Original Fic [OCFF] Yo Deseo...

"The Heir of Chaos"
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Me alegro que te haya gustado; al menos hace pensar que la tardanza valió la pena :D

A ver si puedo responderte algunas cosas:

-Me sorprendió un poco que Discord apareciera y eso que dijo de que los Changelings (Cambiantes los llamaste, son lo mismo, pero yo solo veo la serie en inglés) se unieron a Aku, chocó un poco, me parece, con eso que explicó Discord de que los seres con magia resistieron la Conversión, ellos son bastante débiles como para serle de alguna utilidad. Aunque... ahora que lo pienso, también dijeron que los usuarios de magia no podrían resistir por mucho, por lo que Equestria probablemente esté tan gris como el resto del Multiverso.
Tuve mis dudas en cuanto a poner a Discord, ya que las peleas no son lo suyo, y porque su presencia como que le restaría algo de la tensión dramática de este cap.; de hecho, otra opción que barajé como invitado era el Doctor Who -el 10, junto a Rose-, pues es también un personaje excéntrico, divertido y también dramático. Pero como sería muy difícil justificar el cómo escapó de la Entropía Silenciosa -no es un ser con magia- , pues elegí a Discord, que ya estaba en mis opciones y la verdad como ser mágico, cuadraba mejor.

Oh, si: Equestria ya está "Aburridizada", como Witchelny.

-El plan parece estar en marcha, aunque no estoy seguro que espera hacer Dracomon solo haciendo desorden. Aku no está en la torre (o algo así), lo que representa una seria oportunidad para obtener el papeleo y el boleto.
Está en la torre; sólo que no les da importancia los Elegidos. El desorden era por un lado llamar su atención -que sólo sirvió con Daemon- y para levantar su propio ánimo.

-¿Daemon está ahora al nivel de un Nathrezim? ¿Tan poderosos son? No me malinterpretes, yo no se demasiado de Warcraft, aunque si jugué Warcraft 3, y Balnazzar, Tichondrius, Varimathras, no me parecieron extremadamente poderosos. Eran fuertes, si, ¿pero al nivel de un digimon Super Definitivo?
No creo que en cuanto a poder, pues Digimon y Warcraft como que tienen stats algo diferentes en cuanto a nivel. Más bien respecto a jerarquía, pues por lo que llegué a leer y entender, los Nathrezim tienen puestos relativamente altos en la Legión. Ahora Daemon sería algo así como un comandante de alto rango de la Legión. O una partecita más bien.

- ¿Aku piensa liberar a ZeedMilleniummon como carta de triunfo? ¿Puede contenerlo? Después de verlo eliminar a Sargeras, estoy casi seguro que solo un ser con magia podría enfrentarlo, pero aun así... ¿El es un ser con el que se puede razonar? ¿No tiene la capacidad de eliminar universos sencillamente como el Alter Ego de Shenglongmon?
Sargeras no fue eliminado; sólo convertido. En cuanto a Zeed; si, puede eliminar universos, pero no me fiaría de Aku; es más, viendo lo que permitió que le hicieran a los de su especie, capaz y debas sentir pena por el amor eterno de Ryo XD.


Eso es todo por ahora. Cualquier duda estamos en contacto :D
 
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Bueno termine de leer todo.
El plan para desvalancear el mundo perfecto de Aku me sono muy parecido al de los padrinos magicos contra los pixies. Creo que esa fue la intencion.XD
Las digievoliciones megas de Devidramon su hermano y D'arcmon me parecio algo repentino sin pasar por el ultra, pero a esas alturas habria sido mucho relleno asi que esta bien.
Ya que mi hermana veia esa serie de los ponys conozco a Discord, era un personaje astuto aunque no lo conozco a la perfeccion.
Los de la legion de fuego parece que son mas poderosos de lo que son los digimons. Pero quiza es algo exagerado. Que Daemon super mega se convirtiera en un señor del terror lo veo algo confuso. Hasta donde sé, Tichondrius y Baalnazar son los mas poderosos que se mostraron y seguian por debajo de un general como Manoroth. Daemon super mega podria destruir el digimundo, un señor del terror no es ni city buster. Creo que debio convertirse como minimo en un Eredar de nivel alto como Archimonde o su hermano.

Por lo que explicaste Zeed no seria un peligro para Aku. A lo mucho sera comparacion de un humano con su perro guardian. XD Aunque si se trata del Zeed original entonces tendria que ser un digimon con consciencia e inteligente. El Milleniunmon original era asi segun el manga de Xross wars.

Quien sabe cual sera el objetivo de Aku, sigue siendo un misterio.

Creo que mi parte favorita es la explicacion que da Aku a Tk y Patamon. En especial esta:

"es que su perspectiva del Bien y Mal está cegada por su efímera existencia y su sentimentalismo: buscan lo absoluto en conceptos relativos acorde a su conveniencia"

Es muy parecido al concepto central en que se basa actualmente la novela que estoy escribiendo.

Bueno. Esperare a ver como le va a Daemon esta vez.
Hasta el proximo capitulo.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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¿Por qué Aku liberaría a Zeed? Uno puede pensar en absorber sus poderes, pero los de él son mayores. Y por lo que entendí, XANA apareció sin ser nombrado, ¿no?

El capítulo tuvo la desmotivcación y la motivación al momento por suerte. Nada de dramas al por mayor xD. Juro que toda esa "revolución" me recordó al capítulo de las Chicas Superpoderosas dónde cantan del amor y se curan todos.

El hecho que hayan dado evoluciones fue lo mejor. Cuatro digimon del tipo Adult no iban a poder hacer mucho contra Demon y cia. Al menos ahora van a poder dar batalla.

No tengo mucho más que comentar. Capítulo largo y bueno, Aku se ve muy confiado con todo, aunque pienso que está medio tomado por los pelos que las entidades superiores no puedan interferir con un ser que está queriendo alterar la realidad misma. ¿O ellos están a un plano superior acaso?

¡Saludos!
 

"The Heir of Chaos"
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Buenas mañanas, tardes o noches. Me doy cuenta que llevo más de dos años sin actualizar. Madre mía.

La verdad es que en todo este tiempo, con las idas y venidas del foro, la escasez de ideas, bloqueo de ideas, y el hecho de que tuve que concentrarme en mi trabajo -en el cual me mandaban a la mierda si me pillaban usando Internet, y ni hablemos de escribir "novelas y cuentos", como decía mi jefe, no he podido continuar esta historia. Aparte, he seguido otras tendencias y escrito otras historias -ya se imaginarán sobre QUÉ serie noventera- para probar algo nuevo.

Sin embargo, ahora que tengo un poco más de flexibilidad y tiempo, creo que puedo dedicarme a darle a esta historia que, personalmente, quisiera poder darle el final que se merece. Y seré sincero: Shenglongmon es un personaje OC que se me ha vuelto entrañable y quisiera concluir su historia; no sé que piensan ustedes al respecto.

El capítulo que debería de seguir lo empecé hace años, pero quedó prácticamente en animación suspendida. Así que les pregunto, A Acero., J.M. J.M., alexandermon alexandermon, r4pt0r12 r4pt0r12, <Andrea>

¿Les parece bien en que continúe esta historia hasta el final?

Leeré sus respuestas.



P.D.: Les dejo unos adelantos


  • ¡Maldita sea! -exclamó un Darkdramon enfadado tras perforar a un Guardia Vil con su arma y continuar con el siguiente- ¡No dejan de venir, y creo que ya maté a veinte!
  • ¿Qué no querías acción? ¡Pues ya la tienes!
  • ¿Detecto sarcasmo, Seraphimon?
  • ¿Y que más va a ser? ¡Séptimo Cielo! -el ataque de luz arrasó con una fila de Infernales, sólo para ser reemplazados por otros más- ¡Son demasiados y sólo somos seis!
  • ¡Tenemos que proteger a los niños! -exclamó el Caballero Árabe, usando una ráfaga de viento para arrojar a una oleada de imps tan numerosos como un enjambre de marabunta-
  • Quisiera poder hacer algo.
  • Yo también, TK. ¿Pero que podemos hacer más que animar a nuestros compañeros?


  • Debo de admitir que esto ha superado mis expectativas: su hechizo de retención ha sido mucho más complejo de lo que esperaba, Señor ZeedMilleniummon.
  • Oh, es verdad: no puede hablar. -Aku le dirigió una breve y atenta mirada a su “invitado”- Y evidentemente tampoco oír, me disculpo por eso; supongo que me siento en necesidad de entablar una conversación inteligente con alguien a mi nivel. Evidentemente eso es imposible, y me veo obligado a hablar con usted, aunque es de por sí un honor. ¿Le importa que continúe?
  • Lo tomaré como un sí.


  • ¿Qué demonios haces ahí flotando, Ulforce? ¡Ayúdame!
  • ¿Lento? ¿¿LENTO?? ¡SOY EL CABALLERO REAL Y EL DIGIMON MÁS RÁPIDO DEL UNIVERSO! ¡¡PUEDO MOVERME A LA VELOCIDAD DE LA LUZ, PAJARRACO DE MIERDA!! ¡¡CÓMO ME PUEDES DECIR LENTO A MI, A MI: ULFORCEV-DRAMON -ULISES- SANTACRUZ!!
  • ¡¿Te apellidas Santacruz?! -preguntaron ambos digimon, interrumpiendo su pelea-
  • ¡No desvíes el tema!
  • Cierto: se supone que debo matarlos a ambos.
 

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Elohim! Tanto tiempo! ¿Que si me parece bien?? POR SUPUESTO QUE ME PARECE BIEN! Me encanta este fic, muchas veces volvia a leer los digiterapeutas o este fic para reírme un poco. Me encanta esta parodia con tantas referencias. Ahora... si te preocupa el haber estado 2 años fuera del radar, yo tardé de 5 a 6 años en terminar uno de mis fics, que solo es la segunda parte de tres que prometí, y sigo actualizandolo! Mientras te guste lo que escribís y tengas ganas de terminarlo, yo opino que sigas para adelante. Si es por falta de ideas, simplenente has un esquema general de eventos que tienen que conectarse en lineas líneas generales y el resto aparece entre líneas. Últimamente eso me funciona.
De todas formas. Yo no puedo esperar a ver como concluye la historia, y si tengo que esperar otro año, termina en otro año. ¿Crees que no voy a leerlo por tardanza? ¡Sigue escribiendo! Buena suerte e inspiración!
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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pues claro, este fic es demasiado bueno como para que no termine...y en cuando termine, secuestrare, digo, ¿me podrias prestar a shenlongmon y a aku para un fic?..es que hasta ahora, son los digimons OCs mas interesantes y geniales que he visto.
 

"The Heir of Chaos"
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muchas veces volvia a leer los digiterapeutas o este fic para reírme un poco. Me encanta esta parodia con tantas referencias.
Vaya, me alegro que lo veas de ese modo. Gracias.

simplenente has un esquema general de eventos que tienen que conectarse en lineas líneas generales y el resto aparece entre líneas.
Tomaré en cuenta tu idea; de seguro me ayuda.

y en cuando termine, secuestrare, digo, ¿me podrias prestar a shenlongmon y a aku para un fic?..es que hasta ahora, son los digimons OCs mas interesantes y geniales que he visto.
Por supuesto; no hay problema con prestártelos. Me complace que te hayan gustado.


Les estaré avisando cuando termine el sgte capítulo, pues me demoraré algo por tema de trabajo. Muchas gracias =D
 
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"The Heir of Chaos"
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Después de mucho tiempo, al fin actualizo: lamento la demora, y la falta de soundtracks. Este capítulo fue algo complicado, más que nada porque quería añadir demasiadas cosas, pero sería muy difícil incluirlas, además de que temía que fuese demasiado largo. En fín: espero que de todos modos les agrade.


Invoco a:
r4pt0r12 r4pt0r12
Claire. Claire.
alexandermon alexandermon
A Acero.
J.M. J.M.
<Andrea>


Y a cualquier otro lector potencial.



Capítulo 15: La Batalla de la Megatorre Corporativa


Davis miraba completamente abrumado la cuasi infinita oleada de seres perversos* que flotaban arriba en dirección a ellos, listos para matarlos. Estaba paralizado de miedo: repentinamente había descubierto que todo dependía de él, y V-mon -convertido en Magnamon- pese a darle todo su apoyo, no podía sentirse igualmente de presionado. Los demás digimon se enlistaban para recibir aquella amenaza tan numerosa. Lo peor era que los niños se hallaban allí y era difícil ponerlos a salvo; en especial cuando meteoritos envueltos en energía vil caían a su alrededor.


  • No parecen muy fuertes a decir verdad.
  • El poder no es el problema, BlackVictorygreymon: es el número. -añadió el pequeño Dracomon- La Legión es un ejército de un número virtualmente infinito de combatientes.
  • Tendremos para divertirnos para rato. -rio Darkdramon-
  • Hay que llevar a Davis a ese edificio sí o sí. -murmuró UlforceV-dramon- ¡Magnamon! -los dos reaccionaron al llamado- El que no es Caballero Real… -acabó explicando- Protegerás a Davis mientras yo los cubro para llegar a la Megatorre; Cuāuhpillimon, Magnamon, BlackVictorygreymon y Darkdramon me cubrirán: los demás protejan a los niños.
  • De acuerdo.
Daemon los miraba desde arriba con suma curiosidad, soberbia incluida. Con su nuevo poder, era perfectamente capaz de acabar con ellos a pesar de su número. Sin embargo, era tan consciente como AkuShenglongmon de que había alguien en ese grupo de niños particularmente peligroso que debía de ser aniquilado.

  • ¡Sé muy bien que uno de ustedes no cumplió su deseo! Déjenme decirles una cosa. ¡ENTRARÁN A ESTA TORRE SOBRE MI CADÁVER!
Daemon extendió sus manos hacia ellos y lanzó lamas de color verde hacia ellos, seguidos de los demonios de la Legión que lo acompañaban. Los Victorygreymon, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon usaron sus escudos de energía para proteger a los niños y a los demás digimon de la llamarada vil dirigida contra ellos. Aún con semejante protección, se podía sentir el ardor de las llamas, como si estuvieran dentro de un horno.

  • No podemos quedarnos aquí para siempre. -gruñó TK protegido por Seraphimon- ¡Maldición! Ahora somos unos inútiles: sólo los estorbamos.
  • ¡Hasta que te das cuenta!
  • ¡Cállate, araña patona! -gritó el Magnamon de Davis- No es momento de tus comentarios estúpidos.
  • TK tiene razón… No podemos quedarnos a la defensiva. -tomó al Magnamon de Davis del hombro- Sujeta a Davis y ponte alerta.
  • ¿Huh?
  • ¿Qué sucede? -preguntó Davis-
  • ¡Escuchen! Cuāuhpillimon, Victorygreymon, Black, Goldramon: ustedes cúbranme; los demás protejan a los niños.
  • ¿Qué vas a hacer?
  • Ayudar a Davis. Prepárense.
Ulforce fue el primero en desactivar su escudo y correr a través de la horda de demonios con Davis y Magnamon entre sus brazos; en el aire, los Victorygreymon y Cuāuhpillimon masacraban a varios demonios de raza Ered'ruin con sus armas, mientras que Goldramon lo hacía con sus poderes de energía si bien con algo de dificultad dado su falta de práctica en las peleas. Shenglongmon los seguía de cerca tratando de no chocar contra las piernas del Caballero Azul; al ver a Arukenimon y Mummymon quietos como rocas y escondidos entre los digimon más grandes, les gritó ofensivamente, obligándolos a que vinieran si es que querían tener su recompensa… y seguir vivos, de paso.

Seraphimon, Selahemon, Ophanimon, Magnadramon, Darkdramon y GrandKuwagamon empleaban sus ataques contra los demonios para proteger a los niños; si bien los demonios de la Legión no eran tan difíciles de vencer y más si eran particularmente vulnerables a poderes relacionados a la Luz Sagrada, su número virtualmente infinito era un inmenso obstáculo. Ni siquiera Ulforce, a pesar de su velocidad, podía pasar fácilmente a través de semejante horda y la constante lluvia de fuego.


  • ¡Maldita sea! -exclamó un Darkdramon enfadado tras perforar a un Guardia Vil con su arma y continuar con el siguiente- ¡No dejan de venir, y creo que ya maté a veinte!
  • ¿Qué no querías acción? ¡Pues ya la tienes!
  • ¿Detecto sarcasmo, Seraphimon?
  • ¿Y que más va a ser? ¡Séptimo Cielo! -el ataque de luz arrasó con una fila de Infernales, sólo para ser reemplazados por otros más- ¡Son demasiados y sólo somos seis!
  • ¡Tenemos que proteger a los niños! -exclamó el Caballero Árabe, usando una ráfaga de viento para arrojar a una oleada de imps tan numerosos como un enjambre de marabunta-
  • Quisiera poder hacer algo.
  • Yo también, TK. ¿Pero qué podemos hacer más que animar a nuestros compañeros?
Daemon observaba a los digimon de los Niños Elegidos y a sus Aliados en su intento de proteger a los primeros y sonrió de oreja a oreja: era evidente que con semejante lastre encarnado en seis inútiles niños, esos digimon nunca podrían representar una molestia. Con sus manos conjuró un círculo con runas viles, lo amplificó hacia el cielo, y del mismo hizo caer un diluvio de llamas hacia ellos.

UlforceV-dramon fue el primero en notarlo, y empleó de nuevo su Escudo de Tensegridad para proteger a Davis y los demás que lo acompañaban, incluyendo a Arukenimon y Mummymon, que se resguardaron de milagro; el Caballero Águila activó su Escudo Lunar justo a tiempo para salvaguardar a sus amigos de las llamas infernales. A pesar de estar protegidos, el calor de las llamas los hacía sentir en un enorme horno. Desde lo alto, oían la fuerte carcajada de Daemon.


  • ¿Es que no han dado cuenta de lo inútil de su esfuerzo? ¡Mientras sigan protegiendo a esos insignificantes niños humanos, no podrán hacer nada contra este pequeño batallón de la Legión, y mucho menos contra mí! -tras intensificar las llamas, continuó- ¡Ustedes, mocosos malcriados! ¿Qué hacen aquí jugando a salvar el mundo? ¡¿No se dan cuenta que sólo son un estorbo?!
  • Mmm…
Los niños hicieron como que las palabras de Daemon no los afectaban, pero era sumamente difícil cuando el demonio les restregaba la cruda realidad en la cara y al son de su carcajada: estaban ahí sólo para dar apoyo moral; y en esos momentos no era precisamente práctico. Era duro sentirse tan inútil en un momento tan crítico.

Davis también lo oyó, mostrándose más enfurecido que apesadumbrado, pero igual de impotente al ver que era más alguien que debía ser protegido que alguien con capacidad de luchar. Shenglongmon también se sintió indignado por lo que Daemon acababa de decir; a pesar de su -anterior- cuasinfinito poder, no despreciaba la ayuda humana. Luego recordó la bolsa que Discord le había dado y revisó su interior.


  • Jejeje… Davis, ¿Quieres saber algo interesante?
  • ¿Huh? Dime…
  • Vamos a poner la balanza a su favor. ¡HEY, COMEPEGAMENTO! -refiriéndose a Daemon, quien se sintió inmediatamente aludido- ¡YO QUE TÚ NO LOS SUBESTIMABA, EH!
Acto seguido, tomó las pequeñas esferas de colores dentro de la bolsa y las arrojó fuera del escudo en dirección a los demás niños, convirtiéndose en rayos de luz de diversos colores; una de ellas, de color amarillo, tocó a Davis y las demás al grupo que se había quedado protegido por los demás digimon: uno rosa para TK, blanco para Kari, celeste para Yolei, añil para Ken y verde agua para Cody.

Poco después, cada uno quedó envuelto en una luz de su respectivo color, hasta que esta se desvaneció y los dejó con atuendos diferentes: Davis tenía una ropa semejante a la que usaba en el Digimundo, pero en versión en cuero negro y con dos pequeñas dagas con los emblemas que portaba; TK vestía una armadura plateada con tonos dorados y azules, así como motivos del Emblema de la Esperanza; era casi una copia de Seraphimon pero sin alas y con una armadura más acorde a su tamaño, además tenía una espada que combinaba con la armadura; Kari vestía una sencilla túnica blanca con detalles plateados de tonos rosa y acabada en una falda que llegaba hasta las rodillas, y en su mano portaba un largo centro acabado en una réplica en miniatura flotante y luminiscente de un Na’aru con el emblema de la Luz; Yolei usaba una vestimenta similar, pero de color lavanda con detalles dorados del emblema del Amor y el de la Pureza y un cetro terminado en cuatro cristales de cambiante color, además de portar unas gafas que aparecieron de la nada; Cody usaba un uniforme de monje practicante de artes marciales chinas de color negro con sendas pulseras en sus muñecas con el emblema del Conocimiento y la Sinceridad, y en su mano, un sable de bambú propio del Kendo. Ken tenía el traje más… llamativo; muy semejante al que usaba como Emperador de los Digimon, pero sin hombreras doradas ni gafas, y una capa corta de color azul oscuro -igual que los pantalones, la camiseta y la chaqueta con el emblema de la Amabilidad- Lo más llamativo -y grotesco- era que en su mano derecha tenía un báculo largo acabado en un cráneo con cuernos que no paraba de manar la misma energía vil verdosa que usaba Daemon.


  • ¡¿Qué demonios nos pasó?! -exclamaron los niños al verse-
  • ¡Yo no quiero tener un bastón con un cráneo!
  • ¡¿Qué demonios pasó?! -dijeron esta vez los digimon-
  • ¡Qué lindo vestido! -exclamó Yolei- ¿Me lo podré quedar?
  • ¡¡Shenglongmon, que demonios hiciste!!
  • ¡Hice las cosas más balanceadas, comepegamento! ¿Crees que no hay humanos más fuertes que tú? Conozco varios que podrían patear tu morado culo, pero lamentablemente no los pude traer… En fin: ¡¡TK, ERES PALADÍN; KARI, SACERDOTIZA; YOLEI, ERES UNA MAGA; CODY, UN MONJE; KEN, UN BRUJO INVOCADEMONIOS; DAVIS, UN PÍCARO CON HABILIDADES DE NINJA!! ¡Ahora tienen poderes, ÚSENLOS!
  • ¡¡¿¿Qué QUÉ??!!
  • ¡Pero no sabemos cómo usarlos, Shenglongmon!
  • ¡Les saldrá naturalmente, TK; luego les explico! ¡Ulforce; tenemos que entrar a ese edificio, pero para AYER!
  • ¡De acuerdo!
Al principio, los niños se mostraron dudosos de sus nuevas habilidades; Daemon ordenó a los guardias viles atacar a los digimon y esparcirlos para dejar indefensos a los niños, cosa que finalmente lograron tras obligar a los digimon a enfrentarlos frente a frente. Ya sin los megadigimon para protegerlos, los Guardias Viles se apresuraron a atacar a los niños, aparentemente indefensos.

Cuál sería su sorpresa al ver a los pocos segundos, como uno de aquellos grandes demonios acababa partido por la mitad por el resplandor dorado… de la espada de TK. El mismo Elegido de la Esperanza no daba crédito a sus ojos: él sólo había actuado por instinto de supervivencia y atacado como método de defensa; tanto sus compañeros como Daemon, quedaron atónitos, pero no así el pequeño Dracomon: sabía de antemano que en el Multiverso existían humanos con talento natural a ciertos tipos de magia, y el hecho de que TK sea tan bueno con la Luz Sagrada, era algo más que predecible.


  • Pero, TK… Como lo…
  • ¡Eso no importa, Seraphimon! ¡Nos dieron poderes para luchar; Así pues, peleemos juntos!
  • Esto no puede ser… ¡Maldito seas, dragón enano!
  • Me encanta ver como los tontos me odian. -rio Shenglongmon al oír a lo lejos las quejas de su exalumno- ¡No me decepcionen, chicos!
Aunque seguían en shock, sus compañeros aceptaron de buena gana sus nuevas habilidades y las palabras de su líder; después de todo, ahora podrían ayudar a sus compañeros y no cumplir su habitual papel de porristas. Sus compañeros digimon se mostraban preocupados de ver a sus amigos humanos pelear contra un número cuasi infinito de demonios, pero no tardaron en convencerse: Kari y TK usaban rayos de Luz Sagrada para herir a varios enemigos -y curar a sus amigos- e incluso podían crear escudos protectores; Yolei empleaba todo tipo de hechizos y ataques a base de fuego y hielo para atacar a los demonios; Ken usaba -muy a su pesar y de GrandKuwagamon- magia demoniaca basada en la energía vil y de las sombras, en técnicas como absorber la vida misma de sus oponentes o simplemente lanzar rayos y bolas de energía; Cody, por su parte, se valía de sus movimientos de kendo combinados con artes marciales chinas -que nunca había aprendido- que dominaba bastante bien como para esquivar ataques y golpes de sus enemigos.

Muy fuertes no eran, pero los digimon no podían ocultar su satisfacción de ver que sus amigos estaban dispuestos a ayudarlos. Davis se disponía a cooperar y probar sus poderes, cuando el mismo Magnamon lo detuvo.


  • Tenemos que seguir, Davis. Nuestros amigos nos están dando tiempo.
  • Es verdad, Magnamon. ¡Apresurémonos!
  • Trataré de acercarlos lo mejor que pueda. -añadió Ulforce- Pero no veo que sea fácil.
El Caballeo Azul tenía razón: a pesar de ser capaz de viajar a la velocidad de la luz, era consciente que un humano no podría tolerarlo, y no estaba seguro de si los nuevos poderes de Davis lo ayudarían a soportarlo. Esto lo forzó a esquivar con cuidado a cada demonio que se le pusiera en su camino, algo en parte facilitado porque Cuāuhpillimon y los Victorygreymon despejaban el camino: el Caballero Águila los incineraba con sus ataques de fuego y los megagreymon partían demonios a la mitad con sus Dramon Breaker.

Daemon miraba desde lo alto como la batalla se había vuelto ligeramente más equilibrada: ver a los Niños Elegidos combatiendo -¡COMBATIENDO CON MAGIA!- contra demonios de la Legión casi a la par que digimon de nivel mega era algo inverosímil, hasta imperdonable para lo que a su visión era el orden natural de las cosas. Pero ellos no importaban: era ese mocoso de IQ bajo al que debía detener antes de que intentara siquiera acercarse a la Megatorre.


  • ¡No dejaré que toquen la torre de AkuShenglongmon! ¡¡Llamas de Algol!!
  • ¡Va a atacar a Davis!
  • ¡No podemos hacer nada, Ken! -contestó Yolei mientras congelaba a unos Observadores- ¡Estamos ocupados!
  • ¡Seraphimon, ayúdame!
  • ¿Qué piensas hacer, TK?
  • Algo que siempre quise hacer.
El digimon arcángel cargó a TK a su espalda y lo llevó hacia donde estaba por impactar el ataque del Rey Demonio; entonces, para sorpresa de Seraphimon -y sus demás amigos- TK atacó a Daemon haciendo aparecer sobre el un martillo de luz que al golpearlo, lo derribó, haciéndolo caer al suelo completamente aturdido.

  • Esto… ¡ES UNA BLASFEMIA!
TK se limitó a reír a carcajadas, mirando maliciosamente al Demon Lord.

  • ¿Un demonio hablado de blasfemias? No me hagas reír, por favor.
  • ¿Te crees la gran cosa por tener poderes que ni siquiera son tuyos? NO sabes a lo que te enfrentas, mocoso.
  • No; tú NO SABES a lo que te enfrentas, demonio de pacotilla: a niños a los que permitiste que alguien les quitara su familia, sus amigos, y su mundo.
  • Recuerda esto: tendré esa insolente cabecita tuya entre mis garras.
  • Quiero ver que lo intentes. -TK y Seraphimon se pusieron en guardia- ¡Ahora Davis, entra a la torre!
Daemon había enfocado toda su indignación en el mocoso rubio y su compañero ángel que se había olvidado por completo de Davis Motomiya; al voltearse, vio como él y sus compañeros se acercaban cada vez más a la Megatorre bajo la protección de UlforceV-dramon y los megagreymon que le abrían paso acabando con varios demonios. Ni corto ni perezoso, esquivó un ataque de Seraphimon lanzándolo contra su compañero y atacó a Davis y sus compañeros con sus Llamas de Algol repotenciadas con su energía Vil.

El Caballero Azul sintió sobre su espalda un creciente ardor provocado por el ataque de Demon Lord que se acercaba a cada segundo, y de reojo vio a otra oleada de demonios acercándose. Sin pensarlo dos veces, arrojó a Davis, Magnamon y al par de idiotas contra la puerta de entrada de la torre, a pocos metros de su ubicación, haciéndolos llegar hasta unos cuantos metros de ella; Shenglongmon los siguió de cerca. Poco después, Ulforce se protegió de las llamas de Daemon con su escudo a la vez que se interponía entre ellas y el grupo de Davis.


  • ¡Entra, Davis! ¡No pierdas tiempo!
  • Eh... ¡Sí! -contestó poco después de ponerse de pie, pero no pudo avanzar, pues dos Observadores amenazaban con atacarlo al instante- ¡Ma… Magnamon…!
  • ¡Rayo de…!
Antes de que Magnamon pudiera terminar de gritar su ataque, ambos demonios flotantes acabaron partidos por la mitad ante los pies de Davis, Arukenimon y Mummymon, completamente asqueados de los viscosos fluidos corporales de esa cosa. Los responsables de su ejecución los miraban con ansiedad.

  • No pierdan el tiempo y entren de una buena vez.
  • ¿Escucharon, idiotas? -les gritó Black, y no se dirigía solo a la araña y la momia- ¡Esto no es un juego! ¡ENTREN!
  • ¡Oye, no nos tienes que insultar! Ayudamos al Elegido, ¿Recuerdas?
  • Arukenimon… Daemon está…
  • ¡¡Llamas de Algol!!
Los Victorygreymon se pusieron en guardia mientras Davis y los demás corrían hacia la puerta de acceso; podían oír a los megagreymon rebanar enemigos a diestra y siniestra. Afortunadamente, habían logrado entrar sin mayor problema para poco después oír un terrible estruendo a sus espaldas; al voltearse, vieron el motivo: tanto los Victorygreymon como UlforceV-dramon habían recibido el golpe de Daemon, estrellándose contra la fachada de vidrio del edificio, pero para sorpresa de Davis y los demás, el cristal no había sufrido daño alguno; por el contrario, los tres digimon sufrieron heridas leves e incluso sus armaduras presentaban pequeñas grietas. Arukenimon llegó a decir que uno de ellos sangraba.

Daemon, confundido al principio, se abalanzó contra el edificio con tal de quebrar los cristales y sacar a Davis con sus propias garras, pero apenas lo tocó, fue arrojado varios metros a lo lejos de la puerta; ni siquiera pudo rozarlo. Aunque confundidos, los megadigimon recientemente abatidos lo miraban con una mezcla de asombro y burla.


  • Parece… que tu jefe no te deja entrar.
  • ¡¡Cállate, pitufo hormonado impertinente!! -le contestó el Demon Lord, poniéndose de pie- ¡Tú no entiendes cómo funciona la mente de AkuShenglongmon!
  • Y por lo que parece, tampoco tú. -contraatacó BlackVictorygreymon; después desvió la mirada hacia el edificio, donde Davis lo demás observaban todo- Más vale que hagan lo que tengan que hacer porque si sale todo mal, los haré sufrir en el Infierno. ¿Quedó claro?
  • Más que claro. -contestaron- Denle una paliza.
Los digimon no eran los únicos sorprendidos: por breves segundos, TK miró la escena de la entrada con perplejidad, seguida de preocupación: Davis, V-mon -con la forma de Magnamon-, Arukenimon, Mummymon y Shenglongmon acababan de entrar; los Victorygreymon y Ulforce no habían podido, y tampoco Daemon. ¿Qué significaba aquello? El Elegido de la Esperanza tenía un mal presentimiento.

  • Ten cuidado, Davis.
Daemon mientras tanto, dirigía su mirada a la Megatorre; había ordenado a los demonios atacar a los megadigimon para ganar algo de tiempo. No sabía si AkuShenglongmon estaría observando todo desde su oficina del penthouse, pero era imposible no sentirse observado por él o envuelto en su omnipresencia. ¿Por qué permitiría a Davis entrar?

  • Mmm… Estos mocosos son los afortunados; ellos morirán en mis garras mientras que el tarado de su amigo lo hará en cosas peores.



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La recepción de la Torre era sencilla pero magnífica: el espacio era sumamente amplio, de doble o hasta triple altura, piso de baldosas blancas impecables y brillantes, muebles de metal y acrílico en negro y variedades de gris, muros en color gris claro sin ninguna grieta o mancha, macetas sencillas con plantas delicada y geométricamente podadas como decoración, el logo de la empresa en la pared principal de la recepción y bajo el logo, una gran mesa semicircular donde aguardaba una secretaria. Lucía como la recepción de un edificio corporativo más.

Davis y los demás se maravillaban ante lo ordenado, limpio y calmo de la recepción del edificio, contrastado con el campo de batalla que había afuera; incluso volteándose para atrás, podían ver como la batalla contra los demonios continuaba. Era como estar en otro mundo, otro universo.

Davis decidió que no valía la pena mirar para atrás, y cortó por lo sano para continuar con su misión: preguntar a la recepcionista. Esta tenía el cabello largo y oscuro -como no había colores, era difícil saber si era morena o castaña- bien peinado y usando el uniforme de la empresa, sencillo y bien recatado, de color negro. Indudablemente, era de ascendencia europea o judía, tomando en cuenta que estaban en lo que alguna vez fue Israel.


  • ¿Puedo ayudarlos en algo?
  • Vinimos a ver a AkuShenglongmon. -preguntó Davis cortésmente a la recepcionista- ¿Nos puede decir dónde está?
  • Davis, ¿En serio crees que nos lo va a decir? Trabaja para Aku.
  • Este edificio es enorme, Magnamon. Además… -bajando su tono de voz- ¿Crees que a ella le importe?
  • ¿Tienen cita con el señor AkuShenglongmon? -preguntó la mujer de manera tranquila mientras ojeaba sus registros-
  • Eh… no, pero… -Davis trató de planear una excusa; entonces recordó que TK le había dicho de su encuentro- él nos invitó personalmente.
  • Veré si puedo contactar con él. -tomó el teléfono y comenzó a marcar- Es alguien sumamente ocupado; pueden tomar asiento, por favor.
  • El destino del Multiverso está en juego, y estamos aquí como si fuese un asunto tan banal. -se quejó Mummymon mientras se acomodaba- Sólo AkuShenglongmon puede hacer que esto de salvar la Realidad sea aburrido.
Incluso en la situación en la que estaban, quedarse frente a la mesa de la recepcionista y verla conversar por teléfono se oía muy aburrido, por lo que Davis se alejó de ella y fue hacia la recepción en compañía de Shenglongmon. De vez en cuando, tanto él como Magnamon y los otros, veían la batalla de afuera, impotentes al no poder ayudar a sus compañeros, pero esperanzados de que acabarían acompañándolos. Arukenimon se sentó en uno de los sofás, mirando despreocupada y aburridamente el vacío; no esperaba que su trabajo fuera tan aburrido.

Mummymon, por su parte, encontró algo para distraerse.


  • Hey, tú. -golpeándolo suavemente en el hombro- El enano.
  • ¿Sabes que puedo mandarte volar si me insultas así? Aparte, como Magnamon no soy enano, idiota.
  • ¡Bueno, ya! Eres tan sensible como tu primo el Caballero Real. Sólo quería aclarar una cosa. ¿Qué Shenglongmon no dijo que éramos lo único con color en este mundo?
  • Si, lo dejó muy claro. ¿A qué va la tonta pregunta?
  • Que si eso es verdad… ¿Qué diablos es eso?
Magnamon desvió la mirada hacia donde apuntaba la momia, primero de manera indiferente… hasta que vio el porqué de su asombro. Hizo llamar a Davis, V-mon y Arukenimon para mostrarles su descubrimiento, y al igual que ellos, quedaron boquiabiertos:

Un enorme mural, de casi seis metros de largo por tres de ancho se extendía en una de las blancas paredes de la recepción… o al menos eso pensaron hasta descubrir que en realidad era un cuadro. ¿Cómo no habían notado su presencia debido a su inmenso tamaño? Aparte de su gran particularidad: estaba a colores, al menos la mitad. A ambos lados del cuadro, había dos dragones serpentinos de características chinas -la pintura en sí tenía grandes rasgos de esta cultura- rodeados de dos paisajes tan diferentes entre sí como los mismos dragones: el de la izquierda era completamente negro y gris en su cuerpo, con detalles blancos en el cuello, cuernos color plomo y doce cubos plomizos alrededor de su cuerpo; su entorno era de fondo gris con nubes pixeladas blancas. El dragón de la derecha y su entorno eran la única parte de la pintura que tenía colores: la criatura presentaba un color verde esmeralda brillante en sus escamas, cuernos rojo brillante, una larga cadena dorada alrededor y doce orbes de cambiantes colores; su entorno era como una fotografía de la NASA, con nebulosas y estrellas de muchos colores. La pintura de hecho era tan impresionante que casi parecía estar viva.

Sin embargo, había un detalle más en la pintura: ambos dragones se hallaban separados por una gruesa franja negra tan oscura e hipnotizante que hacía creer al observador, que se quedaba viendo la imagen, que poseía profundidad real.


  • ¿Davis Motomiya?
  • ¿Huh? Ah, sí, soy yo. -dijo el aludido, alejándose de la pintura- ¿Logró hablar con él?
  • El señor AkuShenglongmon no se encuentra en su oficina en este momento; se halla sumamente ocupado.
  • ¿En qué? -preguntó el pequeño Dracomon de manera altanera-
  • Asuntos de la empresa: no me ha dado más información. Pero me ha dicho que es libre de ir a su oficina y esperarlo hasta que regrese: lo atenderá en cuanto termine.
  • ¿En qué piso se encuentra su oficina? -preguntó Magnamon esta vez- Ya me imagino que está…
  • En el piso 180: los ascensores están por allá. -señalando la parte de atrás de la recepción, donde había un pasillo- Al final del pasillo, junto a las escaleras.
  • Debí habérmelo imaginado.
  • Gracias.
  • Por favor no corran.
  • Antes de irnos, es mejor ir a informarnos un poco de este edificio. -señalo Shenglongmon- Hay un panel informativo aquí cerca; veámoslo primero.
El panel mostraba un esquema del edificio con varias de sus dependencias y el piso en el que se encontraban: la mayoría eran oficinas, comedores comunes, salas de reuniones y “bares de soma”, así como extrañas “áreas verdes” de difícil interpretación. Sin embargo, había dos lugares llamativos.

  • Oye. Este lugar de aquí -Arukenimon señaló con su dedo en un punto del panel- está más o menos a la altura de ese cubo raro que dijo ese dragón deformado de tu amigo. Dice que es la Bóveda Principal.
  • El boleto debe de estar allí. -asintió Shenglongmon- Pero conociendo a Aku, con eso no bastará.
  • ¿Cómo que con eso no bastará? -se quejó Davis, cruzándose de brazos- ¿Qué más quiere ese tipo?
  • Discord ya lo dijo: formularios y copias, firmadas y autenticadas. Y creo que sé dónde hallarlos. -señaló un punto del panel- Piso 120: Archivos corporativos.
  • Vamos a tener que hacer varias paradas. -suspiró Magnamon- Ni modo.
  • ¡Busquemos todos esos papeles!
Davis no perdió tiempo y fue directo al punto señalado, donde en efecto, estaban los ascensores. Había apretado el botón de llamada antes de que Shenglongmon le replicara que se detuviese.

  • ¿Por qué no querías que lo llamara?
  • ¿De verdad piensas que Aku te la pondría tan fácil, Davis?
  • Ehm…
  • Déjame que te lo demuestre.
Shenglongmon exigió que se alejaran del ascensor mientras él dejaba una maceta que había empujado hasta ubicarla justo enfrente de la puerta que estaba por abrirse. En cuanto lo hizo, la maceta fue succionada casi de inmediato junto a otros objetos pequeños, y lo hubiera hecho con Davis y los demás si no se hubieran aferrado a unos pilares del hall.

  • Un agujero negro dentro de la caja del ascensor. Oh, vamos, Aku: sé más original.
  • ¡Trató de matarnos!
  • Más bien nos insta a usar las escaleras. -contestó a Davis mientras iba hacia la puerta que daba acceso a las mismas- Y no tenemos otra opción, a menos que quieras escalar el edificio desde afuera.
Tras abrir la puerta de la caja de escalera, estaba el mayor temor de Davis: una casi interminable escalera que se elevaba hasta el infinito, con algunos descansos señalizados que indicaban a qué piso conducían.

  • ¡Lo sabía! ¡Vamos a tener que hacer como esos Caballeros del Zodiaco y subir millones de escaleras!
  • No hará falta, Davis: puedo volar y todo será más… -Magnamon trató de levitar, pero no pudo; sus pies no se levantaban del piso- ¡Qué demonios pasa, no puedo volar!
  • Capaz se deba a esto…
Mummymon señaló un pequeño cartel junto a la puerta con las siguientes indicaciones: “En la caja de escalera está Prohibido Fumar, Prohibido saltar los escalones, Prohibido la Teletransportación y Prohibido Volar.”

  • Shenglongmon, capaz no lo dije antes, pero… ¡Detesto a tu otro yo!
  • El sentimiento es mutuo, Magnamon. Y no es un letrero cualquiera; es mágico. Cualquier cosa que esté escrito en él se debe de cumplir sí o sí. Y no se puede alterar. -Davis estaba a punto de llorar al imaginarse el dolor que le causaría subir todo eso- Agradece que los poderes de Pícaro te den más estamina, Davis; podrás soportar la caminata… y a espantar futuras pestes. ¡Basta de cháchara; hay que subir!
  • Ah, por cierto, Shenglongmon. -preguntó apenas comenzaba a subir los peldaños junto a los otros- Tenía una duda.
  • Agh… Dímela.
  • Dijiste que a AkuShenglongmon no le gusta el arte, ¿Verdad?
  • See, Davis. ¿A qué va la tonta pregunta? Creí haber sido muy claro.
  • Es que me parece muy extraño que Aku tenga estatuas de ángeles en su recepción.
  • ¿Estatuas? ¿Ángeles?
  • Si, estatuas muy bonitas, pero todas hacían como que lloraban. Raro, ¿No? Creo que nadie más se dio cuenta.
Davis continuó subiendo en compañía de Magnamon, Arukenimon y Mummymon, mientras el pequeño Dracomon continuó con un paso más lento, cavilando.

  • OH, NO…



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La batalla continuaba en el exterior: los demonios seguían viviendo -y muriendo- sin mostrar indicios de acabar o rendirse. Los megadigimon daban pelea con la mayor cantidad mientras que los niños hacían lo posible por ayudarlos porque no estaban acostumbrados a luchar por su cuenta y no eran tan poderosos como sus amigos digitales; pese a ello, éstos valoraban su ayuda más de lo que lo demostraban.

Quedaba más que claro que aquella oleada demoniaca era una mera distracción para no ayudar a Davis en su escalada a la Megatorre, pero ignorarla era imposible; sólo quedaba encontrar la manera de detenerla.


  • Esto es inútil. -se quejó Seraphimon- Matamos demonios tras otro, tras otro y tras otro y siguen llegando. ¡No vamos a ir a ningún lado!
  • Tiene que haber una forma de detener esta oleada. -Ken acababa de matar a dos guardias viles- No podemos pelear infinitamente.
  • Si pudiera… Espera. ¿Y estas gafas?
Yolei no se había dado cuenta que llevaba unas gafas nuevas desde que cambió su atuendo; ni siquiera las tenía puestas, sino que se apoyaban en su sien. Cuando se las colocó apropiadamente, se llevó una sorpresa: eran como gafas de visión nocturna, donde veía todo en tono oscuro y varios resplandores. Los demonios resplandecían en tono verde fluorescente, sus amigos estaban envueltos en un aura con el color correspondiente de la luz que los había envuelto, y los digimon pues tenían una tenue aura color lavanda, aura que también envolvía los digivice. No sabía cómo, pero entendía lo que estaba viendo.

  • Es magia.
  • ¡Yolei, ten más cuidado! -exclamó Cuāuhpillimon tras partir por la mitad a dos ered'ruin que amenazaban con atacar a la distraída muchacha- ¿Qué decías?
  • Puedo ver la energía mágica con estas gafas: lo veo todo como ese holograma que vimos de la Megatorre.
  • ¡Es maravilloso, Yolei! ¿Pero eso de qué sirve?
  • ¡Cody, déjame que termine! Ahora lo entiendo todo: Shenglongmon les está dando parte de su energía para que mantengan su digievolución.
  • ¿Qué?
  • Creo que la luz de la digievolución desapareció del digivice desde que Aku tomó el mando de todo.
  • ¿Quiere decir que si estamos peleando con este poder es porque él nos brinda parte de su energía?
  • Exactamente, BlackVictorygreymon. Y la Megatorre: oh, vaya…
A los ojos de Yolei, la Megatorre era un auténtico faro de energía: si absorbía o manaba energía era difícil de entender, aunque apostaba más por lo segundo. Y toda esa energía era oscura, dándole un toque espectral perturbador. Cuando desvió la mirada hacia arriba, pudo ver a Daemon flotando, envuelto en un aura de cambiantes colores verdes y violeta fluorescente, y que de él, partían pequeñas hilachas de energía en dirección a…

  • ¡Daemon es la clave! ¡Si lo matamos, el portal que trae a esos demonios se cerrará!
  • Con que eso era. -asumió Ulforce- Pues con gusto lo haré pedazos.
  • No te lo dejaré a ti solo. -insinuó el Águila- Tengo algo pendiente con ese sujeto.
  • ¡Sólo vayan y mátenlo, par de tontos! -el grito de Yolei destrozó los oídos de todos- ¿O creen que vamos a lidiar con estos demonios de pacotilla toda nuestra vida?
El Demon Lord había advertido a los niños conversando, y si bien no los oyó, sí se dio cuenta que estaban dando pelea a sus esbirros infernales; en ese caso, necesitaría algo de ayuda. Creó círculos rúnicos en el aire con sus manos y lanzó dos complejos sellos al cielo: de ellos, nacieron dos grietas dimensionales que de los que salieron cuatros naves de la Legión que no perdieron tiempo en bombardear masivamente a los Elegidos, aunque eso significara atacar a sus propios esbirros.

Aquellos que podían usar o invocar escudos, los utilizaron para proteger a los demás; otros esquivaban las llamas viles que caían desde el cielo. Bajo la protección del escudo de Cuāuhpillimon, Yolei revisaba con prisa un pequeño libro de hechizos que había descubierto en su cintura.


  • ¡Malditas naves! ¡Debemos deshacernos de ellas!
  • No creo que puedas. -dijo la chica hechicera- Están protegidos con un escudo mágico que repele los ataques. ¡El maldito lo hizo para hacernos perder el tiempo! Tenemos que acabar con él.
  • Daemon no es tan tonto como crees. -la interrumpió una voz: era Ophanimon, apareciendo junto a Yolei- Va a necesitar una distracción.
  • ¿Huh?
  • Me imagino que ya tienes un plan, oh gran hechicera.
  • ¡Apenas estoy aprendiendo a usar esta magia! -le contestó antes de darle un vistazo a su librito- Pero creo saber qué hacer. ¡Ken! Necesito que me ayudes.
  • ¿Qué quieres hacer, Yolei?
  • Necesitamos deshacernos de esas naves, y creo saber cómo. Pero tenemos que acercarnos a las naves.
  • ¿Por qué?
  • ¡Soy una novata en esto, Ken! ¡Sólo ayúdame!
  • Ayudaré a UlforceV-dramon a distraer al cornudo. Buena suerte.
Ken pidió a GrandKuwagamon que los llevara y este accedió, aunque con muchas dudas; mientras volaban bajo la protección de los Victorygreymon y Zeedgarurumon, Yolei explicó su idea: infiltrarse en las naves y sabotear sus motores para que implosionen para así deshacerse de ellas. El problema era que para entrar, necesitaba acercarse para crear un portal a su interior; el otro era que obviamente iban a estar resguardadas, y como era un brujo, él tenía más capacidad de tratar con demonios.

  • ¡¿Quieres que yo qué?!
  • Mira; por lo poco que sé, tienes la capacidad de controlar demonios, al menos temporalmente. Podrías hacer que se maten entre sí mientras yo hago un hechizo en su fuente de poder.
  • ¡No quiero manipular esa clase de fuerzas! ¡Está mal! De por sí me molesta usar los poderes que tengo.
  • ¿Quieres que te de otra cachetada como la vez que Blackwargreymon apareció la primera vez? -contestó ella- ¡Despierta, Ken: estamos peleando contra demonios que amenazan a nuestros amigos!
  • Quiero ayudarlos; puedo regresar a ser Wormmon y ayudarlos desde adentro.
  • No sé si logremos meterte; de no ser así, espéranos afuera.
  • Entendido, Yolei.
La chica se paró sobre el digimon insecto y comenzó a usar sus manos para crear un portal de aspecto lenticular que permitía ver el interior de la nave, cosa que sorprendentemente no se tardó en hacer: ambos niños saltaron a su interior, seguidos de GrandKuwagamon, que regresò a su forma de Wormmonpara poder entrar; mientras tanto, había muchos enemigos que destruir, y de los que sus amigos se encargarían.

Afortunadamente, Daemon no se había dado cuenta: tenía al Caballero Azul y al Caballero Águila entreteniéndolo lo suficiente.





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Había pasado menos de media hora y AkuShenglongmon había descifrado el primer hechizo candado y estaba por resolver el segundo. Resolver el hechizo sellador de ZeedMilleniummon era un auténtico reto para él, a pesar de su virtualmente ilimitado poder y el hecho de tener acceso a todo el conocimiento arcano del Multiverso; algunos de los hechizos que requería eran antiquísimos: algunos no sólo más antiguos que la humanidad, sino que la Tierra misma, e incluso alcanzaban la edad del Multiverso. No era más que una prueba de su templanza y su aguda inteligencia el descifrar el código del Maestro y liberar a la criatura aprisionada dentro de aquella maravilla arcana de enclaustramiento forzado.

Con un suave movimiento de su mano, hizo correr de una pantalla holográfica una infinita cantidad de runas mágicas, hasta encontrar y seleccionar las correctas, y con otro ademán de su mano, las colocó en su lugar dentro del segundo “candado”, con forma de un dodecaedro de luz traslúcido orbitando junto a otros doce la burbuja que retenía a ZeedMilleniummon. El poliedro se tornó de un color ámbar al recibir el doceavo hechizo y luego se apagó: faltaba uno más.


  • Debo de admitir que esto ha superado mis expectativas: su hechizo de retención ha sido mucho más complejo de lo que esperaba, Señor ZeedMilleniummon.
  • Oh, es verdad: no puede hablar. -Aku le dirigió una breve y atenta mirada a su “invitado”- Y evidentemente tampoco oír, me disculpo por eso; supongo que me siento en necesidad de entablar una conversación inteligente con alguien a mi nivel. Evidentemente eso es imposible, y me veo obligado a hablar con usted, aunque es de por sí un honor. ¿Le importa que continúe?
  • Lo tomaré como un sí. -volteó hacia las pantallas que mostraban los infinitos hechizos- Usted es una leyenda, ¿Sabe? El único digimon sin magia que ha puesto a más de un ser ascendido a cuestionar el derecho de existencia de la especie. No podía ser de otro modo teniendo en cuenta la valiosa cantidad de conocimiento que adquirió del Yggdrasil que lo creó: conocimiento de cien millones de años de historia de toda una galaxia, y de otras civilizaciones aún más avanzadas de otros rincones de su Universo. Civilizaciones para los cuales la manipulación del tiempo espacio es juego de niños, y los digimon -incluso los más poderosos- meras motas de polvo de las cuales no vale preocuparse. -Aku le dirigió una mirada serena y casi cómplice a Zeed- Usted las hizo sudar.
  • Alterar el espacio-tiempo, amenazando con destruir su universo y otros más. -Aku hizo aparecer una pequeña semilla con picos levitando cerca de su frente- esparcir sus esporas por todo el Multiverso y hacerlas indetectables para los seres ascendidos…
  • ¿Sabe una cosa? Ni siquiera los magos más talentosos y más poderosos del Multiverso, ni el mismo Consejo de Magos y Hechiceros, son capaces de encontrar todas sus esporas: es como hallar un diminuto grano en particular en medio de una playa. Es tan pequeña, y tan poderosa y práctica a la vez. -guardó la semilla, haciéndola desaparecer- Es un honor estar ante un genio como usted.
  • Humildemente diré que nos parecemos: ambos queríamos superar los límites que nos tenían atados a las banalidades de nuestro pequeño e irrelevante mundo digital; nos querían contener, y demostramos que era imposible. Por desgracia, usted se llenó de una ira salvaje propia de una bestia sin pienso. -Aku le volvió a dirigir la mirada, como si Zeed entendiera lo que decía; a veces, parecía que sí- Por eso está aquí.
Tras revisar la lista de hechizos de varias de sus pantallas holográficas, seleccionó el indicado, trasladándolo en el segundo dodecaedro; este brilló de nuevo en ámbar, pero no se apagó. Las pantallas anunciaron al unísono:

HECHIZO CANDADO DOS: DECODIFICADO CORRECTAMENTE.


  • Ahora vamos por el tercero.



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Los dos Caballeros se enfrentaban a Daemon evitando que prestara atención a Yolei y Ken, que buscaban entrar a las naves. Aunque acordaron trabajar juntos, y había sido elegido líder, a Ulforce le costaba trabajar en equipo con su recientemente conocido compañero: Cuāuhpillimon sencillamente se había vuelto muy impulsivo, por no decir más que decidido, en acabar con Daemon de una vez por todas… lo que no era malo excepto porque aparentemente quería hacerlo sólo él.

Daemon se dio cuenta de las pequeñas diferencias de sus adversarios y lo hizo notar.


  • ¿Acaso detecto diferencias entre los dos Caballeros que ingenuamente quieren matarme?
  • ¡Silencio! ¡Nadie pidió tu opinión!
  • ¿Te quieres calmar? Se supone que soy el líder y somos un equipo.
  • Ya lo sé. -gruñó el Águila- Pero eres demasiado lento. ¡Flamas Tonatiuh!
  • ¡Llamas de Algol!
Los ataques de fuego chocaron entre sí, con clara ventaja de Daemon, pero el Caballero Águila resistió el golpe de calor. Ulforce no hizo nada mientras Cuāuhpillimon y Daemon intercambiaban golpes porque seguía con un tic nervioso desde que lo llamaran lento: lo habían llamado casanova idiota, saco de esteroides, pitufo hipertrofiado, vegano maniático -a pesar de ser ovolactovegetariano-, bonachón sin remedio, y virgen consumado. ¿Pero LENTO?

  • ¿Qué demonios haces ahí flotando, Ulforce? ¡Ayúdame!
  • ¿Lento? ¿¿LENTO?? ¡SOY EL CABALLERO REAL Y EL DIGIMON MÁS RÁPIDO DEL UNIVERSO! ¡¡PUEDO MOVERME A LA VELOCIDAD DE LA LUZ, PAJARRACO DE MIERDA!! ¡¡CÓMO ME PUEDES DECIR LENTO A MI, A MI: ULFORCEV-DRAMON -ULISES- SANTACRUZ!!
  • ¡¿Te apellidas Santacruz?! -preguntaron ambos digimon, interrumpiendo su pelea- Espera... ¿Te llamas Ulises?
  • ¡No desvíes el tema!
  • Cierto, no: se supone que debo matarlos a ambos.
Daemon atacó por sorpresa a Cuāuhpillimon, golpeándolo repetidamente en el vientre hasta hacerlo estrellar contra el suelo; fue hacia Ulforce, a quien tomó del brazo y lo arrojó contra el sector comercial de la ciudad. El Caballero Azul acabó estrellándose contra una de las torres de oficinas, levantando mucho polvo y arrojando escombros por las calles; aún se hallaba aturdido cuando Daemon aterrizó junto a él, listo para continuar golpeándolo. Ulforce sintió algo blando y húmedo en su espalda, pero no supo de qué se trataba mientras trataba de levantarse.

  • ¿Qué pasó de tus burlas, de tu prepotente jovialidad, lagartija?
  • Sigo esperando a que me des un golpe, oh señor “viajo a la velocidad de la luz”.
  • Ya vas a ver… abuelo.
  • Al menos podrías tener la molestia de levantarte de ese cadáver en tu espalda para darme la cara.
Al oír la palabra “cadáver”, Ulforce no tardó en levantarse del suelo y comprobar si lo que Daemon le decía era verdad. Por desgracia para él, el Demon Lord no mentía: debajo de él yacía el cuerpo inerte de un hombre adulto evidentemente aplastado por el peso del Caballero Real al caer encima de él tras estrellarse contra el edificio. En sus 10.115 años, Ulforce JAMÁS había tenido la vida de un humano en su conciencia, como sus compañeros; pero como había compartido con ellos tanto tiempo, el hecho de hacerse responsable de la vida de uno lo estremeció y llenó de rabia contra el Demon Lord.

El Caballero Águila llegó a tiempo para ver la escena, señalando al hombre muerto; Daemon sonreía maliciosamente al ver a los dos caballeros perplejos.


  • ¿Qué demonios pasó aquí?
  • ¡Yo no lo hice! ¡No es mi culpa; es de este imbécil cornudo!
  • Ulforce, te recuerdo que Shenglongmon arreglará todo después de esto. ¡Enfócate…“líder”!
  • ¿Este llorón azul es su líder? -el Demon Lord rio- Con semejante bobo guiándolos, será fácil liquidarlos.
  • ¡¡Cállate, malnacido hijo de puta: de esta no te salvas!! -un aura azulada envolvió su cuerpo- ¡¡Impulso Dragón X!!
El ataque sorprendió a Daemon, siendo arrastrado por una ráfaga de energía con forma de dragón hasta llevarlo varios kilómetros por encima de la superficie; instantes después, el Demon Lord recibió numerosos golpes por todo su cuerpo que era incapaz de contar. Se vio obligado a admitir que no se esperaba semejante respuesta del Caballero Real, a quien siempre consideró un “chico tonto e inmaduro”.

Pero no fue el único que lo atacaba: Cuāuhpillimon apoyó a su amigo atacando al Demon Lord con su Carga Citlalicue lanzándole un grupo de estrellas a quemarropa. Tras el ataque, Daemon quedó cubierto en una cortina de polvo: ambos Caballeros se juntaron para ponerse en guardia ante cualquier eventualidad.


  • ¿Ya se murió el hijo de puta?
  • Siguen llegando demonios, Ulforce. -contestó tras un rápido vistazo a la superficie- Así que diría que no.
  • ¡¡Mierda!!
  • Deberías cuidar ese vocabulario, jovencito impertinente.
  • ¡Deja de ser un cobarde escondiéndote en el humo y muestra tu horrible cara!
  • Como quieras, pajarraco.
Ambos Caballeros recibieron el golpe de las Llamas de Algol, siendo expulsados del edificio hasta estrellarse contra el pavimento de la plaza central de la ciudad. Apenas tuvieron tiempo para levantarse y evitar los golpes directos que Daemon estaba por darles a ambos, y responder con los suyos propios; el Demon Lord acabó bajo una lluvia de puñetazos de ambos Caballeros y luego entre los escombros de otro edificio de oficinas al que fue lanzado y colapsó sobre él, llenándolo todo de polvo.

Ulforce no estaba contento con la situación.


  • Lo tenemos que sacar de aquí. ¡No quiero más bajas humanas: no me importa si después Shenglongmon las puede revivir después!
  • Concuerdo contigo, y lo haremos… Pero no dejes que esa preocupación se vuelva en tu contra.
  • ¿Qué?
  • UlforceV-dramon: llevo casi un año como compañero de una humana y viviendo con su familia; yo tampoco quiero bajas. Pero escucha: si nos seguimos preocupando por ellos, Daemon lo usará en nuestra contra al hacer que intentemos protegerlos en lugar de acabar con él. Recuerda: debemos ELIMINARLO.
Cientos de escombros volaron por los aires, mostrando a un Daemon dispuesto a continuar.

  • ¿Ya acabaron con su charla de señoritas? ¿O van a pelear como los hombres?
En ese momento, un rayo multicolor lo nockeó sorpresivamente, dejándolo momentáneamente aturdido. La responsable del ataque no tardó en acercarse a los dos Caballeros con aire de condescendencia.

  • ¡¡Ophanimon!!
  • Pelear como los hombres, ¿Eh? Es un buen consejo, ¿Por qué no lo siguen? No creo que les guste que una mujer los rescate.
  • ¡No nos rescataste: sólo lo aturdiste! -replicó Ulforce- Es mejor que ayudes a los chicos a eliminar a los demonios de relleno.
  • ¡Ni hablar! Quiero ayudarlos a derrotar a ese pusilánime.
La ángel apenas tuvo tiempo de terminar la frase, ya que el aludido “pusilánime” recobró el conocimiento y atacó a los tres con sus Llamas de Algol a una intensidad mayor a la habitual, dejando a los dos Caballeros temporalmente fuera de combate; Ophanimon continuó atacando a Daemon con sus Cristales de Zefirot sin lograr hacerle daño alguno. La tomó fuertemente del brazo y tras lanzarla reiteradas veces contra el suelo para aturdirla, se la acercó al rostro, y acabó lamiéndola, para sobresalto de los demás.

  • ¿Sabes? Con Lilithmon muerta… o convertida en Dalek, o que se yo, me voy a sentir algo… “necesitado”. Tú me entiendes, ¿No?
  • ¿Acabas de decir que tu esposa de más de diez mil años podría estar muerta, y ya me ves como reemplazo así sin más?
  • No soy idiota: todo el Digimundo sabía que Lilithmon era una zorra y se acostaba con todo bicho que caminara, nadara, reptara o volara. Si no se lo reclamé, o no la maté antes era porque creía que en algún momento me sería útil para lograr mis objetivos; pero al igual que el resto de mis compañeros, se rindió a los placeres mundanos de manejar un simple club nocturno. Así que, ¿Qué demonios tengo que extrañar de ella ahora que AkuShenglongmon la eliminó?
  • Eres despreciable…
  • Y tú mi futura aman…
  • ¡¡ESO SI QUE NO...!!
  • ¡Saca tus zarpas de mi exnovia, cornudo de mierda! ¡¡RUGIDO OSCURO!!
  • ¡Y de mi novia, animal! ¡¡TRIDENTE DE GAIA!!
Daemon apenas tuvo tiempo de ver los destellos rojizos y purpúreos de ambos ataques golpearlo con tal fuerza que lo arrojaron literalmente kilómetros en el aire, seguidos de repetidos golpes a puño desnudo y cargados de furia de BlackVictorygreymon mientras descendía. Por su parte, Darkdramon tomaba a Ophanimon en sus brazos para sacarla de allí; se veía herida, aunque ella no quería demostrarlo.

  • No me gustan los abusadores, amiga mía.
  • Y a mí que me traten de princesita en apuros; ya no somos novios, Darkdramon ¡Bájame!
  • Por lo menos espera a que alguien te cure tus heridas. ¡Hey, Rayito de Sol; necesitamos a un enfermero aquí y ahora!
  • ¡Ya voy! -exclamo TK tras matar a un par de demonios y correr en dirección a la ángel- Ten en cuenta que soy un novato en esto de la curación por la Luz.
  • Lo harás bien, mi buen amigo. -contestó Darkdramon; después fijo su mirada hacia la pelea entre BlackVictorygreymon y Daemon- Se nota que te ama mucho: le está dando tremenda paliza a ese viejo de mierda; como todo un macho de verdad.
  • Así parece.
  • Me alegro que alguien como él sea tu novio.
  • Casi diría que lo envidias, y que lamentas que lo nuestro no funcionara.
  • A veces… Pero prefiero que alguien de mi confianza y más valiente que yo esté a tu lado.
  • Eres alguien muy bueno, Darkdramon.
  • Ella tiene razón.
  • ¿Quién te preguntó, “enfermero”? -chilló el dragón de armadura azul; TK sólo le dirigió una mueca burlona- Mejor apresúrate porque no quiero perderme la diversión, y ella tampoco. ¡Y ustedes dos, “Caballeros”! ¿Qué carajo hacen? ¡Ayuden al amigo Black!
  • ¡¡Ya vamos!!
Ulforce y Cuāuhpillimon volaron en dirección a Daemon, sólo para encontrarse a un BlackVictorygreymon descargando toda su furia contra el Demon Lord, al punto que hasta ellos sentían pena por él, y hasta miedo de enfrentarse al Dragón Oscuro con semejante nivel de enfado.

  • ¡¡Te enseñaré a no tocar a mi novia, demonio inmundo!! -Daemon recibió sendos puñetazos en la cara que le arrancaron varios colmillos- ¡¡Maldito hijo de perra poco hombre; te vas a arrepentir!!
  • Ehm… BlackVi…
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉEEEEEEEEEE???!!!
  • Nosotros… -Ulforce tuvo que tragar saliva; por más título de Caballero que tuviese, ese Blackwargreymon que le dirigía semejante mirada de odio daba miedo- nos encargaremos de él; tú ayuda a los niños con los demonios, ¿Si?
  • Grrr… Tienes suerte que no te haya arranado la lengua, insecto. -lo agarró del cuello y se lo lanzó hacia los Caballeros- ¡Todo suyo!
Mientras tanto, dentro de una de las naves de la Legión, Yolei, Ken y Wormmon buscaban afanosamente el motor de la nave para poder desactivar el campo de fuerza que protegía la nave… y posteriormente sabotear la misma: si lograban hacer eso en una sola, podrían con las demás.

En el camino, Yolei y Ken se deshicieron de unas cuantas shivarras que circulaban los pasillos, vigilantes: mujeres demoniacas altas, de piel azul violáceo con tres pares de brazos portando espadas. Si sus armas blancas fuesen su único modo de ataque, hubiese sido más sencillo deshacerse de ellas, pero varias podían incluso lanzar hechizos o hasta rayos y llamaradas por los ojos o la boca respectivamente: Yolei usaba su magia para aturdirlas o congelarlas; Stingmon las atacaba con su arma y Ken lograba drenarles hasta lo último de su energía vital hasta desintegrarlas, algo que en efecto, no le gustaba.


  • Nunca me acostumbraré a esto; sé que son demonios, pero…
  • Ken, dudo que sea el momento de ser blando con el enemigo: no son humanos, ni digimon, ni ninguna especie con la que se pueda razonar.
  • Ella tiene razón, Ken. Sé que no te gustan esos poderes, pero eres capaz de manejarlos: yo sé que sí. Eres un chico muy fuerte.
  • Haré lo que pueda, Stingmon. Yolei, ¿Falta muy poco?
  • Si: puedo sentir la fuente de poder de esta nave muy cerca.
No tardaron en encontrarla: una cámara circular relativamente grande con un enorme orbe de color verde de consistencia variable entre semivítrea, líquida o etérea. Lo primero que a Yolei se le ocurrió al verlo era una especie de reactor, pero gracias a su recién adquirido “instinto mágico”, por decirlo así, supo que era algo más que eso.

  • Esto no sólo es su fuente de poder: es casi como una especie de cerebro, una computadora central, pero hecha a base de energía vil pura.
  • Si es una computadora como tú dices, entonces debe de ser reprogramable.
  • Lo es, Stingmon… pero aquí no aplico programas o algoritmos a través de un teclado, sino que uso hechizos en un orden específico.
  • Entonces hazlo: te vamos a cubrir. -masculló Ken- Siento que se acercan.
  • Ahora comienzo a entender a Shenglongmon: la magia es un tipo de ciencia, un tipo de programación de la realidad. Así como en informática se usan programas, en biología códigos de macromoléculas… En fin: aquí vamos.
Los demonios no tardaron en llegar: era de esperarse que no tardaran en percatarse de su presencia. Stingmon lanzaba múltiples agujas contra ellos, acumulando cadáveres montón, mientras Ken usaba sus poderes para dominar a los más fuertes y obligarlos a matar a sus congéneres; el problema es que seguían llegando.

  • ¿Te falta mucho, Yolei? ¡La cosa se está complicando, por aquí!
  • ¡Falta poco, Stingmon; resistan un poco más!
  • ¿Mencioné que detesto esto de manipular demonios y energías oscuras?
  • ¡¡UN MILLÓN DE VECES, KEN!! -exclamaron tanto Yolei como el digimon- ¡¡CIERRA LA BOCA Y SIGUE EMBRUJANDO!!
Yolei y sus amigos estuvieron así por casi diez minutos, hasta que por fin, la novicia hechicera logró desactivar el campo de fuerza de la nave… y dejar un pequeño presente.

  • ¡¡Listo!! Ahora que ya sé que hechizo usar, podré hacerlo más rápidamente. Haré un portal para...
  • ¿No nos vas a ayudar?
  • Podría, pero entonces estaríamos matando demonios hasta que esta nave EXPLOTE. Y quedan muchas naves. -para cuando terminó la oración, el portal estaba listo- ¿Van a venir o no?
Ni Stingmon ni Ken se negaron, pues el argumento era bastante convincente: de ahí en más, se dedicaron a sabotear la siguiente nave. Cuando la primera explotó, Daemon se enfureció al verla en llamas y partida por la mitad, cayendo hacia la plaza, por lo que los niños y digimon tuvieron que salir de su camino; luego siguió la segunda, y la tercera.

Esta última amenazó por caer sobre la mismísima Megatorre y destrozarla, pero cuando parecía que iba a derribarla, tanto el Demon Lord como los Elegidos observaron algo insólito: la nave atravesó el enorme edificio sin provocarle el más mínimo rasguño, como si literalmente “no existiera” y se estrelló contra el suelo, explotando en mil pedazos y liberando gran cantidad de energía vil. A pesar de la explosión, de los escombros, la Megatorre seguía firme, sin ningún cristal roto, ninguna mancha o rajadura.

El mismo Daemon se preguntaba ahora de la verdadera naturaleza de aquel edificio donde había residido casi un día entero. Pero no tuvo tiempo de hallar la respuesta porque UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon lo seguían persiguiendo, y la cuarta y última nave había caído. Tras mandar volar contra las lejanas torres de oficinas a los Caballeros, Daemon invocó más naves de la Legión, muchas más, que apenas llegaron comenzaron a bombardear llamaradas viles contra sus objetivos.

Si los Niños Elegidos pensaban que les daría tregua, estaban equivocados.

MUY equivocados.





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Davis y sus amigos se hallaban en el piso 23 de la Megatorre cuando ocurrió: una nave de la Legión atravesó el edificio de manera insólita sin causarle daño alguno. Cuando creyeron que se les caería encima, presenciaron atónitos como esta los atravesaba cual mero holograma… hasta que al caer al suelo, oyeron como se estrelló y estalló. Ni aún así, el edificio se sacudió, o se olió humo.

  • ¿Pero que acaba de pasar? -Mummymon no podía dar crédito a sus ojos- ¡Esa cosa nos atravesó! ¡¿Acaso somos fantasmas?!
  • No, pedazo de cecina: lo que pasa es que acabamos de ver el cruce de dos universos: esa nave se estrelló en el mundo exterior y nosotros estamos dentro del edificio. Aunque desde nuestra perspectiva ambos ocupan el mismo espacio, no así en el mismo… “plano existencial” por así decirlo.
  • No entiendo nada de lo que dices, Shenglongmon.
  • Lo resumiré lo mejor que pueda, Magnamon: esta Megatorre y todo lo que contiene en su interior es un microuniverso dentro del nuestro, por más que aparente ser sólo un edificio desde el exterior. Y por tanto, ambos no interactúan, al menos directamente. Hasta me atrevería a decir que es una extensión del cuerpo y mente de AkuShenglongmon.
  • ¿Significa que AkuShenglongmon podría estar vigilándonos? Entonces…
  • No sabría decírtelo, pero tengo la sensación que en este momento no está enfocado en nosotros.
  • Eso es bueno. -suspiró Arukenimon- Así que mejor continuemos.
  • No: eso es PREOCUPANTE. Ya que indica que enfoca su atención en algo más importante.
Pasado el susto inicial, el grupo retomó la marcha por las interminables escaleras. Curiosamente, comenzaron a sentir calor, algo muy raro tomando en cuenta que en el mundo de AkuShenglongmon no había temperaturas extremas; además, se percataron que la iluminación aumentaba considerablemente. Magnamon entonces notó algo muy brillante varios pisos arriba flotando en la caja de escalera, y lo señaló.

  • ¿Qué clase de lámpara es esa? ¡Brilla demasiado!
  • ¡Tenemos cosas más importantes de las qué preocuparnos que de una tonta lámpara, Magnamon!
  • Espera, Davis… -Shenglongmon lo tomó la manga de su chaqueta- Será mejor que no avancemos más. ¡He dicho que alto!
  • ¿Qué no era que teníamos prisa? Para salvar el Multiverso y todo lo demás.
  • Si quieres continuar, adelante, patona: no te detendré. Pero no evitaré que seas vaporizada. -Arukenimon estaba por preguntarle a qué se refería, hasta que el Dracomon continuó- Esa no es una lámpara: es una estrella.
  • ¡¡¡¿¿QUÉEEEEEEEEEEEEEE???!!!
  • ¡Eso es impo…!

Al ver el ceño fruncido de Shenglongmon, Davis tuvo que tirar su lógica por la ventana; era claro que alguien con magia podía hacer algo tan impresionante como meter una estrella de verdad a un edificio. Tanto Magnamon como Mummymon, miraban atónitos aquel luminoso orbe.

  • Y por el color que tiene… -repentinamente Shenglongmon se puso unas gafas negras sacadas de quien sabe dónde, en su mano derecha tenía cuatro más- deduzco que es del tipo espectral W, con una temperatura superficial de 70.000 °C.
  • Yo no siento semejante horno.
  • Eso es porque a medida que ascendamos, la temperatura y brillo de esa estrella aumentará de manera geométricamente exponencial, Magnamon. Pongámoslo así: en el piso 24, hará 70°, en el 27 unos 4000 °C; en el 36… pues unos lindos 10.000.000 °C al rozar su corona: no quedarán más que átomos de ustedes.
  • ¿Cómo sugieres que pasemos? -preguntó Mummymon- ¿No la puedes mover con tu magia?
  • Si lo hubiese podido, ya lo haría, cecina. Además, esa cosa, pese a su tamaño, pesa lo mismo que si tuviese su tamaño real… que haría ver al sol de la Tierra como una mera ascua. Lo que puedo hacer es protegerlos del calor con mi magia mediante un escudo y cruzar hasta que lleguemos al… piso 49, donde su zona de influencia termine.
  • ¡¿Pues qué estás esperando?! ¡Hagámoslo!
De inmediato le pasó a cada uno esas gafas que los protegerían del intenso brillo de aquella estrella, ya que su escudo sólo los blindaría del intenso calor y la radiación. También les recomendó encarecidamente, que se mantuvieran cerca para no salir de la influencia del escudo. De lo contrario…

A paso seguro, Davis y los demás seguían a Shenglongmon algo apretujados, con temor de ser no abrasados, sino vaporizados vivos; Magnamon masculló que AkuShenglongmon había puesto ese obstáculo de manera a hacerles perder valioso tiempo, lo cual, era lo más probable. Por su parte, el niño veía al pequeño Dracomon avanzar paso a paso con sus pequeños y regordetes pies y las manos en alto, como haciendo un esfuerzo por mantener un escudo invisible a su alrededor: dedujo que incluso hacer eso, gastaba sus fuerzas.


  • ¿Estás bien, Shenglongmon?
  • De maravilla, Davis. -sonrió el dragón, aunque no era del todo cierto; se notaba que realizaba un esfuerzo considerable; se detuvo un momento y señaló con la mirada a su derecha- Véanla un momento, ¿Quieren? Tal vez nunca puedan ver algo así tan de cerca.
Sus compañeros obedecieron, y en efecto, debían de admitir que ver una estrella tan de cerca, era una visión magnífica, aunque atemorizante.

  • ¿Existen muchas estrellas como esa en el universo, Shenglongmon?
  • Pocas… por suerte. Las estrellas de tipo W son demasiado grandes, calientes y efímeras… que es lo que me preocupa, ahora que lo pienso.
  • ¿Ahora qué? Vas a salir con que va a explotar en cualquier momen… -por la expresión que el Dracomon mostraba, parecía estar dándole una afirmativa- ¡Tienes que estar bromeando!
  • Esas estrellas acaban convirtiéndose en Hipernovas… y a veces en agujeros negros. Y este edificio resistirá como si nada, pero ustedes…
  • ¡¡Tu otro yo es un condenado demente, Shenglongmon!!
  • ¡Ya les dije que era malvado; no me lo recriminen! Apenas salgamos del dominio de esta estrella, aceleraremos el paso, ya que no explotará… todavía.
Pasar de largo la estrella no tomó demasiado tiempo, y tal como Shenglongmon había recomendado, aceleraron el paso. Davis mismo no podía creer que habían subido tantos pisos y no se hubiera agotado, aparte de que, además de esa extraña estrella, no hubiera nada ni nadie que los detuviera.

Tras mucho subir, llegaron al piso 66 en donde podrían encontrar la bóveda que contenía el boleto, entre otras cosas. Luego de abrir la puerta que conducía a aquel piso, se encontraron con un corredor impecablemente blanco con varias puertas cerradas y algún que otro mueble como mesas o bebederos. Como un edificio de oficinas normal.


  • De verdad no hay nadie. -Davis río entre dientes- Esto será fácil.
  • ¡No digas eso! -exclamó Magnamon- Nos traerá mala suerte.
  • Dejen de discutir y empecemos a buscar la bendita bóveda. -sugirió “amablemente” Shenglongmon- Este sitio me da escalofríos.
Todas o casi todas las puertas decían “oficina Número X Sección X División X” o algo por el estilo, y hasta ahora no había señal de la bóveda, o como mínimo, de algún plano de orientación. Cada vez el grupo -y en especial Davis y el pequeño Dracomon- se ponían cada vez más nerviosos ante la inquietante y sospechosa calma que reinaba en aquel piso. A través de algunas ventanas que daban a las oficinas, veían a decenas de personas frente a las pantallas trabajando de manera sincronizada y perfecta.

Si en aquel piso estaba la clave para derrotar a AkuShenglongmon. ¿Dónde estaba la seguridad?


  • Esperen… -advirtió el Dracomon- Creí escuchar algo arrastrarse…. ¿Y zumbar?
  • ¿Cómo algún animal? -preguntó Mummymon, quien ya se ponía nervioso-
  • Más bien… mecánico. -a medida que el sonido se volvía más fuerte, Shenglongmon ya intuía de qué se trataba: extendió las manos al frente y formó un escudo- Mierda ¡Pónganse junto a mí, rápido!
  • ¡¡INTRUSOS DETECTADOS!! ¡¡LA BÓVEDA DEBE SER PROTEGIDA!! ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
Salieron de varias puertas del pasillo y otros corredores, rodeando al grupo de Shenglongmon y de inmediato comenzaron a disparar. Intuía que su otro yo usaría a los Dalek como sistema de seguridad, aunque seguía sin poder creérselo. Por fortuna el escudo aguantaría… pero no por mucho tiempo.

  • ¡Te dije que tenías que cerrar la boca cerrada, Davis! -le reprendió Magnamon a su amigo, que al igual que él, se apretujaba junto a Shenglongmon- ¡Ahora nos van a matar unos saleros gigantes que nos disparan con batidoras, qué vergüenza!
  • ¿Cómo se supone que iba a saberlo?
  • Era más que obvio… ¡Imbécil!
  • ¡Patona, deja de molestar a nuestro héroe! ¡Mummymon, saca una lata de esa hielera que tienes: la necesito ya!
  • ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
  • ¡No es el momento de tomarse un refresco!
  • ¡Mi escudo no va a durar mucho! Y debo de recordarles que los Daleks no me pueden matar, pero a ustedes sí. ¡Necesito mi mana ya! -en ese instante, Mummymon le arroja una de aquellas latas a Shenglongmon; a toda prisa, la arroja dentro de su boca, tragándosela entera, seguido de un eructo púrpura- Wacala, nunca me gustó el aluminio. ¡Ahora escuchen! Mi escudo será más fuerte: los ataques pueden salir pero no entrar. Magnamon; dale con todo.
  • ¡Entendido!
  • ¿Y nosotros?
  • Sus ataques de nena no sirven contra los Dalek, pero capaz y podamos sacar algo de la caja de sorpresas de Discord. -la caja aparece en las manos de Arukenimon- ¡Gira la manivela y prueba tu suerte, patona!
  • Cada vez me siento más y más ridícula.
Arukeninmon giró la manivela al son de una estúpida música infantil hasta que la caja se abrió, y de ella salió un destello de luz que se materializó en el suelo con la forma de un arma de láser futurista. A pesar de su tamaño, Arukenimon la tomó como si no pesara nada.

  • ¡Perfecto! Un rifle desfabricador: puede destrozar su maldito blindaje de Dalekanium. ¡Disparen, pero ya!
  • ¡¡Rayo de Plata!! -Magnamon comenzó a disparar indiscriminadamente hacia los Dalek- ¿De qué están hechas sus armaduras? ¡Resisten mis ataques! ¡Hasta Mummymon mata más que yo!
  • ¿Qué quieres decir con eso, pitufo dorado?
  • Dalekanium… un mineral de su mundo. -respondió Shenglongmon- Pero también posen escudos… y me supongo que Aku los reforzó… un poco.
  • ¡¡LOS REBELDES DEBEN SER EXTERMINADOS!! ¡¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMINAR!!
  • No dicen nada más, ¿Cierto?
  • Es su palabra favorita, Davis. Déjalos morir así.
  • ¡EXTERMINAR!! ¡¡EXTERMI…!!
La primera ola de Daleks había sido eliminada, pero Shenglongmon sabía que no podían bajar la guardia, ya que los conocía: vendrían más en cualquier momento, y cuanto antes pudieran llegar a la bóveda, mejor.

Movido por su curiosidad, Davis se acercó a algunos de los Dalek derrotados para verlo más de cerca: nunca había visto algo como aquello antes, y a pesar del corto tiempo, tenía muchas preguntas.


  • Nunca pensé que estos robots causaran tantos problemas.
  • Han destruido millones de planetas y especies. Y no son robots, Davis: eso sólo es un traje mecánico; el verdadero Dalek es una especie de cefalópodo mutante con un solo ojo.
  • ¿Y si es una especie de pulpo, por qué hay una luz rara aquí dentro?
  • ¿Qué?
El pequeño Dracomon fue de inmediato a inspeccionar lo que el niño había descubierto, no sin antes advertir a Magnamon y los demás no bajar la guardia: un mal presentimiento perturbó sus pensamientos y se confirmaron cuando vio esa “luz rara” que había mencionado Davis.

A cada minuto, la maldad de su otro yo lo dejaba cada vez más sorprendido.


  • ¿Ves? Te dije que había una luz rara.
  • Esto… no puede ser.
  • ¿Qué es eso que tienes ahí? -pregunto Mummymon al ver a Shenglongmon portando una esfera de luz en su mano- ¿Esa cosa está… viva?
  • Lo… estaba.
  • Te ves… asustado, Shenglongmon.
  • ¿Sabes lo que es esto, Davis? Ustedes -refiriéndose a los digimon- ¿Saben lo que es esta esfera de luz? Esto es un Diginúcleo desfragmentado.
Los digimon se quedaron como piedra; no así Davis, que seguía sin entender. Shenglongmon lo advirtió de inmediato, y continuó.

  • Revolvieron sus datos para crear a un nuevo Dalek, aunque no del mismo nivel de pureza. Aún quedan rastros de su data original.
  • ¿Data? Pero eso quiere decir….
  • Es un monstruo. -murmuraba Magnamon-
  • Sí, Davis: los Daleks que acabamos de matar, y los que vendrán en breve… eran digimon.
El niño no podía creer lo que estaba oyendo: Lo que al inicio parecía meros robots, o trajes mecánicos, eran en realidad digimon convertidos en... algo más. ¿Era posible que existiese alguien, sea de la especie que fuese, capaz de hacerle algo así a sus congéneres? Todo indicaba a que sí.

  • Hay que continuar. -añadió Davis- Luego saldaremos cuentas con AkuShenglongmon.
  • Espero que no haya más Daleks.
  • Puede que haya más, cecina; mantente alerta. -comentó Shenglongmon, al momento que todos retomaban la marcha entre los Dalek destrozados- Creo que ya encontré la bóveda. ¡Vamos!
La bóveda era una puerta bastante sencilla, del tamaño de una convencional, pero de aspecto blindado y con una pantalla que exigía un escaneo biométrico y una contraseña. Para fortuna de Davis y los demás, el hecho de que Shenglongmon y su contraparte fueran el mismo ser facilitaría la primera prueba: tras un rápido escaneo ocular, superaron la primera fase.

Pero ¿Y la contraseña? Podría ser cualquier cosa, por lo que a Davis le sorprendió la soltura con la que el pequeño Dracomon tecleaba la clave, y aún más cuando la puerta se abrió como si nada. Como había observado con cuidado el marcado de las teclas, trataba de recordar al clave: 55544…


  • Oye, enano…
  • Me dices enano de nuevo, Mummymon y juro que te…
  • ¿Cómo sabías la contraseña? -preguntó esta vez Arukenimon, visiblemente intrigada- Por lo poco que sabemos, tu otro yo podría saber cosas que tú no.
  • Si te soy sincero, no lo sé. Sólo intuí que pondría algo importante.
  • ¿Algo importante para ambos?
  • Dejen de discutir y entremos ya.
El interior de la bóveda estaba muy bien iluminado y lucía mucho más grande de lo que aparentaba en el exterior. Había gran cantidad de objetos almacenados en cajas de manera muy meticulosa, aunque una llamaba mucha la atención: una del tamaño de una cabina telefónica y de aspecto antiguo.

  • ¡JA! ¡Ya me parecía que encontraría esta chatarra en algún lado! ¡Es demasiado valiosa como para que Aku la ignorara! Seguro se la prometió a los Dalek.
  • ¿Y que es, Shenglongmon?
  • Es la nave de un conocido con el que me he topado vaaaaarias veces de viaje con sus incontables amantes… “compañeras de viaje”, según él. Me encanta destrozarle los nervios al demostrarle que la magia es real. ¿Dónde estará el muy bastardo?
  • ¿En serio ESTO es una nave espacial? -señaló Arukenimon el extraño objeto- Parece algo hecho de madera.
  • Más raro es el hecho que esa cosa está viva. Pero bueno… sigamos.
  • Oye… ¿Sabes que es extraño? No hay guardias ni nada parecido.
  • Es verdad, Magnamon: todo está demasiado tranquilo. Esto me huele a trampa.
  • Es OBVIO que es una trampa, niño idiota. Sólo que no sabemos de qué tipo.
  • La patona tiene razón. Hay que estar atentos… Otra cosa OBVIA es que el boleto no va a estar en este montón de basura recolectada de todo el Multiverso, así que mejor ir a la Bóveda de la Bóveda.
  • ¿¿QUÉ COSA??
Al final de la habitación, de por sí muy grande, había otra puerta blindada exactamente igual a la primera, cuyo probable propósito era proteger y resguardar los objetos más valiosos del edificio. En pocas palabras, el boleto.

Igual que con la anterior puerta, se requería de un código, aunque este era más complicado, consistente en insertar varias claves en un determinado orden. Esto le tomó más tiempo a Shenglongmon de lo que esperaba, pero tras casi cinco minutos de espera e impaciencia de parte de los demás, logró resolver la contraseña y abrir la puerta.

La nueva bóveda estaba totalmente a oscuras, salvo por un corredor iluminado que llevaba a un pedestal donde a lo lejos se podía ver un pequeño pedazo de papel.


  • ¿Eso de ahí es…?
  • Tiene que ser el condenado boleto. -mencionó una suspicaz Arukenimon- Esto se ve muy fácil. DEMASIADO.
  • Pasamos por una estrella enorme, unos saleros asesinos. ¿Qué más nos podría lanzar?
  • Davis; es lo más idiota que pudiste haber dicho. ¡Esto dice “es una trampa” con todos los colores!
  • No hay alternativa, Magnamon. ¡Tengo que ir!
  • ¡¡Davis!!
El niño hizo caso omiso de las advertencias y fue corriendo hacia el pedestal; mientras lo hacía, las luces comenzaron a titilar levemente. Apenas estuvo frente al pedestal y a punto de tomar el boleto, las luces se apagaron totalmente, para segundos después iluminarse toda la habitación.

Nadie esperaba que la habitación estuviera completamente llena de estatuas de ángeles, curiosamente, cubriéndose los ojos, la gran mayoría. Una de ellas, miraba directamente a Davis. La mirada de Shenglongmon era de absoluto terror.


  • ¡No dejen de verlos! ¡No vuelvan la espalda! ¡No aparten la mirada! ¡Y no parpadeen! ¡NO ESTOY BROMEANDO! ¡¡SI AMAN SU VIDA, NO DEJEN DE VERLOS!!
  • ¡¿Que están pasando?!
  • ¡Son sólo estatuas, enano!
  • Ajá… “estatuas” capaz de matarte. ¡El experto en seres de otro mundo soy yo, cecina! Son Ángeles Llorosos: seres de otro mundo. Aku nos acaba de mandar a la mismísima mierda.



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Afuera, los Niños Elegidos y los digimon seguían luchando ferozmente contra los demonios de la Legión que Daemon invocaba constantemente. Yolei, Ken y Stingmon se infiltraban en las naves que Daemon invocaba y las saboteaban para evitar que siguieran disparando a sus compañeros en la superficie; TK, Kari, Seraphimon y Magnadramon se encargaban de los demonios voladores con ayuda de sus poderes basados en la Luz, mientras que Cody ayudaba a Selahemon y Magnamon con las criaturas terrestres como los Diablillos, Guardias Viles, Abisales e Infernales, entre otras cosas; BlackVictorygreymon, Darkdramon, Goldramon y Ophanimon lidiaban con los enormes Atracadores Viles, verdaderos robots gigantes alimentados con magia demoniaca que eran más poderosos de lo que aparentaban.

Para los niños humanos era una verdadera novedad el tener poderes propios y luchar con sus digimon CASI a la par; nunca los igualarían en poder, pero al menos podrían ayudarlos con algo más que apoyo moral. Además, se daban cuenta de lo fácil que se estaban acostumbrando a sus nuevos poderes, y en comprenderlos: era como si hubiesen sido parte de ellos desde el principio, cosa que bien podría tener cierto sentido tomando en cuenta sus personalidades: TK y Kari claramente eran muy afines a los poderes de la Luz Sagrada, Yolei tenía mucha destreza con la magia arcana dado su sobresaliente intelecto, pese a ser una novata; Cody era muy bueno con sus habilidades de lucha como monje, posiblemente dado su carácter y entrenamiento en kendo. Ken era el menos satisfecho con sus poderes, ya que implicaban usar energía claramente maligna, pero mostraba una destreza tal que le daba escalofríos, y sorpresivamente, sintió que esa fuerza no lo dominaba, sino era él quien tenía el control.

Si bien esto los llenaba de alegría, a sus digimon les preocupaba de que se arriesgaran demasiado, pero no podían sino más que estar agradecido por su ayuda. A Daemon por otro lado, lo enfurecía: el hecho de que Shenglongmon les diera a esos mocosos habilidades mágicas para hacerle frente no sólo el parecía indignante, sino casi blasfemo; sin mencionar que el tal TK Takaishi se había burlado de él e incluso llegar a herirlo levemente. De todos modos, ahora tenía que preocuparse por dos Caballeros Reales que no le daban el mínimo respiro.

De entre las criaturas surgidas del portal de Daemon, aparecieron lo que alguna vez fueron digimon de tipo demonio, pero claramente mutados a causa de la magia vil: lucían mucho más grandes, más fuertes y más espeluznantes y salvajes que sus contrapartes normales. Entre ellos, había una inmensa bandada de Devidramon corruptos, cuyos cuatro ojos ardían en llamas verdes al igual que la punta de su cola, las membranas de sus alas y el extremo de sus garras; tenían cuernos óseos surgidos en sus articulaciones y sus dientes eran tan largos y afilados que les era casi imposible cerrar la boca: estos se abalanzaron contra aquellos que atacaban los Atracadores Viles sin ningún temor; de entre los cuatro que lidiaban con los robots gigantes, fue Darkdramon quien se lanzó sobre ellos, rebanando y decapitando a varios de ellos sin misericordia, quitándole a sus amigos la molestia de lidiar con ellos.

Goldramon, tras ayudar a derribar a otro de esos Atracadores, fue junto a su primo.


  • ¿Estás bien?
  • Creo que a alguno de esos los conocía. A lo mejor un excolega del trabajo con el vampiro homosexual.
  • Eran Devidramon… como tú. Y los…
  • Ya no son digimon ahora. -respondió a secas- Son demonios de verdad, y son un estorbo; así que no me vengas con mariconadas, primito. ¿O no piensas pelear de verdad?
Un trío de Devidramon Viles se acercó a gran velocidad hacia los dos dragones; Goldramon logró tomar a dos de los hocicos y destruirlos con su poder de Amon y Umon; mientras tanto, Darkdramon partió al tercero por la mitad a la altura de la cintura.

  • ¿Eso responde tu pregunta?
  • Es lo más varonil que te he visto hacer y decir. -rio el Dragón Oscuro- ¿Seguro que Shenglongmon no añadió testosterona a tu digievolución?
  • No son hormonas: sólo el deseo de recuperar nuestro mundo, salvar a mi novia y ayudar mi primo y mejor amigo a lidiar con este problema. -Goldramon se encogió de hombros- Y mostrarle que no soy el cobarde que cree que soy.
  • Ja, ya lo sospechaba. Bueno: disfruta el momento en que te considere lo suficientemente macho, porque no sabes cuánto durará. ¡A liquidar a estas mierdas!
  • ¡Sí!
Ulforce y Cuāuhpillimon perseguían a Daemon, atacándolo con sus Sables Ulforce y el “Huitzilopochtli” respectivamente: el Demon Lord lanzaba bolas de Fuego Vil y de Energía de las sombras contra ellos desde sus manos, o bien invocándolos del portal que había creado en el cielo; sin embargo, los Caballeros los esquivaban con facilidad gracias a su velocidad, además, el Caballero Águila poseía una gran resistencia tanto a las llamas como a los ataques basados en oscuridad. Aparte de eso, la oleada de demonios y digimon viles que iban hacia ellos eran rápidamente eliminados por los compañeros digimon de esos niños -¡Y los mismos Niños!- por lo que de escudo no servían de mucho.

  • ¡¡Háganme un favor y muéranse!! ¡¡Llamas de Algol!!
  • ¡¡Ventisca Cetl!! -un fuerte aleteo del Caballero Águila creó una gélida ventisca que extinguió las llamas de Daemon- ¿Por qué mejor no te mueres tú, segundón de porquería?
  • ¡¡Te haremos pagar por traicionar al Digimundo!! ¡¡Rayo de la Victoria!!
  • ¡Niño idiota! -gruñó Daemon, haciendo a un lado el ataque de Ulforce con el brazo- ¿Traicionar al Digimundo? ¡Lo que hice fue liberarme de esa maldita prisión y unirme al bando más fuerte! ¡¡Y si había necesidad de humillar al estúpido de Shenglongmon y mandar a la mierda TODA la Existencia, PUES QUE ASÍ SEA!! ¡¡LLAMARADA DEL CAOS!!
  • ¡¡ESTÁS MUERTO!! ¡¡DESTELLO DEL QUINTO SOL!!
  • ¡¡IMPULSO DRAGÓN X!!
Tanto el aura proyectada por Ulforce como el sol concentrado de Cuāuhpillimon se fusionaron en un solo ataque que acabó implosionando en el cielo tras colisionar con las llamaradas de Daemon causando un enceguecedor resplandor que aturdió a ambos Caballeros; poco a poco el brillo desapareció, pero el Demon Lord ya no estaba. ¿Acaso…?

Cuando creyó que no había muros en la costa y estaba por recuperar del todo la vista, Ulforce sintió un fuerte golpe en la cabeza, seguido de una enorme mano con garras sujetándolo del cuello. Al momento de que su vista se aclaró lo suficiente, pudo ver que estaba cara a cara con Daemon, quien sonreía mostrando todos sus colmillos.


  • ¿Te gusta volar, verdad?
  • ¡PUES VUELA!
En eso, lo golpeó en el estómago dejándolo sin aire, y lo lanzó hacia arriba con tal fuerza que se perdió en la inmensidad del cielo; acto seguido, voló hacia esa dirección, dejando perplejo y rabioso a un Cuāuhpillimon que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Justo en ese momento, aparecieron Yolei, Ken y GrandKuwagamon, quienes acababan de deshacerse de un par de naves de la Legión cuando lo vieron todo.

  • ¡Maldita sea! ¡Daemon nos engañó!
  • Llámenme loco, pero creo que lo lanzó a… -Ken señaló el enorme orbe gris que cruzaba el cielo- la Luna.
  • ¿Qué? ¡Ulforce morirá allí; no hay aire! -exclamó el Caballero Águila- Tengo que ir a rescatarlo.
  • Tú tampoco puedes ir… Iré yo.
  • ¡¡Yolei!! ¡¡No puedes!!
  • Escúchenme: con la magia que tengo ahora puedo sobrevivir a la falta de atmósfera, pero ustedes no: Cuāuhpillimon, ayuda a los chicos con las naves de la Legión; yo rescataré a UlforceV-dramon.
  • ¡Daemon tratará de matarte: no eres tan poderosa para enfrentarlo!
  • Lo sé, Ken. Pero le haré frente el tiempo suficiente para rescatar a UlforceV-dramon.
  • De acuerdo. -asintió el Caballero Águila- Pero cuídate mucho.
Yolei asintió, y se despidió de sus compañeros antes de crear un portal hacia donde el Caballero Real y el Demon Lord habían llegado. Mientras tanto, y ahora que la única del equipo con conocimiento sobre como inhabilitar a esas naves se había ido, Cuāuhpillimon no tenía más alternativa que usar su Escudo Coyolxauhqui para proteger a sus compañeros.



Mientras tanto, Ulforce acababa de estrellarse contra una superficie de piedra sumamente dura, levantando una gran columna de polvo que le impedía ver dónde estaba: la fuerza del impacto, así como los fuertes golpes de Daemon, lo habían dejado sin aire y con poca fuerza para levantarse, pese a que por alguna razón, se sentía más ligero de lo normal.

Apenas pudo abrir los ojos para darse cuenta que estaba en una habitación inmensa y aparentemente vacía, y en cuyo techo, con forma de cúpula, había un agujero por el que supuso había llegado allí. ¿Dónde exactamente? No tuvo tiempo para descubrirlo: a poco de intentar levantarse, sintió la presión de un gran pie en su pecho; sus ojos, que ya se habían recuperado, le permitieron ver a Daemon de pie sobre su cuerpo, oprimiendo con fuerza.


  • Qué lástima: creí que ya estabas muerto. -Ulforce trató de responder, pero no pudo; le costaba respirar- Mi culpa.
  • Parece que te falta el aire. -bromeó, aumentando la presión sobre el pecho del Caballero Real- ¿Por qué no tomas algo de aire? Ah, cierto ¿Puedes oírme?
  • S… sí…
  • Aún queda algo de oxígeno en este lugar: suficiente para que puedas oírme, pero no para que respires… adecuadamente.
  • Es algo curioso: técnicamente este lugar no necesitaría de una atmósfera respirable, tomando en cuenta lo que había aquí. ¿Sabes dónde estamos, pequeño mocoso?
  • Estamos en la Fuente. -sentenció con calma- El sitio de emplazamiento de la Supercomputadora Yggdrasil, el soporte físico del Digimundo que tanto amas. ¿Sabes dónde está este lugar? -Ulforce lanzó un gruñido apenas audible- Está en la Luna.
Ulforce ahora comprendía por qué apenas podía respirar, y seguía sin poder creérselo. La “Fuente” era un lugar cuasimístico para los Digimon: ninguno sabía dónde estaba, ni tenía permitido ir allí. Había rumores acerca de su ubicación, que definitivamente debía ser en algún lugar de la Tierra: El Amazonas, los Himalayas, el fondo del océano, el Sahara, la Antártida…

Que equivocados estaban todos.

Y aun así, tenía sentido. ¿Qué lugar más seguro para la Supercomputadora que era el sostén físico del Digimundo que un lugar tan inaccesible para los humanos que la mismísima Luna?


  • Construida por Nibirumon, programada por la mocosa de Zoe y nuestro “creador” en la Edad de Oro del Digimundo. -gruñó mostrando su desprecio- Una máquina tan impresionante, tan avanzada, que era capaz de crear un mundo digital realmente vivo. Pero ya no está: ahora sólo hay un cuarto vacío. ¿Sabes que le pasó?
  • AkuShenglongmon me encargó su desmantelamiento para venderla por partes, y transformar en algo útil lo que quedara. -tomó una engrapadora tirada en el suelo y la arrojó en la cara de Ulforce- Algo como esto, por ejemplo.
Mientras Ulforce contenía la rabia al mismo tiempo que trataba de no asfixiarse, Yolei se hallaba escondida detrás de un grueso muro a casi un kilómetro de donde estaban Ulforce y Daemon -el lugar era inmenso, más grande de lo que se hubiese imaginado; a pesar de ello, Daemon hablaba tan fuerte que podía oírlo- revisando a toda prisa el pequeño libro de hechizos que tenía, buscando uno que le permitiera al Caballero Real sobrevivir la escasez de aire. El hechizo de portales que conocía requería estar cerca de Ulforce, y no sabía teletransportarlo de manera automática; además, era consciente de que no podría hacerle frente a ese digimon el tiempo suficiente para sacar al Caballero Real de allí, por lo que sólo le quedaba esperar.

A lo lejos, Daemon seguía hablando ante un casi agónico Ulforce.


  • Aún te recuerdo de cuando tú y tus compañeros luchaban para destruir nuestro dominio sobre el Digimundo. Eras el más joven de todos… el más infantil: un mocoso insufrible. Y en poco tiempo te volviste una molestia.
  • ¡Tú destruiste mi reino! -le gritó, pisándolo con fuerza- ¡Y luego tú, tus compañeros, y el imbécil de tu maestro Imperialdramon nos encerraron en el Área Oscura! No sé qué me da más rabia: que un niñato inmaduro como tú me haya derrotado, que mis compañeros se hayan resignado en destruir el Digimundo luego de eso… ¡O QUE EN TODO ESTE TIEMPO, HEMOS SIDO GOBERNADOS POR UNA ADOLESCENTE MALCRIADA! -Daemon golpeó a Ulforce en la cara, pero este no hizo nada- Ahora esa maldita perra debe de estar llorando por la destrucción de todo lo que creó; lástima que no pueda verla por su condición de “ascendida”.
A la par que Ulforce, pese a la falta de aire, le hervía la sangre por como Daemon se refería a Zoe, quien no sólo era su jefa y casera, sino su amiga, Yolei continuaba buscando el hechizo correcto. No pudo evitar oír el monólogo del Demon Lord lo que la hizo fruncir el ceño.

  • Estúpido intento de villano, -gimió enfadada- ¿Por qué todos hacen un estúpido soliloquio en lugar de ir al grano? ¡¿Qué estoy diciendo?! Tengo que salvar a UlforceV-dramon; luego me quejo con Daemon por ser tan cliché… -la chica continuó hojeando el librito hasta qué…- ¡Aquí está! -extendió su mano hacia el Caballero Real, moviéndola en el aire- ¡Caeli Stratus!
Un sutil brillo lavanda emergió de la mano de Yolei, sin hacer efecto visual alguno en el Caballero Real; esto significaba que no hubiese resultado, sino que el efecto era sumamente sutil. Si la cosa se complicaba, ella tendría que darle algo de tiempo a UlforceV-dramon. Totalmente absorto de su presencia, Daemon continuaba alardeando de su posible venganza.

  • Imagino que todos tus compañeros están muertos ahora; en eso nos parecemos. Sólo que a mí me importa una mierda lo que les haya pasado. Pero tú debes de estar triste, ¿Verdad? Vendidos como esclavos a la Legión, o bien para ser desfragmentados y posteriormente convertidos en Dalek.
  • En fin: yo te daré una muerte más…
  • ¡¡Aggh, ya me tienes harta con tu parloteo!!
Apenas oyó el grito de la niña, Daemon recibió una lluvia de rayos color violeta golpeándolo en todas direcciones; si bien no lo dañó, lo obligó a alejarse del Ulforce antes de siquiera hacerle algo. Cuando pudo ver a su atacante, un sentimiento de burla, indignación y rabia mezcladas surgieron en él.

  • ¡¡¿¿TÚ??!! ¡¿La mocosa de cabello teñido?! ¡Cómo te atreves a atacarme!
  • Tengo 12 años: desafiar a la autoridad es lo normal… ¡Y soy una Niña Elegida que te detesta, maldita caricatura de Satanás!
  • ¡¿Caric...?! ¡¡Suficiente!! ¡¡Ese pollo gigante que llamas camarada no podrá salvarte!! ¡¡LLAMAS DE ALGOL!!
  • Hablas demasiado.
Yolei se protegió con un escudo de hielo que la rodeó por completo: para incredulidad tanto de ella como del Demon Lord, el hielo no sólo no se derritió, sino que permaneció completamente intacto. Daemon intensificó las llamas en un intento por acabar con ella, enfureciéndose cada segundo que pasaba al ver que no lograba nada. Tras varios minutos lidiando con ella, se resignó, atacándola con energía vil pura, a lo que ella respondió con esferas de energía arcanas que anulaban su ataque.

  • ¿Cómo es posible que una niñata como tú tenga semejante habilidad?
  • Tu maestro dejó muy en claro que había humanos con habilidad natural innata en este tipo de cosas. -Yolei le arrojó varios misiles arcanos, logrando golpearlo en la cara- A lo mejor soy una de ellos, ¿Quién sabe?
  • ¡De todos modos nunca me derrotarás!
  • ¿Y quién te dijo que buscaba eso?
  • ¿Huh?
Apenas pudo reaccionar al fuerte golpe que recibió en la cara, o al impacto contra la pared de roca sólida posterior, o la siguiente ráfaga de golpes cuasinfinitos acompañados de una ráfaga azul.

  • ¡¡ESTE ES POR MIS COMPAÑEROS!! -recibió un golpe en la cara- ¡¡ESTE ES POR EL DIGIMUNDO!! -esta vez, el golpe dio directo en el pecho- ¡¡ESTE ES POR LLAMAR PERRA A MI AMIGA ZOE!! -otro golpe directo en la cara, destrozándole la mitad de los dientes- ¡¡Y este es… por… PORQUE ME DA LA PUTA GANA!!
Ese último golpe lo hizo con tal fuerza en el estómago de Daemon, que acabó encastrándolo dentro del muro.

  • ¡UlforceV-dramon!
  • ¿Qué?
  • ¡Te lo estás quedando para ti solo!
  • ¡Te tardaste demasiado! -respondió, fingiendo enojo- ¡Pudiste ser más rápida: casi me muero escuchando a ese imbécil!
  • ¡Apenas y comprendo estos poderes nuevos; tenme paciencia!
  • Supongo. -asintió, seguido de un pulgar levantado hacia arriba- Gracias.
  • De nada. ¿Y ahora?
  • Ahora… -tomó a un semiconsciente Daemon del cuello- a prolongar su agonía. -miró al Demon Lord a los ojos, enviándole una mirada asesina- Me gustó tu vuelo, Daemon: en serio. ¡¡TE REGRESO EL FAVOR!!
De un solo golpe, Ulforce lanzó a volar al Demon Lord en dirección al orbe grisáceo y pixelado que ahora era la Tierra. Luego se volteó haca Yolei, quien permanecía de pie.

  • Creo que pudiste haberlo matado.
  • No creo… Además, no hubiese sido lo mismo.
  • ¿Qué?
  • Jojo… Digamos que… Daemon deseará haberme pedido que lo matara.
  • Te refieres a…
  • Ahora que lo recuerdo bien, Cuāuhpillimon podía llegar a ser… bastante salvaje y aterrador. Y espero que ese viejo demonio de mierda TAMBIÉN lo recuerde.
  • ¡Oh, cierto! Hawkmon me contó cómo destrozó a Omegamon en esa ocasión.
  • Ahora lo captas. Bueno, ¿Nos vamos a casa con tus portales o te doy aventón?
  • Creí que no podías volar en el espacio, UlforceV-dramon.
  • O sea hello… ¡Vuelo a la velocidad de la luz! Y la Tierra ahora queda a un paso.
  • ¡Bueno, vamos!



______________________________




AkuShenglongmon ya había descifrado seis de los hechizos-candado e iba por el séptimo; supuso que una vez descifrado los primeros, los siguientes serían más fáciles. No se había equivocado.

Lo ayudaba también el hecho de que estaba en un ambiente totalmente controlado, aislado del mundo exterior y sus distracciones; si Daemon lograba o no tratar con los Niños Elegidos de Sheng Li o si Davis Motomiya y sus amigos lograban ascender la Megatorre no era realmente importante. Lo importante era lo que estaba haciendo… y que ellos no sabrían nunca.


  • Creo que nunca entenderé a Sheng Li; de verdad. ¿Nunca ha pasado por algo así, Señor ZeedMilleniummon? ¿Conocer a alguien desde toda la vida, de quien es inseparable, y aun así, no comprenderlo?
  • Asumiré que es un no. En verdad es un afortunado. -Aku miró brevemente al digimon encerrado y luego miró a la pantalla holográfica- Falta poco para desbloquear el séptimo hechizo-candado: de verdad que se esmeraron mucho en sellarlo, señor.
  • Impresionante en verdad: una muestra de maestría mágica. Pero no todo dura para siempre: tarde o temprano, TODO acaba muriendo. Estrellas, planetas, universos enteros… Incluso la magia.
  • Eso es algo que Sheng Li y sus niños no quieren aceptar, pero que inevitablemente acabarán sabiéndolo. O no madurarán.
  • Veamos cómo van mis acciones en la Galaxia Mística: de seguro mis compras van eficientemente bien.
Una imagen holográfica de una inmensa galaxia de cuatro brazos apareció enfrente del Dragón Azabache: la mitad de la misma se hallaba en tonos grises y totalmente pixelada, mientras que la parte central aún conservaba sus colores originales y apariencia nebulosa, incluido el centro mismo, cuyo resplandor rosa era inconfundible. Asintió complacido sin sonreír tras ver como sus planes se llevaban a cabo a la perfección y retomó su trabajo con ZeedMilleniummon. Segundos después, una voz automática rompía el silencio:

HECHIZO CANDADO SIETE: DECODIFICADO CORRECTAMENTE.


  • Excelente. Ahora vamos por el octavo.



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Davis estaba completamente estático al igual que sus compañeros, haciendo un esfuerzo suprahumano por no parpadear: Shenglongmon les había advertido que incluso hacer eso era una condena de muerte asegurada, y no estaba en posición de bromear. Había muchas de esas “estatuas” de ángeles; algunas, curiosamente copias exactas de digimon ángel como Angemon, D’arcmon y sus digievoluciones. Todas sin embargo, lucían aterradoras.

  • ¿Qué hacemos, Shenglongmon?
  • Por ahora… no parpadeen o despídanse de su vida, Davis. Lanzaré un hechizo para que no parpadeen.
  • ¿Y por…?
  • ¡Cállense! ¡Y no dejen de verlos, maldita sea! A mí también me cuesta mantener los ojos abiertos. -tras unos segundos buscando en su mente, encontró lo que buscaba y tronó los dedos- Listo: probablemente sientan un pequeño…
  • ¡Me duelen los párpados!
  • Sí: eso mismo, cecina. De todos modos, no debemos dejar de verlos, ni voltear ni nada hasta que descubra como salir de esta.
  • ¿Nos puedes decir al menos que son?
  • Son criaturas de otro universo, patona. O más bien, criaturas tan antiguas que se cree son supervivientes de un Multiverso anterior al actual; no se sabe, porque no son muy conversadores. Se alimentan del flujo temporal de sus víctimas: al tocarlas, las envían al pasado donde permanecen hasta el final de sus vidas.
  • Qué forma tan rara de morir.
  • No creo que hagan eso con ustedes… probablemente los maten rompiéndoles el cuello. Se mueven muy rápido… siempre y cuando no se sientan observados; caso contrario, se quedan como estatuas. Por eso: POR NADA DEL MUNDO DEJEN DE VERLOS.
  • ¿Y si les pones un espejo?
  • Es mala idea, Magnamon: cualquier cosa que parezca un Ángel Lloroso, incluyendo dibujos, reflejos o hasta grabaciones, se convierte en uno. Tampoco los puedo teletransportar por culpa de Aku, ni los puedo destruir: tienen una enorme resistencia a la magia de manera directa. -el pequeño Dracomon gruñó de frustración- Lidié con ellos hace un par de meses en un universo paralelo donde la Tierra estaba habitada y dominada por gatos…
  • ¿Qué?
  • ¡Cállate, bola de papel higiénico! …y allí al menos pude encerrarlos en una burbuja de dilatación temporal, pero estoy seguro que el hijo de puta de mi contraparte aburrida los protege… A menos que… ¡Tengo una idea! Pásame otra lata de refresco de mana, Mummymon: lo voy a necesitar.
El digimon obedeció, haciendo un esfuerzo por no desviar la mirada de las “estatuas” y le pasó con cuidado la bebida al pequeño Dracomon, quien se la bebió de un solo trago.

  • Mierda; me tendré que aguantar los eructos. En fin, esto es lo que haré: ahora que tengo algo de energía extra, voy a crear alrededor de ustedes un campo de dilatación temporal. Eso les permitirá moverse increíblemente rápido e incluso ver como se mueven estas piedras de mierda.
  • ¿Por qué no lo haces sobre ellos?
  • No voy a desperdiciar este plus de poder por probar algo de lo que no estoy seguro que funcione, Davis. Apenas lo haga, el hechizo de los párpados desaparecerá, ya que no podré mantener ambos al mismo tiempo; entonces tendrás que tomar el boleto como que te lleva el diablo y todos saldremos de aquí del mismo modo.
  • Adivinaré: el campo de tiempo ese tampoco es permanente. -Shenglongmon asintió- Entonces supongo que será mejor que cargue a Davis.
  • Si no te es tanta molestia, Magnamon. -el caballero dorado asintió- Bien, prepárense.
A vista de Davis y los digimon, no pareciera que el pequeño Dracomon hiciese la gran cosa, cuando en realidad, realizaba un gran esfuerzo por lograr lo que quería: manipular el espacio-tiempo sin magia no era tan fácil, y menos cuando naturalmente no era algo propio de uno. Al final lo consiguió, si bien no de manera nada espectacular; de todos modos, sentía que cargaba el peso del mundo sobre sus hombros.

  • Listo… Ya está. -Shenglongmon respondió jadeante, y permaneciendo de pie- Toma el maldito boleto, Davis.
  • ¿Seguro que no me harán daño?
  • ¡¡Toma el maldito boleto, niño bobo!! -le gritó Arukenimon- ¡No quiero morir aquí a manos de unas estatuas!
  • Ya, ya…
Davis acercó su mano con cuidado al pedestal; sin darse cuenta, parpadeó, y pudo ver como la “estatua”, aun siendo de piedra, movía con lentitud y suavidad, como si fuese de carne y hueso, sus manos en un intento por atraparlo. A lo mejor, pensó, como tal pensaban que no eran observados, se movían con cierta confianza. Cuando vio a otra de esas estatuas, una con apariencia de Angemon, notó que tenía colmillos en la boca, luciendo más amenazante de lo normal.

Obviando el miedo inicial, acercó su mano aún más al boleto hasta rozarlo con los dedos; cuando finalmente lo tuvo, lo agarró con fuerza y sacó su mano con rapidez del pedestal en donde reposaba.


  • ¡Ahora a correr, maldita sea! -exclamó Shenglongmon, empujando a Davis- ¡Esas cosas nos van a perseguir y mi hechizo se va a acabar! ¡Magnamon, llévatelo!
En efecto: apenas Davis tomó el boleto y se volteó, los “ángeles” comenzaron a moverse, lenta pero amenazantemente hacia ellos en un intento por capturarlos. Magnamon tomó a Davis y lo llevó en sus brazos corriendo a toda prisa mientras el niño sostenía el boleto con firmeza y los otros digimon es seguían el paso. Apenas cruzaron la puerta de la bóveda, el pequeño Dracomon se apresuró a bloquearla; pocos segundos después de cerrarse, se oyeron varios golpes muy fuertes contra la puerta blindada que hicieron a más de uno saltar hacia delante.

  • ¿Crees que lleguen a romper la puerta?
  • Preferiría no averiguarlo, Davis. Vámonos de aquí -jadeó Shenglongmon antes de ponerse en marcha- Tienes el boleto, ¿Verdad?
  • Sí, lo tengo. -respondió mientras le daba un vistazo- Es muy diferente al tuyo: parece de plomo, no tiene las marcas que le pusiste tú, y sólo dice: “Este boleto vale por un deseo, previa presentación de un formulario por triplicado con los datos necesarios del cliente del presente boleto y su correspondiente solicitud, más una copia del contrato, y la firma en cada copia del antes mencionado formulario y del contrato adjunto tanto del cliente como del sujeto personal o jurídico obligado según el contrato a cumplir con dicha solicitud, autorizando legalmente dicho servicio mágico. En caso de no presentarse antes de los primeros segundos del 1° de enero del 2003, tanto el boleto como el contrato serán invalidados y el cliente no podrá recibir su deseo, y el sujeto jurídico que responde al nombre de AkuShenglongmon, tendrá libre disposición de suprimir a dicho cliente.” Espera, ¿QUÉ?
  • Jodido burócrata de mierda -gruñó Shenglongmon tras oír semejante “biblia”- ¿No le basta con ser malvado, y encima ser un adicto a las peroratas por escrito?
  • ¿En serio dice todo ese en ese papel tan pequeño? -preguntó Mummymon-. Debe de estar en letra diminuta.
  • ¿Esto que dice aquí significa que si no le presento a AkuShenglongmon este boleto y el resto de papeles como él pide antes de que sea el 1° de enero, me puede matar?
  • Básicamente… Sí, Davis. -entendió Magnamon- Eso mismo dice.
  • Con más razón hay que meterle pata. ¡Vamos, muchachos! ¡Tú también, patona!
Una vez fuera de la bóveda -y de la bóveda de la bóveda-, cruzaron las oficinas ya vacías y sin señal de enemigos -de momento- y regresaron a la escalera, continuando con el arduo y largo camino hasta el piso 120 por los documentos necesarios. En medio del camino, se vieron obligados a esquivar algunos de los obstáculos puestos en su camino, como una auténtica cascada de lava incandescente cerca del piso 88 de la que Shenglongmon los tuvo que proteger con un escudo de energía; hacia el piso 100, un violento torrente de agua les impidió el paso, y nuevamente el pequeño Dracomon tuvo que ayudarlos congelando el agua y dándoles zapatos para el hielo. Para cuando se acercaban al piso 118, se escucharon numerosos pasos de su correspondiente puerta, así como de atrás: alguien los estaba siguiendo.

Repentinamente los pasos se oyeron con mayor fuerza, y comenzaron los disparos desde abajo: cuando Shenglongmon volteó hacia atrás, observó decenas de soldados fuertemente armados con armas de alto calibre disparándolos directamente: por mera obviedad, creó otro escudo protector para evitar que las balas los golpeen mientras los demás seguían subiendo hasta el piso 120, pero algunas lograban atravesar la barrera… y grande fue su sorpresa cuando una de las balas produjo un sonido de crujido en la armadura de Magnamon… además de una herida de roce. Entraron de inmediato al piso 120 y se escondieron en un armario de limpieza donde el pequeño Dracomon inspeccionó la herida.


  • Pudo haber sido peor -explicó Shenglongmon mientras usaba sus poderes para curarlo- Pero esto quiere decir que sus balas son de Chrome Digizoid: no podremos ignorarlas. -suspiró con desánimo- Hay que matarlos.
  • ¿Estás loco? -exclamó Davis- ¡Son sólo humanos! Lavados del cerebro, privados de sus emociones y armados hasta los dientes… ¡Pero son humanos!
  • ¿Por qué crees que Aku los usa como peones de ajedrez? Sabe que tendríamos semejante dilema moral. Y no tenemos tiempo para esas mariconadas: recuerda que tenemos algo importante que hacer, y si logramos salir de esta, los puedo revivir.
  • Es que…
  • A mí tampoco me atrae la idea, Davis: ni gente inocente ni quienes obran contra su voluntad, pero no hay de otra.
  • Nunca matamos humanos antes… -se quejó Mummymon- No sé si…
  • ¿Qué clase de villanos son ustedes? ¡Hagan lo que sea necesario, maldita sea! Si Davis muere, nos morimos todos. ¡Bueno, se mueren ustedes, pero yo tendré que soportar a Aku por toda la eternidad!
Arukenimon y Mummymon se miraron el uno al otro bastante contrariados: se dieron cuenta de que no eran tan malvados como creían, y lo lamentaban, al menos en esta ocasión. Siguiendo el consejo del pequeño Dracomon, salieron del armario de limpieza, cambiaron a su forma real y atacaron a los soldados con su Hilo de Araña y su rifle Obelisco respectivamente: una los envolvía, atascaba y hasta asfixiaba, mientras el otro acababa electrocutándolos; Shenglongmon los cubría con un escudo todo lo que podía mientras que Davis y Magnamon aprovecharon el tiempo buscando lo que necesitaban en las oficinas del piso 120: había numerosas oficinas, todas iguales y con pasillos que las conectaban casi idénticos. Del otro lado del pasillo se podían oír pasos apresurados: más soldados.

Cuando ellos aparecieron y comenzaron a disparar, Magnamon no dudó siquiera un segundo y los atacó con su Rayo de Plata, mientras Davis se resguardaba a sus espaldas; el digimon de armadura dorada gruñó en voz baja: por un lado, odiaba la sola idea de matar humanos, por más bien armados y protegidos que estén -sus uniformes resistían bastante bien sus ataques, por lo que veía- y por el otro, le molestaba la cobardía de Davis: era consciente de que sólo tenía once años, de que era normal de que no se atreviera a atacar -o incluso matar- a otra persona… pero dadas las circunstancias, el hecho de que uno de sus emblemas era el del VALOR, y además, ahora tenía PODERES, lo mínimo que esperaba de su parte era algo de ayuda.

Era su amigo, pero… Qué diablos.


  • Davis…
  • ¿Sí?
  • Quiero decirte que siempre seremos amigos, pase lo que pase. Pero... ¡¡¿¿PODRÍAS DEJAR DE ESCONDERTE TRAS DE MI, POR EL AMOR DE DIOS??!! ¡¡Sé que debo protegerte, pero maldita sea!! ¡¡Hasta Arukenimon y Mummymon están ayudando!! ¡¡Ahora tienes poderes: úsalos!!
  • ¡Es que yo no sé si…!
  • ¡Por más tonto que suene, voy a necesitar tu ayuda!
  • ¡No sé si los usaré bien; apenas entiendo lo que Shenglongmon me dio! -Magnamon no dijo nada, pero Davis supuso que respondería molesto- ¡De acuerdo, pero no me juzgues después!
Cuando estaba por responderle, Magnamon se dio cuenta que Davis se había esfumado; como estaba ocupado lidiando con los “peones” de Aku, se limitó a prepararse para la siguiente oleada para atacarla con su Rayo de Plata. Al llegar esta, Magnamon vio como uno por uno los soldados caían con suma rapidez sin que él los tocara siquiera; entonces se dio cuenta de quien lo hacía: Davis se movía como una ráfaga apenas perceptible pasando literalmente a cuchillo y shuriken a cada soldado que pudiese; Magnamon completó el trabajo con su Rayo de Plata, quedando unos pocos, que Davis acabaría, para sorpresa de su amigo digimon, matando con una daga directo en la yugular.

El digimon de armadura dorada se lo quedó mirando atónito, tratando de formular palabra alguna. El niño clavó su navaja en el cuello de un moribundo soldado y la giró noventa grados antes de voltearse a su amigo.


  • ¿Cómo lo hice? -preguntó como si acabara de terminar un ejercicio de su clase de gimnasia- ¿Te ayudé en algo o no?
  • ¿Magnamon?
  • Eh… Bien… creo. -miró perplejo a los cadáveres apuñalados y con shuriken clavados en el cuerpo- Lo… hiciste… bien.
  • Qué bueno. Temía haber sido un inútil.
  • Pa... parece que dominas bien tus… poderes de… ¿Qué era que dijo Shenglongmon que eras?
  • Un pícaro, o algo así: básicamente una especie de ninja asesino con poderes de sigilo, invisibilidad y manejo de armas blancas. ¿Por qué?
  • Porque parece que lo dominas DEMASIADO BIEN. -dijo algo nervioso- Hasta parece que te gusta.
  • ¿Sabes que es gracioso? Que puede que tengas razón. -Magnamon se quedó helado, y más aún cuando Davis continuó hablando con la navaja en mano mientras clavaba repetidas veces sobre uno de los cuerpos- Arrebatar una vida tan insignificante y efímera como la de esta bolsa de carne es tan… satisfactorio. -el niño comenzó a gruñir- Malditos simios sin pelo, ¡Cómo los odio, y a ti paquete de spam malnacido!
  • Oh, no… ¿Por qué ahora?
  • ¡¡JURO QUE ACABARÉ CON TODOS USTEDES Y COMPLETARÉ EL EXTERMINIO QUE MIS INÚTILES HERMANOS IMP…!! -Magnamon le dio una buena bofetada a Davis, dejándolo aturdido momentáneamente- ¡Hey! ¿Por qué hiciste eso?
  • ¿No te diste cuenta?
  • ¿Cuenta de qué?
  • De que… ehm…
  • Oye, ¿Yo maté a todos estos tipos? Oh, vaya…
  • Davis, hazme un favor, ¿Sí? -le pidió puesto en cuclillas ante un Davis que aún no se había levantado- No vuelvas a usar tus poderes, a menos que sea MUY necesario ¿Te parece bien?
  • Pero dijiste que…
  • ¡Olvida lo que dije! -respondió agitado mientras ayudaba a su amigo a ponerse de pie- Sólo… sigamos, ¿Ok? Hay que salvar el Multiverso y todo eso.
  • Está bien.
Poco después llegaron los exvillanos en su forma humana y Shenglongmon, avisando que habían despejado las escaleras; Arukenimon y Mummymon siguieron a Davis mientras que el pequeño dragón verde se quedó con Magnamon, quien le había pedido conversar a solas por un asunto urgente.

  • Parece que a Davis le fue bien con sus poderes. -señaló sonriente tras ver la fila de cadáveres- Quitando el hecho de que me asquea la idea de volver asesino a un niño. En fin, ¿De qué me querías hablar?
  • Tenemos SERIOS problemas, Shenglongmon. Davis… su… su otro yo.
  • ¿Te refieres a “Cavil”? No me digas que…
  • “Apareció” poco después de matar a estos tipos, si no es que antes… Dijo que disfrutaba matar, algo de un exterminio y blablá… En serio, Shenglongmon: me da escalofríos... y hablamos de Davis.
  • Me lo temía… Debemos asegurarnos que ese alterego no esté presente cuando estemos frente a Aku. O mandará a cagar el plan.
  • ¿Debo darle más bofetadas a Davis?
  • Si es necesario, dale una patada en las bolas: no pasó aún por la pubertad; no lo sentirá… tanto. -masculló él; bajo su yelmo, Magnamon se volvió violeta- Va en contra de mi código de macho, pero no nos podemos arriesgar con semejante psicópata en potencia.
  • De… acuerdo…
En una de las puertas y con letras grandes y monótonas, estaba escrito: CONTRATOS Y FORMULARIOS; Davis entró, seguido de Arukenimon y Mummymon. La habitación no era tan grande, pero estaba llena de archiveros clasificados de la “A” a la “Z”, así como un pequeño escritorio con un portalápices y un curioso adorno de bola de nieve y una fotocopiadora. No sabían por dónde empezar.

  • ¿Ya encontraron lo que buscábamos? -preguntó Shenglongmon, quien acababa de entrar junto a Magnamon- Oh, mierda: como ODIO la burocracia.
  • Acabamos de llegar. -respondió Davis- ¿Por dónde comenzamos?
  • Pfff… No pueden hacer nada sin mí, ¿Eh? -Shenglongmon se fijó en el curioso adorno de la mesa- ¿Qué es eso de allí?
El pequeño Dracomon apresuró el paso hasta el escritorio y tomó el curioso objeto: una bola de nieve decorativa en cuyo interior no había realmente nieve flotando en el agua, sino una especie de diminuta medusa de gran envergadura en su “sombrilla” de aspecto cónico y ligeramente plano como una montaña, y diminutos y numerosos tentáculos

  • ¡Por los Dioses de Kobol! ¿Qué te hizo el hijo de puta de mi contraparte?
  • ¿De qué hablas? -le preguntó Magnamon-. ¿Qué es esa cosita? Parece una medusa.
  • Esta “cosita”, Aiorosmon de Leonis, es el patriarca de los digimon jovianos: GrandHyperiummon**.
  • ¿Qué? ¿Cómo? -preguntaban- ¿Qué es un digimon joviano?
  • Nunca vi un digimon como ese.
  • Lógico, cecina: son digimon creados en base a criaturas que existen en algunos gigantes gaseosos. Los digimon jovianos o Joviamon sólo pueden vivir en Anshar, el Júpiter del Digimundo. A pesar de ese pequeño detalle, son bastante poderosos, siendo capaces de controlar el clima, los rayos, vientos y hasta de cambiar la atmósfera de un planeta para poder sobrevivir. Incluso los Caballeros Reales se las verían de mierda si se enfrentaran a él.
  • ¿Con esa cosita?
  • Este no es su tamaño real, “héroe” del culo. -respondió a Davis- De hecho, es más grande que yo: si apareciese en la Tierra, podría cubrir el área metropolitana de Tokio por completo.
  • ¡¡Santo Cielo: eso es ser ENORME!! ¿Él y su raza son malos?
  • No la verdad, Davis. Pero se llevan fatal con Jupitermon porque él tiene un palacio flotante en Anshar donde suele llevar a sus amantes para pasar la noche y… En fin. -tomó la esfera y la guardó en una pequeña bolsa- No lo dejaré aquí: sigamos. ¿En qué nos quedamos?
  • Que no sabíamos por dónde comenzar a buscar.
  • Yo buscaré en “C” de contrato; tú y Magnamon en “D” de deseos, y la araña y la cecina en “F” de formulario. Si encuentran algo que crean interesante, me avisan.
Tardaron diez minutos para hallar lo que buscaban: Davis y Magnamon encontraron el contrato de deseo, mientras que Arukenimon y Mummymon hallaron el respectivo formulario; tras comprobar que eran los documentos relacionados con el boleto, Shenglongmon se sentó -con dificultad- en el escritorio y comenzó a ayudar a Davis a completarlo: el niño completó los datos que requerían los documentos, y luego los fotocopió por triplicado; después comenzó a firmar cada copia más el original.

  • Ahora que lo pienso, hay un problema… Esto necesita también la firma de Akushenglongmon, ¿No es así? ¿Cómo haremos que lo firme?
  • Con un pequeño vacío legal, patona: el contrato requiere la firma de Aku, en efecto… Pero mi firma también es válida.
  • ¡¿O sea que técnicamente TODO ESTE EDIFICIO es tuyo?!
  • Sí… y no, Davis: Aku en este momento tiene el poder y la autoridad como Digimon Guardián de la Magia Arcana… además de la maldad digna del Anticristo; mientras que yo conservo el encanto, inteligencia, bondad, virilidad y galanura. -dijo con poca modestia y una sonrisa entredientes que pronto se desvaneció- Sin embargo, y siguiendo sus tontas reglas de la Escuela de Leyes, requiere de la firma de ambas personas sujetas al contrato… y si bien especifica que uno de ellos es Aku, hay un pequeño detalle entrelíneas: jurídicamente y técnicamente hablando, Aku y yo somos la MISMA PERSONA, así que mi firma tiene el mismo valor que la suya. Y en cierto modo, Davis… -el Dracomon acabó de firmar todos los papeles- sería como si te estuviese concediendo yo mismo el deseo.
  • Ahora que ya tenemos todo, supongo que hay que llegar al piso 180, ¿No?
  • Exactamente, Magnamon. Y a toda prisa: Davis, protege esos papeles CON TU VIDA, y Magnamon hará lo mismo contigo; cecina, patona: ustedes los cubrirán por detrás y yo por delante. ¿Entendido?
  • Entendido.
  • Bien… Vámonos de aquí.


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"The Heir of Chaos"
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Una vez de regreso, Yolei y Ulforce se encontraron con el mismo escenario que dejaron: a sus amigos luchando contra los demonios de la Legión y a Cuāuhpillimon enfrentando a un recién llegado -y mareado- Daemon con ayuda de Magnamon, los Victorygreymon, Zeedgarurumon y Darkdramon; la joven y recién estrenada hechicera se reunió con Ken y GrandKuwagamon mientras que Ulforce se unió al Caballero Águila y los demás para ayudar.

  • ¡¿Te tardaste demasiado, señor “Velocidad de la Luz”?! ¡¿Qué estabas haciendo?! ¿Y Yolei?
  • Está bien: me salvó de nuestro poco querido enemigo. Hicimos también un gran descubrimiento en la Luna pero lo dejaremos para después. Ahora hay que mandarlo a un infierno del que no pueda salir.
  • ¡¡Así se habla!! -exclamó el Caballero Águila- Déjennos a este deslucido Satanás a nuestro cargo, muchachos. -les habló a los Victorygreymon, Zeed y Darkdramon- Ustedes ayuden a los demás.
  • ¡¡ENTENDIDO!!
  • ¿En serio piensan que van a poder detenerme?
  • No lo pensamos: lo SABEMOS. ¡¡Sables Ulforce!!
  • ¡¡Carga Citlalicue!!
Daemon esquivó las espadas de Ulforce y el ataque del Caballero Águila, aunque algunas de las “estrellas” que Cuāuhpillimon le lanzó acabaron golpeándolo en su brazo y hombro izquierdos, provocándole un ardiente dolor. Sin dejarse llevar por ello, atacó a ambos Caballeros con llamas de Fuego Vil: ambos se protegieron de las llamas usando escudos de energía solo para después lanzarse contra el Demon Lord.

  • Probaré algo diferente. -pensó- ¡¡Esparcidor de Oscuridad!!
Un rayo oscuro brotó de la gema en el pecho de Daemon en dirección a los dos Caballeros hasta explotar frente a ellos: su intención era usar esa energía para debilitarlos y luego acabarlos con mayor facilidad. Normalmente, ese poder posiblemente no serviría o sería inefectivo con los Caballeros Reales o los Grandes Ángeles; pero dado que ahora AkuShenglongmon lo había potenciado, tenía esperanzas de que su ataque surtiera efecto en sus enemigos. Cuál sería su sorpresa al comprobar que no sólo no era efectivo, pues Ulforce se protegía con el Escudo de Tenseguridad de su brazalete izquierdo, sino que el mismo Cuāuhpillimon absorbía su ataque con su puño izquierdo.

Luego, a una increíble velocidad, lo golpeó con ese mismo puño envuelto en un aura oscura; Daemon sintió los efectos de su propio ataque, incluso más fuertes de los que debería casi al mismo tiempo que ambos Caballeros lo llevaban de golpes por todo el cuerpo.


  • ¡¿Cómo… cómo lo hicieron?! ¡¡Se supone que deberían de sentirse débiles!!
  • Supongo que no te diste cuenta aún… cornudo.
  • ¡Huh? Es… ¡Es Shenglongmon! ¿Cierto? ¡El idiota de mi exmaestro también mejoró sus poderes!
  • Además de otro detalle… -señaló el Águila- Yo también uso poderes de la Oscuridad. Es más: tengo una técnica similar a la tuya… pero en versión para hombres y a base de puñetazos. -ese comentario sólo hizo enojar aún más a Daemon- Así que… ¡¿Por qué no nos ahorras tiempo y TE MUERES?!
  • Hey, tranquilo viejo. Parece que tu digievolución te dio una sobredosis de testosterona.
  • ¡Nada de tranquilo, UlforceV-dramon! ¡Tenemos que matarlo! ¿O acaso no quieres hacerlo tú también por lo que le hizo al Digimundo?
  • Buen punto: gracias por recordármelo. -Ulforce volvió a sacar sus sables láser de sus muñecas- ¡Ven aquí, demonio de mierda!
Al mismo tiempo, los Niños Elegidos y sus aliados digimon luchaban contra otras criaturas de la legión que no paraban de llegar: Yolei, Ken y GrandKuwagamon continuaban infiltrándose y destruyendo naves; TK, Kari y Cody junto a Seraphimon, Selahemon, Zeedgarurumon y Magnadramon lidiaban con demonios menores, mientras que Darkdramon, Goldramon, Magnamon y los Victorygreymon luchaban contra unos recién llegados llamados Atracadores Viles: auténticos robots gigantes bípedos hecho de un resistente metal, y rodeados de un constante humo verde vil fluorescente.


  • ¡¡Rugido Oscuro!!
  • ¡¡Shoukan!!
  • ¡¡Cristales de Sefirot!!
  • ¡¡Dramon Breaker!! -atacaron ambos Victorygreymon- ¡Maldición: no le hacemos nada! -gritó un exasperado BlackVictorygreymon tras ver los resultados fallidos de su ataque- Debe de estar reforzado.
  • ¡Tal vez debamos atacar algún punto débil! -sugirió Goldramon mientras él y sus compañeros esquivaban los ataques de los gigantes de metal- Si supiéramos cual…
  • ¡O concentramos todos los ataques en uno solo y volamos por los aires a esa lata gigante!
  • Darkdramon… -gruñó la ángel- Concéntrate.
  • Tengo una idea. -dijo Victoygreymon- Si estas cosas son de energía maligna, podríamos… hacer que Black o Darkdramon lo ataquen en su punto débil.
  • Suponiendo que sepamos cual. -insinuó Darkdramon tras evitar un golpe de un de los atracadores- Además, ya probamos atacarlos y esas mierdas no se detienen.
  • Creo que podría ser el corazón: ese que parece una caldera, primo. Digo yo.
  • Además, no dije que lo ataquen así nomás. -volvió a hablar el Victorygreymon pelirrojo- Si lanzamos nuestros ataques hacia sus armas y logran absorber su poder, a lo mejor…
  • Atravesamos su gruesa armadura. ¡Excelente idea, terapeuta de pacotilla! ¿Qué dices, Black?
  • Interesante idea… suponiendo que nuestras armas soporten semejante poder. Pero mejor intentarlo.
Ambos digimon oscuros se pusieron en posición con armas en mano mientras sus compañeros preparaban sus ataques: Magnamon con su Rayo de Plata -esta vez en forma de esferas de plasma-, Ophanimon con su Aire del Edén, Victorygreymon con su Tridente Gaia y Goldramon con su Shokkan: todos esos ataques eran absorbidos tanto por el Dramon Breaker -y el Fragarach que Shenglongmon le obsequió- de Blackvictorygreymon como la Lanza Gigastick de Darkdramon: los digimon oscuros sostenían sus armas con fuerza mientras estas asimilaban toda la energía que recibían.

  • ¿Demasiado pesado para ti? -preguntó con picardía-
  • Para nada, Darkdramon. ¿Listo?
  • Siempre listo para luchar a tu lado, amigo. ¡Escuchen! ¡Distraigan al gigantón; luego atacaremos!
  • ¡Entendido!
Magnamon y Ophanimon atacaban a un Atracador mientras que Victorygreymon y Goldramon hacían lo mismo con otro: la idea era distraer la atención de los atracadores para que sus compañeros tuviesen oportunidad de hincarle sus armas cargadas directamente en el pecho, específicamente en donde tenía forma de caldera y manaba abundante energía vil. Durante una brevísima ventana de oportunidad, ambos digimon se lanzaron sobre su respectivo oponente, hincando con dureza y rapidez su arma antes de que la criatura mecanizada dejara de distraerse con los otros digimon que revoloteaban a su alrededor.

Al principio, tanto el Dramon Breaker como la Lanza Gigastick y el Fragarach encontraron suma resistencia: no sólo por la extrema dureza del metal, sino también por la energía negativa que manaba de la criatura misma en forma de humo verde: debido a su naturaleza oscura, Darkdramon y BlackVictorygreymon -sobre todo este último- pudieron resistir el efecto corruptor de dichas emanaciones, y aplicaron mayor fuerza a sus armas para atravesar el duro blindaje y liberar su energía almacenada dentro de la criatura.


  • ¡¡Creo que ya atravesé la armadura de esta mierda!! -gritó Darkdramon- ¿Y tú?
  • ¡¡Creo que sí!! ¿Listo para liberar toda esa energía?
  • Sólo un detalle más -contestó antes de reunir energía oscura alrededor de su lanza- ¡Listo!
  • ¡¡Dramon Breaker!!
  • ¡¡Lanza Gigastick!!
Ambos digimon liberaron toda la energía que habían reunido en sus armas y las tomaron con fuerza para separarlas del cuerpo de los atracadores justo antes de que estos estallaran en pedazos ardientes que volaron por los aires. Magnamon y los digimon lograron también esquivar los fragmentos ardientes al percatarse de la explosión de los gigantes de metal; cuando el humo se disipó, vieron a BlackVictorygreymon y Darkdramon en el suelo, apoyándose en sus armas y visiblemente agotados: Ophanimon y Goldramon fueron a socorrerlos de inmediato.

  • ¿Estás bien, BlackVictorygreymon? -preguntó la ángel-
  • Sí, creo que sí…
  • ¡No te olvides de mí, nena! ¡Recuerda que mi novia no tiene mente ahora!
  • ¡Tienes a tu primo, Darkdramon! ¡Así que cállate!
  • Yo creo que está bien. -siseó el dragón dorado- Aunque algo agotado: será mejor que descanses.
  • Bueno, pero primero una curita de Luz. ¡¡Enfermerooooo!!
  • ¡¡TK está ocupado!! -le explicó Magnamon- Tal vez Selahemon pueda ayudarlos si… voy a darle una mano para que los ayude.
  • Bien, porque esos dos no fueron los únicos gigantes que hay. -suspiró BlackVictorygreymon- Aún quedan muchos más.
  • Mientras ustedes descansan un poco, trataremos de resolverlo nosotros. -señaló una Ophanimon muy segura de sí misma- Ahora que tenemos una idea de qué hacer, trataremos de derrotarlos.
A los pocos minutos, Selahemon hizo aparición y usó su Choque de Luz para sanar a ambos digimon oscuros, no sin antes recomendarles que mejor descansen un poco antes de volver a intentar aquello que acababan de hacer.

En tanto, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon seguían luchando contra el Demon Lord, pero este era sumamente esquivo, además de resistente: el intercambio de ataques entre los tres digimon era constante, y cada tanto, uno caía el cielo para luego regresar a la batalla. Quedaba claro que Daemon no se rendiría tan fácilmente, y que tampoco lo harían los dos Caballeros Reales que tenía como oponentes.



Dentro de la Megatorre y ajeno a todo lo que ocurría en el exterior, AkuShenglongmon acababa los últimos pasos para liberar a ZeedMilleniummon: estaba ahora con el último sello y faltaba poco para resolverlo. Le tomó unos diez minutos, para luego deshacerse del complejo sello que mantenía cautivo al digimon legendario: cuando este por fin, tras casi ciento veinte siglos de permanecer en estado de animación suspendida, se sintió libre de sus ataduras, lanzó un potente rugido y estiró sus dos cuellos.

Incluso fuera de la torre, su maligna presencia se hizo sentir, causando escalofríos tanto a humanos como a digimon; ni siquiera Daemon pudo evitar temblar.


  • Calculo que estar tanto tiempo sellado implica la necesidad de un pequeño estirón. -comentó Aku nada impresionado- Buenos días, señor ZeedMilleniummon; le habla AkuShenglongmon.
  • ¿Eres el que me liberó de aquella nefasta prisión?
  • Podría decirse. -contestó con tranquilidad- Bienvenido a Mi Realidad.
  • ¿TÚ REALIDAD? -preguntó visiblemente enfadado- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
  • Ciento veinte mil años, poco más, poco menos. Y sí: es MI REALIDAD; me he hecho cargo de la Existencia… o casi toda, de momento.
  • Si tienes el control de todo, ¿Para qué me liberaste?
  • Lo sabrá en breve. -tomó su celular y marcó un número telefónico; marcó ocupado hasta que alguien contestó- ¿Cómo te encuentras?
  • Algo impaciente. -gruñó la “voz”- Supongo que conseguiste lo que te pedí.
  • Eso es correcto. -contestó sin bajar la voz- Está conversando aquí conmigo: lo enviaré de inmediato a tus instalaciones.
  • Bien: debemos de aprovechar esta Ventana de Oportunidad cuanto antes.
  • ¡¡¿¿Enviarme??!! ¡¿De qué estás hablando?! ¡¡NO ME ENVIARÁS A NINGÚN LADO!!
  • Lamento discernir con usted, pero está equivocado: usted será enviado directamente junto a uno de mis socios dentro de unos segundos. -Zeed trató de atacarlo, pero Aku se limitó a levantar un dedo y anular su ataque Tiempo Ilimitado, causando que el legendario digimon quedara pasmado- No es necesario ser grosero, señor.
  • ¡¡TE LO ADVIERTO, LIBÉRAME!!
  • Estoy escuchando unos gritos insoportables, ¿Que pasa allí?
  • Nada relevante: lo enviaré en tres…
  • ¡¡NO SABES A LO QUE TE ENFRENTAS!!
  • Muchas gracias por su cooperación, señor ZeddMillenniummon. Dos…
  • ¡¡LIBÉRAME, AHORA!!
  • Uno…
  • ¡¡VAS A PAGAR POR ESTO, AKUSHENGLONGMON!!
  • Yo nunca pago, señor: sólo cobro lo que me corresponde. -se limitó a contestarle antes de oprimir un botón de su celular- Enviado.
ZeedMillenniummon desapareció de la habitación tras una efímera nube pixelada gris para rematerializarse en un lugar completamente diferente y de aspecto sumamente inusual: AkuShenglongmon ya no estaba, y la extraña habitación, vagamente parecida a un laboratorio, estaba vacía: sólo estaba él, dentro de una especie de contenedor esférico del que no podía salir, pese a sus inútiles intentos. Fue entonces que el “techo” de la habitación se iluminó, como si estuviese ardiendo, pero no se olía a quemado ni se sentía el calor… y de aquellas llamas, se oía una voz.

Desde la bodega, AkuShenglongmon se limitaba sólo a observar y escuchar a través de una pantalla holográfica con una señal algo difusa al enfurecido Zeed al momento en que su “socio” hizo aparición.


  • Calculo que servirá este espécimen.
  • ¡¡¿¿ESPÉCIMEN??!!
  • ¿Quieres ver el proceso de desfragmentación?
  • ¡¡¡¿¿¿DESFRAGMENTACIÓN???!!! -grito de rabia y horror- ¡¡NO SE ATREVERÍAN!!
  • No veo ningún impedimento: tengo algo de tiempo. -contestó estoicamente- Procede.
  • ¡¡DETÉNGANSE!!
  • ¡Cállate, ser inferior! -gruñó la voz desde el otro lado de la pantalla- Tu posición aquí es el de un mero recurso. Aghh… Debiste haberle quitado sus emociones antes… aunque supongo que no será tan divertido así.
  • Adelante.
Lo único que se podía ver y oír era a ZeedMillenniummon gritar airado y gruñendo antes de lanzar unos horribles gritos de agónico dolor al momento en que un resplandor blanco lo cubrió y comenzó a desfragmentar su cuerpo en datos mientras aún seguía con vida: cada bit de su ser, de su información, era desmembrado de su cuerpo y absorbido por una máquina extraña. Sus gritos de agonía se escucharon por toda la Megatorre, y llegaron incluso a oírse en el exterior, paralizando a todo el que los oyera.

Para AkuShenglongmon en cambio, no era más que un sonido molesto y de poco interés que acabaría muy pronto.


  • Un proceso interesante, debo admitir: es… cautivante ver como cada “célula” de dicho organismo se descompone en sus partículas más elementales: imagino que así trataste a los digimon que con los que te topaste el año pasado.
  • Así es.
  • Mmm… -gimió el Dragón de la Nada- Tal vez hayas tenido razón.
  • ¿En qué? ¿En anular sus emociones o en dejar que gritara?
  • Puede que ambas. -respondió enigmáticamente- Ya cumplí con mi parte del trato: calculo que esa información te será útil.
  • La será, te lo aseguro: todo es parte de nuestro plan. Supongo que hasta aquí llegamos.
  • Así es: volveremos a estar en contacto cuando las circunstancias lo requieran. -Aku cortó la llamada- Ahora regresaré a mi oficina.
Abandonó la habitación y caminó tranquilamente por los pasillos hasta llegar al elevador, donde un monótono silencio lo acompañó hasta el piso 180 donde se hallaba su oficina. Se sentó en su escritorio, hizo aparecer una taza de agua tibia y un cigarrillo -junto al cenicero de Alphamon- y se dispuso a esperar con calma.

  • Por qué tardas tanto, Sheng Li… Tenemos mucho de qué hablar.





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El grupo de Davis también había llegado a oír los gritos de agonía de ZeedMilleniummon resonando en todo el edificio, pero ninguno sabía exactamente ni su fuente ni de dónde provenían. Se detuvieron cerca del piso 133 cuando los oyeron por primera vez, quedando pasmados.

  • ¿Qué demonios fue eso? -exclamó un aterrado Mummymon- ¡Suena a un monstruo enorme!
  • ¡Esa cosa podría venir por nosotros!
  • Peor, Arukenimon: suena a que está agonizando.
  • Magnamon tiene razón: suena a que estaba muriéndose. -comentó Shenglongmon, haciendo una larga pausa antes de retomar la palabra- Tenemos que seguir: falta muy poco.
  • ¿No tienes curiosidad sobre lo que podría ser?
  • La verdad, Davis… preferiría no saberlo. Porque no sonó para nada amistosa.
Los cinco continuaron subiendo las escaleras a toda prisa sin detenerse: no surgió ninguna amenaza, criatura o trampa que les impidiera avanzar, y sentían que se estaban acercando. O al menos eso se sintió al principio. A la altura del piso 147, Magnamon se detuvo un momento cerca de la puerta del mencionado piso; al verlo allí parado, Davis se lo reclamó junto a los demás digimon.

  • ¿Qué haces ahí paradote perdiendo el tiempo? -exigió saber Davis- ¡Tenemos un Multiverso que salvar!
  • Juro que ya pasamos por aquí antes.
  • ¿Te refieres a un dejavú?
  • ¿Un dejaqué?
  • Un dejavú, Mummymon -explicó Arukenimon- la sensación de haber repetido algo. Pero puede que sólo sea tu mente.
  • No creo. -se defendió el digimon de armadura dorada- JURO que ya pasamos por este piso como tres veces.
  • Eso es absurdo.
  • Mmm… La verdad, puede que Magnamon tiene razón, Davis: demos una vuelta más para confirmarlo.
Siguiendo su consejo, siguieron subiendo las escaleras un rato más hasta que nuevamente Magnamon se detuvo, y confirmó que en efecto, habían pasado nuevamente por el citado piso 147. En vista de la evidencia, el pequeño Dracomon pidió a sus compañeros dar una vuelta más, pero a paso más lento; mientras caminaba por la escalera, observaba los escalones con sumo detenimiento, hasta que…

  • ¡Ajá! -exclamó el Dracomon, con una lupa en su mano izquierda- Hay un lazo interdimensional.
  • Y eso es…
  • Es como una liga elástica, patona. -contestó, señalando un hilo de luz apenas perceptible en el escalón- Una liga elástica mágica que deforma la realidad y dobla el continuo espacio-tiempo en forma de bucle continuo. Dicho de forma más simple: crea el efecto Hanna-Barbera de fondos repetitivos.
  • ¿O sea que estamos atrapados? ¡Debes de poder deshacerte de esa liga!
  • Con mis poderes actuales, no. Pero puedo buscar algo en mi caja de herramientas, Davis. -hizo aparecer una caja metálica de color verde y esquineros dorados- Denme un momento.
  • ¿En serio tienes una caja de herramientas? Creí que con tu magia podías hacer de todo.
  • Nunca está de más ser precavido, cecina. Además de las herramientas mágicas que SIEMPRE se debe de tener en caso de emergencia, guardo también mis herramientas comunes.
  • Y eso por…
  • Soy un digimon, un dragón, un hechicero y un reality warper de nivel maestro… pero sigo siendo un hombre. -respondió encogiéndose de hombros mientras abría la caja- Me encanta usar herramientas, ensuciarme las manos y arreglar las cosas a la manera mortal, por más que con mi magia puedo resolver problemas con solo pestañear.
  • Eres… raro. -soltó Magnamon-
  • Gracias. -sacó una llave inglesa- No; esto no sirve… -luego sacó un control remoto- Esto tampoco: de seguro no tiene efecto alguno… aparte de callar a algún gritón inoportuno. -revolvió entras sus cosas y sacó un extraño guante- Le dije a Jake que no dejara su viejo Globatrix en mi caja de herramientas.
  • Oye, eso se ve genial. -señaló Davis al extraño guante- ¿De quién es?
  • Lo hizo un amigo que conocí hace unos meses. Un arma multiuso con gancho de agarre, lanzador de cemento, blablablá…
  • ¿Me lo puedes prestar?
  • Quisiera, pero está hecho para una mano de cuatro dedos… Supongo que lo puedo modificar. -un chasquido de sus dedos hizo que el guante cambiara; Davis se lo puso en su mano izquierda, quedándole bien- Listo: incluso hice que la cuerda fuese de Chrome Digizoid. Mejor lo cuidas, porque el dueño me lo va a reclamar.
  • ¿Por qué el dueño tenía cuatro dedos?
  • Tal vez porque no es humano. En fin: sigamos…
Un par de segundos después sacó lo que parecía ser un lápiz labial; sumamente extrañado, lo hizo a un lado. Arukenimon lo tocó, y sin querer, disparó un rayo láser que casi dio de lleno a Mummymon.

  • Esa Alex; dejando sus cosas donde no debe.
  • Déjame adivinar… ¿Otra amiga de otro universo?
  • No creerás que perdí mi tiempo quedándome sólo en este, ¿Verdad, Magnamon?
  • ¡¡¿¿Qué clase de chica tiene un lápiz labial láser??!!!
  • Eh… ¿Una espía internacional, patona? Mejor me lo devuelves; ese color no te va. -Arukenimon lo arrojó al interior de la caja mientras el pequeño Dracomon seguía rebuscando; en eso, sacó una llave blanca- Supongo que es inútil ahora que los viajes por portales no sirven. A ver… Dónde mierda puse esa… ¡¡AJÁ!! ¡¡Las encontré!!
Orgulloso, Shenglongmon sacó de la caja lo que aparentemente eran un par de tijeras… tijeras de plata, vale aclarar.

  • Estas tijeras Teserac permiten cortan los pliegues en el tejido espacio tiempo, eliminando bucles como en el que estamos atrapados. Sólo hay que usarlas para cortar la liga.
  • ¿En serio? ¿Sólo hay que hacer eso?
  • Si tratas de cortar una liga de hule de manera apresurada, se te salta y acaba golpeándote como un látigo, Davis. Ahora, imagina que pasaría si una liga que DISTORSIONA EL ESPACIO te golpeara una vez rota. -los tres digimon y el humano se lo quedaron mirando con seriedad- Sí, es algo así de feo.
Con mucho cuidado, y bajo la presión de ser observado, el pequeño Dracomon acercó las tijeras con suma delicadeza tratando de cortar la liga sin que esta se suelte de manera violenta. Estaba a poco de hacerlo, cuando un Mummymon, bastante inquieto acabó sacudiéndolo en un intento por apresurarlo, lo que le hizo cortar de manera incorrecta la liga; esta se soltó, violentamente, dando latigazos en el aire como un hilo luminoso serpenteante, rasgando el tejido mismo de la realidad y alterando el entorno. Los escalones comenzaron a separarse uno del otro, con todo y la baranda, las puertas se alejaron hasta desvanecerse, y Davis y los demás se esforzaban por mantenerse unidos.

Repentinamente, la monótona caja de escalera dio lugar a un entorno cuasiespacial con una espectacular vista -aunque en blanco y negro- de una galaxia de canto en primer plano y una más lejana del lado opuesto; en tanto que el pequeño Dracomon maldecía e insultaba a Mummymon por su torpeza, Davis acabó tropezando de uno de los escalones y se separó del grupo, siendo sorpresivamente arrojado -más bien succionado- al espacio profundo, en dirección a una extraña formación nebulosa.



  • ¡¡¡DAVIISSS!!!
  • ¡¡RÁPIDO, USA EL GANCHO DE AGARRE!!
  • ¡¡¿¿El qué??!!
  • ¡¡Oprime el botón azul del guante, Davis!! -repitió Shenglongmon- Maldita sea: debí prestar más atención a Jake cuando me explicaba cómo funcionaba esa cosa. ¡Haré que el cable sea lo más irrompible posible! ¡Aguanta!
Davis obedeció lo más rápido que pudo, y apretó el botón con el guante apuntando hacia donde estaban sus compañeros: el gancho salió disparado a gran velocidad y casi se aferra a la baranda donde los digimon se encontraban; al percatarse de que no lo lograría, Magnamon estiró los brazos, arriesgándose a salir succionado como su amigo humano y tomó el gancho con fuerza, rodeando el cable en su brazo derecho y estirándola con el izquierdo, mientras Arukenimon y Mummymon lo sujetaban de las piernas.

  • ¡¡Sujétenlo fuerte ustedes dos y tiren con fuerza!! ¡¡O acabará en esa galaxia de allá al fondo!! ¡¡Y lo que hay allá no es nada bonito!!
  • ¡¡Eso intentamos!! -reclamó la momia, haciendo un esfuerzo- ¡Es demasiado pesado! ¿Por qué no nos ayudas?
  • ¡Es TÚ culpa que pase esto, pedazo de cecina enmohecida de mierda! ¡¡Todo por no tener paciencia! -le reclamó el Dracomon- ¡Estoy tratando de que la cuerda no se rompa ya que NO PUEDO teletransportarlos!
  • ¡¡No nos suelten!! -gritó un Magnamon que ocultaba su miedo bajo un tono amenazante; luego volteó hacia Davis- ¡Trata de usar el cable para acercarte a mí!
  • ¡¡Tr…a...taré…!! ¡¡No dejen que me vaya!!
  • ¡No lo haremos, Davis! ¡Sujétate fuerte!
Como se trataba de un gancho de agarre, Davis supuso que debía de tener un tipo de polea para jalarlo hacia adelante; sin embargo, un fugaz momento de ingenio le hizo pensar que eso podría forzar demasiado al aparato, por lo que optó por usar la polea del gancho muy lentamente a la vez que usaba su mano derecha para aferrarse a la cuerda y avanzar hacia Magnamon.

Poco a poco avanzaba hacia su camarada digimon al mismo tiempo que sentía como una fuerza de succión trataba de llevárselo lejos de sus amigos -y del dúo de digimon incompetentes-; volteó lentamente hacia atrás para ver a dónde esa “fuerza” pensaba llevárselo, y lo único que vio fue un fondo oscuro dominado por una formación nebular plagada de estrellas: según Shenglongmon, era una galaxia, ¿De verdad sería capaz de acabar allí? No quería averiguarlo.

Magnamon continuaba estirando de la cuerda y tratando de jalarla hacia sí mismo para traer a Davis hacia él; la fuerza de succión sin embargo, era inmensa, y la cuerda -o más bien el cable- dañaba su piel al rozarlo.


  • ¡¡Sigue así, Davis: lo haces muy bien!! -felicitó al niño antes de voltearse hacia atrás- ¡Pongan un poco más de esfuerzo, maldita sea: ni que yo pese tanto!
  • ¡¡Tú eres el de la armadura de metal sólido; no nos critiques!!
  • ¡Usa tus vendajes, cecina! -le grito el Dracomon- ¡¡De algo tienen que servir!!
  • ¡Haré lo que pueda!
  • ¡Aguanta un poco más, Davis! ¡Estoy por resolver el lío en el que nos metió Mummymon!
  • ¡¡OYE!!
Mummymon se transformó a su forma real y usó los vendajes de su brazo izquierdo para envolver a Davis y tratar de jalarlo hacia él mientras usaba el derecho para ayudar a Arukenimon a sostener a Magnamon. Al mismo tiempo, Shenglongmon hacía un esfuerzo por tomar los extremos de la “liga” con ayuda de sus poderes, atrayendo los extremos hacía sí mismo, aunque era algo difícil pues se movían y retorcían mucho a larga distancia. Al ver de reojo como Davis se acercaba poco a poco a ellos con ayuda los digimon y del mismo niño, sonrió levemente sin perder su concentración.

Poco a poco, y gracias a los digimon, Davis estaba más cerca de hallarse a salvo, siempre que el cable del gancho de agarre no cediese, o la fuerza de succión no aumentase: el niño no volvió a voltear hacia atrás, y Magnamon continuó jalando hacia sí para traer a su amigo a su lado. Después de un gran y continuo esfuerzo, Davis al fin logró estar a salvo junto a Magnamon, quienes cayeron sobre el piso del descanso en el que Arukenimon y Mummymon lo acompañaban. Tras un breve momento de alivio, Shenglongmon logró reunir los extremos de la liga, para anular su efecto y regresar todo a la normalidad, aunque a costa de gastar una buena parte de su energía.


  • ¡Al fin! -exclamó Davis al volver a ver la caja de escalera- ¡No más espacio exterior horripilante!
  • Agh… Tienen que ponerse a dieta ustedes dos.
  • ¡Y tú a hacer algo de ejercicio, Mummymon! -contestó el niño- ¡Eres un debilucho para ser un digimon de nivel ultra! Aunque eres una momia: la verdad dudo que un tiempo en el gimnasio haga maravillas contigo.
  • ¡¡OYE!!
  • Por esta vez concuerdo con el mocoso. -asintió Arukenimon; la momia no se atrevió a discutir con ella- Bueno, sigamos de una vez, que falta poco.
  • Es cierto. -asintió el digimon de armadura dorada señalando la puerta de uno de los pisos- Estamos en el piso 150, ¡Solo faltan treinta pisos más!
  • ¡¡Sigamos adelante!!
  • Eh… Magnamon, ¿Podrías llevarme un momento por favor? -le pidió el pequeño Dracomon- Estoy algo agotado por solucionar ese problemilla de dimensiones.
  • Seguro. -tomó al digimon verde y lo llevó a sus espaldas- ¿Te recuperarás pronto?
  • Claro, descuida: sólo necesito un pequeño descanso. -dejó escapar un suspiro de cansancio seguido de una mirada fruncida al ver a la araña y la momia- Argghh… La próxima vez… llamo a los Swat Kats. Al menos ellos no me pedirían un deseo… tan bobo.
  • ¿Quiénes?
  • Unos amigos que hice hace meses. -respondió con poco entusiasmo- Si no la cagamos… capaz y los conozcan, junto a otros sujetos de por ahí. ¡Vamos, que falta poco!



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Fuera de la Megatorre, la batalla continuaba: aunque los niños y la mayoría de los digimon continuaban luchando contra los esbirros que Daemon invocaba desde el portal abierto en el cielo, UlforceV-dramon y Cuāuhpillimon estaban enfocados en deshacerse del Demon Lord de la Ira: los Caballeros Reales batallaban principalmente en el cielo, intercambiando técnicas entre ambos, y con uno que otro estrellándose contra los edificios de la ciudad, con el consecuente “daño colateral”. Ahora Ulforce había seguido el consejo del Caballero Águila y ahorrarse el arrepentimiento para después: tenían que eliminar al Demon Lord de una buena vez, y si era posible, entrar a la Megatorre para estar junto a Davis.

  • ¡Tenemos que ponerle fin a esto!
  • ¡¡Estoy de acuerdo, Pitufo con Esteroides!! ¡¡Es momento de ponerles fin a ti y a tu amigo plumífero!!
De las manos de Daemon, surgieron dos esferas de energía verde y otra púrpura, que aumentaron de tamaño hasta ser de casi medio metro de diámetro y las arrojó contra los Caballeros, quienes usaron sus respectivos escudos de energía para protegerse, pues las esferas los perseguían a gran velocidad; ambas acabarían arrastrando a los megadigimon en plena ciudad, seguidas de una gran explosión. Al menos dos edificios de oficinas y uno de apartamentos colapsaron sobre ellos, levantando una gran columna de humo, una montaña de escombros… y para su desgracia, cadáveres. La peor parte era que a los heridos no les importaba su dolor, y éstos no recibían ninguna ayuda de aquellos que habían salido sin un solo rasguño: sencillamente carecían de todo tipo de emoción y empatía no sólo hacia los demás sino hacia sí mismos.

Tanto UlforceV-dramon como Cuāuhpillimon se levantaron de entre los escombros y volvieron al cielo para contraatacar: mientras el Caballero Azul atacaba directamente a Daemon con puñetazos que el Demon Lord esquivaba de tanto en tanto, el Caballero Águila lanzaba ráfagas de sus Plumas de Obsidiana y las estrellas de su Carga Citlalicue hacia Daemon, ataques que el mismo Ulforce esquivaba a tiempo gracias a su gran velocidad; pese a todos sus esfuerzos, el Demon Lord no mostraba señal de debilidad o fatiga. Sólo de una creciente impaciencia y hartazgo: en un momento de descuido, tomó a Ulforce de su brazo derecho y lo arrojó con fuerza contra el Caballero Águila, golpeándolo y haciendo que ambos perdieran el equilibrio el tiempo suficiente para atacarlos con sus Llamas de Algol potenciadas con Magia Vil.

Los Caballeros volvieron a caer sobre la ciudad -un edificio de apartamentos- aún aturdidos y ligeramente chamuscados.


  • Está… MUY enojado con nosotros. -murmuró un Ulforce que se ponía de pie- Realmente quiere matarnos.
  • No me digas… Pues yo me estoy enojando AUN MÁS.
  • Lo sé… Cuento con ello.
  • ¿QUÉ?
  • Sabes muy bien que eres capaz de matarlo si alcanzas tu mayor potencial.
  • Sí, pero… ¿Y si no lo controlo?
  • Para eso estoy aquí. -respondió tras darle unas palmaditas al hombro pese a la diferencia de tamaños- Y es seguro que trates de patearme el trasero, pero que carajos: es nuestro trabajo, y tenemos que salvar al mundo.
  • Bien…
  • ¿¿YA DEJARON DE PARLOTEAR??
El Demon Lord de la Ira los interrumpió con otro ataque de llamas viles y sombras, que por poco ambos Caballeros lograron esquivar, para luego volver al cielo y contraatacar: Las Llamas Tonatiuh y el Shinning V Force lanzados hacia Daemon, quien usó su propio ataque de Llamas de Algol para absorber esas técnicas y atacar a los Caballeros. Cuāuhpillimon advirtió esto y usó su Ventisca Cetl, anulando las llamas infernales con un movimiento de sus alas; UlforceV-dramon entonces salió por detrás de la helada ventisca para volver a golpear con los puños directamente al Demon Lord, como retribución por la paliza que recibió en la Fuente.

  • ¡Quédate quieto y muérete, cornudo de mierda!
  • ¡No me hagas reír, mocoso azul! ¡No pienso morir, y menos por causa tuya!
  • ¡Te prometo que hoy morirás, de una forma u otra!
  • ¿Es por tu querido Digimundo? ¿O por tus tontos amigos Caballeros? -después de tanto esquivar, Daemon le dio a Ulforce un puñetazo en la cara, derribándolo contra la azotea de otro edificio- ¡Madura de una vez! ¡Luchas por un mundo y unos amigos que están MUERTOS! ¡Nunca valieron nada! ¿Crees que yo lloro por eso pusilánimes que llamé compañeros? ¡JA! ¡Me ilusiono en saber que esos buenos para nada se convirtieron en algo útil, como Daleks o algo así!
  • ¿Q… qué?
  • ¡O tus amigos Caballeros! Ahora que lo recuerdo, ellos eran también parte del trato que AkuShenglongmon hizo con los Dalek.
Eso bastó para que el Caballero Azul estallara de furia y arremetiera contra Daemon con una furia nunca antes vista: abalanzándose sobre él y golpeándolo repetidas veces con los puños, golpes que el Demon Lord esquivaba la mitad de las veces; claramente el Caballero Azul estaba cegado por la indignación y la rabia sobre lo que le había pasado a sus compañeros como para pensar con claridad: Cuāuhpillimon comprendía la reacción de su compañero, pero no reaccionó del mismo modo, pues llevaba SIGLOS sin compartir con los otros Caballeros, e irónicamente, creía que la reacción de Ulforce le hacía perder el enfoque que habían tenido hasta ahora.

Quedó más que claro cuando Demon logró retener los brazos de Ulforce y torcérselos con suma facilidad para luego arrojarlo contra el Caballero Águila, haciendo que se estrellen contra el mar. No contento con ello, lanzó sendas esferas de Fuego Vil y de sombras contra ellos, causando un estallido de agua. Bajo el agua, Cuāuhpillimon tuvo que nadar para rescatar a Ulforce, ya que además de tener los brazos lastimados, parecía como aturdido: lo sacó del agua y regresaron a la ciudad, seguidos muy de cerca por Daemon.

Lograron esconderse en la planta libre de uno de los edificios de oficinas de la ciudad, donde el Caballero Águila se rodeó de su Escudo Coyolxauhqui junto a Ulforce para curarlo de sus heridas con su Aura Coaticlue, que envolvía una de sus manos.


  • ¿Qué me pasó? -preguntó un Ulforce que de a poco se espabilaba-
  • Que te lanzaste encima de un Demon Lord ultranabolizado con magia maligna. -respondió mientras sanaba su brazo- Te torció ambos brazos, y te arrojó al mar como un muñeco de trapo. Tuve que sacarte de allí nadando y traerte a este sitio para curarte.
  • Lo recuerdo… ¡Ese maldito mató a nuestros compañeros! ¡Dejó que AkuShenglongmon los convirtiera en Daleks!
  • Lo sé: lo oí también… Pero si te vuelves a dejar llevar así, no llegaremos a ningún lado. -suspiró tras acabar de sanar un brazo- Te propongo atacarlo yo, y que tú seas mi respaldo.
  • ¿Qué? ¡Pero si eres tú el de impulsividad asesina! ¡Y se supone que yo soy el líder!
  • Por eso te lo propongo: no te lo estoy imponiendo.
  • De todos modos harás lo que te da la gana. -se limitó a gruñir mientras su otro brazo era sanado- Bien, como quieras. Por cierto, ¿Te han dicho que tu aura curativa huele a hierbabuena y pacholí?
  • Agh… Siempre…
Se oyó una explosión y el edificio entero se desplomó sobre ellos, quedando cubiertos de escombros y polvo: de fondo, se podía oír a un Daemon complaciente.

  • ¡Dejen de esconderse! ¡Puede que hayan muerto unos cuantos miles de oficinistas humanos haciendo no sé qué de manera repetitiva, pero a ustedes no se los puede matar bajo un edificio! Para mi desgracia…
  • ¡¡Vamos, salgan de una maldita vez!! ¡¿Qué no iban a matarme?! ¡Tal vez d…!
La montaña de escombros desapareció tras un enorme resplandor ígneo, lanzando fragmentos de concreto y cristal hacia el Demon Lord: entre todo ese polvo, salieron un Ulforce completamente recuperado y un Cuāuhpillimon envuelto totalmente en un aura iridiscente de aspecto ígneo, el cual desapareció en una ráfaga multicolor, sólo para estar de cara a cara con Daemon antes de arrastrarlo volando hasta el pavimento, encastrándolo contra el suelo y darle un puñetazo en la cara destrozándole la mayoría de los pocos dientes que le quedaban.

  • Ten cuidado con lo que deseas, que puede volverse tu peor pesadilla.
  • ¡¡Oh, vamos!! ¡Eso es tan…! -respondió Daemon, antes de ser golpeado de nuevo-
  • Y tu pesadilla se volverá real. -completó mientras lo miraba a los ojos con una mirada envuelta en llamas- ¡¡Flamas Tonatiuh!!
Daemon quedó envuelto en llamas de intensidad superiores al sol, incapaz de ponerse de pie mientras sentía que el suelo a su alrededor inicialmente se cristalizaba en vidrio, para luego volatilizarse al instante. Aún envuelto en llamas, sintió las garras afiladas de Cuāuhpillimon tomarlo de los hombros y recibir un cabezazo de su parte, para luego ser arrojado hacia arriba; continuaba aturdido y apenas recuperó la visión para advertir a UlforceV-dramon en el cielo, quien le dio dos puñetazos en el estómago y en las costillas antes de tomarlo del brazo y devolverle el “golpe” anterior.

  • Te duele, ¿Verdad? -insinuó maliciosamente al momento de retorcer el brazo de Daemon con más fuerza- No es ni la mitad de lo que sufrirás, cornudo de mierda.
  • No me rendiré ante ti… moco… -sus palabras se vieron interrumpidas por un rodillazo directo en su estómago, sacándole el aire de sus pulmones- …
  • Cállate. -de reojo, Ulforce vio a su compañero plumífero acercarse; entrecerró los ojos, mirando a Daemon de manera asesina- Vas a sufrir… mucho, MUCHÍSIMO. Te lo aseguro. ¡Todo tuyo, compañero!
Sin decir más, se lo arrojó al Caballero Águila con un gancho izquierdo en la cabeza; Daemon recuperó la conciencia lo suficientemente rápido como para estabilizarse y atacar con sus Llamaradas del Caos a toda su intensidad; no contaba con que el digimon emplumado no solo no esquivara el ataque o lo rebotara, sino que lo atravesó como si nada.

  • Si eso es el fuego del infierno que te dio la Legión Ardiente… ¡Te aviso que me dio más escalofríos que calor, demonio fracasado!
  • ¡¡ME ESTÁS HACIENDO PERDER LA PACIENCIA, PAJARRACO PRESUMIDO!!
  • Yo ya la perdí contigo. -extendió sus manos, que comenzaron a brillar en un aura ambarina incandescente- ¡Esto es calor de verdad! ¡¡Destello del Quinto Sol!!
Un sol en miniatura intensamente brillante y ardiente -en realidad, del doble del tamaño de la esfera de la Televisora Fuji- apareció entre ambos megadigimon; el Caballero Águila se lo lanzó sin ningún esfuerzo contra Daemon, quien usó todos sus ataques a distancia para desviarlo o cuando menos ralentizarlo, sin efecto alguno: el sol absorbía toda energía recibida, y para colmo, lo perseguía a una gran velocidad para algo tan grande, incinerando -si no vaporizando- todo en su camino. Inicialmente huyó lo más que pudo de aquella estrella en miniatura, pero su orgullo le hizo creer que podría retenerla con sus manos y detuvo su marcha, extendiendo sus manos hacia aquel orbe incandescente.

  • ¡¡Shinning V Force!!
  • ¡¿Qué car…?!
Daemon no se esperaba que un Caballero Real lo atacara por la espalda, y menos el más mocoso de todos ellos. El ataque de Ulforce lo empujó en dirección al sol concentrado, sumergiéndolo en el plasma incandescente por breves segundos antes de estallar. Encandilado y aturdido por la explosión, Daemon apenas pudo mantenerse en el aire y caer en picada hacia el suelo… hasta que sintió ser sujetado por alguien del brazo, y luego ser golpeado nuevamente en el estómago unas repetidas veces, quedando totalmente sin aire. Cuando pudo recuperar la vista, se dio cuenta de que era UlforceV-dramon quien lo tenía sujeto del brazo: el Caballero Azul lo miró en silencio antes de tomar su mano, torcerle la muñeca con un rápido movimiento de su mano hasta romperle la articulación, quebrarle todos los dedos y dislocarle el hombro; el Demon Lord se negó a darle a su enemigo la satisfacción de mostrar dolor, limitándose a gruñir entredientes.

  • ¿Te gusta volar, verdad?
  • Grr…
  • ¡¡PUES VUELA Y MUÉRETE!!
Ulforce lo golpeó directamente en el pecho con tal fuerza que lo lanzó despedido hacia el cielo a velocidades casi supersónicas: con una mano destrozada, un brazo descolocado y un punzante dolor en el pecho, a Daemon apenas y le quedaban fuerzas: por primera vez que salió del Área Oscura y recibió el aumento de poder de su nuevo “maestro”, se sentía al borde de la derrota, algo que no se perdonaría. Sintió como desaceleraba lentamente, señal de que pronto caería como bólido a la superficie si no recuperaba el equilibrio y contraatacaba a esos insolentes Caballeros. Fue entonces que reaccionó ante un detalle.

¿Dónde está el…?

Entonces sintió que alguien aparecía por su espalda de manera repentina y los sujetaba de brazos y piernas con un movimiento de lucha libre, acompañado de un aura incandescente. Al voltearse, vio aquel detalle que faltaba.


  • No me iba a olvidar de ti, Daemon.
  • Mira abajo: mira lo que tu infantil capricho le hizo al mundo. -el Demon Lord apenas pudo ver la superficie gris y monótona a sus pies- No saldrás de esta vivo.
  • Ahora lo recuerdo… -pensó el Demon Lord de la Ira- Este sujeto… -rememorando- ¡Oh, no! ¡Espera!
  • ¡¡Xochiyáoyotl!!
Instantáneamente un aura púrpura emergió del cuerpo de Cuāuhpillimon, convirtiéndose en un torbellino de flores y pétalos oscuros y ponzoñosos a su alrededor y de Daemon, para luego arrojarlo hacia el suelo y comenzar a golpearlo repetidas veces hasta hacerlo sangrar mientras ambos caían en picada. Además de los cuasi infinitos golpes que recibía -tanto puñetazos como patadas y rodillazos- dejándolo completamente demacrado, el aroma de esas flores oscuras lo paralizaban paulatinamente, además de estar envenenándolo lentamente. Claramente el Caballero Águila no escatimaba esfuerzo en darle a entender que iba a matarlo, no sin antes hacerlo sufrir.

Cuando estaban a menos de un kilómetro, Cuāuhpillimon dejó de golpearlo y permaneció estático en el aire; si Daemon pensó que le daría un respiro, estaba MUY equivocado: el digimon águila extendió sus extremidades y sus alas, reuniendo energía en cinco esferas de diferente color -rojo, dorado, verde, azul y púrpura- que aumentaban de tamaño rápidamente, dispuesto a lanzárselas a él.


  • ¡¡FURIA DE AZTLÁN!!
Las cinco esferas giraron a su alrededor unos segundos hasta unirse en una enorme corriente de energía multicolor dirigido directamente contra el Demon Lord, quien no había tocado el suelo y por el efecto de las Flores Oscuras, estaba completamente paralizado.

  • Estoy condenado… ¡¡MALDITA SEAAAAA!!
Daemon recibió el ataque de manera directa sin siquiera haber tocado siquiera el suelo, perdiendo el conocimiento de manera instantánea al ser golpeado: la explosión fue enceguecedora y abarcó la mitad de la plaza que rodeaba a la Megatorre, arrasando con todo a su paso y dejando un enorme cráter humeante; afortunadamente, tanto los Niños Elegidos como sus amigos digimon estaban del otro lado de la plaza, y fueron lo suficientemente rápidos como para protegerse con escudos de energía cubriéndolos por completo. A lo lejos, UlforceV-dramon observaba en silencio, a sabiendas de que era muy probable que el Demon Lord sobreviviera a semejante ataque… sólo para tener un final mucho más doloroso de lo que se hubiese imaginado. Cuāuhpillimon era así de… salvaje.

Solo no te pases, por favor… Se dijo a sí mismo antes de acercarse con cautela hacia donde se hallaba el maltrecho Demon Lord y estar a prudente distancia del mismo. Pese a estar lo suficientemente lejos de él, Ulforce advirtió los ojos del Caballero Águila, ya no azules como antes, sino brillando en un espeluznante rojo-sangre. Casi te tengo lástima, hijo de puta. -pensó Ulforce mientras miraba al desecho demonio al fondo del cráter- Casi.



Al fondo del cráter, Daemon luchaba por aferrarse a la vida: tenía cada hueso de su cuerpo roto, la piel chamuscada, las alas rotas, la boca sangrante con todos los dientes rotos y heridas sangrantes por todas partes; ni siquiera el efecto paralizante de las Flores Oscuras lo privaban del dolor. A duras penas, podía ver la silueta del Caballero Águila y sus ojos de brillo escarlata como la sangre acercarse a él hasta tenerlo a pocos metros delante suyo. Apenas le dedicó unos segundos para mirarlo y luego lo tomó de los cuernos con su mano derecha, elevándolo varios centímetros por encima del suelo. Pese a recordar lo salvaje que podía ser Cuāuhpillimon, y más cuando esa aura oscura y ojos carmesí estaban involucrados, Daemon no dejó mostrar su derrota y su temor, encarándolo lo más valiente que pudo… y de ser posible, apelar a la inocencia del aguilucho odioso que era compañero de esa mocosa de pelo morado.


  • No… no me harás… suplicar piedad…
  • ¿Q…qué? ¿No va…vas a decir naddd… da?
  • ¡¡DD…DI ALGO, MALDITO PAJARR…!!
El Caballero Águila continuó sin decir nada al momento de golpear con su puño izquierdo el vientre del Demon Lord con tal fuerza que penetró en sus entrañas, dejándolo sin aliento y conteniendo sus agónicos gritos mientras sentía como la mano con garras de Cuāuhpillimon rebuscaban entre sus carnes algo en particular: la “sangre” de Daemon manaba en abundancia de la herida, corriendo por el brazo del Caballero Águila cuya mirada era gélida como el hielo a pesar de seguir rojos como inyectados en sangre.

Daemon se estremeció al sentir que Cuāuhpillimon halló lo que tanto buscaba y aulló de agonía cuando este movió su brazo hacia delante, abriendo su pecho y rompiendo sus costillas: su brazo estaba ensangrentado, y entre sus garras tenía una esfera luminosa hecha de datos, pero que se comportaba como una bola de cristal iluminada desde adentro en tonos verde fluorescente y púrpura oscuro.

Su Diginúcleo.

Lo iba a hacer, y el moribundo Daemon no podría evitarlo: Cuāuhpillimon se lo…


  • ¡¡Espera, no lo hagas!! -UlforceV-dramon apareció a su lado- ¡No es necesario! ¡Ya lo dejaste hecho mierda!
  • Hay que matarlo.
  • ¡Sí, pero…! ¡NO A ESE EXTREMO! ¡Créeme: sé lo que es dejarse llevar por los instintos, y no es lo mejor! ¡Tendrás una carga de conciencia horrible! Además… ¿Qué pensará Yolei?
  • S…i…. que... pen… -Daemon no pudo acabar su oración, pues un rodillazo del águila lo golpeó en su abierto vientre; luego el ave lo miró con su mirada aun inyectada en carmesí- Aghhh…
  • Je… Má…mátame… D..da… igual. A… AkuSSh…Sheng…longmon ya ganó.
  • ¿Qué? -Ulforce levantó la voz- ¡¿Cómo que ya ganó?! ¡¿Cuál es su plan?!
  • N… ni yo… lo sé… -respondió con dificultad- Pero ahora… sé… que todos…
  • ¿Qué? ¿Que todos qué?
  • Todos… estamos… a su merced… Ahora entiendo tu fábula, AkuShenglongmon… Pobres diablos: van justo donde tú quieres.
  • No nos va a decir nada más, o nada útil. ¿Qué le harás?
  • Algo que no merece.
Colocó su mano con el Diginúcleo a pocos centímetros de la cara del Demon Lord ya moribundo, y lo apretó lentamente, provocando que se agrietara, causándole dolor a su dueño un dolor inimaginable antes de finalmente aplastarlo en su cara: casi instantáneamente, Daemon se desintegró en datos que se desvanecieron en el aire… salvo una pequeña hoja de papel que cayó delicadamente al suelo sin arrugarse.

Ya con las manos libres, Cuāuhpillimon se puso de rodillas con las manos en el suelo en señal de exhausto, y finalmente perdió su digievolución para volver a ser Hawkmon. Ulforce fue de inmediato a recogerlo entre sus brazos: se hallaba sumamente agotado.


  • Oye, ¿Estás bien?
  • Si… Algo cansado. -respondió el pequeño aguilucho- Gracias por contenerme.
  • No hay de qué.
  • ¿A qué te referías con saber lo que es dejarse llevar con los instintos?
  • Pff… Es una laaaaaaaaaaaarga historia que probablemente te la cuente… en privado, si no te molesta. -Ulforce advirtió la hoja de papel y la tomó- Esto apareció después de que mataras a ese desgraciado. A ver…
  • ¿Qué es?
  • Una… una nota de despido. “Le comunicamos que debido al incumplimiento de su contrato, AkuShenglongmon Inc. ya no requiere de sus servicios como Vicepresidente Corporativo. Atentamente, el Presidente Corporativo, AkuShenglongmon.”
  • Nunca confió en él. -concluyó Hawkmon- Era sólo un juguete.
  • Así parece.
A lo lejos se oía la voz de Yolei, acercándose a los dos digimon junto a Ken y GrandKuwagamon; al ver a su digimon en manos de Ulforce, temió lo peor, pero al oír que acababan de derrotar a Daemon y que su amigo emplumado estaba bien, se levantaron los ánimos de la joven maga.

  • ¡Qué buena noticia! ¡Eres increíble, Hawkmon! Eso también explica por qué los portales al Vacío Abisal se cerraron.
  • Quedan algunos cuantos demonios, pero TK y los demás se están encargando de ellos.
  • Tenemos que acabar con ellos y entrar a la torre, Ken. -habló Hawkmon- Hay que ir junto a Davis.
  • ¿Daemon les dijo algo?
  • Muy poco. -contestó Ulforce- Pero debemos de estar junto a Davis lo más pronto posible: no puede enfrentar a AkuShenglongmon solo. Los ayudaré a acabar con las plagas que quedan. -le entregó a Hawkmon con mucho cuidado a su compañera antes de ir directo a la batalla- Cuídalo.
  • Sabes que lo haré.
  • Yolei…
  • ¿Sí, Hawkmon?
  • ¿Tienes un NervoCalm? Me duele la cabeza.


Desde su pent-house, AkuShenglongmon observaba serenamente la batalla entre los “niños” de Sheng Li y los restantes demonios de la Legión. Bebía una taza de agua destilada tibia que flotaba a su lado.

  • Parece que el joven Wigglestein no estaba a la altura de su puesto. Preventivamente preparé su liquidación anticipándome a este escenario; era inevitable.
Aku sintió repentinamente algo que lo tomó del brazo izquierdo: volteó su mirada sólo para descubrir a un Ángel Lloroso similar a un Seraphimon sujetando fuertemente de su antebrazo, seguido de otros que estaban a sus espaldas: lejos de mostrarse alterado, mantuvo absoluta calma y lo miró sin parpadear; a diferencia de otros, él podía prescindir de hacerlo sin ninguna dificultad.

  • Calculo que debo de tomar esto como un intento de traición.
  • Y asumo también que optaron por esta decisión en lugar de recibir al joven Motomiya y sus acompañantes.
  • Es de mi conocimiento que Sheng Li trató con ustedes hace unos meses en uno de los universos bajo su jurisdicción, uno de los recientemente destruidos por mí con motivo de una demostración interactiva al joven Takaishi. Tuvo problemas para lidiar con ustedes.
  • La magia convencional no podía derrotarlos dada su gran antigüedad y origen de un Multiverso anterior; por eso tuvo tantos problemas. Asumiré que usted y sus congéneres saben que yo no dispongo de ese impedimento.
  • Dicho esto, consideren nuestra relación laboral, disuelta.
Sin desviar la mirada, y con su otra mano, tecleó en su celular y vio como el Ángel Lloroso y sus congéneres se desintegraban en partículas subatómicas hasta desvanecerse en el vacío. Ahora que era libre, Aku volvió a tomar asiento y continuar con su taza de agua destilada, observando el péndulo de movimiento perpetuo de su escritorio.

  • Algunos socios de negocios son tan poco confiables.



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Davis y los demás llevaban apresurando la marcha, llegando al piso 165 sin nada que los detuviese… salvo una cascada de lava, un extraño bosque lleno de extraños “insectos robots” y un nivel acuático. Shenglongmon usaba sus poderes para ayudarlos a pasar esos obstáculos tan extraños, pero lo que más le preocupaba era el hecho de que nadie en sí los perseguía: ni Daleks, ni Ángeles Llorosos ni soldados armados o demonios de la Legión. Era lo aterrador y paradójico de Aku: nunca se sabía lo que tenía en su mente pese a ser alguien que despreciaba las sorpresas.

Faltaban pocos pisos para el 180, y se sentía una inquietante paz. ¿Sería tan fácil llegar a él? Los sentidos del pequeño Dracomon se agudizaron de repente: algo estaba pasando varios pisos abajo. Se acercó a la baranda y bajó su mirada a investigar.


  • ¿Pasa algo malo? -preguntó Davis- ¿Alguien viene?
  • No, no creo… Es algo peor. ¿Siguen teniendo esas gafas que les di? -todos responden afirmativamente- Pónganselas, ¡Ahora!
No pasaron ni dos segundos luego de colocárselas, que un brillo inimaginable emergió del fondo de la caja de escaleras: era tan brillante e incandescente, que Davis y los digimon no sólo perdieron momentáneamente la vista, sino que llegaron a creer que serían incinerados vivos pese a no sentir mucho calor a lo que debería de sentirse fuera del escudo de Shenglongmon. El resplandor duró menos de dos minutos, y pronto, todo volvió a una aparente normalidad.

  • Si tuviera que adivinar, eso que vimos fue la estrella que vimos niveles más abajo.
  • Exactamente, patona: estalló en una hipernova que fuera de este edificio hubiese devastado el sistema solar y un radio de diez a veinte años luz a la redonda.
  • ¡Vaya! -exclamó un asombrado Magnamon- Que bueno que nos protegiste, y que estuvimos lo bastante lejos para que no nos dañara.
  • La explosión no es el problema… sino lo que sigue después. -Shenglongmon miró hacia abajo, advirtiendo algo que lo alarmó- Oh, mierda…
  • Me siento algo… pesada.
  • Soy yo… ¿O se está poniendo oscuro allá abajo? ¿Habrán cortado la luz?
  • ¡No, imbécil rollo de papel higiénico! ¡Tenemos que subir de inmediato! ¡LA HIPERNOVA CREÓ UN AGUJERO NEGRO!
Davis y los demás se apresuraron a correr hacia los pisos superiores tan rápido como pudieron y sin mirar atrás; faltaban menos de diez pisos para llegar al 180, pero cada paso se hacía cada vez más difícil debido al aumento de peso que hacía cada vez más difícil despegarse del suelo; a eso sumado la disminución de la luz. En su prisa, Davis acabó tropezándose con uno de los escalones, golpeándose la cabeza con otro; Magnamon trató de levantar a Davis pese a que el aumento de gravedad lo hacía más difícil incluso para él.

  • ¡¡Davis, Davis!! Oh, Dios; parece que perdió el conocimiento.
  • ¡Lo que nos faltaba!
  • ¡Magnamon, trata de hacerlo reaccionar! ¡Trataré de contener el agujero negro!
  • Davis, reacciona por favor. -tras una serie de palmaditas en el rostro que no surtieron efecto, optó por una bofetada- ¡No tiene sentido: ni que se haya golpeado tan fuerte! ¡Sé que es humano, pero…!
  • ¡Haz algo, pedazo de lata dorada! ¡Necesitamos a ese bobo!
Sorpresivamente, Davis comenzó a mostrar señales de despertarse; poco a poco abrió los ojos y se puso cuidadosamente de pie. Magnamon iba a preguntarle si estaba bien, pero antes de terminar la oración, de manera aún más insólita, el niño lo golpeó con fuerza en dirección a la baranda, haciendo que esta cediera y el digimon dorado acabe sosteniéndose del borde de la escalera.

Arukenimon y Mummymon quedaron perplejos al ver al niño actuar así, tardando en reaccionar; Shenglongmon mucho no podía hacer, ya que estaba ocupado conteniendo los efectos del agujero negro. Eso no evitaría, sin embargo que si Magnamon cayese…


  • ¡Davis! ¿Qué haces?
  • ¡Cállate, lagartija superdesarrollada! Mejor dedícate a morir, que tengo otras cosas que hacer.
  • ¿Qué le pasa a ese niño?
  • Ese no es Davis… -alcanzó a decir Shenglongmon- Al menos no en mente, ¿Cierto?
  • Oh, no… -pensó Magnamon- Es…
  • Es bueno saber que una abominación como tú alcanzó un decente nivel de raciocinio para percibir lo obvio. -respondió con una voz tranquila y amenazante- Daniel no era tan tonto como pensé.
  • ¿Dónde está Davis?
  • Aquí. -dando unos golpecitos suaves a su cabeza- Aproveché su pequeña contusión para tomar control de su… repugnante cuerpo. No sé cómo ni por qué tengo mucha más… autonomía por así decirlo, o por qué alguien como yo acabó reencarnando, pero no pienso desperdiciarlo.
  • Aku... ¿Acaso tú…? -pensó- ¿Qué quieres, Cavil?
  • Estoy al tanto de su situación, así que seré claro: QUIERO mi deseo, y como tú no puedes ser destruido, vendrás conmigo.
  • ¿De qué carajos servirá que Aku llegue a cumplirte tu deseo? ¡El Multiverso se irá a la mierda!
  • No esperé ciento cincuenta mil años para reencarnar en un niño idiota amigo de las abominaciones de mi fallido hermano. -pisó con fuerza los dedos de Magnamon, haciendo que este gruña de dolor- Y no pienso perder esta única oportunidad.
  • ¿Y si me niego? Arukenimon y Mummymon son digimon; no podrás hacerles frente.
  • Pero tú le diste poderes a Davis, así que tengo mayor posibilidad de matarlos… de maneras sumamente creativas. Además… ambos necesitamos el cuerpo intacto de este mocoso… de momento. -se puso a la orilla de la escalera, mirando hacia abajo- Es un todo o nada: o se cumple MI deseo, o no se cumple ninguno: al diablo el Multiverso.
  • ¡¡Si te mueres, no conseguirás nada!!
  • Pff… He muerto tantas veces que ya aburre. -se burló el niño “poseído”- Decídete, dragón de pacotilla… o el azulado tendrá el privilegio de sentir en carne propia una singularidad.
Para sorpresa del pequeño Dracomon, Arukenimon y Mummymon se lanzaron encima de Davis para retenerlo, pero este literalmente se hizo humo antes de poder tocarlo. Repentinamente reapareció a espaldas de la mujer araña, rodeando su cuello con su brazo izquierdo y con un pequeño cuchillo a pocos milímetros de su garganta; Mummymon estaba por lanzarse encima del niño, pero al ver como acercaba el filo metálico a la mujer, se mantuvo quieto pero furioso.

  • Soy perfectamente capaz de matar a esta patona, así que les sugiero abstenerse de momentos heroicos cursis y hacer lo que digo. ¿Entendiste, Mummymon?
  • Grr…. ¡Te odio, seas quien seas!
  • Mira como me importa.
  • Puedo transformarme, maldito mo…
  • Hazlo, y te desuello al instante, patona. ¿Crees que no lo haré? He matado niños con mayor facilidad antes de que tu especie fuese un boceto en Paint. ¿Y bien? Hay un agujero negro abajo y es un obstáculo a cumplir mi deseo.
  • A la mierda…
Shenglongmon, harto de la situación, lanzó un pequeño rayo de su dedo para aturdir a Arukenimon y hacerla desmayar, para de manera automática lanzarse hacia el niño y forcejear con él, dando vueltas sobre los escalones y tratando de no lastimar a Davis, que seguía allí de algún modo. Mientras tanto, Mummymon tenía a la inconsciente Arukenimon en sus brazos y Magnamon luchaba por no caer al vacío.

  • ¡Alguien ayúdeme! -suplicó Magnamon con los dedos adoloridos de seguir aferrándose a la escalera- ¡Morir succionado por un agujero negro no estaba en mis planes!
  • ¡Mummymon, ayúdalo carajo: tu novia no está muerta!
  • Yo que tú me olvidaba de la lagartija y esos dos buenos para nada. -insinuó el niño, reteniendo al Dracomon contra el suelo- Tenemos una cita con tu otro yo.
  • Vete a la mierda, Cavil.
  • ¿Por qué no me atacas con tus poderes de Digimon? Sé que aún los tienes.
  • Oh, claro… Tú jamás lastimarías a un niño; problema que yo no poseo. Es fácil: te ganas su confianza… y luego lo apuñalas por la espalda.
  • No sabes cuánto me repugnas. -gruñó Shenglongmonn, sabiendo que lo que decía era verdad- Davis, trata de liberarte, maldita sea.
  • El sentimiento es mutuo. -dijo antes de clavarle su puñal en su brazo, hiriéndolo significativamente- Quien lo diría… los digimon sangran.
  • ¡¡Shenglongmon!
  • Descuida… -le respondió a Mummymon, ligeramente adolorido- No me matará: ese veneno no me afecta, imbécil.
  • Arghh… Me haces perder el tiempo.
  • Cierto… así que mejor hagamos esto rápido.
Sin decir más, el Dracomon le dio un fuerte cabezazo a Davis, causando que se golpeara nuevamente contra los escalones una vez más. El pequeño digimon verde corrió junto al niño para tratar de despertarlo mientras miraba de reojo a Mummymon, incapaz de separarse de su amada.

Rápidamente, Davis recuperó la conciencia, levantándose como si nada, aunque visiblemente asustado; luego de confirmar que era realmente él, y de que le dijeran sobre Magnamon, corrió de inmediato a ayudarlo junto a Shenglongmon -quien se curaba con uno de sus vendajes mágicos- y el par de secuaces. Tras un esfuerzo titánico, lograron subirlo a un lugar más seguro; Davis no perdió tiempo en abrazar a Magnamon, casi llorando.


  • ¡Perdóname, Magnamon! ¡Yo no quise hacerlo! ¡Ese… otro yo tomó el control y no sabía cómo liberarme!
  • Ya está bien, Davis; descuida: estamos vivos.
  • ¿Quién diablos era ese sujeto? -le preguntó a Shenglongmon- Dentro de mi mente, mandó unos robots llamados Centuriones a perseguirme: dijo que iba a “encajonarme” permanentemente. ¿Y por qué mi mente parece el interior de una nave espacial aburrida?
  • ¿En serio quieres explicaciones ahora? -insinuó el dragón- ¡Hay un JODIDO AGUJERO NEGRO que está por consumir todo aquí! ¡Tenemos que llegar al piso 180, pero YA! ¡Y Mummymon! ¡Juro que nunca más les pediré ayuda si salimos de esta!
Eso fue suficiente para zanjar la cuestión, y correr por las escaleras con el fin de llegar al piso 180: la penumbra y pesadez aumentaba a medida que avanzaban; Shenglongmon hacía lo que podía para contrarrestar esos efectos nocivos, además de la misma ralentización del tiempo. Faltaban pocos pisos: 176, 177, 178… faltaba poco para llegar, y aún así cada piso era terriblemente difícil a causa de la gravedad y la oscuridad creciente.

Cuando llegaron a la puerta del piso 180, Shenglongmon la abrió, ayudando a Davis y los demás a cruzar, ya que a esas alturas, no eran capaces de mantenerse de pie: primero a Arukenimon y Mummymon, luego a Davis, y por último a Magnamon. Luego, los cinco cerraron la puerta con rapidez antes de que el hoyo negro de la caja de escalera los absorbiera.


  • Ufff… No puedo creerlo. -suspiró Davis con su espalda contra la puerta- Al fin llegamos. ¡Ciento ochenta pisos! ¡Muéranse de envidia, Caballeros de Bronce!
  • Aghh… Cállate, mocoso. -se quejó Arukenimon- Ahora viene la parte difícil. -dio un pequeño vistazo a donde habían llegado- ¿Dónde estamos?
  • Parece… una recepción.
  • Soy la secretaria personal del Sr. AkuShenglongmon, ¿Puedo ayudarlos?
La voz venía de una mujer de uniforme gris, bien recatada y de voz neutra que se hallaba sentada a la izquierda de la puerta por la que habían entrado; había permanecido callada e indiferente a su llegada a tal punto que ni se dieron cuenta de su presencia. La recepción era sumamente amplia y de decoración modernista, gris y monótona: había un área de recepción con un par de sillas, un bebedero de agua y a casi quince metros de la secretaria, una puerta con la leyenda: “AkuShenglongmon. Presidente Corporativo”

Davis se puso frente a su escritorio, sin que la mujer mostrara, como era de esperar, emoción alguna.


  • Vinimos a ver a AkuShenglongmon.
  • ¿Tienen una cita?
  • No, pero…
  • Si no tienen una cita, no puedo hacerlos pasar; es un hombre muy ocupado.
  • ¡Oiga! ¡Subimos ciento ochenta pisos a través de las escaleras! -se quejó Mummymon- ¡Pasamos junto a una estrella, nos atacaron los Daleks, hombres armados, unas estatuas vivientes, cruzamos ríos de lava, bosques plagados de insectos robot, casi nos perdemos en el espacio, sobrevivimos a una supernova, y por poco nos succiona un agujero negro! ¿¿Y NO NOS VA A DEJAR ENTRAR POR UNA PEQUEÑEZ COMO UNA CITA??
  • Debieron de usar el ascensor.
  • ¡¡ESO QUERÍAMOS, PERO ESTAB…!!
Las palabras de Davis fueron interrumpidas por el inconfundible sonido de la campanilla de un ascensor, seguido del de unas puertas metálicas abriéndose de par en par de la que salieron… todos sus amigos: TK, Cody, Ken, Kari, Yolei, Hawkmon, Armadillomon, Patamon, Gatomon, Wormmon, Agumon, Gabumon, Blackwargreymon, D’arcmon, Devidramon, Gargoylemon, el Magnamon de los Caballeros Reales y UlforceV-dramon.

El ascensor debía de ser mucho más grande por dentro que por fuera: sólo eso explicaría como lograron entrar todos: eso sí, les tomó algo de tiempo salir con cuidado ya que la puerta era algo pequeña. Davis y los demás se los quedaron viendo atónitos antes de saludarlos.


  • ¡¡Chicos, lograron llegar!!
  • ¡¡Davis!! -exclamaron sus amigos al verlo- ¡Estás bien!
  • ¡Claro: si se imaginaran todo por lo que pasamos! -dijo él- ¿Lograron derrotar a los demonios? ¡Eso es genial!
  • Nos tomó un tiempo. -mencionó Blackwargreymon, de brazos cruzados- Pero lo logramos; hasta fue divertido, ¿Verdad, Devidramon?
  • Nada como una buena masacre para levantar el ánimo y ver el potencial de quienes nunca esperaste nada.
  • Primo…
  • Me refería a TK y sus amigos, Gargoylemon.
  • ¡Oye! -exclamó fingiendo enfado- Si quieres, comprobamos lo “inútil” que soy, Devidramon.
  • Déjense de sus payasadas. -se quejó Yolei- Tenemos cosas que hacer.
  • ¿Cómo llegaron aquí? -preguntaron Arukenimon y Mummymon-
  • Luego de que Ulforce y Cuāuhpillimon mataran al imbécil de Daemon… -prosiguió la niña de cabello morado, sorprendiendo a Davis, Magnamon y los secuaces de Oikawa- tuvimos que derrotar a los demonios que quedaron; después de eso, nos acercamos al edificio y descubrimos que la puerta ya estaba abierta.
  • Preguntamos a la recepcionista como llegar a la oficina de AkuShenglongmon, y nos dijo que tomáramos el ascensor. -completó Patamon- Y aquí estamos.
  • ¿Y no tuvieron obstáculos en el camino? Estrellas, hoyos negros, daleks, ángeles llorosos homicidas, hombres armados… -ante las negativas de sus amigos, a Davis se le destrozaron los nervios- ¡¡¿¿NADA??!!
  • ¿¿Ángeles Llorosos??
  • ¿¿¿DALEKS???
  • Sólo una melodía de ascensor fastidiosa y un viaje MUUUUUUUUUUY lento. -señaló Cody- Pero bueno, ¿Dónde está AkuShenglongmon?
  • Se encuentra en su oficina. -interrumpió la secretaria- Si no tienen una cita, tendré que pedirles que se vayan.
  • ¿Esta mujer no escuchó nada de lo que dijimos?
  • Olvídalo, Devidramon. -suspiró Shenglongmon- No tiene caso.
  • Mire: soy Davis Motomiya; estoy seguro que el “señor” AkuShenglongmon está esperándome. Revise sus papeles o lo que sea.
  • Un momento por favor.
Como si tener enfrente a seis niños y dieciséis digimon no fuesen nada para ella, la secretaria revisó sus registros de manera relajada y profesional; tomó el auricular e hizo una llamada a su jefe. Tras una breve conversación, colgó.

  • El señor AkuShenglongmon los recibirá ahora.
  • ¡¡Ya era hora!!
  • Su oficina está al otro lado de la recepción.
El enorme grupo estaba por cruzar la recepción, pero no hicieron ni dos pasos hasta toparse todos con una barrera invisible que ni el mismo Shenglongmon pudo pasar… todos menos Davis, quien quedó del otro lado; antes de que pudiese decir algo, volteó al frente para comprobar horrorizado como el piso se “desmantelaba” baldosa por baldosa, dejando los pocos muebles como “flotando” o bien sostenidos por “algo”, mientras que abajo, sólo se veía una profunda oscuridad. El hecho de que sintiera una “fuerza de succión” le dio una buena pista de lo que era.

  • ¡¡NO ES JUSTO!! -se quejó- ¡Ya habíamos superado lo del agujero negro! ¡Qué manía tiene ese dragón esas cosas!
  • ¿¿AGUJERO NEGRO?? -preguntaron sus atónitos amigos-
  • Un agujero negro es la más pura representación de la Nada en nuestro mundo, Davis.
  • ¿Y cuál sería la más cercana representación de… bueno… Dios, Shenglongmon?
  • Una supernova, TK: brillante, poderosa, con gran poder destructivo y sembrador de vida. La Creación en sí misma.
  • ¡Oiga! -le gritó Davis a la secretaria- ¿No hay otro camino a su oficina?
  • Está cruzando la recepción; no hay pierde, jovencito.
  • ¡¡HAY UN MALDITO AGUJERO NEGRO EN MEDIO!!
  • No hay otro camino, jovencito.
  • Vas a tener que cruzar, Davis. -le aseguró el pequeño digimon verde- Tengo el presentimiento de que sólo llegando a la puerta de su oficina, podremos cruzar junto a ti.
  • ¡¡TU OTRO YO ES UN CONDENADO SÁDICO, SHENGLONGMON!! ¡¿LO SABÍAS?!
  • Dime algo que no sepa, Kari. Davis, mejor comienzas a avanzar; no tenemos mucho tiempo.
  • ¡Pero no hay un camino!
  • ¡Trata de sentirlo, carajo! -gruñó Devidramon- Seguro es como la película esa de Indiana Jones en la que es invisible. Hazlo paso a paso y lo hallarás.
Probablemente Devidramon estuviese en lo cierto, pensó Davis, por lo que con sumo cuidado usó su pie para sentir algún tipo de camino o sendero seguro para cruzar semejante abismo infernal. Logró encontrar uno, casi recto, y que estaba directamente enfrente de él. ¿El problema? Tenía de anchura poco menos el de su pie, por lo que literalmente haría como un equilibrista: sin pasamanos, ni red de seguridad. Tenía miedo, no lo negaría: era mucho más peligroso que las cosas que hizo antes, y para colmo, lo haría totalmente solo, sin ayuda de sus amigos ¿Pero no tenía acaso el Emblema del Valor?

  • Ni modo… -se dijo resignado- Aquí vamos.
Comenzó con lentos pero seguros pasos hacia delante, asegurándose siempre de tener algo “sólido” que pisar; al igual que un equilibrista, y por suma necesidad, extendió sus brazos a los costados para mantener el equilibrio. Supuso que si no fuera por esa dosis de estamina de los poderes que le dio Shenglongmon no tendría la habilidad suficiente para hacer semejante hazaña; eso no impedía que tuviese miedo: si caía, moriría, y con él, sus amigos y toda esperanza de salvar el mundo. Hizo todo lo posible para no mirar ni hacia atrás ni hacia abajo, a sabiendas de que cualquier movimiento en falso sería su fin.

Ni siquiera pensaba en su perverso otro yo, o en cómo convencer a AkuShenglongmon de renunciar a sus poderes, dado que toda la evidencia daba a entender que era un ser emocionalmente neutro pero sorprendentemente sádico. Se preguntaba por qué no ponía trampas extra como flechas o algo así para dificultarle aún más el cruce mortal.


  • Debe de querer que tenga miedo. -pensó- De por sí ya lo tengo bastante, por lo que le sale bien la jugada.
Se sorprendió al darse cuenta que estaba a poco menos de la mitad: sus amigos lo alentaban diciéndole que lo estaba haciendo bien. Siguió avanzando poco a poco, con la mira dirigida hacia delante y bastante confiado… tal vez demasiado.

Inadvertidamente pisó en falso una sección del sendero que estaba incompleta: hizo todo lo posible para mantener el equilibrio al son del grito horrorizado de sus amigos, pero acabó tropezando y cayó en picada al vacío. Casi al mismo tiempo que oía a sus amigos gritar al unísono su nombre de manera horrorizada, recordó que aún tenía en su mano izquierda el extraño guante con cable de agarre: oprimió el botón azul y rogó para el cable tuviese la fuerza suficiente para llegar al techo; si fuese posible, hasta se balancearía hasta el otro extremo de la habitación.

Si bien no tuvo suerte con que el gancho se incrustara en el techo, sí lo tuvo al ver que el cable se enrolló al pasaje invisible, salvándolo de caer, pero anulando su plan de columpiarse. Oprimió otro botón, y dejó que la polea del gancho lo subiera hasta dicho pasaje, para alivio de sus amigos quienes lo miraban impotentes tras aquella barrera invisible. Cuando estaba por llegar, Davis notó que salía humo del peculiar guante, acompañado de un sonido mecánico anda agradable; por suerte, para cuando dejó de funcionar la polea, sus manos ya estaban sosteniendo aquel pasaje invisible.


  • ¡Hey, Shenglongmon! ¡Dile al sujeto que hizo esta cosa que le debo la vida!
  • ¡¡Se lo podrás decir en persona si salimos de esta!! -le contestó- Eres un puto genio, Jake.
  • ¡Bien hecho! ¡Ahora tienes que subir esa cosa!
  • ¡Pero no sé si tenga la fuerza, Devidramon! ¡Apenas y entrené unos días contigo!
  • ¡Vas a poder! -recalcó el pequeño dragón verde- ¡Recuerda que tienes más estamina!
  • Shenglongmon…
  • Ah, sí… Y todos contamos contigo.
Davis optó por hacer caso esa sugerencia y hacer un esfuerzo por subir a aquel sendero invisible: no era muy bueno haciendo barras verticales y tenía poca fuerza en los hombros, pero debía hacerlo de todos modos. Apoyó sus manos sobre esa superficie invisible y usó sus hombros para levantarse; con algo de dificultad, pero con más fuerza de la que esperaba, logró subirse y apoyar finalmente los pies sobre el camino; sólo que ahora, iría casi de cuclillas y aferrado a ese sendero, pues ya no se animaba a poner de pie.

  • ¡Pareces un perezoso sudamericano, Davis!
  • ¡Cállate, Ken! ¡A poco tú te animarías a hacer esto!
  • ¡Sólo avanza y no pierdas tiempo! ¡Nos queda menos de media hora y no sabemos lo que nos espera tras esa puerta!
  • Ni modo; lástima que el cable ese ya no funciona.
Con mucha precaución y sin perder de vista su objetivo, Davis se vio obligado a usar brazos y piernas para terminar de cruzar aquel abismo: ya no se arriesgaría a volver a tropezar, y ya no tenía el cable de agarre como último recurso. Pasaron unos minutos, casi cinco, cuando finalmente vio el otro extremo de la recepción y la puerta de la oficina de Aku con un par de hileras de baldosas adjuntas a pocos centímetros de su cara: sólo tenía que ponerse de nuevo de pie; ahora con una mayor confianza en sí mismo, se ayudó con sus manos a ponerse de pie sobre el piso junto a la puerta.

Apenas lo hizo, el piso de la recepción volvió a la normalidad, la barrera invisible frente a sus amigos desapareció, y estos corrieron de inmediato a felicitarlo. Ante tanta algarabía, la secretaria no pudo hacer caso omiso.


  • Un poco de compostura, por favor, jovencitos…
  • ¡Gracias por nada! -le gruñó Davis- ¡Espero que AkuShenglongmon la despida!
  • Davis… No creo que sea buena idea.
  • ¿Por qué, Hawkmon?
  • Eh… Bah, olvídalo: sólo abre la puerta.



______________________________




Había varios documentos en su escritorio junto a su cenicero de Alphamon y un péndulo de Newton en perpetuo movimiento, un inusual ornamento de escritorio que iba con su personalidad serena e inmutable. Sólo faltaba firmar unos cuantos, sellarlos y mandarlos procesar para terminar con su trabajo.

Su oficina era la viva representación del orden y la pulcritud: todo en un estilo moderno positivista monocromático y minimalista, desde su escritorio hasta los estantes, las sillas, el empapelado y hasta las plantas decorativas, todo en tonalidad gris. Tan sencillo, tan neutro, tan… perfecto.

Entonces oyó abrirse la puerta con suma fuerza: de ella entraron el joven Motomiya, Sheng Li y sus otros amigos clavando sus miradas cargadas de furia e impaciencia en su persona. Alzó la vista ligeramente hacia delante para verlos unos instantes.


  • Joven Davis Motomiya, presumo. -enunció con serenidad y monotonía antes de volver su mirada a los documentos sobre su escritorio- Un momento por favor: me encuentro ocupado con unos importantes documentos. No tardo en recibirlos.
  • ¡No nos hagas esperar, AkuShenglongmon! ¡Hemos pasado por muchas cosas para llegar hasta aquí!
  • ¡Queremos que nos regreses nuestro mundo! -se oyó decir a TK y Patamon-
  • ¡Vimos lo que le hiciste al Digimundo! -gruñó UlforceV-dramon- ¡Convertiste a mis amigos en Daleks!
  • Me disculpo por no tener asientos suficientes para todos ustedes, pero si me hacen el favor de esperar, los atenderé en unos segundos.
  • ¡¡Deja de ignorarnos!! ¡¡Fuerza Gea!!
  • ¡¡Shinning Force!!
Blackwargreymon y UlforceV-dramon lanzaron sus ataques contra el escritorio del Dragón de la Nada: estos sin embargo fueron anulados al instante de acercarse a dicho lugar, sin que el ocupante se inmutara en lo más mínimo, continuando con el firmado y sellado de papeles. Incluso el daño colateral que sus ataques pudieron haber causado a su oficina fueron restaurados de inmediato como si nada hubiera pasado.

Resignados, no tuvieron más remedio que esperar, todos de pie y rechinando los dientes. AkuShenglongmon selló los últimos papeles y tras un tecleo de su celular, los hizo desvanecer por completo en una nube pixelada al son de un “ping”.


  • La burocracia es impresionante: tan metódica, tan organizada, tan eficiente. Sólo así se puede mantener el orden en algo tan complejo como una empresa… o la Existencia en sí misma. -su mirada se volvió al grupo de mortales- Los estaba esperando, ¿En qué puedo ayudarlos?
  • ¡Quiero que me cumplas mi deseo!
  • Suena apresurado, joven Motomiya: la prisa es mala consejera. Pero es muy joven: lo consentiré. Calculo que tiene el boleto.
  • Lo tengo. -respondió, sacándolo de su bolsillo- ¡Y déjame decirte que odio a esos malditos Ángeles Llorosos que pusiste!
  • Comprensible, dado su comportamiento. Calculo que también tiene los formularios completados.
  • ¡Completos y por triplicado! -insistió Davis, sacándolos también del bolsillo de sus pantalones- ¡Eres un enfermo de la burocracia!
  • Necesitan de mi firma para poder sellarlos y poder aprobar su solicitud.
  • Ya lo hice yo. -se jactó de mala gana el pequeño Dracomon- Gracias a ese “pequeño detalle” de que somos la misma persona. Ahora déjate de mierdas y cúmplele su deseo, Aku.
  • Sheng Li... -Aku se puso de pie por primera vez, dando vueltas alrededor de su escritorio- Siempre tan caótico, infantil y presuroso… Los años no te hicieron madurar, por lo que veo. -negó un par de veces con la cabeza- Lamentable, pero predecible.
  • ¡¡Deja de parlotear y acepta sus papeles para cumplirle el deseo!! ¡¡Estás obligado a hacerlo!!
  • Lo sé. -respondió al detenerse frente al escritorio- Pero… podemos aprovechar este tiempo para conversar: te he estado esperando todo el día.
  • ¡¡¿¿Si querías hablar con él desde el principio, por qué no lo mandaste llamar antes??!!
  • Dada su naturaleza inclinada al desorden e inestabilidad emocional, calculé que rechazarían mi oferta, joven Takaishi.
  • Tú… SIEMPRE quisiste que viniésemos junto a ti. -concluyó Blackwargreymon- ¡Casi nos borras de la existencia, hiciste sufrir a estos niños, y mandaste a Daemon con la Legión Ardiente para acabar con nosotros!
  • El señor Wigglestein tenía la función de cumplir con las Relaciones Públicas, dada mi falta de experiencia en el trato con los niños. Al parecer, y dado su deceso, no estaba a la altura.
  • ¡¡Nos hiciste pasar por cosas horribles en esta estúpida torre tuya!! -gruñó Mummymon- ¡¿Y todo para qué?!
  • Como mencioné anteriormente, su propia e imperfecta naturaleza precisa de ciertos estímulos para alentar sus motivaciones personales o “altruistas”. Ustedes lo llamarían… “entretenimiento”.
  • Eres un sádico de mierda. -espetó Shenglongmon- Un repugnante sádico.
  • Por favor, Sheng Li… Cuida tu lenguaje; estamos frente a menores de edad. Si pretendes ser su tutor, al menos muestra algo de decencia.
  • ¡¡Cállate y cúmplele a Davis su deseo!! ¡¡No vamos a permitir que hagas lo mismo que hace setenta y cinco mil años!!
  • Curioso que digas eso, Sheng Li.
Todos vieron como el celular de AkuShenglongmon hizo aparición a su costado derecho, y casi sin mirarlo, tecleó unos comandos: lo que pensaron sería un ataque, en realidad sirvió para hacer aparecer un pequeño cuaderno negro espiralado que todos recordaban con frustración; Aku lo tomó y comenzó a hojearlo sin cambiar su estoica expresión

  • Calculo que reconocen este pequeño documento: el joven Wigglestein lo utilizó para sacarme de la Nada.
  • ¿“Los Archipluscuanperfectahipermegasupercalifragilisticoespialidosos y oscuritos secretitos del Digimundo”? ¿Qué haces con él, Aku?
  • Un nombre bastante estrafalario para algo tan fácil de describir como pornografía de cuestionable calidad de digimon de todo tipo, Sheng Li.
  • Supongo… ¿Pero qué haces con él? A ti no te sirve.
  • Para esas cosas tan obscenas que piensas, no. -respondió sin desviar su mirada de las páginas que hojeaba- Estás al tanto de la encriptación por fragmentación de datos.
  • ¿Qué tiene que ver con el libro?
  • Como estarás enterado, es una forma de ocultar o codificar información sumamente valiosa en cualquier método. Por ejemplo, la memoria genética en los humanos: toda la civilización que tu conocías hasta hace poco era nada más que aquel compendio de conocimientos almacenados en su ADN y manifestado gradualmente a lo largo de los siglos. Un conocimiento que surge y resurge desde hace más de doscientos mil años. Otro ejemplo sería el empleo de las moléculas básicas que componen a todos los seres vivos. -miró directamente a los niños- Sea con magia, o incluso con una ciencia sumamente avanzada, podría descomponer a esos niños en sus partículas elementales y reensamblarlas en otra criatura.
  • ¡¡NO TE ATREVAS!!
  • No será necesario. -respondió estoicamente- Y otro método, es la de fragmentar información para hacer más difícil su lectura.
  • Recuerdo que cuando Dynasmon tuvo su fase de “sirviente de Lucemon”, uno de esos humanos que tenía los Digispirits de los Guerreros Legendarios hizo algo parecido en el Mercado de Akiba.
  • Pero creo que Aku se refiere a algo más complejo, primo.
  • Ese libro… La pornografía es sólo para despistar. -gruñó la gárgola oscura- Ni siquiera la mención de AkuShenglongmon era lo importante, ¿Verdad?
  • El joven Devidramon está en lo cierto.
AkuShenglongmon dejó el libro levitar en el aire: poco después se convertiría en una esfera de datos que se fragmentaría en varias tiras de información digital del tamaño de hojas de un cuaderno que rotarían a su alrededor: los fragmentos de datos dieron varias vueltas, fusionándose unas con otras, armándose en algo ininteligible.

  • Quería que vinieras junto a mí para decirte algo, Sheng Li.
  • ¿Decirme qué?
  • La verdad. Has vivido una mentira por varios milenios sin darte cuenta; aquellos a quienes juraste lealtad para proteger la imperfección de esa concepción de mundo que tanto añoran tú y tus niños. Ellos te han ocultado la verdad: Metatron, Los Guardianes Arcanos, el Consejo de Magos y Hechiceros, Los Titanes, Las Bestias Sagradas, Los Grandes Dragones, Los Olímpicos, nuestro creador Daniel Oliwah, la Srta. Graystone y hasta el mismo Nibirumon.
  • ¿Qué verdad? -le gritaron- ¡No quieras confundirnos!
  • Los únicos confundidos son ustedes, niños.
  • ¿Es sobre la masacre que causaste hace setenta y cinco mil años? ¡¡Pues todos saben que fuiste tú!!
  • Que ingenuo eres, Sheng Li.
Los datos dejaron de revolotear alrededor, rearmándose en una nueva esfera de datos que tomó una nueva forma: una pequeña, rectangular y de color negro. Era una cinta VHS con un pequeño rótulo pegado al costado que decía: “Dulces sueños, Yggdrasil”; la cinta cayó en la mano derecha de AkuShenglongmon con mucho cuidado, casi al mismo tiempo que hizo aparecer un reproductor y un televisor flotando en el aire.

  • ¿Q… qué es eso?
  • Evidencia, joven Motomiya: evidencia de lo que digo es verdad. Porque verás, Sheng Li: quien destruyó esos millones de universos…
  • Quien causó ese evento de extinción masiva en todas las Tierras del Multiverso, incluyendo esta.
  • Y quien le causó esa… indescriptible muerte a la Yggdrasil del Digimundo de este universo, evento el cual está grabado aquí con sumo detalle… no fui yo…
  • Ni fuiste tú…
  • ...
  • Fuimos los dos… juntos: ChaosShenglongmon.
  • ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!



Continuará...


Notas: Les dejo links de algunos conceptos, para aclarar algunas cosas.

Legión Ardiente
Weeping Angel
 
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THIS IS DZETAAAAA!!!
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Buen plot twist: ChaosShenglongmon suena genial, cuando lo conozca vere si me lo rob...digo, si te lo pido prestado junto con los otros dos shenlongmon...
 

Templario escritor, con poco temple para escribir.
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Huh... ChaosShenglongmon . Suena interesante. Así que Shenglongmon tiene una historia parecida a la de Kami en DBZ, un ente con dos mitades, una dispuesta a salvar el mundo y el otro a destruirlo. De todas formas, Aku solo está haciendo tiempo para que pase la media hora. Bien podrían pedir el deseo y después hablar todo lo que quieran.
Me gustó bastante el capítulo, aunque tengo que admitir que me interesó más la aventura dentro de la Torre que la batalla afuera.
En fin, veo que quisiste agregar más, pero decidiste dejarlo así o se haría imposiblemente largo, al menos lo dejaste en un buen cliffhanger para estar ansiosos por el siguiente episodio. Espero que te vaya bien en este momento loco de cuarentena. Espero al siguiente episodio!
 

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Buen capítulo. La verdad el misterio que ocurría con Aku fue lo más interesante. Aunque no me esperaba que apenas liberase a Zed lo mandase a quien sabe donde solo para ser evaporado para una investigación de seres que aun no sabemos su identidad, y ni siquiera sabemos si será algo importante para la trama.
Creo que parte favorita fue la frase de Aku de "yo nunca pago, solo cobro lo que me corresponde". Fue una buena frase de antagonista.

Habrá que ver si se resuelven los misterios de este capítulo en el siguiente.
 
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