Colección "Peligrosamente Juntas" (COLECCIÓN COMPLETA)

O-O¬ Baton pass!!
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[email protected] a esta colección que wolfito había planeado desde hace tiempo pero él muy baboso se atasca de escritos y lo atrasó O-O- "Peligrosamente Juntas" una colección de one-shots basadas en la discografía de una de las bandas del rock pop más influyentes del habla hispana, Hombres G, así como una banda que agrada mucho a wolfito, espero les divierta.






    Peligrosamente juntas Martha tiene un marcapasos Venezia El ataque de las chicas cocodrilo Nassau LO NOTO VISITE NUESTRO BAR VOY A PASÁRMELO BIEN ESTA ES TU VIDA SI YO NO TE TENGO A TI INDIANA ES MI CUMPLEAÑOS TE QUIERO TEMBLANDO


    • Ya te había dicho una y otra vez que esto estaba mal, que lo que hacemos va a destruir muchas vidas, pero insistes y yo como una idiota caigo en tus lágrimas de sinceridad. El amor que tenemos entre nosotras es algo que no debió pasar, por más bello que sea sabes que no es lo correcto, aunque empiezo a pensar que si es correcto callarlo.
      Otra vez despiertas en mi cama, entre mis brazos, teniendo tu delgada figura y piel ligeramente morena tan cerca de mí como me encanta tenerte, tus ojos color ámbar me dicen tanto y a la vez poco, mucho porque sé cuanto me amas y poco porque parece que no comprendes la gravedad de todo esto. Como siempre, tengo que callarme todo esto, solamente mirarte a los ojos y sonreír pensando que este juego entre nosotras seguirá sin ser descubierto, porque también es mi culpa, porque te amo demasiado como para arriesgarme, te necesito tanto a mi lado como para cometer este pecado.



      - Mi mamá me dijo que Thomas irá a visitarla aprovechando que va por negocios. - Me dijiste con esa sonrisa traviesa, siempre buscas tener tiempo para nosotras.


      - No lo sabía. -


      - Y le dijo que no te llevaría porque te enfadas al no tener nada que hacer mientras trabaja. -


      - Siempre hace eso, habla por mí sin decirme algo antes. -


      - ¿Acaso no recuerda tu cumpleaños? Un cuarto de siglo no se cumplen tan seguido. - Sonreíste provocándome de nuevo, te encanta meterme la duda a cada instante. - Pero no te preocupes, me quedaré contigo para festejarte. -


      - También tienes trabajo. -


      - Puedo meter un permiso, nada es más importante que tú y lo sabes. -


      - Ya llevas muchos permisos. -


      - Soy la jefa de mi departamento, puedo meter los que yo quiera. - Reíste como una chiquilla juguetona, a pesar de que me llevas diez años a veces actúas como una niña mal portada. - May… -


      - No sigas. -


      - Mayra… Mayrita. -


      - No pongas esa cara, ya te dije que no. - Te respondí al ver que inflaste tus mejillas y te levantaste algo molesta al recibir la respuesta de siempre.


      - No eres feliz con él y lo sabes. -


      - Pero es mi esposo. -


      - ¿Y? Sabes que conmigo estarás mejor. -


      - ¿Podemos platicarlo otro día? -


      - Ok, pero a cambio vamos al sex shop. - Me susurraste al oído con esa voz tan erótica que tienes. - Vamos a divertirnos esta noche. -


      - Él vendrá hoy. -


      - ¿Quién te dijo que nos quedaremos en tu casa? Nos vamos a la mía, dile que me vas a ayudar con un trabajo. -


      - Soy enfermera, no secretaria. -


      - Entonces le diremos que me siento mal y vas a cuidarme. - Dijiste en mis labios antes de besarme, provocando que sonriera y cerrara mis ojos al entender que no podía ganarte.


      - Ok… -


      - Sirve que te compramos el uniforme que ocuparas en la tienda. -




      Te moviste sensualmente hacía mi cuerpo invitándome a seguir jugando, yo como tonta lo hice, porque así me tienes, como una estúpida enamorada y que no puede dejar esta adicción. Eres la hermana de mi esposo, esto debería de parar, pero no podemos, preferimos seguir así, jugando a que no le hacemos daño a nadie, con la adrenalina latente de estar peligrosamente juntas.

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    • Los besos iban y venían entre las bocas de dos jovencitas quinceañeras, para Kika no podía ser más perfecta la situación, salía con la chica que toda la secundaria consideraba la más bonita y con mejor cuerpo, Martha, la linda rubia de tercer grado de la que estuvo detrás de ella por un año. El cuarto de Kika aunque no era bastante elegante, estaba bien organizado y con los adornos suficientes para que esa mañana fuera mágica, la primera vez para ambas, con la determinación de probar el placer.
      Nadie entendía porque siendo tan asediada por los chicos más guapos de su escuela y de otras cercanas nunca se le vio con algún enamorado, fue justamente Kika quien descubrió que era lesbiana como ella, pero eso no significó que con eso tenía ventaja, la joven era muy seria y parecía enfocarse únicamente en los estudios, parecía como si prefiriera la vida tranquila, eso no la detuvo y se esforzó como nunca para lograr acceder a su mundo y hacerse su amiga, hasta llegar a la meta de ser novias.
      Cuando los besos iban subiendo de tono y la falda de Martha desapareció, la rubia dio un pequeño brinco y se separó de su novia haciendo creer a Kika que le molestó tocar su trasero, por lo que tomó su rostro para relajarla.



      - Si no quieres hacerlo, lo entenderé. -


      - No es eso, es que me puse nerviosa y … No estoy acostumbrada a sentir así mi corazón. -


      - También yo me agité un poco. - Sonrió Kika mientras su novia se ruborizaba y miraba a otro lado.


      - Lo digo de manera literal… Me tomó por sorpresa que mi corazón latiera tan rápido, sentí como un chispazo por todo el cuerpo. -


      - No pensé que fueras tan sensible. -


      - Es que… No te había contado pero … Tengo esto. -



      Martha desabrochó su camisa del uniforme dejando ver su abundante busto escondido en un sostén blanco, pero los ojos de Kika rápidamente se fijaron en una cicatriz pequeña por arriba del seno izquierdo, era una línea recta que era señal de alguna clase de operación cardíaca.



      - Tengo bradicardia, mi corazón late más lento de lo normal y tuvieron que ponerme un marcapasos. - Contó la rubia mientras su novia miraba fijamente la cicatriz. - Esto me ayuda a que mi corazón lata a un ritmo normal, por eso me tomó por sorpresa que latiera tan rápido, no me había pasado. -


      - Que bueno. -


      - ¿Es bueno que tenga un problema cardíaco? -


      - !NO! Me refiero a que pensé que no te había gustado que te tocara. - Sonrió Kika algo avergonzada, tomando las manos de Martha. - ¿Era por eso que estabas exenta en gimnasia? -


      - Sí, no es como si no pudiera hacer ejercicios, salgo a trotar por las mañanas y nado un poco, nada que me haga esforzarme. -


      - Guau. -


      - Entiendo si te molestas conmigo, por no decírtelo. -


      - ¿Por qué me molestaría? - Preguntó Kika acariciando la mejilla de la rubia.


      - Estábamos emocionadas por hacerlo y me dio algo de miedo. -


      - Vamos, no es para tanto, no es como si de repente se te salga del pecho por el placer ¿O no? -



      Hubo un silencio entre las dos jóvenes, se movieron entre el mueble para buscar sus celulares y revisar toda información que encontraran sobre los marcapasos, soltando un suspiro al darse cuenta que no había nada de riesgo de intentar tener relaciones sexuales. Kika se recostó en el sofá y su novia sobre ella, jugando con sus dedos para relajarla y esperar un poco para continuar si es que lo hacían, al menos el miedo ya se había disipado.


      - ¿Quieres que sigamos? -


      - Esperemos un poco más ¿Si? Primero, acaríciame más. - Susurró Martha cerrando un poco los ojos mientras su novia frotaba su vientre por encima de la blusa. - Déjame acostumbrarme a esta sensación. -


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      - Entonces déjame hacer algo. -



      Kika colocó su palma en el pecho de Martha para poder sentir el palpitar de su corazón mientras frotaba su vientre, quedando las dos con los ojos cerrados, disfrutando de ese peculiar ritmo que paseaba en su tórax, la prueba de que los roces de su novia eran bastante especiales como para hacer que un corazón lento se pusiera a toda marcha.



      - Kika. -


      - ¿Si? -


      - Me está palpitando. -


      - Si, tu corazón parece muy feliz. -


      - Hablo de otra cosa. - Susurró Martha mirándola por su hombro llena de sonrojo.



      La joven entendió bien a que se refería su novia y eso le excitó más, saber que con las simples caricias y besos que le dio le causaba tantas reacciones a su cuerpo le invitaban a seguir, solamente esperaba una señal, misma que se dio cuanto Martha se dio la vuelta y empezó a quitarse la camisa y su sostén sin quitar su cara apenada.



      - Aunque se me salga el corazón, vamos a hacerlo. -


      - Sí se te sale yo lo atrapo. - Comentó Kika haciendo reír a su novia, antes de prenderse en un abrazo y un beso lleno de ternura entre las dos.



      Sin dudas, ese marcapasos le ayudaba a Martha, pero nada como el amor para hacer que su corazón supiera lo que era sentirse vivo de verdad.












    • - No sé como llegué a esto. - Dijo una chica encadenada a una tubería en una vieja bodega, y con piercings en sus pezones.


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      Karina Bellen era una joven canadiense de apenas dieciséis años, que como regalo por ganar un concurso de multilenguaje, recibió un viaje todo pagado por dos semanas a Italia, con compañía de sus padres. La chica estaba bastante emocionada por conocer el viejo continente, en especial las tierras italianas, su padre era de Sicilia y por cuestiones económicas no había podido llevarla a conocer su país natal, por lo que el viaje le venía como anillo al dedo.
      Desde que llegaron al aeropuerto de Roma, notó que su papá estaba muy nervioso, quizá era por volver a Italia tras veinte años de ausencia, pero era algo más, su padre procuraba que siempre estuvieran en lugares muy concurridos, no salían de noche a conocer las ciudades y no paraba de voltear para todos lados, más que nervioso parecía asustado. En medio de uno de los tours, vio que había un hombre platicando con su padre en el asiento de atrás, pensó que podría ser un viejo conocido y tras bajar del turibús, pudo ver en la cara de su papá algo de ganas de llorar pero al mismo tiempo, cierta calma.
      Cuando llegaron a Venecia, la alegría de la castaña fue mayor al punto de olvidarse un poco de la acongoja de su padre, la belleza de esa ciudad formada por islas, llena de canales y palacios. Lo primero que insistió Karina era pasear en una góndola, quería saber que se sentía pasear entre las calles acuáticas de Venecia, el padre le dijo a ella que tenía algo que hacer y le pidió a su esposa acompañarlo, dejando a la jovencita frente a la estación de góndolas, tenía el celular y el GPS activado así que sabría como volver al hotel, pero no esperaba que los planes de su viaje cambiarían de forma abrupta.



      - Es ella, es más bonita de cerca. -


      - ¿Qué tal, Ignis? ¿Te gusta? -


      - Mucho, la quiero. -


      - Jefe ¿Seguro que con esto cubre su deuda? -


      - Una chica que domina más de diez idiomas, campeona de matemáticas en Norteamérica, creo que le daré un buen uso a esa cabeza. -


      - Entonces, no esperemos más. -


      El trío de hombres bien vestidos caminó hacia la estudiante que estaba esperando la siguiente góndola, ella volteó sorprendida al ver el atractivo de esos chicos, los dos más altos les calculaba entre veinticinco y treinta mientras que el joven que tenía una estatura igual a ella debería de tener entre dieciocho y veintiún años, parecía ser familiar de uno de los altos por sus rasgos similares, el color de cabello, tez y color de ojos.


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      - Disculpa ¿Te llamas Karina Bellen? - Habló un chico en italiano, idioma que dominaba perfectamente la estudiante.


      - Si, soy yo. -


      - Acompañanos. - Dijo el hombre de cabello negro sacando un arma.



      De ahí no supo cuanto tiempo pasó, la llevaron en una góndola a algún lugar que no sabía donde era porque cubrieron su rostro con un bolso. El sitio donde la tuvieron encerrada olía a humedad y por el eco podría ser alguna clase de bodega, el pánico en ella era enorme pero no se animaba a gritar, lo primero que le advirtieron desde que la secuestraron era que si decía algo iban a matar a su mamá. Sin que descubrieran su rostro le ordenaron que se quitara la ropa, quedando desnuda y encadenada a tuberías.



      - Ey, despierta. -



      Karina abrió los ojos aguantando un poco las ganas de llorar mientras el chico rubio más grande fumaba frente a ella. Aquel hombre apagó su cigarro y se agachó para empezar a quitarle las cadenas a esa jovencita que estaba con ganas de orinar del miedo.



      - ¿Por qué me secuestraron? ¿Qué quieren? ¿Dinero? -


      - Eso te lo dirá Ignis. - Dijo el hombre dándole una caja blanca a la joven. - Ve al baño, arreglate y ponte esta ropa. -


      - ¿Qué? !Esto no cubre nada! Y… ¿Qué es esto? -


      - Son nuevos para tus pezones, le gustan a Ignis, tiene fetiches raros. -


      - Yo… ¿Dónde están mis papás? Quiero hablar con ellos. -


      - Primero hablarás con Ignis. -



      El hombre se levantó y caminó hacia la puerta de ese viejo sitio, Karina no tuvo otra opción más que caminar hacia un cuarto donde veía el cartel de baño para mujeres, le sorprendió que a pesar del aspecto decadente de esa bodega, los baños estaban impecables, con pisos limpios y brillantes, inodoros de lujo, lavamanos con incrustaciones de oro, secadora de cabello, jacuzzi y una regadera. La estudiante decidió bañarse y ponerse esa lencería tan vergonzosa, que incluía un moño con un pequeño velo. Tras alistarse, la castaña salió del baño cubriéndose con la bata que venía a juego de esas prendas, viendo que ese hombre se le quedaba mirando extasiado.


      - Me sorprende que las chiquillas canadienses estén tan desarrolladas. -


      - Por favor, no me hagan nada, si ocupan dinero mis papás. -


      - Tus papás no harán nada y yo tampoco, me encantaría pero el jefe ya te fichó. - Habló el hombre sacando otro cigarro. - Vamos, te llevaré a su oficina. -


      La jovencita seguía a ese mafioso, la bodega sin techo no tenía nada que ver con el interior de esas instalaciones que se veían bastante elegantes, llenos de decoraciones demostrando que quien estuviera a cargo de todo eso, tenía mucho dinero y poder en sus manos. Karina entró a un cuarto de estilo clásico, adornado como si fuese un despacho de algún político o millonario que gustaba de las antigüedades, no entendía como alguien tan poderoso quisiera tener a una adolescente, lo único que se le venía a la mente era que buscaran prostituirla.



      - Espera ahí, ya vendrá por ti. - Señaló ese chico un sofá de lujo, tanto que la chica le dio miedo sentarse en ella.


      - Cesar, el jefe dijo que nos vayamos, quiere estar a solas con ella. -


      - Adiós linda, divierte al jefe o se desquitará con nosotros. -


      - No hables en plural, quien sale castigado soy yo. -


      - No es mi culpa. -


      - Claro que sí, eres su hermano mayor. - Dijo el hombre de cabello negro mientras salían de esa habitación cerrando la puerta.



      Karina se recostó un poco en el sofá al sentir sus piernas algo cansadas por la postura en la que estuvo todo ese tiempo al estar encadenada, no sabía que clase de persona era el más joven de ese trío, pero cuando escuchó lo de “divertir” al jefe ya tenía a la idea de lo que iba a pasar, ese chico se iba a aprovechar de ella. La puerta del fondo se abrió y ese chico salió, parecía que acababa de lavarse las manos y acomodaba las mangas de su camisa, al menos era guapo, pensaba la castaña para tratar de tener algo “lindo” en su mente por como sería su primera vez.


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      - De seguro te preguntas que haces aquí. - Dijo quien era llamado el jefe, sirviéndose algo de vino. - Me llamo Ignis Cornellio, mucho gusto y disculpa lo brusco, tenemos que mantener la imagen del sindicato. -


      - ¿Qué quieres de mi? -


      - De ti quiero todo, ahora me perteneces. - Habló Ignis bebiendo de su copa. - ¿Sabías que tu padre trabajó para la familia Cornellio hace veinte años? Claro que no, si lo supieras no te estaría pasando esto. -


      - ¿Mi papá era un mafioso? -


      - Era el socio de mi padre, tu papá traicionó al mío para quedarse con una buena cantidad por su cabeza y huyó sin que supiera la familia a donde, cuando me alertaron que entró al país, tuve que conocerlo. - Explicaba Ignis acercándose a Karina quien estaba abrazando sus piernas por temor. - Le pedí amablemente el dinero que ganó por traicionar a su mejor amigo, obviamente no lo tenía así que me dio algo a cambio y por eso te tengo a ti. -


      -No es cierto… Mi papá no haría eso. -


      - Dile a tu hija que tienes algo que hacer, así no verás su cara cuando sepa que la vendiste a cambio de salvar tu cuello. -


      - No es cierto… !No es cierto! - Gritó la joven llorando mientras el jefe terminaba su copa y la dejaba en la mesa.


      - Tienes dos opciones, Karina, demuestras que eres tan lista como dice tu papá y me obedeces en todo lo que te diga, a cambio te trataré como una reina, la otra opción es que si no quieres obedecerme, me aseguraré de que tu padre vea como tu madre y tú se convierten en las putas personales de mi familia. -



      Karina no hizo más que llorar, no podía creer que su propio padre la vendiera con tal de saldar sus deudas criminales, fue la mano suave de Ignis en su mejilla que le hizo calmarse un poco, cruzó su mirada con él notando que tenía unos preciosos ojos azules y unas facciones muy delicadas al estar tan de cerca.



      - Tranquila, verás que te gustará estar en la familia, no pensaba aceptar la oferta de tu padre pero sin duda, eres una chica exquisita. - Sonrió Ignis acariciando la mejilla de Karina quien seguía llorando. - ¿Eres virgen? -


      - Yo… -


      - Sé sincera, no te pienso juzgar. -


      - Sí… -


      - Entonces, seré buena contigo. -


      - ¿Buena? -


      Ignis empezó a desvestirse dejando sorprendida a la castaña pues ese atuendo formal escondía un cuerpo delgado con unas caderas algo pronunciadas y unos senos muy pequeños, él era ella, el jefe de la mafia era una bella joven que quedaba frente a Karina solamente con un bóxer femenino de encaje.



      - ¿Eres una chica? -


      - Mi padre siempre dijo que yo era más lista que mi hermano, pero por tradición, quien lidere a los Cornellio debe de ser un hombre… Ahora que lo sabes, te darás cuenta en que te has metido. -


      Karina quedó en shock al sentir como esa rubia la recostaba en el sofá y sujetaba su rostro para prenderse a sus labios. La lengua de Ignis jugueteaba con su lengua dentro de su boca y sus manos empezaban a recorrer las sensuales curvas de esa adolescente que poco a poco se excitaba al tener su primer contacto sexual.


      - Eres preciosa… Y eres toda mía, al menos para algo sirvió el cobarde de tu padre, para pagarme con una chica como tú. - Susurraba Ignis mientras acariciaba los rincones más privados de Karina que solamente cerraba los ojos al besarla.- Si eres capaz de todo lo que digo tu padre, serás mi reina. -


      La castaña quería seguir llorando pero al mismo tiempo se sentía llena de rabia, odiaba a su padre por lo que había hecho, la había vendido a esa chica, le había mentido toda la vida y no quería que quedara así, quería asegurarse de hacerle ver que fue un error lo que le hizo.


      - Ignis… - Susurró Karina decidiendo abrazar a la rubia mientras se besaban. - Haré lo que quieras. -


      - Elegiste la opción correcta. -


      - Pero… ¿Puedo pedirte algo? -


      - Pídeme lo que quieras. - Dijo Ignis separándose un poco del rostro de Karina, quien se limpió las lágrimas y le miró con determinación.


      - Dile a mi padre que no hay trato, estaré contigo por deseo propio. -


      - ¿Y que pasará con su deuda? -


      - Eso, tú decides como cobrarla. - Contestó la castaña sonriendo de forma maliciosa, contagiando esa sonrisa a Ignis.


      - Sin dudas, serás mi reina. -







    • - Ve a la fiesta, decían, te la vas a pasar genial, decían, idiotas !Jamás vuelvo a salir con ellas! -


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      Una chica refunfuñaba en el dormitorio de la universidad, su pequeño espacio de confort en medio de un sitio ajeno, donde solamente los videojuegos vintage le mantenían tranquila, aunque era difícil porque no podía sacarse de la mente lo que ocurrió esa noche.
      Olimpia no era la chica más sensual o guapa de todas, al menos así lo consideraba ella, era una chica delgada, sus senos eran pequeños, lo más rescatable eran sus piernas y sus glúteos que no se preocupaba en resaltar al pensar en que solamente los chicos se fijaban en los pechos, por lo que era normal verla con pantalones deportivos o jeans de corte recto. Tampoco ayudaba a esa chica su personalidad algo prejuiciosa, al ser “lista” creía que las actividades que hacía la mayoría eran tonterías para gente en busca de atención y no se medía en decirlo, así como decir a viva voz que las fiestas eran pretextos para tener sexo ocasional. A pesar de tener lindas facciones que ella no notaba y que más de alguno quiso andar con ella, todo lo malo de su actitud llevó a que no muchos la trataran y fuera conocida por seudónimos o comentarios como nerd, mojigata, acomplejada o cosas más elevadas como decir que le hacía falta sexo.
      Siendo el primer día en la universidad, las pocas amigas que tenía la convencieron de ir a la fiesta de bienvenida que hacían los de los últimos semestres a los recién ingresados, casi obligada se presentó a ese evento, sus amigas hicieron lo mejor que pudieron para ponerla bella bajo sus gustos, una falda de jeans, una blusa de tiras rosa con una chaqueta blanca y su cabello suelto, rematando con unos lentes de contacto en vez de sus grandes gafas. Como era de esperarse, empezó a quejarse al primer minuto de llegadas, así que sus amigas optaron por separarse y dejar que ella misma interactuara por su cuenta y ya si decidía irse, no tener que soportar sus reclamos como siempre lo hacía.


      - No puedo creerlo, me invitan a venir a esta estupidez y todavía me dejan a solas. - Pensó Olivia sin saber que hacer al estar fuera de su zona de confort. - No me sorprendería que ande más de uno drogándose por aquí, puro idiota que desaprovecha el estudio. -



      En un extraño giro de los acontecimientos, terminó estando en la barra del bar pidiendo una naranjada sin alcohol y que fuera preparada frente a ella para asegurarse de que no le pusieran nada raro, al menos aprovecharía la bebida gratis por la mala pasada de sus amigas. Mientras ella bebía de la naranjada, notó que una chica bastante guapa se le quedaba mirando, sin dudas debía ser la chica más guapa y sexy de la fiesta, una morena de cabello castaño y un cuerpo y altura envidiable, todo lo contrario a la rubia de estatura promedio y tan plana como tabla de planchar (bajo su propio criterio).



      - ¿Vienes sola? - Preguntó esa preciosa chica en leggings azules y blusa sin mangas blanca.


      - Se supone que vine con amigas, pero las idiotas de seguro se fueron con sus novios. -


      - ¿Acaso no te estás divirtiendo? -


      - ¿Divertirme? ¿Qué tiene de divertido ver a gente tomando como idiota y … -


      - Haciendo el ridículo. - Complementó la morena sorprendiendo a Olimpia. - ¿Así piensas o no? -


      - Sí ¿Cómo lo sabes? -


      - Lo puedo ver en tus ojos. -



      Olimpia se sonrojó un poco por el comentario de esa preciosa chica, no podía creer que la típica chica deseada de la universidad fuera una chica tan buena onda, creía que sería una presumida o vanidosa pero todo lo contrario, era una chica lista, amigable, le puso al tanto de como era la vida en esa universidad y no supo en que momento empezó a beber naranjada ya con un poco de licor, las cosas se fueron dando y sin saber como pasó (ya que ni siquiera sabía que le daba por las chicas) estaba en un rincón oscuro fuera de la facultad prendida a besos con esa chica, sus primeros besos eran con una superior de la uni, fue justo en el instante que su jean de desabrochó que escuchó a sus amigas y reaccionó al verlas, ellas estaban mirando como se besuqueaba con una chica que acababa de conocer.
      Como era de esperarse en una situación así, Olimpia salió corriendo de esa fiesta y se encerró en su dormitorio sin atender a los portazos de sus amigas queriendo saber que pasó, no sólo tenía la mayor de las vergüenzas, estaba molesta, molesta por ir a esa fiesta, por besuquearse con esa chica y peor aún, que lo estaba disfrutando.



      - !Maldita tipa! !De seguro metió algo a mi bebida! - Pensaba Olimpia sacudiendo más fuerte su joystick al jugar pacman. -


      El sonido de un mensaje entrante le hizo tomar su celular, de seguro era otra excusa más de sus amigas por saber que había pasado pero no era así, una de ellas le había mandado una información más que importante.



      - “La chica con la que te estabas besando se llama Coco, le dicen la chica cocodrilo entre las mayores, al parecer le gustan las mujeres, aunque creo que ya lo sabes de primera mano XD, me contaron que le dicen la chica cocodrilo porque le gusta comerse a las chicas de primero, sobre todo a las que se vean más chiquillas. “ -


      - !Hasta que hora me cuentas, pendeja! - Escribió molesta Olimpia al leer ese mensaje.


      - “Ahora todo tiene sentido, con razón no salías con nadie ¿Desde cuando supiste que eras lesbiana? “ -


      - !Alza el dedo del medio y metételo por el culo! - Contestó la rubia para lanzar el celular a la cama y seguir jugando.



      El teléfono celular se escuchó de nuevo y Olimpia lo tomó notando que era un número desconocido, recordó que sus padres iban a comprar celulares nuevos por una promoción y pensó que sería su mamá pero al atender sólo escuchaba risas, una risa femenina con mucha sensualidad en la voz, por lo que colgó al pensar que era un número equivocado, ese número volvió a llamar y otra vez contestó y de nuevo risas, así que decidió apagar el celular.


      - Han de ser esas mensas burlándose de mí. - Pensó la rubia presionando su frente. - !Cómo pude estar besándome con esa chica frente a todos! -


      La puerta de su dormitorio sonó, fue un golpeteo suave a diferencia de los golpes con código que tenían sus amigas, se acercó y asomó por la mirilla de la puerta sorprendiéndose al ver que fuera de su cuarto estaba esa sensual morena vistiendo un camisón blanco que dejaba ver mejor sus grandes curvas.


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      - ¿QUÉ HACES AQUÍ? - Preguntó Olimpia abriendo un poco la puerta.


      - Vine a visitarte. -


      - ¿Acaso no tienes vergüenza? !Me dejaste en ridículo! -


      - Estoy segura que solamente tus amigas nos vieron y si a ellas les parece mal que beses a una chica, que mal por ellas. - Contestó la joven con esa sonrisa amigable que hacía a Olimpia tener un tic en el ojo al sentirse tentada de nuevo.


      - Ya me dijeron que clase de mujer eres, chica cocodrilo. -


      - Ya veo, entonces no tendré que dar rodeos. -


      - ¿Qué? -


      - Si ya sabes a que vengo, no perdamos más tiempo. -



      Coco empujó la puerta entrando sin que Olimpia pudiera hacer mucho contra su fuerza, cerró y miró fijamente a la rubia que estaba sobre la cama y abrazaba su muñeco de pacman tratando de tapar sus pantaletas con dibujos de Mario Bros. La morena se lamía los labios y miraba sensualmente a la dueña del cuarto que sentía demasiados nervios por esa chica que sin dudas, sabía que había disfrutado de besarla.



      - En la fiesta te veías hermosa pero verte en tu hábitat natural es mejor. -


      - !Un paso más y voy a … !MMM! - Exclamó Olimpia cerrando los ojos al sentir como Coco le robaba un beso.


      La morena sujetó al peluche de esa chica y lo arrojó para poder recostarla en la cama, Olimpia buscaba su celular para llamar a alguna de sus amigas para ser rescatada del ataque de la chica cocodrilo pero Coco empujó el aparato hasta la orilla de la cama cayendo al piso. Esa noche, la primeriza de la universidad descubrió seis cosas:



      1. - Es lesbiana.


      2. - Lo que decían de la chica cocodrilo era cierto y vaya que cierto.


      3. - El sexo con una chica es fantástico.


      4. - Los controles del Atari sirven para otro tipo de juego, de preferencia hay que tener condones para protegerlos.


      5. - No dejar grabarse teniendo sexo, es obvio que te van a chantajear con eso.


      6. - Le pertenece desde ese día a Coco.







    • Las doce de la noche marcaban en el reloj y ella no llegaba, se suponía que estaría en el avión de las nueve y pasaron tres horas y ni una pista de su novia, una preciosa hawaianna que conoció por su trabajo en Hawaii dentro de la industria hotelera, era justo por ese trabajo que recibió una oferta para ser la coordinadora de promoción y turismo de un hotel en Nassau, Bahamas y que viajó a ese país, siendo una promesa entre las dos que iría primero a acomodarse unos meses, conseguiría una casa o departamento para las dos y luego ella vendría.
      Parecía como si todos los planetas se alinearon en su contra esa noche, su antojo de un coco por la tarde se le vio empañado por que le vendieron uno podrido, por andar a las carreras su bloqueador solar fue dejado en casa y tuvo que soportar el quemazón del Sol en su piel blanca tan sensible, para terminar con las desdichas, la lluvia cayó mientras esperaba en el estacionamiento y el capote de su coche se trababa al cerrarse, quedando medio mojada.


      - ¿Donde estás? ¿Y si le marco? - Pensaba Valery mirando su celular. - ¿Y si le pasó algo? -


      La rubia recostaba su cabeza sobre el volante, revisaba de nuevo su celular y ya era casi la una, ya era demasiado tiempo, casi cuatro horas de espera y sin que tuviera respuesta de Kiannah, ella no era de dejarla esperando, menos cuando iba a llegar a un país desconocido.
      La cabeza le daba vueltas a la dueña del coche, empezaba a creer que tal vez se arrepintió de venir a Nassau, tal vez durante los meses que estuvieron contactándose por internet ella conoció a alguien más, podía pasar que no vio debido dejar toda su vida en Hawaii por seguirla por no sentirse preparada a pesar de haber dicho que lo estaba.


      - Tonta, tonta… Tonta… ¿Cómo crees que iba a dejar a su familia y su vida por ti? - Habló la americana golpeando con su cabeza el claxon de su carro.- No debí de aceptar este puto trabajo, la perdí… La perdí. -


      Valery empezó a llorar sin parar, estaba segura que Kiannah no tomó el vuelo, ya le hubiera mandado un mensaje o marcado para decirle que llegaba, era demasiado pedirle, dejar Hawaii para iniciar una nueva vida juntas, poder tener el sueño americano en las Bahamas al poseer un trabajo bastante generoso en el pago, el departamento que consiguió para ellas se sentiría vacío sin el motivo de la compra. Se sentía ridícula, estaba llorando bañada por la lluvia, quemada por el Sol y con un dolor de cabeza, al punto en que se pasó al asiento trasero para dormir y olvidarse de todo, ya si ella no fue valiente para enfrentar las cosas juntas como se prometieron, debía ser tan fuerte como su corazón pudiera.



      - Hola, noc noc, Valery, despierta. -


      - Eh… -


      Los ojos de la rubia se abrieron lentamente al escuchar que tocaban la puerta de su coche, su mirada fue de sorpresa al ver la luz de la mañana iluminando a esa preciosa morena que se asomaba por fuera de la ventana, saludándola.



      - !Kiannah, veniste! -


      - Claro que vine ¿O qué pensabas? - Preguntó Kiannah notando confusión en su novia.


      Estando dentro del coche la cara de la americana era de total vergüenza mientras que la hawaiiana no paraba de reírse, ni siquiera un café del Starbucks le hacía pasar el trago amargo que tenía Valery por lo ocurrido.


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      - Ay dios… Jajaja… -


      - ¿Podrías dejar de reírte? - Dijo Valery tomando un sorbo de su café.


      - ¿Cómo pudiste confundirte? Jajaja. -


      - !No te burles! Creí que era las nueve de la noche. -


      - Eso pasa por no leer bien el mensaje. -


      - Idiota… Ya hasta… Creí que me… - Empezaba a llorar la rubia siendo abrazada por su novia.


      - Ya… No pienso dejarte ¿Crees que lo haría cuando fui yo quien te invitó a salir? -


      - Pero… Ashu… -


      - Mejor vámonos, necesitas cambiarte de ropa, tal vez te resfriaste. - Sonrió la hawaiiana sujetando el rostro de Valery limpiando sus lágrimas. - Vamos a nuestra casa.-


      - A nuestra casa. -


      - Así me gusta, que sonrías. -


      - Kian… !Espera! - Gritó la rubia abriendo la puerta.


      - ¿Por qué? Ay… !Valery! ¿Estuviste tomando? -


      - Pu… Puto coco. -



      Kiannah tallaba la espalda de su novia y abría una botella de agua para que se enjuagara la boca, sin dudas no podía dejarla, era la chica que amaba y también porque Valery era un desastre de emociones, pero era su desastre.









    • Debí darme cuenta desde antes que algo anduvo mal, empezaste a tratarme de forma muy indiferente, tres años de noviazgo se fueron al carajo de un día para otro, te estuve pidiendo explicaciones y a cada rato te preguntaba como te sentías, mis amigos me dijeron que era normal que ustedes las chicas sean así, que nos respondan con un clásico “Nada” y toda la conversación quede ahí.
      Creí ser un buen novio para ti, nunca pensé que de repente me dijeras que nos diéramos tiempo, que necesitabas conocerte a ti misma ¿Darnos tiempo? Eso aquí y en China significa tenemos que terminar, yo de pendejo sonreí y te dije que estaba bien, que tenía algunas cosas que hacer en casa de mis padres y me llevaría un par de meses, como si quisiera volver a casa donde siempre era el multiusos familiar. ¿Conocerte a ti misma? ¿No suena a un pretexto pendejo para no decirme que ya no te gusto? Como sea, las cosas al final caen en su lugar.
      ¿Puede medirse el amor? Porque si se puede te diría que te amo demasiado, que soñaba con una familia a tu lado, pero tal vez tú no me amabas por igual, debí notarlo, los besos se hicieron más secos, nuestras miradas se evitaban cada vez más, no era el más atento ni el más detallista del mundo pero te daba flores cada vez que podía, te llevaba a donde querías, cambié mi personalidad por ti de ser un completo imbécil a sólo medio imbécil ¿Para qué? Estoy aquí sin ti mirando como pasas abrazada de esa chica que no conozco y tengo que aceptar que es tan o más guapa que tú.

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      Veo como se besan, como se abrazan, como se miran, todo aquello que alguna vez era mío se lo das a ella y me duele aceptarlo pero te vez contenta como hace mucho que no te miré. Me miras y por un segundo creo que vas a voltear a otro lado, que sientes vergüenza de lo que haces pero nada, sólo sonries y yo como el pendejo cobarde que soy te sonrio, no voy a hacer una escena, eso no es de hombres o es lo que me digo para no ponerme a llorar al mirar como una chica me robó a mi novia.
      Me doy la vuelta para darte tu espacio, para decirte con mi espalda que le daré vuelta a la hoja y que así como tú eres capaz de seguir adelante, veré la manera de olvidarte y no ser un puto rencoroso contigo por no decirme la verdad. Pero de algo estoy seguro y es lo que me duele en el pecho, me dan más ganas de gritar de coraje y celos porque ella hizo algo que no logré, lo noto Claudia, a su lado te vez feliz.






    • Ya pasaba de la una de la madrugada en un bar open mind muy famoso de Roma, llamado Omen Mint. La dueña del local, Susan, era muy conocida por su seriedad en el trabajo y por haber revivido aquel viejo negocio que heredó de sus tía abuelas. Al ser un sitio donde se encontraban todo tipo de parejas, fuera por romance, diversión o curiosidad, una mujer que tuvo la mayor decepción de su vida al terminar con su tercer novio al hilo. Fuera por lo dudosa y celosa que era, por la presión que tenían al salir con una mujer de la familia Plates o simplemente porque se hartaban de ella al no “ceder” a tener relaciones fuera del matrimonio, lo que fuera, volvía a estar soltera y decidió que estaba harta de los hombres.
      A sus veinticinco años, Dawn Plates tomó la decisión de intentar probar con las mujeres, aunque era pésima para eso, por su belleza los hombres le llegaban así que nunca se esforzó por coquetear con alguien, sólo estaba en la barra mirando a todas las personas, parejas de hombres, de mujeres, parejas hetero, algunos solitarios como ella, no sabia que hacer así que se puso a tomar, aunque hasta para eso no era buena.



      - Siria ¿Puedes ver a esa chica? - Preguntó la dueña del bar a su bartender principal. - Falta una hora para cerrar y no le veo ganas de irse. -


      - ¿Quieres que la saque? -


      - No, tal vez la está pasando mal, tú eres la psicóloga ¿O no? -


      - Aún no tengo mi licencia, está en trámite. -


      - Sólo ve, es de tu tipo ¿O no? -


      - De hecho. - Dijo la castaña a su jefa viendo como ella sacaba una caja de regalo y se lo dio. - ¿Y esto? -


      - Son chocolates, iba a regalarlos a Diana pero es intolerante a la lactosa, tendré que buscar chocolates sin lactosa. -


      - Ok. -


      - Suerte. -



      La castaña se acercó a esa mujer que al verla soltó una sonrisa, se le notaba ya algo tomada y eso que no había tomado más que tres latas en las dos horas que llevaba en ese bar. De cerca pudo ver que sin dudas era de su tipo, le gustaban las mujeres con senos grandes y con un aire de chica cool, el tinte de su cabello iba de lujo con sus enigmáticos ojos índigo y un colmillo se asomaba entre sus dientes al sonreír que le daba un toque felino, ese colmillo lo tenía un poco más grande y nunca quiso arreglarlo por aceptarse tal como era.



      - Hola… -


      - Hola… ¿Te gustaría salir conmigo? - Dijo la mujer con una sonrisa mientras sostenía su cabeza sobre su mano reposada.



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      - No creo que debas decir eso cuando apenas conoces a alguien. -


      - ¿En serio? … Ja… jaja… Hasta para eso soy inútil. -


      - No te conozco para decir que eres inútil pero si pienso que no debes de tomar si no estás acostumbrada, de preferencia hazlo primero en tu casa. - Habló Siria sacando la caja. - Un poco de chocolate te ayudará a sentirte mejor. -


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      - No creo que un chocolate me ayude… Yo necesito amor. -


      - El chocolate libera endorfinas que te hace sentir como si estuvieras enamorada. -


      - No lo sabía. -


      - Cada día se puede aprender algo nuevo. - Sonrió la bartender abriendo la caja sin dejar de mirar a esa bella mujer. - Soy Siria. -


      - Dawn. -


      - Lindo nombre. -


      - ¿En serio te parece lindo? A mi no me gusta. -


      - Es bueno, va con el color de tus ojos. -



      Dawn rio un poco por el comentario, era el cumplido más tonto y sin sentido que había escuchado pero le gustó escucharlo. Poco a poco la platica surgió de las dos, aunque fue más de la pelimorada que de Siria, contó toda su vida amorosa y como botó a su primer novio por insistirle en tener sexo y condicionar la relación si no lo hacían, como el segundo puso de pretexto la presión de que ella fuera de una familia rica y el último que no se sentía cómodo con sus celos, la castaña entendía que esa mujer sufría de algo bastante común en las relaciones, esperar demasiado de un hombre. Era tan entretenida la plática que el tiempo voló y Siria se dio cuenta que ya estaban cerca de cerrar, pero Dawn seguía ahí.



      - Odio a los hombres… Mejor saldré con mujeres. -


      - Mmm… No creo que una chica, por más guapa que seas, quiera salir contigo si piensas así. -


      - ¿No? -


      - Estás queriendo salir con una chica por despecho, no por gusto, curiosidad ni por que en verdad quieras algo real. -


      - ¿Ves que soy un asco de mujer? - Habló la pelimorada golpeando la barra del bar con su frente.


      - En realidad. -


      - Siria, ya es hora ¿Qué harás con ella? -


      - Pensaba llamarle un taxi. -


      - !No, no quiero irme a casa! - Gritó la mujer algo ebria haciendo reír a Siria mientras Susan la observaba.


      - Yo me las arreglo ¿Ok? -


      - Puedes usar el coche de servicio, no me gustaría que le pase algo. - Habló Susan a su trabajadora. - Perdón si no puedo llevarla yo, Diana ya me preguntó a que hora llego. -


      - No te preocupes, déjame todo a mí. -


      Siria empezó a apagar todo mientras Dawn se quedaba adormilada en la barra, tras terminar de preparar su salida, se acercó a ella para cargarla sobre su hombro y ayudarle a caminar hacía la puerta.



      - ¿Me das tu dirección? Te llevaré a tu casa. -


      - Pensé… Pensé que encontraría a alguien aquí… Había escuchado que visitando este bar conocías las estrellas y la pasabas genial… -


      - Pues… Si vienen muchas personas famosas, creo que a esas estrellas se refieren ¿Y no la pasamos genial? - Dijo Siria a la mujer que agachaba la cabeza.


      - Pero… Me voy otra vez sola, a nadie le interesa una mujer que es un desastre como yo. -


      - No es cierto, podrás ser llorona, insegura y ansiosa al querer que todo salga como piensas, pero para mí no eres un desastre. -


      - Me lo dices para que no me ponga a llorar aquí. -


      - Hablo en serio. - Sonrió la joven cruzando su mirada con Dawn, que quedaba maravillada con su sonrisa. - A mi me gustan las chicas como tú. -


      - ¿Bromeas? -


      - Nada como una mujer desastrosa para tener como pareja y ayudarla a superar sus problemas, las relaciones se fortalecen conociéndose y creciendo mutuamente, nada tiene que ser perfecto al principio. -


      - Eres rara… -


      - Tal vez. - Contestó Siria al llegar a su coche, mirando a la pelimorada que la abrazaba y le miraba tiernamente. - ¿Pasa algo? -


      - No quiero ir a mi casa… ¿Me llevas a la tuya? -


      - No es algo que debes de decirle a quien acabas de conocer. -


      - Tu dijiste que las relaciones se fortalecen conociéndose ¿O no? -


      Siria se rio por el comentario mientras ayudaba a la mujer a entrar a su vehículo al asiento del copiloto, se sentó frente al volante y puso su cinturón para luego voltear a mirar a la mujer que le sonreía y le miraba con una alegría que no traía cuando llegó al bar.



      - Solamente tengo una cama ¿Ok? La universidad no me permite tener un departamento mejor. -


      - No importa… Una cama basta. -


      - Pues… Si tú lo deseas, a conocernos mejor. -



      El motor echó a andar y el vehículo se fue de viaje hacía una nueva mañana. Dawn podría estar segura de que ese bar le hizo pasarla bien y que ese día no estaría sola, ya sería decisión de ella si esa chispa en la noche la protegía para hacerla crecer en una gran fogata de amor.






    • - !A la mierda todo, hoy voy a pasármelo bien! -



      El grito tras el golpe del tarro en la barra era la señal de guerra de una joven japonesa, furiosa por haber perdido la final del torneo de tiro con arco por equipos. No tenía nada de sentido la derrota que el equipo de su escuela tuvo, justo en la flecha que determinaría la victoria un celular sonó a toda potencia dando la suficiente distracción a la arquera para acertar la flecha fuera del centro, perdiendo por la mínima. Para Ichika era la peor de las cosas, meses de preparación arrojadas al vacío por culpa de alguien y los jueces tuvieron la osadía de aceptar el tiro argumentando que fue culpa de su “falta de concentración”. Su mejor amiga trataba de animarla, pero para Kanae era complicado cuando su amiga en un alto grado de enojo terminó en un restaurante cercano a los dormitorios de la preparatoria y si algo sabía bien de ella era lo difícil que era hacerla cambiar de parecer.

      - Ichika ¿No crees que ya bebiste demasiado? -


      - !Cállate y bebe! - Dijo la chica de gran busto ofreciéndole un tarro a su amiga. - Hoy vamos a pasarla bien, nada de pensar en torneos, la arquería ni las clases, sólo pasarla bien las dos. -


      - Pero tú no sueles tomar tanto. -


      - !Que la vamos a pasar bien! -


      - !Está bien, está bien! ¿Así está bien? - Preguntó Kanae dándole un sorbito al tarro, sintiendo como su amiga empujaba desde abajo. - !Hum! -


      - !Bebe sin importar mañana, preocúpate luego, festeja hoy! -


      - Coff… Coff… Ok, pero no tanto. -


      - No puedo creerlo, tanto tiempo entrenando para que nos robaran el torneo. - Reclamaba Ichika bebiendo sake como si fuera agua. - ¿PUEDES CREERLO? -


      - Tampoco lo puedo creer ni la gente, todos dicen que nosotras ganamos. -


      - Pero eso no sirve sin un trofeo… Dejé todo por ese torneo Kanae. -


      - Lo sé, lo sé. -


      - Terminé con mi novio, no he tenido sexo en cinco meses, dejé mi curso de piano !Hasta hice más dieta y ejercicio para estar al máximo! ¿Para qué? -


      - ¿No dijimos que olvidaríamos todo eso? - Rio apenada la amiga al notar el estado de ebriedad de su amiga, tomando su mano para calmarla un poco. - Lo importante es que nos la pasemos bien ¿O no? -


      - Por eso te quiero tanto Kanae, a pesar de que me burlo de que tus pechos siguen igual desde la secundaria y que tu trasero apenas cabe en los asientos del baño, no dejas de ser mi mejor amiga. -


      - Eso no tenías que mencionarlo en público. -


      - Aún no entiendo como es que siendo tan bonita no has salido con nadie, ni siquiera has follado. -


      - Bueno, cada una tiene sus motivos. -


      - ¿Un motivo? -


      - Es que… En mi familia está la tradición de tomarse en serio una relación, no salgo con nadie porque solamente estaría con la persona con la que me case, mis papás me lo han dicho muchas veces, si salgo con “el chiste” es matrimonio quiera o no. -


      - Ya veo !YA VEO! -Dijo la chica abrazando del cuello a su amiga sin parar de reír. - !Esa es mi Kanae! No vas a dejar que cualquier idiota salga contigo, tú solamente mereces lo mejor, bebamos por el hijo de puta que sea el primero en tenerte !Salud! -


      - Ichika, creo que ya bebiste demasia… -


      - !Shhh! !Que es un brindis por el malnacido que te lleve a la cama! -


      - Espera… Tú no lo entiendes. -


      - !Sigue tomando! - Reclamó la chica mientras veía a su amiga agitando las manos por la pena de no seguirle el paso.


      - Ya tomé mucho, luego nos vamos a marear y...-


      - !Shh! !La vamos a pasar bien y te va a gustar! !Vamos a pasarla bien! -

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      “Te va a gustar, te va a gustar, te va a gustar”, esas palabras le dieron vueltas y vueltas a la cabeza de Ichika al despertar en la habitación de su amiga, ambas desnudas, sudadas y por los mordiscos en el cuerpo de Kanae, era más que evidencia de que tuvieron sexo, sin dudas que habían bebido de más.



      - Creo… Que la pasamos bien... Ay dios... !No me quiero casar! -





    • Las guerras siempre han sido la peor manifestación de los pecados del hombre, la historia siempre le daría la razón al ganador y el perdedor terminaba sufriendo las consecuencias del sometimiento. Los conflictos pueden surgir con algo tan estúpido como una disputa territorial entre un grupo de ganaderos de Voivodina y Rumania. La guerra entre Serbia y su país vecino duró tres años, al ser un país neutral y no estar dentro de la Unión Europea, la pequeña nación fue destrozada por los rumanos, dejando estragos en todo el país en especial la provincia independiente que empezó todo.
      La guerra te puede hacer perder todo, lo supo en carne propia Madalina que envalentonada por los necios ideales patriotas se enlistó a las tropas, obteniendo al final una herida de bala en el hombro y un trauma que la perseguiría, haber sobrevivido un bombardeo en el cual perdió a su hermana y cuñado, sus ojos se congelaron en ese instante que parecía una broma del destino, cuando ese misil devastó el hospital donde ellos trabajaban y la única superviviente fue ella. Se maldijo cada día más y más, nunca debió de entrar a esa clínica queriendo convencer a su hermana y su esposo de escapar, que su escuadrón ingresara pudo haberse prestado como que dicho hospital no era más que una farsa y al final, hasta que el polvo y fuego desapareció, el mundo supo de la masacre que ocurrió en ese edificio.
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      Rumania iba ganando la guerra pero la imagen que entregó al mundo le causó su propio contragolpe: Mutilaciones, torturas, masacres de gente inocente y sumado a la perdida de más de doscientas personas en aquel hospital obligaron a la ONU a intervenir y en pocos meses, los países aliados lograron someter al agresor más fuerte y establecer una falsa paz entre ambos estados. La batalla terminó pero el daño estaba hecho, Serbia y Rumania tardarían décadas en recuperarse, uno por los daños de guerra y el otro por las deudas obtenidas por los acuerdos establecidos de la UE.
      Madalina no tenía motivos para vivir, su lucha fue un fraude, su idiotez acabó con la vida de la única familia que tenía, tener en su mente los cadáveres descuartizados por la explosión le causó insomnio y estrés postraumático que difícilmente podía superarlo al no seguir la indicaciones al pie de la letra. La culpa robó sus sueños y futuro, el odio hacía quien haya ordenado atacar un hospital estaba latente en sus pensamientos, eso fue lo que la guiaba, poder encontrar a esa persona y encargarse personalmente de matarla, tal vez así podía perdonarse.
      La joven serbia duró un año entero investigando el nombre del comandante rumano a cargo de esa misión, resultó ser una chica de un año menor que ella, sacando cuentas, esa maldita masacró el hospital apenas teniendo veinticuatro años. Mereea Morgestern, el nombre de la encargada de atacar esa zona de la ciudad de Belgrado, iría por su cabeza. Entre los documentos y datos que pudo encontrar de esa mujer, encontró fotos que daban evidencia de su retorcida mente, colgando prisioneros y fusilando ciudadanos como si fuesen bestias.
      Tras su viaje en busca de Mereea, Madalina llegó hasta la ciudad de Subotica al sur de Serbia, nunca pensó que tuviera el descaro de vivir oculta en la misma provincia donde cometió todas esas atrocidades. Una fotografía de esa militar y una pistola de calibre .22 eran las compañeras de la joven rubia mientras caminaba a la casa donde Ailen Denicolle (como se hacía llamar ahora) vivía. Lo inesperado de la vida volvía a visitarla al darse cuenta que donde ella vivía era un jardín de niños y orfanato.



      - !Señorita Ailen, señorita Ailen, Etham me jaló el cabello! - Lloraba una niña de unos cinco años abrazando por detrás a una amigable mujer joven.


      - Ven aquí Etham. -


      - Fue sin querer, jugábamos y quise atraparla y le jale el pelo. -


      - Ven, no llores, pídele disculpas y así vuelven a jugar. - Habló la bella castaña arrodillándose para calmar a los niños.


      La misma cara de la foto, la misma cicatriz, distinta mirada, los ojos desalmados de la militar ya no estaban ahí, fueron cambiados por los ojos más dulces que alguna vez vio, unos llenos de amor, compasión y ternura, tan maternal para esos niños como amoroso para cualquier otra persona que la mirara.


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      - ¿Ailen Denicolle? - Preguntó Madalina sosteniendo la pistola dentro de su bolso.


      - Soy yo ¿Necesitas algo? -


      - Yo… Me gustaría platicar contigo. -


      - Ya veo. - Sonrió la castaña parándose y acariciando la cabeza de los niños. - Bea, corté fruta para todos, vayan al salón y repartanlo entre todos. -


      - !Si! -


      - !Apartada la manzana! -


      Los niños corrieron al interior del edificio dejando a ambas mujeres a solas, Mereea miró a Madalina sonriéndole con una gran calma, era tan extraña la situación, como si ella esperara su llegada.


      - ¿Caminamos? - Sugirió la mujer que se hacía llamar Ailen, señalando hacía el bosque, alejándose de la casa y de los escombros de la ciudad.


      - Tú, eres Mereea Morgenstern ¿Cierto? -


      - Desearía olvidar ese nombre. -


      - Eras la comandante en jefe de la invasión al Sur de Belgrado. -


      - Si. -


      - Tú ordenaste el ataque al hospital central. -


      - Si. - Dijo sin titubear la castaña parándose para luego dar la vuelta lentamente, mostrando una sonrisa al escuchar el gatillo del arma.


      - ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? -


      - Sólo seguía ordenes, era una joven idiota que por ser hija del comandante Morgenstern quería que ser tan respetada como él. -


      - Tú… !Mataste a mi hermana por quedar bien con tu padre! - Gritó Madalina sacando su pistola para apuntarle a Mereea quien seguía sonriéndole.


      - Sí… No pienso negarlo, maté a mucha gente, hice cosas de las que no me siento orgullosa. -


      - !Arrodillate! -


      Mereea se sentó sobre la hierba y colocó sus manos sobre sus rodillas, manteniendo esa sonrisa tan calmada. Madelina puso el cañón de la pistola en la frente de esa mujer. Por fin mataría a quien condenó la vida de su hermana, pero estaba titubeando, los ojos de esa bella joven tenían algo que no lo vio al principio, tristeza, melancolía, dolor, agonía.


      - Te mataré. -


      - No pienso pedir por mi vida. - Sonrió Mereea causando que las dudas de Madalina crecieran más. - Hice cosas terribles, mi padre usó sus contactos para que a mi no me condenaran como a él y lo único que hizo fue hacerme sufrir… Debí morir en la guerra. -


      - !Eso debiste! Hacerte la santa ahora no te servirá de nada. -


      - Lo sé, cuidar de esos niños no es nada, tal vez algunos perdieron a sus padres por mi culpa, sólo quería hacer algo para quitarme la culpa… Pensé en suicidarme pero no serviría de nada, mi vida no vale nada si no se cobra por lo que hice. -


      - No creas que tu historia me conmueve. -


      - No busco tu compasión… Mátame por favor. - Susurró la castaña con una sonrisa y unas lágrimas de salvación.


      La tenía ahí enfrente, sin que ella luchara por su vida, pidiendo morir y con ello cobraría venganza, pero no podía hacerlo, no cuando los ojos de Mereaa mostraban un intenso sufrimiento, era consciente de sus actos y rogaba por piedad en forma de una bala. ¿Por qué? ¿Por qué sentía esto ahora? Quería matarla pero esa mirada no se lo permitía, en ese momento estaba viendo el rostro más bello del mundo.


      - Por favor, hazlo… -


      - No… - Dijo Madelina con un nudo en la garganta, retrocediendo la mano mientras ella agachaba su cabeza. - No te daré ese gusto. -


      - Por favor… -


      - Vas a vivir… - Habló la rubia arrodillándose para sujetar las mejillas de Mereaa, viendo que lloraba intensamente. - Y vas a seguir sufriendo por lo que hiciste… -


      - No… Por favor. -


      - Y estaré aquí, para asegurarme que cada minuto de tu vida recuerdes el infierno que me hiciste vivir. -


      Madelina sujetaba esas mejillas suaves acariciándolas con sus pulgares limpiando sus lágrimas, era tan bella, la asesina de su pueblo, de su familia, tenía los ojos más angélicales del mundo, la piel más aterciopelada que alguna vez tocó como si nunca se hubiera ensuciado. Ella le arrebató todo, ahora se aseguraría de tener todo de ella, incluso su vida en sus manos.



      - Esta es tu vida ahora, esos niños te esperan. - Susurró Madelina sintiendo una extraña excitación de ver sufrir a esa bella mujer. - Tu vida ya no te pertenece… Me pertenece a mí. -


      - Matáme… Por favor. -


      - Yo decidiré cuando… - Dijo la rubia que al ver esos labios tenuemente rosados sintió el deseo de acercar su boca a ellos. - Yo decidiré que hacer con tu vida. -



      La rubia abrazó a Mereaa que seguía llorando entre sus brazos, su cabello, su piel, su aroma, eran de lo más suaves y delicados, una rosa venenosa, eso era lo que era ella. Quería matarla, cobrar su vida, pero eso no sería más que salvarle de su agonía, haría lo que quisiera con ella, ahora le pertenecía, se aseguraría de hacerla sufrir y que mejor manera que estrujando ese corazón de cristal que tenía. Madelina no entendía que al ver a los ojos de Mereaa conoció algo tan profundo que las palabras no pudieron hacerle comprender antes, ya estaba cansada de pelear, su hermana no esperaba que volviera a matar, debía buscar como resarcir los daños, así como lo intentaba esa mujer.






    • – ¿Habías pensado que lo nuestro llegaría tan lejos? –

      – Nunca, pensé que seríamos amigas por siempre pero no que nos hiciéramos novias. –

      – Es algo extraño ¿No crees? –

      – Enamorarse de otra chica… Si, un poco, o eso creo, no me gusta pensar cómo los demás y pensar que está mal amar a alguien del mismo sexo. –

      – ¿Lo dices porque te gustan los mangas BL? –

      – También por eso. – Río una joven rubia que estaba recostada en los brazos de una castaña. - Hablo de enamorarme de mi mejor amiga. –

      – Creo que es algo muy cliché y que suele pasar mucho, el clásico amigo de la infancia que llega y pronuncia su amor al protagonista. –

      – Lo dices de nuevo por mis mangas ¿Cierto? –

      –También por eso. –

      – A veces me da miedo. –

      – ¿Por qué? –

      – Estoy tan acostumbrada a ti que no sé que pasaría si no te tengo a ti. – Dijo la rubia volteándose para ver de frente a su novia.

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      – No digas eso, harás que me sienta culpable si llegamos a terminar. –

      – ¿Estás diciendo que llegaremos a terminar? –

      – No dije eso, lo que trato de decirte es que no pienses en todo eso, lo peor que podemos hacer es pensar en el futuro, es mejor dejar que lleguen las cosas ¿No crees así? –

      – Es que… A mi me gusta soñar en el futuro. –

      – Adivino, una gran casa a la salida de la ciudad, con dos perros, un gato y un bebé. –

      – ¿Cómo lo sabes? –

      – Por favor, es como termina el final de tu manga yaoi favorito. – Mencionó la castaña haciendo cosquillas a su pareja que empezaba a reírse.

      – Te dije que te iba a gustar. –

      – Me gusta el final, excepto una cosa. –

      – ¿Qué? –

      – No me gustan los perros. –

      – Pensé que ibas a decir los niños –

      – Sería lindo un hijo siempre y cuando una cosa. –

      – ¿Cual? –

      – Será este vientre quien lo tenga. – Dijo la castaña frotando el vientre de su novia quien se puso roja.

      – ¿Qué? –

      – Bromeo, te lo dije, no me gusta pensar en que nos depara el futuro, aunque tienes razón –

      – ¿En qué tengo razón? –

      – Es bonito soñar. –














    • 1586480100650-png.130391


      - Didia, ya caminamos mucho, regresemos al campamento. -


      - ¿Qué? Pero si aún nos falta que investigar. -


      - ¿Acaso no vez que ya es noche? ¿Por qué no trajimos lámparas como la gente normal en vez de antorchas? -


      - ¿Cómo que para que Abeline? No sería una aventura al estilo de Indiana. - Dijo la castaña mientras su mejor amiga se daba una palmada en la cara. - Y con el mapa que encontré en google, podremos encontrar un tesoro pirata que cuentan que unos vikingos dejaron cerca de nuestra ciudad. -


      - !Lo sabía, de nuevo con esa idiotez! -


      - ¿Cuál idiotez? -


      - !Ya no eres una niña Didia, tenemos quince años! Me juraste que tendríamos una noche de acampada normal, por fin pensé que habías cambiado. -


      - !Claro que es normal! -


      - Hasta traigo una pistola de aire, dime que tiene de normal esto. -


      - Podríamos enfrentarnos a saqueadores y entre tú y yo, eres quien sabe usar armas. -


      - Maldita sea, vamos al campamento antes de que nos perdamos. -


      - !Ok, yo te guío! -


      - Es por acá. - Señaló Abeline molesta al notar que ni la orientación de su amiga había cambiado.



      Abeline y Didia eran amigas desde niñas, siempre la pasaban juntas, la pelirroja siempre fue conocida por ser la que era más prudente y más centrada que la castaña, que a pesar de ser una año mayor parecía que ella era la infantil, sobretodo por su gran afición a las películas de Indiana Jones. Cuando eran pequeñas, Abeline lo toleraba y hasta le parecía divertido jugar a las aventuras de ese arqueólogo, pero al ir creciendo se dio cuenta de dos cosas: Sentía deseos amorosos (y sexuales) hacía su amiga y detestaba a Indiana Jones, era odioso que ese hombre y sus historias tan fuera de lo real eran el pan y agua de todo el día para Didia, que Indiana esto y aquello, estaba hara, sentía celos de un hombre que no existía.



      - ¿Te imaginas si encontramos ese tesoro? !Vamos a ser famosas! -


      - ¿A quién le importa la fama? Si ese tesoro fuera real seríamos millonarias. - Dijo Abeline entrando al campamento primero sacudiendo su camisa. - Solamente andamos de idiotas sudando en el bosque, sabía que debí invitar a más personas. -


      - !No, no Didia! Tú y yo somos como Sallah, somos un equipo. -


      - Ojalá un día te olvides de estas idioteces y pienses en los tesoros verdaderos. -


      - ¿Cómo cuales? - Dijo su amiga que empezaba a desvestirse dejando ver un corpiño rosa que escondía sus senos que crecían tardíamente.


      - Ya sabes, esos tesoros… Escondidos, pequeños tesoros que pueden ir creciendo a convertirse en grandes. -


      - Oh !Hablas como el MacGuffin que mueve nuestra historia! -


      - Olvídalo. - Contestó Abeline molesta al ver que su amiga seguía con sus juegos, entrando a sus pensamientos. - Hijo de puta, ni que estuvieras tan guapo, ojalá hubiera una forma de hacerle ver de lo que se está perdiendo por estar pensando en ti. -


      - !Ouch! -


      Abeline escuchó un grito y un golpe suave sobre el colchón inflable, al voltear miró a su amiga que estaba sobre la cama solamente en ropa interior, por sus ojos llorosos parecía que le había pasado algo grave así que se acercó rápido para auxiliarla.


      - ¿Qué pasó? -


      - !Algo me picó en la cola! !Dentro de mis pantis! - Gritó Didia mientras su amiga la recostaba boca abajo y tragando saliva se atrevió a bajar de golpe las pantaletas de su amiga. - ¿Qué es? ¿Qué es? -



      La pelirroja lamía sus labios al ver la vagina de su amiga al desnudo, algunos vellos se asomaban en su intimidad y sus redondos glúteos escondían un ano rosado que comparaba con las artistas pornográficas que solía ver en los vídeos de contenido “Bi” a escondidas de sus padres. La tenía como siempre quiso tenerla, con las caderas levantadas ofreciendo su lado más vulnerable, pero el pequeño lloriqueo de su amiga la hizo volver en sí.


      - ¿Qué es? -


      - ES… - Abeline vio que una pequeña hormiga roja estaba pegada a la nalga de su amiga, la quitó y al momento de hacerlo se le ocurrió la manera de convertir ese campamento en lo que siempre deseó. - !Oh no! Es una avispa muy peligrosa. -


      - ¿Qué? -


      - No te muevas, necesito sacarte el veneno. -


      - !Voy a morir! -


      - !No te vas a morir, tú no te muevas! - Dijo su amiga sujetando la espalda de Didia para que no se levantara, mientras miraba extasiada los labios íntimos de su amiga, pensando. - !Gracias Indiana! -


      - ¿Qué estás… Aah… !Ay! -


      Abeline no dio marcha atrás, metió un dedo en el ano de su amiga y otro en su vagina mientras empezaba a devorar como una fiera la zona erógena de Didia que empezó a temblar y tapar su boca al empezar a gemir, estaba segura que no estaban sacándole alguna clase de veneno. Al menos la excusa de jugar a Indiana Jones le trajo el tesoro que siempre quiso a una de las dos.







    • No debimos terminar, no así, ya son dos años y no logro olvidarte, dejé de esforzarme cuando me di cuenta que era imposible, daría todo por tener de nuevo a mi lado, sé que no puede ser como antes pero no me importa, quiero tenerte aquí.

      Cada fiesta es un martirio, cada encuentro me dan ganas de llorar, ver las parejas andando, yendo y viniendo como si fueran ángeles de una sola ala y dependieran del otro para volar, todo eso me hace sentir cada día más estúpida por perderte, por olvidarme que en el amor de verdad no es sólo el yo, también era nosotras. Me siento con frío aún cuando la chímenea y el asador están encendidos, aún con tanta gente a mi alrededor, todo es frío cuando no está quien calentó mi corazón.

      Hoy es lo mismo, otro festejo sin ti, le insistí a mi hermano que no quería nada pero sabes como es él, siempre ignora mis palabras y hace lo que quiere, pero sino fuera por él yo no te hubiera conocido y por eso no le puedo decir nada. Están todos nuestros amigos, mis primos, los amigos de mi hermano y mucha comida, no dejan de hacerme reír pero son risas falsas, me fuerzo a reír porque la fiesta es por mi cumpleaños y no quiero ser grosera, no quiero volver a ser grosera con nadie, no como lo fui contigo.


      Me tuve que alejar de ellos un poco, mi cuarto era el único refugío donde no necesito fingir, no puedo soportarlo más, estoy llorando porque detesto mi vida, no estoy viva sin ti, para que me sigo mintiendo, quiero llamarte y decirte que lo siento, que me perdones por reclamarte y por creer que quedar bien con el mundo por ser "normal" era más importante que tú, de nada me sirve haber comprado este departamento si lo hice para vivir contigo y ya no te tengo. Sólo veo como se acaba el día, ya no quiero más cumpleaños sin que me felicites, no más fiestas sin tus abrazos, voy a llamarte y te pediré una oportunidad más, si es mi cumpleaños espero que soplar las velas me ayuden en verdad a recuperarte.

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    • - ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te veías preciosa con ese vestido azul, el azul siempre te ha quedado bien por el color de tus ojos, ni siquiera la novia de esa fiesta se podía comparar a tu belleza. -


      - ¿Fiesta? -


      - Oh, no lo recuerdas del todo, fue la boda de tu primo, te dije que fuimos compañeros de carrera y él me invitó por cortesía, quien iba a decir que gracias a él íbamos a conocerlos mi amor. -


      - Mi primo es algo tonto, invita a cualquier persona. -


      - Vamos, no es tan tonto, me invitó a mi y por él tu vida cambió ¿A poco no eres más feliz ahora? -


      - ¿Soy feliz? -


      - Muy feliz, porque me tienes a mí, al amor de tu vida. -


      - ¿El amor de mi vida? -


      - Si mi amor, soy el amor de tu vida, tú me lo juraste cuando lo hicimos la primera vez ¿Acaso no lo recuerdas? -


      - No… No recuerdo. -


      - Me vas a hacer enojar mi amor, lo hicimos en mi coche justo después de que atropellé al pendejo que salía contigo, fuí tu primera vez, sino fuera por mí seguirías atada a ese idiota. -


      - ¿Stuart? -


      - Como se llame, ya no importa, porque estamos juntas como siempre lo soñé, nadie más te puede hacer feliz más que yo, tu verdadero amor. -


      - ¿Quién eres tú?…¿Donde es... !MMM! -


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      La boca de la joven pelirroja fue callada con una mordaza de bola la cual fue maliciosamente atada con un listón a los pezoncitos de aquella chica de dieciséis años. Algo le pasaba a su cuerpo que sentía una mezcla de adormecimiento, dolor y excitación, en su vagina había algo vibrando y no podía quitárselo al tener las manos sujetadas con algo que parecía ser un saco y al querer levantarse notó que esa tela estaba sujetada a sus tobillos por unas cadenas, al poder ver más por la poca luz que entraba en la ventana pudo notar la cadena que estaba en su cuello y unas llaves y un interruptor sobre su cabeza, como si la invitara a intentar liberarse.


      - Desde que te vi, supe que eras mía, Misha. - Dijo una joven frente a ella que vagamente recordaba haber visto en la boda de su primo la semana pasada.


      - !Mmm! -


      - Mi amor, tranquila, ya casi termino tu jugo favorito, toda linda niña como tú tiene que tener su jugo favorito, entre más tomes más te gustará estar conmigo. -



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      Misha reaccionó al ver que esa mujer estaba soltando un polvo dentro del vaso, por eso se sentía así, por eso no recordaba nada desde que salió de su colegio, la estuvo drogando todo el tiempo. Intentó alcanzar con su boca las llaves para soltarse pero soltó un suave quejido y lagrimeó un poco, al levantar su quijada ese hilo jalaba sus pezones que ya de por sí eran muy delicados. No pudo hacer más que empezar a llorar, imploraba que sus papás o sus hermanos la salvaran, que alguien la salvara, esa tipa estaba loca y si nadie la rescataba, no podría asegurar que volviera a ver la luz del Sol.


      - No llores mi amor, aquí no te faltará nada, me sobra dinero para poder cuidar de ti, mi niña, hasta pinté este cuarto para que fuera tu casita de muñecas. - Sonrió la chica mientras sujetaba el cabello de Misha para hacerla levantar el rostro, haciendo que jalara sus pezones con los hilos. - Te quiero, te quiero, te quiero y no hago otra cosa que pensar en ti. -


      El líquido entraba por los agujeros de la bola sin que la pelirroja pudiera cerrar la boca para no beberlo, podía sentir ese líquido fresco recorrer su garganta y al pasar por su cuerpo convertirse en un calor intenso, un calor que le hacía palpitar su vagina pequeña y arder sus pezones. Lo disfrutaba, lloraba porque lo disfrutaba, su cuerpo estaba cediendo bajo el influjo de esas drogas y esa chica se divertía al saberlo, en cualquier momento, Misha se rompería y sería totalmente suya, como tanto lo deseaba.
      Los ojos de Misha poco a poco iban desvaneciéndose, lo último que lograba visualizar era a esa chica trayendo a un gran perro que parecía ser un San Bernardo, animal que lucía su falo rojo. Pudo sentir como esa mujer la inclinaba hacía el suelo dejando sus blancos glúteos a la vista de la bestia, fue lo último de lo que tuvo presente antes de perder el conocimiento.


      - Mi amor, toda linda niña tiene que tener un lindo perrito y Rupert será muy bueno contigo… - Susurró la castaña acariciando el cabello de la pelirroja viendo sus ojos en shock. - Te quiero, mi amor. -






    • Meses de preparación, sobreesforzarse con dos trabajos de medio tiempo para ahorrar más y darle la boda de sus sueños, todos podían confirmar que Eder amaba a Sara, esa chica a quien le pidió su mano en año nuevo ante todos y de rodillas como la tradición manda. Sin dudas, Eder la amaba, era un amor tan grande que le llevaba a luchar día con día para cumplir con su meta, con aquel día con los más bellos decorados en la iglesia y con la fiesta campestre que alguna vez soñaron, pero todo aquello se marchitaba como el corazón de él al toparse con una fría realidad.
      Por las mañanas era trabajar en una oficina, por la noche ser un mesero de un bar, su novia no sabía que él hacía tal hazaña, quería sorprenderla y le causaba algo de ego que ella le agradeciera tanta dedicación al enterarse que trabajó por dos para su compromiso, pero tal vez, debió decírselo o tal vez, era mejor nunca haber trabajado en ese lugar. Eran las once, a lo lejos estaba ella ¿Acaso supo su secreto y quería sorprenderlo? Era inocente pensarlo, ojalá fuera eso, temía lo peor, no sabía que haría si la veía con otro, ojalá fueran amigas con las que salió, se alivió cuando justamente la vio con una chica, tan sólo era su amiga. Ojalá fuera eso.
      En un rincón donde apenas había luz vio lo que no debía ver, fue más de un beso, más de un abrazo, más que una mirada. Quería ir y preguntarle que pasaba ¿Se pasó de copas? No, vio que no tomó mucho ¿Le echaron algo a su bebida? No, siempre fue desconfiada y pedía la cerveza sin abrir para abrirla ella misma. No se sintió bien, su jefe lo notó y le pidió que se fuera a la zona de descanso, pero eso no le ayudó, el estrés y la desesperación estaban comiéndolo, se mordía las uñas y trataba de ordenar su mente ¿Qué fue lo que vio? ¿Y si no era ella? ¿Si sólo fue una ilusión? Empezaba a temblar.
      Las horas pasaron, el bar empezaba a cerrar, el jefe le dijo que estuviera tranquilo, si se sentía mal debió decirlo y así descansar en casa, un sólo día sin propinas no significaba tanto a cambio de estar sano. Al salir a la calle, intentó encender un cigarro, sus manos temblaban tanto que no pudo y terminó tirando la caja y el encendedor tan fuerte que tronó. Las manos no le ayudaban a sacar su celular, ni marcar podía, tuvo que recogerlo más de dos veces hasta que apretó sus dedos lo más que pudo y tallándose la cara le marcó.


      – !Sara! Buenas noches. –


      – Eder, mira la hora. –


      – !Sé que es noche pero tengo que preguntarte algo! – Hablaba desesperado el hombre pensando de que manera preguntarlo, ordenando sus palabras.


      – ¿Estás tomado? –


      -- No… No lo estoy… Sara… Trabajo por la noche en un bar, para tener más dinero para la boda y … Y… –


      – ¿Y? –


      – Te vi … – Dijo Eder pasando saliva, notando un silencio al otro lado del celular. – Te vi besándote con una chica en el bar. –


      Ese silencio era profundo, desgarrador, infernal, cada segundo revolvía más el pecho y su cabeza, quería saberlo, que fuera un desliz, que fuera un juego, que fuera lo que sea, eran una pareja de enamorados, podían superarlo, podían salir adelante, pero una risa algo cínica le perforó su corazón.


      – Creo que tarde o temprano lo sabrías. –


      –¿Saber qué? –


      – Eder, lo siento. –


      – ¿Sientes qué? – Preguntaba Eder empezando a temblar, respirando pesado por el frío y la impotencia.


      – Estos meses que hemos pasado desde que me pediste la mano… Me di cuenta, no podía seguir así, debía decírtelo pero te veía tan feliz. –


      – ¿DECIRME QUÉ? CARAJO. –


      – !Que no te amo! –


      Eder empezó a temblar más, sentía sus rodillas apenas sosteniéndolo mientras su saliva y moco empezaban a brotar de su boca y nariz, de todo lo que podía decirle, de todo lo que podía solucionarse como una pareja enamorada, le dijo algo que no tenía solución.


      – Lo lamento, pero no te amo, eres un buen chico pero ya no puedo con esto. –


      – ¿Por qué? !Yo no te he fallado nunca Sara! !Te amo como nadie puede amarte! ¿En qué te fallé? –


      – No lo entiendes… Yo no te amo, ni te amé alguna vez. – Confesó la joven destrozando lo poco que quedaba de esperanza en Eder. – Eder… Soy lesbiana. –


      – ¿Eres que… Espera ¿Es una de esas facetas que dicen o no? Esas que es por curiosidad y… –


      – Eder, no… Siempre lo he sido, creí que saliendo contigo podría cambiar, que tal vez podría ser normal pero no fue así, no tiene nada de normal fingir algo que no siento. –


      – ¿Fingir algo que no sientes? –


      – Lo lamento… Eres un buen chico, pero así son las cosas… Mientras trabajabas todo el día, conocí a una chica en el gimnasio. – Relataba Sara haciendo sentir pánico al hombre al darse cuenta que ella siempre supo que tenía doble trabajo. – Me siento bien con ella, mejor que nunca y … Ya estoy harta de seguir con esta farsa, lo lamento. –


      – ¿Pero que hay de nuestra boda? Me diste tu mano. –


      – ¿Qué esperabas? Estaban nuestras familias y amigos presentes, no sabes lo incomoda que me sentí. –


      El hombre joven no pudo más, cayó sentado en la banqueta de la calle, sin parar de temblar, lo hablaba con tanta calma, con tanta naturalidad y tanta sinceridad que cada instante le causaba daño, tanto daño que lo desgarraba hasta la última fibra de su ser.


      – Sara… No me hagas esto. –


      – Para, por favor… No compliques más las cosas… Me iré de la ciudad, trataré de ser feliz, trata de hacer lo mismo. –


      –¿Cómo me puedes decir eso después de todo lo que siento por ti? Soñábamos una vida juntos, me hiciste soñar en… – Gritaba Eder tratando de hacerle recordar todo lo que vivieron, pero unas cuantas palabras bastaron para acabar con lo poco que quedaba de él.


      – Eder, ya cuelga por favor. –


      – Sa… –



      Ella colgó primero, un celular cayó al asfalto junto a un corazón destrozado. Un hombre estaba temblando y llorando desconsolado en la banqueta, iluminado por la lámpara de la calle, nunca pensó que su propio sueño lo destrozaría al no cumplirse, que el amor de su vida sería la encargada de desbaratar las ganas de vivir, lo peor de todo es que no podía odiarla, la amaba tanto que en vez de ello se odiaba así mismo por no darse cuenta que Sara no era feliz a su lado. Al final, no pudo hacer nada por ella y ahora que sabía la verdad, no hacía más que estar temblando y llorando.

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Última edición:

تالف و مكسور تماما
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Creo que deberías poner la canción en la que está inspirado cada relato :3

Es raro leer algo tuyo que sea tan corto jaja. En el principio (los 2 párrafos grandes) me costó un poco mantener la atención y tuve que leerlo varias veces. Pero está bueno que sean cuñadas y se vea a espaldas del esposo =P

Y no creo que se puedan destruir muchas vidas con lo que hacen, por cierto.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Creo que deberías poner la canción en la que está inspirado cada relato :3

Es raro leer algo tuyo que sea tan corto jaja. En el principio (los 2 párrafos grandes) me costó un poco mantener la atención y tuve que leerlo varias veces. Pero está bueno que sean cuñadas y se vea a espaldas del esposo =P

Y no creo que se puedan destruir muchas vidas con lo que hacen, por cierto.
O-O- Peligrosamente juntos es el nombre del disco, no una canción pero suena genial, pos si, son cuñadas calientes, lo de destruir muchas vidas es sólo para más placer diría Homero, jaja.
 

تالف و مكسور تماما
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Jamás se me habría ocurrido que algún día escribirías sobre un marcapasos, fue algo muy curioso. Y qué pareja tan lindis salió :3 Me sorprendes con esta colección.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Jamás se me habría ocurrido que algún día escribirías sobre un marcapasos, fue algo muy curioso. Y qué pareja tan lindis salió :3 Me sorprendes con esta colección.
O-O- Wolfito sabes que le encanta la cursilería y la ñoñería, jajaja.
Sabes que este proyecto lo tenía pensado desde hace meses y ha buscado que cada historia se sienta fresca y al mismo tiempo trivial y sencilla.
 

تالف و مكسور تماما
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El final de este estuvo bueno, aunque no entendí la parte de los piercings, ¿ya los llevaba o se los hicieron durante el breve cautiverio?
 

O-O¬ Baton pass!!
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El final de este estuvo bueno, aunque no entendí la parte de los piercings, ¿ya los llevaba o se los hicieron durante el breve cautiverio?
Se los hicieron estando en cautiverio O-O- porque a Ignis le gusta jaja, wolfito sabía que te iba a gustar, la chica en vez de seguir lamentándose dijo, ni madres, tú traicionaste a tu hija ahora vas a pagar.
 

تالف و مكسور تماما
Moderador
Se los hicieron estando en cautiverio O-O- porque a Ignis le gusta jaja, wolfito sabía que te iba a gustar, la chica en vez de seguir lamentándose dijo, ni madres, tú traicionaste a tu hija ahora vas a pagar.
Aún no leo el nuevo, pero vengo a decir que Wolfito ya sabe que este es mi tipo de escrito jaja =P El papá fue mala persona, se lo merecía y fue bueno que la chica lo dijera así.

En el tema de los piercings, siento que le sanó muy rápido. La última vez que me hice uno se me hinchó, se puso todo rojo y se infectó.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Aún no leo el nuevo, pero vengo a decir que Wolfito ya sabe que este es mi tipo de escrito jaja =P El papá fue mala persona, se lo merecía y fue bueno que la chica lo dijera así.

En el tema de los piercings, siento que le sanó muy rápido. La última vez que me hice uno se me hinchó, se puso todo rojo y se infectó.
Wolfito escribe estos One shots de un jalón O-O~ los quiere hacer así, espontáneos aunque obviamente ya tiene algo en la cabeza (de seguro es Xcaret desnuda jaja) O-O~ y al hacerlo dejar pasar muchos detalles como este que dices, igual y es un wolfito, que va a saber de ponerse aretes jaja (Aunque podría ponerse uno para probar jaja)
 

تالف و مكسور تماما
Moderador
Wolfito escribe estos One shots de un jalón O-O~ los quiere hacer así, espontáneos aunque obviamente ya tiene algo en la cabeza (de seguro es Xcaret desnuda jaja) O-O~ y al hacerlo dejar pasar muchos detalles como este que dices, igual y es un wolfito, que va a saber de ponerse aretes jaja (Aunque podría ponerse uno para probar jaja)
Jajaja, dile que se haga un piercing en una zona que no le duela =P
Igual recomiendo cuidar estos detalles, me desconcertó un poco.
 

O-O¬ Baton pass!!
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O-O- Continowski, por cierto, Nassau es mi canción favorita de Hombres G, jaja, de wolfito es la de Temblando pero esa aún no le saca one shot.
 

تالف و مكسور تماما
Moderador
El de El ataque de las chicas cocodrilo fue gracioso, el final estuvo muy lol
Pero bueno, aprendió algo nuevo Coco.

Mañana leo el que me falta~
 
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