Oneshot ¡Odio San Valentín!¡Te amo, Sora Takenouchi!

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30 Dic 2009
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¡Hola a todos! Originalmente tenia pensado participar en la actividad del songfic que había pautada en el foro, pero un viaje me robo el tiempo que tenia pensado emplear para escribirlo, por lo que para dejar una pequeña contribución en el foro decidí editar y re colocar este trabajo, que tuvo muy buena recepción en la versión antigua de Dz, cuando fue originalmente escrito. Este es un pequeño OS que escribí en el 2010, uno de los primeros trabajos que escribí en general sobre digimon. Trata acerca del día de San Valentín, y me base en el San Valentín japonés, que es algo relativamente nuevo y sin significado religioso, sino más bien comercial.

En Japón ese día se celebra un poco diferente de cómo se celebra en América o Europa, ya que allá son las mujeres las que les regalan a los hombres el 14 de febrero, generalmente chocolates y generalmente en un envoltorio rojo. Cuando el regalo es para un familiar o amigo muy cercano, se le llama giri-choco, sin embargo, al regalo para el hombre que la mujer ama se le da el nombre de hommei-choco.

Hasta acá no es muy diferente al Valentín occidental, pero en Japón, cuando el hombre corresponde los sentimientos de la mujer, debe darle un regalo el 14 de marzo, conocido como el día blanco o White day. El regalo debe ser, valga la redundancia, blanco, y el entregarlo simboliza que el hombre también ama a la mujer, que le corresponde. No se le da un regalo en el White day a cualquiera que te regale chocolates en San Valentín, ni por cualquier motivo, ya que este tiene un mayor peso y solo se le da a aquellas personas especiales. Es una especie de declaración envuelta en un hermoso ritual llevado a Japón por las chocolateras rusas a mediados del siglo XX.

Decidí que aprovechando la proximidad del White day, y el concurso que se hizo en el subforo, seria apropiado de colocar. Probablemente la demografía del foro ha cambiado considerablemente en este tiempo, y así también aproveche para editar un viejo escrito y revivir un poco las experiencias que tuve en su día al escribirlo.

El fic esta escrito en clave de humor, y es bastante ligero. El estilo de escritura también es mucho mas transgresor y menos formal del que habitualmente uso cuando escribo otro tipo de trabajos. Espero lo disfruten. Saludos.

¡Odio San Valentín!¡Te amo, Sora Takenouchi!
私はバレンタインデーを憎みます!私はあなたを愛して、武之内空!


Cuando sonó el despertador ese día, Tai sabía que iba a ser un largo, largo día… como cada 14 de febrero para el pequeño castaño de 13 años. No es que fuese tan horrible después de todo, es decir ¿Qué tiene de malo que miles de chicas de la escuela te asedien por 6 horas, regalándote más chocolate del que podrías comer en tu vida y diciéndote que están absolutamente locas por ti? No parece tan malo, a muchos chicos les gustaría tener esa suerte. A muchos, pero no a Taichi Yagami, el capitán del equipo de football de la escuela y el centro de atención de esta por 24 horas al año, cada 14 de febrero, el día que Tai odiaba sobre todos los demás.

La caminata a la escuela ese día fue particularmente lenta y el juraría que con un tono solemne, como lo es la de un condenado al cadalso. Tratando de retrasar lo inevitable, pensando en cómo zafarse de todas esas locas que querían un pedazo de Taichi Yagami, capitán del equipo de football. ¿Es que acaso no entendían que a él no interesaba aquello? Solo quería ser un chico normal que duerme en la escuela, se divierte con sus amigos y juega al football, nada fuera de lo normal, nada que requiriera una especial atención.

Finalmente se detuvo en frente del gran portón blanco que marcaba la entrada de esa ''cámara de torturas'', tomó una buena bocanada de aire y siguió hacia adentro. Caminaba por los pasillos, cabizbajo, queriendo ser invisible para todos esos zombies empalagados de rosa que lo rodeaban, y luego de unos metros se sorprendió al notar que todo iba bien, de hecho fantástico. Nadie lo había notado hasta ahora, solo unos metros más y podría entrar a su salón y ver su clase. Irónico, ya que Tai no era precisamente un chico al que le gustara recibir clases, de hecho, podría afirmarse sin temor a exagerar que lo odiaba, pero no ese día, no el 14 de febrero. El castaño de la gran cabellera estaba a punto de cumplir su objetivo cuando una voz a sus espaldas anunció la condena.

—¡Tai! Ahí estas, te estaba buscando ¡Eres el mejor chico de todo el mundo!

¡Rayos! —pensó. Ya había sido divisado por una de sus ''admiradoras'', y era cuestión de segundos para que… sus pensamientos se vieran abruptamente interrumpidos por una avalancha de chicas que corrían hacia él desesperadas, cargando algo que parecían ser chocolates, y gritando su nombre. Lo rodearon, empezaron a llenarle las manos, los brazos, el pecho de chocolate. Maldición, incluso le pareció observar, en medio del frenesí, que una chica de anteojos y cabello negro intentaba, inútilmente por supuesto, colocar un par de chocolates en medio de su tupida cabellera. Suerte para él que nunca llevaba libros a la escuela, lo que de alguna forma le facilitó sostener, cual Atlas, sus numerosas dadivas.

—Gracias chicas, de verdad es genial que tengan todos estos detalles. —exclamaba a la horda de fanáticas, mintiendo descaradamente. Todas parecían derretirse cuando les hablaba, y nada le resultaba más odioso al castaño, aunque en el fondo, muy en el fondo se sintiese un poco mal. Todas ellas le habían comprado chocolates ilusionadas, y él no le correspondería a ninguna dentro de un mes, ya que, bueno… él no estaba interesado en ninguna de ellas. Le parecía un poco extraño eso de San Valentín ¿Por qué todo el mundo quería una pareja? ¿Qué tiene de divertido pasar todo el día con una chica?

Tai estaba tratando de respirar entre la multitud cuando por encima de la muchedumbre pudo verlo: el gorro azul que solo una persona en toda la escuela usaba. Era ella, la única chica que no sucumbía a todas esas estupideces del amor, la única con la que Tai podía pasar todo el día sin aburrirse, y de hecho lo había hecho, innumerables ocasiones, porque casi desde que tenía recuerdos estaba ella, su mejor amiga, Sora Takenouchi. El castaño finalmente se desprendió de la masa de personas y logró escapar, corriendo con todos los chocolates como si su vida dependiera de ello. Ya no estaba a la vista, dobló el pasillo y lo vio de nuevo, vio de nuevo ese gorro azul.

—¡Ey Sora, espera! —gritó mientras corría hacia ella, que volteó y lo miró impresionada.

—¡Tai! Hola. —saludó sorprendida, observando la montaña de chocolates que cargaba su amigo— Veo que todo sigue como siempre…

—Si bueno, tú sabes cómo es esto de San Valentín. Todas se vuelven un poco más locas que de costumbre con esa tontería del amor. —afirmó relajado, cargando su resignación junto con aquella enorme masa de chocolates.

—Ah sí, esas tonterías… —el tono de la pelirroja se escuchó un poco decepcionado— ¿Y qué vas a hacer hoy Tai? —preguntó evadiendo las miradas, y haciendo una serie de círculos nerviosos en el suelo con la punta de su zapato.

—Ah, nada en especial, ya sabes. Práctica de football a las tres y después creo que iré a dormir a mi casa, a ver si logro acelerar la llegada del 15 de febrero ¿Por qué, tienes planes? —preguntó extrañado.

—¿Planes? ¡No! Nada, lo mismo que tú. —le respondió nerviosa— Tarde de tenis.

—Cierto. —masculló algo inconforme— Aun no entiendo por qué abandonaste el football por ese deporte tan aburrido… bueno Sora, tengo que ir a clases. Fue genial hablar contigo, nos vemos mañana entonces —dijo dándose vuelta, y con esfuerzo cargando su cruz particular del 14 de febrero hacia el salón.

—¡T-Tai, espera! —lo llamó de nuevo la pelirroja— Quiero darte algo antes de que te vayas.

Tai volteó curioso, Sora estaba muy roja y temblaba, por lo que pensó que tal vez no se sentía muy bien.

—Sé que a ti te gustan los chocolates y, b-bueno, es San Valentín… así que toma. —la pelirroja sacó un pequeño paquete envuelto en papel rojo de su bolso y se lo dio a su amigo. Era extraño que Sora le regalara algo en San Valentín, pensó Tai, después de todo ella sabía cuánto odiaba esa fecha, además ¿Para que querría más chocolates? Si año tras año le decía lo harto que estaba de no saber qué hacer con ellos, aun después de repartirlos con ella y con Kari. Sora no estaba actuando como siempre este día… suerte que era su mejor amiga y nunca caería en la terrible telaraña del amor. No Sora, no su Sora.

—¡Gracias! —Exclamó con una sincera sonrisa, lo que provocó que la pelirroja se calmara un poco y sonriera también— Este será mi giri-choco favorito, después de todo me lo da mi mejor amiga. —dijo finalmente tomando el pequeño paquete y guardándolo en su bolsillo, separado del resto.

El rostro de la pelirroja dibujó un gesto de decepción tras sus palabras. ‘‘¿Giri-choco? ¿Podías ser tan ignorante, Taichi Yagami?” pensó la pelirroja. Después de todo así es como la veía, como su mejor amiga, casi como a otro chico del equipo de football. Él no entendía lo que ella quería decirle, no entendía para nada, y tal vez nunca entendería lo que ella estaba sintiendo. Se sintió una tonta al pensar que estaba por pedirle que pasaran juntos el día de San Valentín… giri-choco, nunca una simple palabra le había dolido tanto, y vaya que le dolía, cuanto dolía.

—Sabes Taichi, creo que ibas tarde a clases ¿No? —afirmó la pelirroja molesta— deberías apurarte o no te van a dejar entrar, ni aun con todos esos chocolates. —continuó antes de verse obligada a parar, casi llorando, e irse corriendo a su salón para dejar a Taichi Yagami, capitán del equipo de football, completamente solo en el pasillo de la escuela. Nuevamente irónico, ya que desde que se despertó había querido estar solo, pero de alguna extraña manera, eso lo hizo sentir mal, muy mal.

Pasaba el día, y las horas, al igual que los chocolates, fluían a través de Tai. La escuela se había acabado y estaba en la práctica de football, pero ni ahí podía obtener un poco de la tan anhelada paz, ya que las mismas locas que lo acosaban en la escuela habían ido a las gradas a seguir con su trabajo. —San Valentín apesta —pensó al llegar a su casa. Era temprano aun y había recordado lo que le había dicho Sora, se le ocurrió invitarla a dar un paseo, tal vez ella podría ayudarlo a olvidar un poco ese desastroso día. No había nada que esos ojos color miel no hicieran olvidar a Tai, era casi como… no, claro que no. Taichi Yagami, capitán del equipo de football, no se pondría con esas cosas, él no caería en ese estúpido juego. Entró en su habitación, dejó el cerro de chocolates amontonado encima de la cama y tomó el teléfono, llamó a casa de Sora para invitarla a salir, y como suele ocurrir solo cuando la elegida del amor se encuentra molesta, contestó su madre.

—Hola Sra. Takenouchi, habla Tai ¿Me pregunto si podría hablar con Sora?

—Hola Tai, claro, está en su habitación. Hoy ha hablado mucho de ti, pero desde que volvió de la escuela ha estado un poco triste, espero que puedas animarla un poco. —le comentó en tono subversivo a un Tai que francamente no entendió de que rayos estaba hablando.

—Seguro, haré lo que pueda. —se limitó a responder. La madre de Sora entró en su habitación y le pasó el teléfono. Al oír el nombre de Tai, la pelirroja dio un grito que el castaño pudo oír al otro lado de la línea.

—¡¿Qué quieres, Tai?! —respondió casi gritándole, lo que sorprendió al despistado castaño.

—Hola Sora, tu madre me dijo que estabas molesta por algo… que loco ¿No? Ni que hubieras sido tú la que tuvo que soportar a todas esas niñas con sus chocolates. —Esto hizo que el enojo de la pelirroja pasara a otro nivel. Quería morirse, quería matarlo, quería muchas cosas en ese momento, pero no quería oír la voz de Tai— En fin Sora, recordé lo que dijiste esta mañana y me preguntaba si querías ir a pasear un rato, ya sabes, para hablar un poco. —terminó el castaño, ante la completa estupefacción de la pelirroja.

—¿A pasear un rato? ¿Para hablar un poco? ¡¿Qué demonios te ocurre Tai?! ¿No te das cuenta que hoy es 14 de febrero, día de los enamorados? ¿Para qué quieres ir a pasear conmigo? Yo soy solo tu estúpida mejor amiga. Deberías ir a pasear con alguna de esas miles de chicas que están locas por ti… es cierto, lo olvidaba. Tu eres el gran Taichi Yagami, capitán del equipo de football, el que nunca ha hecho ni hará un regalo del White Day ¡Porque no le gusta nadie! —dijo Sora antes de colgar bruscamente el teléfono.

Tai notó que Sora estaba a punto de llorar, así que por lo visto sí estaba molesta, muy molesta. Pero por que estaría molesta Sora Takenouchi. Y más importante ¿Por qué estaría molesta con él? Si apenas hace unas horas le había regalado unos chocolates y se veía feliz, casi atontada ¿Qué te ocurre Sora Takenouchi? Pensaba Tai, recostado sobre su cama.

—¡Ahhg! San Valentín apesta… odio este estúpido día. —gritó al techo de su habitación.

Las siguientes tres semanas transcurrieron de la misma manera para el castaño. Él iba a clases, veía a Sora, trataba de hablar con ella, ella lo evitaba o si no, lo mandaba a volar… dormía en clases, alguna chica trataba de convencerlo de que le diera un regalo en el White day, salía de clases, volvía a tratar de hablar con Sora, ella lo volvía a frustrar, iba al football, que había perdido un poco de encanto desde aquel nefasto San Valentín. Salía del football, iba a su casa, llamaba a Sora, ella no le hablaba, veía sus tareas y decidía no hacerlas, cenaba la horrible comida que hacia su madre y se acostaba a dormir. Todos los días igual, había caído en una asfixiante rutina que dictaba su antigua mejor amiga, ahora su verdugo: Sora Takenouchi, y de la que no podía escapar por más que quisiera. Se preguntaba si tenía sentido seguir yendo a la escuela, después de todo solo iba para dormir un poco, comer y, por supuesto, ver a su amiga de toda la vida. Ahora que ella lo detestaba por algún motivo y no lo quería ni ver, pensó, lo demás lo podía hacer desde su casa, no había necesidad de caminar tanto. Además estaba el football, su pasión de toda la vida. Incluso eso había perdido la emoción para el joven Tai, que ahora no solo debía soportar en todas sus prácticas a las molestas niñas enamoradas, sino que después de las mismas ya no podía ver a la única niña que no lo molestaba, a la única que lo entendía. A veces pensaba que odiaba a Sora, por hacer que su vida, otrora tan agradable, fuese ahora algo detestable, y todo por algo que pasó, y aun no tenía idea de que se trataba. “¿Qué era lo que te había molestado tanto, Sora Takenouchi?”

Tai se dirigió resignado y aburrido a la escuela al día siguiente, a seguir cual autómata con una rutina que odiaba, hasta que un día, si es que llegaba, se graduaría y podría seguir con otra rutina diferente… una donde no tuviera que pensar en Sora todo el tiempo. Al llegar a la escuela pudo ver a lo lejos, al final de un pasillo a Sora hablando con Matt, un amigo de ambos, y el único chico además de Tai que sabía lo que era soportar el acoso casi ilegal de la escuela en San Valentín. Tai dudó un momento si acercarse, ya sabía lo que le esperaba. —Qué demonios. —pensó. A fin de cuentas terminaría por acercase a Sora a tratar inútilmente de hablar con ella ¿Para que darle vueltas? Se dirigió hacia ambos y los saludó, Sora al verlo le dijo a Matt que tenía cosas que hacer y se marchó sin dirigirle la palabra a Tai, que solo pudo caminar resignado y saludar a su amigo.

—Hola Matt, ¿Qué tal todo? —preguntó con evidente desinterés.

—Ya sabes, solo lo de siempre… por cierto Tai, sí que la pusiste con Sora, no quiere ni verte amigo. —Exclamó Matt riéndose del castaño.

—Si… lo sé. Lo peor es que no sé qué fue lo que hice para que se pusiera así conmigo. Todo por ese estúpido día de San Valentín, desde entonces esta así… —susurró Tai con la mirada triste. Matt lo miró sorprendido.

—¿En serio no lo sabes? Yo creí que simplemente la habías rechazado ¡Demonios Tai! no puedes ser tan idiota. Tres semanas después de San Valentín Sora no te habla y no te has puesto a pensar que era lo que se traía ¿En qué mundo vives, Yagami? A veces me sorprendo de ser tu amigo, a veces incluso de ser de la misma especie. —Tai cambió su expresión por una mezcla de tristeza y ansiedad y se lanzó sobre Yamato hasta casi estrangularlo.

—¿De qué estás hablando Matt? ¿Rechazarla? ¡Si sabes algo tienes que decírmelo! No puedo seguir así con ella. Solo sé que en la mañana de San Valentín estaba perfecta, incluso me dio un bonito giri-choco, pero en la tarde ya no quería saber de mí. Hasta me llamó por mi nombre Matt ¡Dos veces! —dijo desesperado. Matt se había asustado por la reacción de su amigo, y lo miraba con los ojos abiertos a más no poder y cara de terror.

—T-Tai… por favor, me vas a matar si sigues. Aunque a lo mejor me mates de cualquier forma por lo que te voy a decir. —propuso Matt, dudando si realmente hablar con su amigo— Después de todo fue mi idea lo que ocasiono todo esto. —Tai miro a Matt con indignación y lo agarro por la camisa, lo que asusto, si cabía, más al músico— Escucha, no debería estar diciéndote esto, pero en vista de que no te das cuenta de nada y me siento un poco culpable creo que te lo debo. —soltó el elegido de la amistad con el ultimo remanente de aire en sus pulmones— Hace como un mes, unos días antes de San Valentín Sora habló conmigo, me dijo que quería decirte algo, pero que no sabía cómo lo tomarías, que le daba miedo que no le saliera bien. Yo pensé que como San Valentín estaba cerca, era mejor que aprovechara la fecha. Ella dijo que tú odiabas San Valentín pero… yo le dije que nadie odia realmente San Valentín, y que era la mejor fecha para ese tipo de cosas. —concluyó Matt. Tai lo miró sin entender.

—Matt ¿De qué demonios estás hablándome? —Era obvio que Tai era un poco más ''denso'' en la materia de lo que pensaba su amigo.

—Rayos… —suspiro Matt— Tai, el regalo. El regalo que te dio Sora no era un giri-choco, era un hommei-choco ¡Grandísimo imbécil! Hasta un niño se habría dado cuenta. —descargó en un instante toda su frustración. Tai lo soltó en el acto, quedando paralizado. Miles de cosas pasaban por su mente, convirtiéndola en un torbellino más allá de todo control. No podía creerlo, no podía creer que su Sora, su mejor amiga de toda la vida, con la que compartía prácticamente todo desde que ambos apenas podían hablar, estuviese enamorada de él, de Taichí Yagami, y él no se hubiese dado cuenta en todo este tiempo. Pero ¿Por qué? ¿Por qué se enamoró de él? ¿Qué había hecho Tai para que Sora Takenouchi, la chica más inaccesible de toda la escuela, que siempre había rechazado cuanta propuesta le hacían, cayera bajo los efectos de Cupido… por él?

Tai se dio vuelta y salió corriendo a más no poder, corrió como si no hubiese un mañana, dejando a Matt solo y estupefacto en el pasillo. Dejó la escuela a mitad del día, solo corrió y corrió hasta su casa, atravesando como una flecha por las aceras y despertando miradas curiosas en los transeúntes. Estaba confundido, y pensó que tal vez Taichi Yagami, capitán del equipo de football, era en realidad Taichi Yagami, el idiota más grande de la escuela. Llegó pronto a su casa, los años de deporte habían ayudado después de todo. Entró en una casa vacía, caminó hasta la sala y se derrumbó sobre el sofá, pensando, quizás por primera vez con algo de claridad en bastante tiempo. Ya ni siquiera sabía lo que sentía, lo que sentía por su amiga o mejor dicho, su antigua mejor amiga, ahora su verdugo… Sora Takenouchi.

Durante las próximas horas permaneció ahí, en un estado que palmon hubiese definido gustosamente como ‘haciendo fotosíntesis’, repasando, si es que se podía, su relación con Sora. Él siempre la vio como una amiga ¿No? Es decir, creía que si, al menos hasta ese momento estaba seguro de cómo veía a Sora Takenouchi, solo como una amiga; pero a partir de ese momento esa seguridad se desvaneció como humo ante una tempestad, y empezó a creer que tal vez él veía a Sora como algo más que solo una amiga, tal vez mucho más. Él tal vez, incluso, podría decirse que… amaba a Sora. Y de ser así ¿Desde cuándo? Tal vez no era un fenómeno reciente. Un año, dos… quizás durante toda su vida había amado a esa pelirroja. No, eso no era posible, de haberla amado tan locamente toda su vida lo habría notado, es decir, se habría dado cuenta de que su corazón se volcaba por ella ¿O no? A lo mejor estaba tan empeñado en verla como una amiga, que no había notado que en realidad él… él la… ¿Amaba? —Por dios. —reflexionó absolutamente confundido. Ahora que se detenía a pensarlo, el sí amaba a Sora Takenouchi, de hecho, la había amado por mucho, mucho tiempo. Y el estúpido destino había querido que el estúpido de Taichi Yagami se diera cuenta de esto justo después de que ya no tenía esperanza alguna de recuperar a Sora, porque después de todo… ella no quería hablarle, ni siquiera quería verlo.

Un Tai señalado por el destino salió de su casa, deprimido, a caminar por el parque. Le buscaba después de todo algo de sentido a su cabeza, en un intento baladí por descubrir algo importante que no hubiese arruinado por completo, y luego de un rato y un par de vueltas al circuito descubrió que no lo había, porque en ese momento solo una cosa le importaba, y eso era Sora, pero como se había empeñado en afirmar anteriormente, cualquier asunto relacionado con Sora había sido arruinado, arruinado por completo.

Estaba dando vueltas cuando una voz y unos pasos acercándose robaron su atención. Se trataba, destino de por medio, de una de las niñas de su escuela que había fungido por rémora durante el último mes —Genial, justo lo que me hacía falta, —pensó— otra loca que viene a rogarme que le dé un regalo en el White day. —En efecto eso era lo que quería, y el castaño, tranquilamente le respondió.

—Escucha, de verdad no quiero parecer descortés, pero mi respuesta no ha cambiado. Si antes no podía darte un regalo en el White day porque no estaba enamorado de nadie, ahora no puedo porque sí lo estoy, pero no eres tú, y solo se le debe regalar en el White day a aquella persona que de verdad ames.

Así que supongo que este año tampoco regalaré nada en el White day. —pensó Tai, haciendo encajar una última ironía: todas querían que les regalara algo, y a la única persona a la que él deseaba regalarle el 14 de marzo, era quizás la única niña de la escuela que no quería nada de él— Estúpido San Valentín. —pensó de nuevo, aunque se quedó analizando la situación, y después de todo, Sora estaba enamorada de él, al menos hasta hace unas semanas. Así que qué podía perder que no hubiese perdido ya si le regalaba algo en el White day. Al menos podría ser sincero con ella por una vez respecto a sus sentimientos, y quien sabe… a lo mejor… hasta podía lograr que lo perdonara ¿Lo haría? Solo una cosa tenía clara, y es que para que al menos existiera esa remota posibilidad, tendría que darle un regalo que fuese lo suficientemente bueno, realmente bueno. Uno que dijese ''Te amo Sora Takenouchi, y lamento todo lo que te hice pasar. Lamento haber sido un estúpido, y quiero otra oportunidad'' Pero ¿Dónde podría conseguir Tai un regalo como ese?

Tras volver en sí se dio cuenta que había sido un poco grosero con aquella chica, que ahora se alejaba triste, maldiciendo al aire algo sobre cuanto odiaba a la estúpida de Takenouchi. Y se sorprendió de que hasta esa chica, con la que nunca hablaba y cuyo nombre pensaba era Tomoe, pero no se atrevía a pronunciarlo por temor a estar equivocado, se había dado cuenta de sus sentimientos por Sora, y sin embargo él no había sido capaz de verlo. Pero ahora debía buscar la manera de que lo perdonara.

Había decidido esperar hasta el White day para dar su 'golpe maestro', como había decidido llamarlo. De cualquier forma era en esa semana, y aunque tratase de hacerlo antes, Sora no quería hablar con él, así que no le quedaba opción. Estuvo varios días buscando el regalo perfecto, el regalo que pudiera, si es que se podía, hacer que Sora lo perdonara. Buscó en todas las tiendas que pudo ese misterioso y celestial regalo, pero nada parecía ser lo suficientemente bueno como para que Sora lo perdonase, ya que como había dicho Matt, realmente había arruinado las cosas con la pelirroja. Después de días en los que se dirigía directamente de la escuela a las abundantes tiendas de Shibuya, y en los que su ausencia a las prácticas de football se hizo notoria, Tai no había encontrado ningún regalo que le pareciese ideal, menos aún uno que fuera blanco, ya que en el White day, no se podía dar un regalo de otro color. El día anterior a su particular día D, Tai aun no tenía nada que regalarle a Sora, y fue ahí, en medio de su desespero cuando, por un accidente, lo vio.

Había visto una tienda de deportes en el 109 de Shibuya y decidió entrar para drenar algo de su frustración en un lugar donde se sentía como en casa. Se encontraba viendo unas franelas cuando pasó enfrente de un balón, un balón de football completamente blanco. No era más que un balón cualquiera, pero en la retorcida mente del castaño ese era el regalo que había estado buscando, el regalo perfecto.

El 14 de marzo ese año cayó sábado, lo que resulto ideal para Tai, que no tuvo que ir a la escuela y encarar a todas esas locas que esperaban que este fuera el año en que Taichi Yagami, capitán del equipo de football, finalmente le diera a alguien un regalo de White day. Y en efecto este era el año… solo que no se lo daría a ninguna de esas chicas, y prefería no tener que decírselo a todas en su cara. Alrededor de las 10 de la mañana, cuando finalmente se despertó, decidió ir a casa de Sora y encararla de una vez, así que tomó su regalo y se dirigió a la residencia Takenouchi, que convenientemente se encontraba a unas pocas calles de su casa. Se fue a pie y cuando estaba por llegar a su edificio se encontró a la madre de Sora, Toshiko, que aparentemente salía de compras. El castaño se le acercó corriendo antes de perderla.

—Hola Sra. Takenouchi ¿Esta Sora en casa? —preguntó cómo pudo, tratando de reponerse.

Toshiko lucia emocionada de verlo, y esto lo puso algo nervioso. —Hola Tai. Claro que se encuentra en casa, la deje desayunando. Dime ¿Vas a verla?

—Sí… bueno, solo voy a visitarla un rato. —la sonrisa de la Sra. Takenouchi logró sembrar el miedo en Tai, que media sus palabras con la precisión de un cirujano— Usted sabe, después de todo hace tiempo que no la veo.

Apuró el paso y llegó al departamento de Sora, se detuvo un momento en frente de la puerta y decidió tocar. Por los sonidos de pasos y la sombra que se veía se aproximaba a la puerta, Tai supo que Sora sí estaba en casa, pero también supo que no quería hablar con él, ya que tras ver por el ojo de la puerta de quien se trataba no respondió a la llamada. Vaya sorpresa.

—Escucha Sora, sé que estás ahí, tu mama me lo dijo… y puedo ver tu sombra al otro lado de la puerta. —dijo un poco triste el castaño.

—¿Qué te importa Tai? No tenemos nada de qué hablar. Además yo nunca dije que no estuviera, tal vez solo no quiero verte.

Tai se sentía como un idiota, y siendo honesto, también le dolían las palabras de su amiga. —Sora, solo quiero darte algo… y decirte algo más. Solo quiero disculparme por lo que paso.

—¿Darme algo? Yo no quiero nada de ti Taichi. O quizás sí, quiero que te vayas y que no vuelvas a molestarme. —cerró tajante la pelirroja recargándose del otro lado de la puerta. Tai pudo oír que Sora estaba llorando, una cosa que él odiaba. Normalmente cuando ''algo'' la hacía llorar, Tai solía desear golpear a ese ''algo'' solo para animarla, y no estaba muy lejos de querer golpearse a sí mismo en ese momento, pero lo menos que podía hacer era irse para que dejara de llorar.

—De acuerdo Sora, al menos por una vez trataré de hacer algo bien contigo, si algún día quieres ver lo que te traía solo tienes que abrir la puerta. —exclamó finalmente Tai, dejando su regalo en frente de la entrada y marchándose, esta vez sí, aunque odiara admitirlo, con lágrimas en los ojos.

—Estúpido Tai… ¿Por qué tenías que venir hoy? —Sora estaba sentada del otro lado de la puerta, apoyando su espalda contra la madera. Para ese entonces ya no disimulaba su llanto, y tampoco deseaba ver que rayos era lo que Tai tenía para ella. Pero tras unos minutos, la curiosidad o el masoquismo se impusieron y decidió abrir la puerta. Abrió y vio el balón de football, se extrañó un poco al salir y tomarlo, no había nada, ni una nota, ni otro objeto. Únicamente un simple balón de football— ¿Para qué quería traerme eso? —pero al verlo mejor entendió. No solo era un balón de football… era blanco. E independientemente de que la mayoría de los balones de football son blancos, este era un regalo para ella, un regalo que no era otra cosa que un balón blanco en el White day. Tai nunca había regalado nada a nadie el 14 de marzo, porque a pesar de su visceral odio por esa fecha, decía que solo se podía regalar algo durante el 14 de marzo a una persona que de verdad fuera especial. La cara de la pelirroja cambió al instante, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro ¿Era posible que después de todo Tai si le correspondiera? Estaba muy feliz, pero a la vez estaba triste, ya que Tai no estaba presente para aclarar su duda, y era su culpa. Tras unos instantes decidió que el asunto, y las explicaciones pertinentes eran más grandes que su orgullo, o el daño que pudiese haber sentido, por lo que tomó el balón y decidió ir por el castaño.

El parque donde estaba la banca, donde a su vez estaba Tai, se encontraba a un par de cuadras de donde ambos Vivian. Para este momento solo miraba el suelo y se lamentaba por tener una cabeza tan dura. En medio de sus divagancias pudo ver sorprendido un balón que rodaba en frente suyo, no era cualquier balón, sino el que él le había comprado a Sora. Se levantó del banco y pudo ver a la pelirroja a unos metros, esta, al ver su reacción, tomó la iniciativa.

—Tai ¿Por qué me regalaste ese balón? —preguntó seria, hundiendo un poco más la daga en el castaño.

—¿Por qué? ¿Qué acaso tampoco te puedo regalar nada ahora? —dijo Tai pasándole el balón con el pie— Es un buen balón, si no te gusta puedes dárselo a cualquier niño, seguro lo agradecerá.

—No me refiero a eso Tai ¿Por qué me regalaste un balón blanco? Un balón blanco en el White day. —preguntó de nuevo, con una mirada que denotaba ansiedad por una mejor respuesta, casi desesperación, devolviéndole el balón de la misma manera.

—Cielos Sora ¿Por qué te regalé un balón blanco en el White day? ¿Por qué la gente regala cosas blancas en el White day después de todo? —respondió Tai, un poco molesto, volviéndole a pasar el balón a Sora.

—Pues… los hombres le regalan cosas b-blancas a las chicas en el White day cuando… cuando están e-enamorados de ellas… Tai. —contestó finalmente, un poco nerviosa y vacilante, de nuevo pasándole el balón.

—Bueno sabes, tal vez es eso Sora. Tal vez es que estoy enamorado de ti después de todo. —le dijo Tai devolviendo por última vez el balón. Esta vez la pelirroja no lo recibió, lo dejó pasar, estaba paralizada por lo que oía.

—¿Como que tal vez Tai? —fue lo único que pudo articular.

—Como oíste… Sora Takenouchi, estoy enamorado de ti, estoy completamente loco por ti y no puedo ni quiero hacer nada para evitarlo, así que debes aprender a vivir con ello. —afirmó el castaño desde el fondo de su ser. Finalmente estaba expuesto, completamente expuesto ante otra persona. Pero si debía de ser así, que mejor persona que la que siempre había estado a su lado, su antigua mejor amiga, ahora el amor de su vida… Sora Takenouchi.

Al oír esto Sora se arrodilló y empezó a llorar, Tai se asustó y fue corriendo adonde se encontraba, tomándola de los hombros. —¡Perdona Sora! No sabía que te iba a caer tan mal… yo… yo pensaba que tu… bueno yo pensaba que yo... que yo te… te… gustaba. —le dijo Tai con una voz completamente quebrada y confundido. Sora solo lloraba, por lo que no supo que más hacer sino irse de allí… pero la antigua elegida del amor se aferró a su cintura, aun llorando.

—Claro… claro que me gustas. Eres un idiota, yo… yo te amo Tai, solo que después del otro día no creí que tu sintieras lo mismo, y no podía verte de otra manera. —balbuceó Sora, pero Tai pudo entender lo que importaba. Se volteó y la ayudo a levantarse.

—Si lo soy. Perdón por serlo, pero claro que me gustas. Al principio no lo sabía, pero ahora puedo decir que nunca había estado tan seguro de nada en mi vida. —las palabras de Tai fueron bruscamente interrumpidas por la pelirroja, que le dio un tierno y fugaz beso. Al separarse, la pelirroja le dijo algo en voz baja.

—Pero Tai ¿Por qué un balón? —el castaño le sonrió.

—Cosas mías… gracias a uno de esos nos conocimos, y desde entonces no has logrado librarte de mí.

Sora se sonrojó, y con timidez tomó su mano.

—Te amo, Taichí Yagami, capitán del equipo de football, aunque seas un tonto… —El castaño se sintió feliz, sabía que esas palabras eran sinceras, y así lo eran sus sentimientos.

—Y yo a ti. Te amo, Sora Takenouchi.

 

Jandie

Nagini
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Tanto amor en un solo Oneshot.
Personalmente pensé que Sora si se iba a quedar con Taichi porque habian razones para creerlo, luego del epilogo de Digimon 2 me sentí engañada XD
Pero bueno, la historia de amor de esta parejita me gustó es una pena que DFF este tan baja de actividad :/
 

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J Jandie Gracias por leer!

Este es probablemente el trabajo más romantico que he escrito, sin embargo trate de hacerlo reflejando la forma en que entiendo se puede dar el romance en Digimon, y entre dos niños de 12 años, algo sumamente ingenuo e inocente, en este caso centrándome en la confusión y el rechazo de tai por lo que considera algo ajeno a sí mismo, y el miedo de Sora, que ya lo entiende como algo propio, a que Tai no le corresponda, al saber como opina el castaño sobre el tema.

En cuanto a la relación de ellos dos en el anime, creo que fue como nos sentimos la mayoría de los espectadores con el final de 02 respecto al tema, sobretodo por como lo habian desarrollado hasta ese punto jaja fue realmente un troleo muy complejo de digerir, por suerte aun tenemos estos mundos de fantasía para arreglar las cosas ^^

Estamos un poco viejos, creo que eso es parte de porque la actividad no es tan alta como antes, sin embargo al menos por mi parte no pretendo irme de DFF en un buen tiempo.

Saludos!
 

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Realmente un one-shot hermoso! Más que hermoso, maravilloso. Esta pareja siempre fue mi favorita y esperaba que terminarán juntos, desafortunadamente Digimon 02 mato esa ilusión... Bueno solo un poco, este tipo de historias hace que mi corazón duela menos XD.

Espero leer otra historia tuya en algún futuro, aunque a esta llegue algo tarde jeje.
Saludos!
 

...
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Wao! que one-shot más bello, era de mis ships favoritos en mi infancia,:<33: de verdad que me rompió el Kokoro que no hayan quedado juntos. :37:
Me gusto mucho tu manera de escribir se me hizo muy amena, como se desarrollo la historia, se me hizo muy cómica la actitud de Tai jaja.
 
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