Perspectiva | Namida - Rui

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Oiseau rebelle
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Caminaba a pasos cortos, casi reptando; la sangre que escurría desde el abdomen hinchaba las ropas y teñía todo de un rojo oscurísimo. Por fortuna, el ataque había sucedido lejos de cualquier civil, en uno de los bosques más inhóspitos del país de la tierra. Un incauto no podría imaginar las razones de Ruigetsu para hallarse allí, pues, claramente, no existía razón alguna. Acostumbraba pasearse por aquellos linderos, irregular, pero mínimamente dos o tres veces al año. La ironía casi le hace reír, pero una tos sangrienta le impidió cualquier demostración de gracia. Se encontraba a pocos metros del santuario de Heiwa y bien lo sabía. Dicen que el mayor defecto ostentado por un mandamás es llegar a menospreciar el rencor de sus peones, y vaya que lo había hecho. Sí, su paranoia fomentaba el coctel de precauciones que realizó antes de asistir a un lugar que le recordara tanto a los Altos, pero ni siquiera él, dentro de aquel pensamiento, era capaz de prever algo tan realista como lo acontecido.

─Maldita sea ─cuchicheó antes de tropezar en su intento por apoyarse sobre una roca. Tuvo que huir con tal prisa que el sangrado se acrecentó como nunca.

El ataque fue propiciado por un ave desconocida, pero perteneciente a Tengoku por su casco delatador. El envite fue tan súbito como su naturaleza oculta. Rui pecó de soberbia, creyéndolo una intentona de algún ingenuo de ponerle fin. El ovíparo surgió desde lo más alto en un movimiento tangente y furibundo, hasta llegar al aguado e hincar sus garras en el tórax, despedazándolo casi por completo a nivel muscular. El dolor fue tan confuso como para hacerle correr a toda velocidad, temiendo que alguna de sus vísceras quedase colgando en medio del trayecto. Fue fácil y hasta chocante percatarse a posteriori de lo que aquella criatura portaba: sus garras se recubrían de una resina blanca, misma que goteó parte de la sangre al culminar el zarpazo. Pudo suponer con facilidad que aquello había sido un intento de práctica, más que una embestida intencionada, como sí…

─No estaban seguros de que algo así funcionaría, es obvio ─la voz de Namida retumbó en sus oídos a la par de la sangre latente. El aguado empleaba la mayor cantidad de chakra que disponía en sanar la herida, apenas y lograba contener la hemorragia.
─Ya me di cuenta ─volvió a toser, la sangre barnizó su lengua hasta que perdiera el sentido del gusto. Por fortuna, la cantidad comenzaba a aminorarse y bastaba emplear sus habilidades con suficiente concentración para generar fluidos que compensaran la pérdida─. ¿Sospechabas algo? No te noto entusiasmado ─la criatura soltó una risa soberbia, surgiendo frente a él.
─¿Por qué habría de estarlo? ─se colocó a su lado, apoyando su ala derecha sobre el hombro de Nagare─. No me sirves si tu cuerpo se daña tanto, ni siquiera si te poseo ahora; moriría antes de aprender cómo usar tu chakra.
─Entonces sólo te gusta verme sufrir ─le empujó, intentando erguirse con algo de espacio─. Aunque eso sí lo sabíamos.
─El que debería tener entusiasmo es otro, no todos los días encuentras a una mosca capaz de provocar huracanes ─el único que entendió y habría entendido la analogía era el propio Hozuki─. Ya me imaginaba que dejarlos vivos terminaría poniéndose en tu contra. Tampoco creas que te odian tanto, ya tenían armaduras de ese estilo en mi época.
─No concuerda con el que vino entonces ─Namida volvió a reír.
─Si tuvieras el poder para matar a tu mayor pesadilla, ¿te lanzarías a toda máquina sin pensarlo? ─le acarició el rostro con su ala diestra─. Claro, hacerlo por morbo tampoco suena raro.
─Tal vez son demasiado piadosos para venir a Tensai ─suspiró─. ¿No había alguien más digerible con quien enemistarse que unos sabios súper avanzados?
─¿Crees que en mi escala me habría interesado enfrentar a los débiles? ─se notó mucho más serio─. Para alcanzar un poder mayor, debes deshacerte de aquellos que lo posean, cada quién adecúa su margen según sus propósitos. Ustedes le llaman… competencia.
─Muéstrame ese poder mayor, entonces ─la criatura bufó.
─No estás ni cerca de merecerlo ─voló hasta lo alto de un árbol, sin dejar de verle─. Pero creo que tengo algo útil para ti.
 

Oiseau rebelle
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Sus miradas chocando eran más ruidosas que cualquier otra señal de alerta a su alrededor. No escatimaron en permanecer allí con tanto descuido, incluso si les encontraban, el Hiraishin proveía una defensa más confiable que cualquier barrera. Verse tranquilo y dispuesto en una situación así era indiferente a otras para Namida, sentarse a hablar no le vendría mal, nunca estaba de más estrechar el lazo con su recipiente; después de todo, su verdadera meta yacía allí, y contenía la emoción cada vez que observaba la asertividad de Rui hacia su presencia, o al menos eso pensaba el susodicho. Posesión, demencia o infección, la criatura calaba firmemente en su ser, sin ánimo alguno por marcharse.

─Hay un principio ─retomó finalmente─, deben seguirlo todas las invocaciones con tal de sobrevivir, una dependencia que las sigue haciendo inferiores a ustedes, los ninjas. ¿No la has notado? ─el aguado meditó por un momento, antes de responder.

Fue fácil pensar en la fraternidad que cada pacto debía mantener con su invocador amén de tener utilidad, pero una variable tan relativa no le convencía, claro, siempre y cuando el servicio sólo recayera en hacer algo para sentir integridad. La objeción llegó tan tajante como su propia evidencia: rocas cayendo, cientos de ellas, desmenuzando las plataformas de Tengoku y Funiku durante la aparición de Namida. Algo tenían que ver las energías en todo aquello, como si alejarlas constase del desmoronamiento total, una pérdida de comodidad y sustentabilidad por el mero hecho de no ser necesitado, demostrado de una forma tan literal que aterraba. Las rapaces, pingüinos y buitres, probablemente tendrían que cumplir alguna clase de trato interno para no deshacerse, o al menos eso sospechaba.

──Hay una conexión ─volvió en sí, aunque bien sabía que Namida pudo haber leído todos sus pensamientos con antelación─, para que ambos puedan existir, ninjas y pactos.
─Una dependencia, más bien ─Y ciertamente, lo reflexionado por Nagare coincidía con él─. Cuando los Otsutsuki se encargaron de instaurar y velar por Tengoku en una escala mayor, no fue precisamente para su propia conveniencia. Fueron días grises para ellos, y llegaron a un punto donde su sistema se volvió inviable, pero creo que ya lo has adivinado.
─Chakra.
─La misma diferencia que existe entre civiles y ninjas se presenta entre pactos y animales. En ambos casos, distinguir entre una bendición o una maldición es difícil. Pero los pactos tienen incluso más riesgos: son capaces de deshacerse si los ninjas pierden conexión con ellos. Parásitos, si quisiera resumirlo.
─No estás en la mejor posición para hablar de parasitar ─sonrió, con la herida casi sanada por completo, su respiración se relajaba─. Me di cuenta hace tiempo, pero no pensé que dependieran del chakra humano.
─Bueno ─se mostró más atento─. No siempre fue así. Sólo digamos que hay una razón mayor para que mi presencia altere tanto la estabilidad de los Altos.
─¿Planeas que grite Kemuri al que se me cruce y lo convierta en piedra? ─No reaccionó, volviendo a mirarle fijamente sin más─. Entonces dime.
─La energía de Kemuri va más allá de animales y humanos, se extiende hacia todo lo que pueda perecer, incluso si no poseyó una verdadera “vida” ─un filo, similar a una aguja gruesa, surgió desde la puma en la punta de su ala─. Hace tiempo que los ninjas intentan perfeccionarla, pero encontraron un manuscrito tan rudimentario que difícilmente podrían imitar lo que te daré: control sobre cualquier invocación.
─No me inspira confianza tener que recibir una inyección tóxica de tu bellísimo ser ─se estiró, intentando relajarse un poco─. Y probablemente termines adueñándote de mi cuerpo con eso.
─Te repito que no me sirves de nada mientras tu chakra sea tan extraño para mí ─se acercó─. Aunque sí admito que será más fácil si aplico una diálisis de esta energía cada cierto tiempo, y no te dejarías, ¿verdad?
─Si, porque lanzarse al vacío una vez en lugar de cien le quita todo riesgo.
─¿Prefieres un peligro incierto a futuro o uno tangible en el presente?
El propio Rui tomó la aguja y la introdujo en su hombro de un impulso.
─Espero que rinda.
 
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