Quest C Regulus Tablet [Nieves Katsukagi & Dana Ruikás]

Estado
Cerrado para nuevas respuestas

Leo

¿No ves que te voy a matar (con feels)?
Registrado
17 Jun 2010
Mensajes
1,909
Offline
Unos sujetos especializados en la investigación de distintos artefactos y cosas antiguas del Mundo Digital entraron al Túnel Taladro. Habían recibido la llamada urgente de los Drimogemon, era un descubrimiento que tal vez cambiaría la historia digital que se conocía. Se acercaron hasta donde uno de los Digimon bestia les indicó y se asentaron en un pequeño lugar para sacar sus materiales. Uno de los dos sujetos sacó un sacudidor y comenzó a pasarlo por toda la pieza que se encontraba en el suelo con suma delicadeza. Lo observó con cuidado y pasó varios minutos intentando encontrar una interpretación lógica a eso.

¿Y bien? —preguntó el arqueólogo que se había quedado de pie mientras el otro lo limpiaba.

No logro descifrarlo por completo —se dio por vencido el compañero que examinaba la tabla luego de verla unos minutos. Soltó un suspiro y se incorporó—. Lo mejor será llevarlo con Rei Nishimura.

Pero es peligro si lo llevamos nosotros, ya sabemos cómo son los bandidos por esta zona —soltó preocupado el otro—. ¿Y si pedimos que alguien lo lleve? Sería lo más sensato, aquí la tabla estará protegida por los Drimogemon mientras vienen los escoltas.

Sí, es lo mejor —asintió el arqueólogo que antes tenía el descubrimiento en sus manos. Ambos guardaron los materiales y emprendieron su camino a File City. Pronto mandarían a algunas personas por la tabla.

"Regulus Tablet” (C)

a) NPC que la solicita: Investigador
b) Descripción de la misión: Durante las excavaciones los Drimogemon encontraron lo que parecían ser los restos de un antiguo templo que veneraba a los Leomon. Los Arquéologos viajaron al lugar para investigarlo, y entre las ruinas lograron rescatar una tabla con DigiCode muy antiguo. Necesitamos que alguien la lleve sano y salvo al Museo de Jijimon
c) Descripción del campo de juego: Túnel Taladro -> File City
d) Objetivos a cumplir:
  • Viajar hasta el Túnel Taladro y recibir la Tabla
  • Trasladar la tabla de vuelta a File City, sana y salva
e) Notas
  • Quest disponible en modalidad party
  • La tabla es delicada, tengan muchisimo cuidado de no romperla
  • Se han visto ladrones de Miharashi en la zona últimamente, tengan cuidado
~~~

Ficha: Nieves Katsukagi & Dana Ruikás
Mínimo de posts: 3 por persona.
Plazo: 14 días.
Digivice: D-Arc (ambas)

Lady Beelze Lady Beelze Soncarmela Soncarmela pueden comenzar, disculpen la tardanza
 

I'll drive you like a hammer on a bed of nails
Registrado
10 Ago 2004
Mensajes
6,283
Offline
Esa mañana el tablón de anuncios de la central de tamers estaba vacío, para gran sorpresa del grupo.

— ¡No lo entiendo!—exclamó Dana, levantando los puños— ¡Apenas son las diez! ¡No debería estar vacío!

—Imagino que se ha reducido el número de tareas, considerando que el número de tamers en File sigue aumentando—
comentó Ryudamon frotándose el mentón, tan extrañado como el resto.

Los cuatro personajes soltaron un suspiro de desánimo y se volvieron para regresar a la bati-cueva. No habría mucho que hacer ese día, pero de todos modos volverían a pasarse más tarde, a probar mejor suerte. El tercer miembro de Ávalon, la peli rosa Light y su Monodramon, se encontraba ausente pues según su tradición militar, se había levantado a las siete de la mañana y ella había conseguido una tarea y ahora estaba trabajando en ella.

Antes de dar un par de pasos, Black Agumon dio un respingo y tiró del pantalón de su camarada, llamando su atención. La española se volvió a verle.

—Quisiera ir a la biblioteca a buscar algunos libros—pidió él.

—Claro; te estaremos esperando en casa~

El digimon dio un respingo. No había tenido intención de ir solo; se quedó pegado un instante mientras los otros tres personajes seguían alejándose. Luego reaccionó, se volvió y partió en dirección del edificio cerca del centro de la ciudad. No tardó mucho en llegar, entrar al recinto y saludar a la bibliotecaria, que ya le conocía de vista. Se dirigió directamente al estante indicado, tomó el libro que había anotado mentalmente para ir a recoger y lo entregó a la encargada. Dio el nombre de su camarada humana, recibió un timbre, un saludo de despedida y se marchó muy feliz con el grueso libro entre sus manos.

En el camino de regreso el pequeño dinosaurio oscuro se fue a paso lento, con el libro abierto y ya habiéndose leído las primeras quince páginas en el breve trayecto. Extrañamente y para lo concentrado que iba en la lectura, no se chocó ni una vez, ni contra los transeúntes ni los postes, y se detuvo correctamente en cada semáforo en rojo, aún sin estar mirando. Estaba a solo un par de cuadras de la central de camino a la bati-cueva, cuando una conversación en el fondo de la escena llegó a sus oídos.

— ¿Por qué despachaste a esos dos niños?—dijo una voz algo gastada por los años—Pudieron habernos ayudado.

—No seas impaciente—
replicó otra, no tan vieja—, el hecho de que sean tamers no significa que estén a la altura para una tarea tan delicada. ¡Apenas tenían como nueve años! Esperemos a alguien más capacitado.

—Aghh—
farfulló el otro—, yo no sé mucho de tamers…

BlackAgumon levantó la mirada de su libro mientras se detenía lentamente. Dos humanos altos, vestidos de manera peculiar y un tanto llamativa, con grandes mochilas a un lado se encontraban sentados en una de las muchas bancas de madera dispersas por la ciudad. Se abanicaban con folletos y miraban en rededor, como esperando a alguien. Lucían rostros de mirada inteligente pero con un gesto preocupado. El lagarto sintió curiosidad por ellos y lo que habían estado conversando, pero no era como si se fuera a meter. Retomó la lectura y siguió caminando, pasando a solo un par de metros a espaldas del dúo.

—Si no aparece alguien pronto para hacer el trabajo, podrían pasar días antes de que sepamos el contenido de esa tablilla encontrada—dijo el hombre más viejo, evidentemente irritado—, y no es como si Nishimura tenga tanto tiempo tampoco.

El digimon volvió a detenerse al escuchar aquello. ¿Habían mencionado una tablilla? Volvió a mirar al peculiar dúo y al instante lo dedujo. ¡Arqueólogos! Y aparentemente habían descubierto algo. Tragó saliva, enteramente tomado por la emoción y la curiosidad. Sin embargo su marcada timidez le retuvo en su sitio durante largos minutos antes de que por fin se decidiera a acercarse a los expertos para preguntar de manera entrecortada:

—Dis…disculpen…—soltó, consiguiendo que los dos adultos se volvieran para mirarlo a sus espaldas—ustedes… ¿son arqueólogos, verdad?

Los personajes se miraron con extrañeza y uno de ellos asintió con la cabeza.

—No quise escuchar pero…—dijo, sonrojándose de lo que tenía que decir—los oí hablar sobre un trabajo…y una tablilla…

—Así es—
soltó el más joven, sonriendo amablemente—, hace poco se descubrió una tabla escrita con código antiguo en Túnel Taladro. No hemos podido descifrarla, pero queremos traerla a la ciudad para que un experto amigo nuestro lo haga.

BlackAgumon puso un gesto de extrañeza, ladeando un poco la cabeza. Esto alentó al científico a explicar.

—Hay muchos ladrones en los alrededores del túnel, y por eso necesitamos de un grupo de tamers calificados para traer ese delicado y valioso objeto.

— ¿Tienes un tamer con experiencia, por casualidad?—
preguntó el más viejo.

El digimon no respondió. Su boca y sus ojos se fueron abriendo gradualmente hasta terminar en un expresivo gesto de asombro y emoción. Se dio vueltas en su sitio con el libro por sobre su cabeza, sin poder decir nada comprensible. Al final se despidió apresuradamente de los hombres y salió corriendo en dirección de la bati-cueva. Los sujetos quedaron marcando ocupado.

En el lugar, Nieves, Ryudamon y Dana se esmeraban en poner algo de orden y limpieza al lugar. No llevaban ni una semana viviendo allí y ya comenzaba a lucir mal. Estaban en eso cuando de la nada la puerta se abrió y BlackAgumon entró precipitadamente, estrellándose contra un Ryudamon que cargaba una maceta que acabó con la tierra desparramada por el suelo. Y sobre él.

— ¡Au!—se quejó el dragón, poniéndose de pie y quitándose la tierra oscura de encima.

— ¡Disculpa!—exclamó Black, también recogiendo su libro que había volado por el aire.

— ¿Qué monstruo te perseguía para que corrieras así, BlackAgumon?—preguntó su compañera, riéndose levemente del accidente.

— ¡Es…! ¡A-ah! ¡Una misión!—soltó por fin, lleno de emoción y levantando ambos brazos.

Todos los presentes soltaron un “¡¿eh?!” al unísono de escucharle. Un par de minutos después, el cuarteto salía corriendo del edificio en la dirección que BlackAgumon les señalaba para ir a encontrarse con los expertos y ofrecerles “sus servicios”.

Poco después, Dana y Nieves junto a sus compañeros escuchaban la explicación de los dos hombres. El más joven (de tal vez treinta años) se llamaba Kenta, y el mayor (de unos cincuenta) Fuji. Habían sido llamados esa mañana por los Drimogemon trabajadores del Túnel Taladro para informarles sobre una peculiar tabla que habían encontrado en sus excavaciones. Estaba escrita en digi código antiguo, el que les resultó imposible de descifrar aún con los conocimientos que poseían. Esto dejó sumamente intrigado a Ryudamon, a quien le encantaban esa clase de cosas. De BlackAgumon ni se dijera; sus ojos brillaban.

— ¿Y por qué no la trajeron ustedes en esas grandes mochilas que tienen?—preguntó la española, cruzándose de brazos.

—No se trata de que no pudiéramos traerla—replicó Kenta amablemente—, es por el riesgo que implica. Nosotros no tenemos digimon acompañantes, somos científicos, y los alrededores de Túnel Taladro son constantemente visitados por ladrones.

—El valor arqueológico de esa tabla es enorme—
le siguió Fuji, frunciendo sus espesas cejas—; si llegásemos a sufrir un robo ¡sería una pérdida terrible para la historia y arqueología de isla File! Podríamos aprender muchísimo de esa pieza.

Nieves, Ryudamon y BlackAgumon lucían de lo más emocionados por participar en la empresa. A Dana le parecía un poco exagerado atribuirle tanto valor a un objeto encontrado entre un montón de rocas, pero rápidamente la emoción de sus amigos se le contagió.

—Así podré probar las nuevas funciones de este digivice—siguió la joven, sacando su reluciente D-arc nuevo.

—Esperemos que su uso no sea necesario, señorita Ruikás—dijo Ryudamon.

La chica se lo tomó a mal y comenzó una extraña escena con el dragón, mientras Nieves recibía de manos de Kenta un documento que certificaba que los científicos habían consentido el que la tabla fuera entregada a las dos chicas. Debían mostrarle dicho papel al capataz de Túnel Taladro, quien tenía custodia temporal del objeto. Los dos expertos agradecieron al grupo y éste se puso rápidamente en marcha de camino a los pies de Miharashi.


-----------------------------

Soncarmela Soncarmela ;A;
 

Soncarmela

Moderador
Offline
Era un alivio tener una misión, así que las chicas no tardaron en prepararse para salir hacia Túnel Taladro. Dana nunca había visto a BlackAgumon tan animado, era evidente que estaba muy interesado por la tabla. Le sorprendió un poco como se atrevía a hacer más preguntas de lo normal, de por sí ya había sido raro que se armara de valor para hablar con esos dos arqueólogos cuando ella no estaba presente. No pudo evitar sonreír al comprobar que su compañero estaba creciendo.

Y ella tenía las energías suficientes para cualquier cosa que pasara. Se guardó las tres cartas que había comprado en la tienda y apretó el D-arc con fuerza. Ahora ya no se quedaría nada más mirando si había complicaciones, podría aportarle ayuda a BlackAgumon con el poder de las cartas y, por supuesto, también se encargaría de analizar al enemigo. Se le daba bien adivinar los movimientos de los otros digimon. Y por ahora le había funcionado para que el reptil negro no saliera tan malherido de las batallas.

Ryudamon se acercó a la joven y le comentó a la española que su frase anterior no había tenido una mala intención. A él le gustaba que se tomara las cosas con esa felicidad que contagiaba sin querer, lo único que no deseaba era que tuviera que usarlo precisamente por tener problemas con digimon salvajes. Era más apropiado no tener que luchar, aunque a veces fuera inevitable.

Claro, no hay problema —se tocó la cabeza, avergonzada—. Ha sido culpa mía por malinterpretarlo. Te doy la razón, a mí tampoco me agradaría que BlackAgumon y tú os pusierais en peligro. ¿Habéis ido alguna vez a Túnel Taladro? —preguntó, interesada. Conocer el lugar siempre aportaba más seguridad en la aventura. A ella también le encantaba descubrir cosas nuevas, pero tener información siempre venía bien.

—contestó el dragón—. No obstante, dejaré que sea una sorpresa.

Ella hizo una mueca. Tras pensarlo mejor, asintió, dándose cuenta que así la misión sería más divertida.

¡Qué ganas! —exclamó, mirando hacia arriba. Se le revolvió el pelo y se arregló la coleta—. Debo admitir, que la idea de tratar con un objeto tan valioso para los arqueólogos me da miedo. ¡Pero no importa! No dejaré que se caiga.

Ryudamon rió.

Dirigiéndose a la misión con ánimos y escuchando todo lo que Dana tenía que decir en el camino, el trayecto no se hizo aburrido. La chica no paraba de comentar que no sabía que haría en el momento de ver la tabla, y que tampoco entendía por qué era tan especial para esos dos hombres. Nieves sonreía de vez en cuando y BlackAgumon, para sorpresa del otro dúo, era el que calmaba a la española y le respondía a todas sus dudas; hablando en voz baja, pero se notaba que estaba cogiendo confianza con los demás miembros de la guild.

Cuanto más cerca estaban, el dragón se ponía más serio. Se giró para observar a ambas muchachas.

Ya escucharon a los arqueólogos, debemos tener cuidado con los ladrones. No sé si ahora les interesaremos, pero de todas formas, manteneos alertas. BlackAgumon, quédate detrás, yo iré delante —dijo Ryudamon, más experimentado en batallas, por lo que el reptil aceptó la orden sin protestar—. Nunca se sabe cuando nos van a asaltar —murmuró.

Nieves asintió. Las dos chicas sabían de antemano lo que debían hacer si sufrían una emboscada. Dana tenía la mano en el bolsillo, rozando las cartas, con el corazón latiéndole deprisa. Miraba de reojo a BlackAgumon, que también estaba alerta. Ya en la base del Monte Miharashi, la española soltó un largo suspiro.

¿Estás bien? —preguntó Nieves.

Este monte me trae malos recuerdos —respondió, moviendo la mano para restarle importancia, sin embargo, dio más detalles—. Ya tuvimos una emboscada y caí en una trampa… Tengo la sensación que en este lugar soy un imán para los agujeros —señaló la entrada del túnel—. Como ahora.

Eso último pretendía ser un chiste, pero la menor no lo entendió y se mostró más seria al escuchar los accidentes que había sufrido su compañera de guild. Dana se encogió de hombros y se metió en el túnel, como si se hubiera olvidado de las indicaciones del dragón. Dentro, eso sí, estarían más seguros. BlackAgumon y Ryudamon esperaron a que las dos pasaran para ir detrás. Ninguno se percató de las sombras que acechaban y observaban casi sin moverse.

Los pasillos del túnel eran como un gran laberinto subterráneo. Había tantas bifurcaciones que se paraban a cada rato, nerviosas. Lo bueno fue que un Drimogemon, el jefe, las había estado esperando, mejor dicho, sabía que unos humanos llegarían con otros digimon para sacar la tabla que esos arqueólogos habían revisado. Le mostraron el papel para confirmar que eran esos tamers. Saludó con amabilidad y les habló un poco de su trabajo y de los caminos que no debían tomar.

Hay muchas zonas que todavía están bloqueadas —explicó el digimon—. Seguimos trabajando para que un día el túnel esté completo. Seguidme, os llevaré hasta la recámara donde se encuentra la tabla.

¿Cómo es? —se interesó Ryudamon. BlackAgumon iba muy cerca, queriendo escuchar la respuesta con total atención.

Mmm… Ya la veréis por vosotros mismos. No nos hemos atrevido a tocarla por si acaso la rompíamos. Esos hombres nos repitieron varias veces que la información que tenía era muy importante. Tampoco es que nosotros fuéramos a entenderla, así que perdimos la curiosidad.

Dana observaba a los demás digimon que habitaban allí. Tenía las manos en la nuca y silbaba.

¿Es cierto que hay ladrones? —indagó Nieves.

Aquí no entran, ya que pueden perderse y nosotros tenemos la ventaja de conocer los caminos por completo —sonrió Drimogemon—. Pero, sí, hay; algunos de nuestros amigos salieron para vender materiales a la ciudad y le robaron lo que llevaban. Desde entonces, nos dividimos en grupos numerosos.

¿Sabéis cuántos son? —se apresuró a preguntar Dana, ya más centrada.

No estamos del todo seguros, lo lamento.

No pasa nada.

El digimon caminaba con seguridad, girando cuando debía y pidiendo que no tocaran nada, porque podía ser peligroso. Dana ya se sentía algo impaciente al estar ahí dentro. No le molestaba ni le sentaban mal los espacios cerrados, pero prefería estar al aire libre, corriendo, jugando; en resumen, pudiéndose mover con libertad.

Es aquí —anunció Drimogemon, señalando con el taladro—. Hemos llegado.

Para variar, fue Dana la primera en adelantarse.


Lady Beelze Lady Beelze
 
Última edición:

I'll drive you like a hammer on a bed of nails
Registrado
10 Ago 2004
Mensajes
6,283
Offline
La mayor salió adelante y soltó una exclamación de sorpresa, esperando algo genial. Sin embargo, su exclamación se cortó repentinamente cuando solo vio un contenedor de metal del tamaño de una caja para pizzas, bastante más grueso. Estaba depositado sobre una mesa de roble muy firme en la que también había planos y materiales de medición y cálculo que usaban los ingenieros del túnel para revisar sus papeles. Faroles colgaban desde el techo e iluminaban la habitación que más bien parecía una caverna, y sus luces sacaban destellos al objeto metálico. Dana se quedó con expresión perpleja mientras el resto de sus compañeros se acercaba también.

— ¿Y eso es?—preguntó al aire, con su voz haciendo eco en el lugar.

—La tabla está adentro—explicó el capataz.

— ¡Bueno, pues vamos a mirarla!

— ¡Err...!—
el digimon la escuchó y levantó una garra con intención de detenerla, pero ya la chica se había acercado a la mesa y ponía sus manos sobre el contenedor.

Nieves y Ryudamon ahogaron una exclamación, creyendo que intentaría algo arrebatado para intentar abrir la maleta metálica y poder ver la santa tablilla, pero la chica se detuvo al instante al ver que el objeto tenía un candado con cierre por contraseña numérica. La arcilla se quedó a salvo en su lugar y todos soltaron un suspiro de alivio.

—Buh…qué mal—soltó Ruikás, cruzándose de brazos.

Se había emocionado mucho con la idea de poder ver con sus propios ojos un objeto tan valioso e importante, pero no le fue posible. Nieves también se acercó y rodeó con sus manos la maleta, levantándola ligeramente: era pesada pero no significaría un problema. Atrás, Ryudamon observó en rededor como buscando algo, lo que llamó la atención del otro rookie.

— ¿Pasa algo?—preguntó BlackAgumon, extrañado.

El otro no respondió en seguida. Recorrió la estancia de paredes de roca con toscos armarios montados con tablones en donde se atiborraban diversas variedades de objetos, desde rollos de papel para planos, lápices, piedras con minerales de colores, latas, herramientas pequeñas, hasta restos de cosas inservibles. Vio algo sobre un barril que se adecuaba exactamente a lo que estaba buscando. Se acercó, lo estiró y gran cantidad de polvo cayó desde éste. Todos se volvieron a ver con curiosidad.

— ¿Podría regalarnos esto, señor Drimogemon?—pidió el dragón con una sonrisa.

El adulto se preguntó para qué querría el otro ese pedazo de basura, pero como a él no le servía, pues accedió. Los otros tres personajes se miraron muy extrañados, preguntándose lo mismo que el capataz. Varios minutos después y guiados nuevamente por Drimogemon, el cuarteto salió del Túnel Taladro llevando la preciada tabla. Dana la llevaba en sus brazos, envuelta en un viejo saco gastado y que se deshilachaba solo. Se turnaría con Nieves para cargar el objeto más adelante, cuando se cansara, aunque por ahora parecía cargarlo sin la menor dificultad. Los digimon irían adelante y atrás custodiando a las dos chicas, tal cual guardaespaldas escoltando a alguien importante. El grupo se despidió de Drimogemon y salió rumbo de regreso a Ciudad File.

—Esto es más que sencillo—soltó la castaña, sujetando con ambas manos el paquete entre sus brazos—, no sé por qué esos investigadores se hacían tantos problemas.

—No tientes a la suerte, Dana—
soltó Katsukagi, caminando con ambas manos en los bolsillos—. A veces las cosas más sencillas se tornan en las más complicadas de un momento a otro.

—No pasa nada—
replicó Ruikás tranquilamente—, la ciudad está a la vuelta de la esquina. Llegaremos temprano y terminaremos de hacer el aseo.

—Es una buena idea—
dijo el digimon oscuro siguiendo a su compañera—, ese lugar se está volviendo un desastre.

Salieron de los alrededores de Miharashi y emprendieron el regreso. Los digimon que les habían observado al llegar se mantuvieron agazapados en sus lugares, hasta que hubo suficiente distancia entre el cuarteto y ellos. Aun así la voz de la española llegaba hasta allá.

— ¿Ven? Les dije que había algo importante adentro—soltó uno de ellos de color blanquecino, golpeando en el brazo al otro que estaba a su lado.

El aludido no dijo nada y se frotó. El mayor de ellos soltó un “hmm” mientras pensaba: habían estado siguiendo la situación desde temprano. Dos humanos habían llegado muy emocionados esa mañana hablando sobre un descubrimiento, y los trabajadores del túnel que entraban y salían habían hecho comentarios al respecto también. Mencionaban una tablilla antigua que habían encontrado en su excavación y que sería llevada al museo de la ciudad. Gorimon no era un digimon demasiado listo, y aunque no se trataba ni de oro o gemas, sabía que cualquier cosa que iba a parar a un museo era de valor y se podía vender. Por lo tanto él quería quedarse con ella, lo que no sería difícil de hacer.

—Vamos a atrapar a esos tontos y arrebatarles esa cosa que encontraron—sentenció el adulto, cerrando su único puño—. Luego la tasaremos y la venderemos en el mercado negro. Seguro algún fanático querrá ponerla en un pedestal para mirarla mientras nosotros nos damos una buena vida con su dinero—soltó con una leve carcajada.

—Tendremos que sacarle mucho dinero para eso, jefe—soltó Gazimon con algo de pesadez.

—Y si no es suficiente, simplemente le inventamos algo que le dé más valor y sacamos pasta igual—añadió Strabimon, quien había apostado por el objeto valioso al interior de la mina y que sus compañeros casi habían ignorado—. Exijo que se me dé un porcentaje más alto por el descubrimiento.

— ¡No jodas!—
exclamó Gorimon, descargándole un golpe no muy severo en la cabeza con su puño—Soy el jefe de esta banda y quien hace casi todo el trabajo por aquí, par de debiluchos. Si esta vez no me hacen esforzar, aumentaré un poco la repartición para ustedes, ¡así que más les vale hacerlo bien y de una vez!

— ¡Sí, señor!—
exclamaron los rookies, los ojos brillando ante la idea de conseguir más dinero.

— ¿A dónde se fueron?—preguntó Gazimon, dando un respingo y mirando en la dirección que el grupo había tomado.

— ¡Agh!—rugió el mono— ¡Démonos prisa y alcancémoslos! Si se acercan a la ciudad podrían recibir refuerzos y eso nos perjudicaría.

No salieron de sus escondrijos si no que hábilmente se movieron por arriba, entre las copas de los árboles. Como solo se trataba de dos niñas y dos rookies escoltándolos el trabajo sería sencillo ese día. Gorimon no movería un dedo y estaría bañándose en dinero dentro de poco. La muchacha de la coleta la llevaba; sería fácil arrebatársela y deshacerse del par de estorbos. No tardarían más de algunos minutos en darles alcance, estudiarlos un poco y luego caerles encima. Sería divertido.


-------------------

Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

Moderador
Offline
Había pensado que podíamos decorar el apartamento con algunos cuadros bonitos —comentó Dana, todavía con el paquete entre las manos. Por ahora no sentía la necesidad de pasárselo a su amiga. Nieves volteó un poco para seguir escuchando a la española—. Veo las paredes muy vacías y hay que darle vida a lo que va a ser nuestro hogar por muchos años.

A Nieves le gustaba esa forma de ser que tenía Dana. Se podía decir que era la que tomaba las riendas de casi cualquier cosa, dando su opinión y hablando sobre lo que decían hacer. A veces creía que se despertaría un día y vería la casa totalmente pintada con nuevos colores, trabajo del nerviosismo de la otra joven. Era capaz de moverse de un sitio a otro a la velocidad del rayo, metafóricamente hablando. Lo mejor de todo era que le encantaba encargarse de la comida, protestando si alguien le decía que debía tomarse un descanso. Por lo que la española tenía una hoja pegaba en la libreta donde los demás miembros escribían los platos que deseaban comer al día siguiente, y ella iba con BlackAgumon para comprar los ingredientes en el mercado y luego prepararlos.

Nieves se podía decir que estaba en medio, ya que Dana era una chica muy enérgica que nunca paraba de hablar y sonreía continuamente; mientras que la otra fémina del grupo, era algo estricta y prefería no abrir la boca si no era del todo necesario. Lo raro era que Dana y Light todavía no se habían conocido, siempre pasaba algo para que alguna de las dos tuviera que marcharse. La española nada más sabía del tercer miembro porque se lo habían mencionado.

Me parece buena idea —aceptó la del pelo azul.

Pero que no sean cuadros de flores —añadió enseguida la castaña, recordando como esa imagen se repetía en casi todas las casas. Era como si fuera obligatorio que en la mayoría de las paredes hubiera una maldita flor para decorar—. Prefiero cualquier otro dibujo que no sea eso.

Vi… en la tienda un reloj que tenía la fotografía de un país —soltó BlackAgumon, rozando sus garras—. Me gustó mucho.

Entonces, lo compraremos —dijo el dragón, sonriendo para que el dinosaurio cogiera más confianza. Se notaba que cada vez lo hacía más natural, pero en su tono de voz todavía se percibía la timidez y la vergüenza al hacer algún comentario—. Señorita Ruikás, ¿qué le parecería colocarlo en la cocina? Es donde pasa más tiempo y BlackAgumon la ayuda mucho, creo que sería el sitio adecuado.

La joven esbozó una amplia sonrisa y fue a levantar un brazo, hasta que se percató que seguía con la tabla en las manos. Trastabilló un poco por ello pero recuperó el equilibrio y bajó la cabeza, riendo.

Tengo curiosidad por ver qué tiene inscrito la tabla —murmuró Ryudamon.

¿Crees que nos lo dirán cuando lo descubran?

Dudo que haya motivo para que no lo hagan, Black —contestó su compañera—. Encima que nos tomamos la molestia de transportarla. Yo me imaginaba que la misión sería más interesante —reconoció, bufando—. Ir al túnel, girar unas cuantas veces y sacar el tan preciado tesoro. Lo menos que pueden es explicarlos un poco más de qué va todo.

No todo en el Digimundo son batallas, y me alegro por ello —suspiró BlackAgumon.

El Ascenso fue más divertido —insistió Dana, inflando las mejillas—. Excepto la parte de los Numemon —notó un escalofrío por todo el cuerpo—. ¡Pero todo lo demás fue genial!

Su resumen de algo increíble era tener que dormir poco, ir de un sitio a otro con constantes peligros y soportar temperaturas altas y bajas. Para Dana, aquello era como realizar un sueño y cumplirlo. Algunos la llamarían loca; otros que disfrutaba la vida al máximo.

Es cierto. ¿Cómo os fue? —se interesó Nieves.

Entendieron que la pregunta no era si habían aprobado, ya que Dana llegó a casa gritándolo a los cuatro vientos sin importarle que los vecinos se despertaran. Era más bien saber qué aventuras habían tenido y lo mal o bien que lo habían pasado. Después de todo, en la guild los miembros ya habían pasado por eso y no todos los digimon —en su mayoría salvajes— te miraban con buenos ojos.

Dana ya le iba a contar con lujo de detalles lo ocurrido desde que comenzaron, cuando el sonido de unas pisadas las alertó. Ryudamon fue el primero en reaccionar, avistando unas figuras apareciendo desde detrás de los árboles. No pasó mucho para que dos digimon saltaran hasta posarse delante de ellos, cortándoles el paso. La ciudad seguía lejos, no podrían pedir ayuda. Aunque era posible que no la necesitaran, pues ese dúo no parecía muy fuerte. De todas formas, era mejor no subestimarlos, muy probablemente fueran los ladrones.

El primero de ellos tenía un pelaje gris azulado, con unos ojos que tenían cicatrices y unas largas orejas. Movía la cola de un lado a otro y estaba cruzado de brazas; sus garras brillaban a la luz del sol. Su compañero era un digimon humanoide, mitad bestia, mitad hombre lobo. La mirada de ellos se posó en lo que Dana cargaba, y el cuarteto comprendió al acto que habían venido a por la tabla.

Saludos —habló Dana, fingiendo lo mejor posible—. ¿Qué os trae por aquí ¿Necesitáis algo?

Strabimon señaló con una garra lo que ella llevaba.

Eso queremos.

Pues lo sentimos, pero nosotros tenemos que entregárselo a otros hombres —dijo Ryudamon, serio, esperando cualquier movimiento de esos criminales—. De todas formas, decidnos, ¿para qué la queréis?

No es de vuestra incumbencia —cortó Gazimon—. Os anunciamos que ese objeto ya es de nuestra propiedad, por lo que tenéis dos opciones: dárnoslo u os lo quitaremos a la fuerza. Nadie desea una pelea, ¿verdad?

Notaron que esos dos estaban muy confiados, como si ver a BlackAgumon y Ryudamon les diera igual. Posiblemente creían que podrían vencer con suma facilidad. Dana se quejó un poco de tener las manos ocupadas, así que miró a su compañero para darle ánimos. Nieves ya se estaba preparando para el momento en que los ladrones saltaran a por ellos. Tenían que proteger la tabla por encima de todo.

¿Y bien? ¿A qué estáis esperando? —soltó Strabimon, dando unos pasos hacia delante—. Tú, muchacha —señaló a la española, que contestó a sus palabras con una mirada—. Dame eso.

Se acercó un poco más pero algo se interpuso entre él. BlackAgumon no iba a permitir que hicieran daño a Dana, así que alzó las garras y esperó el momento en que tuviera que contraatacar.

Por las malas —sentenció Gazimon.


Lady Beelze Lady Beelze
 
Última edición:

I'll drive you like a hammer on a bed of nails
Registrado
10 Ago 2004
Mensajes
6,283
Offline
Nieves atrás se preparó para ayudar a su compañero en la pelea, extrayendo algunas digi cartas del estuche. Dana debió resignarse y aguardar cargando el objeto entre sus brazos, pero si veía que las cosas se complicaban para su digimon, no dudaría en dejar el “pedazo de piedra” en el suelo y asistirlo. Gazimon y Strabimon soltaron un rugido y corrieron en zigzag contra los oponentes, con sus garras listas para cortar en trocitos. BlackAgumon se preparó para resistir el golpe pero Ryudamon salió rápidamente dos pasos adelante.

— ¡Hum!—activó la peli azul la carta, en el instante en que los ladrones saltaban para caerle encima.

La barrera protectora similar a un cristal retuvo a los digimon arriba, arrojándolos al suelo por su propia fuerza y velocidad. Era una táctica sencilla que siempre utilizaban y funcionaba la mayor parte del tiempo.

— ¡Ahora!—indicó Ryudamon a su compañero.

Este asintió con la cabeza y entre los dos dispararon sus Iaijin y Baby Flame contra los caídos. Gazimon tardó más en poder levantarse que su contraparte, por lo que recibió algunos impactos extra que le sacudieron en el suelo. Strabimon, más ágil y liviano, se levantó sobre sus manos y se impulsó hacia atrás, saliendo del rango de fuego. El hombre lobo corrió en un semicírculo rodeando al dúo y con un ágil movimiento logró caerle encima a BlackAgumon: el otro llevaba una coraza por lo que sería algo más difícil de vencer.

Los dos digimon se enfrascaron en una pelea a golpes y garras. Dana soltó una exclamación.

— ¡Black! ¡Aléjate de él!

Pero no era sencillo. Strabimon le tenía sujeto con sus piernas alrededor del cuerpo contra el suelo, y lanzaba veloces golpes al digimon abajo. Por cada golpe que Black lograba meterle, el otro hacía dos. Ryudamon se volvió rápidamente para ayudarlo a quitarse al rival de encima, pero Gazimon se giró sobre sí mismo apoyándose en sus cuatro patas y atacó.

— ¡Paralyze Breath!

Un gas amarillo fue disparado en dirección del dragón antes de que lograra acercarse a su compañero. El digimon retrocedió rodeado del humo repugnante, tosiendo y cerrando los ojos. Nieves fue quien soltó la exclamación esta vez.

— ¡Baby Flame!—disparó BlackAgumon una llamarada directo a la cara del otro.

Strabimon rugió y cayó de espaldas, llevándose ambas manos al rostro herido y con el pelaje chamuscado. El pequeño dinosaurio se levantó con varios magullones y cortes encima, pero todavía dispuesto a seguir. Se volvió a ver a su compañero, quien dispersó el humo nefasto pero tenía sus miembros temblando.

— ¿Estás bien?

—Estaré bien…—
respondió el dragón, respirando profundamente para intentar limpiar sus pulmones.

No había aspirado gran cantidad del veneno, por lo que el efecto se reducía a temblores y un leve mareo, lo que por cierto, entorpecería la pelea. Black le miró y le dio la espalda, como dispuesto a protegerlo mientras el digimon se reponía. Adelante, Strabimon se puso en pie de un salto, furioso por el ataque del lagarto. Gazimon se reunió con él y entre ambos planearon lo que iban a hacer. Por su parte, Gorimon observaba agachado en silencio, escondido entre árboles y matorrales espesos que cubrían su gran tamaño.

“¡Más vale que ese par se deshaga rápido de esos tontos!”

Los oponentes se lanzaron desde lados diferentes atacando al dúo. Black se volvió a derecha e izquierda, se decidió por uno y disparó su Baby Flame contra Gazimon. El digimon dio un salto, evadiendo; Black no pudo seguirle porque una exclamación a su espalda le hizo volverse: Strabimon se había lanzado con un golpe de sus afiladas garras, por lo que el digimon se veía rodeado.

— ¡Black!—llamó la española.

Se arrodilló y dejó la tabla a sus pies. Metió la mano al bolsillo y extrajo el D-arc, pero antes de poder sacar las cartas, los dos rookies se vieron cubiertos nuevamente por el efecto de Hum; esta vez los rivales pararon antes de estrellarse contra la pared.

— ¡Gracias!—dijo Ruikás a la menor.

—No las des; estamos juntos en esto.

—Sí.


Dana cogió dos cartas y Nieves anuló el efecto de la suya.

— ¡Boost Chip! ¡Símbolo del valor!

— ¡Aurvandil's Arrow! ¡Woodmon branch Drain!


BlackAgumon disparó una serie de bolas de fuego contra Strabimon, quien evadió varias de ellas gracias a su agilidad, pero fue alcanzado repentinamente por los brazos modificados de Ryudamon. El digimon drenó parte de su energía, reponiendo la suya propia y haciendo gritar al híbrido, mientras que a su lado, BlackAgumon retuvo los golpes de garra de Gazimon con las suyas en alto.

— ¡A un lado, BlackAgumon!—llamó el dragón, arrojando al rival atrapado poniendo toda su fuerza.

El aludido soltó un último golpe directo a la cabeza de Gazimon para atontarlo un segundo, se apartó y Strabimon impactó contra él quedando ambos tirados en el suelo. Las chicas atrás soltaron exclamaciones de victoria y antes de que los ladrones tuvieran oportunidad a intentar nada, los dos digimon atacaron en conjunto con sus técnicas y acabaron por noquearlos.

— ¡Muy bien!—saltó Ruikás en su sitio, celebrando.

Pero la felicidad les duró breves segundos. El repentino sonido de un disparo hizo saltar a todos en su sitio, y un rayo azul salido de entre la espesura impactó justo en medio de la escena, a varios metros de las humanas, y a pocos de los digimon. Una explosión menor hizo que los rookies salieran disparados hacia atrás, totalmente tomados por sorpresa, y las dos jóvenes también salieran volando un par de metros de sus lugares. El paquete envuelto se levantó y acabó tirado lejos del alcance de las tamers.

—Hnng…—soltó Dana un quejido, levantándose y tocándose la cabeza—eso dolió…

Katsukagi parpadeó un par de veces aún atontada por el golpe, se sentó en su sitio y se frotó el hombro en el que había aterrizado.

— ¿Estás bien?—preguntó la española, poniéndose primero en pie y ayudando a la menor.

—Sí, eso creo—dijo, aceptando la ayuda y mirando hacia el lugar de la explosión; había una gran mancha oscura en el suelo—, ¿qué fue eso? ¿Y nuestros digimon?

Ruikás dio un respingo, se miró las manos y luego alrededor. ¡Había perdido de vista también el paquete!

Observaron y vieron que algunos metros más allá del lugar del impacto, Ryudamon y BlackAgumon se ponían en pie con esfuerzo. La explosión había estado más cerca de ellos, así que la energía liberada les había alcanzado. Strabimon y Gazimon también habían salido despedidos, pero no se habían enterado de nada. Unos pesados pasos llamaron su atención y al levantar más la cabeza, vieron a un enorme gorila bicolor que se acercaba furibundo y con un cañón por mano humeando.


-------------------------

Soncarmela Soncarmela cx
 

Soncarmela

Moderador
Offline
<<Esos inútiles no saben hacer nada bien. Pero mejor, así me llevaré toda la ganancia al vender esto>> Gorimon apuntó con su cañón a las humanas, amenazándolas, mientras que palpaba el terreno y encontraba lo que habían ido a robar. No parecía importarle la presencia de los compañeros de ellas que estaban detrás, recuperándose. Dana y Nieves observaron con atención los movimientos del gorila, y Dana no pudo evitar soltar una pequeña risa al mirar el rostro de felicidad de ese digimon.

Tenéis suerte de que esté de buen humor —dijo, con el paquete en la mano. No le importó mucho que sus aliados estuvieran heridos.

Debía ser el líder de esa banda de ladrones. Ojalá el plan que habían tenido en mente funcionara. A Dana se le notaba más: era pésima mintiendo o fingiendo porque le estaba saliendo una risa tonta. Esperaron a que el digimon diera media vuelta con el paquete, pero se había percatado de las jóvenes y siguió apuntándolas, dudoso. Finalmente, y para decepción de las tamers, Gorimon descubrió que aquello era un saco vacío lleno de polvo y con una cuerda dentro, sin ningún valor: le habían tratado de engañar.

Furibundo, dio unas zancadas hasta acercarse más a las humanas. BlackAgumon y Ryudamon ya estaban preparando sus ataques.

¿Dónde está? —Exigió saber—. ¡Vosotras lo tenéis que saber!

No sé de que hablas —contestó Dana.

¡No me tomes por idiota, niña! ¡Te he visto; estabas riéndote! ¿Para qué llevabas ese paquete, eh? ¡Contesta!

Nieves esperaba cualquier señal para deslizar una carta por su dispositivo. Lo que Gorimon no sabía era que la verdadera tabla estaba bien guardada, donde no la pudiera encontrar. La castaña se encogió de hombros y respondió:

Me gusta reírme, no le veo un problema a eso. Y sobre lo otro… Quería ejercitarme un poco y me pareció una buena idea —movió los hombros—. Lo iba a soltar ya, me estaba cansando de cargarlo desde el túnel. Es que por mucho que como y entreno no consigo lo que me propongo. Entonces me dije…

¡Basta de cháchara! —Bramó el gorila—. Decidme ahora mismo donde está el objeto o acabaré con vosotras.

Bastó aquello para que el reptil negro y el dragón se pusieran en acción, lanzando respectivamente sus ataques. La bola de fuego y las cuchillas diminutas impactaron en la espalda del gorila, que ahogó una exclamación de dolor y se giró, cabreado. Se había descuidado con esos dos digimon, pero estaba lo suficiente enojado como para terminar con ellos. Eran dos criaturas pequeñas que no le podían hacer ningún daño, como mucho cosquillas.

¡Ahora! —exclamó Dana, apuntando con su dispositivo hacia delante.

¡Super evolution plug in S! —añadió Nieves deslizando la carta dicha por el D-Arc.

Una potente luz rodeó a ambos digimon, logrando cegar a Gorimon durante unos segundos. BlackAgumon y Ryudamon aumentaron en tamaño. Ahora el dragón estaba cubierto con una armadura negra; mientras que el dinosaurio había crecido considerablemente y rugió. GinRyumon y BlackGreymon corrieron hasta colocarse a la izquierda y derecha de su adversario.

¡Te ves fenomenal, Black!

Gorimon no se dejó asustar: ya se había enfrentado a otras criaturas anteriormente, y ganado a pesar de la desventaja numérica. Disparó con su cañón a su lado derecho y se abalanzó a por el otro con la mano libre, gruñendo y deslizándose de un sitio a otro con buena velocidad.

¡Defense plug-in G! —ayudó la del pelo azul, consiguiendo que su digimon se convirtiera en roca para soportar el disparo de Gorimon. Éste recibió el impacto contra él mismo y logró salir menos herido gracias al aporte de la carta, la cual Nieves anuló el efecto inmediatamente con otra carta—. ¡Invalidation Plug-in P!

BlackGreymon detuvo el golpe de Gorimon con su dura cabeza, consiguiendo que el gorila se retirara unos pasos. Volvió a apuntar con su arma al cuerpo del dinosaurio, pero desde detrás escuchó un ruido y fue incapaz de girarse a tiempo. GinRyumon le dio un cabezazo y después escupió unas lanzas afiladas desde su boca. No obstante, el enemigo demostró tener buenos reflejos y se protegió de ello con su propio cañón, destrozando parte de las lanzas.

¡Me da lo mismo cuántos seáis! —masculló—. Conozco vuestro punto débil, animales domesticados, y lo voy a usar a mi favor.

Dio un salto y disparó su cañón hacia las humanas. BlackGreymon corrió hasta colocarse delante y escupió una potente llamarada. Ambos ataques crearon una explosión y el dinosaurio tuvo que caer al suelo, teniendo cuidado de no hacer daño a las chicas. Las protegió rodeándolas y esperó a que el humo se disipara. Gorimon tosió e intentó volver a atacar, pero recibió un coletazo en la pierna y se derrumbó, sin poder ver quién le había golpeado.

GinRyumon se deslizó hasta los demás para comprobar cómo se encontraban. Ayudó a BlackGreymon a incorporarse y se colocó a su lado esperando a que su adversario se levantara. Todavía no habían terminado.

Cobarde —escupió GinRyumon.

Yo las protegeré —avisó el dinosaurio, meneando la cabeza para recuperarse—. Empezaré a lanzar bolas de fuego para que se descuide y entonces acabas con él.

Bien.

Gorimon ya volvía a la carga, enfurecido. Lo estaban avergonzando y ya se había cansado de que se burlaran de él. Corrió hacia delante, donde BlackGreymon lo estaba esperando. El gorila pegó un salto para golpearle con su arma, pero entonces el dinosaurio abrió la boca, al mismo tiempo que Dana pasaba una carta por su dispositivo:

Símbolo del Valor —anunció, sonriendo.

La bola de fuego aumentó de tamaño y potencia. Gorimon dio un giro en el aire, respirando con dificultad por todos los movimientos que le estaban obligando a hacer, y aunque pudo salir bien de las llamas, el otro compañero del dinosaurio lo había estado observando. El gorila tuvo intención de disparar desde su cañón pero GinRyumon fue más rápido y embistió con todas sus fuerzas, usando su ataque Boujinha y golpeando a su contrincante en el pecho. Gorimon abrió los ojos, tanto por la sorpresa como por el dolor recibido, y se desplomó en el suelo.

Parecía que intentaba incorporarse, sin embargo, estaba muy adolorido y lo máximo que consiguió fue provocarse más daños. BlackGreymon regresó a su etapa anterior con un suspiro, agotado. Le quedaba un largo viaje para aprender a estar en esa forma durante más tiempo. GinRyumon esperó unos segundos para comprobar si el ladrón estaba realmente derrotado y entonces se deslizó hacia Nieves, contento. Ryudamon apareció de la nada, también cansado por la batalla.

Todo ha salido estupendamente —comentó la castaña, abrazando a su compañero. Estaba orgullosa de él—. Hay que mejorar la duración de evolución, ¿eh?

Paso a paso, señorita Ruikás. Lo ha hecho muy bien —reconoció—. Hacemos buen equipo, ¿verdad?

¡Por supuesto! Ahí estábamos las dos deslizando cartas y gritando como verdaderas heroínas. ¡Hay que repetirlo! —Dana no paraba de alzar la voz, emocionada.

Nieves se pasó una mano por la frente.

Sí, pero por hoy es suficiente. Volvamos a File City para entregar el pedido.

Antes de proseguir, usaron sus dispositivos para sanar algunas heridas de sus camaradas.

[…]​

Llegaron a la ciudad sin ningún problema más en el camino. Fueron hasta el museo e hicieron aparecer la tabla delante de los arqueólogos, que había estado guardada en el Keychain desde el principio. Dieron asiento al cuarteto y les agradecieron varias veces por su ayuda.

Está en perfecta condiciones —asintió Kenta, con los ojos brillantes—. Ahora podremos llevársela a Nishimura para que descubra lo que tiene escrito.

¿Podrían contarnos todo cuando lo sepan? —preguntó la menor.

Claro. Os avisaremos —Fuji inclinó la cabeza—. De verdad, gracias.

Abandonaron el museo deseando llegar a casa para descansar unos minutos y luego empezar a limpiar. Ya tendrían tiempo para comprar ese reloj que BlackAgumon quería y algunos cuadros que de verdad les gustaran.


Lady Beelze Lady Beelze L Leo... Terminado
 
Última edición:

Leo

¿No ves que te voy a matar (con feels)?
Registrado
17 Jun 2010
Mensajes
1,909
Offline
Soncarmela Soncarmela Lady Beelze Lady Beelze su evaluación.

Realismo: Personalmente no tengo nada que criticarles en este aspecto. Me gustó el desempeño que tuvieron. Buen trabajo.
Ambas 25/25

Desarrollo: Lo que más me agradó de su trabajo en este aspecto fue el hecho de que coordinaron muy bien el ritmo de sus posts. No sentí que un lado se llevara más carga que el otro, y la historia en sí resultó interesante y entretenida al punto de que no fue tediosa de leer.
Ambas 25/25

Narrativa: Beelze, tu narrativa como siempre destaca. No tengo mucho que criticar al respecto ya que no noté errores ni ortográficos ni de redacción. En cuanto a Carmela, si bien tu narrativa estuvo bastante bien, noté mínimos errores de tipeo y una que otra coma fuera de lugar, pero aparte de ello todo estuvo en orden.
Lady Beelze 25/25
Soncarmela 24/25


Interpretación: Último apartado, y debo admitir -una vez más- que ambas se coordinaron bien. Manejaron a los personajes propios y de sus compañeras de muy buena forma. Sin más que agregar, mis felicitaciones por el gran desempeño.
Ambas 25/25


Total:
Lady Beelze 100/100
Soncarmela 99/100

Premio:
Lady Beelze: 300 bits + 1 punto de EVO para Ryudamon + 2 puntos de fama.

Soncarmela: 295 bits + 1 punto de EVO para BlackAgumon + 2 puntos de fama.

Masaru Masaru Blair
 
Última edición:
Estado
Cerrado para nuevas respuestas
Arriba Pie