Evento [Reclutamiento] Angemon [Samali Winters]

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Maiku

Mr. Nobody
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"[Reclutamiento] Angemon"​
a) NPC que la solicita: -
b) Lugar donde debe ser tomada: -
c) Descripción de la misión: Cuenta la leyenda de que la estatua del ángel en el Santuario de Hielo es en realidad un Digimon. ¿Será posible liberarlo? Si es así, podríamos reclutarlo para la ciudad
d) Descripción del campo de juego: Santuario de Hielo
e) Objetivos a cumplir:
  • Investigar la estatua de Angemon y el Santuario
  • Descubrir la manera de liberar a Angemon de la estatua
  • Convencerlo de unirse a la ciudad
f) Datos Extra:
  • Mínimo de Post: 4
  • Plazo: 10 Días
  • A simple vista el Santuario parece estar solo compuesto de una capilla (con Angemon en su centro). Se dice que hay un pasadizo secreto para acceder al resto de la edificación
  • Se dice que hay una luz al final de un pasadizo del Santuario que, al ser tocada, liberará a Angemon. Esta luz está siendo resguardada por un Hyogamon y dos Icemon, que no la dejarán ir fácilmente
g) Recompensa:
- 75 Puntos: 250 Bits, 2 PP. Angemon se une a la ciudad.
- 85 Puntos: White Wing


Ficha: Samali Winters
Digivice: iC

Mirae Kiyoe puedes comenzar~
 

Moonchild
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El aire era fresco y el clima despejado mientras surcaban el cielo. Luego de varios días de hacer nada finalmente Jijimon le había pedido al trío ir a buscar a un Digimon en una zona de la isla recientemente accesible. El encargo en sí parecía sencillo, pero a juzgar por historias que habían contado otros Tamers, podrían verse en la necesidad de enfrentar a más de un Digimon; era una suerte que ella fueran más de uno también. Tanto Samali como Palmon recordaban su paso por Freezeland durante el ascenso a Medium, pero desde entonces no habían vuelto a pisar el área. De hecho, había sido necesario comprar algo de ropa de invierno en la creciente ciudad, ya que no habían traído ninguna consigo.

Sunflowmon sobrevoló el bosque Amida en dirección al Gran Cañón, y Samali miró hacia abajo con curiosidad, resultándole extraño no encontrar ahí ningún rastro de ruinas entre los árboles. Seguía sorprendiéndole lo parecida pero diferente que podía resultar aquella isla de la que llevaba casi dos años conociendo. Llevaban cerca de 20 minutos de haber salido de la ciudad cuando divisaron la blancura de la nieve al otro lado del cañón y pasaron otros 5 antes de que llegaran por fin a la zona congelada. El girasol se mantuvo en el aire oteando las extensiones de nieve unos momentos, para tener una vista más o menos general de la zona antes de virar al sur y dirigirse al Santuario de Hielo, ya que suponían que estaría ubicado en el mismo sitio que la primera File.

Ahí arriba el aire era considerablemente más frío que abajo en tierra, debido al viento que soplaba ahí con más fuerza y se acrecentaba más por el vuelo. La rubia se arrebujó en el manto que la envolvía completa y se caló la capucha para protegerse las orejas y el rostro del frío.

—¿Estas bien, Sun? —preguntó a su compañera, asomándose por su hombro para que pudiera escucharla a pesar del viento.

—Sí… —aseguró la planta, aunque la Tamer podía sentir el cuerpo gigante temblando bajo ella. Los Digimon siempre eran más resistentes que los humanos, pero no era buena idea tentar la suerte, menos si se veían obligadas a combatir.

—Bajemos, podemos seguir el resto del camino a pie —dijo por fin.

—Pero…

—Haz como te digo, por favor —insistió la chica. Sunflowmon se debatió un instante pero terminó por ceder. Hubo una turbulencia al pasar por una corriente particularmente fuerte, pero no fue nada alarmante y pronto tuvieron el camino despejado para seguir bajando a tierra.

—¿Ya llegamos? —inquirió Ranamon en cuanto pisaron la nieve, mirando a su alrededor con curiosidad.

—No, el aire arriba es demasiado frío, caminaremos —contestó Apsará, bajando de la espalda de su compañera y hundiéndose hasta la mitad de la pantorrilla en la nieve al hacerlo, menos mal llevaba botas hasta la rodilla.

Sun terminó algo hundida también al aterrizar y tuvo que saltar fuera del pequeño cráter en cuanto recuperó su forma Child. Saly le abrió espacio en su manto para que se abrigara un poco y miró alrededor, buscando ubicar la dirección en la que debían caminar para llegar. Palmon estaba abrazada a su cintura debajo del manto mientras el amaino del viento y la protección de la tela la hacían recuperarse poco a poco. Seguía teniendo frío, por supuesto, pero al menos ahora no corría riesgo de congelarse como un momento antes.

—¿Ya estás mejor? —inquirió la americana en cuanto notó que el manto se abría otra vez.

—Sí, ahora podemos continuar —aseguró la planta, sonriendo. Seguía temblando sutilmente, pero era casi nada a comparación de la virulencia de antes.

—Bueno, pongamonos en camino entonces —decidió Ranamon; a ella la temperatura no le afectaba en lo más mínimo.

Sus compañeras asintieron y se pusieron en marcha por entre la nieve, aunque el paso era dificultoso debido al leve hundimiento que experimentaban con cada paso. Una fina cortina de copos bañaba los ya blancos suelos y se iba posando sobre ellas por mas que se la sacudieran. Les pareció ver a uno o dos Digimon de hielo en los alrededores, pero ninguno pareció interesarse en ellas y, de todas formas, resultaba difícil decir cuando se camuflaban con el ambiente. Mientras caminaban comenzó a nevar con más fuerza y algo de viento, lo que ocasionó que Palmon volviera a meterse bajo el manto; estar de aquella forma dificultaba caminar y con hacía bulto la capa quedaba algo abierta por debajo, pero era mejor que no tener protección alguna. Apsará también temblaba un poco, aunque era soportable.

Tuvieron que pasar 10 minutos para que tuvieran el Santuario asomando por encima del horizonte, y aún algo de tiempo más hasta que estuvieron lo bastante cerca para ver el edificio entero con claridad. Era una construcción hecha enteramente de hielo, las paredes tenían un color azulado y se veían bastante pulidas. Algunas columnas ornamentadas sobresalían de la pared a ambos lados de la puerta principal y se elevaban hasta conformar una forma rizada antes de unirse al techo. Se habían desviado un poco y desde donde estaban la edificación se veía casi en tres cuartos, mostrando en su costado que era más larga que ancha. Se acercaron a la puerta también de hielo y observaron que, de no ser por el color, fácil habría podido pasar por madera debido a la habilidad del tallado. Samali empujó una de las hojas de la puerta y esta no se movió un ápice, como si tuviera ya un tiempo sin ser movida y los goznes hubieran comenzando a congelarse un poco. Requirió toda la fuerza de Palmon el abrirla apenas lo justo para que ambas pudieran colarse al interior.

El Santuario parecía ser poco más que una capilla como las muchas que había en el mundo humano; era una estancia espaciosa, cuadrada, con hielo más delgado en los puntos donde debía haber ventanas y escasamente iluminada. En todo el centro destacaba una estatua de Angemon tamaño natural, erguida con las alas abiertas a medias, el bastón sujeto apuntando hacia un lado y la mano desocupada extendida hacia adelante, como ofreciendo ayuda a quien la mirara. A su alrededor filas de bancos de hielo se extendian hasta las paredes, dejando pasillos entre ellas, y detrás de él un bloque desnudo de hielo parecía ser un altar. Nichos en las paredes contenían estatuas mucho más pequeñas de otros Digimon sagrados.

Ahí seguía haciendo frío, pero el aire estaba más condensado y protegido del viento y la nieve, por lo que la temperatura era más soportable que en el exterior o en las alturas. Algunos copos se colaron por la puerta abierta y empaparon el suelo pulido, por lo que volvieron a cerrar la hoja de hielo para evitar que el viento se colara más.

—¿Alguna idea sobre cómo descongelarlo? —inquirió Winters mirando la nube de vaho que salió de sus labios y emborronó la visión de la estatua.


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Moonchild
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Ninguna de sus acompañantes y tenía idea alguna, así que no contestaron. Salami sacó su silbato del Keychain y se lo colgó del cuello, luego emprendió la marcha por el pasillo central hacia la estatua y se detuvo frente a esta, observándola atentamente en busca de alguna pista. Estaba tallada con sorprendente detalle, y de no ser por el tono azul que delataba su composición, habría pensado que el ángel de pronto podría moverse y echarse a volar. Si aquel Digimon en verdad estaba vivo, quizá debieron traer el león de Narnia para ayudar a descongelarlo. Divertida por el pensamiento alzó la mano y tocó la extendida de la estatua, casi esperando que ocurriera algo, pero esta permaneció del todo inmutable.

—Este Santuario se ve más grande por fuera de lo que es por dentro —opinó Ranamon de pronto, sacando a la humana de sus cavilaciones.

—Es verdad —apoyó Palmon, dando la vuelta a la estatua para examinar el altar.

Ambas recordaban haber visto que el Santuario era alargado y esa estancia era cuadrada sin que pareciera haber alguna otra puerta que llevara al resto del edificio. La ojiverde miró a su alrededor y tardó unos instantes en darse cuenta de a qué se referían sus compañeras.

—Quizá haya alguna puerta secreta…

—Podría ser la clave para descongelarlo —
apuntó la guerrera.

—Sí, pero me parece mejor investigar todo lo que se pueda de esta capilla primero —contestó la humana.

—Supongo que está bien.

—¿No habrá algún interruptor? Tal vez por la base —
aportó Palmon, que seguía ocupada en examinar los tallados de los costados del altar.

En los siguientes minutos las tres se dedicaron a examinar bien sus alrededores. El ángel estaba apoyado en un pedestal hexagonal muy ornamentado y pasaron varios minutos empujando y halando las diversas figuras y secciones sin éxito alguno. Examinaron también el altar en su totalidad, el suelo y los nichos de las paredes, pero Angemon permanecía tan inmóvil y helado como siempre. Ranamon metía la cabeza por las paredes sin encontrarse otra cosa que hielo hasta salir al exterior, nada de mecanismos ocultos. Cuando se hizo evidente que no podían hacer nada más ahí se sentaron en un banco unos minutos y se quedaron mirando el lugar.

—Creo que ahora sí debemos buscar pasadizos secretos —apuntó Ranamon recibiendo un asentimiento de parte de su portadora.

—¿No les parece que esto está excesivamente sólo? —inquirió Palmon, sentada en un banco junto a su humana; ambas la miraron, así que comenzó a explicarse. —Bueno, es que esto es un lugar para orar y parece bien cuidado… ¿no debería haber otros Digimon manteniendo la capilla?

—...Como los curas en el mundo humano —murmuró la rubia, sin percatarse de que hablaba de ese mundo como si ya no fuera suyo. —Hmmm…. Tal vez, pero puede que hubieran abandonado el lugar.

Debatieron unos minutos más y acordaron buscar algún pasadizo secreto y estar atentas, ya que al otro lado de la pared que los tapaba bien podría esperarlos algún Digimon o más hielo y soledad. De tácito acuerdo se dirigieron a la pared que se encontraba al otro lado del altar; era la parte más oscura de la capilla y, aunque la pared tenía algunos grabados, a comparación con el resto parecía completamente desnuda a primera vista. Samali casi esperaba ver aparecer algún estrecho pasillo que no se viera debido a la poca luz, pero la iluminación de su colgante sólo les reveló paredes lisas y aparentemente sin fisuras. Mientras la humana se aproximaba a la pared la guerrera del agua metió el cuerpo a través de esta y observó que había al otro lado.

—Es una habitación vacía —informó
— tiene muebles también de hielo, así que supongo que en algún momento estuvo habitada; una puerta a la derecha da a un pasillo.

Samali realizó el movimiento pertinente hacia el lugar indicado y Ranamon volvió a asomarse. Ahí estaba el pasillo, que parecía acabar en punto ciego en la pared donde estaba ella metida; tenía un par de puertas a cada lado y acababa en un punto ciego otra vez. No tenía la menor idea de cómo podría abrir la puerta, pero así menos resultaba evidente que eso debía ser una puerta; la otra opción era que la entrada a esa parte del templo estuviera por fuera, pero era tan poco práctico que lo dudaba.



En otra habitación igual de helada se encontraban tres Digimon reunidos ante una mesa. Uno de ellos era un ogro de piel azulada y bastante alto, mientras que los otros dos eran mucho más pequeños, y parecían compuestos de rocas cubiertas de nieve. Todos parecían muy preocupados.

—¿Qué haremos? —preguntó uno de los Icemon, mirando a su superior con interrogación. El Hyougamon parecía bastante feroz y mentecato a simple vista, pero en realidad era inteligente.

—Tenemos que proteger la luz sagrada —dictaminó— si los intrusos se abren paso hasta ella podrían despertar a San Angemon.

—Pero la entrada al pasillo está cerrada —comentó el otro Child, que tenía la voz más chillona que su homólogo.

—Sí, es probable que se rindan y se vayan, pero ninguna precaución es poca —aseguró el adulto.

Ellos, como Digimon de hielo, valoraban mucho el arte de aquella capilla hecha enteramente de su elemento con tanta habilidad y habían decidido asentarse en ella y mantenerla, aprendiendo a valorar y venerar la hermosa estatua que la coronaba. A veces venía gente a venerar el ángel también y todo parecía normal, pero por algún motivo todos habían dejado de acudir, dejándolos solos ahí. Ellos habían aprendido la leyenda que decía que si se tocaba la luz San Angemon se convertiría en un Angemon real, y sabían dónde estaba la luz, pero no querían que su obra de arte helada se transformara en un Digimon sagrado y ajeno a ellos, así que cuando el rumor fue corriendo se asustaron de que quisieran robarle a su santo y comenzaron a cuidar que nadie se acercara de nuevo a la capilla. Y ahora el Icemon de voz más profunda había visto venir a los extraños, avisando de inmediato a los demás. Congelaron los goznes de la puerta para que no pudieran pasar y se retiraron a las cámaras interiores, donde estaban ahora.

Asintiendo en señal de acuerdo el adulto y los niños salieron de la sala, abrieron un segundo pasillo secreto que descendía bajo tierra y se encontraron en una antecámara algo espaciosa y apenas iluminada por una lámpara; cerraron el pasadizo y ahí esperaron, si los intrusos no veían a nadie se irían. Detrás de ellos una puerta se abría a otra cámara donde brillaba un haz de luz del techo al suelo.

Maiku Maiku :v

 
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Moonchild
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En los siguientes minutos se dedicaron a intentar palpar todos los recovecos posibles de la pared y el suelo para intentar ver dónde podría estar el interruptor que abría la puerta, aunque suponían que cualquiera que fuera estaría cerca de la misma. Experiencias pasadas tanto en el Bosque Amida como en el Templo del Agua les daban cierta idea sobre qué cosas debían buscar, aunque siempre había la posibilidad de que la puerta exigiera algo más que presionar una baldosa oculta. El espacio separando el altar de la pared a lo sumo tendría un metro de ancho, lo que dificultaba el movimiento tanto de la chica como de la Child. Los escasos grabados en la pared tampoco les decían demasiado.

Samali siguió la pared hasta una de las esquinas, preguntándose si no estaría el interruptor un poco más lejos, dado que no parecía estar cerca del pasillo. Notó unos 10 centímetros de pared a cada lado de la arista cubiertos de una capa de escarcha, aunque supuso que sería obra de falta de mantenimiento. Al cabo de un rato se asomó a la esquina contraria y la encontró perfectamente lisa y pulida. Curiosa, regresó a donde estaba la escarcha.

—¿Encontraste algo? —inquirió Palmon, retrayendo las lianas con las que había estado palpando la parte superior de las paredes.

—No realmente, pero me parece extraño que está esquina esté cubierta de escarcha —contestó la chica.

Aprovechando la protección de sus guantes comenzó a frotar la escarcha para desprenderla de la pared, haciéndola caer en una lluvia helada hasta el suelo, y de pronto sus dedos dieron con un agujero regular en forma de media luna en el hielo. Lo limpió hasta que ya no tuvo más cristales de agua cubriéndolo y comenzó a palpar con cuidado; el espacio quedaba a la altura de su cintura y por este pasaban fácilmente ambas de sus manos juntas, aunque también cabría una mano de un Digimon más grande. En la cara curva de la hendidura descubrió una serie de marcas que parecían delimitar cuadrados o rectángulos, no estaba segura; presionó el primero de ellos y se escuchó un suave clic, seguido de un aumento en la luminosidad del lugar.

En el techo sobre Angemon acababan de encenderse tres lucecitas ocultas que bañaban la estatua, haciéndola resaltar por encima de cualquier otra cosa en la capilla. Supuso que el interruptor estaría ubicado ahí para manejo exclusivo del Digimon que presidia la ceremonia o sus ayudantes.

—Oh, interesante —comentó Ranamon—, ¿hay más botones?

Por toda respuesta la ninfa presionó el siguiente, aunque sea cual fuera la función del botón esta no parecía estar a la vista, por lo que supuso que sería algo relacionado también con la ceremonia y dejó este en paz. El último botón desencadenó un chirrido prologando en el cual una sección de la pared se retiró hacia atrás y a un lado antes de quedarse quieta de nuevo.

—Por fin —sonrió la planta, caminando hacia la abertura y asomándose dentro. Samali la siguió a paso más lento, arrebujándose a conciencia dentro del manto; para usar las manos necesitaba abrir la tela por delante y esta estaba húmeda por la nevada de afuera, por lo que incluso en ese lugar protegido de los elementos comenzaba a congelarse.

Mientras se adentraba por el pasillo el trío fue poniéndose más alerta, teniendo en cuenta que la parte cubierta de escarcha era justamente la que ellas necesitaban encontrar, cabía cierta posibilidad de que alguien lo hubiera cubierto recientemente para impedir que accedieran a esa área. El pasaje era relativamente corto, tenía dos puertas a cada lado y terminaba en un elaborado mural en la pared del fondo. Palmon alcanzó la primera puerta de la izquierda y se asomó dentro, constatando que era una habitación vacía con muebles desnudos, nada fuera de lo común. La de la derecha tenía dos camas pequeñas perfectamente hechas, y algunos otros objetos sobre una mesa. La siguiente que visitaron, sin embargo, era prueba inequívoca de que en el edificio definitivamente había alguien.

—Aquí hay restos de un desayuno —avisó Ranamon, quien había metido de la cabeza por la pared antes de que su portadora llegara a la puerta.

—Entonces sí había alguien aquí dentro… —murmuró la estadounidense moviendo con un dedo una taza medio vacía; había tres platos sobre una mesa y varias alacenas cerradas en las paredes.

Si no habían visto a nadie en todas las otras habitaciones entonces la última sin duda debía ser el escondite del misterioso grupo de, a juzgar por los platos, tres Digimon; sin embargo, se encontraron esa habitación tan vacía como las otras tres. Esta tenía una cama de mayores proporciones, una silla y una mesa con un libro, pero ni rastro de habitantes.

—¿Donde pueden estar? —murmuró la planta, sorprendida. No estaba segura de que en realidad fuera viable, pero cabía la posibilidad de que ellos supieran cómo sacar a Angemon de su letargo. Tras discutirlo decidieron que quizá los habitantes habían salido antes de que ellas llegaran y no habían llegado a casa todavía.

—¿Volvemos a la capilla, entonces? No parece haber nada que nos interese aquí —comentó la humana, saliendo rápidamente de la habitación. Al hacerlo resbaló sobre un charco de agua en el que no había reparado antes por estar caminando con cuidado y tan atenta a señales de vida. Se le fue el pie hacia adelante y cayó sentada con un chillido ahogado, golpeándose la cabeza con la pared.

—¡Saly!

—Ow… ¿De dónde ha salido esa agua? —se quejó, sobándose la cabeza y poniéndose en pie. Tenía un dolorcillo punzante en el punto donde se había golpeado, pero de resto estaba bien.

Al volverse notaron que el agua formaba un charco en la base del mural y goteaba del mismo, lo cual les llamó la atención puesto que parecía improbable que la pared se estuviera derritiendo. Teniendo más cuidado de por donde pisaba la chica se acercó más y notó que parte del mural no estaba en relieve sino hundida, formando la figura de una gota en todo el centro del muro y quede ahí exactamente había salido el agua del charco. No parecía que el hueco se estuviera derritiendo, a juzgar por lo suave de las líneas, así que quizá lo que se había derretido era algo que estaba dentro.

—¿Crees que esto pueda ser un nuevo pasadizo? —murmuró.

Ranamon contestó que bien podía serlo, teniendo en cuenta que ya habían encontrado uno, pero que quizá condujera fuera de la edificación como una puerta trasera, por lo que se sorprendió de encontrarse escalones descendentes cuando se asomó. Palmon, por su parte, opinaba que sería bueno abrir ese también, dado que aún no encontraban la forma de liberar a Angemon y quizá esta estuviera ahí abajo. Comenzaron, pues, a buscar formas de abrir aquella parte de la pared, aunque ayudaba bastante el hecho de que el mural se limitara a los dos metros de anchura del pasillo, en lugar del amplio espacio del anterior. Tras un rato Palmon quitó algo de la escarcha que rodeaba el hueco en forma de gota y encontró una inscripción en la base de esta.

—Aquí dice algo, pero no termino de comprender qué es —comentó, entrecerrando los ojos para intentar ver mejor. Samali se acercó también y ambas concordaron en que parecía ser el mismo lenguaje de ellas sólo que las líneas resultaban algo confusas, no estaban tan limpias como cabría esperar dado todo el exquisito tallado, aunque quizá el que no se entendiera casi fuera la idea.

—Creo… creo que aquí dice “vacío” —comentó, señalando la palabra. —Ranamon, ¿tú qué opinas?

La Juttoushi se inclinó hacia adelante para ver y luego asintió sin estar del todo segura. Les tomó un rato decidir que decía “llena” y “camino” por lo que infirieron que debían llenar el vacío para abrir el camino, aunque no estaban completamente seguras ni de haberlo entendido correctamente ni de saber qué debían hacer con exactitud.

—El vacío debe ser esa gota —comentó la rana— pero ¿llenarla con qué? ¿con nieve?

—O quizá con hielo —aportó la planta.

Decidieron probar con la nieve primero y la planta fue hasta el exterior de la edificación a buscar los pálidos cristales, amontonándolos en uno de los platos que habían encontrado en la sala-comedor; cuando regresó intentaron comprimir la nieve en el espacio hasta que lo llenaron todo, pero la puerta no se movió en lo más mínimo y la nieve terminó por caerse inofensivamente.

—La respuesta debe ser hielo, entonces, pero ¿de dónde lo sacamos? —suspiró la humana.

—Yo puedo llenarlo de agua, sólo encuentra la forma de congelar esa agua —le dijo la guerrera.

Desgraciadamente, el único recurso que la chica supiera que podía congelar algo estaba fuera de su rango, por lo que de momento no tenía ni la menor idea de cómo abrir aquella pared. Discutieron hasta que la planta decidió que registraría por ahí en busca de algún aparato que pudiera congelar cosas, como algo utilizado para reparar las paredes o similar. Mientras ella hacía eso la Tamer se quedó barajando sus opciones, tenía la memoria de Vikemon en una mano, consciente de que era del todo imposible utilizarla, y terminó de pasar por todas las memorias al menos dos veces antes de convencerse de que nada ahí podía servir. Pasó también por sus cartas, tanto Equip como Technique sin ningún resultado, y estaba a punto de rendirse cuando decidió revisar las Support por si acaso; fue entonces cuando se topó con Powerful Will, era una carta rara y poderosa y se le hacía casi tonto usarla para algo tan inocuo, pero recordaba que esta convertía los ataques a distancia en Hielo, así que bien podría servirles.

—Pal, creo que se me ocurrió algo —anunció en voz alta, haciendo a la planta regresar. Le explicó rápidamente su plan tanto a ella como a Ranamon que había estado observando en silencio y decidieron que valía la pena intentarlo.

Sin más dilación la chica pasó la carta por el lector y en seguida un aura con forma de Omegamon la cubrió. Samali se apresuró a guardar la carta y el lector y evolucionó a Ranamon. La guerrera se estiró un poco antes de extender los brazos hacia el frente, creando agua que se fue concentrando en el agujero en la pared hasta llenarlo por completo y lo mantuvo ahí fijo para evitar que bañara el suelo. Palmon usó su Kusai Nioi en dirección a la pared y en lugar de un olor pestilente lo que se elevó fue una nube de aire helado que chocó contra la pared y comenzó a cristalizar el agua. Con su ataque al máximo le tomó un par de minutos congelar el agua completamente, momento en que Ranamon dejó ir su técnica y Samali volvió a su propio cuerpo. Segundos después el efecto de la carta se desvaneció.

En cuanto el agua se solidificó, completando la pared, esta tembló ligeramente y se deslizó hacia un lado, semiocultándose en el muro de al lado, aunque quedaba una porción fuera de este de forma que se pudiera jalar para cerrarse. El pasaje daba a una serie de escalones helados que descendían varios metros, las paredes eran azul pálido y se iban oscureciendo conforme se adentraban en la tierra; abajo del todo debería estar oscuro, pero en cambio había una tenue luz iluminando una porción de suelo. Palmon fue la primera en adentrarse, cautelosa, y Samali la siguió, preparada para evolucionar si hacía falta.

La planta apenas había puesto un pie en la habitación cuando un puño helado la golpeó en el pecho, llevándose de espaldas contra los escalones. Sorprendida, Palmon retrocedió y se puso en guardia, parando el siguiente golpe con un brazo y empujando a su enemigo para alejarlo. Pronto se dio cuenta de que se trataba de un pequeño digital hecho de rocas blancas y que detrás de este había otro muy parecido y un Ogremon, o al menos eso pensó al principio, pues no tardó en percatarse de que este tenía la piel azul y una espada de hielo en lugar del característico hueso.

El Icemon volvió a la carga sin pararse a preguntar y la planta se defendió con Poison Ivy mientras detrás de ella su humana pensaba a toda prisa. El ogro azul sin duda era un Adult, por lo que lo más recomendable sería que tanto ella como Palmon evolucionaran; sin embargo, Sunflowmon tendría que doblarse por la cintura para poder entrar en aquella habitación. Hyougamon inició movimiento entonces, pretendiendo acercarse a la planta y acabar de una vez con la amenaza hacia San Angemon, la humana era inofensiva en ese momento.

—¡Palmon! Hacia el centro de la habitación —ordenó la chica al ver que pretendían irse contra ella tres contra uno; ya no había tiempo de pensar.

—¡No se llevarán a San Angemon! —gritó una vocecita chillona mientras volvía a atacar; Palmon lo desvió y obedeció sin mirar a su Tamer, procurando poner distancia entre ella y los atacantes.

Samali dejó fluir la Digisoul hacia el iC hasta que la figura de su amiga comenzó a cambiar, llenándose de luz y creciendo considerablemente; sorprendidos, los tres Digimon dejaron cualquier ataque que estuvieran pensando hacer y retrocedieron. Tal como esperaba, Sunflowmon quedaba doblada y como encajonada en aquel espacio y escuchó algo de hielo crujir, aunque en seguida activó la evolución normal para llevarla a su forma Perfect, la cual tenía un tamaño mucho más idóneo para espacios cerrados.

—¡Que no los amedrente! —gritó Hyougamon para animar a sus camaradas— No dejaremos que nos roben a San Angemon.

—¡Esperen! —gritó Samali, ya había escuchado lo de San Angemon dos veces y pensó que quizá podría razonar con ellos. —No vinimos a robar nada —aseguró, aunque no parecía que alguno de ellos les creyera.


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Moonchild
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Hyougamon siguió vigilando cuidadosamente a Lilamon, pero le contestó a la humana de forma escueta.

—Vinieron aquí para descongelar la estatua de Angemon que está en la capilla —gruñó, alzando la especie de espada con gesto amenazador.

—Bueno… ¿no crees que si es un ser vivo no merece pasarse la eternidad congelado? —murmuró la rubia, no podía negar que eso era exactamente lo que debían hacer ahí.

—¡No! ¡Es nuestra deidad! —gritó el ogro, con la misma pasión religiosa que ella podría identificar en radicales humanos. —¡Es una obra divina! ¡No permitiremos que se transforme en otra cosa ajena al hielo!

Gritando su acuerdo con las palabras de su líder uno de los Child volvió a lanzarse a la carga, y Lilamon se elevó por el aire para esquivarlo, volando paralela al techo mientras el montón de rocas heladas pasaba por debajo de ella. Samali aceptó en silencio el hecho de que resolver las cosas hablando no parecía viable y sacó su lector, deslizando una carta por el mismo; Ranamon avisó a la planta que se trataba de Meteor Wing y en seguida la humana usó su Canalizador para volver a la forma de la guerrera del agua una vez más.

—Lila, encárgate del ogro —pidió, al tiempo que arrojaba una bola de agua a uno de los Icemon para obligarlo a volverse hacia ella.

Tanto el adulto como los niños parecían creer con total convicción que ellas debían ser detenidas, cosa que la ninfa no pudo dejar de admirar, motivo por el cual decidió luchar para dejarlos inconscientes más que para hacerles daño, ya que incluso aquel ogro de hielo no era malvado, aún cuando tuviera “primos” mucho menos respetables.

La lila descendió hasta quedar a un palmo del suelo y batió sus alas, enviando bolas de fuego hacia el adulto, el cual intentó esquivarlas y paró una con su arma, aunque la que le dio en el hombro le sacó un profundo gruñido; arrojó su Ice Konbou ciegamente y acertó a golpear a la Perfect en el hombro, obligándola a volver a poner distancia entre ellos. La flor también estaba sorprendida por la forma de actuar de esos tres, pero en su opinión las habían atacado de a gratis y ponían en peligro a su compañera.

Ranamon, por su lado, esquivaba los ataques de ambos Child lo mejor que podía y lanzaba los propios más para alejarlos que para hacerles daño real, lo que comenzaba a impacientar a la Juttoushi.

“Así terminaremos mañana” se quejó, desconcentrando a la rubia; tardó en reaccionar y recibió un puño en el estómago, haciéndola retroceder, aunque enseguida se lanzó hacia un lado para esquivar el siguiente golpe y contraatacó con un chorro de agua que empujó al Child contra su compañero.

“Pero no quiero hacerles daño, no son malos” respondió la humana. La guerrera tomó el control momentáneo para conectar una patada con el Child, enviándolo contra la pared, y formó agua frente a su cuerpo para parar el golpe del otro, empujándolo también a él hasta alejarlo. Los niños parecían frustrados por no poder asestarle más de un golpe, aunque no estaban dispuestos a rendirse y decidieron atacar en conjunto, ambos a la vez. Aquello representó una mejora para ambos, atacando juntos llegaban a igualar más o menos las fuerzas de la guerrera, obligando a Samali a comenzar a pelear en serio si no quería salir lastimada de ahí.

Lilamon consiguió impactarle otras bolas de fuego al adulto antes de que el efecto de la carta se desvaneciera y ahora se encontraba luchando con sus propias técnicas. En ese momento dedicaba su Beauty Slap al rostro del ogro, avanzando para seguir golpeándolo a medida que este retrocedía. El azulando a duras penas consiguió levantar el hielo y dejarlo caer sobre los brazos para liberarse, aprovechando el momento para atacar con su Snow Punch. Lila hizo una mueca ante el golpe a su brazo y retrocedió, esquivando el segundo golpe por poco; en ese momento escuchó gemir a Ranamon y se giró de inmediato, llevándose un golpe con la espada helada en el costado como premio por su distracción.

Ranamon acababa de chocar contra una pared y rodaba por el suelo para alejarse de ambos Child mientras intentaba crear sobre ellos su nube ácida; la humana estaba en contra de usar esa técnica pero la guerrera insistía de todas formas. Uno de los niños gritó de dolor al sentir la lluvia cayéndole encima, aunque el otro saltó a un lado justo a tiempo y apenas recibió un par de gotas. Samali luchó por recuperar el control de su cuerpo hasta que pudo desvanecer la técnica y se quedó mirando al Child con preocupación.

Por su parte la flor decidió que aquello había durado demasiado; aprovechó un golpe con el arma de hielo del azulado para esquivarlo, colarse por el espacio en su defensa que dejaba abierto al atacar y lanzar su Un Deux Pollen justo al rostro del enemigo. La cercanía la dejaba expuesta también a ella y se llevó un rasguño con el hielo cuando este lo alzó, pero no llegó a hacer más que eso puesto que la técnica lo dejó adormecido y tonto casi en seguida. Beauty Shock lo envió definitivamente a dormir en el suelo y la planta se sujetó el corte sangrante con cuidado mientras se volvía para evaluar la situación.

El Child que había recibido la lluvia de lleno ya no podía moverse, aunque seguía conscience, sobreviviría; el otro, amedrentado al ver a sus dos camaradas caídos, parecía dudar sobre lo que sería mejor hacer a continuación, aunque decidió sacar pecho y atacar una vez más, todo con tal de defender a su santo. Ranamon respondió lanzándole un chorro de agua antes de que pudiera acercarse y haciéndolo chocar otra la pared, tras el golpe intentó volver a moverse pero apenas lo consiguió y pronto perdió el conocimiento por un golpe de la flor.

Tan pronto resultó obvio que no había algún otro peligro la ninfa deevolucionó y jadeó, sujetándose de la pared, estaba magullada y el oponerse a Ranamon mientras peleaba había contribuido a su agotamiento, aunque tenía energía suficiente para salir de ahí y volver a la ciudad, al menos. Se ciñó el manto alrededor del cuerpo para contrarrestar el frío que la atenazaba ahora que volvía a ser humana y pronto ayudó a Lila a volver a Child, la cual también estaba magullada, le dolían los brazos y tenía un corte amplio en uno de estos y en el costado, aunque podría ser peor.

Sólo en ese momento se permitieron procesar en serio el resto de la habitación, pues la habían visto de pasada mientras luchaban pero no les había dado tiempo alguno de pensar realmente en lo que veían. La escasa luz de la sala venía de una lámpara apostada en una esquina a la que quedaba ya poca mecha. El único otro sitio al que podían ir era un arco ornamentado que se abría a otra habitación; esta estaba tan vacía como la primera aunque mucho más decorada en sus paredes y la fuente de luz era un brillante haz que la cruzaba del techo al suelo y que parecía no venir de ningún sitio específico. Cautelosamente Palmon se puso de primera para atravesar el umbral y escucharon un grito de protesta detrás de ellas.

—No lo hagan… San Angemon… —se quejó el único Child consciente, impotente desde el suelo debido a sus piernas lastimadas por el ácido.

Samali hizo como quien oye llover e instó a su amiga digital a seguir avanzando, siguiéndola de cerca a paso más lento y mirando con curiosidad alrededor. En esa sala no los esperaba nadie más y en verdad no había otra cosa más interesante que esa luz. Inspeccionaron los alrededores un rato y luego se volvieron hacia el haz, observándolo detenidamente.

—¿De dónde viene? No parece que haya focos ni arriba ni abajo —cuestionó Apsará, curiosa. Extendió la mano para ver si de verdad era luz u otra cosa que se le parecía; cuando sus dedos quedaron bañados por la amarillenta luminosidad sintió una corriente eléctrica suave pero sorpresiva recorrerla y luego la luz se extinguió, dejando todo el trabajo de la iluminación al silbato que le colgaba del cuello.

—¡No! —se quejó el Icemon, y las sorprendió, pues al volverse descubrieron que este había estado arrastrándose por el suelo con los brazos y en ese momento se encontraba en el umbral. —¡Nuestro santo!

—Lo siento, chico, ningún digimon merece estar congelado para siempre —contestó la muchacha, pasando junto a él con cuidado de esquivar sus puños y apresurándose a salir de aquellas cámaras subterráneas.

Subieron tan rápido como las dejaba en cansancio y dejaron la puerta abierta como estaba para que ellos pudieran salir cuando despertaran, aunque suponían que había alguna forma más sencilla de abrirla desde dentro. Deshicieron el camino por el pasillo hacia la capilla y se adentraron en esta con cautela, mirando hacia el centro de la misma; las luces que iluminaban la estatua estaban encendidas todavía, sólo que esta ya no era una estatua; las alas eran ahora blancas y se movían mientras Angemon giraba la cabeza a todos lados, observando dónde se encontraba.

—Angemon —llamó Samali, con el alivio que sentía trasluciendo en su voz. —Bienvenido —saludó, preguntándose qué tanto sabría el Digimon.

—Hola —contestó este, girándose hacia ellas y examinándolas con expresión inescrutable. —¿Quienes son?

—Mi nombre es Samali Winters y ella es mi compañera Palmon —se presentó la chica, acercándose. —Nos enteramos de que estabas en esta capilla y decidimos venir a buscarte.

—¿Por qué?

—Jijimon, el alcalde de File City, desea que más digimon se unan a la ciudad y la ayuden a crecer —
explicó esta vez Pal—; nos llamó para ayudarlo, por eso queríamos invitarte a venir con nosotros a File City.

Angemon no contestó de inmediato, siguió evaluándolas y mirando a su alrededor con suspicacia, fijándose sobre todo en lo cansadas que parecían estar las dos desconocidas, cansadas y lastimadas.

—¿Por qué están heridas? ¿Atacaron a los cuidadores? —inquirió, receloso.

Había estado congelado mucho tiempo, pero recordaba vagamente haber visto caras conocidas limpiándolo regularmente y otras más cambiantes sentadas en bancos, como la imagen distante que se refleja en la superficie del agua; no sabría decir cuando había pasado o cuantas veces, pero estaba seguro de haberlo visto desde su carcasa helada.

—Ellos nos han atacado a nosotras —replicó Samali de inmediato— estábamos explorando el lugar para intentar liberarse y cuando bajamos unas escaleras se abalanzaron sobre nosotras; intenté razonar con ellos, pero no me escucharon.

—Ellos no querían que te descongeláramos, preferían que permanecieras como una estatua para siempre —añadió la palmera.

El ángel sagrado acogió la información con ecuanimidad y se bajó del pedestal, pasando junto a ambas para dirigirse a las escaleras donde debían estar los cuidadores. Samali, Palmon y Ranamon lo siguieron a una distancia prudente, preguntándose qué haría cuando viera a los cuidadores. Cuando bajó las escaleras de inmediato reconoció los rostros que había visto en su letargo, dos de ellos estaban inconscientes aún y el último se lamentaba en voz baja, aunque cuando escuchó los pasos alzó la cabeza y gritó de tristeza al ver al ángel.

—¡No! Nuestra deidad convertida en algo tan ajeno al hielo... ¡¿Por qué?! —chilló. Angemon intentó convencerlo de que seguía siendo el mismo a quien había cuidado, pero el niño se limitó a responderle desconsoladamente que un Digimon sagrado no podría entender nunca la gracia ni la belleza del hielo y que la máxima joya de aquella capilla se había extinguido para siempre.

Angemon retrocedió, confundido de ver el rechazo que provocaba en los que antes habían mantenido ese santuario para él. Por su parte, la ninfa lo comprendía, seguía identificando allí el fervor con el que un creyente rechazaba cualquier cambio, mancha o transformación que pudiera sufrir el objeto de su fe, ya que para él ese objeto era perfecto tal cual estaba. El sagrado siguió intentando razonar un poco hasta que resultó obvio hasta para él que el Child no estaba por la labor, así que suspiró con resignación y subió de vuelta a la capilla.

—No se puede razonar con él —admitió, mirando a las chicas. —¿Por qué quieren que me una a la ciudad? File City debe estar perfectamente teniéndolas a ustedes.

—No realmente —suspiró la ojiverde. —En realidad nosotros no pertenecemos a esta isla, venimos de otra más poblada y más próspera, pero que se parece casi en su totalidad a esta —explicó— fuimos llamadas junto con otros como nosotros porque Jijimon quiere que esta File se parezca a la nuestra.

—Aunque no vengamos de aquí esta File se parece mucho a nuestro hogar y nos duele ver la ciudad tan abandonada —aportó Palmon, sonriéndole dulcemente al adulto. —Ya otros se han unido, como Coelamon, Piccolomon, Veggiemon y otros así, y abren establecimientos, construyen más y ayudan a la ciudad a crecer, sería genial que tú también pudieras ayudar.

El ángel se tomó su tiempo para pensar y considerar todo lo que las chicas le decían, hizo preguntas sobre ellas, la ciudad, los habitantes y Jijimon, y de vez en cuando volvía la vista a donde sus cuidadores estaban. Finalmente preguntó qué tan lejos se encontraba esa cuidad que no conocía y una chipa de esperanza brilló en ambas.

—Una media hora volando —contestó la humana, señalando hacia el sur mientras hablaba— afuera hace frío pero una vez abandonas la zona congelada el clima es muy agradable.

—¿Vendrás? —inquirió tímidamente Palmon, esperando que el humanoide no creyera que intentaba apresurarlo. Angemon se quedó mirando unos minutos en dirección sur y finalmente asintió.

—Iré, File City suena un mejor lugar que este sitio tan aislado y solitario —dijo al fin, sonriendo con cierta nostalgia; había pasado muchísimo tiempo en aquel lugar, pero a juzgar por las reacciones parecía que ya no era su sitio luego de haber dejado de ser un bloque de agua congelada. Samali celebró con unas palmadas y sonrió ampliamente, comenzando a hablar sobre detalles del camino de vuelta.

Maiku Maiku /o/
 
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Maiku

Mr. Nobody
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Bueno, llegó la hora del juicio (?). Lamento no haber revisado el mismo día, pero surgieron cosas, así que pasemos a lo importante para el evento.

Narrativa: Me consta que tu nivel ortográfico y de redacción es muy bueno, pero por lo mismo resulta una desventaja cuando escribes a la rápida para terminar un encargo. En este caso, logré identificar varios deslices que generaron redundancia (como repetir escarcha, al menos, cinco veces en un mismo párrafo) y deslices de tildación. Sin embargo, hay otros errores que me llamaron más la atención y que no son tan pasables por error de dedo. Por ejemplo, colocar palabras adicionales cuando no corresponde (“Ninguna de sus acompañantes y tenía idea alguna”), referirte a tu propio personaje por el apodo que despectivo “Salami” salvo que haya sido adrede y, una que otra incoherencia de redacción (“Era una suerte que ella fueran más de uno también” ; “si se tocaba la luz San Angemon se convertiría en un Angemon real, y sabían dónde estaba la luz”). (19/25)

Interpretación: La verdad es que me gustó cómo jugaste con los objetivos para volverlo algo interesante. Francamente temía que esto se volviera buscar el método de revivirlo a través de proezas básicas, como usar fuego y esas cosas. (25/25)

Realismo: Aquí lo manejaste todo muy bien, salvo por un pequeño detalle. ¿Cómo es que Palmon puede ser objeto pasivo de Powerful Will? Recuerda leer los requisitos de las cartas que utilizas, pues ahí habrías caído en cuenta de que esta exigía mínimo un digimon en rango Adult para funcionar. Por lo mismo, resulta extraño y demasiado conveniente que optaras por usar su efecto congelante en la planta en ese estado, cuando con Sunflowmon no tenías espacio y Lilamon conllevaba un cansancio mayor. (21/25)

Desarrollo: Nada qué decir, aquí, reitero mis felicitaciones por haber vuelto la trama algo interesante. Ojalá que para la próxima tengas más cuidado con los aspectos que te mencioné en los otros apartados, porque este reclutamiento, a mi juicio, era material de calificación perfecta. (25/25)

Total: 90/100
Paga: 250 bits, 2 PP + White Wing.
EVO: +1

¡Felicidades, Angemon se ha unido a File City!
Mirae Kiyoe cualquier duda o queja, por interno por favor.
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