Quest B Own Justice [Dylan & Sasha]

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Reflejo
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"Own Justice”
- NPC involucrado: -
- Sinopsis: El mes pasado, el líder de una Guild "White Tiger" de la ciudad se llevó una horrenda sorpresa al regresar a su HQ y descubrir que todos sus compañeros, humanos y Digimon, habían sido asesinados por un desconocido. Las investigaciones del sobreviviente le han llevado a descubrir, sin lugar a dudas, a los responsables y su ubicación, sin embargo Digital Security no los ha capturado por "falta de pruebas". Frustrado, y con sed de venganza, el Tamer ha decidido tomar la justicia en sus manos y acabar con esa Guild, requiriendo asistencia para no caer ante sus números. Y tú... ¿Que harás? Ayudarlo a cumplir con su venganza y acabar con ellos o... detenerlo y entregarlos a DS
- Escenario: Ciudad
- Objetivos:

  • Encontrar la guarida de la Guild
  • Derrotar a todos sus miembros
  • [Opcional] Capturarlos con vida y entregarlos a DS
  • [Opcional] Matarlos
- Notas

  • La Guild está compuesta de cinco Tamers, ninguno supera el rango Medium. El líder de WT no dejará que ninguno escape
  • De acuerdo con el cliente, la Guild tenía casi un año de rivalidad con él y su Guild, que creció a hostilidades luego de que WT descubrió que el antiguo líder era un Bio-Hybrid y lo entregó a la justicia
  • El líder de WT no tiene intención alguna de perdonarles la vida, ni a Tamers ni a Digimon. Queda en tu moralidad si detenerlo o dejarle hacer lo que quiera
  • El líder es Expert. Su Digimon tiene la misma mentalidad vengativa que él
Tamer: Dylan & Sasha
Digivice: iC (Dylan) & Xros loader (Gaia).
Extra: La participación de estos NPC's no es segura, pero por si acaso.
Ivan
Vladimir

Bishamon Bishamon Verwest Verwest pueden comenzar~
 

I was lightning before the thunder
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Regrets collect like old friends
Here to relive your darkest moments
I can see no way, I can see no way

Los orbes redondos y vibrantes de Tommy se movían de arriba hacia abajo al compás de la inquieta llave con la que jugara su tamer. A veces Gaia se arrepentía de cargar con el diminuto objeto, pero a la vez su mente le jugaba la típica jugarreta de la añoranza. Si lo dejaba atrás, ¿qué haría cuando lo extrañara? Esa clase de sentimientos eran los más difíciles de destruir, sobre todo cuando la posesión representaba demasiadas cosas; preguntas sin respuestas. Abandono. Ruptura. Decepción.

Taras se acercó a la llave desde que fuera dejada sobre una mesa. El pequeñajo la olfateó, cayendo en cuenta de algo que no expresó, simplemente giró su cabeza hacia la humana que, de casualidad, se hallaba observándolo. Shura esbozó una sonrisa diminuta y el bebé correspondió con otra más amplia un par de segundos después.

―¡La cena está lista! ―Vanya dejó sobre el desayunador varias tostadas con un aderezo de ingredientes súper secretos; aditivo. Para ser algo sin mucha ciencia, el entusiasmo de coronamon engrandecía el momento. ―Las hice con lo que quedaba.
―Es suficiente ―le animó la peliblanca al tomar una rodaja―. Harás que engorde con tantos carbohidratos.
―Ni modo que te quedes sin comer. ―¿Le había regañado? Shura soltó una corta carcajada, cubriéndose la boca al tenerla llena. ―He visto que a veces no comes... ―al igual que él, Tommy se mostró preocupado. ―Desde el día que todo se complicara.
―No tenía mucho apetito. ―Díjole al limpiarse con una servilleta de papel.
―Ahora que estamos en otro lugar, ¿continuamos en peligro? ―Sasha le miró a los ojos. ―¿Qué haremos para vivir? Aquí no tenemos a nadie... y no es igual a File City.
―¿Tienes miedo? ―Vanya se sobresaltó. ―Necesito encontrar al sujeto que asesinó a mi padre. ―Shura cerró los ojos un instante; les apretó para que ninguna lágrima se atreviera a descender. ―Para llegar a él, necesito encontrar a ciertas personas... ―La modelo se limpió el rostro con el dorso de su mano dominante, como si la lágrima que la amenazara con revelar sus sentimientos hubiera logrado el cometido. Enseguida agarró su mochila y extrajo unos cuantos papeles que le fueron entregados de parte del aristócrata vamdemon. Entre ellos había una carta en la que el vampírico le volvía a expresar su gratitud por tan deliciosas milanesas, deseando poder degustarlas pronto; además de darle un par de instrucciones sobre qué hacer desde que arribaran en Star City. ―No sé qué información puedan brindarme. Solo sé que debo acercármeles para conseguir el dato más importante.

Gaia continuó leyendo a ojos de sus amigos, pero lo que realmente estuviere haciendo distaba de esa percepción. Su mirada yacía perdida entre las letras que, evidentemente, escribiera un humano que escuchaba las palabras del aristócrata digital. Tras un suspiro, la modelo dejó el papel junto a los demás documentos, ubicó la hora en el reloj de pared y, de repente, la voz del ígneo atrajo sus luceros hacia los de él.

―No tengo miedo ―la humana le veía engullir el alimento―. Lo que me preocupa es que los demás no comprendan las razones que nos llevan a actuar de cierta manera... Que Gumita resulte tomado por los de seguridad ―Taras sintió un escalofrío que le hiciere buscar refugio en el regazo de la peliblanca―, que debas ir a prisión o algo así. ¡Pero no tengo miedo! Soy un digimon bestia, Shura. Y creo que lo he entendido un poco más...

.
..

..
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Tal como rezaba otro de los puntos de la carta instructiva, cerca de su nueva y modesta residencia encontraría una cafetería a unos cien metros. Lo único que no afirmaba era si debía caminar hacia el frente (pues su edificio quedaba justo en la esquina de una avenida), hacia la derecha, hacia la izquierda. ¡Qué le costaba colocar el detalle! Descaradamente el vampírico confesó que no gustaba de dar todas las pistas. Allí se reuniría con alguien que le proporcionaría otras instrucciones. Gaia recordó lo último que leyera: “debes aprovechar bien todo lo que te facilito, porque no estaré siempre para guiarte... a mi modo”, se lo imaginó riendo al decir eso. Ya lo sabía; vamdemon solo estaba interesado en conseguir su objetivo a través de ella y siempre que “su ayuda” la beneficiase, no tendría problema en ser el canal para su propósito.

Un propósito que no venía a cuento ahora mismo.

Shura siguió a su corazón (por más poético que sonase), al elegir el camino de la izquierda. No, no es cierto. Al llegar al primer piso encontró a un par de digitales cuchicheando, les preguntó por el mentado sitio y muy amablemente apuntaron en dicha dirección. La puerta estaba abierta, no había mucha gente degustando el menú; de la nada escuchó su nombre y el de coronamon.

―¡Los estábamos esperando! ―Un v-mon salió desde detrás del aparador donde estaba la caja registradora. Enseguida los aludidos le reconocieron como el compañero de...
―¿Qué haces aquí? ―Gaia miró al humano que tuviese un vínculo con el azulado; este les indicó que tomaran por lo que pareciera ser una puerta para uso del personal.
―¿Nos están siguiendo? ―preguntó Vanya sin sonar fastidiado por la idea; tampoco era de agrado saberse en esa situación.
―Responde ―exigió la modelo al muchacho toda vez se hallase a centímetros de él.
―Lo haré cuando estemos adentro, más tranquilos.

V-mon pidió a otros digimon que no descuidaran a los clientes en lo que él y su tamer regresaban de unos minutos de descanso. La habitación era un tipo de almacén repleto de cajas con dibujos de alimentos. Vanya y Gaia fueron invitados a tomar asiento. No obstante, antes de “obedecer”, Shura clavó sus azules en las aguamarinas de quien alguna vez fuera su pareja. Le estaba inquietando que no dejara de mirarla como si tuviera algo en su cara, en el cuerpo; le pidió una explicación inmediata.

―Tu cabello. ―Iván evidenció su inmensa sorpresa, finalmente. La médium no esperó que fuera hacer mención del detalle. Por inercia se pasó una mano por sus hebras, peinándolas. Sí, se sentía soberanamente extraño llegar al final de la lacia y blanca “pista” muy rápido; que las puntas de su cabello cosquillearan sus hombros. ―Te ves increíble. ―La aclaración dejó sin palabras a la modelo. No la necesitaba. ―Es solo que... ¿por qué?


And I've been a fool and I've been blind
I can never leave the past behind
I can see no way, I can see no way

―Eso qué importa. ―La eslava levantó los hombros. ―No vine a dar las razones de por qué me corté el cabello.
―¿Ustedes no trabajaban en el restaurante italiano? ―La duda que expresara Vanya era una compartida por su humana.
―Eso es solo un trabajo pantalla. ―El tamer de v-mon no pareció tener conflicto en revelarles algo que se suponía debía mantener para él. ―Para cuando estamos en File City. Hace mucho ayudé al dueño de ese restaurante y él solo me devuelve el favor.
―¿Conocen a vamdemon entonces?
―Algo así ―respondió el muchacho―. No le debo nada, ni me debe algo. Pero cuando comprendes cómo funcionan muchas cosas de este universo, que no es tan distinto al nuestro, algunas cosas se vuelven fáciles de conseguir.

V-mon dejó sobre la mesa una tetera humeante junto a un diminuto pozuelo lleno de bolsitas distintas, azúcar y un plato con galletas no muy dulces. Cada uno poseía una taza al frente. Shura fue la única que delicadamente empujó el contenedor a modo de rechazo.

―Cierto, no te gusta el té. ―Iván sonrió con atisbos de añoranza; traer esa memoria a la realidad le hizo sentir muy nostálgico, lo que fuera incómodo para la modelo. ―Eres una ucraniana muy rara.
―Me lo han dicho. ―Gaia se dio cuenta de que los ojos de su mejor amigo la estaban escudriñando. ―Adelante, Vanya. Tú puedes tomar si quieres.
―Nunca te lo pregunté... ―dio un sorbo a su bebida caliente. ―¿Vanya? ¿Eso fue por...
―Tampoco importa. ―Le cortó la peliblanca. ―¿Podemos hablar de lo que sí es importante? ¿Dónde puedo encontrar a la guild White Tiger?
―... ―V-mon se cruzó de brazos y su tamer se echó hacia atrás, dejando que sus hombros cayesen.
―Esa guild no era lo que precisamente debías ubicar porque fueran a darte respuestas.
―No entiendo ―la modelo danzó sus pupilas entre el azulado y Yohannan―. Vamdemon me dio información sobre ellos. ¿Por qué me pediría ubicarles si no...
―Porque eran la carnada. ―reveló el expert, dejando más desconcertada a la fémina.

.
..

..
.

El lighdramon de Iván trasladó a Gaia y Vanya a la Central para que no se perdiesen en el recorrido. En otra ocasión, con menos obligaciones, realizarían un tour para conocer Star City. En lo poco que consiguieron admirar, daban por sentado de que la ciudad era una simulación de Manhattan, entre barrios glamurosos y suburbios de mala muerte. Shura tocó el rostro del digimon adulto como muestra de agradecimiento, además de dedicarle una corta sonrisa.

―Recuérdenlo ―lighdramon les hizo girar hacia él cuando se disponían a entrar al edificio―. Mientras menos los vean como realmente son, será mejor. ―Otra vez recibió la gratitud de la eslava, quien cargara con Vanya en forma de sunmon entre sus brazos, mientras Taras yacía dentro del digivice.

Lo primero que hiciera la medium fue ubicar los baños. Caminó rápido hacia el lado femenino y aguardó a que las chicas que se miraban al espejo terminaban de arreglarse el cabello o de humedecerse los labios con brillo. Para disimular su apariencia, más que nada dejar en bajo perfil sus rasgos faciales, cubrió la mitad de su cara con una bufanda. Que la temperatura disminuyera con el paso de los días le venía como anillo al dedo.

―¿Usarás el objeto que te diera Iván? ―preguntó el bebé de fuego.
―Lo estoy pensando. ―Apoyó sus manos cerca del lavamanos. Para entonces ambos estaban solos. ―Aquí nadie me conoce.
―Pero podrían reconocerte como Gaia Zaytseva, la modelo.
―Eso no debería ser un problema.
―¿Por qué usas la bufanda de Dylan si no lo es? ―El bebé se sobresaltó al caer en cuenta de lo que hubo dicho y la forma en la que la ucraniana le miró. ―Perdón.
―Tal vez tengas razón ―la bajó a su cuello, enseguida percibiendo el olor dulce que ambientara el cuarto―. La guardaré ―deslizó la tela casi sin ánimos, entrándola en su mochila toda vez la doblara.


I'm always dragging that horse around
All of his questions, such a mournful sound

―Si las cosas se complican, usaré el espejo. ―Fue su sentencia final.

La Central era mucho más grande que la de File City e inspiraba un aire de estar llena de tamers bastante capacitados, que llevaban tiempo considerable viviendo en el mundo digital. No importaba a donde mirase: se sentía como ser la nueva y novata modelo de alguna pasarela en Praga, que de meter la pata no faltaría un tabloide que lo mencione. Pero ese no sería su caso; ser la chica nueva nunca fue un problema porque contaba con las habilidades necesarias para adaptarse a lo que tuviera qué. En lo que auguraba ser un reinicio de su vida, no sería distinto.

“Si no sabes moverte en un lugar, solo lee los letreros; si no tienes letreros, sigue a la masa... en algún momento te encontrarás con un rostro amable al cual podrás preguntarle hacia dónde queda el lugar al cual quieras llegar.”

Fue como si hubiera escuchado a su padre dándole ese consejo cuando apenas iniciaba su carrera en el modelaje (internacionalmente).

Una persona corrió por su lado casi llevándosela de encuentro si sus reflejos no hubiesen sido buenos; Gaia enseguida la ubicó con la mirada: una jovencita que seguro no superaba los quince años: tenía el cabello muy rizado, castaño; e iba acompañada de un wormmon.

―Estos niños ―comentó el baby II. ―Mira, Shura, allí no hay nadie. ―Le hubiera gustado tener brazos para apuntar, mas su tamer ubicó el mismo lugar que él sin esfuerzo.
―Hola, ¿en qué puedo ayudarlos? ―Una chica vestida con el uniforme de los que laboraban en la Central los recibió con una gran sonrisa.
―Quiero encargarme del caso de la guild White Tiger.
―Oh ―la recepcionista tecleaba―. ¿La viste en nuestro tablero? ―Shura maldijo; si tenía que hacer alguna reservación previa, se saltó ese paso. De todos modos, asintió muy natural. ―¿Qué rango eres? ―La eslava respondió. ―Bien, para realizarla tendrás que asistir con... Oh ―la mujercilla acercó su rostro a la pantalla―. Alguien ha elegido esa quest y el cupo para un medium se agotó.
―¿Qué? No, no puede ser.
―El cliente no solicitó muchos ayudantes. Lo siento.
―Estoy segura de que necesitará más de dos personas. ―Shura dejó a sunmon sobre el mostrador y unió sus manos a modo de plegaria. ―Por favor, debes incluirme.
―¿Por qué debería? ¿Conoces a la persona que necesita la ayuda?
―Sí, por supuesto ―mentía―. Me dijo que debía pasar por aquí por pura burocracia.
―Entonces que venga por aquí y nos informe, ¿de acuerdo? ―A Gaia se le bajó la presión figurativamente. Aguantando la frustración, se echó los flequillos que caían sobre su frente hacia atrás.
―No puede venir. ―La recepcionista frunció el ceño. ―Es un sujeto ocupado.
―Lo que puedes hacer es hablar con la persona a la que le asignamos la quest y si quiere cedértela, perfecto.
―¿De quién se trata?
―Encontrarás a las personas asignadas en la sala que está por allá ―apuntó hacia otra sección―, por las máquinas dispensadoras. Eso colocó una de ellas como referencia.
―O sea que... ¿ya hay una segunda persona involucrada? ―La del servicio al cliente movió su cabeza de arriba hacia abajo, agregándole al dato que esa otra fémina era expert.
―Sí, será fácil que les ubiques porque una de ellas tiene un gomamon muy ocurrente. ―Comentó en medio de cortas carcajadas.

Sunmon y Gaia chocaron miradas bajo un mismo pensamiento. ¿Cuántos gomamon ocurrentes existían? ¿Cuántos gomamon había en el digimundo? ¡Una infinidad seguro! ¿Cuántos gomamon tenían a una mujer como tamer? Incalculable, ¿cierto? De repente, la medium empezó a experimentar cómo sus manos se tornaban rígidas. Gracias al llamado de su digimon, Shura volvió a la realidad, disculpándose de inmediato con la recepcionista.

―Debemos ir al encuentro de esa chica, rápido ―sugirió el de fuego.
―Vanya... ―las piernas de la peliblanca se petrificaron. ―¿No es ella, cierto?
―No lo sé ―por supuesto que él no lo sabía y Gaia lo sabía, valga la redundancia. Pero su digimon captó por qué le preguntó algo tan tonto a la vez que profundo―. Algún día tenía que pasar.
―Pudo suceder en un mejor escenario.
―Este es nuestro escenario ahora.
―No estoy lista.
―Nunca lo sabrás hasta que no lo descubras ―subió hasta su hombro para regalarle un mimo en su mejilla―. Ánimo.

Al entrar al salón dedicado para el encuentro de los tamers que fueran a trabajar en modo party, encontró a una muchacha sentada cerca de las máquinas; la recordó por ser la chica que casi le llevaba el brazo si no se movía a tiempo. Qué conveniente y qué casualidad, pensó la eslava. Por lo que alcanzó a escuchar mientras jugaba con sus rizos revueltos, se hallaba bastante entusiasmada por participar en una quest de esa índole por más peligrosa que sonase; wormmon sí parecía tener sus reservas al respecto.

―¿Escuchaste quién vendrá con nosotros? ¡No podemos quedar mal! ―Le agarró la cara a la oruga sin hacerle daño. ―Lottie ha contado maravillas de ella, así que es casi un honor. Por cierto, necesito buscar su blog sobre los risos y cómo mantenerlos impecables.
―¿Lottie? ―Preguntó sunmon a su tamer en susurro. Gaia no hizo ademán de decir o hacer nada.
―Quizás no esté hablando de Dylan.
―O quizás sí. ―Bebé y humana alcanzaron a ver la silueta de la rubia a una distancia considerable. ―¿Shura? Reacciona, va a voltear para acá.
―Sí ―la eslava ubicó un hueco detrás de una planta artificial enorme; se escondió ahí y sin mucho qué pensar buscó el espejo que le entregara Iván―. Creo que es momento.
―O puedes salir y enfrentarla.
―Sí, podría... si no tuviera que convencer a una desconocida de que me dé su lugar.
―¿Ya lo pensaste? ―Zaytseva levantó una ceja. ―Si esa chica te da su lugar, irás de quest con Dylan.


Tonight I'm gonna bury that horse in the ground

―No importa. ―Su corazón empezó a acelerarse al repasar con detenimiento lo dicho por su digimon. ―No importa... ―repitió como si quisiera convencerse de ello. ―No importa. ―¿A quién engañaba? En un impulso, Shura levantó el artefacto que cambiaría su apariencia por un tiempo. Su rostro, tal como lo conocía, fue difuminándose en el reflejo. Sus ojos pasaron a ser color púrpura, su cabello rojo y unas cuantas pecas aparecieron sobre sus pómulos. ―No importa si me importa. ―Resolvió, cual conclusión necesaria para ser honesta consigo misma. ―No se trata de... nosotras.
―Podrás hacerlo. ―La humana quiso sonreír. ―¿Qué tienes en mente?
―Esperaré a que salgan al encuentro con el cliente y ahí les abordaré y me uniré.


'Cause I like to keep my issues drawn
But it's always darkest before the dawn


Verwest Verwest :34:
 
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«A veces es una mirada en los ojos de la gente, hay una punzada, el olor a nervios. Es una especie de sexto sentido. Cuando tienes la corazonada de que algo inesperado va a suceder, lo sientes venir. Es espeluznante. ¿Qué puedes hacer al respecto?».

—Cuando me lancé al agua para sacar a Pall, tuve un presentimiento —continuaron charlando—. No se ha ido desde entonces —explicó, de aquello habían pasado semanas.
—Tengo de esos de vez en cuando —Lottie trató de ofrecer algún tipo de consuelo.
—Y, ¿qué es lo que haces?
—Si esperas lo suficiente, terminan pasando.


Cuando la recepcionista le sugirió que, ya sea capturaba a los criminales con vida para DS o los asesinaba, tomó el encargo sin pensarlo más y se marchó a donde encontraría a su compañero de trabajo.

Por los pasillos de la Central de Tamers de Star City se topó con algunos humanos y Digimon que querían un poco de su atención. Se colocó las gafas oscuras, levantó su mano izquierda en un saludo y esbozó una blanca sonrisa, de esas que iba aprendiendo a usar para no lucir antipática en las fotografías de los periódicos. A Gomamon le nació detenerse para charlar con algunos Numemon que decían ser sus fieles súbditos. Ella continuó adelante con Dexter sobre su hombro hasta alcanzar la máquina expendedora de aperitivos rápidos, colocó un par de bits y seleccionó el código de un paquete de gomas de mascar. Cuando se sentía inquieta o contrariada por pensamientos absurdos en su cabeza, masticar algo con sabor fresco le ayudaba a despejarse. «¿Por qué no te detienes y das un pequeño paso hacia atrás?». No podía regresar de aquella imaginaria línea roja. ¿Realmente quería regresar de la imaginaria línea roja? A veces creía que se estaba mejor en la indiferencia, porque desentenderse de sentimientos irracionales con los cuales no sabía lidiar era su nueva disciplina olímpica favorita, más que la natación, en serio. Se llevó una goma a la boca y se reagrupó con su otro Digimon antes de entrar a la sala de espera para Tamer avanzados.

En un asiento de plástico con respaldar muy incómodo y descansabrazos de metal, observó a una joven mujer de cara rechoncha. Sus prominentes colmillos se veían graciosos cuando sonreía para ella en un gesto muy genuino, casi inocente. No debía tener más de dieciocho años y su Wormmon estaba igual de emocionado por su presencia.

―¡Dylan y Gomamon! ―les saludó levantándose con un saltito. La rubia se desplomó muy cerca, con los brazos extendidos encima del respaldar de los asientos a cada lado y volvió a curvar los labios. Esa mueca tan artificial estaba comenzando a provocarle un ligero dolor en las mejillas.
―Hola ―respondió sin siquiera mirarle―, ¿eres Alice Cullen?
―¡Si! ¡Soy yo, soy yo! ―asintió tan eufórica que a Dylan le fue imposible no verle de reojo. Por instantes le recordó a una larga amiga perdida de cabellera rosada con detalles verdes― ¡Seré su compañera de equipo, estoy lista para esta Quest!
―Por favor escúchame, Alice ―Dylan se reincorporó adoptando una postura correcta en el asiento. Espalda derecha, cuello largo, piernas juntas. Gomamon reposaba sobre su regazo y Dex en su hombro―, discúlpame, pero no sé trabajar con otras personas ―lo dijo mientras se sacaba la goma de mascar de la boca y la envolvía en su papel original, después la lanzó con una puntería perfecta al basurero más cercano. El semblante y los ánimos enteros de Alice y Wormmon decayeron un poco.
―Pero, ¿por qué dices eso? ¡Te vi enfrentar una horda de Gesomon con tus amigos! ―protestó la joven― ¡La señorita Lottie lo hizo genial! Y esos dos chicos básicos, no recuerdo sus nombres, pero lo hicieron bien también. ¿La señorita Lottie está con alguno de ustedes?
Bist du in sie verliebt? ―contrapuso ante esa descolocada pregunta. Alice y su cara de póker le hicieron saber que no entendía el alemán. Gracias a Ygg, pues detestaría tener que disculparse por una rudeza salida de sus mismísimas entrañas.
―Humana, por supuesto que lo hicieron bien ―habló Gomamon―, son los Caballeros de la Orden del Rey Gomamon.
―¡Claro que sí, señor Gomamon! ―Wormmon aplaudió con sus cortos brazos para enaltecer el ego del acuático.
―Rey Gomamon ―corrigió.
―Su alteza ―puntualizó la oruga.
―Alice, permíteme recular en mis palabras ―la alemana se llevó una mano a la barbilla―: no sé cómo trabajar con personas desconocidas.

Era una pésima mentirosa, cualquiera podría determinarlo por la forma en la cual rebotaba su mirada sin poder enfocar algo fijo. Pero por fortuna llevaba puestos sus armazones Digi-Ray-Ban con cristal blindado contra cualquier refutación. Por si fuera poco, se levantó con Gomamon bajo el brazo antes de que Alice continuase insistiendo. Le prometió que colocaría su nombre en el nuevo sorteo de Satan patrocinado por Digi-Cover Girl a modo de compensación y se marchó sin titubear. Al alcanzar el marco de salida, notó algo extraño que llamó su atención sin explicación sensata, tal cual metal bajo efecto magnetismo: junto a otras máquinas expendedoras y detrás de un macetero con ramas antiestéticas se escondía una chica de cabellera rojiza y ojos púrpura. Le estaba mirando, así que encogió los ojos y recurrió una vez más a su sonrisa ficticia. Hola molesto dolor de mejillas.


[...]


Esa era su Quest, únicamente suya. Se trataba de una oportunidad perfecta para vaciar sus instintos más primitivos y demostrarse a sí misma que era más fuerte y valiente de lo que había sido jamás. Odiaría romper una promesa, a pesar de que la persona a quien se la hiciera no le importase más ni su palabra ni cualquier otra cosa acerca de ella, en absoluto. A un par de bloques para llegar al edificio en donde se reuniría con el líder de White Tiger en pro de recopilar información, se dio cuenta de que Alice Cullen podía ser tan terca como una burra irlandesa; la chica les seguía por la avenida hacia abajo y con bifurcaciones incluidas. Sencillamente inquietante. Dobló en otra calle intentando perderle y al lado de una banqueta decorada con baldosas de color blanco, se llevó la segunda goma de mascar a la boca, luego se arrodilló frente a su Digimon. En la punta de su lengua contenía algo muy importante que tenía para decirle.

―Gomamon ―al digital le sorprendió que su Tamer le tomara de los hombros para obligarle a mirarse―, tal vez tengamos que asesinar a esos enemigos, pero eso no significa que somos malos.
―¡¿Dylan?! ―las pupilas de Gomamon se volvieron temblorosas, presas del pánico―. Nosotros no asesinamos Digimon, tampoco a personas.
―Lo haremos si debemos hacerlo porque es una orden de Digital Security ―la rubia peinó sus cabellos―. Tú y yo siempre seremos Dylan y Gomamon ―una minúscula curvatura se hizo evidente en sus labios, era tan corta que a Gomamon le fue fácil catalogarla como una auténtica―, nada de lo que suceda va a cambiar eso nunca ―de manera paulatina sus garras se fueron destensando para acabar en un suspiro, aunque su entrecejo seguía un poco arrugado. Dexter escondido detrás del cuello de su Tamer le miraba con sus enormes ojos como si sintiera un poco de compasión por él, hasta que decidió desviar su atención a algo más interesante.
―Si la situación lo amerita, entonces estará bien, Dyl.

El acuático cedió, no había resistencia suficiente en el universo que pudiera utilizar para oponerse a los deseos de la alemana. Le miró con ojos tan brillantes como un par de estrellas y Dylan se levantó sin poder mirarle de vuelta, porque Dex le abandonó sin su consentimiento para correr hacia un callejón de muy mal aspecto. Su atípica actitud disparó todas alarmas. La humana y Gomamon fueron a su encuentro temiendo por su seguridad y al doblar por la línea sin salida, Dylan se preocupó por cómo lo descubrió en los brazos de la mujer pelirroja que avisara en la Central de Tamers: Dexter se frotaba contra su pecho y reía muy contento, disfrutando de su presencia, y la chica no parecía estarla pasando peor. Al Baby siempre le había cautivado la compañía de los más misteriosos desconocidos, pero en aquellos instantes a Dylan le pareció que se comportaba en exceso efusivo. Se sobresaltó también por lo obvio de que la chica venía siguiéndoles. Ya podía ser una excelente amiga de Alice Cullen, pensó, pues parecían compartir un gusto por las mismas aficiones. Respiró hondo ganando valor, se reacomodó las gafas y caminó decidida con el Digivice en alto para capturar en él al insubordinado Baby.

―Gai... ―la frase de Dexter murió ahi. La pelirroja pasó del desencanto a la sorpresa cuando desapareció y la rubia apareció en su lugar, acercándose demasiado a ella.
―Tranquila, soy yo ―anunció Dylan con sonrisita falsa incluida. Se recargó de lado en una pared y se dedicó a observar despreocupadamente a la mujer acosadora y a su Sunmon, que reposaba sobre su hombro derecho―. Blasfemia, soy yo ―repitió en voz baja. Por un momento percibió que la pelirroja se relajaba y le permitía avanzar todavía más hacia ella. Dio un solo paso y enarcó una de sus cejas―. Soy yo, la chica en los periódicos, Dylan Tanneberger ―rodó los ojos algo cansada de ese numerito indulgente cada vez que alguien les abordaba con insistencia. Benditas gafas preventivas―. ¿Quieres charlar conmigo o quieres una fotografía con mi heroico Digimon? ―fue directa, esforzándose en no sonar brusca, pero quizá no lo consiguió ya que la mujer se quedó tiesa como sumergida en alguna especie de trance.
―Súbditos, para concederles el retrato más digno de todos necesitamos captar más luz ―dijo Gomamon algo preocupado porque aquel callejón sin salida no le iba a otorgar un buen enfoque ni a la mejor de todas las cámaras en Digital World. Anduvo por el sitio buscando la inclinación perfecta y la encontró al ras de la calle con la espalda hacia los demás, cogiendo los rayos de sol justo en su rostro.
―Por favor, decide rápido lo que quieres y así podemos superarlo ―insistió Tanneberger a la pelirroja.
―¿Por qué no lo decides tu por mí? ―le respondió finalmente la mujer con una frialdad que le congeló los tímpanos―. Eres muy buena para eso ―quizá si no se hubiese empeñado tanto en olvidar esa voz, sabría por qué la encontraba incómoda y por qué sentía un raro acelerón en el pecho.
―Temperamento ―determinó, revolviéndose un poco nerviosa―; adoro eso en extraños ―lo soltó con una media sonrisa burlona. Se deshizo de la goma de mascar y alzó la cabeza sin descomponer su disfraz ni un segundo―. Si no quieres algo de mí, entonces quieres algo de Lottie. Dime tu nombre y lo colocaré en su nuevo sorteo.

Se fue un minuto en el cual la extraña y su Sunmon decidieron comportarse como seres inanimados, Dylan se cruzó de brazos y suspiró resignada.

―¿Sabes algo? ―se acercó al oído de la pelirroja y la sintió temblar un poco―. Es imposible complacer a todos y mantenerte fiel a ti mismo. Auf Wiedersehen ―dijo adiós para poner en acción la operación huida, su favorita, pero a medio proceder tropezó con nuevas palabras:
―Despedirse antes de marcharse ―Sunmon habló porque su Tamer batallaba con algo en la garganta―; nosotros también adoramos eso en los no tan extraños ―la rubia les dedicó una última mirada, pero no regresó en sus pasos y continuó hacia el edificio de White Tiger con Gomamon sobre la espalda.
―Dyl. ¿quiénes son esos seres inferiores?
―Reporteros del Tengu, seguro.



Bishamon Bishamon
 
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I was lightning before the thunder
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Solo cuando dejó de ver su espalda, Sasha pudo sentirse en libertad de soltar el aire comprimido en su pecho. Hacía mucho tiempo que no experimentaba una sensación como esa: que le oprimiera las entrañas, le revolviera el estómago, le hiciera temblar las piernas y acelerara su corazón al grado de creer que se le saldría por la boca. Agradeció a su propia fortaleza no haber titubeado, tampoco el haber desviado la mirada de aquellos esmeraldas ocultos... Vaya, que no había sido producto de su voluntad y nada más. Debía agradecerle a los lentes oscuros de DTB.

―Dylan está muy extraña. ―La humana no respondió a su digimon porque no tenía nada que decir; estaba de acuerdo con él. ―Parece que ha estado lidiando con mucha gente desde que se fuera. ― “Así parece. Luce fastidiada, pero... más dispuesta a aceptar su destino. Al menos no huye desde que puede. No, sí lo hace. Solo que ha aprendido a convivir mejor con la realidad de su trayectoria”, reflexionó la modelo no pudiendo sentirse satisfecha al evidenciar ese nuevo “aprendizaje” de la rubia. ―Pero no me gustó su actitud hacia ti. ¿Acaso le hiciste algo para que se comporte así?
―Recuerda que no puede reconocerme. ―A pesar de tener razón, lo dicho por su digimon se quedó rebotando en su cabeza. Su corazón amenazó con hacerse pequeño.
―¿Acaso va por la vida tratando así a la gente? ―Gaia le dedicó una sonrisa amarga.
―Debe estar agotada ―decía mientras le daba mimos reconfortantes―. Dylan no es así. ―¿Sonó convencida o quería convencerse? Tragó en seco y respiró hondo, no tardando en liberar la presión en su pecho al exhalar. ―Miy Dylan ne takyy.

Gaia bajó la mirada un poco. Casi arrastrando sus pies se detuvo al borde de la pared de aquel callejón descuidado. Desde allí podrían ver hacia el edificio sede de los White Tiger, por ende no perder el rastro de la germana y su entrañable compañero que no parecía cambiar, por más que el tiempo le pasara por encima.

―Gracias a esa actitud, no pudo descubrir mi identidad. ―Concluyó con que era mejor encontrar lo positivo detrás de ese comportamiento.
―Dex podría ser un problema. ―Shura sonrió; el pequeñajo de pelo morado le hizo sentir mucha nostalgia, añoranza. Extrañaba verle corretear por ahí y seguro que a Taras también le hacía falta. A él no podía hacerle responsable de nada, porque saber que continuaba siendo ingenuo y puro le transmitía calma al corazón de la eslava. ―Y su majestad sigue siendo el mismo crédulo respecto a su posición en este mundo y en los otros infinitos existentes.
―Es cierto. ―Empezó a caminar rumbo al edificio de la guild. ―Debe estar muy contento de estar aquí.
―Lejos de nosotros. ―¿Acaso lo que Zaytseva captara en esa frase, por ese tono, fue un poquito de tristeza? Era imposible no acostumbrarse a esa personalidad fanfarrona y egocéntrica. Aunque nunca le cayera en gracia, ni pareciera ser digna para su adorada tamer, Gaia no dejó de demostrarle que se equivocaba sobre su percepción para con ella; igual ya no importaba más si lo consiguió o si empeoró. Ya no había más nada que probar. ―Shura ―la fémina levantó la mirada justo al llamado de su mejor amigo, visualizando a la jovencita del wormmon trotar hacia la misma estructura a la que entrara Tanneberger―, no parece que vaya a darse por vencida tan fácil.

Justamente algo sonó dentro del bolso de Alice que le llevara a detenerse en la zona de descanso, tras subir los primeros diez peldaños de una ancha escalera. A la ucraniana no le molestó dejarse ver por ella, mas poco tenía de que preocuparse al respecto; Cullen estaba más pendiente de revisar su D-Terminal y acallar a los que, según ella, estaban perturbándole con tantos mensajes inútiles. Para disimular, Gaia fingió estar revisando el suyo. Había tomado asiento en uno de los escalones. Mientras tanto, el bebé en su hombro detallaba todo el rededor.

Por el otro lado de la acera aparecieron dos sujetos con el rostro cubierto a medias. Gaia extrajo un espejo de mano (no el que usara para transformarse), le posicionó en un ángulo que le facilitara la vista, de esa forma sunmon no se vería tan indiscreto en su labor. Uno de los muchachos chocó de hombros con Alice, quien enseguida le baleara una represalia por su pesado proceder. Ese que se atravesara en su camino le dedicó una mirada sumamente seria; tampoco perdió la oportunidad de verle de cabeza a pies.

―¡¿Qué me ves, estúpido?! ―Cullen encerró su mano izquierda, formando un puño.

Se sacudió la ropa y apresuró sus pasos retomando su objetivo: encontrar a Tanneberger e insistir en dejarla ir con ella y el increíble gomamon. Moría por la aprobación de dos personajes reconocidos, sobre todo “bendecidos” por su influencer favorita.

En la recepción no había nadie. Había un cubículo que daba alusión a que en algún momento alguien (digimon o humano) aparecería para tomar la identificación de los visitantes. Sasha solo alcanzó a ver las piernas de la adolescente en su ascenso a los pisos superiores; Alice iba vociferando el nombre de la tamer del ególatra.

Y de un segundo a otro, la voz de la jovencita quedó totalmente aplacada por el ruido de la destrucción.


Momentos antes

La mente de Dylan no paraba de repetir la corta conversación que sostuviera con la pelirroja y lo que, raudo, comentara el digimon de esta. Era un molesto caset mental, peor que un disco rayado. Encima, se agregaba a esa lista, la desconcertante actitud de Dex. Algo insistía en su interior que debía regresar por el mismo camino que hubiera recorrido, plantar cara al par de desconocidos, pero no para cuestionarles; quería resolver lo que se estuviera trabajando dentro de sí sin su consentimiento.

El insistente llamado de gomamon irrumpió en su consciencia, ni siquiera siendo lo primero el que le escuchara con claridad. Sus ojos verdes repararon en la ausencia de quien estuviera a cargo de recibir a las personas y digimon en el edificio, que quisiesen encontrarse con los integrantes de la guild. La heroína levantó la cabeza y por inercia contó los pisos que compusieran aquella estructura. Un golpe de pereza le atacó sin piedad, una que por suerte conseguía revertir con ayuda de una bofetada mental.

―Qué falta de respeto que no haya nadie para recibir al rey. ―La voz de la foca iba diluyéndose a la distancia.
―Debe haber alguien en la oficina principal. ―DTB presionó el botón del ascensor, que por suerte estaba en su mismo piso.
―¿Y sabes dónde se encuentra? ―La rubia se quedó con la mano en el aire, para entonces las compuertas se habían cerrado. ―Según las películas que he visto, los seres inferiores tienen sus oficinas en lo más alto. ―Eso tuvo sentido para la germana. Presionó el último número. ―¿Sabes por qué es así, Dyl? ¡Es porque se sienten inferiores! ―No le había dado tiempo a su tamer de pensar en una posible respuesta no tan evidente. De todos modos, no tenía cabeza para acertijos.

Lo primero que hicieran fue escudriñar el rededor en busca de “ayuda” para orientarse.

―Dyl, estoy empezando a creer que nos dieron una dirección equivocada. ―Gomamon bajó del hombro de la rubia con la intención de buscar en espacios distintos a los que ella revisaría.

A pesar de que no hubiera un alma por allí, debían admitir que se molestaron en dejar cada habitación en perfecto estado; impecable. DTB movió sus pies hasta el centro de lo que fuese la zona de descanso, próxima al balcón que le permitiera echar un vistazo hacia abajo. Consideró hacerlo, mas el silencio era tan apabullante que el llamado de cierta chica retumbó en sus oídos, como si la tuviera muy cerca.

Tanneberger rechazó la idea de dejarse ver.

―¿Quién es esa que te llama, Dyl? ―La aludida no culpaba a su digimon si es que hubo borrado de su mente a la fanática de la Central.
―No debe encontrarnos.
―Pero, ¿y si es una fiel seguidora de... ―Dylan le pidió que hiciera silencio. Al tomarlo en brazos se encargó de explicarle las razones de por qué era mejor mantenerla fuera de aquella quest; nada que estuviera relacionado a sus verdaderos propósitos. ―Entiendo. ¿Se trata de esa chica con su lamentero wormmon? ―La humana no quería asentir y que su mejor amigo diera por sentado de que a la oruga le encajaba ese adjetivo, pero restó importancia y lo hizo.

Que el ascensor emitiera su típico sonido al llegar a su “parada” de turno disparó la alarma de la alemana. Gomamon se encargó de confirmar lo que ya supusiera, así que le tomó en brazos y buscó el primer escondite que creyó le protegería. Lástima que la heroína únicamente considerara a la escandalosa de Alice como una amenaza, pues los que arribaron a su mismo piso fueron los sujetos que avistara Zaytseva.

Los dos extrajeron su digivice de un bolsillo, liberando a un par de hawkmon (uno de cada aparato). Uno de ellos digievolucionó a evilmon y el otro a cockatrimon; agarraron ubicaciones opuestas y sin reparo empezaron a destruir todo lo que estuviera al alcance de sus ojos. El adulto que se asemejaba a un gallo mezclado con pavo batió sus alas, enviando ondas cortantes de viento hacia las oficinas. Los cristales de cada ventana y cada división de las distintas habitaciones se volvieron añicos; salían esparcidas cuales mini proyectiles.

Dylan y gomamon consiguieron apartarse del punto del siniestro, mas empezaron a sentirse acorralados al llegar al final del pasillo; si se ocultaban dentro de alguna oficina, seguramente terminarían destrozados. El acuático yacía desesperado al no poder hacer demasiado, mas no hablar en voz alta era suficiente para su tamer.

Evilmon destruía las paredes con sus garras; en cuestión de nada, el último piso amenazaba con desplomarse y así hasta recrear un efecto dominó en vertical.

Gaia se colocó detrás de una enorme columna desde el primer segundo de la inesperada emboscada. Su corazón latía enloquecido al no saber nada de DTB. La situación empeoró al escuchar el crujir de distintos puntos “clave” que servían de andamio para la estructura. Si no salían de allí cuanto antes...

Shura estuvo a punto de gritar el nombre de quien fuere su pareja.

Sin embargo, cockatrimon se había lanzado hacia el primer piso. Que lo hiciera tan natural, daba a entender que no consideraba ciertas alturas como un problema que entorpeciera su aterrizaje. Bajo sus pies se hizo un cráter. Encima de su lomo yacía su tamer con la mirada puesta en lo más lejano sobre su cabeza: una decoración creada en base de fino cristal; una de las piezas favoritas del líder de White Tiger.

―Destrúyelo.
―¡Feather Cutter! ―bramó el ave gigante, disparando su cresta directo a la delicada pieza de arte que cubría parte del techo.
―No faltará mucho para que el edificio caiga. ―advirtió el otro hombre al ponerse al lado de su compañero, sobre el digimon restante.

La pieza metálica atravesó el cielorraso, volviendo polvo lo que alguna vez fuera digno de admirar. Cual boomerang realizó su recorrido de retorno, debilitando parte de lo que ya estuviera maltratado. Los desconocidos iniciaron la retirada bastante confiados de haber conseguido su objetivo. Y justo al abandonar la sede, un lateral se desplomó.

El suelo del lobby yacía bañado en trozos de cristal y escombros de finos materiales empleados en la construcción. Gaia se ubicó en el medio, tratando de encontrar a las féminas con la mirada.

―Tendrás que evolucionar, Vanya. ―Sasha empuñó su digivice. ―Gomamon no podría hacerlo con el edificio en este estado. ―Sunmon no cuestionaría la decisión de su humana, considerando que lo que hubiera correspondido era perseguir a los irruptores. Tras transformarse en coronamon, se convirtió en firamon y con su tamer sobre sí alzó vuelo. ―¡Dylan!

La germana se aferraba a una pared que quedara atascada en el proceso de derrumbe; el espacio que le quedara entre los escombros le permitiría salir, mas tenía las extremidades lastimadas por haber protegido a gomamon. Fue el child acuático quien respondiera primero al llamado de Gaia, procurando que su querida tamer estuviera en sus cinco sentidos. Si hacía un movimiento brusco terminaría aplicando la última gota de fuerza para caer al vacío. Más de la mitad del suelo de aquel nivel yacía inclinado.

―¡¡Dyl, despierta!! ¡¡Dyl!! ―Los lentes de la germana se encontraban ligeramente torcidos. Uno de sus ojos quedaba a medias a la vista. Lo primero que enfocara la rubia fue la mano de la pelirroja; de a momentos su visión se tornaba doble. No obstante, se esforzó por mantenerla estable.

Por alguna razón, DTB se sintió atraída por los ojos de la otra fémina.

―Toma mi mano, ¡rápido! ―Gaia llevaba poco más de diez segundos insistiendo en lo mismo, mas fue en el enésimo intento que la heroína asumió la petición como un mandato. Extendió el brazo que tuviera asequible, agarró esa mano con fuerza y una chispa maldita les hizo erizar hasta la hebra más corta de sus cabezas.

Inevitablemente, lo que alguna vez fue un bonito pasillo, se derrumbó. Firamon prácticamente atrapó a la germana a falta de destreza para subir en su lomo, lo que distaba de la realidad: tanto ella como Shura perdieron fuerza debido a la extraña sensación que experimentaron. Gomamon quedó un poco aplastado, posición que no le molestaba si se trataba de su adorada persona favorita.

―¡¡Ayuda!! ¡Por favor, estamos aquí! ―Gaia y Firamon dedujeron la procedencia del llamado, y solo cuando Tanneberger consiguiera acomodarse (sentarse correctamente), puso nombre a la dueña de esa voz. La peliblanca igual lo sospechaba.

Un extraño sonido, que les disparó todas las alarmas de más peligro, sumió a los protagonistas en una encrucijada. Los pisos afectados continuaban deteriorándose, debilitando los cimientos a cuenta gotas desesperantes.

―Dylan ―le llamó el de pelos naranjas―, ¿y si congelamos el edificio? Ya lo hemos hecho antes. ―La germana detalló la planta más baja y le comparó con los pisos superiores a punto de ceder a la gravedad. Alice Cullen yacía en uno de los que quedarían aplastados si terminaba de caer.
―Es una buena idea. ―DTB sintió otro escalofrío producto de la voz de su acompañante; estaban cerca al estar sobre el león ígneo, la rubia delante de ella. Fue como si le hubiera hablado al oído. ―Todavía queda espacio allá abajo.
―Muy bien, hagámoslo. ―La expert mostró su iC toda vez firamon descendiera. La foca se transformó en ikkakumon, que por suerte no tenía la altura suficiente para causar estragos. ―Deberían salir de aquí. ―dijo Dylan al bajar del alado, consternando al otro par. ―Yo puedo encargarme de todo. ―Intentó acomodarse los lentes, pero al ver que continuaban torcidos sintió un enorme fastidio. Su desahogo fue un improperio en alemán.
―No nos iremos. ―Sentenció el de fuego. ―Sin nuestra ayuda, seguirías atrapada.
―Muchas gracias por salvarnos, en serio. ―Fue cortante al decirlo. ―Consideraré el “stalkeo” como algo no tan malo a partir de ahora. ―Firamon estaba listo para contestar, empero su tamer le silenció a destiempo. ―¡Vamos, ikkakumon!

El digital marino desprendió un aura sumamente fría que comenzó a escarchar la estructura, hasta volverse una capa de hielo resistente. El efecto no duraría demasiado, así que Tanneberger escaló por la espalda de su amigo a toda prisa. No parecía que le dolieran los brazos.

Entre tanto, lo que estuviera sucediendo en el exterior se transformó en bullicio. Gaia pidió a Vanya que no perdiera de vista a la alemana, mientras ella se encargaría de los curiosos y de los inspectores de seguridad. Los residentes de edificios colindantes temían que la sede de los White Tiger se desplomara encima de sus propiedades; fue increíble verles angustiados por bienes materiales y no por sus vidas.

Reporteros del Tengu luchaban contra la multitud por el afán de tener una corta entrevista con la Shura transformada, no obstante, parte superior del edificio cayó en su interior. Gaia contuvo la respiración.

―¿Hay personas y digitales adentro? ―Preguntaba una chica que no dejaba de insistir al acercar su micrófono a la modelo. Pero Zaytseva no estaba concentrada en esas cosas.
―Permiso, somos los del Digital Security. ¡A un lado! ―Exigió alguien vestido de uniforme. ―¿Qué ha sucedido aquí? ―Muchos señalaron a la pelirroja; algunos murmuraban.

[…]

Gomamon había regresado a su forma child para evitar que los pedazos de cemento le lastimaran. Para entonces, Dylan había conseguido colarse en el piso objetivo. Lentamente, sobre sus rodillas y manos, avanzó hacia la voz llorosa de la chica. Alice se hallaba paralizada en una esquina, vuelta un ovillo y con wormmon entre sus brazos.

―Tienes que salir, despacio. ―DTB intentó mover lo que hiciese que el único hueco de salida se viera angosto. ―Si toco algo, temo que todo se caiga.
―Vamos a morir… ―lloraba. ―Solo quería demostrarte que era capaz, Dylan ―expresó entre jipíos la más joven.
―Blasfemia. ―susurró. ―¡Demuéstreme que no te rendirás! ¡Ven conmigo!

Alice vio su mano algo borrosa por las lágrimas.

[...]

―A ver si comprendí: unos sujetos llegaron de repente, liberaron a sus digimon y causaron el desastre, ¿correcto? ―Dylan y Gaia asintieron. Era la quinta vez que les preguntaban lo mismo, la segunda estando sentadas en la misma habitación. Al principio fueron interrogadas por separado, y la historia parecía tener sentido si se tomaba la versión de la ucraniana primero y la de DTB para el cierre. La descripción de los sospechosos coincidía, incluso con la corta versión de Cullen.
―Se quedarán un rato por aquí y luego podrán marcharse ―les informó alguien más del personal de seguridad.

Las tres yacían en una sala de espera del edificio perteneciente a Digital Security, situación bochornosa que no se hallaba en el itinerario de las más adultas. A Dylan le vendaron los brazos, sus lentes pasaron a convertirse en juguete anti estrés; Sasha y sunmon corrieron con suerte de no ser descubiertos. Cuando DTB, Alice y wormmon se ubicaron próximos al balcón malogrado, firamon se encargó de ayudarles a bajar a tiempo. Fue relativamente sencillo aprovecharse de la multitud para que Vanya retomara su forma child y finalmente su etapa bebé.

Gaia agradeció a su mejor amigo por haber ayudado a su persona favorita. No cabía en su comprensión las razones que motivaran a la heroína a ser como era ahora… así que todo lo que hiciese en beneficio de ella, no sería más que en beneficio de su propia tamer. Era lo que Shura quería y no era quién para cuestionarlo.

Alice se había dormido tras consumir un tranquilizante. Sus nervios se estaban volviendo incontrolables.

―Toc toc, tienen visita. ―Las humanas fruncieron el ceño. Por un instante compartieron miradas, rompiendo el contacto cual arrebato de un dulce a un niño.

Un digital peludo, amarillo y de rasgos felinos se abrió paso con toda la confianza del universo. Al verse a solas con las humanas y sus digimon, cerró la puerta. Puso el pestillo, procurando no hacer ruido. Sus orbes rasgados ladearon entre una tamer y otra, y no fue hasta que una sonrisa socarrona apareciera que optara por acercárseles.

―Entonces sí destruyeron la sede.
―¿Quién eres? Ser inferior. ―Gomamon tensó sus garras. No le daba buena espina. ―Para tu información, nosotros no destruimos ninguna sede. Unos delincuentes que osaron destruirme, lo hicieron. ―El gatuno rio entre dientes.
―No iban por ti. ―Las humanas entrecerraron los ojos. ―El plan funcionó.
―¿Qué plan? ¿El ataque al edificio fue planeado? ―Gaia se puso en pie.
―Sí ―todos se sobresaltaron―. Y tenemos que irnos. Los de seguridad no nos dejarán en paz. ―Echó un vistazo hacia la puerta con evidente molestia. El felino ignoraba olímpicamente el desconcierto del resto. ―Mi tamer, el líder de los honorables White Tiger, lo planeó todo.
―Nos pudo haber matado.
―Ser inferior, tu tamer es un inepto. Puso en riesgo la vida de mi querida Dyl.
―¿Y murió? ―La foca se sintió contrariado. ―Entonces funcionó. ¡Ahora salgamos de este sitio! ―Se aproximó a la ventana. ―Soy meicoomon, por cierto. Y tenemos una venganza que llevar a cabo.


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A Twisted le costó un poco de trabajo colocar su atención en lo que Meicoomon decía. Le aquejaba un leve hormigueo en los brazos, así que tal cual niño pequeño paseó su mirada por la mesa en la que estaban sentados para buscar algún objeto alargado y puntiagudo para rascarse por debajo de las vendas. Un bolígrafo le habría venido de maravilla, pero el oficial de Digital Security se había llevado con él las carpetas de investigación, hojas y demás accesorios. Suspiró apesadumbrada.

―Dylan, debemos irnos ―le dijo la pelirroja. Gomamon, Sunmon y Meicoomon cruzaban la puerta mientras ella seguía ahí, en busca de la cura contra su malestar. Y así como si nada, el hormigueo en los brazos se extendió hasta su espalda baja y subió sacudiendo toda su médula ósea.

Desde que le escuchase hablar por primera ocasión, la rubia experimentaba cosas extrañas con la voz de aquella chica. Era como si su cuerpo la reconociera inconscientemente y le enviara señales con un desfibrador a máxima potencia en el cerebro, avivando cada una de sus terminaciones nerviosas. Las señales gritaban peligro, de eso no cabía ninguna duda. Se sentía incómoda cada vez que sus hombros o sus caderas rozaban accidentalmente debido a la reducida distancia entre sus asientos. ¿Quién era esa mujer? Dos o tres ocasiones intentó reconocerle mirándole a la cara, pero cuando esta le miraba de vuelta sin vacilar y las miradas se prolongaban más del tiempo socialmente establecido para algo sin importancia, un nudo se apretaba muy fuerte en su garganta, la sangre le bombeaba más rápido y todo se volvía confuso, muy confuso. Tanneberger terminaba apartando el rostro porque no necesitaba que la extraña creyera que tenía intenciones particulares con ella o problemas de autismo.

Cuando le vio avanzar dos pasos hacia la salida, un impulso hizo que le tomara de la muñeca para detenerle y luego hacerle volver a ella. Con tan poca luz natural, por instantes le pareció que aquellos ojos de color púrpura se tornaban azules.

―Espera ―dijo lidiando con corazonadas inquietantes, sus dedos en la palma de la mano de la extraña liberaban pequeñas descargas eléctricas―, ¿podemos hablar? ―la pelirroja asintió sin muchas ganas y se sentó otra vez. Ella tuvo que recorrerse para que ambas quedasen de frente sin que sus piernas chocasen y que eso no provocara otra demora en sus dispersos pensamientos.
―Mejor que sea rápido ―le pidió la mujer, su voz volvió a reverberarle los tímpanos. Sacudió la cabeza con discreción y entonó una sonrisilla artificial.
―No te debo nada, ¿cierto? ―vio a la extraña enarcar una de sus cejas y supo que debía ampliar el contexto―. Aunque aprecio tu oportuna intervención, no pedí tu ayuda ―moduló la voz para sonar más grave y la sonrisilla se esfumó antes de aseverar―: no te pedí que me salvaras ―el desconcierto en la chica contrastó con su semblante flemático.
―¿Dices que debí dejarte morir? ―preguntó con escepticismo.
―No iba a morir en esa absurda situación, blasfemia.
―A mí me pareció lo contrario.
―¿De verdad?

Ambas murmuraban para no traer a Alice y Wormmon del mundo de los sueños y para que los Digimon no reparasen en su charla, la cual se convertiría en una discusión si no cerraban el tópico pronto. Para más inri, la comezón en los brazos de la rubia volvía en cantidades dadivosas. Se restregó con las manos por encima de las vendas y continuó hablando.

―¿Hay algo más tenaz que la ingenuidad? ¿Mas ciego que la inexperiencia? ―intentó forzar otra sonrisa bastante cínica―. ¿Quién eres? ―soltó al fin la incógnita, afrontando el hecho de que en sus recuerdos no encontraría la respuesta. La extraña agachó un poco la cabeza como si sopesara imitar la testarudez de su memoria y ella aprovechó para acercase a su oído―. No estabas en ese lugar por accidente. Dilo de una vez, ¿qué es lo que quieres de mí? ¿Qué buscas? Si no contestas por las buenas, te forzaré a hacerlo ―con la insistente petición, la mujer recapacitó y levantó la barbilla mostrando unos brillantes ojos que de púrpura ya no tenían nada. Si las palabras que salieran de su boca no hubiesen sido tan chocantes, Tanneberger lo habría notado:
―Tú no eres así.

La sonrisa álgida desapareció tan brusco como una casa de papel destruida por un ciclón. Tanneberger se echó hacia atrás mientras unas pequeñas gotas de sudor muy frío bajaban por su espalda. ¿Que ella no era así? Ahora estaba totalmente convencida de que conocía a la extraña, aunque no pudiese recordarla. La cuestión requería un escrutinio universal de su parte. Iba a decir algo, aún no sabía el qué, pero no le dio tiempo de descubrirlo cuando volvió a ver a la mujer a la cara y algo más captó su interés: era un mechón de cabello dorado, después blanquecino. Todos los rizos de la pelirroja se estaban deshaciendo.

Dylan lo señaló creyendo que se trataría de una mancha. Levantó su mano dudosa, después firme para atender a la mujer. Cuando tuvo el mechón desigual entre sus dedos y lo extendió en el aire, ambas lo miraron con mucho asombro.

La ex pelirroja se levantó con prisa y salió de la habitación dejándole totalmente aturdida. Su instinto le dijo que debía seguirle así que se recompuso rápido, abandonó a Alice y a Wormmon y avanzó topándose con un pequeño bullicio afuera.

―Dyl, ese gato fantoche y su Tamer son fieles seguidores del Rey del Digimundo ―anunció Gomamon con una mezcla de orgullo y alegría― ¡Bah! ¿Quién no podría serlo?
―Dylan Tanneberger o Twisted, es un gusto conocerte al fin, mi nombre es Lee Khan, líder de White Tiger ―el chico de veinte años y finos rasgos asiáticos que se presentó ante ella le cortó el paso―. Será un honor trabajar contigo.
―El gusto es mío ―respondió sin pensarlo, sin siquiera mirarle e intentando sortearle―. Disculpa, regreso en un segundo.

Lee Khan se quedó estático viéndole caminar apresurada por el largo del pasillo, Gomamon no iría tras ella porque se dirigía a una puerta que contaba con el logotipo de baños para chicas. El digital siempre había sido respetuoso de ese lugar privado para humanas de género femenino.

Tan sólo entrar Tanneberger al lugar, ese presentimiento acerca de que algo inesperado iba a suceder por fin pasó. Por Ygg, lo estuvo esperando durante semanas. Algo intangible le golpeó en el pecho y le dejó sin aire. Ella era del tipo de persona a la que no le gustaban las sorpresas, porque las situaciones más difíciles siempre son las que nos toman desprevenidos. Cuando no tenemos tiempo de idear una estrategia, tiempo para elegir un bando o para medir las posibles pérdidas. Cuando eso sucede, cuando la batalla nos elige a nosotros y no viceversa, es cuando el dolor puede resultar más de lo que podemos soportar.

La extraña, que ya no lucía tan extraña frente a los lavabos con una cabellera grisácea a la altura de los hombros, pupilas del mismo color y figura de arquetipo de industria de la moda, le llamó por su nombre. Parecía realmente angustiada. Ella no se movió ni un solo centímetro.

A Dylan le constaba lo que era estar viva y también lo que era estar muerta, y lo actual no se asemejaba en nada a ninguna de las anteriores. La sensación de estar petrificada y con un corazón insubordinado que se negaba a seguir el cauce natural de sus latidos debía ser una especie de borde entre ambas. Necesitaba un antihipertensivo con urgencia.

―Blasfemia ―alcanzó a responder bisbiseando.

Dex salió a la fuerza de su digivice saltando para encontrarse con Zaytseva y Sunmon, entonces pudo regresar del limbo para huir con más prisa que nunca. Encontró a Gomamon, lo tomó entre sus brazos sin dar explicaciones y continuó hasta una sala común en el centro de la estación de DS. Lee Khan y Meicoomon venían detrás de ellos. Viró a la derecha, a la izquierda, regresó andando en círculos muy rápido; la verdad es que no recordaba el camino para salir del sitio.

―Dyl, ¿qué sucede? ―le preguntó Gomamon detectando el repentino cambio en su comportamiento.
―Debemos irnos ―respondió ella como un autómata―, debemos irnos ―el estómago, su cabeza entera le daba vueltas.

«El ataque a un edificio en el centro de Star City por dos miembros de la infame Guild ‘Black Serpent’, ha provocado un efecto dominó en las inmediaciones. Las estructuras de inmuebles aledaños, viviendas y comercios están trastocadas y sus habitantes deberán ser evacuados para evaluar a fondo el verdadero alcance de los daños. El saldo inmaterial hasta ahora es de tres humanos heridos, cuatro Digimon heridos y un Digimon muerto». Escuchó a lo lejos el noticiero en una tv encendida.

―Dylan Tanneberger, no deberías estar aquí ―el oficial de Digital Security que les interrogara se le acercó y puso una mano sobre su hombro. Ella se sacudió por inercia y se deshizo del tacto.
―Me estoy yendo.
―Las pruebas son concluyentes ―informó el oficial muy serio―, los miembros remanentes de 'Black Serpent' son los autores del acto terrorista.
―¡Bah! Nosotros detendremos a esos infames ―dijo Gomamon.
―¡Se los dije! ―Khan irrumpió en la charla― ¡Esos asesinos pagarán caro por lo que han hecho! ―estaba molesto, Meicomoon y él apretaron uno de sus puños en el aire. El oficial les echó un rápido vistazo de reojo antes de continuar hablando con la alemana.
―Tenemos informes acerca de dónde encontrarlos, nuestros visores los captaron hace menos de una hora cerca de la salida norte de la ciudad, en un viejo garaje de piezas de Trailmon ―escuchó Dylan pese a que no conseguía mantenerse quieta. Una de sus piernas golpeteaba insistentemente el piso y su mirada rebotaba de una a otra parte: el escritorio de la señorita en recepción, la tv encendida, un teléfono sonando en una oficina abierta―. No pierdas tiempo, reúne a tu equipo de trabajo y captúralos antes de que escapen.
―Okay.
―Y, Tanneberger, esos chicos son muy problemáticos ―el hombre se aproximó tanto a ella que pudo sentir su incómodo aliento acariciando su mejilla―, a nadie le extrañaría si tuvieses que asesinarlos ―le sugirió en un susurro.
―¡Ser inferior, estás demasiado cerca de mi querida Dylan! ―el oficial retrocedió tras un respingo―. El protocolo real dice que no puedes tocarla ―levantó sus manos abogando por inocencia.
―Vámonos ―ordenó Dylan, arrastrando a Khan de la manga de su chaqueta.


[...]


«En exclusiva, fuentes verificadas de Digital Security aseguran que los miembros de una Guild de mediana fama llamada ‘Black Serpent’, son los culpables del acto terrorista suscitado hace un par de horas en el centro de Star City. La Heroína Dylan Tanneberger y Gomamon, su equipo de trabajo y Lee Khan, líder de la Guild ‘White Tiger’, han sido encomendados a atrapar a los criminales».

Les costó treinta minutos, un transporte privado aéreo y tres porciones de té, llegar hasta donde se ubicaba la vieja bodega de piezas de Trailmon. Algunos reporteros y camarógrafos de distintos diarios les esperaban tan ansiosos como animales hambrientos en busca de un banquete. La rubia ignoró los gritos y flashes colocándose sus M.I.G. y examinó la fachada del sitio antes de ingresar. Un minuto más y quizá habría perdido un poco de cordura, porque el método más fiable para aparcar por completo pensamientos escalofriantes era sumergirse de lleno en una peligrosísima misión. Necesitaba ir a ello.

―¡Dylan! ¿En dónde está tu equipo? ―le preguntó alguien del público― ¡Gomamon! ―Gomamon les saludó con modestia, apenas levantando una de sus garras y dejándose captar por una cámara o dos.
―Soy lo suficientemente fuerte para hacer esto sola ―se alentó a sí misma, haciéndose inmune a todo lo demás. Y sabía por lo que arrojaban sus goggles y porque era obvio con tanta difusión, que los criminales no estarían adentro sentados esperando a que ellos llegasen a arrestarles. Torció su mueca y suspiró fastidiada.
―Ellos asesinaron a mis amigos y también intentaron matarme ―habló Khan―, jamás se los perdonaré.
―Tomemos sus vidas sin piedad ―Meicomoon afiló sus garras.
―Ser inferior, primero debemos capturarles ―anticipó Gomamon.
―Mantente atrás y no hagas nada estúpido, ¿quieres? ―dijo una apática Twisted para Khan y Meicoomon. A ellos no les hizo ni una pizca de gracia.
―No sigo tus órdenes ―protestó el Tamer―, eres tú quien sigue las mías. Estás aquí para servirme a completar mi venganza.
―No ―le confrontó. La cara que se le había quedado tras ese ‘estás aquí para servirme’ era bastante inexpresiva―. Estoy aquí para impartir justicia ―le faltaron modales, pero le sobró razón. El joven hizo una rabieta―. Tus excesivos sentimentalismos son repugnantes ―ella procedió a ignorarle para llevar a cabo otro rápido análisis con sus goggles―. El lugar está deshabitado de Digimon ―les informó―, entraremos a buscar indicios de su nuevo paradero.

Gomamon evolucionó a Ikkakumon y con su gran cuerno fue capaz de convertir la cortina metálica que resguardaba la entrada a la bodega en un pedazo inservible de hojalata. Khan, Tanneberger y Meicomoon entraron detrás del acuático, navegando en una negrura que sólo podía asemejarse al peor de los solsticios de invierno en el mundo humano. La rubia veía a través de sus lentes todo lo que su compañero veía en tiempo real. Y conforme Ikkakumon iba avanzando, una punzada en sus entrañas le hacía sentirse cada vez más vulnerable. No sabía el qué, pero algo en todo aquello sencillamente estaba mal.

―Si quieren permanecer en una sola pieza, les aconsejo que salgan de su escondite ―amenazó con voz ronca en caso de que quedasen presencias humanas que sus M.I.G. no pudieran rastrear.
―Bah, Dylan, estos ordinarios no escaparán tan fácil ―escuchó a Ikkakumon gracias a la función de Sound Linker―. Los encontraré y escribiré un decreto real que les obligue a... ―la sentencia murió ahí, porque el Digimon captó una sombra enorme moviéndose sigilosa entre vagones vacíos. Su Tamer la captó también y toda su mandíbula se puso muy rígida. Si no había Digimon dentro del lugar y la sombra era demasiado grande para pertenecer a un ser humano, entonces...
―Es una memorie ―adivinó rápido, pero no tanto como para prevenir el ataque. A la rubia le fue imposible contener el impulso de correr hacia su amigo.
Fire Blast ―escucharon un bramido gutural y después fuego, un montón de llamas que mandaron a volar unos cajones de metal que golpearon a Ikkakumon.

En situaciones paralelas y al mismo tiempo totalmente distintas: Ikkakumon chocó con otros cajones destransformándose para volver a su forma Child y Tanneberger fue expedida con algo más de delicadeza por las brasas infernales. Su cuerpo cepilló varios metros el polvo hasta topar contra una pared y golpearse la cabeza.

―¡Alto ahí, maldito! ―gritó Khan corriendo desbocado tras otra sombra de menor tamaño.

Se sentó con la espalda contra el muro y quiso levantarse para asistir a Gomamon, pero tenía una terrible quemadura en su pantorrilla izquierda que le impedía moverse con soltura. En el proceso de aplacar el dolor con una de sus manos, cerró sus ojos por unos instantes que se transformaron en minutos. Al volver a abrirlos descubrió a alguien arrodillada frente a ella mirándole directo a la cara. Ni los M.I.G. ni cualquier otro dispositivo en el mundo entero serían capaces de brindar tanta información acerca de esa persona como la que poseía ella su memoria.

―Hola ―dijo carente de emociones. Estaba al noventa y nueve por ciento segura de que se trataba de una alucinación causada por una sobredosis de antihipertensivos y un dique de negación a punto de desbordarse.
―Hola ―le respondió el fantasma de Zaytseva.
―Hola ―repitió, porque sus neuronas más inteligentes estaban demasiado aturdidas para decir otra cosa.
―Ya dijiste hola.
Ich vermisse dich ―con tan sólo ver a la ucraniana curvar sus labios enrojecidos en una cortísima sonrisa, el improbable uno por ciento comenzó a ser muy molesto. Tanneberger estiró sus dedos y sostuvo una de sus mejillas; la chica ladeó un poco su rostro. Y entonces su dique de negación se desbordó de golpe y porrazo. Un montón de recuerdos omitidos atiborraron como un vendaval su cabeza y le ocasionaron una terrible angustia.

Apretó los ojos debajo de los goggles y en su mente se vio avispada estrechando a Zaytseva para hacerle saber cuánto le había hecho falta en todo ese tiempo alejada de ella, contándole lo mal que la había pasado desde que partiera de File, sus problemas en Metal Empire, o simplemente compartiendo un beso que significase un mar de emociones y palabras condensadas en eso. Gaia de verdad estaba ahí, en Folder, a escasos centímetros de ella y, sin embargo, no tenía derecho a seguirle tocando ni un segundo extra porque había renunciado a esa clase de jurisdicciones con ella. Retiró su mano como si le hubiese dado un calambre y la presión arterial se le elevó como se elevan los globos de helio. Mucho y muy deprisa.

―¿Por qué estás aquí? ―se moría por saber.
―No es por ti ―aclaró Gaia muy seria. Ella levantó un poquito la quijada y lidió con un nudo en la garganta―, es por Dexter. No voy a creer que serías capaz de abandonarle... como a otros ―en su negación se autoconvenció de que Dexter corriendo a Zaytseva era otra mala pasada de sus pensamientos rebeldes, pero el digital escondiéndose detrás del cuello de la ucraniana le probaban que a lo mejor no tenía tanta imaginación.
―B-blasfemia, seguro ha disfrutado el rato contigo ―dijo a modo de excusa.
―Dylan ―el semblante, toda la cara de la ucraniana se ensombreció un poco―, quiero que me des tu Quest.




Cuánto drama quieres?
Bishamon Bishamon : Sí (?
 
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I was lightning before the thunder
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Momentos antes

Pareciera que no había más que decir y un exceso de cosas por hacer. Que meicoomon avanzara hacia la salida fue suficiente para que el resto asumiera lo que correspondía. Vanya se adelantó a Shura y solo al cruzar el umbral se detuvo a pensar en su tamer y sus sentimientos; se preguntó: ¿por qué no salía? ¿Qué estaba esperando? Haberse detenido de repente, por poco le gana un abrupto encuentro con la foca más altanera del Digimundo.

―Cuidado, ser inferior ―alegó gomamon observando hacia abajo, finalmente y sin poderlo disfrutar a plenitud a falta de consciencia, al bebé ígneo―. No te lo dije antes, pero actuaste como todo un fiel súbdito del rey. ―¿Le estaba agradeciendo? Sunmon no dijo nada. Es que si supiera a quién se lo estaba diciendo…
―¡Muévanse, más rápido! ―vociferó el felino de pelaje amarillo un par de metros más lejos. Vanya siguió con la mirada al digimon que alguna vez desafiara con su poca vehemencia al reconocerle como rey, concluyendo con que el acuático continuaba siendo el mismo.

Sin embargo, más podía el no tener en claro lo que estaba queriendo lograr la peliblanca quedándose demasiado tiempo a solas con Dylan. Solo pudo pensar en peligro; peligro para con la tranquilidad de su tamer. ¿Meicoomon o Shura? ¿Meicoomon o Shura? Ladeó la mirada entre un objetivo u otro, hasta que sus orbes captaron a Zaytseva corriendo rumbo a quién sabe dónde. Rápidamente le llamó sin hacer mención de alguno de sus apodos; ella abrió los brazos, le recibió entre sus manos y continuó hacia el baño, escapando de una DTB consternada que iba quedando atrás.

Y no hizo falta preguntar la razón de su escapada; ni bien abriera el baño para chicas, toda su anatomía exterior volvió a ser la de antes. Gaia consideró encerrarse en uno de los cubículos, pero no sabía si estaba demasiado desconcertada por lo que pasó, nerviosa por la confrontación, un poco triste al ver a la rubia así o una mezcla de todo. Sunmon se acercó a su mejilla más próxima en una forma de mostrarle apoyo.

Entonces la puerta se abrió, ya no había más que hacer que aceptar la realidad. Ni que hubiera pasado cinco años de no verse; esos minutos de encuentro bastaron para darse cuenta de que Dylan, “su Dylan”, era otra persona con apenas restos de su antiguo “yo”.

.
..

..
.

―¿Por qué no te has ido? ¿Qué no formabas parte del equipo de Tanneberger? ―Le encaró un oficial del DS, conocedor del caso con la guild White Tiger. Gaia miró al pequeño Dex que yacía en su regazo. Y si continuaban reconociéndola como la mujer a la que hubieran entrevistado, era por el efecto del espejo vuelto a usar. ―Si queremos atrapar a los responsables del atentado, toda la ayuda será bienvenida. Solo que no queremos… ―la voz de una reportera en la televisión ubicada en la recepción (sala de espera), atrajo la atención de los humanos. A través de ella pudieron observar a DTB, gomamon y el famoso cliente, con quien Sasha no hubiera tenido el placer de conversar. ―El viejo garaje. ¿Sabes cómo llegar?
―¿Por qué están televisándolo? ―Suponía la respuesta, mas quería escucharla venir de alguien oficial.
―Porque será una captura épica y nos servirá para amedrentar a otros enemigos. ―Zaytseva no lució convencida ni satisfecha con aquella excusa.
―Eso puede ser contraproducente.
―No lo es cuando el enemigo no tiene escapatoria. ―El hombre, igual de joven, se enfocó en ella. ―Deberías ir y deberías evitar salir en las cámaras.

No cuestionó esa advertencia o consejo, ya que le daría su propia connotación llegado el momento. Para alcanzar más rápido el escenario, fue transportada por tierra sobre un trailmon. Sus únicas compañías eran Vanya y Dexter, a quien le acariciara despacio con sus uñas. El baby empezó a dormitar sobre sus piernas, y con solo tenerle ahí una sarta de imágenes mentales aparecieron para añadir más emociones a la desazón vivida. Si de verdad no hubiera estado en ese edificio, ¿qué hubiera sido de la rubia? “No te pedí que me salvaras”, o sea, ¿qué? ¡Absurdo! Esa no era la manera de agradecerle a alguien un favor de esa magnitud. De repente Shura empezó a sentirse muy enfadada por los recuerdos de su conversación con la heroína en el DS. ¿Quién se creía ella? ¿Una maldita inmortal? Nunca la concibió tan frígida.

―Yakyy idiot. ―Soltó en un susurro, a modo de reproche.
―¿A quién le dices eso, Shura? ―Sunmon logró espabilarla, ocasionando que el peludo perdiera el sueño. El de fuego se hallaba a un lado.
―A nadie en particular. ―No iba a echarle leña al asunto. ―Estaba pensando en algunas cosas.
―¿Sabías que el efecto del espejo era temporal? ―Cierto, era un detalle importante para no borrar nunca de la mente. Shura buscó el objeto bajo la mirada atenta del par de bebés. Dex se sintió curioso, encontrándose interesante verse reflejado en algo tan pequeño. ―¿Por qué te transformaste de nuevo si ella ya…?
―No ha sido por ella. ―Y mirar al purpúreo, le hacía sentir como si estuviera viendo a la tamer del mismo. ―Los del Digital Security no entrevistaron a Gaia Zaytseva, recuerda. Sino a la chica pelirroja.

Desde la ventana que tenían detrás observaron el cambio del escenario: los edificios lujosos y altos, las avenidas peatonales pulcras, las líneas viales y las estaciones modernas saltadas a propósito (por órdenes superiores), iban quedando cada vez más lejos. El suelo se convirtió en tierra y en cada lateral, al fondo, se podían apreciar montañas exentas de verdor. Para la modelo fue como ver un lugar que en algún momento fue explotado, abandonado cuando ya no tenía más que ofrecer y olvidado hasta por el tiempo.

Por curiosidad observó la hora en su digivice. Dex pateó el aparato, observando a Gaia con una expresión demandante propia de una mascota que requería ser atendido. No obstante, la percepción fue errónea y tardía; el destino estaba cerca cuando por fin Vanya descifró lo que de verdad quería el peludo: ver a Taras.

―Te lo deberé ―por como Dex puso sus ojos, confirmó que su compañero digital no se había equivocado―. Pero puedes verlo desde ahí. ―El bebé gelatinoso se mostró en la pantalla del Xros Loader. Los ánimos del enérgico digimon se restauraron un poco. ―Estamos a nada de entrar a un lugar complicado ―le acariciaba sobre el lomo―, para encontrar a Dylan y ponerte a salvo.
―No puedo creer que lo dejara atrás. ―Gaia no quería verlo de esa manera, pero Vanya no se equivocaba al impresionarse por eso. Tenía un punto. Y las actitudes de Tanneberger no servirían para opinar lo contrario a su favor.

El trailmon se detuvo a una distancia considerable, preferiblemente para evitar que los reporteros que yacían mendigando por información detectaran a la recién llegada. Sasha le pidió al pequeño Dex no moverse del lugar donde le pondría por su seguridad; la capucha del suéter que llevara puesto funcionaba bien. La humana preguntó al de rieles si conocía otra entrada además de la principal, por un instante le vio dudar antes de decir algo que de todas maneras no pronunció; su temor le superó y simplemente le deseó suerte al trio.

―Los rieles para los trailmon guían en una sola dirección. ―Lo mismo contemplaba la humana, empero no actuaría por lo obvio de buenas a primeras.
―Debe haber otra puerta.

Había corrido tan rápido como le dieran las piernas para llegar a las inmediaciones del garaje, evitando camarógrafos y reporteros echados al piso, hambrientos de noticias. Dylan y el líder de los White Tiger no estaban por ahí, idea que se reforzara al escuchar un estruendo proveniente del interior.

“No te debo nada, ¿cierto? No te pedí que me salvaras”

Vanya se transformó en coronamon, causando en el purpúreo un poco de contentura por volverle a ver así. Como debían entrar a toda costa por la única entrada conocida, Gaia usó una de sus cartas: Uchitake Otoshi. Los que yacían aguardando por nuevos datos tras el gran estruendo, se vieron más afectados por la conmoción ante un sorpresivo ataque con bombas de bambú. El humo se concentró frente a los espectadores, quienes tuvieron que retroceder en busca de oxígeno (aunque estaban al aire libre).

“¿Será este un ataque de la guild Black Serpent? Es probable que estén enviando un mensaje a los de Digital Security y, por supuesto, a Lee Khan.” Fueron las palabras estropeadas de una mujer con micrófono en mano. Todo aquel que estuviera viendo la transmisión escuchó de fondo lo que varios adeptos a la comunicación pedían con insistencia: debían retroceder para salvaguardarse de cualquier futuro ataque. Varios oficiales del departamento de seguridad vociferaron sus intenciones de intervenir, pero aquel que hubo hablado con Gaia les detuvo. Ir para allá sería caer en la trampa de la provocación; simplemente debían estar atentos. Además, añadió, si analizaban bien la forma de ese ataque, las bombas de humo no fueron lanzadas directamente sobre ninguna persona o digimon presente; pareció más una distracción para…

Alcanzar a una magullada Tanneberger. El corazón de Sasha se apretujó en su lugar.

A DTB no le dio tiempo para contestar usando palabras, pero sí para manifestar su gran impresión por lo que le había exigido Zaytseva, porque más allá del tono sutil y calmado que usara en su petición se notaba lo que le “urgía” ser quien llevara a cabo la encomienda. ¿Pero por qué? Se lo preguntó en medio del estrepitoso encuentro con otro digimon vuelto memoria. Coronamon se transformó en firamon, hecho que volviera a retumbar en la consciencia de la heroína por lo sucedido en el edificio de la guild cliente. De repente se vio cubierta por el cuerpo de la modelo con Dex sobre sus piernas (en medio de ambas). La Fira Bomb del alado contrarrestó la técnica de fuego del oponente de turno, ataque que iba dirigido hacia las humanas y todo gracias al estado de Dylan, sumamente ventajoso para el enemigo.

―Protege a Dexter. ―Le habló tan cerca del rostro a la germana que no fue hasta pasados un par de segundos que se sintiera igual de trastocada que ella. Para entonces se había separado de DTB y buscado a gomamon. Todavía estaba inconsciente.
―Shura ―firamon se puso frente a la aludida―, tenemos que salir de aquí. Este lugar es una... ¡Kaboom! Unos contenedores metálicos que yacían detrás de ellos estaban por los aires. Inevitablemente el punto de aterrizaje sería donde mismo estaban, recuperándose del sonido apabullante y la onda residual.
―¡¡Gaia!! ―gritó la alemana con demasiada impotencia.

El cajón hizo cimbrar el suelo, destrozándose ante el impacto.

Si bien no podía moverse por la quemadura en su pierna, la expert no se dejó gobernar por los nervios. Atinó a colocarse sus lentes multiusos, el corazón le latía a mil por hora; la quietud le regresó al cuerpo desde que detectara a la peliblanca con gomamon entre sus brazos y al león a un lado de ellos. Definitivamente aquel sitio no fue más que una trampa estúpida. Firamon ayudó a su tamer a ponerse de pie, enseguida recibiendo la orden de ir en busca de la rubia. Lentamente el acuático iba regresando en sí.

―¿Qué ha... pasado? ¿Dyl? ―Todavía no lograba enfocar bien, pero sabía que alguien lo tenía sujeto. Se sentía en el aire. ―Dyl, Dyl, ¿dónde estás?
―Estará bien. ―Esa voz entró en su sentido auditivo haciendo tremendo eco en su cabeza. Le conocía, estaba seguro.
―Y tú, ¿quién... eres? ―Achicó los ojos, luego les abrió normal y finalmente la imagen se hizo clara y sus archivos memorísticos le ayudaron a reaccionar casi sobresaltado en exceso. ―¡¡Qué haces aquí?? ¡Bájame, pelos de anciana!
―No cambias, ¿cierto? ―Le dejó en el piso para que no se alterara de más. Gomamon no daba crédito a lo que estaba viendo; ¿cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¡Las papas fritas estaban ahí! Y un minuto más tarde reapareció la germana sobre el digital de fuego. ―¡¡Dylan!! ¡¡Dylan, estás bien!! ―Saltó sobre ella, restregándose. Siempre que Zaytseva estuvo cerca, su actitud cariñosa se convertía en melosa.
―Debemos encontrar al cliente. ―Anunció Shura a firamon.
―Pero, ¿qué está haciendo ella aquí? Sigo sin entender. ¿Y quién es este ser ordinario?
―Sorpresa, su majestad. ―Las orejas y el cabello del pelinaranja se encresparon.
―Está por allá. ―Gracias al visor de Dylan, fue sencillo ubicar a Lee junto a meicoomon.

El de rasgos asiáticos tenía una carta que había sido dejada debajo de unas llaves de ferretería, cerca de los interruptores del garaje. Por el rabillo de su ojo izquierdo ubicó a la heroína, pero verla sobre un digital que no había visto antes se ganó la total atención del afectado líder. Una segunda chica, una que por poco confrontaba para echarle responsabilidad por el suceso ocurrido, debida a su repentina aparición; gracias a meicoomon sus palabras no tuvieron efecto.

―¿Cómo sabes que soy yo? ―preguntó la peliblanca muy curiosa al de pelaje amarillo.
―Porque él está aquí ―señaló al ígneo.
―Nadie lo invitó, bah. ―rezongó gomamon.
―De todos modos ―interrumpió DTB al resto―, gracias por salvarnos hace rato. ―Firamon simplemente observó a su tamer, pues Gaia reaccionó cruzándose de brazos y evadiendo la mirada esmeralda de la otra fémina.
―Está bien, mientras más ayuda mejor. Mi venganza no puede fallar.
―Quedamos en que no haríamos nada imprudente.
―¿Imprudente? ¿No te pareció suficiente razón esto para dejar esas tonterías de lado? ¡Casi nos matan, esos hijos de p...! ―Apretó uno de sus puños. ―Y encima se burlan de nosotros, esos imbéciles. ―Le mostró el papel a Tanneberger, empero Zaytseva se lo quitó de las manos antes de que la expert lo tomara. Dylan quedó enmudecida.
―Tenemos que irnos de aquí. ―aconsejó el alado, observando más que todo a Khan. ―¿Sabes hacia dónde debemos ir ahora?
―Te han invitado a su guarida, ¿en serio? ―Los orbes azules se despegaron de la hoja.
―¿Me permites leer, por favor? ―La modelo miró de lado a Dylan tras escuchar su pedido increíblemente amable.
―Aquí tienes. ―Khan recibió la carta nuevamente, arrugándola debido a su frustración.
―¡Oye, Dylan pidió leer esa carta! ―Gomamon se manifestó y cuando pretendió continuar, fue interrumpido por quien hasta el momento era la causante de los desplantes de Tanneberger:
―Ustedes se retiran de esta quest.
―¡¿Qué?!
―¡No! ¡No, nos... ―retuvo el quejido por el dolor en su pierna al ponerse sobre sus pies. Si no fuera porque firamon le sirviera de apoyo, quizás estaría en el suelo. ―No nos vamos a ninguna parte.
―Estás herida, no sirves de nada así. ―Su tono fue muy frívolo. Ahora era su turno.
―No te permito que le hables así a mi querida Dylan, ¿escuchaste, pelos de anciana?
―Y yo no te permito que le hables así a Shura. ―Rugió Vanya sin tregua a nada.
―Es lo único que tenemos para decir. ―DTB no flaqueó al regresarle la mirada a la de cabellos cortos. ―No-nos-iremos.
―Entonces, quédense aquí. Ya vendrán a rescatarles, porque esta vez lo necesitas. ―Gaia apartó sus ojos de ella. ―Tú y yo, vámonos. ―Khan respingó. Odiaba que le dieran órdenes, sobre todo el tono empleado en ellas.

Desde que Sasha cruzara cerca de su lado y de no tener a gomamon entre sus brazos, Dylan luchó contra sus propios pensamientos para sujetarle de un brazo y retraerle, cual cable. Las dos trastabillaron, mas la alemana otra vez hubiera cedido a la gravedad por culpa de su herida si Gaia, por puro acto reflejo, no le hubiera sujetado a tiempo. Ojalá pudiera preguntarle si se encontraba bien a pesar del dolor, abrazarla tal vez; definitivamente en otras circunstancias todo estaría sucediendo de otra manera. Empero de nada servía comparar lo que no fue con la realidad.

―No entiendo qué carajos pasa aquí ―Lee se acercó a las féminas―. Igual no me interesa. ¡Tenemos una labor que hacer! Y poco tiempo que perder, menos en tonterías de ustedes dos. ―De su equipaje extrajo un papel enorme con un mapa de la ciudad. Tenía varios puntos marcados. ―La carta dice que estarán por aquí ―señaló un sector cercano a una de las tantas marcas.
―Se supone que estas podrían ser ubicaciones de esa guild, ¿no?
―Correcto. Como hemos tenido una gran rivalidad, me he visto en la necesidad de crear este tipo de cosas. ―Shura detalló el gran dibujo político de Star City. Era lo que justo requería poseer para lograr su objetivo. ―Lo que todavía no me queda claro es por qué me quieren allí. A todas luces es una trampa más. ¡Y no soy un imbécil!
―¿No era evidente que esto también lo iba a ser? ―cuestionó la modelo.
―Sí, pero no me conviene desafiar a los de Digital Security.

El sonido chirriante de una puerta muy oxidada aplacó cualquier otro ruido del ambiente. A juzgar por donde fuera captado, no era la misma entrada por la que ingresaron al garaje. Firamon regresó a su forma child y todos quedaron de acuerdo en ocultarse excepto por su "majestad". Gomamon recibió la aprobación silenciosa de su tamer de ubicarse en algún punto discreto que le permitiera a ella visualizar lo mismo que él. Según Lee, seguramente se trataba de alguien de Black Serpent porque si aquello fue solo parte de su truco homicida, tenían que cerciorarse de haber logrado el objetivo.

Dylan utilizó sus M.I.G., hasta que sus piernas ya no pudieron con su peso. Gracias al par de humanos, su caída no ocasionó ningún ruido.

―Viene solo. Seguro trae a su digimon dentro del digivice. ―informó sin dejar de ver al recién aparecido.
―Entonces pongámonos detrás de estos cajones e ideemos un plan para capturarlo.
―Finalmente dices algo con sentido. ―Khan atizó a la germana.
―Ayúdala a moverse y que no deje de detectar sus movimientos. ―Fue una orden para Zaytseva. Si Dylan pudiera gatear, ya lo hubiera hecho.

No tenían que intercambiar ninguna palabra para ello. Gracias a Dios el ególatra no se encontraba junto a ellas, porque la eslava podía imaginarselo abriendo la boca para objetar o ametrallándola con la mirada; esa sería la segunda opción. Vanya, por otra parte, agotó esa carta al no quitarles la vista de encima. El no daría ni un ápice de permiso a que la rubia ocasionara algún malestar en su tamer.

Shura ayudó a Dylan a acomodarse con la espalda recostada en la pared. Khan volvió a insistir con que mirara lo que estuviera haciendo el sujeto. Atorrante. De repente, la pantorrilla quemada de la experta le distrajo al punzar gracias a que quien le gustara se tomó el atrevimiento de revisarla. De su mochila sacó un par de gazas con las cuales limpió la piel abierta. Sasha supuso que estaba siendo escudriñada por quien estuviera curando, suspiró y mató sus ganas de regresarle el gesto.

―No puedes estar así si él te necesita.
―Yo podía...
Shut up! ―Levantó una palma. No quería volver a escuchar esa estupidez porque atentaba con ocasionarle una sensación tan molesta que dolía en su pecho. Shura se centró en echarle un poco del spray para quemaduras antes de untar spray relajante en la herida. El dolor debería minimizar con eso.
―¡Dejen de parlotear! ―Les recriminó Lee entre dientes. ―¿Qué está haciendo?
―Parece que está cerca. ―Susurró meicoomon.
Scheisse! ―Sonó preocupada. ―Tiene un radar. ―Y justamente aquel desconocido observó en dirección a ellos, casi que atravesando los obstáculos visuales con su simple mirada.


Verwest Verwest ahí la llevamos
 
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Aquel desconocido miraba hacia ellos y cuando entendió que eran varios digivice en su radar en lugar de dos, no se atrevió a dar ni un paso más. Sus informantes y los medios en la tv le habían anunciado que el líder de White Tiger venía acompañado únicamente por otro Tamer. Pero un segundo plagado de sorpresa e indecisión iba a resultar ser una calamidad, así que expulsó de su Xros Loader a un Cockatrimon que levantó la barbilla irradiando una intensa luminosidad de sus ojos, se trataba de Petra Fire. La luz alertaba a todos acerca de lo que iba a suceder y, aun así, los puntos en el radar se negaron a moverse un solo centímetro. Cockatrimon disparó, mandando a volar los contenedores dañados y ocasionando un enorme boquete en una de las paredes del bodegón. Era una nueva remodelación arquitectónica de mal gusto. Por ahí se coló una corriente de aire fresco y los rayos de sol vespertino. De inmediato se ocupó de analizar por qué algunos enemigos no ofrecían resistencia. Al acercarse hasta donde quedasen unos vestigios electrizantes recorriendo pedazos de metal, sus suposiciones se hicieron ciertas: tres digivice estaban sin sus dueños, abandonados en el piso. El resto se movieron hacia otra zona del garaje. Desenfundó su navaja y alzó la cabeza justo a tiempo para ver cómo una bola que giraba rapidísimo atropellaba a su Digimon (Arma-Shell, “Rolling Stone”). Lo que terminó por amedrentarle, en cualquier caso, fue Meicoomon desde el aire, aterrizando con un X Schatch sobre el ave que recordaba a un pavo de Acción de Gracias.

El de Black Serpent retrocedió arrastrando sus piernas cuando apareció un tercer Digimon en contra del suyo. Aquella era una batalla perdida. Dio media vuelta bajo la querella de escaparse y le pilló desprevenido el intenso flash de algo que le apuntaba directo a las retinas. Medio minuto después, sintió una barra durísima de metal dándole una bofetada que pudo haberle partido el pómulo en dos o tres partes desiguales; cayó de espaldas al suelo desorbitado, sin comprender lo que estaba sucediendo. El radar, su digivice y la navaja terminaron a un costado cuando alguien le propinó un pisotón en la muñeca.

«Y, Tanneberger, esos chicos son muy problemáticos, a nadie le extrañaría si tuvieses que asesinarlos».

Dylan se lanzó sobre el desconocido, le agarró de los hombros e hizo que despegara la espalda del piso sólo para volver a estrellarle contra él. Una parte de ella enterrada debajo de un montón de frustración y decepciones estaría abrumada por su proceder tan bestial. Sencillamente fuera de sí misma. La linterna había rodado metros lejos de su alcance después de cumplir con su función y el dolor en su pantorrilla no significaba nada al lado de una sensación de epinefrina corriendo por sus venas.

―¡Yo no lo hice! ―apeló el hombre.
―¡Cállate! ―pero Twisted le silenció tomando su cuello, presionándolo fuerte. Tenía la cabellera revuelta y frente sudorosa, las manos llenas de digisoul, su semblante se ensombreció un poco―. Cierra los ojos ―masculló con voz áspera.
―¿Qué esperas? ¡Mátalo! ―Khan estaba a su derecha con una impaciencia tan grande como la serenidad de Zaytseva. La chica enmudecida observaba con una ceja enarcada y, en respuesta, ella no hacía nada más que hundir un poco sus pulgares en la tráquea de su presa. La tensión creció entre ambas, hasta que la pésima puntería de un Feather Cutter voló una parte del techo y les hizo reaccionar― ¡Si no lo haces tú, lo haré yo! ―amenazó Khan al recoger la navaja del piso.
―S-si me matas, s-serás una asesina ―le dijo el criminal como si le costase un mundo respirar. A través de los M.I.G. detectó un pequeño destello intermitente en sus pupilas que la tecnología jamás podría comprender, pero ella lo conocía a la perfección: era pánico. Aquellas manos temblorosas ciñendo sus muñecas lo reforzaban―. ¿E-estás lista p-para que el mundo real, te vea como verdaderamente eres?
―¡Cierra los ojos! ―Dylan elevó los decibeles, cortando de tajo cualquier rastro de compasión porque no podía permitírsela en esos instantes―. ¿Quieres saber un secreto acerca del mundo real? ―que el chico dejara caer sus párpados a medias fue como una invitación para que continuase hablando―. Escúchame bien ―se le acercó, sonriéndole de forma escalofriante y se preparó para revelar el misterio más grande de la historia digital, de la humanidad entera. Sus manos apretaron con más fuerza―: el mundo real es indiferente a lo que sucede en Digital World ―la conversación murió cuando recibió una patada que le hizo perder el dominio de su prisionero. Tuvo que ejecutar una actuación estupenda para pretender que no había sido despojada del aire en sus pulmones. El criminal se estiró para alcanzar sus pertenencias y ella hizo lo mismo, cogiendo entre sus dedos cada uno aparatos diferentes. Lee y Gaia les rodearon a cada lado, intentando hacer nada debido a la repentina irrupción de los patrulleros del mundo digital.
―¡Digital Security! ¡Todos al suelo!

Los humanos se agacharon y extendieron las manos previniendo la acción. Para cuando los oficiales bordaron por completo la escena, Gomamon, Vanya y sobre todo Meicoomon habían acorralado a Cockatrimon con ataques conjuntos. Al verse sin opciones y con su Tamer capturado por los polizontes, el mermado pavo se entregó por voluntad propia.


[...]


Afuera del viejo garaje de Trailmon les esperaban los aplausos del público y la voracidad de quienes competían por escribir el mejor artículo del Star City News, todos detrás de una zona acordonada en favor de su seguridad. A Tanneberger, en específico, le esperaba también un servicio médico que se encargaría de reparar su jodida pantorrilla que dolía tres veces peor que un desgarre muscular en la piscina. Cojeaba al caminar y lidiaba con las habladurías de Gomamon y Dexter por un lado y con los reclamos de Khan y el oficial de DS por el otro. Era una fortuna que Zaytseva y Vanya se ofrecieran a escoltar al criminal capturado con los polizontes hasta el vehículo de Digital Security, porque así evadía tener que lidiar incluso con la ucraniana.

―Dyl, esos súbditos nos adoran ―Gomamon sonrió de dientes afuera, adhiriéndose más fuerte a la espalda de su Tamer y saludando con una de sus garras. Tiró de una sonrisa fingida y la rubia saludó también, absolutamente forzada, pero nadie notaría el detalle― ¡Bah! Es una dicha que puedan presenciar mis fantásticas habilidades.
―Aún no hemos terminado ―le recordó, guardando sus goggles en la mochila y buscando las gafas oscuras de su Digimon. El modelo y la talla eran diferentes a las suyas, en realidad le apretaban un poco por detrás de las orejas y le provocaban un hormigueo. Pero salvando tales deficiencias cumplirían con sobresaliente su cometido: menguar la comezón de sus ojos.
Du, weg ―le dijo Dexter al oído en medio de todo. Tras aguantar una sacudida de todo su sistema nervioso, le contestó con una mirada y media sonrisa amarga.
―No fue así, no lo entiendes, Kiddo ―Dex no rebajó su malestar pese a que estaba realmente avergonzada, con las mejillas enrojecida―. No sucederá otra vez, lo siento ―se disculpó varias veces hasta que el Baby aceptó ingresar a su digivice.
―Puedes hacer algo mejor que esto, Tanneberger ―sugirió el oficial de DS con implicaciones profundas. Que el criminal siguiera con vida era decepcionante―. Espero que hagas algo mejor que esto ―se despidió dándole un fuerte apretón en el hombro. Apenas pasó medio minuto para que Khan considerase que era prudente disparar desde el otro franco, lo estuvo conteniendo largo rato:
―¡Eres una inútil! Debí asesinarlo con mis propias manos ―las balas iban en una sola dirección. Dylan deseó en esos momentos convertirse en una piedra para inmunizarse.
―¡Infame! No puedes hablarle así a mi querida Dylan ―le defendió Gomamon.
―¡¿Por qué lo entregaste a Digital Security?! ¡Eres una tonta! ¡¿Qué haremos ahora?!
―Tengo su radar ―contestó como un autómata entrando a la carpa médica donde sería atendida por una humana y su Gazimon. Gomamon fue escoltado por dos Otamamon que alababan su presencia hasta otro pedazo del sitio en donde checarían sus signos vitales.
―Quieres decir que ―Khan siguió a la rubia hasta colarse sin permiso en el área médica―, ¿puedes ver los Digivice? ¿Podemos rastrear la ubicación de sus compañeros y descubrir su guarida? ―preguntó incrédulo. Gazimon le reprendió, cortó su paso y le pidió a él y a Meicoomon que se retiraran.
―¿Comprendes cómo funciona un radar? Por Ygg, eres un genio ―Dylan ironizó, apática. Ni siquiera le miró mientras se sentaba en una camilla y se arremangaba los jeans estropeados hasta la rodilla. Los remedios de Gaia habían sido totalmente transitorios, su piel continuaba ardiendo al rojo vivo, como un corte de Tomahawk término medio.
―¡Sabía que no me decepcionarías, Tanneberger! ¡Eres una Tamer competente! ―la actitud de Khan dio un giro radical que a la rubia le provocó náuseas.
―Tus adulaciones me apetecen tanto como una quemadura en la otra pierna.
―Mi paciente necesita tranquilidad ―finiquitó la doctora, dando un portazo y sacando al des invitado de sus inmediaciones.


[...]


―Tienen a la persona equivocada ―insistió por cuarta ocasión el criminal.
―Cierra la boca ―un oficial le propinó un empujón para que caminara mas rápido. A la vuelta de la esquina aguardaba el vehículo que le llevaría a la sede de DS―. Finalmente pagarás por las molestias que nos has causado.
―¡Soy sólo un ladrón, no un demonio! ―escupió tras de recibir otro empujón más fuerte y un marrazo en la cabeza, todo entre bufidos escépticos de la única mujer en la cuadrilla.

A la falsa pelirroja (Zaytseva retomó su apariencia espejo ante DS) aquella actitud le parecía absurda. ¿Por qué quien intentara asesinarles dos veces se decía inocente? Encontró de soslayo a Vanya como si pudiese compartir esa duda con él y luego se plantó frente a los hombres que retenían al criminal de cada brazo.

―Tu nos atacaste en la sede de White Tiger ―afirmó decidida, porque aunque en aquella ocasión el Tamer utilizara una capucha, estaba al noventa y nueve por ciento segura de que su Cockatrimon era el mismo―, nos tendiste una trampa en el hangar de Trailmon. Ibas a matarnos.
―¿Quién iba a matar a quién? ―cuando el hombre levantó la barbilla, una sensación electrizante le paralizó desde los talones hasta la coronilla: en su garganta tenía tatuadas las manos de la alemana en color rojo―. Ninguna persona murió en la sede de White Tiger.
―Un Digimon ―informó Vanya.
―Por favor, escúchenme ―rogó el hombre desesperado y Gaia espabiló, agitando la cabeza.
―¡Te dije que te callaras! ―alguien le propinó un nuevo porrazo, la ucraniana tuvo que hacerse a un lado para permitirles seguir avanzando―. Black Serpent es una banda de timadores muy astutos, malintencionados, mentirosos.
―¡No asesinamos a White Tiger! ¿En dónde están sus Digitamas? ¿En dónde están sus digivice?
―Los encontraremos en tu guarida.


[...]


―Mi paciente necesita tranquilidad ―finiquitó la doctora, dando un portazo y sacando al des invitado de sus inmediaciones.

A Dylan el acto le arrancó una sonrisa. Es que Khan era un verdadero dolor de muelas y unos minutos sin él iban a ser equivalentes a unas gravosas vacaciones en Tahití (con menos arena y sol, pero la misma tranquilidad). Tenía intenciones de agradecerle a la chica por su audacia y no pudo hacerlo de mejor manera que en su idioma natal.

Dankeschön ―lo hizo leyendo el nombre de la doctora en su placa.
Nichts zu danken ―se sorprendió al escuchar una respuesta en alemán, pero no comentó nada porque Gazimon le roció una pócima que le provocó un repentino ardor. Bufó molesta.
―Sutúreme, póngame una curita, lo que sea pero rápido ―dijo soportando el dolor, apretó los labios al final.
―El primer paso para curarse consiste en determinar exactamente de qué padecimiento se trata ―para que la chica analizara su pantorrilla tuvo que colocar su pierna sobre un taburete.
―Blasfemia, es sólo una quemadura. Mándeme de vuelta a Quest ―estaba totalmente rígida y con las manos en el borde del asiento.
―Es fácil sugerir un remedio cuando no se sabe la profundidad de la herida ―la doctora exploró su piel con las manos cubiertas por guantes de plástico, masajeando el pedazo de músculo dañado. Lo hizo muy lento, como si quisiera jugar con su paciencia. Al terminar le dejó un par de indicaciones a su Digimon.
―No quiero escuchar eso ―manifestó Twisted tras un bufido, su semblante se arrugó un poco―. Olvide lo que ha pasado, ignore las futuras complicaciones y busque una solución rápida.

La doctora se echó hacia atrás y rio a carcajadas, entre divertida y sorprendida por las insensatas palabras de la rubia. El caso es que Gazimon aplicó otra dosis de sulfadiazina en spray y luego le vendó desde el tobillo hasta la rótula. No fue imprevisto, mas sí doloroso. De modo que maldijo por lo bajo y luego se mordió la lengua. «Verdammt». Tras los arreglos en su carrocería, estuvo lista para marcharse. Se reunió con Gomamon que estaba en óptimas condiciones después de devorar un pequeño banquete y tomó la salida con la doctora y Gazimon acompañándolos. Afuera atisbó a la muchedumbre sin esperar qué encontrar. De izquierda a derecha, desde la banqueta hasta el horizonte, interesantísimos Upamon agitando los árboles. Sus ojos rebotaban de un lado a otro hasta que se anclaron por accidente a los de la única persona con cabello pelirrojo; inmediatamente sintió un fuerte pinchazo en el pecho.

―Hay heridas más profundas de lo que parecen al principio y que requieren algo más que cuidados básicos, el mundo está lleno de giros inesperados ―escuchó a la doctora hablar con orgullo. Le devolvió una última mirada, unas últimas palabras antes de marcharse:
―A esas heridas profundas tienes que arrancarles la curita, dejarlas respirar y sanar.


La doctora intentó detenerle. Algo acerca de colocar su nombre en un sorteo que hacía bombo entre los amantes de las redes sociales, como agradecimiento a sus excelentes servicios. «Recuerda ponerme en el sorteo de Lottie». Fueron las palabras exactas. Le fue fácil ignorarle concentrándose en la pelirroja, permitiendo que sus piernas la llevaran con rumbo fijo.

Dylan se movió hacia su objetivo sin ninguna complicación gracias a que su pantorrilla estaba mágicamente renovada, como recién salida del paquete. Se llevó a la boca la última goma de mascar que tenía y la masticó muy lento, preguntándose si es que el aliento fresco de menta podría hacer enardecer las llamas en la cabeza del Coronamon que se atrevía a interponérsele. La curiosidad crecía como una semilla germinando en tiempo récord. Era una verdadera locura, ¿no? Se encorvó a la altura del Digimon y expidió un largo vaho de sus inhalaciones, con mucha insolencia. Para ella era tan sólo un pequeño experimento de química orgánica: el fuego se expandió como una fogata con gasolina, asimismo el fastidio de Vanya y la persona que se resguardaba detrás de él. Por primera vez, la rubia habría obtenido una nota sobresaliente en la materia. El digital gruñó furioso, a punto de lanzarle cualquier ataque y Gomamon gruñó de vuelta plantando defensa. Al tomar conciencia de lo que acababa de hacer, Twisted se encogió de hombros y abogó por calma.

―Hola ―no era un mal comienzo. Mejorable, pero correcto―. ¿Me permites un segundo, por favor? ―se dirigía a Zaytseva.

Tanneberger se sacó las gafas oscuras, también la curita emocional y respiró, intentando sanar. Y ahí estaban ambas de frente y tan cerca, con una sensación indescifrable. Quizá era la realidad que les caía como una bala de cañón en el estómago, porque ninguna de ellas esperaba haberse reencontrado en una situación peligrosa y extraña. Entre otras cosas porque desde que se separaran en File no habían vuelto a hablar, ni siquiera en casos de extrema necesidad. Se habían evitado y, sin embargo, ahí seguían, incómodas de más y mirándose a los ojos nuevamente.

―Podemos hacer esto, no somos extrañas, ¿cierto? ―dijo Dylan.
―¿Hacer qué? ―le preguntó Gaia.
―Trabajar en equipo, Gaia ―respondió rápido, sin darse cuenta de que ya no podía retirarlo. Se dio tiempo de pensar y matizó sus palabras para expresar lo que en realidad quería expresar. Levantó la barbilla y su figura se hizo más largucha―. No tienes lo que se requiere para cumplir con mi Quest por ti misma, pero te permitiré acompañarme y ser parte de mi equipo si sigues mis órdenes. Esa es la oferta.

Gaia parecía tan desconcertada que Dylan estaba segura de que la respuesta iba a ser negativa. Pero se equivocó. La ucraniana ni siquiera quiso emitir una réplica. La vio apretar uno de sus puños y se alejó antes de que cambiase de opinión.

―No es tu Quest, es mía ―la escuchó casi gritar.
―Nunca fue tuya, siempre ha sido mía ―remedió con el mismo tono, haciendo más amplia la distancia.
―Yo tengo el terreno alto, información importante.
―Yo tengo a Khan, estás subestimando mi poder.
―No lo intentes, Dylan ―fue lo último que Gaia dijo.

Los alegatos infantiles confundieron a Gomamon y a Vanya, ninguno de ellos quiso entrometerse o agregar algo para convencer al estrado en favor de una de sus Tamer.

―Vámonos ―le ordenó Tanneberger a Khan, arrastrándole del antebrazo.
―¿Qué hay de esa chica? ―el de White Tiger no dejaba de escanear la figura estética de la modelo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Hasta que Twisted tomó su quijada y la enderezó sin ninguna escrupulosidad a su ángulo natural.
―Ella no vendrá con nosotros.

No lo había expresado directamente, pues sabía que no iba a convencer a Zaytseva con eso. Pero era tan evidente que algo debía haber notado, ¿o no? Quizá no. En cualquier caso, supo que con sus términos indirectos la ucraniana jamás iba a aceptar trabajar con ella, y eso es lo que estuvo deseando. A Tanneberger sólo le valía no tener su mirada prejuiciosa encima para poder llevar a cabo sus obligaciones.

La próxima vez que sometiera a sus enemigos, los acabaría sin titubear. Eso pensaba ella.


[...]


Se trasladaron hasta donde la invitación en papel encontrada en el garaje de Trailmon indicaba que estarían los miembros de Black Serpent, pero el sitio resultó deshabitado. No había ni una sola señal activa en el radar del criminal capturado. Se trataba de una trampa sin complejidad, otra emboscada con sucios trucos y digimemories que ni Twisted ni Khan iban a explorar, porque decidieron no entrar al sitio. En su lugar, un escuadrón de DS se dio a la tarea de desmantelar los peligros.

De entre las posibles ubicaciones de la guarida de Black Serpent que quedaban en el mapa de investigaciones de Khan, había una en particular que hacía match con el radar de la rubia.

«Yo tengo el terreno alto, información importante».

La señal que emitía el Xros Loader de Zaytseva los llevó hasta ahí. Era otra vieja bodega del lado opuesto de la ciudad, pero sin reporteros y sin el apoyo extra de DS. Un grupo de pirómanos causando destrozos en un sector lejano de Star City se había llevado a todos los refuerzos policiacos disponibles, así que Tanneberger y Khan tendrían que arreglárselas por su cuenta. Twisted conectó el radar del criminal a su M.I.G. y analizó el edificio desde la azotea del edificio al frente, en un improvisado escondite detrás de unas instalaciones de aire acondicionado.

―Están adentro, están esperándonos ―alertó. Podía ver sus Digivice y también sus Digimon, cuatro de cada uno. Ninguno superaba el rango Medium.
―Convierte a tu Digimon en Zudomon y volémoslos en pedazos, así como ellos hicieron con la sede de White Tiger. No tendremos piedad ―ese era el plan de Meicoomon y Khan. De calidad tan barbarie como efectivo.

Sostuvo su verdadero radar en una mano viendo que la señal de la ucraniana permanecía adentro del edificio y apañó su iC en la otra. Entre más rápido acabase con su Quest, mas rápido podría olvidarla. Pero, ¿contaba con las agallas para hacerlo a sabiendas de que arruinaría a alguien inocente con ello? Alguien inocente aka Gaia, quien fuera la persona más importante para ella en todo Digital World. ¿Qué hacía en ese sitio? ¿Por qué no supo leer entre líneas lo peligroso que era ese encargo? ¿Por qué no se esfumaba como por arte de magia, de regreso a File? El interruptor que apagaba su compasión debía haberse averiado. Algo hacía corto circuito en los impulsos electromagnéticos de su cerebro, el corazón le bombeaba más rápido y no podía concentrarse en lo que Khan le estaba diciendo. Se sacó los goggles para restregarse los ojos y sintió una placentera oleada de aire frío acariciarle la cara. Era una fresca noche de invierno.

―Cuanta imprudencia, ser inferior ―se manifestó Gomamon, infalible en momentos de crisis.
―¿De qué hablas? ―cuestionó Meicoomon.
―¡Bah! Podría haber presencias no registradas adentro.
―No me digas que prefieres encararlos uno a uno.
―Mi querida Dylan y yo no lastimamos a personas o Digimon inocentes.
―Rodearemos el edificio para encontrar otra abertura ―anunció antes de levantarse.
―Bien ―Khan suspiró, rindiéndose―. Al menos de esa forma podré asegurarme de sus muertes.

El de WT se levantó con ella y salió corriendo hacia el borde de la azote. En su proceder dejó caer algo de su bolsillo, Dylan lo recogió y quiso devolvérselo, pero él ya estaba fuera de su alcance. Le echó un rápido vistazo al objeto y lo guardó dentro de su abrigo, era un keychain, después de eso arrancó siguiendo el trazo de Khan. La alemana estaba lista para saltar de azotea a azotea, para poner a prueba su nuevo músculo. Nunca miró hacia abajo y estiró los brazos lo más que pudo para alcanzar el borde aledaño, pero se quedó corta por escasos de centímetros. De no ser por la asistencia de los Marching Fishes de Gomamon, habría caído como objeto al vacío en un callejón de mala muerte.






Bishamon Bishamon :05:
 
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I was lightning before the thunder
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―¿Podemos hablar de lo que sí es importante? ¿Dónde puedo encontrar a la guild White Tiger?
―... ―V-mon se cruzó de brazos y su tamer se echó hacia atrás, dejando que sus hombros cayesen.
―Esa guild no era lo que precisamente debías ubicar porque fueran a darte respuestas.
―No entiendo ―la modelo danzó sus pupilas entre el azulado y Yohannan―. Vamdemon me dio información sobre ellos. ¿Por qué me pediría ubicarles si no...
―Porque eran la carnada. ―reveló el expert, dejando más desconcertada a la fémina.


Yohannan continuó su explicación:

―Cuando las guild consiguen reputación suficiente, se vuelven bastante reconocidas y hasta solicitadas para realizar encargos distintos ―agarró un pequeño frasco vacío que yacía sobre la mesa, colocándole a su derecha―. Estos pueden ser en beneficio de la sociedad o ―tomó otro contenedor parecido al anterior y le dejó a su izquierda―, en beneficio de personas, digimon, ambos que no precisamente están interesados en seguir las reglas.
―Como las mafias en nuestro mundo.
―Correcto. ―Miró a la eslava directo a los ojos. ―La organización que deseaba encontrar a... ―fugazmente se enfocó en el felino, sintiéndose ligeramente en conflicto por el nombre que debiera usar para referirse a él―, Vanya ―incluso Gaia experimentó una sensación poco agradable―, ha formado su propia rogue guild y...
―¡¿Qué?! ―Sasha se puso de pie con exabrupto. ―¿Esos malditos están aquí? ―Iván frunció la frente, evidenciándose desconcertado. ―¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué hasta ahora? Vladimir sabía de esto, ¿no? ―Sus orbes pasaron a cambiar de color a la velocidad de un parpadeo.
―¿No te lo dijo? ―Antes de que su ex pareja dijera alguna palabra y porque la percibía en proceso de ebullición, levantó sus manos para retomar el habla primero. ―Yo creí que todo lo que hacías era parte de algún plan para llegar hasta ellos porque sabías de la existencia de esa organización.
―Y tan equivocado no estás ―sonaba indignada―. Pero la verdad es que no tenía idea de que fuera todo un equipo hijo de puta.
―No entiendo ―se levantó del asiento al igual que los digitales, quienes optaron por mantener el silencio―. Le pedí que te lo dijera para que estuvieras pendiente, no para que te involucraras en nada de esto.
―¡No me dijo una mier...! ¡Ah! ―Soltó un suspiro atropellado, lleno de frustración. No obstante, le dedicó una sonrisa falsa al realizar un detalle: lo último que le hubiera dicho. Su mente se trasladó a lo que estuviera haciendo varias semanas atrás en File City durante navidad y año nuevo, perfecto retrato que valía la pena extrapolar de sus pensamientos para grabarlo en su libreta de dibujos... si las circunstancias actuales fueran otras; porque a pesar del dolor de saber que su progenitor ya no vivía, el consuelo de cierta persona fue la mejor medicina que pudo haber recibido su corazón. Su corazón que se estaba volviendo adicto a mantenerse roto. ―Imposible que no me metiera si por mi culpa mataron a mi padre. ―A Iván le resultó como un balde de agua fría en pleno invierno, empero le golpeó más ser espectador del color rojo que iban adquiriendo las comisuras de los orbes de Shura. V-mon miró a coronamon queriendo confirmar lo que escuchó. ―No sé cómo Vladimir lo supo, pero...
―Tranquila, tranquila ―susurró cerca de su rostro al tomarlo con delicadeza. Con una mano apartó los mechones que le cayeran sobre los ojos, tan lento como una caricia. Sin pedir permiso, Yohannan atrajo el cuerpo de la fémina hasta que se encontrara con el suyo; le rodeó a la altura de la cintura y acomodó la cabeza de ella sobre su hombro derecho. Shura se mantuvo rígida, aunque aceptó depositar la mejilla en aquel lugar. Tampoco renegó de que fuera tocada en la espalda ni en su corta cabellera. ―No sabía, lo juro. No sé por qué Vova no me lo comentó.
―Vladimir no me cae muy bien. ―confesó el child azulado.
―Su compañero tampoco me cae bien. ―Agregó coronamon, recibiendo un asentimiento del dragón.
―De haberlo sabido, yo... ―se detuvo desde que Gaia se separara unos centímetros; ella estaba a la expectativa de cómo podría terminar esa oración, porque su rápida mente ya había maquinado un posible final con un alto porcentaje de dar en el clavo. ―Yo te lo hubiera dicho y no te hubiera dejado sola.
―Dylan estaba con ella. ―Todos observaron al anaranjado. ¿Un golpe para el varón? En parte. Lástima que la tamer de Vanya también recibiera daño colateral con la afirmación, de todos modos reforzó lo dicho por el child.
―Bueno, no creo que a tu ex novia le hubiera molestado que un amigo te apoyara. ¿O sí?
―¿Eso qué importa ahora? ―Encogió los hombros, apretó sus labios levemente y abrazándose retrocedió un par de pasos. ―El punto es que te creo. ―Un alivio para el hombre. ―Y lo que fue no vale la pena mencionarlo porque nada cambiará. Si Vladimir no te dijo, ya qué. Estoy aquí y lo que me interesa es encontrar al responsable de haber lastimado a mi padre.

Había determinación en su discurso y su expresión facial no le dejaba mentir. Sin embargo, detrás de esa armadura de acero que empezaba a colocarse la ucraniana tras cada aseveración, sus ojos revelaban un sentimiento peor.

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..
...
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La aparición “oportuna” del equipo de seguridad no pudo haber dejado entre estupefacta y agobiada solamente a la ucraniana, y con un vistazo rápido directo a la cara de sus acompañantes detectó gestos distintos englobados en la misma gama negativa. Probablemente, cada uno empezaría a lidiar con sus propios dilemas en torno a la situación. Los de Gaia: perder de vista a ese sujeto capturado sería sinónimo de andar imitando a los cangrejos. Vio cómo le condenaban a un movimiento limitado en medio de sus bramidos que parecían desentonar a nadie; hablarle a los del DS era hablarle al viento.

Shura llamó a Vanya, enseguida desapartándose del otro par de digitales. Justo al alcanzar al grupillo que rodeaba al rehén, la eslava escuchó la advertencia de su compañero sobre no poseer su disfraz; la afirmación se mezcló con el llamado de atención de alguien del DS que, con un tono más tosco, exigió saber quién era y cómo pudo colarse en un proceso oficial. Los latidos de la modelo se aceleraron.

―Puedo explicarlo. ―No hizo falta que la persona a su frente tirara una pregunta sarcástica, pues con verle cruzar los brazos e inclinar la cabeza hacia un lado lo supuso; quería que respondiera sin rodeos. ―Pero no aquí. ―Mirar al prisionero sirvió para que entendieran la razón.
―Las condiciones las ponemos nosotros. ―Objetó una mujer de pinta ruda y estricta.
―Lo sé ―en verdad era buena manteniendo la calma, fingiendo no estar pasando por un viacrucis interno producto de un maremoto de emociones diversas―. Solo pido un poco de consideración. No soy parte del enemigo.
―Ayudamos en su captura. ―dijo coronamon al colocarse delante de su humana.
―Vengan con nosotros. ―Tuvo sus reservas, pero consideró mucho más factible tenerles el ojo encima que arriesgándose a condenarles por culpa de una tergiversación.

Todavía se escuchaban los gritos encolerizados del cautivo muchacho ambientando el escenario, digno plató de película de acción policiaca con un aparente final satisfactorio. Vanya fue el primero en caminar detrás de los oficiales, asimismo quien notara que Shura se hallaba con medio cuerpo girado por estar viendo lo que estuviera haciendo otro de los del DS, Khan o quizás Dylan. Escuchar uno de sus apodos le regresó los pies a la tierra y sus orbes azules directo a los ojos de su compañero. La modelo prefirió no comentar nada a lo que sea que hubiera dicho el ígneo porque seguro estaba relacionado a su corto desliz.

Zaytseva sacó el espejo de su equipaje y transformó su apariencia antes de salir del garaje, justo donde la presencia de cámaras sería el doble de intensa que cuando arribó. No prestó atención al gran murmullo del rededor, tampoco desvió la vista para no caer en la trampa periodística; tenía experiencia, pero dentro de poco saldrían otros más acostumbrados a la presión noticiera y adictos a la farándula, si hasta cierta persona se había convertido en maestra de las sonrisas falsas.

Los del Digital Security contaban con una carpa, armada provisionalmente para no perder ni un minuto del tiempo en traslados ni burocracias que tendrían que cumplir antes de iniciar el interrogatorio del criminal. Antes de introducirse en ella, la oficial que encarara a Gaia al considerarla una desconocida “sospechosa” la detuvo y pareció caer en cuenta de la verdad que existía detrás de ese disfraz. Aun así, quiso escuchar la versión de la ucraniana.

―Quiero mantener mi real apariencia lo más ajena de estas cosas. ―Nadie que no fuera la oficial y Vanya podría oírle. ―No cuento con una reputación trazada como Khan ni como... ―su pausa duró un par de segundos contados―, Tanneberger. ―A Vanya le resultó rarísimo que se refiriera a la rubia por su apellido. ―Y sé qué pensará que con más razón no debería estar ocultándome, pero no. Exponerme en esta situación es darles la oportunidad a los de Black Serpent de rastrearme. ―La otra mujer empezaba a mostrarse convencida. ―Seguro tienen información de... ―trató de ubicar a la germana para señalarla, mas no estaba al alcance de su vista.
―Sí, tienes razón. Es importante mantener una pieza que ellos desconozcan. ―Shura pretendió sonreír en lo que asentía, hasta que la intención no pasó de ser eso a raíz de la pregunta a continuación―: Entonces, ¿por qué dejaste que Khan y Tanneberger te vieran?
―Pues... ―En ese momento, un colega de la oficial se entrometió en la conversación para avisar que era imperioso empezar ya con las preguntas, pues la quest no había terminado y desde que la heroína fuera curada de la quemadura debían retomar la labor. El corazón de Sasha pegó un gran salto. ―¿Puedo participar?
―Claro. Ya eres parte de esto.
―Solo que ―continuó el recién colado miembro del DS―, al final tendremos que llevarlo a la sede.
―¿Qué?
―Órdenes. No sé, tiene que ver con el montón de periodistas.
―Adelántense, me quedaré con Khan y Tanneberger para mantenernos informados.

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―Por favor, escúchenme ―rogó el hombre desesperado y Gaia espabiló, agitando la cabeza.
―¡Te dije que te callaras! ―alguien le propinó un nuevo porrazo, la ucraniana tuvo que hacerse a un lado para permitirles seguir avanzando―. Black Serpent es una banda de timadores muy astutos, malintencionados, mentirosos.
―¡No asesinamos a White Tiger! ¿En dónde están sus Digitamas? ¿En dónde están sus digivice?
―Los encontraremos en tu guarida.


―¡¡El culpable es otro!! ¡¡El asesino está...!! ―Su acusación en alta voz quedó cortada por el golpe que recibiera a nada de introducirse en el transporte. La cabina tenía una ventana y por ella, tras recomponerse lo más rápido que le permitiera lo que le obstaculizaba el movimiento, trató de encontrar algún rostro del cual prenderse en pos de insistir. ―No somos nosotros. Se equivocan.
―Shura, ¿Shura? ―La encontró embelesada mirando al criminal. Bastó con tocarle la mano y que el calor que transmitiera de esta la espabilara. ―Nos van a dejar si no nos damos prisa.
―Tienes razón. ―Avanzaron apurados para alcanzar el vehículo del DS.

Unos toques le sirvieron para que le abrieran las puertas del cajón metálico donde se suponía trasladarían al criminal en lo que continuaban tratando de sacarle información valiosa. Sasha sintió unas gotas frías descender de su sien al visualizarse allí adentro; el espacio era estrecho, considerable para que cupiera una mesa cuadrada de cuatro sillas pequeñas, con una ventana por la que se podría apreciar parte del exterior o que los que estuvieran afuera detallaran el rostro de quien se asomase, tal como sucedió cuando el cautivo le encajó la mirada. La claustrofobia era una cosa maldita. Respirar le costaba un mundo.

―Pueden sentarse allí ―le indicó un oficial, una banqueta ubicada próxima a la compuerta.
―Es... ¿Es necesario ir a la sede? ―No quería evidenciar uno de sus más grandes temores porque eso sería absurdo.
―Son órdenes.
―Sí, ya escuché. ―Tragó fuerte. ―Pero ―volvió a mirar hacia atrás, específicamente donde estuviera DTB; rápidamente evadió su foco visual para apuntar a Khan―, los demás no vendrán con nosotros. No tiene sentido irnos y dejarlos. Si quieren que actuemos rápido, creo que es mejor interrogarlo aquí.
―Encerrados. ―Agregó el sujeto del DS, lo que provocara en la modelo un asentimiento desganado. ―Por los periodistas. Nos comunicaremos en la sede para proceder, pero tú ―miró al cautivo con desdén―, no te creas que porque está linda chica impidiera tu traslado, no vas a terminar en prisión. ―Zaytseva rodó los ojos, enseguida dándose cuenta de la orden que diera el emisor a otro oficial.
―¿Así es como ponen el ejemplo de cómo se debe tratar a las personas? ―Rezongó el criminal al verse con la boca libre, ya que al introducirse en el transporte se le fue privada el habla. ―Para trabajar en el Digital Security son pésimos haciendo su trabajo. ―¿Qué quería lograr? ¿Una provocación? Por la manera en la que miraba al oficial que yacía sentado a su frente daba a entender que esas eran sus intenciones. ―¿Cuánto dinero les dio Lee Khan?
―¿Cuándo dejarás de creer que tienes potestades? ¡Abstente a contestar lo que te hemos preguntado! ―Exigió, dando un porrazo a la mesa.
―Ya lo he dicho todo ―su mirada bailó entre el hombre y Gaia, quedándose unos segundos más reteniéndole la vista a ella―. ¿Por qué no lo investigan a él? ¿Por qué no investigan cómo fue que empezó toda esta mierda?
―Venganza. Ya nos quedaba claro.
―Pero no fuimos los primeros, aunque por culpa del maldito Lee nuestro líder está en prisión.
―Tú lo has dicho ―cruzó sus brazos y acomodó el trasero en el asiento―. Tu líder está en prisión por culpa de Khan. ¿Y así quieres que demos cabida a tus palabras? ―Soltó una risotada que enfadó al prisionero. ―Patético. ¿Sabes? Si confiesas lo que sabes, si nos apoyas, tú y tu digimon podrían ser... perdonados. Estarías colaborando con una gran causa.
―Estaría colaborando para que la mierda continúe regada.
―Bien, está buscando que su digimon se convierta en un huevo. ―El oficial lo comentó audible a propósito para generar alguna reacción en el integrante de Black Serpent, aunque mirara a Zaytseva al momento. A la modelo y a Vanya les resultó desconcertante esa “amenaza”, un tanto extrema; sonaba a pena de muerte, un castigo que sufriría un digital por solo hacer lo que su humano le pidiera hacer. A la humana le dio un escalofrío por toda la espalda.
―¡No! ¡No se atrevan a lastimar a hawkmon! Es que, ¡¿por qué les cuesta abrir los ojos?! ¿Solo por el pasado? Es hasta gracioso ver cómo un idiota los burla. ―Se le notaba demasiado ansioso, desesperado desde que supiera el posible destino de su digimon; ciertas partes de su cuerpo temblaban y para notarlo tendrían que verle detenidamente. ―Si logran confirmar lo que les diré ahora, ¿dejarán a hawkmon en paz?

[…]

Shura sintió un enorme alivio al salir del cajón del vehículo, mas se sentiría mucho mejor si buscaba otra parte en la cual detenerse por un instante y así organizar sus pensamientos, pues lo que conversara con Iván pasó al primer plano de sus ideas. Él le había dicho que la guild White Tiger solo era una carnada... “Una carnada, porque los que tienen la información que quieres conseguir son los otros, los de Black Serpent”

―Me preocupa lo que vayas a hacer para evitar que los de Digital Security y el líder de White Tiger se salgan con la suya. ―Iván se arrodilló frente a una cabizbaja Gaia, colocando una mano sobre las de ella. ―También con lo que sea que vayas a hacer con los que vayan contigo a esa quest.
―Lo sabré cuando esté en el campo.

“Cuando sepa cómo se manejan los del Digital Security”
, a los cuales vio pidiéndoles a los hambrientos reporteros que mantuvieran la compostura. También ubicó a la mujer que la interceptara en el garaje, seguramente buscaba a Khan para llevar a cabo la investigación “extra” que surgiera gracias a la confesión del criminal: “¡Usen sus radares! Úsenlos estando cerca de Lee Khan”. El sujeto se les escapó de la vista por un segundo, un instante que se estaba convirtiendo en crucial para satisfacer a las termitas de la duda.

“Cuando sepa cómo es la persona que se quiere vengar...”, ¿dónde podría estar Lee? Al ser despedido de la carpa médica como si él fuese alguien para nada importante para la quest, siendo que él era el único afectado en todo esto, la indignación se apoderó tanto de su ser que empezó a ventilar comentarios al aire en son de reproche. Meicoomon tuvo que tirar de su ropa para que dejara a un lado las actitudes estúpidas de ciertas personas prepotentes y se concentrara en el único detalle que valía la pena procurar si no quería que sus planes de venganza se fueran al trasto.

―La tal Dylan puede rastrear digivices. ―Su tamer se mostró levemente fastidiado por la afirmación; ¿acaso su compañero le estaba acusando de algo? Porque él tenía todo bajo control. Nada ni nadie se interpondrá en sus propósitos. Él y meicoomon eran los únicos que podían devolverles la paz a las almas de sus antiguos compañeros de guild. ―No sé por qué los sacaste... es evidente que te ponen nostálgico. Más de la cuenta.
―Es una forma de no olvidar mi juramento.
―Las emociones solo sirven para debilitarnos, recuerda. ―Vio a su tamer extraer un keychain de su mochila y al escuchar que alguien mencionaba su nombre, que se acercaba a ellos, lo primero que hiciera fue introducirse el aparato en un bolsillo.

Shura, aun transformada, se ofreció a colaborar con la búsqueda de Khan. Entre las varias carpas montadas por los de DS era fácil perderse. Un poco tonto si lo pensaban, en un universo lleno de criaturas con los sentidos desarrollados por mil, qué absurdo que tardaran más de diez minutos en dar con él. Pero Khan debía admitir un hecho que hasta entonces no había admirado con suma atención: la pelirroja era realmente atractiva. Algo hizo clic en su cabeza trastornada.

―¿Por qué te cambias de apariencia? Digo ―repasó de los pies a la cabeza la anatomía de la modelo―, eres sexy como sea.
―Gracias ―se lo dijo seria en contraste de la cortísima risa del varón―, sobre eso quería hablarles.
―¿De lo bien que te ves? Porque cuando esto termine, tú y yo... ―Vanya dio unos cuantos pasos, tratando de asegurarse de que Khan entendiera que lo mejor sería que cortara esos comentarios. ―Uy, tienes un guardaespaldas.
―No es mi guardaespaldas. ―contestó manteniendo su inexpresividad. ―En el garaje viste la interacción que tuve con Tanneberger.
―Sí, como si se conocieran desde antes.
―La cosa es que no quisiera que se supiera que cambio de ―movió su diestra alrededor de su cuerpo para que Khan y meicoomon completaran la frase―. Queremos ayudarte, pero no queremos exponernos demasiado. Además, los de Black Serpent no saben de nosotros ―miró un segundo a Vanya―. Te conviene mantenernos en anonimato.
―Es cierto. ―Se tocó la barbilla. ―¿Y qué con la rubia?
―Dylan, se llama Dylan.
―Esa misma, da igual como le llame a la grosera.
―No, no da igual. ―El humano y su compañero digital se extrañaron por el tono que usara la pelirroja. Si no fuera por coronamon, Gaia hubiera cedido a sus sentimientos. Tenía que volverlos a guardar en lo más profundo de su ser si quería ganarse la confianza de Lee. ―Lo único que quiero que sepan es que no conozco suficiente a Tanneberger. Creo que al igual que a ti, me choca un poco su actitud. ―El líder de WT esbozó una sonrisa de complacencia.

La charla no se prolongó más y lo que durará fue suficiente para que la oficial del DS, discretamente, usara un radar cerca de Khan para constatar la información del criminal. Y nada... absolutamente nada. Una treta que pagaría caro el integrante de Black Serpent si no se decidía a revelar la ubicación de su guarida.

[…]

“Cuando sepa quiénes me acompañarán.” Una afirmación que ahora le pesaba el equivalente a un gran pedazo de plomo. Del millón de humanos que seguro coexistían en aquel fantástico universo, de los miles que tal vez se hallasen en aquel continente y de los cientos que se antojaron de perfilarse como héroes o villanos de una historia de venganza, tuvo que ser Tanneberger la que cayera junto a ella. ¿Coincidencia del destino? Ja, qué desgraciado si sí. Aquella tragicomedia le generaba tantas emociones bipolares que no sabía si reír, si llorar, si las dos al mismo tiempo o patear la primera piedra que viera cerca de sus pies.

De repente, Sasha detuvo sus pies. La molestia en su pecho, el vuelco en el estómago, el ardor de la garganta le estaban resultando nefastos. Preguntó a Vanya, casi con la voz quebrada, si había demasiada gente detrás de ellos, entre ese tanto sobre todo si se encontraba DTB aunque no mencionara su apellido. El de fuego no quería mentir, pero el resto que allí estaba no les prestaba atención. No la suficiente. Si Shura necesitaba desahogarse soltando un par de lágrimas rastreras, le daría el placer de hacerlo sin que tuviera que pensar en los demás y el qué dirán.

La modelo se secaba los ojos con frenesí. No quería que ninguna gota le llegara al mentón, empero estrujarse los párpados y las comisuras acrecentaban el picor en ellos. Vanya se le quedó viendo bastante acongojado.

―No sé por qué me duele tanto. ―Retiró los últimos vestigios de lágrimas de sus enrojecidos mofletes. ―Debería estar muy molesta con ella y mírame. Siento que me estoy quemando, Vanya.
―Te duele porque todavía la quieres. ―Gaia ya lo sabía, pero siempre sería impactante que lo dijera alguien distinto. ―Pero ella parece que no te quiere como antes. Tal vez... ―su tamer aguardó por el final ligeramente impaciente―, tal vez es de esos humanos que olvidan rápido. ―La fémina no supo qué contestar.
―Khan no tiene otros digivices. ―La oficial del DS con la que hablaran antes les abordó por uno de los costados. ―Tanneberger y él seguirán el rastro de una carta que encontraron en el garaje. ¿Sabes de eso? ―Gaia asintió. ―Enviaremos un escuadrón a encargarse y mientras, elaborarán algún plan para llegar a otra de las ubicaciones sospechosas. Hasta el momento, Khan no se ha equivocado con sus suposiciones. ¿Te les unirás?
―Yo prefiero ir a la sede antes a recopilar más información sobre Black Serpent, algo que nos pueda servir.
―Pero Khan lo sabe casi todo sobre ellos, eran guilds rivales.
―Es que no es igual preguntarle a alguien que está afectado, a tener información objetiva que pueda obtener por otra parte. ―La oficial validó aquello, tomándolo como una estrategia simple para mantener el pequeño equipo cuerdo, por encima de los sentimentalismos de Lee.

Si Dylan quería quitársela de encima, le daría el gusto por una generosa cantidad de tiempo en la que podrá respirar aliviada e inflarse más su altivez. Su nueva cualidad desbloqueada.

[…]

Zaytseva retocó su apariencia falsa en el baño del edificio del DS. Junto a Vanya, convertido en sunmon, se dirigió a un salón de juntas vacío y allí revisó los expedientes que se le fueron permitidos conocer. Hasta el momento, nada inculpaba “oficialmente” a los integrantes de Black Serpent de todas las acusaciones que indicó Khan al momento de poner su denuncia. Su insistencia en su “desarme” no era reciente, pero los del DS lo habían considerado como un típico afán de un sujeto que solo quería quitarse del medio a un bando rival... Hasta que sucedió el primer golpe: Lee y sus compañeros descubrieron el secreto mejor guardado de BS, las capacidades de su líder. ¿Biohíbrido? ¿Qué significaba eso? Sasha ni se molestó en preguntarle a Vanya si conocía la palabra, pero considerando que él no tenía mucha memoria de su pasado en Digital World no tendría sentido.

―¿Cómo se habrá enterado de eso? ―La pelirroja se refería al líder de WT.
―Al parecer está prohibido ser uno de esos. ―También estaba ese detalle, el cual anotó en su mente. ―¿Será algo muy peligroso?
―Si los de Black Serpent tenían un integrante con esa condición, seguro que es la razón por la que el sujeto que queremos encontrar tuvo vínculos con ellos. ―Rápidamente, la modelo ubicó un papel y un bolígrafo en un portalápiz. La nota que escribiera la guardó en el bolsillo de su pantalón, indicó a su compañero que era momento de continuar y este se subió a su hombro.

En esos documentos no encontraría información que pudiera catalogar como útil para su propia investigación. Al abrir la puerta un agumon les interceptó, excusándose con que estaba a nada de entrar para pedirle a la modelo que le acompañara hacia el cuarto destinado a las interrogaciones. El criminal solicitaba hablar con ella, y solo al arribar obtuvo mayor detalle al respecto: no quería dialogar con nadie que estuviera totalmente sesgado por la labia de Khan.

Qué ganga, pero a qué costo.

―¿Estarás bien? ―El baby le preguntó al ver lo poco espaciosa que era la habitación donde estaba el criminal con las manos y pies esposados. A su tamer le hubiera encantado responder enseguida con un sí que le convenciera a ella misma, empero no podía mentirse cuando los nervios empezaron a apoderarse de sus extremidades simulando el recorrer de un montón de hormigas debajo de su piel. Sasha miró al hombre; él correspondió casi invitándola a tomar asiento, cual dueño de casa.

Uno de los oficiales le dijo que estarían escuchando la conversación.

―¿Por qué conmigo? ―El integrante de BS enarcó una ceja, preguntándose quién de los dos yacía más afectado por estar allí, aunque él desconocía la fobia en la ucraniana. Ella, por su parte, comprendió que si quería verla no era porque la encontrase estimulante a la vista (superficialmente hablando); él llevaba rato queriendo convencerla de sus declaraciones. Su forma de observarla lo confirmaba. ―Te conviene cooperar rápido.
―Ya he cooperado demasiado.
―Khan logrará su objetivo y tus compañeros terminarán muy mal.
―Él solo no podría hacer nada ―sonrió a medio lado―. ¿Por qué crees que ha recurrido a los vendidos del Digital Security? ¡Tiene otros recursos! O a esa chica famosa. A estas horas, mis compañeros deben saber qué hacer para contrarrestar a su meicoomon y al gomamon fanfarrón de Tanneberger.
―Les conoces... ―bisbiseó.
―¿A la chica y a su digimon? ―Rio un segundo. ―¿Quién no? Es el problema de las redes sociales. Mierda. Se me olvidó pedirle que me incluyera en el sorteo de Lottie. ―Bromeó, fingiendo sentirse consternado por su desperdicio de oportunidad. Sasha retuvo la respiración un instante al escuchar ese nombre otra vez, recomponiéndose tan pronto que no le dio tiempo al sujeto de notar su breve desliz.
―Entonces si sabes sobre ellos ―Shura reclinó su torso sobre la mesa; su tono se puso más ronco―, sabes de lo que podrían ser capaces. ―“No me subestimes, Gaia”, pudo repasarlo en su mente con la voz de la alemana. Su pecho punzó.
―No les tenemos miedo.
―Quizás tus amigos no, pero tú deberías. Lo que dijiste de los digivices... ―su receptor entendió lo que vendría para completar la afirmación tras esa pausa; empezó a negar cual disco rayado―. Recuerda lo que le puede pasar a tu digimon, además ―Zaytseva se sacó la carta que tuviera en el bolsillo mientras continuaba hablando―. Tienes las de perder. A estas horas, tus compañeros no se preocuparán en ayudarte, pero... ―Le lanzó la nota y como él podía mover de la muñeca a los dedos se le hizo sencillo agarrar el papel que rezaba: “vengo de parte de Anton Petrovski”. El muchacho tragó en seco. ―Si recurriste a mí fue por algo, ¿no? Confiesa.
―Está bien.

Para el oficial que servía de espectador auditivo fue tan extraña la brecha silenciosa que no quiso prolongar su estadía afuera de la habitación. Debido a su abrupta aparición, a Sasha no le dio chance de recoger la carta. De soslayo vio cómo el criminal la había arrugado entre sus manos, convirtiéndola en una pequeña bola de papel. El resto quedaría por parte del miembro del DS. Gaia salió del cuarto y por más que le urgiera ubicar una ventana, se mantuvo cerca de la entrada inhalando profundamente.

―Tal vez no hice gran diferencia. ―Le comentó al oficial sin mirarle a la cara.
―Al menos ya tenemos una ubicación puntual. Lo confirmaremos con Khan y Tanneberger y si coinciden, considera que sí hiciste una diferencia.

[…]

―Estamos solos ahora. ―Sasha escuchó a Vanya en lo que se preparaba para adentrarse a la bodega. Se les informó que no recibirían asistencia del DS por culpa de unos pirómanos.

La modelo agarró unas cuantas cartas, guardándolas en un lugar accesible de su ropa; en la pantalla de su digivice pudo ver a Taras observándole ligeramente consternado. La ucraniana solo atinó a esbozar una corta sonrisa, además de prometerle que todo estaría bien. Los tres tenían suficientes motivos para sentir pánico, mas para el ígneo y la modelo no era una sensación del todo nueva desde que en el mundo de la humana ya hubieran hecho cosas arriesgadas. La diferencia, si bien era abismal con el involucro de criaturas con poderes inimaginables, no era la causal de la gran preocupación de Shura.

―¿Vas a adoptar la misma apariencia?
―De nada sirve variarla. ―Metió el espejo dentro de la mochila tras usarlo. Su verdadera preocupación tenía nombre y apellido.

Zaytseva activó su radar, de inmediato impresionándose por los varios puntos que aparecieron en la pantalla. Varios se concentraban dentro de la bodega y otros dos yacían parpadeando a cierta distancia (del montón que se reflejaban). Solo uno tenía un color diferente, lo que le llevara a pensar en una heroína en específico. Su mano apretó el aparato con discreción.

―Perdóname, Dylan. ―Lo pensó. Había cerrado los ojos y respirado hondo en pos de envalentonarse. ―Vamos ya.

.
..
...
..
.

Dylan mantuvo la compostura tras el ligerísimo pero impetuoso latido de su órgano vital, agradeció a gomamon y no detuvo la carrera hasta no alcanzar a un desesperado Lee. El de rasgos asiáticos plantó sus palmas sobre el último muro que tuvieran que saltar si querían aterrizar sobre la azotea de la bodega, su rostro compungido alertó a la germana de que algo no estaba bien; de por sí lidiaba con un dilema personal. Uno más a la lista patrocinado por Khan sería demasiado.

―Te lo exigiré una vez más, Tanneberger. ―Humana y digimon arrugaron el ceño. ―O transformas a gomamon en zudomon y los matamos a todos con un ataque limpio, o...
―Un momento, ser inferior. ―El acuático había tensado sus garras. ―Te noto muy ansioso por maravillarte con mi gran poder, lo cual es normal. ―Meicoomon se tomó la atribución de bufar. ―Pero no haremos nada que mi querida Dylan no quiera.
―Esta quest es sobre nuestra venganza, ¿qué parte no han entendido? ―contraatacó el de pelaje amarillo.
―Y ya cometieron un error gravísimo al dejar que los de Digital Security se llevaran al idiota que...
―Escucha ―la germana estuvo a nada de tocarle en los hombros para callarle e imponerse, empero de reojo detectó un movimiento curioso que provenía de la estructura objetivo. Gracias al zoom de su M.I.G. se dio cuenta de que una persona estaba saliendo hacia el exterior desde una compuerta adherida al piso. Lo primero que se le ocurriera hacer fue arrastrar a Khan al suelo, que el muro que sirviera de protección les cubriera de la vista de un posible enemigo.
―¡Qué carajos, Tanneberger! ―Ver que meicoomon también buscara ocultarse le brindó una perspectiva de lo que estaba ocurriendo. ―Un ataque de tu zudomon...
―¡Cierra la boca! No haremos eso. ―replicó entre dientes, dando nula importancia a que la percibieran fastidiada. ―Comprende que no sabemos si estos sujetos nos vienen rastreando de alguna manera. ―Lee respingó ante la palabra “rastreo”, enseguida sumiendose en sus propios pensamientos y dudas: ¿por qué podrían hacer eso con ellos? No tenían forma; él y su digimon se encargaron de no dejar brechas que les pusiera en riesgo. Entonces golpeó el piso con su puño izquierdo. ―Si gomamon se transforma, nos expondremos tontamente.
―Si hubieras atacado de lejos, les hubieras acabado.
―No es mi método.
―Pues qué tonta. ―Gomamon apenas pudo iniciar su réplica porque su tamer le pidió que no continuara al alzar una mano en su dirección. Cierto era que las insolencias de Khan estaban queriendo romper un récord que solo personas puntuales, probablemente, se habían propuesto conseguir. Motivada por ello se levantó los lentes inteligentes y de un tajo, sin siquiera levantarse, agarró al varón del cuello de su camisa. Meicoomon se encrespó y gomamon solo se impresionó.
―Pudiste haber hecho esto tú solo ―quería que no apartara su mirada de sus orbes verdes―. Pero decidiste contratar a otros para que te ayudaran, así que te jodes, Khan. Te jodes. ―Le zarandeó un tanto para no escucharle pedir que le soltara; en su tono (de él) se notaba mucho menos su fiereza. ―Mis formas, mis decisiones. Igual no comprendo cuál es tu prisa... ―le dejó libre de mala gana. ―Pero yo no estoy apurada, menos en fallar. ―¿Entonces por qué le urgía acabar con todo para librarse de la presencia de la eslava? Qué confuso, mucho más en su interior; entre su cerebro y su corazón.

El repentino sonido de un aparato que conocía muy bien hizo que DTB buscara entre sus pertenencias. Sus manos temblaban debido a la urgencia de abrir el D-Terminal y revisar sus mensajes personales, la razón: sabía que la melodía que había escuchado solo se reproducía cuando Gaia le escribía. Su cerebro se había encargado de bloquear cualquier cosa que le pudiera llevar a sumergirse en recuerdos que, por ser demasiado lindos, le dolían como los mil demonios. Pero tener a la ucraniana demasiado cerca, ahora en zona de riesgo, fue la llave que abriera todo lo que quería enterrar en su inconsciente.

Desde que se fuera de File, Dylan no volvió a abrir la conversación que mantuviera con su ex pareja. Tanto ella como gomamon leyeron lo primero que se podía apreciar sin introducirse en el chat: 《Anoche me quedé en mi antiguo departamento, lamento no haber avisado (equis de). […] 》Para saber el resto y lo nuevo, tendría que clicar.

―¿Qué sucede ahora? ¡Estamos perdiendo el tiempo!
―Aguarda, infame. ―Lee crujió los dientes. ―Mi querida Dylan ha recibido otro mensaje de... ―Lo poco que había leído del segundo mensaje más reciente le dejó tan trastocado como a su tamer. DTB decidió verificar el del Digital Security primero. ―Dyl, no entiendo. ¿Tenemos que atrapar a la pelos de anciana también? ―El corazón se le apretujó a la germana y cada vez se le achicaba con cada repaso de esas líneas: “Urgente. La chica pelirroja está de parte de Black Serpent. ¡Captúrala!”

Lo primero que hiciera fue mirar al acuático con afanoso deseo de pedirle que no continuara hablando al respecto porque no quería que Khan supiera de su nueva y extraña encomienda. Se le ocurrió negar a lo dicho por su compañero, luego miró a un demandante muchacho a su lado; a él no le diría absolutamente nada. Se acomodó el M.I.G. y privándolo de ver sus ojos, leyó las palabras de Zaytseva haciendo tripas corazón. Le tomó un pesado segundo dirigirse hacia el mensaje más reciente, pasándole casi por encima al que enviara cuando apenas había dejado File atrás. La eslava le indicó no atacar al aire libre porque estaban esperándolos y que el radar del sujeto cautivo era un cebo.

―Tendrás que transformarte en zudomon y destruir la bodega. ―Gomamon no daba crédito al comando de su humana favorita; para Khan y meicoomon fue como saborear el más rico de los postres. Tanneberger acalló a la foca con una sutil caricia sobre sus cabellos. ―No te preocupes. No hay inocentes allí.
―¡Exacto! ¡Transfórmate ahora! ―Secundó Lee.
―Tú debes distraer a los que están afuera.
―¿Afuera? ¿Cómo sabes que...?
―El radar. ―Se lo entregó a Khan. ―Dirígete hacia otro punto y cuando terminemos de destruir el edificio, nos reuniremos.
―P-pero...
―¡Hazlo ya! ―gritó entre dientes.
―Okay, okay. ―El líder de White Tiger echó una última mirada exigente a la rubia, quizás queriendo constatar esa repentina determinación que la invadió. ―Espero no vayas a fallar.
―¡Insolente! ―Disparó gomamon. ―Dyl, ¿qué está sucediendo? ―Se dio cuenta de que ella ni siquiera volteó a verlo, que parecía estar jugando a ser una estatua o queriendo hacerse pasar por un personaje de caricatura de slow motion.

[…]

―No nos importa la relación que tengas con esa chica. ―Admitió una mujer a la que Gaia pudo identificar como rusa parlante por su acento, además de identificarla como la mandamás en ausencia del anterior líder de Black Serpent. ―Tampoco nos interesa hacerles nada. ―Puso una mano sobre su propia cadera. ―A menos que nos estorben. Pero si cumples con lo que nos has dicho, qué más da si les dejamos vivir.
―Petrovski sabrá recompensarlo muy bien. ―Shura mantenía su transformación, lo que le ayudaba a sentirse más segura al dirigirse a los que continuaban dentro de la bodega. ―Él sabe lo que quieren. ―Atentó con sonreír un poquito.
―¿Y qué es eso que queremos?
―No, así no funcionan las cosas. ―La otra fémina y el sujeto que se quedó con ella para servirle de respaldo respingaron. ―He venido hasta aquí fingiendo estar de parte del Digital Security, arriesgándome a que descubran mi verdadero objetivo ―los de misma guild se echaron una mirada cómplice―. ¿Qué otra prueba necesitan para confiar? Les confirmé la ubicación de Tanneberger y Khan.
―Ya los veníamos rastreando, lo sabes.
―Pudieron armar una treta para engañarlos. ―La sonrisa de la infame mujer se ensanchó, a comparación de la seriedad tatuada en el rostro de Zaytseva.
―Son unos idiotas. ―Shura se mordió la lengua. ―O tal vez Lee Khan cree que nos está manipulando de alguna manera. ―Ella y su compañero rieron.
―El punto es que no lo hicieron, les dejé ver mis mensajes, puse lo que ustedes quisieron que dijera y están aquí, a punto de atacar y destruir este sitio o dudando en hacerlo. ―Sasha dio un paso hacia adelante. ―Si quieres que cooperemos para detener a Khan, tendrán que dejarme conversar con Tanneberger.
―Tienes que tener algún poder sobre esa chica ―sonó burlona, aunque genuinamente curiosa respecto a la causa de ese efecto tan conveniente―. Dejémoslas hablar. Total. Necesitamos que nos crean.

[...]

El hombre que Dylan viera en la azotea, razón que les llevara a ocultarse, ya no estaba ahí y de eso se percató Khan. Junto a meicoomon corrió hacia uno de los edificios laterales; se impulsó lo suficiente para alcanzar el muro, casi pregonando maestría en el parkour por su aterrizaje impecable de no haber sido por la repentina aparición de un digital alado que justo lanzaba un ataque hacia él. El peludo amarillo le cubrió con su cuerpo, rotando para forzar la caída sobre el suelo por más que doliera. Meicoomon empujó a Lee para separarse y evadir otra ofensiva, por lo que el humano rodó hasta golpearse con el borde de concreto.

Lo primero que viera el de rasgos asiáticos fue a su compañero correr a toda velocidad hacia un snimon que yacía con sus afiladas hoces al aire; meicoomon pudo esquivar las rápidas fintas, apenas percibiendo la onda residual por la rapidez de los ataques de su oponente, mas concentrándose en atinar con su rasguño cruzado. No obstante, el tamer del alado insecto activó una carta que fungiera de escudo. Apenas meicoomon detectó la participación de aquel humano (sobre el lomo del verdoso), su enfoque se fue al trasto un par de segundos. Snimon le embistió con tanta fuerza que, en su intento de frenarlo, Khan terminó siendo arrastrado. Por muy poco ambos caían al vacío.

―¿Qué pasa, Khan? ¿Creíste que te saldrías con la tuya? ―El aludido y su digimon se recomponían ignorando las dolencias. Era más desgarradora la rabia de tener a sus objetivos al frente que unas cuantas raspaduras. ―No importa cuánta ayuda solicites para destruirnos. ¡¡La verdad prevalece!!
―¿Por qué no dejas de ser un cobarde y bajas de ahí? ―Encerró sus puños.
―Porque no quiero morir aplastado. ―La confesión desconcertó al líder de WT y su digimon. De repente, escucharon una serie de explosiones provenir de los pisos inferiores. La carcajada maniática del oponente de Lee se mezcló con el estruendo del edificio perdiendo equilibrio; juraría que el estómago le dolería tanto al ver al pobre mequetrefe de Khan buscar una forma de salvar su patética vida, cual rata de laboratorio. No obstante, lo que buscaba era una navaja entre sus pertenencias.

Lee no midió consecuencias al avalanzarse en dirección a snimon, luchando contra las fuerzas físicas de una estructura que amenazaba con caer hacia el lado opuesto de donde yacían sus oponentes de turno. Justo meicoomon evolucionó a meicrackmon, quien no dejaría solo a su tamer en su treta homicida. Khan saltó con el puñal listo para encajarlo en el insecto y este no tuvo resquemor al blandir sus extremidades, todavía menos bajo la insistencia del humano que lo montaba. Sin embargo, el de nivel perfect consiguió retener las guadañas de snimon con los apéndices adheridos a su espalda alta y con su cola terminó de realizar su Modestly Stun.

Meicrackmon se las ingenió para tomar a su tamer e intentar hacer de su caída una no tan estrepitosa a diferencia de la del insecto y su compañero.

A la distancia Dylan no pudo ignorar lo que estaba sucediendo con Lee, menos gomamon. Enseguida le permitió digievolucionar a ikkakumon, quien sin dar tregua al tiempo lanzó su arpón volcán rumbo a un paralizado snimon que luchaba por mantenerse en el aire, pero el misil quedó inutilizado en pleno aire gracias a una bola de fuego. DTB maldijo en su idioma natal. ¿Cómo no había detectado desde antes que pudieran aparecer desde puntos distintos? Recordó la imagen en su M.I.G. de los puntos parpadeantes gracias al radar del criminal preso, había siete en total dentro de la bodega... siete digivices que... la expert se reprendió por haber sido tan ingenua. La advertencia de Gaia era real, tan real como la revelación que le haría el autoproclamado rey; Tanneberger quedó tiesa un instante, presa de la incredulidad.

―¡El fantoche chimenea está de parte de ellos!


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—Hubo una brecha de silencio demasiado larga. ¿Qué fue lo que hablaste con esa chica?

Obtuvo otro golpe en la mejilla cuando dijo que no estaba dispuesto a confesar por las buenas, y para evitar que cayera de espaldas en el piso con todo y silla el oficial le agarró de la camisa. En sus pupilas dilatadas se reflejaba aquel puño hecho de dedos regordetes y amarillentos, listo para volver atacar en cualquier instante.

—Te lo preguntaré una vez más —el criminal renegó con la cabeza sin siquiera esperar la interrogante—. ¿Quieres joderte? —no era eso lo que el oficial tenía en mente, pero salió natural— ¡Pues jódete! —un puñetazo más y esta vez ni se preocupó por amortiguar el cráneo del hombre cuando chocó contra el piso.

Al criminal debió dolerle tanto ese último trastazo que accediera a abrir la boca, en el más literal de los sentidos. De entre el paladar y la lengua escupió un pedazo de papel con algo escrito en tinta que se iba difuminando gracias a sus fluidos corporales. Vaya descuido mas estúpido. ¿Por qué no lo había masticado y tragado como una goma de mascar? Intentando enmendar su error, se arrastró tal cual serpiente y con la lengua de fuera, trazando un camino húmedo en el polvoriento piso. Pero justo antes de repescar el papel, otro oficial le propinó una patada en el estómago que le hizo contraerse.

—¿Qué es esto? —preguntó el de los puños regordetes recogiendo la nota. Sus uñas sucias lo alisaron y tuvo que entornar un poco los ojos para leer el contenido borroso: el nombre ‘Anton Petrovski’ le provocó un ligero desbarajuste en las entrañas—. ¿En dónde está la pelirroja? —se dirigía a su compañero de D.S.
—Ella partió a la ubicación pactada.
—Tráiganla de vuelta.
—Señor, no tenemos unidades disponibles —el oficial se desahogó el cuello de la camisa y tosió, algo incómodo—. Esos pirómanos se han llevado a todos nuestros refuerzos —el de rango más alto apretó otro poquito los puños y rodó los ojos.
—James, puedo ver alas en tu espalda —comentó distendido, colocando una de sus pesadas manos sobre el hombro del chico—. ¿Quieres saber por qué? —James en realidad no parecía seguro de querer responder afirmativamente. Aun así, movió la cabeza de arriba abajo repetidas veces, envalentonándose para lo que sea que viniera. Apenas vio las facciones relajadas de su superior transformarse cuando sintió un aluvión de insultos embistiendo su pobre dignidad— ¡Es porque tú eres mi p*ta hada madrina y vas a conseguir p*tos oficiales que vayan a buscar a la chica o irás tu mismo tras ella! ¿Me entendiste? ¡¿Me entendiste, James?! —el superior se expresó a gritos.
—¡S-sí, señor!
—¡Y llama a Tanneberger!


[...]


“Urgente. La chica pelirroja está de parte de Black Serpent. ¡Captúrala!”

A Tanneberger le debió costar al menos medio minuto reaccionar, primero porque no entendía por qué había siete digivice dentro de la bodega y segundo porque el edificio aledaño reducido a rocas se había tragado por completo a Khan. A trompicones por culpa del temor que Gomamon le tenía a las alturas, bajaron de la azotea para buscar al de White Tiger. Qué importaba ya si el radar del criminal retenido por D.S. era un cebo o no. Dylan estaba al noventa por ciento segura de que aquella localización era la verdadera guarida de Black Serpent, y si el diez por ciento se volvía para darle un fuerte guantazo en toda la carota, capturaría a sus nuevos enemigos para continuar con la búsqueda.

El Child digievolucionó y ella desconectó el radar criminal de sus goggles. Apenas recordó que no podría conectar el suyo porque se lo había dejado a Khan, además notó que la batería de los lentes no daría ni para otros cinco minutos de uso. Lo último que vio en la pantalla con el zoom fue a Firamon preparando un ataque para contrarrestar el de su propio Digimon. Pero, ¿Firamon? ¿En serio? ¿Por qué el Digimon de Zaytseva no era GeoGreymon? Quizá porque aquella no era la verdadera Zaytseva, sino una impostora. «Siempre tan ingenua, Tanneberger». Se reprendió a sí misma, apretando con mucha fuerza los dientes.

Por momentos olvidó que los mensajes en su D-Terminal provenían de la verdadera D-T de Gaia; el punto grisáceo en su radar pertenecía al digivice de la única Gaia. Negación no es como un río, es como un maldito y jodido océano.

—¡El fantoche chimenea está de parte de ellos! —exclamó Ikkakumon igual de sorprendido.
—¿Leíste lo que te envié? —la falsa Gaia necesitaba saberlo, porque la germana había demostrado ser buenísima ignorando sus mensajes. Lo preguntó asomando su rojiza cabellera desde el borde de la azotea, después abordó el lomo de Firamon para descender al mismo terreno que sus antiguos aliados y truncarles el camino.
—La Gaia que conozco no colaboraría con una banda de criminales —Dylan fue rápida en señalar—. ¿No fui lo suficientemente clara y cordial cuando te pedí que te fueras? —A la ucraniana el comentario le sentó como una patada en el estómago.
—Tenemos que hablar —lo planteó como una imposición, algo menos que eso terminaría siendo desechado por la nueva actitud de la rubia. Bajó de su Digimon y dio un paso hacia adelante.
—Fantástico —Dylan forzó una pequeña sonrisa—, pero no, gracias —el gesto se evaporó como una gota de lluvia en medio del desierto—. Ikkakumon, derrótalos.

Ikkakumon desprendió una brisa muy fría para elevar su defensa y Firamon hizo crecer la llama en su frente. Para no quedar en medio de las miradas furiosas entre los dos, Gaia había devuelto su paso y vio a Dylan mordiéndose el labio inferior, como si se privara de decir alguna otra cosa. Firamon se colocó frente a ella.

—Sabes que no puedes vencerme, fantoche inferior —Ikkakumon levantó un poquito la cabeza, haciendo que sus colmillos lucieran más largos y afilados de lo normal—. Un soplo de mi aliento bastaría para apagar el fuego en tu cabeza.
—Tan soberbio como siempre —encajó Firamon, aquella era tan sólo otra provocación que caía dentro de un vaso bastante lleno, la verdad—, pero ni creas que voy a rendirme.

La Tamer del Digimon de fuego colocó una carta en su lector (símbolo de la amistad) y las llamas de Firamon crecieron todavía más.

¡Fire claw!
¡Horn attack!


[...]


—¡Perdí mi keychain!

Dicho eso, Meicrackmon se levantó sacándose los escombros que le habían caído en la espalda por proteger a Khan. El Tamer se revolcó en el piso buscando algo a toda prisa. Ya era hora de ir trazando los bocetos de su plan final, pero tal vez fuera demasiado difícil sin los pinceles necesarios. Casi sin venir a cuento, pareció entrar en un trance porque empezó a gritar, preso del pánico, como si no le hiciera ninguna gracia no poder encontrar el preciado aparato electrónico. Lo más probable era que lo hubiese extraviado mientras saltaba de azotea en azotea.

Meicrackmon creyó que la tierra se removía como en un terremoto, pero en realidad era Snimon con sus últimos coletazos, saliendo del polvo. El de Black Serpent venía con él y parecía en impecables condiciones, a diferencia de Khan quien no pudo amortiguar del todo su estrepitosa caída: contaba con magulladuras por todo el cuerpo. Una de sus piernas sangraba desde una herida en el femoral, tiñendo su pantorrilla de un rojo muy navideño que le invitaba a cojear. Otro hilillo del mismo color resbalaba de su labio partido hasta el cuello. ¿Por qué pensó que saldría ileso al lanzarse de forma impulsiva a un Digimon Adulto?

—¡Maldita sea! ¡Acaba con ese insecto! —Meicrackmon no le respondió, tan sólo se puso en marcha.

Snimon intentó taclearles con sus navajas cubiertas de electricidad pura. Era una estrategia bastante primitiva, pero sus condiciones no le permitirían algo más. El de nivel Perfect únicamente tuvo que quitarse de su trayectoria y verle pasar para después propinarle una patada en la espalda que le hiciera perder el equilibrio, también un poco la consciencia. Con sus últimas fuerzas terminó estrellándose en contra de los otros Digimon de mismo rango que combatían en el piso aledaño.

Ikkakumon, Firamon y Snimon se convirtieron en una bola digital que embistió el muro laminado de la sede de Black Serpent, creando un boquete acorde a la magnificencia de quien se creía Rey. Que lástima que su entrada fuera tan poco elegante. Los Tamer de los Digimon también fueron arrastrados hacia adentro, aunque el único que entró por su propio cojo pie fue Khan.


[...]


Las garras y el cuerno habían chocado en un movimiento sutil que no pretendía dañar realmente al adversario, porque el adversario se apodaba ‘viejo amigo en una situación desafortunada’, por más que les costase admitirlo. Era eso o tal vez a los dos se les había olvidado cómo lanzar un ataque apropiadamente. Nadie dijo nada, las Tamer esperaron en silencio, hasta que el zumbido de las alas de Snimon acercándoseles les obligó a moverse.

¿Era una jodida broma? Blasfemia. De repente Tanneberger estaba al lado de Zaytseva y con su iC rebosante de digisoul sobre sus cabezas, protegiéndose ambas de un chispazo de Snimon que fue lo suficientemente fuerte para empujarles con sus Digimon hacia dentro de la bodega de Black Serpent. La espalda de la rubia rebotó dos veces sobre el piso como una marioneta antes de inmovilizarse junto a la otra chica. La cercanía entre sus cuerpos habría sido desconcertante de no ser por la nube de polvo dentro de sus pulmones que le acorralaba entre toser o morir. Toser o morir, Tanneberger; la alemana revivió como un zombie en viernes trece, sacudiendo el cuerpo y tosiendo casi todo su sistema respiratorio, sintiendo un montón de contusiones por toda la piel. Le urgía recuperar la facultad del habla porque así le haría saber a Zaytseva que su maldita deuda estaba saldada con ella. Ni más ni menos.

Apenas pudo enfocarla despertando y llevándose las palmas a la cara, conteniendo una hemorragia nasal. El trastazo en el cráneo no habría sido menos doloroso que el de su espina dorsal. Cuando la vio retorcerse como si estuviese a punto de sufrir una especie convulsión epiléptica, se acercó a ella y le ayudó a colocarse de costado con la cabeza entre sus manos.

—¿Estás bien? —aquello no era lo primero que tuvo planeado decirle, pero qué importaba ya. Ni siquiera pudo ocultar el tono preocupado en sus palabras. Le limpió la barbilla con el antebrazo de su pullover y, de un tirón, le desajustó el cuello de su ropa para mitigar la presión extra.
—Me he llevado peores golpes haciendo parkour con Halsey —respondió Gaia desprendiéndose bruscamente, levantando la mitad de su torso.

El nombre de la cineasta en colación fue una ola de tsunami que a Dylan le costó mucho resistir. Pese a que la chica en sus manos se empeñaba en verse como una pelirroja que no llegaría ni a la contraportada de la peor edición de Vogue, no podía seguir negando que era la Gaia auténtica. La única Gaia. Quien fuera su Gaia.

Dylan se sacó los goggles, revelando sus mejillas magulladas y aquellos ojos verdes que ya no brillaban de furia. Las dos quedaron tan enfrascadas a la mirada de la otra que no escucharon a Khan gritando como un loco desquiciado. Gaia se relamió sus hinchados labios y frunció el ceño cuando vio a Dylan haciendo un gesto con el dedo para que no hablara. La rubia hablaría primero:

—Digital Security me ordenó capturarte —las pupilas de la pelirroja se dilataron casi de manera imperceptible—. Ikkakumon no quiere herir a Firamon y yo no quiero herirte a ti —lo decía en serio. Y parecía que se le había pasado la pataleta, porque su tono era mucho más sosegado que antes. Por un minuto todo su show de Broadway se desmontaba de pies a cabeza para exponer a la antigua Dylan: pasen todos y conozcan el verdadero núcleo del nefasto personaje engreído y bocón que se vendía como héroe en los blogs, periódicos y revistas—. Por favor, ríndete.
—Yo no... —Gaia quiso protestar, pero desistió cuando vio a la rubia otra vez con el dedo índice sobre sus propios labios.
—Por favor, ríndete —el corazón escondido en un cajón de su pecho comenzaba a pesarle un poquito más—. Por favor.
—No he cometido ningún crimen —contestó al fin la ucraniana. Y aunque no era su intención, sonó una pizca a reproche. No podía creer que quien fuera su novia le tratara como a una delincuente.
—Entonces pruébalo. Iremos a la estación y aclararemos este sinsentido.
—Iré a la estación contigo, únicamente si llegamos al fondo de toda esta Quest —Gaia tuvo que decirlo pese a que Dylan no quisiera tener esa conversación con ella. La rubia se quedó unos segundos en silencio. Si era fiel a la nueva versión de sí misma, a la propuesta formulada por su ex novia le debería seguir un enérgico ‘no’.
—¿De verdad quieres que asesine a todas esas personas y Digimon? —preguntó sin ganas de escuchar la respuesta, con los párpados temblorosos. Era inverosímil lo que Gaia le estaba pidiendo.
—Dylan, no creo que Black Serpent sean los culpables de todo esto...

Ikkakumon se le había quedado viendo al Gizamon (Snimon de vuelta a Child) derrotado en el piso, luego al fantoche Firamon que se levantaba con mucha pereza, por último a Khan y a Meicrackmon como un par de lunáticos gritando cosas que carecían de lógica. Agitó la cabeza. La verdad es que quedaban pocos elementos a su alrededor a los que pudiera engancharse para ignorar el hecho de que tenía que seguir combatiendo contra Firamon.

—Ríndete, antorcha con cuatro patas —dijo para dilatar todavía más el momento.
—Eso quisiera usted, su gran bajeza —le contestó un Firamon que desviaba la vista por todo bodegón sin siquiera proponérselo.

Pero cuando sus miradas cruzaron por un breve instante, ambos sintieron un fuego arder dentro de sus estómagos y recogieron sus rostros hacia otra parte, muy indignados.

—¡Maldita sea! —gritoneó Khan, colocándose a horcajadas sobre el Tamer de Snimon. Con un par de rápidos ganchos, la cara del de BS y el puño del de WT se tiñeron de sangre— ¡Eres un estúpido!
—¡Ser inferior! ¡Detente! —ordenó Ikkakumon, escandalizado.

Ni Firamon ni Ikkakumon estaban seguros de querer presenciar la muerte de ese humano ni tampoco de su Digimon, pero no pudieron hacer mucho al respecto. Con una estocada de su aguijón, Meicrackmon atravesó a Gizamon y lo convirtió en una nube de datos. El movimiento fue tan limpio, tan claro y tan certero que el pobre Child no habría sentido ni un poco de dolor, aunque eso no les devolvía tranquilidad. Ikkakumon apretó sus garras y dientes y se contuvo de dejarse llevar por sus impulsos hasta que escuchó la voz de su Tamer:

—Siento una oleada de deseo por arrancarte la garganta —le dijo una renovada Dylan a Khan, que seguía gritando mientras aporreaba al hombre inconsciente. El puño del de WT quedó inmóvil en el aire.
—T-tanneberger —Khan titubeó—, no lo entiendes.
—Tu no lo entiendes —la rubia se acercó a él junto con la pelirroja—. Debías alejarte de la bodega para ser una carnada. Hay siete digivice activos en este edificio y no sabemos si son Tamer o no.
—¿Siete digivice? Pero sólo quedan tres miembros de Black Serpent —Khan hizo las matemáticas con los dedos de la mano.
—Buen trabajo, Euclides —Tanneberger le felicitó a modo burlón, pero el hombre no picó por concentrarse en el aparato que tenía en la mano derecha: el radar de la rubia. Se levantó como pudo y se arrastró lejos de ella—. ¿Qué carajo estás haciendo? —la chica quedó perpleja y cuando quiso reaccionar, Meicrackmon sostuvo a su humano.
—Se están moviendo hacia el exterior —reveló Khan antes de que su Digimon le levantara del piso y se moviera con él hacia la dirección indicada.
—¡¡Khan!! —gritó Dylan con todas sus fuerzas.

Gaia, Dylan, Firamon e Ikkakumon siguieron a Khan y a Meicrackmon hacia la salida del bodegón y a medio camino, a la rubia le aquejó un mal presagio en forma de palpitaciones molestas en las cienes. Si ellos estaban concentrados en un punto exacto del edificio sin presencia de criminales, entonces eran una diana perfecta para un fulminante ataque. La ucraniana refrendó sus nefastos pensamientos cuando le pidió que activara su iC para permitirle a Ikkakumon digievolucionar. Gracias a Ygg lo hizo justo a tiempo para impedir que una serie de explosiones dejara otro horrible cajón de escombros dentro de la misma manzana.

Zudomon se levantó tras protegerles con su coraza y terminó de destruir lo que sea que quedara de la sede de Black Serpent. A lo lejos vieron a Meicrackmon levitando con su Tamer por el largo de la avenida que llevaba de vuelta a Star City, dando alcance a los criminales que pretendían escapar a bordo de un Aquilamon.

Con una técnica especial, Meicrackmon creó al menos doce copias de sí mismo que se elevaron más alto para frenar al Adulto volador. Uno de ellos le atacó con su aguijón y le dejó paralizado, haciendo que cayera en picada y se estrellara sobre una distinguida plaza. Los Tamer de BS no tuvieron ni de broma un aterrizaje agradable. Dentro de todo el cataclismo, el par de varones seguro se habían llevado lo mejor, pues se reanimaron en tiempo récord para permitirle a sus Child digievolucionar y prepararse para una batalla que parecía inútil, muy estúpida. Gorimon y Tyrannomon; King Kong y Godzilla en una alianza inédita en pro de detener a Meicrackmon quien solamente tuvo que repetir su estrategia, creando figuras clones de sí mismo para inmovilizar a los enemigos. Los Adultos cayeron tendidos sobre la plaza.

Khan miró al Tamer de Gorimon, al de Tyrannomon y luego a la Tamer de Aquilamon. Arrugó la frente y al final se dirigió arrastrando su jodida pierna hasta al que acompañaba al Gorimon.

—Finalmente cara a cara, Golubev —le dijo a quien casi sollozaba queriendo reanimar a su Digimon.
—Eres un idiota si crees que podrás salirte con la tuya, Khan —el de WT se ofendió, cogiendo más fuerte el radar que indicaba que en ese punto estaban los digivice extra. Le tomó unos segundos recomponerse y cambiar ese malestar por una risa demente.
—¡He ganado esta guerra! Ustedes no son nada sin su líder.
—Y tú no eres nada sin tus compañeros.

Hastiado de tanta palabrería hueca, Khan tomó a Golubev de los cabellos cenizos que resbalaban por su frente y le obligó a levantarse.

—Dame los digivice —dijo muy serio. Meicrackmon discernía entre acabar de una vez por todas con Gorimon o esperar a la contestación del de BS.
—¿D-de qué digivice hablas? —las pupilas de Golubev rebotaban de su Digimon a Khan y a su Digimion de vuelta.
—¡Los p*tos digivice! ¡¡Maldita sea!! —le espetó el de WT en la cara. Sin más remedio, vació sus bolsillos y sacó los digivice que habían servido de cebo en la bodega destruida. Khan sufrió una descompensación de azúcar cuando los vio regados en el piso: ninguno de esos aparatos eran los que estaba buscando. Entonces, ¿en dónde carajo estaban?— ¡Dame mi maldito keychain! —gritó desquiciado.
—¿Qué es lo que hay dentro del keychain? —escuchó a Tanneberger preguntar. Y la descompensación se convirtió en un coma diabético.

La plaza entera vibró un poquito cuando Zudomon entró caminando, derrumbando algunos árboles y arbustos en su camino. Con el paso lento del gigante Digimon, les había costado más tiempo de lo esperado llegar hasta donde estaba Khan enfrentando a los de Black Serpent. Dylan le ubicó enseguida. Zudomon acorraló al criminal del Tyrannomon, y Gaia y Firamon siguieron adelante para encontrarse con la mujer ruso parlante que fungiera como líder temporal de Black Serpent.

—No se supone que harías estallar el edificio con nosotros adentro —recriminó Gaia tranquila. Escuchó un bufido y entornó los ojos.
—Todo tiene un precio, querida, pero puedes conseguir lo que sea que anhelas en la vida si estás dispuesta a sacrificar lo demás —la mujer rusa le dedicó media sonrisa astuta mientras seguía atendiendo a Aquilamon. El Digimon reaccionó tras un antídoto avanzado aplicado de forma oral—. Ven conmigo, escapemos de este lugar —le tendió su mano a Zaytseva y esta enarcó una de sus cejas.
—¡Shura! —Firamon le recordó lo evidente:
—Estamos rodeados por oficiales de Digital Security.

James Winx y su escuadrón de polizontes se dedicaron a acordonar el perímetro de la plaza y a evacuar a las personas y Digimon que anduvieran por ahí. Tanneberger lo supo gracias a un mensaje recibido en su D-T. DS demandaba que la rubia acabara con los criminales de BS cuanto antes y causando el mínimo de afectaciones posibles. Ah, y que no olvidase capturar a la chica pelirroja quien sería sometida a una extenuante interrogación.

Los miembros de la banda criminal estaban derrotados y dispersos a su alrededor, conformando el triángulo escaleno más desigual que hubiese visto nunca. Todo lo que tenía que hacer era ordenarle a Zudomon que los aplastara con su martillo y la Quest quedaría lista, aunque la conversación entre Khan y el Tamer de Gorimon seguía haciendo eco en sus tímpanos.

—Khan, ¿qué es lo que hay dentro del keychain? —lo preguntó con dicho objeto colgando de una de sus manos. Le dolía tanto la cabeza que no se le ocurrió que podía presionar el botón para descubrirlo por sí misma.
—Vaya, vaya, Tanneberger —Khan le dio la cara sin desprenderse de Golubev. No le costó nada mantener la calma pese a esa extraña inestabilidad mental en el cual gritaba e insultaba a todos—. Eres la definición exacta de ‘persona inoportuna’ —imitó unas comillas con los dedos—. ¿Sabes? Debías ayudarme a cumplir con mi venganza, pero ¿qué es lo que has hecho hasta ahora? —se encogió de hombros—: Únicamente estorbarme. Eres una grandísima estúpida.
—¡Contesta mi pregunta! —espetó Dylan rabiosa.
—¿Acaso el oficial Johnson no te presionó lo suficiente para que aniquilaras a los criminales sin hesitar? Recuerdo haberle pagado una suma cuantiosa de dinero para que lo hiciera —la risa maniática de Khan quedó opacada por los gritos de Golubev al presenciar el asesinato de su Digimon a manos de Meicrackmon. Al de WT le pareció que había tardado bastante en hacerlo.

Khan arrojó a Golubev a los pies de Tanneberger quien se guardó el keychain en el bolsillo con una nota mental en color marcatexto.

—Asesínalo —le dijo Khan a una Tanneberger congelada en el momento. A lo mejor tenía tiempo de salir huyendo, pero no. Imposible. Golubev le miraba como diciendo ‘por favor no lo hagas’—, ¿qué estás esperando? ¡Asesínalo! ¡¡Asesínalo!! —la rubia apretó la mandíbula y el de WT vio unas venas peligrosamente hinchadas en su cuello.
—Y, ¿qué si no lo hago? —le retó Dylan.
—Estoy harto de tí —el semblante de Khan se ensombreció por completo.

El agujón de Meicrackmon se abalanzó sobre la cabeza de la rubia queriendo atravesarle por un punto ciego, pero un instante antes de lograrlo el sonido metálico del martillo de Thor girando como boomerang le mandó a volar hasta los límites de la plaza. Enfurecido por la agresión hacia su Tamer, Zudomon envió una ola de hielo para obstaculizar al oponente. Meicrackmon se dividió en una decena de clones que confundieron al acuático y en ese titubeo todas y cada una de las copias se lanzaron a embestir al oponente. Zudomon cayó de bruces sobre el jardín de flores en la plaza ocasionando un fuerte estremecimiento y hecho un ovillo aguantó con su caparazón los ataques. Cuando Meicrackmon intentó encajar su aguijón en él, Zudomon se movió y le recibió con el cuerno de su frente. Ambas prominencias chocaron como en un duelo de esgrimistas y pese a no haber recibido el veneno directamente, el acuático se sintió un poco torpe.

Una parte del cuerpo de Zudomon había quedado paralizada y a Meicrackmon no le quedaban muchas fuerzas para seguir luchando. Aquel sería el último embate. El Digimon de la germana levantó con su brazo más sano el martillo de Thor y lo recargó de un poderoso rayo que descendió del cielo, partiendo las nubes. El otro Perfect concentró todo lo que le quedaba en su aguja más grande y de esa forma, ambos digitales colisionaron. Un sonoro estallido recorrió como un maretazo las inmediaciones.

¡Vulcan Revenge!
¡Modestly Stun!




Bishamon Bishamon 🌝
 
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I was lightning before the thunder
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Shura había escuchado lo que le dijera su compañero claro y fuerte, pero por alguna razón no quería quitarle la vista de encima a la mujer que había extendido su mano hacia ella. Estaba a nada de simplificar su búsqueda, al toque de una diestra; a nada de meterse en serios problemas con la justicia porque, ¿qué excusa se inventaría para que entendieran sus razones? Si ni siquiera la única persona que creyó que la conocía mejor que nadie parecía confiar en ella.

A buen momento se le ocurrió mirar hacia atrás en búsqueda inconsciente de aprobación, justo donde se llevaba a cabo la trifulca entre Tanneberger y Khan; porque ocurrió la coalición de las técnicas de ambos digitales perfectos. La onda residual generó la ruptura de los cristales de cada edificio que estuviera en la cuadra entre otros deterioros. Los del DS empezaron a vociferar una sarta de cosas inentendibles para quien estuviera en el suelo tras haber salido disparado por el choque de ataques, o buscara un refugio instantáneo y momentáneo.

La mujer de Black Serpent fue resguardada por su propio digimon completamente repuesto, así como lo hiciera firamon para cuidar a Zaytseva de los residuos que caían desde arriba. En esas, la modelo recordó lo que le dijera Dylan sobre su captura; consideró que aquello no era más que la oportunidad perfecta para desaparecer… como si su ex pareja hubiera concedido esa “aprobación” que anhelaba sin darse cuenta. Sus ojos púrpuras casi azules se cruzaron con los de la tamer de aquilamon.

El tamer del Godzilla digital introdujo a su compañero en su digivice toda vez regresara a ser un child y aparecieran sus códigos. Salió corriendo a pesar de no querer dejar atrás al magullado integrante de BS, pero ese era un caso perdido. Esperaba que estuviera muerto o tan inconsciente que no pudiera hablar por un buen rato.

La líder provisional de BS pidió al otro chico que abordara a su digimon cuanto antes, y aprovechando que Sasha apenas se componía la tomó bruscamente de un brazo. Gaia exigió ser soltada intentándolo al tironear de su extremidad, consiguiendo nada más que su captora le apretara fuerte. Cuando firamon quiso intervenir, recibió el ataque sorpresa de algún integrante del DS. El león alado embistió una estructura cercana.

―¡¡Vanya!! ―La voz de la pelirroja salió temblorosa. Sabía que su compañero la tendría complicada sin ayuda de las cartas. ―¡Suéltame!
―No, y no te resistas. ―Empujó a Shura a los brazos del otro integrante de BS.
―¡¡¡Shura!!! ―Bramó el de fuego, ignorando al guardia del DS que le interceptaba.
―¡No intentes huir!
―¡Esos criminales se llevan a mi tamer!

Aquel oficial que se interponía entre firamon y aquilamon era el supuesto hada madrina: James, quien sí lograra hacer “magia” para reunir unos cuantos miembros del DS. Por un instante consideró insistirle al alado que no intentara nada que pudiera perjudicarle más, pero... sintió un nudo a la altura de la garganta; por más sospechosa que fuera la mujer pelirroja, su deber como protector de los lazos entre humanos y digitales le privaba de tomar una decisión inmediata. Que descendiera la cabeza para evitar ver al león fue una señal para el último. Vanya alzó vuelo detrás del ave.

[…]

Zudomon pudo retener a Dylan al salir disparada hacia atrás; con su gran extremidad la protegió de lo que cayera de las estructuras afectadas. El estruendo y su conjunto no le permitió ubicar a meicrackmon, tampoco a su desquiciado tamer, pero intuyó que no pudo haber salido bastante librado ante aquel pseudo hecatombe. La realidad no distaba mucho de esa percepción, pues el de aspecto zorruno resultó bastante lastimado y con sus energías disminuidas a consideración. ¡Y qué decir de su humano! A duras penas le encontró bocabajo, inmóvil.

Meicrackmon se apresuró en recuperarlo, tomarlo en brazos y sin mirar alrededor ni pensar demasiado utilizó sus reservas para alzarse por un edificio. Zudomon alertó su presencia vociferando algo que sirviese para detenerlos o para que tan siquiera los de DS le atraparan; por sí mismo intentó realizar otro ataque con su lado movible, empero los quejidos de Tanneberger le detuvieron. Su preocupación pasó a ser la rubia.

El de nivel perfect se transformó en gomamon para asistir a Dylan a pesar de su propia afección. La germana se apoyó de sus brazos temblorosos y adoloridos, compuso parte de su torso y levantó su mirada hacia los orbes angustiados de la foca. Con voz tranquila le aseguró que no tenía que preocuparse de más; seguramente no tenía ningún hueso roto. Le dolía la cabeza por uno que otro golpe. Se consideró ser un saco de boxeo de las circunstancias, lleno de moretones. De repente le consternó ver una sombra cubriéndole. Había escuchado pasos acercándose a su posición, solo que girar le resultaba demasiado costoso; esperaría a que quién fuese se presentara con su voz y sin necesidad de saber la identidad de aquel sujeto, que la llamara por su apellido, le ayudó a suponer que debía ser alguien del Digital Security.

―Espero que hayan capturado a Khan.
―Gracias al espectáculo que protagonizaron, escapó. ―Dylan endureció su facción. ―Y no solo él. Los de Black Serpent también. Excepto por... ―echó un vistazo al chico que todavía no llevaban al hospital, al cual Lee había golpeado hasta desfigurarle el rostro. No obstante, la mente de la germana no le hizo imaginar a ese susodicho; en su interior quería escuchar que quien se hallaba por ahí era otra persona. Otra persona indispensable para acabar con el malentendido de su culpabilidad. ―¿Puedes ponerte en pie? Tenemos que ir a la sede de inmediato.
―¡No presiones a mi querida Dylan!
―Será mejor que también te puedas mover. ―Aquel hombre ignoró los bufidos del acuático, que de no haber sido por la rubia, gomamon hubiera continuado renegando. ―¡James! ¿Dónde está?
―Señor, ha ido detrás del firamon de la chica pelirroja.
―Díganle que se dirija a la sede desde que los capture. ―Hablaba tan fuerte, enfadado, que a la expert protagonista no se le hizo una labor complicada escuchar; su corazón empezó a latir sin control. ―Cerciórense de que no haya civiles ni digimon heridos. Lleven a este criminal al hospital y espósenlo hasta que recupere la consciencia. ―Al cruzar por su lado no pudo contener una mirada llena de desdén. La primera palabra con la que se le ocurriera catalogarlo fue “patético”.

[…]

Firamon no solo se impulsaba con su capacidad para volar, también al correr por encima de las azoteas. A nivel del suelo iban James junto a su compañero digital esquivando a los transeúntes, pidiendo a los que disfrutaban de un día soleado que se resguardaran. Muchos no comprendían; algunos esparcieron la voz de lo que sucediera en la plaza metros atrás, pero nadie contaba con la noticia completa a saber si verdadera. Era más atractivo ser espectador en primera fila de la persecución de turno.

―Qué insistente es tu pequeño amigo. ―El comentario de la mujer hizo que Gaia intentara soltarse del sujeto que la tenía de brazos cruzados hacia atrás. ―Deberías sugerirle que no se esfuerce tanto.
―¡Vanya, no te rindas! ―El hombre le cubrió la boca, apretándole la quijada.
―Haz hecho una mala elección de palabras. ¡Cuidado, aquilamon!

En las pupilas dilatadas de la modelo quedó reflejada la bola incandescente que lanzara su compañero hacia el ave. Esta hizo un movimiento brusco para esquivar, sobre todo con la falsa intención de enervar la preocupación de Vanya al hacerle creer que su tamer podría caer. Ciertamente, poco le importaba si Zaytseva y quien la sujetaba terminaban por ceder a un mal golpe de la gravedad. En respuesta de su osadía, firamon lanzó otras bombas ígneas sin éxito. Los alados zigzaguearon entre los altos edificios, una estrategia que aquilamon aprovechara para despistarlo; él era más rápido en varios aspectos, uno de ellos: sus ataques. El ave rojiza reprodujo una onda que aturdió al sagrado. Era molesta al oído y provocaba un nefasto aturdimiento que le impedía enfocarse adecuadamente. Apenas escuchó el llamado de Shura como su único recurso guía, cuando algo le impactara de frente. Aquilamon remató con un anillo de energía que disparara desde su boca.

Firamon fue expelido con estrépito hacia el suelo y en descenso perdió su transformación.

―¡¡Vanya!!
―Continua hacia nuestro destino. ―Pidió la frívola integrante de BS.

El corazón de Gaia se le quiso salir por la boca al tener que dejar atrás a su mejor amigo, al tener que verle ser sacrificado por... ¿su egoísmo? ¿Capricho? ¿En qué momento se le ocurrió pensar que estaban listos para afrontar a cualquier enemigo? Se había equivocado y todo por actuar motivada por sus ganas de obtener respuestas a como diera lugar. Su dermis se tornó fría. Ya ni sus heridas dolían tanto como lo hiciera su pecho. Las lágrimas no tardaron en cubrir su tersa piel, de motivar que surgiera un intenso color rojo que nacía desde las bolsas de sus ojos totalmente grises.

James había llegado a la escena a tiempo para no perderse la rápida caída del child felino. Los humanos y digitales que yacían por ahí gritaron alarmados, aunque varios tuvieran la intención de evitar que alcanzara el suelo. Solo un digimon actuó más rápido conjunto a su tamer, quién atrapara a Vanya gracias al salto limpio que realizara la criatura de cuatro patas. Sin problema aterrizó en medio de la avenida, bastante cerca del integrante del DS. El murmullo de los presentes destilando sosiego fue imposible de ignorar.

―¡Alto ahí! No puede llevarse a ese digimon. ―Mostró su placa de seguridad.
―No pensaba hacerlo. ―Admitió tranquilamente, extrañando a James.

[…]

―¿Qué estás tratando de decirnos, Tanneberger? ―Al arribar a la sede de aquellos que velaban por la seguridad del Digimundo, lo primero y único que hicieran todos los actuales (y disponibles) integrantes de aquel cuerpo fue encerrarse en una habitación, donde yacía toda la información respecto al caso del homicidio de la mayoría de integrantes de WT.

No permitieron que la germana visitara el dispensario médico porque, a consideración del mandamás de turno, tendría oportunidad de revisarse sus heridas después. La foca engreída lucía mucho mejor; el efecto de la parálisis se había diluido. Entre tanta consternación y confusión, la alemana hubo encontrado una brecha para empezar a disparar las pocas balas con las que contaba. De todos modos, no lo haría de golpe. Todavía luchaba con su propia consciencia sobre qué hacer... había un montón de dudas rondando en todas partes.

―Usted vio lo que provocó Lee Khan. ¿No les hace pensar que hay algo extraño en su actitud?
―¿Qué puede haber de extraño en alguien que solo está lastimado por la muerte de sus amigos? ―La expert esperaba no tener que contestar eso, de verdad. No se creyó demasiado fuerte como para retenerle la mirada a alguien que la confrontara recurriendo a tópicos sensibles, hechos que daban en su clavo más vulnerable. Pero ahí estaba. Incrédula, maquinando una respuesta en dado caso tuviera que rebatir. ―Khan está frustrado y es entendible su comportamiento. ¡Tú dejaste escapar a los de Black Serpent solo por darle la contra a tu cliente? ¿De verdad, Tanneberger?
―¡Oiga! Nosotros no dejamos escapar a nadie. ―Gomamon resultó ser un buen canalizador del desconcierto que acrecentaba en el interior de su humana ante tanto sinsentido. ―Ese ser inferior nos atacó primero. ¡Y no permitiré que nada lastime a mi querida...
―¡Khan no era el objetivo, maldita sea! ―Todos se tensaron. Adelantándose a la contestación del pelinaranja, la germana puso su mano derecha frente a su rostro; no permitiría que nadie pusiera en duda sus actos. Estaba harta de que le cuestionaran, de tener que demostrar a otros lo que ellos esperaban de ella. Y durante mucho tiempo se valió del don que poseyera su digimon para encargarse de “lo que dijera la gente”. Ya no tenía los anteojos para ocultar el malestar que se revolvía en su interior.
―¿Cuántos bits le pagó para comprar su maldita lealtad? ―Se había puesto de pie en pos de agrandar su valentía; contuvo la dolencia que le ganara su actitud desafiante, pero lo valía. Estaba resultando extrañamente satisfactorio ver esas caras sorpresivas. ―¿Cuánto maldito dinero dio para lucir como la víctima de la historia? ―Inclusive gomamon se le quedó viendo con ojos bien abiertos. Ella tenía motivos “objetivos” para ser la que ahora hiciera las acusaciones. ―Agradezco no haberle pedido a zudomon que destruyera ese almacén.
―No sabes lo que dices. ―Le contestó entre dientes el principal receptor de la rubia.
―Sí que sé. ―Imitó su forma de responder, aumentando el malestar del hombre.
―Tanneberger, cuidado con lo que dice. ―¿Era un consejo por parte de otro miembro del DS? Uno que no necesitaba, que tampoco apreciaría porque nunca estuvo tan segura de algo hasta ese instante. ¿Le dieron ganas de sonreír? No se le daba fácil curvar los labios y lucir honesta, y las ocasiones en las que lo hiciera podría considerarlas extraordinarias; momentos que no volverían.
―Yo solo repito lo que el mismo Khan dijo gracias a su frustración. ―Disfrutó ver cómo su “objetivo” fruncia el ceño.
―Evidentemente, la señorita está alucinando. Alguien llévela a la enfermería.
―¡Permiso! ―Casi todos en la sala enfocaron al aparecido James, segundos que utilizara Dylan para dejar escapar parte del aire comprimido en su pecho. Sus verdes se cruzaron con los de la foca lo que durara un parpadeo desde que escuchara lo que dijera el oficial―: He traído al digimon de la chica pelirroja. ―DTB agarró a gomamon y como pudo salió del cuarto sin dar explicaciones; enseguida preguntó por el paradero de Vanya a una chica que parecía ser recepcionista.
―Muy bien hecho, James. Pero pudiste haberlo hecho mejor, sin duda.

[…]

―¿O sea que el fantoche está aquí sin tus papas fritas?

Por poco tropezaba con sus propios pies a causa de sus apurados pasos. Dylan respondió con un “no” dubitativo que no se sabía hacia cual de todos los elementos que conformaran esa pregunta iba dirigido. ¿Qué sería lo primero que quisiera negar? Cuando solo existía una cosa no cierta en todo eso. No pudo mirar a gomamon, tampoco podía elaborar una respuesta más larga hasta no dar crédito a lo dicho por la recepcionista. Vanya estaba solo. Gaia estaba... ¿en dónde? Abrió la puerta de la enfermería rápido, ajena de arrepentimientos, lejos de sentirse en conflicto con la vida. Y su pulso tembló.

[…]

Meicrackmon no tuvo más energía para mantenerse en dicha evolución. Sus reservas las utilizó para llevar a su tamer al departamento de uno de sus compañeros de guild (hoy fallecido). Perdió el equilibrio al cruzar el umbral dejando caer a Lee y viéndole rodar un par de centímetros. Meicoomon se le quedó viendo en lo que repasaba todo lo vivido a su lado; nadie mejor que él comprendía los motivos y los sentimientos de aquel humano, por eso haría cuanto estuviera a su alcance para hacerle feliz. No necesitaban la colaboración de nadie, ni convencer a nadie de que las únicas víctimas de todo eran ellos; que en el juego de lealtades existían consecuencias irreversibles si aquel lazo era tentado. Eso era parte del lema de los White Tiger.

Todavía tenían una oportunidad.

―L-l-los... d-d-digivices. ―Una lágrima se desprendió de su orbe izquierdo. La rabia le consumía.
―Olvídalos, Lee. ―Tragó fuerte al hacer una breve pausa. Le dolía ver a su mejor amigo así. ―Tenemos algo mejor. ―Khan comenzó a negar una y otra vez, cada vez más con mucho enojo. ―Sí, Lee. Tenemos el radar de esa chica. Podemos... podemos ubicar a los de Black Serpent con eso. ―Avanzó hasta el humano para ayudarle a componerse. ―Será nuestra última carta.
―N-n-no puedo p-perder. ¡N-no p-podemos perder!
―Te prometo que ganaremos.
―M-maldita, ¡maldita Ta-Tanneberger! ¡Malditos los de Black Serpent!
―Ella y su gomamon ―su mirada se ensombreció―... morirán.

[…]

―Me dijeron que vendrías, pasa. ―Dylan desvió la mirada para corresponder a la amable enfermera que la invitaba a tomar asiento, justo al frente de la camilla donde estuviera Vanya. Un cutemon le terminaba de atender. ―No ha sido un buen día, ¿cierto? ―Otra pregunta que no se animaba a contestar. Es más, ¿tendría palabras para hacerlo? De repente se encontró aquel cuarto demasiado pequeño para su gusto.
―Bah, lo superaremos. ―Se adelantó en contestar el autoproclamado rey. ―Dyl y yo podemos contra todo.
―Me alegra que tengas bastante ánimo. ―La enfermera le regaló una sonrisa.
―Así es. ―Secundó la alemana en automático, exenta de emotividad. ―Todo y todos.
―Shura... Tengo que... ―Coronamon atentó con levantarse, prácticamente motivando a los interesados en el caso a casi a hacer lo mismo.
―¿En serio te dejaste ganar, fantoche? Me decepcionas. ―Dylan reprendió al acuático con la mirada, mas este no comprendió la razón de por qué le viera de esa forma.
―Ay, cállate. ―Le costaba mantenerse con los ojos abiertos debido al mareo residual por la técnica de aquilamon. Todo le daba vueltas.
―Tranquilo. Tienes que mantener la mirada enfocada en un solo punto si quieres mejorar rápido. ―Esa voz no se había pronunciado antes.
―Él tiene razón. ―díjoles cutemon. ―Y ustedes ―se acercó a la rubia y al acuático con dos bebidas para nada apetecibles―, tomen esto para reponer energías.
―No puedo estar tranquilo sabiendo que Shura está con esos tipos.
―La encontraremos. ―Aseguró la voz masculina.
―¿Y si se fue por cuenta propia? ―Al único que no se le antojo descabellado fue a gomamon, porque él confiaba en lo que sea que dijera su querida humana.

La habitación se sumergió en un turbio lapsus silencioso, en el que no hiciera falta hablar con el verbo para intercambiar pareceres. Si creían que para DTB era sencillo hablar así de Gaia, estaban equivocados. Lástima que no pudiera darlo a entender sin tener que recurrir al habla, porque tampoco deseaba explicarse y ya estaba viéndolo como algo inevitablemente necesario, sobre todo ante la interrogante del ígneo; él era el más incrédulo en la habitación. Jamás pensó que alguien que se suponía “amaba” a su tamer, dudara de ella. Ya no entendía muy bien si todo ese desbarajuste emocional iba incluido en el paquete interactivo romántico entre humanos.

―¿Nos pueden… dejar solos? ―Era otra de las varias cosas que menos quería la heroína. Si no estuviera tan afectada por el agotamiento que le aquejaba, si hubiera logrado matar todo rastro de lo que sentía... A veces cuestionaba su fortaleza adquirida. La enfermera le concedió su petición regalándoles unos cuantos minutos. Dylan inhaló suficiente aire antes de iniciar su discurso. ―Vanya, he sido algo grosera. ―Gomamon dudó de esa actitud y estuvo a nada de refutarle si su tamer no le hubiera mirado a tiempo. El gesto bastó para que comprendiera que no necesitaba su intervención; tenía que escuchar. La escena en la que soplara la llama de su cabeza... ¿en qué estaba pensando? ―No quiero que esto acabe peor de lo que ya está.
―¡Debiste confiar en Shura! ―Se animó a mirarla un segundo, pues el movimiento de su cabeza le volvió a generar mareos. ―Te pidió que...
―No tenía forma de comprobar que lo que dijera fuera cierto. ―Extrajo de su bolsillo el keychain de Khan. Estaba golpeado por los bordes. ―Y los del Digital Security me pidieron capturarlos.
―¿Por qué? ―DTB no observó a quien le preguntara e hizo tripas corazón para actuar como la mejor de las sordas, aunque esa voz se le quedara danzando en las entrañas. ―¿Qué hizo Gaia para llamar la atención de los del Digital Security? ―Buscó respuesta en el felino.
―No es que me interese. ―¿Fingía? ―Pero, también quiero saber qué sucede. ―Sus orbes verdes se confrontaron con los del otro humano brevemente. ―Le dije que viniéramos para resolver lo que fuera.
―No puedo responder. ―Confesó Vanya. Algo se apretujó en el pecho de la germana. ―Pero Shura es inocente. Los de Black Serpent la secuestraron y es lo único que sé. ―Con ayuda del hombre, el felino logró sentarse; quería plantar cara a quien fuera la ex novia de su tamer y a su compañero digimon. ―Vieron la actitud de ese chico. Mi tamer no mintió. Pero tampoco sabía que fuera cierto que él pudiera ser culpable de algo. ―Apretó la camilla a modo de resistir las punzadas en su cabeza. ―Solo quería ganarse la confianza de los del Black Serpent. Y quería protegerlos.
―¿Protegernos? ¿Protegernos de qué? Bah, yo pude haber derrotado a ese zorro apestoso.
―Crees que todo es sencillo, ¿no? Su majestad. ―Bromeó de mala gana con eso último.
―Para alguien como yo, sí. ―De los ojos de ambos salían chispas figurativas.
―Dylan, ¿no? ―La rubia salió de su propio mar de pensamientos, como si una palanca le hubiera agarrado de la cabeza y extraído de las profundidades para aventarla sin piedad sobre la arena más caliente y seca. «No, Tanneberger. No es momento para temblar. No es momento para sucumbir» Asintió un par de veces al endurecer la quijada. ―Qué mal que tengamos que coincidir en esta situación. Soy...
―Ya sé quién... eres. ―Atentó con apretar los labios un poco. ―¿Por qué estás aquí? ―Tal vez no debió preguntar eso. No obstante, no era la primera vez que lo hacía para sí misma. ―¿Era parte del plan de Alek... Gaia que también participaras de esta quest?
―No. Y por tu tono imagino que no tienes idea sobre lo que motivara a Gaia a tomar este encargo.
―Tampoco me interesa. ―Contestó rápido. Trató de reír para autoconvencerse de lo dicho. ―En realidad no me interesan sus razones, pero esta quest era mía. ¡Y si se hubiera marchado cuando se lo pedí, ella estuviera...!
―A salvo. ―DTB apartó sus esmeraldas de las aguamarinas de Iván. ―Pero conoces a Sasha ―un golpe directo, lleno de ironía, a la consciencia de Tanneberger―. No haría nada que pusiera en riesgo a las personas que más quiere.
―Claro. ―Dylan ensanchó una fingida sonrisa en lo que le daba la espalda. Peinar el cabello de gomamon sería el ejercicio que le ayudaría a mantener su disfraz, uno que poco a poco le cortaba el aire.
―Si Shura no hubiera dicho lo que dijo, nunca hubieran luchado contra meicrackmon. ―Fue la última palabra de Vanya antes de que uno de los oficiales que participaba en la investigación irrumpiera la reunión.

[…]

―No tenemos noticias sobre Khan, no tenemos información sobre los integrantes de Black Serpent que huyeron y mucho menos de la chica misteriosa. ―El oficial que hubiese sido confrontado por DTB, estrelló una carpeta con documentos sobre una mesa denotando su desidia. Agarró una taza de café humeante que había en otro escritorio, ignorando completamente el que pudiera quemarse los dedos o la lengua. Escudriñó a los presentes en aquella habitación: la experta y su compañero, coronamon un poco más repuesto e Iván; el chico hubo ganado un lugar en aquella junta con una artimaña que la germana desconocía. Ella le vio entregando un sobre a alguien que parecía ejercer la misma función que aquel que no le quitaba la mirada de encima. Cuántas ganas de golpearlo.
―A Khan le podemos rastrear a través de su digivice. ―Aseguró otro miembro del DS. ―Probablemente vaya detrás de lo que queda de Black Serpent.
―Mierda. ―Chistó la tamer del autoproclamado rey entre dientes. Recordó que no le hubo quitado el radar al impulsivo de su cliente. ―Y tiene forma de hacerlo. ―Se atrevió a participar. ―Seguro que la chica pelirroja... ―¿ventilaría a Gaia? ¿De verdad lo haría? No se molestó en girar el cuello hacia el conocido y digimon de su ex pareja. ―Ella debería estar con ellos. Según Vanya, fue llevada a la fuerza.
―A la fuerza mis polainas.
―¡Ella no es una criminal! ―El ígneo se exasperó. ―Si se hubiera ido por su cuenta, estuviera con ella.
―En eso puede que tenga razón. ―Añadió la rubia. ―Antes de la batalla que tuve con Lee Khan, ella me confesó que los de Black Serpent no eran los verdaderos culpables. ―Solo un oficial se mofó con afán de interrumpir a la heroína, mas esta aumentó su tono de voz para impedirlo. ―Me aseguró que vendría para aclarar su situación ― “solo si llegaban al final de aquella quest” ―. No sé por qué desean capturarla, pero creo que ha dicho algo con sentido. ―A diferencia de ella, la expresión de Vanya e Iván se suavizó en demasía. Dejó el keychain de Khan en la mesa, bastante cerca de sí y del acuático. ―Es la razón por la que fuimos confrontados por el líder de White Tiger. Escuchamos cuando exigía al tipo que golpeara que le regresara “los digivices” ―hizo comillas con los dedos.
―¿Los digivices? Uno de los criminales detenidos hizo una referencia parecida. ―Las miradas recayeron encima del hombre que se mofara de lo que dijera Dylan. Esta vez se le podía ver en conflicto al no saber qué decir. Todos esperaban que recurriera al sentido común, por dignidad.
―Veamos lo que hay allí. ―Trató de no titubear.

[…]

Aquilamon aterrizó en el cielorraso de algún edificio ubicado a las afueras de la ciudad. Por órdenes de la ruso parlante, completarían su traslado por tierra con la intención de mezclarse con las demás personas y digitales. Para entonces Gaia había perdido su disfraz y con eso parte de su voluntad. Tuvo que ser arrastrada de mala gana por las escaleras de emergencia, apurada en más de una ocasión y constantemente amenazada. Si quería conservar su vida, debía cooperar. Hawkmon (la forma child de aquilamon) fue el primero en caer al suelo con la intención de posicionar un contenedor lleno de bolsas negras debajo de la base de los peldaños. Su tamer le agradeció con un beso al aire.

No les tomó diez minutos llegar a un lujoso edificio conformado por pequeños departamentos. Recurriendo a su habitual coquetería, la mujer saludó al digital encargado de cuidar la entrada; abordaron el ascensor, lo que sumiera a Zaytseva en un cuadro ansioso, y hasta no sentir el aire frío del pasillo no hubo retomado su quietud... una que igual pendía de un hilo.

No quiso dejarse atar a una silla. Intentó quitarse de encima al sujeto, intentó gritar por ayuda. Pero se hacía la que no recordaba que ella también estaba siendo buscada por el DS, para mal. Qué bueno que ellos se encargaban de traerlo a colación cada cierto tiempo.

―Pronto anochecerá. ―La esbelta mujer corrió las cortinas de la única ventana ancha que poseyera aquel departamento-estudio. La privacidad era esencial. ―Los intensos del Digital Security habrán atrapado a los pirómanos y eso nos deja con una oportunidad reducida de escape.

Desde hacía rato que Gaia no volvía a intentar nada que pudiera alterar a sus dos indeseables acompañantes, exento por su mirada; era difícil controlar lo que a través de sus ojos grises podía transmitir. Y no se contendría un poco más. Suficiente con limitarse a obedecer. Al escuchar a la otra chica hablar muy natural sobre el tema de los pirómanos, a la medium se le antojó pensar que aquel hecho seguro no estaba del todo aislado a lo que estuviera sucediendo. Que no era como si los de Black Serpent no se pudieran enterar gracias a los medios; es que había un presentimiento, su motivación para hablar:

―¿Ustedes tienen que ver con eso? ―Solo su igual en sexo le miró a la cara antes de reír.
―Qué coincidencia que en la ciudad sucedieran dos hechos relevantes, ¿no? ―Zaytseva frunció el ceño. ―Igual, ¿qué importa eso? Hay otros asuntos que sí me gustaría hablar contigo. ―Aprovechando que la modelo yacía atada en una silla, se le acercó para tocarle el rostro. De nada sirvió que Shura se removiera o buscara sacarse esos dedos de encima, eso solo provocó más placer en la otra mujer. ―¿Quién eres? Por poco nos engañas. ―Desplazó algunos de los grisáceos flequillos hasta detrás de su oreja derecha. ―Este mundo no es para novatos. Se debe tener malicia, lo que evidentemente no tienes. Admito que valentía puede que te sobre ―se tocó la barbilla con un dedo―, pero no es suficiente. Tampoco resulta andar como lobo por ahí, ¿eh? ―Rio con demasiada confianza y sorna.
―No te pedí lecciones de supervivencia.
―Qué malagradecida eres. ¿Puedes creerlo? ―Se dirigió a su compañero en búsqueda de complicidad. ―Te doy consejos a pesar de que trataste de engañarnos.
―¿Cómo sabes que les he mentido? Recurrir a una falsa identidad no es algo que desconozcan. ―Relajó sus hombros. ―Hice todo lo que me pediste, Khan y Tanneberger se enfrentaron, y tú intentaste matarme. Heriste a mi compañero. Aquí la única loba eres tú.
―Si lo dices porque a pesar de todo he sacrificado a otros… ¡Tienes razón! ―Le mostró los dientes en una amplia sonrisa. ―Yo no ando buscando amistades. Ando buscando lealtades y fortaleza, querida. ―Acercó su cara a Shura manteniendo una expresión ligeramente endurecida. ―Esos idiotas que Khan derrotó no eran más que reclutas a prueba. Los verdaderos integrantes de Black Serpent, esos que Khan quiere destruir, ¿crees que estaríamos pululando en una linda ciudad como una guild principiante? ―La mujer tomó asiento en otra silla que había colocado al lado de la cautiva. ―¿Sabes por qué Anton Petrovski nos necesita? ―Gaia se estremeció al escuchar ese nombre tan cerca de su oído, también al verse abrazada por los hombros. Le causaba mucha repulsión. ―Yo te diré. Nuestro líder encontró la manera de ser un bio-híbrido. Aspiramos a convertirnos en una de las rogue guilds que desarrolle esa capacidad, ¿sí sabes lo que es? Bueno. Nuestro líder necesitaba personas de prueba, pero no cualquier persona era candidata. ―Justo el chico, que yacía de pie, miró en dirección a ellas. ―Nuestro deber era reclutar a esas personas que estuvieran dispuestas a probar. ―Soltó a Shura para poner sus brazos sobre sus propias piernas. ―Anton solo quería que le vendiéramos el servicio. Y gracias al imbécil de Khan no pudimos cerrar el trato. ¡Por su maldita envidia, nuestro líder fue apresado! Pero su propio castigo llegaría en cuestión de nada.

[…]

«White Tiger estaba llena de hipócritas y doble moralistas»

Los del Digital Security se sentían completamente burlados. La sensación era parecida a cuando se creía tener todo bajo control, que los resultados de búsqueda y desenredos sobre el caso estaban por fin concretados, y nada más alejado de la realidad. Por mucho tiempo les estuvieron viendo la cara por culpa de un disfraz bien llevado; un sujeto con una máscara de víctima que logró comprarles con sus sentimientos magullados a causa del terrible duelo que vivía. Luto que probablemente lo había ocasionado él.

En la mesa había varios digivices y todos correspondían a los occisos de WT. Enseguida se le ordenó a un grupo especial dirigirse a cada propiedad de aquellos integrantes que hoy ya no estaban, a las cuales el de rasgos asiáticos pudiera tener acceso. En ningún momento se les ocurrió registrar nada relacionado a esa guild por ser la que sufriera el daño colateral de lo que pudo ser una venganza.

«Características que iban en contra de los principios de esa guild. ¡Patético! Si lo que más importa en este mundo es…»

―¿Tienes el radar del primer criminal que capturamos? ―preguntó el oficial James a Dylan. El descubrimiento hizo que la reunión se desbaratara y que entre los mismos miembros del DS empezaran los cuestionamientos. La germana, gomamon, Vanya e Iván quedaron en segundo plano un instante. ―En teoría debería funcionar.
―Blasfemia. Era un cebo. ―Lo dejó sobre la mesa, al lado del vacío keychain. ―Khan tiene mi radar. Si lo rastrean, podremos saber hacia dónde se dirigirá.
―Eso nos llevaría a la chica misteriosa ―ladeó la mirada entre los humanos y los digitales―, por ende, a los demás de Black Serpent. ―DTB asintió. Su mirada se perdió en la nada sin razón concreta; añoraba sus gafas oscuras, perfecto refugio de sus emociones. ―¿Tú la conoces? ―Y como si se hubiera disparado algo en su interior, la heroína respingó. Por ella pudieron responder todos, hasta gomamon de haberlo querido, motivado por su fanfarrona boca; o coronamon, bajo la presión de la desesperación que le albergaba al no saber el estado de su tamer. Pero los child comprendían que lo mejor era aguardar a mejores oportunidades para intervenir. Aquella era una pregunta que podría definir ciertas cuestiones que les mantenían unidos. ―Desde antes, me refiero. Buscamos en los registros de tamers activos en Star City y no aparece. Tampoco en ninguna de las otras Centrales de Folder. Es un fantasma. ―Así la catalogaba la teutona hasta que volvió del más allá, despertando recuerdos que yacían cuasi enterrados. ―Lo poco que nos pudo decir Iván no bastará para saber su identidad. ―El par de humanos restantes se observaron de manera fugaz.
―La conocí… aquí. ―Gomamon se extrañó, Vanya se sintió aliviado.
―¿Pero qué pasará con ella? ―Se atrevió a preguntar el soviético, adelantándose a cualquier comentario colateral. ―Ella y Dylan solo fueron parte de la treta de las guilds en conflicto.
―¿Qué quiere decir el desconocido, Dyl?
―Que nos usaron. ―La revelación desencajó al autoproclamado rey. ―Y es cierto. Khan quería que limpiara su atolladero. Y los de Black Serpent buscaban que alguien lo confrontara. ―Soltó un largo suspiro, se echó parte de su cabello hacia atrás y se puso de pie. Quería salir ya mismo detrás del bocazas que atentara contra su mejor amigo digital, recuperar lo que le pertenecía y… “salvar a la chica”, culminar esa quest. Su final sería revitalizador. ―No necesito apoyo. ―Al decirlo se enfocó en Iván.
―Iremos contigo, Tanneberger. No podemos arriesgarnos a que nadie escape esta vez.
―Y no te preocupes. Yo no iré. ―El eslavo se puso en pie también. ―Solo quería cerciorarme de que Vanya estuviera bien y que, pase lo que pase, ayudarían a mi amiga. ―¿Así le llamaban ahora a las parejas? DTB lo sintió cual trago amargo malamente endulzado con ironía.
―No dejaremos que ese rufián se salga con la suya. Bah, no me tomará desprevenido. ―Su tamer le acarició el cabello a modo de aprobación.

James se encargaría de avisar a su superior, otro oficial que relevara a aquel que le hubo llamado “hada madrina”, pues las acusaciones de DTB sobre si se dejó comprar o vender en beneplácito de Khan cobraron fuerza por los recientes descubrimientos y comportamientos sospechosos. Enseguida, la germana pidió a gomamon y a coronamon que se pusieran en marcha (el felino ya se hallaba libre del efecto supersónico). Lo hizo tan rápido, esperando que su intención primera resultara: no deseaba quedarse a solas con el otro hombre ni por un segundo. Empero no pudo ignorar el que la llamara por su nombre; ¿por qué lo sabía? ¿Por qué le dolía tanto escucharle? Más de lo que imaginara. No. No estaba dispuesta a mantener otra conversación con él e iba a decírselo, pero:

If it makes you happy
Then why the hell are you so sad?

―Gracias. ―díjole él, empleando un tono de voz suave. Era honesto.
―¿Por qué? No he hecho nada por ti. ―Un hormigueo se apoderó de sus manos.
―Mentir para ayudar a Gaia.
―Lo hice para no complicar más las cosas. ―Pretendió lucir indiferente al trasfondo de la situación. ―Y por Vanya, que no tiene la culpa de nada. ―Iván suspiró. ―Todos queremos lo mismo.

De entre todos los objetos que hubiera en la mesa, DTB agarró el keychain de Khan antes de retirarse sin mirar atrás. Su compañero iba en su hombro derecho y el child de fuego iría a su lado.

―No lo olvides, Dylan. ―No voltearía. No le daría el gusto a su voz interna que tanto le ha jugado en contra. Iván tampoco esperaba que lo hiciera; solo quería que lo recordara en lo que quedara de quest―: ambas son víctimas de los verdaderos responsables.

.
..

..
.

La última parada, el destino final de Lee Khan, se trataba de un edificio abandonado que de vez en cuando era ocupado por digitales adultos e infantiles que gustaban de hacer lo mal hecho. Para los de Black Serpent y Gaia no fue problema adentrarse, porque un segundo varón perteneciente a la rogue guild se había encargado de eliminar cualquier estorbo; Shura le reconoció como uno de los chicos que ocasionara estragos a la base de los WT. Fue gracias a él que ocurriera lo de los pirómanos, también el que supieran sobre la farsa de la modelo. Siempre se mantuvo encubierto y en comunicación con la líder provisional.

―Anton no sabe quién eres. ―La peliblanca, devuelta a ser pelirroja, dio unos cuantos pasos hacia atrás al verlo ir a ella. ―Recordé haberte visto en la entrada de la sede de Khan. No pensé que fueras alguien “importante”. ―No quiso darle la denotación real a esa palabra, por lo que hizo una cortísima pausa antes de decirla. ―¿Por qué no la has matado? ―cuestionó a su compañera de guild.
―Porque cumplo con mi palabra. ―Miró a Zaytseva, casi divertida por la expresión tan seria que mantenía la ucraniana. ―A medias. ―Carcajeó. ―Si ella se acercó a nosotros, debe ser por algo. Me da curiosidad saber por qué.
―Podrás averiguarlo en el camino. ―Avanzó más al interior de la estructura, entre un montón de cajas de madera desperdigadas por distintas partes. ―¿Listas para el viaje?
―¿Qué viaje? ―Bajo la incredulidad que gobernaba a la medium protagonista, el más callado del trio intentó despojarla de su mochila. Pensó que sería sencillo forcejar con una chica lastimada, atónita y confundida. No obstante, su frustración fue en aumento ante el fracaso de su suposición. Gaia se aferró a sus pertenencias, hasta que el otro hombre intervino. Él le apresó desde atrás. ―¡Suéltame! ¡No les daré mis cosas!
―Mejor haz silencio. ―Le amenazó en voz baja. ―Tú no tienes forma de defenderte.
―¡¡Aléjate de mí!!
―¡Quieta! ―Ejerció más fuerza. ―Querías algo con nosotros, eso es justo lo que tendrás. ―Y de un tirón lograron arrebatarle su equipaje. ―¿Por qué no le ataste las manos antes de venir?
―No seas odioso. ―La otra mujer esculcaba entre las cosas de la modelo. ―Tenía que transformarse usando un espejo. ―Su receptor alzó una ceja. ―Uy, qué linda bufanda. ¿Me la puedo quedar?
―¡No toques nada! ―Se removió con ímpetu. ―¡Qué me sueltes!
―¡Deja de jugar y toma su digivice!
―No... no lo toquen.
―Es solo un aparato sin chiste sin tu digimon. ―Por coincidencia guio sus ojos hacia la pantalla del xros loader. ―No está vacío.
―No le hagan nada, por favor. ―Empezó a temblar. ―No es peligroso. ―Aclaró rápido, con muchos nervios, porque temía que fueran a hacer algo en contra de Taras.
―¡Qué bien! O, mejor dicho, qué mal. ―La mujer de BS no solo se quedó con el aparato, también agarró la bufanda y se la envolvió en el cuello mientras disfrutaba de la expresión de la pelirroja. ―Tú vendrás con nosotros. Tu digivice se quedará aquí. ―De un empujón le dejaron libre. Gaia por poco caía de bruces al piso.
―No, no puedo dejarlo aquí.
―Tú no decides qué hacer.

El plan que llevarían a cabo no variaba demasiado de los anteriores intentos de homicidio y destrucción. Ahora que Lee Khan se había encargado de autodestruirse al confrontar a una tamer reputada, sería un honor concederle los derechos de autor sobre cualquier acto que suscitase de ahí en más. Dejarían sus propios digivices junto al de Gaia a modo de atracción; Khan insaciable y los idiotas del Digital Security aparecerían en escena y, ¡kaboom! Pero no tan deprisa. ¡Por fin podrían usar una de sus varias pruebas sobre lo que sucedió con los integrantes de WT! Se arriesgarían con esa jugada; enviarían de forma anónima el registro que vinculaba a esos difuntos con BS, su intención de unírseles a cambio de poder.

«Lo que más importa en este mundo es... tener poder. Para sobrevivir necesitas poder. Para dirigir necesitas poder. Para lograr lo que quieras, ¡necesitas poder!»

―Esperarás a que todos estén aquí y detonarás los explosivos. Te irás y desaparecerás hasta que te volvamos a contactar, ¿quedó claro? ―El callado sujeto, el tamer del Godzilla digital, asintió bastante seguro. ―Nosotros nos iremos usando esto. ―De su equipaje extrajo una pantalla a la que llamara “portal”. Él y la fémina de su equipo liberaron a sus digimon. ―Coloca los digivices donde acordamos.

El recluta se marchó a las prisas hacia el punto que habían acordado, uno que no quedaba tan retirado de donde estaban, pero se ubicaba más próximo a la entrada del edificio; debía subir unas cuantas escaleras para simular “complejidad”. Gaia se sintió abrazada por un aura tan caliente como implacable, que iba en aumento al ver a aquel chico alejarse metro tras metro. Consideró ir detrás de él, pero el picodevimon y el hawkmon de los otros podrían atacarla con ridícula facilidad. Tenía que hacer algo; tenía que actuar sin medir consecuencias, tal como ha venido haciendo. ¿Por qué dudarlo ahora?

La eslava metió su mano en su mochila discretamente sin apartar la mirada del otro par humano. Fue su homóloga en sexo que le pidiera caminar, haciendo énfasis en lo inútil que sería correr porque ellos contaban con otros digivices que igual funcionaban. Los otros eran los que parpadearían más cercanos a aquel que seguro saldría con un color distinto: el de la ucraniana. Sasha no se quedaría a escuchar más planes que parecían no tener errores. Ella sería “el margen” con el que no contaron. A punto de que el varón activara el portal, Zaytseva avanzó hasta él a toda prisa; le propinó un empujón tan fuerte que le hizo tropezar con sus propios pies, además de hacerlo caer. El aparato cayó al suelo casi debajo de él.

Los digitales trataron de amedrentarla, pero a punto de atacarla se detuvieron porque no querían dañar al integrante de BS. Lo que hiciera Sasha fue agarrar al hombre del cuello, ponerse detrás de él tras obligarle a componerse y apuntarle con una daga a la yugular.

―No sabes lo que haces. ―díjole él tratando de lucir confiado, mas la modelo tuvo el placer de percibir sus nervios. Dijera lo que dijera no iba a hacerle bajar la guardia. ―¿Por qué se quedan ahí como idiotas? ―Les gritó a los digitales.
―No queremos lastimarte.
―¡Ataquen por detrás! ―Y de inmediato fue obligado a retroceder, clara señal de que esa intentona no tendría frutos. ―Solo eres una estúpida con la que puedo acabar fácilmente.
―Quiero ver que lo intentes cuando estés desangrándote.
―Okay, ¿qué es lo que quieres? ―Que la líder provisional de BS preguntara tan natural, aumentó el fastidio en su compañero. No podía creer que cedería al papel lamentable que estaba haciendo la pelirroja.
―¡No!
―¡Cállate, Vince! No puedo darme el lujo de que mueras aquí. ―Con un par de chasquidos pidió a los digimon que se relajaran. ―No dejas de sorprenderme. Debí revisar mejor tus cosas. ―Inhaló profundamente. ―¿Qué quieres entonces?
―No, Romina. ¡Entiende que...! ―Escuchó un crack, luego otro, y uno más; el sonido fue haciéndose menos a medida los pedazos del aparato que usarían para transportarse se hacían pequeñitos. La utilidad de andar con tacón. Los digitales y la aludida quedaron impactados. ―¡¡¡Hija de mil put*s!!! ―La punta de la daga logró perforarle la piel un poquito, pues al sentir el líquido recorrerle la garganta realizó que sí podría atentar contra su vida.
―Eso pudo haberte llevado hasta Anton.
―Anton me vale una mierda. ¡¡Quítate mi bufanda!!
―¿Todo esto por un pedazo de tela? ―Iba a reír, hasta que Sasha le demandara lo anterior empleando un tono más ronco y serio.
―Déjala en el suelo ―fue moviéndose junto a su presa―. ¡Rápido! ―Y así hizo la tal Romina. Gaia forzó al varón a colocarse de cuclillas junto a ella. En un movimiento impredecible, la falsa pelirroja tiró de su propiedad y propinó un par de estocadas en los muslos de Vince. Lo hizo sin pensar porque no quería arrepentimientos; el acelerón que emanaba la motivó a salir corriendo a pesar de que sus probabilidades de escapes eran bajas. Hawkmon y picodevimon emprendieron la cacería entre insultos del hombre que resonaban por toda la estructura gracias al eco.

Necesitaba su digivice, necesitaba sacarse de encima al par de digitales alados; no miraría hacia atrás, no daría importancia al dolor que le aquejaba de sus anteriores heridas. ¡Necesitaba que alguien apareciera! Cuando no pudo más, se dio la vuelta y sin saber si tendría éxito lanzó la daga manchada de sangre en dirección a alguno de los digimon. Picodevimon anuló su función con uno de sus ataques.

―¡Pagarás por lo que le hiciste a mi tamer! ―Solo que una bola de pelos “salida de la nada” lo golpeó antes de que tan siquiera pudiera improvisar. El ataque provocó que el oscuro chocara contra una pared y se consumieran sus datos. Hawkmon se puso en guardia al ver al responsable avanzar entre las sombras.
―Fue justo lo que vine a cobrar. ―Meicoomon mostró sus garras. ―¿Tú también quieres morir?
―¿Por qué no hacemos las cosas más justas? ―Vociferó Romina a la distancia, mostrando su digivice para que hawkmon se transformara en aquilamon.

[…]

El Digital Security no se arriesgaría a ir hasta el digivice de Khan a modo de prevención. Estaban seguros de que aquel abandonado lugar era el sitio estrella porque el estruendo del interior lo delataba. La fiesta había comenzado “temprano”, y Dylan (junto al par de digimon que andaban con ella) no se quedaría a esperar órdenes. Lamentaba que su M.I.G. estuviera descargado, pero eso no le impediría movilizarse hasta la persona que deseaba encontrar primero. Agarró su DT y texteó rápido.

―Vamos al segundo piso. ―Lo dijo para ella misma principalmente.
―Dyl, aquí no podré pelear muy bien sin destruir. ―Sonaba genuinamente preocupado.
―Creo que a la ciudad no le dolerá una estructura menos. ―Trataron de pasar desapercibidos por aquellos que se enfrentaban en la planta baja.

Al girar por una de las esquinas en dirección al ala izquierda del edificio, frenaron sus pasos. La rubia pidió a sus acompañantes que hicieran silencio, necesitaban escuchar y observar para aprovechar la oportunidad adecuada para aproximarse. De su mochila agarró el objeto que se estaba convirtiendo en su favorito para casos extremos: su fiel linterna. Lentamente fue acercándose al susodicho que se había enfrascado en un dime y direte con Zaytseva, al que nada más le hacía falta tocar su digivice para que su compañero surgiera y se deshiciera de ella.

Y cuando lo tocó: ¡pum! El coscorrón le tumbó. Dylan se sintió completamente liberada, satisfecha con esa adquisición. Vanya salió corriendo en dirección a Shura y ella le recibió entre sus brazos; su amigo estaba vivo, sano. Por fin estaba ahí. Shura no contuvo las lágrimas porque si le hubiera sucedido algo irreversible, jamás podría perdonárselo. Ahora comprendía sus palabras: «Lo que me preocupa es que los demás no comprendan las razones que nos llevan a actuar de cierta manera... Que Gumita resulte tomado por los de seguridad. Que debas ir a prisión o algo así. ¡Pero no tengo miedo! Soy un digimon bestia, Shura.» Y ella era una frágil humana, muy tonta y ciega.

Al dejar libre al felino se dio cuenta que Tanneberger le extendía el xros loader. En la pantalla pudo ver a Tommy así fuera un instante; que él le sonriera fue una señal de que estaba bien, de que su tamer no tenía que preocuparse por él. Ni ella tampoco. Gaia sujetó el digivice, exponiendo su mano manchada de rojo oscuro. Los orbes esmeraldas de DTB buscaron los grises de su ex pareja, mas se topó con unos tintineantes purpúreos que reflejaban las consecuencias residuales de los nervios de la eslava. Ella nunca había herido a alguien. Ella no pretendía matar a nadie y no lo hizo. Solo que... temía llegar a desconocerse.

A Dylan se le albergó una sensación incómoda en el pecho, porque le causaba precisamente lo contrario al rechazo.

―¿Estás bien? ―Por supuesto que no lo estaba. Tan solo quería escuchar que la medium se lo dijera para saber si sería honesta o demasiado orgullosa.
―No. ―Algo se removió dentro de la heroína. Sus palpitaciones estaban enloquecidas y lo primero que se le ocurriera hacer a la eslava sin pedir permiso fue aproximarse a la germana y abrazarla.

¡Cómo extrañaba a esa mujer! Aquel cuadro era familiar para la foca y el de fuego; se sintió nostálgico, aunque no pudieron nombrarlo. Dylan quedó completamente tiesa, futura víctima del molesto ardor al borde sus ojos y su garganta. Movió sus dedos cuasi robótica a nada de dejarse llevar por la enorme calidez que le transmitiera la chica que pudiera estar entre sus brazos. Pero...

―Qué lindas. ―El de Black Serpent revisaba la herida en su cabeza. De inmediato liberó a su agumon mucho más repuesto y tanto Vanya como gomamon se abalanzaron contra el amarillento.
―¡Flama bebé!
―¡Corona Flame! ―Los humanos agarraron respectiva distancia antes de que los ataques fuesen manifestados. Ambas técnicas se contrarrestaron, creando una cortina de humo por la que surgiera un cardumen de colores. Los peces taclearon a agumon, desenfocándolo lo necesario para permitirle a Vanya llegar hasta él y rematar con un montón de puñetazos envueltos en fuego.

El de BS enseguida le facilitó digievolucionar al gran tyranomon. El suelo, las paredes, los cimientos de aquel espacio no aguantarían el gran peso del dinosaurio, así que Zaytseva hizo lo propio al permitirle a Vanya transformarse en firamon. Gomamon no tuvo opción más que subirse en el lomo del alado para no caer junto a los escombros; Dylan y Gaia corrieron hacia una superficie segura, descubriendo luego el gran agujero que dejara el dinosaurio.

―Espera. ―Gaia puso una mano sobre la de DTB, aquella con la que agarrara el iC. ―Nosotros nos encargamos de este. Tú debes buscar a Khan.
―Pero...
―Ya basta, Dylan. ―Se mostraba exhausta de tener que actuar con una coraza emocional. ―Solo gomamon podría pelear contra meicrackmon y acabarlo.
―¿Matarlo? ―Le supo mal resumirlo en esa palabra.
―Lo que quieras. ―Bajó la mirada un instante. ―Lo que sea que hagas, estará bien. ―Y al regresar sus luceros al frente, no esperó toparse de lleno con los verdes de Tanneberger.
―¿Es mi bufanda?
―¿En serio? ―Atentó con reír por resignación a esa ocurrencia. ―No es el momento.
―Ya sé. ―Guardó el digivice. ―Solo quería amenizar la tregua.

Cualquiera que las hubiera visto diría que fueron capaces de curvar los labios en correspondencia mutua.


All we know is that we don't know
How it's gonna be
Life on the other hand
Won't make you understand
We're all part of a masterplan



Verwest Verwest

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Tan sólo la insinuación de un cese de hostilidades le despertaba algo por dentro que la incitaba a parar y pensar si es que había desperdiciado todo ese rato con Zaytseva. Aunque quería negarlo, el aumento de sus pulsaciones cuando la ucraniana le sonreía de aquella manera hablaba por sí mismo. Necesitaba una conversación con ella, soltar preguntas, obtener respuestas, pero no había tiempo para tramas personales ni tampoco lugar.

A Tanneberger no le quedó más remedio que marcharse, y el ‘blasfemia’ que masculló entre dientes dejaba claro que prefería no haber tenido que hacerlo. Tenía un mal presentimiento dándole vueltas en el estómago. Corriendo entre escombros que caían del cielo en direcciones aleatorias, se sintió en un disparadero donde su piel y la de su Digimon eran el premio más grande. Para terminar con el patrón e instaurar un nuevo orden, se lanzó junto a Gomamon por el enorme boquete en el piso. En ese intervalo el digital se transformó en Ikkakumon y la rubia se afianzó a su espalda. Aterrizaron en la planta inferior, detonando la sorpresa de Romina y de Lee Khan, pues el acuático había caído sobre Aquilamon empotrándolo contra el suelo.

―¡Aquilamon! ―gritó Romina, viendo cómo su Digimon intentaba no convertirse en una estampilla adherida a las baldosas, pero sus mermadas fuerzas no le hacían ningún favor.
―Te gusta hacer una buena entrada, Tanneberger ―con una sonrisa nada agradable, Khan congratuló a la rubia por haberle quitado a ese enemigo de encima.
―Las primeras impresiones son importantes ―dijo Dylan sin muchas ganas.
―¡Quita tus sucias patas de encima de mi Digimon! ―Romina quería acaparar la atención de Ikkakumon, pero iba a ser muy difícil sacarle del cruce de miradas en el cual se hallaba metido con Meicoomon.
―Esto es increíble y de muy mala educación, lo lamento ―respondió Dylan en nombre de su Digimon con cordialidad falsa.

Tras un rápido vistazo, la rubia y Khan decidieron llevar la batalla al siguiente nivel, ignorando los alegatos de una impotente Romina muy furiosa. Aquilamon se reconvirtió en Hawkmon, quedando inconsciente cuando Ikkakumon se paró en dos patas y comenzó a crecer del tamaño de un monstruo. A medio proceso el acuático había saltado por una de las ventanas para no terminar de destruir lo que quedaba del edificio. Zudomon se enderezó en medio de la avenida ahuyentando a los miembros de seguridad que resguardaban el perímetro y puso su pecho de frente para recibir la primera arremetida de Meicrackmon. Sin poder frenar el impacto, ambos digitales chocaron contra una farola y un enorme cartel que publicitaba el nuevo tour de Dua Lipa en Folder.

Dylan sintió el aire vespertino golpear sus mejillas cuando salió hacia la escalerilla de emergencia siguiendo a Khan. Se dio cuenta que no tardaría mucho en capturar al hombre porque aquél era un camino sin salida: el último tramo de la escalerilla ardía en llamas a causa de un ataque mal dirigido de Tyranomon, se caía casi a pedazos por su propio peso.

―Eres lenta, Tanneberger ―le dijo Khan bajando los peldaños de dos en dos, como si le retara a correr más rápido para alcanzarle.
―¿Estás ansioso, Khan? ―contestó sin variar en sus pisadas, ni tampoco en sus emociones―. Tu muerte será el evento principal ―la aseveración a Khan le cayó como una patada en los riñones.
―¡Maldita estúpida! ―escupió, deteniéndose en el descanso más próximo para esperar a la rubia.

Con un rápido movimiento, Khan desvió su torso y estiró uno de sus brazos, mandado un gancho a la germana con una navaja. Ella apenas pudo frenar con sus talones y defenderse con su siempre fiable linterna, aunque no pudo evitar que el filo le alcanzara a la altura del antebrazo y dejara su piel abierta. La linterna rodó por los escalones, la sangre brotó a chorros y para prevenir otra arremetida Dylan se echó al suelo boca abajo entonando una sarta de maldiciones en alemán.

Khan avanzó para lanzarse sobre ella con la intención de agujerarle la espalda. Arriba y un poco a la izquierda; una sola punzada que le llegaría hasta el corazón y resultaría definitiva, pero fue interrumpido por la repentina aparición de un Devimon que pasó volando por uno de sus costados y le golpeó con una de sus garras. ¿De dónde carajo había salido? Que impertinente.

‘Empujar’, había sido el comando de Tanneberger. Una acción clara, breve e inconfundible para una digimemorie. Al ver a Khan tropezar con sus propios pies después del desbalanceo patrocinado por Devimon, no lo pensó ni un segundo. Se levantó como un resorte y con su hombro le propinó otro empujón al de WT, martillando el último clavo que le llevaría a la tumba. O eso fue lo que pensó al verle caer del otro lado de la barandilla de seguridad. Cuando se acercó al borde, encontró que seguía colgando y agarrado muy fuerte a los barrotes de la estructura de la escalera. La hierba mala era difícil de aniquilar, pero, una vez aniquilada, ni falta hacía, recitó la germana en su cabeza. La sangre de su antebrazo manchó la frente de Khan mientras le observaba luchar por su vida con un gesto de desdén.

Zudomon arrastró por el largo de la avenida su martillo de Thor, frenando otra embestida de Meicrackmon, después contraatacó con un mazazo gélido. Sin embargo, su objetivo había sido un Meicrackmon falso ya que se desvaneció en el aire como una burbuja de jabón y otros cinco idénticos aparecieron para rodearle. Un destello eléctrico irradió a quien se decía Guerrero de Odín mientras razonaba quién debería ser su siguiente víctima.

―Inclínate ante mí, ser inferior ―ofreció Zudomon a modo de tregua, pero Meicrackmon hizo oídos sordos―. Tus trucos ordinarios no funcionarán dos veces ―ante eso último, el enemigo sí que reaccionó un poco.

A Zudomon le estaba resultando fácil identificar las estrategias de batalla de Meicrackmon, las mismas que había utilizado en su combate anterior. Tal como pudo advertir, las copias de Meicrackmon relucieron sus aguijones y se prepararon para atacarle. Es que su adversario no contaba con ninguna sorpresa, ningún movimiento o técnica nueva. Qué calamidad. Y tal vez se esperaba que él respondiera también con los mismos ataques; parecía obvio después de haber liberado una corriente de viento congelante, pero le gustó pensar que él sí contaba con muchos más trucos dentro de la chistera. Trucos con el máximo sello de calidad del Rey del Digimundo. Alzó su martillo por encima de su cabeza atrayendo a los Meicrackmon decididos a acabarle y en esa ocasión, el trueno no descendió del cielo ni tampoco se partieron las nubes. Esperó hasta el último instante para abatir su arma y comenzar a girar como un torbellino eléctrico: Thor Fury. Los Meicrackmon fueron expulsados en distintas direcciones y desaparecieron sin ocasionar daños en el escenario urbano. Todos, menos el Meicrackmon original, el cual impactó contra los autos de los elementos de Digital Security y se revolcó con destellos de luz aun recorriendo todo su cuerpo. Estaba paralizado a medias, y ese ‘medias’ se convirtió en un cero cuando escuchó la voz de su Tamer llamándole.

Khan caía de la escalerilla desde un quinto piso y se estrellaría contra la banqueta si no llegaba a tiempo para atraparle. En un arrebato desesperado, apenas pudo conseguir su cometido sin asegurarse un buen aterrizaje para ambos. Tamer y Digimon chocaron sus cráneos contra el muro de contención de la planta baja, quedando tendidos sobre el suelo inconscientes. Inmediatamente el Perfect pasó a su etapa Adulta y en ese intermedio, Zudomon se acercó a su Tamer y le ayudó a descender hasta el nivel de la calle.


[...]


Firamon zigzagueó presumiendo de agilidad para entorpecer a Tyranomon, quien continuaba disparando fuego hacia todas partes. ¿Es que el dinosaurio no podía verlo? El cuadrúpedo se sentía acomodado y confiado en ese elemento, con las paredes los muebles y adornos ardiendo a temperaturas infernales. Un ataque más y se activó la alarma contra incendios, pero unas cuantas gotas de agua no trastocarían la confianza del de fuego. Envalentonado, corrió directo hacia su adversario y se deslizó con las garras al frente para atacarle. Un tajo en forma de ‘x’ en las cortas piernas de Tyranomon le llevó a perder su estabilidad. El Digimon cayó de costado haciendo vibrar las contables baldosas que quedaban adheridas al concreto. Se levantó de inmediato, sin rechistar, y le devolvió la fuerza de impulso a Firamon en forma de una tacleada (Wild Buster). El Digimon de la ucraniana se estrelló contra una columna que se partió y dejó un poquito más desprotegida la estructura del edificio. Cuando Tyranomon se le acercó para rematarle, una luz tan intensa como la de un Digimon sagrado le rodeó y cegó a su enemigo por un minuto. Quizá Firamon no pertenecía a ese selecto grupo de grandes ángeles en Digital World, pero Gaia podía hacerle pretender que sí con ayuda de una carta (Zekkou Shou).

Tras lograr su cometido, la Tamer intercambió la carta por Volcano Blaze y asintió con la cabeza, señalándole a Firamon el momento de la estocada final. El fuego en la cabeza del Digimon se hizo más intenso. Un poder recién nacido recorría todo su cuerpo y exigía ser liberado al instante, y así sucedió cuando una de sus garras enardecidas le arrancó la piel de la cara a un confundido Tyranomon.

El dinosaurio parecía danzar una balada muy torpe, muy lenta, y los gritos de dolor no se acallaron ni cuando se des transformó de su etapa Adulta y regresó a ser un Agumon.

―¡¿Cómo te atreves?! ―recriminó a Gaia el criminal que sostenía a su Digimon con cirugía plástica en toda la cara, estaba furioso― ¡Pagarás por esto, maldita! ―en una de sus manos sostuvo un control remoto y el botón principal estuvo a punto de ser presionado por su pulgar tembloroso. El púrpura en las pupilas de la ucraniana perdió un poco de coloración.
―Detente ―le ordenó, levantando las palmas de sus manos. Le acongojaba una fastidiosa incertidumbre y en ese momento tan breve como un chasquido, un montón de preguntas inundaron su mente. ¿Y si el edificio volaba en pedazos? ¿Y si no lograba salir con vida? ¿Y si Dylan seguía dentro del rango de explosión? El pulgar del criminal encerraba tanto peligro que la vida de todos ellos dependía de lo que fuera a decirle―. Si presionas ese botón, Agumon y tu morirán en este lugar ―intentó mantener la calma. Sus manos se convirtieron en dos puños que cerró muy fuerte y un hilillo de sangre resbaló de su barbilla cuando apretó la mandíbula.
―Corre ―le dijo el criminal con una sonrisa demente, como si disfrutara por anticipado imaginársela huyendo atemorizada.

Zaytseva y Firamon no se lo pensaron dos veces.


[...]


Qué ganas de acabar con Khan y con toda esa rocambolesca misión que le tenía con las emociones en una montaña rusa. Dio un paso hacia él para revisar su estatus médico, estaba tendido a puertas del acceso principal del edificio.

Pero entonces sucedió lo imprevisto. Porque si Zaytseva le hubiese advertido acerca del montón de explosivos instalados en el sitio, quizá nunca habría salido corriendo lejos de ella: el lugar estalló, dejando cientos de escombros regados por todo el lugar y parte de la avenida, dañando inclusive edificios aledaños, mobiliario urbano. Un solo boom y una nube de miasma, tierra y humo tan negro como un BlackAgumon ascendió desde el punto de la detonación.

Pese a que Zudomon se había encorvado para proteger el área con su enorme caparazón, Tanneberger resultó expulsada hacia atrás, barriendo parte de la calle con toda su cabellera y espalda. De pronto se sentía físicamente desmontada en un montón de piezas, como un auto que iría directo al centro de chatarra. No sabía si sus piernas continuaban formando parte de su cuerpo porque no podía sentirlas ni tampoco podía levantarse para ratificar que siguieran ahí.

Debía ser que el jodido karma instantáneo existía de verdad y todas las estupideces hechas con su disfraz de sabandija indiferente volvían para explotarle en la cara.

Adrenalina aderezada con una fuerte inquietud recorrió sus venas. Cuando abrió los ojos, encontró a Zudomon diciéndole algo, pero no podía escucharle. No podía escuchar ni a los oficiales, ni a los Digimon, ni a las personas gritando. En realidad, no podía escuchar nada.

―Zudmon, encuentra a Gaia ―le pidió a su Digimon insegura, porque tampoco podía escucharse a sí misma. El estallido había trastocado sus tímpanos y era como navegar en terreno desconocido, con el corazón bombeándole fuerte. Zudomon le miró con unos ojos cargados de un sentimiento muy alarmante y extendió una ola de hielo para apagar los escombros del edificio.

...
..
.

Despertar rodeada por paredes pintadas de un blanco inquietante y un olor a tricloruro de metilo tan sólo era sinónimo de angustia. Intentaba recordar si es que su cabeza había sido utilizada en beneficio de alguna jocosa estampida, pues le dolía de a montones y a pesar del medicamento que entraba de forma intravenosa, temía que no fuese a mejorar pronto. Diversas especies de Digimon y humanos con bata de médico recorrían el pasillo de izquierda a derecha y de derecha a izquierda más allá de la ventanilla acristalada de su habitación. Ella pretendía observarles, pero luego de un rato desvió su rostro porque no podía soportar más la mirada de aquel hombre sin sentir que un nudo en la garganta iba a asfixiarla. Se concentró en los objetos sobre su mesa de noche.

―Jodidos pirómanos, ¿eh? De no ser por el aliento fresco de Zudomon, habrías conseguido quemaduras graves ―le dijo el recién ascendido oficial James Winx, parado junto a la puerta de su habitación sin dejar de contemplarle. Quien fuese sobornado por Khan había sido despojado de su puesto de trabajo―. Encontramos el cuerpo de Lee, Romina, Vince y otro sujeto de Black Serpent. Las autopsias han revelado que sólo los tres últimos murieron a causa del percance ―por un lado, Dylan sintió un alivio del tamaño de Júpiter de que el nombre de la ucraniana no figurase en esa lista. Y por el otro, ni pizca de pena por los criminales―. Tanneberger, ¿asesinaste a Khan?

«¿Asesinaste a Khan? ¿Asesinaste a Khan? ¿Asesinaste a Khan?». Las pupilas desorbitadas de la chica rebotaron de la D-Terminal al reloj y de vuelta.

La hierba mala era difícil de aniquilar, pero, una vez aniquilada, ni falta hacía, recitó la germana en su cabeza. La sangre de su antebrazo manchó la frente de Khan mientras le observaba luchar por su vida con un gesto de desdén.

―Encontré los digivice en tu keychain ―dijo con urgencia porque necesitaba esclarecer la investigación antes de perderle―. ¿Qué sucedió con tus compañeros de Guild?
―¿Cómo no los descubriste antes? ―Khan entonó media sonrisa y mucha entereza a pesar de estar a punto de morir. Un estoico ‘eres una estúpida, Tanneberger’, resumido en un solo gesto.
―¡Contesta mi pregunta! ―Dylan elevó su voz.
―No me asustan tus gritos ―Khan rio un poco más―. No fuiste capaz de matar a los de Black Serpent y estoy seguro que no serás capaz de matarme ahora.
―¿Qué te hace pensar eso?
―Eres débil, Tanneberger ―con esa frase, sí que se ganó el desprecio completo de la rubia―, ¡eres muy débil!
―¡Silencio!

Qué ganas de acabar con Khan y con toda esa rocambolesca misión que le tenía con las emociones en una montaña rusa. Medio cuerpo de Twisted quedó tendido en el aire cuando cruzó el barandal para acercarse mas al infame. Le extendió su brazo y le miró furiosa, conteniendo un peso muerto que oprimía su pecho.

A Khan se le fundieron las neuronas intentando comprender por qué la rubia no le abandonaba a su suerte, esa era la solución fácil y rápida. Sin embargo, parecía dispuesta a ayudarle. De cualquier forma aceptó su mano y la vio esbozar una sonrisa cínica que no le hizo demasiada gracia. En su interior tuvo ganas de gritar, preso del pánico.

―Solo los tontos cuentan con una seguridad pasmosa ―le dijo Dylan, antes de soltarle y dejarle caer hacia el vacío.

―Lo hiciste bien. Khan es el principal sospechoso por la muerte de los miembros de White Tiger, encontramos los Digitamas de sus compañeros en uno de sus departamentos ―continuó el oficial Winx―. Pero debido a que el proceso de investigación sigue abierto, habrías asesinado a una persona inocente ―la cara que se le quedó a Dylan fue bastante inexpresiva.

No se supone que Khan iba a morir de esa manera, no se supone que iba a morir en absoluto porque le necesitaba para esclarecer la inocencia de los de Black Serpent y aliados, aka Zaytseva. Meicrackmon debía rescatarle, pero el mazazo en la cabeza durante el aterrizaje fue mortal, sin mencionar la explosión. ¿En qué momento se habían torcido tanto las cosas?

―No te preocupes, limpiaremos tu récord, será muy fácil declarar que Lee murió de la misma manera que los demás.
―¿Qué es lo que quiere de mí? ―inquirió Twisted, practicando de nuevo el arte del habla.
―Chica lista ―Winx sonrió de lado―. Aún tienes una deuda con nosotros y esto la hará más grande. No hay rastros de la mujer pelirroja en el lugar del siniestro, creemos que se encuentra conectada a una poderosa red de criminales que trafica digitamas ―el corazón dejó de latirle por unos instantes, sobre todo porque intuía lo que venía a continuación―. Tu misión será capturarla.
―¿Es ella realmente una criminal? ―a lo mejor había sonado un poco más ansiosa de lo normal, pero necesitaba saber― ¿Tiene pruebas?
―Las tendremos cuando la interroguemos ―finiquitó Winx, perfilando hacia la salida.

En su camino se tomó un segundo para echar un último vistazo a la habitación de Tanneberger: no había ninguna otra persona o Digimon, las estanterías estaban vacías y ni rastro de los doctores por ninguna parte.

―Cuídate mucho, Tanneberger.
―No se preocupe por mí ―masculló la alemana con aires de displicencia.
―Oh, no lo hago ―evidenció el oficial―. Y, ciertamente, no sé si alguien lo haga.

Con el sonido de la puerta cerrándose, Dylan se permitió soltar el maldito nudo en su garganta. No entendía el motivo, pero tenía unas irrefrenables ganas de echarse a llorar. Tal vez se había pasado demasiado tiempo conteniendo sus verdaderos sentimientos, asegurándose a sí misma que se encontraba bien, que era fuerte, que podía con todo y el cúmulo de situaciones le estaban pasando factura ahora. Desde que recordaba siempre había querido hacer lo correcto y últimamente ya no sabía muy bien qué es lo que eso significaba. Creyó que podía servir al digimundo usando su título de ‘Heroína’, obedeciendo órdenes, pero asesinar a Khan no le devolvía ninguna satisfacción y Digital Security era una organización de moralidad dudosa. Apretó muy fuerte los ojos. Cabeza y corazón combatieron uno contra otro.


Tryna push this problem up the hill when it's just too heavy to hold
Think now is the time to let it slide

Las horas pasaron, llevaba algunos días durmiendo poco y su cuerpo necesitaba una tregua. Cuando giró en la cama, encontró a Gomamon a su lado con un montón de vendas en la cabeza, parches en la espalda. Era asombroso cómo el olor a escamas frescas conseguía tranquilizarla. Y pese a que aún no quería despertar, ese pequeño contacto con la realidad le llevó a abrir los ojos y descubrir que Lottie estaba sentada a su izquierda de piernas cruzadas, leyendo una revista de sociedad con cara muy seria. ¿Lo que había hecho le desmerecía el cielo y le había llevado hasta los avernos? Ignorando el dolor en su espalda se reincorporó sin molestar a su Digimon.

―Satan, ¿qué haces aquí? ―extraña forma de dar las gracias, pensó la británica.

Cuando un Tamer y su compañero Digimon ingresan inesperadamente en un hospital, los médicos se encargan de informar a los contactos frecuentes de su D-Terminal, le explicó. Para apoyar en su recuperación, para hacer los arreglos fúnebres o simplemente como algo protocolario. Lacrosse y Criquet estaban en Quest.

―Los informes de Digital Security dicen que ―Lottie deslizó la página de su revista―, aún herida, te levantaste y corriste hacia el bloody edificio en llamas hasta desplomarte y perder la conciencia ―de reojo le vio de una forma extraña, como si tuviera un tercer ojo en la frente―. ¿Eres tonta? ―es que, dicho de aquella manera, sí que sonaba muy tonto, la verdad.
―No soy tonta.

Lottie cerró la revista de golpazo y se le acercó, confrontándole directo a la retina. Parecía un poco preocupada y Dylan pensó que jamás había visto ese sentimiento en ella. Sorcha tenía muchas miradas para diferentes tipos de estados anímicos: cuando se sentía tímida, gruñona o molesta. Pero esa en concreto era inédita. A veces le asombraba su gran capacidad de comunicación no verbal.

―¿Por qué harías semejante estupidez? ―Porque la vida era una jodida novela de Nicholas Sparks, sin finales felices, quiso responder Twisted, arriesgándose a que su amiga la tildara de dramática―. Tonta ―acotó Lottie―, pero también audaz y atrevida, fuerte, heroica. Eso es lo que dicen los periódicos ―rodó los ojos y Dylan curvó un poco sus labios.
―¿En serio?
―Gracias a Ygg que puedo matizar tus desastres.

Lo de la novela lo constató en ese mismo instante cuando un hombre de paquetería sin uniforme entraba a su habitación a hacer otra entrega de ‘Fan distinguido’ para ‘el Rey del Digimundo’. Las estanterías, muebles y mesas antes vacías, se iban llenando con un montón de obsequios y jarrones con distintas flores muy bien cuidadas. Todas las tarjetas deseaban a Gomamon una pronta recuperación.

Tras hacer lo suyo, el hombre se quedó de pie en medio del espacio, como si esperara un gesto de aprobación para poder marcharse. A Lindblad le pareció extraño y se pregunto si es que era una de esas entregas contra pago. Y en cuanto los ojos del hombre se encontraron con los de Dylan, la jodida novela la abofeteó con el lomo en la cara. Vaya que le había dolido, como mínimo era de pasta dura y de las antiguas. En ese entonces entendió que sí existían los finales felices, pero desafortunadamente ella no estaba escrita como uno de los protagonistas. Ivan era real y de buen parecido, imposible de negar: sonrisa agraciada, pelo azabache brillante, gestos expresivos. Honestamente podía entender el cuelgue de Zaytseva con él.


Come on, let it go
Just let it be
Why don't you be you

And I'll be me?

Su cerebro consumía azúcar y oxígeno al por mayor mientras intentaba encajar las piezas para decir algo coherente. Casi podía escuchar el ritmo acelerado de su corazón por encima de la música ambiente. Tanneberger tenía que romper el hechizo, salir del trance y terminar el capítulo sin leer la jodida novela. Tenía que cerrarla para siempre, porque sí que era tonto coger un desplazamiento en la columna vertebral y múltiples quemaduras por una persona que ya no podía corresponderle. En verdad, tenía que cerrarla para siempre.

―¿Puedes darnos un minuto? Por favor ―le dijo a Lottie quien hasta entonces había sido una espectadora pasiva. La cara que se le quedó fue de desconcierto, con la boca medio abierta. Se levantó y al pasar junto a Ivan le vio de pies a cabeza.
―Me gusta tu camisa ―comentó con una sonrisa ficticia.
―Gra...
―Solo estaba intentando no ser ruda ―aclaró interrumpiéndole, marchando hacia el pasillo y dejándole un poco confundido.

Ivan sacudió ligeramente la cabeza, exhibiendo un comportamiento nervioso.

―Es peligroso si se presenta en este sitio o si te escribe por D-T, pero ella está bien ―le dijo a la rubia quien seguía inmóvil en su cama, aunque eso no reducía las ganas de salir corriendo. La incomodidad entre ambos era evidente―. Gracias por ayudarla ―no podía sostenerle la mirada por más tiempo ni tampoco responderle con un tono amable, así que Dylan sólo asintió con la cabeza.

Cumplida su misión, Ivan no tardó ni medio minuto en despedirse, pero Dylan le retuvo en la puerta decidida a soltar unas últimas palabras:

―Digital Security va tras ella. Gaia tiene que marcharse de Folder.



Bishamon Bishamon :2929:
Tizza Tizza listo
 
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Reflejo
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Bueno gente, ya tocaba ponerse las pilas con esto. A pesar de que no fue una Quest tan larga como la legendaria App, si me tomó bastante tiempo leerlo todo, de nuevo agradezco la paciencia por la espera.

Narrativa
No es novedad que las dos tengan un nivel impecable, no solo por el amplio vocabulario que exhiben, sino por cómo conectan las ideas que ilustran todo vuestro relato. Muchas analogías, muchos focos de introspección y sobretodo, grandes cantidades de texto para completar la historia. Bisha, interesante tu uso del pretérito imperfecto, no es algo que se vea tan a menudo en la narración de los usuarios, pero fue refrescante que hicieras uso constante de ese tiempo verbal. Por supuesto, no todo fue perfecto, pese a que la quest fue muy larga, tengo un par de comentarios que hacer en Desarrollo, pero aquí en Narrativa, se llevan el perfect.

Ambas [25/25]

Interpretación
El trabajo que han hecho con los humanos y el ambiente ha sido muy bueno. Los Digimon estuvieron en la línea, tuvieron sus momentos, pero realmente no eran los protagonistas en esta ocasión, es decir, tampoco es que sea algo reprochable por la naturaleza de la misión.

Sí cuestionaré cómo torcieron algunos parámetros básicos de la Quest. Verán, Own Justice establecía que el líder de White Tiger era quién las contrataba a ustedes para que le ayuden en su propia venganza. Realmente no tenía sentido que la Central se prestara como intermediaria, mucho menos dejando a cargo a la "víctima" de esta inquisición. Además, la Central y Security están estrechamente relacionadas, la primera no habría colocado la Quest en el tablón de anuncios si los policías decidieron que no existían pruebas contra Black Serpent. Más tarde justificaron un poco este apartado, pero para entonces ya se había torcido mucho el esqueleto de la misión. Generalmente no tengo problemas conque modifiquen algunos detalles en pos de aumentar la dificultad, pero aquí tuvo un efecto negativo, pues sirvió para justificar un arranque muy lento, el trato agresivo que tuvo Dylan con Khan y un constante uso de Security y sus instalaciones que no debió estar tan involucrado en una misión de dudosa moralidad. Por supuesto, esta decisión tuvo sus cosas buenas a nivel historia, pero no quita el hecho de que se tomaron demasiadas libertades.

Ambas [18/25]

Realismo
Aquí el elemento más volátil no fueron las batallas entre Digimon, sino el manejo de las heridas que tuvieron sobre los humanos. En Dylan me pareció muy acertado, pero en Khan siento que perdió un poco el impacto, pues sus movimientos contra Dylan me parecieron demasiado fluidos considerando el estado tan maltrecho en el que se encontraba.

Ambas [23/25]

Desarrollo
No se los voy a negar, vuestras Quest tienen un excelente desarrollo y se nota que escriben por el simple placer de hacerlo, que sigan estirando la trama en un rol libre es prueba de ello. Sí, torcieron algunos parámetros de la Quest de una forma que no apruebo, pero debo admitir que me gustó el resultado que salió de todo eso. Gaia como factor inestable fue clave, sin ella polulando entre todos los bandos, habría sido muy difícil reflejar el caos en el que se había convertido esta misión. El problema de esto no fue que faltó que se explayaran más, pues la Quest es larguísima, sino que faltó contexto. Habría sido bueno que el narrador resumiera, en pocas oraciones, qué estaba sucediendo entre vuestros personajes ya que en la ficha no queda del todo claro. Y si bien me hago una idea de que Dylan tuvo problemas que la llevaron a alejarse, al no quedar en claro para los terceros cuáles eran esas dificultades, se complicaba el hecho de empatizar con las circunstancias de los personajes. Esto ocasionó que el ritmo al principio se volviese algo tedioso, pues sus personajes estaban dando muchas vueltas para evitar verse cara a cara y yo como lector me preguntaba sí realmente era tan necesario llegar a esos extremos. Igualmente las sigo animando a que continúen conectando todas vuestras historias, solo tengan en cuenta cuándo es necesario aclarar algo e intercalen de forma más equitativa el contenido personal con el contenido de la Quest.

Anyway, volviendo a los detalles que me gustaron; otro de ellos es la importancia que tuvo la ocasión en la relación de sus personajes, y si bien no me enteré de mucho, se nota que este era un paso necesario para llevar sus tratos por el buen camino. También cómo estuvieron apilando toda esa presión psicológica sobre Dylan, cosa que la llevó luego al mayor twist de la historia; el asesinato de Khan. Él no era ningún santo, así que dudo que realmente le pese demasiado en su conciencia, pero tal parece que este "error" le va a estar pasando factura desde otro lado, ahora intentando complacer la corrupción de Security buscando a una persona que bien sabe que no existe.

Ambas [22/25]


Total [88/100] / Quest (B) Aprobada

+395 bits ambas
+3 fama ambas
+1 EVO ambas
+1 STR & DEF Gomamon / +1 VIT Y SPD Coronamon

Pagas Asignadas
Verwest Verwest Bishamon Bishamon
 
Estado
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