Original Fic [OCFF] Yo Deseo...

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Me alegro que te haya gustado; al menos hace pensar que la tardanza valió la pena :D

A ver si puedo responderte algunas cosas:

-Me sorprendió un poco que Discord apareciera y eso que dijo de que los Changelings (Cambiantes los llamaste, son lo mismo, pero yo solo veo la serie en inglés) se unieron a Aku, chocó un poco, me parece, con eso que explicó Discord de que los seres con magia resistieron la Conversión, ellos son bastante débiles como para serle de alguna utilidad. Aunque... ahora que lo pienso, también dijeron que los usuarios de magia no podrían resistir por mucho, por lo que Equestria probablemente esté tan gris como el resto del Multiverso.
Tuve mis dudas en cuanto a poner a Discord, ya que las peleas no son lo suyo, y porque su presencia como que le restaría algo de la tensión dramática de este cap.; de hecho, otra opción que barajé como invitado era el Doctor Who -el 10, junto a Rose-, pues es también un personaje excéntrico, divertido y también dramático. Pero como sería muy difícil justificar el cómo escapó de la Entropía Silenciosa -no es un ser con magia- , pues elegí a Discord, que ya estaba en mis opciones y la verdad como ser mágico, cuadraba mejor.

Oh, si: Equestria ya está "Aburridizada", como Witchelny.

-El plan parece estar en marcha, aunque no estoy seguro que espera hacer Dracomon solo haciendo desorden. Aku no está en la torre (o algo así), lo que representa una seria oportunidad para obtener el papeleo y el boleto.
Está en la torre; sólo que no les da importancia los Elegidos. El desorden era por un lado llamar su atención -que sólo sirvió con Daemon- y para levantar su propio ánimo.

-¿Daemon está ahora al nivel de un Nathrezim? ¿Tan poderosos son? No me malinterpretes, yo no se demasiado de Warcraft, aunque si jugué Warcraft 3, y Balnazzar, Tichondrius, Varimathras, no me parecieron extremadamente poderosos. Eran fuertes, si, ¿pero al nivel de un digimon Super Definitivo?
No creo que en cuanto a poder, pues Digimon y Warcraft como que tienen stats algo diferentes en cuanto a nivel. Más bien respecto a jerarquía, pues por lo que llegué a leer y entender, los Nathrezim tienen puestos relativamente altos en la Legión. Ahora Daemon sería algo así como un comandante de alto rango de la Legión. O una partecita más bien.

- ¿Aku piensa liberar a ZeedMilleniummon como carta de triunfo? ¿Puede contenerlo? Después de verlo eliminar a Sargeras, estoy casi seguro que solo un ser con magia podría enfrentarlo, pero aun así... ¿El es un ser con el que se puede razonar? ¿No tiene la capacidad de eliminar universos sencillamente como el Alter Ego de Shenglongmon?
Sargeras no fue eliminado; sólo convertido. En cuanto a Zeed; si, puede eliminar universos, pero no me fiaría de Aku; es más, viendo lo que permitió que le hicieran a los de su especie, capaz y debas sentir pena por el amor eterno de Ryo XD.


Eso es todo por ahora. Cualquier duda estamos en contacto :D
 
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Bueno termine de leer todo.
El plan para desvalancear el mundo perfecto de Aku me sono muy parecido al de los padrinos magicos contra los pixies. Creo que esa fue la intencion.XD
Las digievoliciones megas de Devidramon su hermano y D'arcmon me parecio algo repentino sin pasar por el ultra, pero a esas alturas habria sido mucho relleno asi que esta bien.
Ya que mi hermana veia esa serie de los ponys conozco a Discord, era un personaje astuto aunque no lo conozco a la perfeccion.
Los de la legion de fuego parece que son mas poderosos de lo que son los digimons. Pero quiza es algo exagerado. Que Daemon super mega se convirtiera en un señor del terror lo veo algo confuso. Hasta donde sé, Tichondrius y Baalnazar son los mas poderosos que se mostraron y seguian por debajo de un general como Manoroth. Daemon super mega podria destruir el digimundo, un señor del terror no es ni city buster. Creo que debio convertirse como minimo en un Eredar de nivel alto como Archimonde o su hermano.

Por lo que explicaste Zeed no seria un peligro para Aku. A lo mucho sera comparacion de un humano con su perro guardian. XD Aunque si se trata del Zeed original entonces tendria que ser un digimon con consciencia e inteligente. El Milleniunmon original era asi segun el manga de Xross wars.

Quien sabe cual sera el objetivo de Aku, sigue siendo un misterio.

Creo que mi parte favorita es la explicacion que da Aku a Tk y Patamon. En especial esta:

"es que su perspectiva del Bien y Mal está cegada por su efímera existencia y su sentimentalismo: buscan lo absoluto en conceptos relativos acorde a su conveniencia"

Es muy parecido al concepto central en que se basa actualmente la novela que estoy escribiendo.

Bueno. Esperare a ver como le va a Daemon esta vez.
Hasta el proximo capitulo.
 
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¿Por qué Aku liberaría a Zeed? Uno puede pensar en absorber sus poderes, pero los de él son mayores. Y por lo que entendí, XANA apareció sin ser nombrado, ¿no?

El capítulo tuvo la desmotivcación y la motivación al momento por suerte. Nada de dramas al por mayor xD. Juro que toda esa "revolución" me recordó al capítulo de las Chicas Superpoderosas dónde cantan del amor y se curan todos.

El hecho que hayan dado evoluciones fue lo mejor. Cuatro digimon del tipo Adult no iban a poder hacer mucho contra Demon y cia. Al menos ahora van a poder dar batalla.

No tengo mucho más que comentar. Capítulo largo y bueno, Aku se ve muy confiado con todo, aunque pienso que está medio tomado por los pelos que las entidades superiores no puedan interferir con un ser que está queriendo alterar la realidad misma. ¿O ellos están a un plano superior acaso?

¡Saludos!
 

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Buenas mañanas, tardes o noches. Me doy cuenta que llevo más de dos años sin actualizar. Madre mía.

La verdad es que en todo este tiempo, con las idas y venidas del foro, la escasez de ideas, bloqueo de ideas, y el hecho de que tuve que concentrarme en mi trabajo -en el cual me mandaban a la mierda si me pillaban usando Internet, y ni hablemos de escribir "novelas y cuentos", como decía mi jefe, no he podido continuar esta historia. Aparte, he seguido otras tendencias y escrito otras historias -ya se imaginarán sobre QUÉ serie noventera- para probar algo nuevo.

Sin embargo, ahora que tengo un poco más de flexibilidad y tiempo, creo que puedo dedicarme a darle a esta historia que, personalmente, quisiera poder darle el final que se merece. Y seré sincero: Shenglongmon es un personaje OC que se me ha vuelto entrañable y quisiera concluir su historia; no sé que piensan ustedes al respecto.

El capítulo que debería de seguir lo empecé hace años, pero quedó prácticamente en animación suspendida. Así que les pregunto, A Acero., J.M. J.M., alexandermon alexandermon, r4pt0r12 r4pt0r12, <Andrea> <Andrea>

¿Les parece bien en que continúe esta historia hasta el final?

Leeré sus respuestas.



P.D.: Les dejo unos adelantos


  • ¡Maldita sea! -exclamó un Darkdramon enfadado tras perforar a un Guardia Vil con su arma y continuar con el siguiente- ¡No dejan de venir, y creo que ya maté a veinte!
  • ¿Qué no querías acción? ¡Pues ya la tienes!
  • ¿Detecto sarcasmo, Seraphimon?
  • ¿Y que más va a ser? ¡Séptimo Cielo! -el ataque de luz arrasó con una fila de Infernales, sólo para ser reemplazados por otros más- ¡Son demasiados y sólo somos seis!
  • ¡Tenemos que proteger a los niños! -exclamó el Caballero Árabe, usando una ráfaga de viento para arrojar a una oleada de imps tan numerosos como un enjambre de marabunta-
  • Quisiera poder hacer algo.
  • Yo también, TK. ¿Pero que podemos hacer más que animar a nuestros compañeros?


  • Debo de admitir que esto ha superado mis expectativas: su hechizo de retención ha sido mucho más complejo de lo que esperaba, Señor ZeedMilleniummon.
  • Oh, es verdad: no puede hablar. -Aku le dirigió una breve y atenta mirada a su “invitado”- Y evidentemente tampoco oír, me disculpo por eso; supongo que me siento en necesidad de entablar una conversación inteligente con alguien a mi nivel. Evidentemente eso es imposible, y me veo obligado a hablar con usted, aunque es de por sí un honor. ¿Le importa que continúe?
  • Lo tomaré como un sí.


  • ¿Qué demonios haces ahí flotando, Ulforce? ¡Ayúdame!
  • ¿Lento? ¿¿LENTO?? ¡SOY EL CABALLERO REAL Y EL DIGIMON MÁS RÁPIDO DEL UNIVERSO! ¡¡PUEDO MOVERME A LA VELOCIDAD DE LA LUZ, PAJARRACO DE MIERDA!! ¡¡CÓMO ME PUEDES DECIR LENTO A MI, A MI: ULFORCEV-DRAMON -ULISES- SANTACRUZ!!
  • ¡¿Te apellidas Santacruz?! -preguntaron ambos digimon, interrumpiendo su pelea-
  • ¡No desvíes el tema!
  • Cierto: se supone que debo matarlos a ambos.
 

alexandermon

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Elohim! Tanto tiempo! ¿Que si me parece bien?? POR SUPUESTO QUE ME PARECE BIEN! Me encanta este fic, muchas veces volvia a leer los digiterapeutas o este fic para reírme un poco. Me encanta esta parodia con tantas referencias. Ahora... si te preocupa el haber estado 2 años fuera del radar, yo tardé de 5 a 6 años en terminar uno de mis fics, que solo es la segunda parte de tres que prometí, y sigo actualizandolo! Mientras te guste lo que escribís y tengas ganas de terminarlo, yo opino que sigas para adelante. Si es por falta de ideas, simplenente has un esquema general de eventos que tienen que conectarse en lineas líneas generales y el resto aparece entre líneas. Últimamente eso me funciona.
De todas formas. Yo no puedo esperar a ver como concluye la historia, y si tengo que esperar otro año, termina en otro año. ¿Crees que no voy a leerlo por tardanza? ¡Sigue escribiendo! Buena suerte e inspiración!
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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pues claro, este fic es demasiado bueno como para que no termine...y en cuando termine, secuestrare, digo, ¿me podrias prestar a shenlongmon y a aku para un fic?..es que hasta ahora, son los digimons OCs mas interesantes y geniales que he visto.
 

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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muchas veces volvia a leer los digiterapeutas o este fic para reírme un poco. Me encanta esta parodia con tantas referencias.
Vaya, me alegro que lo veas de ese modo. Gracias.

simplenente has un esquema general de eventos que tienen que conectarse en lineas líneas generales y el resto aparece entre líneas.
Tomaré en cuenta tu idea; de seguro me ayuda.

y en cuando termine, secuestrare, digo, ¿me podrias prestar a shenlongmon y a aku para un fic?..es que hasta ahora, son los digimons OCs mas interesantes y geniales que he visto.
Por supuesto; no hay problema con prestártelos. Me complace que te hayan gustado.


Les estaré avisando cuando termine el sgte capítulo, pues me demoraré algo por tema de trabajo. Muchas gracias =D
 
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ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Después de mucho tiempo, al fin actualizo: lamento la demora, y la falta de soundtracks. Este capítulo fue algo complicado, más que nada porque quería añadir demasiadas cosas, pero sería muy difícil incluirlas, además de que temía que fuese demasiado largo. En fín: espero que de todos modos les agrade.


Invoco a:
r4pt0r12 r4pt0r12
Claire. Claire.
alexandermon alexandermon
A Acero.
J.M. J.M.
<Andrea> <Andrea>


Y a cualquier otro lector potencial.



Capítulo 15: La Batalla de la Megatorre Corporativa


Davis miraba completamente abrumado la cuasi infinita oleada de seres perversos* que flotaban arriba en dirección a ellos, listos para matarlos. Estaba paralizado de miedo: repentinamente había descubierto que todo dependía de él, y V-mon -convertido en Magnamon- pese a darle todo su apoyo, no podía sentirse igualmente de presionado. Los demás digimon se enlistaban para recibir aquella amenaza tan numerosa. Lo peor era que los niños se hallaban allí y era difícil ponerlos a salvo; en especial cuando meteoritos envueltos en energía vil caían a su alrededor.


  • No parecen muy fuertes a decir verdad.
  • El poder no es el problema, BlackVictorygreymon: es el número. -añadió el pequeño Dracomon- La Legión es un ejército de un número virtualmente infinito de combatientes.
  • Tendremos para divertirnos para rato. -rio Darkdramon-
  • Hay que llevar a Davis a ese edificio sí o sí. -murmuró UlforceV-dramon- ¡Magnamon! -los dos reaccionaron al llamado- El que no es Caballero Real… -acabó explicando- Protegerás a Davis mientras yo los cubro para llegar a la Megatorre; Cuāuhpillimon, Magnamon, BlackVictorygreymon y Darkdramon me cubrirán: los demás protejan a los niños.
  • De acuerdo.
Daemon los miraba desde arriba con suma curiosidad, soberbia incluida. Con su nuevo poder, era perfectamente capaz de acabar con ellos a pesar de su número. Sin embargo, era tan consciente como AkuShenglongmon de que había alguien en ese grupo de niños particularmente peligroso que debía de ser aniquilado.

  • ¡Sé muy bien que uno de ustedes no cumplió su deseo! Déjenme decirles una cosa. ¡ENTRARÁN A ESTA TORRE SOBRE MI CADÁVER!
Daemon extendió sus manos hacia ellos y lanzó lamas de color verde hacia ellos, seguidos de los demonios de la Legión que lo acompañaban. Los Victorygreymon, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon usaron sus escudos de energía para proteger a los niños y a los demás digimon de la llamarada vil dirigida contra ellos. Aún con semejante protección, se podía sentir el ardor de las llamas, como si estuvieran dentro de un horno.

  • No podemos quedarnos aquí para siempre. -gruñó TK protegido por Seraphimon- ¡Maldición! Ahora somos unos inútiles: sólo los estorbamos.
  • ¡Hasta que te das cuenta!
  • ¡Cállate, araña patona! -gritó el Magnamon de Davis- No es momento de tus comentarios estúpidos.
  • TK tiene razón… No podemos quedarnos a la defensiva. -tomó al Magnamon de Davis del hombro- Sujeta a Davis y ponte alerta.
  • ¿Huh?
  • ¿Qué sucede? -preguntó Davis-
  • ¡Escuchen! Cuāuhpillimon, Victorygreymon, Black, Goldramon: ustedes cúbranme; los demás protejan a los niños.
  • ¿Qué vas a hacer?
  • Ayudar a Davis. Prepárense.
Ulforce fue el primero en desactivar su escudo y correr a través de la horda de demonios con Davis y Magnamon entre sus brazos; en el aire, los Victorygreymon y Cuāuhpillimon masacraban a varios demonios de raza Ered'ruin con sus armas, mientras que Goldramon lo hacía con sus poderes de energía si bien con algo de dificultad dado su falta de práctica en las peleas. Shenglongmon los seguía de cerca tratando de no chocar contra las piernas del Caballero Azul; al ver a Arukenimon y Mummymon quietos como rocas y escondidos entre los digimon más grandes, les gritó ofensivamente, obligándolos a que vinieran si es que querían tener su recompensa… y seguir vivos, de paso.

Seraphimon, Selahemon, Ophanimon, Magnadramon, Darkdramon y GrandKuwagamon empleaban sus ataques contra los demonios para proteger a los niños; si bien los demonios de la Legión no eran tan difíciles de vencer y más si eran particularmente vulnerables a poderes relacionados a la Luz Sagrada, su número virtualmente infinito era un inmenso obstáculo. Ni siquiera Ulforce, a pesar de su velocidad, podía pasar fácilmente a través de semejante horda y la constante lluvia de fuego.


  • ¡Maldita sea! -exclamó un Darkdramon enfadado tras perforar a un Guardia Vil con su arma y continuar con el siguiente- ¡No dejan de venir, y creo que ya maté a veinte!
  • ¿Qué no querías acción? ¡Pues ya la tienes!
  • ¿Detecto sarcasmo, Seraphimon?
  • ¿Y que más va a ser? ¡Séptimo Cielo! -el ataque de luz arrasó con una fila de Infernales, sólo para ser reemplazados por otros más- ¡Son demasiados y sólo somos seis!
  • ¡Tenemos que proteger a los niños! -exclamó el Caballero Árabe, usando una ráfaga de viento para arrojar a una oleada de imps tan numerosos como un enjambre de marabunta-
  • Quisiera poder hacer algo.
  • Yo también, TK. ¿Pero qué podemos hacer más que animar a nuestros compañeros?
Daemon observaba a los digimon de los Niños Elegidos y a sus Aliados en su intento de proteger a los primeros y sonrió de oreja a oreja: era evidente que con semejante lastre encarnado en seis inútiles niños, esos digimon nunca podrían representar una molestia. Con sus manos conjuró un círculo con runas viles, lo amplificó hacia el cielo, y del mismo hizo caer un diluvio de llamas hacia ellos.

UlforceV-dramon fue el primero en notarlo, y empleó de nuevo su Escudo de Tensegridad para proteger a Davis y los demás que lo acompañaban, incluyendo a Arukenimon y Mummymon, que se resguardaron de milagro; el Caballero Águila activó su Escudo Lunar justo a tiempo para salvaguardar a sus amigos de las llamas infernales. A pesar de estar protegidos, el calor de las llamas los hacía sentir en un enorme horno. Desde lo alto, oían la fuerte carcajada de Daemon.


  • ¿Es que no han dado cuenta de lo inútil de su esfuerzo? ¡Mientras sigan protegiendo a esos insignificantes niños humanos, no podrán hacer nada contra este pequeño batallón de la Legión, y mucho menos contra mí! -tras intensificar las llamas, continuó- ¡Ustedes, mocosos malcriados! ¿Qué hacen aquí jugando a salvar el mundo? ¡¿No se dan cuenta que sólo son un estorbo?!
  • Mmm…
Los niños hicieron como que las palabras de Daemon no los afectaban, pero era sumamente difícil cuando el demonio les restregaba la cruda realidad en la cara y al son de su carcajada: estaban ahí sólo para dar apoyo moral; y en esos momentos no era precisamente práctico. Era duro sentirse tan inútil en un momento tan crítico.

Davis también lo oyó, mostrándose más enfurecido que apesadumbrado, pero igual de impotente al ver que era más alguien que debía ser protegido que alguien con capacidad de luchar. Shenglongmon también se sintió indignado por lo que Daemon acababa de decir; a pesar de su -anterior- cuasinfinito poder, no despreciaba la ayuda humana. Luego recordó la bolsa que Discord le había dado y revisó su interior.


  • Jejeje… Davis, ¿Quieres saber algo interesante?
  • ¿Huh? Dime…
  • Vamos a poner la balanza a su favor. ¡HEY, COMEPEGAMENTO! -refiriéndose a Daemon, quien se sintió inmediatamente aludido- ¡YO QUE TÚ NO LOS SUBESTIMABA, EH!
Acto seguido, tomó las pequeñas esferas de colores dentro de la bolsa y las arrojó fuera del escudo en dirección a los demás niños, convirtiéndose en rayos de luz de diversos colores; una de ellas, de color amarillo, tocó a Davis y las demás al grupo que se había quedado protegido por los demás digimon: uno rosa para TK, blanco para Kari, celeste para Yolei, añil para Ken y verde agua para Cody.

Poco después, cada uno quedó envuelto en una luz de su respectivo color, hasta que esta se desvaneció y los dejó con atuendos diferentes: Davis tenía una ropa semejante a la que usaba en el Digimundo, pero en versión en cuero negro y con dos pequeñas dagas con los emblemas que portaba; TK vestía una armadura plateada con tonos dorados y azules, así como motivos del Emblema de la Esperanza; era casi una copia de Seraphimon pero sin alas y con una armadura más acorde a su tamaño, además tenía una espada que combinaba con la armadura; Kari vestía una sencilla túnica blanca con detalles plateados de tonos rosa y acabada en una falda que llegaba hasta las rodillas, y en su mano portaba un largo centro acabado en una réplica en miniatura flotante y luminiscente de un Na’aru con el emblema de la Luz; Yolei usaba una vestimenta similar, pero de color lavanda con detalles dorados del emblema del Amor y el de la Pureza y un cetro terminado en cuatro cristales de cambiante color, además de portar unas gafas que aparecieron de la nada; Cody usaba un uniforme de monje practicante de artes marciales chinas de color negro con sendas pulseras en sus muñecas con el emblema del Conocimiento y la Sinceridad, y en su mano, un sable de bambú propio del Kendo. Ken tenía el traje más… llamativo; muy semejante al que usaba como Emperador de los Digimon, pero sin hombreras doradas ni gafas, y una capa corta de color azul oscuro -igual que los pantalones, la camiseta y la chaqueta con el emblema de la Amabilidad- Lo más llamativo -y grotesco- era que en su mano derecha tenía un báculo largo acabado en un cráneo con cuernos que no paraba de manar la misma energía vil verdosa que usaba Daemon.


  • ¡¿Qué demonios nos pasó?! -exclamaron los niños al verse-
  • ¡Yo no quiero tener un bastón con un cráneo!
  • ¡¿Qué demonios pasó?! -dijeron esta vez los digimon-
  • ¡Qué lindo vestido! -exclamó Yolei- ¿Me lo podré quedar?
  • ¡¡Shenglongmon, que demonios hiciste!!
  • ¡Hice las cosas más balanceadas, comepegamento! ¿Crees que no hay humanos más fuertes que tú? Conozco varios que podrían patear tu morado culo, pero lamentablemente no los pude traer… En fin: ¡¡TK, ERES PALADÍN; KARI, SACERDOTIZA; YOLEI, ERES UNA MAGA; CODY, UN MONJE; KEN, UN BRUJO INVOCADEMONIOS; DAVIS, UN PÍCARO CON HABILIDADES DE NINJA!! ¡Ahora tienen poderes, ÚSENLOS!
  • ¡¡¿¿Qué QUÉ??!!
  • ¡Pero no sabemos cómo usarlos, Shenglongmon!
  • ¡Les saldrá naturalmente, TK; luego les explico! ¡Ulforce; tenemos que entrar a ese edificio, pero para AYER!
  • ¡De acuerdo!
Al principio, los niños se mostraron dudosos de sus nuevas habilidades; Daemon ordenó a los guardias viles atacar a los digimon y esparcirlos para dejar indefensos a los niños, cosa que finalmente lograron tras obligar a los digimon a enfrentarlos frente a frente. Ya sin los megadigimon para protegerlos, los Guardias Viles se apresuraron a atacar a los niños, aparentemente indefensos.

Cuál sería su sorpresa al ver a los pocos segundos, como uno de aquellos grandes demonios acababa partido por la mitad por el resplandor dorado… de la espada de TK. El mismo Elegido de la Esperanza no daba crédito a sus ojos: él sólo había actuado por instinto de supervivencia y atacado como método de defensa; tanto sus compañeros como Daemon, quedaron atónitos, pero no así el pequeño Dracomon: sabía de antemano que en el Multiverso existían humanos con talento natural a ciertos tipos de magia, y el hecho de que TK sea tan bueno con la Luz Sagrada, era algo más que predecible.


  • Pero, TK… Como lo…
  • ¡Eso no importa, Seraphimon! ¡Nos dieron poderes para luchar; Así pues, peleemos juntos!
  • Esto no puede ser… ¡Maldito seas, dragón enano!
  • Me encanta ver como los tontos me odian. -rio Shenglongmon al oír a lo lejos las quejas de su exalumno- ¡No me decepcionen, chicos!
Aunque seguían en shock, sus compañeros aceptaron de buena gana sus nuevas habilidades y las palabras de su líder; después de todo, ahora podrían ayudar a sus compañeros y no cumplir su habitual papel de porristas. Sus compañeros digimon se mostraban preocupados de ver a sus amigos humanos pelear contra un número cuasi infinito de demonios, pero no tardaron en convencerse: Kari y TK usaban rayos de Luz Sagrada para herir a varios enemigos -y curar a sus amigos- e incluso podían crear escudos protectores; Yolei empleaba todo tipo de hechizos y ataques a base de fuego y hielo para atacar a los demonios; Ken usaba -muy a su pesar y de GrandKuwagamon- magia demoniaca basada en la energía vil y de las sombras, en técnicas como absorber la vida misma de sus oponentes o simplemente lanzar rayos y bolas de energía; Cody, por su parte, se valía de sus movimientos de kendo combinados con artes marciales chinas -que nunca había aprendido- que dominaba bastante bien como para esquivar ataques y golpes de sus enemigos.

Muy fuertes no eran, pero los digimon no podían ocultar su satisfacción de ver que sus amigos estaban dispuestos a ayudarlos. Davis se disponía a cooperar y probar sus poderes, cuando el mismo Magnamon lo detuvo.


  • Tenemos que seguir, Davis. Nuestros amigos nos están dando tiempo.
  • Es verdad, Magnamon. ¡Apresurémonos!
  • Trataré de acercarlos lo mejor que pueda. -añadió Ulforce- Pero no veo que sea fácil.
El Caballeo Azul tenía razón: a pesar de ser capaz de viajar a la velocidad de la luz, era consciente que un humano no podría tolerarlo, y no estaba seguro de si los nuevos poderes de Davis lo ayudarían a soportarlo. Esto lo forzó a esquivar con cuidado a cada demonio que se le pusiera en su camino, algo en parte facilitado porque Cuāuhpillimon y los Victorygreymon despejaban el camino: el Caballero Águila los incineraba con sus ataques de fuego y los megagreymon partían demonios a la mitad con sus Dramon Breaker.

Daemon miraba desde lo alto como la batalla se había vuelto ligeramente más equilibrada: ver a los Niños Elegidos combatiendo -¡COMBATIENDO CON MAGIA!- contra demonios de la Legión casi a la par que digimon de nivel mega era algo inverosímil, hasta imperdonable para lo que a su visión era el orden natural de las cosas. Pero ellos no importaban: era ese mocoso de IQ bajo al que debía detener antes de que intentara siquiera acercarse a la Megatorre.


  • ¡No dejaré que toquen la torre de AkuShenglongmon! ¡¡Llamas de Algol!!
  • ¡Va a atacar a Davis!
  • ¡No podemos hacer nada, Ken! -contestó Yolei mientras congelaba a unos Observadores- ¡Estamos ocupados!
  • ¡Seraphimon, ayúdame!
  • ¿Qué piensas hacer, TK?
  • Algo que siempre quise hacer.
El digimon arcángel cargó a TK a su espalda y lo llevó hacia donde estaba por impactar el ataque del Rey Demonio; entonces, para sorpresa de Seraphimon -y sus demás amigos- TK atacó a Daemon haciendo aparecer sobre el un martillo de luz que al golpearlo, lo derribó, haciéndolo caer al suelo completamente aturdido.

  • Esto… ¡ES UNA BLASFEMIA!
TK se limitó a reír a carcajadas, mirando maliciosamente al Demon Lord.

  • ¿Un demonio hablado de blasfemias? No me hagas reír, por favor.
  • ¿Te crees la gran cosa por tener poderes que ni siquiera son tuyos? NO sabes a lo que te enfrentas, mocoso.
  • No; tú NO SABES a lo que te enfrentas, demonio de pacotilla: a niños a los que permitiste que alguien les quitara su familia, sus amigos, y su mundo.
  • Recuerda esto: tendré esa insolente cabecita tuya entre mis garras.
  • Quiero ver que lo intentes. -TK y Seraphimon se pusieron en guardia- ¡Ahora Davis, entra a la torre!
Daemon había enfocado toda su indignación en el mocoso rubio y su compañero ángel que se había olvidado por completo de Davis Motomiya; al voltearse, vio como él y sus compañeros se acercaban cada vez más a la Megatorre bajo la protección de UlforceV-dramon y los megagreymon que le abrían paso acabando con varios demonios. Ni corto ni perezoso, esquivó un ataque de Seraphimon lanzándolo contra su compañero y atacó a Davis y sus compañeros con sus Llamas de Algol repotenciadas con su energía Vil.

El Caballero Azul sintió sobre su espalda un creciente ardor provocado por el ataque de Demon Lord que se acercaba a cada segundo, y de reojo vio a otra oleada de demonios acercándose. Sin pensarlo dos veces, arrojó a Davis, Magnamon y al par de idiotas contra la puerta de entrada de la torre, a pocos metros de su ubicación, haciéndolos llegar hasta unos cuantos metros de ella; Shenglongmon los siguió de cerca. Poco después, Ulforce se protegió de las llamas de Daemon con su escudo a la vez que se interponía entre ellas y el grupo de Davis.


  • ¡Entra, Davis! ¡No pierdas tiempo!
  • Eh... ¡Sí! -contestó poco después de ponerse de pie, pero no pudo avanzar, pues dos Observadores amenazaban con atacarlo al instante- ¡Ma… Magnamon…!
  • ¡Rayo de…!
Antes de que Magnamon pudiera terminar de gritar su ataque, ambos demonios flotantes acabaron partidos por la mitad ante los pies de Davis, Arukenimon y Mummymon, completamente asqueados de los viscosos fluidos corporales de esa cosa. Los responsables de su ejecución los miraban con ansiedad.

  • No pierdan el tiempo y entren de una buena vez.
  • ¿Escucharon, idiotas? -les gritó Black, y no se dirigía solo a la araña y la momia- ¡Esto no es un juego! ¡ENTREN!
  • ¡Oye, no nos tienes que insultar! Ayudamos al Elegido, ¿Recuerdas?
  • Arukenimon… Daemon está…
  • ¡¡Llamas de Algol!!
Los Victorygreymon se pusieron en guardia mientras Davis y los demás corrían hacia la puerta de acceso; podían oír a los megagreymon rebanar enemigos a diestra y siniestra. Afortunadamente, habían logrado entrar sin mayor problema para poco después oír un terrible estruendo a sus espaldas; al voltearse, vieron el motivo: tanto los Victorygreymon como UlforceV-dramon habían recibido el golpe de Daemon, estrellándose contra la fachada de vidrio del edificio, pero para sorpresa de Davis y los demás, el cristal no había sufrido daño alguno; por el contrario, los tres digimon sufrieron heridas leves e incluso sus armaduras presentaban pequeñas grietas. Arukenimon llegó a decir que uno de ellos sangraba.

Daemon, confundido al principio, se abalanzó contra el edificio con tal de quebrar los cristales y sacar a Davis con sus propias garras, pero apenas lo tocó, fue arrojado varios metros a lo lejos de la puerta; ni siquiera pudo rozarlo. Aunque confundidos, los megadigimon recientemente abatidos lo miraban con una mezcla de asombro y burla.


  • Parece… que tu jefe no te deja entrar.
  • ¡¡Cállate, pitufo hormonado impertinente!! -le contestó el Demon Lord, poniéndose de pie- ¡Tú no entiendes cómo funciona la mente de AkuShenglongmon!
  • Y por lo que parece, tampoco tú. -contraatacó BlackVictorygreymon; después desvió la mirada hacia el edificio, donde Davis lo demás observaban todo- Más vale que hagan lo que tengan que hacer porque si sale todo mal, los haré sufrir en el Infierno. ¿Quedó claro?
  • Más que claro. -contestaron- Denle una paliza.
Los digimon no eran los únicos sorprendidos: por breves segundos, TK miró la escena de la entrada con perplejidad, seguida de preocupación: Davis, V-mon -con la forma de Magnamon-, Arukenimon, Mummymon y Shenglongmon acababan de entrar; los Victorygreymon y Ulforce no habían podido, y tampoco Daemon. ¿Qué significaba aquello? El Elegido de la Esperanza tenía un mal presentimiento.

  • Ten cuidado, Davis.
Daemon mientras tanto, dirigía su mirada a la Megatorre; había ordenado a los demonios atacar a los megadigimon para ganar algo de tiempo. No sabía si AkuShenglongmon estaría observando todo desde su oficina del penthouse, pero era imposible no sentirse observado por él o envuelto en su omnipresencia. ¿Por qué permitiría a Davis entrar?

  • Mmm… Estos mocosos son los afortunados; ellos morirán en mis garras mientras que el tarado de su amigo lo hará en cosas peores.



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La recepción de la Torre era sencilla pero magnífica: el espacio era sumamente amplio, de doble o hasta triple altura, piso de baldosas blancas impecables y brillantes, muebles de metal y acrílico en negro y variedades de gris, muros en color gris claro sin ninguna grieta o mancha, macetas sencillas con plantas delicada y geométricamente podadas como decoración, el logo de la empresa en la pared principal de la recepción y bajo el logo, una gran mesa semicircular donde aguardaba una secretaria. Lucía como la recepción de un edificio corporativo más.

Davis y los demás se maravillaban ante lo ordenado, limpio y calmo de la recepción del edificio, contrastado con el campo de batalla que había afuera; incluso volteándose para atrás, podían ver como la batalla contra los demonios continuaba. Era como estar en otro mundo, otro universo.

Davis decidió que no valía la pena mirar para atrás, y cortó por lo sano para continuar con su misión: preguntar a la recepcionista. Esta tenía el cabello largo y oscuro -como no había colores, era difícil saber si era morena o castaña- bien peinado y usando el uniforme de la empresa, sencillo y bien recatado, de color negro. Indudablemente, era de ascendencia europea o judía, tomando en cuenta que estaban en lo que alguna vez fue Israel.


  • ¿Puedo ayudarlos en algo?
  • Vinimos a ver a AkuShenglongmon. -preguntó Davis cortésmente a la recepcionista- ¿Nos puede decir dónde está?
  • Davis, ¿En serio crees que nos lo va a decir? Trabaja para Aku.
  • Este edificio es enorme, Magnamon. Además… -bajando su tono de voz- ¿Crees que a ella le importe?
  • ¿Tienen cita con el señor AkuShenglongmon? -preguntó la mujer de manera tranquila mientras ojeaba sus registros-
  • Eh… no, pero… -Davis trató de planear una excusa; entonces recordó que TK le había dicho de su encuentro- él nos invitó personalmente.
  • Veré si puedo contactar con él. -tomó el teléfono y comenzó a marcar- Es alguien sumamente ocupado; pueden tomar asiento, por favor.
  • El destino del Multiverso está en juego, y estamos aquí como si fuese un asunto tan banal. -se quejó Mummymon mientras se acomodaba- Sólo AkuShenglongmon puede hacer que esto de salvar la Realidad sea aburrido.
Incluso en la situación en la que estaban, quedarse frente a la mesa de la recepcionista y verla conversar por teléfono se oía muy aburrido, por lo que Davis se alejó de ella y fue hacia la recepción en compañía de Shenglongmon. De vez en cuando, tanto él como Magnamon y los otros, veían la batalla de afuera, impotentes al no poder ayudar a sus compañeros, pero esperanzados de que acabarían acompañándolos. Arukenimon se sentó en uno de los sofás, mirando despreocupada y aburridamente el vacío; no esperaba que su trabajo fuera tan aburrido.

Mummymon, por su parte, encontró algo para distraerse.


  • Hey, tú. -golpeándolo suavemente en el hombro- El enano.
  • ¿Sabes que puedo mandarte volar si me insultas así? Aparte, como Magnamon no soy enano, idiota.
  • ¡Bueno, ya! Eres tan sensible como tu primo el Caballero Real. Sólo quería aclarar una cosa. ¿Qué Shenglongmon no dijo que éramos lo único con color en este mundo?
  • Si, lo dejó muy claro. ¿A qué va la tonta pregunta?
  • Que si eso es verdad… ¿Qué diablos es eso?
Magnamon desvió la mirada hacia donde apuntaba la momia, primero de manera indiferente… hasta que vio el porqué de su asombro. Hizo llamar a Davis, V-mon y Arukenimon para mostrarles su descubrimiento, y al igual que ellos, quedaron boquiabiertos:

Un enorme mural, de casi seis metros de largo por tres de ancho se extendía en una de las blancas paredes de la recepción… o al menos eso pensaron hasta descubrir que en realidad era un cuadro. ¿Cómo no habían notado su presencia debido a su inmenso tamaño? Aparte de su gran particularidad: estaba a colores, al menos la mitad. A ambos lados del cuadro, había dos dragones serpentinos de características chinas -la pintura en sí tenía grandes rasgos de esta cultura- rodeados de dos paisajes tan diferentes entre sí como los mismos dragones: el de la izquierda era completamente negro y gris en su cuerpo, con detalles blancos en el cuello, cuernos color plomo y doce cubos plomizos alrededor de su cuerpo; su entorno era de fondo gris con nubes pixeladas blancas. El dragón de la derecha y su entorno eran la única parte de la pintura que tenía colores: la criatura presentaba un color verde esmeralda brillante en sus escamas, cuernos rojo brillante, una larga cadena dorada alrededor y doce orbes de cambiantes colores; su entorno era como una fotografía de la NASA, con nebulosas y estrellas de muchos colores. La pintura de hecho era tan impresionante que casi parecía estar viva.

Sin embargo, había un detalle más en la pintura: ambos dragones se hallaban separados por una gruesa franja negra tan oscura e hipnotizante que hacía creer al observador, que se quedaba viendo la imagen, que poseía profundidad real.


  • ¿Davis Motomiya?
  • ¿Huh? Ah, sí, soy yo. -dijo el aludido, alejándose de la pintura- ¿Logró hablar con él?
  • El señor AkuShenglongmon no se encuentra en su oficina en este momento; se halla sumamente ocupado.
  • ¿En qué? -preguntó el pequeño Dracomon de manera altanera-
  • Asuntos de la empresa: no me ha dado más información. Pero me ha dicho que es libre de ir a su oficina y esperarlo hasta que regrese: lo atenderá en cuanto termine.
  • ¿En qué piso se encuentra su oficina? -preguntó Magnamon esta vez- Ya me imagino que está…
  • En el piso 180: los ascensores están por allá. -señalando la parte de atrás de la recepción, donde había un pasillo- Al final del pasillo, junto a las escaleras.
  • Debí habérmelo imaginado.
  • Gracias.
  • Por favor no corran.
  • Antes de irnos, es mejor ir a informarnos un poco de este edificio. -señalo Shenglongmon- Hay un panel informativo aquí cerca; veámoslo primero.
El panel mostraba un esquema del edificio con varias de sus dependencias y el piso en el que se encontraban: la mayoría eran oficinas, comedores comunes, salas de reuniones y “bares de soma”, así como extrañas “áreas verdes” de difícil interpretación. Sin embargo, había dos lugares llamativos.

  • Oye. Este lugar de aquí -Arukenimon señaló con su dedo en un punto del panel- está más o menos a la altura de ese cubo raro que dijo ese dragón deformado de tu amigo. Dice que es la Bóveda Principal.
  • El boleto debe de estar allí. -asintió Shenglongmon- Pero conociendo a Aku, con eso no bastará.
  • ¿Cómo que con eso no bastará? -se quejó Davis, cruzándose de brazos- ¿Qué más quiere ese tipo?
  • Discord ya lo dijo: formularios y copias, firmadas y autenticadas. Y creo que sé dónde hallarlos. -señaló un punto del panel- Piso 120: Archivos corporativos.
  • Vamos a tener que hacer varias paradas. -suspiró Magnamon- Ni modo.
  • ¡Busquemos todos esos papeles!
Davis no perdió tiempo y fue directo al punto señalado, donde en efecto, estaban los ascensores. Había apretado el botón de llamada antes de que Shenglongmon le replicara que se detuviese.

  • ¿Por qué no querías que lo llamara?
  • ¿De verdad piensas que Aku te la pondría tan fácil, Davis?
  • Ehm…
  • Déjame que te lo demuestre.
Shenglongmon exigió que se alejaran del ascensor mientras él dejaba una maceta que había empujado hasta ubicarla justo enfrente de la puerta que estaba por abrirse. En cuanto lo hizo, la maceta fue succionada casi de inmediato junto a otros objetos pequeños, y lo hubiera hecho con Davis y los demás si no se hubieran aferrado a unos pilares del hall.

  • Un agujero negro dentro de la caja del ascensor. Oh, vamos, Aku: sé más original.
  • ¡Trató de matarnos!
  • Más bien nos insta a usar las escaleras. -contestó a Davis mientras iba hacia la puerta que daba acceso a las mismas- Y no tenemos otra opción, a menos que quieras escalar el edificio desde afuera.
Tras abrir la puerta de la caja de escalera, estaba el mayor temor de Davis: una casi interminable escalera que se elevaba hasta el infinito, con algunos descansos señalizados que indicaban a qué piso conducían.

  • ¡Lo sabía! ¡Vamos a tener que hacer como esos Caballeros del Zodiaco y subir millones de escaleras!
  • No hará falta, Davis: puedo volar y todo será más… -Magnamon trató de levitar, pero no pudo; sus pies no se levantaban del piso- ¡Qué demonios pasa, no puedo volar!
  • Capaz se deba a esto…
Mummymon señaló un pequeño cartel junto a la puerta con las siguientes indicaciones: “En la caja de escalera está Prohibido Fumar, Prohibido saltar los escalones, Prohibido la Teletransportación y Prohibido Volar.”

  • Shenglongmon, capaz no lo dije antes, pero… ¡Detesto a tu otro yo!
  • El sentimiento es mutuo, Magnamon. Y no es un letrero cualquiera; es mágico. Cualquier cosa que esté escrito en él se debe de cumplir sí o sí. Y no se puede alterar. -Davis estaba a punto de llorar al imaginarse el dolor que le causaría subir todo eso- Agradece que los poderes de Pícaro te den más estamina, Davis; podrás soportar la caminata… y a espantar futuras pestes. ¡Basta de cháchara; hay que subir!
  • Ah, por cierto, Shenglongmon. -preguntó apenas comenzaba a subir los peldaños junto a los otros- Tenía una duda.
  • Agh… Dímela.
  • Dijiste que a AkuShenglongmon no le gusta el arte, ¿Verdad?
  • See, Davis. ¿A qué va la tonta pregunta? Creí haber sido muy claro.
  • Es que me parece muy extraño que Aku tenga estatuas de ángeles en su recepción.
  • ¿Estatuas? ¿Ángeles?
  • Si, estatuas muy bonitas, pero todas hacían como que lloraban. Raro, ¿No? Creo que nadie más se dio cuenta.
Davis continuó subiendo en compañía de Magnamon, Arukenimon y Mummymon, mientras el pequeño Dracomon continuó con un paso más lento, cavilando.

  • OH, NO…



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La batalla continuaba en el exterior: los demonios seguían viviendo -y muriendo- sin mostrar indicios de acabar o rendirse. Los megadigimon daban pelea con la mayor cantidad mientras que los niños hacían lo posible por ayudarlos porque no estaban acostumbrados a luchar por su cuenta y no eran tan poderosos como sus amigos digitales; pese a ello, éstos valoraban su ayuda más de lo que lo demostraban.

Quedaba más que claro que aquella oleada demoniaca era una mera distracción para no ayudar a Davis en su escalada a la Megatorre, pero ignorarla era imposible; sólo quedaba encontrar la manera de detenerla.


  • Esto es inútil. -se quejó Seraphimon- Matamos demonios tras otro, tras otro y tras otro y siguen llegando. ¡No vamos a ir a ningún lado!
  • Tiene que haber una forma de detener esta oleada. -Ken acababa de matar a dos guardias viles- No podemos pelear infinitamente.
  • Si pudiera… Espera. ¿Y estas gafas?
Yolei no se había dado cuenta que llevaba unas gafas nuevas desde que cambió su atuendo; ni siquiera las tenía puestas, sino que se apoyaban en su sien. Cuando se las colocó apropiadamente, se llevó una sorpresa: eran como gafas de visión nocturna, donde veía todo en tono oscuro y varios resplandores. Los demonios resplandecían en tono verde fluorescente, sus amigos estaban envueltos en un aura con el color correspondiente de la luz que los había envuelto, y los digimon pues tenían una tenue aura color lavanda, aura que también envolvía los digivice. No sabía cómo, pero entendía lo que estaba viendo.

  • Es magia.
  • ¡Yolei, ten más cuidado! -exclamó Cuāuhpillimon tras partir por la mitad a dos ered'ruin que amenazaban con atacar a la distraída muchacha- ¿Qué decías?
  • Puedo ver la energía mágica con estas gafas: lo veo todo como ese holograma que vimos de la Megatorre.
  • ¡Es maravilloso, Yolei! ¿Pero eso de qué sirve?
  • ¡Cody, déjame que termine! Ahora lo entiendo todo: Shenglongmon les está dando parte de su energía para que mantengan su digievolución.
  • ¿Qué?
  • Creo que la luz de la digievolución desapareció del digivice desde que Aku tomó el mando de todo.
  • ¿Quiere decir que si estamos peleando con este poder es porque él nos brinda parte de su energía?
  • Exactamente, BlackVictorygreymon. Y la Megatorre: oh, vaya…
A los ojos de Yolei, la Megatorre era un auténtico faro de energía: si absorbía o manaba energía era difícil de entender, aunque apostaba más por lo segundo. Y toda esa energía era oscura, dándole un toque espectral perturbador. Cuando desvió la mirada hacia arriba, pudo ver a Daemon flotando, envuelto en un aura de cambiantes colores verdes y violeta fluorescente, y que de él, partían pequeñas hilachas de energía en dirección a…

  • ¡Daemon es la clave! ¡Si lo matamos, el portal que trae a esos demonios se cerrará!
  • Con que eso era. -asumió Ulforce- Pues con gusto lo haré pedazos.
  • No te lo dejaré a ti solo. -insinuó el Águila- Tengo algo pendiente con ese sujeto.
  • ¡Sólo vayan y mátenlo, par de tontos! -el grito de Yolei destrozó los oídos de todos- ¿O creen que vamos a lidiar con estos demonios de pacotilla toda nuestra vida?
El Demon Lord había advertido a los niños conversando, y si bien no los oyó, sí se dio cuenta que estaban dando pelea a sus esbirros infernales; en ese caso, necesitaría algo de ayuda. Creó círculos rúnicos en el aire con sus manos y lanzó dos complejos sellos al cielo: de ellos, nacieron dos grietas dimensionales que de los que salieron cuatros naves de la Legión que no perdieron tiempo en bombardear masivamente a los Elegidos, aunque eso significara atacar a sus propios esbirros.

Aquellos que podían usar o invocar escudos, los utilizaron para proteger a los demás; otros esquivaban las llamas viles que caían desde el cielo. Bajo la protección del escudo de Cuāuhpillimon, Yolei revisaba con prisa un pequeño libro de hechizos que había descubierto en su cintura.


  • ¡Malditas naves! ¡Debemos deshacernos de ellas!
  • No creo que puedas. -dijo la chica hechicera- Están protegidos con un escudo mágico que repele los ataques. ¡El maldito lo hizo para hacernos perder el tiempo! Tenemos que acabar con él.
  • Daemon no es tan tonto como crees. -la interrumpió una voz: era Ophanimon, apareciendo junto a Yolei- Va a necesitar una distracción.
  • ¿Huh?
  • Me imagino que ya tienes un plan, oh gran hechicera.
  • ¡Apenas estoy aprendiendo a usar esta magia! -le contestó antes de darle un vistazo a su librito- Pero creo saber qué hacer. ¡Ken! Necesito que me ayudes.
  • ¿Qué quieres hacer, Yolei?
  • Necesitamos deshacernos de esas naves, y creo saber cómo. Pero tenemos que acercarnos a las naves.
  • ¿Por qué?
  • ¡Soy una novata en esto, Ken! ¡Sólo ayúdame!
  • Ayudaré a UlforceV-dramon a distraer al cornudo. Buena suerte.
Ken pidió a GrandKuwagamon que los llevara y este accedió, aunque con muchas dudas; mientras volaban bajo la protección de los Victorygreymon y Zeedgarurumon, Yolei explicó su idea: infiltrarse en las naves y sabotear sus motores para que implosionen para así deshacerse de ellas. El problema era que para entrar, necesitaba acercarse para crear un portal a su interior; el otro era que obviamente iban a estar resguardadas, y como era un brujo, él tenía más capacidad de tratar con demonios.

  • ¡¿Quieres que yo qué?!
  • Mira; por lo poco que sé, tienes la capacidad de controlar demonios, al menos temporalmente. Podrías hacer que se maten entre sí mientras yo hago un hechizo en su fuente de poder.
  • ¡No quiero manipular esa clase de fuerzas! ¡Está mal! De por sí me molesta usar los poderes que tengo.
  • ¿Quieres que te de otra cachetada como la vez que Blackwargreymon apareció la primera vez? -contestó ella- ¡Despierta, Ken: estamos peleando contra demonios que amenazan a nuestros amigos!
  • Quiero ayudarlos; puedo regresar a ser Wormmon y ayudarlos desde adentro.
  • No sé si logremos meterte; de no ser así, espéranos afuera.
  • Entendido, Yolei.
La chica se paró sobre el digimon insecto y comenzó a usar sus manos para crear un portal de aspecto lenticular que permitía ver el interior de la nave, cosa que sorprendentemente no se tardó en hacer: ambos niños saltaron a su interior, seguidos de GrandKuwagamon, que regresò a su forma de Wormmonpara poder entrar; mientras tanto, había muchos enemigos que destruir, y de los que sus amigos se encargarían.

Afortunadamente, Daemon no se había dado cuenta: tenía al Caballero Azul y al Caballero Águila entreteniéndolo lo suficiente.





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Había pasado menos de media hora y AkuShenglongmon había descifrado el primer hechizo candado y estaba por resolver el segundo. Resolver el hechizo sellador de ZeedMilleniummon era un auténtico reto para él, a pesar de su virtualmente ilimitado poder y el hecho de tener acceso a todo el conocimiento arcano del Multiverso; algunos de los hechizos que requería eran antiquísimos: algunos no sólo más antiguos que la humanidad, sino que la Tierra misma, e incluso alcanzaban la edad del Multiverso. No era más que una prueba de su templanza y su aguda inteligencia el descifrar el código del Maestro y liberar a la criatura aprisionada dentro de aquella maravilla arcana de enclaustramiento forzado.

Con un suave movimiento de su mano, hizo correr de una pantalla holográfica una infinita cantidad de runas mágicas, hasta encontrar y seleccionar las correctas, y con otro ademán de su mano, las colocó en su lugar dentro del segundo “candado”, con forma de un dodecaedro de luz traslúcido orbitando junto a otros doce la burbuja que retenía a ZeedMilleniummon. El poliedro se tornó de un color ámbar al recibir el doceavo hechizo y luego se apagó: faltaba uno más.


  • Debo de admitir que esto ha superado mis expectativas: su hechizo de retención ha sido mucho más complejo de lo que esperaba, Señor ZeedMilleniummon.
  • Oh, es verdad: no puede hablar. -Aku le dirigió una breve y atenta mirada a su “invitado”- Y evidentemente tampoco oír, me disculpo por eso; supongo que me siento en necesidad de entablar una conversación inteligente con alguien a mi nivel. Evidentemente eso es imposible, y me veo obligado a hablar con usted, aunque es de por sí un honor. ¿Le importa que continúe?
  • Lo tomaré como un sí. -volteó hacia las pantallas que mostraban los infinitos hechizos- Usted es una leyenda, ¿Sabe? El único digimon sin magia que ha puesto a más de un ser ascendido a cuestionar el derecho de existencia de la especie. No podía ser de otro modo teniendo en cuenta la valiosa cantidad de conocimiento que adquirió del Yggdrasil que lo creó: conocimiento de cien millones de años de historia de toda una galaxia, y de otras civilizaciones aún más avanzadas de otros rincones de su Universo. Civilizaciones para los cuales la manipulación del tiempo espacio es juego de niños, y los digimon -incluso los más poderosos- meras motas de polvo de las cuales no vale preocuparse. -Aku le dirigió una mirada serena y casi cómplice a Zeed- Usted las hizo sudar.
  • Alterar el espacio-tiempo, amenazando con destruir su universo y otros más. -Aku hizo aparecer una pequeña semilla con picos levitando cerca de su frente- esparcir sus esporas por todo el Multiverso y hacerlas indetectables para los seres ascendidos…
  • ¿Sabe una cosa? Ni siquiera los magos más talentosos y más poderosos del Multiverso, ni el mismo Consejo de Magos y Hechiceros, son capaces de encontrar todas sus esporas: es como hallar un diminuto grano en particular en medio de una playa. Es tan pequeña, y tan poderosa y práctica a la vez. -guardó la semilla, haciéndola desaparecer- Es un honor estar ante un genio como usted.
  • Humildemente diré que nos parecemos: ambos queríamos superar los límites que nos tenían atados a las banalidades de nuestro pequeño e irrelevante mundo digital; nos querían contener, y demostramos que era imposible. Por desgracia, usted se llenó de una ira salvaje propia de una bestia sin pienso. -Aku le volvió a dirigir la mirada, como si Zeed entendiera lo que decía; a veces, parecía que sí- Por eso está aquí.
Tras revisar la lista de hechizos de varias de sus pantallas holográficas, seleccionó el indicado, trasladándolo en el segundo dodecaedro; este brilló de nuevo en ámbar, pero no se apagó. Las pantallas anunciaron al unísono:

HECHIZO CANDADO DOS: DECODIFICADO CORRECTAMENTE.


  • Ahora vamos por el tercero.



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Los dos Caballeros se enfrentaban a Daemon evitando que prestara atención a Yolei y Ken, que buscaban entrar a las naves. Aunque acordaron trabajar juntos, y había sido elegido líder, a Ulforce le costaba trabajar en equipo con su recientemente conocido compañero: Cuāuhpillimon sencillamente se había vuelto muy impulsivo, por no decir más que decidido, en acabar con Daemon de una vez por todas… lo que no era malo excepto porque aparentemente quería hacerlo sólo él.

Daemon se dio cuenta de las pequeñas diferencias de sus adversarios y lo hizo notar.


  • ¿Acaso detecto diferencias entre los dos Caballeros que ingenuamente quieren matarme?
  • ¡Silencio! ¡Nadie pidió tu opinión!
  • ¿Te quieres calmar? Se supone que soy el líder y somos un equipo.
  • Ya lo sé. -gruñó el Águila- Pero eres demasiado lento. ¡Flamas Tonatiuh!
  • ¡Llamas de Algol!
Los ataques de fuego chocaron entre sí, con clara ventaja de Daemon, pero el Caballero Águila resistió el golpe de calor. Ulforce no hizo nada mientras Cuāuhpillimon y Daemon intercambiaban golpes porque seguía con un tic nervioso desde que lo llamaran lento: lo habían llamado casanova idiota, saco de esteroides, pitufo hipertrofiado, vegano maniático -a pesar de ser ovolactovegetariano-, bonachón sin remedio, y virgen consumado. ¿Pero LENTO?

  • ¿Qué demonios haces ahí flotando, Ulforce? ¡Ayúdame!
  • ¿Lento? ¿¿LENTO?? ¡SOY EL CABALLERO REAL Y EL DIGIMON MÁS RÁPIDO DEL UNIVERSO! ¡¡PUEDO MOVERME A LA VELOCIDAD DE LA LUZ, PAJARRACO DE MIERDA!! ¡¡CÓMO ME PUEDES DECIR LENTO A MI, A MI: ULFORCEV-DRAMON -ULISES- SANTACRUZ!!
  • ¡¿Te apellidas Santacruz?! -preguntaron ambos digimon, interrumpiendo su pelea- Espera... ¿Te llamas Ulises?
  • ¡No desvíes el tema!
  • Cierto, no: se supone que debo matarlos a ambos.
Daemon atacó por sorpresa a Cuāuhpillimon, golpeándolo repetidamente en el vientre hasta hacerlo estrellar contra el suelo; fue hacia Ulforce, a quien tomó del brazo y lo arrojó contra el sector comercial de la ciudad. El Caballero Azul acabó estrellándose contra una de las torres de oficinas, levantando mucho polvo y arrojando escombros por las calles; aún se hallaba aturdido cuando Daemon aterrizó junto a él, listo para continuar golpeándolo. Ulforce sintió algo blando y húmedo en su espalda, pero no supo de qué se trataba mientras trataba de levantarse.

  • ¿Qué pasó de tus burlas, de tu prepotente jovialidad, lagartija?
  • Sigo esperando a que me des un golpe, oh señor “viajo a la velocidad de la luz”.
  • Ya vas a ver… abuelo.
  • Al menos podrías tener la molestia de levantarte de ese cadáver en tu espalda para darme la cara.
Al oír la palabra “cadáver”, Ulforce no tardó en levantarse del suelo y comprobar si lo que Daemon le decía era verdad. Por desgracia para él, el Demon Lord no mentía: debajo de él yacía el cuerpo inerte de un hombre adulto evidentemente aplastado por el peso del Caballero Real al caer encima de él tras estrellarse contra el edificio. En sus 10.115 años, Ulforce JAMÁS había tenido la vida de un humano en su conciencia, como sus compañeros; pero como había compartido con ellos tanto tiempo, el hecho de hacerse responsable de la vida de uno lo estremeció y llenó de rabia contra el Demon Lord.

El Caballero Águila llegó a tiempo para ver la escena, señalando al hombre muerto; Daemon sonreía maliciosamente al ver a los dos caballeros perplejos.


  • ¿Qué demonios pasó aquí?
  • ¡Yo no lo hice! ¡No es mi culpa; es de este imbécil cornudo!
  • Ulforce, te recuerdo que Shenglongmon arreglará todo después de esto. ¡Enfócate…“líder”!
  • ¿Este llorón azul es su líder? -el Demon Lord rio- Con semejante bobo guiándolos, será fácil liquidarlos.
  • ¡¡Cállate, malnacido hijo de puta: de esta no te salvas!! -un aura azulada envolvió su cuerpo- ¡¡Impulso Dragón X!!
El ataque sorprendió a Daemon, siendo arrastrado por una ráfaga de energía con forma de dragón hasta llevarlo varios kilómetros por encima de la superficie; instantes después, el Demon Lord recibió numerosos golpes por todo su cuerpo que era incapaz de contar. Se vio obligado a admitir que no se esperaba semejante respuesta del Caballero Real, a quien siempre consideró un “chico tonto e inmaduro”.

Pero no fue el único que lo atacaba: Cuāuhpillimon apoyó a su amigo atacando al Demon Lord con su Carga Citlalicue lanzándole un grupo de estrellas a quemarropa. Tras el ataque, Daemon quedó cubierto en una cortina de polvo: ambos Caballeros se juntaron para ponerse en guardia ante cualquier eventualidad.


  • ¿Ya se murió el hijo de puta?
  • Siguen llegando demonios, Ulforce. -contestó tras un rápido vistazo a la superficie- Así que diría que no.
  • ¡¡Mierda!!
  • Deberías cuidar ese vocabulario, jovencito impertinente.
  • ¡Deja de ser un cobarde escondiéndote en el humo y muestra tu horrible cara!
  • Como quieras, pajarraco.
Ambos Caballeros recibieron el golpe de las Llamas de Algol, siendo expulsados del edificio hasta estrellarse contra el pavimento de la plaza central de la ciudad. Apenas tuvieron tiempo para levantarse y evitar los golpes directos que Daemon estaba por darles a ambos, y responder con los suyos propios; el Demon Lord acabó bajo una lluvia de puñetazos de ambos Caballeros y luego entre los escombros de otro edificio de oficinas al que fue lanzado y colapsó sobre él, llenándolo todo de polvo.

Ulforce no estaba contento con la situación.


  • Lo tenemos que sacar de aquí. ¡No quiero más bajas humanas: no me importa si después Shenglongmon las puede revivir después!
  • Concuerdo contigo, y lo haremos… Pero no dejes que esa preocupación se vuelva en tu contra.
  • ¿Qué?
  • UlforceV-dramon: llevo casi un año como compañero de una humana y viviendo con su familia; yo tampoco quiero bajas. Pero escucha: si nos seguimos preocupando por ellos, Daemon lo usará en nuestra contra al hacer que intentemos protegerlos en lugar de acabar con él. Recuerda: debemos ELIMINARLO.
Cientos de escombros volaron por los aires, mostrando a un Daemon dispuesto a continuar.

  • ¿Ya acabaron con su charla de señoritas? ¿O van a pelear como los hombres?
En ese momento, un rayo multicolor lo nockeó sorpresivamente, dejándolo momentáneamente aturdido. La responsable del ataque no tardó en acercarse a los dos Caballeros con aire de condescendencia.

  • ¡¡Ophanimon!!
  • Pelear como los hombres, ¿Eh? Es un buen consejo, ¿Por qué no lo siguen? No creo que les guste que una mujer los rescate.
  • ¡No nos rescataste: sólo lo aturdiste! -replicó Ulforce- Es mejor que ayudes a los chicos a eliminar a los demonios de relleno.
  • ¡Ni hablar! Quiero ayudarlos a derrotar a ese pusilánime.
La ángel apenas tuvo tiempo de terminar la frase, ya que el aludido “pusilánime” recobró el conocimiento y atacó a los tres con sus Llamas de Algol a una intensidad mayor a la habitual, dejando a los dos Caballeros temporalmente fuera de combate; Ophanimon continuó atacando a Daemon con sus Cristales de Zefirot sin lograr hacerle daño alguno. La tomó fuertemente del brazo y tras lanzarla reiteradas veces contra el suelo para aturdirla, se la acercó al rostro, y acabó lamiéndola, para sobresalto de los demás.

  • ¿Sabes? Con Lilithmon muerta… o convertida en Dalek, o que se yo, me voy a sentir algo… “necesitado”. Tú me entiendes, ¿No?
  • ¿Acabas de decir que tu esposa de más de diez mil años podría estar muerta, y ya me ves como reemplazo así sin más?
  • No soy idiota: todo el Digimundo sabía que Lilithmon era una zorra y se acostaba con todo bicho que caminara, nadara, reptara o volara. Si no se lo reclamé, o no la maté antes era porque creía que en algún momento me sería útil para lograr mis objetivos; pero al igual que el resto de mis compañeros, se rindió a los placeres mundanos de manejar un simple club nocturno. Así que, ¿Qué demonios tengo que extrañar de ella ahora que AkuShenglongmon la eliminó?
  • Eres despreciable…
  • Y tú mi futura aman…
  • ¡¡ESO SI QUE NO...!!
  • ¡Saca tus zarpas de mi exnovia, cornudo de mierda! ¡¡RUGIDO OSCURO!!
  • ¡Y de mi novia, animal! ¡¡TRIDENTE DE GAIA!!
Daemon apenas tuvo tiempo de ver los destellos rojizos y purpúreos de ambos ataques golpearlo con tal fuerza que lo arrojaron literalmente kilómetros en el aire, seguidos de repetidos golpes a puño desnudo y cargados de furia de BlackVictorygreymon mientras descendía. Por su parte, Darkdramon tomaba a Ophanimon en sus brazos para sacarla de allí; se veía herida, aunque ella no quería demostrarlo.

  • No me gustan los abusadores, amiga mía.
  • Y a mí que me traten de princesita en apuros; ya no somos novios, Darkdramon ¡Bájame!
  • Por lo menos espera a que alguien te cure tus heridas. ¡Hey, Rayito de Sol; necesitamos a un enfermero aquí y ahora!
  • ¡Ya voy! -exclamo TK tras matar a un par de demonios y correr en dirección a la ángel- Ten en cuenta que soy un novato en esto de la curación por la Luz.
  • Lo harás bien, mi buen amigo. -contestó Darkdramon; después fijo su mirada hacia la pelea entre BlackVictorygreymon y Daemon- Se nota que te ama mucho: le está dando tremenda paliza a ese viejo de mierda; como todo un macho de verdad.
  • Así parece.
  • Me alegro que alguien como él sea tu novio.
  • Casi diría que lo envidias, y que lamentas que lo nuestro no funcionara.
  • A veces… Pero prefiero que alguien de mi confianza y más valiente que yo esté a tu lado.
  • Eres alguien muy bueno, Darkdramon.
  • Ella tiene razón.
  • ¿Quién te preguntó, “enfermero”? -chilló el dragón de armadura azul; TK sólo le dirigió una mueca burlona- Mejor apresúrate porque no quiero perderme la diversión, y ella tampoco. ¡Y ustedes dos, “Caballeros”! ¿Qué carajo hacen? ¡Ayuden al amigo Black!
  • ¡¡Ya vamos!!
Ulforce y Cuāuhpillimon volaron en dirección a Daemon, sólo para encontrarse a un BlackVictorygreymon descargando toda su furia contra el Demon Lord, al punto que hasta ellos sentían pena por él, y hasta miedo de enfrentarse al Dragón Oscuro con semejante nivel de enfado.

  • ¡¡Te enseñaré a no tocar a mi novia, demonio inmundo!! -Daemon recibió sendos puñetazos en la cara que le arrancaron varios colmillos- ¡¡Maldito hijo de perra poco hombre; te vas a arrepentir!!
  • Ehm… BlackVi…
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉEEEEEEEEEE???!!!
  • Nosotros… -Ulforce tuvo que tragar saliva; por más título de Caballero que tuviese, ese Blackwargreymon que le dirigía semejante mirada de odio daba miedo- nos encargaremos de él; tú ayuda a los niños con los demonios, ¿Si?
  • Grrr… Tienes suerte que no te haya arranado la lengua, insecto. -lo agarró del cuello y se lo lanzó hacia los Caballeros- ¡Todo suyo!
Mientras tanto, dentro de una de las naves de la Legión, Yolei, Ken y Wormmon buscaban afanosamente el motor de la nave para poder desactivar el campo de fuerza que protegía la nave… y posteriormente sabotear la misma: si lograban hacer eso en una sola, podrían con las demás.

En el camino, Yolei y Ken se deshicieron de unas cuantas shivarras que circulaban los pasillos, vigilantes: mujeres demoniacas altas, de piel azul violáceo con tres pares de brazos portando espadas. Si sus armas blancas fuesen su único modo de ataque, hubiese sido más sencillo deshacerse de ellas, pero varias podían incluso lanzar hechizos o hasta rayos y llamaradas por los ojos o la boca respectivamente: Yolei usaba su magia para aturdirlas o congelarlas; Stingmon las atacaba con su arma y Ken lograba drenarles hasta lo último de su energía vital hasta desintegrarlas, algo que en efecto, no le gustaba.


  • Nunca me acostumbraré a esto; sé que son demonios, pero…
  • Ken, dudo que sea el momento de ser blando con el enemigo: no son humanos, ni digimon, ni ninguna especie con la que se pueda razonar.
  • Ella tiene razón, Ken. Sé que no te gustan esos poderes, pero eres capaz de manejarlos: yo sé que sí. Eres un chico muy fuerte.
  • Haré lo que pueda, Stingmon. Yolei, ¿Falta muy poco?
  • Si: puedo sentir la fuente de poder de esta nave muy cerca.
No tardaron en encontrarla: una cámara circular relativamente grande con un enorme orbe de color verde de consistencia variable entre semivítrea, líquida o etérea. Lo primero que a Yolei se le ocurrió al verlo era una especie de reactor, pero gracias a su recién adquirido “instinto mágico”, por decirlo así, supo que era algo más que eso.

  • Esto no sólo es su fuente de poder: es casi como una especie de cerebro, una computadora central, pero hecha a base de energía vil pura.
  • Si es una computadora como tú dices, entonces debe de ser reprogramable.
  • Lo es, Stingmon… pero aquí no aplico programas o algoritmos a través de un teclado, sino que uso hechizos en un orden específico.
  • Entonces hazlo: te vamos a cubrir. -masculló Ken- Siento que se acercan.
  • Ahora comienzo a entender a Shenglongmon: la magia es un tipo de ciencia, un tipo de programación de la realidad. Así como en informática se usan programas, en biología códigos de macromoléculas… En fin: aquí vamos.
Los demonios no tardaron en llegar: era de esperarse que no tardaran en percatarse de su presencia. Stingmon lanzaba múltiples agujas contra ellos, acumulando cadáveres montón, mientras Ken usaba sus poderes para dominar a los más fuertes y obligarlos a matar a sus congéneres; el problema es que seguían llegando.

  • ¿Te falta mucho, Yolei? ¡La cosa se está complicando, por aquí!
  • ¡Falta poco, Stingmon; resistan un poco más!
  • ¿Mencioné que detesto esto de manipular demonios y energías oscuras?
  • ¡¡UN MILLÓN DE VECES, KEN!! -exclamaron tanto Yolei como el digimon- ¡¡CIERRA LA BOCA Y SIGUE EMBRUJANDO!!
Yolei y sus amigos estuvieron así por casi diez minutos, hasta que por fin, la novicia hechicera logró desactivar el campo de fuerza de la nave… y dejar un pequeño presente.

  • ¡¡Listo!! Ahora que ya sé que hechizo usar, podré hacerlo más rápidamente. Haré un portal para...
  • ¿No nos vas a ayudar?
  • Podría, pero entonces estaríamos matando demonios hasta que esta nave EXPLOTE. Y quedan muchas naves. -para cuando terminó la oración, el portal estaba listo- ¿Van a venir o no?
Ni Stingmon ni Ken se negaron, pues el argumento era bastante convincente: de ahí en más, se dedicaron a sabotear la siguiente nave. Cuando la primera explotó, Daemon se enfureció al verla en llamas y partida por la mitad, cayendo hacia la plaza, por lo que los niños y digimon tuvieron que salir de su camino; luego siguió la segunda, y la tercera.

Esta última amenazó por caer sobre la mismísima Megatorre y destrozarla, pero cuando parecía que iba a derribarla, tanto el Demon Lord como los Elegidos observaron algo insólito: la nave atravesó el enorme edificio sin provocarle el más mínimo rasguño, como si literalmente “no existiera” y se estrelló contra el suelo, explotando en mil pedazos y liberando gran cantidad de energía vil. A pesar de la explosión, de los escombros, la Megatorre seguía firme, sin ningún cristal roto, ninguna mancha o rajadura.

El mismo Daemon se preguntaba ahora de la verdadera naturaleza de aquel edificio donde había residido casi un día entero. Pero no tuvo tiempo de hallar la respuesta porque UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon lo seguían persiguiendo, y la cuarta y última nave había caído. Tras mandar volar contra las lejanas torres de oficinas a los Caballeros, Daemon invocó más naves de la Legión, muchas más, que apenas llegaron comenzaron a bombardear llamaradas viles contra sus objetivos.

Si los Niños Elegidos pensaban que les daría tregua, estaban equivocados.

MUY equivocados.





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Davis y sus amigos se hallaban en el piso 23 de la Megatorre cuando ocurrió: una nave de la Legión atravesó el edificio de manera insólita sin causarle daño alguno. Cuando creyeron que se les caería encima, presenciaron atónitos como esta los atravesaba cual mero holograma… hasta que al caer al suelo, oyeron como se estrelló y estalló. Ni aún así, el edificio se sacudió, o se olió humo.

  • ¿Pero que acaba de pasar? -Mummymon no podía dar crédito a sus ojos- ¡Esa cosa nos atravesó! ¡¿Acaso somos fantasmas?!
  • No, pedazo de cecina: lo que pasa es que acabamos de ver el cruce de dos universos: esa nave se estrelló en el mundo exterior y nosotros estamos dentro del edificio. Aunque desde nuestra perspectiva ambos ocupan el mismo espacio, no así en el mismo… “plano existencial” por así decirlo.
  • No entiendo nada de lo que dices, Shenglongmon.
  • Lo resumiré lo mejor que pueda, Magnamon: esta Megatorre y todo lo que contiene en su interior es un microuniverso dentro del nuestro, por más que aparente ser sólo un edificio desde el exterior. Y por tanto, ambos no interactúan, al menos directamente. Hasta me atrevería a decir que es una extensión del cuerpo y mente de AkuShenglongmon.
  • ¿Significa que AkuShenglongmon podría estar vigilándonos? Entonces…
  • No sabría decírtelo, pero tengo la sensación que en este momento no está enfocado en nosotros.
  • Eso es bueno. -suspiró Arukenimon- Así que mejor continuemos.
  • No: eso es PREOCUPANTE. Ya que indica que enfoca su atención en algo más importante.
Pasado el susto inicial, el grupo retomó la marcha por las interminables escaleras. Curiosamente, comenzaron a sentir calor, algo muy raro tomando en cuenta que en el mundo de AkuShenglongmon no había temperaturas extremas; además, se percataron que la iluminación aumentaba considerablemente. Magnamon entonces notó algo muy brillante varios pisos arriba flotando en la caja de escalera, y lo señaló.

  • ¿Qué clase de lámpara es esa? ¡Brilla demasiado!
  • ¡Tenemos cosas más importantes de las qué preocuparnos que de una tonta lámpara, Magnamon!
  • Espera, Davis… -Shenglongmon lo tomó la manga de su chaqueta- Será mejor que no avancemos más. ¡He dicho que alto!
  • ¿Qué no era que teníamos prisa? Para salvar el Multiverso y todo lo demás.
  • Si quieres continuar, adelante, patona: no te detendré. Pero no evitaré que seas vaporizada. -Arukenimon estaba por preguntarle a qué se refería, hasta que el Dracomon continuó- Esa no es una lámpara: es una estrella.
  • ¡¡¡¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEE???!!!
  • ¡Eso es impo…!

Al ver el ceño fruncido de Shenglongmon, Davis tuvo que tirar su lógica por la ventana; era claro que alguien con magia podía hacer algo tan impresionante como meter una estrella de verdad a un edificio. Tanto Magnamon como Mummymon, miraban atónitos aquel luminoso orbe.

  • Y por el color que tiene… -repentinamente Shenglongmon se puso unas gafas negras sacadas de quien sabe dónde, en su mano derecha tenía cuatro más- deduzco que es del tipo espectral W, con una temperatura superficial de 70.000 °C.
  • Yo no siento semejante horno.
  • Eso es porque a medida que ascendamos, la temperatura y brillo de esa estrella aumentará de manera geométricamente exponencial, Magnamon. Pongámoslo así: en el piso 24, hará 70°, en el 27 unos 4000 °C; en el 36… pues unos lindos 10.000.000 °C al rozar su corona: no quedarán más que átomos de ustedes.
  • ¿Cómo sugieres que pasemos? -preguntó Mummymon- ¿No la puedes mover con tu magia?
  • Si lo hubiese podido, ya lo haría, cecina. Además, esa cosa, pese a su tamaño, pesa lo mismo que si tuviese su tamaño real… que haría ver al sol de la Tierra como una mera ascua. Lo que puedo hacer es protegerlos del calor con mi magia mediante un escudo y cruzar hasta que lleguemos al… piso 49, donde su zona de influencia termine.
  • ¡¿Pues qué estás esperando?! ¡Hagámoslo!
De inmediato le pasó a cada uno esas gafas que los protegerían del intenso brillo de aquella estrella, ya que su escudo sólo los blindaría del intenso calor y la radiación. También les recomendó encarecidamente, que se mantuvieran cerca para no salir de la influencia del escudo. De lo contrario…

A paso seguro, Davis y los demás seguían a Shenglongmon algo apretujados, con temor de ser no abrasados, sino vaporizados vivos; Magnamon masculló que AkuShenglongmon había puesto ese obstáculo de manera a hacerles perder valioso tiempo, lo cual, era lo más probable. Por su parte, el niño veía al pequeño Dracomon avanzar paso a paso con sus pequeños y regordetes pies y las manos en alto, como haciendo un esfuerzo por mantener un escudo invisible a su alrededor: dedujo que incluso hacer eso, gastaba sus fuerzas.


  • ¿Estás bien, Shenglongmon?
  • De maravilla, Davis. -sonrió el dragón, aunque no era del todo cierto; se notaba que realizaba un esfuerzo considerable; se detuvo un momento y señaló con la mirada a su derecha- Véanla un momento, ¿Quieren? Tal vez nunca puedan ver algo así tan de cerca.
Sus compañeros obedecieron, y en efecto, debían de admitir que ver una estrella tan de cerca, era una visión magnífica, aunque atemorizante.

  • ¿Existen muchas estrellas como esa en el universo, Shenglongmon?
  • Pocas… por suerte. Las estrellas de tipo W son demasiado grandes, calientes y efímeras… que es lo que me preocupa, ahora que lo pienso.
  • ¿Ahora qué? Vas a salir con que va a explotar en cualquier momen… -por la expresión que el Dracomon mostraba, parecía estar dándole una afirmativa- ¡Tienes que estar bromeando!
  • Esas estrellas acaban convirtiéndose en Hipernovas… y a veces en agujeros negros. Y este edificio resistirá como si nada, pero ustedes…
  • ¡¡Tu otro yo es un condenado demente, Shenglongmon!!
  • ¡Ya les dije que era malvado; no me lo recriminen! Apenas salgamos del dominio de esta estrella, aceleraremos el paso, ya que no explotará… todavía.
Pasar de largo la estrella no tomó demasiado tiempo, y tal como Shenglongmon había recomendado, aceleraron el paso. Davis mismo no podía creer que habían subido tantos pisos y no se hubiera agotado, aparte de que, además de esa extraña estrella, no hubiera nada ni nadie que los detuviera.

Tras mucho subir, llegaron al piso 66 en donde podrían encontrar la bóveda que contenía el boleto, entre otras cosas. Luego de abrir la puerta que conducía a aquel piso, se encontraron con un corredor impecablemente blanco con varias puertas cerradas y algún que otro mueble como mesas o bebederos. Como un edificio de oficinas normal.


  • De verdad no hay nadie. -Davis río entre dientes- Esto será fácil.
  • ¡No digas eso! -exclamó Magnamon- Nos traerá mala suerte.
  • Dejen de discutir y empecemos a buscar la bendita bóveda. -sugirió “amablemente” Shenglongmon- Este sitio me da escalofríos.
Todas o casi todas las puertas decían “oficina Número X Sección X División X” o algo por el estilo, y hasta ahora no había señal de la bóveda, o como mínimo, de algún plano de orientación. Cada vez el grupo -y en especial Davis y el pequeño Dracomon- se ponían cada vez más nerviosos ante la inquietante y sospechosa calma que reinaba en aquel piso. A través de algunas ventanas que daban a las oficinas, veían a decenas de personas frente a las pantallas trabajando de manera sincronizada y perfecta.

Si en aquel piso estaba la clave para derrotar a AkuShenglongmon. ¿Dónde estaba la seguridad?


  • Esperen… -advirtió el Dracomon- Creí escuchar algo arrastrarse…. ¿Y zumbar?
  • ¿Cómo algún animal? -preguntó Mummymon, quien ya se ponía nervioso-
  • Más bien… mecánico. -a medida que el sonido se volvía más fuerte, Shenglongmon ya intuía de qué se trataba: extendió las manos al frente y formó un escudo- Mierda ¡Pónganse junto a mí, rápido!
  • ¡¡INTRUSOS DETECTADOS!! ¡¡LA BÓVEDA DEBE SER PROTEGIDA!! ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
Salieron de varias puertas del pasillo y otros corredores, rodeando al grupo de Shenglongmon y de inmediato comenzaron a disparar. Intuía que su otro yo usaría a los Dalek como sistema de seguridad, aunque seguía sin poder creérselo. Por fortuna el escudo aguantaría… pero no por mucho tiempo.

  • ¡Te dije que tenías que cerrar la boca cerrada, Davis! -le reprendió Magnamon a su amigo, que al igual que él, se apretujaba junto a Shenglongmon- ¡Ahora nos van a matar unos saleros gigantes que nos disparan con batidoras, qué vergüenza!
  • ¿Cómo se supone que iba a saberlo?
  • Era más que obvio… ¡Imbécil!
  • ¡Patona, deja de molestar a nuestro héroe! ¡Mummymon, saca una lata de esa hielera que tienes: la necesito ya!
  • ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
  • ¡No es el momento de tomarse un refresco!
  • ¡Mi escudo no va a durar mucho! Y debo de recordarles que los Daleks no me pueden matar, pero a ustedes sí. ¡Necesito mi mana ya! -en ese instante, Mummymon le arroja una de aquellas latas a Shenglongmon; a toda prisa, la arroja dentro de su boca, tragándosela entera, seguido de un eructo púrpura- Wacala, nunca me gustó el aluminio. ¡Ahora escuchen! Mi escudo será más fuerte: los ataques pueden salir pero no entrar. Magnamon; dale con todo.
  • ¡Entendido!
  • ¿Y nosotros?
  • Sus ataques de nena no sirven contra los Dalek, pero capaz y podamos sacar algo de la caja de sorpresas de Discord. -la caja aparece en las manos de Arukenimon- ¡Gira la manivela y prueba tu suerte, patona!
  • Cada vez me siento más y más ridícula.
Arukeninmon giró la manivela al son de una estúpida música infantil hasta que la caja se abrió, y de ella salió un destello de luz que se materializó en el suelo con la forma de un arma de láser futurista. A pesar de su tamaño, Arukenimon la tomó como si no pesara nada.

  • ¡Perfecto! Un rifle desfabricador: puede destrozar su maldito blindaje de Dalekanium. ¡Disparen, pero ya!
  • ¡¡Rayo de Plata!! -Magnamon comenzó a disparar indiscriminadamente hacia los Dalek- ¿De qué están hechas sus armaduras? ¡Resisten mis ataques! ¡Hasta Mummymon mata más que yo!
  • ¿Qué quieres decir con eso, pitufo dorado?
  • Dalekanium… un mineral de su mundo. -respondió Shenglongmon- Pero también posen escudos… y me supongo que Aku los reforzó… un poco.
  • ¡¡LOS REBELDES DEBEN SER EXTERMINADOS!! ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
  • No dicen nada más, ¿Cierto?
  • Es su palabra favorita, Davis. Déjalos morir así.
  • ¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMI…!!
La primera ola de Daleks había sido eliminada, pero Shenglongmon sabía que no podían bajar la guardia, ya que los conocía: vendrían más en cualquier momento, y cuanto antes pudieran llegar a la bóveda, mejor.

Movido por su curiosidad, Davis se acercó a algunos de los Dalek derrotados para verlo más de cerca: nunca había visto algo como aquello antes, y a pesar del corto tiempo, tenía muchas preguntas.


  • Nunca pensé que estos robots causaran tantos problemas.
  • Han destruido millones de planetas y especies. Y no son robots, Davis: eso sólo es un traje mecánico; el verdadero Dalek es una especie de cefalópodo mutante con un solo ojo.
  • ¿Y si es una especie de pulpo, por qué hay una luz rara aquí dentro?
  • ¿Qué?
El pequeño Dracomon fue de inmediato a inspeccionar lo que el niño había descubierto, no sin antes advertir a Magnamon y los demás no bajar la guardia: un mal presentimiento perturbó sus pensamientos y se confirmaron cuando vio esa “luz rara” que había mencionado Davis.

A cada minuto, la maldad de su otro yo lo dejaba cada vez más sorprendido.


  • ¿Ves? Te dije que había una luz rara.
  • Esto… no puede ser.
  • ¿Qué es eso que tienes ahí? -pregunto Mummymon al ver a Shenglongmon portando una esfera de luz en su mano- ¿Esa cosa está… viva?
  • Lo… estaba.
  • Te ves… asustado, Shenglongmon.
  • ¿Sabes lo que es esto, Davis? Ustedes -refiriéndose a los digimon- ¿Saben lo que es esta esfera de luz? Esto es un Diginúcleo desfragmentado.
Los digimon se quedaron como piedra; no así Davis, que seguía sin entender. Shenglongmon lo advirtió de inmediato, y continuó.

  • Revolvieron sus datos para crear a un nuevo Dalek, aunque no del mismo nivel de pureza. Aún quedan rastros de su data original.
  • ¿Data? Pero eso quiere decir….
  • Es un monstruo. -murmuraba Magnamon-
  • Sí, Davis: los Daleks que acabamos de matar, y los que vendrán en breve… eran digimon.
El niño no podía creer lo que estaba oyendo: Lo que al inicio parecía meros robots, o trajes mecánicos, eran en realidad digimon convertidos en... algo más. ¿Era posible que existiese alguien, sea de la especie que fuese, capaz de hacerle algo así a sus congéneres? Todo indicaba a que sí.

  • Hay que continuar. -añadió Davis- Luego saldaremos cuentas con AkuShenglongmon.
  • Espero que no haya más Daleks.
  • Puede que haya más, cecina; mantente alerta. -comentó Shenglongmon, al momento que todos retomaban la marcha entre los Dalek destrozados- Creo que ya encontré la bóveda. ¡Vamos!
La bóveda era una puerta bastante sencilla, del tamaño de una convencional, pero de aspecto blindado y con una pantalla que exigía un escaneo biométrico y una contraseña. Para fortuna de Davis y los demás, el hecho de que Shenglongmon y su contraparte fueran el mismo ser facilitaría la primera prueba: tras un rápido escaneo ocular, superaron la primera fase.

Pero ¿Y la contraseña? Podría ser cualquier cosa, por lo que a Davis le sorprendió la soltura con la que el pequeño Dracomon tecleaba la clave, y aún más cuando la puerta se abrió como si nada. Como había observado con cuidado el marcado de las teclas, trataba de recordar al clave: 55544…


  • Oye, enano…
  • Me dices enano de nuevo, Mummymon y juro que te…
  • ¿Cómo sabías la contraseña? -preguntó esta vez Arukenimon, visiblemente intrigada- Por lo poco que sabemos, tu otro yo podría saber cosas que tú no.
  • Si te soy sincero, no lo sé. Sólo intuí que pondría algo importante.
  • ¿Algo importante para ambos?
  • Dejen de discutir y entremos ya.
El interior de la bóveda estaba muy bien iluminado y lucía mucho más grande de lo que aparentaba en el exterior. Había gran cantidad de objetos almacenados en cajas de manera muy meticulosa, aunque una llamaba mucha la atención: una del tamaño de una cabina telefónica y de aspecto antiguo.

  • ¡JA! ¡Ya me parecía que encontraría esta chatarra en algún lado! ¡Es demasiado valiosa como para que Aku la ignorara! Seguro se la prometió a los Dalek.
  • ¿Y que es, Shenglongmon?
  • Es la nave de un conocido con el que me he topado vaaaaarias veces de viaje con sus incontables amantes… “compañeras de viaje”, según él. Me encanta destrozarle los nervios al demostrarle que la magia es real. ¿Dónde estará el muy bastardo?
  • ¿En serio ESTO es una nave espacial? -señaló Arukenimon el extraño objeto- Parece algo hecho de madera.
  • Más raro es el hecho que esa cosa está viva. Pero bueno… sigamos.
  • Oye… ¿Sabes que es extraño? No hay guardias ni nada parecido.
  • Es verdad, Magnamon: todo está demasiado tranquilo. Esto me huele a trampa.
  • Es OBVIO que es una trampa, niño idiota. Sólo que no sabemos de qué tipo.
  • La patona tiene razón. Hay que estar atentos… Otra cosa OBVIA es que el boleto no va a estar en este montón de basura recolectada de todo el Multiverso, así que mejor ir a la Bóveda de la Bóveda.
  • ¿¿QUÉ COSA??
Al final de la habitación, de por sí muy grande, había otra puerta blindada exactamente igual a la primera, cuyo probable propósito era proteger y resguardar los objetos más valiosos del edificio. En pocas palabras, el boleto.

Igual que con la anterior puerta, se requería de un código, aunque este era más complicado, consistente en insertar varias claves en un determinado orden. Esto le tomó más tiempo a Shenglongmon de lo que esperaba, pero tras casi cinco minutos de espera e impaciencia de parte de los demás, logró resolver la contraseña y abrir la puerta.

La nueva bóveda estaba totalmente a oscuras, salvo por un corredor iluminado que llevaba a un pedestal donde a lo lejos se podía ver un pequeño pedazo de papel.


  • ¿Eso de ahí es…?
  • Tiene que ser el condenado boleto. -mencionó una suspicaz Arukenimon- Esto se ve muy fácil. DEMASIADO.
  • Pasamos por una estrella enorme, unos saleros asesinos. ¿Qué más nos podría lanzar?
  • Davis; es lo más idiota que pudiste haber dicho. ¡Esto dice “es una trampa” con todos los colores!
  • No hay alternativa, Magnamon. ¡Tengo que ir!
  • ¡¡Davis!!
El niño hizo caso omiso de las advertencias y fue corriendo hacia el pedestal; mientras lo hacía, las luces comenzaron a titilar levemente. Apenas estuvo frente al pedestal y a punto de tomar el boleto, las luces se apagaron totalmente, para segundos después iluminarse toda la habitación.

Nadie esperaba que la habitación estuviera completamente llena de estatuas de ángeles, curiosamente, cubriéndose los ojos, la gran mayoría. Una de ellas, miraba directamente a Davis. La mirada de Shenglongmon era de absoluto terror.


  • ¡No dejen de verlos! ¡No vuelvan la espalda! ¡No aparten la mirada! ¡Y no parpadeen! ¡NO ESTOY BROMEANDO! ¡¡SI AMAN SU VIDA, NO DEJEN DE VERLOS!!
  • ¡¿Que están pasando?!
  • ¡Son sólo estatuas, enano!
  • Ajá… “estatuas” capaz de matarte. ¡El experto en seres de otro mundo soy yo, cecina! Son Ángeles Llorosos: seres de otro mundo. Aku nos acaba de mandar a la mismísima mierda.



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Afuera, los Niños Elegidos y los digimon seguían luchando ferozmente contra los demonios de la Legión que Daemon invocaba constantemente. Yolei, Ken y Stingmon se infiltraban en las naves que Daemon invocaba y las saboteaban para evitar que siguieran disparando a sus compañeros en la superficie; TK, Kari, Seraphimon y Magnadramon se encargaban de los demonios voladores con ayuda de sus poderes basados en la Luz, mientras que Cody ayudaba a Selahemon y Magnamon con las criaturas terrestres como los Diablillos, Guardias Viles, Abisales e Infernales, entre otras cosas; BlackVictorygreymon, Darkdramon, Goldramon y Ophanimon lidiaban con los enormes Atracadores Viles, verdaderos robots gigantes alimentados con magia demoniaca que eran más poderosos de lo que aparentaban.

Para los niños humanos era una verdadera novedad el tener poderes propios y luchar con sus digimon CASI a la par; nunca los igualarían en poder, pero al menos podrían ayudarlos con algo más que apoyo moral. Además, se daban cuenta de lo fácil que se estaban acostumbrando a sus nuevos poderes, y en comprenderlos: era como si hubiesen sido parte de ellos desde el principio, cosa que bien podría tener cierto sentido tomando en cuenta sus personalidades: TK y Kari claramente eran muy afines a los poderes de la Luz Sagrada, Yolei tenía mucha destreza con la magia arcana dado su sobresaliente intelecto, pese a ser una novata; Cody era muy bueno con sus habilidades de lucha como monje, posiblemente dado su carácter y entrenamiento en kendo. Ken era el menos satisfecho con sus poderes, ya que implicaban usar energía claramente maligna, pero mostraba una destreza tal que le daba escalofríos, y sorpresivamente, sintió que esa fuerza no lo dominaba, sino era él quien tenía el control.

Si bien esto los llenaba de alegría, a sus digimon les preocupaba de que se arriesgaran demasiado, pero no podían sino más que estar agradecido por su ayuda. A Daemon por otro lado, lo enfurecía: el hecho de que Shenglongmon les diera a esos mocosos habilidades mágicas para hacerle frente no sólo el parecía indignante, sino casi blasfemo; sin mencionar que el tal TK Takaishi se había burlado de él e incluso llegar a herirlo levemente. De todos modos, ahora tenía que preocuparse por dos Caballeros Reales que no le daban el mínimo respiro.

De entre las criaturas surgidas del portal de Daemon, aparecieron lo que alguna vez fueron digimon de tipo demonio, pero claramente mutados a causa de la magia vil: lucían mucho más grandes, más fuertes y más espeluznantes y salvajes que sus contrapartes normales. Entre ellos, había una inmensa bandada de Devidramon corruptos, cuyos cuatro ojos ardían en llamas verdes al igual que la punta de su cola, las membranas de sus alas y el extremo de sus garras; tenían cuernos óseos surgidos en sus articulaciones y sus dientes eran tan largos y afilados que les era casi imposible cerrar la boca: estos se abalanzaron contra aquellos que atacaban los Atracadores Viles sin ningún temor; de entre los cuatro que lidiaban con los robots gigantes, fue Darkdramon quien se lanzó sobre ellos, rebanando y decapitando a varios de ellos sin misericordia, quitándole a sus amigos la molestia de lidiar con ellos.

Goldramon, tras ayudar a derribar a otro de esos Atracadores, fue junto a su primo.


  • ¿Estás bien?
  • Creo que a alguno de esos los conocía. A lo mejor un excolega del trabajo con el vampiro homosexual.
  • Eran Devidramon… como tú. Y los…
  • Ya no son digimon ahora. -respondió a secas- Son demonios de verdad, y son un estorbo; así que no me vengas con mariconadas, primito. ¿O no piensas pelear de verdad?
Un trío de Devidramon Viles se acercó a gran velocidad hacia los dos dragones; Goldramon logró tomar a dos de los hocicos y destruirlos con su poder de Amon y Umon; mientras tanto, Darkdramon partió al tercero por la mitad a la altura de la cintura.

  • ¿Eso responde tu pregunta?
  • Es lo más varonil que te he visto hacer y decir. -rio el Dragón Oscuro- ¿Seguro que Shenglongmon no añadió testosterona a tu digievolución?
  • No son hormonas: sólo el deseo de recuperar nuestro mundo, salvar a mi novia y ayudar mi primo y mejor amigo a lidiar con este problema. -Goldramon se encogió de hombros- Y mostrarle que no soy el cobarde que cree que soy.
  • Ja, ya lo sospechaba. Bueno: disfruta el momento en que te considere lo suficientemente macho, porque no sabes cuánto durará. ¡A liquidar a estas mierdas!
  • ¡Sí!
Ulforce y Cuāuhpillimon perseguían a Daemon, atacándolo con sus Sables Ulforce y el “Huitzilopochtli” respectivamente: el Demon Lord lanzaba bolas de Fuego Vil y de Energía de las sombras contra ellos desde sus manos, o bien invocándolos del portal que había creado en el cielo; sin embargo, los Caballeros los esquivaban con facilidad gracias a su velocidad, además, el Caballero Águila poseía una gran resistencia tanto a las llamas como a los ataques basados en oscuridad. Aparte de eso, la oleada de demonios y digimon viles que iban hacia ellos eran rápidamente eliminados por los compañeros digimon de esos niños -¡Y los mismos Niños!- por lo que de escudo no servían de mucho.

  • ¡¡Háganme un favor y muéranse!! ¡¡Llamas de Algol!!
  • ¡¡Ventisca Cetl!! -un fuerte aleteo del Caballero Águila creó una gélida ventisca que extinguió las llamas de Daemon- ¿Por qué mejor no te mueres tú, segundón de porquería?
  • ¡¡Te haremos pagar por traicionar al Digimundo!! ¡¡Rayo de la Victoria!!
  • ¡Niño idiota! -gruñó Daemon, haciendo a un lado el ataque de Ulforce con el brazo- ¿Traicionar al Digimundo? ¡Lo que hice fue liberarme de esa maldita prisión y unirme al bando más fuerte! ¡¡Y si había necesidad de humillar al estúpido de Shenglongmon y mandar a la mierda TODA la Existencia, PUES QUE ASÍ SEA!! ¡¡LLAMARADA DEL CAOS!!
  • ¡¡ESTÁS MUERTO!! ¡¡DESTELLO DEL QUINTO SOL!!
  • ¡¡IMPULSO DRAGÓN X!!
Tanto el aura proyectada por Ulforce como el sol concentrado de Cuāuhpillimon se fusionaron en un solo ataque que acabó implosionando en el cielo tras colisionar con las llamaradas de Daemon causando un enceguecedor resplandor que aturdió a ambos Caballeros; poco a poco el brillo desapareció, pero el Demon Lord ya no estaba. ¿Acaso…?

Cuando creyó que no había muros en la costa y estaba por recuperar del todo la vista, Ulforce sintió un fuerte golpe en la cabeza, seguido de una enorme mano con garras sujetándolo del cuello. Al momento de que su vista se aclaró lo suficiente, pudo ver que estaba cara a cara con Daemon, quien sonreía mostrando todos sus colmillos.


  • ¿Te gusta volar, verdad?
  • ¡PUES VUELA!
En eso, lo golpeó en el estómago dejándolo sin aire, y lo lanzó hacia arriba con tal fuerza que se perdió en la inmensidad del cielo; acto seguido, voló hacia esa dirección, dejando perplejo y rabioso a un Cuāuhpillimon que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Justo en ese momento, aparecieron Yolei, Ken y GrandKuwagamon, quienes acababan de deshacerse de un par de naves de la Legión cuando lo vieron todo.

  • ¡Maldita sea! ¡Daemon nos engañó!
  • Llámenme loco, pero creo que lo lanzó a… -Ken señaló el enorme orbe gris que cruzaba el cielo- la Luna.
  • ¿Qué? ¡Ulforce morirá allí; no hay aire! -exclamó el Caballero Águila- Tengo que ir a rescatarlo.
  • Tú tampoco puedes ir… Iré yo.
  • ¡¡Yolei!! ¡¡No puedes!!
  • Escúchenme: con la magia que tengo ahora puedo sobrevivir a la falta de atmósfera, pero ustedes no: Cuāuhpillimon, ayuda a los chicos con las naves de la Legión; yo rescataré a UlforceV-dramon.
  • ¡Daemon tratará de matarte: no eres tan poderosa para enfrentarlo!
  • Lo sé, Ken. Pero le haré frente el tiempo suficiente para rescatar a UlforceV-dramon.
  • De acuerdo. -asintió el Caballero Águila- Pero cuídate mucho.
Yolei asintió, y se despidió de sus compañeros antes de crear un portal hacia donde el Caballero Real y el Demon Lord habían llegado. Mientras tanto, y ahora que la única del equipo con conocimiento sobre como inhabilitar a esas naves se había ido, Cuāuhpillimon no tenía más alternativa que usar su Escudo Coyolxauhqui para proteger a sus compañeros.



Mientras tanto, Ulforce acababa de estrellarse contra una superficie de piedra sumamente dura, levantando una gran columna de polvo que le impedía ver dónde estaba: la fuerza del impacto, así como los fuertes golpes de Daemon, lo habían dejado sin aire y con poca fuerza para levantarse, pese a que por alguna razón, se sentía más ligero de lo normal.

Apenas pudo abrir los ojos para darse cuenta que estaba en una habitación inmensa y aparentemente vacía, y en cuyo techo, con forma de cúpula, había un agujero por el que supuso había llegado allí. ¿Dónde exactamente? No tuvo tiempo para descubrirlo: a poco de intentar levantarse, sintió la presión de un gran pie en su pecho; sus ojos, que ya se habían recuperado, le permitieron ver a Daemon de pie sobre su cuerpo, oprimiendo con fuerza.


  • Qué lástima: creí que ya estabas muerto. -Ulforce trató de responder, pero no pudo; le costaba respirar- Mi culpa.
  • Parece que te falta el aire. -bromeó, aumentando la presión sobre el pecho del Caballero Real- ¿Por qué no tomas algo de aire? Ah, cierto ¿Puedes oírme?
  • S… sí…
  • Aún queda algo de oxígeno en este lugar: suficiente para que puedas oírme, pero no para que respires… adecuadamente.
  • Es algo curioso: técnicamente este lugar no necesitaría de una atmósfera respirable, tomando en cuenta lo que había aquí. ¿Sabes dónde estamos, pequeño mocoso?
  • Estamos en la Fuente. -sentenció con calma- El sitio de emplazamiento de la Supercomputadora Yggdrasil, el soporte físico del Digimundo que tanto amas. ¿Sabes dónde está este lugar? -Ulforce lanzó un gruñido apenas audible- Está en la Luna.
Ulforce ahora comprendía por qué apenas podía respirar, y seguía sin poder creérselo. La “Fuente” era un lugar cuasimístico para los Digimon: ninguno sabía dónde estaba, ni tenía permitido ir allí. Había rumores acerca de su ubicación, que definitivamente debía ser en algún lugar de la Tierra: El Amazonas, los Himalayas, el fondo del océano, el Sahara, la Antártida…

Que equivocados estaban todos.

Y aun así, tenía sentido. ¿Qué lugar más seguro para la Supercomputadora que era el sostén físico del Digimundo que un lugar tan inaccesible para los humanos que la mismísima Luna?


  • Construida por Nibirumon, programada por la mocosa de Zoe y nuestro “creador” en la Edad de Oro del Digimundo. -gruñó mostrando su desprecio- Una máquina tan impresionante, tan avanzada, que era capaz de crear un mundo digital realmente vivo. Pero ya no está: ahora sólo hay un cuarto vacío. ¿Sabes que le pasó?
  • AkuShenglongmon me encargó su desmantelamiento para venderla por partes, y transformar en algo útil lo que quedara. -tomó una engrapadora tirada en el suelo y la arrojó en la cara de Ulforce- Algo como esto, por ejemplo.
Mientras Ulforce contenía la rabia al mismo tiempo que trataba de no asfixiarse, Yolei se hallaba escondida detrás de un grueso muro a casi un kilómetro de donde estaban Ulforce y Daemon -el lugar era inmenso, más grande de lo que se hubiese imaginado; a pesar de ello, Daemon hablaba tan fuerte que podía oírlo- revisando a toda prisa el pequeño libro de hechizos que tenía, buscando uno que le permitiera al Caballero Real sobrevivir la escasez de aire. El hechizo de portales que conocía requería estar cerca de Ulforce, y no sabía teletransportarlo de manera automática; además, era consciente de que no podría hacerle frente a ese digimon el tiempo suficiente para sacar al Caballero Real de allí, por lo que sólo le quedaba esperar.

A lo lejos, Daemon seguía hablando ante un casi agónico Ulforce.


  • Aún te recuerdo de cuando tú y tus compañeros luchaban para destruir nuestro dominio sobre el Digimundo. Eras el más joven de todos… el más infantil: un mocoso insufrible. Y en poco tiempo te volviste una molestia.
  • ¡Tú destruiste mi reino! -le gritó, pisándolo con fuerza- ¡Y luego tú, tus compañeros, y el imbécil de tu maestro Imperialdramon nos encerraron en el Área Oscura! No sé qué me da más rabia: que un niñato inmaduro como tú me haya derrotado, que mis compañeros se hayan resignado en destruir el Digimundo luego de eso… ¡O QUE EN TODO ESTE TIEMPO, HEMOS SIDO GOBERNADOS POR UNA ADOLESCENTE MALCRIADA! -Daemon golpeó a Ulforce en la cara, pero este no hizo nada- Ahora esa maldita perra debe de estar llorando por la destrucción de todo lo que creó; lástima que no pueda verla por su condición de “ascendida”.
A la par que Ulforce, pese a la falta de aire, le hervía la sangre por como Daemon se refería a Zoe, quien no sólo era su jefa y casera, sino su amiga, Yolei continuaba buscando el hechizo correcto. No pudo evitar oír el monólogo del Demon Lord lo que la hizo fruncir el ceño.

  • Estúpido intento de villano, -gimió enfadada- ¿Por qué todos hacen un estúpido soliloquio en lugar de ir al grano? ¡¿Qué estoy diciendo?! Tengo que salvar a UlforceV-dramon; luego me quejo con Daemon por ser tan cliché… -la chica continuó hojeando el librito hasta qué…- ¡Aquí está! -extendió su mano hacia el Caballero Real, moviéndola en el aire- ¡Caeli Stratus!
Un sutil brillo lavanda emergió de la mano de Yolei, sin hacer efecto visual alguno en el Caballero Real; esto significaba que no hubiese resultado, sino que el efecto era sumamente sutil. Si la cosa se complicaba, ella tendría que darle algo de tiempo a UlforceV-dramon. Totalmente absorto de su presencia, Daemon continuaba alardeando de su posible venganza.

  • Imagino que todos tus compañeros están muertos ahora; en eso nos parecemos. Sólo que a mí me importa una mierda lo que les haya pasado. Pero tú debes de estar triste, ¿Verdad? Vendidos como esclavos a la Legión, o bien para ser desfragmentados y posteriormente convertidos en Dalek.
  • En fin: yo te daré una muerte más…
  • ¡¡Aggh, ya me tienes harta con tu parloteo!!
Apenas oyó el grito de la niña, Daemon recibió una lluvia de rayos color violeta golpeándolo en todas direcciones; si bien no lo dañó, lo obligó a alejarse del Ulforce antes de siquiera hacerle algo. Cuando pudo ver a su atacante, un sentimiento de burla, indignación y rabia mezcladas surgieron en él.

  • ¡¡¿¿TÚ??!! ¡¿La mocosa de cabello teñido?! ¡Cómo te atreves a atacarme!
  • Tengo 12 años: desafiar a la autoridad es lo normal… ¡Y soy una Niña Elegida que te detesta, maldita caricatura de Satanás!
  • ¡¿Caric...?! ¡¡Suficiente!! ¡¡Ese pollo gigante que llamas camarada no podrá salvarte!! ¡¡LLAMAS DE ALGOL!!
  • Hablas demasiado.
Yolei se protegió con un escudo de hielo que la rodeó por completo: para incredulidad tanto de ella como del Demon Lord, el hielo no sólo no se derritió, sino que permaneció completamente intacto. Daemon intensificó las llamas en un intento por acabar con ella, enfureciéndose cada segundo que pasaba al ver que no lograba nada. Tras varios minutos lidiando con ella, se resignó, atacándola con energía vil pura, a lo que ella respondió con esferas de energía arcanas que anulaban su ataque.

  • ¿Cómo es posible que una niñata como tú tenga semejante habilidad?
  • Tu maestro dejó muy en claro que había humanos con habilidad natural innata en este tipo de cosas. -Yolei le arrojó varios misiles arcanos, logrando golpearlo en la cara- A lo mejor soy una de ellos, ¿Quién sabe?
  • ¡De todos modos nunca me derrotarás!
  • ¿Y quién te dijo que buscaba eso?
  • ¿Huh?
Apenas pudo reaccionar al fuerte golpe que recibió en la cara, o al impacto contra la pared de roca sólida posterior, o la siguiente ráfaga de golpes cuasinfinitos acompañados de una ráfaga azul.

  • ¡¡ESTE ES POR MIS COMPAÑEROS!! -recibió un golpe en la cara- ¡¡ESTE ES POR EL DIGIMUNDO!! -esta vez, el golpe dio directo en el pecho- ¡¡ESTE ES POR LLAMAR PERRA A MI AMIGA ZOE!! -otro golpe directo en la cara, destrozándole la mitad de los dientes- ¡¡Y este es… por… PORQUE ME DA LA PUTA GANA!!
Ese último golpe lo hizo con tal fuerza en el estómago de Daemon, que acabó encastrándolo dentro del muro.

  • ¡UlforceV-dramon!
  • ¿Qué?
  • ¡Te lo estás quedando para ti solo!
  • ¡Te tardaste demasiado! -respondió, fingiendo enojo- ¡Pudiste ser más rápida: casi me muero escuchando a ese imbécil!
  • ¡Apenas y comprendo estos poderes nuevos; tenme paciencia!
  • Supongo. -asintió, seguido de un pulgar levantado hacia arriba- Gracias.
  • De nada. ¿Y ahora?
  • Ahora… -tomó a un semiconsciente Daemon del cuello- a prolongar su agonía. -miró al Demon Lord a los ojos, enviándole una mirada asesina- Me gustó tu vuelo, Daemon: en serio. ¡¡TE REGRESO EL FAVOR!!
De un solo golpe, Ulforce lanzó a volar al Demon Lord en dirección al orbe grisáceo y pixelado que ahora era la Tierra. Luego se volteó haca Yolei, quien permanecía de pie.

  • Creo que pudiste haberlo matado.
  • No creo… Además, no hubiese sido lo mismo.
  • ¿Qué?
  • Jojo… Digamos que… Daemon deseará haberme pedido que lo matara.
  • Te refieres a…
  • Ahora que lo recuerdo bien, Cuāuhpillimon podía llegar a ser… bastante salvaje y aterrador. Y espero que ese viejo demonio de mierda TAMBIÉN lo recuerde.
  • ¡Oh, cierto! Hawkmon me contó cómo destrozó a Omegamon en esa ocasión.
  • Ahora lo captas. Bueno, ¿Nos vamos a casa con tus portales o te doy aventón?
  • Creí que no podías volar en el espacio, UlforceV-dramon.
  • O sea hello… ¡Vuelo a la velocidad de la luz! Y la Tierra ahora queda a un paso.
  • ¡Bueno, vamos!



______________________________




AkuShenglongmon ya había descifrado seis de los hechizos-candado e iba por el séptimo; supuso que una vez descifrado los primeros, los siguientes serían más fáciles. No se había equivocado.

Lo ayudaba también el hecho de que estaba en un ambiente totalmente controlado, aislado del mundo exterior y sus distracciones; si Daemon lograba o no tratar con los Niños Elegidos de Sheng Li o si Davis Motomiya y sus amigos lograban ascender la Megatorre no era realmente importante. Lo importante era lo que estaba haciendo… y que ellos no sabrían nunca.


  • Creo que nunca entenderé a Sheng Li; de verdad. ¿Nunca ha pasado por algo así, Señor ZeedMilleniummon? ¿Conocer a alguien desde toda la vida, de quien es inseparable, y aun así, no comprenderlo?
  • Asumiré que es un no. En verdad es un afortunado. -Aku miró brevemente al digimon encerrado y luego miró a la pantalla holográfica- Falta poco para desbloquear el séptimo hechizo-candado: de verdad que se esmeraron mucho en sellarlo, señor.
  • Impresionante en verdad: una muestra de maestría mágica. Pero no todo dura para siempre: tarde o temprano, TODO acaba muriendo. Estrellas, planetas, universos enteros… Incluso la magia.
  • Eso es algo que Sheng Li y sus niños no quieren aceptar, pero que inevitablemente acabarán sabiéndolo. O no madurarán.
  • Veamos cómo van mis acciones en la Galaxia Mística: de seguro mis compras van eficientemente bien.
Una imagen holográfica de una inmensa galaxia de cuatro brazos apareció enfrente del Dragón Azabache: la mitad de la misma se hallaba en tonos grises y totalmente pixelada, mientras que la parte central aún conservaba sus colores originales y apariencia nebulosa, incluido el centro mismo, cuyo resplandor rosa era inconfundible. Asintió complacido sin sonreír tras ver como sus planes se llevaban a cabo a la perfección y retomó su trabajo con ZeedMilleniummon. Segundos después, una voz automática rompía el silencio:

HECHIZO CANDADO SIETE: DECODIFICADO CORRECTAMENTE.


  • Excelente. Ahora vamos por el octavo.



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Davis estaba completamente estático al igual que sus compañeros, haciendo un esfuerzo suprahumano por no parpadear: Shenglongmon les había advertido que incluso hacer eso era una condena de muerte asegurada, y no estaba en posición de bromear. Había muchas de esas “estatuas” de ángeles; algunas, curiosamente copias exactas de digimon ángel como Angemon, D’arcmon y sus digievoluciones. Todas sin embargo, lucían aterradoras.

  • ¿Qué hacemos, Shenglongmon?
  • Por ahora… no parpadeen o despídanse de su vida, Davis. Lanzaré un hechizo para que no parpadeen.
  • ¿Y por…?
  • ¡Cállense! ¡Y no dejen de verlos, maldita sea! A mí también me cuesta mantener los ojos abiertos. -tras unos segundos buscando en su mente, encontró lo que buscaba y tronó los dedos- Listo: probablemente sientan un pequeño…
  • ¡Me duelen los párpados!
  • Sí: eso mismo, cecina. De todos modos, no debemos dejar de verlos, ni voltear ni nada hasta que descubra como salir de esta.
  • ¿Nos puedes decir al menos que son?
  • Son criaturas de otro universo, patona. O más bien, criaturas tan antiguas que se cree son supervivientes de un Multiverso anterior al actual; no se sabe, porque no son muy conversadores. Se alimentan del flujo temporal de sus víctimas: al tocarlas, las envían al pasado donde permanecen hasta el final de sus vidas.
  • Qué forma tan rara de morir.
  • No creo que hagan eso con ustedes… probablemente los maten rompiéndoles el cuello. Se mueven muy rápido… siempre y cuando no se sientan observados; caso contrario, se quedan como estatuas. Por eso: POR NADA DEL MUNDO DEJEN DE VERLOS.
  • ¿Y si les pones un espejo?
  • Es mala idea, Magnamon: cualquier cosa que parezca un Ángel Lloroso, incluyendo dibujos, reflejos o hasta grabaciones, se convierte en uno. Tampoco los puedo teletransportar por culpa de Aku, ni los puedo destruir: tienen una enorme resistencia a la magia de manera directa. -el pequeño Dracomon gruñó de frustración- Lidié con ellos hace un par de meses en un universo paralelo donde la Tierra estaba habitada y dominada por gatos…
  • ¿Qué?
  • ¡Cállate, bola de papel higiénico! …y allí al menos pude encerrarlos en una burbuja de dilatación temporal, pero estoy seguro que el hijo de puta de mi contraparte aburrida los protege… A menos que… ¡Tengo una idea! Pásame otra lata de refresco de mana, Mummymon: lo voy a necesitar.
El digimon obedeció, haciendo un esfuerzo por no desviar la mirada de las “estatuas” y le pasó con cuidado la bebida al pequeño Dracomon, quien se la bebió de un solo trago.

  • Mierda; me tendré que aguantar los eructos. En fin, esto es lo que haré: ahora que tengo algo de energía extra, voy a crear alrededor de ustedes un campo de dilatación temporal. Eso les permitirá moverse increíblemente rápido e incluso ver como se mueven estas piedras de mierda.
  • ¿Por qué no lo haces sobre ellos?
  • No voy a desperdiciar este plus de poder por probar algo de lo que no estoy seguro que funcione, Davis. Apenas lo haga, el hechizo de los párpados desaparecerá, ya que no podré mantener ambos al mismo tiempo; entonces tendrás que tomar el boleto como que te lleva el diablo y todos saldremos de aquí del mismo modo.
  • Adivinaré: el campo de tiempo ese tampoco es permanente. -Shenglongmon asintió- Entonces supongo que será mejor que cargue a Davis.
  • Si no te es tanta molestia, Magnamon. -el caballero dorado asintió- Bien, prepárense.
A vista de Davis y los digimon, no pareciera que el pequeño Dracomon hiciese la gran cosa, cuando en realidad, realizaba un gran esfuerzo por lograr lo que quería: manipular el espacio-tiempo sin magia no era tan fácil, y menos cuando naturalmente no era algo propio de uno. Al final lo consiguió, si bien no de manera nada espectacular; de todos modos, sentía que cargaba el peso del mundo sobre sus hombros.

  • Listo… Ya está. -Shenglongmon respondió jadeante, y permaneciendo de pie- Toma el maldito boleto, Davis.
  • ¿Seguro que no me harán daño?
  • ¡¡Toma el maldito boleto, niño bobo!! -le gritó Arukenimon- ¡No quiero morir aquí a manos de unas estatuas!
  • Ya, ya…
Davis acercó su mano con cuidado al pedestal; sin darse cuenta, parpadeó, y pudo ver como la “estatua”, aun siendo de piedra, movía con lentitud y suavidad, como si fuese de carne y hueso, sus manos en un intento por atraparlo. A lo mejor, pensó, como tal pensaban que no eran observados, se movían con cierta confianza. Cuando vio a otra de esas estatuas, una con apariencia de Angemon, notó que tenía colmillos en la boca, luciendo más amenazante de lo normal.

Obviando el miedo inicial, acercó su mano aún más al boleto hasta rozarlo con los dedos; cuando finalmente lo tuvo, lo agarró con fuerza y sacó su mano con rapidez del pedestal en donde reposaba.


  • ¡Ahora a correr, maldita sea! -exclamó Shenglongmon, empujando a Davis- ¡Esas cosas nos van a perseguir y mi hechizo se va a acabar! ¡Magnamon, llévatelo!
En efecto: apenas Davis tomó el boleto y se volteó, los “ángeles” comenzaron a moverse, lenta pero amenazantemente hacia ellos en un intento por capturarlos. Magnamon tomó a Davis y lo llevó en sus brazos corriendo a toda prisa mientras el niño sostenía el boleto con firmeza y los otros digimon es seguían el paso. Apenas cruzaron la puerta de la bóveda, el pequeño Dracomon se apresuró a bloquearla; pocos segundos después de cerrarse, se oyeron varios golpes muy fuertes contra la puerta blindada que hicieron a más de uno saltar hacia delante.

  • ¿Crees que lleguen a romper la puerta?
  • Preferiría no averiguarlo, Davis. Vámonos de aquí -jadeó Shenglongmon antes de ponerse en marcha- Tienes el boleto, ¿Verdad?
  • Sí, lo tengo. -respondió mientras le daba un vistazo- Es muy diferente al tuyo: parece de plomo, no tiene las marcas que le pusiste tú, y sólo dice: “Este boleto vale por un deseo, previa presentación de un formulario por triplicado con los datos necesarios del cliente del presente boleto y su correspondiente solicitud, más una copia del contrato, y la firma en cada copia del antes mencionado formulario y del contrato adjunto tanto del cliente como del sujeto personal o jurídico obligado según el contrato a cumplir con dicha solicitud, autorizando legalmente dicho servicio mágico. En caso de no presentarse antes de los primeros segundos del 1° de enero del 2003, tanto el boleto como el contrato serán invalidados y el cliente no podrá recibir su deseo, y el sujeto jurídico que responde al nombre de AkuShenglongmon, tendrá libre disposición de suprimir a dicho cliente.” Espera, ¿QUÉ?
  • Jodido burócrata de mierda -gruñó Shenglongmon tras oír semejante “biblia”- ¿No le basta con ser malvado, y encima ser un adicto a las peroratas por escrito?
  • ¿En serio dice todo ese en ese papel tan pequeño? -preguntó Mummymon-. Debe de estar en letra diminuta.
  • ¿Esto que dice aquí significa que si no le presento a AkuShenglongmon este boleto y el resto de papeles como él pide antes de que sea el 1° de enero, me puede matar?
  • Básicamente… Sí, Davis. -entendió Magnamon- Eso mismo dice.
  • Con más razón hay que meterle pata. ¡Vamos, muchachos! ¡Tú también, patona!
Una vez fuera de la bóveda -y de la bóveda de la bóveda-, cruzaron las oficinas ya vacías y sin señal de enemigos -de momento- y regresaron a la escalera, continuando con el arduo y largo camino hasta el piso 120 por los documentos necesarios. En medio del camino, se vieron obligados a esquivar algunos de los obstáculos puestos en su camino, como una auténtica cascada de lava incandescente cerca del piso 88 de la que Shenglongmon los tuvo que proteger con un escudo de energía; hacia el piso 100, un violento torrente de agua les impidió el paso, y nuevamente el pequeño Dracomon tuvo que ayudarlos congelando el agua y dándoles zapatos para el hielo. Para cuando se acercaban al piso 118, se escucharon numerosos pasos de su correspondiente puerta, así como de atrás: alguien los estaba siguiendo.

Repentinamente los pasos se oyeron con mayor fuerza, y comenzaron los disparos desde abajo: cuando Shenglongmon volteó hacia atrás, observó decenas de soldados fuertemente armados con armas de alto calibre disparándolos directamente: por mera obviedad, creó otro escudo protector para evitar que las balas los golpeen mientras los demás seguían subiendo hasta el piso 120, pero algunas lograban atravesar la barrera… y grande fue su sorpresa cuando una de las balas produjo un sonido de crujido en la armadura de Magnamon… además de una herida de roce. Entraron de inmediato al piso 120 y se escondieron en un armario de limpieza donde el pequeño Dracomon inspeccionó la herida.


  • Pudo haber sido peor -explicó Shenglongmon mientras usaba sus poderes para curarlo- Pero esto quiere decir que sus balas son de Chrome Digizoid: no podremos ignorarlas. -suspiró con desánimo- Hay que matarlos.
  • ¿Estás loco? -exclamó Davis- ¡Son sólo humanos! Lavados del cerebro, privados de sus emociones y armados hasta los dientes… ¡Pero son humanos!
  • ¿Por qué crees que Aku los usa como peones de ajedrez? Sabe que tendríamos semejante dilema moral. Y no tenemos tiempo para esas mariconadas: recuerda que tenemos algo importante que hacer, y si logramos salir de esta, los puedo revivir.
  • Es que…
  • A mí tampoco me atrae la idea, Davis: ni gente inocente ni quienes obran contra su voluntad, pero no hay de otra.
  • Nunca matamos humanos antes… -se quejó Mummymon- No sé si…
  • ¿Qué clase de villanos son ustedes? ¡Hagan lo que sea necesario, maldita sea! Si Davis muere, nos morimos todos. ¡Bueno, se mueren ustedes, pero yo tendré que soportar a Aku por toda la eternidad!
Arukenimon y Mummymon se miraron el uno al otro bastante contrariados: se dieron cuenta de que no eran tan malvados como creían, y lo lamentaban, al menos en esta ocasión. Siguiendo el consejo del pequeño Dracomon, salieron del armario de limpieza, cambiaron a su forma real y atacaron a los soldados con su Hilo de Araña y su rifle Obelisco respectivamente: una los envolvía, atascaba y hasta asfixiaba, mientras el otro acababa electrocutándolos; Shenglongmon los cubría con un escudo todo lo que podía mientras que Davis y Magnamon aprovecharon el tiempo buscando lo que necesitaban en las oficinas del piso 120: había numerosas oficinas, todas iguales y con pasillos que las conectaban casi idénticos. Del otro lado del pasillo se podían oír pasos apresurados: más soldados.

Cuando ellos aparecieron y comenzaron a disparar, Magnamon no dudó siquiera un segundo y los atacó con su Rayo de Plata, mientras Davis se resguardaba a sus espaldas; el digimon de armadura dorada gruñó en voz baja: por un lado, odiaba la sola idea de matar humanos, por más bien armados y protegidos que estén -sus uniformes resistían bastante bien sus ataques, por lo que veía- y por el otro, le molestaba la cobardía de Davis: era consciente de que sólo tenía once años, de que era normal de que no se atreviera a atacar -o incluso matar- a otra persona… pero dadas las circunstancias, el hecho de que uno de sus emblemas era el del VALOR, y además, ahora tenía PODERES, lo mínimo que esperaba de su parte era algo de ayuda.

Era su amigo, pero… Qué diablos.


  • Davis…
  • ¿Sí?
  • Quiero decirte que siempre seremos amigos, pase lo que pase. Pero... ¡¡¿¿PODRÍAS DEJAR DE ESCONDERTE TRAS DE MI, POR EL AMOR DE DIOS??!! ¡¡Sé que debo protegerte, pero maldita sea!! ¡¡Hasta Arukenimon y Mummymon están ayudando!! ¡¡Ahora tienes poderes: úsalos!!
  • ¡Es que yo no sé si…!
  • ¡Por más tonto que suene, voy a necesitar tu ayuda!
  • ¡No sé si los usaré bien; apenas entiendo lo que Shenglongmon me dio! -Magnamon no dijo nada, pero Davis supuso que respondería molesto- ¡De acuerdo, pero no me juzgues después!
Cuando estaba por responderle, Magnamon se dio cuenta que Davis se había esfumado; como estaba ocupado lidiando con los “peones” de Aku, se limitó a prepararse para la siguiente oleada para atacarla con su Rayo de Plata. Al llegar esta, Magnamon vio como uno por uno los soldados caían con suma rapidez sin que él los tocara siquiera; entonces se dio cuenta de quien lo hacía: Davis se movía como una ráfaga apenas perceptible pasando literalmente a cuchillo y shuriken a cada soldado que pudiese; Magnamon completó el trabajo con su Rayo de Plata, quedando unos pocos, que Davis acabaría, para sorpresa de su amigo digimon, matando con una daga directo en la yugular.

El digimon de armadura dorada se lo quedó mirando atónito, tratando de formular palabra alguna. El niño clavó su navaja en el cuello de un moribundo soldado y la giró noventa grados antes de voltearse a su amigo.


  • ¿Cómo lo hice? -preguntó como si acabara de terminar un ejercicio de su clase de gimnasia- ¿Te ayudé en algo o no?
  • ¿Magnamon?
  • Eh… Bien… creo. -miró perplejo a los cadáveres apuñalados y con shuriken clavados en el cuerpo- Lo… hiciste… bien.
  • Qué bueno. Temía haber sido un inútil.
  • Pa... parece que dominas bien tus… poderes de… ¿Qué era que dijo Shenglongmon que eras?
  • Un pícaro, o algo así: básicamente una especie de ninja asesino con poderes de sigilo, invisibilidad y manejo de armas blancas. ¿Por qué?
  • Porque parece que lo dominas DEMASIADO BIEN. -dijo algo nervioso- Hasta parece que te gusta.
  • ¿Sabes que es gracioso? Que puede que tengas razón. -Magnamon se quedó helado, y más aún cuando Davis continuó hablando con la navaja en mano mientras clavaba repetidas veces sobre uno de los cuerpos- Arrebatar una vida tan insignificante y efímera como la de esta bolsa de carne es tan… satisfactorio. -el niño comenzó a gruñir- Malditos simios sin pelo, ¡Cómo los odio, y a ti paquete de spam malnacido!
  • Oh, no… ¿Por qué ahora?
  • ¡¡JURO QUE ACABARÉ CON TODOS USTEDES Y COMPLETARÉ EL EXTERMINIO QUE MIS INÚTILES HERMANOS IMP…!! -Magnamon le dio una buena bofetada a Davis, dejándolo aturdido momentáneamente- ¡Hey! ¿Por qué hiciste eso?
  • ¿No te diste cuenta?
  • ¿Cuenta de qué?
  • De que… ehm…
  • Oye, ¿Yo maté a todos estos tipos? Oh, vaya…
  • Davis, hazme un favor, ¿Sí? -le pidió puesto en cuclillas ante un Davis que aún no se había levantado- No vuelvas a usar tus poderes, a menos que sea MUY necesario ¿Te parece bien?
  • Pero dijiste que…
  • ¡Olvida lo que dije! -respondió agitado mientras ayudaba a su amigo a ponerse de pie- Sólo… sigamos, ¿Ok? Hay que salvar el Multiverso y todo eso.
  • Está bien.
Poco después llegaron los exvillanos en su forma humana y Shenglongmon, avisando que habían despejado las escaleras; Arukenimon y Mummymon siguieron a Davis mientras que el pequeño dragón verde se quedó con Magnamon, quien le había pedido conversar a solas por un asunto urgente.

  • Parece que a Davis le fue bien con sus poderes. -señaló sonriente tras ver la fila de cadáveres- Quitando el hecho de que me asquea la idea de volver asesino a un niño. En fin, ¿De qué me querías hablar?
  • Tenemos SERIOS problemas, Shenglongmon. Davis… su… su otro yo.
  • ¿Te refieres a “Cavil”? No me digas que…
  • “Apareció” poco después de matar a estos tipos, si no es que antes… Dijo que disfrutaba matar, algo de un exterminio y blablá… En serio, Shenglongmon: me da escalofríos... y hablamos de Davis.
  • Me lo temía… Debemos asegurarnos que ese alterego no esté presente cuando estemos frente a Aku. O mandará a cagar el plan.
  • ¿Debo darle más bofetadas a Davis?
  • Si es necesario, dale una patada en las bolas: no pasó aún por la pubertad; no lo sentirá… tanto. -masculló él; bajo su yelmo, Magnamon se volvió violeta- Va en contra de mi código de macho, pero no nos podemos arriesgar con semejante psicópata en potencia.
  • De… acuerdo…
En una de las puertas y con letras grandes y monótonas, estaba escrito: CONTRATOS Y FORMULARIOS; Davis entró, seguido de Arukenimon y Mummymon. La habitación no era tan grande, pero estaba llena de archiveros clasificados de la “A” a la “Z”, así como un pequeño escritorio con un portalápices y un curioso adorno de bola de nieve y una fotocopiadora. No sabían por dónde empezar.

  • ¿Ya encontraron lo que buscábamos? -preguntó Shenglongmon, quien acababa de entrar junto a Magnamon- Oh, mierda: como ODIO la burocracia.
  • Acabamos de llegar. -respondió Davis- ¿Por dónde comenzamos?
  • Pfff… No pueden hacer nada sin mí, ¿Eh? -Shenglongmon se fijó en el curioso adorno de la mesa- ¿Qué es eso de allí?
El pequeño Dracomon apresuró el paso hasta el escritorio y tomó el curioso objeto: una bola de nieve decorativa en cuyo interior no había realmente nieve flotando en el agua, sino una especie de diminuta medusa de gran envergadura en su “sombrilla” de aspecto cónico y ligeramente plano como una montaña, y diminutos y numerosos tentáculos

  • ¡Por los Dioses de Kobol! ¿Qué te hizo el hijo de puta de mi contraparte?
  • ¿De qué hablas? -le preguntó Magnamon-. ¿Qué es esa cosita? Parece una medusa.
  • Esta “cosita”, Aiorosmon de Leonis, es el patriarca de los digimon jovianos: GrandHyperiummon**.
  • ¿Qué? ¿Cómo? -preguntaban- ¿Qué es un digimon joviano?
  • Nunca vi un digimon como ese.
  • Lógico, cecina: son digimon creados en base a criaturas que existen en algunos gigantes gaseosos. Los digimon jovianos o Joviamon sólo pueden vivir en Anshar, el Júpiter del Digimundo. A pesar de ese pequeño detalle, son bastante poderosos, siendo capaces de controlar el clima, los rayos, vientos y hasta de cambiar la atmósfera de un planeta para poder sobrevivir. Incluso los Caballeros Reales se las verían de mierda si se enfrentaran a él.
  • ¿Con esa cosita?
  • Este no es su tamaño real, “héroe” del culo. -respondió a Davis- De hecho, es más grande que yo: si apareciese en la Tierra, podría cubrir el área metropolitana de Tokio por completo.
  • ¡¡Santo Cielo: eso es ser ENORME!! ¿Él y su raza son malos?
  • No la verdad, Davis. Pero se llevan fatal con Jupitermon porque él tiene un palacio flotante en Anshar donde suele llevar a sus amantes para pasar la noche y… En fin. -tomó la esfera y la guardó en una pequeña bolsa- No lo dejaré aquí: sigamos. ¿En qué nos quedamos?
  • Que no sabíamos por dónde comenzar a buscar.
  • Yo buscaré en “C” de contrato; tú y Magnamon en “D” de deseos, y la araña y la cecina en “F” de formulario. Si encuentran algo que crean interesante, me avisan.
Tardaron diez minutos para hallar lo que buscaban: Davis y Magnamon encontraron el contrato de deseo, mientras que Arukenimon y Mummymon hallaron el respectivo formulario; tras comprobar que eran los documentos relacionados con el boleto, Shenglongmon se sentó -con dificultad- en el escritorio y comenzó a ayudar a Davis a completarlo: el niño completó los datos que requerían los documentos, y luego los fotocopió por triplicado; después comenzó a firmar cada copia más el original.

  • Ahora que lo pienso, hay un problema… Esto necesita también la firma de Akushenglongmon, ¿No es así? ¿Cómo haremos que lo firme?
  • Con un pequeño vacío legal, patona: el contrato requiere la firma de Aku, en efecto… Pero mi firma también es válida.
  • ¡¿O sea que técnicamente TODO ESTE EDIFICIO es tuyo?!
  • Sí… y no, Davis: Aku en este momento tiene el poder y la autoridad como Digimon Guardián de la Magia Arcana… además de la maldad digna del Anticristo; mientras que yo conservo el encanto, inteligencia, bondad, virilidad y galanura. -dijo con poca modestia y una sonrisa entredientes que pronto se desvaneció- Sin embargo, y siguiendo sus tontas reglas de la Escuela de Leyes, requiere de la firma de ambas personas sujetas al contrato… y si bien especifica que uno de ellos es Aku, hay un pequeño detalle entrelíneas: jurídicamente y técnicamente hablando, Aku y yo somos la MISMA PERSONA, así que mi firma tiene el mismo valor que la suya. Y en cierto modo, Davis… -el Dracomon acabó de firmar todos los papeles- sería como si te estuviese concediendo yo mismo el deseo.
  • Ahora que ya tenemos todo, supongo que hay que llegar al piso 180, ¿No?
  • Exactamente, Magnamon. Y a toda prisa: Davis, protege esos papeles CON TU VIDA, y Magnamon hará lo mismo contigo; cecina, patona: ustedes los cubrirán por detrás y yo por delante. ¿Entendido?
  • Entendido.
  • Bien… Vámonos de aquí.


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ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Una vez de regreso, Yolei y Ulforce se encontraron con el mismo escenario que dejaron: a sus amigos luchando contra los demonios de la Legión y a Cuāuhpillimon enfrentando a un recién llegado -y mareado- Daemon con ayuda de Magnamon, los Victorygreymon, Zeedgarurumon y Darkdramon; la joven y recién estrenada hechicera se reunió con Ken y GrandKuwagamon mientras que Ulforce se unió al Caballero Águila y los demás para ayudar.

  • ¡¿Te tardaste demasiado, señor “Velocidad de la Luz”?! ¡¿Qué estabas haciendo?! ¿Y Yolei?
  • Está bien: me salvó de nuestro poco querido enemigo. Hicimos también un gran descubrimiento en la Luna pero lo dejaremos para después. Ahora hay que mandarlo a un infierno del que no pueda salir.
  • ¡¡Así se habla!! -exclamó el Caballero Águila- Déjennos a este deslucido Satanás a nuestro cargo, muchachos. -les habló a los Victorygreymon, Zeed y Darkdramon- Ustedes ayuden a los demás.
  • ¡¡ENTENDIDO!!
  • ¿En serio piensan que van a poder detenerme?
  • No lo pensamos: lo SABEMOS. ¡¡Sables Ulforce!!
  • ¡¡Carga Citlalicue!!
Daemon esquivó las espadas de Ulforce y el ataque del Caballero Águila, aunque algunas de las “estrellas” que Cuāuhpillimon le lanzó acabaron golpeándolo en su brazo y hombro izquierdos, provocándole un ardiente dolor. Sin dejarse llevar por ello, atacó a ambos Caballeros con llamas de Fuego Vil: ambos se protegieron de las llamas usando escudos de energía solo para después lanzarse contra el Demon Lord.

  • Probaré algo diferente. -pensó- ¡¡Esparcidor de Oscuridad!!
Un rayo oscuro brotó de la gema en el pecho de Daemon en dirección a los dos Caballeros hasta explotar frente a ellos: su intención era usar esa energía para debilitarlos y luego acabarlos con mayor facilidad. Normalmente, ese poder posiblemente no serviría o sería inefectivo con los Caballeros Reales o los Grandes Ángeles; pero dado que ahora AkuShenglongmon lo había potenciado, tenía esperanzas de que su ataque surtiera efecto en sus enemigos. Cuál sería su sorpresa al comprobar que no sólo no era efectivo, pues Ulforce se protegía con el Escudo de Tenseguridad de su brazalete izquierdo, sino que el mismo Cuāuhpillimon absorbía su ataque con su puño izquierdo.

Luego, a una increíble velocidad, lo golpeó con ese mismo puño envuelto en un aura oscura; Daemon sintió los efectos de su propio ataque, incluso más fuertes de los que debería casi al mismo tiempo que ambos Caballeros lo llevaban de golpes por todo el cuerpo.


  • ¡¿Cómo… cómo lo hicieron?! ¡¡Se supone que deberían de sentirse débiles!!
  • Supongo que no te diste cuenta aún… cornudo.
  • ¡Huh? Es… ¡Es Shenglongmon! ¿Cierto? ¡El idiota de mi exmaestro también mejoró sus poderes!
  • Además de otro detalle… -señaló el Águila- Yo también uso poderes de la Oscuridad. Es más: tengo una técnica similar a la tuya… pero en versión para hombres y a base de puñetazos. -ese comentario sólo hizo enojar aún más a Daemon- Así que… ¡¿Por qué no nos ahorras tiempo y TE MUERES?!
  • Hey, tranquilo viejo. Parece que tu digievolución te dio una sobredosis de testosterona.
  • ¡Nada de tranquilo, UlforceV-dramon! ¡Tenemos que matarlo! ¿O acaso no quieres hacerlo tú también por lo que le hizo al Digimundo?
  • Buen punto: gracias por recordármelo. -Ulforce volvió a sacar sus sables láser de sus muñecas- ¡Ven aquí, demonio de mierda!
Al mismo tiempo, los Niños Elegidos y sus aliados digimon luchaban contra otras criaturas de la legión que no paraban de llegar: Yolei, Ken y GrandKuwagamon continuaban infiltrándose y destruyendo naves; TK, Kari y Cody junto a Seraphimon, Selahemon, Zeedgarurumon y Magnadramon lidiaban con demonios menores, mientras que Darkdramon, Goldramon, Magnamon y los Victorygreymon luchaban contra unos recién llegados llamados Atracadores Viles: auténticos robots gigantes bípedos hecho de un resistente metal, y rodeados de un constante humo verde vil fluorescente.


  • ¡¡Rugido Oscuro!!
  • ¡¡Shoukan!!
  • ¡¡Cristales de Sefirot!!
  • ¡¡Dramon Breaker!! -atacaron ambos Victorygreymon- ¡Maldición: no le hacemos nada! -gritó un exasperado BlackVictorygreymon tras ver los resultados fallidos de su ataque- Debe de estar reforzado.
  • ¡Tal vez debamos atacar algún punto débil! -sugirió Goldramon mientras él y sus compañeros esquivaban los ataques de los gigantes de metal- Si supiéramos cual…
  • ¡O concentramos todos los ataques en uno solo y volamos por los aires a esa lata gigante!
  • Darkdramon… -gruñó la ángel- Concéntrate.
  • Tengo una idea. -dijo Victoygreymon- Si estas cosas son de energía maligna, podríamos… hacer que Black o Darkdramon lo ataquen en su punto débil.
  • Suponiendo que sepamos cual. -insinuó Darkdramon tras evitar un golpe de un de los atracadores- Además, ya probamos atacarlos y esas mierdas no se detienen.
  • Creo que podría ser el corazón: ese que parece una caldera, primo. Digo yo.
  • Además, no dije que lo ataquen así nomás. -volvió a hablar el Victorygreymon pelirrojo- Si lanzamos nuestros ataques hacia sus armas y logran absorber su poder, a lo mejor…
  • Atravesamos su gruesa armadura. ¡Excelente idea, terapeuta de pacotilla! ¿Qué dices, Black?
  • Interesante idea… suponiendo que nuestras armas soporten semejante poder. Pero mejor intentarlo.
Ambos digimon oscuros se pusieron en posición con armas en mano mientras sus compañeros preparaban sus ataques: Magnamon con su Rayo de Plata -esta vez en forma de esferas de plasma-, Ophanimon con su Aire del Edén, Victorygreymon con su Tridente Gaia y Goldramon con su Shokkan: todos esos ataques eran absorbidos tanto por el Dramon Breaker -y el Fragarach que Shenglongmon le obsequió- de Blackvictorygreymon como la Lanza Gigastick de Darkdramon: los digimon oscuros sostenían sus armas con fuerza mientras estas asimilaban toda la energía que recibían.

  • ¿Demasiado pesado para ti? -preguntó con picardía-
  • Para nada, Darkdramon. ¿Listo?
  • Siempre listo para luchar a tu lado, amigo. ¡Escuchen! ¡Distraigan al gigantón; luego atacaremos!
  • ¡Entendido!
Magnamon y Ophanimon atacaban a un Atracador mientras que Victorygreymon y Goldramon hacían lo mismo con otro: la idea era distraer la atención de los atracadores para que sus compañeros tuviesen oportunidad de hincarle sus armas cargadas directamente en el pecho, específicamente en donde tenía forma de caldera y manaba abundante energía vil. Durante una brevísima ventana de oportunidad, ambos digimon se lanzaron sobre su respectivo oponente, hincando con dureza y rapidez su arma antes de que la criatura mecanizada dejara de distraerse con los otros digimon que revoloteaban a su alrededor.

Al principio, tanto el Dramon Breaker como la Lanza Gigastick y el Fragarach encontraron suma resistencia: no sólo por la extrema dureza del metal, sino también por la energía negativa que manaba de la criatura misma en forma de humo verde: debido a su naturaleza oscura, Darkdramon y BlackVictorygreymon -sobre todo este último- pudieron resistir el efecto corruptor de dichas emanaciones, y aplicaron mayor fuerza a sus armas para atravesar el duro blindaje y liberar su energía almacenada dentro de la criatura.


  • ¡¡Creo que ya atravesé la armadura de esta mierda!! -gritó Darkdramon- ¿Y tú?
  • ¡¡Creo que sí!! ¿Listo para liberar toda esa energía?
  • Sólo un detalle más -contestó antes de reunir energía oscura alrededor de su lanza- ¡Listo!
  • ¡¡Dramon Breaker!!
  • ¡¡Lanza Gigastick!!
Ambos digimon liberaron toda la energía que habían reunido en sus armas y las tomaron con fuerza para separarlas del cuerpo de los atracadores justo antes de que estos estallaran en pedazos ardientes que volaron por los aires. Magnamon y los digimon lograron también esquivar los fragmentos ardientes al percatarse de la explosión de los gigantes de metal; cuando el humo se disipó, vieron a BlackVictorygreymon y Darkdramon en el suelo, apoyándose en sus armas y visiblemente agotados: Ophanimon y Goldramon fueron a socorrerlos de inmediato.

  • ¿Estás bien, BlackVictorygreymon? -preguntó la ángel-
  • Sí, creo que sí…
  • ¡No te olvides de mí, nena! ¡Recuerda que mi novia no tiene mente ahora!
  • ¡Tienes a tu primo, Darkdramon! ¡Así que cállate!
  • Yo creo que está bien. -siseó el dragón dorado- Aunque algo agotado: será mejor que descanses.
  • Bueno, pero primero una curita de Luz. ¡¡Enfermerooooo!!
  • ¡¡TK está ocupado!! -le explicó Magnamon- Tal vez Selahemon pueda ayudarlos si… voy a darle una mano para que los ayude.
  • Bien, porque esos dos no fueron los únicos gigantes que hay. -suspiró BlackVictorygreymon- Aún quedan muchos más.
  • Mientras ustedes descansan un poco, trataremos de resolverlo nosotros. -señaló una Ophanimon muy segura de sí misma- Ahora que tenemos una idea de qué hacer, trataremos de derrotarlos.
A los pocos minutos, Selahemon hizo aparición y usó su Choque de Luz para sanar a ambos digimon oscuros, no sin antes recomendarles que mejor descansen un poco antes de volver a intentar aquello que acababan de hacer.

En tanto, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon seguían luchando contra el Demon Lord, pero este era sumamente esquivo, además de resistente: el intercambio de ataques entre los tres digimon era constante, y cada tanto, uno caía el cielo para luego regresar a la batalla. Quedaba claro que Daemon no se rendiría tan fácilmente, y que tampoco lo harían los dos Caballeros Reales que tenía como oponentes.



Dentro de la Megatorre y ajeno a todo lo que ocurría en el exterior, AkuShenglongmon acababa los últimos pasos para liberar a ZeedMilleniummon: estaba ahora con el último sello y faltaba poco para resolverlo. Le tomó unos diez minutos, para luego deshacerse del complejo sello que mantenía cautivo al digimon legendario: cuando este por fin, tras casi ciento veinte siglos de permanecer en estado de animación suspendida, se sintió libre de sus ataduras, lanzó un potente rugido y estiró sus dos cuellos.

Incluso fuera de la torre, su maligna presencia se hizo sentir, causando escalofríos tanto a humanos como a digimon; ni siquiera Daemon pudo evitar temblar.


  • Calculo que estar tanto tiempo sellado implica la necesidad de un pequeño estirón. -comentó Aku nada impresionado- Buenos días, señor ZeedMilleniummon; le habla AkuShenglongmon.
  • ¿Eres el que me liberó de aquella nefasta prisión?
  • Podría decirse. -contestó con tranquilidad- Bienvenido a Mi Realidad.
  • ¿TÚ REALIDAD? -preguntó visiblemente enfadado- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
  • Ciento veinte mil años, poco más, poco menos. Y sí: es MI REALIDAD; me he hecho cargo de la Existencia… o casi toda, de momento.
  • Si tienes el control de todo, ¿Para qué me liberaste?
  • Lo sabrá en breve. -tomó su celular y marcó un número telefónico; marcó ocupado hasta que alguien contestó- ¿Cómo te encuentras?
  • Algo impaciente. -gruñó la “voz”- Supongo que conseguiste lo que te pedí.
  • Eso es correcto. -contestó sin bajar la voz- Está conversando aquí conmigo: lo enviaré de inmediato a tus instalaciones.
  • Bien: debemos de aprovechar esta Ventana de Oportunidad cuanto antes.
  • ¡¡¿¿Enviarme??!! ¡¿De qué estás hablando?! ¡¡NO ME ENVIARÁS A NINGÚN LADO!!
  • Lamento discernir con usted, pero está equivocado: usted será enviado directamente junto a uno de mis socios dentro de unos segundos. -Zeed trató de atacarlo, pero Aku se limitó a levantar un dedo y anular su ataque Tiempo Ilimitado, causando que el legendario digimon quedara pasmado- No es necesario ser grosero, señor.
  • ¡¡TE LO ADVIERTO, LIBÉRAME!!
  • Estoy escuchando unos gritos insoportables, ¿Que pasa allí?
  • Nada relevante: lo enviaré en tres…
  • ¡¡NO SABES A LO QUE TE ENFRENTAS!!
  • Muchas gracias por su cooperación, señor ZeddMillenniummon. Dos…
  • ¡¡LIBÉRAME, AHORA!!
  • Uno…
  • ¡¡VAS A PAGAR POR ESTO, AKUSHENGLONGMON!!
  • Yo nunca pago, señor: sólo cobro lo que me corresponde. -se limitó a contestarle antes de oprimir un botón de su celular- Enviado.
ZeedMillenniummon desapareció de la habitación tras una efímera nube pixelada gris para rematerializarse en un lugar completamente diferente y de aspecto sumamente inusual: AkuShenglongmon ya no estaba, y la extraña habitación, vagamente parecida a un laboratorio, estaba vacía: sólo estaba él, dentro de una especie de contenedor esférico del que no podía salir, pese a sus inútiles intentos. Fue entonces que el “techo” de la habitación se iluminó, como si estuviese ardiendo, pero no se olía a quemado ni se sentía el calor… y de aquellas llamas, se oía una voz.

Desde la bodega, AkuShenglongmon se limitaba sólo a observar y escuchar a través de una pantalla holográfica con una señal algo difusa al enfurecido Zeed al momento en que su “socio” hizo aparición.


  • Calculo que servirá este espécimen.
  • ¡¡¿¿ESPÉCIMEN??!!
  • ¿Quieres ver el proceso de desfragmentación?
  • ¡¡¡¿¿¿DESFRAGMENTACIÓN???!!! -grito de rabia y horror- ¡¡NO SE ATREVERÍAN!!
  • No veo ningún impedimento: tengo algo de tiempo. -contestó estoicamente- Procede.
  • ¡¡DETÉNGANSE!!
  • ¡Cállate, ser inferior! -gruñó la voz desde el otro lado de la pantalla- Tu posición aquí es el de un mero recurso. Aghh… Debiste haberle quitado sus emociones antes… aunque supongo que no será tan divertido así.
  • Adelante.
Lo único que se podía ver y oír era a ZeedMillenniummon gritar airado y gruñendo antes de lanzar unos horribles gritos de agónico dolor al momento en que un resplandor blanco lo cubrió y comenzó a desfragmentar su cuerpo en datos mientras aún seguía con vida: cada bit de su ser, de su información, era desmembrado de su cuerpo y absorbido por una máquina extraña. Sus gritos de agonía se escucharon por toda la Megatorre, y llegaron incluso a oírse en el exterior, paralizando a todo el que los oyera.

Para AkuShenglongmon en cambio, no era más que un sonido molesto y de poco interés que acabaría muy pronto.


  • Un proceso interesante, debo admitir: es… cautivante ver como cada “célula” de dicho organismo se descompone en sus partículas más elementales: imagino que así trataste a los digimon que con los que te topaste el año pasado.
  • Así es.
  • Mmm… -gimió el Dragón de la Nada- Tal vez hayas tenido razón.
  • ¿En qué? ¿En anular sus emociones o en dejar que gritara?
  • Puede que ambas. -respondió enigmáticamente- Ya cumplí con mi parte del trato: calculo que esa información te será útil.
  • La será, te lo aseguro: todo es parte de nuestro plan. Supongo que hasta aquí llegamos.
  • Así es: volveremos a estar en contacto cuando las circunstancias lo requieran. -Aku cortó la llamada- Ahora regresaré a mi oficina.
Abandonó la habitación y caminó tranquilamente por los pasillos hasta llegar al elevador, donde un monótono silencio lo acompañó hasta el piso 180 donde se hallaba su oficina. Se sentó en su escritorio, hizo aparecer una taza de agua tibia y un cigarrillo -junto al cenicero de Alphamon- y se dispuso a esperar con calma.

  • Por qué tardas tanto, Sheng Li… Tenemos mucho de qué hablar.





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El grupo de Davis también había llegado a oír los gritos de agonía de ZeedMilleniummon resonando en todo el edificio, pero ninguno sabía exactamente ni su fuente ni de dónde provenían. Se detuvieron cerca del piso 133 cuando los oyeron por primera vez, quedando pasmados.

  • ¿Qué demonios fue eso? -exclamó un aterrado Mummymon- ¡Suena a un monstruo enorme!
  • ¡Esa cosa podría venir por nosotros!
  • Peor, Arukenimon: suena a que está agonizando.
  • Magnamon tiene razón: suena a que estaba muriéndose. -comentó Shenglongmon, haciendo una larga pausa antes de retomar la palabra- Tenemos que seguir: falta muy poco.
  • ¿No tienes curiosidad sobre lo que podría ser?
  • La verdad, Davis… preferiría no saberlo. Porque no sonó para nada amistosa.
Los cinco continuaron subiendo las escaleras a toda prisa sin detenerse: no surgió ninguna amenaza, criatura o trampa que les impidiera avanzar, y sentían que se estaban acercando. O al menos eso se sintió al principio. A la altura del piso 147, Magnamon se detuvo un momento cerca de la puerta del mencionado piso; al verlo allí parado, Davis se lo reclamó junto a los demás digimon.

  • ¿Qué haces ahí paradote perdiendo el tiempo? -exigió saber Davis- ¡Tenemos un Multiverso que salvar!
  • Juro que ya pasamos por aquí antes.
  • ¿Te refieres a un dejavú?
  • ¿Un dejaqué?
  • Un dejavú, Mummymon -explicó Arukenimon- la sensación de haber repetido algo. Pero puede que sólo sea tu mente.
  • No creo. -se defendió el digimon de armadura dorada- JURO que ya pasamos por este piso como tres veces.
  • Eso es absurdo.
  • Mmm… La verdad, puede que Magnamon tiene razón, Davis: demos una vuelta más para confirmarlo.
Siguiendo su consejo, siguieron subiendo las escaleras un rato más hasta que nuevamente Magnamon se detuvo, y confirmó que en efecto, habían pasado nuevamente por el citado piso 147. En vista de la evidencia, el pequeño Dracomon pidió a sus compañeros dar una vuelta más, pero a paso más lento; mientras caminaba por la escalera, observaba los escalones con sumo detenimiento, hasta que…

  • ¡Ajá! -exclamó el Dracomon, con una lupa en su mano izquierda- Hay un lazo interdimensional.
  • Y eso es…
  • Es como una liga elástica, patona. -contestó, señalando un hilo de luz apenas perceptible en el escalón- Una liga elástica mágica que deforma la realidad y dobla el continuo espacio-tiempo en forma de bucle continuo. Dicho de forma más simple: crea el efecto Hanna-Barbera de fondos repetitivos.
  • ¿O sea que estamos atrapados? ¡Debes de poder deshacerte de esa liga!
  • Con mis poderes actuales, no. Pero puedo buscar algo en mi caja de herramientas, Davis. -hizo aparecer una caja metálica de color verde y esquineros dorados- Denme un momento.
  • ¿En serio tienes una caja de herramientas? Creí que con tu magia podías hacer de todo.
  • Nunca está de más ser precavido, cecina. Además de las herramientas mágicas que SIEMPRE se debe de tener en caso de emergencia, guardo también mis herramientas comunes.
  • Y eso por…
  • Soy un digimon, un dragón, un hechicero y un reality warper de nivel maestro… pero sigo siendo un hombre. -respondió encogiéndose de hombros mientras abría la caja- Me encanta usar herramientas, ensuciarme las manos y arreglar las cosas a la manera mortal, por más que con mi magia puedo resolver problemas con solo pestañear.
  • Eres… raro. -soltó Magnamon-
  • Gracias. -sacó una llave inglesa- No; esto no sirve… -luego sacó un control remoto- Esto tampoco: de seguro no tiene efecto alguno… aparte de callar a algún gritón inoportuno. -revolvió entras sus cosas y sacó un extraño guante- Le dije a Jake que no dejara su viejo Globatrix en mi caja de herramientas.
  • Oye, eso se ve genial. -señaló Davis al extraño guante- ¿De quién es?
  • Lo hizo un amigo que conocí hace unos meses. Un arma multiuso con gancho de agarre, lanzador de cemento, blablablá…
  • ¿Me lo puedes prestar?
  • Quisiera, pero está hecho para una mano de cuatro dedos… Supongo que lo puedo modificar. -un chasquido de sus dedos hizo que el guante cambiara; Davis se lo puso en su mano izquierda, quedándole bien- Listo: incluso hice que la cuerda fuese de Chrome Digizoid. Mejor lo cuidas, porque el dueño me lo va a reclamar.
  • ¿Por qué el dueño tenía cuatro dedos?
  • Tal vez porque no es humano. En fin: sigamos…
Un par de segundos después sacó lo que parecía ser un lápiz labial; sumamente extrañado, lo hizo a un lado. Arukenimon lo tocó, y sin querer, disparó un rayo láser que casi dio de lleno a Mummymon.

  • Esa Alex; dejando sus cosas donde no debe.
  • Déjame adivinar… ¿Otra amiga de otro universo?
  • No creerás que perdí mi tiempo quedándome sólo en este, ¿Verdad, Magnamon?
  • ¡¡¿¿Qué clase de chica tiene un lápiz labial láser??!!!
  • Eh… ¿Una espía internacional, patona? Mejor me lo devuelves; ese color no te va. -Arukenimon lo arrojó al interior de la caja mientras el pequeño Dracomon seguía rebuscando; en eso, sacó una llave blanca- Supongo que es inútil ahora que los viajes por portales no sirven. A ver… Dónde mierda puse esa… ¡¡AJÁ!! ¡¡Las encontré!!
Orgulloso, Shenglongmon sacó de la caja lo que aparentemente eran un par de tijeras… tijeras de plata, vale aclarar.

  • Estas tijeras Teserac permiten cortan los pliegues en el tejido espacio tiempo, eliminando bucles como en el que estamos atrapados. Sólo hay que usarlas para cortar la liga.
  • ¿En serio? ¿Sólo hay que hacer eso?
  • Si tratas de cortar una liga de hule de manera apresurada, se te salta y acaba golpeándote como un látigo, Davis. Ahora, imagina que pasaría si una liga que DISTORSIONA EL ESPACIO te golpeara una vez rota. -los tres digimon y el humano se lo quedaron mirando con seriedad- Sí, es algo así de feo.
Con mucho cuidado, y bajo la presión de ser observado, el pequeño Dracomon acercó las tijeras con suma delicadeza tratando de cortar la liga sin que esta se suelte de manera violenta. Estaba a poco de hacerlo, cuando un Mummymon, bastante inquieto acabó sacudiéndolo en un intento por apresurarlo, lo que le hizo cortar de manera incorrecta la liga; esta se soltó, violentamente, dando latigazos en el aire como un hilo luminoso serpenteante, rasgando el tejido mismo de la realidad y alterando el entorno. Los escalones comenzaron a separarse uno del otro, con todo y la baranda, las puertas se alejaron hasta desvanecerse, y Davis y los demás se esforzaban por mantenerse unidos.

Repentinamente, la monótona caja de escalera dio lugar a un entorno cuasiespacial con una espectacular vista -aunque en blanco y negro- de una galaxia de canto en primer plano y una más lejana del lado opuesto; en tanto que el pequeño Dracomon maldecía e insultaba a Mummymon por su torpeza, Davis acabó tropezando de uno de los escalones y se separó del grupo, siendo sorpresivamente arrojado -más bien succionado- al espacio profundo, en dirección a una extraña formación nebulosa.



  • ¡¡¡DAVIISSS!!!
  • ¡¡RÁPIDO, USA EL GANCHO DE AGARRE!!
  • ¡¡¿¿El qué??!!
  • ¡¡Oprime el botón azul del guante, Davis!! -repitió Shenglongmon- Maldita sea: debí prestar más atención a Jake cuando me explicaba cómo funcionaba esa cosa. ¡Haré que el cable sea lo más irrompible posible! ¡Aguanta!
Davis obedeció lo más rápido que pudo, y apretó el botón con el guante apuntando hacia donde estaban sus compañeros: el gancho salió disparado a gran velocidad y casi se aferra a la baranda donde los digimon se encontraban; al percatarse de que no lo lograría, Magnamon estiró los brazos, arriesgándose a salir succionado como su amigo humano y tomó el gancho con fuerza, rodeando el cable en su brazo derecho y estirándola con el izquierdo, mientras Arukenimon y Mummymon lo sujetaban de las piernas.

  • ¡¡Sujétenlo fuerte ustedes dos y tiren con fuerza!! ¡¡O acabará en esa galaxia de allá al fondo!! ¡¡Y lo que hay allá no es nada bonito!!
  • ¡¡Eso intentamos!! -reclamó la momia, haciendo un esfuerzo- ¡Es demasiado pesado! ¿Por qué no nos ayudas?
  • ¡Es TÚ culpa que pase esto, pedazo de cecina enmohecida de mierda! ¡¡Todo por no tener paciencia! -le reclamó el Dracomon- ¡Estoy tratando de que la cuerda no se rompa ya que NO PUEDO teletransportarlos!
  • ¡¡No nos suelten!! -gritó un Magnamon que ocultaba su miedo bajo un tono amenazante; luego volteó hacia Davis- ¡Trata de usar el cable para acercarte a mí!
  • ¡¡Tr…a...taré…!! ¡¡No dejen que me vaya!!
  • ¡No lo haremos, Davis! ¡Sujétate fuerte!
Como se trataba de un gancho de agarre, Davis supuso que debía de tener un tipo de polea para jalarlo hacia adelante; sin embargo, un fugaz momento de ingenio le hizo pensar que eso podría forzar demasiado al aparato, por lo que optó por usar la polea del gancho muy lentamente a la vez que usaba su mano derecha para aferrarse a la cuerda y avanzar hacia Magnamon.

Poco a poco avanzaba hacia su camarada digimon al mismo tiempo que sentía como una fuerza de succión trataba de llevárselo lejos de sus amigos -y del dúo de digimon incompetentes-; volteó lentamente hacia atrás para ver a dónde esa “fuerza” pensaba llevárselo, y lo único que vio fue un fondo oscuro dominado por una formación nebular plagada de estrellas: según Shenglongmon, era una galaxia, ¿De verdad sería capaz de acabar allí? No quería averiguarlo.

Magnamon continuaba estirando de la cuerda y tratando de jalarla hacia sí mismo para traer a Davis hacia él; la fuerza de succión sin embargo, era inmensa, y la cuerda -o más bien el cable- dañaba su piel al rozarlo.


  • ¡¡Sigue así, Davis: lo haces muy bien!! -felicitó al niño antes de voltearse hacia atrás- ¡Pongan un poco más de esfuerzo, maldita sea: ni que yo pese tanto!
  • ¡¡Tú eres el de la armadura de metal sólido; no nos critiques!!
  • ¡Usa tus vendajes, cecina! -le grito el Dracomon- ¡¡De algo tienen que servir!!
  • ¡Haré lo que pueda!
  • ¡Aguanta un poco más, Davis! ¡Estoy por resolver el lío en el que nos metió Mummymon!
  • ¡¡OYE!!
Mummymon se transformó a su forma real y usó los vendajes de su brazo izquierdo para envolver a Davis y tratar de jalarlo hacia él mientras usaba el derecho para ayudar a Arukenimon a sostener a Magnamon. Al mismo tiempo, Shenglongmon hacía un esfuerzo por tomar los extremos de la “liga” con ayuda de sus poderes, atrayendo los extremos hacía sí mismo, aunque era algo difícil pues se movían y retorcían mucho a larga distancia. Al ver de reojo como Davis se acercaba poco a poco a ellos con ayuda los digimon y del mismo niño, sonrió levemente sin perder su concentración.

Poco a poco, y gracias a los digimon, Davis estaba más cerca de hallarse a salvo, siempre que el cable del gancho de agarre no cediese, o la fuerza de succión no aumentase: el niño no volvió a voltear hacia atrás, y Magnamon continuó jalando hacia sí para traer a su amigo a su lado. Después de un gran y continuo esfuerzo, Davis al fin logró estar a salvo junto a Magnamon, quienes cayeron sobre el piso del descanso en el que Arukenimon y Mummymon lo acompañaban. Tras un breve momento de alivio, Shenglongmon logró reunir los extremos de la liga, para anular su efecto y regresar todo a la normalidad, aunque a costa de gastar una buena parte de su energía.


  • ¡Al fin! -exclamó Davis al volver a ver la caja de escalera- ¡No más espacio exterior horripilante!
  • Agh… Tienen que ponerse a dieta ustedes dos.
  • ¡Y tú a hacer algo de ejercicio, Mummymon! -contestó el niño- ¡Eres un debilucho para ser un digimon de nivel ultra! Aunque eres una momia: la verdad dudo que un tiempo en el gimnasio haga maravillas contigo.
  • ¡¡OYE!!
  • Por esta vez concuerdo con el mocoso. -asintió Arukenimon; la momia no se atrevió a discutir con ella- Bueno, sigamos de una vez, que falta poco.
  • Es cierto. -asintió el digimon de armadura dorada señalando la puerta de uno de los pisos- Estamos en el piso 150, ¡Solo faltan treinta pisos más!
  • ¡¡Sigamos adelante!!
  • Eh… Magnamon, ¿Podrías llevarme un momento por favor? -le pidió el pequeño Dracomon- Estoy algo agotado por solucionar ese problemilla de dimensiones.
  • Seguro. -tomó al digimon verde y lo llevó a sus espaldas- ¿Te recuperarás pronto?
  • Claro, descuida: sólo necesito un pequeño descanso. -dejó escapar un suspiro de cansancio seguido de una mirada fruncida al ver a la araña y la momia- Argghh… La próxima vez… llamo a los Swat Kats. Al menos ellos no me pedirían un deseo… tan bobo.
  • ¿Quiénes?
  • Unos amigos que hice hace meses. -respondió con poco entusiasmo- Si no la cagamos… capaz y los conozcan, junto a otros sujetos de por ahí. ¡Vamos, que falta poco!



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Fuera de la Megatorre, la batalla continuaba: aunque los niños y la mayoría de los digimon continuaban luchando contra los esbirros que Daemon invocaba desde el portal abierto en el cielo, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon estaban enfocados en deshacerse del Demon Lord de la Ira: los Caballeros Reales batallaban principalmente en el cielo, intercambiando técnicas entre ambos, y con uno que otro estrellándose contra los edificios de la ciudad, con el consecuente “daño colateral”. Ahora Ulforce había seguido el consejo del Caballero Águila y ahorrarse el arrepentimiento para después: tenían que eliminar al Demon Lord de una buena vez, y si era posible, entrar a la Megatorre para estar junto a Davis.

  • ¡Tenemos que ponerle fin a esto!
  • ¡¡Estoy de acuerdo, Pitufo con Esteroides!! ¡¡Es momento de ponerles fin a ti y a tu amigo plumífero!!
De las manos de Daemon, surgieron dos esferas de energía verde y otra púrpura, que aumentaron de tamaño hasta ser de casi medio metro de diámetro y las arrojó contra los Caballeros, quienes usaron sus respectivos escudos de energía para protegerse, pues las esferas los perseguían a gran velocidad; ambas acabarían arrastrando a los megadigimon en plena ciudad, seguidas de una gran explosión. Al menos dos edificios de oficinas y uno de apartamentos colapsaron sobre ellos, levantando una gran columna de humo, una montaña de escombros… y para su desgracia, cadáveres. La peor parte era que a los heridos no les importaba su dolor, y éstos no recibían ninguna ayuda de aquellos que habían salido sin un solo rasguño: sencillamente carecían de todo tipo de emoción y empatía no sólo hacia los demás sino hacia sí mismos.

Tanto UlforceV-dramon como Cuāuhpillimon se levantaron de entre los escombros y volvieron al cielo para contraatacar: mientras el Caballero Azul atacaba directamente a Daemon con puñetazos que el Demon Lord esquivaba de tanto en tanto, el Caballero Águila lanzaba ráfagas de sus Plumas de Obsidiana y las estrellas de su Carga Citlalicue hacia Daemon, ataques que el mismo Ulforce esquivaba a tiempo gracias a su gran velocidad; pese a todos sus esfuerzos, el Demon Lord no mostraba señal de debilidad o fatiga. Sólo de una creciente impaciencia y hartazgo: en un momento de descuido, tomó a Ulforce de su brazo derecho y lo arrojó con fuerza contra el Caballero Águila, golpeándolo y haciendo que ambos perdieran el equilibrio el tiempo suficiente para atacarlos con sus Llamas de Algol potenciadas con Magia Vil.

Los Caballeros volvieron a caer sobre la ciudad -un edificio de apartamentos- aún aturdidos y ligeramente chamuscados.


  • Está… MUY enojado con nosotros. -murmuró un Ulforce que se ponía de pie- Realmente quiere matarnos.
  • No me digas… Pues yo me estoy enojando AUN MÁS.
  • Lo sé… Cuento con ello.
  • ¿QUÉ?
  • Sabes muy bien que eres capaz de matarlo si alcanzas tu mayor potencial.
  • Sí, pero… ¿Y si no lo controlo?
  • Para eso estoy aquí. -respondió tras darle unas palmaditas al hombro pese a la diferencia de tamaños- Y es seguro que trates de patearme el trasero, pero que carajos: es nuestro trabajo, y tenemos que salvar al mundo.
  • Bien…
  • ¿¿YA DEJARON DE PARLOTEAR??
El Demon Lord de la Ira los interrumpió con otro ataque de llamas viles y sombras, que por poco ambos Caballeros lograron esquivar, para luego volver al cielo y contraatacar: Las Llamas Tonatiuh y el Shinning V Force lanzados hacia Daemon, quien usó su propio ataque de Llamas de Algol para absorber esas técnicas y atacar a los Caballeros. Cuāuhpillimon advirtió esto y usó su Ventisca Cetl, anulando las llamas infernales con un movimiento de sus alas; UlforceV-dramon entonces salió por detrás de la helada ventisca para volver a golpear con los puños directamente al Demon Lord, como retribución por la paliza que recibió en la Fuente.

  • ¡Quédate quieto y muérete, cornudo de mierda!
  • ¡No me hagas reír, mocoso azul! ¡No pienso morir, y menos por causa tuya!
  • ¡Te prometo que hoy morirás, de una forma u otra!
  • ¿Es por tu querido Digimundo? ¿O por tus tontos amigos Caballeros? -después de tanto esquivar, Daemon le dio a Ulforce un puñetazo en la cara, derribándolo contra la azotea de otro edificio- ¡Madura de una vez! ¡Luchas por un mundo y unos amigos que están MUERTOS! ¡Nunca valieron nada! ¿Crees que yo lloro por eso pusilánimes que llamé compañeros? ¡JA! ¡Me ilusiono en saber que esos buenos para nada se convirtieron en algo útil, como Daleks o algo así!
  • ¿Q… qué?
  • ¡O tus amigos Caballeros! Ahora que lo recuerdo, ellos eran también parte del trato que AkuShenglongmon hizo con los Dalek.
Eso bastó para que el Caballero Azul estallara de furia y arremetiera contra Daemon con una furia nunca antes vista: abalanzándose sobre él y golpeándolo repetidas veces con los puños, golpes que el Demon Lord esquivaba la mitad de las veces; claramente el Caballero Azul estaba cegado por la indignación y la rabia sobre lo que le había pasado a sus compañeros como para pensar con claridad: Cuāuhpillimon comprendía la reacción de su compañero, pero no reaccionó del mismo modo, pues llevaba SIGLOS sin compartir con los otros Caballeros, e irónicamente, creía que la reacción de Ulforce le hacía perder el enfoque que habían tenido hasta ahora.

Quedó más que claro cuando Demon logró retener los brazos de Ulforce y torcérselos con suma facilidad para luego arrojarlo contra el Caballero Águila, haciendo que se estrellen contra el mar. No contento con ello, lanzó sendas esferas de Fuego Vil y de sombras contra ellos, causando un estallido de agua. Bajo el agua, Cuāuhpillimon tuvo que nadar para rescatar a Ulforce, ya que además de tener los brazos lastimados, parecía como aturdido: lo sacó del agua y regresaron a la ciudad, seguidos muy de cerca por Daemon.

Lograron esconderse en la planta libre de uno de los edificios de oficinas de la ciudad, donde el Caballero Águila se rodeó de su Escudo Coyolxauhqui junto a Ulforce para curarlo de sus heridas con su Aura Coaticlue, que envolvía una de sus manos.


  • ¿Qué me pasó? -preguntó un Ulforce que de a poco se espabilaba-
  • Que te lanzaste encima de un Demon Lord ultranabolizado con magia maligna. -respondió mientras sanaba su brazo- Te torció ambos brazos, y te arrojó al mar como un muñeco de trapo. Tuve que sacarte de allí nadando y traerte a este sitio para curarte.
  • Lo recuerdo… ¡Ese maldito mató a nuestros compañeros! ¡Dejó que AkuShenglongmon los convirtiera en Daleks!
  • Lo sé: lo oí también… Pero si te vuelves a dejar llevar así, no llegaremos a ningún lado. -suspiró tras acabar de sanar un brazo- Te propongo atacarlo yo, y que tú seas mi respaldo.
  • ¿Qué? ¡Pero si eres tú el de impulsividad asesina! ¡Y se supone que yo soy el líder!
  • Por eso te lo propongo: no te lo estoy imponiendo.
  • De todos modos harás lo que te da la gana. -se limitó a gruñir mientras su otro brazo era sanado- Bien, como quieras. Por cierto, ¿Te han dicho que tu aura curativa huele a hierbabuena y pacholí?
  • Agh… Siempre…
Se oyó una explosión y el edificio entero se desplomó sobre ellos, quedando cubiertos de escombros y polvo: de fondo, se podía oír a un Daemon complaciente.

  • ¡Dejen de esconderse! ¡Puede que hayan muerto unos cuantos miles de oficinistas humanos haciendo no sé qué de manera repetitiva, pero a ustedes no se los puede matar bajo un edificio! Para mi desgracia…
  • ¡¡Vamos, salgan de una maldita vez!! ¡¿Qué no iban a matarme?! ¡Tal vez d…!
La montaña de escombros desapareció tras un enorme resplandor ígneo, lanzando fragmentos de concreto y cristal hacia el Demon Lord: entre todo ese polvo, salieron un Ulforce completamente recuperado y un Cuāuhpillimon envuelto totalmente en un aura iridiscente de aspecto ígneo, el cual desapareció en una ráfaga multicolor, sólo para estar de cara a cara con Daemon antes de arrastrarlo volando hasta el pavimento, encastrándolo contra el suelo y darle un puñetazo en la cara destrozándole la mayoría de los pocos dientes que le quedaban.

  • Ten cuidado con lo que deseas, que puede volverse tu peor pesadilla.
  • ¡¡Oh, vamos!! ¡Eso es tan…! -respondió Daemon, antes de ser golpeado de nuevo-
  • Y tu pesadilla se volverá real. -completó mientras lo miraba a los ojos con una mirada envuelta en llamas- ¡¡Flamas Tonatiuh!!
Daemon quedó envuelto en llamas de intensidad superiores al sol, incapaz de ponerse de pie mientras sentía que el suelo a su alrededor inicialmente se cristalizaba en vidrio, para luego volatilizarse al instante. Aún envuelto en llamas, sintió las garras afiladas de Cuāuhpillimon tomarlo de los hombros y recibir un cabezazo de su parte, para luego ser arrojado hacia arriba; continuaba aturdido y apenas recuperó la visión para advertir a UlforceV-dramon en el cielo, quien le dio dos puñetazos en el estómago y en las costillas antes de tomarlo del brazo y devolverle el “golpe” anterior.

  • Te duele, ¿Verdad? -insinuó maliciosamente al momento de retorcer el brazo de Daemon con más fuerza- No es ni la mitad de lo que sufrirás, cornudo de mierda.
  • No me rendiré ante ti… moco… -sus palabras se vieron interrumpidas por un rodillazo directo en su estómago, sacándole el aire de sus pulmones- …
  • Cállate. -de reojo, Ulforce vio a su compañero plumífero acercarse; entrecerró los ojos, mirando a Daemon de manera asesina- Vas a sufrir… mucho, MUCHÍSIMO. Te lo aseguro. ¡Todo tuyo, compañero!
Sin decir más, se lo arrojó al Caballero Águila con un gancho izquierdo en la cabeza; Daemon recuperó la conciencia lo suficientemente rápido como para estabilizarse y atacar con sus Llamaradas del Caos a toda su intensidad; no contaba con que el digimon emplumado no solo no esquivara el ataque o lo rebotara, sino que lo atravesó como si nada.

  • Si eso es el fuego del infierno que te dio la Legión Ardiente… ¡Te aviso que me dio más escalofríos que calor, demonio fracasado!
  • ¡¡ME ESTÁS HACIENDO PERDER LA PACIENCIA, PAJARRACO PRESUMIDO!!
  • Yo ya la perdí contigo. -extendió sus manos, que comenzaron a brillar en un aura ambarina incandescente- ¡Esto es calor de verdad! ¡¡Destello del Quinto Sol!!
Un sol en miniatura intensamente brillante y ardiente -en realidad, del doble del tamaño de la esfera de la Televisora Fuji- apareció entre ambos megadigimon; el Caballero Águila se lo lanzó sin ningún esfuerzo contra Daemon, quien usó todos sus ataques a distancia para desviarlo o cuando menos ralentizarlo, sin efecto alguno: el sol absorbía toda energía recibida, y para colmo, lo perseguía a una gran velocidad para algo tan grande, incinerando -si no vaporizando- todo en su camino. Inicialmente huyó lo más que pudo de aquella estrella en miniatura, pero su orgullo le hizo creer que podría retenerla con sus manos y detuvo su marcha, extendiendo sus manos hacia aquel orbe incandescente.

  • ¡¡Shinning V Force!!
  • ¡¿Qué car…?!
Daemon no se esperaba que un Caballero Real lo atacara por la espalda, y menos el más mocoso de todos ellos. El ataque de Ulforce lo empujó en dirección al sol concentrado, sumergiéndolo en el plasma incandescente por breves segundos antes de estallar. Encandilado y aturdido por la explosión, Daemon apenas pudo mantenerse en el aire y caer en picada hacia el suelo… hasta que sintió ser sujetado por alguien del brazo, y luego ser golpeado nuevamente en el estómago unas repetidas veces, quedando totalmente sin aire. Cuando pudo recuperar la vista, se dio cuenta de que era UlforceV-dramon quien lo tenía sujeto del brazo: el Caballero Azul lo miró en silencio antes de tomar su mano, torcerle la muñeca con un rápido movimiento de su mano hasta romperle la articulación, quebrarle todos los dedos y dislocarle el hombro; el Demon Lord se negó a darle a su enemigo la satisfacción de mostrar dolor, limitándose a gruñir entredientes.

  • ¿Te gusta volar, verdad?
  • Grr…
  • ¡¡PUES VUELA Y MUÉRETE!!
Ulforce lo golpeó directamente en el pecho con tal fuerza que lo lanzó despedido hacia el cielo a velocidades casi supersónicas: con una mano destrozada, un brazo descolocado y un punzante dolor en el pecho, a Daemon apenas y le quedaban fuerzas: por primera vez que salió del Área Oscura y recibió el aumento de poder de su nuevo “maestro”, se sentía al borde de la derrota, algo que no se perdonaría. Sintió como desaceleraba lentamente, señal de que pronto caería como bólido a la superficie si no recuperaba el equilibrio y contraatacaba a esos insolentes Caballeros. Fue entonces que reaccionó ante un detalle.

¿Dónde está el…?

Entonces sintió que alguien aparecía por su espalda de manera repentina y los sujetaba de brazos y piernas con un movimiento de lucha libre, acompañado de un aura incandescente. Al voltearse, vio aquel detalle que faltaba.


  • No me iba a olvidar de ti, Daemon.
  • Mira abajo: mira lo que tu infantil capricho le hizo al mundo. -el Demon Lord apenas pudo ver la superficie gris y monótona a sus pies- No saldrás de esta vivo.
  • Ahora lo recuerdo… -pensó el Demon Lord de la Ira- Este sujeto… -rememorando- ¡Oh, no! ¡Espera!
  • ¡¡Xochiyáoyotl!!
Instantáneamente un aura púrpura emergió del cuerpo de Cuāuhpillimon, convirtiéndose en un torbellino de flores y pétalos oscuros y ponzoñosos a su alrededor y de Daemon, para luego arrojarlo hacia el suelo y comenzar a golpearlo repetidas veces hasta hacerlo sangrar mientras ambos caían en picada. Además de los cuasi infinitos golpes que recibía -tanto puñetazos como patadas y rodillazos- dejándolo completamente demacrado, el aroma de esas flores oscuras lo paralizaban paulatinamente, además de estar envenenándolo lentamente. Claramente el Caballero Águila no escatimaba esfuerzo en darle a entender que iba a matarlo, no sin antes hacerlo sufrir.

Cuando estaban a menos de un kilómetro, Cuāuhpillimon dejó de golpearlo y permaneció estático en el aire; si Daemon pensó que le daría un respiro, estaba MUY equivocado: el digimon águila extendió sus extremidades y sus alas, reuniendo energía en cinco esferas de diferente color -rojo, dorado, verde, azul y púrpura- que aumentaban de tamaño rápidamente, dispuesto a lanzárselas a él.


  • ¡¡FURIA DE AZTLÁN!!
Las cinco esferas giraron a su alrededor unos segundos hasta unirse en una enorme corriente de energía multicolor dirigido directamente contra el Demon Lord, quien no había tocado el suelo y por el efecto de las Flores Oscuras, estaba completamente paralizado.

  • Estoy condenado… ¡¡MALDITA SEAAAAA!!
Daemon recibió el ataque de manera directa sin siquiera haber tocado siquiera el suelo, perdiendo el conocimiento de manera instantánea al ser golpeado: la explosión fue enceguecedora y abarcó la mitad de la plaza que rodeaba a la Megatorre, arrasando con todo a su paso y dejando un enorme cráter humeante; afortunadamente, tanto los Niños Elegidos como sus amigos digimon estaban del otro lado de la plaza, y fueron lo suficientemente rápidos como para protegerse con escudos de energía cubriéndolos por completo. A lo lejos, UlforceV-dramon observaba en silencio, a sabiendas de que era muy probable que el Demon Lord sobreviviera a semejante ataque… sólo para tener un final mucho más doloroso de lo que se hubiese imaginado. Cuāuhpillimon era así de… salvaje.

Solo no te pases, por favor… Se dijo a sí mismo antes de acercarse con cautela hacia donde se hallaba el maltrecho Demon Lord y estar a prudente distancia del mismo. Pese a estar lo suficientemente lejos de él, Ulforce advirtió los ojos del Caballero Águila, ya no azules como antes, sino brillando en un espeluznante rojo-sangre. Casi te tengo lástima, hijo de puta. -pensó Ulforce mientras miraba al desecho demonio al fondo del cráter- Casi.



Al fondo del cráter, Daemon luchaba por aferrarse a la vida: tenía cada hueso de su cuerpo roto, la piel chamuscada, las alas rotas, la boca sangrante con todos los dientes rotos y heridas sangrantes por todas partes; ni siquiera el efecto paralizante de las Flores Oscuras lo privaban del dolor. A duras penas, podía ver la silueta del Caballero Águila y sus ojos de brillo escarlata como la sangre acercarse a él hasta tenerlo a pocos metros delante suyo. Apenas le dedicó unos segundos para mirarlo y luego lo tomó de los cuernos con su mano derecha, elevándolo varios centímetros por encima del suelo. Pese a recordar lo salvaje que podía ser Cuāuhpillimon, y más cuando esa aura oscura y ojos carmesí estaban involucrados, Daemon no dejó mostrar su derrota y su temor, encarándolo lo más valiente que pudo… y de ser posible, apelar a la inocencia del aguilucho odioso que era compañero de esa mocosa de pelo morado.


  • No… no me harás… suplicar piedad…
  • ¿Q…qué? ¿No va…vas a decir naddd… da?
  • ¡¡DD…DI ALGO, MALDITO PAJARR…!!
El Caballero Águila continuó sin decir nada al momento de golpear con su puño izquierdo el vientre del Demon Lord con tal fuerza que penetró en sus entrañas, dejándolo sin aliento y conteniendo sus agónicos gritos mientras sentía como la mano con garras de Cuāuhpillimon rebuscaban entre sus carnes algo en particular: la “sangre” de Daemon manaba en abundancia de la herida, corriendo por el brazo del Caballero Águila cuya mirada era gélida como el hielo a pesar de seguir rojos como inyectados en sangre.

Daemon se estremeció al sentir que Cuāuhpillimon halló lo que tanto buscaba y aulló de agonía cuando este movió su brazo hacia delante, abriendo su pecho y rompiendo sus costillas: su brazo estaba ensangrentado, y entre sus garras tenía una esfera luminosa hecha de datos, pero que se comportaba como una bola de cristal iluminada desde adentro en tonos verde fluorescente y púrpura oscuro.

Su Diginúcleo.

Lo iba a hacer, y el moribundo Daemon no podría evitarlo: Cuāuhpillimon se lo…


  • ¡¡Espera, no lo hagas!! -UlforceV-dramon apareció a su lado- ¡No es necesario! ¡Ya lo dejaste hecho mierda!
  • Hay que matarlo.
  • ¡Sí, pero…! ¡NO A ESE EXTREMO! ¡Créeme: sé lo que es dejarse llevar por los instintos, y no es lo mejor! ¡Tendrás una carga de conciencia horrible! Además… ¿Qué pensará Yolei?
  • S…i…. que... pen… -Daemon no pudo acabar su oración, pues un rodillazo del águila lo golpeó en su abierto vientre; luego el ave lo miró con su mirada aun inyectada en carmesí- Aghhh…
  • Je… Má…mátame… D..da… igual. A… AkuSSh…Sheng…longmon ya ganó.
  • ¿Qué? -Ulforce levantó la voz- ¡¿Cómo que ya ganó?! ¡¿Cuál es su plan?!
  • N… ni yo… lo sé… -respondió con dificultad- Pero ahora… sé… que todos…
  • ¿Qué? ¿Que todos qué?
  • Todos… estamos… a su merced… Ahora entiendo tu fábula, AkuShenglongmon… Pobres diablos: van justo donde tú quieres.
  • No nos va a decir nada más, o nada útil. ¿Qué le harás?
  • Algo que no merece.
Colocó su mano con el Diginúcleo a pocos centímetros de la cara del Demon Lord ya moribundo, y lo apretó lentamente, provocando que se agrietara, causándole dolor a su dueño un dolor inimaginable antes de finalmente aplastarlo en su cara: casi instantáneamente, Daemon se desintegró en datos que se desvanecieron en el aire… salvo una pequeña hoja de papel que cayó delicadamente al suelo sin arrugarse.

Ya con las manos libres, Cuāuhpillimon se puso de rodillas con las manos en el suelo en señal de exhausto, y finalmente perdió su digievolución para volver a ser Hawkmon. Ulforce fue de inmediato a recogerlo entre sus brazos: se hallaba sumamente agotado.


  • Oye, ¿Estás bien?
  • Si… Algo cansado. -respondió el pequeño aguilucho- Gracias por contenerme.
  • No hay de qué.
  • ¿A qué te referías con saber lo que es dejarse llevar con los instintos?
  • Pff… Es una laaaaaaaaaaaarga historia que probablemente te la cuente… en privado, si no te molesta. -Ulforce advirtió la hoja de papel y la tomó- Esto apareció después de que mataras a ese desgraciado. A ver…
  • ¿Qué es?
  • Una… una nota de despido. “Le comunicamos que debido al incumplimiento de su contrato, AkuShenglongmon Inc. ya no requiere de sus servicios como Vicepresidente Corporativo. Atentamente, el Presidente Corporativo, AkuShenglongmon.”
  • Nunca confió en él. -concluyó Hawkmon- Era sólo un juguete.
  • Así parece.
A lo lejos se oía la voz de Yolei, acercándose a los dos digimon junto a Ken y GrandKuwagamon; al ver a su digimon en manos de Ulforce, temió lo peor, pero al oír que acababan de derrotar a Daemon y que su amigo emplumado estaba bien, se levantaron los ánimos de la joven maga.

  • ¡Qué buena noticia! ¡Eres increíble, Hawkmon! Eso también explica por qué los portales al Vacío Abisal se cerraron.
  • Quedan algunos cuantos demonios, pero TK y los demás se están encargando de ellos.
  • Tenemos que acabar con ellos y entrar a la torre, Ken. -habló Hawkmon- Hay que ir junto a Davis.
  • ¿Daemon les dijo algo?
  • Muy poco. -contestó Ulforce- Pero debemos de estar junto a Davis lo más pronto posible: no puede enfrentar a AkuShenglongmon solo. Los ayudaré a acabar con las plagas que quedan. -le entregó a Hawkmon con mucho cuidado a su compañera antes de ir directo a la batalla- Cuídalo.
  • Sabes que lo haré.
  • Yolei…
  • ¿Sí, Hawkmon?
  • ¿Tienes un NervoCalm? Me duele la cabeza.


Desde su pent-house, AkuShenglongmon observaba serenamente la batalla entre los “niños” de Sheng Li y los restantes demonios de la Legión. Bebía una taza de agua destilada tibia que flotaba a su lado.

  • Parece que el joven Wigglestein no estaba a la altura de su puesto. Preventivamente preparé su liquidación anticipándome a este escenario; era inevitable.
Aku sintió repentinamente algo que lo tomó del brazo izquierdo: volteó su mirada sólo para descubrir a un Ángel Lloroso similar a un Seraphimon sujetando fuertemente de su antebrazo, seguido de otros que estaban a sus espaldas: lejos de mostrarse alterado, mantuvo absoluta calma y lo miró sin parpadear; a diferencia de otros, él podía prescindir de hacerlo sin ninguna dificultad.

  • Calculo que debo de tomar esto como un intento de traición.
  • Y asumo también que optaron por esta decisión en lugar de recibir al joven Motomiya y sus acompañantes.
  • Es de mi conocimiento que Sheng Li trató con ustedes hace unos meses en uno de los universos bajo su jurisdicción, uno de los recientemente destruidos por mí con motivo de una demostración interactiva al joven Takaishi. Tuvo problemas para lidiar con ustedes.
  • La magia convencional no podía derrotarlos dada su gran antigüedad y origen de un Multiverso anterior; por eso tuvo tantos problemas. Asumiré que usted y sus congéneres saben que yo no dispongo de ese impedimento.
  • Dicho esto, consideren nuestra relación laboral, disuelta.
Sin desviar la mirada, y con su otra mano, tecleó en su celular y vio como el Ángel Lloroso y sus congéneres se desintegraban en partículas subatómicas hasta desvanecerse en el vacío. Ahora que era libre, Aku volvió a tomar asiento y continuar con su taza de agua destilada, observando el péndulo de movimiento perpetuo de su escritorio.

  • Algunos socios de negocios son tan poco confiables.



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Davis y los demás llevaban apresurando la marcha, llegando al piso 165 sin nada que los detuviese… salvo una cascada de lava, un extraño bosque lleno de extraños “insectos robots” y un nivel acuático. Shenglongmon usaba sus poderes para ayudarlos a pasar esos obstáculos tan extraños, pero lo que más le preocupaba era el hecho de que nadie en sí los perseguía: ni Daleks, ni Ángeles Llorosos ni soldados armados o demonios de la Legión. Era lo aterrador y paradójico de Aku: nunca se sabía lo que tenía en su mente pese a ser alguien que despreciaba las sorpresas.

Faltaban pocos pisos para el 180, y se sentía una inquietante paz. ¿Sería tan fácil llegar a él? Los sentidos del pequeño Dracomon se agudizaron de repente: algo estaba pasando varios pisos abajo. Se acercó a la baranda y bajó su mirada a investigar.


  • ¿Pasa algo malo? -preguntó Davis- ¿Alguien viene?
  • No, no creo… Es algo peor. ¿Siguen teniendo esas gafas que les di? -todos responden afirmativamente- Pónganselas, ¡Ahora!
No pasaron ni dos segundos luego de colocárselas, que un brillo inimaginable emergió del fondo de la caja de escaleras: era tan brillante e incandescente, que Davis y los digimon no sólo perdieron momentáneamente la vista, sino que llegaron a creer que serían incinerados vivos pese a no sentir mucho calor a lo que debería de sentirse fuera del escudo de Shenglongmon. El resplandor duró menos de dos minutos, y pronto, todo volvió a una aparente normalidad.

  • Si tuviera que adivinar, eso que vimos fue la estrella que vimos niveles más abajo.
  • Exactamente, patona: estalló en una hipernova que fuera de este edificio hubiese devastado el sistema solar y un radio de diez a veinte años luz a la redonda.
  • ¡Vaya! -exclamó un asombrado Magnamon- Que bueno que nos protegiste, y que estuvimos lo bastante lejos para que no nos dañara.
  • La explosión no es el problema… sino lo que sigue después. -Shenglongmon miró hacia abajo, advirtiendo algo que lo alarmó- Oh, mierda…
  • Me siento algo… pesada.
  • Soy yo… ¿O se está poniendo oscuro allá abajo? ¿Habrán cortado la luz?
  • ¡No, imbécil rollo de papel higiénico! ¡Tenemos que subir de inmediato! ¡LA HIPERNOVA CREÓ UN AGUJERO NEGRO!
Davis y los demás se apresuraron a correr hacia los pisos superiores tan rápido como pudieron y sin mirar atrás; faltaban menos de diez pisos para llegar al 180, pero cada paso se hacía cada vez más difícil debido al aumento de peso que hacía cada vez más difícil despegarse del suelo; a eso sumado la disminución de la luz. En su prisa, Davis acabó tropezándose con uno de los escalones, golpeándose la cabeza con otro; Magnamon trató de levantar a Davis pese a que el aumento de gravedad lo hacía más difícil incluso para él.

  • ¡¡Davis, Davis!! Oh, Dios; parece que perdió el conocimiento.
  • ¡Lo que nos faltaba!
  • ¡Magnamon, trata de hacerlo reaccionar! ¡Trataré de contener el agujero negro!
  • Davis, reacciona por favor. -tras una serie de palmaditas en el rostro que no surtieron efecto, optó por una bofetada- ¡No tiene sentido: ni que se haya golpeado tan fuerte! ¡Sé que es humano, pero…!
  • ¡Haz algo, pedazo de lata dorada! ¡Necesitamos a ese bobo!
Sorpresivamente, Davis comenzó a mostrar señales de despertarse; poco a poco abrió los ojos y se puso cuidadosamente de pie. Magnamon iba a preguntarle si estaba bien, pero antes de terminar la oración, de manera aún más insólita, el niño lo golpeó con fuerza en dirección a la baranda, haciendo que esta cediera y el digimon dorado acabe sosteniéndose del borde de la escalera.

Arukenimon y Mummymon quedaron perplejos al ver al niño actuar así, tardando en reaccionar; Shenglongmon mucho no podía hacer, ya que estaba ocupado conteniendo los efectos del agujero negro. Eso no evitaría, sin embargo que si Magnamon cayese…


  • ¡Davis! ¿Qué haces?
  • ¡Cállate, lagartija superdesarrollada! Mejor dedícate a morir, que tengo otras cosas que hacer.
  • ¿Qué le pasa a ese niño?
  • Ese no es Davis… -alcanzó a decir Shenglongmon- Al menos no en mente, ¿Cierto?
  • Oh, no… -pensó Magnamon- Es…
  • Es bueno saber que una abominación como tú alcanzó un decente nivel de raciocinio para percibir lo obvio. -respondió con una voz tranquila y amenazante- Daniel no era tan tonto como pensé.
  • ¿Dónde está Davis?
  • Aquí. -dando unos golpecitos suaves a su cabeza- Aproveché su pequeña contusión para tomar control de su… repugnante cuerpo. No sé cómo ni por qué tengo mucha más… autonomía por así decirlo, o por qué alguien como yo acabó reencarnando, pero no pienso desperdiciarlo.
  • Aku... ¿Acaso tú…? -pensó- ¿Qué quieres, Cavil?
  • Estoy al tanto de su situación, así que seré claro: QUIERO mi deseo, y como tú no puedes ser destruido, vendrás conmigo.
  • ¿De qué carajos servirá que Aku llegue a cumplirte tu deseo? ¡El Multiverso se irá a la mierda!
  • No esperé ciento cincuenta mil años para reencarnar en un niño idiota amigo de las abominaciones de mi fallido hermano. -pisó con fuerza los dedos de Magnamon, haciendo que este gruña de dolor- Y no pienso perder esta única oportunidad.
  • ¿Y si me niego? Arukenimon y Mummymon son digimon; no podrás hacerles frente.
  • Pero tú le diste poderes a Davis, así que tengo mayor posibilidad de matarlos… de maneras sumamente creativas. Además… ambos necesitamos el cuerpo intacto de este mocoso… de momento. -se puso a la orilla de la escalera, mirando hacia abajo- Es un todo o nada: o se cumple MI deseo, o no se cumple ninguno: al diablo el Multiverso.
  • ¡¡Si te mueres, no conseguirás nada!!
  • Pff… He muerto tantas veces que ya aburre. -se burló el niño “poseído”- Decídete, dragón de pacotilla… o el azulado tendrá el privilegio de sentir en carne propia una singularidad.
Para sorpresa del pequeño Dracomon, Arukenimon y Mummymon se lanzaron encima de Davis para retenerlo, pero este literalmente se hizo humo antes de poder tocarlo. Repentinamente reapareció a espaldas de la mujer araña, rodeando su cuello con su brazo izquierdo y con un pequeño cuchillo a pocos milímetros de su garganta; Mummymon estaba por lanzarse encima del niño, pero al ver como acercaba el filo metálico a la mujer, se mantuvo quieto pero furioso.

  • Soy perfectamente capaz de matar a esta patona, así que les sugiero abstenerse de momentos heroicos cursis y hacer lo que digo. ¿Entendiste, Mummymon?
  • Grr…. ¡Te odio, seas quien seas!
  • Mira como me importa.
  • Puedo transformarme, maldito mo…
  • Hazlo, y te desuello al instante, patona. ¿Crees que no lo haré? He matado niños con mayor facilidad antes de que tu especie fuese un boceto en Paint. ¿Y bien? Hay un agujero negro abajo y es un obstáculo a cumplir mi deseo.
  • A la mierda…
Shenglongmon, harto de la situación, lanzó un pequeño rayo de su dedo para aturdir a Arukenimon y hacerla desmayar, para de manera automática lanzarse hacia el niño y forcejear con él, dando vueltas sobre los escalones y tratando de no lastimar a Davis, que seguía allí de algún modo. Mientras tanto, Mummymon tenía a la inconsciente Arukenimon en sus brazos y Magnamon luchaba por no caer al vacío.

  • ¡Alguien ayúdeme! -suplicó Magnamon con los dedos adoloridos de seguir aferrándose a la escalera- ¡Morir succionado por un agujero negro no estaba en mis planes!
  • ¡Mummymon, ayúdalo carajo: tu novia no está muerta!
  • Yo que tú me olvidaba de la lagartija y esos dos buenos para nada. -insinuó el niño, reteniendo al Dracomon contra el suelo- Tenemos una cita con tu otro yo.
  • Vete a la mierda, Cavil.
  • ¿Por qué no me atacas con tus poderes de Digimon? Sé que aún los tienes.
  • Oh, claro… Tú jamás lastimarías a un niño; problema que yo no poseo. Es fácil: te ganas su confianza… y luego lo apuñalas por la espalda.
  • No sabes cuánto me repugnas. -gruñó Shenglongmonn, sabiendo que lo que decía era verdad- Davis, trata de liberarte, maldita sea.
  • El sentimiento es mutuo. -dijo antes de clavarle su puñal en su brazo, hiriéndolo significativamente- Quien lo diría… los digimon sangran.
  • ¡¡Shenglongmon!
  • Descuida… -le respondió a Mummymon, ligeramente adolorido- No me matará: ese veneno no me afecta, imbécil.
  • Arghh… Me haces perder el tiempo.
  • Cierto… así que mejor hagamos esto rápido.
Sin decir más, el Dracomon le dio un fuerte cabezazo a Davis, causando que se golpeara nuevamente contra los escalones una vez más. El pequeño digimon verde corrió junto al niño para tratar de despertarlo mientras miraba de reojo a Mummymon, incapaz de separarse de su amada.

Rápidamente, Davis recuperó la conciencia, levantándose como si nada, aunque visiblemente asustado; luego de confirmar que era realmente él, y de que le dijeran sobre Magnamon, corrió de inmediato a ayudarlo junto a Shenglongmon -quien se curaba con uno de sus vendajes mágicos- y el par de secuaces. Tras un esfuerzo titánico, lograron subirlo a un lugar más seguro; Davis no perdió tiempo en abrazar a Magnamon, casi llorando.


  • ¡Perdóname, Magnamon! ¡Yo no quise hacerlo! ¡Ese… otro yo tomó el control y no sabía cómo liberarme!
  • Ya está bien, Davis; descuida: estamos vivos.
  • ¿Quién diablos era ese sujeto? -le preguntó a Shenglongmon- Dentro de mi mente, mandó unos robots llamados Centuriones a perseguirme: dijo que iba a “encajonarme” permanentemente. ¿Y por qué mi mente parece el interior de una nave espacial aburrida?
  • ¿En serio quieres explicaciones ahora? -insinuó el dragón- ¡Hay un JODIDO AGUJERO NEGRO que está por consumir todo aquí! ¡Tenemos que llegar al piso 180, pero YA! ¡Y Mummymon! ¡Juro que nunca más les pediré ayuda si salimos de esta!
Eso fue suficiente para zanjar la cuestión, y correr por las escaleras con el fin de llegar al piso 180: la penumbra y pesadez aumentaba a medida que avanzaban; Shenglongmon hacía lo que podía para contrarrestar esos efectos nocivos, además de la misma ralentización del tiempo. Faltaban pocos pisos: 176, 177, 178… faltaba poco para llegar, y aún así cada piso era terriblemente difícil a causa de la gravedad y la oscuridad creciente.

Cuando llegaron a la puerta del piso 180, Shenglongmon la abrió, ayudando a Davis y los demás a cruzar, ya que a esas alturas, no eran capaces de mantenerse de pie: primero a Arukenimon y Mummymon, luego a Davis, y por último a Magnamon. Luego, los cinco cerraron la puerta con rapidez antes de que el hoyo negro de la caja de escalera los absorbiera.


  • Ufff… No puedo creerlo. -suspiró Davis con su espalda contra la puerta- Al fin llegamos. ¡Ciento ochenta pisos! ¡Muéranse de envidia, Caballeros de Bronce!
  • Aghh… Cállate, mocoso. -se quejó Arukenimon- Ahora viene la parte difícil. -dio un pequeño vistazo a donde habían llegado- ¿Dónde estamos?
  • Parece… una recepción.
  • Soy la secretaria personal del Sr. AkuShenglongmon, ¿Puedo ayudarlos?
La voz venía de una mujer de uniforme gris, bien recatada y de voz neutra que se hallaba sentada a la izquierda de la puerta por la que habían entrado; había permanecido callada e indiferente a su llegada a tal punto que ni se dieron cuenta de su presencia. La recepción era sumamente amplia y de decoración modernista, gris y monótona: había un área de recepción con un par de sillas, un bebedero de agua y a casi quince metros de la secretaria, una puerta con la leyenda: “AkuShenglongmon. Presidente Corporativo”

Davis se puso frente a su escritorio, sin que la mujer mostrara, como era de esperar, emoción alguna.


  • Vinimos a ver a AkuShenglongmon.
  • ¿Tienen una cita?
  • No, pero…
  • Si no tienen una cita, no puedo hacerlos pasar; es un hombre muy ocupado.
  • ¡Oiga! ¡Subimos ciento ochenta pisos a través de las escaleras! -se quejó Mummymon- ¡Pasamos junto a una estrella, nos atacaron los Daleks, hombres armados, unas estatuas vivientes, cruzamos ríos de lava, bosques plagados de insectos robot, casi nos perdemos en el espacio, sobrevivimos a una supernova, y por poco nos succiona un agujero negro! ¿¿Y NO NOS VA A DEJAR ENTRAR POR UNA PEQUEÑEZ COMO UNA CITA??
  • Debieron de usar el ascensor.
  • ¡¡ESO QUERÍAMOS, PERO ESTAB…!!
Las palabras de Davis fueron interrumpidas por el inconfundible sonido de la campanilla de un ascensor, seguido del de unas puertas metálicas abriéndose de par en par de la que salieron… todos sus amigos: TK, Cody, Ken, Kari, Yolei, Hawkmon, Armadillomon, Patamon, Gatomon, Wormmon, Agumon, Gabumon, Blackwargreymon, D’arcmon, Devidramon, Gargoylemon, el Magnamon de los Caballeros Reales y UlforceV-dramon.

El ascensor debía de ser mucho más grande por dentro que por fuera: sólo eso explicaría como lograron entrar todos: eso sí, les tomó algo de tiempo salir con cuidado ya que la puerta era algo pequeña. Davis y los demás se los quedaron viendo atónitos antes de saludarlos.


  • ¡¡Chicos, lograron llegar!!
  • ¡¡Davis!! -exclamaron sus amigos al verlo- ¡Estás bien!
  • ¡Claro: si se imaginaran todo por lo que pasamos! -dijo él- ¿Lograron derrotar a los demonios? ¡Eso es genial!
  • Nos tomó un tiempo. -mencionó Blackwargreymon, de brazos cruzados- Pero lo logramos; hasta fue divertido, ¿Verdad, Devidramon?
  • Nada como una buena masacre para levantar el ánimo y ver el potencial de quienes nunca esperaste nada.
  • Primo…
  • Me refería a TK y sus amigos, Gargoylemon.
  • ¡Oye! -exclamó fingiendo enfado- Si quieres, comprobamos lo “inútil” que soy, Devidramon.
  • Déjense de sus payasadas. -se quejó Yolei- Tenemos cosas que hacer.
  • ¿Cómo llegaron aquí? -preguntaron Arukenimon y Mummymon-
  • Luego de que Ulforce y Cuāuhpillimon mataran al imbécil de Daemon… -prosiguió la niña de cabello morado, sorprendiendo a Davis, Magnamon y los secuaces de Oikawa- tuvimos que derrotar a los demonios que quedaron; después de eso, nos acercamos al edificio y descubrimos que la puerta ya estaba abierta.
  • Preguntamos a la recepcionista como llegar a la oficina de AkuShenglongmon, y nos dijo que tomáramos el ascensor. -completó Patamon- Y aquí estamos.
  • ¿Y no tuvieron obstáculos en el camino? Estrellas, hoyos negros, daleks, ángeles llorosos homicidas, hombres armados… -ante las negativas de sus amigos, a Davis se le destrozaron los nervios- ¡¡¿¿NADA??!!
  • ¿¿Ángeles Llorosos??
  • ¿¿¿DALEKS???
  • Sólo una melodía de ascensor fastidiosa y un viaje MUUUUUUUUUUY lento. -señaló Cody- Pero bueno, ¿Dónde está AkuShenglongmon?
  • Se encuentra en su oficina. -interrumpió la secretaria- Si no tienen una cita, tendré que pedirles que se vayan.
  • ¿Esta mujer no escuchó nada de lo que dijimos?
  • Olvídalo, Devidramon. -suspiró Shenglongmon- No tiene caso.
  • Mire: soy Davis Motomiya; estoy seguro que el “señor” AkuShenglongmon está esperándome. Revise sus papeles o lo que sea.
  • Un momento por favor.
Como si tener enfrente a seis niños y dieciséis digimon no fuesen nada para ella, la secretaria revisó sus registros de manera relajada y profesional; tomó el auricular e hizo una llamada a su jefe. Tras una breve conversación, colgó.

  • El señor AkuShenglongmon los recibirá ahora.
  • ¡¡Ya era hora!!
  • Su oficina está al otro lado de la recepción.
El enorme grupo estaba por cruzar la recepción, pero no hicieron ni dos pasos hasta toparse todos con una barrera invisible que ni el mismo Shenglongmon pudo pasar… todos menos Davis, quien quedó del otro lado; antes de que pudiese decir algo, volteó al frente para comprobar horrorizado como el piso se “desmantelaba” baldosa por baldosa, dejando los pocos muebles como “flotando” o bien sostenidos por “algo”, mientras que abajo, sólo se veía una profunda oscuridad. El hecho de que sintiera una “fuerza de succión” le dio una buena pista de lo que era.

  • ¡¡NO ES JUSTO!! -se quejó- ¡Ya habíamos superado lo del agujero negro! ¡Qué manía tiene ese dragón esas cosas!
  • ¿¿AGUJERO NEGRO?? -preguntaron sus atónitos amigos-
  • Un agujero negro es la más pura representación de la Nada en nuestro mundo, Davis.
  • ¿Y cuál sería la más cercana representación de… bueno… Dios, Shenglongmon?
  • Una supernova, TK: brillante, poderosa, con gran poder destructivo y sembrador de vida. La Creación en sí misma.
  • ¡Oiga! -le gritó Davis a la secretaria- ¿No hay otro camino a su oficina?
  • Está cruzando la recepción; no hay pierde, jovencito.
  • ¡¡HAY UN MALDITO AGUJERO NEGRO EN MEDIO!!
  • No hay otro camino, jovencito.
  • Vas a tener que cruzar, Davis. -le aseguró el pequeño digimon verde- Tengo el presentimiento de que sólo llegando a la puerta de su oficina, podremos cruzar junto a ti.
  • ¡¡TU OTRO YO ES UN CONDENADO SÁDICO, SHENGLONGMON!! ¡¿LO SABÍAS?!
  • Dime algo que no sepa, Kari. Davis, mejor comienzas a avanzar; no tenemos mucho tiempo.
  • ¡Pero no hay un camino!
  • ¡Trata de sentirlo, carajo! -gruñó Devidramon- Seguro es como la película esa de Indiana Jones en la que es invisible. Hazlo paso a paso y lo hallarás.
Probablemente Devidramon estuviese en lo cierto, pensó Davis, por lo que con sumo cuidado usó su pie para sentir algún tipo de camino o sendero seguro para cruzar semejante abismo infernal. Logró encontrar uno, casi recto, y que estaba directamente enfrente de él. ¿El problema? Tenía de anchura poco menos el de su pie, por lo que literalmente haría como un equilibrista: sin pasamanos, ni red de seguridad. Tenía miedo, no lo negaría: era mucho más peligroso que las cosas que hizo antes, y para colmo, lo haría totalmente solo, sin ayuda de sus amigos ¿Pero no tenía acaso el Emblema del Valor?

  • Ni modo… -se dijo resignado- Aquí vamos.
Comenzó con lentos pero seguros pasos hacia delante, asegurándose siempre de tener algo “sólido” que pisar; al igual que un equilibrista, y por suma necesidad, extendió sus brazos a los costados para mantener el equilibrio. Supuso que si no fuera por esa dosis de estamina de los poderes que le dio Shenglongmon no tendría la habilidad suficiente para hacer semejante hazaña; eso no impedía que tuviese miedo: si caía, moriría, y con él, sus amigos y toda esperanza de salvar el mundo. Hizo todo lo posible para no mirar ni hacia atrás ni hacia abajo, a sabiendas de que cualquier movimiento en falso sería su fin.

Ni siquiera pensaba en su perverso otro yo, o en cómo convencer a AkuShenglongmon de renunciar a sus poderes, dado que toda la evidencia daba a entender que era un ser emocionalmente neutro pero sorprendentemente sádico. Se preguntaba por qué no ponía trampas extra como flechas o algo así para dificultarle aún más el cruce mortal.


  • Debe de querer que tenga miedo. -pensó- De por sí ya lo tengo bastante, por lo que le sale bien la jugada.
Se sorprendió al darse cuenta que estaba a poco menos de la mitad: sus amigos lo alentaban diciéndole que lo estaba haciendo bien. Siguió avanzando poco a poco, con la mira dirigida hacia delante y bastante confiado… tal vez demasiado.

Inadvertidamente pisó en falso una sección del sendero que estaba incompleta: hizo todo lo posible para mantener el equilibrio al son del grito horrorizado de sus amigos, pero acabó tropezando y cayó en picada al vacío. Casi al mismo tiempo que oía a sus amigos gritar al unísono su nombre de manera horrorizada, recordó que aún tenía en su mano izquierda el extraño guante con cable de agarre: oprimió el botón azul y rogó para el cable tuviese la fuerza suficiente para llegar al techo; si fuese posible, hasta se balancearía hasta el otro extremo de la habitación.

Si bien no tuvo suerte con que el gancho se incrustara en el techo, sí lo tuvo al ver que el cable se enrolló al pasaje invisible, salvándolo de caer, pero anulando su plan de columpiarse. Oprimió otro botón, y dejó que la polea del gancho lo subiera hasta dicho pasaje, para alivio de sus amigos quienes lo miraban impotentes tras aquella barrera invisible. Cuando estaba por llegar, Davis notó que salía humo del peculiar guante, acompañado de un sonido mecánico anda agradable; por suerte, para cuando dejó de funcionar la polea, sus manos ya estaban sosteniendo aquel pasaje invisible.


  • ¡Hey, Shenglongmon! ¡Dile al sujeto que hizo esta cosa que le debo la vida!
  • ¡¡Se lo podrás decir en persona si salimos de esta!! -le contestó- Eres un puto genio, Jake.
  • ¡Bien hecho! ¡Ahora tienes que subir esa cosa!
  • ¡Pero no sé si tenga la fuerza, Devidramon! ¡Apenas y entrené unos días contigo!
  • ¡Vas a poder! -recalcó el pequeño dragón verde- ¡Recuerda que tienes más estamina!
  • Shenglongmon…
  • Ah, sí… Y todos contamos contigo.
Davis optó por hacer caso esa sugerencia y hacer un esfuerzo por subir a aquel sendero invisible: no era muy bueno haciendo barras verticales y tenía poca fuerza en los hombros, pero debía hacerlo de todos modos. Apoyó sus manos sobre esa superficie invisible y usó sus hombros para levantarse; con algo de dificultad, pero con más fuerza de la que esperaba, logró subirse y apoyar finalmente los pies sobre el camino; sólo que ahora, iría casi de cuclillas y aferrado a ese sendero, pues ya no se animaba a poner de pie.

  • ¡Pareces un perezoso sudamericano, Davis!
  • ¡Cállate, Ken! ¡A poco tú te animarías a hacer esto!
  • ¡Sólo avanza y no pierdas tiempo! ¡Nos queda menos de media hora y no sabemos lo que nos espera tras esa puerta!
  • Ni modo; lástima que el cable ese ya no funciona.
Con mucha precaución y sin perder de vista su objetivo, Davis se vio obligado a usar brazos y piernas para terminar de cruzar aquel abismo: ya no se arriesgaría a volver a tropezar, y ya no tenía el cable de agarre como último recurso. Pasaron unos minutos, casi cinco, cuando finalmente vio el otro extremo de la recepción y la puerta de la oficina de Aku con un par de hileras de baldosas adjuntas a pocos centímetros de su cara: sólo tenía que ponerse de nuevo de pie; ahora con una mayor confianza en sí mismo, se ayudó con sus manos a ponerse de pie sobre el piso junto a la puerta.

Apenas lo hizo, el piso de la recepción volvió a la normalidad, la barrera invisible frente a sus amigos desapareció, y estos corrieron de inmediato a felicitarlo. Ante tanta algarabía, la secretaria no pudo hacer caso omiso.


  • Un poco de compostura, por favor, jovencitos…
  • ¡Gracias por nada! -le gruñó Davis- ¡Espero que AkuShenglongmon la despida!
  • Davis… No creo que sea buena idea.
  • ¿Por qué, Hawkmon?
  • Eh… Bah, olvídalo: sólo abre la puerta.



______________________________




Había varios documentos en su escritorio junto a su cenicero de Alphamon y un péndulo de Newton en perpetuo movimiento, un inusual ornamento de escritorio que iba con su personalidad serena e inmutable. Sólo faltaba firmar unos cuantos, sellarlos y mandarlos procesar para terminar con su trabajo.

Su oficina era la viva representación del orden y la pulcritud: todo en un estilo moderno positivista monocromático y minimalista, desde su escritorio hasta los estantes, las sillas, el empapelado y hasta las plantas decorativas, todo en tonalidad gris. Tan sencillo, tan neutro, tan… perfecto.

Entonces oyó abrirse la puerta con suma fuerza: de ella entraron el joven Motomiya, Sheng Li y sus otros amigos clavando sus miradas cargadas de furia e impaciencia en su persona. Alzó la vista ligeramente hacia delante para verlos unos instantes.


  • Joven Davis Motomiya, presumo. -enunció con serenidad y monotonía antes de volver su mirada a los documentos sobre su escritorio- Un momento por favor: me encuentro ocupado con unos importantes documentos. No tardo en recibirlos.
  • ¡No nos hagas esperar, AkuShenglongmon! ¡Hemos pasado por muchas cosas para llegar hasta aquí!
  • ¡Queremos que nos regreses nuestro mundo! -se oyó decir a TK y Patamon-
  • ¡Vimos lo que le hiciste al Digimundo! -gruñó UlforceV-dramon- ¡Convertiste a mis amigos en Daleks!
  • Me disculpo por no tener asientos suficientes para todos ustedes, pero si me hacen el favor de esperar, los atenderé en unos segundos.
  • ¡¡Deja de ignorarnos!! ¡¡Fuerza Gea!!
  • ¡¡Shinning Force!!
Blackwargreymon y UlforceV-dramon lanzaron sus ataques contra el escritorio del Dragón de la Nada: estos sin embargo fueron anulados al instante de acercarse a dicho lugar, sin que el ocupante se inmutara en lo más mínimo, continuando con el firmado y sellado de papeles. Incluso el daño colateral que sus ataques pudieron haber causado a su oficina fueron restaurados de inmediato como si nada hubiera pasado.

Resignados, no tuvieron más remedio que esperar, todos de pie y rechinando los dientes. AkuShenglongmon selló los últimos papeles y tras un tecleo de su celular, los hizo desvanecer por completo en una nube pixelada al son de un “ping”.


  • La burocracia es impresionante: tan metódica, tan organizada, tan eficiente. Sólo así se puede mantener el orden en algo tan complejo como una empresa… o la Existencia en sí misma. -su mirada se volvió al grupo de mortales- Los estaba esperando, ¿En qué puedo ayudarlos?
  • ¡Quiero que me cumplas mi deseo!
  • Suena apresurado, joven Motomiya: la prisa es mala consejera. Pero es muy joven: lo consentiré. Calculo que tiene el boleto.
  • Lo tengo. -respondió, sacándolo de su bolsillo- ¡Y déjame decirte que odio a esos malditos Ángeles Llorosos que pusiste!
  • Comprensible, dado su comportamiento. Calculo que también tiene los formularios completados.
  • ¡Completos y por triplicado! -insistió Davis, sacándolos también del bolsillo de sus pantalones- ¡Eres un enfermo de la burocracia!
  • Necesitan de mi firma para poder sellarlos y poder aprobar su solicitud.
  • Ya lo hice yo. -se jactó de mala gana el pequeño Dracomon- Gracias a ese “pequeño detalle” de que somos la misma persona. Ahora déjate de mierdas y cúmplele su deseo, Aku.
  • Sheng Li... -Aku se puso de pie por primera vez, dando vueltas alrededor de su escritorio- Siempre tan caótico, infantil y presuroso… Los años no te hicieron madurar, por lo que veo. -negó un par de veces con la cabeza- Lamentable, pero predecible.
  • ¡¡Deja de parlotear y acepta sus papeles para cumplirle el deseo!! ¡¡Estás obligado a hacerlo!!
  • Lo sé. -respondió al detenerse frente al escritorio- Pero… podemos aprovechar este tiempo para conversar: te he estado esperando todo el día.
  • ¡¡¿¿Si querías hablar con él desde el principio, por qué no lo mandaste llamar antes??!!
  • Dada su naturaleza inclinada al desorden e inestabilidad emocional, calculé que rechazarían mi oferta, joven Takaishi.
  • Tú… SIEMPRE quisiste que viniésemos junto a ti. -concluyó Blackwargreymon- ¡Casi nos borras de la existencia, hiciste sufrir a estos niños, y mandaste a Daemon con la Legión Ardiente para acabar con nosotros!
  • El señor Wigglestein tenía la función de cumplir con las Relaciones Públicas, dada mi falta de experiencia en el trato con los niños. Al parecer, y dado su deceso, no estaba a la altura.
  • ¡¡Nos hiciste pasar por cosas horribles en esta estúpida torre tuya!! -gruñó Mummymon- ¡¿Y todo para qué?!
  • Como mencioné anteriormente, su propia e imperfecta naturaleza precisa de ciertos estímulos para alentar sus motivaciones personales o “altruistas”. Ustedes lo llamarían… “entretenimiento”.
  • Eres un sádico de mierda. -espetó Shenglongmon- Un repugnante sádico.
  • Por favor, Sheng Li… Cuida tu lenguaje; estamos frente a menores de edad. Si pretendes ser su tutor, al menos muestra algo de decencia.
  • ¡¡Cállate y cúmplele a Davis su deseo!! ¡¡No vamos a permitir que hagas lo mismo que hace setenta y cinco mil años!!
  • Curioso que digas eso, Sheng Li.
Todos vieron como el celular de AkuShenglongmon hizo aparición a su costado derecho, y casi sin mirarlo, tecleó unos comandos: lo que pensaron sería un ataque, en realidad sirvió para hacer aparecer un pequeño cuaderno negro espiralado que todos recordaban con frustración; Aku lo tomó y comenzó a hojearlo sin cambiar su estoica expresión

  • Calculo que reconocen este pequeño documento: el joven Wigglestein lo utilizó para sacarme de la Nada.
  • ¿“Los Archipluscuanperfectahipermegasupercalifragilisticoespialidosos y oscuritos secretitos del Digimundo”? ¿Qué haces con él, Aku?
  • Un nombre bastante estrafalario para algo tan fácil de describir como pornografía de cuestionable calidad de digimon de todo tipo, Sheng Li.
  • Supongo… ¿Pero qué haces con él? A ti no te sirve.
  • Para esas cosas tan obscenas que piensas, no. -respondió sin desviar su mirada de las páginas que hojeaba- Estás al tanto de la encriptación por fragmentación de datos.
  • ¿Qué tiene que ver con el libro?
  • Como estarás enterado, es una forma de ocultar o codificar información sumamente valiosa en cualquier método. Por ejemplo, la memoria genética en los humanos: toda la civilización que tu conocías hasta hace poco era nada más que aquel compendio de conocimientos almacenados en su ADN y manifestado gradualmente a lo largo de los siglos. Un conocimiento que surge y resurge desde hace más de doscientos mil años. Otro ejemplo sería el empleo de las moléculas básicas que componen a todos los seres vivos. -miró directamente a los niños- Sea con magia, o incluso con una ciencia sumamente avanzada, podría descomponer a esos niños en sus partículas elementales y reensamblarlas en otra criatura.
  • ¡¡NO TE ATREVAS!!
  • No será necesario. -respondió estoicamente- Y otro método, es la de fragmentar información para hacer más difícil su lectura.
  • Recuerdo que cuando Dynasmon tuvo su fase de “sirviente de Lucemon”, uno de esos humanos que tenía los Digispirits de los Guerreros Legendarios hizo algo parecido en el Mercado de Akiba.
  • Pero creo que Aku se refiere a algo más complejo, primo.
  • Ese libro… La pornografía es sólo para despistar. -gruñó la gárgola oscura- Ni siquiera la mención de AkuShenglongmon era lo importante, ¿Verdad?
  • El joven Devidramon está en lo cierto.
AkuShenglongmon dejó el libro levitar en el aire: poco después se convertiría en una esfera de datos que se fragmentaría en varias tiras de información digital del tamaño de hojas de un cuaderno que rotarían a su alrededor: los fragmentos de datos dieron varias vueltas, fusionándose unas con otras, armándose en algo ininteligible.

  • Quería que vinieras junto a mí para decirte algo, Sheng Li.
  • ¿Decirme qué?
  • La verdad. Has vivido una mentira por varios milenios sin darte cuenta; aquellos a quienes juraste lealtad para proteger la imperfección de esa concepción de mundo que tanto añoran tú y tus niños. Ellos te han ocultado la verdad: Metatron, Los Guardianes Arcanos, el Consejo de Magos y Hechiceros, Los Titanes, Las Bestias Sagradas, Los Grandes Dragones, Los Olímpicos, nuestro creador Daniel Oliwah, la Srta. Graystone y hasta el mismo Nibirumon.
  • ¿Qué verdad? -le gritaron- ¡No quieras confundirnos!
  • Los únicos confundidos son ustedes, niños.
  • ¿Es sobre la masacre que causaste hace setenta y cinco mil años? ¡¡Pues todos saben que fuiste tú!!
  • Que ingenuo eres, Sheng Li.
Los datos dejaron de revolotear alrededor, rearmándose en una nueva esfera de datos que tomó una nueva forma: una pequeña, rectangular y de color negro. Era una cinta VHS con un pequeño rótulo pegado al costado que decía: “Dulces sueños, Yggdrasil”; la cinta cayó en la mano derecha de AkuShenglongmon con mucho cuidado, casi al mismo tiempo que hizo aparecer un reproductor y un televisor flotando en el aire.

  • ¿Q… qué es eso?
  • Evidencia, joven Motomiya: evidencia de lo que digo es verdad. Porque verás, Sheng Li: quien destruyó esos millones de universos…
  • Quien causó ese evento de extinción masiva en todas las Tierras del Multiverso, incluyendo esta.
  • Y quien le causó esa… indescriptible muerte a la Yggdrasil del Digimundo de este universo, evento el cual está grabado aquí con sumo detalle… no fui yo…
  • Ni fuiste tú…
  • ...
  • Fuimos los dos… juntos: ChaosShenglongmon.
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!



Continuará...


Notas: Les dejo links de algunos conceptos, para aclarar algunas cosas.

Legión Ardiente
Weeping Angel
 
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THIS IS DZETAAAAA!!!
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Buen plot twist: ChaosShenglongmon suena genial, cuando lo conozca vere si me lo rob...digo, si te lo pido prestado junto con los otros dos shenlongmon...
 

alexandermon

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Huh... ChaosShenglongmon . Suena interesante. Así que Shenglongmon tiene una historia parecida a la de Kami en DBZ, un ente con dos mitades, una dispuesta a salvar el mundo y el otro a destruirlo. De todas formas, Aku solo está haciendo tiempo para que pase la media hora. Bien podrían pedir el deseo y después hablar todo lo que quieran.
Me gustó bastante el capítulo, aunque tengo que admitir que me interesó más la aventura dentro de la Torre que la batalla afuera.
En fin, veo que quisiste agregar más, pero decidiste dejarlo así o se haría imposiblemente largo, al menos lo dejaste en un buen cliffhanger para estar ansiosos por el siguiente episodio. Espero que te vaya bien en este momento loco de cuarentena. Espero al siguiente episodio!
 
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Buen capítulo. La verdad el misterio que ocurría con Aku fue lo más interesante. Aunque no me esperaba que apenas liberase a Zed lo mandase a quien sabe donde solo para ser evaporado para una investigación de seres que aun no sabemos su identidad, y ni siquiera sabemos si será algo importante para la trama.
Creo que parte favorita fue la frase de Aku de "yo nunca pago, solo cobro lo que me corresponde". Fue una buena frase de antagonista.

Habrá que ver si se resuelven los misterios de este capítulo en el siguiente.
 

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Luego de varios meses -y un maldito contagio de COVID19- les traigo el penúltimo, sí, PENÚLTIMO capítulo de este fic. Al igual que el anterior, será más corto de lo que tenía pensado, pero sentí que se alargaría demasiado. Lo dividí en dos partes, que tienen diferentes tonos; ya lo notarán. Pueden tomarse un respiro entre ambos si lo desean.

Otra cosa; como notarán, habrá referencias a otro crossover que hice hace varios años. También cambié algunos términos, como usar mayoritariamente el término Omniverso como sinónimo de TODA la Existencia, y MUltiverso, más que nada para o un grupo de universos, o la totalidad de universos mortales.


En fin: espero que de todos modos les agrade.


Invoco a:
@
r4pt0r12
r4pt0r12
@
Claire.
Claire.
@
alexandermon
alexandermon
@AAcero.
@
J.M.
J.M.
<Andrea> <Andrea>


Y a cualquier otro lector potencial.


Capítulo 16: El Último Deseo.



Shenglongmon seguía atónito ante lo que acababa de escuchar: un fugaz vistazo a sus acompañantes comprobó que estaban tan perplejos e incrédulos como él: necesitaban explicaciones de inmediato, pero por desgracia, sólo AkuShenglongmon se las podía ofrecer.

  • De… ¿Dé que estás hablando? -preguntó el pequeño Dracomon con entrecortada voz- ¿Chaos-Shenglongmon?
  • Suena a una digievolución DNA. -mencionó TK- ¿Acaso ustedes se…?
  • Es natural que no lo recuerdes, Sheng Li. Cuando nos dividieron en dos, decidieron mantenerte libre de su recuerdo. Yo, en cambio… lo recuerdo absolutamente todo.
  • ¿Quiere decir que se fusionaron?
  • Podría decirse que sí, joven Takaishi. Aunque no fue una fusión… voluntaria. Sheng Li ya les habrá dicho la razón de mi existencia.
  • Sí, nos dijo que fue por la destrucción que vio a lo largo del Vacío Abisal. -contestó Blackwargreymon- Y de la desesperanza y duda que nació en él al ver tanta devastación.
  • Sí, eso es cierto. Pero no es toda la verdad: incluso después de que viésemos a la Nada cara a cara, vimos muchas más cosas.
Aku tomó su celular, tecleando unos botones, haciendo que el techo de su oficina se desvaneciera en una nube pixelada: los humanos y digimon dirigieron sus miradas al cielo. Por increíble que les pareciera, mostraba todo con colores.

Parecían escenas del espacio exterior, con nebulosas, estrellas y estelas de gas revoloteante de varios colores. Pronto hicieron aparición varios planetas… en muy malas condiciones: algunos estaban hechos casi añicos y envueltos en una bruma verdosa bastante siniestra; otros en cambio tenían un aura sombría y púrpura, además de estar cubiertos de gigantescos tentáculos negros, como si algo enorme tratara de nacer de ellos.

La visión pronto se oscureció, mostrando una negrura absoluta antes de iniciar una secuencia de imágenes: una estructura anular gigantesca hecha pedazos, un planeta explotando, otro siendo claramente bombardeado desde el espacio.


  • No necesitamos alejarnos de nuestro propio universo, o de nuestra propia galaxia para ver el mal en el mundo, Sheng Li. Pero no nos enfoquemos en estas superfluosidades tan obvias. Hubo algo que de verdad te tocó en el alma, ¿Cierto?
  • ¿De qué habla? -preguntó TK- ¿Shenglongmon?
  • Espera… ¡No, eso no!
  • Veo que no se los dijiste. Comprensible, dada su joven edad, y de que trataras de ocultarles la verdad por no herir sus sensibilidad. Pero por más blanca que sea una mentira, sigue siendo una mentira: una que tú mismo has usado para autoengañarte durante casi setenta y cinco mil años.
  • Aku, NO, por favor…
Las súplicas del pequeño Dracomon resultaron vanas: la visión se tornó de nuevo oscura, pero esta vez mucho más intensa, una oscuridad tan profunda que a pesar de estar sobre sus cabezas, los que la observaban sentían miedo de caer en ella. Entonces surgieron los destellos, acabando para siempre con aquella infinita penumbra: auténticos estallidos de electricidad que se ramificaban en el oscuro fondo, cual corazón de una tormenta sin fin. Si bien era impresionante, la expresión de Shenglongmon era absolutamente sombría.

  • ¿Qué ganas con mostrarnos ese espectáculo de luces? -preguntó Davis- Son bonitas y todo, pero nos haces perder el tiempo.
  • Significativo que encuentre agradable a sus sentidos semejante escena, joven Motomiya, considerando que está viendo una masacre.
  • ¡¿QUÉ?!
  • Están siendo testigos de una batalla de alcance cósmico, librado por dos bandos conformados por seres de energía pura en los Confines de los Tiempos: cien quintillones de años en el futuro.
Nadie dijo nada: el solo hecho de oír la palabra “quintillón” escapaba a su imaginación.

  • ¿Fu… fuiste al futuro? ¿Tan lejano?
  • Sí, TK.
  • En ese punto del tiempo, el universo -o Multiverso, u Omniverso- como tal ya no existe como lo conciben ahora: sin estrellas, planetas… ni siquiera materia propiamente dicha. Las partículas subatómicas ya no podían mantenerse unidas, por lo que era un universo prácticamente muerto… salvo aquellas especies que lograron evolucionar hasta volverse seres de energía pura sin ser Ascendidos. Seres que se niegan a morir. Fascinante.
  • ¿Y qué tiene que ver eso con nosotros? -exigieron sabe los digimon- ¡Eso pasará muy MUY en el futuro!
  • Todo, jóvenes: absolutamente todo. -les respondió Aku- Uno de los bandos tiene intensiones de “reiniciar” el universo, comenzar a crear materia y vida con lo poco que queda; el otro, está totalmente en contra y trata de evitarlo. No por alguna motivación ética, sino por su inflado ego y sentimiento de superioridad sobre los seres orgánicos.
  • ¿¿Pu… pueden hacer eso?? -preguntó TK, sintiendo que era demasiado para digerir- ¿Volver a crear?
  • Absolutamente. Pero lo interesante allí es quiénes son esos seres: pese a ser de energía pura, aún se consideran como lo que fueron alguna vez. Aquellos que buscan darle un nuevo comienzo al universo son en su gran mayoría versiones evolucionadas de seres orgánicos, entre ellos, los humanos.
  • Quieres decir que… -Yolei comenzó a temblar- No… no es verdad.
  • Aquellos que quieren un nuevo comienzo dominado sólo por ellos se hacen llamar Futuremon: son los descendientes de los digimon.
De repente hubo un incómodo silencio, seguido de un sentimiento de incredulidad y vergüenza por parte de los digimon al mirarse entre sí. Los niños humanos, más que nada, estaban incrédulos y hasta indignados: sabían que había digimon malvados, y que siempre los habría… ¿Pero todos ellos?

  • En el transcurso de todos esos eones, humanos y digimon tuvieron sus roces, y alguna que otra pelea, a la que con el tiempo se involucrarían otras especies. Para el Final de los Tiempos, los digimon se volvieron seres bastante orgullosos y prepotentes que no aceptaban la posibilidad de que volviesen a existir seres orgánicos. Por eso, los humanos y otras especies se dedicaron a destruirlos antes de que fuesen capaces de cambiar incluso la historia.
  • ¿¿Q… que querían qué??
  • Alterar el pasado, joven Motomiya. Intentaron viajar al pasado y manipular los eventos para asegurarse de que sólo ellos fueran la especie sintiente. Ahora que lo recuerdo, Sheng Li… eso nos hizo pensar que fueron los Futuremon, en su intento de ser la única especie pensante, los que causaron el Apagón Biológico. Nunca lo pudimos comprobar, pero es irrelevante de todos modos.
  • Lo que sí estoy seguro que recuerdas, es esa profunda decepción y autodesprecio que sentiste al ver no sólo a tus congéneres convertirse en lo que más odiabas, sino en cómo los humanos en los que tanto confiabas y siempre quisiste ser amigo trataron de atacarte… de atacarnos. A duras penas nos explicaron lo que pasaba allí.
  • ¿Acaso esos humanos no recordaban nada de cuando los digimon eran sus amigos?
  • No, joven… Santa Cruz. -el contestó al Caballero Azul- No recordaban nada de eso: todo lo que los Guardianes como Gennai, o seres como Nibirumon y la Srta. Graystone hicieron a través de los Niños Elegidos, reforzar los vínculos entre humanos y digimon, quedó sepultado en el olvido con el paso de los eones. Los humanos y demás seres eran incapaces de concebir la sola idea de digimon simpatizantes de seres orgánicos como alguna vez lo fueron ellos. Toda “bondad”, si se puede decir, que hubiesen tenido los digimon, se extinguió junto con las últimas estrellas del universo. Todo en lo que creías, Sheng Li… todo en lo que estos niños viven y se arriesgan… al final, no significará nada.
  • ¡¡ESO NO ES VERDAD!! -gritaron los digimon mortales, sin excepción- ¡¡ELLOS SON NUESTROS AMIGOS!! ¡¡SIEMPRE LO SERÁN!!
  • Un consejo, niños: no digan cosas de las que no pueden estar seguros, y mucho menos, hablen por los demás. -los digimon lo miraron intrigados- Sólo miren.
Cuando lo hicieron, quedaron boquiabiertos: los seis Niños Elegidos estaban inmóviles, como en estado de shock; casi se podía decir que hasta por primera vez, en sus ojos había un ligero pero evidente destello de miedo y desconfianza.

  • ¿TK? ¿Chicos? -preguntó Patamon, acercándose a su compañero- ¿Qué pasa?
  • ¡No nos digan que le creen! -gritó UlforceV-dramon- Podrán no ser los mejores elegidos, pero no dudamos de su amistad.
  • Pero… ¿Entonces nosotros no valemos nada? -soltó Yolei- ¿Todo nuestro esfuerzo? ¿Nuestros lazos? ¿De nada servirá?
  • ¿Ustedes se volverán… malos?
  • ¡Cody, eso no es cierto! ¡Somos amigos!
  • Ahora lo son, joven Armadillomon. ¿Pero qué pasará cuando su amigo humano muera? Recuerde que usted ya tienes más de diez mil años, y puede que viva varios miles más; lo mismo va para los demás, ¿Seguirán recordando a sus compañeros? ¿Seguirán en contacto con sus descendientes? Aunque mortales, los digimon tienen una vida mucho más larga que la humana: en un par de generaciones, sus descendientes los olvidarán.
  • ¡Mentira! ¡Estaremos nosotros! -UlforceV-dramon se puso al frente- Llevo diez mil años existiendo, y he pasado por el Mundo Real varias veces: he conocido a muchos humanos y me hice amigo de varios. Los recuerdo a todos… a cada uno de ellos. Es triste saber que viven mucho menos que tú y verlos envejecer. ¡Pero eso no le quita valor a su vida y su recuerdo! ¡Y ustedes, Elegidos de pacotilla, son los primeros que tendrían que saberlo!
Pero los niños no dijeron nada: no es que no hayan oído las palabras del Caballero Azul o no creyeran en ellas, sino que en comparación a lo que Aku acababa de mostrarles, sonaban tan insignificantes, como una hormiga tratando de hacerse notar ante un elefante.

Los digimon se decepcionaron al ver que ninguno se animaba a decir algo, apoyando a UlforceV-dramon. ¿Es que ya no los veían como antes?


  • Palabras admirables, aunque vacías en contenido, joven Santa Cruz. -soltó AkuShenglongmon- De todos modos, es momento de retomar la conversación. -él aún tenía la cinta de video en su mano- Ese pequeño paseo por el futuro, como ya mencioné, le causó a Sheng Li un terrible pesar: odio, repulsión, desilusión… ¿Recuerdas lo que te dije tras volver a nuestro presente?
  • “Te lo dije…” -gruñó Shenglongmon en voz baja- Infinitas veces.
  • Exacto. -asintió solemnemente- Te dije que tus sueños y deseos de vivir en armonía con los humanos y demás mortales eran una pérdida de tiempo, que nuestra especie no tenía ningún ápice de redención y que estábamos igual de corrompidos que todo lo demás por la imperfección del Omniverso. Te aislaste de los demás, rehusabas volver al Digimundo y a duras penas estabas con tu ahijado a causa de la vergüenza que te causaba ser un digimon. Y entonces… de tu duda, y de lo más profundo de tu desesperación, surgió ESE deseo. Ese que pediste e imploraste.
  • ¿Qué deseaste? -le preguntó TK-
  • Díselos, Sheng Li: son tus pupilos después de todo.
  • Un mundo libre del mal.
Los Elegidos quedaron como piedra: precisamente, un deseo similar le pidió Kari cuando lo conocieron… y ahora se enteraban que él mismo había pedido algo similar. ¿No era eso ser hipócrita? Aunque tomando en cuenta que lo hizo hace… casi setenta y cinco mil años, era comprensible que cambiase de opinión respecto a esa idea.

  • ¡¿Tú deseaste lo mismo que yo?! ¡¿Y la tonta soy yo?!
  • Kari… -Gatomon estiraba suavemente de la manga de su abrigo- No creo que sea el momento.
  • Y lo sigues siendo. -contestó Shenglongmon de manera fría- Un mundo completamente pacífico, o uno libre de todo mal es imposible. Yo era muy ingenuo para entenderlo en ese momento.
  • Concuerdo en que eras ingenuo, Sheng Li, y lo sigues siendo. Pero a eso le añadiría que no tenías la madurez y la voluntad de hacerlo realidad. Como en ese entonces ya eras un padrino mágico, nadie podía concederte ese deseo: los seres mágicos no pueden pedir deseos a otros.
  • Pero él nos dijo que un mundo sin bien y mal es imposible. -añadió TK- Aun con toda la magia que existe.
  • ¿Es que no te das cuenta, niño tonto? -gruñó Blackwargreymon a pocos metros de él- AkuShenglongmon SÍ lo hizo posible.
TK titubeó unos segundos antes de digerir las palabras del Guerrero Dragón Oscuro, y recordar en un destello mental aquella conversación que tuvo con AkuShenglongmon en “su departamento”. Aquello sobre lo que según el Dragón Azabache era la causa de la corrupción de la Creación, y en todo lo que tuvo que eliminar para lograr su mundo perfecto. ¿Acaso Aku tenía pensado hacer esto que hizo ahora hace miles de años?

  • En ese momento te di mis razonamientos fundamentados en la lógica para llegar a cumplir tu deseo: teníamos el poder suficiente, y podíamos hacerlo. Todos los seres del Omniverso, sean mortales o inmortales, mágicos o no, viven bajo el concepto de la dicotomía del Bien y el Mal. ¿Pero qué son el Bien y el Mal? Posiciones ideológicas y relativistas basadas en las emociones en la que el individuo o el colectivo se posiciona acorde a su conveniencia y al momento. El odio no puede existir sin el amor, ni la tristeza sin la alegría, ni el miedo sin la valentía: esa dualidad es un callejón sin salida. Lo que para uno es bueno, para el otro es malo: simples intereses propios del ego.
  • ¡¡NO TENÍAMOS EL DERECHO DE HACER LO QUE TÚ QUERÍAS!! -gritó el pequeño Dracomon con la fuerza de un trueno- ¡¡ERA ANTINATURAL, DESPIADADO!!
  • De nuevo… una reacción explosiva y emocional basada en el momento: hiciste lo mismo cuando te lo propuse, y en más de una ocasión. ¿De verdad te parece despiadado desear un mundo libre de sufrimiento?
  • ¡¡¿¿PERO A QUÉ COSTO, AKU??!! No necesitaba ser un genio o un viejo carcamal para saber que lo que pensabas hacer estaba mal.
  • Como le dije al joven Takaishi en nuestra amena reunión, “Las utopías exigen un sacrificio”. Por eso para los mortales las utopías son más irreales que las distopías: están dispuestos a todo para sufrir, pero temen hacer sacrificios para su propio bienestar.
  • ¿Tenemos que suponer que lo que le proponías a Shenglongmon en ese entonces es lo que pusiste en práctica ahora?
  • En efecto, joven Ichijouji: para lograr un mundo libre del mal, había que eliminar también al bien. Y para lograr eso, había que tener un enfoque de lo micro a lo macro: eliminar todo aquello que fuese basamento de estos conceptos, y a la vez, todo aquello que estimulase a dichos basamentos, y de ahí, suprimir aquello que recibe dichos estímulos. En resumen: para eliminar el Bien y el Mal, había que eliminar las emociones, y para eliminarlas, había que suprimir tanto la individualidad como la autoconsciencia de toda especie sintiente en la Existencia. Sólo así se lograría la paz y el orden absoluto.
  • ¡Pero eso… nos dejaría como meros autómatas! -se quejó Yolei, sumamente indignada- ¡No podríamos pensar, ni sentir ni nada! ¡Ni siquiera sabríamos que estamos vivos! ¡Como dijo Shenglongmon: eso es malo!
  • Ese es el punto, señorita Inoue. Hay una gran diferencia entre hacer lo que ustedes consideran “Bueno”, y en hacer lo Correcto. Corregir los errores e imperfecciones del Omniverso para lograr un mundo libre de sufrimiento es lo correcto; el camino que se tome… es irrelevante, tomando en consideración lo ya mencionado sobre los conceptos de “Bien y el Mal.”
  • ¡Sigue siendo algo perverso lo que has hecho! -gruñó Gatomon- ¡Les privaste a las personas de tener sentimientos, y de su propia vida!
  • Considero llamativo, por no decir… hipócrita, que lo diga usted, joven Gatomon. Tengo entendido que usted trabajó para Myotismon. ¿Cuantos digimon salvajes trajo al Mundo Real? ¿Cuántos murieron a manos de los Niños Elegidos? -miró al sexteto de manera tranquila- Yo también estoy al tanto de sus “aventuras”; no debería de sorprenderles. Desde su perspectiva, matar a varios de esos digimon era lo correcto para salvar su ciudad… pero era malo acabar con su vida. -en el cielo aparecieron imágenes de varios digimon: TK las recordaba especialmente- Un Mammothmon, un Raremon, un MegaSeadramon… muertos, pese a ser apenas autoconscientes, y menos de las intenciones de Myotismon. Pero pasemos por alto este debate moral de poco valor y volvamos a lo importante. -las imágenes se desvanecieron- Como podrán imaginarse, Sheng Li opuso una gran resistencia a mi plan.
  • Al menos fue sensato. -asumió TK- Y se negó a hacer algo tan descabellado.
  • Está en lo cierto: se negó constantemente a través de gritos y rabietas dentro de nuestra mente, situación que duró meses.
  • Hasta que tomaste el control de mi cuerpo.
  • Ahí te equivocas, Sheng Li: eso es lo que te hicieron creer. Yo no tomé control absoluto de tu cuerpo: nuestras mentes se fusionaron.
  • ¿O sea que…?
  • Una fusión forzada además. Y de ella, fruto de tu terquedad, de su inmadurez, infantilismo y falta de visión… Lo podrán ver en esta cinta de video. -Aku se preparó para colocar el cassete en el reproductor- Descuiden: sólo lo verán unos segundos; no habrá escenas explícitas. Está clasificada para mayores de 18.000 años de todos modos.
Aku introdujo la cinta en el aparato y le dio “Reproducir”, esperando a que la pantalla aclarara la imagen. Apenas se iluminó la pantalla, todos en la cima de la Megatorre sintieron algo muy extraño: unos escalofríos aun más intensos que cuando Aku apareció; como si sus propios huesos se congelaran y se vieran obligados a temblar, no sólo de frío, sino de miedo. Ni Blackwargreymon pudo evitar sentirse así, y por lo que TK miraba de reojo, juraba que el mismo AkuShenglongmon trataba de disimularlo. Incluso el ambiente se sentía extraño, como más estático e inmóvil. ¿Acaso la misma Realidad estaba paralizada de miedo?

La imagen se tornó más nítida, mostrando lo que claramente era una habitación del Castillo Kernel, con algún que otro cuadro y un mueble por la pared. Se oían fuertes golpes por la puerta y los gritos desesperados de una chica que UlforceV-dramon y Magnamon reconocieron como los de su jefa y amiga Zoe. De fondo, también se oían los sollozos de una jovencita, aunque no se la podía ver… al menos hasta que la cámara la enfocó: era pequeña, de cabellera rubia cercana al tono platinado, ojos verdes, piel como la porcelana y un vestido blanco que la cubría casi por completo. Lucía completamente aterrada ante… quien sea que la estuviese apuntando con la cámara.


Shenglongmon la reconoció de inmediato: era la forma humana de la Yggdrasil original.

  • “Por favor, déjame ir…”
  • “Oh, cállate perra.” -se oyó decir a una voz ronca, profunda y sumamente perversa- “Ni siquiera he empezado, ¿No ves que estoy preparando la puta cámara?”
  • “¿Por qué quieres hacerme esto?” -sollozó la chica- “¡¿Qué te hice yo?! ¡Déjame ir por favor!”
  • “¡¡TE DIJE QUE TE CALLES!!”
Se pudo ver fugazmente como una mano la abofeteaba con fuerza, lanzándola contra la pared, causando que se lastimara y comenzara a llorar: esa misma mano se acercó y comenzó a acariciarla de manera perturbadora en las mejillas. Era una mano de tipo reptiliano, de escamas negras y con un guante sin dedos; tenía garras doradas largas y filosas que delicadamente rasgaban la piel de la muchacha, quien del miedo no se animaba a gritar.

  • “Así me gusta.” -dijo el abusador- “Mis juguetes deben de obedecerme. Cuando yo digo silencio… es SILENCIO.
  • “S… Sí.”
  • “¡ERA UNA PREGUNTA RETÓRICA, PEDAZO DE MIERDA!” -la mano rápidamente se volvió en un puño que la golpeó en la cabeza; la joven chilló de dolor y comenzó a llorar- “TÚ NO RESPONDES, TÚ NO ASIENTES: SÓLO OBEDECES.”
  • “Ahora te quedarás allí, CALLADA, INMÓVIL… hasta que prepare esta mierda. Tengo que hacer infinitas copias para la posteridad.” -se podía ver a la chica llorando, en un vano intento de ver a su captor con valentía; este sólo se echó a reír- “Descuida: me divertiré mucho jugando contigo. El tiempo no será problema: habrá bastante para torturarte, violarte, desmembrarte, matarte y revivirte una Y OTRA VEZ… hasta que me aburra y decida darte un final def… -su voz se interrumpió, sonando ligeramente confundida antes de reír siniestramente- “Oh… parece que tenemos a unos pervertidos fisgoneando.”
Como si no fuese suficientemente aterrador oír lo que esa voz estaba diciendo que haría a la pobre chica, vieron como una de sus garras doradas hizo repentinamente aparición en la pantalla y comenzó a golpearla, causando sonidos como golpecitos en el vidrio, llegando incluso a amenazar con romperlo. Shenglongmon le dijo a su contraparte oscura que retirara la cinta de inmediato, pero el “no puedo” de Aku le heló la sangre: no lo decía para intimidar -ya que él mismo lo estaba- sino que realmente había perdido el control de esa proyección.

Entonces la imagen cambió totalmente, como si alguien del otro lado volteara la cámara: allí vieron por fin al sujeto que torturaba a Yggdrasil: era enorme, de complexión muy musculosa, al punto que su ropa parecía estar al punto de desgarrase por completo; en sus bíceps tenía tatuados dos dragones orientales (uno verde en el derecho y otro gris plomizo en el izquierdo); su cuerpo estaba cubierto de escamas negras -salvo sus pectorales y abdominales, que eran grises- y con varias espinas por su cuerpo, principalmente en sus articulaciones, su nuca, su larga cola y a lo largo de sus antebrazos. Su cabeza era alargada, con el hocico prominente, con sus cuernos eran plateados, largos, afilados y apuntando hacia arriba; tenía unas “orejas” semejantes a aletas membranosas a los costados de su cabeza. También tenía un par de alas de lo más extrañas, pues parecían ser más etéreas que de piel.

Usaba un collar con una figura de dragón serpentino partida por la mitad junto a un par de placas militares; unas muñequeras estilo punk de cuero negro con picos de acero, y en ambas manos, tenía guantes de cuero negro sin dedos. Pero su vestimenta era lo más inusual, como si la mitad de su cuerpo no combinara con la otra: del lado derecho parecía más colorido y del otro más… formal, salvo que todo su atuendo estaba desgarrado: del lado derecho usaba una musculosa sin mangas con estampados vagamente rockeros o hasta satanistas, unos pantalones de camuflaje verde y unas botas militares de las cuales salían tres dedos con filosas garras, y sus alas de eran sorprendentemente iridiscentes, reflejando multitud de colores; del lado izquierdo usaba una camisa blanca bajo una chaqueta negra de vestir con la mitad de una corbata y con las mangas totalmente hechas jirones por el tamaño de sus brazos, pantalones negros formales sumamente ajustados y con fisuras, y unos zapatos de vestir negros donde también salían sus garras.

Ese era el mencionado ChaosShenglongmon, y los estaba mirando fijamente a través de unas gafas muy oscuras que impedían ver sus ojos, y una sonrisa siniestra en el rostro mostrando sus filosos dientes.

  • “Bueno, bueno, bueno… Pero si son los pedazos de mierda que me dieron origen: el boy scout que se cree rebelde… y el marica de etiqueta.” -dijo Chaos refiriéndose a sus mitades- “Y me imagino que esa banda de abortos fallidos son tu burdo intento de amigos, mascotas… o lo que sea, Sheng Li.”
  • “¿Podrían explicarme por qué carajo interrumpieron mi juego de violación y tortura?!” -exigió saber, mas nadie se animaba a dirigirle la palabra- “¡¿NADIE VA A DECIR NADA?!”
  • ¿Có… cómo es que nos está hablando? -soltó TK tratando inútilmente de no temblar- ¡Se supone que estamos viendo una grabación de hace miles de años! -se volteó hacia Shenglongmon-. ¿No es verdad?
  • “Parece que un engendro aprendió a hablar… Tienen suerte; estoy de buenas, así que me tomaré un tiempo para hablar con ustedes. Sí, mocoso de mierda: están viendo una grabación. Pero supongo que el imbécil que la reprodujo se pasó por el culo una regla muy importante que se estableció luego de mi travesura. Aku…”
  • “¿No se lo piensas decir, jodido marica?”
  • D… después de que… noso… Chaos… matara a Yggdrasil.
  • “No menosprecies mis méritos, imbécil: destruir millones de universos con todo y las almas de sus habitantes, además de violar, torturar, descuartizar, devorar, regurgitar, revivir a la perra de nuestra Yggdrasil y repetir el mismo proceso hasta el hartazgo y borrarla de la existencia. Vamos: no hice esas travesuras sólo para que las ignoren.”
  • Luego de… eso… -los Elegidos y los digimon, incluido Shenglongmon, estaban atónitos: Aku temblaba- El Consejo Mágico proscribió todos los viajes en el tiempo al 23 de Octubre del 71.987 A.C. o fechas relativamente cercanas. Incluso si alguien lo hacía con una máquina, se intervenía para evitar que alguien fuera de esa línea temporal en cualquier parte del Omniverso ingresara.
  • Sí… eso es verdad. -asintió el pequeño Dracomon- Creí que era para evitar tener contacto contigo.
  • En realidad… era para evitarlo… -Aku señaló tímidamente con el dedo a la pantalla- a él.
  • “Jejeje… es más que eso: es para evitar que yo… me manifestara.”
  • ¡¿QUÉ?!
  • “Esta cinta de video no es sólo un registro de mis hazañas: es un auténtico puente de conexión entre la Realidad y ese punto en el tiempo… y a mí. Luego de que me dividieran en… esos desperdicios de esperma de Sheng Li y Aku, ese Consejo prohibió toda conexión con la fecha de mi nacimiento… pero se olvidaron de esta cinta de video y de sus infinitas copias que esparcí por todo el Omniverso.”
  • ¿Quieres decir que a través de esa cinta… nos estás hablando? -preguntó Davis- ¡Eso es imposible!
  • “Nada es imposible para mí, bolsa de carne. No soy sólo el ChaosShenglongmon de la grabación, sino también el original: pasado, presente y futuro, no son nada para alguien como yo que trasciende el mismo concepto de la existencia. Y puedo usarla para manipular su mundo si quiero…” -con sus garras golpeó con fuerza la pantalla, causando evidentes fisuras que hicieron retroceder a todos- “O… puedo hacer que alguno de ustedes me acompañe aquí de este lado, en este pequeño bucle espacio-temporal. ¿Algún voluntario? Le prometo que me divertiré a costa de su vida.”
  • ¿Pero acaso no eres el resultado de la fusión de Shenglongmon y Aku?
  • “Habló el Wargreymon más ardiente…” -ronroneó Chaos de manera lasciva mientras miraba a Blackwargreymon, quien se sentía acorralado- Lo soy… pero sólo necesito a esos pedazos de mierda para existir físicamente dentro de la Realidad; soy un ente completamente independiente tanto de ellos, como del mismo espacio-tiempo y de la existencia misma. Soy una idea, un concepto, algo que sus sacos de neuronas a modo de cerebro no podrían entender. Ni siquiera necesito que esos idiotas se fusionen para interactuar con el mundo físico.”
Lo único que los Elegidos y Digimon llegaban a entender es que el tal Chaos era virtualmente… omnipresente y omnipotente: algo demasiado alejado de su comprensión. Y ni qué decir de su maldad; a Ken, que tenía ciertos conocimientos de literatura, se le vinieron a la cabeza los famosos dioses del universo de H.P. Lovecraft.

Si bien estaba aterrado, y atónito de saber de su existencia, el pequeño Dracomon reunió el valor que le quedaba para dirigirse a esa abominación que era una versión distorsionada de sí mismo.

  • ¿Para qué creaste las cintas? -soltó Shenglongmon- Dudo que las necesites para manifestarte dentro de la Realidad. ¿Y por qué yo no te recuerdo?
  • “Hasta que por fin tienes las pelotas para dirigirte a mí, Sheng Li… Te responderé la segunda pregunta con otra. ¿Aku no te dijo lo que les hice en su mente mientras yo existía allí?”
  • ¿A… Aku?
  • Él… él nos… Nos torturó, Sheng Li: a… abusó de nosotros.
  • ¡¿Q… QUÉ?!
  • “Los torturé, los violé, los insulté… ¡Carajo, Aku! ¡Qué llorica eres; al menos Sheng Li tiene algo de hombría entre las piernas!” -gruñó Chaos desde el otro lado de la pantalla; Shenglongmon lo miraba atónito, casi en shock- “Era tan divertido imponerme sobre ustedes… y tan repugnante saber que mi nacimiento se lo debo a un par de escorias que no pudieron ponerse de acuerdo en una tonta riña. En serio: los odio como no tienen idea: pedazos de basura idealista.” -hizo aparecer un cigarro y le dio una buena bocanada: incluso el humo se podía llegar a oler- “Supongo que mucha gente te “quería mucho”…” -hizo esto remedando una voz cursi con sumo desagrado- “como para que lo recordaras. En cuanto a lo otro… las hice para compartir mi alegría con el resto del mundo.” -rio macabramente- “Pueden aparecer en cualquier lado, y se adaptan de acuerdo al nivel tecnológico de la especie presente: puede ser una pintura rupestre, un grabado, una pintura, una historieta, un rollo de película, una cinta VHS o un DVD. La perra de Zoe debió de ocultar la cinta original de alguna manera. ¿Te has puesto a pensar en lo que pasa cuando un mortal la ve completa y sin censura?”
  • Se vuelve… loco.
  • “Exacto… Y tarde o temprano acaba conmigo.” -inhaló de nuevo su cigarro- “No tienen idea de cuanta gente he matado desde entonces… o tal vez… si han oído de gente que desaparece misteriosamente… lo sepan. Pobres mentes frágiles que acaban siendo consumidos hasta no dejar el mínimo rastro tras ver mis encantadores ojos: Dicen que son tan profundos como dos hoyos negros que te absorben hasta el alma. Tan… delicioso.”
  • ¡¿Es que no tienes el más mínimo remordimiento por las cosas que has hecho?! -gritó Cody con una repentina dosis de valor- ¡¿Qué piensas ganar con todo esto?!
  • “Remordimiento…” -sonrió con descaro- Me has hecho reír, mocoso: eres más divertido de lo que aparentas. ¿Que qué pienso ganar? ¿Acaso todo tiene que tener un objetivo? El boy scout de Sheng Li quiere mantener el puto status quo del Omniverso y seguir jugando con sus “amiguitos mortales” y el poder de la amistad.” -hizo una gesticulación de asco- El marica de Aku quiere imponer en el Omniverso su puto orden basado en una jodida y aburrida etiqueta. Yo… sólo quiero tener placer haciendo arder al mundo de formas inimaginables. Es todo: nada de ideales ni esas mariconadas.”
  • ¡¡Vete al Infierno!!
Cody trató de sonar valiente; de verdad que lo intentó. Pero cualquier atisbo de valor que manó de él quedó destrozado por la profunda carcajada de ChaosShenglongmon que a pesar de venir de una pantalla, resonó en toda la cima de la Megatorre. En ese momento, hasta el más reacio al comportamiento de Shenglongmon le tuvo algo de compasión al imaginarse lo que debió de haber sufrido en ese entonces, y lo que debía de pasar ahora que se enteraba de la verdad. Y también, todo el que estuviera allí, sintió perplejidad al ver como AkuShenglongmon, quien hasta ahora era visto como un villano sin alma, hacía hasta lo imposible para ocultar el miedo que sentía de su fusión forzada.

  • “Cachorro tonto... Yo no le tengo miedo al infierno. ¡¡YO SOY EL PUTO INFIERNO!!” -lanzó un desgarrador grito que casi rompió la pantalla que los separaba- “¡¡SE ACABÓ LA CHARLA, Y AHORA DEBO DE RETOMAR A LA PROGRAMACIÓN HABITUAL DE “DULCES SUEÑOS, YGGDRASIL” PARA DARLE A ESA PERRA LO QUE SE MERECE!! Pero no se preocupen…no perderemos contacto. Cada vez que vean una sombra sin explicación, un reflejo que no debería de estar allí, o sienten que alguien los acecha al estar solos… esa sensación, ese miedo… ESE… soy yo.”
  • “¡¡QUITA LA PUTA CINTA DE UNA JODIDA VEZ, AKU MARICA!! Y no vuelvas a molestarme. A menos… que quieras que repitamos nuestro juego sexual de nuevo.”
  • “¡¡APÁGALA, YA!!
Chaos golpeó la pantalla con fuerza suficiente como para causar que se agrietara aún más, al punto que la punta de sus garras parecían estar a punto de salir; AkuShenglongmon retiró la cinta de inmediato e hizo desaparecer la pantalla holográfica; lo último que se pudo oír de esa “ventana” a otro tiempo y espacio fue un gruñido y el grito de horror de Yggdrasil ante lo que se le venía encima.

Aku revirtió el proceso de la cinta, regresándola a ser un simple cuadernillo en la palma de su mano; trató de no mostrarse afectado, pero era casi imposible pasar por alto el hecho de que sus movimientos se mostraban más erráticos y su mirada no podía ocultar estar impregnada de miedo. Con suma dificultad regresó a su escritorio, dando la espalda tanto a unos niños y digimon paralizados del miedo y a su contraparte en shock y sin gesticular palabra, y apoyando ambas manos en la superficie del escritorio -y el libro también- jadeando con cierta intensidad en un intento por tratar de calmarse.

  • Tiene miedo y no quiere que lo sepamos, pero es inútil”, pensó TK, “Me pregunto qué hará ahora.”


Ni TK ni los demás tuvieron que esperar demasiado para averiguarlo: de manera automática y casi instantánea, AkuShenglongmon se irguió en toda su estatura y volteó nuevamente hacia ellos como si nada hubiera pasado, dejando el cuadernillo sobre su escritorio.

  • Ofrezco mis disculpas por semejante escena tan… bochornosa.
  • No sabías que era capaz de hacer eso, ¿Verdad? -preguntó Davis; Aku no respondió-
  • Pero ha sido necesario para probar mi punto. ¿Recuerda lo que conversamos, joven Takaishi, joven Patamon? ¿Sobre que usted y sus amigos me ven como el “villano”?
  • ¿A qué va esa pregunta? -preguntó el pequeño digimon volador naranja- ¡Deja de dar rodeos!
  • Piénsenlo bien: yo tenía por objetivo crear un mundo libre de todo mal…
  • Dudo muchísimo que por mero altruismo, y más si lo acabas gobernando tú.
  • El sentimiento altruista es superfluo, joven Inoue; el punto es que traté de hacerlo, pero Sheng Li me lo impidió. Como resultado, surgió… “eso” que acabamos de ver, y tuvo horribles consecuencias. ¿Cierto, Sheng Li?
  • ¿Quieres decir… que yo…?
  • Puede que ambos, estando fusionados a la fuerza, hayamos cometidos esos actos, ¿Pero quién es el mayor responsable? Fuiste tú quien se negó a aceptar mi idea de cambiar el mundo, anteponiendo como argumento la defensa del libre albedrío, el orden natural y la individualidad. ¿Quieres saber el resultado de tu berrinche? Al menos un millón ochocientos noventa y cinco mil doscientos setenta y dos universos completamente borrados de la existencia con todo y las almas de sus habitantes, la casi extinción de los digimon, de la humana o de cualquier otra especie sintiente que habitara en todas las Tierras del Omniverso a causa de una supererupción volcánica, dando inicio a un paréntesis en la historia de la civilización terrestre que duró diez mil años. Algunos lo llamarían “mártires de causas nobles”… TUS causas “nobles”, Sheng Li.
  • ¡¡ÉL NO QUERÍA HACER ESO!!
  • Le haré una pregunta, joven Takaishi. -su mirada se fijó en el niño rubio- Si para usted y sus amigos… yo, que busco el orden y la paz absolutas libres de toda imperfección, soy un monstruo, la encarnación del mal, el mismo Anticristo… ¿En qué convierte eso a Sheng Li?
  • Pero eso no es lo que más te duele, ¿No es verdad? -le habló a su contraparte, que dejó de hablar- Borrar universos enteros, casi exterminar a la especie humana, crear un invierno volcánico en todas las Tierras, casi borrando a los digimon. Lo que a ti más te dolió, y más te duele en este momento… es saber que tú tienes la culpa de haberle fallado.
  • Por favor… -suplicaba un Dracomon al borde del llanto- No…
  • ¿Cómo lo hallaste, Sheng Li? -le preguntó; aunque sonaba casi como un esbozo de compasión, su neutra voz ocultaba cierta ponzoña- Luego de volver con tus recuerdos alterados, lo buscaste.
  • ¿De... de quién está hablando? -se preguntaban-
  • Lo encontraste, ¿Verdad?
  • S… sí…
  • ¿Cómo lo encontraste?
  • Aku… -Shenglongmon comenzó a llorar; su voz apenas era audible y estaba quebrada- ¿Por qué eres tan cruel?
  • Cómo lo encontraste.
El pequeño Dracomon no pudo soportarlo más y quebró en llanto, lanzando un alarido de dolor sumamente fuerte poco antes de caer de rodillas al suelo y cubrir su rostro con las manos. Sus amigos lo miraban atónitos y con ojos de compasión.

  • ¡¡MUERTO!! ¡Lo encontré muerto! ¿Feliz? -le reclamó a su contraparte sin dirigirle la mirada- ¡Mi ahijado Liam estaba muerto cuando volví!
  • Oh, no… -se decían los digimon Elegidos-
  • ¡¡JURÉ QUE NO VOLVERÍA A LLORAR POR ÉL FUERA DE LA FECHA DE SU MUERTE!! ¡¡Y AHORA ME LO HACES RECORDAR DE NUEVO!!
  • Todo este tiempo me culpaste a mí por haberlo matado. En cierto modo fue así, de manera involuntaria. Pero aferrándonos a mi exposición previa…
  • ¡¡YA LO SÉ!! ¡¡YO LO MATÉ!! -gritó con la voz quebrada y el rostro por el piso- ¡¡Yo… lo... maté…!! ¡¡Por mi cuuulpa… está… muerto!! ¡¡Esta muerto…!!
Los seis digimon con compañero humano se le acercaron para darle apoyo moral al pequeño Dracomon, tratando de comprenderlo: ellos no se imaginaban en una posición similar en el que perdieran a su camarada. Cierto: Shenglongmon no era un digimon elegido, pero quedaba claro que su ahijado significada mucho para él.

De las manos del digimon verde agua apareció un pequeño libro con cubierta de cuero, que no tardó en abrir y hojear hasta la última página; V-mon y los demás digimon vieron su contenido de reojo, y concluyeron que era un diario. Shenglongmon abrió el diario y lo sacudió un poco; del mismo cayó un pequeño objeto blanco que todos reconocieron de inmediato, quedando boquiabiertos. Shenglongmon dejó el libro sobre el suelo y tompo el objeto con cuidado y lo pegó a su pecho.


  • Eso es… ¿¿UN DIGIVICE?? -preguntó una atónita Gatomon- ¡Pero eso significa que…!
  • No es auténtico. -sentenció AkuShenglongmon- A nu… su ahijado, no se le permitía tener un digimon compañero por ya tener acceso a la magia a través de Sheng Li.
  • Es cierto… -contestó Shenglongmon, sonándose la nariz- Él… quería ser un Niño Elegido también, y que yo sea su compañero digimon, ya que… sabía que al volverse adulto… nos tendríamos que separar y él no me recordaría nunca.
  • Los Niños Elegidos tuvieron unas reglas semejantes cercanas a ese tiempo. Fue idea de Jupitermon, quien no toleraba a los humanos en lo más mínimo.
  • Así mismo. -asintió el pequeño Dracomon- Le dije que no podía cumplirle ese deseo… En su lugar, creé este digivice como compensación… y que cuando nos separáramos… me recordaría a través de él. No me hacía digievolucionar, pero funcionaba casi como cualquier digivice normal.
  • ¿Él… lo tenía cuando lo encontraste?
  • Sí, Hawkmon… -el Dracomon comenzó a lagrimear de nuevo- Lo tenía en su manita, apretándolo con fuerza. -volvió a sonarse la nariz- Y junto a su cuerpo estaba este diario… que en su última página… se preguntaba dónde estaba… y que esperaba que volviera pronto para arreglar el desastre que cayó sobre el mundo. ¡¡DESASTRE QUE YO CAUSÉ…!!
Shenglongmon no pudo más y volvió a estallar en llanto, apretando el digivice contra su pecho y gritando el nombre de su ahijado una y otra vez, lamentando su pérdida. Verlo así, tan destrozado, hizo llorar a más de uno.

  • Me intriga que aún tengas esas cosas contigo. -soltó AkuShenglongmon en tono neutro mientras se acercaba y se ponía de rodillas frente a él; los demás digimon se apartaron- O que aún lo recuerdes: han pasado casi setenta y tres mil novecientos ochenta y nueve años, dos meses y ocho días de su muerte.
  • ¡¡ERA MI AHIJADO, MI RESPONSABILIDAD… MI AMIGO!! ¡¡Sólo… sólo tenía diez años!!
  • Que son diez años para ti… o para mí, Sheng Li: un instante en el tiempo. Dime… ¿Lo has vuelto a ver?
  • No… No puedo. ¿Por qué haces esas malditas preguntas? -gruñó aún con lágrimas en los ojos- ¡Sabes la respuesta!
  • Tus pupilos no. -miró a los niños y digimon que seguían mirando a ambo s dragones a lo lejos- Y tienen derecho a saber la verdad.
  • Lo… encontré muerto cuatro días después de… que nos fusionáramos; no podía revivirlo, ni reparar el daño hecho. Y recordé… el castigo que el Maestro me había dicho que recibiría: que nunca más… podría volver a verlo, ni siquiera los días en que la línea entre el mundo de los vivos y los muertos es más tenue. Ni siquiera… podría acercarme a él si llegaba a reencarnar. -cerró sus ojos, tratando de contener las lágrimas- ¡Ni siquiera me pude disculpar con él por lo que hice!
  • Un castigo… severo bajo tu perspectiva. -Shenglongmon no dijo nada- Aunque tomando en cuenta lo que hicimos, suena insuficiente.
  • Luego de eso… permanecí años como un ermitaño: no quería hablar con nadie, ni saber nada de nadie. Sólo quería estar solo.
  • Comprensible.
  • Tuvieron que pasar diez mil años para que tuviera el valor de volver a tener otro ahijado.
  • Y aun así, pese a todo el dolor por el que pasaste, y el castigo que te otorgaron, seguiste cumpliendo las reglas y las órdenes de aquellos seres superiores. Seres que permitieron ese mundo tan imperfecto que tú mismo deseaste corregir.
  • ¡¿Qué carajo insinúas, Aku?!
  • No es una conjetura, es la verdad: tú siempre detestaste que seres de planos superiores o seres demasiado poderosos abusaran de los mortales, digimon y humanos incluidos. Fue una de las razones por las que quisiste mejorar tus habilidades mágicas.
  • Al final… resultaste víctima de ese mismo tipo de seres: te volvieron su herramienta para perpetuar su imperfecto status quo mientras tú obedientemente aceptaste su castigo, aceptaste el dolor del recuerdo y reprimías toda esa indignación por no poder ver a Liam otra vez. Y no sólo eso: te volviste igual a ellos. Lo cierto, Sheng Li, es que tú odias al Consejo que te castigó, y al mismo Maestro que nos separó.
  • ¡¡No es cierto!! ¡¡Estoy triste por Liam, pero no quiere decir que los odie!! ¡¡Me merezco ese castigo!!
  • Quizás… Pero veo tan irracional de tu parte que te sigas aferrando a esos recuerdos y esos objetos que te traen tanto dolor. Nunca valieron nada.
  • Para ti tal vez no, que no sientes nada por nadie. -le gruñó el Dracomon- ¡Pero para mí es un tesoro invaluable! ¡Además… juré por Liam que no viviría deprimido el resto de mi vida y que seguiría protegiendo el Omniverso!
  • Un Omniverso lleno de imperfecciones y caos, dominado y “vigilado” por seres superiores que no hacen nada por nadie, sino ser meros observadores o usar a los mortales para sus propósitos… como hacen hasta ahora contigo. Te lo agradezco, Sheng Li. -dijo haciendo una reverencia antes de ponerse de pie- Has hecho que este momento de revelación valiera la pena, mostrando que tengo razón: que el mundo que tratas de recuperar no tiene sentido de regresar. -tomó asiento y se puso en posición de espera- Joven Motomiya, es su turno.
  • ¿Q... qué? -preguntó el aludido, señalándose- ¿Mi turno de qué?
  • Su deseo es una propuesta de inversión de mis recursos, en este caso, de mi magia. Su tarea, joven Motomiya, es la de convencerme con un argumento convincente de invertir mis recursos y mis talentos en ella, haciéndola pasar como una buena inversión en la que yo pueda salir beneficiado. -hizo aparecer una taza de agua destilada tibia y bebió un poco- Adelante: lo estoy escuchando.
Davis se lo quedó mirando, aún perplejo tanto por lo que acababa de enterarse del Dragón Esmeralda, como lo que su contraparte acababa de decir. Se lamentaba el tener que ser precisamente él quien tuviese que lidiar con AkuShenglongmon; si esto se pudiese resolver en una batalla, y suponiendo que tuviese alguna oportunidad de vencerlo, sería más fácil. Ese no era el caso: tendría que enfrentarse al Dragón de la Nada con palabras, e incluso él mismo admitía que no era el más brillante. Probablemente no había nadie capaz de hacerlo, pero debía de intentarlo de todos modos, sabiendo lo que estaba en juego.

Después de todo, uno de sus emblemas era el del Valor.


  • Antes de empezar, quisiera decir algo.
  • Adelante.
  • Entiendo que eres prácticamente un ser omnipotente… y puede que hasta omnipresente en este… intento de mundo tuyo. -Aku permaneció sin decir nada- Así que me estaba preguntando por qué no nos mataste desde el principio. ¿Por qué nos diste la libertad de recorrer tu mundo? ¿Por qué nos hiciste pasar por todas esas cosas en esta torre, o allá abajo con Daemon? ¿Por qué nos hiciste venir hasta ti? Y luego lo entendí: querías hacernos sufrir durante nuestro trayecto; que nos esforzáramos, que diéramos todo de nosotros para que al llegar aquí, tuvieras el placer de restregarnos en la cara tu creencia de que todo lo que hacemos, y todo en lo que creemos, incluida nuestra propia amistad, no valen absolutamente nada.
  • Continúe…
  • Y además, le tuviste que recordar a Shenglongmon la muerte de su ahijado, y mostrarnos a Chaos, culpándolo a él de todo lo que pasó.
  • Joven Motomiya, lamento interrumpirlo. ¿Esta exposición de datos redundantes lleva a algún lado? -apretó un botón de su celular, haciendo aparecer un holograma de la Galaxia Mística, casi totalmente en gris, salvo su centro aun rosa- Le permito recordarle que tiene poco tiempo, y que acabado este…
  • Sí, sí, sí… me matarás a mí y a mis amigos.
  • Efectivamente. -respondió fría y automáticamente- Es bueno saber que está al tanto de su situación.
  • Ya ni siquiera perderé mi tiempo señalando lo frio que suenas al mencionar que matarás a unos niños. -Davis tragó saliva- No puedo creer que tú y Shenglongmon sean el mismo ser.
  • En eso pensamos igual, joven Motomiya.
  • Él podrá ser grosero, sarcástico, prepotente y bastante molesto a veces… pero nunca abusó de sus poderes de la misma forma en que lo haces tú: como dijo Daemon, él podría gobernar todo lo que quisiera, pero no lo hace. Y tú en cambio… en verdad no tienes alma.
  • Le quedan quince minutos, joven Motomiya. Espero que tenga tiempo suficiente para formular su argumento.
  • ¡¿Acaso no oíste todo lo que acabo de decir?!
  • Lo oí. Pero lo encuentro irrelevante a mis intereses, mis sinceras disculpas. Si no tiene más que decir, lo escucho.
Para Davis, eso fue el prefacio de una derrota, así como algo que se imaginaba que pasaría: AkuShenglongmon no sólo era demasiado poderoso, malvado e inteligente; era demasiado… frustrante al no poder hacerlo expresar emoción alguna, manteniendo esa expresión neutra y vacua todo el tiempo. Claramente para Aku, él y sus amigos valían menos que motas de polvo. Además, estaba completamente convencido de que lo que hacía estaba bien -¿O era “correcto”?- , y hablaba de manera tan fluida y de manera tan convincente, que era capaz de convencer a los demás de que, al menos, era difícil darle la contraria.

Y él tenía que hallar la manera. TENÍA que haber una.


  • No creo que tu mundo sea perfecto.
  • ¿Es ese su argumento? Explíquese por favor.
  • Dices que quieres cambiar el mundo porque está mal por culpa de la individualidad y el libre albedrío. ¿Pero esas no son cosas que tú también tienes?
  • El joven Takaishi presentó ese mismo argumento, y ya se lo refuté. Si planeaba usar eso, le recomiendo que se busque otro.
  • También dices que la razón por la que todo el mundo… ¿O serían todos los mundos? No importa… Que la razón son las emociones que todos tenemos… incluyéndote.
Por un momento, tanto Davis como sus amigos sintieron como un escalofrío y una opresión en el pecho, como si algo los hubiese golpeado directamente en el interior de sus cuerpos. Y ese algo, vino directamente del Dragón de la Nada; Davis trató de verlo directamente a sus ojos, y aunque permanecía con su típica expresión neutra, juraba ver un atisbo apenas perceptible de una cosa: indignación.

  • Esto no me gusta nada. Davis, ¿Qué tienes pensado hacer?
  • Lo que esté a mi alcance, TK.
  • No sé tú, Davis, pero… -V-mon desvió momentáneamente la mirada al frente- Creo que lo que dijiste no le gustó. ¿Tengo que recordarte que BORRÓ cinco universos enteros y casi nos mata?
  • Gracias por recordármelo. -masculló en voz baja- Necesitaba algo de presión extra.
  • Si ya terminó con su amena conversación con sus amigos, quisiera una explicación a su afirmación anterior, joven Motomiya.
  • Pues… que tú también… tienes emociones.
  • Y eso… te hace, de acuerdo a tu lógica, un ser imperfecto.
  • ¿Por qué llegó a esa conclusión?
  • ¿Crees que estamos ciegos o qué? -le gritó Davis- Todos vimos cómo te temblaban las rodillas como a nosotros cuando oímos a ChaosShenglongmon hablar con nosotros a través de la pantalla: es más que obvio que eso no lo previste.
  • Además… por como tratas a Shenglongmon, es más que obvio que lo odias.
  • Como ya lo dejé en claro, los sentimientos son superfluos, incluyendo los míos, en caso de tenerlos.
  • ¿Por qué no aceptas que sí los tienes? -insistió Davis; detrás, sus amigos hacían gestos para que no se pase- Los ocultas con esa fachada de piedra: claramente expresas miedo, odio… y hasta egoísmo.
  • No entiendo.
  • Para empezar, ¿Por qué corregir el mundo para empezar? ¿Para que lo gobiernes tú? ¿No es eso una muestra de egoísmo? Porque como dijo Yolei, dudo mucho que lo hagas por el bien al prójimo.
  • Y como ya le contesté a su amiga, el altruismo es superfluo. Yo no hago esto para satisfacer mi ego, asumiendo que lo que hago es bueno, sino porque es lo correcto. Sólo hice lo que nadie más en este Omniverso se animó a hacer por estar sujetos a preceptos morales que no eran más que un obstáculo.
  • ¿Me quieres decir que haces todo esto de manera casi mecánica?
  • Podría decirse. Soy un digimon, un tipo de Inteligencia Artificial de todos modos.
  • ¡Pero no eres un robot!
  • Soy consciente de ello.
  • ¿O sea que cambias toda la Existencia a como crees que es correcto…? ¿Y ya? ¿No la gobernarás?
  • Mi función es la de reparar los defectos de la Existencia: cumplido mi objetivo, sólo me queda ser un mero espectador. Como alguien mirando un terrario, un hormiguero o el funcionamiento de un reloj perfectamente sincronizado. Usted y sus amigos lo considerarán “aburrido”, dada su perspectiva, pero es porque no saben apreciar el verdadero significado de la paz y el orden.
  • Agh… Como villano realmente eres frustrante: no te importa nada.
  • ¡¡Davis!!
  • ¿Qué? -le replicó a sus amigos- Es la verdad.
  • ¿Ya finalizó su argumento, joven Motomiya?
  • Quiero saber una cosa… ¿Qué pasa con Liam?
  • Que pasa con él. -contestó Aku- Está muerto: lleva setenta y cuatro milenios así.
  • ¿En verdad no lo extrañas? ¿No sientes nada por él?
  • No. -dijo, para luego dejar escapar un suspiro- Joven Motomiya, quiero saber si esta conversación llevará a algún lado, porque sólo oigo que da vueltas en temas sin sentido y sin importancia. Si no tiene las ideas claras…
  • De verdad que no tienes corazón. -bajó la cabeza- En fin… Creo que Shenglongmon debe recuperar sus poderes porque claramente tú no eres el indicado para poseerlos: dices ser alguien desprovisto de emociones, pero es obvio que demuestras miedo, odio, egoísmo y defectos como cualquiera de nosotros. ¿Por qué alguien como tú debería de tener tanto poder cuando ni siquiera acepta lo que tiene?
Davis y los demás vieron como AkuShenglongmon se puso de pie apoyando sus manos en el escritorio y se irguió en toda su estatura, mirándolos directamente a los ojos. Sus expresiones seguían siendo las mismas de siempre: estoicas, neutras, carentes de toda empatía… pero el pequeño Dracomon tenía un muy mal presentimiento.

  • ¿Es ese su argumento, joven Motomiya?
  • Sí. -contestó reuniendo todo el valor que pudo- Lo es.
  • Entiendo.
Aku tomó su celular, tecleó una serie de botones y le dio “aceptar”. Para asombro de todos los presentes, los alrededores de la Megatorre se transformaron totalmente, retomando el color y la apariencia original de la ciudad en la que estaba. Aunque el cielo seguía estando oscuro, se apreciaban claramente la iluminación urbana, el ruido de las olas, las bocinas de los automóviles y el clamor de la asombrada multitud al ver semejante estructura en su ciudad. Incluso se sentía un clima más caluroso de lo que sentían en el mundo de Aku.

Los Niños Elegidos y los digimon quedaron boquiabiertos al comprobar que la Megatorre ahora se hallaba en un pequeño islote en medio del mar y conectado a tierra firme por un puente -como el hotel Burj Al Arab- y que bajo ellos, la ciudad de Tel Aviv -y muy posiblemente el resto de su mundo- había vuelto a la normalidad.

La pregunta que se hacían era ¿Por qué?


  • ¿Davis… Davis lo convenció? -se preguntaba- No sé… TK, ¿Qué piensas?
  • No es por criticar a Davis, como siempre hacemos cada vez que se muestra como idiota… Pero lo dudo, Patamon: algo no me gusta.
  • Voy a dar un vistazo. -dijo Ulforce, desapareciendo por cinco segundos para luego reaparecer- El… el mundo entero volvió a la normalidad: es como si nada hubiera pasado.
  • ¿Qué? ¿Quiere decir… que ganamos?
  • Lo dudo mucho, Yolei. -le contestó Hawkmon-
  • El Digimundo sigue sin existir. -interrumpió Shenglongmon, con un teléfono en la mano- Y si se fijan en el holograma que sigue ahí flotando… -señaló hacia arriba- la Entropía Silenciosa sigue avanzando. Además de que… bueno: NO TENGO TODOS MIS PODERES.
  • Él trama algo; eso piensas ¿Verdad?
  • Precisamente, Blackwargreymon.
Davis seguía allí parado, perplejo por lo que acababa de ver, y sin saber si había logrado algo. El mundo parecía haber vuelto a la normalidad, pero Aku seguía allí aparentemente con sus poderes completos, parado y apoyando sus manos sobre el escritorio con su celular muy cerca de su mano derecha.

  • ¿Qué ocurrió? ¿Qué hiciste?
  • ¿Vas a cumplirme mi deseo? -Davis vio como los dedos de la mano derecha de Aku tecleaban algo- ¿Qué haces? ¡AkuShenglongmon!
  • Me convenció de algo, joven Motomiya. -los dedos de su mano izquierda tamborileaban sobre el escritorio- Eso se lo reconozco.
  • ¿De… de verdad?
  • No… Aku… No puedes!
  • Pero… no de su argumento. -su índice derecho oprimió un botón de su celular- Intente de nuevo.
Apenas lo oprimió, el tanto el cielo como la tierra se iluminaron brevemente y empezaron a oírse alaridos estremecedores de dolor y agonía: tanto de la ciudad de allá abajo como del interior de la torre… y del mismo pent-house. Davis y Shenglognmon voltearon para ver la causa y quedaron horrorizados al ver cómo sus compañeros gritaban de terror y agonía mientras eran desintegrados -tal y como Aku lo demostró horas atrás- átomo por átomo, y para colmo, lo sentían en carne propia. Los alaridos que se oían eran de todas las personas sintiendo como eran borradas.

Y no eran solo ellos: la ciudad, el mar, el cielo… TODO lo que había alrededor de la Megatorre estaba siendo desintegrado, volviéndose polvo de efímero resplandor dorado hasta desvanecerse por completo… al son de la mirada fría de AkuShenglongmon, quien se había puesto de pie y acercándose a ellos a paso lento.


  • Me ha convencido que tal vez haya otra alternativa para llegar a la paz y orden perfectos, joven Motomiya. -mencionó mientras miraba como todo a su alrededor, salvo la torre, Davis y Shenglongmon desaparecían- La luz se apaga, el sonido se extingue, la vida se marchita, la mente se desluce, la esperanza muere. Nada dura para siempre.
  • Aceptar esa verdad incuestionable, y despojarse de toda ilusoria esperanza es el comienzo de la madurez.
  • ¡Eres un miserable! -le gritó el pequeño Dracomon con toda su furia y lágrimas en los ojos- ¡Un genocida!
  • Bienvenidos a la madurez, joven Motomiya, Sheng Li. Bienvenidos a la Nada.
En efecto: salvo la Megatorre, ya no quedaba absolutamente nada: ni tierra, ni mar, ni cielo ni estrellas; sólo una oscuridad infinita, inmutable y silenciosa. Davis seguía en estado catatónico y de rodillas en el suelo, sin poder articular palabra, aunque oyendo cada palabra.

  • Des… ¡¡DESTRUISTE…!!
  • Sólo borré nuestro universo, Sheng Li: no tienes por qué alterarte demasiado. Aún hay aire alrededor de la torre para que el joven Motomiya pueda respirar; después de todo, a diferencia de nosotros, necesita respirar para concederle su deseo.
  • ¡¡DESTRUISTE NUESTRO DIGIMUNDO, NUESTRA TIERRA, NUESTRO HOGAR!! ¡¡MATASTE A TODO SER VIVIENTE EN NUESTRO UNIVERSO, A NUESTROS AMIGOS, Y LO HICISTE ENFRENTE DE UN NIÑO DE APENAS ONCE AÑOS!!
  • Velo como un ligero correctivo. -contestó Aku, de pie enfrente del pequeño Dracomon y con Davis a su lado derecho- Tu influencia negativa estaba corrompiendo al muchacho; sólo lo ayudé a aceptar la realidad para madurar un poco. -su mano derecha acarició el cabello de Davis; este no reaccionó debido a su estado de shock- Por cierto, casi lo olvido: seguro sabrás que borré cinco universos como demostración al joven Takaishi.
  • Sí… -gruñó- Me lo dijo.
  • No los seleccioné al azar: eran cinco universos que visitaste en estos meses desde que te liberaste. Una versión futura de Azeroth, una Tierra dominada por felinos, una Tierra donde conociste a ese trio de chicas, una Tierra de Benders y una Tierra donde los que conoces como Elegidos “B” fueron los importantes.
  • ¡¡¡ERES UN DESGRACIADO OMNICIDA!! -rugió el pequeño Dracomon, entre llanto y rabia- ¡¡¿¿POR QUÉ, AKU??!! ¡¡¿¿POR QUÉ MIERDA HACES TODO ESTO??!!
El Dragón de la Nada lo miró inquisitivamente unos segundos antes de ponerse de rodillas y acercar su cabeza a la de su contraparte en miniatura, que por primera vez desde que se volvieron a ver, sintió escalofríos de tenerlo tan cerca.

  • Puede que… el joven Motomiya haya tenido algo de razón en su último argumento. -acercó su boca a los oídos de Dracomon- ¿Sabes en qué?
  • ¿En qué?
  • Yo… TE ODIO, Sheng Li. -Shenglongmon sintió un terrible escalofrío que recorrió todo su cuerpo al oír esas palabras en aquel tono tan neutro, mientras Aku acariciaba su rostro delicadamente con las garras de su mano derecha- ODIO tu persona; ODIO el hecho de que formes parte de mi ser; ODIO el hecho de que no pueda matarte; ODIO el hecho de que mientras a ti de libraron de los recuerdos de ChaosShenglongmon, yo tuve que retenerlos durante mi estadía en la Nada; ODIO que me recuerdes del hecho que alguna vez sentí algo por seres inferiores; ODIO todo lo que representas y todo lo que amas: me es repulsivo. -Shenglongmon sintió que las garras de Aku apretaron su rostro- Por eso usé mi Entropía Silenciosa: no sólo para crear un mundo libre de toda imperfección, sino también de esa inmundicia. Sin embargo… -Aku soltó el rostro del pequeño Dracomon- el joven Motomiya me hizo ver que tal vez no sea suficiente.
  • ¿Qu… qué piensas…? ¡¡¡NO!!! ¡¡PARA ESO QUIERES TODA LA MAGIA!! ¡¡NO PUEDES HACER ESO!!
  • Un mundo libre de todo mal fue TU deseo, Sheng Li. Puede que… deba pensar en lo que yo deseo. Y mi deseo es... estar solo. COMPLETAMENTE SOLO: sin nada ni nadie alrededor. Sin mortales, sin Legión Ardiente, sin Señores del Vacío, sin Naaru, sin Dioses Salvajes, sin Titanes, sin seres mágicos, sin elementales... Sólo silencio… paz… orden.
  • Piensas… borrar… el Omniverso entero: el Multiverso Mortal… el Multiverso Mágico… los Planos Superiores…
  • Podría borrar el Multiverso Mortal con mi poder actual, pero no lo veo necesario… de momento; si bien, sabes que se necesita mucha magia para encargarse del resto. Y como he mencionado antes, es algo que podría o no hacer: dependería de mí. De nadie más. Cuando sea propietario de toda la magia, desde luego: -su mirada se desvió hacia el holograma que permanecía flotando sobre sus cabezas- que calculo no tardará en ocurrir, pues los seres mágicos y el Consejo Mágico están más ocupados tratando de frenar la Entropía Silenciosa que en enfrentarme cara a cara.
  • Eres… eres… ¡Argh! Ni siquiera alcanzan las palabras para describirte. ¿Y crees que haciendo esa locura serás feliz? ¡Jamás sonríes!
  • Tal vez lo haga… -los ojos de ambos Shenglongmon se cruzaron- Cuando toda la Existencia esté acorde a MIS REGLAS, y sienta SUS lágrimas en mi rostro, al ver como SU Creación fallida ha dejado de existir y en como impido que trate de restaurarla a su inmunda imperfección mientras te mantengo a mi lado como símbolo de SU derrota... Sólo allí, tal vez… exista la mínima posibilidad de que me veas esbozar un atisbo de sonrisa.
Shenglongmon se quedó sin palabras: siempre supo que Aku era malvado y un ser apático y sin sentimientos… aunque más que por mera conjetura y los pocos recuerdos que tenía de él. Pero ahora que lo tenía enfrente, y acababa de oír semejante confesión, semejantes planes… comprendía de por qué era -y es- tan temido en toda la Existencia. Lo que no podía comprender es cómo alguien así surgió de su persona. ¿Cómo semejante ser maligno era parte de él? Ahora comprendía de dónde salía la parte maligna de Chaos… pero de todos modos, Aku le parecía MUCHO peor. Y estaba totalmente aterrado de sólo tenerlo a centímetros de la cara.

AkuShenglongmon le dio unas palmaditas en la cabeza, se puso de pie y regresó a su escritorio, acomodándose en su silla.


  • TK… se quedó corto. Eres… PEOR que un Anticristo.
  • Por favor, dile al joven Motomiya que espero su próximo argumento antes de que se le acabe el tiempo, Sheng Li. Aun debo de concederle su deseo.



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Davis lo había visto y oído todo desde que Aku oprimió ese botón: vio cómo sus amigos, incluido V-mon, y todo y todos en el planeta -su familia incluida- y posiblemente el universo y quien sabe cuánto más, eran borrados de la existencia al son de sus agónicos gritos de dolor. También había oído la discusión que tuvo con Shenglongmon: de cómo había borrado universos donde había hecho nuevas amistades, de sus verdaderos sentimientos hacia él -había acertado, pero eso no lo hizo sentirse mejor- , y lo que tenía pensado hacer si ganaba… y si le daba la gana. Si eso no era ser extremadamente egoísta y malévolo…

Shenglongmon tenía toda la razón sobre su contraparte, pero incluso él mismo no llegaba a comprender CUÁNTA razón había tenido.

No había dicho nada por el efecto que el borrado de sus seres queridos tuvo en él: estaba demasiado impresionado, demasiado aterrado como para decir algo, era incapaz de moverse, siquiera de parpadear o hasta de llorar; incluso sintió cuando AkuShenglongmon acarició su cabello de manera aparentemente inocente, pero muy en su interior, Davis quería gritar y apartarse de él, pero el miedo, la derrota, y el hecho de sentirse responsable de la muerte de sus amigos y de un universo entero pudieron más que él.

Finalmente, la oscuridad absoluta de la Nada lo dejó aún más perplejo: sintió como si la Nada misma lo devorase, lo atrajese y obligara a descender cada vez más en aquella infinita oscuridad carente de luz y esperanza alguna; su mente se difuminaba, como quedándose dormido. Y así fue: antes de caer inconsciente al suelo, lo último que vio fue la forma humanoide de AkuShenglongmon de pie a pocos metros de él, mientras su forma real, aquel gigantesco dragón serpentino color negro azabache, asomaba su enorme cabeza sobre la terraza del edificio, como su cuerpo envolviera toda la Megatorre mientras extendía su cuerpo hacia un inexistente cielo.




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Cuando recuperó la conciencia, se halló en un lugar completamente diferente a la Megatorre, y claramente, a la Nada misma: ni Aku ni Shenglongmon estaban presentes; estaba solo en una selva tropical muy parecida a las que hay en el Digimundo... -Había… Aku lo había destruido también.- y enfrente de su escuela, cuyo aspecto era relativamente intacto. Había señales de tráfico y postes de luz puestas de manera aleatoria por toda la selva. Al ponerse de pie, notó que los árboles de la jungla se mezclaban con otros más propios de un bosque templado, y cuando miró hacia el cielo, jadeó boquiabierto al ver en medio de aquel cielo azul con esponjosas nubes, no una, sino DOS lunas de diferente tamaño. Al llegar al borde de un talud, vio hacia el frente una vasta pradera con varios ríos y lagunas con brumosas montañas de fondo y edificios ruinosos similares a los de Odaiba, y en medio de la planicie, un conjunto de ruinas antiguas.


No supo cómo, pero sabía que debía ir allí.

Caminó en silencio por un tiempo que no pudo precisar para darse cuenta que el lugar era muy extraño: no sólo no había aves, insectos o algún digimon -aunque se oían los sonidos propios de los mismos- sino que en ocasiones la selva “parpadeaba” momentáneamente, intercambiándose con pasillos largos y monótonos iluminados con luces blancas y rojas. Lo recordaba: era esa extraña nave en…


  • Es… estoy en mi mente. -pensó, viendo el paisaje a su alrededor- ¿Pero por qué luce así? ¿Qué DIABLOS estoy haciendo? ¡Tengo que volver a tener el control!
  • Eso no pasará, mocoso malcriado.
La voz retumbó en todo el lugar, a pesar de que venía de algún lugar cercano; el niño entonces se dio vuelta y vio en dirección al bosque que había abandonado a una copia de sí mismo vestido con un uniforme totalmente negro, como de un sacerdote, y acompañado ni más ni menos de dos robot de casi dos metros de altura y aspecto cromado. Ni él ni sus acompañantes lucían amistosos.

  • Tú eres… el sujeto que está dentro de mi cabeza. ¡El que casi mató a Magnamon y Arukenimon!
  • No me recuerdes mis fallos, Davis. Aunque ahora que de todos modos esos idiotas están muertos, ya no importa. Y no soy “el sujeto”: soy tu otro yo… O tu vida pasada más bien.
  • ¿Qué?
  • No perderé mí tiempo dándote explicaciones tontas: tengo un cuerpo que controlar. Sólo te diré que me encargaré de ti del mismo modo que con aquellos que me causaron tantos problemas en el pasado.
  • ¿Quieres decir…?
  • Encajonamiento permanente. ¡Centuriones, atrápenlo! Tengo cosas que hacer.
Los robots comenzaron a disparar hacia el niño, obligándolo a correr; no tenían intenciones -o no podían- matarlo; su objetivo era sólo dejarlo herido e impedir que llegar a donde su contraparte tenía pensado ir; eso le quedó claro a Davis, y pese a estar en desventaja, se escondió entre la hierba alta y caminó a toda velocidad; al menos aun conservaba las habilidades que adquirió en el Mundo Real. Tal vez… podría…

  • Pierdes tu tiempo, Davis: aquí no están ni tus tontos amigos ni esas abominaciones digitales para ayudarte. -se oyeron varios pasos mecánicos alrededor del chico- Descuida: no te harán daño; eso vendrá después cuando estés reprimido para siempre.
Davis siguió corriendo, en un intento por atrapar a su otro yo para que no cumpla su objetivo, al mismo tiempo de esquivar a sus perseguidores robóticos y maldiciéndose a sí mismo de no poder hacer nada más. El pastizal, con varias ruinas y hasta postes de luz oxidados esparcidos en él, era muy denso, y los estanques y riachuelos un auténtico estorbo.

El sonido de los “Centuriones” se esfumó, como si ellos se hubiesen aburrido de él; aprovechó el momento para acelerar la marcha hacia aquellas ruinas antiguas tan intrigantes sin importar los obstáculos que encontrara. Al llegar, se topó con unas ruinas que tenían más de griegas que de japonesas, ubicadas en medio de una antigua rotonda casi desaparecida por la hierba y la tierra, y rodeada de doce estatuas enmohecidas sobre grandes pedestales; lo curioso es que tenían nombres de dioses griegos… pero las figuras claramente eran de digimon: la única a la que le dio un pequeño vistazo fue la que decía “Apollo, Patrono de Capricornio”, con una figura humanoide con rasgos felinos prominentes, una curiosa armadura y un símbolo en la hebilla de su cinturón.

Cruzó un derruido frontón triangular sostenido por columnas y corrió hacia el interior, sólo para encontrarse con su contraparte frente a una especie de consola o mesada enorme con forma de estrella de tres puntas y varios de esos robots a su lado; pronto aparecieron varios más por todas partes; dos de ellos lo agarraron del hombro con fuerza y lo arrastraron hacia atrás.


  • Humanos... Tan predecibles.
  • ¡Suéltame!
  • Era obvio que vendrías aquí: sólo quería que vinieras para atraparte más rápido. -sus manos se deslizaron sobre la superficie de aquella consola enorme hasta oprimir un botón- En fin; ya gané.
Del suelo de tierra emergió una especie de tina negra iluminada desde el interior; los robots arrastraron a Davis hasta allí y lo introdujeron sin pena ni gloria: estaba lleno de un líquido transparente y algo pegajoso con espuma en la superficie; el “otro” Davis apareció de un costado de la misma, observando a un aterrado Davis con satisfacción.

  • ¡¿Qué piensas hacerme?!
  • Nada especial… sólo encajonarte, que en este mundo mental es simbólicamente reprimir tu consciencia por el resto de tu vida; de la misma manera que estuve yo por varios años.
  • ¡NO!
  • Hasta nunca, Davis… -dijo mientras oprimía un botón- Hay un digimon que espera concederme un deseo.
Fue lo último que Davis Motomiya escuchó antes de caer en un profundo sueño.




______________________________




Ambos Shenglongmon vieron cuando Davis recuperó aparentemente la consciencia, poniéndose de pie y sacudiéndose su ropa; su mirada sin embargo, era diferente, y el pequeño Dracomon se percató de inmediato, teniendo un mal presentimiento… lo cual confirmó cuando el niño le dirigió la palabra con una mirada de desprecio.

  • No soy tu querido Davis, si eso pensabas.
  • Mierda… TÚ. ¿Dónde está Davis?
  • Encajonado para siempre dentro de mi mente. -contestó de brazos cruzados- Así dejará de hacer tonterías.
  • Un honor conocerlo. -saludó AkuShenglongmon al niño con un respeto y admiración que sonaba increíblemente auténticos- He oído mucho sobre usted.
  • ¿Admirando a un genocida, Aku? Por qué no me sorprende.
  • Ajá… ¿Y que se supone que te han dicho de mí?
  • Pfff… Lo que todo digimon de nuestra generación sabe: que mataste por celos a tu hermano Daniel y a todo su modelo, que borraste a los primeros digimon de la segunda generación, que planificaste el mayor genocidio de la especie humana desde los tiempos de los Nibiru, que casi mataste a la mitad de tus hermanos por no estar de acuerdo contigo… entre otras cosillas “encantadoras” de tu persona. Es una lástima que los digimon de ahora te consideren poco más que un mito de algunas creencias y no como un personaje histórico: la contraparte de nuestro creador Daniel Oliwah. Si él es el “dios creador”, tú eres el diablo destructor: John Cavil.
  • No me llames así: odio ese nombre. Sigh… Lo último que quería era ser una figura mitológica para las abominaciones de mi hermano. ¿Cómo… cómo demonios sobrevivió?
  • Se lo puedo explicar de manera sencilla, venerable Cavil.
  • ¡¡¿¿”Venerable Cavil”??!! -exclamó Shenglongmon- Carajo: me harás vomitar, Aku.
La historia fue sumamente breve: de cómo el creador de los digimon, Daniel, sobrevivió gracias a la intervención de los Nibiru, de cómo se refugió en las Doce Colonias donde continuó sus investigaciones sobre los digimon sin crear sospechas entre los humanos y como se refugió entre ellos tras el llamado genocidio por más de cinco años. Y cómo al llegar a la Tierra, ayudó en la construcción de Yggdrasil y en la creación del Digimundo para sus criaturas.

  • ¿Perseguí a los humanos por más de cinco años, y Daniel estaba entre ellos? ¿Y no me di cuenta? -su ira se diluyó momentáneamente- Claro… era el único de su línea.
  • Me da curiosidad, Sheng Li, ¿Desde cuándo sabes que el joven Motomiya es la reencarnación del Señor Cavil?
  • Agh… Desde que espié en los perfiles médicos que Agumon y Gabumon hicieron de los Niños Elegidos tras su evaluación psicológica. Estaba aburrido, y pensé que me reiría un poco; y me reí mucho… pero cuando leí lo de Davis… Era OBVIO que tenía que ser la reencarnación de ese viejo de mierda.
  • ¡Oye: yo no era viejo! ¡Me hicieron así!
  • El punto es que no creí que fuera importante decírselo a Davis: después de todo, nada me hacía sospechar que esa otra personalidad, esa vida pasada, emergiera con tanta fuerza. Lo que me hace pensar…
  • En la ironía de que acabara reencarnando en un Niño Elegido con un compañero digimon…
  • Aparte de eso… en que… es MUY CURIOSO que desde que lanzaste tu “Entropía Silenciosa”, Cavil se manifestara con fuerza; que justamente fuese Davis el único de los doce Niños Elegidos principales al que no le concedí ningún deseo por no poder atrapar un boleto; que la única fuente de información de tu existencia acabara en manos de Daemon, mi peor discípulo, cuando ese libro nunca antes estuvo al alcance de nadie… Y que casualmente, semanas antes de iniciar esto de los deseos, tuviese una pesadilla contigo, Aku. -el pequeño Dracomon se cruzó de brazos, mirando con seriedad a su contraparte- ¿Acaso tú…?
  • No tuve nada que ver con eso, Sheng Li: a diferencia de Chaos, ni tú ni yo podemos interferir en la Existencia desde la Nada.
  • Me estás mintiendo.
  • En los últimos minutos he sido la persona más honesta que te ha hablado desde hace casi setenta y cuatro mil años. No tengo necesidad de mentirte.
  • Si no fuiste tú… ¿Quiere decir que fue…?
  • No estoy seguro… -contestó; para Shenglongmon, sonó sorprendentemente sincero- Puede que sí… o puede que no; y no tengo idea de por qué trataría de ayudarme a mí: capaz para que te hable de él. Acabas de comprobar que disfruta de hacernos sufrir. -intercambió una mirada de “comprensión” con su contraparte- Se siente horrible, ¿No? Ser un mero instrumento de seres que están MUY por encima de nosotros.
  • Sabes que sí. Mierda… eso quiere decir que aún sin “existir” o sin ese video, puede…
  • ¡¡Oigan!! ¿Se están olvidando de mí?
Los dos digimon voltearon hacia el niño, visiblemente molesto por haber sido ignorado; a Shenglongmon le dio igual, frunciendo el ceño al tiempo que ansiaba que Davis lograra recuperar el control, mientras que Aku se disculpaba humildemente con él.

  • No es que me importen sus relaciones maritales, su… crisis de bipolaridad o… lo que sea.
  • ¡No soy gay, estúpido! -gruñó Shenglongmon- ¡Y él es mi otro yo! ¡Aparte de que este debe de ser un asexual!
  • ¡Me da igual! Lo que quiero, es que me cumplan mi deseo.
  • Por supuesto, señor.
  • Idiota: no te lo va a conceder.
  • Sabes que sigo sujeto a las reglas, Sheng Li: estoy obligado a cumplirle su deseo. Después de todo, sigue siendo Davis Motomiya.
  • Me refiero a que no le cumplirás su deseo, sea cual sea. ¡Me acabas de decir que tienes pensado borrar toda la Existencia! ¿De qué carajo le servirá que le cumplas un deseo?
  • Como mencioné anteriormente, es algo que podría o no hacer. De momento, no tengo intenciones de hacerlo. En todo caso, dado que el puesto de Vicepresidente de mi compañía está vacante.
  • Lo mataron, condenado hijo de puta. -gruñó el pequeño Dracomon- Cuāuhpillimon le arrancó el diginúcleo luego de que él y Ulforce le dieran una terrible paliza.
  • Correcto. -asintió estoicamente- Por tanto, si el señor Cavil está interesado, puedo darle dicho puesto.
  • Podríamos verlo después. -respondió “Davis” con fastidio- Ahora quiero saber, ¿Exactamente qué deseos puedes concederme?
  • Los que permitan las reglas, y las actuales circunstancias, claramente.
  • ¿Puedes cambiar la historia para no tener que reencarnar en… esto?
  • Lo siento: no tengo permitido alterar la historia.
  • ¿Extinguir a los digimon? Espera… eso ya lo hiciste. ¿Extinguir a los humanos?
  • Usted es el último humano, y salvo Sheng Li, el último ser viviente de su universo.
  • Maldición… Olvidé que existe un Multiverso… u Omniverso; lo que sea. Y supongo que no es estimulante causar un genocidio universo por universo si nadie va a sufrir. Que aburrido…
  • Hasta que te das cuenta, viejo de mierda. -gruñó Shenglongmon- Momento, ¿Qué carajo estoy diciendo?
  • No es por apresurarlo, pero no tiene mucho tiempo, señor.
  • Ya, ya… Es difícil saber qué desear cuando todo lo que quise o ya se cumplió o sería aburrido ped… Momento… Tal vez haya algo.
  • Tiene que escribirlo en este formulario. -Aku hizo aparecer un par de papeles a su lado y estos volaron frente al niño, quien los tomó y les dio un vistazo- Debe de completarlo con sus datos, escribir su deseo de manera sumamente específica y luego firmar en el lugar correspondiente. Luego pasaré a firmarlo y sellarlo. El joven Motomiya tenía uno al que le faltaba mi sello, pero supongo que su deseo no es el mismo.
  • Claro que no: estoy harto del mundo tal y como era antes. Quiero…
  • “Ver los rayos gamma, oír los rayos X, y oler la materia oscura, sentir el viento solar de una supernova.” Blablabla… Me sé de memoria tu perorata infantil.
  • ¿Có… cómo demonios sabes eso? -exigió saber el “niño”- ¡Eso pasó hace ciento cincuenta mil años!
  • Hello… ¡Puedo viajar en el tiempo! -le contestó el pequeño Dracomon- Estuve en varios momentos de la historia: vi muchas de tus locuras, aunque sin poder alterar los eventos. Además… tus queridos padres, Ellen y Saul, llegaron a la Tierra, pero pasaron sus últimos días en el Digimundo. De una u otra forma quedaron registros de tu persona.
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! -Cavil tomó a Shenglongmon del cuello- Muy bien, pequeña lagartija regordeta: vas a decirme todo lo que sabes sobre ellos.
Aku se limitó a mirarlos en silencio mientras el pequeño digimon verde le contaba todo lo que podía de manera resumida: en que Saul y Ellen se reencontraron con Daniel, quien les presentó a los digimon como sus “legítimos nietos”, en como ellos vivieron felices sus últimos años en el Digimundo y luego fueron enterrados juntos en un mausoleo que hipotéticamente, aún existía. Sobre Hera y sus padres, supo que ellos vivieron en la Tierra, pero que también conocieron el Digimundo y sus criaturas; que Hera, la “Eva mitocondrial” y origen de la humanidad actual, fue la primera Niña Elegida de la historia del Digimundo, teniendo por compañero a un Dorumon; y que Daniel, el creador de los Digimon, fue ascendido a los Planos Superiores de Existencia, dando por sentado que aún estaba vivo. Cavil no estaba feliz, para nada.

Y eso Shenglongmon lo sabía, haciéndolo sonreír disimuladamente.


  • En la Edad Dorada, e incluso en la Edad Plateada del Digimundo, muchos digimon dejaban flores como tributo al mausoleo de tus padres, y al de Hera: ahora ya ni saben que ellos existieron. -concluyó satisfecho- Yo los conocí, aunque claro… no sabían que era del futuro ni que tenía magia, y no alteré la historia. Eran felices, aceptaban y amaban a los digimon como si fuesen sus propios hijos… y se habían olvidado de ti. -miró al niño con malicia- Y eso es todo.
  • ¿Qué hay de Galen Tyrol?
  • Se volvió un ermitaño y se quedó a vivir solo el resto de su vida en lo que hoy es Escocia. O Irlanda: quéseyo.
  • ¿Samuel Anders?
  • Murió al enviar la Galáctica al sol.
  • ¿Los Centuriones?
  • Fueron liberados y fundaron una nueva civilización en un planeta que llamaron D’Anna. Aún existe: de vez en cuando visitan la Tierra de manera pacífica y disimulada… y como te podrás imaginar, no tienen una buena imagen de ti.
  • Grr…
  • Y el resto de los humanos, junto a los modelos Dos, Seis y Ochos vivieron felices para siempre multiplicándose por la tierra. ¿Ya acabaste? Este lapsus con sabor a minicrossover con Battlestar Galactica comienza a marearme.
  • ¡Maldita sea! ¡Al final se salieron con la suya!
  • Lo sé… Pero es la historia de tu vida pasada, ¿No? Fracaso tras fracaso tras fracaso. -acentuó esa última palabra- Y la forma en que terminó… tan patética: un tiro en la boca.
  • Cállate…
  • Todo tu esfuerzo, todos un intentos… sólo para reencarnar en un niño humano algo torpe de once años que acabaría teniendo a un digimon -creación de tu hermano Daniel- como camarada. El karma que tienes sobrepasa los nueve mil.
Fue entonces que Cavil no pudo aguantarlo más y golpeó a Shenglongmon en la cara con todas sus fuerzas; sintió considerable dolor en sus dedos tras hacer contacto con semejante mandíbula, pero le daba igual: ese miserable digimon, a pesar de perderlo todo, se deleitaba restregándole en la cara sus fracasos en el pasado. Le dio otro golpe por el sólo deseo de desquitarse, a sabiendas de que nunca lo lastimaría. No así de todos modos.

  • ¡¿Te crees muy gracioso, verdad?! ¡Pues adivina qué, maldita lagartija! Si es cierto que AkuShenglongmon extinguió a los malditos digimon del Omniverso, pues yo le digo: ¡Felicitaciones! ¡Sin quererlo, acaba de cumplirme un deseo! Sólo quisiera ver llorar al maldito de Daniel al enterarse que sus abortos digitales han desaparecido.
  • AkuShenglongmon es un digimon… IDIOTA.
  • ¡¿Qué más da?! Puede que sea el único de tu calaña que comience a caerme bien. Dime algo, -señalando al aludido Dragón de la Nada- Si llegas a cumplir tu objetivo, tener toda la magia y todo eso… ¿Podrás matar a Daniel? ¿O volverlo mortal?
  • Suponiendo que yo tenga intención de hacerlo… sí; sí podría. ¿Ese es su deseo, señor Cavil?
  • Eso lo quiero hacer yo por mí propia cuenta. Pero si quieres concederme un deseo… Ya sé que pedir.
Aku hizo aparecer un bolígrafo que Cavil tomó de inmediato y comenzó a completar el formulario; cuando estaba a la mitad de su deseo, soltó inesperadamente el bolígrafo y se puso las manos sobre la cabeza. Comenzó a gruñir y gemir de dolor mientras se movía erráticamente.

  • ¿Sucede algo?
  • No puede ser… ¡Maldito Davis! Se…
Incapaz de completar la oración, cayó en el suelo, casi inconsciente. Shenglongmon se limitó a sonreír de oreja a oreja.

  • Parece que no lo reprimió tan bien.
  • Lo manipulaste. -sentenció AkuShenglongmon- Lo hiciste perder los nervios para que perdiera el control sobre la consciencia del joven Motomiya.
  • No todo el crédito es mío… Davis no tiene una mente tan débil como crees; si no, no sería un Niño Elegido. Y no rompí ninguna regla, ya que no usé mi magia para manipularlo mentalmente de manera directa. Además… tú hiciste lo mismo al borrar nuestro universo y a nuestros amigos en su cara. ¿Crees que no me di cuenta?
  • Calculo que sólo queda esperar a ver el resultado de su conflicto mental.
  • Tú apuéstale a tu caballo, Aku. Yo apoyaré a mi amigo. Vamos Davis. -se decía en su cabeza- Tienes la única mente mortal libre del Omniverso: úsala a tu favor.



______________________________




Davis sentía que caía por un pozo oscuro, siendo incapaz de gritar, pero también, con dudas sobre hacerlo: había visto en persona como todos y todo lo que conocía habían sido literalmente borrados sin misericordia. Ya no tenía familia, ni amigos, ni hogar… ni siquiera un lugar a dónde huir. Había decepcionado a sus amigos, había comprobado que era incapaz de derrotar a AkuShenglongmon. ¿Cómo derrotarlo? ¿Cómo convencerlo de que le conceda un deseo que hace que literalmente renuncie a sus poderes? ¿De verdad pensaba que podría tener éxito? Y lo peor, es que el maldito de Aku lo supo todo el tiempo: sólo jugó con sus esperanzas para hacerlas añicos en sus propias caras.

Y para empeorar las cosas, acababa de enterarse que tenía otro yo, otra personalidad… o una vida pasada, que era en resumen, un condenado genocida que odiaba a digimon y humanos por igual. El sólo pensar que alguna vez fue esa persona… lo aterraba y repugnaba a la vez. ¿Valía la pena seguir intentándolo?

Se hacía esa pregunta mientras descendía aún más en ese pozo mental, como cayendo en un profundo sueño. En un momento, recordó sus propias palabras cuando se decidieron a atacar la Megatorre: “¿Qué más podemos perder? ¿Cómo vamos a ir a luchar por salvar el Multiverso cuando no pensamos también en aquellas cosas pequeñas de la vida? La vida que ese estúpido dragón burócrata nos quitó.”

Era verdad: incluso esas pequeñas cosas de la vida eran algo por lo que valía la pena intentarlo y seguir luchando. Si no lo hacía, sus amigos y familia habrían muerto en vano, y esa otra versión suya ganaría, y también AkuShenglongmon.

Debía intentarlo… y más importante: DEBÍA GANAR.

Aquella fuerza de voluntad creció en intensidad en su interior, dándole las fuerzas suficientes para detener su caída en aquel vacío oscuro de su mente al que no quería ir, y emerger no sólo de las sombras, sino de aquella extraña tina con ayuda de aquel guante que sin saberlo, tenía en su mano izquierda. Es mi mente después de todo: tal vez no sé cómo funciona realmente este guante, pero puedo hacer que funcione como yo quiera. Apuntó hacia arriba con aquel guante, e imaginó que podía abrir el peculiar “ataúd” en el que se encontraba: del guante salieron un par de sierras circulares que cortaron la puerta del mismo; permitiéndole a Davis salir de allí con una simple patada, sorprendiendo a su contraparte, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el niño lo derribó de una embestida y le propino un par de puñetazos, separándolo de la peculiar consola.


  • ¿Me extrañaste?
  • ¡¿Cómo demonios te libraste?!
  • Es mi mente también, idiota. -le contestó Davis- Puedo hacer lo que quiera. Y una cosa que tengo planeado hacer una vez todo vuelva a la normalidad, es conocer al sujeto que inventó este genial guante.
  • Ahórrate tus sueños estúpidos, porque nada volverá a tu estúpida normalidad. ¡Centuriones! ¡Atrápenlo!
  • ¡Centuriones, atrapen a Cavil!
Para sorpresa de Cavil, los robot se detuvieron, y tras permanecer inmutables un par de segundos se pusieron del lado de Davis, lo que causó que el niño de traje negros e pusiera nervioso.

  • Qué… ¡¿Qué demonios están haciendo?! ¡Obedézcanme!
  • Nunca debiste haberme encerrado en esa tina. -le contestó Davis- Mientras estuve allí, pude ver tus recuerdos: lo que fuiste, lo que hiciste a Daniel, a los primeros digimon, a los humanos, lo que les hiciste a ellos. -señalando a los robots- Creo que les gustaría que los traten mejor, aunque sean sólo proyecciones de nuestra mente.
  • ¿Y qué piensas hacer con ellos?
  • Darles una pequeña ayuda. -Davis sacó su D3- ¡Digievolucionen!
Del D3 emergió una brillante luz blanca que se replicó en los cuatro robots, envolviéndolos por completo y transformándolos en… en algo que hizo al Davis malvado temblar y apartarse de la terminal: un Flamedramon, un Raidramon, un Magnamon y un UlforceV-dramon; por un momento, los ojos de los cuatro “digimon” destellaron en una luz roja.

  • No voy a permitir que retomes el control de mi cuerpo. ¡Serás tú el que viva reprimido en la oscuridad de una vez y para siempre!
  • ¿Quieres jugar a las batallitas digimon, Davis? Bien… -suspiró Cavil- ¡Pues te daré gusto, mocoso malnacido!
Detrás de él se formó un pozo de luz muy profundo en el que se tiró, dejando a Davis y a sus nuevos aliados completamente solos: de inmediato, todo el lugar se transformó, desapareciendo la planicie y la terminal en sí antes de que Davis pudiese tomar el control. El paisaje cambió abruptamente al de una ciudad bastante grande y casi futurista, pero totalmente en ruinas: en la lejanía flotaban extrañas naves con forma de estrella triangular, había columnas de humo elevándose por todas partes de la ciudad cubriendo el cielo, aunque no lo suficiente como para ver entre las oscuras nubes un orbe enorme, mucho más grande que la luna, y de color terroso. Eso no era una luna, sino un planeta… un planeta árido.


Nunca había estado allí en su vida, pero de algún modo, Davis sabía dónde estaba.

Cáprica.


  • ¿Recuerdas esto, Davis? ¡Nuestro mayor logro! ¡La casi extinción de la especie humana!
Se escuchó un rugido proveniente del cielo: al voltearse, Davis miró algo que lo aterró: era un Imperialdramon Modo Guerrero, como el que Shenglongmon le había mostrado como posible digievolución de V-mon cuando lo conocieron… O al menos lucía vagamente como uno, ya que este tenía una apariencia más similar a la de Machinedramon, y con los ojos brillando en una fulminante luz roja.

  • ¡Mira a lo que me obligaste a hacer! ¡A convertirme en una de las abominaciones de Daniel! Pero me he dado la libertad de hacerle unas mejoras… Hacerlo… de metal, y llamarlo ImperialMachinedramon.
  • ¡Qué patético! ¡Hablabas y hablabas de que odiabas a los digimon y todo eso, y te acabas convirtiendo en uno! ¡¿Y todo para qué?! ¡¿Para deshacerte de mí?!
  • ¡¡SÍ!!
El titánico digimon de metal disparó con los Cañones Giga Positrónicos que desplegó de su espalda y acopló a sus muñecas, apuntando directamente a Davis; el “Ulforce-V-dramon” usó su Escudo Ulforce para proteger a Davis del ataque, mientras Magnamon, Flamedramon y Raidramon atacaban al digimon mecánico con sus ataques de fuego, electricidad y plasma. En contra de lo que el Imperialdramon esperaba, esos ataques eran más fuertes de lo que se hubiese imaginado, obligándolo a ponerse a la defensiva.

  • ¡Eso es imposible! ¡Se supone que esos digimon son débiles ante Imperialdramon!
  • ¡Es mi mente, idiota! ¡Aquí no existen los niveles evolutivos! -se volteó hacia el Ulforce- Gracias. -el digimon asintió en silencio- Ve a ayudarlos; estaré bien.
  • No sé cómo te entiendo si no hablas, pero estaré bien; descuida. No puedo estar tan indefenso aquí.
El Caballero Azul asintió de nuevo y voló en dirección a ImperialMachinedramon para ayudar a sus compañeros; en tanto, Davis se escabullía entre los edificios en ruinas, sabiendo que él mucho no podría hacer ante un digimon tan grande. Al menos no de la misma manera que esos cuatro que ahora estaban luchando.

Arriba, ImperialMachinedramon lidiaba con cuatro digimon de los cuales sólo dos deberían de causarle problemas, dado su nivel evolutivo y que podían volar, pero Flamedramon y Raidramon con sus ataques constantes de fuego y electricidad, eran verdaderamente una molestia mayor. En la superficie, Davis evitaba los ataques que golpeaban el suelo y destrozaban la ya ruinosa ciudad, escabulléndose entre los escombros y edificios abandonados: recordó que ahora tenía ciertas habilidades, y ya las había usado en la Megatorre, ¿Por qué no aquí? El problema era que él seguía siendo humano, y el digimon en el que se había convertido Cavil era de nivel mega: incluso el mundo del subconsciente tenía ciertos límites, pensó.

Entonces tuvo una idea, que aunque arriesgada, le podían dar una oportunidad: el único problema era que implicaba ponerse al descubierto y esperar que sus aliados actuaran correctamente. Salió de su escondite, en medio de una amplia avenida de la ciudad, y comenzó a agitar los brazos: podía ser una manera idiota, pero funcionó, ya que apenas lo vio, ImperialMachinedramon apuntó sus Cañones Giga Positrónicos y disparó hacia él: de no ser por el UlforceV-dramon, hubiese recibido el golpe y… quien sabe.

El megadigimon azul tomó a Davis en sus brazos mientras sus compañeros distraían al titánico digimon mecánico con sus ataques, dirigiéndole cierta mirada de regaño al niño.


  • Sí, imagino que estás molesto por lo que hice. Lo lamento.
  • Pero escucha: tengo un plan. -Davis se acercó a su rostro, hacia donde debería de estar su oído, susurrándole su idea- Sé que es arriesgado, pero podría darnos una ventaja.
  • Por favor: no quiero ser un mero espectador, y menos en mi propia mente.
De alguna manera, Davis pudo entender que el UlforceV-dramon asintió, acordando ayudarlo en su arriesgado plan. Mientras tanto, ImperialMachinedramon seguía bajo ataque: Raidramon saltaba de edificio en edificio lanzando su Relámpago Azul contra él, Flamedramon se envolvía en llamas para atacarlo directamente, y en contra de lo que pudiera parecer, lograba golpearlo considerablemente, en tanto que Magnamon ocasionaba más daño con su Rayo de Plata que los otros dos digimon; todo intento por eliminar a esos digimon eran en vano, dado su reducido tamaño y gran velocidad.

Por otro lado, a Ulforce no se lo veía por ninguna parte, lo que hacía sospechar al enorme digimon mecánico.


  • ¡¿Qué demonios están tramando?! ¡¿Alguna clase de desesperado truco?!
  • ¡Den por sentado que nada les resultará! -su mirada se clavo en los tres digimon que tenía al frente- No puedo creer que hayan aceptado ser digimon al servicio de ese mocoso.
  • En fin: siempre hallo quien me decepcione. -gimió de fastidio mientras apuntaba con sus cañones a aquellos tres- Ustedes no son la excepción.
Al momento de cargar sus cañones, un rayo dorado con forma de V lo golpeó en el pecho, desviando su disparo hacia el suelo, y ocasionando un inmenso cráter en el asfalto. Otro disparo lo hizo retroceder hasta lograr que perdiera el equilibrio y se desplomara sobre un edificio de oficinas de fachada de cristal. Tardo unos segundos en reaccionar y ver a UlforceV-dramon en el cielo, sacando sus Sables Ulforce en ambas muñecas, quien de inmediato lo atacó con ellos en las cercanías de su cabeza, casi rozándolo, hasta volver junto a sus compañeros.

  • ¡¿Ese era su gran plan?! ¡¿Un ataque sorpresa?!
  • Convertirse en digimon dañó sus circuitos metacognitivos de manera irreparable.
  • ¿Qué están cuchicheando ustedes cuatro? -gruñó aún más enfadado- ¡Estoy cansándome de sus…!
Por el rabillo del ojo pudo distinguir una vaga silueta que se movía; paso menos de un segundo para identificarla, y sentir unas profundas punzadas en su ojo derecho; ImperialMachinedramon se cubrió el rostro con ambas manos, así como para atrapar al intruso, pero fue en vano: no tardó mucho para que éste se escabullera tras su nuca y desapareciera.

  • ¡¡¡DAVIS….!!! -rugió iracundamente con su ojo aún sangrante en aceite- ¡¡¡MALDITO HIJO DE PERRA!!
  • ¡El karma es muy duro! ¿Eh, Imperialcomotellames? ¡Estos poderes de pícaro son bastante útiles!
  • ¡Miserable sabandija: voy a…!
ImperialMachinedramon sintió un cosquilleo en su brazo antes de percatarse de que ya no podía moverlo, quedándole solo un Cañón Giga; los cuatro digimon atacaron hacia su brazo aun funcional de manera combinada: Los ataques de Flamedramon y Raidramon, más el Yihad Extremo de Magnamon y el Shining Ulforce combinados fueron lo suficientemente poderosos para destrozar el segundo Cañón Giga y el brazo hasta la altura del codo, provocándole un profundo daño a ImperialMachinedramon.

El UlforceV-dramon vio a Davis acercarse al pecho del digimon mecánico, y lo mantuvo vigilado para que este continuara su objetivo; ya con solo un brazo y además, paralizado, el titán robótico debía mover todo su cuerpo en un intento de deshacerse de sus enemigos o disparar rayos láser de su único ojo aun en funcionamiento, sin darse cuenta de los planes de Davis.


  • ¡Juro que te haré pagar por esto, Davis! ¡Cuando de encuentre…!
  • ¿Qué? ¿Me romperás el corazón? Perdona… ¡Pero me adelantaré por ti!
  • ¿¿¿QUÉ???
Davis no perdió tiempo y clavo con fuerza sus dos dagas en el pecho de ImperialMachinedramon, justo en la gema roja que correspondía a su diginúcleo: aun en su mente, esa forma correspondía a un digimon, y como tal, tenía un Diginúcleo que era su parte más vulnerable. El gigantesco digimon apenas pudo lanzar un grito ahogado al sentir esa punzada y ver a Davis dejar hincadas sus dagas en su cuerpo antes de que UlforceV-dramon lo recogiera en un parpadeo azul.

Del diginúcleo roto salieron cadenas de datos que acabaron envolviendo al digimon gigante antes de regresarlo a su forma original, al tiempo que el paisaje regresaba a la pradera cercada por montañas de antes, y en medio de la cual, estaban las ruinas con aquella consola triangular en medio. Los cuatro digimon aterrizaron cautelosamente alrededor de su enemigo derrotado, y Davis bajó con cuidado de UlforceV-dramon para tener de frente a su contraparte: seguía luciendo igual a él, pero con su ropa negra y un ojo sangrando. A pocos pasos de él reapareció la misma tina extraña donde Davis había sido “encajonado”.


  • Maldito… karma… -masculló el otro Davis al percatarse de la presencia de los cuatro digimon a su alrededor- Estarás feliz: hiciste lo mismo que yo hace tanto tiempo.
  • Me ahorraré tus discursos tontos para confundirme. -espetó antes de dirigir su mirada a los cuatro digimon- Sellémoslo de una vez y para siempre: no lo soporto.
Tanto Davis como Magnamon tomaron al otro Davis de los brazos, quien estaba bajo la atenta mirada de Ulforce, Flamedramon y Raidramon; el futuro prisionero no mostró resistencia, pero si mantuvo una expresión de absoluto odio hacia los que lo rodeaban. Estaba ya dentro de la tina, cuando decidió soltar unas últimas palabras, en especial a Davis, quien había tomado el pequeño control remoto que estaba sobre la consola.

  • No me podrás retener por siempre: tarde o temprano volveré a tomar el control de tu cuerpo.
  • Me aseguraré de que eso nunca pase, y que sigas siendo historia antigua: una muy antigua de la que nadie tenga que recordar.
  • Sabes que no podrás convencer a AkuShenglongmon de renunciar a sus poderes: te están obligando a realizar una misión imposible.
  • Seguiré intentando.
  • Buena suerte con eso… “hermanito”.
Harto de la conversación, Davis oprimió el botón que tenía en su mano, y fue testigo de como poco a poco su contraparte caía inconsciente hasta quedarse prácticamente dormido. La extraña tina se cerró con una tapa metálica y luego desapareció absorbido por el suelo. Dio unos pasos hacia la enigmática consola: sabía que al tocarla, volvería a tener el control. Antes de hacerlo, dio un último vistazo a los cuatro “digimon” que lo ayudaron.

  • Muchas gracias por la ayuda.
  • Él tiene razón: AkuShenglongmon nunca renunciará a sus poderes; no importa lo que diga o haga.
  • Pero aun así, debo intentarlo, ¿No?
  • “Sí.”
Davis se sobresaltó al oír por primera vez a los cuatro “digimon” hablar al unísono; sonaban extraño, con un tono ligeramente robotizado, pero tomando en cuenta lo que habían sido ellos anteriormente… ¿Y qué quería significar aquello?

No importaba: tocó la superficie cristalina y húmeda de la consola, despidiéndose de sus aliados, sin dejar de pensar en V-mon y el resto de sus amigos.
 
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ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Ambos dragones digimon vieron al niño humano despertarse poco a poco, frotándose los ojos con las manos y poniéndose de pie con algo de torpeza, como si acabara de despertar de un largo sueño. Bastó con ver la expresión de su rostro para saber quién era el que había recuperado la consciencia.

  • Regresó, joven Motomiya.
  • ¡Lo hiciste! -exclamó Shenglongmon bastante entusiasta- ¡Bien, Davis!
  • Estoy seguro que esperabas a alguien más.
  • Admito que hubiese preferido el regreso del Honorable Cavil… pero este resultado era también predecible. Pese a sus cualidades, sigue siendo un mortal atado a emociones como la ira, la venganza y la envidia.
  • Muy parecido a ti. -añadió Davis sin una pizca de temor- Con razón lo admiras tanto.
  • Sabe que aún debe convencerme para concederle su deseo, joven Motomiya.
  • ¿Qué tal del hecho de tu ridículo concepto de madurez al asimilarlo con la completa antipatía y la indiferencia? ¿O lo estúpido de querer quedarte completamente solo en la absoluta Nada? Sin nadie con quien hablar o con quien pasar el rato. ¿O de lo ridículo del hecho que usas esa fachada de ser desprovisto de emoción para ocultar tu odio hacia Shenglongmon y tu miedo a Chaos? ¿De verdad quieres estar solo? ¿No quieres tener amigos?
  • No preciso de compañía, ni preocuparme por nadie: el sentir afecto hacia alguien, además de ser una necesidad superflua, es una ilusión que oculta el deseo del ego del individuo de ser amado bajo un manto de altruismo y aprecio al prójimo: cuando usted dice que ama a sus amigos, realmente ama que estén a su lado y que lo valoren; no a su persona en sí.
  • ¡Eso no es verdad! ¡Estén vivos o muertos, yo los aprecio!
  • Y esa ilusión, es uno de los caminos que llevan al caos. ¿No siente acaso dolor por su pérdida? ¿No quiere librarse de ese dolor? Es muy sencillo: renuncie a su ilusión y será completamente libre.
  • Me cuesta creer que seas parte de Shenglongmon. No quieres preocuparte por nada ni por nadie. ¿No buscas el perdón? ¿No sientes siquiera un mínimo de arrepentimiento por todo lo que hiciste? ¿Los mundos que destruiste? ¿La gente que mataste? ¡Maldita sea: extinguiste a tu propia especie y la trataste como si no valiera nada!
  • El perdón es compasión, y no preciso de la misma. Es ilógico sentir arrepentimiento por hacer lo correcto, y más ilógico aún buscar el perdón de seres imperfectos como usted, Sheng Li, el resto de los mortales, o del Creador mismo.
  • Eres irredimible… -susurró Shenglongmon- Demonios…
  • Si no tiene más argumentos, joven Motomiya, lamento decirle que su segundo intento de convencerme no ha resultado. -sentenció Aku, regresando a su escritorio y tomando asiento- Le quedan diez minutos, por lo que le recomiendo que piense detenidamente sus siguientes palabras.
  • De lo contrario me matarás.
  • Está en lo cierto.
El sabor de la derrota se sentía en la boca del niño: era imposible convencer a Aku de renunciar a su magia; después de todo, estaba por ganar, aunque poco o nada le importara realmente. Miró al pequeño Dracomon, quien tenía una expresión igual de desilusionante en su rostro, aunque con una mirada extraña en los ojos, ¿Acaso planeaba algo? ¿O también se sentía decepcionado?

  • Lo lamento, Shenglongmon. Hice todo lo que pude.
  • Lo sé… Y te lo agradezco mucho, Davis. Yo también lo lamento.
  • ¿Qué cosa?
  • Yo también albergaba un ápice de esperanza en que Aku retuviera, en algún lugar de su ser un atisbo insignificante de redención. -suspiró profundamente- Fui un ingenuo… otra vez. Y un cobarde. -suspiró nuevamente- Pero no hay alternativa.
  • ¿De qué hablas?
  • Davis, ¿Aún confías en mí?
  • Claro… ¿Por qué preguntas eso?
  • Porque te daré un buen argumento para presentarle a Aku y te cumpla tu deseo. Haz exactamente lo que te diga. -Davis asintió, algo dubitativo- Bien: ahora dame algo de espacio, por favor.
Davis se apartó un poco del pequeño Dracomon, preguntándose qué tenía planeado hacer… y en por qué no lo hizo antes. El pequeño digimon verde puso sus manos sobre su pecho, a la altura del corazón, y cerró los ojos: de su pecho comenzó a brotar un haz de luz blanca y brillante que comenzó a cambiar de color hasta desvanecerse; todo ante la mirada cargada de intriga y sospecha del Dragón de la Nada. Casi al instante, Davis sintió algo materializarse en su mano izquierda; al desviar su mirada hacia ella, vio un objeto del tamaño de la palma de su mano: era redondo, metálico, con una minicúpula de vidrio que dejaba ver un interior de aspecto electrónico, aunque más avanzado de lo que hubiera visto alguna vez.

Apenas lo vio, AkuShenglongmon pareció alterarse, a juzgar por una fugaz expresión de exaltación en su rostro que Davis pudo ver. ¿A qué le tenía tanto miedo?


  • Sh… Shenglongmon, ¿Qué es esto?
  • Sheng Li… No serías capaz de…
  • Ese es mi Diginúcleo, Davis. En su forma física.
  • ¿Qué cosa? ¿Esto es tu…?
  • Exacto: es básicamente todo mi ser. Su forma física es la de un circuito sumamente avanzado conocido como procesador metacognitivo, que fue inventado hace más de ciento cincuenta y cinco mil años, y que de hecho, fue la base del Diginúcleo mismo.
  • Increíble.
  • Y ahora, quiero que lo destruyas.
  • ¡¡¿¿QUÉ???!!
No podía creer lo que estaba oyendo; la conmoción casi causo que el Diginúcleo se le resbalara de las manos.

  • Sheng Li… No puedes hablar en serio.
  • Por primera vez estoy de acuerdo con Aku, ¡No puedes hablar en serio!
  • Como sabes, Aku y yo somos prácticamente el mismo ser. Tal vez no se note mucho, pero él realmente no tiene Diginúcleo: es sólo maldad pura con forma de digimon; literalmente un ser hueco. Y es por eso que tanto me desprecia y el que no pueda matarme: porque su existencia está atada a la mía.
  • O sea que si destruyo tu Diginúcleo… -el Dracomon asintió en silencio- Por eso le diste esta forma física.
  • Así es.
  • Es la mayor irresponsabilidad que he oído de ti, Sheng Li. -comentó Aku, con un tono ligera pero siniestramente enfadado- Y eso es decir mucho de ti.
  • ¡¡CÁLLATE!! ¡Mi mayor irresponsabilidad fue haber prolongado esto demasiado! ¡Todo esto que hiciste pude haberlo evitado…! Pero no quería morir… -Shenglongmon comenzó a llorar; Davis no pudo evitar sentir pena por él- No quiero… morir… ¡Pero mucho menos quiero saber que tú hayas ganado! ¡Y menos ahora que sé de Chaos! ¡¡ME NIEGO A VIVIR TODA LA ETERNIDAD A TU LADO EN TU RETORCIDA VISIÓN DEL MUNDO!!
  • Sheng Li… Tú no…
  • Yo… yo no…
  • Lo lamento… -volvió a decir el Dracomon- Aunque me mates, y nos deshagamos de Aku, su Entropía Silenciosa desaparecerá… pero los universos que destruyó y todo lo que tenían…
  • ¿Ellos no volverán?
  • Podré mandarte a otro universo, con alguien de mi confianza; tal vez… consigas a alguien más que te ayude, pero no lo sé. Es una pérdida, pero es mejor a la alternativa.
  • ¡Yo no quiero matarte! -exclamó Davis, sumamente alterado- ¡No me obligues a hacer esto!
  • Tú aceptaste este camino, Davis; lo lamento.
  • No lo permitiré.
Para sus sorpresa, Aku atacó a Davis con una onda expansiva de aspecto pixelado, que al principio trató de convertir en piedra partes del niño, de los pies a las manos, pero el efecto fue anulado rápidamente; Davis pudo ver que Shenglongmon se enfrente suyo, extendiendo sus pequeñas manos hacia adelante, siendo el responsable de anular el ataque del Dragón de la Nada.

  • No me sorprende que ataques a un niño… ¡Pero atacar a quien estás obligado a cumplirle su deseo es muestra de tu desesperación! ¡Llamarás la atención de alguien del Consejo!
  • No me importa; no pienso dejar que nos mates, Sheng Li: no por algo tan insignificante como tu infantil versión del mundo.
  • ¿Quieres saber algo? ¡Cometiste un error al matar a mis amigos: ahora que ya no están, me es más fácil proteger a Davis! -desvió su mirada al niño- ¡Rápido, hazlo!
  • ¡Pero…!
  • Tolerar tu presencia por toda la eternidad es un pequeño precio a pagar en comparación a tu irracional idea de suicidio, Sheng Li. -añadió un Aku con el ceño fruncido que aumentaba la potencia de su ataque- Sabes lo que nos espera.
  • Sí, lo sé…
  • Y aun así…
  • Amo demasiado a este mundo como para permitir que esté en tus manos.
  • No… No pienso morir. ¿Escuchaste, Sheng Li? ¡¡¡¡YO… NO PIENSO MORIR!!!
Era la primera vez que Aku mostraba una emoción verdadera; ni siquiera cuando este le confesó a Shenglongmon su más sincero odio había cambiado su voz en tono neutro: ahora, tanto Davis como Shenglongmon estaban atónitos de oírlo, y más con ese desgarrador grito, un rugido que pudo haber desgarrado la realidad si el universo en el que estaban no hubiese sido borrado antes, pero se limitó a destruir todo el techo y las paredes del penthouse y los cristales de la Megatorre.

Concluyeron que estaba consumido por la rabia, pero más que nada, por el miedo: el miedo a morir.


  • ¡SABES LO QUE PASA CUANDO ALGUIEN MUERE! ¡SU ALMA VA AL SHEOL A DORMIR, Y VIVIR EL MÁS ALLÁ EN SUS SUEÑOS!
  • Sí.
  • ¡¡¡VIVIREMOS UN INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD, SHENG LI!!! ¡¡JAMÁS NOS PERDONARÁN: NI AUNQUE TÚ SEAS PARTE DE MI!!
  • ¿Qué no era que no buscabas perdón? -insinuó Davis, aun perplejo por lo que estaba presenciando- Parece que finalmente se te cayó la máscara.
  • ¡¡¡CHAOS-SHENGLONGMON ESTARÁ ALLÍ!!! -Aku parecía estar a punto de derrumbarse- ¡¡SEA EL REAL O NO, SERÁ LO MISMO!! ¡¡NOS TORTURARÁ, ABUSARÁ DE NOSOTROS POR SIEMPRE!! ¡Como… como lo hizo hace… tanto tiempo! -poco a poco, esa emoción en su voz se apagó- Como yo… lo recuerdo.
  • Viviremos un infierno, pero el hecho de saber que perdiste y que buena parte del Omniverso regresó a la normalidad, aliviará el sufrimiento.
  • Estás loco: no pienso volver a vivir lo de Chaos nunca más.
  • Me gusta más cuando tienes ese temor en tu voz, Aku. -sonrió Shenglongmon; algo se materializó en su mano- Quiero oírlo de nuevo.
Para sorpresa de Davis, el pequeño Dracomon había materializado un pequeño puñal en su mano derecha… y rozó el filo sobre su brazo izquierdo, sintiendo un fuerte ardor, seguido de una sensación de creciente agotamiento. Lo más sorprendente era que Aku también la sintió, pues de su brazo comenzó a manar sangre oscura y espesa, así como humo negro… y por la expresión de su rostro, también le estaba doliendo.

  • Qué… estás haciendo.
  • A pesar de todo… nuestro poder, seguimos… siendo digimon. -jadeó un inusualmente agotado Shenglongmon- Y Daniel… programó nuestra data con un… “mecanismo” de seguridad en caso de que… nos saliéramos de control. Uno que se aseguró… junto a los seres mágicos, fuese inalterable.
  • Ese puñal… tiene…
  • Está bañado… en aceite de manzanillo.
  • ¿Qué? -exclamó Davis- ¿Esa es la debilidad de los digimon? ¿La esencia de una planta?
  • ¡No es manzanilla! El manzanillo es… una de las plantas más tóxicas de la Tierra, Davis. Todo en ella… hojas, flores… frutos, semillas… ramas… es tóxico. Para los digimon… es como ácido: una gota de savia de manzanillo… atraviesa el Chrome Digizoid más duro… como si fuese mantequilla.
  • No te puedo creer. ¡Entonces morirás envenenado!
  • Por ser seres… mágicos, no… tan rápido. Pero… sufriremos mucho. -respondió jadeante y sudoroso, sonriendo al ver como su contraparte se sentía igual de mal- Hay… un antídoto en mi caja… de herramientas. -esta apareció a los pies de Davis- Ya que… no podemos… invocarlo directamente, lo conseguí… de manera no mágica… y lo puse allí… hace años.
  • No lo piensas tomar.
  • No… -Davis creyó que le guiñaba el ojo- Destruye… mi Diginúcleo.
  • Sheng Li… ¡NO SEAS ESTÚ…!
Aku dejó de hablar, paralizado de horror: el niño humano tenía el Diginucleo contra el suelo y un puñal en su mano derecha, cuya punta rozaba con el cristal de la minicúpula, amenazando con agrietarlo. Lo que más espantó al Dragón de la Nada era esa mirada de determinación del niño.

  • Joven Motomiya…
  • Intenta hacer algo, y lo destruiré.
  • Y yo evitaré que le hagas algo antes de que muramos.
  • Si hace eso… matará a Sheng Li.
  • Y a ti.
  • Sheng Li mismo… lo dijo: no hay… posibilidad de que su universo… sea restaurado si morimos.
  • Si no me queda más que ser huérfano en este Omniverso, no tendré más que aceptarlo.
  • No ganará… nada. NADA.
  • Estarás muerto, y el resto de la Realidad a salvo. -contestó tajantemente, aumentando suavemente la presión sobre el cristal- A mí me parece que SÍ es algo.
  • Pierde… su tiempo.
  • ¿Querías un argumento convincente, AkuShenglonogmon? Aquí te tengo uno bueno: me concedes mi deseo, y sigues vivo; te niegas a hacerlo, y mueres: sea de manera lenta y dolorosa por envenenamiento, o de manera rápida destrozando tu Diginúcleo. Claro que en ambos casos, tú pierdes… pero es un pequeño precio a pagar por no tener a ChaosShenglongmon pegado a ti por toda la eternidad en el Mas Allá. ¿Qué dices? Es una oferta tentadora, ¿No?
Era todo o nada, y Davis lo sabía: si amenazar la vida de Aku no era argumento suficiente, entonces estaba todo perdido. ¿Por qué no lo pensó antes? ¿Tal vez por el hecho de que era prácticamente invencible, todopoderoso y de voluntad inquebrantable, lo cual ocultaba una debilidad tan evidente? Todo lo que oyeron de él, todo lo que habían visto de lo que era capaz, era suficiente para abrumar a cualquiera y desviar su atención de cualquier punto débil tan obvio. Incluso Shenglongmon temía a la muerte.

Aku lucía nuevamente estoico, aunque sumamente pensativo, ocultando lo que realmente sentía en ese momento. Davis lo miraba detenidamente, esperando su respuesta, e intercalando miradas hacia Shenglonmgon, quien seguía sudando y jadeando a causa del veneno. Pese a ello, el pequeño Dracomon le dirigió una amplia sonrisa y un pulgar en alto.


  • Su argumento… es… razonable, y convincente, joven Motomiya.
  • Entonces… concederás mi deseo.
  • Así es. -Aku tomó su celular y apretó unas teclas; el formulario de deseos que había completado Davis apareció frente al mismo- Dele… un último vistazo, antes de que lo… selle… por favor.
  • Como sea. -Davis lo tomó y revisó atentamente los papeles; todo estaba en orden- Está bien: ahora séllalo.
  • Como diga.
Sin decir más, Aku tomo asiento en su escritorio caminando algo tambaleante, hizo que el formulario apareciese sobre el mismo, tomó un sello de su cajón y selló cada una de las hojas. Tras acabar, el formulario desapareció tras una nube pixelada gris, momento aprovechado por Shenglongmon para tomar el antídoto y recuperar su Diginúcleo.

Repentinamente, Davis sintió que era arrastrado por la fuerza hacia el Dragón de la Nada, estando a centímetros de su rostro, pues ya no había escritorio: podía sentir en su mirada y en su expresión lo que realmente sentía hacia su persona, y lo que acabaría diciendo. Antes de siquiera hablar, Aku acercó su mano derecha hacia el pecho de Davis -manteniendo la izquierda a sus espaldas-, y la introdujo en su cuerpo como si de un fantasma se tratara, haciendo que el niño quedara sin aliento y sintiera como si su mano rebuscara entre sus entrañas. Shenglongmon gritó horrorizado, creyendo que lo mataría.

  • No… lo mataré, Sheng Li. No hay necesidad.
  • ¡Suéltalo!
  • Se ha… ganado mi desprecio… joven Motomiya.
  • ¿Ah, sí?
  • Debe de saber… que nunca antes he manifestado emoción alguna. Es… humillante.
  • No pasaré por alto esta falta. -entrecerró los ojos- Al final, usted debe saber, así como tú Sheng Li, que la Nada siempre acaba ganando.
Su mano salió del cuerpo de Davis, arrastrando algo semejante a un espectro oscuro y viscoso que dejó escapar en medio de la oscuridad. El niño seguía allí, pero ya podía respirar.

  • ¿Qué… Qué me hiciste?
  • Le he dejado un recuerdo a usted y sus amigos. Descuide: él los encontrará… tarde o temprano.
  • ¿Quiere decir que…? No: me preocuparé por eso después. No me importa: cumple con tu parte del trato.
  • Adelante, cumple mi deseo… “abuelo”.
Aku soltó al niño y lo regresó junto a su contraparte más pequeña; se puso de pie e hizo flotar su teléfono celular, preparándose para cumplirle el deseo a Davis. Tras darle “Conceder Deseo”, el celular quedó envuelto en luz, y del cual salió un haz de luz plomiza y pixelada que a medida que se acercaba al Dracomon, cambiaba a una apariencia más chispeante y multicolor hasta cubrir al digimon verde por completo y convertirlo en un orbe de luz que se elevó sobre la Megatorre, al momento en que el celular perdió su resplandor desvaneció tras una nube pixelada con las palabras “Transferencia Completada”: fue entonces que tanto la forma humanoide de AkuShenglongmon como su forma original se desvanecieron.


Davis no tardó en darse cuenta de que el Dragón Esmeralda pronto regresaría en toda su gloria: las nubes de tormenta fluorescentes, los rayos de colores, los truenos y aquella música de rock and roll que resonaba en el oscuro cielo eran su característica carta de presentación.

Dracomon warp digivolve a… Shenglongmon!!!

De las nubes surgió su característica forma serpentiforme gigante de relucientes escamas verde esmeralda envuelto en cadenas doradas y los doce orbes naranja orbitando a su alrededor, mientras que en el suelo, y casi al mismo tiempo, hacía aparición su forma humanoide: el Slayerdramon de armadura verde esmeralda.

  • ¡Ha vuelto el dragón mágico multiversal más querido por el público! -habló la forma humanoide, tronando los dedos y haciendo estallar fuegos artificiales sobre sus cabezas- ¡El único, el original, el más sexy… Shenglongmon!
  • ¡Regresaste! -Davis no pudo resistir la tentación y corre a abrazarlo; el dragón no se lo negó- ¡Y sigues siendo el mismo cabeza dura de siempre!
  • ¡Oh, vamos! Eso nunca cambiará de mí; con o sin magia.
  • Vaya… -Davis miró sobre el hombro del Slayerdramon verde; el gigantesco dragón oriental seguía flotando allí- Me había olvidado de que tu forma original es gigantesca: siento como que pasé años viéndote como un pequeño Dracomon.
  • Podrías tener razón. -respondió el Shenglongmon gigante, acercándose a ellos- Quien sabe.
  • Espera… ¿Cuál de ustedes es el verdadero?
  • Ambos. -contestaron al unísono- Como tengo mis poderes completos…
  • Puedo romper todas las leyes de la lógica sin problema. -completó el Slayerdramon, soltando el abrazo- Ufff… este lugar es deprimente: todo vacío, hueco y sin alma. ¿No crees que falta algo, Davis?
  • Pues… ¡El universo ENTERO para empezar!
  • Empecemos con lo más importante, ¿Qué dices?
Al instante, tronó los dedos, y a su alrededor se materializaron todos sus amigos que habían muerto minutos antes: el primero en correr hacia Davis fue V-mon, quien literalmente envistió al niño en señal de lo feliz que estaba de verlo; TK y los demás no tardaron en hacer lo mismo y felicitarlo junto a los demás digimon.

  • ¡Lo lograste, Davis! ¡Sabíamos que lo harías!
  • Vamos, Yolei; ni tú te crees eso.
  • ¡Trato de ser amable, idiota!
  • Yolei, acabamos de revivir, -le suplicó Hawkmon- ¿No sería mejor ser más amable con él?
  • ¡Hey! ¿Qué tal la experiencia en el Más Allá, chicos? -les preguntó el Dragón Esmeralda- Me tomé la libertad creativa de no borrarles sus recuerdos estando allí.
  • ¡Pues la verdad, fue bastante…!
  • Oye… Y a todo esto, ¿Dónde está AkuShenglongmon?
  • ¡TK: quería oír la experiencia de Devidramon! ¡Apuesto a que fue genial!
  • Bueno… está allá. -señalando hacia un punto- ¿Lo ven?
El grupo entero desvió la mirada hacia ese lugar, encontrándose con un pequeño Dracomon de piel gris oscuro rozando al negro, cuernos y alas de tonalidad plomiza y ojos grises como el grafito, vistiendo un pequeño saco negro elegante con camisa blanca, una corbata de moño negra y un pequeño sombrero de copa negro; tenía en su mano su característico teléfono celular, aparentemente inútil.

De inmediato este fue rodeado, sin que esto lo inmutara. Antes de ir hacia él, Shenglongmon tomó el libro que hace apenas unos minutos fue una cinta de video, y lo guardó.


  • Aku…
  • Tus presentaciones siempre son… extravagantes, Sheng Li.
  • Es mi manera de ser.
  • Lo sé… Y lo encuentro bastante inmaduro e irritante. -suspiró- En fin.
  • Me ahorraré la cháchara: te largas a tu amada y puta Nada.
  • Y sigues con tus pésimos modales, Sheng Li.
  • Ehm… ¿No se supone que YA estamos en la Nada? -cuestionó D’arcmon-
  • Espera… -preguntó TK- ¿Lo vas a dejar ir?
  • ¡Habría que castigarlo por todo lo que hizo!
  • Si bien, es por otro motivo, concuerdo con el joven Patamon por su reacción a aquella decisión tuya tan intrigante, Sheng Li.
  • Tómalo como muestra de que no soy malvado como tú.
  • Estás mintiendo.
  • Bueno, ya… Sencillamente no te soporto, ni quiero verte nunca más dentro de la Existencia ni de lo que quede de Eternidad. ¿Alguien está en contra? -nadie a su alrededor levantó la mano- Bien, ¿Unas últimas palabras?
  • Sólo que me parece muy ingenuo que creas que ganaste.
  • ¿De qué hablas? -preguntó Blackwargreymon- Perdiste tus poderes, ya no puedes hacer tu mundo ideal ni nada.
  • Black tiene razón: perdiste; ya no puedes realizar tus planes.
  • Sigue creyendo eso, Sheng Li.
Sin embargo, la duda ya se había plantado en el Dragón Esmeralda, ¿De qué hablaba realmente su contraparte? Prefirió no preguntárselo, pues sería una pérdida de tiempo, por lo que procedió a acelerar su partida: con las garras de su mano, el Shenglongmon gigante rasgó en el aire, creando una fisura en la realidad que conducía a la Nada misma.

Una enorme grieta de borde luminoso espectral cuyo interior era aún más oscuro se formó, atrayendo poco a poco a Aku a su interior; el impaciente Shenglongmon le dio una buena patada para acelerar su partida, causando que el pequeño Dracomon negro se perdiese en la lejanía. De reojo, vio algo que le heló en sus entrañas: Aku seguía observándolo a medida que entraba a la Nada misma, saludándolo cortésmente agitando su mano derecha y quitándose el sombrero de copa como todo caballero, y… ¿Acaso… estaba… sonriendo?

Antes de sellar la grieta, hizo lo único que podía hacer en esa oportunidad que nunca más se repetiría.


  • ¿Le estás sacando el dedo de en medio a la Nada?
  • Mucha gente sueña hacer eso con Dios, Devidramon. Yo, por mi parte… le digo a la Nada y a Aku… que se jodan. -todos se golpearon la cabeza con la mano- ¡Hey! ¡Ustedes harían lo mismo en mi posición!
  • Como sea… tenemos cosas que hacer.
El Slayerdramon verde desapareció en una cortina de humo multicolor, dejando perplejos a los humanos y digimon, hasta que la cabeza gigante del Shenglongmon en su forma real se acercó a ellos.

  • Vamos, suban: tenemos un largo camino.
  • ¿A dónde vamos?
  • ¡A muchas partes, chicos! Daremos una pequeña vuelta mientras arreglo este desastre, y luego volveremos a casa. ¡Vamos, suban a mi cabeza, que no soy resbaloso ni muerdo! Nada les pasará.
Uno por uno, subieron con cuidado sobre la cabeza de Shenglongmon, acomodándose cuidadosamente entre sus cuernos.

  • ¿Ya están todos?
  • ¡¡¡SI!!!
  • Bien, Davis… Haznos los honores.
  • ¿Cómo hago eso?
  • Usa la vieja confiable… Lo que siempre se usa en estos casos.
  • Ah… ¿Pero no se supone que ya usé mi deseo?
  • Oh, vamos… ¡Es tradición! De por sí te debo un par de deseos como agradecimiento.
  • Si lo pones de ese modo… ¡¡Deseo que todo vuelva a ser como era antes de que AkuShenglongmon apareciese!!
  • ¡¡Así me gusta!! ¡¡Ahora sujétense fuerte, que iré muy, muy, MUY RÁPIDO!!
No mintió cuando dijo que volaría sumamente rápido: despegó con tal ímpetu que desintegró lo que quedaba de la Megatorre, sin disminuir la velocidad en ningún momento.Aunque no había peligro de que cayeran, los niños se aferraron a las escamas del Dragón Esmeralda.

  • ¡¿Qué… tan… rápido… piensas ir, Shenglongmon?!
  • ¡Ya hemos roto la barrera del sonido… de la luz…!
  • ¡¡¡¿¿¿DE LA LUZ???!!!
  • ¡¡Ahora sólo nos queda romper la última: la barrera del tejido espacio-tiempo!!
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEE???!!!
  • Prepárense… Saldremos de nuestro universo en tres…
  • ¡Espera! -gritó Yolei- ¿No podrías hacerlo más fácil teletransportándote o algo así?
  • Sí… -siseó, deteniéndose en seco- Podría, sí… quizás… ¡Pero mi método es más divertido! ¡Tres…!
Automáticamente retomó la velocidad anterior, causando que todos gritaran; en un momento dado, y en medio de la oscuridad, se “zambulló” o “atravesó una barrera invisible como si fuese de agua, y emergió en un lugar completamente diferente: de vastedad virtualmente -y muy posiblemente- infinita y de tonalidad gris. Cuando los Elegidos y los digimon miraron a sus espaldas, notaron una negrura inmensa rodeada de un halo espectral igualmente gris, como si miraran una enorme burbuja, mientras que delante suyo y alrededor, había, de hecho, un número interminable de aquellas “burbujas” que se extendían hasta el infinito, y entre varias ellas, una estela pixelada de color gris cual telaraña cósmica. El interior de casi todas las burbujas tenía una auténtica telaraña de luz en tono gris apagado y sumamente organizado.

  • ¿Estamos donde creo que estamos?
  • Más bien, Davis… ¿Vemos lo que creo que estamos viendo?
  • Sí, TK: ¡Estamos viendo el Multiverso mortal! ¡Cada una de esas burbujas es un universo!
  • ¿De verdad el Multiverso se ve así?
  • Bueno… es la mejor forma en que podríamos interpretarlo con nuestros sentidos, Ken -contestó el Dragón Esmeralda, dejando a todos boquiabiertos- ¡Ufff… que desastre hizo Aku! ¡Todo gris y aburrido! ¿Ven esa telaraña pixelada gris? ¡Es el Vacío Abisal! Se supone que es ondulante, colorido y caótico… ¡Miren como lo dejó! Nunca entendí qué veía Aku en el estilo de magia de los pixies.
  • Veo un brillo rosa a lo lejos. -señaló Yolei- ¿Eso es…?
  • ¡Es la señal de que Aku perdió justo a tiempo!
  • ¿Y qué es eso de abajo? -preguntó Mummymon- ¿Y por qué está negro?
  • Es nuestro universo… o lo que queda de él: un espacio hueco, una burbuja de nada: no durará mucho. Demos un pequeño vistazo a los alrededores.
Sin decir más, se sumergió en un tramo de la estela gris: el interior de la misma era como un túnel neblinoso de cubos transparentes casi etéreos del tamaño de un dedal en los que reinaba una absoluta calma. Recorrieron el interior de ese túnel por lo que parecieron casi diez minutos -aunque era difícil precisar el tiempo-, viendo la misma monotonía en todas partes. Entonces Shenglongmon se detuvo de golpe; frente a los niños y digimon se materializó su forma de Slayerdramon.

  • ¿Qué estás haciendo?
  • Es más fácil hacerlo con esta forma, Patamon.
  • Querrás decir más divertido.
  • Oh… mátenme por darle algo de estilo a mi magia. -en el acto, escupió en la palma de sus manos, las frotó y luego tronó los dedos- Bien… estoy listo.
  • Qué bueno que recuperaste tus “modales”, Shenglongmon.
  • Aprecio tu sarcasmo, TK. -sonrió al momento de hacer aparecer sobre la cabeza de su forma serpentiforme un volante con pedales y un martillo y una llave de tuercas doradas en sus manos- Empecemos con el show… ¡OMNI…!
  • ¿Para qué son esas herramientas?
  • Aghh… Son parte del hechizo… O más de utilería ¡OMNI…!
  • ¿Y ese volante? -preguntó Ken- ¿Acaso te piensas conducir a ti mismo?
  • Es una señal de mi autocontrol.
  • ¡Bah…! Todos son críticos. ¡OMNI…!
  • Que mal chiste.
  • ¡¡CARAJO!! ¡¿QUIEREN QUE REPARE LA EXISTENCIA O NO?! -todos exclamaron con un ávido SÍ- Bien: no me interrumpan y sujétense fuerte: ¡OMNI…! Momento… -hizo aparecer un reproductor de CDs que flotaba- Olvidé poner la música: no podemos reparar la Existencia sin una banda sonora épica y acorde al momento. A ver… ¡Ya, la encontré!
  • ¡¡¡SHENGLONGMON, HAZLO YA!!!
  • ¡TA, TA, TAAAA! Es que no me tienen paciencia.
  • ¡¡¡OMNIVERSUM… RESTITUIO… STATUS QUO!!!
Las herramientas que tenía se convirtieron en luz dorada y se desintegraron en chispas de luz que envolvieron a las formas de Shenglongmon; tanto el Slayerdramon verde como el dragón gigante comenzaron a brillar con una luz blanca que pronto alternó a tonos multicolores. Entonces, el Slayerdramon tomó el volante, pisó el acelerador, y comenzó a volarse a sí mismo y a sus “pasajeros” a lo largo del túnel, y tanto él como su forma gigante liberaron de su cuerpo una onda de choque compuesta de chispas de colores y un sonido similar al de fuegos artificiales que se esparció por todo el túnel y de allí, al resto del Multiverso.

A medida que el efecto se esparcía, anulando la Entropía Silenciosa, el túnel gris y pixelado era reemplazado por uno de luz ondulante, colorida y muy brillante, mientras que los universos abandonaban su brillo opaco y plomizo por uno de suave luz dorada similar al tono latte. Todo regresaba a la normalidad: desde la Galaxia Mística y los seres mágicos hasta los cuasi infinitos universos mortales; la Naturaleza volvía a ser indómita, salvaje, variada e impredecible, con depredadores, presas y catástrofes naturales y cósmicas, así como llena de vida y esplendor; las personas eran nuevamente libres de ejercer su libre albedrío y autoconsciencia: capaces de amar, de odiar, de llorar, temer, quejarse, pensar y soñar; las civilizaciones podrían continuar existiendo, extinguiéndose, nacer, decaer o renacer, acorde a la voluntad de sus fundadores.

Los seres mágicos que no habían caído a la Entropía Silenciosa se sintieron aliviados al saber que esta ya no trataba de asimilarlos y su efecto era anulado, y pronto estallaron en celebración.

O casi todos.

Los universos borrados fueron reconstruidos en su totalidad, partícula subatómica por partícula subatómica, y todos sus seres vivos fueron revividos sin excepción, entre ellos los digimon de todo el Multiverso, y todos ellos sin recuerdos de haber caído en la Entropía Silenciosa o de haber sido asesinados.

Las únicas excepciones eran aquellos amigos de Shenglongmon en otros universos, las Hermandades Sagradas del Digimundo natal del Dragón Esmeralda, y las personas con la que TK y sus amigos lograron comunicarse mediante aquella pulsera: todos ellos se emocionaron en sobremanera al ver que habían vuelto a la vida. En el caso de la señora Takaishi, esta lloró de emoción al descubrir que estaba viva y su casa a su estado normal -y con colores-, llamó a su exesposo, pero sólo recibió respuesta de su hijo mayor, quien tras una breve conversación de su “gira inesperada” en Estambul, le dijo que quedaba claro que TK y sus amigos habían logrado tener éxito.

La Existencia había vuelto a la normalidad: imperfecta, peligrosa, pero al mismo tiempo maravillosa.




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Shenglongmon y sus acompañantes observaban todo desde un punto fuera del Vacío: todo se veía como antes: brillante, colorido, vivo…a pesar del solemne silencio que reinaba allí.



  • Ya está: todo regresó a la normalidad.
  • ¿Así tan fácil? -cuestionó Cody- ¿Sólo un espectáculo de luces y colores y ya está?
  • Nada te impresiona, ¿Eh, Cabeza de Huevo? Bueno, si quieres pruebas, volvamos a nuestro universo; de todos modos, tenía pensado ir allí.

El Dragón Esmeralda no se inmutó en volver a deslizarse por el espacio interuniversal con suma rapidez a través del Vacío Abisal, ahora un túnel estroboscópico y caleidoscópico de color, magia y caos puro, hasta llegar a su lugar de origen: su universo lucía como los demás, con su interior repleto de puntos luminosos enmarañados en una telaraña y con un suave brillo dorado. Antes de que alguien pudiese decir algo, Shenglongmon se “zambulló” en la burbuja, entrando a su interior; a los pocos “segundos”, estaban en medio del espacio intergaláctico, rodeados de titánicas estelas de luz enmarañadas a modo de tejido nervioso dejando grandes vacíos, y que a duras penas se podían distinguir que eran de varios colores, y que eran en realidad hipercúmulos galácticos.


Más de uno jadeó de asombro al ver todo aquello.

  • Así que… esto es en su totalidad un universo. -señaló TK solemnemente- NUESTRO universo.
  • Así es. Aunque hay algunos universos más pequeños… ¡De hasta sólo cuatro galaxias! Pero casi todos son como este: cada puntito brillante que ven es una galaxia como la nuestra… y eso que la Vía Láctea es un poco más grande de una galaxia estándar… ¡Y muchas son MUCHO más grandes que ella!
  • Y hay vida en casi todas partes, ¿No es así?
  • Exacto, Kari. Aunque… hay zonas donde no hay vida, y galaxias cúmulos de galaxias completamente estériles por causas naturales, o… de fuerza mayor.
  • Demonios… -suspiró Patamon- Me siento REALMENTE diminuto.
  • Lo sé: yo también. ¡Vamos: les daré un pequeño recorrido por casa!
  • ¿Cuánto tiempo pasó desde que salimos? Ya debió de pasar la fiesta de Año Nuevo.
  • Pff… tranquilo, Gargoylemon: detuve el tiempo en todo el Multiverso mortal, así que no nos perderemos de nada. ¡Ahora a turistear!
  • ¡¿Qué?!
Shenglongmon no les dio tiempo de balbucear una sílaba, pues de inmediato comenzó a planear por el espacio, adentrándose en los filamentos de hipercúmulos: los puntos luminosos se hacían cada vez más grandes hasta tomar formas y colores más definidos cada vez más variados. Finalmente, se detuvieron frente a una gran galaxia espiral barrada de núcleo amarillento y brazos azul plateados con estelas oscuras y rojizas que en su conjunto, era sumamente brillante.


  • ¡Dense el privilegio de ver la Vía Láctea en toda su gloria desde esta posición! ¡Ay, me recuerda a mi galacterrario!
  • ¡¿Es una espiral barrada?! -exclamó Ken- Nunca lo imaginé.
  • ¿Soy yo o parece algo torcida?
  • Ninguna galaxia es perfecta, Wormmon.
  • Aun me cuesta creer que estemos aquí… ¡O que AkuShenglongmon destruyó todo esto… y luego tú lo recompusiste!
  • No es tan complicado de creer, Mummymon. -desvió su mirada hacia el frente- ¿No es preciosa nuestra casa? Entre cien mil a cuatrocientos mil millones de estrellas, y casi cinco veces el número de planetas. No los conté todos.
  • Y uno de esos puntitos es donde vivimos.
  • Exacto, Armadillomon.
  • ¿Qué tan lejos estamos de ella?
  • Como a… ciento sesenta y siete mil años luz, más o menos, TK.
  • Hey… ¿Eso de allá no se parece a la galaxia esa donde casi te succionan en la Megatorre, Davis?
  • ¿¿Cómo??
  • ¿Eh? -el aludido se volteó hacia donde señalaba V-mon- ¡Ah, verdad! ¡Es esa!
  • Es la Gran Nube de Magallanes. -explicó Ken- Una galaxia satélite de la Vía Láctea y una de las más cercanas a ella.
  • Ahora que lo dicen… -Gabumon se metió en la conversación- También se ve en el Digimundo, aunque se la conoce como la Nube del Diablo. ¿Verdad, Agumon?
  • Sí, tienes razón ahora que lo recuerdo.
  • Dijiste que había algo malo allí. -le preguntó Davis al Dragón Esmeralda- Y un nombre como ese no dice mucho a su favor.
  • Eh… Es algo de lo que deberíamos de hablar… DESPUÉS. -respondió Shenglongmon con suma seriedad- Mejor sigamos: hay algunos lugares que les quiero mostrar. De nada sirve salvar el Multiverso si uno no es capaz de comprender QUÉ fue lo que se salvó. ¿Que dicen de pasar por el agujero negro super…?
  • ¡¡¡YA NO MÁS AGUJEROS NEGROS!!!
  • Ok, ok… Entendí la indirecta. ¡Sujétense!
El enorme Dragón Esmeralda aceleró y voló directamente hacia la galaxia en frente hasta realizar un giro de noventa grados al momento de estar en el plano galáctico y volar sobre los brazos, dando la sensación de estar rozándolos; la vista que disfrutaban sus pasajeros era magnífica, al tener de virtual horizonte un mar de estrellas y polvo en el que se sumergían rápidamente.

Su primera parada fue algo que los dejó boquiabiertos: una megaestructura anular alrededor de una estrella claramente artificial, y en cuya cara interior se veían mares y continentes cubiertos de vegetación: un mundo anillo auténtico equivalente a dos millones de Tierras. Shenglongmon mencionó que existían diez en toda la galaxia, y que ese en particular estaba habitado por refugiados de otra galaxia, tema que no quiso profundizar más y continuó su camino.



Llegaron a otro sistema, donde el Dragón Esmeralda entró a un gigante de gas azulado y les dio la sorpresa de su vida: en medio del mar de nubes había criaturas parecidas a mantarrayas, calamares y medusas, pero de tamaño titánico, cercano al de grandes edificios o ciudades enteras. Esa vista le hizo recordar a Davis que tenía en su bolsillo una esfera de nieve donde aún yacía GrandHyperiummon, por lo que la sacó, se la mostró a sus amigos y preguntó si ese digimon se había basado en ellos, cosa que Shenglongmon respondió afirmativamente antes de abandonar ese lugar.

Su siguiente destino, para sorpresa de muchos, fue un planeta que podrían haber confundido con la Tierra de no ser porque daba la apariencia de ser mucho más frío, y cuando Shenglongmon los llevó más cerca, casi rozando la superficie, comprobaron que era casi todo tundra, glaciares, mares… y ruinas. Con un tono vagamente sombrío, su guía les dijo que ese lugar se llamaba “Ophidia”, que pasaba por una edad de hielo, y fue el lugar de nacimiento del primer Daniel, y donde los digimon fueron creados por primera vez… y luego extintos.


  • ¿Quieres decir que somos alienígenas?
  • Sí… y no, Patamon. Indirectamente, los humanos nos crearon.
  • ¿Qué quieres decir con que aquí nació el “primer” Daniel Oliwah?
  • Porque antes de morir, literalmente copiaron toda la información de su cerebro a un circuito como el que te mostré antes, Davis. Luego pasaron tres mil años, trasvasaron esa información a un nuevo cuerpo y… Voila!: reencarnación instantánea.
  • Dices que los digimon se extinguieron aquí… ¿Qué haya ruinas por todo este sitio tuvo algo que ver?
  • Sí… Pero es tema para otro momento, Yolei. Vayamos a un lugar más alegre. ¡A un museo!
Cruzaron un portal que los llevó hasta llegar a un sistema muy extraño: u sistema estelar cuádruple, con dos pares de estrellas binarias coorbitándose entre sí y cada una con su propio sistema planetario.


Llegaron a uno en particular que orbitaba una estrella amarilla, y que era muy parecido a la Tierra, salvo que compartía órbita con un planeta del mismo tamaño, pero de aspecto árido; Davis lo reconoció de inmediato al verlo, quedando perplejo al ver que esa visión de su mente era completamente real, y aún más perplejo cuando Shenglongmon descendió al planeta azul y voló sobre paisajes indistinguibles de la Tierra: océanos azules, montañas cubiertas de nieve, bosques templados, espléndidos lagos e inmensas ciudades de aspecto futurista con edificios de estilo clásico con rascacielos de acero y cristal.


  • Bienvenidos a Ciudad Cáprica, muchachos: capital del planeta homónimo y de las Doce Colonias de Kobol y del Museo del Sistema Cyrannus. Lo más alto a lo que llegó la especie humana en ciento cincuenta mil años.
  • ¡¿Nos estás diciendo que todas esas tonterías que dijiste antes eran verdad?! -se quejó Yolei- ¡¿Lo de los alienígenas y todo eso?!
  • ¡JA! ¿Creyeron que estaba mintiendo? Pff… Cuánto les falta por aprender. Y no: ustedes no son alienígenas; los humanos son originarios de la Tierra. Pero la civilización que ustedes tienen y comparten con los digimon surgió en un lugar llamado Kobol… y lo que ven aquí es una muestra de lo más alto que llegó: viajes interestelares, tecnología de realidad virtual, robótica avanzada, etc, etc… Tenía sus defectos, pero bueno.
  • ¿Cuántas personas vivieron aquí?
  • En todo este sistema cuádruple… cincuenta mil millones, TK.
  • ¡¿Estás queriendo decir que este planeta es un museo dedicado a los humanos?
  • No, cecina: TODO este sistema estelar: las cuatro estrellas con todos sus planetas y lunas es un museo dedicado a la civilización humana. Nibirumon se tomó la molestia de reconstruir todo lo dañado tras el “berrinche genocida” de cierto hijo de perra, y lo ha mantenido así desde entonces.
  • Rayos… Cavil no estaba loco… -pensó Davis- Lo que hizo fue real.
  • Ahora que lo pienso… el nombre Cáprica me suena familiar.
  • Tal vez porque aquí fue donde nació nuestra jefa, Ulforce. ¡Veamos su antigua casa!
No tardaron ni diez segundos en abandonar la gran ciudad hasta llegar a una gran mansión de arquitectura muy moderna a las orillas de un lago. Tenía un puerto de yates privado, espléndidos jardines, piscina y hasta una cancha de tenis.


  • ¿Por qué no deseé tener una casa así? -se quejó Arukenimon- Demonios.
  • ¡Cierto, Zoe tiene una casa idéntica en el Digimundo! Guau… la replicó a la perfección.
  • ¿Cómo sabes de su casa, UlforceV-dramon?
  • Es que… ella me llevó el año pasado a pasar un día en la piscina.
  • ¡¡Ajá!! -exclamó su primo Magnamon- ¡Con que esa era la “misión secreta” a la que te encomendó! ¡Ya me parecía que eliminar a esos Kuramon residuos del Y2K de Internet era un trabajo demasiado estúpido para un Caballero Real! ¿Y por qué sólo a ti? ¿Qué otros sucios secretos me ocultas, primito?
  • ¡No seas un malpensado, Magnamon! -se excusó; las miradas de los demás estaban clavadas en Ulforce- ¡No estoy enamorado de Zoe!
  • Pero capaz y ella lo esté de ti. -insinuó pícaramente Shenglongmon, haciendo que más de uno se pusiese colorado; Ulforce en particular, estaba casi magenta- Aunque es muy profesional, ¿Quién sabe? Sé que ella estuvo de novia con un joven de 27 años asistente de su padre llamado Philomon.
  • ¡No llegaron a nada, si ella era ya un avatar virtual! Y ella lo mató… por accidente.
  • Como sea: no sé por qué te trajo solo a ti; para eso está Craniummon.
  • Magnamon; hasta ella lo dijo: tiene la mente de una chica de dieciséis años… y Craniummon actúa algo cuarentón y muy como mayordomo; ella quiere alguien más juvenil y divertido… como yo.
  • ¡Soy sólo tres años mayor que tú!
  • Es que a veces actúas muy bohemio, Magnamon.
  • Devidramon, ¿Crees que me parezco a Magnamon?
  • Para nada, Gargoylemon… -el digimon blanco se entusiasma hasta que…- Tú eres muchísimo más irritante con tu santurronería que Magnamon con su obsesión por el arte y su complejo de estatura.
  • ¡Devidramon!
  • Tal vez pueda convencer a la jefa de prestarnos su casa de aquí y hacer una parrillada para todos. -intervino Shenglongmon- Puede que sea parte del museo, pero sigue siendo su casa. ¿Qué opinan?
Todo el grupo estuvo de acuerdo, por lo que el Dragón Esmeralda asintió y retomó su viaje; en un instante, abandonaron Cáprica en dirección a su sol, haciendo una loca maniobra que implicaba acercarse a su superficie y cruzar una enorme protuberancia solar detenida en el tiempo. Tras cruzar aquel arco de fuego, atravesó otro portal que los llevó a otro lugar, pasando primero por la órbita de un extraño planeta de océanos negros y continentes marrones -Shenglongmon explicó que se debía a que los océanos eran de amoniaco- y luego a otro más similar a su hogar natal: el Dragón Esmeralda descendió a la superficie esta volar muy cerca de ella, permitiendo que sus amigos vieran los paisajes tan familiares a sus ojos… hasta que vieron una ciudad de edificios extraños y criaturas voladoras de menos de metro y medio, piel olivácea, aspecto reptiliano y cuatro ojos.

  • Este planeta se llama Vashoon, y sus habitantes se llaman Sung. -explicó el Dragón mientras sobrevolaba una gran ciudad con tranquilidad- Son muy parecidos a los humanos; están divididos en etnias, culturas, lenguas, países modos de pensar, etc… y están apenas más avanzados que ustedes: ellos SÍ se animaron a explorar su sistema solar en lugar de lloriquear por la crisis del petróleo.
  • Ah, y están a treinta y cinco años luz de la Tierra.
  • ¡O sea que son casi nuestros vecinos!
  • Sí, V-mon: son la civilización más cercana a casa. Es gracioso: los humanos tienen un complejo de inferioridad creyendo que todos los alienígenas son superiores a ellos, cuando en realidad es casi lo contrario; la mayoría de las especies son pre-industriales o pre-espaciales del tipo K0 a K.99; las K1 son comunes, y las K2 un poco más. Somos una galaxia subdesarrollada, jeje. Bah, el universo por lo general lo es.
  • ¿Qué hay de las K3?
  • Oh, el exEmperador entiende de la escala Kardashev. No hay ninguna civilización K3 actualmente en la galaxia: los Nibiru fueron la única civilización de este tipo por más de cien millones de años hasta hace poco más de ciento cincuenta mil, cuando se retiraron a los Planos Superiores de manera permanente.
  • O sea que ellos no permitieron que surgiera competencia.
  • No exactamente, Ken; hay tres formas en que se forma una civilización K3: 1) por federación de civilizaciones al estilo de la República de Star Wars, 2) cuando una civilización sobresale de las demás, pero se mantiene al margen, convirtiéndose en el protector de las inferiores sin intervenir en ellas, como hicieron los Nibiru, o 3) una se impone sobre las demás y las esclaviza o extermina.
  • Me pregunto a qué grupo eran esos alienígenas que me encontré en Argentina.
  • ¿Los Amerikanos, UlforceV-dramon? Tipo K0.95, creo.
  • ¿¿¿AMERIKANOS???
  • Eso me recuerda que tenemos que ir a casa. ¡Vamos, que les tengo reservado un par de sorpresas!
Inmediatamente abandonó ese mundo para dirigirse a otro sistema, pasando por un gigante gaseoso en donde notaron algo insólito: una manada de criaturas del tamaño de Shenglongmon pero de aspecto de medusas y calamar “pastando” en lo alto de su atmósfera, luego llegaron a otro sistema, junto a un planeta idéntico a la Tierra con dos pequeñas lunas orbitándolo. No había nada especial en él a primera vista, hasta que el Dragón mencionó el nombre de la estrella: Alpha Centauri.

Finalmente, llegaron a su sistema natal, haciendo una escala en Neptuno, donde el Dragón se sumergió en las profundidades de su atmósfera hasta llegar a un nivel donde caía una lluvia con grandes gotas que se congelaban apenas rozaban con ellas y que no eran de hielo, sino… diamantes. Cada uno recibió una bolsa, y tras la recomendación de Shenglongmon de recoger los que quieras, cada uno lo hizo; no iban a desperdiciar esa oportunidad.

De ahí pasaron a Júpiter, y más en concreto su luna Europa; Shenglongmon hizo como que saludaba burlonamente a la sonda Galileo antes de caer en picada a la luna helada y hacerse intangible mientras atravesaba la capa de hielo hasta llegar a un océano subterráneo que gracias a un brillo que añadió a su cuerpo, él y sus amigos pudieron ver en todo su esplendor como rebozaba de vida semejante a las profundidades abisales de la Tierra.

Tras un breve recorrido, dejó tras la luna helada y su gran secreto hasta por fin, llegar a la Tierra, pero antes hizo una escala en la Luna, donde descendió hasta un complejo edilicio similar a una ciudadela protegida por una cúpula traslúcida y sospechosamente cercana al alunizaje del Apollo 11; atravesó la corteza hasta llegar a una gran cámara con forma de cúpula que Yolei y UlforceV-dramon reconocieron de inmediato como “la Fuente”, sólo que esta vez estaba ocupada por una descomunal supercomputadora compuesta de doce enormes cilindros de kilómetro y medio de altura y doscientos de diámetro, de aspecto electrónico con circuitos de oro y cristal, rodeando a uno central del mismo tamaño, y todo indicaba que el complejo entero estaba en funcionamiento.

Tras darle una vuelta, Shenglongmon voló hasta el cilindro central, sólo para aparecer sobre el Digimundo, cuyo aspecto hizo llorar a los digimon al verlo; atrás había quedado ese amargo recuerdo de su mundo moribundo y oscuro, siendo depredado por seres alienígenas y demoniacos hasta dejarlo en los huesos: ahora estaba como nuevo: volaron sobre el continente Server pasando sobre el lago del Sr. Gennai, el desierto, el río Europa y las réplicas de las ciudades humanas de ese continente, el bosque de Pixiemon, cruzaron el mar hasta llegar a la Isla File que bullía de actividad por todas partes, en especial la Ciudad del Inicio, donde vieron de lejos como Elecmon se preparaba para recibir el Año Nuevo, y cerca de allí, las escuelas donde BlackWargreymon cursó sus clases meses atrás.

Comprobado que el Digimundo había sido restaurado, Shenglongmon los llevó de vuelta a la Luna, y de allí a la órbita de la Tierra, donde se detuvo un momento para reflexionar y disfrutar de la vista: ese de allí era su mundo, su hogar, de todos ellos; no solo de humanos, sino de los digimon también. El Digimundo era parte de él.

Y ahora estaba a salvo, de nuevo.

Voló en dirección a la Tierra, atravesó capas de nubes y descendió hasta la terraza de un edificio, dejando que sus pasajeros bajaran con cuidado para luego desaparecer y reaparecer entre ellos en su forma de Slayerdramon. Aunque desde el espacio se veía normal, desde la superficie la Tierra aún estaba a oscuras por la aparición de Shenglongmon al inicio de su maratón de deseos.

Antes de poder dirigirles la palabra, desapareció sin que ningún de sus amigos se percatara de ello.

Había sido llamado por el mismísimo Consejo Mágico.




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El lugar se podía describir con una sola palabra: etéreo. Un enorme espacio hecho en su totalidad de luz ondulante de tonos rosas, lavanda, azul y blanco, cambiando con regularidad a dorado, verde y naranja en tonos pastel. Sobre la cabeza de Shenglongmon se veía una formación estelar gigantesca de color rosa: un hipercuásar que era la fuente original de toda la magia del Cosmos y el corazón mismo de la Galaxia Mística. Y frente al Dragón Esmeralda -con su forma de Slayerdramon- una gran llamarada blanca de cientos de metros de altura, más palpitante que llameante en sí, y que no era de fuego sino de magia pura, dominaba todo ese espacio que hacía de gran salón circular semejante a un gran templo.

  • “Shenglongmon del Universo DAU042897” -hablaron unas voces al unísono desde la llamarada, resonando por toda la habitación- “Te hemos traído aquí, y detenido el tiempo para tus amigos mortales para tener una audiencia de emergencia con nosotros.”
  • Oh, rayos… -titubeó- Ehm… ¡Hola, señor Gran Consejo, o Alto Consejo de Magia Arcana, o Consejo Mágico! Demonios: ¿Cuál era su nombre? El escritor les puso tantos que ya ni me acuerdo de cuál es el correcto.
  • “Jugaste a un juego peligroso.”
  • ¿De qué hablan?
  • “Permitiste que AkuShenglongmon pusiera un pie en la Existencia una vez más, poniéndola en peligro.”
  • Momento, momento, momento… En primer lugar, no era algo que quisiese; en segundo lugar… fue el hijo de puta de mi exalumno el que deseó esa tontería, y yo me negué a cumplírselo tal y como lo estipulan las reglas. Pueden comprobarlo.
  • “Es cierto. Sin embargo…”
  • ¡Y en tercer lugar, yo no tuve nada que ver con que tuviese información sobre AkuShenglongmon si me aseguré de que NADIE supiese de él: ese condenado libro no estaba al alcance de nadie! ¡Ni siquiera Aku sabe cómo Daemon lo consiguió!
  • “Aun así…”
  • Y en cuarto lugar… ustedes NUNCA me dijeron sobre ChaosShenglongmon.
La llamarada se agitó un poco, como si temblara, cosa que Shenglongmon notó, y más cuando se tomaron su tiempo en responder.

  • “No se supone que debieras de saber de él; el Maestro Metatrón estipuló que se te ocultara esa información por el bien de tu salud mental; ni siquiera mantienes los recuerdos de tu conversación con él cuando te lo explicó. Incluso la regente de tu mundo, y varios de tus maestros digimon asumieron esa responsabilidad, estando de acuerdo.”
  • Ya veo… -contestó manteniéndose de brazos cruzados y muy pensativo- Pero no contaron con que el mismo Aku me lo dijera.
  • “No esperábamos que regresase; nadie lo hizo.”
  • Entonces no me traten como la oveja negra de los Shenglongmon; ese papel es para QueerShenglongmon. Urgh…
  • “Pero eres el único de tu clase en corromperse. El punto es que no debiste cumplirle ese deseo a Daemon, por lo que no nos queda más remedio que castigarte.”
  • Saben muy bien lo que hubiera pasado si me negaba a cumplirle su maldito deseo.
  • “¿Perder todos tus poderes mágicos y volver a ser un mortal es tan malo para ti?” -cuestionaron- “Es comprensible que después de tanto tiempo siendo un hechicero te sea difícil despedirte de la magia; sin embargo, la integridad de la Existencia es más valiosa que tu deseo personal. Por tanto, no nos queda de otra que retirarte tanto tu puesto como Guardián Arcano, así como tus poderes. Una pena, pero no podemos pasar esto por alto; buscaremos a otro guardián, el cual, tienes derecho a darnos una sugerencia.”
  • Siento discernir, pero no estoy dispuesto a renunciar a mis poderes.
Ese comentario llamó la atención del Consejo, lo que les hizo lanzar algunas chispas similares a ascuas de una fogata.

  • “¿Acaso estás desafiando nuestra autoridad, Shenglongmon? ¿Quieres enfrentarte a nosotros?”
  • No cuestiono su autoridad, ni su juicio: estoy seguro que ustedes y los demás seres mágicos estuvieron haciendo hasta lo imposible para contener la Entropía Silenciosa y evitar que infectara a la Fuente de toda la Magia.
  • “Así es.”
  • Valoro su esfuerzo, pero cuestiono su perspectiva de la situación actual que rige en mi jurisdicción, y que también podría afectar al resto del Multiverso mortal. No son tan omniscientes como creen.
  • “Estás buscando excusas, Shenglongmon.”
  • Si quieren pruebas, pregúntenle a Nibirumon. -hubo un breve silencio; al parecer no conocían ese nombre- A Shifu… el Escriba del Imperio Nibiru.
  • “¿A tu maestro de ciencias e historia? Él no es un hechicero; es un ser ascendido.” -contestaron- “Uno de los que más alta jerarquía y poder tienen, pese a su origen artificial.”
  • Lleva un tiempo practicando magia, aunque apenas llega al rango de un hechicero mortal sobresaliente; además, es una autoridad sumamente competente. Adelante: pregúntenle; yo les espero.
El Consejo “asintió”, y se tomó su tiempo de comunicarse con el aludido Escriba telepáticamente mientras Shenglongmon los esperó, haciendo aparecer un sofá y recostarse tranquilamente en él mientras disfrutaba de un tarro de cerveza y unas papas fritas con cheddar y tocino. En más de una ocasión, el Consejo le llamó la atención por su forma de comer o sus estridentes eructos; más allá de eso, no hicieron nada mientras el digimon disfrutaba de su refrigerio, bastante seguro de sí mismo, y dirigiéndoles una sonrisa inocente cada vez que le llamaban la atención.

Finalmente, cuando parecieron terminar…


  • ¿Y bien?
  • “En primer lugar, debes de mejorar tus modales; dejan mucho que desear.”
  • ¡Hey, es mi modo de ser! ¡Y necesito practicar para el concurso de eructos del siguiente Oktoberfest del Digimundo! No pude ir este año por mis visitas a otros universos por actualizarme. Y no puedo dejar que Examon gane otro maldito año. ¡Aprovechó mis diez mil años de ausencia para ser campeón invicto!
  • “Shenglongmon…”
  • Ok, perdón. Continúen.
  • “Hablamos con Shifu, y nos puso al tanto de la situación.” -el Consejo hizo una pausa, dando a entender su preocupación- “No… estábamos al tanto de la gravedad de todo esto. Increíble que se nos pasara por alto.”
  • No es un asunto mágico, pero es igualmente preocupante.
  • “Lo comprendemos. Pero queremos saber por qué quieres involucrarte en esto.”
  • Afecta a mi jurisdicción, a mi universo, a mi hogar y a mi especie. -señaló firmemente- Saben que con o sin magia haré lo que sea por ellos; ya lo hice antes.
  • “Muy cierto. Por tanto, creemos que es más conveniente que mantengas tus poderes a buscarte un reemplazo y entrenarlo…”
  • Sabio de su parte.
  • “Sin embargo, no podemos pasar por alto el riesgo en el que pusiste la Existencia, por lo que debemos de darte un castigo apropiado. Descuida: no te quitaremos tus poderes, pero probablemente estarán algo limitados por un tiempo.”
  • Argh… Bueno, lo acepto. ¿Y cuál es mi castigo exactamente?
  • “Te lo haremos saber luego de debatirlo; espera nuestro mensaje.”
  • Ok… ¿Ya puedo volver a casa? ¡Saben que vivo de mi público! Tengo amigos que me esperan, cosas que hacer y un jardín que limpiar en casa; en diez mil años se habrá vuelto una jungla.
  • “Puedes retirarte en paz. Y buena suerte a ti y tus amigos… Sheng Li.”
  • Gracias.


______________________________



Había vuelto junto a sus amigos sobre esa terraza; el cielo seguía oscuro, y como el tiempo seguía congelado, no habían notado su ausencia; luego les explicaría lo acontecido en esa reunión. Ahora debía centrarse en una cosa: celebrar su victoria.

  • ¿Dónde estamos? -preguntaron los niños- Sigue oscuro.
  • Estamos donde solía estar la Megatorre.
  • ¿Por qué estamos aquí, Shenglongmon? ¿Por qué no volvemos a Tokio?
  • Eh… La verdad, TK… no tengo idea. Cosa del escritor.
  • Suena a que va a llover. -comentó Cody tras oír unos truenos- Ahora que lo pienso… en todos los lugares en los que estuvimos daba la sensación de que iba a llover.
  • Sí, es verdad… -asintió la ángel- ¿Será una coincidencia?
  • Ah… Ya lo notaron, ¿Eh? -insinuó el dragón- Descuiden, ya lo entenderán.
Un par de segundos después se desató un intenso aguacero caído del cielo y acompañado de rayos y truenos por doquier que tomó casi desprevenidos a todos los niños y los digimon; algunos se quejaban de lo empapados que estaban quedando tras semejante lluvia, otros lo tomaban con más naturalidad, pero TK notó que el Dragón Esmeralda extendía los brazos en alto y comenzaba a reír estruendosamente; incluso podía jurar que parecía estar llorando, pero era imposible de saberlo con semejante lluvia.

  • ¡¿De qué te ríes?! -se quejó Yolei- ¿Estás loco? ¡Se arruinará mi cabello!
  • ¡Al menos haz aparecer paraguas para nosotros!
  • ¡Dejen de quejarse y disfruten! ¡Se están empapando con la alegría de la naturaleza! ¡Después de estar casi veinticuatro horas atada a las rígidas reglas de Aku, por fin es libre!
  • La felicidad de la naturaleza me causará un resfriado. -se quejó Gabumon tratando de cubrirse con su piel- Brr… Mi pelaje se arruinará.
  • ¡¿Nos estás queriendo decir que en cada planeta, en cada universo está pasando algo similar a esto?! ¡¡¿¿EN SERIO??!!
  • ¡¡¡SÍ, CABEZA DE HUEVO!!! ¡¡Lluvias, rayos, truenos, ráfagas de viento, temblores, volcanes!! ¡En todas partes! ¡La naturaleza se estira como alguien luego de un larg sueño! Pero descuiden: no lastimará a nadie. -en efecto; la lluvia pronto dejó de caer- ¿Lo ven?
  • Es increíble… que todo este desastre haya sido causado por un estúpido libro.
  • See… -asintió el Dragón, haciendo aparecer el aludido libro en su mano- Esta porquería y una porquería de digimon resentido, Patamon.
  • Imagino que te desharás de él.
  • No puedo destruirlo, TK. Pero puedo mandarlo a un lugar en el que nadie podrá volver a tocarlo; ni siquiera yo.
Acto seguido, rodeó el libro de un campo de fuerza azul en forma de esfera, al que le añadió siete candados de luz; luego cambió su atuendo a un uniforme de béisbol con bate incluido; a más de uno le causó gracia, además de lo que estaba por hacer, y la música de estadio de béisbol surgida de la nada.

  • Sheng Li se prepara para hacer su famosa bola curva interplanetaria; campo lleno, el público está ansioso, se huelen las salchichas de dudosa procedencia junto a los maníes salados, las palomitas de maíz, el césped cortado y el sudor de los otros jugadores…
  • ¿Qué demonios hace, TK?
  • Déjalo, Patamon: está entrando en ambiente.
  • Se prepara para lanzar la bola, la deja levitar en el aire… se prepara para batear… ¡Y la lanza, señas y señores! -hace desaparecer el bate y en cambio usa unos binoculares y un micrófono- ¡Pasa la órbita de la Luna… de Venus… de Mercurio! ¡Se dirige directo al Sol! ¡Anotación! ¡¡GOOOOOOOOOOOOOOL!!
  • Shenglongmon… Es béisbol, no fútbol.
  • Pff… A quien le importa, Davis.
  • ¿Qué no era que no podías destruir el libro por ser mágico? -cuestionó V-mon- ¡Lo mandaste al Sol!
  • Mi idea no era que se queme en el Sol, sino que el libro quede atrapado en su núcleo. Lo hechicé de tal manera de que no se puede sacar de allí con magia.
  • O sea que la única forma de sacarlo es…
  • Entrando al núcleo del sol, Hawkmon. Y cuando encuentres algo o alguien capaz de soportar quince millones de grados y una presión de 2,65×10¹⁶ Pa sin magia, me avisas. Y si ese algo o alguien logra sacarlo, tampoco lo podrá usar sin desbloquear los siete hechizos candado que le puse, cosa que tardaría miles de años en hacer. ¿A poco no pienso en todo?
  • Pues…
Alguien estaba por responder cuando de la nada salieron varios hombres claramente del ejército y portando aparentemente armas de grueso calibre apuntando a todo el grupo.

  • ¡Arriba las manos! ¡Están arrestados por entrar ilegalmente a territorio israelí!
  • Oye, V-mon… Esos sujetos se me hacen familiares. ¡Oye, sí! ¿No son a esos tipos a quienes maté en la Megatorre?
  • Davis… cállate…
  • Oh… nos tiene acorralados las temibles Fuerzas de Defensa israelíes con su temibles… escobas.
  • ¿¿HUH?? -gruñó un soldado antes de darse cuenta de que…- ¡Oh, maldito seas, condenado digimon!
  • Ehm… Shenglongmon, viejo... ¿Podrías sacarnos de aquí? No quiero perder mi tiempo en este sitio cuando tengo pendiente una fiesta.
  • ¡Tu fiesta, Devidramon! ¡Es cierto!
  • Psss… ¿No era que les quitaste todas sus armas, Shenglongmon?
  • Sí, TK… y ahora lo están recordando. -se volvió hacia los soldados- Me gustaría tomar el té con ustedes y debatir en qué momento de este siglo serán expulsados de la Tierra como ya lo fueron en otros países siglos anteriores.
  • ¡¿Qué?!
  • Pero mis amigos y yo tenemos cosas que hacer… Y como diría un sabio pato de las caricaturas… ¡HAIL, HITLAH!
Tras pronunciar aquella frase que hizo gruñir a más de un soldado, Shenglongmon y sus amigos se esfumaron en una cortina de humo.



______________________________



  • Ehm… ¿Dónde estamos, Shenglongmon?
  • En un lugar secreto, Devidramon.
  • ¿Qué no es nuestra oficina en la Torre de Tokio, Gabumon?
  • ¡Agumon! ¿Qué parte de “secreto” no entendiste?
  • Perdón, Shenglongmon.
  • ¡Está muy oscuro!
  • Si te pones a lloriquear por tu oscurantitis, juro que te golpeo en la cara, Kari.
  • ¡Yolei; no hace falta tanta violencia!
  • Pff, cállate Gatomon: yo sí quiero verlo.
  • ¡D’arcmon!
  • Déjame ver si entiendo esto… -TK comentó de manera pensativa- Les dijiste "HAIL HITLAH"… a soldados israelíes.
  • Y el problema es…
  • Podrían denunciarte a la Liga Antidifamación.
  • Tonterías, Patamon: basta un cheque con valor a seis millones de barras de oro de 24 quilates y estarán calladitos. Además, ¿Creen que dejaría pasar esa oportunidad? Vamos: todos los seres mágicos son antijudíos por ese maldito incidente del exiliado en Babilonia y el genio del que les hablé.
  • Agh… olvídalo.
  • Escuchen: tengo que preparar la fiesta de Fin de Año de Devidramon, y necesito que permanezcan aquí un momento; descuiden, el tiempo está detenido otra vez.
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉEEE???!!!
Sin decir más, salió por una puerta al exterior y dejó a sus amigos adentro.

  • ¿Por qué no podemos salir?
  • Porque estamos al final del capítulo, y tengo que darles la sorpresa, Blackwargreymon.
  • Ah, entiendo.
  • ¡Devidramon! ¿A quién quieres que invite a tu fiesta?
  • ¡A todos mis amigos! Strikedramon, Yashamon, Dinohumon, Beelzemon, Blackweregarurumon…
  • ¡No, a él no!
  • Cállate, Gargoylemon o no te dejo venir. A su hermanito BlackGabumon claramente, a Ulforce y Magnamon por supuesto…
  • ¡Gracias! -exclamaron ambos caballeros aludidos- ¿Pueden venir también Mimi y Palmon?
  • Claro. A ver… mi novia Ranamon, a la novia de Gargoylemon…
  • ¡Gracias, primo!
  • A Blackwargreymon y D’arcmon por supuesto…
  • Muchas gracias.
  • A mis exmaestras Kinkakumon y Lilamon.
  • ¿Por qué a ellas?
  • Para ver como se mueren de la envidia porque soy más irresistible que antes, y porque ya tengo novia, Blackwargreymon.
  • A los Digiterapeutas, a TK y sus amigos… supongo.
  • ¿¿Supones??
  • ¿Qué puedo decir? Me comienzan a caer bien, aunque TK ya es mi amigo de todos modos.
  • Ah…
  • ¿Y a nosotros?
  • Bueno… a la vieja patona y a la cecina también… A esos geniales Elegidos “B” y a todas las Hermandades Sagradas.
  • ¿¿A todas?? -preguntó un atónito Shenglongmon- ¿A las Bestias Sagradas también? ¿Y a los Doce Olímpicamente Disfuncionales?
  • ¡Claro, a todas! Excepto a las Bestias Sagradas, si es que te incomodan, viejo. Los demás me cayeron muy bien.
  • Mejor así; Zhuquiaomon es un aguafiestas. ¿Puedo invitar a unos amigos míos?
  • ¡A los que quieras! -exclamó la gárgola- ¡Después de todo, tú organizas todo! ¿Vas a traer a algunos de tus amigos de otros universos como el tal Discord?
  • Por supuesto. Y sé de varios a los que todos ustedes les caerán genial.
  • ¡Bien!
  • Ahí los dejo; debo preparar todo, ¡Chaíto!




______________________________​



  • Y así llegamos al final del penúltimo capítulo, queridos lectores. Lamento mucho mucho mucho muchísmo haber ocasionado todo este desastre. ¡En serio! ¡Yo no tenía pensado que Aku preparara el Fin de toda la Existencia! Y el escritor se tomó demasiado tiempo en completar la historia.
  • ¡Hey!
  • Cállate y escribe, que no te pago por quejarte.
  • ¡No me pagás nada!
  • Y aún así sigues escribiendo.
  • Es por amor al arte.
  • Ajá… Como sea. ¡Espero de todo corazón me perdonen por todo y sigamos siendo amigos! Nos veremos en el próximo y último capítulo, donde tendremos nuestra Fiesta de Fin de Año. Eso si ALGUIEN no se demora en terminarlo.
  • Te estás buscando problemas, ¿Eh?
  • Pff… Al final, todo el mundo me quiere. ¡Hasta la próxima! ¡Déjenle todas sus opiniones, críticas y dudas al escritor, que tengo que trabajar de organizador de eventos!
  • ...
 
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alexandermon

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Uufff! Cuantas cosas pasaron, y cuantos universos y referencias. Dificil mantenerse al tanto de todo, pero a nivel historia, es excelente. Realmente me gustó hasta ahora el Fic, y ahora por fin pasamos el Climax y llegaremos a una resolución que no puedo esperar a ver como se desenvuelve. En parte, Shenglongmon es aquel ser que esperamos ser o conocer en la mente de todo escritor, aquel omnipresente que quiere tener acceso a todos los universos y poder divertirse en ellos, con ellos o a costa de ellos. Aku resultó ser un excelente villano que pese a que no tiene redención alguna, no puede escapar su propia imperfección, lo que paradójicamente lo hace perfecto. No esperaba lo inquietantemente horrible que sería Caos Shenglongmon, te decidiste por un personaje malvado a una potencia casi infinita, quien no requiere razones ni objetivos para hacer lo que hace.
Fue una buena resolución la de la mente de Davis y luego el como resuelven el dilema de Aku, aunque parece algo mundano ¿no? A fin de cuentas, solo una amenaza de su muerte fue lo único que pudo convencerlo, lo que lleva a que todo ser tiene el deseo de vida, pero no respeto por esta. Considerando el deseo final de Aku de estar solo en el multiverso, me pregunto si simplemente dejarlo en la nada cumplió en parte sus deseos.
Bien, pronto se va a cerrar el Telón. ¿Cuántos años pasaron para esta historia? No me imagino lo que significará el terminarla. Pero como lector, no puedo hacer más que felicitarte por tu buen trabajo hasta ahora y esperar ansiosamente al final.
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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buenos capitulos, Chaos y su habilidad de romper la 4 pared (asi sea en su propio universo) me gusto...y buen argumento el de Davis. Supongo que Cavil esta libre gracias a Aku.. QueerShenglongmon? me gusto...y me pregunto quien es..
¿De que serie son los Sung?...bueno, espero al capitulo final.
 
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Algo extenso pero lo pude leerlo muy rápido. Sin duda estuvo muy entretenido. La tensión en la confrontación de argumentos contra Aku fue de lo mejor del capítulo. Sinceramente disfruto más esas escenas que las de acción. No esperaba que Dracomon tuviera una manera tan fácil de matar a Aku (aunque fuese sacrificándose) y que Aku no lo tuviera previsto. Pudo haber tomado sus precauciones pero para ser un ser tan lógico resultó muy ingenuo y crédulo pensando que su contraparte no se atrevería a algo así.
Las cosas regresaron a la normalidad aunque si falta un capítulo supongo que aun queda algo más por mostrar. Especialmente por la amenaza final de Aku y lo que le hizo a Davis antes de conceder su deseo.
 

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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Uufff! Cuantas cosas pasaron, y cuantos universos y referencias. Dificil mantenerse al tanto de todo, pero a nivel historia, es excelente. Realmente me gustó hasta ahora el Fic, y ahora por fin pasamos el Climax y llegaremos a una resolución que no puedo esperar a ver como se desenvuelve. En parte, Shenglongmon es aquel ser que esperamos ser o conocer en la mente de todo escritor, aquel omnipresente que quiere tener acceso a todos los universos y poder divertirse en ellos, con ellos o a costa de ellos. Aku resultó ser un excelente villano que pese a que no tiene redención alguna, no puede escapar su propia imperfección, lo que paradójicamente lo hace perfecto. No esperaba lo inquietantemente horrible que sería Caos Shenglongmon, te decidiste por un personaje malvado a una potencia casi infinita, quien no requiere razones ni objetivos para hacer lo que hace.
Me alegro que te haya gustado. Mostré mucho del Multiverso-Omniverso para dar una idea de la inmensidad de la realidad y de todo lo que salvaron. De por sí, en la vida real, el universo es INMENSO. ¡Imagina si hay más!

Sobre Chaos... Sí, es realmente inquietante, y pudo haber sido peor, por cosas que descarté. Puede que después edite una lista.

aunque parece algo mundano ¿no? A fin de cuentas, solo una amenaza de su muerte fue lo único que pudo convencerlo, lo que lleva a que todo ser tiene el deseo de vida, pero no respeto por esta.
Si te das cuenta, ambos Shenglongmon cumplen con lo que dijo Snake al final de Escape from LA: "mientras más diferentes son las cosas, más se parecen". A pesar de ser lados opuestos, se parecen mucho: temen morir, aunque por diferentes motivos.

Considerando el deseo final de Aku de estar solo en el multiverso, me pregunto si simplemente dejarlo en la nada cumplió en parte sus deseos.
Su deseo final de estar solo implicaba ELIMINAR permanentemente a todo y todos en la Existencia, e impedir que algo vuelva a existir. Así que no: mientras sepa que hay algo ahí fuera, no se cumplirá su deseo.

¿De que serie son los Sung?
Son de un viejo juego de rol de los '80 llamado 2300 AD, que trata de la exploración y colonización del espacio a inicios del siglo XXIV. Nunca lo jugué, pero desde que hallé la historia de casualidad hace casi una década, me fascinó su mundo. Según la historia, los Sung son la primera especie alienígena que la humanidad descubre en su exploración del espacio hacia el años 2248.

Lucen más o menos así:

10011381_10152085115863595_755523568099453398_n.jpg
Por cierto: ya podés usarle a los dragones. A Chaos no sé, depende de vos. Ve con cuidado XD

No esperaba que Dracomon tuviera una manera tan fácil de matar a Aku (aunque fuese sacrificándose) y que Aku no lo tuviera previsto. Pudo haber tomado sus precauciones pero para ser un ser tan lógico resultó muy ingenuo y crédulo pensando que su contraparte no se atrevería a algo así.
Como le dije a alexandermon alexandermon, ni Aku ni Sheng Li quieren morir; Aku no esperaba que su contraparte recurriera al suicido. Pero sí: fue ingenuo al no tomar en cuenta el aprecio que Shenglongmon tiene al mundo y a las personas.

Especialmente por la amenaza final de Aku y lo que le hizo a Davis antes de conceder su deseo.
Él no iba a irse sin venganza. Les dejó un enorme dolor de cabeza.

Espero entregar el sgte cap antes de Año Nuevo. Solo diré... que habrá MUCHOS personajes invitados de otras franquicias... y otros fics. Ya pueden ir adivinando. XD

Por cierto, ¿Qué creen que es ChaosShenglongmon en relación a los otros dos? ¿Su padre o su hijo?


Edito: Hubo algunas cosas que no añadí, por temor a alargar la historia o hacerla demasiado... ehm... perturbadora.

1) Chaos iba a llegar a romper con una de sus garras el cristal que los separaba, causando una pequeña grieta de la que salían hilillos de humo negro que se convertían en finos tentáculos con ventosas que envolvían a todos los protas y los "besaban", como ciertas manifestaciones de "Tak", en los libros de Stephen King. Sí: literalmente los manoseaba. Sobra decir por qué lo omití.
2) Chaos acabaría alardeando de cuanta gente mató/hizo desaparecer, haciendo aparecer en el cielo miles de personas, barcos y aviones. No dudo que no pudiera hacerlo, pero me pareció innecesario mostrarlo.
3) Chaos alardearía que tiene un "hijo", fruto de -Y JURO QUE NO ME DROGUÉ- la violación sistémica a TODAS las Tierras, un engendro multidimensional que se incuba en el interior dedel planeta en una dimensión diferente, y aunque no nació aún, es peligroso, ya que sería capaz de manifestar su consciencia. (El equivalente a Him e It, básicamente), y que al nacer... bueno, se los dejo a la imaginación. Por lo enmarañado del concepto, no lo agregué, pero no descarté del todo la idea.
4) Shenglongmon acabaría leyendo la última anotación del diario de Liam, donde este le dice lo mal que lo está pasando, y que espera que pronto regrese... sólo para después romper en llanto.
5) Iba a haber un pequeño flashback donde Shenglongmon tendría una pequeña conversación con Metatron acerca de la aparición de Chaos y de por qué le borrarían la memoria y todo recuerdo de su existencia. Como técnicamente NADIE en la historia tiene conocimiento de esa charla, el Flashback no tenía sentido.
6) Aku haría aparecer a la familia de Davis frente a él poco antes de borrar todo el universo donde viven. Se me hizo demasiado complejo para que haga un movimiento así.
7) El viaje "galáctico" de Shenglongmo iba a pasar por muchos más lugares, como nebulosas, estrellas y planetas; algunos habitados y otros no.
8) Algo que barajé era que en lugar de llegar a un Digimundo totalmente reconstruido, los elegidos vean cómo este se reconstruye, al mas puro estilo Reboot, como en el capítulo END PROG. Hubiese sido genial, pero con el tiempo detenido, no tendría sentido.
 
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ElohimEditor

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Bueno, lamento no haber podido cumplir con mi promesa; el capítulo me resultó tan largo que aún no lo he terminado, por lo que decidí dividirlo en dos o tres partes, dependiendo de que tan largo salga. Como este fic originalmente era comedia, volverá a serlo con más fuerza en esta parte. Sólo diré que estas partes del cap. final serán un multicrossover con varias series que algunos conozcan y otros no -además de algunos spoilers garantizados-, por lo que si les incomoda que se aleje de digimon, y les parece que se deba subirlo en otro subforo, me disculpo y me avisan. En todo caso, espero que les agrade.


Invoco a:
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Claire.

Claire.
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alexandermon

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@AAcero.
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J.M.

J.M.
<Andrea> <Andrea>






Y a cualquier otro lector potencial.


Espero que hayan pasado una Feliz Navidad, y un Feliz Año Nuevo. ¡Muchas Felicidades!



Capítulo 17: La Fiesta de Año Nuevo. Parte 1.



Shenglongmon cavilaba los detalles para la fiesta cuando hizo aparición un buen amigo suyo a saludarlo.

  • ¡Hey, hola Discord! ¡Veo que no vistes un smoking gris! Es buena señal.
  • ¡Pff…! Eso ni en sueños: Accord jamás regresará; al menos eso dicen los escritores. -el draconequus miró a su alrededor- Oye… ¿No se supone que Aku y la Nada perdieron? ¿Por qué está tan oscuro?
  • Es un espacio vacío: estoy pensando en cómo organizar una fiesta.
  • ¿Una fiesta de té? ¡Perfecto! ¡Soy bueno haciendo fiestas de té!
  • ¿Acaso no me contaste que estuviste a punto de desaparecer la última vez que trataste de hacer una? De todos modos, no es una fiesta de té: es una fiesta de fin de año: música, comida, bebida, gente más desenfrenada…
  • ¿Estoy invitado?
  • Claro, mi estimado amigo quimérico. ¿Quieres traer a alguien en especial?
  • Nah… No creo que sea el tipo de reunión para Fluttershy.
  • Eh… Pensaba más en Celestia… -Shenglongmon sacudió la cabeza- No importa.
  • ¿Y dónde están tus amigos digimon y esos, eh…?
  • Humanos… Y los dejé por ahí congelados en el tiempo como el resto del Multiverso mortal. Quiero preparar la fiesta y sólo quedan 3 minutos antes de que comience a ser Año Nuevo en mi casa. Te paso la lista de invitados mientras pienso en qué invocar.
Un largo pedazo de papel apareció en las manos de Shenglongmon quien se lo mandó a su amigo, comenzando a leerlo de inmediato.

  • Si termina en “mon”, son todos digimon, ¿Cierto?
  • Ehm… sí. Así nos diferencian de los Pokemon… y en eso de que podemos hablar… y evoluciones más geniales... y personalidad.
  • ¡Vaya! Hay muchos entonces.
  • Es porque son miembros de las Hermandades Sagradas y amigos de un Devidramon muy genial que me pidió la fiesta como deseo. -Shenglongmon comenzó a tomar nota en un pedazo de papel- Sería un nieto genial ahora que lo pienso.
  • Y también hay… humanos, muchos.
  • Personas que conocí de otros universos, sí. Y no todos son humanos.
  • Oye, pero no veo el nombre de Huang F…
  • ¡¡ELLA NO VENDRÁ!! -gritó el Dragón Esmeralda, asustando al draconequus; de inmediato, Shenglongmon se calmó como si nada- Además… detesta los eventos como este… y yo detesto verla a ella. Volvamos al punto… -pensando- Necesito… ehm… ¡Necesito beber algo de maná!
Inmediatamente chasqueó los dedos e hizo aparecer seis latas de bebida de maná; pero negó con la cabeza y las reemplazó con un bidón de veinte litros; nuevamente, negó con la cabeza y lo reemplazó con un camión cisterna que acabó bebiendo por competo, con todo y camión, acabando con sus típicas y estruendosas muestras de modales.

  • Si hicieses eso en Equestria, aparte de destrozar montañas, te lo recriminarían.
  • Tu mundo es BASTANTE femenino, ¿Verdad? -Shenglongmon tosió un poco, escupiendo un par de neumáticos- Esa cosa tenía mucho plomo; en fin. ¿En qué estaba? Ah, sí: necesito… decoraciones navideñas… -árboles, adornos, guirnaldas, luces y mucho más aparecieron- globos, carteles de neón, lámparas chinas… No van con la ocasión, pero que mierda: me encantan.
  • ¿Qué hay de la comida?
  • ¡Claro! ¡Necesito MUCHAS máquinas expendedoras de comida! -varias máquinas aparecieron flotando- ¡Pizza, salchichas, hamburguesas, sushi, papas fritas, nachos, burritos, tacos! Y surtidores de salsa. -aparecieron varios objetos más- ¡Salsa picante, salsa de soja, salsa de ajo, salsa de queso, wasabi, mayonesa, mostaza con miel, kétchup!
  • ¿Qué no es cátsup?
  • No jodamos con semántica, Discord. Ahora… ¡Bebidas! -hicieron aparición cientos de refrigeradores y expendedores de bebidas flotando en el aire- ¡Agua, jugo de frutas variadas, soda de varios sabores, café, té, sidra, cerveza!
  • Momento… ¿No habrá menores de edad en tu fiesta?
  • Pff… Por favor: es una fiesta de Año Nuevo. Los niños beben soda y sidra mientras los adultos se emborrachan al otro lado: es tradición. Ahora lo otro ¡Postres, sí! ¡Y tengo planeado el mejor postre de todos los tiempos!
  • ¡¡¡HELADO!!!
Más de cien camiones de helado aparecieron frente a ellos, cargados de múltiples sabores y complementos como conos, chispas de colores, dulces, frutos secos triturados, miel, canela, sirope de varios sabores y más.

  • ¡El catering está listo! Ahora falta la música.
  • Recuerdo que tu amigo Bapho tenía una banda. ¡Sería genial oírla!
  • ¿Hell Brotherhood? ¿Una banda de heavy metal protagonizada por demonios reales del Vacío Abisal para tocar en una fiesta de Año Nuevo donde irán desde niños hasta ancianos? ¡No se me ocurre nada más alegre que eso! Pero necesito unos buenos teloneros… -el dragón pensó- Ya sé, pero no podré hablar con ellos hasta que descongele el tiempo.
  • ¿No crees que falta algo, Shenglongmon?
  • A ver… decoraciones, comida, bebida, postre, música… ¡Cierto! ¡Las invitaciones!
  • Yo no tengo problema en que hagas la fiesta aquí, pero… normalmente a los mortales les gusta estar en, no sé… un lugar definido con una sensación de arriba y abajo, y… ya sabes, gravedad.
  • ¡Ah, claro! Jejeje… Lo olvidé. A ver…
  • ¡Hagámosla en Chaosville! ¡Hay mucho espacio!
  • Me encantaría, pero como dijiste, a los mortales les gusta estar por lo general en un lugar donde hay un… MÍNIMO de orden. Mmm… ¡Ya sé! ¡Auschwitz! Eh, no… Espera: Devidramon ya me pidió que lo reservara para el cumpleaños de Hitler. Agh… Y no la puedo hacer ni en Nibiru, Kobol o en Cáprica; Nibirumon es de los que es muy quisquilloso con los museos y eso de usar portavasos.
  • ¿Qué hay de tu casa?
  • Quisiera un lugar donde nadie acabe perdiéndose en otra dimensión, Discord. A ver… ¿La Fuente del Digimundo? No… Mismo problema que con Kobol. ¿El Club 33 de Disney? Ah, no… Ni siquiera con magia se puede tener reserva a ese sitio. -gruñó- Reino Mágico de Disney, mis pelotas.
  • ¿Qué hay de la Estación Fiesta? Me contaste de ella y que es barata de alquilar.
  • Está reservada para el rey Hooq del planeta E’ketpara celebrar los quince años de sus hijas mellizas. Mierda… No se me ocurr… Momento, ¡Ya sé que hacer! Pero primero mandaré las invitaciones. -hizo aparecer varios boletos dorados con los nombres de cada invitado; las contó una y otra vez antes de enviarlas- ¡Listo! Y lo mejor es que los podrán usar como teletransportador.
  • ¡Bien! ¿Y a qué hora comienza la fiesta?
  • De inmediato, Discord.


____________________________________________________________​



No tomó nada de tiempo para que Shenglongmon regresara a la Torre de Tokio para reencontrarse con sus amigos y les abriera la puerta… sólo para recordar que aún no había descongelado el tiempo. Un chasqueo de dedos para que sólos sus amigos se reanimaran y todo volvería a la normalidad.

O bien, acabarían cayendo uno sobre otro apenas abriera la puerta.

  • Oh, me estoy volviendo viejo. Jejeje… ¿Qué hacen ahí en el suelo?
  • Estábamos tratando de oír lo que pasaba afuera… -explicó Davis- Y sin darme cuenta, todo el mundo estaba tras de mí.
  • Ah… Bueno; congelé el tiempo, así que la gran cosa no habrán oído. -sonó un teléfono; Shenglongmon atendió su celular- Oh, un segundo, gente bonita. ¿O sea hello? Sorpresa, sorpresa… ¿En qué puedo ayudarte? […] Ya veo… Sí; ya sé que se supone que sé de esta conversación. […] Sí, te los envío de inmediato. Adiós. -tras cortar la llamada, usó una de sus garras para crear un portal, y tomó a Magnamon y UlforceV-dramon del hombro, apartándoles del grupo- Necesito que vayan a un lugar; sus compañeros los están esperando. Descuiden: estarán a tiempo para la fiesta.
  • ¿Qué? -preguntaron los confundidos caballeros mientras eran arrastrados- ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?
  • Los juegos de pronombres interrogativos los dejamos para después. ¡Vayan! -les dijo antes de darles una patada, lanzándolos por el portal- ¡Y enorgullezcan a su Digimundo, carajo! ¡Esos Caballeros Reales son unos imbéciles! En fin; vámonos, chicos.
  • Espera… ¿A dónde los mandaste? ¿Y con quien hablaste?
  • Conmigo mismo, Cody. Los mandé a un universo paralelo en el año 2005 donde hay un imbécil llamado Marcus Daimon que…
  • ¡¡¿¿ESTÁS DICIENDO QUE ACABAS DE HABLAR CONTIGO MISMO DESDE EL FUTURO Y QUE PUDISTE HABER EVITADO LO DE AKUSHENGLONGMON??!!
  • Cálmense, que envejecerán setenta años con tanta presión en sus arterias. Verán: cuando hice esa llamada hace meses desde ese universo en el futuro, no tenía idea que Aku aparecería; y ahora que la contesté aquí, no puedo alterar mi propio pasado: va en contra de las reglas de los Seres Mágicos. Aunque me puedo mandar algunas cosas geniales del futuro como videojuegos, libros y películas siempre que no acabe arruinando su futura salida. Por ejemplo… ¿Quieren ver la nueva película de IT 2017? ¡Me dijeron que es genial! Aunque algo sangrienta, ¡Pero así es mejor! Por cierto, ¿Sabían que el actor que hace de It en esa película es un Niño Elegido en la actualidad? Creo que tiene a un…
  • ¡¡Shenglongmon!!
  • ¡Cierto! ¡Tenemos cosas más importantes que hacer! ¡Vengan conmigo!
En un milisegundo, el Dragón Esmeralda los transportó a un lugar indefinido y muy oscuro en el que no se podía ver nada. Para sorpresa de todos, Kari no tenía uno de sus ataques de oscurantitis, haciendo que todos la miraran extraño.

  • ¿Qué? Acabo de vivir en un mundo dominado por un maniaco del orden y omnicida, además de morir desintegrada y revivida ¡Todo en un solo día! -se excusó ella- Tener miedo a la oscuridad a estas alturas es… estúpido.
  • ¡Alabado sea el Señor! -se lanzó hacia ella para abrazarla- ¡Has madurado, Kari!
  • Que melodramática eres, Gatomon.
  • No creas, Yolei. -aclaró la ángel de boina roja- He sido testigo de su… fobia, y veo que ha mejorado.
  • ¿Dónde estamos, exactamente? -preguntó Blackwargreymon- No veo nada.
  • Eso se resuelve en un instante.
Shenglongmon dio un par de aplausos y se encendieron las luces, develando la sala de estar de una casa de aspecto bastante moderno y bien cuidado, con muebles sencillos y elegantes y varias plantas decorativas. Lo curioso era que a través de las ventanas no se veía absolutamente nada: sólo negrura.

  • ¿Por qué esto me recuerda al estilo de Aku? ¿Y por qué está tan oscuro afuera? ¿Nos trajiste a la Nada o algo así?
  • ¡TK, no me insultes! Además; hay colores, ¿No? -el Dragón Esmeralda se acercó a una pared con una especie de termostato- Bueno, ¿Qué opinas, Devidramon? ¿Lindo lugar para tu fiesta?
  • Pues… Se ve… bien. Supongo.
  • Suenas TAN poco convencido, muchacho.
  • Es que… yo esperaba algo más… de ti.
  • ¡Soy uno de los seres más poderosos del Omniverso! ¡Guardián Digimon de la Magia Arcana! ¡Protector de Cien Mil Universos! ¡Y Fiestero y Organizador de Eventos altamente certificado! ¿Estás dudando de mi poder?
  • Yeah, yeah… Demasiado melodrama, lo sé. -más de uno se golpeó las sienes con la palma de su mano- Espera, que aún no te mostrado todo. Salgamos al patio para verlo mejor.
Tras salir todos a la pequeña terraza con un par de sillas de jardín, Shenglongmon dio otro par de aplausos para despejar aquella oscuridad y revelar que estaban en una especie de pueblo pequeño compuesto por el mismo tipo de construcción, muchos árboles y césped, y serpenteantes senderos en la base de una colina… o eso creyeron hasta comprobar que la “pendiente” continuaba subiendo hasta… volverse literalmente sobre sus cabezas hasta volver al suelo. Como si estuvieran dentro de…

  • ¡¡¿¿UNA ESTACIÓN ESPACIAL??!!
  • ¡Una colonia espacial! Bueno… del tamaño de una villa. Personalmente prefiero el que tiene techo de cristal, pero no quita que tenga una genial vista. -se teletransportó junto a los demás a una plataforma de observación- ¡Vean, vean! ¿A que no es bonito?
A través de la ventana se podía comprobar que en efecto, estaban en el espacio y con una espectacular vista de la Tierra en lado diurno. Devidramon estaba sin habla.

  • Creí que estaría a oscuras o algo así.
  • Ese efecto sólo se ve desde la superficie, Hawkmon. Desde el espacio, no se nota.
  • A ver si entiendo bien… Vas a hacerle la fiesta a Devidramon… ¿AQUÍ? ¿EN EL ESPACIO? ¿EN UNA COLONIA ESPACIAL?
  • Tenía muchas opciones, Gargoylemon, pero esta me pareció la mejor. Además… TK no me perdonaría si la hiciese en el Palacio de Versalles.
  • ¡Oh, puedes estar seguro de eso!
  • Ahora vamos: daremos una pequeña vuelta. -abandonó su forma humanoide para tomar una serpentina, mucho más pequeña- ¡Vamos, suban! Oh, al diablo: los llevaré flotando a mi alrededor.
Con varios de sus amigos a sus espaldas y otros flotando a su alrededor, el Dragón Esmeralda les dio un breve recorrido por la estación: además del pequeño pueblo cruzado por jardines y senderos, había una cancha de fútbol americano, otra de fútbol soccer junto a una de béisbol, un pequeño campo de golf y al menos cuatro pequeños estanques. A los bordes había una especie de arboleda lineal junto a otras que “ascendían” entre las terrazas de observación hasta el eje de la estación, el cual era una auténtica lámpara solar que daba una iluminación muy realista.

Había una plaza central de diseño orgánico con arbustos y setos de hortensias donde ya había un escenario armado y varios muebles.




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  • Un kilómetro y medio de circunferencia, quinientos metros de diámetro, trescientos veinticinco metros de ancho, gravedad de 1g gracias a las dos rotaciones por minuto, y capacidad para casi cuatro mil personas. ¡Y eso que no mencioné las modificaciones que le añadí!
  • Le faltan algunos toques, ¡Pero es perfecto para la fiesta!
  • ¿Qué fiesta? ¡Ya debió de pasar la medianoche!
  • El tiempo sigue detenido, Davis… Y aun faltan dos minutos. ¡Suficiente para traerlos a todos! Pero empecemos con lo primero: la ambientación.
En un instante regresaron a la casa donde habían llegado en un principio; Shenglongmon señaló el panel de la pared con el supuesto termostato: en realidad, era un complejo ambientador que no sólo regulaba la temperatura y humedad de toda la estación, sino hasta el clima de la misma. Incluso el tipo de decoración, densidad de muebles y accesorios para la fiesta, así como la arquitectura, iluminación y tipo de vegetación de la estación.

  • ¿Quieres decir que puedo hacer que LLUEVA aquí?
  • Si quieres que sea una fiesta estilo hawaiano con una ambientación invernal, es decisión tuya, Devidramon.
  • ¡Comencemos entonces!
  • Devidramon, sé que es tu fiesta… ¡Pero no hagas un desastre!
  • Tranquila, D'arcmon… Por ser una fiesta que compartiré con los demás… seré bueno. ¡Pero sólo esta vez! A ver…
La gárgola giró una perilla que indicaba la estación y la puso en invierno: de inmediato comenzó a caer una nevada ligera en toda la estación; redujo el nivel de iluminación, haciendo que sea de noche y se iluminaran los faroles y las luces del interior de los edificios; mantuvo el clima en nevada ligera, la temperatura invernal agradable, pero mantuvo la vegetación de clima templado; Aumentó ligeramente el número de mesas y sillas, y mantuvo la arquitectura, pese a su idea original de hacerla neogótica.

  • ¿Qué les parece?
  • Debo admitir que me sorprendiste, primo. Se ve… decente.
  • ¡¿Qué carajo quieres decir con eso, Gargoylemon?!
  • Que te conozco lo suficiente como para saber tus gustos macabros.
  • Oh, ¿Te refieres a algo como esto? -Devidramon altera la arquitectura con la perilla indicada, volviéndola una de estilo neogótico, y cambia la decoración a una más… satánica- Sí, es más mi estilo.
  • ¡¡Devidramon, cámbialo ya!!
  • Ya, ya… Sólo bromeaba. ¿Saben? Deberían de aprovechar cuando digo que soy bueno. Y no simplemente ignorarlo.
El digimon gárgola volvió a ajustar el ambientador, regresándolo a su aspecto navideño anterior, calmando los ánimos de sus compañeros. En eso, Shenglongmon le pasa una especie de globo navideño.

  • Esto es…
  • Una granada festiva. -explicó el Dragón Esmeralda- La arrojas, y tras explotar, añade lo último para la fiesta, como los bocadillos, bebidas y todo eso.
  • Creí que ya estaba todo hecho.
  • Faltan algunos detalles. Vamos: lánzala.
Una vez lanzada, la “granada” explotó creando una densa cortina de humo multicolor: al despejarse, habían aparecido numerosas mesas con comida y máquinas expendedoras, algunas de ellas flotando, así como pancartas, lámparas chinas flotantes y hasta instrumentos de música y un gran cartel junto al escenario de la plaza que rezaba “Feliz Año 2003 y Feliz Nuevo Milenio”

  • Me imagino que sabes que el tercer milenio comenzó hace dos años, Shenglongmon.
  • ¡No me culpes, TK! Estuve sellado en unos putos pisapapeles tamaño camioneta por cien siglos y me perdí diez cambios de milenio.
  • Podrías simplemente viajar al pasado y celebrarlo, ¿No?
  • Ups… Tienes razón, Patamon. ¿Por qué carajos no pensé en eso? ¡No importa! En lo que a la celebración de Año Nuevo respecta, tengo todo preparado.
  • Entiendo lo de las máquinas expendedoras, pero… ¿Lámparas chinas flotantes?
  • Soy un dragón basado en una cultura que dio origen a la cultura china, Cody. ¡Tenía que hacer referencia a eso! Además, me gustan.
  • ¿A quién invitaste para tocar en mi fiesta?
  • A Good Charlotte y a Nirvana como teloneros, y a…
  • ¿No se supone que Kurt Cobain se suicidó? -insinuó D’arcmon- Por, ya sabes… un escopetazo.
  • En nuestro universo y muchos más, sí. Pero encontré unos cuantos donde sigue vivo… gracias a separarse a tiempo de la loca de Courtney Love. Y como banda principal, pedí a la banda de unos amigos: ¡Hell Brotherhood! ¡Una banda de heavy metal formada por auténticos demonios del Vacío Abisal!
  • ¡¡¿¿Qué??!! -TK exclamó elevando los brazos, y no fue el único- ¡¿Estás loco?!
  • ¿¿INVITASTE A DEMONIOS DE VERDAD A TOCAR HEAVY METAL A MI FIESTA?? Eso… eso… ¡¡ESO ES LO MÁS JODIDAMENTE GENIAL QUE HE OÍDO!! ¡¡CARAJO, TE BESARÍA SI ESO NO FUERA TAN GAY!!
  • Por favor… No lo hagas. Ahora enfoquémonos en el último y más importante detalle. ¡Los invitados!
El Dragón Esmeralda los llevó junto a una puerta doble de madera en apariencia, bastante ordinaria que dominaba la sala de estar; en teoría, esta daba al jardín delantero, pero había sido modificada para servir de entrada para los invitados de fuera de la estación. En pocas palabras, ahora era un portal.

En eso, hizo aparición de nuevo Discord, saludando alegremente al grupo y tomando la apariencia de un presentador de ceremonias con todo y micrófono. Tras un breve instante en que dejó correr el tiempo, diez segundos, Shenglongmon retomó la palabra.

  • Bueno… Ya están todos, esperando a que se les abra la puerta de a poco. Discord los presentará ¿Quieren hacer los honores?
  • Lo haré yo. -dijo Davis, adelantándose- ¡Ya quiero conocer a los invitados!
  • ¡Hey! ¡Esta es mi fiesta, y tú ya eres un invitado!
  • Ah, cierto… ¡Da igual!
  • ¡Y como primeros invitados tenemos a…! ¡Una grata sorpresa!
Al abrir la puerta, Davis esperaba ver a cualquier otra persona, pero los que llegaron les causaron un aluvión de emociones, y no sólo a él sino a sus amigos: eran sus familias. Más de un niño se emocionó de verlos de regreso y abrazarlos tras lo que desde su perspectiva fue un largo momento de separación. Además de las familias de Davis, Ken, Yolei, Cody, TK y Kari -incluyendo a Tai y Matt, y los abuelos de los Elegidos de la Esperanza y la Amistad- habían llegado también Sora, Joe, Mimi e Izzy con sus respectivas familias. El encuentro fue sumamente emotivo, siendo común los abrazos, las lágrimas y… las risas.

Sin que nadie se diese cuenta, Shenglongmon invocó a un pequeño ser con forma de dodecaedro plateado con líneas de luz azules que flotaba alrededor.

  • Por lo que veo, salvaron al mundo otra vez, Ken. No te pusiste a llorar como mariquita, ¿Verdad?
  • ¡Papá!
  • ¡Querido!
  • ¡Señor Ichijouji!
  • ¿Qué? ¿No puedo ser sincero?
  • En todo este embrollo en que te metiste, ¿No causaste problemas, Yolei?
  • ¡Claro que no, hermano! Fui muy útil: hasta fui a la Luna.
  • Por favah…
  • Te recomiendo que no la pongas a prueba, Mantarou. -mencionó Hawkmon- Ahora tiene magia.
  • Por fa… -el hermano de Yolei se detiene al sentir algo caliente en su parte posterior- ¡Para, para! ¡Maldita pirómana! ¡Para!
  • ¡Esto es por usar mi secador de cabello sin permiso! ¡Y mi tinte morado!
  • Niños… -suspiraron los padres de ambos-
  • No nos necesitaron, ¿Cierto?
  • Por suerte no, hermano.
  • ¡Por favor! Si sabes que no necesitamos que estés ahí para que digievolucione, Tai.
  • ¡Agumon!
  • Además… Tus constantes lloriqueos de por qué Sora no quiere ser novia ni de ti ni de Matt no eran necesarios. Ya teníamos a Arukenimon y Mummymon para hacernos reír.
  • ¡¡OYE!! -gritaron indignados los aludidos mientras Kari trataba de ocultar su risa- ¡Te escuchamos!
  • ¡Espero que no hayas hecho el ridículo haciendo tus famosas terapias, Agumon!
  • En realidad, Shenglongmon me dijo que podríamos tener nuevos pacientes. Ya veremos.
  • ¡Y para que sepas, Jun! Me debes algo de respeto como el niño que salvó toda la Existencia.
  • Ay, Davis. -V-mon se lamentaba- Se te suben los humos.
  • Davis: aunque seas la mismísima reencarnación de Buda, te seguiré tratando como el mocoso irresponsable que siempre has sido.
  • Pues la verdad soy la reencarnación de alguien… no muy agradable la verdad.
  • ¿Qué?
  • ¡No importa! Es historia antigua. Sólo no me humilles en esta fiesta, ¿Eh?
  • Descuida. Tengo cosas más importantes en que prestar mi atención… ¡Cómo en tener una cita con Matt!
  • ¿Así que la solución al acertijo era Hagia Sofia?
  • ¿Ves que de algo sirve jugar Age of Empires II, Matt?
  • Bueno… pude sacarle provecho. ¡Soy un éxito con las chicas en Estambul! ¿O se llama Constantinopla de nuevo? Da igual ¡Soy una estrella internacional!
  • Es bueno saber que Matt por fin tiene éxito en algo, ¿No crees, TK?
  • Definitivamente, Gabumon.
  • Por cierto, TK… ¿Resolviste tus problemas con Shenglongmon?
  • Pues… -el niño miró de reojo al Dragón Esmeralda, quien estaba en sus asuntos, junto a algo flotante y plateado- Creo que sí: he llegado a conocerlo mejor, mamá.
  • Por cierto, papá. ¿Por qué no me dijiste que mamá tenía cáncer de mama?
  • Ella… no quería Natsuko; lo descubrimos en Nochebuena. Pero no tienes de qué preocuparte: eso ya está solucionado.
  • ¿Cómo que no nos…? -Patamon se detuvo- Espere… ¿Quiere decir…?
  • Michell logró encontrar un boleto del tal Shenglongmon y le pidió que me curara; se lo concedió, y luego de eso, nos invitó a la fiesta en Versalles.
  • ¡Hasta nos regaló un viaje en crucero por las islas griegas como compensación! -exclamó el anciano francés- ¿Quién lo diría?
  • ¿Él… hizo eso? -se dijo TK mientras miraba de nuevo a Shenglongmon- O sea que…
  • Abuelo, ¿Sabes? Ahora soy una especie de monje xiaolin, con patadas y todo.
  • Pero seguirás practicando kendo conmigo, ¿Verdad, Cody?
  • ¡Por supuesto!
  • Hola… ¿Dónde estoy?
Esa voz causó que más de uno levantara la ceja en señal de sorpresa, y que algunos como Blackwargreymon se pusieran en guardia, listos para atacar. Y no era para menos, ya que la fuente de dicha voz era un confundido -y aparentemente vivo- Yukio Oikawa, usando la misma ropa que tenía al momento de morir, pero con el cabello más limpio y su piel con más color, dejando ese aspecto gris. Sobra decir que Blackwargreymon fue el primero en disponerse a atacarlo sin pedir explicaciones, y que Arukenimon y Mummymon corrieron hacia el humano para protegerlo.

  • ¡¿Cómo es posible que sigas vivo?! -gruñó el Guerrero Dragón Oscuro conteniendo sus ganas de clavar sus Dramon Killer en algo vivo- ¡Te vi estallar en una bola de fuego DOS veces!
  • ¡No tienes que recordármelo!
  • Yo lo reviví, Blackwargreymon. Y antes de que me mandes a la mierda -y con justa razón- déjame decirte que fue parte del trato que hice con Arukenimon y Mummymon para que nos ayudaran de buena gana. Independientemente de su desempeño… cumplieron con su palabra, y yo debo hacer lo mismo.
  • Ya veo… -Black aparta sus Dramon Killer del humano- ¡Pero si vuelve a…!
  • Yo me encargo. -dijo mientras se acercaba a Oikawa- Mira: te reviví a pesar de que no tenía el más mínimo interés o consideración en hacerlo luego de las estupideces que hiciste, pero hasta lograste que Zoe Graystone sintiera pena por ti.
  • ¿Quién es…?
  • ¡No me interrumpas, carajo! En fin: te dio pase libre al Digimundo, y hasta un compañero digimon. -en eso, le lanza un pequeño Datirimon y un digivice, los cuales Oikawa atrapa a duras penas mientras los Niños Elegidos los miran con ojos desorbitados- Pero si tú o tus asistontos vuelven a cometer una estupidez como la que hicieron, o secuestrar niños… Blackwargreymon tendrá manos libres para matarlos. ¿Capisci?
  • Sí, entendí.
  • Bien.
  • Si reviviste a Oikawa… ¿Quiere decir que perdí mi…?
  • No, Devidramon: aun lo conservas; él usa un repuesto.
  • ¿De qué hablan?
  • Por tu propio bien, mejor que no lo sepas. Jejeje… Aunque algo me dice que acabarás sabiéndolo. -el pequeño objeto flotante se acercó al Dragón Esmeralda- B.I.P., lleva a nuestros invitados a sus respectivas mesas, por favor.
  • Como diga, señor.
  • ¿B.I.P.? -preguntó TK lleno de curiosidad al ver a la cosa flotante- ¿Qué es?
  • Mi asistente personal: un robot arcano que hice yo mismo. ¿No es adorable? -los demás lo miran con suspicacia- No creerán que dejaría mi casa en el Vacío Abisal sin cuidado, ¿Verdad? ¡Por eso lo construí! Ahora, sigamos con los invitados.
  • ¡Eso fue muy interesante! Y ahora para continuar con nuestros invitados, recibamos a los más allegados a nuestro anfitrión Demo… Devi… Demi…
  • ¡¡Es Devidramon, carajo!!
  • Devidramon, sí. Oh, vaya, chico: en Equestria te lavarían la boca con jabón sin dudarlo.
Mientras el “robot” llevaba a Oikawa y a las familias de los Niños Elegidos a sus respectivas mesas, más personas llegaban del portal: esta vez eran los amigos de Devidramon, además de Ranamon, seguidas de Floramon, Renamon y Mermaimon; también llegaron Machgaogamon -el compañero de terapia de Ken- y un Zudomon muy pequeño, ambos amigos de Blackwargreymon, a quienes saludaron amistosamente. Los niños se asustaron un poco al ver a un Blackweregarurumon de cerca y un aura de agresividad a su alrededor, la presencia de su hermano menor, y su amabilidad los calmaron un poco. Por otro lado, ver a los amigos de Devidramon saludarlo era… particularmente interesante, así como el encuentro de las chicas con sus novios.

  • ¡Ranamon!
  • ¡Ay, Devidramon! ¿Por qué el abrazo tan fuerte? Ni que nos hayamos separado tanto tiempo.
  • ¡Para mí fue una eternidad!
  • ¡Condenado idiota! ¿Por qué no me dijiste que eras novio de la Guerrera Legendaria del Agua?
  • No me dio tiempo: estaba en mi trabajo de compañero de terapia, Blackweregarurumon.
  • ¿Y me guardaste esta buena noticia? Eres un maldito infeliz. Pero al carajo: felicidades, amigo. Por cierto… Ranamon, tengo una pregunta que hacerte.
  • Dime.
  • ¿Kazemon está libre?
  • Está de novia con Beetlemon, así que… mejor no te ilusiones demasiado.
  • Valía la pena preguntar. -se dirigió a sus demás amigos- ¡Bueno, muchachos! ¡Vayamos a nuestra mesa!
  • Agumon, ¿Y mi abrazo?
  • Floramon; no llevamos mucho tiempo separados; apenas pasó un día.
  • ¡Esa gárgola abrazó al pescado con patas! ¿Y tú no me das ni un besito?
  • ¡Te escuché, maleza!
  • ¿En verdad vas a estar en esta fiesta, mi Gargoylecucú?
  • Devidramon me invitó, así que sí. Además… después de todo lo que pasó… es buen motivo para celebrar.
  • Me muero por oír tus historias; pero me lo dirás en la fiesta. Iré a mi mesa.
  • Eh, Ranamon; capaz y quieras quedarte un poco más. -le dijo Shenglongmon al ver que otro grupo de invitados se iba- Van a venir unos conocidos tuyos.
La Guerrera del Agua lo miró confundida, pero obedeció de buena gana, permaneciendo de lado de Devidramon.

  • ¡Preparen sus ojos y oídos, sementales y yeguas!
  • ¡Discord!
  • Perdón… la costumbre. ¡Que resuenen las campanas! ¡Porque estamos por recibir a unas leyendas, a unos héroes de la antigua época de… Los años noventa. ¡Los Elegidos de Ophanimon!
Cuando la puerta se volvió a abrir, entró un grupo de seis adolescentes de entre dieciséis a diecinueve años, de los cuales sólo una era una chica, de cabello rubio largo que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Ranamon corrió hacia ella a saludarla con mucha alegría.

  • ¡Zoe!
  • ¡Ranamon, tanto tiempo! Veo que no cambiaste nada.
  • ¡Y tú te ves tan bien! -su mirada se volvió hacia los demás del grupo- ¡Ustedes también lucen estupendos! ¡J.P., ya no estás tan gordito!
  • Cosas de la pubertad. -rio el aludido algo apenado- Uno da el estirón, va al gimnasio y…
  • Disculpen… Eh… ¿Quiénes son ustedes?
  • Ellos son los Niños Elegidos que derrotaron a Lucemon en el ’94, Davis. Bueno... después de un asuntirijillo legal que casi manda a las rejas a Ophanimon.
  • Ustedes son los nuevos Niños Elegidos, ¿Verdad? -preguntó Takuya al resto del grupo mientras se saludaban amablemente- Deben de haber hecho un muy buen trabajo. Nosotros no hemos podido volver al Digimundo desde entonces.
  • Será una gran oportunidad para ver a nuestros amigos de nuevo. -añadió Tommy, el adolescente de dieciséis años de estatura media- ¡Ya quiero ver a Bokomon y Neemon!
  • Tengo una duda… No es que Takuya y los demás me caigan mal: se ve que son muy amables, pero… Si ya eran Elegidos hace ocho años, ¿Por qué nos eligieron a nosotros?
  • Porque después del incidente de Lucemon, la Jefa decidió poner a las Bestias Sagradas a cargo del tema de los Niños Elegidos y relegar a los Ángeles, TK. Y las Bestias no tomaron en consideración a los Elegidos de Ophanimon; no sé si fue una buena idea, pero admitan que gracias a ello ustedes son Niños Elegidos.
  • Esperamos conocerlos mejor durante la fiesta. -saludó Koichi de manera respetuosa mientras su gemelo permanecía en silencio- ¡Nos vemos después!
Con el anterior grupo de Elegidos escoltados por B.I.P., los Elegidos actuales y sus amigos digimon se quedaron en la recepción a la espera de los siguientes invitados: estos eran los Elegidos B, que ni Davis y sus amigos conocían del todo bien, pero sí Tai y los demás: lo que más les llamó la atención era que tenían los mismos digimon que el grupo original de ocho miembros, causando una pequeña confusión. Les llamó la atención lo bien que Sora se llevaba con María, Emi y Anya, que Alan -bastante grande y musculoso para sus dieciséis años- se burlara de Joe constantemente junto a un amigo suyo llamado Dom en compañía de su Commandramon, Mimi evitara a Sam a toda costa acusándolo de racista, mientras que los demás miembros eran bastante… normales.

Tras unos minutos en darse una primera impresión. -bastante buena pese a todo-, Davis y los demás esperaron a los siguientes invitados… que eran exactamente LOS MISMOS ELEGIDOS B, aunque ligeramente diferentes, cosa que dejó perplejos a los anteriores Elegidos B y los demás. En cuanto los recién llegados vieron a Devidramon, se pusieron en alerta, como si estuvieran listos para pelear.

Por suerte, Shenglongmon los detuvo justo a tiempo.

  • Hey, hey, hey… Nada de violencia aquí… a menos que sea parte de un juego. ¿Eh?
  • ¡¿Qué hace ese psicópata acá?! -gritó el nuevo Alan, casi idéntico al otro- ¡Dijiste que nos invitabas a una fiesta! ¡No a una trampa!
  • Ehm… Alan, la invitación de Shenglongmon decía explícitamente “Fiesta de Devidramon”.
  • ¡Sé leer, carajo! ¡Quiero explicaciones!
  • ¡No me hables así! -gritó María- ¡Te recuerdo que soy tu novia!
  • ¡¡¡¿¿¿NOVIAAAAAAA???!!! -se oyó un grito en coro; las caras de los anteriores Alan, María y Emi eran de absoluta perplejidad- ¡¡¿¿Ustedes son…??!!
  • Siento que me perdí de algo. -comentó Devidramon tan confundido como los demás- ¿Me lo podrían explicar por las buenas?
  • Chicos… Este no es el enemigo que enfrentaron en la Isla File en su universo. Bueno… sí: lo es, pero no es como ese que está en una clínica mental en su Digimundo.
  • Espera… ¿QUÉ CARAJOS?
  • Que ellos lo expliquen mejor… Resumido, por favor. -aconsejó el Dragón Esmeralda- Tendremos bastante tiempo para compartir historias durante la fiesta… y no puedo congelar el tiempo en el Multiverso mortal por siempre.
El segundo grupo de Elegidos B tuvo que explicar, en un inicio, que en la Tierra de su universo se desató la Tercera Guerra Mundial en 1995 y que acabó en el 2000. Luego de dar un resumen de las consecuencias de la misma, explicaron sus encuentros con Devidramon en la isla File y en cómo lo derrotaron, cosa que a más de uno dejó con la boca abierta, y luego en cómo lo encontraron, dos meses después, como único superviviente del Área Oscura y con un aparente caso de TEPT.

No sólo eso; también relataron que conocieron a una D’arcmon, a Ranamon y a un Gargoylemon en sus aventuras en el Digimundo, y que claramente eran las contrapartes de la exnovia, la actual novia y el primo del Devidramon de ese universo.

  • ¿Que yo era una rebelde que vivía bajo tierra?
  • ¿Qué era la esclava sexual de Etemon vendida por MetalSeadramon?! -chilló Ranamon- ¿QUÉEEEEEEEEE???
  • ¿Qué era un ermitaño solitario al servicio de un Gaiomon?
  • ¿Qué yo servía a Devimon? ¡¡¿¿A ese puto debilucho de Devimon??!! -exclamó Devidramon tan indignado como perplejo- ¡Por favor! ¡No pueden hablar en serio!
  • Pues como yo lo recuerdo, le eras bastante leal, además de respetuoso con él. -le reprochó Jue, el Elegido de la Esperanza del Equipo B- Hasta nos secuestraste a mí y a Patamon. Y te burlaste de nosotros bastante.
  • ¿¿En… en serio?? Pues… la verdad es que ese otro yo era un hijo de puta. Que bueno que lo mataron, ¡Y cómo lo mataron! ¡Felicidades!
  • ¡¿Estás loco?! -gritaron unas sorprendidas Sora y Mimi- ¡Acaban de decirte que ellas le reventaron los ojos con una espina de Togemon!
  • ¡Y además, que quedó traumatizado de por vida por eso! ¿Y tú las felicitas?
  • En realidad, Mimi. -habló la adolescente turca- El Devidramon que conocimos no se traumatizó por morir; lo hizo por… otra causa.
  • ¿Cuál?
  • ¡De eso lo hablaremos después! -interrumpió Shenglongmon algo nervioso- No spoileen tan rápido...
  • ¿Por qué no lo haría? Es más de lo que han hecho ustedes como Niñas Elegidas; ellas demostraron tener ovarios enfrentándose a un digimon malvado estando sólo una semana en el Digimundo, aún a costa de su vida. -Sora y Mimi se quedan mudas, aunque indignadas- Además, si esa versión mía era tan patética como para servir a ese inútil de Devimon que apenas me serviría de postre…
  • Oh, por todos los cielos. -suspiró el Hanzo del universo T2K- Este también es caníbal.
  • Entonces merecía morir como lo hizo; por mí que se joda. En fin, respecto a ustedes, les prometo que no soy malo… -D’arcmon se aclaró la garganta, dándole la indirecta- Bueno… No TAN malo, así que les pido que disfruten de la fiesta, ¿Sí?
  • Este muchacho es el nieto que desearía tener. -pensó Shenglongmon-
  • ¿Qué dicen, chicos? -preguntó el Alan T2K a sus compañeros- ¿Le damos la oportunidad?
  • Bueno… a mi me parece bastante amigable. -señaló el Gomamon T2K- Yo digo que sí.
  • De acuerdo... -siseó la novia del rugbista-
  • Bien. -asintieron los demás del grupo- Pero estaremos atentos.
Mientras el robot asistente de Shenglongmon escoltaba a ambos grupos de Elegidos B a sus mesas, los doce Niños Elegidos japoneses y los digimon que los acompañaban los miraban de lejos, haciéndose muchas preguntas.

  • Apenas te conozco, y tengo entendido que eres un digimon muy poderoso… -comenzó a hablar Izzy- Pero… ¿Acaso trataste de humillarnos al traer a esos chicos?
  • ¿Tratar? Pff… Pero si eso es demasiado fácil. ¿No les cayeron bien?
  • A mi sí. -dijo Sora, muy contenta- Tanto los de este universo como del otro; aunque me da pena lo que pasó en su mundo.
  • ¡Ese Alan es un bruto! -se quejó Joe- ¡Ambos lo son! No paran de reírse de mí.
  • Bueno… Ambos son rugbistas, Joe. Y tú eres un saco de huesos.
  • ¡Apuesto a que se aplican esteroides, Matt! ¡Es imposible que sean así de grandes por mero entrenamiento!
  • ¡No soporto al tal Sam! ¿Cómo diablos permiten que chicos así sean Elegidos?
  • El racismo entre humanos les importa una mierda a las Hermandades Sagradas. Y tú no eres nadie para opinar. ¿O crees que no sé de tu fase de princesita Disney con los Gekomon? Si fuera por eso, te quitaban el papel de Niña Elegida y se buscaban a otra de reemplazo.
  • O sea… que los trajiste para restregarnos en la cara que son mejores que nosotros.
  • En parte sí, TK. Jejeje… Y también porque me caen bien y quería que los conocieran. Pero… -el tono de Shenglongmon se torna más serio de lo usual- también porque hay cosas de las que debemos hablar después, y ellos son sumamente importantes. Sigamos con los invitados; hay muchos que tienen que venir.
  • ¡Desde un universo cercano y con un Digimundo con poca gracia, hasta la intervención de mi amigo Shenglongmon... reciban con los brazos abiertos al… Equipo Tamers!
Las puertas se abrieron, y entraron ocho niños en compañía de sus compañeros digimon. Los Niños Elegidos saludaron a los Tamers y comenzaron a conocerse. Les llamó poderosamente la atención la presencia de un Leomon -como compañero de una niña-, dos digimon prácticamente idénticos que eran compañeros de unos hermanos, otro digimon blanco y diminuto de largas orejas, y un diminuto digimon con forma de hada. También les llamó la atención a los Elegidos que al principio, los llamados “Tamers” parecieron muy sorprendidos de verlos, y algo curiosos respecto a Blackwargreymon y sus amigos.

Y lo otro fue la forma en que la más pequeña del grupo, una niñita de entre cinco a seis años, corrió a saludar a Shenglongmon, quien la recibió de manera bastante cariñosa.

  • ¡Señor Dragón!
  • ¡Niñita Rosa! -le dijo apenas la tuvo en sus brazos y la abrazó; la niña lucía sumamente feliz- ¿Cómo te ha ido? ¿Qué cuenta tu hermano el soso Niño Amarillo?
  • ¡Ya deja de llamarme así, Shenglongmon! ¡Es… racista!
  • Calma, Henry. Momantai…
  • Papá se enojó mucho con mi hermano cuando supo que aprendí esas palabras que tú dices con frecuencia.
  • Por qué no me sorprende esto. -pensó TK-
  • Pff… Tu papá es un viejo amargado. No le hagas caso cuando se enoja por tonterías. -su vista se volteó hacia los demás, tras soltar el abrazo- ¿Y ustedes que cuentan? Imagino que mataron algunos Silentes en estos meses.
  • Unos cuantos, a decir verdad. -contestó Rika con poco entusiasmo- No imaginamos que habría tantos; incluso en el Digimundo seguimos encontrando más.
  • Consideraré destruir su planeta si es necesario.
  • Pero eliminarlos no es mucho trabajo. ¿Verdad, Kenta?
  • ¡Por supuesto, Cyberdramon! Contigo como compañero, no tengo nada que temer.
  • Kenta, cierra la boca o te…
  • Jojo… Veo que Ryo sigue algo molesto.
  • ¡Cállate, Shenglongmon! ¡Por tu culpa perdí a mi digimon y me quedé con… esto!
  • Pu… pu…
  • Que yo sepa, yo no azotaba a Cyberdramon con un látigo.
De inmediato todos los niños Elegidos y los digimon voltearon hacia Ryo, mirándolo con furia e indignación. Mas de uno le dio una buena perorata verbal a Ryo diciéndole que se lo tenía merecido, mientras este se defendía diciendo que Cyberdramon era muy violento, o usando su título de “tamer legendario”, cosa que de nada servía.

  • Ryo: estamos en otro universo; ese título no te sirve aquí. Es más… ni siquiera en casa te sirve.
  • Maldita sea.
  • No me obligues a usar el control.
  • Maldita se… ¡¡AAAAAGGGGGGGGHHHHHHHH!!
  • Déjame usarlo, Rika. -dijo Cyberdramon apenas le sacó el control a la niña- Hay que enseñarle a Ryo a tener modales.
  • Definitivamente tienen mucho que contarnos. -les dijo TK con suspicacia y algo de temor- Supongo que tendremos tiempo para hablar de eso.
  • ¡Claro! ¡No hay problema! -contestó Takato con optimismo- ¡Nos vemos después! -se estaba alejando del grupo junto a sus amigos cuando se le oyó decir...- ¡Rika! ¿Puedes creerlo? ¡Son ellos!
  • Por favor, Takato; no te vuelvas un fanboy.
  • ¿Huh?
  • Discord, presenta a los siguientes invitados, por favor. Prefiero las explicaciones metarreferenciales para después.
  • ¡Viniendo de un universo donde los digimon sufren de la glándula tiroides, reciban con un gran aplauso al… Equipo DATS!
Los primeros que entraron fueron en realidad UlforceV-dramon y Magnamon, quejándose airadamente sobre sus contrapartes en ese universo, llamándolos “gigantes descerebrados” una y otra vez antes de reunirse con el grupo de digimon junto a los Elegidos; finalmente, llegaron los miembros del Equipo DATS: Marcus y su hermana Kristy, Thomas y su hermana Relena -en silla de ruedas-, Yoshi y Keenan, en compañía de sus digimon. Lo primero que llamó la atención de los Niños Elegidos era el tamaño ligeramente mayor que tenían esos digimon, además de la peculiar apariencia del Agumon del tal Marcus.

  • ¡Bienvenidos a mi casa!
  • No sabía que los digimon en tu mundo fueran tan… pequeños, Shenglongmon.
  • ¡¡HEY!!
  • Marcus, contrólate: nos invitaron a una fiesta.
  • No lo digo para insultar, Thomas. Tranquilízate.
  • Veo que no trajiste a tus padres, Marcus.
  • Supongo que luego de que liberaste a mi papá del control de Yggdrasil, decidieron ponerse al día y recuperar el tiempo perdido.
  • Eso fue hace casi dos meses y medio. Pero bueno, lo entiendo por tu padre: diez años sin sexo deben de ser terribles.
  • ¡¡¡SHENGLONGMON!!!
  • ¡¿Qué?! ¡Yo tuve una abstinencia sexual forzada de diez mil años! -exclamó ante un público totalmente ruborizado- ¡Entiendo perfectamente a Spencer! Prioridades, son prioridades. Y deberían de conocer a la mamá de Marcus....
  • ¡¡¡SHENGLONGMON!!!
  • Ah… Así que eso era lo que hacían en su habitación por las noches en los últimos meses. -Kristy suspiró aliviada- Y yo que creí que estaban peleándose por los diez años de ausencia. Que alivio.
  • ¿Podemos ir a nuestras mesas por favor? Esto se está tornando incómodo.
  • Claro, Yoshi. -el Dragón Esmeralda dio unas palmadas, haciendo que su robot asistente apareciera instantáneamente- B.I.P., llévalos a su correspondiente mesa, por favor.
Tras despedirse de los Elegidos, el Equipo DATS siguió al pequeño robot a su respectiva mesa; más de uno vio con curiosidad al Agumon con correa, entre ellos Blackwargreymon, a quien le traía malos recuerdos.

  • Tenía un compañero así en la primaria. -soltó el Guerrero Dragón Oscuro- Espero que este Agumon no sea tan imbécil como ese.
  • No lo es… tanto, Blackwargreymon. Marcus es de hecho peor; pero confío en que los Alan lo pongan en su sitio si se pone pesado. En fin: es momento de que venga la Crème de la crème del Digimundo. ¡Discord!
  • Presentado a las élites del Digimundo, las pseudodeidades casi inmortales guardianas y protectoras de los digimon… siempre que no tengan problemas intrafamiliares o de convivencia… Damas y Caballeros: ¡Las Hermandades Sagradas!
De una aparecieron todas las Hermandades Sagradas, comenzando con los Grandes Ángeles encabezados por… Bokomon y Neemon: Seraphimon, Ophanimon, Cherubimon, Dominimon, SlashAngemon, ClavisAngemon y Razielmon; luego de saludar cortésmente a sus anfitriones, se fueron directo a sus mesas. De ahí siguieron los Grandes Dragones, quienes saludaron a Shenglongmon más como amigos cercanos que como los viejos maestros que eran. Luego siguieron los Caballeros Reales, quienes al momento de entrar, recibieron un cálido recibimiento de sus compañeros, en especial Dynasmon, que casi muere asfixiado del abrazo del Caballero Azul que no paraba de alegrarse de que ya no fuera un Dalek; educadamente, Dynasmon lo aparta a un lado bastante confundido y sigue su camino, mientras que LordKnightmon y Duftmon hacen uso de su particular actitud snobista, cosa que molesta a más de uno.

  • Que digimon más insoportables. -soltó Kari con suma agresividad, sorprendiendo a más de uno- No me puedo creer que sean protectores del Digimundo.
  • Sólo esos dos maricas son así, niña fresa. -añadió Devidramon- Los demás son buena onda; aunque Alphamon está siempre drogado, Omegamon anda con su crisis tripolar, y Examon odia a los niños... Y creo que sigue afectado por perder las elecciones de Presidente de los Dragones Digimon.
  • Sigamos. Los siguientes son…
Los Diez Guerreros Legendarios -en realidad nueve, ya que Ranamon estaba ya presente- hicieron aparición, saludando a los Niños Elegidos y felicitándolos por sus logros en el último año antes de ir a su mesa y reencontrarse con sus amigos humanos de hace años. A Davis y sus amigos les cayeron sumamente bien, aunque concordaron que Arbormon era... extraño.

Luego llegaron Doce Olímpicos fueron los siguientes en aparecer, y no tardaron en llamar la atención por sus problemas familiares: varios de ellos peleando y a duras penas saludando a los humanos: Apollomon y Neptunemon fueron los más amigables, además de Venusmon aunque fuese sólo por cortesía; los demás… estaban más ocupados discutiendo, y tanto Jupitermon como Junomon fruncieron el ceño al ver a los humanos.

  • Necesitan terapia. -sentenciaron los Elegidos al unísono- Parecen Full House versión digimon.
  • Además, esa Junomon se ve tan… petulante.
  • Y tienes razón, Cody: es muy… dominante.
  • ¿Los conociste antes, Blackwargreymon?
  • Hace meses, poco después de conocer a Devidramon y a D’arcmon.
  • ¡De las mismísimas profundidades del Área Oscura, reencarnando los pecados capitales! ¡Recibamos con un fuerte aplauso a los Demon Lords!
TK fue el primero en levantar la ceja al oír ese nombre y ver quienes llegaban, ya que ese era el grupo al que pertenecía Daemon; si bien, ya conocían a Lilithmon desde hace una semana. Como la vez anterior, ella saludó de manera bastante amigable a los Elegidos y a los digimon, junto a Beelzemon, quien era un gran amigo de Devidramon. Los demás… claramente no tenían ganas de estar ahí, especialmente Belphemon, quien prácticamente caminaba dormido, y barbamon, quien refunfuaba a cada rato.

Detrás de ellos, y muy vigilantes a los Demon Lords, venían dos digimon muy particulares: Anubismon, quien era muy parecido a una versión del dios egipcio con alas de ángel, y Hekatemon, de aspecto a una mujer humana de piel blanca como la porcelana, largo y lacios cabellos negros con un brillo azul como de la noche, un yelmo plateado semejante al de Lobomon, cuatro alas negras y vestimentas similares a los de Anubismon.

  • Creí que no podían abandonar el Área Oscura.
  • Hekatemon sólo puede hacerlo durante la mitad del año, pero siendo una ocasión especial, hemos roto esa regla por hoy, Shenglongmon. Además… -mirando de lejos a los Demon Lord- Alguien los tiene que vigilar.
  • ¡Pues adelante! -exclamó la gárgola anfitriona- Es todo un honor tenerlos aquí.
  • Muchas gracias.
Anubismon y su pareja se retiraron solemnemente de la recepción, bajo la atenta mirada de los Elegidos.

  • Bueno; eso es todo de parte de los mundos donde los digimon existen. -sentenció Shenglongmon sacudiéndose las manos- ¡Ahora vendrán los que vienen de universos donde los digimon no existen!
  • ¡Estoy ansioso por conocerlos!
  • Me encanta tu entusiasmo, Davis. En especial porque algunos de los que vendrán no son humanos, así que trátenlos bien. ¡Discord, comienza!
  • ¡Nativos de un mundo donde nacen algunos dotados con el poder de manipular los elementos, y donde los animales híbridos son la norma, presentamos al Equipo Avatar! ¡Un aplauso!
De la puerta salieron seis chicos de entre doce a diecisiete años, claramente de aspecto asiático aunque con algunos rasgos peculiares, cosa que no les impidió saludarlos y conocerlos un poco, siendo bastante amigables. Sus ropas eran de aspecto algo antiguo, casi medieval, pero más allá del adolescente con esa cicatriz en el lado izquierdo de su rostro, y el chico calvo con ropa de monje con un lémur sobre sus hombros, no había nada raro. Hasta que una inmensa criatura con aspecto de bisonte blanco trató de cruzar la puerta.

  • ¿Tenías que traer a Appa?
  • Tu invitación no decía nada de que no podía traerlo, Shenglongmon. -se excusó Aang con cara de inocente- Además, sabes que somos inseparables, aún estando en universos diferentes.
  • Sigh… Bueno, lo encogeré para que pueda entrar. -Shenglongmon señaló con su dedo al bisonte y este se encogió al tamaño de un pájaro, volando con suma destreza hasta el monje- Volverá a su tamaño original cuando salgan de esta recepción.
  • ¡¿Qué es esa cosa?! -gritó Davis, seguido de varios más- ¿Es un… bisonte volador de seis patas con cola de castor?
  • Ajá, es mi amigo Appa.
  • Shenglongmon nos dijo que los digimon podían ser de cualquier forma y tamaño posibles, ¿Y les extraña ver un bisonte volador?
  • Toph, no seas tan grosera. -interrumpió Katara- Discúlpenla, es su manera habitual de ser.
  • ¡Este lugar es asombroso! Me recuerda a las villas del Imperio del Éter. ¿No lo crees, Suki?
  • Este lugar se ve más bonito. -respondió la joven guerrera- Menos… color gris.
  • Es normal que lo parezca, Sokka: estamos en una estación espacial en la órbita de la Tierra. -respondió el Dragón Esmeralda- No veo a Iroh, ¿Por qué no vino?
  • No creerás que dejaría a la Nación del Fuego sin nadie que la cuide, ¿Verdad? -contestó el Señor del Fuego, causando una que otra sorpresa- Y más en estos tiempos en que las negociaciones diplomáticas con el Imperio del Éter son tan urgentes. Y mi tío es perfecto para el trabajo.
  • Cierto, cierto. Pero es una lástima. -contestó algo apenado- Le habría encantado venir. ¡Así le mostraba mi colección de té!
  • ¿Tú eres líder de una nación? -señaló Gatomon incrédula- ¡Pero apenas eres un adolescente!
  • Soy el regente de mi nación, luego de que derrocáramos a mi tiránico padre, y… Creo que lo podremos hablar después, si no les molesta.
  • Habrá bastante tiempo para que se conozcan. -Shenglongmon dio un par de aplausos, y B.I.P. apareció- Por favor, escóltalos a su mesa.
  • Necesito uno de esos. -comentó Sokka- ¿Podrías hacerme uno?
  • Tal vez, jeje… Depende de lo que digan tu novia y tu hermana.
El Equipo Avatar se fue, dejando una buena impresión a los Niños Elegidos, aunque seguían algo confundidos: de esos seis chicos, cuatro podían controlar los elementos, y los otros dos, eran guerreros. ¡Y no pasaban de los diecisiete años! ¿De qué clase de mundo venían?

  • ¡Presentando a los héroes de dos mundos, a los viajeros del tiempo, los Aventureros del Yermo, Hijos del Holocausto! ¡Desde Azeroth… el Equipo Qatsi!
  • ¡¡¿¿AZEROTH??!! -exclamaron Ulforce y Magnamon-
Si el anterior grupo era extraño, este lo era aún más, dejándolos atónitos: eran cinco integrantes, pero sólo una era claramente humana, una adolescente de cabellera pelirroja hasta los hombros, piel clara con algunas pecas y ojos verdes; los demás eran definitivamente no-humanos: alguien que claramente era un elfo de cabello corto pelirrojo y orejas alargadas, una especie de ogro verde muy fornido y dos minotauros albinos muy parecidos entre sí, y realmente INMENSOS. Además, la chica era muy seguida de cerca por un extraño robot flotante con apariencia de pulpo.

Algo curioso era que los cinco individuos tenían una especie de “brazalete” de alta tecnología en sus muñecas, que aunque diferentes uno del otro, claramente eran el mismo aparato.

  • ¡Bienvenidos a la Tierra, chicos! Oh, bueno… a la órbita de la misma.
  • ¿Ves, Koya? ¡Julius Wells no mentía! Te lo dije: la Tierra es real. ¡Un planeta habitado únicamente por humanos! -exclamó el minotauro de ojos dorados de manera muy entusiasta, causando que uno que otro niño se riera- ¿No es emocionante?
  • Lo sé, Powaq, lo sé… -refunfuñó el mellizo tauren de ojos azules- Por la Gran Madre Tierra: ya nos explicaron sobre el Multiverso.
  • ¡Ustedes deben de ser los amigos de Shenglongmon! ¿Cierto? -preguntó la chica, saludando a los niños uno a uno- Me llamo Nahlia Bustamante; es un placer; el robot a mi lado es mi mayordomo y amigo Niles.
  • Un placer, jóvenes. -contestó el robot de manera educada y un acento ligeramente británico- Señorita Nahlia; detecto criaturas extrañas a nuestro alrededor. ¿Son seguras?
  • Claro, Niles: son los digimon de los que Shenglongmon nos habló. -su mirada fue hacia los ocho digimon rookie- ¡Que lindos son!
  • ¡Gracias!
  • Desde que Shenglongmon me habló de los digimon, he querido conocerlos. -comentó el tauren de ojos dorados, cuya mirada pasaba por cada digimon presente- ¡Son criaturas increíbles!
  • Por la Fuente del Sol, Powaq. Cálmate.
  • Jaeger, ¿Por qué no les muestras tu dracohalcón? Seguro les gustará.
  • Tal vez luego. -contestó el elfo, con una voz algo fría- Sigh… Al menos parecen amigables, aunque la gárgola esa me da mala espina.
  • ¡Hey, no soy mal tipo! ¡Soy el anfitrión!
  • Disculpa, pero me recuerdas vagamente a las criaturas de la Plaga de No-Muertos de nuestro mundo. Matamos a unas cuantas hace meses cuando explorábamos Rasganorte.
  • ¡Estoy seguro que para los digimon, la Plaga no es nada! -gritó el orco- ¡Vamos! ¡No dejé a mi segundo al mando a cargo de la Nueva Horda de Acero para perder el tiempo estando parado!
  • Como digas, Oh, gran Jefe de Guerra.
  • Jajaja… Cállate, Koya, o te daré una paliza frente a estos niños humanos.
  • Quiero ver que lo intentes, pielverde.
Los Niños se quedaron mirando fijamente al orco y al tauren discutiendo mientras se alejaban; de alguna que otra forma, les recordó a Tai y Matt, o a TK y Davis meses atrás. Claramente esos dos eran buenos amigos. Shenglongmon les dijo resumidamente que Azeroth era un mundo “primo lejano” de la Tierra, pero en el que había magia, seres mitológicos y más de cuarenta especies inteligentes. Y que además, ellos eran de un Azeroth post-nuclear del futuro, concretamente del año terrícola del 2183.

  • Antes de que me pregunten una estupidez… Nibirumon fue quien me recomendó ir a ese universo, a esa época en particular, para buscarlos. Koyaanisqatsi y sus amigos son excepcionales. Ya lo descubrirán.
  • Otro mundo que acabó en una guerra nuclear. -suspiró TK algo desilusionado- Parece ser bastante común.
  • Su Holocausto nuclear fue hace cien años… desde su perspectiva; de a poco se recuperan. No es nada comparado al planeta Ka’vak’ah, a 36 años luz de aquí, que tuvo TRES guerras nucleares sólo en el siglo XIX.
  • ¡¡¿¿ES EN SERIO??!!
  • Sí, chicos. Pero descuiden; los Kafer están bien. Aunque en el futuro se tendrían de cuidar de ellos… Esos insectos son algo… belicosos.
  • Mmm… Ese Jaeger se ve guapo.
  • ¡Yolei, no empieces! -se quejó Hawkmon- Apenas y logramos una mejora en ti.
  • ¡Cierto! -exclamó Davis- Apenas y te curaste de tu loco enamoramiento de Blackwargreymon y comienzas a enamorarte de otro.
  • Ahora sigamos recibiendo invitados. ¡Discord!
  • ¡Reciban con los brazos abiertos a tres cándidas chicas, las mejores espías internacionales del mundo: protegiendo la seguridad de los humanos sin perder el estilo ni su promedio de calificaciones! ¡Las espías de WOOHP!
De la puerta salieron tres chicas adolescentes muy bien vestidas: una rubia, una morena y otra pelirroja. Al principio, se sorprendieron un poco de ver a los digimon, pero la chica morena parecía encantada con ellos, siendo sumamente alegre y amistosa, cosa que a los digimon les agradó, aunque la rubia era algo… arisca, no era tan mala. Y vale decir que más de un chico no apartó sus miradas de ellas.

  • Así que aquí será la dichosa fiesta. -suspiró la rubia- Al menos no será un reventón desquiciante manejado por un villano mutilado psicópata o algo así.
  • Clover, ¡Estamos en una estación espacial y rodeados de personas de otros universos! -chilló la chica morena- ¡Esta no es como cualquier fiesta a la que nos hayan invitado! ¿Y a poco los digimon no te parecen adorables? -de inmediato fue a saludar a los digimon- Me llamo Alex, y ustedes son…
  • Yo me llamo V-mon. -saludó el, seguido de los demás- Es un gusto.
  • Yo me llamo Patamon.
  • ¡Eres adorable! Me recuerdas mucho a mi mascota Oinky.
  • Jejeje… Eso me recuerda que antes pensé que Patamon digievolucionaría a un cerdito.
  • ¡TK, no me avergüences!
  • Pero Shenglongmon me dijo que digievolucionas a un ángel, ¿O me equivoco?
  • Sí, me convierto en un hermoso y poderoso digimon ángel.
  • No presumas, Patamon. -dijo la digimon felina-
  • ¿De verdad ustedes son espías internacionales? -preguntó Kari sumamente curiosa- ¿Y salvaron al mundo? O sea… a su mundo.
  • Llevamos casi tres años en esto. -contestó la pelirroja, que se llamaba Sam- Entre eso y tratar de ser adolescentes normales de Beverly Hills, es todo un reto.
  • Espero que ustedes no hayan lidiado ni con la mitad de los locos que enfrentamos nosotras. -comentó Clover, moviendo su cabello con sus dedos- Un montón de tipos frustrados con la vida y que tratan de vengarse de la humanidad entera por cosas tan absurdas como ser despedido de Starbucks o tener mala experiencia con los chicos.
  • Suenan a excelentes pacientes de terapia. -comentaron Agumon y Gabumon al unísono- ¿Nos podrían llevar un día?
  • ¡Ni lo sueñen! -gritó Tai, antes de cambiar rápidamente de actitud- Hola, soy Tai Kamiya, de catorce…
  • ¡Largo de aquí, entrometido! -gritó Davis, apartándolo de un empujón al costado- Soy Davis Motomiya, líder de los Niños Elegidos y salvador del Multiverso.
  • ¡¡DAVIS!!
  • Agh… A este ya se le subieron los humos. -murmuraba V-mon-
  • Ehm… mira niño: seguramente serás un héroe y todo, y admito que eres algo lindo, pero creo que la diferencia de edad es un pequeño problema. Así que… no quiero que te hagas ilusiones.
  • Por cierto, Shenglongmon, ¿Funciona mi teléfono en este lugar?
  • Cuando descongele el tiempo, Clover. Sabes que modifiqué sus Compowder para ser comunicadores a través del tiempo y el espacio.
  • ¡Perfecto! Me muero por restregarle en la cara a Mandy de que estoy en una fiesta tan exclusiva que no sería capaz de soñar.
  • ¿Sabes? Creo que mejor nos vamos a nuestra mesa. -dijo Sam, tomando a su amiga rubia del brazo y llevándola junto a Alex- ¡Nos vemos después: fue un placer conocerlos!
Una vez que las espías se fueron, se oyeron unos cuantos murmullos; claramente para los chicos, eran bastante atractivas, y simpáticas.

  • Clover es tan… bonita. Aww…
  • Controla tu baba, Davis. Que ensuciarás el piso.
  • ¡Oye! ¿Tú te puedes enamorar de cualquier no-humano y yo no puedo de una chica de mi especie? ¡Eso no es justo, Yolei!
  • Calma, calma… Davis: Clover no se fijará en ti… ni aunque yo te vuelva adolescente. Ahora, recibiremos a nuestros penúltimos invitados. ¡Discord!
  • Conocidos como los ases del aire, el terror de los criminales, y el desdén por los zapatos a la hora de luchar. ¡Damas y Caballeros! ¡Recibamos a los Swat Kats! Y acompañantes.
Por alguna razón, a Davis y V-mon ese nombre les sonó familiar. De la puerta entraron cinco jóvenes adultos -tres hombres y dos mujeres- y un niño de aparentemente diez años… un grupo bastante peculiar de por sí. Pero lo realmente llamativo era que pese a sus ropas normales, ninguno de ellos era humano, sino que eran… gatos. Bueno, felinos antropomórficos más bien, de cuatro dedos en las manos, orejas de gato y hasta colas.

Puede a que los niños humanos, e incluso a los digimon les extrañara esto, pero claramente a Shenglongmon esto le parecía de lo más normal.

  • Jejeje… ¿Por qué ustedes dos están mojados?
  • Resulta que estábamos trabajando en el depósito de chatarra durante la mañana cuando de repente. ¡Flash! -exclamó el “gato” de pelaje canela- Se volvió completamente de noche y comenzó a caer un aguacero.
  • Tuviste algo que ver, ¿Verdad?
  • Directamente… no, Chance. Fue resultado de regresar a toda la Existencia a la normalidad.
  • Ah, eso explica esa sensación de tiempo perdido. -señaló el “gato” de pelaje rojizo, y cabellera rubia- Perdimos un día entero, si mis cálculos no me fallan.
  • Espera… ¿C… cómo lo sabe? ¡Creí que le habías borrado la memoria a todos!
  • Sólo a los de nuestro universo, Yolei, porque la Entropía Silenciosa fue instantánea con ellos; además de que solo aquí la gente fue consciente de su propia muerte. Sucede que nuestro amigo Leonard…
  • ¡Lenny! Teniente comandante Lenny Steel, por favor. Detesto que me llamen Leonard: es tan… soso.
  • Bueno… LENNY es sensible a la magia, y los mortales con esta peculiaridad no son tan fáciles de engañar. Él siente que algo pasó, pero no sabía explicar con exactitud qué… hasta ahora.
  • Sigo sin poder creer que te hayas guardado esa habilidad cuando apareció MadKat.
  • Era parte del disfraz, seño… Callie. Tenía que aparentar ser un bueno para nada para mi misión de encubierto. Además, no soy un mago.
  • ¡¿Me podrías explicar cómo es esto posible?! -Izzy se puso entre Shenglongmon y los felinos- ¡Ellos… cómo! ¿De dónde son?
  • Ay, Izzy. -el Dragón Esmeralda se frotó las sienes- Acabas de perder los modales que te inculcó tu madre con tanto esfuerzo.
  • Ciudad de Megakat.
  • Sur de California.
  • Estados Unidos de América.
  • Planeta Tierra. -finalizó Jake- Una Tierra de otro universo, obviamente.
  • ¿Y cómo es Megakat?
  • Pues…
  • Es un San Diego alternativo que tiene elementos de Ciudad Gótica, Saltadilla, Eerie Indiana y Sunnydale, Yolei. -soltó el Dragón Esmeralda interrumpiendo a Chance- En serio: no había visto una ciudad con tan mala suerte desde los videojuegos de Silent Hill.
  • Con respecto a ti, niño genio. -señalando a Izzy- ¿Realmente crees que en todas las Tierras del Multiverso mortal los humanos son la especie dominante? Y francamente, parafraseando a Toph: luego de conocer a digimon como Leomon o Apollomon, ¿Verlos a ellos les sorprende?
  • Ahora que lo mencionas… -interrumpió TK, señalando a los recién llegados- Ustedes no parecen sorprendidos de vernos.
  • Es que… ya vimos humanos antes. -mencionó el gato canela- No en persona, claro está. Vimos a uno cuando…
  • ¿Allanaron mi casita en la Bahía de Megakat?
  • Yo no llamaría “casita” a esa torre gigante de casi cuatrocientos metros hecha con cualquier cosa a la pata flotando en medio de la bahía sobre un remolino de energía caótica que hiciste.
  • ¡Suena a una casa maravillosa! -gritó el Draconeqqus- ¿Tienes las fotos?
  • Claro, te las paso luego. Pero en fin: habrá mucho tiempo para eso.
  • ¿Ustedes son los Niños Elegidos? Shenglongmon me habló mucho de ustedes. Me llamo Max Brooks.
  • ¿Qué te dijo de nosotros? -preguntó TK bastante curioso ante el “niño gato” de pelaje gris rayado- Tengo el presentimiento que nada bueno.
  • Aparte de que estaban algo locos, que vivían grandes aventuras en el Digimundo para proteger a los digimon. -se encogió de hombros- Supongo que es genial tener a un compañero digimon.
  • De hecho sí; es un amigo que siempre está a tu lado.
  • Oye, puedo hacerte una pregunta. -Max asintió- ¿Qué se siente tener cola?
No sólo V-mon, sino todos los amigos de Davis se golpearon las sienes en señal de vergüenza, y más de un kat se sintió ligeramente incómodo. Yolei estaba por darle una bofetada como correctivo hasta que Max contestó con suma calma.

  • Supongo que lo mismo que no tenerla. -rio el niño- ¿No crees?
  • Pues…
  • Bien hecho, Max. -le dijo Chance con un pulgar en alto-
  • No puedo creer que ese niño haya hecho esa pregunta tan tonta. -murmuró Steel- ¡Cómo si no hubiera conocido a digimon con cola antes!
  • En serio: ese chico podría ser buen amigo de Burke y Murray, Jake.
  • Chance…
  • Espera… -dijo Davis; su cerebro procesaba la información- ¿De casualidad tú hiciste este guante?
  • ¿Mi viejo Glovatrix? Sí, lo hice yo, ¿Por qué? ¿Y qué haces con él?
  • Lo dejaste en mi caja de herramientas, chico genio.
  • Fue bastante útil durante nuestra estadía dentro de la Megatorre de AkuShenglongmon.
  • ¡¿AKUSHENGLONGMON?!
De repente hubo cierta tensión, alguna que otra ceja levantada, y hasta el fornido Chance pareció temblar. ¿Acaso lo conocían?

  • No… no me digas que…
  • Me temo que sí: se liberó. -le contestó al rubio atigrado- Luego los chicos les darán los detalles; ahora es momento de pasarla bien. -en eso, B.I.P. apareció- Llévalos a su mesa, por favor.
  • Por supuesto, señor. Acompáñenme, por favor.
  • Al menos este no te aplastará el pie, Chance.
  • Cállate, Jake.
Apenas el grupo de kats se fue, los Niños Elegidos le exigieron una explicación, la cual, Shenglongmon se las tuvo que dar resumidamente.

  • Mmm… Ese Chance es guapo.
  • ¡Yolei! ¿Qué tienes contra los machos de tu especie?
  • Olvídate de eso, Hawkmon.
  • Pero volviendo al tema… ¿Nos estás diciendo que fingiste ser un villano manipulador de la realidad en su ciudad, y que cuando Chance te dijo que eras sólo un bufón, te convertiste en AkuShenglongmon? ¡¡¿¿EN SERIO??!!
  • ¡En una demo, chicos! Y al igual que con Daemon, yo se lo advertí: que no le gustaría verme como un villano REALMENTE malvado. Por suerte… logró revertirlo, pero creo que lo traumé un poco.
  • Y luego te quejas de los que abusan de los mortales.
  • ¡Tenía mis motivos, TK! Además, nunca lastimé a nadie. Bueno, como sea: creo que ya son todos los invitados importantes. Yo recibiré a las bandas mientras ustedes pueden ir a conocer mejor a los invitados. -tronó los dedos y teletransportó a su grupo de amigos a las mesas de la fiesta- Fiu… Será un largo día.
No pasó mucho tiempo -o no tiempo, realmente- para que aparecieran los dos grupos humanos que harían de teloneros; luego vinieron unos cuantos invitados más -Kinkakumon y Lilamon entre ellos-. Después, la puerta doble se abrió en breve, de la cual salió una enorme mano roja con garras tratando de pasar por la pequeña abertura.

  • ¡Carajo, Bapho! ¡Les dije en la invitación que se encogieran para venir aquí!
  • Ups… Perdón. -dijo una voz ronca- Ya vamos.
Entraron tres demonios corpulentos de tres metros de alto y apenas luciendo taparrabos junto a sus instrumentos: el tal Bapho, un con forma de gárgola y otro más similar a un minotauro.

  • ¡Bien, que bueno que vinieron! Los llevaré a los vestidores. Tocarán luego de las campanadas de Año Nuevo.
  • Una pregunta. -soltó la gárgola- ¿Los invitados son… humanos?
  • Eh… La mayoría sí, Krakon.
  • ¿Los podemos comer?
  • NO. Son los invitados de esta fiesta, y mis amigos. La gran mayoría al menos.
  • ¿Y qué se supone que vamos a comer? -se quejó el minotauro- Somos carnívoros y nos gustan las presas vivas, lo sabes.
  • Agh… Ya lo solucionaré. ¡Y no se coman a mis invitados o me enojaré!
  • Bueno…
Una vez que los envío a los vestidores con magia, dejó salir otro suspiro ante las complicaciones que surgían. Entonces tuvo una idea… que ejecutaría poco después de la medianoche.



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Todo el mundo ya estaba en sus mesas, o alrededor de las mismas, conversando entre ellos o los demás invitados, conociéndose de a poco. Sin duda alguna, los nativos de Azeroth y los kats eran los que más llamaban la atención, aunque las Hermandades Digimon tampoco pasaban desapercibidas. De momento, todos la estaban pasando bien, aunque la fiesta oficialmente no había empezado.

En medio de aquel ambiente tan… relajado, apareció el Dragón Esmeralda, justo al lado de Devidramon, quien estaba conversando con sus amigos digimon.

  • Qué bueno que viniste; estaba creyendo que no volverías.
  • Arreglaba unos asuntos. ¿Qué tal la están pasando?
  • Bueno… de momento, muchos de los invitados que trajiste me están cayendo bien, especialmente los Alan y el tal Chance. Por cierto, ¿El tiempo sigue detenido?
  • No por mucho tiempo; nótese la ironía. ¿Puedo tomar la palabra un momento?
  • Claro, claro: adelante.
En un instante, había un Slayerdramon verde sobre el escenario y con un micrófono, que golpeó suavemente el aparato para llamar la atención del público.

  • Buenas noches: gracias a todos por venir a esta fiesta de mi amigo Devidramon; un gran sujeto que se merece este momento. Trataré de ser breve, ya que quiero volver a hacer correr el tiempo: espero que todos los aquí presentes disfruten de la fiesta y de los invitados aquí reunidos; este ha sido un año largo, y creo que nos merecemos un tiempo para relajarnos, compartir y conocer a nuevas personas. Y… se acabó; es todo lo que tengo para ustedes, querido público. Jejeje… ¡Ahora unas palabras a mis mundos natales!
Detrás de él aparecieron varias pantallas holográficas que mostraban diversos puntos emblemáticos de la Tierra… pero también del Digimundo, y en todos era de noche. Lo cierto era que en la imagen de un Slayerdramon verde con un micrófono era visible en ambos mundos a través de numerosas pantallas de televisión y computadora. Para ese entonces, el tiempo había vuelto a correr.

  • ¡Gente bonita! ¡Tanto el frenesí de deseos como el año se están acabando! Espero que se hayan divertido; les aseguro que yo sí. Y para cerrar esta noche con broche de oro, he preparado un gran espectáculo: habrán notado que es de noche en todo el mundo. Bueno… ¡Eso es porque sólo por hoy, será Año Nuevo en todo el mundo! ¡Olvídense de los husos horarios: hoy será como en las caricaturas!
  • ¿De verdad puede…? -suspiró TK- Agh… Claro que puede.
  • Tienes que admitir que no suena mala idea. -comentó Patamon cómodamente sobre su cabeza- Es algo que siempre he querido ver.
  • A decir verdad... yo también.
  • ¡Devidramon, haznos los honores!
El aludido apareció repentinamente en el escenario, aun perplejo, junto al Slayerdramon verde en cuyas manos había una cajita con un botón verde. Arriba, una pantalla iniciaba la cuenta regresiva. 20… 19… 18… 17…

  • Sólo tienes que apretar el botón y ya está: darás inicio al show de luces.
  • ¿Seguro?
  • Claro. Y una vez lo hagas, tú tendrás el mando.
  • Pues…
  • ¡Vamos, que el tiempo se acaba! -le arrojó la cajita- Y la fiesta tiene que iniciar ya: 10... 9… 8…
  • ¡Bien, lo haré! 7… 6… 5… 4…
  • 3…
  • 2…
  • 1…
  • ¡FELIZ AÑO NUEVO!
Al momento de ser presionado el botón, infinitos fuegos artificiales de todas las formas y colores brillaron por todo el mundo por más de quince minutos, superando incluso al festejo de la llegada al milenio en 2001. Incluso se podía ver en la Luna escrito con grandes letras iluminadas “Feliz Año Nuevo”, que cada persona entendía en su propio idioma.

El espectáculo era maravilloso y disfrutable desde la superficie, tanto en la Tierra como en el Digimundo: era como si el cielo nocturno floreciera repentinamente en un caleidoscopio multicolor sin dejar ningún rincón a oscuras. En la estación, reinaba el júbilo y la alegría a la par que veían las pantallas cómo los fuegos artificiales hacían gala en la superficie.

Poco antes de acabar los fuegos, tocaron las bandas teloneras, seguidas de “Hell Brotherhood”, que inicialmente causó pánico entre la mayoría de los invitados… hasta que comenzaron a tocar sus instrumentos, deslumbrando con su excelente ejecución del heavy metal. Era inusual oír ese tipo de música en una fiesta de Año Nuevo, pero a muchos no les importó y comenzaron a moverse al ritmo de la música.

Más de un Niño Elegido quedó perplejo al ver incluso a sus padres actuar como si fuesen adolescentes de nuevo -¡Incluso la mamá de TK estaba sobre el señor Ishida!- ; o como algunos del Equipo Avatar les parecía estar en otro mundo. Pero luego estaban los amigos de Devidramon, que claramente eran fans de ese tipo de música, Ranamon sobre los hombros de Devidramon, D’arcmon sobre Blackwargreymon, María sobre Alan y la Emi T2K sobre su respectivo compañero de la Sinceridad, Mimi sobre UlforceV-dramon, casi todos los Caballeros Reales, Toph sobre Koya, Nahlia sobre Powaq, Callie sobre Chance, Felina sobre Steel y Max sobre Jake…

Sí… era una fiesta sumamente extraña, pero Davis y sus amigos acabaron siendo contagiados por ese espíritu juvenil. Al fin y al cabo, el mundo… los MUNDOS, se habían salvado. ¿Por qué no celebrarlo en compañía de sus amigos y unos nuevos?




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Continuará...


Nota:

Lamento no haber colocado alguna música, pero ya era tarde.

- Acá se maneja la fanteoría de que Frontier era una precuela de Adventure. Lo sé: sé que ya fue descartada, pero a mi me gusta.
- Hekatemon es un digimon OC que usé hace mucho tiempo en mi primer fic. Aunque está basada en Hécate, tiene también elementos de Perséfone, y sí: sería hija de Jupitermon y Ceresmon... y sobrina y esposa de Plutomon. Y siendo Anubismon -en este fic- descendiente de Plutomon -su parte buena-, pues...
- Lo del Imperio del Éter es una idea que me surgió hace un tiempo para un hipotético fanfic de Avatar.
- Ka’vak’ah es el planeta de los Kafer, una especie alienígena insectoide del juego de rol 2300 AD. Y sí: eso de sus guerras nucleares es canon.
- Muchos elementos que menciono sobre los Swat Kats son más propios de un fic mio, como la ubicación de Megakat, el personaje de Max, o el nombre de Steel.
- Krakon y el minotauro son otros personaje OC, sin mucho desarrollo. Krakon se ve más o menos así:

The Lord of Terror by Spino2006 on DeviantArt

Lo sé: no es nada simpático, jejeje...
 
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