
— Pero no podemos hacer nada contra Daemon; él es un Señor Demonio. Aparte que dijiste que no te metías con megas.
— Es que pensé, D’arcmon. ¿Por qué no proteger a los niños mientras los demás pelean? Así ellos se enfocan en derrotar al cornudo.
— Oh… -se sorprendió la ángel- La verdad no es mala idea; y no estaremos demasiado lejos. Podría funcionar.
— Por mi está bien. -asintió TK- Bien amigos, será mejor que digiev…
— Espera un momento, TK: no será necesario. Cuāuhpillimon se encargará de todo.
— ¡¡YOLEI!! -exclamaron todos, incluido Hawkmon, que no quería verse arrastrado en las locuras de su amiga- ¡Debemos trabajar juntos! ¿En qué estás pensando?
— En que es una pérdida de tiempo hacer digievolucionar a todos nuestros amigos si ya sabemos que tenemos dos digimon que pueden derrotarlo con suma facilidad.
— Tuvimos suerte en ese momento: ni Daemon ni nosotros mismos sabíamos que Hawkmon y Armadillomon eran Caballeros Reales; ahora él lo sabe. ¿De verdad crees que aparecería de nuevo aquí sin prever esa posibilidad?
— Exageras, TK. Verás como Cuāuhpillimon le patea el trasero a Daemon otra vez. ¡Si hubieran oído como destrozó a Omegamon hace años…!
¡Oh, no: cambié su devoción por Blackwargreymon a una hacia mí! ¡Ay, Diosito! ¿Qué te he hecho para merecer esto?
— De acuerdo: haz lo que quieras: estaremos por ahí por si acaso.
— Verás que no hará falta, pero gracias, TK. ¡Hawkmon!, ¡Armadillomon!
— ¡Ay no! ¿Por qué me arrastran a mí? Ni modo.

Hawkmon warp digivolve a… Cuāuhpillimon.
Armadillomon warp digivolve a… Selahemon.

— ¿Se nota mi falta de entusiasmo por este plan, Cuāuhpillimon? -preguntó el Caballero del Desierto mientras Yolei y Cody se acomodaban a las espaldas del Caballero Águila-
— Sí, pero créeme: no te culparía.
— ¡Basta de hablar y busquemos al demonio cornudo! -estirando las plumas de Cuāuhpillimon- ¡Adelante!
— ¡Yolei, eso duele!

Desde el suelo, sus compañeros los miraron con vergüenza ajena: que Cuāuhpillimon lo ande extorsionando una niña como Yolei era muy penoso, más si tenía el título de Caballero Real.

— ¿De verdad piensas dejar que Yolei se lleve todo el crédito, TK?
— ¡Claro que no, Davis: esto se trata de proteger la Tierra: no de quien es mejor!
— Ay, pero no te sulfures; a mí tampoco me gusta la idea de que a Yolei se le suban los humos porque tiene un Caballero Real como digimon. ¿Y qué hacemos aquí parados? -lanzó su pregunta retórica mientras montaba a Gargoylemon, que no se molestó en protestar- ¡Vamos por el cornudo!
— …
— ¡Ese tiene madera de líder! -exclamó Devidramon; no podía ocultar que Davis le caía cada vez mejor- Vamos, TK: yo los llevo: no tiene caso que Patamon desperdicie su energía en volar.
— Está bien. -TK y Patamon se acomodaron sobre la espalda de la gárgola, sin ningún problema-
— ¡No pienso subir encima de esa bestia horrible!
— ¡Yo tampoco! -exclamaron Kari y Ken: su relación con Devidramon no había mejorado en nada-
— Pues jódanse… -les contestó el aludido, mostrándoles el dedo del medio estando ya en el aire-
— ¿Y que haremos? -se preguntaron Kari y Ken-

El pobre de Gargoylemon tuvo que llevar a tres de los Niños Elegidos y a sus digimon sin rechistar, a pesar de que Gatomon, Wormmon y V-mon tenían evoluciones capaces de volar. Pero como la idea era que ahorraran sus fuerzas para pelear, tuvo que llevar a sus espaldas a los seis.

— ¿Estás seguro que no necesitas que te ayude, Gargoylemon? Podría llevar a algún…
— ¡¡Por favor, llévame, D’arcmon!! Estaría feliz de… -arañazo de Gatomon- ¡¡AHHHH!!! ¡¡ESO DUELE!! ¡¿Por qué, Gatomon?!
— Oh, perdona, V-mon… -restándole importancia al asunto- Fue solo un reflejo involuntario.
— Descuida, D’arcmon. Estoy bien; en serio. Los puedo llevar.
— Mmm… No me gusta estar sobre esta bestia fea; me recuerda a la otra bestia fea.
— Wormmon; no seas sí.
— Es verdad. -añadió Davis- Gargoylemon no es como Devidramon.
— Oh, muchas gracias, D…
— No es cool, rudo, fuerte, asertivo, ni nada de eso, pero sigue siendo un buen sujeto.
— …

Unas cuadras más adelante…

— ¡Ya lo veo: allá está Daemon! ¡Apresúrate, Cuāuhpillimon! ¡Atácalo de una vez!
— ¡Por favor Yolei! ¡Decídete ya!
— Ah, bueno… ¡¡ATACA!!
— ¡¡Mis plumas!! -gritó de dolor el Caballero Águila, al tiempo que Yolei estiraba de su plumaje con tal fuerza que arrancaba algunas plumas- ¡Me las estás arrancando!
— ¡Contrólate, Yolei! -le pidió Cody- ¡Lo dejarás calvo!
— Es mejor que los dejemos aquí antes de pelear. -añadió Selahemon, quien dejó a Cody en la terraza de un edificio cercano- Llama a los demás para decirles donde estás.
— De acuerdo.
— ¡Ni hablar! ¡Yo acompaño a Cuāuhpillimon!
— ¡¡YOLEI!!
— Ni hablar; mejor lo ataco yo primero. ¡¡Choque de Luz!!

Daemon recibió el ataque de lleno, sintiendo una punzada ardiente en el pecho; no era fatal, pero si molesto. Fue entonces que los vio: a los dos digimon que lo habían humillado; no tardaron en llegar los otros: UlforceV-dramon, Magnamon, seguidos de Victorygreymon, Zeedgarurumon y BlackVictorygreymon. De reojo vio también a los otros Niños elegidos montados en los digimon gárgola.

Los megas acabaron rodeando a Daemon, sin que este se mostrara particularmente alarmado por ello.

— ¡Estas rodeado, Daemon! -le señaló ulforceV-dramon- ¡No podrás con todos nosotros a la vez! ¡Por más Demon Lord o Señor Demonio que seas!
— ¡Hagamos las cosas fáciles y regresa al Digimundo tranquilamente!
— ¡O te daremos otra paliza! -se atrevió a decir Cuāuhpillimon; no importaba si la idea de tener a Yolei a sus espaldas era terrible: la emoción que sentía al humillar a Daemon era sumamente excitante y llena de adrenalina- ¿Y bien?
— ¡¡Hoy no habrá terapias, Daemon!! -agregó esta vez Victorygreymon- ¡Al menos no una sin contacto! ¡Eso te lo aseguramos!
— Argg… Tanto parloteo me pone nervioso. ¡¿Podemos ya patearle el trasero de una buena vez?!
— Blackwargreymon es genial -decía Devidramon desde el suelo- Directo al grano y sin verborrea. ¡Eso es un macho alfa de verdad!
— Oh, estoy rodeado. De dos psiquiatras de pacotilla, un emodepresivo y cuatro caballeros flojos. Permítanme temblar por favor. -se burlaba de los digimon, que no entendían la razón- Jaja… JA. ¿De verdad pensaron que vendría a este mundo sin tener un plan de respaldo? ¡¡Vengan mis esbirros!!

Tras chasquear los dedos, Daemon abrió decenas de portales oscuros por toda la ciudad: de los mismos aparecieron digimon sumamente enormes y de aspecto demoniaco: una suerte de quimera alada con cabeza de cabra.

— ¡¡Encárguense de mantenerlos entretenidos, Gulfmon!! ¡¡Y recuerden, que si lo logran, les aumentaré el sueldo!!
— ¡¡Si, Señor Daemon!!
— ¡¡¡YOLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEIII!!!
— Cualquiera se equivoca... jejeje…
— Diviértanse, niños. JAJAJAJA….
— Ya me parecía que esto pasaría… ¡Patamon!
— ¡Si, TK!

Patamon warp digivolve a… Seraphimon!!
Gatomon warp digivolve a… Magnadramon!!
Wormmon warp digivolve a… Gran Kuwagamon!!
V-mon armor digivolve a... Magnamon!!

— Esto se pondrá peligroso -el Caballero Águila toma a Yolei y la coloca con cuidado junto al resto de sus amigos- Será mejor que te quedes aquí; D’arcmon, cuídala por favor.
— ¿¿EN SERIO??
— ¡¡Pero yo no…!!
— ¡SIN PEROS, YOLEI!! Esto no es un juego.
— Bueno…
— Ehm… -Cuāuhpillimon se apena al ver que la ha gritado- Prometo no decepcionarte. Vamos, gente: a acabar con esta plaga.
— ¡Y dense prisa! -les señaló TK- ¡Sólo tenemos diez minutos antes de que Shenglongmon deje caer otra tanda de boletos!
— Ah… ¿El jefe no quería esos boletos? -preguntó un Gulfmon- Yo también quiero uno.
— ¡Idiota! ¡Los boletos son para el Señor Daemon!
— ¡Tengo una idea! -dijo otro Gulfmon- ¿Y si matamos a todos de una vez? El Señor Daemon no nos dijo nada sobre hacerlo rápido.
— Haz lo que quieras.
— ¿Qué piensa hacer? -se preguntaban los megadigimon-
— Jejeje… -en la boca de su cabeza comienza a reñirse una gran cantidad de energía oscura, formando una esfera violácea- Esto será rápido.
— Ese infeliz va a…
— ¡¡Grito de los Muertos!!
— ¡¡Escudo Coyolxauhqui!!

Lo que hubiera sido un ataque fatal de parte de uno de los Gulfmon, fue contenido dentro del escudo de energía de Cuāuhpillimon, formando una burbuja azul de contenido violeta; el Caballero Águila absorbió esa energía que pasó a través de su puño al resto de su cuerpo, y luego la concentró nuevamente en su mano para usar su Golpe Chalmécatl aumentado diez veces contra Gulfmon, enviando una ráfaga de energía oscura directamente a la boca del estómago de la gigante quimera demoniaca: el digimon demonio fue desintegrado en segundos; los otros Gulfmon comenzaron a temblar de miedo, mientras los compañeros de Cuāuhpillimon no cabían en su asombro.

— ¡¡Eres asombroso, Cuāuhpillimon!! ¡¡Eres increíble, te adoro!!
— Hum… Yolei… -Cuāuhpillimon no pudo evitar sonrojarse; sacudió su cabeza y se volvió hacia los demás Gulfmon- ¡Al próximo que se le ocurra usar esa técnica de nuevo, se la reviento en la boca! ¡¡¿¿HA QUEDADO CLARO??!!
— ¡¡SIII!!
— Cada vez me cae mejor el aguilucho. -rió Devidramon- ¡Bravo!
— ¿Qué demonios están esperando? -refiriéndose a sus amigos- ¡Es hora de matar!
— Pero…. -Cody comenzó a dudar; matar digimon no era su estilo- ¿No podríamos solo regresarlos al Digimundo?
— No… -la sentencia la hizo TK; hasta Seraphimon se sorprendió- No podemos perder tiempo en contenerlos y luego esperar a que Daemon consiga el boleto. Ellos son una mera distracción. Hay que acabar con ellos.
— TK… -murmuró Seraphimon- ¿Qué es lo que te pasa?
— ¿Esto no tiene nada que ver con tu estúpido odio a los digimon oscuros?
— ¡Por favor, BlackVictorygreymon; esto es serio! -el digimon no podía creer que le hablara así; algo era diferente en el Elegido de la Esperanza- No podemos dejar que Daemon cumpla su deseo… sea cual sea… -TK miró de reojo a su alrededor; al ver varios letreros de un grupo de edificios se le heló la sangre: TODOS tenían el mismo mensaje de “I am Here”; sin saberlo, Seraphimon también lo había visto y comprendió el motivo de su preocupación. A pesar de que la visión duró unos pocos segundos, fue suficiente para aterrar a ambos- Hay que detenerlo.
— Haré lo que pueda, TK.
— ¿Ya acabaron con el discursito? -preguntaron los Gulfmon- ¡Hora de matarlos!
— ¡¡De eso nada!! ¡¡Tridente Gaia!!

Ambos Victorygreymon atacaron a un par de Gulfmon con sus Dramon Breaker; uno de ellos fue destruido, pero el otro esquivó el ataque y derribó a BlackVictorygreymon estrellándolo contra el asfalto. Los demás digimon también se pusieron a luchar: Magnamon y Ulforce se encargaron de otro par, aunque el Magnamon de Davis les causó muchos problemas, y acabaron protegiéndolo más a él que destruyendo a los Gulfmon. Seraphimon atacó con su Séptimo Cielo a otra de las quimeras, pero esta se lo regresó de un manotazo; Magnadramon logró -de milagro- acabar con dos de ellos gracias al combo de su Niebla Eremita y su ataque Apocalipsis. Selahemon acabó con uno gracias a su Luna Creciente, sólo para descubrir que los Gulfmon habían adquirido nuevos poderes; otra de las quimeras lo derribó con una esfera de energía oscura.

— No recuerdo que los Gulfmon pudieran hacer eso.
— ¡¡Maldito Daemon!! -gruñó enfurecido el Caballero Águila tras derribar a un Gulfmon de un puñetazo y ayudar a Selahemon a ponerse de pie- ¡¡Debió darles poderes extra para causarnos más problemas!! ¡¡Cada vez lo odio más!!
— Tranquilo, Cuāuhpillimon. Parece que cada vez que evolucionas, te vuelves más y más agresivo.
— No lo creo; son cosas tuyas.
— ¿Qué piensas de Omegamon?
— ¡¡PATAS DE POLLO BUENO PARA NADA!! ¡¡MUÑEQUITA DE PORCELANA; NO TE…!! -Selahemon le da unas palmaditas en el hombro- ¿Ehh?
— Dándome la razón.
— Si fueran tan amables… -les pidió UlforceV-dramon, quien forzaba con otra de las quimeras- ¡¿Podrían ayudarnos?! No es un paseo por el campo precisamente.

Mientras tanto, los niños y los digimon ene tapa adulta observaban la pelea. Salvo TK, todos estaban expectantes de la misma. Ya sólo quedaba una docena, sí, pero el Elegido de la Esperanza sabía que los Gulfmon no eran el problema, sino su líder, a quien había perdido de vista. Y sólo quedaban tres minutos.

— ¿Qué estás buscando?
— A Daemon, Davis. ¿Acaso te olvidaste la prioridad de esta pelea?
— Ah, si…
— ¡¡Allá!! -señaló en el cielo- ¡¡Está huyendo!! ¡Lo sabía! ¡Estos digimon son sólo una pantalla de humo, y nosotros caímos!
— ¿Y qué podemos hacer? -le preguntó Yolei, viendo como su compañero eliminaba otro Gulfmon- Aun no hemos terminado aquí, y nuestros amigos siguen peleando.
— No todos -mirando hacia la gárgola oscura- Por favor, llévame junto a Daemon.
— ¿¿¿QUUEE???
— ¿Estás loco, pendejo? ¿Qué parte de “no me meto con megas” no entiendes? ¡Es una locura! ¡Nos va a matar!
— ¿Acaso eres un cobarde, Devidramon? -TK sabía que ahí tocaría un punto muy sensible del digimon… o que arriesgaría la frágil amistad que acababa de cosechar con él. No importaba; no cuando sentías que el mundo entero estaba en peligro- ¿Qué pasó del digimon rudo que tomaba riesgos?
— Súbete y cierra el hocico. -le contestó a secas; no en un tono indignado, sino más bien cómplice; TK obedeció de inmediato- Mejor que te sujetes… -apenas lo dijo despegó en dirección al Señor Demonio- Esto será brutal.

Los amigos de TK observaban absortos verlo volar junto a Devidramon. Si: ya habían asumido que eran amigos, pero… ¿A tal punto de hacer algo juntos y arriesgar sus vidas? O el niño era muy valiente, o acababa de perder un tornillo. Seraphimon no tardó en darse cuenta de la gárgola oscura alejarse del campo de batalla, ni en ver un diminuto punto rubio montado en ella.

— ¿Esos eran Devidramon y TK? -los niños asintieron- ¡¿Pero en qué estaban pensando?!
— TK quiere evitar que Daemon tenga los boletos -le contestó Cody- Y cree que perdemos el tiempo con estos Gulfmon; lo cual es cierto, pero…
Sé que estás preocupado, TK ¿Pero llegar a esto? -pensaba el ángel digimon; sin perder tiempo, decidió ir junto a ellos- Al diablo estas plagas; ayudaré a TK.
— Yo te ayudo -añadió Magnadramon- No podrás hacerlo solo.
— Mmm… Gracias por tu confianza, querida -pensó Seraphimon-
— ¿Pero que le habrá picado a TK? Antes regañaba a los digimon oscuros y ahora se monta en uno.
— Te diré que le pasó Kari: maduró. -ella se limitó a hacer un puchero por el comentario de su digimon- Capaz y debas hacer lo mismo.

Mientras los megadigimon acababan con los últimos Gulfmon, TK se aferraba a las orejas de Devidramon: le había pedido que adoptara su tamaño gigante y no había calculado lo difícil que era montar sobre ese digimon. Las escamas no daban mucho agarre.

— ¿Cuál es el plan?
— Estás en tu tamaño gigante, ¿No? El plan es hacer lo mismo que hizo Wormmon contigo hace meses.
— O sea…
— Vas a embestir a Daemon.
— Ehm… Sabes que es una idea cuasi suicida, ¿Verdad? ¿Qué es lo que te motivó a hacer esto?
— Espero no descubrirlo. ¿Vas a ayudarme o no?
— Ni modo. -respondió con un bufido- Más vale que reces por los dos, porque vamos a hacer una completa locura.

Daemon contaba los segundos: faltaba muy poco para que Shenglongmon dejara caer otra tanda de boletos por todo el mundo. Sólo necesitaba uno para cumplir su deseo, y deshacerse de los Niños Elegidos, de sus molestos digimon, de su antiguo maestro. De todo y todos.

Los Gulfmon acabarían muertos, pero eso no era importante: les había dado algo de poder extra y prometerles una jugosa paga si distraían a los Niños Elegidos. Y como esos digimon tenían el cerebro del tamaño de una pelota de ping pong, no sería tan difícil convencerlos: hasta ahora, habían cumplido con su cometido.

Treinta segundos más. Veintinueve, veintiocho…

— Falta muy poco. ¡Pronto pondré a todos en su lugar! Y todo gracias a mi antiguo maestro. -hablaba para sí, mientras tenía un viejo cuaderno negro espiralado bajo el brazo- No tienes idea de cuánto disfrutaré verte humillado.

Veinte segundos, diecinueve, dieciocho…

— ¿Cómo demonios TK piensa en hacer algo así? ¡¿Y sin mí?! ¡Yo debería de atacar a Daemon en lugar de Devidramon!
— Capaz no sea el mejor momento para decírtelo, cariño, pero no has destacado mucho en peleas.
— Pero…
— Además, creo que es más importante preocuparnos por él que preocuparnos con quien está. Y eso que no soporto a esa gárgola machista.
— Tienes razón, Magnadramon.

Diez segundos, nueve, ocho…

— ¿Estás listo, Devidramon?
— No. Pero lo haremos de todos modos.
— Así mismo.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Cero.

Los boletos dorados comenzaron a caer con la lentitud y gracia de copos de nieve de tenue resplandor en medio de la oscuridad. En todas partes la gente salía a las calles ansiosa de tomar un boleto y cumplir su deseo.

Daemon era uno de ellos: quería cumplir su deseo a toda costa; no habría una mejor oportunidad que esta. Un resplandor dorado se hacía cada vez más grande, estaba casi al alcance de sus manos; ya podía palpar el papel… Entonces, sintió una fuerte embestida, seguida del sabor del concreto de una terraza en su boca, así como pequeños escombros entre los dientes. Tras separar su rostro del concreto alzo la vista sumamente furioso para descubrir al responsable: era nada menos que ese Devidramon rebelde, con el Elegido de la Esperanza sobre su cabeza.

— ¡¡Esta no te la perdono, condenada gárgola traidora!! ¡¡Llamas…!!
— ¡¡Llama Sagrada!! -Magnadramon ataca con su llamarada rosa, evitando que Daemon ataque a TK- ¡Atácalo, Seraphimon; está distraído!!
— ¡¡Séptimo Cielo!
— ¡¡Eso no funcionará!! -gritó Daemon, tomando un espejo gigante, el cual le devolvió el ataque a Seraphimon, convirtiéndose en Patamon de nuevo- ¡Polilla inútil!
"A veces me pregunto qué le he visto" -se dijo para sí Magnadramon, mientras iba a buscar a su “papita querida”- ¿Estás bien, Patamon?
— Eh… Si, queri… ¡¡Cuidado!
— ¡Mueran, tortolitos! ¡¡Fulgor del Caos!!
— ¡¡Patamon, Gatomon!! -aunque Magnadramon cubrió a Patamon, el ataque acabó regresándola a su estado de Gatomon- ¡Tenemos que ir por ellos!
— ¡¡TK, nos tenemos que ir!! ¡Daemon nos tiene en la mira!
— ¡Irán al infierno! ¡¡Lla…!!

Esta vez recibió una embestida muchísimo más fuerte, al punto que acabó atravesando tres edificios seguidos; al mismo tiempo, sintió que alguien lo apretaba del cuello. Cual sería su sorpresa al descubrir que el causante había sido UlforceV-dramon.

— ¡¡No lograrás nada, ABUELO!! ¡Te regresarás al Digimundo ahora mismo!
— Niño tonto... ¡¡Fulgor del Caos!!

La ráfaga de energía lanzó a Ulforce fuera del edificio, estrellándolo contra otro; Magnamon, al verlo, procedió a atacar con su Disparo de Plasma contra el edificio para evitar que Daemon saliera; lo único que recibió fue otro Fulgor del Caos, estrellándose sobre su primo menor.

— ¡¡Malditos mocosos!! ¡Sólo buscan distraerme para que no obtenga los boletos! -miró hacia arriba; aún seguían cayendo del cielo; uno estaba al alcance de su mano- No se saldrán con la suya.
— ¡¡Tormenta Arábiga!! -Daemon salió volando hasta estrellarse contra el asfalto, formando un inmenso cráter; Al reincorporarse vio como la tormenta de Selahemon había hecho revolotear los boletos hacia arriba- ¡¡No tendrás ninguno de los boletos, Daemon!! ¡¡Resígnate!!
— ¡Tú… condenado jeque de porquería! -Daemon procedió a quitarse la capucha, mostrando su verdadera identidad- ¡¡TÚ NO VAS A HUMILLARME OTRA VEZ!! ¡¡PUÑO MARTILLO!!
— ¡¡Choque de Luz!!

Daemon esquivó el ataque del Caballero del Desierto y lo golpeó con ambos puños con tal fuerza, que regresó a ser Armadillomon; al ver a su amigo caído, Cuāuhpillimon acudió a rescatarlo antes de que el Demon Lord de la Ira lo aniquile con sus propias manos. Éste sin embargo, al ver que tenía al pequeño mamífero en sus manos, aprovechó la situación para noquearlo de sendos golpes en el estómago y hacerlo perder su digievolución. Apenas vio a los dos digimon tirados en el suelo, captó también uno de los boletos caer cerca de su mano; lo tomó.

Misión cumplida.

— ¡¡HAN FRACASADO, MALDITOS MOCOSOS!! -estiró su brazo al cielo, mostrando su premio- ¡¡AQUÍ LES MUESTRO LA LLAVE DE SU DESTRUCCIÓN!
— Oh, no… -se lamentó TK golpeando contra la cabeza de Devidramon tras recoger a Patamon y Gatomon; a la gárgola no le importó- Fallamos.
— ¡¡Déjenme compartir con ustedes mi alegría!! ¡¡Deseo una pista!! -tras pronunciar estas palabras, la pista apareció dibujada; era una bastante fácil- ¡Que conveniente! ¡No necesitarán viajar mucho para ver cómo me salgo con la mía! ¡Nos vemos en la Torre de Tokio!

Tras decir esto, salió volando en dirección a la torre; los niños y los digimon se reagruparon en vista a hallar una solución: no la había. Al menos no de su parte.

— TK, recuerda lo que dijo Shenglongmon.
— Es verdad… ¡Lo olvidé! Puede que aun haya esperanzas.
— ¿De qué hablan ustedes dos? -preguntó Davis- ¿Qué tanto saben?
— Shenglongmon suele jugar con aquellas personas que piden cosas que él no quiere conceder, haciéndolas dudar para que acaben deseando otra cosa.
— ¡Pero ese dragón es un tramposo! -gritó una Kari sumamente indignada- ¡Es muy feo manipular así a la gente!
— En este momento es lo único que nos queda: que Daemon acabe deseando alguna tontería como que su esposa le sea fiel o algo así.
— ¡¡JAJAJAJAJAJA!! -la carcajada de Ulforce rompió toda la densa atmósfera de la situación- ¡¡¿¿LILITHMON…FIEL??!! ¡¡QUIERO VERLO!! ¡¡DUDO QUE CON TODA SU MAGIA SHENGLONGMON LOGRE SEMEJANTE MILA…!! -Ulforce deja de reír al ver como todos, incluido su primo, lo miran con el ceño fruncido- Mal momento, ¿Eh?
— MUY mal momento, primito. Es más… ¡¡¿¿QUÉ CARAJO HACES AQUÍ??!! ¡¡VE JUNTO A SHENGLONGMON Y TRATA DE CONVENCERLO DE QUE NO LE CUMPLA SU DESEO AL CORNUDO!!
— ¡¡Ya voy!!
— ¡Nosotros también debemos ir! -sugirió TK a sus amigos- ¡Andando!


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Shenglongmon se hallaba tomando su té calmante con manzana verde y canela sobre el techo del Observatorio Especial de la Torre de Tokio mientras aguardaba al próximo afortunado al que le concedería su deseo; mientras aguardaba, miraba a su alrededor la bulliciosa ciudad iluminada sumamente pensativo. No eran los deseos lo que lo habían obligado a buscan una manera de relajarse; era otra cosa.

Aquella reunión con Takeru Takaishi lo habían hecho despertar emociones largamente dormidas, y también, haber visto cosas que nunca hubiera querido ver. ¿El Elegido de la Esperanza era el responsable? No; no lo causaba él, pero sí era un testigo confiable de que no estaba alucinando. Ya había tenido sueños “horribles” días atrás, y visto señas de “su llegada”.

Rogaba porque sólo sean alucinaciones; mientras tanto, debía seguir sonriendo.


Un bólido azul acabó estrellándose contra la mesita de té donde se había acomodado a descansar, volviéndola astillas. El Dragón Esmeralda acabó sentado en la silla con la tacita en mano mientras observa extrañado a UlforceV-dramon contra el piso, cubierto de astillas de madera y porcelana y té derramado.

— ¡¡Shenglongmon!! ¡Por fin, yo…!
— Calma, calma, muchacho. Deja que te limpie. -tras un chasquido de dedos, la suciedad que cubría al Caballero desapareció- Listo. Ahora dime, con calma. ¿Qué ocurre contigo para que atropelles mi mesita de té?
— ¡Es que, yo! ¡Daemon…!
— Estoy aquí, “maestro”.
— Oh, mierda…

Daemon había sido mucho más rápido que el mismísimo UlforceV-dramon; el Caballero maldecía para sus adentros. El Demon Lord se había vuelto a colocar su capucha, y miraba fijamente a su antiguo maestro. Los Niños Elegidos llegaron poco después en compañía de los digimon; sin saberlo, Arukenimon y Mummymon también habían llegado tras espiarlos durante casi media hora.

Shenglongmon no sospechaba nada de las intenciones de Daemon, y se lo tomó de manera divertida.

— Ah, pero miren quien está aquí. Mi querido exestudiante el comepegamento. ¿Cómo te ha ido? Te ves mejor a la última vez que te vi: sin moretones, huesos rotos… Hey, ¿Tu señora sabe que estás aquí? -Daemon deseaba grítale por todas aquellas burlas, pero como estaba por regresárselas todas, contuvo su ira tras su indiferente expresión- Anubismon y Hekatemon como que están algo flojos con eso de las libertades condicionales.
— Mi boleto.
— Oh, Así que tú eres el afortunado. Habérmelo dicho antes en lugar de hacerme hablar tonterías, jejeje…
— ¡¡SHENGLONGMON, NO LO HAGAS!! ¡¡NO LE CONCEDAS EL DESEO!!
— ¿Y esos? -preguntó el Dragón Esmeralda, señalando a los Elegidos que le suplicaban no concederle a Daemon su deseo- Ah, claro: imagino que desearás matarlos o algo así. ¡Tranquilos, niños! ¡Sé encargarme de asuntos como este! En fin; sigamos con nuestros negocios. Sabes las reglas, me supongo.
— Oh, sí que me las sé.
— ¡Bien! Entonces lo único que tienes que hacer es pedirme tu deseo. ¿Qué deseas?
— Deseo… que AkuShenglongmon tenga tu puesto como el Digimon Patrono de la Magia.

La sonrisa en el rostro de Shenglongmon se borró automáticamente, la lucidez y juventud de sus ojos se opacó significativamente, y su cuerpo se volvió como de piedra tras oír aquella petición. No esperaba esa respuesta no sólo de su antiguo pupilo, sino de NADIE; le era imposible ocultar su desacuerdo tras una sonrisa. No: era imposible.

A pesar de la distancia, los niños y los digimon que se encontraban allí también lo oyeron, para quedar completamente confundidos: no era lo que se esperaban, en especial TK. Esperaban algo como la conquista del Digimundo y el Mundo Real, el asesinato de los Niños Elegidos, pero solo se quedaron con la misma duda: ¿AkuShenglongmon?

— Haré como que no oí eso. Deja de jugar y dime qué deseas.
— No te hagas el sordo: oíste perfectamente mi deseo: deseo que AkuShenglongmon tenga tu puesto como el Digimon Patrono de la Magia.
— ¿No preferirías, no sé… matar a los Niños Elegidos? Y los revivo después. -pensó-
— ¡¡OYE!!
— No.
— ¿Conquistar el Mundo Real y el Digimundo? A Zoe no le importará. Vamos: sé que siempre lo has querido.
— No.
— ¿Qué tal una Lilithmon fiel y virgen? No será…
— ¡¡JA!! ¡¡LILITHMON VIRGEN, SI COMO…!! -recibe un codazo en el estómago de parte de Shenglongmon- ¡¡Eso dolió!!
— Cállate, Ulforce, que trato de salvar tu azulado culo y el de todo lo que respira. -le gruñó entredientes- ¿Y qué dices? Le puedo hacer un lavado de cerebro y te queda como nueva.
— Ya te lo dije: NO. -para el Dragón Esmeralda, y para TK; ese NO sonó a sentencia de muerte, más para el digimon verde- Deseo que AkuShenglongmon tenga tu puesto como el Digimon Patrono de la Magia.

Fue entonces que comprendió que había fallado: sus intentos de convencer a Daemon se habían estrellado ante su determinación -y terquedad infantil ante todo- uno tras otro, llevándolo a un resultado que no quería aceptar. Ya no veía a Daemon como aquel alumno malcriado y comepegamento del que se había burlado en algunas ocasiones, aquel pequeño DemiDevimon que había aprendido a usar algunos trucos de magia, aquel pequeño digimon que a pesar de todo, había apreciado como a todo pupilo. Ya no: ese digimon acababa de morir frente a sus narices.

Shenglongmon acabó tan consternado que acabó de rodillas en el techo metálico del observatorio; su mirada se mostraba vacía, desesperanzada, perdida en la inmensidad del espacio. Los digimon que lo observaban de lejos, se quedaron atónitos de verlo tan vulnerable, shockeado, triste: ese no era el Shenglongmon que conocían; los niños se sentían de igual manera, preocupándose sinceramente por el bienestar del dragón.

Sólo TK comenzaba a albergar otro tipo de emociones: indignación y rabia. Se lo había advertido…y habían llegado a esto. Aunque TK desconocía el verdadero alcance de la petición de Daemon.

El Demon Lord no podía más que jactarse de su “victoria”, regocijarse de ver humillado a uno de los digimon más poderosos -si no es que el más- ante sus pies. Tanto así, que no dudó en darle un puntapié en el estómago, para consternación de todos los que observaban. Shenglongmon no reaccionó: cayó de costado, manteniendo la mirada vacía.

— ¿Por qué haces esto? -se limitó a decir el dragón de manera casi automática-
— ¿Por qué? Después de años de humillación de tu parte, y de todos mis compañeros; después de años de planificación para lograr mis objetivos, y de ver como en un abrir y cerrar de ojos todo se iba a la basura por parte de unos mocosos humanos, he llegado a una simple conclusión: Nunca podré lograr mis metas mientras tú estés presente.
— …
— ¿Y sabes que es lo peor? Tener de maestro a un digimon que es perfectamente capaz de tomar el poder de un plumazo, que tiene el poder absoluto para gobernar no sólo este planeta, sino miles y millones de mundos: algo que yo he soñado con hacer. ¿Y qué es lo que hace? ¡¡Puras estupideces!! ¡¡Juegas con niños, haces trucos estúpidos y actúas inmaduramente!! ¿Te has puesto a pensar en lo HUMILLANTE que es tenerte como maestro? ¿En lo HUMILLANTE que debes de verte? ¿En cuánto muchos matarían por tener el poder que tú tienes para hacer valer su voluntad?
— Eres… un jodido resentido. Un idiota.
— ¡El idiota eres tú, Shenglongmon! ¡¡PERO SE ACABÓ!! ¡¡Hoy le pondré punto y final a tu era de estupideces!! -entonces sacó de debajo de su capa el cuadernillo negro- ¡No te imaginas la sorpresa que me llevé tras hallar esto!

Al ver el cuadernillo negro espiralado, Shenglongmon reaccionó violentamente, poniéndose de pie; pero ya no tenía la seguridad de antes. El miedo se reflejaba en cada parte de su cuerpo.

— ¿“Los Archipluscuanperfectahipermegasupercalifragilisticoespialidosos y oscuritos secretitos del Digimundo”? ¡¡¿¿DE DONDE MIERDA LO HAS SACADO??!!
— ¿Esto? -se jactó Daemon pasándose el libro de mano en mano mientras sonreía maliciosamente- Lo encontré en mi baño privado; ni sabía que lo tenía.
— ¡¡SE SUPONE QUE ESE LIBRO ES APÓCRIFO: NADIE DEBE DE TENERLO O SABER DE SU EXISTENCIA!!
— Oh, tiene una interesante colección de pornografía; una que debo admitir, me dio un placer sexual indiscutible… Pero lo más excitante para mí fue descubrir que el payaso de mi maestro, el “Gran, Poderoso y Bonachón Shenglongmon” tiene un lado oscuro. Un lado oscuro fascinante, debo agregar.
— ¡¡¿¿Cómo dijo??!! -se preguntaban los Elegidos- ¿Qué Shenglongmon tiene…??
Un lado oscuro… -TK acabó la frase- Claro: era lógico.
— ¡¡NADIE LO SABÍA: TODOS LOS DATOS SOBRE ÉL FUERON BORRADOS A PROPÓSITO, Y LOS POCOS DIGIMON VIVOS QUE SABEN DE SU EXISTENCIA TIENEN TERMINANTEMENTE PROHIBIDO HABLAR DE ÉL!!
— Eso no impidió que documentaran de su existencia en este libro. -concluyó Daemon-. Déjame ilustrárselo a los mocosos chismosos: “AkuShenglongmon: digimon de especie Dragón Demoniaco, Nivel Mega 2, del tipo Súper Virus. Sus poderes mágicos escapan de toda lógica digital comprensible, llegando a niveles MULTIVERSALES. Su propia existencia es desconocida para la mayoría de los digimon a causa de su extremo nivel de peligrosidad para la Existencia misma.”
Tenía razón… -se repetía TK de manera mecánica-
— Pero saltémonos a lo realmente interesante: “A causa de su inmenso poder, sólo dos seres son capaces de invocar a AkuShenglongmon al plano físico: el mismísimo Shenglongmon, y el arcángel Metatrón.” Pero Metatrón no se atrevería a hacerlo, ¿No? -Shenglongmon se lo quedó mirando, conteniendo su acreciente rabia e impotencia- Saltémonos algunos párrafos: “Normalmente, Shenglongmon tiene TERMINANTEMENTE PROHIBIDO invocar a su lado oscuro, por obvias razones. Sin embargo, debido a las normas de búsqueda de equilibrio en el Multiverso y blablablá… (...), los días en que Shenglongmon otorgue deseos libres de reglas, este deseo se vuelve COMPLETAMENTE LEGAL -otro par de palabras que sonaron a sentencia de muerte para Shenglongmon y los demás; y no exageraban- y el susodicho Dragón Esmeralda estará obligado POR LAS REGLAS establecidas por el Supremo Consejo de Entidades Mágicas, a conceder dicho deseo”. Interesante lectura, ¿No crees?
— ¿Crees que Aku te ayudará a conquistar el mundo y esas estupideces? Das pena, Daemon. No tienes ni idea: no tienes ni la más PUTA IDEA de lo que estás por desencadenar.
— Déjate de parloteos, ANCIANO. Y concédeme mi deseo.
— NO.

Ese NO fue como una brisa de aire fresco para los digimon y humanos que ya se imaginaban el desastre; para TK fue una brizna de esperanza… que Daemon no tardó en aplastar bajo su maliciosa carcajada.

— No me hagas reír. No importa cuanto lo niegues: sabes que estás obligado por las reglas a cumplir mi deseo. Y tú, por más rebelde que aparentes ser… SIEMPRE obedeces las reglas: sin importar cuanto estés en desacuerdo con ellas.
— Las reglas están para algo. -dijo cabizbajo- No todas están para romperse, sino para respetarse, sin importar que estés en desacuerdo con ellas. Y en esta ocasión… estoy en desacuerdo con cumplir esta.
— No lo harás… y lo sabes. Ahora CONCÉDEME mi deseo. TE LO ORDENO.

Automáticamente Shenglongmon se puso de pie y tomó a Daemon del cuello, apretujando su tráquea; Daemon apenas podía respirar, pero sabía que no sería asesinado. Conocía a su maestro: por más poderes que tuviera, él no los usaba de esa manera. Era así de débil y blando.

Shenglongmon también sabía que no acabaría matándolo: esa no era su moral. Pero por un segundo, deseaba que sí lo fuera.

— TÚ… PARA MI… ESTÁS… MUERTO, DAEMON. M-U-E-R-T-O.
— Quie… ero mi… deseo… “Maestro”.

Ya no podía seguir postergando lo inevitable: por más que lo odiara, debía de conceder aquel deseo. Soltó a Daemon del cuello y dejó que respirara. Les dirigió una mirada triste a todos aquellos digimon y humanos que lo habían seguido hasta aquí como diciéndoles “Lo siento” y comenzó a preparar el conjuro. Un último cruce de miradas entre él y TK, donde el Elegido de la Esperanza le decía entre la impotencia, la rabia y sus últimas esperanzas de que no lo hiciera, acabaron con el dragón devolviéndole una respuesta con una triste expresión diciéndola: “Son las reglas”.

Shenglongmon juntó sus manos, entre las cuales comenzó a aparecer un orbe de luz rodeado de anillos plagados de runas y otros símbolos mágicos; sobre su cabeza, y a lo largo de todo el firmamento, se materializó su verdadera forma: la del gigantesco dragón serpentino de escamas esmeralda, cadenas doradas, ojos, crin y cornamenta rubí y doce orbes anaranjados. No era una proyección holográfica: Shenglongmon había doblado su ser en dos cuerpos diferentes, existiendo en dos formas a la vez; algo físicamente imposible, pero que él podía hacer sin problemas. Tanto la forma gigante como la humanoide mostraban señales de estar sumamente cabizbajos.

— Hazlo ya, ANCIANO. Tráeme a un digimon maligno de verdad.
DRACUS…
El único ser al que Shenglongmon más teme…
DARKUS…
El único capaz de aterrorizarlo…
DIABÓLICUS!!
Es ÉL mismo.


El orbe en sus manos salió disparado al cielo, para después “estrellarse” en el firmamento, formando numerosas grietas que tras acumularse, estallaron bajo el ensordecedor ruido de un fuerte desgarrón que dejó al descubierto un inmenso agujero completamente negro; en el borde del agujero centellaban rayos y descargas eléctricas de tonalidades rojizas y blancas, como si se tratara de una auténtica puerta al Infierno. Tal vez, de hecho, sí lo era.

Nadie notó como un diminuto puntito oscuro aparecía descender en dirección al gigantesco dragón; antes de que eso ocurriese, las dos formas de Shenglongmon se fusionaron en un haz de luz blanca, para después formar un inmenso orbe del mismo color. Antes de que el puntito tocara el orbe de luz, este expulsó una forma luminosa diminuta hacia el suelo, a la base de la torre.

Davis, y los demás, digimon incluidos, fueron de inmediato a buscarlo: daba toda la impresión de que se trataba de un digimon. ¿Podría ser…?


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En el Digimundo, la inminente llegada de AkuShenglongmon no pasó desapercibida para nadie, si bien escasísimos digimon podían entender la magnitud del desastre.

Los Olímpicos…

— ¡¡Jupitermon!! ¡¡Jupitermon!! -el dios del mar entró como bólido en la habitación de su hermano- ¡Ha regresado!
— Lo sé, hermano. ¡Abrázame, Junomon!
— ¡¡Soy tu hermana Ceresmon, degenerado!! -
le dio una cachetada a su hermano, para después acurrucarse con él- ¡¡Pero igual abrázame; tengo miedo!!
— ¡¡Yo también!! ¡¡Familia, familia!! -gritaba Neptumon: todos los Olímpicos, incluidas sus 50 hijas, aparecieron- ¡¡Abrazo familiar ante nuestra inminente muerte!!

Los Grandes Dragones…

— Shenglongmon… -pensaba Goldramon; avcababa de concluir su rutina de press en banca peso Pangea cuando sintió como su pupilo y amigo se desvanecía- Oh, no.
— Hermano: es el fin.
— Me temo que si, Megidramon.
— ¿Podremos abrazarnos como señal de nuestro amor fraternal ante nuestro inminente fin?
— ¡Ven y lloremos juntos, hermano!! -Megidramon y Goldramon acaban abrazándose entre lágrimas de pavor- ¿Y Magnadramon?
— ¡¡Aquí estoy!! -la dragona entró de improvisto y abrazó a ambos- ¡¡Que Dios nos perdone nuestras orgías!!

Las Bestias Sagradas…

— Maldita sea: ha vuelto. Todo está perdido.
— Zhuqiaomon; no podremos hacer nada, más que rezar.
— ¿Qué pasó qué?
— ¡¡QUE AKUSHENGLONGMON REGRESÓ, TORTUGA CON ALZHEIMER!! Arg… ¿Como es que tenemos a este vejestorio aquí?
— ¿En serio tus últimas palabras serán esas, Zhuqiaomon?
— ¿Qué más da, Qinglongmon? Tu primo nos matará a todos.

Zoe…

— ¡¡ALPHAMON, ALPHAMON!!
— ¡¡Señorita Zoe!! ¡¡Esto que siento es…!!
— ¡Ve a la Tierra y trata de detenerlo: haz lo que puedas! ¡¡YA!!
— ¡¡De inmediato!!
— Él no puede volver… -Zoe acabó recostándose contra la pared, echándose a llorar- No puede volver…


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Cuando los Elegidos y los digimon que los acompañaban llegaron al lugar de aterrizaje de aquella forma misteriosa lo confirmaron: era un digimon del tamaño de Agumon, y muy parecido de hecho, de no ser por su piel de color verde agua, sus diminuta cornamenta roja y alitas del mismo color.

— S… ¿Shenglonmon? -preguntó Davis, sorprendido- ¿Eres tú?
— Lo siento mucho… -se limitó a decir el pequeño dragón de voz chillona, muy cabizbajo- Lo siento.
— ¡Miren allá!

Kari señaló al cielo, donde el diminuto punto negro se fusionó con el orbe de luz blanca. Luego esta estalló produciendo un sonido muy particular, como el de un rápido tecleado digital. Tras menguar la luz, la figura que surgió fue familiar… pero diferente a la vez: era idéntico a Shenglongmon… o casi. Su piel era totalmente negra, su cornamenta, su crin, sus ojos de un completo gris plomo, no poseía cadenas y en lugar del medallón dorado, poseía un emblema muy extraño, como la abstracción de la cabeza de un dragón. Lo más curioso era que en su cuello, sus escamas mostraban un patrón en blanco y negro como… ¿Cómo de una corbata?

El gigantesco dragón cubría todo el cielo, sin mostrar una mínima expresión, mientras que Daemon se mostraba sumamente complacido. Los Elegidos tenían una opinión diferente: Kari y Ken experimentaron emociones similares a cuando estaban en el Mar de las Tinieblas, pero sumamente amplificadas. La diferencia era, que por motivos que desconocían, no los volvía nerviosos, sino sumamente apesadumbrados, decaídos. Sus compañeros acabarían sintiendo lo mismo.

El otro detalle era que el cielo, anteriormente cubierto de nubes oscuras, se había despejado: en Tokio aún era de noche, pero las pocas estrellas que se deslumbraban, brillaban de manera extraña, con un tono violáceo que nadie entendía… excepto por los Caballeros Reales, que ya habían visto algo similar, aunque no relacionado con Shenglongmon, pero igualmente preocupante. Por último, todo estaba en una completa e inquietante calma: no soplaba una brisa, no se oían murmullos, ni las personas que debían de estar horrorizadas de ver a semejante monstruo en los cielos de su ciudad habían pronunciado una sílaba.

Era como si la misma naturaleza quedara paralizada de miedo ante la aparición de aquel digimon.

— ¿Ese es…?
— ¿Aku…?
— Shenglongmon.

— ¿A quién debo de agradecer la gentileza de haberme llamado? -preguntó AkuShenglongmon con una voz profunda y con curioso acento británico, cargado de formalidad-
— ¡Yo, AkuShenglongmon! ¡Yo te he liberado! ¡Aho…!
— Hay… demasiado… bullicio. -dijo el dragón oscuro al ver la ciudad plenamente iluminada, llena de colores y expresiones de horror de sus habitantes: todo eso lo incomodaba. Hizo aparecer unas gafas oscuras tras una peculiar nube pixelada que producía un sonido digital- Esto ayudará de momento. ¿Cuál es su nombre, caballero?
— Daemon, Daemon Wigglestein, Aku…
— Joven Wigglestein. seamos formales por favor. Sea tan amable de dirigirse a mi persona como Señor AkuShenglongmon. Y limite su tono, por favor; la emotividad no es lo mío.
— Como diga, señor. Verá: lo he traído para que me ayude a lograr mi objetivo: gobernar el Mundo Real y el Digimundo.
— Ya veo… Me disculpará enormemente, pero no tengo intenciones de hacerlo.
— ¿¿QUÉ??
— Admiro su ambición, joven Wigglestein, pero sus metas se ven profundamente limitadas a su reducido horizonte. Además de que en mi agenda no está fijada, al menos que yo me equivoque, lo cual nunca pasa debido a mí puntillosa organización, el obedecer a, nuevamente discúlpeme usted el término: simples mortales.
— ¡¡¿¿CÓMO??!! -no importaba cuan formal y educado hablara el Dragón, Daemon se sentía taimado-
— Al final no lo va a ayudar: Daemon es un idiota.
— Silencio, Davis. -le dijo TK, mientras se escondían en unos arbustos- Al parecer AkuShenglongmon tiene sus propios planes.
— Los tiene… -se limitó a decir el Dracomon- Es el fin.

— Sin embargo, y en vista de que me considero un auténtico caballero, sería sumamente poco caballeroso e incivilizado de mí parte el ignorar su contribución a mi persona. Por ello, le ofrezco, en compensación, el puesto como vicepresidente corporativo de mi compañía.
— ¿¿Compañía?? -preguntó extrañado; eso no era lo que se esperaba, pero si conseguía un puesto importante dentro de los planes de AkuShenglongmon era mejor que nada- ¿Y a qué se dedica exactamente su compañía, señor?
— AkuShenglongmon Corporation es una empresa de alcance multiversal cuyo propósito es el monopolio absoluto de TODA la magia del Multiverso, así como su expansión a través de los infinitos universos existentes, importando una nueva cosmovisión de la realidad. MI cosmovisión de la Realidad.
— Eso no sonó nada bien. -añadió Davis- ¿Qué podemos hacer?
— Nada. -suspiró Dracomon- Absolutamente nada. Aún…
— La oferta es generosa, señor AkuShenglongmon. Acepto -apenas respondió, se materializó un gafete en su pecho con la leyenda “Vicepresidente”- ¿Y ahora qué?

— Para poder empezar a trabajar, señor Wigglestein, debemos trasladar mi Sede Corporativa a este universo, para ser el centro de mi emporio cósmico. Y para hacerlo más acorde a mis preferencias personales… -frente a Daemon apareció la figura de un Slayerdramon negro con detalles en gris plomizo; en el pecho de su armadura conservaba el mismo diseño con forma de corbata de smoking, seguía usando sus lentes oscuros, y en su mano portaba un celular modelo Nokia 8110-1, que abrió inmediatamente- debemos hacer algunas remodelaciones a este mundo tan caótico.
— ¿Qué piensa hacer?

Shenglongmon ya intuía lo que haría: no tenía mucho tiempo. Encerró en burbujas mágicas a los Niños Elegidos, a sus digimon, a los Digiterapeutas, los Caballeros Reales, a Blackwargreymon, Devidramon, Gargoylemon, D’arcmon y a la pareja de inútiles de la araña y la momia, para después esfumarse.

Estarían a salvo… por ahora.

Mientras tanto, frente al gigantesco Dragón Azabache apareció un enorme teclado de celular traslúcido, que estaba dispuesto a emplear, hasta que apareció…

— ¡¡Voy a detenerte aunque sea lo último que haga!! ¡¡Digitalize of Soul!!

Ah… Un momento, joven Wigglestein. -la forma humanoide de Aku tecleó rápidamente su celular, y anuló el ataque de Alphamon, para después hacerlo desaparecer en una de esas nubes pixeladas- Bien: retomemos nuestra labor, por favor. -ambas figuras de Aku retomaron a su celular, tecleando…-
— Si.
— ENTROPIA… SILENCIOSA.


______________________________​

AkuShenglongmon observaba desde la ventana de su oficina decorada sobria y monótonamente, en la cima de su torre megacorporativa, observando el paisaje de sus dominios. Podría ser cualquier ciudad de la Tierra, de cualquier planeta del universo, pues todas eran iguales. Aspiró el aire, ahora inodoro y aséptico; bebió un trago de su agua destilada calentada, insípida para su deleite; admiró la monotonía del paisaje de cielos límpidos, desprovisto de colores, aromas y sonidos molestos. Todo aquel bullicio y caos que lo irritaban había desaparecido. Era un nuevo mundo.

Era SU mundo.

Daemon se limitaba a observar en silencio a su nuevo jefe, que dejó la taza en el escritorio y aspiró de su cigarrillo, dejando escapar una columnilla de humo que acabó desvirtuándose en el aire.

— ¿Señor Wigglestein?
— Diga, Señor.
— Vuelva a su trabajo, por favor: hay mucho por hacer. Debemos organizar reuniones sumamente importantes. -Daemon se limitó a abandonar la oficina; Aku siguió observando el paisaje, sin expresión algún. Sacudió su cigarrillo en el cenicero color azabache de curiosos ornamentos plomizos, dejando caer las cenizas adentro- He aquí ahora, que he hecho al cielo y a la tierra, y todo lo que en ellos hay, a mi imagen y semejanza. He puesto fin al reino del Caos de los todos mortales: he desterrado a todos los males de este mundo y he traído orden y paz. He aquí el comienzo de mi dominio. Y lo hallé… perfecto.



¿CONTINUARÁ?
 
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Templario escritor, con poco temple para escribir.
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WOW, WOW WOW!! Esperaba que el enemigo fuera este, y sabía que era un aburrido monótono, ¿pero a este nivel?? ¡IMPRESIONANTE! Creaste el enemigo definitivo quien pudo cumplir su objetivo de dominar la realidad y la respuesta a todo esto es que esta realidad es... ¡Aburrida! ¡genius, just genius!
Ahora... por ley y reglas Shenglongmon está obligado a cumplir ese deseo y ya no es patrono de la Magia. Ese me lleva a preguntas tales como ¿Perdió absolutamente todos sus poderes universales a causa de esto? ¿No hay otros seres patronos o protectores de la magia como los Titanes? Y dado que todos los poderes de Aku son arcanos, ¿es posible combatirlo de alguna otra manera?
Todas respuestas que espero encontrar en el próximo episodio. ¡Llegaste al Climax! Como se resuelve, es lo que queda.

Yendo a un tema menos emocionante. La llegada a este punto tan importante del Fic me hace preguntarme cuanto faltará para que termine y, dado que los trabajos y demás te retrasan, ¿Este será tu último aporte en el mundo del Fanfiction? ¿Harás algún otro trabajo o te jubilarás con este?
Otra vez, genial capítulo y esperemos que todo salga bien.
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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miercoles, yo sabia que deemon planeaba algo para humillar a shenglongmon, pero esto..supero toda mis expectativas...¿como haran para derrotar al hermano gemelo malvado del dragon verde favorito del pueblo?.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Sí bien ya sabía de Aku y todo lo que iba a pasar (bah, sólo que aparecía), tengo que admitir que el episodio me agradó bastante por el tono dramático que tuvo el mismo. Sentía que a ésta historia le hacía falta mucho de eso, y que Shenglongmon comprenda que sus acciones tienen consecuencias.

Sobre Shenglongmon: ¿Cómo se puede ser tan idiota? ¿Creer qué el tipo qué viviste humillando y ridiculizando va a escucharte? Debió ser más amable con su discípulo. Claro, y escuchar a Takeru, que terminó teniendo razón. Sí admito que me tomó por sorpresa que volviera a ser Dracomon, eso lo sentí bastante raro, aunque lógico, considerando que perdía sus poderes.

Las peleas estuvieron buenas en general, no hay mucho que reprochar en esa parte.

Aku como villano promete. Lástima que no se dijo lo que Demon pudo haber visto en ése vídeo, pero sospecho debe tener algo muy interesante de por medio y lo revelarás en los próximos episodios.

Por cierto, buena esa joda a lo inútil que es Seraphimon al luchar, jaja.

Yendo a un tema menos emocionante. La llegada a este punto tan importante del Fic me hace preguntarme cuanto faltará para que termine y, dado que los trabajos y demás te retrasan, ¿Este será tu último aporte en el mundo del Fanfiction? ¿Harás algún otro trabajo o te jubilarás con este?
Otra vez, genial capítulo y esperemos que todo salga bien.
Pero si subió un OS de Digimon el otro día xD. Y por lo que me dijo, planeaba seguirlo xD.

¡Saludos!
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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ahora que lo pienso ¿porque akushenlongmon me recordo a los pixies?..
 

"The Heir of Chaos"
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Bueno, lamento la falsa alarma, pero el capítulo 14 aún no está terminado, pero SÍ está iniciado. Sólo que ahora quiero dedicarme a mi fic de World of Warcraft, que llevo MUCHO tiempo retrasado y al cual también son bienvenidos a leer.

Ahora a responder algunas pequeñas dudas:

Yendo a un tema menos emocionante. La llegada a este punto tan importante del Fic me hace preguntarme cuanto faltará para que termine y, dado que los trabajos y demás te retrasan, ¿Este será tu último aporte en el mundo del Fanfiction? ¿Harás algún otro trabajo o te jubilarás con este?
Otra vez, genial capítulo y esperemos que todo salga bien.
Falta poco; aquí la lista de capítulos:

Capítulo 14: El Imperio del Silencio. Un Mundo "Felizmente" Aburrido.
Shenglongmon nos da más detalles sobre la magia y sobre Aku; conocemos el "mundo ideal" de AkuShenglongmon y sus misteriosos planes; se gesta el plan para derrotar a Aku. Bonus: confirmada la aparición de un invitado especial.

Capítulo 15: El Fin –definitivo- de Daemon.
Daemon tendrá SU ÚLTIMA OPORTUNIDAD de revancha ante nuestros protagonistas.

Capítulo 16: El último deseo.
Se revelan los últimos secretos de Shenglongmon.

Capítulo 17: La Fiesta de Año Nuevo.
¿Cómo olvidarnos de la Fiesta de Devidramon? ¡Hay que despedirnos con estilo!

Capítulo 18: Epílogo.
Unas reflexiones finales, y no: no hay Matt a Marte ni Yolei ama de casa ni otras pavadas del 2027.

Y como te dijo Acero_12, hice un OS -que POR AHÍ acabe en otro fic- hace poco tiempo, el cual estás invitado a leer.

Sobre si será mi último trabajo, lo dudo mucho. Pero no puedo negar que cada vez me queda menos tiempo para escribir, además de que me surgen más cosas por hacer. De todos modos lo seguiré haciendo hasta acabar Yo Deseo, y si Dios me lo permite, mi fic de Wow; los otros ya veré.


Ahora bien; algo de lo que me di cuenta al revisar el fic nuevamente es que no fui muy consistente con las fechas y uno que otro dato; algo que yo culpo al prolongado tiempo que lo llevo escribiendo y que no hay un trasfondo sólido. Por lo tanto, decidí crear una "Linea de Tiempo" para el universo de Yo Deseo, que explica la "peculiar" historia del Digimundo, con algunos toques de Dr. Who, Mutant Chronicles, la teoría de civilizaciones avanzadas previas a la nuestra, la de los Anunnaki, algunas ideas propias, y etc.

Una cosa más: este universo es cuasi un xover con el universo reimaginado de Battlestar Galáctica.

En fin; disfrútenlo. Cualquier cosa me consultan.

Edades del Digimundo:

1) Edad de Oro. (circa 148.000 A.C. - c. 145.000 A.C.)
2) Edad de Plata. (c. 145.000 A.C. - c. 83.000 A.C.)
3) Primera Edad de Bronce. (c. 83.000 A.C. - 71.987 A.C.)

El Día del Horror: 23 de Octubre de 71.987 A.C.
4) Edad de Hielo. (71.987 A.C. - c. 60.000 A.C.)
5) Segunda Edad de Bronce. (c.60.000 A.C. - c. 8.600 A.C.)
6) Edad de las Tinieblas (c. 8.600 A.C. - c. 8.300 A.C.)

7) Periodo de la Paz Efímera (c. 8.300 A.C. - 8.212 A.C.)
Guerra contra la Legión Oscura. (8.212 A.C. - 8.199 A.C.)

8) Edad de Hierro. (8.199 A.C. - Actualidad)


1) Edad de Oro. (circa 148.000 A.C. - c. 145.000 A.C.):

Inicia con el asentamiento de los humanos supervivientes de las Doce Colonias y los cylon humanoides rebeldes en la Tierra, la construcción de Yggdrasil -llamada Moira en ese entonces- por parte de Shifu (Nibirumon), Daniel Oliwah, los avatares virtuales de Zoe Graystone y Tamara Adama, y la consecuente creación del Digimundo. Finaliza con la creación de la primera generación de Olímpicos y el ascenso definitivo a los Planos Superiores por parte de Daniel Oliwah.


Esta edad se caracteriza por la casi nula presencia de digimon por encima de la etapa rookie, el gobierno de Daniel Oliwah sobre el Digimundo y una etapa de completa y absoluta paz y armonía.



2) Edad de Plata. (c. 145.000 A.C. - c. 83.000 A.C.):

Inicia con la creación de la primera generación de Olímpicos para gobernar el Digimundo -Plutomon, Neptunemon, Jupitermon, Junomon, Ceresmon y Vestamon- y el ascenso definitivo a los Planos Superiores por Daniel Oliwah, quedando Zoe y Tamara como consejeras personales de la Moira. Finaliza con el surgimiento de Huanglongmon y las Cuatro Bestias Sagradas y su consolidación en el poder. En algún punto de esta edad, ocurre la primera guerra nuclear global entre humanos de la Tierra.

Esta edad se caracteriza por una escasa presencia humana debido a la reticencia de Jupitermon a tenerlos en el Digimundo, así como la repartición y dominio del mismo entre los Olímpicos, su consolidación como Dioses Digimon, así como su labor civilizadora hacia los demás digimon y diversos conflictos territoriales entre ellos. También por el nacimiento de varios de sus hijos, muchos de los cuales acabarían siendo Olímpicos, como: Apollomon, Dianamon, Minervamon, Marsmon, Merukimon y Vulcanusmon. Otros hijos de los Olímpicos serían Hekatemon; Mervamon, y las cincuenta Mermaimon hijas de Neptunemon.


3) Primera Edad de Bronce. (c. 83.000 A.C. - 71.987 A.C.):

Inicia con la consolidación al poder de Huanglongmon y las Bestias Sagradas y el paso de los Olímpicos a un segundo plano. Finaliza el día de la erupción del Supervolcán de Toba.

El 29 de febrero del 79.096 A.C. nace Shenglongmon. Hacia el año 75.000 A.C. ocurre la segunda guerra nuclear global de la Tierra.

La Primera Edad de Bronce se caracteriza por el dominio del Digimundo por parte de las Bestias Sagradas, el surgimiento de los Devas, pequeños roces entre las Bestias y los Olímpicos, así como el surgimiento de un nuevo grupo rival: Los Grandes Dragones. También destaca el elevado número de humanos que llegan al Digimundo en calidad de Niños Elegidos, el acercamiento paulatino y aumento de influencia del Vacío Abisal en el Digimundo y el asentamiento de seres procedentes del mismo para mantener relaciones comerciales con los digimon.


El Día del Horror: 23 de Octubre de 71.987 A.C.:

Erupción del Supervolcán de Toba, en la actual Indonesia. La erupción de dicho supervolcán causa un invierno volcánico con descensos de temperatura de 3 a 3,5ºC en promedio a nivel global durante 6 o 7 años, la destrucción de la civilización humana de nivel industrial que se hallaba en la Tierra, provocando la muerte del 99,99% de la población -más de dos mil millones de personas- y la casi extinción de la humanidad.

El Digimundo interpretó el Incidente de Toba a su propia manera, ocasionando una extinción masiva de digimon que rondó el 90% de la población original. Asimismo, el daño de la erupción destruyó la IA de La Moira -O Yggdrasil- , ocasionándole la muerte, además de severos daños a la Supercomputadora. En respuesta a ello, el Digimundo entró en una Edad de Hielo.

4) Edad de Hielo. (71.987 A.C. - c. 60.000 A.C.):

Inicia tras el “Día del Horror” como consecuencia de la erupción del supervolcán de Toba, en el 71.987 A.C., y finaliza aproximadamente hacia el 60.000 A.C. con el resurgimiento de la civilización humana en la Tierra. Esta edad se caracteriza por la actividad prácticamente nula de los digimon, debido al estado de hibernación a la que se había sometido el Digimundo para que Zoe y Tamara repararan los daños de la Supercomputadora Yggdrasil, así como la escasa o nula producción de información por parte de los humanos, quienes habían regresado a la Edad de Piedra, y tardarían milenios en volver a la civilización.


5) Segunda Edad de Bronce. (c.60.000 A.C. - c. 8.600 A.C.):

Inicia con el resurgimiento de la civilización humana en la Tierra -los antecesores de la civilización sumeria- y el consecuente “deshielo” paulatino del Digimundo. Termina con el asesinato de Huanglongmon, por parte de Lucemon y el ascenso al poder de los Demon Lord.

Las Bestias Sagradas regresan a tomar el mando del Digimundo, mientras los Olímpicos y los Grandes Dragones ayudan a su reconstrucción. La rivalidad entre los Dragones y las Bestias Sagradas se acentúa cada vez más, siendo Qinglongmon incapaz de solucionar sus diferencias. Se inicia la Guerra de las Bestias, que acaba con la derrota de los Grandes Dragones y su completa marginación del resto de las Hermandades Sagradas.

Los Dragones se reivindicarían hacia el año 57.000 A.C., durante la Guerra de los Colonizadores, cuando una especie de IA alienígena de mente colectiva intenta colonizar el Digimundo, pero es repelida y aniquilada por las Hermandades Sagradas, teniendo los Dragones un papel trascendental.

Shenglongmon se convierte en un completo hechicero profesional, adquiere su inmortalidad y funda su Escuela de Magia y Hechicería para enseñar las artes arcanas a otros digimon. Por consiguiente, el número de digimon magos aumenta significativamente.

Aproximadamente hacia el 40.000 A.C. , ocurre la tercera guerra nuclear global en la Tierra.

Hacia el año 39.000 A.C., los Silentes inician una sigilosa y paulatina infiltración para una posterior invasión del Digimundo con el objetivo de esclavizar a los digimon y hacerse sus recursos. Incapaces de superar las peculiares habilidades psíquicas de los Silentes, las Hermandades Sagradas acuden a Shenglongmon y sus pupilos mágicos. Los Silentes son derrotados y Shenglongmon destruye su planeta, causando su extinción.

Examon, miembro de los Caballeros Reales, nace aproximadamente en el año 18.000 A.C.

Al final de esta edad, Lucemon, hijo de Venusmon y Marsmon, asesina a Huanglongmon, derrocando a las Bestias Sagradas, acorralando a los Olímpicos y junto a sus aliados, forma los Demon Lord.

6) Edad de las Tinieblas (c. 8.600 A.C. - c. 8.300 A.C.):

Inicia con la muerte de Huanglongmon y la toma de poder de Lucemon y los demás Demon Lord, y finaliza con su derrota a manos de Imperialdramon Modo Paladín, Zumemon y sus guerreros.

Se caracteriza por un dominio absoluto de los Demon Lords sobre el Digimundo, fundando las infames “Siete Ciudades del Pecado” y los aún más infames Siete Pilares del Pecado; también por el elevado número de digimon corrompidos que existían y atacaban sin piedad a los más débiles, así como un abuso de la magia oscura.

Los digimon que con el tiempo formarían los Grandes Ángeles y los Caballeros Reales nacen a finales de esta edad.

La aparición del misterioso Zumemon y su amistad con Imperiadramon Modo Paladín ayudaría a crear un pequeño grupo de resistencia formado por digimon jóvenes bien entrenados, que tiempo después derrotarían a los Demon Lord, y destruirían las Siete Ciudades del Pecado y sus Pilares, restableciendo la paz en el Digimundo.

7) Periodo de la Paz Efímera (c. 8.300 A.C. - 8.212 A.C.):

Inicia tras la derrota de los Demon Lord y su aprisionamiento en el Área Oscura y termina con la llegada de la Legión Oscura al Digimundo.

Se caracteriza por sobre todo, en la reconstrucción del Digimundo tras tres siglos de dominio de los Demon Lord y un gobierno conjunto entre las Hermandades Digimon, así como la creciente discriminación hacia los digimon hechiceros y otros llegados del Vacío Abisal, a quienes se les culpaba de ayudar a los Demon Lord, pese a que muchos se les oponían. También por una breve invasión alienígena que Shenglongmon se encarga de solucionar como consecuencia del deseo de una niña estúpida.

Imperialdramon y sus guerreros descubren -ya muy tarde- que los Pilares del Pecado eran emisores-receptores que canalizaban energías negativas de más allá del Vacío Abisal, siendo la principal causa del enorme aumento de poder de los Demon Lord, así como auténticas balizas indicando el camino al Digimundo. Apenas llegaron a esas conclusiones, la Legión Oscura -rivales de la Legión Ardiente- y sus Apóstoles Oscuros iniciaban su llegada.

Una nueva guerra estaba por comenzar.

Guerra contra la Legión Oscura. (8.212 A.C. - 8.199 A.C.):

Gran conflicto entre los digimon del Digimundo y la Legión Oscura proveniente de más allá del Vacío Abisal. La Legión Oscura, atraída por el uso constante de magia arcana, fijó su interés en el Digimundo; a medida que se acercaba, su influencia acrecentó enormemente el poder de los digimon tipo demonio y hechiceros, entre ellos, a los Demon Lord, siendo responsables indirectos de la Edad de las Tinieblas.

Durante trece años, los Apóstoles Oscuros y sus innumerables hordas de demonios y espíritus de las tinieblas arrasaron con el Digimundo y sus habitantes, a pesar de los esfuerzos de las Hermandades Sagradas y los guerreros de Imperialdramon y Zumemon por detenerlos; esto obliga a Zoe y Tamara a cerrar todas las puertas del Digimundo, en especial la de la Tierra, dejando a los digimon totalmente aislados.

Con el tiempo, todos los Apóstoles son derrotados, excepto la líder, Ilian, quien en un intento por invocar al Alma Oscura, es detenida por Imperialdramon, peor este acaba mortalmente herido antes de poder eliminarla. El Alma Oscura, una entidad sin forma física extremadamente poderosa, comienza a manifestarse bajo la forma de un hoyo negro dispuesto a absorber lo que queda del Digimundo.

Zumemon revela su identidad como Metratomon y expulsa definitivamente al Alma Oscura tanto del Digimundo como del plano físico. Posteriormente reconstruye el Digimundo y revive a todos los fallecidos, pero no logra revertir la herida mortal de Imperialdramon. Antes de morir, él y Metratomon fundan las Órdenes de los Grandes Ángeles y de los Caballeros Reales con sus pupilos como miembros, asignándoles el deber de proteger el Digimundo de amenazas tanto internas como externas de elevada peligrosidad como la Legión Oscura.


Metratomon abandona el Digimundo, prometiendo regresar SÓLO si la situación lo amerita.


8) Edad de Hierro. (8.199 A.C. - Actualidad):


Comienza con la fundación de los Grandes Ángeles y los Caballeros Reales como las más nuevas Hermandades Sagradas de los Digimon y continúa hasta la actualidad. Se caracteriza por un reparto de poderes más equitativo, siendo las Bestias Sagradas encargadas -junto a los Guardianes- de supervisar y escoger a los Niños Elegidos, los Grandes Ángeles de gobernar a los digimon en nombre de Yggdrasil/Zoe y los Caballeros Reales como agentes de seguridad del Digimundo ante amenazas sumamente peligrosas; los Grandes Dragones y los Olímpicos servirían de apoyo en caso de crisis.

Cerca del 8.000 A.C. ocurre la cuarta guerra nuclear global en la Tierra, siendo la última hasta la actualidad. Los Grandes Ángeles y los Caballeros Reales dictaminan que los digimon magos deben abandonar el Digimundo a causa del potencial peligro que representan: casi todos, liderados por MedievalGallantmon, abandonan su mundo natal y colonizan un mundo del Vacío Abisal renombrado Witchelny. Poco después, Shenglongmon, quien se quedó en el Digimundo, es encerrado en las “Piedras Selladoras” por las Bestias Sagradas.

Hacia el año 7.000 A.C. Alphamon es momentáneamente ascendido a los Planos Superiores para interceder en nombre de los digimon ante los Dioses Nibiru, preocupados por el potencial peligro que representan los digimon al resto del Universo. Alphamon logra convencerlos mediante palabras de darles una oportunidad: a cambio, se le prohíbe usar sus poderes al máximo salvo en momento de severa crisis bajo consideración de los mismos Nibiru. Tras tener éxito, Alphamon es devuelto al Digimundo.


En el 5.000 A.C. Selahemon, Cuauhpillimon y el primo del medio de UlforceV-dramon y Magnamon -Armadillomon, Hawkmon y V-mon respectivamente- son castigados por Zoe a causa de una falta menor, y los demás Caballeros Reales -y digimon en general- se olvidan de ellos.

Cerca del 3.000 A.C. un digimon llamado Dragomon intenta conquistar el Digimundo, causando un enorme Diluvio Universal para borrar todo rastro de vida: los Ángeles y los Caballeros Reales logran detenerlo, y Nibirumon lo envía al Mar de las Tinieblas.

Hacia el año 2.000 A.C. ocurre la Rebelión de Plutomon, tras quedar este indignado por la expulsión de su hermana Vestamon del Círculo de los Doce. Tras una corta guerra en la que Plutomon amenazó al Digimundo con una invasión de muertos vivientes, fue finalmente destruido por Omegamon, con ayuda de los Olímpicos. Del digihuevo de Plutomon salen dos: uno que tras los cuidados de Hekatemon acabaría siendo Anubismon -su nuevo consorte-, y un digihuevo oscuro identificado como Luisomon, quien fue sellado permanentemente en el Área Oscura.


En 1943, las Hermandades Sagradas son derrotadas por un Apocalymon particularmente fuerte; un grupo de Niños Elegidos son enviados y a costa de sus vidas, derrotan a Apocalymon y salvan el Digimundo y a las Hermandades Sagradas.

En 1972, se firma el tratado de Lewis Carroll entre Alphamon y los líderes de Estados Unidos y la Unión Soviética, que permitiría las superpotencias enviar sondas científicas no tripuladas a estudiar el Digimundo, la prohibición de enviar tropas militares al mismo, y el compromiso de hacer pública la existencia de los digimon en el año 2022.

En 1976, el Estado de Israel, que llevaba años espiando a las superpotencias, se hace con la tecnología para crear un Digiportal y enviar tropas al Digimundo. Pese a las numerosas advertencias, un contingente de soldados es enviado al Digimundo. Nibirumon aparece y comunica que los soldados no han sido materializados y se han convertido en paquetes de información, muriendo en el acto. Esto, a modo de advertencia tanto para el gobierno israelí como para otras potencias de no romper el Tratado de 1972; al mismo tiempo, y como castigo, dicta que todo judío pierde derecho de tener algún tipo de contacto con el Digimundo y sus criaturas, y que ningún digimon podrá poner un pie en Israel salvo ciertas circunstancias.

En 1994 ocurren los eventos de Digimon Frontier.

En 1999, ocurren los eventos de Digimon Adventure.

En 2002 ocurren los eventos de Digimon 02, Shenglongmon es liberado y Selahemon y Cuauhpillimon regresan.


A pesar de todo, la mayor parte de esta edad se caracteriza por ser particularmente pacífico y una mayor interacción con el planeta Tierra.

Otro detalle, por si me lo iban a preguntar: salvo lo referente a Shenglongmon, la muerte de Yggdrasil y los sucesos posteriores a 1994, esta línea de tiempo es aplicable también a Digimon Twilight 2000.

Bueno; espero lo hayan disfrutado; nos vemos pronto =D


PD: Si, SE que debí hacer un mejor dibujo de Hekatemon, pero la dejé olvidada a la pobre.
 

"The Heir of Chaos"
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Buenas mañanas, tardes o noches. Después de una LARGA AUSENCIA, vengo a subir UNA PARTE del siguiente capítulo. Sé que me ausenté demasiado, pero tenía muchas cosas el año pasado y principios de este año: conseguir los créditos necesarios para mi tesis, fijar fecha de la defensa, defender mi tesis, mi graduación, etc. Si, ya me recibí POR FIN! y tengo el pedazo de cartón que dice que soy alguien en la vida XD.

La graduación no garantiza nada, y sigo trabajando y buscando otras ofertas laborales... y cuando tengo tiempo libre o juego algún juego como Stellaris, PlanetBase, Life in Bunker o Civilization Beyond Earth, o bien no hago nada: la verdad tuve un estancamiento de inspiración -y falta de pilas- después de acabar el ultimo cap de mi fic de Warcraft en marzo -lo entregué en Pascuas XD-

Y bueno. lamento mucho la demora, pero esta parte del fic me tomó tiempo escribirla también porque tenia que ordenar mis ideas... y aun no acabo: por eso subiré esta primera parte ahora, y luego veré si subo la siguiente en lo que va de esta semana o a más tardar el 20 de este mes: me falta poco para acabarlo y creo tener mas o menos claro a donde quiero llegar.


En fin: nuevamente me disculpo por la demora y esta mini-autobiografía, y espero les guste: cualquier cosa me preguntan, pues meto muchas cosas de otras franquicias y cosas propias. Y aclaro: este cap. 14 será principalmente informativo.

Ah, una cosa más. ¿Leyeron la línea del tiempo?

Invoco a:
r4pt0r12, Acero_12, <Andrea>☆ ♡ BTS ♡ ☆ メカクシ団メンバー, alexandermon, Lord Patamon, Ildri, J.M., Soncarmela.



Capítulo 14: El Imperio del Silencio: Un Mundo Felizmente Aburrido

Parte I


Ese día, 31 de Diciembre del 2002, en el planeta Tierra, ubicado a casi 30.000 años luz del centro de su galaxia, La Vía Láctea, se celebraría el fin de otro ciclo solar, y el comienzo de uno nuevo; en el Digimundo, pasaba lo mismo. A aproximadamente 22,52 años luz de la Tierra, en el planeta Vashhon -el planeta habitado más cercano- sus habitantes, una especie de reptiles voladores divididos en docenas de naciones, se hallaban expectantes ante el avance de su primera colonia interplanetaria en un mundo cercano en su sistema natal; a 36,7 años luz de la Tierra, en el planeta Ka’vak’ah, una especie insectoide conquistaba y sometía a otra mucho más avanzada pero más débil que ellos. Unos cientos de años luz más lejos, los Dreiden, una especie vegetal con elevador poder psíquico, mantenían sus constantes debates filosóficos en su planeta natal, un mundo de carbono cubierto por una vasta jungla. A casi seis mil años luz, en el planeta D’Anna, los cylon -o sus descendientes- evaluaban los últimos datos obtenidos de sus pesquisas sobre la Tierra: un planeta que conocían muy bien, y que no habían olvidado; un planeta donde vivían los últimos de sus progenitores… y sus “descendientes”; un planeta que cada tanto debatían si juzgar o no, sin olvidar su lejano pasado. Al otro lado de la galaxia, un grupo de sistemas planetarios bajo el liderazgo de la Confederación Adapa, el único lugar del universo aparte de la Tierra donde vivían los humanos, ocultos hasta de los mismísimos Dioses, se preparaban para las siguientes elecciones para elegir a un nuevo canciller. En los límites de la galaxia, descendientes de una de las primeras especies sapientes de la Tierra, continuaban con la construcción de una de sus inmensas megaestructuras para albergar su creciente población. Allá afuera, en la Pequeña Nube de Magallanes, una especie conocida como los “Altos Grises”, vigilaba a sus parientes lejanos con prudencia. En la galaxia Triángulo, los Shu’halo buscaban reconstruir su antiguo imperio tras estar milenios dominados por un conglomerado de alienígenas conocido como La Corporación. Y más allá, en los confines del universo, descendientes lejanos de los Nibiruanos, aquellos que gobernaron la Vía Láctea por millones de años, levantaban nuevos imperios.

Más allá de ese universo, en el uno de los universos Tamers, Takato y sus amigos esperaban con ansias la llegada del Año Nuevo, sin bajar la guardia ante la amenaza de los Sentients o los Silentes; incluso las Bestias Sagradas vigilaban los movimientos de estos invasores. En uno de los universos Savers, Marcus Daimon, con apenas once años de edad, ayudaba a su madre en la casa; Thomas disfrutaba sus vacaciones familiares en Austria y Yoshi iba de compras con su madre; Sampson vigilaba la actividad digimon en compañía de Kudamon, un Caballero Real de incógnito; Keenan dormía junto a Falcomon en el castillo de Merukimon; Yggdrasil permanecía calmado, vigilando los acontecimientos, mientras que sus Caballeros continuaban salvaguardando el Digimundo, excepto por Craniummon, quien vigilaba a Spencer Daimon en prisión. En el universo T2K, Hanzo y sus amigos esparcidos por el mundo disfrutaban sus vacaciones de fin de año en compañía de sus digimon: había pasado un año de sus aventuras en el Digimundo, y se les había concedido la posibilidad de convivir con sus amigos por lo menos un par de veces al año; esto a pesar de que tanto en la Tierra como en el Digimundo la reconstrucción tras la Tercera Guerra Mundial apenas había comenzado.

En poco menos de unos nanosegundos, todos esos mundos, -y cientos, miles y millones más- y sus criaturas enmudecieron por completo. Como una plaga que avanza de manera exponencial, el poder de AkuShenglongmon se expandía por el Multiverso: aquellos mundos habitados por simples mortales sin un mero conocimiento arcano caían al instante, sin darse cuenta de que habían perdido el control sobre sus propias vidas. Aquellos mundos en donde abundaba la magia arcana, en aquella enmarañada telaraña cósmica entre universos que formaba el Vacío Abisal, presentaban más batalla, pero siempre con los mismos resultados: absorbidos, asimilados, “comprados” ante la imparable avalancha de conquista y de deseos de reforma cósmica del Dragón Azabache. A lo lejos, el origen del Vacío Abisal, una megaestructura cósmica multicolor, se veía amenazada ante la “Mancha Gris”.

Los Seres Ascendidos, entes de carácter extradimensional que habitaban los Planos Superiores, por encima de los planos mortales del Multiverso, observaban impotentes como su influencia hacia los Planos Inferiores se reducían a la nada: AkuShenglongmon no podría hacerles daño… pero ellos a él tampoco, debido a su carácter mágico, energía que ellos no comprendían. Los Dioses Nibiruanos, Shifu, los Antiguos; todos aquellos entes ahora quedaban como meros espectadores ante lo que se veía como la inminente caída del Cosmos. Sólo cuatro de estos entes habían permanecido en los Planos Inferiores, a causa de su fuerte apego emocional a la Tierra y el Digimundo; aun sabiendo que no podrían hacer absolutamente nada para remediar la crítica situación.

Por primera vez desde hace casi 75.000 años, La Existencia corría peligro una vez más.


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Inicialmente le costó a Davis abrir los ojos. Se sentía cansado, y no recordaba haberse dormido. Lo último que recordaba era a él y sus amigos siendo encerrados en unas burbujas por… Shenglongmon. O el que había sido Shenglongmon, pues ahora era un digimon en etapa de entrenamiento. Y ahora recordaba al otro, a AkuShenglongmon: aquella versión oscura, siniestra… y bastante cuadrada y aburrida del Dragón Esmeralda. Había dicho que haría algo como “remodelaciones a este mundo tan caótico” ¿Qué significaba eso?

Cuando por fin había logrado abrir los ojos, se encontró con V-mon a su lado, aparentemente feliz de verlo despierto.

— Qué bueno que ya despertaste. Parecía que tenías una pesadilla, Davis.
— Si... Podría decirse. -respondió algo cansado; aún no se desperezaba del todo- ¿Dónde estamos V-mon?
— No tengo idea… Es un lugar muy… extraño. Pero estoy muy seguro que no estamos en Japón.

Davis tuvo que darle un vistazo al lugar para darse cuenta que su amigo digimon estaba en lo cierto: se hallaban en el interior de una construcción de planta circular bastante ostentosa y bellamente decorada, cubierta de ornamentaciones doradas y sostenida por inmensas columnas de piedra: la primera hilera eran de una lustrosa piedra azul, y las otras de una blanca con vetas curvilíneas negras; por la decoración, creyó que era de origen musulmán. Davis no recordaba si en Japón había mezquitas o no, pero dudaba de que si existiesen, lucieran como en la que parecían estar ahora. ¿Por qué Shenglongmon los traería allí?



— ¿Dónde están los demás, V-mon?
— Están al otro lado de este edificio. ¿Los ves? -V-mon señaló al lado opuesto de su ubicación actual; en efecto, pudo notar la presencia de todos allí- Nos despertamos hace poco; tú fuiste el último.
— Me llamarán flojo por eso; ya me lo veo venir. -en eso, se percata de alguien quejándose a vivo pulmón- ¿Quién es ese que se pone a gritar?
— ¿Quién crees tú? Vamos con ellos, Davis.

No tardó en reencontrarse con sus amigos... y otros que los habían acompañado: estaban UlforceV-dramon, Magnamon, Agumon, Gabumon, Blackwargreymon, D’arcmon, Devidramon y Gargoylemon, y por razones que seguía sin comprender, Arukenimon y Mummymon; todos con cara de apesadumbrados, formando un círculo en torno su foco de atención. El origen de las quejas, como dijo V-mon -y de la atención de los demás-, era demasiado obvio: TK estaba en medio del círculo dándole una extensa diatriba con gesticulaciones de sus brazos y manos a Shenglongmon, el cual ni se molestaba en contestarle, pues no paraba de mirar hacia el suelo, cabizbajo y sumamente triste.

Davis no pudo evitar sentir algo de lástima hacia el pequeño dragón; a pesar de todas sus mofas, le agradaba Shenglongmon. Una mirada hacia la expresión de los otros confirmaba que nadie parecía estar apoyando a TK, ni siquiera Patamon. Tampoco mostraban intenciones de intervenir, lo que era aún peor.

Justo cuando Davis creyó que debía ser él quien le pusiera un punto final a esa tontería, el Elegido de la Esperanza acabó en el suelo tras recibir una paliza con claras intenciones de derribarlo; Patamon fue de inmediato a socorrerlo. Todos levantaron la cabeza para conocer al responsable: Blackwargreymon permanecía de pie, con una cara de pocos amigos dirigida hacia TK; éste increíblemente había acabado sólo con unas magulladuras en el cuerpo, la ropa rasgada y el brazo roto tras haber recibido un golpe lateral de las Dramon Killer.

Pudo haber sido peor.

— ¡¡¿¿PODRÍAS CERRAR TU MALDITA BOCA DE UNA PUTA VEZ??!! ¡¡YA ME TIENES HARTO!! ¡¡NO HAS PARADO DE QUEJARTE ANTE SHENGLONGMON DESDE QUE DESPERTAMOS AQUÍ!!
— ¿¿Y qué quieres que haga?? ¡¡Es SU CULPA que haya pasado esto!! ¡¡SE LO DIJE!! ¡¡CONCEDERLE DESEOS A CUALQUIERA ERA ALGO MUY IRRESPONSABLE!!
— …
— ¿¿Pero me hizo caso?? ¡¡NOOO!! ¡Él lo sabe todo, lleva haciendo esto hace miles de años, conoce todo sobre los seres humanos…!! ¡¡Pero aparentemente no conoce a su propia especie!!
— ¡¡DIJE QUE TE CALLES!!
— ¡¡¿¿POR QUÉ SERÁ QUE LO DEFIENDES TANTO??!! ¡¡¿¿Que tanto le debes como para obviar el hecho que acaba de arriesgar la existencia de nuestro mundo??!!
— ¡¡LE DEBO… LA VIDA!!
— Blackwargreymon, déjalo en paz.
— ¿HUH? ¡Pero ese idiota no ha parado de…!
— De verdad agradezco que intentes defenderme, pero TK está en su derecho de expresar su inconformidad sobre el asunto. -sacó un vendaje blanco de la nada, dio unos pasos hacia adelante y fue en dirección a TK, al que le costaba mantenerse en pie- No tenemos tiempo de sus peleas absurdas; acércate, TK, que voy a curarte ese brazo.
— ¿Qué?
— ¡¿Vas a curarlo a pesar de todo lo que…?!
— Blackwargreymon… -a pesar de su tamaño, y de no haber levantado la voz, Shenglongmon sonaba mucho más severo de lo habitual- No tengo tiempo para tenerle rencor a nadie, ni a él, ni a ti. Por favor, déjalo.
— Agradece que él te ayuda, TK, porque o si no…
— Blackwargreymon, déjalo -exigió D’arcmon, quien se había levantado para intentar detenerlo- No es momento de quejarnos.
— Quédate quieto o no te podré vendar.
— No quiero tu… -en ese momento, el brazo roto de TK habló por él- ¡¡¡Duele!!!
— Claro que te duele -añadió el pequeño dragón- Un digimon de nivel mega al que de por sí no le caes del todo bien te mandó volar con un golpe de su arma; pudiste haber muerto, y no estoy en condiciones de revivirte. Ahora deja que te vende ese brazo. -sin más remedio, TK dejó que el dragón hiciera lo suyo: envolvió su brazo con aquel vendaje -que supuso era mágico- y lo dejó reposar. Pronto el brazo dejó de dolerle tanto como antes- Listo: en unas horas estará como nuevo, pero tendrás que ser cuidadoso. Ese vendaje es como un yeso de efecto súper-rápido.
— ¿Por qué me ayudas?
— Podrás ser un aguafiestas, pero no te deseo la muerte, chico; a pesar de todo, me caes muy bien. Y no tengo tiempo para resentimientos infantiles: los necesito a todos ustedes.
— ¿Para qué?
— ¿Cómo que para qué? Para ayudarme a salvar nuestros mundos.

TK regresó junto a sus compañeros, siendo recibido de buena gana, ya que todos le preguntaron si estaba bien. Pronto no tardaron en hablar entre ellos de que es lo que podrían hacer en ese momento, o preguntándose qué es lo que estaba pasando. Shenglongmon les debía muchas explicaciones… y se las daría.

— ¿Podrías decirnos que es lo que está pasando? -preguntó Davis, sumamente preocupado- ¿O dónde estamos?
— Imaginé que no sabrías donde estamos ahora; pero me sorprende del señor católico -refiriéndose a TK, después suspiró- Estamos en la Cúpula de la Roca, en Jerusalén. Los traje aquí para descansar y mantenerlos a salvo… por ahora.
— ¿¿ESTAMOS EN JERUSALÉN??
— Magnamon, ¿Qué no era que los digimon teníamos TERMINANTEMENTE PROHIBIDO poner un pie en Israel? Digo; ni siquiera Alphamon puede venir aquí.
— Pues… creo que sí, Ulforce.
— Técnicamente, Jerusalén es considerada una ciudad de carácter internacional bajo la tutela de la ONU, por lo que… Al carajo: eso ya no importa. Ya no existe la ONU, ni Israel, ni Palestina, ni nada.
— ¿A qué te refieres con eso, Shenglongmon? ¡¿Acaso la Tierra… explotó en mil pedazos o algo así?! ¡¡¿¿Y solo queda esta mezquita??!!
— En primer lugar, Davis… la Cúpula de la Roca es un santuario; no una mezquita. En segundo lugar… ¡No, idiota: la Tierra no explotó! -en eso, le da un coscorrón a Davis- Eso posiblemente hubiese sido mil veces mejor que lo que hay afuera.
— ¡¿Nos podrías explicar de una vez que es lo que está pasando?! -insistió TK- Y por favor, DINOS YA LA VERDAD.
— ¿Acaso proteges este lugar con tus poderes?
— No, Ken; no lo hago. El poder que tengo ahora no es ni el 0,01 % de lo que tenía antes. -los niños se extrañan al oír aquella explicación; el dragón continúa- Este lugar es de los pocos de la Tierra…. Bah, del Universo, que posee suficiente esencia divina como para protegernos de Aku.
— ¿¿Esencia Divina??

Shenglongmon pidió que todos le prestaran atención para explicar: al parecer, si determinados eventos de SUMA importancia de carácter divino ocurrían en el mundo mortal, el lugar en específico quedaba impregnado de esencia divina, una especie de residuo energético de dicha presencia previa. En el caso de la Cúpula de la Roca, explicó que esta energía especial tenía sus orígenes desde tiempos bíblicos, como la aparición de un ángel para evitar el sacrificio de Isaac, la permanencia del Arca de la Alianza -la auténtica, no la copia que Patamon vio en Etiopía- por más de cuatrocientos años, y ni qué decir la presencia de Jesucristo, o la ascensión de Mahoma al Cielo.

— ¡¿O sea que el Arca que me fui a ver a Etiopía, y por la que tuve que comer esa comida tan horrible es FALSA?!
— ¿De verdad creíste que Salomón le regalaría a la reina de Saba el Arca auténtica sólo por saber las artes de la cama? Jeje… Eres más ingenuo de lo que creí Patamon. La verdadera volvió a donde pertenece.
— Dijiste que había otros lugares con “esencia divina”. ¿Cuáles son?
— Uno de ellos creo que lo conoces TK: aparte de esta colina, está la Basílica de la Natividad, en Belén, y la otra es el árbol Bodhi, en la India. Pero este sitio me pareció más… cómodo. Hay otro, pero no estaba seguro de que pudiera llevarlos ahí. Además del rumor que corre de que si se pone un pie allí, se paga un precio en sangre.
— ¿Cuál es? -preguntaron-
— Kobol.
— ¿El Monte Kobol? -exclamaron los Caballeros Reales, Blackwargreymon y sus compañeros, sumamente consternados- ¿Dónde viven los Doce Olímpicos?
— No: el planeta Kobol -el grupo quedó más consternado aún- Un planeta ubicado a cinco mil años luz de aquí. Es la auténtica cuna de la civilización humana, es decir, la que humanos y digimon vivimos aquí en la Tierra. La historia es larguísima, pero resumiendo… digamos que los humanos la acabaron cagando y se mudaron. Desde entonces, está terminantemente prohibido poner un pie allí. Véanlo como una especie de Edén en el que está prohibido regresar.
— Y eso por…
— Dicen que es el planeta más cercano a Dios. Y con el Gran Jefe, yo no me meto.
— ¿Qué es exactamente lo que pasa afuera, Shenglongmon? -preguntó Yolei- ¿Por qué estamos aquí? ¿Y qué es exactamente Aku?
— La explicación será larga, y se las daré: es necesaria para poder ganar. Pero primero, será mejor que les explique mejor sobre cómo es la existencia, y después sobre los orígenes de la magia. Sólo así podrán entenderlo mejor.

En el aire comenzó a formarse un cúmulo de nubes de colores que se oscureció cada vez más, dibujando una imagen del espacio exterior, resaltándose una cantidad inimaginable de estrellas de brillo de tonalidad dorado pálido, y entre ellas, una especie de sutil, fina, pero perceptible telaraña etérea de cambiantes colores, que iban del rojo al verde, dorado y violeta. Los niños fueron los primeros en señalarlo.

— ¿Qué es eso que nos estás mostrando? -preguntó Davis- Es… es muy bonito.
— Bueno… Es una forma burda de representarlo, pues su magnitud supera todo lo imaginable, pero lo que les estoy mostrando aquí, es el Multiverso.
— ¡¡¡¿¿¿EL MULTIVERSO???!!!
— Como les dije, es una visión burda: no es que sea EXACTAMENTE así. Cada estrellita dorada que ven es un universo como el nuestro.
— Ya había pensado en que habría otros mundos aparte del nuestro… -TK le dedicó unos segundos de silenciosa y detenida observación a la imagen para luego continuar- Pero nunca imaginé que tantos. ¿Cuántos hay? ¿Cuántos universos existen?
— Ya les explicaré sobre eso, pero primero quiero que presten atención a aquella telaraña arcoíris que parece “enraizar” entre los puntitos dorados. ¿La ven? Pues bien: ese es el Vacío Abisal. La magia primordial fue separada del resto de la energía y la materia que conformaban el Multiverso por un ente muy poderoso que pronto develaré, redujo su peligrosidad y la canalizó formando el Vacío Abisal. Y eso que ahora es energía mágica caótica que aun así permite la existencia de vida: imagínense lo que era originalmente. Bueno: ahora quiero que presten atención al “corazón” de aquella telaraña multicolor. ¿La ven?
— Eh, no. -respondieron varios-
— Les daré un acercamiento.

Más y más cerca, comenzaba a notarse de dónde venían todos aquellos “tentáculos” del Vacío Abisal. Empezó como un pequeño bulto brillante de brillo curiosamente rosado, pero a medida que aumentaba el “zoom”, tomaba mejor forma: una enorme galaxia espiral que tenía la peculiaridad de que su abultamiento central, y halo que rodeaban al núcleo, tenían un tinte rosa, mientras que los cuatro brazos presentaban un color diferente y fácilmente distinguible: uno rojo, otro amarillo, otro verde y uno azul. Los filamentos que forman el Vacío Abisal parecían brotar de ella, como hilos de luz deshilachándose de los brazos de aquella enigmática estructura cósmica para luego extenderse a través del Multiverso.

— ¿Qué es eso? -preguntó Yolei- Parece una galaxia muy rara, aunque bonita, como de fantasía.
— Es una Hipergalaxia. No sabría decirte que tan grande es: dicen que es tan grande como un universo en sí… y probablemente lo sea. Lo que les estoy mostrando es la Galaxia Mística: el hogar de casi todos los seres mágicos, principalmente los elementales.
— ¿¿Elementales??
— Habrán notado que cada brazo de la galaxia tiene un color en específico; es porque cada uno le pertenece a un elemento y a un tipo de elemental en particular: el rojo es del Fuego, el amarillo del Aire, el azul del Agua y el verde de la Tierra. Los elementales en sí no son tan fuertes, pero fueron los primeros seres mágicos en aparecer y tienen como principal meta proteger el centro de la Galaxia Mística.
— ¿Qué hay en el centro? -preguntó Cody- Lo digo porque parece importante.
— ES importante. -en eso, Shenglongmon hace una cercamiento del Núcleo Galáctico, dejando apreciar un objeto inmenso, que despedía una fulgurante luz rosa- Eso que ven ahí es el corazón de la Galaxia Mística, el Quásar Rosa: fuente de toda la magia reformada que existe, algo que detallaré más adelante: desde la Magia de la Luz Sagrada, la Magia Vil, la de las Sombras, la Magia Arcana, la de la Naturaleza, la Elemental y la Necromántica. Todos los seres mágicos y hechiceros obtenemos nuestro poder de ella, incluso los más perversos.
— ¿AkuShenglongmon también?
— En parte, Armadillomon. Él emplea otro tipo de poder; aparte de usar los poderes que me corresponden, usa otro tipo. -antes de que alguien lance una pregunta, decide cambiar de tema- Pero hablaremos de eso más tarde, ¿Me preguntaron cuántos universos hay? Pues es difícil de determinar; depende a qué clase de universo se refieran.


"Existen dos tipos principales de universos: los objetivos y los subjetivos. Los objetivos son aquellos universos de origen natural -o no- que se originaron tras el Big Bang, o bien se crearon de manera artificial por mediación de seres poderosos y casi omnipotentes en los Planos Superiores, como los Nibiru, que le dieron a los humanos la “patada evolutiva en el culo”: el nuestro, por obviedad, entra en esta categoría. El cálculo no es muy preciso, pero se aplica la regla de la correspondencia: si en una galaxia estándar existen entre 100 mil a 400 mil millones de estrellas, y en un universo estándar existe ese mismo número de galaxias, se puede conjeturar que ese es el número aproximado de universos objetivos. Sin embargo, conozco personas que me juran que en realidad el verdadero número de universos de este tipo llega a ser de un uno seguido de veinticuatro ceros."


— Ese es un número jodidamente grande. -exclamó UlforceV-dramon- ¿Y en todos ellos existen versiones paralelas de nosotros?
— No precisamente, muchacho: de ese número que mencioné, aproximadamente entre un 5% a 10% son universos abortados: universos que por uno que otro factor, no lograron desarrollarse adecuadamente, impidiendo la formación de la materia tal y como la conocemos. Sencillamente no hay vida allí: son mundos completamente caóticos y de difícil comprensión para nosotros. Yo he ido a varios, y es difícil de describir: como estar sumergido en un mar de plomo fundido con constantes descargas eléctricas sería lo más vagamente parecido. También hay un reducido número de universos de antimateria, pero son casi idénticos a los convencionales.
— ¿Qué hay de los demás universos? -preguntó Arukenimon- ¿Son como el nuestro?
— Algunos si, otros no: existen muchos que son tan parecidos que se los podría considerar meras copias; otros tienen diferencias mínimas que no afectan en nada el curso de su historia en general, como que en uno se siga hablando español en Filipinas, que el nuevo sabor de Coca Cola haya tenido éxito en los ’80, o que la serie de ciencia ficción de los ‘70 conocida en nuestro universo como “Arca de Adama” se llame en otros Battlestar Galáctica. Aquí a nuestros amigos Ulforce y Magnamon les sonará el nombrecito.
— See… -siseó el caballero dorado- Creo que Zoe lo mencionó una vez.
— Por cierto, y ya que hablamos de ustedes dos, hay universos con diferencias absurdas y sin sentido; como que en unos los UlforceV-dramon tienen garras prominentes en las manos.
— Hey… Yo me corto bien las uñas.
— No; en serio. En algunos universos tu diseño tiene garras bastante notorias. Y Magnamon tiene sólo tres dedos.
— ¡¡¿¿Sólo tres??!! ¡¿Cómo demonios podría dibujar así?! Aunque supongo sería un reto para manifestar mi talento.
— Incluso los nombres de algunos digimon cambian: Omegamon se llama Omnimon; Gallantmon se llama Dukemon, etc. Pero como dije, hay otros universos MUY distintos al nuestro: les daré unos ejemplos.

En el interior del santuario aparecieron decenas de imágenes holográficas de la Tierra -o al menos eso parecían la mayoría de ellas- , todas transparentes, que flotaban ordenadamente. Shenglongmon comenzó a explicar, señalando cada una de las esferas con un señalador láser que hizo aparecer mágicamente. Incluso eso parecía esforzarlo mucho.

— Estos son algunos de los universos -no parecidos a este- bajo mi jurisdicción; los represento con la imagen de nuestro planeta para que los entiendan mejor. ¿Recuerdan que dije antes que tengo 100.000 universos a mi cargo? No era ninguna exageración. Ahora bien: -señaló una esfera- en este universo, que visité hace meses, los digimon fueron creados por unos frikis perdedores en la década de los ’80 y los humanos con digimon acompañantes se llaman “tamers”. Su nombre clave es Universo Tamers 172; hay muchas copias de ese. En este otro -señaló otra esfera- existe una organización llamada DATS que se encarga de vigilar la actividad digimon en el Mundo Real; los Caballeros Reales son sus únicos protectores, y sirven a Yggdrasil, no a Zoe o a Tamara.
— ¿No es ese el universo de los Caballeros Gigantes que mencionaste hace una semana? -preguntó Magnamon-
— Lo es… Ese Yggdrasil es MUY, pero MUY hijo de puta: imagínense que sólo por los desvaríos de un nerd con alergia a los digimon manda a los Caballeros Realmente Cabeza Hueca a destruir el Mundo Real. Menos mal les puse un alto. -inesperadamente, comenzó a reír en voz baja- Jejeje…
— ¿De qué te ríes?
— Es que… Me acuerdo de la paliza que le dieron a sus contrapartes, UlforceV-dramon. -los Caballeros se sienten intrigados; nunca habían estado en ese universo, ni ningún otro al suyo propio- En fin; sigamos: este universo es idéntico al nuestro salvo una excepción: su Digimundo es un Mundo Anillo.
— ¿Un Mundo Anillo como el de la novela de Larry Niven? -todos se quedaron mirando a Ken- ¿Qué? No necesito de la Semilla de la Oscuridad para tener algo de cultura.
— Si, como ese mismo. Resulta que originalmente, cuando Zoe, Daniel, Tamara y Nibirumon planeaban el diseño del Digimundo, los primeros pensaron en un diseño planetario normal, como la Tierra, y Nibirumon sugirió un Mundo Anillo, como el que construyeron los Nibiruanos por la galaxia, o cualquier otra civilización superavanzada del universo. En la mayoría de los casos, como el nuestro, ganaron los primeros, pero en ese universo, Nibirumon tuvo la oportunidad de poner a prueba su “experimento”. La verdad es que ese Digimundo es genial… y jodidamente grande. Imaginen que hace tres años, se vio ese Digimundo rodeando la Tierra.
— ¿Todos los universos siguen nuestra misma línea de tiempo? Es decir, ¿La misma historia?
— Excelente pregunta, Yolei, y la respuesta es no: hay universos con líneas de tiempo diferentes. Algunas sutiles, otras radicalmente diferentes al punto de ser irreconocibles; todo depende del Punto de Divergencia o PDD. Les daré un ejemplo.

“Tomemos como punto de partida el clásico: la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente el 51% de los universos que llegaron hasta ese punto acabaron con la victoria del Eje, y el resto, con la de los Aliados. Y de este último caso, el 60% acaba con una guerra nuclear que ocurre entre 1960 y el 2000, mientras que en el anterior caso, no llega ni al 10%. Pero hay casos más radicales que ese.”

— Por ejemplo, en este universo -Shenglongmon señala una de las “Tierras”- el Eje ganó la Segunda Guerra Mundial, y la historia subsiguiente fue totalmente distinta a la que conocen ustedes.
— Debe de ser un mundo horrible.
— ¡JA! En tus sueños, Ken: de hecho es mucho mejor que este. -los Elegidos quedan perplejos; Devidramon, por el contrario, sonrió con complicidad pensando: “ya lo sabía”- Hay mucha menos pobreza, menos guerra, Medio Oriente es un resort de primera, la tecnología es más avanzada que aquí al punto que ya llegaron a la Luna y Marte, y hasta tienen bases mineras y científicas allí. Claro que se echa de menos algo de caos, pero eso es otro tema. Ah, y por cierto: Alemania y Japón son las superpotencias que descubrieron la existencia de los digimon, a diferencia de aquí, que fueron Estados Unidos y Rusia.
— ¡Lo sabía! -exclamó la gárgola- ¡Debieron haber ganado la guerra!
— Devidramon…
— Claro que el alemán es un idioma difícil para la diplomacia. En fin; en este universo por ejemplo, -señaló otra Tierra- el PDD fue la Crisis de los Misiles del ’62, que acabó con una guerra nuclear que borró prácticamente todo el hemisferio norte. En este otro, cuyo nombre clave es Universo T2K, la URSS no colapsó, y la Tercera Guerra Mundial ocurrió en 1995 y duró hasta el año 2000, dando como resultado la muerte de la mitad de la población mundial, el colapso del mundo globalizado y un estancamiento tecnológico y blablabla. Por cierto, ¿Recuerdan a los Elegidos B?
— ¿Te refieres a esos otros Niños Elegidos que fueron reclutados como reemplazos de los originales? -preguntó Ulforce, recordando a Hanzo durante la Navidad; Shenglongmon asiente- ¿Qué pasa con ellos?
— En este universo fueron ellos los que fueron al Digimundo y lo salvaron, pues el grupo original estaba… indispuesto.
— ¿Cómo que indispuesto? -preguntó TK- ¿Qué nos pasó en ese universo?
— Creo recordar que Gennai les dijo que si no estaban completos como grupo, no lograrían nada. Pues eso fue lo que pasó allí: no estaban completos. -al ver que los niños esperaban una respuesta más concluyente, Shenglongmon decidió dársela- En resumidas cuentas, uno de ustedes ocho se murió… Creo que de tuberculosis o algo así.
— Apuesto a que fue Kari.
— ¡¡¡DAVIS!!!
— En este otro -señalando otra “Tierra”- llamado ID4, aunque no lo crean, los sucesos de la película “Día de la Independencia” ocurrieron en realidad, por lo que cuando lo visité estaba en muy mal estado: después de tres mil millones de muertos y cien ciudades en ruinas es lo lógico; les di una ayudita mágica para reconstruir el mundo. Y por si me lo quieren preguntar: los sucesos del ’99 no ocurrieron y todos ustedes se murieron en Tokio. -refiriéndose a los Elegidos- Lo mismo pasa con los Caballeros, aunque ustedes dos sobrevivieron, Ulforce se volvió líder de la Orden, y lideraron la Resistencia Digimon junto a los demás sobrevivientes.
— ¡¿Yo líder de los Caballeros Reales?! Wow… y eso que amo las películas de ese tipo. ¿Por qué no aparecí? ¡Hubiera sido genial!
— ¿En serio esa es tu pregunta, primo? ¿Cómo demonios nos mataron esos aliens de mierda si un simple virus de Windows 95 los cargó?
— No me lo pregunten -se excusó el dragón- Pero esos son casos más conocidos; hay universos más raros aun. En este otro, el Sur ganó la Guerra Civil Estadounidense -es un universo bastante común- y la historia para adelante cambió por completo. En este otro, un evento similar al de Tunguska ocurrió en el sur de Inglaterra, eliminando al país de la historia y dejando a España como futura superpotencia.
— ¡¡VIVA ESPAÑA!!
— ¡¡ULFORCEV-DRAMON!!
— ¡¿Qué?! Es mi país favorito. Y, además de Caballero Real, soy santo protector del Reino de España desde 1492; hasta tengo un título otorgado por la mismísima Isabel de Castilla. Y fui condecorado con la Orden de Isabel la Católica en 1850. -sacó su billetera para mostrar la placa de la Gran Cruz de la Orden- ¿Lo ven?
— See… la reina que dices gustaba de ti.
— ¿¿¿EHHHH???
— ¡Pero si me devoraba con la mirada! Y vamos, chicas: entre Fernando de Aragón y yo, ¿A quién escogerían?
— ¿Podemos continuar con esta lección? -interrumpió el dragón, algo hastiado- Porque quisiera acabar para que entiendan la magnitud de lo que está en juego. -retomando la lección- Bien… En este otro, la Guerra de las Malvinas casi acabó con una Tercera Guerra Mundial tras el ataque nuclear a Córdoba; en su lugar, y por suerte, acabó con una Gran Bretaña más aislada que Corea del Norte. En este otro, la Peste Negra acabó con toda la población europea, y en consecuencia, el cristianismo es una religión casi extinta, y el mundo está repartido entre chinos y musulmanes. En este otro, Toyotomi Hideyoshi fracasó en su intento de expulsar el cristianismo, y Japón acaba adoptando esta religión en el siglo XVII. En este de acá, el viaje de Colón fue un fracaso y acabaron siendo los aztecas quienes descubrieron Europa… y conquistándola. En este, el Imperio Romano nunca se extinguió y continuó hasta la actualidad. Este otro es un universo con una Tierra steampunk donde el Sistema Solar fue colonizado desde el siglo XIX basado en una tecnología del “éter”, que aparentemente existe en ese universo. Es un universo algo raro… pero es genial. En este otro -señalando otra “Tierra”- los dinosaurios no se extinguieron, y acabaron evolucionando en una especie reptiloide inteligente, por lo que los humanos no existen. Y este otro es un caso curioso: los dinosaurios no se extinguieron del todo, quedando un pequeñísimo grupo superviviente en Sudamérica, que acabaría evolucionando en reptiloides inteligentes… paralelamente a África, donde evolucionarían los humanos: por ende, hay dos especies inteligentes en esta Tierra; tres si contamos a los digimon, claro. Imagínense la cara de Colón al ver a los reptiloides por primera vez, jejeje…
— Pff… Ese Colón: seguro se puso a gritar como loco; típico de él. Hizo lo mismo cuando la Reina Isabel nos presentó.

— Y aun así, fue un buen marinero, Ulforce.
— ¡¡A LA MIERDA, MAGNAMON!! ¡¡Soportamos un viaje de dos meses en unos barcos SIN FONTANERÍA INTERNA, camas decentes o un mínimo de limpieza!!
— Yo también… -
respondió Magnamon de manera cantarina-
— ¡¡Encima tuve que sobrevivir a base de batido de algas porque esos marineros sólo comían pan rancio y carne ahumada!!
— Yo tambiéeeen… Si no fueses tercamente vegetariano, primo…
— Definitivamente Zoe los malcrió un poquito, Gatomon.
— Definitivamente, Kari.
— ¡¡Y le salvamos su trasero de un monstruo interdimensional en el Triángulo de las Bermudas que se hubiese comido sus tres barcos de no ser por nosotros!! ¡¡Nos prometió llamar dos islas con nuestro nombre y luego nos engañó!!
— Lo hizo porque tu lengua floja le dijo a Isabel que esclavizaba a algunos indígenas, y por eso él se enojó con nosotros. Y a diferencia tuya, primito, no me amargo la vida porque La Española no se llame como yo.
— ¡¡Cuba iba a llevar mi nombre!!
— ¿Qué les dije de interrumpirme? -
Shenglongmon les da una bofetada mágica a ambos Caballeros Reales- Y por favor; traten de moderar sus lenguaje; estamos en un sitio sagrado.
— Lo sentimos, Shenglongmon.
— Sigh…
— Oye, ¿Por qué esa Tierra luce diferente? -
preguntó TK al señalar una cuyos continentes no reconocía-
— ¡Y esa ni siquiera parece la Tierra!
— ¡Y en esa no hay Tierra!
— Ah, lo notaron: pues en el primer caso es un universo con el nombre clave de Universo Gema: es muy aburrido para ser uno donde hubo una invasión alienígena seis mil años atrás. ¡No celebran nada! ¡Ni Noche de Brujas, Día de Gracias o Navidad! Me sorprende que celebren los cumpleaños. En ese otro, Cody, simplemente las placas tectónicas son totalmente diferentes, pero sigue siendo la Tierra, con naciones muy parecidas a las que conocemos. Y en ese universo, la Tierra simplemente no existe, Kari.
— ¡¿Cómo que no existe?! -
exclamaron todos- ¿Qué le pasó?
— Fue destruida hace cuatro mil quinientos millones de años cuando el planeta Theia, que debía dar inicio a la formación de la Luna, la impactó de frente y no tangencialmente como debía. Por una minúscula diferencia de trayectoria, la Tierra dejó de existir, y en su lugar hay un cinturón de asteroides. Curiosamente, Venus y Marte son habitables. La verdad no entiendo por qué me encomendaron un universo sin Tierra, pero en fin.
— Eso me hace pensar… -
Mummymon murmuraba en voz alta- ¿Los digimon existimos en todos los universos?
— No. En comparación a los humanos, somos sumamente raros; como somos seres artificiales, no dependemos de la evolución biológica, sino de la incentiva y creatividad de una especie pensante. Para que los digimon existan en un universo, debe cumplirse al menos una de las siguientes condiciones: o bien debe de haber humanos, o bien debe de haber una especie inteligente en la Tierra. ¿Recuerdan el mundo donde humanos y reptiloides comparten el planeta? Eso afectó a los digimon también, al punto que, por ejemplo, los Grandes Dragones se encargan de los Elegidos reptiloides, y los Grandes Ángeles de los humanos: así de polarizado está ese mundo. Pero bueno: los digimon podemos existir en muchos universos… -
sin que nadie se percatara, él y Blackwargreymon intercambiaron una mirada cómplice- y a veces de las formas más insospechadas.
— Espero que no acabemos como una franquicia de Toei o Bandai.
— Ehh… Si, Davis, como digas.
— Ahora que ya nos dijiste sobre el Multiverso, Shenglongmon. ¿Podrías POR FAVOR decirnos de donde salió AkuShenglongmon?
— Ya voy a eso, TK. -
suspiró- Rayos, ¿Les muestro las maravillas de la Creación y sólo me reclaman eso? Sé que tenemos prisa, pero algo de reflexión, por favor. De todos modos, tengo que preparar bien mis palabras, y me falta hablar de los universos subjetivos.

"Los universos subjetivos son aquellos de origen digamos… “cultural”. No se originan naturalmente, sino que son el producto de los seres pensantes de manera involuntaria. ¿Cómo se explica esto? Estos universos serían los mundos de los sueños y pesadillas, del subconsciente, los mundos que reflejan las fantasías, deseos y temores de todos aquellos seres. Aquí debo aclarar una cosa; estos se clasifican en dos grupos: los colectivos y los individuales. Los colectivos se forman, como su nombre indica, por una amalgama de las emociones tanto positivas como negativas, de una población en general: sea de carácter racial, cultural, religioso, de especie o hasta planetario. En el caso de la Tierra, pues, TK, Kari, Ken y Yolei conocen ya dos de esos mundos. Bueno; uno de ellos."

— Un momento… -interrumpió el Elegido de la Esperanza- ¿Te refieres a…?

— ¿El Mar de las Tinieblas?
— Sí, ese mismo, Kari. Esa mundo fue creado a partir de las emociones negativas de las personas y tiene el poder de traer a la vida los pensamientos y sentimientos negativos, magnificándolos y corrompiéndolos aún más, y a su vez tiene la capacidad de invertir el orden natural de las cosas. El Mar de las Tinieblas existe desde la aparición de vida inteligente en la Tierra.
— ¿O sea que es tan antiguo como los seres humanos?
— Pff… -
se burló el pequeño Shenglongmon ante la pregunta de Ken- ¿De verdad creen que los humanos son la primera especie inteligente en aparecer en este planeta, que tiene la friolera de cuatro mil quinientos millones de años de existencia? Pero por favoooor… Ya existieron los Calamarii hace más de 400 millones de años, anfibios inteligentes hace 250 millones y los antiguos tosevianos u hombres dinosaurio hace 100 millones, que los Nibiru llegaron a conocer, pero que se extinguieron con el Apagón Biológico.
— ¿¿Apagón Biológico??
— Un misterioso fenómeno cósmico que erradicó toda la vida de la Vía Láctea hace cien millones de años. Eso no importa ahora; lo que sí importa es lo antiguo de ese mundo, aunque a decir verdad, en los periodos en que no hay vida inteligente, se mantiene en estado latente e inactivo. El otro mundo sería el Mundo de la Luz, que es exactamente lo contrario: es decir, las emociones positivas de las personas. Véanlo como una especie de “Reino de Fantasía”.
— ¿Qué hay de los universos individuales, Shenglongmon? ¿Qué son?
— ¿Nunca han oído esa frase que dice “cada persona es un microcosmos”, Cody? No es ninguna metáfora: dentro de cada persona existe literalmente un universo basado en nuestros conocimientos, experiencias, sueños, anhelos, temores y todo tipo de emociones. Ese universo interior es su subconsciente, su imaginación, poblado por una gran cantidad de seres y de una miríada de lugares. Esos mundos individuales, en conjunto, forman los mundos colectivos que ya expliqué.
— ¿Dices que esos universos subjetivos individuales son nuestra propia imaginación?
— Exactamente, Davis.
— Vaya descubrimiento para la psiquiatría -
comentaron los megadoctores-
— ¿Los digimon también creamos esos universos?
— Que pregunta tan boba, V-mon. ¡Claro que sí! ¿Creen que por ser seres de inteligencia artificial no poseemos imaginación, sueños o temores? Estamos entre las formas de IA más avanzadas de la galaxia en ese aspecto. En otros aspectos pues… Meh. Ahora, imagínense la cantidad de universos subjetivos individuales en la Tierra: uno por cada persona -humano, digimon o alien infiltrado-, y ahora imaginen la cantidad de universos subjetivos colectivos sólo en nuestro Universo. Ahora imaginen la cantidad de mundos subjetivos individuales en un universo… y luego multiplíquenlo por el número de universos objetivos.
— Eso… es… jodidamente infinito.
— Exacto, Magnamon.


Hubo un momento de silencio: Shenglongmon pensó que sus compañeros mortales necesitarían un tiempo para digerir semejante información; después de todo, no todos los días las personas se enteran de la inmensidad de la Existencia. En efecto, a los niños les costaba comprender la verdadera magnitud del Multiverso: cuando en toda su experiencia de Niños Elegidos habían luchado por dos mundos, ahora descubrían que había millones de millones, por no decir, una cantidad infinita de mundos, criaturas, y posibilidades. Los digimon compartían el sentimiento de insignificancia.

— Veo que están muy sorprendidos por la magnitud de la Creación. -dijo Shenglongmon al ver los rostros de admiración de sus compañeros mortales- Es normal que tengan esa reacción. Yo me sentí igual cuando acabé descubriéndolo.

— Es que… No tenía idea de lo inmenso que es el Cosmos. -mencionó Ken contemplando la representación gráfica- Es impresionante.
— ¡Y diverso! -
exclamó Yolei- Hay tantas cosas…
— Bien; ya saben al menos la magnitud de lo que está el juego. Ahora debo explicarles lo de la magia.


"¿Qué es la magia? Es una especie de energía, una fuerza capaz de alterar todas las leyes que rigen el orden natural del Multiverso: leyes definidas desde el primer instante de la Creación. Su origen es desconocido, pero su papel quedó muy claro tras los primeros segundos en que se consolidaban la materia y la energía: ser la Serpiente en el Jardín del Edén que comenzaba a germinar; es decir: crear caos.

La energía misteriosa fue implantada con el objetivo de distorsionar de manera incomprensible las leyes naturales que permitirían la formación de nuevos universos, nuevos mundos, nueva vida."


— O sea que… inicialmente, la magia era totalmente maligna.

— Exactamente, Davis.
— ¿Sabes quién lo hizo?
— No tengo idea; nadie que conozco lo sabe… pero se me ocurre un sospechoso.
— ¿Quién? -
preguntó TK, ávido de curiosidad-
— ¿Tú QUIEN crees?


"Pero hubo alguien que creyó que esa energía, por más negativa que fuese, podría ser canalizada, controlada y purificada. E incluso, que podría dejar de ser prejuiciosa, y ser todo lo contrario: beneficiosa. Ese alguien era el ángel Metatrón.

Metatrón vio en aquella energía caótica y destructiva el potencial de ser algo completamente diferente: algo posible de controlar, dominar y hasta de ser beneficioso para la Creación. Fue por eso que logró reunirla, controlarla, canalizarla y purificarla en parte. Así fue que creó la Galaxia Mística, y el Vacío Abisal que ya conocen."



Explicado brevemente el origen de la magia, ahora faltaba tocar el tema más importante:

— Shenglongmon... ¿Podrías…?

— Sí, sí; TK: no me olvidé de ese tema. -suspiró nervioso- Bien: Aku… nació de la duda.
— ¿¿La duda??
— La duda sobre si todo en lo que creía, defendía y amaba era verdad. Siendo sinceros, eso nos pasa a todos en algún momento al crecer. Algunos le dicen una señal de madurez.
— ¿Tú cómo le llamas, Shenglongmon? -
preguntó Ken-
— La lenta y paulatina muerte del alma. -
contestó tajantemente- Si dejar tus ideales a un lado, abandonar tus sueños y tu capacidad de maravillarte por el mundo que te rodea a lo largo de tu vida, tengas la profesión u oficio que tengas, o tengas la edad que tengas es madurar, prefiero ser un bebé inmaduro. Heme aquí a mis 81.104 años y sigo con un espíritu juvenil y fresco. Algo que muchos adultos, tanto humanos como digimon, no pueden decir.
— Entendemos…


"Todo pasó hace más o menos 75.000 años. Había iniciado un viaje de exploración del Vacío Abisal: no era ninguna misión o algo así; eran como vacaciones, o un tiempo libre que había decidido tomarme. No era miembro de ninguna Hermandad Sagrada, ni era tan poderoso como ahora. Para la mayoría de los digimon, era ya alguien de venerable edad, pero para los Grandes Dragones y los Olímpicos era un joven, prácticamente un niño.

Había pasado por zonas llenas de soles y mundos orbitándolas, pobladas de gente y criaturas interesantes; me estaba divirtiendo en mi paseo. Inadvertidamente, llegué a un rincón muy sombrío del Vacío Abisal: hallé estrellas colapsadas, planetas despedazados, escombros de ciudades y cadáveres congelados flotando en el espacio. Y no fue una ni dos, ni tres, sino en cientos de ocasiones: como si se tratase de un sendero de destrucción causado por un tornado."


— ¿Qué pudo haber causado todo eso? -preguntaron-

— Los demonios.

"Los demonios de la Legión Ardiente, y también los de la Legión Oscura: aquellas hordas demoniacas nativas de ese plano dimensional caótico que llevaban miles o millones de años arrasando mundos enteros. Yo ya sabía de ellos: mis maestros de varios mundos me habían hablado de sus atrocidades, de la destrucción que traían a su paso. Y a pesar de mis continuos viajes por el Vacío Abisal, nunca me había topado con ellos; pero en esa ocasión, me tomé con su rastro.

Lo que más recuerdo es haber hallado en una especie de planetoide los restos de una ciudad, y abandonada por allí, flotando dentro de un edificio en ruinas a una muñeca de trapo. Todavía la recuerdo bien y me decía: “Esto perteneció a un niño… y ahora está muerto. Sus padres, sus amigos, su mundo. Todo está muerto”. Era claro que lo habían hecho ellos: allí aún se podía “oler” la magia vil que mana constantemente de su cuerpo, como un hedor insoportable que nunca se va.

Ver todo aquello me hizo dudar de si de verdad valía la pena seguir creyendo en la belleza de la vida, de si había de verdad sentido en seguir defendiendo aquello que consideraba bueno. Algo que por esos lares se llama “Síndrome de Sargeras”.

En fin: ya saben a qué voy. A ese momento en que al menos una vez en nuestra vida nos hacemos la pregunta más difícil, aquella que es capaz con una simple respuesta, o incluso con ninguna, de llenarnos de total desesperanza:

“¿Por qué?”

Pero todo empeoro una vez que llegué a un rincón desconocido del Vacío Abisal donde me topé con algo… algo que no debí de haber visto nunca, pero que de una forma u otra me llamaba, me atraía. Y entonces lo hallé, silencioso, imponente, intimidante… Un agujero negro."


— ¿Un agujero negro? -preguntaron todos nuevamente-

— No me malentiendan: son más comunes en el Vacío de lo que la gente cree. Pero este era diferente; no como los que hay en los universos sin magia como este: sentía que de una forma u otra me llamaba, me atraía. O peor: que yo le era de interés, y me buscaba.
— ¿Los digimon pueden sobrevivir a un agujero negro?
— Son estrellas colapsadas cuya gravedad es tan fuerte que ni la luz puede escapar y literalmente altera la continuidad del tiempo. ¿Tú que crees, Hawkmon?

"Es imposible de describir cómo sabía que me buscaba, pero me decía, me instaba, no con palabras sino de otra forma, a que viera en su interior. Y lo hice…"

— ¿Y que había? -preguntaron TK-

— Nada.
— ¿Cómo que nada? -
se quejó Davis- Debe de haber algo.
— V-mon; dale una bofetada por mí. -
el digimon obedeció, haciendo que Davis se quejara brevemente por el golpe- No había nada: he ahí la cuestión. Había solo oscuridad… y silencio. Una completa, e infinita oscuridad que ningún rayo de luz podría vencer, un silencio tan profundo que te volvería loco.

"Creo que lo hizo. Porque lo que vi fue algo verdaderamente infinito: el destino final de todo lo creado y por ser creado.

Vi a la Nada."


— No entiendo; ¿Qué es exactamente la Nada? ¿Por qué te aterró verla?

— Ya lo sabrás, Kari. La Nada, o el Caos Primigenio como a veces lo llaman, es la Inexistencia misma: donde no existen ni la vida, ni materia, energía, información o el mismo concepto de espíritu.
— Pero sigo sin entender por qué te dio miedo ver ese lugar. -
añadió Yolei- Entiendo que una oscuridad infinita es terrible, pero…
— No se puede decir que sea un lugar; probablemente sería más correcto decir que sea un ente más allá de nuestra comprensión. -
TK empezaba a captar a donde apuntaba el dragón, pero optó por esperar- Es curioso que siendo digimon hablemos de esto: los unos y ceros del sistema binario que manejan nuestra existencia son una síntesis de la cosmogonía de muchas especies en el Cosmos.
— Yin… y Yang… -
susurró Cody-
— Espera, espera, espera… ¿Hablas de una cosmogonía dual?
— Ya lo captaste, ¿Eh, TK? Chico listo. Si la Nada es el Cero: la Inexistencia, y su opuesto es la Existencia o la Creación, ¿Que es entonces el Uno?
— ¿D… Dios? -contestó el Elegdo de la Esperanza;
Shenglongmon asintió afirmativamente- ¿O sea que la Nada es…?
— Ajá… Para muchas civilizaciones, la Nada tiene otro nombre: Anti-Dios. -
reinó el silencio- Pero me estoy desviando; continuemos.


"Así fue que empezó a crecer en mi interior un sentimiento de desesperanza y desilusión que acabó en un profundo desprecio y odio sin razón a todos y todo lo que existía. Pero esos sentimientos negativos no llegaron a dominarme del todo. Aún existía dentro de mí un rayo de esperanza, de fe, y amor hacia todo lo existente: fue entonces que acabé con una severa crisis de bipolaridad.

Fue entonces que nació Aku.

Yo quería seguir creyendo que valía la pena luchar por este mundo, de maravillarme por la Creación, de apreciar a mis seres queridos: quería seguir teniendo fe. Aku por el contrario, decía que era necesario reformar toda la Creación, la cual consideraba completamente caótica e imperfecta; que teníamos el poder para hacerlo, y que lo primero que había que hacer para lograrlo era eliminar los principales factores causantes del caos: las emociones.

Aku no logró tomar control de mi cuerpo, pero atacaba mi mente lenta y progresivamente, como las olas del mar a las rocas… Y sin que yo me estuviese dando cuenta, él estaba ganando la batalla. El par de años siguientes fueron muy duros: seguía siendo el de siempre, pero llegado un punto, no podía ocultar mi depresión, y esto lo notaron mis seres queridos, quienes intentaron ayudarme. Varios de mis amigos y maestros, entre ellos Qinglongmon y los otros Grandes Dragones, los Olímpicos, e incluso Zoe e Yggdrasil conversaron conmigo en un intento por entender las causas de mi depresión, de alegrarme, de ayudarme; pero era muy difícil explicarles como me sentía. Y si bien su ayuda sirvió bastante, Aku no tardaba en volver a ganar terreno en mi estado de ánimo. Él no se rendía: quería que yo lo hiciera, e ignorara los vanos intentos de aquellos que trataban de ayudarme.

Fue entonces que decidí tomarme un tiempo para estar a solas, viajar por allí lejos de todo para aclarar mis dudas. Cuando me fui, había dejado un Digimundo y una Tierra llenos de vida.

Cuando volví, pues…

En medio de aquel viaje interdimensional, después de tanto tiempo de luchas internas, ese día: el 23 de octubre del 71.987 A.C., Aku consiguió lo que quería: tomó el control de mi cuerpo y mente, y fue sólo el comienzo de la tragedia."


— ¿Qué fue lo que hizo Aku, Shenglongmon?

— ¿Has oído alguna vez del incidente de Toba, TK? -preguntó el Dracomon- ¿Alguno?
— Yo -
alzó Magnamon su mano- Zoe nos habló de ello: fue cuando ocurrió una supererupción volcánica en lo que ahora es Indonesia.
— Oí de esa teoría -
añadió Ken- Dicen que causó un auténtico cuello de botella en la evolución humana.
— ¿Cuello de botella? -
preguntó Davis- ¿Qué es eso?
— Es cuando ocurre un evento catastrófico que lleva a una especie al borde de la extinción.
— Ahora que lo recuerdo -
cavilaba Ulforce- Ocurrió algo parecido en el Digimundo, ¿No, Magnamon?
— Sí; algo como una Edad de Hielo o algo así.
— ¿Y no fue por ese incidente también que…?


Devidramon se calló de súbito: había recordado un dato sumamente importante de su primera visita al Castillo de los Caballeros Reales. Algo que había pasado como mera anécdota sin importancia… hasta ahora.

— ¡¿Estás diciendo que Aku fue el causante de nuestra casi extinción?!

— Más que eso, TK. MUCHO más que eso.
— No… no puede ser. -
repetía la gárgola oscura- Tienes que estar jodiendo.
— Veo que Devidramon ya lo captó.
— ¿Captó qué, Shenglongmon?
— Aku causó esa supererupción no sólo en esta Tierra, sino en todas las del Multiverso, sin excepción. Al hacerlo, provocó una catástrofe que en esta Tierra redujo la población a menos de cien mil personas en menos de cinco años. Cien mil… de más de dos mil millones. -
todos se quedan boquiabiertos- Semejante exterminio tuvo sus consecuencias en el Digimundo: la catástrofe en sí sumado al súbito descenso de la población hicieron que el Digimundo respondiera abruptamente: Si la Tierra estornuda, este último se resfría; y esto ocurrió de manera literal, pues el Digimundo respondió con una Edad de Hielo repentina que dejó pocos supervivientes. Pero no contento con eso, cometió el mayor crimen imaginable.
— O sea que es verdad.
— No quieres decir que…
— Si, Ulforce: Aku asesinó a nuestro Yggdrasil.


Tras oír aquello nadie lo podía creer, mucho menos los Caballeros Reales, quienes se preguntaban por qué Zoe, los Olímpicos, las Bestias Sagradas o los Grandes Dragones no les habían dicho la verdad acerca del final de Yggdrasil y se habían inventado lo de la falla. Aunque en la actualidad, sólo las Hermandades Sagradas eran plenamente conscientes de la existencia de Yggdrasil, pues para los digimon en general, su existencia era casi desconocida, un mero rumor; como si de una sociedad excesivamente laica se tratara.

¿Acaso no querían estigmatizar a Shenglongmon por algo que no hizo? ¿O había detalles del crimen que no querían que se supieran? Y si supuestamente eran los guardianes de “Yggdrasil”, ¿No tenían derecho a saberlo?

— ¿Y cómo fue que…?

— No tengo detalles acerca de cómo fue asesinada Yggdrasil, UlforceV-dramon; si es que era eso lo que estabas por preguntar. Zoe no quiere hablar del tema; sólo me dijo que fue de la manera más abominable; el resto, déjaselo a tu mórbida imaginación. Sólo sé que fue a nuestro Yggdrasil; los de los demás universos siguen con vida, pero por lo que tengo entendido, sintieron todo el dolor de su “yo paralela”. Si quieren saber algo más, pregúntenselo a ella: capaz ahora tenga ganas de hablar.
— Pero si Aku causó todo eso posesionando tu cuerpo, ¿Cómo te liberaste?
— No era del todo consciente de lo que había pasado, pero sabía que Aku hacía todo tipo de atrocidades. Me esforcé por liberarme desde dentro; algo muy difícil debo agregar…. Y recibí ayuda extra.
— ¿De quién?
— Adivinen…


"Pues sí: recibí ayuda para liberarme, pues Aku se había salido de control. Metatron se vio obligado a intervenir y luchar contra él; pero en lugar de eliminarlo, o mejor dicho eliminarnos, nos separó de manera definitiva. A Aku lo arrojó a la Nada misma, donde no pudiera seguir causando más desastres, y a mí, pues me dejó en casa. No sé que tiene ese ángel con nosotros, pero bueno: supongo que si algún bichejo se sale de control, es el primero en tomar la escoba.

Sin embargo, ya era demasiado tarde: el daño que AkuShenglongmon había causado era inmenso, y peor aún, irreparable."


— ¿Exactamente qué tan grave fue el daño que causó AkuShenglongmon en ese entonces?

— Tanto que incluso los viajes en el tiempo a esa fecha están terminantemente prohibidos, Ken. Pero más que nada por el daño que causó… y en cuanto tiempo.
— ¿Cómo es eso? -
preguntó Davis-
— AkuShenglongmon no sólo causó un evento de extinción masiva en todas las Tierras; no sólo causó algo similar en los Digimundos. Aku destruyó millones de universos paralelos, borrándolos completamente de la existencia tanto física como espiritualmente, y matando a todo ser viviente en ellos, y peleó contra el ángel más poderoso del Cosmos… Todo eso en menos de diez minutos.


Al oír ese breve periodo de tiempo, los niños y digimon quedaron helados. ¿¿En sólo DIEZ MINUTOS y había causado tanto daño?? Parecía una pesadilla. ¿Qué clase de ser era el tal AkuShenglongmon, alguien que aparentemente se mostraba tan calmo e indiferente ante lo que tenía a su alrededor?

Trataron de imaginarse el escenario usando como base aquella demostración gráfica del Multiverso: millones de universos; cada uno con cientos de miles de millones de galaxias; cada galaxia con cientos de miles de millones de estrellas; a su vez, varios miles de millones de planetas habitables en varias de ellas; y una parte de ellos, habitados por seres pensantes como ellos.

Todo ello borrado de la existencia, esfumado, destruido, muerto… y en menos de diez minutos. Parecía una mala broma, o un cuento de terror inventado por Shenglongmon, pero… por la manera tan seria de contarlo, no estaba jugando.

Había razón más que suficiente para que algunos sintieran miedo, pavor… desesperanza.

— Entonces… si unimos nuestras fuerzas…

— Dará igual, Davis. -sentenció el pequeño dragón- Los borraría antes de que siquiera se lanzaran sobre él.
— ¿Sugieres que Aku es más poderoso que tú?
— Si te soy sincero, Blackwargreymon… no lo sé: mis poderes se basan en varios tipos de magia, teniendo a la arcana como principal. Pero los de Aku, pues… tienen el “toque especial” de la Nada, haciéndolo aparentemente más fuerte, pero es difícil saberlo. Por otro lado, el usa sus poderes con más libertad, sin respetar ninguna regla.
— Sé que suena tonto, pero… ¿Que tal una evaluación psiquiátrica?
— A AkuShenglongmon le importa un bledo tus títulos, Agumon, y su psique es prácticamente antipsicoanalizable.
— ¡¿Y que nos sugieres entonces?! -
exclamó un muy airado TK levantándose de golpe- ¿Quedarnos aquí para siempre? -cayó de rodillas, apesadumbrado; las miradas de los demás expresaban lo mismo- ¿No hay nada que podamos hacer? ¿Una forma de vencerlo?
— Hay una… -
Shenglongmon hizo una breve pausa- Citando un odioso cliché de caricatura: “La magia vence a la magia”
— ¡No es momento de imitar al tío de Jackie Chan, Shenglongmon!
— Lo sé, Hawkmon, pero tenía que decir algo gracioso o la tensión me matará de los nervios. -
tosió ligeramente para aclararse la garganta- En fin; se lo voy a explicar.

"A pesar de todo el poder que AkuShenglongmon posee, está sujeto a reglas, como todo lo demás. Cuando surge algo nuevo, y potencialmente peligroso, es lógico que de inmediato se intente regularizar y reglamentar su existencia con el fin de controlarlo: algo así como pasa con las armas nucleares.

Y fue exactamente lo que pasó conmigo y AkuShenglongmon: se estableció una regla de equidad entre nosotros: 1) Yo debía existir en el Multiverso y él en la Nada; 2) Yo tendría terminantemente prohibido invocarlo o traerlo de regreso, pero él tenía la opción de traerme o no de regreso si se dieran las circunstancias; 3) Sólo uno de nosotros podría tener la totalidad de los poderes mágicos, y sería ése quien podría ser conocido como el Digimon Patrono de la Magia. Como se imaginarán, hice trampa al reservarme un poquito de poder y permanecer aquí, pero eso no servirá de mucho."


— Muy bien, ¿Pero cómo lo derrotamos?

— A eso voy, Davis.

"Las reglas normalmente establecen que yo tengo terminantemente prohibido invocarlo a este mundo… PERO, en aquellas ocasiones que no estoy atado a las reglas, nada me impide el traerlo a este mundo si se me lo ordena. Por ese motivo, me encargué de borrar toda mención o rastro de AkuShenglongmon en el Digimundo y en cualquier otra parte donde hubiese llegado a ser conocido; los digimon que llegaron a conocerlo, como Los Grandes Dragones, los Olímpicos, y las Bestias Sagradas, hicieron voto de silencio sobre el tema."

— Pero de todos modos alguien registró su llegada, ¿No? -insinuó Cody- Lo digo por ese libro que Daemon tenía.

— Cierto.“Los Archipluscuanperfectahipermegasupercalifragilisticoespialidosos y oscuritos secretitos del Digimundo” es un libro hermético y apócrifo que oculta misterios sumamente perturbadores del Digimundo; el nombrecito ridículo y la pornografía barata es sólo para despistar y nadie se tome en serio leerlo… cosa que evidentemente no funcionó con Daemon. Lo que me extraña es que se haya hecho con el libro; está tan encriptado que ni siquiera es accesible a los digimon, ni está almacenado en los registros o historial de Yggdrasil; sólo Zoe y Tamara saben de él, pero es imposible que se lo hayan facilitado. Pero no es momento de indagar en eso; volvamos al plan: Técnicamente hablando, seguimos en el 31 de Diciembre del 2002, y el especial de deseos sin reglas no ha terminado. Verán: así como yo en este día no estoy obligado a seguir las reglas en su totalidad, Aku está obligado a cumplirlas de manera tajante; so pena de sufrir las consecuencias.
— ¿Exactamente qué consecuencias hubiesen sufrido tú o Aku de no seguir con esas reglas mágicas?
— Básicamente, perder nuestros poderes y volvernos puramente mortales, TK.
¡¡¡¿¿¿ESTÁS DICIENDO QUE LE CUMPLISTE ESE DESEO A DAEMON SÓLO PARA NO PERDER TUS TONTOS PODERES???!!!
— ¡¡¡LO HICE PORQUE NO QUERÍA MORIR, IDIOTA!!! -
Shenglongmon acentuó el último insulto, mientras todos lo miraba estupefactos, ¿Estarían enojados con él? Seguramente- Ya te lo dije: los digimon CON SUERTE podemos vivir hasta los 10.000 años como máximo. Examon tiene el doble pero sólo porque buena parte de su vida se la pasó devorando a otros digimon y la data extra sirve como un bonus de longevidad y “antioxidante del Diginúcleo”; los Caballeros Reales y demás Hermandades tienen entre 10.000 a 147.000 años sólo por el programa de “Bendición de Yggdrasil”que además se renueva cada tanto. -su voz se notó más apesadumbrada, casi triste- Yo… yo no tengo ese programa en mi cuerpo: no era necesario si la magia en mi cuerpo ya me había dado una larga vida, y después me concedieron la inmortalidad a cambio de…
— ¿A cambio de qué, Shenglongmon?
— De mi Resurrección, chicos… Yo no puedo revivir en la Ciudad del Inicio, o morirme como Patamon y regenerarme en un Digihuevo. Si muero, será definitivo.
— ¡Pero aún así….!
— ¿De verdad crees que es taaaaaan fácil sacrificarse por otros, TK? ¡Claro! Es muy fácil que venga alguien muy altruista y te diga “hay que sacrificarse por otros”. ¿Pero cuántos de ellos estarían dispuestos a renunciar a su amor propio, a su vida, por otras personas? ¡Más aun sabiendo que casi no tienen garantías concretas de la dichosa “Otra Vida”!
— ¡¡Wizardmon lo hizo hace tres años, y él no dudo ni un segundo!!
— ¡¡Wizardmon no vivió lo que yo, Gatomon!! -
le gritó a la gata que estaba al borde de las lágrimas junto a Kari- ¡Dudo muchísimo que haya vivido los ochenta y un mil años que yo para aferrarse a la vida! -tras unos tensos segundos en los que Gatomon parecía estar a punto de lanzarle encima, suspiró- Esa es la ventaja de los jóvenes, y más de los niños: su juventud le dificulta ver su mortalidad; en contra, mientras más envejeces, eres más consciente de que tus días tarde o temprano acabarán, y terminarás durmiendo en el Sheol. -antes de que se lo preguntaran, tomó la palabra- Se los explicaré luego.

"Si, lo admito: fui muy, MUY egoísta, y eso tiene un precio que acabaré pagando. ¿Pueden culparme? En mis años he visto y vivido tantas cosas que amo MUCHO este mundo, y lo que menos quiero hacer es dejarlo… ¿O está mal que los digimon temamos a la muerte?

En fin; volvamos a lo importante."


— Dices… que Aku también debe de temer su propia muerte y perder sus poderes, ¿No es así?

— Exactamente, Yolei.
— Entonces… lo que quieres decir es que la única forma de derrotarlo es… ¿Que nos conceda un deseo?
— ¡BINGO!
— ¡Oye; esa es mi frase célebre!
— Perdón, pero me alegra que lo hayas deducido. ¿Por qué no te dieron el emblema del Conocimiento? -
ese comentario hizo gemir a Cody, pero nadie le prestó atención- SI, estás en lo cierto, chica. Pero no cualquier deseo: deben pedirle que me restituya en mi cargo y me devuelva mis poderes. Se negará varias veces, pero a la larga acabará concediéndolo.
— Una pregunta, ¿Por qué no le pedimos que se mate? -
la pregunta de la Elegida de la Luz sorprendió a todos; no era su estilo- Digo, para acabar con el problema de una vez por todas.
— Por dos razones OBVIAS, Kari: la primera y más importante es que ni Aku ni yo somos tan idiotas como para cometer suicidio sólo por el deseo de un mortal; la segunda es que ambos somos EL MISMO SER, y si él muere, yo también. ¿Y dónde estarán ustedes? ¿Qué pasará con el potencial daño que haya hecho AkuShenglongmon? Alguien lo tiene que reparar, y créanme que los demás seres mágicos tienen asuntos más urgentes en estos momentos.
— ¿A qué te refieres?


El holograma que representaba el Multiverso regresó, pero esta vez lucía muy diferente: las luces doradas que representaban los universos se habían vuelto grises y opacos -o casi todos-, mientras que aquella telaraña multicolor que representaba el Vacío Abisal también mostraba una “Mancha Gris” que avanzaba.

— Me temo que casi todos los universos mortales están bajo el control de Aku en este momento.

— ¡¡NO PUEDES HABLAR EN SERIO!! -exclamaron- ¡¿No hay nadie que lo pueda detener?!
— En los mundos mortales no, y los seres ascendidos no pueden hacerle daño a él, pero AkuShenglongmon tampoco los puede tocar. Y los seres mágicos en este momento están luchando contra él para impedir que se apodere de todo el Vacío Abisal y la Galaxia Mística: elementales, titanes, naaru y hasta demonios de la Legión están luchando para evitarlo; y créanme que esa última alianza es lo más loco que he visto. Si eso llegase a pasar, será nuestra derrota definitiva.
— ¿Por qué? -
preguntó Patamon- ¿Qué pasará si lo conquista todo?
— Si se apodera del Corazón de la Galaxia Mística y derrota a todos los seres mágicos, tendrá TODA la magia a su disposición. Y de la misma forma que hace un caudillo al realizar un golpe de estado…
— Va a cambiar las reglas… -
razonó TK, quedándose helado- Aquellas reglas que podrían detenerlo ya no existirían: tendría todo el poder.
— Exacto. Los seres mágicos tienen su frente y nosotros el nuestro. -
los digimon se apesadumbraron; quedaba claro que no tendrían aliados- Sin embargo, es posible que logre convencer a un amigo para que nos ayude: no es muy poderoso que digamos, pero sería un soporte decente. O al menos dar su aporte.
— ¿Y qué debemos hacer entonces?
— Antes que nada, Armadillomon, quiero que decidan si ayudarme o no.
— ¿Cómo que decidir si ayudarte o no? ¿Acaso tenemos otra opción?
— A ustedes los escogieron, los nombraron Niños Elegidos para proteger el Digimundo, y a sus digimon también, pero… ¿Se molestaron en pedirles su opinión? Yo no recuerdo que Gennai, Las Bestias Sagradas o “lucecitas locas bocasucia” les haya dado la opción de elegir el seguir una vida normal o arriesgar sus vidas por un mundo y criaturas que no conocen. Algo que admiro de Ophanimon ahora que lo pienso… además de sus suéteres. Así que ahora yo los escojo como mis Niños Elegidos para salvar a todos los mundos, pero les doy la opción de ayudarme o no, pues ya de por sí les advierto que su vida correrá un grave peligro. Y eso va para los digimon también: les daré cinco minutos.
— Yo no necesito esperar, Shenglongmon; -
dijo dando firmes pasos a frente- yo te ayudaré.
— Te agradezco, Blackwargreymon… No quiero ofenderte, pero no sé si estás seguro de…
— Comprendo que cometiste un error, un GRAN ERROR, pero no pienso dejarte solo; no después de lo que hiciste por mí.


El resto del grupo se separó para tomarse un momento para decidir. No había dudas de que el Dragón Esmeralda había cometido errores y había sido tremendamente egoísta; eso no se lo podían quitar de la cabeza. Por otro lado, lo hecho hecho está: ahora que AkuShenglongmon era libre, ¿Cómo podrían detenerlo? No habría ayudas del exterior y el “amigo” prometido no sería particularmente fuerte. ¿Cuál era el plan de Shenglongmon precisamente y cómo encajaban en él? Difícil no sentirse como una vulgar herramienta en sus manos ¿Una herramienta con opción de elegir? Descartada a opción de derrotar a Aku ellos solos, ¿Que les quedaba? ¿Vivir el resto de sus vidas huyendo… si es que había esa opción?


TK y Ken estaban en un rincón junto a sus digimon, pensando en su decisión. Era muy probable que acabaran ayudándolo. En el caso de que lograran derrotar a Aku, ¿Que pasaría después?

— Fue demasiado egoísta y creído. Pudo haber renunciado a su inmortalidad y evitado todo esto.

— ¿Lo crees de verdad, TK?
— ¡Claro que si, Patamon! En lugar de ello condenó a todo lo que él dice amar.
— Lo siento, TK. -
señaló Ken, mirando fijamente el Elegido de la Esperanza- Pero no estoy de acuerdo con ese razonamiento tuyo.
— Ken…
— ¿Acaso lo que digo no tiene lógica?
— Supongamos que sí. ¿Entonces significa que si yo me hubiera suicidado siendo Emperador de los Digimon, TODO se hubiera solucionado? A veces me pregunto si ustedes tenían verdaderas intenciones de matarme en ese entonces.
— Yo no quise…
— No te negaré que tras dejar de ser Emperador de los Digimon sufrí mucho, me culpaba de todo lo que había hecho, y que la idea del suicidio afloró en mi cabeza numerosas veces, y que con eso acabaría todo el mal que había hecho -
Wormmon, Patamon y TK lo escuchaban boquiabierto; no esperaban que su crisis haya sido tan seria- Pero luego recordaba a mis padres que tanto me amaban y no me habían abandonado. Ahora me comparo con mi yo de hace unos meses y me doy cuenta de lo tonto que fui, y de lo afortunado que soy ahora: ya no estoy solo, tengo amigos que me quieren, una familia que me ama y toda una vida por delante. ¿Y renunciaría todo por mi sentimiento de culpa? -Ken se levantó cuidadosamente y se puso de pie dispuesto a retirarse- No niego que Shenglongmon haya cometido un terrible error y todo esto haya sido en gran parte su culpa, pero Daemon también la tiene por no hacer caso de sus advertencias. Además, entiendo el por qué no quería morir. ¿No has pensado en que también tiene amigos que lo extrañarían, o que el mismo tiene deseo de vivir?
— Tiene más de ochenta y un mil años: creo que ya ha vivido bastante.
— Los digimon también tienen derecho a temer a la muerte, y a vivir cuanto tiempo quieran, TK: no puedes decir cuánto tiempo vive alguien. Increíble que deba recordártelo yo.


Ken se retiró junto a Wormmon, dejando solos a los Elegidos de la Esperanza en sus cavilaciones personales. No pasó mucho tiempo para que el pequeño Dracomon hiciera aparición, solicitando permiso para sentarse junto a TK; este aceptó de mala gana sin decir nada.

— Me odias. -dijo el pequeño dragón verde- Y no te culpo la verdad.

— …
— Admito que llegué a ser muy cobarde, y que no vale la pena justificarlo pero… me encanta hacer feliz a la gente, aunque a veces sólo me pidan estúpidos ponies. Algunos deseos de este especial fueron divertidos, otros algo bobos; algunos egoístas, y otros muy altruistas. Si decía que no, todos esos deseos serían anulados. Y tú no estarías muy feliz que digamos.
— Oh, no estudiaré en La Sorbona… -
comentó TK con sarcasmo- Por favor, no me hagas sufrir.
— No me refiero a tu deseo, TK. -
extrañado, estuvo por preguntarle a qué se refería, pero Shenglongmon de inmediato retomó la palabra- Quiero pedirte un favor muy importante: pase lo que pase, quiero que confíes en mí, y más importante: no pierdas la esperanza.
— ¿Cómo?
— No hablarás en serio, ¿O sí? -
preguntó un Patamon suspicaz- ¿Después de todo lo que pasó? Que por cierto, fue tu culpa.
— Lo sé… Pero es de vital importancia que me hagan este favor. NO PIERDAS LA ESPERANZA, TK; es en serio.
— Bueno; está bien. -
le contestó; no era que le quisiera prestar demasiada atención, pero no tenía alternativa- No la pienso perder.
— Asumiré que tomarás mi consejo en serio. Bueno, ¿Tienes algo más que preguntar?
— Hace rato dijiste algo sobre “dormir en el Sheol”. ¿A qué te referías?
— Es el mundo de los muertos, donde las almas van tras morir el cuerpo físico… o energético, o digital en nuestro caso. Las almas allí “duermen”, y los sueños que tengan dependerán de su moralidad en vida.
— ¿O sea que si una persona es buena, soñará con su Paraíso personal y si es mala con su propio Infierno?
— Ajá: así funciona. Por eso -y con muy buena razón- no se recomienda contactar con los muertos, y menos con esa mierda de ouija. ¿Te gustaría que te despertaran de golpe mientras estás soñando? Claro que no, y menos si tienes sueños agradables; ni qué decir de los desagradables.
— Pero tú puedes revivirlos.
— Tengo una licencia, y autorización de seres de muy alto nivel. Y he estado ahí: es como una caverna infinita envuelta en sombras donde incontables almas “duermen”. No es un lugar muy bonito que digamos. En fin: vamos junto a los demás; está acabando el plazo que les di.


El pequeño Dracomon fue en dirección a donde se hallaba el resto del grupo, seguido de cerca por TK y Patamon. El Elegido de la Esperanza aún tenía preguntas que hacerle, y seguía desconfiando en él, pero debía de aceptar también otra cosa: sin él, no podrían derrotar a AkuShenglongmon. Sólo quedaba averiguar el plan.

Una vez todos reunidos, Shenglongmon preguntó la decisión que habían tomado: sin excepción, aunque algunos más reticentes que otros, aceptaron el ayudarlo si eso significaba salvar a todos los mundos: Cody, TK y Kari eran los menos entusiastas en ayudarlo entre los niños junto a Gatomon, Patamon, Wormmon, Arukenimon, Mummymon, D’arcmon y Gargoylemon; mientras que los demás no mostraban mucho “resentimiento” hacia el dragón.

De inmediato, preguntaron sobre el plan.

— En primer lugar les debo recordar que las reglas del juego de la Wishespallouza siguen pendientes, por lo que sólo podrán tener derecho a ese deseo mediante un boleto. Lo malo es, que como se podrán imaginar, AkuShenglongmon lo sabe perfectamente y no dejará caer ninguno por allí. Debemos de buscarlo nosotros.

— Adivinaré: él tiene los boletos y los guarda celosamente.
— Si, Gabumon… y más bien es
EL boleto: yo creé miles de millones, pero él tiene sólo uno, por mera formalidad. Lo guardará puntillosamente en su base como si se tratara de material radiactivo altamente peligroso, y TENEMOS que hacernos con él. Debemos de infiltrarnos en su base.
— Pero hay un problema. -
señaló Devidramon- Si ese boleto es como el tuyo, significa que...
— Sigh… Sólo lo podrá usar alguien al que aún no le haya cumplido un deseo; los demás no tendrán derecho a usarlo.
— ¡¡PERO NOS CONCEDISTE DESEOS A TODOS!! ¿No es así?
— Repasaremos sus deseos, Mummymon. A ver: a ti te concedí…
— ¿Que no te acuerdas?
— Ser inmortal y tener magia no te da memoria de elefante, Mummymon. ¡Ayúdame, carajo!
— Un empleo formal en la ciudad… -
respondió apenado-
— ¡¡¿¿EN SERIO??!! -
exclamaron los demás- ¡¿Y no pensaste en revivir a Oikawa?!
— Arukenimon ya deseó la casa, y yo dije: ¿Cómo la vamos a mantener?
— No me miren así: no pienso vivir en la calle.
— Bien: ahora veamos el siguiente: Devidramon deseaste… ah, me acuerdo: tu fiesta.
— ¡¡MI FIESTA!! ¡Joder! ¡Si no acabamos con esta tontería, no la tendremos nunca!
— Una razón más para salvar el mundo. Gargoylemon el torturar a su primo: de eso me acuerdo -
la gárgola blanca se sintió ofendida- ; UlforceV-dramon esa broma tan floja…
— ¡Rayos! Debí haber deseado algo mejor ahora que lo pienso.
— Magnamon y su reunión de artistas; Yolei deseó no estar enamorada de Blackwargreymon…
— ¿En serio necesitaste un deseo para eso? -
le preguntó a la aludida-
— ¡Mejor que tu tonto tratamiento, Agumon!
— Blackwargreymon deseó… -
en eso Shenglongmon paró en seco; recordó que ambos tenían un acuerdo- nada que les importe, jeje… TK y su beca a la Sorbona, Patamon esa foto del Arca de la Alianza…
— ¡¡Encima era falsa!!
— Quéjate con Dios. Hawkmon… ¿Qué fue lo que deseaste tú?
— Un contrato con un estudio de televisión en el Digimundo. -
todos se lo quedaron mirando- ¿Qué? Tengo talento como actor.
— Cody… No necesito recordarlo: ser más alto. -
Cody gruñó un poco, pero no dijo nada- Ken, el poder hablar con su hermano muerto.
— ¿Cómo piensas hacer eso?
— Tengo un pase que me permite hablar con él por una hora, pero sólo sirve la Noche de Brujas. Shenglongmon dijo que es el día en que la frontera entre el Mundo de los Vivos y los Muertos es más débil. -
se quedó en silencio unos segundos- Quiero hablar y arreglar mis problemas con él.
— Sigamos… D’arcmon y su cafetería; Kari y su dotación de bombillas; Gatomon su penthouse; Agumon y Gabumon pidieron el mismo deseo: un consultorio en Viena. V-mon su todo lo que pueda comer en KFC.
— Debí imaginarlo… -
susurró Gatomon-
— Armadillomon y su besito a Celine Dion. -
todos se quedan mirando al mamífero amarillo- Inusual, pero buen deseo debo admitir.
— Pero entonces… -
analizó TK tras oír todos los nombres mencionados- sólo nos quedan Davis y Wormmon.
— ¡Sí: yo salvaré al Multiverso! -
exclamó el gusanito- No se preocupen; confíen en mí y…
— Lo siento, pero no: ahora recuerdo que fallaste en tu pista y acabaste en Estocolmo en lugar de Ámsterdam. O sea que sólo nos queda…
— ¡¡¡¿¿¿DAVIS???!!!


El grupo entero exclamó por la sorpresa, mirando todos en dirección al “Elegido” que se hallaba tan sorprendido como el resto. La verdad es que nunca creyó que la mala suerte de no haber conseguido uno de los boletos dorados se traduciría en semejante “suerte” de tener la clave para salvar al mundo. Una cosa quedó clara: no todo el mundo estaba complacido por ello.

— Ya valimos.

— Davis lo va a arruinar. -murmuró Yolei- ¿Por qué tuvo que ser él?
— ¡¿Se puede saber que son sus quejas?! -
preguntó de amnera enfadada el muy aludido Davis- ¿Acaso no confían en mí?
— …
— Pues no es que confiemos, pero…
— ¿Pero qué, TK? Podemos llamar egoísta a Shenglongmon por no haber impedido esto, pero ustedes SÍ pueden desconfiar de mí y creer que lo arruinaré todo. ¡Con qué cara ahora debo de mirarlos, eh? ¡Esto no es un partido de fútbol de un campeonato de primaria o el fallido intento de una canasta! ¡Se trata de salvar al mundo, maldita sea!
— Davis…
— Ya sé que no soy el más brillante, pero tampoco pienso arruinarlo todo, y más cuando sé lo que está en juego. -
ya más calmado, bajó el tono de voz- Sólo confíen en mí, ¿Si?
— Por mi parte no dudes, Davis: yo confiaré en ti.
— Gracias, V-mon, eres muy... Oye: ¿Lo haces porque crees en mi o porque te sientes obligado dadas las circunstancias?
— Ambas razones… -
Davis frunció el ceño- Pero de verdad creo en ti: sé que no fallarás.

Tras el ejemplo de V-mon, los demás amigos de Davis acabaron retirando -al menos a primera vista- las dudas hacia el “Elegido” y optaron en confiar en él y ayudarlo a llegar al preciado boleto. Fue entonces que el Dragón Esmeralda sugirió que saliesen fuera del santuario, pues en breve los sacaría de allí.

Una vez fuera pudieron comprobar que Shenglongmon estaba en lo cierto en cuanto a su ubicación: en efecto, habían estado dentro de la conocida Cúpula de la Roca todo ese tiempo, y habían salido hacia la famosa explanada, donde una de las arcadas -conocidas como Al-Mawazin- señalaban el acceso al final de unas escaleras. Lo otro de lo que se percataron, y que de verdad los sorprendió, es la presencia de una especie de barrera de energía en forma de cúpula que rodeaba al edificio hasta rozar con los primeros peldaños de la escalera.


Lo llamativo de la barrera era su peculiar consistencia: más que sólida, se veía fluida y algo luminosa, casi viscosa; como si se tratase de agua. Más allá de dicha barrera de energía, no se podía ver el exterior, mientras que dentro de ella parecía ser de día, aunque el sol no se veía por ningún lado.

— Me siento como en una pecera. -comentó Davis- Y no puedo evitar sentir que nos están viendo.

— Algo me dice que afuera será peor. -le respondió Shenglongmon- Mucho peor.
— Sigo sin creerme que estamos en la Cúpula de la Roca. -
en eso, TK palpó con sus manos los muros del santuario- Pero estamos aquí.
— ¡Quién sabe los horrores que habrá hecho ese monstruo con el mundo! -
gritó Gargoylemon-
— Ni idea, pero me puedo dar una idea.
— ¿No lo sabes, Shenglongmon?
— No del todo, pero si lo que recuerdo de Aku se mantiene… no esperen ver todo color de rosa. Ahora escúchenme por favor: una vez que salgamos, no habrá vuelta atrás; es decir, no podré traernos de vuelta a este lugar. Y por si tienen dudas, yo tampoco podré regresar aquí.
— Si nos lo dices como una última oportunidad de retractarnos, olvídalo. -
le señalo Yolei- Ya dijimos que ayudaríamos a Davis.
— Bien. -
asintió el dragón- Júntense todos a mi alrededor por favor. Iremos a Odaiba.

Una vez que todos los niños y digimon se pusieran alrededor del Dracomon, este juntó sus manos y comenzó a crear una esfera de energía rodeada de símbolos arcanos que crecía cada vez más hasta envolverlos a todos. Entonces la luz acabó envolviéndolos hasta hacerlos desaparecer, transportándolos al exterior.


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Desde su Torre Megacorporativa, AkuShenglongmon supervisaba sus “negocios” a lo largo del Multiverso, donde nada se le escapaba y donde sus únicos opositores eran los Na’aru, los elementales de la Galaxia Mística y la Legión Ardiente, en una inusual alianza que sólo retrasaba lo inevitable. Pronto esa situación cambiaría enormemente a su favor.

Tampoco pudo ignorar -al menos no del todo- ese minúsculo cambio en el flujo de energía arcana en la Tierra. No hacía falta cavilar demasiado para saber la causa.

Bienvenido a MI MUNDO, estimado Sheng Li.


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La sensación de ser teletransportado era bastante incómoda para los Elegidos y los digimon; no era como con los boletos, sino que dejaba una sensación de pesadez en el estómago. O bien era un método de teletransportación diferente, o estaba relacionado con los poderes de Shenglongmon, que tal vez no fuesen tan potentes o “refinados” como antes.

Cuando los niños pudieron ver por fin en donde se encontraban, no daban explicación a lo que estaban viendo. ¿Dónde estaban los edificios apiñados y de diferente altura, la cartelería en japonés, la decoración navideña, el ensordecedor ruido de la ciudad y el hedor del tránsito? No hallaron una ciudad destruida, pero sí una completamente transformada al punto de ser totalmente irreconocible: los edificios se veían todos o casi todos EXACTAMENTE iguales, siendo algunos unas torres de más de sesenta pisos con planta cruciforme, y otros unos bloques -al parecer de apartamentos- de seis pisos. Todos los edificios se asentaban sobre pilotes, siendo la planta baja completamente libre, las ventanas de tipo corrido, y todos presentaban el mismo aspecto monótono y diseño minimalista carente absolutamente de algún tipo de ornamento. El “jardín” en donde se encontraban se veía tan bien cuidado que lo tomaban por irreal: las plantas estaban perfectamente podadas de manera simétrica, tanto los árboles como los setos y arbustos; incluso el césped se veían tan bien podado que lo confundieron con una alfombra sin ninguna brizna rebelde; a pesar de haber algunas flores, no se podía sentir su aroma, ni el de la hierba: el aire era completamente inodoro. Los árboles eran perfectamente rectos, como si de pilares de madera con un perfecto follaje esférico se trataran; las aves -que sí las había- permanecían quietas y silenciosas como estatuas: ninguna cantaba. Los vehículos en las calles lucían todos iguales, del mismo modelo curvilíneo, marca desconocida y color gris plomizo. Un reloj en la calle indicaba las cuatro de la tarde.

Ver a las personas era lo más impactante: todas lucían casi igual, vestidas con uniformes de color gris semejantes a uno ejecutivo que los hacían indistinguibles en medio de la multitud; caminaban sincronizadamente, de manera automática puramente perfecta. Y sus rostros: nadie reflejaba emoción alguna, sea alegría, tristeza, miedo, disgusto, furia. Estaban totalmente alienados.

Pero la mayor pregunta que se hicieron al ver el mundo exterior era: ¡¿QUÉ LE PASÓ AL COLOR?!

— U… Ulforce. Dime que alucino y que no somos lo único con color en el Universo.

— No, primo: no alucinas. -le contestó el Caballero Azul- ¡Y dudo que todos suframos de daltonismo crónico, porque yo me sigo viendo azul!
— Mira el cielo, Cody: no hay ninguna nube… ¡Y es gris!
— Ya ni parece el cielo, Armadillomon; parece una cúpula perfecta.
— ¡Esto ya no parece nuestra ciudad! -
gritó Kari- ¡No parece Odaiba!
— Pero lo es, miren allá. -s
eñaló Arukenimon en dirección a un cartel junto a una acera- Dice: “Megalópolis Tokio, Ciudad Minato, Barrio Odaiba. Sector Residencial 4”
— ¿Por qué ese letrero está en inglés si estamos en Japón?
— Capricano, Davis -
corrigió Shenglongmon en voz baja y en un tono inusualmente apagado tras haber estado largo tiempo en silencio, cavilando- El idioma principal de las viejas Doce Colonias: debí de haberlo imaginado. Es peor de lo que pensé.
— ¿Qué quieres decir con eso? -
le preguntaron-
— Esto… -
extendió sus manos en dirección al suelo- es Japón sólo de nombre: todo lo que lo alguna vez fue: su cultura, idioma, costumbres, tradiciones, historia, patrimonio, identidad… todo eso se acabó.

“Todo el mundo que conocimos, y del que vinimos, y casi todo el Multiverso mortal fue totalmente asimilado a la visión del “Mundo Perfecto” de AkuShenglongmon: un mundo sin colores, aromas, música o sabores. Un mundo sin historia, identidad ni diversidad de ideas, pensamientos o emociones.

Un mundo tan estrictamente organizado y perfeccionista en la que ni la misma naturaleza se ha librado de su obsesión y se volvió su rehén: no existen las órbitas elípticas, las inclinaciones orbitales y por ende, las estaciones. Tampoco el clima o los movimientos de la tierra: ni viento, lluvia, relámpago, granizo, terremotos, volcanes o llamaradas solares.

Es su mundo perfecto… Un verdadero infierno.”


Todo lo que Shenglongmon decía resultaba difícil de asimilar. ¿Existía la manera de dominar hasta ese punto a la naturaleza? ¿Se podían eliminar las emociones así como así? Suponiendo que seo fuese verdad -y el mundo en escala de grises parecía confirmarlo- esto sólo sembraba dudas cada vez más fuertes de si era posible derrotar a AkuShenglongmon.

Pero ahí estaba ese mundo en blanco y negro, cuando la física explicaba que la luz blanca estaba compuesta de siete colores diferentes; ahí estaba ese mundo carente de aromas, donde la ciencia daba a entender que el concepto de aroma era el de moléculas de sustancias químicas captadas por los sensores olfativos; Ahí estaba ese mundo con clima perfecto sin ninguna sola nube en el cielo y unos agradables 15°C, a pesar de que cualquier climatólogo diría que en esa época del año debería de hacer por lo menos entre 5 a 7°C, y que un clima estable es naturalmente imposible, debido al intercambio de calor entre el agua, el aire y la superficie.

Ahí estaban las pruebas del poder del Dragón Azabache.

— ¡Esto no me lo puedo creer! ¡No puede haber alguien con tanto poder!

— Me temo que sí, Agumon. Y esto no pasa solo aquí, sino en todos los planetas de este universo, y en muchos otros más.
— Voy a dar un vistazo al resto de la Tierra. -
agregó Ulforce- Magnamon, ven conmigo.
— ¿Nos piensas dejar aquí?
— Escucha, niño-erizo: hay que ver el estado del planeta y hasta donde tengo memoria, YO soy el único aquí capaz de darle la vuelta siete veces en un segundo. ¿O acaso tú…?
— No, Ulforce: no puedo. -
contestó Shenglongmon- Pero antes… -hizo aparecer un pequeño cofre de madera en el que había unos collares y pidió que se los pusieran; algo que notaron los demás, fue que incluso eso parecía agotarlo- Usen… estos collares; evitará que llamen la atención de… posibles agentes de Aku.
— ¿Como los de Matrix?
— ¡¡DAVIS!!
— No precisamente de esa especie… Pero captas la idea.
— Bien. -
asintió el Caballero- Nos vemos en media hora en… -tras mirar a su alrededor, se frustró al no ver ningún punto de referencia- Carajo: todo es jodidamente igual. Nos veremos aquí nada más.
— Te esperaremos. -
le contestaron-

Ulforce y Magnamon se elevaron al cielo, mientras los demás optaron por dar un vistazo al resto de la ciudad. Fue desde el cielo que los caballeros digimon quedaron perplejos al ver los radicales cambios en la ciudad de Tokio: las congestionada, aparentemente caótica y densamente edificada megalópolis había sido reemplazada por un grupo de urbanizaciones consistentes en un centro con veinticuatro torres de planta en forma de cruz, varios bloques de viviendas y jardines a su alrededor y amplias avenidas trazadas en damero y alguna que otra calle diagonal. Ni siquiera el horizonte montañoso o el emblemático Fuyi se salvaron: la cadena montañosa recordaba a aquellas montañas en los videojuegos antiguos: meras pirámides hechas a molde una al lado de otra.

Sin decir nada más, partieron en dirección oeste.


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Los niños y digimon optaron por explorar brevemente el centro de la ciudad -que al parecer, correspondía con la ciudad de Minato, dentro de la cual se hallaba Odaiba- y conocer más a fondo los detalles del concepto de “mundo” que tenía AkuShenglongmon.

Pero era tan radicalmente diferente y bastante perturbador que no se le podía dar puntos positivos: si bien todo lucía muy limpio, esta pulcritud era llevada al extremo del perfeccionismo, donde no se podía ver ni una mota de polvo, ralladura o imperfección en ninguna superficie. La ausencia de colores ya era de por sí bastante incómoda, así como el silencio casi absoluto, interrumpido únicamente por el monótono devenir de los transeúntes con sus miradas perdidas enfrente.

Entre la multitud, entonces advirtieron la presencia de unas figuras sombrías de forma vagamente humanoide, de fornida complexión pero con apariencia de fantasma hecho puramente de sombra; es más: en lugar de reflejar la luz, parecía absorberla. Salvo por los brazaletes plomizos en sus muñecas con un curioso símbolo minimalista del rostro de un dragón negro, las criaturas eran completamente intangibles.


— ¡¿Qué son esas cosas?!

— Abisarios… -respondió Shenglongmon a la momia- Un tipo de demonio del Vacío Abisal.
— ¿¿Un demonio??
— Sí, pero descuiden: los collares que les di desvían su atención, por lo que no nos harán nada. Pero les recomiendo no se les acerquen, pues tienen un efecto “deprimente” hacia el que tiene contacto con ellos.
— Pero no parecen demonios. -
añadió Patamon tras haber retomado junto al grupo su exploración- No tienen cuernos, ni alas, ni demás.
— Los demonios no siempre cumplen con la imagen a la que humanos y digimon están acostumbrados. Ni los digimon cumplen esa regla; o sea: ¿Hacer de un conejo un ángel?
— Se ven muy silenciosos.
— Supongo que por eso los escogió Aku, Devidramon: silenciosos y obedientes; la clase de seres que él quiere. En fin; sigamos y no se separen.


El grupo comenzó a tener hambre, por lo que fueron a buscar comida. Llegaron a lo más parecido a un restaurante dentro de una de las torres del centro, que más bien tenía toda la apariencia de un dispensario de alimentos o un tipo de comedor social muy pulcro, donde las personas formaban fila para recibir una ración en una bandeja. Por las paredes había carteles que rezaban: "Confórmate", "No salir de la fila", "Cumple con el horario establecido", o "Orden y Progreso, Siempre"; este último, con el extraño logo de la cabeza del dragón.

De reojo pudieron ver que la “ración” era un plato con algo semejante al tofu y un vaso con agua.

Como no se veía nada apetecible, y no parecía requerir dinero, escogieron a Davis como probador de la comida, quien pese a sus quejas, aceptó y formó la fila. Una vez con la bandeja en sus manos, fue a una mesa donde los demás lo esperaban.

— ¡Espera! -lo detuvo Kari antes de meter la cuchara en la boca- ¿Y si tiene veneno? ¿O un hechizo o algo así?

— Kari tiene razón. -asintió la gata- No debemos confiar en nada de este mundo.
— Cierto, Gatomon, pero dudo que la comida tenga veneno: Aku no es de esas mañas, y tampoco desperdiciaría magia en hechizar la comida con veneno cuando ya ha alterado toda la realidad con un solo hechizo.
— Aclarado ese punto, le hincaré el…


Apenas Davis probó el primer bocado, su rostro hizo una muesca de desaprobación bastante peculiar; pese a ello, tragó la porción de comida que había probado. El resto de los comensales, no mostró el más mínimo interés en el teatro de Davis.

— ¡¿Qué pasó Davis?!

— ¿Sabe horrible? -preguntó Yolei, seguida de V-mon-
— ¡¡No sabe a nada!! -
gritó el niño, arrojando la cuchara; nadie del comedor levantó la mirada- ¡He probado agua del grifo con más sabor que esto! ¿Ni siquiera hay salsa de tomate o mostaza para mejorarla?
— NO. -
corrigió Shenglongmon- Ni salsa de soja, teriyaki, wasabi, sal o pimienta. Ningún tipo de sabor existe en este mundo.
— Me parece algo tonto. -
comentó el guerrero dragón oscuro- ¿Por qué se molestaría en eliminar algo tan… común?
— Los sabores y aromas pueden evocar recuerdos y emociones, Blackwargreymon; lo mismo con algún sonido o melodía que hallamos escuchado en determinado momento. El aroma a tierra mojada por ejemplo me recuerda a la Ciudad del Inicio.
— ¿Por haber nacido en una tarde lluviosa?
— ¿Shenglongmon te contó del día en que nació, TK?
— Hablamos de muchas cosas en París, Cody. -
reflexionó unos momentos sobre lo dicho por el Dracomon- Se reirán de mí cuando diga esto, pero cada vez que huelo a aromatizante de pino, me recuerda a mi primer día de clases: era muy pequeño y lo primero que noté apenas entre allí era ese penetrante aroma de pino, como si a alguien se le hubiese pasado la mano.
— A mí me pasa algo parecido con cierta canción de J-Pop que mi hermano suele escuchar… Sólo que me recuerda a las veces que llegaba tarde a casa y actuaba como pasado del sake. Grrr…
— Bueno, Yolei: no siempre los sentidos rememoran emociones positivas.
— El olor a café me recuerda a mi trabajo. -
recordó D’arcmon- y me ayuda a mantenerme alerta.
— Y a mí el heavy metal me tranquiliza.
— Por qué no me extraña eso de ti, Devidramon… -
murmuró Ken-
— Pero en un mundo como este sin aromas, sabor o melodías… ¿Cómo poder evocar esas emociones?
— Esa es la idea, Hawkmon: no se puede, porque AkuShenglongmon no lo permite. Salgamos de aquí: apareceré algo para comer y seguiremos explorando.


Una vez fuera, el grupo buscó donde esconderse de los Abisarios y juntarse para comer: la planta libre de una de las torres comerciales resultó apropiado, pues estaban lejos de la mirada de los transeúntes, aunque a estos no les importara nada. Shenglongmon hizo aparecer una bolsa con emparedados que se dispusieron a comer. Incluso eso parecía debilitarlo, por lo que vieron los niños.

— ¿De qué son estos emparedados?

— Jamón y queso.
— ¡¡Pffff...!!! ¡¡Pero si soy vegetariano! -gritó Ulforce-
— Agh... primo....
— ¿No tenías otro sabor? -
todos se quedan mirando mal a Davis, incluido V-mon- Ya sé que no debería ser exigente, pero…
— Si logramos nuestro objetivo… “oh, gran salvador del… Multiverso”, te preparo un submarino del tamaño de una ballena; y al señor Caballero de la Salud una montaña de tofu… pero ahora por favor confórmense con lo que tengo. -
tras un suspiro, claro indicio de su agotamiento, se recostó-
— ¿Estás bien? -preguntó tras ver al Dracomon sumamente agotado- Se te ve algo débil.
— Estoy algo cansado, Blackwargreymon: descuida.
— ¿De verdad usas tanto poder para traer estos emparedados? Sí que has perdido tu fuerza.
— Que no parezca estar usando la poca magia que me queda no quiere decir que no la esté usando en todo momento, Patamon. -
automáticamente hace aparecer, aunque con dificultad, un teléfono celular- Eso me recuerda que tengo que hablar con mi amigo. ¿Podrían hacer el favor de vigilar los alrededores, por favor?
— Y eso por…
— Voy a usar un aparato que usa magia, Cody… y puede ser… sospechoso.
— Yo lo haré; no te preocupes.


Blackwargreymon salió al exterior a vigilar mientras los demás permanecían dentro; Shenglongmon intentaba comunicarse, pero se le hacía difícil. Tras varios intentos, lo consiguió, pero apenas tuvo tiempo para hablar y nadie entendió la conversación. Poco después eran sorprendidos por el sonido de una embestida acompañada de humo, proveniente de donde estaba…

— ¡¡¡Blackwargreymon!!! -D’arcmon corrió a su lado para averiguar su estado: lo halló encastrado contra la pared de concreto y con huellas de ligeras quemaduras- ¿Qué pasó?

— No… No tengo idea -respondió el guerrero dragón sumamente confundido- No... lo recuerdo.
— ¿Cómo que no lo recuerdas? -
preguntó Agumon- ¿No viste lo que…?
— Shhh… quédense quietos, niños.
— Pero Sheng…
— ¡Silencio, Davis! -
el niño obedeció de inmediato; Shenglongmon volteó a ambos lados, causando extrañeza- Mummymon: usa tu Obelisco en esa dirección. -le susurró al mismo tiempo que señalaba el lugar- Ahora.
— Pero por…
— Haz lo que te digo, cecina.


Por el tono amenazante y casi furioso, la actitud cobarde de Mummymon acabó cediendo y obedeció: el objetivo de su rifle eléctrico era el vacío, pero luego de disparar, las descargas eléctricas dieron contra “algo” que acabó absorbiendo toda la electricidad y devolvérsela en una ráfaga a Mumymon, sino fuera porque Shenglongmon, a pesar de sus limitados poderes, retuvo la energía y la devolvió, golpeando a “eso” que la había reflejado.

Cuando todo se calmó, fueron hacia la fuente de esa energía, quedando todos estupefactos: había una figura alta, con traje negro pero claramente no humana, de cabeza grande, gris y calva, sin boca y unas cuencas oculares muy prominentes. No es de extrañar que los niños gritaran aterrados, ni que los más mayores quedaran sorprendidos por su presencia.

— E…Eso es un… ¿Un alienígena?

— ¡¡NI SE LES OCURRE DESVIAR LA MIRADA!! -advirtió el Dragón Esmeralda- ¡Es en serio! -tras decir esto, juntó sus manos y causó un pequeño destello morado que se vio también en los collares que portaban los demás- Un Silente… ¿Un punto Silente en MI TIERRA?
— ¿Qué es lo que te sucede?
— ¡Esta cosa no debería de estar aquí, TK! ¡Hace más de cuarenta mil años trataron de invadir el Digimundo y mis estudiantes y yo los derrotamos! ¡Todos acabaron muertos!
— ¿Cómo estás tan seguro?
— ¡Destruí su planeta, V-mon! -
a esta altura ya no les sorprendía lo que Shenglongmon dijera sobre su poder- Claro que les ofrecí rendirse, pero hicieron caso, y para ahorrarnos problemas, los extinguí. Son unos parásitos que no pueden hacer nada por sí solos. Son visibles para uno sólo cuando los ve: cuando los pierdas de vista, te olvidas de ellos.
— ¿De verdad tuviste que exterminarlos? -
preguntó Kari, para quien la idea de semejante genocidio era inconcebible-
— Muchos digimon murieron gracias a que nadie podía recordar verlos: por algo acudieron a mí y mis estudiantes, que éramos inmunes. Después nos enteramos que experimentaban con los digimon que capturaban.
— Pero si tú los exterminaste… -
intuía Ken- ¿Cómo es que están aquí? ¿Y por qué trabajarían par AkuShenglongmon?

Tras inspeccionar el cadáver calcinado, y hurgar en sus bolsillos, Shenglongmon tendría la respuesta reflejada en un aparatito metálico del tamaño de una cajilla de fósforos.

— Un detector de magia: por supuesto. -siseó- Una especie a prueba de memoria con nula expresión de emociones y que aparentemente exterminé. ¿Qué mejor opción para localizar a unos niños mortales que acompañan a un dragón mágico? Pero no son de este universo, sino de ese universo Tamers que visité: el DM-TM0142.

— Si dices que nos olvidamos de ellos tras desviar la mirada, entonces estamos en problemas.
— Ya no, Agumon: mejoré los collares, y ahora su habilidad especial no los afectará.
— Dijiste que Aku no era muy… amigable con los mortales, ¿Por qué emplearía a uno?
— Al igual que con los demonios, Gabumon, Aku tiene sus “favoritos” entre los mortales. -
entonces pasa por su cabeza una imagen sumamente desagradable- ¡Tenemos que ir de inmediato al Digimundo: debo llamar a Ulf…!

No fue capaz de acabar la frase, pues el mismo UlforceV-dramon apareció instantáneamente, seguido de Magnamon, y por la cara de ambos, estaban tan anonadados como el resto del grupo respecto a ese “nuevo mundo”.

— ¡¡Esto es una locura!! -exclamó el caballero azul con la misma expresión de nerviosismo que Magnamon- ¡Todo el jodido planeta es exactamente igual… y “cuadrado”! ¡Montañas cuadradas, ríos rectos como reglas, árboles derechos y perfectamente simétricos: parecía un juego barato de la Super Nintendo!

— Pasamos por Asia, Europa y Norteamérica… ¡Y todas las ciudades eran iguales! -Magnamon empezó a sollozar- ¡Hasta a mi querida Florencia la volvieron una cagada lecorbusierana!
— ¿Huh?
— Y cuando fuimos a Nueva York… o lo qué creo era Nueva York, era lo mismo. Nos encontramos con Mimi y… ¡Parecía un zombi! ¡No nos reconoció, o le dábamos igual!
— Es que no va a reaccionar a nada, Ulforce: nadie lo hará. Ahora vamos al Digimundo: después hablaremos de los cambios cosmológicos de Aku. Tengo un mal presentimiento.


Sin decir más, y con algo de dificultad, Shenglongmon los trasladó al Digimundo. Si su presentimiento era el correcto, y la presencia de los Silentes así lo daba a entender… las cosas sólo iban a empeorar.


______________________________

Daemon llevaba casi quince horas como “vicepresidente” de la “Compañía Multiversal” de AkuShenglongmon y había visto cosas bastante inéditas difíciles de asimilar que aún no se acostumbraba. No sólo era el hecho que estaba en uno de los pisos superiores de la torre megacorporativa, que de por sí, era una estructura sorprendente, sino que había llegado a ver a los “socios” de su nuevo jefe, y no podía dar crédito a sus ojos. Era la reunión con la más variopinta colección de seres: alienígenas, demonios, seres mágicos sumamente curiosos y un tipo de entidades oscuras que no comprendía del todo bien.

La primera reunión se había realizado un par de horas después de que Aku consolidara su poder, y éste lo había invitado a participar como observador y aprendiz, sentado al lado derecho de AkuShenglongmon.

Observe, joven Wigglestein. Así es como se hacen los negocios. -dijo el Dragón Azabache antes de acomodarse en la cabecera de su mesa de reuniones, seguido de Daemon: sus socios ya estaban esperando- Sean bienvenidos, estimados compañeros de negocios. Lamento la demora, pero debía encargarme de un asunto sumamente importante.

— ¡¿Que hace ese individuo aquí?! -exclamaron unos seres robóticos con extraño aspecto de salero- ¡Identifíquese!
Descuide, Dalek. Es mi vicepresidente el joven Daemon Wigglestein y está aquí como aprendiz.
— Curiosa elección… -
mencionó uno ser con apariencia de hada, pero con uniforme ejecutivo gris, cabello cano con una calva y cabeza puntiaguda; el tono de su voz era tan apagado que Daemon creyó que caería dormido, peor no fue así- Aunque no tanto como los demás miembros de esta reunión.
— Cierto, jefe. -
contestó uno parecido al anterior, pero con cabeza cuadrada y gafas oscuras- tal vez la presencia de Sargeras sea la más extraña.
— ¡Cierra la boca, maldito pixie! ¡Como amo de la Legión Ardiente tengo mucha más autoridad y derecho de estar aquí!
Por favor, por favor: calma. -
pidió el dragón sin levantar la voz; increíblemente, Sargeras obedeció, aunque a regañadientes- Estas discusiones cargadas de agresividad no tienen ningún sentido. Mejor enfoquémonos en algo productivo y empecemos nuestros negocios. Comencemos por favor. ¿Daleks?
— ¡Solicitamos al señor AkuShenglongmon el 40% de los especímenes y 50% de los recursos en oferta!
— ¡¡Saleros abusivos!! -
gritó en enfurecido Sargeras que elevó la temperatura de la sala unos cien grados por encima de lo normal: por fortuna, todo el lugar era sorprendentemente ignífugo- ¡¡Yo ya pedí el 50%!! ¡¡Exijo mi parte!!
¿Los Silentes cuanto exigen? -
preguntó AkuShenglongmon: no se oyó respuesta, pero el dragón pareció entender su "idioma"- ¿El 30%? Oh, creo que tendremos un problema.
— Permítame preguntar señor, -
lo interrumpió el Demonio de la Ira- ¿Pero de qué están hablando? ¿A qué se refieren con “especímenes” y “recursos”? ¿A los humanos y la Tierra?
De los digimon y el Digimundo, por supuesto, joven Wigglestein.
— ¿¿CÓMO DICE??


Daemon no podía dar crédito a sus oídos: un digimon… ¿Estaba tratando a otros de su misma especie como meros bienes comerciales para otros seres? No sabía si admirar semejante muestra de maldad o indignarse ante aquello. Incluso siendo un demonio, no era lo que se esperaba de su nuevo amo.

No se preocupe, joven Wigglestein: usted no está a la venta. Es mi vicepresidente después de todo.

— Sigo sin entender, ¿Vender a los digimon y al Digimundo?
¿Hay algún problema? -
preguntó AkuShenglongmon de manera calma aunque suspicaz- Si tiene alguna duda, dígamelo por favor y trataré de aclarársela.

Daemon miró a su “jefe”, y se dio cuenta que no podía discutir. Ya de por sí el que modificara la realidad era sorprendente, y temía verlo enojado. A pesar de su tono tan caballeroso y cortés, Daemon creyó leer entre líneas “no me cuestiones o te irá mal”. En lugar de ello, negó con la cabeza, continuando con la sesión.

Aclarado ese asunto, sigamos con los trámites. ¿Qué ofrecen a mi compañía, Daleks?

— ¡Somos los últimos supervivientes de nuestra especie! ¡Logramos escapar de nuestro último intento de conquista universal arruinada por…!
— No nos interesa tu historia de eternas derrotas ante un loco excéntrico, salero. -
dijo el jefe de los pixies- Sólo dile que tienes para ofrecerle.
— ¡¡Nadie interrumpe a un Dalek!! ¡¡EXTERMINAR, EXTERMINAR!!
Por favor, calma. -
repitió el Dragón Azabache, inhabilitando el arma de los Dalek- Mejor díganos su oferta por favor.
— ¡¡Los planos del Crucible, la última obra de nuestro creador!! -
transfirió parte de los datos a una computadora allí cerca, tras lo cual Aku los transformó en sencillos planos impresos que comenzó a hojear- ¡¡Creemos que los encontrará interesantes!!
Ya veo… Y a cambio solicitan especímenes y recursos del Digimundo. Me parece justo; primero debo ver con mis otros socios. ¿Sargeras?
— Quiero aquellos digimon que me interesan, y parte del Chrome Digizoid. Ya te pasé mi solicitud detalladamente explicada.
Si, la he revisado: Todos los digimon de tipo demonio, incluidos GranDracmon y los restantes Demon Lord. ¿También quiere a Lillithmon?
— ¿Qué? -
preguntó un consternado Daemon-
— He oído que ella es capaz de engendrar huevos oscuros o algo así: sería una excelente madre de diablillos.
¡¡Es mi esposa!!


Daemon volvió a llamar la atención de AkuShenglongmon tras gritar aquello: se dio cuenta que si seguía expresándose así, se desharían de él… de formas que no quería imaginar. Optó por disculparse para que la reunión continuara.

Prosigamos. ¿HP?

— No nos interesan los digimon ni su mundo en lo más mínimo, pero nos interesarían algunos empleados humanos para nuestra compañía. A cambio, le otorgamos nuestros servicios administrativos como compañía subsidiaria de la suya.
Un trato prometedor: nadie mejor que los pixies para administrar los recursos mágicos de mi compañía, bajo mi jurisdicción, por supuesto. Entonces quedamos con los Dalek con un 40% del Digimundo, así como la Legión Ardiente, y a los Silentes con el 20% restante. ¿Convenido?
— ¡¡Eso no es justo!! -
gritó una voz computarizada: era uno de los Silentes utilizando un dispositivo que hablaba por él, a pesar de no usarlo con frecuencia- ¡Exigimos un trato mejor!
Me perdonará mi desfachatez al decir esto… -
pronunció Aku sin subir de tono- pero usted y su especie no me han ofrecido nada especial además de su servicio y yo me comprometí a reconstruir su planeta natal en mi universo, por lo que creo yo, el trato que le ofrezco es más que generoso para que puedan continuar con los experimentos que su especie no pudo continuar.
— Queremos un mejor trato. El que nos ofrece no nos conforma.
Lo tomaré en cuenta.


AkuShenglongmon sacó su celular y comenzó a teclearlo: tras oprimir el último botón se oyó un pitido y el Silente que había cuestionado la oferta acabó transformado en un cigarrillo que acabó en las manos del mismo Aku. Al mismo tiempo apareció un curioso cenicero negro con detalles ornamentales en color plomizo flotando alrededor de la mano del Dragón Azabache. Éste metió el cigarrillo en su boca por el lado del filtro y comenzó a fumarlo sin siquiera usar un encendedor, pues este se había encendido al mero contacto con su boca.

Tras haber exhalado suavemente el humo en forma de perfectas esferas de humo que se desvanecieron rápidamente en el aire, colocó su cigarrillo en el peculiar cenicero.

Continuemos, por favor: los Dalek con un 40% del Digimundo, la Legión Ardiente con el otro 40%, y a los Silentes con el 20% restante. ¿Alguna otra sugerencia? -preguntó con total tranquilidad; los demás presentes no dijeron absolutamente nada- Excelente. Siguiente tema a tratar: establecimiento de los sistemas de desmantelamiento del…

Daemon siguió atento a la reunión, sin quitar su mirada de aquel cigarrillo que con el correr de los minutos quedó reducido a un mero filtro rodeado de cenizas en aquel cenicero, sin sacarse de la cabeza que aquel cigarrillo pudo haber sido él mismo si continuaba mostrando signos de disconformidad. Y sabía perfectamente que Aku podía hacerlo si quería: no sólo porque acababa de ver cómo el Silente había sido transformado y posteriormente asesinado de manera tan lenta y paulatina, sino también porque sabía muy bien qué o más bien QUIÉN era aquel peculiar cenicero.

El resto de la reunión continuó sin problemas, pero Daemon había dejado de prestarle mucha atención; para su fortuna, no requirieron de su opinión ni le hicieron pregunta alguna. Sólo sabía que aquellos seres se repartirían a los digimon, humanos y el Digimundo como un tipo de botín cósmico para sus propósitos: los Silentes harían experimentos con los digimon; los Dalek los “cosecharían” para crear nuevos de su especie, en formas que no quería imaginar, y usarían el Chrome Digizoid para sus naves; y la Legión Ardiente emplearía a digimon como parte de sus ejércitos, así como usaría el valioso metal para su armamento. Y todo con el beneplácito de AkuShenglongmon.

Una vez terminada la reunión, Daemon fue enviado a supervisar la operación de desguace, mientras que AkuShenglongmon mencionó que hablaría con un socio especial. Cuando Daemon preguntó por él, le respondió que era información confidencial.



AkuShenglongmon había regresado a la privacidad de su oficina y se acomodó en el asiento de su escritorio. Tras un breve vistazo a la ventana y a unas cuantas ventanas holográficas que mostraban sus avances por el Cosmos, usó su celular para crear una barrera mágica a prueba de ruido y luego levantó el auricular del teléfono de su escritorio. No era un teléfono común, sino uno que permitía contactar con seres de planos superiores o incluso saltarse por encima sus barreras; su celular podría hacer lo mismo, pero por gusto, usaba los de escritorio. Marcó y esperó.

Pasaron unos minutos hasta que por fin…

— "¿Quién es?"
AkuShenglongmon, mi estimado “socio”. ¿Interrumpo en algo tu confinamiento solitario?
— "Suenas diferente a la primera vez que nos conocimos. Tan… educado."
He… madurado. -corrigió el Dragón Azabache, como queriendo evitar hacer mención de algo desagradable- Han pasado muchos milenios para que no dejara mis infantilismos de antaño.
— "Bien. Porque tu forma anterior se me hacía desagradable."
Por favor; hablemos de algo más agradable. De nuestros negocios por ejemplo: has tenido tiempo de comprobar lo que te dije en ese entonces, supongo.
— "Si… -respondió ofuscado- Los humanos y digimon al final sobrevivieron a mi pequeño genocidio. ¡Malditos falsos dioses: me engatusaron por más de setenta y siete mil años estándar! Pero si estoy hablando contigo significa que tampoco has logrado tu objetivo."
Nunca tuve reales intenciones de eliminar a los humanos, ni a mi propia especie en aquel momento: eso fue meramente colateral de los caprichos de mi infancia.
— "¿Cómo es que hablas conmigo? Esos falsos dioses de pacotilla me aislaron del resto del mundo exterior."
Magia, mi estimado compañero de negocios. Por más ilógico que te parezca, pero no pediré que trates de comprenderlo: retomemos lo relevante, por favor. -tomó unos papeles, leyéndolos cuidadosamente- Tengo informes que dicen que trataste de conquistar la Tierra y el Digimundo de un universo cercano hace un año: el DM-AV0001.
— "¡¡Malditos mocosos!! ¡¿Cómo se atreven esos cachorros de simios sin pelo y sus mascotas a enfrentarse a un Dios?! ¡¡Lo tenía todo calculado; estaba tan cerca, y esos malditos Nibiru acabaron ayudándolos al último segundo!!"
Detecto algo de ira en tu tono de voz. Pero recomiendo que no nuble tu capacidad analítica: tenemos poco tiempo.
— " ¿Acaso no tienes ya el control absoluto?"
Nunca se sabe.
— "Tengo entendido que controlas todo el Multiverso mortal. ¿Cómo es posible que consideres llegar a perder?"
Sin ánimo de ofender, pero ese es el problema que tú tuviste: te confiaste demasiado a pesar enfrentarte a simples mortales. Es verdad que su poder es prácticamente nulo, pero es bueno tener siempre un Plan B.
— "Es verdad. ¿Y tú tienes uno?"
Todo buen hombre de negocios sabe hallar éxito incluso en las derrotas: aun suponiendo que sea derrotado, mis proyectos se llevarán a cabo sin que nadie se dé cuenta. Pero dejemos esos superfluos detalles para otro momento. ¿Aprendiste algo de tu efímera visita?
— "Pues en los breves nanosegundos que tuve para conectarme a los sistemas de la Tierra y al Yggdrasil de ese universo, pude aprender lo suficiente: esos primates apenas y llegaron a un nivel de tecnología 8. Es patético."
Y eso que tuvieron una guerra nuclear. ¿Hallaste algo interesante?
— "Sólo sobre tu especie: había especímenes peculiares: algunas de mis creaciones lograron examinar algunos, pero me privé de otros que enfocaron mi interés, como aquellos llamados “Caballeros Reales”, pero ya habían sido asesinados poco antes de la activación de mi avatar y no hallé sus datos."
Curioso. Pero los Caballeros Reales de mi universo ya tienen dueño; capaz quieras los de otros.
— "Ellos ya no me interesan: hallé algo mejor, pero había muy poca información al respecto. ¿Qué me puedes decir de ZeedMilleniummon?"
Un digimon que tiene capacidad de alterar el espacio-tiempo y destruir realidades y universos enteros. -contestó AkuShenglongmon restándole importancia- Una nimiedad como supondrás.
— "Eso he leído, ¿Pero cómo permitieron semejante abominación ver la luz?"
Fue el resultado de los irresponsables experimentos del Yggdrasil del universo DM-SV0003. La historia es bastante larga.
— "Sintetízamela."
De eso fue hace más de 120.000 años, tiempo en que los digimon e Yggdrasil mismo tenían acceso a información de toda la Vía Láctea, o Dilmur, como la conoces: La información de cien millones de años de historia de toda una galaxia al alcance de seres tan poco preparados.
— "Sólo eso explica su poder."
Pues ese ZeedMilleniummon causo bastantes problemas y tuvo que ser detenido. Posteriormente toda su línea evolutiva fue purgada de la base de datos de todos los Yggdrasil del Multiverso, y se los castigó a ellos privándolos permanentemente de la información de la galaxia. Por tanto: en teoría, ningún digimon podría digievolucionar en ZeedMilleniummon nunca más.
— "Comprendo… O sea que no hay más especímenes."
Los más recientes son meras copias o clones del original, basados en las esporas que liberó por el Multiverso antes de ser aprisionado.
¿Aprisionado por quién?
Tú lo conoces como “Galzú” -el otro lado del auricular queda en silencio- Pocas de esas esporas han sido localizadas y muchas menos han eclosionado. Pero esas copias germinadas son mucho más débiles que el original, al punto que hasta los Caballeros Reales que has rechazado se pueden encargar de ellos.
— "¿Y dónde está el original? -preguntó bastante impaciente-"
En el único lugar donde no causaría daño: en la Nada.
— "Me interesa: lo quiero."
Intuyo que tienes un tipo de plan como para pedirme un digimon difícil de conseguir y muy a pesar del poder que tienes.
— "Ambos sabemos que ese plan que tengo es meramente una parte de lo que tenemos planeado, "socio". Y necesitamos de ZeedMilleniummon para ello."

AkuShenglongmon se quedó callado y pensativo por unos segundos con el auricular en mano y lejos de su oído: Hallar a ZeedMilleniummon sería difícil, pero no imposible; por otro lado, suponía que no estaba tan libre de seguridad como para enviarlo después a su socio. Tendría mucho trabajo por hacer.

Y tal como decía la voz al otro lado del auricular, ese digimon era parte de su Gran Plan.

Lo tendrás. -contestó el Dragón Azabache- Pero me tomará algo de tiempo; te contactaré cuando lo consiga. Podríamos usar una de mis recientes adquisiciones con él: te trasmitiré los datos.
— "Esperaré tu llamada."


______________________________



Continuará... Parte 2 próximamente.
 
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THIS IS DZETAAAAA!!!
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Vaya...¿quien sera el socio de aku y el amigo de shen?...esperare el proximo episodio para saberlo...
PD: la Nada me parecio un buen concepto..chistosamente he inventado un grupo de digimons que quieren devolver los universos al Vacio Primordial ( o la Nada, para acortar)
 

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Guau! Tuve que releer un par de veces lo de los universos y la Magia para darme una buena idea.

Realmente me sorprendiste. Cuando uno se aboca a realizar un fanfiction centrándose en un Universo en particular (Cambiando algunos detalles o inventando nuevas historias, pero siempre manteniendo fidelidad al material de origen), lo que más teme es que el contenido de ese universo cambie de alguna manera en la que algún detalle ya no se adapte al material original (Eso me pasa con mis Fanfics actualmente) Finalmente, si llega a pasar, debe resignarse a terminar su fanfic como un universo alternativo o reescribir algo. Tu creaste una historia que no tiene por qué cumplir eso, o dicho de otro modo, lo cumple y sigue siendo autónomo.
Me voló la mente toda tu explicación acerca del Multiverso y el Cosmos (aunque no estoy seguro si son lo mismo), pudiste incluir en ello todas las versiones de Digimon, así como las versiones en otros idiomas y mundos como un TODO gigantesco que no tiene fin, y además, el infinito al parecer es un número común en esta historia.

La personalidad de Aku me pareció espectacular: Frío, sin un ápice de moralidad, consciente de que puede hacer lo que desee y al mismo tiempo deseando mantener un orden cuando sus propia existencia y poderes son caóticos. Curiosamente nos hiciste foreshadowing de todo lo que pasaría en capítulos anteriores, mencionaste a AkuShenglongmon, y apareció; mencionaste que vendería el Digimundo sin ningún problema, y eso hizo; y no creo que su "socio" sea una excepción. ¿Quizás el Apocalymon poderoso que derrotó a los Caballeros Reales hace tanto sea otro antagonista? Como contaste las cosas, podría ser él, aunque no se si fuera tan universal como Aku como para hacer tratos con él. Del que no tengo una idea de quien podría ser es el amigo de Shenglongmon (¿Sheng Li?)

No estoy seguro de quien era el invitado especial, porque definitivamente hubo muchos... Sargeras, los Pixies, los Daleks. Me sorprendió no ver a los Borg, pero enseguida concluí que no serían buenos negociantes, como que no tienen mucho que ofrecer y además su líder es algo... decepcionante. Algo que no me quedó claro era que Sargeras fue el creador de la Legión y estaba negociando con él, ¿Hay varias facciones de la Legión Ardiente como para que alguna se oponga a Aku? Mencionaste varias veces que ellos también estaban luchando contra él.

Bueno, otro gran capítulo y en el siguiente Daemon brillará y morirá por última vez. Veamos como es que se las van a arreglar este grupo de heroes, villanos y antihéroes para derrotar a Aku, alguien del que al parecer no puede siquiera existir la idea de ser derrotado.

Sigue con el buen trabajo!

PD: Se me ocurrió que si los Pixies deciden enfrentarse a los protagonistas, los héroes solo tendrían que pedir que canten su estúpida canción (es un crimen no hacerlo), y pueden derrotarlos mientras rapean, tan descabellado no es. XD
 

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Bueno por fin termine de leer.
Me centrare en lo mas importante de estos capitulos que parecen los mas trascendentales.
Lo del deseo de Demon fue mas interesante hasta ahora. Shelongmon siendo humillado fue algo que no me esperaba. Hasta ahora pense que este dragon era el tipo de personaje intocable que solo mira desde arriba disfrutando de las desventuras de todos los mortales. No esperaba que le depararas ese destino para la trama. Por sobre todo parece que Demon resultó mas listo de lo que lo pusiste en capitulos anteriores.
Ahora el villano nuevo tiene una personalidad muy inusual para el antagonista final. Supongo que es el final porque un digimon capaz de alterar todo el multiverso en cuestion de minutos... no creo que salga algo peor que eso. Lo que no comprendo del todo es si Akushelongmon puede hacer practicamente cualquier cosa con solo pensarla porque requiere otros seres para hacer tratos y negocios. Podria decirse que lo hace solo por diversion o porque es su naturaleza pues podria conseguir todo lo que le ofrecen en segundos no?
Lo que me causa curiosidad en como terminara Demon. No podria decirse que su situacion esta bien o mal.

Saludos.
 

"The Heir of Chaos"
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Disculpen, me demoré más de lo que creí: dije una semana y al final pasó un mes. Espero que haya valido la pena. Les aclaro que esta es la parte 2 del cap. 14, no el cap. 15, que espero tenerlo antes de fin de año.

Primero responderé algunas cosas:

PD: la Nada me parecio un buen concepto..chistosamente he inventado un grupo de digimons que quieren devolver los universos al Vacio Primordial ( o la Nada, para acortar)
A mi me gustó el concepto de la Nada en "Historia sin Fin". Sólo lo enriquecí un poco acá.

Multiverso y el Cosmos (aunque no estoy seguro si son lo mismo)
A veces los uso como sinónimos, pero por lo general Multivesro lo uso para referirse a los innumerables y cuasinfinitos universos paralelos -principalmente mortales- y Cosmos para referirme a la Existencia en su totalidad.

Podria decirse que lo hace solo por diversion o porque es su naturaleza pues podria conseguir todo lo que le ofrecen en segundos no?
Acá lo descubrirás.


Espero que los videos hayan quedado bien. En fin: Disfrútenlo!

Invoco a:
r4pt0r12, Acero_12, <Andrea>☆ ♡ BTS ♡ ☆ メカクシ団メンバー, alexandermon, Lord Patamon, Ildri, J.M., Soncarmela.


Capítulo 14: El Imperio del Silencio: Un Mundo Felizmente Aburrido

Parte II

La teletransportación había sido igual de desagradable, y como la vez anterior, Shenglongmon se mostraba algo débil después de hacerla. Los niños y los digimon no tardaron en espabilarse y descubrir que había sido con el Digimundo.

El paisaje era poco alentador: al igual que en la Tierra, no existían los colores, pero a diferencia del caso anterior, casi no había nadie por los alrededores -a primera vista, estaban en la Isla File- ; tampoco se veían los notables cambios en la geografía que en la Tierra habían liquidado con la diversidad de las montañas y costas abruptas, pues se veían a lo lejos montañas irregulares y árboles asimétricos, aunque en lo que respecta a la vegetación, está lucía seca, como marchita o directamente muerta. Y el tercer detalle y capaz más espeluznante, es que el cielo no mostraba nada de calma, sino que constantemente había relámpagos en un cielo totalmente oscuro, cubierto por gruesas nubes negras. Sin embargo, tras fijarse detenidamente, se percataron que los “relámpagos” eran más bien destellos semejantes al de algo que poco a poco pierde poder, y el cielo lucía muy extraño, como si se tratara de una cúpula metálica con algunas nubes. A UlforceV-dramon y a Magnamon esta vista no les agradaba para nada, pues les traía pésimos recuerdos.

La superficie mostraba la peor parte, algo que a TK, Kari y sus digimon les trajo recuerdos bastante vívidos de la Montaña Espiral: secciones enteras del suelo se derrumbaban cayendo al vacío; a lo lejos, se veían extraños trombos elevándose al cielo. Antes de que se pudiesen plantear que era eso, un terrible estruendo resonó sobre sus cabezas: era una especie de nave con aspecto de punta de lanza muy extraña y que manaba un tipo de aura de energía color verde, algo bastante inusual pues todo estaba en blanco y negro. Poco después aparecían otras dos más marchando en dirección norte.


— ¡¡¡NOO!!! -gritó en espantado Dracomon corriendo en la misma dirección que las naves- ¡¡ELLOS NO, NO AQUÍ!!
— ¡¡Espera, no te alejes!! ¡¿De quienes hablas?!
— ¡Sólo síganme y no se separen! -les gritó- NO, no pudiste haberlo hecho, NO PUDISTE…
— ¿Pero de qué estás hablando?
— La Legión, TK. La Legión.

Desde el borde de un barranco, donde el pequeño digimon verde se detuvo, TK y los demás miraron atónitos como bajo las naves que se estacionaron en el aire sobre lo que alguna vez fue la sabana de la Aldea Pyokomon acudían cientos de digimon en fila, escoltados y vigilados por seres muy extraños, pero que según Shenglongmon eran demonios: demonios de verdad… de la Legión Ardiente. Los digimon -que probablemente eran habitantes de la isla- mostraban, al menos desde la distancia, los mismos síntomas que los humanos de la Tierra: falta de colores y ninguna muestra de insubordinación ante sus nuevos amos. Obedientemente iban en dirección a las naves que esperaban para recogerlos.

Una terrible sacudida interrumpió su vigilancia, echándolos al suelo: poco después, la montaña Miharashi se hizo pedazos, y de sus escombros emergió una mole gigantesca, casi tan grande como la misma montaña que destrozó; sólo que aquella mole lucía muy extraña. No como una gran roca normal, sino más… metalífera.

— La Legión Ardiente…. ¡Maldita sea, Aku: tú y tu falta de escrúpulos! ¡La puta Nada que te parió!
— ¡¡Esos de allá son Devidramon!! -señaló la gárgola oscura- ¡Y no hacen nada! ¿Dónde está su orgullo de demonio digimon?
— ¡Se están llevando a los Pyokomon! -señaló Gabumon hacia abajo-
— Pero estos demonios lucen muy fuertes. ¿Para qué se los llevarán?
— Comida, Hawkmon. -fue la fría respuesta de Shenglongmon, estremeciendo a sus acompañantes- Comida o combustible para sus naves: ese es el destino de los mortales débiles de los mundos que conquistan; en cuanto a los que consideran fuertes o con un potencial aprovechable como intuyo serían los digimon tipo demonio, los corrompen con su magia vil y los reclutan a sus infinitas tropas.
— ¡¡Eso es imperdonable!! ¡¿Cómo puede un digimon hacerle eso a sus semejantes?!
— Ya ves que puede, Cody. Y seamos francos: ustedes a lo largo de su historia también lo han hecho. ¿Vieron la roca que salió de la montaña Miharashi? Eso es una gran veta de Chrome Digizoid, y me imagino que no sólo se llevarán esa.
— ¿Qué estás insinuando? -le preguntó Ulforce esta vez- ¿No será como la Legión Oscura hace diez mil años?
— La Legión Ardiente no vino a conquistar el Digimundo: vino a llevarse su parte del botín antes de que el Digimundo sea destruido.
— ¡¡¿¿DESTRUIDO??!!

Ocurrió una gran sacudida de tierra a lo lejos, seguida de otra: una veta de Chrome Digizoid casi tan grande como la anterior emergió en dirección a la fábrica de Andromon, posiblemente destrozándola. El pequeño Dracomon tomó una brizna de hierba del suelo, la cual se desintegró en retazos resecos apenas la tocó.

— No es necesario decirles que el Digimundo está hecho a base de datos, pero deben de saber QUÉ clase de datos: no sólo es información proveniente de Internet, ni de las computadoras; es información de toda manifestación cultural humana existente, o resumiéndolo todo en una palabra, de su civilización: su literatura, mitología, arte, historia, arquitectura, música, filosofía, ciencia, tecnología, todo aquello que forma parte de sus diversas culturas, ha estado creando la información que la que están formados los digimon, y de la que depende el Digimundo para su constante renovación. Y de esto lleva más de 150.000 años: ya les dije que para que los digimon existan debe de existir una especie pensante en la Tierra.
— Si, nos lo dijiste. -asintió TK-
— Además de ello, se emplean las diferentes emociones humanas, siendo Yggdrasil quien se encarga de recolectar toda aquella información, tanto de su cultura, como de sus pensamientos. Pero no es la única fuente; verán: en toda la Vía Láctea existe una red de monitoreo colocada por los Nibiru que constantemente recolecta información de cada cuerpo astronómico que contiene y de sus formas de vida y civilizaciones, y esto desde hace cien millones de años.
— ¡¡¿¿ESTÁS HABLANDO DE UNA INTERNET GALÁCTICA??!! -grito entusiasmada Yolei que estaba tan impresionada por aquella idea- ¡¡¿¿ES EN SERIO??!!
— No sé si llamarla Galactinet, aunque cumple bastante con los requisitos; el término más correcto sería “enciclopedia galáctica autoactualizable”. En fin: como imaginarán, esta red monitorea la Tierra y todo el sistema solar, obteniendo datos de los constantes cambios que experimenta cada cuerpo celeste en cuanto a clima, geología, biología, etc. La naturaleza está en constante cambio, y esa información es sumamente rica y valiosa.
Constante cambio… -pensaba Davis-
— Pero por lo que llegamos a ver, eso ya no existe. -dijo UlforceV-dramon- En la Tierra ya no hay clima, ni nada. Y la gente tiene la inteligencia de emocional de una piedra.
— Sin naturaleza en constante cambio, emociones humanas, ni desarrollo de información… eso quiere decir que…
— El Digimundo se quedó sin fuerza vital, Ken. -completó el pequeño dragón- Sólo recibe información hueca e insípida que no le servirá para mantenerse por mucho; para colmo, tal y como dijo su amigo Izzy hace años, el Digimundo es la sombra de la Tierra, o más bien, su avatar virtual, un avatar vivo: lo que le pase a la primera, le pasará al segundo. Por eso, cuando ocurrió la supererupción de Toba, el Digimundo sufrió una era de hielo: éste interpretó aquella catástrofe de una forma; en los mundos donde ocurrió una guerra nuclear, el Digimundo lo interpretó como una especie de cataclismo. A eso hay que sumarle que capaz Yggdrasil no pueda interpretar lo que le pasa a la Tierra, pues más allá de unos bugs inofensivos, información dañada o algunos detalles imposibles en el Mundo Real, el Digimundo tiende a cumplir con las mismas leyes naturales que la Tierra. Y ahora estás no se cumplen como debe ser.
— Entonces… -soltó Blackwargreymon- es inevitable.

El silencio dio la única respuesta, sólo interrumpido por el estruendo de los derrumbamientos, el rugido de los motores de las naves de la Legión en la lejanía y el centelleo de los relámpagos en medio de la oscuridad. La sensación de impotencia era enorme entre los Niños Elegidos y sus digimon, pero más entre los Caballeros Reales restantes, en especial…

— ¡¡Me niego a aceptar eso!! -se levantó de golpe alejándose del grupo- ¡¡No volveré a vivir lo de hace diez mil años!!
— ¡¿A dónde carajos vas, UlforceV-dramon?!
— ¡A salvar a esos digimon, o lo que es evidente: MI TRABAJO! -Shenglongmon no dejaría que se fuera así como así, y con el poder que tenía, impidió que se fuese volando- ¡Suéltame!
— ¡Deja de ser un muchachito impulsivo y entiende de una puñetera vez! ¡A ellos les importa una MIERDA sus vidas; les importará una mierda si los salvas porque perdieron toda valoración de su propio ser! Y de nada servirá que te eches encima a esos demonios porque vendrán millones más en su lugar. -Ulforce se estaba impacientando- Si quieres ser útil, ayúdame por favor.
— Grrr… ¡MALDITA SEA! -Shenglongmon lo soltó, pero eso no calmó al Caballero Azul- Mis amigos… ¡Zoe: ella debe de saber cómo arreglar esto! ¡Magnamon: vamos al Castillo!
— ¡SI!
— ¡Esperen! -suplicó el Dracomon al momento en que ambos caballeros se iban volando- ¡No se vayan: tenemos que volver de inmediato!
— No te hicieron caso.
— Intenta imponer autoridad a un Caballero Real midiendo menos de un metro, Armadillomon.
— Deben de estar muy preocupados por sus amigos. -comentó Davis tras perder de vista a los Caballeros- Yo haría lo mismo.
— Yo también, pero no es el…

Una violenta turbulencia interrumpió al pequeño Shenglongmon: rayos y truenos estremecieron el cielo, y causaron un violento vendaval que los obligó a refugiarse junto a unas rocas. Las centellas se incrementaron, acompañadas esta vez de una voz computarizada que rezaba intermitentemente: “ATENCIÓN: FALLA EN EL SISTEMA”, síntoma inequívoco del inminente colapso que se avecinaba.

— Nunca creí que oiría eso en el Digimundo. -suspiró Ken-
— Iré a revisar. -dijo D’arcmon de pronto- No me tardo.
— Cuídate.
— Gracias, Gatomon.

La ángel salió del escondite y fue hacia el barranco a investigar la fuente de aquel nuevo estruendo, la cual intuyó, no podía ser el mismo tipo de nave que las ya vistas. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando esta emergió de las grises nubes de tormenta: era ligeramente más grande que las anteriores, pero su forma era sumamente diferente: recordaba mucho a los clásicos platillos voladores de aquellas películas de los años 50, con su forma de platillo, una cúpula de baja altura en la parte superior y cinco más pequeñas en la inferior. Y al igual que la nave de los demonios, esta lucía sus colores, siendo este el dorado. De ella salió una especie de resplandor blanco que después se reflejó sobre varios digimon en la llanura, así como en algunas vetas de mineral. ¿Los había teletransportado?


Agumon, Patamon y Shenglongmon asomaron la cabeza para ver la causa de la turbulencia más de cerca, y se asombraron al ver la nave; pero fue Shenglongmon quien se alarmó en sobremanera y ordenó a D’arcmon regresar cuanto antes. En cuanto la ángel volvió, preguntó por qué la llamaron.

— Estoy por volverme loco, D’arcmon.
— Parece que esa nave te asustó, ¿Que sucede?
— No creo que nos vean, pero ver esa cosa aquí me confirma que Aku es un enfermo de mierda.
— ¿Por qué? ¿De quién o qué es esa nave?
— Agumon, tú atendiste a UlforceV-dramon en tu consultorio, ¿Verdad?
— Desde hace cuatro años, sí.
— ¿Y recuerdas cuál era su mayor temor o fobia?
— ¿Volviste a meter la nariz en los registros de mis pacientes?
— ¡¡AGUMON!!
— Bueno, bueno… -tratando de recordar- Su mayor temor, mayor temor, te… Espera, ¿No me dirás que…?
— ¡La nave se está yendo! -señaló D’arcmon- Va en dirección norte.
— Hacia el Castillo Kernel…
— Pobre UlforceV-dramon. -se lamentó Agumon- Si salimos de esta, estará meses conmigo.


______________________________

Ulforce y Magnamon volaban hacia su hogar mientras el mundo que conocían y debían proteger se derrumbaba a su alrededor al son de los destellos de los “relámpagos”, el rugir del viento y el estruendo de las vetas de valioso mineral ser arrancadas y saqueadas por las naves de la Legión. A eso se le sumaba…

“ATENCIÓN, FALLA EN EL SISTEMA”. “ATENCIÓN: FALLA EN EL SISTEMA”
— Hace diez mil años que no oía ese sombrío mensaje: esperaba no volver a oírlo nunca más.
— Yo tampoco, Ulforce. Nunca esperé ver al Digimundo así: creo que ahora está peor que aquella vez.
— No lo soporto, Magnamon: ¡No lo soporto! ¡Odio no poder hacer nada!
— Es mejor que te calmes, primo. -Magnamon hizo una pausa- Sé que te enojas para no revivir lo de aquella vez cuando luchamos contra Plutomon: no fue tu culpa.
— Claro que lo fue: no pude ayudarte, el desgraciado te mató, y acabaste como un espectro. Y ella tampoco pudo hacer nada.
— Zoe ya nos dijo que no puede intervenir en nuestros problemas todo el tiempo como si fuera nuestra mamá: si no, no tendríamos razón de ser. Y Anubismon ya se disculpó conmigo hace tiempo.
— Mmm…

Habían llegado al Puesto Camelot donde se hallaban los anillos transportadores, pero en lugar de la plataforma había un enorme socavón en el suelo, o para ser más exacto, apenas y había Digimundo alrededor de aquel enorme agujero.

— ¡Llegamos tarde!
— No del todo, Magnamon.
— ¿Huh? Pero sin los anillos no podemos ir…
— Iré volando directo al Castillo.
— ¡¿Estás loco?! ¡Son 900 km y sin oxígeno!
— ¡Hoooola! Caballero Real que viaja a la velocidad de la luz hablando… -tomó a Magnamon y lo acomodó a su espalda- Y tú irás conmigo: sujétate fuerte y aguanta la respiración.
— ¡¡Ulf…!!

Magnamon apenas tuvo tiempo de contener la respiración, pues Ulforce salió disparado a la velocidad del rayo en dirección a la exósfera del Digimundo. Cuando llegaron a la altura del castillo, tuvieron pocos segundos para ver el espacio exterior: igual de gris y descolorido, el Digimundo allí abajo: cubierto de tinieblas y relámpagos, a lo lejos, la luna lucía terriblemente carcomida, y el Sol muy tenue, al borde de extinguirse. Incluso en el espacio presentaba esos peculiares destellos asociados a fallas.

Ulforce se impulsó hasta una pequeña plataforma con una entrada de emergencia; forzó la puerta y lo primero que hicieron al entrar fue tragar una bocanada de aire. Fueron recibidos por el lúgubre silencio roto únicamente por el aviso de falla.

— ¡No vuelvas a llevarme a tus espaldas como un niño chiquito! -se desquitó apenas puso un pie en el castillo- ¡Sabes que lo detesto!
— Perdón; Magnamon: pero no tenía tiempo para discutir. -dio un vistazo al interior, bastante vacío- Busquemos a Zoe y a nuestros amigos.

El Castillo Kernel lucía casi igual a cuando lo dejaron, al menos en cuanto a su arquitectura. Pero la falta de color, la opacidad del material cristalino y ese profundo silencio los hacían sentir incómodos. Es más: los hacía sentir como intrusos en su propia casa, una en la que llevaban diez mil años viviendo desde que Zoe los invitó a vivir con ella. La sensación de hogar había desaparecido por completo.

— Esto no me gusta nada. ¿Dónde están todos? ¿Dónde estarán los Knightmon?
— Probablemente ya se los hayan llevado, Ulforce.
— ¿Cómo puedes pensar en eso, Magnamon? ¿Es que no tienes algo de fe?
— Es difícil pensar en tener esperanzas cuando ves huellas verdes como esas.
— ¿Qué?

Magnamon señaló al suelo de la habitación a la que habían llegado, y para horror de UlforceV-dramon, las huellas estaban allí: grandes y con el aura verde propia de aquellos demonios de la Legión: no había señales de lucha, lo que hizo pensar que los demás Caballeros Reales y los Knightmon se habían dejado capturar. A pesar de ello, UlforceV-dramon siguió buscándolos por el castillo.

— Malditos demonios de mierda. -gruñó lleno de rabia- Al próximo que vea lo partiré por la mitad con mis manos.
— Dudo que sigan por aquí.
— Bien por ellos; ahora sigamos buscando a Zoe.
— ¿De verdad crees que ella pueda hacer algo?
— Por lo que sé de ella, no es humana, ni digimon, y está en los “Planos Superiores” o yo que sé. Inútil no es.
— Todos la conocemos, UlforceV-dramon. Pero tengo mis dudas de que pueda hacer algo.
— ¿No estás preocupado por nuestros amigos, Magnamon?
— ¡Claro que lo estoy! -exclamó indignado- Pero trato de calmarme, a diferencia tuya: por algo soy el mayor.
— Jeje… A veces se me olvida. -Magnamon frunce el ceño- Es broma. -tras cruzar una puerta llegan a un largo corredor- Las habitaciones…

Habían llegado al pasillo donde se ubicaban las habitaciones de los Caballeros, con todas las puertas cerradas. Comenzaron a revisarlas una por una, no hallando a nadie en ellas salvo habitaciones vacías perfectamente ordenadas, limpias e iguales entre sí. Cuando Ulforce revisó su habitación…

— ¡Ulforce! -corrió Magnamon en su busca al oírlo gritar aterrado- ¿Que sucede?
— ¡¡Mi gimnasio!! -el Caballero Dorado casi se cae de espaldas al oír los motivos de su primo menor- ¡Mis aparatos ya no están!
— Primero te preocupas por nuestros amigos y ahora por tu gimnasio, Ulforce. Quien carajo te entiende.
— ¡Y esto ya no huele a gimnasio! ¡Dynasmon y yo nos dedicamos años a lograr ambientarlo!
— Es lo más asqueroso que oí en mi vida. ¡Déjate de pendejadas, Ulforce y sigamos buscando pistas! -Magnamon salió al pasillo en dirección a su habitación, pero se lo seguía oyendo murmurar- Es increíble que se ponga así por…

Un grito muy agudo resuena en el castillo: Ulforce corre en busca de su camarada y lo encuentra arrodillado en su habitación.

— ¡Magnamon! ¿Qué te…?
— ¡Mis obras de arte! -Ulforce se golpea la sien con la mano ante la incredulidad- ¡Transformó todo mi trabajo en basura postmoderna! ¡Maldito AkuShenglongmon amante de las mierdas de los tragasables Picasso, Kandinski, Mondrian o Kahlo! ¡Esto no es arte: son putas manchas, garabatos y cuadritos! ¡¡PUTAS MANCHAS!!
— Y tú eras el maduro, ¿Eh? -preguntó el Caballero Azul con sorna- ¿Podemos... retomar la búsqueda por favor?
— Tienes razón; ya te s…

Cuando estaba por acompañar a Ulforce, el Caballero Dorado divisó algo inusual con el rabillo del ojo: uno de los cuadros de su habitación no lucía como una obra de Piet Mondrian, sino mucho más enigmático. Estaba casi en su totalidad en negro, salvo por un orbe de considerable tamaño y ubicado en la esquina inferior derecha que tras ver con cuidado, descubrió que era la Tierra. Y casi en primer plano, había una silueta apenas perceptible por estar delineado sólo en algunos bordes del lado derecho, pero aparentemente de espaldas. Lo más intrigante de todo, aparte de su diseño nada abstracto, era que el cuadro era lo único aparte de los dos digimon, que estaba en colores.

— Ulforce, mira. Esto no está en blanco y negro.
— No lo pintaste tú, ¿Verdad?
— Claro que no: ni siquiera tengo pintura de colores. Esto ya estaba aquí. ¿Qué podría significar?
— Ni idea. -en ese momento, se escuchan unas voces extrañas viviendo del pasillo- Hay alguien más aquí, -dijo Ulforce en voz baja- y no suenan a nuestros amigos.
— Vayamos a ver.

Los Caballeros salieron al pasillo para identificar la causa del ruido, cosa que no tardaron en hacer, en especial Ulforce, que quedó petrificado. Esas figuras mecánicas, su brazo ocular, sus extremidades robóticas portando armas, su inusual forma… Debería de estarse matando de risa al ver a esas cosas, pero no era así: sabía lo que eran.

Cuando las vio por primera vez en la televisión hace cuarenta años fueron causa de gracia por poco tiempo: después, a medida que pasaban los días, meses, años, estaba convencido que eran los seres más aterradores que hubiera visto jamás; algo que fue motivo de burla entre sus compañeros. Tuvo que recurrir al sabio Nibirumon y preguntarle si esos seres eran reales o mera ciencia ficción; su respuesta fue ambigua. Lo alegró saber de qué no existían en su universo, pero le causó ansiedad imaginarse que en algún lugar podrían llegar a existir. El Escriba lo tranquilizó diciéndole que ellos no podrían venir aquí y que no se preocupara. Y así fue.

Hasta ahora.

— No me lo puedo creer…
— Da… da… da…
— ¡¡Los especímenes no se encuentran aquí!!
— ¡¡Buscar en los niveles superiores!!
No nos ven… -pensó Magnamon- Pero no sé si eso es bueno o ma… -uno de ellos se acerca hacia Ulforce, golpeándolo suavemente-
— ¡¡MI CIRCULACIÓN ESTÁ COMPROMETIDA!! ¡¡OBSTÁCULO NO DETECTADO!!
— Da… Da… lek…

Magnamon apartó a Ulforce del camino del extraño; éste y sus compañeros continuaron sin problema. Se llevó a rastras a su aterrorizado primo hasta su habitación vacía.

— ¡Reacciona, UlforceV-dramon! -dándole una cachetada al casi catatónico digimon- ¡No es momento de tus fobias absurdas!
— Son... ¡¡DALEK!! -exclamó- ¡¡SON REALES!! ¡¡Estamos muertos!!
— Podías haberlos matado de manera muy fácil.
— ¿Cómo la sabes? ¡Existen desde hace miles de años!
— Que estúpido eres: no le tuviste miedo a Freddy, a Jason, a Chucky, al Depredador, a Terminator, a La Cosa; ni siquiera a Pennywise. ¡Y le tienes miedo a estos putos saleros con batidoras y destapacaños! ¡Le tienes fobia a un robot armado con los desechos de un ama de casa, o de Lordknightmon! ¡¡Agh, nunca debiste ver esa película sesentera!!
— No son robots, sino mutantes con tentáculos en trajes mecánicos… ¡No importa! ¡Tenemos que encontrar a nuestros amigos y sacarlos de aquí!
— ¿En serio crees que…?
— Si Shenglongmon está en lo cierto, cuando los Daleks los encuentren, no se defenderán. Y esas cosas tiran a matar.
— No creo que los maten. -respondió Magnamon de manera sombría- ¿Recuerdas lo que dijo ese salero? Dijo: “especímenes”, o sea que…

Ulforce no se molestó en responderle, pues ya se podía dar la idea de lo que harían con ellos, y se enfocó en continuar la búsqueda de sus compañeros y de su líder. Puede que sus compañeros no se defiendan, pero podría ocultarlos, o evitar que los lastimaran.

Llegaron a otro corredor, y había un par de Daleks circulando por allí, sin percatarse de los dos digimon coloreados; no había señales de los demás Caballeros ni de Zoe. Pasaron de largo sin que los Daleks se percataran de ellos y llegaron a un amplio salón vacío que daba a varios pasillos. Los Caballeros no conocían esa habitación, y si bien les era conocido que la arquitectura del castillo no era estática, sino que podía modificarse de acuerdo a la ocasión, -Zoe lo había hecho creándoles habitaciones cuando se mudaron- dudaban de que eso ocurriese exactamente ahora, pues su antiguo hogar lucía inerte y sin vida.

Fue entonces que, tras estar unos segundos junto a una pared, unas manos los tomaron por detrás y los introdujeron a un cuarto secreto, donde se quedaron sorprendidos al saber que se trataba de la mismísima Zoe, que apenas los vio, acabó abrazándolos. Se veía bastante alterada.

— ¡Qué bueno volver a verlos! -dijo ella- ¡Y no como están los demás!
— ¿Qué pasó de los demás, señorita?
— La Legión se los ha llevado, Magnamon: a todos los Knightmon, a Craniummon, Examon, Omegamon y Duftmon. No opusieron ninguna resistencia.
— ¿Entonces los Daleks han venido a llevarse a Alphamon y los demás? -preguntó Ulforce-
— ¿Alphamon? Lo envié hace horas para que intentara detener a AkuShenglongmon; no regresó desde entonces.
— ¿O sea qué…?
— ¿Por qué no los has detenido? -preguntó de golpe UlforceV-dramon- ¿Qué haces aquí encerrada?

La chica se vio sorprendida, por no decir sentirse acorralada por la pregunta, aunque Ulforce no tenía intenciones reales de lastimarla: sólo buscaba respuestas.

— Tenía miedo, chicos. -contestó mientras se acurrucaba de cuclillas contra la pared; los Caballeros estaban atónitos de verla y oírla así- Estoy aterrada.
— ¿De los Daleks?
— De AkuShenglongmon. -tardó unos segundos en continuar- No lo quiero ver; no soy capaz de mirarlo sin recordar lo que le hizo. Y no me lo puedo enfrentar a él ni a sus “aliados”.
— Entonces… ¿No hay nada que hacer?
— Lo siento, Magnamon. -respondió sumamente decaída, al borde de las lágrimas- Pero este Digimundo y los demás están condenados: todos están en proceso de desaparecer una vez que las supercomputadoras Yggdrasil queden fuera de línea.
— ¡¿FUERA DE LÍNEA?!
— Ya debió de haber pasado, pero el bastardo de AkuShenglongmon sólo prolongó el sufrimiento del Digimundo para que esos demonios y alienígenas miserables pudieran rapiñarlo.
— ¡Es un hijo de…!
— Escúchenme bien: imagino que el Shenglongmon bueno está con ustedes, y les ha pedido ayuda. Hagan todo lo que él dice: sólo así las cosas volverán a la normalidad y salvaremos a todos.
— Lo haremos, señorita. -asintió Magnamon- ¿Pero qué será de usted?
— Yo voy a estar bien, descuiden: no me pueden hacer nada. Son ustedes quienes me importan. -se quedó pensativa un momento y luego levantó la cabeza- Magnamon, ¿Podrías dejarnos un momento, por favor? Tengo que hablar con tu primo.
— Si, como diga.

Una vez a solas, Zoe se levantó para tener de frente -o lo más que podía, a causa de la diferencia de estatura- al Caballero Azul, el segundo más cercano a ella después de Craniummon.

— ¿Ya se lo has dicho?
— ¿Decirle qué?
— Ya sabes… tu “secreto”. -Ulforce captó a qué se refería, pero no contestó- ¿Es que no piensas decirle la verdad?
— Me da pena decirlo: me odiará, y lo sabes. Ni siquiera sé por qué me aceptaste a mi o a Examon en el castillo o cómo llegué a tener el título de Caballero Real por como llegué a donde estoy.
— Porque eres bueno, y más que Examon, quien será hijo de puta a veces y de cuando en cuando me destroza lo que tengo en lugar de nervios. Pero ambos son buenas personas. -ella tomó a su amigo de la mano de manera consoladora y le dirigió una sonrisa triste- Díselo, Ulforce; capaz no tengas otra oportunidad.
— Trataré.
— Ahora deben irse: Yggdrasil quedará fuera de línea dentro de unos pocos minutos.
— Está bien. -le contestó: quería decir algo, pero se contuvo- Nos veremos después, jefa.

UlforceV-dramon abandonó el cuarto y volvió junto a Magnamon, buscando una salida. Zoe mientras tanto, se quedó en aquel cuarto secreto, esperando lo inevitable… pero no estaba sola: ni Ulforce ni Magnamon se percataron de su llegada poco después de que Zoe los encontrara, ni menos cuando se fueron. Ella estaba aterrada de verlo tan de cerca, aunque no pareciera amenazante: lo había oído todo.

Buenas tardes, señorita Graystone.
— ¡Aléjate!
Oh... ¿Por qué esa repentina agresividad, señorita? Yo sólo he venido humildemente a saludarla.
— Eres un bastardo. ¡Un maldito e infeliz bastardo genocida! ¡Aléjate de mí!
Esperaba un trato más civilizado de la antigua gobernante de este Digimundo. Es una pena; después de tanto tiempo deseaba una conversación con usted.
— ¿Cómo tienes cara para volver a pisar este lugar? ¿Después de lo que hiciste?
Discúlpeme, señorita Graystone. Pero las chiquilladas de mi infancia me son irrelevantes.
¿¿Chiquilladas?? ¡¡¿¿CHIQUILLADAS??!! -exclamó ella, indignada a más no poder- ¡¿LLAMAS “CHIQUILLADAS” A LO QUE HICISTE?! ¡¡¿¿A LO QUE LE HICISTE A YGGDRASIL??!!
Usted sabe, mi bella señorita, la verdad sobre los acontecimientos. -Aku se detuvo a mirarla, casi inspeccionarla- Intuyo que no se lo ha dicho a Sheng Li.
— ¿D… Decirle?
Sabe a qué me refiero. Por favor, no sea modesta.
— ¡No te atreverías!
Como usted misma le dijo al joven Ulforce: capaz no tenga otra oportunidad.
— ¿Por qué lo haces? -preguntó ella; sin esperar una posible respuesta y rompiendo en llanto- ¿Por qué ODIAS TANTO a tu propia especie? ¡¿Que te hicimos?! ¡¿Qué te hizo ella?!
Lo lamento, pero debo atender otros asuntos: el proceso de desmantelamiento está casi completado. Un placer hablar con usted nuevamente. -entonces, antes de retirarse, Aku desvía la mirada hacia una de las paredes del cuarto, donde había un cuadro; Zoe advirtió esto, viendo como Aku parecía… ¿Nervioso?- Excuse mi grosera intromisión en sus asuntos privados, pero no me explico de manera racional cómo tolera ese cuadro tan vulgar. -se volteó en dirección a la salida- Que tenga un buen día, señorita Graystone: mis saludos a los Dioses.

Una vez que Aku se fue, Zoe quedó completamente sola en aquel cuarto, dominado por un cuadro bastante grande con una pintura de la forma humanoide de la IA de Yggdrasil. Pintura con una imagen terriblemente perturbadora que no paraba de manar sangre por todos lados, llegando a cubrir el suelo con una capa de casi dos centímetros de profundidad. Ni Ulforce ni Magnamon la habían visto: sólo ella y Aku. Sólo ellos dos sabían su significado.

Pronto ella abandonaría el Castillo, el moribundo Digimundo, y se quedaría en los Planos a los que pertenecía, esperando que todo volviera a la normalidad. Era lo único que podía hacer.


Los Caballeros restantes se preparaban para dejar el castillo y volver junto a los demás antes de que Yggdrasil se apagara; justo en ese momento, Ulforce se topó con una cara conocida: era uno de los Caballeros restantes. Dynasmon.

Como se lo esperaban, no lucía sus colores originales y la expresión de su rostro era sumamente vacía. A pesar de las advertencias de Zoe y Shenglongmon; Ulforce albergó la esperanza de poder cuando menos sacarlo de allí.

— Vamos, UlforceV-dramon; no tenemos tiempo.
— ¡Siempre hay tiempo para un amigo, Magnamon! ¡Lo voy a sacar de aquí! ¿Escuchaste, Dynasmon? ¡Te sacaremos de aquí!
— …
— ¡Ulforce; no te contestará nada! ¡El Digimundo está por colapsar!
— Ya te dije que salvaré a nuestro amigo.
— …
— Vamos, Dynasmon: reacciona.
— ¿UlforceV-dramon?

Ambos Caballeros quedaron helados: esa voz era la de Dynasmon. Ulforce incluso sintió su mano tocando su brazo, y cuando lo miró a la cara, sus ojos habían recuperado su original color rojizo ¿Había reaccionado a las llamadas de su amigo? ¿AkuShenglongmon no era tan poderoso como suponían?

— Ya te dije que salvaré a mi amigo, Magnamon. Vamos, Dynasmon.
— …
— No se mueve.
— ¡Dynasmon, no tenemos tiempo! ¡Muévete!
Ríndanse.
— ¿Huh? -los Caballeros quedaron atónitos al oír lo que dijo: no era una palabra que Dynasmon utilizara nunca, y menos con ese tono tan vacuo- ¿Qué?
Por favor, ríndanse. -continuó Dynasmon- Es un consejo de su buen anfitrión, AkuShenglongmon.

En eso se oyeron las voces de unos daleks acercándose; Ulforce de inmediato sintió que la mano de Dynasmon ya no apretaba contra su brazo, soltándolo. Magnamon insistía en irse, pero su primo menor se quedó allí, mirando a su amigo como alguien privado de su alma. Sus ojos habían vuelto a verse grises, como si nada hubiese pasado.

Llegaron entonces los dos intrusos, uno de ellos, se acercó al digimon wyvern.

— ¡¡IDENTIFÍQUESE!!
— Dynasmon.
— ¡¡Es el espécimen que faltaba!! ¡¡Nos acompañará de inmediato a la nave!!
Dynasmon… -se lamentaba Ulforce- No…
— ¡¡Falla inminente del sistema en trescientos veinte rels!! -exclamó el otro dalek- ¡¡Iniciar evacuación de inmediato!!
— ¡Ulforce, tenemos que irnos, YA!!

Ante la insistencia de Magnamon, y el hecho que Dynasmon obedecía a los dalek sin chistar a pesar de que en condiciones normales los hubiera aplastado, Ulforce contuvo su rabia a causa de la impotencia, subió a Magnamon a sus espaldas y se marchó de allí a la velocidad máxima. Sabía que el Digimundo moriría, que Dynasmon moriría, que todos sus amigos o bien morirían o estaban ya muertos: tenía ya fuertes razones para despreciar a AkuShenglongmon con toda su alma.

Cuando llegó a donde se hallaba el grupo de los niños, ya no quedaba nada de la Isla File, salvo un pequeño pedregullo sobre el que se hallaban protegidos gracias a que Shenglongmon lo protegía a toda costa a pesar de su escasez de poder. Cuando se reunieron con los demás, el pequeño Dracomon respiró de alivio, y los envió de regreso a la Tierra.

Apenas se fueron, aquel pedregullo desapareció, y segundos después, brillaron los últimos destellos.

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SISTEMA FUERA DE LÍNEA.


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Desde su oficina, AkuShenglongmon supervisaba el proceso de desmantelamiento del Digimundo, así como la de Yggdrasil a través de múltiples pantallas holográficas que podía invocar y hacer desaparecer cuando quisiera. En una de ellas estaba el Digimundo de uno de los universos Tamers; en otra, el de un universo Savers, y así una gran cantidad de Digimundos que enfrentaban el mismo destino: la extinción. Sus habitantes ya habían sido remolcados a sus nuevos dueños, así como sus valiosos e invaluables recursos. Sus negocios iban funcionando como el mecanismo de un perfecto reloj.

Cambió las vistas de una de ellas y estableció contacto con uno de sus “socios”. A través de una pantalla holográfica, se podía ver a uno de los dalek.

— ¡¡El proceso ha finalizado!! ¡¡Los recursos han sido extraídos con éxito!!
Muy bien. Les recomiendo que partan pronto a su nuevo universo, antes de que el sistema colapse.
— ¡¡La evacuación iniciará inmediatamente!! ¡¡Agradecemos su contribución con la suprema especie Dalek!!
Es un honor ayudar a una especie como la suya, tan razonable en cuanto a su visión de la realidad.
— ¡¡Usted podría ser un buen Dalek!!
Gracias.

Acabada la conversación, se comunicó con Daemon, que se hallaba en el lugar más restrictivo para los digimon: La Fuente, la sede del cuerpo físico de Yggdrasil.

Como va todo, joven Wigglestein.
— Estamos por empezar. -Daemon no pudo contener su curiosidad- ¿No sería mejor desmantelar a Yggdrasil con magia?
Hay cosas para las que prefiero el método mortal. Por cierto, ¿Que opina de la Fuente?
— Es… impresionante: jamás creí que podría llegar a verla. Ni que estuviera donde está.
Ningún digimon ha podido, hasta ahora. Recomiendo que lo disfrute mientras pueda; en cuanto las luces de la supercomputadora se apaguen, el proceso iniciará de inmediato.
— Entiendo. ¿Los Daleks se llevarán a Yggdrasil también?
No será necesario: he decidido dárselo a los Silentes, en compensación por el reparto del Digimundo que tan poco les ha favorecido: confío en que seres tan astutos hagan buen uso de esta tecnología tan avanzada.
— ¿Y qué pasará con los otros Yggdrasil del Multiverso?
Ya se les hallará un buen uso, joven Wigglestein: confíe en mí, por favor. En cualquier caso, siempre está la opción del reciclaje.


______________________________

Habían vuelto al sector financiero-comercial de Odaiba sin problemas, pero sus ánimos estaban por los suelos: los niños acababan de ver los momentos finales del Digimundo y estaban sumamente deprimidos; sus compañeros digimon estaban destrozados por lo que acababan de ver, mientras que los mayores -con excepción de Arukenimon que aparentaba indiferencia- contenían sus emociones todo lo que podían. Los detalles brindados por Ulforce y Magnamon no ayudaron en nada más que empeorar la situación y reducir sus esperanzas.

Mientras tanto, Shenglongmon analizaba los cambios cosmológicos que su versión maligna había realizado: no sólo había trasformado totalmente la geografía terrestre al alterar los continentes en una especie de mosaico donde ajustó el tamaño de los países en cuanto a su población, represado los océanos, eliminado el clima, sino que eliminó la inclinación axial de los planetas, volvió circulares sus órbitas e hizo coincidir todos sus planos orbitales; acabó descubriendo que incluso la expansión del universo se había detenido: por primera vez, el universo era verdaderamente estático. Había transformado al Cosmos en una vulgar máquina newtoniana perfeccionista.

De todos modos, esos detalles poco importaban a los demás, y a el mismo: el Digimundo -y él lo sabía muy bien: todos los demás- había sido destruido por completo, y al igual que a esos niños, se sentía sumamente impotente al respecto. El dato extra de los dos Caballeros confirmó sus temores, y demostró que Aku era mucho peor de lo que recordaba… o más bien: siempre había sido así, pero no había tenido la oportunidad de explayarse como ahora. Se sentía mal por todo lo ocurrido, pero albergaba la fe de poder resolverlo junto a sus compañeros -amigos sería mucho decir, pues no los culparía si lo odiaran- ; así pues, fue a hablar con ellos. Pero primero…

— ¿Cómo que aún no vienes? -preguntó a su amigo a través de su teléfono- ¡Necesito que vengas pronto!
“¡Las cosas están terribles por el Vacío! ¡Hay Abisarios y Pixies por todas partes! Los cabezas de cono no son problema… pero los Abisarios son demasiado silenciosos y escurridizos. ¡¿Y sabes lo difícil que es movilizarse sin llamar la atención?!”
— Conociéndote…
¡Además, esos molestos Cambiantes me persiguen también: esa versión malvada tuya acabó contratándolos!”
— Ni idea de qué le servirán unos híbridos insecto-ponies que se alimentan de amor. Oh, espera… capaz sí lo sepa. ¿Estás trayendo lo que te pedí?
“¡Por supuesto! ¿Crees que soy tonto? Espera: mejor no me respondas. ¡Pero creo que llegaré en media hora más o menos!”
— Con tal de que llegues, no me molestará. Te esperaré.

Acabada la conversación, regresó junto a su pequeño grupo de Renegados Elegidos con el objetivo de comentarles del plan. Con sólo ver sus caras, sabía que estaban sumamente deprimidos por lo que acababan de ver; pero si querían tener éxito, debían empezar ya.

— Disculpen que los interrumpa, pero…
— Quiero ver a mi hermano. -murmuró Kari- Y a mis padres.
— Yo también. -dijeron Yolei, Davis y Ken al unísono-
— Quiero saber cómo está Matt. -añadió Gabumon- Estoy preocupado.
— ¡¿Estás locos?! -los interrumpió UlforceV-dramon- ¡¿El mundo se cae a pedazos y quieren una reunión familiar?! ¡Tenemos que conseguir ese maldito boleto!
— ¡Oye, no seas insensible, animal! -se quejó D’arcmon- ¡Son niños: están preocupados por sus familias! Además, quién sabe si será la última vez que los vean. -pensó-
— ¿No podrías darnos media hora para verlos, Shenglongmon?
— TK, ya les dije que no tiene caso: no reaccionarán al verlos más allá de si fueran una piedra en su camino. -pero ante la cara afligida de los niños no se pudo resistir: no estaba en su naturaleza negarles nada, y menos algo tan noble- Bueno… tal vez… haya algo.

El pequeño Dracomon juntó sus manos y entre ellas brilló momentáneamente una luz de diversos colores para después apagarse: al hacerlo, el mismo dragón lució algo exhausto, pero se mantuvo de pie. Al abrir sus manos, aparecieron pequeñas pulseras de varias cuentas de colores, las cuales entregó a cada uno de los seis niños y a Gabumon.

— Deben colocar esas pulseras en la mano de la persona con la quieren hablar; cuando lo hagan, escapará de la Entropía Silenciosa de AkuShenglongmon y podrán conversar con él. -antes de que le preguntaran por qué no mencionó eso antes, prosiguió- Pero no será permanente: probablemente dure media hora a cuarenta minutos; y eso si los Abisarios o los Pixies de mierda no los detectan. Es más que suficiente.
— ¿Suficiente para qué?
— Decir todo lo que tengan que decir. -contestó- Usen sus digivice para localizar su casa: los guiará. Blackwargreymon y Bonnie y Clyde se quedarán conmigo a conversar. ¿Los demás podrían llevar a los niños a sus casas?
— Dalo por hecho, amigo. -contestó Devidramon-

Ulforce y Magnamon acompañaron a Davis; D’arcmon a Yolei y Hawkmon; Gargoylemon a Cody y Armadillomon; Wargreymon a Kari y Gatomon; Stigmon se llevó a Ken mientras que Metalgarurumon fue solo. Entonces el pequeño Dracomon quedó en compañía de Arukenimon, Mummymon y Blackwargreymon; con su amigo hablaría después: primero los dos buenos para nada.

— ¿De qué querías hablar con nosotros?
— Intuyo que ustedes no harán nada gratis.
— Oh, no sé por qué insinúas algo así de…
— Arukenimon; deja de fingir. Que seas una villana mediocre no significa que ayudarás a esos niños por las buenas.
— ¡Oye, no pienses mal de mí! -se excusó la araña- ¡Es cierto que dije que vivo para destruir el Digimundo, pero no al nivel que tu otro yo ha llegado!
— La verdad es que a mí ya me da miedo. ¡Ese monstruo podría matarnos con suma facilidad!
— ¡Cállate, Mummymon!
— Necesito que de verdad se comprometan a ayudar a estos niños, y en especial a Davis: ya sé que muy fuertes no son, pero serán de utilidad. -como tardaron en responder, o más bien Arukenimon, continuó- Agh… Prometo concederles un deseo si nos ayudan… Y SI GANAMOS, obviamente.
— ¿Podrías revivir al jefecito?
— ¡Mummymon, se supone que yo decido por los dos!
— ¡Pero lo extraño, Arukenimon: no somos nada sin él!
— Supongo que… sí. -lo pensó unos segundos; no era precisamente algo que quisiera hacer, pero…- Tenemos un trato entonces: ustedes ayudarán a los Niños Elegidos y yo reviviré a Oikawa.
— ¡Trato hecho! -asintieron los dos-
— Blackwargreymon me va a matar…

Finalizado el trato, se volteó hacia su primer nuevo amigo en diez mil años, quien observaba el devenir del paisaje urbano y sus transeúntes, con cierto recelo, y claramente, rechazo.

— No es una vista agradable, ¿Cierto, mi amigo?
— Hay algo que me desagrada de este sitio. -respondió el guerrero oscuro- Algo que no sé explicar.
— A ninguno de los muchachos les agrada, y es normal: este mundo no es natural.
— No es sólo eso. Hay algo inquietante en este mundo; me incomoda. Me da asco… y… miedo.
— ¿Algo más?
— Te juraría… que es algo… algo…
— ¿Familiar?
— ¡Exacto! Y no entiendo por qué.
— Yo creo que sí. -aclaró el Dracomon- Porque ves este mundo como si fuera un espejo: un mundo de lo que podría ser, de lo que podrías haber sido.
— ¿De qué hablas?
— Recuerda esa conversación con Agumon: cuando vagabas por el Digimundo sin rumbo fijo y no sabías lo que eras. ¿Recuerdas lo confundido que estabas? ¿Y recuerdas lo que le dijiste en ese momento?
— Pues…
— ¿Por qué crees que te ayudé desde que nos conocimos? No fue sólo por esas reglas: oí todo lo que dijiste, y quería evitar que cometieras una tontería: eres demasiado joven como para andar rechazando la vida.
— ¿Es por eso que me mandaste con D’arcmon?
— Si: aunque hubiese preferido que fueses más… directo -ejem- pero cumpliste con mis expectativas: lograste hacer amigos. Encontraste algo por lo que luchar más allá de comprobar tu fuerza: le hallaste sentido a tu existencia, ¿O me equivoco?
— No: estás en lo cierto. Ya no me siento perdido como antes. ¿Pero a que te refieres con que este mundo es mi espejo?
— ¿Recuerdas esas palabras? “No quiero tener corazón” -imitó Shenglongmon a la perfección su voz; el dragón verde continuó hablando- Pues aquí ya ves como este mundo refleja ese viejo deseo tuyo; ese viejo tú del que intuyo sientes vergüenza ahora mismo.
— ¿Quieres decir que este mundo…?
— Así es: este es un mundo sin corazón, Blackwargreymon. Un mundo sin alma.


Lejos de allí, en la zona residencial de Odaiba, Ulforce, Magnamon, V-mon y Davis llegaban a la que sería su casa en ese mundo de acuerdo al D3. Antes de que el niño entrara al departamento, los Caballeros le dijeron que querían conversar con ellos.

— ¿De qué quieren hablar conmigo?
— Queríamos disculparnos con ustedes -añadió Ulforce-
— ¿En serio? -Magnamon recibió un codazo- ¡Hey!
— ¿Lo hacen sólo porque soy el único que puede resolver todo este desastre? -se quejó Davis: se sentía convenientemente apreciado en ese momento- No han parado de insultarme desde que nos conocimos.
— Bueno, pero…
— ¡Y sé que se han estado burlando de nosotros! Devidramon me lo dijo.
— Davis, no deberías ser gro…
— ¡No me gusta que de la nada me traten bien, V-mon!
— Davis, escucha. -dijo Ulforce tratando de calmarlo- Si, es verdad: nos burlamos de ustedes en su momento. Pero ahora no tenemos tiempo para tener esos resentimientos: tenemos que apoyarte junto a los demás.
— Bueno, Ulforce: en eso tienes razón. -añadió Magnamon- Creo que lo mejor sería disculparnos por haber sido tan… prepotentes.
— Exacto. Y además… no veo que después de esto no podamos ser amigos, ¿O sí?
— ¿Están hablando en serio? ¿Me perdonarán después de lo que hice?
— Si, V-mon. -asintió el Caballero Azul- eres parte de la familia también.
— ¿Ser amigos de ustedes dos? Mmm… Lo dicen como si fuera la algo demasiado importante.
— No nos veas como Caballeros Reales, sino como cualquier otro digimon. -Ulforce le pasa la mano- Sólo quiero decirte que estaremos a tu lado.
— Mmm… Bueno.

Antes de que Davis, de mala gana le extendiera la mano, sufrió de dolores de cabeza que lo detuvieron: estuvo con las manos en las sienes unos segundos durante los cuales el trio de digimon azules trataron de ayudarlo. No tardó en recuperarse, pero había algo en él bastante diferente.

— Aleja tus apéndices de mí, lagartija.
— ¿¿Davis?? -se preguntó un extrañado V-mon- ¿Por qué hablas así?
— ¡Oye, que te…!
— ¡No me alces la voz, intento de criatura! -le gritó a Ulforce con un tono de voz sumamente diferente mientras lo mira a los ojos- ¡Tú no eres nada!
— ¡¿Qué carajo te pasa, niño?!
— ¡Eso no es de tu..:! -Davis comienza a tener jaqueca nuevamente; tras unos segundos en los que parecía mareado, recuperó la compostura, luciendo confundido- ¿Que... qué pasó?
— ¡¿Cómo que qué pasó?! -exclamó Ulforce- ¿Estás bromeando?
— Sólo recuerdo que dijeron algo de ayudarme y todo eso. V-mon, ¿Pasó algo?
— Eh… nada, Davis. Mejor veamos a tu familia.
— Cierto; espérennos aquí por favor.

Davis se adelantó, ya que V-mon optó por quedarse unos segundos con sus familiares, que no daban explicación a lo sucedido. Davis poco y nada le importaba el motivo por el que los tres primos azules permanecían a solas. A fin de cuentas, con la excepción de V-mon -al menos eso creía-, lo trataban bien por mera conveniencia y él lo sabía.

— ¿Pero qué carajo le sucedió a ese niño, V-mon?
— No sé, UlforceV-dramon: nunca lo vi así. ¿Tendrá algo que ver con su…?
— ¿Su qué?
— Su alter-ego; al menos eso según su análisis psiquiátrico. Pero nunca vi que surgiera de la nada. Lo voy a vigilar; volveremos pronto. -en eso V-mon se va-
— Ese niño tiene algo raro, Magnamon.
— ¿Aparte de ser grosero y rechazar tu oferta de amistad? Que por cierto me tomó por sorpresa.
— No… Es, otra cosa… Llámame loco, pero al ver sus ojos, creí haberlos visto brillar de color rojo. Y me dio miedo: como si me descargara todo su odio.
— Alucinas, ¿Verdad? -al ver la expresión de Ulforce, Magnamon se percata que no era una broma- Espero que no sea nada grave, o arruinará el plan. En fin; ¿Qué haremos mientras esperamos?
— Subamos a la azotea del edificio. Hay… algo de lo que quiero hablarte.

El Caballero Dorado no tenía idea de que podrían hablar en ese momento, pero como no tenían anda que hacer hasta que Davis y V-mon acabaran, aceptó: volaron hasta la azotea del edificio de departamentos, donde se podía apreciar la monótona panorámica de la ciudad en su vasta tonalidad de grises.

— Bueno, ¿De qué quieres hablar?
— Ehm… Pues. Hay algo que debo decirte, Magnamon. ¿Recuerdas cuando entrenábamos para luchar junto a Imperialdramon?
— ¿Te refieres a antes de tener el título de Caballeros Reales? Si, lo recuerdo: una época de locura, aunque con buenos momentos. ¿Recuerdas cuando tú, Dynasmon y yo quisimos jugarle una broma a Imperialdramon ocultando su espada?
— En ese entonces éramos dos V-mon y un Candlemon muy traviesos -rió Ulforce de manera triste al recordar que Dynasmon posiblemente esté muerto en esos momentos- No metimos a V-mon porque estaba en otras; sí que se enojó Imperialdramon.
— Nos tuvo paciencia a decir verdad. En fin, ¿A qué va esta oleada de recuerdos?
— Años después de eso, ya estábamos en la etapa adulta: tú llevabas varios meses como un XV-mon y yo apenas había evolucionado en V-dramon.
— See… lo recuerdo. -asintió Magnamon- Estaba con mucha ventaja respecto a ti: Imperialdramon nos exigía digievolucionar lo más rápido posible para luchar contra los Demon Lord. Ahora que lo recuerdo, tuviste muchos problemas para alcanzar el siguiente nivel de digievolución. -Ulforce se retrae un poco- Y luego tu progreso se disparó de manera repentina y llegaste al nivel mega casi al mismo tiempo que yo obtuve el Digiegg de los Milagros: debiste de esforzarte mucho.
— No… no fue así.

Magnamon estaba confundido ante aquella respuesta. ¿A qué se refería exactamente? UlforceV-dramon acabó sentándose en la cornisa, apesadumbrado.

— Era crucial que nos volviéramos más fuertes, pero no lograba resultados a tiempo. Así que tuve que recurrir a otros... medios.
— ¿Cómo cuáles?
— Pues… recibí una sugerencia de… Examon.
— Espera… un… minuto… ¿Examon? ¿El mismo viejo verde amargado de Examon que conocemos desde hace más de diez mil años? ¿Qué clase de consejo pudo haberte…? -Magnamon no necesitó pensarlo mucho. Pero… ¿Será?- No… no habrás…
— Sigh... -Ulforce dejó salir un largo suspiro- Si, Magnamon: lo hice.


El Caballero Dorado se quedó petrificado, inmóvil, peor con una mirada fija, casi fulminante hacia su compañero.

— Dime algo, primo, ¿Crees qué me fue fácil ver cómo a ti te salían las cosas bien mientras Imperialdramon nos exigía cómo lo hacía? No lo era: sufría mucho en silencio. Examon vino con esa solución y acepté por la desesperación. Lo seguí haciendo en esta etapa, pero lo abandoné al ver como sufrías, Magnamon -confesó, levantándose sólo-. La culpa de privar vidas por un fin que podría decirse egoísta me volvió vegetariano. Y también mi estimación hacia ti, primo. Yo aún me siento culpable por lo que hice y, en secreto, voté a Dorbickmon para que prohibiese esto.
— …
— Perdóname Magnamon. Lo siento.

El Caballero Dorado sintetizó su respuesta en un puntapié directo en el estómago y sus manos en el cuello de UlforceV-dramon.

— ¡¿Lo siento?! ¡¡¿¿LO SIENTO??!! ¡¡ERES UN MALDITO BASTARDO!! ¡¡UN CONDENADO ANIMAL!!
— ¡¡Ya dije que lo siento!!
— ¡¡¿¿DESPUÉS DE CUANTO??!! ¡¡¿¿DIEZ MIL AÑOS??!! ¡¡DIEZ MIL CONDENADOS AÑOS EN QUE ME ESTUVISTE OCULTANDO LA VERDAD!! ¿¿Y SE TE OCURRE DECÍRMELO AHORA??
— ¡Mira como están las cosas, Magnamon! -exigió él- Quién sabe si no es el fin del mundo: tengo que confesar mis pecados tarde o temprano.

Magnamon soltó su cuello y se apartó de él, dándole la espalda y sin decir nada; Ulforce se puso pie, mirándolo en busca de alguna señal de perdón. No había rastros de ello; sólo su primo que no se atrevía a mirarlo a la cara.

— ¿Quien más lo sabe?
— Zoe y Examon… -respondió con timidez- Obviamente. Y Devidramon, Gargoylemon y los demás cuando nos visitaron. Y Agumon, que me psicoanaliza.
— Genial… -masculló con sarcasmo- De Zoe no me extraña, pues lo sabe todo; pero me sorprende que Examon te guardara el secreto. Y Agumon, bueno: es nuestro psiquiatra de cabecera.
— No quería perjudicarme… A VECES, es un buen tipo en verdad.
— Genial… -ironizó nuevamente- Debes de llevarte estupendamente con él, picándose unos Gekomon acompañando una buena absenta cada fin de semana.
— ¡Ya te dije que no he vuelto a ese hábito: lo juro! ¡Incluso guardo en secreto los huesos de varios de esos digimon como recuerdo de lo que no debo volver a hacer!
— Cada cosa que dices te hace ver PEOR, UlforceV-dramon: haces que V-mon sea sensato. Encima se lo dices a personas que conociste hace unos meses.
— ¡Se me escapó! ¿Está bien? -exclamó en una mezcla de enfado y vergüenza; dio unos pasos alejándose de Magnamon y permaneció callado unos momentos- ¿Que pasará ahora?
— Sigh… haremos nuestro trabajo: no tenemos tiempo para tus estupideces. Pero acabada esta crisis, vamos a hablar seriamente con esa lagartija de mierda.
— Pero…
— ¡¡Lo harás tú también, carajo!! ¡Nadie tiene que pisotearte! ¡Ni siquiera el imbécil de Examon! ¿Quieres remediarlo? ¡Ponlo en su lugar!
— ¡Pero él!...
— ¿Él qué? Nadie de la Orden lo soporta, ni siquiera Zoe. Haz algo para detener esa ambición loca de ese borracho en decadencia y es probable que te perdone.
— Magnamon…
— Que quieres…
— De verdad lo siento.

Magnamon no dijo nada; tampoco mostró indicios de perdonarlo, al menos en ese momento: se sentía traicionado. Ulforce quiso insistir en su disculpa, pero optó por mantener silencio: no podía culparlo de estar enfadado; después de todo, diez mil años es mucho tiempo, aún para alguien perteneciente a una Hermandad Sagrada.

Entonces el V-dramon definitivo lo entendió: tenía que proteger a los débiles en todo sentido. Si deseaba comer a uno de los suyos, no debía ser un Koromon, sino un digimon conflictivo que atente a los débiles. Eso era lo más importante para él: comprender.



Devidramon, Gargoylemon y D’arcmon habían dejado a TK, Cody y Yolei junto a sus compañeros al edificio que de acuerdo a ese nuevo mundo era su hogar, para después esperarlos en la cornisa de otro bloque de departamentos donde esperarían a que la conversación de los niños con sus familias acabara.

Descasaban en silencio y sin decir palabra alguna hasta que un pequeño grupo de palomas llamó la atención de la gárgola oscura: estaban allí en la cornisa, totalmente quietas y sin moverse. Con extrema facilidad, tomó una de ellas y se dispuso a comerlas, ante la indignada mirada de sus amigos, hasta que, para sorpresa de todos, y tras mirarla detenidamente, la dejó ir. El ave regresó automáticamente a su bandada.

— ¿Qué sucedió? -preguntó su primo- Sonará loco lo que voy a decir, pero… ¿Por qué no te la comiste?
— No es lo mismo, Gargoylemon. La verdad me hizo perder el apetito.
— No entiendo.
— Es fácil de entender, querida. ¿Nunca has oído eso de “saben mejor cuando sienten miedo”? Así lo siento yo con mis presas, sean animales ordinarios o digimon. Me encanta perseguirlas, jugar con ellas, hacerles creer que podrán escapar, para después capturarlas. Siento ese temor que tienen al verme, al darse cuenta que morirán entre mis dientes: eso les da mejor sabor.
— Eso es lo más diabólico que oí salir de tu boca.
— Soy un digimon demonio. ¡Doh! -contestó ambos, que estaban molestos por sus palabras; nuevamente, volvió a su semblante más seria, casi melancólica- Pero ahora… no siento eso. Al ver a esa paloma a los ojos, no vi reflejado ese temor, ese miedo, esa sensación de que su vida llegaría a su fin. Esa ave no tenía miedo.
— Shenglongmon dijo algo de que a Aku no le gustaban las emociones.
— Es peor que eso, D’arcmon: a esa ave no le importaba si moría o no; no le importaba su propia vida, como si le hubieran arrebatado su instinto de supervivencia. Es… aterrador; como si no tuviera alma. Si esto le hace a los animales…
— ¿Qué será de las personas? -completó Gargoylemon-

Nadie supo cómo contestarle.



TK estaba nervioso de entrar a lo que sería su casa. ¿Cómo luciría? ¿Estaría su madre? Patamon volaba a su lado y lo instaba a tocar la puerta; apoyado por su amigo, lo hizo: no pasó nada. A pesar de que podría ser considerado ilegal, tomó el picaporte de la puerta y lo bajó: la puerta se abrió sin producir sonido alguno.

Una vez dentro, pudo darle un primer vistazo a la casa, al menos al estar principal: al igual que el resto del mundo, no había rastro de color; los muebles lucían todos bien nuevos, pulidos y limpios, de formas geométricas puras y libre de ornamentos innecesarios y volutas propias de los muebles antiguos: estantes cuadrados con libros perfectamente ordenados, una mesa de comedor cuadrada con una superficie de vidrio pulido y estructura metálica para cuatro personas con un pequeño cuenco negro de cerámica lustrosa a modo de adorno y sillas de metal negro, sillones hecho de cuero y metal con formas geométricas algo inusuales a lo que estaba acostumbrado, y en las paredes colgaban cuadros con pinturas que le recordaron a lo dicho por Magnamon acerca de “modernismo basura”. ¿Todas las casas del mundo lucirían así? Se preguntó. Al igual que pasó con los Caballeros Reales, TK no se sentía en su propia casa, sino en una totalmente desconocida, y no era sólo por la decoración.

Revisó uno de los libros y descubrió que no solo carecía de ilustraciones, sino que sus páginas estaban casi todas en blanco, con excepción de unas oraciones con la misma caligrafía y con las palabras: “Obedece”, “Confórmate”, “No cuestiones la autoridad”, “No pienses”, “Prohibida la imaginación”, “Trabaja ocho horas, Duerme ocho horas, Reposa ocho horas.”, “Orden y Paz, Siempre”. Pero la oración que lo alarmó, así como a Patamon fue: “Tu alma no vale nada”.

Soltó el libro y buscó a su madre, buscándola por todas partes, iniciando por la cocina. La halló en su habitación, con el mobiliario tan monótono y de aspecto industrial que el resto de la casa: ella estaba sentada en la cama, con la mirada perdida mientras parecía inhalar una esencia vaporosa proveniente de un peculiar grifo de la pared: intuyendo de lo que se podría tratar, la estiró del brazo para sacarla de allí hasta dejarla sobre un sofá en el estar. No reaccionaba a nada y sus ojos la mostraban como perdida.

— No me gusta verte así, mamá. -dijo un afligido TK- Voy a ayudarte.
— Se ve muy extraña: me da miedo.
— Espero que con esta pulsera vuelva a la normalidad… aunque sólo sea temporal.

Con sumo cuidado, TK pasó la pulsera de cuentas por la mano de su madre hasta colocarla debidamente en su muñeca derecha. No pasó mucho tiempo para que se notara un cambio: el color regresó a la señora Takaishi tanto en su piel como en sus ojos y cabellera; incluso su vestimenta cambió del monótono uniforme a su blusa negra y pantalones vaqueros verde oliva. La mujer lanzó un grito ahogado como si hubiera despertado de una mal sueño, y lo primero que vio fue a su hijo menor abrazándolo sin explicación alguna.

— ¡Mamá, estás bien!
— ¡TK! ¿Qué pasó? -mirando la sala de estar- ¿Y dónde estamos? Este estilo Bauhaus no es lo mío.
— Sra. Takaishi, estuvimos preocupada por usted.
— ¿Qué fue lo que pasó? ¿Y por qué tengo esta pulsera tan infantil? Díganme por favor.

Ambos se lo contaron, y con sumo detalle: desde la pelea con Daemon, su deseo, y la aparición de AkuShenglongmon; pasando después por su breve estadía en la Cúpula de la Roca, la explicación de lo sucedido y su regreso a Odaiba. TK no perdió tiempo en explicarle lo molesto que estaba con Shenglongmon sobre lo acontecido a causa de su egoísmo; la señora Takaishi perdió cuidado en prestar atención a eso último para levantarse del sofá y ver con sus propios ojos el mundo exterior a través de la ventana.

— ¿De verdad ese tal AkuShenglongmon hizo todo eso?
— Todo el mundo está así; según Shenglongmon todo el Multiverso. Y además es su culpa. Decía que protegería este mundo, pero al final no detuvo este desastre por su egoísmo. ¿No te parece injusto, mamá?
— Pues…
— Él dijo que perdería sus poderes si no le cumplía ese deseo. -añadió Patamon- Y por eso lo hizo de todas formas.
— Pero me acaban de decir que le dijo a ese tal Daemon en más de una ocasión de que no pidiera ese deseo.
— Buueno... sí.
— ¿Entonces la culpa no sería también de ese digimon estúpido? TK: bastantes veces de habré dicho que no juegues con mi bloc de notas cuando eras más pequeño y siempre lo hacías.
— Mamá… Que tiene que ver una cosa con la otra.
— Es verdad que el tal Shenglongmon es responsable de todo lo que está pasando; pero al menos trata de resolverlo. Pero al tal Daemon le advirtieron que no cometiera una tontería, y aun así lo hizo. ¿No lo hace responsable de sus acciones?
— Sí, es verdad. -asintió Patamon- Pero el verdadero enemigo es AkuShenglongmon, y tenemos que derrotarlo.
— Ya saben cómo, ¿Verdad? Por lo que me han dicho.
— Algo así. -respondió TK- Pero tengo algunas dudas.
— No recuerdo que hayas dudado en ir a buscar a tu hermano cuando apareció esa niebla rara y ese vampiro de pacotilla.
— ¡Pero esto es diferente, mamá!
— ¿En qué? El mundo está en peligro y ustedes tienen que resolverlo, ¿No es así? La ventaja que tienen es que la persona responsable que lo causó, los está ayudando a remediarlo. ¿Eso no es algo bueno? Sé que estás molesto con él, TK, y créeme que estás en tu derecho de estarlo, pero no es el momento de pensar en ello y recriminarlo, o serás tan egoísta como él fue. ¿Entiendes lo que te digo?
— Creo que sí. -suspiró- Tienes razón. Es sólo que me siento defraudado con él.
— ¿En qué sentido?
— ¿Lo considerabas ya un amigo como pasó con Devidramon, TK?
— P... Pues… creo que sí. Sé que era demasiado grosero, excéntrico, presumido y demás, pero… en el fondo creo que vi en Shenglongmon a alguien bueno. Y luego de esto me sentí muy decepcionado.
— Te lo digo por experiencia, TK; y no lo digo por tu padre. -dijo la señora Takaishi- A lo largo de tu vida muchas personas te van a decepcionar: es parte de la vida. Confío en que todo va a salir bien, porque tengo a mi hijo y a Patamon luchando del lado correcto.
— Gracias, mamá.

El impulso de abrazar a su madre fue casi instintivo, y sin darse cuenta, TK lo había hecho: sentir que tu madre te apoyaba en cosas así por más que no supiera del todo la magnitud de lo acontecido era sencillamente gratificante, esperanzador, una muestra del amor de una madre en confiar en su hijo. Patamon miraba la escena conmovido sin deseos de interrumpir.


Un sonido interrumpió la reunión de madre a hijo: el timbre, con un tono simplón y poco agraciado, sin pasar por escandaloso. TK dejó a su madre un momento para revisar: ¿Serían Yolei y Cody regresando de su pequeña reunión y habían venido a buscarlo? ¿Ya había pasado media hora? ¿O sería Devidramon para saludar a su anfitriona? Era difícil saberlo.

Posiblemente la pequeña reunión con su mamá había hecho olvidar a TK de la angustiosa situación del mundo exterior de manera demasiado perfecta, al punto que al dirigirse a la puerta sólo pensó en las opciones más seguras para sí mismo. Fue por eso que abrió la puerta sin siquiera preguntar quién era, algo que ni en el mundo previo a la gran transformación de AkuShenglongmon se debía de hacer por obvias razones; fue por eso que tras abrir la puerta, no estaban ni Cody, Yolei, sus digimon, o Devidramon, su primo o D’arcmon. Tampoco eran Davis, Kari, Ken u otro de sus amigos.

Si hubiera sido uno de aquellos Abisarios, o incluso de esos Silentes, se hubiese dado un gran susto y a lo sumo, Angemon probablemente aparecería para detenerlos. Pero era imposible que lo vieran dado aquel collar que tenía puesto. Y sin embargo, el que yacía al otro lado de la puerta lo veía, y bastante bien: un Slayerdramon de color negro con detalles en color metálico plomizo en su armadura así como sus cuernos, ojos igual de grises y una expresión neutra y relajada. En el pecho, su armadura tenía un peculiar diseño en blanco y negro que rememoraba a una corbata, y en la cintura llevaba una habilla en color plomo y negro con el emblema de la cabeza abstracta de dragón que habían visto previamente en la ciudad.

AkuShenglongmon en persona.

Buenas tardes, joven Takaishi. ¿Cómo se encuentra?
— T… T…ú…
— TK, Patamon, ¿Quién es? -la mujer se levantó del sofá, para después quedarse atónita al ver al recién llegado- ¡Oh, Dios mío! ¿Ese es…?
— Aku… Shenglongmon -repitió Patamon en voz baja-
Oh, señora Takaishi: que bueno verla. Aunque… no sé si de una manera presentable; lamento mi atrevimiento por criticar su indumentaria.
— ¡¿Qué haces aquí?! ¡Vete y aléjate de mi hijo!
Descuide, mi estimada señora: sólo he venido a tener una pequeña y civilizada conversación con el joven Takeru.
— ¿Conversación? -se repitieron los tres al mismo tiempo-
¿Puedo pasar? -preguntó con su característica cortesía caballeresca- ¿O estoy interrumpiendo algo?
— ¡TK, no lo hagas! ¡Él es nuestro enemigo!
— Ya lo sé, Patamon. Pero de qué sirve…
— ¡TK, ten cuidado!
Joven Takeru; es de mala educación dejar a los invitados fuera de la casa. Así que, si me disculpa, esperaría una cortés respuesta de su parte.
— Sigh… Pasa. -se hizo a un lado para que pudiera cruzar- ¡Pero no intentes nada!
Pierda cuidado, mi buen muchacho: esta será una pacífica conversación.

El Dragón Azabache cruzó sin problemas por el umbral de la puerta pese a sus tres metros de altura y se quedó inmóvil en la sala de estar. TK no entendía por qué lo había dejado entrar si Patamon estaba en lo cierto: era el enemigo, ¿Entonces por qué dejarlo entrar como si de cualquier invitado se tratase? Imposible explicarlo: tal vez por el simple hecho de que ya tenía una idea de su poder, no tenía caso resistirse. ¿Significaba que se estaba rindiendo? No sabía, y eso lo incomodaba, pero debía mantenerse en calma.

Natsuko Takaishi sin embargo se mostraba nerviosa de tener a ese digimon en la casa -al igual que su hijo, no consideraba ese departamento su verdadero hogar- y hacía todo lo posible por contenerse.

¿Se encuentran satisfechos con la decoración de su vivienda? La hice yo mismo.
— Se nota… -murmuró Patamon- Sin colores, calidez…
Y sin gérmenes. -añadió Aku sin mostrar un ápice de repudio por los comentarios peyorativos- Posee todas las comodidades básicas: sala, cocina, comedor, lavadero, dormitorios, cuartos de aseo y un jardín. Una vivienda perfecta.
— Basta ya de promocionarte y dime para qué demonios viniste.
Como ya he dicho, joven Takeru: he venido a tener una constructiva conversación con usted para conocernos mejor. No tomará mucho de su tiempo, que calculo ya tiene tan agendado como yo.
— Mmm…
Considero que sería insultante de su parte y también hacia su madre que rechazara mi visita, pues como debe de saber, soy un hombre muy ocupado.
— Claaaaaaro… -dijo la señora Takaishi con sarna manteniendo los brazos cruzados- porque conquistar todos los mundos inimaginables ha de ser muuuuuuy duro, ¿No?
No tanto como cree, mi querida señora. -le contestó; entonces fijo su atención en la pulsera de colores que llevaba- Que interesante adorno lleva, ¿Podría mostrármelo, por favor?

La señora Takaishi no tuvo tiempo para responder: lo último que sintió fue la pulsera deslizándose de su mano y acabar levitando sobre la palma de la mano derecha de AkuShenglongmon. Los Elegidos de la Esperanza vieron como al hacer esto, automáticamente la mujer regresaba a su estado anterior: perdiendo todo color, rastro de emoción y hasta su vestimenta convencional, regresando al uniforme previo.

No importaba cuanto reclamaran a gritos: a Aku no parecía importarle demasiado.

— ¡¡DIJISTE QUE HABÍAS VENIDO A HABLAR!!
Está en lo correcto, joven Patamon.
— ¡¡REGRESA A MI MAMÁ A LA NORMALIDAD, AHORA!!
Ya regresó a la normalidad. -le respondió; ignorando a ambos, se volvió hacia la señora- ¿Podría ser tan amable de prepararnos tres tazas infusión de agua destilada a 60 °C y un plato de galletas sin sabor por favor?
— ¿¿Qué?? -se preguntaron ambos- ¿¿Agua destilada, galletas?? ¿¿ES EN SERIO?? ¡¡MI MAMÁ NO ES TU SIRVIENTA!!
— Lo haré de inmediato, señor. -contestó de manera automática la mujer, y se fue hacia la cocina-
Mientras se prepara nuestro pequeño entremés vespertino, ¿Le parece si nos acomodamos en la mesa?
— Grr… Como quieras.

Una vez acomodados en la mesa del comedor, TK le dedicó unos minutos a analizar visualmente a su “invitado”, a pesar de la rabia contenida por lo que le había hecho a su madre. A primera vista, lo único que lo diferenciaba del Shenglongmon “bueno” era su color negro y su expresión seria -realmente neutra-, en lugar de una más expresiva y hasta explosiva típica del Dragón Esmeralda.

Pero había algo más, algo que no podía explicar: una especie de enigmática aura que envolvía a su persona; en Shenglongmon había notado algo semejante, pero era igual a lo que sentiría con un excéntrico. Con Aku era más bien algo… siniestro, malévolo… pero extraño a la vez. ¿Habrá sentido Kari lo mismo cuando enfrentó a Myotismon cara a cara? Su intuición le decía que no. Recordaba aquel dicho que le decían a los niños de no confiar en los extraños. ¿Era la sensación correcta al tener al frente a AkuShenglongmon a pesar de su aparente buen comportamiento?

¿Le importa si fumo?
— ¿Huh? -TK tardó unos segundos en espabilarse de sus pensamientos- Yo que sé: haz lo que quieras.
Pero es su casa.
— ¡No es mi casa, así que si quieres fumar, hazlo! ¡A ti te dará igual!
Tomaré su respuesta como un sí, si no le molesta.

A esta altura, tanto Patamon como TK estaban echando humo por las orejas por la condescendencia de AkuShenglongmon: por más amable que sonara, los Elegidos de la Esperanza no podían evitar sentir que jugaba con ellos. TK sólo permanecer callado, guardándose para sí sus deseos de ahorcarlo mientras lo miraba desde el otro lado de la mesa, fumando su cigarrillo, exhalando con elegancia extrañas burbujas de humo que se desvirtuaban en el aire y dejando caer impecablemente las cenizas en aquel extraño cenicero que había hecho aparecer y del que no podía despegar la vista. ¿Por qué se fijaba tanto en aquel cenicero?

— ¿Es que no piensas decir nada?
Es costumbre que el anfitrión inicie la conversación, estimado Patamon. -dejó la colilla en el borde del cenicero- ¿Con qué quiere empezar, joven Takeru?
— Agh… -suspiró el niño- De acuerdo; con tal de que acabar esto pronto. Seré directo: regresa todo a la normalidad.
Pero esta todo normal.
— Sabes a qué me refiero: a como las cosas eran antes, AkuShenglongmon.
Déjeme ver si lo entiendo bien. ¿Usted quiere que regrese el mundo a su estado previo con guerras, enfermedad, hambre, pobreza, angustias, sufrimiento, dolor y caos?
— … Si lo dices así, haces ver a nuestro mundo como una abominación.
Es que lo es.
— ¡¡Eso no es cierto!! -Patamon intervino en la discusión- ¡Nuestro mundo estaba bien!!
Suenan bastante convencidos de ello. Pues déjenme decirles que gracias a mi intervención ya nadie en este planeta ni en ningún otro de este universo u otros sufre de hambre, enfermedad o falta de vivienda; las guerras ya no existen así como ningún tipo de conflicto surgido por razones nimias como la política, religión o ideología. Por lo que les pregunto. ¿Qué fundamento racional tienen para decir que el viejo mundo estaba bien? Explíquenmelo por favor.

Antes de que TK o Patamon pudiesen responder, la señora Takaishi había regresado con una bandeja cargada con tres tazas cargadas con agua y un plato de galletas de aspecto semejante a la comida que Davis había probado antes; las dejó sobre la mesa y se volvió hacia un lado de comedor como si de una camarera se tratara. Eso a TK no le gustó para nada.

AkuShenglongmon tomó una taza y bebió de ella con su característica etiqueta e invitó a TK y Patamon a acompañarlo: estos se negaron.

Veo que el silencio ha respondido por ustedes. ¿Quieren que continúe? O mejor establezcamos un sistema: ustedes me hacen las preguntas y yo respondo de acuerdo a su categoría: las respuestas completas son Uno, las que están a medias son Dos y las que no podré contestar por ser estrictamente confidenciales son Tres. ¿Estamos de acuerdo?
— ¡¿Si ibas a establecer reglas por qué dejaste que TK empezara?!
Porque es su casa, Patamon.
— Basta, Patamon. -le dijo TK en un intento de calmarlo- Empecemos con lo obvio, para poner una prueba. ¿Cómo te destruimos? -Aku levantó tres dedos de su mano derecha hacia arriba de manera indiferente- Sabía que no lo responderías. -TK pensó en qué preguntarle; entonces se fijó en el celular que Aku llevaba consigo- ¿Ese celular que tienes es la fuente de tu poder?
No, joven Takeru. -respondió cordialmente mostrando un dedo de su mano derecha- Este aparato es totalmente prescindible para emplear mis poderes; ni siquiera podría decirse que es un canalizador de mi magia o una especie de varita mágica del modo que lo usan los Pixies. Pero lo uso de todos modos: tiene más clase que chasquear los dedos, estirar las orejas o el mal hábito de apuntar. Es un gusto personal.
— Ya veo. -TK pensó en la siguiente pregunta- ¿Qué es lo que buscas lograr exactamente?
Excelente pregunta. -contestó, levantando un dedo- Verá, joven: lo que yo busco es implantar el orden en toda la Creación. El viejo mundo del que ustedes provienen estaba impregnado de él en todos los aspectos, y se me hacía intolerable que continuara así.
— Eso suena… bien, si no fuera porque la gente no parece disfrutarlo.
El goce de la gente a mis resultados es irrelevante, tomando en cuenta la principal fuente de caos en la Creación.
— ¿Y se puede saber cuál es esa “principal causa”?
Las emociones.

Esa respuesta, dada así en seco, incomodó a ambos elegidos. Aun sin alzar la voz, ni mostrar exaltación alguna, algo en la forma en que lo dijo hacía sonar a AkuShenglongmon amenazante.

Debe de saber que existen tres planos principales de la evolución cósmica, joven Takeru.
— ¿Te refieres a esos Planos Superiores que mencionó Shenglongmon?
No exactamente; esos son otros. -contestó con un dedo de su mano derecha al aire- Los planos a los que me refiero son el Inorgánico, consistente en las recíprocas acciones físico-químicas que rigen la evolución de los elementos y cuerpos celestes; el Biológico, que abarca todas las formas de vida, que por acción conjunta de la selección natural y las fuerzas físico-químicas, se iría a formas más complejas. Y el tercer plano, el de la Conciencia, encarnada en todas las especies inteligentes del Multiverso, tanto las mortales como las inmortales, cuyo deber sería la de gobernar racionalmente la marcha de los planos inferiores. -Aku dejó su taza de agua sobre el platito de té tras darle un pequeño sorbo- Sin embargo, en lugar de cumplir con su función de manera sabia y racional, lo ha hecho de manera caótica , inconsciente e irresponsable.
— ¿Y qué tienen que ver las emociones con eso? -preguntó Patamon-
Todo el caos causado por los seres inteligentes del Multiverso tiene sus raíces en un raciocinio contaminado por las emociones impulsivas, y estas a su vez en el libre albedrío y en el sentido de individualidad. Tome por ejemplo la Tierra, joven Takeru: una representación en miniatura de la maquinaria del universo. Sólo debe pensar en cuantos conflictos se han llevado a cabo por ideologías, creencias o ambiciones materiales; créame que eso ocurre en todas partes.
— Shenglongmon le dijo una vez a nuestra amiga Kari que no podía conceder la Paz Mundial, porque demostraría que no somos capaces de crear una civilización.
Y tiene razón. -contestó AkuShenglongmon de manera tranquila pero de algún modo también tajante- No pueden, porque la intervención de sus sentimientos al juzgar las diversas situaciones y problemas a los que han de enfrentarse, por temor a ofender a un determinado grupo o bien por el riesgo a perder algo de su “identidad” los detiene. Las utopías siempre tienen un precio.
— ¿Y de verdad crees que lo solucionarás eliminando las emociones?
No lo creo; lo sé, joven, y usted mismo lo puede comprobar. No he escatimado en gastos para suprimir cualquier elemento capaz de estimular aquella superfluosidad tan problemática: colores, música, sabores, aromas, arte, cultura, religión, literatura, filosofía, juegos, deporte, el avance de la ciencia e incluso el concepto de familia.
— ¡Nos estás quitando nuestra identidad! ¡Nos quitas lo que somos! ¿Y cómo es eso de eliminar la familia?
Ah, disculpe: no lo ha visto las instalaciones del Criadero local donde fabricamos a los futuros habitantes de este mundo: es verdad que aún existen “padres”, pero para la próxima generación ya no serán necesarios. Si entre mis objetivos está la eliminación de todos los factores del caos, es necesario suprimir incluso los más íntimos contactos emocionales, incluyendo el concepto mismo de maternidad. Claro que no todas las especies tienen el mismo concepto que el de los humanos, e incluso utilizan procedimientos más… tecnológicos, pero de una u otra forma siempre se introduce aquel factor desestabilizador llamado “familia”. Podría traer el orden a todos los mundos sin tener que extraer los elementos desestabilizadores y las emociones de todo ser viviente, pero entonces me vería en un problema: aquellas personas opondría resistencia, lucharían vanamente por aquellos valores tan arraigados a su persona, sin dudar en dar su vida por ello. Habría demasiadas víctimas, y si bien, no tendría problema alguno en erradicar los focos de resistencia, en lugar de caer en la vorágine de luchar contra la oposición como hacen todos los vulgares dictadores, opté por lo sano y razonable: en evitar que lucharan al quitarles las razones para luchar, su motivación, su espíritu; porque verá mi joven Takeru: las emociones son como el combustible del alma: sin ellas, esta deja de brillar como una fulgurante estrella y queda como una enana negra gélida e inerte. -bebió otro sorbo de agua- Cuando las personas dejan de soñar, de tener ilusiones por las que creen merece la pena vivir, cuando los ideales son aniquilados, entonces se convierten en personas fáciles de gobernar. Sólo así he logrado la paz.
— Eres un monstruo… -se limitó a decir TK; no podía gritar: ahora comenzaba a entender por qué Shenglongmon decía que su otro yo era malvado. Costaba ocultar que comenzaba a temerlo de verdad- Un monstruo sin corazón: nos privas de nuestra alma; incluso le arrebatas a las personas la capacidad de tener hijos propios. ¡Eso es horrible!
¿Preferiría que extermine a todas las especies sintientes del Multiverso? Puedo hacerlo, si así lo desea, pero no sería lo mismo. -bebió un sorbo de su agua- El Cosmos perdería su “encanto”.
— ¡Vimos lo que le hiciste al Digimundo, y a los digimon! -Patamon rompió en llantos y gritos contra el Dragón Azabache- ¿Cómo fuiste capaz de destruir tu hogar, de vendernos como si fuésemos ganado a unos monstruos? ¡A tu propia especie!
Deben de entender, jóvenes, que la existencia misma de los digimon es, aunque les cueste aceptarlo, un terrible error.
— ¡¡¿¿QUÉ ESTÁS DICIENDO??!!
Permítanme ponerlo en perspectiva, por favor. -Aku se puso de pie y a dar vueltas alrededor de la mesa; TK no lo perdía de vista- 1) La supercomputadora Yggdrasil fue construida por Nibirumon, un ente de origen virtual creado hace millones de años por una civilización de tipo III que a los largo de su historia, cometió numerosos errores… aunque debo de reconocer que el sabio Nibirumon ha hecho un trabajo admirable como Centinela de la Vía Láctea. 2) Los digimon fueron creación de un individuo Sintético -al oír esto, TK y Patamon se preguntaron si el creador de los digimon era humano o no; al parecer, era lo segundo- vastos conocimientos en cibernética, robótica y en inteligencia artificial, pero que destacaba por sobre todo como “artista”, es decir, fuertemente influenciado por su sensibilidad y estímulos sensoriales, algo que lo limitó ampliamente, y a su creación: otorgándole las mismas limitaciones emocionales y el defecto de libre albedrío a sus criaturas, sin prever las posibles consecuencias. 3) El Digimundo fue creado tal y como lo conocen gracias a la contribución intelectual de la joven Zoe Graystone, o más bien por el avatar virtual de una adolescente humana de dieciséis años de mente brillante, pero de carácter irascivo, vulgar, desagradable e irracional, que no tuvo mejor idea que la de hacer que el Digimundo se comportase de la misma forma que el Mundo Real a través de unos algoritmos que imitaran el comportamiento natural, ya de por sí bastante imperfecto. 4) La data de la que están conformados los digimon se origina tanto de la que tiene por origen un mundo de por sí imperfecto, así como del fruto de una civilización inestable y de las fluctuaciones emocionales de sus individuos. En resumen: los digimon y todo lo relacionado con ellos, son elementos imperfectos, incapaces de acoplarse a mi Nuevo Orden, al menos tal y como se presentan con sus defectos. Por lo tanto, o bien se los emplea para otro propósito, o bien se los purga, cosa que de la que me he encargado.
— ¡¡Eres un maldito genocida!! -TK se levantó de la mesa iracundo- ¡¡Eliminaste a tu propia especie!! ¡¿Es que no tienes el más mínimo indicio de moral?! ¡¿Quién te crees que eres?!
La moral es superflua, joven Takaishi: lo importante son los hechos, y esos ya se los he presentado. Sobre quien soy, pues soy la culminación de la evolución de un Multiverso en decadencia que busca autorredimirse y corregir los errores implantados por su creador. Si la Creación es imperfecta, la conclusión es sumamente sencilla: su Creador es imperfecto.

Ahí el niño había llegado a su límite: de por sí el autoproclamarse una retorcida visión de “Mesías” ya era demasiado. Pero decir que Dios era imperfecto era algo intolerable para él; no era tan profundamente religioso, pero esa afirmación de AkuShenglongmon era un insulto para cualquiera.

Llevado por la ira, TK arrojó la taza que tenía enfrente a un costado; sólo para descubrir horrorizado que dicha taza cayó de pie, como si el suelo estuviese imantado; en realidad, Patamon pudo ver cómo la taza se volteaba con todo y contenido, para rápidamente acomodarse y caer al suelo sin romperse o verter su contenido. AkuShenglongmon regresó la taza a la mesa y volvió a sentarse con toda normalidad.

Su violenta reacción es comprensible, mi niño. -Aku sonaba compasivo, aunque fuera de manera hueca- Pero debe comprender que mi razonamiento es el correcto.
— Me cuesta creer que alguien como tú crea en Dios. -habló Patamon- Por la forma de actuar, pensé que serías, no sé… ateo.
Creer en la existencia de un Ser Supremo creador de todo lo existente es perfectamente razonable dada la complejidad misma de la naturaleza del Multiverso y la imposibilidad racional que tanto todas las leyes físicas y matemáticas que lo dominan sean meramente fruto del azar. Negar la intervención o existencia de una Inteligencia en el origen mismo de la Creación, ergo, caer en el ateísmo, no es más que un infantilismo propio de mortales que consideran el concepto mismo únicamente bajo la perspectiva religiosa, y no bajo la observación científica de la que tanto se enorgullecen. Agnóstico sería el término más apropiado para definir mi “sistema de creencias”, si así lo prefieren. Creo en “ÉL”, porque sé que existe: es su papel lo que cuestiono.
— ¿Cómo puedes decir que Dios es imperfecto?
Simple deducción lógica, joven: si usted compra un televisor nuevo y tras llevarlo a su casa, este no funciona apropiadamente, cosa que no ocurrirá con el de su casa actual, ¿A quién culpará? Hay muchos culpables potenciales desde luego: algún técnico descuidado, un robot ensamblador con fallas en su programación, el director de la empresa, etc. Pero no dudará en que el responsable es el fabricante: el caso aquí es el mismo.
— ¡No es lo mismo!
— Luego hay que escudriñar detenidamente en el papel que tiene: crea todo lo que existe, dictamina reglas para el funcionamiento del Cosmos, permite el surgimiento de vida inteligente, y luego los deja en el libre albedrío, lo que abre las puertas a que ocurran todo tipo de desgracias, a pesar de haber establecido normas morales que sabe perfectamente que no siempre se cumplirán. Eso es un inequívoco signo de irresponsabilidad; yo por mi parte, debo añadir que no es de mi agrado tener las cosas y los eventos fuera de mi control: estoy al tanto de ellas en todo momento para evitar situaciones desagradables.
— ¡Estás loco! -le contestó el Elegido de la Esperanza, que inesperadamente se encontró en el polémico papel de “abogado de Dios” ante el Digimon Azabache- ¿No has pensado que el libre albedrío se nos dio precisamente para poder evolucionar más allá de nuestros límites físicos? ¡Desarrollar nuestras mentes, nuestra personalidad, nuestro potencial! ¡Maldita sea: Tú mismo le debes tu existencia al libre albedrío que tú mismo criticas!
¿Y eso desde su perspectiva, joven, que me ve como un ser maligno, no valida mi argumento?
— …
Piense en lo siguiente. ¿Cuál fue el origen del mal según sus creencias? ¿Quién creó al Diablo en primer lugar? No fue la Nada, eso se lo aseguro. -tomó la taza y sorbió otro poco de agua- No me malentiendan por favor: incluso a pesar de su imperfecciones, he de reconocer los logros del Creador de la Creación: sólo busco hacerla más eficiente. Lo malo de los mortales -y de muchos inmortales me temo, debo admitir- es que su perspectiva del Bien y Mal está cegada por su efímera existencia y su sentimentalismo: buscan lo absoluto en conceptos relativos acorde a su conveniencia. Lo que ustedes llaman “Dios”, es el Principio de la Creación, y la Nada el de la Destrucción: dos principios, fuerzas, entes supremos, usted defínalo acorde a su nivel de interpretación, que determinan el destino del Cosmos en todo momento: mientras “Dios” crea el tiempo y el espacio, la materia, energía e información, la Nada destruye: y al final, la Nada acabará triunfando.
— ¿Pero de qué demonios estás hablando? -gritó Patamon, que no entendía a lo que se refería el dragón-
Se los responderé con una sencilla pregunta: ¿De verdad creen que este es el primer Multiverso en existir? -TK y Patamon se quedaron con la idea en la cabeza. ¿Será verdad? ¿Cuántas veces habrá ocurrido la Creación? ¿Habrán existido otras Tierras antes? ¿Se habrá repetido la misma historia actual en previos Multiversos? - No se los puedo asegurar la verdad, aunque lo considero verdaderamente irrelevante: lo único certero es que antes de mi intervención, cada universo existente se hallaba en proceso de expansión indefinida, lo que conllevaría a su posterior extinción dentro de miles de billones de años. Ahora eso ha cambiado, y gracias a su servidor, la naturaleza del Cosmos es completamente estacionaria, ordenada y pacífica.
— Para ser un ser que usa magia, que son poderes caóticos, estás obsesionado con el orden. No tiene sentido.
La magia es meramente una herramienta, joven Patamon: un recurso, una moneda de intercambio que sirve para mis propósitos. Es un poder: soy consciente de sus orígenes caóticos, y ya me haré cargo de ello a su debido tiempo. Sheng Li es el que tiene una visión idealizada e infantil acerca de la magia.
— Estás enfermo. -masculló TK-
Por el contrario: yo me encuentro muy bien de salud. Son ustedes los que se hallan en estado de infección.

Oír esa afirmación no extrañó para nada ni a TK ni a Patamon: todo lo que habían oído hasta ahora daba a entender que a AkuShenglongmon sólo consideraba un punto de vista: el suyo, y que todos los demás estaban errados. Era normal esperar eso de alguien que autoproclamaba un pseudomesías. Lo único que esperaban era que esa conversación acabara ya.

Y sin embargo, había algo más: el niño no podía evitar sentir algo más en el tono neutro y caballeresco del Dragón Azabache, algo apenas perceptible, pero que estaba allí.

— Eres un digimon del tipo virus. -dijo el digimon anaranjado, rompiendo el silencio- Es raro que digas eso de culparnos a nosotros de infección.
— Te acuerdas que tenemos amigos digimon que son del tipo virus, ¿Cierto?
— Claro que sí, TK, pero sabes a qué me refiero. No estoy buscando ofender a nuestros amigos sino a este sujeto insoportable.
Dada nuestra conversación de los últimos minutos, creo que su punto es sumamente subjetivo, joven Patamon.
— Daemon leyó tu perfil en ese libro de nombre impronunciable. -añadió el niño- Y te define como un Tipo “Súper” Virus.
Está en lo cierto, joven Takeru. Sin embargo esa interpretación era válida únicamente en su mundo y desde su perspectiva: ahora las cosas son distintas.
— Sigue siendo nuestro mundo.
Lamento decirles que están equivocados, estimados niños: su mundo es una obsolescencia del pasado del cual ya no queda rastro. Este es mi mundo ahora, -aquí Aku pareció casi asertivo tras darle un último sorbo a su taza con agua y colocarla en la mesa; no subió el tono de voz, pero TK lo sintió: impartía una orden- y ustedes y sus amigos, meros residuos infecciosos de un mundo desfasado, son mis humildes invitados.
— ¡Pues eres un pésimo anfitrión! ¡Y estas galletas no saben a nada!
— No somos más que juguetes para ti, ¿Verdad? -preguntó TK, frunciendo el ceño- Ni siquiera somos personas a tus ojos, sino como… no sé, esos muñequitos de las maquetas. Todo el universo; todos los universos que conquistas, no son más que una especie de colección, adorno, maquinaria perfecta o lo que sea. ¡Dímelo!
Eso no significa que no pueda establecer alianzas a mi conveniencia con otros seres, o que nosotros podamos entablar una amena conversación. ¿Verdad, joven?
— Grrr…. Sólo lárgate.
Por favor; no seamos groseros. -le respondió al momento de levantarse de su asiento- Permítame al menos mostrarle algo. ¿Podría venir por favor, señora Takaishi?

La aludida apareció en la sala segundos después y se puso a un lado junto a la puerta de la cocina. TK no tenía idea de lo que AkuShenglongmon quería mostrarle, pero intuía que nos ería nada bueno; Patamon pensaba lo mismo, sabiendo que si algo pasaba, nada podría hacer. Odiaba sentirse así de inútil.

Tras teclear su celular, AkuShenglongmon hizo aparecer varias pantallas holográficas sin mostrar nada en especial: sólo una daba la impresión de una especie de lista de la cual Aku parecía estar buscando algo. Seleccionó cinco objetos de la lista y de inmediato las demás pantallas mostraron imágenes dispares: Sólo dos eran de paisajes urbanos como los que ya habían visto, en la que uno era una vista lejana de una ciudad, y en otra podía ver a la perfección a las personas caminar; otra era una imagen satelital de la Tierra, con los continentes apenas distinguibles, teniendo la apariencia de ser pixelados en grandes cuadrados y rectángulos y sin ninguna nube; otra mostraba la imagen de una estrella en primer plano; otra de una galaxia entera y la última era un mar de puntos luminosos que le recordaron a una fotografía del Hubble.

Un universo. Y todo en blanco y negro.

Aku hizo aparecer un micrófono muy pasado a la antigua y le dio unos ligeros golpecitos.

Buenas tardes, estimados ciudadanos. -Patamon y TK notaron que las personas parecían oírlo- Les habla su anfitrión AkuShenglongmon. Quiero solicitar su cooperación para llevar a cabo una sencilla demostración al joven Takeru Takaishi. Muchas gracias.
— ¿Qué piensas hacer? -preguntó el niño, repentinamente nervioso- ¡Explícate!
Por favor, joven. -contestó mientras tecleaba su celular- Relájese y póngase cómodo.

Ambos se limitaron únicamente a permanecer expectantes ante lo que podría pasar: sus ojos estaban fijos en la pantalla donde se veía el movimiento de la ciudad. Curiosamente, nadie allí se movía, quedándose todos quietos con las miradas vacías. ¿Qué estaban esperando?

¿Conocen sobre la estructura básica de la materia y el universo, jóvenes?

Aku tecleó nuevamente su celular y escribió una frase que Patamon desde el aire pudo leer, que estaba inglés y decía: “Great Whisper”. Luego le dio aceptar, y se escuchó el curioso tono de tecleado rápido.

Toda sustancia conocida en cada universo está conformada por moléculas, que a su vez está formada por átomos, que a su vez está conformado por electrones, protones y neutrones, y estos a su vez, de otras partículas más pequeñas: quarks, fotones, gluones, bosones, etc. Toda esa complejidad mantenida en equilibrio gracias a las fuerzas elementales del electromagnetismo y la interacción nuclear fuerte: gracias a ello, la materia tal y como se la conoce, incluyendo la viva, existe. Ahora háganse esta pregunta…
— No. -TK vio a lo que iba; un profundo escalofrío recorrió su cuerpo- no vas a…
— ¡No puedes! -gritó Patamon, que también capto a dónde iba el dragón- ¡Estás loco!
¿Y si anuláramos esas fuerzas?

Las vistas de los Elegidos de la Esperanza pasaron automáticamente hacia las pantallas que tenían delante: las vistas del universo a distancia y la galaxia se opacaban gradualmente, perdiendo su brillo; lo mismo pasaba con la estrella, que se volvía cada vez más tenue. En la vista de la “Tierra” las cosas se hacían más claras, al notar como se volvía “transparente”.

Pero era en aquellas vistas de la superficie donde quedaron horrorizados al ver como primeramente el cielo se “desvanecía” y luego los edificios, los autos, los árboles y las personas mismas se desintegraban en columnas de polvo que lentamente se desvanecía.

¿Sabían que la magia es la única fuerza capaz de romper por completo con las leyes más fundamentales de la física? Por supuesto que sí: -respondió con indiferencia- Sheng Li se los habrá dicho. Ni siquiera los agujeros negros pueden hacerlo: sólo a través de la magia todo tipo de partícula, onda, energía e información puede ser borrada por completo… y sólo a través de la magia se los puede recuperar. Algo que han tratado de reglamentar esos seres superiores que buscan poner “su orden” en estos asuntos mágicos, pero como sabrá, no me dejo llevar por esas ortodoxias fundamentadas en superfluosidades. Pueden verlo, ¿Verdad?
— ¡Detente! -le gritaron-
Estrellas, planetas, plantas, animales, edificios, personas: todo se reduce a moléculas; estas a su vez en átomos, y estos en quarks, electrones, gluones, fotones, bosones, muones. Y estos después quedan conformados únicamente sus componentes más básicos: energía e información, que luego quedan reducidos en… nada. -desvió su mirada hacia los espantados niños, mirándolos fijamente con su mirada de piedra- Algo parecido a lo que les está sucediendo en este momento.

Apenas oyó acabada esa frase, tanto TK como Patamon sintieron un extraño cosquilleó en sus cuerpos, sólo para descubrir horrorizados que sus cuerpos comenzaban a desintegrarse de la misma forma que mostraba en las pantallas, que poco a poco se volvían totalmente negras. Desde el extremo de sus pies, la desintegración avanzaba lenta pero inexorable hasta el completo borrado de su existencia.

Ante este escenario, lo único que ambos podían hacer, por instinto natural, era gritar por sus vidas en busca de misericordia. Aku hacía aparentemente oídos sordos o directamente restaba importancia de sus súplicas, pero lo que heló la sangre -o lo quedaba de ella- a TK fue ver a su madre con esa expresión vacía, inerte y más que distante, inalcanzable.

Entonces comprendió la terrible realidad: por más que le gritara, por más que le suplicara ayuda, ella no reaccionaría jamás. Al mirarla a los ojos no veía el amor, comprensión y preocupación de una madre por su hijo; no veía a ese instinto maternal lleno de determinación por rescatar a su descendencia. No había nada, más que un cuerpo carente de sentimientos: un alma vacía.

Notarán que no sienten dolor alguno, y pues… continúan con vida. -añadió AkuShenglongmon restándole importancia- Normalmente el proceso los mataría instantáneamente o como mínimo provocaría profundos gritos de agonía, pero para su comodidad, y la mía por supuesto, he bloqueado sus nervios de manera a que no sientan dolor: sólo un ligero cosquilleo. ¿Pueden sentirlo? -les pregunto en un tono macabramente caballeroso- Como cada célula de su cuerpo se descompone en macromoléculas orgánicas, que a su vez se descomponen en moléculas básicas, y estas a su vez en átomos y estos en partículas más elementales hasta finalmente desaparecer. Cómo cada parte de su magnífica pero imperfecta manifestación de la Creación es llevada a la Nada. -saca su celular y comienza a teclear- O así sería, si esa fuera mi real intención.

AkuShenglongmon le dio “Cancelar” a un comando de su celular, lo que abortó el proceso de borrado de TK y Patamon, y los hizo caer al suelo, exhaustos y asustados. El Dragón Azabache se acercó a ellos con pasos firmes y calmados hasta tenerlos a pocos centímetros. El Elegido de la Esperanza sintió sus pasos, y su presencia a muy poca distancia, pero apenas era capaz de levantar la mirada y darle la cara: El miedo se había apoderado tanto de él como de su compañero digimon.

Han sido testigos de la aniquilación completa de cinco universos: de todo espacio-tiempo, materia, energía y vida que contenían, y han visto la identidad de la Verdadera Oscuridad: no es la acumulación de emociones negativas, sino la ausencia total de luz, tiempo, materia, vida, espíritu e inteligencia. Algunos lo llaman el verdadero Infierno.
— …
Espero que hayan disfrutado de la demostración gratuita y les hayan quedado claras todas sus dudas, estimados jóvenes. -AkuShenglongmon se puso de rodillas mirando de frente a TK como si tratara de ayudarlo a levantarse. La mirada que le dirigió, dejó aún más helado a ambos Elegidos- Puedo matarlos a ustedes y a sus amigos en cualquier momento, en cualquier lugar, borrando cada rastro de su existencia salvo sus almas: no tienen lugar y época a la cual huir, y nadie los ayudará, ni nadie los extrañará; ni siquiera “Dios”. Si están aún aquí en mi mundo, es meramente por mi voluntad.

Tras darles aquellas palabras de manera tan neutra y condescendiente, le dio unas suaves palmaditas a ambos en la cabeza y luego se puso de pie, en dirección a la puerta. TK se levantó de manera automática, y Patamon comenzó a volar, pero ambos lucían totalmente destrozados. La señora Takaishi lucía igual, expectante y con la mirada vacía hacia los presentes.

Un placer haber tenido esta conversación con usted, joven Takeru: nos hemos conocido mucho. Si desea retomar esta conversación, es más que bienvenido a visitarme en mi oficina privada en el penthouse de mi Sede Corporativa: puede coordinar una cita en Recepción y mi secretaria buscará un lugar en mi agenda. Me disculpo por no dejarle una tarjeta para darle la ubicación de mi MegaTorre, pero calculo que pronto la averiguarán. Un placer, mi querida señora.
— Gracias por su ilustre visita, señor AkuShenglongmon.
Un gusto verlos, joven Takeru, joven Patamon.

Sin decir más, atravesó el umbral de la puerta del departamento y la cerró. TK y Patamon se quedaron estáticos unos segundos, y tras dirigirse mutuamente las miradas, acabaron llorando en silencio abrazados uno al otro buscando consuelo ante su creciente sensación de impotencia y desesperanza. Cogiendo algo de valor, y con Patamon aún en brazos, TK corrió hacia la puerta, como en un vano intento por detener al Dragón Azabache y gritando su nombre con toda frustración en el umbral de la puerta.

Pero AkuShenglongmon no estaba allí, sino Devidramon en su tamaño más pequeño. TK apenas tuvo tiempo para verlo, pues corrió hacia él y se puso a llorar desconsoladamente sin decir nada por un par de minutos. Por lo que TK recordó ver en la mirada de Devidramon, él había vivido lo mismo que él hace unos minutos.

— La viste, ¿Verdad? -preguntó la gárgola en un tono muy apesadumbrado, casi lúgubre- Estaba como los demás.
— Ya no le importo, Devidramon -decía el niño entre sollozos- Ya no… soy nada para ella.
— Lo sé… Pero no debe de ser así.
— Es… extraño que no… me digas que llore… como niña.
— Si lo que acabas de ver es lo mismo que D’arcmon, Gargoylemon y yo vimos y vivimos, estás en tu derecho de llorar todo lo quieras, amigo.
— Él tiene razón, TK: que no te de pena llorar.

Y así lo hizo, pero en silencio. Devidramon se llevó a un sumamente afligido TK y a Patamon de vuelta al punto de encuentro. Antes de despegar, y mientras TK permanecía en silencio, Patamon, que estaba sobre su hombro, vio hacia el edificio de departamentos, concretamente en una de las ventanas, y quedó nuevamente helado: desde la ventana de uno de los departamentos, AkuShenglongmon lo miraba fijamente, saludándolo “amistosamente” con la mano izquierda, mientras bebía de su taza de agua destilada con la derecha.

Entonces, mientras volaban, en la cabeza del digimon naranja resonaban las palabras de esa contundente frase:

“Puedo matarlos a ustedes y a sus amigos en cualquier momento, en cualquier lugar, borrando cada rastro de su existencia salvo sus almas: no tienen lugar y época a la cual huir, y nadie los ayudará, ni nadie los extrañará; ni siquiera “Dios”. Si están aún aquí en mi mundo, es meramente por mi voluntad.”


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AkuShenglongmon rebuscaba afanosamente en el infinito de la Nada desde la comodidad de su oficina el paradero final de ZeedMilleniummon, una tarea bastante difícil, pero que a la larga acabaría cumpliendo. Acababa de completar unos sencillos formularios tras regresar de su pequeña conversación con TK Takaishi y se había vuelto a ocupar.

Inesperadamente, la puerta de su oficina estalló en llamas y un calor abrasador inundó la oficina, sin que ello la afectara, ni mucho menos al Dragón Azabache, que sólo fue interrumpido por la iracunda llegada de Sargeras, el Comandante Supremo y Maestro de la Legión Ardiente, cuya mirada cargaba toda su furia ante el digimon. Daemon llegó corriendo, visiblemente alterado.

— ¡¡¡TÚ… TÚ, ASQUEROSA LAGARTIJA MENTIROSA!!!
Señor Sargeras: le agradecería humildemente que toque la puerta antes de entrar.
— ¡Se lo dije! -dijo Daemon- ¡Pero no quiso escuchar razones!
— ¡¡YA PILLÉ EL ENGAÑO DE TU ASQUEROSO CONTRATO, DIGIMON DE PACOTILLA!!
¿Cuál engaño? -preguntó con suma calma- No hay ningún engaño.
— ¡¡LA ÚNICA RAZÓN POR LA QUE ACEPTÉ HACER NEGOCIOS CONTIGO ERA PORQUE ME GARANTIZASTE ACABAR CON EL EJÉRCITO DE LA LUZ DE UNA VEZ POR TODAS!!
Y así es: no he roto mi palabra. Usted ha tomado una decisión razonable.
— ¡¡DÉJATE DE FORMALISMOS ESTÚPIDOS, MALDITO TAMAGOCHI!! ¡¡AQUÍ DICE…!! -tirando el contrato sobre la mesa- ¡¡QUE A CAMBIO DE UNA PARTE DE LA POBLACIÓN DIGIMON Y EL CHROME DIGIZOID, ME UNIRÍA A TUS FUERZAS PARA CONQUISTAR TODO EL VACÍO ABISAL Y LA GALAXIA MÍSTICA!!
Correcto.
— ¡¡PERO EN NINGÚN MOMENTO ACEPTÉ QUE TE CEDERÍA A TI EL LIDERAZGO DE LA LEGIÓN ARDIENTE!!
De hecho, lo hizo -lo corrigió AkuShenglongmon, mostrándole su firma en el contrato- ¿Lo ve? Firmado con tinta vil: “Sargeras el Destructor”. Lamento decirle que no me responsabilizo de que no haya leído debidamente el contrato. En compensación le regalaré un bolígrafo. ¿Quiere uno? Todos escriben muy bien.
— ¡¡LO OCULTASTE EN LETRAS PEQUEÑAS, MALDITA LAGARTIJA EMBUSTERA!! ¡¡NO PIENSO CUMPLIR CON SEMEJANTE PATRAÑA!!
Oh… Recomiendo que lea atentamente la Cláusula de Compensación del Artículo 5 del Contrato. Adelante: léalo por favor.

El titán oscuro, extrañado, lo lee, quedando aún más estupefacto.

— ¿Es una broma? ¡¿De verdad harás eso si tú fallas en tu empresa?!
— ¿Qué dijo? -preguntó Daemon, confundido-
Como dije: soy hombre de palabra y pienso cumplir con el contrato. -sacó su celular y empezó a escribir un comando- Y eso implica que usted también.

Tras darle “Aceptar” a su celular, la Entropía Silenciosa de AkuShenglongmon comenzó a invadir el cuerpo del Titán Oscuro a manera de una nubecilla pixelada y grisácea que ascendía de sus pies a la cabeza de manera paulatina e indetenible. A medida que más de Sargeras era asimilado, sus colores desaparecían; sin embargo, el titán ponía resistencia.

— ¡¡DIGIMON INSOLENTE: NO VAS A SOMETERME A TU LOCURA DEL ORDEN!!
Siento discernir, señor. Pero un contrato es un contrato.
— ¡¡No… no es posible que un novato en el uso de la magia me domine!! -exclamó al ver y sentir como a pesar de su poder, el hechizo del digimon avanzaba- ¡¡ES IMPOSIBLE!! ¡¡NO ME PIENSO SOMETER A UN SER INFERIOR!!
Pero lo está dominando -se decía Daemon al ver cómo el Titán Oscuro, a pesar de la notable resistencia que daba, caía poco a poco bajo la Entropía Silenciosa- En verdad lo está dominando.
No es cuestión de poder, señor Sargeras: es cuestión de cumplir el contrato. Estos siempre se deben cumplir.
— ¡¡JURO…!! ¡¡JURO QUE TU PATÉTICO MUNDO SUFRIRÁ MI FURIA!!
Calculo que sí.

Sargeras finalmente fue totalmente asimilado tras minutos de lucha, volviéndose un ser completamente obediente y carente de emociones como todos los demás que existían actualmente en el Multiverso.

Sin cambiar la expresión neutra de su rostro, Aku le pidió a Sargeras que continúe su trabajo liderando a la Legión en el Vacío Abisal, algo que ciegamente obedeció y se retiró de la oficina, la cual el mismo Aku reconstruyó en un instante como si nada hubiera pasado. Daemon, bastante sorprendido por lo que acababa de ver, fue hacia él a aclarar sus dudas.

— ¿¿Cómo lo hizo?? Ese sujeto era considerado uno de los más poderosos.
Sólo hice cumplir mi contrato, joven Wigglestein. El señor Sargeras es poderoso, si, y opuso una férrea resistencia a la Entropía Silenciosa, algo que a cualquier mortal lo hubiera afectado de manera instantánea; incluso a algunos seres mágicos de bajo nivel. Pero él sigue dominado por sus emociones: ahora ya no lo está, y será un empleado más eficiente para la compañía. -rebuscó en su cajón y sacó un manojo de papeles que le pasó al Demon Lord- ¿Podría llevar este papeleo para que lo procesen en el Departamento de Trámites, por favor?
— ¿“Orden de demolición cósmica”?
Acabo de borrar cinco universos tras una amena conversación con el joven Takaishi y debo completar el papeleo. -contestó de manera indiferente- Me encantaría hacer yo mismo los trámites burocráticos, pero debo ocuparme de una operación sumamente delicada que requiere de toda mi atención.
— ¡¿Bo… borró cinco universos enteros?! Espere, espere… ¡¿Estuvo con el Elegido de la Esperanza?! -Aku asintió- ¿Y lo mató? -Aku negó esta vez con la cabeza- ¡¿Por qué?! ¡Era la oportunidad perfecta! ¡Tiene todo el poder para hacerlo!
Ellos no me son relevantes, joven Wigglestein.
— Tengo entendido que si consiguen el boleto, podrían quitarle todo su poder. ¡Todo lo que ha logrado se iría a la basura!
Por favor, cálmese; no se altere. -le contestó Aku tras hacer aparecer un cigarrillo su peculiar cenicero y empezar a fumar; comenzó a dar vueltas alrededor de su escritorio y de Daemon poniéndolo nervioso, en especial al ver ese cenicero flotante orbitando a su jefe- Esos niños no me molestan en absoluto; no tengo ninguna necesidad de matarlos, aunque soy capaz de hacerlo cuando lo desee: me he encargado de hacérselos saber de la manera más civilizada y clara posible. Si me he encargado de Alphamon convirtiéndolo en un cenicero como este, -señalando aquel que flotaba a su alrededor- y no era más que una minúscula molestia para mis operaciones, no veo razón para preocuparme.
— ¡Pero todos su planes, sus conquistas…!
Pierda cuidado, que su puesto no peligra, joven Wigglestein. Como se lo he dicho, ellos no representan una amenaza a mis planes… pues ni siquiera saben cuáles son mis planes.
— ¿Cómo dice?
Un buen consejo para usted, joven: si quiere hacer un buen negocio, conozca más a sus rivales y evite que ellos sepan más de usted. Mantenga en reserva sus planes siempre. -tras permanecer unos segundos en silencio, y dirigirle una mirada condescendiente a Daemon, caminó hacia la puerta- Por favor no se olvide de enviar esos papeles, señor Wigglestein.


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La reunión de los Niños Elegidos con sus padres había durado casi tres cuartos de hora: cuando Shenglongmon los dejó ir, estaban decaídos; ahora que habían vuelto, estaban peor. Estaba destrozados, algunos llorando, e incluso los digimon eran incapaces de ocultarlo.

Podía entender el porqué: había sido testigo de lo que AkuShenglongmon había hecho. Cuando los niños intercambiaron experiencias, mencionaron que de un momento para otro, la pulsera que les otorgaba emociones a sus seres queridos misteriosamente se salió de su sitio y estos perdieron el color, excepto en los ojos -semejante al caso de Dynasmon- y los niños y sus digimon comenzaron a “desintegrarse”, tal y como había ocurrido con TK y Patamon. Lo que más dejó aterrados a los niños fue ver esa mirada vacía de alma de sus familiares, y oírlos decir:

“Por favor, ríndanse. Es un consejo de su buen anfitrión, AkuShenglongmon.”

A los otros digimon que los acompañaban, como los Caballeros, Mummymon y Arukenimon, les había pasado lo mismo. Por obvias razones, a él no.

Ni siquiera la llegada del amigo de Shenglongmon los hizo que cambiaran de ánimos, o cuando menos distraerlos de su amargura. Si se hubieran molestado en verlo detenidamente, se hubiesen percatado de su fisonomía tan bizarra y caótica, pero a esas alturas, nada los extrañaba.

— No te recordaba así de pequeño, Shenglongmon. Me recuerdas a al amigo dragón de una amiga.
— Es lo que pasa cuando pierdes el 99,9999% de tus poderes. ¿Trajiste lo que te pedí?
— ¡Claro, claro! ¿Acaso no confías en mí? -hizo aparecer una especie de hielera entre ellos dos- Y hasta traje unos regalitos para… ¿Cómo era que se llamaban esas… cosas, personas?
— Humanos, Discord.
— Ah, sí, sí. “humanos”, entiendo… ¿Y la chica con alas, la del vestido rojo y el del abrigo azul también?
— No; esos son digimon como yo. Bueno, sin magia, pero como yo.
— Tu especie es muuuyyy rara. ¡Me gusta!
— Discord…
— Ya, ya… Hay que salvar el mundo, lo sé. Rayos: estando pequeño actúas como amargado.
— Lo sé… Y lo detesto. Espérame aquí: trataré de hablar con ellos.

Cuando volvió junto a los niños y los digimon, estos seguían igual, sin ganas de hablar. Creyó que debía de decir algo.

— Perdónenme. -hizo una pausa- Pero no creí que sería incapaz de protegerlos de ese hechizo que les lanzó: me tomó desprevenido.
— Dijiste que tu otro yo era malvado. -dijo TK con pesadumbre- ¡¡NO QUE ERA EL ANTICRISTO!!
— Sigh… Creí que con decirles que era malvado me creerían.
— Mi hermano… -sollozaba- Yo no le importaba.
— Kari…
— Nunca vi a Matt tan distante como hoy. -se lamentaba Gabumon- De verdad sentí que si me moría ante sus ojos le daría igual.
— ¿Cómo es posible que te hayas vuelto así? -preguntó Davis a Shenglongmon- Por lo que conocemos de ti, serás todo lo alocado que seas, pero nunca te imaginamos así de... perverso.
— Todas las cosas que dijo…
— Todas las cosas que dijo las han dicho muchos, TK: humanos incluidos. El problema es que Aku tiene la capacidad de volver realidad sus desquiciadas ideas.
— No respondiste la pregunta -insistió V-mon- ¿Qué demonios te pasó para volverte así?
— Digamos que… vi cosas que me hicieron tener una profunda vergüenza y decepción de ser un digimon. Entre otras.
— ¿Y ahora que vamos a hacer? No tenemos posibilidades contra él. -dijo Yolei, que tras un largo suspiro, continuó- Ninguna.
— Puede borrarnos con sólo apretar un botón. -dijo Hawkmon, igual de pesimista- Por más estúpido que suene es lo más aterrador que he visto.
— O matarnos de cualquier forma sin siquiera estar frente a nosotros. -añadió Magnamon- Él lo controla todo aquí. TODO.
— Menos a nosotros… -susurró TK, sin levantar los ánimos- Pero no importa: no valemos nada para él.
— ¿Tengo que asumir que ya se están rindiendo? -insinuó el Dracomon- Porque me suena a eso.
— ¿Y qué quieres que hagamos? AkuShenglongmon ya nos demostró que no podemos ganarle.
— No voy a decir nada, Cody: voy a evitar discusiones absurdas y aceptar que tiraron la toalla.

Fue entonces que el misterioso amigo de Shenglongmon hizo aparición tras una nube de humo de colores y con la mirada severa hacia los niños. Estos no le prestaron su debida atención.

— ¿Lograste algo?
— Sólo confirmar que ya se sienten derrotados, Discord. Y la verdad entiendo que estén abrumados.
— Mmm… -gimió de manera negativa- Si, se nota que eres demasiado comprensivo. ¿Les puedo decir algo?
— Como quieras, pero ten algo de tacto. Oh, por Dios, ¿Qué carajo estoy diciendo? Espera: ahora es el momento de tener tacto.
— A ver, a ver, a ver… -dando un rápido vistazo al grupo- Que adorable ver un grupo de malagradecidos tan numeroso. En serio, Shenglongmon, ¿No encontraste a nadie mejor?
— Menos mal dije que tuvieras tacto. -se dijo golpeándose las sienes-
— ¿Cómo que malagradecidos? -le preguntó Davis- ¿Qué demonios esperan de nosotros? ¿Qué seis niños humanos y dieciséis digimon salvemos a toda la existencia sin ayuda?
— ¡El sujeto que hay que derrotar es demasiado poderoso! -señaló V-mon- ¡Si lo que dijo TK es verdad, y dudo que mienta, ese loco destruyó cinco universos! ¿Cómo enfrentarnos a eso?
— Tienen una chance. -agregó el Draconequus- El boleto: que por más insignificante que les suene, la tienen. Cosas que nosotros, como seres mágicos que somos, no tenemos, y ni qué decir de tiempo, pues Aku se apoderó de la legión y está acelerando su conquista a un ritmo mucho mayor que antes. Y sería muy bueno de su parte aprovechar el hecho de que Shenglongmon los esté protegiendo de la Entropía Silenciosa todo este tiempo. ¿O creen que no ha hecho nada por ustedes?

Ahí fue cuando TK reaccionó, escapando brevemente de su depresión. Nunca se había puesto a pensar en si Shenglongmon aparte de serles de guía, estaba haciendo algo más. Ahora algunas cosas comenzaban a cobrar sentido.

— ¿Es por eso que lucías agotado cada rato? -le preguntó a Shenglongmon- ¿Por protegernos a nosotros? ¿Por qué no nos lo dijiste?
— Sigh… la Entropía Silenciosa es un hechizo muy poderoso: entre los más poderosos que existen. No sólo reforma la realidad a niveles tan meticulosos y extremos como el que vemos aquí, sino que es capaz de anular todo nivel de autoconsciencia, arrebatándole su capacidad de sentir, de pensar… tal y como lo notaron con las personas.
— Reprime el alma… -susurró Patamon-
— Hechizos de ese tipo están tremendamente prohibidos… al menos a nivel macrocósmico. Lo peor es que es un hechizo tremendamente infeccioso: yo soy inmune por la obvia razón que técnicamente soy yo, o más bien mí otro yo, el que lo lanzó.
— Para los seres sin magia -o muy poca- y mortales en general es de efecto instantáneo. -añadió Discord- Los seres con magia pueden poner resistencia, pero acaba agotándolos dependiendo de cuanto poder tengan: como yo también tengo poder suficiente para alterar la realidad, mi resistencia es alta. Pero mientras más tiempo permanezca aquí… -hizo que su cuerpo aparentara perder color para “ilustrar” su punto- a la larga acabaré peor que esos cuadrados pixies.
— ¿Entonces vas a ayudarnos a pelear? -preguntó Blackwargreymon, que no estaba del todo convencido de que el personaje que tenía enfrente sirviera para eso-
— ¿Yo? ¿Pelear? No he estado tanto tiempo en el gimnasio como tú, amigo mío. -apareció junto al digimon y volvió a su sitio tras nubes de humo- Pero descuiden: no vine con las manos vacías.
— O sea que si no nos protegías de ese hechizo…
— Hubieran acabado como el resto de las personas, Kari. Así es. -Shenglongmon hizo una breve pausa- Por eso también tenemos esta única oportunidad: no puedo protegerlos por siempre. No sé hasta cuando pueda, pero tarde o temprano, mi cuerpo sencillamente no podrá con ese uso de energía extra, y ustedes serán asimilados a este mundo. Por eso Discord me trajo algo para darme más energía.
— Quisiera saber algo. -preguntó TK dirigiéndose a Shenglongmon; su cara de tristeza pasó a una más seria- Por mera casualidad, ¿No estás usando como meras herramientas?

Aquella pregunta sorprendió al pequeño Dracomon; no esperaba que pensaran así de él, aunque era natural que comenzaran a sentirlo. No era su intención.

— Que yo los necesite no quiere decir que no los considere personas, TK. A diferencia de Aku, a mí no se me pasa por la cabeza matarlos.
— ¡Le dijiste a Daemon que si él deseaba matarnos, se lo concederías! ¡Lo recuerdo bien!
— Para revivirlos cinco segundos después. ¿Te parece que soy capaz de matar a niños inocentes y dejarlos muertos? Ustedes no son maras, y más importante, los considero mis amigos: les guste o no. Por algo les pregunté si estaban dispuestos a ayudarme, si después de todo, buscamos lo mismo: salvar nuestro mundo. Y no necesito decirles TODO lo que hago: esperaba que confiaran aunque sea un poquitito en mí pese a todo este desastre. Para ser Elegido de la Esperanza, tienes muy poca fe y dependes mucho de hechos.
— ¿Es por eso que me pediste que no perdiera la esperanza?
— Sé que Aku acabaría hablando contigo: eres el Elegido de la Esperanza después de todo. Y como dice el mito de Pandora, es lo último que se pierde. Si no queda esperanza, sólo queda la nada. Por eso eres susceptible a la Nada así como la Kari a la Oscuridad… y los deseos sexuales de dioses lovecraftianos.
— ¡Oye! ¡Eso sólo me pasó una vez! Oh, santo cielo: me lo recordarán siempre…
— Igual no puedo dejar de sentirme utilizado.
— ¿Por qué crees que nació Aku? -le dijo Shenglongmon en un tono cargado de burla sarcástica- Créeme que hay seres y entes más poderosos que yo, y algunos disfrutan de manipular a la gente, cosa que no me gusta mucho. Así que te entiendo perfectamente.
— Pero seguimos con la duda. ¿Qué vamos a hacer? -preguntó esta vez Magnamon- ¿Cómo saber que Aku no nos matará? ¿O que tenemos de verdad una chance como dijo este…? -miró a Discord de reojo- ¿Qué carajos es él?
— Un Draconequus. -corrigió el aludido-
— Pues yo ya me cansé de amargarme la vida… otra vez. -dijo Blackwargreymon alzando la voz- Si vamos a hacer algo, hagámoslo ya.
— ¿Pero y si…?
— ¿Y si que qué, TK? ¿En verdad no piensas arriesgar tu vida en rescatar a tu madre o al resto de tu familia? Todos tenemos mucho que perder. Maldición; vamos a perderlo todo si no lo intentamos.
— Pero tú eres un digimon: al menos tienes poderes.
— ¡¿Y eso a estas alturas que importa?! A los ojos de AkuShenglongmon somos todos iguales: míseras motas de polvo.
— Quisiera ser el optimista, pero Blackwargreymon tiene razón. -esta vez el que habló fue Davis- No veo forma de poder hacerle frente, y ya no sé si pueda lograrlo. ¡¡Maldita sea!!

Lleno de furia e impotencia, Davis tomó una pequeña piedra de un jardín cercano y la arrojó a lo lejos, sin darse cuenta que aquella piedra acabaría golpeando en la cabeza a un transeúnte que pasaba por allí, haciendo que caiga de bruces al suelo. Corrió de inmediato a socorrerlo, sólo para ver cómo el sujeto se levantaba sin esfuerzo pero con claros indicios de haber sido herido; sacó un pañuelo del bolsillo y se lo fregó en la herida.

Por otro lado, Davis se preguntó ¿Por qué ayudarlo? Si después de todo no le importaba su propia vida. Mientras el sujeto se iba alejando, Davis se lo quedó mirando un segundo y luego volteó al suelo, donde había quedado la piedra y cerca de ella, unas manchas de sangre. Fue entonces que notó algo increíble, que obligó a llamar a sus compañeros

— ¡Oigan! ¡Vengan a ver esto!
— ¿Qué pasa, Davis? -le preguntó V-mon, seguido de los otros; Shenglognmon y su amigo permanecieron lejos- ¿Que viste?
— Vean allí. -señalando el piso- ¿Lo ven?
— Es sangre, Davis. -dijo TK sin mucho entusiasmo. En efecto: eran unas diminutas gotitas de sangre- La piedra que lanzaste lastimó a ese sujeto.
— Deberías de ser más cuidadoso; pudiste haberlo lastimado gravemente.
— No es momento para esas estupideces, Kari, y más cuando eso no es importante. -gruñó el Heredero del Valor; Kari se limitó a fruncir el ceño, molesta- Véanla bien. ¿Lo notaron?

Los amigos de Davis y los digimon decidieron seguirle la corriente: eran gotas demasiado pequeñas que empapaban la acera perfectamente pulida y blanquecina; tuvieron que turnarse unos cuantos para poder verla. Y entonces, cada uno al verlas más detenidamente, abrió sus ojos de asombro: algo no estaba bien con esas gotitas, al menos no según las reglas de ese mundo.

Davis arrastró suavemente uno de sus dedos por esas gotitas dejando una mancha mayor, causando que sus amigos hicieran gesticulaciones de asco, cosa que no le importó. No estaba alucinando.

— Es… roja. -se volteó hacia sus amigos- ¿Ven lo mismo que yo? ¡Es roja!
— ¡Es verdad! -exclamó Ulforce- ¿Pero cómo es posible? Se supone que lo único con colores somos nosotros. Y ese sujeto está en blanco y negro como todo lo demás.
— No tengo la más mínima idea, pero no es una ilusión: es roja. -acercó su dedo a su nariz para olfatearla, haciendo que los niños y las digimon chillen del asco- Y huele a sangre; lo sabré yo con las cortadas y raspones que me causé en el futbol soccer. TK, huélela.
— ¡¿Estás loco?! ¡¿Me ves cara de Myotismon o qué?! -ante la insistencia de Davis, TK cedió, obedeciendo a su “líder”- Es… cierto. ¡Huele a sangre! Reconozco ese olor metálico.
— No tiene sentido. ¿Por qué la sangre de ese sujeto tiene color y olor? ¿Será alguien especial?
— Si ese es el caso, Cody, ya lo perdimos. -dijo Armadillomon tras tratar en vano de encontrarlo-
— Algo tuvo que ser.

Cada uno tuvo que pensar en una respuesta al misterio, y cada tanto se debatían las posibilidades. Fue entonces que al oír la palabra “enfermedad”, aludiendo que el sujeto estaba enfermo, a TK se le vino a la mente la respuesta. Increíblemente, el mismo AkuShenglongmon se las había dado.

— Infección. -susurró de manera audible; todos se lo quedaron mirando- Somos una infección. ¡Eso es!
— ¿Cómo?
— Que somos una infección -continuó entusiasmado- No tiene nada que ver con el sujeto que Davis golpeó, sino con el mismo Davis.
— Eh… Mejor me lo explicas, que sabes que no soy el cerebrito de Izzy.
— Ya lo están captando, ¿Eh?
— Así parece, Discord. -murmuró Shenglongmon a lo lejos, observándolos- Mientras se aferren a una esperanza, estará bien. Y ésta es una de verdad.
— AkuShenglongmon cree que somos una infección a su “mundo perfecto”: cuando la piedra que arrojaste le dio a ese sujeto, alteraste el orden de ese mundo. De manera muy sutil, pero lo hiciste.
— ¿Estás insinuando que alteré la realidad de ese dragón cuadrado?
— Como dije… lo hiciste de manera muy sutil, pero sí. ¿O me equivoco?
— No, no te equivocas, TK. -interrumpió el pequeño Dracomon acercándose al grupo- Aku alteró la realidad a tal punto que cambió la curva de campana de probabilidades, haciendo que cosas como caídas, colisiones, catástrofes y cataclismos o incluso insignificantes accidentes sean imposibles: todo funciona como un perfecto reloj.
Por eso la taza que arrojé no se rompió.
— Pero como ustedes no están sujetos a las reglas de su mundo, su sola presencia es como la de una imperfección, una anomalía, un virus.
— Pero me parece una locura que por sólo eso podamos cambiar la realidad.
— ¿Nunca oíste que las emociones pueden alterar la materia, D’arcmon? -le corrigió Shenglongmon- Sólo que como ahora no hay ninguna, pues eso se nota mucho más. Y la verdad es que los digimon en general alteran al realidad a su alrededor, pero a escala mucho menos impresionante de lo que yo hacía. Como Myotismon con su niebla, Blackwargreymon y las distorsiones que causaba, etc, etc, etc.
— Bien, ¿Y eso de qué nos puede servir? -preguntó Cody-
— No mucho en realidad… pero creí que entenderían la indirecta. Que además de que Aku NO es invencible, que no necesitan hechos para tener esperanza.
— Podemos vencerlo. -dijo TK- De verdad podemos vencerlo.
— ¿Estás loco? ¡Dijiste que destruyó cinco universos ante tus ojos! ¿Y ahora me vienes con eso de que podemos derrotarlo?
— Sé lo que quieres decir, Davis. Pero me di cuenta de que AkuShengongmon nos impuso una guerra psicológica: hizo esto para desanimarnos, que perdamos nuestro espíritu. Él mismo me lo dijo: “Cuando las personas dejan de soñar, de tener ilusiones por las que creen merece la pena vivir, cuando los ideales son aniquilados, entonces se convierten en personas fáciles de gobernar.” No hará falta que la Entropía Silenciosa nos domine si nos rendimos antes: AkuShenglongmon tendrá el control sobre nosotros de todos modos. -apretó fuertemente el puño- ¡Y no pienso darle la oportunidad de ganar!
— ¡Bien dicho, TK! -exclamó Patamon- ¡Yo te apoyo!
— ¡Y yo! -comenzaron respondiendo los demás-
— TK, sabes que ese sujeto nos puede matar en cualquier momento, ¿Cierto?
— Davis, ¿No quieres ser conocido como el niño que salvó el Multiverso? -le preguntó con malicia, golpeando suavemente su hombro- Oh, vamos: sabes que ese título es tentador.
— ¡Pues claro! Pero te estás llevando todo el crédito, ¿Eh? San Esperanzador.

Ambos niños acabaron riendo; incluso ese breve momento de burla les dio ánimos. Inmediatamente TK le preguntó a Shenglongmon cuál era el plan. Este no tardó en explicárselos con ayuda de Discord… y música de fondo.


— ¿De verdad es necesaria la música de “Misión Imposible”, Shenglongmon? Después de todo lo que vivimos me suena anticlimático.
— ¡Me importa una mierda, Gargoylemon: necesitamos atmósfera, y una que espante esta depresión! Ahora tendré que cargarla de nuevo -gruñó mientras rebobinaba la grabadora- Y no interrumpas a Discord. Continua, amigo.
— Bueno…

Enfrente de todo el grupo apareció el holograma de una torre inmensa y puntiaguda, muy diferente de los demás edificios que habían visto en ese mundo: en lugar de una fachada de paredes ciegas, era de paneles de cristal. Alrededor de la torre, se extendía una inmensa plataforma.

— Esta es la, y cito: La Megatorre de la Sede Corporativa de AkuShenglongmon Corp., epicentro de todo su aburrido y totalitario imperio mágico-empresarial.
— Discord me hizo el favor de investigar todo lo que pudiera sobre Aku… con toda la discreción posible. Y créanme que viniendo de él, es muy difícil.
— Ya habrá momento para burlas, mi enano amigo. -le respondió el aludido, que vestía un atuendo de general- ¿En qué me quedé? Ah, sí: la torre se encuentra en una ciudad llamada… tenía un nombre raro.
— ¿Chicago? ¿Frankfurt? ¿Londres? ¿Nueva York? -comenzaron a sonar los nombres-
— Ah, ya sé. Tel Aviv.
— ¿¿¿TEL AVIV??? ¿Acaso AkuShenglongmon es judío o qué carajos?
— Si supieras de todos los hechos oscuros ocurridos en ese lugar, Devidramon. Y ni siquiera me refiero a la época israelita.
— Como sea… -murmuró Discord- Le eché un pequeño vistazo a la Megatorre desde afuera y noté esto.

La imagen de la Megatorre cambió: en lugar de mostrar un holograma más sólido, daba la apariencia de conformarse de energía pura que fluía constantemente de la torre a todas direcciones. Además, había secciones de la torre muy llamativas: una de ellas a un tercio de la altura total de la estructura.

— Esta es una “radiografía arcana” si se la puede llamar así. Muestra toda la energía mágica que surge de la torre.
— Actúa como una auténtica torre transmisora. -comentó Ken- Por alguna razón me recuerda a una aguja de control, pero inimaginablemente más potente.
— ¿Ven esa especie de cubo oscuro? No sé que es, pero sospecho que es una clase de bóveda.
— ¿No pudiste entrar a confirmarlo? -le preguntó D’arcmon-
— Lo intenté, querida. Pero parece que toda la torre es a prueba de magia… y teletransportación. Ningún ser mágico puede entrar sin autorización.
— ¿Y cómo vamos a entrar a recuperar el boleto?
— Oye, ¿Este es el Blackwargreymon del que tanto hablabas en nuestras noches de póker? Sonaba más inteligente cuando lo describías. -Shenglongmon puso cara de vergüenza y el aludido se ahorraba las ganas de estrangular a la quimera flotante- Pues por donde todos los mortales acceden a un edificio, amigo mío. ¡Por la puerta principal!
— ¿De verdad crees que AkuShenglongmon va a dejar que entremos como si nada?
— La verdad a mí no me extrañaría, Hawkmon. -contestó el Elegido de la Esperanza- Algo me dice que nos está esperando. En fin. -volviéndose a Discord- ¿Dijiste que era una bóveda? Probablemente ahí esté el boleto.
— ¿Cuántos pisos tiene la torre? -preguntó Mummymon- Se ve bastante alta.
— Como unos… ciento ochenta pisos. Un kilómetro de altura.
— ¡¡¿¿CIENTO OCHENTA PISOS??!! -exclamaron los niños y sus digimon al oír la respuesta de Discord, seguida de…- ¡¡¿¿MIL METROS??!!
— ¡Si esa cosa no tiene ascensores, me voy a enojar!
— Créeme, Davis: ese es el menor de los problemas. Suponiendo que eso de ahí sea una bóveda, que aparentemente está en el piso 66, y tenga el boleto, no bastará con eso para que te conceda el deseo.
— ¿Cómo que no? ¿Qué más malvado puede ser con sus exigencias?
— Aku es peor que malvado.
— Es un burócrata. -espetó Discord; todos cayeron de espaldas- Seguramente tendrás que completar aburridos formularios y hacer varias copias, y luego tener la firma de autorización y el sello de autentificación de Aku para poder cumplir tu deseo. Y no tengo idea de donde podrá guardar esos papeles.
— Ay, no me digas que tendremos que explorar toda la torre -comentó horrorizado V-mon al ver de nuevo la torre- ¿Cuánto tiempo nos queda, Shenglongmon?
— Como tres horas.
— No tenemos alternativa: hay que entrar a la torre y conseguir el boleto y todo el papeleo para que me cumpla el deseo. -luego de su comentario enérgico, Davis soltó un suspiro- Espero no acabar como los Caballeros del Zodiaco y subir montones de escaleras…
— Bromeas, ¿Verdad? Hay cosas más importantes de las que preocuparse que de tus pies.
— ¡Ya lo sé, TK! ¿Cómo poder olvidar las vacaciones de verano, los videojuegos, la comida rápida, el futbol, el baloncesto? ¡Rayos: hasta extraño la escuela y los pleitos con mi hermana!
— ¿En serio te preocupan todas esas tonterías?
— ¿Y por qué no, D’arcmon? Ya lo perdimos todo: nuestro mundo, nuestro hogar, nuestras familias, nuestros amigos, el Digimundo. Los digimon estarían extintos si no fuera porque ustedes siguen aquí. -la ángel se estremeció un poco; los demás digimon también- Ya ni siquiera tenemos colores. ¿Qué más podemos perder? ¿Cómo vamos a ir a luchar por salvar el Multiverso cuando no pensamos también en aquellas cosas pequeñas de la vida? La vida que ese estúpido dragón burócrata nos quitó.

Davis había tocado algo por sentado por la mayoría: era verdad que mucho estaba en juego, pero nunca se percataron que detalles tan insignificantes, como el simple aroma de las flores, el sabor de una comida, o el simple hecho de experimentar los cambios de clima. Ahora ni siquiera eso quedaba: Aku había prohibido todo eso.

— Todos estamos de acuerdo en que el discurso de Davis es muy bonito, y que todos tenemos cosas que extrañamos y por las que vale la pena luchar. -interrumpió Devidramon- ¿Ahora podemos pasar del sentimentalismo a la acción, por favor? ¡Tenemos sólo tres horas!
— Cierto. Tenemos que ir a asaltar esa torre de inmediato. ¡Vamos, Shenglongmon! ¡Mándanos a Tel Aviv!
— De hecho, Discord nos llevará, Davis. -de la misteriosa hielera, sacó una lata de “refresco” y comenzó a beberla- Estoy algo cansado y debo reponer energías.
— ¿Vas a tomar refresco a estas alturas?
— No es cualquier refresco, Gatomon. Es mana: magia pura, en formato bebible y ligeramente carbonatada. -saboreó unos segundos las últimas gotas de la lata- Y por razones que sigo sin comprender, la magia sabe a uva. Si vamos a asaltar esa torre, necesitarán un plus de energía, y yo se las pienso dar. Todos van a digievolucionar al nivel mega y con poder extra.
— ¿Nosotros también? -preguntó Devidramon, señalándose a si mismo, a su primo y exnovia- ¿Todos?
— Sí, todos: en etapa adulta mucho no van a servir, ¿Eh?
— ¡Bien carajo! Me muero por saber en qué me voy a convertir.
— ¿Ya los puedo llevar? -siseó Discord impaciente; Shenglongmon asintió- Bien.

El grupo entero abandonó Japón -o lo que era anteriormente Japón- en una nube de humo, rumbo a su próxima batalla.


______________________________

A primera vista, Tel Aviv lucía como cualquier ciudad de la Tierra o del resto de Multiverso: plano en damero, edificios de formas puras, todo escrito en inglés, sin ningún rastro de hebreo o árabe en sus carteles, o de su arquitectura Bauhaus tan emblemática.

Pero había algo que la distinguía sobre las demás ciudades: en dirección a la costa, y tras atravesar lo que se podía nombrar un “parque”, se extendía una plataforma o una plaza de kilómetro y medio de lado, y en el centro, se erguía una torre de planta triangular y de más de un kilómetro de altura. El diseño era bastante sencillo y a la vez elegante, alcanzando incluso lo sublime y en cierto modo lo ostentoso. A pesar de hallarse en el centro comercial de la ciudad, rodeados de edificios de oficinas de planta cruciforme, podían divisar perfectamente la Megatorre: imponente, solitaria, dominante e indiferente a su entorno. Tal y como su principal ocupante.


Ken no podía evitar ver la clara analogía de aquel edificio con el de una aguja de control, que no dominaba sólo la ciudad, sino prácticamente toda la realidad.

— Aquí hace más calor que en Japón; por lo demás, no hay ninguna diferencia. Todo se ve igual.
— Hace 22°C aquí, Davis; es normal. -añadió Shenglongmon; tras voltearse vio un reloj en la calle que marcaba el mediodía- Bien: nos quedan poco más de tres horas.
— Si me lo preguntan, habría que anunciar nuestra llegada. Tal vez con algún tipo de ostentosa presentación.
— ¿En serio dices que debemos gritar a los cuatro vientos “hola, aquí estamos, AkuShenglongmon”? -recriminó Cody al curioso personaje- Eso es lo más…
— ¡Brillante! -exclamó Davis, interrumpiéndolo; todos se lo quedaron mirando- ¿Que mejor manera de darle el mensaje de que estamos aquí que causando un gran alboroto?
— Davis, ¿Podrías ser maduro alguna vez?
— No, Kari. -la corrigió TK- Tiene razón. AkuShenglongmon amenazó con matarnos sólo para decirnos que nos rindiéramos. Bueno: creo que es hora de darle nuestra respuesta de la forma que se merece. Poniendo de cabeza su “mundo perfecto” y decirle que no nos vamos a rendir.
— Una guerra psicológica. La verdad… es un buen en plan. -asintió Yolei, seguida de Hawkmon- ¡Cuenten conmigo!
— ¡Si somos virus para él, demostrémosle que tal virales somos para su mundo!
— Oh, Patamon se nos vuelve rebelde. -se burló Devidramon- Y bueno, ¿Cómo le gritamos al dragón burócrata que “Seguimos aquí”?
— Déjennoslo a nosotros.

A pesar de sus limitados poderes, el Dragón Esmeralda colaboró con su amigo para traer ciertas cosas que servirían para su “gran presentación”: latas de pintura en aerosol, fuegos artificiales, bolsas cargadas con semillas, un par de guitarras eléctricas. Si bien todas esas cosas parecían absurdas -en cualquier circunstancia incluso esa lo serían- el Elegido de la Esperanza sentía que estaba en lo correcto. Hacer las cosas que a AkuShenglongmon le molestaban, causar desorden en su “perfecto reloj cósmico”, aunque fuera por un breve instante, le demostraría que los Niños Elegidos y sus digimon aliados no se iban a dejar vencer y estaban dispuestos a detenerlo. Por otro lado, les daría la confianza que necesitaban.

¿Qué si AkuShenglongmon podría llegar a matarlos en represalia? Era posible, desde luego. Pero si no se arriesgaban, ¿Para qué molestarse en luchar?

— Ulforce, Devidramon: tocarán las guitarras, y súbanle todo el volumen. -les dijo Shenglongmon pasándole los instrumentos- Hagan mucho ruido.
— ¡Bien! -exclamó la gárgola- Espero que me sigas el ritmo, amigo. No tengo una banda por nada.
— ¡Hey! yo tocaba la guitarra desde antes que nacieras. Y solía tocar con Dynasmon.
— Ah, verdad que eras un vejete. Siempre lo olvido, jejeje.
— Tú, el enano dorado -señaló Discord a Magnamon- Toma estas latas.
— ¡Que no soy enano, soy compacto! ¿Y qué esto? ¿Pintura en spray?
— Eres el artista, ¿No? Pues expresa tu creatividad con eso: podrás pintar lo que sea.
— Yolei, Kari: ustedes lanzaran estas semillas de esencia natural pura.
— ¿Y qué hacen exactamente?
— Crecer como locas hiedras salvajes. -contestó- para hacer un jardín de verdad y no una plantación de porquería.
— Tú, el niño rubio y el cabeza de erizo tomarán esto. -Discord les lanzó una especie de cañones de cartón- Son fuegos artificiales.
— Armadillomon y yo ya tenemos una idea de que hacer.
— Digamos que hará mucho viento, jejeje…
— Bien, ¿Y qué haremos con los demás?
— Yo ayudaré a Magnamon. -dijo la ángel- Tomé clases de arte… aunque nunca fui muy buena.
— Iré con Devidramon -respondió la gárgola blanca- Quiero ayudarlo.
— Los demás pueden ponerse en guardia: dudo que los Silentes y Abisarios toleren nuestra entrada. Blackwargreymon, quédate conmigo un momento: hay algo de lo que quiero hablar contigo.
— De acuerdo.

Los demás estaban por irse hasta que…

— Antes que nada, -añadió Shenglongmon- tienen que escoger un líder para cada grupo: así se organizan mejor.
— Yo propongo a UlforceV-dramon para que lidere a los digimon. -mencionó Hawkmon, causando que el aludido quede anonadado-
— ¿¿¿HUH??? ¿¿¿YOOO???
— Yo también. -asintieron la mayoría, con excepción de Arukenimon y Mummymon-
— A mí me da igual que nos mande este tarado pitufo gigante cargado de esteroides o el inútil pusilánime de Mummymon.
Menos mal somos aliados. -murmuró entre dientes Gatomon-
— ¿Pero por qué yo?
— Descartando a Shenglongmon, eres el digimon de más alto rango aquí, el más fuerte de entre nosotros, y el de más experiencia.
— ¡Tú eres más fuerte que yo, Hawkmon y tienes más rango que yo dentro de los Caballeros! ¡Le partiste su madre a Omegamon! ¿Recuerdas?
— Estuve ocho mil años encerrado en un digiegg; tú fuiste Caballero todo ese tiempo.
— Estoy de acuerdo. -dijo Patamon muy convencido- UlforceV-dramon nos debe liderar.
— Magnamon, ¿Estás… de acuerdo?
— No es momento de pensar en las cosas sin importancia que hablamos, primo. Estoy de acuerdo: lidéranos.
— Ok… Lo haré.
— Ahora entre ustedes seis. -añadió Shenglongmon refiriéndose a los niños- ¿A quién escogen?
— ¿Qué no era Davis el líder? -preguntó un confundido Ken- O eso creía.
— No, nada de eso: yo propongo que sea TK. -este se queda de piedra al oírlo-¿Que me dicen?
— Espera, ¿Qué? ¿Yo el líder? El de los goggles eres tú. ¿Acaso quieres evitar la responsabilidad en un momento como este?
— Al igual que con UlforceV-dramon, eres el Niño Elegido con más experiencia entre todos; eres el que nos animó a tener esperanza a pesar de todo lo que vivimos. ¿Quién mejor líder que el que haga eso con sus compañeros? -TK se lo quedó mirando. ¿Ese era Davis?, Si, lo era- Ojo, que no quiere decir que en el baloncesto seas capitán del equipo, ¿Eh?
— Bue… bueno… Si eso quieren. -al mirar a sus amigos, vio que todos apoyaban la moción de Davis. Nunca esperó el puesto de líder; no se sentía capacitado… y no tenía los goggles de Tai. Pero dadas las circunstancias…- Lo haré.
— ¿Eso significa que somos iguales?
— ¿Por qué no lo seríamos, Armadillomon? TK lo dijo en esa plataforma petrolera. Digimon y humanos somos iguales. Y ahora más que nunca.
— Ya no somos Niños Elegidos ni Caballeros Reales o villanos o lo que sea: somos personas que queremos una cosa: nuestro mundo de regreso.
— Es hora: tomen sus posiciones. -dijo Shenglongmon- ¡En marcha!

Armadillomon digievolucionó a su nivel mega y fue con Cody a una ubicación desconocida; Devidramon, Gargoylemon y UlforceV-dramon fueron a la azotea de uno de los edificios de oficinas del área comercial central; D’arcmon y Magnamon a la zona de edificios administrativos del área cívica, en el límite de la ciudad; las chicas permanecieron en el aire, esperando el momento junto con Davis y TK. Faltaba poco para empezar.

— Es tonto lo que voy a preguntar, ¿Pero qué tocaremos?
— Metal, obviamente. -contestó Devidramon- No se me ocurre nada más desgarrador, ruidoso, caótico y molesto para ese puto dragón.
— Pensaba en algo más bizarro, extraño, y fuera de este mundo como…
— ¿Algo compuesto por Danny Elfman?
— ¡¿Cómo lo supiste?! -le preguntaron a Gargoylemon-
— Recuerdo que Devidamon se quedaba viendo “Beetlejuice” en el bosque de televisores de la isla File. Incluso vimos la película; me gustó.
— A mí también. -añadió el Caballero- Aquí entre nos, Lordknightmon y Duftmon saltaron chillando como chiquillas al ver la serpiente, y nos matamos de la risa por semanas. Jejeje… Que recuerdos.
— Tengo una idea. -Gargoylemon le susurra a ambos su sugerencia- ¿Que opinan si empezamos con esa?
— ¡Excelente idea! Magnamon la oyó cuando salió por primera vez.
— Tengo miedo de que algo salga mal; sé que vamos a pelear después, y no soy muy bueno. Lo voy a arruinar.
— No lo harás. -le dijo su primo menor- Confío en ti, Gargoylemon; no eres un inútil. Sólo piensa en todo lo que podemos perder, y en lo que podemos salvar.
— Esa es nuestra fuerza.
— Gracias a ambos.



— ¿Estás seguro de esto, TK? No parece algo que harías tú; más bien algo que haría yo.
— Davis, ya viste como está el mundo. Y si, admito que parece algo estúpido lo que vamos a hacer. Pero tener a AkuShenglongmon enfrente me hizo ver la clase de monstruo que es bajo esa máscara de etiqueta: no le importamos en absoluto; ahora le mostraremos que tan molestos podemos llegar a ser.
— Tienes razón.
— Lo sé. -contestó con cierta soberbia reflejada en una sonrisa burlona- Por algo me escogiste de líder.
— De todos modos, no vamos a hacer solo eso, ¿Verdad?
— No creo XV-mon. -le contestó Pegasusmon- Estoy seguro que vamos a pelear… pero no sé contra quien, o qué.



— ¿Sabías que ayudé a Miguel Ángel con la Capilla Sixtina?
— No, no sabía. ¿De verdad pintaste parte de la Capilla Sixtina, Magnamon?
— Eh, bueno… una partecita. -respondió apenado- La mayor parte del tiempo sólo le hice las pinturas y… lo sostuve flotando porque esos malditos andamios siempre se rompían. Imagínate verme a mí flotando y con el sujeto en mis brazos pintando el techo.
— Me lo imagino -rió ella- Yo nunca pinté nada como eso; mis dibujos son más o menos.
— No te preocupes por eso: nos dijeron que sólo debemos rociar la pintura y dibujará lo que queramos.
— Perfecto: así le diremos a ese demente lo que pensamos de él.
— Así mismo.



— Estoy nerviosa, ¿Y tú?
— Tengo la sensación de que algo malo va a pasar, Yolei.
— Lo que vamos a hacer ahora -dijo Aquilamon- Es sólo para llamar su atención y a la vez subir nuestro ánimo. La pelea no comenzará aún.
— ¿Pero qué pasará si decide matarnos?
— ¿Y qué pasará si no hacemos nada? Sé que tienes miedo, pero es normal tenerlo. Casi nos borra después de todo. Pero no quiero ver a mi familia sabiendo que ya no valgo nada para ella. ¿Y tú?
— No, para nada. -respondió Kari con algo de confianza- No quiero que mi hermano y mis padres sigan en esa condición.
— Aférrate a ese sentimiento, Kari. -le aconsejó la esfinge blanca- Te dará fuerza.
— Gracias, Nefertimon. Oigan; ¿TK y Davis no dieron la señal?
— Aún no.



— ¿De qué querías hablar conmigo, Shenglongmon?
— Quería agradecerte la confianza que me has dado: imagino que habrá sido difícil tomando en cuenta las metidas de pata a nivel cósmico que causé.
— Ni te imaginas…
— ¡Discord, danos un momento por favor!
— Ok, ok… No se tarden: hay un Multiverso que salvar: no lo olviden.
— No tienes que disculparte: a decir verdad entiendo que no quieras morir. Yo tampoco quiero hacerlo; ahora valoro mi vida más que nunca.
— De todos modos, no me extrañaría que parte de ti pensara que cometí un error. Tienes el derecho.
— Pues…
— Eso no importa ahora, amigo. Lo que sí importa es que quiero recompensar esa confianza tuya. Y por eso quiero darte -hizo aparecer una cajita de madera en sus manos, en la que empezó a rebuscar…- Esto.

En las pequeñas manos del Dracomon se veía un pequeño prendedor con forma de espada; una muy inusual. A pesar de no querer aceptar el obsequio por cortesía, Blackwargreymon aceptó. Cuando lo tuvo en la mano, Shenglongmon le dijo que lo toque con el pulgar dos veces; al hacerlo, el prendedor aumentó de tamaño hasta volverse una espada tan grande como el Dramon Breaker.


Al sostenerla, comprobó que era mucho más ligera de lo que parecía, como si hubiese sido hecha para él. Nunca la había visto, pero creyó reconocer esa arma.

— ¿Esta es…?
— La espada-látigo Fragarach; así es. -respondió con cierta melancolía- La gané al obtener mi digievolución de Slayerdramon tras superar la prueba de los Cuatro Grandes Dragones; supongo que saben que era mi etapa previa.
— Si, lo sé.
— La prueba no fue la gran cosa. -rió- Vencidas, cerveza, sexo y un concurso de trivialidades. -Blackwargreymon se puso colorado- Pero esos cuatro son duros de roer, y cuando logré superar la prueba, me alegré mucho: digievolucioné a Slayerdramon y conseguí esa espada.
— Debió ser un gran día para ti.
— Así es… Pero ya era un muy buen mago en ese entonces, y la espada no me era útil. Jejeje… hasta pensé seriamente en venderla o algo así. Pero vi que sería insultar a los Grandes Dragones, que eran mis amigos… excepto Qinglongmon, que es un hijo de pu… En fin: quiero regalártela, Blackwargreymon.
— ¿Cómo dices? ¡No la merezco; es tuya!
— La mereces, y mucho: créeme. Quiero que me hagas un favor y le des un muy buen uso: eres fuerte, sabes pelear, y tienes corazón. Eso es más que suficiente.
— ¿Estás seguro de esto? Esta espada vale mucho para ti.
— Claro que sí; y por eso se la quiero regalar a mi primer nuevo amigo en más de diez mil años; aquel que confió siempre en mí.
— Yo… no sé…
— Úsala como quieras, Blackwargreymon. Podrás usar las técnicas de un Slayerdramon con ella: confío en ti.
— Gracias… por todo.



Todos estaban en su posición, listos para empezar. Sólo faltaba la señal para empezar la “gran llegada”.

— ¿Listo, Discord?
— Listo. -asintió seguido de un tronido de dedos- Es hora del Caos.


TK y Davis lanzaron dos fuegos artificiales que estallaron en el cielo gris del mediodía, provocando explosiones de colores sumamente brillantes. Era la señal.

Poco después, venía desde el este una fuerte ráfaga de viento que arrojó gran cantidad de polvo y basura por toda la ciudad, incluida la Megatorre.

Al mismo tiempo, Discord y Shenglongmon usaron sus poderes para convertir la ciudad en un auténtico rompecabezas deslizante en tres dimensiones, dividiendo a la ciudad en piezas cuadrangulares de residencias, torres, fábricas, parque y desierto que se movían en dirección eje norte-sur y este-oeste, pero también se levantaban y bajaban constantemente; los automóviles desocupados también comenzaron a levitar y recorrer órbitas erráticas por toda la ciudad, acercándose repetidas veces a la Megatorre pitando fuertes bocinazos junto a sus intermitentes luces. Shenglongmon sabía que las personas podían resultar heridas, y evitaba en lo posible que ocurriese, a pesar de garantizarles a los niños que reviviría y reconstruiría todo lo destruido y dañado apenas recupere sus poderes en su totalidad.

Apenas la ciudad comenzó a mostrarse como un rompecabezas gigante, llegó el turno de Ulforce, Devidramon y Gargoylemon, que con ayuda de las guitarras provocaron primero un estruendo tan grande que hicieron estallar todas las ventanas de los edificios a su alrededor, seguida de una canción que habían acordado tocar como telonera, antes de la principal.


Por otro lado, Magnamon y D’arcmon se pusieron a pintar con el aerosol las paredes blancas de los edificios que pudieron, a pesar de que éstos se movían constantemente. D’arcmon pudo plasmar algunas ideas, de paisajes naturales sencillos pero coloridos, así como un no muy sutil “Jódete, AkuShenglongmon” acompañado de gestos obsenos; Magnamon por su parte, hizo auténticas obras dignas de un museo, convirtiendo paredes minimalistas en un lienzo donde mostraba la pintura que nunca pudo terminar, “La caída de Daemon”, mostrando al digimon cayendo por un abismo de llamas y oscuridad, rodeado de los Niños Elegidos y demás digimon con la firma: “Esto es lo que te espera, condenado hijo de puta. Con cariño, los Renegados”. Si -asintió- El nombre quedaba bien.

Kari y Yolei arrojaron las semillas sobre la plaza de la Megatorre, y apenas estas tocaron el suelo, la superficie seca se cubrió de un verde resplandor que acabó volviéndose un caleidoscopio de varios colores brillantes y dibujos móviles con forma de flores, de la que también emergían hierbas, arbustos y árboles de gran porte y ramas retorcidas hasta convertir esa plaza en una auténtica jungla que únicamente no pudo tocar la Megatorre, como si la evitara. Para asombro de ellas, las plantas “escribieron” un mensaje bastante contundente para el Dragón Azabache, algo en lo que estaban sumamente de acuerdo: “Devuélvenos NUESTRO MUNDO, dragón ladrón”.


Los Abisarios y Silentes no se hicieron esperar, y comenzaron a atacar a todos ellos: los sables de Ulforce acabaron con varios seres del Vacío para despues continuar con la guitarra; Magnamon fulminó a varios alienígenas que atacaban con rayos eléctricos desde las azoteas para después continuar pintando; Blackwargreymon devolvió el ataque de horas atrás decapitando a varios Silentes entrometidos que atacaban a los niños que volaban con sus digimon junto a Wargreymon y Metalgarurumon. Cuando el número de Abisarios creció, apareció Selahemon desde el este, arrojando rayos de Luz Sagrada por todas partes para destruir a la mayor cantidad posible; Patamon digievolucionó a Seraphimon poco después para auxiliar a su amigo mediante sus Siete Cielos.

Eliminadas las amenazas, prosiguieron con el “mensaje”.


Desde la Megatorre, AkuShenglongmon observaba detenidamente todos los acontecimientos. Por un lado, no le asombraba que esos niños hicieran eso: era típico de su naturaleza infantil y rebelde, sin mencionar la influencia de Shenglongmon. Por otro lado… era desilusionante que acabaran recurriendo al vandalismo cuando les abrió las puertas a un acuerdo razonable. A pesar de las palabras malsonantes escritas en los muros y en la plaza de abajo, no levantó la ceja ni se movió una sola escama de su cuerpo. Su mirada carente de emoción miraba a los vándalos desde las alturas, hasta percatarse de una diminuta fractura en los cristales de la ventana. ¿Sería posible...? Pensó.

Su celular sonó: revisó la pantalla. Había conseguido lo que tanto esfuerzo le había tomado.

Entonces de repente comenzó a llover, algo inusual en su mundo: Daemon abrió con cuidado una de las ventanas y comprobó para su sorpresa que en realidad era una mezcla de jugos cítricos: literalmente estaba lloviendo limonada, naranjada junto a otros sabores frutales. Casi con la misma velocidad que llegó, la lluvia paró, para dar lugar a un granizo de bolas doradas que al golpear las ventanas dibujaban manchas rojizas. Una vez más, por la curiosidad y el aroma “apetitoso”, Daemon probó una de las bolas: quedó estupefacto a descubrir que eran…

— ¿¿Bolas de mozzarella rellenas de salsa de tomate?? ¡¡Esto es una locura!!
La influencia de Sheng Li es más infecciosa de lo que creí, además de la de Discord. -pensó- Bueno: son virus; es de esperarse.
— ¡Vea lo que están haciendo! -exclamó Daemon que miraba todo junto a su jefe; había estado observando el proceso de reciclaje de Yggdrasil en artículos de oficina cuando oyó el estruendo del viento, seguido de esa música infernal- ¡Están destruyendo su mundo!
Era previsible, señor Wigglestein. -contestó sin levantar el tono de su voz- Las probabilidades de que este acto de vandalismo ocurriesen era del cincuenta por ciento; dada la influencia de Sheng Li y su comportamiento caótico, así como la de sus niños, no había motivo de que me equivocara. Es lamentable sin embargo, que rechazaran mi oferta de paz.
— ¿No piensa detenerlos? Podría matarlos en un instante.
Sería muy maleducado de mi parte el no recibirlos, pero me temo que no me será posible: tengo asuntos muy importantes que atender.
— ¿Pero es que no va a hacer nada?
Iré a atender mi asunto pendiente. -respondió calmado; fijo su mirada en el Demon Lord- Veo que está alterado.
— Es que… Si yo tuviera la oportunidad, ya los habría matado.
¿Quiere que le cuente una historia? Nos la contó uno de nuestros primeros ahijados: de Sheng Li y de mí. Era parte de sus tradiciones.
— Creí que no le gustaban esas cosas.
El conocimiento es poder, joven. Nunca se mantenga ignorante de las cosas que rechaza, o podría resultarle caro. La historia es así:

“Hace mucho tiempo, había un guerrero noble, fuerte y valiente, con un fuerte código de honor, que vivía protegiendo a un pequeño poblado en las montañas de los ladrones que allí merodeaban. Cada vez que volvía de su ronda de vigilancia, debía de cruzar un puente colgante de cuerdas que salvaba un enorme desfiladero cruzado por un bravo rio con filosas rocas.

Entre los ladrones, había uno que había logrado hacerle frente, pero cada vez que luchaba contra él, lograba escapar valiéndose de su agilidad y astucia; incluso acorralándolo en el puente lograba encontrar la manera de escapar.


Entonces, el ladrón astuto tuvo una idea: siguió al guerrero con sumo sigilo hasta llegar al puente, adelantándose a él. Pero en lugar de enfrentarlo directamente, esperó a que lo haya cruzado hasta la mitad.

Cuando el guerrero ya estaba a mitad de camino, se hizo ver frente al guerrero; este creyó que se enfrentarían en combate, pero entonces vio que el ladrón permanecía allí al final del puente con una gran espada. El guerrero intuyó lo que haría, pero no tuvo tiempo suficiente cuando vio al ladrón cortar las cuerdas del puente de un solo tajo, ocasionando su caída en el río, y sin nada por lo que sujetarse, acabó muriendo a causa de su cuerpo destrozado por las piedras.

El ladrón sonrió al ver al guerrero muerto, y una vez con el camino libre, él y sus compañeros se hicieron con el pueblo.”

¿Qué le pareció?
— Discúlpeme, ¿Pero cuál era la moraleja de esa historia?
Creí que había sido bastante clara. -al notar la falta de respuesta, continuó- Dejaré que la intuya por su cuenta. Como decía: estaré atendiendo unos asuntos privados; sin embargo, podría encargarle a usted la función de Relaciones Públicas.
— ¿Cómo?

Daemon no entendía a qué quería llegar el Dragón Azabache, y tampoco entendía por qué se negaba a acabar con los Niños Elegidos y esos molestos digimon si era perfectamente capaz de matarlos sin siquiera mover un dedo. ¡Había conquistado el Multiverso mortal en pocas horas, había destruido cinco universos, sometido a Sargeras, líder de la Legión Ardiente y estaba a horas de controlar toda la magia! Era verdad que esos niños tenían míseras chances de derrotarlo, pero ¿Por qué no los mataba? Si hubiera sido él el que tuviera semejante poder lo hubiera hecho.

Odiaba admitirlo, pero se estaba volviendo frustrante para él tener a un jefe así. Pero a diferencia de Shenglongmon, Aku mostraba ser inteligente; no hacía idioteces infantiles. ¿Acaso había algo más que AkuShenglongmon estaría buscando de ellos?

Debo ser humildemente honesto con usted: no soy muy bueno tratando con niños y no soy afín a sus juegos; eso es cosa de Sheng Li, que sinceramente aún hoy, sigo sin comprender cómo lo hacía. Deseo ser un buen anfitrión y no faltarles el respeto dado que aceptaron mi invitación.
— ¿Usted los invitó a venir?
Sin embargo, acabo de recibir la notificación de un trabajo sumamente importante para mis negocios y deberé ausentarme un par de horas. ¿Le molestaría encargarse de la recepción de nuestros invitados?
— Pues…
Verdad. La última vez no le fue muy bien que digamos al tratar con ellos. -bajó la mirada a su celular y comenzó a teclear algo que Daemon no entendía- ¿Qué le parecería un ascenso?

De la mano libre de AkuShenglongmon comenzó a formarse dos esferas de energía; una verde que Daemon inmediatamente reconoció como Magia Vil, y otra de color oscuro que identificó con Magia de las Sombras: de inmediato ambas esferas de energía lo golpearon, penetrando en su cuerpo.

Sin siquiera desearlo, se transformó en su modo Súper Definitivo pero había algo más: aumentaba de tamaño, su cuerpo se volvía más fornido, aparecían rayas fosforescentes impregnadas de Magia Vil y otras de Magia de las Sombras por todo su cuerpo -especialmente en las alas-, y este además ahora presentaba una armadura de placas metálicas color ónice, detalles dorados y vetas de energía radiante. Al erguirse, llegaba a los siete metros de altura, y a pesar de ello, no dañó el techo, pues este se había ajustado a su cambio: AkuShenglongmon odiaba el desorden.

+

El poder que sentía era enorme: capaz no el mismo que sentiría su nuevo jefe, o él mismo cuando dominaba el Digimundo hace más de diez mil años. Pero era una sensación increíble, placentera.

¿Está satisfecho con su nuevo ascenso? -le preguntó AkuShenglongmon sin cambiar la expresión de su rostro- Ahora está al nivel de un Señor del Terror de la Legión.
— Oh, sí: estoy más que satisfecho. -rió de manera macabra- Muchas gracias, señor.
No hay de qué; ahora debo retirarme: encárguese de la recepción de nuestros invitados por favor. -se volteó en dirección a la puerta- Es libre de escoger el tipo de entretenimiento; si necesita ayuda, puedo concederle una pequeña pizca de los empleados de la Legión. ¿Le parece bien?
— Más que suficiente.
Por favor asegúrese de mantenerlos calmados. Si logro hacer un espacio en mi agenda, los atenderé personalmente. Ah, y señor Wigglestein: no rompa mis cristales al salir, por favor.

AkuShenglongmon desapareció tras cruzar el umbral de la puerta. Una vez solo, Daemon comenzó a reír de manera salvaje, a mandíbula batiente.

— Oh, no se preocupe, pues los mantendré bien calmados. Las cenizas no causan alborotos.


______________________________

El caos sembrado continuaba, pero no había señales ni de Aku ni de Daemon. Había dejado de llover el jugo cítrico y de caer las bolas de queso. Ahora el cielo se hallaba despejado y gris salvo por un detalle: Discord había alterado la órbita de todos los astros del Sistema Solar, causando que ellos orbitaran la Tierra cada tanto y haciéndolos plenamente visibles, como Marte, Ío y Europa; incluso la Luna estaba tan cerca que daba la impresión de poder tocarla o de colisionar con la Tierra. Sin embargo, esto no pasaría; s
ólo era sólo cuestión de tiempo a que Aku y Daemon reaccionaran.

Sin embargo, para uno de los causantes del Caos, era tiempo de irse.

— ¿En serio no te puedes quedar?
— Quisiera, amigo. Pero sabes que no soy del tipo que pelea: me falta músculo. ¡Pero oye! Si seis ponies poca cosa pudieron derrotarme a mí, tú con tus amigos digimon y esos eh… “humanos -¿cierto?- pueden derrotar a tu versión aburrida.
— Tú no eres precisamente un genio en cuanto a elaborar planes, Discord.
— Si, lo sé. -suspiró- Además… creo que mis poderes pueden ser más útiles frenando este hechizo aburridizador antes de que todos nos quedemos sin magia. Incluso varios de tus maestros están ayudando allá.
— Supongo que tienes razón: nos darán tiempo antes de que toda la Galaxia Mística caiga. Por cierto, ¿Está Malygos allí?
— Ah, sí. -sacando una bolsa de la nada y entregándosela a Shenglongmon- Fue él quien me entregó esto cuando le dije que trataría de encontrarte y que tenías amigos humanos. Oye; ese sujeto no paraba de refunfuñar cuando le dije que tenías amigos mortales.
— Sé que tuvo malas experiencias con ellos. -revisó la bolsa- ¿Son… poderes? ¿Y una caja de sorpresas?
— Propios de los humanos de Azeroth; me dijo que serían compatibles con los de este mundo.
— Espero que así sea. ¿Y la caja?
— Cada vez que le des cuerda y salga el muñeco, lanzará un hechizo aleatorio que puede -o no- serte de utilidad; le habré dado cuerda como para cinco intentos más o menos. Úsalo en caso de emergencia.
— Gracias.
— Lamento lo de Witchelny. -le dijo el Draconequus en tono compasivo- Sé que fundaste esa colonia en el Vacío Abisal y que pusiste a uno de tus pupilos a cargo.
— MedievalGallantmon habrá hecho lo que pudo para evitar la infección de la Entropía Silenciosa: confío en él, pero imagino no fue suficiente.
— ¡Descuida: todo saldrá bien! ¿No? Te estaremos apoyado, y después lo celebraremos. Y no tendrás que recurrir a... esa alternativa.
— Espero que no; gracias, Discord. Buena suerte.

Una vez se esfumó el Draconequus, Shenglongmon quedó en compañía de los niños y los digimon que lo ayudaban en el límite de la plaza, ahora convertida en una verdadera jungla. Aún tenía la bolsa consigo, pero no había dicho nada sobre su contenido.

— Se fue… -murmuró TK- Creí que nos ayudaría.
— Y lo hizo, y lo seguirá haciendo más allá de las estrellas. Pero ahora es nuestro turno.
— Algo está pasando. -señaló Ulforce a la punta de la Megatorre- Vean.

Cerca de la punta de la torre, apareció un vórtice de energía vil de vivo color verde que crecía cada vez más y más hasta volverse un portal gigantesco. Frente a ese portal, apareció una figura imponente y apenas distinguible por la distancia, pero a la que no tardaron en reconocer pese a los cambios. Daemon.

Éste lanzó una potente llamarada de fuego vil que consumió toda la vegetación de la plaza, regresándola a su estado original: ninguno de los niños o digimon fue herido, porque esa no era la intención… aún. Las llamas continuaron allí, como un muro impenetrable.

— Vaya, vaya, vaya. Pero si son la partida de mocosos insoportables haciendo desorden. ¿Se divirtieron en su estadía? -sonrió al ver a su viejo maestro- Shenglongmon, que pequeño e insignificante te ves.
— Maldita sea. -gruñó Shenglongmon al verlo- Se volvió un Nathrezim. Será que…
— ¡¡Cierra el hocico, maldito hijo de puta!! ¡Condenaste al Digimundo por tu maldita inmadurez!!
— ¡¿Por qué mejor no te callas, pitufo ultradopado?! ¡Me vale mierda lo que le pase al Digimundo y a los tarados de mis excompañeros que se dejaron llevar por la vida fácil! ¡A diferencia de ellos, YO sí tomé la decisión correcta y me uní al bando ganador! Y ustedes tiraron por la borda su última oportunidad.
— ¡¿Dónde está AkuShenglongmon, intento barato de Satanás?!
— ¡JA! Pero si es Davis Motomiya: el idiota que pretende “salvar” la Realidad. Pues déjame decirte que está muy ocupado y no tiene tiempo para atenderlos, por lo que me dejó a mí con la misión de “entretenerlos”.
— Oh, pero sí que nos divertiremos. -le contestó Yolei, mirándolo desafiante- ¡Esta vez vas a caer! ¡Hawkmon!
— ¡Si, Yolei!
— ¡Digievolucionen!

Hawkmon war digivolve a… Cuauhpillimon!!!

Gatomon warp digivolve a… Magnadramon!!!

Wormmon warp digivolve a… GrandKuwagamon!!!

Wargreymon digivolve a… Victorygreymon!!!

Metalgarurumon digivolve a … ZeedGarurumon!!!

Blackwargreymon digivolve a… BlackVictorygreymon!!!

V-mon armor digivolve a… Magnamon!!

— ¡Ustedes también pueden digievolucionar! -les gritó el Dracomon a los tres que aún faltaban- ¡Háganlo!

Devidramon warp digivolve a… Darkdramon!!!

D’arcmon warp digivolve a… Ophanimon!!!

Gargoylemon warp digivolve a… Goldramon!!!

Las digievoluciones de los tres eran bastante impresionantes y por sobretodo, inesperadas: que el casi invisible de Gargoylemon se convirtiera en un imponente Goldramon ya era una sorpresa; que Devidramon adquiriese una apariencia de guerrero de lucha cuerpo a cuerpo en lugar de una figura más “diabólica” también, aunque muchos ya se lo esperaban, pues Devidramon no era tan malvado como para justificar una digievolución al nivel de un Demon Lord. El caso de D’arcmon era el más obvio y al mismo tiempo inusual: se había convertido en una digimon ángel de alto nivel, pero sin la apariencia típica de una Ophanimon: portaba una armadura resplandeciente de color oro plateado, con los mismos detalles de la armadura convencional de su tipo, pero mucho más ligero y estilizado de manera a permitirle una mayor movilidad. Ni siquiera portaba un faldón blanco sino una protección para la cintura más propia de una armadura medieval, así como botas: una Ophanimon de apariencia más guerrera.

— ¡Hey! ¿Por qué a ella le tocó la ángel y no a mí?
— Porque no soy una gata creída que engatusa a otros digimon o seduce a otros, cariño. -le respondió la ángel con malicia; Magnadramon se contuvo las ganas de quemarla al tiempo que Shenglongmon contenía la risa al recordarle a la Magnadramon original- Ahora no pierdas el tiempo en estupideces y concéntrate.
— Ay, que estás estupenda, querida. -señaló Darkdramon con tono seductor aunque se tratase sólo de una broma- Si siguiésemos estando juntos…
— Ahórrate los comentarios, que ya tienes novia.
— Verdad -dijo en tono más serio- Y quiero volver a verla pasada esta tontería.

Daemon observaba sin mostrar ninguna sorpresa, ¿Qué esos tres digimon habían logrado el nivel mega? No tenía importancia: no lo disfrutarían lo suficiente.

— ¿Se supone que debo de tener miedo? No me vencerán; no esta vez.
— ¡Si crees que puedes vencernos, ven aquí, demonio sin pelotas! -le gritó Magnamon de los RK- ¿O seguirás ahí como idiota a mil metros de altura?
— Te diré algo, enano sinvergüenza; aprendí algo muy valioso de AkuShenglongmon en estas horas bajo su tutela. -extendió sus manos hacia arriba, lanzando un rayo de energía vil en dirección al portal- ¡¿Por qué hacer yo mismo el trabajo, ensuciándome las manos, cuando tengo un ejército infinito a mi disposición?!
— ¿Qué dijo?
— Me lo temía… -murmuró Shenglongmon- Maldita sea.
¡¡MORIRÁN BAJO LA FURIA DE LA LEGIÓN ARDIENTE!!

El portal comenzó a agitarse, emitiendo pulsaciones cada vez más fuertes hasta dilatarse a un diámetro que rivalizaba con el de la superficie de la plaza más de un kilómetro debajo. En la superficie, todos miraban hacia el portal, distinguiendo diminutos puntos que se hacían cada vez más grandes y numerosos. Shenglongmon los identificó de inmediato: demonios.

Cientos, miles de criaturas demoniacas –algunas de ellas, curiosamente semejantes a digimon conocidos- comenzaron a cruzar el portal. El grupo de “renegados” se puso en guardia.

— Esto no va a ser fácil. -masculló UlforceV-dramon- ni modo: será como hace diez mil años.
— No importa. -dijo TK- Esto no nos puede detener.
— Vamos a entrar a esa torre como sea.
— ¡¡SI!!


______________________________

Mientras Daemon se presentaba ante los Niños Elegidos y los digimon que los ayudaban, AkuShenglongmon se había dirigido al área de depósitos de su Megatorre: su celular le había avisado de la llegada de aquello que había estado buscando con tanto esmero, y se disponía a atenderlo como se debía.

Tras abrir la puerta, se halló en un espacio sumamente amplio y físicamente imposible de existir dentro de un edificio o en el subterráneo. Había estantes repletos de objetos encajonados debidamente enumerados y etiquetados. El centro de atención del Dragón Azabache era una criatura gigantesca de aspecto bizarro, como si sufriera de estática constantemente, bicéfala y de aspecto temible, rodeada de una cadena de datos inmensa. En total, ocupaba un espacio de cien metros de diámetro.

Tomó su celular y tecleó un comando; luego marcó un número.

Miriam; estaré ocupado un par de horas, y requeriré algo de privacidad. Por favor reciba a nuestros invitados una vez estén dentro y dígales que los atenderé en cuanto pueda. Deles toda la información que necesiten.
— Entendido, señor; me comunicaré con su secretaria personal.
Muchas gracias.

Tras colgar, selló mágicamente la puerta, aislando al inmenso depósito del resto de la Megatorre, del resto de la Realidad.


Es un honor conocerlo, señor ZeedMilleniummon.
— …
Oh, verdad; me disculpo. Usted está encerrado en una subdimensión carente de tiempo. -tras acercar su mano a Zeedmilleniummon recibió una pequeña corriente; algo lo repelió- Y por lo que veo… está bloqueado con un hechizo sellador muy complejo, compuesto de trece hechizos candado a la vez compuesto cada uno de trece hechizos complejos muy diferentes entre sí para poder tener acceso al hechizo sellador definitivo: un código de combinaciones dentro de otro código de combinaciones. Una obra maestra digna del Maestro de Maestros de la Magia. -le dio un breve vistazo condescendiente a ZeedMIlleniummon- Evidentemente usted fue alguien muy peligroso, señor.
— …
Tomará algo de tiempo, cosa que no será problema aquí. -asintió- Bueno; será mejor que empiece si queremos llegar a tener una conversación civilizada.

AkuShenglongmon hizo aparecer cientos de miles de pantallas holográficas repletas de conjuros y hechizos escritos en runas mágicas a su alrededor, flotando en el aire y acudiendo a él cuándo necesitara consultarlas. Tomando una de las pantallas, y darle un vistazo, asintió.

Yo tengo la espada, señor Wigglestein; sólo espero a que el guerrero llegue a la mitad del puente. -pensó- .Empecemos.





Continuará...


Esperando sus comentarios y respuestas, me despido. Nos vemos!
 
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THIS IS DZETAAAAA!!!
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vaya, no me esperaba que Discord apareciera...aunque debi haberlo sospechado: tengo la impresion de que shenlongmon es, ¿como decirlo? un "digimon del caos" y su contraparte malvada "un digimon del orden", primer fic que leo que, en vez de la tipica confrontacion "luz-oscuridad", tiene la confrontacion "orden-caos", muy interesante, espero la continuacion...quiero saber como acabara todo.
 

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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¡WOOOOW!! ¡Que buen capítulo! ¡Villano excelente, Sárgeras derrotado, conversaciones, Discord, caos, orden! ¡Cuantas cosas para ver y decir de este episodio!

Bueno, dado que estoy comentando apenas terminé de leer, va a ser dificil que abarque todo lo que me gustó, así que me centraré en lo importante:
-Me encanta Akushenglongmon, actuando como un Anti-Dios sin ninguna emoción, y su explicación de como eliminaría a los Renegados mientras les daba una prueba fue una escena de película. Realmente muy buena.
-Me sorprendió un poco que Discord apareciera y eso que dijo de que los Changelings (Cambiantes los llamaste, son lo mismo, pero yo solo veo la serie en inglés) se unieron a Aku, chocó un poco, me parece, con eso que explicó Discord de que los seres con magia resistieron la Conversión, ellos son bastante débiles como para serle de alguna utilidad. Aunque... ahora que lo pienso, también dijeron que los usuarios de magia no podrían resistir por mucho, por lo que Equestria probablemente esté tan gris como el resto del Multiverso.
-El plan parece estar en marcha, aunque no estoy seguro que espera hacer Dracomon solo haciendo desorden. Aku no está en la torre (o algo así), lo que representa una seria oportunidad para obtener el papeleo y el boleto.
-¿Daemon está ahora al nivel de un Nathrezim? ¿Tan poderosos son? No me malinterpretes, yo no se demasiado de Warcraft, aunque si jugué Warcraft 3, y Balnazzar, Tichondrius, Varimathras, no me parecieron extremadamente poderosos. Eran fuertes, si, ¿pero al nivel de un digimon Super Definitivo?
- ¿Aku piensa liberar a ZeedMilleniummon como carta de triunfo? ¿Puede contenerlo? Después de verlo eliminar a Sargeras, estoy casi seguro que solo un ser con magia podría enfrentarlo, pero aun así... ¿El es un ser con el que se puede razonar? ¿No tiene la capacidad de eliminar universos sencillamente como el Alter Ego de Shenglongmon?

Al parecer, en el próximo capítulo termina la carrera de Daemon, por corta que fuera. Solo esperemos que pierda con dignidad, y no como la última vez. Espero con ansias el siguiente. ¡Suerte!
 
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